2º PARTE
 


Mike da la última calada a su cigarrillo, y aplasta la colilla en el cenicero de metal. El humo sale por su nariz con fuerza. Bob Wallace está hablando por el teléfono móvil, con la sede del Helvetian Bank en Nueva York. En la cuenta abierta en dicha sucursal por Bob a nombre de Bircham S.A., aparece un ingreso de 5 millones de dólares. Solo 5. Bob desconecta el teléfono y mira a Mike pensativo. – Ese cabronazo del Campbell solo nos ha ingresado 5 millones. ¿Dónde coño están los 15 restantes? – maldice con los dientes apretados. – Joder, Bob, yo creo que 5 millones son más que suficientes. – le dice Mike. - ¿Por qué no le dejamos ya libre y nos largamos de aquí?. Es mucha pasta, mucha, Bob, piénsalo. Además, cada día que pasa corremos más peligro de que nos encuentren. Llevamos aquí tres semanas, joder, Bob, la avaricia rompe el saco. – concluye Mike, mirando a su compinche. Pero éste no parece escucharlo. – Tendremos que pasar a la acción – dice el viejo delincuente, dirigiéndose hacia la puerta de la habitación. – Vamos, es hora de que el niño hable con su papi. Le haremos llorar un poco, a ver si así se enternece el corazón del padre amantísimo y suelta el resto de la pasta, el muy cerdo. – prosigue Bob. Mike se levanta y lo sigue, el corazón en un puño, el alma en vilo, los nervios en tensión. No puede permitir que Bob dañe a Matt. No. No.

- A ver, corazón, ven aquí. Vamos a hablar con tu papi. – dice Bob a Matt, entrando en el cubículo oscuro del encierro. Este se pone en pie y mira a Bob con recelo. Mike, detrás del viejo, le sonríe. Hace apenas un par de horas que han estado juntos. Su primera vez. Mike vuelve a sentir el deseo de abrazar y besar a su secuestrado. Matt está confuso, pero no arrepentido. Se siente seguro ahora que ve a Mike. Intuye que su secuestrador lo va a cuidar y proteger hasta el final. - ¡Pero!..¿Qué coño es esto Mike?. ¿Por qué está desatado este niñato?. ¡Joder, Mike!. ¿Eres gilipollas o qué?. – grita enfurecido Wallace, buscando las cuerdas por toda la estancia, enloquecido, descargando maldiciones. –Lo siento, Bob. Me he olvidado de atarlo – se excusa Mike con voz pausada. - ¿Quéee?.¿Te has olvidado de atarlo? – chilla Bob, la cara desencajada por la rabia, golpeando el pecho de Mike con la palma de la mano. El viejo insulta, maldice, descarga su rabia en el muchacho, que aguanta el chaparrón como puede. De pronto, Bob saca un revólver pequeño, Cobra calibre 35, negro, reluciente y la apoya en el cuello de Mike, a la altura de la yugular…

- Esto no es un juego, maldito capullo. Un descuido más y te vuelo la tapa de los sesos, ¿entendido?. – masculla Bob en el oido de Mike. – Entendido Bob, no volverá a ocurrir – contesta éste, sientiendo el mordisco helador del revolver en su cuello. Bob le sonríe, ojos desorbitados, y guarda su revólver. – No hagas tonterías, Mike. Te lo advierto, no la cagues. – continua amenazando el viejo. Ahora se acerca hasta Matt, atrayéndole hacia él tirando de su brazo, enfurecido, histérico. – Se acabaron los privilegios y los buenos tratos, encanto. Tu padre no ha cumplido lo que le dije que hiciera. Mal asunto. Muy malo. – murmura Bob, acercando su cara a la del chico, que lo mira asustado. Bob lanza el teléfono móvil a Mike y le dice que marque el número del Sr. Campbell. Mike obedece y pasa el teléfono a Bob. La conversación es muy breve. Amenazas e insultos. Bob retuerce el brazo de Matt, que se queja dolorido, sus lamentos colándose por el auricular del pequeño móvil. Matt escucha como su padre lo llama con angustia, pero Bob no permite que el muchacho hable con su padre. – Quiero el resto del dinero ya. ¿Hablo claro?. Estupendo, Sr. Campbell. Nada de trucos o su hijo morirá. – palabras susurrantes cayendo de la boca de Bob Wallace, haciendo daño, mucho daño.

Wallace apaga el móvil y deja de retorcer el brazo de Matt. El chico se acaricia el brazo dolorido y lanza una mirada de odio y asco al viejo. Este, con violencia, lo empuja contra la pared, riendo, un diablo escapado del infierno. – Ata a este mierda. Y hoy no come, me cago en su padre, hoy no come.- grita con rabia Wallace, dando media vuelta, saliendo por la puerta de la oscura habitación, el portazo que da a la misma haciendo saltar trozos de yeso de la desconchada pared. Los dos chicos se quedan solos, frente a frente, mirándose, sin hablar. No hace falta decirse nada para saber lo que piensan. Mike se acerca a Matt. – No te preocupes, Matt. Ya te traeré algo de papeo más tarde. No hagas caso a ese puto loco. – le dice Mike, intentando consolar a su asustado prisionero. – Joder, Mike, mi padre no tiene tanta pasta junta. Os ha dado lo que ha podido. 15 millones es mucho. Tendría que empezar a vender sus acciones y sus empresas, y eso es muy complicado, mucho. Ni en un año podría terminar con todos los rollos legales de la compra-venta y tener el dinero preparado.– se lamenta Matt. Mike lo mira en silencio, volviendo de nuevo a perderse en esa cara inocente, ingenua, en esos ojos tan profundos y dulces. - ¿Me vais a matar? – pregunta Matt con voz firme, mirando sin pestañear a su secuestrador. Mike se muerde los labios, y se acerca más a Matt, atrayendo su cara hacia él, la mano tras su nuca, enredándose en el pelo. Los labios de los dos chicos se unen de nuevo, con suavidad. Se besan con ganas, recreándose en esa acción tan sensual, sus lenguas juguetonas explorándose mutuamente. Mike siente los brazos de Matt que rodean su cintura. El calor del cuerpo del desafortunado prisionero lo excita otra vez. Mike abraza con fuerza a Matt y acaricia su nuca, su pelo, jadeante, el calor y el sabor de la boca del secuestrado trastornando los sentidos del carcelero. ¿Matarlo?. Jamás, piensa Mike. – No, Matt, no, no dejaré que te ocurra nada. – le susurra Mike a Matt.

Bob Wallace se ha quedado dormido sobre el desvencijado sofá. Mike se levanta en silencio y baja hasta el cuartucho dondo está recluido su prisionero. Necesita verlo, tocarlo, olerlo, amarlo. Matt lo ha embrujado de mala manera. No puede dejar de pensar en él. – Dios, ¡qué locura más grande!. ¡Me muero por él!. ¡Joder, ¿cómo me he podido encoñar así?. – piensa Mike mientras baja sigilosamente las escaleras hasta el húmedo sótano, arriesgándolo todo. Llega hasta la puerta de hierro y la abre con mano temblorosa. No hay luz en el pequeño escondrijo. Solamente una delgada y pálida línea de luz se cuela por el ventanuco del techo, insuficiente para iluminar el antro. Matt está tumbado, atado de pies y manos. – Mike, ¿eres tú, tío? – pregunta con temor. – Si, Matt, soy yo, tranquilo, tío. Te traigo algo de comer. Perdona que haya tardado tanto, es que el cerdo del Bob no se dormía, el gran hijo de puta. – le contesta Mike, alegre por escuchar de nuevo su voz. A tientas busca el cuerpo de su secuestrado y lo desata. Lo ayuda a comer, a beber, le limpia la boca, las manos, le mima y le cuida como si fuera un niño desvalido. Matt se siente a gusto, muy a gusto con esas muestras de afecto que le prodiga su secuestrador. – Joder, Mike, pareces mi madre, tío, mejor dicho, me cuidas mucho mejor que ella.- le dice en un susurro Matt al muchacho.

Mike se rie en la oscuridad. – Matt, no tenemos mucho tiempo. Yo…me gustaría hacérmelo contigo otra vez. Tio, no sé que me pasa, joder, estoy flipado por ti. – musita Mike, cogiendo la cabeza de Matt entre sus manos, intentando ver sus ojos de luna azul. Matt alarga su mano y acaricia la mejilla de Mike, atrayendo su cuerpo hacia él, tumbándolo sobre su pecho. – A mi también me apetece, joder, me apetece un huevo estar contigo, como esta mañana. – susurra Matt Campbell en el oido de Mike Hunt…Los chicos sonrien, se besan despacio, el sonido dulce de los besos rasgando el aire, se lanzan al vacío acogedor del placer, del sexo, del amor.

Ironías del destino. Matt Campbell siente que es feliz por primera vez en mucho tiempo. La felicidad la ha encontrado en una oscura habitación, sucia, maloliente. La felicidad estaba escondida en el cuerpo de un hombre, Mike Hunt, y él ha tenido la inmensa suerte de encontrarla. Matt besa la boca de Mike, recorre con la lengua su pecho, su estómago, le hace cosquillas en el ombligo con ella, vuelve a probar el sabor enloquecedor del pene de su secuestrador, lamiendo golosamente, sin asco, con ansia, mientras el deseo más salvaje de poseerlo le domina sin remedio. Mike tiembla bajo las caricias de seda de su secuestrado, los malos recuerdos de su paso por la cárcel huyendo veloces. Pierde la noción del tiempo. Solo siente la boca de fuego de Matt, el rico niño millonario, que lo hace flotar sobre un paraíso natural. Matt, de repente, siente que no puede más. Los jadeos de Mike le hacen perder la razón, desea penetrarlo, quiere saber lo que se siente dentro del cuerpo de un hombre, necesita a Mike, ansía estar dentro de él, moviéndose, arrancar hasta el último grito de placer de su secuestrador. Quiere ser feliz, allí, en un oscuro y perdido rincón del mundo…

- Mike, ¿puedo, puedo?…Dios, no sé porqué está pasando esto. – susurra Matt, separando su boca del pene de Mike, que se agita tembloroso sobre la alfombra polvorienta. Mike se queja. – Matt, ¿qué pasa?. No me dejes ahora, por favor. – suplica Mike, incorporándose con lentitud, intentando buscar la mirada de cristal de su prisionero. – No, no te dejo, es solo que…Mike ¿puedo metértela?. – pregunta Matt acercando su cara a la de Mike. – Dios, qué mal suena, joder, Mike, yo…quiero estar contigo. Es la primera vez que voy a hacer esto, y…no sé, Dios, Mike, yo…joder, no sé que hacer… - susurra Matt, deslizando sus palabras muy cerca del oido de su carcelero. Mike sonríe en la oscuridad. Coge la cabeza de Matt entre sus manos y busca su boca. De nuevo sus labios acariciándose con ternura…- Matt, me entrego a ti, tío, no tienes que hacer nada, solo lo que te apetezca…vamos, hazme lo que quieras, lo que quieras…Matt, lo que quieras – Mike musita, besuqueando los labios suaves, tiernos de Matt, olvidando lo que es él, olvidando todo…

Mike se tumba de nuevo en la alfombra y abre sus piernas. Matt moja con saliva su propio pene y busca entre las piernas abiertas de Mike la entrada al edén del placer. No hay vuelta atrás, no hay salida, no hay explicación. Su pene entra en el recto de Mike con dificultad. El chico se estremece, se queja y Matt retrocede. – Más despacio, Matt, más despacio, mójate más, al principio duele, pero luego ya no – jadea Mike, la experiencia hablando por él. Matt obedece. Matt siente el calor del cuerpo de Mike empapando su miembro. Un escalofrío de placer le recorre la espina dorsal. Siente las piernas de Mike rodeando su cintura, atrayéndole hacia él. Matt mira la cara de Mike, fascinado, embrujado. Un rayo de luz cae sobre la cara de su secuestrador, iluminándolo. Mike es el vivo retrato del placer, ojos cerrados, boca entreabierta, sonidos suaves de amor escapando al aire turbio del tétrico rincón. Matt va perdiendo el control, está entre las piernas de un hombre, su secuestrador, su privador de libertad. Está follándose a un hombre, un hombre, un hombre…¿y qué?. El placer que siente con cada movimiento, con cada sacudida de su miembro dentro de Mike, le hace olvidar este mínimo detalle. Burbujas de colores, mordiscos de deseo, ríos de placer es lo que siente Matt Campbell al penetrar a Mike Hunt…y eso es lo único que le importa en estos momentos. Un nuevo gemido de Mike hace que Matt se quede sin respiración y le hace pensar que la palabra follar no es la adecuada…El, Matt Campbell le está haciendo el amor a Mike Hunt, sí, eso es…Ese es el término exacto…Amor.

Mike se retuerce de placer, gime, murmura el nombre de su secuestrado. Abre sus ojos y adivina la cara de ángel de Matt. Sí, eso es, un ángel del cielo ha descendido al infierno terrenal para hacer el amor a un desgraciado mortal como él. Porque así lo siente Mike. Sabe que su secuestrado no se lo está follando, le está amando, cursilada absoluta, pero real. Siente el pene de Matt dentro de él, moviéndose con sabiduría, nota la mano caliente del muchacho que se desliza ahora por su miembro, aumentando el placer. Mike rodea con más fuerza aún la cintura cimbreante de Matt con sus piernas, sintiendose esclavo de él…Mike apenas puede ahogar un grito cuando nota los movimientos cada vez más acelerados de su amante…Matt cae sobre su pecho, gimiendo incoherencias, sacudido por el orgasmo liberador…Mike se abraza con fuerza al chico, devorado a su vez por el clímax de mil colores y olores que lo invade por todos los poros de su cuerpo. Los chicos se abrazan, jadeantes, sudorosos, mezclando sus vidas para siempre, besos, saliva, semen, risas…- ¡Dios, Mike, Dios! – murmura Matt, riendo, temblando, tumbado sobre el cuerpo de su secuestrador. - ¡Joder, es increible, Mike!.¡Es el mejor polvo que le he hechado a nadie en mi vida! – dice el chico gozoso, pasando su mano por el pelo de Mike Hunt, que se queda callado de repente.

– Me hace daño, me jode mucho, que lo llames polvo. Me gustaría que me dijeras que me has hecho el amor, no que me has follado. – dice Mike, su tono de voz triste, casi llorosa, acusadora. - Matt, creo que te quiero, tío, me haces muy feliz, joder, mierda, me he flipado por ti como nunca lo he estado por nadie. – se lamenta Mike Hunt, acariciando la mejilla de su secuestrado, sintiendo un dolor sordo en su pecho. Matt se despega de su secuestrador y se sienta, la cabeza entre las manos…- Mike, te he hecho el amor, tienes razón, esto no ha sido un polvo cualquiera, ha sido amor de verdad, tío, joder, sí, amor de verdad. – susurra Matt, clavando sus hermosos ojos de mirada paralizadora en los ojos húmedos de Mike, el rayo de luz jugando entre las caras de los dos amantes. Mike y Matt se sonríen, se abrazan, se besan, se dan calor…Dulces minutos de cariño, ternura compartida, futuro negro para ambos. Un ruido sobre sus cabezas los hace volver a la realidad. Mike se viste con rapidez y ata a su amigo precipitadamente. – Matt, me largo, creo que el viejo se ha despertado, mierda, no puede verme aquí, contigo. Creo que ha perdido la cabeza, el muy tarado. – Mike dice nervioso. Termina de vestirse y sale disparado. Un último vistazo a Matt antes de cerrar la puerta…Es su ángel, su ángel en el infierno. Ve su sonrisa de caramelo que lo despide. – Venga, vete ya, vamos, tío, vete. – le apremia Matt. Mike cierra la puerta con angustia. Siente que la oscuridad engulle su felicidad.

Tres días más de incertidumbre. La cuenta del Helvetian Bank sigue reflejando el mismo saldo. No hay más ingresos. Bob Wallace está perdiendo su sangre fría. Empieza a ver signos de peligro por todos lados. – Este hijo de puta de Campbell ha puesto en marcha a la policía, seguro. Ha movido sus contactos y tenemos ahora a todos los maderos del país tras nuestra pista, ¡maldita sea! – se lamenta el viejo, dando puñetazos en la desvencijada mesa de uno de los cuartos de la fábrica semiderruida. Mike lo mira con recelo. – Sabías que esto podría ocurrir, lo sabías perfectamente. No me vengas ahora con lloriqueos. – le dice Mike con calma. La reacción de Wallace lo deja petrificado, confirmando sus temores. El viejo delincuente saca su pistola, destello negro en la habitación, y la coloca sobre la sien del muchacho. - ¡Cállate, gililpollas!. No quiero oir tu voz. Lo tengo todo controlado, ¿me oyes?. Controlado.Así que no me jodas más y sobre todo nunca, nunca me cuestiones, si es que aprecias tu linda cabeza. – le grita Wallace, apretando con fuerza el arma, dejando una señal roja en la piel del chico. Mike traga saliva, mientras murmura palabras de perdón. Si, Wallace está desquiciado.

- Mañana pruebo yo, ¿vale?. Tengo curiosidad. Si tú te lo pasas de puta madre, ¿por qué yo no puedo sentir lo mismo?.- dice Matt jadeando sus palabras al oido de Mike, los dos abrazados, respirando con dificultad, tirados en el suelo, agitados todavía por los coletazos del orgasmo que hoy casi han sentido al mismo tiempo. Mike besa la frente de su amante, bañada por el sudor provocado por el fuego de la entrega, y se ríe. - ¿Me vas a regalar tu virgo anal?. Vaya, eso suena muy bien, joder, ya lo creo que sí. – dice Mike, mirando los ojos deslumbrantes de Matt, que suelta una contagiosa carcajada. Fuera es de día, y la luz que se cuela por el ventanuco del techo ilumina las caras y cuerpos de los dos muchachos. Se vuelven a abrazar, a besar, a acariciar… - ¿No ha pagado mi padre, verdad? – pregunta de repente Matt, levantándose del suelo, dando una chupada ansiosa al cigarro que le ha encendido Mike. – No, Matt, no ha pagado, ni creo que lo haga. – le contesta Mike desde el suelo, su dedo corazón dibujando caminos invisibles en la espalda nacarada de Matt. El chico suspira y le pasa el cigarrillo a Mike, un ligero temblor entre sus dedos. Mike rodea los hombros de su amante con su brazo y lo estrecha contra su pecho. - ¿Cómo acabará todo esto, Mike? – se queja Matt Campbell, apoyando la cabeza en el hombro de su secuestrador. Mike no lo sabe. Lo único que sabe es lo mucho que quiere a este muchacho encantador que se acurruca entre sus brazos.

El coche de Bob Wallace sale disparado en dirección al pueblo de Sweetwater. Quiere echar un vistazo. Huele el peligro, siente el olor podrido de la madera, intuye que el pueblo y los alrededores está lleno de polícias. Al menor indicio de sospecha se largarán, le ha dicho a Mike. Cogerán a su secuestrado y buscarán otro lugar para esconderse. El resto del dinero no ha sido pagado y ya son casi dos meses de secuestro. Las cosas se han torcido por completo. Mike baja las escaleras hacia el sótano apesadumbrado, nervioso, angustiado. No sabe que hacer. Podría liberar a Matt, podrían escapar los dos juntos, dejar el país, buscarse un lugar remoto donde vivir los dos solos, lejos de todo. Mike necesita decirle que lo quiere, que está enamorado de él hasta los huesos, que se ha convertido en su obsesión, en su razón de vivir…Matt, Matt…

Matt Campbell escucha los pasos sigilosos de alguien bajando por las escaleras metálicas. Sabe que es Mike Hunt, su carcelero. Una ola fresca de alegría lo empapa. Ha escuchado antes el coche marcharse y sabe que están los dos solos. Vuelve a tener miedo. No sabe si confiar en Mike. Ayer su secuestrador le repitió hasta la saciedad que lo quería, que se había enamorado de él como un idiota, que lo adoraba hasta la extenuación. Matt se sonríe. No sabe que pensar. Le da miedo todo este asunto. No quiere reconocer que él también se ha colado hasta el fondo por ese canalla de tres al cuarto que se ha atrevido a robarle su libertad y su vida. ¿Cómo puede desear a todas horas que Mike esté con él?. Mike es morbo a raudales, eso es. Matt necesita decir a su carcelero que lo quiere, sí, también se ha enamorado como un imbécil de él. Sí, lo necesita junto a él, como necesita el aire que respira…Mike, Mike.

Matt siente los suaves empujones del miembro de Mike dentro de su cuerpo. El dolor es cada vez menos intenso, y el placer empieza a fluir por su sangre. Los dos chicos están de pie, Mike detrás de Matt, penetrándolo con delicadeza, descubriendo a su amigo sensaciones que éste no había imaginado que pudieran existir hasta el momento. Matt se apoya en la pared, ligeramente inclinado, las piernas abiertas, la frente contra el frío muro, dejando la huella húmeda de su sudor. Mike rodea su cintura, besando, mordiendo su nuca y orejas. Matt se acaricia su miembro, cada vez más erecto, intensificando el placer que siente. -¿Te gusta Matt? – le susurra Mike, hundiendo su nariz en el pelo alborotado de su secuestrado. – Sí, si, mucho, joder, Mike, Dios, que gusto, sigue asi – le responde Matt con un murmullo apenas audible, los gemidos cortando su respiración. – Vaya, vaya, sabía que te iba a gustar. Soy afortunado. El tío más alucinante que he conocido en años me ha dado su virginidad. Joder, Matt, te quiero tío, te quiero. – continua diciendo Mike, cada vez más excitado, moviéndose más rápido, sin poder parar el movimiento vertiginoso de sus caderas. Matt se queja. – No tan rápido Mike, espera, quiero que esto dure.- dice Matt, notando las oleadas salvajes de placer que auguran la llegada del orgasmo. – No puedo esperar más, Matt, sigue masturbándote, deprisa, no aguanto más, tío, no aguanto, no, no… - jadea, casi grita Mike, cubierto de sudor, aguantando como puede el ataque del placer. Matt hace caso a su secuestrador y acelera las caricias sobre su miembro. Los dos chicos se agitan, se retuercen, son uno solo, broncos gemidos al aire…Mike, primero, Matt segundos más tarde…El éxtasis los abraza, los transporta, los enloquece…

- Mike, yo también te quiero. – le dice Matt a su secuestrador, dejando que éste le ate las manos de nuevo. Su mirada, esa mirada limpia y transparente, que lo dice todo, se clava en los ojos de Mike, que lo mira fascinado, tembloroso. Los chicos juntan sus bocas y se vuelven a besar por enésima vez. Les cuesta un mundo despegar sus labios, pero el ruido seco y chirriante del coche de Bob Wallace frenando allá arriba, los hace separarse con dolor. – Esto tiene que acabar, es una puta locura – se queja Mike mirando a su secuestrado. – Mike, sácame de aquí, tío. Si me quieres, sácame de aquí - dice de repente Matt, traspasando con su mirada dolorida el cerebro de Mike.

La angustia ataca de nuevo a Mike, secuestrador de ángeles. Sabía que Matt le iba a pedir eso un día u otro. ¿Qué hacer?. – Matt, no puedo hacer eso. ¡Joder, no me pidas eso, no puedo!. – grita Mike agarrando por los hombros al prisionero. Matt lo mira en silencio, moviendo su cabeza, esbozando una sonrisa irónica. – Claro, me lo suponía. – replica Matt. – Solo me quieres para follarme y llevarte mi dinero, ¿verdad que si? – dice Matt Campbell bajando su voz, apretando los dientes. Mike suspira, se pasa el pelo por la cabeza. - ¡No, no y no!.¡Mierda!. ¡Eso no es así, joder, no entiendes nada, nada! – grita Mike desesperado. Matt deja de mirar a Mike, y se sienta en el suelo, apoyándose en la pared. – Largate de aquí. Déjame en paz. – concluye Matt, cerrando sus ojos. Mike siente que se le desgarra el corazón. Se acerca a Matt para decirle algo, pero la voz colérica de Bob sonando desde arriba le hace desistir. – Más tarde hablaremos, Matt, por favor, espérame aquí, volveré dentro de nada. – dice el confuso secuestrador. Matt ni siquiera lo mira, sus ojos todavia cerrados, hundido, cansado. - ¿Dónde quieres que me vaya, gilipollas? – le resonde furioso Matt. Mike no contesta, solo mira a su adorable prisionero, ¿qué más puede hacer?.

Mike sube las escaleras a la carrera y se topa con un Bob Wallace histérico, que pasea por la habitación recogiendo cosas, pateando el suelo, descargando maldiciones a diestro y siniestro. Nada más ver a Mike aparecer por la puerta, Bob Wallace se dirige hacia él y lo empuja con violencia. -¿Dónde estabas, so cabronazo?.¡No me digas nada!. ¿Estabas sacando brillo al culo del niñato, verdad?. – le pregunta a gritos el viejo. Mike balbucea excusas, defendiéndose como puede. Pero Bob no lo escucha. – Me importa un huevo lo que hagas o dejes de hacer, maricón de mierda – le increpa el viejo delincuente. – Nos largamos de aquí. He visto a la madera pululando por el pueblo. Nos abrimos. Vete al sótano y prepara al querubín. Yo bajaré ahora mismo. – ordena Bob Wallace, palabras secas, cortantes, amenazadoras. Mike mira al viejo con recelo. Un miedo helador le empieza a morder el corazón. Un mal presentimiento se adueña de sus pensamientos.

- ¿Qué pasa Mike? – pregunta Matt Campbell alarmado ante la entrada precipitada de su carcelero-amante. – Bob dice que nos largamos de aquí, no sé, tío, no me preguntes. Vamos, date prisa, levántate – contesta Mike, desatando al chico, deslizando los dedos entre sus muñecas y los nudos de la cuerda, nuevo escalofrío recorriendo el brazo del secuestrador al sentir el contacto de esa piel de nieve. - ¿Os ha descubierto la policía?. – insiste Matt. - ¡Calla, joder, yo que sé!. No tengo ni puta idea. – grita Mike Hunt, negros y funestos presagios rondando su cabeza. – Sabía que algo iba a salir mal, ¡mierda!, lo sabía – sigue lamentándose el chico. Matt lo mira con tristeza, apoyando una mano sobre su hombro. – Mike, no te preocupes, yo te ayudaré. Hablaré en tu favor delante de quien sea, no dejaré que te pase nada. – le dice Matt sonriendo al asustado secuestrador. Mike no dice nada. Le cuesta un trabajo inmenso reprimir una lágrima que lucha por salir de su escondite. Sabe que nadie ni nada les podrá librar del castigo que la sagrada ley dicta, si todo acaba mal. Matt se acerca a su secuestrador y lo rodea con sus brazos, muy fuerte, mucho, apoyando la cabeza en su hombro, depositando breves besos de consuelo y cariño en el cuello de Mike. – Gracias, tio, joder, gracias - apenas murmura Mike Hunt, abandonándose a ese dulce abrazo de su secuestrado. – Te quiero Mike – dice Matt con voz clara, la expresión de sus ojos de cielo confirmando las dos palabras. – Y yo a ti, Matt, y yo a ti – susurra Matt, enterrando sus labios en el pelo de su amante. Magia de amor imposible en el aire.

La entrada precipitada y colérica de Bob Wallace deshace el abrazo de los muchachos, que se separan sobresaltados. - ¿Qué cojones es esto, Mike?. ¿Qué mierda pasa aquí?. – grita con furia el viejo. Mike se pone delante de Matt, protegiéndole de Bob. – Ohhh, qué tierna escena. El secuestrador y su prisionero, enamorados, qué bello es el amor. El carcelero y su presa, follando en la oscuridad, aprovechando cuando el viejo Bob Wallace no estaba presente. – sigue diciendo Bob, riendo con malicia, dando vueltas alrededor de los dos chicos, pasando su mirada vidriosa de uno a otro. – Eres imbécil Mike, un completo gilipollas, si crees que este niñato te va a defender delante de un juez. Me juego la vida a que te ha estado engañando, esperando el momento propicio para poder escapar. Te ha engatusado con su carita inocente, y con dos mamadas mal hechas te ha sorbido el seso. – prosigue Wallace diciendo. Mike protesta levantando su voz con furia. – ¡Eso es mentira! – grita enfurecido, encarándose con Bob Wallace, su sangre hirviendo de rabia.

La reacción del viejo no se hace esperar. Empuja a Mike con violencia, tirándole al suelo, y su puño se estrella en la boca del chico. Mike gime dolorido, pero se levanta enfurecido, dispuesto a devolver el golpe recibido. Wallace es más rápido que Mike, y en décimas de segundo, el pequeño y letal revólver negro aparece entre sus manos. El viejo agarra del brazo a Matt, que observa la escena petrificado, y lo atrae hacia sí, pegando el cañón del revólver a la frente del chico. Mike se detiene en seco, su corazón acelerado por el miedo y la impotencia de ver a su adorado Matt encañonado por el maldito Bob Wallace. – Escucha Mike. – dice Bob mirando a su compinche. – No te dejes llevar por tu lindo rabo, querido. Piensa con la cabeza, joder. Tenemos 5 millones de pavos en nuestra cuenta de Suiza, cinco, Mike. Podemos empezar una nueva vida de lujos y despreocupación. Yo te aprecio, a pesar de todo, me caes bien, Mike. Eres como el hijo que no tenido nunca. Piénsalo bien. Podrás tener todas las pollas del universo para ti solito. Vamos, Mike, no dejes tirado al viejo Bob Wallace. – dice el viejo, en sus ojos brillando una chispa de locura y desesperación.

El revólver acaricia peligrosamente la frente húmeda de Matt, que mira alternativamente a Bob y a Mike, sintiendo el aliento de la muerte sobre su piel. Mike observa el temblor del dedo de Bob sobre el gatillo del arma y se estremece. – Esta bien, Bob. Está bien. Larguémonos de aquí. Me iré contigo, pero a él lo dejamos aquí. No podemos retenerlo más y tú lo sabes. – dice Mike arrastrando sus palabras. Bob le sonríe con satisfacción. – Este es mi chico, sí señor. Sabía que no me ibas a fallar.- replica el viejo. – Sí, nos iremos juntos los dos. Dejaremos aquí a esta carroña de la alta sociedad – dice Wallace apartando de un empujón a Matt, que se tambalea y choca contra la pared. El viejo levanta su arma y apunta al prisionero. – Tu padre lamentará no haber cumplido su trato. Le devolveremos a su hermoso hijo envuelto en un bonito sudario de sangre. – susurra Bob Wallace, sentencia de muerte dictada para Matt Campbell, qué casualidad, también un jueves cualquiera ,año 2000. El chico mira desesperado a Mike, y clava sus uñas en la pared del sótano…La boca del revólver se contrae y vomita fuego, rojo, amarillo, rojo…Matt cierra los ojos… -¡¡No, Bob, no le dispares, no!! – se oye la voz de Mike resonar en la habitación.

El disparo desgarra la turbia atmósfera del cuartucho polvoriento. Un grito ahogado se eleva y flota unos instantes. Matt siente que le queman la frente, y que algo cálido chorrea por su mejilla. El vértigo se apodera de él. Lleva su mano a la sien y enseguida se mancha de roja sangre, que le gotea entre los dedos. Enfrente de él Mike y Bob ruedan por el suelo, revoltijo de piernas y brazos, jadeos, maldiciones, lucha brutal por la posesión del pequeño revólver. Matt observa la escena como si fuera algo irreal. Está mareado. Aprieta su herida, la sangre brotando sin cesar. El chico cae de rodillas al suelo. Ante sus ojos, la pelea de los dos hombres es salvaje. Pronto Mike domina a Bob Wallace, su fuerza y juventud imponiéndose al viejo guerrero. El arma, reluciente, baila entre las manos de los dos delicuentes. Un nuevo disparo estremece a Matt, medio desvanecido en el suelo. No hay gritos, no hay gemidos…Mike se incorpora con dificultad, el revolver pegado a su mano. Bob Wallace no se mueve…un circulo de sangre se abre paso en el centro de su pecho, sangre oscura, sangre de muerte. Bob mira hacia arriba, agonizando, buscando la mirada de su asesino. – Hasta pronto, Mike Hunt, te espero en el infierno. – le dice sonriendo al muchacho. Inclina su cabeza y cierra los ojos.

Mike limpia con su mano el sudor que gotea de su frente y suspira. Mira a Bob y al revólver, moviendo la cabeza. Viejo loco, sus sueños de grandeza derramados por el suelo, como la sangre que cubre cada vez más su pecho. No sabe si sentir pena o alegría, remordimientos o arrepentimiento. Un suave quejido tras de sí le hace volver la vista. Ve a Matt, tirado en el suelo, su divina cara cubierta de sangre brillante, muy roja, la mano incapaz de detener la hemorragia. Mike tiembla de la cabeza a los pies. No, Matt, no. No puede morir, no. - ¡Dios, Dios, Matt, joder, no, joder!– grita Mike mientras se agacha junto a su prisionero, recogiéndolo del suelo, estrechándolo contra su pecho. Mike llora y llora. Lágrimas de dolor, impotencia, angustia. Como puede, limpia la sangre de la cara de Matt. La bala letal disparada por Bob Wallace ha abierto un desgarrón sanguinolento en la sien derecha de Matt, antes de incrustarse en la pared. La sangre no deja de manar. Matt gime el nombre de su secuestrador y se desmaya…Mike lo abraza, manchando su cara y sus ropas con la sangre del desafortunado chico. – ¡Dios,Dios, Matt!. ¡Mierda!. ¡Joder, Dios, no te lo lleves!. – se lamenta el pobre Mike. - ¡No me lo quites, no!. ¡No te lleves a mi ángel!. – se desespera Mike Hunt, sus lágrimas rodando sin cesar, mezclándose con la sangre, sabor salado, sabor de sangre, sabor acre de dolor infinito…

Ocho meses más tarde, azar del destino, otro jueves cualquiera. Matt Campbell atraviesa el control de la prisión Federal de Rockgrey, Boston. Una firma en el registro y adentro. El edificio que alberga la prisón Federal es una mole de color grisácea, fría, deprimente. Más controles, más puertas enrejadas que se abren a su paso, más policías uniformados. La puerta de la sala de visitas gira y Matt entra. Enfrente de él una larga hilera de mesas con sus correspondientes sillas, una mampara de cristal separando a los presos de sus familiares, amigos, compañeros. Día de visita. Matt enseguida ve a Mike Hunt, con su uniforme gris, camisa y pantalón, su número cosido sobre el corazón, RJB280181160576, sentado frente a él, mirándose las uñas, esperando su llegada. Mike levanta su vista y ve a Matt. Las miradas de los chicos se encuentran. Un chispazo plateado ilumina los ojos de ambos. Se sonríen. Ambos sienten el mismo escalofrío, el mismo coletazo eléctrico que acelera sus corazones. Quince días sin verse, justo desde la última visita. La felicidad los embarga…

- ¡Joder, Matt, estás cojonudo con ese corte de pelo, te queda de puta madre! – le dice Mike a Matt, devorándolo con la mirada. Matt se pasa la mano por el pelo recién cortado, sonriendo. -¿En serio?. Gracias, Mike – responde Matt. – Me lo corté hace tres días. No estaba seguro, no sabía si te iba a gustar. – sigue diciendo el chico. – Coño, ya lo creo que me gusta. Estás divino, joder, Matt. Me alegro de verte, no sabes como me alegro – contesta Mike, acercando su mano a la mampara, las manos de los muchachos intentando unirse, separadas por el frío cristal. Matt le sonríe. El también lo ha echado de menos. Esperar dos semanas para poder ver a Mike le parece una tortura china. Y solo media hora. Matt se muere de ganas por besar la boca de Mike, por estar de nuevo entre sus brazos, por sentirlo dentro de él. Mike también nota el deseo pisando su estómago, al ver de nuevo los labios jugosos de Matt. Le encantaría abrazarlo, daría cualquier cosa por oir sus gemidos susurrantes deslizarse en su oido, pidiéndole más y más, como cuando estaban en el oscuro agujero de la fábrica de Sweetwater, hace unos meses. Pero esto es lo que hay.

El juicio por secuestro y homicidio involuntario contra Mike Hunt no se celebrará hasta dentro de tres meses. Pero los dos chicos están tranquilos. Matt ha contratado a los mejores abogados de Boston para defender a su propio secuestrador. El mismo testificará a su favor, para escándalo y sorpresa de la puritana e hipócrita sociedad americana. Con un poco de suerte en dos años estará fuera de la cárcel…- Cada vez se te nota menos la cicatriz de la sien – le comenta Mike a Matt. – Sí, es cierto – le contesta éste envolviéndole con su mirada dulce de terciopelo. – En el juicio también tendrán en cuenta eso, Mike. Me salvaste la vida, se puede decir, aunque al final solo fuera un rasguño. Tú desviaste la bala que iba derechita a mi cabeza. – comenta Matt, sonriendo a su antiguo carcelero. Mike le devuelve la sonrisa y recuerda aquellos horribles momentos, en los que su amigo sangraba entre sus brazos, desmayado. Él no dudó. Llamó a la policía, y se entregó. Podría haber huido pero no lo hizo. Esperó hasta que vinieron los agentes y la ambulancia. No pudo abandonar a Matt. No quiso. Y ahora están aquí los dos. Un par de años de espera y la ansiada libertad de nuevo llamará a su puerta. Entonces él y Matt empezarán una nueva vida. Juntos por y para siempre, sin importarles nadie ni nada.

Los dos chicos se sonríen, se hacen mimos a través del cristal, sin importarles las miradas de los demás, las risas, los cuchicheos. Les da lo mismo que los periódicos sensacionalistas publiquen su historia, que la maldita sociedad les escupa en la cara, que estén en el centro del ojo del huracán. Ellos son felices. Y lo demás sobra. - ¿Sabes lo que te voy a hacer en cuanto esté fuera de este antro? – le susurra Mike a Matt, apurando ya los últimos minutos que les queda para separarse de nuevo. – No, ¿el qué? – le contesta Matt divertido. – Te voy a besar muy despacio esos labios que tienes, te los voy a morder, te voy a buscar la lengua y te la voy a acariciar con la mía. Te voy a desnudar muy lentamente, besando cada rincón de tu piel, excitándote, mis dedos se van a colar en tu bragueta, y te voy a buscar esa polla adorable que tienes…Te la voy a comer, toda, enterita, como a ti te gusta, hasta que te corras del gusto…Y todo eso atado, para que no te me escapes…¿Te mola? – le pregunta finalmente Mike, ojos pícaros, su propia mano hurgando allá abajo, entre sus piernas. – Joder, Mike, me has calentado, joder, has hecho que me empalme, capullo – le responde Matt, las mejillas coloradas…Los dos muchachos se ríen con ganas.

El silbato del policía les anuncia el final de la visita. – Te quiero, Matt – le dice Mike Hunt a su amante. – Te quiero, Mike – le responde Matt Campbell a su hombre. Ambos a la vez se levantan. El cielo sabe lo mucho que desearían besarse, pero no les está permitido…Pronto estarán juntos de nuevo…Matt sale por la puerta de la prisión federal. Dos periodistas se le acercan a la carrera, preguntas morbosas, estúpidas, martillean sus oidos. Pero él no las escucha. Sus pensamientos se centran en Mike. Sabe que ha sido afortunado encontrando a ese hombre maravilloso, a ese dulce canalla. Piensa que por primera vez en su vida es feliz… Mira al horizonte. El sol enfrente de él empieza a ocultarse tras las montañas. Inmensa bola de fuego que tiñe de rosa las nubes del atardecer.


FIN

Epílogo

Chuxi

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