Capítulo 8

- Es un hechizo localizador muy sencillo, pero muy eficaz y difícil de detectar, no creo que Draco se dejara usar para eso…

Remus había bajado hacía unos minutos de la habitación en que dormía Draco. Harry había llamado a Remus poco después de obligar a Draco a acostarse, tras pasarse un rato llorando y suplicando a Harry que le creyera… Él le creía, pero no estaba de más un poco de precaución…

- Quién lo iba a decir… tú y Malfoy - Remus rió alegremente. Desde que habían declarado inocente a Sirius cuando consiguieron llevar a Pettigrew ante el Ministerio se había vuelto alegre y su aspecto enfermizo no era tan terrible, tan sólo se le veía así un par de días al mes, durante sus tranformaciones - ¿Te gusta?

- Sí… claro, so no me gustara no estaríamos así… - arrojó unos trozos de leña a la chimenea y los colocó con el atizador - Me gusta mucho… - suspiró - Despertó algo en mí que llevaba tanto tiempo dormido que apenas me acordaba.

- ¿Te gustaba en el colegio? - Harry se sonrojó - Ya me parecía que esto no podía ser espontáneo… ¿Qué váis a hacer? Espero que no os quedéis aquí… Podríais veniros con Sirius y conmigo, a tu padríno le encantará verte.

- Ayer hablé con él por la chimenea…

- Le gusta estar contigo, lo sabes.

- No quiero estorbar… vosotros tenéis vuestra vida y Draco y yo la nuestra.

- Pero si necesitáis… - un chasquido en la cocina le interrumpió - ¿Qué ha sido eso? - se levantaron del sofá en que estaban sentados y vieron que Snape salía de la cocina - Severus… ¿qué haces aquí?

- Dumbledore me ha enviado… ¿Ten encuentras bien? - preguntó a Harry.

- Sí, pero Draco… no es que esté herido - se apresuró a decir al ver la cara de Snape - es… que se siente mal…

- Voldemort le está usando para localizarnos.

- ¿Un hechizo? - asintieron - Joder… Dumbledore me ha dicho que os lleve a Hogwarts, tenéis donde dormir.

- Gracias, iré a avisar a Draco - subió las escaleras. Cuando el joven hubo desaparecido, Snape se decidió a hablar.

- ¿Le has quitado el hechizo?

- No, Voldemort se enteraría, lo mejor será que continúe con él.

- Bien… - ambos hombres estaban incómodos - ¿Cómo… cómo te va con Black? - Remus se ruborizó.

- Muy bien… vamos a adoptar un niño. Sirius está muy ilusionado con la idea y yo… hacía tiempo que quería un niño en casa…

- Os envidio…

- Siento lo de… - vieron que los chicos bajaban la escalera.

- Draco… - se asustó al ver la delgadez del muchacho.

- Pro… profesor… - bajó los últimos escalones de un salto y se echó en los brazos de Snape, que le apretó fuertemente contra su pecho. Draco le miró - ¿Qué hace aquí?

- He venido por orden de Dumbledore, quiere que vayáis a Hogwarts, piensa que allí estaréis seguros - acarició su rostro - Intenté convencerle de que te soltara antes… - todos supieron que se refería a Voldemort y al secuestro del muchacho - Mi niño… - volvió a abrazarle y sólo el orgullo de Snape pudo evitar que éste se echara a llorar al tener al chico entre sus brazos - Vámonos… ¿Vienes Lupin?

- No, tengo que ir a avisar a Sirius. Tened cuidado.

- No te preocupes.

Remus desapareció tras despedirse de ellos y después de recoger algo de ropa, los tres hombres desaparecieron de la casa para aparecerse en Hogsmeade, frente a las Tres Escobas, donde tenían reservadas habitaciones para pasar el resto de la noche. A la mañana siguiente volarían a Hogwarts en unas escobas que pedirían prestadas al dueño de la posada.





Capítulo 9

Dumbledore les recibió tan sonriente como siempre, en su despacho. McGonagall también estaba allí. Se sentaron todos y tras el correspondiente saludo, Dumbledore sacó el tema principal de la reunió.

- Ya me he enterado de que el señor Malfoy has sido hechizado por Voldemort para intentar localizar a la Orden del Féniz y atacarnos - juntó las yemas de los dedos y miró al rubio por sobre sus gafas de media luna - Muy bien, lo que no ha tenido en cuenta Voldemort es que el hechizo se puede volver en su contra.

Dumbledore les explicó lo que había pensado. Usarían a Draco como cebo para atraer a los mortífagos y en el momento oportuno, atacarlos y reducirlos.

- ¿Y si sale mal? Draco podría acabar… - dijo Harry. Draco puso una mano sobre su hombro.

- No pasará nada, quiero hacerlo… - el rubio le miró de tal forma que Harry se sonrojó. Dumbledore dio una palmada, sobresaltándolos.

- Muy bien, pues. Severus, por favor, acompáñales a su habitación - Snape asintió.

Salieron del despacho y Snape les llevó hasta una habitación situada en el último piso del castillo.

- Si necesitáis algo, encended la chimenea - los chicos asintieron y Snape se marchó, cerrando la puerta al salir.

- Bueno… - Harry miró cómo Draco se tiraba en la cama.

- Qué comoda… ¿Qué te pasa? Estás pensativo… - Harry se sentó al lado de Draco.

- Llevo tiempo pensando en algo que me dijiste aquella noche…

- ¿Sí? ¿En qué? - Harry carraspeó.

- Lo que dijiste sobre renunciar a todo… por mí… - Draco le miró. Harry se había sonrojado.

- Es la verdad… desde el momento en que supe de ti, soñé con tenerte a mi lado, cuando te encontré en la tienda de Madame Malkin, supe que eras especial y desde la noche del banquete… deseé que me vieras como yo te veía… Habría dado cualquier cosa porque me dirigieras una sonrisa… porque me ofrecieras tu amistad… y más tarde… no me bastaba con desear tu amista…

- Siempre has sido ambicioso - sonrieron.

- En exceso - se miraron a los ojos - Aún no me creo que te tenga a mi lado ahora mismo - apoyó su cabeza en el hombro de Harry.

- Yo… eh… - el rubio le miró -… no estoy acostumbrado a decir estas cosas… no sé cómo decirlo… - Draco sonrió y le hizo acercarse a él.

- No hace falta que lo digas… - se besaron dulcemente.

- Siempre… siempre estaré a tu lado… - susurró y volvió a besarle.

*******

Apartó el cabello de su rostro. Parecía un ángel… ERA un ángel… Los últimos días que habían pasado en Hogwarts le habían sentado bien e incluso había ganado algo de peso. El chico respiraba tranquilo, apoyado en su pecho, rodeándole posesivamente con los brazos. Sus manos se pasearon lentamente por su espalda y su cintura sobre el pijama. Sintió que Draco se estremecía cuando rozó su muslo.

- ¿Nos dejarán continuar con lo del otro día…? - murmuró el rubio, haciendo sonreír a Harry. Se miraron y Draco le besó.

- Eso espero… - se volvieron a besar. Draco se sentó sobre Harry y comenzó a quitarle la chaqueta del pijama. Según iba descubriendo la dorada piel del moreno, besaba y mordía suavemente. Harry le hizo incorporarse y le quietó su chaqueta. Draco se movió lentamente sobre Harry, haciéndole arquearse. Draco rió y volvió a morder su pecho, con más fuerza. Harry emitió un suave gemido - Ah… no muerdas así… duele… - Draco lamió la zona lastimada y llevó sus manos al pantalón de Harry para quitárselo, luego se quitó el suyo y se pegó a él, acariciándole con su cuerpo. Harry puso sus piernas alrededor de la cadera de Draco y éste acarició suavemente su entrada con sus largos dedos, a la vez que jugaba con la lengua de Harry. El moreno oyó un ruido - Has… ah… ¿has oído… e… eso?… - se arqueó al sentir que Draco tomaba su miembro con una mano y lo acariciaba, a la vez que introducía dos dedos en el cuerpo de Harry, haciéndole gemir.

- Sólo te oigo a ti… - sumó un tercer dedo y los intrudujo con cuidado, luego llevó sus labios el miembro del moreno y lo lamió con suavidad. Harry movió sus caderas, queriendo entrar más profundamente en la boca del rubio. Éste sacó sus dedo del interior de Harry y se retiró de su miembro para besarle con intensidad - Voy a…

- Hazlo… - un susurro ronco. Draco penetró a Harry, que aguantó la respiración al sentir la intrusión. El dolor se convirtió en placer cuando Draco se comenzó a mover acompasadamente. Harry clavó sus uñas en la espalda de de Draco mientras él besaba ansioso sus labios. Cuando el rubio estaba en el límite, llevó de nuevo su mano derecha al miembro de Harry y lo acarició hasta que terminó, el estremecimiento de Harry y el calor en su mano le hizo terminar con un fuerte gemido. Se dejó caer al lado del moreno y se besaron dulcemtne mientras entrecruzaban sus piernas y acariciaban sus cuerpos sudorosos - Te amo, Draco - dijo, en un susurro. El rubio se pegó más a él y susurró también.

- Te amo - se besaron y de pronto un carraspeo les hizo mirar soprendidos a la puerta. Snape estaba allí, de pie en el umbral y los brazos cruzados - Profesor…

- Potter, Dumbledore quiere que vayas a su despacho. Ahora.




Capítulo 10

La voz de Snape sonó amenazadora, peligrosa. Draco no se atrevió a mirarle, simplemente dejó que Harry se levantara de la cama y él se sentó, con las mantas hasta el pecho. Harry y Snape se dirigieron miradas asesinas en un par de ocasiones. Cuando terminó de vestirse, tras una ducha rápida, se acercó a Draco y le besó dulcemente.

- Te quiero - volvió a besarle - Vuelvo enseguida, guárdame el sitio - sonrieron y Harry se acercó a Snape - Vamos.

- Hasta ahora - dijo Draco. Harry le guiñó un ojo y salió tras Snape. Durante unos minutos no dijeron nada, pero Harry decidió romper el hielo - ¿Cuánto tiempo llevaba en la puerta? - no se miraron.

- El suficiente - gruñó Snape. De pronto agarró a Harry por el cuello de la camisa y le empujó contra un muro - Escúchame bien, Potter - siseó. La nariz le temblaba a la misma vez que el labio superior, tenía los ojos entrecerrados y los dientes apretados en un gesto de odio - No se te ocurra hacer daño a Draco, ¿me oyes? Ya he perdido un Malfoy, no me arrebates el que me queda...

- Amo a Draco, Snape, jamás le haría daño.

- Más te vale, si se te ocurre alguna tontería juro que te enviaré a Voldemort envuelto para regalo.

- No tendrás que ocuparte de elegir el papel porque no voy a dejar a Draco... Ahora, si no te importa, suéltame, me estás arrugando la camisa.

Snape se apartó y volvieron a caminar el dirección al despacho de Dumbledore, que los esperaba sentado ante su escritorio, jugueteando con un trozo de pergamino. Se levantó en cuanto entraron y le dio a Snape el pedazo de pergamino.

- Ya vienen hacia aquí - murmuró Snape tras leer el pregamino.

Harry corrió al dormitorio. En el camino se encontró con varias filas de alumnos guiadas por los profesores. Detuvo a McGonagall.

- ¿Dónde los lleváis?

- Al refugio, está bajo las mazmorras, la entrada está al lado de la de la sala de Slytherin. La contraseña es la misma que la de Slytherin, Draco la conoce.

Asintió y volvió a salir corriendo. Abrió bruscamente la puerta del dormitorio y Draco le miró sorprendido desde el alféizar de la ventana.

- Al refugio... ahora... - Draco se arregló rápidamente y salieron de la habitación. Se cogieron de la mano y se metieron entre los alumnos de Ravenclaw - Tú te quedarás allí abajo, no quiero que salgas hasta que pase el peligro.

- ¿Y tú? - Draco le detuvo. Los chicos que pasaban junto a ellos les miraban con curiosidad.

- Lucharé junto a los demás.

- Quiero ir contigo...

- ¡No! Te quedarás en el refugio.

- Eres tú el que corre más peligro... Déjame ayudar... - Harry tiró de él y al llegar ante la entrada al refugio, le besó.

- Te amo... - le obligó a entrar y salió corriendo.

- ¡¡¡Harry!!!

 

 

Capítulo 11

Oyó a Draco gritar su nombre, pero no se volvió. Si se volvía se arrojaría en sus brazos y no se separaría de su lado, y tenía que luchar, no podía permitir que aquellos mortífagos hicieran más daño a nadie. Cuando llegó a la gárgola de la entrada del despacho de Dumbledore, se encontró con Sirius y Remus. Su padrino le abrazó con fuerza.

- Sirius... Remus... ¿Qué hacéis aquí?

- No esperarás que nos perdamos la diversión, ¿verdad? - respondió Sirius, con una sonrisa

- Queremos ayudar.

- No teníamos otra cosa mejor que hacer - rieron - ¿Y tu chico?

- En el refugio... - miró a Remus con mirada interrogante.

- Se lo conté, no se le puede ocultar nada a este hombre... - se encogió de hombros.

- Me alegro por ti, Harry, de verdad... aunque tener un Malfoy en la familia no me hace mucha gracia, pero si tú eres feliz... - un ruido les interrumpió. Tras la gárgola apareció Dumbledore.

- Pronto se nos unirán varios profesores y algunos aurores que vienen desde el Ministerio. ¿Estáis preparados?

- Sí - respondieron a la vez.

En aproximadamente media hora estaban todos reunidos frente a la gárgola. Caminaron en grupo por el colegio. Se separaron en grupos de cinco, Harry iba con Sirius, Remus, Ron y Hermione. Fueron a la planta baja del castillo. En el hall oyeron ruidos extraños. Se escondieron y vieron subir las escaleras a varios mortífagos. Los detuvieron con hechizos inmovilizadores y los metieron en una habitación que habían preparado para que no pudieran escapar de ninguna manera. En unos minutos estuvieron rodeados por un grupo que les superaba en número. Espalda con espalda, dieron vueltas, buscando un punto débil en la formación enemiga. Se pusieron de acuerdo en atacar los cinco a la vez y romper el círculo. Los hechizos y contrahechizos se entrecruzaban y anulaban. Ron hirió a dos mortífagos, pero acabó con un corte espantoso en el hombro derecho. Harry se las arreglaba como podía con cuatro que tenían entre ceja y ceja la idea de que no debía juntarse con los demás compañeros y le habían alejado lo suficiente para que no pudiera ayudar a ninguno de sus amigos. Ante la proximidad de los cuatro hombres se vio obligado a usar el estilo de pelea muggle: liarse a puñetazo limpio. Se quitó a uno que se le había subido en la espalada y lo inmovilizó con un hechizo. A otro lo dejó inconsciente de un golpe en la nuca con el puño y a los otros dos le dio sendas patadas en la boca del estómago, haciendo que uno vomitara y el otro se alejara lo suficiente como para lanzarle un hechizo. Cuando hubo terminado con los cuatro, se arodilló, exhausto, en el suelo. Vio que los demás se las apañaban bien solos así que decidió descansar un instante. Se había hecho daño en la rodilla derecha y sentía punzadas de dolor cada vez que movía la pierna. Se levantó y se apartó el pelo de la cara. No vio que un mortífago se había apartado del grupo que luchaba contra los otros cuatro y tampoco vio que sacaba su varita de entre su capa. Cuando le vio fue tarde, un rayo blanco como la nieve se dirigía a su cuerpo y no pudo hacer nada para esquivarlo. Cayó al suelo, incrédulo y se quedó mirando el techo, sin saber qué había sucedido...





Capítulo 12

Se incorporó al sentir un peso sobre sus piernas. Sacudió la cabeza y miró el bulto que había sobre ellas. Draco. Sangrando copiosamente por el pecho.

- Draco... Draco... - se levantó y cogió a Draco - No... Draco... - le acarició y miró su pecho. Tenía una herida del tamaño de su mano abierta. Y no paraba de sangrar - Draco... - comenzó a llorar nerviosamente. El rubio abrió los ojos un poco y gimió.

- Ha... Harry... ¿Estás... bi... en...? - respiraba con dificultad. Un fino hilito de sangre caía por su mentón.

- ¿Por qué lo has hecho...? - sollozó Harry.

- Que... quería ayudar... - Sirius se acercó a ellos.

- ¿Qué ha ocurrido?

- Se puso entre ese mortífago y yo... - señaló al mortífago inmovilizado en el suelo cerca de ellos - Llévale a la enfermería - conjuró una camilla y le pusieron sobre ella. Harry acarició a Draco y el rubio esbozó una dulce sonrisa - No se te ocurra dejarme... te necesito... - se echó a llorar y Draco le acarició.

- Te amo... - perdió la consciencia y Sirius se lo llevó escaleras arriba. Harry cayó de rodillas al suelo. Ignoró el dolor que sintió en la pierna y que le llegó más arriba de la cadera. La furia que sentía no le permitía sentir nada más. Cogió su varita del suelo y se levantó. Se acercó al mortífago que había herido a Draco y le descubrió la cara. No sabía quién era, ni le importaba. Tan sólo le importaba que Draco estaba a punto de morir. Y merecía el castigo por ello.

- Nadie me arrebata lo que es mío... - dijo. Su voz fría como un témpano de hielo. Su mirada lejos de ser la de un ser humano. Apuntó con su varita al hombre - Avada...

- ¡¡Harry, no!! - gritó Hemione. Harry la miró con ira. Sus ojos llameaban - Deja que pague por ello en Azkaban.

- Draco está muriéndose por su culpa. Merece el mismo castigo.

- Serás como él... igual de ruín y despreciable... Déjaselo al Ministerio... - volvió a mirar al mortífago. Su brazo extendido hacia él. Su labio inferior tembló y soltó la varita. Se derrumbó y Hermione le rodeó con sus brazos - Muy bien, Harry - susurró - Muy bien... todo irá bien... Draco saldrá de esta, es fuerte, lo sabes... - Harry se echó a llorar de nuevo, apretando a Hermione entre sus brazos.

- No quiero que muera...

- No morirá - dijo Remus, arrodillándose a su lado - Poppy no le dejará irse, estoy seguro de que si se le ocurre tal idea, es capaz de ir al Más Allá y traerlo agarrado por las orejas - sonrieron - Vamos arriba, quizás necesiten nuestra ayuda - asintieron y se levantaron. La rodilla herida falló y Harry cayó al suelo - Deberías ir a la enfermería - el chico negó con la cabeza.

- Puedo andar - se levantó y, cojeando levemente, caminaron escaleras arriba en busca de los demás grupos.

******

- Lo conseguimos - dijo Sirius, dejándose caer en un sillón de la sala de espera de la enfermería - Le ganamos.

- Puede que hayamos eliminado varias piezas de Voldemort, pero la partida aún no está ganada. No hemos hecho ni jaque. Estamos lejos del jaque mate - respondió Dumbledore.

- Tiene razón, Sirius. Además, hemos estado a punto de perder a Draco, Ron y varios aurores.- dijo Remus - Y Harry está hundido... No debemos cantar victoria tan pronto.

- Cierto... - Snape entró en la estancia y todos le miraron - ¿Cómo están?

- Weasley está bien, no era nada grave. Malfoy está muy mal... Poppy ha hecho lo imposible por estabilizarle pero... - todos se fijaron en que sus ojos brillaban. Estaba a punto de ponerse a llorar. Cerró los ojos y suspiró - Ahora depende de sí mismo... de su deseo de recuperarse... no podemos hacer nada más por él...

- ¿Y Harry? - preguntó Sirius.

- No estaba herido, salvo una rodilla, pero no quiere que le curen...

- No me refiero a eso, Snape, y lo sabes.

- ... No se mueve del lado de Malfoy... no le suelta... tampoco habla más que susurros para Draco - un gesto de dolor apareció en su rostro pero rápidamente volvió su expresión serena de siempre - Ha dejado de llorar... no deben de quedarle lágrimas para hacerlo.

- Hay que hacer algo, no podemos dejar que se pase así el resto de su vida, porque Draco puede quedar en ese estado por años, ¿no es así? - todos asintieron - Hay que sacarle de su pozo...

- No creo que esté ni siquiera en un pozo... - la atención volvió a centrarse en Snape - Su mirada permanece fija, mirando al infinito... está vacía, no se ve ningún sentimiento en ella, y su voz... es monótona, habla como si recitara de memoria una plegaria... Es horrible...

- Tenemos que hacer algo antes de que... - un estremecimiento les inquietó. Sirius calló y se abrazó a Remus.





Capítulo 13

Cerró los ojos y toda la escena volvió a su mente por enésima vez. Se estaba levantando del suelo cuando oyó pasos al frente y a su lado. Se apartaba el pelo para mirar quién caminaba hacia él y delante pudo ver a un mortífago que le lanzaba un hechizo. Sintió un empujón y vio, por un instante, una sombra conocida que recibía el impacto por él. Draco. Apretó los puños y gimió de desesperación. Miró al chico acostado en la cama. La palidez de su rostro era extrema. Estaba a un paso... ni siquiera a un paso... mientras él sostenía su mano derecha, el Ángel de la Muerte sostenía la izquierda, preparado para quitarle lo que más quería... pero no iba a dejarle... no se distraería un solo segundo... no le daría la oportunidad de arrancarle el corazón. Esta vez no se llevaría lo que amaba. Ya se había llevado a sus padres, no le permitiría una sola persona amada más.
Oyó a lo lejos, aunque tan sólo estaba a dos o tres metros de ella, la puerta de la enfermería. Pasos lejanos. Una voz. Una mano le obligó a levantar la cabeza.

- ¿Me has oído? - Sirius le miraba preocupado. Pestañeó y suspiró - He dicho que vayas a ducharte, yo me quedo con él. Y de paso, que la señora Pomfrey te cure la herida.

- ¿Qué herida?

- La de la rodilla. Tienes la rodilla derecha desollada - miró la rodilla y vio la sangre reseca en el pantalón, que se había pegado de tal forma a la herida abierta que formaba parte de la costra que la cubría - Si no se te ha infectado es por mera suerte.

- No quiero dejarle solo.

- Yo me quedaré a su lado. Harry, necesitas levantarte de esa silla. Necesitas una ducha, por el amor de Dios, necesitamos que te duches... - Harry no hizo ningún gesto ante la broma de Sirius - Si no te levantas de ahí no tendré más remedio que levantarte yo y meterte en una de esas lavadoras muggles...

- He dicho que no. Cuando se despierte... - Sirius suspiró exasperado y le cogió por los hombros.

- Harry, escucha bien lo que te digo. Draco puede no despertar nunca. Vete haciendo a la idea.

- Despertará. - Sirius se pasó una mano por el rostro.

- Haz lo que quieras... pero serías más útil ahí fuera, ¿sabes? Nos estamos dejando las pestañas intentando recomponer el escudo de este maldito castillo. Dumbledore lo redujo al mínimo para que los mortífagos localizaran a Malfoy y no encontramos el modo de volverlo a su estado. Ha habido varios muggles que han visto el castillo, no tienes idea de cuántos obliviates hemos tenido que hacer para protegernos. Aparecemos hasta en los mapas y tú te quedas ahí sentado sin hacer nada, autocompadeciéndote, muriéndote de asco y precupándonos a los demás. Tu padre jamás habría reaccionado así.

- No soy mi padre... ¿Cuándo... te darás cuenta... de ello? - gritó, mirándole con furia contenida - Lárgate... - Sirius se asustó al ver esa mirada en Harry, parecía una bestia protegiendo su territorio.

- Tú mismo - salió de la enfermería y Harry volvió a su postura, apoyado en su brazo derecho mientras sostenía la mano de Draco y acariciaba su mejilla con la mano izquierda.

- Despertará... - las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

******

- ¿Qué ha pasado? Le he oído gritar... - preguntó Remus cuando Sirius salió de la enfermería.

- Se está volviendo loco... si no le sacamos de ahí vamos a tener que enviarle a un psiquiátrico... no hay forma de separarle del chico... - se apoyó en la pared. Remus le abrazó - Le comparé con James... le dije que James jamás habría reaccionado así... creí que me iba a matar, Remus... parece un animal salvaje... no sé qué hacer... - el licántropo acarició a Sirius.

- Déjame a mí - le besó y abrió la puerta - Mierda...

- ¿Qué...? - Sirius se asomó y vieron a Draco donde estaba minutos antes. Harry brillaba por su ausencia - Joder...

 

 

Capítulo 14

- ¿Qué no está? ¿Cómo que no está? - dijo Severus - ¿!Qué coño has hecho para que se fuera, Black!? - Remus detuvo a Snape, que pretendía obligar a Sirius a levantarse del suelo.

- Le comparé con su padre... - dijo, con la cabeza hundida entre las rodillas, acurrucado en un rincón - No lo pude evitar... no sabía cómo hacerle reaccionar y...

- ¡¡Y la cagaste, Black!!

- ¡¡Ya lo sé, joder!! ¡¡Lo sé!! Dios... no me lo perdonaré jamás... si le pasa algo...

- No pasará nada, Padfoot... - Remus se había arrodillado a su lado y le acariciaba - Encontraremos a Harry...

******

Miró la mansión con asco y furia. Allí se encontraba ese repugnante ser que tanto daño le había hecho. Pagaría por todo. Caminó hacia la mansión, aferrando con fuerza la varita. No era la suya. Era la de Draco. Sabía que podía ser peligroso, pero si usaba la misma varita que Voldemort no sería tan eficaz. Después de todo lo importante era el poder que poseía él, la varita sólo era el modo de exteriorizarlo. Y él era poderoso.

Seguro de sus posibilidades, buscó el modo de entrar en la mansión. Encontró una pequeña ventana abierta a ras de suelo. Se arrodilló y un tirón en la rodilla derecha le hizo cerrar los ojos de dolor. Habría gritado si hubiera podido, el dolor le había dejado sin aliento. Se llevó la mano a la herida y sintió que el pantalón se había despegado bruscamente de la herida, llevándose consigo la costra que se había hecho en la última semana. Y estaba sangrando. Cerró los ojos un instante y pensó en Draco. No podía fallarle. Se vengaría. Y también pagaría por fin por lo que le hizo a sus padres. Entró por la ventana. Volvió a dolerle la herida. Se levantó con dificultad del suelo y buscó una puerta para salir de la estancia en que estaba. Consiguió salir y con cuidado subió unas escaleras. Vio a tres mortífagos y se ocultó a tiempo antes de que le vieran. Cuando desaparecieron en el interior de una habitación se encaminó pasillo arriba hacia donde suponía que podía haber unas escaleras.

******

- ¿Qué vamos a hacer? - Snape se cruzó de brazos ante Dumbledore que estaba sentado en su escritorio, dándole vueltas al contenido de su pensadero.

- No lo sé... - era la primera vez que le oían decir algo así - Habrá que confiar en el chico.

- El chico está completamente desquiciado, profesor, no podemos confiar en él... podría hacer alguna locura.

- No exageres, Severus - dijo Remus - A lo mejor necesitaba pensar y ha decidido marcharse...

- Por favor, Remus, sabes que si algo distingue a Harry es que no suele pensar las cosas antes de actuar...

- Tengo una idea de dónde puede estar... - todos miraron a Dumbledore - Pero necesitamos la ayuda de alguien.

******

Llegó al segundo piso de la casa y se dirigió a la habitación del fondo del pasillo. No sabía por qué, pero estaba seguro de que estaba allí. Se acercó a la puerta y empuñando la varita, la abrió de una patada con el pie izquierdo. Y allí estaba. Sentado en un sofá junto a la chimenea, con su gran serpiente enroscada a su lado. Le miraba directamente con una leve sonrisa, una mueca siniestra en su horrible cara.

- Bienvenido, Harry.

 

 

Capítulos 15 a 21

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