Capítulo 3

Los padres de los chicos celebrarían el inicio del año en casa de unos amigos en la otra punta del país, dejándolos solos, lo que les hizo enormemente felices. Robert se ocupó de preparar una cena íntima para ambos, Michael preparó lo que vino después. Desalojó su habitación y puso velas en todo el cuarto de baño, alrededor de la bañera, del lavamanos... En el dormitorio juntó los colchones de las camas de ambos, en el suelo y puso encima un suave edredón que cubrió de pétalos de rosas de varios colores.

Antes de la cena se bañaron a la luz de las velas, un baño con agua caliente, sales aromáticas, espuma... Entre caricias y risas bajaron a cenar, cubiertos por sus albornoces. Robert sirvió la cena a Michael y la tomaron, tranquilos, hablando de todo lo que se les ocurría, diciéndose dulces palabras de amor intercaladas en la conversación.

Cuando terminaron la cena, Robert invitó a su hermano a bailar un poco. En lugar de bailar, se pegaron el uno al otro y se abrazaron y besaron mientras se balanceaban un poco sobre sus pies. Al final los albornoces acabaron en el suelo tirados y ellos estaban apoyados contra el sillón más cercano, moviéndose ondulantes el uno contra el otro, besándose, mordiéndose, tocando sus cuerpos con necesidad, con pasión reprimida...

Finalmente subieron al dormitorio y encima de los cientos de pétalos de rosas, hicieron el amor, mientras en la calle se oía el griterío de quienes celebraban la entrada en el nuevo año. Oyeron el teléfono. Pero sus gemidos acallaron el molesto sonido. Sólo existían ellos. El mundo se detenía a su alrededor y todo dejaba de existir, dejándoles un mundo de placer y ternura a su disposición...


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- ¡No puedo creerlo! ¡No me podéis hacer esto! - exclamó Michael - ¡Es mi décimo séptimo cumpleaños! - Robert estaba cruzado de brazos y observaba la discusión callado y con gesto serio.
- Michael, entiéndelo, tenemos que ir... - se excusó la madre.
- ¡No, no tenéis que ir! ¡Ni siquiera es familia nuestra! - protestó.
- Son buenos amigos, hijo, nos han invitado a todos al bautizo de su nieto - dijo el padre. Michael pataleó y Robert pensó con una tierna sonrisa que parecía un crío cuando hacía eso.
- ¿Y os importa más el niño ese que yo? - preguntó, dolido profundamente - ¡Es injusto!
- No es eso, Michael, es sólo que nos parece de mala educación rechazar la invitación... - suspiró su madre.
- ¡Pues yo sí la rechazo, prefiero quedar como un maleducado! - les dio la espalda y comenzó a subir las escaleras - Gracias por fastidiarme el día de mi cumpleaños... - murmuró y salió corriendo para entrar en la habitación y cerrar la puerta con un golpe. El matrimonio miró a su hijo mayor, como pidiéndole auxilio.
- No me parece bien que vayáis... Michael estaba muy ilusionado - les dijo, sin moverse de donde estaba - Pero tenéis razón, no podéis rechazar la invitación y menos a dos horas del bautizo... - suspiró - Yo me quedo con Michael, intentaré sacarle de nuestro cuarto... - siguió el camino que había hecho su hermano y entró en la habitación - Michael... - murmuró al verle tendido en su cama, llorando desconsolado y golpeando con los puños de vez en cuando el colchón, demasiado dolido como para oír a su hermano. Robert se sentó y acarició - Amor... vamos, deja de llorar... - susurró, obligándole a levantar la cabeza - Se te pone toda la cara roja y pareces un tomate... - acarició sus mejillas mientras el chico se sentaba en el colchón, sollozando aún.
- Po-podrían... haber... re-rechazado la in-invitación antes... - murmuró entre hipidos. Robert asintió y le hizo recostarse entre sus brazos para estrecharlo con ternura y comprensión.
- Lo sé, Michael... pero mira el lado bueno, estaremos solos y podremos hacer lo que queramos, puedo ir a comprar toda la comida basura que quieras y celebrar tu cumpleaños rodeados de bolsas de palomitas y trozos de pizza - Michael sonrió suavemente.
- Chocolate... - Robert asintió.
- Y todo el chocolate que quieras - le oyó reír y suspiró aliviado - Vamos, anímate... - Michael rodeó su cuello con los brazos y le besó dulcemente - Quieto, aún no se han ido... - el chico se ruborizó y Robert le acarició - Te amo... - susurró. Michael bajó la mirada con una sonrisa tierna y llena de amor.
- Yo también te amo - jugueteó con la mano de su hermano y le miró - Te amo como nunca amaré a nadie... - Robert acercó sus labios a los del joven y los besó brevemente.
- Voy a comprar las cosas para celebrar tu cumpleaños - le dijo, acariciándole mientras se levantaba - Tú quédate en casa y no discutas más con mamá y papá, ¿vale? - Michael sonrió y asintió. Le acompañó fuera de la casa, hasta el coche.
- ¿No puedo ir contigo, de verdad? - Robert sacudió la cabeza.
- De verdad, quiero que me esperes aquí, espero no tardar mucho - acarició con ternura su mejilla, mirándole embobado, pero sin perder el resto del mundo de vista, haciendo ver que era una simple caricia entre hermanos - No quiero que veas lo que compro - Michael sintió el impulso de acercarse para besarle, pero se reprimió a tiempo. Le dio un golpecito cariñoso en el hombro y rieron.
- Vale... hasta ahora - Robert entró en el coche y arrancó. Michael murmuró un suave "te amo", haciendo que Robert sonriera mientras salía a la carretera y se marchaba.

Robert condujo hasta el centro comercial y sonrió al recordar que allí había sido donde se habían confesado sus sentimientos y habían dado sus primeros besos. Entró a comprar todo lo que sabía que le gustaba a su hermano, toda clase de chucherías. Después fue a comprar un par de pizzas y unos pasteles para el chico.

Regresó a casa y al entrar vio que sus padres ya se habían ido. Subió a su cuarto y se asomó para encontrarse con el joven sentado en el alfeizar y mirándole con una sonrisa.
- Feliz cumpleaños... - le dijo Robert, dejando las pizzas en el escritorio y las bolsas en el suelo. Echó la persiana y besó intensamente los labios de su hermano, que jadeó por la sorpresa.
- Hm... gracias... - olfateó - Pepperoni y carbonara, mis preferidas - dijo, acercándose a las pizzas.
- Claro, por eso las traigo... Vamos abajo, te he traído muchas cosas.
- ¿Y mi regalo? - preguntó mientras bajaban.
- Te lo daré esta noche - Michael hizo un ruidito de fastidio y se acomodaron en el sofá.

Comieron, casi devoraron todo lo que Robert había traído. Michael se tiró, satisfecho, sobre su hermano y le besó una y otra vez, saciado de comida, pero deseando devorar ahora el cuerpo de Robert.
- Pueden venir en cualquier momento... - murmuró el mayor - Para... - Michael había desabrochado el pantalón de Robert y la camiseta se había perdido en algún rincón del salón.
- No vendrán... tenemos tiempo para un polvo rápido... - Robert rió y un gemidito escapó de su garganta al notar las manos de su hermano perdidas en su entrepierna.

Las manos de Robert despojaron a Michael de su ropa con una velocidad sorprendente, quedando ambos completamente desnudos en unos segundos. Se unieron en un beso casi interminable en que sus lenguas se buscaron y, al encontrarse, casi se derritieron.

Michael rompió el beso para emitir un intenso gemido cuando Robert tomó su sexo en la mano y comenzó a masturbarle mientras su boca se entretenía lamiendo, besando y mordiendo el cuello y hombros de su hermano.
- Necesito... el lubricante... - susurró Michael - Quiero que me la metas ya... - Robert sonrió y observó al joven con lujuria mientras se levantaba y corría hacia las escaleras para subir al cuarto. Al regresar, lubricante en mano, hizo que Robert se sentara cómodamente en el sillón y él se sentó a horcajadas sobre el mayor, que sonrió.
- Qué hermoso eres - murmuró Robert, acariciándole. Michael sonrió y extendió una generosa cantidad de lubricante en el pene de su hermano.
- Tú también - se besaron y el chico guió el miembro hacia su entrada para penetrarse lentamente. No emitió un solo quejido, si le molestaba no lo demostró, sólo gimió al tenerlo completamente hundido en su cuerpo, con una expresión de puro placer.

Mientras Michael se movía lentamente sobre el cuerpo de su hermano se oía en el equipo de música una canción sensual, lenta... Robert sonrió y pensó que no había mejor canción para ese momento.

Feel my caress so soft and gentle, so delicate you cry for more.

Su lengua recorrió el cuello húmedo de sudor del más joven y gimió un suave "Más" en su oído, con una sonrisa.

Michael clavó los dedos en los hombros de su hermano, dejó la cabeza echada a un lado, la boca exhalando gemidos y suspiros, incontrolables. Ambos gemían a coro, temblaban a la vez, quedaban ensordecidos por los latidos de sus corazones en los oídos. Tan ensordecidos que no oyeron la puerta abrirse. Ni el grito de su madre. Ni la exclamación indignada de su padre.

Derramándose a la vez se quedaron abrazados, los ojos cerrados, las respiraciones fuertes y agitadas, temblorosas. Un fuerte golpe apartó a Michael de Robert. De nuevo un grito de mujer. Y el sonido de un cuerpo cayendo al suelo sumido en la inconsciencia. Robert gritó de frustración. Sabía qué iba a implicar todo aquello y Michael también, y el más joven se echó a llorar.

Destrozados. Separados. Prisioneros de algo que nunca desearon. Prisioneros de sus lazos de sangre...



Capítulo 4

Edeiel

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