
EL REPOSO DEL GUERRERO
LOTR
Desencuentros…
Camino por un campo de tierras color naranja y cielo violeta. A mi derecha y mi izquierda se levantan altas murallas de piedra roja y negra. Espirales de humo gris se elevan en el horizonte, lejos, muy lejos de donde yo me encuentro. No hay nadie conmigo. De repente me invade el vértigo y el temor. ¿Dónde estoy?. ¿Qué extraño paraje es éste?. Un dolor agudo me corta la respiración. Un dolor que comienza en la punta de mis dedos y se extiende por todo mi brazo, me atraviesa el pecho, me sube por el cuello, me nubla el cerebro. Una rueda de fuego imperceptible surge en la lejanía, rompiendo el color violeta del cielo, transformándolo en rojo y azufre. ¡¡El ojo!!. ¡¡Es el ojo de Sauron que me vigila de nuevo!!. Con mano torpe busco el anillo que cuelga de mi cuello, escondido entre mi camisa, quemando mi piel y mi alma, y lo atrapo, cerrando mi puño alrededor de él con fuerza inusitada. Al instante siento como se va transformando en fina arena dorada, escurriéndose entre mis dedos, mientras el ojo en el horizonte crece y crece. Una voz horrenda sale de él, perfora mis tímpanos, me arroja al suelo, me vuelve loco…Es el lamento de Sauron, que llora por su tesoro extraviado, que me culpa de su pérdida, que me abrasa con su venganza…Chorros de luz incandescente vomitados sin piedad por ese ojo acusador, como lágrimas vertidas por un hijo perdido, caen sobre mi, aplastándome sobre el suelo yerto y resquebrajado…Me siento morir, morir, morir, agobiado por un dolor insoportable, zarandeado por gritos de aire y resentimiento, golpeado por la furia irreprimible de Sauron, me siento morir, morir, morir…
- Despierta, buen hobbit, despierta, despierta… - oigo de repente una voz familiar salida de la nada. El dolor insoportable de mi hombro desaparece y en su lugar me queda la sensación de una leve presión de unos dedos fuertes, cálidos y amistosos depositados sobre mi hombro. Mis visiones horrendas se desvanecen, la tierra azufre y fuego de mi pesadilla se disuelve como humo, al igual que el ojo infame y sus alaridos de venganza…Abro los ojos lentamente y observo lo que se extiende ante ellos. Un par de caras amistosas, con semblante amable, se inclinan sobre mi. Las reconozco al instante. Uno de los rostros pertenece a Aragorn, el montaraz que dentro de poco será proclamado rey de los hombres, y la otra cara que me mira con ojos dulces, plagados de destellos de luz, es la de Legolas, príncipe de elfos. Parpadeo confuso y sus rostros se hacen más claros y nítidos…La luz se hace en mi cerebro, disipando las brumas del sueño y la desorientación. Estoy en Minas Tirith, en las Casas de Curación, reponiéndome de mis heridas del cuerpo y del alma tras el cumplimiento de mi dolorosa misión, la destrucción del Anillo Único de Poder, el tesoro de Sauron, Señor Oscuro. Aragorn es el encargado de sanarme en estos días aciagos y alegres a la vez. Me incorporo con dificultad de mi cama, me apoyo sobre mi codo y lo miro.- Ah, Aragorn, Legolas, sois vosotros - digo con voz desmayada. - Tenía otra pesadilla, pero ya pasó. - me lamento pasando mi mano por mi frente sudorosa y ardiente. Con un suspiro, vuelvo a tumbarme sobre mi cama, sin dejar de mirar a mis dos visitantes, que me sonríen con ternura. Aragorn se sienta en el borde de mi lecho y acaricia mis sienes empapadas. Con un pequeño pañuelo perfumado enjuga el sudor que corre por mi frente, lo desliza por mi cuello y mi pecho, secando mi angustia.
- Tranquilo, Frodo, tranquilo. - dice Aragorn apretando suavemente mi mano herida contra su pecho. - No pienses más en ello. ¿Cómo te encuentras hoy?. Veamos cómo están tus heridas. - me pregunta amablemente. Con delicadeza desenrrolla la venda de hilo que cubre mi mano mutilada. Mi dedo amputado sale a la vista. Un borde negro, de sangre reseca y cauterizada, rodea mi dedo índice segado a la altura de la primera falange. Aragorn lo observa con detenimiento. No puedo evitar estremecerme ante la visión de mi dedo destrozado por la dentellada salvaje que me propinó el desgraciado Gollum. El futuro rey de los hombres me mira y sonríe. - ¿Por qué esa cara tan seria, mi querido Frodo?. Tu dedo está muy bien, está curando rápidamente y casi me atrevo a decir que ya apenas tienes dolor. Dentro de una semana podrás levantarte de la cama y pasear por Minas Tirith.- me dice risueño, mientras extrae de una pequeña bolsa de cuero negro un frasco transparente, lleno de un ungüento verdoso. Lo destapa, hunde sus dedos en el interior y extiende sobre mi dedo herido una pequeña porción de pomada verde. Al instante una sensación de bienestar recorre mi cuerpo, aliviando mis dolores y elevando mi ánimo.
- Gracias, Aragorn - le digo agradecido. El me sonríe y acaricia con las yemas de sus dedos mi mejilla. Sus ojos brillan de una manera extraña y mi corazón se altera, sin saber el motivo. La mano de Aragorn abandona mi cara y se posa en mi cuello. Su calor tórrido me traspasa la garganta. Vuelve a sonreirme, al tiempo que sus dedos se despegan de mi cuello y bajan hasta mi pecho desnudo. Con delicadeza, su mano se posa sobre mi corazón. El ritmo de mis latidos aumenta. El contacto de su mano áspera deslizándose sobre mi piel, despierta emociones confusas en mi cuerpo. Emociones muy parecidas al deseo carnal. Los ojos de Aragorn me taladran. Su dedo índice sube hasta mis labios, y con él los recorre lentamente, haciéndome cosquillas, dibujando el contorno de mi boca. Extrañado y algo asustado, ladeo la cabeza, separando mi boca de la caricia perturbadora de su dedo. Aragorn vuelve a sonreirme e intercambia una mirada burlona con Legolas. El elfo le devuelve la sonrisa, me mira con sus ojos profundos y se sienta también en el borde de mi cama, a mi derecha. Un deseo inconfesable de que Legolas también acaricie mis labios con sus dedos de seda, de que deslice su mano por mi garganta, de que me abrace y me consuele, invade hasta el último rincón de mi conciencia. ¿Qué me sucede?. ¿Porqué esa quemazón repentina?. Miro desconcertado a mis dos visitantes, sin saber que hacer ni que decir, sintiendo que mi cara arde de vergüenza e incertidumbre.- Frodo, no temas nada. - me dice el elfo con su voz aterciopelada. - Veo en tus ojos miedo y turbación. Pero también veo la estela inconfundible del ansia de cariño y amor. Tu mirada está pintada con el color del deseo, Frodo. Mucho has sufrido, querido amigo, mucho has sacrificado por nosotros, mucho has perdido para que todos ganáramos nuestra tranquilidad. Por eso, Aragorn y yo, queremos darte nuestras gracias, hoy mismo,sin más dilación. Deseamos mostrarte nuestra inmensa gratitud con una pizca de lo que sabemos que necesitas. - continua diciendo Legolas, arrastrando sus palabras, dulces y armoniosas, solemnes y misteriosas. Lentamente, su mano derecha se posa en mi cuello, se desliza tras mi nuca, se agacha sobre mi, sin dejar de mirarme, acerca su cara a la mía, un mechón de su cabello de oro cae sobre mi frente mojada, cierro los ojos, incapaz de soportar su mirada de estrella, instintivamente abro mi boca, su aliento se cuela en ella, sus labios me rozan, la punta de su lengua recorre mis labios suavemente, disparando mi deseo, enterrando mis sufrimientos. Me abandono a él. Su lengua deja de viajar por mis labios temblorosos y se introduce en mi boca, timidamente al principio, arrolladora como un ciclón después. Legolas me besa. Un beso de amor, con el color inconfundible de la pasión, amargo y de azúcar. Su saliva se mezcla con la mía, sus dientes chocan con los míos, su nariz se funde con la mía…Devuelvo sus besos sabios y enloquecedores con desmañados besos de principiante, me dejo envolver por su olor, disfruto con su calor prohibido, me excito al hundirme entre sus brazos, tiemblo como una hoja batida por el viento…Legolas despega su boca de la mía y comienza a morder mi cuello. El filo de sus dientes, apenas mordisqueando mi piel, hace que me incorpore y me siente en la cama bruscamente, jadeando el placer exquisito que esos bocados de amor me han provocado. Extiendo mis brazos y rodeo su cuello con ellos, abro mis ojos excitado, encendido, con el cuerpo y el alma caliente, olvidando la timidez y la sorpresa.
- No tan deprisa, Frodo Baggins, no tan deprisa. - murmura el elfo, despegándose de mi abrazo y empujando con su mano mi pecho palpitante, obligando a que me tumbe de nuevo sobre mi cama. Mi respiración agitada se oye por toda la habitación, mientras miro aturdido a Legolas. Los rayos de sol que penetran por el enorme ventanal situado tras la cabecera de mi cama, se estrellan en su rostro, arrancándole destellos. Su sonrisa me deja sin resuello. Aragorn, sentado a mi izquierda, vuelve a acariciarme la mejilla.
- Legolas tiene razón, Frodo. No tan deprisa, mi pequeño hobbit. - susurra Aragorn. Me acaricia la frente, apartando mis rizos húmedos de sudor, se levanta de la cama y se dirige hacia la puerta de la habitación. Su mano se posa en el pequeño cerrojo situado junto a la cerradura y lo corre, dejando la puerta atrancada.
- No queremos que nadie nos moleste. - aclara Aragorn. - Legolas y yo deseamos estar a solas contigo, en esta mañana radiante y hermosa. No aceptamos intromisiones, no nos apetece tener testigos impertinentes, anhelamos estar contigo, Frodo, los dos, solo los dos, compartiéndote, sintiéndote y haciéndote sentir, amándote hasta dejarte rendido, hasta que el mismo sol nos abandone y se oculte tras el horizonte -susurra Aragorn con voz hipnótica.¿Cómo dices? - pregunto titubeante, sin apenas dar crédito a nada de lo que me está diciendo. -¿Qué significa todo eso, Aragorn?. ¿Legolas?. ¿Acaso os estais burlando de mi?. ¿Amarme hasta dejarme rendido?. Pero, pero, ¿qué aberración es esa?- pregunto escandalizado, sintiéndome avergonzado de repente por mis propios deseos surgidos hace escasos instantes, deseos ocultos de ser besado, ser tocado, ser poseído por ellos, ansias de revolcarme con ellos entre sábanas caóticas y empapadas, deseos, deseos aberrantes y viciosos. Legolas y Aragorn se miran entre si y sonríen.
- ¿Aberración? - me replica Legolas dulcemente. - No es ninguna aberración el que yo quiera besar tus labios y acariciar tu piel, tan suave, tan pura, tan virgen. ¿Aberración dices?. - continua Legolas extendiendo su mano y acariciando mi hombro desnudo bajo la camisa. - No, no es ninguna aberración. Tú mismo has vibrado con mis besos hace apenas unos minutos. No, Frodo, no. Es amor, amor, solo amor. - concluye el elfo, deslizando sus dedos por mi brazo, erizando mi piel con sus caricias. No puedo, no puedo creer lo que escucho. Aragorn se inclina sobre mi y besa mi cara lentamente, pequeños besos húmedos que cubren mi frente y mis sienes, mi nariz, mis párpados, el lóbulo de mi oreja. Su barba me rasca, pero sus besos me excitan de nuevo, el furor salvaje del deseo revolviendo mi estómago, adueñándose de mi mente.
- Oh, Frodo, desde el primer momento que te vi, allá en Bree, en aquella infecta posada, asustado, temeroso, ingenuo, desvalido, me llegaste al corazón. - me confiesa Aragorn entre besos ardientes que cubren mis mejillas y mi cuello. - No podía creer que alguien tan frágil como tú en apariencia fuera el portador de algo tan maligno. Me emocionó tu valentía, me cautivaron tus ojos inocentes y limpios, tu cuerpo blanco y menudo levantó mi pasión - me susurra mientras desliza sus brazos tras mi espalda y me estrecha contra su pecho con suavidad. Percibo sus músculos poderosos a través de la delgada tela de mi camisa, me dejo arrullar por el sonido monocorde y mágico de su voz templada, escucho con sorpresa su declaración de amor.
- ¿Y Arwen?. ¿Y la Estrella de la Tarde? - le pregunto confundido. - Tú estás unido a ella desde siempre, es tu prometida, es la destinataria de tu amor, ¿no es cierto Aragorn?. ¿Qué está pasando aquí?.- vuelvo a preguntarle separándome de él por unos instantes, con mi mente hirviendo en un maremagnum de preguntas, dudas, desconcierto y deseos indomables que me torturan sin cesar. Aragorn suspira y me mira con ojos dulces que destellan tristeza repentina.
- No me preguntes lo que no sé contestarte, Frodo. Yo amo a Arwen, pero también te deseo a ti. No sabría como explicarlo. Quizás Legolas, con su sabiduría élfica, producto de su longeva vida y experiencia, pueda hablarte mejor de ello que un simple mortal como yo, agobiado por el peso de mis sentimientos contradictorios. - me contesta Aragorn levantándose del borde de mi cama. El futuro rey de los hombres mira al elfo con ojos graves. Pero Legolas sonrie con bondad, y es como si un rayo de paz sobrevolara nuestras cabezas.
- Aragorn, Aragorn, no busques explicación a lo inexplicable. Tú amas a Frodo, lo amaste desde el primer momento que lo viste, tú mismo lo has confesado, al igual que yo. Nuestro primer encuentro fue en Rivendel, en el Concilio de Elrond, ¿recuerdas mi valiente hobbit? - me pregunta el elfo clavándome su mirada. - Los elfos no nos mezclamos con las razas inferiores, pero cuando vi tu hermoso rostro y escuché tu voz decidida, ofreciéndote a destruir el Anillo Maldito, un amor puro y sincero por ti comenzó a anidar en mi pecho,un amor que no he podido arrancar desde entonces y que no quiero hacerlo, Frodo Baggins. Lo que siente Aragorn por ti, lo siento yo también. Déjanos cruzar tus puertas, permítenos elevarte hasta el hogar de las estrellas, consiente en ser nuestro cómplice en el agridulce campo de batalla del amor. - me suplica el elfo con voz sugerente, inclinándose sobre mi, acariciando el perfil de mi mejilla, hipnotizándome con la luz que irradia su rostro sereno y tremendamente bello.…Silencio en mi boca, dudas flotando sobre mi cama, el deseo armado con espada puntiaguda de plata libra una batalla a muerte con mi razón vestida de armadura de negro hierro…Legolas y Aragorn, Aragorn y Legolas, ofreciéndose a mi, declarándome su amor, prometiéndome el edén…Dudas, dudas y más dudas…Aragorn vuelve a sentarse a mi lado, junto al elfo, y espera paciente mi respuesta…De repente, una sonrisa leve y misteriosa curva los labios de Legolas. El ya ha adivinado cual es mi decisión antes de que salga de mi boca…
…Y encuentros
Aragorn y Legolas se desnudan entre si, delante de mi cama, y a cada prenda que cae al suelo, surge un beso o una caricia. Sus bocas se unen, mezclando saliva y pasión, sus dedos recorren la piel del otro, excitando mis sentidos, acelerando mi respiración. Me dejan contemplar algo nunca visto por mis ojos, juegos de amor excitantes, dos hermosos cuerpos desnudos en toda su plenitud enlazados, fundidos, besos, caricias, jadeos, sudor…Legolas, de pie, introduce su miembro erecto, brillante, sonrosado, en la boca ávida y golosa de Aragorn. El hombre, arrodillado ante el elfo, lame con verdadera fruición y gusto esa carne palpitante. Desliza su lengua por él, lo engulle, se aferra a las caderas de Legolas, mientras que éste oprime la cabeza de Aragorn y la empuja con fuerza contra su pene erguido, hundiendo sus dedos en el cabello alborotado del futuro rey. El elfo tiene los párpados fuertemente cerrados y la boca entreabierta. Gemidos delicados se escapan de su boca, uniéndose al sonido provocador de la succión surgido de los labios de Aragorn. Los gemidos de Legolas, la curva de su espalda, brillante por el efecto de diminutas gotas de sudor que perlan su carne perfecta, sus músculos en tensión, el rubor que cubre sus mejillas y su pecho, sus pezones erectos, el contraste entre la piel delicada y nacarada del elfo y la curtida y atezada de Aragorn, me excitan, me excitan hasta límites insospechados…
No puedo apartar mi vista de ellos, mientras entre las sábanas, mi propio miembro palpita hinchado de deseo. Aragorn mueve su boca más deprisa y Legolas se agita convulso. Sus jadeos aumentan de tono, sus caderas se impulsan solas, ritmicas, con movimientos perfectamente acoplados a la boca de Aragron. Sus dedos se crispan enredándose en la cabellera del montaraz y gime con más fuerza. Sacudidas violentas doblan su cuerpo, y sus suspiros de placer nos llenan los oidos. Aragorn saca el miembro mojado de Legolas del interior de su boca y mirándome, relame glotonamente el semen del elfo que se escurre por sus bordes. Legolas se ríe, todavía con los ojos cerrados, y se desploma sobre la cama. Atónito por lo que he contemplado y enloquecido de deseo, deslizo mi mano bajo las sábanas para aliviar con rapidez la tensión tan intensamente placentera que me sube a borbotones por los muslos. Pero Aragorn me ve, se desprende de Legolas, viene hasta mi, detiene mi mano y sacude a un lado y otro su cabeza con una mueca pícara.- No, no, Frodo, no…Déjanos a nosotros, déjanos - susurra sugerente. La risa clara y todavía jadeante de Legolas resuena en la habitación. Mis pupilas se dilatan, me ahoga la excitación, miro expectante a mis antiguos compañeros de fatigas…Me convierto en el centro de los juegos deliciosos del hombre y el elfo, sin protestar, sin preguntar, sin pensar…
Aragorn y Legolas cuchichean entre ellos. Continuan desnudos, luz tenue en el cuarto, apagada por el efecto de los postigos de la ventana a medio cerrar. Cuando terminan sus susurros, me miran y se acercan hasta mi. Estoy acostado en mi cama, vestido con la camisa de dormir, arropado hasta la cintura con la sábana de hilo blanco, nervioso, confuso, avergonzado. Aragorn se inclina sobre mi, me besa los labios muy despacio, desliza sus manos tras mi espalda y me incorpora. Me ayuda a desnudarme por completo, me arranca la sábana, me acaricia pecho, brazos, piernas…Mi cara se llena de rubor…Estoy excitado, pero también asustado. Legolas se acuesta a mi lado y comienza también a acariciar mi cuerpo. De vez en cuando él y Aragorn se besan en la boca y la cercanía de sus rostros y el calor de sus besos provocan que mi respiración se altere más y más.
- Juguemos a las adivinanzas - musita Aragorn sonriendo con picardía. Legolas asiente entre sonrisas cómplices. Yo los miro sin comprender, y sonrío igualmente, sin saber por qué lo hago.
- ¡Si, el juego de las adivinanzas! - repite Legolas besando mi sien. Un gesto de extrañeza se dibuja en mi rostro y mis dos amantes sonríen. - ¡Oh, Frodo!. ¡Seguro que te encanta!. Escúchame con atención. El juego consiste en vendar tus ojos y atar tus manos. No podrás vernos, ni tocarnos. Tendrás que adivinar quien de los dos te besa, quien de los dos te acaricia, quien de los dos… - me explica el elfo con voz cargada de sensualidad, mientras desliza su dedo índice por mi pecho, baja por mi estómago, atraviesa mi vientre y levemente termina acariciando mi miembro, provocando que mi corazón se estrelle con violencia contra las costillas.
- Yo, no sé si, yo, puede venir alguien, yo…- titubeo intentando incorporarme. Pero ellos no me dejan. Antes de que pueda darme tiempo a reaccionar, Aragorn me sujeta fuertemente de las muñecas y me las ata con una cuerda sacada de no se dónde, elevándolas por encima de mi cabeza, enredándolas entre los barrotes de madera de mi cama. Legolas, mientras tanto, acerca hasta mis ojos un trozo de tela oscura, seda negra, y rodea mi cabeza con ella, tapando mi visión, dejándome en la más absoluta de las oscuridades. Un picotazo de temor me alcanza el estómago. El juego de las adivinanzas, adivina quién te besa, adivina quién te toca, adivina quien te da placer…Adivina…El juego comienza…Primero, besos repartidos por mi cara, por mi boca, por mi cuello, mis hombros, mi ombligo, mi espalda…Fácil esta primera adivinanza. El rostro barbudo de Aragorn araña mi piel, en contraste con el tacto delicado de los labios de Legolas, que me hacen deliciosas cosquillas. A continuación, caricias de fuego…veinte dedos dibujando surcos de placer en cada rincón de mi piel, dedos que buscan, dedos que conquistan , dedos que me hacen gemir de gusto…Me agito en la cama, sumido en la oscuridad, mis manos se abren y se cierran, deseando escapar de las ligaduras que me aprisionan para poder también tocar y tocar…Sencillo también este segundo acertijo. Los dedos de Aragorn están curtidos, los de Legolas tienen la suavidad del algodón…Mis examinadores rien con mis respuestas, "muy bien, Frodo, muy bien…Pasemos a algo más complicado de acertar…".
Uno de los dos desata mis ligaduras, mientras el otro me da la vuelta y me coloca boca abajo sobre la cama. De nuevo me atan, con menos fuerza esta vez. El calor comienza a notarse en la pequeña habitación…Las manos de mis compañeros están húmedas y mojan mi piel. Brotan mis primeras gotas de sudor, empapando el pañuelo que impide mi visión. Boca abajo me siento un poco más protegido, pero no puede evitar dar un respingo cuando noto sus manos y alientos recorrer mi espalda. Uno de ellos, Legolas seguramente, besa mis hombros y mordisquea mi nuca, mientras que las manos rugosas e inconfundubles de Aragorn no cesan de acariciarme, bajando cada vez más, hacia mi trasero. Mis jadeos aumentan de tono al sentir unos dedos deslizarse entre mis nalgas, acariciando la separación entre ellas… De repente, algo húmedo y cálido moja mi abertura…No sé de quien es esa lengua que me lame, no sé quién es el artífice de esa estremecedora y deliciosa caricia mojada, desconocida hasta entonces para mi, que me hace temblar y gemir de deseo. Pronto son dos lenguas las que me acarician, dos lenguas que se hunden entre mis nalgas, dos lenguas que me excitan hasta límites insospechados…Atado, ciego, loco de deseo, me froto contra las sábanas, disfrutando del placer voraz que me están regalando Aragorn y Legolas, incapaz de acertar en este momento quién es quién…Entre jadeos, siguiendo el juego, aventuro respuestas, "eres Legolas, eres Aragorn", pero ellos niegan entre risas y chupeteos, me arrancan más gemidos, me hacen retorcerme, incapaz de aguantar más ese placer dorado que me está ahogando….Calor, calor en mi habitación…Siento un par de dedos introducirse en mi abertura, explorando, abriendo mi carne, acompañados por el movimiento oscilante de una de las lenguas desconocidas…Fogonazos de placer subiendo por mis muslos, no puedo aguantar más, no puedo…Mi cuerpo se agita, se convulsiona, y yo no puedo hacer nada por evitarlo…El orgasmo sacude mi cuerpo, ahogo mis gritos en la almohada, siento como ellos me abrazan entre sonrisas, me desatan, me estrechan contra sus cuerpos, me besan la boca, se beben mis gemidos y mi sudor…Adivina, adivina quién fue, adivina…La venda de mis ojos es retirada, y la luz de la habitación, aunque débil, me hiere la vista. Parpadeo dolorido y entre puntos de luz y brumas veo sus rostros encendidos. Aragorn me levanta y me sienta en su regazo. Legolas me acaricia el cabello. Entre los dos me acunan y me prodigan nuevas caricias. Pero yo estoy rendido, agotado, ahíto de placer, y solo quiero dormir. Un dulce sopor hace que mis ojos se vayan cerrando poco a poco. Ellos me acuestan, me secan el sudor, me cubren con las sábanas…
- Volveremos más tarde, Frodo, cuando hayas descansado. El juego de las adivinanzas aún no ha terminado. - me dice burlón Legolas. Detrás de él, vistiéndose, Aragorn me mira con sus ojos limpios y asiente con una media sonrisa. Un gozo inmenso llena mi pecho ante la perspectiva de un nuevo encuentro con estos dos seres sorprendentes, un gozo que va más allá de vergüenzas y remordimientos.
- De acuerdo - contesto adormilado. - Aquí os estaré esperando. Me gusta vuestro juego, me gusta mucho - confieso sin ningún rubor. Ellos se miran entre si y se sonrien. Lentamente se acercan hasta la puerta y salen fuera, dejándome solo. El sueño se apodera de mi…Esta vez no tengo pesadillas..-.-.-.-.-.-.
Un ruido ligero me despierta. Abro los ojos y veo a Legolas y Aragorn ante mi. Me incorporo con dificultad y me restriego los párpados para alejar el sueño que todavía me atonta. Aragorn se inclina y se sienta en el borde de mi cama. Lleva un cuenco de madera humeante. El mango de una cuchara sobresale de su interior.
- Es la hora de tu cena, Frodo. Has dormido mucho esta tarde, querido amigo. No hemos querido turbar tu sueño. - me dice Aragorn removiendo el contenido del cuenco con la cuchara. - Come, Frodo, come, recupera tus energías - me dice acercando la cuchara llena de líquido hirviente hasta mi boca. Obediente, dejo que el futuro rey me alimente como a un niño pequeño. Mientras tanto, el elfo, silencioso, acodado en el alfeizar de la ventana, observa la caída de la tarde. Unos minutos después, concluida mi cena, Aragorn cura de nuevo mi dedo malherido. Los dos están callados, apenas si intercambian un par de palabras, y yo empiezo a dudar de que lo ocurrido esta mañana entre los tres no haya sido sino un sueño delirante salido de mi mente ofuscada. Esta vez no hay besos, no hay caricias, no hay insinuaciones. Cuando Aragorn termina de vendar mi dedo, se levanta de mi cama y se dirige hacia la puerta, con intenciones de salir. Legolas me lanza un rápido vistazo y lo acompaña.
- Buenas noches, Frodo, que descanses - me desea cortesmente Legolas con su dulce sonrisa. Estupor en mi alma, confusión en mi mente…Me levanto de la cama, revuelo de sábanas, y me dirigo hacia ellos, sorprendido, incapaz de entender nada.
- ¿Qué sucede?. ¿Aragorn, Legolas?.¿Os marchais ya?. Yo, yo pensé que…que seguiríamos lo de esta mañana, yo pensé… - comienzo a decir con titubeos. Quizás haya soñado todo, quizás todo sea producto de mi imaginación, quizás. Ellos me miran curiosos, pero no me contestan. Avergonzado, los miro de refilón, siento como el rubor me sube a la cara, me disculpo con un hilo de voz… - Lo, lo siento, lo siento, no sé lo que me digo. Es que, pensé que…esta mañana…pasó algo y ahora no sé, no sé si fue realidad o un sueño extraño, yo… - arrastro mis palabras, sintiendo que el mundo se hunde a mis pies, azorado, nervioso, confuso. Pero, es que, ¡fue todo tan real!. ¿Me estaré volviendo loco?. Me muerdo el labio inferior con fuerza, y levanto mi vista hacia ellos. Legolas se sonríe, gira su cabeza en dirección a Aragorn y le guiña un ojo, burlón, encantador…- Frodo, ¿quieres seguir con las adivinanzas?. - me pregunta Legolas con suavidad. Una ola de fuego me sube por la garganta, mi estómago da un vuelco, mis músculos se tensan. - Esta vez tenemos premio para ti… - me susurra con voz ambigua. Mi respiración se acelera cuando lo veo acercarse hasta mi, cuando lo veo arrodillarse, cuando siento sus manos de seda hurgar entre mi camisa, quitándomela, dejándome desnudo en mitad de la habitación ya casi en penumbra, cuando me roza los labios con los suyos, cuando me cubre el pecho de besos, cuando recorre con su lengua mi vientre, cuando siento sus manos en mi espalda, atrayéndome hacia él, cuando percibo su boca volcánica cerrándose en torno de mi miembro, excitándome, excitándome de nuevo…No era un sueño, no lo fue…
Otra vez la venda cubriendo mis ojos. Otra vez la oscuridad envolviendo mi placer. Apoyado en la pared, sé que ellos están arrodillados ante mi, y que juntos saborean mi miembro. Juntos recorren con sus lenguas mi sexo ardiente, juntos me mojan con su saliva caliente, juntos mueven sus bocas sobre mi pene y me hacen gozar hasta agotarme…Adivina, adivina de quien es la boca que te lleva hasta el paraíso, adivina, adivina de quien es la lengua que te hace temblar de gusto, adivina, Frodo, adivina…Tú eres Legolas, jadeo, tú eres Aragorn gimo…y acierto, esta vez acierto…Risas, abrazos…Mis amantes me quitan la venda de los ojos y me ofrecen su premio.
Legolas, el maravilloso elfo de los bosques, se tumba en mi cama, desnudo, piel de marfil brillando a la luz apagada de un par de velas soñolientas. Me dice que me coloque entre sus piernas, y que lo penetre. Ese es mi premio: el cuerpo de Legolas todo para mi, su carne dispuesta a darme placer y gozo. Tembloroso, indeciso, nervioso, pero tremendamente excitado, me sumergo entre las piernas del elfo, rozo su abertura con mi miembro, quizás demasiado pequeño para él, me agarro a sus caderas, me inclino sobre él, me dispongo a poseerlo…Aragorn, tras mi espalda, me detiene.
- Espera, espera, Frodo. Usa esto - me aconseja Aragorn, mientras me tiende un frasco pequeño, transparente, lleno de un líquido oscuro. Es aceite. Sonrío alborozado, y obedezco a mi antiguo compañero de aventuras. Comienzo a extender el untuoso elemento a lo largo de mi miembro impaciente…Aragorn me ayuda en la tarea, excitándome aún más con el roce de sus dedos…Le susurro que no aguantaré mucho si sigue con sus caricias deliciosas. Aragorn y Legolas ríen…El futuro rey cesa en sus movimientos y me dice que disfrute de mi premio. Vuelvo a colocarme entre las piernas de Legolas. El se incorpora un poco y me abraza, me besa, me enseña…Mi pene se desliza entre sus piernas. Empujo con delicadeza, buscando la entrada al placer…Me escurro dentro de su cuerpo…Un calor tórrido envuelve mi miembro, me sube por el estómago, me llega hasta el cerebro…Placer indescriptible, placer nunca sentido antes, placer incomparable, placer enloquecedor… Empujo y empujo, mirando la cara del elfo, sus ojos cerrados, su boca entreabierta, sus manos oprimiendo mi cintura, pegándome a él…Mis caderas se mueven solas, ritmicas, salvajes…Me hundo en las entrañas de Legolas, una nube de gozo me envuelve, mi corazón galopa veloz y raudo, siento los besos ásperos y violentos de Aragorn sobre mi espalda y mis nalgas, gemidos, jadeos, luz oscilante de velas semiapagadas, sábanas enredadas, sudor y sudor…Los quejidos repletos de placer de Legolas suben de tono, se unen a los mios, se unen a los de Aragorn…Rápido, más rápido, más rápido, me pide el elfo…Aragorn deja de besar mi espalda, busca mi mano, la coloca sobre su propio miembro, me enseña como moverla sobre él para darle también placer…Trío insólito, elfo, hobbit, hombre. Totalmente excitado y enloquecido observo las caras de mis amantes, retratos del placer máximo, colosos entregados a mi…Mi mano libre atrapa también el miembro de Legolas y lo acaricio, como estoy haciendo con Aragorn…Un espasmo agita el cuerpo del elfo, que exhala un suspiro profundo, con los ojos muy cerrados…Su esperma, blanco y abrasador, se escurre entre mis dedos…Aragorn se abraza a mi, y muerde mi cuello hasta hacerme daño…También siento sus temblores y el torrente de su semen cayendo por mi mano…Un relámpago de placer me dobla por la mitad…Extasis multicolor recorriendo mi cuerpo, cada rincón, cada esquina, cada recoveco…Caigo exhausto sobre el pecho de Legolas, sintiendo como mi semen se derrama en sus entrañas, los besos del elfo me cubren la frente, las caricias de Aragorn abrigan mi espalda…Los tres enredados, envueltos en las sombras de la noche y del gozo…Mi premio, he recibido mi premio.
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- Esta noche los malos sueños no osarán acercarse hasta tu cama, Frodo. - me asegura Legolas arropándome con la sábana. Se inclina sobre mi y besa mis labios con dulzura. Lentamente se dirige hasta la puerta y la abre. El frescor de la noche radiante de Minas Tirith se cuela en mi dormitorio, empañado de olor de amor.
- No, ya no habrá más pesadillas de locura y soledad, Frodo, amigo. Legolas y yo seremos tu reposo, el reposo del guerrero valiente, hoy, mañana, pasado, siempre - susurra Aragorn con su voz cálida, inclinándose también sobre mi, acariciando mi mejilla, besando la comisura de mis labios con dulzura, regalándome su sonrisa. - Buenas noches, Frodo Baggins, que descanses - me desea el aguerrido montaraz. Se separa de mi y se une a Legolas en el umbral de la puerta de mi habitación.
Permanezco callado, sin saber que decir. Legolas y Aragorn me sonríen y despacio, muy despacio cierran la puerta tras ellos, dejándome solo, pensativo, sosegado, en paz…No, no habrá más pesadillas, sé que no las habrá…Porque ellos serán mi reposo, sí, lo serán, mi reposo, hoy, mañana, pasado, siempre…
FIN