
POISON
HP
Esta historia habla de amor.
Amor tierno e inocente y amor desesperado y posesivo,
y de cómo el amor, si es verdadero,
tiene el poder de vencerlo todo,
aunque la vida le vaya en ello.
Capítulo 1: Nostalgia
“You don't remember me but i
remember you / Tú no me recuerdas, pero yo sí
i lie awake and try so hard / Estoy acostado y despierto y trato con fuerza
not to think of you/ de no pensar en ti
but who can decide what they dream? / pero ¿quién decide qué
soñar?
and dream i do... / Y soñar es lo que hago…
Taking Over Me – Evanescence
1
Harry se estiró perezosamente en el sol. Había pasado un mes desde que estaba en la playa con Sirius y Remus y eran las mejores vacaciones de su vida, principalmente porque no tenía que levantarse temprano ni comer cosas horribles, ni soportar nunca más a su primo Dudley, pero además porque su padrino y Remus se preocupaban realmente por su bienestar.
Aún era menor de edad y no podía usar magia fuera de Hogwarts, pero Sirius le había prestado su varita algunas veces, a pesar de la desaprobadora mirada de Remus, para que practicara algún hechizo.
Hizo los deberes del colegio las dos primeras semanas, encantado de disponer de dos magos competentes a quienes hacer consultas, pero luego había comenzado a divertirse con sus ahora tutores, saliendo a recorrer la playa, comiendo comida muggle hasta reventar, haciendo compras en el centro comercial muggle y escapando a veces con ellos al Callejón Diagon para adquirir también cosas de magos.
Sirius y Remus paseaban abrazados o tomados de la mano, sin importarles las miradas de algunos muggles. Su padrino llamaba especialmente la atención por su largo cabello negro y sus ojos azules, aún a los treinta y siete continuaba siendo un hombre muy atractivo que ya no se parecía en nada al retrato que Harry había visto años atrás, cuando huyó de Azkaban.
El nombre de Sirius había sido rehabilitado, las propiedades y fortuna de su familia le fueron devueltas e incluso se le confirió, junto con Remus, la Orden de Merlín de Tercera clase, por su heroísmo en la reciente guerra. Tampoco se lo buscaba en el mundo muggle donde se había anunciado que el peligroso delincuente había sido capturado.
Sirius y Remus parecían deseosos de recuperar el tiempo perdido y Harry los había oído amarse en más de una ocasión, sonriendo luego a la mañana siguiente, en el desayuno, al notar a Remus ruborizarse cada vez que sus miradas se cruzaban. Y era que su profesor de DCAO seguía conservando su timidez cuando de mostrar su relación se trataba, al menos de forma tan evidente.
Harry solía sostener largas pláticas con ellos acerca de sus padres, nunca nadie le había hablado de Lily y James como personas reales. Siempre todos le decían lo maravillosos que eran y lo mucho que lo habían querido y Harry no lo dudaba ni por un momento, a pesar de las crueles y mezquinas palabras del profesor Snape hacia su padre, pero Sirius y Remus hicieron que Lily y James fueran más cercanos.
Y a Harry le resultó muy divertido enterarse cómo Lily había aborrecido a James durante los primeros seis años en Hogwarts, para luego enamorarse de él después que la defendió del ataque de unos chicos muggles en una discoteca… en esa misma playa donde se encontraban ahora.
También supo que fue James el que finalmente habló con Sirius y lo convenció de no ocultar más sus sentimientos hacia Remus, y su madre hizo lo mismo con éste. Sus padres habían aceptado la relación de ellos dos como la cosa más natural del mundo, e incluso les permitían pasear a Harry cuando era un bebé.
Harry sonrió y se recostó hacia un lado para mirar a la pareja que tomaba el sol junto a él. Remus se había quedado dormido.
- “¿Sigue mal?”, preguntó despacito a Sirius.
Sirius asintió.
- “Está muy débil aún. Esto no es muy normal en él, Harry”
- “¿Qué crees que sea?”
- “No lo sé… quizá el tiempo que llevó sin transformarse cuando tenía el Anillo. Esta tarde iré al Callejón Diagon a conseguir unas pociones para el dolor y el cansancio”
Harry iba a sugerir pedírselas a Snape. Tenía la propuesta en la punta de la lengua y se la mordió con fuerza antes de decirla. Sabía de sobra que Sirius no habría aceptado nada que viniera de su profesor de Pociones. Sabía que ellos dos se odiaban, aunque los motivos de ambos a veces le parecían infantiles.
Remus le había explicado muchas cosas acerca de Snape y Harry había visto otras tantas las pocas veces que, durante las clases de Oclumancia, pudo entrar por breves momentos en la mente de su profesor. Eso le había servido a Harry para ver a Snape como una persona distinta. Lo había visto humano.
- “¿Ron y Hermione llegan mañana?”, preguntó Sirius sacándolo de su ensimismamiento.
- “¡Sí!”, asintió con entusiasmo, “llegarán a las diez”
- “Genial. Entonces aprovecharé
también para traer provisiones”
2
”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo
por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”
Vacaciones en París. Nunca a Draco le habían parecido unas vacaciones
tan insulsas, pero su padre había enviado por él y no había
podido negarse. Además, extrañaba realmente a Lucius, a pesar
de todo lo que había pasado.
Su padre no hablaba mucho con él esos días. Y ciertamente no le dio ninguna explicación ni Draco se la pidió. A veces lo encontraba callado y distante, y aunque Lucius jamás había sido muy comunicativo, tampoco era tan retraído, parecía sufrir por algo. ¿Sufrir? Draco soltó una risita. Su padre no podía sufrir, su padre era un mortífago y el mismo Draco había estado a punto de serlo. Pero, ¿de qué servía eso ahora que Voldemort había sido destruído? Ahora sólo se trataba de salvar la situación, de protegerse, de olvidar.
¿Sería capaz de olvidar todo lo que tuvo? ¿Todo lo que vislumbró? El poderío absoluto que proporcionaba el uso de la Magia Negra, tan despreciada por Dumbledore, pero tan útil. Tan espantosamente útil para un muchacho de quince años, próximo a cumplir los dieciséis.
Poder.
“Cuando se tiene el poder, lo demás es ilusión”
De las pocas entrevistas que Draco tuvo con Voldemort, esa frase era la que más recordaba.
A causa del poder, su padre se había vuelto mortífago. A causa del poder, él mismo quiso serlo, deseoso de poder para ser aceptado. Pero a veces pensaba en Finwe, el elfo que había creído en él. “Tú no eres la misma persona que tu padre, Draco”. “Demuestra lo que un Malfoy puede llegar a ser”.
El chico dio un puñetazo de impotencia en la almohada.
París era soledad, pero no era olvido.
Y deseó por primera vez, volver a Hogwarts donde estaba su profesor. Porque a partir de ese año, Remus J. Lupin se había convertido en el profesor oficial de “Defensa Contra las Artes Oscuras”, autorizado por el Ministerio de Magia, que no podía negarle ese derecho luego de haber sobrevivido él mismo a la maldición “Avada Kedavra”, igual que Potter.
Al menos ahora Potter no era el único y eso le estaría bien empleado para no ser tan presumido, aún deseaba derrotarlo en un buen partido de Quidditch.
3
“Have you forgotten all i know
/ has olvidado todo lo que sé
and all we had? / y todo lo que tuvimos?
you saw me mourning my love for you / me viste clamando mi amor por ti
and touched my hand / y tocaste mi mano
i knew you loved me then / supe que me amabas entonces”
- “¿A dónde fue Sirius?”, preguntó un soñoliento Remus emergiendo del dormitorio que compartía con su pareja.
- “Al Callejón Diagon a hacer algunas compras”, respondió Harry mientras leía tumbado en una perezosa. Hacía demasiado calor como para ir de nuevo a la orilla y esa mañana se había bañado lo suficiente como para que sintiera un agradable relax y no deseara salir.
Remus se recostó en la perezosa frente a la suya y le sonrió con aire cansado. Se veía muy mal, Harry no recordaba haberlo visto tan agotado antes, ni siquiera cuando luchaba todos los días contra los mortífagos, hacía apenas algunos meses.
- “¿Te sientes bien?”
- “A decir verdad, Harry, me siento fatal”, confesó Remus, “pero no se lo digas a Sirius. Siento mucho dolor aún, había olvidado lo que se siente transformarse”
- “¿No ayudan las pociones?”
- “Un poco… pero no somos muy buenos preparando pociones más complejas…”
Se hizo un breve silencio que Harry interrumpió para sugerir lo que para él era obvio.
- “Podrías pedir ayuda al profesor Snape…”
Remus, a diferencia de Sirius, no se erizaba todo al oír mencionar al profesor de Pociones.
- “No deseo molestar a Severus, bastante tiene ya con enviarme mensualmente la poción matalobos”
La respuesta fue calmada y sin ninguna animosidad. Nunca Harry había oído a Remus hablar con rencor acerca de Snape. Quizá por eso se animó a preguntar.
- “Tú no lo odias, ¿verdad?”
- “¿Odiarlo? No, qué va--- no puedo hacer eso, Harry. Aprendí eso en la primera guerra con Voldemort. Todos, amigos o enemigos, somos iguales en el final”
Ambos callaron nuevamente. Harry sí había sentido odio, rabia, deseos de matar a Snape algunas veces, pero en el año anterior, con la guerra encima, había descubierto algunas cosas que jamás pensó. Y ciertamente ya no lo odiaba, aunque era consciente de que Snape sí lo detestaba a él.
- “Pero él los sigue odiando… y Sirius lo odia a él”
- “Dale tiempo a Sirius, Harry. Él es muy vehemente en sus afectos y en sus aversiones, pero también sufrió mucho en Azkaban. Es cuestión de tiempo, creo yo, para que lleguen a tolerarse al menos”
- “¿Lo dices por Hogwarts?”
Remus sonrió.
- “Claro. ¿Crees que a Severus le hará alguna gracia que yo vuelva a enseñar este año y que Sirius me acompañe? Quizá se desquite contigo…”
Harry había pensado también en esa posibilidad y no deseaba imaginar que Snape le haría la vida más difícil. Era como si al saber que Harry lo conocía un poco más a causa de las clases de Oclumancia, su coraza se hubiera hecho más fuerte.
No, Snape no le haría ese año nada fácil.
4
”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo
por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”
“Él te ama, Severus, pero quizás debas buscar otro amor
que calme el dolor que Lucius te ha causado”
Las palabras de Finwe aún hacían eco en sus oídos. Otro amor… ¿cómo podía buscar otro amor cuando lo único que deseaba era volver a ver a Lucius?
Severus se concentró en la poción que estaba preparando. Una poción para dormir sin sueños, justo lo que necesitaba. No era que tuviera pesadillas, era simplemente que no podía dormir. Apenas su cabeza tocaba la almohada, su mente se llenaba de la imagen de Lucius. No podía evitarlo, pensaba en él, en los muchos recuerdos, tristes y alegres que tenía de su accidentada relación con el rubio. Y el brandy ya no ayudaba.
Ahora Lucius estaba en París, con Draco. Cuando el chico le había escrito comunicándole que se iba al día siguiente, Severus se sintió aliviado de que Lucius se preocupara por su hijo, por un momento había temido que el rubio dejara de escribirle, pero Lucius jamás había descuidado a Draco. El rubio no era un buen padre, al menos no en el sentido clásico de las cosas. No era de los que dicen palabras afectuosas, no era cariñoso con Draco, era severo e impositivo a veces, cuando quería que su hijo le obedeciera en todo, incluso era cruel cuando se trataba de un entrenamiento de Duelo y Draco flaqueaba. Pero siempre se preocupaba de que nada le faltase a su hijo. Lucius no era un buen padre según los canones, pero era como los Malfoy debían de ser.
- “Lucius, maldito seas”, susurró Severus echando al caldero el ingrediente final. Se pasó la mano por la sudorosa frente y retrocedió un poco para dejar hervir la poción. Ni siquiera tenia que controlar el tiempo, sabía, por el color del humo, cuando estaría lista. ¿No era acaso el mejor maestro de Pociones?
Hizo un amargo gesto. Claro que era el mejor, debería estar enseñando en una importante universidad, investigando pociones misteriosas para que su nombre se llenara de gloria. Pero no, en cambio, estaba dando clases en un colegio para jóvenes magos, un hato insoportable de críos mediocres y mimados, muchos de los cuales no eran capaces de hacer una poción como Dios manda.
¿Qué diablos hacía allí tanto tiempo? El único en Hogwarts que apreciaba su talento era Dumbledore, sus demás colegas lo reconocían, pero no le daban mucha importancia. Severus no era popular entre ellos y lo sabía, pero no le importaba, prefería, como ahora, encerrarse en su laboratorio particular de Pociones y preparar algo difícil.
La mayoría de estudiantes eran insoportables, con excepción de los Slytherin. Severus siempre se había sentido muy parcializado hacia la que fue su casa cuando era estudiante y que ahora dirigía. Y este sentimiento se agudizó con la llegada de Draco al colegio. El hijo de Lucius siempre lo admiró, eso era evidente en los ojos grises que lo miraban con reverencia y festejaban todas sus crueles bromas hacia los más ineptos, especialmente hacia Neville Longbottom, el desastre más grande que había pisado Hogwarts desde que él tenía memoria.
Quizá fuera el momento de dejar Hogwarts, sentía que se estaba haciendo viejo y estaba hastiado. Faltaban únicamente dos años para que Draco acabara sus estudios y eso era lo único que lo retenía ahora. Y luego buscaría un trabajo mejor.
Hogwarts no era tan malo cuando no estaba lleno de estudiantes. Y el sueldo no era malo en absoluto, pero cada ladrillo y piedra le recordaban inevitablemente a su perdido amor y eso era difícil de soportar.
Y por su fuera poco, ese año tendría nuevamente a “el licántropo que vivió”, de lejos el profesor favorito de todos, por su falsa sonrisa y su fingida inocencia. Incluso Draco había caído ante su encanto y en ocasiones lo mirarlo embobado con una mirada Malfoy que Severus conocía muy bien.
- “Lucifer…”, susurró Severus mientras vaciaba parte de la poción en una pequeña jarra y tapaba luego el caldero. Ese era el nombre que Voldemort le había dado a Lucius en la primera guerra, cuando todos adoptaron nombres de demonios para encubrirse.
Lucifer y Segrael. Sonaba bien, quizá mejor que Lucius y Severus.
El profesor de Pociones limpió cuidadosamente el laboratorio antes de dirigirse con paso cansado a su habitación. Le gustaba la limpieza y el orden y por eso no soportaba cuando los estudiantes dejaban el laboratorio de clases convertido en una calamidad, como si sintieran asco de limpiar lo que ellos mismos preparaban. Como si prefiriesen la magia usando varitas al sutil arte de preparar pociones.
Severus vertió el contenido de la jarra en una taza y la dejó enfriarse mientras se ponía el pijama. Aún tenía en su habitación el espejo que le había obsequiado Lucius, con el marco labrado con serpientes. Un espejo que los había reflejado amándose incontables veces, pero que ahora estaba colgado lejos de la cama. Aún podía verse en la pared la marca de donde había estado antes el espejo, pero Severus no tenía intenciones de volverlo a poner allí, donde su imagen le devolvería a un solitario profesor de pociones, acostado en una enorme y fría cama.
Bebió la poción antes de acostarse. El efecto fue casi instantaneo y cerró los ojos, seguro de tener al fin un bien descanso. Tenía sus ventajas ser un experto en pociones.
5
- “¡Harry, este lugar es fabuloso!”, exclamó Hermione una vez pasada la euforia de los saludos. Se veía radiante, al igual que Ron, que portaba orgulloso una mochila de piel de dragón, evidencia de su reciente viaje a Rumania.
- “Sí… y esperen a que vean la playa de noche, es hermosa”
Hermione y Ron intercambiaron una mirada de complicidad y sonrieron.
- “Harry y Ron dormirán aquí”, dijo Remus levitando la pequeña maleta de Ron hacia la habitación frente a ellos. “Y Hermione dormirá aquí”, continuó, llevando la maleta de ella a la habitación contigua.
- “¿Desean comer algo? ¿Descansar? ¿O prefieren bajar a la playa?”, preguntó Sirius.
- “¡A la playa!”, dijeron los tres al unísono.
- “Bien, nosotros iremos en un momento”
Mientras se cambiaba con Ron, Harry no se sorprendió al saber que la señora Weasley estaba encantada por que Hermione era la novia de su hijo, aunque Tonks seguía sin agradarle para Bill.
Bajaron a la orilla, llevando una sombrilla de vivos colores. Ron estaba sorprendido, no estaba habituado a las cosas de muggles y todo para él era novedad. Se quedó boquiabierto viendo a las chicas en bikini que paseaban por la playa y Hermione le recordó con un pellizco que ella estaba también allí.
Harry plantó la sombrilla y colocaron las toallas en la arena. Ron se tumbó en su toalla sin quitarse la polera. Harry se despojó de la suya y mostró lo que ese mes de sol había hecho con su piel, lucía bronceado y había ganado un poco de peso, e incluso atrajo algunas miradas femeninas.
Pero cuando Hermione se despojó de la polera larguísima que llevaba y se quedó con un diminuto bikini azul, ambos se quedaron mudos de asombro.
- “¡Mione!”, exclamó Ron, “pero… pero…”
- “Ron, así se bañan los muggles. Solo mira a tu alrededor y lo verás”, repuso ella tranquilamente, tumbándose en la toalla junto a Ron, en el sol. “¿Quieres echarme un poco de bronceador en la espalda?”
Ron se puso escarlata, pero obedeció sin chistar. Harry miró hacia el bungalow frente a la playa, buscando a Sirius y a Remus, y sonrió divertido. Allí estaba su padrino, vestido únicamente con un bañador azul y algunas chicas lo señalaron al pasar.
- “¿Cómo te va con ellos?”, preguntó Hermione.
- “Bien. Muy bien”, respondió Harry con entusiasmo, “son las mejores vacaciones que he tenido…”
- “Pero…”, completó Hermione mirándolo a los ojos.
- “Remus no se ha sentido muy bien”, explicó Harry, “estuvo fatal luego de su última transformación y aún no se ha recuperado. Sirius no lo dice, pero se nota que está preocupado por él… por lo demás, estamos bien”
- “No tiene buen semblante”, murmuró Ron mirando hacia el bungalow. Sirius y Remus bajaban ya, tomados de la mano.
- “¿Y ellos… ellos…?”
- “Se abrazan y se besan como cualquier pareja y duermen juntos”, completó Harry sonriente. Ya no se sentía mal por eso, si sus padres lo habían aceptado, él lo hacía también.
- “¿Nadie me acompaña al agua?”, preguntó Sirius quitándose las gafas de sol y entregándoselas a Remus que prefirió recostarse en la arena. Estaba pálido y tenía ojeras, pero sonreía encantado de tener allí a los amigos de Harry.
- “Yo voy”, dijo Ron, decidido a demostrar a su novia que podía adaptarse muy bien a las playas muggles.
6
“I look in the mirror and see
your face / miro en el espejo y veo tu rostro
if i look deep enough / si miro más adentro
so many things inside / hay demasiadas cosas
that are just like you are taking over / que son simplemente como tú
dominándome”
Lucius apuró el paso, cerrando más la mano enguantada en torno
a la empuñadura de su bastón. Alguien lo seguía en su
solitario paseo por el Bois de Bologne, alguien que no tenía idea de
quién era él.
El mago se internó entre los árboles, ocultándose rápidamente para encarar a su perseguidor.
Un muchacho muggle.
El joven de cabello negro y ojos negros, confundido al no ver al hombre que venía siguiendo, giró mirando entre los oscuros árboles.
- “¿Me buscabas, mon cher?”
- “Y-yo…”, balbuceó el joven retrocediendo. Había seguido instintivamente al atractivo y elegante rubio, buscando acaso una aventura furtiva, pero al ser atrapado, se sintió de pronto empequeñecido ante esos ojos grises que lo miraban escrutadoramente.
Lucius lo miró divertido. Ese mocoso muggle tenía la culpabilidad tan pintada en el ruborizado rostro que era cómico. El chico hizo un nervioso gesto y se echó el cabello hacia atrás en un gesto que al rubio le recordó inevitablemente a alguien.
- “¿Me deseas?”, preguntó sin rodeos.
- “S-sí, señor”
El rubio metió la mano en su amplia capa para sacar la varita, pero cambió de idea. Después de todo, ¿por qué no? Ese joven tenía algo del Severus de dieciséis que él había seducido.
- “Vamos. Te seguiré”
Luego de algunas horas, Lucius abrió la puerta del hotelucho de baja categoría donde el muchacho lo había llevado, dejándolo dormido y con un billete de cien francos entre los dedos.
Una vez fuera, respiró el aire puro de la mañana parisina y se dispuso a volver al Hellvétte, hotel de cinco estrellas para magos, donde se alojaba con su hijo Draco. Era irrisorio, por algo similar a lo que acababa de hacer, había reñido severamente a Draco pocos meses atrás.
“Los Malfoy jamás pagamos, Draco. Tampoco nos mezclamos con muggles. Un Malfoy sólo toma lo mejor y siempre es gratis, no lo olvides”
Esas habían sido sus palabras y ahora él mismo se encontraba dispuesto a tragárselas, había hecho algo aún peor, acostarse con un vagabundo que ni siquiera le pidió dinero a cambio, pero él se lo había dado por voluntad propia. Si había tocado fondo, al menos lo haría bien.
Segrael tenía la culpa de todo eso.
Segrael y no Severus, porque él se negaba a llamarlo por su nombre, sinónimo ahora de traición. En su mente, lo llamaba con el nombre que Voldemort le había dado en la primera guerra, el nombre que Severus usaba cuando aún creía en la causa por la que luchaban todos ellos.
Pensó que tenían algo, la semana de Navidad que Severus pasó en su casa, compartiendo su cama, había sido maravillosamente hogareña, algo que el no tuvo jamás. Pero, como todo, terminó también y lo dejó más vacío aún.
Vacío y solo.
Aún recordaba el frío rostro de Severus durante el juicio. Aún recordaba el breve instante en que sus miradas se encontraron y le suplicó que cuidase a Draco. Y eso fue todo, no volvió a verlo nunca más.
Le causó sorpresa descubrir que alguien había sacado su colección de objetos prohibidos de la Mansión Malfoy y supuso que había sido Draco, pero hacía poco se había enterado de que su hijo lo hizo con la ayuda de su ex amante.
- “Segrael…”, murmuró mientras se acostaba.
Amanecía ya y él apenas llegaba a dormir.
Ese había sido su ritmo los últimos tres meses, ahora que las vacaciones de Draco llegaban a su fin. Al día siguiente su hijo volvería a Inglaterra y Lucius partiría a Noruega buscando algo que hacía tiempo su señor le había relatado.
Y si tenía éxito, quizá dejase de soñar con Severus.
- “Ódiame, Segrael. Ódiame por favor, ódiame”, susurró antes de quedarse dormido.
Odio.
Eso era lo que quería. Rencor antes que olvido. Odio antes que esa indiferencia que era agonía. Porque él no odiaba, jamás lo podría odiar.
- “Maldito seas, Severus Snape”
7
”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo
por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”
Harry dormía inquieto. Era su última noche en la playa, al día
siguiente iría con Sirius y Remus al Callejón Diagon y al siguiente
día a Hogwarts. No le preocupaba extrañarlos, porque Remus continuaría
enseñando “Defensa contra las Artes Oscuras” y Sirius acudiría
al castillo las veces que pudiera, ahora que había vuelto a la Escuela
de Aurores.
No estaba inquieto por ellos, se había acostado completamente relajado, pero ahora no se sentía así. Jadeaba, respiraba agitado, como si se estuviera ahogando. Abrió los ojos y por un momento le pareció estar sumergido en el fondo del océano. Veía borroso e instintivamente su mano golpeó la mesita de noche buscando sus gafas.
- “¿Harry?”
Ron acababa de despertarse con el ruido y vio a su amigo agitarse en medio de una pesadilla.
- “¡Harry!”
Al ser sacudido con vehemencia, a Harry se le escapó un chillido, pero cuando vio el cabello rojo de Ron y su rostro preocupado, respiró profundamente y se dejó caer de nuevo entre las mullidas almohadas.
- “¡Harry! ¿Qué pasó, Harry?”
- “Shh, Ron o despertarás a todos”, dijo Harry temblando un poco aún. “Tuve una pesadilla--- pero no puedo recordarla bien. Será mejor que tome un poco de leche tibia y vuelva a dormir”
Ambos se levantaron sigilosamente y fueron a la cocina, donde encontraron a Sirius con un vaso de leche tibia en las manos.
- “Moony tuvo una pesadilla”, explicó. “¿Pasa algo?”
- “No”, mintió Harry dando un imperceptible codazo a Ron, “teníamos sed. Vinimos por agua”
- “De acuerdo. Buenas noches”
Luego de que la puerta se cerrara detrás de Sirius, Ron preguntó:
- “¿Por qué no le dijiste?”
- “Ya tiene bastante con cuidar de Remus, Ron. Sólo fue una pesadilla”
Prepararon la leche y Harry volvió a la cama. Minutos después, Ron dormía de nuevo.
El rumor de las olas al golpear las rocas se oía claramente, pero esa noche, el mar no suponía para Harry nada tranquilizador. Sabía que su sueño tenía algo que ver con el mar y en el fondo se alegró de abandonar la playa al día siguiente.
“Taking over me / dominándome
Your Taking Over Me / tu dominio sobre mí
Taking over me / dominándome
Taking over me / dominándome”
Capítulo 2: La llamada
“Yeah, we're gonna fight / sí,
vamos a pelear
We do it every night / lo hacemos cada noche
Baby, when you scratch / cuando me arañas
You know I'm gonna bite / sabes que morderé
You can make me die / puedes hacerme morir
I can make you cry / puedo hacerte llorar”
Bed of nails – Alice Cooper
1
El Anden 9 ¾ estaba tan lleno como siempre que se iniciaba el curso en Hogwarts. Los padres de los estudiantes de primer año despedían a sus hijos, nerviosos y entusiasmados por las historias que se contaban sobre el castillo.
Harry sintió un agradable calor en el corazón al avanzar junto a Sirius y Remus, eran su familia ahora y era grandioso que lo fueran a despedir. Aunque en realidad, Remus iría con él en el Expreso, pero de cualquier modo, era muy bueno ser importante para alguien además de los Weasley.
La señora Weasley los alcanzó en un instante y abrazó a Ginny y a Ron, sus últimos hijos en Hogwarts. Dio algunas recomendaciones de último momento, abrazó a Harry y a Hermione y aguardó ansiosa a que abordaran el expreso.
- “Bueno”, dijo Harry volviéndose hacia Sirius, “adiós, que estés bien”
- “Hasta pronto, Harry. Este fin de semana probablemente los visitaré”
Sirius lo abrazó con afecto y Harry abordó el expreso, alcanzando a sus amigos. Ron y Hermione lo aguardaban en un compartimiento junto a Neville Longbottom. Ginny había ido a otro vagón, con los de su año.
- “¡Hola Neville!”, saludó Harry y se dejó caer en el asiento. Al mirar por la ventana, vio que su padrino y Remus se besaban.
- “¡Por Merlín!”, exclamó una burlona voz en la puerta del compartimiento.
Harry se volvió, sabiendo de sobra a quien pertenecía esa voz.
- “¿Perdiste algo, Malfoy?”, preguntó Ron en tono poco amistoso. Sin Crabbe y Goyle junto a Draco, no temía enfrentársele, aunque el joven Slytherin fuera campeón de Duelo.
- “A decir verdad, vine para ver si era cierto lo que se dice, Potter”, respondió Draco sin hacer caso a Ron, “pero no me respondas. Acabo de comprobarlo”
Harry enrojeció sabiendo que se refería a Sirius y a Remus.
- “¡Lárgate, Malfoy!”, farfulló sin saber exactamente qué más decir.
- “De acuerdo”, dijo amablemente Draco. Pero antes de que se cerrara la puerta, añadió, “¿a cuál de los dos le dices ‘mamá’?”
La maldición que Harry le arrojó sacó chispas de la portezuela.
- “No le hagas caso, Harry”, murmuró Neville, “me alegro de que ahora tengas padres”
La mirada de Harry se ensombreció un poco. Remus le había platicado el estado de los padres de Neville y por un momento ninguno habló. A Harry realmente no le importaba que Sirius y Remus fueran pareja, el shock inicial había sido largamente superado. Sólo tendría que acostumbrarse a que sus demás compañeros lo supieran, dado que ambos parecían decididos a no ocultar más su relación. Luego pensó en lo dicho por Draco y se preguntó, en el hipotético caso de que tuviera que hacerlo, a cuál de los dos podría decirle “mamá”.
Ron se sobresaltó al oír la carcajada de Harry. La elección había sido, obviamente, Remus.
2
“Opposites attract / los polos
opuestos se atraen
That's the reason why / esta es la razón por qué
No one else could make you feel / nadie más podría hacerte sentir
Like I do, I do, I do / lo que yo, lo que yo, lo que yo
No one else gets that deep inside you / nadie más llega tan dentro
de ti
As I do, baby / como lo hago yo”
Draco caminó por el pasillo hacia el último vagón. Luego
de la broma a Potter le apetecía estar solo. No era que le molestara
que su profesor tuviera una relación con su tío, sólo
lo había hecho para molestar a Potter y estaba satisfecho con el resultado.
Últimamente su odio hacia quien llamaba despectivamente “San
Potter” se había intensificado, sobre todo después de
que todos comentaban su nueva situación al haber sido adoptado.
Se sentía solo. En realidad, habría dado su brazo derecho por tener a su padre junto a él, pero solo le quedaba el profesor Snape. Lucius le había anunciado que partía a Noruega y que pronto tendría noticias suyas. Y también que acudiese a Severus en caso de problemas. Draco no entendía por qué a veces su padre parecía odiar a Snape y luego le encomendaba buscarlo sólo a él. Pero no quería pensar más en eso.
Empujó la puerta del último compartimiento y se detuvo, sorprendido.
Remus J. Lupin, la última persona con la que habría querido toparse en un momento vulnerable, dormitaba con el rostro vuelto hacia arriba.
- “¡Draco!”, exclamó incoporándose, “me diste un susto”
- “Hola, profesor… ¿puedo pasar?”
- “Por supuesto. Sólo estoy yo”, sonrió Remus, “vine aquí porque necesitaba un poco de descanso”
- “Está bien”, Draco se sentó, “¿no debería… estar con Potter?”
- “¿Con Harry?”, exclamó sorprendido Remus, “¡Oh, no! Hemos pasado el verano juntos y él debe tener mucho que contarles a sus amigos. No deseo abrumarlo, estoy más tranquilo aquí”
- “Cierto”, murmuró Draco examinando atentamente a su interlocutor.
Remus se veía cansado, aunque feliz. Sus ropas ya no estaban raídas, e incluso su túnica verde olivo tenía una elegante caída, sus zapatos eran de buena calidad, su pantalón tenía un excelente corte y una agradable forma de ajustársele al cuerpo, su…
Draco miró hacia otro lado al toparse con los ojos dorados de su profesor.
- “¿Y cómo estuvieron tus vacaciones?”
- “Bien, respondió lacónicamente Draco, “en París, con mi padre”. No sabía por qué, pero junto a Remus se sentía a veces como un crío de diez años.
Remus le sonrió y le preguntó cortésmente por Lucius, pero Draco no vio falsedad en sus ojos como había notado en otros magos que le preguntaban lo mismo. En Remus, simplemente vio simpatía.
- “Él está bien. Debe ir ahora camino a Noruega… tiene negocios allí”
El mago pálido alzó una ceja. Por lo que la Orden sabía de Lucius, no tenía negocios en Noruega… aunque, conociéndolo, era probable que llamara “negocio” al amante de turno.
- “¿Y tú cómo estás?”, preguntó amablemente y Draco no se sintió incómodo. Remus no era como otras personas que le preguntaban eso por curiosidad morbosa y luego lo compadecían interiormente. Su orgullo Malfoy detestaba eso.
- “Bien… ya sabe. Mi madre se volverá a casar y eso…”
Remus asintió. Había visto a Narcissa en la portada de varias revistas de sociedad, retratada con un joven gigoló francés, guapísimo y apenas un poco mayor que Draco. El joven no llegaría a los veintidós…
- “¿La has visto?”, preguntó con suavidad.
- “No. Sólo una vez… pero estaba con ese. Mi padre dice que acabará con su fortuna en menos de un año y entonces la dejará. No es que me importe mucho, pero es mi madre, ¿sabe?”
El profesor asintió de nuevo, aunque su experiencia con madres difíciles se limitaba a la madre de Sirius, la cual había hecho muchas cosas censurables, pero jamás se había buscado un amante. Y quizá eso fuera el origen de su mal genio.
- “¿Y cómo es?”, preguntó de pronto Draco, “digo, es mi tío y ya no es un presidiario. Resultó inocente y todo eso…”
Remus comprendió que le hablaba de Sirius.
- “Es un buen hombre que fue encarcelado injustamente. Estamos rehaciendo nuestra vida, Draco. Eso es duro a veces. Hay mucho que olvidar y perdonar y su familia, que es también la tuya, le hizo mucho daño”
- “¿Se puede?”, preguntó una voz con acento extranjero y sin esperar respuesta, Andrea Manganelli se dejó caer junto a Draco. “Te estaba buscando, caro mio”
- “Andrea, él es el profesor Lupin. Enseña ‘Defensa contra las Artes Oscuras’”
- “¿De verdad? Encantado”, sonrió Andrea con rostro angelical.
Charlaron brevemente y Remus volvió a adormecerse con el traqueteo del tren. No alcanzó a ver el hambriento beso que Andrea le dio a Draco.
3
Lucius se abrió paso en el bar atestado de marineros. Era consciente de que su elegante vestimenta no podía dejar de llamar la atención en un lugar así, pero no le importó. Avanzaba entre las mesas, atrayendo codiciosas miradas que vagaban desde la empuñadora de plata de su bastón hacia las gemas que remataban los ojos de la serpiente que lo adornaba.
- “¿Buscas algo, extranjero?”, preguntó un altísimo marinero y en un instante Lucius fue rodeado por otros como él que avanzaron amenazadores.
Pero el mago no se amilanó, miró directamente a los ojos a su interlocutor y luego recorrió con la mirada a los otros.
- “Deseo ir a las islas Lofoten”, explicó claramente, con marcado acento inglés.
- “Eso te costará…”, aventuró un marinero extendiendo una fuerte y bronceada mano hacia el bastón.
Lucius lo detuvo con mano de hierro.
- “Apártate, basura muggle”, dijo con calma, pero su voz sonó como un látigazo en medio del silencio que se había hecho.
El marinero retrocedió, pero otros avanzaron.
- “Los extranjeros como tú no son bienvenidos aquí”
- “Te enseñaremos modales”
- “Y quizá, si queda algo de ti, te arrojaremos a la costa de las islas Lofoten”
Lucius no retrocedió un milímetro ante el avance hostil de los marineros. Dentro de la túnica aferró la varita y susurró una sola palabra. “Protecius”
Apenas el primer marinero cogió su túnica, salió expelido hacia atrás por una poderosa fuerza y corrieron igual suerte los que lo imitaron. Finalmente quedó Lucius de pie en medio del bar, desafiante. Su mirada volvió a recorrer a los presentes y se dirigió resueltamente hacia un marinero.
4
- “¡Bienvenidos! Los de primer año, síganme”, tronó la voz de Hagrid mientras todos se bajaban del tren. Su enorme cara se iluminó al ver a Harry y lo saludó agitando las manos.
Harry respondió alegremente el saludo, sin evitar notar que Draco Malfoy caminaba detrás suyo, hacia los carruajes, platicando amenamente con un chico rubio, de luminosos ojos azules.
El Gran Salón estaba radiante como siempre al inicio del curso. En la mesa de profesores estaban todos los viejos conocidos, incluyendo el adusto semblante de Severus Snape, sentado junto a un asiento vacío, destinado seguramente a Remus, y con Sybill Trewlaney del otro lado. Harry compadeció sinceramente al profesor.
La Ceremonia de Selección dio inicio y Harry se unió a la algarabía que recibió a los nuevos Gryffindor. Luego, la profesora Mc Gonagall pidió silencio.
- “Este año tenemos un hecho un poco inusitado. Un nuevo estudiante de séptimo año ha sido admitido en nuestra escuela, y como es tradicional, debe ser colocado en una de las casas. Andrea Manganelli, acércate, por favor”
Andrea avanzó con soltura hacia el taburete donde estaba el sombrero seleccionador. Lo siguió un murmullo de voces, pues su caso era conocido en el Mundo Mágico. El chico había sido juzgado como mortífago, pero a causa de ser menor de edad y por la difícil vida que había llevado, fue enviado tan sólo a un periodo de readaptación y luego a Hogwarts para que culminara sus estudios.
El perfecto rostro de ángel de Andrea atrajo varias miradas de simpatía, e incluso Hermione se encontró deseando que fuera de Gryffindor. Pero apenas el muchacho se puso el sombrero, éste dijo claramente:
- “Slytherin”
Y Severus Snape hizo un exasperado gesto. Bastante tenía ya con Potter y Longbottom en sus clases como para soportar ahora a ese ángel con alma de demonio, porque el profesor de Pociones no se había creído en absoluto la historia que contó Andrea en el juicio.
- “Buenas noches”, murmuró una voz y varios profesores se volvieron a saludar a Remus, que acababa de llegar.
Dumbledore se puso de pie para dar su tradicional discurso de bienvenida, al final del cual, explicó:
- “Este año volveremos a contar con la presencia del profesor Remus Lupin en ‘Defensa contra las Artes Oscuras’ y como saben, el profesor Lupin es un licántropo, por tanto, durante la luna llena será reemplazado por el señor Sirius Black, de la Escuela de Aurores del Ministerio de Magia. Eso es todo, ¡Que empiece el banquete!”
Harry se llevó a la boca una pierna de pollo, pero no pudo terminarla porque sus compañeros de casa comenzaron a acribillarlo a preguntas. Era vox populi que había sido adoptado por su padrino, Sirius Black, quien vivía con el profesor Lupin y eso generó una genuina curiosidad.
Trató de responder lo más escuetamente posible y cuando su mirada se cruzó con Seamus Finnigan, el muchacho miró hacia otro lado.
En la mesa de Slytherin, Draco sonreía burlonamente, con Pansy Parkinson de un lado y Andrea Manganelli del otro.
Ese sería otro año difícil.
4
El primer día de clases, Harry se apresuró a llegar al aula de ‘Defensa contra las Artes Oscuras’.
- “Buenos días”, sonrió Remus invitando a todos a pasar a su aula, se acomodó en el escritorio y continuó, “todos nos conocemos ya, de modo que seré breve. Es de dominio público que mi pareja, el señor Sirius Black, ha adoptado a Harry, y que los tres vivimos juntos”, un murmullo apagado se pudo oír y Harry se tornó escarlata, “sólo quiero decirles que eso no cambia las cosas dentro del aula, y que para mí todos ustedes son iguales y serán tratados como siempre. Hecha esta aclaración, creo que podemos comenzar… dime, Seamus”
- “Profesor, ¿por qué el Ministerio permite que lo reemplace un mago sin estudios superiores?”
Remus respondió con calma. Había estado preparándose para lo que vendría y ciertamente en Slytherin había sido mucho peor.
- “El señor Sirius Black fue condecorado con la Orden de Merlín de Tercera Clase por servicios distinguidos al Ministerio de Magia, entre los cuales está haber hallado el contrahechizo para una peligrosa maldición y el haber destruido un arma terrible que empleó Voldemort. Es un mago plenamente calificado que sólo cumple la formalidad de hacer un año en la Escuela de Aurores para poder ser reconocido como tal. ¿Alguna otra pregunta?”
Nadie dijo nada y Remus pudo continuar la lección.
5
- “Este año no será fácil en Pociones Avanzadas”, dijo Severus Snape por toda bienvenida a su clase, mientras cerraba la puerta.
Harry evitó mirarlo. El profesor pasó raudamente hacia el estrado, haciendo ondear su negra túnica. Una vez allí, los observó con una mirada hostil.
- “Ustedes están aquí por haber obtenido el puntaje de SOBRESALIENTE en sus exámenes OWL, aunque no me explico la presencia de algunos en esta clase”, espetó mirando fijamente al lugar de Harry. “Sin embargo, también es grato comprobar que personas con verdadero talento se encuentran en este curso”, continuó mirando con aprobación a Draco, que se esponjó en el asiento.
La mirada de Harry vagó por el aula, oyendo a medias la voz de Snape. Era como siempre, un viejo amargado y hostil. ¿Por qué había pensado que ese año sería diferente? ¿Quizá por lo que había visto en las clases de Oclumancia? ¿O por las cosas que Remus le había contado? No, Snape seguía siendo el mismo, lleno de odio y rencor, lleno de…
La clase entera se había quedado en silencio y sintió que Ron lo pateaba ligeramente.
- “¿Y bien, Potter? ¿Sabe la respuesta?”, siseó la voz de Snape, engañosamente suave mientras los ojos negros del profesor parecían traspasarlo.
Harry se puso escarlata. Pero no se dejaría amilanar.
- “¿Podría repetirme la pregunta, por favor?”
Los Slytherin se rieron con ganas y algunos Gryffindor esbozaron sonrisas forzadas, más por el temor a que se les quitara puntos que por burlarse de Harry.
- “¿Repetir la pregunta?”, dijo Snape, casi en un susurro. “¿REPETIR LA PREGUNTA?”, levantó la voz haciendo estremecer a muchos, “Esto no es un curso de kinder, Potter. Es una clase de Pociones Avanzadas. ¿Repetir la pregunta? Draco, ¿tendrías la amabilidad de repetirle la pregunta al siempre perspicaz Harry Potter? De ese modo nadie me acusará de parcialismo”
- “¿Qué sustancias actúan como catalizador para licuar las pociones hechas con ingredientes tales como miembros humanos o de criaturas mágicas?”
Harry quiso sonreír. Lo sabía, naturalmente a causa del relato de Sirius sobre la poción para volverse animago. Trató de que su voz no sonara victoriosa.
- “La sangre de wendigo”
Snape torció la cara. No se esperaba que supiera la respuesta.
- “Diez puntos para Gryffindor por la respuesta correcta”, dijo con tono neutro, “y veinte puntos menos por encontrarse distraído”
Un murmullo de protesta se elevó, pero el profesor no hizo el menor caso y comenzó una nueva explicación, imponiendo silencio. Harry se permitió observarlo mientras Snape hacía que la tiza escribiera en la pizarra los nombres de algunas sustancias para disolver huesos. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué albergaba todo ese rencor hacia cualquier ser viviente que no fuera de Slytherin?
El profesor parecía cansado y tenía enormes ojeras. Estaba pálido y había adelgazado, a juzgar por la caída de la túnica. Parecía que no había dormido bien en varios días, pero en vez de alegrarse por ello, Harry sintió una corriente de solidaridad hacia su profesor, porque él sabía lo que se sentía estar angustiado. Y deseó secretamente poder ayudarlo.
6
“Our love is a bed of nails /
nuestro amor es una cama de garras
Love hurts good on a bed of nails / el amor duele mejor en una cama de garras
I'll lay you down and when all else fails / te recostaré y cuando todo
lo demás falle
I'll drive you like hammer on the bed of nails / te conduciré como
un martillo en la cama de garras”
Esa noche, luego de hacer los pocos deberes que tenía, Harry se quedó pensativo. Seamus no tenía una buena actitud hacia Remus, aunque se había cuidado bien de decirlo frente a él o a Ron, pero pudo oírlo murmurar a Dean Thomas algo sobre su madre indignada por ese escándalo en Hogwarts.
Inquieto e incapaz de dormir, Harry se deslizó fuera de la cama. Todos descansaban y los acompasados ronquidos de Neville eran lo único que se oía en la habitación. Dudando un poco, Harry abrió su baúl y sacó el Mapa del Merodeador y la capa de invisibilidad de su padre.
Envuelto en la capa, recorrió rápidamente los pasillos, esquivando a Filch con ayuda del mapa. No había ya ningún peligro, nada amenazaba el Mundo Mágico y no había razón para no vagar por el castillo de noche, en busca de un lugar tranquilo.
Guardó cuidadosamente el mapa en el bolsillo de la túnica y estuvo de pie un interminable rato junto al muro de piedra de un desierto pasillo. Amaba Hogwarts, cada rincón de él, cada piedra. Era el lugar donde más feliz había sido y el lugar que le recordaba a su padre, cuyos pasos habían recorrido los mismos pasillos secretos que él recorría ahora.
Sintió un impulso de visitar la Torre de Astronomía. Estaba cerca y momentos antes había visto a Filch muy lejos de ese lugar, de modo que no sacó de nuevo el mapa. Se deslizó despacio y ascendió por las interminables escaleras de piedra, deteniéndose ocasionalmente para recuperar el aliento.
Un jadeo lo hizo detenerse. ¿Tanto se había fatigado? Pero no, no brotó de su garganta, él apenas tenía la respiración agitada. Escuchó atentamente, pensando que podía tratarse de su imaginación o quizá de Peeves jugándole una broma.
“First we're gonna kiss / primero
nos besaremos
Then we're gonna say / entonces diremos
Dirty little words / pequeñas palabras sucias
Only lovers say / que sólo los amantes dicen”
Y entonces lo volvió a oír.
- “Muévete más, putito”
Se quedó paralizado. Había llegado a la puerta del observatorio, pero no estaba cerrada, sino entornada. Y la voz había salido de allí.
Un lastimero gemido desgarró el silencio de la noche y Harry avanzó con la varita en alto, dispuesto a enfrentarse con quien estuviera dentro.
“Rockin'thru the night / meciéndonos a través de la noche
Rollin'on the floor / rodando en el piso”
- “¡Más, Draco!, más adentro, caro mio”, jadeó de nuevo la voz, “desgárrame… así… así…”
La varita cayó de la mano de Harry y sus ojos desorbitados contemplaron a Andrea Manganelli, desnudo y de cuatro patas en el suelo de piedra, moviéndose frenéticamente mientras era penetrado por Draco Malfoy, igualmente desnudo y con un pequeño látigo en las manos.
- “Estás muy apretado, putito… debes haberme extrañado, te abriré el culito para mi”, jadeó Draco retirándose a medias del cuerpo de Andrea y enterrándose de nuevo.
- “Más, más”
El sonido de la varita al caer hizo que Draco se volteara. Harry se había quedado completamente inmóvil, incapaz de huir.
“When they hear us screamin'
/ cuando ellos nos oigan gritar
They'll be breakin'down the door / romperán la puerta
No one else could make you feel / nadie más podría hacerte sentir
Like I do, I do, I do / lo que yo, lo que yo, lo que yo
No one else gets that deep inside you / nadie más llega tan dentro
de ti
As I do, baby / como lo hago yo”
Andrea volteó también.
- “Eh, Potter, ¿quieres unirte a la fiesta?”
Harry recogió como pudo la varita y retrocedió, cerrando violentamente la puerta. Corrió escaleras abajo con el sonido de la risa de Draco aún martilleándole los oídos y con la visión que acompañaría luego muchas de sus noches, grabada nítidamente en su cerebro.
7
- “Hacia estribor”, ordenó Thor Larsen, el muggle alto que capitaneaba el barco donde iba Lucius.
Estaban en medio de una terrible tormenta, con las olas elevándose y golpeando la cubierta de la nave que se agitaba como una pluma flotando entre las aguas.
El barco cambió de rumbo y Larsen estudió atentamente al enigmático hombre que había contratado sus servicios el día anterior. “Lléveme hacia un maelstrom y lo haré rico”, fue todo lo que dijo en el bar y Larsen no pudo resistir esa voz que se le antojó mágica. Y no podía resistir ninguna de sus órdenes, ese hombre lo hechizaba. Ese era el efecto de la Maldición Imperius.
- “¿Señor Malfoy?”, gritó Larsen acercándose solícitamente ante una seña del mago, que permanecía quieto como una estatua, sin el menor asomo de temor.
Lucius, en medio de la tormenta, señaló hacia delante con su mano enguantada. Allí, a casi un kilómetro, se veía moverse algo.
Lo habían encontrado.
El maelstrom o vórtice de agua, se formaba cerca de ellos.
- “¡Excelente! Podemos acercarnos un poco más sin peligro de ser absorbidos”, exclamó Larsen dispuesto a dar las órdenes.
- “Deseo ir hacia él”, dijo Lucius en un tono que no admitía réplica.
Larsen no supo cómo, pero momentos después, tanto él como su tripulación enfilaban directamente hacia el maelstrom.
7
- “¡Moskoe-strom!”, gritaron algunas aterrorizadas voces, pero era imposible ya cambiar de rumbo. Algunos marineros se aferraron a los mástiles, otros se ocultaron en el castillo de proa.
Lucius permaneció de pie, como si sus pies tuvieran un imán que lo sujetaba a la cubierta. No parpadeaba, miraba hacia el centro del remolino, como si esperara algo.
Los rayos iluminaban ocasionalmente el agitado mar y el estruendo de los truenos impedía oír los gritos desesperados. Una gigantesca ola golpeó la bovedilla del barco y lo alzó en imposible altura.
Y luego siguió la caída.
Antes de sumirse en las fauces del abismo, Lucius, imposiblemente de pie en la proa del barco, alzó los brazos e inició la invocación que citaba el Libro Maklu.
“..¡Oh tormentas destructivas
y vientos malignos
en el nombre de la Ráfaga Maligna, Heraldo de la Tormenta Mortífera
venid, oh niños poderosos de los Antiguos
Heraldos de la Pestilencia...!.
Os invoco
Recordad que nuestra vida es agua que corre
No agua quieta
porque esta última es el lugar donde florece Balor y sus criaturas
son vástagos de Ellos”
La voz de Lucius se impuso entre las agitadas aguas y el remolino giró locamente. Algunos hombres no pudieron sujetarse más y cayeron al centro mismo del vórtice.
Pero el barco se detuvo.
Suspendido en medio del remolino, que giraba a su alrededor, el barco comenzó a descender.
Algunos gritos horrorizados de los marineros alertaron a Lucius de que su invocación había tenido éxito. Varios enormes seres con las cabezas alargadas y los miembros deformes, rodearon el barco.
Eran los Fomors, antigua raza celta que moraba bajo la isla de Lochlan, en Irlanda. Los señores del océano, como los llamó la Antigua Raza, podían ser invocados durante los más terribles fenómenos acuáticos y podían recorrer en minutos enormes distancias bajo los abismos marinos.
Lucius estaba seguro de que su señor también había recordado a los Fomors cuando fue devorado por el Támesis.
8
- “¡Ahhhhhhhh!”, gritó Harry sintiendo que se hundía velozmente en un abismo oscuro que giraba locamente.
Había agua por todos lados y pudo oír gritos aterrorizados en un idioma extraño. Una voz familiar se impuso ante los gritos, entonando un extraño cántico.
- “¡Nooooo!”
Extrañas formas lo rodeaban, extendiendo sus manos deformes en dirección a él.
- “¡Harry! ¡Harry, despierta!”
Abrió los ojos abruptamente, con el sobresalto que sigue a todas las pesadillas, cuando por fin entendió que estaba en su cama en Hogwarts y que Ron y Neville lo estaban zarandeando.
- “¿Qué pasó?”
- “Gritabas algo de hundirte”
Harry se dejó caer en la almohada, con el corazón martilléandole aún.
- “Tuve un mal sueño”, explicó tratando de que la voz le sonara firme. “Estoy bien”
Dean y Seamus se acercaron también a la cama.
- “¿Qué clase de sueño?”
Harry intentó aclarar sus ideas, pero las imágenes del sueño se desvanecían esquivas, cuando trató de evocarlas nuevamente.
Tranquilizó a sus amigos y volvieron a la cama, pero él se quedó despierto, tratando de recordar su sueño. Y la voz que oyó, sabía que era de alguien que conocía, pero en ese momento no podía determinar de quién.
No durmió nada más aquella noche y al día siguiente en clases, pudo comprobar por el rostro cansado de Remus que él tampoco había descansado bien. Pero no le preguntó ni le relató su sueño, no quería parecer un adolescente asustadizo ante el segundo mago que había sobrevivido la maldición “Avada Kedavra”.
Capítulo 3: Despertar
“I can't run anymore, / no puedo
correr más
I fall before you, / caigo delante de ti
Here I am, / aquí estoy
I have nothing left, / no he dejado nada
Though I've tried to forget, / Aunque he tratado de olvidar
You're all that I am, /Tú eres todo lo que soy
Take me home, / llévame a casa
I'm through fighting it / estoy luchando”
October – Evanescence
1
La bestia marina gruñó inquieta al tomar la enorme esfera en su boca y Lucius estremeció imperceptiblemente, sin que su rostro mostrara ningún temor. Había invocado a los fomors y les pidió llevarlo hacia Balor, llamado “El del ojo diabólico”, su gobernante, quien jamás se desplazaba demasiado lejos de la isla de Lochlan, en Irlanda. Uno de los seres le dijo que sería llevado a la presencia de Balor y lo rodeó de una espesa burbuja de aire en forma de esfera. Era una magia muy antigua y poderosa, Lucius no se creyó capaz de poder romper la burbuja. Aún así, no mostró miedo alguno, les enseñaría de qué estaba hecho un mago como él.
Pero cuando apareció el leviatán y cogió la esfera que contenía a Lucius en sus fauces, el mago se sintió indefenso. Una sola mordida hubiera bastado para desaparecerlo. Era la primera vez que contemplaba una bestia semejante, y si bien antes había montado bestias aladas, una cosa era volar sobre ellas y otra muy distinta, viajar en su inmundo hocico.
El barco muggle que lo condujo al maelstrom fue engullido por el abismo y sus hombres ofrendados para aplacar la furia del océano. Los fomors viajaban montados en leviatanes, eran un total de quince y se desplazaban a vertiginosa velocidad, formando una corriente submarina tan fuerte que Lucius estuvo seguro de que eso daría qué hablar en el mundo muggle, y quizá en el mágico.
Perdió la noción del tiempo en aquella loca carrera submarina, viendo las temblorosas fauces de la bestia que amenazaban cerrarse sobre él en cualquier momento. Si lo hacían… nadie sabía dónde estaba, únicamente le dejó a un muggle, que sometió con la Maldición Imperius, dos cartas. Una para Draco y otra para Severus. El muggle tenía órdenes de enviarlas si Lucius no aparecía en tres días.
Severus… aún en ese instante pensaba en él, pero ya no con amargura, sino la serenidad del que sabe que puede morir de un momento a otro y está en paz. Severus no entendería, él no fue escogido como Lucius para servir a su señor. Severus no le guardaba a su señor la misma lealtad, lo había vendido a Dumbledore. Severus no era un Malfoy. Pero lo amaba. Siempre lo amaría.
La bestia se detuvo. Parecía un siglo, pero en realidad habían pasado cinco minutos. La burbuja se disolvió y Lucius se encontró frente a varios fomors. Uno de ellos tenía un ojo cerrado, el “Ojo maligno”. Lucius supo que se encontraba ante Balor.
- “Oh, señor de las profundidades, invoqué a los tuyos para implorar tu ayuda”, exclamó Lucius en la Antigua Lengua, con los brazos extendidos, inclinándose luego como se hace ante un dios.
- “Levántate, mortal, y dime ¿has venido por aquél que yace en las sombras?”
Lucius se irguió. Dos fomors se apartaron, permitiéndole ver lo que sus cuerpos ocultaban. A varios metros, junto a un muro tallado, se encontraba un enorme tanque lleno de un líquido verdoso, y dentro de él, estaba lo que quedó de Voldemort. Dos ojillos intensamente rojos lo observaron.
“Broken, / roto
Lifeless, / sin vida
I give up, / me rindo
You're my only strength, / eres mi única fuerza
Without you, / sin ti
I can't go on, / no puedo seguir
Anymore, / nunca más
Ever again. / no más.”
El mago miró el desgarrado cuerpo. Comido por los peces, pensó.
Voldemort había tardado en invocar a su vez a Balor, pero el líquido
en el cual se encontraba logró sanar parte de sus miembros, dejando
al menos ocultos los órganos vitales.
- “Mi señor”, dijo Lucius inclinándose profundamente hacia el tanque. Luego se volvió hacia Balor, pero los ojillos rojos no lo perdieron de vista.
- “Él es mi señor, ¡Oh, Balor! Agradezco que lo hayas mantenido con vida y te suplico me dejes llevarlo conmigo”
Balor lo examinó intensamente. Su único ojo pareció traspasarle el alma misma y Lucius dejó que viera que sus sentimientos eran sinceros, consciente de que si el señor de los Fomors abría el otro ojo, moriría.
Lucius le permitió leer su lealtad y temor a Voldemort, su ambición y orgullo que no habían disminuído, su amor por su hijo Draco, su odio hacia los muggles. Pero ocultó cuidadosamente su amor por Severus. Si antes había resistido el escrutinio de los ojos de Voldemort, esta vez lo hizo también ante Balor.
- “Eres sincero, mortal, aunque tu alma oculta un secreto que será terrible y devastador para los tuyos. Mas tus sueños y anhelos no me interesan. Puedes llevarte a tu señor si logras superar una prueba, ésta se llevará a cabo mañana. Descansa ahora”
El mago se inclinó nuevamente ante Balor y luego fue conducido a un lujoso aposento. No sabía en qué consistiría la prueba, pero estaba dispuesto a superarla…. Voldemort se veía indefenso, pero bastante bien conocía él el brillo de esos ojos, y mientras brillaran así, habría esperanza. No volvería a abandonarlo.
Durmió inquieto, preguntándose cómo el agua no invadía el palacio marino de Balor, tuvo pesadillas en las que era devorado por el abismo, pero al día siguiente, se presentó sereno ante los fomors, que lo llevaron junto a una enorme piscina. Balor habló.
- “Mortal, debes derrotar a Luagh, señor de las serpientes marinas. Si lo haces, su sangre servirá para que tu amo recobre las fuerzas. Si fracasas, te devorará”
- “Estoy dispuesto”
- “Come esto entonces, su efecto durará quince minutos. Es el tiempo que tienes para luchar”
Balor extendió a Lucius algo que parecía ser branquialgas y el mago las introdujo prontamente en su boca. También le dieron una espada, y armado con ella y con su varita, se desnudó y entró resuelto a la piscina.
Algo lo golpeó enviándolo lejos. Era la cola de una serpiente marina, la más grande que Lucius había visto jamás. Más grande incluso que el temible basilisco del que sólo tenía los relatos de su señor.
La lucha fue terrible, pero los reflejos del antiguo duelista seguían presentes. Esquivó a la serpiente y logró cegarla con la espada. La bestia, enloquecida de dolor, arremetió contra él, pero en su furor, era torpe y el mago pudo atontarla con dos potentes maldiciones. Luego de eso, le atravesó el cerebro con la espada, tiñendo el agua de rojo.
Lucius salió de la piscina tambaleándose y cayó de rodillas ante Balor. No había tenido tiempo para notar que usó la misma estrategia que Potter al vencer al basilisco.
Cuando despertó, estaba vestido, recostado en un lecho y junto a él se encontraba el tanque que contenía a su señor. Se inclinó a medias para observarlo y sólo entonces notó que había un segundo ocupante dentro del tanque. Cabellos negros, ojos fríos y fijos, cerrados ahora quizá para siempre.
- “Bella”, susurró conmovido. No había pensado que ella sobreviviera.
Se levantó de nuevo y dos silenciosos fomors los sacaron de allí. Algo lo adormeció profundamente, y cuando despertó, se encontraba en las costas de la principal de las islas Lofoten, con el tanque que contenía los cuerpos junto a él.
2
Era viernes y último día de clases de esa semana. Harry platicaba amenamente con Ron y Hermione acerca del inicio de los entrenamientos de Quidditch.
- “Angelina escogerá a los nuevos integrantes del equipo que reemplazarán a Fred y George. Ron, ¿por qué no lo intentas?”
- “No lo sé…”, repuso dubitativo Ron.
- “Debes hacerlo, Ron. No pierdes nada”, lo animó Hermione.
- “Ya lo creo que debes”, intervino una suave voz y los tres sonrieron al ver a Remus junto a ellos. “Siento interrumpir, deseaba invitarlos a tomar el té esta tarde, en mi despacho”
El té transcurrió en una animada conversación acerca de los demonios del mundo antiguo. Remus no se veía tan cansado y estaba alegre. Harry creyó adivinar el motivo, al día siguiente, Sirius vendría a Hogwarts.
Pero estaba equivocado, mientras Harry probaba un bollo relleno de crema, Lancelot, la lechuza de Sirius, tocó la ventana. Remus se apresuró a abrirle, pero luego de que leyó el mensaje, su rostro cambió.
- “Sirius no vendrá. Lo envían a Noruega”, explicó, tendiéndole la carta a Harry. “Supongo que eso es bueno, lo están enviando a una misión como un auror calificado”, sonrió tratando de animarse.
Harry tomó la carta y leyó en voz alta:
“Queridos Moony y Harry:
Lamento no poder acudir este fin de semana a Hogwarts, en unos minutos salgo para Noruega, se ha reportado un extraño fenómeno marino y la pérdida de un barco muggle con toda su tripulación. El Ministerio de Magia de Noruega no cuenta con personal calificado y nos ha pedido ayuda. Al parecer sus instrumentos detectaron el uso de magia negra en el lugar donde desapareció el barco.
Es todo lo que sé. Los mantendré informados.
Viajo con Luziel, es el más joven de los aurores y estaba en el escuadrón del auror-maravilla. Te envía saludos, Moony.
Los ama,
Sirius”
- “Espero que al menos haya vuelto para su cumpleaños”,
dijo Remus, “¿Alguien desea chocolate?”
Ron aceptó el ofrecimiento y cambiaron de tema, tratando de que Remus se sintiera mejor. Harry no pudo evitar recordar que cuando celebraron el cumpleaños de Remus, el 20 de julio, y el suyo, el 31, Sirius les dijo que quería estar sólo con ellos dos en su próximo cumpleaños.
3
“My only hope, / mi única
esperanza
(All the times I've tried) / (todas las veces que he tratado)
My only peace, / mi única paz
(To walk away from you) / (para caminar lejos de ti)”
Severus estaba de malhumor. Su rostro más cetrino de lo normal así
lo delataba. Había vuelto a soñar con Lucius y lo último
que necesitaba era tener clase con séptimo año. No soportaba
ver el rostro de Manganelli, que le recordaba como una bofetada a su ex amante.
- “Hoy prepararemos una poción especial, capaz de permitir que sus cuerpos atraviesen superficies sólidas, pero por un breve periodo de tiempo”, explicó la engañosamente suave voz de Severus a su atenta clase.
- “¿Quiere decir que seremos fantasmas?”, preguntó Andrea con los ojos brillando de emoción”
- “Quiere decir, Manganelli”, dijo lentamente Severus, “que sus cuerpos podrán atravesar superficies sólidas, como lo haría un fantasma. Pero el efecto sólo es por media hora. Considerando, claro, que lo puedan hacer bien.”
Odiaba al mocoso.
Ralph Carter, de Gryffindor, alzó temerosamente la mano.
- “¿Qué ocurrirá si no sale bien?”, se atrevió a preguntar.
Severus avanzó hacia el centro del aula, para que todos pudieran oír bien sus palabras.
- “Podrían quedar en estado coloidal, es decir, como una enorme gelatina, hasta que la poción deje de hacer efecto. O podrían quedar como un sólido bloque de roca si equivocan las cantidades de los ingredientes. Las instrucciones están en el pizarrón”
La varita de Severus hizo que se dibujaran rápidamente las instrucciones, ingredientes y cantidades precisas para preparar la poción. Nadie perdió el tiempo, todos empezaron a trabajar.
Severus se paseó por el aula, dando ocasionales recomendaciones a los Slytherin acerca del modo de preparar sus ingredientes e ignorando olímpicamente a algunos Gryffindor que le suplicaban con la mirada que los ayudase.
My only joy, / mi única alegría
My only strength, / mi única fuerza
(I fall into your abounding grace) / (caí en tu inmensa gracia)
El último banco estaba ocupado por Andrea, que trabajaba solo, muy
atento a los ingredientes que vertía en el caldero. No levantó
la vista cuando Severus estuvo a su lado.
El profesor lo miró con mal disimulada hostilidad. Ese era el querubín que le había calentado la cabeza a Lucius en los últimos tiempos, cuando dejaron de dormir juntos. Ese mocoso bello y lleno de vida se había ganado la simpatía de los otros profesores, pero a él no lo engañaba. Conocía bien esa mirada, Andrea jamás dejaría de ser un mortífago.
Pero no era eso lo que más le molestaba. Le molestaba su belleza. Por eso, cuando Andrea frunció levemente la nariz al picar un hígado crudo de gallina negra, ayudado de unas pinzas, Severus no pudo soportarlo más. Le irritaban los remilgos, él jamás los había tenido y no admitía que los estudiantes los tuvieran.
- “Manganelli, ese hígado está mal picado. No quedará igual si lo coge con las pinzas, debe tomarlo con las manos”
El muchacho hizo una mueca de asco y puso el trozo de hígado sobre la tabla de picar, lo sujetó de nuevo con las pinzas y empuñó el estilete. Pero la firme mano de Severus le quitó las pinzas.
- “He dicho con las manos”
Andrea respiró hondo y luego de dirigirle a Severus una mirada de odio visceral, tomó el hígado con las manos y procedió a cortarlo.
Pero Severus no se quedó tranquilo. Cuando se alejaba, sus finos oídos acostumbrados a detectarlo todo en el aula, captaron un susurro, “viejo amargado”, que provenía del lugar de Manganelli. El profesor caminó de nuevo hacia el centro del aula y anunció, con voz que no admitía protesta alguna.
- “Manganelli será el primero en probar su poción en frente de la clase. Si sobrevive, se quedará limpiando los calderos”
La horrorizada mirada de Andrea fue su recompensa. El chico se miró las manos sucias de sangre. ¿Qué habría hecho Lucius en su lugar? Severus no pudo evitar sonreír cuando la respuesta llegó a su cerebro. “Lucius hubiera conseguido que otro corte el hígado para él”
“My only power, / mi único
poder
My only life, / mi única vida
(And love is where I am) / (y amor es donde estoy)
My only love. / mi único amor”
4
El fin de semana pasó antes de lo que Harry imaginaba, entre deberes y visitas a Remus que se veía preocupado. El domingo por la tarde en la habitación de Remus, mientras tomaban una taza de chocolate caliente luego de la cena, el hombre decidió contarle a Harry lo que le inquietaba.
- “Harry, ¿recuerdas a Kingsley? Me ha escrito”
Mala forma de iniciar esa conversación. Harry recordaba muy bien al traidor que estuvo a punto de quitarle la pareja a su padrino.
- “¿Ese tipo? ¿Y qué quiere?”
- “Kingsley es un buen amigo mío, Harry”, aclaró Remus, “dice que ha ocurrido algo grave en las profundidades del océano. Una extraña corriente proveniente de Noruega llevó peces nunca antes vistos a las costas de Jamaica, y al consultarles a las sirenas, éstas respondieron que se había hecho un pacto y que una serpiente había sido enviada a la tierra”; Remus hizo una pausa sin quitar la vista de los ojos de Harry, “Hace un tiempo tengo sueños extraños, sueño con agua. Harry, ¿no tuviste una pesadilla el martes? ¿un remolino gigante que te atrapaba?”
Harry miró a Remus en silencio por un momento. Luego dijo bajito, como para sí mismo:
- “Sí. He soñado con agua”
- “Debiste decírmelo antes”, dijo Remus, pero no había reproche en su voz, sólo preocupación.
- “Remus, ¿tú crees que…?”, dejó sin acabar la frase, pero Remus entendió.
- “No lo sé… pero quizá esto esté relacionado con el fenómeno que Sirius investiga. A su regreso se lo diremos y los tres decidiremos qué hacer”
Harry sonrió. En esas cosas, Remus siempre lo hacía sentir como una familia.
- “Harry…”
Lo interrogó con la mirada.
- “¿Cómo van las cosas con Snape?”
- “Bien”, dijo escuetamente, “bueno, casi como siempre. No ha empeorado si a eso te refieres”
- “Es un alivio. Manganelli se ha quejado de él, dice que lo castiga excesivamente”
- “¿Manganelli?”, por un momento, Harry estuvo a punto de contarle a Remus lo que vio, pero optó por esperar y contárselo también a Sirius.
- “El chico italiano, el nuevo”, explicó Remus, “el que fue mortífago”
- “¿Se quejó con Dumbledore?”
- “Oh, no. Le tiene mucho miedo a Severus aún. Se quejó conmigo ayer, tenía las manos ampolladas por lavar calderos”
- “A mi me han castigado así con frecuencia”, dijo Harry mostrando sus manos, “nunca se me han ampollado, Manganelli debe tener las manos muy delicadas”
La risa de ambos puso fin a la conversación, pero esta no quedó olvidada. Esa noche, Harry volvió a soñar con Draco y Andrea y despertó malhumorado. En el Gran Salón, a la hora del desayuno, ambos lo miraron burlonamente.
“Creen que los delataré”, se dijo Harry, “y no les importa”. Revolvió con furia su avena, “pero no les daré el gusto, haré como que no existen”.
5
Pero la resolución de Harry no duraría. El martes por la mañana, apenas entró al aula de “Defensa contra las artes oscuras” con su grupo de Gryffindor, se encontró con una fría y burlona mirada.
Draco Malfoy, al igual que todos los de su casa, se encontraba allí.
- “Buenos días”, saludó Remus sonriente, “me he tomado la libertad de invitar a sus compañeros de Slytherin a esta clase, dado que mañana tengo permiso del Director. Por favor siéntense en el ala derecha”
Harry balbuceó un “Buenos dias” y se sentó en el primer asiento libre que encontró. Para su mala suerte, estaba justo frente a Draco. Trató de no mirarlo y concentrarse en la clase y el lo que había dicho Remus. ¡Claro! El miércoles era cumpleaños de Sirius, eso sólo podía significar que su padrino estaba de vuelta. Una sonrisa se dibujó en su rostro y cuando su mirada se cruzó con la del profesor, la alegría en los ojos de éste le confirmaron lo que acababa de deducir.
- “Estudiaremos a los demonios. Existen varios tipos de estas criaturas, asociados con los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Pero antes de continuar, ¿quién me puede decir qué es un demonio?”
Hermione, como siempre, alzó la mano.
- “Un demonio es un espíritu de bajo nivel, que interactúa con el mundo físico. Se cree universalmente que los demonios existen en variedades numerosas y que pueden ser enteramente buenos, enteramente malos o capaces de ambas cosas (el mal y el bien). Pueden ofrecer consejo y ayuda o pueden ser responsables de la mala suerte, las enfermedades y la muerte”
- “¡Excelente, Hermione! Diez puntos para Gryffindor. Ahora… ¿algo más Draco?”
Harry se volvió. Draco estaba levantando la mano con aire seguro.
- “Los demonios pueden ser llamados, controlados o arrojados por adeptos calificados, como un sacerdote, mago, hechicero o shamán. Demonio significa "lleno de sabiduría" y se deriva del griego daimon que se traduce como "poder divino", "destino" o "dios". “
- “Excelente”, sonrió Remus antes de que Draco tuviera ocasión de continuar alabando a los demonios, “diez puntos para Slytherin”
Draco sonrió ufano y Harry miró hacia otro lado. Claro que tenía que saber la respuesta, estuvo a punto de ser un mortífago. Y Manganelli FUE un mortífago y acaso lo seguía siendo, porque lo que vio esa noche sólo podía ser propio de mortífagos. Trató de evitar pensar en eso, pero sin éxito. La imagen de los dos volvió a llenar su mente en esa escena asquerosa que le tocó presenciar.
Asquerosa, sí. Esa era la palabra exacta. Malfoy era un degenerado y Manganelli no se quedaba atrás, eso no podía ser amor, sino puro sexo animal. Eso jamás sería como lo que tenían Sirius y Remus.
Pero no lo entendía. No entendía cómo dos personas podían entregarse así y luego actuar como si nada ocurriera. Aunque no le pareció que Malfoy estuviera obligando a Manganelli, éste se veía muy a gusto. Harry enrojeció muy a su pesar, todos los mortífagos eran unos degenerados.
Eso le llevó a pensar inevitablemente en Snape y su rostro se tornó aún más escarlata. Imaginó a Snape en el lugar de Malfoy y sintió deseos de vomitar.
- “Los ritos demoníacos están asociados a las prácticas sexuales desenfrenadas”
Sí, eso era. Sexo desenfrenado, como las ceremonias de bautizo de mortífagos de las cuales Sirius tenía noticias por relatos de desertores.
- “Los demonios se sienten complacidos con ofrendas de sangre, semen u otros fluidos derivados de dichas prácticas orgiásticas…”
Una orgía. Sí, quizá Snape hubiera participado en orgías como esa. Era un degenerado, igual que todos. No tenía caso pensar en él como ser humano. No lo era, eso estaba claro.
- “Los íncubos son demonios que atacan sexualmente a las mujeres o a los hombres. En el folclore europeo medieval, el íncubo es un demonio masculino que busca el trato carnal con las mujeres mientras duermen. Según la leyenda, el íncubo y su contraparte femenina, el súcubo, eran ángeles caídos...”
De pronto la mente de Harry se llenó de la imagen imaginaria de un íncubo.
Con el rostro de Draco.
6
El miércoles por la mañana, en el desayuno, Harry recibió una nota que decía simplemente: “Ven a mi habitación después de clases. Remus”
Y eso fue lo que hizo. A las seis, que por fin quedó libre, se duchó y se dirigió a la habitación de Remus, en el pabellón de profesores, preguntándose cómo sería la de Severus y si en realidad quedaría en las mazmorras como se decía.
Llamó a la puerta y no se sorprendió de que le abriera Sirius, con el cabello húmedo y el rostro radiante.
- “¡Hola!”, exclamó con alegría abrazando a su padrino que celebraba su cumpleaños número treinta y ocho. “¡Feliz cumpleaños!”
- “Gracias, Harry”, respondió Sirius muy alegremente, “llegué anoche y he pasado un día fantástico con Moony”
Harry sonrió, sabía muy bien lo que eso significaba. Entraron y Harry se acomodó en uno de los sofás del recibidor de Remus. El mago pálido salía de su habitación en ese momento, con el cabello húmedo y un rostro alegre y despreocupado.
- “¡Ah, Harry! Veo que terminaste temprano. Me alegra, porque quería que estés tú para poder darle su regalo a Sirius”
- “¡No me lo quiso mostrar antes, ni siquiera me dio una pista!”, protestó Sirius mientras Remus traía el envoltorio.
- “Lo escogimos antes de venir a Hogwarts, en el Callejón Diagon. Y llegó hace dos días”, sonrió Remus.
Sirius palpó el envoltorio macizo y quitó el papel de regalo, ahogando una exclamación al descubrir una fabulosa espada, con la empuñadura labrada primorosamente y con un topacio dorado como incrustación. El labrado mostraba un perro, un lobo y sobre ellos, un águila.
- “Es el símbolo que Harry escogió”, explicó Remus, “quería que nos tuvieras a los tres”
- “Es la espada más magnífica que he tenido, y me vendrá muy bien ahora que las prácticas han comenzado”
Sirius besó a Remus con afecto y abrazó a Harry. Luego se sentaron a charlar tranquilamente del viaje de Sirius y Harry notó que su padrino no le había relatado nada de eso aún a Remus. Se veía que habían estado ocupados en otra cosa.
- “En Noruega son frecuentes los maelstrom, pero jamás uno de ellos ha alcanzado la potencia del que fui a investigar. Se tragó un barco de 80 toneladas, no quedó nada de él. No hay más pistas, solo las grabaciones de los aparatos del Ministerio de Magia que indicaron el uso de magia negra, probablemente la invocación a alguna especie de demonio marino”
- “¿Pistas?”, preguntó Remus mientras servía café para Sirius, té para Harry y chocolate caliente para él mismo.
Sirius lo miró con aire de entendimiento.
- “Un hombre rubio y guapo, vestido de negro, él alquiló el barco y contrató a la tripulación. Se presume que desapareció con todos, pero como no se encontró rastro alguno de nada, no se puede asegurar que fuera así”
- “Malfoy está en Noruega. Draco me lo dijo”, explicó Remus y luego le tendió la carta de Kingsley.
Ambos magos intercambiaron una preocupada mirada. Luego Sirius fue informado de las pesadillas de Harry.
- “¿Qué significa esto?”, preguntó éste, “¿acaso creen que Voldemort está vivo?”
- “Todo es posible, Harry”, repuso Remus, “no puedes negar que todo apunta a eso, incluso la mención de la serpiente”
Luego de una breve discusión, los tres acordaron que Remus se lo diría a Dumbledore al día siguiente y mientras tanto, se olvidarían de Voldemort y celebrarían el cumpleaños de Sirius.
El viejo mago también le había dado a Sirius su regalo: una puerta, que tenía la forma de una cadena de oro, y que al frotarla le permitía trasladarse desde Grimmauld Place hacia Hogwarts y viceversa.
Eso fue lo que hicieron y horas más tarde, en un lujoso restaurante del Londres mágico, cenaban alegremente, comentando el próximo partido de Quidditch.
- “Y espero que este año también gane Gryffindor”, declaró Sirius categóricamente.
- “Me encargaré de que así sea”, prometió Harry.
- “¿Cómo va el juego de Malfoy?”, preguntó Remus provocando que Harry casi se atore con un caracol.
- “No lo he visto entrenar”, respondió escuetamente Harry y comenzó a revolver su plato, sin tocar la comida. Se hizo un silencio y cuando levantó la vista, notó que los dos adultos lo observaban atentamente.
- “¿Ha ocurrido algo?”, preguntó suavemente Sirius, “¿Malfoy te ha molestado?”
- “No. No es eso”, repuso Harry, “es que vi algo que no debí ver. Quería hablarles de eso. Como familia”, dijo en clara alusión de que Remus debía olvidarse de que era profesor.
- “De acuerdo, Harry. Puedes decirnos lo que sea”
Harry tomó aire y empezó a contar lo que vio. Lo hizo despacio y agradeció mentalmente por encontrarse en un apartado privado. No dio detalles, tan sólo expresó la impresión que le causó lo ocurrido y el asco que experimentaba a veces.
Sirius lanzó un silbido.
- “De tal palo, tal astilla”
- “¿Qué?”
Remus le dio una patada por debajo de la mesa.
- “Sucede que su padre tenía las mismas costumbres”, continuó tranquilamente Sirius luego de darle a Remus una mirada de reproche, “lo sorprendimos en algunas ocasiones”
- “¿¡LO SORPRENDIERON!?”
- “Sí. Moony, tu padre, Wormtail y yo. Le jugamos también algunas bromas”
Y Sirius pasó a relatar con lujo de detalles alguna de esas bromas, pero se detuvo al notar la incomodidad de su ahijado. Remus continuó por él.
- “Harry, no debes sentirte incómodo. A algunas personas les gusta eso, probablemente en los entrenamientos para mortífagos acostumbraban a hacerlo. No permitas que Malfoy te moleste con eso, haces bien en ignorarlo”
- “¿Su padre también lo hacía?”
- “Sí”
- “¿Con quién?”, preguntó Harry temeroso de la respuesta.
- “Pues con S…”, Sirius se detuvo ante la seria mirada de Remus. Claro, Snape era profesor en Hogwarts y ‘no estaba bien’ contarle a un estudiante ciertos asuntos, “con toda la escuela, Malfoy ha tenido más amantes que Cleopatra”
Harry digirió la información en silencio y luego Remus cambió discretamente de tema. Su idea de las relaciones entre las parejas acababa de sufrir una nueva sacudida. Al menos el nombre de Severus Snape no había sido mencionado. Pero no vería nunca más a Draco Malfoy con los mismos ojos.
Esa noche, en su cama, pensó nuevamente en lo que Sirius le había dicho.
7
“I can't run anymore, / no puedo
correr más
I give myself to you, / me he entregado a ti
I'm sorry, / lo siento
I'm sorry, / lo siento”
Era media noche.
Había transcurrido exactamente una semana desde que Lucius volvió a Noruega con el tanque que contenía los cuerpos de Voldemort y Bellatrix.
Una semana.
Ese era el plazo que Balor le había puesto como límite para darles de beber la sangre de la serpiente, que el mago llevaba en un recipiente sellado.
La vida de Voldemort estaba en sus manos. ¿La tomaría? Voldemort había tomado parte de la suya propia, le había arrebatado a Rodolphus, había querido arrebatarle a Draco. Y por su causa, Severus los había traicionado.
Miró el tanque. Los ojos rojos seguían fijos en él, como si pudieran leer cada uno de sus pensamientos. Lucius estaba seguro de que algo había de cierto en eso… estuvo soñando con agua mientras estaba en Paría. Luego, de pronto, recordó a los Fomors. &iques