F

RPS de LOTR

Situémonos en el espacio y el tiempo. Un país, Nueva Zelanda, su capital Wellington, y ubicada en su interior, Cuba Mall, una de sus zonas más céntricas. Situada en ella, la fuente de Bucket, original, llamativa estructura de hierro negro, adornada con formas geométricas rojas, azules y amarillas, armazón abstracta, construcción emblemática del Wellington moderno, punto de encuentro, reflejo de la ciudad. Y ahora hablemos del tiempo: ¿qué tal un mes de febrero de 2000, un sábado cualquiera, 2 y cuarto de la madrugada?. Perfecto. Y si ahora colocamos en este espacio-tiempo a las personas adecuadas, tendremos el comienzo de una nueva historia: F, efe de fuente, efe de felicidad, efe de ... efe.


I.
Dom observa sin pestañear cómo su amigo Elijah orina sobre la fuente de Bucket. El chico se ha subido al pequeño muro de cemento que bordea la construcción, apenas unos 40 centímetros de altura, y desde alli, piernas abiertas, cuerpo tambaleante, risotada tras risotada, ensaya su puntería sobre el armazón de hierro negro, salpicado aquí y allá de extrañas formas geométricas pintadas de rojo, azul y amarillo. Unos focos situados en el fondo de la pileta de la fuente se encargan de iluminar en la oscuridad de la noche el diseño vanguardista de la fuente de Bucket. Chorros de agua fluyen desde el fondo de la pileta, ascienden por la estructura metálica hasta llegar a su cima, y una vez alli, vuelven a descender, mojando hierro y formas en un circuito continuo sin final.
Dom contempla el arco perfecto que Elijah traza con su orina, intentando alcanzar el eje metálico de la fuente. El muchacho, a pesar de la borrachera que dobla su cuerpo y asfixia su cerebro, consigue acertar en el blanco, y el líquido caliente que sale de su cuerpo pronto se mezcla con el agua que serpentea entre los hierros. La luz de los focos difumina en forma de fina lluvia agua y orina por igual. Fascinado, Dom mira ese arco iris que brota del cuerpo de su amigo, oye sus gritos de satisfacción, ve su rostro congestionado, y de repente se sorprende sintiendo, entre brumas de alcohol, el deseo urgente de tener entre sus manos el miembro de su amigo, de tocarlo, de lamerlo, de empaparse de lluvia dorada, de emborracharse de ella.
- ¡¡Mira, Dom!!.¿Has visto que puntería tengo?.¡¡En todo el centro, le estoy dando en todo el centro!!. – grita Elijah entre risas histéricas, descargando la vegija sobre la fuente, carcajadas del resto del grupo, palabras obscenas, signos de aprobación, dos tipos más que se suben al bordillo de la fuente y acompañan a Elijah en su acción. Y Dom sonríe a su amigo, confuso, aturdido, excitado, sediento de él, los ojos fijos en el chorro que escapa del cuerpo ebrio de su amigo, incapaz de comprender porqué en esos instantes daría media vida por follárselo. - ¡¡Vamos, tío!!. ¡¡Sube tú también!!. ¡¡Echale una meada a la fuente, vamos...!! – invita Elijah arrastrando las sílabas, whisky en vez de sangre corriendo por sus venas, ajeno a los deseos que está despertando en su colega.
Y Dom, hipnotizado, sube a su lado, y mirándolo, baja la cremallera de su pantalón, saca su miembro, orina en la fuente...Elijah ríe sin parar, lágrimas corriendo mejillas abajo, "hostia, tío, hostia, tío, que risa", ignorante de los pensamientos lúbricos de su amigo, mejillas encarnadas, ojos brillantes, frente húmeda, siguiendo con la vista la trayectoria de la meada de Dom, riendo, riendo sin parar. Segundos más tarde, el grupo de amigos se alejan calle abajo vociferando, celebrando su hazaña, empujándose unos a otros, estruendo de carcajadas, un grupo de amigos que ha salido un sábado por la noche de marcha, un grupo de amigos que se divierten sin más. Elijah rodea los hombros de Dom con su brazo y lo zarandea, "hostia, Dom, tío, que descojone, tío, que descojone..". Y él lo mira, le contesta que sí, suelta cuatro imbecilidades que provocan más carcajadas al chico, se abraza a su cintura, respira su olor, se excita otra vez..."Dios, daría media vida por follármelo, por follármelo...".


II.
Dom despierta de repente atacado por una naúsea. Lo primero que perciben sus ojos al abrirse es una luz violenta que hiere sus sienes, como si fuera una corona de espinas afiladas. El chico se incorpora con lentitud llevándose las manos a la cabeza, mientras una nueva náusea le sacude el estómago. Su boca está reseca y sus oídos zumban.
- ¡Joder, puta resaca!.- murmura dolorido Dom. Sus ojos ruedan de derecha a izquierda, intentando adivinar dónde se encuentra. Recuerdos confusos de la noche anterior explotan en su cabeza. - ¡Joder!. ¿Dónde coño estoy?.- se pregunta al tiempo que intenta levantarse de la cama en la que yace, revoltijo de sábanas húmedas. Su cuerpo desnudo choca entonces con algo a su izquierda. Ese algo es una espalda también desnuda unida a una cabeza poblada de enmarañados cabellos de color negro. Dom se da cuenta de que es un hombre. - ¡Mierda!. ¿Quién cojones es éste tipo? – se pregunta en voz alta Dom. Se inclina sobre su desconocido compañero de cama y lo gira con dificultad. El rostro pálido y dormido de Orlando aparece entre el amasijo de sábanas, sobresaltándolo. - ¡¡Dios, pero qué es esto.....!! – exclama Dom. Su primer impulso es salir corriendo de la cama, y así lo hace, girándose hacia su derecha. Pero otro obstáculo se lo impide. Dom comprueba con estupor que esta vez es Elijah el obstáculo que no le deja descender de la cama. El chico duerme boca arriba, con los labios entreabiertos, estirado, desarropado, desnudo, la luz que se filtra por el ventanal bañando su cuerpo tibio, casi frío. Una oleada de naúseas ataca implacable a Dom, que gime angustiado...- ¿Pero que hostias ha pasado aqui, qué?... Dom salta por encima del cuerpo de Elijah, se pone en pie en medio de la habitación, y vacilante echa un vistazo a su alrededor, buceando desesperado en el cajón de su memoria, intentando recordar qué demonios ha sucedido en ese cuarto que le resulta vagamente familiar. De repente, como un chispazo eléctrico, la luz se hace en su recuerdo.


III
Orlando, se encontraron con Orlando en la puerta del "Guns", después del episodio de las meadas en la fuente. El salía del local acompañado por unos amigos, y les invitó a ir a su casa para tomar una copa y seguir con la juerga del sábado noche.
- Tíos, están cerrando ya todos los baretos, los muy gilipollas. Ahora nos íbamos a mi casa, ¿os venis, tíos? – propuso Orlando. Dom y Elijah accedieron sin pensárselo dos veces. Los fiestones en casa de Orlando eran gloriosos y no era cuestión de perderse ni uno. – Cojonudo, tíos – dijo Orlando sonriendo, chispas de plata brincando en sus ojos oscuros, rodeando los hombros de sus dos amigos con los brazos. – ¡¡Todo el mundo a mi casa!!. Lo vamos a pasar de puta madre, tíos, de puta madre...
Dom se rasca la cabeza a medida que los recuerdos le vienen a la mente. Sí, la fiesta en casa de Orlando estuvo bien. Música, whisky, tabaco, coca, chicas hermosas, la pantalla del televisor escupiendo escenas de películas pornográficas, parejas que comienzan a besarse en mitad del salón, tríos que desaparecen tras las puertas de las habitaciones, cuartetos que comienzan a practicar ante los ojos de todos lo que se ve en la pantalla del televisor, más música, más alcohol, más cocaína.....Dom se estremece de frío, y con el dolor martilleando en sus sienes, busca algo con que taparse. Encuentra sus pantalones colocados encima de una butaca, retorcidos, arrugados, y tira de ellos, dispuesto a vestirse. Debajo aparece la camisa de Elijah, también echa un desastre. Elijah. Dom se pone los pantalones con dificultad, y gira la cabeza para mirar al muchacho que duerme en la cama, destapado, inmóvil, pálido como la leche, manchitas moradas cubriendo su cuello, su pecho, sus hombros, sus piernas, el sexo fláccido destacando entre ellas, y recuerda, y recuerda, y recuerda....- Joder – musita cariacontecido – joder...Elijah....


IV
Dom no podía apartar su vista de él. Elijah bailaba solo en un rincón del salón, en una mano un cigarro humeante, en la otra una botella de Jack Daniel’s medio vacía, ajeno a todo, ignorando la orgía que los cuatro amigos de Orlando, tres chicas y un chico, se estaban marcando en el centro del salón ante las carcajadas y la excitación general de todos los presentes. Danzaba con los ojos cerrados, Joy Division, se colgaba el cigarro de la boca, bebía de la botella, derramando el líquido dorado sobre su barbilla y su camisa, haciendo hervir la sangre de su amigo Dom. Este, excitado además por la visión, el sonido y el olor que desprendía la orgía que se estaba desarrollando ante él, volvió a sentir el picotazo salvaje del deseo de tener a Elijah, "Dios, qué ganas de follármelo, qué ganas de follármelo...". Una de las chicas, entonces, se acercó a Dom, enroscó los brazos alrededor de su cuello, y acercando su cara lo besó en la boca, mientras que sus dedos se colaban abrasadores en el interior de la bragueta de sus pantalones, saltando botones, erizando la piel del chico. Dom cerró los ojos, se sentó en el suelo con ella entre las piernas e imaginó que esa mujer suave era él, que la boca pintada era de él, que el olor dulce que emanaba de su piel era de él, que los dedos ágiles que frotaban su miembro eran de él, Elijah...
- ¡Hostia, tío, cómo arrimamos la cebolleta! – escuchó entonces Dom que le decía Elijah con lengua de trapo y risas jadeantes. Abrió los ojos y lo vio frente a él, borracho como nunca lo había visto antes, tambaleante, sudoroso, flotando en la euforia del alcohol. El chico se inclinó sobre la pareja entre carcajadas, tropezó y cayó encima de ellos. Dom tembló al sentir el tacto de la piel del muchacho, y jadeó excitado ante la posibilidad de que Elijah y él se lo montaran juntos, aunque fuera con la chica por medio.
- Ven, cariño, ven con nosotros – susurró melosa la muchacha, abrazando a Elijah y besando su oreja. El se rió, pero apartó a la chica de su cuerpo con suavidad, se levantó con dificultad, y sin dejar de sonreir comenzó a andar en dirección a las escaleras que conducían al segundo piso de la casa. – No, tíos, yo paso de esto, que luego mi madre me regaña, oh si, mamá no me deja que haga guarradas, no, no, no... – balbucía Elijah doblado de risa, chocándose con paredes, sillas y personas. – Uy, uff, perdón, joder, vaya moco que llevo, uff, coño, me meo vivo, ¿dónde pollas estaba el váter?. ¡¡Orlie!!. ¿Dónde cojones está el baño en esta casa, tío?. ¿Qué?. ¿Arriba a la derecha?. Ah, si, ya me acuerdo, la segunda o la tercera puerta, joder, que mierda llevo encima, ufff, jajaja, mamá mira, estoy tajado, y mis amigos se están follando ahi en mitad del salón, joder, Dios, jajaja, como me viera ahora, jajaja, ufff, dónde huevos está el váter, dónde....
El muchacho comenzó a subir las escaleras de dos en dos, agarrado a la barandilla, dibujando eses, trastabillando, riéndose y hablando consigo mismo. Y mientras Dom, tumbado en el suelo con la chica sentada encima de él, lo miraba, decepcionado, frustrado, excitado..."Dios, quiero follármelo, tengo que follármelo, voy a follármelo...".

 

V
Dom alcanzó a Elijah justo cuando éste entraba en el cuarto de baño. Había abandonado a la chica del salón con la excusa de que él también necesitaba ir al servicio. Con dos zancadas rápidas había subido la escalera, y con el corazón latiendo desbocado se plantó tras Elijah. Este, sin percatarse de la presencia de su amigo, entró en el baño y se encaminó vacilante hacia el inodoro. Levantó la tapa con estrépito y se llevó las manos a la bragueta del pantalón, "me meo, me meo, me meo, joder, me meo", dispuesto a bajarse la cremallera, Dom detrás de él, silencioso, devoraba con los ojos la nuca sudorosa del chico, "Dios, quiero follarte, necesito follarte, Elijah, Elijah...".
- Elijah, tío – susurró entonces Dom, colocándose junto a él. El muchacho giró su cabeza con lentitud, sin parecer sorprendido por la aparición repentina de su amigo. Lo miró con ojos chispeantes y le sonrió.
- Ey, colega, ¿qué pasa, tío?. Jajaja, ¿vas a mear antes de descargar, jajaja? Pues a la cola, tío, que yo estaba primero, joder, la mierda de la cremallera, será hijaputa, se ha enganchado, joder, que me meo por la pata abajo, ufff... – exclamó el chico luchando con la cremallera atascada. Dom sintió un vuelco en su estómago, y sus manos temblorosas se posaron sobre las de Elijah. Era su oportunidad...
- Deja que te ayude – susurró con voz ronca Dom mirando al chico. Elijah explotó en carcajadas, y apartó las manos de Dom, encogiéndose sobre si mismo, rechazando su ayuda.
- Ey, colega, ¿qué haces, capullo?. Quita, joder, que yo no soy el putón ese de abajo, jajaja, ya puedo, ya puedo yo...- exclama el muchacho entre risas. Dom sonríe, cerca de él, muy cerca. Tan cerca que siente su calor y el roce de la piel de sus brazos desnudos. Tan cerca que casi puede besar sus labios oliendo a whisky y tabaco. Tan cerca...
- Déjame que te la saque, Elijah, tío, anda, y luego déjame ver como meas. Me ha gustado verte mear en la fuente, antes, me has puesto cachondo, ¿sabes?. Déjame, déjame sacartela, tío, déjame - suplicó Dom sugerente, voz acariciadora, sus dedos atreviéndose a acariciar la mejilla y la garganta de su amigo.
- Ja ja ja, ¿pero qué hostias dices?. ¿Qué te he puesto cachondo en la fuente?. – gritó Elijah ahogándose de risa. Pero Dom no se rió esta vez, y sin poder aguantar más, atrapó la cabeza de su amigo entre sus manos, y tembloroso, ávido, sediento, le besó la boca, un beso salvaje, engullendo labios, lengua, un beso desesperado, salpicado de saliva, un beso goloso, un beso que apenas sorprendió a un Elijah aturdido por el alcohol, un beso que lo encendió, un beso que despertó sus instintos más primarios, un beso que devolvió, entre las brumas del whisky, a un Dom cada vez más excitado y enfebrecido.
- Dios, Elijah – gimió Dom separándose de él un instante, acariciando con su nariz el rostro de su amigo. El aludido sonrió, se dejó acariciar, "me has morreado tío, jajaja, me has morreado, hostia, jajaja, mamá, Dom me ha morreado, un tío me ha morreado", voz estropajosa, ebria, incrédula. – Sí, sí, te he morreado, y tú a mi, ¿y qué?. Déjame que te la saque, vamos, déjame que te folle, venga, lo pasarás bien, te lo juro, vamos, déjame que te lo haga, déjame – suplicó Dom entonces, desabrochando los botones de la camisa de su amigo, deslizándola sobre sus hombros, dejándola caer al suelo. Elijah hilvanó carcajada tras carcajada, y permitió que Dom besara su pecho, su cuello, su estómago, como si fuera un juego inocente.
Dom, entonces, se arrodilló a sus pies y con su rostro a la altura de la cintura de Elijah desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera de la bragueta sin ninguna dificultad, hurgó en su interior jadeando excitado, terminó de deslizar el pantalón y el boxer del chico muslos abajo, y con dedos temblorosos tomó entre sus manos el miembro de éste. Entonces sintió las yemas de los dedos de Elijah clavándose en su cabeza, "me meo, Dom, que me meo, jajaja, me meo". Un deseo voraz enloqueció a Dom, que sin pensárselo dos veces, se introdujo el miembro de Elijah en la boca, lo lamió con fruición, paladeando con placer el sabor de su carne. Elijah gimió, se encogió sobre si mismo, apretó más fuerte la cabeza de Dom contra su cuerpo, volvió a gemir, "¿qué haces, joder, que haces?", esta vez serio, mirando a su compañero con ojos desorbitados, velados por el alcohol, incapaz de reaccionar, apenas sintiendo nada. Dom alzó su vista y lo miró. El chico volvió a gemir, y Dom, tembloroso, aceleró el movimiento de su boca. Entonces sucedió.

VI
Un chorro potente de orina inundó la boca de Dom, y antes de que pudiera reaccionar, Elijah sacó su miembro de la boca de su amigo, en un breve instante de lucidez. Pero Dom, encendido, enardecido por el hecho de ver cumplida su fantasía imaginada en la Fuente de Bucket, agarró de nuevo con suavidad el miembro de su amigo, y dejó que el líquido ardiente y dorado le salpicara, deslizándose por cara, cuello, pecho, manos, brazos...Elijah apenas protestó, tambaleante, incapaz de controlar su esfínter, parpadeando, alucinado por lo que veía entre brumas, sintiendo a la vez confusión y alivio placentero al descargar por fin su vegija. Lluvia, lluvia dorada sobre su amigo. Gemidos, jadeos de Dom, restregándose el miembro de Elijah en la cara, en la boca, mientras éste seguía orinando, mojando, manchando a su amigo, azulejos, suelo, toallas. Dom deslizó su mano derecha hasta alcanzar su propio miembro, y comenzó a masturbarse frenético. Elijah volvió a reir, una risa ahora débil. Mareado, se inclinó hacia adelante hasta apoyar su frente en los azulejos fríos de la pared, y se estremeció de placer sintiendo el calor de la boca de Dom, y el alivio de su vegija ya por fin vacía. El chico gimió satisfecho, gotas ya mínimas brotando de su cuerpo, gotas que Dom, masturbándose sin parar, recogía con su ávida lengua glotona, ciego de placer, disfrutando con su fantasía hecha realidad.
- Joder, Dom, ¿te he meado, tío, te he meado?. Dios, no puede ser, estoy colgado, estoy tajado como una puta cuba, no puede ser, esto no es real, no es real, no – susurró Elijah con la frente apoyada en la pared, Dom enroscado en su cintura apurando los últimos restos de la lluvia dorada, acariciándose entre jadeos, "sí, sí es real, sí es real, sí, joder, sí, sí..."
- ¿Qué es real, tíos?. ¿Qué...pero..?. ¡¡Joder!!. ¿¿Qué mierda estais haciendo en mi baño?? – se oyó de repente. Dom levantó asustado la cabeza y la giró en busca del dueño de esa voz. Era Orlando. Orlando en mitad del cuarto de baño, con una chica pelirroja abrazada a su cintura. Orlando desternillándose de risa, señalándolos con el dedo. Orlando también borracho, pero no lo suficiente como para no darse cuenta de lo que acaba de suceder entre Elijah y Dom.
- ¡Ey, Orlie, jajaja!. – exclamó Elijah separándose de Dom, subiendo sus pantalones. – Le estaba meando a Dom, ¿oyes eso?. – sigue diciendo el chico, acercándose a Orlando y su pareja. - Le he meado, tío, y mientras le meaba, él me chupaba la polla, y ahora se estaba pajeando, jajaja, y... – gritó Elijah entre risotadas.
- ¡¡Cállate, joder!! – chilló a su vez Dom, levantándose de golpe, arreglando su ropa. Avanzó hasta el chico, y le propinó un golpe en el hombro. - ¡¡Cállate, gilipollas, estás mamado!! – volvió a gritar Dom, chorreando vergüenza, mirando de reojo a Orlando y la muchacha. Elijah trastabilló con el empellón de Dom, y chocó contra uno de los espejos de la pared. Irritado por la reacción de su amigo, Elijah se encaró con él.
- ¿Yo mamado?. ¡Serás hijo de puta!. ¡Tú sí que has mamado bien de mi polla, colega!. – acusó levantando la voz, el gesto contraído por la ira. El puño de Dom voló directo a la mandíbula de Elijah. La pelirroja ahogó un grito, tapándose la boca con las manos, pero Orlando fue más rápido y se interpuso entre los dos chicos, abortando el puñetazo. El brazo de Dom se quedó suspendido en el aire, mientras los dos se lanzaban miradas asesinas, separados tan solo por el cuerpo de Orlando.
- ¡Ey, ey, ey!. ¡Vale, vale, tíos, vale! – gritó Orlando, intentando calmar la situación. – Ya está bien de gilipolleces. En mi casa no quiero bulla, ¿entendido?. Aquí hemos venido a divertirnos, no a liar broncas. Venga, tíos, ya os estais dando la mano, joder, venga, ¡qué os deis la mano he dicho, cojones! – ordenó tajante Orlando.
Elijah y Dom continuaron mirándose, enfurecidos, resoplando, remisos a obedecer a su pacificador. De pronto, con Orlando entre medias de los dos, Elijah acercó su rostro hasta Dom, y antes de que nadie hablara o hiciera algo, extendió su brazo, posó su mano en la nuca de Dom, lo atrajo hacia si, y besó su boca. Dom sorprendido, intentó separarse, pero pasado ese primer impulso producto del asombro, respondió al beso de su amigo. Orlando soltó una palabra malsonante, y contempló boquiabierto el beso húmedo de sus dos amigos, labios y lenguas chocando con evidente placer.
- Joder, vale, tíos, vale, ya me quito de enmedio. – rió Orlando separándose de sus amigos entre gestos de profundo asombro. La pelirroja soltó un "bufff, vaya señor morreo", y se rió también. Dom y Elijah, ajenos a todo, continuaron besándose y frotando sus cuerpos, abrazados, jadeantes, separando sus bocas de vez en cuando para mirarse a los ojos y volver de nuevo a la carga.
- Ejem, Orlie, cariño - carraspeó la chica. – Creo que sobramos aqui. Vámonos ya, me parece que tus amigos quieren algo de intimidad. – dijo con suavidad acercándose al muchacho.
- Bueno, eso parece, Katie, eso parece. – corroboró Orlando, rodeando su cintura. El chico observó los rozamientos lascivos que se prodigaban sus dos amigos y por un momento su respiración se aceleró. – Ummm, mira, escucha, encanto, vete bajando tú, que yo voy ahora.No me fío de estos dos colgados. Lo mismo en cuanto nos demos la vuelta comienzan a cascarse de nuevo, y no me apetece que me salpiquen el baño de sangre. Bastante tengo con que se me hayan meado fuera del vater, joder...Anda, cariño, baja, enseguidita estoy contigo, ¿vale preciosa? – dijo mimoso Orlando, empujando a la chica hasta la puerta. Katie miró maliciosa a Orlando y le guiñó un ojo.
- Claro, amor, claro. Yo te espero abajo. Que disfrutes, cielo. – susurró Katie ya en la puerta, besando la punta de la nariz de su amigo, adivinando lo que se estaba fraguando en la mente de Orlando. Este sonrió sorprendido, mientras contemplaba como la muchacha bajaba por las escaleras para unirse al fragor de la fiesta que continuaba desarrollándose abajo, en su salón.
- Jodida Katie, pero que lista es, ¿cómo ha podido saber que yo...?.En fin, mujeres... – musitó Orlando encogiéndose de hombros. - Bien, bien, señores, ¿por dónde ibamos? – preguntó entonces, volviendo la vista hacia sus dos amigos, que continuaban besándose con ardor ajenos a Katie, ajenos a Orlando, ajenos a todo...

 

VII
Un crujido de sábanas devuelve a Dom al presente. Sus recuerdos se quedan interrumpidos en el instante en que Elijah sorprendentemente comenzó a besarlo tras el amago de pelea surgido entre ambos. Más ruido de sábanas revueltas, un quejido, un bostezo, alguien que se levanta de la cama entre tropiezos. Es Orlando. El muchacho avanza hacia Dom con las manos sobre la cabeza, gruñendo tacos y ayes, con los ojos semicerrados, con evidentes muestras de sufrir la más espantosa de las resacas.
- Uff, joder, ¡que dolor de cabeza!.¡Mierda de resaca, uff estoy jodido, pero jodido jodido jodido!. – se queja Orlando mirando a Dom entre parpadeos. El muchacho pasa por su lado, extiende su mano y palmotea el hombro derecho de Dom. – ¿Qué pasa, tío?. Buenos días, por decir algo. Joder, que mal me encuentro, uf, voy a mear y a meter la cabeza debajo del grifo a ver si reacciono.- susurra con voz estropajosa, atravesando la habitación, alcanzando la puerta, saliendo al pasillo en dirección al cuarto de baño. La actitud natural de Orlando desconcierta a Dom, que como un autómata va tras sus pasos, deseoso de saber lo qué ha sucedido entre ellos horas antes.
- Oye, Orlando, ¿qué coño ha pasado esta noche?. – pregunta Dom desde el umbral de la puerta del cuarto de baño, observando como su amigo, totalmente desnudo, se inclina sobre el lavabo y abre el grifo. Un chorro de agua fría se desliza por su cabeza y su cuello, empapando su pelo. El chico bufa y gira su cabeza, salpicando los azulejos y el espejo. Dom repara entonces en el estado catastrófico en el que se halla el cuarto de baño, como si un huracán lo hubiese barrido de arriba a abajo. Toallas desperdigadas por el suelo, un par de botes de aceite corporal tirados en mitad del suelo, destapados, su contenido esparcido entre las losetas del suelo, las puertas de la ducha abiertas de par en par, salpicones de agua corriendo por sus cristales sucios, un par de botellas de whisky vacías, un pantalón vaquero por acá, un zapato por allá, olor, olor a humedad rancia, orina, aceite corporal, whisky...
- ¡Aggg, que fría está el agua, mierdaa!. – se queja Orlando bajo el agua. -¿Qué qué ha pasado esta noche? – replica el muchacho. - ¿Es que no te acuerdas, tío? Aug, mi pobre cabeza, ufff, necesito un kilo de aspirinas, ay. – se lamenta incorporándose, buscando una toalla con la que secarse.
- No, no me acuerdo, bueno, sí, no sé...- duda Dom rascándose la cabeza, haciendo esfuerzos dolorosos por recordar, brumas y claros en su memoria. Orlando mira a su amigo, se acerca hasta él, sonríe, acaricia su mejilla con barba de tres días.
- ¿Qué no te acuerdas? Ja ja ja, pues yo sí que me acuerdo de todo, tío. Yo te diré lo que pasó anoche aquí. Nos follamos a Elijah, tío, sí, sí, no pongas ese careto. Tú y yo. Nos lo cepillamos aqui dentro, en la ducha, los dos, tío, tú y yo. Joder, Elijah estaba tan colgado que yo creo que no se enteraba de nada de lo que le estábamos haciendo. Pero tú y yo sí que nos dábamos cuenta de todo, joder, ya lo creo que sí. – sonríe Orlando poniendo los ojos en blanco. – Y cuando terminamos de follarlo, le entró una vomitona acojonante, puag, demasiado whisky, colega, y se tiró no sé cuanto tiempo poteando con la cabeza metida en el vater. Tú te pusiste como loco, casi llorando, gritando que se iba a morir, jajaja, ¡a morir!, y yo ahí tirado en el suelo, partiéndome el culo a reir, y tú venga a llamarme cabrón, chillando que me callara, que Lij estaba muy mal. Estuviste con él a su lado, sujetándole la frente, limpiándole la boca, hasta que ya no le quedó nada por vomitar. Y luego lo llevamos entre los dos a mi habitación, lo acostamos en mi cama, nos metimos un par de tiritos para relajarnos, y entonces nos follamos nosotros, con Lij entremedias de los dos durmiendo la pava. Eso fue todo, tío, jajaja, sí, créetelo. Nos lo pasamos de puta madre, tío, sí, sí, ¿no te acuerdas ahora?. – gesto negativo y contrariado de Dom. - Bueno, ya te acordarás, y seguro que querrás repetirlo – concluye Orlando risueño, levantando las cejas, acariciando el hombro desnudo del estupefacto Dom. – Oh Dios, necesito un café y una aspirina ya. Discúlpame, tío. Voy a la cocina a ver si encuentro alguna, ¿te subo algo?. ¿No?. Vale, como quieras... .
Orlando se envuelve en una de las toallas arrugadas que yacen en el fondo de la ducha y sale del cuarto de baño murmurando algo sobre la "jodida resaca", dejando a Dom tembloroso y desconcertado. Sí, se acuerda, ahora recuerda todo con claridad. Lo recuerda, pero no está seguro si quiere volver a repetirlo. Con paso cansado regresa a la habitación de Orlando. Elijah continúa durmiendo, aunque ha cambiado de postura.. Ahora yace de medio lado, en posición fetal, abrazado a la almohada, los poros de su piel erizados de frío. Dom estira las sábanas sobre su cuerpo, abrigándolo, se sienta a su lado, acaricia su frente, besa sus párpados, recordando, recordando todo por fin
- Oh Dios, Elijah...


VIII

Cuando Katie abandonó el cuarto de baño, Orlando se acercó hasta sus amigos y contempló divertido cómo se besaban y abrazaban, cerca, muy cerca de ellos, excitándose. Pronto Dom, ignorando la presencia de Orlando, comenzó a desnudar a Elijah, que se dejó hacer entre gemidos. Entonces Orlando arrugó la nariz, "puag, oleis a cuadra, tíos, ¿os hace una ducha?", y metiéndose entre la pareja, deshizo sus abrazos, los empujó hasta el borde de la ducha, comenzó a tirar de sus ropas entre las protestas de Dom y las risas histéricas de Elijah, se desnudó él también, se introdujo en la ducha arrastrando con él a Elijah, "venga, Dom, vamos a ducharnos, tío, venga, joder, hueles a cerdo meado, venga"... Dom accedió de mala gana, y entró junto a ellos, irritado por la intromisión de Orlando, celoso de las caricias que éste, sin ningún rubor, comenzaba a deslizar por el cuerpo de un Elijah cada vez menos dueño de sus actos.
- Joder, tío, estás más follable que esa pedazo de zorra de Katie, joder, joder...Dom, vamos, ¿nos tiramos a este bombón?. Mira que culo tiene el cabrito. – susurró manoseándolo con manos nerviosas, Elijah riendo, flotando en un espacio y un tiempo que no era el actual. – Está pidiendo a gritos una buena metida, ¿verdad, Dom?. Venga, tío, no pongas esa jeta, si no se va a enterar, ¿no ves lo mamado que está?. Este ahora no sabe ni cómo se llama, venga, tío, abre el grifo y pásame el jabón, vamos, coño, no seas gilipollas, venga, dale tú primero, y luego yo, anda, venga, ¿a qué esperas?. ¿Es que no te mola?. ¿No te mola follártelo bajo el agua? – musitó Orlando muy cerca de la oreja de Dom, provocándole. Dom, aturdido, vacilante, sonrió, mientras Elijah, tambaleante, desnudo, pasaba sus brazos sobre los hombros de sus amigos, "¿qué pasa, nos duchamos o qué, ducharme, quiero ducharme, agua, agua, agua..." . Dom besó entonces la boca de Elijah, jadeando, los ojos enrojecidos de Orlando brillando de deseo urgente, siguiendo el movimiento de ese beso, bandera de salida que iniciaba el juego...
La catarata de agua caliente surgió del grifo adosado a la pared de la ducha, empapando a los tres chicos. Pronto el cuarto de baño se inundó de vapor, empañando espejos y cristales. Orlando y Dom acariciaban, besaban, frotaban el cuerpo de Elijah. Burbujas de jabón irisadas flotaban alrededor de los tres, murmullos, jadeos, gemidos, agua, agua, más agua...Dom lo hizo primero. Se colocó tras Elijah, deslizó sus labios por la nuca y los hombros del chico, lamió su espalda, untó su mano de aceite transparente, lo extendió entre sus piernas, y suavemente, comenzó a penetrarlo. La espalda de Elijah se estremeció, quejidos débiles tapados enseguida por la boca de Orlando, que situado frente a él, lo sujetaba fuertemente. Dom empujó y empujó, cada vez más descontrolado, agarrado a las caderas de Elijah, apoyando la barbilla en su hombro, su mejilla pegada a la de él, rozando la cara de Orlando, uniendo su lengua a las lenguas de Orlando y Elijah, deseo salvaje recorriendo los muslos de Dom, excitado por los gemidos apagados de Elijah, excitado por los jadeos roncos emitidos por la garganta de Orlando, "sí, eso es, Dom, dale bien, le gusta, te gusta, me gusta, dale, dale bien..."
Y cuando el placer dobló las rodillas de Dom y lo dejó sin aliento, Orlando tomó el relevo. Penetró al exhausto Elijah que se apoyó en el pecho de Dom, mientras éste mordisqueaba su cuello y acariciaba su miembro de pie ante él. "Tíos, tíos, no quiero, no quiero más agua, quiero salir, salir, salir, dejadme, dejadme...", se escuchó la voz del muchacho de repente. Débilmente intentó apartar su pálido cuerpo del de los otros dos, al tiempo que una arcada sacudía su pecho, seguida de otra y otra y otra.
- ¡Lij!. ¿Qué coño te pasa?. – preguntó Dom asustado. Orlando entonces jadeó ruidosamente, eyaculando dentro del cuerpo del chico, cada vez más doblado por las arcadas secas. - ¿Te encuentras mal?. ¿Qué te pasa, qué..?.¡Joder, Orlando, apártate de él, fuera, no ves que que Elijah está jodido, quita, quita!!! – gritó desesperado Dom, empujando a Orlando, saliendo de la ducha con Elijah entre sus brazaos, empapados, conduciendo al muchacho hasta el inodoro. Y una vez allí, Elijah, entre jadeos y quejidos, vació todo su estómago, ante la angustia de Dom, y las risotadas de Orlando...
- ¡¡Deja de reirte, capullo!!. ¡¡Qué dejes de reirte he dicho, joder!! – casi sollozó Dom sujetando la frente empapada de Elijah. – Oh Dios, Elijah... .

IX
Elijah se estremece y abre los ojos muy despacio. Su frente se arruga al recibir de lleno la luz solar de la mañana. Murmura algo, se cubre la cabeza con los brazos, se queja dolorosamente, saliendo poco a poco de su inconsciencia. Dom se levanta presuroso y baja la persiana hasta dejar la habitación en semipenumbra. Elijah entonces se incorpora con lentitud y bostezando lo mira, sonríe y pregunta dónde está.
- En la cama de Orlando, tío. ¿Qué tal estás?. ¿Ya mejor?. Anoche me asustaste mucho, joder tío, qué manera de potear. Pensé que te ibas a morir. Pero cuando acabaste de echar todo te trajimos a la cama y te quedaste frito. ¿Te duele algo?. ¿Te apatece un vaso de agua, una aspirina, te ayudo en algo?. – pregunta solícito Dom, acercándose hasta su amigo y volviendo a sentarse a su lado, contemplando su rostro, reprimiendo las ganas de acariciar su pelo.
Elijah lo mira con gesto dolorido, con la mente vacía de recuerdos, tratando de ubicarse en el espacio y el tiempo.
- Dios, que dolor de cabeza, tío, que dolor – musita el chico, volviendo a tumbarse en la cama. – No vuelvo a beber, joder, juro por Dios que no vuelvo a beber más...Mierda, Dom, estoy fatal, ¿que hice, que hice anoche?. No me acuerdo de nada, bueno, sí, me acuerdo de la fuente de Bucket, y de que nos meamos en ella, y luego la fiesta de Orlando y, y...Dios, Dios no...tu estabas con esa piba dándote caña en el salón, y yo subi a mear, y entonces, de repente, tú estabas debajo de mi, y yo te echaba toda la meada encima y, y...joder, Dom, nos estuvimos morreando, y luego nos duchamos, ¿verdad?, y a mi me dolía todo en la ducha, y ...joder, Orlando estaba también, los dos, estábais los dos conmigo en la ducha, joder... me estuvisteis magreando los dos, pero...y yo no quería, no quería...Mi ropa, ¿dónde está mi ropa?, no, déjame, calla, no me toques, me voy, me quiero ir, no, no escucho, no, nooo, mi ropa, mi ropa, DONDE ESTÁ MI ROPA, DONDE ESTA M... - recuerda todo Elijah, se avergüenza, se enfurece, se quiere morir Elijah. El chico sale tambaleante de la cama, apartando a manotadas a Dom de su lado, buscando su ropa desesperado.
- Espera, escucha, espera por favor, tranquilízate...- suplica Dom alterado. Pero Elijah no se atiene a razones. Tembloroso, con la cabeza gacha, resoplando, se viste apresurado, y dando tumbos sale de la habitación...- Espera, ¡¡espera por favor!! – gime angustiado Dom. A él también le escuecen ahora los recuerdos. Entre llamaradas explotadas en su cerebro, rememora lo sucedido entre él y Orlando una vez que acostaron al chico en la cama de este último. Orlando preparó cuatro rayas de coca sobre el cristal de la mesilla de noche, y con voz dulce ofreció la droga a Dom, "cálmate, Dom, ven, vamos a meternos unos tiritos, venga tío, a Elijah no le pasa nada, joder, míralo, está durmiendo la pava plácidamente, anda, vamos a continuar nosotros con lo nuestro, ¿sabes que me has puesto muy cachondo en la ducha?, venga Dom, vamos, vamos Dom...".
Y Dom se limpió las lágrimas, y aturdido con las palabras y las caricias dulces de Orlando, esnifó el polvo blanco junto a él. Unos minutos más tarde los dos reían y jugaban. Quince minutos más allá, los dos se revolcaban sobre las sábanas, con el cuerpo inerte de Elijah entre ellos, ajeno a todo. Un par de horas más tarde, rendidos, agotados, manchados de sudor, saliva y semen, Dom y Orlando cerraban los ojos, acurrucados los dos, fin de la fiesta, fin del placer, fin ...
- ¡¡Elijah, espera!!. – se desgañita Dom bajando las escaleras de la casa de tres en tres. Alcanza al chico justo en mitad del salón, sorteando cuerpos y copas vacías, lo agarra de un brazo, lo voltea, se encara con él. - Deja que te explique, por favor... Elijah apenas si sotiene su mirada, las mejillas pálidas, los ojos enrojecidos, la respiración agitada, oliendo a whisky y resentimiento. Pero no aparta su brazo, y ya no grita.
- Joder, tío, os habeis pasado un huevo conmigo. Os aprovechásteis de que yo estaba mamado y no sabía por dónde me andaba, joder, os habeis pasado, cabrones, os habeis pasado de la raya.- se queja Elijah con voz suave, sus ojos repletos de dulce reproche. Dom agacha su cabeza, comido por la pena, avergonzado, incapaz de replicar a su amigo. Suspira y eleva su mirada. Su mano abandona el brazo del chico y se apoya en su hombro en señal amistosa. Elijah no lo rechaza.
- Lo siento, Lij, lo siento mucho, no sé que me pasó, no lo sé, no lo sé... – se disculpa Dom, cada vez más apesadumbrado y abochornado.
- Ey, ey, ey ¿cómo que lo sientes, Dom? – la voz irónica de Orlando surge tras sus espaldas. – Vamos a ver, tíos. Aqui todos nos lo pasamos cojonudamente anoche. Sí, joder, no me mires asi, Elijah, to-dos. Cuando yo entré al baño, vosotros estábais disfrutando como cabrones con la juerga de la lluvia dorada, jajaja, y cuando nos lo montamos en la ducha, tú, niñato, te lo estabas pasando de vicio. Lo que pasa es que te dio el bajón y se jodió todo. Pero si no llega a ser por eso, tú todavía estabas metido en la ducha, follando, fo-llan-do con nosotros, jajaja, ¿verdad Dom? – Orlando ríe a carcajada limpia, una aspirina en la mano, un vaso de agua en la otra.
La mirada de Elijah se enturbia, aprieta los labios, y así, en silencio, atraviesa el resto del salón, alcanza la puerta de la calle y sale fuera. Dom gruñe un "ya hablaremos, capullo", dirigiendo una mirada fría a Orlando y sigue los pasos de Elijah. El chico se ha sentado en el bordillo de la acera y contempla la avenida desierta, mañana dormida de domingo.
- Lij, deja que te explique...- susurra Dom sentándose a su lado, rodeando sus hombros con el brazo. El chico se aparta ligeramente, rechazando el gesto amistoso de Dom con cansancio.
- Va, quita, déjame. Déjalo estar, Dom, déjalo. No quiero hablar más de esto, quizás Orlando tenga razón, quizás a mi también me gustó el juego de anoche, no lo sé. Ahora solo quiero llegar a casa y quitarme este puto dolor de cabeza, nada más...¡Ey, taxi, taaaxiiii! – exclama poniéndose en pie, llamando a un coche negro con franjas amarillas cruzando sus costados, uno de los pocos coches que circulan por la vacía avenida. El taxi frena con un chirrido seco y se detiene ante los muchachos. Dom, luchando contra el nudo que se le ha enquistado en la garganta, agacha su cabeza, "lo he jodido, lo he jodido todo", se frota la nariz, se le humedecen los ojos, traga saliva en un intento por suavizar el dolor que siente en su pecho.
- ¿A dónde señores? – pregunta el taxista, treinta y muchos años, bajando la ventanilla.
- A Queenstown, Makoare 113 – contesta Elijah introduciéndose en el vehículo. El muchacho sujeta la puerta un instante, vacilando. De repente dirige su mirada al cabizbajo Dom, todavía sentado en el bordillo. - ¿Vienes, tío? – invita más que pregunta Elijah a su amigo. Este levanta su mirada, ve su sonrisa amistosa e inocente, su aspecto demacrado, sus ojeras, los chupetones extendidos por todo el cuello...- ¿Subes o qué? – repite Elijah sonriendo con dulzura.
- Joder, Elijah...claro que voy. – brinca Dom, sonríe Dom, vuelve a ser feliz Dom, la invitación de Elijah curando el escozor de su corazón. Los dos amigos no hablan en todo el camino, sentados uno al lado de otro, muy juntos, las curvas del trayecto provocando roces de sus cuerpos. Silencio absoluto, ambos recordando retazos de la juerga de la noche anterior. Solo cuando entran en la zona de Cuba Mall, y se detienen en el segundo semáforo de la esquina, paralelo a la calle de la fuente de Bucket, se rompe el silencio. Allí está, a unos metros de los dos muchacho, la fuente de formas geométricas caprichosas y llamativas, sin funcionar todavía, huérfana de agua, silenciosa, solitaria, despertando a los primeros rayos del sol dominical.
- Mira, Dom, la fuente, la fuente de Bucket – susurra Elijah con una sonrisilla burlona.
- Sí, tío, la fuente, la jodida fuente de Bucket – repite Dom con un guiño travieso. Los dos muchachos se miran, se sonríen, creen entenderse sin hablar, sentimientos gemelos, sobran explicaciones y palabras.
- Oh si, la fuente de Bucket. – surge la voz chillona del taxista. Los dos chicos dejan de mirarse y concentran su atención en el hasta ahora silencioso chófer. – Je, bonita fuente, sí, pero bonita, bonita, el orgullo de Wellington, je. Hace años, cuando yo era un chaval , bueno, jeje, locuras de juventud, mis amigos y yo, con una tajada encima impresionante, nos meamos en ella, jeje, - confiesa el hombre, causando una auténtica explosión de carcajadas a sus dos pasajeros. – Sí, coño, no se rían ustedes. Yo tendría más o menos su misma edad, y ya les digo. Pusimos la fuente perdida de meadas, jeje, oh Dios, que tiempos aquellos, que tiempos, amigos, que tiempos...
Elijah y Dom ríen sin poder parar, y el taxista los acompaña en sus carcajadas, pensando que es su hazaña del pasado la que ha provocado la hilaridad de sus clientes. El semáforo cambia de rojo a verde, y el vehículo sale disparado calle adelante, desapareciendo la fuente de su vista.
- Pensaran ustedes que soy un jodido majara, pero les recomiendo que prueben alguna vez a hacerlo. - aconseja el taxista, mirando a sus pasajeros por el espejo retrovisor. Risas, carcajadas de Dom y Elijah - . Sí, sí, es una experiencia única, mearse en la fuente más famosa de Wellington, ya lo creo que si, ya lo creo, se lo digo muy en serio, señores, muy en serio – añade el conductor ahora con semblante serio. Dom alarga su mano y da una palmadita amistosa en su hombro.
- Y nosotros le creemos, amigo, nosotros le creemos, ¿verdad que si? – dice Dom posando su vista en Elijah. Y éste asiente entre risas, "si, si, sí, le creemos, joder que si le creemos...". Las carcajadas suben de tono, hiriendo los oidos del pobre taxista. Frunce el ceño y se concentra en conducir, mientras piensa en el par de gilipollas que ha subido a su taxi "niñatos, payasos, esto me pasa por intentar ser amable con el personal, pues no se están riendo de mi, los muy cabrones, joder, no tienen ni idea de lo que es divertirse, estúpidos, anda descojonaros de mi todo lo que querais, no sabeis lo que es divertirse, no no teneis ni puta idea, será posible...".
El automóvil sigue su camino, enfilando la avenida, mientras la fuente de Bucket se va quedando atrás. La fuente, la fuente de Bucket...si ella pudiera hablar...¿cuántas historias nos contaría?...

 


FIN

Chuxi

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