
VERDE ESPERANZA
HP
Capítulo 1
1No podía creerlo.
Simplemente no podía creer lo que le estaba pasando.
Hacía apenas unos días, todo era felicidad para él, y ahora la imagen que le devolvió el espejo del baño mostraba un rostro macilento y pálido, con profundas ojeras. El brillo luminoso de sus ojos verdes se había empañado, y todo a causa de una persona.
Draco Malfoy.
Ahogó un sollozo. No quería despertar a Ron, pero era consciente de que tarde o temprano tenía que decirles a él y Hermione lo que le pasaba. Sobre todo porque era algo que con el transcurrir del tiempo no podría ocultar.
Harry estaba embarazado.
Una súbita acometida de náuseas llevó al chico hacia el retrete, donde arrojó un inexistente desayuno. El gusto de la bilis subió por sus labios, su boca estaba amarga y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
¿Qué había hecho mal?
Esa pregunta lo atormentaba una y otra vez. Él había amado a Draco y producto de ese amor, se había entregado a él con toda su inocencia juvenil. Una inocencia que el joven Malfoy tomó sin reservas, haciéndole vivir los meses más felices de su último año en Hogwarts.
Se habían amado en secreto, un Gryffindor y un Slytherin, enemigos naturales, y luego enamorados. Una extraña paradoja que él mismo no comprendía, consciente de que no habría sido una cosa fácil de aceptar para Ron y Hermione, incluso para Remus.
Pero luego, sin que él pudiera explicarse cómo, empezó a sentirse extraño, enfermo. Tenía náuseas todas las mañanas, se sentía fatal, agotado. Incluso se había desmayado durante un entrenamiento de Quidditch y todos lo atribuyeron al estrés.
Draco, preocupado, lo había llevado a ver un medimago. Y entonces lo descubrieron: se había embarazado. El medimago sólo pudo explicárselo a causa de que el aura de Harry y sus poderes eran demasiado fuertes, mucho más que en un mago común. Los casos de embarazos masculinos en el Mundo Mágico sólo se habían dado en los tiempos antiguos, cuando los muggles destruían a los magos y éstos luchaban por sobrevivir y la magia buscaba el camino para asegurar su continuidad.
Un puñado de galeones de oro silenció convenientemente al medimago.
Harry se había aterrado. No sabía qué hacer en una situación así y no sabía cuál sería la reacción de Draco.
Pero el joven le demostró que era un Malfoy al fin y al cabo. Su rostro sereno no dejó traslucir ninguna emoción y luego de la visita al medimago, Draco lo abrazó y lo besó en la frente, para decirle:
- “No te preocupes de nada, Harry. Velaré para que todo salga bien y nos casaremos”
Esa noche, habían celebrado hasta el amanecer y Harry se sintió dichoso al fin ante la perspectiva de tener su propia familia.
Y al día siguiente, todo cambió.
Draco lo había citado y llegó con su padre. Lucius Malfoy, arrogante y cínico como siempre, dijo sencillamente que no habría boda, porque su hijo tenía un futuro brillante y no se arruinaría por un matrimonio desventajoso. Draco sólo callaba y miraba al piso.
- “Lo siento, Harry. Nos ocuparemos de que nada le falte al bebé”
Eso fue todo. Draco se había ido con su aristócrata padre y Harry había quedado en una completa desolación.
El chico suspiró y trató de ahuyentar esos malos recuerdos. Habían pasado cuatro días y los exámenes finales acababan de comenzar. Necesitaría concentrarse al máximo para poder terminar con honores y dejar en alto el apellido Potter. Pero, ¿qué haría con un bebé?
En la habitación, comenzaban a oírse los primeros ruidos matutinos.
- “¡Harry!”, llamó Ron, “¿cuánto más vas a estar en el baño?”
Harry quiso responder, pero una nueva arcada lo hizo doblarse frente al retrete. Cuando por fin alzó el rostro, vio a Ron que lo miraba preocupado.
- “¿Qué pasa, compañero?”
- “Fue algo que comí…”
- “Estás pálido, será mejor ir a la enfermería”
- “¡Ron, no!”, exclamó Harry, pero su amigo lo tomó del brazo y lo ayudó a salir del baño. Seamus y Neville lo miraban preocupados.
- “Iremos ahora mismo”, declaró categóricamente Ron.
- “Espera, Ron”, dijo finalmente Harry. En verdad necesitaba confiar en alguien. “Tengo que hablar contigo y con Hermione”
2
- “Oh, Merlín”, fue todo lo que dijo Hermione cubriéndose la boca.
Ron, en cambio, lanzó una sarta de maldiciones, golpeó varias veces la mesa y gritó desesperado.
- “¡El maldito bastardo! ¿Cómo pudo hacerte eso?”
Harry bajó la mirada, avergonzado. Pero luego la alzó y sus ojos verdes brillaron con determinación.
- “Porque yo lo amaba, Ron. Pero ya no más… tendré a mi bebé y cuidaré de él, y nunca más permitiré que Draco Malfoy se me acerque”
3
Pero la decisión de Harry no pudo mantenerse por mucho tiempo.
Acabado el colegio, a Harry no le costó nada ingresar a la Escuela de Aurores del Ministerio de Magia. Ron también lo hizo, aunque en su caso fue más difícil.
Ambos jóvenes alquilaron un departamento en el Londres muggle, cerca de las instalaciones del Ministerio. Pero la paz no sería duradera.
Cuando llevaban dos días de instalados, Draco se presentó en el departamento.
- “Vete”, dijo Harry apenas abrió la puerta. “No quiero verte”
Pero Draco avanzó sin importarle el rechazo y finalmente tuvo que ser admitido. Ron no se encontraba en casa, lo que era una suerte porque bastante trabajo le había costado a Harry contener a su amigo de golpear a Draco mientras estaban en Hogwarts y si lo veía irrumpiendo de ese modo en el departamento, era seguro que lo enfrentaría.
- “Harry, lo siento”, empezó Draco, visiblemente incómodo. “Sabes que no podía oponerme a la voluntad de mi padre o lo habría perdido todo… pero sigo sintiendo lo mismo por ti… yo me ocuparé de todo…”
- “No, Draco”, dijo Harry con determinación. “No necesito que te ocupes de nada. Lo único que necesitaba era que estés a mi lado, pero veo que prefieres tus galeones. ¡Yo lo habría dejado todo por ti!”
- “No entiendes, Harry… yo no sé hacer nada, siempre tuve dinero, no sabría cómo vivir sin él… Te haría infeliz y me sentiría infeliz también y eso no le haría bien a nuestro hijo… por favor escúchame…”
Harry suspiró. Era la primera vez que Draco se refería al bebé como “nuestro hijo”. Por eso decidió escuchar y le hizo un ademán al rubio para que se sentara, haciendo él lo propio.
- “Habla”
- “No es sencillo para mí”, empezó Draco, “Esto fue totalmente inesperado, pero no quiero que nos separemos… No podría vivir lejos de ti, sin verte, sin tocarte…”, el rubio hizo un ademán de acercarse, pero Harry se echó para atrás.
- “¿Y qué piensas hacer?”, preguntó el moreno. Personalmente, no podía encontrar una solución para salvar una relación que empezó a desaparecer el día en que Lucius Malfoy intervino. Sabía de sobra que Draco no desafiaría a su padre, él mismo acababa de recordárselo.
- “Quiero que sigamos juntos”
Eso sorprendió a Harry. Desde luego, era lo que su corazón le gritaba, aunque su mente se negara a aceptarlo. Draco se veía nervioso y angustiado, nunca antes lo había visto así y lo interpretó como un sincero arrepentimiento. Pensamientos fugaces pasaron por la mente de Harry: “el bebé necesita de su padre” “no puedo criarlo solo” “necesito alguien que me apoye” “necesito alguien que me ame”.
- “¿Lo dices en serio?”, los ojos esperanzados de Harry miraron dubitativamente a Draco.
- “Oh, claro que lo digo en serio… pero será difícil, Harry”
- “Nunca fue fácil”
- “Pero ahora será peor. Tenemos que cuidarnos de ambos lados…”
- “¿Cuidarnos?”, preguntó Harry sin comprender. Para él, estaba claro que, de aceptar lo que el rubio proponía, Draco viviría junto a él y que no había nada de qué cuidarse.
- “Sí, amor. Debemos cuidarnos de mi padre… y de ella”
- “¿Cuál ella?”, preguntó Harry pensando que se refería a Narcissa.
- “Harry”, murmuró Draco con la voz cansada. “¿No has leído el periódico hoy?”
El moreno negó con la cabeza. Las náuseas apenas lo dejaban comer algo en el desayuno y el periódico lo deprimía.
Draco tomó aire, miró al piso y luego se atrevió a mirar a Harry.
- “Voy a casarme con Fleur Delacour”
- “N-no puedes”, dijo Harry con voz ahogada. Ahora entendía cada vez menos. ¿Acaso Draco había pretendido…?
- “Tengo que hacerlo o mi padre me desheredará”, repuso el rubio. “Pero podemos seguir juntos…”
- “¡NO SERÉ TU AMANTE!”, gritó Harry comprendiendo de golpe. “¡NO TE NECESITO! ¡VETE! ¡VETE DE AQUÍ, YO NO NECESITO TUS MIGAJAS!”, sollozó incapaz de contenerse.
- “¡Harry, sé razonable!”, gritó el rubio a su vez, “¡El bebé me necesita! ¡Yo soy su padre!”
- “No”, gimió Harry temblando violentamente. “No te necesitará… yo viví sin mis padres y pude salir adelante. No te necesito. Y él tampoco te necesitará… ahora ¡Vete!”
Había una furia helada en las palabras de Harry. Draco retrocedió dubitativamente, pero luego lo pensó mejor. Él era un Malfoy, nadie podría resistírsele.
- “Harry, amor… calma”
- “¡Dije que te largaras! ¡Stupefy!”
El rubio salió expelido contra la pared y trastabilló hasta casi caer. Harry avanzó hacia él con la varita en alto.
- “Vete”, dijo, esta vez con calma. Y había tanto hielo en su voz que Draco se puso de pie tambaleándose y abrió la puerta de la calle.
- “Te arrepentirás, Harry Potter”, fue lo único que dijo antes de alejarse dando un portazo.
Harry cayó de rodillas, sollozando.
4
- “Harry, ¿estás seguro de sentirte bien?”, preguntó Hermione una vez más. Había transcurrido un mes desde la visita de Draco y aunque ésta no se había vuelto a repetir, sí hubo un par de cartas de Lucius Malfoy exigiéndole ver a un medimago de su confianza. Pedido que fue rechazado por Harry.
- “Estoy bien”, repuso el moreno acariciando su plano vientre. Tenía apenas dos meses de embarazo y las molestias eran bastante patentes. Pero se sentía muy angustiado por otra cosa. Ese mismo día, a esa misma hora, Draco se estaba casando con Fleur Delacour en la que sería una de las bodas más fastuosas de la última década, comparada sólo – a decir de El Profeta - con la boda de Lucius Malfoy, muchos años atrás.
Una arcada le acometió de improviso y corrió hacia el baño. Al salir, estaba mucho más pálido de lo normal.
- “Harry, será mejor que te recuestes un momento”
Hermione lo ayudó a llegar al dormitorio. Ella y Ron habían sido su más grande apoyo durante esa época.
Cuando su estado se supo, la señora Weasley había insistido en que se mudara a La Madriguera hasta que empiecen las clases en la Escuela de Aurores, pero Harry se negó, pues no quería incomodar a nadie. Además, sabía que tarde o temprano debería hacerse cargo él mismo de su hijo y no era justo que los Weasley tuvieran otra preocupación. Tampoco aceptó el ofrecimiento de Remus para mudarse a Lupin Lodge durante esas vacaciones, porque la situación de éste no era muy holgada y no quería ser una carga.
Hermione y Ron habían comprendido y respetado su decisión y se habían asegurado de estar a su lado y ayudarlo en todo lo posible.
Harry se dejó recostar en la cama y Hermione le ayudó a quitarse los zapatos. Luego, el joven cerró los ojos y suspiró.
- “A esta hora ya deben estar casados”, susurró bajito.
- “¿Te importa mucho?”
- “No en realidad. Lo he perdido, como perdí a mis padres, a Sirius…”, los ojos verdes se llenaron de lágrimas por un momento. “Pero, ¿sabes? A mi hijo jamás lo perderé, eso es lo que me hace fuerte”
Hermione asintió, sonriendo. Pero interiormente, rogaba para que los Malfoy nunca más intervinieran en la vida de Harry.
Capítulo 2
1El pequeño departamento de Harry y Ron estaba muy animado. Las risas de los gemelos se escuchaban muy alto y de la cocina salía un olor delicioso. Todos bullían de excitación alrededor del sillón donde se encontraba el chico de ojos verdes, pues ese día era su cumpleaños.
Harry sonreía feliz. Los Weasley, Hermione, Hagrid y Remus habían acudido a celebrar con él y charlaban despreocupadamente sobre su estado, sin hacerlo sentir para nada extraño, sino muy querido.
Las molestias del embarazo habían disminuido un poco al acercarse los tres meses, pero aún así, Harry prefirió no invitar a más personas. Aún se sentía temeroso de la reacción que pudieran tener sus otros conocidos y recordaba con amargura que Draco le había prometido celebrar su cumpleaños número dieciocho en una fastuosa fiesta a la que invitarían a todo Hogwarts.
Pero iba a deprimirse ese día, las personas que más amaban estaban junto a él, incluso Ginny, que lo miraba con un poco de curiosidad, quizá al recordar que un día estuvo enamorada de él.
De pronto, el chico pareció ajeno al bullicio y a la charla y se quedó muy quieto, mirando al vacío.
- “Harry, ¿estás en este mundo?”, preguntó Remus, sentándose junto a él con un vaso de zumo de calabaza.
- “Pensaba un poco en el pasado”, repuso el aludido, “¿No te ha pasado que cuando deseas algo ardientemente, de pronto escapa de ti?”
Remus sonrió tristemente y Harry se arrepintió instantáneamente de su pregunta.
- “Deseaba con todo mi corazón que Sirius pudiera demostrar su inocencia y que viviéramos juntos, y ya ves…”, dijo el hombre lobo con dolor en la voz, “se me escapó… Pero no te deprimas”, continuó Remus, “yo sigo adelante y tú debes hacer lo mismo. Tienes una muy buena razón para luchar”
Harry sonrió y acarició su vientre. Remus tenía razón.
- “Eh, ustedes”, llamó Ron, “vamos a cantar y a partir el pastel”
La señora Weasley condujo a Harry hacia el centro de la mesa donde estaba el apetitoso pastel de cumpleaños y encendió las dieciocho velas. Todos cantaron “Feliz cumpleaños”, para deleite del señor Weasley, quien había conseguido velas muggle, manteniendo una estrecha vigilancia para que los gemelos no hicieran una de las suyas.
- “Ahora pide un deseo, Harry”, dijo sonriente Hagrid.
El chico cerró los ojos. Ese era uno de los pocos cumpleaños que había tenido en compañía de los que amaba, y ahora estaba bendecido por una nueva vida. Sin embargo, se sentía un poco extraño. No pudo evitar recordar con amarga tristeza que su bebé no tendría padre. Y entonces, lo que más deseaba en el mundo se presentó en su mente.
”Una soleada habitación, con la ventana abierta, las cortinas agitadas por una leve brisa, y él sentado en un sillón con su bebé en brazos. Pero no estaba solo. Alguien le rodeaba protectoramente la cintura. Alguien vestido de negro”
- “Deseo ser amado y volver a amar”, susurró tan bajito que nadie pudo oírlo, y luego apagó las velas.
2
En medio del bullicio que siguió luego de partir el pastel, la voz de Remus se impuso un momento.
- “Quiero hacer un brindis por Harry y por su bebé, para que todo sea felicidad”
Brindaron y Harry sintió unos golpecitos en la ventana. Se acercó a abrirla y por allí se coló una elegante lechuza real, con un pergamino atado a la pata.
Se hizo un instantáneo silencio, pues todos habían reconocido a Belcebú, la lechuza de los Malfoy. Ron se adelantó, pero Harry lo contuvo con un gesto y tomó el pergamino.
- “Es una carta notarial”, dijo Harry al cabo de un rato, mirando los rostros ansiosos. “Al parecer Lucius Malfoy desaprueba que vaya a la Escuela de Aurores porque dañará a su nieto, y ha conseguido un informe médico que lo avala. Me pide también asistir a un examen con su medimago particular el día de mañana”
- “¿Qué haremos?”, preguntó horrorizada Hermione, interpretando el silencio de todos.
- “Debes ir al examen, Harry, por muy desagradable que sea”, dijo el señor Weasley, “si has sido notificado notarialmente, no puedes negarte”
La barbilla de Harry tembló y el chico hizo un esfuerzo sobrehumano para no llorar.
- “No iré”
- “Harry, nosotros podemos acompañarte”, dijo suavemente el señor Weasley, quien, conocedor de los procedimientos del Ministerio vislumbraba las intenciones de Lucius Malfoy.
- “¡No iré!”, estalló el chico y arrojó al piso la carta, refugiándose luego en su habitación.
- “¡Arthur!”, se oyó la airada voz de la señora Weasley, mientras Hermione tomaba la carta y la leía en voz alta para todos.
3
- “¿Harry? Abre por favor”, pidió Remus. Era la tercera vez que llamaba, e iba a retirarse, cuando la puerta se abrió suavemente.
- “No quiero ir”, musitó Harry con los ojos llorosos y los lentes empañados.
- “No irás”, dijo Remus. “Harry, esto empieza a tomar un mal cariz. ¿No crees que es mejor pedir consejo a Dumbledore?”
El chico se dejó caer en la cama, luchando por no gritar lo que llevaba dentro. No confiaba en Dumbledore desde la muerte de Sirius, responsabilizándolo indirectamente por lo ocurrido, pero era consciente de que el anciano era un respetado miembro del Mundo Mágico.
- “Creo que sí”, murmuró. “Pero no iré a ese estúpido examen”
4
Los días pasaron y no volvió a llegar comunicación alguna de los Malfoy, ni siquiera recriminándole no haber acudido al examen.
Harry comenzaba a respirar más tranquilo a pesar de que no habían podido establecer contacto con Dumbledore. Desde la derrota del Señor Tenebroso, en la que Harry había participado indirectamente, el anciano director había empezado a llevar una vida más despreocupada y en esos momentos se encontraba en un viaje fuera de Inglaterra. Habrían podido contactarlo por medio de magia, pero el chico desistió, pensando que la tormenta había pasado.
Grave error.
Un día antes de que empezaran sus clases en la Escuela de Aurores, recibió una carta del Ministerio de Magia.
”Estimado señor Potter:”
Lamentamos comunicarle que, debido a la recomendación de su medimago, nos vemos en la necesidad de suspender su vacante por este año, motivo por el cual no podrá asistir a la Escuela de Aurores. Sin embargo, el año próximo estaremos encantados de recibirlo.
Suyo
Adalbert Bourne
Director
Harry leyó la carta dos veces, sin darle crédito a sus ojos. Luego, aliviado de que Ron no se encontrara en casa, lloró largamente.Pero no se daría por vencido. Guardó la arrugada carta en el bolsillo de su túnica y se dirigió a ver a la única persona que podría remediar su situación.
Momentos después, Harry llamaba a la enorme puerta de la mansión que Lucius Malfoy le había obsequiado a su hijo al casarse.
5
- “¿Harry?”, dijo Draco, entre sorprendido y molesto, entrando al elegante estudio donde permanecía el inoportuno visitante. “Estoy en medio de una cena importante”
- “Sí, claro”, dijo con rabia Harry arrojándole la carta en la cara. “¿Qué me dices a esto?”
Draco la leyó también, y por su expresión, fue evidente que no sabía nada al respecto.
- “Mi padre”, fue todo lo que dijo a modo de explicación.
- “¿TU PADRE? ¿QUIÉN ES TU PADRE PARA ENTROMETERSE EN MI VIDA?”
- “Shh, Harry, baja la voz”
- “¿POR QUÉ VOY A BAJARLA? ¿Temes que tus importantes invitados se enteren de las bajezas que hace tu padre?”, espetó Harry, furioso.
- “Harry, cálmate y podremos hablar”
Pero en ese momento la puerta del estudio se abrió y una alarmada Fleur apareció allí.
- “Draco, querido, te esperan en la mesa”, dijo, y Harry se admiró al notar tan solo un ligerísimo acento francés. Fleur había mejorado no solo en eso, también lucía bellísima con el cabello platino en un alto moño, y su figura se veía realzada por un vestido de seda rojo.
La esposa de Draco se quedó confundida mirando a Harry y él sólo atinó a sonreír forzadamente.
- “Hola, Fleur”
- “¿Haggy Pottegg?”, exclamó ella olvidando el refinado acento inglés y se acercó a saludarlo, besándolo en ambas mejillas, “¡Qué sorpresa! Draco no me había dicho que venías”
- “Es que Harry ya se iba, querida”, dijo Draco con una mirada amenazadora en los ojos grises.
Harry estaba confundido, y de pronto entendió. ¡Ella no sabía! Era una víctima, al igual que él. Y sintió asco por Draco.
- “Me iré, sí”, dijo devolviendo a Draco la fría mirada. “Dale mis recuerdos a tu padre, Draco”
6
Los siguientes días fueron muy difíciles. Harry tuvo que aceptar quedarse sin estudiar ese año, por el bien del bebé, y aunque Ron dijo que podría irse a la Residencia de Estudiantes del Ministerio y dejar el departamento para que Harry pueda ir al campo, a casa de Remus, el chico se negó diciendo que estaría mejor en Londres.
Las cartas notariales y las citas médicas iban y venían, pero Harry no las respondía y no acudía a los exámenes. Tan sólo era atendido por un medimago amigo de los Weasley, quien decía que su embarazo iba de maravilla.
Entonces, un día en que Ron se encontraba en clases, Draco volvió a visitarlo.
- “¿Qué quieres aquí?”
- “Harry, vengo a hacerte una proposición”
- “No tengo nada que hablar contigo”
El chico iba a cerrar la puerta, pero Draco exclamó.
- “¿Quieres que dejen de llegar esas cartas?”
La puerta se volvió a abrir, suavemente.
- “Di lo que quieres”
El rubio miró hacia atrás. Estaba en el pasillo del departamento y Harry no iba a dejarlo entrar. No tendría más remedio que hacer su propuesta en ese lugar, a riesgo de que todos pudieran oírlo. Pero a Harry no parecía importarle.
- “Habla o vete”
- “Está bien”, replicó Draco, “Yo no quise que esto sucediera así…”, empezó.
- “Ahórrate eso, Draco”
- “De acuerdo. Fleur es estéril”, dijo por fin el rubio.
- “¿Y?”
- “Y tú esperas un bebé que necesita de un padre y una madre para crecer”
- “¡Estás loco!”, dijo Harry con absoluto desprecio, “¡Jamás te daré a mi hijo!”
- “Nuestro hijo”
La puerta se cerró antes de que Draco pudiera decir nada más, y el rubio, desesperado en su impotencia, gritó.
- “¡Me lo darás! ¡Mi padre hará que me lo entregues! ¡Vas a arrepentirte, Harry Potter!”
Harry temblaba junto a la puerta cerrada y cuando por fin se atrevió a abrir para constatar que Draco ya se había ido, suspiró con alivio, pensando que se trataba de una bravata más de su antiguo novio.
Pero estaba equivocado.
Al día siguiente, recibió la notificación de una demanda. Las negativas a las visitas médicas, el dejar de responder las cartas notariales y su visita a Draco para “amenazar” a su esposa, eran los argumentos esgrimidos por Alistair McConell, abogado de los Malfoy, como motivo suficiente para reclamar la custodia del bebé, debido a la negligencia y probable desequilibro emocional de uno de los padres.
Y con eso empezaría una de las batallas legales más duras en el Mundo Mágico.
Capítulo 3
1
- “Repasemos de nuevo”, pidió Hermione. “tienes a tu favor el haber contribuido a la derrota de El Que No Debe Ser Nombrado, también tienes solvencia económica y eres un mago calificado”- “Eso de solvencia económica no es del todo cierto. Digo, es suficiente, pero no tengo la fortuna de los Malfoy. En algún momento tendré que trabajar para mantener a mi hijo”
- “Harry, ellos no tienen por qué saberlo”, repuso Hermione. “Sólo debes mostrarte calmado y seguro, y dar la impresión de que tienes todo bajo control”
El chico suspiró. Eso era lo que Dana Holmes, su abogada, le había repetido varias veces. De modo que repasó con Hermione el enorme pergamino de posibles respuestas a las preguntas que le harían en el juicio.
El juicio no estaba siendo nada fácil y a pesar suyo, se había convertido en la noticia más importante en el “Mundo Mágico”, porque con la derrota del Señor Tenebroso, hacía mucho tiempo que reinaba una enorme paz.
El medimago que lo atendía le había prohibido terminantemente leer “El Profeta”, luego de una ocasión en que a Harry le había subido la presión al leer el editorial, que lo atacaba sin piedad. Desde ese día, Ron había cancelado su suscripción y sólo se enteraba de las noticias a través de Hermione o Remus.
Una lechuza llegó hacia la ventana y Hermione se apresuró a tomar la nota que tenía atada en la pata, la leyó y se volvió hacia Harry.
- “Seamus Finnigan será testigo de los Malfoy”
- “¿Seamus?”
Harry sintió un nudo en el corazón. Varios de los que creyó sus amigos habían declarado en su contra, evidenciando lo inestable de su carácter. Por el estado de los testigos habían desfilado Lavender Brown y Parvati Patil, quien no olvidaba el desplante que le hizo en la Fiesta de Yule cuando iban en cuarto año. También acudieron Marietta Edgecombe y Zacharias Smith, y evidentemente, muchos alumnos de Slytherin.
- “Sí, Harry. Dana dice que debes estar preparado…”
- “Basta, Hermione”, exclamó Harry, “No quiero prepararme para cada cosa, no quiero seguir viendo como me traicionan los que creí mis amigos… estoy cansado”Ella no replicó y Harry se dirigió a su cuarto y se tumbó en la cama tratando de no pensar más.
Pero no podía.
Los rostros de todos ellos pasaban ante sus ojos, deformados como las mentiras que contaron. Incluso habían testificado Filch, Trewlaney y por supuesto, Umbridge.
Todos pusieron su nombre por los suelos, inestable, indisciplinado, egocéntrico, ávido de romper reglas, perezoso, mentiroso. Y desde luego, incapaz de cuidar un bebé.
Dumbledore seguía sin aparecer y de nada sirvió el testimonio de McGonagall, opacado con los demás testimonios, ni el de Hagrid, que no hizo más que empeorar la situación cuando el abogado de los Malfoy sacó a relucir varios de sus antecedentes.
Y Remus tampoco podía testificar al ser un licántropo.
Harry cerró los ojos. Al día siguiente le tocaría declarar a él y con eso terminaría el juicio. Y tenía miedo.
En ese momento sus esperanzas se reducían a dos cosas: un milagro, y la gestión que Remus estaba haciendo en la mansión de los Malfoy.
2
Esa tarde, mucho más calmado, aguardaba con Ron y con Hermione la llegada de Remus.
- “Harry, bebe un poco de leche”, pidió Ron alcanzándole un vaso. El joven lo tomó y bebió un sorbito con muy poco entusiasmo, pero se obligó a seguir bebiendo, consciente de que su salud se había resquebrajado durante el último mes.
Sus cuatro meses de embarazo apenas se notaban y el medimago insistía en que debía ganar peso. Pero él no se sentía con deseos de comer, era tanta la preocupación que había pasado largas horas con Hermione revisando casos similares en la Biblioteca del Ministerio.
Lamentablemente, en ninguno la parte demandada tuvo éxito.
- “Eran otros tiempos”, había dicho Hermione. “Harry, debes tener confianza”
Pero Harry ya no sabía qué pensar.
A las seis en punto, la chimenea chisporroteó y la cabeza de Remus apareció en medio de las llamas. Se veía decepcionado.
Ron conectó la chimenea y al instante siguiente, el hombre lobo emergió en la salita y se dejó caer en el sofá, junto a Harry.
- “¿Qué te dijo?”
- “Quería proponerme un trato, Harry”, repuso Remus con la voz cansada. Conocía demasiado bien a Lucius Malfoy como para no fiarse de su invitación a charlar sobre el juicio, pero Harry había creído que el mago daría marcha atrás. Ahora, Remus trataba de escoger las palabras que lastimaran menos al chico.
- “¿Qué clase de trato?”
- “Él confía mucho en su ascendencia en el Ministerio, Harry. Y está aprovechando la ausencia de Dumbledore para mover algunas piezas. Pero yo tengo confianza en que el jurado no se deje influenciar, por eso…”
- “¿Qué clase de trato?”, repitió Harry mirándolo a los ojos.
Remus echó la cabeza hacia atrás, incapaz de mentir.
- “Lucius Malfoy está dispuesto a anular el juicio si aceptas trasladarte a su mansión y ser atendido por su medimago hasta que nazca el bebé, y luego podrías visitarlo todos los días hasta que cumpla un año, momento en el cual se renegociará el trato”
- “No puedo creerlo…”
- “Le dije que estaba loco. Harry, no podemos rendirnos”
- “¿Y Draco?”, preguntó.
- “También estaba allí. Con Fleur”
El chico ocultó el rostro entre las manos, desesperado. Eso también había sido muy duro para él. Cuando el juicio se hizo público y Fleur se enteró de todo, lo culpó a él por seducir a Draco y, sin duda alguna manipulada por Lucius, volcó toda su rabia en Harry. Ella había testificado su incapacidad para tener hijos, motivada por una maldición que recibió de pequeña, por lo que ningún tratamiento podía servirle. Y también testificó que su anhelo de tener un pequeño era tanto que no le importaría cuidar del hijo del amante de su esposo.
- “Lo único que me falta es que testifique Snape”, murmuró Harry y Remus le pasó el brazo por los hombros. “Malfoy estaría encantado de oírlo decir todo lo malo que soy”
- “Snape no está, Harry. Al igual que Dumbledore, está de vacaciones y para cuando empiecen las clases, el juicio habrá terminado. Él no testificará”, lo tranquilizó Remus.
- “¿Conseguiste comunicarte con Dumbledore?”
- “No. Minerva lo ha intentado también, pero ha sido inútil”, repuso Remus. “Harry, por favor no pierdas la fe. Los Malfoy no pueden salirse con la suya”
Harry asintió, oprimiendo su vientre. Estaba aterrado de perder a su hijo y en ese momento sólo rezó por un milagro.
3
Harry respiró hondo antes de bajar del auto del Ministerio que le habían asignado ya que su estado hacía imposible aparecerse o viajar con Polvos Flu. Afuera, curiosos y periodistas aguardaban el desenlace del “Juicio del Año”, como se había llamado a su caso.
Flanqueado por Remus y Kingsley Shacklebolt, avanzó en medio de la multitud, sintiendo los flashes en su rostro. Dentro de la sala, las cosas mejoraban mucho. Todos los lugares estaban llenos y mientras avanzaba, podía oír las insidiosas conversaciones.
Pero lo peor fue ver a los Malfoy.
Sentados tranquilamente frente al estrado del juez, Lucius Malfoy, Narcissa, Draco y Fleur platicaban en voz baja con su abogado. Cuando Harry entró, los tres lo miraron con desprecio y luego siguieron hablando.
Harry se sentó junto a Dana, que le oprimió la mano en señal de apoyo. Detrás de él estaban los Weasley, Hermione, Remus y la profesora McGonagall. Y Hagrid se hallaba más atrás acompañado del profesor Flitwick.
El juicio se inició y desfilaron los últimos testigos. Seamus Finnigan, quien en todo momento evitó mirar a Harry, y el medimago de los Malfoy, que insistió en el descuido de Harry sobre su embarazo, al no haber acudido a ninguna de las citas.
La defensa tenía un único testigo: el propio Harry. El joven avanzó hacia el estrado, prestó juramento y tomó asiento, mirando hacia donde estaban sus amigos, que le hacían señas de apoyo.
El momento decisivo había llegado. De su actitud y palabras dependería la impresión final que tendría el jurado, por eso Dana lo había dejado para el último momento, al contrario del abogado de los Malfoy, que los hizo declarar el primer día.
El interrogatorio empezó.
Al inicio fueron preguntas sencillas. “¿Cómo había entablado una relación con Draco Malfoy? ¿Cómo se llevaban? ¿Por qué la mantuvieron oculta? ¿Por qué se había embarazado?”
Era evidente que Alistair McConell, abogado de los Malfoy, trataba de demostrar algún tipo de interés de Harry en la fortuna de Draco. El joven Malfoy se revolvió inquieto en su asiento y en ese momento, su mirada se cruzó con la de Harry.
Harry sintió un nudo en el estómago. Los ojos de Draco lo miraban con una mezcla de compasión y desprecio y eso fue demasiado para él. Uno a uno recorrió los otros rostros. El de Lucius mostraba una serena y cínica confianza, el de Fleur un odio apenas disimulado y el de Narcissa, una indiferencia que rayaba en el aburrimiento.
Luego, miró al jurado. Rostros hostiles, muchos de los cuales pertenecían a magos que tenían deudas con la familia Malfoy. Otros habían sido mortífagos.
Entonces, toda su calma desapareció y comenzó a tartamudear al responder las preguntas.
Nadie podría creerle.
- “Señor Potter, díganos por qué, a pesar de las reiteradas invitaciones de Lord Malfoy, nunca quiso que su medimago lo atendiera”, repitió el abogado.
Harry balbuceó una nada convincente respuesta.
- “Confiaba más en mi propio medimago”
- “¿Confiaba en Frederick Olsen, quien es prácticamente un aprendiz, al lado del doctor Rudolph Stoner, reconocido investigador y especialista?”
- “Sí, señor”
- “Lord Malfoy ha presentado varias cartas notariales en las que se le advierte que Olsen tiene dos denuncias de negligencia médica, y usted insistió en seguirse atendiendo con él. ¿No le interesa acaso la salud de su bebé?”
Harry abrió la boca, pero las palabras se negaron a salir. No podía recordar lo que le había dicho su abogada. Se sintió perdido, a punto de derrumbarse.
Dana pidió un receso, pero el juez lo denegó.
- “Es evidente que no le interesa”, prosiguió implacable McConell.
- “Protesto, Señoría”, saltó Dana. “Esta respondiendo su propia pregunta”
- “Ha lugar”, replicó el juez, pero Harry sabía que el daño estaba hecho. Por el rostro del jurado, era evidente que McConell se había salido con la suya.
Su testimonio había finalizado y ahora sólo quedaba el alegato final de la defensa.
Estaba perdido. Ni siquiera tenía fuerzas para levantarse.
Entonces, la sala empezó a agitarse. Un hombre vestido de negro se abrió paso hacia el estrado.
Era Severus Snape.
Harry ahogó un gemido. Uno de sus peores enemigos en Hogwarts venía para hundirlo más. No había nada más que hacer.
- “Su Señoría, soy el Profesor Severus Snape y reclamo la custodia Harry Potter y de su hijo”, dijo el hombre en voz lo suficientemente alta para que todos pudieran oírlo.
Un murmullo se elevó inmediatamente y el juez tuvo que golpear varias veces la mesa, y aplicar un “sonorus” para hacerse oír.
- “¿Y en qué basa su reclamo?”, preguntó el juez.
- “En la décima ley del código de Hywel Dda”, respondió Severus. “Si un mago o bruja embarazado desea someterse a otro mago, éste será dueño de ambos hasta que el contrato finalice”
Harry no daba crédito a sus oídos. No había oído jamás de ese código, pero el nombre pertenecía a un antiguo rey celta, y por la expresión de su abogada, dedujo que lo que Snape hacía era posible.
- “Eso significa que el señor Potter debe aceptar ese contrato”, replicó el juez. “Y en ese caso este juicio sería suspendido. ¿Señor Potter?”
El joven sintió la mirada de todos sobre él y alzó la vista, temeroso. Pero lo primero que vio fue el rostro, contorsionado por la rabia, de Lucius Malfoy, que hablaba desesperado con su abogado, quien negaba con la cabeza.
Y así se decidió.
- “Acepto”, dijo, porque ese era el único modo de que no lo separasen de su bebé.
- “Tengo aquí el contrato, Su Señoría”, dijo Severus alcanzándole al juez un pergamino. Éste lo examinó y declaró que era conforme. Luego se lo alcanzó a Harry.
- “Señor Potter, si está conforme, proceda a firmar y acabemos con este asunto”
Harry apenas veía las letras del contrato. Sólo firmó y buscó con la mirada a Remus, que se apresuró a correr hacia él.
Continuará
¡Apareció Seve! Bueno, fue una aparición fugaz, pero ha llegado para quedarse. Espero que haya sido de su agrado.
Capítulo 4
1
- “¡Harry!”, exclamó Remus, sujetando al chico del brazo.Harry estaba pálido y sentía que el mundo giraba locamente a su alrededor. Se abrazó de Remus mientras el juez mandaba desalojar la vociferante sala.
Como en un sueño, el chico vio salir poco a poco a todos y bebió el vaso de agua que Hermione le alcanzó. Aún estaba sobre el estrado, pero Remus lo sacó suavemente de allí y cuando se disponía a llevarlo hacia una silla, una sombra se interpuso entre ellos.
Era Severus.
- “Lupin, yo me haré cargo”, dijo el Profesor de Pociones en tono poco amistoso. Luego tomó a Harry del brazo y lo llevó hacia una sala privada, donde inscribieron sus nombres en el libro de registro del Ministerio de Magia.
Harry veía borroso, la tensión de todos esos días empezaba a hacerse notar. Severus lo sujetó nuevamente y salieron. Apenas pudo despedirse de sus amigos, que trataban de abrirse paso hacia él entre la multitud que llenaba el atrio.
Los fogonazos de los flashes de los fotógrafos comenzaron a marearlo y Severus los apartó a un lado mientras avanzaba, con Harry del brazo y protegiéndolo con su varita.
Llegaron al auto del Ministerio y Harry entró en él, seguido por Severus. El vehículo se puso en movimiento y el chico se encogió dentro de él, como un cervatillo asustado. Estaba a merced de Snape, su más odiado enemigo durante toda su estancia en Hogwarts. Estaba a su merced y él mismo era quien se había puesto en sus manos.
Varias lágrimas resbalaron por sus mejillas y el profesor lo miró con ¿simpatía?. Se sentía mortalmente cansado, sólo deseaba llegar a su habitación y echarse a dormir.
Pero había olvidado el dichoso contrato.
- “Iremos hacia los jardines de Kensington”, dijo Severus al conductor. “Allí tengo un traslador que nos llevará hacia Gales sin peligro”
- “¿Gales?”, murmuró Harry con un nudo en el estómago.
- “Sí”, repuso Severus. “Allí está mi casa, en ella viviremos”
El joven ahogó un gemido y la visión se le hizo borrosa. Quiso decir algo, pero sólo se deslizó en el asiento del auto, sin sentido, hacia los brazos de Snape.
2
Severus contempló una vez más al joven dormido en la amplia cama de la habitación que le había asignado. Estaba pálido y ojeroso y el medimago que lo examinó dijo que necesitaba ganar peso o la salud del bebé correría peligro.
Le parecía increíble que ese frágil y delgado joven fuera el famoso Harry Potter, quien se había enfrentado cinco veces con el Señor Tenebroso, saliendo ileso.
Pero ahora, se veía indefenso.
El sufrimiento había cambiado a Potter. No tenía ese brillo travieso y desafiante en los ojos, parecía más bien un gatito lastimado al borde de una carretera, pidiendo que alguien lo recoja y lo mime.
Y de todos los animales, Severus prefería a los gatos.
“Pero es Potter”, se repitió una vez más. “El hijo de Potter”, susurró con rabia.
Sólo se había unido a él porque era una deuda que le tenía a Dumbledore.
El chico dormido dio un profundo suspiro y Severus lo arropó más con las mantas. Si hubiera sido otro, las cosas serían más fáciles, porque Harry era muy atractivo y el profesor se sorprendió de no haberlo notado antes.
Pero era Potter.
Con pasos lentos, Severus salió de la habitación y en el pasillo, se encontró con James McGregor, su hombre de confianza.
- “¿El joven se quedará esta noche, Profesor Snape?”, preguntó el alto y orgulloso escocés que se hacía cargo de la casa.
- “Se quedará muchas noches, McGregor. Es mi esposo”
El escocés asintió. No acostumbraba hacer preguntas y sabía que en ocasiones el profesor traía acompañantes a la casa, pero un esposo era algo totalmente inesperado. Y era más extraño que el joven no fuera instalado en la habitación del que se decía su esposo.
- “Bien. Se lo diré a mi mujer. ¿A qué hora tiene que servir el desayuno?”
- “A la hora de siempre”, respondió el profesor, y con pasos cansados, se dirigió a su propia habitación y cerró la puerta.
3
Harry despertó en una mullida y cómoda cama y por un momento no supo dónde se encontraba. Pero luego recordó. Snape.Con los ojos cerrados, se acurrucó en la cama y suspiró. Hacía casi un mes que no dormía como había dormido ahora. Y se sentía mucho más tranquilo y relajado y con ganas de afrontar el enorme lío en el que se había metido. Porque a la luz del nuevo día y con el cuerpo descansado, le pareció que había cometido la tontería más grande de su vida.
Apartó las cobijas y se puso de pie. Tenía puesto un pijama extraño, color verde oscuro con una pequeña serpiente bordada en uno de los bolsillos. Se estremeció pensando que Snape lo había desnudado para acostarlo el día anterior. Su ropa no se veía por ninguna parte, de modo que se aventuró al pasillo, descalzo y en pijama.
La casa donde se hallaba era enorme, a juzgar por la extensión del pasillo. Sus muros de piedra eran sólidos y estaban cubiertos de tapices con grabados medievales. El suelo tenía una alfombra verde oscuro y Harry avanzó por ella buscando la escalera para bajar a la primera planta.
Su estómago sonó de hambre. No sabía qué hora era ni cuánto había dormido. En eso, pegó un respingo al descubrir, junto a una columna, a un hombre altísimo y enjuto, vestido con un tartán y con expresión pétrea.
- “Hola”, murmuró Harry preguntándose quién demonios sería ese tipo.
- “Buenos días, señor”, respondió el hombre y sus ojos vagaron desde el despeinado cabello de Harry hacia sus pies descalzos. “El Profesor Snape está en el estudio, bajando la escalera, a mano izquierda. La segunda puerta”
Harry agradeció la información y comenzó a bajar. La escalera también estaba alfombrada, pero no el pasillo de piedra que llevaba al estudio. El chico avanzó, atraído por las voces airadas que provenían de la segunda puerta y se detuvo al reconocer la voz de Remus.
4
- “¡No tenías derecho a usar el código de Hywel Dda!”, exclamó el hombre lobo. “No has hecho más que empeorar las cosas…”- “¿Y qué pensabas hacer tú? ¿Esperar a que un milagro los hiciera ganar el juicio y que los Malfoy no se quedaran con el bebé de Potter? A veces me sorprende tu estupidez, Lupin”
- “Pero Dumbledore…”
- “¡Dumbledore fue quien me lo pidió!”, exclamó Severus. “No pensarás que me até por voluntad propia a Potter, ¿eh, Lupin? Dumbledore fue quien redactó el contrato”
- “Podría haber sido otro…”
- “¿Qué otro mago de sangre limpia habría aceptado? ¿Lucius Malfoy? Así quedaría todo en familia…”
- “¡Pude ser yo!”
Severus soltó una risita sardónica.
- “¿Tú? ¿Un licántropo? Permíteme que me ría, Lupin. De haberte presentado tú con el contrato, lo más probable es que el juez arrojara a Potter a los brazos de Malfoy”
- “¡Tengo que hablar con Dumbledore!”
Se hizo un tenso silencio y Severus se dejó caer en un sillón.
- “Dumbledore está muerto”
- “¿Q-qué?”
- “Está muerto”, repitió Severus. “Sus energías se fueron minando luego de que derrotó a El Que No Debe Ser Nombrado. Lo asistí en los últimos momentos”
- “N-no sabía”, tartamudeó Remus.
- “Nadie lo sabe, ni siquiera Minerva”, repuso Severus. “Pero a esta hora, ya debe ser público”
- “Entonces, tú…”
- “Fue su última voluntad. ¿Cómo podría negarme? Le debía mucho a Dumbledore, Lupin”
De pronto, ambos magos sintieron un sollozo entrecortado y se volvieron, para encontrarse en el umbral de la puerta con Harry, que se apoyaba en el picaporte.
- “¡Harry!”
Remus corrió hacia él y lo ayudó a recostarse en el sillón. El chico temblaba.
En la puerta se dibujó la silueta de McGregor y el escocés avanzó, imperturbable, con una manta que Severus tomó para abrigar al joven.
- “Dumbledore…”, murmuró Harry. El anciano mago lo había decepcionado, pero enterarse así de su muerte lo afectó muchísimo.
Remus trató de tranquilizarlo y Severus los dejó solos. Nadie mejor que el licántropo para consolar a Harry; después de todo, lo conocía más que él.
- “Encontraremos una salida, Harry”, dijo suavemente Remus, cuando el joven estaba ya calmado. “Lo consultaré con Arthur y con Kingsley. Hasta entonces, procura llevarte bien con él, en el fondo no es un mal hombre”
“Muy en el fondo”, pensó Harry, pero asintió para no darle a Remus una preocupación más.
- “Hermione y Ron enviarán tus cosas por la tarde”, informó Remus, recordándole una vez más que no volvería a su pequeño departamento en Londres.
Luego Remus tuvo que irse, se ganaba la vida dando clases particulares y no podía darse el lujo de faltar a alguna.
Harry oprimió su vientre, que sonaba nuevamente de hambre y se propuso intentar hacer las cosas lo más llevaderas, hasta que Remus encontrara como deshacer el contrato.
- “El Profesor Snape lo espera en el comedor para desayunar”
La profunda voz de McGregor lo hizo pegar un respingo. El escocés traía un par de pantuflas y una bata, que le entregó sin decir palabra.
5
- “Buenos días”, dijo Harry por decir algo, al entrar al comedor.
Severus, sentado a la cabecera de la mesa, leía ‘El Profeta’.
- “Buenos días, Potter”, contestó el profesor, como si el incidente previo con Remus no se hubiera producido nunca. “Debe alimentarse mejor, beba esa leche”
Harry obedeció porque se moría de hambre. Cuando terminó de beber, Severus volvió a llenar su vaso. El joven comió con mucho apetito y bebió el segundo vaso de leche. Tener el estómago lleno lo hizo llenarse de valor y cuestionó:
- “¿Por qué lo hizo? Ya sé que Dumbledore lo pidió, pero pudo negarse y buscar otro”
- “No confiaba en ningún otro para esto”, respondió Severus. “Y tampoco había tiempo”
- “Ah”
Se hizo un nuevo silencio en el que Severus volvió a hundir el rostro en ‘El Profeta’. Harry atisbó la portada y vio su propia fotografía, cuando salía del brazo del profesor, el día anterior, después del juicio.
- “¿Y qué tengo que hacer?”
Severus lo miró por encima del periódico.
- “¿Hacer?”
- “Sí. ‘Si un mago o bruja embarazado desea someterse a otro mago, éste será dueño de ambos hasta que el contrato finalice’. Eso fue lo que dijo”, citó Harry. “Quiero saber lo que significa lo de someterse”
- “Potter, ¿leyó el contrato?”
- “No”, fue la avergonzada respuesta.
- “Maldición”
Pero Harry lo seguía mirando expectante, de modo que el Profesor de Pociones tomó aire y comenzó a hablar.
-“Potter, usted y yo estamos legalmente casados”, repuso el profesor. “La figura del sometimiento pertenece a la época medieval. En nuestros tiempos se interpreta como un matrimonio. Usted es mi esposo y yo seré el tutor de su hijo hasta que cumpla la mayoría de edad. Con eso, dejamos de lado definitivamente a los Malfoy”
- “¿C-casados?”, Harry no daba crédito a sus oídos.
- “Hasta que el contrato finalice. Esto será después del nacimiento. Puede renovarse, pero entiendo que no lo quiera hacer”
Harry abrió la boca y la volvió a cerrar. Luego se armó de valor para la siguiente pregunta.
- “¿Tendremos que…?”, la voz de Harry sonó aterrada.
- “¿Dormir juntos? No, Potter. No se preocupe por eso”, dijo Snape en forma un poco despectiva. Se había estado preparando para el rechazo el joven, pero aún así, su orgullo se resintió muchísimo. “Entiendo que no quiera hacerlo y a mi no me produce mucho entusiasmo tampoco. Sólo debemos mantener las apariencias para evitar que los Malfoy impugnen el contrato. Usted tendrá su habitación y yo la mía”.
Harry suspiró, pensando que vivir con el huraño Snape sería lo más difícil que le tocaría hacer. Aunque en el fondo le estaba agradecido por librarlo de los Malfoy. Quizá después de todo no fuera tan malo. Además, en unos días empezaban las clases en Hogwarts y el profesor se tendría que trasladar allí.
- “He solicitado mi año sabático”, dijo Severus echando por tierra sus esperanzas. “De modo que tendremos que aprender a tolerarnos”
Y sin más, el profesor se puso de pie y lo abandonó en el comedor.
Capítulo 5
1La primera semana pasó y las cosas no fueron tan malas como Harry se había imaginado. Severus distaba mucho de ser cariñoso, pero se preocupaba por él y era considerado. Cuando supo por Louise, la esposa de McGregor, que al joven se le helaban los pies en las frías noches, mandó poner todos los días una bolsa de agua caliente, para cuando Harry se fuera a acostar.
Y también había ordenado que preparasen las comidas que más le gustaban al joven, preocupándose de que siempre tuviera a la mano frutas frescas, pasteles e incluso algunas de esas espantosas comidas muggle, para los antojos nocturnos que acometían a Harry.
Con eso logró que el joven empezara a sentirse más tranquilo, y su apetito se incrementó. Esa semana, Harry pensó que había comido por todo el mes anterior.
Remus, Ron y Hermione lo habían visitado todos los días y Severus se había limitado a saludarlos y dejarlos hablar con Harry, retirándose a su estudio para no molestar. Por ellos, Harry supo que el caso había dado la vuelta al mundo y que sería incluido en los textos de “Derecho Mágico” como una ingeniosa victoria basándose en una antigua ley medieval.
Sus amigos se sintieron muy aliviados al saber que Harry no tendría que tener vida conyugal con Severus y que debía limitarse a guardar las apariencias hasta el nacimiento. Luego de eso, Harry quedaría libre del contrato, aunque su hijo tendría a Severus de tutor hasta cumplir la mayoría de edad. Pero el profesor le había dicho que no separaría al niño de él, de modo que todo estaba aparentemente resuelto.
La muerte de Dumbledore causó mucho revuelo, pero al final de la semana, con la noticia de que un dragón noruego fue visto sobrevolando Essex, había pasado a segundo plano.
Y luego, las clases empezaron. Ron tuvo que asistir a la Escuela de Aurores, y Hermione a la universidad donde estudiaría medimagia. Con esto, sus visitas se limitaron a los fines de semana.
2
Harry empezó a acostumbrarse a la enorme casa. No se parecía en nada a la mansión de Sirius, pero era muy cómoda. La biblioteca estaba llena de libros interesantes y Severus compró también varios libros nuevos para los estudios de su esposo.- “La Escuela de Aurores no es nada fácil. Es bueno que desde ahora empiece a prepararse, el año que viene será muy arduo, con el bebé y los estudios”
Severus tenía razón, de modo que Harry dividió su tiempo entre estudios y paseos por el enorme huerto que había detrás de la casa. Y también pasaba mucho tiempo con Louise, en la cocina; aunque esto último no era del todo del agrado de Severus, ya que, después de todo, los McGregor formaban parte de la servidumbre.
Por Louise, Harry se enteró de que Severus, siendo joven, había salvado a su esposo del ajusticiamiento al que una enfurecida aldea lo quiso someter por un crimen que no cometió. Con esto, el profesor se había ganado la inquebrantable lealtad del orgulloso highlander y lo había traído a su casa, donde vivía desde entonces.
El profesor no se dejaba ver mucho durante las mañanas. Con frecuencia tenía que ir a la ciudad; y por las tardes, se encerraba en el estudio o en el enorme y bien equipado laboratorio de pociones que tenía en el sótano.
Las comidas las tomaban juntos y Severus siempre se aseguraba de que Harry se alimentara bien. Durante ellas, hablaban de diversos temas, y Harry muchas veces se sorprendió del ingenio y agudeza que mostraba su esposo. En el colegio, siempre había creído que Severus era un viejo amargado y ahora descubrió la fina ironía con la que el profesor afrontaba las cosas.
En conjunto, Harry se sentía bien. Sólo había algo que le molestaba. Si bien su esposo era considerado, e incluso amable, le afligía que se encerrara tanto tiempo en el sótano.
Una mañana, Harry se sentó en la mesa de la cocina, para beber el ponche de leche caliente que diariamente le preparaba Louise con una antigua receta escocesa. Al joven le gustaba estar allí, porque de todos los habitantes de la casa, ella era la más parlanchina. Se trataba de una mujer bajita y menuda, con el rostro lleno de pecas y unos ojos vivaces y amables.
- “Hace una linda mañana”, dijo Harry bebiendo un sorbo de su ponche. “Creo que iré a caminar por el huerto, quiero respirar un poco de aire puro”
- “Es una excelente idea”, repuso ella. “¿Por qué no le pides al profesor Snape que te acompañe?”
Louise era la única que lo tuteaba, y esto a mucha insistencia de Harry, que amenazó con dejar de comer si lo seguía tratando de “señor”. Era evidente que McGregor no lo aprobaba, pero no dijo nada, sólo se limitaba a mover la cabeza cada vez que ella lo llamaba por su nombre.
- “¿A él? No creo que le guste eso”
- “Por el contrario, le encanta el huerto. Él fue quien sembró muchas de las hortalizas que ahora comemos. Antes solía pasar mucho tiempo allí”, Louise se mordió la lengua, pero era tarde.
- “¿Antes? ¿Antes de qué?”, quiso saber Harry.
- “Oh, de nada, Harry. Quizá ahora tiene mucho trabajo… seguramente volverá al huerto cuando se sienta más tranquilo”
- “¿Tiene trabajo? Pero pidió su año sabático…”, de pronto, Harry abrió mucho los ojos, cuando una idea se abrió paso en su mente. “Es por mí”, dijo dolido. “No quiere verme, le molesta mi presencia, igual que en la escuela”
- “No digas eso, Harry. Él es así… no le gusta demostrar afecto, pero no ha hecho por nadie lo que hace por ti”
- “¿Por nadie, dices? ¿Hubo alguien más aquí antes que yo?”
- “No exactamente, Harry. El profesor no estuvo casado antes…”
- “¿Hubo alguien?”
- “Eso fue hace muchísimo tiempo”
- “¿Quién fue?”
Un carraspeo hizo que Louise enrojeciera intensamente y su marido avanzó hacia ella, tan callado como siempre, y le entregó una bolsa con patatas recién cosechadas.
- “Son para la cena”, dijo, y se quedó allí, de pie en el umbral, tan quieto que parecía una estatua.
Harry se apresuró a salir al huerto.
3Al día siguiente hacía buen tiempo, y Harry salió de nuevo. Había descubierto, junto a la muralla que rodeaba la propiedad, una pequeña glorieta llena de flores, en la que le gustaba sentarse a leer.
Pero esa mañana, había alguien más en ella.
- “Buenos días, Potter. ¿Cómo amaneció su bebé?”
- “Hola”, sonrió el joven y se sentó en el banco frente a su esposo. La noche anterior, Harry había despertado con un antojo de pastel de manzana y el profesor lo sorprendió buscando en la cocina. No había nada, de modo que el mismo Severus preparó el pastel y Harry se asombró de lo bien que cocinaba. “Está bien, gracias. Fue muy amable al preparar ese pastel a pesar de que ya era tarde, estaba delicioso y me dormí apenas volví a mi habitación”
- “El medimago dice que debe alimentarse bien”, declaró Severus, restándole importancia al hecho.
- “Sí, claro”, dijo Harry, un poco decepcionado.
De pronto, algo brilló entre los arbustos y Severus se puso de pie rápidamente, para traer, arrastrándolo de la túnica, a un menudo hombrecillo con una cámara fotográfica.
Instantes después, McGregor apareció con otros dos periodistas bajo los brazos.
A pesar de sus protestas, ambos fueron arrojados por encima del bajo muro, con la amenaza de una maldición si volvían a acercase a la casa.
Severus le pidió a Harry que entre y esa misma tarde, hizo elevar el muro y colocó alarmas mágicas en todos los puntos de acceso a la casa.
Durante la cena, ninguno de los dos comentó el incidente, pero al día siguiente, ‘El Profeta’ traía un relato pormenorizado de los hechos, acompañado de un editorial ofensivo en el que se insinuaba que el Profesor Severus Snape y Harry Potter se habían burlado del Ministerio de Magia, al interrumpir un juicio solicitando la aplicación de un código medieval y firmado un contrato que a todas luces era letra muerta, pues los cónyuges se trataban de usted, no dormían juntos, y mantenían una fría cortesía que hacía deducir que estaban guardando las apariencias y que el matrimonio era una farsa.
Naturalmente, luego de eso llegó una carta notarial de Lucius Malfoy anunciando que impugnaría el contrato.
4
Severus pasó el día de muy mal humor, encerrado en su estudio con Ewan Hawthorne, su abogado; y dejó que Remus consolara a Harry, que había caído en una profunda depresión.Pero esa noche, durante la cena, decidió abordar el tema de forma directa.
- “Potter, necesitamos hacer algo al respecto de esa impugnación”
- “¿Hacer qué?”
- “Para comenzar, creo que debemos dejar tanta formalidad para tratarnos. Luego, deberíamos aparecer en algunos eventos públicos y comportarnos como una pareja de recién casados”
- “Sí, señor”, dijo Harry, por la fuerza de la costumbre.
- “Severus”, corrigió el profesor.
- “Severus”, repitió el joven, sintiéndose extraño al pronunciar el nombre. Y luego se sintió especial, muy pocas personas que conocía llamaban al adusto profesor por su nombre.
- “Eso está mucho mejor, Harry”, y un amago de sonrisa asomó por los labios del profesor.
Harry sintió que la emoción lo embargaba. ¡Se sentía tan bien oírlo decir su nombre! Pero luego su sentido de la realidad lo hizo pisar tierra nuevamente. Severus no lo quería. Era amable, eso sí; pero sólo por cumplir la promesa que le había hecho a Dumbledore. Su presencia no le era agradable, o no se pasaría tantas horas encerrado en el estudio o en el laboratorio, y seguiría cultivando su huerto.
Esa noche, al acostarse, Harry trató de analizar sus sentimientos hacia su esposo, y trató de explicárselos diciéndose que se había sentido muy solo luego de la ruptura con Draco, y en el estado que se hallaba, era lógico que buscara afecto. Pero se sorprendió a sí mismo susurrándole a la almohada:
- “Buenas noches, Severus”.
5
Severus se sentía más aliviado. Con el tuteo, la relación de ambos empezó a ser más llevadera y se permitió volver a pasear por el huerto, pero en algunas ocasiones, pues no quería abrumar a Harry imponiéndole su presencia.Se decía a sí mismo que sólo lo hacía por cumplir con la palabra que le dio a Dumbledore, pero lo cierto era que empezaba a encariñarse con el joven. Era casi imposible no hacerlo, Harry era muy diferente a su padre, era agradable e inteligente y Severus se asombró de no haberlo notado nunca durante los siete años que lo tuvo como alumno en Hogwarts. Y era muy atractivo, aún con su barriguita que comenzaba a crecer. Pese a ello, Severus atribuyó este interés en el joven a los años de soledad que había pasado y trató de restarle importancia.
Pasó una semana más y con ella llegó el quinto mes de embarazo. El medimago que atendía a Harry estaba muy complacido y dijo que era probable que en la siguiente semana, el bebé comenzara a moverse.
Harry estaba feliz y fue a hablar con Hermione, por la chimenea del salón, pero cuando intentó levantarse y Severus le ofreció, solícito, el brazo, el joven tenía el rostro afligido.
Los cambios de humor eran frecuentes y en varias ocasiones Severus lo había visto llorar, pero no se atrevía a consolarlo, simplemente porque tenía miedo de ser rechazado. En lugar de eso, llamaba discretamente a Louise y dejaba que fuera ella quien consolase a Harry.
Sin embargo, ahora se hallaban en el salón y Harry se sujetaba de su brazo, con la barbilla temblándole para no llorar.
- “¿Qué sucede? ¿Alguna mala noticia?”, preguntó el profesor.
- “N-no… es que mi ropa me queda demasiado estrecha y hoy pensaba ir con Hermione de compras, pero ella tiene una tarea difícil en la universidad, y no podrá acompañarme”
Severus se recriminó mentalmente. Con tanta preocupación por la impugnación del contrato, había olvidado comprarle ropa a su esposo.
- “No veo el problema, yo te acompañaré”
- “¿En serio?”, dijo esperanzado Harry. Creía que a Severus no le gustaría que los vieran mucho en público y por eso no se había atrevido a pedirle que lo acompañe.
- “Claro. Será una buena ocasión de demostrarles a esos periodistas que nuestro matrimonio no es una farsa”, fue la decepcionante respuesta.
6
Harry avanzó del brazo de Severus por el bullicioso callejón Diagon. Habían visitado la tienda de túnicas de Madame Malkin y adquirieron allí cuatro túnicas de diario y una de gala, verde esmeralda, con elegantes bordados. Harry tenía su propio dinero, pero Severus insistió en pagar.Luego de visitar dos veces la tienda de helados, fueron también donde el sastre de Severus, quien tomó las medidas del joven y prometió tener listos para el día siguiente varios pantalones y camisas holgados, ya que hacía mucho tiempo se había dejado de fabricar masivamente ropa para magos embarazados y sólo se hacía a pedido.
Harry era consciente de que las miradas se dirigían invariablemente hacia ellos y los cuchicheos se detenían cuando pasaban. Sabía que, además de lo inusitado de su embarazo, el juicio había traído mucha más notoriedad hacia su persona y era un poco incómodo. Pero caminar con Severus le daba seguridad.
De pronto, junto al escaparate de Flourish & Blotts, Severus lo tomó por la cintura y lo besó.
Capítulo 6
1
Harry sintió una especie de vértigo y se aferró a la túnica de Severus, cerrando los ojos. Por un instante, el tiempo pareció detenerse. El joven echó la cabeza hacia atrás al sentir los labios delgados de Severus sobre los suyos. Era una sensación tan íntima que se rindió a ellos y entreabrió los propios para permitirle entrar.El aliento del hombre era cálido y sabía al café amargo que tomaba todas las mañanas. Era embriagante, misterioso, oscuro y cautivante; Harry suspiró, incapaz de resistírsele.
Y de pronto, todo el encanto fue roto por el sonido de un flash.
Severus lo apartó suavemente y continuaron caminando como si nada hubiera pasado, mientras Harry trataba por todos los medios de contener las lágrimas de decepción al darse cuenta de que ese beso había sido sólo para guardar las apariencias ante los periodistas de ‘El Profeta’.
Un beso sin amor.
Un beso interesado y falso.
Pero… ¡Se había sentido tan bien!
2Esa noche, Severus, con el sabor de Harry aún en los labios, trataba de concentrarse inútilmente en la lectura de las “Memorias de Adriano”, emperador de la Antigua Roma que había amado al joven bitinio Antínoo, quien lo acompañaba en sus viajes.
Pero ni las hermosas frases que el emperador dedicaba a su favorito lograban quitarle de la cabeza al joven real que dormía en el piso de arriba.
Pasó las páginas llenas de reproducciones de las estatuas y grabados del joven, que Adriano mandó esculpir para adornar Antínoe, la ciudad que fundó en honor de su amante para inmortalizarlo. El muchacho era bello, perfecto en cada uno de sus rasgos, estilizados por los rizos que graciosamente caían sobre su rostro. Hermoso, con la perfecta hermosura de la piedra que lo hacía perdurable; y Severus se encontró de pronto imaginando que los vacíos ojos de la estatua eran verdes.
Cerró el libro y al mismo tiempo, un trueno retumbó anunciando el inicio de una tormenta. El profesor se detuvo en el umbral de la puerta, dudando, pero luego decidió cerciorarse de que Harry estuviera bien.
Subió las escaleras rápidamente y se dirigió a la habitación del joven.
Harry dormía inquieto, las cortinas estaban abiertas y la luz de los relámpagos iluminaba de cuando en cuando la habitación.
Severus perdió la noción del tiempo contemplándolo, pero el retumbar de un trueno y un gemidito de Harry, que seguía sin despertar, lo devolvieron a la realidad y cerró las cortinas. Luego, se acercó a la cama y arropó bien a Harry colocando una manta extra que sacó de un armario.
Entonces, Harry abrió los ojos y le sonrió.
- “Hay una fuerte tormenta”, informó Severus. “Vine a ver si estabas bien”
Un trueno corroboró sus palabras y Harry se acurrucó entre las mantas.
- “Estoy bien”, dijo. “Estas tormentas me recuerdan Hogwarts”
- “En Hogwarts las tormentas son mucho peores”, observó Severus con algo de nostalgia en la voz.
- “Echo de menos Hogwarts”, dijo Harry. “Fui muy feliz allí”
El joven se refería al hecho de que había pasado en Hogwarts los mejores años al enterarse de su naturaleza de mago. Había hecho los mejores amigos, se había divertido en grande y había sido muy feliz. Pero Severus lo asoció inmediatamente con Draco Malfoy.
- “Es tarde, vuelve a dormirte”, bufó y sin más, se retiró a su propia habitación.
3
Dos días más tarde, cuando Harry abrió los ojos en la mañana, sintió algo extraño. Era un movimiento suave y ondulante dentro de su cuerpo; y luego un ligero golpecito.- “¡Pequeño!”, exclamó sujetando su vientre. Una vez más, sintió el mismo movimiento.
Lleno de alegría, se levantó a toda prisa y salió corriendo hacia la habitación de Severus. Su esposo le había dicho que podía llamarlo a cualquier hora y en cualquier circunstancia cuando se tratara del bebé y aunque aún era temprano, Harry no se preocupó por ello y abrió la puerta, sin llamar.
La habitación estaba vacía.
Un poco decepcionado, bajó corriendo al estudio y vio la puerta entreabierta. La empujó, emocionado, y exclamó:
- “¡Severus! ¡Se mueve! ¡Se..”
Pero se quedó mudo al ver a su esposo con dos hombres serios que no conocía.
- “Lo siento… fui a buscarte a tu habitación y …”
Calló ante la mirada de advertencia de Severus, y se quedó de pie allí, sin saber qué hacer.
El profesor se le acercó y lo abrazó.
- “No te preocupes”, le dijo. “Los señores ya se iban”, añadió dirigiéndoles a los visitantes una gélida mirada. “McGregor los escoltará hacia la puerta, yo debo llevar arriba a mi esposo”
El misterioso escocés había aparecido junto a la puerta, sin hacer ruido alguno, y miró inexpresivamente a los visitantes, haciéndoles un ademán. Severus tomó a Harry en brazos y lo llevó hacia el segundo piso.
4- “Lo siento”, repitió Harry de vuelta en su habitación, donde Severus lo acomodó en la cama. “No sabía que tenías visita tan temprano. ¿Quiénes eran?”
- “Dos funcionarios del Ministerio, Harry. No importa”
El joven se acomodó entre las mantas, tratando de no mostrar su decepción. Volvía a sentirse muy vulnerable y detestaba eso.
- “¿Qué era lo que venías a decirme?”
Harry esbozó una sonrisa.
- “El bebé se movió. Pensé… pensé que te gustaría saberlo”
- “Es una excelente noticia… Arnold dijo que podía suceder ahora…”, dijo Severus, no muy seguro de cómo proceder. Sus ojos vagaron desde la barriguita que se adivinaba bajo las mantas, hasta el rostro de Harry.
- “¿Quieres sentirlo?”, preguntó tímidamente su joven esposo.
Severus asintió y se sentó en la cama, junto a él. Harry hizo a un lado las cobijas y descubrió su vientre desabrochando el pijama. Luego, un poco avergonzado, tomó las manos del profesor, las puso sobre su abdomen y contuvo la respiración.
Una patadita, y luego dos más se sucedieron rápidamente bajo las manos de Severus. Su sonrisa fue la mejor de las recompensas.
- “Mueve un poco las manos”, pidió Harry, “es para estimularlo. Lo leí en un libro”
Severus obedeció, recorriendo con sus manos el vientre de Harry. Como respuesta, el bebé siguió moviéndose.
- “Parece que le gustas”, sonrió Harry.
- “Tengo que gustarle”, bromeó Severus. “Será un Slytherin”
- “Será un Gryffindor”
El profesor vio un relámpago de furia en los ojos de Harry y comprendió que su desafortunada broma le había recordado a Draco. Para mantener las cosas en paz, capituló enseguida.
- “De acuerdo, será un pequeño león”
Desde ese día, el bebé quedó bautizado oficialmente como ‘pequeño leoncito’ en lo que a Severus se refería; aunque el profesor se guardó muy bien de decirlo en voz alta.
5
Con la emoción de que el bebé había empezado a moverse y con las visitas de sus amigos, Harry olvidó un poco el trago amargo que había supuesto para él enterarse de que los magos que visitaron a Severus estaban analizando la impugnación solicitada por Lucius Malfoy; y que al oírlo referirse a “la habitación de Severus”, la habían declarado fundada.Severus y su abogado estaban a la espera del primer movimiento del Ministerio, pues tenía que demostrarse que el matrimonio era una farsa.
Así estaban las cosas, cuando un sábado, Severus llamó a Harry al estudio.
- “Esta noche habrá un baile en la casa de Cornelius Fudge, y hemos sido invitados”
- “¿Nosotros?”
- “Sí, naturalmente. La invitación dice ‘Profesor Severus Snape y esposo’, replicó Severus. Fudge me tiene cierta deferencia a causa de que, con la huída de Black en Hogwarts, hace cinco años, ambos quedamos como unos perfectos idiotas”
Harry enrojeció intensamente; él había sido el responsable de esa huída. Para aligerar la situación, aceptó ir a la fiesta.
6
Cuando llegaron a la fiesta; Harry se aferró más fuerte del brazo de Severus, al notar la presencia de los Malfoy, pero la seguridad del profesor se le contagió y trató de olvidarlos, sintiendo de vez en cuando, sus miradas de odio.Ignorándolos completamente, Severus sacó a bailar a su esposo, abrazándolo por la cintura mientras Harry ponía las manos sobre su hombro. Bailaron así, abrazados, y el joven se permitió soñar que era verdad lo que pretendían representar.
Severus lo hacía girar lentamente, pensando que la túnica verde de Harry hacía un juego perfecto con sus ojos, a pesar de las gafas; que sería hermoso que los Malfoy no existieran y que la farsa fuera realidad.
Cuando hicieron una pausa para descansar, Harry se separó un momento de él para ir al baño. Prefirió entrar a uno de los retretes en lugar de usar el urinario, pues no deseaba que, en el caso de que alguien más entrara, se lo quedara mirando raro a causa de su embarazo.
Pero apenas cerró la puerta tras él, sintió unos pasos ligeros; y cuando salió del retrete, se encontró con Draco Malfoy esperándolo.
- “Hola, Harry”
El joven apretó los dientes. No quería hacer un espectáculo en la fiesta, de modo que murmuró un saludo y se dispuso a salir. Draco tenía ojos de borracho.
- “Espera”, dijo el rubio sujetándolo del brazo. “¿Cómo has estado?”, sus ojos vagaron hacia el vientre de Harry. “¿Cómo está mi bebé?”
- “No es tu bebé, Malfoy”, respondió Harry con rabia. “Es mío y de Severus”
- “¿Severus?”, el rubio soltó una risita. “¡Por Merlín! Tú y yo sabemos cómo llegó ahí ese bebé”.
- “Idiota”
Harry se soltó bruscamente, pero Draco le bloqueó la salida.
- “A mí no me engañas, Harry. Sé bien que solo estás fingiendo, te gustan demasiado las cosas buenas y no podrías enamorarte jamás del viejo…además de feo, es un amargado; sólo es cuestión de tiempo…”
- “¡Cállate! ¡Severus es mejor de lo que tú jamás has sido! ¡Y es mucho más hombre que tú! ¡Mucho mejor que tú!”, espetó Harry sacando rápidamente su varita.
Eso hirió el amor propio de Draco en lo más vivo. Había ido a buscar a Harry sin un propósito definido, impulsado por su borrachera y sus celos; pensando tener la oportunidad para comprobar que Harry lo seguía queriendo, y no se esperaba oír lo que oyó.
El rubio sacó la varita también; y, sin pensarlo mucho, gritó:
- “¡Stupefy!”
Pero una mano desvió el hechizo y Severus, que era quien lo había hecho, lo sujetó por detrás.
Demasiado tarde.
Harry había reaccionado también enviando un “Desmaius” a Draco, que desgraciadamente, dio en el blanco. El rubio se derrumbó pesadamente en brazos de Severus.
- “Harry, ¿estás bien?”
- “Sí”, dijo el chico, aún furioso. “Se lo merecía, debí haberle lanzado algo peor”
En ese momento, se abrió la puerta y alguien gritó:
- “¡Es Malfoy! ¡Han atacado a Draco Malfoy!”
Al instante, el baño se llenó de gente. Severus, con Draco en brazos aún, se puso delante de Harry para protegerlo de los curiosos. Cuando Lucius se abrió paso entre el gentío, le entregó a su hijo con una escueta explicación.
Intercambiaron miradas y los ojos del rubio se suavizaron un poco al oír lo que el profesor le dijo al oído. Lo dejó pasar. Severus tomó a Harry del brazo y lo arrastró a la salida, mientras apartaba a los presentes, diciendo “No ha pasado nada”.
7Cuando Harry abrió los ojos, sintiendo un peso en su cintura, se sorprendió al descubrir a Severus profundamente dormido, con el rostro junto al suyo. Estaba vestido sobre la cama y su respiración era tranquila, como si nada de lo ocurrido la otra noche pudiera afectarle.
Harry cerró los ojos un momento y recordó, avergonzado, que luego del incidente con Draco se había echado a llorar desesperadamente en brazos de Severus, sin saber a ciencia cierta por qué. El hombre lo condujo a la casa y lo ayudó a desnudarse para acostarse en la cama. Le dijo algunas palabras de consuelo q ue Harry no recordaba bien, y de pronto le preguntó: “¿Tanto lo amas?”
No habían tocado jamás el tema de Draco.
El joven se apresuró a sacarlo de su error.
- “No lo amo, ¿cómo podría amarlo después de lo que hizo? El dijo cosas horribles de ti, dijo que eras un viejo amargado…”
Los sollozos empezaron de nuevo y Severus lo arrulló suavemente, como si se tratara de un niño pequeño. Antes de dormirse, Harry le había sujetado desesperadamente la mano, para pedirle: “No te vayas, quédate conmigo, por favor”
Y ahora, el profesor yacía dormido junto a él, su cálido aliento rozaba el suyo, y Harry sintió una oleada de ternura como no la había sentido jamás. La mano de Severus estaba sobre su vientre y le pequeña vida que allí había se agitaba con su contacto.
El joven lo observó. Antes, Severus lo había besado para guardar las apariencias. ¿Qué tendría de malo besarlo ahora, que estaba dormido? No lo notaría, y Harry podría soñar una vez más.
Despacio, saboreando la lentitud del momento, Harry posó sus labios sobre los de Severus y esperó. Como no hubo ninguna reacción, se aventuró un poco más, acariciándolos con la lengua, y de pronto, se vio sumergido en un beso que era a la vez tierno y apasionado.