
SUBIENDO, BAJANDO
RPS de LOTR
LOS HEROES DE LA TIERRA MEDIA ATRAPADOS EN UN ASCENSORRebecca Trump (Especial para “The New York Times). –
Nueva York.- ¿Qué se puede hacer cuando montas en un ascensor, las puertas se cierran herméticamente, pulsas el botón correspondiente a tu planta, el elevador inicia su ascención, y de repente se oyen chasquidos, la cabina se bambolea, las luces parpadean, se siente un tirón brusco y de pronto se queda detenido entre dos pisos, con las luces de emergencia debilmente iluminando el estrecho espacio, y el panel de botones totalmente inutilizado?. No dejarse llevar por el pánico, y esperar pacientemente a ser rescatados. Eso es lo que dicen los expertos, pero el más común de los mortales sufriría como mínimo un leve ahogo, y la certeza absoluta de que debe empezar a rezar sus oraciones. ¿Pero y si los atrapados son cuatro valientes hobbits de La Comarca y un apuesto elfo de la Tierra Media imaginada por la fantasía épica de J.R.R. Tolkien?. Entonces, la cosa cambia, ustedes me dirán. Ellos son héroes y seguro que sabrán dominar la situación. Bromas aparte, ayer por la tarde, los actores Elijah Wood, Dominic Monaghan, Billy Boyd, Sean Astin y Orlando Bloom, protagonistas de la trilogía “El Señor de los Anillos”, permanecieron cuatro horas atrapados en el interior de un ascensor del Hotel Hilton, en Manhattan, como consecuencia de un corte en el fluido eléctrico, cuando acudían a una rueda de prensa convocada por la Sociedad de Críticos Americanos de Cine, y que iba a tener lugar en la planta 35 del lujoso hotel neoyorquino.
Una dotación del Cuerpo de Bomberos de la ciudad tuvo que trabajar a destajo para liberar no solo a los cinco actores, sino a una treintena de personas que quedaron atrapadas en los siete ascensores del Hotel. Todos los rescatados se encuentran en perfecto estado de salud, y solo necesitaron atención médica una mujer de 30 años embarazada, presa de un ataque de nervios, y un señor de 70 años recientemente operado de corazón. Pero a pesar del susto pasado, los actores acudieron a su cita con los periodistas, y en una improvisada rueda de prensa nos relataron todo lo ocurrido. “Ha sido una experiencia de lo más excitante” , comentaba el actor Sean Astin nada más salir del ascensor. “Y no me importaría repetirla” , siguió diciendo, mientras el resto de sus compañeros sonreían alegremente, sin el menor asomo de miedo o nerviosismo. “Una pasada”, comentaba Elijah Wood, Frodo en la película. “Una experiencia para contar a los nietos” afirmaba un Orlando Bloom de ojos chispeantes y sonrisa de ensueño. “Alucinante, increíble” repetían al unísono Merry y Pippin, los traviesos hobbits interpretados por Dominic Monaghan y Billy Boyd. Incluso el Sr. Monaghan se permitió recomendar vivir esta experiencia a los periodistas que estábamos alli cubriendo la información. Vivir para ver, señores. Ya lo saben, súbanse a un ascensor, pidan al cielo que se estropee y disfruten de la experiencia sin par de estar atrapados cuatro horas en un sarcófago de metal. Los actores de “El Señor de los Anillos” se lo recomiendan. Claro, que ellos son héroes, y nosotros simples mortales.
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Nuestro ascensor se para entre las plantas 20 y 21. Un crujido seco, las luces halógenas del techo parpadean sin cesar, se oye un chirrido metálico, como si algún cable suelto rozara la pared y luego nada más, silencio absoluto. El jodido ascensor que se queda quietecito y medio a oscuras. Un estremecimiento helado de miedo me arruga el estómago. ¡Dios!. ¿Qué mierda pasa?. Sean, Elijah, Billy, Dom y yo nos miramos con el terror pintado en nuestras caras.
- ¡Oh, Dios mío!. ¿Qué ha pasado?. – exclama Sean, más blanco que la cera. Se aproxima a la puerta metálica del ascensor e intenta introducir sus manos en la ranura que separa a las dos hojas plateadas que forman la puerta del maldito trasto. -¡Eh, eh, oigan, oigan, el ascensor, que se ha parado el ascensor!. – grita Sean desesperado, haciendo esfuerzos inútiles por abrir la puerta atascada.
- Calma tío, cálmate – le tranquiliza Elijah. – Vamos a pulsar la alarma, venga, tranquilo, Sean, no pasa nada. – dice Lij, al tiempo que oprime el botón rojo correspondiente en el panel de mandos situado a la izquierda de las puertas. No se oye nada. Elijah pulsa y pulsa, y ahí no se oye más que la respiración agitada de Sean. Nos volvemos a mirar.
- ¡Me cago en la puta!. No funciona la jodida alarma. – exclama Dom apretando todos los botones del panel a la vez.
- ¿Qué no funciona?. ¿Qué no funciona?. ¡¡Joder, socorro, socorro, que alguien nos saque de aquí!!. ¡¡Mierda, auxilio, auxilio, quiero salir, quiero salir de aquiiii!! – vocifera Sean aporreando la puerta con golpes histéricos y violentos. Los gritos de Sean nos hielan la sangre, acojonándonos más todavía. El pobre Seanny ha perdido los papeles y le da lo mismo que le veamos gritar y llorar como una damisela en apuros. No le da ninguna vergüenza chillar. El solo quiere salir de alli. Entre todos le calmamos como podemos.
- Venga, Sean, tío, tranquilo, será solo un momento. Lo mismo es que ha habido un corte de luz. – le dice Billy, pasando un brazo alrededor de sus hombros. - ¿No ves que se han encendido las luces de emergencia?. En un momento lo arreglaran. No olvides que estamos en el hotel Hilton, tío, el más lujoso de Nueva York, y tendrán algún plan de emergencia para estos casos.
- ¡¡Me importa una mierda que se haya ido la luz!!. Esto no debería de suceder en un sitio como éste, joder. ¡¡Socorro, quiero salir, quiero salir!!.¿Y si se rompen los cables y nos caemos al vacío?. ¿No notais como se balancea la cabina?. ¡¡Socorro, socorro, auxilio! – grita Sean despavorido, quitándose el brazo de Billy de encima y volviendo a machacar la puerta con sus puños.
- Sean, tío, que nos acojonas más. Deja de berrear, compórtate como un adulto y no digas gilipolleces. Billy tiene razón. En unos minutos nos sacarán de aqui – le replico tembloroso ante la idea de que Sean tenga razón y que el puto ascensor se venga abajo, terminando con mi prometedora carrera de actor y sex symbol mundial.
- ¡¡Vete a la mierda, Orlando!!. ¡Me pongo como me sale de los huevos!. ¡Socorro, socorro! ¡Estamos aquí! - sigue chillando Sean como un energúmeno, con los puños colorados de tanto castigar a la pobre puerta metálica del ascensor.
- ¡Sean, calma, cálmate amigo, no pasa nada, joder!. Estamos aquí contigo, colega, no te preocupes por nada, venga no llores, tío, respira hondo, respira, eso es, eso es. ¿Mejor, estás mejor ahora? – pregunta Elijah a Sean, atrapando su cara entre sus manos, limpiando las lágrimas que se deslizan por las mejillas del Sr. Astin, que gimotea asustado como un bebé. – Asi me gusta, colega, venga, tranquilito. En unos minutillos nos sacarán de esta mierda de ascensor. Ale, déjame que te seque las lágrimas, a ver, ¿alguien tiene un pañuelo?. Gracias Billy, muchas gracias. Muy bien, estupendo. Así está mejo, mucho mejor – consuela Elijah al pobre Sean. No puedo evitar la risa. Ya sé que no es nada cómico lo que nos está pasando, pero lo que estoy viendo es superior a mi miedo. Miro a Billy, miro a Dom, nos miramos los tres, vemos a Lij limpiando las lágrimas del lloroso Sean, que se abraza a Lij, esconde la cabeza en su hombro y comienza otra vez a gimotear. Nuestras carcajadas estremecen la estrecha cabina del ascensor.
- Jajaja, joder, tíos, Sean, jajajaja, pero…jajajaja…ay, lo siento, no he podido evitarlo, pero…¿habeis visto?, jajaja…Joder, Lij, que bien se te da limpiar lágrimas, coño, pareces la señorita Dulzuras consolando a su osito de peluche Puffy, jajaja – exclamo entre risas imparables. Dom y Billy me palmean la espalda, se descojonan, me contagian más las carcajadas, Jesús, que situación más paradójica. Atrapados en el ascensor, sin saber si vamos a salir de alli sanos y salvos, y riéndonos de las neuras del pobre Sean.
- ¡Me cago en todo! ¿A que os meto un mamporro?. ¡Cabronazos!. Dejad de reiros de mi, que, que…por Dios bendito que os machaco la puta cara – grita Sean apartándose de Lij y encarándose furioso con nosotros. Más risas por nuestra parte, Elijah poniéndose por medio, sin poder tampoco evitar su risa contagiosa, Sean que empieza a repartir empujones y sopapos, y la cabina del ascensor que de repente tiembla peligrosamente. Una de las luces de emergencia se apaga y todos gritamos despavoridos. Ya no hay más risas. Nos quedamos quietos, pegaditos a las paredes de la cabina del ascensor, cagados de miedo. Joder, joder, que situación.
- Tíos, no os movais, por vuestra madre, no os movais – susurra Billy con los ojos muy abiertos. Todos nos quedamos inmóviles y tragamos saliva. Que coño, no tenemos ya ni saliva en la boca que tragar, tanto es el canguelo que nos domina. La luz que se acababa de apagar vuelve a encenderse y respiramos algo aliviados. La respiración de Sean suena igual que el resoplido de una locomotora asmática, y sus ojos parecen que los han restregado con cebolla, rojos, rojos. La cara de Lij también muestra una expresión de susto muy bien lograda, y se devora las uñas de las manos con saña. A Dom le tiembla el labio inferior, el superior, las manos y hasta las orejas y Billy, joder, el pobre Billy suda como si hubiese corrido la maratón de Nueva York. ¿Y yo?. Mis tripas suenan y mis piernas tiemblan como flanes chinos. Ni siquiera cuando me cai por la ventana aquella vez sentí este miedo tan cabrón que me está pegando mordiscos en las tripas. Joder, que pavor tíos, que pavor.Los minutos pasan interminables. Nos sentamos en el suelo de la cabina y con mucho cuidado nos quitamos las chaquetas. Empieza a hacer calorcillo en nuestro cubículo infernal. Sean vuelve a consultar su reloj y nos dice que llevamos alli encerrados treinta y tres minutos con cincuenta segundos, y 29 centésimas y que porqué tardan tanto en rescatarnos. Sean está algo más calmado. Hace un rato que ha sacado un bolígrafo de su bolsillo y está garabateando algo en su pequeña agenda de teléfonos.
- Seanny, ¿qué coño escribes ahora? - le pregunto curioso. El levanta la vista y me mira con seriedad.
- Oh, nada que te importe, cotillo de mierda. – me contesta airado. Pongo gesto de fastidio y me encojo de hombros. – Es una nota para mi mujer y para mis hijas. Les digo todo lo que han significado ellas para mi en mi vida. Les intento explicar en este breve hueco de papel lo mucho que las quiero, lo mucho que me aportan cada día, el sentimiento que me embarga cada vez que las miro, que las toco, que… - me dice Sean de repente, con tono melodramático, como si estuviera recitando “Otelo” o “La gaviota”. No puedo evitar una sonrisa.
- Oh, vamos Sean, ni que te fueras a morir, tío. – le interrumpo con un gesto de mi mano. Al amigo Seanny se le pone cara de carnero degollado y comprendo enseguida que he metido la pata, como siempre, e intento arreglar la situación. – No tardarán en sacarnos, colega. – le tranquilizo al ver su mirada funesta y perdida. – Cálmate, todo va a salir bien. – vuelvo a repetirle por enésima vez. Mi mano se apoya en su hombro y lo aprieto deseoso de consolarlo y transmitirle ánimos. A Sean se le llenan los ojos de lágrimas y aprieta los labios. Dios no, otra vez no. Sean comienza a gimotear.
- Orlando, eres un buen hombre, y un excelente amigo, aunque a veces seas un hijoputa. Me alegro de haberte conocido, y me consuela el saber que ahora, en esta situación tan cercana a la muerte, estés conmigo compartiendo… - exclama Sean con vehemencia, mirándome fijamente, a través de sus lágrimas.
- Sean, joder, calla, parece que estás recitando un guión, tío. Se parece a lo que rodamos en el Monte Rapahue, ¿te acuerdas?. “Me alegro de que estés aquí conmigo, Samwise Gamgee, aquí, al final de todas las cosas” – dice Elijah esbozando una sonrisa. Sean limpia sus lágrimas y sonríe. Pasa un brazo alrededor del hombro de Elijah y lo atrae hacia su cuerpo, juntando su cabeza con la suya. Todos sonreimos, los recuerdos del rodaje de El Señor de los Anillos aflorando en nuestras mentes.- ¿Os acordais tíos? – pregunta Billy emocionado. - ¡Joder, que tiempos aquellos!. ¿Os acordais del frío que pasamos, y lo que curramos, como auténticas bestias, y los madrugones, y las borracheras que pillábamos los sábados por la noche, y las tías que se colaban en el plató para pedirnos autógrafos?. ¿Te acuerdas de esa piba que quería follarnos a los dos, eh Dom, te acuerdas?. ¿Y cuando Orlando se tiró al vacío agarrado de esa cuerda, con media botella de whisky en el cuerpo para matar el miedo?. ¿Y cuando nos meamos en la fuente?. Y los estrenos, tíos, los estrenos, la gente histérica, todo el mundo a nuestros pies, y…y… y cuando, ay lo siento Sean, cuando fuimos a tu casa con ese video de marines gays en la ducha, jajajajaja, y lo pusimos aprovechando que no estaba tu mujer, y que nos pilló, alli en mitad del salón, mirando a esos pavos darse por culo, con esas pollazas y esos látigos de cuero, jajaja, te acuerdas, Sean, te acuerdas? – exclama Billy entre risas.
Sean pone cara de pocos amigos y refunfuña. Claro que se acuerda. Christine, su esposa, estuvo dos semanas sin hablarle. Menuda juerga nos montamos en su casa. Nos pusimos ciegos de whisky y la película de marras nos estaba calentando. Creo recordar que cuando la oportuna Christine volvió a casa, dos horas antes de lo previsto, Sean estaba desabrochando los botones de la bragueta de Lij, animado por Dom y Billy que le habían apostado una cena a que no se atrevía a hacerle una mamada a Elijah. ¡Dios, y cómo dice Billy, que tiempos aquellos!. No me puedo callar y lo suelto, aún a riesgo de que Sean me haga una cara nueva. La apuesta, la mamada a Lij, Sean, ¿lo recuerdas, lo recuerdas?. El buen Sean me fulmina con sus ojos, pero me perdona la vida.
- No tiene gracia, Orlando, eres un cerdo. Estábamos borrachos, tío. Ya lo sabes, Lij, yo jamás me hubiera atrevido a hacer eso, yo… - balbucea nervioso Sean, mirando ahora a Elijah fijamente.
- Ah, vamos tío, estábamos todos de coña. ¿Tu crees que te hubiese dejado mamarme?. Ni loco, tío, ni loco. Mi polla prefiere bocas más delicadas y femeninas que la tuya – contesta Lij con cara de pícaro. Todos decimos “uhhhhh” y nos reimos, olvidando por un instante la angustiosa encerrona.
- Vamos, Lij, tío, no disimules. Si sabemos que te va la marcha rosa. – replica divertido Dom, alargando la mano y acariciando la mandíbula de Lij. – Si no hubiese aparecido la santa esposa de Sean, os hubieseis follado delante de nosotros, mmmm…ahh…mmmm…siii…mmm…me gusta…mmm…ohhh… - bromea Dom poniendo caras de placer perverso. Nos volvemos a reir todos, incluso Sean.
- Tíos, estais locos. Sois unos jodidos capullos. Aquí estamos más muertos que vivos, y vosotros hablando de guarradas. No teneis remedio. – se queja Sean con resignación.
- Tios, imaginad que nos dijeran que nos quedan dos horas de vida, ¿qué hariais? – pregunta Billy de repente. Sean se pone blanco, y los demás agitamos nerviosos las manos y los pies, miramos a Billy con intenciones asesinas, nos revolvemos en nuestros sitios.
- Joder, Billy como te pasas, pedazo de cabrón. – le increpo golpeando ligeramente su cabeza con mis nudillos. – ¡Que nos van a sacar de aquí, que nadie se va a morir!., Coño, Billy, que hijoputa eres, ya has acojonado otra vez a Sean. - le vuelvo a recriminar.
- Vale, vale era una simple pregunta, tíos, que poco humor teneis. – contesta Billy devolviéndome el capón. Y vuelve a la carga. – ¿Pero que hariais, eh?. Imaginad por un momento que nos quedan dos horitas de vida, vamos, joder, no os corteis, de algo habrá que hablar hasta que nos saquen, ¿no?. – pregunta risueño.
- Follar y follar hasta quedarme sin una gota de leche. – contesta Dom muy serio. Nos quedamos mirándolo sorprendidos y nos entra la risa.
- ¿Y con quién, so mamón?. – le pregunto entre carcajadas, guiñándole un ojo. – ¿Con Lij?. ¿Eh?. Jajaja, hariais felices a vuestras fans más calentorras, si os pudieran ver claro. ¿Has oido Lij?. Tío, montárolos aquí, que veamos vuestras habilidades. Por lo menos si morimos, lo haremos calentitos y empalmados. – bromeo divertido.
- Pues empieza tú primero, venga, ¿a que no tienes huevos, tío?. Hoy no aparecerá Christine por aquí para aguarnos la fiesta – me replica Elijah, en un tono de voz medio en broma, medio en serio. Me quedo mirando a mi amigo y sonrío. Está guapo Elijah, rosetones en sus mejillas, ojos brillantes, camisa medio abierta, dejándome ver su pecho blanquísimo y casi infantil. Algo me pica entre las piernas. No estaría mal follarse a este Lij de piel suave como la de una chica, y ojos preciosos que me desconciertan. Me rasco la cabeza, sin dejar de mirarlo. Lo cierto es que nunca sabremos que habría sucedido en casa de Sean si no nos hubieran interrumpido. Estoy seguro que nos hubieramos liado todos, excitados por el alcohol y la película del video. De eso estoy seguro, tan seguro como que me llamo Orlando.- Sois unas mariconas, joder, dejad a mi mujer en paz. – gruñe Sean. – Basta de decir gilipolleces. Yo no podría follar en un momento así, tíos. Tengo la picha más floja que un cadáver. Colgado a 20 o 30 metros sobre un abismo, en un ascensor tambaleante, sin nadie que venga a rescatarnos y vosotros pensando en follar, y encima entre vosotros. Estais de la olla – concluye Sean, limpiándose el sudor de la frente con la manga de su camisa. – Joder, que calor – murmura, y se la quita. Su pecho brillante de sudor aparece a nuestra vista y su olor nos llega. Sean debe de matarse a hacer pesas en el gimnasio. Sus músculos se marcan ostensiblemente, biceps, triceps, pectorales, abdominales…
- Joder, Sean, que bueno estás. – bromea Elijah palpando el pecho de Sean. Vemos como Lij lo sobetea, y no sabemos si es en serio o es todo una coña. Le acaricia los hombros poderosos, le frota el pecho, la espalda…Sus dedos van bajando, bajando, hasta detenerse en su vientre, y como quien no quiere la cosa, posa la mano sobre la entrepierna de nuestro buen Sean. ¡Joder!. Mi erección es instantánea. Billy y Dom me miran. Seguro que ellos también se han empalmado.
- Elijah, joder, ¿qué haces?. Déjame,coño, que no estoy para bromas – refunfuña Sean apartando la mano de Lij de entre sus piernas. Un bulto más que sospechoso se adivina entre ellas.
- Coño, Sean, ¿te has empalmado? – pregunta Dom aguantando la risa. – Tios, mirad que pedazo de bulto le ha brotado entre las piernas al amigo Sean, jajaja. Joder, Elijah, ¿qué le has hecho a Sean para que se ponga así?. Por cierto, Seanny, ¿cuánto te mide, tío?. ¿18, 19, 20?. ¡Menudo paquetón,¿verdad Lij?. Casi revientas la bragueta, jajaja!. – se carcajea Dom, sus risas uniéndose a las de Billy y a las mías. Elijah se pone colorado y se rasca el cogote. El no se ríe. Mira a Sean con timidez y carraspea.
- Lo siento, Sean, era de coña. No quería molestarte. – se disculpa Lij poniendo su mejor expresión de inocente ingenuidad. ¡Joder!. No sé lo que me entra por el cuerpo al mirarlo a él y a Sean, que también se ha puesto encarnado y acepta sus disculpas entre murmullos. Daría medio brazo por verlos follar, ya lo creo que si. Me giro y miro los rostros risueños de Dom y Billy. A ellos también les gustaría verlos en acción, me apuesto el cuello. De pronto, sus caras se convierten en la más pura expresión de la sorpresa. Dom y Billy abren los ojos desmesuradamente, sus bocas se desencajan, resoplan, se agitan inquietos en sus respectivos sitios, ¿qué coño pasa ahora?. Ni que hubiesen visto al fantasma de Canterbury flotando ante sus ojos desorbitados. Pero no es el entrañable fantasma al que ven, sino a Sean deslizando su mano tras la nuca de Lij y acercándolo a su rostro con rapidez, al tiempo que besa con ternura, un roce suave, casi imperceptible, los labios sorprendidos y apetecibles de Lij. Mis ojos y mi boca también se abren de par en par ante la insólita e inesperada maniobra de Sean. ¡Nuestro asustadizo amigo está besuqueando a Lij sin nigún tipo de reparo!. ¡Coño, coño, coño!. Realmente Sean ha debido de sentir el aliento helado de la dama negra sobre su espalda, para estar haciendo lo que nuestros pasmados ojos están contemplando.
- ¡¡Pero, pero…joder, tios, mirad, mirad, jajajaj!! – explota Billy. - ¡¡Coño, la madre de Dios, si se están morreando estos dos!!. – continua diciendo el amigo Billy, señalando con su dedo índice, muy tieso, la tierna escena que Sean y Lij están protagonizando. Ya lo creo que se están morreando, joder, y vaya pedazo de beso con lengua, digno de la mejor película porno que yo haya visto. Y se abrazan, coño, más que un abrazo parece que se quieran destrozar las costillas. Sean se aparta un instante de Lij y lo empuja con suavidad hacia atrás, tumbándolo por completo. Se coloca a horcajadas sobre él, con cuidado de no mover mucho la cabina del ascensor, y comienza a desnudarlo. Dom aplaude, Billy jalea la acción y yo silbo admirado. Sean gira su cara hacia nosotros. Está congestionado, las gotas de sudor le caen por la nariz, los ojos le brillan, la nuez sube y baja por su garganta estremecida.
- Silencio, mamones, silencio. – susurra con rabia. – No quiero que jodais con vuestras palabras sucias todo esto. Me importa una mierda lo que penseis de mi, o lo que veais. No sé si en unos minutos estaré muerto, y quiero aprovechar la oportunidad que el destino me brinda. Quiero follarme a Lij, ya está dicho. Lo he deseado desde la primera vez que lo vi, y sé que él también me ha buscado. No nos jodais con vuestras gilipolleces. Respetad nuestra última voluntad. – concluye Sean, trágico, exageradamente trágico, pero valiente, enormemente valiente al derramar sus sentimientos más profundos en la claustrofóbica atmósfera que nos oprime, el ascensor atascado, la incertidumbre, la vida o la muerte.Nos callamos. Y los miramos sin más. Los vemos desnudarse con suavidad, besarse con ternura, las manos de Lij deslizándose por la fuerte espalda de Sean, que inclinado sobre él, acaricia su blanca piel, lame milímetro a milímetro todo su cuello, sus hombros, sus pezones, su vientre, su polla…Joder, y los oímos, gemidos penetrantes que surgen de la garganta de Elijah, temblando de placer por la mamada exquisita que Sean le está haciendo delante de nosotros. La boca de Elijah se abre buscando aire, y sus dedos de uñas roídas escarban entre el pelo de Sean. Mi polla se hincha y se hincha al ver esa cara divina de Elijah, fotografía en color del placer más exquisito. Siento un beso húmedo que me recorre el lóbulo de la oreja. Es Dom, que me guiña un ojo, y me pregunta si quiero acabar mis días follando, aunque sea con él o con Billy o con Sean o con Elijah.
La caricia húmeda de Dom me pone en órbita. Allá vamos. Si he de morir, que sea de esta forma. Con mis amigos, fulminados por un placer desconocido que nos invade sin pedir permiso, riéndonos en la cara de la muerte funesta, antes de que nos siegue el cuello o la polla con su guadaña afilada. Adelante, follémonos o amémonos, que más da la palabra. En momentos como éste todo sobra, todo, menos el amor.
Billy, Dom y yo nos desnudamos con celeridad, entre jadeos contenidos y sonrisas lúbricas. Y mientras nos liberamos de las ropas, amontonándolas en un rincón del elevador, observamos a Lij y Sean. La boca de éste engulle con sabiduría el miembro de Elijah, como si lo hubiera hecho cientos de veces. Su boca se desliza de la punta a la base, subiendo y bajando, como el puto ascensor antes de averiarse. Y Lij, acostado en el suelo, se retuerce de placer. Joder, estamos locos. Billy me besa, poniéndome los pelos de punta, que gusto, por Dios. Acaricio el culo de Dom, siento su mano sobre mis piernas, atrapando mi polla, haciendo que me estremezca de placer. Billy, Dom y yo, mirando a Sean y Lij, excitándonos con su baile carnal. Elijah susurra que ya no aguanta más, que está a punto de correrse y Sean deja de mamarle, le dice que quiere su virginidad, joder con Sean, es poético hasta la náusea, le pide permiso para penetrarle, con dulces palabras, “Lij, Lij, eres maravilloso, me has hechizado, déjame, déjame que te ame”, Elijah se lo permite, por supuesto, riendo sin poder parar, “Sean, qué gilipollas eres, no hace falta que me pidas permiso con palabras cursis, fóllame de una puta vez y cállate ya”, abre las piernas, Sean se coloca entre ellas, empuja y empuja, Elijah se queja dolorido, joder, que calores me suben por el estómago, al verlos, Sean follando a Lij, que deseo más brutal me devora el alma, increíble, inaudito.
Excitados, Dom, Billy y yo, nos besamos, nos tocamos, jadeamos…Dom tumba a Billy y sin más contemplaciones lo penetra. Yo me arrodillo ante su boca. Billy me la come siguiendo el ritmo que los empujones de Dom proporcionan a su cuerpo. Contemplo a mis dos amigos, observo la perfecta sincronía de sus movimientos y me pregunto si ésta será su primera vez. Juraría que Billy y Dom ya se lo han montado anteriormente, pero no pregunto. Me limito a sentir, a gozar de las sensaciones que la boca y la lengua de Billy me transmiten. Dom me acaricia la espalda y yo, mientras tanto, no puedo dejar de mirar la cara de Elijah contraída por el dolor y el placer. La cabina del ascensor se agita, y la luz del techo parpadea, pero no sentimos miedo. Sean gruñe aplastando con su peso el cuerpo de Elijah, su espalda se contrae y jadea agónico. Se acaba de correr dentro de Elijah y ver eso me excita hasta puntos insospechados. La mamada tan deliciosa que me está haciendo Billy, la cara enrojecida de Sean, los gemidos broncos que salen de su garganta, el calor, el olor a sudor y semen, todo, todo ese cúmulo de sensaciones disparatadas y salvajes, provocan en mi uno de los mejores orgasmos de mi vida. ¡Dios y que corrida!. Mi esperma sale disparado y navega en la boca de Billy. Cierro los ojos y me dejo recorrer por los calambres multicolores de ese éxtasis celestial. Oigo a Lij susurrar que él también se va a la estratosfera. Sean, de nuevo, le está comiendo la polla, y lo está haciendo gemir de lo lindo. Abro los ojos y veo a Lij atrapado entre los temblores involuntarios del puntazo glorioso, joder, todo me da vueltas, Dom también acaba de correrse, Billy grita que más rápido, Dom, más rápido, adiós Billy, adiós….El ascensor, subiendo, subiendo, bajando, bajando, igual que nosotros, igualito, tíos, igualito…Todo termina. Sean apoya su espalda en la pared metálica del ascensor y coloca a Lij entre sus brazos, Billy se abraza a Dom, y yo me tumbo en el suelo del elevador, revoltijo de piernas y brazos. El calor es asfixiante dentro de la cabina, el oxígeno nos falta, todo está pringoso de sudor y esperma, ni idea del tiempo que llevamos alli atrapados, silencio, ahora todo es silencio y calma, después de la tormenta de sensaciones alli desencadenada, sin más testigos que la muerte invisible y latente y el panel de mandos inservible. Cierro los ojos y me adormezco escuchando las respiraciones suaves y pausadas de mis compañeros.
- Tíos, llevamos aquí metidos 3 horas, 45 minutos y 24 centésimas – nos informa Sean, rompiendo el silencio mágico que nos había rodeado, despertándome de mi sopor. – Creo que deberíamos vestirnos. No quiero morir en pelotas. ¿Qué va a decir mi esposa cuando le enseñen mi cadaver desnudo? – exclama Sean con voz dolorida.
- Sean, Sean, ¿pero que coño dices?. – le pregunto mientras me incorporo con dificultad. – Tu mujer no va a ver ningún cadaver desnudo, Dios, Sean, no empieces otra vez con tus neuras. – le regaño airado. – Nos van a sacar de aquí enseguida, lo sé. Sé que ahí fuera están ya los bomberos o los hombres de Harrelson o el FBI o todos juntos, dispuestos a rescatarnos. Vamos Sean, ánimo tío, ánimo. – le digo arrastrándome hacia él y rodeando sus hombros con mi brazo. Elijah, medio dormido y acurrucado en el pecho de Sean, me sonríe agradecido. Sean acerca su cara a la mía y me besa en la mejilla, una, dos, tres veces, y susurra un “gracias, Orlie” que me estremece.
- Sean tiene razón - replica Billy con voz opaca. – Deberíamos vestirnos, y limpiarnos un poco. Imaginad que ahora nos abren la puerta y nos ven así, tíos. Menuda mierda nos caería encima. Nadie tiene que saber esto, tíos, es nuestro secretillo, ¿de acuerdo, chavales?. – nos pregunta juicioso Billy, con expresión seria, sin un ápice de burla en sus ojos.
- Eso ni se pregunta, Billy, tío. – contesta Dom, acariciando el pelo de Billy, recostado sobre su hombro. – Aquí no ha pasado nada, nada. – musita Dom, besando la frente de Billy. ¿Nada?. ¿Nada?. He tenido una de las mejores corridas de mi vida y este pavisoso de Dom dice que no ha pasado nada. Me lo he pasado de puta madre con mis amigos, y dice que no ha pasado nada. Miro a Dom, dispuesto a replicarlo, cuando de repente el ascensor vibra con una sacudida. Nos ponemos en pie, asustados, acojonados otra vez, ríos de adrenalina empapando nuestros nervios, y nos miramos. Otra sacudida más y el ascensor comienza a elevarse.
- ¡Dios, tíos!. ¡Se mueve, coño, mierda, esto se mueve!. ¡Y para arriba!. ¡Tíos, que nos están sacando de aquí!. ¡Que nos sacannnn!. – grita muy alterado Sean, todo sonrisas y lágrimas. - ¡¡Vestíos, joder, vestíos, que nos sacan ya, oh Dios mío, gracias, gracias, nos sacannn, nos sacan, Lijah, cariño mío, nos sacan, Orlie, corazón, Billy encanto, Dom cielo, nos sacan, no vamos a morir, tíos, no vamos a morirrrr!! ¡¡Alabado sea el Señor, oh Christine, oh mis niñas, vuestro padre y esposo vuelve a la vida, Dios mio, gracias, gracias, gracias!! – exclama Sean mientras se viste a toda prisa, sin parar de hablar, sin parar de decir gilipolleces que provocan nuestras carcajadas y nuestros gritos de alegría histérica. ¡Que aventura más, no sé como llamarla, increíble, sí, esa es la palabra, increíble, alucinante, excitante, polvo de ascensor, una experiencia para contar a los nietos, para recomendársela con insistencia, “pequeño, súbete a un ascensor con tus colegas y móntatelo con ellos, yo hice eso una vez, hace muchos años”, “abuelo, que coño dices, otra vez con batallitas, deja de beber que te estás quedando sin neuronas…”. Me río, me río, me destrozo las tripas de tanto reir. Y conmigo se rien ellos, mis colegas, mis amigos, mi gente, mis ascensoriles amantes, Sean, Elijah, Dom, Billy…Cuando el elevador consigue llegar a la planta 21 y los bomberos abren su puerta metálica, lo que ven dentro los deja descolocados por unos segundos: cinco tíos famosetes partiéndose el culo de risa, sudados, colorados, con las chaquetas colgando, los faldones de las camisas fuera de los pantalones, diciendo que están bien, que se lo han pasado estupendamente en su encierro, que recomiendan la experiencia a todo el mundo…Los bomberos deben pensar que somos estúpidos o que vamos puestos de coca hasta las cejas. Los periodistas nos rodean con sus cámaras y sus micrófonos, asediándonos con cientos de preguntas, “has tenido miedo, has pensado que ibas a morir, has rezado tus oraciones, decidnos, contadnos, …”. Secretos de ascensor, queridos periodistas, secretos de ascensor que no se pueden desvelar, travesuras calientes totalmente confidenciales. Como cantaba el papá de nuestra querida Liv Tyler, “Love in the elevator”, estimados periodistas, “Love in the elevator”, subiendo, bajando.
FIN