Fantasía nº2 en si mayor – Para siempre, por siempre


Sean Astin por fin puede sentarse tras casi una hora y media de pie derecho. Cae con un suspiro sobre el cómodo sillón, mientras Alexander le da los últimos retoques a sus peludos pies postizos. Todavía le queda casi tres cuartos de hora más de maquillaje, para poder transformarse en Samsagaz Gamyi, su personaje. Alexander empieza a extender la base del maquillaje en la cara de Sean. A la izquierda de Sean está Elijah, que le comenta una noticia que ha visto en uno de los periódicos de la mañana que ha traído Lola, el “Wellington Post”. Es sobre un tipo que ha matado a su madre y a su hermana y luego se ha pegado un tiro, en un pueblito del interior de Nueva Zelanda.

– En todas partes cuecen habas, Elijah – le contesta Sean, mirando a su compañero de reparto. Elijah asiente y le sonrie, mientras continua ojeando el diario. Sean se queda mirando a Elijah unos segundos más y luego desvía la mirada. – Asi que yo también le hacía guarrerías a mi amo – piensa Sean divertido. Le ha hecho gracia el sueño de Lola, ese torbellino de mujer, asistente personal de los cuatro hobbits. – Seguro que se ha inventado lo del sueño, para ver como reaccionábamos, la muy pillina – sigue pensando Sean. Mira a Elijah a través del espejo que tiene enfrente, y éste le devuelve su rostro a medio maquillar. Está guapo hoy Lij, muy guapo, y los potingues que le extiende Vania sabiamente por su cara, acentúan más aún esa belleza renacentista de su rostro. Las miradas de Sean y Elijah se encuentran de frente, suspendidas en el espejo. Sean aparta la mirada avergonzado. – Mierda, -piensa Sean- no me extraña que Sam esté todo el día detrás de su señor Frodo. Está de vicio pecaminoso…pero qué estoy pensando, estoy gilipollas perdido… Esta Lola y sus sueñitos, vaya niña….si llegara mi mujer ha enterarse de lo que estoy ahora pensando… Sean cierra los ojos, y su mente vuela desbocada hacia el loco mundo de la fantasía….¿Por qué no?…Podría suceder….


Un nuevo día amanece en la esplendorosa tierra de Rivendel, el paraíso de los elfos. Los dorados rayos del astro rey descubren, de nuevo, los tesoros ocultos del hermoso país. Bosques, ríos, flora, fauna, atmósfera, todo rebosa libertad y plenitud. Es la encarnación etérea de la paz y la belleza. Parece imposible que en esta tierra de luz acaramelada pueda existir el dolor y la preocupación, pero sin embargo, así es.
Samsagaz Gamyi, el hobbit procedente de La Comarca, solloza desconsolado en un rincón escondido de su habitación de Rivendel. No puede con la ansiedad y la tristeza que le embarga. Apenas hace unos minutos ha abandonado la cabecera de la cama de su señor, Frodo Bolsón, después de velarle toda la noche. Noche amarga e interminable, como todas las anteriores. Sam ya ha perdido la cuenta de los días y noches que lleva en Rivendel. Su señor no mejora. La medicina élfica de Elrond, su sanador, no parece hacerle efecto. El mago Gandalf le consuela diciéndole que estas cosas llevan su tiempo, pero Sam empieza a perder la esperanza.
¡Maldito sea el anillo que su amo se ha visto obligado a llevar!. Por culpa de su influencia maléfica su señor está ahora moribundo y Sam sabe que si algo le sucede a Frodo, él morirá con él. Con el paso de los años su amistad y simpatía hacia Frodo ha ido aumentando, transformándose poco a poco en respeto, admiración, sumisión, amor, ¿tal vez pasión?. El bueno de Sam no sabe lo que es, no puede describir sus sentimientos, lo único que ahora teme es perder para siempre a su admirado Frodo. Un sentimiento de culpa lo invade. Sam prometió cuidar y proteger a su señor y no lo ha hecho, no lo ha hecho… El pobre hobbit llora desconsolado, ajeno al esplendor decadente que le rodea, sumido en su profunda agonía de dolor.

Me lo dijo, me lo dijo el señor Gandalf, y no lo he cumplido, no he sabido proteger a Frodo, maldita sea mi torpeza, y mira, mira cómo está ahora, por tu culpa, hobbit estúpido, soy peor que los asnos del Tío, seguro que ellos se hubieran liado a coces con esos engendros del diablo y hubieran evitado todo esto. No tengo perdón, no y no. ¡Señor Frodo, si usted muere, yo desaparezco con usted!. No puedo soportar pensar que ya no estará más a mi lado. ¡Cómo echo de menos nuestros días de La Comarca!. ¿Te acuerdas, Sam?.
Sí, claro que me acuerdo. Lo que más me gustaba era despertarlo por las mañanas, era maravilloso verlo desperezarse, abriendo esos ojazos que tiene tan bonitos a la luz del día, mientras me daba los buenos días con esa voz tan, tan, no sé como decirlo… Y su piel… me quedaba pegado en el sitio, viendo como su camisa se abría y aparecía su carne, trozos por aquí, trozos por allá, tan, tan, vaya, no se cómo expresarme….Bueno, lo mejor era el baño, ¿eh, Sam?. Aquí sí que le veía cómo su señora madre lo trajo al mundo. Ese cuerpo suyo, tan sugerente, cómo decirlo, apetecible, cielos, que vergüenza, que cosas que pienso. Yo me quedaba fuera, esperando que me llamara para que le frotara la espalda. Sí, ya lo creo….esa espalda tan suave, mojada, resbalosa, llenita de espumoso jabón…seguro que Rosita Coto no tiene esa piel tan divina, ni es tan lista como mi señor, no qué va, no hay comparación, ni color…
Recuerdo ese día en que el señor Frodo tenía un espantoso dolor en el cuello y me pidió que le ayudara a lavarse el pelo en el baño…Bueno, no sé qué me pasó, pero al tocar y frotar su cabeza con mis dedos, me entró un cosquilleo por el cuerpo…Mi señor tenía los ojos cerrados y de vez en cuando suspiraba… Fue algo maravilloso. Sé que le gustaba lo que le estaba haciendo, y creo que mucho. Y luego me pidió que le diera un masaje en el cuello, en ese cuello que, no sé, es como, como, como esas columnas que hay en la entrada de esta habitación, tan blanco, como de, de, de…nácar, eso es, igual que la tapa de esa cajita que hay encima de mi mesilla. Oh, sí, mis dedos deslizándose por ese cuello, que ya quisiera tener Rosita para ella, y luego por sus hombros, redondos, suaves…Bueno, no sé lo qué me paso, pero el caso es que, bueno, qué vergüenza me da hasta el pensarlo, me excité un montón, pero mucho, mucho….
Tanto que luego, mientras mi señor se vestía, me tuve que meter en la caseta del jardín y aliviarme como pude, oh, cielos, me tuve que masturbar allí, entre mis herramientas, en silencio, imaginando que mi mano llena de callos y durezas, era la boca jugosa de mi Frodo…Basta ya, Sam, basta ya, eres un cerdo inmundo…¿Cómo puedo pensar en mancillar así a mi señor?. ¿Cómo puedo atreverme a imaginar su linda boquita haciéndome esa marranada?. ¡Demonios, Sam!. ¡Puede que se muera dentro de un rato, y tú pensando en cochinadas aberrantes!…
Soy yo el que merecería morir por no haber sabido proteger a mi amo… Sí, mi dulce Frodo, mi señor, el dueño de mi….¡maldita sea!….el dueño de mi corazón, sí, eso es, ahora me doy cuenta de lo mucho que lo quiero. ¡Al diablo con Rosita!. Prefiero mil veces ver la sonrisa de mi señor por la mañana temprano, que cientos de besos de esa tabernera vulgar!. ¡Oh, Frodo!. ¡TE QUIERO!. Las más bellas flores de La Comarca no pueden compararse a tu hermosura y bondad. No tengo ninguna esperanza de que correspondas a mi pasión, soy torpe, vulgar, ignorante, estúpido, un sencillo jardinero, y tú eres, eres….lluvia de estrellas en una noche de agosto, dulce cerveza dorada, pastel de manzana recién salido del horno….Estoy loco, loco por ti Frodo Bolsón. Te entrego mi alma y mi corazón, para siempre, por siempre….

Bueno, Sam, ya has dicho bastantes tonterías por hoy. Iré a echar un último vistazo a mi señor, y luego me acostaré un poco. Necesito descansar, que luego por la noche me quedo dormido, y no cuido a Frodo como debería…¡No puede ser!. El cansancio me está jugando una mala pasada, ¿pues no estoy escuchando la divina voz de mi amo?….¡¡Sí, es su voz, es él!!. ¡Oh, los cielos han escuchado mis súplicas! Corro como un loco hacia la habitación de mi señor y allí lo veo, medio sentado en la cama, hablando con Gandalf. Me abalanzo sobre él, borracho de alegría….-¡¡Señor Frodo, señor Frodo, bendito sea, ha despertado!! – exclamo jadeante. No lo puedo creer, mi señor curado, de nuevo sus ojos de ensueño adueñándose de mi alma, su risa de plata endulzando mis oidos, cerrando mis heridas. No puedo evitarlo, y casi me acuesto encima de él. Mi mano ha buscado la suya con desesperación, y la ha encontrado. Está todavía fría, pero ya me encargo yo de pasarle mi calor, mi amor, mi admiración. Frodo, oh, mi amado hobbit, cómo expresar, cómo transmitir esta alegría que siento, que me asfixia, me agarrota, me trasporta….Gandalf le cuenta mis noches en vela, mi preocupación, mi dolor, y mi señor me vuelve a sonreir, y parece que es como el sol rompiendo negras nubes de tormenta. Su olor me llega, me estremece de gusto, sus labios, todavía marchitos por culpa de la maldita herida, parece que me llaman… de buena gana, y allí mismo, sin importarme nada ni nadie, le hubiera comido a besos esa boca, esa boquita tan, tan, ¡demonios!, no sé como decirlo, soy un patán sin remedio. Mi señor, mi Frodo, a salvo. ¡¡Qué felicidad!!…
- Vamos, señor Frodo, déjeme que le ayude con la camisa, así, despacio, despacito ese brazo, uy, lo siento, - soy un cacho de bestia, ya le he dado en la herida, demonios, pero que pedazo de mastuerzo que soy. - ¿Le he hecho daño, Frodo?. Qué torpe que soy, si señor, un inútil desmañado, eso es lo que soy. – No sé como disculparme con mi señor, seguro que me duele más a mí que a él. – Venga, Sam, no ha sido nada, hombre, tranquilo, no me has hecho daño, no digas eso de que eres un torpe. Sabes que no lo eres – me contesta mi Frodo. Me encantan sus palabras de ánimo, es adorable, tan bueno conmigo siempre, y por todos los diablos de la Tierra Media, ¡qué guapo está hoy!. Está radiante, sí, eso es, radiante como una mañana de primavera de nuestra tierra. Hoy por fin, mi amo se levanta de la cama, después de muchos días postrado en ella. El señor Elrond dice que ya está restablecido del todo. Estupendo. Ahora él dejará el anillo maldito aquí, en Rivendel, y nosotros nos podremos marchar a casa. A casa…

Mi señor y yo paseamos por los jardines de la casa de Elrond. Desde luego estos elfos saben como cuidar y tratar a las plantas y árboles. Sus parques y jardines me dejan estupefacto. Hay que reconocer que superan con creces a los que tenemos en La Comarca. Mi señor y yo no nos cansamos de pasear y contemplar esta maravilla verde y oro. ¡Qué flores más hermosas!. Multitud de colores para alegrar la vista e innumerables fragancias para deleitar al olfato más exigente. Pero nada de todo esto puede compararse con el amo de mi corazón, caminando a mi lado, hablando conmigo, regalándome sus miradas de fuego celeste. Hoy se cumple una semana desde que Frodo se levantó de la cama, y ¡por mi alma!, está más hermoso y deseable que nunca a mis ojos.Los colores han vuelto a su cara de porcelana, y el granate de sus labios vuelve a martirizarme, haciéndome desear su boca, sus besos, como nunca. ¿Qué pensaría Frodo de mi, si yo le dijera lo que siento por él?. Diría que estoy loco, y me rechazaría con asco. Seguro que haría eso, y sería lo más sensato. Pero no puedo, no puedo apagar este fuego que, cada día más me consume… Soy un cerdo asqueroso, como quién dice, pero ¡diantres!, no puedo evitarlo.
Me excito cada vez que lo veo desnudo cuando va a acostarse, me acelero cuando le veo dormido en su cama, los labios entreabiertos, la respiración profunda, y no digamos cuando le ayudo a meterse en esa bañera tan enorme que tienen estos elfos…De buena gana me metía con él en el agua. Le frotaría la espalda con este jabón elfo tan aromático, le cubriría de besos la nuca, el cuello, los hombros, la boca, le haría todo lo que él me pidiera, todo…Me encantaría sentir su cuerpo entre mis brazos, suplicándome que lamiera su, su, su… que vergüenza, Samsagaz Gamyi, que asqueroso que puedes llegar a ser… Y sí, por qué no, me gustaría penetrarlo, hacerle gritar de placer, pidiéndome más y más, Sam, más, Sam, sigue, sigue, Sam, Sam, me vuelves tan loco, Sam, Sam….
-¿En que piensas Sam? – la voz de Frodo me sobresalta. ¡Córcholis!. No, mi señor Frodo, su Sam no puede decirle lo que está pensando, no quiere ensuciar sus oidos con sus cochinas fantasías irrealizables. – No, nada, señor Frodo, nada. Bueno, sí, pensaba en La Comarca. Ahora que ya está usted recuperado, he pensando que tal vez, si usted me comprende, que tal vez podríamos ya volver a casa. Usted deja aquí el anillo a estos elfos tan maravillosos, y asunto concluido. ¿No lo cree usted así?. – le pregunto, intentando disimular el efecto que mis pensamientos perversos provocan en mi estado de ánimo. Mi amo suspira, y mira al horizonte. Una sombra oscurece su rostro. Vaya, ya he vuelto a meter la pata, no tengo remedio, soy un asno estúpido, he dicho algo que ha entristecido a mi señor.

Mi Frodo se sienta en un banco de piedra hermosamente tallado, junto a una fuentecilla de la que mana un pequeño chorro de agua plateada. Estamos en un rincón escondido de los jardines del Señor Elrond. Parece que este banco está aquí colocado aposta, para encuentros apasionados de enamorados felices. – No sé, Sam – me contesta Frodo. – No veo este asunto nada claro. Yo también deseo regresar a La Comarca cuanto antes, pero intuyo que las cosas no van a ser tan fáciles. Frodo está apenado, no debería haber dicho nada, ¡maldita sea!. Sam, arregla esto ahora mismo. – Venga, Señor Frodo, - le digo, sentándome a su lado en el banco, muy cerquita de él – No se preocupe. Todo saldrá bien, ya lo verá. Frodo deja de mirar el horizonte y clava sus ojazos en los míos, la luz de Rivendel llenándolos de reflejos verdeazulados, dejándome sin respiración… ¡Santo cielo, que sonrisa me dedica!. Más dulce que la miel, ingenua como una cancioncilla infantil, pero al mismo tiempo, seductora, provocante, sensual…
- Gracias, Sam, muchas gracias por tus palabras de ánimo – me contesta con su voz de almíbar. – Me alegro de que estés aquí conmigo, ayudándome en esta aciaga empresa que el destino me ha otorgado. Su mano derecha se posa delicadamente sobre mi izquierda, y yo, yo, yo,… me siento morir. Noto su calor que me abrasa, que me quema, que me excita. Siento una presión burbujeante allá abajo, entre mis piernas, una sensación que me hace perder la cabeza. Su rostro tan cerca del mío, nuestros cuerpos rozándose, la soledad del jardín, la intimidad que nos protege… No puedo más…Levanto mi brazo y rodeo sus hombros con él, atrayendo su cuerpo hacia mi pecho. Mi señor no dice nada. Apoya suavemente su cabeza en mi hombro, y cierra sus ojos. Mi barbilla descansa sobre sus rizos morenos, y mi mano derecha acaricia su brazo. Se me acelera el corazón…No puedo parar…Su mano sigue apoyada en la mía, pero yo la levanto y la elevo hasta su cuello de ensueño… Mis dedos se deslizan con ternura infinita por su carne inmaculada…Su piel está erizada, minúsculos bultitos que se elevan al contacto de mis dedos….¡Diablos, mi señor se aprieta cada vez más contra mi, el pobre Sam, y yo no sé si esto significa que quiere que siga o no, no sé si esto está bien o mal!…Me lanzo al vacío...
Ahora mis dedos incansables viajan por su nuca y se enredan en su pelo, subiendo por su cabeza. Frodo se estrecha más contra mi pecho, y enlaza mi cintura con su brazo libre. Le acaricio muy lentamente sus rizos de seda, y le oigo suspirar… Mi otra mano no cesa de subir y bajar por su brazo. Mi señor se abandona cada vez más a mis caricias, y yo no puedo creerlo. No me rechaza, ni siquiera cuando dejo de acariciar su cabeza y busco su pecho, desabrochando con torpeza los dos primeros botones de su camisa. Ahora estoy temblando…mi mano ya está sintiendo el tibio calor de su cuerpo, la seda salvaje de su piel….¡Qué placer más exquisito me embarga cuando rozo con mi dedo uno de sus pezones, y compruebo como se endurece bajo su presión!. - ¡Oh, Sam! – gime mi amo, mimoso, restregando su pelo en mi cuello, abrasándome con su aliento. - ¡Sam, sigue por favor, me gusta mucho que me acaricies ahí!. – el tono de su voz es susurrante, jadeante, delicado suspiro de amor enloquecedor….
Su orden aumenta mi temblor y mi deseo. Siento como palpita mi miembro, allá abajo, erecto, tenso, huérfano de caricias. Aprieto más contra mi cuerpo a Frodo, y mis dedos continuan estimulando sus pezones. Tropiezo con la cadena y el anillo maldito, y procuro sortearlo. Es entonces cuando siento en mi cuello el beso húmedo de la deseada boca de mi dueño. Su primer beso en mi piel….¡Caramba! ¡Esto tiene que ser un sueño!. Seguro que estoy tumbado en la mullida cama de elfos que hay en mi habitación, y en unos segundos despertaré sofocado, excitado, mis caderas agitándose, pero solo. Pero no es un sueño…La boca de Frodo continua besando mi cuello… besos pequeños, mojados, ardientes, uno, dos, tres, cuatro, cinco…. ¡y que hace ahora con su mano!. ¡Oh, por mi alma bendita!. Su mano está ahora en mi muslo, la tela de mi pantalón entremedias, y sube peligrosamente, sube, busca, roza, encuentra mi miembro duro como el granito….Me estremezco de placer al sentir la caricia infinitamente soñada, pero….

- Señor Frodo, - murmuro, mi boca apoyada en su pelo, mi mano retirando la suya de mi miembro - por favor, no haga eso, no por favor, va a hacer que me caliente, si usted me entiende, quiero decir, no está bien que nos toquemos asi, yo… De pronto mi amo se separa de mi y se me queda mirando. Su respiración está muy agitada, y sus ojos brillan, tremendamente abiertos, sus pupilas dilatadas. – Tienes razón, Sam. Esto no está bien. Perdóname, lo siento. No quería molestarte – se levanta del banco con rapidez, abrochándose los botones de su camisa. – Estoy algo confundido, Sam, no sé lo que me pasa – me habla aceleradamente, y sus mejillas están ahora deliciosamente encarnadas. – Nos veremos más tarde, en la cena. Tengo que irme ahora, sí, tengo que irme Sam. Olvida esto que ha pasado, olvidalo, por favor. – Frodo se va por la vereda del jardín, sin esperarme, se va rápidamente, sin darme tiempo a replicarle… Se va…mi vida se va….

Me quedo como idiotizado, sentado en el banco, la mano en mi cuello, mis dedos mojándose con la saliva que Frodo ha dejado allí, firma de amor, firma de dolor… ¿Qué es lo que he hecho?. Sam, tonto de capirote, bobo del demonio, imbécil y más que imbécil… Te has atrevido a propasarte con tu amo querido… Bueno, esa no es la palabra adecuada…Veamos, él tampoco se estaba quieto, no ya lo creo que no…¡¡Rayos y centellas, Samsagaz Gamyi!!. Frodo estaba lanzado, ha sido él que te ha besado el cuello, el que se ha atrevido a acariciar tu parte más íntima, el que te suplicaba que siguieras acariciando sus pezones….Eso solo puede significar que también siente algo por ti, cabeza hueca, sí, eso es, y tú, grandísimo cretino, lo has echado a perder, diciéndole que eso no estaba bien…Lo he avergonzado, ¡mal rayo me parta por la mitad!, sí, le he hecho pasar un mal rato….¡Santo cielo!. Ahora pensará que yo quiero nada con él…¡Frodo, Frodo!, ¿qué me está pasando contigo, qué?…El recuerdo de sus besos enloquecedores en mi cuello y la presión turbadora de su mano en mi pene, hace que me esconda entre unos arbustos, y allí, en silencio, en soledad, me masturbo con rapidez, pero el éxtasis que me llega no sirve para consolar mi deseo brutal de Frodo, mi dulce señor…
Un rayo de esperanza ha atravesado mis crueles dudas. Ahora tengo claro que Frodo también quiere algo más de mi que una simple amistad. Si, eso es. Mi cabeza no da para mucho, pero hasta el ser más estúpido de la Tierra Media sabría que ese abandono de Frodo entre mis brazos significa solo una cosa… Su cuerpo desea mis caricias, busca placer conmigo, puede ser que me quiera. Esta noche en la cena hablaré con él. Le pediré disculpas por mi comportamiento, y aclararemos las cosas. No puedo dejar que esto quede así. Como dice el Tío, al pan pan y al vino vino, y más vale pájaro en mano que ciento volando, y ojo por ojo y diente por diente…No, este refrán no viene mucho al caso, Sam, creo que no.


Mi señor no apareció anoche en la cena, y eso me trastornó bastante. Tampoco me atreví yo a subir a su habitación. Creo que mi amo no quería ser molestado. Y hoy por la mañana, muy temprano, se ha marchado con Elrond y Gandalf, a un sitio secreto, con mucho sigilo, sin decir nada, creyendo que nadie los ha visto. Nadie excepto yo. Seré un bruto ignorante, pero cuando se trata de asuntos que me incumben mi sagacidad se dispara, y bueno, pues aquí estoy, escondido detrás de estos matojos, espiando y escuchando todo lo que dice esta gente extraña que se ha reunido en este apartado rincón del bosque. Están hablando del dichoso anillo. Elfos, hombres, enanos… todos vestidos con sus mejores galas, ¡y cómo hablan y discuten, por mi vida!. No entiendo nada de lo que dicen…Bueno, ahora sí que se ha liado. Uno de los enanos ha intentado destrozar el anillo con su hacha, y … ¿qué dicen?. ¡Ay, por todos los demonios del Bosque Negro!. No oigo nada… NO,NO,NO…Mi señor se ofrece voluntario para llevar el anillo a no sé que sitio infernal…No puedo dejar que vaya solo, no puedo…..- ¡Eh, el señor Frodo no va a ningún sitio sin mí! – salgo corriendo de mi escondite y grito muy alto y fuerte, para que todo el mundo sepa que nunca jamás, pero jamás de los jamases, dejaré a mi amado Frodo solo y abandonado a su suerte. Mi señor me mira sorprendido y me sonríe, chispazos de fuegos multicolores en sus ojos inocentes, y yo me siento inmensamente feliz. Lástima que ese par de granujas cabezas de serrin de Pippin y Merry también se hayan apuntado al cotarro, vaya, la felicidad nunca es completa.
Frodo está muy preocupado y nervioso, se lo noto perfectamente, a mí no me puede engañar. Le observo de reojo, mientras voy quitando la enorme colcha color marfil que cubre su cama. Está asomado al gran ventanal, observando la luna tan magnífica que esta noche nos ofrece el firmamento. Sus rayos pálidos caen sobre el rostro de mi señor, envolviéndole en un halo sobrenatural de luz. Su belleza es sobrecogedora, y no tiene nada que envidiar a la que poseen todos estos elfos majestuosos que nos rodean. ¡Ay, mi amado Frodo!. Ahora ya no tengo ninguna duda. Quiero a mi señor, lo amo, lo deseo, lo adoro. ¡Se le ve tan frágil y vulnerable!. Pero para eso estoy yo aquí, para protegerlo de todo mal. Ofrezco hasta mi última gota de sangre por él, mi misión, de ahora en adelante, será esa….cuidar de él para siempre, por siempre…su fiel esclavo.

- Sr. Frodo, si quiere me quedo aquí con usted, velando su sueño – le digo a mi amo, mientras le arropo con cuidado. – No, no hace falta, Sam, vete a descansar tú también. Tenemos que reservar nuestras energías para poder llevar a cabo esta odiosa misión que se nos ha encargado. – replica, mientras su mano juguetea con la cadena que sostiene el funesto anillo de poder. Le doy las buenas noches y me dispongo a apagar las velas del candelabro, cuando siento su mano agarrando mi muñeca. – Espera, Sam, todavía no te he dado las gracias por haberte ofrecido a venir conmigo a Mordor. – su voz es casi un murmullo imperceptible. – Gracias de todo corazón. Eres un buen amigo. – me dice sonriendo, al tiempo que aprieta mi mano. Me quedo aturrullado, y no sé que contestarle. Noto cómo me sube el rubor a las mejillas y cómo de nuevo el cosquilleo del deseo me hurga las entrañas… Daría cualquier cosa por meterme con él en esta cama inmensa, de sábanas cálidas y perfumadas, los dos juntitos, dándonos calor, besándonos, tocándonos, acariciándonos con pasión, ¡recórcholis!. Sería estupendo… Yo le haría a mi señor todo lo que él me pidiera, todo, y yo dejaría que él me hiciera lo que quisiera…lo que quisiera…así toda la noche, hasta caer agotados… Y luego le declararía mi amor sin fin… Sería maravilloso, si, si,… -Buenas noches, Sam. Que descanses – sus palabras me traen de nuevo a la realidad. El no quiere que comparta la noche con él…Qué pena más inmensa me entra, como aquel que dice, que pena.

No puedo dormir, maldita sea mi alma, no puedo dormir….Voy poner así la almohada, a ver si consigo pegar el ojo, caramba, que larga se me está haciendo la noche…¡Un momento!. Me parece que escucho a mi señor decir algo… No, no se oye nada…¡Cáspita!. La voz de mi amo me llega ahora claramente, como un lamento contenido… No me lo pienso dos veces, y salgo disparado de la cama, tirando a mi paso todo lo que encuentro… Entro en su cuarto, al lado del mío, como un torbellino y veo, a la débil luz de la luna, a mi Frodo sentado en la cama, pasando su mano por su frente. - ¡Señor Frodo!. ¿Qué sucede? – le pregunto alarmado mientras corro a su lado. Frodo levanta su mirada hacia mí. Está sudando, tiembla como un pajarillo mojado y respira con dificultad…- No es nada, Sam, un mal sueño, nada más. He soñado otra vez con esos malditos jinetes negros y con ese ojo maléfico que parece que me va a engullir… No es nada, vuelve a tu cama. – termina de decir, mientras se vuelve a tumbar en la cama. Le doy un poco de agua, e insisto en quedarme con él, pero me dice otra vez que me marche.
Estoy ya saliendo por la puerta de la habitación, cuando oigo que Frodo me llama con claridad. – Sam, espera, Sam, no te vayas, quédate conmigo un rato, hasta que me duerma, por favor, ¿quieres?. – me ruega suavemente. Por supuesto que me quedo, mi señor, faltaría más, su Sam se queda con usted, su Sam va a cuidar de usted, igual que un perro fiel. – Ven, Sam, acércate,siéntate aquí en la cama, vaya, esa pesadilla que he tenido me ha asustado bastante. Soy un necio, un maldito cobarde…- se lamenta Frodo, mientras me mira con sus ojos profundos. – Vamos, Frodo, no diga eso. Cualquiera estaría asustado si hubiesen pasado por lo que usted está pasando, como quien dice.- le digo mientras me siento en el borde de la cama. El sudor cubre la frente de Frodo, que me sonríe y cierra los ojos, murmurando un gracias Sam. Cojo un pañuelo de encima de la mesilla y limpio su frente, apartando los mechones húmedos de su pelo, sin poder apartar mi vista de la linda cara de mi Frodo.

Entonces, de pronto, abre los ojos y me dice que si no me importa quedarme con él toda la noche, que le da miedo quedarse solo con el anillo colgando en su pecho y las pesadillas malditas atormentando su mente. – Claro que no me importa, Frodo, me quedaré con usted el resto de la noche. Puedo sentarme allí, en ese diván, y así velaré su sueño. – le contesto. – Sam, si quieres, solo si quieres, claro, puedes acostarte aquí, esta cama es muy grande y cabemos los dos de sobra..¿No te importa? – me propone un poco avergonzado. ¡¡Por todas las criaturas del Bosque Viejo!!. ¿Qué si me importa?. ¡¡Mi señor Frodo me pide que me acueste con él, y dice que si me importa!!… Ni los más maravillosos fuegos artificiales del Señor Gandalf se pueden comparar a la alegría descomunal que me desborda ante tamaña proposición… Me hago un poco el remolón, solo para guardar las formas, por supuesto, no es cuestión de que se note lo mucho que lo deseo, y sin más me deslizo entre las sábanas fragantes tejidas por manos angelicales de elfos, y me tumbo al lado de mi perdición… Mi Frodo, que me sonríe, y dándose media vuelta me desea buenas noches… Mi corazón late y late sin parar…
La respiración rítmica y suave de mi amo me indican que se ha vuelto a dormir. Con cuidado me voy deslizando hacia él. Quiero aspirar el olor de su pelo y su cuerpo, deseo volver a tocar su delicada piel, estoy loco por él…Me arrimo muy despacito, y por fin mi nariz percibe su olor…¡Cielos divinos!. Ese aroma embriagador es suficiente para provocarme una erección instantánea, y no puedo reprimir un suspiro de placer. Mi señor no se mueve… Acerco mi cara a su nuca, y con mucho cuidado poso mis labios en ella, mi primer beso de pasión…- Sam,Sam, me haces cosquillas, oh, Sam, jaja – me dice de pronto Frodo, su voz apenas audible, un murmullo de cristal, en la inmensa habitación. Me quedo petrificado y me retiro angustiado, balbuciendo mil perdones. Pero entonces Frodo se vuelve hacia mi, se incorpora sobre su codo, y mirándome fijamente me dice que le gustan mis caricias, que le tranquilizan, y me pide que siga. – Tengo miedo Sam, pero cuando tú estás conmigo, desaparece el temor. – me dice Frodo, todo encanto y ternura….- Abrázame, Sam, por favor, abrázame – me susurra deliciosamente.
Obedezco a mi señor. Me siento en la cama y lo abrazo, lo estrecho contra mi pecho, acariciando su espalda, uniendo nuestras mejillas, frotando nuestros cuerpos con ansia. La luz de la luna nos ilumina. Noto lo fuerte que se aprieta contra mí, y un gemido se escapa de su boca, su boca de lujuria, de pecado, su boca virginal…- ¿Puedo besarlo, Frodo? – le pregunto tembloroso. – Si, Sam, lo estoy deseando- me contesta mirándome a los ojos. Ahora puedo morirme tranquilo, pienso alborozado. Voy a besar los ardientes labios de mi señor, rojos y dulces como cerezas maduras, me voy a ahogar en su boca sensual, voy a probar su lengua, su saliva,… me estremezco de gusto cuando unimos nuestras bocas con torpeza… Nos besamos despacio, suaves caricias, dulce sonido de amor. Noto la excitación de Frodo, que ahora besa salvajemente mi boca, hundiendo su lengua con furia. Ya no sé ni lo que me hago…Estoy tremendamente excitado, loco, y más viendo como Frodo me come a besos, y me arranca la camisa, mordiendo furioso mis hombros. Sus mordiscos me hacen arder las entrañas y lo tumbo en la cama con fuerza, colocando mi cuerpo encima del suyo…¡Por todos los diablos!. Sus gemidos me están volviendo loco, no deja de repetir mi nombre, y yo siento que me abraso de gusto…

Nos arrancamos la poca ropa que nos queda, mientras seguimos besándonos con delirio, mezclando nuestras salivas, nuestras manos explorando los rincones más escondidos de nuestros cuerpos, el maldito anillo entremedias de los dos, las ropas de la cama cayendo al suelo, el sudor de la pasión comenzando a mojar nuestros cuerpos…- Sam, Sam, Sam…si, Sam,…- jadea mi señor, oh cielos, que se calle o me va a dar un patatús, cómo me está poniendo este pequeño hobbit de ensueño. Ahora Frodo rueda en la cama y se coloca sobre mi. Estamos ya completamente desnudos, y nuestros miembros erectos se rozan, provocando latigazos de placer dorado. Frodo acerca su boca a mi oido y me pide con risitas sofocadas lo que quiere que le haga, porque sabe que yo se lo haré muy bien… Vaya, vaya con mi señor… Me siento en la cama y él se coloca entre mis piernas,su espalda contra mi pecho, y me pide que lo aprisione con mis brazos y piernas, que no lo deje escapar…Su mano coge la mía y la deposita en su pene duro, fuerte, viril…-Acaríciame Sam, dáme placer, dáme tu amor…Sam.. – mi Frodo está poseído por un deseo frenético, un deseo que nunca imaginé que podía existir.
Comienzo a deslizar mi mano por su miembro, mientras no dejo de besar, lamer, morder su cuello, su nuca, sus hombros, llenándome del sabor de su carne joven. Mi señor se retuerce de gusto entre mis brazos, como yo lo había soñado tantas veces antes, gime, jadea, busca mi boca, me araña….No sé si podré aguantar más… Noto que el placer se adueña de mi, quitándome el control de mi cuerpo, el sudor corriendo por mis sienes, la luna testigo mudo de la lujuria más desaforada. Mi mano sigue acariciando con delicadeza el pene de Frodo, que aumenta de tamaño por milésimas de segundo. Noto entre mis dedos las primeras gotillas de semen cálido que se escapan, preludio del goce absoluto… Pero Frodo quiere sentir más. Se pone de rodillas delante de mi boca y sin decir nada, introduce su miembro palpitante en mi boca sorprendida, maravillada ante tamaño regalo.
Se me va la cabeza. La cordura me abandona. Mi boca se cierra con cuidado, atrapando el pene de mi amo, no dejando nada fuera, y acaricio, lamo con mi lengua, consciente del enorme placer que estoy proporcionando. Frodo coge mi cabeza con sus manos y me empuja contra él, cada vez más rápido, más deprisa, sus caderas agitándose en movimientos acelerados, sus gemidos son ahora gritos…Sus ojos están cerrados, la boca entreabierta, los rasgos de su cara desencajados por el gozo que siente. Su pene crece y crece en mi boca…una pequeña sacudida lo estremece, - oh, Sam, Sam, si, si, que placer más grande, que placer más enorme que me das,Sammm, y su esperma inunda mi boca. Sabor agridulce, caliente, borrachera de amor. Me lo trago todo, todo, y me parece que le estoy robando el alma a mi señor, que se abraza muy fuerte a mi cuello, a mi cabeza, sin parar de gemir…¡Maldita sea!. Tengo que darme prisa, mi cuerpo ya no aguanta más…- Frodo, Frodo, - le susurro excitadísimo. - ¿Puedo, ya sabe, puedo meter…esto, no eso no, quiero decir… Frodo me sonríe, todavía de rodillas ante mi, su cuerpo agitado por los últimos coletazos del orgasmo. – Hazme lo que quieras, Sam, lo que quieras, me entrego a ti… ¡Cielos benditos!. Me levanto como una exhalación, le cojo por la cintura y le pongo a gatas, yo detrás de él, agarro sus caderas y…. No sé lo que me hago…lo penetro con fuerza.
Frodo se retuerce de dolor, pero aguanta mis embestidas… No puedo parar, sé que le hago mucho daño, pero…soy como un animal salvaje en esos momentos…Siento el calor y la presión que envuelven mi pene, me siento dentro de sus entrañas…. El placer y el delirio más exquisito me invaden. Un par de empujones más contra el trasero de mi señor y el orgasmo me derriba como un vendaval furioso. Jadeo sin poder contenerme, sintiendo el zarpazo bestial del éxtasis más grande que haya sentido nunca…. –SI, SI, SI, SI,…..- no puedo dejar de gritar, mientras me parece escuchar la risa de mi señor, allá, en la lejanía….


- ¿Sí, que?.- le pregunta Alexander a Sean, mientras le quita una mota de maquillaje fuera de su sitio. Elijah vuelve a reirse. – Sean, estás en las nubes… Sean Astin parpadea desconcertado, y mira a ambos. ¡Joder!. ¿Pero que ha pasado?. Elijah vuelve a reirse de su compañero. – Estabas diciendo si,si, si, - le dice el chico todo risueño. - ¿A quien le decías eso? – le pregunta Lij, todo picarón. Sean nota como su cara se pone enteramente roja, al mismo tiempo que siente la dureza que le revienta su pantalón de hobbit… - ¡La Madre de Dios! – se lamenta en silencio el buen Sean. – Si llega a enterarse de esto mi mujercita, me mata…, joder…, esa Lola…, pero, mierda, si es que no me he dado cuenta hasta hoy, joder, que bueno está este muchacho.- Sean sonríe a Elijah como puede… - No, cosas mías, Lij, el guión que me lo estoy repasando, ya sabes – tartamudea el Sr. Astin. Vania, mientras termina de colorear la mejilla derecha de Elijah, mira a ambos y se sonríe… - Si, Elijah, ya sabes…..

 

Tercera parte

Chuxi

Índice

Main