Recuerdos lejanos

Kingdom Hearts II

N. de la autora: contiene spoilers.

 

Suspiró. Se moría de aburrimiento. Aquello era lo peor. Odiaba, detestaba y aborrecía aquellas estúpidas reuniones. Y encima el cabrón de Roxas se había librado por alguna extraña razón... A saber dónde andaba... Bostezó ampliamente y se acomodó en su asiento, disponiéndose a dormirse mientras Xemnas les hablaba de alguna maniobra que más tarde se saltaría como le diera la gana...


Axel debió preguntarse también con quién estaba Roxas. Aunque tal vez ninguna de las respuestas le habría hecho demasiada gracia.


El muchacho rubio estaba en su habitación, tendido en su cama, totalmente desnudo... Hasta aquí no habría supuesto problema para Axel. El problema era que, entre sus piernas, había otro joven, devorando con ansia su entrada y su miembro, jugando con sus dedos dentro de su esfínter, y con su lengua en el enrojecido glande, arrancándole fuertes gemidos y jadeos.

No sabía cómo había llegado allí aquel tipo, y no le constaba que perteneciera a la organización, aunque llevara la misma ropa que ellos. Simplemente había aparecido allí. Habían luchado casi a muerte. Un segundo estaban golpeándose con sus keyblades y al segundo siguiente estaban devorándose contra la pared más cercana, en el sentido más sexual de la palabra, besándose con ardor y metiéndose mano por todas partes.

Después se habían transportado hasta la habitación de Roxas y una vez allí todas las prendas que los cubrían acabaron en el suelo y ellos sobre la cama, besándose, tocándose... Roxas se dio cuenta de que ni siquiera sabía el nombre de aquel joven. Sus ojos verdes, sus cabellos grises, le resultaban vagamente familiares, pero sin embargo no tenía ningún recuerdo en que apareciera. También aquella fuerza, esas palabras tan intensas y la forma de tocarle, pero que él supiera nunca se había acostado con nadie más que con Axel...

Axel.

Sintió un repentino calor al pensar en él. Si se enteraba de aquello... si llegaba a averiguar que estaba haciéndoselo con otro... No sabía cómo reaccionaría, no sabía si lo pasaría por alto, si se enfurecería... Se avergonzó de sí mismo, de la facilidad con que Riku se había hecho con el control de la situación y lo había dominado, la facilidad con que él mismo se había ofrecido a ese desconocido sin pensarlo una sola vez...

¿Riku?

¿Había pensado ese nombre? Miró al joven entre sus piernas y pensó brevemente. Tenía cara de llamarse Riku. Bueno... Al menos lo que veía de él tenía pinta de llamarse Riku. No sabía cómo demonios lo sabía, pero sabía que se llamaba así. Su instinto, intuición o lo que fuera, se lo había dicho.

- Ah... Riku... - gimió al sentir sus dedos tocar algo en su interior que le hizo arquearse de placer.
- Te acuerdas - ronroneó el joven, mirándole con una sonrisa.
- No... no sé quién eres...
- Pero sabes mi nombre - metió más adentro sus dedos, haciéndole gemir con fuerza.
- No lo sé... lo intuí... hmm... - separó un poco más las piernas.
- Empiezas a recordar... - lamió su vientre y ascendió por su pecho, deteniéndose en sus pezones, con los que jugueteó un rato.


En la sala de reuniones Axel ya no sabía cómo sentarse. Estaba tan aburrido que se creyó capaz de suicidarse allí mismo sólo por librarse de la charla. Pensó en Roxas. Cuando terminara aquello le pediría explicaciones. Sonrió, con cierta perversidad. Sí. Le pediría que se arrodillase para explicarle su ausencia... o tal vez se arrodillara él... Debió de reírse un poquito más alto de lo debido porque todo el mundo le miró.

- Si Axel ha terminado de contarse chistes a sí mismo, continuaré - dijo Xemnas, mirándole con seriedad.
- Sí, ya he terminado... puede... continuar - sonrió azorado y tras dirigirle una reprobadora mirada, Xemnas continuó.

Axel volvió a evadirse en cuanto oyó las dos primeras palabras del monótono discurso del número uno, y su mente se paseó alegremente hasta el lugar donde conservaba sus más ardientes experiencias con el joven rubio. Se aseguró de que nadie le observaba para poder pensar en él con toda tranquilidad y en su deliciosa venganza por dejarlo más solo que la una en aquella soporífera reunión.


Pero ese instante no era nada soporífero para Roxas. De hecho era bastante animado y excitante. Riku se movía como una bestia en celo contra su cuerpo, sin embargo no resultaba brusco, sino bastante tierno con toda su pasión. Le arrancaba tales gemidos que se avergonzaba de su propio placer y se preguntaba a veces si no les oirían fuera... Pero luego, con un beso o un mordisquito, Riku le hacía olvidar esas nimiedades y volvía a centrarle y de nuevo gemía con todas sus fuerzas y se entregaba al placer.

Se sentía como si no fuera él mismo, como si Riku sacara otra persona que él llevara dentro, lo transformaba y se aprovechaba de eso para enloquecerle más y más, como si su objetivo fuera sacar a ese otro "yo" de su interior...

El joven de cabellos claros gruñía suavemente en el oído de Roxas, cada embestida era un nuevo sonido que, junto a sus cabellos revueltos y la fuerza de sus movimientos lo hacían ver más como el animal en celo que Roxas sentía que tenía entre sus piernas. Clavó los dedos en las caderas del rubio y se empujó más adentro, Roxas gritó y se retorció de placer bajo su cuerpo, sus manos se aferraron a su espalda y arañó la suave piel en tanto que sus piernas lo apresaban con más fuerza, así como su esfínter que se apretó en torno al sexo de Riku, haciendo más intensas las pentraciones.


El pelirrojo pudo salir por fin de la reunión, y en cuando estuvo fuera de la sala, echó a correr hacia el dormitorio de Roxas, huyendo principalmente de cualquier ocurrencia que pudiera tener alguien de quedarse un momento más para comentar algún otro punto.

Se acercó a la puerta y giró el pomo muy lentamente, sonriendo pícaro, pero oyendo de pronto los fuertes gemidos de su rubio, inconfundibles para él que tantos había provocado, y los gruñidos y susurros de otro tipo totalmente desconocido. Entró en el cuarto y vio en mitad de la cama aquellos dos cuerpos desnudos, entrelazados, sudorosos y profundamente unidos en aquel acto que, a pesar de las reticencias de su cerebro, le pareció terriblemente excitante.

Otro tío se estaba beneficiando a su rubio.

Y no le parecía mal...

Le excitaba.

Mucho.

Sin pensarlo dos veces, echó el pestillo de la puerta para que nadie interrumpiera, y se quitó la ropa, acercándose a los dos amantes muy sigilosamente.

Entonces, muy despacio, se pegó a la espalda de Riku y lamió las heriditas que había hecho Roxas en aquella tersa piel. Riku se tensó brevemente, pero una mano acariciaba su pecho, calmándole. Detuvo las embestidas y entonces Roxas fue consciente de que ya no eran dos en aquel juego, sino tres. Su amado pelirrojo estaba allí, y lo miraba con hambre, con su falo erecto apuntándole, dispuesto a ocupar el lugar que Riku le había preparado. Y el jovencito se ofreció a él. Abrió las piernas, dejando que Riku saliera de su cuerpo, y extendió los brazos hacia Axel, que se colocó sobre él y se apoderó de su dilatado orificio, que lentamente se adaptó a la nueva invasión, abriéndose un poco más para dejar pasar la jugosa cabeza de su miembro.

Riku los observó con evidente lujuria, su sexo húmedo reclamando atención a gritos. Se puso de pie en la cama y lo acercó a la boca del recién llegado, que lo aceptó gustosamente, alojándolo casi entero en su boca, llevándolo a su garganta para jugar con él, haciéndole gemir y aferrarle por los cabellos para embestir su boca como si embistiera otra parte de su anatomía.

Los gemidos del rubio habían subido de volumen y sus manos buscaron donde asirse, encontrando las caderas de Riku, que se acomodó mejor, permitiendo que Roxas tuviera ante sí el estrecho pasaje de Riku. Roxas sonrió travieso y enredó las piernas con las de Axel, que ahogaba sus gemidos con aquel sexo en su boca. Se chupó un dedo, mojándolo con su saliva, para después separar las nalgas de Riku y meterlo, lentamente, hasta el nudillo, arrancándole un gritito de sorpresa por la invasión. Roxas rió entre jadeos y movió el dedo dentro y fuera, al mismo ritmo con que Axel le penetraba, llenándose la habitación de aquellos deliciosos gemidos.


- Riku... ¿Crees que es cierta la historia del paopu?
- ¿Que los destinos de aquellos que lo compartan siempre estarán entrelazados?
- Sí...
- No creo que eso sea misión de una fruta.
- Pero...
- Creo que si dos personas se comprometen a estar unidas, siempre lo estarán, pero tienen que poner de su parte, no confiar únicamente en una fruta con forma de estrella.
- Ah...
- Pero igualmente, quiero compartirla contigo... Dicen que está rica...
- ¿En serio?
- Sí... trae...
- Hmm... está rica...
- Sí... - un silencio - Ven aquí...
- ¿Ahora? Kairi podría vernos...
- Da igual, ven...
- Hm... Riku... no seas malo... jajaja... para...
- Haré todo lo posible para que los dos estemos juntos siempre, Sora.
- Yo también, Riku... Nada podrá separarnos...


Se aferró con todas sus fuerzas a las sábanas al sentir la profunda invasión. Roxas entraba en su cuerpo como sólo una persona sabía, era él, no cabía duda, estaba ahí y lo estaba poseyendo con la intensidad increíble... El rubio se pegó a su espalda y apoyó las manos en su pecho, Riku las acarició con suavidad y entrelazó los dedos con una de ellas, sintiendo ese vaivén en su interior como lo más delicioso que había sentido en los últimos tiempos...

Axel se encontraba detrás de Roxas, tomando de nuevo su cuerpo con toda su pasión, susurrando excitantes palabas en su oído, haciéndole sonreír con sus ocurrencias y gemir con las perversas obscenidades que le dedicaba. Sin embargo de la garganta de Riku sólo salían esos suaves gruñiditos y delicados jadeos que a Roxas le gustaban tanto. El muchacho rubio se sentía perdido en aquel océano de sensaciones, sintiéndose poseído por alguien maravilloso y poseedor de alguien a quien su cuerpo, su instinto, conocía a la perfección y sin embargo no sabía quién era... Deseó que ese instante no terminara jamás. Era la unión más perfecta que nunca había vivido.


- ¡Riku!
- Vete, Sora, cierra la puerta...
- Pero tú...
- Yo estaré bien. Vamos, cerrémosla. Juntos, los dos, lo haremos.
- Riku, no...
- Ya has oído al rey. Siempre habrá una puerta hacia la luz...
- Sí. Encontradla...
- Lo haremos. Y entonces te buscaré...
- Promételo.
- Lo prometo...


Sus ojos se llenaron de lágrimas, hundió el rostro en la almohada y sus leves sollozos se confundieron con los gemidos de sus amantes. Roxas besó su hombro y apretó su mano. Susurró unas dulces palabras que lo calmaron y lo atrajeron de nuevo a su breve mundo de placer. Riku le detuvo un instante para poderse dar la vuelta y ponerse bocarriba, para perderse en los ojos azules de Roxas, que le miraban con ternura tras la lujuria, como aquellos ojos que tanto amaba...

Se besaron profundamente, los dedos de Riku se enredaron en los cabellos rubios, que durante un segundo le parecieron castaños, y dejó que volviera a entrar en su cuerpo, recibiéndole cálidamente en sus entrañas. Roxas, sin comprender, se sentía como si aquel fuera su lugar, como si aquel cuerpo fuera suyo, y el suyo de él, como si ambos estuvieran destinados a estar juntos...

- Riku... - susurró Roxas sobre sus labios, jadeando rápidamente. Riku acarició sus mejillas, enrojecidas, con suavidad.
- Sora... - dijo muy, muy bajito. Roxas sonrió y cerró los ojos, hundiendo el rostro en su cuello, sus caderas empujándose con más fuerza, sintiéndose demasiado cerca del orgasmo.
- Soy Roxas... - murmuró en su oído.
- Y Roxas es Sora - respondió, clavando los dedos en su espalda, apretándole contra su cuerpo.
- Voy a...
- Hazlo...

Con un largo gemido, ahogado en el hombro de Riku, Roxas se derramó dentro de su amante, sintiendo a la vez la ardiente esencia de Axel dentro de su cuerpo, y la de Riku entre ambos... Besó a Axel lentamente, suspirando por sus dulces caricias en su pecho y vientre y se sintió repentinamente culpable por la unión que sentía con Riku. Le encantaba Axel, le gustaba estar con él, su sentido del humor, las bromas que tenían entre ambos...

No podía decir que lo amara.

Un incorpóreo, sin corazón, no ama, sólo tiene el recuerdo de que una vez amó, pero por mucho que lo intente no puede más que elaborar una mala imitación del amor. Con Riku, el recuerdo era mucho más fuerte, casi pudo sentir realmente amor hacia él, pero era un amor que no le pertenecía, era como si dentro de él hubiera otra persona que en algún momento hubiera amado con fuerza a ese joven.

Se preguntó si, antes de ser un incorpóreo, antes de perder su corazón, había conocido a Riku. Éste le sacó de sus pensamientos al hacer que se acostara a su lado en la cama, Axel acomodándose al otro lado del rubio y ambos acariciándole con suavidad, besando su piel, mostrándole una increíble ternura...

Riku besó sus labios muy despacio y Roxas supo que tenía razón. Antes de ser un incorpóreo había amado. Había amado a Riku, y éste lo sabía, y aún amaba a su forma completa, a pesar de todo...

El muchacho de cabellos grises acarició los labios de Roxas, bajo la atenta mirada de éste y de Axel, que tenía el entrecejo fruncido y se mantenía muy cerca de Roxas. El rubio casi podía afirmar que su pelirrojo estaba celoso del visitante.

- Debo irme... - murmuró Riku.
- Sí - respondió Axel, incorporándose junto a Roxas - Márchate antes de que Xemnas te vea aquí - su mirada se cruzó con la de Riku y éste sonrió levemente.
- Cierto...

Se levantó de la cama y buscó su ropa. Roxas le miraba, tratando de organizar un poco sus ideas. Axel estrechó su cuerpo con ternura, y sonrió mientras ladeaba la cabeza y besaba mimoso sus labios. Riku los miró, ya vestido.

- Ha sido un placer conoceros - les dijo con frialdad, pero sus ojos brillaban al mirar a Roxas, quien se puso en pie y se acercó a él.
- Lo encontrarás... - susurró antes de besarle - Y temo que antes de lo que piensas... - apoyó la mano en el pecho de Riku y regresó junto a Axel.

Se despidió con un gesto, y desapareció, dejándolos a solas.

- ¿Qué le has dicho a ese tipo? - preguntó Axel, mientras cubría sus cuerpos con las mantas.
- Hm... nada - sonrió Roxas, haciéndose un ovillo entre sus brazos.
- Dilo, ¿a qué te referías con eso que le has dicho?
- Si lo has oído, ¿para qué preguntas qué le he dicho? - murmuró.
- Lo que pasa es que no he entendido qué querías decir.
- Es un asunto entre Riku y yo - suspiró y cerró los ojos para dormir - ¿Qué tal la reunión?
- Aburrida, como siempre. ¿Por qué no has ido?
- Porque tenía otras cosas que hacer - rió. Axel bufó molesto.
- Ya me he dado cuenta... - gruñó, cerrando los ojos también.
- No hagas preguntas cuya respuesta ya conoces - ronroneó, medio dormido.
- Conozco las respuestas, pero a veces el significado se me escapa...
- Te compraré un diccionario, bobo.
- Calla y duérmete. Mañana tienes unas explicaciones que darme.


Roxas no respondió. Se había quedado profundamente dormido, cansado.


Soñó con una playa. Aguas azules brillantes, un sol dorado que calentaba una fina arena blanca. Árboles. Una pequeña laguna. Y tras unos arbustos una cueva oculta. Entró en ella y miró a su alrededor, todo estaba lleno de dibujos hechos con tiza. Salió de allí y subió por una caseta hasta un alto en las rocas. Cruzó una pasarela hasta llegar a un pequeño islote y allí vio al joven de cabellos grises, sentado de manera relajada en un tronco, mirando al infinito.

- Por fin has llegado - le dijo, mirándole. Se limitó a esbozar una sonrisa y se sentó a su lado - Toma - miró lo que le ofrecía. La mitad de una fruta con forma de estrella - No lo mires con esa cara. Dijiste que querías compartir uno conmigo... - vio la otra mitad en las manos del chico y sonrió de nuevo - Vamos, cómela - ambos mordieron su mitad de la fruta y se miraron - Y ahora, según la leyenda, nuestros destinos deberían estar...
- ... entrelazados... - respondió con suavidad. Riku sonrió.
- Sí... pero ya sabes que...
- ... no crees en cuentos de viejas...
- Haré todo lo que esté en mi mano para estar junto a ti.
- Yo también. No nos separaremos, Riku.
- Nunca.

Riku se inclinó a besarle, con ternura, compartiendo con él el dulce sabor de la fruta, mientras sus manos le acercaban a sí para abrazarle...


Roxas abrió los ojos. Miró a su lado, Axel dormía tranquilo. Al otro lado de la ventana había dejado de llover y el cielo empezaba a despejarse.

Se levantó, con cuidado para no despertar a Axel, y se puso una bata al sentir algo de frío. Se acercó a la ventana y miró su reflejo en el cristal. Se preguntó cuál era el aspecto que había tenido antes de ser lo que era. Cuál era el rostro del que Riku se había enamorado. En su boca sintió el sabor de una exótica fruta, el paopu que había compartido en sueños con él...

Un movimiento en la calle le sobresaltó. Le había parecido ver una sombra allí abajo, pero no había nadie...

Unos largos brazos rodearon su cuerpo y sonrió levemente.

- Ven a la cama... - susurró Axel con voz ronca, medio dormido - Hace frío...
- Tienes razón... - dirigió una última mirada a la oscura calle y se dejó llevar de regreso al lecho.

Esa noche no volvió a soñar...


Caminó lentamente por las calles, con la capucha echada sobre la cabeza y las manos en los bolsillos. Pensó en cómo haría para encontrarle. Tenía que estar en alguna parte, lo sabía, sentía que no podía estar demasiado lejos. Sólo tenía que buscar más a fondo, preguntar, investigar, y tal vez, esperaba que pronto, llegara al lugar donde se ocultaba...

Miró al cielo y sonrió.

- Te encontraré, Sora...

 

 

 

FIN

Edeiel

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