
UN MINUTO
HP
- ¿Lo ves, Potter, lo ves?. Un minuto, has aguantado un solo minuto, uno, uno solo, tal y como yo te dije – susurró con voz triunfante Draco Malfoy, jadeando, limpiándose el semen que le goteaba por las comisuras de los labios, incrustando su boca en el oido del tembloroso Harry. - ¿Y ahora qué, Potter? ¿Ahora qué, cabronazo?. ¿Qué tienes que decirme ahora?. ¡¡Contesta, Potter!! – elevó la voz Draco sin despegar la boca de la oreja de su enemigo, pegado a su cuerpo, disfrutando con la visión de la cara enrojecida y sudorosa de Harry, sus párpados fuertemente cerrados, los cristales de las gafas empañados, el cuerpo semidesnudo, recostado contra la pared blanca de los aseos para alumnos de la cuarta planta, brazos y piernas inmóviles gracias al hechizo inmovilus pronunciado unos minutos antes por el perverso Malfoy.
- ¡¡Vete a la mierda, Malfoy, cabrón!!.- chilló el joven mago abriendo los ojos de golpe y dirigiendo su mirada enfurecida hacia Draco. - ¡Te mataré en cuanto tenga ocasión, ¿me escuchas?. ¡¡Te mataré, hijo de puta, te mataré!.
Malfoy soltó una carcajada que retumbó entre las cuatro paredes del pequeño aseo. La punta de su lengua asomó entre sus labios y lentamente la deslizó por la oreja derecha, el cuello y la nuca del enfurecido Harry, que se estremeció y gimió furioso. La mano de Draco bajó por el pecho desnudo del mago y se detuvo al llegar al bulto cálido y mojado que palpitaba entre las piernas de Harry. Allí, su mano se cerró sobre él y lo estrujó. Harry jadeó dolorido, y Draco sonrió al sentir entre sus dedos la calidez pegajosa del semen del muchacho. Harry acababa de correrse, y su miembro todavía estaba duro y ardiente. No había aguantado ni un minuto, tal y como había vaticinado Draco. La mamada experta con la que Draco le había obsequiado hacía escasos instantes, le había hecho perder el control totalmente, algo que jamás Harry hubiera imaginado.
- Potter, Potter,admítelo – volvió a susurrar Draco, mientras acariciaba el miembro del mago y mordía sus hombros. – Admite que has tenido el mejor orgasmo de tu vida, admítelo, y que he sido yo el que te ha hecho gozar como un animal, admítelo...
- ¡¡Cállate, Malfoy, hijo de puta, cállate!! – rugió enfurecido Harry, inmóvil por el hechizo, las venas de su cuello inflamadas, a punto de estallar, el sudor corriendo por sus sienes, mezclándose con lágrimas de pura rabia.
Draco volvió a sonreir y besó en la boca a Harry, frotándose contra su cuerpo, jadeando, clavando las uñas en la espalda desnuda del muchacho, que gimió indefenso y asqueado al notar en su paladar el sabor de su propio esperma flotando en la saliva de Draco. De repente, un ruido procedente del pasillo hizo que Draco pegara un respingo y se separara del cuerpo inmovilizado de Harry. La voz de uno de los amigos de Draco les llegó asustada tras la puerta cerrada del aseo, “Draco, viene alguien, deprisa, tenemos que largarnos”. Malfoy, con una sonrisa triunfante, sacó su varita de entre los pliegues de su capa, y agitándola con suavidad en el aire, apuntó a la cabeza de Harry, “moveretum”, y el chico cayó desplomado al suelo, despegándose su cuerpo de la pared.
- Adiós, Potter...ah, y ahora vete con el cuento a Dumbledore, cuéntale cómo Draco Malfoy te ha atacado en el aseo de estudiantes de la cuarta planta, dile cómo el cerdo de Malfoy te ha lanzado un “inmovilus” a traición mientras sus amigos te sujetaban, un “inmovilus” que te ha dejado incrustado en la pared, indefenso, a mi merced, explícale cómo el cabronazo de Malfoy te ha quitado el jersey y la camisa, cómo te ha bajado los pantalones, cómo te ha acariciado la piel centímetro a centímetro, cómo te ha besado, cómo te ha chupado, cómo te ha mordido, pero sobre todo, cuéntale cómo el pervertido de Draco Malfoy se ha arrodillado ante ti y te ha comido la polla, y sobre todo, cuéntale con todo lujo de detalles lo que te ha gustado mi mamada, a pesar de tu inicial resistencia. Vamos, Potter, dile como te retorcías de gusto cada vez más, cómo te volvía loco mi boca comiéndotelo todo, explícale lo mucho que gemías sin poder evitarlo, cuéntale el placer tan bestial que el hijo de puta de Malfoy te estaba proporcionando. Ni un minuto, Potter, ni un minuto has aguantado, tu polla hinchándose en cuestión de segundos dentro de mi boca, casi ahogándome, loco de gusto, ¿eh, Potter?. Anda, ve y cuéntaselo a Dumbledore, dile que te has corrido en mi boca, y que te encantaría volver a hacerlo, ¿eh, Potter?. Confiésale que matarías por que yo te hiciera otra mamada, sí, Potter, dile, cuéntale cómo has gritado cuando te has corrido, explícaselo, dile a ese impotente de mierda el placer que te ha regalado el cabrón, el hijo de puta, el estirado, el cobarde, el pringado del Malfoy...
Harry, arrodillado en el suelo, con la cabeza colgando, sollozó amargamente. Comenzó a subirse los pantalones, y con dificultad se puso en pie, agarrándose a las paredes húmedas, tambaleándose, débil aún por el conjuro lanzado contra él y el ataque de Draco.
- Te mataré, Malfoy, lo juro, juro que te mataré – susurró Harry clavando sus ojos arrasados de lágrimas en los de Draco, rabioso, humillado, sintiéndose sucio, horriblemente sucio por lo que había sucedido. Malfoy, por una vez, tenía razón. Harry había disfrutado con esa mamada, y mucho. ¿Cómo encajar eso en su cabeza?. El odiaba a Draco, y sabía que algún día lo mataría, pero la realidad era demoledora. El había gozado con su enemigo, se excitó al sentirse inmovilizado, tembló de gusto al sentir las caricias y besos de Draco, y cuando él introdujo en la boca su miembro, Harry creyó volverse loco de placer. Su conciencia se debatió durante un minuto angustioso entre la repugnancia y el placer, para finalmente rendirse al fuego que le devoraba las entrañas. Quiso entonces alargar su deleite, pero la boca maestra de Draco le consumió, y en pocos segundos se corrió con un estallido de placer como jamás había sentido. Y ahora ya no podía lamentarse. Solo agachar la cabeza humillado ante su enemigo y buscar el momento adecuado para matarlo.
- Estupendo, Potter, átrevete a matarme si puedes...Te estaré esperando. Adiós, Potter, adiós - contestó Draco, con los dientes apretados, revolviendo con su varita el flequillo de Harry, deslizándola por el pecho todavía desnudo del chico, hasta detenerse a la altura del corazón. – Adiós Potter, nos volveremos a ver...muy pronto...
Harry observó como Malfoy salía del aseo, dando un portazo, dejándolo a solas con su furia y su desconcierto.
- Te mataré, Malfoy, juro que te mataré...algún día...te mataré...
FIN