
ENTRE LUNAS Y ESTRELLAS
HP
Capítulo 1: Feliz encuentro
“I want to know, can
you show me?
I want to know about the strangers like me.
Tell me more, please show me.
Something's familiar
About the strangers like me.”
Phil Collins - Stranger like me
**
Remus Lupin estaba emocionado. Era su primer día en Hogwarts y por poco no alcanza el expreso, ya que había hecho las compras a toda prisa con sus padres, pues sólo el día anterior había recibido una visita por demás inesperada en su casa.
La razón de todo ello era que Remus es un licántropo.
A la edad de siete años, cuando regresaba a su casa, fue mordido por un hombre lobo. Aunque logró escapar a tiempo gracias a la oportuna intervención de un auror que pasaba por allí, tuvo que ser internado en el hospital de St. Mungo y sus padres recibieron luego la dolorosa noticia: su hijo era un licántropo y se convertiría en lobo en cada luna llena. No había cura.
La noticia fue terrible para ellos. Remus era su único hijo y orgullo de la familia. Ambos estuvieron de acuerdo en mantener el asunto lo más en secreto posible, pues los magos son muy intolerantes con los licántropos y no deseaban que su hijo sea discriminado. El Ministerio de Magia era muy estricto y los licántropos debían ser registrados, pero los padres de Remus jamás lo hicieron y sobornaron al médico de St. Mungo para que no dijera nada sobre su hijo.
De este modo, Remus creció con muy pocos amigos, pues siempre debía cuidar que no descubrieran su secreto. Las noches de luna llena, sus padres lo encadenaban en el sótano y lo dejaban solo, para la dolorosa transformación y al día siguiente, ya convertido en humano, lo soltaban y curaban sus heridas.
Remus le tenía pavor a la luna llena. Le recordaba la maldición que lo perseguía, cuando su cuerpo se ensanchaba, tomando una forma diferente y maligna. El lobo iba cobrando mayor fuerza conforme Remus crecía, y cada vez se hacía más daño tratando de librarse de las cadenas que ya no eran suficientes para detener su furia, mientras su madre y su padre esperaban abrazados en la escalera que llevaba al sótano y ella lloraba rogando que no se hiciese mucho daño.
Cuando Remus cumplió los once años, recibió la tradicional carta del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, invitándolo a estudiar allí, pero sus padres menearon tristemente la cabeza.
- “Remus, en el colegio no será posible ocultar tus transformaciones y te expulsarían, o aún peor, podrías causar daño a alguien”, explicó su padre acongojado.
De manera que el niño fue decepcionado una vez más. Aceptó la explicación tristemente, pues su carácter era tranquilo, y se fue a encerrar a su cuarto, con sus únicos compañeros: los libros que tanto amaba. Sólo dos cosas lo animaban siempre: leer un buen libro y comer chocolate.
Así pasaron los días, y sus padres enviaron una carta al colegio explicando que Remus no podría asistir por problemas familiares. El niño pensó que eso era ya un capítulo cerrado, cuando recibió una enorme sorpresa.
La víspera del día que los alumnos de Hogwarts irían al colegio, sus padres recibieron una extraña visita: Albus Dumbledore en persona, el Director de Hogwarts, ¡y quería hablar con Remus!
Remus se acercó tímidamente al anciano. Le pareció bondadoso y confió en él desde el principio, pero dudó cuando él le preguntó si deseaba realmente ir a Hogwarts. Miró a sus padres con temor, pero su madre asintió y él dijo la verdad.
- “¡Es lo que más deseo en el mundo!”, exclamó.
- “Bien. Entonces, todo puede arreglarse”, dijo sonriente Dumbledore.
Luego, lo enviaron a su habitación mientras sus padres hablaban con Dumbledore por lo que le pareció una eternidad. Después, lo llamaron nuevamente.
- “Remus, he hablado con tus padres y no veo ningún problema en que vayas a Hogwarts, si tomamos algunas precauciones básicas”, explicó el anciano guiñándole un ojo.
- “Yo...yo, ¿eso es cierto?”, preguntó Remus mirando dudoso a sus padres.
Su madre tenía lágrimas en los ojos.
- “Sí, cariño”
- “Te conduciremos a un lugar seguro para tus transformaciones”, continuó Dumbledore, “no lastimarás a nadie y tenemos también una excelente enfermera que te atenderá a ti luego de éstas. Podemos decir que tu madre está enferma y debes venir a verla, sólo debes tener precaución con tus compañeros de cuarto”
Remus no podía creer lo que oía. Una lágrima de alegría resbaló de su mejilla y fue limpiada por la mano del anciano que acarició su rostro.
- “Nos veremos en Hogwarts”, dijo sonriendo. Luego, una luz brillante lo envolvió y desapareció.
Así fue que esa noche, Remus y su padre salieron corriendo al callejón
Diagon a hacer las compras de último momento. Por suerte no eran los
únicos tardones y casi todas las tiendas estaban abiertas. Consiguieron
los libros, el uniforme, el papel y el pergamino, además de un set
completo de ingredientes para pociones. Sólo les faltaba la varita
y al día siguiente muy temprano fueron a Ollivanders a comprarla y
luego se dirigieron a la estación donde su madre esperaba con las otras
cosas.
Remus alcanzó apenas el tren y corría por le pasillo buscando dónde sentarse, cuando tropezó con un chico más alto que él que salía de un compartimiento. La velocidad a la que iba Remus lo hizo caer aparatosamente al suelo.
- “¡Eh! ¡Fíjate por dónde vas!”, exclamó el chico.
- “Lo siento”, murmuró Remus sin mirarlo y sin poder levantarse pues estaba débil después de su última transformación.
- “Bueno. Soy Sirius Black”, respondió el chico, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse, porque Remus no parecía capaz de hacerlo solo.
Remus tomó la mano que le tendían y miró al chico. Tenía el cabello en un tono que parecía azul oscuro y lo usaba corto, pero un mechón rebelde le cubría la frente. Su piel era blanca y en sus ojos azul noche había una mirada cálida y traviesa. Le simpatizó mucho.
- “Remus Lupin”, dijo
Sirius miró al chico tendido en el suelo y lo primero que notó fueron sus ojos dorados. Tenía el cabello castaño y era más delgado que él, aunque parecían tener la misma edad. Remus parecía algo enfermo. Le simpatizó mucho también.
- “¿Qué pasa? ¿Se te cayó tu novia?”, preguntó una burlona voz.
Remus se paró de un brinco, rojo como un tomate y Sirius volteó para enfrentar al autor del comentario.
Era un chico bajo y delgado, con el cabello negro grasiento cubriéndole parte de la cara y una enorme nariz que le daba algo de carácter a su pálido rostro. Sirius lo tomó de las solapas de la túnica arrimándolo contra la pared.
- “No le permito a nadie, ¿me oyes?, a NADIE que...”
- “¿Qué ocurre aquí?”, dijo uno de los prefectos, apartándolos. “Está prohibido pelear en el tren”
- “Nos veremos luego”, dijo amenazadoramente Sirius mientras el otro chico se escurría detrás del prefecto.
Remus se quedó encogido en el pasillo. Ese chico sí sabía hacerse respetar. Rápidamente se alejó, buscando un compartimiento vacío hacia la parte de atrás del tren y Sirius volvió a su compartimiento.
Luego de mirar en todos los compartimientos y encontrarlos llenos, Remus caminó con aire resignado por el pasillo. No había tenido suerte y se quedaría sin asiento. Pensó en buscar a un prefecto que lo pueda ayudar, pero entonces, al pasar nuevamente por el compartimiento de Sirius vio un lugar vacío.
Se acercó a la puerta y preguntó tímidamente.
- “¿Hay algún lugar disponible?”
- “¡Claro! Entra”, respondió un chico de lentes y con el negro cabello desordenado. “Soy James Potter y éstos son mis amigos, Sirius Black y Peter Pettigrew”
- “Ah, hola. Remus, ¿verdad?”, preguntó distraídamente Sirius, colocando los pies sobre el asiento de Peter, sentado frente suyo.
- “Hola”, dijo Remus sonriendo. Su sonrisa era cálida y hermosa y una corriente de simpatía lo unió con los otros chicos. “Soy Remus Lupin”
- “Hola”, respondió Peter, sonriendo también. “Siéntate”
Remus se sentó junto a Sirius y frente a James y pronto fue arrastrado hacia una amena charla, de la cual pudo deducir fácilmente que Sirius y James se conocían desde hacía algún tiempo y que Peter había conocido a James el día anterior en Ollivanders. Era notoria la admiración que sentía Peter por James, pensó Remus, lo cual no era extraño pues Peter era el más pequeño de los tres y era bastante gordito y seguramente esto lo hacía blanco de bromas, pero Sirius y James parecían siempre dispuestos a defenderlo.
- “Yo quiero ir a Gryffindor”, decía Sirius en ese momento. “Aunque mi familia piensa que estaría mejor en Slytherin pero ahí, ni muerto. Ya verán mis padres que buen Griffyndor seré. ¿A dónde quieres ir tú?”
- “Yo..yo no lo he pensado aún”, dijo Remus y era verdad, pues la alegría y excitación que le producía ir a Hogwarts había hecho que olvidase que debería pertenecer a una casa.
- “Yo no quiero ir a Slytherin”, dijo con decisión James, “se dice que allí practican las Artes Oscuras. Mis padres dicen que tiene mala reputación. Quiero Gryffindor”
- “Oh”, exclamó Peter, que exclamaba siempre así cada vez que James hablaba. “A mí me gustaría Gryffindor también”
En ese momento, se oyó un murmullo de voces femeninas y apareció en la puerta una chica alta y rubia, con los ojos azules. Era mayor que ellos y venía acompañada de una amiga más joven, como de la edad de ellos.
- “¡Hola, Sirius!”, exclamó alegremente.
- “¡Hola Narcissa!”, respondió Sirius, “mi prima”, explicó a sus amigos.
Pero Narcissa no parecía interesada en saludarlos.
- “Te presento a mi amiga, Audra Finnigan”, dijo, empujando a la otra chica para que saludara a Sirius.
- “H-hola”, tartamudeó ella, roja como la grana.
- “Hola”, dijo Sirius poniéndose de pie y dándole un beso en la mejilla.
La chica salió corriendo seguida por Narcissa que hizo un gesto con las manos indicando que su amiga había perdido la razón.
Sirius se encogió de hombros ante la mirada atónita de Remus
- “Siempre es así”, dijo con engreimiento y volvió a sentarse.
Luego, la plática continuó hacia los demás profesores.
Sirius parecía informado de todo.
- “Mi prima Narcissa me ha contado que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras tiene un genio terrible y que ha investigado mucho sobre los hombres lobo”, dijo Sirius.
Remus pegó un respingo.
- “Los hombres lobo están siendo controlados por el Ministerio de Magia, aunque dicen que hay algunos en el Bosque Prohibido”, intervino James.
- “¡Oh!”, exclamó Peter.
- “Quizás podríamos practicar con alguno, eh James”
- “Cuando gustes, Sirius. Aunque está prohibido salir del colegio, pero ya nos arreglaremos”
Por suerte para Remus, pues se había puesto muy nervioso con la conversación, pasó el carrito de dulces y compró algunas ranas de chocolate. Sirius compró también muchas cosas, pagando con un galeón, lo cual puso en apuros a la bruja que manejaba el carrito, y se tardó un poco en conseguir el cambio.
Estuvieron ocupados comiendo por un buen rato. Remus saboreaba el chocolate, sintiéndose feliz de haber encontrado personas tan simpáticas en Hogwarts. Siempre tenía miedo de hablar mucho con la gente, pues no deseaba que descubran su secreto, pero con ellos, hasta se le antojó que sería divertido contárselo, pero debía de guardar cautela.
Pronto fue interrogado nuevamente por Sirius.
- “¿Qué hechizos sabes hacer?”
Remus leía mucho y conocía varios hechizos. Además, a veces su padre le prestaba su varita para que practicara.
- “Wingardium leviosa”, exclamó Remus apuntándolo con su varita.
Sirius empezó a elevarse hasta que su cabeza rozó el techo del vagón. Luego, Remus lo hizo bajar y quedar sentado nuevamente.
- “¡Hey! Eso estuvo increíble”, dijo riendo, “supéralo, James”
James apuntó a Remus con la varita y dijo:
- “Birbulis”
Remus no sintió nada extraño. Iba a decirlo cuando, apenas abrió la boca, brotaron burbujas.
Peter reía como loco con Sirius y James, y Remus rió también, provocando una enorme cantidad de burbujas que volaron al techo. Los cuatro reían incontrolablemente y atrajeron a uno de los prefectos.
James dijo de prisa.
- “Finite incantatem”
Pero el prefecto ya lo había visto.
- “Está prohibido hacer magia fuera de Hogwarts. Esa es una de las reglas más estrictas y puede generar su expulsión”, los amonestó seriamente.
El resto del viaje transcurrió más tranquilamente.
Al fin llegaron. Era ya de noche y los recibió un hombre enorme con una barba que le tapaba la mayor parte del rostro y que usaba un abrigo de piel.
- “¡Por aquí, los de primer año!”, exclamó. “Soy Rubeus Hagrid, el Guardabosques y Cuidador de las Llaves de Hogwarts”, dijo esto con orgullo, “los conduciré al castillo”.
Los hizo formar en una fila y subir a varios botes, con los cuales atravesarían el foso del castillo. Remus lo miraba todo impresionado. Había leído la historia de Hogwarts, incluso vio fotografías, pero nada era comparado con verlo todo directamente. El castillo era magnífico.
Cuando llegaron, los hicieron subir por una larga escalinata de piedra, donde los esperaba una bruja alta vestida con una túnica verde esmeralda.
- “Soy la profesora Mc Gonagall”, es informó, “deben seguirme para empezar la ceremonia de selección”
Todos la obedecieron, mientras caminaban hacia el Gran Salón. En el fondo del salón estaba una mesa donde se encontraba Albus Dumbledore, el Director de Hogwarts y los demás profesores. Frente a la mesa había un banco con un sombrero de mago, viejo y ajado.
- “Cuando los llame por su nombre, se sientan allí y se colocan el sombrero”, indicó la profesora Mc Gonagall.
- “Sirius Black”, llamó primero.
Sirius se adelantó mientras un murmullo femenino lo seguía. Remus alcanzó a oír que alguien decía – “¡Es muy guapo!”, miró hacia atrás y reconoció a la chica del tren, Audra.
- “¡Gryffindor!”, gritó el sombrero y un grito de júbilo salió de la mesa de la casa seleccionada.
Sirius se acercó allí, guiñándole un ojo a su amigo James.
- “Lilian Evans”, llamó Mc Gonagall.
Una chica de cabellos rojos y ojos verde esmeralda se acercó y tomó el sombrero.
- “¡Gryffindor!”, gritó el sombrero y la chica se dirigió a la mesa, sentándose junto a Sirius.
Sirius le cerró un ojo, pero ella volteó con desprecio. Remus alcanzó a leerle los labios “engreído” era lo que había dicho. El chico sonrió.
- “Audra Finnigan”
La chica avanzó y al sentarse, el sombrero gritó:
- “¡Slytherin!”
Hubo una ovación en la mesa vecina y Remus observó que había allí un chico alto y muy rubio que aplaudía con fuerza.
- “Remus Lupin”
Remus se acercó algo nervioso. Se sentó en el banco y se puso el sombrero. Todas las miradas estaban fijas en él. De pronto, deseó que le tocara en la misma casa que a Sirius y antes de que pudiera pensar en algo más, el sombrero gritó:
- “¡Griffyndor!”
Remus fue corriendo a la mesa de Gryffindor donde todos lo felicitaban.
- “¡Bien hecho!”, dijo Sirius dándole la mano.
Luego fue el turno de James y Peter y ambos fueron elegidos para Gryffindor también, aunque con Peter demoró el sombrero en elegir. Remus se sentía muy feliz, esos chicos eran los primeros amigos que había hecho en Hogwarts.
- “Severus Snape”
- “¡Mira!”, dijo Sirius, “ese es el idiota del tren”, y le habló en voz baja a James, riendo con él.
- “¡Vaya nombrecito!”, exclamó James, “¡Severus! Si más parece Snivellus (llorón)”
- “¡No te burles del pobre Snapy-Phoo, nombre para ridículo”, dijo Sirius con sorna.
Peter rió de la ocurrencia y también lo hizo Sirius. Remus tambié rió, pero no porque le causara gracia burlarse de alguien, sino porque para él era importante sentirse aceptado.
El sombrero gritó:
- “¡Slytherin!” y el chico sonrió satisfecho, dirigiéndose hacia su mesa.
El banquete empezó y todos comieron hasta saciarse. Luego, el director Albus Dumbledore se puso de pie para su tradicional discurso.
- “Muy buenas noches. Les doy la bienvenida a los estudiantes de primer año y les recuerdo que los terrenos del bosque están prohibidos. Asimismo, nuestro Celador, el Señor Filch me ha pedido que les comunique que la lista de objetos prohibidos se ha incrementado este año y está pegada en la puerta de su oficina”, algunas cabezas voltearon a ver a Filch que gruñó amenazadoramente.
- “También les informo que hemos plantado un nuevo árbol”, continuó Dumbledore, “se trata de un Sauce Boxeador, por lo que les recomiendo que no se acerquen a él. No deseo tener accidentados este año. Además, las prácticas de Quidditch se realizarán en el mismo horario del año pasado. Eso es todo”
Se pusieron de pie y los prefectos los condujeron hacia sus dormitorios.
Remus se sorprendió que que le haya tocado con sus nuevos amigos y se sintió feliz porque había estado preocupado pensando quiénes serían sus compañeros de dormitorio.
La habitación era magnífica, las paredes eran de sólida piedra y el piso también, cubierto con una enorme alfombra roja. Había una ventana que daba al lago y la vista era estupenda desde allí, también tenían un ropero con cuatro divisiones para la ropa y un armario para poner los libros y otros artículos personales. Frente a la ventana, había una mesa y cuatro sillas. Pero lo mejor de todo eran cuatro enormes camas con dosel y cortinajes, junto a las cuales se hallaban cuatro pequeñas mesas de noche.
Remus escogió la cama más cercana a la puerta, Sirius eligió la siguiente y James la que venía a continuación, dejándole a Peter la cama que estaba junto a la puerta del baño.
El baño era pequeño, de mármol azul y una ducha con agua fría y caliente en lugar de bañera. A los chicos no les importó que no hubiera bañera, la habitación había colmado sus expectativas.
Remus se puso su pijama a rayas y se acostó con un libro que deseaba revisar. Sirius y James se habían cambiado también, con un pijama azul y otro verde oscuro; y Peter tenía uno celeste.
De pronto, un almohadón golpeó a Remus en la cabeza.
- “¡Aquí nadie estudia!”, le gritó Sirius, “¡además, aún no empiezan las clases!”
- “¡Eso es!”, gritó James arrojándose sobre Remus, “nadie puede leer aquí”
Empezó entonces una batalla de almohadas que terminó cuando uno de los prefectos entró y los amenazó con llevarlos ante Dumbledore.
Remus se acurrucó en la cama y cerró las cortinas. Por primera vez en mucho tiempo sentía que pertenecía a algún lugar, que no era un extraño, que tenía amigos. Ese sentimiento le llenó de calidez el corazón mientras se quedaba dormido, feliz de haber encontrado tan buenos amigos.
Capítulo 2: Primera transformación
“When the night takes
a deep breath
And the daylight has no air
If I crawl, if I come crawling home
WiIl you be there?”
In a little while – U2
- “¡Sirius, date prisa! ¡Llevas allí media hora!”,
gritó James una vez más, aporreando la puerta del cuarto de
baño.
Remus abrió los ojos, soñoliento. Le había parecido un sueño, pero era realidad. ¡Estaba en Hogwarts!
La puerta del baño se abrió en ese momento y salió Sirius, chorreando agua y envuelto en una toalla. James entró al baño y cerró la puerta.
- “¡Remus! ¡Despierta!”, dijo Sirius. Remus, todavía reacio a despertar por completo no le hacía caso, sólo se acurrucaba en su cama.
- “¡Remuuuuus!”, lo despertó Sirius de una sacudida, “duermes como piedra , hace rato estamos despiertos”, dijo alegremente, mientras se secaba el cabello con otra toalla.
Remus sonrió avergonzado. Sus padres siempre le decían que tenía el sueño profundo.
- “Hola”, respondió. “¿Y Peter?”
- “No deseaba perderse el desayuno, el muy cerdo no se esperó a que estuviéramos listos”, respondió Sirius, vistiéndose con el uniforme del colegio.
Remus se levantó y empezó a buscar su ropa mientras Sirius leía en voz alta el horario de clases que estaba pegado en la puerta. Ese día, tendrían Defensa Contra las Artes Oscuras (DAO), con el profesor White, luego, Pociones con Campbell. Al día siguiente les tocaba Encantamientos, con Flitwick, Historia de la Magia, con Binns y Transformaciones con Mc Gonagall. Los demás días tendrían Herbología con Sprout y vuelo, con Hooch, para continuar con DAO y Transformaciones. Sonaba agotador.
Al poco rato, salió James del baño y se vistió a prisa. Cuando estuviero listos, bajaron al Gran Salón. Peter los esperaba allí y los cuatro desayunaron a prisa. Luego salieron corriendo, pues tenían su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, y el profesor tenía fama de estricto y severo. Alguien con quien uno no quiere tener problemas el primer día.
El Aula de DAA se encontraba llena y el profesor ya estaba allí. Cuando entraron, los miró desaprobadoramente por su retraso.
- “Mala forma de comenzar el día”, les comentó, y les indicó sus lugares. Sirius se sentaría junto a Remus y atrás de ellos irían James y Peter.
El profesor Marius White era muy alto y delgado, de cabello rubio entrecano y con el rostro joven surcado por diminutas arrugas. Sus ojos eran grises y cuando miraba a alguien, parecía capaz de leerle los pensamientos.
Comenzó a hablarles de las artes oscuras, y de las criaturas malignas que existían aún en el mundo mágico.
- “Los estudiantes de primer año únicamente analizarán el comportamiento de criaturas mágicas malignas, y cómo deshacerse de ellas. Luego, conforme avancen en Hogwarts, verán hechizos que invocarán entidades malignas o benignas, e incluso, estudiarán maldiciones y cómo defenderse contra ellas. Hoy empezaremos con los boggarts, y...¡Señor Black!”
Sirius se preguntó cómo sabría su nombre. Había estado diciéndole a Remus que su sótano estaba lleno de boggarts y que era sencillo deshacerse de ellos.
- “Dígame, señor Black, ¿qué es un boggart?”, preguntó maliciosamente White.
- “Es un ser que cambia de forma, profesor”, respondió tranquilamente Sirius, “toma la forma de lo que más tememos”
White hizo una mueca de disgusto.
- “¿Cómo te enfrentarías a un boggart, Black?”
- “Con un hechizo, y además, utilizando la risa para ridiculizarlo cuando se transforma, de modo que no pueda asustar”, respondió Sirius. La clase lo miraba con admiración.
White dijo secamente.
- “Bien, Black. Cinco puntos para Gryffindor por saber las respuestas”, hubo un murmullo de aprobación, “y diez puntos menos para Gryffindor por estar interrumpiendo mi clase”.
Hubo un silencio total, hasta que todos captaron lo que había sucedido.
- “¡Es injusto!”, dijo James indignado.
- “Señor Potter, ¿verdad? ¿Qué es lo que ha dicho?”, preguntó White.
- “Dije que es injusto, profesor”, repitió James.
- “Injusto, ¿eh? Y dígame, señor Potter, ¿es justo entonces interrumpir una clase y pretender saberlo todo? ¿no es una falta de respeto hacia los compañeros que vienen aquí deseosos de aprender? La vanidad no es buena, señor Potter. Otros cinco puntos menos para Gryffindor”, murmullo de desaprobación, “¿Hay alguien más que me considere injusto?”
Nadie dijo nada, pero Sirius apretaba los labios. La clase continuó con una explicación de White acerca de los boggarts, que era básicamente lo mismo que había dicho Sirius, pero adornado con muchas anécdotas del mismo White enfrentándose a varios boggarts en circunstancias especialmente difíciles.
Al finalizar la clase, salieron comentando lo injusto que había sido el profesor y se dirigieron a su clase de Pociones, en los calabozos del castillo. Lily Evans pasó rápidamente junto a ellos, adelantándose, y dirigió una mirada de desprecio a James. Éste sólo le sacó la lengua en señal de burla.
La clase de Pociones se desarrollaba junto con Slytherin, y los estudiantes de esa casa ya se encontraban en el aula. Los alumnos de Gryffindor se acomodaron en los altos bancos y esperaron la llegada de Nigel Campbell, el profesor de Pociones y director de la Casa Slytherin.
Campbell era escocés, proveniente de una de las familias más antiguas de ese país, y se le consideraba un experto en pociones. Cuando hizo su entrada, todos se sorprendieron, pues usaba una túnica de tela escocesa, con los colores de su clan: rojo, naranja y verde. Era alto y musculoso, de cabello lacio de un rojo intenso y tenía una voz profunda, capaz de dominar a sus alumnos sin esfuerzo aparente.
Les explicó brevemente el arte de hacer pociones y dio comienzo a su clase, en la cual deberían preparar una poción restauradora, utilizando ajenjo. Las instrucciones aparecieron en el pizarrón, y comenzó a pasearse entre los bancos y a hacer preguntas, las cuales fueron respondidas por Severus Snape y por Sirius, generándose una nueva rivalidad entre ambos estudiantes; sin embargo, los conocimientos de Snape sobre pociones parecían inagotables, para satisfacción de Campbell que no dejaba de aumentar puntos para Slytherin por cada respuesta correcta.
Severus destacó también en la elaboración de pociones, y fue felicitado por Campbell por haber terminado primero y haber logrado el resultado esperado, adicionando diez puntos más a Slytherin, para envidia de Sirius y James.
Al salir de la clase, Sirius y James desaparecieron, y al poco rato, Remus los pudo ver hablando con un chico de cuarto año, pelirrojo como Campbell. Se trataba de Arthur Weasley, conocido por las bromas que solía gastar a sus compañeros.
No tenían más clases por ese día, pero sí una
gran cantidad de deberes que hacer, de modo que pasaron parte de la tarde
en la Biblioteca y el resto del tiempo en la Sala Común de Gryffindor,
terminando un ensayo acerca de los boggarts y una descripción de las
propiedades de las piel de dragón para la elaboración de pociones
curativas.
Sirius no dejaba de bromear mientras hacía sus deberes, y Remus se preguntó cómo podría concentrarse en tantas cosas sin descuidar lo que escribía. Al finalizar, James revisó los ensayos de todos e hizo algunas correcciones.
Luego subieron cansados a su dormitorio y se quedaron dormidos casi al instante, pero Sirius fue despertado por un fuerte trueno. Afuera había una tormenta y los rayos iluminaban a intervalos la habitación. Remus de pronto empezó a gritar y sollozar en sueños. Sirius llegó a su lado en un instante, descorrió la cortina de la cama y lo despertó suavemente.
Remus se abrazó a él, pensando en su madre, pero lo apartó con brusquedad cuando notó que era su amigo.
- “Lo siento”, dijo muy avergonzado. “Es que las tormentas no me gustan”
Lo cierto era que las tormentas lo aterraban, pues en la noche que lo mordió el hombre lobo había también una fuerte tormenta y desde entonces le producían pesadillas.
- “Está bien”, dijo Sirius tratando de animarlo, “todos tenemos miedo a algo”
Remus se preguntó a qué podría temerle Sirius, ¡Parecía tan valiente! Otro trueno lo hizo temblar y abrazó con fuerza su almohada, mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.
- “¿Quieres que me quede aquí?”, preguntó Sirius y el otro chico asintió.
Sirius apartó las mantas y se echó junto a Remus, contándole que él temía también a los demonios sobre los que había leído mucho, y que no le gustaría encontrarse jamás con uno.
- “¿Sirius?”, preguntó suavemente Remus
- “¿Sí?”
- “No le digas a nadie que me dan miedo las tormentas, por favor”
- “No lo haré”, prometió Sirius.
Poco a poco Remus se quedó dormido y Sirius volvió silenciosamente a su cama.
Al día siguiente, Sirius y James parecían muy interesados en llegar temprano a desayunar e hicieron salir a los otros a toda prisa. En el comedor, aguardaban expectantes la llegada de los Slytherin.
Severus Snape llegó solo, como de costumbre, y tomó asiento en un lugar apartado. Leía algo mientras tomaba distraído su leche, cuando de pronto, sonó un chasquido y Snape se vio envuelto en una nube rosa. Cuando esta se disipó, tenía el rostro escarlata y el cabello alborotado. Snape salió corriendo y cubriéndose el rostro, mientras Sirius y James lloraban de risa.
Lily Evans trató de detenerlo en la puerta, pero Snape la apartó y la chica caminó furiosa hasta ponerse frente a Sirius y James, reclamándoles su proceder. Antes de que alguno pudiera responder, apareció la profesora Mc Gonagall, directora de Gryffindor, preguntando quien había sido el autor de la bromita.
Nadie dijo nada, ni siquiera Lily, de modo que Mc Gonagall únicamente los miró furiosa y amenazó con retirar a Gryffindor de la competencia de las casas, si se volvía a producir alguna de esas bromas.
Sirius y James estaban muy satisfechos del resultado de su broma. Explicaron orgullosos a los incrédulos Remus y Peter que se trataba de un hechizo de proyección, y que realmente Snape no estaba escarlata. El hechizo proyectaba una imagen mental de ellos hacia su “víctima”, la cual sólo tenía que beber unas pocas gotas de la poción Illusionata, que Weasley había robado del despacho de Campbell. Luego, sólo había sido necesario pedirle a un elfo doméstico que colocara las gotas en la taza de Snape.
- “¡Ustedes dos están locos!”, declaró Remus, aunque los ojos le brillaban de alegría.
*
Pasaron varios días, en los cuales Snape los evitaba. Solo se le veía hablando con Lucius Malfoy, un chico rubio y guapo de cuarto año de Slytherin, que le había ayudado en el momento de la broma a deshacerse de los efectos de la poción.
Finalmente llegó el diez de setiembre, cumpleaños de Sirius, y éste se levantó ansioso para ver los regalos que le habían enviado por correo esa misma mañana. Su madre le había enviado una cámara fotográfica mágica y un álbum de fotos, que mostraba a Sirius de bebé. James se desternilló de risa con una foto donde Sirius estaba en su camita desnudo abrazado a un puffenki.
- “Oh, qué dulce”- dijo sarcásicamente James mostrándole la foto a Remus para después reírse juntos.
- “Que lindo niño, que pena que creció, mira en lo que se convirtió”, dijo alegremente Remus.
- “¡Envidiosos! Ya quisieran ser como yo”, dijo Sirius medio con arrogancia medio con burla.
- “Arrogante, engreído” canturreó Peter.
Sirius les quitó la foto.
- “Están celosos”, dijo abrazando su álbum, “pero esperen a que lo vean mis amigas”, continuó, tratando de sonar serio sin éxito para después soltarse a reír con sus amigos.
Bajaron al comedor, donde varias chicas de primer curso, y algunas de cursos superiores, se acercaron a saludar a Sirius, que resplandecía de felicidad.
- “Parece un globo de gas”, susurró James a Remus.
Se sentaron en sus lugares y de pronto apareció volando una lechuza blanca, y se dirigió directamente hacia Sirius.
- “¡Tiene un paquetito atado a la pata!”, exclamó Peter, “ábrelo, Sirius”
Sirius tomó el paquete y la nota de la pata de la lechuza y abrió esta última. El papel era perfumado y sólo tenía escrito “Feliz cumpleaños, mi amor”.
- “¡Oye! Qué guardadito te lo tenías…y yo sin saber”, dijo James.
- “Abre el regalo, queremos ver”, insistió Peter.
Sirius, sonriendo aún, abrió el paquete y en él había un corazón de chocolate.
- “¡Chocolate!”, exclamó Remus sin poderse contener. Todos lo miraron, “es que me encanta el chocolate”, explicó.
- “Entonces tómalo”, le dijo Sirius alargándole el chocolate, “en realidad no me apetece ahora”
Remus dudó un momento, pero luego aceptó. Mordió con gusto el chocolate, saboréandolo, cuando se produjo un chasquido y Remus se vio envuelto en una nube blanca. De pronto, el cabello le comenzó a crecer y a ondulársele en forma de ricitos, ante las miradas asombradas de sus amigos.
- “¡Eh! ¡Miren a Lupin! Se ha convertido en una niñita”, exclamó Lucius Malfoy desde la mesa de Slytherin, y Remus salió corriendo del comedor tratando de esconder su cabello, siendo seguido por sus amigos
Antes de salir, Sirius notó una sonrisa de satisfacción en el rostro de Severus Snape y prometió vengarse. El joven Slytherin le había dado de su propia medicina.
La guerra se había declarado.
***
Luego del incidente del chocolate, la profesora Mc Gonagall pidió a los prefectos redoblar la vigilancia en los cuatro chicos, y Campbell hizo lo mismo con los prefectos de Slytherin para que vigilaran a Snape, aunque no tenían idea de quién podría hablerlo ayudado.
La profesora Mc Gonagall también se puso más exigente con ellos en las clases de Transformaciones, aunque Sirius y James eran alumnos brillantes. Llegó a exigirles transformar una pluma en un ave, tarea de la cual nació una lechuza pequeñita y sin alas, y un cernícalo sin cabeza.
- “Finite incantatem”, exclamó la profesora, devolviendo las plumas a su estado original, “señores, tienen una semana para lograrlo. Quiero ver que sus habilidades se desarrollen en algo más que en hacer bromas”
Eso mantuvo ocupados a Sirius y James por la siguiente semana, hasta que lo lograron.
- “Veinte puntos para Gryffindor por cada uno”, sonrió la profesora Mc Gonagall llena de orgullo.
*
Se acercaba el fin del primer mes de clases, cuando Dumbledore mandó llamar a Remus a su despacho.
Remus fue conducido hacia allí por la profesora Mc Gonagall, quien lo dejó solo con el director. Estaba muy nervioso y miraba con aprehensión hacia todos lados, menos al rostro de Dumbledore.
- “Remus, me alegra saber que te adaptas bien a la escuela y que tienes buenas calificaciones”, le dijo el director sonriendo y Remus se atrevió a mirarlo. “sabes que se esta noche es luna llena, y debemos tomar las precauciones correspondientes. Prepara algunas cosas y ve a buscar a la Señora Pomfrey en la enfermería, ella te llevará al lugar que hemos preparado y te atenderá luego de la transformación”, continuó el director.
- “¿Y los deberes? ¿Y qué les digo a mis amigos?”, preguntó Remus, preocupado.
- “Les diremos que fuiste a ver a tu madre que está enferma. Hoy es jueves. El sábado debes estar restablecido, la Señora Pomfrey es muy competente”, dijo Dumbledore, “el domingo puedes descansar en tu propio dormitorio y el lunes volverás a clases. He hablado también con los profesores y te dispensarán de los deberes por esos días. Pero tendrás que estudiar esos temas para los exámenes”
- “Lo haré. ¡Gracias!”, contestó Remus sonriendo y se dirigió a buscar sus cosas.
La Señora Pomfrey lo condujo hacia el sauce boxeador, y presionó una rama baja, abriendo la entrada a un pasaje. Estaba oscuro, pero ella hizo aparecer fuego en la punta de su varita y avanzaron. Llegaron a lo que parecía ser una casa abandonada y bajaron las mohosas escaleras de madera hasta llegar al sótano, donde había una gran cama y algunos muebles.
- “Te quedarás aquí hasta mañana, y vendré a buscarte. No te preocupes, esta casa está lo suficientemente alejada de todo, y la puerta del sótano es bastante sólida”, explicó la Señora Pomfrey al notar la mirada de preocupación de Remus. Luego se retiró.
Remus se quedó solo, lo cual no era novedad para él, pues siempre estaba solo durante sus transformaciones. Hacía tiempo que había aprendido que era mejor quitarse la ropa, para evitar que el lobo la desgarre, de modo que hizo eso,doblándola cuidadosamente y poniéndola en el único lugar que parecía seguro: debajo de la enorme cama.
Luego, se sentó sobre la cama y aguardó. Su cuerpo se puso tenso y un dolor conocido, pero igualmente insoportable se apoderó de sus miembros, mientras sus huesos se estiraban y su piel se cubría de pelo. El chico gritó de dolor mientras su rostro se alargaba y su boca formaba un hocico con afilados dientes. En un instante, la transformación estuvo completa y el lobo aulló tratando de escapar. Pero, como siempre, fue en vano. Estaba encerrado.
Presa de su furia habitual, el lobo arremetió contra los pocos muebles, produciéndose heridas, pero no le importó. Aullaba y ladraba con fuerza, y en su desesperación, se mordía a sí mismo. Pero su suplicio duraría toda esa noche, y en vano se golpeaba contra la puerta, de sólido roble, y asegurada con fuertes cadenas.
Al día siguiente, la Señora Pomfrey abrió la puerta y encontró a Remus desnudo en un rincón, semi inconsciente y temblando de frío, cubierto de horribles heridas y golpes. Movió tristemente la cabeza y se apresuró a acercarse y despertarlo, para ayudarlo a vestirse y conducirlo a la enfermería, donde lo atendió lo mejor posible.
Sus amigos se preguntaron dónde estaría Remus, pero la profesora Mc Gonagall les explicó que su madre estaba enferma y se tuvo que ausentar a cuidarla. No tuvieron mucho tiempo para pensar en ello, porque tenían muchos deberes, y estuvieron ocupados hasta muy entrada la noche del domingo.
Sirius terminó primero y decidió irse a acostar. James aún estaba revisando la tarea de Peter y ambos dijeron que subirían luego. Apenas entró en la habitación, Sirius notó algo extraño. Las cosas de Remus estaban sobre una silla.
Se acercó a la cama de su amigo y abrió suavemente una cortina. Remus estaba medio dormido y abrió mucho los ojos cuando lo vio.
- “Hola”; susurró con la voz cansada.
- “Hola”, respondió Sirius, mirándolo con asombro, “¿estás bien?”
Remus lucía mortalmente pálido y cansado, aunque ya no tenía señales de las heridas, gracias a la habilidad de la señora Pomfrey, pero se le veía muy débil y ojeroso.
- “Sí”, respondió sonriendo, “tuve que viajar a ver a mi mamá y no he dormido mucho. Pero estoy bien”, explicó.
- “¿Seguro? Puedo llevarte a la enfermería si deseas”
- “No es necesario. Solo quiero dormir”, pidió Remus bostezando.
- “Está bien. Buenas noches”, respondió Sirius cerrando la cortina y preparándose para dormir.
James y Peter llegaron luego.
- “¿Ha vuelto Remus?”, preguntó Peter señalando la ropa sobre la silla.
- “Sí”, respondió Sirius, “está dormido. Parece enfermo”
- “¿Enfermo? ¿Su madre no era la enferma?”, preguntó James.
- “Míralo”, dijo Sirius acercándose a la cama de Remus y descorriendo la cortina un poco.
- “¡Oh!”, exclamaron James y Peter al ver el rostro pálido y cansado de Remus, profundamente dormido.
- “Hay algo raro en todo esto”, dijo Sirius, volviendo a correr las cortinas. “no hagan ruido, déjenlo descansar”
Capítulo 3: El secreto de Remus
“It's no secret that
a friend is someone who lets you help
It's no secret that a liar won't believe anyone else
They say a secret is something you tell one other person
So I'm telling you...child”
The fly – U2
Remus se recuperó totalmente de la transformación en algunos días más, durante los cuales Sirius y James se encargaron de ayudarlo con los temas que habían tratado los dos días que se ausentó. Los profesores les dejaron tantos deberes que apenas tenían algo de tiempo libre. Normalmente terminaban de hacerlos muy tarde por la noche y se iban directamente a dormir.
Se habían acostumbrado ya a estar juntos los cuatro, estudiando y bromeando juntos. Por las mañanas, Sirius siempre era el primero en despertar y tomar una larga ducha, interrumpida sólo cuando James comenzaba a aporrear la puerta del baño. Peter se levantaba junto con James y entre ambos le gritaban a Remus que se diera prisa. Remus era el dormilón y siempre le costaba mucho levantarse, parecía que siempre le faltaba sueño. Pero cuando sus ojos dorados se abrían completamente, era el primero en pedir el desayuno, incluso antes que Peter.
En el comedor, se sentaban siempre juntos y Sirius pasaba saludando a sus muchas amigas, que daban risitas nerviosas al verlo y agitaban la mano. James siempre se burlaba de eso y Peter lo secundaba, pues Peter celebraba cualquier ocurrencia que tuviera James.
También tenían sus clases favoritas. A Remus le fascinaba Defensa Contra las Artes Oscuras, a pesar del temperamento de White, que no parecía mejorar en relación a Sirius. El profesor conocía muchísimo sobre la materia y Remus, normalmente tímido en otras clases, hacía preguntas con frecuencia. Uno de los temas que comenzó a estudiar con interés fue el de los licántropos, llamando la atención de sus compañeros, pues esa lección era una de las últimas de su libro.
A Peter le gustaba Herbología, era el único de ellos tres que realmente disfrutaba metiendo sus manos en la tierra de las macetas de los invernaderos y manchándose la túnica con abono y lodo. En las demás materias no era muy bueno, pero siempre contaba con la ayuda de James.
James tenía sus intereses divididos entre Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras, ambas materias le fascinaban, aunque también le gustaban las clases de vuelo y soñaba con entrar al equipo de Quidditch cuando estuviera en segundo año, pues los de primero no podían jugar aún.
A Sirius le gustaban varias materias. Sus favoritas eran también Defensa Contra las Artes Oscuras y Transformaciones, pero también le gustaba Encantamientos, pues la clase solía ser muy divertida y siempre se aprendía allí algo útil para fastidiar a Snape. Respecto a Pociones, no era su materia preferida, pero la llevaba bien. Aunque, cuando se aburría en clases, se dedicaba a molestar a Snape cuando Campbell no lo veía.
En cuanto a Snape, el joven Slytherin se estaba haciendo popular por su habilidad para las pociones y se sabía que cobraba por hacer la tarea de sus compañeros. No es que el joven Snape fuera demasiado sociable, pero era útil. Siempre andaba solo, o a veces en compañía de Lucius Malfoy y sus amigos, Walden Mc Nair, Ewan Rosier y los hermanos Lestrange, Rodolphus y Rabastan.
*
- “Fue Malfoy”, dijo una tarde Sirius, entrando muy serio a la Biblioteca y arrojando la mochila sobre la mesa.
No fue necesario preguntarle a qué se refería. Todos sabían que Sirius había estado tratando de averiguar quién ayudó a Snape en la broma que le jugaron.
- “¿Qué haremos?”, preguntó James.
- “Debemos tener cuidado, Arthur me ha dicho que Malfoy es peligroso. Además, su familia tiene fama de ser partidaria de la doctrina de Ryddle”
Todos asintieron. En sus clases de Historia de la Magia, habían estado analizando las diferentes corrientes de pensamiento en el mundo mágico. Tenían en primer lugar, la doctrina de Salazar Slytherin, cuyos partidarios, como la familia de Sirius, creían que sólo las familias de magos tenían derecho a beneficios en el mundo mágico y despreciaban a los llamados “sangre sucia” o magos emparentados con muggles.
Tom Ryddle, un seguidor de Slytherin y alumno de Hogwarts, había radicalizado la propuesta original, creando su propia doctrina, donde se propiciaba, además, la destrucción de los muggles y magos nacidos de muggles.
Esa noche, luego de concluir los deberes, subieron a su habitación y se acostaron; sin embargo, Sirius estaba inquieto, pues al día siguiente recibiría la carta que su madre acostumbraba enviarle todos los meses, y ya se imaginaba su contenido. Después de dar varias vueltas en la cama decidió que no podría dormir y se levantó para mirar por la ventana.
Algo llamó su atención. Dos figuras cubiertas por capas cruzaban el castillo en dirección al lago. Se estaba preguntando quiénes serían, cuando el viento ondeó la capucha de una de las figuras y Sirius pudo ver una cabellera rubio platino.
No lo pensó dos veces y empezó a vestirse.
- “Sirius, ¿puede saberse a dónde vas?”, Remus estaba de pie junto a él, se había levantado sigilosamente.
Sirius señaló hacia la ventana, apuntando al lago.
- “Malfoy”, susurró.
- “Yo también voy”, dijo resueltamente Remus y avanzó en busca de su ropa, con tan mala suerte que tropezó con la mesa y echó abajo varios pesados volúmenes de libros de hechizos.
- “¿Qué pasa?”, exclamó James despertándose de pronto y Peter se sentó sobre la cama, soñoliento.
Sirius les explicó. Al poco rato, cuatro figuras se deslizaban fuera de la habitación y se dirigían al lago, ocultándose entre las sombras y los matorrales.
- “¿Dónde demonios estarán?”, susurró James, “no se ve nada”
Un lamento les llamó la atención.
- “Allí”, susurró Sirius apuntando hacia unos arbustos.
Los cuatro avanzaron de puntillas, con las varitas dispuestas y se ocultaron en un macizo de flores. Con mucho cuidado, asomaron la cabeza.
Cuatro bocas se abrieron estupefactas. En el pasto, ocultos tras los arbustos, Lucius Malfoy y Catriona Mc Gregor se besaban apasionadamente, tan absortos en lo que hacían, que no notaron a los inoportunos visitantes.
James fue el primero en volver a ocultarse y tiró de los otros. Pero Sirius no se movía, es más, ya estaba alzando la varita y Remus tuvo que colgarse de su brazo y arrastrarlo fuera de allí. Corrieron silenciosamente de vuelta al castillo, con los rostros rojos por la carrera y también por la sorpresa que recibieron.
Apenas entraron al castillo, se tropezaron con la Señora Norris, lo que significaba que Filch no podía andar lejos. La gata abrió la boca para maullar.
- “Insonorus”, murmuró James y los cuatro corrieron veloces hasta llegar a la Torre de Gryffindor y desaparecer detrás del retrato.
Llegaron sin aliento a la habitación, conteniendo la risa al imaginar la cara de Filch cuando viera a su gata maullando desesperadamente, pero sin emitir sonido alguno.
- “¡Bravo, James!”, celebró Sirius palmeándole la espalda.
- “¿Delatamos a Malfoy?”, preguntó Remus, mientras se ponía el pijama.
- “No, aún no. Debemos ver más. Pude hacer que desaparezca el arbusto y encender una luz, para que todos lo vieran, ¿por qué tenían que sacarme de allí?”, se lamentó Sirius.
- “Nos hubieran descubierto”, dijo tranquilamente James, “ahora que sabemos lo que hace Malfoy en las noches, podemos preparar con calma la venganza. Y eso requiere investigación”
- “Y tú, cerebrito, disfrutaste con eso, no lo niegues”
- “¿Y tú? Si no tiramos de tu brazo, te hubieras quedado a ver el resto del show…”
- “Piérdete, Potter”
- “¿Alguien ha besado a una chica?”, preguntó Peter
Todos negaron, con excepción, claro está de Sirius.
- “Yo lo hice. Mi prima Bellatrix me obligó”, empezó a explicar, “jugaba con sus amigas a contarse secretitos, y tuve que besarlas a todas”
- “¿Bellatrix? ¿Es la que está en sexto año de Slytherin?”, preguntó James
- “Sí”
- “¿Y qué se siente?”, preguntó tímidamente Remus.
- “Pues…no sé, es raro, hay que cerrar los ojos y se abre la boca…es un poco húmedo”, Remus puso cara de asco, “no es tan malo una vez que te acostumbras”, finalizó Sirius.
- “Pues yo jamás lo haré”, declaró Peter
- “Ni yo”, dijo Remus
- “James sí que lo hará”, rió Sirius, “y yo sé con quién, ¡Con Lily Evans!”
- “¡NUNCAAAAAAAAAAA!”, gritó James y le lanzó una almohada.
Siguió una batalla de almohadas, al final de la cual quedaron todos rendidos en sus camas.
- “¡Somos únicos!”, dijo Sirius
- “Lo somos. Deberíamos tener un club”, lo secundó James.
- “¿Cómo lo llamaremos?”, preguntó Remus
- “Los Vengadores”
- “No Peter, eso suena tonto…déjame pensar”, dijo James. “¡Ya sé! Los Merodeadores”
- “SIII”, corearon los demás.
- “Los Merodeadores de Hogwarts. Nadie podrá con nosotros, exploraremos el castillo y burlaremos a Filch”, exclamó Sirius entusiasmado.
- “Hagamos un juramento de sangre”, dijo James buscando una navaja en su baúl.
Todos se sentaron y descubrieron sus muñecas. James cortó la piel levemente y luego juntaron en alto las manos, mezclando la sangre de las heridas.
- “Ahora todos somos uno. Siempre amigos y sin secretos”, dijo Sirius.
Se sentían unidos por un vínculo muy fuerte. Eran amigos. En toda la amplitud de lo que significa la palabra. Se apoyaban y se admiraban mutuamente, se contaban sus problemas y compartían miles de bromas y juegos, y también compartían sus sueños…Pero Remus aún guardaba un secreto. Algo que no podía confiarles.
Poco a poco sus conversaciones se fueron apagando, mientras volvían a sus camas y el sueño los vencía.
Por la mañana, cuando llegó el correo, Remus notó la mirada triste de Sirius luego de que abriera la carta de su mamá. La señora Black estaba ya bastante molesta con que Sirius hubiera sido seleccionado para Gryffindor en lugar de Slytherin, y como sus sobrinas Bellatrix y Narcissa la mantenían bien informada, sabía también quiénes eran los amigos de Sirius.
El párrafo que había molestado más a Sirius era:
“Sirius, no debes olvidar que perteneces a una de las familias más antiguas de magos y por lo tanto, debes seleccionar mejor a tus amistades. A tu padre y a mí nos agrada que seas amigo de Pettigrew, su familia es bastante conocida y de buena posición. Potter no está mal tampoco, aunque su familia no comparte nuestras ideas acerca de los muggles. Pero Lupin no te conviene como amigo, su familia está perdiendo dinero y poder, nadie sabe en qué emplean los galeones, pero les empiezan a escasear y tampoco frecuentan nuestro club. No deseamos que seas su amigo.
Por el contrario, el joven Lucius Malfoy, de Slytherin, puede ser un amigo valioso, está bien relacionado y pertenece a una famila tan antigua como la nuestra. Deseamos que cultives su amistad”
¡Siempre con sus ideas tontas sobre la posición social! ¿Amigo de Malfoy? El tipo no le agradaba en lo más mínimo, siempre con sus aires de grandeza, caminando como un príncipe. Además, era amigo de Snape.
- “¿Qué pasa?”, la mano de Remus sobre su hombro y su mirada preocupada lo hicieron dejar sus pensamientos.
- “Mi madre desea ahora escoger a mis amigos. Quiere que sea amigo de Malfoy”
La mirada escandalizada de Remus lo hizo reír y no pudo evitar revolverle el cabello.
- “No te preocupes, no lo seré”
*
Luego de varias desapariciones de Remus, Sirius estaba convencido de que algo extrañísimo le pasaba. Había hablado con Jame y Peter y notaron que sucedían a intervalos regulares y luego Remus estaba cansado e irritable. Sirius decidió que lo seguirían la próxima vez.
También estaba preocupado por las tormentas. Era ya un acuerdo tácito entre los dos, cada vez que había tormenta, Sirius pasaba a la cama de Remus y cerraba las cortinas. Lo abrazaba para darle tranquilidad y hablaban con susurros para no despertar a los otros. Sirius le contaba sus problemas en casa, pues parecía que jamás complacería a sus padres y tampoco pensaba como ellos, toda esa basura acerca de los “sangre limpia” y los “sangre sucia” lo estaba enfermando.
Remus le decía que ellos eran los mejores amigos que había tenido jamás. Que nunca se separarían. Y ambos sentían un agradable calor en sus corazones. Algunas veces, sólo escuchaba. La voz de Sirius lo tranquilizaba y el calor de su cuerpo le daba seguridad. Se acurrucaba en su pecho oyendo latir su corazón hasta quedarse dormido.
Esos eran los únicos días que Sirius no despertaba primero, y cuando James se levantaba, sonreía al verlos dormir así. Claro está, antes de arrojar una almohada en la cabeza de Sirius para despertarlo.
*
A mitad del año y luego de varias excursiones nocturnas y no pocas detenciones, descubrieron un par de pasajes secretos que llevaban uno hacia el patio exterior y otro hacia el lago.
Además, tuvieron una idea cabal de la vida sentimental de Malfoy. Por sus manos pasaron chicas de todas las casas con excepción de Slytherin, sin que él pareciera tener problemas.
El día que salió con Brenda Rhodes, ellos tenían todo listo. Se ocultaron detrás del macizo de flores, como siempre, pero esta vez, con las varitas en la mano.
Cuando la pareja estaba de lo más absorta en sus intercambios, Sirius susurró “AQUA” Remus dijo “Lumus”, James murmuró “Reducio”, apuntando al arbusto y Peter dijo a su vez “Sonorus”
Luego, corrieron lo más rápido que sus pies los llevaban, de vuelta hacia el castillo por el pasaje secreto que descubrieron.
- “¡Ahhhhhh! ¡Luciuuuusssssssss!”, gritó Brenda al sentir el chorro helado de agua sobre su cuerpo.
El grito sonó en todo el colegio.
- “¡Cállate Brenda! ¡Por un demonio!”
Pero era demasiado tarde. Iluminados por el hechizo de Remus y sin el arbusto que los cubriera, eran el blanco perfecto para que los hallase Filch. Mientras los llevaba triunfal a la sala de detenciones, los culpables de la broma se desternillaban de risa y Malfoy lanzaba miradas asesinas a su alrededor.
*
Al día siguiente, por la tarde, Remus les comunicó que se iría por unos días, porque su madre estaba enferma otra vez. Cuando subió a arreglar sus cosas, sus amigos lo siguieron silenciosamente, resueltos a resolver el misterio.
Ocultos en una columna, vieron a Remus salir de la Torre de Gryffindor con un pequeño maletín. Lo siguieron velozmente y se sorprendieron mucho de que no se dirigiera a la salida, sino al patio trasero del castillo. Luego, lo vieron acercarse al árbol boxeador. Las ramas se quedaron quietas un momento hasta que Remus desapareció por allí. Después empezaron a moverse de nuevo.
- “¡Vamos!”, dijo Sirius.
Corrieron y se acercaron todo lo que las ramas le permitian.
- “Allí hay una pequeña abertura”, dijo Peter, de gatas observando entre las raíces del árbol.
- “Ese nudo es distinto a los demás”, informó James.
Sirius tomó una piedra y con muy buena puntería la lanzó hacia el nudo en la corteza del árbol, el cual se quedó quieto. Los tres avanzaron resueltamente y entraron por el agujero. Empezaba a oscurecer.
El pasaje por el que avanzaban era estrecho y tenían que caminar agachados. Luego se ensanchó y los llevó hacia una puerta que abrieron. Era una casa antigua y abandonada. Instintivamente, siguieron las escaleras que llevaban al sótano, cuya sólida puerta estaba cerrada.
- “¡Alohomora!”, dijeron los tres al unísono y la puerta se abrió, revelando a Remus desnudo en el centro de una habitación desordenada y sucia.
Remus se volvió con ojos de espanto.
- “¡Váyanse!” gritó tratando de empujar la puerta.
- “¡Remus, vinimos a ayudarte! ¿Qué pasa?”, preguntó James empujándolo hacia adentro
- “¡Váyanse!”, pedía Remus desesperado, “no pueden ayudarme, nadie puede. ¡Por favor! ¡Los lastimaré, no puedo controlarlo!”
- “Rem, espera, te ayudaremos”, dijo Sirius tratando de tranquilizarlo
- “¿NO LO ENTIEDEN? ¡SOY UN LICANTROPO! LA LUNA VA A SALIR EN UNOS MOMENTOS, ¡VAYANSE!”
Sirius se echó para atrás. Todo ahora tenía sentido, las desapariciones de Remus eran en luna llena y luego regresaba tan débil que le tomaba una semana reponerse. Y las pesadillas.
- “¡CORRAN!”, el alarido de James lo hizo reaccionar y corrió todo lo que daban sus piernas, arrastrando a Peter, pues había visto a Remus lanzarse al piso mientras su cuerpo se retorcía en horribles convulsiones y se empezaba a agrandar.
Casi llegaban a la salida, cuando sintieron un aullido terrible y al volverse, Sirius pudo ver un enorme lobo hambriento lanzarse a por ellos, con grandes ojos dorados cargados de furia. Salieron apenas por el agujero, demasiado estrecho para el lobo, y corrieron de vuelta a Hogwarts con el corazón golpeandoles el pecho.
- “¿Y ahora qué?”, preguntó James, cuando sin aliento se arrojaron a las camas.
- “Creo que... ¡Nos divertiremos muchísimo!”, exclamó Sirius.
*
Remus abrió los ojos. Lo primero que hizo fue buscar con la mirada si había algún rastro de sangre y los cuerpos heridos de sus amigos. Suspiró aliviado al ver que sólo él estaba herido. Como siempre.
La señora Pomfrey acababa de entrar, y lo ayudó suavemente a vestirse, para emprender el camino a la enfermería. Remus iba llorando. Había perdido a sus amigos.
La enfermera pensó que era por el dolor de las heridas.
- “Calma, muchacho. Pronto te curaré y podrás volver con tus amigos”
¿Cuáles amigos? Ya nunca más tendría amigos. Lo despreciarían y le temerían por lo que era. Se tendió en la cama de la enfermería, llorando silenciosamente mientras la señora Pomfrey meneaba tristemente la cabeza y le proporcionaba una poción que lo hizo dormir algo inquieto. Luego, curó cuidadosamente sus heridas, cubriéndolo con una sábana. Unos golpes en la puerta la hicieron saltar.
- “¿Qué sucede?”, exclamó al abrir.
Sirius, James y Peter estaban en el umbral, con los rostros preocupados.
- “Deseamos ver a Remus”, pidió James.
- “¿Remus Lupin? Él no está aquí”
- “Sabemos sobre Remus, señora Pomfrey”, dijo calmadamente Sirius, “lo vimos transformarse ayer. Deseamos ver cómo está”
- “¡Oh cielos! Esto…no puedo…debo ir por el director”, la señora Pomfrey se retorcía nerviosa las manos y se hizo a un lado, lo que fue aprovechado por ellos para entrar inmediatamente, mientras la enfermera corría en busca de Dumbledore.
Remus abrió pesadamente los ojos, para encontrarse con sus tres amigos que lo miraban preocupado.
- “Lo siento”, dijo con los ojos llenos de lágrimas, “me mordieron cuando era pequeño, no quise lastimarlos, ¿por qué tenían que seguirme?”
- “Los cuatro somos uno, ¿recuerdas?”, susurró Sirius, “nada de secretos y siempre ayudándonos, como deben ser los amigos”
- “Pero…¿todavía quieren ser mis amigos?”, preguntó tembloroso Remus
- “¡Claro lobito! No sabes cómo nos vamos a divertir”, sonrió James.
- “Yo…puedo hacerles daño…es peligroso”
- “Lo tenemos todo planeado”, dijo Peter
- “Desde ahora, serás Moony y este será nuestro secreto”, declaró solemnemente Sirius.
- “Prestemos juramento: No diremos nada, seguiremos siendo amigos y no más secretos”, dijo James alzando la mano con seriedad. Peter lo imitó.
Remus lloraba de alegría. Sus amigos lo abrazaron y se sintió feliz, a pesar de los huesos adoloridos y de las heridas aún abiertas. Allí, abrazados a él, estaban los mejores amigos que había tenido en la vida.
Y asi los encontró Dumbledore momentos después.
Y sonrió.
Los chicos prometieron guardar bien el secreto y ayudar a la señora Pomfrey con los cuidados que le debían dar a Remus luego de la transformación. Con el tiempo, ellos mismos lo curaban y se les permitió llevar los unguentos y las pociones a su habitación a donde ellos transportaban a Remus luego de las transformaciones.
*
Sirius y James llevaban semanas investigando sobre la licantropía y cómo ayudar a Remus. El tema les interesaba tanto que olvidaron las bromas a Snape y los paseos nocturnos por un tiempo. Finalmente, Sirius llegó un día triunfante a la Sala Común y les leyó un párrafo de “Hijos de lobos”.
“El licántropo es un ser fiero y sanguinario para los humanos. Sin embargo, cuando está entre otros animales no es peligroso”
- “Ya está. Si nos convertimos en animales, podremos acompañar a Remus durante su transformación”
- “¡Animagos! ¡Eso es muy peligroso, Sirius! Además, los animagos necesitan permiso del Ministerio de Magia”
- “También lo necesitan los licántropos, Moony. Y que yo sepa, no lo tienes”
- “James, dile que está loco”
- “¡Me encanta! Claro que no está loco, de todos sus planes, es el único razonable que he oído. Podemos hacerlo, pero creo que tomará tiempo…tendríamos que visitar la Sección Prohibida de la Biblioteca…”
A Sirius le brillaban los ojos de excitación.
Sin embargo, tuvieron que posponer esos planes ya que tenían la fiesta de Navidad encima. Peter y Remus fueron con sus familias, pero Sirius prefirió quedarse y James decidió hacerle compañía. Pasaron las cortas vacaciones investigando sobre transformaciones en la Biblioteca, pero fue infructuoso. No hallaban la forma de convertirse en animagos.
Para cuando Peter y Remus volvieron, Sirius los llevó al dormitorio en seguida, porque quería mostrarles algo.
- “¿Y James?”, quiso saber Remus.
- “Debe andar en la biblioteca, persiguiendo a Lily Evans”, respondió alegremente Sirius.
De pronto, la cabeza de James apareció flotando en el aire.
- “¡Yo nuncaaaaa!”, gritó.
- “¡U-un fantasmaaaaaaa!”, gritó Peter refugiándose sobre Sirius que lo apartó inmediatamente, riendo como loco.
James apareció de repente, sosteniendo en su mano una tela plateada con extraños pliegues.
- “¡Una capa de invisibilidad!”, exclamó Remus maravillado.
- “Me la dio mi padre por Navidad. Con ella podremos visitar la Sección Prohibida, y es lo suficientemente grande para cubrirnos a los cuatro”
Remus sonrió. Por primera vez la loca idea de Sirius parecía cobrar forma y en su corazón hubo un poco de esperanza.
La siguiente semana lograron registrar la primera estantería de la Sección Prohibida, sin encontrar nada que les pudiera servir. Pero el registro de las demás estanterías tuvo que esperar. Se acercaban los exámenes finales y la copa de Quidditch y James y Sirius no se querían perder partido.
Pasaban las noches estudiando y practicando hechizos y metiéndose en problemas con Filch, pues Sirius y James inventaron unas bombas fétidas que arrojaban el los pasillos al acercarse el conserje. Sin embargo, en una ocasión Filch se puso de acuerdo con Campbell y fueron descubiertos, pasando un mes entero en detención en el despacho de Campbell, copiándole a mano innumerables recetas de pociones, al punto que ya no necesitaron estudiar para el examen de Pociones, pues dominaban la materia completamente.
Los exámenes pasaron con mucha tensión de los cuatro, pero cuando les dieron sus notas se sintieron aliviados. Los resultados de los exámenes habían sido excelentes. Sirius y James tenían las mejores notas del primer año, siendo superados sólo en Pociones por Snape que los seguía de cerca. Remus se conformó con un SOBRESALIENTE en Defensa Contra las Artes Oscuras y sus buenas notas en los demás cursos. Peter pasó a duras penas Transformaciones, pero sacó SOBRESALIENTE eh Herbología. Los cuatro habían pasado de año.
Finalmente, llegó el final del año y con él la despedida. Remus estaba lleno de pesar por tener que dejar a sus amigos. James y Sirius pasarían el verano juntos y Peter los iría a visitar, pero los padres de Remus lo llevarían a París a visitar el Instituto Versalles, famoso por tratar enfermedades incurables.
Al finalizar el banquete de despedida, Remus fue a empacar. Al día siguiente salía el Expreso de Hogwarts. Luego de alistar su baúl, se fue a sentar solitario, a la Sala Común.
- “¿Moony?”, Sirius se sentó a su lado.
- “Me voy a París”, fue lo único que dijo Remus.
Sirius le dijo suavemente:
- “Extiende la mano”
Remus lo hizo y sintió algo redondo y metálico. Sirius le cerró la mano sobre el objeto.
- “Es un comunicador de bolsillo. Tengo cuatro y le he dado uno a James y otro a Peter. Podemos hablar a través de ellos cuando lo deseemos”
El rostro de Remus se iluminó. No pasaría el verano sólo. Después de todo, tendría a sus amigos.
Capítulo 4: Misterios por descubrir
“You're dangerous 'cause
you're honest
You're dangerous, you don't know what you want
Well you left my heart empty as a vacant lot
For any spirit to haunt”
Who's Gonna Ride Your Wild Horses – U2
El verano transcurrió rapidísimo para Sirius, Peter y James,
pero no para Remus. Pasó dos meses completos en el Instituto Versalles,
en París, donde le hicieron una serie de exámenes destinados
a buscar una cura o al menos un paliativo para su enfermedad, pero sin éxito.
El comunicador de bolsillo que les había dado Sirius los mantuvo en contacto, pero no siempre, porque Remus se quedaba en el hospital del instituto por días enteros y no le permitían llevar más que su ropa.
Apesadumbrado, volvió con sus padres a Londres, con el tiempo justo para ir de compras al Callejón Diagon, ya que se había puesto de acuerdo con sus amigos para encontrarse allí.
Peter estaba con sus padres y los de James, pero no había señales de James y Sirius. Los padres de Remus se quedaron en Flourish & Blotts comprando los libros, mientras los chicos salían a buscar a sus amigos.
La tienda de escobas tenía su público juvenil acostumbrado, pues se exhibía el nuevo modelo de escoba, una Comet 78, modelo aerodinámico ideal para jugar al Quidditch. Dos chicos salían de la tienda, con sus escobas empacadas.
- “¡Sirius! ¡James!”
Ellos agitaron las manos y corrieron al encuentro de Remus y Peter, a quien habían saludado más temprano.
- “Hola Moony, luces terrible”, dijo Sirius alborotándole el cabello.
- “Eh, deja”, protestó el aludido, arreglándose como pudo el rizo castaño que cayó sobre su frente.
- “Vamos a comer algo y les mostraremos nuestras escobas”, dijo James, acercándose un poco para susurrar “y también les contaremos lo que descubrimos”
Se dirigieron a Florean Fortescue a tomar helados: de vainilla y pistacho para Sirius; café y manjar para James; menta para Peter; y, por supuesto chocolate con baño de chocolate para Remus. Mientras comían y admiraban las escobas, Remus les contó sobre su viaje.
- “Ni siquiera pude conocer París, sólo estuve en ese odioso instituto. Me sacaron muestras de todo ¿y para qué? Para que les digan a mis padres que mi enfermedad era interesante, pero no tenía cura”, exclamó tristemente.
- “¿Y no había nada interesante allí? ¿te tenían encerrado?”, preguntó Peter, que había estado en poco contacto con Remus ese verano.
- “Nada. Ahh, ahora que lo dices, ¿A que no saben a quien vi en el instituto?”, los otros lo miraron interrogantes, “...pues, ¡A White!”
- “¿White? ¿Qué hacía ese allí?”, preguntó James
- “Quizás tiene una enfermedad incurable y le queda poco tiempo de vida”, dijo esperanzado Sirius.
- “Pues no lo sé. Pero iba todo embozado, como si no quisiera que lo reconozcan. Sólo que al pasar cerca de mi habitación, se le cayó la capucha y pude verlo, aunque él no me vio”
- “Pues eso no es nada comparado a lo que Sirius y yo tenemos que contarles”, dijo James, captando la atención de todos.
- “Tiene sus ventajas que mis padres no se ocupen mucho de mí. Sobre el tema de los animagos, hice que mi hermano menor, Regulus, le contara a papá que un amigo suyo se transformaría, y entonces mi padre me dio un torrente de información sin siquiera pensarlo”, Sirius sonrió satisfecho ante la reacción de Remus y Peter, y continuó, “Primero: no se conoce de ningún mago menor de 25 que lo haya intentado con éxito, pues se necesita magia avanzada y es arriesgado. Segundo: mi bisabuelo investigó sobre el tema pero no hizo ningún avance que mereciera ser publicado, y su obra está en la Biblioteca de mi mansión.”
- “Sirius y yo la registramos completa. Es una suerte que su padre no haya tocado nada y que todo esté catalogado. Hallamos cosas interesantes...”
Sirius mostró algo escondido en los pliegues de su túnica. Era un libro muy antiguo, empastado en cuero negro y con borrosas letras doradas. “Manuscritos pteptolíticos”
- “Este no es el original, por supuesto. Parece una recopilación que alguien copió de unos murales, pero está escrito en runas sumerias. Mi bisabuelo lo estaba traduciendo y solo tenemos el índice y un par de páginas, pero lo suficiente para saber que los pteptolitos esos podían transformarse en animales usando una poción catalizadora, acá sale la receta que necesitamos”
- “¿Y cómo haremos para entenderla?”, preguntó Peter.
- “Ya lo pensamos”, respondió James, “en tercer año hay un curso de Runas Antiguas y Lenguas Muertas. Lo llevaremos”
- “¿En tercer año?”, casi gritó Remus
- “Pero convenceremos a Mc Gonagall de que nos deje llevarlo ahora”, aclaró James, “Sirius y yo somos sus preferidos”
- “¿Y nosotros?”, exclamó Peter
- “Nos ayudarán con las tareas”
- “¡Sirius Black! ¡Ustedes no tienen remedio!”, dijo Remus, pero no pudo evitar sonreír. Sabía que lo hacían por él y eso lo emocionaba mucho.
*
En el Expreso de Hogwarts ocuparon el mismo compartimiento, charlando y riendo alegremente, hasta que entró Arthur Weasley, con su flamante insignia de prefecto, llevando a un chico nuevo.
- “Este es David Balfour y no tiene dónde sentarse. ¿Pueden acomodarlo?”
Remus le hizo un espacio en su asiento y el chico se sentó, saludando tímidamente. Era un poco bajo y delgado, con la piel muy blanca y los ojos azul acero, que dependiendo de la luz, parecían plateados. Su cabello era negro y lo usaba a la altura del hombro. Traía una túnica escocesa con los colores verde, granate, amarillo tenue y blanco.
- “¿Vienes de Escocia?”, preguntó sorprendido Remus.
- “De Edimburgo”, respondió David.
- “¡Que interesante!”,
exclamó Peter, “nuestro profesor de Pociones, Nigel Campbell,
es escocés también”. David se puso serio de pronto, “¿dije
algo malo?”
- “Los Campbell y los Balfour son enemigos desde hace años. Hubo un conflicto en 1455 llamado la ‘Guerra de las dos rosas’, por York y Lancaster. Mi familia apoyó la causa de York y los Campbell apoyaron a los Lancaster. Nunca seré amigo de un Campbell”, declaró David firmemente.
- “Pues tendrás que serlo en Hogwarts, chico. O al menos simularlo, porque Campbell será tu profesor por siete años, y no es alguien que uno desee tener de enemigo”, dijo Sirius.
David apretó obstinadamente los labios sin decir nada, y James intentó suavizar la situación con su hechizo de burbujas. Tuvo tanto éxito que Arthur tuvo que regresar a poner orden.
Llovía al llegar al castillo y los chicos de primero tuvieron que hacer su recorrido en barcas, respetando la tradición, mientras que los otros iban en carruajes. Una vez en el Gran Salón, notaron la presencia de un nuevo profesor, no tan anciano como Dumbledore, sentado a la izquierda de éste. También notaron que White había adelgazado mucho ese verano.
- “Mira Potter”, susurró Sirius señalando el pecho de Lily Evans, “¿ya viste lo que tiene Lily? Parece que ha crecido...”
James le dio una patada por debajo de la mesa.
La ceremonia de selección estaba por empezar.
- “David Balfour”
El chico avanzó tímidamente al estrado y Remus notó la mirada feral de Campbell. No le gustaría estar en el pellejo de David cuando tuviera clase de Pociones.
- “¡Gryffindor!”
La mesa de Gryffindor ovacionó a David mientras se sentaba. La mirada de Campbell se hizo más fiera.
Luego desfilaron varios estudiantes más, mientras el sombrero nombraba las casas de su elección.
- “Kevin Rockford”
Un chico delgado, de luminososo ojos castaños, se dirigió al estrado, pero su nerviosismo era tal que tropezó y cayó al piso. El siguiente chico de la fila se acercó y lo ayudó a levantarse, hasta que llegó al banco y se puso el sombrero.
- “¡Slytherin!”
- “Daniel Wallace”
Kevin dirigió una cálida sonrisa al chico que lo había ayudado y que ahora avanzaba con aplomo por el estrado.
- “¡Slytherin!”
Los dos se dirigieron juntos a la mesa de Slytherin.
Dumbledore se levantó y todos guardaron silencio.
- “Muy buenas noches. Les doy la bienvenida a los estudiantes de primer año y les recuerdo que los terrenos del bosque están prohibidos. Asimismo, nuestro Celador, el Señor Filch me ha pedido que les comunique que la lista de objetos prohibidos se ha incrementado este nuevamente año y está pegada en la puerta de su oficina. Se prohiben muy especialmente todo tipo de bombas fétidas”, dijo esto mirando seriamente a Sirius y James.
- “Debo informarles también que este año nos acompaña el doctor Adalbertus Stoker, Orden de Merín, Segunda Clase, famoso lingüista y especialista en runas antiguas de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, Kansas. Es un orgullo tenerlo entre nosotros. Eso es todo”
El director le estrechó la mano al nuevo profesor mientras los estudiantes aplaudían. Remus notó que White era el único sin aplaudir en la mesa de los profesores.
*
Contra todos los pronósticos de Remus, la profesora Mc Gonagall aceptó que Sirius y James llevaran el curso de Runas Antiguas y Lenguas Muertas. El curso lo llevaban algunos alumnos de otros años, pues la fama de Stoker era tal que pocos quisieron perdérselo. En total había treinta estudiantes.
- “El estudio de las Runas Antiguas es una disciplina fascinante, que requiere tiempo y esfuerzo. Sin embargo, no tiene ningún sentido si no es reforzada con el conocimiento de Lenguas Muertas, pues muchas veces el simbolismo mostrado en las runas tiene su equivalente en palabras de lenguas tales como el árabe antiguo, sumerio e incluso griego. Existen también algunas culturas del continente americano, como la inca, azteca y maya, que…- dígame, señor..”
Sirius habia levantado la mano. Narcissa Black dio un codazo a su amiga Laetitia Gordon, que se había matriculado en ese curso sólo para ver a Sirius, pues ella estaba en cuarto año.
- “Black. Sirius Black”, dijo él, “profesor, quisiera saber cuándo estudiaremos runas sumerias”
Stoker alzó las cejas.
- “Señor Black, como podrá ver en la sumilla del curso”, agitó la varita y todos tuvieron un pergamino con la sumilla, “NO ESTUDIAREMOS Runas Sumerias en este curso. Sólo hablaremos de jeroglíficos egipcios y de la simbología propia de las culturas americanas”
- “Pero, profesor, creo que las Runas Sumerias son importantes”, protestó Sirius. James tiró de él para que se callara, pero fue inútil.
- “Señor Black, ni usted, ni ningún otro estudiante va a decirme qué es importante y qué no lo es cuando se trata de MI curso. No bajaré puntos a Gryffindor en esta ocasión, pero deseo verlo después de clase”
La clase continuó y James tomaba apuntes con entusiasmo, pero para Sirius había perdido todo su encanto. Al finalizar, se quedó parado respetuosamente junto al pupitre, donde Stoker ordenaba sus pergaminos con toques de su varita. Cuando terminó, lo miró a los ojos.
- “Dígame, señor Black, ¿a qué se debe que un estudiante de segundo año entre en este curso y desee aprender Runas Sumerias?”
- “He leído sobre ellas…me parecieron interesantes”, trató de explicar Sirius, sonando poco convincente.
- “Los sumerios y las civilizaciones más antiguas a ellos, como los pteptolitos, tenían la costumbre de invocar poderosos demonios y de preparar pociones de efectos muchas veces mortales. Es por eso que el Ministerio de Magia ha prohibido la enseñanza de Runas Sumerias en Gran Bretaña, y es algo con lo que, particularmente, no concuerdo. Si ese interés suyo se mantiene, señor Black, creo que puedo ayudarlo. Pero necesitará trabajo y estudio extras. Le prestaré libros y le enseñaré Runas Sumerias, y quizás luego usted acceda a mostrarme el texto que desea leer”, dijo Stoker.
- “Quiero aprender”, declaró Sirius firmemente, “y también mi amigo James Potter”
*
- “¿QUÉ? ¿Dijiste que yo también?”, gritó James un rato más tarde en el dormitorio, “¿no es suficiente con el trabajo que ya tenemos y quieres pedirle más?”
- “Es por Moony, ¿recuerdas? Dijiste que lo haríamos”, pidió Sirius.
- “Dije que estudiaría Runas Antiguas, no que haría clases extras de Runas Sumerias”, Sirius lo miró suplicante, “¡está bien! Pero nos tomará años traducir esa condenada poción”
- “Lo valdrá”
- “Lo sé”, dijo resignado James. “Vamos al campo de Quidditch, mañana eligirán a los nuevos miembros del equipo y quiero practicar un rato”
Se dirigieron al campo, donde los aguardaban Remus y Peter, junto con Audra Finnigan, que había acudido allí sólo para ver a Sirius.
James abrió su maletín de Quidditch, el obsequio de cumpleaños del que estaba más orgulloso. Dejó salir una bludger y Sirius partió volando tras ella. Luego, James dejó salir la snitch y voló tras ella. La bludger trataba de golpearlo, pero Sirius la desviaba hábilmente, hasta que James divisó la snitch y voló en picada, atrapándola después de una difícil persecusión.
Audra aplaudía encantada.
- “Ambos estuvieron geniales. ¡No he visto mejores jugadores, salvo en los mundiales! De seguro entrarán en el equipo”
Y entraron.
Durante la prueba, James fue el único postulante que logró atrapar la snitch, y Sirius se distinguió por su técnica para desviar las bludger. Todo Gryffindor se quedó hasta muy tarde celebrando su ingreso al equipo, hasta que se fueron retirando. Cuando llegaron al dormitorio, Remus notó que había olvidado unos librosy volvió a la Sala Común, desierta ya.
Caminó hacia la mesa, en silencio, cuando oyó un sollozo débil. Se acercó a uno de los sofás frente a la chimenea y encontró a David sentado allí, con el abrigo y la bufanda aún puestos, y los ojos llenos de lágrimas.
- “David, ¿Qué pasó?