POISON

HP

 

Esta historia habla de amor.
Amor tierno e inocente y amor desesperado y posesivo,
y de cómo el amor, si es verdadero,
tiene el poder de vencerlo todo,
aunque la vida le vaya en ello.

 

Capítulo 1: Nostalgia

“You don't remember me but i remember you / Tú no me recuerdas, pero yo sí
i lie awake and try so hard / Estoy acostado y despierto y trato con fuerza
not to think of you/ de no pensar en ti
but who can decide what they dream? / pero ¿quién decide qué soñar?
and dream i do... / Y soñar es lo que hago…

Taking Over Me – Evanescence


1

Harry se estiró perezosamente en el sol. Había pasado un mes desde que estaba en la playa con Sirius y Remus y eran las mejores vacaciones de su vida, principalmente porque no tenía que levantarse temprano ni comer cosas horribles, ni soportar nunca más a su primo Dudley, pero además porque su padrino y Remus se preocupaban realmente por su bienestar.

Aún era menor de edad y no podía usar magia fuera de Hogwarts, pero Sirius le había prestado su varita algunas veces, a pesar de la desaprobadora mirada de Remus, para que practicara algún hechizo.

Hizo los deberes del colegio las dos primeras semanas, encantado de disponer de dos magos competentes a quienes hacer consultas, pero luego había comenzado a divertirse con sus ahora tutores, saliendo a recorrer la playa, comiendo comida muggle hasta reventar, haciendo compras en el centro comercial muggle y escapando a veces con ellos al Callejón Diagon para adquirir también cosas de magos.

Sirius y Remus paseaban abrazados o tomados de la mano, sin importarles las miradas de algunos muggles. Su padrino llamaba especialmente la atención por su largo cabello negro y sus ojos azules, aún a los treinta y siete continuaba siendo un hombre muy atractivo que ya no se parecía en nada al retrato que Harry había visto años atrás, cuando huyó de Azkaban.

El nombre de Sirius había sido rehabilitado, las propiedades y fortuna de su familia le fueron devueltas e incluso se le confirió, junto con Remus, la Orden de Merlín de Tercera clase, por su heroísmo en la reciente guerra. Tampoco se lo buscaba en el mundo muggle donde se había anunciado que el peligroso delincuente había sido capturado.

Sirius y Remus parecían deseosos de recuperar el tiempo perdido y Harry los había oído amarse en más de una ocasión, sonriendo luego a la mañana siguiente, en el desayuno, al notar a Remus ruborizarse cada vez que sus miradas se cruzaban. Y era que su profesor de DCAO seguía conservando su timidez cuando de mostrar su relación se trataba, al menos de forma tan evidente.

Harry solía sostener largas pláticas con ellos acerca de sus padres, nunca nadie le había hablado de Lily y James como personas reales. Siempre todos le decían lo maravillosos que eran y lo mucho que lo habían querido y Harry no lo dudaba ni por un momento, a pesar de las crueles y mezquinas palabras del profesor Snape hacia su padre, pero Sirius y Remus hicieron que Lily y James fueran más cercanos.

Y a Harry le resultó muy divertido enterarse cómo Lily había aborrecido a James durante los primeros seis años en Hogwarts, para luego enamorarse de él después que la defendió del ataque de unos chicos muggles en una discoteca… en esa misma playa donde se encontraban ahora.

También supo que fue James el que finalmente habló con Sirius y lo convenció de no ocultar más sus sentimientos hacia Remus, y su madre hizo lo mismo con éste. Sus padres habían aceptado la relación de ellos dos como la cosa más natural del mundo, e incluso les permitían pasear a Harry cuando era un bebé.

Harry sonrió y se recostó hacia un lado para mirar a la pareja que tomaba el sol junto a él. Remus se había quedado dormido.

- “¿Sigue mal?”, preguntó despacito a Sirius.

Sirius asintió.

- “Está muy débil aún. Esto no es muy normal en él, Harry”

- “¿Qué crees que sea?”

- “No lo sé… quizá el tiempo que llevó sin transformarse cuando tenía el Anillo. Esta tarde iré al Callejón Diagon a conseguir unas pociones para el dolor y el cansancio”

Harry iba a sugerir pedírselas a Snape. Tenía la propuesta en la punta de la lengua y se la mordió con fuerza antes de decirla. Sabía de sobra que Sirius no habría aceptado nada que viniera de su profesor de Pociones. Sabía que ellos dos se odiaban, aunque los motivos de ambos a veces le parecían infantiles.

Remus le había explicado muchas cosas acerca de Snape y Harry había visto otras tantas las pocas veces que, durante las clases de Oclumancia, pudo entrar por breves momentos en la mente de su profesor. Eso le había servido a Harry para ver a Snape como una persona distinta. Lo había visto humano.

- “¿Ron y Hermione llegan mañana?”, preguntó Sirius sacándolo de su ensimismamiento.

- “¡Sí!”, asintió con entusiasmo, “llegarán a las diez”

- “Genial. Entonces aprovecharé también para traer provisiones”

2

”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”


Vacaciones en París. Nunca a Draco le habían parecido unas vacaciones tan insulsas, pero su padre había enviado por él y no había podido negarse. Además, extrañaba realmente a Lucius, a pesar de todo lo que había pasado.

Su padre no hablaba mucho con él esos días. Y ciertamente no le dio ninguna explicación ni Draco se la pidió. A veces lo encontraba callado y distante, y aunque Lucius jamás había sido muy comunicativo, tampoco era tan retraído, parecía sufrir por algo. ¿Sufrir? Draco soltó una risita. Su padre no podía sufrir, su padre era un mortífago y el mismo Draco había estado a punto de serlo. Pero, ¿de qué servía eso ahora que Voldemort había sido destruído? Ahora sólo se trataba de salvar la situación, de protegerse, de olvidar.

¿Sería capaz de olvidar todo lo que tuvo? ¿Todo lo que vislumbró? El poderío absoluto que proporcionaba el uso de la Magia Negra, tan despreciada por Dumbledore, pero tan útil. Tan espantosamente útil para un muchacho de quince años, próximo a cumplir los dieciséis.

Poder.

“Cuando se tiene el poder, lo demás es ilusión”

De las pocas entrevistas que Draco tuvo con Voldemort, esa frase era la que más recordaba.

A causa del poder, su padre se había vuelto mortífago. A causa del poder, él mismo quiso serlo, deseoso de poder para ser aceptado. Pero a veces pensaba en Finwe, el elfo que había creído en él. “Tú no eres la misma persona que tu padre, Draco”. “Demuestra lo que un Malfoy puede llegar a ser”.

El chico dio un puñetazo de impotencia en la almohada.

París era soledad, pero no era olvido.

Y deseó por primera vez, volver a Hogwarts donde estaba su profesor. Porque a partir de ese año, Remus J. Lupin se había convertido en el profesor oficial de “Defensa Contra las Artes Oscuras”, autorizado por el Ministerio de Magia, que no podía negarle ese derecho luego de haber sobrevivido él mismo a la maldición “Avada Kedavra”, igual que Potter.

Al menos ahora Potter no era el único y eso le estaría bien empleado para no ser tan presumido, aún deseaba derrotarlo en un buen partido de Quidditch.

 

3

“Have you forgotten all i know / has olvidado todo lo que sé
and all we had? / y todo lo que tuvimos?
you saw me mourning my love for you / me viste clamando mi amor por ti
and touched my hand / y tocaste mi mano
i knew you loved me then / supe que me amabas entonces”

- “¿A dónde fue Sirius?”, preguntó un soñoliento Remus emergiendo del dormitorio que compartía con su pareja.

- “Al Callejón Diagon a hacer algunas compras”, respondió Harry mientras leía tumbado en una perezosa. Hacía demasiado calor como para ir de nuevo a la orilla y esa mañana se había bañado lo suficiente como para que sintiera un agradable relax y no deseara salir.

Remus se recostó en la perezosa frente a la suya y le sonrió con aire cansado. Se veía muy mal, Harry no recordaba haberlo visto tan agotado antes, ni siquiera cuando luchaba todos los días contra los mortífagos, hacía apenas algunos meses.

- “¿Te sientes bien?”

- “A decir verdad, Harry, me siento fatal”, confesó Remus, “pero no se lo digas a Sirius. Siento mucho dolor aún, había olvidado lo que se siente transformarse”

- “¿No ayudan las pociones?”

- “Un poco… pero no somos muy buenos preparando pociones más complejas…”

Se hizo un breve silencio que Harry interrumpió para sugerir lo que para él era obvio.

- “Podrías pedir ayuda al profesor Snape…”

Remus, a diferencia de Sirius, no se erizaba todo al oír mencionar al profesor de Pociones.

- “No deseo molestar a Severus, bastante tiene ya con enviarme mensualmente la poción matalobos”

La respuesta fue calmada y sin ninguna animosidad. Nunca Harry había oído a Remus hablar con rencor acerca de Snape. Quizá por eso se animó a preguntar.

- “Tú no lo odias, ¿verdad?”

- “¿Odiarlo? No, qué va--- no puedo hacer eso, Harry. Aprendí eso en la primera guerra con Voldemort. Todos, amigos o enemigos, somos iguales en el final”

Ambos callaron nuevamente. Harry sí había sentido odio, rabia, deseos de matar a Snape algunas veces, pero en el año anterior, con la guerra encima, había descubierto algunas cosas que jamás pensó. Y ciertamente ya no lo odiaba, aunque era consciente de que Snape sí lo detestaba a él.

- “Pero él los sigue odiando… y Sirius lo odia a él”

- “Dale tiempo a Sirius, Harry. Él es muy vehemente en sus afectos y en sus aversiones, pero también sufrió mucho en Azkaban. Es cuestión de tiempo, creo yo, para que lleguen a tolerarse al menos”

- “¿Lo dices por Hogwarts?”

Remus sonrió.

- “Claro. ¿Crees que a Severus le hará alguna gracia que yo vuelva a enseñar este año y que Sirius me acompañe? Quizá se desquite contigo…”

Harry había pensado también en esa posibilidad y no deseaba imaginar que Snape le haría la vida más difícil. Era como si al saber que Harry lo conocía un poco más a causa de las clases de Oclumancia, su coraza se hubiera hecho más fuerte.

No, Snape no le haría ese año nada fácil.

 

4

”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”


“Él te ama, Severus, pero quizás debas buscar otro amor que calme el dolor que Lucius te ha causado”

Las palabras de Finwe aún hacían eco en sus oídos. Otro amor… ¿cómo podía buscar otro amor cuando lo único que deseaba era volver a ver a Lucius?

Severus se concentró en la poción que estaba preparando. Una poción para dormir sin sueños, justo lo que necesitaba. No era que tuviera pesadillas, era simplemente que no podía dormir. Apenas su cabeza tocaba la almohada, su mente se llenaba de la imagen de Lucius. No podía evitarlo, pensaba en él, en los muchos recuerdos, tristes y alegres que tenía de su accidentada relación con el rubio. Y el brandy ya no ayudaba.

Ahora Lucius estaba en París, con Draco. Cuando el chico le había escrito comunicándole que se iba al día siguiente, Severus se sintió aliviado de que Lucius se preocupara por su hijo, por un momento había temido que el rubio dejara de escribirle, pero Lucius jamás había descuidado a Draco. El rubio no era un buen padre, al menos no en el sentido clásico de las cosas. No era de los que dicen palabras afectuosas, no era cariñoso con Draco, era severo e impositivo a veces, cuando quería que su hijo le obedeciera en todo, incluso era cruel cuando se trataba de un entrenamiento de Duelo y Draco flaqueaba. Pero siempre se preocupaba de que nada le faltase a su hijo. Lucius no era un buen padre según los canones, pero era como los Malfoy debían de ser.

- “Lucius, maldito seas”, susurró Severus echando al caldero el ingrediente final. Se pasó la mano por la sudorosa frente y retrocedió un poco para dejar hervir la poción. Ni siquiera tenia que controlar el tiempo, sabía, por el color del humo, cuando estaría lista. ¿No era acaso el mejor maestro de Pociones?

Hizo un amargo gesto. Claro que era el mejor, debería estar enseñando en una importante universidad, investigando pociones misteriosas para que su nombre se llenara de gloria. Pero no, en cambio, estaba dando clases en un colegio para jóvenes magos, un hato insoportable de críos mediocres y mimados, muchos de los cuales no eran capaces de hacer una poción como Dios manda.

¿Qué diablos hacía allí tanto tiempo? El único en Hogwarts que apreciaba su talento era Dumbledore, sus demás colegas lo reconocían, pero no le daban mucha importancia. Severus no era popular entre ellos y lo sabía, pero no le importaba, prefería, como ahora, encerrarse en su laboratorio particular de Pociones y preparar algo difícil.

La mayoría de estudiantes eran insoportables, con excepción de los Slytherin. Severus siempre se había sentido muy parcializado hacia la que fue su casa cuando era estudiante y que ahora dirigía. Y este sentimiento se agudizó con la llegada de Draco al colegio. El hijo de Lucius siempre lo admiró, eso era evidente en los ojos grises que lo miraban con reverencia y festejaban todas sus crueles bromas hacia los más ineptos, especialmente hacia Neville Longbottom, el desastre más grande que había pisado Hogwarts desde que él tenía memoria.

Quizá fuera el momento de dejar Hogwarts, sentía que se estaba haciendo viejo y estaba hastiado. Faltaban únicamente dos años para que Draco acabara sus estudios y eso era lo único que lo retenía ahora. Y luego buscaría un trabajo mejor.

Hogwarts no era tan malo cuando no estaba lleno de estudiantes. Y el sueldo no era malo en absoluto, pero cada ladrillo y piedra le recordaban inevitablemente a su perdido amor y eso era difícil de soportar.

Y por su fuera poco, ese año tendría nuevamente a “el licántropo que vivió”, de lejos el profesor favorito de todos, por su falsa sonrisa y su fingida inocencia. Incluso Draco había caído ante su encanto y en ocasiones lo mirarlo embobado con una mirada Malfoy que Severus conocía muy bien.

- “Lucifer…”, susurró Severus mientras vaciaba parte de la poción en una pequeña jarra y tapaba luego el caldero. Ese era el nombre que Voldemort le había dado a Lucius en la primera guerra, cuando todos adoptaron nombres de demonios para encubrirse.

Lucifer y Segrael. Sonaba bien, quizá mejor que Lucius y Severus.

El profesor de Pociones limpió cuidadosamente el laboratorio antes de dirigirse con paso cansado a su habitación. Le gustaba la limpieza y el orden y por eso no soportaba cuando los estudiantes dejaban el laboratorio de clases convertido en una calamidad, como si sintieran asco de limpiar lo que ellos mismos preparaban. Como si prefiriesen la magia usando varitas al sutil arte de preparar pociones.

Severus vertió el contenido de la jarra en una taza y la dejó enfriarse mientras se ponía el pijama. Aún tenía en su habitación el espejo que le había obsequiado Lucius, con el marco labrado con serpientes. Un espejo que los había reflejado amándose incontables veces, pero que ahora estaba colgado lejos de la cama. Aún podía verse en la pared la marca de donde había estado antes el espejo, pero Severus no tenía intenciones de volverlo a poner allí, donde su imagen le devolvería a un solitario profesor de pociones, acostado en una enorme y fría cama.

Bebió la poción antes de acostarse. El efecto fue casi instantaneo y cerró los ojos, seguro de tener al fin un bien descanso. Tenía sus ventajas ser un experto en pociones.


5

- “¡Harry, este lugar es fabuloso!”, exclamó Hermione una vez pasada la euforia de los saludos. Se veía radiante, al igual que Ron, que portaba orgulloso una mochila de piel de dragón, evidencia de su reciente viaje a Rumania.

- “Sí… y esperen a que vean la playa de noche, es hermosa”

Hermione y Ron intercambiaron una mirada de complicidad y sonrieron.

- “Harry y Ron dormirán aquí”, dijo Remus levitando la pequeña maleta de Ron hacia la habitación frente a ellos. “Y Hermione dormirá aquí”, continuó, llevando la maleta de ella a la habitación contigua.

- “¿Desean comer algo? ¿Descansar? ¿O prefieren bajar a la playa?”, preguntó Sirius.

- “¡A la playa!”, dijeron los tres al unísono.

- “Bien, nosotros iremos en un momento”

Mientras se cambiaba con Ron, Harry no se sorprendió al saber que la señora Weasley estaba encantada por que Hermione era la novia de su hijo, aunque Tonks seguía sin agradarle para Bill.

Bajaron a la orilla, llevando una sombrilla de vivos colores. Ron estaba sorprendido, no estaba habituado a las cosas de muggles y todo para él era novedad. Se quedó boquiabierto viendo a las chicas en bikini que paseaban por la playa y Hermione le recordó con un pellizco que ella estaba también allí.

Harry plantó la sombrilla y colocaron las toallas en la arena. Ron se tumbó en su toalla sin quitarse la polera. Harry se despojó de la suya y mostró lo que ese mes de sol había hecho con su piel, lucía bronceado y había ganado un poco de peso, e incluso atrajo algunas miradas femeninas.

Pero cuando Hermione se despojó de la polera larguísima que llevaba y se quedó con un diminuto bikini azul, ambos se quedaron mudos de asombro.

- “¡Mione!”, exclamó Ron, “pero… pero…”

- “Ron, así se bañan los muggles. Solo mira a tu alrededor y lo verás”, repuso ella tranquilamente, tumbándose en la toalla junto a Ron, en el sol. “¿Quieres echarme un poco de bronceador en la espalda?”

Ron se puso escarlata, pero obedeció sin chistar. Harry miró hacia el bungalow frente a la playa, buscando a Sirius y a Remus, y sonrió divertido. Allí estaba su padrino, vestido únicamente con un bañador azul y algunas chicas lo señalaron al pasar.

- “¿Cómo te va con ellos?”, preguntó Hermione.

- “Bien. Muy bien”, respondió Harry con entusiasmo, “son las mejores vacaciones que he tenido…”

- “Pero…”, completó Hermione mirándolo a los ojos.

- “Remus no se ha sentido muy bien”, explicó Harry, “estuvo fatal luego de su última transformación y aún no se ha recuperado. Sirius no lo dice, pero se nota que está preocupado por él… por lo demás, estamos bien”

- “No tiene buen semblante”, murmuró Ron mirando hacia el bungalow. Sirius y Remus bajaban ya, tomados de la mano.

- “¿Y ellos… ellos…?”

- “Se abrazan y se besan como cualquier pareja y duermen juntos”, completó Harry sonriente. Ya no se sentía mal por eso, si sus padres lo habían aceptado, él lo hacía también.

- “¿Nadie me acompaña al agua?”, preguntó Sirius quitándose las gafas de sol y entregándoselas a Remus que prefirió recostarse en la arena. Estaba pálido y tenía ojeras, pero sonreía encantado de tener allí a los amigos de Harry.

- “Yo voy”, dijo Ron, decidido a demostrar a su novia que podía adaptarse muy bien a las playas muggles.

 

6

“I look in the mirror and see your face / miro en el espejo y veo tu rostro
if i look deep enough / si miro más adentro
so many things inside / hay demasiadas cosas
that are just like you are taking over / que son simplemente como tú dominándome”


Lucius apuró el paso, cerrando más la mano enguantada en torno a la empuñadura de su bastón. Alguien lo seguía en su solitario paseo por el Bois de Bologne, alguien que no tenía idea de quién era él.

El mago se internó entre los árboles, ocultándose rápidamente para encarar a su perseguidor.

Un muchacho muggle.

El joven de cabello negro y ojos negros, confundido al no ver al hombre que venía siguiendo, giró mirando entre los oscuros árboles.

- “¿Me buscabas, mon cher?”

- “Y-yo…”, balbuceó el joven retrocediendo. Había seguido instintivamente al atractivo y elegante rubio, buscando acaso una aventura furtiva, pero al ser atrapado, se sintió de pronto empequeñecido ante esos ojos grises que lo miraban escrutadoramente.

Lucius lo miró divertido. Ese mocoso muggle tenía la culpabilidad tan pintada en el ruborizado rostro que era cómico. El chico hizo un nervioso gesto y se echó el cabello hacia atrás en un gesto que al rubio le recordó inevitablemente a alguien.

- “¿Me deseas?”, preguntó sin rodeos.

- “S-sí, señor”

El rubio metió la mano en su amplia capa para sacar la varita, pero cambió de idea. Después de todo, ¿por qué no? Ese joven tenía algo del Severus de dieciséis que él había seducido.

- “Vamos. Te seguiré”

Luego de algunas horas, Lucius abrió la puerta del hotelucho de baja categoría donde el muchacho lo había llevado, dejándolo dormido y con un billete de cien francos entre los dedos.

Una vez fuera, respiró el aire puro de la mañana parisina y se dispuso a volver al Hellvétte, hotel de cinco estrellas para magos, donde se alojaba con su hijo Draco. Era irrisorio, por algo similar a lo que acababa de hacer, había reñido severamente a Draco pocos meses atrás.

“Los Malfoy jamás pagamos, Draco. Tampoco nos mezclamos con muggles. Un Malfoy sólo toma lo mejor y siempre es gratis, no lo olvides”

Esas habían sido sus palabras y ahora él mismo se encontraba dispuesto a tragárselas, había hecho algo aún peor, acostarse con un vagabundo que ni siquiera le pidió dinero a cambio, pero él se lo había dado por voluntad propia. Si había tocado fondo, al menos lo haría bien.

Segrael tenía la culpa de todo eso.

Segrael y no Severus, porque él se negaba a llamarlo por su nombre, sinónimo ahora de traición. En su mente, lo llamaba con el nombre que Voldemort le había dado en la primera guerra, el nombre que Severus usaba cuando aún creía en la causa por la que luchaban todos ellos.

Pensó que tenían algo, la semana de Navidad que Severus pasó en su casa, compartiendo su cama, había sido maravillosamente hogareña, algo que el no tuvo jamás. Pero, como todo, terminó también y lo dejó más vacío aún.

Vacío y solo.

Aún recordaba el frío rostro de Severus durante el juicio. Aún recordaba el breve instante en que sus miradas se encontraron y le suplicó que cuidase a Draco. Y eso fue todo, no volvió a verlo nunca más.

Le causó sorpresa descubrir que alguien había sacado su colección de objetos prohibidos de la Mansión Malfoy y supuso que había sido Draco, pero hacía poco se había enterado de que su hijo lo hizo con la ayuda de su ex amante.

- “Segrael…”, murmuró mientras se acostaba.

Amanecía ya y él apenas llegaba a dormir.

Ese había sido su ritmo los últimos tres meses, ahora que las vacaciones de Draco llegaban a su fin. Al día siguiente su hijo volvería a Inglaterra y Lucius partiría a Noruega buscando algo que hacía tiempo su señor le había relatado.

Y si tenía éxito, quizá dejase de soñar con Severus.

- “Ódiame, Segrael. Ódiame por favor, ódiame”, susurró antes de quedarse dormido.

Odio.

Eso era lo que quería. Rencor antes que olvido. Odio antes que esa indiferencia que era agonía. Porque él no odiaba, jamás lo podría odiar.

- “Maldito seas, Severus Snape”

 

7

”I believe in you / creo en ti
i'll give up everything just to find you / daré lo que sea sólo por encontrarte
i have to be with you / tengo que estar contigo
to live to breathe / para vivir, para respirar
you're taking over me / estás dominándome”


Harry dormía inquieto. Era su última noche en la playa, al día siguiente iría con Sirius y Remus al Callejón Diagon y al siguiente día a Hogwarts. No le preocupaba extrañarlos, porque Remus continuaría enseñando “Defensa contra las Artes Oscuras” y Sirius acudiría al castillo las veces que pudiera, ahora que había vuelto a la Escuela de Aurores.

No estaba inquieto por ellos, se había acostado completamente relajado, pero ahora no se sentía así. Jadeaba, respiraba agitado, como si se estuviera ahogando. Abrió los ojos y por un momento le pareció estar sumergido en el fondo del océano. Veía borroso e instintivamente su mano golpeó la mesita de noche buscando sus gafas.

- “¿Harry?”

Ron acababa de despertarse con el ruido y vio a su amigo agitarse en medio de una pesadilla.

- “¡Harry!”

Al ser sacudido con vehemencia, a Harry se le escapó un chillido, pero cuando vio el cabello rojo de Ron y su rostro preocupado, respiró profundamente y se dejó caer de nuevo entre las mullidas almohadas.

- “¡Harry! ¿Qué pasó, Harry?”

- “Shh, Ron o despertarás a todos”, dijo Harry temblando un poco aún. “Tuve una pesadilla--- pero no puedo recordarla bien. Será mejor que tome un poco de leche tibia y vuelva a dormir”

Ambos se levantaron sigilosamente y fueron a la cocina, donde encontraron a Sirius con un vaso de leche tibia en las manos.

- “Moony tuvo una pesadilla”, explicó. “¿Pasa algo?”

- “No”, mintió Harry dando un imperceptible codazo a Ron, “teníamos sed. Vinimos por agua”

- “De acuerdo. Buenas noches”

Luego de que la puerta se cerrara detrás de Sirius, Ron preguntó:

- “¿Por qué no le dijiste?”

- “Ya tiene bastante con cuidar de Remus, Ron. Sólo fue una pesadilla”

Prepararon la leche y Harry volvió a la cama. Minutos después, Ron dormía de nuevo.

El rumor de las olas al golpear las rocas se oía claramente, pero esa noche, el mar no suponía para Harry nada tranquilizador. Sabía que su sueño tenía algo que ver con el mar y en el fondo se alegró de abandonar la playa al día siguiente.


“Taking over me / dominándome
Your Taking Over Me / tu dominio sobre mí
Taking over me / dominándome
Taking over me / dominándome”

 

Capítulo 2: La llamada

“Yeah, we're gonna fight / sí, vamos a pelear
We do it every night / lo hacemos cada noche
Baby, when you scratch / cuando me arañas
You know I'm gonna bite / sabes que morderé
You can make me die / puedes hacerme morir
I can make you cry / puedo hacerte llorar”

Bed of nails – Alice Cooper

 

1

El Anden 9 ¾ estaba tan lleno como siempre que se iniciaba el curso en Hogwarts. Los padres de los estudiantes de primer año despedían a sus hijos, nerviosos y entusiasmados por las historias que se contaban sobre el castillo.

Harry sintió un agradable calor en el corazón al avanzar junto a Sirius y Remus, eran su familia ahora y era grandioso que lo fueran a despedir. Aunque en realidad, Remus iría con él en el Expreso, pero de cualquier modo, era muy bueno ser importante para alguien además de los Weasley.

La señora Weasley los alcanzó en un instante y abrazó a Ginny y a Ron, sus últimos hijos en Hogwarts. Dio algunas recomendaciones de último momento, abrazó a Harry y a Hermione y aguardó ansiosa a que abordaran el expreso.

- “Bueno”, dijo Harry volviéndose hacia Sirius, “adiós, que estés bien”

- “Hasta pronto, Harry. Este fin de semana probablemente los visitaré”

Sirius lo abrazó con afecto y Harry abordó el expreso, alcanzando a sus amigos. Ron y Hermione lo aguardaban en un compartimiento junto a Neville Longbottom. Ginny había ido a otro vagón, con los de su año.

- “¡Hola Neville!”, saludó Harry y se dejó caer en el asiento. Al mirar por la ventana, vio que su padrino y Remus se besaban.

- “¡Por Merlín!”, exclamó una burlona voz en la puerta del compartimiento.

Harry se volvió, sabiendo de sobra a quien pertenecía esa voz.

- “¿Perdiste algo, Malfoy?”, preguntó Ron en tono poco amistoso. Sin Crabbe y Goyle junto a Draco, no temía enfrentársele, aunque el joven Slytherin fuera campeón de Duelo.

- “A decir verdad, vine para ver si era cierto lo que se dice, Potter”, respondió Draco sin hacer caso a Ron, “pero no me respondas. Acabo de comprobarlo”

Harry enrojeció sabiendo que se refería a Sirius y a Remus.

- “¡Lárgate, Malfoy!”, farfulló sin saber exactamente qué más decir.

- “De acuerdo”, dijo amablemente Draco. Pero antes de que se cerrara la puerta, añadió, “¿a cuál de los dos le dices ‘mamá’?”

La maldición que Harry le arrojó sacó chispas de la portezuela.

- “No le hagas caso, Harry”, murmuró Neville, “me alegro de que ahora tengas padres”

La mirada de Harry se ensombreció un poco. Remus le había platicado el estado de los padres de Neville y por un momento ninguno habló. A Harry realmente no le importaba que Sirius y Remus fueran pareja, el shock inicial había sido largamente superado. Sólo tendría que acostumbrarse a que sus demás compañeros lo supieran, dado que ambos parecían decididos a no ocultar más su relación. Luego pensó en lo dicho por Draco y se preguntó, en el hipotético caso de que tuviera que hacerlo, a cuál de los dos podría decirle “mamá”.

Ron se sobresaltó al oír la carcajada de Harry. La elección había sido, obviamente, Remus.

 

2

“Opposites attract / los polos opuestos se atraen
That's the reason why / esta es la razón por qué
No one else could make you feel / nadie más podría hacerte sentir
Like I do, I do, I do / lo que yo, lo que yo, lo que yo
No one else gets that deep inside you / nadie más llega tan dentro de ti
As I do, baby / como lo hago yo”


Draco caminó por el pasillo hacia el último vagón. Luego de la broma a Potter le apetecía estar solo. No era que le molestara que su profesor tuviera una relación con su tío, sólo lo había hecho para molestar a Potter y estaba satisfecho con el resultado. Últimamente su odio hacia quien llamaba despectivamente “San Potter” se había intensificado, sobre todo después de que todos comentaban su nueva situación al haber sido adoptado.

Se sentía solo. En realidad, habría dado su brazo derecho por tener a su padre junto a él, pero solo le quedaba el profesor Snape. Lucius le había anunciado que partía a Noruega y que pronto tendría noticias suyas. Y también que acudiese a Severus en caso de problemas. Draco no entendía por qué a veces su padre parecía odiar a Snape y luego le encomendaba buscarlo sólo a él. Pero no quería pensar más en eso.

Empujó la puerta del último compartimiento y se detuvo, sorprendido.

Remus J. Lupin, la última persona con la que habría querido toparse en un momento vulnerable, dormitaba con el rostro vuelto hacia arriba.

- “¡Draco!”, exclamó incoporándose, “me diste un susto”

- “Hola, profesor… ¿puedo pasar?”

- “Por supuesto. Sólo estoy yo”, sonrió Remus, “vine aquí porque necesitaba un poco de descanso”

- “Está bien”, Draco se sentó, “¿no debería… estar con Potter?”

- “¿Con Harry?”, exclamó sorprendido Remus, “¡Oh, no! Hemos pasado el verano juntos y él debe tener mucho que contarles a sus amigos. No deseo abrumarlo, estoy más tranquilo aquí”

- “Cierto”, murmuró Draco examinando atentamente a su interlocutor.

Remus se veía cansado, aunque feliz. Sus ropas ya no estaban raídas, e incluso su túnica verde olivo tenía una elegante caída, sus zapatos eran de buena calidad, su pantalón tenía un excelente corte y una agradable forma de ajustársele al cuerpo, su…

Draco miró hacia otro lado al toparse con los ojos dorados de su profesor.

- “¿Y cómo estuvieron tus vacaciones?”

- “Bien, respondió lacónicamente Draco, “en París, con mi padre”. No sabía por qué, pero junto a Remus se sentía a veces como un crío de diez años.

Remus le sonrió y le preguntó cortésmente por Lucius, pero Draco no vio falsedad en sus ojos como había notado en otros magos que le preguntaban lo mismo. En Remus, simplemente vio simpatía.

- “Él está bien. Debe ir ahora camino a Noruega… tiene negocios allí”

El mago pálido alzó una ceja. Por lo que la Orden sabía de Lucius, no tenía negocios en Noruega… aunque, conociéndolo, era probable que llamara “negocio” al amante de turno.

- “¿Y tú cómo estás?”, preguntó amablemente y Draco no se sintió incómodo. Remus no era como otras personas que le preguntaban eso por curiosidad morbosa y luego lo compadecían interiormente. Su orgullo Malfoy detestaba eso.

- “Bien… ya sabe. Mi madre se volverá a casar y eso…”

Remus asintió. Había visto a Narcissa en la portada de varias revistas de sociedad, retratada con un joven gigoló francés, guapísimo y apenas un poco mayor que Draco. El joven no llegaría a los veintidós…

- “¿La has visto?”, preguntó con suavidad.

- “No. Sólo una vez… pero estaba con ese. Mi padre dice que acabará con su fortuna en menos de un año y entonces la dejará. No es que me importe mucho, pero es mi madre, ¿sabe?”

El profesor asintió de nuevo, aunque su experiencia con madres difíciles se limitaba a la madre de Sirius, la cual había hecho muchas cosas censurables, pero jamás se había buscado un amante. Y quizá eso fuera el origen de su mal genio.

- “¿Y cómo es?”, preguntó de pronto Draco, “digo, es mi tío y ya no es un presidiario. Resultó inocente y todo eso…”

Remus comprendió que le hablaba de Sirius.

- “Es un buen hombre que fue encarcelado injustamente. Estamos rehaciendo nuestra vida, Draco. Eso es duro a veces. Hay mucho que olvidar y perdonar y su familia, que es también la tuya, le hizo mucho daño”

- “¿Se puede?”, preguntó una voz con acento extranjero y sin esperar respuesta, Andrea Manganelli se dejó caer junto a Draco. “Te estaba buscando, caro mio”

- “Andrea, él es el profesor Lupin. Enseña ‘Defensa contra las Artes Oscuras’”

- “¿De verdad? Encantado”, sonrió Andrea con rostro angelical.

Charlaron brevemente y Remus volvió a adormecerse con el traqueteo del tren. No alcanzó a ver el hambriento beso que Andrea le dio a Draco.


3

Lucius se abrió paso en el bar atestado de marineros. Era consciente de que su elegante vestimenta no podía dejar de llamar la atención en un lugar así, pero no le importó. Avanzaba entre las mesas, atrayendo codiciosas miradas que vagaban desde la empuñadora de plata de su bastón hacia las gemas que remataban los ojos de la serpiente que lo adornaba.

- “¿Buscas algo, extranjero?”, preguntó un altísimo marinero y en un instante Lucius fue rodeado por otros como él que avanzaron amenazadores.

Pero el mago no se amilanó, miró directamente a los ojos a su interlocutor y luego recorrió con la mirada a los otros.

- “Deseo ir a las islas Lofoten”, explicó claramente, con marcado acento inglés.

- “Eso te costará…”, aventuró un marinero extendiendo una fuerte y bronceada mano hacia el bastón.

Lucius lo detuvo con mano de hierro.

- “Apártate, basura muggle”, dijo con calma, pero su voz sonó como un látigazo en medio del silencio que se había hecho.

El marinero retrocedió, pero otros avanzaron.

- “Los extranjeros como tú no son bienvenidos aquí”

- “Te enseñaremos modales”

- “Y quizá, si queda algo de ti, te arrojaremos a la costa de las islas Lofoten”

Lucius no retrocedió un milímetro ante el avance hostil de los marineros. Dentro de la túnica aferró la varita y susurró una sola palabra. “Protecius”

Apenas el primer marinero cogió su túnica, salió expelido hacia atrás por una poderosa fuerza y corrieron igual suerte los que lo imitaron. Finalmente quedó Lucius de pie en medio del bar, desafiante. Su mirada volvió a recorrer a los presentes y se dirigió resueltamente hacia un marinero.


4

- “¡Bienvenidos! Los de primer año, síganme”, tronó la voz de Hagrid mientras todos se bajaban del tren. Su enorme cara se iluminó al ver a Harry y lo saludó agitando las manos.

Harry respondió alegremente el saludo, sin evitar notar que Draco Malfoy caminaba detrás suyo, hacia los carruajes, platicando amenamente con un chico rubio, de luminosos ojos azules.

El Gran Salón estaba radiante como siempre al inicio del curso. En la mesa de profesores estaban todos los viejos conocidos, incluyendo el adusto semblante de Severus Snape, sentado junto a un asiento vacío, destinado seguramente a Remus, y con Sybill Trewlaney del otro lado. Harry compadeció sinceramente al profesor.

La Ceremonia de Selección dio inicio y Harry se unió a la algarabía que recibió a los nuevos Gryffindor. Luego, la profesora Mc Gonagall pidió silencio.

- “Este año tenemos un hecho un poco inusitado. Un nuevo estudiante de séptimo año ha sido admitido en nuestra escuela, y como es tradicional, debe ser colocado en una de las casas. Andrea Manganelli, acércate, por favor”

Andrea avanzó con soltura hacia el taburete donde estaba el sombrero seleccionador. Lo siguió un murmullo de voces, pues su caso era conocido en el Mundo Mágico. El chico había sido juzgado como mortífago, pero a causa de ser menor de edad y por la difícil vida que había llevado, fue enviado tan sólo a un periodo de readaptación y luego a Hogwarts para que culminara sus estudios.

El perfecto rostro de ángel de Andrea atrajo varias miradas de simpatía, e incluso Hermione se encontró deseando que fuera de Gryffindor. Pero apenas el muchacho se puso el sombrero, éste dijo claramente:

- “Slytherin”

Y Severus Snape hizo un exasperado gesto. Bastante tenía ya con Potter y Longbottom en sus clases como para soportar ahora a ese ángel con alma de demonio, porque el profesor de Pociones no se había creído en absoluto la historia que contó Andrea en el juicio.

- “Buenas noches”, murmuró una voz y varios profesores se volvieron a saludar a Remus, que acababa de llegar.

Dumbledore se puso de pie para dar su tradicional discurso de bienvenida, al final del cual, explicó:

- “Este año volveremos a contar con la presencia del profesor Remus Lupin en ‘Defensa contra las Artes Oscuras’ y como saben, el profesor Lupin es un licántropo, por tanto, durante la luna llena será reemplazado por el señor Sirius Black, de la Escuela de Aurores del Ministerio de Magia. Eso es todo, ¡Que empiece el banquete!”

Harry se llevó a la boca una pierna de pollo, pero no pudo terminarla porque sus compañeros de casa comenzaron a acribillarlo a preguntas. Era vox populi que había sido adoptado por su padrino, Sirius Black, quien vivía con el profesor Lupin y eso generó una genuina curiosidad.

Trató de responder lo más escuetamente posible y cuando su mirada se cruzó con Seamus Finnigan, el muchacho miró hacia otro lado.

En la mesa de Slytherin, Draco sonreía burlonamente, con Pansy Parkinson de un lado y Andrea Manganelli del otro.

Ese sería otro año difícil.

 

4

El primer día de clases, Harry se apresuró a llegar al aula de ‘Defensa contra las Artes Oscuras’.

- “Buenos días”, sonrió Remus invitando a todos a pasar a su aula, se acomodó en el escritorio y continuó, “todos nos conocemos ya, de modo que seré breve. Es de dominio público que mi pareja, el señor Sirius Black, ha adoptado a Harry, y que los tres vivimos juntos”, un murmullo apagado se pudo oír y Harry se tornó escarlata, “sólo quiero decirles que eso no cambia las cosas dentro del aula, y que para mí todos ustedes son iguales y serán tratados como siempre. Hecha esta aclaración, creo que podemos comenzar… dime, Seamus”

- “Profesor, ¿por qué el Ministerio permite que lo reemplace un mago sin estudios superiores?”

Remus respondió con calma. Había estado preparándose para lo que vendría y ciertamente en Slytherin había sido mucho peor.

- “El señor Sirius Black fue condecorado con la Orden de Merlín de Tercera Clase por servicios distinguidos al Ministerio de Magia, entre los cuales está haber hallado el contrahechizo para una peligrosa maldición y el haber destruido un arma terrible que empleó Voldemort. Es un mago plenamente calificado que sólo cumple la formalidad de hacer un año en la Escuela de Aurores para poder ser reconocido como tal. ¿Alguna otra pregunta?”

Nadie dijo nada y Remus pudo continuar la lección.

 

5

- “Este año no será fácil en Pociones Avanzadas”, dijo Severus Snape por toda bienvenida a su clase, mientras cerraba la puerta.

Harry evitó mirarlo. El profesor pasó raudamente hacia el estrado, haciendo ondear su negra túnica. Una vez allí, los observó con una mirada hostil.

- “Ustedes están aquí por haber obtenido el puntaje de SOBRESALIENTE en sus exámenes OWL, aunque no me explico la presencia de algunos en esta clase”, espetó mirando fijamente al lugar de Harry. “Sin embargo, también es grato comprobar que personas con verdadero talento se encuentran en este curso”, continuó mirando con aprobación a Draco, que se esponjó en el asiento.

La mirada de Harry vagó por el aula, oyendo a medias la voz de Snape. Era como siempre, un viejo amargado y hostil. ¿Por qué había pensado que ese año sería diferente? ¿Quizá por lo que había visto en las clases de Oclumancia? ¿O por las cosas que Remus le había contado? No, Snape seguía siendo el mismo, lleno de odio y rencor, lleno de…

La clase entera se había quedado en silencio y sintió que Ron lo pateaba ligeramente.

- “¿Y bien, Potter? ¿Sabe la respuesta?”, siseó la voz de Snape, engañosamente suave mientras los ojos negros del profesor parecían traspasarlo.

Harry se puso escarlata. Pero no se dejaría amilanar.

- “¿Podría repetirme la pregunta, por favor?”

Los Slytherin se rieron con ganas y algunos Gryffindor esbozaron sonrisas forzadas, más por el temor a que se les quitara puntos que por burlarse de Harry.

- “¿Repetir la pregunta?”, dijo Snape, casi en un susurro. “¿REPETIR LA PREGUNTA?”, levantó la voz haciendo estremecer a muchos, “Esto no es un curso de kinder, Potter. Es una clase de Pociones Avanzadas. ¿Repetir la pregunta? Draco, ¿tendrías la amabilidad de repetirle la pregunta al siempre perspicaz Harry Potter? De ese modo nadie me acusará de parcialismo”

- “¿Qué sustancias actúan como catalizador para licuar las pociones hechas con ingredientes tales como miembros humanos o de criaturas mágicas?”

Harry quiso sonreír. Lo sabía, naturalmente a causa del relato de Sirius sobre la poción para volverse animago. Trató de que su voz no sonara victoriosa.

- “La sangre de wendigo”

Snape torció la cara. No se esperaba que supiera la respuesta.

- “Diez puntos para Gryffindor por la respuesta correcta”, dijo con tono neutro, “y veinte puntos menos por encontrarse distraído”

Un murmullo de protesta se elevó, pero el profesor no hizo el menor caso y comenzó una nueva explicación, imponiendo silencio. Harry se permitió observarlo mientras Snape hacía que la tiza escribiera en la pizarra los nombres de algunas sustancias para disolver huesos. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué albergaba todo ese rencor hacia cualquier ser viviente que no fuera de Slytherin?

El profesor parecía cansado y tenía enormes ojeras. Estaba pálido y había adelgazado, a juzgar por la caída de la túnica. Parecía que no había dormido bien en varios días, pero en vez de alegrarse por ello, Harry sintió una corriente de solidaridad hacia su profesor, porque él sabía lo que se sentía estar angustiado. Y deseó secretamente poder ayudarlo.


6

“Our love is a bed of nails / nuestro amor es una cama de garras
Love hurts good on a bed of nails / el amor duele mejor en una cama de garras
I'll lay you down and when all else fails / te recostaré y cuando todo lo demás falle
I'll drive you like hammer on the bed of nails / te conduciré como un martillo en la cama de garras”

Esa noche, luego de hacer los pocos deberes que tenía, Harry se quedó pensativo. Seamus no tenía una buena actitud hacia Remus, aunque se había cuidado bien de decirlo frente a él o a Ron, pero pudo oírlo murmurar a Dean Thomas algo sobre su madre indignada por ese escándalo en Hogwarts.

Inquieto e incapaz de dormir, Harry se deslizó fuera de la cama. Todos descansaban y los acompasados ronquidos de Neville eran lo único que se oía en la habitación. Dudando un poco, Harry abrió su baúl y sacó el Mapa del Merodeador y la capa de invisibilidad de su padre.

Envuelto en la capa, recorrió rápidamente los pasillos, esquivando a Filch con ayuda del mapa. No había ya ningún peligro, nada amenazaba el Mundo Mágico y no había razón para no vagar por el castillo de noche, en busca de un lugar tranquilo.

Guardó cuidadosamente el mapa en el bolsillo de la túnica y estuvo de pie un interminable rato junto al muro de piedra de un desierto pasillo. Amaba Hogwarts, cada rincón de él, cada piedra. Era el lugar donde más feliz había sido y el lugar que le recordaba a su padre, cuyos pasos habían recorrido los mismos pasillos secretos que él recorría ahora.

Sintió un impulso de visitar la Torre de Astronomía. Estaba cerca y momentos antes había visto a Filch muy lejos de ese lugar, de modo que no sacó de nuevo el mapa. Se deslizó despacio y ascendió por las interminables escaleras de piedra, deteniéndose ocasionalmente para recuperar el aliento.

Un jadeo lo hizo detenerse. ¿Tanto se había fatigado? Pero no, no brotó de su garganta, él apenas tenía la respiración agitada. Escuchó atentamente, pensando que podía tratarse de su imaginación o quizá de Peeves jugándole una broma.

“First we're gonna kiss / primero nos besaremos
Then we're gonna say / entonces diremos
Dirty little words / pequeñas palabras sucias
Only lovers say / que sólo los amantes dicen”


Y entonces lo volvió a oír.

- “Muévete más, putito”

Se quedó paralizado. Había llegado a la puerta del observatorio, pero no estaba cerrada, sino entornada. Y la voz había salido de allí.

Un lastimero gemido desgarró el silencio de la noche y Harry avanzó con la varita en alto, dispuesto a enfrentarse con quien estuviera dentro.


“Rockin'thru the night / meciéndonos a través de la noche
Rollin'on the floor / rodando en el piso”

- “¡Más, Draco!, más adentro, caro mio”, jadeó de nuevo la voz, “desgárrame… así… así…”

La varita cayó de la mano de Harry y sus ojos desorbitados contemplaron a Andrea Manganelli, desnudo y de cuatro patas en el suelo de piedra, moviéndose frenéticamente mientras era penetrado por Draco Malfoy, igualmente desnudo y con un pequeño látigo en las manos.

- “Estás muy apretado, putito… debes haberme extrañado, te abriré el culito para mi”, jadeó Draco retirándose a medias del cuerpo de Andrea y enterrándose de nuevo.

- “Más, más”

El sonido de la varita al caer hizo que Draco se volteara. Harry se había quedado completamente inmóvil, incapaz de huir.

“When they hear us screamin' / cuando ellos nos oigan gritar
They'll be breakin'down the door / romperán la puerta
No one else could make you feel / nadie más podría hacerte sentir
Like I do, I do, I do / lo que yo, lo que yo, lo que yo
No one else gets that deep inside you / nadie más llega tan dentro de ti
As I do, baby / como lo hago yo”

Andrea volteó también.

- “Eh, Potter, ¿quieres unirte a la fiesta?”

Harry recogió como pudo la varita y retrocedió, cerrando violentamente la puerta. Corrió escaleras abajo con el sonido de la risa de Draco aún martilleándole los oídos y con la visión que acompañaría luego muchas de sus noches, grabada nítidamente en su cerebro.

 

7

- “Hacia estribor”, ordenó Thor Larsen, el muggle alto que capitaneaba el barco donde iba Lucius.

Estaban en medio de una terrible tormenta, con las olas elevándose y golpeando la cubierta de la nave que se agitaba como una pluma flotando entre las aguas.

El barco cambió de rumbo y Larsen estudió atentamente al enigmático hombre que había contratado sus servicios el día anterior. “Lléveme hacia un maelstrom y lo haré rico”, fue todo lo que dijo en el bar y Larsen no pudo resistir esa voz que se le antojó mágica. Y no podía resistir ninguna de sus órdenes, ese hombre lo hechizaba. Ese era el efecto de la Maldición Imperius.

- “¿Señor Malfoy?”, gritó Larsen acercándose solícitamente ante una seña del mago, que permanecía quieto como una estatua, sin el menor asomo de temor.

Lucius, en medio de la tormenta, señaló hacia delante con su mano enguantada. Allí, a casi un kilómetro, se veía moverse algo.

Lo habían encontrado.

El maelstrom o vórtice de agua, se formaba cerca de ellos.

- “¡Excelente! Podemos acercarnos un poco más sin peligro de ser absorbidos”, exclamó Larsen dispuesto a dar las órdenes.

- “Deseo ir hacia él”, dijo Lucius en un tono que no admitía réplica.

Larsen no supo cómo, pero momentos después, tanto él como su tripulación enfilaban directamente hacia el maelstrom.


7

- “¡Moskoe-strom!”, gritaron algunas aterrorizadas voces, pero era imposible ya cambiar de rumbo. Algunos marineros se aferraron a los mástiles, otros se ocultaron en el castillo de proa.

Lucius permaneció de pie, como si sus pies tuvieran un imán que lo sujetaba a la cubierta. No parpadeaba, miraba hacia el centro del remolino, como si esperara algo.

Los rayos iluminaban ocasionalmente el agitado mar y el estruendo de los truenos impedía oír los gritos desesperados. Una gigantesca ola golpeó la bovedilla del barco y lo alzó en imposible altura.

Y luego siguió la caída.

Antes de sumirse en las fauces del abismo, Lucius, imposiblemente de pie en la proa del barco, alzó los brazos e inició la invocación que citaba el Libro Maklu.

“..¡Oh tormentas destructivas y vientos malignos
en el nombre de la Ráfaga Maligna, Heraldo de la Tormenta Mortífera
venid, oh niños poderosos de los Antiguos
Heraldos de la Pestilencia...!.
Os invoco
Recordad que nuestra vida es agua que corre
No agua quieta
porque esta última es el lugar donde florece Balor y sus criaturas
son vástagos de Ellos”

La voz de Lucius se impuso entre las agitadas aguas y el remolino giró locamente. Algunos hombres no pudieron sujetarse más y cayeron al centro mismo del vórtice.

Pero el barco se detuvo.

Suspendido en medio del remolino, que giraba a su alrededor, el barco comenzó a descender.

Algunos gritos horrorizados de los marineros alertaron a Lucius de que su invocación había tenido éxito. Varios enormes seres con las cabezas alargadas y los miembros deformes, rodearon el barco.

Eran los Fomors, antigua raza celta que moraba bajo la isla de Lochlan, en Irlanda. Los señores del océano, como los llamó la Antigua Raza, podían ser invocados durante los más terribles fenómenos acuáticos y podían recorrer en minutos enormes distancias bajo los abismos marinos.

Lucius estaba seguro de que su señor también había recordado a los Fomors cuando fue devorado por el Támesis.


8

- “¡Ahhhhhhhh!”, gritó Harry sintiendo que se hundía velozmente en un abismo oscuro que giraba locamente.

Había agua por todos lados y pudo oír gritos aterrorizados en un idioma extraño. Una voz familiar se impuso ante los gritos, entonando un extraño cántico.

- “¡Nooooo!”

Extrañas formas lo rodeaban, extendiendo sus manos deformes en dirección a él.

- “¡Harry! ¡Harry, despierta!”

Abrió los ojos abruptamente, con el sobresalto que sigue a todas las pesadillas, cuando por fin entendió que estaba en su cama en Hogwarts y que Ron y Neville lo estaban zarandeando.

- “¿Qué pasó?”

- “Gritabas algo de hundirte”

Harry se dejó caer en la almohada, con el corazón martilléandole aún.

- “Tuve un mal sueño”, explicó tratando de que la voz le sonara firme. “Estoy bien”

Dean y Seamus se acercaron también a la cama.

- “¿Qué clase de sueño?”

Harry intentó aclarar sus ideas, pero las imágenes del sueño se desvanecían esquivas, cuando trató de evocarlas nuevamente.

Tranquilizó a sus amigos y volvieron a la cama, pero él se quedó despierto, tratando de recordar su sueño. Y la voz que oyó, sabía que era de alguien que conocía, pero en ese momento no podía determinar de quién.

No durmió nada más aquella noche y al día siguiente en clases, pudo comprobar por el rostro cansado de Remus que él tampoco había descansado bien. Pero no le preguntó ni le relató su sueño, no quería parecer un adolescente asustadizo ante el segundo mago que había sobrevivido la maldición “Avada Kedavra”.

 

Capítulo 3: Despertar

“I can't run anymore, / no puedo correr más
I fall before you, / caigo delante de ti
Here I am, / aquí estoy
I have nothing left, / no he dejado nada
Though I've tried to forget, / Aunque he tratado de olvidar
You're all that I am, /Tú eres todo lo que soy
Take me home, / llévame a casa
I'm through fighting it / estoy luchando”

October – Evanescence

 

1

La bestia marina gruñó inquieta al tomar la enorme esfera en su boca y Lucius estremeció imperceptiblemente, sin que su rostro mostrara ningún temor. Había invocado a los fomors y les pidió llevarlo hacia Balor, llamado “El del ojo diabólico”, su gobernante, quien jamás se desplazaba demasiado lejos de la isla de Lochlan, en Irlanda. Uno de los seres le dijo que sería llevado a la presencia de Balor y lo rodeó de una espesa burbuja de aire en forma de esfera. Era una magia muy antigua y poderosa, Lucius no se creyó capaz de poder romper la burbuja. Aún así, no mostró miedo alguno, les enseñaría de qué estaba hecho un mago como él.

Pero cuando apareció el leviatán y cogió la esfera que contenía a Lucius en sus fauces, el mago se sintió indefenso. Una sola mordida hubiera bastado para desaparecerlo. Era la primera vez que contemplaba una bestia semejante, y si bien antes había montado bestias aladas, una cosa era volar sobre ellas y otra muy distinta, viajar en su inmundo hocico.

El barco muggle que lo condujo al maelstrom fue engullido por el abismo y sus hombres ofrendados para aplacar la furia del océano. Los fomors viajaban montados en leviatanes, eran un total de quince y se desplazaban a vertiginosa velocidad, formando una corriente submarina tan fuerte que Lucius estuvo seguro de que eso daría qué hablar en el mundo muggle, y quizá en el mágico.

Perdió la noción del tiempo en aquella loca carrera submarina, viendo las temblorosas fauces de la bestia que amenazaban cerrarse sobre él en cualquier momento. Si lo hacían… nadie sabía dónde estaba, únicamente le dejó a un muggle, que sometió con la Maldición Imperius, dos cartas. Una para Draco y otra para Severus. El muggle tenía órdenes de enviarlas si Lucius no aparecía en tres días.

Severus… aún en ese instante pensaba en él, pero ya no con amargura, sino la serenidad del que sabe que puede morir de un momento a otro y está en paz. Severus no entendería, él no fue escogido como Lucius para servir a su señor. Severus no le guardaba a su señor la misma lealtad, lo había vendido a Dumbledore. Severus no era un Malfoy. Pero lo amaba. Siempre lo amaría.

La bestia se detuvo. Parecía un siglo, pero en realidad habían pasado cinco minutos. La burbuja se disolvió y Lucius se encontró frente a varios fomors. Uno de ellos tenía un ojo cerrado, el “Ojo maligno”. Lucius supo que se encontraba ante Balor.

- “Oh, señor de las profundidades, invoqué a los tuyos para implorar tu ayuda”, exclamó Lucius en la Antigua Lengua, con los brazos extendidos, inclinándose luego como se hace ante un dios.

- “Levántate, mortal, y dime ¿has venido por aquél que yace en las sombras?”

Lucius se irguió. Dos fomors se apartaron, permitiéndole ver lo que sus cuerpos ocultaban. A varios metros, junto a un muro tallado, se encontraba un enorme tanque lleno de un líquido verdoso, y dentro de él, estaba lo que quedó de Voldemort. Dos ojillos intensamente rojos lo observaron.

“Broken, / roto
Lifeless, / sin vida
I give up, / me rindo
You're my only strength, / eres mi única fuerza
Without you, / sin ti
I can't go on, / no puedo seguir
Anymore, / nunca más
Ever again. / no más.”


El mago miró el desgarrado cuerpo. Comido por los peces, pensó. Voldemort había tardado en invocar a su vez a Balor, pero el líquido en el cual se encontraba logró sanar parte de sus miembros, dejando al menos ocultos los órganos vitales.

- “Mi señor”, dijo Lucius inclinándose profundamente hacia el tanque. Luego se volvió hacia Balor, pero los ojillos rojos no lo perdieron de vista.

- “Él es mi señor, ¡Oh, Balor! Agradezco que lo hayas mantenido con vida y te suplico me dejes llevarlo conmigo”

Balor lo examinó intensamente. Su único ojo pareció traspasarle el alma misma y Lucius dejó que viera que sus sentimientos eran sinceros, consciente de que si el señor de los Fomors abría el otro ojo, moriría.

Lucius le permitió leer su lealtad y temor a Voldemort, su ambición y orgullo que no habían disminuído, su amor por su hijo Draco, su odio hacia los muggles. Pero ocultó cuidadosamente su amor por Severus. Si antes había resistido el escrutinio de los ojos de Voldemort, esta vez lo hizo también ante Balor.

- “Eres sincero, mortal, aunque tu alma oculta un secreto que será terrible y devastador para los tuyos. Mas tus sueños y anhelos no me interesan. Puedes llevarte a tu señor si logras superar una prueba, ésta se llevará a cabo mañana. Descansa ahora”

El mago se inclinó nuevamente ante Balor y luego fue conducido a un lujoso aposento. No sabía en qué consistiría la prueba, pero estaba dispuesto a superarla…. Voldemort se veía indefenso, pero bastante bien conocía él el brillo de esos ojos, y mientras brillaran así, habría esperanza. No volvería a abandonarlo.

Durmió inquieto, preguntándose cómo el agua no invadía el palacio marino de Balor, tuvo pesadillas en las que era devorado por el abismo, pero al día siguiente, se presentó sereno ante los fomors, que lo llevaron junto a una enorme piscina. Balor habló.

- “Mortal, debes derrotar a Luagh, señor de las serpientes marinas. Si lo haces, su sangre servirá para que tu amo recobre las fuerzas. Si fracasas, te devorará”

- “Estoy dispuesto”

- “Come esto entonces, su efecto durará quince minutos. Es el tiempo que tienes para luchar”

Balor extendió a Lucius algo que parecía ser branquialgas y el mago las introdujo prontamente en su boca. También le dieron una espada, y armado con ella y con su varita, se desnudó y entró resuelto a la piscina.

Algo lo golpeó enviándolo lejos. Era la cola de una serpiente marina, la más grande que Lucius había visto jamás. Más grande incluso que el temible basilisco del que sólo tenía los relatos de su señor.

La lucha fue terrible, pero los reflejos del antiguo duelista seguían presentes. Esquivó a la serpiente y logró cegarla con la espada. La bestia, enloquecida de dolor, arremetió contra él, pero en su furor, era torpe y el mago pudo atontarla con dos potentes maldiciones. Luego de eso, le atravesó el cerebro con la espada, tiñendo el agua de rojo.

Lucius salió de la piscina tambaleándose y cayó de rodillas ante Balor. No había tenido tiempo para notar que usó la misma estrategia que Potter al vencer al basilisco.

Cuando despertó, estaba vestido, recostado en un lecho y junto a él se encontraba el tanque que contenía a su señor. Se inclinó a medias para observarlo y sólo entonces notó que había un segundo ocupante dentro del tanque. Cabellos negros, ojos fríos y fijos, cerrados ahora quizá para siempre.

- “Bella”, susurró conmovido. No había pensado que ella sobreviviera.

Se levantó de nuevo y dos silenciosos fomors los sacaron de allí. Algo lo adormeció profundamente, y cuando despertó, se encontraba en las costas de la principal de las islas Lofoten, con el tanque que contenía los cuerpos junto a él.


2

Era viernes y último día de clases de esa semana. Harry platicaba amenamente con Ron y Hermione acerca del inicio de los entrenamientos de Quidditch.

- “Angelina escogerá a los nuevos integrantes del equipo que reemplazarán a Fred y George. Ron, ¿por qué no lo intentas?”

- “No lo sé…”, repuso dubitativo Ron.

- “Debes hacerlo, Ron. No pierdes nada”, lo animó Hermione.

- “Ya lo creo que debes”, intervino una suave voz y los tres sonrieron al ver a Remus junto a ellos. “Siento interrumpir, deseaba invitarlos a tomar el té esta tarde, en mi despacho”

El té transcurrió en una animada conversación acerca de los demonios del mundo antiguo. Remus no se veía tan cansado y estaba alegre. Harry creyó adivinar el motivo, al día siguiente, Sirius vendría a Hogwarts.

Pero estaba equivocado, mientras Harry probaba un bollo relleno de crema, Lancelot, la lechuza de Sirius, tocó la ventana. Remus se apresuró a abrirle, pero luego de que leyó el mensaje, su rostro cambió.

- “Sirius no vendrá. Lo envían a Noruega”, explicó, tendiéndole la carta a Harry. “Supongo que eso es bueno, lo están enviando a una misión como un auror calificado”, sonrió tratando de animarse.

Harry tomó la carta y leyó en voz alta:

“Queridos Moony y Harry:

Lamento no poder acudir este fin de semana a Hogwarts, en unos minutos salgo para Noruega, se ha reportado un extraño fenómeno marino y la pérdida de un barco muggle con toda su tripulación. El Ministerio de Magia de Noruega no cuenta con personal calificado y nos ha pedido ayuda. Al parecer sus instrumentos detectaron el uso de magia negra en el lugar donde desapareció el barco.

Es todo lo que sé. Los mantendré informados.

Viajo con Luziel, es el más joven de los aurores y estaba en el escuadrón del auror-maravilla. Te envía saludos, Moony.

Los ama,

Sirius”


- “Espero que al menos haya vuelto para su cumpleaños”, dijo Remus, “¿Alguien desea chocolate?”

Ron aceptó el ofrecimiento y cambiaron de tema, tratando de que Remus se sintiera mejor. Harry no pudo evitar recordar que cuando celebraron el cumpleaños de Remus, el 20 de julio, y el suyo, el 31, Sirius les dijo que quería estar sólo con ellos dos en su próximo cumpleaños.


3

“My only hope, / mi única esperanza
(All the times I've tried) / (todas las veces que he tratado)
My only peace, / mi única paz
(To walk away from you) / (para caminar lejos de ti)”


Severus estaba de malhumor. Su rostro más cetrino de lo normal así lo delataba. Había vuelto a soñar con Lucius y lo último que necesitaba era tener clase con séptimo año. No soportaba ver el rostro de Manganelli, que le recordaba como una bofetada a su ex amante.

- “Hoy prepararemos una poción especial, capaz de permitir que sus cuerpos atraviesen superficies sólidas, pero por un breve periodo de tiempo”, explicó la engañosamente suave voz de Severus a su atenta clase.

- “¿Quiere decir que seremos fantasmas?”, preguntó Andrea con los ojos brillando de emoción”

- “Quiere decir, Manganelli”, dijo lentamente Severus, “que sus cuerpos podrán atravesar superficies sólidas, como lo haría un fantasma. Pero el efecto sólo es por media hora. Considerando, claro, que lo puedan hacer bien.”

Odiaba al mocoso.

Ralph Carter, de Gryffindor, alzó temerosamente la mano.

- “¿Qué ocurrirá si no sale bien?”, se atrevió a preguntar.

Severus avanzó hacia el centro del aula, para que todos pudieran oír bien sus palabras.

- “Podrían quedar en estado coloidal, es decir, como una enorme gelatina, hasta que la poción deje de hacer efecto. O podrían quedar como un sólido bloque de roca si equivocan las cantidades de los ingredientes. Las instrucciones están en el pizarrón”

La varita de Severus hizo que se dibujaran rápidamente las instrucciones, ingredientes y cantidades precisas para preparar la poción. Nadie perdió el tiempo, todos empezaron a trabajar.

Severus se paseó por el aula, dando ocasionales recomendaciones a los Slytherin acerca del modo de preparar sus ingredientes e ignorando olímpicamente a algunos Gryffindor que le suplicaban con la mirada que los ayudase.


My only joy, / mi única alegría
My only strength, / mi única fuerza
(I fall into your abounding grace) / (caí en tu inmensa gracia)


El último banco estaba ocupado por Andrea, que trabajaba solo, muy atento a los ingredientes que vertía en el caldero. No levantó la vista cuando Severus estuvo a su lado.

El profesor lo miró con mal disimulada hostilidad. Ese era el querubín que le había calentado la cabeza a Lucius en los últimos tiempos, cuando dejaron de dormir juntos. Ese mocoso bello y lleno de vida se había ganado la simpatía de los otros profesores, pero a él no lo engañaba. Conocía bien esa mirada, Andrea jamás dejaría de ser un mortífago.

Pero no era eso lo que más le molestaba. Le molestaba su belleza. Por eso, cuando Andrea frunció levemente la nariz al picar un hígado crudo de gallina negra, ayudado de unas pinzas, Severus no pudo soportarlo más. Le irritaban los remilgos, él jamás los había tenido y no admitía que los estudiantes los tuvieran.

- “Manganelli, ese hígado está mal picado. No quedará igual si lo coge con las pinzas, debe tomarlo con las manos”

El muchacho hizo una mueca de asco y puso el trozo de hígado sobre la tabla de picar, lo sujetó de nuevo con las pinzas y empuñó el estilete. Pero la firme mano de Severus le quitó las pinzas.

- “He dicho con las manos”

Andrea respiró hondo y luego de dirigirle a Severus una mirada de odio visceral, tomó el hígado con las manos y procedió a cortarlo.

Pero Severus no se quedó tranquilo. Cuando se alejaba, sus finos oídos acostumbrados a detectarlo todo en el aula, captaron un susurro, “viejo amargado”, que provenía del lugar de Manganelli. El profesor caminó de nuevo hacia el centro del aula y anunció, con voz que no admitía protesta alguna.

- “Manganelli será el primero en probar su poción en frente de la clase. Si sobrevive, se quedará limpiando los calderos”

La horrorizada mirada de Andrea fue su recompensa. El chico se miró las manos sucias de sangre. ¿Qué habría hecho Lucius en su lugar? Severus no pudo evitar sonreír cuando la respuesta llegó a su cerebro. “Lucius hubiera conseguido que otro corte el hígado para él”

“My only power, / mi único poder
My only life, / mi única vida
(And love is where I am) / (y amor es donde estoy)
My only love. / mi único amor”


4

El fin de semana pasó antes de lo que Harry imaginaba, entre deberes y visitas a Remus que se veía preocupado. El domingo por la tarde en la habitación de Remus, mientras tomaban una taza de chocolate caliente luego de la cena, el hombre decidió contarle a Harry lo que le inquietaba.

- “Harry, ¿recuerdas a Kingsley? Me ha escrito”

Mala forma de iniciar esa conversación. Harry recordaba muy bien al traidor que estuvo a punto de quitarle la pareja a su padrino.

- “¿Ese tipo? ¿Y qué quiere?”

- “Kingsley es un buen amigo mío, Harry”, aclaró Remus, “dice que ha ocurrido algo grave en las profundidades del océano. Una extraña corriente proveniente de Noruega llevó peces nunca antes vistos a las costas de Jamaica, y al consultarles a las sirenas, éstas respondieron que se había hecho un pacto y que una serpiente había sido enviada a la tierra”; Remus hizo una pausa sin quitar la vista de los ojos de Harry, “Hace un tiempo tengo sueños extraños, sueño con agua. Harry, ¿no tuviste una pesadilla el martes? ¿un remolino gigante que te atrapaba?”

Harry miró a Remus en silencio por un momento. Luego dijo bajito, como para sí mismo:

- “Sí. He soñado con agua”

- “Debiste decírmelo antes”, dijo Remus, pero no había reproche en su voz, sólo preocupación.

- “Remus, ¿tú crees que…?”, dejó sin acabar la frase, pero Remus entendió.

- “No lo sé… pero quizá esto esté relacionado con el fenómeno que Sirius investiga. A su regreso se lo diremos y los tres decidiremos qué hacer”

Harry sonrió. En esas cosas, Remus siempre lo hacía sentir como una familia.

- “Harry…”

Lo interrogó con la mirada.

- “¿Cómo van las cosas con Snape?”

- “Bien”, dijo escuetamente, “bueno, casi como siempre. No ha empeorado si a eso te refieres”

- “Es un alivio. Manganelli se ha quejado de él, dice que lo castiga excesivamente”

- “¿Manganelli?”, por un momento, Harry estuvo a punto de contarle a Remus lo que vio, pero optó por esperar y contárselo también a Sirius.

- “El chico italiano, el nuevo”, explicó Remus, “el que fue mortífago”

- “¿Se quejó con Dumbledore?”

- “Oh, no. Le tiene mucho miedo a Severus aún. Se quejó conmigo ayer, tenía las manos ampolladas por lavar calderos”

- “A mi me han castigado así con frecuencia”, dijo Harry mostrando sus manos, “nunca se me han ampollado, Manganelli debe tener las manos muy delicadas”

La risa de ambos puso fin a la conversación, pero esta no quedó olvidada. Esa noche, Harry volvió a soñar con Draco y Andrea y despertó malhumorado. En el Gran Salón, a la hora del desayuno, ambos lo miraron burlonamente.

“Creen que los delataré”, se dijo Harry, “y no les importa”. Revolvió con furia su avena, “pero no les daré el gusto, haré como que no existen”.


5

Pero la resolución de Harry no duraría. El martes por la mañana, apenas entró al aula de “Defensa contra las artes oscuras” con su grupo de Gryffindor, se encontró con una fría y burlona mirada.

Draco Malfoy, al igual que todos los de su casa, se encontraba allí.

- “Buenos días”, saludó Remus sonriente, “me he tomado la libertad de invitar a sus compañeros de Slytherin a esta clase, dado que mañana tengo permiso del Director. Por favor siéntense en el ala derecha”

Harry balbuceó un “Buenos dias” y se sentó en el primer asiento libre que encontró. Para su mala suerte, estaba justo frente a Draco. Trató de no mirarlo y concentrarse en la clase y el lo que había dicho Remus. ¡Claro! El miércoles era cumpleaños de Sirius, eso sólo podía significar que su padrino estaba de vuelta. Una sonrisa se dibujó en su rostro y cuando su mirada se cruzó con la del profesor, la alegría en los ojos de éste le confirmaron lo que acababa de deducir.

- “Estudiaremos a los demonios. Existen varios tipos de estas criaturas, asociados con los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Pero antes de continuar, ¿quién me puede decir qué es un demonio?”

Hermione, como siempre, alzó la mano.

- “Un demonio es un espíritu de bajo nivel, que interactúa con el mundo físico. Se cree universalmente que los demonios existen en variedades numerosas y que pueden ser enteramente buenos, enteramente malos o capaces de ambas cosas (el mal y el bien). Pueden ofrecer consejo y ayuda o pueden ser responsables de la mala suerte, las enfermedades y la muerte”

- “¡Excelente, Hermione! Diez puntos para Gryffindor. Ahora… ¿algo más Draco?”

Harry se volvió. Draco estaba levantando la mano con aire seguro.

- “Los demonios pueden ser llamados, controlados o arrojados por adeptos calificados, como un sacerdote, mago, hechicero o shamán. Demonio significa "lleno de sabiduría" y se deriva del griego daimon que se traduce como "poder divino", "destino" o "dios". “

- “Excelente”, sonrió Remus antes de que Draco tuviera ocasión de continuar alabando a los demonios, “diez puntos para Slytherin”

Draco sonrió ufano y Harry miró hacia otro lado. Claro que tenía que saber la respuesta, estuvo a punto de ser un mortífago. Y Manganelli FUE un mortífago y acaso lo seguía siendo, porque lo que vio esa noche sólo podía ser propio de mortífagos. Trató de evitar pensar en eso, pero sin éxito. La imagen de los dos volvió a llenar su mente en esa escena asquerosa que le tocó presenciar.

Asquerosa, sí. Esa era la palabra exacta. Malfoy era un degenerado y Manganelli no se quedaba atrás, eso no podía ser amor, sino puro sexo animal. Eso jamás sería como lo que tenían Sirius y Remus.

Pero no lo entendía. No entendía cómo dos personas podían entregarse así y luego actuar como si nada ocurriera. Aunque no le pareció que Malfoy estuviera obligando a Manganelli, éste se veía muy a gusto. Harry enrojeció muy a su pesar, todos los mortífagos eran unos degenerados.

Eso le llevó a pensar inevitablemente en Snape y su rostro se tornó aún más escarlata. Imaginó a Snape en el lugar de Malfoy y sintió deseos de vomitar.

- “Los ritos demoníacos están asociados a las prácticas sexuales desenfrenadas”

Sí, eso era. Sexo desenfrenado, como las ceremonias de bautizo de mortífagos de las cuales Sirius tenía noticias por relatos de desertores.

- “Los demonios se sienten complacidos con ofrendas de sangre, semen u otros fluidos derivados de dichas prácticas orgiásticas…”

Una orgía. Sí, quizá Snape hubiera participado en orgías como esa. Era un degenerado, igual que todos. No tenía caso pensar en él como ser humano. No lo era, eso estaba claro.

- “Los íncubos son demonios que atacan sexualmente a las mujeres o a los hombres. En el folclore europeo medieval, el íncubo es un demonio masculino que busca el trato carnal con las mujeres mientras duermen. Según la leyenda, el íncubo y su contraparte femenina, el súcubo, eran ángeles caídos...”

De pronto la mente de Harry se llenó de la imagen imaginaria de un íncubo.

Con el rostro de Draco.


6

El miércoles por la mañana, en el desayuno, Harry recibió una nota que decía simplemente: “Ven a mi habitación después de clases. Remus”

Y eso fue lo que hizo. A las seis, que por fin quedó libre, se duchó y se dirigió a la habitación de Remus, en el pabellón de profesores, preguntándose cómo sería la de Severus y si en realidad quedaría en las mazmorras como se decía.

Llamó a la puerta y no se sorprendió de que le abriera Sirius, con el cabello húmedo y el rostro radiante.

- “¡Hola!”, exclamó con alegría abrazando a su padrino que celebraba su cumpleaños número treinta y ocho. “¡Feliz cumpleaños!”

- “Gracias, Harry”, respondió Sirius muy alegremente, “llegué anoche y he pasado un día fantástico con Moony”

Harry sonrió, sabía muy bien lo que eso significaba. Entraron y Harry se acomodó en uno de los sofás del recibidor de Remus. El mago pálido salía de su habitación en ese momento, con el cabello húmedo y un rostro alegre y despreocupado.

- “¡Ah, Harry! Veo que terminaste temprano. Me alegra, porque quería que estés tú para poder darle su regalo a Sirius”

- “¡No me lo quiso mostrar antes, ni siquiera me dio una pista!”, protestó Sirius mientras Remus traía el envoltorio.

- “Lo escogimos antes de venir a Hogwarts, en el Callejón Diagon. Y llegó hace dos días”, sonrió Remus.

Sirius palpó el envoltorio macizo y quitó el papel de regalo, ahogando una exclamación al descubrir una fabulosa espada, con la empuñadura labrada primorosamente y con un topacio dorado como incrustación. El labrado mostraba un perro, un lobo y sobre ellos, un águila.

- “Es el símbolo que Harry escogió”, explicó Remus, “quería que nos tuvieras a los tres”

- “Es la espada más magnífica que he tenido, y me vendrá muy bien ahora que las prácticas han comenzado”

Sirius besó a Remus con afecto y abrazó a Harry. Luego se sentaron a charlar tranquilamente del viaje de Sirius y Harry notó que su padrino no le había relatado nada de eso aún a Remus. Se veía que habían estado ocupados en otra cosa.

- “En Noruega son frecuentes los maelstrom, pero jamás uno de ellos ha alcanzado la potencia del que fui a investigar. Se tragó un barco de 80 toneladas, no quedó nada de él. No hay más pistas, solo las grabaciones de los aparatos del Ministerio de Magia que indicaron el uso de magia negra, probablemente la invocación a alguna especie de demonio marino”

- “¿Pistas?”, preguntó Remus mientras servía café para Sirius, té para Harry y chocolate caliente para él mismo.

Sirius lo miró con aire de entendimiento.

- “Un hombre rubio y guapo, vestido de negro, él alquiló el barco y contrató a la tripulación. Se presume que desapareció con todos, pero como no se encontró rastro alguno de nada, no se puede asegurar que fuera así”

- “Malfoy está en Noruega. Draco me lo dijo”, explicó Remus y luego le tendió la carta de Kingsley.

Ambos magos intercambiaron una preocupada mirada. Luego Sirius fue informado de las pesadillas de Harry.

- “¿Qué significa esto?”, preguntó éste, “¿acaso creen que Voldemort está vivo?”

- “Todo es posible, Harry”, repuso Remus, “no puedes negar que todo apunta a eso, incluso la mención de la serpiente”

Luego de una breve discusión, los tres acordaron que Remus se lo diría a Dumbledore al día siguiente y mientras tanto, se olvidarían de Voldemort y celebrarían el cumpleaños de Sirius.

El viejo mago también le había dado a Sirius su regalo: una puerta, que tenía la forma de una cadena de oro, y que al frotarla le permitía trasladarse desde Grimmauld Place hacia Hogwarts y viceversa.

Eso fue lo que hicieron y horas más tarde, en un lujoso restaurante del Londres mágico, cenaban alegremente, comentando el próximo partido de Quidditch.

- “Y espero que este año también gane Gryffindor”, declaró Sirius categóricamente.

- “Me encargaré de que así sea”, prometió Harry.

- “¿Cómo va el juego de Malfoy?”, preguntó Remus provocando que Harry casi se atore con un caracol.

- “No lo he visto entrenar”, respondió escuetamente Harry y comenzó a revolver su plato, sin tocar la comida. Se hizo un silencio y cuando levantó la vista, notó que los dos adultos lo observaban atentamente.

- “¿Ha ocurrido algo?”, preguntó suavemente Sirius, “¿Malfoy te ha molestado?”

- “No. No es eso”, repuso Harry, “es que vi algo que no debí ver. Quería hablarles de eso. Como familia”, dijo en clara alusión de que Remus debía olvidarse de que era profesor.

- “De acuerdo, Harry. Puedes decirnos lo que sea”

Harry tomó aire y empezó a contar lo que vio. Lo hizo despacio y agradeció mentalmente por encontrarse en un apartado privado. No dio detalles, tan sólo expresó la impresión que le causó lo ocurrido y el asco que experimentaba a veces.

Sirius lanzó un silbido.

- “De tal palo, tal astilla”

- “¿Qué?”

Remus le dio una patada por debajo de la mesa.

- “Sucede que su padre tenía las mismas costumbres”, continuó tranquilamente Sirius luego de darle a Remus una mirada de reproche, “lo sorprendimos en algunas ocasiones”

- “¿¡LO SORPRENDIERON!?”

- “Sí. Moony, tu padre, Wormtail y yo. Le jugamos también algunas bromas”

Y Sirius pasó a relatar con lujo de detalles alguna de esas bromas, pero se detuvo al notar la incomodidad de su ahijado. Remus continuó por él.

- “Harry, no debes sentirte incómodo. A algunas personas les gusta eso, probablemente en los entrenamientos para mortífagos acostumbraban a hacerlo. No permitas que Malfoy te moleste con eso, haces bien en ignorarlo”

- “¿Su padre también lo hacía?”

- “Sí”

- “¿Con quién?”, preguntó Harry temeroso de la respuesta.

- “Pues con S…”, Sirius se detuvo ante la seria mirada de Remus. Claro, Snape era profesor en Hogwarts y ‘no estaba bien’ contarle a un estudiante ciertos asuntos, “con toda la escuela, Malfoy ha tenido más amantes que Cleopatra”

Harry digirió la información en silencio y luego Remus cambió discretamente de tema. Su idea de las relaciones entre las parejas acababa de sufrir una nueva sacudida. Al menos el nombre de Severus Snape no había sido mencionado. Pero no vería nunca más a Draco Malfoy con los mismos ojos.

Esa noche, en su cama, pensó nuevamente en lo que Sirius le había dicho.


7

“I can't run anymore, / no puedo correr más
I give myself to you, / me he entregado a ti
I'm sorry, / lo siento
I'm sorry, / lo siento”


Era media noche.

Había transcurrido exactamente una semana desde que Lucius volvió a Noruega con el tanque que contenía los cuerpos de Voldemort y Bellatrix.

Una semana.

Ese era el plazo que Balor le había puesto como límite para darles de beber la sangre de la serpiente, que el mago llevaba en un recipiente sellado.

La vida de Voldemort estaba en sus manos. ¿La tomaría? Voldemort había tomado parte de la suya propia, le había arrebatado a Rodolphus, había querido arrebatarle a Draco. Y por su causa, Severus los había traicionado.

Miró el tanque. Los ojos rojos seguían fijos en él, como si pudieran leer cada uno de sus pensamientos. Lucius estaba seguro de que algo había de cierto en eso… estuvo soñando con agua mientras estaba en Paría. Luego, de pronto, recordó a los Fomors. ¿O su señor puso en su mente ese recuerdo?

Alzó el frasco con la sangre. Sería tan fácil… sólo tenía que arrojarla al suelo y todo habría terminado, y esta vez para siempre.

Pero…

Siempre había un pero.

“In all my bitterness, / en toda mi amargura
I ignored, / ignoré
All that's real and true, / todo lo que es real y verdadero
All I need is you, / todo lo que necesito eres tú
When night falls on me, / cuando la noche caiga sobre mi
I'll not close my eyes, / no cerraré mis ojos
I'm too alive, / estoy demasiado vivo
And you're too strong, / y tú eres demasiado fuerte
I can't lie anymore, / no puedo descansar nada más
I fall down before you, / caigo delante de ti
I'm sorry, / lo siento
I'm sorry. / lo siento”


Quería el poder, para que ese poder le devolviera a Severus.

Arrojó la sangre dentro del tanque y esperó.

Minutos después, Harry Potter y Remus Lupin despertaban gritando, con un terrible ardor en sus cicatrices.


8

Dumbledore escuchó seriamente lo que Remus tenía que decirle. Pero no estaba solo, había acudido con Harry y Sirus, pues ya no tenían dudas. No después de aquella noche.

- “Ha vuelto”, dijo llanamente Remus, “puedo sentir que ha vuelto. Y si ella lo hizo, Voldemort también está cerca”

- “Debe hacerse algo enseguida”, dijo inquieto Sirius, “debemos averiguar dónde está. Puede estar aún en Noruega, debemos impedirle volver aquí”

El director sopesó los hechos y luego habló pausadamente.

- “Galadriel no podrá ayudarnos esta vez. Ella ha navegado con los suyos a Valinor. Ahora tendremos que hacerlo solos”.

Fawkes agitó sus alas en respuesta a un gesto del director, y le trajo a un hombre envuelto en un dorado resplandor.

Severus Snape.

Harry miró al piso mientras el hombre era informado de los hechos.

- “Severus, él te buscará ahora. Sabe que lo traicionaste”, dijo el anciano. “Es preciso que permanezcas aquí. En cuanto a Harry, creo que las clases de Oclumancia deben reanudarse cuanto antes. No sabemos cuánto conoce él de nuestras defensas y no deseo que lo sepa”

Severus le dirigió a Harry una mirada que hubiera congelado un volcán en erupción.

“Constantly ignoring, / constantemente ignoro
The pain consuming me, / el dolor que me consume
But this time it's cut too deep, / pero ahora ha cortado demasiado profundo
I'll never stray again. / nunca seré un parásito.”


Capítulo 4: Decepción

Memories consume / Los recuerdos consumen
Like opening the wound / como si se abriera la herida
I'm picking me apart again / estoy apartándome de nuevo
You all assume / tú estás del todo seguro
I'm safe here in my room / de que estoy seguro en mi habitación
Unless I try to start again / al menos trato de empezar de nuevo

 

1

Remus se acurrucó en la cama, echaba de menos el calor de Sirius. Suspiró y miró el reloj, aún faltaban dos horas para que empiecen las clases, podía quedarse un poco más. Pero no deseaba estar solo, porque entonces se ponía a pensar en esa extraña jugada del destino.

Ahora estaba unido a Bellatrix.

Era viernes y estaba muy agradecido porque el sábado no tenía clases. Le había sido muy difícil concentrarse el día anterior, luego de su conversación con Dumbledore. Y las cosas no fueron fáciles tampoco para Harry. Ahora que lo pensaba, le parecía increíble que hubiera podido dictar una clase sobre la Maldición Cruciatus a quinto año, sin ponerse a gritar.

Le hacía falta Sirius. Se había mostrado valiente sólo para que accediera a volver a Grimmalul Place, pero ahora, solo en su habitación, lo añoraba terriblemente. Suspirando, metió la mano bajo la almohada y sacó un espejo. Era idéntico al espejo que Sirius usaba para hablar con James y que ahora tenía Harry. Lo habían encontrado en una tienda de antigüedades muggles y Sirius se apresuró a comparlo y lo hechizó, para que los tres pudieran estar comunicados mientras Harry y Remus permanecían en Hogwarts.

Remus frotó la superficie y susurró bajito:

- “Paddy”

Pensaba que su pareja estaría durmiendo, considerando que no había descansado nada desde su viaje. Pero le sorprendió ver enseguida el rostro completamente alerta de Sirius.

- “¡Hola, Moony! ¿Ocurre algo?”

- “No”, repuso Remus, “sólo quería verte… te echo de menos. ¿Qué haces despierto tan temprano?”

- “En realidad no he dormido. Ahora mismo voy a tomar una ducha. Luziel y yo nos quedamos preparando los informes para el Ministerio acerca del viaje…”

- “¿Luziel?”

- “Sí, es mi compañero en las misiones, ¿recuerdas?”, Sirius salió del campo de visión y su lugar fue ocupado por un joven de cabello corto y rubio cenizo. “Anda, Luziel, saluda”

El mago joven sonrió.

- “Hola, señor Lupin. Sirius y yo nos quedamos a trabajar”

Remus esbozó una sonrisa forzada. “Señor Lupin”, y a Sirius lo llamaba por su nombre. De pronto se sintió enfermo

Sirius reapareció en el espejo.

- “¿Moony?”

- “Aquí estoy”

- “¿Estás bien? Tienes mal semblante”

- “Estoy bien. Sirius, debo alistarme para clases. Te hablo luego”

- “Bien. Cuídate, te amo”

La imagen se desvaneció y Remus guardó el espejo bajo la almohada.

Era cierto, se veía espantoso, con el cabello despeinado y ojeras… ¿qué más daba? Sirius siempre lo había visto despertar. Hizo una mueca y se levantó para ir a la ducha, estaba siendo demasiado quisquilloso, pero… no le había gustado que Luziel pasara la noche con Sirius. No le había gustado en absoluto, así estuvieran trabajando.

Celoso, exagerado se recriminó seriamente. Quizá no pensaría de ese modo si no hubiera sido por la conversación en la cena, la noche anterior.

Sybill Trewlaney había bajado de su torre y como tenía por costumbre, comenzó a predecir desgracias apenas le puso los ojos encima.

- “Remus, querido… no te ves bien. Hoy por la mañana cuando desperté tuve un presentimiento, no confíes en esa persona, sólo quiere hacerte daño”

Y luego todos habían comenzado a comentar que se veía cansado, que no trabajara tanto. Incluso Severus Snape se había permitido hacer un comentario típicamente suyo.

- “Lupin, debes recordar que ya no tienes veinticinco años, el cuerpo ya no responde como antes. Los años no pasan en vano”

Maldito Snape, como si él no tuviera la misma edad. Y ciertamente, Snape lo aparentaba más.

Remus entró a la ducha intentando borrar de su mente el sonriente rostro de Luziel, pero si éxito. Lo recordaba bien, era uno de los hombres del escuadrón de Kingsley y también había visto cómo miraba al atractivo mago moreno. Y saber que era gay no lo tranquilizaba en absoluto.

Quizá era la edad, como decía Severus. Lo cierto era que con cada transformación se sentía fatal y el cansancio le duraba al menos diez días.

“No tienes veinticinco años”

No, no los tenía. Y Luziel, hasta donde recordaba, tenía esa edad. El joven tenía arrojo y era rápido de reflejos, no tenía miedo al enfrentar mortífagos. Era como Sirius.

Sirius.

No debía ser egoísta, era bueno que estuvieran asignándole a Sirius esas misiones, era un signo de la deferencia que le tenía la ministra, aún a pesar de no haber terminado sus estudios de auror.


2

“I don't want to be the one / no quiero ser el único
The battles always choose / las batallas siempre escogen
because inside I realize / porque por dentro me doy cuenta
That I'm the one confused / de que soy el único confundido”


El sábado amaneció despejado y con una vista excelente del campo de Quidditch. Pero desde la habitación donde Severus había alojado a Andrea, no se veía el campo. No tenía más que una pequeña ventana y había una solitaria cama y una silla por todo mobiliario. El baúl de Andrea se hallaba al pie de la cama.

- “No te vayas aún”, pidió Andrea entrelazando las piernas al cuerpo desnudo de Draco, “hace frío”

- “Pon un cobertor más”, replicó el rubio, “tengo entrenamiento de Quidditch”

- “¡Es sábado!”

- “Por eso mismo. Quiero estar en forma, hace mucho que no practico”

- “Estás en excelente forma, draconcello, puedo dar fe de ello”

- “No hablaba de ESA forma, sino del juego de Quidditch”, dijo exasperado Draco, tomando sus pantalones, y empezó a recorrer la fría habitación en busca del resto de sus prendas.

- “¡Ustedes los ingleses! Son tan fríos cuando se trata de ese estúpido deporte…”, Andrea se sentó sobre la cama, completamente desnudo, como si quisiera provocarlo de nuevo.

Draco lo ignoró mientras se vestía. No sabía por qué estaba tan irritado con su amante. Bueno, sí lo sabía. La noche anterior, mientras hacían el amor, Draco le dijo que su padre vendría ese fin de semana. Y no dejó de notar la sonrisa de felicidad en el rostro del joven.

Sí, su amante estaba enamorado de su padre, Andrea jamás se lo había ocultado. Y a Draco ni siquiera le importaba el chico, como no fuera para follárselo de vez en cuando. Era una relación fácil y sin complicaciones que le evitaba liarse con alguien más en el colegio y meterse en problemas. Pero… era su orgullo Malfoy el que hacía que se resintiera de ese modo.

- “Dragone”, susurró Andrea.

- “Ve a molestar a Potter”

El rubio se irguió, completamente vestido. Andrea estaba furioso… ¡Ah, el temperamento italiano! Draco pensó qué habría hecho su padre en situación similar… probablemente un Imperius.

- “¡A POTTER! El infeliz es virgen, estoy seguro”, bufó Andrea y se levantó, desnudo, para bloquear la salida de Draco.

- “Creí que tenías frío…”

- “¡Lo tengo! ¡Ya sé lo que te pasa! ¡Estás celoso! ¡Celoso de tu padre!”, Andrea se debatió como una serpiente cuando Draco intentó apartarlo, “te he dicho que puedes tenerme cuando quieras… y mantendré mi palabra. ¿Cuál es el problema?”

Andrea le dio un furioso beso y Draco deslizó las manos por el delgado y flexible cuerpo, tratando de apartarlo, pero terminó frotándole las nalgas. ¡Era tan apasionado! Le gustaba, no podía negarlo, era el amante perfecto, complaciente, se dejaba hacer lo que fuera y disfrutaba todo.

Lo tumbó en la cama de nuevo, su cuerpo estaba helado, pero sus ojos brillaban como nunca.

Draco tomó la fláccida erección de Andrea en la boca y la hizo endurecer instantáneamente. Sintiéndose un poco culpable, lo atendió con esmero, procurándole placer. La lengua de Draco se movía sobre el glande, intentando entrar por el diminuto orificio que coronaba su punta, el rubio ángel jadeaba y se agitaba desesperado. Era increíble cómo su cuerpo reaccionaba al más mínimo estímulo. Y era precisamente un estímulo lo que Draco quería darle.

Le abrió las piernas y elevó sus caderas, dejando el arrugado anillo de Andrea a la vista. Sus dedos se enterraron inmediatamente en él mientras su boca engullía por completo el ahora inflamado pene del joven. Mordió y succionó, sin dejar de torturarlo con los dedos, hasta que cuatro estuvieron en el dilatado canal.

- “¡Ancora, amore mío!”, jadeó Andrea derramándose copiosamente en la boca de Draco, que bebió el tibio líquido sin dejar una gota.

Luego lo besó en los labios, y lo arropó, dejándolo tembloroso aún, y se fue. Todavía le quedaba tiempo para una ducha caliente en su propia habitación.

 

3

Harry se elevó y bajó de nuevo en picada, la snitch se vislumbraba bajo los aros y se desplazaba rápidamente. Enfiló directo hacia ella, con la Saeta Veloz, y luego de algunas revoluciones, la atrapó.

- “¡Genial, Harry! Estás en excelente forma, ganaremos ese partido”, dijo feliz Angelina y dio por terminado el entrenamiento de ese día.

Ron le palmeó el hombro y juntos caminaron hacia las duchas. Los Slytherin acababan de llegar y Draco, con el cabello húmedo, les lanzó una mirada cargada de desprecio.

- “¿Has visto?”, susurró Jack Sloper, golpeador de Gryffindor, “Zabini ha entrado al equipo”

Harry murmuró su descontento y entró a la ducha. Un chorro de agua caliente le relajó un poco los músculos.

- “¿Esta noche tendrás clase?”, preguntó Ron desde su cubículo.

- “No me lo recuerdes…”

Harry se reclinó contra la ducha, llevándose la mano a la cicatriz. No le había contado ni a Ron ni a Hermione lo que había ocurrido, no tenía sentido preocuparlos a ellos, aunque la carga era demasiado pesada, pero al menos ahora la llevaba con Remus.

Y esa noche sería su primera clase de Oclumancia.

 

4

Lucius miró por última vez al muggle que lo había traído en una furgoneta. El hombre acababa de cargar los dos pesados cofres labrados que contenían la carga más valiosa que pudiera imaginar.

Uno de ellos llevaba dentro a uno de los magos más poderosos, y el otro, a su más fiel seguidora, devueltos a la vida por un antiguo ritual, pero aún muy débiles.

Voldemort y Bellatrix.

La Maldición Imperius, hábilmente aplicada, hizo que Lucius lograra su cometido de traerlos a su mansión sin despertar ninguna sospecha. Luego aplicó un “Obliviate” y envió al muggle muy lejos de allí.

Estaba en casa.

Pero lo primero era ocuparse de sus huéspedes. Ambos estaban débiles aún y debían beber veneno de serpiente para recuperar sus fuezas, de modo que el mago rubio tenía que procurarse alguna sin demora. No habían hablado mucho, Voldemort no quiso agotarse durante el viaje, tan sólo indagó por el modo en que Lucius se libró de la prisión, pero el rubio estaba seguro de que cuando se hubiera alimentado, querría saberlo todo y estaba preparado a contárselo. Todo, excepto su amor por Severus.

 

5

”I don't know what's worth fighting for / no sé si vale la pena luchar
Or why I have to scream / o por qué tengo que gritar
I don't know why I instigate / no sé por qué lo instigo
And say what I don't mean / y digo lo que no quiero decir
I don't know how I got this way / no sé cómo llegué a esto
I know it's not alright / sé que no está bien
So I'm / de modo que estoy
Breaking the habit / rompiendo el hábito
I'm breaking the habit / rompiendo el hábito
Tonight / esta noche”


A las ocho en punto de esa noche, Harry respiró hondo y llamó a la puerta del despacho de su profesor de Pociones.

- “Pase”, respondió una seca voz.

El chico abrió la puerta y entró resueltamente.

- “Buenas noches”, dijo y se quedó de pie, esperando que Snape lo invite a sentarse.

Pero Snape lo miró por encima del hombro y comenzó a pasear de un lado a otro. Luego se detuvo frente a él.

- “Potter, esto no es una buena idea. No resultó antes y no resultará ahora”, dijo el profesor, “pero Dumbledore insiste y no puedo negarme, de modo que acabemos de una vez. A la cuenta de tres…”

- “¡Espere!”

Snape hizo un exasperado gesto.

- “¿Y ahora qué?”

- “¿U-usted cree que en verdad Voldemort ha regresado?”

- “Eso, Potter, no me corresponde decirlo a mí. Yo no soy quien tiene pesadillas”, puntualizó adrede Snape.

Harry apretó los labios.

- “¡No me refiero a eso! ¡Me refiero a que también lo buscará a usted!”

Esta vez, Snape apretó los labios.

- “Eso es asunto mío”

El chico se dejó caer en la silla frente al escritorio. ¿Por qué tenía que ser tan testarudo? Estaba también en peligro y Harry sabía por relatos de Sirius, cómo Voldemort castigaba a los traidores.

- “Está bien. Empecemos”, dijo dócilmente. “No quiero que Voldemort vuelva a dañar a los que amo”

Si Snape se sorprendió por ese cambio de actitud, nada dijo.

- “A la cuenta de tres--- Uno, dos, ¡Legillimens!”

La mente de Harry estaba mucho más relajada que otras veces, aunque no sabía a ciencia cierta si era a causa de lo que había aprendido de Oclumancia el año anterior o era por su deseo de hacer las cosas bien y no dejar que Snape lo molestara. Por eso, cuando Snape penetró su mente, pudo bloquear enseguida el bochornoso incidente con Malfoy y Manganelli.

Pero Snape no se detuvo, continuó hurgando, tratando de entrever algo más. Lo podía sentir, abriéndose paso como si fuera un virus, buscando, explorando. Las piernas de Harry le temblaron de pronto, se sintió ultrajado… Snape era implacable… trató de cerrar la mente con todas sus fuerzas y su cuerpo se bañó de sudor, pero allí estaba Snape, viendo sus recuerdos, su preocupación por Remus, su cariño y admiración por Sirius, viéndolos a los tres ese verano en la playa.

- “¡Basta!”, gritó el chico y la varita de Snape salió disparada de sus manos. El profesor estaba lívido.

- “No es suficiente, Potter”, barbotó mientras iba a recoger la varita.

Harry lo miró a la cara. Estaba furioso, había olvidado ya lo humillantes que podían ser esas clases. Y Snape lo hizo adrede, estaba seguro. No tenía por qué seguir, cuando él hizo los bloqueos se suponía que debía detenerse, pero siguió escudriñando. Pues si queria mirar, ahora vería.

- “De acuerdo… estoy listo”

Snape no contó esta vez. Sólo lo miró y apuntó con la varita.

- “¡Legillimens!”

Pero esta vez, Harry estaba preparado. Se concentró en el entrenamiento de Quidditch de esa mañana, en la clase de Transformaciones… e incluso recitó la tabla de multiplicar que había aprendido en la escuela muggle. Dirigió el escrutinio de Snape, sin saber que estaba aplicando una de las técnicas más difíciles de bloqueo. El rostro de Snape no dejaba traslucir emoción alguna, pero una gotita de sudor perló su frente.

Entonces, Harry atacó.

Snape trastabilló un poco al sentir a Harry abrir un hilo de su mente con una potencia increíble para un mago tan joven. Rápidamente la cerró, pero lo había cogido desprevenido, no se imaginó que el chico, al estar ocupado bloqueando su mente, tuviera fuerzas para intentar leer la suya, ni mucho menos se imaginó que el primer recuerdo con el que se toparía sería ese que él había procurado olvidar tantas veces.

- “Salga de aquí, Potter”, espetó el profesor, alzando la varita de nuevo, “salga antes de que le eche una maldición”

Harry no se lo hizo repetir. Salió a toda prisa con el cerebro latiéndole hasta marearlo y el brazo escociéndole. Antes de cerrar la puerta pudo ver a Snape cogiéndose el brazo con un gesto de dolor y supo que estaba sintiendo lo mismo.

Estaba mareado, el esfuerzo había sido mucho, pero jamás, JAMÁS se imaginó que vería la forma en que Snape recibió la marca tenebrosa.

Se hallaba en una habitación con muros de piedra y un adolescente con el cabello enmarañado avanzó hacia una figura encapuchada. Un juramento fue pronunciado y un brazo fue descubierto. De la varita del encapuchado brotó un certero rayo y el joven se desmayó, pero por ese breve instante, Harry sintió lo mismo que había sentido el joven.

Y ese dolor jamás se olvidaría.

- “¿Potter, estás borracho?”

Lo último que le faltaba. Draco Malfoy lo miraba burlón, el rubio se dirigía al despacho de su Jefe de Casa y por poco tropieza con él.

- “Vete al demonio, Malfoy”, farfulló y se alejó rápidamente.

 

6

”Clutching my cure / aferrándome a mi remedio
I tightly lock the door / cierro fuertemente la puerta
I try to catch my breath again / trato de recuperar el aliento
I hurt much more / lastima demasiado
Than anytime before / más que las veces anteriores
I had no options left again / otra vez no tengo ninguna opción”


El domingo, durante el desayuno, Draco recibió una lechuza. En un instante su rostro cambió para expresar una gran alegría que no pasó desapercibida para Andrea y Pansy. El joven rubio también sonrió radiante y apretó suavemente la mano de Draco.

En la mesa de profesores, Severus Snape se puso de pie y se alejó, pero Draco lo siguió hacia las mazmorras y llamó suavemente a la puerta.

- “Pasa, Draco”, dijo secamente Severus, sabiendo que se trataba de él.

- “Profesor... mi padre ha vuelto”

Severus asintió con una indiferencia que no sentía.

- “¿Vendrá a verte?”

- “Dice que no puede, que tiene asuntos urgentes que atender. Pero en la primera visita a Hogsmeade me acompañará”

- “Me alegro”, dijo escuetamente Severus.

- “Profe... también le envió una nota”, y Draco le extendió una hoja de pergamino doblada y lacrada con el escudo de los Malfoy. “debo irme... tengo que estudiar”

Apenas se cerró la puerta, Severus quitó febrilmente el sello y desdobló el pergamino. Allí, escritas con la elegante y caprichosa caligrafía de Lucius, había tan sólo tres palabras. “El ha vuelto”.

Un innecesario “Averno” redujo la nota a cenizas. Eso explicaba al menos la extraña noticia que traía “El profeta”, comunicando que habían desaparecido dos cobras reales del zoológico de Londres y que se sospechaba del uso de magia negra.

 

7

- “Más”, siseó Voldemort luego de beber ansiosamente del cuenco que Lucius le tendió. El mago rubio se inclinó y llenó de nuevo el cuenco. Sabía que Voldemort tardaría al menos tres días en recobrar plenamente sus fuerzas. A Bellatrix quizá le tomara más tiempo, pero se recuperarían, de eso estaba seguro.

- “Bebe, señor. Y descansa, me ocuparé de ti”

Los ojillos de Voldemort lo traspasaban, escudriñándolo, como si su señor estuviera sopesando decir algo. Pero luego su rostro se suavizó y pareció cambiar de idea. El mago terminó de beber y se tendió en el lecho, haciendo una señal para que Lucius se recostara con él.

- “¿Cómo está Bella?”

- “Duerme, señor, su habitación está junto a la tuya”

- “Ella sufrió mucho, Lucius. Asegúrate que nada le falte”

El mago rubio asintió.

- “Estoy débil, pero añoro deleitarme la vista como sólo tú sabes hacer. Desnúdate”

Lucius obedeció, dejando caer cada prenda lentamente y luego se recostó de nuevo junto a Voldemort.

- “El tiempo es generoso contigo, se niega a pasar por tu cuerpo, Lucifer. Te ves exactamente igual que la última vez”

El rubio sonrió sereno, pero guardaba un estremecedor recuerdo de la última vez, en la que su cuerpo fue cruelmente maltratado.

- “Reconstruiré mi imperio, pero las cosas deben ser tomadas con calma. Antes debo cumplir con el pacto que hice con Balor”

- “¿Pacto, señor?”

- “Mi querido Lucius, lo sabrás a su tiempo”, cortó Voldemort. “Tendrás ocasión de demostrarme una vez más tu fidelidad”

La mano de Voldemort se hundió en el rubio cabello y sus ojos recorrieron una vez más el cuerpo de su acompañante, para después perderse en la somnolencia que lo ayudaba a recuperar sus fuerzas.

Lucius se vistió en silencio. Había empezado de nuevo, y él había sido la causa de todo ello. No, él no: Severus. Porque Lucius había forjado un plan y estaba decidido a llevarlo a buen término.

 

8

“I'll paint it on the walls / lo pintaré en las paredes
because I'm the one at fault / porque soy el único en falta
I'll never fight again / no volveré a luchar
And this is how it ends / y así es como esto termina”


El lunes, luego de una accidentada clase de Pociones, Andrea irrumpió en la habitación donde Draco trataba de estudiar.

- “¡Te digo que me odia, Draco!”, chilló Andrea mostrándole a su amante las ampollas en sus manos, “me hizo fregar el caldero del laboratorio de Pociones Avanzadas. ¡Demonios! ¡No lo ha limpiado por años y me obligó a hacerlo!”

- “Él detesta los calderos sucios. Ese caldero no era suyo”, observó Draco con la misma impasible mirada de su padre.

- “¡Me importa poco de quien sea! ¡YO LO LIMPIÉ!”

- “¿Quieres calmarte de una vez?”, la voz de Draco fue dura y cortó la rabieta de Andrea con el filo de una daga.

- “Me odia...”, repitió el joven sentándose en el suelo, con las rodillas abrazadas. “¿Por qué maldita sea no es como los otros?”

- “¿Porque entonces Hogwarts sería aburrido?”

- “Idiota”

Draco lo ignoró y volvió a abrir el libro de Demoneología para las clases de “Defensa contra las Artes Oscuras”

- “¿Para qué estudias esa basura?”

- “Para no reprobar”

- “Tonterías, sabes más de magia negra que el imbécil de Lupin...”

- “¡No hables mal de Lupin!”

Andrea se puso de pie, exasperado.

- “¡Yo no sé que te pasa! De pronto me odias y defiendes a tu estúpido padrino pelo grasiento... y también a ese licántropo. ¿Qué tengo que hacer para que me pongas atención? ¿Bailar desnudo?”

Draco lo miró con aire cansado.

- “Solo déjame terminar mi tarea y te atenderé... “

- “No quiero que me atiendas, sólo habla con Snape”

- “¿QUÉ?”

- “Dile que me deje en paz... es de los nuestros, ¿no? ¡Es un mortífago! Eso jamás se pierde, Dragone háblale”

- “Lo intentaré. ¿Quieres dejarme solo?”, pidió Draco con voz cansada.

Andrea se fue dando un portazo y Draco continuó sus tareas por un momento. Luego se detuvo a reflexionar. ¿Hablarle a Snape? Ni en sueños… Aún no podía entender a su profesor y padrino. Le parecía lejanísimo el día en que Snape había dormido con él y lo había “bautizado” como mortífago en ciernes. Snape fue incluso tierno y él pudo entenderlo, aunque su profesor a veces se mostraba paternal y cariñoso y otras, seco y distante. Al principio Draco creyó que ese comportamiento se debía al remordimiento que Snape podría sentir por lo que le había hecho, combinado con el afecto que siempre le tuvo en Hogwarts, pero luego notó que era algo aún más complejo y que tenía raíces más profundas.

No quería pensar más, simplemente lo aceptó. Él confiaba en Snape lo mismo que confiaba en Lupin y en su propio padre.

De pronto le pareció que ser un Malfoy era una carga demasiado pesada.

 

8

”I don't know what's worth fighting for / no sé si vale la pena luchar
Or why I have to scream / o por qué tengo que gritar
I don't know why I instigate / no sé por qué lo instigo
And say what I don't mean / y digo lo que no quiero decir
I don't know how I got this way / no sé cómo llegué a esto
I know it's not alright / sé que no está bien
So I'm / de modo que estoy
Breaking the habit / rompiendo el hábito
I'm breaking the habit / rompiendo el hábito
Tonight / esta noche”


Kingsley dejó la ventana con inquietud, tenía un presentimiento. Pero al volverse hacia el lecho, no podo evitar sentir una oleada de deseo. Marcos, el joven sacerdote que se había convertido en su asistente y amigo, estaba completamente desnudo sobre la cama, con una tentadora erección en medio de las piernas.

- “Estás muy tenso, maestro”, susurró con la voz ronca, “déjame ayudar a relajarte”

Y giró sobre las sábanas blancas, como la flexible pantera negra que era, dejándo expuesta espalda de ébano, que terminaba en un trasero que era una delicia para la vista y el cuerpo.

La imagen era demasiado tentadora, el banquete estaba listo y Kingsley se dispuso a tomarlo sin prisas, estaba allí y sabía que era suyo, aunque sus sueños eran poblados aún por un hombre de cabello castaño y ojos dorados. Pero el corazón no tenía nada que hacer en ese momento, era la carne quien tomaba su lugar.

Besó la musculosa espalda que se le ofrecía y lo cubrió con su cuerpo, vestido tan solo con un pantalón de dril.

- “Hoy serás mi potro salvaje”, le susurró al oído.

Marcos lanzó un hondo gemido y agitó las caderas, pero Kingsley no deseaba apresurarse. Cubrió de besos la amplia espalda de su amante, deslizando la lengua desde la base del cuello hacia la hendidura en medio de las dos oscuras colinas y se detuvo para despojarse de su pantalón.

Luego contempló de nuevo el ansioso cuerpo y tomó a Marcos de la mano, poniéndolo de pie. Quería contemplar su desnudez a la luz de la luna. Lo apoyó en la ventana de la cabaña, desde donde podía verse el mar y la luz lo bañó, haciendo relucir su piel como si estuviera cubierta de aceite. Allá, a lo lejos, en la roca que dominaba la playa, podía verse una delicada silueta.

Kingsley apenas puso atención a la sirena, en esos tiempos no era frecuente verlas, pero él sabía que si ocurría algo, la criatura se lo haría saber. Decidió entonces concentrarse en su amante, y acaso provocarla con lo que haría a continuación.

Pegó su cuerpo al de Marcos, dejándolo sentir su erección, el joven se tensó un poco, también había visto a la sirena, pero cuando Kingsley masajeó su dureza, su pudor se fue de paseo y se irguió permitiendo a quien pasara por allí contemplar el espectáculo.

Kingsley mordisqueó el cuello de su compañero y siguió bombeando lentamente, apretando el oscuro falo, duro como un ariete. Era más alto que Marcos y un poco más fornido, por eso no tuvo dificultad en inclinarlo de nuevo y agacharse, besando su espalda hasta llegar de nuevo a la hendidura en medio de sus nalgas, pero esta vez no se detuvo. Su lengua se abrió camino hacia el oscurísimo anillo y lo rozó deliberadamente, sin más estímulo que su aliento caliente.

- “¡Ah, maestro! ¡Me matas!”, gimió Marcos, desesperado por una caricia más profunda.

- “Dije que te montaría”

- “¡Hazlo, Kingsley!”, jadeó el sacerdote, “Deja que ella nos vea y que conozca tu poder”

Esa frase disparó aún más el deseo de Kingsley y empaló a su compañero de un profundo empujón, sintiendo su ano dilatarse y una oleada de tibieza lo envolvió. Las palpitantes entrañas de Marcos ardían y Kingsley lo montó como a un joven potro, maniobrando su pene como las riendas que lo llevarían a donde su amo decidiera: su placer.

Lo montó furiosamente, dándole sonoras nalgadas cuando sentía el enhiesto pene dispuesto a descargar su alivio. Lo abrió y cabalgó sobre él enterrándose sin piedad, sin importarle lastimarlo, buscando su propio alivio. Con Remus siempre había tenido consideraciones; con Marcos, jamás.

El joven no era un amante muy vocal, pero por sus movimientos ahora temblorosos supo que ya no podría contenerse más y lo empaló con más fuerza, provocando que medio cuerpo colgara de la ventana, mientras se enterraba profundamente y aceleraba el bombeo.

- “Arrepiéntete de sus pecados, que pronto te llevaré al cielo”, rugió mordiéndole el cuello y esas palabras actuaron como detonante.

Marcos era sacerdote, mago, y en el amor, una auténtica ramera. Su excitación llegaba al máximo cuando su amante le hablaba así y se liberó entre quejidos.

- “¡Oh, mi señor Dios! ¡Dios mío! ¡Oh, Dios mío!”

Kingsley sostuvo al tembloroso hombre llenándolo a la vez por completo, sin quitar los ojos de la sirena.

Un canto agudo comenzó a oírse y el mago moreno se deslizó fuera de Marcos y lo depositó en la cama. Momentos después, desnudo aún, corría con todas sus fuerzas hacia la roca.

Cuando volvió, Marcos lo esperaba fumando un cigarrillo.

- “¿Qué sucede?”, dijo al ver el rostro tenso de Kingsley.

- “La sangre de Yig-Shim ha sido derramada. Debo volver a Londres”


Capítulo 5: Amenazas


Bound at every limb / Atado en cada miembro
by my shackles of fear / por mis grilletes de miedo
Sealed with lies / Sellado con mentiras
through so many tears / a través de muchas lágrimas
Lost from within, pursuing the end / perdido desde adentro, persiguiendo el final
I fight for the chance / Lucho por la opción
to be lied to again / de que me mientan de nuevo

Lies - Evanescence


1

- “¿Buscabas a alguien?”

Draco retrocedió confundido. En la habitación de Andrea se encontraba la persona que menos había imaginado que podría estar allí: el profesor Severus Snape.

- “A Manganelli. Teníamos que estudiar Pociones”, respondió lo más serenamente que pudo, preguntándose dónde demonios se habría metido el italiano y por qué Snape estaba allí con cara de leche agria.

Severus le echó una de esas miradas que aterrorizaban a los de primer año. No se había tragado eso de estudiar Pociones a las once de la noche de un sábado y eso, junto con lo que había visto en la mente de Potter, terminaron por hacerle perder la poca paciencia que le quedaba.

- “¿Estudiar Pociones? Draco, ¿por quien me tomas? ¿acaso por Dumbledore o por Lupin? ¡Sé perfectamente que clase de estudios hacen Manganelli y tú! ¡De noche y en la Torre de Astronomía! ¡Con un látigo! ¡Por Merlín!”

Los ojos de Draco despidieron chispas al intuir cómo podía haber obtenido su profesor semejante información. Iba a negarlo todo, con la misma cínica soltura con que su padre negó ser un mortífago, pero Severus no lo dejó hablar.

- “No me ponga esa cara, señor Malfoy. Obtuve la información de Potter y fue contra su voluntad, por si le interesa saberlo. Puedo ser muy persuasivo a veces”, Draco no lo dudó ni por un momento. El profesor lo miró fijamente. “Ahora bien, si no estás tú con Manganelli, ¿a dónde demonios se metió? ¿acaso folla con toda la escuela?”

El chico estaba furioso, no era que le importase mucho que Snape supiera lo de Andrea, era el modo en que se lo había refregado. Lo hizo sentir como un perfecto idiota y el Malfoy que había en él se rebeló con todas sus fuerzas.

- “¡Lo que hagamos no le incumbe, profesor! Sólo nos divertíamos, Andrea me hace compañía, somos amigos… ¡El se preocupa por mí!”, se defendió Draco con los ojos grises relampagueando con una mirada que Severus conocía muy bien, pues se la había visto a Lucius muchas veces cuando defendía a los suyos.

Eso fue demasiado para el profesor.

- “Draco, ¡Manganelli es un mortífago! Esa es una relación que no te conviene en absoluto…”

- “¿Y qué si lo es? ¡Mi padre también lo es y usted… USTED lo fue, o lo es aún, porque Andrea dice que eso jamás se olvida…!”

La maldición fue tan veloz que Draco cayó de espaldas contra la pared. Frente a él, Severus Snape estaba con la varita alzada aún y el rostro descompuesto de furia.

- “Nunca. NUNCA repitas eso”, fueron sus frías palabras y el chico recogió sus destaparradas piernas y se hizo un ovillo en el piso, con los ojos muy abiertos.

El profesor bajó la varita y de pronto pareció haber envejecido diez años. Se sentó junto a Draco.

You will never be strong enough / nunca serás lo suficientemente fuerte
You will never be good enough / nunca serás lo suficientemente bueno
You were never conceived in love / nunca fuiste concebido con amor
You will not rise above / nunca te elevarás

- “No sabes nada de Manganelli, Draco. No es lo que piensas…”, el chico hizo un gesto de protesta, “NO ES NI REMOTAMENTE LO QUE PIENSAS”, continuó Snape alzando un poco la voz. “No voy a sermonearte por tener sexo con alguien, pero te contaré algo: Los padres de Andrea fueron asesinados por muggles, él fue enviado a un orfanato y a los trece años el director lo violó. Luego fue adoptado por una familia de magos y a los dieciséis vino a Londres para unirse al Señor Oscuro. Esa es la ‘versión oficial’ del Ministerio”

- “¿Acaso hay otra?”

- “La hay. Averigüé esto por un amigo en Italia, costó un poco porque alguien en la organización del Señor Oscuro ocultó hábilmente las huellas”, el profesor miró a Draco directamente a la cara, “A los trece, Andrea mató al hombre que lo violó, huyó luego y lo encontraron prostituyéndose en un burdel de Roma. Lo enviaron a un programa de readaptación y una familia de magos lo adoptó. Andrea se acostaba con su padre adoptivo y un día la madre los descubrió, los vecinos oyeron alaridos y cuando pudieron entrar a la casa, los encontraron muertos a los dos. Decapitados con una maldición prohibida. Andrea huyó nuevamente y vino a Londres. Era el candidato perfecto para ser mortífago, Draco. Andrea es un asesino, lo lleva en la sangre. ¿Y si pelean o te descubre con otro? Sabe suficiente magia negra como para hacerte mucho daño… es por eso que no deseo que busques su compañía”

Los ojos de Draco estaban húmedos y su barbilla temblaba. Hasta ahora todo había sido para él una especie de juego, ser mortífago era ser una especie de dios vengador, al que los otros no entendían. Pero era la primera vez que Severus, su maestro, le hablaba en esos términos. Y ser mortífago tomó entonces una connotación muy distinta.

- “¿Debo alejarme de mi padre también? ¿Y de usted?”

Severus se apoyó en la pared. ¿Por qué el muchacho tenía que hacerlo todo tan difícil?

- “Es completamente distinto. Tu padre… nosotros lo hicimos por los ideales en los que creíamos, buscábamos hacer justicia para los magos, tu padre aún lo busca… Andrea en cambio, es un asesino. Tenía las manos manchadas de sangre antes de unirse a los mortífagos. Tu padre es un luchador…”, el profesor buscó nuevamente la mirada de Draco, tratando de explicarle algo que el chico no entendería porque no lo había vivido, bendito sea. Y esperaba que jamás lo viviera, “Él cree en todo lo que creyó Salazar Slytherin, en el credo de nuestra Casa. Y en que el medio para lograr esa visión es la lucha armada, la lucha por el poder que pregona el Señor Oscuro. Es un poder que demanda y destruye. Es la supremacía del mago por sobre todas las criaturas…”, el profesor calló. ¿Cómo explicarle a un Malfoy la esencia de su linaje?

Draco le dirigió una húmeda mirada. Severus, quieto y callado, quiso abrazarlo y consolarlo, quiso hacer lo que una vez había hecho por Lucius, pedirle que se olvide de su aristocrática herencia y que sea libre. ¿Desde cuando jugaba a ‘Severus, el Salvador del Mundo’? ¿Era por lo que vio en la mente del infeliz de Potter?

Pero no, no serviría de nada. Lucius lo rechazó entonces y Draco lo haría ahora. Por lo menos limpiaría su conciencia con el asunto de Manganelli.

- “Manganelli engañó a los magos del Ministerio con historia triste y su cara de ángel. Eso está bien para un grupo de viejos magos, pero no para ti. Sé que a tu edad necesitas desfogar ciertas pasiones y que Bellatrix te enseñó como hacerlo. Lo que hagas con tu cuerpo es asunto tuyo. Ahora que lo sabes, la decisión te corresponde a ti”

El profesor se puso de pie para irse, le estaba comenzando una terrible jaqueca.

- “Profesor”, Draco seguía en el piso, digiriendo la información lentamente. “¿Y usted, qué es? ¿De qué lado está?”

Severus meneó la cabeza y se fue sin decir palabra. Nunca había estado más cerca de mostrarle a otro la delgada línea que lo separaba de que esos ideales que aún compartía. No eran las ideas, eran los métodos los que habían hecho que se rebelara ante su crueldad, esos métodos habían matado el alma de Lucius y estuvieron a punto de matar la suya propia. Pero jamás se lo confesaría a nadie.

Sólo se lo había dicho a Dumbledore y fue sólo una vez.

 

2

Lo primero que notó Severus Snape la mañana siguiente en el Comedor, fue la ausencia de dos personas. El lugar de Potter, entre Granger y Longbotton, estaba vacío. Y tampoco estaba Manganelli junto a Draco.

Lupin, como siempre, llegó retrasado, repartiendo sonrisas hasta aterrizar sobre su asiento.

- “Severus, luces terrible, ¿pasaste una mala noche?”

El profesor de Pociones respondió con un gruñido, apuró su café y se dirigió raudamente a su despacho. La próxima vez, echaría semillas de frángula en la poción de Lupin. Sonrió mientras imaginaba al licántropo sentado en el inodoro toda la noche.

Un golpecito y un roce de tela lo hicieron acercarse de nuevo a la puerta.

- “¡Manganelli! ¿Dónde demonios…?”

Pero el muchacho prácticamente se le arrojó en los brazos.

- “P-profesor… él dijo que sólo usted podría ayudarme… duele… ¡duele! Por favor haga algo”

- “¿Él? ¿De quién me hablas, Manganelli?”, al no obtener respuesta, Severus lo sacudió por los hombros, el muchacho barbotó un nombre, el que su profesor menos hubiera deseado oír.

- “Lord Malfoy… tengo una nota…”

El chico rebuscó entre los bolsillos de su abrigo y Severus le arrebató la nota de las manos.

“Severus, cuida del muchacho. Estuvo con Él, ya sabes qué debe hacerse. L.M.”

- “Mierda”


They'll never see / ellos nunca verán
I'll never be / yo nunca seré
I'll struggle on and on to feed this hunger / me debatiré una y otra vez para alimentar su hambre
Burning deep inside of me / ardiendo en lo profundo de mi ser

Cuando terminó de atender al muchacho, se sentó junto a él para observarlo. Si no hubiera sido por la nota de Lucius, seguramente se lo habría llevado a Dumbledore, para que los respetables magos del Ministerio supieran los pasatiempos que tenía el angelito. Su ano estaba destrozado y había en él una extraña y gelatinosa sustancia mezclada con el semen de Voldemort. Semen verduzco y espeso, como el de una serpiente. El maestro de pociones que había en él hizo que tomara una muestra de ambas cosas y la guardara en un tubo de ensayo para analizarla luego.

Le habría dado lástima de no ser por lo que sabía del chico. Y por que Lucius había tenido que poner sus ojos en él.

Andrea durmió agotado hasta bien entrada la mañana y cuando despertó, Severus seguía sentado junto a él, con la misma pétrea expresión que tan bien le conocía.

- “¿Profesor?”

- “Ahora, Manganelli, quiero que me diga todo lo que ocurrió. Sin omitir detalle”

El chico lo hizo, tartamudeando un poco al describir lo que le había pasado. Sí, Severus pudo llegar a sentir lástima, de no ser por el desafortunado comentario final.

- “Lord Malfoy cuidó de mí toda la noche. Me dijo que no me preocupe, que esto me pone al nivel de unos pocos elegidos… como él”

- “Lárguese”

- “Profesor…”

- “Dije que se largue. Y si vuelvo a saber que anda revolcándose con Draco en la Torre de Astronomía o en cualquier otro lugar de este castillo, pondré en conocimiento del Ministerio cierto informe que llegó a mis manos, acerca de los casos Batisti y Formi, ¿le suenan conocidos?”

Andrea palideció y se apresuró a abandonar el despacho, cojeando aún, mientras un satisfecho profesor de Pociones se dejaba caer en el diván que el chico había ocupado. Eso era vil chantaje, pero no le importó, mantendría a ese italiano lejos de un Malfoy al menos.

 

3

- “Yig-Shim es un demonio marino de poca importancia. Suele devorar marineros durante las tempestades”, la profunda voz de Kingsley se imponía una vez más en el Salón de Grimmauld Place, para beneplácito de Dumbledore e ira de Sirius.

- “Eso está en cualquier texto de demonios. Cualquier alumno de Hogwarts podría saberlo”, interrumpió impaciente el animago.

- “¿Cualquier alumno de Hogwarts podría saber por qué lo encontraron desangrado y deshecho, flotando entre la espuma, en las costas de Glasgow?”

Severus no pudo disimular una risita. Pero no había venido a perder el tiempo viendo a esos dos generando tensión sexual a causa del estúpido licántropo. Fue convocado para discutir las implicancias del retorno de Voldemort y eso era justamente lo que quería hacer.

- “Si tú lo sabes, Shacklebolt, dilo de una vez. Tengo ensayos que corregir”

Kingsley miró uno a uno a los presentes. Remus estaba junto a Sirius, con preocupación en sus ojos dorados. Severus estaba solo en una esquina de la mesa, que presidía Dumbledore. No había nadie más en la reunión.

- “Le extrajeron hasta la última gota de sangre y lo arrojaron al mar. Sólo un mago pudo hacerlo. Un mago oscuro”, puntualizó el ex auror.

- “¿El motivo?”, preguntó Remus tan serenamente como podría haberlo hecho estando en clases y Kingsley agradeció que alguien estuviera analizando los hechos.

- “La sangre de demonio puede usarse en muchas cosas, pero tal cantidad sólo puede requerirse para alguna poción”

Las miradas se volvieron hacia Severus.

- “Existen varios miles de pociones que emplean sangre de demonio entre sus ingredientes”

- “Pero no en esa cantidad”, aclaró Kingsley, “es útil comenzar a investigar…”

- “Un momento”, exclamó Sirius, “¿quiere alguien decirme qué tiene que ver un demonio desangrado con el regreso de Voldemort?”

Se hizo un tenso silencio. Finalmente, Dumbledore habló.

- “Hasta el momento no tenemos más evidencia que lo dicho por Remus y Harry, que parece apoyarse en el incidente con el barco en Noruega. Para mí eso basta, pero necesitamos mucho más para convencer a los magos del Ministerio. Investigamos los hechos inusitados y ya tenemos tres…”

- “Y dos de ellos en el mar”, continuó Kingsley, “El extraño Maelstrom en Noruega, que envió una serpiente a la tierra, según el lenguaje críptico de las Sirenas. Y la sangre de Yig-Shim. ¿Cuál es el otro, Albus?”

- “Un muggle desaparecido en circunstancias sospechosas. El padre de un estudiante de Hogwarts, Adrian Pucey. El Ministerio detectó magia negra, pero no han podido localizarlo hasta ahora”

- “La última vez también empezó así”, dijo Remus, “desapareció Bertha Jorkins y Harry comenzó a tener pesadillas. No dudo que Voldemort haya vuelto, debemos decidir qué hacer”

- “No hay ningún indicio en el Callejón Knockturn, hablé con Dung Fletcher y estará alerta. No le dije el verdadero motivo, pero nos mantendrá informados”

- “¿A quién más debemos decírselo?”, preguntó Remus, pero sus ojos no se dirigieron hacia Dumbledore, sino hacia Sirius.

El animago reflexionó brevemente.

- “Mientras menos gente lo sepa tendremos opción de vigilar sus movimientos. Tenemos por donde empezar: Lucius Malfoy”

- “¿Malfoy?”, exclamó sorprendido Kingsley. Pensaba que Lucius había ido a Azkaban. Severus se mordió los labios.

- “Sí. Es más astuto que un zorro y con una moral igual o peor. Convenció al jurado con un galimatías acerca de ser espía de Fudge y unos pocos se lo tragaron, pero fue lo suficiente para obtener su libertad condicional y luego una autorización para viajar a Europa. Ha vuelto hace unos días, pero anda con pies de plomo. Su posición en el Ministerio no es la misma de antes y lo sabe. Debemos mantenerlo vigilado, a menos de que nuestro espía ejemplar haga el trabajo por nosotros”, provocó Sirius.

- “Creo que no. Tengo mucho trabajo adicional enseñándole Oclumancia a tu inútil ahijado, Black. Quizá debas hacerlo tú, un aprendiz de auror necesita practicar”

- “Severus no puede moverse libremente. Voldemort podría buscar venganza y no deseo perder a uno de mis mejores elementos”, intervino Dumbledore con tono firme, “pero concuerdo contigo, Sirius, en que debemos vigilar a Malfoy. Kingsley no puede hacerlo porque tiene prohibido usar la magia en Inglaterra, Remus debe dictar clases, de modo que quedas tú”

- “Lo haré”, los ojos de Sirius lanzaron un desafío azul a Snape.

Luego discutieron acerca de involucrar a los pocos miembros que quedaban en la Orden. Decidieron avisarle a Moody, que a pesar de su edad se mantenía alerta siempre. Pero optaron por no avisar a Arthur Weasley, quien inevitablemente se lo hubiera dicho a su mujer y la señora Weasley había pasado por muchos momentos difíciles en la guerra anterior como para preocuparla más. Sin embargo, Tonks y Bill serían contactados por Kingsley. Con esto, la reunión se disolvió.


5

- “Andrea”

El chico se volvió de un salto, pero se relajó nuevamente al ver a Draco. Aunque la tranquilidad lo le duró mucho porque fue empujado sin mayor ceremonia en un aula vacía.

- “¿Dónde estuviste el fin de semana?”, demandó.

- “Dragone, no fue nada importante… hablaremos luego, voy retrasado a clase”

- “Me has estado evitando”

- “Estoy cansado, amore mio. Luego…”

- “¿Estabas con mi padre? ¡Dímelo!”, exigió Draco tomándolo firmemente de los hombros, tratando de mirarlo a los límpidos ojos azules. Los ojos de un asesino, como le había dicho Snape.

- “Eso no importa, Draco… soy tuyo también, puedes tenerme…”

- “Ahora”

Andrea palideció, su herida estaba abierta y sangrante aún.

- “N-no puedo…”

- “¡Dijiste que podría! ¿Qué pasa, te volviste casto de pronto?”, Draco lo sujetó y trató de empujarlo contra la pared, palpando bajo su túnica. Pero Andrea lo arrojó al piso con una fuerza inusitada y ojos dementes.

- “¡Dije que ahora no!”, gritó, pálido y tembloroso y huyó cojeando por el pasillo desierto. Pero alcanzó a oír la furiosa voz de Draco.

- “¿Qué me harás? ¿Lo que hiciste en Italia? ¿Me matarás como a los otros?”

 

5

La clase de Pociones era justo lo que Harry necesitaba para sentirse peor. Se sintió indispuesto el domingo, el lunes faltó a esa clase, el martes no fue a Oclumancia, pero el miércoles no pudo faltar o despertaría las sospechas de Remus. De modo que respiró hondo y se dispuso a enfrentar a su profesor con toda la dignidad posible.

Pero esa dignidad se fue al demonio cuando vio la risita de Draco Malfoy apenas entró en el aula.

- “Cinco minutos tarde, Potter”, dijo Snape con tono poco amistoso, “faltó a la clase anterior, ¿ha traído el ensayo?”

Harry le alcanzó el pergamino con manos que intentaban no temblar, pero Snape apenas lo miró y lo arrojó displicentemente sobre el escritorio. El maldito mocoso, pudo ver temor y vergüenza en sus ojos, pero también una pequeña chispa de desafío. El chico se sentó junto a Ron y Hermione y sacó los apuntes. Snape reanudó la explicación que había interrumpido y la clase se realizó sin mayores incidentes que los ya conocidos comentarios sarcásticos del profesor cada vez que un Gryffindor cometía un error en las pociones.

Pero no se burló de Harry.

Es más, ni siquiera se acercó a él, como si tuviera la peste.

El hecho era tan inusitado que hasta Ron lo notó, porque en su nerviosismo, Harry había confundido las cantidades de ingredientes y su caldero echaba un maloliente humo grisáceo en lugar del humo verdoso de los demás. Snape simplemente desapareció el contenido del caldero y no hizo ningún comentario.

Cuando todos se retiraron, el profesor se quedó un momento contemplando la mesa en la que había estado sentado el chico e hizo un gesto de irritación.

¿Qué tenía Potter en la cabeza? ¿Acaso era masoquista? Se entretuvo un momento pensando en algunos ‘tratamientos’ para el mocoso, pero luego desistió. Claro, eso sacaba por enseñarle Oclumancia al infeliz. Era enfermizo. Ni siquiera pudo burlarse de él a su antojo en clases, le tuvo lástima. ¡Lástima! ¡Al hijo de James Potter!

Definitivamente necesitaba un loquero.

 

6

Setiembre llegaba a su fin y Remus estaba dictando su última clase del mes al grupo de Slytherin. Se sentía eufórico y travieso, como le pasaba siempre al aproximarse la luna llena, y sus instintos lupinos se habían agudizado. Por eso percibió algo extraño apenas pisó el aula.

Mientras explicaba algunas formas de bloquear maldiciones, localizó al causante de esa extraña sensación que tenía.

Andrea Manganelli, sentado al fondo del aula, tenía una expresión descompuesta.

Finalizó la clase pidiendo un ensayo sobre maldiciones de parálisis y cuando los estudiantes se retiraban, se acercó al chico italiano.

- “Andrea, ¿te sientes bien?”

- “Estoy bien”, murmuró Andrea y se apresuró a salir del aula, dejando a su profesor pensativo.

Remus había tenido extraños sueños con serpientes y huevos de serpientes, pero trató de no pensar en ello. Esos últimos días fueron de mucha actividad en la escuela y no deseaba distraerse con ese tipo de cosas. Bellatrix nunca fue buena con la Oclumancia y no temía bloquearla. Pero con Harry era distinto, lo veía preocupado y tenso por algo, algo que tenía que ver con Severus, de eso estaba seguro aunque el chico no soltó prenda. Y Remus, luego de pensarlo mucho, decidió que no lo forzaría a contarlo si Harry no lo deseaba.

 

7

- “¿Todo está listo?”, preguntó Voldemort impaciente.

- “Sí, señor. Tal como lo pediste”

Voldemort avanzó por la estancia, verificando él mismo la autenticidad de los ingredientes. Todo estaba allí, un pez-globo muerto, la serpiente, el gusano ciego y el ciempiés. Las orquídeas salvajes que a Lucius le había costado tanto conseguir estaban desparramadas como por descuido sobre el brazo semi descompuesto de un cadáver y cubrían también los sangrientos despojos de un hígado humano, fresco aún. Y atado en la losa de piedra que serviría como altar, se encontraba el ingrediente final: Adrian Pucey.

- “Lo que presenciarás hoy, Lucius, será un anticipo del resurgimiento de mi imperio, el nacimiento de una nueva raza de guerreros que jamás me traicionarán”

El rubio vislumbró el plan y analizó inmediatamente sus consecuencias.

- “Pero es un muggle casado con una bruja…”

- “¿Y qué con eso? Es la mejor justicia para los nuestros… los magos son demasiado fuertes para lo que me propongo hacer. Los muggles emparentados con magos y brujas son el símbolo de nuestra decadencia. Ellos me servirán”

- “El Ministerio lo busca”

- “Tanto mejor, lo hallarán”

Bellatrix entró en la habitación, altísima en su vestido negro de amplias mangas y cuello alto, con las manos aún cubiertas por guantes de fina piel y Lucius se preguntó una vez más que ocultaba bajo esas vestiduras.

- “¿Empiezo, señor?”

- “Aún no, Bella. Debo preparar primero la poción. ¡Ah, si Severus estuviera aquí! Ni siquiera él ha preparado jamás polvo zombie”

Lucius se mordió la lengua. De modo que de eso se trataba, finalmente. Polvo zombie.

Brillante.

Voldemort tardó unas horas en preparar la poción, terminó exactamente a la media noche, con la luna llena despidiendo el mes de septiembre y dándole la bienvenida a su creación.

El aire se llenó de los alaridos de Pucey, torturado por Bellatrix hasta llevarlo al límite entre la vida y la muerte. El rubio la admiró, tenía las mejillas coloreadas y la larga melena negra cayendo como la noche sobre su rostro brillante, sus ojos rojos parecían rubíes, toda ella resplandecía con una energía que hacía vibrar su delgado cuerpo. La belleza que se les confería a los asesinos le daba su fuerza letal. Bella era la criatura más excelsa cuando mataba.

- “Basta, Bellatrix”.

El siseo de Voldemort, suave y sinuoso, bastó para que ella bajara la varita y retrocediera, vibrando aún de emoción, para abrirle paso a su señor.

El alarido final de Pucey fue terrible, el veneno del pez globo debía haberle corroído las entrañas, y boqueó varias veces antes de quedarse quieto, con los ojos muy abiertos.

- “Levántate”, ordenó Voldemort.

Y él lo hizo.

Lucius sintió exaltación, embriagado de poder, olvidó por unos momentos a Severus y rió con risa de demonio, vislumbrando un enorme ejército de zombies atacando el Londres Mágico.

 

8

Esa misma noche, Remus se estremeció en brazos de Sirius cuando la luna llena lo volvió a reclamar con la energía de un apasionado amante. La poción matalobos mantuvo quieto a Moony por unas horas, pero luego el lobo se revolvió, con incontenible energía, gañendo bajito y escarbando el suelo junto a la puerta.

Padfoot bloqueó la puerta con su cuerpo, la conciencia humana que gobernaba su mente le advirtió que no podía permitir que el licántropo salga a media noche, aterrorizando todo el castillo. Pero Moony no quería salir, trataba más bien de cavar un refugio.

El lobo se encogió bajo el escritorio de caoba maciza y lanzó un aterrador aullido. Moony clamaba a la noche el nacimiento del esclavo de Voldemort.

 

9

- “Remus está dormido”, dijo Sirius con cara de pocos amigos, entreabriendo apenas la puerta. La mañana que pasó dictando clases a los alumnos de su pareja había sido divertida, pero agotadora y sólo deseaba darse un baño y hacerle el amor a Remus el poco tiempo que le quedaba antes de la salida de la luna.

- “Algo gravísimo ha ocurrido”, replicó Kingsley, “Dumbledore me dijo que Remus tuvo ayer un comportamiento extraño, debo hablar con él. Si es lo que presiento, necesitaremos refuerzos”

Sirius se hizo a un lado de mala gana. El ex auror no le agradaba en absoluto y no hacía nada para disimularlo, pero era cierto que el comportamiento de Moony la pasada noche fue muy inusual.

- “¿De qué se trata?”

- “Encontraron a Pucey. Los magos del Departamento de Personas Desaparecidas lo hallaron vagando por Curzon Street, con la mirada perdida y descalzo. Era imposible que no llamara la atención en un lugar así. Uno de ellos se acercó y lo tomó del brazo, Pucey lo siguió como si estuviera atontado, y de pronto, pareció cobrar vida súbita y cogió al hombre del cuello, los otros magos le lanzaron hechizos aturdidores, pero no resultaron. Dicen que pudieron oír el sonido de cada vértebra del cuello del desgraciado al quebrarse y Pucey lo arrojó sobre ellos, muerto. Estaban tan impresionados que no reaccionaron a tiempo y escapó”

- “¿La Maldición Imperius?”, sugirió, poco convencido, Sirius.

- “Imposible, los hechizos aturdidores hubieran logrado algo de tratarse de esa maldición”

- “¡Un momento! ¿Cómo sabes eso? Ya no trabajas en el Ministerio”, dijo Sirius con suspicacia.

- “Luziel me pidió consejo esta mañana. Transfirieron el caso a la división de Aurores, ahora ellos buscan a Pucey. Dijo que no quiso molestarte porque sabía que estabas con Rem”

Rem. Lo que más detestaba Sirius era que le cambiaran el nombre a su pareja.

- “Pues que se arreglen los aurores. No voy a despertar a Remus solo porque unos magos no pudieron controlar a Pucey o en lo que se haya convertido”

- “¿Paddy? ¡Kingsley! ¿qué haces aquí?”

Remus se hallaba en el umbral de la puerta de su dormitorio, vestido tan solo con una bata de felpa azul marino que era de Sirius.

Las explicaciones fueron dadas nuevamente y Kingsley miró con seriedad al que fue su pareja.

- “Rem, siento haber tenido que despertarte de este modo. Pero Dumbledore me dijo que anoche te comportaste…”, se detuvo para elegir la palabra, “extrañamente. Me preguntaba si recuerdas algo de lo que sucedió”

Remus se reclinó en el sofá, con Sirius muy junto a él. Cerró los ojos tratando de recordar, pero la memoria del lobo era evasiva, tan sólo tenía las sensaciones captadas por el instinto de la criatura.

- “Sangre en el torso de un hombre, alaridos espantosos y una presencia oscura… tuve miedo y quise ocultarme, los gritos me taladraban los oídos, debo haber aullado para acallarlos. El olor a sangre dilataba las aletas de mi nariz, pero no me invitaba a atacar… Alguien reía también… luego todo cesó”

- “¿No había nada más? ¿No oliste nada extraño?”

La mano de Sirius acarició los tensos hombros de Remus. Cuando el Auror-Maravilla se largase, le daría un masaje para relajarlo. Una desagradable sensación se le formó en la boca del estómago cuando su pareja volvió a hablar.

- “Flores… olía a flores y a algo descompuesto… y a cosas vivas… alimañas… “

El mago pálido abrió de golpe los ojos. Kingsley sostenía en la mano una orquídea naranja.

- “Ese olor…”, murmuró, “eran orquídeas”

- “¿Qué era eso? ¿El regreso de los muertos vivientes?”, preguntó Sirius.

- “Así es. Hicieron un zombie, es magia negra desconocida en esta región, sólo la emplean los bokors, los sacerdotes vudú. Voldemort pasó una temporada en Haití y Jamaica el año pasado”

- “Esclavos para Voldemort, ¿la magia no los afecta?”

- “No del todo, están sujetos a la voluntad de Voldemort. Pero son orgánicos, pueden ser destruidos con el Fuego de San Elmo, o incluso con las llamas de Yeg-gah, pero si son muchos, continuarán avanzando. He visto ejércitos de ellos atacar poblados enteros, Sirius. No hay nada más aterrador que ver la muerte en sus ojos vacíos…”

- “¿Qué haremos? Debemos convocar a la Orden”, sugirió Remus.

- “Aún no. Voldemort quiso que lo sepamos… pudo haberlo mantenido oculto, pero no lo hizo… y quiero saber el motivo”, dijo Sirius. “¿Hay otro modo de destruirlos?”, preguntó volviéndose a Kingsley.

- “Lo hay. Pero yo solo no puedo hacerlo, necesitaré la ayuda de un sacerdote”

- “Genial. ¿De dónde sacaremos uno?”, bufó Sirius.

- “De Jamaica. Se llama Marcos”, fue la respuesta del ex-auror.

 

10

Draco estaba eufórico, había pasado el día en Hogsmeade con su padre, haciendo compras y recorriendo las bulliciosas tiendas de magia, conversando sobre trivialidades y sin tiempo para pensar en nada más que en disfrutar de su compañía, para terminar finalmente agotados en Las Tres Escobas donde pidieron el almuerzo.

Las pálidas mejillas de Draco estaban coloreadas por el frío. Sentado frente a su padre volvía a sentirse invencible, sin importarle las miradas hostiles de Potter y sus amigos, ni los cuchicheos de algunos que señalaron a Lucius. Estaba con su padre, un Malfoy. Como él.

Lucius echó hacia atrás su cabello en estudiado gesto y miró por encima del hombro a la mesa más sombría en un rincón junto a la chimenea. Severus Snape volvió su pétrea mirada hacia un grupo de Gryffindor y los murmullos cesaron de inmediato.

- “Allí está Potter”, dijo con amargura Draco, “siguen tratándolo como una divinidad y ayer se estuvo pavoneando todo el día en compañía de su padrino, el ex presidiario”

- “¿Black está en Hogwarts?”

- “Reemplaza a Lupin en las clases mientras él está enfermo. No está mal, pero favorece a Potter”

- “¿Y Manganelli? ¿No vino contigo?”, la pregunta fue hecha con voz neutral, pero Draco sintió una oleada de celos.

- “Se siente mal. El profe lo atendió hace días, pero todavía se queja”, explicó escuetamente Draco. Y era cierto, Andrea no se había sentido bien y se había negado a tener sexo con él e incluso a darle explicaciones cuando Draco le increpó lo que Snape le había dicho.

Almorzaron en silencio. Nuevamente pesaba en Draco la certeza de que su padre sabía algo que él no. Nuevamente las palabras de Snape resonaron en sus oídos. Poder… ¿en verdad el poder era tan importante? Un roce de tela junto a ellos lo hizo levantar la mirada. Su jefe de casa acababa de finalizar su almuerzo y se dirigía a la puerta. Al pasar, saludó a Lucius con una leve inclinación de cabeza, como si fueran dos perfectos desconocidos.

La mirada de Lucius era puro hielo.

- “Padre… ¿qué pasará ahora? ¿estás a salvo?”, susurró aprovechando que el bullicio de los otros comensales volvía a elevarse con la salida de Snape.

- “Lo estoy, Draco. Pronto tendrás noticias, debes estar preparado”

El chico asintió seriamente, pero sintió el corazón encogérsele. ¿Qué quiso decirle su padre? ¿Acaso la lucha no había terminado?

La alegría se había extinguido el rostro de Draco esa tarde cuando abordó el carruaje, reemplazada ahora por una taciturna expresión.


11

But through my tears breaks a blinding light / pero a través de mis lágrimas irrumpe una luz enceguecedora
Birthing a dawn to this endless night / trayendo un amanecer a esta noche interminable
Arms outstretched, awaiting me / brazos extendidos, esperándome
An open embrace upon a bleeding tree / un abrazo abierto bajo un árbol sangrante

Lucius lo vio partir, con los reflejos de la tarde que moría recorriendo su cabello, plata y dorado, perdiéndose en el veloz carruaje. Avanzó para buscar un sitio apropiado y aparecerse en su mansión.

- “Lucifer”

Se volvió como si hubiera recibido un latigazo. Los ojos negros de Severus le traspasaron el alma como dos dagas afiladas.

- “Segrael”

- “Ha pasado mucho tiempo, Lord Malfoy”

- “Sin duda, profesor Snape”, replicó Lucius con fingida indiferencia. Para cualquiera que los hubiera visto, eran solo un aristócrata y un maestro de escuela, saludándose respetuosamente.

- “No sé cuál es tu juego ahora, pero mantén a Draco fuera de esto”, espetó de pronto Snape, giró sobre sus talones y se metió en el último carruaje que salía para Hogwarts, sin mirar para atrás ni una sola vez.

 

12

Rest in me and I'll comfort you / descansa en mí y te confortaré
I have lived and I died for you / he vivido y muerto por ti
Abide in me and I vow to you / permanence en mi y te juraré
I will never forsake you / que nunca te abandonaré

Era de noche cuando el carruaje de Severus llegó a Hogwarts. El profesor se apeó y avanzó por el empedrado del patio, pero no entró al castillo. Sus pasos lo llevaron hacia los invernaderos, desde donde se podía ingresar directamente a las mazmorras, pero siguió de largo.

Junto al lago, se alzaba una haya añeja. Sus hojas color café se balanceaban suavemente con el viento y junto al tronco blanco, destacaba una figura.

Ojos verdes en medio de la noche iluminada con la luna llena.

Harry Potter.

El chico no lo había visto acercarse, estaba reclinado en el tronco, muy quieto. No llevaba anteojos y sus hombros se estremecían ligeramente, quizá a causa del frío porque no llevaba ningún abrigo.

¿Ese era el mesías sagrado del mundo mágico? Un crío mimado y arrogante, tal como lo había sido James Potter. O quizá peor.

Pero ese crío no lo odiaba.

Contra todos los pronósticos, el chico no lo odiaba.

¿Cuál era el motivo, si todo apuntaba a que lo odie? ¿Si todos los estudiantes lo habían odiado y temido, excepto Draco que lo respetaba en verdad?

Una rama se quebró bajo sus pies y Harry levantó la mirada. Lloraba, sus ojos verdes estaban arrasados en lágrimas como un cachorrito desvalido arrojado en medio de la pista pidiendo que alguien lo recoja.

Severus sintió que el hielo que llevaba en el corazón podía derretirse.

Pero fue solo un instante. Los ojos acusadores de Harry lo miraron llenos de rencor. El chico no le perdonaba haberse metido en su mente.

- “Vaya a la cama, Potter. Si coge un resfriado el Mundo Mágico podría quedar a merced de las fuerzas del mal”

- “Estoy bien aquí”, fue la desafiante respuesta. Harry limpió de un manotazo las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas y lo miró sin parpadear.

- “Siempre arrogante, ¿no, Potter? Igual que tu padre, mimado y engreído. Pero a mí no me engañas…”

- “¡No es cierto! ¡Usted es sólo un viejo amargado!”, estalló Harry si que pudiera ya contenerse. “¡Usted se metió en mi mente!, ¿Cree que esos recuerdos son los de un chico mimado? ¿Cree que es divertido ser el centro de atención cuando yo sólo quiero que me dejen en paz? ¿Cree que disfruto estudiando Oclumancia cuando sé que me odia? ¡USTED NO SABE NADA! ¡SÓLO TIENE TIEMPO PARA SU ODIO! ¡SÓLO VIVE ODIANDO A TODO LO ES DISTINTO A USTED!”

El chico temblaba de ira, las hojas del árbol se agitaron movidas por algo más fuerte que el viento que soplaba apenas. El agua del lago, antes quieta, empezó a formar olas.

Era hermoso y terrible verlo así. Y por primera vez, Severus vio al chico que se había enfrentado a Voldemort armado tan sólo con una varita y con un vulgar hechizo de defensa.

- “Potter…”

- “¡Déjeme solo! ¡Lo que vio no le da ningún derecho sobre mi! Usted ha sufrido, yo también lo he visto, por eso actúa así… por eso tiene ese odio. Usted menos que nadie debería juzgar a las personas sin conocer lo que hay en sus corazones… ”

El agua de lago volvió a agitarse y Harry echó a correr en dirección al castillo.

 

Capítulo 6: Entendimiento


Can you forgive me again? / ¿puedes perdonarme de nuevo?
I don't know what I said / no sé qué dije
But I didn't mean to hurt you / pero no quería lastimarte
I heard the words come out / escuché las palabras salir
I felt that I would die / sentí que podría morir
It hurt so much to hurt you / eso lastimó tanto como para lastimarte

Forgive me - Evanescence


1

Lo hizo.

Harry no supo cómo, pero lo hizo.

Le gritó a Snape todo lo que pensaba, todo lo que había albergado tanto tiempo estalló como una marea incontenible, tan intensa que incluso los elementos notaron el poder que emanaba de su frágil cuerpo.

Gritó hasta quedarse ronco y luego huyó con todas sus fuerzas hacia el castillo, donde corrió atropelladamente, ya sin importarle nada. Pero incluso así, tuvo suerte, Filch no se encontraba merodeando por allí y el único testigo de su temblorosa huída fue Sir Nick Casi Decapitado, que no dijo nada cuando Harry lo atravesó en su afán de llegar a su refugio.

Temblando aún, llegó hacia el sanitario de chicas desde donde se abría la Cámara de los Secretos, que no albergaba ningún misterio ya. Todo estaba en silencio, el único sonido en medio de la noche eran los sollozos de Harry, que fueron calmándose poco a poco hasta convertirse en profundos suspiros. El chico se quitó los empañados anteojos y se miró al espejo, que le devolvió un rostro lloroso, con los ojos hinchados y el cabello desordenado.

¿Qué había hecho?

Snape seguro se quejaría con Dumbledore y lo expulsaría de su clase. Y también dejaría de enseñarle Oclumancia, que era lo único bueno que podía salir de todo aquello. Ya podía imaginar todo lo que le diría Hermione, pero por lo menos se había desquitado. Respecto a Snape, no le temía. Estaba seguro que Remus podría interceder por él si el profesor pedía su expulsión, y quizá Sirius le daría una buena sacudida a ‘Snivellus’.

Pero…

¿Qué pensaría Snape de él? En verdad se había comportado como un niño al gritar de ese modo, pero el profesor lo provocó y debía atenerse a las consecuencias.

Luego de una hora de pensar y pensar, Harry finalmente se calmó y aceptó los hechos. Le había dicho a Snape lo que pensaba y no iba a disculparse por eso. Tampoco permitiría que el profesor lo perjudicase más. Actuaría como si nada hubiera pasado, y si Snape lo volvía a provocar, peor para él. Y, sobre todo, dejaría de soñar que podían ser amigos, porque no tenía caso.

Y con ese pensamiento, fue silenciosamente a su habitación y se deslizó entre las sábanas, sintiéndose en paz.

 

2

Then you look at me / Entonces me miraste
You're not shouting anymore / No estás gritando más
You're silently broken / estás silenciosamente roto

Severus Snape no dormía.

Inquieto en su solitaria habitación intentaba pensar en otra cosa, pero en vano. Una y otra vez, las palabras furiosas de Potter irrumpían en su mente, los gritos del chico volvían a tronar en su cerebro. El dolor de sus ojos verdes volvía a meterse en los suyos.

Dolor.

Había dolor en la furia que sacudió al muchacho. ¡Cuánto dolor en alguien tan joven! No había pensado en eso… no se le había ocurrido que el hijo de James Potter pudiera sentir tanto dolor a los dieciséis años, un dolor similar al que él mismo sintió cuando tenía esa edad.

- “Potter”, siseó apretando los dientes, sin pensar si se dirigía a James o a Harry… sólo dijo el odiado apellido con la misma amargura de siempre.

Usted menos que nadie debería juzgar a las personas sin conocer lo que hay en sus corazones…

Eso era una completa estupidez. Él no volvería a confiar. No confiaría jamás en un Gryffindor, y mucho menos en el hijo de Potter, el arrogante y mimado de Potter, siempre fastidiándolo, siempre burlándose de su cabello y de su nariz.

- “Malnacido”, gruñó, sintiendo el corazón arder con ese viejo odio que los años no habían logrado suavizar.

¡Usted es sólo un viejo amargado!

Viejo amargado.

Sí, lo era.

Maldita sea, era un viejo amargado.

Los estudiantes no lo apreciaban, pero nunca le importó. Sólo le interesaban sus pociones y sus libros, y cierto rubio esquivo que calentaba su cama de tiempo en tiempo.

Pero eso también se había acabado.

Eso sacaba por enseñarle Oclumancia a San Potter. Lo sabía. Siempre supo que eso no traería nada bueno.

¡Usted se metió en mi mente!

Oh sí, Potter. Tú te lo buscaste.

Pero nada lo hubiera preparado para lo que encontró allí.

El chico lo quería.

- “¡Maldición, Potter!”

No debió hacerlo, el mocoso debió continuar odiándolo como siempre. Debió hacer como todos los estudiantes. “Odien al viejo amargado de Snape, porque él nos odia a todos”.

Pero no.

Potter, como siempre, tuvo que hacer cosas distintas al resto de los mortales. Y eso era culpa de las malditas clases, porque el chico tuvo que ver algo allí que lo hizo cambiar, algo que lo hizo entender la razón de su amargura. Algo que lo hizo quererlo.

¿Por qué el mocoso mimado siempre tenía que arruinárselo todo?

¿Cree que esos recuerdos son los de un chico mimado? ¿Cree que es divertido ser el centro de atención cuando yo sólo quiero que me dejen en paz? ¿Cree que disfruto estudiando Oclumancia cuando sé que me odia?

Cierto. Potter no era un crío mimado, sus parientes lo habían humillado muchísimo, había sufrido lo suyo. Como a él.

- “Diez puntos, señor Potter”, bufó antes de levantarse e ir a su armario privado a buscar una poción para dormir.

 

3

Sirius abrió los ojos y se movió con mucho cuidado para no despertar a su pareja. Remus dormía aún, en sus brazos, bastante adolorido luego de su última transformación, hacía apenas dos días.

Lo contempló con ternura y despacito, apartó el mechón gris que cubría su frente para depositar un suave beso.

- “Te amo, Remus Lupin”, susurró, se levantó sin prisa y miró el reloj. Domingo cinco de octubre, ocho de la mañana. Aún era temprano y eso le daba tiempo para prepararle a Remus una taza de chocolate, que era lo que más le gustaba a su pareja a la hora de despertar.

Al cabo de un rato, el olor a chocolate que provenía de la salita adyacente a la habitación despertó a Remus, que se arropó un poco más, con pereza de levantarse.

- “¿Moony?”

Sirius lo miró sonriente desde la puerta, con una taza de humeante chocolate en las manos.

- “Buenos días”, dijo Remus devolviéndole la sonrisa y se incorporó un poco, adolorido aún.

- “¿Cómo te sientes hoy?”

- “Mucho mejor. Creo que mañana podré hacerme cargo yo mismo de mis clases”

- “¿Quieres que me vaya?”, dijo Sirius haciendo un mohín, “yo creí que querías estar conmigo”

- “Claro que quiero estar contigo, tonto… pero no te olvides que debes vigilar a Lucius Malfoy”, Remus se incorporó y tomó la taza que Sirius le tendió, la sopló un momento y luego bebió un sorbito del chocolate, con los ojos cerrados. “Delicioso”, sonrió, “Anda, ven aquí… tú sabes cuánto quiero estar contigo, pero tienes tus clases de auror y yo mis clases de DCAO. Podemos estar juntos todos los fines de semana…”

- “Pero el Auror-Maravilla está aquí”, protestó Sirius sin poder contenerse.

- “Dumbledore le pidió que se quedara en Hogwarts mientras viene su amigo el sacerdote. Y ya no es un auror”, puntualizó Remus. “Vamos, Sirius, no vas a ponerte celoso ahora, ¿verdad?”

- “Yo no estoy celoso”

- “Oh no. No lo estás”, suspiró Remus y dio otro sorbo a su chocolate.

Recostado a medias en la cama, con el cabello despeinado y el pijama desabrochado mostrando su pecho, desde donde podía verse un pezón, Remus era una imagen demasiado tentadora.

- “Te amo”, dijo Sirius de pronto.

- “¿Qué?”, rió Remus.

- “Te amo, te amo, te amo”

Sirius, entre risas, le quitó la taza de chocolate y se tendió junto a él en la cama, besándolo con toda la pasión que se le acababa de desatar.

Se besaron, hambrientos y enamorados, hasta hacer un revoltijo con las cobijas que luego Sirius arrojó lejos. Remus lo atrajo y se confundieron en un nuevo beso mientras las manos se acariciaban ansiosas y seguían el camino que tan bien conocían.

El pijama de Remus fue descartado con prisa e igual camino siguió el pijama de Sirius. Hacía frío, pero el calor de sus cuerpos elevó la temperatura de la habitación.

Las ágiles manos de Sirius juguetearon con la erección de su pareja y lo ayudó a acomodarse, con una almohada bajo las caderas. Visto de ese modo, Remus era un bocado tentador.

- “Ahhh”, jadeó Remus cuando la ardiente humedad de la boca de Sirius lo tomó entre sus labios, jugando con la lengua en la punta de su glande.

Sirius continuó con su placentera tarea, acariciando, besando y preparando la zona que pronto maltrataría. Después de la luna llena, era frecuente que sea él quien tome la parte activa, porque Remus quedaba adolorido para semejante ejercicio.

- “No te detengas, Paddy”

Remus jadeaba con los ojos cerrados y el mechón entrecano cubriéndole de nuevo la frente. Sus mejillas estaban rojas y sus labios entreabiertos, mientras su erección palpitaba peligrosamente. Pero Sirius no deseaba que acabara aún y apretó con fuerza la base de la erguida torre, deteniendo la eyaculación.

- “No, no”, gimió Remus con un gritito entrecortado.

- “Lobito malo”, jadeó Sirius volviendo a insertar los dedos en la apretada abertura, “no puedes hacerlo sin mí”, ordenó preparándose para penetrarlo.

Remus se agitó nuevamente y contuvo un grito al sentir la familiar, pero siempre dolorosa invasión inicial. Fue lenta y deliciosamente dominante, porque Sirius le sujetó las manos, entrelazándolas mientras lo penetraba, y lo miró a los ojos porque en esos momentos Remus era más suyo que nunca.

- “Te amo, Moony”

- “Te amo, Padfoot”

Y, como si esas palabras fueran una señal, se enterró del todo en el cuerpo de Remus e inició un ritmo lento y delicioso, moviendo las caderas en círculos para darle tiempo a su pareja de adaptarse.

Jadearon, gritaron y se amaron hasta que la erección de Remus palpitó nuevamente entre los ansiosos dedos de Sirius y éste se dejó llevar, empapándolo por dentro. Al cabo de un momento y con un pequeño grito, Remus se liberó manchándole las manos y las sábanas.

- “Pobre Dobby o quien quiera que limpie esto”, susurró sonriendo Sirius y se deslizó con cuidado fuera del cuerpo de su pareja, que jadeaba aún, con los ojos cerrados.

Se besaron mirándose a los ojos, con una felicidad que habría sido completa si Bellatrix y Voldemort no hubieran vuelto.

Luego de unos momentos, Sirius se puso de pie y ayudó a Remus a levantarse, tomándolo de la mano. Aún tomados de la mano, fueron al baño a asearse y Sirius abrió la ducha.

- “¿Vienes?”, susurró besando en la boca a su pareja, para luego perderse en el vapor.

Remus entró sonriendo.

- “Paddy, deseo que hables con Harry”.

 

4

- “¿Qué es lo que tienes?”, demandó Draco irrumpiendo como ya se le había hecho costumbre en la habitación de Andrea.

- “Me siento mal”, murmuró Andrea, cubriéndose la cara con la cobija.

- “¡Tienes que ir a Pociones! ¡Snape no te perdonará si faltas!”

- “No me interesa”, dijo Andrea bajo las mantas. “que haga lo que le de la gana, viejo amargado”

Draco se sentó sobre la cama. El domingo había hecho las paces con Andrea, pero el italiando estaba actuando muy raro y se enfurecía cuando le mencionaban a Snape, del mismo modo que Snape se enfurecía cuando le mencionaban a Andrea. Y además, seguía enfermo.

- “Ragazzo, tienes que ir. Ya faltaste a la clase del viernes”

Andrea asomó los ojos por entre las cobijas con un amago de sonrisa. Draco le acababa de hablar en italiano, como Lucius hacía también.

- “No quiero ver al viejo”, murmuró.

- “Escucha, caro, ya te dije que no me importa lo que hayas hecho ni lo que piense Snape. Pero no seas idiota y ve a clases… hazlo y por la noche te mostraré cuánto te aprecio”, susurró Draco en su oído.

Andrea se revolvió un poco en la cama. No habían tenido sexo desde su encuentro con Voldemort, aunque la herida ya estaba curada gracias a los ungüentos que le dio Snape. Pero Andrea tenía miedo de la amenaza del profesor… aún así, Draco nunca lo había tratado con tanto cariño. Lo pensó mejor. Después de todo, el profe no tenía cómo enterarse.

- “Está bien. Iré, pero esta noche te quedarás conmigo”, dijo Andrea y se levantó finalmente.

Mientras Andrea se vestía, Draco vio lo delgado que estaba y sintió una oleada de ternura y deseo. Deseaba acostarse con el italiano y pensó en que si su profesor se enterase, lo decapitaría. Desde hacía varios días, Snape parecía odiar a todo el mundo, Draco incluido, y eso hizo que el chico se rebelara y quisiera hacer exactamente lo que Snape no quería: follarse a Andrea. Claro que primero tendría que convencerlo, porque al inicio el italiano no quería ni que se le acerque.

- “¿Nos vamos?”

 

5

- “¿Cuáles son las propiedades de las orquídeas?”, preguntó Snape a la clase y como siempre, sólo la mano de Hermione Granger se alzó.

El profesor avanzó hasta el fondo del aula, rozando con su túnica la mesa donde se sentaba Harry, que no lo miró.

Y como siempre, el profesor hizo caso omiso a la mano levantada de Hermione.

- “Nadie lo sabe. No me sorprende del todo, aunque usted, señor Malfoy, debería saberlo”

Draco hizo una mueca. Hermione intentó protestar, pero Snape alzó la voz.

- “Las orquídeas tienen propiedades curativas y se emplean en algunas pociones para regenerar la piel, aunque su empleo está asociado en muchos casos a prácticas de magia negra y ritos demoníacos. Las orquídeas…”

Harry dejó escapar un pequeño grito… ¡Las orquídeas! Había soñado con ellas, pero no recordaba exactamente por qué.

- “¿Qué sucede aquí?”, tronó la voz de Snape, “¡POTTER!”

Pero el chico ya se había compuesto y murmuró una disculpa.

- “Veinte puntos menos para Gryffindor, ya que Potter les teme a las orquídeas”, dijo tranquilamente el profesor y reanudó la clase entre las risas de los Slytherin.

Harry apretó los labios. Así fue también la clase del lunes. Snape había vuelto a ser el mismo e incluso suspendió las clases de Oclumancia del martes y jueves por encontrarse ocupado.

Pero el profesor no había comentado el incidente en el lago y Harry tampoco se lo había contado a nadie. Era un secreto cómplice, aunque el comportamiento de Snape seguía siendo hostil, para tranquilidad de Ron que encontraba extraño que el profesor no hostigara a Harry durante las clases.

Harry enrojeció cuando Draco le envió burlonamente una orquídea de papel. ¿Por qué Snape tenía que ponerlo siempre en ridículo? Eso le recordó su conversación con Sirius. Su padrino le habló de la confianza y de todo lo que perdió por no confiar en Remus cuando eran jóvenes. Pero Sirius era bastante directo y de pronto le preguntó si no tenía nada que quisiera contarle, sobre Voldemort, sobre Snape o sobre cualquier cosa. Y Harry lo negó. ¿Cómo contarle a su padrino lo de Snape?

La clase finalizó. No vería al profesor hasta el viernes y eso le produjo una extraña desazón.

 

6

- “¿Sirius vendrá hoy?”, preguntó Harry y dio un sorbo a su té.

- “Vendrá a medio día, luego de su última clase”, respondió Remus. Estaban en su pequeña salita, tomando un tardío desayuno sabatino, luego de que Harry acudiera a visitarlo, preocupado porque no lo vio en el Gran Salón.

- “Genial”

Harry movía ahora su taza de té, sin beberlo. Estaba pensativo y Remus preguntó suavemente:

- “¿Tienes clase de Oclumancia hoy?”

- “Er.. sí. Creo”

- “¿Y cómo te va con Snape?”

El nerviosismo de Harry fue bastante patente en ese momento.

- “Bien. No he soñado con Voldemort en esta semana… “

- “Pregunté por Snape, no por Voldemort”

- “Bien”, respondió Harry con un tono extraño y Remus decidió no presionarlo más. Esa mañana se sentía muy cansado y deseaba poder recostarse un momento para descansar antes de la llegada de Sirius.

- “¿Has hablado con Sirius?”

- “Ayer. Me contó que estuvo siguiendo por dos horas a Malfoy y no pudo hallar evidencia de nada extraño”

- “Lucius Malfoy sabe cuidarse, pero creo que es cuestión de tiempo. Harry”, Remus hizo una pausa y luego sonrió, avergonzado, “discúlpame un momento, deseo descansar”

Remus envió las tazas a la cocinita junto al pequeño salón, usando la varita. Eso era extraño en él, pues siempre hacía esas cosas sin magia. Harry alzó las cejas.

- “Me siento cansado hoy. Anoche corregí ensayos hasta muy tarde”, explicó el mago sonriendo como si fuera algo sin importancia.

Pero cuando Remus se puso de pie, hizo un gesto de dolor y se agarró del espaldar del sillón más próximo. Harry se apresuró a ayudarlo.

- “¿Qué pasa?”

- “No es nada, son mis articulaciones. Duelen así luego de la transformación”

- “Pero casi han pasado diez días”

- “Últimamente tardo más en recuperarme, Harry”, dijo Remus con voz muy cansada.

Harry lo ayudó a entrar en su dormitorio y lo recostó en la cama, preocupado.

- “Iré a traer a la señora Pomfrey”

- “Hoy es su día libre. Ayer me dio unas pociones para el dolor y ya las bebí. Es solo cuestión de tiempo, Harry. Sólo necesito descansar un poco”

Pero la voz de Remus desmentía sus palabras. Había dolor en ella y su rostro estaba contraído. Harry nunca lo había visto así.

- “Iré por Dumbledore”, dijo apresuradamente y salió de la habitación luego de arropar a Remus.

Después de una agitada carrera hacia el despacho del Director, Filch le informó que Dumbledore estaba en una reunión importante con Kingsley Shacklebolt y un mago extranjero y no permitió que el chico entre.

Derrotado, Harry pensó en traer a Sirius, incluso en llevar a Remus a San Mungo. Y de pronto, se le ocurrió lo obvio. ¿No era Snape el mejor en Pociones? Seguro que él sabría un modo de aliviar a Remus.

Corrió nuevamente hacia las mazmorras y llamó a la puerta del despacho tan temido. Snape abrió la puerta con cara de no haber dormido bien.

- “Potter”, dijo secamente al verlo.

- “Profesor, por favor, tiene que ayudar a Remus”, dijo Harry tratando de que su voz no sonara desesperada.

- “¿Qué le pasa a Lupin?”

- “Está muy adolorido, las pociones no le hacen efecto…”

- “La señora Pomfrey puede atenderlo muy bien”, respondió Snape.

- “No está, profesor. Además las pociones que ella le dio no lo ayudan con el dolor”

La voz de Harry era suplicante. No altanera y a la defensiva como había sido esa última semana, sino ansiosa y preocupada. En verdad el chico parecía angustiado. Snape entornó los ojos.

- “Por favor… profesor, discúlpeme por lo que dije el otro sábado, estaba ofuscado. ¡Tiene que ayudar a Remus!”

La disculpa fue tan inesperada como la súplica final. Snape hizo una señal al chico para que avanzara y lo siguió, cerrando la puerta del despacho.

 

7

- “¿Señor?”, dijo Lucius entornando la puerta de la habitación que ocupaba Voldemort en su mansión.

- “¿Dónde estabas?”, demandó Voldemort incorporándose a medias del amplio sillón donde leía. “Necesito un nuevo servicio”

- “Tuve que atender unos asuntos en Gringgots. Y con Black pegado a mis talones, fue difícil”

- “¿Black?”

- “Sí. Me sigue todos los días, pero me las he arreglado para despistarlo. ¿Qué servicio debo hacer, señor?”

- “Necesito otro muggle casado con un mago o una bruja”

Lucius asintió. Sabía lo que eso significaba. El asunto Pucey fue un escándalo la semana anterior y sabía que Voldemort no se detendría allí. Además, “El Profeta”, hábilmente manipulado por Lucius, publicó un artículo poniendo en muy mala situación al Ministerio de Magia y a la ministra. ¡Era tan sencillo! Bastaba mover un hilo aquí y otro allá y la opinión pública se dirigía hacia donde le convenía más a sus intereses, como la vez que hizo creerse un héroe a Black y logró destituir a Amelia Bones.

- “Lo tendrás, señor”. El rubio hizo rápidos cálculos mentales. Pucey estaba oculto en una de sus bóvedas, pero si los zombies aumentaban en número, no sería seguro esconderlos allí. Debía hallar un nuevo refugio.

- “Algún lugar en Soho puede servir”, dijo Voldemort demostrándole que aún podía descifrar sus pensamientos.

- “Me ocuparé de ello”

- “Averigua también sobre Manganelli”

Lucius asintió antes de abandonar la habitación. En el pasillo se encontró con Bella, con ese mismo vestido negro de cuello alto y mangas largas que la hacía parecer más alta y espectral que nunca.

Bella entró donde estaba su señor y pronto se escucharon extraños sonidos. El rubio pegó el oído a la puerta y murmuró un hechizo, pero todo lo que logró oír fue un siseo ininteligible.

- “¡Pársel!”, murmuró asombrado y se retiró apresuradamente, tratando de encajar ese nuevo descubrimiento en “EL PLAN”.

“EL PLAN”. Todo su plan descansaba en una poción. Era irónico que fuera una poción la que estuviera destinada a devolverle a Severus. Su Severus, tan desesperadamente suyo que pensar en él incluso dolía.

Lucius apretó los labios y apartó de su mente cualquier pensamiento que lo hiciera vulnerable.


Each time I say something / cada vez que digo algo
I regret I cry "I don't want to lose you." / me arrepiento y lloro “No quería perderte”
But somehow I know / pero de algún modo sé
that you will never leave me, yeah. / que tú nunca me dejarás


8

- “Lupin, esto es basura”, dijo Severus inspeccionando los frascos de pociones que estaban en la mesita de noche.

- “La señora Pomfrey…”, empezó Remus.

- “Es enfermera, no especialista en Pociones. Y ha encargado estas a una fábrica de mala calidad, a juzgar por las etiquetas. Me haré cargo”

El profesor de Pociones abandonó la habitación dejando a Remus y Harry solos. Cuando volvió, con varios frascos en la mano, los encontró hablando en voz baja.

- “Lupin, necesito que bebas esto ahora mismo”. No fue una petición, fue una orden. Remus lo miró molesto, pero obedeció, lo que era señal de lo mal que se sentía.

- “Ahora sopla aquí”

Remus obedeció nuevamente y el frasco que tenía Severus en las manos se llenó de un vapor verduzco.

- “No puede ser…”, murmuró Severus para sí. Luego agregó una gota de un tubo que extrajo del bolsillo de su túnica y el humo se licuó formando una sustancia marrón.

Remus y Harry lo miraron con curiosidad.

- “Lupin, ¿desde cuándo tienes problemas con la Poción Matalobos?”

- “No tengo problemas…”

- “Tu organismo registra una excesiva cantidad de luparia. La luparia es venenosa, Lupin. Debes saber eso al menos… ¿cómo es que tienes tanta?”

Remus meneó la cabeza.

- “Tú eres el que prepara la poción”

Severus montó en cólera.

- “¿Quieres decir que yo lo hice? Insensato… La luparia se emplea en esa poción para neutralizar la fuerza del licántropo. Durante la transformación es absorbida por la criatura y luego queda muy poca cantidad en el organismo del hombre, a menos que…”, el profesor entornó los ojos, “¿hay algo que no sepa respecto a tus recientes transformaciones?”

Remus bajó la mirada, como niño cogido en falta.

- “Respóndeme, Lupin”, demandó el profesor.

- “El año pasado… con el Anillo, dejé de transformarme”, explicó Remus. “Sólo lo sabían los elfos, Sirius y Harry”

Los ojos de Severus relampaguearon.

- “¡Por Merlín! ¿Es que nadie prestó atención a las clases de Pociones? Lupin, estás intoxicado de luparia y no has muerto porque tu naturaleza de licántropo hace que de algún modo seas inmune, pero tus músculos sufren de agarrotamiento, típico en casos de ingestión de venenos”

Y el profesor, sin ninguna ceremonia, cogió uno de los brazos de Remus y lo flexionó, descubriendo la muñeca que examinó atentamente. El paciente ahogó un grito.

- “Debes suspender la poción hasta que el efecto de la luparia desaparezca. Respecto a los dolores, prepararé algo mejor que las pociones de la señora Pomfrey. Mientras tanto, con estas que dejo podrás sobrevivir”, dijo Snape. “Hasta luego, tengo trabajo”

- “Profesor”

Harry lo alcanzó en la puerta del despacho. Severus se detuvo.

- “Gracias”

El profesor agradeció esas palabras con un ademán y avanzó por el pasillo pensando en lo verdes que eran los ojos del maldito mocoso.


9

La noche del domingo, en Grimmauld Place, Kingsley hizo su aparición acompañado de un joven y atractivo mago negro, que vestía de gris, con un cuello duro de color blanco.

- “Él es Marcos Sánz. Es sacerdote y mago y me ha estado ayudando todo este tiempo en Jamaica”

Los saludos fueron hechos y Marcos se sentó junto a Remus. Una corriente de simpatía lo atrajo instantáneamente hacia él, quizá a causa de su amable sonrisa, aunque miró con recelo a Severus.

En la reunión estaban también “Ojoloco Moody”, Tonks, Bill, Sirius y Dumbledore.

- “Le he explicado a Marcos lo que ocurrió con el zombie. Hay un ritual para detenerlo, pero necesitamos prepararlo primero. Creo que allí nos podrá ayudar Remus y también Severus, porque tiene que ver con una poción”

- “¿Es un antídoto?”, preguntó Remus.

- “Algo así. Pero no lo volverá a la vida. Lamento decirlo, pero en el momento de crear el zombie, el cuerpo del desgraciado murió. Sólo nos queda salvar su alma”, explicó Marcos, con marcado acento extranjero.

- “He vigilado a Malfoy con ayuda de Luziel. Tonks y Bill también hicieron su parte, pero es escurridizo y hasta ahora sólo hemos podido sorprender visitas sociales, visitas al Ministerio para firmar su libertad condicional, y visitas a Gringotts por negocios. No tenemos nada comprometedor”, informó Sirius. No lo notó, pero por el rostro de Remus pasó una sombra de inquietud cuando habló de Luziel.

- “Lo que no significa que se pueda descuidar tarde o temprano. O quizá aún no tiene alguna misión entre manos”, puntualizó Remus.

- “Lo que es seguro es que Bellatrix al menos está en su mansión. Analizamos los desperdicios y allí hay cosas que sólo una mujer podría usar. También hallamos pieles de serpiente, pero no con la forma habitual, sino más larga, como un enorme capullo. Luziel la llevó al Ministerio para investigar”

- “Excelente trabajo, Sirius”, reconoció Dumbledore, “sólo debemos perseverar, tarde o temprano Malfoy cometerá algún error. ¿Y tú, Severus? ¿Cómo va todo con Harry?”

El profesor miró a Sirius con hostilidad antes de responder.

- “Todo bien. Potter ha mejorado notablemente, pero Voldemort no ha intentado comunicarse con él, si es cierto lo que el chico dice”, puntualizó Severus, “Y sabemos que Potter tiene una marcada tendencia para ocultar las cosas”

- “Snivellus”, amenazó Sirius.

- “Lo que te dijo Harry es cierto, Severus”, intervino rápidamente Remus, “he conversado mucho con él y también lo ha hecho Sirius. Harry no ocultaría una cosa así sabiendo lo que hay en juego”

- “Entonces ya no necesita las clases”

- “Severus, Harry necesita prácticas más intensivas. Combina la Oclumancia con el Duelo”, pidió Dumbledore, “Ahora, dinos una cosa, ¿cómo está Manganelli? Supe que estaba enfermo, ¿Y Draco? ¿No ha intentado Voldemort comunicarse con ellos?”

- “Estoy vigilando a Manganelli, pero no tengo evidencia de que Quien No Debe Ser Nombrado se haya puesto en contacto con él. Y respecto a Draco, estoy seguro de que no lo ha hecho”, respondió Severus, pensando para sí mismo que si el ano destrozado de Andrea no era evidencia, entonces se volvería Gryffindor.

- “Sólo nos queda esperar”, dijo Moody, “Voldemort no puede atacar aún, está prácticamente solo. Pero hay mucho desconcierto a causa del zombie, y el Ministerio está de cabeza”

- “Nos han citado a todos y nos ofrecieron una prima especial por hallar a Pucey. Nadie se explica cómo se enteró ‘El Profeta’, pero el artículo no ha sido favorable y está claramente dirigido a crear desconfianza en el trabajo de los aurores”, dijo enfadada Tonks. “Quisiera que Kingsley volviera allí, Luziel y yo hemos tenido que soportar muchas cosas”

- “¿Quién es Luziel?”, se interesó Marcos, había oído el nombre varias veces y le sorprendió no hallarlo entre los presentes.

- “Es mi compañero”, explicó Sirius, “no es parte de la Orden del Fénix, pero trabajó antes con Kingsley y Tonks, cuando Kingsley era Jefe de la División de Aurores”

- “Bien, eso es todo por esta noche. Kingsley, tú y Marcos pueden seguir quedándose en Hogwarts, así podrán preparar todo para luchar con el zombie”, dijo Dumbledore.

Luego de eso, todos fueron retirándose hasta que quedó sólo Remus.

- “Lo siento, Paddy”, murmuró avergonzado. Había pasado toda la mañana y parte de la tarde del sábado durmiendo a causa de las pociones que le dejó Snape, y no tuvo tiempo para estar con Sirius tal como quería.

- “No digas eso, Moony. Necesitabas descansar… al menos Snivellus sirvió de algo”, el animago lo rodeó inmediatamente con sus brazos. “pero ahora que has descansado, podemos divertirnos un poco”, susurró juguetón.


10

Las cosas siguieron para Harry como si nada hubiera ocurrido entre él y su profesor. Snape se mostraba igual que siempre con él en clases de Pociones, aunque en las clases de Oclumancia actuaba más libremente. Incluso llegaron a platicar de temas triviales como el Quidditch que apasionaba tanto a Harry.

Pero ninguno de los dos volvió a intentar nada cuando practicaban Oclumancia. Ambos habían entendido que era demasiado peligroso luego de que, en un bloqueo fallido, el chico dejó que Snape escudriñara un sueño que tuvo. Era un sueño de adolescente, un sueño húmedo y absolutamente descriptivo que tenía al profesor de Pociones como principal protagonista. Snape bajó inmediatamente la varita y no hizo ningún comentario. Harry se puso escarlata y se apresuró a huir cuando el profesor dijo que era suficiente por ese día.

Después de ese incidente, todo siguió como antes y Harry dejó de sentirse incómodo al ir a esas clases, que comenzaron a ser lo que más esperaba en la semana. Incluso Hermione lo notó, a pesar de estar tan ocupada con sus clases y con Ron. Cuando estudiaban juntos, Harry los sorprendía a veces con algún truco aprendido de Snape.

Y el profesor, a su vez, aprendió primero a tolerar a Harry y luego a respetarlo un poquito. Después de todo, pocos habían tenido las agallas para enfrentarlo de ese modo luego del secreto que Snape descubrió.

¿El chico lo seguiría queriendo? Ese ya no era un pensamiento desagradable, sino tranquilizador, hasta podría decirse que era estimulante saberse el protagonista de las fantasías sexuales de un adolescente. Era tranquilizante también saber que después de todo lo que le había pasado y de todo lo que había hecho, alguien lo trataba de entender e incluso lo quería, aunque ese alguien fuera un Potter.

Finalmente, llegó la siguiente luna llena y con ella, la transformación de Remus. El licántropo tuvo que ser encadenado nuevamente en una de las mazmorras del castillo y esa noche, con la única compañía de Padfoot, se enfrentó nuevamente a la luna.

 

11

Mientras Moony se lanzaba desesperado contra los barrotes de la celda, en la habitación de Andrea tenía lugar una escena completamente diferente.

- “¡Muévete más! Hazlo como se lo haces a mi padre”, jadeó Draco hundiéndose en el cuerpo de Andrea, “grita, quiero oírte, putito”

Andrea gritó de éxtasis cuando recibió una sonora nalgada, y continuó moviéndose y ondulando, tal y como le gustaba a Draco. Pensó en lo tímido que era el joven Malfoy cuando lo conoció, pero el entrenamiento como mortífago le había enseñado muchas cosas, y en especial, el entrenamiento que Bellatrix le dio. Draco sabía ahora encontrar placer en el dolor, aunque eso incluso era una pobre comparación ante lo que su tía sabía hacer. El italiano se estremeció al recordar el último servicio que tuvo que prestarle a su señor.

El rubio siguió dándole nalgadas y de pronto Andrea sintió náuseas. Unas violentas náuseas que lo hicieron gritar y escapar a empellones de Draco, para correr al baño, donde arrojó sangre negruzca en el lavabo.

- “¿Qué te pasa ahora?”, gritó Draco, pero se quedó estático al verlo en ese estado, “¡Por Belcebú! ¿Qué es lo que tienes?”

Los ojos de Andrea se pusieron vidriosos y tuvo que apoyarse en el lavabo, que acababa de limpiar. Draco lo tomó de la cintura y lo ayudó a volver a la cama, donde lo recostó.

- “Voy por Snape”

- “No lo hagas”, pidió afligido Andrea, “se me pasará, ya lo verás… me pondré bien, Draconcello… ven, ¿quieres que te lo chupe?”

- “Estás demente”, murmuró Draco, con su disminuída erección incapaz de levantarse de nuevo ante el espectáculo de sangre que vio. “Toda la semana estuviste arrojando sangre y supongo que no viste a Snape como me prometiste…”

- “Abrázame”

- “¿Qué?”

- “Abrázame, Dragone… solo a ti te necesito ahora”


'Cause you were made for me / porque fuiste hecho para mi
Somehow I'll make you see / de algún modo te hare entender
How happy you make me / lo feliz que me haces


Draco sintió lástima por el chico, un asesino de hermosos ojos azules y rizos dorados. Un bello ángel que ahora lloraba estremeciéndose de dolor o de miedo.

Se recostó con él y lo abrazó con la misma ternura con la que se abraza a un niño desvalido, aunque Draco no había hecho eso jamás y jamás había recibido esa clase de ternura de Lucius. Pero fue el instinto, o quizá el deseo de amar para ser amado, lo que guió sus actos. Acarició el cabello de Andrea y lo hizo dormir en su pecho. No sentía por él ese “amor verdadero” que se lee en los poemas, pero el chico era su amante y le tenía aprecio. Y lo que hizo en Italia en realidad no le importaba demasiado.

Cuando Andrea por fin se durmió, Draco fue en busca de Severus.

 

12

- “Profesor, Andrea no está”, dijo rápidamente Draco luego de que él y Severus abrieron la puerta de la habitación del italiano.

- “¿No dijiste que estaba enfermo?”

- “Lo está, arrojó sangre… me dijo que usted lo había revisado ayer”

- “No lo hice”

- “¡Demonios! Tenemos que hallarlo, estaba mal”

La búsqueda se inició, pero al cabo de dos horas sin encontrar nada, Severus decidió informar al director. Buscaron por todo el castillo, pero no pudieron hallarlo. Afuera hacía un frío espantoso, era la primera nevada del año, y era imposible que Andrea hubiera salido, enfermo como estaba, con semejante clima.

Pero se equivocaban.

Al día siguiente, cuando Hagrid fue a buscar leña para su cabaña, encontró algo entre unos arbustos. Se acercó pensando que sería un conejo herido y retrocedió espantado al reconocer el cuerpo semidesnudo de Andrea Maganelli, con una expresión del más puro terror pintada en el rostro.

Muerto.

 

Capítulo 7: Encantado


“Long lost words / palabras perdidas hace mucho
whisper slowly to me / me susurran lentamente
still can't find what keeps me here / aún no puedo encontrar qué me mantiene aquí
when all this time / cuando todo este tiempo
I've been so hollow inside / he estado tan vacío por dentro
Ii know you're still there / sé que aún estás allí

Haunted - Evanescense


1

La noticia de la muerte de Andrea se difundió inmediatamente en la escuela, entre atemorizados susurros y las más absurdas teorías. Luego de la llegada de los aurores, Dumbledore dio una breve explicación de lo ocurrido en el Gran Salón, suspendió las clases de ese día y la celebración de Halloween de esa noche.

Harry, Ron y Hermione se reunieron en la Sala Común de Gryffindor, hablando en voz baja.

- “Harry, ¿tú sabes qué le pasó?”

- “No. No he podido hablar con Sirius, está cuidando de Remus”

- “¿Y Snape?”, preguntó Ron, “¿sabrá algo?”

- “Olvídalo, Ron. No pienso preguntarle”

- “Pobre chico”, susurró Hermione, “no me simpatizaba, pero no se merecía eso”

Parvati y Lavender entraron en ese momento, cuchicheando también, pero lo suficientemente alto para que Harry pudiera oír una palabra que lo dejó paralizado.

“Violado”

Inmediatamente pensó en Draco y Andrea en la Torre de Astronomía.

Y si Malfoy tenía algo que ver, Snape tenía que saberlo.

- “Debemos averiguar qué pasó”, declaró decidido. “Están en el despacho de Dumbledore, ¡vamos!”.


2

- “¡Mierda!”, exclamó Sirius una vez más.

En la cama junto a la cual estaba sentado, dormía Remus, con el cuerpo espantosamente maltratado. La transformación había sido terrible; el lobo, tanto tiempo contenido con la poción, se liberó ferozmente, destrozando en su furor el escaso mobiliario de la mazmorra donde los encerró Dumbledore, para golpearse finalmente una y otra vez contra la reja cerrada.

Padfoot trató de controlarlo, pero fue en vano. El licántropo enfurecido lo atacó también y no le quedó más remedio que pasar la noche a una respetuosa distancia.

Pero apenas amaneció, Sirius se apresuró a tomar a su pareja en brazos, con mucho cuidado de no lastimarlo, y buscó ayuda.

Mala suerte.

Mc Gonagall le informó que había un estudiante muerto y que los aurores no tardarían en llegar. La señora Pomfrey y el profesor Snape estaban revisando el cuerpo con ayuda de Kingsley y el sacerdote. Y también le dijo que necesitaban su presencia en una reunión de la Orden.

Un estudiante muerto.

Ni siquiera preguntó quien era, sólo llevó a Remus lo más rápido que pudo a su dormitorio, y lo atendió del mismo modo que lo había atendido años antes, cuando sus transformaciones eran igualmente terribles y no existía la Poción Matalobos.

No era justo que Remus sufriera de ese modo, no quería ni imaginar cómo serían sus próximas transformaciones ni cuántas serían hasta que pudiera nuevamente tomar la poción.

Un suave golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.

- “Marcos”

- “Sirius, necesitan que vayas al despacho del director”

- “No puedo dejar a Remus”

- “Yo me puedo quedar”, ofreció Marcos, “he atendido antes a personas como él. No te preocupes, lo cuidaré bien”

Sirius dudó un momento, pero la afable sonrisa de Marcos, unida al hecho de que era sacerdote y de que no había usado la palabra “licántropo” al referirse a Remus, lo hizo decidirse.

- “Si despierta, dale la poción que está en la mesita junto a la cama. Y dile que vendré en cuanto pueda”

Marcos se sentó en el dormitorio junto a Remus y lo arropó un poco más. Simpatizaba mucho con él, estaban trabajando juntos en el ritual que los libraría de los zombies y admiraba su fortaleza para continuar investigando a pesar de que estaba enfermo y necesitaba reposo constante. Para Marcos, Remus Lupin era alguien que valía muchísimo.


3

- “Shh, Ron. Alguien viene”

Los tres se ocultaron en la columna más próxima a la puerta del despacho de Dumbledore y contuvieron la respiración. Severus Snape avanzaba por el pasillo, con el paso rápido y el semblante grave.

El profesor de Pociones entró inmediatamente a la oficina del director.

- “Severus, ¿hay alguna novedad?”, se oyó preguntar a Dumbledore.

- “Vamos”, susurró Harry y los tres avanzaron nuevamente, ocultos por la capa de invisibilidad, hasta quedar junto a la puerta entreabierta.

- “Poppy se está haciendo cargo de Hagrid, el infeliz está hecho un manojo de nervios. En cuanto a Manganelli, ya entregamos el cuerpo a los embalsamadores”

Harry se pegó al muro lo más que pudo. Una nueva silueta se acercaba al despacho. Pero se trataba de Sirius, que, preocupado como estaba, pasó de largo sin sospechar que ellos estaban allí.

- “Ah, Sirius. Siéntate por favor”, indicó Dumbledore, “¿Cómo se encuentra Remus?”

- “Mal”, fue la escueta respuesta, “quiero estar junto a él, así que sino les molesta, ¿podemos empezar?”

- “A eso iba”, replicó el anciano, “Kingsley, por favor explica tú los hechos”

Harry suspiró. No estaba seguro si el anciano lo hacía a propósito, pero siempre le cedía la palabra a Kingsley en este tipo de situaciones. Y estaba seguro de que a su padrino no le hacía la menor gracia.

- “Anoche desapareció un estudiante, Andrea Manganelli, de Slytherin. Lo buscamos en el castillo, sin éxito; y hoy por la mañana, Hagrid lo encontró muerto. Notificamos al Ministerio de Magia, los aurores nos acompañaron en el examen del cuerpo y la ministra quiere una exhaustiva investigación”

- “¿Y de qué murió?”

- “Sólo tenemos indicios. Creo que Severus puede describir mejor sus heridas”

El profesor de Pociones carraspeó antes de hablar.

- “Estaba semidesnudo, con el pantalón del pijama manchado de sangre. Su torso presentaba una cavidad en el centro, a la altura del estómago. La carne allí aparecía desgarrada y sus órganos internos estaban destrozados. Vomitó sangre antes de morir y su rostro estaba desencajado. No sabemos qué fue lo que vio o a quien vio, porque la nieve cubrió las huellas. Si es que había huellas”, concluyó el profesor.

- “¿Quieres decir que alguien lo hirió en el estómago y por eso murió?”

- “No, Black”, replicó Severus, “algo le salió del estómago y por eso murió”

- “Mierda”

Junto a la puerta, Hermione ahogó un grito.

Severus miró hacia la puerta, pero Kingsley dijo algo que captó nuevamente su atención.

- “Sabemos cómo murió, pero no tenemos idea de la criatura que albergaba. Y mucho menos cómo llegó allí. Además, había indicios de relaciones sexuales recientes”

- “¿Quién?”

- “No lo sabemos”, dijo Dumbledore, “pero lo averiguaremos”

- “Tenemos que trabajar en combinación con los aurores”, dijo Kingsley, “Tonks está informada y Luziel viene en camino. Pero creo que los resultados de la investigación, sean cuales sean, no serán buenos”

Kingsley dio algunos detalles más, pero Ron estaba tan descompuesto que los tres amigos tuvieron que huir de allí a toda prisa.

 

4

- “Está muerto, señor”, sollozó Bellatrix, estremeciéndose toda en el lecho.

- “Lo sé. Yo también lo sentí”

- “¿Qué haremos?”

- “Esperar. Necesitamos alguien más fuerte”

- “¿Lucius?”, aventuró ella.

- “Oh, no, Bella querida. Lucius me es muy preciado, pero quizá su hijo… “

El Oscuro Señor esbozó una sonrisa mientras su lengua de ofidio se deslizaba por la espalda de Bellatrix.


5

Severus entró apresuradamente a su despacho y fue directo al armario donde guardaba las sustancias peligrosas. Allí tenía la sustancia que extrajo de Andrea el día que llegó a él con el ano destrozado. Había olvidado analizarla.

Una vez más, culpó a Potter por ese descuido.

Estaba molesto porque se sentía burlado por dos jóvenes de dieciséis años. Luego de que hallaron el cuerpo, Draco terminó por confesar que había vuelto a acostarse con Andrea y era obvio que fue él con quien estuvo antes de morir. Pero Draco no sabía nada más, de eso estaba seguro. El chico sólo estaba asustado y se encerró en su habitación sin querer hablar con nadie.

Además, el profesor de Pociones se había cuidado bien de contarle a alguien lo que sabía porque eran meras sospechas y no pondría en riesgo a ninguno de los Malfoy hasta estar seguro – y quizá tampoco los pondría en riesgo aunque estuviera seguro. Pero eso tenía que terminar y conocía a la persona más indicada para ponerle fin.

Lucius.

Sin pensarlo dos veces, Severus arrojó un puñado de polvos Flu a la chimenea e instantes más tarde le gritaba a un aterrorizado elfo doméstico que necesitaba hablarle a Lord Malfoy con suma urgencia.

Y momentos después, luego de que la gimoteante bestiecilla le informara que el amo había salido, Severus tomó aire y envió una lechuza.

 

6

- “Debo ir al entierro”

- “Moony, estás débil aún”

- “Fue uno de mis alumnos, Sirius. Debo ir”

Remus se levantó pese a las protestas de su pareja. Su rostro estaba bastante golpeado y su brazo tenía un corte producido cuando Moony se lanzó con toda su fuerza contra los barrotes de su prisión. Pero estaba decidido a ir.

Sirius, resignado, lo ayudó a cambiarse. Lo conocía demasiado bien como para saber que era inútil discutir.

Esa mañana de sábado el cielo estaba despejado y la nieve se había derretido. Pero por más que los aurores buscaron, no pudieron hallar a la criatura que salió del cuerpo de Andrea.

Kingsley y Marcos los esperaban en el patio, para abordar el carruaje que llevaría a los profesores al cementerio de Hogsmeade. Pero Severus Snape no subió con ellos, prefirió abordar un carruaje cuyos únicos ocupantes eran él y Draco Malfoy.

- “¿Pudieron encontrar algo más?”, preguntó Remus, acomodándose junto a Sirius en el cómodo asiento trasero del carruaje.

- “No”, repuso Kingsley, “sólo hallaron un rastro de sangre. Es posible que la criatura haya muerto y que algún habitante del bosque se la haya llevado”

- “Pobre muchacho”

- “Rem, no debiste venir”, dijo el mago moreno mirando severamente a Sirius, “te ves muy cansado”

- “Debo hacerlo. Ese chico era mi alumno y nunca pude acercarme a él. Algo lo afligía, pero no pude hacer que confiara…”

- “No te culpes, Moony. Después de todo, era un Slytherin”

- “¡Tenía diecisiete años! ¡Pudo ser Harry, Sirius!”

- “Calma, Remus”. La suave voz de Marcos los sorprendió a los tres, “Dumbledore cree que es un hecho aislado. No nos hará nada bien seguir discutiendo”

- “Marcos tiene razón, Moony. Ven, recuéstate aquí y descansa un poco. Te avisaré cuando lleguemos”

Remus obedeció y se recostó junto a Sirius, que lo rodeó con ambos brazos y miró a Kingsley con desafío. Marcos los observó en silencio. Allí ocurría algo que no alcanzaba a entender.

 

7

Todo Hogwarts había acudido al cementerio por órdenes del director. El pequeño cementerio de Hogsmeade nunca se había visto tan concurrido desde que, quince años antes, enterraron a Lily y James Potter.

Harry caminó entre Ron y Hermione, deteniéndose un momento junto a la tumba de sus padres y allí los alcanzó Sirius. El animago permaneció unos instantes en silencio por la memoria de sus amigos y luego tiró suavemente de la túnica de su ahijado.

- “Vamos, Harry”, susurró, “el funeral está por empezar”

El chico avanzó con desgano junto a Sirius y se acercaron al lugar de los profesores, frente al elegante ataúd. A su derecha estaba la escolta de Slytherin, con Severus Snape delante, y a su lado, Draco.

Harry miró hacia otra parte.

Alguien le sonrió y pudo reconocer a Luziel, el joven auror que trabajaba en ocasiones con Sirius. Luziel y Tonks se quedaron junto a ellos y el rostro de Remus se ensombreció cuando notó que el joven le alcanzaba una nota a su pareja.


8

Watching me wanting me / mirándome, deseándome
I can feel you pull me down / puedo sentir cómo me derribas
fearing you loving you / temiéndote, amándote
I won't let you pull me down / no dejaré que me derribes

La monótona voz del sacerdote se confundía con el murmullo del viento y el canto de los pájaros y Draco se preguntó una vez más qué diría Andrea si supiera que su misa de difuntos era oficiada por un sacerdote negro con acento extranjero.

Seguramente le echaría una maldición.

Su vista se nubló de pronto y algo le impidió respirar. Draco sintió literalmente un nudo en la garganta. Un nudo que amenazaba con salir como un profundo sollozo. Delante de todos.

Se contuvo con todas sus fuerzas. No lloraría. No era propio. Un Malfoy no podía llorar y mucho menos enfrente de toda la escuela.

El suave roce de una mano sobre su brazo lo hizo reaccionar. Severus Snape, junto a él, lo confortaba sin palabras, con ese solo gesto que tanto decía. Porque el profesor fue el único en el que Draco confió luego de que encontraron a Andrea muerto.

Y el profesor lo había protegido de todos los interrogatorios, acompañándolo personalmente a ellos e impidiendo que los aurores lo hostigaran demasiado.

El profesor…

Severus estuvo junto a él en esos momentos en que Draco pudo por fin ver el cadáver. Lo habían maquillado y arreglado lo mejor posible, pero ni toda la magia de los embalsamadores pudo quitar esa expresión de espanto que los ojos cerrados del muerto no lograban ocultar.

¿Qué fue lo que viste, ragazzo, para que ni la muerte te quitara el horror?

Una vez más las lágrimas amenazaron con inundar sus mejillas y con un esfuerzo extraordinario, las contuvo. Paseó la mirada por los presentes, sin verlos realmente, anotando mecánicamente detalles.

Allí estaba Remus, con el rostro apenado y los ojos dorados húmedos. Sí, su profesor era sincero y aunque Andrea no lo quería, Remus sí lo había apreciado, como apreciaba a cada uno de sus alumnos. Junto a Remus estaba Black, sujetando a su pareja por los hombros en un gesto a la vez tierno y protector. Y al lado de Black, estaba Potter.

Draco se preguntó si Potter pensaba en Andrea del modo en que los vio en la Torre de Astronomía. Y se preguntó también si Potter se alegraría de la muerte del italiano. Pero no, los ojos del chico estaban húmedos también y evitaba mirar el ataúd.

El ataúd.

Cedro primorosamente tallado, con incrustaciones de plata formando el escudo de los Manganelli y el escudo de Slytherin. Un precioso estuche para albergar para siempre a un ángel con las alas rotas. Un lujo que sólo la fortuna de los Malfoy podía comprar.

El sacerdote elevó el ataúd usando su varita y lo depositó en la fosa. La tierra junto a él comenzó a cubrirlo y Draco miró hacia el piso.

Un murmullo se elevó de pronto y un grupo de estudiantes se hizo a un lado para permitir el paso de una persona.

Lucius, serio y elegante, avanzó entre la multitud y se situó junto a su hijo.


9

Adiós, ragazzo


Lucius miró cómo la tierra cubría poco a poco el costoso ataúd que Draco le hizo comprar, llevándose para siempre a Andrea y el secreto de su muerte. Pero ahora el mago rubio tenía una idea bastante cabal de lo que había ocurrido al italiano.

La última capa de césped cubrió la fosa y los prefectos se acercaron a depositar ramos de flores. Dumbledore se inclinó un momento frente a la tumba y todos emprendieron una lenta retirada.

Algunas risas y charlas triviales de los estudiantes llegaron a sus oídos y Lucius sintió de pronto ganas de llorar.

Eso somos, se dijo. Y algunos, ni siquiera seremos un recuerdo

Levantó la cabeza para sacudir de ella esos pensamientos y miró hacia enfrente. Lupin estaba allí, junto a Black. El licántropo se veía fatal, era increíble cómo la edad afecta a algunas personas.

No era su caso.

Vive intensamente, y cuando mueras, deja un hermoso cadáver

Quizá Severus lo echaría de menos.

¡Maldición! Me estoy volviendo sentimental

- “Padre, vamos”

Draco, junto a él, lo miró con los ojos húmedos y todo el dolor de sus dieciséis años reflejado en ellos. Lupin y Black iniciaron la retirada luego de que el licántropo colocase un ramito de crisantemos blancos junto a la tumba.

- “Me quedaré un momento más, Draco”.

 

10

¡Qué descaro!

Severus estaba furioso. ¿Cómo osaba Lucius presentarse así? Pudo ver la mirada asesina que Black le dirigió, pero el ex convicto no se atrevió a hacer un espectáculo en el funeral.

Lucius, como si nada, se entretuvo en observar a los presentes, aunque por un momento, Severus pensó que se echaría a llorar.

Absurdo.

Sólo había visto llorar a Lucius en contadas ocasiones. Y estaba seguro de que la muerte de Manganelli no lo afectaba de ese modo.

Y eso lo llevó a pensar en la muestra que tomó del cuerpo del chico. Con todo el alboroto que se armó en la escuela, no tuvo tiempo de analizarla, pero esa noche lo haría. Tenía una sospecha y esperaba equivocarse. Aunque estaba seguro de que era correcta.

Draco habló con su padre brevemente e inició la retirada junto a Pansy y Blaise, los únicos amigos que ahora le quedaban. El cementerio fue quedándose poco a poco vacío, excepto por dos personas.

- “Lucius”

- “Severus, te ves mal”

- “¿Será porque no he dormido en dos días?”, dijo secamente el profesor, “Lucius, ¿qué haces aquí? No respondiste mi lechuza”

- “¿No es evidente? Vine a despedirme…”

- “No te creo”

- “Sev, ¿eres tan arrogante para pensar que vine a verte a ti?”, replicó Lucius avanzando junto a él, “es cierto, Severus. Él fracasó en su intento, pero tratará de nuevo”

- “¿Qué intento?”

- “Eso es algo que tendrás que averiguar. Sólo cuida de Draco”

- “Lucius, ¿te has acostado con Voldie recientemente?”, la pregunta fue seca y directa, como todo lo que hacía Severus.

- “¿Desde cuando te interesa tanto mi vida sexual?”

- “¡Lucius!”

Pero el rubio desapareció con un pequeño estallido.

- “¡Maldición!”.

 

11

Tras una semana de idas y venidas de aurores por el castillo, tuvieron que dar por cerrado el caso Manganelli, consignando en el reporte oficial “Muerte por causas desconocidas”. Después de todo, el chico fue un mortífago y no tenía familia.

Pero Harry no se sentía tranquilo. Una y otra vez la conversación que sorprendieron en el despacho de Dumbledore venía a su mente. Y el hecho de que Snape hubiera suspendido las clases de Oclumancia por encontrarse ocupado en una investigación, no lo ayudaba en absoluto.

La biblioteca se hallaba desierta ese sábado por la tarde y acababa de terminar su tarea de Encantamientos, cuando su mirada se encontró con la de Ron.

- "Harry, estás extraño"

- "Y no trates de decir que no. Estás actuando raro desde hace tiempo", puntualizó Hermione.

Harry suspiró. Quizá podía ocultar lo que pasaba a Remus, que, después de todo, no lo conocía tan bien como sus amigos. Pero ocultarles lo que pasaba a Ron y a Hermione era imposible. Aún así, lo intentó.

- "¿Creen que puedo estar tranquilo sabiendo que Voldemort ha vuelto? ¿Y con lo que le pasó a Manganelli?"

Pero Hermione lo miró severa.

- "En cuarto y en quinto año también lo sabías y no actuabas así"

- "Y Manganelli se lo buscó, toda la escuela lo dice", aclaró Ron.

- "Harry, ¿confías en nosotros?", preguntó Hermione y su voz sonó dolida.

Harry miró al piso. Quería confiar en ellos, quería decirles lo confundido que estaba respecto a Snape, respecto a todo. Pero no podía, tenía miedo de que ellos no entendieran, de que se lo echaran en cara.

- "Claro", fue su insegura respuesta.

Ron puso cara de derrotado, pero Hermione no se rindió.

- "Hemos estado hablando de lo que le pasó a Manganelli. Creemos que Malfoy sabe algo que no ha dicho"

Eso no andaba muy lejos de la verdad, en opinión de Harry. Los aurores habían interrogado a Draco Malfoy, pero con eso no pareció aclararse la extraña muerte de Andrea Manganelli, sino todo lo contrario.

- "Y creemos que podemos descubrirlo", continuó Ron.

- "¿Cómo?"

- "Veritaserum", dijo Hermione, "Snape debe tenerla en su despacho"

Harry respiró hondo. Sí, Snape tenía veritaserum. ¿Qué era exactamente lo que le estaban sugiriendo Ron y Hermione?

- "Ah, no", dijo inmediatamente, "no robaré veritaserum del despacho de Snape"

- "¿Por qué no?", preguntó Hermione, "apuesto que él tiene demasiados escrúpulos para dársela a Malfoy, pero nosotros podemos hacerlo, en su té, a la hora del desayuno."

- "¿Han estado planeando esto antes, verdad?"

La sonrisa de ambos fue demasiado amplia.


12

Esa noche, Harry, Ron y Hermione se deslizaron hacia las mazmorras, apenas cubiertos con la capa de invisibilidad y usando el Mapa del Merodeador. Filch no se encontraba allí y no había nadie, ni siquiera Peeves.

Llegaron al oscuro pasillo.

- "Suerte, Harry", susurró Hermione. "Maullaremos si se acerca alguien"

Ron y Hermione se ocultaron tras una columna y Harry avanzó a tientas hasta la puerta del despacho, bien cubierto con la capa. La navaja de Sirius le ayudó a abrir la puerta y cuando ésta se cerró detrás de él, se sintió de pronto perdido.

Estaba en el despacho de Snape, solo en medio de la noche.

No quiso ni pensar en lo que haría el profesor si lo sorprendía. Se concentró en no hacer el menor ruido para no despertar a Snape, que dormía en la habitación adyacente, y comenzó su trabajo.


13

“Hunting you i can smell you – alive / cazándote, puedo olerte - vivo
your heart pounding in my head / tu corazón golpea en mi cabeza”


Severus dormía inquieto. Un extraño sueño, plagado de sensaciones, lo hacía dar vueltas y vueltas en la cama. Primero estaba en el lago, con Lucius adolescente bañándose desnudo a la luz de la luna, todo de plata y marfil. En su sueño, el rubio lo miró por encima del hombro, provocador como nunca y se zambulló en las quietas aguas. Severus fue tras él, y lo atrapó velozmente, tomándolo por la cintura. Buscó sus labios y en lugar de los ojos grises de su amor, encontró unos ojos tan verdes como los de un gato.

Y el gato era Potter.

El sueño terminó abruptamente.

- "Maldito mocoso"

Pero el mocoso no le había dicho que soñara con él.

“Maldito sea, diez puntos para Gryffindor”

Todo era culpa del sueño de Potter, en el que el chico, enfebrecido de deseo, se aferraba con brazos y piernas al desnudo cuerpo de Severus, buscando una entrega que jamás ocurriría. Era culpa de Potter, que había soñado con él, deseándolo como Severus jamás imaginó que alguien lo desearía, ni siquiera Lucius.

Con los ojos aún cerrados, trató de apartar de sus pensamientos al mocoso, concentrándose en Lucius. Pero de pronto, un ligerísimo ruido en su despacho puso todos sus sentidos alertas y en segundos volvió a ser el eficiente mortífago que se desliza sin hacer ruido alguno hasta la puerta.

La abrió y vio al nervioso intruso hurgando en su armario de sustancias peligrosas.

Era Potter.

Maldito mocoso.


14

Harry sabía dónde estaba el armario de las sustancias prohibidas y se acercó a él, mirando por encima del hombro la puerta que comunicaba con la habitación del profesor. Luego miró la cerradura y sacó la navaja de Sirius. Con mucho cuidado, abrió la puerta. Varias hileras de ordenados frascos, etiquetados con la letra de Snape, estaban en el armario. Comenzó a recorrer los nombres, uno a uno, buscando desesperadamente el veritaserun. Por fin, vio un pequeño frasco con ese nombre y lo tomó rápidamente, sacando el gotero que estaba en el bolsillo de su túnica.
Watching me wanting me / mirándome, deseándome
I can feel you pull me down / puedo sentir que me derribas
saving me raping me watching me / salvándome, violándome, mirándome


Un ligerísimo ruido lo hizo sobresaltar. Un aire frío recorrió su nuca y supo que él estaba allí. Lo supo antes de oír la dura voz de Snape a sus espaldas.

- "Potter, ¿qué demonios hace en mi armario?"

Harry perdió el color del rostro y en su afán por ocultar lo que hacía, soltó el frasco y el veritaserum se derramó sobre la alfombra.

- "¡Maldita sea, Potter! ¿Qué ha hecho?"

En un segundo, Snape estaba sobre él, amenazador como una tempestad, oscuro y frío en un pijama verde de franela.

- "P-profesor"

- "¡Maldito mocoso! Ha arruinado mi poción... me tomará semanas preparar más"

Snape lo sacudió sin ninguna ceremonia. Sus manos eran como una tenaza en los hombros del chico.

- "L-lo siento", balbuceó.

- "¿Lo siente? ¿LO SIENTE, POTTER? ¿Qué quiere en mi despacho a media noche? ¿Para qué quería robarme el veritaserum, Potter? ¡Responda!"

Snape lo sacudió una y otra vez como si fuera un muñeco de trapo y Harry trató de desasirse, pero las manos del profesor eran como garfios, cerradas en torno a sus brazos mientras lo sacudía.

Los ojos negros lo interrogaron con odio. Vio nuevamente el odio visceral de Snape hacia cualquier cosa que no sea un Slytherin.

- "Hable, Potter"

- "¡No lo haré! No tengo por qué decírselo. Si quiere, vaya donde el director, yo no le diré nada"

- "Potter", la voz de Snape fue más amenazadora que nunca, "Potter, ¿qué quiere de mí?"

La pregunta lo sorprendió. Y volvió a mirar en los ojos de su profesor, para descubrir un extraño fuego que antes no había estado allí. ¿Fuego?

- "¿Qué quiere de mi, Potter? ¿Acaso quiere esto?"

La boca del profesor de apoderó de pronto de la suya, demandante, exigente y avasalladora. Harry se quedó estático, demasiado sorprendido para gritar. Y de pronto tomó conciencia de que su profesor lo estaba besando. Esta sensación hizo que las piernas se le volvieran gelatina.

Harry se derritió literalmente en los brazos de Snape.


Watching me wanting me / mirándome, deseándome
I can feel you pull me down / puedo sentir cómo me derribas
fearing you loving you / temiéndote, amándote
I won't let you pull me down / no dejaré que me derribes


Pero de pronto, el chico sintió algo rígido presionarse contra su muslo y entró en pánico. Se soltó como pudo y huyó a toda prisa hacia el pasillo donde lo esperaban Ron y Hermione.

- “Maldito mocoso”

 

Capítulo 8: Descubrimientos

“Now I will tell you what I've done for you / ahora te diré lo que he hecho por ti
50 thousand tears I've cried / he llorado cincuenta mil lágrimas
Screaming Deceiving and Bleeding for you / gritando, engañado y sangrando por ti
And you still won't hear me / y tu aún no me escuchas
(I’m going under) / (estoy cayendo)”

Going under - Evanescence

 

1

- "¡Harry!", gritó Hermione sin poderse contener al verlo correr como una exhalación y pasar junto a ellos.

El chico se detuvo apenas y sus amigos lo rodearon.

- "¿Qué pasó?"

- "¡Estás rojo!"

- "Shhh, Ron. ¡Vámonos de aquí!", pidió Hermione y los tres corrieron de nuevo, hasta refugiarse por fin en el sanitario de chicas que abría la Cámara de los Secretos.

Harry se mojó la cara y trató de calmar su respiración.

- "Ahora, Harry, queremos que nos digas qué pasó"

- "Snape casi me atrapa. Tiré la poción", mintió Harry, "lo siento"

- "¿Casi te atrapa? ¿Y por qué estás tan agitado?", preguntó Hermione.

- "Parece como si te hubiera atrapado"

- "Salió de su dormitorio de improviso. Tuve que correr... tiré el veritaserum y escapé justo a tiempo"

- "Pero no te siguió... ¿por qué?", Hermione lo miró con suspicacia. "Harry, ¿qué más pasó?"

- "¿Snape duerme allí?", exclamó Ron de pronto, "¿en las mazmorras?"

- "Sí", admitió Harry, "por lo que sé, su dormitorio está al fondo, en la puerta pequeña"

- "¡No nos lo dijiste!", dijo Hermione horrorizada, "¿cómo puede alguien dormir en un lugar así?"

Harry se cubrió el rostro. Lo único que quería era salir de allí.

- "No preguntaron. ¡Diablos, ni siquiera me dejaron negarme! Tenían todo calculado, ¿verdad? Pues lo hecho, hecho está. No creo que me viera, y si alguien pregunta, lo negaremos todo. Ahora, quiero irme a dormir"

Hermione y Ron intercambiaron una mirada, pero era muy tarde y no tenía caso continuar discutiendo. Harry se veía muy agitado.

 

2

Momentos después, los ronquidos de Neville eran lo único que se oía en la cálida habitación.

Pero Harry no dormía.

Pensaba en su profesor. Snape lo había besado. ¡Dioses, eso sí que fue un beso! no tenía ninguna comparación con el beso inocente de Cho, ni con los de Ginny. Eso era el beso de un hombre, y se sentía bien ser besado así.

Era una locura.

¡No podía besar a Snape!

¿No era eso lo que quería? Lo era, sí. Pero no de ese modo, no al verse atrapado en falta en el despacho de Snape. No con esa mirada de odio que vio en los ojos de su profesor.

El chico dio varias vueltas en la cama, sin poder dormir, sintiendo que se ahogaba porque lo único que quería era correr al despacho de Snape y repetir ese beso hasta quedarse sin aliento.

¿Qué iba a hacer ahora?

Estaba seguro de que Snape no lo delataría. Lo que hizo fue muy "irregular", como diría Mc Gonagall, y estaba seguro de que el Reglamento de Hogwarts no permitía que los profesores besaran a los estudiantes.

Pero las clases ahora serían un infierno.

 

3

“Don't want your hand / no deseo tu mano,
this time I'll save myself / esta vez me salvaré solo
Maybe I'll wake up for once / quizá despertaré por una vez
Not tormented daily / sin ser atormentado diariamente
defeated by you / y vencido por ti
Just when I thought I'd reached the bottom / Sólo cuando pensé que había llegado al fondo
I'm dying again / estoy muriendo de nuevo”

Había besado a Potter.

Atrapó al mocoso robando veritaserum y en lugar de castigarlo, lo había besado. ¿Es que acaso perdió la razón? Era Potter. ¡Potter! ¡El maldito mocoso hijo de James y Lili!! ¡El hijo de quien lo atormentaba en el colegio y se burlaba de él!

Pero lo besó.

Y no se había sentido nada mal.

- “Reparo”

Severus limpió el estropicio con los labios apretados y llenos aún del sabor de Harry.

Ese beso… el chico no sabía besar, pero ese había sido el beso más dulce que Severus recibió. Un beso inocente, puro. Algo que Lucius jamás podría darle.

”Él te ama, Severus, pero quizá debas buscar otro amor que calme el dolor que Lucius te ha causado”

Finwe le dijo eso y por primera vez Severus comenzó a pensar que podía tener razón.

No.

No podía ser.

Potter era un estudiante y él un profesor.

Como Nigel y David.

Sólo entonces cayó en la cuenta del irónico paralelismo. Recordó con amargura que David tenía exactamente la misma edad que Potter cuando se enamoró de Nigel Campbell, el temible profesor de Pociones de Hogwarts.

Justicia poética. ¡Cómo se habría reído Lucius si lo viese ahora!

Eran las tres de la mañana y era seguro que ya no dormiría. Exasperado, se dirigió a su laboratorio privado de Pociones y continuó investigando la extraña sustancia que quitó del cuerpo de Manganelli, probando diferentes reactivos, pero sin provocar ningún efecto apreciable. Tenía una idea bastante cabal de lo que buscaba, pero no encontraba el modo de obtener una evidencia concreta y empezó a temer haberse equivocado.

A las cinco, Severus limpió el sudor de su frente y se dispuso a realizar la última prueba antes de ducharse y prepararse para clases. Echó una gota de jugo de sanguijuela en el tubo de ensayo y esperó, sin demasiadas esperanzas.

Momentos después, se frotó los ojos con incredulidad y miró atentamente la sustancia en el tubo de ensayo, coloreada ahora de morado.

Sus sospechas se confirmaron en parte, pero las implicancias de su descubrimiento lo dejaron totalmente sobrecogido.

- “Lucius”, murmuró, “Lucius, tú hiciste esto”

El profesor tapó cuidadosamente el tubo de ensayo y consultó un polvoriento volumen para tener la confirmación final de lo que acababa de descubrir. Pasó febrilmente las hojas hasta encontrar una ilustración bajo el encabezado de “Antiguos Dioses Marinos”. Una serpiente gigante estaba allí, dibujada en un tosco grabado titulado “Luagh, Señor de las Serpientes Marinas”

- “Luagh”

La serpiente sagrada cuyo semen, combinado con jugo de sanguijuela era empleado por los Druidas para cicatrizar heridas. Y tenía un color morado intenso.

 

4

Ese domingo fue insoportable para Harry. Evitó aparecer en el Gran Salón y casi a medio día acudió a ver a Remus en parte porque necesitaba confesarle a alguien lo que había pasado, y en parte para librarse del interrogatorio de Hermione que no cesaba de hacerle preguntas.

Pero se llevó una enorme decepción cuando Marcos le abrió la puerta.

- “¿Buscabas a Remus?”, preguntó amablemente el sacerdote. “Lo siento, salió con Sirius a dar un paseo por el Bosque”

Harry sintió que se ahogaba, necesitaba hablar y Remus no estaba. Y para colmo, estaba con Sirius. No podría contarle nada delante de su padrino y era seguro que Sirius no los dejaría a solas.

- “Puedes esperarlo”, ofreció Marcos, “dijeron que volverían para comer”

Harry asintió, derrotado, y entró al despacho, dejándose caer en el sofá mientras Marcos volvía a revisar los pergaminos en el escritorio de Remus.

- “¿Cómo va el trabajo?”, preguntó el chico por cortesía, aunque no le apetecía mucho hablar.

- “Ya estamos listos. Todos los ingredientes para el ritual llegaron anoche. Estoy clasificando todo para que el profesor Snape prepare las esencias que necesitaremos”

La mención de Snape hizo que el escaso color del rostro de Harry se tornara rojo furioso y el chico se llevó la mano a los labios involuntariamente, sintiendo ganas de llorar.

- “¿Ocurre algo?”

Harry negó con la cabeza, pero una lágrima resbaló por su mejilla.

- “Puedes decirme. Guardaré tu secreto, sea cual sea”, la voz de Marcos era amable y también lo era su sonrisa. Y dijo eso sin demostrar la desmedida curiosidad de Hermione, más bien lo hizo con preocupación.

El chico alzó una ceja. ¡Claro! Marcos era sacerdote. Si le contaba algo, sería como un secreto de confesión. Y decidió arriesgarse.

Despacio, con la voz velada, le contó lo que sentía por Snape, cómo había empezado a admirarlo en el Club de Duelo y luego, conforme fue descubriendo más cosas acerca de su profesor, cómo finalmente había llegado a quererlo.

Marcos escuchó con atención, sin mirarlo directamente, pero haciéndolo sentir comprendido, con esa extraña magia que sólo algunos sacerdotes poseen.

- “Y anoche, él me besó…”

Harry terminó de contar su historia y Marcos le tendió gentilmente un pañuelo.

- “¿Qué voy a hacer ahora?”

- “¿Te gustó que te besara?”

La pregunta lo cogió totalmente desprevenido. Había esperado reproches, palabras de consuelo, todo menos esa pregunta. ¿Gustarle? ¡Cielos! Aún se estremecía al recordarlo.

- “No… sí… ¡claro que me gustó! Pero está mal… y Sirius me matará cuando lo sepa”

- “¿Mal?”, preguntó Marcos con suavidad. “¿Mal porque crees que te odia? ¿O mal porque es algo que la sociedad censura? Un romance profesor-alumno, y ambos del mismo sexo, es algo que ni el liberal director Dumbledore toleraría”

- “Yo… no sé. Quizá no me sentiría tan mal si él me quisiera”

- “¿Crees que no te quiere?”

- “No… no sé. El solía odiarme, pero luego empezamos a entendernos, hasta hablábamos civilizadamente. Y luego de la muerte de Manganelli, se encerró a investigar y volvió a cambiar conmigo. Y anoche… con lo de anoche debe odiarme más aún”

Marcos sonrió.

- “Quizá el profesor Snape no es lo que parece. Quizá en verdad le gustas”

Harry meneó la cabeza. ¿Acaso Marcos aprobaba lo que había pasado?

- “No se lo ha dicho a nadie o yo estaría ya expulsado. Pero eso no significa nada, él también hizo algo indebido y yo pude acusarlo. No, no creo que me quiera”

- “¿Por qué no se lo preguntas tú mismo?”

Harry sonrió. Eso definitivamente era una idea suicida. Aunque… ¿Por qué no? Después de todo, las cosas no podían empeorar. Una sonrisa iluminó su rostro.

- “Sí. Creo que lo haré. Por favor dígale a Remus que vine a visitarlo, pero no le diga nada de lo que hablamos”

- “Descuida”

Y Harry salió con el corazón ligero y una pequeña esperanza en él.


5

El miércoles por la noche, Remus se encerró en el Salón de Duelo dispuesto a olvidarse del dolor que sentía y practicar un poco. Alzó la espada y dio varios giros luchando contra un enemigo imaginario. Los músculos de dolían aún, pero necesitaba ejercitarse y sacar de su mente esos tontos celos hacia Luziel, ahora que Sirius estaba con él en una reunión de aurores.

Unos cuantos lances y hechizos lo hicieron sentir mejor y terminó sudoroso, llevándose la mano al cabello para apartarlo de su frente.

- “Divino. No has perdido tu estilo, Rem”

Kingsley lo miraba sonriente desde la puerta del salón.

- “Gracias”, sonrió Remus, “hace casi seis meses que no practicaba”

- “Lo haces tan bien como siempre. Nunca vi mejor duelista que tú”

- “Me halagas…”

- “Digo la verdad”. Kingsley tomó gentilmente la espada y Remus se echó encima de la malla una túnica. “No hemos tenido mucho tiempo para hablar, siempre estás acompañado…”

- “Y tú siempre estás con Marcos hablando en español”, le reprochó a su vez Remus.

- “Marcos se siente más cómodo cuando le hablo en su idioma, Rem. Recuerda que no ha venido antes a Inglaterra. Habla bien el inglés, pero no es su idioma nativo y es la primera vez que está en un lugar como este”

- “Lo sé. Marcos me simpatiza mucho”

Ahora fue el turno de Kingsley de sonreír.

- “¿Cómo te va con él?”, se refería, obviamente, a Sirius.

- “Bien. Somos felices…”, la voz de Remus no sonó demasiado convencida en cuanto recordó las miradas cómplices de Luziel y Sirius.

- “¿Detecto problemas en el paraíso?”

- “No… es sólo que quisiera verlo más. Pero están mis clases y las suyas… y ahora Voldemort”

- “¿Seguro?”

- “Sí”, Remus miró hacia otro lado, “¿Y tú? ¿Ya encontraste a alguien?”

Kingsley cambió de expresión.

- “Nunca nadie como tú”, afirmó convencido, “pero sí, salgo con alguien. No es nada serio, sólo sirve para pasar el rato”

- “¡Kingsley!”

El mago moreno rió.

- “Claro que si tú me aceptas de nuevo…”


6

La noche del jueves, luego de una solitaria velada sin cenar, porque Sirius no pudo visitarlo, Remus le pidió a Harry el Mapa del Merodeador.

Lo hizo porque no deseaba que Harry se metiera en demasiados problemas, Hermione había terminado contándole el miércoles lo del veritaserum, preocupada porque Harry actuaba extrañísimo desde entonces. Esa tarde, Remus trató de hablar con Harry sin presionarlo, pero al contrario de lo que dijo Hermione, no lo encontró angustiado, sino ansioso. Con esa misma ansiedad con la que James planeaba alguna seria travesura.

Por eso le pidió el mapa, sintiéndose un poco culpable por no haber notado antes que algo raro pasaba. Se prometió a sí mismo que dejaría de preocuparse por su enfermedad y por Sirius y pondría más atención a Harry.

Y ahora, con el mapa doblado a un costado del escritorio, Remus trataba de no pensar en Sirius y en Luziel, y repasaba la lección del día siguiente. Un suave golpe en la puerta lo distrajo.

- “¡Marcos!”

- “¿Interrumpo?”

- “No. Sirius no ha venido, tenía que estudiar”

- “Ya veo”, observó Marcos, “Kingsley está con el director, pero me pidió que te trajera esto. No cenaste…”

Marcos le alcanzó un envoltorio que contenía un par de sándwiches y una barra de chocolate.

- “Estaba cansado”, replicó Remus, sonriendo a pesar suyo por la atención de Kingsley. “Siéntate un momento y acompáñame, ¿quieres?”

Charlaron de cosas triviales mientras Remus hacía té y comía un poco. Pero se sentía deprimido y Marcos no dejó de notarlo. De pronto, Remus le preguntó:

- “¿Cómo te volviste sacerdote? Es un poco extraño conocer a alguien que sea sacerdote y mago al mismo tiempo”

- “Kingsley lo es, él fue un bokor”, sonrió Marcos, “Aunque en mi caso, fue completamente distinto. Verás, en Jamaica hay niveles muy grandes de pobreza y mi familia era de clase baja, soy el único varón de cinco hijos y mi padre enfermó. Mi destino iba a ser trabajar la tierra y cuidar de mi familia, hasta tener una propia, y seguir trabajando la tierra hasta que no me queden fuerzas. Pero entonces, conocimos un sacerdote español y él se encariñó conmigo. Las alternativas eran dos: me quedaba a cultivar la tierra o me hacía sacerdote. Escogí lo segundo, ellos se encargarían de que a mi familia nada le falte hasta que yo me hiciera sacerdote y pudiera ayudarlos, por eso ingresé al Seminario”

- “¿Y cómo te volviste mago?”

- “En mi país están los bokors, los sacerdotes vudú. Ellos son muy poderosos y temidos. Poco después de hacerme sacerdote, los bokors mataron a mi familia, que se negó a trabajar para ellos. Al volver a Jamaica, pensé en luchar contra los bokors, pero lo que yo sabía era muy poco, apenas podía ahuyentar espíritus y jamás hubiera soñado luchar contra los zombies. Conocí a un mago por pura casualidad, y él me mostró tu mundo. Me fascinó tanto que leí todos los libros de magia que estaban a mi alcance, y me volví exorcista, estudié Ciencias Intrínsecas y comencé una lucha solitaria con los bokors. Fue fácil al inicio, ellos nunca sospecharon del sacerdote que recorría los pueblitos y llevaba consuelo a los enfermos, mientras tanto, fui conociéndolos más. Pero sólo me enfrenté a ellos realmente cuando llegó Kingsley, hace apenas medio año. Él es el mago más poderoso que conozco y no les temía porque fue como ellos cuando era muy joven. Kingsley es mi maestro y mi amigo, por eso estoy aquí”

Remus escuchó atentamente. Era una realidad demasiado distinta a la suya, pero Marcos le contaba sonriente todos sus esfuerzos para combatir las artes oscuras, como si todos los días un sacerdote muggle decidiera luchar con la magia negra. Y lo había hecho solo, eso era muy valiente.

- “¿Así aprendiste a luchar con los zombies?”

- “Sí. Eso es una especie de exorcismo. Kingsley no podía hacerlo solo, porque al haber sido un bokor tenía los poderes de ellos. En cambio yo sólo tenía mi fe, después de todo, somos pastores de almas. Juntos luchamos con los zombies, y ahora haremos eso también, con la ayuda de ustedes”

La voz de Marcos era segura, aunque a Remus le costaba seguirlo a veces, a causa de su marcado acento. Pero una cosa era evidente, el sacerdote sentía por Kingsley una gran admiración.

El espejo de Sirius comenzó a vibrar en el bolsillo de la túnica de Remus y éste lo sacó rápidamente.

- “¿Paddy?”

- “Moony, me voy a Escocia”, el animago apareció en el espejo, con el cabello atado y vestido como muggle.

- “¿Escocia?”

- “Vieron a Malfoy en Inverness y esta tarde desaparecieron cuatro personas. El Ministerio nos envió a investigar”

- “¿Y tu examen? ¿Con quién irás?”

- “Lo haré al volver. Voy con Luziel y Tonks, te mantendré informado”

- “¡Sirius, apúrate!”, una alegre voz interrumpió la charla. Era Luziel, y por su tono, parecía que iba a un viaje de placer y no a una investigación sobre personas desaparecidas.

- “Ya me voy. Te amo, Moony”

La imagen desapareció del espejo antes de que Remus pudiera responder.

- “¡Maldición!”

- “El trabajo de los aurores es muy sacrificado”, observó Marcos.

- “Sí que lo es. Pensaba hablar con Sirius mañana… no tiene caso”, Remus meneó la cabeza.

- “Dijo que te ama”

- “Lo sé. Es que no me agrada que estemos separados”, Remus hizo una pausa, “¿Puedo contarte algo? Es algo tonto, pero no dejo de pensar en ello”

- “Puedes confiar en mí. Soy sacerdote, ya sabes. Será un secreto de confesión”, dijo Marcos cerrándole un ojo con complicidad.

Al cabo de un rato, el sacerdote trató de disimular la sorpresa que se llevó al enterarse de que Remus y Kingsley fueron pareja, y de que por eso Sirius lo detestaba. Aún pensaba en eso y casi no prestó atención a la confesión final de Remus.

- “Sé que Sirius se sintió muy celoso y aún se siente así por Kingsley. Y ahora lo vivo en carne propia, siento celos de Luziel. Ya sé que Sirius me ama, pero no puedo evitar sentirme mal cuando pasa tanto tiempo con él y no conmigo. Luziel es joven y es guapo, he visto como mira a Sirius… Y yo estoy enfermo aún, y a veces me siento fatal…”

- “Lo entiendo”, dijo Marcos, “Pero Sirius siempre está pendiente de ti, ¿no has pensado en eso? Y ahora entiendo por qué Kingsley también lo está”

- “Kingsley es un sol. Pero es a Sirius a quien amo”

- “Lo veo en tus ojos cada vez que lo miras”, afirmó Marcos, “no te atormentes con esos celos, habla con Sirius y quizá puedan verse un poco más. Te dejo ahora, debo revisar unos pergaminos”

Luego de que Marcos se fue, Remus se quedó pensando un momento. Y luego, sonriendo, tomó la pluma y comenzó a revisar ensayos.


7

Lucius se sacudió el polvo de la capa y se la lanzó al elfo doméstico que salió a recibirlo. Sólo a Voldie podría ocurrírsele enviarlo a Escocia en pleno invierno, bufó molesto. Aunque el viaje fue fructífero, con los últimos cuatro, tenían ya una docena de futuros zombies, que le harían compañía al infeliz de Pucey, y había reclutado también a Artemius Grant, el Lord Advocate y antiguo mortífago.

Luego de cambiarse de ropa, Lucius se preparó para salir nuevamente en dirección al refugio que había encontrado para los zombies y para Voldemort, que insistió en mudarse apenas estuviera listo. Era un edificio ruinoso en Soho, un antiguo hotelucho cuyos propietarios habían muerto a tiros en una redada policial por tráfico de drogas. Un lugar que los muggles temían porque decían que estaba maldito. La guarida perfecta para Voldie.

Y eso supuso una nueva dificultad, porque su señor insistió en no alojarse en el sótano, sino en el tercer piso, donde no hacía tanto frío. Protegieron el lugar con barreras mágicas y Voldemort se instaló en lo que para Lucius era el auténtico nido de una serpiente.

Había unido cuatro habitaciones para hacer dos amplias estancias, una para él mismo y la otra para Bellatrix. Terciopelo rojo, lujosas alfombras, tapices de brocado y cojines. Bellatrix no quiso muebles, únicamente pidió una alfombra tan mullida que se podía dormir en ella, y se rodeó de almohadones y cojines como una cobra en su nido.

También estaba el asunto de la temperatura. Finalmente, Lucius logró hacer funcionar el sistema de calefacción muggle, ayudado por magia, para darle a las dos estancias una temperatura cálida.

El rubio pensaba en todas esas rarezas de su señor mientras se concentraba para aparecerse en el edificio. Momentos después, llamaba a la puerta de Voldemort.

- “Pasa, Lucius”

El mago rubio se inclinó ante Voldemort.

- “Traje cuatro más y logré encontrar a Grant, él nos conseguirá otros seis para fin de la semana”

- “Excelente. Podemos transformarlos a todos esta noche, de ese modo no pedirán comida, he oído los gritos que dan cuando tienen hambre, perturban mis meditaciones”

- “Se hará lo que ordenes, señor. Tendré dispuesto todo para esta noche”

- “Deberás hacer el trabajo de Bella esta noche, tortúralos hasta llevarlos al límite entre la vida y la muerte. Luego yo me encargaré”

El mago rubio y Bellatrix eran los únicos que podían cuestionar los pedidos de su señor y Lucius preguntó con genuina curiosidad:

- “¿Y Bellatrix? ¿Acaso dejará que la prive de lo que le da placer?”

- “Lo hará si yo se lo pido. Ella necesita reponerse y debe dormir. Quizá no la veas durante todo el invierno, Lucius”

La mirada de Voldemort le advirtió que otra pregunta no sería bien recibida y Lucius guardó silencio, confirmando una vez más sus sospechas: Bellatrix se estaba convirtiendo en una serpiente, necesitaría hibernar. Visto bien, tenía lógica, ella era la más débil y por lo tanto la que recibió más sangre de Luagh. Y su señor era mitad ofidio hacía mucho más tiempo.

- “Lucius, desnúdate”

El mago obedeció sin dudar, permitiendo a su señor apreciar su cuerpo como lo había hecho desde los catorce, cuando su padre lo entregó y Voldemort le robó para siempre su inocencia.

- “Ve hacia los almohadones, de cuatro patas”

Lucius se movió con la gracia de una pantera bien entrenada, evocando los dos años que fue amante de Voldemort antes de recibir su marca, a los dieciséis. Voldemort lo besó y fue como si una enorme serpiente entrara en su boca. El rubio se dejó invadir y tuvo un involuntario estremecimiento recordando a Andrea.

Pero Voldemort no lo penetró, simplemente jugó con él hasta hacerlo eyacular varias veces y luego lo envió a preparar el ritual de los zombies.


7

Remus dejó la puma y enrolló el último grupo de ensayos. Luego su vista se posó en el mapa y cuidadosamente lo desplegó. Algunos puntitos tenían movimiento aún, a pesar de lo avanzado de la hora. Encontró a Kingsley en su estudio, a Severus en el laboratorio, a Marcos. El puntito que identificaba a Marcos se movió rápidamente hacia la habitación de Kingsley y Remus sonrió.

Trabajas demasiado. ¿Qué importante descubrimiento le llevas ahora?

Pero lo que Remus vio luego, lo dejó completamente atónito.


8

Kingsley leía atentamente los informes que le había alcanzado Luziel, cuando un golpecito en su puerta lo distrajo.

- “¿Maestro?”

- “Pasa, potrillo. ¿Mucho trabajo?”, sonrió Kingsley.

- “Una lectura interesante más bien”, respondió Marcos.

- “¿Lectura?”

- “Sí, Kingsley. ‘Kamasutra mágico ilustrado’. Lo encontré el a Sección Prohibida”

El mago moreno sonrió divertido.

- “No sabía que Dumbledore tuviera eso, ¿Y me puedes contar un poco?”

- “Mejor aún. Te mostraré”

Marcos se quitó la ropa lentamente, al ritmo cadencioso de sus caderas. El deseo lo incendiaba, estuvo mucho rato solo en su habitación pensando en lo que le había contado Remus y en lo mucho que significaba Kingsley para él. Ya sabía que aquél en quien su maestro pensaba siempre era Remus, pero no le importó. Kingsley dormía con él ahora, y eso era algo que no estaba dispuesto a perder. Desnudo ya, se irguió orgulloso para que Kingsley lo contemple.

- “No puedo hacerlo solo. Es cuestión de dos”, murmuró mirando a Kingsley a los ojos.

- “Convénceme”

El sacerdote se arrodilló y se acercó así al lugar donde Kingsley estaba sentado. Con ágiles manos, levantó la túnica, bajó la cremallera y tomó en su ansiosa boca la oscura extensión de la hombría de Kingsley. El mago moreno echó la cabeza hacia atrás y se dejó hacer, hasta que un ronco gemido le brotó de la garganta. Entonces, Kingsley se puso de pie y atrajo a Marcos para besarlo furiosamente.

- “No te había cogido desde que llegamos aquí”

- “Te extrañé, maestro”

Kingsley lo tomó de la cintura y lo hizo retroceder hasta el escritorio, donde lo obligó a recostarse de espaldas.

- “Hoy voy a hacerte pecar”

La boca de Kingsley se apoderó rápidamente de la erección del excitado Marcos y la lamió golosamente, saboreando toda su extensión.


9

Remus cerró inmediatamente el mapa y murmuró mecánicamente “Travesura realizada”. No podía creerlo, ¿qué clase de broma era esa? Momentos antes estuvo abriéndole su corazón a Marcos y ahora resultaba ser el amante de Kingsley.

- “Soy un estúpido”

Vaya si lo era. Se sentía estúpido por partida doble, primero, por confiar en Marcos, y luego, por haber pensado que aún podría resultar atractivo para Kingsley. Y se sintió, a pesar suyo, terriblemente celoso de Marcos.

No. No podía pensar eso.

No es nada serio. Sólo sirve para pasar el rato

Las despreocupadas palabras de Kingsley aparecieron en su mente. Claro que no podía ser nada serio. ¡Marcos era sacerdote! ¿A dónde iba a parar el mundo?

Necesitaba un poco de aire puro y lo necesitaba ya.

Remus salió de su despacho en busca de un poco de aire fresco, y sus pasos lo llevaron inconscientemente a la Torre de Astronomía. Ya no temía toparse con Filch, ahora estaba en todo su derecho como profesor de pasear por donde le apeteciera. Y quería recordar las veces que se había deslizado con Sirius furtivamente a la torre, para besarse a la luz de la luna menguante.

Pero había alguien en el mirador.

Cubierto con una capucha de terciopelo, quieto y callado, estaba Draco Malfoy, con el rostro lleno de lágrimas, mirando hacia el vacío.

- “¡Draco!”

- “Profesor”

Remus se acercó lentamente hasta quedar frente a Draco. Primero fue una mano en el hombro del chico, puesta allí con la timidez de quien ofrece apoyo pero teme ser rechazado. Y entonces, fue Draco quien se le arrojó a los brazos y lloró sobre su pecho, exteriorizando con él lo que había reprimido tanto con Snape.

- “¡Lo extraño tanto!”

- “Llora, Draco. Llora, no lo reprimas más, deja salir el llanto y solo así te podrás sentir mejor”

Draco lloró en los brazos de la única persona que le había ofrecido un cariño desinteresado. Lloró hasta que su cuerpo, agotado por el llanto, se relajó por fin, apoyado aún en Remus.

Remus lloró con él. Varias silenciosas lágrimas cayeron por sus mejillas y Draco las enjugó.

- “’Él no lo quería a usted. A veces dudo que me quisiera a mí, sé que estaba conmigo porque no podía estar con mi padre… pero lo extraño… ¡No merecía morir así!”

- “Nadie lo merece, Draco”

- “El profesor Snape dijo que sí. Dijo que tuvo su merecido”, el labio inferior de Draco volvió a temblar, “Andrea mató antes, pero lo hizo para defenderse, para que lo dejaran en paz. No, no se lo merecía… no de ese modo…”

Draco calló abrumado y por unos momentos, ninguno de los dos habló. Luego, Remus pasó la mano por la balustrada y dijo con voz soñadora:

- “Yo solía venir mucho aquí. Es un lugar hermoso, majestuoso. Cuando estás aquí arriba, lejos de Filch, en medio de la noche, te sientes invencible. Pero luego bajas y descubres que todo sigue siendo como antes, y tienes que huir antes de que te atrape…”

Draco rió.

- “Sí. Eso es lo que yo siento. Es una ilusión, ¿verdad? Como ser mortífago y todo eso, como cuando ellos me entrenaron. Ahora todo es una ilusión”

- “Serás un mago muy poderoso, Draco. Tanto si estás de nuestro lado como del lado de Voldemort. A ti te corresponde elegir…”

- “Él ha vuelto, ¿verdad? Andrea no me lo quiso decir, pero lloraba dormido y a veces en sueños hablaba de él”

- “Ha vuelto, sí. Pero aún está débil”

- “¿Qué pasará con mi padre?”

- “No lo sé, Draco. Pero Lucius escogió hace tiempo su destino”. No había amargura en la voz de Remus, sólo aceptación.

- “Usted no lo odia…”

- “No… tu padre nos hizo mucho daño, pero no puedo odiarlo. En esa guerra, todos perdimos algo”

- “¿Ustedes estuvieron juntos?”, preguntó Draco. A esas alturas, ya nada le sorprendería.

- “Oh, no…, pero estuvimos cerca. Tu padre fue siempre un hombre muy atractivo, pero yo siempre amé a Sirius y nunca pasó nada con Lucius”

- “Usted también es muy atractivo”, sonrió Draco, “yo solía soñar mucho con usted”

Fue el turno de Remus de sorprenderse.

- “¡Draco!”

La mirada de Draco en esos momentos era idéntica a la de su padre. La sonrisa radiante y seductora, la voz suave e insinuante.

- “Si alguna vez pelea con él, ya sabe. Yo estaría dispuesto a correr el riesgo”.

Y el chico se le acercó tan rápidamente que lo tomó desprevenido. Fue apenas un roce en sus labios, y luego la mirada de Draco volvió a ser la de antes. Remus abrió mucho los ojos, pero no vio malicia en su alumno, tan solo comprensión. Esa era la manera de Draco de decirle que lo apreciaba.

Ambos rieron y Remus se sintió aliviado. Si era atractivo para Draco, lo tendría que ser para Sirius. Y se sintió joven otra vez.

- “Vamos, Draco. Es tarde, mañana debemos ir a clases”.

 

10

I'm going under / estoy cayendo
Drowning in you / hundiéndome en ti
I'm falling forever / estoy cayendo para siempre
I've got to break through / tengo que liberarme
I'm going under / estoy cayendo

La clase de Pociones del viernes fue un completo desastre.

Harry se empeñó en hacer todo mal, buscando una detención. Pero Snape lo ignoró olímpicamente, como había hecho durante toda la semana, esquivando sus miradas ansiosas, evitando cualquier confrontación, como si nunca nada hubiera pasado entre ellos. Y eso llegó a Harry a una terrible angustia primero, y luego a una completa exasperación.

La hora avanzaba y Snape lo ignoraba adrede, sin decir nada acerca de lo mal que trabajaba Harry, hasta que Ron, intrigado por el proceder del profesor, dejó caer bicarbonato en su caldero.

- “Weasley, ponga más atención”, disparó enseguida Snape, demostrándoles que estaba atento a la más mínima falla de cualquiera que no fuera Harry Potter, “Y para que no se olvide de los efectos del bicarbonato, lo usará para lavar los orinales de la enfermería finalizando esta clase. Diez puntos menos para Gryffindor”

Harry miró de reojo a Ron y tomó el bicarbonato a pesar de las miradas asesinas que le daba Hermione. Destapó el frasco y deliberadamente arrojó una gran cantidad a su caldero, provocando un humo grisáceo al mezclarse con los demás ingredientes.

Snape apretó los labios pero no dijo nada. Junto a Harry, Hermione le daba patadas y le cuchicheaba que dejase de provocar al profesor.

Un murmullo se elevó cuando Harry tomó la fenoltaleína, y miró a los ojos a Snape con desafío, mientras dejaba caer una gota en su caldero. La poción hizo inmediata ebullición y el caldero estalló.

- “¡POTTER!”

Al disiparse el humo, Draco no pudo reprimir una carcajada. El rostro de Harry estaba negro de hollín y su cabello alborotado y cubierto de los fragmentos del caldero, sus gafas estaba rotas y su túnica arruinada, pero él parecía feliz.

La algarabía se desató entonces en la clase de Pociones, algo que Snape detestaba por sobre todas las cosas. Y todo por culpa de Potter.

- “¡Silencio!”, tronó la voz del profesor.

Un instante bastó para que el murmullo cesara y varios rostros preocupados se volvieron hacia Harry.

- “Potter, ha estado muy gracioso hoy. ¿No es cierto, Weasley, Granger, Patil, Finnigan, Thomas, Zabini y Malfoy? Diez puntos menos para cada uno de ustedes y sus casas. Y Potter…luego de esta clase, lavará los calderos, ayudará a Weasley con los orinales e irá a mi despacho”

- “Sí, señor”

Harry trató de no esbozar una sonrisa triunfal.

- “Y cincuenta puntos menos para Gryffindor por este estropicio”

 

11

Blurring and Stirring / empañando y mezclando
the truth and the lies / la verdad y las mentiras
So I don't know what's real / de modo que no sé lo que es real
and what's not / y lo que no
Always confusing / siempre confusos
the thoughts in my head / los pensamientos en mi cabeza
So I can't trust myself anymore / de modo que no puedo confiar en mí nunca más
I'm dying again / estoy muriendo de nuevo

Harry se cambió a toda prisa y huyó antes de que Hermione pudiera preguntarle algo más. Llamó a la puerta de Snape y esperó con el corazón en la mano.

Le pareció que transcurría un siglo hasta que la puerta se abrió y un furioso profesor de Pociones lo hizo pasar.

- “Potter, sabía que era estúpido, pero hoy sobrepasó los límites de su propia estupidez. ¿Puede saberse qué pretendía al provocar esa explosión?”

- “Usted me besó…”, empezó Harry dispuesto a soltar el discurso ensayado tanto tiempo. Pero su aplomo se extinguió al sentirse traspasado por la mirada de Snape y sintió derretirse sus piernas.

- “Oh. ¿En verdad lo hice?”, se burló Snape.

- “¡Usted me besó! No va a negarlo ahora, o… “

- “¿O qué Potter? ¿Irá a acusarme con el Director? ¿O con ese patético padrino suyo?”

- “¡Cállese ya! Sabe que yo no haría eso, porque lo…”, Harry se calló abruptamente,

- “¿Por qué no lo haría?”

- “¡Usted lo sabe! Lo vio cuando se metió en mi mente sin mi permiso”

- “Dígalo”

Snape se acercó a Harry y lo tomó del brazo con tanta fuerza que el chico pensó que se lo partiría.

- “Dígalo”, siseó Snape.

- “No”

- “Potter…”

La presión en el brazo se intensificó, pero de pronto, Snape se vio arrojado a un lado por una poderosa fuerza. Harry lo miró furioso, con los ojos arrasados en lágrimas.

- “¿Por qué lo hace todo tan complicado? ¡Yo lo amo! ¡Lo amo! ¡Y quiero saber qué quiere usted de mi!”

Harry se cubrió el rostro con las manos y trató de reprimir los sollozos, pero fueron las manos de Snape las que se posaron sobre las suyas y las apartaron gentilmente.

- “No lo sé”, susurró el profesor y se apoderó de sus labios.

Esta vez, Harry no opuso resistencia y se le abrazó atrayéndolo más. El beso era demandante, pero no furioso como la primera vez, y cuando el profesor lo rompió suavemente, Harry sepultó el rostro en la negra túnica de Snape.

- “Váyase, Potter”, dijo el profesor apartándolo con delicadeza, “váyase. Necesito pensar…”.


12

I'm going under / estoy cayendo
Drowing in you / hundiéndome en ti
I'm falling forever / estoy cayendo para siempre
I've got to break through / necesito liberarme

Había tocado fondo.

Pero jamás pensó que el chico fuera tan tenaz.

Y, desde luego, jamás pensó que podría gustarle, pero lo cierto era que añoraba verse reflejado en esas esmeraldas que se posaban en él con amor.

Aunque ya conocía cómo era Harry cuando estaba irritado. Tanto mejor. Nunca le habían gustado las cosas fáciles.

Había dado ese paso y decidió no luchar más con el destino. Después de todo, le habían puesto en bandeja la oportunidad de olvidar a Lucius y se aferró a ella como su única tabla de salvación.

- “Lo siento, Lucifer”

So go on and scream / entonces adelante y grita,
Scream at me I'm so far away / grítame, estoy demasiado lejos
I won't be broken again / no seré roto de nuevo
I've got to breathe / tengo que respirar,
I can't keep going under / no puedo seguir cayendo

 

Capítulo 9: Juntos


“Forfeit the game / Abandona el juego
Before somebody else / antes de que alguien más
Takes you out of the frame / te saque del bastidor,
Puts your name to shame / ponga en verguenza tu nombre
Cover up your face / cubre tu rostro
You can't run the race / no puedes correr la carrera
The pace is too fast / el ritmo es demasiado rápido
You just won't last / no durarás”

Points of Autorithy – Linkin Park

1

(Sábado 15 de noviembre)

Después de meditarlo mucho, Severus salió muy temprano la mañana del sábado, sin avisarle a nadie o de lo contrario, Dumbledore no le habría permitido ausentarse.

Se alejó del castillo hacia el Bosque Prohibido y allí buscó un punto seguro para aparecerse sin ser detectado, caminó por media hora en el bosque, dirigiéndose hacia un lugar que no había pisado en años: el sitio donde estuvo el antiguo refugio de Voldemort, protegido por Arcadia, la espantosa planta vampiro que el Oscuro Señor tenía como mascota.

- “Asqueroso bicho”; murmuró recordando la sensación de las ramas sin hojas de la planta, extendiéndose hacia cualquier cosa viviente que pasara junto a ella. Era en verdad una suerte que la hubiesen destruido.

Se apareció en Londres, en el Callejón Diagon, y desde allí, se volvió a aparecer junto a la puerta de la mansión que tan bien conocía.

- “El amo Malfoy no se encuentra”, dijo un asustado elfo doméstico cuando él pulsó el intercomunicador mágico, invisible en la pared.

- “Dile a tu amo que Segrael lo busca”, ordenó Severus con una voz que no admitía réplicas. Había aprendido eso de Lucius a la hora de tratar elfos domésticos.

Al cabo de unos momentos, las rejas de la mansión se abrieron y Severus entró. Avanzó por el sendero admirando los jardines, las estatuas, y preguntándose quién cuidaría del invernadero ahora que Narcissa no estaba más. Pero no pudo entretenerse demasiado con esos pensamientos. En la puerta principal lo esperaba el dueño de casa.

- “¿Qué has venido a hacer aquí?”

No había rabia en la voz de Lucius, pero sí un tono extraño, como si estuviera preocupado.

- “Necesito respuestas”

- “Ve a buscarlas con Dumbledore”

- “Sé sobre Luagh”

Lucius palideció. Severus se exponía demasiado saliendo de ese modo, Voldemort ya no se hallaba en la mansión, pero quizá podría sentir su presencia y eso lo arruinaría todo. Ahora Lucius no podía fiarse de nada.

Cerró la puerta a sus espaldas.

- “Vamos al invernadero”

Caminaron en silencio por la Alameda de los Tejos, con sus árboles ornamentales y sus glorietas abandonadas. Lucius empujó la puerta del invernadero y un olor a plantas tropicales les inundó los pulmones.

- “La sangre de Luagh lo trajo de vuelta, Severus”, dijo Lucius, “manténte fuera de esto, esta vez no habrá modo de escapar. La serpiente está muerta”

- “Los druidas la traían a la vida de nuevo, Lucius. Su sangre fue derramada, pero ahora debe volver”, dijo Severus, “¿qué fue lo que hiciste?”

¿Era preocupación lo que había en los ojos de Severus? Lucius sopesó sus palabras. No arruinaría todo hablando de más, debía ser cuidadoso. Severus lo había traicionado, pero también lo había salvado cuando los aurores del ministerio entraron en su mansión y no hallaron nada que pudiera comprometerlo porque Severus y Draco se habían encargado de ocultarlo.

- “¡La serpiente no volverá! ¡Bellatrix se ha convertido en eso, ella es la sucesora de Luagh! Además, ella está hibernando ahora”, exclamó el rubio, “vete, Severus. No te debo ninguna explicación”

- “¡Luagh es macho! Bellatrix sólo se encargará de engendrar a sus vástagos, ¿es que no lo entiendes? ¡Voldie puso eso en el cuerpo de Manganelli! Quiere traer de nuevo a la serpiente…”

- “No podrá”

- “¡Podrá! Solo necesita un cuerpo más fuerte”, gritó Severus, “Lucius, ¿tú fuiste quien mató a la serpiente? Si lo hiciste, su sangre te reclamará. Volverá por ti”

- “Vete, Severus. Él no puede saber que viniste aquí”

- “No le temo”

- “Insensato”

- “¡Estás loco!”

- “Lo estoy. Él ha vuelto, Severus. ¡Yo lo traje de vuelta! Y esta vez nada lo podrá detener, ni siquiera tu adorado Dumbie. Si no te vas a unir de nuevo a nosotros, vete. O yo mismo me encargaré de llevarte con él”

Severus quiso gritarle muchas cosas, quiso golpearlo, herirlo, para después comérselo a besos y amarlo hasta desgarrarlo por completo.

Era enfermizo.

El profesor apretó los dientes con furia, pero un recuerdo le devolvió la razón. Ojos verdes, labios suaves y dulces besos. Amor, verdadero e inocente amor reflejándose en una mirada de adolescente.

- “Adiós, Lucifer”, repitió como hiciera en la víspera, reafirmando así su decisión. Y avanzó decidido hacia la puerta, añorando esos besos que Lucius nunca podría darle.

Lucius se quedó quieto, viéndolo partir entre la bruma de la fría mañana londinense. Algo se rompió en ese momento entre ambos y el mago rubio se llevó las manos al rostro, solo para descubrir que estaba húmedo de lágrimas. Las limpió de un manotazo y caminó decidido hacia la mansión.

Recuperaría a Severus, aún al precio de su propia alma.


3

(Sábado 15 de noviembre)

Harry esperó toda la mañana del sábado, con emoción contenida, algún mensaje de su profesor. Pero nada llegó.

Por la tarde fue a su práctica de Quidditch con tan poco entusiasmo que Angelina le recriminó seriamente su desempeño. El sábado siguiente sería el primer partido y Harry parecía no poner atención.

Mientras volaba, le pareció que una silueta vestida de negro lo observaba de una de las ventanas del castillo, pero fue sólo una impresión, y por mirar, perdió la Snitch.

- “¡Harry!”, le gritó Ron, pero era tarde, el destello dorado se perdió entre los arcos y por un momento fue imposible determinar dónde estaba.

Harry enfiló su Saeta Veloz hacia el lugar donde la Snitch había desaparecido y trató de concentrarse. Entonces, miró de nuevo hacia el castillo y volvió a ver la silueta.

- “¡Harry!”, gritó enfurecida Angelina mientras la Snitch pasaba raudamente frente a sus ojos. “¿Qué diablos miras? ¡El juego es aquí!”

Harry enrojeció. Imaginaba la risita sardónica de Severus al verlo perder la pequeña esfera, y estuvo seguro de que si el profesor notaba el efecto que tenía su presencia, se sentaría en primera fila en todos los partidos contra Slytherin.

Bueno, siempre lo hacía.

Pero las otras veces, no se habían besado apasionadamente como ahora. Y no habían estrechado sus cuerpos con la enfermiza pasión del deseo.

- “¡Harry!”

La Saeta Veloz enfiló a toda prisa hacia el centro del campo y bajó en picada. Harry sacudió la cabeza. No dejaría que su profesor de burlara de él.

Luego de una peligrosa persecución entre los arcos de las tribunas la mano de Harry se cerró triunfalmente sobre la Snitch y el muchacho emergió esgrimiéndola en alto y mirando con desafío hacia el castillo.

- “Pensé que no lo lograrías”, fueron las palabras nada alentadoras de Angelina, “Harry, has estado muy distraído hoy y no es la primera vez. ¿Te pasa algo?”

- “Tengo tarea”, murmuró Harry, habituado ya a mentir.

Ron lo miró y se encogió de hombros. Por su parte, había renunciado a interrogar a su amigo, pero se habían distanciado considerablemente. Y su distanciamiento no era como las otras veces, esta vez no era una pelea de muchachos o un malentendido. Ron sabía dolorosamente que su amigo no confiaba más en él.

Hermione lo esperaba y ambos caminaron tomados de la mano. Tras ellos, Harry se digirió a las duchas mientras platicaba con Jack Sloper.


4

You love the way i look at you / amas el modo en que te miro
While taking pleasure / mientras obtienes placer
in the awful things you put me through / en las horribles cosas por las que me haces pasar
You take away if i give in / te llevarás si me rindo
My life / mi vida
My pride is broken / Mi honor está roto


Una hora después, un emocionado Harry tocaba la puerta del despacho de Snape pensando en la nota que había recibido.

Potter, venga a mi despacho a las seis. SS

Era la nota menos romántica del mundo, pero para él esas palabras tenían un valor especial. Y aunque la nota se había desintegrado entre sus dedos apenas acabó de leerla, la había escrito él. Le había escrito para pedirle que fuera a verlo.

La puerta se abrió y Harry fue halado dentro sin ceremonias. Iba a decir algo, pero una boca se apoderó de la suya y fue besado con esa misma pasión avasalladora que siempre le hacía desear más.

El profesor lo apartó luego con un poco de brusquedad.

- “Esa atrapada fue pura suerte, Potter”

- “¿Para eso me llamó?”, exclamó Harry retrocediendo, “¿para burlarse de mí? ¿eso quiere?”

- “No”, repuso el profesor, “quiero esto”

Severus avanzó buscando un nuevo beso, pero Harry lo detuvo.

- “¿Por qué actúa así? Primero me besa, luego se burla de mí y ahora quiere volver a besarme, ¿no cuenta lo que quiero yo? ¿cómo podemos tener una relación normal si no me dice lo que está pasando? Yo…”, los ojos de Harry lo escrutaron, buscando respuestas, “yo no lo entiendo”

El profesor tomó aire. ¡Claro, era Potter! No iba a hacérselo nada fácil. Pero el chico tenía razón, se suponía que ahora estaban juntos, que tenían una relación. “Una relación normal”. ¡Cielos, él jamás había tenido eso! Lo miró, sus ojos seguían clavados en él, tratando de entender.

Recordó que Harry tenía sólo dieciséis años y su experiencia en el amor era prácticamente nula, como lo fue la suya cuando tuvo esa edad y Lucius se llevó su inocencia.

Lucius.

Lucius le enseñó todo eso, amarse desesperadamente, incluso con tanta apasionada violencia que a veces creía que moriría en sus brazos. Pero no murió, aprendió con dolor lo que era compartir a quien amaba, y así habían sido todas sus relaciones en una época en que el sexo era para Voldemort un espectáculo donde triunfaba el más fuerte.

Como animales.

Era cierto que en los últimos tiempos con Lucius se había vuelto más tierno y cariñoso, pero las viejas costumbres tendían a aflorar.


You like to think you're never wrong / te gusta pensar que nunca te equivocas
(You live what you've learned) / (vive lo que aprendiste)
You have to act like you're someone / tienes que actuar como si fueras alguien más
(You live what you've learned) / (vive lo que aprendiste)
You want someone to hurt like you / Deseas que alguien lastime como tú
(You live what you've learned) / (vive lo que aprendiste)
You want to share what you have been through / deseas compartir por lo que tú pasaste
(You live what you've learned) / (vive lo que aprendiste)

No le daría eso a Harry.

- “Potter…”

- “¡Soy Harry!”, exclamó el chico al borde del llanto, “¡Harry! ¿Oyó? Si vamos a estar juntos quiero que me llame por mi nombre”

- “Harry”, dijo Severus y le abrió los brazos en un gesto mudo de cariño.

Harry se arrojó en ellos y su cuerpo juvenil se pegó al suyo con ansias. Severus lo estrechó, vencido por la ternura. Se dejó envolver por un momento, sabiendo que ese amor inocente jamás le haría daño como Lucius se lo había hecho. Y prometió no hacérselo tampoco a él.

- “Pot—Harry”, dijo Severus tomando al chico de la barbilla hasta que sus ojos se encontraron.

- “¿Puedo llamarte Severus?”

El profesor se permitió una sonrisa.

- “No esperes un trato distinto. Tampoco esperes que sea romántico, porque no lo soy. Si puedes aceptar eso, entonces creo que podremos seguir”

Harry se perdió en esas órbitas negras. No había esperado eso, quiso creer que su profesor sería como Sirius era con Remus, juguetón, tierno y apasionado a la vez. Y muy protector. La decepción asomó a sus ojos por un instante, pero vio algo en Severus que nadie más había visto.

Vio temor, Severus temía ser rechazado.

Harry alzó el rostro y besó a su profesor en la boca.

- “Acepto”, susurró contra sus labios delgados.

Y Severus lo besó de nuevo, con nueva pasión desatada por esa sola palabra que ahora para él significaba un compromiso. Despacio, le quitó las gafas al chico, esas gafas que le recordaban inevitablemente a James y en ese momento no quería recordar nada de su pasada vida y sus pasados rencores. No quería pensar que besaba al Mesías del Mundo Mágico, al chico que había derrotado a Voldemort. Sólo sabía que estaba besando a un muchacho inocente que lo amaba.

Harry también olvidó que besaba al profesor que lo había martirizado por seis años, olvidó que podría ser su padre, que era un amargado y que había sido un mortífago. Para él todo se redujo a estar en los brazos del hombre que amaba.

- “Harry”, susurró Severus rompiendo el beso. “apuesto a que Slytherin ganará el próximo partido”

Había picardía en los ojos de su profesor.

- “¿Qué apuestas?”, preguntó Harry.

- “Si gana Gryffindor, un paseo en escoba a la luz de la luna”, dijo Severus y casi no se reconoce a sí mismo.

- “¿Y si gana Slytherin?”

- “Entonces me darás tu virginidad”

 

5

(Domingo 16 de noviembre)

“Y es así como el Ministerio de Magia, al no contar con aurores calificados, tiene que emplear estudiantes.

¿En qué clase de gobierno hemos caído? ¿Es Amelia Bones la misma, o está siendo influenciada por un cercano allegado?

No estamos aquí para juzgarla, únicamente alertamos a la comunidad mágica sobre la desaparición de seis muggles familiares de magos en Inverness hace tres días. Y estas desapariciones se suman a las cuatro ocurridas el pasado trece de noviembre y a las anteriores ocurridas en Inglaterra.

¿Y qué dice a todo esto el Ministerio de Magia? No hay pistas, estamos investigando, los llamaremos luego.

Nosotros pagamos impuestos para que los aurores nos defiendan. No queremos que nuestra seguridad esté en manos de estudiantes prontuariados…”


Remus arrojó “El Profeta” a un lado.

- “¡Esto no puede ser!”, reclamó al Director, “¡Están hablando de Sirius!”

- “Lupin, están hablando de cosas mucho más trascendentes y sólo mencionaron a Black de casualidad. El blanco es la ministra”, aclaró Severus y le dio un sorbo a su café.

Dos pares de ojos seguían atentamente la discusión en la mesa de profesores. Los verdes estudiaban a Severus y los grises a Remus.

- “No creo que debamos alarmarnos por eso, Remus”, dijo gentilmente el anciano, “hay otras cosas mucho más importantes que serán discutidas esta noche”

Remus bebió lo que quedaba de su chocolate y se excusó. Kingsley salió tras él.

- “¡Rem!”

- “Fue Malfoy, Kingsley. Estoy seguro. Antes ya hizo esto, haciéndole creer a Sirius que era un héroe para desestabilizar a Amelia Bones. ¡Está haciéndolo de nuevo!”

- “Lo sé. Era yo uno de los aurores a quienes atacaban, ¿recuerdas?”

- “Sí, claro. No entiendo cómo Dumbledore no lo ve”

- “Lo ve, es solo que no quiere precipitarse. ¿No has tenido más sueños raros?”

Ambos caminaban hacia la Biblioteca, encontrando algunos estudiantes en su camino.

- “No”, repuso Remus, “no más sueños con orquídeas, pero sí una sensación de letargo, como si no quisiera despertar. Sueño con serpientes, Kingsley. Las serpientes tienen algo que ver en todo esto”

- “También lo creo así”

Kingsley hizo una pausa, luego llevó a Remus hacia un lado, lejos de las curiosas miradas de los estudiantes.

- “¿Sabes que el padre de Luziel es presidente de la división de Regulaciones Mágicas?”

- “No. ¿A qué viene eso?”

- “Es del ala liberal. Promueve una nueva iniciativa sobre legalizar el matrimonio de magos del mismo sexo”

- “Eso es…”, murmuró Remus.

- “Peligroso. He oído muchas opiniones y esto va a exponer innecesariamente la vida de muchos magos como tú y como Sirius. Debes estar preparado”

- “¿Profesor? ¿Tiene un minuto?”

Audrey Lang, estudiante de primer año, se acercó hacia ellos por el pasillo y se sonrojó intensamente al ver a Remus y Kingsley juntos.

- “En un minuto estoy contigo”, respondió Remus y avanzó un poco más con Kingsley.

- “Ella es hija de Annelise Bentley, la principal representante del ala conservadora, Rem. Ten cuidado”, susurró Kingsley.

- “Lo tendré”, dijo Remus sin poder evitar sonrojarse al recordar a Kingsley haciendo el amor con Marcos, “eso también te incluye”, añadió antes de alejarse en dirección a Audrey.


6

- “Luagh es el señor de las serpientes marinas. Un antiguo dios reverenciado por los druidas encargados también de asegurar su descendencia. Cuando los Fomors fueron expulsados hacia la isla de Lochlan, en Irlanda, lo llevaron consigo. Y fue un vástago de Luagh lo que salió del vientre de Manganelli”

Severus se regocijó un poco al ver los asombrados rostros de sus interlocutores. Su amor propio se sintió satisfecho, él había descubierto solo lo ocurrido, y por las expresiones, a nadie más se le había ocurrido algo así.

- “¿Y cómo llegó allí?”, fue lo primero que Sirius preguntó. Acababa de llegar de su viaje a Escocia y había ido directo a Grimmauld Place, con Tonks.

- “Lo trajo la cigüeña”, no pudo resistirse Severus. Sirius le dio una mirada asesina, “Manganelli tuvo relaciones sexuales, allí fue fecundado”

- “Eso es imposible”, murmuró Remus.

- “¿Por qué es imposible? Sabemos que Bellatrix sobrevivió, ella es ahora la hembra de la especie. Ella y el Señor Tenebroso engendraron el vástago de Luagh y depositaron el huevo en el vientre del muchacho”

- “Eso es asqueroso”, dijo Sirius, “¿pero dónde está la serpiente? No pudo sobrevivir en ese frío, ¿verdad?”

- “No había nada allí. Es seguro que murió”, repuso Kingsley, “ningún reptil soportaría ese frío por más de una hora, y menos un reptil recién nacido”

- “¿Se dan cuenta de lo que dicen?”, dijo Remus, “si fallaron esta vez, lo intentarán de nuevo”

Severus asintió admirado de la perspicacia del licántropo. Y temió por Lucius una vez más.

- “Lo intentarán, pero ahora no. Es invierno, los reptiles no se reproducen en esta época. Lo que hicieron fue un gran esfuerzo pero debe hacer más calor para que lo logren de nuevo”, declaró el profesor de Pociones. Eso era lo que había leído entre líneas de lo dicho por Lucius.

- “Ella está debilitada”, dijo de pronto Remus, “ahora entiendo los sueños, está hibernando”

Discutieron por unos momentos las implicancias de ese descubrimiento y acordaron estrechar la vigilancia en torno a Malfoy. Pero la principal preocupación era las personas desaparecidas.

- “El ministerio está de cabeza”, dijo Tonks, “’El Profeta’ nos sigue atacando, y no encontramos pista alguna. Simplemente desaparecieron, se los tragó la tierra”

- “Voldemort debe tener un nuevo refugio”, dijo Dumbledore, “Sirius debe ayudarnos a encontrarlo, mientras tanto, me alegra comunicarles que todo está listo para el ritual en cuanto se produzca una emergencia”

- “¿Qué ritual?”, preguntó Bill.

- “El que liberará las almas de los desdichados convertidos en zombies”, respondió Marcos. “Severus nos ayudó con las esencias y Remus y yo haremos la invocación”

El profesor de Pociones miró hacia otro lado. No era demasiado partidario de magia que no conocía. Aún así, había sido testigo de la poderosa magia vudú de Kingsley, pero lo que Marcos había hecho era algo distinto.

La polvera de Tonks comenzó a vibrar y ella la sacó, para ver en el espejo el asustado rostro de Luziel.

- “Zombies en Piccadilly Circus, ¡No puedo localizar a Sirius! Necesitamos ayuda”

- “Vamos para allá”, exclamó Tonks cerrando la polvera, luego se volvió hacia los otros, “creo que es ocasión de probar ese ritual”.


7

Los zombies avanzaban en un sólido bloque, arrastrando con ellos a la aterrorizada multitud muggle que corría para salvar la vida. El sonido de los gritos se confundía con el de huesos triturados, los zombies caminaban silenciosamente, llevando la muerte en cada paso que daban.

En el cielo, el Morsmodre se mostraba majestuoso, trayendo más terror a la escalofriante escena.

Marcos corrió hacia ellos esgrimiendo su Biblia y gritó:

- “Estos signos acompañarán a los creyentes, en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas extrañas, podrán recoger serpientes y si beben su veneno no les hará daño, impondrán sus manos sobre los enfermos quienes se recuperarán”

Remus, detrás de él, alzó un cáliz conteniendo una sustancia burbujeante.

Los zombies siguieron avanzando.

- “¡Tengo en este cáliz los elementos de la tierra, aire, agua y fuego! ¡La sal que hará que vuelvan a ser humanos! ¡El incienso que deshará el maleficio que los envuelve! ¡El fuego que quemará para siempre sus culpas!”

A una señal de Marcos, Remus invocó el Fuego de San Elmo y encendió el cáliz. El agua bendita que lo llenaba, mezclada con la sal y el incienso, comenzó a arder y una llama poderosa se formó.

- “¡Este es el Martillo de Dios! ¡En su nombre invoco la liberación de sus almas!”

La llama tomó la forma de un enorme martillo, haciendo tambalear a Remus por el esfuerzo. Marcos se situó junto a él y avanzaron, recitando el Salmo de Liberación.

Los zombies parecieron inmunes, pero las dos figuras empequeñecidas ahora por la inmensidad de su arma, se mantuvieron firmes. Sacerdote y mago resistieron el avance de las criaturas hasta que una de ellas cayó de rodillas.

Todo se desarrollaba en la oscuridad iluminada tan solo por la poderosa luz del martillo de fuego. Sirius y Kingsley resguardaban el lugar, atentos a cualquier pedido de ayuda de los exorcistas.

De pronto, Remus trastabilló y Marcos lo tomó del brazo. Sirius quiso correr a él, pero la férrea mano de Kingsley lo detuvo.

- “Rem es fuerte, déjalo hacerlo. No puedes intervenir ahora o todo se perderá”

Remus volvió a erguirse y continuó recitando el salmo. Otro zombie cayó. Luego, uno a uno fueron cayendo todos hasta que la luz del martillo de fuego se extinguió.


8

(Lunes 17 de noviembre)

Remus dormía profundamente, cubierto por varias mantas en la fría mañana. Atontado aún se acurrucó en la tibieza que lo envolvía, pensando en sueños en Sirius, añorándolo. Una gentil mano le acarició el cabello y los ojos dorados se abrieron en la confusión de quien empieza a despertar. Junto a él, alguien lo tenía estrechamente abrazado.

- "¡Sirius!"

- "Hola", sonrió el animago, "¿cómo te sientes?"

- "¿Cómo llegué aquí?", preguntó Remus sintiéndose feliz en los brazos de su amado, olvidada ya toda la angustia de sus días de soledad.

- "Yo te traje. Te desmayaste luego del ritual, pero todo salió bien", respondió Sirius, "No quise separarme de ti, no he ido al Ministerio. No te lo he dicho, pero te extrañé horrores en ese viaje que hice"

- "Y yo a ti", susurró Remus, "te amo"

Se besaron largamente y Remus acarició el largo cabello negro que su pareja insistía en no atarse. Eso le daba un aire salvaje y viril que a Remus le encantaba.

- "No me has contado nada del viaje, ¿cómo les fue?"

- "No muy bien. Malfoy ya no estaba allí y desaparecieron seis personas más. Pero el Lord Advocate, un tal Grant, le restó importancia al hecho. Dijo que no pensaba que estuvieran relacionados con la desaparición de Pucey, sino más bien con un grupo terrorista muggle. ¡Hasta nos dijo paranoicos!"

- "Es que no tenemos pruebas, sólo sospechas", repuso Remus.

- "Con lo de anoche ya no son sólo sospechas. Ese tipo me da mala espina, Moony. No sé cómo explicarlo, pero es una alimaña. Me produce lo mismo que Malfoy cuando lo veo"

Remus lo calló con un suave beso.

- "¿Y tu examen?"

- "Lo haré esta tarde. Es sobre conjuros para atrapar espíritus, nada complicado. A veces esa escuela me aburre", dijo Sirius. "Luziel y Tonks están haciendo los informes, y tengo esta noche libre... había pensado...", apartó cariñosamente el mechón entrecano de Remus, "¿recuerdas esa discoteca muggle donde fuimos con James?"

- "Claro que la recuerdo", Remus no solo la recordaba, tenía muchos deseos de ir nuevamente. Solos los dos, bailando como aquél día hacía tantos años, en que dieron un espectáculo y terminaron amándose en el baño.

Sirius le dio un beso en la punta de la nariz.

- "Había pensado ir a bailar esta noche, si te sientes mejor... Tonks y Luziel irán con..."

Eso fue demasiado.

- "No iré a ninguna parte con ellos"

- "¡Moony!", exclamó Sirius pensando equivocadamente que los celos eran por Tonks, "Moony, lo que pasó con Tonks fue hace tiempo, me sentía solo y tú no me ponías atención... ambos nos equivocamos, pero ella está ahora con Bill y yo contigo. Y te amo"

- "Yo no tengo nada en contra de Tonks, pero no iré a ningún lado con Luziel"

- "¿Qué te ha hecho Luziel?", preguntó Sirius con sorpresa, "él siente mucho aprecio por ti"

- "Sí, claro. Me llama 'señor Lupin' y a ti te llama Sirius. Y me mira extraño"

Sirius no pudo evitar reír.

- "¡Estás celoso!"

- "Sí", admitió Remus y trató de levantarse, pero Sirius no lo dejó.

- "Moony, no seas tonto. Luziel es un chiquillo, y a quien yo amo es a ti", Sirius tiró de él hasta echarlo nuevamente en la cama, "te amo, lo sabes. No iba a estropear todo de nuevo, ¿verdad? con todo lo que me costó recuperarte. Eres lo más valioso para mi, Moony. Lo son tú y Harry. Luziel solo es un amigo, es todo"

- "Lo sé", dijo bajito Remus, "quisiera que estuviéramos más tiempo juntos... a veces siento que te puedo volver a perder y tengo miedo"

Sirius lo besó con ternura.

- "Lobito", susurró junto a sus labios, "eso no pasará, estaremos juntos siempre. Vendré aquí más seguido, lo prometo. Además, no me gusta que tengas tan cerca al auror-maravilla"

- "Kingsley es amante de Marcos", informó Remus.

- "¿Qué? ¿Del sacerdote? yo te lo dije, Kingsley no es de fiar y..."

Pero Remus no lo dejó continuar, lo silenció con un beso suave, pero que se hizo apasionado luego.

- "¿Quieres que te muestre cuándo te extrañé?", susurró mientras sus manos se deslizaban ágilmente hacia las caderas de Sirius, que respondió con un profundo suspiro.

Remus palpó el cuerpo de su pareja bajo las cobijas y masajeó un poco la naciente erección, estrujándola con suavidad. Se sentía extrañamente eufórico, quizá a causa del éxito del ritual, y anhelaba poseer el cuerpo de Sirius.

Besó brevemente a Sirius en los labios e inició el descenso, cubierto aún por las cobijas, hasta que estuvo frente a la dureza que se alzaba bajo el pijama de su pareja. Con deliberada lentitud, Remus bajó el pantalón y tomó la punta entre sus labios, deleitándose con el gemido que le arrancó a Sirius.

- “Así, Moony”, gimió Sirius cogiéndole la cabeza para acercarlo más a su erección. “Hazme lo que quieras, lobito”

Remus no necesitaba mayor invitación y se introdujo el miembro de Sirius completamente en la boca, para comenzar a succionar y saborearlo en toda su extensión. Sirius era suyo y siempre lo sería. Le demostraría a Luziel que nadie más que él podía hacer feliz a su pareja.

- “Moony”, jadeaba Sirius elevando las caderas en busca de mayor contacto. El animago arrojó las cobijas a un lado y acarició los cabellos de Remus, “Moony, mi amor”

Remus hizo una pausa para tomar aire y gentilmente despojó a Sirius de su ropa de dormir. Los ojos de su pareja tenían un brillo inusitado, o así se le antojó a Remus a causa de la pasión que experimentaba. Sonrió y se acercó para besarlo en la boca.

- “Eres mío, Sirius Black”

- “Siempre”, gimió él al sentir un ágil dedo separarle las nalgas. “Ahh, Moony, hacía tiempo no lo hacíamos así, extrañaba sentirte dentro de mi”

- “Sólo tenías que pedirlo”, susurró Remus y liberó su erección ansiosa. “Te amo”, dijo y exploró con el dedo índice las entrañas de su amor, “te amo, no lo olvides”

Sirius le abrió las piernas para facilitarle la tarea. Esta vez sentía tanta excitación que no le importó que Remus no usara lubricante, sólo quería sentirlo cerca y saber que estaba bien como para amarlo de ese modo. No le había pedido nada antes por temor a debilitarlo, pero ahora los ojos de Remus brillaban y su respiración agitada desbordaba deseo.

Un segundo dedo se deslizó en Sirius y él se relajó lo más posible sabiendo que sería doloroso al inicio. Pero Remus tuvo infinito cuidado cuando se deslizó dentro de él, lubricándolo antes con su saliva.

- “Qué estrecho estás”, susurró Remus contra su oído e inició un ritmo rápido y sostenido mientras le masajeaba el duro miembro. “Dime que eres mío para siempre, Paddy”

- “Lo soy”, jadeó Sirius sintiendo sus entrañas dilatarse más y más para recibir a Remus en toda su extensión, “soy tuyo, tuyo siempre”

El ritmo se aceleró con estas palabras y Remus se enterró en el cuerpo de su pareja, con un poco más de fuerza de la que habría deseado, pero con un inequívoco sentimiento de posesión. Moony marcaba su territorio una vez más, e inundó las entrañas de Sirius con tibio semen al tiempo que lo besaba furiosamente.

Sirius gritó en la intensidad de su orgasmo, que siguió al de Remus por escasos segundos. Era maravilloso sentirse poseído y deseado de ese modo y besó amorosamente al agotado Remus que se desmoronó junto a su cuerpo, jadeando exhausto.

- “Eso fue…”

- “Genial”, completó Remus y buscó su mirada, “¡Paddy!”, dijo al ver sus labios maltratados, “¡Paddy, te hice daño!”

- “Shh, lobito. Estoy bien”, lo tranquilizó Sirius, “Eres lo mejor que me ha pasado. Ven a dormir, hoy Dumbledore te dispensó de clases”.

 

Capítulo 10: La apuesta

“I am a little bit of loneliness, / siento un poco de soledad
a little bit of disregard / un poco de descuido
Handful of complaints / lleno de quejas
but I can't help the fact / pero no puedo evitar la realidad
That everybody can see these scars / que todo el mundo puede ver las cicatrices
But what I want you to want, / pero que quiero que tú lo desees
what I want you to feel / que quiero que tú lo sientas
What it's like no matter what I do, / que es como si no importara lo que yo haga
I can't convince you / no puedo convencerte
To just believe this is real / de solo creer que esto es real
So I, let go watching you / de modo que te dejo ir mirándote
turn your back like you always do / dar la vuelta como siempre haces
Face away and pretend that I'm not / con el rostro volteado y pretender que no estoy
That's all I give cause you're all that I've got / esto es todo lo que doy porque tu eres todo lo que tengo”

Faint –Linkin Park


1

(Lunez 17 de noviembre)

Harry le había estado dando vueltas al asunto de la apuesta todo el domingo y dedicó también ese día a avanzar lo más posible con sus estudios y deberes y a visitar a Hagrid a quien tenía bastante abandonado desde que empezó las clases de Oclumancia con Snape.

La noche del domingo recibió una nota que le confirmaba que no vería a Snape. Quiso buscar a Sirius y Remus pero se contuvo porque había aprendido, en el tiempo que llevaba en ese curso, que los fines de semana su padrino y Remus necesitaban estar juntos y optó por no molestar.

Pero el lunes las dudas lo atormentaban más y más y estaba decidido a hablar con Remus, aunque sufrió una gran decepción cuando Kingsley Shacklebolt apareció a dictar la clase de “Defensa contra las Artes Oscuras” y explicó que el profesor titular estaba un poco delicado.

Apenas terminó la clase, Harry voló a la habitación de Remus y se encontró con su padrino.

- “¿Cómo está Remus?”

- “Está dormido”, respondió el animago, que se veía feliz y relajado, con una sonrisa a flor de labios.

- “¿Está enfermo?”

- “No, sólo está cansado y Dumbledore lo dispensó de clases. Anoche se enfrentó con unos zombies en Piccadilly Circus y se desmayó. Pero ya se ha recuperado…”

- “¡Zombies!”

Harry no estaba al corriente de todo lo que ocurría y Sirius consideró que era el momento de que se enterase y le relató lo ocurrido.

- “Por eso se llevaron a Pucey… su padre está…”, murmuró Harry pensativo.

- “Muerto. Pero lo estaba hace mucho antes, murió en el momento en que lo convirtieron en zombie, Harry. Marcos se hizo cargo de los cuerpos y les quitó la expresión de espanto, devolviéndoles la paz. Creo que ahora ha ido con las familias”

- “¿Cómo es que ‘El Profeta’ no dijo nada?”

- “No lo sé. Supongo que el Ministerio no quiso alarmar a nadie… ¡Hey! ¿Tú no deberías estar en clases?”

- “Vine a ver a Remus. Dile que lo buscaré esta noche”

- “Vamos a salir, ¿es muy importante?”

- “¿Salir? Oh, no. Puedo esperar, sólo deseaba visitarlo”.

Sirius frunció el ceño con una leve inquietud, pero se sentía tan feliz esa mañana, que la descartó.

- “Bien. Iremos a una discoteca muggle”

- “¿Sí? ¿Puedo ir?”

Sirius sonrió.

- “Moony me matará si te hago romper las reglas, él es profesor aquí. Además, es una disco gay, quizá te sientas un poco incómodo”

Harry se puso escarlata. Ese era el momento preciso para decir que no se sentiría incómodo y confiarle sus temores a su padrino. Y quizá lo hubiera hecho de tratarse de alguien distinto a Snape.

- “Seguro”, sonrió restándole importancia al hecho, “será mejor que me vaya a clases”.


2

La clase de Pociones fue la más accidentada que Harry podía recordar. Se sonrojaba cada vez que Snape miraba hacia él y estaba distraído pensando en el partido y en la apuesta. Por fortuna, el profesor no le hizo ninguna pregunta. De hecho, era como si no fueran nada y Harry se sentía cada vez más confundido. Y esa noche tampoco podría verlo a causa del entrenamiento de Quidditch.

Necesitaba hablar con alguien sobre las implicancias de esa apuesta y deseó poder confiar en Ron, pero tenía miedo. Quizá Neville lo entendiera mejor, pero Neville jamás podría darle los consejos que él necesitaba. Tenía que confiar en alguien mayor y con experiencia, alguien como Sirius, pero estaba seguro de que si su padrino se enteraba de que era gay terminaría haciéndole confesar que andaba con Snape y eso desencadenaría una catástrofe de proporciones cósmicas.

¿Y si hablaba con Marcos? Antes había resultado y no le fue del todo mal. Pero Marcos era sacerdote y lo que Harry quería preguntar era algo que un sacerdote no podría decirle.

La única alternativa que quedaba seguía siendo Remus.

Tuvo que esperar hasta el martes por la tarde para poder hablar con él. Luego de clases hizo rápidamente sus deberes con Ron y Hermione y corrió al despacho de su profesor. La puerta estaba abierta y Remus estaba sentado en el enorme escritorio corrigiendo ensayos.

- “¿Remus? ¿Tienes un momento?”

- “Claro, Harry. Pasa”, respondió alegremente Remus, “Cierra la puerta. Precisamente en este momento iba a preparar un poco de té”

Mientras Remus preparaba el té, Harry se sentó, visiblemente nervioso. Remus fingió no notar su nerviosismo, le tendió una taza de té, colocó un plato de pastelillos en la mesita junto a su escritorio y se sentó en una silla junto a Harry.

- “¿Cómo van los entrenamientos?”

- “Bien”

Remus alzó una ceja. Había empezado la conversación con el Quidditch porque sabía que ese deporte apasionaba a Harry, y se sorprendió mucho del poco entusiasmo que el chico demostró.

- “¿Hay posibilidades de ganar?”

- “Sí, claro. Malfoy no está en muy buena forma, parece que aún sigue afectado por Manganelli”

- “¿Y tú no estás afectado por nada?”, preguntó Remus con suavidad, sonriéndole con confianza.

- “Yo no… er… sí, Remus. De eso quería hablarte”, murmuró Harry, “yo estoy… enamorado, ando con alguien”

Remus sonrió. De modo que de eso se trataba. Había olvidado lo mucho que significan esas cosas cuando uno es adolescente.

- “Eso es muy bueno, Harry. ¿Quién es ella? ¿Por fin te aceptó Cho?”

Harry miró al piso.

- “No es ella, Remus. Es él”, susurró bajito.

- “¡¿Él?!”

Remus estaba absolutamente sorprendido. Hacía apenas un año, Harry se puso furioso cuando descubrió su relación con Sirius, los acusó de degenerados y tardó en aceptar que se amaban. Y ahora, ¿Harry era gay?

- “Sí”

- “Harry… lo siento, me has sorprendido… no me imaginaba que tú… debiste decirme antes”

El rubor en el rostro de Harry era intenso y de pronto, Remus rompió a reír.

- “¡Me alegro muchísimo por ti! Ahora entiendo que actuaras raro y no quisieras contarles nada a Ron y Hermione… No te sientas mal con eso, es perfectamente normal”

Harry empezó a reír también porque el rostro de Remus, entre sorprendido y emocionado, era bastante gracioso. De pronto, recordó algo.

- “Remus, por favor, no se lo digas aún a Sirius. Es que hay algo que me preocupa”

- “Claro, Harry, si así lo quieres. Puedes confiar en mi, te ayudaré en todo lo que pueda”, declaró Remus evitando preguntar quién era el novio de Harry. El chico lo diría cuando estuviera listo.

Harry respiró más tranquilo, y se puso nervioso nuevamente al pensar en lo que se disponía a preguntar.

- “Él y yo llevamos poco tiempo juntos y aún no hemos estado… no hemos hecho…”

- “¿No han dormido juntos?”, preguntó Remus empezando a ruborizarse también.

- “Oh, no… yo duermo en mi habitación… pero no hemos…”

Remus sonrió ante la inocencia de Harry, quien había tomado literalmente su pregunta. Decidió ser más directo.

- “Quise preguntar si han tenido intimidad”, aclaró.

Harry negó con la cabeza y se concentró en examinar su taza de té.

- “Comprendo… a mí me costó mucho también. Lo hice a los diecisiete”, explicó Remus, dando por hecho que Harry estaría saliendo con algún chico de su edad. “Pero eso es algo natural entre dos personas que están juntas. Es tu primera vez, ¿verdad?”

Harry asintió.

- “Está bien, no tienes que avergonzarte”, repuso Remus aunque él mismo se había sonrojado. “Quizá Sirius sea el más apropiado para esta clase de cosas… verás, no tengo mucha experiencia y…”

- “No, por favor”, pidió Harry, “no se lo digas a Sirius”

- “Como quieras, Harry. Dime, ¿para tu novio es también la primera vez?”

Los ojos de Harry se abrieron mucho y negó con la cabeza.

- “Bueno, eso facilita las cosas”, dijo Remus un poco más aliviado y dio un sorbo a su té, casi frío, “Cuando llegue el momento, sólo debes dejarte llevar por tu pareja, él te guiará…”

- “¿Duele?”

La pregunta tomó a Remus totalmente desprevenido, con serio peligro de atragantarse con el té.

- “Depende…”, consiguió responder.

- “¡¿Depende?!”

- “Sí, Harry”, continuó Remus más calmado, “si él te… si ustedes… si él te penetra y es tu primera vez, dolerá un poco, pero luego pasará y aprenderás a disfrutarlo. Es… es un poco raro de explicar, pero…”, Remus invocó desesperadamente ayuda. Nunca se imaginó que se encontraría dándole a Harry su primera clase de educación sexual.

- “¿Pero?”

- “Hay cosas que ayudan…”, dijo Remus tratando de pensar en lo que Sirius haría, “las relaciones pueden variar desde el sexo oral hasta la penetración, y para eso se necesita preparación… además, existen lubricantes…”

Harry vio allí un rayo de esperanza.

- “Yo… el sábado… ¿Dónde consigo lubricante?”

- “Espera un momento”, dijo Remus, feliz de escapar por un momento de la curiosa mirada de Harry; entró a su dormitorio, al fondo del despacho, emergiendo luego de allí con un pequeño frasco. “Esto ayudará… yo lo uso”

Harry guardó el frasquito inmediatamente en lo más recóndito de su túnica.

- “Sólo debes relajarte y dejar que tu cuerpo haga el resto, Harry. Es… es difícil de explicar, pero lo disfrutarás muchísimo”

- “¿Sirius te penetra?”, preguntó Harry escarlata aún, pero con sincera curiosidad.

- “Sí… la mayoría de las veces. Pero también nosotros… intercambiamos de vez en cuando”

- “¿Tú se lo haces a Sirius?”, la sorpresa de Harry era tan sincera que Remus no pudo más que sonreír a pesar de sentirse muy incómodo.

- “Sí. Harry, eso no tiene que ver con la apariencia… Ya sé que Sirius siempre fue un galán, pero yo no parezco delicado tampoco”, aclaró rápidamente Remus, “Es… finalmente es un acto de intimidad con la persona que amas y en algún momento deseas ser amado o amar… no sé si me entiendes”

- “Sí”, sonrió Harry. Remus se veía muy sonrojado y el chico lamentó haber tenido que llevar las cosas a un plano tan personal.

Pero necesitaba saber.

Harry se mordió el labio inferior y se armó de valor para su siguiente pregunta.

- “Lo que vi en la Torre de Astronomía… con Malfoy… ¿eso puede pasar?”

Remus dio un largo sorbo a su té antes de responder. Debió imaginar que la visión de Draco Malfoy penetrando violentamente a Andrea Manganelli y dándole nalgadas y latigazos afectaría a Harry. Se apresuró a tranquilizarlo.

- “No lo creo, Harry. A algunas parejas les gusta hacerlo un poco… rudo. Pero dudo que suceda en tu caso… a menos, claro, que pretendas dormir con un mortífago”, bromeó Remus para aligerar la situación.

El rubor de Harry se intensificó y el chico apuró su té. Cuando por fin pudo hablar, balbuceó.

- “Tengo que irme a entrenar… gracias por los consejos”

Remus sonrió aunque le parecía que Harry se iba más preocupado que antes.

- “Cuando gustes… y suerte con tu novio”

Para cuando cerró la puerta del despacho, una cosa estaba clara en la mente de Harry: no dejaría que gane Slytherin.

 

3

Lucius dejó el pequeño frasco que contenía su poción sobre el estante, oculto en su cámara más segura, a salvo de todo y de todos excepto de él mismo.

El cuerpo le dolía espantosamente y aún cojeaba, pero su orgullo le impidió acudir a Severus, sobre todo porque estaba seguro que Severus tenía algo que ver en la destrucción de los zombies. Con las pistas que el mismo Lucius le dio.

- “Sev”, fue un gemido involuntario que se escapó de sus labios amoratados aún a causa de los golpes.

Voldemort se había puesto furioso cuando supo lo de los zombies y lo golpeó con salvajismo inusitado para luego regocijarse aplicándole tantos cruciatus que Lucius creyó llegado su fin.

Pero el miércoles despertó en el frío suelo del sótano del refugio de Voldemort, apenas cubierto con una capa, y se las arregló para volver a su mansión donde atendió su adolorido cuerpo con pociones, deseando que Severus estuviera con él.

Al anochecer pudo por fin levantarse y bajó al sótano como si el solo hecho de tener en sus manos el frasco que le devolvería a Severus fuera suficiente para devolverle las fuerzas.

Sólo una cosa de lo que había dicho su señor antes de sumirlo en la inconsciencia se le quedó grabada.

- “Quiero que sea tu hijo el que reemplace a Manganelli. Me lo traerás después de navidad”

Apretó los puños con impotencia. Voldemort no había olvidado a Draco, pero él impediría que su hijo corriera la misma suerte de Manganelli. Más bien, acababa de ocurrírsele el candidato ideal para reemplazarlo. Pero antes tenía que recuperarse y luego hablaría con Voldemort para convencerlo de su plan.


4

(Miércoles 19 de noviembre)

El sacerdote se sacudió la nieve de la capa y entró silenciosamente al castillo, sin mirar el carruaje que se alejaba. Hacía un frío espantoso y sólo deseaba meterse en la cama.

Avanzó por el pasillo que llevaba a su dormitorio, deteniéndose un momento ante la puerta cerrada del dormitorio de Kingsley y suspiró imperceptiblemente. Pero desechó la idea y continuó avanzando.

Esa noche no necesitaba sexo, necesitaba compañía.

Mientras se ponía el pijama, pensó en su primera vez, con un sacerdote español de cuarenta y tres años.

“El celibato significa que serás fiel a Dios. Si te acuestas con alguien, será eventual y no permitirás que se haga una costumbre porque tú perteneces a Dios”

Marcos no había necesitado demasiado del sexo y podía decirse que observó esta enseñanza bastante fielmente hasta que conoció a Kingsley.

Sí, con Kingsley se había formado un fuerte vínculo. Lo habían compartido casi todo, Marcos escuchó paciente y comprensivamente toda su historia y siempre lo apoyó. Esos meses que pasaron juntos, luchando con los bokors hasta que el nombre de Kingsley volvió a ser temido en Jamaica, lograron hacerse más unidos. Pero la suya era una relación saludable, en la que ambos sabían que el sexo era un complemento a la amistad, pero jamás sería amor.

El sacerdote se metió en la cama tomando las cuentas de su rosario y trató de apartar los tristes pensamientos que lo embargaban. Esos días fueron para él de pesadilla, se hizo cargo personalmente de avisar a las familias de los desgraciados convertidos en zombies y luego luchó para sacar los cuerpos de la morgue donde el Ministerio de Magia los había enviado. Él mismo asistió a todos los funerales, incluso a los de Escocia y trató de llevar consuelo a los familiares.

Estaba extenuado, pero se había empeñado en hacer todo eso solo, alegando que era su deber como sacerdote. Y ahora rezaba, rogando que no hubieran más almas sufriendo. El impacto emocional de la lucha que había llevado a cabo no terminó cuando cayeron los zombies, sino cuando por fin pudo salvar sus almas. El crudo invierno londinense se cernía ahora sobre su propia alma.

Sus ojos comenzaron a cerrarse cuando sintió que alguien apartaba las cobijas e invadía su cama.

- “Kingsley”, suspiró, “lo siento, ahora no…”

- “Shh”, susurró Kingsley, “no he venido a eso. ¿Ya acabó todo?”

- “Sí. Estuve con la viuda de McPherson esta mañana, su marido fue el último en ser sepultado por unos papeles extraviados en el Ministerio. Fue terrible no poder encontrar las palabras adecuadas… no sé expresarme bien en inglés”

- “Debiste dejarnos ir contigo, no conoces a nadie aquí…”

- “Tenía que hacerlo, Kingsley. Soy sacerdote, ¿recuerdas? Pero era distinto enfrentar uno o dos zombies en Jamaica… ahora fueron demasiados… estoy cansado”

- “Duerme, yo estaré a tu lado”, prometió Kingsley depositando un suave beso en la frente de Marcos, “descansa”

El sacerdote se refugió en los brazos de su maestro y por un momento olvidó lo que era él y lo que era Kingsley. Sólo cerró los ojos y dejó que el sueño lo invadiera para tener por fin un poco de paz.

Cuando la respiración de Marcos se hizo suave y acompasada, Kingsley le quitó con sumo cuidado el rosario de las manos y lo acomodó en la mesita de noche, junto a la Biblia. Luego trazó con los dedos el pequeño crucifijo que jamás abandonaba el cuello del sacerdote y lo besó en los labios.

¿Cómo no encariñarse con ese tenaz joven que lo había desafiado todo para convertirse en mago? Nunca pensó que ese sacerdote siempre sonriente y callado tuviera tanta fuerza de voluntad y cuando supo por qué lo hacía, lo admiró más.

Verlo luchar junto con Remus fue angustiante, porque en ese momento descubrió cuánto le importaba también Marcos y ese descubrimiento era amargo porque el joven sacerdote no podía tampoco ser suyo.

¿Era su destino perseguir imposibles? Quizá debería salir a bailar con Luziel y olvidar todas esas tonterías.

Kingsley suspiró y trató de conciliar el sueño pensando en Remus y su perdido amor, sintiéndose feliz por él y triste a la vez. Cuando Marcos despertó entre sus brazos al día siguiente, enjugó con un beso una lágrima que caía de la mejilla de su maestro.

 

5

(Jueves 20 de noviembre)

Draco bajó en picada y estuvo a punto de atrapar la snitch, pero la llegada de alguien al Campo de Quidditch donde entrenaba, lo distrajo. Bastó un segundo de vacilación y la esfera dorada estuvo lejos de él.

- “¿Qué pasa contigo, Malfoy?”, le gritó Montague, el capitán del equipo. “¡Vamos!”

El chico apretó los labios y volvió a ascender, buscando el resplandor dorado que indicaba la presencia de la snitch. Y allí estaba, volando frente a Potter que era quien había llegado con su equipo para esperar su turno de entrenamiento.

- “Esta vez lo lograré”, se prometió Draco y se lanzó hacia ellos. Todo el equipo de Gryffindor retrocedió, excepto Harry, que se quedó allí, observándolo.

Y Draco volvió a fallar.

La snitch se alejó hacia los arcos y el rubio tuvo que emplear toda su destreza con la escoba para disminuir la velocidad de su descenso y enfilar hacia arriba, cambiando de rumbo.

Claro que su tuviera una Saeta Veloz, todo sería distinto.

Su Nimbus 2002 osciló peligrosamente perdiendo la estabilidad por un momento. Ese era el defecto que poseía ese modelo, superado largamente por la Saeta Veloz. Pero a su padre ya no le interesaba demasiado el Quidditch, por eso en su última carta no mencionaba nada del partido del sábado y tampoco hizo caso a su petición para enviarle una escoba nueva.

Pero Draco era el mejor en Duelo y lo sería también en Quidditch.

El rubio voló a toda velocidad en pos de la diminuta esfera, estirando la mano todo lo que podía, sintiéndola escapársele como si se mofara de él. Con los dientes apretados, no cejó en su empeño y en un supremo esfuerzo, la atrapó.

Era una tibia victoria enfrente de los Gryffindor, pero no le importó. Pasó junto a ellos mirándolos por encima del hombro y se dirigió a las duchas con su equipo. De nuevo tuvo la incómoda sensación de esa mirada sobre él. Era Potter.

Esa mirada.

Antes se divertía con Andrea cada vez que Potter los miraba así. Era gracioso el modo en que el chico se escandalizaba al verlos, como si a cada instante se acordase del incidente que le tocó presenciar en la Torre de Astronomía.

Pero ahora no había nada de divertido en esa mirada y Draco se sentía extraño, sucio. Y sin Andrea, todo era más difícil.

- “¡Eh, Malfoy! ¿Qué demonios miras?”

La voz desafiante de Ron Weasley lo sacó de su ensimismamiento, y contrario a su costumbre, no dijo nada. Draco giró sobre sus talones y desapareció por la puerta que llevaba a las duchas.

 

6

El día del partido, Harry no podía estar más nervioso. Toda la semana lo había estado y aunque su desempeño era impecable durante los entrenamientos y sabía que Malfoy no estaba en buena forma, no podía evitar esa ansiedad, sobre todo cuando su virginidad estaba en juego.

No había visto mucho a Severus durante la semana, apenas el jueves para la clase de Oclumancia, que terminó siendo una lección sobre aprender a besar que el chico aprovechó al máximo. El profesor no mencionó la apuesta, pero preguntaba por los entrenamientos con esa especial mirada suya.

- “Harry”

- “Hola”, sonrió el chico y Hermione se sentó a su lado en la Sala Común. Con ella las cosas no eran tan complicadas como con Ron, al menos ella hacía preguntas y se enfurecía cuando no las respondía. Ron simplemente callaba e iba hacia otro lado.

- “Te deseo suerte en el partido, has entrenado muy duro. Nuestro equipo merece ganar”

- “Lo sé. Ron está en muy buena forma también…”

- “Harry, no hagas caso. Ron está dolido por que no confías en nosotros… de hecho, yo también lo estoy, pero creo que debes tener una muy buena razón… deseo que estés bien, ambos lo deseamos”

- “Gracias, Mione”, sonrió Harry sintiéndose de pronto muy aliviado.

- “Nosotros te apoyaremos en lo que sea, Harry. Cuando estés preparado para contarnos lo que te pasa, estaremos aquí”

Eso era todo lo que Harry necesitaba para volver a sentirse bien y fue al partido con la conciencia en paz.

Pero paz fue lo que dejó de sentir en cuanto vio a la tribuna de Slytherin.

 

7

“I can't feel the way I did before / no puedo sentir del modo que lo hice antes
Don't turn your back on me / no me des la espalda
I won't be ignored / no sere ignorado
Time won't heal this damage anymore / el tiempo no samara este daño nunca más
Don't turn your back on me / no me des la espalda
I won't be ignored / no sere ignorado”

- “Lucius, ¿qué haces aquí?”, susurró Severus al rubio que acababa de sentarse a su lado en la tribuna de Slytherin.

- “¿Cómo que qué hago? Vine a ver a mi hijo jugar al Quidditch”, respondió el rubio muy compuesto. “¿Me extrañaste, Sev?”

- “Ya deja eso”, murmuró Severus entre dientes y miró hacia otro lado.

El resto del partido, el profesor estuvo pendiente de Harry, que se vio muy nervioso al inicio, pero parecía haber recuperado su aplomo al ver a su padrino entre los asistentes, como siempre, sentado en actitud melosísima junto a Lupin.

Severus les hizo una mueca a lo lejos. Era el colmo como a algunas personas les daba por exhibirse de esa manera, sobre todo cuando ‘El Profeta’ estaba atacando seriamente a los magos del mismo sexo que vivían juntos, e incluso había mencionado a algunos “respetables miembros de la comunidad mágica, condecorados con la Orden de Merlín de Tercera Clase”, que tenían ese comportamiento censurable. Y todo por esa dichosa ley para aprobar los matrimonios de magos del mismo sexo.

- “Draco no está en buena forma”, susurró Lucius a su oído haciéndolo pegar un respingo.

- “¿Y qué querías? Luego de lo de Manganelli, Draco no lo ha pasado muy bien”

El rubio murmuró algo ininteligible y sonrió a alguien que lo saludaba. En situaciones como esa, Lucius sabía mantener perfectamente las apariencias. Podía estar susurrando una maldición sin perder su sonrisa y para los que lo miraban, era sólo el aristócrata interesado en el desarrollo del partido, platicando educadamente con el Jefe de Casa de Slytherin.

La presencia de Lucius allí lo estaba poniendo muy nervioso, el rubio se veía pálido y algo cansado, pero su sola presencia tenía para Severus un brillo especial. Su aroma, su voz… su cálido cuerpo tan solo a unos centímetros suyos. Pero no podía caer de nuevo en ese juego de provocación en el que Lucius era tan experto. Aunque Severus sintió fallar su resolución cuando la mano del rubio se posó casualmente en su rodilla y susurró algo con el rostro preocupado.

Lo cierto era que Lucius acababa de comentar el desempeño de Potter.

- “El condenado mocoso es bueno. Parece que la escoba fuera parte de él… quizá se la mete todas las noches, ¿eh, Sev?”

- “¡Lucius!”

En ese momento, Harry y Draco peleaban por atrapar la snitch y pasaron raudamente junto a la tribuna. Lucius comenzó a murmurar unas palabras.

- “Ni te atrevas”, lo cortó Severus, “deja a Draco hacerlo solo”.

El rubio le lanzó una de esas miradas que podrían derretir la cumbre del Everest, pero Severus no se inmutó. En realidad, en ese instante seguía el partido con emoción contenida y se sentía como un colegial.

Cuando Harry atrapó la snitch por una décima de segundo antes que Draco, el profesor apretó los puños con fuerza.

- “¡Maldición!”

- “Debiste dejarme ayudar, Sev”, replicó tranquilamente Lucius con la característica flema inglesa.

- “Oh, Lucius… ¿Quieres dejarme en paz?”

Mientras Severus se alejaba furioso, Lucius no pudo evitar notar la mirada que le dio a Potter, ni el intenso sonrojo del muchacho. El rubio había jugado demasiadas veces ese juego como para reconocer los ‘síntomas’ y apretó los labios con furia glacial.

No podía ser. No Severus… pero esa mirada…

Decidió retirarse y pensar. No debía actuar cuando todo en su mente se había nublado súbitamente. Tenía que estar seguro antes.

Draco corrió al encuentro de su padre y solo vio su capa agitándose mientras el rubio emprendía una veloz retirada.

 

8

“ I am, a little bit insecure, a little un-confident / estoy, un poco inseguro, un poco desconfiado
But you don't understand I do what I can / pero tú no entiendes que hago lo que puedo
Sometimes I don't make sense / a veces no tengo sentido
I am, what you never wanna say, / soy lo que nunca vas a decir
but I've never had a doubt / pero nunca he tenido una duda

It's like no matter what I do / es como si no importara lo que yo haga
I can't convince you for once just to hear me out / no puedo convencerte por una vez de escucharme
So I, let go watching you / de modo que te dejo ir mirándote
turn your back like you always do / dar la vuelta como siempre haces
Face away and pretend that I'm not / con el rostro volteado y pretender que no estoy
That's all I give cause you're all that I've got / esto es todo lo que doy porque tu eres todo lo que tengo”


La victoria de Harry se convirtió en angustia cuando vio a su enfurecido profesor alejarse velozmente del campo, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en eso porque fue llevado en hombros por los miembros del equipo y felicitado por todos. Cuando por fin sus pies tocaron tierra, el primero en abrazarlo fue Sirius.

Ahijado y padrino se fundieron en un estrecho abrazo. Los ojos de Sirius estaban húmedos, siempre se emocionaba al ver a Harry jugar.

- “James hubiera estado muy orgulloso”, le susurró al oído de manera que nadie más pudiera oírlos.

Remus también lo abrazó y luego Harry les fue arrebatado por los chicos y chicas de su casa y por la profesora Mc Gonagall que les dio permiso para celebrar esa noche.

Harry sonreía mientras bebía cerveza de mantequilla con sus amigos. Esa noche no había reglas, e incluso los prefectos, como Ron y Hermione, se habían unido a la celebración. El chico no había tenido tiempo de cambiarse y vestía aún el uniforme de Quidditch. Estaba eufórico por la bebida y también porque había ganado la apuesta, pero temía un poco la reacción de su profesor.

A las diez en punto, un cuervo entró volando a la Sala Común y depositó en manos de Harry una nota.

Ven al patio del castillo. Ahora. S.S.

El color encendió el rostro del muchacho mientras murmuraba una excusa para volver a su dormitorio. Apenas llegó allí respiró aliviado porque momentos antes de empezar la celebración, le pidió a Remus que lo cubriera si no lo encontraban, porque estaba seguro de que Severus cumpliría su palabra y lo llevaría a volar a la luz de la luna.

La nota tenía un plazo perentorio: AHORA. Eso era algo que no se podía ignorar. Rápidamente, Harry se echó encima la capa de invisibilidad y sin ni siquiera cambiarse, corrió hacia el lugar de la cita. Cuando salía notó que Hermione levantaba la vista y estuvo seguro de que ella sabía que se trataba de él.


 

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