El tiempo cuenta buenas historias
HP
N. de la A.: El título es una traducción aproximada de "Is maith an scéalaí an aimsir", un proverbio irlandés. El fic cuenta la historia de la relación entre Seamus Finnigan y Dean Thomas desde el colegio hasta después de la guerra.
Prólogo
Cuando estábamos en Hogwarts me gustaba dibujar a la orilla del lago, en invierno, solía ponerme unos mitones negros que me había regalado mi madre y que Seamus siempre decía que debería tirar. Lo que más recuerdo de aquellos días no son los bocetos que hice en el papel, es la voz de Seamus, acompañándome mientras dibujo, preguntando qué va a ser una línea cuando todavía estaba empezando un boceto. Sus palabras, haciéndome reír tanto que acababa por emborronarlo todo. Su voz distrayéndome mientras me quita el lápiz y él me besa. Su voz entrecortada, mucho después, pronunciando mi nombre.
Nuestra historia debe empezar a contarse desde el principio. Ese principio, para mí, es el momento en que recibí una carta explicando que era un mago y que había sido admitido en Hogwarts. Eso explicaba algunas cosas que habían ocurrido en mi niñez y, aunque en un primer momento me llevó a soñar con esos superhéroes de poderes imposibles que siempre me han gustado, también me produjo aprensión el tener que alejarme de mi familia durante todo el curso: somos una familia unida y en aquel momento no sabía muy bien cómo iba a poder comunicarme con ellos o con qué tipo de gente me iba a encontrar en mi nuevo colegio. Después de mi visita al Callejón Diagón, algunos detalles se fueron aclarando poco a poco, pero la incógnita de cómo estos compañeros de clase iban a aceptar a un chico que no sabía nada de sus costumbres se mantenía.Recuerdo haberme resistido a que toda la familia me acompañase a Kings Cross, pero pese a que en la entrada del metro de Plaistow intenté convencerles de nuevo, no conseguí ir solo. En el fondo me alegré: sabía que no iba a volver a verlos hasta Navidades.
La primera vez que vi a Seamus estaba delante de la columna que da acceso al andén 9 y 3/4, poniendo cara de mártir mientras su madre intentaba repeinarle. No pude evitar reírme cuando vi su gesto y él, después de sacarme la lengua, se rió conmigo. Gracias a su madre descubrimos como llegar al tren y mientras su madre charlaba con la mía sobre lo bueno que era Hogwarts, Seamus ya había empezado a contarme una de sus historias y yo a pedir más detalles.
No recuerdo haberme despedido de mis padres o de mis hermanos aquel día, sólo recuerdo hablar durante horas con Seamus: sus historias, sus preguntas, mi asombro de que no conociera a Spiderman, su sorpresa cuando le dije que no sabía quién era Dumbledore... En algunos momentos creí que me estaba mintiendo, pero pronto vi que lo más probable es que sólo exagerase. A partir de ese momento nos hicimos inseparables y yo dejé de ser Dean Thomas y pasé a convertirme en una parte de "Seamus y Dean" o "Dean y Seamus"...
1. Ella
He empezado contando cómo conocí a Seamus, pero las cosas relamente importantes comenzaron a ocurrir a partir de nuestro sexto año. En ese año empecé a salir con Ginny. Habíamos pasado mucho tiempo juntos en el Ejército de Dumbledore y cuando lo dejó con Corner, pensé que podía probar suerte. No me equivoqué y pronto empezamos a salir.
Una de las primeras cosas de las que me di cuenta después de empezar a salir con ella, es que Seamus no estaba en absoluto interesado en lo que hacíamos: me cambiaba de tema continuamente o se distraía haciendo cualquier otra cosa, para luego preguntar— ¿Decías? —. Así que no tardé mucho en dejar de intentar contarle cómo besaba Ginny o hasta dónde estaba llegando con ella.
No sólo eso, sino que Seamus cada vez estaba más y más arisco y cuando nos veíamos no dejaba de soltar borderías. Eso nos acabó llevando a una discusión justo antes de Navidades. Estábamos en el dormitorio y yo estaba dibujando un retrato de Ginny a carboncillo, mientras él leía un libro. De pronto, se levantó de un salto y se acercó a mí.
— ¿No puedes pensar en otra cosa, tío? —me dijo mirando el retrato.
— Quiero regalárselo por Navidades, ¿te importa? —. En aquel momento yo ya estaba bastante harto de su continuo mal humor.
— Pues sí que me importa —contestó quitándome el pergamino de las manos—. Estoy cansado de que te pases el día embobado con ella.
— Dámelo, Shay —le dije y alargué el brazo con intención de quitárselo, pero él fue más rápido y se alejó de mí. Me había costado mucho hacer ese dibujo y no quería que se estropeara.
Seamus me miró durante un momento y dejó caer el dibujo al suelo. Eso consiguió terminar de enfadarme.
Me levanté de un salto y le agarré de la camisa.
— ¿Qué crees que estás haciendo?
Por un momento me miró a los ojos y creí que iba a contestarme, pero en vez de eso, separó mi mano de su camisa, y salió de la habitación mirándome desafiante, mientras pasaba por encima del dibujo con tanto cuidado que casi parecía una burla.
Después de eso, estuvimos una semana sin apenas hablarnos y las Navidades no tardaron en llegar.
2. Navidad
Cuando llegaron las vacaciones casi ni nos despedimos. Volví a casa en el mismo compartimento que Ginny, intentando aprovechar las últimas horas antes de separarnos. No sé con quién volvió Seamus, sólo sé que le vi fugazmente en el andén de Kings Cross después de despedirme de Ginny; pero él no me vio, ya estaba dirigiéndose hacia la salida con su madre.
Al llegar a casa hice lo que suelo hacer cuando regreso del colegio: encerrarme en mi habitación a hablar con mi hermana. Solemos escribirnos con bastante frecuencia, pero a los dos nos gusta bombardear al otro a preguntas cuando por fin nos vemos. Así que nos sentamos en la cama y Ada empezó a preguntarme por Ginny, y yo a hablar de ella. Después de tanto tiempo casi sin poder hablar de mi relación con Ginny, me pasé un par de días dándole detalles a mi hermana sobre ella.
Poco después, Ada y yo fuimos a comprar los regalos de Navidad. Yo, como siempre, no tenía la menor idea de qué comprar y me dejé aconsejar porella (además de comprarle unos cuantos cómics a modo de pago por su ayuda). Cuando estábamos en el metro, de camino a casa, me preguntó.
— Bueno, ¿y qué tal Seamus? No has hablado de él durante... —Evité su mirada— ¿Seguís siendo amigos, verdad?— Sí, claro —le dije, aunque no estaba muy convencido—, es sólo que... —No tenía ni idea de cómo explicar lo que había pasado—. Creo que Ginny no le cae muy bien —Ada asintió, indicándome que siguiera—. Y el otro día discutimos porque estaba dibujando un retrato suyo como regalo de Navidad.
— ¿Qué le vas a regalar?
— ¿A Seamus? Pues... —Durante un segundo me quedé mirándola como si acabase de preguntar algo complicadísimo.
— No me digas que no le has comprado nada —Ada es más pequeña que yo, pero algunas veces tiene la manía de hablar como si ella fuera la mayor. Ésta fue una de esas veces.
— Esto... —¿Cómo podía haberme olvidado del regalo de Shay? Una cosa era que hubiésemos discutido, y otra muy distinta que dejase de regalarle nada.
— Anda, volvamos a por algo.
Esas Navidades, Seamus recibió un libro del que mi hermana no paraba de hablar, y tarta de mi madre. Le escribí como si nada hubiera pasado entre nosotros y, por supuesto, no le mencioné que había estado a punto de olvidar su regalo.
No recuerdo en absoluto si él me regaló algo aquel invierno, porque sólo me acuerdo de su carta.
3. ¿Quién?24 de diciembre 1996
Dean:
No sé si te esperabas esta carta, pero espero que no creyeses que iba a pasarme más tiempo enfadado contigo. No, tío, tienes novia (aunque a veces te pones muy pesado hablando de ella) y supongo que me tendré que acostumbrar porque parece que lo vuestro va para largo. El problema es que casi no hablamos porque siempre estás muy ocupado, y en los últimos meses (el último mes, para ser exactos) han ocurrido ciertas cosas que me hubiese gustado contarte. Si sigues enfadado, deja de leer, porque lo que voy a contarte es muy personal y sólo querría contárselo a mi mejor amigo.
Probablemente no te has dado cuenta de que últimamente no paso mucho tiempo en la sala común (quizá sí lo has hecho y no has dicho nada). El caso esA finales del mes pasado me encontré con Entwhistle en la lechucería. No sé si sabes quién es. Es un Ravenclaw de nuestro año (un poco más alto que yo, rubio, ojos marrones). Tienes que haberle visto en clase, seguro. Bueno, a lo que iba: me lo encontré en la lechucería cuando iba a mandar una carta a mi madre (ya sabes lo plasta que se pone si no le escribo cada semana). Nos pusimos a hablar, la conversación se puso interesante y acabamos dando unas cuantas vueltas por el castillo, para acabar sentados en el sexto piso.
Supongo que hay cosas que debería haberte contado antes, pero al principio ni yo mismo lo tenía claro, y después... era complicado (no te estoy culpando, sigue siendo difícil contarte esto aunque sea por carta).
Entwhistle y yo acabamos enrollándonos. Sí, has leído bien, y sí, Entwhistle (Kevin) es un chico. Hemos seguido viéndonos todo este mes y..., bueno, estamos saliendo.
No sé lo que te puede estar sorprendiendo esto, pero no ha sido algo repentino, de hecho Kevin dice que ya imaginaba que a mí me gustaban los chicos. Quizá se me nota, no lo sé, pero Kevin me gusta y espero que entiendas que igual que tu quieres estar con Ginny, yo quiero estar con él. Espero que no suponga un problema, eres mi mejor amigo y no querría que dejases de serlo.
Espero que en Londres haga menos frío del que hace aquí. Nos estamos congelando, tío. Mi madre no para de lanzar hechizos y no hay modo de que la casa se caliente. Esta noche viene toda la familia de mi madre a casa, así que es bastante probable que me olvide del frío y acabe hasta arriba de whisky de fuego, cantando canciones en medio del salón. Eso si a mi abuela no le da por ponerse a recriminarle a mi madre (por millonésima vez) el haberse quedado embarazada de un Muggle, porque al final soy yo el que acabo discutiendo con mi abuela (ya sabes cómo son estas cosas, lo has oído mil veces). Sea como sea, esta noche dudo que pase frío, sólo espero no terminar discutiendo.
Feliz Navidad, tío.
Seamus
4. Cena
La cena de Navidad de ese año fue muy extraña y me la pasé pensando que cómo podía ser mi mejor amigo gay y yo no haberme dado cuenta (y peor aún, el tal Kevin sí). En ese momento comprendí mejor que no le interesara oírme hablar de Ginny, aunque debía de reconocer que yo sí sentía curiosidad por Seamus y Entwhistle.
Mi madre me preguntó un par de veces si me encontraba bien porque estaba comiendo muy poco. Al final le dije que me dolía la cabeza (lo que no era del todo mentira) y lo dejó estar. Tomé unos cuantos bocados de pavo y lo aparté. Ada, que sabía que había recibido una lechuza de Shay, me susurró:
— ¿Estás bien? ¿Tiene que ver con Seamus?
Negué con la cabeza y me metí un poco más de pavo en la boca. No podía contarle lo que decía la carta, ni cómo me había afectado. En todo caso tenía que aclararme las ideas, y eso no era fácil porque... ¿cómo era posible que prefiriera a ese tío antes que a mí? No es que yo estuviera interesado, pero por sentido común, ¿no hubiera sido yo la opción más lógica? ¿Por qué Entwhistle, al que acababa de conocer?
— ¿Seguís enfadados Seamus y tu? —Ada volvió a la carga con el tema mientras recogíamos los platos.
— No —le dije. Y era verdad, nunca he podido estar mucho tiempo enfadado con él, siempre encuentra algún modo de hacerme reír o de desarmarme como había hecho con su carta.
Mi contestación debió de ser insuficiente para mi hermana, porque siguió indagando.
— Entonces, ¿qué ha pasado?
— Déjalo ya —le contesté, cansado, y durante un rato me hizo caso y lo dejó.
El pudding de Navidad estaba muy bueno, aunque mi madre se había pasado un poco con el ron, así que puede que mi irritación fuera por eso. Mis hermanos pequeños se divirtieron con los crackers y yo me reí un rato con toda la familia. Ada se dedicó a mirarme atentamente hasta que me puso nervioso.
— Vale, tu ganas, luego te lo cuento —le dije—, pero deja de mirarme así. Las cosas están bien, ¿vale?
Ada asintió y por su sonrisa me di cuenta de que estaba segura de haber ganado. Es una táctica habitual en mi hermana: insistir hasta que le cuento todo, lo que no suele funcionar al revés, en lo que la concierne a ella, es una tumba.
Al acabar la cena me escaqueé rápidamente con la excusa de que me seguía doliendo la cabeza, y me tiré en la cama a leer un cómic de La Patrulla. Poco después Ada apareció en mi cuarto, aprovechando que William estaba jugando en el salón con su nueva Playstation, y se sentó a los pies de mi cama con las piernas cruzadas.
— Bueno, ¿qué?
Yo fingí no oírla y seguí con Lobezno y compañía.
— Deeeeean —Me dijo en tono malvado mientras me pellizcaba la pantorrilla.
— ¡Ay! Eres una bruta, ¿lo sabes, no? —le dije y me miró con cara de no haber roto nunca un plato.
— No cambies de tema.
— ¿Qué tema? —Nada más preguntar me gane un golpetazo en la rodilla—. Algún día te...
— Seamus —me interrumpió—, ¿qué pasa con él?
— Seamus... —repetí, intentando ganar tiempo—. Es gay.
— ¿No serás tan cabrón como para haberte enfadado con él por eso?
— Joder, Ada, no —le contesté de mal humor—. Me acabo de enterar, ¿vale?
— ¡Venga ya!
— Venga ya, ¿qué? —pregunté sin comprender.
— Que no me creo que te acabes de enterar —Debí de poner tal cara de tonto, que rectificó lo que acababa de decir—. Te acabas de enterar —sentenció y se echó a reír—. ¿Cómo puedes haberte enterado ahora?
— ¿Tanto se nota? —Así que no sólo habís sido el tal Kevin, también mi hermana se había dado cuenta.
— No es que se "note", son pequeños detalles cuando ve la tele o cuando te mira —creí haber oído mal.
— ¿Cuando me mira?
— Sí, siempre he pensado que... —Le miré intrigado—. Vamos, que le gustabas.
— No —le dije, sabiendo que seguramente Entwhistle era más guapo que yo—. Además, tiene novio.
— ¿Y? —preguntó Ada, y yo fruncí el ceño.
— Pues que no le gusto.
¿Cómo iba a gustarle si era su mejor amigo? Seguro que Ada estaba equivocada y nunca me había mirado de otro modo. ¿Y si él pensaba lo mismo? El dolor de cabeza volvió a arreciar y decidí dejar el tema. ¿Qué sentido tenía pensar en esas cosas cuando yo tenía a Ginny y no estaba interesado en Seamus?
— Dejémoslo —dije finalmente—, me duele la cabeza.
Ada asintió y me miró de un modo que no supe entender. Luego me dio un beso en la sien y salió de la habitación, dejando que mis pensamientos volviesen a la conversación que acabábamos de tener.
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