
Capítulo 2
Michael tomó en su boca los dedos que su hermano le ofrecía, temblando ligeramente, mientras los labios de Robert se centraban en los pezones del chico. Sus caderas ondulaban contra las del menor, haciéndole sentir entre las nalgas su potente erección. El más joven ahogaba sus gemidos con los dedos de Robert, de vez en cuando clavaba un poco los dientes en ellos, haciendo reír al mayor que apretaba los dientes alrededor de uno de los endurecidos pezones de Michael.
Sustituyó sus dedos por sus labios en la boca de Michael y éstos fueron directos a la entrada del chico para tantearla primero, acariciarla suavemente en círculos y entonces uno de ellos se introdujo en el estrecho orificio, haciendo que Michael clavase las uñas en la espalda de Robert, ligeramente molesto.
La voz de Michael tembló un poco cuando Robert movió el dedo dentro de su cuerpo, aunque le resultaba un poco molesta la invasión, no se quejó. sabía que aquello llevaría a algo realmente placentero. Las caricias en su cuerpo lo confirmaban... suaves, cálidas, llenas de pasión, amor... todo ello relegaba al miedo a un segundo plano y le hacía estremecer.
No era el único que sentía miedo. Robert también albergaba en su interior ese angustioso sentimiento. Había deseado tanto ese momento que cuando había llegado temía decepcionar al compañero que tanto amaba. Ambos se entregaban por primera vez y si aquella no resultaba tan perfecta como imaginó, no sería capaz ni de mirar de nuevo a su hermano.
"Hermanos... qué locura" pensó Michael, entre gemidos. "Estoy a punto de hacer el amor con mi hermano... otro hombre... miembro de mi propia familia... incesto... somos monstruos..." su cuerpo tembló cuando el dedo de Robert tocó un punto en su cuerpo y movió las caderas pidiéndole que lo repitiera, obedeciendo el mayor a los deseos de su amado.
Abrió la boca cuando la lengua de Robert pidió paso en ella para jugar con la del más joven, lentamente, como si dispusieran de todo el tiempo del mundo. El mayor acarició con ternura los cabellos rubios, una cascada de oro sobre la blanca sábana, y se llevó un mechón a los labios para besarlos, haciéndole sonreír. Michael se ruborizó cuando Robert susurró un dulce "Te quiero" sobre sus labios y le dirigió una mirada llena de amor y pasión, sus caderas ondulando aún entre las piernas de su hermano menor.
- Espera un momento... - susurró Robert, deteniéndose. Michael le miró interrogante - Necesito un lubricante, la saliva no basta...
- ¿Lubricante? - preguntó - Eh... - se mordió el labio inferior, pensando - ¿No tienes condones? Van lubricados...
- No... - respondió en un murmullo - No pensé que fuera a hacerlo... la verdad es que tampoco salgo con la idea de tirarme a nadie, así que... - Michael besó sus labios - Tú tampoco tendrás... ¿no? - Michael sacudió la cabeza.
- Como tú no tienes no te los puedo robar... además, yo no uso aún... - Robert frunció el entrecejo.
- ¿Tendrá mamá algo...? - se levantó de la cama y corrió al baño - Tiene cremas hidratantes... - dijo desde el armarito del baño de sus padres. Michael apareció por la puerta y miró sensualmente a su hermano, reclinado contra el marco de la puerta. Robert le dirigió una mirada y sonrió. De rodillas como estaba en el suelo, mirando la parte baja del lavabo donde su madre tenía sus cremas de belleza, se acercó a Michael y le dio un largo lametón a su miembro, haciéndole gemir - No he encontrado grandes cosas - le dijo, tras sonreír por el gemido del chico - Tendríamos que haber pasado por una farmacia... - murmuró mientras besaba las suaves ingles de Michael. El pequeño se apartó, juguetón y se acercó al armarito para mirar las cremas de su madre.
- Podemos coger una de estas... ¿Cuál usará menos? - se preguntó.
- Mamá siempre huele a cremas de esas suyas... - respondió Robert, haciendo reír a su hermano.
- Mira, esta que dice que es de noche - le enseñó un tarrito - Podemos probar, si no entra bien, podemos buscar otra cosa - se encogieron de hombros y Robert se puso en pie para coger a Michael en brazos, con cierta dificultad por que aunque delgado, era alto, no tanto como él, pero lo suficiente para hacerle poner cara de esfuerzo conforme lo llevaba a la cama - ¡¡Bájame!! - rió - ¡Sé andar, Superman! - Robert trató de aguantar la risa y echó a Michael en la cama, para dejarse caer y reír.
- Lois Lane, pesas mucho para llevarte en brazos... - Michael se hizo el ofendido y comenzó a hacerle cosquillas - Empiezas a ponerte fondona...
- ¡¡Eres malo, Superman, ahora no te dejaré meterte en mi cama por las noches!! - siguieron riendo mientras se retorcían en la cama, haciéndose cosquillas mutuamente.
- Oh, de todas maneras prefiero la de Lex Luthor - murmuró, mientras yacían bocarriba. Ambos estallaron en carcajadas y empezaron una pelea, que acabó con un beso intenso, ardiente, mientras se tocaban mutuamente con deseo. Robert abrió como pudo el bote de crema y metió dos dedos dentro para llevarlos al ano de Michael y volver a su labor de dilatarlo - Ahora entran mejor... - murmuró, su lengua jugueteando con la de su hermano. Michael separó más las piernas, notando cómo los dos dedos de su hermano se deslizaban suavemente dentro de él.
- Hmm... se siente mejor... - ronroneó.
- ¿Antes no estaba bien? - preguntó Robert.
- Bueno... ahora me gusta más - sonrieron y se besaron. Robert siguió moviendo sus dedos, lentamente, separándolos de vez en cuando y moviéndolos en círculos, hasta que notó que podría meter un tercer dedo - Ah... - exclamó cuando Robert introdujo el dedo anular en su cuerpo y se tensó un poco.
- Shh... - trató de hacer que se relajara, distrayéndole con suaves y tiernos besos, caricias en su sexo que le hacían estremecer - Tranquilo... - Michael sonrió y se mordió los labios, sus manos acariciando las mejillas de Robert, pasando por su nuca y cuello.
- Robert... ah... Eso estuvo bien... - gimió cuando el mayor alcanzó la próstata del muchacho. Sonrió y besó sus labios.
- Me alegra saber eso - los gemiditos que escapaban de la garganta de Michael excitaban cada vez más a Robert, que aceleró los movimientos de sus dedos. Se besaron. Cada beso era más ardiente que el anterior, más fuerte, más apasionado, todo por efecto de la excitación que los consumía a ambos. La lengua de Robert, traviesa, recorrió el camino desde los pezones de su hermano hasta su ombligo, donde jugueteó un rato, alternando los movimientos de su lengua con suaves mordiscos, a los que Michael respondía con risitas.
- Ah... ¿No puedes meterla ya...? Quiero sentirte... - murmuró, impaciente. Robert besó sus ingles, muy despacio y lamió deliberadamente despacio su miembro - Eres... malo... un esclavo muy... muy... malo...
- Sí... me gusta ser malo, amo... - ascendió hasta sus labios, mordiendo cada centímetro de piel desde su sexo hasta su boca, torturándole, haciéndole retorcerse bajo su cuerpo, sus dedos sin abandonar el ritmo con que se movían - ¿Me castigarás? - preguntó antes de besarle.
- Por supuesto... - rieron. Robert metió sus dedos lo más profundamente que pudo y Michael gimió con todas sus fuerzas - Más... - rogó. Robert sacó sus dedos del cuerpo del joven y tomó una buena cantidad de crema para untársela en su sexo, entonces, muy despacio, comenzó a introducirse dentro de su hermano, notándole ponerse rígido, deteniendo su avance cuando lo sentía demasiado tenso bajo él.
- ¿Te hago daño? - preguntó, un poco asustado. Michael se apresuró a sacudir la cabeza negativamente.
- Es solo... que no me... termino de acostumbrar - rió un poco al ver la expresión de su hermano - Te ves adorable con esa carita, pero te prefiero con cara de concentración mientras sigues entrando en mí... - Robert sintió cómo sus mejillas se teñían de un intenso rubor y Michael volvió a reír - Si sigues poniendo esas caritas se me irá toda la excitación y me entrarán ganas de disfrazarte de peluche como en aquella función de sexto... - el mayor entrecerró los ojos.
- No me lo recuerdes... - separó un poco más las piernas de Michael y terminó de hundirse en el cuerpo del joven. Las piernas de Michael se cerraron en torno a las caderas de Robert y le incitó a moverse, cuidadosamente, buscando el ritmo que los hiciera gemir a ambos.
- Ah... ah... hermano... - gimió Michael, abrazándose a él, sus labios besando el cuello del mayor, que mantenía una expresión de pura concentración mezclada con el dulce placer de sentirse perdido en las entrañas del objeto de su deseo durante años. Sus lenguas se encontraron en un ardiente beso, sus manos se unieron sobre la cabeza de Michael, los dedos entrelazados, hechos un nudo mientras sus cuerpos se hacían uno solo, sus voces elevándose en fuertes gemidos temblorosos.
- Michael... - gimió Robert, pero el menor le hizo callar con un beso en el que mordisqueó sus labios una y otra vez.El más joven de los hermanos se sentía en una nube, totalmente poseído por el placer que el mayor le estaba proporcionando, penetrándole con suavidad mientras susurraba dulces palabras en su oído, seguidas de besos tiernos y llenos de amor.
Robert apenas podía creer que todo aquello fuera real, el cuerpo de Michael bajo el suyo, como tantas veces había soñado, gimiendo ambos al mismo ritmo, temblando como uno solo, sintiendo todo aquel placer que los enloquecía y que por un lado les hacía desear que todo fuera más rápido, pero por el otro ansiaban que nunca terminara, poder estar así unidos casi más espiritualmente que físicamente...
Por un fugaz instante pasó por la cabeza de Robert la situación que podría derivarse de todo aquello... Michael y él, hermanos, también unidos como amantes en secreto... Si su familia se enteraba no quería saber lo que les sucedería. Tomó la boca de Michael en un ardiente, apasionado y amoroso beso, tratando de sacar de su cabeza todas esas fatídicas ideas, pensando únicamente en que ahora estaba con su hermano, que se querían y que nada ni nadie, por muy monstruosa que resultara su relación, los podría separar.
Oyó un quejidito salir de la garganta de Michael y besó sus labios. Sintió su sexo erecto rozar contra su vientre y soltando una de las manos del chico, se dispuso a acariciar el miembro de su hermano, siguiendo el mismo ritmo que llevaban sus caderas, haciendo que los gemidos del joven subieran de volumen y apretara con más fuerza la mano que tenía unida con la suya.
Las caderas de Robert comenzaron a moverse más rápido y fuerte, sus gemidos se unían entre sus bocas, apenas separadas y cada cuerpo se amoldaba al otro. Michael echó la cabeza atrás, revolviéndosele los cabellos en la colcha y la lengua de Robert recorrió la suave curva que formaba la garganta ante sí. Succionó la nuez, provocando una suave risita y rozó una de sus mejillas con la nariz, una dulce sonrisa dibujada en sus labios.
La mano que Michael tenía libre se clavó en la espalda de Robert cuando se sintió llegar al orgasmo y profirió un fuerte, profundo y entrecortado gemido al derramarse entre los dedos de su hermano, que acabó poco después, gimiendo contra el pecho del menor.
Se quedaron quietos un instante. Robert de rodillas en la cama, con las piernas de Michael alrededor de sus caderas, una mano entrelazada y la otra sosteniendo aún el sexo de su hermano pequeño, su frente apoyada en el hombro del chico. Michael mantenía los ojos cerrados, la cabeza ligeramente ladeada, sintiéndose inundado por la esencia de Robert hasta lo más profundo, los dedos clavados aún en mitad de la espalda del mayor. Ambos trataban de recuperar el aliento, calmar sus respiraciones agitadas.
Robert se apartó del joven y se echó a su lado, atrayéndole a sí para abrazarle suavemente. Se miraron. Michael se ruborizó y besó con dulce timidez los labios de Robert, que sonrió y suspiró.
- ¿Estás bien? - preguntó el mayor. Michael asintió.
- Aún no he bajado del cielo... - respondió en un murmullo. Robert le acarició y besó sus labios.
- Ha sido maravilloso - el chico volvió a asentir. Se quedaron un momento en silencio, escuchando sus respiraciones ya más suaves y Michael suspiró.
- Abrázame más... quiero dormir un rato... - murmuró, acurrucándose entre sus brazos, que lo estrecharon con ternura y un poco después se quedó dormido.
Unos días más tarde regresaron sus padres. Ambos hermanos habían pasado casi todo el tiempo haciéndose carantoñas y explorándose mutuamente. Cuando sus padres llegaron a casa se vieron obligados a esconderse, a robarse besos, a tocarse furtivamente, apovechando cada segundo que podían estar a solas.La madre de los chicos se encontró el bote de una de sus cremas favoritas y la más cara que tenía casi totalmente vacío. Michael y Robert se miraron y se echaron a reír a carcajadas.
- ¿Qué tiene de gracioso, niños? - preguntó la mujer, un tanto mosqueada.
- Nada, nada... que al parecer entró algún ladrón de cremas antiarrugas mientras estábais fuera... - respondió Michael entre risas.
- Sigo sin verle la gracia... como la hayáis usado para alguna de vuestras bromas... - los dos chicos se volvieron a mirar y de nuevo se rieron mientras se alejaban por el pasillo hacia la habitación de Robert.
~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~- Calla... - susurró el mayor - Nos oirán...
- Me... me da igual... - gimió Michael, acomodándose junto a Robert, notando cómo su sexo se colocaba entre sus nalgas.
- Levanta un poquito las caderas... - susurró, tomándole por la cintura y pegándose un poco más a su cuerpo. Entonces, tras aplicarse un poco de lubricante en su sexo, comenzó a introducirlo, muy despacio, dentro de su hermano - Shh... - besó su nuca, y Michael echó atrás la cabeza al sentirse invadido por Robert.
- ¿Cerraste bien la puerta? - Robert asintió, comenzando a moverse rápidamente. La mano de Michael aferró las nalgas del mayor, indicándole que entrara más profundo - Esta... estarán a punto de... de le-levantarse - ambos jadeaban, excitados por la perspectiva de que los pillaran en plena faena.
- Calla... me desconcentro... - Michael rió bajito y tembló cuando Robert comenzó a acariciar su sexo.
- Pu-pues para estar desconcentrado... lo haces genial... - movió las caderas y emitió un gemidito que a Robert le pareció que se podría haber oído en media ciudad.
- ¡Michael...! - exclamó en voz baja, haciendo reír de nuevo a su hermano.
- No seas paranoico, por favor... - de pronto oyeron voces en el pasillo - Mierda... - se mordió el labio y cerró fuertemente los ojos.
- Cierra la boca... - comenzó a empujarse con más fuerza, más rápido y entonces oyeron cómo se abría la puerta. Ambos se quedaron quietos, los ojos cerrados, las respiraciones contenidas para evitar que se oyeran agitadas, aparentando estar dormidos.
- ¡¡Feliz Navidad!! - gritó la madre desde la puerta. Se les quedó mirando, ambos acurrucados uno al lado del otro, abrazados y completamente cubiertos con las mantas y un edredón - Oh... Joseph... mira, como cuando era pequeños... - le dijo la madre a su marido, que rió un poquito.
- Déjalos dormir... - Robert se removió un poco, como si estuviera a punto de despertar - Vamos, Marie, cierra la puerta... - la mujer cerró y ambos salieron de la habitación. Cuando los dos hermanos estuvieron seguros de que se habían ido sus padres, abrieron los ojos.
- Conque habías cerrado bien la puerta... - murmuró Michael. Robert apoyó la frente en el hombro del menor y bufó.
- Eso creí... - Michael giró la cabeza para besarle.
- Termina lo que hemos empezado... estábamos en la mejor parte - Robert sonrió y mordisqueó la suave piel de su hombro, mientras comenzaba a moverse de nuevo. Michael le hizo salir de su cuerpo y se acomodó bocabajo, con las caderas levantadas y las piernas separadas. Robert se hundió en el cuerpo de Michael y se pegó a su espalda, moviéndose con fuerza, haciendo que su hermano menor mordiera la almohada para evitar gritar de placer.
- Me vengo... - susurró el mayor, apretando un poco en su mano el sexo de Michael y volviendo a masturbarle. Michael movió de atrás adelante las caderas, clavando los dedos en el colchón.
- Y... y... yo... - acalló un ronco gemido en la almohada mientras se derramaba en la mano de Robert. El mayor siguió embistiendo a Michael hasta que también terminó y se dejó caer en el colchón. Michael se volvió y besó los labios de Robert una y otra vez - Feliz Navidad, hermanito - sonrieron - Tengo un regalo para ti...
- Ah, ¿sí? Yo también tengo uno para ti - el menor se levantó y Robert, se recostó de lado en la cama, mirándole de arriba a abajo. Su mirada se detuvo entre sus nalgas y vio cómo un poco de su semen se deslizaba entre ellas y bajaba por sus piernas - ¿Qué es?
- Ahora lo verás... - Robert se incorporó y le dio un suave mordisco en las nalgas, haciéndole reír - Estate quieto... - se puso su slip y fue hasta el armario para sacar un paquete. Se sentó en la cama y se lo dio a Robert - Es algo distinto de lo habitual... me costó conseguirlo, tuve que pedirle a un amigo que entrara a por ello y me gané un interrogatorio... pero bueno...
- Me asustas... - le dijo. Comenzó a abrir el regalo y se quedó mirando boquiabierto lo que tenía ante sí. Había un frasco y un pincel de - ¿Chocolate? - leyó la etiqueta - ¿Pintura de chocolate?
- Sí... con su pincel y todo... podemos desarrollar nuestro lado artístico a la vez que comemos chocolate - rió pícaramente - Mira lo otro...
- Voy - dejó a un lado el frasco de pintura y miró el otro regalo. Lo miró. Miró a su hermano. Volvió a mirar el regalo. Y de nuevo su mirada pasó a Michael - Soy muy mayor para jugar con gusanos de juguete, Michael... - el menor se echó a reír escandalosamente.
- No es un gusano de juguete cualquiera - lo desembaló y cogió el gusano - Es un vibrador... - Robert se ruborizó hasta las orejas.
- ¡Michael! - exclamó ligeramente escandalizado.
- A ver... cuando me penetras me siento... en el paraíso... y quiero que tú también lo sientas mientras me lo haces - le dijo, haciendo un pucherito - Mira... es suave... con el lubricante entrará estupendamente y cuando lo pongamos en funcionamiento - se mordió el labio inferior mientras le daba a un botoncito en el culo del gusano - Mira esto - rió, travieso, mientras le hacía coger el gusano. Robert notó que se movía y miró que también tenía patitas.
- Estás loco... - sonrió - Me encanta - besó sus labios ardientemente.
- Y si mamá lo encuentra no sabrá lo que es... parece un simple muñequito... - rieron - ¿Qué me has comprado a mí? - Robert se levantó de la cama y sacó de un cajón una bolsita para dársela a Michael.
- Yo pude comprarlo, no como otros que tuvieron que recurrir a amigos mayores de edad - sonrieron y Michael se apresuró a sacar las cosas de la bolsa.
- Wow... crema para masajes... ¡con sabor a frambuesa! - se lanzó sobre Robert y le besó una y otra vez - Qué bien me lo voy a pasar... - rió.
- Pervertido - Michael se incorporó y miró el otro paquete. Lo miró con los ojos muy abiertos.
- No me lo voy a pasar bien... me lo voy a pasar de lujo... - se mordió el labio y abrió el embalaje de lo que le había regalado - Hmm... unas esposas...
- De seda... - rieron.
- ¿Me estás dando ideas? - Robert le abrazó y sonrió.
- Esta Nochevieja nos quedaremos solos en casa... - susurró en su oído y lamió el lóbulo de su oreja - Podemos aprovecharla... - Michael rió.
- Sí... y la siguiente... - buscó sus labios y los besó - Y dentro de muy poco cumplo diecisiete... ¿qué me vas a regalar...? - Robert rió.
- No lo sé, ya lo pensaré - mordisqueó sus labios y oyeron que su madre los llamaba desde la cocina - Hm... vamos, tenemos que abrir regalos - se pusieron en pie y tras encontrar sus pijamas, bajaron al salón.Tras más de seis meses de estar unidos por algo más que su fraternidad, Robert y Michael se habían acostumbrado a ser discretos, sabían perfectamente que se arriesgaban a perder mucho si los descubrían porque su relación jamás sería bien vista ni tolerada. Aún así, a veces se miraban como embobados, sin importarles quien estuviera presente en ese momento.
En la comida de Navidad, con todos sus familiares delante, Michael y Robert estaban sentados uno frente al otro, con una de sus abuelas en la cabecera de la mesa, entre ambos. El más joven de los hermanos puso en un pequeño apuro al mayor, insinuándosele, mirándole provocativamente mientras los demás familiares se gritaban como todas las Navidades. Robert no podía apartar la mirada de su hermano, mientras este se mordisqueaba sensualmente un dedo y extendía un pie desnudo bajo la mesa y lo posaba sobre la entrepierna de su hermano, haciéndole jadear y moverse incómodo en la mesa.
- Michael... - susurró. El menor rió suavemente y se encogió de hombros mientras seguía masajeando la erección de su hermano, que apartó su pie y trató de calmarse. Michael se echó a reír y se levantó de su sitio, pasando por detrás de Robert y acariciando con disimulo su nuca.
- Ven... - le dijo mientras caminaba hacia su cuarto. Los gritos de sus familiares se hicieron más fuertes y Robert se levantó rápidamente para ir tras su hermano, tratando que no se notara demasiado su erección y llegaron al cuarto de baño - Qué ruidosos son... - murmuró Michael mientras se lavaba un poco la cara. Robert jadeaba, tenía en su pantalón un enorme bulto que pedía ser atendido y Michael lo sabía. Y lo ignoraba deliberadamente.
- Eres malo... - murmuró, pegándose a su espalda, pegando su erección a las nalgas del chico, mientras respiraba el suave aroma que emanaba el cabello de su hermano. Una sonrisa se dibujó en los labios de Michael cuando Robert puso las manos en sus ingles.
- Pero te gusta que lo sea... - ronroneó, moviendo las caderas - Hm... Estás muy duro...
- Tú también - mordió el lóbulo de su oreja - Me provocas - rió y comenzó a desabrocharle el pantalón para acariciarle.
- Lo dices como si te desagradara que lo hiciera, hermano - le facilitó la labor de bajarle pantalón y calzoncillo y le desabrochó el pantalón.
- Me pones a mil... - jadeó en su oído mientras le separaba un poco las nalgas para comenzar a penetrarle. Michael echó un poco las caderas hacia atrás y Robert pudo entrar más cómodamente. Cuando tenía la mitad de su sexo dentro del cuerpo de Michael alguien llamó a la puerta y se separaron todo lo rápido que pudieron.
- ¿Hay alguien? - preguntó una voz cascada al otro lado de la puerta.
- Estamos nosotros, abuela, ahora mismo salimos... - respondió Robert, cuya erección había disminuído considerablemente con el susto. Se sentó en el borde de la bañera y suspiró. Michael bufó desesperado y se lavó la cara de nuevo - Esta noche te compenso - besó los labios de su hermano menor, que sonrió un poco y salió del baño tras adecentarse la ropa.El resto de la tarde transcurrió todo lo tranquilo que podía esperarse en esa familia. Todos discutieron con todos como siempre y Robert y Michael no pudieron quedarse a solas en ningún momento. Cuando se marchó la familia y pudieron estar relativamente solos, estaban demasiado cansados para hacer nada y directamente se fueron a dormir, uno entre los brazos del otro, tal como hacían de pequeños.