
Simetría
LOTR
Ahí está mi señor Frodo. Acudiendo a su cita puntual, como todos los días. Entra despacio en el dormitorio, leves pisadas rozando la alfombra, sigiloso, delicado, etéreo. Nada más verme, me sonríe. Dulce sonrisa de azúcar, plagada de placeres sugerentes por venir. Su mirada me deslumbra, como un rayo de sol lanzado directamente contra mis ojos. Ese matiz insólito de azul que pinta sus pupilas, se refleja en mi alma, haciéndome estremecer. Sus ojos me hablan de deseo, de pasión, de sexo, pero también me hablan de amor, de cariño, de entrega. Se acerca hasta mi, y con delicadeza extrema, roza mi mejilla con las yemas de sus dedos.- Buenos días, mi fiel amante - me susurra acercando sus labios a los mios. Un suave cosquilleo calienta mi frialdad. El primer beso del día estalla en el silencio de la alcoba. A ese beso le sigue otro y otro más, devueltos por mis labios con golosa apetencia. Mi alma se caldea, mi corazón se altera. Mi señor Frodo se despega de mi y me vuelve a sonreir. - Luz, mucha luz tenemos hoy, querido amigo. No quiero luz, hoy deseo intimidad y oscuridad. Hoy me apetece hacerte mío entre tinieblas - musita mi señor, alejándose de mi. Se acerca hasta la ventana, situada a mi izquierda y con un movimiento rápido corre visillos y cortinas….Una penumbra acogedora nos envuelve al instante…- Mejor asi, mi amor, mejor asi - vuelve a susurrar mi señor, acercándose de nuevo hasta mi, insinuante, acariciador, terciopelo y fuego en su mirada y en su cuerpo.
Mudo, incapaz de articular una sola palabra, contemplo a mi amo detenerse frente a mi. Extiende de nuevo sus dedos y acaricia mi cabello, mi frente, mis párpados, mis orejas, mis mejillas, despacio, muy despacio, con esa media sonrisa misteriosa que me fascina, con esa suavidad que provoca que todo el vello de mi cuerpo se erice…Una campanada repentina, doce y media de la mañana, surge de las entrañas del reloj que pende de la pared, sobresaltándonos. Mi señor Frodo se lleva la mano al pecho y sonríe, encantador, inocencia marcando su rostro. Yo sonrío con él, al unísono, y también dirigo mi mano hasta mi pecho.
- ¡Que susto, cariño mío! - murmura mi maravilloso amante entre sonrisas, mientras su mirada se dirige al causante de nuestro sobresalto. - Maldito reloj, no te atrevas a turbar nuestro amor - amenaza con voz jocosa mi señor Frodo a la antipática máquina, mientras la señala con dedo acusador. Nuevas risas por su parte, devueltas al instante por mi boca. Pero él enseguida deja de reir para fijar otra vez sus ojos inmensos en mi rostro. - Qué hermoso estás hoy, mi amor. - me susurra, besando mi boca, empapando mis labios con su saliva caliente y su aliento abrasador. Sus manos acarician mi cuello y se cuelan por los pliegues de mi camisa, dibujando la curva redonda de mis hombros. Su lenguia abandona mi boca y se posa ahora en mis hombros. ¡Qué delicia sentir su calor, qué gozo infinito disfrutar de las caricias salidas de sus dedos y labios, qué maravilla saborear el olor limpio y tibio de su cuerpo!…Mi boca se abre, dejando escapar un suspiro débil y húmedo. El me mira, pegando su rostro al mío, y suspira también.
- Déjame que te desnude, tesoro mío, déjame. - me pide susurrante. Le dejo. Sus ropas caen con las mías, desnudos, estamos ya los dos desnudos, piel sobre piel, suavidad de cristal, blancura que brilla en la penumbra cómplice del dormitorio. Permito que acaricie mi pecho y mi ombligo, que moje mis pezones con la punta temblorosa de su lengua, que me abrace hasta casi asfixiarme, recorriendo con sus manos ávidas mis brazos, mi vientre, mis muslos, mi sexo... - Si, mi amor, sí, así, quiero que seas mío una vez más, déjate, déjate hacer, déjate… - murmura jadeante. Mi temperatura se eleva, mi cuerpo se empaña con su aliento, mi corazón se calienta con sus gemidos.. Mi señor Frodo me abraza, frotando su cuerpo con el mío, me besa, me toca, cada vez con más pasión, cada vez con más ardor…Jadeos y gemidos sustituyen al tictac monótono del reloj de pared…- Te adoro, te adoro mi fiel amigo, me enloquece tu cuerpo, tu piel, tu sonrisa, tus ojos…Sé mío una vez más, sé mío…- me susurra al oido. Su mano se desliza entre mis piernas y acaricia mi miembro con maestría. Me retuerzo de gusto sin poder evitarlo…¡Oh, cielos!. Mi señor Frodo sabe como darme placer, siempre adivina mis pensamientos, siempre complace hasta el último de mis deseos más perversos. Abrazado a mi cuerpo, los dos de pie, besa mi boca cada vez con más furia, frota su pecho contra el mío, me masturba con su mano de seda, acariciando incansable mi sexo erecto, arrancando de él descargas insoportables de placer, descargas que me hacen gritar de gusto, descargas que me nublan la razón, descargas que me hacen ver la cara oculta de la felicidad…
- ¡Si, grita, mi amor, grita…Me gusta oirte gemir, disfruta, disfruta de mi, siente, sientélo!. - me susurra una y otra vez mi exquisito amante, mi señor Frodo, el dueño de mi alma, avivando la llama que ruge en mis entrañas…- ¡Sientelo, siéntelo ya! - me ordena jadeante, salpicando mi boca con su saliva, acariciándome ahora con violencia, empapando mi cuerpo con su sudor…Escalofríos terribles recorren mi espalda, tensando mis músculos, "siente, siéntelo"…El éxtasis supremo muerde deliciosamente mis entrañas, cegando mis ojos, pintando el aire de rojo y púrpura. Mis gemidos incontenibles se mezclan con los de mi señor, mientras mi semen se escurre entre sus dedos. Abro mis ojos, buscando el aire que me falta para respirar y lo veo mirarme, con la cara contraída por el placer, los rizos húmedos de su frente goteando sudor, sus mejillas encarnadas, sus labios entreabiertos, brillantes, temblorosos…Con una sonrisa pícara levanta su mano manchada de semen y con la punta sonrosada de su lengua, va lamiendo despacio, goloso, con deleite, el fluido blanquecino salido de mis entrañas que ha quedado impregnado entre sus dedos…- Delicioso, mi amor, delicioso. - me dice entre sonrisas de caramelo…El reloj de la habitación vibra con una única campanada, la una del mediodía, sol en el exterior, penumbra y gloria en el interior del dormitorio. ¡Oh, Frodo, mi señor Frodo, mi amante solícito, mi perversión, dulcemente salvaje, salvajemente dulce!. Contemplo el perfil impecable de su rostro mientras él absorbe las últimas gotas de esperma, y pienso en lo mucho que lo quiero, en la felicidad que derrama sobre mi monótona existencia y en la magia que me regala día tras día, a mi, a su humilde servidor, Frodo, mi señor Frodo, mi amo.Con un suspiro se despega de mi cuerpo, acaricia por última vez mi mejilla y besa mis labios con un roce imperceptible. Recoge sus ropas, seca el sudor de su frente, descorre las cortinas. Mi señor se viste rápidamente, sin dejar de mirarme, sin dejar de sonreirme…- Hasta luego, mi amor.- se despide de mi dulcemente desde el umbral de la puerta. - Volveré a verte por la tarde. - me promete con su mejor sonrisa. Mi señor me lanza un beso con la punta de sus dedos, y me envuelve con el brillo celeste de sus ojos. La puerta se cierra tras él y yo me quedo solo. Solo y vacío, sin su reflejo, sin su calor, sin su imagen.
Pero no temo nada, porque sé que en unas horas él volverá para acariciarme y enloquecerme con sus susurros insinuantes, lo sé. Mi señor Frodo regresará pronto para mirar mis ojos fijamente, mi amo volverá para acariciar mi piel fría y lisa, acudirá a mí para saciar sus ansias de placer, vendrá a mí, a su espejo, superficie de azogue y plata, ovalado, bordeado por un sencillo marco de caoba, sujeto a un par de patas de madera torneadas, yo, su espejo, situado en el centro de su dormitorio, su mejor amante, el que mejor sabe complacerle, el que siempre está dispuesto, el que nunca le abandonará…Me amará a mi, a mi, su espejo, el espejo silencioso de Frodo Baggins, el espejo enamorado de Frodo Baggins, yo, el espejo eternamente fiel, el espejo, azogue y plata, de Frodo Baggins.
FIN