
EL OSCAR DE PETER
RPS de LOTR
Hoy quisiera contar una pequeña historia sucedida en la ciudad de Los Angeles (California – USA), concretamente la noche del 29 de febrero al 1 de marzo de 2004, en una fiesta organizada por un grupo de enfervorecidos seguidores de una saga de películas mundialmente conocida, El Señor de los Anillos. Una noche mágica, irrepetible, emotiva, luminosa. Esa noche se entregaban los Oscars 2004, los famosos premios cinematográficos, y entre las películas nominadas se encontraba la tercera y última de la saga, El Retorno del Rey, ni más ni menos que once nominaciones, director, película, guión, vestuario, efectos especiales, etc, etc. Pues bien, este grupo de admiradores incondicionales, llegados de todas las partes de Estados Unidos, e incluso de otros países extranjeros, se habían reunido en una enorme sala de fiestas, desde la que seguían la ceremonia de entrega de premios. La película arrasó, y ganó todo lo ganable, con el consiguiente júbilo y alborozo de sus seguidores. Apenas terminada la ceremonia, una gran parte del elenco ganador, director, guionistas, productor, algunos actores, hicieron su aparición por dicha fiesta, dando brillo y esplendor al acontecimiento. Actuaciones musicales, baile, comida, bebida, gente elegantemente vestida, aplausos, risas, emociones a flor de piel, magnífico ambiente, sentimientos desbordados. En la madrugada de esa noche gloriosa e inolvidable para todo seguidor de la saga mitológica, ocurrieron muchas anécdotas y sucesos dignos de contar, pero yo voy a narrar un solo acontecimiento, una pequeña y nimia historia, unas pocas líneas que espero no disgusten y sirvan para amenizar algún rato perdido de ocio. Gracias.
29 de febrero de 2004 – En algún lugar de Los Angeles (California).
- ¡Lo tengo, lo tengo, jajaja, lo tengo!. Ha sido más fácil de conseguir que lo que yo imaginaba, jajaja, si, ha sido como levantarle un caramelo a un crío, jajaja. Voy corriendo a enseñárselo a Elijah, joder, la cara que va a poner cuando me vea aparecer con el Oscar de Peter, jajaja, y tenga que soltarme los 200 pavos de la apuesta, jajaja, coño, teníamos que haber apostado 1.000, joder, si llego a saber que esto iba a ser así de tirado!
La persona que hablaba de esta manera, en voz baja, entre risas y aspavientos, abriéndose paso entre la gente que abarrotaba la pista central del local donde se celebraba la fiesta, era Dom Monaghan, uno de los intépretes de la película, el hobbit Merry. Bajo su chaqueta negra escondía el Oscar que le habían concedido a Peter Jackson como mejor director del año. El actor, algo agachado sobre sí mismo, apretaba el galardón contra su pecho, intentando disimular el bulto que le formaba bajo la ropa.
- ¿Dónde coño estará Elijah?. Joder, se lo tengo que enseñar antes de que Peter eche en falta su Oscar. ¡Eh!, ¿has visto a Elijah?, ¿cómo?, ah vale tío, gracias...Sí, es verdad, ya lo veo. Está subido en el escenario, presentando a los WWS, cojonudo, es el momento apropiado para que lo vea. Todo el mundo se pondrá a escuchar a estos tipos y nadie nos echará en falta.
Con zancadas rápidas y prodigando sonrisas por aquí y por allá, Dom se acercó hasta el escenario. Su amigo, y protagonista de la película, Elijah Wood, estaba presentando a una banda de músicos. Micrófono en mano, daba las gracias a la gente por acudir a la fiesta y les animaba a pasárselo de “putísima madre” con la fiesta de los “Anilleros”. Dom subió sigilosamente las escalerillas que conducían al escenario y se situó entre unos paneles de madera, simulando naturalidad, procurando que nadie sospechase de sus movimientos.
-¡¡Uoooo, siiiii, lo pasaremos de puuuta madre, uoooo, esparrameee, esparrrameee, Pe-ter, Pe-ter, vivaaa Peter, uooooo!!.
Los gritos de Dom provocaron la risa de los que estaban a su alrededor. El chico levantaba su mano libre, cerrada en un puño victorioso, al tiempo que con la otra pegaba a su pecho el oscar robado, escondiéndolo a la vista de todos, y cuidando de que no se cayera al suelo. Elijah terminó de presentar al grupo musical, y la sala entera se vino abajo con los aplausos y vítores. Enseguida el sonido violento de guitarreos y golpes de batería ensordeció los tímpanos de los asistentes. Cientos de ojos se clavaron en el escenario iluminado por focos incandescentes naranjas y verdes, cientos de gargantas corearon las notas musicales salidas de los instrumentos de la banda, cientos de pies y manos se movieron al ritmo trepidante de la música de WWS, el grupo invitado a la gran fiesta de la victoria “anillera”. Mientras tanto, Elijah abandonaba el centro del escenario y se dirigía a uno de los laterales del mismo, dispuesto a disfrutar desde allí del ruidoso concierto.
- ¡¡Pshhh, ei, Elijah, Elijah, pshhhh, ei, tío, Lij, pshhhh, sordoooo, pshhhh..!!.
Era Dom el que chistaba de esa manera a su amigo, intentando llamar su atención con la máxima discreción posible. Elijah escuchó entre la vorágine de sonido su nombre y volvió la cabeza, buscando a la persona que lo reclamaba. Alli escondido en un lateral del escenario, unos pasos más allá de donde estaba él, tras unos paneles, distinguió una sombra que alargaba el brazo, haciéndole señales para que se acercara. El chico, medio cegado por la luz de los focos, se puso la mano en la frente a modo de pantalla protectora y miró hacia la sombra que le llamaba.
- ¡Joder, es Dom!. Se me había olvidado ya. ¡Ei, Dom, ya, ya voy, tío!. ¿Lo habrá mangado ya?. Seguro que sí. Este tío es capaz de todo. Creo que me va a soplar los 200 pavos, seguro. No tenía que haber apostado con él, joder, me va a dejar tieso.
Con un par de zancadas rápidas, Elijah llegó hasta donde estaba su amigo. La sonrisa burlona y la mírada de tahúr que le dedicó éste, fue suficiente para que Elijah confirmase su sospecha. Si, parecía que su amigo le había birlado el Oscar al Sr. Jackson, su preciado Oscar, mejor director, año 2004.
- ¡Tío, lo tengo, lo tengo!. Shhhh, pero disimula, joder, aqui no te lo puedo enseñar, idiota, que nos va jipiar toda la basca. ¿Qué te creias? ¿Que no iba a tener cojones?. Pues mira, Peter ya no tiene su Oscar. El amigo Dom se lo ha levantado, jajaja. Ya me estás soltando la pasta, venga, venga, desembucha, mamón.
- ¡Y una mierda, chaval!. Primero quiero verlo. Lo mismo te has metido debajo de la chaqueta cualquier cosa, y me estás vendiendo la moto. Venga, venga, a ver ese Oscar, ¡vamos tío!. Si seguro que estás de coña, no me creo que se lo hayas quitado a Peter. ¿Cómo, cuando, dónde?. ¡Vamos, vamos, chaval, enséñamelo, trolero, jajajaja!.
- No me vaciles, capullo. Sabes perfectamente que lo tengo debajo de la camisa. Ven por aquí, disimula, hostias, escucha, escúchame. Vamos detrás del escenario, al pasillo ese largo, al lado de la barra del bar. Hay una especie de cuartucho donde he visto que están almacenadas las cajas de las bebidas. Vamos alli y te lo enseño. Colega, he ganado la apuesta. Jajaja, me voy a poner hasta el culo de whiskys a tu costa, pringao, jajaja.
Elijah miró a su amigo y sonrió. Sabía perfectamente que la dorada y fría estatuilla se estaba calentando con el calor del cuerpo de su amigo. Jodido Dom. Siempre consiguiendo lo que se proponía. Los dos chicos bajaron sigilosamente por las escalerillas del escenario, dejándolo atrás. Cada uno por un lado, rodearon la gran tarima de madera que vibraba al ritmo frenético de la música de los WWS, y alcanzaron el pasillo donde se hallaba el almacén de las bebidas. Disimulando, primero Dom y luego Elijah, se introdujeron en el cuartucho. La puerta se cerró tras ellos. A oscuras, Dom tanteó en la pared situada al lado de la desvencijada puerta, y su mano encontró el interruptor de la luz. Un chasquido leve, y el pequeño espacio se iluminó. Luz amarillenta, baja potencia, bombilla desnuda en el techo. Un olor a cajas mojadas y alcohol se adueñó de sus narices. La habitación era pequeña, apenas 3 metros por 2, atestada de cajas de botellas, y bidones de cerveza. Entre los dos arrastraron una pesada caja llena de transparente vodka Smirnoff, y la apoyaron en la puerta.
- Cojonudo, así si viene alguien no podrá pasar. Pues venga, a lo que veníamos, tío...¿estás preparado?. ¿Sí?. ¡Atenciónnnn, brrrrrr.....TACHANNNN!. ¡Con todos ustedes, damas y caballeros, el Oooooscarrrr de Peeeeter Jaaaacksonnnn!. ¡¡GUASSSS!!.
Con ademanes teatreros Dom abrió su chaqueta, desabotonó lentamente los botones de su camisa, y con un moviento rápido de su muñeca sacó ante los ojos de su amigo la pesada estatuilla del premio cinematográfico más preciado del universo. Las risotadas de Elijah retumbaron en el pequeño cuarto licorero.
- ¡¡Joooder, Dom, jajaja!!. ¡¡Qué hijoputaaaa!!, Jajaja, tíooo, me descojono, jajajaja ¡pobre Peter!. ¿Pero cómo se lo has mangado?. ¿Cómo no se ha dado cuenta?. Oh, Dios, nos parte la cara a hostias, ya verás Dom, nos mata cuando se entere de que le hemos levantado su preciado Oscar, jajaja.
- ¿Qué?. ¿Creías que no era capaz?. Pues ya ves, mamón. El tío se lo había dejado en una silla. El estaba contestando a una entrevista, y allí estaba, el Oscar, solito, detrás de él, en una silla, y yo dije, hostia, ahora, Dom, ahora es mi oportunidad, jajaja, y lo pillé, tío. Me agaché asi un poco, y ya está, a la saca. Me lo meti en la camisa y me fui de alli echando leches. Seguro que ahora Peter está como loco buscando al tío Oscar, jajaja. Oh, Dios, si es que soy la hostia, jajaja...Pues venga tío, a lo que venimos, paga, págame ya, vaaamosss, la pastaaaa...
La mano libre de Dom se extendió ante la cara de su amigo, en posición abierta, los dedos bailoteando, reclamando su pago. Este se metió las manos en los bolsillos de sus pantalones de etiqueta y sacó fuera los forros grises de los mismos, al tiempo que encogía los hombros y ponía cara de no tener un céntimo encima. Dom, al ver a su amigo con los bolsillos colgando y la sonrisa juguetona, frunció las cejas, imprimió un tono siniestro a su mirada, depositó el galardón sobre uno de los bidones de cerveza, y se transformó en un sicario dispuesto a matar a su víctima por un puñado de dólares. Sin apenas mediar palabra, se abalanzó sobre Elijah, arrinconándolo contra unas cajas de ginebra, y alli, entre golpes imaginarios y cosquillas deslizadas en los costados de su amigo, le reclamó el pago de la deuda. Las carcajadas de un Elijah tronchado por las cosquillas hicieron temblar el reducido habitáculo. El bidón de cerveza se tambaleó, movido por los forcejeos infantiles de los dos chicos, y el Oscar cayó al suelo pesadamente.
- ¡Vale, jajaja, vale, vale, vaaaleee, tú ganas, cabrónnnn, tú ganas!. Te pago, te pago, jajaja, joderrr, Dom, ¿te imaginas la cara que habrá puesto Peter cuando haya visto que su Oscar no está con él?. Jajaja, Dios, que risas...Tomá, 50 y 50, 100 y 100 más, 200 pavos...Jajaja, hostias, Dom, mira, el Oscar se ha caído al suelo, jajaja, ¿se habrá echo pupa?. Jajajaja, jooderrr que risaaa, ah jaja ah...
Las carcajadas pegajosas de Elijah provocaron las risas de su amigo. Los dos amigos cayeron al suelo de rodillas, sin poder dejar de reir, mirando al Oscar caído, con los ojos arrasados de lágrimas, limpiándoselas con las mangas de las chaquetas, jadeando ruidosamente por la falta de aire y el exceso de carcajadas, empujones, bromas a costa del pobre galardón, risas y más risas...
- Jajaja, mira, mi-ra...ay, Dios, mi-ra...¿a qué no sabes a qué se parece este Oscar?. ¿A qué no lo sabes, Lij, a que no lo sabes?.
- Jooder, jajaja, pues no lo sé, tío, no lo sé, a jajaja, a qué se parece tío, a qué se parece el Oscar?.
- Pues a una polla, jajajaja, jajaja, siiii, mira, mira, el pedestal son los huevos, mira, mira, hostiaaa, que pollón tengo, machooo, y fíjate, fíjate que suave y redondita tengo la cabeza, mmmm....Jodeerrr, me están entrando ganas de hacerle una mamada a esta polla tan durita...aumm umm ummm.
Dom jugaba a las metáforas, colocando el Oscar cabeza abajo entre sus piernas, moviéndolo con lascivia, agachándose sobre sí mismo, e introduciéndose el dorado premio en la boca, como si se hiciera a sí mismo una felación insólita. Las carcajadas de Elijah eran inenarrables, todo lágrimas, un rojo violento marcando sus mejillas, asfixiado, incapaz de reir más, culebras en su estómago, tirado literalmente en el suelo, risas, risas, risas...
Unos minutos más tarde, la tranquilidad volvió a reinar en el estrecho almacén. Eljah y Dom, sentados en el suelo, con las espaldas apoyadas en pared, compartían una botella de whisky. Elijah rebuscó en los bolsillos de su chaqueta, sacando un cigarro y un mechero. Dos caladas ansiosas, su respiración todavía jadeante por los esfuerzos de la risa anterior, un trago largo a la botella, un suspiro profundo. Su cabeza se giró y encontró la mirada húmeda y azulada de su amigo, sentado a su lado, cerca, las mangas de sus chaquetas de gala rozándose. El cigarro pasó de unos dedos a otros. El Oscar todavía permanecía entre las piernas de Dom, y éste, maquinalmente lo acariciaba. Los ojos de los dos chicos se quedaron fijos, uno en el otro, durante un instante, un segundo incierto, un segundo extraño, un segundo sugerente. Dom acercó el cigarro a su boca, aspiró con fuerza y con lentitud alargó el cigarro, prendiéndolo de los labios de su amigo. Elijah, algo sorprendido, se apresuró a recoger el cigarro, y los dedos de los dos se enredaron. Segundo incierto, segundo sugerente...Un crujido sobre sus cabezas rompió ese segundo extraño. Elijah apuró el cigarro e hizo ademán de levantarse.
- Habrá que pensar en devolver el jodido Oscar, Dom. Seguro que arriba todo el mundo anda como loco buscándolo. ¡Vamos, levanta!. Yo creo que ya nos hemos reído bastante de Peter por hoy. Vamos a devolverle su premio.
- ¡Espera, coño!. ¿Qué prisas tienes, tío?. Vamos a fumarnos tranquilamente otro piti, y luego ya veremos lo que hacemos. Venga, siéntate, no seas muermo, venga, pégate un lingotazo de esta mierda, puafff, se nota que es whisky de garrafón, anda, deja que Peter sufra un poco. Verás como luego él es el primero que se ríe, ya sabes que no se mosquea por nada, anda, tío, siéntate ya, joder.
La mano de Dom agarró la manga de Elijah y tiró de él. El muchacho, algo avergonzado, sonrió, y volvió a sentarse al lado de su amigo, mientras contemplaba como se acercaba la botella a la boca y bebía un trago largo. Un sentimiento raro comenzó a invadirlo. Un deseo extraño, un picor en los muslos, una niebla en la cabeza. La garganta de Dom subía y bajaba, tragando el whisky. Un escalofrío sacudió a Elijah, que entreabió los labios. Dom llevaba la camisa todavía desabrochada después de haber sacado de allí al Oscar robado. Elijah veía perfectamente, a través de la blancura impoluta de la prenda de vestir, los pezones oscuros y erizados de su amigo, y adivinaba el nacimiento de los hombros, redondos y duros. Algo nervioso, se sorprendió a si mismo pensando en que le gustaría acariciar esos hombros ocultos. La voz de Dom lo asustó.
- ¿Qué miras, tío?.
- ¿Yooo?. Nada, joder, nada.
- ¿Cómo nada?. Vamos, no me jodas, Lij. Me estabas mirando las tetas. ¿Qué pasa, es que te gustan?.
- No seas gilipollas, Dom. No te estaba mirando, joder.
- Ja, y voy yo y me lo creo. Seguro que te mueres por darme una chupadita, ¿a que sí?. Vamos, tío, ven a probar mis tetas, jajaja, no se lo diré a nadie. Y si quieres luego probamos la dureza del tío Oscar, ¿eh?, ¿que te parece?. ¿Tío Oscar, tú que dices?. ¿Le damos al chaval una demostración de tu dureza?. ¿Eh, eh?.
Dom se había inclinado sobre Elijah mientras pronunciaba sus palabras provocadoras. Sus mejillas se rozaban, y Dom acariciaba el Oscar sensualmente. Despacio, lo levantó desde sus piernas y lo acercó hasta la boca de Elijah, que visiblemente nervioso, sonreía como un estúpido. Dom deslizó la cabeza de la estatuilla dorada por los labios del muchacho, al tiempo que comenzó a besar el cuello de Elijah, lentamente, subiendo hasta su oreja. El pecho del chico se agitó, excitado y asustado a la vez, y de un empujón apartó a su amigo.
- ¡Ya vale, tío!. ¡Me cago en la hostia!. ¿Tú estás mamado o qué?. ¡Déjate de mariconadas, te está pasando un pelo, tío, te estás pasando!.
- ¡Eh, eh!. ¡Tranquilo, joder, tranquilo!. Solo estaba bromeando, coño. ¿Pero que mierda te ocurre?. Anda que no hemos echo esto veces, joder, Elijah, jugar a las mariconadas. ¿O es que ya no te acuerdas?. A nuestras admiradoras les iba a encantar vernos así, que me dices,¿ las hacemos felices?. Jajaja, ¡mirate!. ¡Si te has puesto colorado, jajaja!.
- Oye, oye, no confundas las cosas. Una cosa es fingir delante de la gente para reirnos un rato, y otra muy distinta es lo que estaba pasando aqui. A mi no me van los tíos, ¿entiendes?. Dom, eres mi colega, y punto. Solo eso. Asi que no te pases, chaval, no te pases.
- ¿Y si yo te dijera que alguna vez me he hecho una paja pensando en ti, que me dirias?. ¿Me partirias la cara?. ¿Me mandarías a la mierda?. ¿Eh, eh?. Oye, tío, ahora mismo me estabas mirando con ojos de vicio, ¿y qué?. ¡Joder, Lij!. ¡Estamos de fiesta, aqui fumando un piti, bebiendo whisky!. Nos llevamos bien, somos amigos, nos comprendemos, joder, seguro que si fueramos tío y tía ya estariamos follando como locos, joder, Lij, ¿qué diferencia hay?.
- ¡Calla, Dom, cállate!. Estás pedo total, y no sabes lo que dices.
- ¡No, no me callo, joder, no me callo!. Sabes perfectamente que me gustas, que me pones, ¿por qué te empeñas en negarlo?. Y creo que yo también te molo, y además desde hace tiempo. Confiesa, confiesa que ahora mismo, cuando me estabas mirando, tenías ganar de follarme, ¡confiesa,confiésalo!. ¿A que tienes miedo, joder, a qué?.
La pregunta desesperada de Dom levantó del suelo a Elijah. Con un par de patadas rabiosas desplazó la caja que taponaba la salida y su mano temblorosa se aferró al picaporte de la puerta. Dom, rápido como el viento, se levantó a su vez del suelo y se interpuso entre el chico y la salida. Con delicadeza, con ojos suplicantes, oprimió los hombros de su amigo y buscó su mirada errática.
- ¡No te vayas, tío, no te vayas, Lij!. Joder, me haces falta, me haces mucha falta. No me rechaces, por favor, no me dejes colgado, no, otra vez no, no, no. Déjame que lo intente, una vez, una sola vez, dame una oportunidad, date una oportunidad, danos una oportunidad, Elijah, una oportunidad...
Un silencio de muerte planeó en la habitación cutre y asfixiante. En donde minutos antes reinaba la alegría y el cristal de la risa, ahora gobernaba una tristeza espesa y una soledad negra, dos personas, dos hombres, dos caminos cruzados, dos vidas enlazadas. La mirada de Elijah, tras segundos de indecisión, se tornó intensa y entusiasta. Su sonrisa ingenua sustituyó la luz mortecina de la bombilla que se desparramaba temblorosa por el pequeño cuarto de las bebidas, convertido en improvisado almacén de sentimientos.
- Oye Dom, ¿tú crees que Oscar querrá montarse un trío con nosotros?.
De nuevo las risas brincando alegres entre cajas y barriles. Oportunidad concedida, oprtunidad robada al destino, oportunidad llegada en forma de estatua dorada y tacto frío. No se volvieron a oir más palabras, tan solo quejidos de amor, jadeos sensuales, gimoteos provocadores. Elijah y Dom se desnudaron despacio, temblorosos, descubriendo nuevas formas de placer. Las manos de Elijah acariciaron los hombros desnudos y poderosos de Dom. La boca de Dom recorrió el cuello y besó las orejas de Elijah. El whisky pajizo mojó la espalda de Elijah, y Dom lo bebió. Los dedos traviesos de Elijah se hundieron entre las piernas de Dom y la lengua de éste dibujó un beso negro de placer en la piel de su amigo. Sus cuerpos se fundieron, unidos en un 69 frenético y jadeante. Los gemidos dulces de Elijah taladraron el cerebro de Dom, cuando éste se llevó su virginidad, encima de él, rodeando las caderas con sus brazos poderosos, mirándole a los ojos, empujando sin parar. Los jadeos roncos de Dom hicieron temblar a Elijah cuando éste lo poseyó también, los dos de pie, apoyados en la pared, la bombilla oscilando sobre sus cabezas, arrancando brillos nacarados de sus cuerpos desnudos bañados por el sudor de la pasión. Y los quejidos, los quejidos agridulces de uno y otro, cuando el premio dorado, cuando el Oscar robado, entró en los cuerpos de ambos, primero Dom introduciendo la cabeza fría y redonda del Oscar en la carne de Elijah, y después Elijah, hundiendo más y más el pedazo de metal entre las piernas abiertas de Dom.
El tiempo desapareció, el tiempo voló, el tiempo se desintegró. Elijah y Dom, abrazados, sentados frente a frente, usaron el bendito Oscar para sumergirse en un torbellino escandaloso de placeres. Los dos actores deslizaban la estatua por sus cuerpos desnudos, mientras se acariciaban, se masturbaban, se poseían. Y al final, al final del todo, cuando ellos no pudieron aguantar más el placer y llegó el orgasmo liberador, el Oscar quedó en un rincón, salpicado de saliva, de sudor, de semen, olvidado, ajeno a los murmullos quedos de sus ladrones, que acurrucados entre las cajas y abrazados, recuperaban el aliento perdido.
- Ahora sí que debemos largarnos de aquí, Dom. Son casi las dos de la madrugada. Llevamos aquí un huevo de tiempo. No podemos quedarnos más. La gente se preguntará dónde coño nos hemos metido. Ha sido un milagro que no haya aparecido nadie por aqui buscando las cajas de bebidas. No podemos tentar a la suerte. Venga, vamos a vestirnos y a devolver al tío Oscar a su dueño.
- Joder, Elijah, tienes razón. Vamos a vestirnos y a pirarnos de aqui. Pero antes quiero que me jures una cosa, tío, escucha. No quiero que nadie sepa lo que ha ocurrido aqui esta noche. Nadie, ¿de acuerdo, tío?. Nadie. Esto es entre tú y yo.
- Vaya, Dom. ¿Estás hablando en serio?. ¿Tú?. No me lo puedo creer. Es cierto, al amigo Dom se le ha puesto cara de persona responsable y recta, jajaja. Ahora no quiere que nadie sepa que nos hemos follado al Oscar de Peter, jajaja.
Dom miró con gravedad a su amigo, mientras terminaba de vestirse a toda prisa. Una punzada de desilusión le dobló el corazón. Para él, aquella aventura sucedida en un cuartucho mugriento y oscuro, había significado mucho, y le dolía esa sonrisita irónica que brotaba de los labios de Elijah. Se acercó más hasta su amigo, mirándolo fijamente y le habló con voz ronca y sincera.
- Elijah, no he hablado más en serio en toda mi vida. Lo que ha sucedido esta noche significa mucho para mi. Es algo mío, es algo nuestro, y punto. Me jode que te rías así de mi, me jode que te tomes esto como una follada cualquiera, y eso no, ¿me oyes?. Eso no. Si para ti no ha sido más que una forma de pasar el rato, para mi no lo ha sido, ¡joder!, no lo ha sido.
El tono doliente de la declaración de Dom cortó la sonrisa de su amante, que quedó callado, mudo, pensativo, apagado. En ese tenso silencio, los dos muchachos terminaron de vestirse, chaquetas arrugadas, corbatas torcidas, camisas oliendo a batalla. Tres o cuatro colillas aplastadas contra el suelo, una botella medio vacía, una caja abollada y un muñeco de metal dorado sucio, los únicos testigos del encuentro, participaban de ese silencio sepulcral. Dom terminó de ajustar su corbata, y sin mirar a Elijah, se dirigió hacia la puerta. Con una leve flexión de rodillas, se agachó para recoger el Oscar tirado en el polvo del suelo. Con un suspiro imperceptible, frotó la estatua contra su chaqueta, en un intento inútil por adecentarlo un poco y aferró el picaporte de la puerta, dispuesto a salir.
- Dom, espera, escúchame. Para mi tampoco ha sido un polvo cualquiera. Ha sido especial, ha sido...ha sido de Oscar, Dom, esa es la palabra exacta, jajaja....
Los ojos de Dom relampaguearon de rabia. Apretó los labios y de un empujón apartó a Elijah de su lado, franqueó la puerta y salió al pasillo exterior, rezumando ira. Elijah contrajo los músculos de su rostro dibujando una mueca de desesperación y angustia. Sin perder un segundo, echó a correr tras su enfadado amigo.- ¡Eh, espera, espera por favor!. Dom, escúchame, joder, era una broma, tío, una broma. ¡Dom!. ¡Claro que guardaré el secreto, por supuesto!. ¡A nadie le importa lo que ha pasado entre nosotros y lo que va a suceder de aqui en adelante!. ¿Me oyes?. ¡¡Dom!!.
El grito ansioso de Elijah detuvo la marcha de Dom. Elijah lo alcanzó en dos zancadas, y se colocó frente a él. Estaba desgreñado, sudoroso, y en sus ojos se reflejaba la verdad. Elijah podría mentir con la boca, pero no con los ojos. Y Dom supo con solo mirarlos que, efectivamente, de ahí en adelante, algo hermoso iba a suceder entre ellos dos. Un abrazo profundo y un beso en la boca selló el pacto de amor entre los dos recién estrenados amantes. Un beso escondido entre tinieblas, un beso robado al tiempo. Un ruido de pasos acelerados llegando hasta ellos, los separó bruscamente. Ante ellos apareció James, uno de los miembros de WWS, el grupo musical invitado a la celebración.
- ¡Ah, hombre mira a quién tenemos aqui!. ¡Tíos, os está buscando todo el mundo!. ¿Dónde os habiais metido, cabrones?. ¿Qué estabais en el cuarto de las bebidas?. Jajaja, mira que soy capullos, ¿y que cojones estabais haciendo alli?. ¿Queee?. ¿Follando?. Jajaja, ¡no jodais tíos!, follando dicen, que fuerte chavales, sois la hostia. Bueno, colegas, os dejo que me estoy meando vivo, ¿dónde está el baño?, al fondo, vale, vale, tíos...¡Hostias!, ¡Pero Dom!. ¿Qué es eso que llevas ahí?. ¡No me digas que es el Oscar de Peter!. Jajaja..., ¿qué como lo sé?. ¡Coño, Dom!. El Peter ha puesto todo patas arriba buscando su Oscar, jajaja...Debimos haber imaginado que habiais sido vosotros, chorizos. ¡Venga, tíos, me abro, y yo que vosotros devolvería enseguida ese cacharro a su dueño, joder, joder, que mamones...!.
James agitó las manos en señal de despedida y corrió pasillo adelante. Elijah y Dom intercambiaron una mirada cómplice, clavaron la vista en el maltrecho Oscar, volvieron a mirarse, y una explosión de risas surgió imparable. Cuando la risa dejó de sacudirlos, se enjugaron las lágrimas y comenzaron a caminar, dispuestos a zambullirse en la algarabía y el bullicio de la fiesta que se escuchaba delante de ellos, al final del largo pasillo desierto.
- Dom, no has guardado nuestro secreto, joder. Eres un malqueda, jajaja.Ahora todo el mundo se va a enterar de nuestra corrida.
- No te preocupes, tío. Si llegamos a decir cualquier excusa gilipollesca, es cuando no nos hubiesen creído. Y además, qué coño, que piensen lo que quieran. Me la suda. Lo único que me importa eres tú, Elijah, solo tú, aunque suene ñoñeras y te descojones de mi.
- Jajaja, claro que suena ñoñeras, pero me gusta, Dom, me gusta que me digas eso, me gusta lo que ha pasado entre los dos, me gustas tú, Dom.
Un último abrazo, un último tórrido beso escondido antes de aparecer a los ojos de la gente, y simular una simple amistad. El alboroto de la fiesta los engulló en segundos, mareándolos sin piedad. Minutos más tarde, el Oscar 2004 a la mejor dirección, volvió a las manos de su propietario. Bromas, carcajadas, regañina por parte del acongojado director, “joder, tíos, debí imaginar que vosotros habiais sido los mangantes, joder, joder, mi Oscar, pedazo de capullos, mi Oscar, vamos, no os doy una hostia porque estamos en público, que si no, las muelas, se os iban a caer las muelas a cachos del mamporro que os iba a arrear, cabrones, mi Oscar, mangarme mi Oscar, joder, joder, os habeis pasado un pelo, mamones, mi Oscar, mi Oscar, joder, y qué sucio está, todo pringoso, joder, qué le habeis hecho a mi Oscar que está pegajoso y lleno de mierda, joder, mi Oscar, mi pobre Oscar, os mato tíos, os mato, jajaja, os mato...”.
Los flashes de las cámaras de fotos volaron alrededor del grupo. Más fotos sobre el director y sus actores. Ha sido la broma pesada de la noche. Elijah Wood y Dominic Monaghan escondieron el Oscar a Peter Jackson, una anécdota más que contar en esa noche gloriosa. Fotos y más fotos sobre los tres protagonistas, los tres riendo, felices, dichosos, un premio dorado entre sus manos, el premio al esfuerzo, al trabajo, al tesón. Elijah y Dom se miraron de nuevo. El Oscar era su anécdota, el simbolo de su relación, su secreto.
¿Y por qué si es un secreto yo lo conozco?. ¿Cómo pude enterarme de hasta los más infimos detalles de esta historia?. ¿Acaso Elijah o Dom me lo revelaron?. No, nadie tuvo que contarme nada, nadie me desveló ningún secreto. Nadie, puesto que yo soy el Oscar de Peter, yo soy esa estatua hierática, dorada, preciada, codiciada, ansiada, yo soy el Oscar de Peter Jackson, mejor director 2004, pedazo frío de metal que tuvo el inmenso placer de unir por primera vez a dos tipos llamados Elijah y Dom. Y ahora, pasados ya muchos años, cuando ya no existe Peter, ni Dom, ni Elijah, ni toda esa gente que acudió a esa fiesta celebrada en una noche mágica, yo todavía permanezco vivo, tieso en mi pedestal, olvidado en el interior de una caja de cartón, escondido entre montones de trastos viejos, perdido en el desván de la casa de Mary, la bisnieta de Peter Jackson. Y mientras yo exista, el recuerdo de aquella noche permanecerá por siempre. Yo soy el Oscar al mejor director de 2004, el Oscar de Peter, el Oscar de Elijah y Dom.
FIN