
LUCES DE NEON
RPS de LOTR
Luces de neón girando sobre mi cabeza. Música elevada a la máxima potencia, destrozando mis oidos, enloqueciendo mi cerebro, acelerando mi pulso. Conversaciones que no oigo. Gente, mucha gente a mi alrededor. Oscuridad rota por los relámpagos de esa luz de neón multicolor que me deja sin visión. Sillones de plástico de un color indefinido rodeando la pista de baile circular, de suelo color acero, machacado por cientos de pies convulsos, pertenecientes a cuerpos que se agitan de forma absurda al ritmo de esa música tan infernal y celestial a la vez. Alguien me tiende un tubo alargado de cristal transparente repleto de cubitos de hielo y un líquido amarillento. Es Orlando que, amablemente, me ha traído mi bourbon de la barra de la discoteca. Se inclina sobre mi y me dice algo a voces, pero no oigo sus palabras. Pego más mi oreja a su boca y sus gritos me provocan un dolor sordo en el tímpano.
- ¡¡Digo que si has visto a Lij por aquí, que hay un pavo que lo está buscando!!. – me vocea Orlando, sus ojos negros lanzando chispitas, bañados en la euforia naranja que le está empezando a dar su whisky.
- ¿Quién cojones lo está buscando? – le respondo con rabia, masticando mis palabras. – No, no lo he visto. Estará bailando, o en la barra, bebiendo, yo que sé, joder, ¿por qué coño tengo que saber yo donde hostias se mete? – sigo gritando en la oreja de Orlando, que se aparta de mi un poco, introduciendo su dedo índice en su oido, poniendo gesto de dolor.
- Joder, Dom, que voces tío, me has dejado sordo. No te cabrees, joder. Yo que sé, como siempre estais juntos, joder, tío, que carácter. – me contesta Orlando, palmeando mi hombro, poniéndome cara de niño bueno.
- Vete a tomar por culo, búscale tú, mamón. Me teneis todos hasta la polla con vuestras gilipolleces. – le voceo, enterrando mi boca de nuevo en su oreja.
Orlando se separa de mi, llevándose de nuevo la mano a su oido maltratado por mis gritos desaforados, izando su dedo pulgar hacia arriba, diciendo ok, ok, levantando sus cejas, poniendo cara de susto, estallando en una carcajada que me irrita más aún.
- Uuuu, como estamos hoy, buffff, me largo antes de que me caiga una hostia. Me voy a bailar Dom, tengo a una pelirroja esperándome con las piernas abiertas, nos vemos, tío, y no te mosquees, coño, que hemos venido a pasarlo bien, joder – me dice Orlando risueño, su vaso de whisky bailando peligrosamente entre sus dedos, gotitas de alcohol salpicando su camisa medio abierta.
Mierda, dice que no me mosquee. Me cago en todo, joder. Le sigo con mi vista, hasta que lo veo perderse entre la marabunta de gente que abarrota la pista de baile de la discoteca Blue Cock de Wellington. Es sábado por la noche y está hasta el culo de gente. Gente que bebe, baila, ríe, dice paridas, liga, se divierte. Coño, todos ellos parecen pasarlo de puta madre, menos yo. Me llevo el vaso a los labios y bebo un trago de mi bourbon. Me echo hacia atrás, apoyando mi cabeza en el respaldo del sillón donde estoy sentado, joder, el plástico asqueroso que cubre mi asiento se me queda pegado en los brazos, mierda de todo.
Dónde está Lij, dónde está Lij, ¡y yo que coño sé, joder!, un pavo lo está buscando, me cago en su puta madre, todo el mundo pregunta por él, todo el mundo quiere estar con él, todo el mundo se lo quiere follar, Dios, no lo aguanto. Toda la semana trabajando como un cabrón, madrugando más que el sol, jodido de frío, de calor, toda la maldita semana planeando esta noche de sábado, esperando mi oportunidad, y mira lo que pasa, amigo Dom, tu Elijah se pierde por ahí, seguro que está metido en algún rincón oscuro sobando a alguna guarra o peor aún, lo mismo se ha encerrado en el vater y ahora mismo algún maricón de mierda le está soplando la polla, joder, que rabia más grande. No puedo soportarlo más, no puedo. Me ahogo aquí dentro.
- ¡Dom, Dom, tío,! ¿A dónde vas con tanta prisa?. ¡Espera, joder, espera! – alguien me grita, mientras me agarra del brazo, deteniendo mi salida de la discoteca. Me giro y veo que es Billy, acompañado de una chica rubia.
- Me abro tío, aquí no hay quién pare. Hace mucho calor y la música me está jodiendo los oidos. Venga, nos vemos. – le digo, intentando escabullirme. Pero Billy es insistente. Se pone delante de mi, y no me deja dirigirme a la puerta de salida.
- ¡Espera, espera!. Tómate una copa con nosotros, ven, te presento a Scarlett, Dom, Scarlett, Scarlett, Dom, venga, daros un beso, muy bien, estupendo. ¿Sabes?. Scarlett es de Edimburgo, bueno, su padre es de Edimburgo, ahora me estaba diciendo que… - me dice Billy sin soltarme del brazo, tirando de mi hacia una mesa libre próxima.
Este Billy es la hostia. No sé cuanto tiempo llevaré aquí sentado con él y con Scarlett. Ellos dos no dejan de hablar y hablar, se ríen, Billy arrimándose cada vez más a la chica, pegando su pierna al muslo apretadito de la tía, tan feliz, seguro que pensando en el polvo con el que va a obsequiar a la rubita. Joder, me aburro inmensamente. Y Lij sin aparecer. ¿Dónde cojones estará?. Seguro que solo no. Una punzada de celos me raja el pecho. Hace hora y media me dijo que iba a la barra a pillar algo de beber, y todavía no ha aparecido. Me ha dejado tirado, joder, precisamente hoy que ya lo tenía todo decidido y planeado. Hoy iba a ser el día, hoy.
Mi confesión. Mi declaración de amor. Joder, que absurdo suena, que ridículo, que gilipollesco más bien. ¿Es que no se da cuenta de que estoy chiflado por él?. ¿No se da cuenta de lo colgado que estoy de su sombra?. ¿No me lo ve en la mirada, no lo nota en mis palabras, no lo huele cuando me acerco a él?. Elijah, tío, me gustas, qué coño, te amo, te deseo, quiero que salgas conmigo, que vivas en mi casa, que compartas mi cama, que desayunes a mi lado, que me cuentes tus cosas, que me consueles cuando esté jodido, que me enciendas mis cigarros, que me beses en la boca y me pidas que te folle, por favor, Dom, házmelo, házmelo ya, te necesito, Dom, te quiero, Dom… Mierda, ahí está, por fin aparece, joder, ahí está. Vamos, Dominic, decídete, o todo o nada. Hoy tiene que ser. Hoy. Mañana ya será tarde.
Lij se acerca a nuestra mesa. Viene acompañado de un tío alto, delgado, pelo negro, marcando musculito, quién será, me cago en la leche, quién será este mierda que se atreve a quitarme la adorable compañía de Lij, quién. Mierda, es que le pateaba la cara a este soplapollas, joder, Elijah, pareces tonto, no te das cuenta de que este tío solo quiere aprovecharse de tu fama, Dios, me queman la sangre estos buscones de mierda.
- Si, acabamos de grabar el tercer disco, y dentro de una semana empezamos con la gira de verano. Tocaremos en 15 ciudades de Nueva Zelanda, luego nos pasaremos a Australia, y en septiembre llegaremos a América, Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, Los Angeles, sí, va a ser un flipe – nos dice el acompañante de Lij, un tal Neck o Peck. Qué asco de tio. Un pedante y un engreído de mierda. Es el cantante de Star Dust, un grupillo bastante famoso aquí en Nueva Zelanda, unos cantamañanas que hacen grunge, una mierda pinchada en un palo. Elijah lo mira alucinado, y no deja de hacerle preguntas sobre su música. Lo que me faltaba. Su nuevo disco es el que nos ha estado barrenando los oidos toda la semana en la caravana de maquillaje por cortesía de mi amado Lij. No dejaba de decir que era acojonante ese grupo y mira por donde, hoy conoce al cantante, joder y más joder. No puedo soportar ver como Elijah mira a este hijo de puta de Neck o Peck. No puedo.
- Bueno, nosotros nos vamos a la pista, ¿venis a echaros un bailecito? – dice Billy, levantándose de su asiento, con Scarlett agarrada de su mano.
- No, yo me quedo aquí, ¿te vas con ellos, Dom? – me pregunta Elijah, mirándome con sus ojos transparentes. No lo puedo creer. ¿Me está echando?. ¿Quiere que le deje a solas con el payaso grunge?. ¿Quiere eso?. Pues no le voy a dar ese gusto. Que se joda, yo me quedo aquí, atornillado al sillón, vigilando al buitre carroñero para que no se lleve a mi paloma.
- No, no me apetece, Lij. Me quedo también aquí, con vosotros, vamos, si no os importa. – le respondo, desviando mi vista hacia Neck o Peck, asesinándolo con mi mirada.
- No, joder, tío, ¿por qué iba a importarnos? – me contesta Elijah, pasando su brazo alrededor de mis hombros, acercando su cara a la mía, dejándome muerto con el roce de su piel. Neck o Peck me devuelve la mirada asesina, como si me desafiara. Hijo de puta. No te atrevas a quitarme lo que es mío. No te atrevas.
Elijah y el cantamañanas no dejan de hablar y reir, muy juntitos los dos, y yo no me entero de nada de lo que dicen. La música no me deja escucharlos. Varias veces he visto la mano de Neck o Peck posarse en la rodilla de Elijah. Cuando se inclina sobre él para decirle algo al oido, le agarra por el codo y le pasa la mano por el brazo. Hostias, esto ya es demasiado. Con la excusa de ver el anillo que lleva Lij, el anillo que le compré yo hace dos semanas, le coge de la mano y le acaricia el dedo. Siento un reguero de pólvora correr por mi pecho, chispas de odio saltando por todos lados. No puedo más.
- ¡Ya está bien, Neck o Peck, o como cojones te llames!. Deja de sobar a mi amigo, joder, vete a meter mano a otro, te estás pasando un pelo, capullo, te estás pasando y mucho. – le grito, levántandome con brusquedad de mi asiento, apartando de un manotazo sus manos enlazadas.
- ¿Pero que mierda te pasa, tío?. ¿Estás mamado o qué?. – me vocea el gorgoritos, levantándose también y encarándose conmigo, sus manos agarrándome la camisa con fuerza, dándome empellones.
- ¡No me toques, hijo de puta, no me toques! – le digo amenazante mientras le empujo hacia atrás con fuerza, tirándolo sobre el sillón. La mesa con las bebidas se tambalea y un vaso cae al suelo haciéndose añicos, trozos de cristal saltando por todos lados, el líquido derramándose entre nuestros pies.
Neck o Peck vuelve a levantarse del sillón hecho una auténtica furia y se abalanza sobre mi. Todo transcurre en segundos. Nos enzarzamos en una pelea frenética, rabiosa, brutal. A mi alrededor oigo gritos, veo destellos luminosos, siento manos y brazos que me intentan separar de mi enemigo, pero todo me da igual. Solo experimento una rabia profunda, y todo el dolor, la incertidumbre, el desasosiego que he sentido en estos días lo descargo a base de golpes y puñetazos que se estrellan en la cara del tipo que ha osado tocar a Elijah. El cantamañanas de Star Dust está recibiendo una soberana paliza, pero él tampoco se queda atrás. Tres o cuatro golpes suyos me impactan en la mandíbula y en el estómago, doblándome de dolor, consiguiendo aumentar mi rabia y mi furia. Entre el fragor de la lucha veo a Elijah que intenta separarnos como puede, solo logrando que algún golpe de los nuestros le alcancen de pleno.
Caemos al suelo, arrastrando en nuestra caida la mesa, tirando todo su contenido encima de nuestros cuerpos enfurecidos. Neck-Peck tiene la mala o buena fortuna de quedar bajo mi cuerpo. Ahora si que se puede decir que lo estoy machacando vivo. Joder, que gusto me da golpear una y otra vez su cara de cerdo pestilente, buitre carroñero, vete a joder a otro sitio,deja a mi hombre en paz. Finalmente, una fuerza descomunal consigue arrancarme del cuerpo del tenor grunge. Dos gorilas encargados de la seguridad de la discoteca me hacen levitar por unos segundos en el aire, antes de lanzarme bruscamente contra uno de los sofás de plástico. También levantan a mi adversario, y se colocan en medio de los dos, abortando cualquier nuevo conato de ataque por nuestra parte.
La cara del cantante de Star Dust parece el mapa de carreteras de Illinois. La nariz y la boca le chorrean sangre y su ojo derecho empieza a hincharse de manera alarmante. No deja de mirarme, sus ojos llenos de odio reconcentrado, mientras me insulta de manera incansable. Yo no he quedado tampoco muy bien parado. Me llevo la mano a la boca y me siento un dolor agudísimo. El cabrón me ha debido de partir el labio, y el estómago me arde de tanto golpe recibido. Viene Orlando abriéndose paso entre la gente con brusquedad, aparece Billy con su chica rubita pegada a su mano, veo a Elijah que me mira con ojos extraños, con cara de no entender mi comportamiento violento, callado, su respiración agitada moviendo su pecho con celeridad, Dios, está tan hermoso así, tan apetecible…Sería maravilloso que ahora se acercara a mi y me abrazara, me acariciara la cara, me lamiera las heridas, y que me susurrase al oido palabras de amor. Pero simplemente, después de machacarme con su mirada, se da media vuelta y se va. Se va y me deja solo.
No lo pienso dos veces. Me quito de encima a Orlando, a Billy, a los gorilas y voy tras él. Se dirige a los baños de la discoteca. Me doy cuenta de que la música ha subido de tono. Uno de los gorilas me alcanza y me estruja el brazo. Me dice que no quiere más líos en su discoteca. Le digo que voy al baño para lavarme, que me deje en paz. El Neck-Peck grita que me va a poner un paquete que me voy a cagar. Dos o tres tíos le rodean y lo arrastran hacia la salida. Alguien dice que lo llevan al hospital. Joder, seguro que en unos segundos estará por aquí la policía, mierda y más mierda. Esto no va a ser nada bueno para nosotros. Joder, ya me imagino los titulares de los periódicos neozelandeses: los hobbits arman gresca en el Blue Cock, mierda, Peter me desuella vivo, seguro. Pero ahora lo único que me importa, lo único es Elijah. Tengo que aclarar todo esto. Y ya.
- ¡Eh, Lij!. ¡Espera, tío, espera! – le grito en la puerta del baño. El se da la vuelta y me mira. Está cabreado, lo noto. Esto no me gusta nada. El nunca se enfada. Intento agarrarlo por un brazo, pero se revuelve contra mi.
- ¿Pero qué coño te pasa, tío?. ¿Estás de la olla, o qué? – me contesta con rabia, apartándose de mi, empujando la puerta giratoria de los baños y entrando en ellos. Hay tres tíos dentro, uno meando, otro mirándose en el espejo y el tercero esnifando una raya de coca extendida sobre la encimera de mármol que sujeta los lavabos, sin importarle la presencia de los demás. Los tres nos miran con curiosidad.
- ¡Largo de aquí, tíos! – exclamo mirando a los tres tipos, enfurecido por la actitud de Elijah. Mi cara manchada de sangre y mis ojos de loco rabioso son argumentos más que suficientes para que los tres pavos desaparezcan como por arte de magia. Elijah me vuelve a mirar sorprendido.
- Estás jodidamente loco, Dom, pero loco de atar – me dice acercando su cara a la mía, hablándome muy despacito. - ¿Se puede saber por qué te has liado a hostias con Neck?. No me estaba metiendo mano, joder, ¿pero quién te has creído que eres tú para controlar lo que hago? – me dice con tono despreciativo, mientras gira a mi alrededor.
Abro el grifo del agua y meto mi cabeza bajo el chorro helado. Un latigazo de dolor me sacude el labio. El lavabo se llena de mi sangre, pero me da igual. Me duele muchisimo más que Elijah me hable de esa manera. Mucho más. Cierro el grifo y me seco la cara y el pelo con una pequeña toalla de papel sacada de la máquina que cuelga de la brillante pared del baño. Elijah sigue recriminando mi comportamiento de hace unos minutos. Está realmente furioso. Sus ojos se abren de par en par y le brillan como estrellas, lanzando destellos que me hieren el alma.
- Eres un gilipollas, Dom. Me tienes harto. Te comportas como si fueras mi madre, joder, todo el día detrás de mi, me agobias, tío. ¿Qué pasa?. ¿Es que te gusto?. Dime, ¿te has enamorado de mi?. ¿Me quieres follar?. ¿Es eso?. ¿Y por eso te jode que otros tíos hablen conmigo?. ¿Qué pasa, no me contestas?. ¿Te da vergüenza reconocer que te gusto?. – Elijah me marea con sus preguntas lanzadas contra mi, sin respirar, en tromba, haciéndome mucho daño. No le contesto, mientras sigo secándome las gotas de agua mezcladas con mi sangre que se escurren de mi labio lacerado.
– Joder, Dom, ahora lo veo todo clarito, tío. Te gusto, increíble, ahora comprendo muchas cosas. Ahora sé por qué siempre me buscas, por qué me tocas, por qué me haces regalitos, ahora entiendo por qué siempre te pillo mirándome ja, ja, a Dom le gusto, joder. ¡Pobre Dom, por eso le has cascado a Neck, porque estabas celoso, Dios, celoso, jaja, joder, es patético, tío, patético! – me dice Elijah con palabras llenas de sarcasmo e ironía, mientras se ríe en mi cara, se carcajea de mis sentimientos, sin importarle mi sufrimiento.
Una furia sorda empieza a anidar en mi pecho. Elijah es cruel, muy cruel. Sigue insultándome sin descanso, sin darme tregua, sin dejar que me explique. Le agarro del brazo e intento excusarme, pero él me aparta de un empujón y se va hacia la puerta.
- ¡Déjame en paz, maricón de mierda! – exclama. Una oleada de rabia me sube por el estómago y me nubla la cabeza. Le agarro por la camisa y le estampo contra la pared más cercana, cerrando mis manos con furia sobre su pecho, rasgando la tela de la camisa.
- ¡Escúchame, imbécil, escúchame!. No vuelvas a llamarme maricón, ¿me oyes?. Yo no te hecho ningún daño, sólo quería apartar de ti a ese mamón, que solo quería aprovecharse de ti, gilipollas, solo quería eso, joder, ¿y qué si estoy celoso?. Si, lo estoy, ¿pasa algo?. Si, me jode verte con otros, sí, me muero por ti, me encantaría follarte contra la pared, ¿pasa algo?. Cada minuto, cada segundo que pasa no puedo dejar de pensar en ti, ¿y qué?. ¿Te jode eso?. Pues te aguantas. Y me importa tres cojones lo que pienses de mi. A lo mejor no mereces la pena tanto como yo creo. Ahora veo cómo es en realidad el Lij que yo adoro, un engreído y un estúpido que se carcajea de su mejor amigo, que no puede entender que el pobre Dom se haya colgado de él.- le digo acercando mi cara a la suya, tragándome las lágrimas que luchan por salir a borbotones, mis manos aferradas al cuello de su camisa, oprimiéndole contra la pared.
Maldita sea. Lij me mira con sus increíbles ojos de cielo, pinceladas de distintos tonos de azul cruzando su mirada. Estamos muy cerca los dos, cuerpo sobre cuerpo, le huelo, su calor me traspasa, rozo su piel, tan blanca, tan delicada, como la de un niño, Dios, mi enfado, mi dolor, mi rabia, se transforma en ternura, amor, deseo brutal. De repente él me sonríe, abriendo sus labios para mi, y su boca se acerca muy despacio a la mía. Sus manos suben hasta las mías, aferradas a su camisa, y siento la caricia de sus dedos sobre mis puños cerrados. Mi respiración se acelera, y mi corazón da saltos aquí y allá, descontrolado, loco.
- Dom, joder, no me río de ti. Perdóname, no era mi intención hacerte daño. No era mi intención. – me susurra. Mis manos se aflojan, al mismo tiempo que mi ansia por tenerlo crece y crece. – No me jode que pienses en mi cada minuto y que me quieras follar, no me jode Dom. Me gusta que estés celoso de los demás, me gusta que estés pendiente de mi, me encantan tus bromas, tu forma de ser, me gustan tus ojos, me gusta como eres, Dom, me gusta. – me sigue susurrando, acercando cada vez más a mis labios sangrantes sus labios jugosos, tersos, provocadores.
Elijah me besa. Dios santo, sus labios de coral rozan los mios, muy despacio, arrancándome un estremecimiento de dolor y placer. Con la punta de su lengua lame la sangre que todavía brota de mi labio inferior. Me besa con ternura, besos pequeños, lentos, haciendo que mi cabeza flote en la más absoluta de las sorpresas. ¡Elijah me está besando!. Y no solo eso, sus manos se deslizan dentro de mi camisa, y navegan por mi espalda, sus dedos siguiendo la curva sinuosa de mi espina dorsal. Elijah se aprieta contra mi cuerpo, se enreda en mi piel, me provoca, me excita, me mira con sus ojos deslumbradores y me dice que soy un idiota, pero que le gusto, ¡joder!. ¡LE GUSTO!.
Estoy como acorchado. No puedo reaccionar a sus caricias. Mi labio ya no me duele. Su saliva me ha curado. Sus besos me han hundido en un abismo de placer del que soy incapaz de salir. Oimos voces a nuestras espaldas. Lij se separa de mi con una sacudida, murmurando maldiciones, y cogiendo mi mano, sin dejar de mirarme a los ojos, me arrastra hacia uno de las estrechas cabinas del baño, la del fondo, me mete con rapidez dentro de ella y cierra la puerta. Nos quedamos alli, encajonados, atrapados entre la puerta y el vater. Elijah se vuelve a pegar a mi cuerpo, empujándome contra la fría pared de azulejos grises. Pasa su mano tras mi nuca y atrae de nuevo su cara hacia la suya. Nos volvemos a besar. Ahora sí reacciono. Vuelvo a sentir sus dedos correr por mi piel, su lengua jugar con la mía…El placer corretea por mi cuerpo como un duende travieso llevándose por delante mi sensatez. ¡Dios!. Eljiah abrazado a mi cuerpo, murmurando mi nombre, entregándose a mi. El paraíso en un estrecho cubículo, el paraíso en un baño de la discoteca Blue Cock de Wellington, Nueva Zelanda, Oceanía. El paraíso entre mis brazos.
Nos desnudamos sin decir nada, con rapidez, escuchando las voces de la gente que ha entrado al baño, sin importarnos nada ni nadie. Apoyo a Lij en la pared de azulejos y cubro su pecho desnudo con mis besos ansiosos. Mi lengua juguetea con sus pezones erizados, se hunde en su ombligo, ni nariz siente el cosquilleo de la pelusa que cubre su vientre. Me arrodillo ante él, y busco entre la ropa su pene. El no dice nada, solo gime cuando mi boca empieza a engullir ese trozo de carne sonrosada y palpitante que tantas veces he soñado con tener entre mis dientes. Sus dedos se hunden en mi pelo y empujan mi cabeza contra su miembro, frotando su espalda contra la pared, ahogando sus gemidos, musitando lo mucho que le gusta aquello. Durante un par de minutos gloriosos, mi boca y mi lengua se apoderan de su miembro, dejando a Lij en mis manos, en mi poder, dándole placer y amor.
A duras penas Lij puede contener sus jadeos. Se retuerce y tiembla de placer, volviéndome loco con sus gemidos. Escucho risas tras nuestra puerta, y acelero las caricias de mi boca. Lij gime más fuerte, y yo levanto mi mano, busco su boca y se la tapo, ahogando sus quejidos. Es en ese momento cuando siento sus sacudidas orgásmicas y el sabor de su semen derramándose en mi boca. Extraño sabor agridulce, que abrasa mi garganta, y que me hace sentir como un vampiro que ha sorbido la esencia de su victima. Siento como sus dientes muerden mis dedos, como su saliva corre entre ellos. Retiro mi boca de su miembro y me levanto hasta ponerme a su lado. Lij respira con dificultad y tiembla. Su frente está húmeda y una leve gota de sudor rueda por su sien. Tiene los ojos cerrados y sonríe. Beso esa gota mojada que se pierde en mis labios, saboreando su sal, y lo abrazo muy fuerte contra mi. Ya no escuchamos las risas de fuera. Solo silencio roto por el ruido de nuestras respiraciones y el roce de nuestros cuerpos.
Lij abre sus ojos y me mira. Suspira y se ríe, contagiándome su risa. Resopla y dice cuatro tonterías. Joder, está encantador, apetecible, deseable. Sus mejillas rojas y sus labios húmedos me excitan lo indecible. El tacto de su piel increiblemente suave me vuelve a acelerar el corazón. Un deseo frenético de poseerlo me invade, pero no me atrevo a hacer lo que mi cuerpo me pide. El parece adivinar mis pensamientos, porque se revuelve entre mis brazos y se da la vuelta, apoyando su frente contra los azulejos grises, abriendo sus piernas, ofreciéndose a mi.
No necesitamos hablar. Mi lengua se desliza por su espalda de suave melocotón, llenándose con el sabor salado y picante de su piel, y se detiene entre sus piernas, mojando su abertura. Vuelvo a subir y apoyo mis manos en sus caderas, mientras beso sin descanso su nuca. – Vamos Dom, adelante. No tenemos mucho tiempo. Házmelo ya, vamos, házmelo ya. – me susurra con su dulce voz. Mis neuronas sufren una descarga eléctrica y se vuelven locas, lanzando chispas de deseo aquí y allá. Le penetro despacio, venciendo la resistencia que su cuerpo me opone. Elijah se queja, y cada lamento suyo es como una nueva cerilla que alimenta mi fuego de pasión. Pierdo la cabeza y empujo con fuerza. Elijah ahoga sus gritos de dolor, apoyando su boca contra los fríos azulejos, calentados por el calor de nuestros cuerpos. No puedo parar. Estoy dentro de su cuerpo, y no puedo parar. Un placer inmenso me devora, y no puedo parar.
Ahora mis caderas se mueven solas, aceleradas, enloquecidas. Un nuevo gemido de dolor de Elijah, que golpea la pared con su mano abierta y una tormenta tropical se desata en mi vientre. Relámpagos de placer plateado me achicharran las piernas, me queman el estómago, me explotan en el cerebro. Mi semen se vierte en sus entrañas y no puedo evitar que mis gemidos se eleven por encima de nuestras cabezas y leviten entre los espejos y los grifos del baño de la discoteca, señalando con dedo acusador lo que está sucediendo tras la puerta cerrada de la cabina del fondo. Durante unos segundos me apoyo en la espalda sudorosa de Lij, temblando como una hoja batida por el viento, dejando que las últimas descargas de placer atraviesen mi cuerpo. El se deja abrazar, se deja acariciar, se deja mimar. Ojalá el tiempo se detuviera y nos dejara así por una eternidad, ojalá.
De nuevo oímos ruido de gente que entra en el baño, la puerta giratoria golpeando la pared, grifos abiertos vomitando chorros de agua, risas, voces. Me retiro de Elijah con cuidado, y recojo mi ropa del suelo. Ahora me siento avergonzado. Miro a Lij y veo su cara contraída por el dolor. Mierda, le he hecho daño, joder, le ha dolido. Me disculpo, mientras le ayudo a ponerse la camisa y le ofrezco un trozo de papel higiénico para que se limpie. El me dice que no pasa nada, que se lo ha pasado muy bien, que solo está un poco asustado, que era su primera vez. ¡Su primera vez!. Joder, me siento orgulloso, la alegría me desborda, me entran ganas de gritar a los cuatro vientos que yo he sido el primero, que la virginidad de Elijah me la he llevado yo, joder, yo, Dom, me la he llevado yo. Lij me sonríe, me mira con sus ojos inmensos, llenos de vida, pero no dice nada. De repente me siento fatal, como si hubiese cometido un crimen, como si le hubiese robado algo, un ladrón de sentimientos.
La mano de Lij se apoya en el cerrojo de la puerta y lo descorre, disponiéndose a salir. Mi mano se posa en la suya. – Espera, Lij, espera, escúchame, te quiero, piensa lo que quieras de mi, no me importa, te quiero, te quiero. – le susurro al oido, estrechándole contro mi pecho, besando sin descanso su cuello, acariciando sus suaves hombros una y otra vez con mis dedos temblorosos. – Perdona si te he hecho daño, perdona. Yo…no puedo vivir sin ti, joder, me siento tan orgulloso de haber sido el primero, yo, he soñado tantas veces esto, no sé, Lij, no me rechazes, me mato si me dejas, no puedo estar sin ti, no puedo, lo siento, lo siento Lij. – le digo atropelladamente, sin saber ni lo que digo, asustado de que me rechace, de que me odie por esto que ha pasado.
- Joder, Dom, no me digas eso. No sé qué pensar. Me siento a gusto contigo, me siento muy bien contigo, y esto que ha pasado ahora, también yo alguna vez lo había pensado, no sé Dom. Creo que yo también te quiero. – me contesta Elijah, acariciando mi mejilla, sonriendo como un niño travieso.
Nos volvemos a abrazar y a besar. No puedo creer lo que mis oidos han escuchado. Mi tortura ha finalizado. Elijah me ha confesado su amor, y yo me siento inmensamente feliz. Unos golpes secos contra nuestra puerta nos asustan, rompiendo nuestro abrazo, haciendo que volvamos a la realidad.
- ¡Dom, Lij!. ¿Estais ahí, tíos?. ¡Abrid la puerta, joder!. ¿Qué coño estais haciendo ahí metidos?. – la voz de Orlando resuena en nuestro oidos. Lij y yo nos miramos y nos entra la risa tonta. ¿Cómo vamos a explicar todo este lío?. Dom montando una escenita de celos al Neck-Peck, partiéndole los morros, corriendo detrás de Elijah, encerrándose con él durante más de media hora en el vater, montando un escándalo de tres pares de narices…Seguro que todo el Blue Cock sabe ahora que tras la puerta de la última cabina del servicio de tíos, Dom Monaghan y Elijah Wood se lo han hecho. Joder, hay que inventarse algo que lo tape todo. A nadie le importa lo que ha sucedido entre Elijah y yo. A nadie.
Abrimos la puerta y vemos la cara preocupada de Orlando. Tras él aparece Billy, sin su rubita. Joder, se nos nota. Seguro que sí. Pero Lij, tranquilamente, mientras se coloca el cuello arrugado de su camisa, dice que yo le estaba ayudando a buscar su lentilla derecha. – Tíos, se me había caído al suelo y no la encontraba. Menos mal que Dom tiene una vista de lince y la ha visto. Y luego me ha ayudado a ponérmela. Le ha costado un poco metérmela en el ojo, pero al final lo ha hecho divinamente. Gracias, Dom, ahora sí que lo veo todo claro y nítido. Ya lo creo que sí – concluye Lij, guiñándome su ojo derecho. Nos reimos los dos, sin poder parar, mirando las caras incrédulas y estupefactas de nuestros dos amigos.
- Estais como putas cabras. Habeis montado un lío de cojones ahí fuera. El tipo ese de Star Dust está en la puerta y dice que os va a meter un paquete que os vais a cagar. Yo creo que mejor nos piramos. – dice Orlando, mientras nos dirigimos todos hacia la puerta giratoria del baño.
Fuera no hay nadie. Ni rastro del cantamañanas ni de sus acompañantes. Alguien sensato ha debido decirle que no es bueno para él ni para su prometedora carrera como berreador profesional, que se sepa lo que ha ocurrido esta noche entre nosotros tres. Mejor así. Salimos todos de la discoteca y el aire fresco de la noche nos acaricia la cara. Hace frío. Arriba en el cielo negro brillan las estrellas. Un taxi se detiene ante nosotros y subimos. Elijah y yo, y Billy con su Scarlett, detrás, apretaditos. Orlando se coloca en el asiento delantero. Ni rastro de su pelirroja. El coche rueda veloz, llevándonos a casa. Billy le dice algo al oido a su rubia Scarlett y se besan. Elijah me da un codazo y se sonríe. El también se acerca a mi oreja y me susurra dulces palabras de amor, no sé si en serio o en broma. Me da igual. Aprieto su mano, amparado en la oscuridad del taxi y la noche, y acaricio su muslo con el mío. Me vuelve a doler el labio. Pero Elijah apoya su cabeza en mi hombro y el dolor desaparece.
El taxista gira el sintonizador de la radio del coche y entre pitidos surgen los berridos desacompasados de Neck, al frente de sus Star Dust, “golpea mi cara, golpéala, mi indiferencia se encargará de machacar la tuya, golpea, golpéala”. Elijah y yo nos miramos y nos destrozamos de la risa. No podemos parar de reir, mientras los demás nos miran alucinados. – ¿Qué os habeis metido en el cuerpo, tíos?. – nos pregunta Orlando, girando su cabeza hacia atrás. Nuevas carcajadas por nuestra parte. Joder, Orlando, si supieras lo que nos hemos metido en el cuerpo. Un buen chute de amor y pasión. Y no veas como nos ha corrido por las venas, no te imaginas lo que nos ha hecho alucinar esa mezcla explosiva, no, no lo sabes. Elijah vuelve a apoyar su boca en mi oreja y me dice que le invite a desayunar. Me giro y miro sus ojos. Brillan como las estrellas que se asoman por nuestra ventanilla.
Elijah duerme entre mis brazos, su cabeza apoyada en mi hombro, sus brazos enroscados en mi cintura, sus piernas sobre las mías. Yo no puedo conciliar el sueño. De vez en cuando Lij se agita en sueños y yo le beso la frente y acaricio su piel, hasta que vuelve a respirar tranquilo. Dios, lo he conseguido. He logrado que salga conmigo, que viva en mi casa, que comparta mi cama, que desayune a mi lado, que me cuente sus cosas, que me consuele cuando estoy jodido, que encienda mis cigarros, que me bese en la boca y que me pida que le folle una y otra vez, sí, lo he conseguido. He alcanzado su amor, tan deslumbrante como las luces de neón. Lo he conseguido.
FIN