Elecciones

HP

Capítulo 1

Golpeó a izquierda y derecha. Mortífagos por todas partes. Al frente, a su espalda, parecía que por cada mortífago que eliminaba aparecían cuatro más. Oía a los demás, sabía que Lupin estaba teniendo graves problemas con el grupo de Crabbe, pero no podía ayudarle, gritó a Tonks para que le ayudara. Esquivó un ataque a traición y eliminó rápidamente al mortífago que le había intentado golpear. Encontró un hueco por donde escapar y lanzó varios hechizos inmovilizadores a los mortífagos que le seguían. Descansó para recuperar el aliento, apoyó las manos en las rodillas y respiró profundamente. Una punzada en el costado izquierdo le hizo erguirse. Se llevó una mano a la cintura y después la miró. Sangre. Sintió un ligero mareo. Cerró los ojos. Se le había olvidado las reacciones que provocaba ver la sangre. Un golpe en el hombro le hizo reaccionar. Se dio la vuelta y miró a quien le había dado el golpe. Un mortífago con ganas de gresca.

- Quítate la máscara, cobarde – dijo, con tono desafiante.

- Quítamela tú – rápidamente, el mortífago se volvió a situar a su espalda, le cogió del brazo y le hizo caer al suelo. Se sentó sobre él e intentó ahogarle. Con cierta dificultad alargó la mano hasta su cara y le arrancó la máscara.

- Malfoy... – el nombrado aflojó ligeramente las manos por la sorpresa y el otro hombre se aprovechó de la situación para tirarle al suelo e invertir los papeles – Lo suponía... después de lo de tu padre sabía que vendrías a vengarte...

- Te crees muy listo, Potter... me importa una mierda que mi padre esté encerrado en Azkaban, nunca fue un padre para mí... tan sólo quiero acabar contigo...

- Me parece que hoy no es tu día de suerte, Malfoy... – cogió la varita y le apuntó.

- Pudiste haber tenido todo lo que hubieras querido... – Harry le miró interrogante – Aquel día... el de la selección en Hogwarts... te ofrecí mi mano... me ofrecí a ti... y me rechazaste... – respiraba agitadamente – Preferiste a esos fracasados...

- Esos a los que llamas fracasados son mis amigos... – dijo entre dientes.

- Ellos te alejaron de mí...

- ¿Qué estupideces...?

- No son estupideces, Potter... es la verdad... – se miraron un instante – Por tu culpa estoy metido en esto...

- No me culpes de haberte convertido en un mortífago, Malfoy, eras libre de elegir lo contrario...

- No tenía ninguna razón para hacer lo contrario... si hubieras estado a mi lado... quizás...

- No te inventes excusas...

- No es una excusa... por ti habría renunciado a todo lo que tenía que ver con los Malfoy... a todo... – algo se removió en el pecho de Harry. La mano que sostenía la varita tembló - ¿No vas a matarme? – Harry cerró los ojos y sacudió la cabeza.

- Libre albedrío... ¿no conoces ese término?... Yo pude elegir a mis amigos... tu pudiste elegir ser mortífago o no... elegiste serlo, no me culpes a mí de ello... – oyó un ruido – Lo siento... – Draco cerró los ojos y se agarró con fuerza a la hierba – Avada Kedavra...



Capítulo 2

Abrió los ojos. Los había mantenido fuertemente cerrados y le dolían un poco. Había sentido una leve sacudida después de oír la maldición. Enfocó la vista y vio un techo blanco. Sabía que era el techo por la lámpara que colgaba. Se llevó la mano derecha al pecho y sintió su corazón. Al menos estaba vivo. Era un consuelo. Sí, lo era. Se incorporó y miró a su alrededor. Estaba sentado sobre una alfombra mullida, con dibujos de colores vivos. ¿Dónde estaba? Aquello no era su casa. No le sonaba de nada aquella habitación. Miró a su derecha y le vio. Estaba de pie, mirándole pero sin verle, parecía que mirase a través de su cuerpo.

- ¿Dónde estamos?

- En mi casa.

- ¿Cómo...?

- Nos aparecimos... maté a uno de tus compañeros y antes de que otro me atacara, desaparecí contigo... - se cruzó de brazos y miró por la ventana - Creíste que te mataría, ¿verdad? - Draco se levantó del suelo y se quitó la capa negra que llevaba puesta - Yo también... pero no pude... - se acercó a él - Puedes marcharte - caminó hacia la puerta y la abrió. Puso un pie en el pasillo - Ahora tienes ventaja sobre la Orden. Sabes donde vivo. Emplea bien esa información - salió de la habitación.

- Podría matarte, Potter... - Harry rió en el pasillo.

- Iluso... sólo Él puede acabar conmigo... un Avada de tu varita no me haría nada... Ahora, márchate.

- Me dejas irme…

- ¿No es evidente?

- ¿Cómo sé que no es una trampa, Potter?

- No soy tan ruín… Si lo deseas puedes irte, también puedes quedarte, no te voy a negar una cama donde dormir ni una cena decente - Draco le miró desconfiado - No te voy a envenenar ni voy a clavarte un puñal mientras duermes… espero que tú no lo intentes - desapareció escaleras abajo.

Draco se quedó pensando, apoyado en la pared. Hacía seis años que se vieron por última vez, el último año en Hogwarts. Harry decidió ir a la Escuela de Aurores. Draco "prefiri" dedicarse a temas relacionados con su futuro como mortífago: venenos, maldiciones, torturas… Su padre le había instruido muy bien en todos ellos, pero no le había enseñado a matar los remordimientos, el asco y el mido. Y tampoco sus sentimientos…

- ¿Quieres cenar algo? - gritó Harry desde el piso de abajo.

- Ahora voy… - gruñó. Salió de la habitación y bajó las escaleras. Buscó la cocina y cuando logró encontrarla, chocó con Harry en la entrada.

- Iba a ver si te habías ido, no oí tu respuesta. Perdona - se había quitado la túnica y llevaba las mangas de la camisa remangadas hasta el codo - Estaba preparando la cena. Pasa - Draco entró en la cocina, una estancia no muy grnade donde cabía bastante justita una mesa con tres isllas, un frigorífico, lavadora, lavavajillas, horno con cocina eléctricos y un fregadero, todo ello glaramente muggle.

- Vives como un muggle… - dijo con srpresa-

- Me crié entre ellos, es lo que conozco, me costaría acostumbrarme a la vida de mago normal - Harry sonrió y se puso a freir un poco de ajo para echárselo a unas espinacas - ¿Te gustan las espinacas con huevo? - Draco asintió - Me alegro, es la cena - abrió el frigorífico y cogió unos huevos que rompió y añadió a la sartén con la verdura. Draco le miraba - Nunca cocinas, ¿no? - Draco negó con la cabeza - Deberías probar a hacerlo, relaja mucho. ¿Me pasas dos platso de ese armario? - señaló el armario que había sobre el fregadero. Draco lo abrió y sacó dos platos que Harry cogió - Gracias - sirvió la verdura y dejó los platos en la mesa. Puso cubiertos y vasos, sacó agua de la nevera y pan del horno - pan recalentado. Inconvenientes de la vida de soltero - Draco le miró extrañado.

- ¿No te has casado? - Harry rió,

- No.. aún no he encontrado a la persona que me haga perder los papeles… ¿Y tú?

- Tampoco… he tenido algunas relaciones pero siempre acabo rompiendo… exijo demasiado - se sonrojó levemente.

- ¿Te quitas la túnica y cenamos? - Harry cogió la túnica y la guardó en el armario d el anetrada - Siéntate, vamos a dejar de llevarnos mal y comportémonos como viejos amigos por una vez en la vida… - dijo, con una sonrisa. Draco no encontró un atisbo de burla en los ojos verdes de Harry. Bajó la vista.

- Estaría bien… - Harry vio la sombra de una sonrisa en los labios de Draco.

 


Capítulo 3

Amaneció y Harry se levantó de la cama. Se puso las gafas y salió de la habitación. Vio que la puerta de la habitación en que se había instalado Draco estaba abierta. No pudo dominar su curiosidad y se asomó por la puerta. Sentado en el alféizar de la ventana estaba el muchacho rubio, cubierto con una manta, el cabello cayendo desordenado sobre los hombros y con una expresión de tristeza que Harry jamás había visto en nadie. Al ir a salir de la habitación, se dio un golpe con el marco de la puerta, llamando la atención del pensativo joven.

- Potter… - se levantó y se acercó a Harry, que se frotaba el codo lastimado.

- Pe… perdona, no quería molestarte… iba a preguntarnte si querías desayunar algo - el moreno se sonrojó de vergüenza.

- Gracias… - dejó la manta en la cama y se vistió.

Bajaron a la cocina y Harry se puso a hacer café mientras Draco le miraba.

- ¿En qué puedo… ayudarte?

- Prepara unas tostadas o lo que vayas a desayunar. Toma - le dio un paquete de pan de molde - Allí tienes el tostador, en aquel armario hay unos restos de bizcocho y unas galletas, por si quieres otra cosa.

- Las tostadas están bien - tras algunas peleas con el tostador, consiguió tostar el pan. Se sentaron a la mesa y Draco suspiró - ¿Qué sabes de mi padre? - a Harry le sorprendió la pregunta - Desde que le metísteis en Azkaban no sé nada de él - aclaró Draco.

- Yo tampoco sé nada, sólo que está en la zona de máxima seguridad. ¿Dónde está tu madre? - Draco removió distraídamente su café.

- Se fue con otro… al poco de ser arrestado mi padre, se buscó un sustituto y se marchó con él no sé si a Francia o a Italia…

- No lo sabía… lo siento…

- No tiene importancia, tampoco fue una gran madre… - bebió café y de pronto dejó caer la taza sobre la mesa. Hizo un gesto de dolor y se sujetó el antebrazo isquierdo con la mano derecha. Harry se levantó de su silla y se acercó a él.

- ¿Qué sucede Malfoy? - Draco se apartó.

- No… me… toques… Es Voldemort… Tengo que marcharme… - se levantó y estuvo a punto de caer al suelo. Harry le sostuvo.

- No vayas…

- Tengo que hacerlo - se miraron y Draco sonrió - Gracias por todo - Harry aferró su brazo derecho con firmeza.

- Si necesitas ayuda, Draco… cuenta conmigo…

- ¿Aceptas por fin mi mano? - Harry negó con la cabeza.

- Te ofrezco la mía… - Draco se sumergió en la mirada del moreno.

- Ten cuidado… - susurró sobre sus labios y desapareció. Harry cerró los ojos y se apoyó en la mesa.

- ¿Dónde te habías metido, Draco? Me han dicho que desapareciste del campo de batalla, con… Potter… ¿Acaso intentas engañarme? - Draco negó - Ya sabes lo que pasa con los que me traicionan…

- Sí, mi Lord… Potter intentó sonsacarme información sobre sus planes, pero no le dije absolutamente nada. Esta mañana logré escaparme… - Draco deseó que Voldemort no estuviera leyendo su mente - No le he tricionado Señor…

- Mentiroso… Crucio…

Draco gritó al sentir el dolor más terrible que hamás había sentido. Se retorció en el suelo mientras Voldemort le miraba con aburrimiento y desprecio en sus ojos.

 

 

Capítulo 4

Harry se metió en la bañera y se hundió hasta la barbilla. Hacía tiempo que no se metía en la bañera a pensar. Realmente lo necesitaba. No entendía qué demonios le había pasado con Draco, después de tantos años de odio y disputas, ahora era incapaz de meterse con él y de negarle su ayuda. Le había conmovido verle en la ventana, tan abatido y pensativo. Y la confesión de la noche anterior… realmente… ¿realmente había sido su culpa el que Draco se hubiera unido a Voldemort? ¿Podría haber hecho algo para evitarlo? Quizás, si hubiese cogido su mano el primer día… o si el Sombrero Seleccionador le hubiese enviado a Slytherin… Sacudió la cabeza. Ya no tenía sentido pensar en eso, hacía demasiado tiempo… Sopló un poco de espuma. Draco se había comportado de una forma tan distinta a la habitual… sonrió al recordarse conversando tranquilamente con él, como si realmente fueran viejos amigos… Quizá Draco no se hubiera dado cuenta jamás, pero él siempre había deseado que entre ellos todo hubiera sido distinto, le habría gustado ser amigo suyo, después de todo, no eran tan distintos… los padres de Draco pasaban de él y los Dursley habían tratado a Harry como a una molestia… ninguno de los dos había tenido unos padres que les amaran y cuidaran, quizás en ese terreno Harry había tenido ventaja, los Weasley le habían tratado como a un hijo más y Sirius y Remus le habían cuidado con todo el cariño durante los años que pasó con ellos, Draco no había tenido esa oportunidad… Si Draco hubiera elegido mejor sus palabras aquella noche… Cerró los ojos y volvió a soplar un poco de espuma. Le vino a la cabeza el gesto de dolor de Draco… había visto tantas veces esa misma expresión en la cara de Snape… inconscientemente se llevó una mano a su antebrazo izquierdo y pensó que debía de ser algo realmente horrible. Draco era más valiente de lo que jamás había pensado. Se sumergió completamente y después salió para secarse. Se miró al espejo y pensó que su pelo era una batalla perdida, se lo cortaseal rape o lo dejase largo, siempre acababa desastroso…

En otra parte del país, un territorio que permanecía sumido en la oscuridad, entre brumas y pantanos, se erigía imponente una gran mansión, oscura como las profundidades del tenebroso bosque que la rodeaba. El silencio reinante en el lugar sólo se rompía cada cierto tiempo por unos desgarradores gritos de sufrimiento que provenían de los sótanos de la mansión. En ellos, un muchacho de apenas veinticinco años, de aspecto angelical estaba siendo torturado por el ser más cruel de la creación…

- Deja de mentir, querido - susurró el hombre.

- No… es… estoy… mintiendo, se… señor… - consiguió decir, entre gemidos de dolor. Sintió que los fríos dedos de Voldemort levantaban su cara y miró los ojos de serpiente del hombre.

- ¿No ves que no te sirve de nada? Puedo leer tu mente, sé lo que piensas… no quiero nada más que una confesión… admite que te quedaste en casa de Potter por voluntad propia y te dejaré libre…

- No lo har

- Muy bien - la voz sonó seca. Se encogió de hombros y le soltó - Te quedarás aquí hasta que te encuentre alguna utilidad o confieses… - abrió la puerta - Tú mismo…

Draco se quedó solo en la habitación. Apretó los puños y entre sollozos golpeó repetidas veces el suelo de la celda hasta que la sangre le manchó la blanca piel. Se derrumbó y lloró por horas hasta que no le quedaron lágrimas. Antes muerto que admitir ante Voldemort que amaba a Harry…

 

 

Capítulo 5

Hacía cerca de un mes que estaba allí encerrado. Apenas le alimentaban. Sólo le permitían una ducha rápida a la semana y llevaba sin ver la luz del sol tanto tiempo que estaba convencido de que si salía a la luz quedaría ciego. Un mes encerrado en un calabozo de la mansión de Voldemort. El asunto tenía su lado alentador. Era el primero que sobrevivía más de una noche allí... o le soltaban, o le dejaban morir en ese sótano. Voldemort le había despojado de todas sus pertenencias salvo la ropa, pero ésta estaba humeda y embarrada y no protegía del frío, tan sólo se limitaba a hacerlo más intenso. Seguramente desnudo tendría menos frío.

Una mañana, la puerta se abrió a una hora que jamás lo hacía, antes de la hora de la cena. Draco estaba en un rincón, abrazado a sus piernas y la cabeza hundida entre las rodillas. Al oír el chirrido que identificaba con la comida (caldo aguado y un poco de pan duro) levantó la cabeza y tuvo que cubrirse los ojos para esconderlos de la luz del farol de uno de los guardias.

- Levanta, chico, hoy es tu día de suerte - le agarró con fuerza del brazo y le hizo levantar. Draco oyó las suaves pisadas de Voldemort. Las reconocía porque tendía a arrastrar suavemente los talones con cada paso.

- Puedes irte - Draco creyó que se había dirigido al guardia - No te quedes ahí, Draco, ya puedes marcharte.

- Es una broma... - dijo, con los ojos entrecerrados a causa de la lámpara.

- No lo es, puedes irte - Draco dudó - No te haré nada, no quiero perder a uno de mis mejores mortífagos por una cuestión de orgullo.

- De acuerdo...

- Te llevaré hasta la puerta - le tendió una mano, que Draco cogió.

Pasó otra página de la novela y sus pensamientos regresaron al mismo lugar donde habían estado en el último mes, ¿le habría pasado algo a Draco? Sabía que no tenía por qué explicarle nada y que el haberle dado de cenar una noche no le daba derecho sobre la vida del joven mortífago, pero le preocupaba que Voldemort le hubiera hecho algo... Malfoy le preocupaba... interesante actitud, un auror preocupado por su enemigo de toda la vida que ahora, para colmo, era un mortífago. Miró distraído el fuego y pensó en el rubio... de nuevo... había sido tan distinto en ese tiempo que habían compartido... lo lógico hubiera sido que se dedicaran a lanzarse maldiciones y Draco se hubiera marchado dando un portazo, no una cena agradable con una conversación civilizada... Rió... Había caído en la cuenta de que cuando pensaba en él, ya no pensaba en Malfoy, sino en Draco...

Unos golpes le despertaron. Se había quedado dormido. El libro estaba en el suelo, tirado de cualquier manera y un pequeño hilillo de saliva le caía hasta el mentón. Siempre le pasaba lo mismo cuando se dormía en el sillón... Se limpió y recogió el libro. Los golpes volvieron a oírse en la puerta, esta vez más débiles. Miró a hora. No era muy normal recibir visitas de madrugada y menos una madrugada lluviosa como era esa. Se acercó a la puerta desperezándose y frotándose los ojos. Abrió. Sobre el felpudo había un bulto negro. Un hombre arrodillado, con capa negra, completamente empapada y la capucha le cubría la cara, lo cual le impedía reconocerle. Harry se agachó y con la mano derecha, mientras con la izquierda se ponía las gafas, levantó el mentón del hombre. Al ver la cara, manchada de barro, se quedó boquiabierto.

- Draco...

- A... ayúda...m...me...

 

 

Capítulo 6

Cogió en brazos al muchacho, cerró la puerta de una patada y le llevó a su cama. Draco mantenía los ojos cerrados, rodeaba el cuello de Harry con sus brazos y éste le oía sollozar suavemente. Tra acostar al chico, abrió el armario de su cuarto y sacó dos mantas gruesas y una toalla de ducha. Sin pensarlo dos veces, comenzó a desnudarle. La ropa mojada acabó en un rincón del cuarto y el moreno cubrió a Draco con las mantas tras secar con suavidad su cuerpo. Luego le secó el cabello y le miró. Secó suavemente sus lágrimas.

- ¿Qué te ha pasado, Draco? - se fijó en la delgadez de su rostro, las ojeras oscuras bajo las perlas grises que eran sus ojos y las manos, más finas y frágiles de lo que fueron... Draco gimió, con los ojos cerrados.

- Apaga la luz... por favor... - dijo, con voz ronca - Harry se extrañó, pero le hizo caso - Gracias... duele mucho pasar de la oscuridad a la luz de una forma tan brusca...

- Dime, Draco, ¿qué ha sucedido?

- Voldemort... me... me torturó... - Harry gruñó. Draco acarició su mano derecha, que descansaba sobre su cadera y el moreno sonrió.

- Duerme, ya me lo contarás cuando hayas descansado... - besó su frente dulcemente.

Draco tuvo un sueño inquieto, en algunas ocasiones se despertó gritando y Harry le calmaba con suaves palabras y le acunaba entre sus brazos. El moreno apenas durmió, cuidando de que Draco descansara.

Cuatro días después, tras pasar horas durmiendo, despertándose unos minutos cada varias horas para beber agua o comer un poco de puré que Harry le preparaba o cuando éste curaba sus heridas con hechizos aprendidos en la escuela o tenía que ir al baño, Draco despertó y se encontró entre los brazos de Harry, que dormía junto a él. Miró al moreno y sonrió. Sacó la mano derecha de entre las mantas y le acarició, sonrojándose levemente. Harry había cerrado las persianas y apenas entraba luz, pero supo que era de día. Observó unos instantes el rostro tranquilo de Harry y suspiró.

Apartó con cuidado las mantas. Se dio cuenta de que estaba completamente desnudo y sus mejillas se volvieron a teñir de rojo. Buscó con la mirada algo con que cubrirse, vio una camisa colgada del picaporte de la puerta del baño. Fue a levantarse a por ella, pero una mano le detuvo.

- ¿Dónde vas? - Draco se fijó en que Harry ni siquiera había abierto los ojos.

- Iba al baño - Harry abrió los ojos y lemiró. Se incorporó y se puso las gafas.

- Espera... - se levantó y abrió el armario. Rebuscó y sacó una sudadera y unos vaquero desgastados. También sacó, de un cajón, unos calzoncillos - Ponte esto, aún no he lavado tu ropa, está hecha un asco... - Draco bajó la mirada y suspiró - Aquí estás a salvo - se agachó frente a él - No te preocupes, dúchate y baja a desayunar, lo necesitas... - acarició su cuello y se levantó. Draco le detuvo - Dime.

- Gracias - el rubio se levantó, las mantas cayeron al suelo y se quedó completamente desnudo ante el moreno. Draco rodeó el cuello de Harry con sus brazos y éste puso sus manos en la cintura de Draco. Se soltó y besó dulcemente la comisura de sus labios.

- Me quedaré aquí, por si necesitas algo... - Draco sonrió.

- De acuerdo... - Harry le llevó hasta el baño. Abrió el grifo de la ducha y dejó correr el agua hasta que estuvo caliente.

- Ya está. Voy a poner en marcha la lavadora y en seguida vuelvo - Draco asintió y el moreno salió del baño. Cuando regresó a la habitación, oyó el sonido del agua cayendo y al fondo pudo distinguir un sollozo. Harry entró en el baño y vio a Draco llorando, sentado, abrazado a las rodillas, el agua golpeándole la cabeza. Sin preocuparse de si se mojaba o no, cerró el grifo y cogió a Draco entre sus brazos, apretándole fuertemente contra su pecho. Besó su frente y le apartó el cabello de la cara - Vale, Draco, estoy aquí, deja de llorar, aquí no te pasará nada... - Draco arrugaba entre sus manos la ropa de Harry - Venga, levántate - se pusieron en pie y Harry se quitó la ropa mojada. Con suavidad, ayudó a Draco a ducharse, susurrándole palabras tranquilizadoras. Tras limpiar la espuma de su cabello, Draco miró a Harry con dulzura y lavó también su pelo, acariciando la cabeza y enredando sus dedos entre los mechones. Masajeó su nuca y acarició la garganta de Harry, haciéndole suspirar. Se miraron a los ojos y Harry atrajo a Draco a sí y acercó su boca a la del rubio, sin tocarse, durante un instante respiraron el mismo aire y sonrieron.

- Esto es lo que te perdiste durante estos años... - acarició sus labios con los suyos y le besó dulcemente. Harry respondió al beso con suavidad, sonriendo cuando Draco le mordía.

- Más vale tarde que nunca... - volvieron a besarse y Draco aclaró el pelo de Harry para luego vestirse y bajar a desayunar.

 

 

Capítulo 7

- …Me torturó durante horas y días… - explicó mientras miraban el fuego acurrucados frente a la chimenea y escuchaban el suave golpeteo de la lluvia contra los cristales - Conocía cada uno de mis pensamientos y aún así quería que confesara…

- ¿Por qué no lo hiciste? - Draco bebió un poco de chocolate caliente que había preparado Harry.

- Me habría matado… he visto mori a muchos hombres por confesar una traición tras ser descubiertos… De esta forma él lo sabe, pero nadie ha oído mi confesión y él se niega a matar a un traidor si nadie ha podido escuchar la confesión… - ronrroneó suavemente y se acomodó entre los brazos de Harry.

- Draco, no eres un gato…

- ¿Miaw? - Harry sonrió - ¿Te molesto?

- ¿A qué te refieres?

- A si peso mucho… no quiero hacerte daño…

- No te preocupes… - Draco dejó la taza de chocolate a un lado y abrazó a Harry.

- Todo habría sido tan diferente… - suspiró - Habría sido divertido ser amigos en Hogwarts, ¿no crees?

- Sí… ¿sabes que el Sombrero Seleccionador dudó sobre meterme en Gryffindor o en Slytherin?

- Mentira…

- Es cierto - respondió con una sonrisa.

- El gran Harry Potter en Slytherin… qué vergüenza… - rieron.

- Es la verdad, en segundo, cuando hubo aquel problema con el diario de Tom Riddle, pregunté al Sombrero y me dijo que cualquiera de las dos opciones habría sido acertada…

- Nos habría tocado el mismo dormitorio… - mordió su mentón - Podríamos haber pasado juntos las vacaciones, estoy seguro de que mi padre te habría separado de esos asquerosos muggles y… - Harry le calló besándole y echándole en la alfombra.

- Deja a los Dursley donde están, bajo tierra en el cementerio… todo eso me da igual, sólo me importa el presente y el futuro… a tu lado - volvieron a besarse. Draco rodeó a Harry con sus brazos y sus piernas mientras éste le acariciaba y besaba su cuello. Gimió suavemente cuando el moreno se apretó contra él, sintiéndose en el cielo. Tiró del suéter de Harry para meter sus manos por debajo y acariciar, arañar y pellizcar cada centímetro de su bien formado torso.

- Ah… Harry… - el nombrado había desabrochado el pantalón de Draco, tenía su mano derecha bajo el calzoncillo y acariciaba suavemente, haciendo gemir al rubio. Harry abrió la camisa de Draco y descendió por él dando suaves mordiscos. Cuando iba a bajar su calzoncillo, un ruido de cristales rotos les sobresltó.

- ¿Qué demonios…? - se incorporó y Draco con él - Voy a ver… - Draco le sujetó.

- Voy contigo.

Se levantaron y arreglaron un poco la ropa. Encontraron el cristal roto, la ventana de la cocina. Harry se puso a arreglar el vidrio, sin comprender muy bien cómo se había roto, mientras Draco miraba alrededor. Junto a la puerta encontró gotas de agua y manchas de barro.

- Harry, ¿has salido esta noche a la calle?

- No, ¿por qué? - Draco señaló las manchas - Son recientes… mierda… No te separes de mí, vamos a coger las varitas al salón y a registrar toda la casa, ¿de acuerdo? - Draco asintió y cogió la mano de Harry. Regresaron al salón y cogieron las varitas. Harry oyó unos pasos a su espalda y se volvió. Rápidamente obligó a Draco a situarse a su espalda y miró al mortífago que estaba frente a él - ¿Qué quieres? ¿Cómo has llegado aquí?

- Mi señor hechizó al muchacho, en todo momento sabemos dónde se encuentra - Harry miró a Draco de reojo - No he venido a mataros, Lord Voldemort desea enviaros un mensaje… No estáis seguros en ninguna parte, ni el joven Malfoy ni tú, Potter… siempre sabremos dónde os escondéis…

- ¿Has venido solo?

- A ti no te importa.

- Es un error venir solo y cabrearme, ¿sabes? - alargó la varita y un rayo impactó en el vientre del mortífago. Harry caminó hasta el hombre, que se había encogido del dolor - Dile a Voldemort que no me asustan sus amenazas, nunca lo conseguirá… - le dio una patada en el pecho y el mortífago desapareció. Harry miró a Draco, que temblaba ligeramente - Eh, no te asustes - las lágrimas comenzaron a surcar su rostro - Ya se ha ido… - se acercó a él y le acarició.

- No es por el mortífago… no sabía que Voldemort me había hechizado… - se dejó caer en el sillón - No quiero que pienses que te estaba engañando, que dejé que Voldemort me usara para… - sollozó y Harry le abrazó.

- No pienso eso, Draco, de verdad… - le acarició y le besó - No lo pienso…

 

 

Capítulos 8 a 14

Edeiel

Índice

Main