
LLUVIA
Kingdom Hearts II
N. de la a: contiene spoilers.
El joven pelirrojo caminaba enfurruñado por la calle, golpeando el suelo con fuertes pisadas y salpicando de agua de los charcos el bajo de su abrigo. Por lo bajo refunfuñaba algo ininteligible y gesticulaba airadamente, enfatizando algunas palabras con gestos groseros, mientras que sus cejas casi se habían juntado en una línea muy apretada por lo fruncido que tenía el entrecejo.
- ¡Sabes lo mucho que odio estas rondas, Saïx! - gritó, deteniéndose y dando una fuerte patada en un charco particularmente profundo - ¡Mierda! - gruñó y se sacudió algo de barro, aún más irritado - Todo por culpa del bocazas de Demyx... - murmuró, volviendo a caminar.
De pronto, como para terminar de enfadar al joven, un brillante rayo partió el cielo en dos y su trueno no se hizo esperar, retumbando entre las oscuras fachadas de los edificios y haciéndole levantar el rostro, en el momento en que gruesas gotas de agua helada empezaban a caer sobre la ciudad... Apretó los puños y reprimió un grito de frustración, echándose la capucha para protegerse del agua y continuó caminando, con fuertes chapoteos y nuevos bufidos por su parte.
Fue en ese momento cuando vio una sombra burlona al final de la calle, bajo un toldo que soportaba estoicamente el ataque de la lluvia. Le miró enfadado y se dio la vuelta sin siquiera saludar. Giró en la primera esquina a la derecha y continuó caminando, hasta que le cortó el paso el otro joven de negro.
- Lárgate - gruñó.
- No quiero - respondió el otro, con cierto tono de burla.
- Entonces quédate ahí...El pelirrojo le volvió a dar la espalda para caminar de nuevo por donde había llegado, pero, una vez más, el otro joven se interpuso en su camino.
- No eres mi superior...
- Por antigüedad sí lo soy. Aparta - gruñó, dándole un golpe con el hombro según pasaba por su lado.
- Eh, no pagues conmigo tus cabreos, ¿quieres? - le dijo el otro encapuchado.
- Cállate... - siguió caminando y de pronto cayó al suelo de bruces, mojándose más aún - ¡¿Tú eres imbécil o es que estás practicando para el título?! - le gritó, levantándose e invocando sus armas.
- Yo no he hecho nada - dijo con falsa inocencia.
- ¡Me has puesto la zancadilla, niñato! - se quitó la capucha, que le molestaba en la cara.
- Ha sido tu ego, que intentaba huir de ti - le sacó la lengua y echó a correr. El pelirrojo le siguió corriendo también y finalmente lo acorraló en un callejón.
- Ya no eres tan valiente, ¿eh, gallito? - sacudió la cabeza, esparciendo gotas de agua a su alrededor.
- Estoy desarmado... - levantó las manos. El pelirrojo hizo desaparecer sus armas y caminó hacia el otro joven, mirándole con seriedad.
- Si Saïx te pilla aquí te descuartizará - el joven se encogió de hombros.
- Estaba totalmente desocupado, me aburría y vine a meter la nariz por aquí, a ver qué había... - rió travieso.
- O sea, que has venido a buscar a tu mono de feria para que te entretenga, ¿me equivoco? - el otro pareció pensar un instante y se encogió de hombros.
- Es posible - el pelirrojo rió.
- Saïx te descuartizará y dejará un pedazo tuyo en cada mundo...
- Bueno, siempre me queda el consuelo de que tus pedazos harán compañía a los míos, porque no seré yo el único que reciba castigo - se quitó la capucha.
- Pero eso sólo será si nos descubre... ¿no?
- Exacto. Y no tiene por qué descubrirnos... - caminó hacia el pelirrojo.
- Siempre y cuando Demyx no se vaya de la lengua - bajó lentamente la cremallera del abrigo del otro.
- Demyx no está aquí... - sonrió.
- Roxas, eres un demonio - rió el pelirrojo.
- Eres tú el que usa el fuego... tú eres el demonio - fingió inocencia.
- Un demonio empapado - suspiró. Roxas rió y tiró suavemente de uno de los rojos mechones de cabello.
- Como un perro recién bañado - rió - Tengo un perrito llamado Axel - canturreó burlón. El pelirrojo rió.
- Tú tampoco estás precisamente seco - respondió.
- Oh, no, por supuesto que no... estoy muy mojado - le miró travieso y Axel se agachó un poco para abrir las gabardinas por abajo y poder levantar un poco la de Roxas.
- Por aquí no - respondió, tomándole de las caderas.
- Tal vez más hacia el centro - Axel abrió sin problemas el pantalón de Roxas tocó la ardiente carne con suavidad - Hmm... sí... - susurró el joven.
- Es cierto... estás mojado... - sonrió, lamiendo una gotita de agua de su mentón mientras sentía en sus dedos la húmeda punta del sexo de Roxas.
- Vamos... aprovéchate... - le dijo juguetón, tirando de él hacia un rincón del oscuro callejón, acercándose a unas cajas apiladas sobre las que pudo ponerse de rodillas. Axel se acomodó a su espalda y le bajó un poco el pantalón, agachándose y metiéndose bajo la gabardina para alcanzar con los dedos y la lengua la entrada de Roxas - Ah... sí... Estás helado... - gimió.
- Lo sé... tú estás muy caliente... - murmuró, metiendo dos dedos en el esfínter del rubio, moviéndolos profundamente.
- Sabes también que no necesito tanto cuidado, Axel - sonrió, separando un poquito más las piernas para dejar que el pelirrojo se acomodara mejor y pudiera penetrarle con fuerza, dando varias embestidas con ansia, haciendo gemir al jovencito rubio.
- Eres como un guante, Roxas... te ajustas a mí a la perfección - le dijo con una sonrisita.Roxas sonrió, moviéndose al ritmo impuesto por el pelirrojo y gimiendo con cada penetración. El pelirrojo le dio la vuelta y se echó sobre él, penetrándole de nuevo más despacio, apoyándose en las cajas para no perder el equilibrio. Roxas apretó sus caderas entre sus piernas, con fuerza, incitándole a penetrarle con más fiereza, en tanto que sus gemidos se volvían más y más fuertes y entrecortados.
Axel se movía rápidamente dentro del chico, haciéndole ver las estrellas de puro placer, mientras su mano le masturbaba rápidamente a la misma velocidad con que le penetraba. Entonces sus bocas se unieron en un profundo y húmedo beso, mezclándose su saliva caliente con las heladas gotas de agua que humedecían sus cabellos y rostros y rodaban hasta sus bocas por sus mejillas. Roxas tiró del cabello de Axel cuando éste le penetró de una forma especialmente deliciosa tras cambiar un poco el ángulo de sus embestidas y la velocidad.
Mientras tanto, sin que la ardiente pareja se diera cuenta, otro encapuchado los vigilaba. De haber dejado al descubierto su rostro, se habría podido ver una sonrisa en aquellos finos labios, que no desapareció cuando otro hombre apareció a su lado y miró a los chicos, que gemían enloquecidos, perdidos en su pasión.
- ¿No crees que eres un poco hipócrita al prohibirles hacer esto y luego ser el primero en tirarse a uno de sus compañeros? - preguntó el recién llegado con voz suave y aterciopelada.
- Hace mucho más divertidos sus encuentros - respondió. El hombre rió.
- Pervertido.
- Tú también estás aquí. Espero que no me digas que vienes porque te gusta ver llover - le miró burlón.
- En absoluto. Simplemente sabía que estarías donde ellos estuvieran. Siempre que se escapan, estás cerca de ellos...
- Y tú cerca de mí - rió, mientras caminaba, alejándose del callejón para devolverles su intimidad a los otros dos jóvenes.
- No puedes evitarlo, y tampoco creo que quieras. Sobre todo después de ver escenas como esa.
- Deberías sentirte un hombre objeto - le miró - Sólo te quiero cerca cuando estoy caliente...
- Si se trata de eso, entonces deberíamos sentirnos los dos hombres objeto... después de todo sólo te quiero cerca de mí cuando estás caliente - rió con ganas, haciendo reír también al otro hombre.
- Sabes que si se enteran de esto, me harás perder credibilidad ante los demás, ¿no?
- ¿Y qué importa? Nadie en la Organización creería que eres casto y puro - abrió un agujero temporal - ¿De verdad te lo hiciste con Larxene? - preguntó.
- Puedo enseñarte la cicatriz que tengo en la ingle. Casi me castra... - suspiró.
- Me muero de ganas de ver tu ingle... - dijo mientras entraba en el agujero.
- Querrás decir mi cicatriz - aclaró, siguiéndole.
- Ah, sí, eso también - se oyó una risita.
- Eres un pervertido, Xemnas.
- Si tú te oyeras algunas veces, llegarías a esa misma conclusión acerca de ti mismo, Saïx.
- Nunca llegaré a tu nivel de depravación...El agujero se cerró tras los dos hombres, mientras que en el oscuro callejón se oían los excitantes gemidos de quien está a punto de tener un orgasmo especialmente bueno. Roxas había hecho que Axel se tendiera bocarriba y se movía rápidamente sobre él, penetrándose profundamente. Sus manos se apoyaban firmes en el pecho del pelirrojo, apretando con fuerza la oscura vestimenta de éste, y se arqueó de una forma que a Axel le resultó sumamente deliciosa cuando llegó al orgasmo, derramándose abundantemente sobre el vientre de su amante, corriéndose éste en las entrañas del rubio, ambos con fuertes gemidos que sonaron como uno solo en la oscuridad.
Roxas se dejó caer sobre Axel, cansado, jadeante, tembloroso por el frío y el placer. Recibió un abrazo de su ardiente amante, y un intenso beso, además de un apretón en las nalgas que le arrancó una leve protesta.
- ¿Qué pasa? No te he hecho daño, ¿no? - preguntó el pelirrojo.
- Hm... no... - hizo un puchero mientras se tocaba la nalga derecha - Creo que me he clavado una astilla - murmuró pensativo.
- ¿Una astilla? ¿En el culo? - le miró sorprendido.
- Sí... Creo que la caja estaba un poco astillada... - suspiró.
- Vaya... tendré que quitarte esa astilla antes de que se infecte...
- Así es - se incorporó, mirándole mientras se adecentaba un poco la ropa.
- Una astilla en el culo... suena surrealista - rió bajito, mientras se subía el pantalón y cerraba el abrigo.
- Pues es la verdad... me molesta aquí - se señaló el punto donde se había hecho daño.
- No te preocupes, ahora mismo te reviso - sonrió pícaramente y se metió con Roxas en un agujero.
- Doctor, doctor, creo que tengo pupa en el culito... - hizo puchero, abrazándose al cuello de Axel.
- Bájate el pantalón, que tu doctorcito te va a hacer la revisión - ronroneó antes de besarle apasionadamente, mientras se cerraba el agujero.
- Guarro.
- Tú me provocas...
FIN