
FORSAKEN
LOTR
Introducción de la autora: Esta historia tiene como protagonista a Finwe, un elfo del Bosque Mágico, pelirrojo y de ojos verdes, que huyó con sus padres a Lothlórien siendo muy joven. Sus padres fueron asesinados por los orcos y Haldir lo salvó justo a tiempo. Desde entonces, Finwe ha estado enamorado de Haldir.
En la Guerra del Anillo, Finwe logra al fin llamar la atención de Haldir y se hacen pareja, volviéndose tan unidos que no tienen reparos en compartir su lecho con otros, siempre que ambos estén de acuerdo. Así, desarrollan una relación con Elladan y Elrohir. (Detalles en mi fic “Leave it behind”).
Con la partida de Elrond y Arwen a Valinor, Elladan y Elrohir quedan de señores en Rivendel, y antes de partir Galadriel, les encomienda viajar a la Tierra para ayudar a un viejo amigo y ellos tienen una misión en la cual Finwe es lastimado por un mago y por un demonio. (Detalles en mi fic “El Anillo y la Orden del Fénix”).
Esta historia trata del regreso de Haldir y Finwe a la Tierra Media, luego de la partida de Galadriel a Valinor.
Capítulo 1: Abandonado
“Hello my friend, we meet again / Hola, amigo mío, nos volvemos a encontrar
It's been awhile, where should we begin? / ha pasado mucho tiempo, ¿por dónde empezamos?
Feels like forever / se siente como siempre
Within my heart are memories / dentro de mi corazón hay recuerdos
Of perfect love that you gave to me / de un perfecto amor que me diste
Oh, I remember / oh, recuerdo”My Sacryfice - Creed
1El elfo pelirrojo continuó su agitada carrera, oprimiendo con fuerza su vientre. Sus pies descalzos estaban ensangrentados luego de que atravesara las Montañas Nubladas, su ropa estaba hecha girones y su estómago rugía de hambre, pero aún así no se detuvo hasta llegar a la falda de la montaña, donde la hierba crecía como un suave colchón que traía alivio a sus adoloridos pies.
El sol bienhechor calentó algo su helado cuerpo, era una suerte que fuera verano, de haber sido invierno, jamás habría logrado pasar las montañas en ese estado. Pero lo había logrado y hasta donde sus sentidos élficos le permitían notar, ya nadie lo perseguía.
Hizo una pequeña pausa para recoger algunas bayas silvestre que saboreó con deleite mientras acariciaba su vientre. Tendría que alimentarse más seguido, ahora que el peligro había pasado, al menos temporalmente. Pero no podía entretenerse mucho, debía apresurarse. Su instinto le decía que estaba cerca de un lugar donde por fin podría descansar un poco.
Corrió por horas sobre la mullida hierba y eso fue una bendición para sus destrozados pies, lastimados por las afiladas rocas de la montaña. Los había vendado como pudo, con un trozo que rasgó de su túnica, pero esas improvisadas vendas también se hicieron girones y era mejor dejarlos libres en la hierba. La naturaleza era amiga de los elfos, eso lo sabía porque lo había oído, pero nunca lo sintió realmente hasta ese día en que la hierba parecía infundirle fuerzas para continuar con su carrera.
Su confundida mente siguió el camino guardado en su memoria, más por instinto que por un verdadero recuerdo, algo le decía que había sido feliz en el lugar al que iba y el solo pensamiento actuó con él como un imán, porque su pobre cuerpo cansado deseaba descansar al fin de los meses en los que sólo había conocido maltrato y dolor. Porque su mente clamaba por un poco de paz. Porque la criatura que vivía dentro de él se agitaba también, aunque era demasiado pequeña como para que sus movimientos fueran notados, él sabía que estaba allí. Y quería salvarla.
Siguió corriendo hasta que avistó por fin el Bruinen y buscó un punto por donde pudiera cruzar, vadeando el río con tan mala suerte que fue arrastrado hacia abajo hasta que por fin pudo hacer un último esfuerzo y dominar la corriente, llegando a la otra orilla completamente extenuado. Quiso ponerse de pie, pero sus piernas no lo sostuvieron más. Cayó pesadamente el la orilla, con ambas manos oprimiendo su vientre.
Era el fin.
2
- “Hermano, apresurémonos, es casi la hora de comer”
Elladan arreó a su caballo retando a su hermano gemelo a una carrera, pero Elrohir parecía distraído. Sus ojos negros vagaron por la orilla del río, enfocándose en un punto lejano.
- “Mira”, exclamó extendiendo la mano, “hacia allá”
Ambos hermanos tomaron sus arcos por precaución y llevaron a sus cabalgaduras hacia el lugar señalado por Elrohir. Había algo en la orilla del río, un bulto gris que no debía estar allí. Avanzaron hasta que sus penetrantes ojos les mostraron que se trataba de una persona y se miraron sorprendidos. Elladan bajó del caballo y se aproximó con agilidad pero sin hacer ningún ruido, mientras Elrohir lo cubría con el arco tensado en las manos.
Pero la figura no se movió. Es más, por lo que pudieron ver, ni siquiera estaba respirando.
Se trataba de un elfo, a juzgar por las orejas que sobresalían entre una mata de pelo enmarañado cubierto de barro. Los dos hermanos corrieron hacia la figura, palpando su cuerpo en busca de señales de heridas, examinando su rostro para ver si aún respiraba. Levantando su cabeza del charco de agua empozada donde yacía, dejando que los cabellos escurriesen un poco, con lo que recuperaron su tonalidad rojiza. ¿Rojo? Elladan miró espantado a su hermano.
- “¡Finwe!”
Elrohir lo auscultó frenético, no estaba herido hasta donde pudo notar en el rápido examen, pero sí terriblemente flaco y débil.
- “Finwe, Finwe”
No podían creerlo, lo habían buscado durante dos años enteros, sin resignarse a darlo por perdido, pero finalmente rindiéndose ante los hechos. Y ahora, cuando ya no contaban con volverlo a ver antes de partir hacia Valinor, aparecía medio muerto en las fronteras mismas de Rivendel.
- “¡De prisa!”
Elladan lo cubrió con su capa y lo alzó, llevándolo hacia los caballos y ambos hermanos partieron con su preciosa carga, haciendo volar a sus cabalgaduras, sin detenerse un solo instante hasta que los balcones llenos de flores de “La última morada” fueron visibles.
3Finwe fue atendido por el mejor curador de Rivendel, el propio Glorfindel, porque Elrond había partido hacia Valinor con Arwen hacía varios años. Con ayuda de Galdas, uno de los curadores más antiguos, bañó y limpió cuidadosamente al elfo, curando sus lastimados pies y examinando el resto de su cuerpo en busca de otras heridas. No encontró ninguna, salvo algunas huellas en la blanca piel de la espalda. Marcas alargadas, como serpientes, que surcaban la zona bajo los omóplatos. Latigazos.
Elladan y Elrohir exclamaron con ira cuando las vieron, pero Glorfindel les hizo una señal para que guardaran silencio y continuó su atento examen. Acostaron al elfo de espaldas y palparon su pecho y vientre. De pronto, Glorfindel se detuvo e intercambió una mirada con el curador. Luego ambos volvieron a examinar aquella zona y Galdas asintió gravemente.
Finalmente, Finwe fue vestido con un pijama de seda blanca y fue abrigado, porque su cuerpo frágil estaba helado.
Galdas quedó al cuidado del herido mientras Glorfindel conducía a los gemelos a un lugar donde pudieran hablar.
- “Es un milagro que siga vivo”, dijo suavemente el rubio elfo. “otro no hubiera siquiera llegado a atravesar las montañas”
- “Finwe siempre fue fuerte”, exclamó Elrohir, “¿qué es lo que le sucede?”
- “Está extenuado, agotado completamente. Posiblemente pasó varios meses huyendo y llegó al límite de sus fuerzas. Fue una suerte que lograra llegar aquí, no quiero ni pensar en lo que le hubiera sucedido si caía en otras manos”
- “¿Se pondrá bien?”, preguntó Elladan, con la preocupación pintada en su varonil rostro.
- “Sí, pero debemos cuidar mucho de él. Debe descansar y alimentarse como es debido y con la magia de este lugar, confío en que en pocas semanas pueda recuperarse”
- “Debemos avisar enseguida a Lothlórien”, dijo Elrohir, “Haldir tiene que saberlo”
- “Creo que no debemos apresurarnos hasta no hablar con él”, repuso Glorfindel, “aún no sabemos lo que ha pasado ni el por qué de su desaparición”
- “Pero Haldir lo ha buscado desesperado…”
- “Hijo, hay algo más”
Había tanta gravedad en el rostro de Glorfindel que Elrohir calló. Ambos hermanos miraron interrogantes al elfo mayor y casi tan sabio como su padre. Lo interrogaron con los ojos y Glorfindel habló.
- “Finwe está embarazado”
- “¿Qué?”
- “Imposible”
- “Pero ¿cómo?”
- “¡Es una locura!”
Glorfindel hizo un firme gesto para acallar las sorprendidas voces de los gemelos. Su corazón dolía por ese pobre elfo, recordando muy a pesar suyo a su amado Voronwe, muerto hacía tantísimo tiempo.
- “No es una locura, ni un imposible. Es sólo un milagro”, replicó serenamente, “hay muy pocos casos de embarazo en elfos varones, todos ellos producto del amor. Por eso debemos esperar que despierte y hablar con él antes de comunicárselo a Haldir”
Elladan se cubrió el rostro con las manos, mientras su hermano, más impetuoso e impulsivo, continuaba interrogando a Glorfindel.
- “Por Elbereth”, exclamó Elrohir recargándose contra el espaldar del sillón donde se encontraba. “¿Por amor? Pero Finwe adoraba a Haldir. No lo entiendo. ¡No entiendo nada!”
- “Calma, hijo de Elrond. No lo juzgues sin saber qué le ha ocurrido”
Elrohir sacudió la cabeza.
- “¿Hace cuánto…?”
- “Probablemente tres o cuatro meses. Pero eso no lo sabremos hasta practicar un examen más profundo”
4
Finwe dormía apaciblemente con las últimas luces del sol penetrando por la ventana, haciendo su cabello más rojo que nunca, desparramado en las blancas sábanas de su lecho. Junto a cada lado de la cama, Elladan y Elrohir esperaban pacientemente, en silencio.
Un movimiento bajo el cobertor los hizo sonreír a ambos. Finwe instintivamente había desplazado una de sus manos hacia su vientre. Luego, su cabeza se ladeó hacia donde estaba Elladan y lentamente abrió los ojos.
- “Buenas noches, pequeño elfo”, susurró Elladan en élfico, usando el cariñoso nombre que ellos solían darle.
Pero en lugar de recibir un asombrado saludo, o una sonrisa, o al menos un interrogatorio de su pequeño amigo, escuchó un grito ahogado y los ojos verdes se abrieron con espanto.
- “¡No, por favor!”, gritó el elfo pelirrojo, dejándolo atónito. Había empleado la Lengua Común.
Finwe se incorporó a medias en la cama y entonces descubrió a Elrohir de pie tratando de tranquilizarlo con una mano sobre su hombro.
- “¡No!”, otro grito aterrorizado que hizo a Elrohir retroceder confundido hasta situarse junto a su hermano.
El elfo pelirrojo saltó de la cama y trató de alejarse a pesar del ardor en sus pies, pero tropezó con la mesita de noche y retrocedió quedándose atrapado contra la pared que bloqueaba su huida, con los dos confundidos hermanos tratando de llegar hacia él.
- “¡Finwe! ¿Qué te ocurre? No te haremos daño, pequeño”
- “¿No nos recuerdas?”
Ambos hablaron en élfico mientras Finwe balbuceaba algo en la Lengua Común sobre no volverse a escapar y gruesas lágrimas caían de sus mejillas. Su mano derecha volvió a dirigirse hacia su vientre y sus ojos mostraban el más vivo espanto.
Sólo entonces notaron los dos hermanos que Finwe no entendía lo que ellos le estaban diciendo.
- “Déjenlo un momento”, dijo suavemente Glorfindel, que al oír los gritos había entrado silenciosamente y pudo comprender en parte lo que ocurría, “él no les entiende, ¿no lo ven?”
Los gemelos retrocedieron, pero Finwe seguía alerta, con todo el cuerpo tenso, como si esperase ser castigado. Recordando las señales de latigazos en su espalda, Elladan tiró suavemente de su hermano y se alejaron lo más posible.
- “No te haremos daño”, dijo Glorfindel en la Lengua Común. “En este lugar estarás a salvo”
El elfo pelirrojo lo miró dudando. Esos ojos azules, esos cabellos rubios… le recordaron inconscientemente a alguien. Alguien que lo había ¿querido? No, nadie lo quería… nadie más.
- “¿Nos recuerdas?”, Finwe hizo un gesto negativo, “Soy Glorfindel”, continuó el elfo rubio amistosamente, “y ellos son Elladan y Elrohir, señores de este lugar. Te encontraron desmayado en nuestras fronteras y te trajeron aquí. No temas, por favor, sólo queremos que te recuperes”
Lentamente, el cuerpo de Finwe fue relajándose. Primero fue la tensa línea de sus hombros que se soltó un poco, luego, su espalda se separó de la pared y entonces notó que sus piernas pronto dejarían de sostenerlo. Nuevamente hubo terror en su mirada.
Pero Glorfindel lo notó.
- “Déjame ayudarte, por favor. Debes volver a la cama y descansar. Nadie va a lastimarte de nuevo, lo prometo”
Y Finwe, al ver esa mano extendida y el rostro sincero del elfo, dudó de nuevo. Dudó si confiar otra vez, tanto daño había sufrido que su cuerpo reaccionaba instintivamente alejándose de cualquier ser humano. Pero entonces notó la forma de las orejas de las tres personas que estaban con él. ¡Elfos! Eran elfos, como él.
Extendió tímidamente la mano, temiendo haberse equivocado de nuevo, pero el elfo rubio le sonrió y lo guió cuidadosamente a la cama, cubriéndolo luego hasta la barbilla, pues Finwe había comenzado de nuevo a temblar.
- “Debes descansar mucho, hiciste un enorme viaje hasta aquí”, le dijo cariñosamente, “¿tienes hambre?”
Finwe asintió, temeroso aún.
Glorfindel se volvió hacia los sorprendidos hermanos que no habían dicho palabra.
- “Tráiganle algo de comer, por favor”
Los dos salieron enseguida ansiosos por cumplir el encargo, mientras Glorfindel le explicaba con calma a Finwe.
- “No debes temerles. No debes temer a ninguno de nosotros, estás entre los tuyos. Este será tu hogar hasta que tú lo desees”
Finwe lo miró sorprendido, ¿su hogar?
Glorfindel sonrió.
- “Mira, no hay guardias ni barrotes en tu ventana. Puedes ir y venir por donde gustes, estás bajo la protección de los señores de este lugar. Deseamos que te recuperes”
Los verdes ojos de Finwe se llenaron de lágrimas y oprimió suavemente su vientre.
- “Tú y tu bebé serán felices aquí. Lo prometo”
- “Gracias”
5
Finwe se había vuelto a dormir luego de comer con mucho apetito. Parecía que hacía mucho tiempo no tenía una comida decente y Elrohir sonrió con indulgencia viéndolo devorar la sopa caliente y el pastel de manzana que le habían traído.
Cuando todo se hizo silencio de nuevo, Glorfindel los sacó de allí.
- “Ha perdido la memoria y está asustado. Necesitamos ser muy pacientes con él”
- “¡Pero habla la Lengua Común!”
- “¡No entiende el élfico!”
- “Lo sé. No sabemos que fue lo que pudo ocurrirle para que quede en ese estado. Pero a nosotros nos corresponde cuidar de él, a menos, claro, que deseen dejarlo ir”, Glorfindel dijo esto con una clara intención, sabía perfectamente del cariño que los hermanos sentían por Finwe.
- “¿Y ahora? ¿Qué hacemos?”, preguntó Elladan, siempre más calmado que su hermano, con los ojos llenos de preocupación.
- “Esperar y confiar. Su estado es muy delicado, no lo fuercen a recordar, no lo interroguen, sólo déjenlo estar. Y cuiden de él sin abrumarlo, que no se sienta presionado. Más no podemos hacer hasta no ver cómo evoluciona”
Elladan y Elrohir discutieron la conveniencia de avisar a Haldir, pero lo descartaron de momento. Deseaban al menos que Finwe se sintiera tranquilo en Rivendel y que se recuperase del agotamiento.
6
El elfo pelirrojo se movió en la cama. El sol se colaba por la ventana acariciando su piel y recordándole que estaba vivo. Se encontraba en una tibia y cómoda cama y…
Se incorporó de prisa, asustado.
La habitación estaba vacía y un suspiro se le escapó. Recordó los acontecimientos del día anterior. Le parecía increíble, estaba entre elfos.
¡Elfos!
Él le había dicho que todos los elfos se habían ido para siempre, que era el único de su raza que quedaba. Pero eso no le impidió maltratarlo, humillarlo… ¿qué crimen había cometido? Sólo recordaba ese horrible lugar, su mente era muy confusa.
Pero ahora los elfos cuidarían de él, eso le había dicho ese elfo rubio y apuesto que dijo llamarse Glorfindel. Y quizá era sincero, las ventanas no tenían barrotes, el sol se colaba por ellas.
¡El sol!
Finwe se levantó con presteza a pesar del dolor en sus pies descalzos y se acercó a la ventana. La vista era bellísima, había flores por todas partes, y verdes plantas asomándose por los balcones tallados de fino mármol. Y podía oír voces cantando y riendo.
Ese era un lugar feliz, tan distinto del sitio donde estuvo prisionero, donde de noche únicamente se escuchaban los gritos de los torturados.
Quería olvidarlo. Quería olvidar todo eso y poder tener un poco de paz.
Un ligero golpe en la puerta lo hizo sobresaltar. Se quedó muy quieto, dispuesto a saltar por la ventana en caso de peligro.
Pero nada pasó.
Escuchó atentamente, había alguien junto a la puerta.
Otro golpe ligero.
- “¿Puedo pasar?”
¿Le pedían permiso para entrar?
- “Pasa”, dijo quedamente y la puerta se abrió despacio, mostrando a los dos señores de ese lugar de ensueño, cargados de cosas.
- “Buenos días, amigo mío”, dijo alegremente Elrohir, “veo que ya te sientes mejor”
Finwe sonrió ligeramente, sintiéndose muy avergonzado por su estado.
Elladan puso una bandeja con frutas y jugo junto a la cama y lo invitó a desayunar, mientras Elrohir dejaba ropa limpia sobre una silla.
- “Puedes desayunar mientras preparamos tu baño”, dijo sonriente el elfo y Finwe notó que era muy guapo. Ambos lo eran, puesto que eran idénticos.
- “Gracias”, consiguió decir, apenas repuesto de su asombro. Tenía entendido que ellos eran los señores del lugar. ¿Qué hacían entonces preparándole el baño?
Un mal presentimiento le recorrió la columna. Quizá querrían verlo desnudo y después… no, no lo permitiría. No de nuevo.
- “¿Ocurre algo?”
Elladan lo observaba solícito desde la puerta del baño.
- “N-nada”
- “¿No tienes apetito? Esas fresas están dulces y jugosas tal como te gustan”
¿Cómo podía él saber?
- “¿Finwe?”
Elrohir salió del baño con la túnica arremangada.
- “Está listo. Te dejaremos para que desayunes y te asees y luego vendrá el Glorfindel a examinarte”
Finwe asintió confundido. ¿Lo dejaban solo? ¿Entonces no le pedirían nada más? Se permitió relajarse un poco, su cuerpo necesitaba desesperadamente un baño y caminó descalzo hacia la bañera, cojeando un poco, llevando consigo la fuente de frutas que tan gentilmente le había dado Elladan. La colocó en el suelo, luego cerró cuidadosamente la puerta y se comenzó a desvestir mientras admiraba el espacioso cuarto de baño, de mármol verde, lleno de plantas y flores.
El agua estaba casi caliente, como a él le gustaba… o recordaba remotamente que le gustaba, porque no sabía cuándo había sido la última vez que se bañó así. Las escencias aromáticas olían a pino y cedro, delicioso, como si… El elfo meneó la cabeza, no conseguía recordarlo, pero sabia que esas eran las cosas que le agradaban. Y también entendió que Elladan y Elrohir lo sabían.
Se sumergió en el agua, sintiéndose de pronto relajado, deseando olvidar por un momento lo pasado, disfrutando como nunca de ese instante, porque no sabía cuánto le iba a durar. La bañera era enorme y el elfo jugó con la espuma mientras lavaba su cabello con la escencia de hierbas que encontró allí. Cuando terminó de asearse, se quedó un momento más en el agua, comiendo fresas con los ojos cerrados, sonriendo.
Su mano izquierda acarició con ternura su vientre. Estaba a salvo.
Ambos lo estaban.
7
“When you are with me, I'm free / cuando estás conmigo, soy libre
I'm careless, I believe / soy descuidado, creo que
Above all the others we'll fly / volaremos encima de los otros
This brings tears to my eyes / eso trae lágrimas a mis ojos
My sacrifice / mi sacrificio”Se había adormilado en el baño. No sabía cuánto tiempo había estado allí, pero el agua comenzaba a enfriarse. Sintiéndose culpable, se levantó prestamente y se cubrió con una toalla.
Volvió al dormitorio, ahora el sol entraba a raudales por la ventana y le daba un aspecto precioso. Avanzó hacia un armario y sacó de allí otra toalla, deteniéndose luego confundido. ¿Cómo supo que las toallas se guardaban allí? ¿Cómo era que esa habitación le parecía tan familiar?
- “Oh, allí estás”
Glorfindel lo observaba sonriente desde la puerta.
- “Lo siento. Creo que me dormí”
- “Está bien. Eso sospechamos”, sonrió Glorfindel una vez más. “Vine a examinarte, de modo que es mejor que no te hayas vestido aún. ¿Quieres recostarte un momento?”
La sonrisa de Finwe murió en sus labios y el elfo se recostó, resignado. Pero la amabilidad de Glorfindel lo hacía sentirse en confianza. El elfo rubio lanzó una exclamación de satisfacción al ver que sus pies no estaban tan lastimados y aplicó un ungüento a las señales que había en su espalda, sin preguntarle nada sobre ellas y Finwe le agradeció mentalmente por eso.
- “¿Quieres descubrir tu vientre, por favor?”, pidió Glorfindel, “No, no es necesario que te quites la toalla, sólo bájala un poco, para que pueda examinarlo”, se apresuró a aclarar al ver alarma en los ojos del otro elfo.
Finwe obedeció dócilmente. Confiaba en Glorfindel y por eso le permitió tocarlo.
- “No te dolerá, sólo palparé un poco para verificar la posición”, explicó Glorfindel para tranquilizarlo mientras lo revisaba.
El vientre de Finwe seguía siendo liso, sin embargo estaba ligerísimamente abultado en la parte superior. Algo que sólo los sentidos aguzados de un elfo habrían podido percibir.
- “¿Desde cuando estás así?”, preguntó Glorfindel con tanta amabilidad que no lo hizo sentirse incómodo.
- “Tres meses”, susurró Finwe, lo recordaba bien porque había estado contando los días desde que esa horrible mujer le dio la noticia.
- “Entonces no hay problema, pensé por un momento que era demasiado pequeño”, sonrió Glofindel, “¿has sentido molestias?”
Finwe le habló veladamente de sus mareos y vómitos, que le habían hecho muy difícil la huída. También habló del cansancio que sentía, pero a la vez de la ansiedad por escapar. Glorfindel lo dejó hablar, sin presionarlo. No quería hacerlo recordar ese episodio desagradable.
- “Está todo muy bien, amigo mío”, dijo finalizando el examen, “pero debes alimentarte más y ganar peso, tu cuerpo está muy delgado. Por favor vístete mientras preparo un emplasto para tus pies”.
Glorfindel le dio la espalda y comenzó a combinar hierbas y aceites hasta formar una suave pasta verde. Mientras tanto, Finwe vistió con un traje verde de amplias mangas, ancho como una túnica, suave y cómodo, que resaltaba maravillosamente sus ojos.
El elfo se sentó en una silla mientras Glorfindel le colocaba el emplasto y las vendas. Luego lo ayudó a sentarse en un amplio sillón, junto a la ventana, con los pies sobre un taburete.
- “Debes dejarte las vendas todo el día, en la noche las cambiaré. Con esto podrás caminar normalmente en poco tiempo”
Finwe hizo un mohín, resignado. Aunque a decir verdad, le apetecía mucho seguir durmiendo.
- “Descansa, les diré a …”
Pero antes de que finalizara la frase, Elladan y Elrohir volvieron a llamar a la puerta y entraron sonrientes y solícitos. Glorfindel los dejó, no sin antes recomendarles dejar descansar a Finwe.
- “¿Cómo te sientes?”
- “¿Todo está bien con …?”, Elrohir señaló el vientre del elfo, Finwe asintió.
- “Me alegro de que te gustaran las fresas, Elrohir en persona las recogió esta mañana”
Luego callaron ante el silencio de Finwe. Lo estaban abrumando y lo notaron, pero se les hacía muy extraño que su amigo, antes alegre y comunicativo, estuviera tan callado ahora.
- “¿Ustedes me conocen?”, preguntó el elfo con la voz un poco extraña, o al menos así se les antojó a ellos. Era increíble escuchar a Finwe hablar en la Lengua Común.
- “Así es”, Elladan se sentó junto a él.
- “Me han llamado Finwe… ¿ese es mi nombre?”
- “Sí, pequeño elfo”, respondió Elrohir con ternura.
- “Finwe”, repitió el elfo pelirrojo, tratando de imitar el acento élfico de Elrohir. “¿yo he venido antes aquí? ¿fuimos amigos?”
Elladan le tomó suavemente las manos. El rostro de Finwe lucía muy confundido y el hijo de Elrond le explicó lo más sencillamente que pudo, tratando de no inquietarlo más con los recuerdos.
- “Nos conocimos hace varios años. Y no fuimos amigos, somos amigos. Hace tres años viniste a visitarnos, quizá por eso recordaste este lugar”
- “Amigos…”
- “Los mejores amigos”, afirmó Elrohir.
- “Yo…”, Finwe se veía triste, “no recuerdo”
- “Descuida. Con el tiempo, recordarás”
- “Y mientras tanto, cuidaremos de ti”
Finwe los miró dudando. De pronto, rompió e reír y su risa diáfana les trajo recuerdos de tiempos mejores. Era maravilloso oírlo.
- “¿Siempre son así de protectores?”
- “Sólo contigo”
Elrohir se acercó junto a él, mirando con ternura su vientre.
- “¿Puedo…?”
Y Finwe le tomó ambas manos y las colocó cuidadosamente sobre la zona que comenzaba a abultarse.
“We've seen our share of ups and downs / Hemos compartido altas y bajas
Oh how quickly life can turn around / oh, qué rápido la vida puede voltearse
In an instant / en un instante
It feels so good to reunite / se siente tan bien reunirse
Within yourself and within your mind / contigo mismo y dentro de tu mente
Let's find peace there / vamos a encontrar la paz allí”
Capítulo 02: Nostalgia
“I've woken now to find myself / he despertado ahora para encontrarme
In the shadows of all I have created / en las sombras que yo mismo he creado
I'm longing to be lost in you / añoro estar perdido en ti
(away from this place I have made) / (lejos de este lugar que he creado)
Won't you take me away from me / ¿No me llevarías lejos de mí?”Away From me – Evanescence
1
Haldir cerró la ventana de su talan, negándose a mirar hacia la cascada. Aún le parecía verlo bañarse, con el cabello rojo cayéndole hasta la cintura, como fuego líquido. Aún le parecía escuchar su risa musical y despreocupada y ver sus ojos luminosos mirándolo con amor.Finwë.
Su bello elfo desaparecido hacía dos años. La única razón de que el fiel guardián de Lothlórien no hubiera navegado hacia Valinor con su señora el año anterior.
Había buscado en toda la Tierra Media, ayudado por Aragorn y Legolas, por Elladan y Elrohir, pero ellos incluso ya habían renunciado a la búsqueda, pensando sin atreverse a decírselo, que su pequeño elfo habría muerto.
Pero el Galadrim no se resignaba. No quería pensar que no volvería a ver ese amado rostro y que sus dedos no volverían a enredarse en ese cabello rojo como el fuego, mientras se perdía en los ojos de su amado en un rapto de pasión. No quería seguir durmiendo en esa cama vacía, sin el calor de Finwë buscando protección entre sus brazos. No quería seguir viviendo sin él.
Suspiró una vez más y volvió a su lecho, cubriéndose hasta la barbilla. Ya no le provocaba emoción alguna ser el señor de Lothlórien, cumplía el último encargo de su señora en forma mecánica, sin desearlo realmente.
Luego de dar varias vueltas en la cama, se decidió. Iría a buscarlo nuevamente… quizá atravesando las Montañas Nubladas, más allá de La Comarca, podría encontrar a su amor.
Esa madrugada, Haldir abandonó silenciosamente Lothlórien luego de dejarles una pequeña misiva a sus hermanos.
Lo buscaría de nuevo. Tenía que hacerlo.
2
Finwë se sentó a desayunar junto al balcón. Ya podía caminar, pero aún no se atrevía a abandonar la habitación que le habían asignado. Se sentía bien, todos eran amables con él, pero algo le faltaba y no sabía que.
Presionó su vientre sonriendo, el pequeño pedía más alimento y Finwë se había vuelto goloso de las fresas con crema. Eso sólo podía ser culpa de Elladan, que se empeñaba en preparárselas entre las comidas. Había pasado una semana desde su llegada y pronto pudo notar que los gemelos habían decidido hacerse cargo personalmente de él. Los había oído algunas veces discutir con la servidumbre que no entendía cómo los señores de Rivendel atendían a un invitado, como si fueran sirvientes. Pero Elladan y Elrohir se mantuvieron firmes y sólo después de consultarlo con Finwë, permitieron que Danae, una de las doncellas elfas, se hiciera cargo de la limpieza.
Danae era muy parlanchina, pero sólo hablaba élfico y Finwë no entendía palabra. No sospechó, sin embargo, que ese era precisamente el motivo por el que los gemelos la asignaron a ella para atenderlo. No querían que nadie lo perturbe con comentarios sobre su anterior estancia en Rivendel, porque pocos elfos sabían de la precaria condición de Finwë.
Los únicos que entraban en su habitación además de Danae y los gemelos, eran Glorfindel y Galdas. El rubio elfo le había dicho en varias oportunidades que podía salir cuando quisiera y pasear por la bella morada de sus amigos, pero Finwë no se animaba a hacerlo aún.
Esa mañana, sin embargo, el sol estaba radiante e invitaba a pasear sobre la lozana hierba. Y su estómago pedía un poco más de fresas…
Cautelosamente abrió la puerta y atisbó por el largo pasillo iluminado por altos ventanales llenos de enredaderas. Sabía que la habitación a la izquierda de la suya era de Elladan y que la que estaba a la derecha era de Glorfindel. Elrohir dormía a la a la izquierda de su hermano y todos los balcones se comunicaban.
No se veía a nadie.
Finwë avanzó despacio, esperando encontrar a alguien que le indicara el camino a la cocina, pero el pasillo estaba desierto. Instintivamente bajó por una de las escaleras, la más estrecha, y llegó a un pequeño patio que atravesó. Había allí una puerta y la abrió prestamente para penetrar en la enorme cocina del palacio.
¿Cómo supo que la cocina estaba allí? Pero no tuvo mucho tiempo para sorprenderse.
- “¡Mi señor Finwë!”, exclamó Danae y los demás sirvientes se volvieron hacia la puerta.
El elfo pelirrojo retrocedió asustado, pero entonces Glorfindel apareció junto a él.
- “Veo que aún tienes hambre, pequeño elfo”, le sonrió y lo condujo al salón mientras ordenaba que le llevaran frutas y crema.
Elladan y Elrohir lo recibieron encantados en su mesa, donde empezaban a desayunar. Finwë se sentó con ellos, sonriendo avergonzado por su apetito, pero los gemelos bromearon sobre eso alegremente. Era una bendición estar con ellos y Finwë no dejaba de agradecerles las muchas atenciones que le brindaban, no habría sabido qué hacer sin no lo hubieran encontrado. Le causaba extrañeza, sin embargo, que sus amigos fueran altivos con todos, excepto con él y con Glorfindel. Era como si un vínculo muy especial lo atara a los gemelos, pero no podía recordar nada de su pasada vida.
Casi terminaban de desayunar, cuando un elfo armado con arco, flechas y una espada entró en el comedor saludando marcialmente a los hermanos. Lucía un traje de guerra y varias insignias.
- “Mae Govennen, Amras. ¿Qué noticias nos traes?”, exclamó Elrohir saludando al que obviamente era su capitán de guardias.
- “Mis señores”, respondió el llamado Amras, “Tuvimos una escaramuza con unos humanos en la frontera norte. Eran pocos y fueron ahuyentados, pero se mostraron muy hostiles”
- “¿Humanos?”, cuestionó Elladan, “¿qué quieren los humanos en este lugar?”
- “Conquistan territorios para un tal rey Daeron. Ha fundado un pequeño reino en el límite de las Tierras Ásperas y ha unido a las hordas errantes de ex aliados de Sauron. Se dice que busca anexar el Bosque Mágico ahora que sus elfos han partido a Valinor”
- “Un humano conquistando territorio élfico…”, murmuró Elrohir, “debemos ponerlo en conocimiento de Elessar de inmediato”
La conversación se desarrollaba en élfico, y Finwë trataba de seguirla puesto que, por la gravedad de los semblantes, se debía tratar de algo serio. De pronto, Amras reparó en él y le hizo el mismo saludo marcial que había empleado con los gemelos. Finwë lo miró sin entender.
- “Amras, nuestro amigo Finwë se encuentra nuevamente entre nosotros luego de un largo y fatigoso viaje”, explicó rápidamente Glorfindel, en la Lengua Común, mirando al capitán de guardias fijamente. Luego se volvió hacia Finwë, “Finwë, él es Amras, capitán de guardias de Rivendel y persona de confianza de Elladan y Elrohir”
- “Mucho gusto”
Amras intercambió una mirada con Glorfindel y con sus señores. No estaba en posición de hacer preguntas, y su rostro no dejó traslucir la sorpresa que le causaba ser presentado nuevamente al elfo pelirrojo, así como también escuchar a Finwë saludarlo a la manera de los humanos, sin el tradicional “Mae govannen”. Y también era inaudito que empleara la Lengua Común. Sin embargo tampoco quiso ser descortés con su antiguo compañero de lucha.
- “Amigo mío, le alegro de verte nuevamente. Mi espada ansió combatir junto a la tuya muchas veces, al igual que mi arco. Larga vida al Segundo Capitán de Guardias de Lothlórien”
Finwë abrió mucho los ojos y trató de sonreír a Amras que lo miraba amistosamente. ¿Ese elfo también lo conocía? ¿Cuál era el título que le había dado?
- “Gracias”, balbuceó, había perdido de pronto el apetito.
Elrohir intervino rápidamente.
- “Amras, acompáñanos un momento. Debemos redactar la misiva que enviaremos al rey Elessar”
Y los gemelos se alejaron con el capitán.
3- “¿Por qué me llamó así?”, preguntó Finwë mirando a Glorfindel. Había estado silencioso en el comedor, hasta que el elfo rubio lo condujo al exterior, hacia las caballerizas.
Glorfindel se detuvo, habían llegado ya donde estaban los caballos.
- “Porque fuiste eso, el Segundo Capitán de Guardias de Lothlórien”, repuso sosegadamente, “no te abrumes, querido amigo. Recordarás a su tiempo…”
- “¿Yo era un guerrero?”, exclamó Finwë mirándose las manos, “pero… si no sé manejar la espada… ni…”
- “Lo eras. Y debo decir que Lothlórien no tuvo jamás mejor arquero que tú”, sonrió Glorfindel, “esa habilidad jamás se pierde, Finwë. Cuando te recuperes podrás comprobarlo”
Finwë se apoyó contra la puerta del primer establo. La cabeza había empezado a dolerle. ¿Cómo podía ser un guerrero cuando sentía tanto miedo? Un fugaz pensamiento atravesó su mente, una mano alzada para golpearlo y un segundo después, su verdugo en el piso con la mano fracturada… ¿él había hecho eso?
Glorfindel puso gentilmente la mano en el hombro de Finwë y el elfo elevó hacia él sus ojos llenos de lágrimas.
- “N-no recuerdo”
- “No importa…”
- “¡S-sí importa! No sé quien soy, ni quien fui… ¡NI SIQUIERA SÉ MI IDIOMA NATIVO! … ¿Por qué lo olvidé todo?”
Glorfindel lo abrazó. El delgado cuerpo de Finwë intentó rechazarlo primero, pero luego se aferró a él como si necesitara ese contacto. Lloró quedamente, como un cachorro herido, mientras el elfo rubio le acariciaba el cabello, con los ojos cerrados. Quería calmar esa pena, pero sabía que no era él el indicado para hacerlo.
Permanecieron abrazados y quietos hasta que por fin Finwë levantó el rostro.
- “¿Puedo aprender élfico de nuevo?”, preguntó tímidamente.
Glorfindel sonrió.
- “Claro que sí. Te enseñaremos”
Unos pasos hicieron que se separasen. Elladan se acercó inquieto.
- “Finwë, ¿estás bien?”
- “Lo estoy”
- “Platicábamos acerca de enseñarle élfico a Finwë”, explicó Glorfindel.
- “¡Por supuesto! ¿Cómo no se nos ocurrió antes?”, exclamó Elladan, “Elrohir partirá con Amras después del almuerzo, quiere asegurarse de que no hay más humanos en nuestras fronteras. Finwë, yo mismo te enseñaré nuevamente nuestro bello idioma”
Y Elladan le ofreció gentilmente el brazo, dejando a Glorfindel con una sensación de vacío y pesar. Como cuando pensaba en Voronwë.
Al día siguiente, escribieron a Haldir.
4
“Crawling through this world / Arrastrándome a través de este mundo
as disease flows through my veins / como una enfermedad fluyendo por mis venas
I look into myself, / miro dentro de mí mismo
but my own heart has been changed / pero mi propio corazón ha sido cambiado
I can't go on like this / no puedo continuar así
I loathe all I've become / odio todo lo que he llegado a ser”
Haldir se detuvo un momento tratando de no pensar, pero esa ruta de Rohan le recordaba más que nunca a su pequeño elfo cuando en la Guerra del Anillo partió resueltamente con él a ofrecer ayuda a Aragorn. Parecían siglos desde entonces, aunque sólo habían pasado unos pocos años, un suspiro para la vida de un elfo… pero un suspiro lejos de Finwë era agonía.Había evitado entrar en Meduseld a pesar de la insistencia de Éomer. No soportaría más preguntas, ni la mirada compasiva del señor de los Rohirrim. Enfiló velozmente hacia el Paso de Rohan hablando lo necesario con los jinetes que lo escoltaron y averiguó casualmente que algunos hombres desterrados se estaban reuniendo en un pequeño reino en las Tierras Ásperas.
El Galadrim tomó nota de esos comentarios, aunque él personalmente había recorrido esos parajes con Legolas y Aragorn en búsqueda de Finwë y nada habían encontrado. Era un poco extraño que un reino se hubiera formado en tan poco tiempo, apenas un año desde su última aparición por ese lugar.
El elfo continuó su marcha, había usado el Paso de Rohan en lugar del Carhadras esta vez. Lo hizo en parte porque era duro subir a caballo por ese agreste lugar, y en parte porque dudaba mucho que Finwë pudiera encontrarse allí. De hecho, su única esperanza era ahora el territorio más allá de La Comarca, pero antes pasaría por Rivendel en caso de que Elladan y Elrohir quisieran acompañarlo. El viaje tomaba dos meses con buen tiempo, y ya había transcurrido la mitad de él.
El día estaba claro y despejado, un elfo no podía dejar de sentirse regocijado ante la belleza natural del sendero boscoso que recorría, y aunque se sentía culpable por disfrutar el paisaje, no dejaba de pensar en Finwë, recordando…
Recordando la noche en que lo perdió.
Habían estado en el Bosque Mágico despidiendo a los últimos elfos que partían rumbo al mar, para embarcarse en Valinor. Finwë se sentía lleno de nostalgia, pero no deseaba abandonar aún el bosque que lo vio nacer. Pasearon de la mano por ese misterioso lugar donde los árboles parecían susurrar sus nombres, donde los pájaros habían vuelto a anidar y cantaban alegres la derrota de Sauron.
Finwë le había pedido quedarse unos días más en los talan deshabitados, en el lugar más agreste del bosque que los de su raza usaban para ocultarse. Habían pasado allí varias apasionadas noches y de pronto, un día, Finwë creyó oír algo en el bosque y se puso muy nervioso. Al día siguiente le pidió regresar.
Emprendieron el regreso por los árboles, hasta que la vegetación se tornó menos tupida y tuvieron que bajar a tierra. Finwë estaba inquieto aún, pero no le había confiado el motivo de su preocupación y Haldir no insistió, aunque sabía que debían ser precavidos. Su pequeño elfo percibía cosas que otros no podían ver y nunca tuvo que arrepentirse de hacer caso a sus presentimientos.
Una noche acamparon entre las rocas de un promontorio de piedra, en la linde del Bosque y las Tierras Ásperas. Esa era la parte más ardua del trayecto, no había árboles, sólo un páramo desolado con tierra y rocas… no había agua y el alimento era escaso. Por ese motivo, los humanos rara vez se adentraban en ese territorio, sus débiles naturalezas no les permitían sobrevivir por mucho tiempo en aquél lugar.
Haldir recordaba muy bien aquella noche. El cielo estaba despejado y tachonado de estrellas y Finwë estaba recostado entre sus brazos mirando al infinito soñadoramente.
- “En noches como esta desearía estar en la bella Lothlórien”, susurró bajito, “bañándome en la cascada y jugando con la luz de la luna”
Y Haldir había reído alegremente, recordando lo mucho que le gustaba a Finwë bañarse a la luz de la luna. Charlaron de sus recientes aventuras en la Tierra´, sobre los amigos que dejaron allá y también de la inminente partida de los elfos hacia Valinor en un éxodo que Finwë aún se negaba a seguir.
Por costumbre, establecieron los turnos de guardia y Finwë hizo el primero. Se envolvió bien en su capa élfica y luego de besar a su amado en la boca, se sentó sobre una roca, vigilando…
La última vez que Haldir lo vio, estaba allí, erguido, con el arco en las manos y la mirada perdida, como una bella estatua custodiando su sueño. El elfo rubio se durmió con esa hermosa visión en sus pupilas y cuando despertó, no había nadie allí.
Primero pensó que se trataba de alguna broma de su pequeño elfo, pero luego de varias horas, empezó a preocuparse. Apenas pudo seguir algunas huellas, pero en el terreno rocoso era casi imposible leer el rastro, si tan sólo se hubiera encontrado Aragorn con él… pero no, Haldir estaba solo y se llenó de desesperación cuando al cabo de tres días tuvo finalmente que admitir que Finwë había desaparecido.
Y desde entonces lo había buscado una y otra vez en ese mismo lugar, en el Bosque Mágico y en el Bosque Negro, incluso en el camino hacia Mordor, yermo y desierto ahora. Lo buscó por un año entero y luego tuvo que presenciar la partida de Galadriel, quien lo dejó encargado de Lothlórien con los pocos elfos que quedaban. Luego, partió de nuevo a buscarlo sin éxito… y ahora había salido por tercera vez.
Haldir avanzó de prisa, esos recuerdos hacían daño. Oscurecía ya y se preguntó si en algún lugar estaría su pequeño elfo contemplando el mismo cielo. Y rogó porque fuera así.
5
- “Nauthannen i ned ol reniannen”, leyó Finwë con voz vacilante. Aún así, era hermoso oírlo hablar en su lengua nativa.
- “¿Y eso significa…?”, preguntó suavemente Elladan.
- “Pensé que estaba soñando…”, sonrió Finwë y lo miró buscando su aprobación. Elladan asintió, “¿Tú escribiste esta poesía?”
- “Lo hice hace muchos años, en la Guerra del Anillo”, respondió Elladan, “creo que por hoy hemos terminado”
Finwë asintió. Había pasado el último mes estudiando élfico y ya podía decir que entendía esa lengua. Aunque algunas veces las palabras salían fluidamente de sus labios, otras le costaba mucho recordar, pero Elladan y Elrohir eran muy pacientes y siempre repetían la lección.
Si vientre había crecido un poco, tenía ya cuatro meses y debía usar túnicas más holgadas, pero no se sentía incómodo, estaba rodeado de cariño y los sirvientes del palacio lo trataban muy bien, aunque no volvió a ver a Amras allí y supo por Elladan que seguía custodiando las fronteras.
Los dos hermanos tuvieron mucho cuidado de instruir a todos los habitantes del palacio sobre el delicado estado de Finwë para que no volviera a repetirse el incidente con Amras. Y se mostraron inflexibles cuando Finwë les pidió practicar con la espada, eso sería peligroso para el bebé y no pensaban ceder.
El joven elfo no insistió, no deseaba incomodar a quienes se preocupaban tanto por él y se concentró en sus estudios, a pesar del cansancio que a veces sentía a causa de su estado. Galdas y Glorfindel lo examinaban cada semana y se mostraban complacidos con el desarrollo del bebé, ambos le habían explicado la importancia de hacer algunos ejerciciosy de respirar, para que, llegado el momento, no tuviera dificultades en traer al mundo al pequeño.
Elladan y Elrohir siempre estaban con él y se turnaban para hacerlo practicar, alternando sus deberes como señores de Rivendel para pasar todo el tiempo posible con su amigo. Eran pocos los momentos que Finwë tenía para estar completamente solo y eso lo ayudó, porque de ese modo no se atormentaba pensando y tratando de recordar.
6
“Lost in a dying world / perdido en un mundo moribundo
I reach for something more / trato de alcanzar algo más
I have grown so weary / me he vuelto tan débil
of this lie I live / de esta mentira que vivo”
Una noche, sin embargo, se celebraba un Consejo y los gemelos tenían que estar allí, junto con Glorfindel. Finwë cenó solo y se acostó, acariciando su vientre, recordando remotamente que una humana le dio la noticia de su nuevo estado con una sonrisa burlona. No sabía cómo había ocurrido, pero apenas supo que tenía una vida en su vientre, deseó con toda su alma protegerla y amarla. Tampoco recordaba cómo escapó, ni en qué lugar se encontraba cautivo. Todo lo que sabía era que le hicieron daño y que debía irse cuando antes, por el bien de su bebé.Finwë suspiró. Era inútil, no podía recordar… quizá debía hacer como decía Glorfindel, no angustiarse, no pensar más y los recuerdos vendrían solos. ¿Qué aspecto tendría su hijo? ¿Sería humano? Él así lo creía porque todo parecía apuntar a que fue torturado por humanos, pero entonces, ¿cómo? Porque Galdas le había explicado que los elfos sólo pueden concebir con amor.
El pequeño aún no se movía y Galdas decía que eso era normal, que hacia el sexto mes comenzaría a moverse más, pero Finwë le hablaba a menudo, acariciando su vientre cuando tomaba su baño matutino, susurrándole las cosas que veía cuando no había nadie acompañándolo. Le había hablado de Elladan y Elrohir y también de la bondad de Glorfindel, sólo le decía cosas alegres, jamás dijo nada acerca de sus recuerdos, aunque estaba seguro de que el pequeño percibía su miedo.
El elfo se acurrucó en la cama y poco a poco comenzó a quedarse dormido.
Estaba en una estancia de piedra, sin ventanas, el ambiente era opresivo, como si se encontrara bajo la tierra. Algunas antorchas iluminaban las húmedas paredes y él se encontraba tendido en una mesa de piedra, con las muñecas elevadas y sujetas sobre sus hombros y los tobillos atados también con cadenas.
Podía sentir la fría piedra bajo su espalda y el cuerpo le dolía porque había luchado en vano por liberarse… su estómago rugió de hambre… llevaba mucho tiempo sin probar alimento, de ese modo sus captores se aseguraban de que estuviera débil y pudieran dominarlo fácilmente.
Tenía frío y miraba aterrado las antorchas, rogando que no se apagasen. La oscuridad lo aterraba…
La oscuridad… un recuerdo aterrador en su infancia le había hecho temer a la oscuridad, y luego otro recuerdo más reciente… unos ojos plateados y fríos y una risa cruel.
- “Por favor…”, susurró quedamente sin saber bien a quién suplicaba.
De pronto, alguien entró. Llevaba el rostro cubierto, pero Finwë se estremeció, lo conocía bien, ya lo había visto antes.
- “¿Te portarás bien conmigo esta vez?”
Finwë lo escupió en el rostro y recibió a cambio una bofetada. Luego el hombre le dio a beber un horrible brebaje, obligándolo a tragar a riesgo de ahogarse en el asqueroso líquido y luego sacó un látigo.
- “No…”, pidió el débil elfo, su espalda tenía las marcas de varios latigazos y sintió pánico de que su piel fuera mordida y maltratada de nuevo por esas cuerdas rematadas en bolillas de acero.
Pero su verdugo no tuvo piedad y el elfo sabía que quería doblegarlo por algún motivo… cerró los labios con fuerza, ese humano no se saldría con la suya. Y siguió cerrando los labios mientras azotaban, hasta que su piel sangró…
Su verdugo reía, con una risa cruel e inhumana. El látigo fue arrojado lejos.
El elfo se estremecía aún con el pecho y vientre cubiertos de sangre, pero no se doblegaría. Miró a su captor y un terror ciego hizo que se le erizaran los cabellos de la nuca. El humano tenía una lujuriosa mirada, la mirada de un demonio ávido de sangre y de algo más. Finwë trató de resistirse, pero el humano le soltó los tobillos y elevó sus piernas, penetrándolo de un feroz embate.
- “Mío, serás mío”, graznó.
7
Los gemelos volvían de la reunión de consejo. Glorfindel se encontraba aún allí, discutiendo algunos detalles con Amras. Habían acordado enviar una partida de avanzada para investigar a los misteriosos humanos de las Tierras Ásperas. Procuraban no hacer ruido para no interrumpir el reposo de Finwë.
- “¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!”
El grito los sobrecogió a los dos, era un alarido de puro terror, angustiado, estremecedor, algo que jamás habían oído. Elrohir fue el primero en reaccionar y entró corriendo a la habitación de Finwë.
El elfo pelirrojo temblaba, presa de espasmos, aún sumido en la espantosa pesadilla que lo había hecho gritar de ese modo. Elrohir lo tomó entre sus brazos, sacudiéndolo un poco, Elladan se sentó del otro lado de la cama y entre ambos trataron de calmar a su amigo.
- “¡No, por favor, no…. Duele… duele!”
- “Calma, pequeño… sólo fue una pesadilla”
- “Aquí estamos”
- “Soy Elrohir, Finwë, estás a salvo”
- “Nunca nadie volverá a lastimarte”
Finwë se aferró a ambos hermanos, comprendiendo por fin que se había tratado de una pesadilla. Los rostros preocupados de los gemelos lo convencieron de que estaba a salvo, pero aún temblaba, y lloró con todas sus fuerzas, como si la vida le fuera en ello. Lloró hasta quedarse dormido, suplicando a los gemelos que no lo dejaran solo. Cuando por fin su cuerpo se relajó, Elladan y Elrohir se atrevieron a hablar en susurros. Ambos se quedarían a dormir con Finwë y a primera hora de la mañana traerían a Galdas.
8
Esa mañana, Finwë despertó a medias, envuelto en un agradable calor que lo hacía sentirse protegido. Estaba en el centro de la cama, rodeado de los protectores brazos de Elrohir mientras las manos de Elladan, del otro lado, abarcaban su vientre.
A la luz del día, la pesadilla ya no parecía tan aterradora y el elfo suspiró, disfrutando de la cercanía de los gemelos. El cabello azabache de Elladan se mezclaba con el rojo de Finwë, haciendo un extraño contraste y su hermoso rostro, con los ojos ahora vacantes por el sueño, estaba apoyado en la almohada junto al de Finwë.
El elfo pelirrojo miró al otro lado. Elrohir dormía también, con el rostro apoyado en el hombro de Finwë y sus labios muy cerca…
Finwë cerró los ojos. Había sentido el irresistible impulso de besarlo y se sonrojó un poco, pero los gemelos dormían profundamente y nada notaron. Poco a poco Finwë se fue adormilando nuevamente, soñando con una cama enorme y una espaciosa habitación.
En su sueño, Elrohir estaba atado en un poste, en medio de la habitación. ¿Atado? Pero no parecía sufrir… al menos no físicamente. Estaba desnudo y su erección se erguía suplicando alivio… y sobre la cama estaba Elladan, desnudo también, siendo atendido por alguien. Finwë onduló suavemente, sintiendo despertar su erección. Jamás había soñado con ver a los gemelos así… Había otro elfo con ellos, un elfo rubio… ¿Glorfindel? No, su cabello era más pálido, pero no podía ver su rostro. Ese elfo estaba junto a Elrohir, hablándole al oído. De pronto, lo soltó y Elrohir se arrojó sobre el elfo que atendía a Elladan.
Finwë abrió de pronto los ojos, con el corazón acelerado, una completa erección y el rostro completamente avergonzado, porque acababa de entender que el elfo que estaba en la cama en su sueño era él mismo.
Sonrojado, se deslizó sigilosamente de los brazos de los gemelos, con el corazón aún agitado a causa de ese extraño sueño. Se vistió y salió de su habitación, necesitaba del aire puro de la mañana.
El elfo se dirigió a las caballerizas a donde solía ir con frecuencia. Le gustaba sentarse en las vallas de madera a contemplar los caballos, habitualmente al aire libre y platicaba con los elfos encargados de su cuidado. Además, casi siempre encontraba allí a Glorfindel cepillando a su caballo Asfaloth. El elfo rubio le había explicado que le gustaba hacerse cargo él mismo del animal, que le era muy preciado y solían charlar mucho en ese lugar.
Esa mañana, Glorfindel se encontraba allí.
- “Buenos días, pequeño elfo”, le sonrió, “¿cómo pasaste la noche?”
- “Bien”, mintió Finwë suspirando. “¿Por qué vienes siempre aquí?”, preguntó de pronto.
- “Este lugar es tranquilo y puedo relajarme un poco de mis obligaciones”.
Finwë hizo un mohín. Algo le preocupaba y Glorfindel se alejó con él hacia un macizo de flores, lejos de las caballerizas, donde nadie podía oírlos.
- “¿Puedo ayudarte? Te noto preocupado, mi pequeño amigo”
- “Es--- fue un sueño que tuve”, explicó Finwë, “soñé con alguien… me hacía daño… me hacía algo terrible… desperté gritando”
- “Fue sólo un mal sueño”, lo tranquilizó Glorfindel con voz calmada.
- “Es que… yo creo que eso ocurrió. Creo que era un recuerdo… pero es tan confuso”, Finwë se echó el cabello hacia atrás, angustiado, “A veces tengo esos recuerdos… de pronto, cuando estoy tranquilo en mi habitación, siento una leve somnolencia y luego llegan los recuerdos. Son imágenes confusas, pero nunca antes había durado tanto”
Glorfindel asintió. Él sabía que Finwë tenía razón, que eran fragmentos de recuerdos, pero no quería angustiarlo más, la angustia no le haría bien al bebé.
- “No pienses más en eso, sólo déjalo estar. Si son recuerdos, ellos volverán solos, si son pesadillas, será mejor que Elladan o Elrohir te acompañen por las noches”
El elfo pelirrojo enrojeció notablemente y Glorfindel lo miró con suspicacia.
- “Es que… ellos se quedaron anoche”, susurró el elfo. No se atrevió a mencionar su otro sueño, “pero no quiero volver a molestarlos…¿tú no sientes miedo jamás? Siempre estás tan tranquilo y feliz…¿jamás te sientes solo?”
- “Claro que sí. Muchas veces”, respondió Glorfindel, “todos sentimos miedo alguna vez, y sí, me siento solo, pero debo permanecer aquí por una promesa que hice”
Finwë quiso preguntar más, pero Elrohir se acercaba y calló.
- “¡Aquí estás!”, sonrió Elrohir, “Nos diste un buen susto cuando no te encontramos. Galdas desea examinarte a causa de lo de ayer”
Finwë bajó la vista, avergonzado. Acababa de recordar a Elrohir desnudo y atado a un poste.
“I've woken now to find myself / he despertado ahora para encontrarme
In the shadows of all I have created / en las sombras que yo mismo he creado
I'm longing to be lost in you / añoro estar perdido en ti
(away from this place I have made) / (lejos de este lugar que he creado)
Won't you take me away from me / ¿No me llevarías lejos de mí?”
Capítulo 03: Encuentro
“I never meant to be / nunca quise ser
so bad to you / tan malo para ti
One thing I said that / dije una cosa que
I would never do / yo nunca haría
A look from you and / una mirada tuya
I would fall from grace / y caería de la gracia
And it would wipe the smile / y azotaría la sonrisa
right from my face / justo desde mi rostro”Heat of the moment - Asia
1
Rivendel estaba cerca, sólo un día más. Haldir se permitió descansar un poco, bajando del caballo. Junto a él se alzaba la “Cima de los Vientos”, tantas veces usada como punto de encuentro entre los de su raza. Siguiendo un impulso, subió ágilmente y una vez en la cima, contempló el hermoso valle que se extendía a sus pies.
- “Rivendel”, susurró. El encanto de ese lugar era sólo comparable al encanto que para él tenía su bosque dorado, aunque los elfos de Rivendel no vivían en los árboles.
La “Última Morada” era para él sinónimo de muchas cosas, principalmente de tiempos muy felices, pues estaba asociada irremediablemente a los hijos de Elrond: Elladan y Elrohir, ahora señores de Rivendel y amigos entrañables de Haldir y Finwe.
Finwe.
Su pequeño elfo y los gemelos siempre se habían llevado muy bien, lo que no dejaba de sorprender a algunos, ya que ellos eran altivos y normalmente era difícil ganarse su confianza, pero Finwe había sabido hacerlo. Los gemelos lo adoraban y Haldir y su pareja habían compartido muchas ardientes noches con ellos.
Pero eso había terminado también.
Haldir esperaba que, por amor a Finwe, Elladan y Elrohir se le unieran en la búsqueda, como antes hicieron Legolas y Aragorn. Una punzada de dolor le recordó las palabras de su hermano Rúmil, meses antes:
“¿Y si él se hubiera marchado por su propia voluntad?”
Pero Haldir no quería pensarlo. No había ningún motivo para que Finwe hubiera hecho eso, ambos eran felices y le bastaba contemplar el rostro de su pequeño elfo para estar seguro de ello.
Ambos eran felices.
Aunque su pequeño elfo estaba inquieto por algo. Pero no podía ser nada relacionado a ellos, ni al viaje que tendrían que hacer hacia Valinor algún día… ¿o quizás sí?
Haldir sacudió la cabeza. No podía atormentarse con eso, no podía perder la fe. Tenía que encontrarlo, no dejaría de buscarlo jamás… y cuando lo encontrase, reirían juntos y volverían a ser felices.
Pero eso no evitó que esa noche, cuando se detuvo a pernoctar, susurrara antes de quedarse dormido:
- “Pequeño elfo, ¿qué hice mal?”
2
“Do you remember when we used to dance / ¿Recuerdas cuando solíamos bailar?
And incidents arose from circumstance / y los incidentes salían de las circunstancias
One thing led to another, we were young / una cosa llevó a otra, éramos jóvenes
And we would scream together songs unsung / y gritábamos juntos canciones desconocidas”
- “Pronto empezará a moverse”, dijo satisfecho Galdas, cubriendo con una sábana el vientre abultado de Finwe. “Todo marcha de maravilla”Elladan acarició el cabello del joven elfo que se había quedado silencioso de pronto. Una de las manos de Finwe se posó sobre su vientre y sonrió, pero algo que no había preguntado antes lo preocupaba.
- “Será mejor que descanses un poco”, ordenó Galdas echando de allí a los gemelos. Luego se aproximó de nuevo a la cama, “dentro de siete meses lo tendrás en brazos. ¿Has practicado los ejercicios de relajación?”
- “Sí”, susurró Finwe.
Glorfindel abrió las cortinas nuevamente, dejando que la luz del sol ilumine el rojo cabello de Finwe. El joven elfo movía inquieto la mano que estaba sobre su vientre mientras que la otra mano apretaba nerviosamente la sábana. No había querido hacer demasiadas preguntas respecto a su estado, temiendo que le preguntaran a su vez cómo había llegado a estar así. Pero ahora, conforme su embarazo avanzaba, necesitaba respuestas que no se había atrevido a pedir.
- “¿Preocupado?”, preguntó amablemente Glorfindel al ver la mirada inquieta del elfo pelirrojo.
- “¿Cómo sabré cuando---?”
Galdas sonrió con indulgencia.
- “Sentirás una ligera molestia aquí”, señaló la zona del bajo vientre de Finwe, “como si algo te estrujara por dentro. Al principio será muy leve y espaciado, y luego se intensificará y se hará más frecuente. El proceso puede tomar varias horas, durante las cuales no debes olvidar los ejercicios respiratorios. Nosotros estaremos junto a ti todo el tiempo”
- “¿Dolerá mucho?”
- “Sí, pequeño elfo”, contestó con dulzura Glorfindel, “dolerá, pero no puedo decirte cuánto ni como, aunque conozco varias elfas que te lo pueden explicar mejor. Merenwen, la cocinera, tiene cuatro pequeños, ella podría explicártelo también”
- “Es que yo… yo soy…”, Finwe se detuvo titubeando. No entendía cómo una elfa podría explicarle, para él su embarazo y el de cualquier elfa eran dos cosas completamente distintas.
- “Lo sabemos”, sonrió Galdas, “pero entre elfos no es algo anormal. Es extraño, sí, y poco frecuente, pero he atendido tres embarazos en elfos varones y las cosas se desenvuelven de manera muy similar”
Finwe suspiró imperceptiblemente, aliviado. Luego tomó aire para la siguiente pregunta.
- “¿Me cortarán para sacarlo?”
- “¡Oh, no!”, exclamó Galdas, “no a menos que sea necesario. Pero eres un elfo joven y saludable, no creo que haya ninguna complicación”, y añadió, al ver la mirada confundida de Finwe, “el bebé saldrá por donde entró”
- “¿Qué?”
- “Shh”, intervino Glorfindel, “no tiene nada de extraño. Los bebés elfos están envueltos en un capullo, el cual abriremos una vez que salga de tu cuerpo. Es por eso que te pedimos concentrarte en los ejercicios de relajación y los que permitirán preparar tu pelvis para el alumbramiento. No debes temer”
Finwe cerró los ojos, recriminándose mentalmente no haber preguntado antes el propósito de los ejercicios que le indicaron hacer. Ahora que sabía lo que le esperaba, se puso aún más nervioso.
3
“It was the heat of the moment / fue el calor del momento
Telling me what my heart menat / diciéndome qué había en mi corazón
The heat of the moment showed in your eyes / el calor del momento visto en tus ojos”
Esa noche, Elladan ayudaba a Finwe a cepillarse el cabello, pasando amorosamente el peine por el rojo cabello, formando ondas que relucían a la luz de las lámparas. Elrohir no los acompañaba en aquella ocasión, acababa de volver de una excursión con Amras y se encontraba fatigado.No le habían dicho nada para no preocuparlo, pero Finwe podía adivinar en el rostro de su amigo cierta tensión. Elladan estaba silencioso, apenas había hablado cuando lo ayudó a bañarse y tampoco lo hacía mientras le cepillaba el cabello.
Sin dudar, Finwe atrapó la mano que acariciaba un largo mechón de fuego, y la besó tiernamente.
- “¿Qué ocurre?”, preguntó, sin soltar la mano.
Elladan lo miró con ternura apenas disimulada.
- “Nos llegaron algunas noticias desagradables… humanos en las fronteras, pero no es nada que no podamos resolver”
Finwe frunció el entrecejo. Le ocultaban algo, estaba seguro, y por un momento deseó no estar en ese estado y poder ayudar a sus amigos.
La puerta se abrió de pronto.
- “Elladan, los consejeros te necesitan un momento”, dijo Glorfindel y se sentó junto a Finwe procurando no darle importancia al hecho. Elladan asintió y salió de la habitación.
- “Hay problemas, ¿no es así?”
- “Una partida de exploradores no ha vuelto. Debemos enviar otra mañana temprano”, explicó Glorfindel.
Finwe llevó inconscientemente la mano hacia su vientre y la mirada de Glorfindel bajó también hacia allí, deteniéndose con ternura en la abultada zona.
- “No te preocupes, pequeño elfo. Nada pasará si estás aquí, no permitiré que nadie te dañe”
Los ojos verdes lo miraron profundamente.
- “Temo el momento del alumbramiento”, dijo Finwe en voz baja, “no me interpretes mal, no temo el dolor… pero me siento raro, quizá porque soy un guerrero, como dices. Quizá porque no sé quien es su padre… Glorfindel, ¿y si no sé hacerme cargo de él?”
El elfo rubio le acarició el vientre con suavidad y dejó una mano sobre la de Finwe, transmitiéndole su tibieza.
- “Lo sabrás, llegado el momento. Y también estaremos nosotros para cuidar de ti”
- “Me siento extraño… la ropa me queda estrecha, me siento pesado y torpe… “, continuó Finwe, “y muy inútil”, susurró con la voz velada.
- “Eres bello, y más bello aún en ese estado”, dijo sinceramente Glorfindel. Finwe escrutó sus ojos y descubrió en ellos una tristeza profunda que lo sobrecogió.
- “¿Conociste a algún elfo en mi estado?”, preguntó Finwe.
- “Sí, hace mucho tiempo”
- “¿Y… cómo salió todo? ¿Dónde está ahora?”
- “Él ya no está. Él murió”, dijo apenado Glorfindel, pero se apresuró a tranquilizar a su amigo, “no fue a causa del embarazo… lo asesinaron antes de que estuviera listo”
- “¿C-cómo?”, pero Finwe se calló abruptamente, “lo siento, no deseo ser impertinente”
- “No lo eres”, susurró Glorfindel, “Voronwe era mi pareja. Estábamos prometidos… Hace mucho no hablo de esto, sólo mi señor Elrond lo sabía…”
- “Quizá te sirva contárselo a alguien”, sonrió tiernamente Finwe y oprimió la mano de Glorfindel, aún sobre su vientre. “Puedes confiar en mí”
- “Voronwe era un elfo del mar, una criatura hermosa, de cabello azabache y ojos grises. Lo conocí en Gondolin, hace varios milenios. Nos amamos en secreto, porque su padre lo había comprometido con una dama importante, pero Voronwe no la amaba y a escondidas, se entregó a mí. Luego nos enteramos, con sorpresa, de que esperaba un bebé. Mi bebé… Nos sentimos dichosos, porque el sanador explicó que esa clase de milagros sólo pueden ocurrir por amor. Se lo dijimos a su padre y Voronwe fue expulsado de su casa y repudiado por su familia, pero no se amilanó. Conseguimos una casita en las afueras de Gondolin, junto a las murallas, y nos instalamos allí. Fueron los meses más felices de mi vida… pero estábamos en guerra y tuve que partir a luchar. Voronwe no pudo acompañarme en esa ocasión, tenía cinco meses, como tú… sentía las mismas molestias”, sonrió Glorfindel, “también le gustaban las fresas con crema, pero era difícil conseguirlas”, suspiró, “me vi obligado a dejarlo, prometiéndole volver a tiempo para el alumbramiento. Nos despedimos y partí, haciéndole jurar que me esperaría. Tiempo después, cuando el retorno estaba próximo, un mensajero trajo la noticia de que Gondolin había caído y que los orcos, wargos y balrogs habían entrado en la ciudad. Cabalgué hacia allí y durante todo el trayecto sólo vi desolación. Unos pocos elfos que habían huído contaban con horror lo que había ocurrido en la ciudad y ninguno había visto a Voronwe. Temiendo lo peor, penetré en la ciudad en ruinas, llena de cuerpos mutilados, y me dirigí al lugar donde vivíamos, llamando a gritos a mi amado”, Glorfindel se detuvo.
La gentil mano de Finwe limpió las lágrimas que caían del rostro del elfo rubio.
- “Lo encontré en un rincón de nuestro dormitorio, encogido, protegiendo su vientre… su ropa estaba desgarrada y a su lado yacían tres cadáveres de orcos con las gargantas cortadas. Estaba muerto… lo habían ultrajado salvajemente y lo habían golpeado hasta matarlo”, la voz de Glorfindel se quebró, “mi Voronwe se defendió y mató a tres de sus atacantes. Debieron ser al menos una docena para poder doblegarlo… Como nuestra casa estaba en las afueras, no fue quemada como los otros… Hallé una carta. Me decía que le habían pedido que huyese, pero me prometió esperar y esperaría. Comprendí allí que fue mi culpa que el muriese, cuando le hice jurar que esperaría por mí. Lo sepulté al pie del Amon Gwareth, agradeciendo a los Valar que esos inmundos seres no le quitaran a nuestro hijo del vientre para devorarlo como solían hacer… Voronwe fue sepultado con mi hijo y yo juré ante su tumba no abandonar la Tierra Media hasta que mi culpa fuera expiada”
Finwe alzó sus ojos, de pronto líquidos, hacia el elfo rubio, y enjugó sus lágrimas con suaves besos.
- “¿Y ahora…? ¿Yo?”
- “Sí”, susurró Glorfindel, “te protegeré aunque la vida me vaya en ello. Y así podré volver a reunirme con Voronwe en Valinor”
4
Finwe entreabrió los labios para recibir la jugosa uva que Elrohir tenía entre los dedos, estaban en el jardín, recostados en una cómoda banca, al medio día siguiente a su plática con Glorfindel.El joven elfo se sintió apenado por Glorfindel y se prometió a sí mismo que no se quejaría y trataría de hacer todo lo que le indicaban. Era terrible haber perdido así a quien amaba.
- “¿Estás en este mundo?”, susurró Elrohir junto a su oído.
- “¡Lo siento! Estaba pensando…”
- “Lo noté”, ronroneó Elrohir y lo abrazó por detrás, abarcando su vientre con ambas manos. “¿puedo saber en qué? ¿o en quién?”
Finwe sonrió y se inclinó hacia atrás. Desde su pesadilla, Elladan y Elrohir se turnaban para dormir con él, y aunque la pesadilla no se había vuelto a repetir, sí lo habían hecho los sueños con ellos tres y el misterioso elfo rubio. Pero Finwe no se atrevía a preguntar, sentía vergüenza de revelar algo tan íntimo. Pero eso no impedía que su cuerpo reaccionase a veces en la proximidad de los gemelos.
Como ahora.
Estaban ocultos por las enredaderas y a esa hora no solía haber nadie en el jardín. Por eso, Finwe se permitió reclinarse un poco más y Elrohir le facilitó la tarea, sentándolo de pronto sobre sus piernas.
- “¿Cómo pudo ocurrir?”, murmuró Finwe y Elrohir lo miró con ternura. Sabía que su joven amigo se refería a cómo pudo embarazarse, pues era un hecho al parecer sabido por todos, que los embarazos de elfos varones sólo ocurrían por amor.
- “Shh”, susurró en su oído tratando de distraerlo.
- “No… no soy un niño, Elrohir. Sé lo que me pasó, pero no me explico cómo pude embarazarme si no recuerdo siquiera con quién lo hice. Debería amarlo, pero no sé quién es…”
El elfo se detuvo abrumado y cerró los ojos. Estaba tenso, la línea de sus hombros lo pregonaba así. Desde su conversación con Glorfindel una profunda melancolía se había apoderado de él. Y el contacto de Elladan o Elrohir la aliviaban de algún modo. Cerró los ojos mientras Elrohir le susurraba naderías en el oído y no se dio cuenta que los susurros se habían hecho más profundos, ni que su cuerpo estaba reaccionando a ellos.
De pronto, abrió los ojos y se trató de liberar, su erección era visible a través de la holgada túnica.
Elrohir también lo notó, porque sus brazos no lo soltaron y lo acarició en el vientre para tranquilizarlo.
- “Relájate, pequeño… no pasará nada… sólo relájate”
Finwe se reclinó de nuevo, dudoso. La gentil mano de Elrohir acariciaba la parte baja de su vientre, jugando con la pretina de las mallas que el elfo pelirrojo llevaba.
- “No temas… necesitas relajarte, necesitas un poco de alivio y deseo ayudarte”
Finwe abrió la boca para preguntar qué clase de alivio le darían, pero se le escapó un profundo gemido cuando Elrohir palpó su virilidad entre las mallas.
- “¡Oh! Elrohir, no…”, protestó débilmente, más por pudor que por verdadero deseo de escapar.
- “Shh, hermoso. Tu cuerpo me dice otra cosa…”
- “Y-yo…”, trató de explicar Finwe. Sintió temor de que Elrohir lo juzgara mal, pero además, estaba el hecho de que se sentía realmente bien al lado del elfo que lo acariciaba. Se sentía bien, se sentía familiar.
Finwe cerró los ojos, necesitaba ese alivio. Lo necesitaba mucho y no podía desconfiar de quien lo había cuidado por dos meses enteros, atento a sus más mínimos deseos. Las manos de Elrohir eran fuertes y se sentía bien ser acariciado por ellas.
- “Puedes hacerlo…”
Elrohir no necesitaba mayor invitación, había sabido interpretar los signos del cuerpo de su pequeño amigo y deseaba aliviarle la tensión. Se movió hacia el extremo de su asiento, con Finwe ahora recostado junto a su pecho, y subió las piernas del elfo pelirrojo a la banca, abriéndolas ligeramente. Lo tenía asido de la cintura, acariciando el vientre abultado, mientras su otra mano vagó hacia la entrepierna del elfo, volviendo a palpar su virilidad.
Finwe ya no opuso resistencia, se dejó hacer, suspirando levemente.
Las cintas que ataban la malla fueron hábilmente desatadas y una tibia mano se introdujo allí para liberar la palpitante erección de Finwe, que a la luz del hermoso día, lucía más tentadora que nunca. Elrohir la contempló con adoración, descubriendo suavemente el lustroso glande, donde unas gotitas delataban la excitación del elfo pelirrojo. Ambas manos de Elrohir se apoderaron de los testículos, masajeándolos amorosamente, satisfecho de comprobar que estaban llenos.
- “Mi hermoso elfo”, susurró recorriendo el glande con las yemas de los dedos, capturando las gotitas. Se las llevó a la boca con devoción y se volvió para besar a Finwe.
El elfo pelirrojo le abrió la boca, convencido de que no había nada de malo en lo que estaban haciendo, diciéndose a sí mismo que así debía de ser.
La gentil mano de Elrohir volvió a masajear su erección, llevando un ritmo lento y delicioso, haciéndolo desear más fricción. El elfo pelirrojo dejó escapar un gritito de éxtasis y calló luego, avergonzado.
- “No te averguences, hermoso mío”, susurró Elrohir mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja, “sólo déjate llevar”
El bombeo se hizo más intenso y Finwe hizo lo que le pedían. Se dejó llevar. Jadeaba de placer, sintiendo que podría estar para siempre de ese modo, pero algo en su cuerpo decidió que era tiempo y una descarga eléctrica le recorrió la columna, haciéndolo arquearse. Elrohir comprimió más la erección, conocía bastante bien ese gesto de su pequeño amigo. Lo liberó brevemente y bombeó otra vez, para verse recompensado con un chorro tibio de semen que le manchó las manos.
- “Elrohir… oh, Elrohir”
- “Está bien”, susurró Elrohir al ver al elfo, ahora avergonzado, tratar de apartarse como si estuviera sucio. “Está bien, hermoso… no tengas vergüenza, te ayudaré”
El pañuelo de Elrohir sirvió para limpiar un poco la malla de Finwe, pero la túnica castaña también estaba manchada.
- “Iré a buscar una túnica nueva. Espérame aquí, precioso”, pidió el elfo moreno, mirando con adoración al joven pelirrojo que anudaba los cordones de su malla sin atreverse a mirarlo.
5
Hacía escasos minutos que Elrohir se había ido a buscar una túnica, pero Finwe paseaba nervioso junto a la banca. ¿Por qué hizo eso con su bienechor? ¿Por qué le pareció que eso estaba bien, que debía hacerlo con él?No, no estaba bien. No podía estarlo, pero se había sentido bien.
Finwe suspiró. Necesitaba desesperadamente ser amado, pero Elrohir… Elrohir era su amigo y temió arruinar esa amistad.
El elfo avanzó inconscientemente hacia la pequeña colina desde donde se podía ver el Brunein, el río que corría serpenteando por el hermoso valle de Rivendel.
Alguien se aproximaba, un jinete que llevaba prisa. Finwe entornó los ojos para verlo mejor, era un elfo rubio y gallardo que cabalgaba a gran velocidad, imprimiendo con sus talones mayor velocidad al caballo. El elfo pelirrojo se quedó de pronto paralizado.
Sus miradas se encontraron…
Momentos después, Finwe corría a toda velocidad en dirección a las caballerizas.
6
Haldir cabalgaba aliviado. La Última Morada estaba allí, frente a sus ojos. Los guardias de las fronteras lo habían dejado pasar, bastante bien conocían al Capitán y ahora señor de Lothlórien.Una solitaria figura sobre una colina le llamó la atención.
Cabellos rojos.
Asombrado, apresuró la marcha hasta poder mirar mejor.
Sus miradas se encontraron…
¡Finwe! ¡Era Finwe!
El elfo pelirrojo lo miró con espanto y emprendió una desordenada huída en dirección a las caballerizas.
- “¡Finwe!”, gritó Haldir apeándose a toda prisa, “¡Finwe!, ¡FINWE!”
Pero el fugitivo corría más velozmente.
Haldir no dudó en seguirlo, corrió en pos de su amado con el corazón martilléandole en el pecho, corrió como si la vida le fuera en ello, y llegó finalmente a un pequeño granero, cuya puerta acababa de cerrarse.
- “¡Finwe! ¡Soy yo!”, exclamó, abriéndola prestamente.
Todo estaba oscuro, y un rayo de luz proveniente de la puerta abierta era lo único que iluminaba el abandonado granero. En un rincón, acurrucado en el piso cubriéndose el rostro, estaba Finwe, su amor.
Haldir se corrió junto a él y se arrodilló.
- “¡Finwe! ¿Qué ocurre pequeño? Soy Haldir, mírame”
Pero Finwe sollozaba, con el cuerpo estremeciéndosele dolorosamente, mientras trataba de cubrir su vientre y rostro.
- “¡FINWE!”
Haldir le apartó las manos del rostro y lo obligó a mirarlo. Era su elfo, sus ojos verdes estaban arrasados por las lágrimas, su barbilla temblaba, y tenía una extraña protuberancia en el estómago. Pero era él, y ahora todo estaría bien.
- “Finwe, pequeño… soy yo”, susurró Haldir con lágrimas en los ojos.
- “Déjame… por favor, no… déjame”
- “¿Finwe?”
Haldir tiró del elfo sin comprender.
De pronto, una figura alta lo apartó bruscamente.
- “¡Déjalo en paz!”
- “¡Elrohir!”, sollozó Finwe arrojándose a los brazos del elfo que lo alzó con ternura ante la atónita mirada de Haldir.
- “Shh, calma pequeño. ¿Puedes caminar?”
Finwe asintió inseguro, pero Elrohir lo alzó en brazos y se dirigió a la salida.
Otra figura se situó junto a Haldir que avanzó hacia delante.
- “Déjalos un momento, Haldir de Lórien”
Elladan asió a su amigo del brazo firmemente.
- “Pero… ¿cómo puede estar él aquí? Huyó de mi… ¿qué le pasa en el estómago? Está abultado…”
- “Está embarazado”, susurró Elladan.
Haldir retrocedió como fulminado por un rayo.
Capítulo 04: Verdades“I was born to love you / he nacido para amarte
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