
Fantasía nº3 en si mayor – Luz en las tinieblas
Billy canturrea en voz baja. Queda poco para que Marcia, su maquilladora, termine la transformación del chico en el travieso Pippin Tuk. Se recuesta en el sillón y vuelve a sorprender a Dom mirándole de reojo. Este desvia rápidamente su mirada, y disimula, cómo si nada pasara. Billy se pregunta qué coño le pasa a su compañero esta mañana. Joder, se está empezando a mosquear con tanta miradita resbalosa. En el otro extremo de la caravana Lij se está riendo de Sean, estás en las nubes, Sean y éste se revuelve nervioso en su asiento, soltando estúpidas explicaciones. De nuevo surge la tranquilidad, y nadie habla. Algo raro pasa esta mañana, piensa Billy. Primero viene esa loca de la vida, la Srta. Gibson García de Medina, Lola de España como ella misma se autodenomina, su linda secretaria-ayudante-amiga-confidente, y les calienta los sesos con sus sueños eróticos. Y ahora las miraditas que flotan en la atmósfera de la caravana, cruce fugaz de pensamientos politicamente incorrectos. Billy sonríe. Seguro que Dom se está imaginando alguna guarrada hobbiana. Y Sean, el serio, el intachable, el responsable padre de familia, probablemente esté llevando la amistad de Sam por Frodo a extremos insospechados.El Sr. Boyd se lleva un caramelo a la boca, el segundo de la mañana, hierbabuena y menta, y repasa su guión. De repente, entre sus hojas, salen dos folios grapados con un gran título en rojo que dice “MINAS MORIA”. Es un borrador, tachones por aquí, correcciones por allá, que contiene la escena 23-A, Moria. -¿Qué es esto?. – se pregunta sorprendido Billy. Según tiene entendido las escenas de Moria no las van a rodar hasta dentro de tres semanas por lo menos. Ahora están superliados con el tinglado de La Comarca. - ¡Eh, tíos!. – pregunta Billy, alzando su voz. -¿Teneis vosotros el guión de Moria?. Respuestas negativas de todos. – Bueno, pues entonces es que a Lolita se le ha ido la pinza, y me ha entregado un trozo de guión que no es. Seguro que se le ha colado sin darse cuenta. Billy curiosea las dos hojillas pinturrujeadas, pero no saca casi nada en claro. –Bufff, tíos, nos toca rodar en pantalla azul, vaya mierda, con lo poco que me gusta a mí trabajar así. – se queja Billy, al leer las anotaciones en los márgenes del pre-guión de Moria, escena 1ª pantalla azul, escena 4ª pantalla azul, escena 10ª pantalla azul.
Bueno, que se le va a hacer, piensa Billy. Deja a un lado el par de folios y se concentra en su guión para hoy. Pero la imagen de Moria se le ha quedado en la mente….y el sueño de Lola también….”parecía el video que vimos el otro día, ese de los marines en la ducha, pero sin ducha”… las palabras de la despampanante Lola resuenan en su cerebro. Billy clava sus ojos en su guión, pero no ve nada. El mundo de la fantasía desaforada se adueña de las neuronas de nuestro hobbit, que se interna en el oscuro mundo de Moria….¿Por qué no?… Podría ocurrir….
Los enormes bloques de piedra caen con estrépito, levantando densas y cegadoras nubes de polvo, sepultando la débil luz de la noche. Oscuridad. La entrada a las minas de Moria, la gran puerta labrada por los enanos en tiempos inmemoriables, acaba de hundirse, destrozada por los coletazos furiosos del terrible guardián que reposaba bajo las aguas, ante el majestuoso portón. Terror. Gandalf hace brillar su vara y, la débil luz amarillenta que surge de la nada, alivia un poco el inmenso pánico que siente Pippin Tuk, el travieso hobbit de La Comarca, siempre metido en líos y problemas. Pero ninguno como éste, piensa el jóven Tuk, temblando todavía por la impresión sufrida. ¿Qué va a suceder ahora?. Perdidos en las entrañas de la tierra, en la minas de Moria, un laberinto asfixiante, tétrico, enloquecedor, metáfora del horror más refinado. El hobbit busca con la mirada a su compañero de travesuras, Merry, y se acerca a él, muy asustado. No sabe qué pensar de todo aquello.
Merry lo tranquiliza y le dice que no va a pasar nada. Gandalf es un mago muy poderoso y sabe lo que se hace. Él los guiará por esos corredores, pasadizos y agujeros traicioneros hasta encontrar la salida. Además, esos dos grandes guerreros que son Boromir de Gondor y el montaraz Trancos, mejor dicho Aragorn, nada menos que aspirante a rey, los protegerán. Sin olvidarse del espléndido arquero elfo que también los acompaña, Légolas. Y qué decir de Gimli, el enano, con su enorme hacha, dispuesto a partir en mil pedazos lo que se le ponga por delante. Sí, Pippin no tiene por qué preocuparse. Todo va a salir bien. Merry pasa su brazo alrededor de los hombros de Pippin, y lo atrae hacia sí, consolando de esta manera su temor. Pippin se deja mimar por su amigo, y se siente un poco más seguro.¡Cielo santo!. El viejo mago no recuerda el camino que deben tomar a continuación. Pippin vuelve a sentir la punzada del horror en su estómago, que se mezcla con la urgente necesidad de comer, que desde hace ya bastante tiempo atormenta al pequeño hobbit. No puede evitar preguntar a Merry cuando comerán, que lo regaña en voz baja. Ahora no se puede pensar en esas menudencias. El mago se ha sentado en una roca, y piensa…No se le debe de molestar con tonterías. La vida de todos está en peligro. Es mejor dejarle cavilar, intentando decidir cual es la dirección correcta que los sacará de este infierno silencioso.
La compañía se sienta en las rocas alrededor del anciano. Los minutos pasan lentamente, pareciendo horas, horas que caen aplastantes sobre la cabeza del hambriento y temeroso Pippin, que se acurruca en un rincón, mirando a sus compañeros. El caballero de Gondor, Boromir, le ha impresionado. Lo vio por primera vez en Rivendel, llegando a lomos de un veloz caballo, la capa y la melena castaña al viento, un rayo colérico y atormentado. Se volvió a recrear con su visión en el concilio secreto de Elrond, todo furia y desesperanza, aceptando ser el protector de su amigo Frodo. Pippin recuerda ahora, con un estremeciento de gusto, el día aquel en que cogió su espada y se brindó a enseñar el arte de la esgrima a Merry y a él, mientras hacían un alto en el camino hacia Mordor.
En uno de los lances, Boromir hizo daño a su amigo Merry, y Pippin ni corto ni perezoso, se lanzó contra el fornido cuerpo del guerrero gondoriano, medio en broma, medio en serio. ¡Qué sensación más placentera recibió el pequeño hobbit al sentirse abrazado por el gigante de hierro, en el suelo, riendo, sintiendo en su cabeza la caricia alegre de su mano poderosa!. Sí, disfrutó mucho, igual que cuando tuvieron que atravesar Caradhas, infierno de nieve y hielo, el cuerpo de Boromir protegiendo su vida, su calor traspasando su alma, sintiendo el roce mínimo de su piel en la suya, su aliento en su cuello… Maravilloso. Pippin se vuelve a excitar pensando en ello. El valiente Boromir gira su cabeza y su mirada se encuentra con la de Pippin. Una sonrisa cruza la helada y oscura caverna, una dulce sonrisa que aterriza en los asombrados ojos del pequeño hobbit. Pippin no sabe, no comprende, por qué siente esos escalofríos y estremecimientos cada vez que Boromir le sonríe, le habla, le toca….Gandalf sigue sin recordar cual es el camino acertado para continuar la peligrosa travesía. Les ordena que se busquen sitios cómodos para pasar la noche, mientras que él seguirá con sus cavilaciones. Pippin empieza a estar bastante asustado. La inmensidad de las minas de Moria le están comiendo su ingenua moral, y ya no ve todo aquello como una apasionante aventura. Ahora no se separa de su compañero Merry ni un instante, y cualquier ruido que escucha le hace saltar de su sitio. Incluso el hambre parece que ya no le atormenta las entrañas. Ahora es otra cosa lo que le martiriza. Su deseo por el caballero de Gondor, Boromir… Un deseo que se ha instalado en su mente y no lo abandona. Un ansia de estar entre los brazos del apuesto hombre, de sentir sus caricias, de ser protegido, de ser poseido…La imaginación de Pippin galopa libre y blanca, trayéndole escenas de pasión y lujuria, impensables, irrealizables…
El hobbit se arrebuja en su capa y se enrosca en un rincón apartado entre dos rocas redondas. Su mano temblorosa se introduce entre sus ropas, y busca satisfacer ese ansia devoradora que lo consume. Sus dedos acarician su miembro excitado, la cara y el cuerpo de Boromir prendidos en su cerebro, como un clavo ardiente. El pequeño hobbit se estremece de gusto, deslizando su mano por su pene con movimientos cada vez más rápidos y placenteros, notando el hormigueo del deseo concentrado entre sus piernas…. Boromir, oh, Boromir….eres tú quién está conmigo, eres tú… De repente, un ruido extraño, llega hasta los oidos del joven hobbit. Su corazón intensifica sus latidos, y el miedo hace que sus pupilas se dilaten y su sentido del oido se afine. ¿Qué es ese ruido?. ¿Será alguna alimaña?. ¿Un orco, quizás?. Pippin se incorpora con cuidado y observa a su alrededor. Sus compañeros están todos dormidos, acurrucados entre las rocas, ningún movimiento aparente. Solo se divisa allá en la lejanía la luz procedente de la vara mágica de Gandalf, la silueta de su sombrero picudo recortada contra el azul incandescente que surge de su bastón.¿Es que nadie escucha ese ruido?. Es como un suave gemido, rítmico, imparable, y surge de allá atrás, de esa gran pared de roca negra…Pippin busca con la mirada al montaraz y lo ve tumbado, su espada descansando a su lado, pero no se mueve. Si un tipo como él no se levanta, es que esos ruidos no deben ser hechos por nada amenazante. Su corazón se alarma cuando descubre que no puede ver a Boromir, ni tampoco al elfo… Bueno, no es nada raro que el elfo no esté con ellos, él no duerme y siempre está de aquí para allá, escudriñando todo con suma atención…. Está tentado de despertar a Merry, pero… Un nuevo quejido le sobresalta…Es una voz humana o algo parecido. Puede ser que Boromir esté en peligro…Pippin se arrastra por el suelo, su corazón encogido por la angustia de pensar que a su caballero le pueda estar pasando algo…. Nuevos sonidos tras la pared de roca negra… sonidos contenidos, apenas audibles ahora…Pippin llega por fin, y con sumo cuidado asoma su cabeza, sin saber lo que va a ver…
El elfo, Légolas, está de pie, apoyando su cara y sus manos en la pared. Está desnudo, y la blancura de su piel de marfil parece que ilumina el oscuro escondrijo. Detrás de él, rodeando su delgada cintura con sus poderosos brazos, se encuentra Boromir, desnudo también. La melena le cae sobre la cara, y su boca mordisquea el cuello y hombros del elfo. Boromir lo empuja con fuerza contra la pared, y los ruidos que ha escuchado Pippin antes, proceden de su garganta. El elfo no emite ningún sonido, los ojos cerrados, abandonado entre los rudos brazos del bravo soldado de Gondor. Pippin se siente mareado ante la imponente visión que ciega sus ojos.. Ahora observa como Boromir se separa un poco de Légolas, y ve con claridad, el enorme miembro del gondoriano saliendo de entre las níveas nalgas del elfo afortunado… ¿Qué es esto, por todos los diablos, qué es esto?…Pippin nota el golpe del deseo más bestial en su interior y continúa espiando el fascinante espectáculo del hombre y el elfo, Boromir, Légolas, amándose con ardor.Boromir gira delicadamente a Légolas y lo pone frente a él, cara a cara. Se besan en silencio, beso profundo, lenguas de fuego, mientras las manos de uno y otro se exploran, caricias infinitas que excitan la vista del pequeño Pippin, que comienza a acariciarse su propio miembro, ahogando los jadeos que le alteran la respiración. Ahora Boromir levanta a Légolas con su brazos de acero, y lo sienta sobre sus caderas, la espalda del elfo apoyada en la pared, sus piernas alrededor de la cintura del guerrero, sujetándose al cuello de Boromir para no caer. Una sacudida estremece el cuerpo de Légolas, que por fin gime con suavidad…Pippin sabe que Boromir lo ha vuelto a penetrar, y ahora éste coloca sus manos bajo las nalgas de Légolas, mientras sus caderas se mueven ritmicamente, con sensualidad, arrancando cada vez mayores quejidos de la dulce boca del elfo…
Pippin Tuk siente una envidia lacerante…Légolas sube y baja, mecido por los fieros empujones de su amante, aprisionado contra la pared y el duro pecho de Boromir, gimiendo sin descanso, su rubia melena agitándose, tapando su cara y la del guerrero, que jadea, que jadea, que jadea, el brillo tenue del sudor corriendo por la piel de su espalda poderosa… Pippin frota su miembro con la desesperación final previa al orgasmo, y se estremece en silencio, el jadeo enloquecedor de Boromir desgarrando su oido, el placer del éxtasis más intenso apoderándose de su cuerpecillo….Al pobre hobbit le falta casi el aire, y aún así vuelve a mirar por encima de las rocas el movimiento frenético, provocador, sensual, de los cuerpos de Boromir y Légolas…Pura sinfonía de gusto y placer….Sí, sí, sí, sí, y mil veces sí… De repente, luz en la oscuridad… los ojos de Pippin se deslumbran con miles de rayos que ciegan sus ojos…
- Vamos a tener buen día hoy- comenta Marcia, contemplando los rayos de sol que se cuelan sin piedad por el ventanuco de la caravana de maquillaje. Ahora se estrellan contra la cara de Billy, que ya no es Billy, sino Peregrin Tuk. – Ya estás, Billy, sí, ya estás, sí, Billy, ¿te has quedado dormido? – la maquilladora pone su mano en el hombro de Billy y lo sacude ligeramente.
- Sí, sí, er, ejem, no, no, estoy despierto, Marcia, sí, muy despierto – contesta el muchacho, volviendo al mundo real. Se pone de pie de un salto, pero enseguida vuelve a sentarse en el sillón. – Mierda, joder, pero si me he empalmao y todo, la leche, me lo va a notar todo el mundo, Dios santo, que mierda, vuelve a tu sitio, so polla guarra, ahora no, ahora no…-murmura entre dientes el Sr. Boyd. Marcia lo mira con cara de no entender nada. -¿Quién tiene que volver a su sitio?.¿Qué dices, Bill?. Estais muy raritos hoy todos, muy raritos – termina diciendo la mujer, mientras mueve la cabeza y empieza a recoger todos los bártulos de maquillaje. Billy la sonríe sin saber que decir, y mira a sus compañeros. Ya están todos preparados para el rodaje. Se abre la puerta y aparece Lola, toda sonrisas. – Chicos, lo siento, se nos ha caído una grúa con cuatro cámaras, dos focos han explotado, y Sir Ian tiene dolor de cabeza. No empezamos a rodar hasta dentro de dos horas, por lo menos- la chica habla rápido, poniendo cara de resignación. Coro de protestas de los cuatro actores, palabritas soeces que se escapan sin remedio…Billy se acerca a Lola y pasa su brazo por sus hombros. – Ven aquí, españolita, anda ven, vamos a hablar del maravilloso mundo de los sueños, vamos a aprovechar estas dos horitas en blanco - le dice pegando su cara a la de la chica. Lola se ríe y le canturrea algo en español…Algo así como caliente, caliente, oa, caliente, caliente eo….