Redemption

HP

 

… Y el tiempo curará las heridas,
traerá paz, esperanza, confianza.
Pero también el tiempo es el peor enemigo,
cuando aquél a quien amas se marchita ante tus ojos,
sin que puedas hacer nada por detenerlo.
Y aún en el dolor, siempre hay esperanza.




Capítulo 1

“La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”

Nietzsche


I'm alive
I'm being born
I just arrived, I'm at the door
Of the place I started out from
And I want back inside

All because of you
All because of you
All because of you
I am

All because of you – U2


1


(Domingo, 28 de agosto)

Lucius retrocedió y volvió a mirarse al espejo, que le devolvió la pálida figura de un esbelto hombre, completamente deseable en su desnudez. Los ojos de plata recorrieron el agraciado rostro, el cuello, los hombros jamás doblegados. Bajaron por el pecho aún musculoso y se detuvieron en el plano vientre, surcado por una rosada cicatriz.

El rubio frunció el ceño.

- Francamente, Severus, ¿no podrías haber puesto más cuidado?

- Lo puse – gruñó el hombre acostado en la sólida cama de caoba que ocupaba la mayor parte de la habitación -, te estaba salvando la vida, ¿recuerdas?

- Pero esto…

- Es antiestético, molesto, arruina la perfección de tu cuerpo. Lo he escuchado cientos de veces, Lucius. ¿Te hubiera gustado estar embalsamado y bello, y sin rastro de la maldita cicatriz? Yo te preferí vivo.

- Vivo… - murmuró Lucius, contemplándose otra vez. ¿Vivo para qué? ¿Para dejar su fortuna en manos de su hijo adolescente? ¿Para tener la prohibición de usar la magia al menos durante dos años y medio más?

- Vivo para amarte – susurró Severus, de pie a su lado.

Sus manos se entrelazaron y el profesor trazó el camino desde el pecho de Lucius hasta la cicatriz, sin dejar de mirar el espejo.

- ¿Amarme? – susurró Lucius a su vez, ondulando como el lujurioso gato que era -. Severus, muéstrame la magnitud de tu amor.

El Profesor de Pociones se pegó al cuerpo de su amante, permitiéndole sentir su dureza a través del pijama de franela. Se frotó contra él, mientras sus ágiles dedos trazaban el contorno de la cicatriz, una y otra vez.

El espejo le permitía observar cómo el rostro de Lucius respondía a cada caricia, a cada toque, a cada roce que Severus hacía con la yema de los dedos sobre la blanca piel.

No se cansaría de amarlo jamás, porque ahora sabía que era él quien motivaba cada gemido, cada suspiro y cada palabra de amor que brotaba de los labios del rubio. Ahora sabía que siempre estarían juntos…

- Severus, ¿quieres darte prisa con eso? No me voy a romper…

Lucius…

Siempre Lucius. Lujurioso, sediento, exasperante a veces, hermoso siempre.

Las manos del profesor se apresuraron a tomar la erección de su amante, con movimientos rítmicos hacia arriba y hacia abajo, embriagándose con el cuello de Lucius, que ondulaba sin parar, buscando mayor contacto.

Rodaron sobre la cama, luchando brevemente por el control, en una apasionada batalla de la cual Lucius se irguió triunfante, tirando de los pantalones de Severus y posicionándose entre sus piernas.

Lo amó muy lentamente al inicio, saboreando la estrechez del cálido pasaje, pero luego, cuando las uñas del profesor se clavaron en su espalda, incrementó el ritmo, hundiéndose una y otra vez en el ansioso cuerpo de su amante.

Una vez más la pequeña cabaña en medio de las Highlands escocesas se llenó de los gritos de placer de ambos amantes y una vez más la luna fue el único testigo de su dormida pasión, cuando uno en brazos del otro, descansaban una noche más de su larga estancia en ese lugar.


2


(Lunes, 29 de agosto)

- Pensé que nunca terminaríamos de comprar – dijo Harry, dejándose caer, exhausto, en una de las sillas de Florean Fortescue, pidiendo dos enormes copas de helado para él y para Ron.

El pelirrojo cotejó nuevamente su lista.

- Sí. Creo que ya está todo. Me pregunto a dónde se habrá metido Mione.

- Y yo quiero saber dónde estará Draco – murmuró Harry, probando su helado.

Él y Ron empezarían su segundo año de clases en la Escuela de Aurores del Ministerio de Magia. Hermione había ingresado ese año a estudiar Medimagia en Inverness, Escocia, y Draco estudiaba Ciencias Políticas Mágicas, en la Escuela de Negocios para Magos de Londres. Todo habría sido perfecto si no fuera porque Blaise estudiaba con Draco.

Y Blaise se había vuelto una molestia para Harry.

De hecho, el ojiverde tenía la certeza de que Draco se estaba retrasando por acompañar a Blaise a comprar sus cosas.

- Mione partirá mañana, para dejar todas sus cosas en orden, ya sabes lo meticulosa que es. Vivirá en la residencia universitaria, es mucho más flexible que Hogwarts, pero sólo los dejan salir los fines de semana… al menos seremos más libres y ya estamos autorizados para aparecernos. Voy a extrañarla, Harry… Harry ¿me estás escuchando?

Harry volvió de sus pensamientos.

- Eh… lo siento. Yo también la extrañaré, pero podemos ir a verla seguido – respondió Harry, haciéndole señas a alguien que pasaba por el Callejón Diagon.

- Hola, Harry – saludó Draco al entrar. Lucía tan compuesto como siempre, cargando sus libros nuevos y varios rollos de pergamino que depositó en la mesa, junto a los libros de segunda de Ron, que hizo una mueca desagradable –. Hola, Weasley.

Ron saludó con un gruñido que sonó a “Hola, Malfoy”, y se concentró en su helado mientras Draco le robaba un beso a Harry.

- Los padres de Blaise me invitaron a cenar. Quieren celebrar el inicio de clases o algo así. Nos vemos mañana.

Luego de otro breve beso, el rubio se despidió.

- Mierda.


3


(Martes, 30 de agosto)

- ¿De modo que Draco siempre estudiará Duelo Mágico? – preguntó Sirius mientras cenaban.

- Lo decidió ayer, según me dijo – respondió Harry.

- Me alegro – dijo sonriendo Remus. Estaba pálido, su última transformación, hacía apenas diez días, lo había dejado muy cansado. El hombre lobo había optado por dejar Hogwarts luego de que Harry terminara sus estudios, y se dedicaba a enseñar Duelo a los Aurores.

- ¿Tuviste algo que ver en ello, Moony? – preguntó Sirius.

El hombre lobo sólo sonrió. Siempre platicaba con Draco, sobre todo después de que Severus partiera con Lucius a las montañas. Remus sabía mejor que nadie lo difícil que habían sido para Draco los dos años que tuvo que esperar para ver a su padre. Y seguía siendo difícil, pues aún no le había dicho sobre su relación con Harry.

- Draco le hace más caso a Remus que a mi – protestó Harry -, a Remus y a Blaise.

- Eso no es cierto, Harry…

- Sí lo es – el desánimo en la voz del chico era evidente -, no se lo ha dicho aún a su padre, porque Blaise le dijo que era mejor esperar.

- ¿No se lo ha dicho? ¿Esperar a qué? Malfoy lleva tres meses libre… ¿qué tiene que esperar? – saltó Sirius, quien siempre salía en defensa de Harry.

- Se lo dirá, Paddy. No es fácil, ya conocen el temperamento de Lucius. Además, la idea de depender económicamente de Draco le ha sentado pésimo. Y dudo que el aire de Escocia logre apaciguarlo. Pero lo aceptará, con el tiempo.

Alguien tocó la puerta y Harry se apresuró a abrir. Remus levantó la varita y envió los restos de la cena a la cocina. Desde que Kreacher había muerto, no tenían elfo doméstico y los tres se las arreglaban para mantener la enorme mansión habitable, pero la cocina se la dejaban a Remus.

El hombre lobo se cogió la cabeza con ambas manos.

- Moony, ¿estás bien?

Pero cuando Remus trató de responder, lo acometió un súbito mareo que lo hizo caer desmadejado en los brazos de Sirius.

- ¡Harry!

Harry y Draco entraron corriendo, pero Remus ya se había recuperado.

- No pasa nada – dijo el hombre lobo -, es el cansancio y la tensión por el inicio de clases. Voy arriba a dormir.

Se soltó de los brazos de Sirius, que insistió en acompañarlo y ambos salieron del comedor, tomados del brazo.

- Es el segundo mareo que le da - susurró Draco en voz baja.

- ¿A qué te refieres?

- Ayer. Paseábamos por el jardín y tuvo un mareo. Me pidió no decirlo, dijo que necesitaba descansar y que Sirius se preocuparía por gusto. Esto no es normal en él, Harry. Será mejor que le eches un ojo.

El ojiverde hizo ademán de seguir a Sirius y Remus.

- Harry, espera - dijo Draco, sujetando a su novio del brazo -, esta noche iré a verlo. Iré a darle su cheque mensual. Se lo diré ahora.

Harry abrió la boca y luego la cerró. La lluvia de reproches que iba a lanzarle a Draco ya no tenía sentido. Había esperado ese momento desde que Lucius Malfoy salió de prisión, hacía tres meses. Pero Draco no parecía dispuesto a decirle a su padre que eran novios. Y ahora... ahora venía y se lo soltaba así, como si nada.

Tuvo deseos de estrangularlo, pero luego lo besó.

Lo besó apasionadamente, devorando los delgados labios de Draco, provocándolo con su lengua, pegando sus caderas a las del rubio. Sus respiraciones se hicieron rápidas, ardientes. Las manos de Draco sujetaron firmemente las nalgas de Harry y lo elevó, con sus erecciones rozándose a través de la ropa.

Entonces lo sentó sobre la mesa de la cocina y se desprendió lentamente de sus brazos.

- Si seguimos con esto, no tendré deseos de irme - susurró, casi sin aliento.

Harry asintió con pesar.

- Dejemos la celebración para después - sonrió, dándole a Draco un besito en la boca.

- Si vivo para entonces - repuso Draco.

3

- Esto no es suficiente, Draco - bufó Lucius, examinando el cheque que su hijo acababa de darle.

- Severus dijo que bastaría - respondió Draco, ganándose una mirada llena de reproches de su padre. Le había costado mucho comenzar a tutear a su profesor, pero viendo que Harry lo hacía, pudo lograrlo él también.

- Severus no sabe nada - protestó el rubio -. Claro que si permanezco aquí, con él, no gasto demasiado. Pero lo menos que puedo hacer es poner este lugar medianamente habitable.

- Como la enorme bañera de mármol que hiciste poner en el baño, la cama con dosel, los espejos, los cuadros - empezó a enumerar Draco -, padre, ¿no crees que estás exagerando?

- Nunca cuando se trata de mi comodidad. ¿Acaso hice que te faltara algo en la mansión?

- Está bien - Draco firmó otro cheque por igual cantidad y se lo extendió a su padre -. Tengo que decirte algo importante. Es sobre mi vida - acotó el joven antes de que Lucius pudiera preguntar.

- Adelante - Lucius se sentía más aliviado con sus problemas financieros resueltos, de modo que se dispuso a escuchar lo que fuese que Draco tenía que decirle, con los dedos entrelazados y expectante atención.

- Yo... tengo novio - soltó Draco. Su padre estaba al tanto de su orientación sexual desde que lo descubrió, cuando tenía quince años, con un prostituto, el día de navidad.

- ¿Mmmh? ¿No eres demasiado joven para eso, Draco? Entiendo que tengas amantes, pero ¿un novio? es... limitante.

- No para mi - repuso Draco -, estamos juntos desde hace casi tres años, desde el colegio. Hemos tenido nuestras peleas, pero nos amamos y nos sentimos bien juntos. Severus lo sabe... y ya es hora de que tú también sepas quién es...

- ¿Severus lo sabe? - Lucius arqueó las cejas -. ¿Quién es tu padre, Severus o yo?

- Padre, lo siento. Todo pasó muy rápido, y luego vino la cárcel y.... yo estaba esperando el momento apropiado...

- Pues dilo ya. Quiero saber quién es el afortunado de tener a un Malfoy por novio.

Draco tragó saliva y volvió a repasar las palabras que había pensado. Después de todo, Harry había salvado a Lucius, había sufrido casi tanto como su padre y era... era un Gryffindor... era ahijado e hijo adoptivo de un mago de familia tan antigua como la suya propia... casado con un licántropo... tenía dinero, prestigio... fue novio de Severus...

- ¿Y bien? - Lucius lo estudiaba con curiosidad.

Y es el hombre que amo

Ese último pensamiento le devolvió a Draco la confianza.

- Es Harry – dijo, con la voz muy segura -. Harry Potter.

Se hizo un tenso silencio. Lucius entrecerró los ojos y estudió intensamente a su hijo. Había determinación en los ojos de Draco. La misma obstinada determinación que el joven solía mostrar cada vez que había tomado una decisión de la cual no se retractaría.

El mago rubio siseó, muy lentamente.

- ¿Por qué no me sorprende? – los ojos grises se endurecieron -. Harry Potter. Draco, no pudiste caer más bajo. No te eduqué para eso, no te enseñé la importancia de tu linaje para que me pagues así. ¡Eres un Malfoy! ¡Y lo seguirás siendo aunque te hayan llenado la cabeza de basura Gryffindor! No puedo aceptarlo…

- No esperaba que lo hicieras, padre. Sólo quería que lo supieras – repuso Draco. Un abismo se había vuelto a abrir entre ellos. Un abismo más grande que el que se había abierto cuando Draco había decidido no ser mortífago. Un abismo de orgullo…

- Sal de mi vista.

- Padre…

- Sal.

Draco se levantó de la silla y se dirigió a la puerta. Antes de irse, miró a su padre.

Lucius era la viva imagen de la desolación.

4


(Viernes, 9 de septiembre)

La clase de Duelo acababa de concluir. Remus lucía cansado. Faltaban sólo diez días para la luna llena y era raro que el hombre lobo se sintiera así. Harry y Draco se dirigieron a las duchas, tomados de la mano.

- Sigo preocupado por Remus, Draco. Por poco lo venzo en la demostración y eso sólo prueba lo cansado que está.

- ¿Será tensión? ¿Discutió con Sirius?

- No. Están mejor que nunca… pero él está agotado. No sé, voy a pedirle que vea a un medimago. Esto no me está gustando, ni tampoco me gusta que se lo oculte a Sirius.

Llegaron a las duchas y Harry se quitó la malla celeste de los que estudiaban para aurores. Draco seguía usando la malla plateada, regalo de su padre, porque estudiaba Duelo Mágico por su cuenta, con autorización del Ministerio.

- ¿Qué era lo que me ibas a decir? – preguntó Harry desde su cubículo.

Draco entró al suyo y abrió los grifos antes de contestar.

- Postulé a una beca de intercambio – informó asomándose para mirar a Harry -, y la gané.

El ojiverde cerró de golpe el grifo de su ducha y se apareció en la ducha de Draco.

- ¡Es magnífico! – susurró pegando su cuerpo al del rubio -. ¿Por qué no me lo habías dicho? – sus caderas ondularon, haciendo despertar la erección de Draco.

- No estaba … - Draco le comenzó a dar besitos en la boca -… seguro de ganar – un hondo suspiro se escapó de los labios del rubio -. Nunca lo hemos hecho aquí…

- Siempre hay una primera vez – suspiró Harry, poniéndose de espaldas, para ofrecerse -. ¡Ahh! – jadeó apenas su novio lo penetró - ¿Y a dónde irás de intercambio? ¿Escocia?

- No – jadeó Draco, moviéndose en su interior -, es… un poco… más lejos.

Harry no replicó, en esos momentos le costaba pensar en algo más que en lo que Draco le estaba haciendo. Ambos se perdieron en un mar de sensaciones hasta que los espasmos del orgasmo los sacudieron. El agua resbalaba por la espalda de Harry, que se recuperó primero.

- ¿A dónde es?

- América – murmuró Draco, con los ojos aún cerrados -. Voy a la Universidad de Miskatonic, en Arkansas.

- ¡Arkansas! – exclamó Harry, retirándose de golpe, con un gritito de dolor -. ¡Eso está muy lejos! ¿Cuánto tiempo será?

- Unos meses, dos o tres, no lo sé con exactitud. No pensaba ganar la beca, no puse mucha atención…

- Pero… ¿y nosotros?

El rubio cerró la ducha y le dio un besito a Harry en la boca.

- ¿Nosotros? Pues como siempre… Son sólo unos meses, Harry. Y podrás aparecerte cuando quieras.

Harry salió de la ducha y fue a buscar su toalla.

- Sabes que no podré hacerlo siempre. Las apariciones intercontinentales son más difíciles y están controladas. Y la Red Flu no nos servirá… ¡No debiste postular! ¿En qué estabas pensando?

- En nosotros – repuso Draco -, quiero ser el mejor. Tengo la oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades mágicas. ¿Por qué no quieres aceptarlo? ¡Son unos pocos meses!

- Lo sé – murmuró Harry -, es sólo que voy a extrañarte. Pero no seré egoísta. Ve a Arkansas.

Draco lo rodeó con sus brazos.

- Gracias.


10

(Sábado 10 de septiembre)

Luego de que el último invitado se retirase y de que Sirius cerrara por fin la puerta de la mansión, bloqueándola con hechizos, Remus se dejó caer, agotado, sobre el sofá.

- Este ha sido el cumpleaños más extenuante que hemos celebrado – dijo sonriendo y tendiéndole los brazos a su esposo -. ¿Dónde está Harry?

- Aprovechando al máximo su tiempo con Draco – respondió Sirius y tomó las manos de Remus, ayudándolo a levantarse -, desde que supo que se irá, ha estado sacando tiempo de donde no hay para estar con él.

- Están enamorados – sonrió Remus, pegándose al cuerpo de su esposo -. ¿Recuerdas cuando teníamos su edad? Nosotros ya vivíamos juntos…

Sirius mordisqueó el lóbulo de la oreja de su esposo.

- Mmmm… y es algo de lo que jamás me he arrepentido…

Subieron, besándose en el camino, pero al llegar a la puerta del dormitorio, Remus se detuvo, dudando.

- ¿Moony? ¿No vas a darme mi regalo especial? – susurró Sirius, aliento ardiente sobre el cuello de Remus.

- Te amo, Paddy – dijo Remus, escurriéndose al dormitorio -. Paddy…. – Sirius lo atrapó por la cintura, impidiéndole escapar, y procedió a la placentera tarea de besarle el cuello, lentamente. -. ¡Sirius!

El animago se detuvo, con la confusión pintada en la mirada.

- No me siento bien, Paddy. Lo lamento – murmuró el hombre lobo, deshaciéndose del abrazo -, quiero descansar un poco hoy. Mañana podremos jugar…

- Moony, ¿qué pasa? – Sirius reparó de pronto en lo pálido y ojeroso que se veía Remus.

- Estoy mareado. Debió ser toda la cerveza de mantequilla que bebí… Será mejor que descanse un poco.

Remus se puso el pijama y se metió a la cama. No tardó en quedarse dormido y Sirius acarició, preocupado, sus cabellos castaños.


11


(Lunes 12 de septiembre)

- Entonces, ¿cuándo partes? – preguntó Blaise, echando hacia atrás, coquetamente, un mechón de su melena castaña.

- A fin del mes – respondió Draco -, no sé la fecha con exactitud. Van a avisarme. Por eso quiero dejarlo todo listo acá.

- ¿Y Potter? ¿Lo ha tomado bien? – volvió a preguntar Blaise. Se sentía un poco molesto de que Draco hubiera esperado tanto para decirle lo de la beca. Por eso se alegraba, en cierto modo, de que Harry tampoco lo hubiera sabido antes.

- Más o menos – fue la escueta respuesta del rubio.

Los dos amigos siguieron avanzando por el parque que bordeaba el campus universitario, y se sentaron en una banca.

- Me alegro por ti – dijo sinceramente Blaise -, nadie merecía esa beca tanto como tú. Me alegra que la hayas ganado.

Draco sonrió, satisfecho de sí mismo. Si tan sólo Harry hubiera mostrado tanto entusiasmo como Blaise… Pero Harry… Harry era de otro modo, era dulce, apasionado, y muy, muy testarudo. Y posesivo… Nada raro, ¿quién que estuviera con un Malfoy no lo sería?

- Dragón – susurró Blaise -. ¿En qué estás pensando?

- ¿Hum? Nada importante – respondió Draco. Aún le era difícil admitir ante sus amigos más cercanos que amaba a Harry.

El sonido de un motor les hizo alzar la vista al cielo, y Draco sonrió al ver a Harry, vestido de cuero negro, como Sirius, a bordo de Silver.

- ¡Eh, Draco! ¡Vamos a dar un paseo! – Harry se limitó a saludar con un gesto a Blaise. No eran amigos y el Slytherin, a diferencia de Ron y Hermione, no había hecho ningún esfuerzo para ser amigo de Harry, como ellos lo habían hecho con Draco.

El rubio esperó a que la moto estuviera a una altura prudencial y saltó, preguntándose qué habría hecho Harry para convencer a Sirius de dejársela.

- ¿A qué debo el honor? – preguntó Draco, sujetándose de la cintura de su novio apenas la moto ganó altura.

- A que te amo – respondió Harry, aplicando mayor velocidad.

Volaron por encima de Londres, abrazados y riendo de excitación. No era como sus vuelos en escoba, era mucho más emocionante, quizá porque estaban tan juntos, con los cuerpos pegados, el cabello agitándoseles, las nubes cortándoles la visión por momentos… y el sonido del motor de Silver dominándolo todo.

Se sintieron poderosos, invencibles… Como algún día se habían sentido Sirius y Remus.

- ¡WOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! – gritó Draco -. ¡Esto es sensacional!

Harry subió en picada y descendió, esquivando la azotea de un edificio. Luego se dirigió al Aeropuerto de Heathrow, accionando el botón de invisibilidad de la moto.

Sobrevolaron el lugar. Draco observaba a Harry sin estar seguro de lo que haría a continuación. Los ojos verdes del joven brillaban de excitación y sus mejillas estaban coloreadas por un delicioso rubor. En cuanto Harry divisó una avioneta de carga, voló junto a ella.

- ¡Harry! ¡Estás loco!

Pero Harry estaba completamente fuera de control. Siguieron a la avioneta, volando vertiginosamente bajo ella. Draco sentía el calor de los motores quemándole el rostro y no podía hablar a causa de la presión de la altura. Entonces Harry voló hacia un costado y luego se elevó. La sangre se congeló en las venas de Draco cuando comprendió la maniobra temeraria de su novio.

Harry aterrizaría encima de la avioneta.

El rubio cerró los ojos y contuvo la respiración, mientras su novio conducía la moto. Un suspiro de alivio se le escapó al sentirse sobre una superficie sólida y murmuró un hechizo para no soltarse de Silver. Harry hizo lo propio, y extendió los brazos en cruz, riendo como loco.

Cuando la avioneta incrementó la velocidad, volvieron a abrazarse y Harry puso de nuevo en marcha a Silver. Despegarse casi les costó la vida, volaron dando tumbos en el aire a causa de la vertiginosa velocidad y aterrizaron en el campo, con los corazones casi saliéndoseles del pecho.

Se dejaron caer en la hierba, sin aliento. Draco se recuperó al cabo de un rato y se incorporó un poco, apoyándose en el codo.

- ¿Por qué fue todo eso?

- Para demostrarte cuánto te amo – susurró bajito Harry, hablando apenas. Su corazón retumbaba aún con fuerza y tomó la mano de Draco, para ponerla sobre su pecho -. Te amo, ¿lo sientes? Late por ti, para ti, Draco. No te lo había dicho antes, pero me alegro mucho que hayas ganado esa beca. Me siento muy orgulloso de ti.

Horas después, volvían a la Mansión Black, a una velocidad prudente, y con los corazones mucho más aligerados.

 

 

--------------- Pendiente de actualización -----------------

Ayesha - Índice - Main