
Capítulo 15- Te estaba esperando, muchacho. Tienes mal aspecto… ¿Ha pasado algo últimamente? - rió con un siseo malicioso - Pobrecito Harry… - se levantó y caminó hacia el chico - Pooobreciiito… - volvió a reír. Harry le miraba con todo el desprecio que era capaz de acumular en una mirada - ¿Quieres tomar algo? Puedo pedir que te preparen cualquier bebida…
- Cierra la boca, Voldemort… sabes a lo que he venido. No me toques las narices - el hombre levantó las manos y le miró con fingido gesto de inociencia.
- No te estoy tocando nada - rió - Vamos, vamos, no es para tanto, el chico se recuperará, seguro, ya sabes lo que dicen… "Bicho malo…" - Harry agarró a Voldemort por el cuello y le tiró al suelo. Apretó la garganta con fuerza - Eh, eh, basta - se quitó la mano y suspiró - Te vas a hacer daño… - se levantó y Harry le miró - No sabes donde te has metido, jovencito… Has venido directamente a tu tumba… - hizo chasquear sus dedos y unos mortífagos cogieron a Harry y le inmovilizaron - Veamos… ¿Qué utilidad podría tener este muchacho…? - todos rieron menos Harry, que empezaba a asustarse.
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- Deberías ir tú, Severus, en ti confía más que en cualquiera de nosotros… - dijo Dumbledore, tendiéndole un pergamino. Snape suspiró.
- ¿No basta con seguir a algún mortífago?
- Sabes que te delatarían. No confiarán por segunda vez en un traidor - respondió Remus.
- Vamos, no disponemos de mucho tiempo - Snape asintió y salió del despacho.
Bajó hasta Hogsmeade andando y una vez allí, tras guardar bien el pergamino, suspiró y desapareció. Cuando apareció en su destino, el viento estuvo a punto de tirarle al suelo. Miró, con los ojos entrecerrados y la visión nublada por la lluvia, la poderosa fortaleza que habían construido en aquella piedra perdida en el océano. Se acercó a la puerta y llamó con una gran aldaba de bronce que simulaba la cara de un hombre gritando. Una pequeña ventana se abrió, dejando ver el rostro ajado y pálido de un hombre.
- ¿Qué quiere? - preguntó, con voz desagradable.
- Tengo un permiso especial del Ministerio para visitar a un prisionero - dijo alzando la voz para hacerse oír sobre el ruido del viento y la tempestad que se estaba desarrollando en el mar, a más de quinientos metros bajo sus pies.
- Déjeme verlo - Snape sacó el pergamino y lo introdujo por la ventanita, que rápidamente se cerró. Unos minutos más tarde , la puerta se abrió, dejándole pasar al amplio recibidor. Se fijó en que el hombre que le había hablado a través de la ventanita no debía de medir más de metro treinta. Vio que en el portón de madera había un soporte para que el hombrecillo pudiera mirar a través del agujero. Se frotó los brazos, tenía frío, pero allí no se estaba mal del todo - Muy bien. Espéreme aquí mientras le llevo esto al alcaide - agitó el pergamino - Puede acercarse a la chimenea, debe de estar helado - caminó hacia la chimenea que había al fondo de la estancia y arrimó las manos al fuego con la intención de calentarse un poco. Por suerte se había echado un hechizo impermeabilizante. De no ser por eso, estaría hecho una sopa. El hombre regresó con paso apresurado, seguido de otro hombre de la estatura de Severus, de edad avanzada, con el pelo cano y ralo alrededor de una calva brillante. Unos ojillos negros le miraban desde el fondo de sus cuencas. Le tendió la mano.
- Demetrius Hoffledoyle. Usted es…
- Severus Snape - el hombre hizo un gesto de asentimiento y estrechó la mano de Snape, que se preguntó cómo aquel hombre con aspecto de no quedarle más que dos ediciones de El Profeta podía tener tanta fuerza.
- He oído hablar de usted. Muy bien. Ya he ordenado preparar al preso HR-003486 para su visita. En unos minutos podremos subir a verle - Severus oyó unos gritos que le hicieron estremecer - Ah, no se preocupe - movió la mano en gesto de despreocupación - Pasa esto desde que los dementores traicionaron al Ministerio y se fueron con Voldemort. Con ellos, los presos estaban siempre calladitos y tranquilos en sus celdas, ahora tenemos que aplicar correctivos porque hay alguno que insiste en revolucionar a los demás presos. Es un asco, no se puede imaginar cómo dejan luego el suelo - Severus no quiso imaginarse qué tipo de correctivos estarían empleando. Inevitablemente pensó que Black había tenido suerte al poderse escapar de allí antes de la traición de los dementores. Y también pensó en su suerte. Una de aquellas celdas tenía su nombre… Se fijó en que el anciano miraba el reloj - Muy bien, podemos subir ya, si es tan amable de firmar en el registro, por favor… - le tendió una pluma y le mostró un gran libro. Severus firmó y notó que tan sólo había tres páginas con firmas - Tenemos pocas visitas. No es un sitio agradable para los familiares que, además, parecen no tener mucho interés en visitar a los presos… - se encogió de hombros y caminó hasta un montacargas. Sintió un fuerte olor a humedad y el aroma dulzón de la sangre. Su estómago se quejó ante la invasión de aquellos olores y sintió ganas de vomitar, pero se contuvo. Miró la bombilla que brillaba en lo alto del ascensor para distraerse. Cuando se paró, salió rápidamente al pasillo y tomó una bocanada de aire, que a pesar de estar bastante cargado le resultó refrescante y le alivió - Sígame.
Caminaron a lo largo del pasillo, entre dos filas de celdas no mucho más grandes que un armario. Supuso que debían de tener el tamaño aproximado del catre en que dormían los presos. Si es que tenían catre… Oía gritos, gemidos, lamentos. Se mordió los labios y no miró a ninguno de los presos que sacaban los brazos entre los barrotes del ventanuco de la puerta. Un guardia de la prisión golpeó a varios de los hombres. El crujido de un brazo le hizo desear no haber ido allí. Giraron a la derecha y caminaron por otro corredor. Se quedaron a la mitad del pasillo y el viejo comparó los números de la puerta y el papel.
- Aquí es.
Sacó una llave y abrió la puerta. En el fondo de la celda, hecho un ovillo en un rincón, estaba la sombra de quien antes había sido aquel hombre. Unos ojos se posaron en él y apretó los puños por la impotencia. Dio dos zancadas y se arrodilló para abrazar a Lucius Malfoy.
Capítulo 16Acarició suavemente al hombre, que temblaba entre sus brazos. Le apretó contra su pecho y no reprimió las lágrimas que quemaban sus ojos. Besó su cabeza, su frente, sus mejillas y finalmente sus labios, con pasión contenida. El rubio le respondió tímidamente a los besos y se aferró a su túnica.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó, con voz ronca - No eres un espejismo, ¿verdad?
- No, no lo soy… vengo a sacarte de aquí… tengo un permiso para hacerlo… - le obligó a ponerse en pie.
Si le pareció que tras un mes de encierro en una mazmorra de Voldemort, Draco estaba demacrado, Lucius le pareció menos que una vara de más de metro ochenta. Estaba terriblemente delgado, sus ojos grises, antes brillantes como la plata, estaban hundidos y tenían el color del plomo viejo, ni un solo brillo en ellos. Muertos. Su cabello, antes largo y sedoso, ahora estaba corto y había perdido toda la fuerza y vida de antes. Tenía las manos magulladas, las uñas a medio arrancar, los nudillos desollados y los dedos largos y elegantes, no eran más que huesos enfundados en guantes de piel amarillenta. Estaba encorvado, había perdido su porte orgulloso de los Malfoy y parecía un vulgar muggle encerrado en una prisión. Pero seguía siendo su Lucius Malfoy, aunque ahora fuera él quien protegiera al rubio y no al revés. El viejo apartó suavemente a Snape y fue a ponerle unas esposas mágicas a Lucius, pero Seveus se lo impidió.
- No harán falta.
- Son normas de la penitenciaría.
- Yo me hago responsable de este hombre - puso un brazo alrededor de la cintura de Lucius - Vamos, Lucius, tenemos cosas que hacer.
Regresaron al montacargas, atravesando de nuevo la jungla de brazos extendidos. Severus volvió a oír los gritos y súplicas de los presos, pero iba pendiente de Lucius, que temblaba y de vez en cuando perdía pie y estuvo a punto de caerse en varias ocasiones. Cuando llegaron al recibidor, Severus cogió una silla e hizo que el hombre se sentara junto al fuego. Cogió sus manos y las acarició. Luego sacó de entre su capa un paquete con ropa para Lucius, una de sus túnicas más elegantes y la que más le gustaba, de color negro azulado, de terciopelo, y una camisa blanca bajo el chaleco y la chaqueta de la misma tela que la túnica. Le ayudó a vestirse y le miró. La ropa animó y dio algo de seguridad al hombre, que se atrevió incluso a sonreír.
- Había olvidado cómo se siente uno dentro de ropa como ésta… - Severus le acarició.
- Venga, tenemos que marcharnos - asintió - Muchas gracias - dijo al anciano.
- No hay de qué…
Salieron de la prisión. Rápidamente desaparecieron y aparecieron de nuevo en Hogsmeade. Severus buscó un carruaje y subieron al colegio.
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- Despierta, chico - sintió un golpe y abrió los ojos. Vio a Voldemort de pie junto a la chimenea. Debía de estar sentado en el sofá.
- ¿Qué… qué ha pasado?
- Nada del otro mundo… has estado inconsciente unas horas… - respondió sin darle importancia - ¿Cómo te encuentas?
- Yo… me siento raro… ¿qué me has hecho?
- No te preocupes, ahora lo comprobarás. Jerkins, pase, por favor - un hombre, algo más mayor que Harry, entró en la estancia.
- ¿Sí, Señor?
- Por favor, saluda al gran Harry Potter - el hombre le miró con odio - Dale la mano, chico, no seas rencoroso - Jerkins se acercó a Harry y le tendió la mano. El moreno la estrechó y de pronto el hombre cayó fulminado al suelo. Voldemort rió a carcajadas mientras Harry se alejaba del cadáver de Jerkins completamente aterrorizado.
- ¿¡Qué ha sucedido!?
- Muchacho… ¿has oído hablar alguna vez del rey Midas? ¿Ese que convertía en oro todo lo que tocaran sus manos? - Harry asintió - Pues tú estás en la misma situación, sólo que todo lo que tocas, muere - volvió a reír.
- Estás enfermo…
- Bueno, unos dicen que estoy loco, otros que se me ha subido el poder a la cabeza… yo prefiero decir que soy un genio incomprendido - se encogió de hombros - No me dirás que lo que te he hecho no es una obra de arte…
- Quítame esta maldición…
- No puedo… no tiene cura, no hay forma de volverse atrás… - movió una mano teatralmente en una fingida actitud de pesadumbre - Esa es la mejor parte de todo… Dime, si tu querido amorcito se despierta, ¿serás capaz de reprimir tus instintos y evitarás estrecharle entre tus brazos? - Harry temblaba y respiraba agitadamente - Uno tiene fuerza de voluntad, pero a veces te falla y acabas haciendo cosas terribles - se acercó a la puerta - Dejadle libre. Ya tiene suficiente encima - sonrió maliciosamente - Buena suerte…
Dos hombres cogieron a Harry por las axilas y le tiraron en un barrizal frente a la casa. Harry sollozó y golpeó el barro con todas sus fuerzas, completamente desesperado.
Capítulo 17Caminó como pudo entre los árboles. La herida de la rodilla le estaba matando. Seguramente se le infectaría, con todo el lodo que le había entrado… Se apoyó en un árbol. Qué mierda hacía preocupándose por su rodilla cuando tenía cosas más importantes por las que preocuparse que una simple herida… por ejemplo, la maldición que acarreaba a sus espaldas. Si tocaba a alguien, moriría. Sintió que el árbol en que estaba apoyado cedía bajo su peso. Se apartó y se fijó en… La maldición mataba todo lo que estuviera vivo, animal o vegetal… le daba igual… Se arrodilló en el barro y se puso a llorar.
- ¡¡Hijo de puta!! - gritó, esperando que Voldemort le oyera.
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Dumbledore le recibió con los brazos abiertos, como al hijo pródigo que regresa después de años de alejamiento… como a la oveja descarriada que regresa al redil. Remus también le dio la bienvenida y Sirius, sabiendo cómo se sentía, por identificación con el rubio, también le abrazó. Le hicieron sentarse en un sofá y le dieron una taza de té caliente.
- ¿Por qué me habéis traído aquí? - preguntó, con la mirada perdida en el líquido humeante.
- Necesitamos tu ayuda - respondió Dumbledore mientras se echaba varios terrones de azúcar en su té - ¿Azúcar?
- No, gracias. ¿Qué tipo de ayuda esperáis recibir? Ya no tengo mis contactos en el Ministerio, y mi fortuna ha debido de esfumarse… No tengo nada que ofrecer… - les miró, con tristeza en los ojos.
- Claro que puedes ayudarnos… ¿Conoces la ubicación del nuevo escondite de Voldemort? - les miró extrañado.
- Sí, claro, pero… ¿para qué? No tenéis ninguna posibilidad allí, es un suicidio…
- Tenemos razones para pensar que Harry está allí - respondió Sirius.
- ¿Qué? ¿Le ha capturado? ¿O es que está tan loco que ha ido por su propio pie?
- Pensamos que por su propio pie… ha habido problemas… muy graves… - Remus evitó la mirada de Lucius - Necesitamos que nos lo digas antes de que sea demasiado tarde… por favor…
- Está en los pantanos del norte… no tiene pérdida, es una mansión increíble…
- Gracias, Malfoy - Sirius estrechó sus manos - Muchas gracias - se volvió hacia Dumbledore - Iré a buscarle.
- Que te acompañe alguien, no quiero que te veas en medio de alguna batalla campal… - Sirius asintió y tras besar a Remus, salió del despacho. Dumbledore miró a Lucius - Tengo que decirte algo importante, Lucius… se trata de tu hijo…
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Estaba agotado. No sabía dónde podía ir y se había dedicado a dar vueltas como un imbécil por el mismo terreno. Y ahora estaba tirado de nuevo en el barro, sintiendo cómo la lluvia golpeaba con fuerza su cuerpo, completamente agotado. Se acercó al árbol que había matado y que había acabado cayéndose. Se acomodó entre las raíces y se puso a pensar.
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- ¡¡¡NO!!! ¡¡Es imposible!! ¡¡Draco no!! - Dumbledore le había explicado a Lucius la situación de Draco y Malfoy se había derrumbado. Lloraba desesperado entre los brazos de Severus. Remus les observaba con lágrimas en los ojos, sin decir nada para no herirle más - Quiero verle… quiero ver a mi hijo… - Dumbledore asintió y les guió hasta la enfermería. Allí, Draco seguía en la misma posición que cuando se había marchado Harry, más de diez horas antes. Lucius cogió a Draco entre sus brazos y lloró sobre su pecho - Draco… lo siento… - sollozó - perdóname, hijo mío… perdóname…
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Oyó voces. Alguien andaba cerca. Tenía que evitar que le encontraran. Se levantó, pero rápidamente desistió de su idea. La rodilla le mataba. Quienquiera que estuviese allí estaba buscando a alguien y se estaban acercando a donde él estaba.
- ¡¡Allí está!! - una voz conocida. Tenía que ser una alucinación. Sirius no podía haberle encontrado - ¡Sí, está allí! ¡Harry! - miró al lugar de donde procedía la voz y vio a Sirius, manchado de barro hasta las rodillas, corriendo hacia él.
- ¡No te acerques, Sirius! ¡Aléjate!
- ¿Qué ocurre, Harry? - alargó la mano hacia el chico, pero Harry se apartó.
- ¡¡He dicho que no te acerques!! ¡Que nadie me toque!
- Harry, ¿qué sucede? Dímelo.
- Sucede que toque lo que toque, si está vivo, muere…
Capítulo 18Lucius se había quedado dormido con Draco entre sus brazos. De vez en cuando gemía y unas lágrimas escapaban de entre sus párpados, pero Severus estaba allí para calmarle y velar por su sueño. Habían sido demasiadas emociones por un día. Para todos.
Remus permanecía en silencio, mirando la lluvia desde la ventana. Pensaba en Harry. En Sirius. En sí mismo. No quería quedarse solo de nuevo. Sacudió la cabeza, negándose a seguir ese hilo de pensamientos. Pero llegaban solos… Los recuerdos regresaban. La soledad. La pérdida. El dolor. Y el reencuentro. Sonrió. Sirius no sería tan inconsciente como para arriesgarse a perder la vida. No ahora que iban a ser una familia completa. Quedaban tan sólo seis meses para tener un pequeño en casa, revolucionando sus vidas. Le llamarían James. Volvió a sonreír. Ese era el hilo de pensamientos que deseaba seguir.
Dejó caer otro hilo plateado en el pensadero. Veía venir algo malo. O bueno. No sabía cómo clasificarlo. El caso es que Harry estaba en medio de todo. Y las cosas no iban a ser fáciles para el chico. Ni para nadie. Voldemort estaba dispuesto a acabar con todos los que se interpusieran en su propósito de controlar el mundo mágico y el muggle. Otro hilo. Todo dependía de Harry.
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- Si te toco morirás… - sus ojos estaban llenos de lágrimas de desesperación - No te acerques, Sirius… por favor - gimió. Se rodeó con sus propios brazos y lloró.
- ¿Ha sido Voldemort quien lo ha hecho? - Harry asintió - Vamos a Hogwarts, Dumbledore sabrá cómo arreglarlo…
- No se puede
- ¿Qué?
- No hay solución… la única solución es que yo me muera… - Sirius suspiró.
- Bueno, de cualquier manera, no vas a quedarte ahí. En Hogwarts estarás bien. Vamos - su voz sonó ligeramente autoritaria. Siempre se ponía autoritario cuando tenía miedo. Y ahora estaba asustado como nunca. Harry se incorporó - Nos apareceremos en Hogsmeade, y desde allí iremos al colegio, ¿de acuerdo?
- Sí…
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Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue a Severus, que dormía apoyado en el hombro de Draco contrario al que usaba Lucius para dormir. Los abrazaba a los dos. No quería dejarles escapar. Sonrió y le acarició. Abrió los ojos bruscamente y le miró.
- Estás despierto… - Lucius asintió - Mierda, me he quedado dormido.
- No pasa nada - volvió a acariciarle - ¿Podemos hablar?
- Sí, claro. Dime.
- Aquí no, no quiero que nos escuche Draco - asintió y se levantó. Ayudó a Lucius a levantarse. El rubio se acercó al oído de Draco - En seguida vuelvo - besó su frente dulcemente y le acarició embelesado - Te quiero pequeño… - volvió a besarle y se acercó a Severus - Vamos.
Caminaron en silencio por los pasillos del colegio. Sin darse cuenta llegaron a la torre de Astronomía. Docenas de recuerdos se agolparon en sus mentes. Severus no reprimió una sonrisa nostálgica. Lucius le cogió de la mano y se apoyó en él.
- Aquí nos dimos nuestro primer beso, ¿te acuerdas, Sevvy? - el moreno asintió.
- Salíamos tarde de la clase de Astronomía… recuerdo que se te cayó la mochila con todos los libros y los pergaminos.
- Fuiste a ayudarme pero yo te lo impedí - se mordió el labio inferior.
- Maldito… lo tenías todo previsto… - rió - Me cogiste de la túnica…
- Tú te sonrojaste…
- … y me besaste… - cerró los ojos.
- Justamente así - Lucius cogió con ternura a Severus por la nuca y le besó suavemente. Severus puso sus manos en su cintura y respondió al beso que poco a poco se hizo más profundo. Se separaron. Sin abrir los ojos, Lucius preguntó - ¿Qué pasará cuando vuelva Potter? ¿Me devolveréis a Azkaban?
- No pienso devolverte allí… - el rubio le miró sorprendido - Le he pedido a Dumbledore que utilice a sus contactos en el Ministerio para que te permitan pagar por lo que hiciste trabajando para la sociedad… si lo consigue estarás libre…
- ¿Y si no lo consigue?
- Huiremos… - volvieron a besarse. Unos gritos les hicieron separarse - ¿Qué demo…? - miraron por una ventana y vieron a Black, con los aurores que se había llevado a los pantanos y a Harry - Han regresado… vamos…
Bajaron rápidamente de la torre y se encontraron con el grupo en el recibidor. Tenían muy mal aspecto… Sobre todo Potter…
Capítulo 19
- ¡Black! ¿Qué ha pasado?
- ¡No toquéis a Harry! - fue su respuesta.
- ¿Por qué?
- Voldemort… le ha maldecido… todo lo que toca muere - Harry les miró con dolor y tristeza en los ojos.
- Fue mi culpa - musitó - intenté vengarme… pero sólo conseguí meterme en más líos… Soy un estúpido…
- Deja de autocompadecerte - dijo Snape - Ve a ducharte y cúrate la herida. Luego hablaremos. El baño de los prefectos está abierto.
Harry caminó cojeando hacia los baños de los prefectos y se preparó el baño. Echó todo tipo de sustancias aromáticas al agua y se desnudó mientras terminaba de llenarse la bañera. Se miró en un espejo. Tenía la cara y el pelo llenos de barro. Vio la marca del casi desaparecido mordisco que Draco le había dado aquel día mientras hacían el amor. Le parecía tan lejano ese momento… como si hubiera pasado una eternidad… Le dio un pinchazo de dolor en la rodilla y tuvo que sentarse. Se miró la herida. Tenía muy mal aspecto. Sólo le faltaba que le tuvieran que cortar la pierna. Se imaginó como Moody y se echó a reír amargamente. Metió la mano derecha en el agua para comprobar si estaba templada. La mano con la que había matado a aquel hombre. Sacudió la cabeza y se metió en la bañera. Los músculos, tensos por todo lo que habían soportado, se relajaron y cerró los ojos para dormir un poco.
******
- ¡Sirius! - Remus se colgó del cuello del hombre y le besó, sin importarle el barro que tenía en la cara - ¿Dónde está Harry?
- Ha ido a darse un baño - se quitó la túnica mojada - Estamos metidos en un buen lío… bueno, nosotros no, Harry - se acomodó en un sofá y Remus se puso a preparar té. Todos los demás se pusieron alrededor de Sirius, incluyendo Dumbledore - Todo lo que toca muere… Voldemort le ha echado una maldición y eso es lo que sucede… Harry dice que no tiene contrahechizo… es como un Avada Kedavra andante… - se volvieron hacia donde estaba Remus. Había dejado caer una taza al suelo y ésta se había hecho añicos - Moony… - se levantó y le ayudó a recoger los pedazos. Miró sus ojos. Llenos de lágrimas. Remus era fuerte, no todo el mundo puede sobrevivir cerca de cuarenta años a las transformaciones por las que él pasaba todos los meses. Pero aquello sonaba a chiste malo. Lo último que le faltaba era saber que Harry estaba condenado a vivir alejado de todo lo vivo por siempre - Todo saldrá bien… - susurró y acarició su mano izquierda.
- Eso espero… - se levantaron.
- Algo podremos hacer, Dumbledore - dijo Severus. El director cerró los ojos y negó con la cabeza.
- Es muy difícil… - parecía desesperanzado - Cuando regrese Harry veremos qué podemos hacer…
******
Abrió los ojos bruscamente. Algo le había despertado. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie, salvo a la sirena del cuadro, que le sonrió y saludó con la mano. Una de dos: o había alguien allí o se estaba volviendo paranoico. Salió de la bañera y se cubrió con una toalla.
- ¡¡Harry!! - la voz chillona le hizo dar un bote. Myrtle.
- My… Myrtle… ¿qué haces aquí?
- Lo mismo te podría preguntar yo a ti. Que yo sepa, hace muchos años que no estudias aquí. - el fantasma le miró de arriba abajo - Has crecido mucho - sonrió pícaramente y Harry se ruborizó.
- Largo, Myrtle, no estoy de humor - se sujetó bien la toalla a las caderas y se sentó. Se miró la herida - Mierda - cogió la varita e intentó recordar algún hechizo de cicatrización.
- ¿Qué te ha pasado?
- He dicho que te vayas… por favor… - el fantasma gimoteó y se marchó por el desagüe del lavabo. Harry podía oír los sollozos de la chica - Joder - dejó la varita sobre la ropa y se cubrió la cara con las manos.
- ¿Harry?
- ¡¡He dicho fuera de aquí!! - levantó la vista y miró al lugar de donde provenía la voz - Si… Sirius… lo siento… no sabía que fueras tú…
- No pasa nada. Venía a traerte algo de ropa - le tendió un montoncito en el que iba un pantalón, una camisa y ropa interior limpios.
- Gracias. Déjala donde quieras - Sirius la dejó junto a la sucia y se sentó al lado de Harry.
- ¿Cómo tienes la rodilla? - Harry se la enseñó - Tiene mal aspecto… en cuanto subamos le diré a la señora Pomfrey que la cure - permanecieron un rato en silencio - Siento haberte comparado con James… no pretendía herirte…
- No pasa nada… tenías razón, mi padre nunca se habría quedado quieto… habría hecho algo… Yo soy el que tiene que disculparse, no tenía que haberte gritado… - otro silencio incómodo - ¿Qué hace aquí el señor Malfoy? Creía que estaba en la cárcel…
- Necesitábamos saber dónde se ocultaba Voldemort… cuando Snape dejó de ser mortífago, cambiaron de lugar su base… Malfoy era el único que podía ayudarnos…
- ¿Le habéis contado lo de Draco? Me refiero… a lo nuestro… ¿lo sabe? - Sirius negó con la cabeza.
- No… sería mejor que se lo contaras tú… Buscaremos el modo de liberarte, Harry - dijo Sirius con voz acongojada - Lo encontraremos y te liberaremos, te lo juro…
- No hay solución…
- ¡Tiene que haberla! Por favor, no te resignes… tienes que luchar… no dejes que Voldemort te gane esta vez… Por Draco, por Remus, por todos - Harry le miró con los ojos llenos de lágrimas - Encontraremos la solución - el chico asintió y deseó poder abrazar a su padrino. Nunca hasta ese momento había deseado tanto ser abrazado por alguien.
Capítulo 20Harry miró a Draco. Seguía inconsciente. No hubo ningún cambio durante su ausencia. Suspiró y se sentó en una cama, esperando a que la señora Pomfrey le curase la herida. Con mucho cuidado de no tocarle, la enfermera curó la herida de la rodilla, no sin antes decirle unas cuantas cosas sobre responsabilidad y tantas cosas más. Harry no la escuchaba. Miraba a Draco deseoso de tomarle entre sus brazos y besarle. Los demás le miraban a él con preocupación, sin saber qué hacer para reconfortarle.
- Harry… - dijo Dumbledore. El chico le miró. Estaba cansado - Ya hemos empezado a buscar en diversos libros sobre hechizos el modo de quitarte la maldición.
- Gracias… Si no os importa, me gustaría dormir un poco… ha sido una semana agotadora - todos asintieron. Se quitó los zapatos y se acostó en la misma cama en que estaba sentado. Sirius le cubrió con una manta.
- Descansa - sonrieron y Sirius echó las cortinas alrededor de la cama de Harry, que rápidamente cayó dormido.
******
- ¿Habéis encontrado algo? - preguntó Sirius, acercándose al grupo. En el suelo había montañas de libros de todos los tamaños y aspectos, unos estaban tan nuevos que parecían recién comprados, otros amenazaban con descomponerse si se los tocaba.
- No… aún no… - dijo Remus, a la vez que se sentaba y cogía un libro inmenso que había junto al sillón. Severus le imitó.
- Nos vendría estupendamente tu biblioteca, Lucius - murmuró el profesor de Pociones.
- Sí, sería útil, si no fuera porque el Ministerio la confiscó cuando me detuvieron - se sentó en el suelo y abrió un libro por el índice - Esto puede durar años…
- Que dure los años que sea, mientras encontremos algo no habrán pasado en vano - Sirius miró a Dumbledore, que removía distraídamente las brasas de la chimenea - ¿Sucede algo, profesor?
- Quizás haya una forma… - todos le miraron boquiabiertos - Debo marcharme, seguid buscando. Volveré pronto - tras decir esto, sorteó las pilas de libros y salió de la enfermería como un rayo. Se miraron interrogantes.
- Nunca lograré comprender a ese hombre - gruñó Severus.
******
- ¿¡Cuál es la definición de "pronto" que usa ese viejo loco!? - dijo Severus desesperado - ¡¡Lleva dos semanas fuera!! - se dejó caer en un sillón de su despacho.
- Quizás sea verdad que ha encontrado el modo de ayudar a Harry - dijo Remus.
- Tiene razón, Severus, confía en él - dijo Lucius. El rubio debía de haber hecho algún tipo de hechizo en su pelo, porque le llegaba por el mentón. Miró a Remus y Sirius - ¿Os importaría dejarnos un momento a solas?
- No, vamos Padfoot - Remus cogió la mano de Sirius y salieron del despacho.
- Severus… - se sentó en sus piernas y acarició su cabello - No te preocupes… Dumbledore será un viejo excéntrico pero sabe lo que se hace… déjalo todo en sus manos… - besó su frente y le acarició.
- No es Potter el único que me preocupa… también Draco y… tú… No soportaría perderos… - Lucius sonrió y le acarició.
- Draco es fuerte… saldrá de ésta… y yo… bueno… una vez te acostumbras, Azkaban no es tan terrible como la pintan… debía de ser peor con los dementores…
- No te dejaré volver allí - susurró Snape - Sé dónde podemos huir si no conseguimos que te saquen de allí - se besaron - No nos encontrarán jamás… - la puerta se abrió bruscamente.
- ¡¡Draco ha despertado!! - gritó Remus. Salieron corriendo del despacho y se dirigieron a la enfermería.
Capítulo 21Abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba en la enfermería del colegio. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Intentó incorporarse, pero unas manos se lo impidieron. La señora Pomfrey. Abrió la boca para decir algo. Ningún sonido salió de su garganta. Levantó una mano y la señora Pomfrey le dio un trozo de pergamino y una pluma. Escribió con dificultad. "Harry" Oyó suspirar a la mujer, que desapareció tras unas cortinas. Voces. Todas conocidas. Y de pronto cuatro personas se agolparon alrededor de la cama. Black… Lupin… Snape… no veía a la cuarta persona, pero sentía sus cálidas manos… no eran las de Harry, pero se movían con el mismo amor con que lo hacían las del moreno… quizá más… Volvió a enseñar el pergamino. Los hombres se miraron entre sí.
- Ahora viene, Draco - dijo Severus, dulcemente. Sintió una suave caricia en su mejilla - Tenemos una sorpresa para ti - hizo un gesto y un hombre se puso en el lugar que ocupaba Severus.- Draco… - los ojos de Lucius estaban llenos de lágrimas. Draco hizo un gesto de sorpresa. Era su padre. Pero estaba cambiado. Su cabello estaba más corto. Su cara más delgada. Y sus ojos brillaban, no por las lágrimas, sino de amor hacia su hijo.
- Pa… pá… - logró decir. Lucius abrazó al muchacho, que también le rodeó con sus brazos - ¿Qué…?
- Schh… calla… no hables, te harás daño… - le miró y sonrió. Ambos estaban llorando - Ya habrá tiempo de hablar… - besó su frente y le volvió a abrazar. Oyeron un carraspeo. Se separaron y vieron a Harry de pie, a los pies de la cama.
- Ha… Harry… - extendió un brazo hacia él, pero el moreno negó con la cabeza.
- No puede tocarte - dijo Remus - Voldemort le maldijo… morirías al tocar su piel…
- No… - Lucius le acunó entre sus brazos.- Sólo es temporal, hijo mío… - Draco lloraba - Descansa - le tendió en la cama de nuevo y le cubrió con las mantas - Ya te lo explicaremos todo más adelante.
Dejaron a Draco dormir y salieron de la enfermería con Harry. Lucius se quedó junto al chico.
******
Harry se apoyó en la pared y suspiró. Se sentía increíblemente feliz y terriblemente deprimido a la misma vez. Había deseado coger a Draco entre sus brazos y besarle hasta que sus pulmones pidieran a gritos un poco de aire. Pero le habría matado. Golpeó impotente la pared y los tres hombres le miraron preocupados. Sirius apartó la vista completamente enfurecido.
- ¿Cuándo piensa regresar Dumbledore? ¡No podemos seguir así! - dijo. Remus acarició una de sus manos - Mierda…
- Eso debería decirlo yo, ¿no crees? - dijo Harry - Soy yo el que no puede tocar a nadie… soy yo el que no sabe si podrá volver a abrazar a alguien…
- Tienes razón… Lo siento, Harry…
- No pasa nada… - suspiró.
- Vendrá pronto, Dumbledore nunca nos ha fallado, confiad un poco más en él - dijo Remus. Mientras tanto, Severus leía un libro junto a la ventana.
- ¿Qué lees, Snape? - preguntó Sirius.
- Un libro de Encantamientos que me ha dejado Flitwick… quizá venga algo sobre… - oyeron pasos apresurados en las escaleras y miraron hacia allí.
- ¡Dumbledore acaba de mandar una carta! - era McGonagall, con un pergamino en la mano - Ha encontrado la manera de salvar a Harry.