
Leave it behind
LOTR
N. de la a.: Esta historia se llamó originalmente “El corazón del rey”, pero la he revisado y corregido, por lo que decidí cambiarle de nombre. Las imágenes slash corresponden a Elisa, en Lassgalen Laire.
Introducción
“We crossed the line /cruzamos
la línea
Who pushed who over / ¿quién empujó a quién?
It doesn't matter to you / eso no te importa
It matters to me / eso me importa a mí”
So Cruel – U2
*
Legolas murmuró algunas palabras en élfico al oído de Arod, quien galopó aún más rápido en su prisa por alejarlo de Gondor, donde nunca más volverían. Las lágrimas caían interminablemente del hermoso rostro del elfo, que se aferraba con una mano al cuello de Arod para no caer y apretaba la otra contra su corazón, que le oprimía el pecho, dificultándole la respiración…
- “Esto es lo que sienten los humanos” -, pensó, cerrando los ojos. Cuando los abrió no sabía cuanto tiempo había pasado, probablemente horas. El galope de Arod no era tan veloz, la fatiga había alcanzado finalmente a su fiel compañero.
- “Detente, compañero”, susurró en élfico. Arod se detuvo, golpeando el suelo con uno de sus cascos, dudando.
- “Estaré bien”, dijo Legolas. El caballo bufó, “Estaremos bien”, aclaró, tratando de sonreír. Bajó lenta y penosamente, “Debemos descansar ahora”
Anochecía ya, y Legolas buscó un lugar donde acampar, lo suficientemente oculto como para que ningún viajero los encuentre, aunque era poco probable que alguien transitara por ese bosque, ya que toda la atención estaba en Gondor y en la próxima boda del rey.
Luego de atender a Arod, el elfo extendió su capa en la hierba y se recostó sobre ella, aunque sabía que esa noche no dormiría, y quizá tampoco en la siguiente… El dolor en el pecho no lo dejaba respirar libremente. Cerró los ojos, pero su mente estaba llena de la imagen de él en el banquete, tomando a Arwen de la mano al tiempo que anunciaba su boda. Aún le parecía escuchar los aplausos de los asistentes.
No recordaba bien lo que pasó a continuación, se había puesto de pie tambaleándose, y tuvo la sensación de que las miradas de los hijos de Elrond estaban sobre él. Instintivamente, se cubrió la cabeza con la capa y salió de allí a toda prisa, sin que Aragorn pareciera notarlo, sólo vio la mirada preocupada de Mithrandir, Haldir y Finwe, y oyó a Gimli llamándolo y corriendo tras él.
- “Estaré bien, pero necesito estar solo”, le había dicho a Gimli para tranquilizarlo, fingiendo una calma que estaba lejos de sentir.
Su mejor amigo lo había mirado con una extraña expresión en el rostro. El siempre había sabido de su relación con Aragorn, pero por delicadeza nunca había comentado nada, ni a favor ni en contra. Gimli había sacudido la cabeza y murmurado:
- “Elfo loco, te estaré esperando”.
Luego se había alejado.
Sin embargo, Legolas no volvió, en lugar de eso, había ido rápidamente a sus habitaciones, y preparado su equipaje. Luego, sin ser visto, se deslizó hacia los establos, llamó a Arod, y silenciosamente abandonó Gondor sin mirar hacia atrás.
Legolas limpió las lágrimas en su rostro. Trataba de entender cómo, después de prometerle que estarían juntos para siempre, su amante había cambiado de opinión en cuestión de horas, sin decirle nada, sin darle al menos una explicación.
- “El corazón del hombre es débil”, parecía oír nuevamente a su padre, aconsejándole cuando era pequeño, “Nunca confíes en los humanos”.
Pero Aragorn no era un hombre ordinario. Al menos hasta ese momento, nada en sus acciones había presagiado que podría llegar a actuar así. Habían tenido algunos malentendidos, pero cuando todo se aclaró, le juró su amor eterno. Y Aragorn no era hombre que tomara un juramento a la ligera.
Sin embargo, el trono de Gondor había sido siempre su destino, y un rey necesita herederos. Elladan y Elrohir se habían encargado de recordárselo bien. Y si, además, se tiene a una bella elfa dispuesta a renunciar a su inmortalidad por él, y a darle los herederos que necesita, y por otro lado a un príncipe elfo que por más bello que sea jamás le podrá dar un heredero, entonces la elección es evidente, se decía Legolas amargamente. Pero algo en su corazón se negaba a aceptar esta respuesta.
- “Quizá otro hombre”, pensaba, “pero no Aragorn”.
Aún así, no podía
hallar otra explicación.
Todo había comenzado después de Moria. O quizá antes,
pero él no se había dado cuenta hasta entonces. Ahora que lo
pensaba, le parecía que había amado a Aragorn desde el primer
momento en que lo vio. Pero sólo después de la caída
de Gandalf, cuando Aragorn, con el corazón destrozado tuvo las fuerzas
necesarias para guiar a la Comunidad hacia Lothlórien, fue que se dio
cuenta de cuánto necesitaba de ese hombre para poder vivir.
Se quedó dormido con ese recuerdo, menos doloroso que los anteriores, su mano aún apretada contra su pecho, recordando.
Recordándolo…
Capítulo 1: Después de Moria
“Beyond the horizon of the place we lived when we were young
In a world of magnets and miracles
Our troughts strayed constandly and without boundary
The ringing of the division bell had begin”
High Hopes – Pink Floyd
Aragorn sentía que la cabeza le daba vueltas, como si se hundiera en un pozo sin fondo. Gandalf, el poderoso mago, había caído en la oscuridad, dejando a la Comunidad totalmente desamparada, abandonada a su suerte sin su guía.
Sin esperanza…
- “Guíalos tú, Aragorn”, había dicho el mago, momentos antes de enfrentarse al Balrog de Moria.
“Guíalos tú”.
Las palabras sonaban aún en sus oídos cuando, al fin, salieron de la oscuridad de las minas.
Aragorn sabía que su nombre élfico, Estel, significaba “Esperanza”. Pero, ¿tendría él el valor necesario para guiar a la Comunidad hacia Mordor?, ¿tendría la sabiduría?, ¿tendría la fortaleza para resistir el poder del anillo y proteger al portador, como había jurado hacer? Veía los rostros desencajados de los hobbits, Boromir y Gimli lloraban también. Y Legolas.
Entonces, al mirar el bello rostro pálido del elfo, las lágrimas en sus mejillas, supo que por él tendría el valor, la sabiduría y la fuerza para cumplir su destino. Sus miradas se encontraron, y Aragorn pudo ver el amor en los ojos de Legolas, tan claramente, que se sorprendió de no haberlo notado antes.
- “Legolas, reúnelos”, ordenó con voz firme, acallando las protestas de Boromir.
El elfo obedeció al instante, dándole todo su apoyo y confianza. Se dirigieron rápidamente a Lothlorién, a donde debían llegar antes del anochecer, ya que para entonces esas tierras estarían infestadas de orcos y quizá algo aún peor.
Mientras corrían al Bosque de Oro, Aragorn se preguntaba desde cuando el hermoso elfo había reemplazado a Arwen en su corazón. Quizá cuando lo defendió de Boromir durante el Concilio, o cuando puso su arco a disposición de Frodo, ofreciéndose como voluntario a ser parte de la Comunidad del Anillo, o cuando aceptó entrar a la oscuridad de Moria, a pesar de que, por ser un elfo, la oscuridad lo afectaría más que al resto.
Legolas y él habían sido amigos durante mucho tiempo, cuando el príncipe era enviado por su padre como mensajero a Rivendel. Aragorn lo admiraba por su nobleza y valentía, y por esa belleza que nadie podía dejar de notar. Sin embargo, ocultó estos sentimientos, que él mismo no entendía, porque no creía que una criatura como Legolas pudiera fijarse en un mortal. Además, pensaba con un aguijón de culpabilidad, estaba Arwen, que estaba dispuesta a darle su inmortalidad.
Pronto llegaron a la entrada del bosque, donde los mallorn se erguían altos y majestuosos, resplandeciendo con la luz del crepúsculo. Aragorn guió a la Comunidad entre los árboles, pero no habían avanzado mucho cuando fueron interceptados por Haldir y los guardianes del bosque, quienes los esperaban con órdenes de conducirlos donde la Dama Galadriel.
- “El enano respira tan fuerte que podría dispararle en la oscuridad”, se burló Haldir, ganándose para siempre la antipatía de Gimli.
Pasaron la primera noche en el Bosque de Oro en una plataforma en lo alto de un mallorn, y al día siguiente emprendieron el camino a Lothlorién, escoltados por Haldir y sus hermanos: Rúmil y Orophin.
Aragorn no pudo dejar de notar la mirada apreciativa que dio Haldir a Legolas apenas lo vio, y sintió una punzada de celos. Pero estas emociones no ayudarían en nada a la misión que debía cumplir, así que apartó estos pensamientos, concentrándose en el bosque, que conocía tan bien. Allí había sido la primera vez que vio a Arwen, cuando Galadriel le había hecho cambiar las ropas de montaraz que usaba, vistiéndolo como un príncipe y llevándolo a un claro del bosque, donde Aragorn creyó ver a Luthién, la princesa de la leyenda, tal como la imaginaba... ¡Había pasado tanto tiempo desde entonces!
Legolas observaba a Aragorn, preguntándose en qué estaría pensando. Se sentía un poco incómodo por la forma en que Haldir lo miraba, y sorprendido también por su audacia, pues él era un príncipe y Haldir era sólo el capitán de la guardia.
Llegaron al tramo final del viaje, donde Haldir le pidió a Gimli cubrirse los ojos, y se generó una terrible discusión porque el enano no estaba dispuesto a aceptar caminar con los ojos vendados. Una vez más se pusieron en manifiesto las dotes de líder de Aragorn, al proponer que todos se vendaran los ojos, incluso Legolas, quien por ser elfo no estaba obligado a ello, pero que aceptó gustoso para complacer a su amigo.
Mientras duró la caminata con los ojos vendados, Legolas fue guiado por Haldir, quien lo tomó del brazo.
- “¿Tienes miedo a la oscuridad, principito?”, susurró burlonamente en su oído.
- “Vengo de una oscuridad más profunda, y no temo caminar con los ojos vendados”, respondió serenamente Legolas, “además”, añadió, “no tengo nada que temer de los elfos del Bosque Dorado, ni de su arrogancia”.
- “Podemos ser muy agradables también”, fue la rápida respuesta, el aliento de Haldir sobre su oreja hizo que Legolas, a pesar suyo, se estremeciera.
Aragorn, mientras tanto, pensaba en los dos seres que ocupaban su corazón. Y lo hacía con temor, ya que era conocido que la Dama Galadriel podía leer las emociones, y, después de todo, Arwen era su nieta.
Finalmente llegaron al corazón de Lothlorién, donde se erguía majestuosa Caras Galadon, la ciudad de los árboles. Era un espectáculo que dejó sin palabras incluso a los hobbits, quienes solo miraban fascinados tanta belleza.
Fueron conducidos por Haldir a presencia de la Dama Galadriel y el Señor Celeborn, soberanos del Bosque Dorado, quienes los saludaron siguiendo la costumbre élfica, dirigiendo palabras de cumplido a cada uno.
La Dama miró atentamente a cada uno de ellos. Percibió la traición en Boromir, la valentía en Gimli, la amistad en Pippin y Merry, la determinación en Frodo, la lealtad en Sam. También vio valor en Aragorn y Legolas, junto con otro sentimiento, bastante más fuerte de lo que ellos mismos imaginaban.
Celeborn preguntó por Gandalf, viejo amigo de los elfos. Mientras explicaban lo que había sucedido al mago, Aragorn sintió la voz de la dama en su cabeza.
- “Sigue tu corazón”, le decía esa voz, “saca de tu amor las fuerzas que necesitas para cumplir tu destino”
Le causó sorpresa, y trató de no mirar a Legolas en presencia de la Dama. Se preguntaba qué le diría ella al rubio elfo.
Legolas se sentía muy inseguro mientras sentía la presencia de la Dama en su mente, primero trató de sofocar las emociones que sentía, pero entonces sintió la voz de ella que le decía:
- “No temas a ese sentimiento, es lo que sostendrá y confortará a Aragorn pues vendrán días difíciles y grandes sufrimientos”
Temeroso, miró a Aragorn, que parecía estar sumido en sus propios pensamientos y ni siquiera notó que él lo miraba. Legolas dudó entonces, quizá confundió lo que le pareció ver en los ojos de Aragorn cuando sus miradas se encontraron fuera de Moria. Quizás, abrumado por la pena, confundió esa mirada, creyendo ver amor en ella. Además Aragorn estaba comprometido. Legolas suspiró, necesitaba unos momentos solo para poner en orden sus pensamientos.
Luego de la audiencia, fueron invitados a descansar y cambiarse de ropas, para ir después a cenar con los soberanos. Haldir los condujo hacia sus alojamientos. Para alegría de los hobbits y Gimli, les habían preparado unas habitaciones en el suelo, al pie del mallorn donde estaba el talan asignado a Legolas.
Se asearon y cambiaron de ropas, con prendas fabricadas por los elfos de Lothlórien. Luego, los hobbits decidieron dormir mientras esperaban la cena, lo mismo que Gimli. Boromir estaba inquieto, algo en las palabras de la Dama le había causado confusión. Se puso a hablar con Aragorn como nunca antes lo había hecho en el tiempo que llevaban de viaje.
Legolas por su parte se dirigió donde los otros elfos, algo en la mirada de la Dama le había hecho añorar estar entre su gente de nuevo. Sus pies lo llevaron hacia donde practicaban los galadhrim, famosos por sus hazañas guerreras y por su destreza en el manejo del arco.
Un elfo llamó poderosamente la atención del joven príncipe, porque en Lothlórien no había elfos pelirrojos. Ese elfo sólo podía provenir del Bosque Mágico, vecino Mirkwood, aunque no entendía cómo un elfo de tan lejanas tierras se encontraba en Caras Galadon. Legolas se sorprendió de la juventud del arquero pelirrojo y también de su precisión al disparar, pero se alejó al notar la mirada de rencor que el joven le dirigía.
*
La cena estaba lista, fue un banquete sencillo, ya que los elfos estaban entristecidos
por la pérdida de Gandalf y expresaban su pena con canciones recién
compuestas sobre el mago y sus hazañas. Entre los que cantaban estaba
Haldir, quien no dejaba de mirar a Legolas.
Luego de un rato de canciones fúnebres, Haldir tomó el arpa y cantó para Legolas, sus ojos y su voz expresaban el deseo que sentía hacia el bello príncipe. Su canción hablaba del amor no correspondido y el deseo.
Luego de la canción, Legolas se levantó discretamente y salió del lugar. Aquello había sido demasiado. Esa canción y la insinuación que contenía su letra, apenas disimulada, delante de todos. Aunque en realidad, lo único que le importaba en ese momento era lo que pensaría Aragorn, y le había causado dolor verlo con el rostro inexpresivo, indiferente a lo que sucedía.
Ahora solo quería estar tener un momento de privacidad, y había visto una cascada no lejos de allí, con un arroyo donde deseaba bañarse para aliviar las tensiones del día. Legolas se dirigió allí, sin sospechar que dos personas lo seguían.
Al pie de la cascada había tres grandes piedras, tras las cuales se formaba una pequeña laguna de agua cristalina. Ese fue el lugar que Legolas eligió para su baño. Lentamente se fue quitando la ropa, dejándola caer en la orilla de la laguna, hasta quedar completamente desnudo. Su cuerpo resplandecía a la luz de la luna y habría quitado la respiración a cualquiera que lo hubiese visto, como en efecto sucedía con Aragorn y Haldir, quienes lo contemplaban, sin que ninguno de ellos se haya percatado de la presencia del otro.
Legolas deshizo las trenzas que sujetaban sus cabellos, los que ahora formaban una cascada rubia sobre su espalda. Luego entró al agua, que le llegaba hasta la cintura. Nadó largo rato disfrutando la caricia del agua y de la luna en su cuerpo. Luego se sentó en la orilla y cerró los ojos, pensaba en las palabras de la Dama, y en el mensaje que ellas le habían traído. Era evidente que ella había visto su amor por Aragorn, y le decía que no tuviera miedo de sentirlo…Legolas dejó fluir entonces ese sentimiento largamente reprimido, y anheló estar junto a su amado.
Ese fue el momento escogido por Haldir para revelar su presencia. Salió de su escondite entre los árboles y se dirigió al lago donde se encontraba el objeto de su deseo.
- “Al ver que nuestro invitado se retiraba sin avisar a nadie, salí a buscarlo como corresponde a un buen anfitrión, y he sido recompensado con la más hermosa vista de la Tierra Media”, dijo Haldir mientras se acercaba.
Legolas se sobresaltó, había estado tan perdido en sus pensamientos que no oyó aproximarse a Haldir. Ruborizado por sus palabras, solo atinó a decir:
- “Sólo vine a tomar un baño, pero ya he terminado”
- “Entonces esperaré a que te vistas y te escoltaré a tu alojamiento”, respondió Haldir, sentándose sobre una de las piedras, sin dejar de observarlo.
- “Gracias, pero no es necesario. Conozco el camino”.
Legolas se sentía atraído por el guapo elfo, pero su amor por Aragorn lo hacía dudar.
- “Un guerrero élfico que combate orcos y trasgos sin inmutarse, siente temor de alguien de su propia raza”, canturreó Haldir en son de burla.
- “Te equivocas”, replicó airado Legolas, y para demostrar que no sentía temor, se puso de pie y avanzó hacia la orilla para tomar sus vestiduras.
Sin embargo, Haldir fue más rápido, y antes de que el arquero se diera cuenta de lo que pasaba, lo aprisionó entre sus brazos.
- “Eres la criatura más hermosa que ha visto la Tierra Media”, susurró Haldir en su oído.
Legolas trató de resistirse, pero Haldir era más fuerte. Sintió su boca buscando la suya, mientras sus manos le acariciaban todo el cuerpo. Poco a poco dejó de luchar y dejó que Haldir lo bese, entreabriendo los labios que antes habia mantenido obstinadamente cerrados. Pronto la lengua de Haldir entró en su boca, explorándola. Legolas se relajó en esos fuertes brazos.
Entonces un pensamiento llenó su mente: “ARAGORN”.
- “No puedo hacerlo”, gritó Legolas, poniéndose tenso nuevamente y tratando desesperadamente de apartar a Haldir.
- “¿Qué pasa, principito? No voy a lastimarte”, dijo preocupado Haldir. El repentino cambio de actitud de Legolas lo desconcertó por completo. Además, no estaba acostumbrado a ser rechazado por nadie.
- “Lo siento. Amo a otro”, respondió Legolas, tratando desesperadamente de contener las lágrimas. ¡Era tan humillante!
Haldir lo tomó por los hombros, con delicadeza, luego miró sus ojos azules y preguntó con un susurro:
- “¿Estás seguro?”
- “Sí”, fue la firme respuesta.
- “El humano te romperá el corazón”, dijo Haldir mirándolo a los ojos. Luego lo soltó lentamente y se alejó sin mirar atrás.
Legolas se cubrió el rostro con las manos. De pronto se sintió tan perdido que necesitaba desesperadamente consuelo. Pero acababa de rechazar a Haldir, por un amor irrealizable.
Se sumergió en la laguna, quería quitar de su cuerpo la sensación de Haldir tocándolo. Nadó durante un largo rato, tratando de calmar su espíritu.
Aragorn, que había estado observándolo todo, creyó morir de celos cuando Haldir había tomado entre sus brazos a Legolas, pero cuando Legolas respondió a esas caricias, supo lo que era el verdadero infierno. Sólo cuando vio que “su” elfo se soltaba de aquel abrazo, despidiendo a Haldir, se dio cuenta que había estado apretando los puños tan fuerte que estuvo a punto de sacar sangre de las palmas de sus manos.
No entendía que había pasado, pero deseaba desesperadamente estar junto a su amigo y consolarlo. Las lágrimas en el rostro de Legolas lo conmovían.
Se acercó a la orilla del lago, justo cuando Legolas sacaba la cabeza fuera del agua y lo miraba con asombro.
- “¿Puedo acompañarte?”, preguntó Aragorn.
- “Claro”, fue la rápida respuesta, y Legolas se sumergió nuevamente para ocultar su nerviosismo. Hacía algún tiempo le sucedía eso cuando estaba cerca de Aragorn. Eso y la sensación de alegría que lo invadía cuando estaban juntos, había sido el primer indicio de que quizá sus sentimientos hacia Aragorn fueran más allá de una simple amistad.
Aragorn se despojó de sus vestiduras y entró en el agua, pero Legolas había desaparecido. De pronto, algo lo arrastró dentro del agua, cuando logró salir, oyó la risa cristalina de Legolas. Entonces lo persiguió por el lago hasta sumergirlo también, riendo. La tensión había desaparecido, jugaron largo rato así, hasta un momento en que quedaron cara a cara.
Aragorn lo miró a los ojos, volviendo a su seriedad habitual
- “Te vi con Haldir”, fueron sus únicas palabras.
- “¿Desde cuando el heredero de Isildur se convirtió en espía?”, preguntó Legolas, con ironía, tratando en vano de ocultar su vergüenza.
- “Desde que su preocupación por un amigo llega al extremo de abandonar el banquete de nuestros anfitriones, para ver si éste se encuentra bien”
- “Vine aquí para estar solo. El me siguió sin que me diera cuenta”, dijo sencillamente Legolas.
- “Lo rechazaste. ¿Por qué?”, sus ojos castaños miraban los azules de Legolas, tratando de descifrar esa mirada.
El bello elfo bajó la mirada, y respondió simplemente:
- “Amo a otro”, retrocediendo luego para salir del lago.
Aragorn lo detuvo, tomándolo del brazo, y de un tirón lo puso de nuevo frente a él.
- “Dime quién es”, exigió, cogiéndolo de la barbilla y obligándolo a mirarlo a los ojos “Tengo que saberlo”.
Pero entonces vio en la mirada de Legolas el mismo amor que creyó ver en Moria, mezclado con pena y desesperación. No pudo evitar que sus labios buscaran los del elfo, con ternura. Las manos que lo habían sujetado con fuerza, se suavizaron para acariciarlo. Jamás le haría daño a Legolas, juró Aragorn, sin saber que rápido rompería su juramento.
Legolas se sintió aterrorizado cuando Aragorn le exigió revelar su secreto. En pocos segundos pasaron por su mente muchas cosas: Aragorn jamás, en todo el tiempo que llevaban de conocerse, lo había tratado así; quizá sospechaba de sus sentimientos y lo odiaba por eso; Haldir también lo sabía, pues se lo había dicho, y ahora lo despreciaba por su amor a un humano; pero la Dama Galadriel le había dicho que no temiera a ese sentimiento. Fue en ese instante en que sus ojos mostraron a Aragorn lo que llevaba en el corazón, temeroso de ser golpeado e insultado. Pero lejos de esto, su amado lo besó, con una ternura de la que nunca lo habría creído capaz.
Legolas se dejó llevar por las caricias, maravillado de cómo esas manos ásperas por la vida al aire libre, podían ser tan delicadas a la hora del amor. Entonces un pensamiento lo asaltó:
- “Arwen”, susurró entre besos, buscando la mirada de Aragorn.
- “Ella no está aquí. Tú sí”, fue poco tranquilizadora respuesta.
Él había esperado las ansiadas palabras de amor que no llegaron y eso le hizo daño, pero ya no podía detenerse, estaba decidido a romper todas las barreras con tal de estar con su amado. Por eso, confesó ruborizado su inexperiencia y Aragorn lo tomó nuevamente entre sus brazos mientras lo conducía a la orilla del lago, susurrándole que no temiera, que jamás lo lastimaría.
Se amaron lentamente. Aragorn lo llenó de tiernas caricias y besos, preparándolo con sus dedos humedecidos, mientras los suaves gemidos de Legolas se hacían más urgentes y desesperados. El mortal masajeó amorosamente el miembro del elfo y suavemente lo poseyó.
- “Mi señor”, suspiró Legolas. Nunca había pensado sentirse así, nunca había soñado que tan dulce placer pudiera existir.
Aragorn besó sus labios mientras iba introduciéndose en el hermoso cuerpo debajo suyo. Por un momento olvidaron la pena por Gandalf, los juramentos hechos, Arwen, incluso el anillo. Sólo existían ambos y nada más importaba. Aragorn movía suavemente las caderas mientras el cuerpo de Legolas se retorcía de placer con cada acometida y le pedía más, hasta que finalmente llegó al clímax entre besos y caricias. El mortal lo siguió al poco rato, derramando su tibia escencia dentro de él. Finalmente, exhaustos, se durmieron abrazados en el lecho que Aragorn había improvisado entre los árboles, cubriéndose con su capa.
Aragorn fue el primero en despertar y besó los cabellos dorados del elfo, con cuidado de no despertarlo. Los acontecimientos de la noche anterior le parecían un sueño, pero el hermoso elfo dormido en sus brazos era la prueba de que había sido real. Sintió una punzada de culpabilidad por Arwen, y despacio, se levantó sin despertar a su compañero. Tomó un rápido baño en el arroyo, se vistió y se dirigió en busca de los otros.
Legolas despertó después de un rato. Buscó a Aragorn, pero no lo vio ni a él ni a sus ropas. El corazón le dolió, había soñado despertar en los brazos de su amado y éste había desaparecido. Lentamente se vistió y caminó en dirección a los talans, desde donde se oían canciones élficas.
*********
RIVENDEL
*********
Arwen despertó en medio de la noche. El vínculo que la unía a Aragorn a través del Evenstar, casi se había roto. Supo que Aragorn le había sido infiel, y no le fue difícil adivinar con quién.
- “Es solo para aliviar la soledad, no tendrá importancia para él”, se dijo, pero algo en su interior sabía que esto no era cierto.
Ella amaba a Aragorn, no como montaraz, sino como el Heredero de Isildur, y había renunciado a su inmortalidad para estar con él como reina, y Aragorn la amaba y por ella se convertiría en rey.
Pero Legolas lo amaba incondicionalmente, ella lo había podido notar por la forma en que lo miraba, el día que lo defendió en el Concilio.
Un rival así era peligroso.
Ella sabía lo que debía de hacerse.
Capítulo 2 : Momentos
“I'm not afraid / No le temo
Of anything in this world / a nada en este mundo
There's nothing you can throw at me / no hay nada que puedas arrojarme
That I haven't already heard / que no haya oído ya”
Stuck in the moment – U2
Legolas se reunió con el resto de la Comunidad, buscando con la mirada a Aragorn, quien no se encontraba allí, pero no se atrevió a preguntar por él.
Como siempre, los hobbits se encontraban comiendo, a excepción de Frodo, quien la noche anterior había visto el Espejo de Galadriel, y continuaba impresionado por las imágenes mostradas allí.
Gimli se encontraba murmurando algo en contra de vivir en los árboles, y las ventajas que ofrecían las cuevas, y Boromir tenía una mirada extraña… a Legolas no le gustó nada la expresión de sus ojos, pero en ese momento tenía otra preocupación mayor: encontrar a Aragorn, sin llamar la atención sobre sus acciones.
- “Buenos días, señor elfo, espero que haya pasado una buena noche, donde quiera que ésta haya sido, ya que no lo hemos visto pasar por el árbol que le asignaron por vivienda”, dijo Gimli en son de broma. Pensaba, como los otros, que Legolas se había quedado en compañía de su gente.
“I'm just trying to find / Estoy
solo tratando de encontrar
A decent melody / una melodía decente
A song that I can sing / una canción que pueda cantar
In my own company / en mi propia compañía”
Legolas por un momento no supo qué responder. Se sentó junto a Gimli para ganar tiempo
– “Estuve en la cascada”, dijo tratando de aparentar normalidad, “solo”, agregó.
- “Trancos tampoco ha dormido aquí”, informó inocentemente Pippin, “pero vino temprano, y luego lo llamaron a una audiencia con la Dama. Un mensajero ha llegado trayendo noticias de Rivendel”.
Legolas agradeció mentalmente a Pippin por el dato, y se levantó diciendo que iría a buscar algo para desayunar.
*
En la Sala de Sesiones, Galadriel se hallaba reunida con Glorfindel, quien
había llegado de Imladris muy tarde, la noche anterior.
Lord Elrond lo había enviado al poco tiempo de partir la Comunidad, con la orden de llegar a Lothlórien, por donde era seguro que pasarían. El elfo había tomado la ruta del Carhadras, ignorante del peligro que se había desatado allí por la magia de Saruman. Tuvo suerte, ya que, después de que la Comunidad eligiera pasar por Moria, el mago había dejado de vigilar esa ruta. De este modo, Glorfindel había llegado con tan sólo un día de diferencia a Caras Galadon.
Aragorn ingresó a la sala, preguntándose si la Dama sabría ya lo sucedido entre él y Legolas.
- “Amigo mío, mi corazón se alegra de verte”, saludó con afecto a Glorfindel, pues los unía una sincera amistad.
- “El sentimiento es recíproco”, respondió el elfo, “sin embargo, comparto la tristeza por la pérdida de Mithrandir. Lord Elrond me envió a alcanzarlos”, continuó, “ya que no confiaba en nadie más para traerles esta noticia. Unos días después que ustedes partieron, los hijos de Elrond, Elladan y Elrohir, se encontraban patrullando la zona cercana al vado, y encontraron a la criatura Gollum, sin embargo, se escurrió rápidamente y no pudieron atraparla. Se dio aviso de inmediato a los guardias de toda la frontera, y un día después fue visto nuevamente, en el camino por donde ustedes partieron, pero la criatura es muy astuta, y nuevamente le perdieron el rastro”.
- “Y de hecho, amigo mío, ahora está escondido en estos bosques”, concluyó Aragorn, “nos siguió en Moria. No sé como logró escapar, pero entró con nosotros al Bosque Dorado, Frodo lo vio desde la plataforma en los árboles, la primera noche que dormimos aquí. Era el deseo de Mithrandir que lo dejáramos seguirnos”.
- “Veo que las noticias que traigo no fueron oportunas”, contestó Glorfindel. “Traigo, sin embargo, otras que seguramente te levantarán el espíritu”, y alcanzó al montaraz un sobre lacrado.
- “Te lo agradezco profundamente, amigo mío”, replicó Aragorn, “arriesgaste la vida al venir hasta aquí”
Galadriel y Glorfindel lo dejaron solo, para que leyera y respondiera el mensaje, pues el elfo deseaba partir cuando antes.
Aragorn rompió el sello y abrió el sobre. Dentro encontró una breve nota en caracteres élficos, escrita con la elegante caligrafía de Arwen.
Leerla lo llenó de pesar, en ella le reiteraba su amor, y la promesa de convertirse en mortal para reinar junto a él en el trono de Gondor, renunciando a la vida eterna de los elfos. Lo llamaba con su nombre élfico “Estel”.
Aragorn respondió la misiva, le contó las noticias de Moria, la pérdida de Mithrandir, las dudas de Boromir. No mencionó a Legolas para nada, tampoco puso palabras de amor.
No podía. No después de lo sucedido entre él y Legolas.
Cerró los ojos y pensó con ternura en el hermoso elfo, quien se había entregado a él totalmente la noche anterior. Quizá si Arwen hubiera hecho eso, las cosas serían diferentes. Pero, siguiendo los consejos de su padre, ella había decidido esperar a la boda. Y la boda sólo se produciría cuando Aragorn fuera rey.
“I never thought you were a fool
/ Nunca pense que fueras un tonto
But darling look at you / pero querido mírate
You gotta stand up straight / tienes que ponerte de pie
Carry your own weight / llevar tu propio peso
These tears are going nowhere baby / estas lágrimas no llevan a ninguna
parte”
Una lágrima rodó por su mejilla, y una gentil mano la limpió, acariciándolo. Era Legolas, quien había entrado silenciosamente, mientras él estaba perdido en su ensueño.
- “¿Qué te aflige, mi señor?”, dijo dulcemente.
- “Glorfindel está aquí. Trajo un mensaje de ella”, respondió sencillamente Aragorn.
- “Lo sé. Pippin me lo dijo”, dijo Legolas con tristeza, tomando una mano de Aragorn entre las suyas. “no te preocupes. Jamás diré nada de lo que ocurrió”
“You've got to get yourself together
/ tienes que recuperarte
You've got stuck in a moment / te has quedado atrapado en un momento
And now you can't get out of it / y ahora no puedes salir de él”
- “Hermoso mío, no me arrepiento de lo que hicimos. Nunca lo
haré”, dijo mirándolo a los ojos (esos hermosos ojos azules),
- “pero no sé lo que va a pasar…no es…”
- “Ninguno de nosotros lo sabe”, respondió el elfo. “si he de darte consuelo y ayudarte a hallar el camino, gustoso lo haré”.
“Don't say that later will be better / No digas que mas tarde será
mejor
Now you're stuck in a moment / ahora estás atrapado en un momento
And you can't get out of it / y no puedes salir de él”
Aragorn besó los labios que el bello elfo le ofrecía. Pensó en el amor desinteresado que veía en sus límpidos ojos, en el sacrificio que hacía al ofrecerle así su corazón. Y se prometió a sí mismo que estaría a la altura de ese sacrificio. Para siempre.
“I will not forsake / No abandonaré
The colors that you bring / los colores que traes
The nights you filled with fireworks / las noches que llenaste con fuegos
artificiales
They left you with nothing / te dejaron sin nada”
Sin embargo, las palabras de amor no salieron de sus labios. Antes de entregarse por completo, debía hablar con Arwen.
Legolas se sintió herido una vez más. Podía sentir el amor y la ternura en cada gesto de Aragorn, pero él no le decía que lo amaba. ¿Sería culpabilidad? ¿O se estaba engañando y en realidad Aragorn amaba a Arwen, y sólo lo utilizaba?
Se abrazaron en silencio por un interminable momento, hasta que oyeron voces, y se tuvieron que separar.
“I am still enchanted / Aun estoy encantado
By the light you brought to me / por la luz que me trajiste
I listen through your ears / Oigo a través de tus oídos
Through your eyes I can see / a través de tus ojos puedo ver”
*
Los días trascurrían tranquilamente en Lothlórien, mientras
la Comunidad curaba sus heridas, y preparaba la segunda etapa del viaje a
Mordor.
Las noches eran de Aragorn y Legolas. Se amaban, con la desesperación de los amores prohibidos, o simplemente caminaban tomados de la mano, y conversaban hasta que el sueño los vencía. Pero nunca hablaron del futuro. Mucho menos de un futuro juntos. Ambos temían, y no querían hacerse daño.
“And you are such a fool / Y eres tan tonto
To worry like you do / para preocuparte como lo haces
I know it's tough / Se que es difícil
And you can never get enough / y nunca pudiste tener suficiente
Of what you don't really need now / de lo que no necesitas realmente ahora
My, oh my / mio”.
Con excepción de Pippin, Merry y Sam, los otros miembros de la Comunidad
habían notado lo que estaba ocurriendo entre sus amigos. Boromir sentía
incluso un secreto placer, ¿cómo haría Aragorn para mostrar
al pueblo de Gondor a su amante?
Finalmente, llegó la hora de partir. La Dama, a quien no había vuelto a ver desde la partida de Glorfindel, los despidió personalmente, haciéndoles a cada uno un regalo especial. Luego fueron escoltados hasta el Anduin, donde seguirían su camino en barcas élficas
Mientras tanto, Saruman no se había quedado ocioso, y adivinando la ruta que seguirían, envió un ejército de Uruk-Hai que avanzaba por la otra orilla del Anduin, aún lo suficientemente lejos para no ser percibidos por los agudos sentidos de Legolas.
“And if the night runs over /
Y si la noche cayese
And if the day won't last / y si el dia no durase
And if our way should falter / y si tu camino vacilase
Along the stony pass / a lo largo de un pasaje pedregoso”
Aragorn contemplaba la majestuosidad de los Argonath. En ese momento, junto a Legolas que le sonreía desde la otra barca, y a la sombra de las enormes estatuas, pensaba en la grandeza en antaño, y se sentía seguro y confiado de completar su misión y devolverle a Gondor su rey.
“It's just a moment / Es solo
un momento
This time will pass / este tiempo pasará”
*
Aragorn condujo a la Comunidad hasta los pies del Amon Hen (La Colina del
Ojo), donde había un prado verde en el cual podrían acampar,
antes de continuar la marcha. Se acercaba el momento de decidir el camino
que tomarían, y el destino de la Comunidad.
Aseguraron las barcas a la orilla del Anduin, y prepararon el campamento. Aragorn era consciente de que eran seguidos, la hoja de Dardo brillaba con un azul débil, por lo que suponía que los orcos se encontraban en las laderas del Amon Lhaw (La Colina del Oído).
Aún lejos. Pero no demasiado lejos. Debían moverse de prisa, nunca ningún orco había sido visto en Amon Hen, pero eran días oscuros, y no podía arriesgar a sus compañeros.
Esa noche no durmió nada, compartiendo la guardia con Legolas, quien también se sentía intranquilo, pues ya había percibido que los orcos se acercaban rápidamente. Se sentaron juntos al pie de un árbol. A lo lejos se oía el rugido del Rauros, la majestuosa cascada. Era el único sonido en esa noche tranquila, "demasiado tranquila...", pensó Legolas, acostumbrado al sonido del bosque. Con la cabeza apoyada en el hombro de Aragorn, que lo rodeaba con ambos brazos, esperaba el amanecer.
Ambos hablaban en susurros, temiendo despertar a los demás. Conversaban sobre la historia de esa región, protegida por el Amon Hen, en élfico la Colina del Ojo, en cuya cima se alzaba un trono de piedra, que, según la leyenda, hacía que quien se sentase en él pudiera ver a los enemigos de Gondor. De igual manera, su vecino, el Amon Lhaw, la Colina del Oído, tenía un trono similar, desde donde se podía oír a quienes conspiraban contra Gondor. Les hubiera gustado poder comprobar la veracidad de esa leyenda, pero el tiempo apremiaba, y debían tratar de descansar, pues al día siguiente tendrían que partir a toda prisa.
Sin embargo, Aragorn le prometió al elfo recorrer juntos esas regiones, una vez completada su misión y destruido el anillo. El corazón de Legolas se llenó de alegría. Era la primera vez que Aragorn hablaba de un futuro juntos, y juró que vencería cualquier obstáculo con tal de estar a la altura de esa promesa. ¡Cuánto necesitaba de su amado! el viaje en barco había impedido que estuvieran juntos, y ahora debían moverse de prisa, incluso de noche. Esta quizá sería la última noche tranquila en mucho tiempo. ¡Cómo extrañaba las noches en Lothlórien!, habían compartido tantas cosas...pero Legolas aún temía el momento en que Aragorn volviera a ver a Arwen, dudaba si Aragorn sería capaz de enfrentar lo que significaría estar juntos para siempre, rebelarse contra las costumbres de su raza. Pensando en eso, se quedó dormido sus brazos.
Con la llegada del alba, se levantaron todos, y Aragorn los reunió, pues debían tomar la decisión de continuar hasta Mordor o partir a defender Gondor con Boromir. La decisión final recayó en el Portador, quien pidió una hora para pensarlo y se dirigió al Amon Hen.
Los demás esperaron sentados en círculo. Discutían acerca de la mejor decisión. Finalmente, quedó claro que Legolas iría donde fuera Aragorn, así como Sam, Pippin y Merry irían donde fuera Frodo. Respecto a Boromir, no había dudas que escogería Gondor, y Gimli se inclinaba también por esta opción.
Cuando se percataron de que había pasado más de una hora, y que Boromir no se encontraba allí, se alarmaron mucho, y Legolas recordó su presentimiento, cuando en Lothlórien, vio la mirada de Boromir.
Poco después apareció Boromir, contándoles la poco creíble historia de que Frodo había desaparecido, después de que él le aconsejase elegir ir a Gondor. Era obvio que algo malo había pasado.
Aragorn le ordenó proteger a Pippin y Merry, y salió apresuradamente tras Sam, que corría en dirección al Amon Hen. Legolas y Gimli corrieron en dirección contraria.
Sin embargo, era demasiado tarde. Frodo había elegido ya su camino, y sólo Sam adivinó cuál era éste, porque volvió al prado donde habían acampado, para ver cómo una de las barcas se alejaba, y decidió ir con su señor.
Pronto se escucharon los gritos de batalla de los orcos. Aragorn se encontraba en el Amon Hen, tratando de descubrir por las huellas, qué había pasado con Frodo. Al oír los gritos, bajó rápidamente blandiendo su espada.
Llegó a un claro, donde encontró a Boromir atravesado por muchas flechas, pero aún con vida. Se acercó presuroso al lado de su amigo, arrodillándose junto a él. Boromir, con la voz entrecortada le confesó lo ocurrido con Frodo.
- “Fue mi culpa”, jadeó, “traté...de quitárselo...huyó...”
- “Shhh, no hables”
- “Pippin y Merry...traté de protegerlos...se los llevaron...he fallado...”
- “Conservaste tu honor”, dijo Aragorn, tratando de extraer la flecha más cercana al corazón de Boromir, pero él lo detuvo.
- “No...es tarde...no dejes que caiga Gondor...”, miró hacia el suelo, donde yacía su espada. Aragorn comprendió y se la alcanzó, ayudándolo a ponerla sobre su pecho.
- “...yo te hubiera seguido...mi hermano...mi capitán...mi rey”, suspiró Boromir. Su mirada se extravió. Estaba muerto.
Aragorn le cerró los ojos. Luego, con ternura lo besó en la frente.
- “Adiós, hijo de Gondor”
No pudo contener más tiempo los sollozos. Había fallado...(“Guíalos tú Aragorn”), ¿qué clase de guía había sido? Frodo estaba perdido junto con Sam. Pippin y Merry raptados por los orcos, acaso muertos; y Boromir había muerto frente a sus ojos, sin que él haya podido hacer nada...
Había fallado...
“You've got to get yourself together
/ tienes que recuperarte
You've got stuck in a moment / te has quedado atrapado en un momento
And now you can't get out of it / y ahora no puedes salir de él”
Legolas y Gimli llegaron corriendo. La escena que encontraron les sobrecogió
el corazón: el suelo lleno de cadáveres de orcos, Boromir tendido
y atravesado de flechas, y a Aragorn de rodillas, llorando mientras aferraba
la mano del caído. En ese momento sentía que había fallado
como guía, que le había fallado a Frodo, a Boromir, pero sobre
todo a Legolas, que confiaba ciegamente en él.
Apesadumbrados por lo que vieron, el elfo y el enano se acercaron lentamente. Legolas puso la mano en el hombro de Aragorn, tratando de reconfortarlo.
- "Ah, Elbereth, combatimos a los orcos en el bosque, hasta no dejar uno vivo, pero éramos necesarios aquí. Hemos llegado demasiado tarde...temí tanto por tu vida.", Legolas sintió que la voz se le quebraba.
- "Es Boromir quien ha caído, conservando intacto el honor de los hijos de Gondor. Pippin y Merry han sido raptados por los orcos. Yo me encontraba en el Amon Hen tratando de hallar a Frodo y Sam. Llegué, igual que ustedes, demasiado tarde", dijo Aragorn, poniéndose de pie y abrazándose del elfo.
Legolas sostuvo a su amado. Comprendió que en ese difícil momento, necesitaba más que nunca de su apoyo. Lo abrazó, acariciándole los cabellos suavemente, su rostro junto al suyo, mojado con las lágrimas de ambos.
Las palabras sobraban.
Después de un rato, Aragorn se soltó del abrazo del elfo, besádolo en la frente, y se irguió serenamente. Había tomado una decisión, y así se los hizo saber a sus amigos. En ese momento, Legolas lo amó más que nunca, porque sintió la misma fortaleza y determinación que había mostrado Aragorn después de Moria. En los momentos más difíciles, cuando otro se habría desplomado por completo, aquél hombre extraordinario podía rehacerse y seguir adelante. ¡Qué lejos estaba Legolas de imaginar que él era el motivo de esa fuerza!
Lo primero era ocuparse del cadáver de Boromir, el cual pusieron en una barca, con su espada y su cuerno, y la deslizaron por el Anduin, en dirección al Rauros. Allí fue que se dieron cuenta de que faltaba la otra barca. No fue difícil adivinar lo que había sucedido, y Aragorn dijo que el destino del Portador ya no estaba en sus manos.
Irían a defender Gondor, según el último deseo de Boromir, pero antes, rescatarían a sus amigos, raptados por los orcos, y por unos seres extraños, mucho más corpulentos que los orcos ordinarios, pero igual de feroces, quienes llevaban en el yelmo una runa élfica que mostraba una "S", junto con una mano blanca. Eran los Uruk-Hai, guerreros incansables creados por Saruman.
Con sus amigos en manos de tales criaturas, no había tiempo que perder, así que empacaron lo necesario, y partieron velozmente para dar alcance a las bestias.
*
Aragorn y Legolas corrían velozmente siguiendo el rastro dejado por los orcos. Gimli los seguía tan rápido como podía, ya que los enanos, si bien poseen una gran resistencia, no son tan ágiles como los elfos.
Constantemente, Aragorn pedía al elfo, poseedor de una vista más penetrante, que observara el camino, para ver si veía a los captores de sus amigos.
Esa marcha forzada duró dos días, ya que el ejército de orcos llevaba prisa, y sólo podrían alcanzarlos si sacrificaban horas de sueño. Legolas no había dormido en esos días. Mientras los otros descansaban, vigilaba sin cesar el horizonte, tratando de ver algún rastro de sus amigos. Como todos en la Comunidad, había desarrollado un gran afecto por los hobbits, tan aficionados a buscarse problemas, pero a la vez tan leales y valientes.
Aragorn, aún siendo humano, soportaba el viaje mejor que Gimli. Poseído como estaba de la determinación de no fallarles a sus amigos, ni al bello elfo que lo acompañaba, se las arreglaba para continuar la marcha a buen paso. No en vano corría por sus venas la sangre de los Numenór.
Gimli y Legolas habían llegado a ser grandes amigos, a pesar de que es bien sabido que los enanos no toleran a los elfos, y viceversa. Sin embargo, ambos admiraban la valentía del otro, y constantemente hacían bromas para aligerar un poco la pesada marcha que realizaban. Gimli lo llamaba “elfo loco”, y el príncipe reía llamándolo a su vez “enano gruñón”.
Finalmente, Legolas los divisó. El ejército aparentemente se dirigía a Isengard, pero no logró ver a Pippin ni a Merry, seguramente los hobbits estarían confundidos entre la multitud.
La noche estaba por caer, y decidieron que no era prudente acercarse más, ya que con la oscuridad, podrían extraviar el camino. Tendrían que esperar hasta el alba para reanudar la persecución. El ejército mientras tanto, continuaba avanzando.
Aragorn dijo entonces que sería mejor descansar, ya que tendrían que correr nuevamente en cuanto amaneciera, para alcanzarlos. Improvisaron un pequeño campamento entre las rocas, pero no encendieron fuego para no llamar la atención.
Legolas había subido al peñasco más alto, y desde allí observaba a los orcos desplazarse, no iban a gran velocidad, y sería fácil alcanzarlos al día siguiente.
Entonces, Aragorn lo abrazó por detrás. Necesitaba tanto estar con su elfo...lo tomó de la mano para bajar de la roca. Esta era la segunda vez que mostraban su afecto delante de Gimli, la primera había sido cuando perdieron a Boromir.
- "mmm", gruñó Gimli, - "hagan de cuenta que yo no estoy", dijo, y se acostó entre las piedras, lo más apartado posible, cubriéndose con una manta. No tardó en quedarse dormido, tal era su fatiga.
Los amantes se abrazaron desesperadamente, las bocas se unieron mientras los cuerpos se buscaban. Cayeron así, abrazados, a la hierba, mientras continuaban los besos y las caricias.
Entre besos, Aragorn le decía a su amado:
- "Hermoso mío, he extrañado tanto la dulzura de tus labios! déjame embriagarme con ellos, no sé cuando volveremos a estar juntos"
- "¡Oh, Aragorn! Hazlo entonces, y no te detengas, pues mis labios han extrañado los tuyos, y mi cuerpo añora tus caricias", decía Legolas entre gemidos.
Legolas gemía, los ojos cerrados, los labios entreabiertos. Aragorn estaba sobre él en la hierba, su boca bajaba ahora por el cuello del elfo, lamiendo y mordiendo ligeramente, mientras su compañero emitía sonidos que eran música para sus oídos.
Gimli despertó alarmado, al oír los gemidos del elfo. En ese momento, Aragorn había desabrochado la camisa de su amado, y lo besaba en el pecho, deleitándose con los sonidos que salían de su garganta.
Eso fue demasiado para el enano. Tosió ruidosamente. Tuvo que hacerlo dos veces, puesto que ninguno de los amantes parecía oírlo, tan perdidos estaban el uno en el otro.
Legolas fue el primero en darse cuenta. Ruborizado, le susurró a Aragorn en élfico que se detuviese. El dúnadan obedeció, muy a su pesar. Había estado a punto de perder el control con el hermoso elfo, cuando debía pensar primero en el rescate.
Se sentaron, acomodando sus ropas. El cuello del elfo aún mostraba las señales de ese encuentro. Varias marcas rojas indicaban el lugar en que Aragorn había mordido y succionado la delicada piel. Aunque las marcas desaparecerían pronto, ya que los elfos tienen muy desarrollados poderes de curación.
Entonces Gimli se echó a dormir otra vez, seguido por Aragorn, que había decidido ahorrar fuerzas para la persecución. Legolas no durmió, prefirió vigilar el sueño de su amante; además, los recientes acontecimientos lo habían dejado tan agitado que sería imposible conciliar el sueño. Subió nuevamente al peñasco, y allí lo encontró Aragorn al despertar, poco antes de que amaneciera.
- "Mi señor, están de veras muy lejos. Parece que no han descansado en la noche, y ahora sólo un águila podría alcanzarlos", dijo tristemente el elfo. Cuando estaban solos, le gustaba llamarlo "mi señor", era su modo de expresarle el amor incondicional que por él sentía.
- "Pues los seguiremos de todos modos", dijo Aragorn, inclinándose para despertar a Gimli.
El enano rezongó un poco, pues aún no había amanecido y no había modo de ver a los orcos, ni siquiera con la vista de Legolas. Sin embargo, Aragorn era un montaraz, y tenía muchos recursos para una persecución así. Puso el oído en el suelo, por un rato interminable, hasta que amaneció. Entonces dijo que oía el rastro de los orcos muy débil y distante, pero que también sentía un rumor de cascos de caballo, alejándose hacia el norte.
Siguieron el camino corriendo, sin detenerse ni siquiera para comer, ya que tenían el lembas obsequiado por Galadriel. Así pasaron dos días más, en los cuales llegaron al país de Rohan, junto al río Entaguas. Durante las noches, Legolas tampoco dormía, vigilaba el sueño de sus compañeros. Las veces que Aragorn despertó intranquilo de sus sueños, veía el elfo de pie sobre una roca, o caminando cerca de allí, a veces cantando en su propia lengua. La luna iluminaba sus bellas facciones, haciéndolo ver más hermoso aún.
Al amanecer, no había señales de los orcos, pero todo indicaba que se habían refugiado en el bosque de Fangorn. Al menos habían hallado huellas de uno de los hobbits, y uno de los broches élficos obsequiados por Galadriel, lo que les daba esperanzas de hallarlos aún con vida.
- “Las hojas de Lórien no caen solas. Sabemos ahora que uno de ellos vive”, dijo Aragorn, sintiendo renacer las esperanzas.
Entonces Legolas distinguió a los Jinetes de Rohan, ciento cinco en total, quienes cabalgaban hacia ellos a toda prisa. Decidieron esperarlos, por si trajeran noticias de los hobbits; además, no era posible escapar sin ser vistos.
Bajaron de la colina donde se hallaban, y, envueltos en las capas élficas, esperaron sentados en la hierba. Mientras esperaban, Aragorn les contó cuanto sabía de los Rohirrim (Señores de los Caballos), hombres nobles y orgullosos, valientes en la batalla, sin llegar a ser crueles. Corría el rumor de que se habían unido a Saruman, pero él no lo creía.
Pronto llegaron los jinetes, altos y hermosos en sus cotas de malla, portando lanzas y espadas. Los rodearon, interrogándolos por encontrarse en sus tierras.
El jefe de los jinetes era Éomer, Tercer Mariscal de la Marca, al servicio del Rey Théoden, y se encontraba patrullando la zona, después de haber luchado con los orcos a la entrada del bosque de Fangorn.
Aragorn respondió, identificándose como Trancos, y presentando a sus compañeros. Sin embargo, las explicaciones de Aragorn no fueron satisfactorias para Éomer, quien encontraba bastante extraño a aquél hombre, que en compañía de un enano y un elfo, decía estar cazando orcos, y lo interrogó duramente, preguntando quién era en realidad.
Entonces dijo Aragorn:
- "No sirvo a ningún hombre, pero persigo a los sirvientes de Sauron en cualquier sitio donde se encuentren. Pocos hay entre los hombres mortales que sepan más de orcos y no los cazo de este modo porque lo haya querido así. Los orcos a quienes perseguimos tomaron prisioneros a dos de mis amigos. En semejantes circunstancias el hombre que no tiene caballos irá a pie y no pedirá permiso para seguir el rastro. Ni contará las cabezas del enemigo salvo con la espada. No estoy desarmado".
Aragorn se irguió y echó atrás la capa, sacando la espada, que resplandeció fuera de su vaina. Legolas nunca lo había visto tan alto y majestuoso, se veía como los reyes de antaño.
- "¡Elendil!", gritó Aragon, "soy Aragorn, hijo de Arathorn y me llaman Elessar, Piedra de Elfo, Dúnadan, heredero del hijo de Isildur, hijo de Elendil de Gondor. ¡He aquí la espada que estuvo rota una vez y fue forjada de nuevo! ¿Me ayudarás o te opondrás a mí? ¡Escoge rápido!"
Éomer retrocedió en señal de respeto, y explicó que los orcos habían sido destruidos, pero no habían visto rastro de otros seres. Siguiendo la costumbre de los hombres de Rohan, habían apilado y quemado los cadáveres.
Éomer entonces pidió a los jinetes alejarse y conferenció en voz baja con Aragorn y sus compañeros, y así se enteró de lo sucedido con Gandalf y Boromir, mas no supo la verdadera misión de la Comunidad. Éomer entonces les proporcionó dos caballos, que le debían ser devueltos en la casa de Edoras, donde vivía el Rey Théoden, en cuanto terminaran la búsqueda. Dicho esto, los jinetes se alejaron a gran velocidad.
El caballo de Aragorn se llamaba Hasufel, de gran tamaño y pelaje gris oscuro, mientras que el de Legolas, llamado Arod, era más pequeño y ligero. Legolas lo montó sin antes quitarle la montura y las riendas, a la manera élfica. Gimli subió con él.
Desde aquél día, Arod acompañaría siempre al elfo, sin que nada presagiara los momentos difíciles que ambos pasarían.
Cabalgaron velozmente, y al anochecer habían llegado a las afueras del bosque de Fangorn, donde encontraron señales de la batalla. Un montículo donde habían sido enterrados los jinetes caídos, una pira que aún ardía con los inmundos cuerpos de los orcos, y las armas de éstos apiladas a un lado. Pero no había señales de los hobbits.
¡Otra vez había llegado tarde! Aragorn gritó por la impotencia que sentía, cayendo de rodillas al piso. Legolas y Gimli trataron en vano de buscar entre los cuerpos calcinados, allí no había nada con vida. Los tres sintieron desvanecerse las esperanzas nuevamente.
Entonces Aragorn empezó a leer las huellas en el piso, y luego de un rato, supo que antes de la batalla, los orcos habían tenido una disputa, acaso por los prisioneros, y que, aprovechando esta disputa, Pippin y Merry habían logrado escapar, a juzgar por las pequeñas huellas que se internaban en el Fangorn.
La esperanza renació.
Capítulo 3: A dónde lleva el viento
“Something / Algo
Is about to give / Está a punto de suceder
I can feel it coming / Puedo sentirlo
I think I know what it means / creo que sé que significa
I'm not afraid to die / No temo morir
I'm not afraid to live / No temo vivir
And when I'm flat on my back / y cuando yazca de espaldas
I hope to feel like I did / espero sentir como lo hice”
Kite – U2
Con el corazón aliviado, ya que sabían que sus amigos estaban con vida, decidieron acampar a la entrada del bosque de Fangorn. Podían encender una hoguera, ya que los enemigos habían sido exterminados, y al menos esa noche, no habría peligro.
La noche era fría. Gimli encendió un fuego al pie de un árbol, y se acomodaron allí. De pronto, Legolas exclamó:
- “¡El árbol está feliz por el fuego!, puedo sentirlo”
Aragorn sonrió, el elfo estaba maravillado de encontrarse de nuevo con la naturaleza. Su rostro resplandecía de alegría. Pero luego, en un momento, cambió por completo, mostrando una tristeza que conmovió a Aragorn.
Luego, Legolas bostezó. La falta de sueño empezaba a hacer su efecto. No había podido dormir debido a la preocupación por sus pequeños amigos, y además, en el fondo de su corazón, un temor secreto empezaba a crecer: el momento del desenlace estaba por llegar, para bien o para mal. El anillo sería destruído, de eso estaba seguro. Y eso significaba que Aragorn sería rey de Gondor, y tendría que elegir entre Arwen y él. Legolas sabía que Aragorn lo quería y necesitaba, todas sus acciones lo demostraban. Pero una cosa era ahora, y otra muy distinta sería después, porque su amado no podría llegar al trono sin una reina.
El elfo apartó de su mente una vez más esos pensamientos, tratando de bromear con Gimli para alegrar su espíritu. Se sentaron en círculo para comer lembas y beber, y Legolas preguntó a Aragorn qué sabía de Fangorn, y si eran ciertas las leyendas que había oído de pequeño, acerca de los Onodrim, o Ents, que habitaban en el bosque.
- “He oído también las leyendas, y nunca pensé que fueran otra cosa, hasta oír la advertencia de Celeborn para que no nos internemos aquí. Pero yo pensaba preguntarte a ti, hermoso mío. Si un elfo de los bosques no sabe la verdad, ¿qué podría esperarse de un mortal?”, bromeó Aragorn, logrando hacer sonreír a Legolas.
- “Pero tú has viajado más lejos que yo. Y este bosque es viejo, incluso para las medidas élficas, mas no se si es cierto lo que de él se cuentan, sólo conozco las leyendas”, respondió el elfo, con un nuevo bostezo.
Gimli se ofreció a hacer la primera guardia, mientras Aragorn acomodaba las mantas que compartiría con el elfo. Entonces Legolas se le acercó, abrazándolo, y apoyó la cabeza en su hombro. Aragorn se sorprendió, pues quien iniciaba el primer contacto era siempre él, y su corazón se alegró. Tomó a Legolas entre sus brazos y se acostaron, cubriéndose con una de las mantas.
El elfo le sonrió.
- “Buenas noches, mi señor”,
susurró en su oído, quedándose dormido en los brazos
de Aragorn.
– “Buenas noches, mi amor”, dijo Aragorn, besándolo
ligeramente en los labios. Luego lo abrazó protectoramente, acariciando
los rubios cabellos, y mirando su rostro. Legolas dormía con los ojos
abiertos, como todos los elfos.
Aragorn pensaba. Se sentía afortunado por tener el amor de Legolas, a quien amaba a su vez, tanto por su belleza exterior como por la interior, demostrada a través de su valentía, nobleza y sabiduría. Pero sabía que sería casi imposible que el pueblo de Gondor lo aceptase como su compañero.
Con Arwen era diferente. Ella se había preparado durante largo tiempo, con ayuda de su padre, para ser la reina de Gondor, y unir así a ambas razas. Aragorn se había dado cuenta hacía mucho, que lo que confundió con amor, era en realidad un profundo afecto de hermano, pero se sentía culpable por su traición. Pronto llegaría el momento de las decisiones, y escogiese lo que escogiese, lastimaría a alguno de los dos seres que lo amaban. ¡Cuánto habría dado en ese momento por ser un simple montaraz!, pues sabía que Legolas lo amaría igualmente. ¡Pero no podía echar atrás la herencia de sus antepasados! Con estos pensamientos se quedó dormido.
Solo un incidente perturbaría la tranquila noche. Gimli dijo haber visto un anciano vestido de gris, que tomó por Saruman, quien aparentemente había ahuyentado a los caballos. Decidieron buscarlos al día siguiente, pues probablemente habían vuelto a la Marca.
Cuando amaneció, desayunaron mientras discutían que hacer. Primero, buscarían a los hobbits en el bosque, luego trataría de regresar a Rohan a pie.
- “Es un bosque muy viejo, tan viejo que me siento joven otra vez, como nunca lo había sentido, desde que viajo con unos niños como ustedes. Pero no hay malicia en él, sólo percibo vigilancia y cólera. Yo hubiera sido feliz aquí, si hubiera venido en tiempo de paz”, dijo Legolas, pensativo.
- “Pues este niño piensa que debemos entrar. Pero seamos cautelosos, y no toquemos ninguna rama viviente”, respondió Aragorn, divertido del comentario del elfo. Ciertamente era viejo, por lo menos 3000 años. Pero por su rostro hermoso no había pasado el tiempo.
- “¡Elfo loco!”, gruñó Gimli, “pero es bien sabido que los elfos son gente rara. A pesar de eso, te seguiré al bosque, si tienes el arco tan bien dispuesto como yo tengo el hacha”.
Y con estas palabras, se adentraron en Fangorn, guiados por Aragorn, quien seguía las huellas de los hobbits.
Al poco rato, llegaron a la pared de piedra por donde, un día antes, habían pasado los hobbits. Subieron en ella para ver mejor, y entonces Gimli volvió a ver al anciano.
- “¡Es Saruman!”, gritó desesperado, - “dispara Legolas, antes de que nos haga daño”.
Pero la flecha se quedó en la mano del elfo, que miraba al anciano, incapaz de disparar. Entonces, el viejo dejó caer el manto gris, y un resplandor blanco lo envolvió. Legolas se inclinó, diciendo – “¡Mithrandir ha vuelto de las sombras”, pues había reconocido a Gandalf.
Los demás lanzaron también exclamaciones de alegría. El mago había sobrevivido a Moria, ayudado por Galadriel, y ahora regresaba, convertido en Gandalf el Blanco. ¡Qué poderoso aliado para combatir a las sombras!.
Se sentaron un momento en la hierba, explicando a Gandalf todo lo que había sucedido desde que lo perdieron en Moria. Pero Gandalf sabía algo más. Efectivamente, Frodo había partido solo a Mordor, pues Gwaihir el águila, Señor de los Vientos, y amigo de Gandalf, lo había visto. También los tranquilizó respecto a los hobbits.
– “Están seguros, con los ents”, dijo.
- “¡Entonces las leyendas eran ciertas!”, exclamó Legolas, - “y los Onodrim viven aquí. ¡Cómo quisiera ver a uno de ellos!”
- “Y los verás, amigo mío”, respondió Gandalf, - “pero no ahora, pues los ents tienen aún un papel que jugar en esta guerra. Y en cuando a nuestros amigos, están con Bárbol, conocido también como Fangorn, el guardián de este bosque. Y ahora, amigos míos, cuéntenme cómo es que la Compañía llegó hasta aquí”.
Gandalf los miraba pensativo, mientras escuchaba el relato de la muerte de Boromir. Ciertamente la Compañía había cambiado, como él mismo, después de la separación. Gimli y Legolas ya no peleaban. Es más, podía notar que eran amigos. Aragorn, normalmente callado y serio, había adoptado ahora una actitud más alegre, y sus ojos brillaban cada vez que miraba al elfo. Además, había liderado valientemente a la Comunidad en ese largo camino, y lo seguiría haciendo hasta el final. En cuanto Legolas, la conclusión era obvia. El elfo amaba a Aragorn. Gandalf lo había visto venir, desde que partieron de Rivendel. Y luego, en Lórien, Galadriel se lo había confirmado.
- “El destino toma caminos imprevistos”, pensó Gandalf. Galadriel tenía esperanza en ese amor. Era necesario para darle a Aragorn las fuerzas que necesitaba. Mas qué pasaría luego, no podía decirlo. Ni toda la magia de Gandalf podía influir en los asuntos del corazón. Sólo esperaba que ninguno de sus amigos saliera lastimado.
Legolas preguntó entonces cómo Gandalf se las había arreglado para escapar del Balrog, y el mago los entretuvo con el relato de su lucha en la oscuridad. También les habló de la doble traición de Saruman, quien quería para sí el anillo de poder. Ahora, tanto Gondor como Isengard eran enemigas de Mordor, y Sauron había enviado a los Nazgul montados en monstruos alados, junto con ejércitos de orcos. Luego les dijo que había estado en Lórien, y traía un mensaje de la Dama.
El mensaje para Aragorn decía:
“Elessar, Piedra de Elfo, extraños senderos has de recorrer para cumplir tu destino, hacia el mar un ejército espera, tu camino irá por las sendas de los muertos, mas la hoja guiará tu corazón”.
El mensaje para Legolas era el siguiente:
“Legolas Hojaverde, tus ojos y tu brazo estarán prestos para combatir al terror que caerá del cielo, mas las flechas no servirán y caerás en las tinieblas, pero la piedra te salvará, y atará para siempre la hoja a la Tierra Media”
A Gimli le deseaba buenaventura, recordándolo siempre como el portador del Rizo Dorado obsequiado por ella.
- “Extraños mensajes les ha enviado la Dama”, dijo Gimli, “quisiera que fueran más claros, cómo el mío”.
- “¿Cómo podrían ser más claros, si ella está hablando de nuestra propia muerte?”, contestó Legolas. Para él era claro que la piedra era Aragorn, y la hoja, él mismo. Pero no lograba entender el resto del mensaje.
- “Extrañas palabras, sí”, admitió Aragorn, “pero Gandalf mismo nos ha demostrado que un hombre puede cambiar su destino, lo mismo puedo decir de los elfos”, y puso la mano en el hombro de Legolas para tranquilizarlo, pues su amado tenía una profunda tristeza en la mirada. No se atrevió a hacer otra cosa, pues Gandalf estaba presente.
- “Amigos míos, debemos ahora dirigirmos a Edoras, en el país de Rohan, morada del Rey Théoden. Se avecina una guerra, y necesitará toda la ayuda posible”, les dijo Gandalf, levantándose.
Luego, silbó fuerte por tres veces.
Entonces, se oyeron relinchos, y vinieron corriendo tres caballos. Dos de ellos eran Hasufel y Arod, y el tercero era un hermoso animal, mucho más grande que los otros, y que corría como el viento.
- “Este es Sombragris, el mejor caballo de la Marca, antes montura de Théoden, pero ahora llevará al Caballero Blanco. Su velocidad no tiene igual. Iré con Gimli en él, si lo permite, y ustedes nos seguirán en dirección a Edoras”, dijo Gandalf, quien, uniendo la acción con la palabra, montó a Sombragris, subiendo con el a Gimli, y partió velozmente al país de los Rohirrim.
Legolas y Aragorn subieron a sus caballos. Aragorn miró entonces al elfo, quien se había quedado triste desde que oyó el mensaje de la Dama del Bosque.
- “Hermoso mío, lo que ve el Espejo de la Dama es uno de los muchos escenarios que depara el futuro. Y aún sea nefasto mi destino, lo afrontaré gustoso si estoy a tu lado. Pero oscuras son sus palabras, y cualquiera puede ser su significado”, dijo Aragorn.
- “Lo sé, mi señor. Y no estaré triste si estás a mi lado. Mi corazón se alegra contigo.”, dijo Legolas, sonriéndole con dulzura.
- “¡Vamos entonces! Pues mi espada extraña el clamor de la batalla, y desea atravesar orcos”, exclamó Aragorn.
Y ambos partieron rumbo a Edoras.
Pronto Legolas y Aragorn alcanzaron a Gandalf, quien había pedido a Sombragris aminorar el paso y esperar a sus amigos.
Ya se veía el humo en los techos de Edoras, que presagiaba la próxima batalla. A lo lejos, el techo del palacio dorado de Meduseld, donde vivía Théoden, resplandecía a la luz del sol.
Theóden era el Rey de la Marca, y era un rey muy querido y respetado por su pueblo. Sin embargo, algo había cambiado en él. Al producirse la traición de Saruman, éste colocó un espía en la corte de Théoden, para envenenar la mente del anciano rey con sus intrigas.
En efecto, Gríma, Lengua de Serpiente, había cumplido muy bien su cometido, pues logró poner al rey en contra de sus sobrinos, a quienes quería como sus hijos, y quienes lo querían a él también. Así, Éomer, Tercer Mariscal de la Marca, y sobrino del rey, había discutido con su anciano tío antes de salir a patrullar las fronteras, poco antes de encontrarse con Aragorn. En cuando a Eowyn, su hermana, habia quedado al cuidado de su tío, ya que por ser mujer, no se le permitía luchar.
Théoden, quien antaño había sido amigo de Gandalf, habiéndole prestado incluso a Sombragris, cuando el mago escapó de Orthanc, ahora, envenenado por las intrigas de Gríma, consideraba a Gandalf enemigo, y portador de malas noticias.
Así llegaron Gandalf y sus compañeros a las puertas de Edoras, y fueron recibidos por los guardias, quienes, después de interrogarlos y consultar en el palacio, los hicieron pasar y los guiaron hasta Meduseld.
Mientras se dirigían al palacio,
pudieron ver la ciudad. Las casas estaban cerradas, la poca gente que había
en las calles se quedaba mirándolos, pues nunca habían visto
a un hombre, un elfo y un enano cabalgando juntos. Les llamaba especialmente
la atención la belleza de Legolas, ya que habían oído
de los elfos, pero jamás habían visto uno.
Una vez en el palacio, los guardias de la puerta les dijeron que el Rey Théoden
los recibiría, sin embargo tendrían que dejar sus armas por
órdenes de Gríma. Legolas entregó su daga, arco y flechas,
recomendando que los cuidasen pues eran un regalo de la Dama del Bosque.
Aragorn, sin embargo, se resistía a desprenderse de Andúril, pero a instancias de Gandalf, finalmente lo hizo, colocándola él mismo apoyada al muro, junto a las cosas de Legolas, y advirtiendo que sobrevendrían grandes desgracias si alquien que no fuese el Heredero de Isildur la tocaba. Luego, Gimli entregó su hacha, y Gandalf su espada Glamdring, mas conservó su bastón, que, según dijo, le servía de apoyo en su vejez.
Fueron conducidos por Háma, el Ujier de Armas del rey, hacia la sala donde se encontraba éste. Allí, sobre una plataforma con tres escalones, se levantaba un trono de oro, en el cual se hallaba sentado un anciano encorvado, de cabellos blancos, sobre los cuales tenía puesta una corona de oro con un diamante. A su lado se encontraba la Dama Eowyn, vestida de blanco, y al pie del trono se hallaba Gríma.
Gandalf habló entonces:
- “Salve Théoden, hijo de Thengel. He regresado como prometí, a traer ayuda y consejo en estos tiempos oscuros”
Sin embargo, Théoden había sido envenenado por las intrigas de Gríma, quien llamó a Gandalf Cuervo de la Tempestad, ya que siempre aparecía para traer malas noticias, se levantó diciendo que no eran bienvenidos.
- “Habéis hablado bien mi señor”, dijo Gríma, levantándose a su vez, -“¿qué ha traído este vagabundo sino malas noticias? Acabáis de perder a vuestro hijo, nos anuncian que el mal ha desperado en Mordor, y en este nefasto momento elije volver, trayendo a estos tres vagabundos vestidos con harapos, siendo él mismo el más harapiento de los cuatro”.
Al oír esto, Gandalf se irguió y respondió:
- “¿Vagabundos dices?, pocas veces Rohan tuvo el honor de recibir huéspedes semejantes. Grises son las ropas que llevan, pues han sido vestidos por los elfos del Bosque Dorado, y sus hazañas en batalla harían palidecer a cualquier guerrero. Se trata de Aragorn, hijo de Arathorn y heredero de Isildur, Legolas el elfo, hijo de Tharanduil y príncipe de Mirkwood, y Gimli el enano, hijo de Glóin. De manera que guarda tu lengua bífida detrás de los dientes. No me he salvado del fuego para cambiar palabras con un sirviente”
Gandalf levantó su vara, y se irguió cubierto de luz. Gríma trató de huir, mas fue detenido por Gimli. Entonces Gandalf conjuró sus poderes para hacer ver la luz nuevamente a Théoden, y logró librarlo del hechizo de Saruman.
El anciano rey cayó al suelo, siendo levantado por Eowyn. Abrió los ojos lentamente, reconociéndola, pues la bruma que había en su cerebro se disipaba. Entonces sonrió, y las arrugas que habían en su rostro desaparecieron en su mayoría. Se puso de pie y empuñó su espada.
El Rey había vuelto.
Entonces, Gandalf lo llevó afuera, en el pórtico, desde donde se podía contemplar Rohan, tomando ambos asiento en el sitial de piedra que allí había. Sus compañeros lo siguieron, permaneciendo de pie, cerca de allí. Ninguno de ellos había dicho una palabra, por recomendación del mago; sin embargo, Legolas estuvo a punto de hacerlo, al oír llamar vagabundo a Aragorn.
Lo que allí hablaron, nadie lo supo. Pero luego de eso, el rey comprendió la gravedad de la situación, y mandó traer a Éomer, a quien mantenían prisionero por consejo de Gríma.
Grande fue la alegría de Háma cuando le ordenaron liberar a su camarada y llevarlo a presencia del rey. Éomer entonces se arrodilló ante su tío, regocijado como todos por la recuperación de su soberano. Así, fue reinvindicado como Tercer Mariscal de la Marca.
Luego, Théoden mandó traer a Gríma. Pero no lo mató, por consejo de Gandalf. En lugar de esto, le proporcionaron un caballo para que fuera donde quisiese. Gríma se apresuró a volver junto a Saruman.
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LOTHLORIEN
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Galadriel contemplaba preocupada el espejo de agua. Cosas inquietantes en él se veían: Frodo corría el peligro de la traición de Gollum, Saruman había traicionado a su vez al Señor Oscuro, y preparaba un ejército que marcharía contra Rohan primero, y después contra Gondor. Pero lo que más la preocupaba era una visión sobre Arwen, que ella misma no podía entender...
Hacía una semana que Haldir había partido con cien de los mejores arqueros de Lórien. Sólo esperaba que llegaran a tiempo.
El guardián del Bosque Dorado había recibido con agrado la noticia, ya que prefería la acción a la espera. Y además, tendría la oportunidad de volver a ver a aquél que lo había cautivado.
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EDORAS
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El momento de las decisiones había llegado. Conferenciaron acerca de lo que podrían hacer, y finalmente el Rey ordenó que se evacuara la ciudad, y que todos se dirigieran al Abismo de Helm, en el cual se alzaba la fortaleza de Cuernavilla. El mismo partiría a librar esa batalla y defender a su pueblo.
Entonces, Théoden les mostró que la hospitalidad de los hombres de la Marca seguía siendo la misma de antaño, ya que, consciente de que sus huéspedes habían cabalgado varias horas sin descanso, mandó a servir la comida sentándolos junto a él. Además, hizo que preparasen las habitaciones, pues descansarían allí unas horas, mientras se hacían los preparativos para la partida.
Durante la comida, la Dama Eowyn sirvió una copa de vino, brindando en honor a su tío. Al acercarse a llenar el vaso de Aragorn, su mano lo rozó, y el sintió como ella temblaba. Así la vio, hermosa y fría. Pero su corazón pertenecía a otro, que en ese momento había dejado de charlar con Gimli, y lo miraba en silencio. Bebió de la copa, pero ya no sonreía, pues había visto tristeza tanto en los ojos de Eowyn como en los de Legolas.
Ni Aragorn ni Gandalf estuvieron de acuerdo con la decisión del rey sobre la retirada al Abismo de Helm. Sin embargo, era la voluntad del rey, y estaban en su reino. Gandalf montó en Sombragris y partió hacia el oeste a buscar más ayuda, pidiendo a Aragorn que resistan hasta su regreso.
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RIVENDEL
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Glorfindel había llegado finalmente a Rivendel, trayendo alarmantes noticias: la Comunidad había perdido a Gandalf, y los mensajeros alados de Galadriel habían visto orcos en Isengard.
Arwen acababa de leer la misiva de Aragorn, y no hizo más que confirmar sus sospechas. El mensaje era amable y cariñoso, pero no tenía ninguna palabra de amor, ni alusión a su promesa. Tampoco hablaba de Legolas.
Desesperada, fue a su habitación e inmediatamente sacó el objeto que guardaba celosamente, en una pequeña cámara de la pared, oculta por un cuadro. Se trataba del tercer anillo de poder entregado a los elfos. Este anillo había estado en poder de su padre, hasta que ella lo encontró, poco antes de que Bilbo llegara. Elrond no se había percatado de su pérdida, pues no lo utilizaba jamás, y lo había tenido guardado dentro de un cofre.
Arwen se puso el anillo, y, sin estar muy segura de lo qué hacía, se dirigió a la habitación de su padre, que guardaba allí numerosos libros y objetos que eran conocidos por pocos elfos.
Buscó varios textos antiguos, y finalmente encontró lo que buscaba.
Elrond, mientras tanto, celebraba un consejo, con sus hijos gemelos Elladan y Elrohir, Glorfindel y los otros elfos de más edad que vivían en Rivendel. En el consejo, se decidió que los gemelos irían a buscar a los dúnadan, de quien Aragorn era líder, y los llevarían a Gondor, que era donde probablemente se encontraba el Heredero de Isildur, para ofrecerle su ayuda en la batalla que sin duda allí se efectuaría. Los hermanos de Arwen partirían al amanecer.
Arwen entonces dedicó esa noche a preparar un obsequio para su prometido, confiando en que lo recibiese a tiempo.
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EDORAS
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Después de la comida, y mientras se hacían los preparativos para la evacuación de la ciudad, Aragorn, Legolas y Gimli se dirigieron a sus habitaciones, aprovechando para descansar unos momentos y asearse, antes de partir a la primera batalla de la guerra que libraban con el Señor Oscuro.
Legolas entró en su habitación, amplia y bien amoblada. En el baño había una tina preparada por los sirvientes, así que se despojó de sus vestiduras para tomar un baño. Lentamente, fueron cayendo al piso las prendas, y el elfo se irguió, desnudo y espléndido, mientras deshacía las trenzas de sus cabellos.
Pensaba en lo que había visto en la corte de Théoden, y también en las miradas que la Dama Eowyn diera a Aragorn durante la cena. Era inevitable, se decía, que se sintiera atraída por el dunadan, tan apuesto, noble y valiente. El mismo sentía eso, y no podía reprochárselo a ella. Lamentaba no poder estar al lado de su adorado, pues no era prudente, con el palacio lleno de soldados.
Entró en la tina. Quería aprovechar este momento de descanso al máximo. Fue quitándose poco a poco la suciedad del camino, haciendo que su piel se viera más blanca y tersa aún. Frotó sus dorados cabellos con un compuesto de hierbas, que producían una espuma deliciosa. Cerró los ojos, mientras se lavaba el cabello, perdido en sus pensamientos.
De pronto, sintió que se abría la puerta, y Aragorn, vestido con una túnica negra, y con los cabellos húmedos, pues también había tomado un baño, le dijo con afecto:
- “Veo que necesitas ayuda, mi bello príncipe”, al tiempo que se acercaba, tomando asiento en el borde de la tina.
- “Tu ayuda es bienvenida, mi señor”, respondió el elfo.
Entonces, las manos de Aragorn empezaron a lavarle los cabellos, quitando todo rastro de suciedad. Legolas tenía los ojos cerrados mientras sentía esa caricia secreta, y sentía crecer su deseo de tocar a su amado.
Aragorn terminó de lavar los rubios cabellos, y tomó la esponja para, lentamente, frotar la espalda de Legolas, y luego su pecho, acariciando los firmes músculos del elfo, quien suspiraba con los ojos cerrados. Aragorn usaba ambas manos, tratando de mantener el equilibrio, pues había llegado en su exploración a la mata de vello dorado en el sexo de su amado, que ahora se estremecía de placer.
De pronto, sintieron un golpe en la puerta, y se sobresaltaron tanto, que Aragorn cayó a la tina. El ruido hizo que el intruso abriera la puerta apresuradamente, pensando que quizá Legolas se hallaba en algún peligro.
Gimli entró con el hacha en la mano, pero la dejó caer cuando encontró a un montaraz empapado que salía de la tina, y a un elfo rubio que no paraba de reír.
- “¡Elfo loco!”, gruñó, recogiendo el hacha. – “y en cuanto a ti, hijo de Arathorn, Théoden envía a buscarte, pues desea verificar los últimos preparativos para la partida”. Y dicho esto, el enano se marchó rápidamente.
Legolas salió a prisa de la tina, tomando el lienzo que le alcanzó Aragorn para secarse. “Lástima”, dijo, pues no podían distraerse de la batalla que se aproximaba.
Aragorn lo besó en los labios antes de salir a su propia habitación para cambiarse apropiadamente y se dirigió rápidamente al encuentro de Théoden. Había cambiado sus ropas, por otras del mismo color oscuro, pero conservaba el manto élfico regalo de Galadriel.
- "Debemos partir enseguida, los exploradores que enviamos dicen que se acerca un ejército", dijo el rey, mientras daba las órdenes de evacuar inmediatamente Edoras.
- "Prefiero hacerles frente, que correr delante de ellos", exclamó Aragorn.
- "Son sólo dos días de camino hacia la fortaleza, allí lucharemos con ellos", contestó Éomer, apoyando la decisión de su tío.
Aragorn entonces se retiró. Sus pasos lo llevaron donde los caballeros empacaban los últimos artículos para la guerra, y allí vio a Eowyn practicando con una espada. Se acercó silenciosamente, sacando a Andúril de su vaina élfica, y bloqueando el tiro de la dama. Ella lo miró y continuó el lance, siendo bloqueado él esta vez.
- "Veo que manejas bien la espada", dijo Aragorn.
- "Las mujeres en esta tierra han aprendido a luchar", contestó ella - "No le temo a la batalla, ni a la muerte"
- "¿Entonces a qué le temes?"
- "A una jaula. A estar entre los barrotes hasta que la costumbre y la edad los acepten, y toda opciòn de luchar se haya ido”, dijo ella. Se refería a que, por ser mujer, no se le permitía luchar por su país, como ella deseaba ardientemente. Aragorn vio la tristeza en sus ojos, y se alejó.
Legolas y Gimli lo esperaban junto con Éomer para iniciar el éxodo hacia el Abismo de Helm. Cabalgarían juntos. Esta vez, Gimli y Éomer irían en el centro, siendo flanqueados por Legolas, que montaba a Arod, y Aragorn, que lo hacía en Hasufel.
Delante de todos, iba el Rey.
De esta manera, se inició la partida. Mujeres, niños y ancianos iban en el centro, rodeados por los caballeros. Habían exploradores que subían a las colinas, escrutando el horizonte. Casi anochecía, pero debían avanzar todo lo posible antes de poder descansar. Era una marcha penosa, casi nadie hablaba, abrumados por el temor. Eowyn iba de pie, cerca de su tío y de Aragorn.
Habían caminado cerca de cinco horas, y la noche era tan cerrada que no se podía ver más. Hicieron un alto para descansar, mientras los jinetes establecían los turnos de guardia. Éomer envió también una patrulla de exploradores hacia Cuernavilla, y otra a resguardar el camino de Edoras, por donde se desplazaba el ejército de orcos.
El turno de guardia de Aragorn era el segundo, por lo que se acostó a descansar bajo un árbol, algo apartado del resto. El montaraz estaba cansado, y se durmió instantáneamente, pensando, como siempre, en su amado elfo y en Arwen.
Era primavera en Lórien. Los árboles estaban llenos de frutos, la hierba, de flores. Se encontraba en un claro del bosque, junto a la cascada. Nunca antes esa tierra había estado tan hermosa, ahora que Sauron había sido derrotado. Arwen se encontraba con él, sus manos entre las suyas. El momento había llegado.
Su elfo lo esperaba en la que sería su vivienda en Lórien. Ahora le diría a Arwen toda la verdad.
Lo hizo lentamente, con las palabras exactas. Nunca había estado tan lúcido y consciente de sus sentimientos. Pero entonces ella habló. Lo hizo en una lengua extraña que lo aterró, trató de moverse, pero no podía. Un presentimiento lo asaltó de repente: ¡Legolas¡.lentamente logró avanzar, como si estuviera dentro del agua. Se dirigió hacia los árboles, tratando de pedir ayuda, pero ninguna palabra salió de su boca.
Legolas yacía boca abajo cerca de un mallorn, sus ropas desgarradas, cubierto de la sangre de numerosas heridas que tenía en la espalda y los muslos. Corrió a su lado, tomándolo en sus brazos, pero su cuerpo estaba frío. A su lado se hallaba Arwen, que sujetaba el Evenstar como si fuera un péndulo, derramando una luz azul sobre el cuerpo inerte de Legolas.
Entonces saltó sobre Arwen quitándole el relicario, y de algún modo supo que su amado había muerto. Un grito ahogado salió de sus labios "NOOOOOOOOO, Arwen, nooooooooooooooooo"
Eowyn buscaba a Aragorn entre los durmientes soldados. Finalmente lo vio al pie de un árbol, y se dirigió allí. El dunadan dormía, pero el suyo no era un sueño placentero, su rostro tenía una expresión de enorme angustia, se agitaba dormido. Eowyn temía despertarlo, pero era tal el sufrimiento que veía, que extendió la mano para calmarlo. Entonces Aragorn aferró con fuerza el relicario que normalmente le colgaba del cuello, bajo la camisa, pero que en ese sueño cruel, habíase escapado de ese lugar, deslizándose sobre sus ropas. Luego gritó un nombre: "ARWEN, nooooooooo", y tomó la mano de Eowyn con fuerza, para despertar sollozando.
- "Señor, solo soy yo. Ha sido un mal sueño, es todo", dijo ella, mirándolo con dolor al ver que él apartaba la mano.
Aragorn se sentó un momento, tomando conciencia de donde estaba. Se sentía enormemente aliviado, sólo había sido un sueño...pero toda esa angustia fue tan real...
Eowyn lo miraba preocupada sin decir nada. Él trató de tranquilizarla.
- "Lo siento, estos tiempos oscuros hacen que los sueños también lo sean", respondió Aragorn, al tiempo que se ponía de pie, arreglando sus cosas.
- "Mi turno de guardia se acerca, iré con los otros", continuó él.
Aragorn guardó sus cosas en silencio, tomó sus armas y partió en busca de Legolas, pues quería asegurarse de que se encontrara bien. Lo vio de pie sobre una roca, cubierto por un rayo de luna que lo hacía ver etéreo. Quiso acercarse, pero Éomer lo llamó, ya que compartirían el turno. Aragorn suspiró, esa noche sería larga.
El elfo de Mirkwood no había dormido aún, ni lo necesitaba, pues los de su raza son más resistentes a la falta de sueño. Se hallaba esperando a que su amado despierte. Luego lo vio con Éomer y supo que ya no tendrían un momento a solas.quizá así sería hasta finalizar la guerra. Luego, no lo sabía.
La Dama Eowyn se acercaba, Legolas le sonrió bajando de la roca.
- "¿Puedo ayudar en algo a la Dama de Rohan?, preguntó cortésmente
- "Tú eres uno de sus más cercanos amigos. Su corazón sufre por el amor de una doncella, ¿sabes quién es?", preguntó Eowyn a su vez.
Legolas por un momento no supo qué responder. Luego habló lentamente.
- "¿El te lo ha dicho?", temeroso de la respuesta que oiría.
- "No, pero lo vi llorar en sueños, mientras aferraba el relicario que lleva, y repetía el nombre de Arwen", dijo ella.
- "Aragorn está comprometido con ella", contestó sencillamente el elfo.
- "Entiendo ahora por qué rehuyó mi presencia", dijo ella, pensativamente. De pronto preguntó de nuevo - "Y tú, ¿amas a alguien y eres correspondido?"
- "....sí...pero es...es...un amor imposible...", respondió el elfo con pesar.
- "Cualquier doncella sería dichosa de que tu la mirases, eres tan apuesto y amable..."
- "No es eso lo que busco...además, la belleza no es todo", dijo Legolas tristemente. - "Ahora, Dama Eowyn, debo buscar a mi amigo Gimli, pues se acerca nuestro turno de guardia", y el elfo se alejó.