Capítulo 31: Nueva vida

“Look into my eyes / Mira en mis ojos
- you will see / – tú verás
What you mean to me / lo que significas para mi
Search your heart / Busca en tu corazón
- search your soul / busca en tu alma
And when you find me there / y cuando me encuentres allí
you'll search no more / no buscarás más”

(Everything I Do) I Do It For You - Bryan Adams


Efectivamente, los meses que siguieron fueron un vuelco completo para sus vidas. En primer lugar, Sirius alquiló un pequeño departamento cerca del Ministerio y se mudó allí con Remus. Los padres de éste protestaron un poco al principio, pero su hijo cumpliría su mayoría de edad el 20 de julio y ya no necesitaría el permiso de ellos para vivir con su novio. Aún así, Vincent y Lucrecia no querían hacerlo sentir mal, ya bastantes cosas había pasado su Remus por ser licántropo como para ser discriminado luego por sus propios padres a causa de su condición de homosexual, de modo que, además de darle finalmente el permiso, lo ayudaron a mudarse y lo visitaban cada vez que podían, pues ellos vivían en el campo.

James continuaba viviendo con sus padres, al igual que Lily y Peter, pero ahora su punto de reunión favorito era el departamento de Sirius, donde se quedaban hasta muy tarde, en alguna fiesta improvisada, o sólo charlando con sus amigos.

El segundo gran cambio fue que, al cumplir los dieciocho, Sirius obtuvo su ansiada herencia y celebró su cumpleaños por todo lo alto, alquilando el local de “El Caldero Chorreante”, al que invitó prácticamente a todos los estudiantes mayores de quince años de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff, además de sus ex condiscípulos.

La fiesta fue fabulosa y sólo un incidente logró empañarla: en su ansia por que todo el mundo fuera feliz, Sirius hizo algo que no consultó a sus amigos y el resultado no pudo ser más desastroso cuando Tiffany Jones, de Hufflepuff salió furiosa de la terraza donde había estado momentos antes con Peter. Todos se sorprendieron de que la chica más linda de Hufflepuff se dedicara toda la noche a coquetearle al chico gordito que nadie quería como pareja. Y de pronto, desaparecieron en la terraza…

- “¡Sirius!”, exclamó la chica dirigiéndose velozmente hacia donde estaba el homenajeado, bebiendo cerveza de mantequilla con su novio. “¡Dijiste que sólo me daría unos besitos! Ese asqueroso quiso manosearme, eso no estaba en el trato”

Y lo gritó tan fuerte, que Peter, que venía corriendo tras ella, se detuvo en seco al oírla, al igual que una docena más de personas.

Tiffany cogió su bolso y desapareció de allí.

- “Pete… er… lo siento, creo que fue un malentendido”, trató de explicar Sirius.

- “Tú… ¿hiciste un trato con ella?”, preguntó Peter con voz ronca. Los demás habían hecho un círculo alrededor de ellos.

Remus miró horrorizado a Sirius y luego a Peter y trató de suavizar las cosas al leer la culpabilidad en el rostro de su novio.

- “Pete, era una broma de cumpleaños, ya sabes cómo es Padfoot y…”

Pero Peter no se quedó a esperar que continuara, salió velozmente de allí ante una estruendosa carcajada de varios Ravenclaw.

Eso había empañado definitivamente las relaciones de Sirius y Peter. Aunque luego el chico se había disculpado y Peter había aceptado la disculpa, siempre había mucha tensión entre ellos. Y por más que Remus lo invitaba a cenar a su casa, Peter evitaba ir y eso los preocupaba.

Y lo peor fue cuando llegaron las cartas de las universidades.

Debido a sus altas calificaciones, Sirius y James habían sido admitidos en la Escuela de Aurores del Ministerio de Magia y se perdieron un día entero para celebrarlo. Remus fue aceptado también en el Instituto Superior de Educación Mágica, e incluso Lily fue admitida en la Universidad Braxton de Magia, todas en Londres. Las cartas de todos venían acompañadas de un mensaje de felicitación de Dumbledore.

Pero Peter no ingresó a la Escuela de Medicina de Inverness, sus calificaciones eran insuficientes, y tuvo que conformarse con hacer un año más de preparación para volver a intentarlo al año siguiente. Igualmente, recibió un mensaje de Dumbledore pidiéndole no desanimarse, pero el chico estaba visiblemente decepcionado.

- “Anda, Pete, no te desanimes. Mi padre dice que son pocos los que lo logran a la primera, esa escuela es muy exigente”, dijo James tratando de animarlo.

- “La Escuela de Aurores también lo es”, replicó Peter, “y ustedes entraron”

- “Pete, tienes que volver a intentarlo. Ven a estudiar aquí cuando quieras”, le propuso Remus, “Paddy y Prongs estudiarán aquí y seguramente lo haremos en grupo, con Lily, como en Hogwarts”

- “Sí”, suspiró Peter, “creo que eso haré”

Faltaba una semana para el inicio de clases y durante ese tiempo, ninguno vio a Peter, y el chico no contestaba las lechuzas que le enviaron.

*

“Don't tell me it's not worth tryin' for / No me digas que no vale la pena tratar
You can't tell me it's not worth dyin' for / puedes decirme que no vale la pena morir
You know it's true / sabes que es verdad
Everything I do - I do it for you / todo lo que hago, lo hago por ti”


- “Sirius, ¡No veo nada!”, protestó Remus mientras su madre y Sirius lo sostenían de ambos brazos para hacerlo avanzar.

- “Esa es la idea”, dijo alegremente Sirius, “cuidado, hay una mesita por aquí”

Lo condujeron al centro de la habitación y entonces Sirius le quitó la venda de los ojos.

- “¡Por Merlín! ¡Es fabuloso!”, exclamó Remus, de pie en medio del salón de la casita que Sirius había comprado y decorado en secreto, con ayuda de la madre de su novio. “¡Gracias, Paddy!”, dijo abrazándose de Sirius y luego lo soltó, avergonzado, recordando que sus padres estaban presentes. Aún no se acostumbraba del todo a demostrar su afecto por su pareja delante de ellos.

- “Me alegro que te guste, hijo”, dijo sonriente Lucrecia, “nos tomó mucho tiempo decorarla”

Remus la abrazó y recorrió con sus padres cada una de las habitaciones, lanzando exclamaciones de asombro. Sirius había decorado su dormitorio en azul, su color favorito, y todo el mobiliario era moderno y funcional, sin demasiado lujo que hubiera incomodado a Remus, pero sí lo suficientemente elegante como para que se sintiera cómodo.

La casita de dos plantas, a media hora del Ministerio de Magia, había sido lo primero que Sirius compró al recibir su herencia, pero lo había mantenido en secreto porque quería darle una sorpresa a Remus. En ese momento, su pareja estaba en el estudio, a juzgar por las exclamaciones que dio, seguramente al encontrar todos sus libros favoritos ordenados en las estanterías, gracias a Vincent que los había acomodado personalmente.

- “¿Te gusta?”, preguntó Sirius muy innecesariamente, la alegría en la mirada de Remus era bastante elocuente.

- “¡Es perfecta! ¿Cuándo nos mudamos?”

- “Mañana. No olvides que el lunes comenzamos las clases, de modo que nos queda mañana y el sábado para acomodar todo y el domingo para descansar. Por cierto, Moony, invité para el sábado en la noche a Prongs, Lily y Wormtail para inagurar la casa”

Bajaron las escaleras tomados de la mano y salieron con Lucrecia y Vincent, que aún trataban de acostumbrarse a la pareja de su hijo. Sirius lo llamaba Moony, y eso los llenaba de desconcierto, pero a Remus parecía agradarle. Y también estaba el asunto de la moto, pues era el único medio de transporte que Sirius parecía utilizar, e iba a velocidades tan altas, con Remus abrazado a él, que sus padres temían un accidente. Aunque ver los ojos de su hijo brillantes de alegría cuando bajaba de la moto, los hacía olvidar por momentos ese temor.

Sirius no les agradaba mucho, pero la felicidad de Remus había hecho que poco a poco lo aceptaran y que empezaran a tenerle afecto, sobre todo después de ver cómo se preocupaba siempre por su hijo.

- “Muchachos, ¿vamos a almorzar fuera?”, propuso Vincent y Remus aceptó encantado, porque ese día se les había hecho tarde para cocinar algo.


*

“Look into my heart - you will find / mira en mi corazón, encontrarás
There's nothin' there to hide / que no hay nada que esconder
Take me as I am - take my life / tómame como soy , toma mi vida
I would give it all - I would sacrifice / te daría todo, me sacrificaría”


Las clases comenzaron para todos el primero de octubre. Sirius y James habían estado ansiosos todo el mes anterior, pero cuando por fin comenzaron los estudios, descubrieron que si habían creído que Hogwarts fue exigente, la Escuela de Aurores era mucho peor. Alastor Moody era su instructor principal y a su lado, White era un ángel, aureola y alitas incluidas. Pero el viejo era muy hábil y pronto se ganó el respeto de los chicos.

A Remus no le iba mal, en su instituto no había tanta presión y siempre había sido un buen estudiante. Ahora que vivía con Sirius, dedicaba también un tiempo a cuidar de la casita que compartían. Las tareas domésticas no eran su fuerte, pero había descubierto que Sirius era un completo inútil en ellas, de modo que, a riesgo de desaparecer en tanto desorden, decidió asumirlas él, que tenía más tiempo libre.

Además, era maravilloso poder usar magia en casa, sin restricciones ahora que eran mayores de edad. Los primeros días usaban la magia para todo, desde lavar platos hasta subir las escaleras, hasta que se habituaron a ello y dejó de ser novedad. Poco a poco dejaron de abusar de la magia y sólo la usaban cuando era necesario.

Era frecuente que James y Lily llegaran a cenar y estudiar en las noches. Ellos aún vivían con sus padres, pero ya se hablaba de matrimonio y a James parecía no desagradarle en absoluto la idea, sobre todo al ver a Sirius y Remus tan felices.

Peter rara vez los acompañó durante ese tiempo, decía que debía estudiar, que prefería hacerlo solo; y trataba de alejarse, sobre todo de Sirius. Finalmente, se acostumbraron a ello y antes de darse cuenta, estaban celebrando la Navidad en casa de los padres de Remus, en Lupin Lodge.

- “Moony, esa guirnalda está torcida”, bufó Sirius al pie del árbol.

- “Arréglala tú”, lo retó Remus, “sin magia”, agregó y bajó de la silla donde se había subido. Era tradición en su hogar arreglar el árbol sin usar magia, y emplearla solamente luego, para animar la decoración.

Sirius hizo equilibrio por unos momentos frente al árbol hasta que logró acomodar la guirnalda y bajó triunfalmente, entre risas.

- “Muchachos, vengan a ayudar a la cocina”

Ambos se apresuraron a ir y estuvieron toda la tarde ayudando a preparar la cena de Navidad. Sirius se sentía dichoso, ni en casa de James había pasado una Navidad tan feliz, ahora comprendía por qué siempre Remus deseaba volver a su casa en esa fecha. En casa de Sirius todo lo preparaban los elfos domésticos, y ellos tenían que estar elegantes y formales para la cena, luego de lo cual abrían sus regalos, casi siempre muy costosos y se iban a acostar.

Pero en casa de Remus, era distinto. No había elfos domésticos y todos tenían que ayudar con la cena y la decoración. Era mucho trabajo, pero lo hacían entre bromas y así era más sencillo. Y los regalos tampoco eran costosos, porque la familia de Remus no podía permitirse demasiados lujos, su fortuna de antes se había casi extinguido con los muchos tratamientos que probaron para curar a Remus de la licantropía.

- “Paddy, no te quedes allí parado, ayúdame con la ensalada”, pidió Remus mirando intrigado a su novio que se había quedado estático en medio de la cocina.

Sirius avanzó sonriendo, era una nulidad en la cocina, sólo había aprendido a preparar chocolate y pociones curativas para atender a Remus en luna llena, pero no sabía preparar nada más. Igualmente, se acercó y siguió las indicaciones de la madre de Remus.

- “Así está muy bien, hijo”, dijo Lucrecia sonriendo, “lleva la fuente a la mesa del comedor, por favor”

El chico obedeció y aprovechó el muérdago para atrapar a Remus y darle un suave beso, escapando luego hacia el patio, donde se quedaron abrazados hasta la hora de la cena.

Luego de la cena, llegó la media noche y todos se abrazaron deseándose Feliz Navidad y se acercaron al árbol. Los regalos de James, Lily y Peter estaban allí también y Remus abrió el primer paquete.

- “Oh”, exclamó éste al ver un casco de motociclista, regalo de sus padres.

Sirius sonrió, era un modo tácito de decirles que tuvieran cuidado con la moto. Luego le tocó otro paquete, era un edredón azul con diminutos lobitos estampados, regalo de Vincent y Lucrecia, que por primera vez bromeaban con la licantropía de Remus, dejando de verla como una enfermedad, y Sirius se sintió feliz por eso.

- “¡Gracias! Nos hará falta en este invierno”

Siguieron abriendo los regalos y los padres de Remus agradecieron el álbum de fotos empastado en fina piel de dragón que les dio Sirius. El chico les prometió enviarles continuamente fotos de Remus para que lo llenen.

Después, vinieron los villancicos y Sirius descubrió que le gustaba cantar a coro con el padre de Remus. Cantaron hasta muy tarde y finalmente se fueron a acostar.


“Don't tell me it's not worth fightin' for / no me digas que no vale la pena luchar
I can't help it - there's nothin' I want more / no puedo evitarlo, no hay nada y quiero más
Ya know it's true / sabes que es verdad
Everything I do - I do it for you / todo lo que hago, lo hago por ti”


- “Feliz Navidad, Moony”, susurró Sirius apenas cerraron la puerta de la habitación que compartirían esa noche.

Remus lo besó sonriendo.

- “¿Nos acostamos?”

- “Aún no. Tengo un regalo más para ti”

- “¿Un regalo?”

- “Sí”, dijo jugetonamente Sirius alcanzándole un paquetito, “es de los que no se pueden abrir en público”

Remus lo abrió dudando, algo en la sonrisa de Sirius lo hizo desconfiar. Pero cuando extrajo el contenido del paquete, pasó por todos los tonos de escarlata. Se trataba de una minúscula tanga con hilo dental por detrás y delante tenía la forma de un pequeño lobito con las orejas en alto.

- “¡Sirius Black!”, fue lo único que se le ocurrió decir.

- “Póntelo”

- “¿Ahora?”

- “Sí”, sonrió Sirius, “y te daré tu siguiente regalo”

- “¿En casa de mis padres?”

- “Pondré un hechizo silenciador”, y uniendo la acción a la palabra, Sirius colocó el hechizo, desvistiéndose él mismo con naturalidad, hasta quedarse en ropa interior.

- “¡Sirius!”, exclamó Remus entre sorprendido y divertido.

Su novio tenía una tanga exactamente igual a la suya, solo que de color negro y con forma de perro. ¡Y hasta tenía una lenguita roja!

Eso no le dejaba más remedio que ponerse su regalo, e hizo eso, sintiéndose un poco extraño, era la primera vez que se ponía algo así, tan abierto por detrás y eso… sí, se sentía muy extraño.

- “¿De dónde lo sacaste?”

- “Uhm, James me llevó a un sex shop muggle”

- “¿Me queda bien?”

Pero Sirius no respondió, lo haló hasta la cama y le dio un profundo beso, procediendo luego a admirar la tanguita, acariciando las tentadoras nalgas de su pareja, jugando con el hilo dental. Remus estaba un poco tenso por hallarse en su casa, pero con el hechizo silenciador se sintió más tranquilo y se rindió completamente a las caricias de Sirius.

Pasaron el resto de la noche amándose y el alba los sorprendió abrazados, cubiertos por el edredón nuevo de Sirius y con las dos tangas en el piso, una junto a la otra.


*

Ese año tampoco fue malo para Severus Snape.

La Universidad de Altos Estudios Mágicos, UAEM, o Universidad Ryddle, como muchos aún la llamaban, había sido reorganizada por completo, y ahora admitía a todo tipo de estudiantes. La imagen de Ryddle como fundador se diluía en las clases cotidianas, donde los catedráticos predicaban acerca de la “Defensa contra las artes oscuras” como lema a seguir y los estudiantes sonreían mirando por la ventana el tranquilo paisaje de la paz.

Pero la realidad era otra.

Las clases de magia avanzada eran impartidas por docentes extranjeros y sólo accedían a ellas pocos privilegiados, seleccionaos cuidadosamente. Lo curioso era que estos “seleccionados” eran todos mortífagos o aprendices. Esa era la élite de la universidad, estudiantes que aprendían Artes Oscuras, Pociones Peligrosas, Demoneología y Ciencias Intrínsecas, las mismas que los preparaban para el trabajo que Voldemort les encomendaría.

Pronto Severus pudo darse cuenta de que algunos de esos “profesores extranjeros” eran en realidad una misma persona: el propio Voldemort quería asegurarse de que sus discípulos aprendieran de primera mano, y usando la poción Multijugos, podía alterar fácilmente su aspecto durante las horas que duraban las lecciones. El chico no lo comentó con nadie, y nunca supo si otros lo habían notado. Mencionar al Señor Oscuro se había vuelto tabú en el Mundo Mágico.

Pero Voldemort no se mantenía ocioso. Su estrategia para hacerse con el poder había cambiado, ahora no buscaba conquistar Londres, sino que se había concentrado en pueblos mágicos alejados, en los que infiltraba personas que iban consiguiendo adeptos para la causa. Eso lo sabía Severus a causa de Lucius y también porque él mismo tuvo que hacerlo en algunas oportunidades. El Señor Oscuro lo veía con buenos ojos, solía encargarle ingredientes extraños y pociones particularmente difíciles y Severus los conseguía en el mercado negro, arriesgando incluso su vida, aunque nunca recibió una felicitación. Claro que tampoco volvió a echarle un “cruciatus” y eso, según Lucius, era suficiente recompensa.

El año pasó rapidísimo y Severus se vio muy pocas veces con Lucius, que siempre estaba ocupado con los estudios o con las misiones que Voldemort le encomendaba, pero sus pocos encuentros fueron tan intensos como siempre, algunos con la presencia del mismo Voldemort.

Por eso, después de Navidad, cuando Lucius apareció de pronto en su habitación mientras él estudiaba, Severus se sorprendió muchísimo.

- “Hola, Sev”

- “¡Lucius! ¿No estabas en Irlanda?”

- “Estaba. Acabo de llegar”, aclaró el rubio y se arrojó a la cama destendida de Severus, con expresión cansada. “Sev, me caso”

¡Vaya novedad! Todo el año anterior, Severus se había enfermado de tanto verlo en las revistas de moda, claro que se casaba, faltaba exactamente un año y cinco meses ¿a qué venía todo eso?

El rostro de Severus fue tan elocuente que Lucius aclaró su punto.

- “Me caso en setiembre de este año. Mi padre no quiere esperar a que termine de estudiar. El último año aquí lo pasaré con Narcissa”

Severus enarcó las cejas. Eso era totalmente inesperado, adelantar la fecha de la boda… pero ¿por qué?

- “Sev”, susurró Lucius y el moreno se sentó a su lado tomándole las manos, “mi padre está enfermo, los medimagos no le dan más de seis meses. Es por eso que desea que me case antes”

- “Ah”, Severus había escuchado algunos rumores, pero no les dio demasiada importancia.

- “El caso es”, prosiguió Lucius, “que no pensaba hacerlo aún. Apenas empezamos a remodelar la mansión y faltan aún muchos detalles”

Severus bufó. El padre de Lucius se mudaría a una lujosa mansión en Hampstead Heath y le dejaría a su hijo Malfoy Manor y aunque estaba en perfectas condiciones, el rubio insistió en remodelarla y decorarla. Y si había alguien en el mundo que compartía el exquisito gusto de Lucius por rodearse de lujos, era precisamente Narcissa Black. Ambos tenían eso en común y Severus apostaría su mano derecha que era lo único que tenían en común, pues nada parecía entusiasmar más a la fría Narcissa que los lujos, los vestidos elegantes y los galeones. Y Lucius los tenía en demasía.

- “Tienes nueve meses, seguro acabarán para entonces”

- “Quizá”, concedió Lucius, “pero… no sé si quiero casarme ahora”

- “¿NO SABES?”, Severus sintió claros deseos de estrangular a su amante y de besarlo al mismo tiempo, “¿y ahora lo dices? Pues es simple, no te cases”

- “No entiendes, Sev. Soy un Malfoy, debo hacerlo y debo entregarle a Voldie un heredero. Mi padre lo quiere así y lo ha puesto como condición para heredar su fortuna… ¡Maldición! ¡No quiero casarme!”

Lucius golpeó la mesa de noche con todas sus fuerzas y Severus sólo lo abrazó fuerte, acariciándole el sedoso cabello rubio, tratando de calmarlo sin palabras, porque si hablaba, terminaría gritándole su amor y no podía. Tenía que callar por la seguridad de ambos.

Se quedaron un momento abrazados y luego Lucius levantó la cabeza, sus ojos se encontraron y Severus hubiera jurado que en esas pupilas habían estado antes algunas lágrimas y que Lucius las había secado cuidadosamente antes de levantarse.

- “Lucius”

- “Ya pasó, Sev. No puedo ser débil ahora”, dijo el rubio. El momento había pasado, volvía a ser el mismo, “me casaré”

Y salió sin despedirse, dejando ahora a Severus sumido en una total desesperación.

*

“There's no love - like your love / no hay amor como tu amor
And no other - could give more love / y ningún otro podría darme más amor
There's nowhere - unless you're there / no hay ningún lugar, a menos que tú estés allí
All the time - all the way / todo el tiempo, en toda forma”

Junio se acercaba, y con él el fin del primer año en la Escuela de Aurores. Las clases habían sido muy intensas, pero las vacaciones estaban cerca. Sirius entró de nuevo a la habitación, inquieto aún.

- “Paddy, no te preocupes, estaré bien”

- “Es que no quiero dejarte solo”, porfió Sirius, “todavía tienes fiebre y estás muy débil por la transformación”

Remus se acurrucó en la cama, tenía un fuerte resfriado y acababa de pasar la luna llena. Sus padres habían ido a Newcastle por asuntos familiares y la noche anterior le había ido fatal con la transformación, se sentía agotado, pero Sirius tenía examen en la Escuela de Aurores y no podía permitir que falte. Se las arregló para sonreír.

- “Estaré bien”, afirmó convencido, “si quieres, llama a Peter para que me acompañe, creo que tiene libre esta semana”

Sirius dudó un momento, pero luego se dirigió a la chimenea. Al cabo de un rato, Peter apareció vestido con un buzo azul desteñido.

- “Hola Moony”, saludó alegremente, “te traje poción pimentónica, creo que Sirius no sabe prepararla aún”

El aludido bufó y comenzó a ordenar sus libros. Se puso su chaqueta de cuero negro y una bufanda.

- “Gracias, Wormtail, cuídalo bien”, pidió, luego, se inclinó junto a Remus y lo besó en la frente, “descansa, Moony. Volveré para cenar”

- “Suerte”, le sonrió Remus y se acomodó entre los almohadones, lanzando un estornudo, “anda, vete ya”

Peter sonrió también, sus amigos estaban igual que antes. Y de pronto se sintió muy tonto al haber imaginado que Sirius y Remus cambiarían por el simple hecho de vivir juntos. ¡Si eso era lo que habían hecho el último año de Hogwarts! Ellos vivían en la misma habitación, y dormían juntos. La única diferencia ahora era que tenían su propia casa y tenían que hacer tareas domésticas. Aún así, era un alivio verlos como siempre, llevaba desde Navidad sin visitarlos y los había echado de menos. Sobre todo a James.

- “Moony, ¿quieres algo? ¿te traigo chocolate?”, preguntó solícito.

- “Oh, no”, exclamó Remus, “tú también te empeñas en darme chocolate”, rió haciendo un gesto trágico, “creo que lo último que podría tomar sería eso, pero si me puedes preparar una limonada caliente, estará bien”

- “Voy”

Después de un rato, Remus dormía profundamente y Peter se dedicó a vagar un poco por la casita. Llegó al estudio y se sentó junto al escritorio de Sirius, abriendo un cajón por pura casualidad. Había allí un álbum de fotos que Peter tomó y comenzó a hojear.

Momentos después, cerraba el álbum, muy colorado por lo que había visto. Ahora ya sabía qué tanto hacían Sirius y Remus en el baño de prefectos de Hogwarts. Se sintió avergonzado, pero luego, sin saber él mismo por qué, cogió una foto y la guardó en su bolsillo.

*

Todos pasaron de año y los padres de James los invitaron a Escocia, pero Lily no pudo acudir. Peter aprovechó el viaje para entrevistarse personalmente con el director académico de la Escuela de Medicina de Inverness y exponerle su caso. Había rendido algunos exámenes y quería saber los resultados antes de que se los enviaran por correo.

Sirius, James y Remus lo esperaban en la cafetería del magnífico campus universitario.

- “Sería genial que Wormtail estudie aquí”, dijo entusiasmado Remus, “este lugar lo tiene todo”

- “Al menos luce mejor que la Escuela de Aurores”, concedió James, ya que la Escuela donde estudiaba ocupaba un viejo edificio con pocas comodidades.

- “Allí viene Wormtail”, dijo Sirius y todos callaron.

El rostro de Peter era bastante elocuente. Se dejó caer en una silla, con los labios apretados.

- “¿Qué te dijeron?”, preguntó suavemente James.

- “Que ni en un millón de años entraré aquí”, susurró Peter sin poder evitar una lágrima, que limpió con furia.

- “Pete, no te desanimes, sigue intentando y quizá—“, empezó Remus.

- “¡Quizá cuando envejezca pueda entrar aquí!”, exclamó Peter, “¡No! Ellos dicen que no seré nunca bueno en Medimagia… no soy bueno en nada”

- “Wormtail…”

- “¡No, Sirius! Ustedes son mejores, siempre lo fueron… yo… yo veré cómo trabajar, al menos pude acabar el colegio”

Peter se levantó violentamente y salió al patio. Sus amigos intentaron seguirlo, pero James contuvo a Sirius y Remus.

- “Iré yo”, dijo suavemente.

Y se perdió entre los árboles del patio, en pos de Peter.

*

- “¡Pete!”

James atravesó la barrera de árboles hasta divisar a su amigo, en una glorieta rodeada de cipreses. Peter estaba sentado en una de las bancas, con el rostro oculto entre sus manos.

- “Pete”, susurró James poniendo la mano sobre el hombro de su amigo.

- “¿Por qué, James?” sollozó Peter. James no tenía la respuesta, de modo que lo abrazó compasivamente. Estuviern abrazados hasta que Peter pareció calmarse y James se atrevió a hablar.

- “Peter, ¿no has considerado estudiar otra cosa?”

- “¡Otra cosa!”, casi gritó Peter, “¡Si la medimagia es lo único que me interesa! Pero claro, tú no recuerdas eso o no quieres recordarlo. Todo cambió desde que empezaste a salir con Lily, Prongs. Sirius y Remus se olvidaron de mí hace mucho tiempo, pero tú siempre estabas conmigo, hasta que llegó ella”

James lo miró compasivo, no se había dado cuenta lo mucho que Peter lo había necesitado, y era verdad lo que decía, el último año en Hogwarts casi no había estado con él, a pesar de que dormían en el mismo cuarto. Y ese año, Peter empezó a bajar de calificaciones. James se sintió culpable. Más que culpable, se sintió egoísta, porque en su felicidad al tener a Lily, había olvidado a uno de sus mejores amigos.

- “Pete, lo siento. Trataré que no vuelva a ser así. Lo prometo”, dijo sinceramente, y Peter volvió a ver en sus ojos la expresión decidida y vehemente que era lo que más admiraba de James. Y le creyó.

- “Mis padres dijeron que si no lo lograba ahora, me enviarían a otra universidad en Londres. Quizá sea lo mejor”

- “Quizá”, concedió James, “al menos estarás en Londres, junto a tus padres y junto a nosotros”

El rostro de Peter se iluminó por un momento, había creído percibir otro significado en las palabras inocentes de James, y eso bastó para llenarlo de dicha.

- “¡Es cierto! Volvamos, Moony y Padfoot deben estar preocupados”


Capítulo 32: Boda

“Walking, waiting / Caminando, esperando
Alone without a care / sólo sin un cuidado
Hoping an' hating / esperando y odiando
Things that can't bare / las cosas que no puedo descubrir
Did ya think it's cool to walk right up / ¿Pensaste que hace frío para caminar hacia arriba?
To take my life and fuck it up / ¿para tomar mi vida y ultrajarla?
Well did you / ¿Lo hiciste?
Well did you? / ¿Lo hiciste?”


Septiembre de 1985 sería recordado por mucho tiempo en el mundo del glamour mágico de Londres. Era el mes elegido por Lucius y Narcissa para su boda, y faltaban exactamente dos días.

- “Mi querido Lucius”, Voldemort caminó alrededor del rubio, mirándolo apreciativamente, “Fino y elegante, tal como el novio más importante de la década debe lucir”

Lucius sonrió y un mechón rubio cayó sobre su frente. Llevaba el cabello atado en una coleta, y vestía un entallado traje negro y una camisa de finísima seda traslúcida blanco plata. Tenía una corbata gris perla con un broche en forma de serpiente. Vestido así, era un bocado demasiado tentador.

- “Ese lazo debe estar más ajustado”, ordenó Voldemort ajustándolo él mismo, sin dejar un solo cabello en la frente del rubio, “así aparentarás mayor seriedad que con el cabello suelto”

- “Puedo cortármelo también”

- “Nunca”, fue la orden siguiente, “Sólo llévalo bien atado”

El señor de los mortífagos retrocedió para observar nuevamente, y Lucius, habituado a exhibirse, caminó con elegancia y luego dio una vuelta, esperando el comentario final de su señor.

- “Luces exquisito vestido así”, susurró Voldemort acercándose por detrás, “pero mejor desnudo que vestido”, y sus dedos desataron rápidamente el lazo de la coleta, provocando que una cascada rubio platino cayera sobre los hombros de Lucius, “quítate cada prenda, lentamente, como si fueras a hacerlo con ella”

Lucius obedeció, poniendo la mente en blanco, porque pensar en Narcissa no le traía demasiada emoción. Poco a poco fue descartando las prendas hasta erguirse orgulloso. Su cuerpo era perfecto y lo sabía, ese era el resultado de los ejercicios que hacía diariamente. El rostro de Voldemort estaba inexpresivo, pero Lucius bien sabía que tras esa indiferencia aparente podía albergarse un volcán.

Un familiar siseo lo distrajo. Nagini estaba junto a su señor y ambos hablaron en pársel.

- “Tiéndete, mi hermoso Lucius”

- “¿En el piso, señor?”

Estaban en Chimneys, la mansión de Hampstead Heath donde el padre de Lucius se había trasladado, en uno de los calabozos del sótano, reliquia de la Inquisición. En esa fría estancia, no había un solo mueble.

- “Hazlo”

Lucius se tumbó de espaldas y se dispuso a preparar su cuerpo para lo que vendría. Sabía que su señor no iría a la boda, pero su padre le había dicho que Voldemort le daría un presente especial. Nagini siseó algo y Lucius odió al bicho con toda su alma, detestaba que hablaran de él.

- “De cuatro patas, mi bello Lucius. Nagini quiere oírte maullar”

No tenía caso demostrar orgullo, Voldemort siempre tenía los medios para lograr lo que quería, de modo que Lucius obedeció y sus maullidos llenaron la habitación.

- “Hazlo como cuando estás con Severus, como una gata en celo”

Y Lucius lo hizo, cerrando los ojos para aliviar un poco su vergüenza. De pronto, se puso tenso, algo muy suave acariciaba su piel, a la altura de sus pezones. Abrió los ojos y vio a Nagini probando las oscuras puntas con su lengua bífida.

- “¿Señor?”

- “Sigue maullando y moviéndote, mi hermoso Lucius. Nagini dice que eres exquisito”


“I see hell in your eyes / veo el infierno en tus ojos
Taken in by surprise (by surprise) / tomado dentro por sorpresa (por sorpresa)
Touching you makes me feel alive / tocarte me hace sentir vivo
Touching you makes me die inside / tocarte me hace morir por dentro”


El rubio lo hizo, poniendo la mente en blanco. Lo había hecho cientos de veces para complacer a su señor, aunque jamás con la serpiente, ésta le producía una repulsión instintiva, no por tratarse de un animal así, después de todo, él era un Slytherin. Era que Nagini tenía ideas peores incluso que las de su señor.

La enorme serpiente enredó su cuerpo entre las piernas del rubio y su lengua exploró la abertura, haciendo estremecer al joven mago que trató de apartarse, pero una firme mano le sujetó las nalgas y Lucius supo que su señor estaba arrodillado junto a él, ofreciéndolo como si fuera de su propiedad, y de hecho, era así.

Sus nalgas fueron separadas y algo se introdujo dentro de él. No tenía la firmeza del miembro de su señor, ni era tan delgado como uno de sus dedos. Un grito de dolor se le escapó cuando fue penetrado con mayor fuerza y notó que el invasor se ensanchaba como si fuera…

Miró atemorizado por encima de su hombro y vio a Nagini penetrándolo con su cola, sinuosa, flexible e inexorable. ¡No! ¡Eso no!

Gritó tratando de escapar, pero Voldemort lo tenía firmemente agarrado.

- “Lucius, es una prueba más de tu devoción a mí. Acepta mi regalo de bodas”

El rubio se mordió los labios para no gritar y asintió, con los ojos llenos de lágrimas. Él jamás se opondría a su señor y Voldemort lo sabía. Las manos del señor oscuro de deslizaron por la parte baja del cuerpo del rubio, acariciándolo, buscando una respuesta.

Lucius emitió un débil gemido, en parte por cumplir, aunque las caricias de Voldemort estaban dando resultado. Otro gemido, más genuino esta vez y un grito cuando Nagini comenzó a mover las vértebras de la punta de su cola, perforándole las entrañas. La serpiente había introducido casi la cuarta parte de su cuerpo dentro del rubio y estaba enroscada alrededor del torso de Lucius, con la lengua sinuosa rozándole los pezones.

El dolor era espantoso y Lucius pensó en Severus, su amante y el hombre que amaba en silencio, y el dolor se hizo más tolerable. Imaginó que eran sus poderosas embestidas las que llenaban en ese momento sus entrañas, pensó en Severus con todas sus fuerzas cuando Nagini rozó su próstata. Mordió sus labios hasta hacerse sangre para no gritar el nombre de Severus cuando la mano de Voldemort lo masturbó deliciosamente, haciéndolo estremecer de gusto. Su alma lloró por Severus en los espasmos del doloroso orgasmo que sobrevino, con la cuarta parte del cuerpo de la serpiente clavado en sus entrañas y sus rodillas no lo sostuvieron más.

La serpiente se retiró rápidamente de su cuerpo, dejando un enorme y doloroso vacío, una herida abierta que tardaría en sanar.

- “Sangraste, mi querido Lucius”, susurró con nostalgia Voldemort, “como en tu primera vez”, besó suavemente sus cabellos y lo dejó tendido allí, en el frío piso de piedra. Luego, desapareció.

Lucius estuvo inmóvil por mucho rato, temiendo que si se movía, le dolería más. Pero de pronto, unos tímidos golpes en la puerta lo hicieron reaccionar.

- “Amo Malfoy”

Ese maldito elfo doméstico. Lo mataría de buen grado, pero ahora no, el dolor era mucho como para levantarse.

- “¿Qué quieres?”, dijo con la voz un poco debilitada.

- “Amo Malfoy, es su padre”

- “¿Mi padre me llama? Que espere”

- “Amo, su padre se muere”

*

Severus pensó en Lucius mientras preparaba la poción que Voldemort le había encargado. Una poción de dominio, pensó con amargura, él mismo podría usarla para evitar que su amante se case, aunque sería descubierto y seguramente asesinado por el mismo señor oscuro, de eso no le cabía duda.

En el entierro del padre de Lucius, el rubio había estado pálido y silencioso, de pie junto a Narcissa y a los padres de ella, mientras el sacerdote hablaba. Luego, permaneció junto a la tumba hasta que todos se retiraron, después de darle el pésame. El cementerio estaba lleno, pero Severus no sabía a ciencia cierta cuántos se habían ido a despedirse en realidad de Phobos Malfoy y cuántos habían ido a regocijarse de su muerte.

La prensa interrogó a Lucius inmediatamente, la boda se había programado para el día siguiente, pero suponían que con la muerte de su padre, la fecha sería postergada.

- “Narcissa y yo nos casaremos mañana, como estaba planeado. Es lo que mi padre deseaba más y cumpliré su última voluntad, además, ella me ayudará a sobrellevar el dolor que su pérdida me causa”, había dicho Lucius a la prensa, con los ojos llorosos y tristes.

Y en verdad lo sentía, había amado a su adusto padre porque era la única figura familiar que pobló su infancia. Lucius nunca conoció a su madre, ésta murió cuando él nació, y por eso no había experimentado mucho afecto durante los primeros años de su vida. Sobre él pesaba el deber de ser un Malfoy y todas las responsabilidades que eso traía consigo, siempre se había preparado para ser cabeza de una familia y el momento había llegado.

Pero eso, Severus no lo sabía. Para él, todo se reducía a una imposición familiar y ahora que el autor de esta imposición había muerto, no existía razón para seguir adelante. Echó con rabia las lágrimas de sirena y la poción humeó furiosamente.

- “Sev”

Lucius estaba en el umbral de la puerta, con un rictus de dolor en el perfecto rostro, un rictus que parecía de dolor ¿físico?

- “¿Qué haces aquí? Mañana es tu boda, deberías estar con Narcissa”, espetó Severus, desfogando su rabia nuevamente con el caldero, que osciló peligrosamente cuando el joven mago agitó la poción.

- “Yo…”, empezó Lucius y de pronto se aferró al marco de la puerta, mortalmente pálido.

Severus estuvo en un instante junto a él y lo alzó con cuidado, pensando que el desvanecimiento se debía a la tensión del entierro, pues Lucius había atendido todos los detalles personalmente, pero cuando lo recostó en su cama, notó que se trataba de algo más.

- “Me duele, Sev”

Lucius se aferró a la túnica de su amante, que rápidamente examinó el torso del rubio, sin encontrar nada, pero el rictus de dolor era más pronunciado y Severus, presintiendo lo peor, le bajó inmediatamente los pantalones. La ropa interior de su amante estaba manchada de sangre y cuando Severus lo examinó, se quedó horrorizado.

- “¿Fue él?”, preguntó con voz ronca.

- “Nagini”, fue la débil respuesta. “Su regalo de bodas”, trató de bromear, pero sólo emitió una risita ahogada, mitad sollozo.

Severus no dijo palabra, pero preparó inmediatamente una poción cicatrizante y otra analgésica y agradeció profundamente esa habilidad de la que a veces renegaba. Atendió a Lucius, que pronto se quedó dormido bajo el efecto del analgésico, mientras su amante lo acariciaba, con lágrimas en los ojos. Lucius había estado con esa espantosa herida desde el día anterior, soportando estoicamente todas las formalidades del entierro, no entendía de dónde había sacado las fuerzas. Lo besó una y otra vez y decidió por fin arriesgarse y hablar claro con el rubio.

Hacia media noche, Lucius abrió los ojos.

- “Lucius, no tienes que casarte”, dijo Severus muy serio.

- “No, Severus, no lo entiendes. Debo hacerlo, soy un …”

- “Lo sé. Eres un Malfoy”, interrumpió Severus, “Lucius, en verdad siento lo que pasó, pero al no estar tu padre, no estás obligado a casarte”

El rubio lo estudió intensamente. Quizá Severus tenía razón, pero la responsabilidad de todo el imperio Malfoy pesaba ahora sobre sus hombros.

- “No puedo, Severus. Voldie quiere eso, desea que tenga un heredero. Además, mi padre puso en su testamento que debo casarme para acceder a la fortuna de la familia.”

- “Puedes tener un heredero sin casarte”, afirmó Severus, “Respecto a tu fortuna, renuncia a ella”, Severus estaba decidido, si el rubio aceptaba, le confesaría su amor.

- “¿Renunciar a mi fortuna?”, Lucius se puso de pie, el dolor había disminuído considerablemente gracias a la poción, “Sev, no entiendes, eso no es posible”, exclamó.

- “Yo me fui de casa”, dijo firmemente Severus.

- “Claro, y mírate ahora”, exclamó el rubio señalando la austera habitación con un ademán, “no tienes casi nada, yo no podría vivir así”

- “¿Casi nada?”, gritó Severus, “tengo mi dignidad y orgullo intactos”

El rubio lo miró con dureza.

- “Sev, eso no te sirve de nada. ¿Para qué demonios tenías que irte de casa?”, el moreno quiso protestar, pero Lucius lo detuvo con un firme ademán, “sí, ya sé que ellos no te ponían atención, pero ¡Maldita sea! ¡Te daban dinero!”

¡Dinero! A eso se reducía la moral de Lucius Malfoy.

“Walking, waiting / Caminando, esperando
Alone without a care / sólo sin un cuidado
Hoping an' hating / esperando y odiando
Things that can't bare / las cosas que no puedo descubrir
Did ya think it's cool to walk right up / ¿Pensaste que hace frío para caminar hacia arriba?
To take my life and fuck it up / ¿para tomar mi vida y ultrajarla?
Well did you / ¿Lo hiciste?

¡TE ODIO!”

- “¡No quiero dinero, Lucius!”, gritó empujando al rubio que lo intentaba atraer junto a él, “Si tú deseas casarte, por dinero, poder o lo que sea, HAZLO. Eso no es mi problema”, dijo con una frialdad mayor de lo que se había creído capaz. “Pero no vuelvas a mi si te arrepientes”, y agregó, tomando aire, “porque te arrepentirás, el dinero no puede comprarlo todo”

Pero Lucius sólo se rió, con una risa cruel, la máscara perfecta que escondía su dolor.

- “¡Estás loco! Aunque se me ocurriera emularte y convertirme en un pordiosero, Voldie jamás lo permitiría, antes me mataría y le tengo demasiado aprecio a mi vida como para esa clase de heroísmo”

- “¡Vete de aquí!”

El rubio salió, dando un portazo. Sentía deseos de gritar, de golpear a Severus, pero también de llorar y caer a sus pies. No podía. No podría jamás. Él era un Malfoy y el peso de esa responsabilidad comenzaba a agobiarlo, antes incluso de asumirla.

Severus lo vio partir y dio varios puñetazos en la pared antes de derrumbarse, llorando. El amor era la cosa más patética del mundo, estuvo a punto de hacer el ridículo más espantoso, ¡Confesarle su amor a Lucius! El rubio se habría reído hasta llorar. No, olvidaría todo eso y se dedicaría a ser el mejor. Y si Voldie quería que estudiara Pociones, haría eso y le demostraría a Lucius Malfoy lo que Severus Snape podía hacer.

Pero no dejaba de pensar en el rubio y esa noche, pensó también en David.

Amor, amor.

Mocoso estúpido, matarse de ese modo por amor.

No, Severus jamás lo haría. Y mucho menos si Lucius se casaba.

“I slept so long without you / dormí tanto tiempo sin ti
It's tearing me apart too / también me estoy desgarrando
How to get this far / cómo llegamos tan lejos
Playing games with this old heart / jugando juegos con este viejo corazón
I've killed a million petty souls / he matado un millón de pequeñas almas
But I could't kill you / pero no podría matarte
I've slept so long without you / he dormido mucho tiempo sin ti”


Y Lucius se casó, espléndido en su fino traje, bello como nunca, sonriente y radiante tomando del brazo a Narcissa, tan deslumbrante como él mismo, con el vestido de novia más elegante del Mundo Mágico, traído de París y confeccionado especialmente para ella.

La mirada del rubio vagó por el numeroso público invitado, pero Severus no estaba. Apretó los labios con amargura, para luego esbozar una suave sonrisa cuando un fotógrafo le enfocó el rostro. Disimular se había vuelto un hábito, y así era más fácil. Enterraría para siempre su tonto amor por Severus. ¡Chico idiota! Nadie despreciaba a un Malfoy y se lo haría saber pronto.

- “Sí. Acepto”, dijo con la mayor seguridad del mundo y puso el anillo en la delicada mano de su esposa.


*

Luego de las vacaciones en Escocia, Sirius y Remus iniciaron con muchas ganas el segundo año de estudios. La boda de Malfoy fue sin duda el acontecimiento del año, pero Sirius no había comentado mucho al respecto y era natural en cierto modo. La más selecta sociedad londinense y parisina había sido invitada a la ceremonia y los Black ocupaban un lugar preferente, pero Sirius había sido desheredado y aunque la boda le importaba un pepino, no podía evitar recordar a veces que él seguía siendo un Black.

Su cumpleaños pasó sin novedad, Sirius no quiso celebrarlo ese año más que con una fiesta íntima donde sólo fueron sus más cercanos amigos y Remus preparó la cena.

Así, llegó el primer mes de clases y las cosas marchaban como siempre entre ambos. Pero Remus no estaba del todo satisfecho. No era el vivir con otra persona lo que lo incomodaba, porque se había habituado a ello en Hogwarts y conocía perfectamente las costumbres de su pareja. Pero en Hogwarts tenían elfos domésticos que cocinaban y limpiaban. Y en casa no.

Sirius le había sugerido contratar a alguien para ayudarlo, pero Remus no deseaba una persona que se entrometiera en su intimidad y se negó. Con eso, quedó de “encargado oficial” de las tareas domésticas. El primer año, ese arreglo estuvo bien, además, con magia todo era más rápido, pero el segundo año, Remus decidió poner las cosas en orden y lo hizo mientras tomaban desayuno.

- “Sirius, por favor lava tu taza”

- “¿Mmm?”, murmuró Sirius sin despegar los ojos del “El Profeta”, “Moony, dicen que otro pueblito de Irlanda está controlado por Voldemort”

Remus suspiró, eso iba a ser difícil.

- “Lo leí”, dijo con voz neutra, “tengo clase temprano, POR FAVOR lava tu taza”

- “¿Yo?”

- “Sí, tú. Yo preparé el desayuno”

- “Pero tú siempre lavas, Moony”

- “Corrección. Yo siempre lavaba, Sirius. Escucha, he pasado un año entero haciendo el trabajo doméstico, creo que es tiempo de que me ayudes un poco”

- “Pero… ¿por qué?”, en el rostro de Sirius, habituado a ser atendido siempre por elfos domésticos, se pintó la más absoluta sorpresa. “yo creí que te gustaba hacerlo”

- “¿Gustarme? Lo hago para sobrevivir, pero creo que es hora de que hagas tu parte”

Sirius rió, no muy seguro de a dónde iría a parar todo eso.

- “Lo siento, Moony, la escuela de aurores está muy exigente, no tengo tiempo para eso”

- “Nos organizaremos, dividiremos tareas …”

- “Pero yo estudio…”, protestó Sirius.

- “¿Y yo no? El que me prepare para ser profesor no significa que lo mío no sea serio, Paddy”

Sirius dudó.

- “Es que… lo siento, Moony. No podré, mejor sigamos como antes”

Entonces, Remus estalló.

- “Sirius Black, estoy tratando de ser democrático, pero entiende de una vez que no haré más tus cosas. De ahora en adelante o compartimos las tareas o ya no lavaré tu ropa ni cocinaré para ti y tampoco limpiaré la casa”

Sirius lo miró atónito, no pensó que eso podría pasar con su dulce Moony. Pero no había duda posible al ver el enfurecido rostro de su pareja.

- “Moony”

- “Piénsalo, Sirius. No soy tu elfo doméstico. Ahora me voy a clase”

Poco después, se escuchó un portazo.

Sirius se encogió de hombros y se dispuso a estudiar. Dejó la taza sobre la mesa y fue al estudio. Todo allí estaba desordenado desde el día anterior que estudió con James. Tomó un libro y comenzó a leer.

*

Esa noche, Remus volvió y notó que la taza continuaba en la mesa de la cocina, pero no la levantó. Encontró a Sirius en el estudio, sumergido en una montaña de libros de maldiciones y contramaldiciones.

- “Buenas noches, Moony”

- “Buenas noches”

- “¿Cenamos?”, Sirius tenía esa expresión de perrito apaleado que tan bien conocía Remus.

- “No, gracias. Ya cené en la escuela”

- “Ahh…”, murmuró Sirius tratando de fingir indiferencia, a pesar de que su estómago rugió en señal de protesta, “Moony, Peter envió una lechuza. A que no adivinas a dónde ingresó”

- “Mmm, ¿Braxton?”

- “No”

- “¿Al ministerio?”

- “¿Cómo empleado? ¡Cielos, no!”

- “No sé”

- “Anda, adivina, lobito”

- “Sirius, estoy cansado”

Sirius se rindió, al parecer, esa noche no cenaría.

- “Está bien, ingresó a la Universidad Ryddle”

- “¿QUÉ?”

- “Dice que sus padres lo presionaron para que haga algo este año y que le llegó una carta de allí, tuvo una entrevista y lo admitieron extemporáneamente”

Remus se preocupó inmediatamente.

- “Pero ese lugar…”

- “Pete dice que está bien, que Ryddle no está más y que como Phobos Malfoy estiró la pata, no tiene problemas. Se ha encontrado con muchos de Hogwarts, Snape, por ejemplo”

- “Oh”

- “¿No cenamos?”, Sirius sonrió haciendo su último intento.

- “Ya cené. Prepara algo y come tú, yo me voy a dormir”

Y así pasaron seis días, durante los cuales Remus se dedicó a hacer solamente sus cosas. Como resultado, Sirius desayunaba lo que podía y almorzaba y cenaba fuera o en casa de James, pero había una montaña de ropa sucia y el estudio era una completa calamidad, sólo el sitio de Remus permanecía limpio y ordenado.

Remus no le reprochaba nada, simplemente, no hacía NADA por ordenar lo de Sirius y además, llegaba tarde.

Sirius ya no lo soportaba más, además del desorden, Remus siempre decía que estaba cansado y se dormía pronto. Por eso, la noche del sexto día, cuando su pareja volvió, el animago lo saludó lo más cariñosamente que pudo y antes de recibir un “Estoy cansado” por respuesta, dijo:

- “Moony, tenemos que hablar”

- “Estamos hablando”

- “Me refiero a ese asunto de los elfos. ¿No sería conveniente tener a alguien que te ayude?”

- “¿A mi? Mis cosas están en orden, mi ropa está limpia y yo sí como a mis horas”

- “Moony, esto no puede seguir así”

- “Cierto. ¿Qué harás al respecto? Pero te advierto una vez más, no quiero extraños en nuestra casa. Las cosas las haremos juntos, o continuaremos como ahora”

- “Moony… te amo”, Sirius habló sinceramente.

- “Y yo a ti, Paddy. ¿Por qué eres tan endiabladamente terco?”

Sirius hizo una mueca, capitularía, pero detestaba admitir que ignoraba algo y detestaba aún más admitir que estaba equivocado. Lo que diría le iba a costar un gran esfuerzo.

- “Tú ganas”, sonrió, “pero tendrás que enseñarme todo”

Remus sonrió pícaramente.

- “¿Todo?”

- “¡Tonto! Prometo ayudar, pero POR FAVOR, limpiemos ahora un poco”

- “Te amo, Paddy”

*

Luego de las vacaciones de Navidad, Peter volvió a la UAEM. Hasta enconces, había tenido la suerte de no toparse con Lucius Malfoy, quien estaba por finalizar el quinto y último año. Pero la suerte no le duró más.

- “Vaya, vaya”, exclamó Lucius bloqueándole de pronto el paso, “la bola de grasa sin sus amiguitos”

- “H-hola Malfoy”, balbuceó Peter palideciendo intensamente.

- “No te daré la bienvenida, Pettigrew. Este lugar no es para pendejos como tú”

Peter retrocedió, sin replicar. Sin sus amigos cerca para defenderllo, no se sentía capaz de enfrentar a Malfoy. Optó por una silenciosa retirada, pero Lucius tenía otra cosa en mente.

- “¿A dónde vas con tanta prisa?”

- “T-tengo clase”

Lucius, tenso y molesto a causa de una pelea con Narcissa, había encontrado a la víctima perfecta para desquitar su frustración.

- “Ah, tienes clase. Y supongo que nadie te ha explicado aún las reglas de este lugar”

- “¿Reglas?”

- “Sí, bola de grasa. Debes entregar algún tributo a los más antiguos como yo que estoy en quinto, en señal de respeto”

En realidad, Lucius no tenía la menor idea de qué tributo pedirle a Peter, lo hacía simplemente porque lo divertía ver a su víctima pálida y sudorosa, a punto de orinarse de puro miedo. Por su mente pasó pedirle que le lamiera las botas delante de todos, o que pusiera una alfombra a sus pies, o…

- “P-puedo contarte cosas”

Peter había considerado velozmente sus opciones. No tenía nada que ofrecerle a un millonario como Malfoy, aunque… su única habilidad, convertirse en rata, había hecho posible que se enterara de ciertos “secretos”. Secretos que habían sido apreciados por Severus Snape en su momento.

Lucius arqueó las cejas, claramente intrigado.

- “¿Te acuerdas de Balfour? Yo le dije a Snape que se entendía con Campbell”

- “Ah”, Lucius estaba interesado.

- “También le dije cosas de Sirius y Remus”

Al oír el nombre de Remus, el interés de Lucius creció.

- “Podría interesarme”, aventuró, “¿Qué más me puedes contar?”

Peter empezó apresuradamente a enumerar algunos hechos.

- “¿Te acuerdas la vez que les pusieron ortigas en la ropa interior? Fueron ellos. Y ellos hechizaron el casillero de Snape, metieron a Severus en muchos líos…”

Claro que Peter creía que al haber salido ya de Hogwarts, nada de eso importaría ya. Pero se equivocaba. Lucius lo miraba fijamente y había hielo en sus ojos grises.

- “Hasta tengo una foto…”

- “Dámela”

Peter rebuscó en su túnica y extrajo su agenda. Dentro de la cual estaba la foto que había tomado del estudio de sus amigos. La entregó con una mano temblorosa. Lucius lanzó un silbido.

- “Consígueme más de estas y puede que no te moleste”

Y Peter escapó, sintiendo un aguijón de culpabilidad, pero conforme transcurrió la mañana, lo olvidó. Al menos no había contado nada que comprometiera a James, que ahora lo llamaba con frecuencia para salir. Quizá lo que había hecho estaba “un poco mal”, pero él tenía que defenderse. Y, después de todo, Sirius lo había humillado muchas veces… Y Remus… bueno, justos pagan por pecadores.

 

Capítulo 34: La Orden del Fénix

“Now I've had the time of my life / Ahora tuve el momento de mi vida
No I never felt like this before / no, jamás sentí esto antes
Yes I swear it's the truth / sí, juro que es la verdad
And I owe it all to you / y todo te lo debo a ti
Cause I've had the time of my life / porque he tenido el momento de mi vida
And I owe it all to you / y todo te lo debo a ti”

”Time of mi life” – Soundtrack de Dirty Dancing


- “No, Lily”, exclamó James, “no quiero que vayas a Braxton hasta que acaben las investigaciones, podría quedar algún hechizo o maldición oculta, es peligroso”

- “Pero los profesores van a hacer clases en el pabellón que no se cayó y no quiero atrasarme”

- “Pero linda, luego nosotros te ayudamos. No creo que sea algo que Sirius o yo no sepamos hacer… además, creo que Moony necesitará compañía”

Había pasado una semana desde el atentado en Braxton y las clases recién habían podido iniciarse allí.

- “¿Moony?”

- “Sí. Sirius me avisó temprano que recibieron una carta de América y que Genévieve falleció. Remus está muy triste y Sirius no fue a clases esta mañana, pero ahora Moody nos ha exigido ir a una clase extra bajo pena de expulsión y él está pensando seriamente en faltar para acompañarlo, porque Peter tiene examen. ¿Crees que puedas ir?”

- “¡Claro que sí!”

*

- “Lily, gracias por venir”, susurró Sirius, “Remus está en el estudio escribiéndole a Stoker. No quiero dejarlo así, pero insiste en que estará bien y que yo no puedo faltar a esa clase”

- “Descuida, Sirius”

Remus salió y saludó a Lily. Luego se reclinó en el hombro de Sirius.

- “Anda, Paddy. No puedes permitir que te expulsen”

Sirius lo abrazó estrechamente, no quería irse a clase, pero no tenía alternativa. Al menos Lily estaría con Remus.

- “Vendré en un par de horas como máximo”, susurró acariciando el cabello de su novio, “¿Estarás bien?”

- “Sí”, respondió él, “ya no te preocupes”

- “¡Padfoot, llegaremos tarde!”, gritó James emergiendo de la chimenea. Sirius dio un último beso a Remus y lo siguió.

Una vez que se quedaron solos, ambos fueron a la cocina a beber un poco de chocolate. Esa bebida siempre lograba animar a Remus. Se sentaron en silencio, pero era un silencio confortable porque él y Lily eran muy buenos amigos, casi tanto como lo había sido Genévieve. Sólo que… Lily ignoraba que él era un licántropo.

- “¿Cómo conociste a Genévieve?”, preguntó suavemente Lily.

Remus sonrió ante ese recuerdo.

- “Estábamos en el Bosque Prohibido, buscando ingredientes para una poción secreta. Un wendigo nos atacó y ella nos salvó”

Luego de contar algunas anécdotas más sobre Genévieve, Remus no pudo evitar que algunas lágrimas cayeran por sus mejillas. Lily las enjugó con cariño, su amigo siempre había sido el más dulce de los Merodeadores, casi tan dulce como Peter.

- “¿De qué murió ella?”, preguntó. Nadie se lo había dicho y le parecía extraño que una bruja tan poderosa como Genévieve hubiera fallecido tan joven.

- “Ella era licántropo”, respondió tristemente Remus, “cuando murió White, ella se fue apagando, hasta extinguirse por completo. Me explicó que ocurriría así porque un licántropo está unido a su pareja de por vida”

Lily le acarició la mano comprensivamente y fue atando cabos. Genévieve y Remus. Siempre pensó que ellos dos se parecían mucho en algo, aunque no estaba segura de qué cosa podía ser… ahora casi lo estaba. Recordó las desapariciones de Remus en la escuela y en la universidad, su debilidad cada fin de mes y la verdad se fue abriendo paso ante sus ojos. Pero… ¿Sirius lo sabría? Tenía que saberlo, ellos vivían
juntos… y eso significaba que James y Peter también lo sabían, ellos no tenían secretos.

Remus le devolvió la mirada, con los ojos llorosos aún. En su pena, cometió una indiscreción y ahora no sabía cómo podría reaccionar Lily. Una cosa era que aceptara que sea gay, pero un licántropo gay era una cosa muy distinta… ¿o no?

- “Remsie, ¿tú eres licántropo también?”, la pregunta fue hecha de un modo muy suave, como si ella no quisiera oír la respuesta porque ya la sabía.

- “Sí”, la respuesta fue dada con serenidad, como si Remus ya se hubiera resignado a lo inevitable, ser rechazado.

Se hizo un silencio en el que Remus pensó que Lily saldría corriendo de un momento a otro. Lily lo miró con una expresión que él no pudo descifrar, iba a decir algo cuando la risa de su amiga llenó la habitación.

- “Debí haberlo imaginado antes”

Remus suspiró con evidente alivio y luego se echó a reír también, con la misma risa mágica que lo había unido a sus amigos cuando ellos descubrieron su licantropía. Lily era como ellos, era una verdadera amiga.

Ambos rieron mucho y Lily comenzó el interrogatorio, le preguntó qué se sentía transformarse, cómo fue que sus amigos lo descubrieron, cómo se las arreglaba para ocultarse en Hogwarts, si Dumbledore sabía… la lista no tenía fin. Remus empezó a contárselo, después de todo, Lily era ya parte de su vida, como Sirius, James y Peter.

La chica pelirroja se sentía más cerca de James al conocer ese último secreto, el único que su novio le escondía aún. Sin que se dieran cuenta, había pasado más de dos horas y Sirius estuvo de regreso. El animago sintió que un peso se le quitaba de encima al oír las risas de Lil y Remus, su Moony estaba más tranquilo, al menos eso era una preocupación menos.

- “Moody nos está probando para algo”, les confesó Sirius dejándose caer en el sillón junto a ellos, colocando la cabeza sobre las piernas de Remus.

- “Creo que sí”, aceptó James, que se sentó enfrente, junto a Lily, “es extraño que siempre nos encomiende misiones extracurriculares a nosotros cuatro. Y jamás nos dice cómo lo hicimos”

- “Y Dumbledore estuvo con él hace unos días”

- “¿Cómo lo saben?”, la curiosidad de Remus se había desatado.

- “Estábamos en el pasillo, nos ocultamos con la capa”, explicó James, “aunque juraría que Dumbledore sí nos vio”

Lily de pronto consultó su reloj.

- “¡Cielos! ¡Es tarde!... James, hoy Petunia llevará a su novio a casa, tenemos que estar allí, ¿recuerdas?”

- “¿Novio?”, exclamó Sirius, “por Merlín, ¿quién es ese loco?”, Remus le dio un tirón de cabello, “lo siento, Lily”

- “No importa… yo también me pregunto cómo será. No un galán de cine, definitivamente. ¡Anda, James!”

Lily haló a su novio y desaparecieron por la chimenea.

*

Octubre pasó y luego Noviembre, con un enorme número de ataques y secuestros. El pánico crecía y ya nadie se atrevía a mencionar el nombre de Ryddle y mucho menos el de Voldemort por temor a invocarlo de algún modo.

Los Aurores de la Escuela incluso eran enviados a misiones junto con los aurores graduados y Sirius, James, Frank y Alice iban a menudo con ellos. Una fría mañana, luego de la transformación de Remus, Sirius fue convocado para buscar las pistas de un atentado.

- “Moony, Peter vendrá en unos momentos, dijo que quería que lo ayudaras a repasar contramaldiciones”

Sirius desapareció en su motocicleta y Remus se dispuso a preparar un té caliente para Peter, luego de frotarse el cuerpo con un ungüento para el dolor. Al poco rato su amigo apareció, envuelto en un enorme abrigo que lo hacía verse como una esfera azul con los ojillos brillantes.

- “Hola Pete”, saludó Remus con afecto. No lo habían visto mucho durante el mes anterior, ambos estaban ocupados con sus exámenes.

- “Moony, ¿todo bien?”, preguntó solícito Peter. Sabía que luego de las transformaciones Remus quedaba muy débil y no le gustó que Sirius no estuviera con él.

- “Sí”, respondió Remus y fueron al estudio. Estuvieron repasando algunas contramaldiciones, pero era evidente que Peter estaba muy lejos de allí.

Remus decidió hacer una pausa y fue a la cocina para traer un poco de té. Peter seguía ensimismado. El chico pálido se sentó frente a él y lo miró a los ojos.

- “¿Vas a decirme lo que te preocupa?”

Peter tragó saliva.

- “Es sobre Snape. ¿Recuerdas todas nuestras sospechas en Hogwarts? Él es uno de ellos… y hay muchos más en la UAEM”, Peter estaba muy nervioso y hablaba a prisa, “yo… me convertí en rata y entré al aula de estudios avanzados. ¡Remus, ellos practicaban magia negra! Estaba Snape y los dos Lestrange enseñando a los demás… yo creo… creo que ‘él’ no se fue nunca de allí”

Era obvio que se refería a Voldemort, ni siquiera Peter se atrevía a decir su nombre. Pero lo que Peter no le dijo fue que había escuchado con atención toda la clase y que había aprendido algunos hechizos prohibidos que posiblemente lo hubieran llevado a Azkaban.

- “Lo sabía. Debemos decírselo a alguien… pero sin delatarte a ti”

Remus comenzó a pensar y sólo vino a su cabeza una persona: Albus Dumbledore. No había tenido muchas noticias del viejo mago en bastante tiempo, pero ahora era el momento de hacerle una visita.

Puso a Peter al tanto de su idea y se dispusieron a ir a Hogwarts. Dejó una nota para Sirius, porque ya sabía que su novio volvería tarde y no quería que se preocupara. Partieron a toda prisa usando un traslador hasta “El Caldero Chorreante” y de allí un carruaje a Hogwarts. En el camino, mientras charlaban, Remus mencionó casualmente a Lily y Peter cambió de rostro.

- “Anda, Pete. Lily es ahora parte de los Merodeadores. Ella también me ayuda con las pociones para el dolor cuando me transformo”, dijo tratando de ser conciliador.

- “¿Pociones?”

- “Sí. Ella ha investigado un poco sobre mi licantropía y uno de sus profesores experimenta con una poción especial. Lily sustrajo algunos ingredientes y me están haciendo bien para calmar el dolor”

- “¿ELLA SABE?”, casi gritó Peter.

- “Shh, baja la voz”, pidió Remus para no llamar la atención, “sí, se lo dije hace un par de meses, aunque creo que ella ya lo había adivinado”

Peter se puso muy rojo, él se había visto con James en seis oportunidades en los últimos dos meses y su amigo jamás le mencionó que Lily sabía lo de Remus. Se sintió traicionado, herido. El grupo de amigos que habían formado en el colegio se desmoronaba ante sus ojos, no podía creerlo.

- “Pero ella… ella es mujer y…”

- “¿Y? Vamos, Peter”, Remus trató de minimizar el hecho, pero el dolor en el rostro de Peter era evidente.

- “Es que juramos no decirlo, juramos hacerlo todo juntos, Remus. ¡Y ahora ella lo sabe! Ella jamás será parte de los Merodeadores”

Remus trató de calmarlo, admitió que se había equivocado pero dijo que estaba vulnerable ese día a causa de Genévieve. Trató de convencer a Peter de que todo seguía como siempre, que seguirían siendo amigos y podrían conservar otros secretos, como el de transformarse en animagos. Pero se guardó de decir que él sí creía que Lily era parte de los Merodeadores, había notado algo extraño y no quiso echar más leña al fuego. Esa reacción no era propia del bueno de Peter. Hasta se podría haber dicho que estaba celoso, pero no. Su amigo había estado bajo mucha presión y ya era bastante malo estudiar con los Slytherin. Pasó el brazo por el hombro de Peter cuando llegaron al castillo de Hogwarts.

- “Anda, Pete, todo saldrá bien”

Pero luego de la entrevista con Dumbledore notaron que ya nada saldría bien ese año. El Director estaba reunido con unas personas extrañas, pero los recibió en una pequeña salita y se mostró muy interesado en lo que Peter tenía que relatar. Dumbledore los hizo esperar un momento y volvió luego con una mujer menuda y rubia, de enormes ojos azules, que presentó como Dorcas Meadows. Ella conversó brevemente con Remus y luego hizo a Dumbledore una imperceptible señal.

- “Remus, Peter”, dijo Dumbledore gravemente, “la situación es seria, esta vez no habrá marcha atrás. Voldemort juega su estrategia final, aunque el Ministerio trata de minimizar los hechos, pero lo cierto es que todos están muy preocupados. ¿Desean ayudar?”

Remus respondió que sí, sin dudar. Peter pareció más cauteloso, pero dio igualmente una respuesta afirmativa.

- “Entonces, vengan aquí el 15 de diciembre, a las ocho en punto de la noche y traigan a Sirius, James y Lily”

Horas después, James y Sirius se preguntaban qué querría Dumbledore de ellos, pero faltaba una semana para la cita y no les quedó más remedio que esperar, hilvanando entre tanto las más absurdas teorías.

*

- “¿Trajiste la poción?”

Severus asintió con un gruñido. Lucius ni siquiera lo había saludado, sólo preguntaba por la maldita poción. No era que le importara mucho, pero… ¿A quién engañaba? Claro que le importaba, Lucius estaba actuando así con él desde la boda. Hablaban poco y sólo por “asuntos de trabajo”. Severus no volvió a mencionar la boda y Lucius tampoco lo hizo, se volvieron distantes y fríos, aunque muchas veces compartían las misiones.

- “Ewan Rosier está aquí”, susurró Lucius en tono de advertencia. Había notado la irritada mirada de su ex amante. “vamos al sótano”

Se dirigieron al sótano de la casona deshabitada. Allí habían instalado un refugio temporal para los secuestrados y precisamente en ese lugar Lucius había conducido a los dos infelices que atraparon la noche anterior.

Abraham Hoover, Orden de Merlín, Segunda Clase y miembro honorario del Honorable Colegio de Magia, institución que agremiaba a los magos opositores a Voldemort; y Antoine Lenormand, diplomático que representaba al Ministerio en Francia y que ahora estaba de visita en Londres. Ambos habían sido capturados por Lucius y Rodolphus en un magistral golpe.

Antes de entrar al calabozo, se cubrieron los rostros con capuchas negras. Luego, Lucius abrió la puerta.

- “¿Cómo va todo Azazel?”, susurró Lucius dirigiéndose a Rosier con el nombre que Voldemort le había dado hacía pocos días.

Severus alzó una ceja. Nombres de demonio, grandiosa ocurrencia de Voldemort para conservar el anonimato ante sus víctimas. El Señor Tenebroso tenía una fijación extraña con los nombres. Y Lucius era, obviamente, Lucifer.

- “Esperamos la poción”, susurró Rosier a la vez. En la oscuridad, un hombre se encogió. “Belit estuvo aquí, pero Lord Voldemort fue claro, no quiere que torturen a estos dos, los necesita para algo importante”.

Lucius asintió. Bellatrix seguramente habría estado muy contrariada al no haber podido divertirse con los prisioneros. Pero órdenes eran órdenes.

- “Segrael”, dijo extendiendo la mano. Severus comprendió y puso en la enguantada mano de Lucius el tubo de ensayo que contenía la poción Veritaserum que había preparado. Luego, se quedó junto a la puerta. Lo que estaba a punto de presenciar no le agradaba en absoluto.

Lucius avanzó ante Hoover y usó un “Inmovilus” para paralizarlo. Luego le abrió la boca y echó unas gotas de la poción. Bastó un instante para que el digno Decano del Colegio Mágico comenzara a gimotear e implorar por su vida.

Severus se adelantó y comenzó el interrogatorio. Voldemort siempre decía que para obtener información, no había nadie mejor que Severus, no sólo por que era el único que podía preparar la poción Veritaserum, sino porque era frío y preciso en las preguntas. Y era rápido. En una hora, el hombre había sido exprimido completamente y acababa de darles muchos importantes detalles que serían apreciados por Voldemort. Uno de ellos fue el nombre de la Directora del Movimiento Secreto Por los Derechos de los Muggles.

- “Dorcas Meadows”, murmuró Severus, “esto es sin duda interesante”

Rosier aplicó luego un “Obliviate” a Hoover y lo entregó a Lucius que lo sometió a la Maldición Imperius con la soltura de la larga práctica. Rosier se llevó al cautivo para liberarlo cerca del Ministerio. Otra ficha más en el tablero de Voldemort.

- “Ahora, Segrael, vamos por el otro”

Lenormand estaba encogido en posición fetal, atado fuertemente. Lucius lo soltó con un hechizo y le lanzó un “Inmovilus” para repetir la táctica. Pero el hombre tenía algo entre los dedos y antes de que Severus pudiera detenerlo, arrojó al rostro del rubio un puñado de tierra y pronunció un conjuro. La tierra se encendió como si fuera una brasa, lastimando la perfecta piel de la mejilla y frente de Lucius.

Grave error.

- “¡Lucifer!”

Pero era demasiado tarde, Lucius con los ojos llameando de furia sacó su varita y le lanzó a Lenormand un hechizo aturdidor. Luego, siguieron varios cruciatus hasta que Severus logró calmarlo. La víctima se había desmayado.

- “¡Demonios, Lucifer! Las órdenes no eran torturarlo”, exclamó arrastrando de allí al rubio.

Lucius se dejó caer en un viejo sillón, tocándose el rostro.

- “¡Maldito sea!”

- “Déjame a mi”, la voz de Severus era dura, pero por contraste, una mano muy suave tocó la mano de Lucius, apartándola de su rostro. “No es grave, en un momento lo arreglaré”

El mago buscó entre los bolsillos de su túnica y extrajo un pequeño frasco cuyo contenido aplicó en las mejillas y frente de Lucius, acariciándolo mientras lo hacía.

Lucius cerró los ojos.

Era como antes. Quiso creer que era como antes, que Severus no lo despreciaba por haberse casado con una Black, que seguían siendo amantes. Las manos de Severus le tomaron el rostro y cuando Lucius abrió los ojos, se encontró con la mirada de su ex amante, escrutándolo intensamente. Se estremeció, sólo Severus podía hacerlo sentir así.

- “Sev”

Por un momento mágico, ambos se perdieron en la mirada del otro. Luego, Severus retiró las manos suavemente.

- “Aplica esta poción tres veces al día y en tres días no tendrás ninguna señal”, observó el mago con voz neutra.

Lucius asintió y sus ojos grises miraron a otro lado. Severus lo seguía despreciando. Pues bien, haría como si no le importara.

- “De acuerdo”, replicó con la misma cortesía impersonal que usaba con sus colegas del Ministerio.

*

La reunión a la que Dumbledore los citó no podía ser más extraña. Había muchos magos de aspecto curioso, que les fueron presentados. Todos estaban sentados alrededor de una mesa redonda y discutían algo gravemente. Sirius le dio un codazo a Remus cuando divisaron a Moody entre ellos.

- “Muchachos, bienvenidos”, les sonrió Dumbledore y la profesora Mc Gonagall, que los había conducido hacia allí, los invitó a sentarse. “Les presento a la Orden del Fénix”

Los magos presentes sonrieron mientras Dumbledore iba diciendo sus nombres.

- “Edgar Bones, Caradoc Dearborn, Benyi Fenwick, Marlene Mc Kinnon, Dorcas Meadows”, la bruja hizo un guiño a Remus, a quien ya conocía, “Gideon y Fabian Prewett y por supuesto, Alastor Moody. A Alice y Frank ya los conocen”, sonrió Dumbledore mientras señalaba a sus amigos, sentados entre Moody y Dorcas.

- “¿Qué es…?”, comenzó Sirius con genuina curiosidad.

- “La Orden del Fénix es una organización de magos que luchan por derrotar a Voldemort”, explicó pacientemente Dumbledore. Luego, les fue informando de lo grave de la situación, del peligro que corrían, para finalmente decirles muy seriamente, “Necesitamos toda la ayuda posible y ustedes han sido los mejores en Hogwarts y continúan siéndolo, por lo que cuenta Alastor. Les advierto que sus vidas pueden correr peligro, no será fácil derrotar a Voldemort, tenemos años en esto y hasta ahora sólo hemos podido producir bajas menores entre sus filas. Aún así, debo preguntarles si desean ayudarnos”

Ninguno dudó en la respuesta. Un juramento se hizo en ese instante y los ató para siempre al destino que tenían trazado. James y Lily se tomaron de las manos mientras recitaban el juramento. “Siempre fieles a la causa, aún a pesar de la tortura y la muerte”.

Dumbledore organizó rápidamente los equipos.

- “Necesitamos más magos expertos en Duelo, Alastor. Remus fue campeón por tres años consecutivos en Hogwarts, ¿crees que podrás arreglar prácticas para tus aurores con él?”

Remus se sorprendió. Apenas tenía veinte años y si bien había sido campeón, entrenar aurores era cosa muy distinta. Pero Moody le palmeó la espalda con simpatía.

- “Está bien, muchacho. No creerás lo escasos que están los buenos instructores, muchos de ellos pasaron a las filas de Voldemort. He visto parte de tu trabajo y White me dijo varias veces que el alumno había superado al maestro. Entrenaremos juntos a una clase intermedia y luego tú te harás cargo de ellos”

Remus enrojeció de emoción y Sirius le tomó la mano por debajo de la mesa. Entrenaría aurores, eso era grandioso.

- “Además, deben tomar clases con Dorcas sobre contramaldiciones”, continuó Dumbledore, “nadie mejor que ella para lidiar con un cruciatus”

Ahora a James le tocó sorprenderse. ¿Esa mujercita pequeña y delgada?

- “La apariencia puede ser engañosa, James”, le sonrió ella demostrándole que también podía ser tan perspicaz como el mismo Dumbledore.

A Peter se le encomendó vigilar a los sospechosos, pero con mucho cuidado, para no delatarse. Aceptó pensando descubrir secretos importantes y llenar a James de orgullo. Aunque no podía negar que lo había irritado muchísimo que Lily fuera convocada a la Orden, después de todo, la chica no era como ellos, venía de una familia muggle.

*

El Año Nuevo llegó y con él unos días de reposo. Los estudios y la Orden ocupaban casi todo el tiempo que tenían y aunque habían hecho notables progresos con Dorcas, aún no habían participado en incursiones peligrosas. Los entrenamientos eran intensos y Dumbledore había advertido que enero sería un mes difícil pues tenía informes de más atentados en varios puntos importantes de Londres. Aunque era un misterio cómo el anciano director estaba tan bien informado.

Luego de la dolorosa transformación de Remus, pasaron el primero de enero durmiendo, pero el segundo día de año el chico pálido se sentía mucho mejor como para darse un pequeño respiro.

En su escaso tiempo libre, Sirius le había estado enseñando a bailar como los muggles y aunque la mayoría de las clases terminaban con ellos dos haciendo el amor sobre el sofá, frente a la chimenea, algo había logrado aprender. Y su pareja lo había desafiado a bailar en una discoteca muggle de nuevo.

Remus aceptó. La última vez en la discoteca se divirtió mucho, pues Peter jamás le contó lo que vio en el baño, por eso no encontró nada de raro en ir al mismo lugar donde había pasado una noche tan agradable.

Esta vez, Sirius se encargó de prestarle unos pantalones de cuero negros y una ajustada camisa blanca que le había comprado para la ocasión. La tela era tan delgada que el frío hacía que los pezones de Remus se mostraran por ella, haciéndolo sentir un poco avergonzado, pero Sirius le dijo que se veía muy sexy y lo convenció de usarla. Él mismo se había vestido con unos jeans ajustados y una camisa de seda azul marino, que permitía ver su pecho. Ambos tomaron sus abrigos, montaron en Silver y partieron a la discoteca, dispuestos a divertirse lo más que pudieran, ya que en dos días se reanudaban las clases y las actividades de la Orden.

La discoteca estaba llena de gente y no pudieron conseguir un apartado, de modo que se acercaron a la barra y Sirius pidió unas cervezas.

“I've been waiting for so long / Estuve esperando demasiado tiempo
Now I've finally found someone / ahora he encontrado finalmente a alguien
To stand by me / que esté junto a mi
We saw the writing on the wall / vimos las letras en la pared
As we felt this magical / mientras sentíamos esta mágica
Fantasy / fantasía”

Una canción suave sonaba en ese momento y ambos se miraron a los ojos, sonriendo. Era perfecta. Tomados de la mano, bajaron a la pista de baile y Sirius guió a Remus hasta el centro de ésta, sin importarle las parejas que bailaban allí.

El animago tomó a su novio de la cintura y ambos comenzaron a bailar, con los cuerpos pegados y una sincronía perfecta. Recorrieron la pista y las otras parejas se apartaron para dejarlos pasar, el cabello de Sirius ondulaba suavemente al ritmo que él imponía a su baile, moviendo las caderas cadenciosamente, pegadas a las de Remus.

“Now with passion in our eyes / ahora con pasión en nuestros ojos
There's no way we could disguise it secretly / no hay modo en que pudiéramos “” secretamente
So we take each other's hand / de modo que tomamos nuestras manos
Cause we seen to understand / porque parecemos entender
The urgency just remember / la urgencia. Sólo recuerda”


Sirius lo soltó brevemente para hacerlo girar y Remus entonces se acercó por detrás sin dejar de bailar e introdujo las manos en la camisa de Sirius, desabrochándola completamente. Sus caderas ondulaban juntas y la erección de ambos abultaba ligeramente sus pantalones.

Otro giro y Sirius fue el que tomó a Remus por detrás, recorriendo su pecho a través de la delgada tela de la camisa. Un círculo se había formado alrededor de ellos y todas las miradas estaban allí. Sirius distingió el rostro asombrado de Kevin y sintió mucho orgullo por su novio, su Remus era hermoso y para él era el mejor bailarín del mundo. Remus divisó también a Kevin y quizá por instinto, el tímido chico pálido dejó por un momento escapar al lobo travieso que vivía dentro de él.

Remus saltó a la cintura de Sirius enredando las piernas a su alrededor mientras se sujetaba de sus hombros y echaba la cabeza hacia atrás. Sirius lo atrapó, gratamente sorprendido y le besó el cuello, arrancando un gemido. No podía creerlo, estaban haciendo eso en público… Volvieron a soltarse y a bailar pegados otra vez, las piernas de Sirius entre las de su pareja, sin perder el ritmo, sin tropezar, con la familiaridad de quien conoce perfectamente el cuerpo del otro y Sirius alzó a su pareja en el aire y lo hizo descender suavemente, alzando una de sus piernas y elevándolo nuevamente.

“You're the one thing / eres el único
I can't get enough of / del que no puedo tener suficiente
So I'll tell you something / te diré algo
This could be love because / esto podría ser amor, porque”

El chico pálido estaba muy excitado, jamás pensó que un baile pudiera tener tanta sensualidad, los movimientos sincronizados, las caricias. Era como hacer el amor, solo que vestidos y en público.

“* I've had the time of my life / he tenido el momento de mi vida
No I never felt like this before / no, nunca he sentido esto antes
Yes I swear it's the truth / sí, juro que es verdad
And I owe it all to you / y todo te lo debo a ti”


Sirius lo sostenía ahora de la cintura mientras sus manos recorrían su espalda. Ambos giraban suavemente besándose, muy conscientes de que todas las miradas estaban sobre ellos. Era como un afrodisíaco, no podían dejar de bailar. Sus erecciones se rozaban a través de los pantalones haciéndolos jadear a ambos. Sirius volvió a alzar a su novio, elevándolo hasta que su cadera quedó a la altura de su rostro y Remus alzó los brazos, sintiéndose en la cima, como sólo Sirius podía hacer. Amaba a Sirius, sólo por él podía hacer semejante locura. Lo deseaba, ¡Cielos, cómo lo deseaba! Quería que lo tomara allí mismo, no podría resistir más tiempo.

La canción terminó y Sirius lo depositó suavemente en el piso, ante los aplausos de todos. Pero ellos apenas los oyeron, tomados de la mano, se dirigieron al baño y se encerraron en uno de los compartimientos besándose con enfebrecida pasión. Remus suplicó a su pareja que lo tomara y Sirius no se hizo repetir la petición, apoyando a su adorado Moony contra la pared y penetrándolo todo lo suavemente que fue capaz. Se movieron nuevamente al ritmo de la canción que aún sonaba en sus oídos.

“With my body and sou / con mi cuerpo y almal
I want you more than you'll ever know / te deseo más de lo que jamás imaginarás
So we'll just let it go / de modo que vamos a dejarlo ser
Don't be afraid to lose control / no temas perder el control
Yes I know what's on your mind / sí, sé lo que está en tu mente
When you say, "stay with me tonight" / cuando dices “quédate conmigo esta noche””


Se amaban y se amaron allí hasta salir sin aliento, tomados de la mano y felices, olvidando por una vez a Voldemort y el terrible año que les había hecho pasar, concentrándose de nuevo en ellos mismos. Adorándose con los ojos y las bocas ávidas de besos. Volvieron a casa enseguida y se siguieron amando hasta que el sueño los venció, abrazados entre las sábanas.


*

Enero fue un mes decisivo para los nuevos miembros de la Orden y todos ellos demostraron su valía. Para cuando llegó junio, James era un gran estratega, él y Sirius formaban un buen equipo, aunque su amigo prefería la acción. Remus era uno de los mejores en contramaldiciones y duelo, por eso a menudo iba con Sirius a detener ataques e incluso habían tenido ya algunos enfrentamientos cuerpo a cuerpo con mortífagos, pero no lograron capturar a ninguno. Lily trabajaba con Dorcas en el movimiento de ésta última, que tenía por objetivo reclutar más magos simpatizantes de los muggles y seleccionar a los mejores para reclutarlos en la Orden, así conocieron a Arabella Figg, que aún siendo una squib, estaba deseosa de ayudar en lo que estuviera a su alcance.

El Ministerio había reforzado la División de Aurores, pero de todos modos estaban en clara desventaja, porque los mortífagos usaban maldiciones imperdonables sin ningún problema y los aurores no podían hacerlo, bajo la pena de ir a prisión.

Fue uno de los peores años universitarios de los cuatro amigos. Sirius y James llevaron la parte más leve en estudios, porque estaban muy relacionados con sus actividades en la Orden, pero Remus y Lily frecuentemente tenían que amanecerse estudiando o ayudando a Peter con algún deber difícil.

Pero el tercer año de universidad acabó con una noticia alegre en medio de la desolación causada por Voldemort. Frank y Alice se casaron en una ceremonia privada, con sus familiares y amigos más cercanos, pues en esos tiempos era peligrosa cualquier tipo de reunión social. Y en medio del jolgorio, el ramo que arrojó Alice fue a parar a las manos de Lily y el guante de Frank a manos de James. Y eso fue suficiente para que Sirius se diviertiera a costa de ellos el resto de la noche, aunque James se veía preocupado y susurraba cosas en el oído de Lily.

 

Capítulo 35: Arrepentimiento

“I feel guilty / me siento culpable
my words are empty / mis palabras están vacías
no signs to give you / no hay señales que darte
I don´t have the time for you / no tengo tiempo para ti”

Guilty – The Rasmus


Ese verano, nadie fue de vacaciones. Los miembros de la Orden del Fénix estaban atareados tratando de encontrar pruebas sobre la identidad de los mortífagos. El Ministerio se había mostrado inflexible en ese punto: se debían presentar pruebas fehacientes antes de acusar a algún prominente miembro del Mundo Mágico. Y por desgracia, la mayoría de mortífagos eran de familias respetables y de reconocido prestigio y fortuna.

Pero esa aparente impunidad no tranquilizaba a Severus Snape. Había terminado su tercer año de especialidad y ya había superado a sus maestros de Pociones, con excepción del mismo Voldemort; en Artes Oscuras estaba muy por encima del nivel de su clase, tanto que él mismo dictaba ya algunas clases a los novatos. Y por si no fuera poco, en los entrenamientos de Duelo era también uno de los principales instructores.

Tantas actividades habían acabado por abrumarlo, sin dejarle apenas tiempo libre para pensar. Pero eso estaba bien, no quería pensar, porque cada vez que lo hacía, lo que quedaba de su conciencia no lo dejaba en paz. Se había metido en todo eso por Lucius, por venganza contra los que se burlaban de él en el colegio, por Lucius, por la poca atención que sus padres le daban, por Lucius, por una avidez innata de poseer conocimientos y por Lucius. Siempre Lucius.

Pero Lucius era historia pasada, o al menos eso quería creer.

Comenzó a acostarse con Sean Breck, uno de los más jóvenes, sólo por desfogarse de algún modo. Y también tuvo que continuar con el “aprendizaje” de Karkarov, cada quince días como Voldemort se lo había pedido.

Y entonces, comenzaron a aparecer las rosas.

La primera la encontró un día que volvía irritado de clases, luego de toparse con Pettigrew que como siempre, lo evitó dando un largo rodeo. Basura Gryffindor, siempre despreciándolo, a pesar de que ya no estaba con sus patéticos amigos, aún se daba el lujo de apartarse cuando lo veía pasar. Peor para él. Ya lo atraparía sin testigos, y entonces…

Entonces, abrió la puerta de su habitación y vio la rosa.

Era imposible no verla, no había nada blanco en su habitación y una rosa de ese color tenía por fuerza que resaltar. Estaba sobre su cama, que aún tenía la cubrecama que Lucius le había obsequiado.

- “¡Maldición!”

La rosa fue destruida rápidamente, pero el daño ya estaba hecho. Y era que las rosas blancas le recordaban inevitablemente a David Balfour y una desafortunada “venganza” que terminó en tragedia. ¡Maldito mocoso! Matarse de ese modo… trataba siempre de no pensar en él, porque cuando lo hacía acababa sintiéndose culpable y Lucius se había cansado de decirle que eso era pura debilidad, que la culpa no debería existir y menos el arrepentimiento.


”You say I´m heartless / Dices que no tengo corazón
and you say I don´t care / y dices que no me importa
I used to be there for you / solía estar allí para ti
and you´ve said I seem so dead, / y dijiste que parecía tan muerto
that I have changed / que he cambiado
but so have you / pero también lo has hecho tú.”


¿Quedaba algo de ese muchachito pálido y serio que estudiaba en Hogwarts? No lo sabía, se sentía vacío y sólo, como si se estuviera hundiendo en un pozo sin fondo. ¿Quién podría tener la respuesta? Severus apretó los puños con furia. Sólo una persona en el mundo podría tenerla. La única persona que había confiado en él sin pedirle nada a cambio. Albus Dumbledore.

Era una locura. Pensar en el viejo, cuando Voldemort estaba a punto de conquistar el mundo, era una verdadera locura.

*

- “Muchachos, tengo algo que decirles”, soltó al fin James.

Había estado estudiando con Sirius y Remus hechizos avanzados para Aurores de nivel Beta, pues ellos ya habían superado el nivel Junior. Pero su mente estaba muy lejos de allí, en una hermosa chica pelirroja y en algo que pronto cambiaría su vida.

Sirius lo miró intrigado, por el rostro nervioso de James, no parecía ser nada bueno. Y las clases apenas habían empezado.

- “¿Qué ocurre?”, preguntó Remus con una sonrisa que invitaba a cualquiera a contarle sus más íntimos secretos.

James se revolvió inquieto en la silla, como si no supiera cómo empezar.

- “Padfoot, ¿recuerdas la promesa que hicimos cuando entramos a la Escuela de Aurores?”, Sirius alzó una ceja y asintió, aunque no tenía idea de a dónde iría a parar James, “prometimos que pasara lo que pasara, nos graduaríamos juntos”

- “Así es”

- “Bueno… el caso es que… pasa que… Sirius, ya no tienes que cumplirlo. No podré acabar la escuela al mismo tiempo que tú”

- “¿Estás loco? ¡Si tenemos las notas más altas y…¡”

- “Calla, Paddy”, intervino Remus tomándole suavemente la mano, “James lo explicará, sólo déjalo hacerlo”

- “¿Recuerdan la boda de Frank y Alice? ¿Cuándo Lily y yo recibimos las cosas que arrojaron?”

- “Eso es una superstición”, respondió rápidamente Sirius.

- “Amigos”, James hizo una pausa, “lo que trato de decirles es que Lily está embarazada. Sí, lo sé, nos descuidamos un poco, con tantas cosas en la cabeza por esta estúpida guerra. Lo cierto es que ella espera un bebé y nos casaremos en cuanto sus padres lo sepan. Pero queríamos que los primeros en saberlo fueran ustedes”

Sirius escrutó el rostro serio de James pensando que en cualquier momento su amigo se iba a echar a reír y decirles que todo era una broma. Pero no fue así. Era cierto… ¡James iba a ser padre!

- “¡Felicidades, Prongs!”, exclamó Sirius abrazando alegremente a su amigo. “¡Vaya sorpresa!”

- “¡Felicidades!”, exclamó Remus con genuina alegría, “me gustan los bebés, es una gran noticia”

James sonrió también al sentir el apoyo de dos de sus mejores amigos. Había temido un poco que le reprocharan haberse apresurado tanto, pero allí estaban ellos dos, felices, sorprendidos y tan emocionados como lo estaba él.

- “Amo a Lily. Quizá en otras circunstancias hubiéramos esperado un poco, pero igualmente nos hubiéramos terminado casando. Y saber que voy a ser padre me hace sentir un poco raro, pero feliz”

Sirius sonrió, a él también lo haría feliz que su mejor amigo tuviera un bebé. Él mismo ya se había resignado a no tenerlos, porque deseaba compartir su vida con Remus, pero ese hijo de James sería un poco como su propio hijo.

- “¿Y qué tiene que ver eso con la Escuela de Aurores?”, quiso saber.

- “Pues tengo que buscar un trabajo porque nos mudaremos a una casa como la de ustedes. Y el bebé necesitará cosas… no queremos pedirle ayuda a nadie”, aclaró James antes de que Sirius le ofreciera la mitad de sus bienes, “Lily no quiere ni oír hablar de eso, Sirius”

- “Pero… ¿qué harás?”

- “Hablé con Dumbledore y le dije que necesitaría un trabajo. Sólo tendré que dejar la escuela un par de años y luego volveré. Me contratarán en el Departamento de Hechizos de la Universidad Braxton, me encargaré de la investigación de fenómenos extraños, y eso dará a la Orden la oportunidad de acceder a los archivos de la universidad, que tienen información valiosa”

- “Yo te esperaré”, dijo resueltamente Sirius.

- “¡Sirius, no puedes hacer eso!”

- “Claro que puedo. ¿Con quién me voy a divertir en la escuela?”, bromeó éste, “además, en realidad Moody mismo dice que estamos muy adelantados y los entrenamientos en la Orden harán que pronto alcancemos el nivel Alpha. Luego sólo podemos rendir exámenes en el Ministerio y podremos ser Aurores”

- “Paddy, ¿estás seguro?”, dijo suavemente Remus. El sueño de Sirius había sido siempre ser auror y ese gesto de desprendimiento era muy propio de él, pero su novio esperaba que lo hubiera pensado, para que luego no se vaya a arrepentir.

- “Sí, Moony. Además, con todas las restricciones que les pone el Ministerio, ya no estoy muy seguro de querer ser auror”

- “Hay otra cosa…”, comenzó James de nuevo, “necesitamos un padrino para la boda y Lily y yo queremos que seas tú, Sirius. Tú fuiste el que más me apoyó para que empezara a salir con Lily y no pienso aceptar un NO por respuesta”

Sirius rió alegremente.

- “Claro que lo haré, así podré hacerles un regalo decente”

- “Y aún no hemos decidido quién será el padrino del bebé, pero como también está Peter, creemos que lo más democrático es hacer un sorteo”

- “¿No se lo has dicho a Peter?”, preguntó Remus.

- “Aún no. Le pedí que viniera hoy pero dijo que tenía que estudiar. Pero mañana saldré con él y se lo diré”


*

El Invernadero 15 del Jardín Botánico de Londres lucía radiante con sus plantas tropicales en pleno florecimiento, orquídeas, hiedras y enredaderas le daban al lugar un aspecto fantástico.

Peter y James caminaban en medio de la vegetación, buscando las hojas de papaya para preparar una poción que curase los golpes. Una vez que las consiguieron, se sentaron en una banca entre las orquídeas.

- “Este lugar es hermoso”, dijo soñadoramente James pensando traer a Lily con él algún día.

- “Sí, lo es”, admitió Peter con el mismo tono soñador. “Me dijiste que querías decirme algo, ¿qué es?”, continuó con emoción contenida.

James se reclinó en la banca, mirando hacia arriba.

- “Peter, somos amigos hace mucho tiempo, tú, Sirius y Remus son muy importantes para mi”, James se volvió a mirarlo y Peter le sonrió, “sí, Pete, ustedes son a quienes más quiero”

- “¿Eso es todo?”, sonrió Peter acercándose sin proponérselo, hacia James.

- “No, claro que no”, replicó James, con los ojos entrecerrados, “Peter, desde hace mucho estoy enamorado y ahora se ha presentado la ocasión de concretar ese amor y…”

James se detuvo, la mano de Peter se había deslizado suavemente por su mejilla. Abrio los ojos sorprendido, pero antes de que pudiera hacer algo más, la boca de su amigo se posó suavemente sobre la suya.

Retrocedió instintivamente, apartándose.

- “¡Peter!”, exclamó poniéndose de pie. Acababa de entender. Su amigo había interpretado mal sus palabras, había creído que… James hubiera reído de no ser por el dolor en el rostro de Peter.

El chico gordito corrió por el invernadero, alejándose de él. Había comprendido también que lo que tomó por el inicio de una declaración de amor había sido una terrible equivocación.

James lo siguió, lo detuvo y lo abrazó con ternura explicándole que él amaba a Lily y que se casaría con ella, diciéndole que lo quería muchísimo, pero como amigo, y que siempre estaría cuando él lo necesitara. Peter se dejó abrazar, eso era lo único que podría obtener de James.

Lloraron juntos, a James le partía el alma ver sufrir a Peter. Y Peter se desgarraba por dentro al ver perdida su última ilusión. Prometió, sin embargo, ir a la boda y seguir como antes y James jamás le mencionó el incidente a nadie, ni siquiera a Sirius.

*

La boda se realizó el 20 de octubre, y aunque James y Lily querían algo sencillo, el tener de padrino a Sirius no ayudó. Su amigo había alquilado un salón en el Waldorf Astoria y les había organizado una fastuosa recepción, con comida y bebida a discreción y el mejor conjunto musical del momento. “El mago de Oz” cantó para ellos toda la noche, hasta que, rendidos de tanto bailar, James y Lily fueron enviados con un traslador hacia lo que sería su viaje de luna de miel, también obsequiado por Sirius, a las Bahamas.

Nadie reparó en que Peter había estado callado toda la fiesta. Nadie vio el dolor reflejado en su rostro cuando los novios de dieron el “Sí”. Y nadie vio tampoco la mirada de franco odio que dirigió a la sonriente novia cuando arrojaba el ramo que fue a parar a las manos de Andrómeda Black.

Y con el jolgorio de la fiesta, nadie prestó atención tampoco al comunicado del Ministerio, que esa misma noche había emitido un Decreto de Urgencia, autorizando a los aurores a usar Maldiciones Imperdonables, incluida el “Avada Kedavra”.

Esa madrugada, luego de volver de la fiesta, Sirius condujo a Remus suavemente hacia el dormitorio.

- “Moony, ¿crees que serán tan felices como nosotros?”

- “Claro que sí”, respondió Remus reclinándose contra su hombro. Él había sido el más entusiasta a la hora de instalar la decoración del salón de la fiesta, buscando sorprender a sus queridos amigos.

Sirius lo tomó en brazos.

- “Moony, ¿te casarías conmigo?”

Remus sonrió confundido.

- “¿Qué? Sabes que no podríamos jamás..”

- “Algunos muggles lo hacen”

- “Sí, pero las leyes de nuestro mundo no lo permiten…”

- “¿Si se pudiera, lo harías?”, insistió Sirius mirándolo a los ojos.

Remus le devolvió la mirada con ternura.

- “Sirius, te amo. El vínculo que tenemos es tan fuerte que durará toda la vida, aunque no estemos casados”, pero agregó al ver una sombra de decepción en el rostro de su novio, “pero si se pudiera, claro que me casaría contigo”

Sirius sonrió nuevamente y lo besó con ternura.

- “Algún día se podrá, Moony. Y entonces nos casaremos”

Y con ese pensamiento, se acostaron abrazados y no tardaron en quedarse dormidos.

*

“guilty, guilty I feel so / culpable, me siento tan
empty, empty you know how to make me feel / vacío, vacío tú sabes cómo hacerme sentir”


Severus bufó arrojando “El Profeta” a un lado. ¿Acaso todo el mundo pensaba casarse? Primero, Lucius. Luego los estúpidos Gryffindor: Longbottom y Potter, y por si fuera poco, también Crabbe y Goyle. Y todos en menos de un año.

Esa mañana había amanecido de un peligroso humor, además de que su relación con Sean comenzaba a complicarse porque el muchacho se había enamorado y Severus simplemente no podía dejar de pensar en Lucius. Además, había otra cosa.

Sean se parecía a David.

No era que se parecieran demasiado, pero eran casi de la misma estatura, ambos tenían el cabello negro y los ojos azul acero, igual que David. Y también era escocés.

Ridículo.

Él no soportaba al chiquito ese de Gryffindor y ahora resultaba que se estaba acostando con la versión en mortífago de David y para colmo, el muchacho se había enamorado de él.


“I put a shield upon you / puse un escudo sobre ti
I didn´t mean to hurt you / no quise lastimarte
I would have only poisoned your mind / habría sólo envenenado tu mente
never meant to make you cry / nunca pensé hacerte llorar”


Cuando abrió la puerta de su habitación, lanzó una furiosa maldición. Había dos rosas más sobre su cama. Y lo peor de todo era que por más trampas y hechizos protectores que usó, siempre alguien se las arreglaba para seguir colocándolas allí. Un pensamiento súbito lo hizo estremecer… ¿y si fuera su señor, tratando de probarlo en alguno de los espantosos modos que él solía aplicar? Pero no, no tenía demasiada lógica. ¿Lucius? Absurdo.

El resto de la mañana lo pasó de mal humor, irritable con todos. Incluso atrapó a Pettigrew en uno de los pasillos y le hizo confesar su patético amor por Potter. Amor… el amor era lo más ridículo del mundo y así se lo hizo saber a Pettigrew, que temblaba como un flan en sus manos. Pero había algo en la mirada de ese chico que no le gustó ni siquiera a él.

Y para colmo de males, supo por Rabastan que Regulus Black se había convertido ya en mortífago. A ese paso, estaría rodeado de miembros de esa familia, y como oír el apellido Black le traía a la mente enseguida a Narcissa y a Sirius, Severus pasó la tarde aún más inquieto.

Hacia las ocho, su antebrazo comenzó a arder de un modo terrible y él se apresuró a acudir al llamado de su señor. Estaba premiado, lo enviaban a hacer una incursión en el Callejón Diagon, para colocar varios conjuros que harían volar los edificios desde sus cimientos, e iría con Lucius y con Sean, además de media docena de mortífagos.

Grandioso.

No quería que Lucius se diera cuenta de que tenía algo con Sean, pero el chiquito tenía la pésima costumbre de colgársele del brazo de pronto y hablarle cariñosamente, como su fueran “algo”. Y de hecho, para Severus, Sean únicamente calentaba su cama.

En una hora estaban allí, distribuídos estratégicamente entre la bulliciosa multitud. Lucius había elaborado el plan de ataque. Severus y Crabbe estaba en el círculo exterior, atentos a cualquier señal de los aurores, que ahora tenían permiso para usar maldiciones imperdonables. Los otros se ubicaron en una posición más interior, listos para lanzar el humo cegador que les permitiría colocarse las máscaras y comenzar el ataque. Y Lucius estaría con Sean en el primer círculo, iniciando la ofensiva.

Severus no protestó cuando su ex amante escogió a Sean para ese puesto que en otras circunstancias quizá le hubiera correspondido a él. Pero sabía que su joven amante no tenía ni la experiencia ni los poderes del rubio como para haberlo puesto en uno de los puntos más críticos. Sus ojos negros cuestionaron a Lucius con la mirada, pero el rubio lo miró fijamente y nada dijo, quedando zanjado el asunto.

Cuando llevaban media hora en el lugar, Severus notó que era extraño que no se viera ningún auror. En esos tiempos era normal ver aurores en todos lados, pero esa noche…

Una pequeña bengala estalló en medio de la noche.

La señal.

Al instante un humo denso cubrió a todos y Severus se escondió entre la multitud que corría y se colocó la máscara. Luego, invocó los conjuros necesarios para ver en medio de la humareda y corrió hacia el centro de la calle, donde todos se empezaban a reunir.

Invocaron primero el Morsmodre y luego, las maldiciones comenzaron a surcar el aire, incendiando todo a su paso, sin importarles los aterrorizados gritos de la inocente gente que paseaba en el callejón. Lucius corrió con Sean e incendiaron Flourish & Blotts, disponiéndose a invocar una maldición más poderosa sobre Ollivanders, cuando de pronto, se vieron rodeados por aurores.

Lucius susurró algo a Sean y el chico corrió, desesperado. Iba directamente al Callejón Beacon, que no tenía salida. Severus trató de seguirlo, pero en el camino tuvo que enfrentarse a varios aurores. A lo lejos, divisó a Moody peleando con Lucius, los hechizos herían el aire mientras ambos rivales se enfrentaban si tregua. Black se le plantó delante, seguido de Lupin. Dos contra uno, muy de Gryffindors, pensó Severus, defendiéndose ágilmente. Un potente “Stupefy” envió a Lupin al suelo y Black se inclinó a recogerlo, con el rostro lleno de preocupación.

Hubiera podido matarlo, pero no lo hizo. Severus huyó, sintiéndose como el dios que perdona la vida de uno de sus fieles. Pero no había tiempo para eso, debía encontrar a Sean.

El chico estaba pegado a la pared del callejón, confundido, mientras el cielo ardía y los gritos de la gente que se quemaba le taladraban los oídos.

- “Corre”, le gritó Severus, pero Sean no se movió, en medio del pánico no alcanzaba a comprender que debía correr de nuevo hacia la batalla. “¡Maldición, ven aquí!”

Al no obtener respuesta, Severus entró resueltamente. No tendría en su conciencia la muerte de ese mocoso.

- “S-severus”, hipó él y Severus supo que estaba llorando. Demonios, ¿es que acaso era su primera incursión? Con una punzada de culpabilidad, recordó que sí. Sean se lo había dicho, pero él, como siempre, no le prestó demasiada atención.

- “Ven”, le dijo suavemente, tendiéndole la mano y Sean la tomó.

- “¡Deténganse, por órdenes del Ministerio de Magia!”

Genial, un auror los tenía acorralados.

- “Quédate detrás de mí”, dijo rápidamente Severus, cubriendo con su cuerpo a Sean.

- “¡Alto! Arroje su varita al piso”

El auror avanzó hacia ellos. Por su voz temblorosa, Severus dedujo que era uno de los más jóvenes y que probablemente nunca en su vida había usado una maldición imperdonable. Pan comido.

Severus alzó las manos en falso ademán de paz, mientras preparaba la maldición que lanzaría. Pero el auror lo sorprendió y gritó.

- “Crucio”

Un dolor punzante atravesó el brazo de Severus que se tambaleó cogiéndoselo con fuerza. No era como los que echaba Voldemort, pero había caído exactamente en el lugar de la marca tenebrosa.

- “Imp…”, murmuró.

- “Avada…”, la varita del auror se alzó en su mano temblorosa, pero no completó allí la frase, porque fue golpeado en el hombro por un “Stupefy”.

Severus se rehízo, pero Sean cargó contra él, arrojándole un hechizo deflector que lo lanzó dos metros más allá, lejos de la línea de acción. Sean tomó su lugar, encarando al auror.

- “¡Déjanos!”

Un rayo hirió a Sean en el hombro y el chico agitó los brazos de pronto y se quitó la máscara.

- “¡Es un error! Yo soy de los tuyos, soy de—“

Pero el auror, bastante nervioso ya, no pudo contener sus temblorosas manos. En su inexperiencia, prefirió el ataque a escuchar lo que ese loco mortífago tenía que decirle. Lanzó un hechizo expulsor de máxima potencia y el chico cayó contra la pared violentamente. Su cabeza golpeó los ladrillos y cayó como una marioneta rota.

- “…Dumbledore”

Murmuraron sus labios antes de cerrarse en la inconsciencia.

- “Avada Kedavra”, dijo claramente el auror, rematando a su víctima.

- “¡Maldito!”, Severus se puso de pie de un salto y le arrojó al auror un Solarium que lo hizo volar junto a Sean.

El mago corrió junto al muchacho. Muerto, con los ojos abiertos y llenos de lágrimas. Muerto.

Levantó la varita para dar muerte al atontado auror.

“Serás peor que ellos”

Maldita voz en su cabeza. No podía hacerlo.

- “¡Allí hay otro!”

Más aurores entraron en el estrecho y alejado callejón y Severus avanzó resuelto a vender cara su vida. Pero una explosión en medio de los aurores los hizo dispersarse dejando un espacio para la huida.

- “¡Segrael!”

¡Lucius! El rubio lo esperaba de pie a la entrada del callejón, magnífico en su traje negro, como la imagen misma de la muerte, mientras repartía Avada Kedavras a diestra y siniestra, como la cosa más natural del mundo.

- “¡Vámonos!”, gritó el rubio y corrieron mientras les lanzaban hechizos y maldiciones.

Cuando estuvieron a salvo en el refugio temporal, Severus encaró a Lucius.

- “¡Enviaste a Sean deliberadamente a ese callejón!”

- “Era un espía”, respondió el rubio sin piedad en la voz.

- “¡Maldita sea! Murió por tratar de salvarme… creyó que yo estaba en peligro y enfrentó a ese auror. Lo mató, sin dejarlo hablar siquiera… era de los suyos y lo mató”

- “Ellos son así, Severus. Por eso merecen ser exterminados”, dijo Lucius con una frialdad y odio que su ex amante jamás le había oído.

Severus luchó desesperadamente para no llorar. En eso se había convertido. No era lo que quería, no lo era.

- “Sev, Narcissa está embarazada”, le informó Lucius casualmente, como si no volvieran de exterminar a casi un centenar de personas. Como si a él realmente le importara.

- “Felicidades”, y Severus se alejó penosamente.

Ese año, no volvió a recibir más rosas.


“You´ve been so throughtless / has sido tan desconsiderado
I can´t see right throught you / no puedo ver bien a través de ti
you used to be there for me / solías estar allí para mi
so don´t you leave say goodbye / por eso no me digas adiós
cause you have changed but so have I / porque has cambiado, pero también lo he hecho yo”


*

Esa Navidad, fue una de las peores. Las familias tenían miedo de reunirse, los mortífagos atacaban sin tregua y a pesar de haber matado a muchos, aún quedaban más y más. Sólo entonces el Ministro notó que había subestimado tremendamente a su enemigo. Los años que Voldemort pasó en el campo le sirvieron para tener un enorme e inagotable ejército de magos dispuestos a todo.

Lily tenía tres meses de embarazo y casi no se le notaba, pero James había dejado la Escuela de Aurores y trabajaba para mantener a su familia. Además, sus actividades en la Orden del Fénix se habían intesificado y su nombre, junto con los de Sirius y Remus, comenzaba a hacerse importante.

La Orden había tenido ya muchas bajas. Los hermanos Prewett habían sido asesinados por un mortífago que logró huir. Caradoc estaba herido y Moody había perdido un ojo en uno de los ataques.

Para cuando llegó febrero, las cosas eran aún peores. Los secuestros y desapariciones eran cosa de todos los días y corría el rumor de que Voldemort controlaba de algún modo a importantes personalidades. El Ministerio necesitaba toda la ayuda posible.

Remus terminó su lección de duelo con los aurores de nivel beta. Mientras arreglaba sus cosas en el desierto salón, vestido aún con su malla verde de duelista, pensaba en lo difícil que sería para los Potter y los Longbottom traer al mundo a dos niños, cuando se vivían épocas tan inciertas. Compartía con Lily muchas cosas y él sabía perfectamente el temor de ella de quedarse sola, de que James nunca volviera de una incursión.

Y Remus también temía por Sirius. Su pareja era uno de los más temerarios y estaba disponible a cualquier hora. Parecía que Sirius hubiera tomado en exclusiva la misión de pelear con los mortífagos.

- “Excelente entrenamiento”, dijo una apreciativa voz a sus espaldas.

No tuvo que voltear, por los amplios espejos del salón pudo ver a Lucius Malfoy de pie junto a la puerta.

- “Lárgate, Malfoy”

Lucius sacudió la cabeza, sonriendo.

- “No, pequeño. No debes hablarle jamás así al asesor del Ministro de Magia. Eso demuestra solamente malos modales y una pésima educación”

- “Habla de una vez, ¿qué viniste a hacer aquí?”, exclamó Remus, sintiéndose desnudo con la mirada que le estaba dando el rubio.

Lucius avanzó resueltamente.

- “Vine a verte”

- “¿A mi?”, Remus preguntó a pesar suyo.

- “Así es. Me dijeron que eres el mejor entrenador del Ministerio y vine a comprobarlo por mí mismo. No exageraron”

Remus se ruborizó sin saber exactamente por qué. El lobo travieso que había en su interior siempre había sentido atracción por Malfoy y no pudo evitar recordar la vez que estuvieron a punto de hacer algo más que sólo besarse, en Hogwarts.

- “Gracias”

- “Es un placer”

El rubio avanzó nuevamente, avasallándolo.

- “¿Moony?”

Sirius estaba en la puerta también, con cara de muy pocos amigos. Lucius lo saludó sonriente y tuvo el descaro de despedirse de Remus.

- “Es fascinante verte entrenar. Creo que vendré más seguido por aquí. Buenas noches”


*

- “¿Qué demonios hacía Malfoy allí?”

- “Calma, Paddy. Dijo que vino a verme entrenar”

- “¿Y por qué querría verte él a ti?”, preguntó Sirius con suspicacia. Era la tercera vez que empezaba el interrogatorio, mientras cenaban.

Remus suspiró y dejó el tenedor sobre la mesa para mirar a los ojos a su pareja.

- “Paddy, ya te he dicho que no lo sé. No lo invité y a mi también me sorprendió, pero el ministerio es un lugar público y Malfoy trabaja allí”

- “Él no trabaja, intriga”

- “Lo que sea. Yo NO lo invité a verme”

Sirius dejó sus cubiertos a la vez y volvió a la carga.

- “No me gusta que Malfoy esté cerca de ti. No me gusta que te hable. No me gusta nada de él”

- “Estás celoso”

- “No, no lo estoy. ¿Cómo podría estar celoso de Malfoy? Es solo que no me agrada, y por lo que sabemos de él, es un ave de presa”, dijo Sirius rápidamente. Jamás admitiría que estaba celoso de Lucius, “Y tampoco me gustó el modo en que te besabas con él en séptimo año”, se le escapó sin que pudiese evitarlo.

Remus se rió alegremente.

- “Entonces sí estás celoso”

- “No lo estoy”, insistió Sirius, “Malfoy es peligroso, Moony. No confíes en él”

La cena fue olvidada, porque Remus se levantó de su silla y se fue a sentar directamente en las piernas de Sirius, mirándolo a los ojos.

- “Me encanta cuando estás celoso”, y sin esperar que Sirius replicara, lo besó con pasión desbocada.

Esa discusión terminó en la cama y horas después, Sirius abrazaba a un dormido Remus, acariciándole el cabello. Le había hecho gritar hasta la locura que era suyo y de nadie más, mientras lo amaba con posesiva desesperación, marcándolo, mordiéndolo, dejándole el cuerpo lleno de señales. Lo amaba y tuvo que admitirse a sí mismo, apretando los labios, que estaba celoso de Malfoy. Muy celoso.

*


- “Escúchame, bola de grasa”, exclamó Lucius al tembloroso Peter, “parece que tu amigo San Potter no era tan santo, eh”, no pudo evitar punzarlo. Era una especie de deporte, casi tan relajante como patear a su elfo doméstico.

- “¡No digas nada en contra de James!”, gritó Peter sin poder contenerse.

Lucius lo miró suspicazmente. Una súbita idea se le acababa de ocurrir.

- “¿No embarazó a la novia antes de la boda?”, preguntó Lucius inocentemente, “a ver… se casó el veinte de octubre y ahora ella, a juzgar por el tamaño de su vientre, debe andar por los seis meses, igual que Narcissa. Y Narcissa se embarazó en setiembre”, puntualizó.

Peter frunció los labios. Lo había supuesto, ELLA había obligado a James a casarse… así era más fácil de soportar la idea.

- “James no tuvo la culpa de eso. Fue ella, es una manipuladora”

- “Ah”, comentó Lucius fingiendo indiferencia, “supongo que por ella ustedes se separaron, ¿verdad?”

- “¿A qué te refieres?”

Peter había mordido completamente el anzuelo.

- “Pues… los Merodeadores eran muy unidos, hasta donde yo recuerdo. Pero luego de que Potter comenzó a salir con Evans y Black con Lupin, te dejaron de lado”

- “Pero James…”

- “Se casó con ella, ¿no es así? Y ahora esperan un bebé, en vez de estar contigo. Siempre pensé que ustedes acabarían juntos, como Black y Lupin”

El chico gordito dio una patada de impotencia en el piso.

- “No se puede hacer nada contra eso…”

- “mmm”, murmuró Lucius como hablando consigo mismo, “yo podría”

- “¿Cómo?”, había esperanza en los ojos de Peter.

- “Aprendiendo cosas que él no sabe. Impresionándolo con misterios desconocidos y conocimiento. Excitándolo por descubrir… deslumbrándolo”

- “Pero yo no sé…”

- “Claro que no sabes, idiota. Pero YO podría enseñarte. Claro que hay CIERTAS condiciones”

Minutos después, Peter estrechaba la mano de Lucius, con una esperanza en el corazón y el puñal de la traición en la mano.

*

“I never though that the time and the distance / Nunca pensé que el tiempo y la distancia
between us made you so much colder. / entre nosotros te hiciera mucho más frío
I´ll carry the world on my shoulders / llevaré el mundo sobre mis hombros”

Severus despertó otra vez gritando en sueños, bañado en sudor. De nuevo el mismo sueño: David Balfour en la piscina del baño de prefectos, tal como se lo imaginaba, pues jamás llegó a verlo en realidad. Pero luego no era más David, sino Sean que lo llamaba llorando.

- “Ámame, Severus”, le decía con esa voz de niño que le causaba tanta risa a veces, “ámame como yo te amo a ti”
Y luego la voz se convertía en una horrible risa descarnada, con el aire lleno de maldiciones y de gente corriendo. Los aurores los seguían y él corría con Sean por un interminable pasillo y eran acorralados.

- “Ámame”
Y la maldición pegaba de lleno en su cabeza, partiéndola en dos.
- “Ámame”

Severus se encogió. Había tenido esos sueños desde que Sean murió, hacía ya siete meses.

“Un traidor”, había dicho Voldemort dando por zanjado el asunto, pero Severus siguió cavilando en las últimas palabras de Sean “¡Es un error! Yo soy de los tuyos, soy de—Dumbledore“

Dumbledore.

El maldito viejo tenía que ver en eso.
“Y también si necesitas sólo hablar, Severus. Estaré aquí”

No, él no lo haría. Jamás iría a buscar al viejo.

Pero sin saber porqué, lo hizo. Quizá el haber visto en “El profeta” la fotografía de Lucius y Narcissa, con ocho meses de gestación, y con todo el aspecto de la “familia más feliz del Mundo Mágico”, o quizá los sueños, o quizá, simplemente, la culpa tan cuidadosamente escondida por tantos años.

Severus tomó su escoba e hizo él sólo el enorme camino que lo separaba del castillo de Hogwarts. Al atardecer, tocaba la puerta de éste, con el corazón encogido.

 


Capítulo 36: Espía

“Oh yes I'm the great pretender (ooh ooh) / oh, sí, soy el gran conquistador
Pretending I'm doing well (ooh ooh) / pretendiendo que lo estoy haciendo bien
My need is such I pretend too much / mi necesidad es tal que pretendo demasiado
I'm lonely but no one can tell / estoy solo pero nadie puede decirlo”

The Great Pretender – Queen


¿Qué había venido a hacer allí? Severus golpeó la puerta con furia una vez más. Era verano, las clases seguramente habían terminado también en Hogwarts, y seguramente el viejo también tendría vacaciones. Soltó una risita al imaginar a Dumbledore en unos coloridos pantalones cortos, tomando sol en el Caribe muggle, bajo unas palmeras.

Ridículo.

Pero más ridículo él, que había acudido a toda prisa, como si Dumbledore pudiera calmarle el dolor y la culpa. Ahora que estaba allí, se sintió tonto, pensó que estaba paranoico, que exageraba. Quizá Lucius había sido el de las rosas y se había terminado por cansar del juego. Tomaría una poción para dormir sin sueños, después de todo, él era el experto en hacerlas. Haría eso y olvidaría su absurda decisión de hablar con Dumbledore.

- “Severus”

La puerta estaba abierta y el viejo lo miraba sonriente.

- “Profesor”, dijo con voz apenas audible, sintiéndose un completo idiota. Ya estaba allí, el viejo también estaba. ¿Y ahora qué?

- “Pasa, por favor”

No lo cuestionó, sólo lo hizo pasar con un amable ademán. Severus aceptó y esbozó una débil sonrisa a pesar suyo. Dumbledore no había cambiado nada.

Llegaron al despacho y el director le ofreció asiento. El inevitable caramelo de limón le fue prestamente ofrecido y Severus lo puso a un costado de su boca.

- “¿Cómo van los estudios? Me dijeron que eres uno de los mejores”

Severus tragó saliva.

- “Bastante bien”, respondió, “Tengo algunas ayudantías en años inferiores y me pagan por ello, no puedo quejarme”. ¡Un momento! ¿Cómo Dumbledore sabía?, “¿Profesor?”

El viejo parecía haberse quedado dormido. Sus ojos entrecerrados miraban un punto indefinido en el librero. ¿Ese era el mago más poderoso que Voldemort? Absurdo.

- “¿Y tus amigos? ¿Cómo está el joven Malfoy? Desde que su padre falleció, supe que había estado ayudando en el Ministerio de Magia”

- “Lucius está bien. Tendrá un hijo en julio”

- “Ah”, los ojos del anciano parecieron abrirse de pronto. “Severus, ¿tú no te casaste?”

- “No, profesor. Creo que el matrimonio y los niños no van conmigo”

Se hizo un silencio que no era incómodo, a pesar de que Severus quería gritar muchas cosas, pero la calma del anciano era contagiosa y poco a poco se fue calmando él también. Era bueno estar de vuelta en Hogwarts.

- “¿Quién enseña ahora Pociones?”, se le salió sin que pudiera evitarlo.

- “Armando Batisti. Un mago italiano”, explicó Dumbledore, “no es lo mejor, pero no pude hallar a nadie del nivel de Campbell. ¿Has venido a solicitar el puesto que te ofrecí?”

A quemarropa. Ya se estaba relajando y ahora eso.

- “Oh, no. Aún me falta este año para terminar de estudiar. Yo vine… “, Severus dudó, “vine a preguntarle algo”

- “Te escucho”

¡Demonios! Y ahora, ¿cómo le diría?

- “Un amigo mío murió en noviembre del año pasado. Lo asesinaron los aurores. Se llamaba Sean Breck. ¿Usted lo conocía?”

Listo, lo había dicho. Nada comprometedor, sólo preguntaba por un amigo. Si el viejo no lo conocía, se lo diría, Severus se despediría cortésmente y su conciencia estaría tranquila.

- “Desde luego. Escocés y huérfano, era el único sostén de sus dos hermanos. ¿Dices que lo asesinaron los aurores?”

Severus tragó saliva, sintiéndose como una cucaracha. Él no sabía nada de Sean, el muchacho jamás le había hablado de su familia y él no se había tomado nunca la molestia de preguntar. Y el viejo… había pensado que Dumbledore se negaría, que diría que no lo conocía.

- “Sí”, asintió, “¿no lo leyó en ‘El profeta’?”

- “Allí decía que participó en el último atentado en el Callejón Diagon. Que junto con otro mortífago, atacó a un auror que no tuvo más remedio que matarlo en defensa propia”

- “¡Lo asesinaron! ¡No le permitieron hablar siquiera!”, dijo Severus con rabia contenida. Luego calló abruptamente al darse cuenta que se había puesto en evidencia. Pero el anciano pareció no notarlo.

- “Pobre muchacho”

Se hizo un nuevo silencio en el que Severus pugnaba por contener las lágrimas. Se sentía como un crío ante Dumbledore. Un crío bastante estúpido, por añadidura. Si Voldemort se enterase, si tan sólo sospechase que estaba allí, estaría muerto antes de poder decir “Crucio”.

- “¿Lo querías mucho?”, preguntó suavemente Dumbledore.

- “¡Por Merlín, no!”, ¿por qué la Oclumancia no funcionaba con el viejo?, “no lo quería, pero tampoco merecía morir así”, concluyó.

- “Nadie merece morir así, Severus”, puntualizó el anciano, “ni los aurores, ni los mortífagos. Nadie”

- “¿U-usted sabía que él lo era?”

- “Lo sabía”

- “¿Sabe lo que soy yo?”

- “Lo sé”

Severus lo observó confundido. ¿Sabía? ¿SABIA? ¿Cómo era que no lo había denunciado al Ministerio? ¿Cómo? Quizá era una trampa y el chico saltó nervioso mirando hacia atrás, esperando ver aparecer un ejército de aurores dispuestos a llevárselo derecho a Azkaban, sin juicio.

- “No es una trampa, Severus”, dijo el anciano con tranquilidad, “no hay nadie más que tú y yo”

- “¿Por qué?”, preguntó Severus con la voz ronca. No entendía. No entendía nada en absoluto.

- “Viniste a verme, Severus. ¿En qué te puedo ayudar?”

La mirada de Severus vagó por la habitación mientras intentaba ordenar su mente y bloquearla con la Oclumancia, aunque estaba convencido de que era inútil, que Dumbledore de algún modo podía, si no saber, intuir lo que pasaba por su mente.

“El Profeta” estaba sobre el escritorio, con un titular acerca de la matanza de Chimney’s, hacía dos noches. No tenían más que a un sospechoso que resultó un joven bajo la influencia de la maldición Imperius. Junto al periódico, como puesta allí por casualidad, había una rosa blanca recién cortada.

De pronto, se sintió asqueado.

Asqueado de todo. Los ideales que antes había abrazado con entusiasmo juvenil se desmoronaron ante la vista de esa delicada flor. Y entonces, una verdad comenzó a abrirse paso en su mente.

- “¡Usted! ¡USTED LO HIZO! ¡Usted me estuvo enviando esas rosas!”, gritó Severus incapaz ya de controlarse, “¿cuál es el juego ahora? ¿qué quiere de mi?”

Dumbledore lo miró con ¿tristeza?

- “No fui yo, Severus. Fue Sean. Lo hizo porque te amaba, porque quería que dejaras eso y deseaba hacerte reaccionar. Yo únicamente le sugerí que podrían ser rosas blancas”, fueron sus sencillas palabras, anticipándose a la pregunta que su ex alumno estaba a punto de formular.

- “¿Me delatará?”

- “No”

- “¿Por qué?”, su voz era como un hilo.

- “Porque no eres como ellos”

- “Profesor”

De pronto, Severus se echó a llorar sin poder contenerse, agobiado por tantos descubrimientos juntos. Después de todo, era sólo un joven de veintidós años que había vivido como uno de cuarenta.

Solo.

Estaba solo, sin sus padres, sin amigos, sin nadie que cuidara de él. Sin Lucius.

Dolía, hacía mucho que no lloraba en presencia de nadie, pero ahora las lágrimas fluían de sus ojos, desbordadas como un caudal incontenible. No sollozaba, su llanto era silencioso, con algunos espasmos que estremecían un poco su espalda. Había tocado fondo y lo sabía, aunque tardara varios meses en reconocerlo.

Una cariñosa mano se posó sobre su hombro.

- “Hijo”

Y Severus lloró en el regazo del anciano, que lo consoló sin palabras, acariciando su cabello sin importarle que estuviera sucio, grasoso, como decían sus ex condiscípulos. Cuando los sollozos se calmaron un poco, Dumbledore empezó a hablar. Le contó sobre Sean y su deseo de ayudar, infiltrándose luego de años de paciencia, en la organización de Voldemort. Sean era el que informaba de los ataques, aunque por no tener una posición privilegiada en el grupo, ignoraba muchas cosas.

Entonces, el muchacho se enamoró de Severus.

La historia era simple, al parecer se había descuidado, lo habían descubierto y le tendieron una trampa. Eso lo sabía Severus mejor que nadie. No lo había amado y así se lo dijo a Dumbledore, pero tampoco hubiera deseado jamás su muerte, aún luego de saber que era un traidor.

Luego, Severus habló. Abrió su corazón, excepto en lo referente a Lucius. Habló de su odio, de su desesperación, de su culpa. De esa maldita culpa que lo estaba acabando.

- “Ya es tarde. No puedo salirme, sé demasiadas cosas y si lo hago, me matarán. Aunque no se los haría fácil”, dijo con una risa falsa, “y si me quedo y los derrotan, me atraparán y terminaré en Azkaban si antes no me han matado los aurores.”

- “Quizá haya un modo. Pero es arriesgado y es una decisión que sólo tú debes tomar”

Luego de una larga charla, los dos se despidieron y Severus volvió a la UEAM.

Esa noche, dos hombres se acostaron con el corazón aliviado.

Albus Dumbledore había conseguido un poderoso aliado en su lucha contra Voldemort. Y Severus Snape había encontrado un motivo para seguir luchando. Y ese motivo no era Lucius Malfoy.

Lo mantendrían en secreto. Nadie, ni los más allegados a Dumbledore lo sabrían. Esos tiempos eran tan inciertos que más valía ser precavido.

*

- “¡Moony, apúrate!”, gritó Sirius bajando a toda carrera las escaleras, aún con el espejo, con el que acababa de hablar con James, en las manos.

Remus bajó también, poniéndose la chaqueta y corrió hacia la puerta donde Sirius lo esperaba ya montado en Silver. Partieron enseguida, elevándose y cubriéndose con un manto de invisibilidad. Iban al hospital de San Mungo y llevaban prisa, a juzgar por la velocidad que aplicó Sirius a la motocicleta.

Llegaron a San Mungo con el cielo despejado y un hermoso sol brillando radiante. Era una bella mañana y Sirius pensó que era la más bella que había visto. Siempre recordaría el 31 de julio con ese mismo cariño.

La sala de espera de maternidad estaba llena. Los miembros de la Orden del Fénix habían llegado ya, era un gran acontecimiento: Frank y James serían padres el mismo día.

Hacía pocos minutos Alice había dado a luz un robusto y sonrosado bebé, y estaba con Frank en la habitación que le habían preparado. Los padres de James y Lily estaban allí, pero Petunia no había acudido, pues ella también había tenido un bebé, apenas unos meses antes, y Sirius aún no se explicaba cómo alguien como Petunia habría podido casarse, incluso antes que su linda hermana.

- “Padfoot”

James estaba nerviosísimo, y ambos se abrazaron con afecto. Remus pudo ver en un rincón de la habitación a Peter, con una extraña expresión, y se acercó para saludarlo cariñosamente.

- “¿Cómo está?”, preguntó Sirius.

Un grito de dolor vino de la Sala de Partos.

- “¡James Potter, maldito seas!”

James sonrió con cara de circunstancias y se apresuró a entrar de nuevo. Había salido a fumar un cigarrillo porque ya no podía más de los nervios.

- “Ya no debe faltar mucho”, observó Theo Potter, con una sonrisa de oreja a oreja.

Cada cierto tiempo, James asomaba la cabeza y les informaba cuál era el grado de dilatación, poniendo a Sirius cada vez más nervioso. Remus se le abrazó ante la escandalizada mirada de los padres de Lily.

Luego de un rato interminable en que los gritos de Lily eran más frecuentes e intensos, oyeron también un llanto de bebé y James apareció, todo emocionado, con una cosa pequeñita envuelta en una manta azul.

- “¡Miren! ¿No es precioso?”, dijo el feliz y orgulloso padre, a punto de desmayarse de la emoción.

Sus padres y los de Lily se acercaron a conocer a su nieto. Sus tres amigos se quedaron más atrás, junto a Dumbledore. Era un momento familiar, luego podrían felicitar a James.

Pero éste los miró.

- “¡Eh, vengan! Acérquense y conozcan a Harry”

- “¿Harry?”, murmuró Sirius. ESE no era un nombre de mago.

- “Sí”, afirmó James orgullosamente, “Harry Potter. Fue idea de Lily”, y colocó el bebé en los brazos de su confundido amigo.

Las risas y las felicitaciones no se hicieron esperar. Todos estaban radiantes, incluso Peter, porque James había pasado el brazo por sus hombros y sonreía. Sirius y Remus examinaron al bebé. Harry era pequeñito, sonrosado, con el cabello negro y parado, como su padre. Sirius tocó sus rosadas mejillas, era la piel más suave que jamás había sentido y los ojitos del niño se abrieron.

Ojos verdes. A pesar de la delgada membrana que los cubría, era claro que los ojos de Harry serían verdes, como los de Lily.

- “¡Prongs, es idéntico a ti!”

- “Con los ojos de Lily”

- “Es el bebé más hermoso que he visto”, suspiró Peter.

- “No puede serlo, se parece a Prongs”, replicó Sirius.

- “¡Oh, callénse ya!”, exclamó Remus, “¿no ven que lo están asustando?”

Harry había comenzado a llorar bajito y Remus lo tomó entre sus brazos y lo acunó. Apenas pesaba y se veía tan frágil que el chico pálido se llenó de ternura. Desde ese día, él y Sirius querrían a Harry como si fuera su propio hijo. En ese momento, sacaron a Lily en una camilla, medio atontada y James voló junto a ella.

Los abuelos de Harry se turnaron para tenerlo en brazos hasta que una enfermera se lo llevó y todos fueron a acompañar a Lily. Remus fue el último en salir.

- “¿Moony?”

- “Es hermoso, Paddy”, sonrió Remus con el rostro lleno de ternura. Luego se le abrazó con fuerza y tomados de la mano, fueron a la habitación donde descansaba Lily.


*

“Oh yes I'm the great pretender (ooh ooh) / Sí, soy el gran conquistador
Adrift in a world of my own (ooh ooh) / a la deriva en un mundo mío
I play the game but to my real shame / juego el juego pero para mi verguenza real
You've left me to dream all alone / tú me has dejado soñar completamente solo.”

Severus abrió el frasco de hígados de macho cabrío y arrojó uno al enorme caldero que pendía de una cadena, sobre el fuego. Estaba solo en el laboratorio principal de la UAEM, a una hora tan tardía que su presencia sólo se explicaba porque cumplía un encargo del Oscuro Señor.

Voldemort quería que preparara un elixir para olvidar, más seguro que el hechizo “Obliviate” y sin riesgo de ser detectado por los aparatos de los aurores. El Ministerio, en su lucha desesperada, había instalado el equivalente a los radares muggles en prácticamente todo Londres, había intervenido la Red Flu, examinado los registros de varitas del señor Ollivander, y dispuesto un toque de queda y mil medidas más, cada cual más absurda.

Si lo hubieran hecho años atrás, cuando todos creían que Voldemort estaba acabado… pero ahora, era inútil. Hacía mucho tiempo, ellos habían encontrado otras formas de aparecerse, que no podían ser detectadas. Lo que sus varitas hicieran tampoco era problema, la magia negra se encargaba de protegerlas. Y tenían a tantos miembros infiltrados en el Ministerio de Magia que ni el propio Severus sabía ya quienes eran, había perdido la cuenta. Pero alguien sí que lo sabía.

Lucius.

“Too real is this feeling / demasiado real es este sentimiento
of make believe / de hacer creer
Too real when I feel / demasiado real cuando siento
what my heart can't conceal / que mi corazón no puede encubrirlo”

Movió con amargura la poción, haciendo derramar algunas gotas, pero luego se controló, no echaría a perder el trabajo de varias horas pensando en el rubio veleidoso y egoísta que aún amaba con locura.

Era inútil.

Puesto a pensar en Lucius, era imposible detenerse.

Su ex amante había tenido al fin a su bebé. Una cosita rubia de lo más apretable, en el hipotético caso de que a Severus le gustaran los niños. Lo había visto de lejos cuando Voldemort lo presentó a sus más allegados, sin reflexionar mucho en las palabras que el Oscuro Señor dijo entonces, “El heredero de Lucius. Mi heredero”. Pero luego, viéndolo retratado con sus padres en las páginas sociales de “El Profeta”, junto a los Potter y su vástago; Severus examinó atentamente a Draco Malfoy.

Sí, se llamaba Draco. A nadie más que a Lucius podría habérsele ocurrido bautizar de ese modo a su hijo. Aunque no pudo dejar de reconocer que era apropiado. El bebé tenía ojos grises, como los de su padre, y una cabecita lisa con mechoncitos rubios, casi blancos, mejillas sonrosadas y un aire de muñequito de porcelana que lo hacía destacar en donde estuviera. Era un hermoso bebé. Como Lucius. Y Severus descargó un puño contra la pared, con impotencia.


“Ooh Ooh yes I'm the great pretender (ooh ooh) / Oh, sí, soy el gran conquistador
Just laughing and gay like a clown / riendo y alegrándome como un payaso
I seem to be what I'm not (you see) / parece ser que no lo soy (lo ves)
I'm wearing my heart like a crown / estoy usando mi corazón como corona
Pretending that you're still around / pretendiendo que tú aún estás”


Lucius lo había buscado algunas veces, pero Severus lo rechazó tan firmemente que el orgullo Malfoy se impuso y el rubio optó por buscarse otros amantes menos esquivos y más complacientes. Y por supuesto, los tuvo a manos llenas.

Pero Severus no volvió a dormir con nadie más, ni a tener sexo a menos que fuera por órdenes de Voldemort. Y se enfermaba cada vez que veía a Lucius y Narcissa retratados en la revista “Corazón de bruja”, aunque sin saber por qué, siempre terminaba comprándola, para luego disfrutar quemándola con un “Averno”.

Y era que no soportaba a Lucius, que había representado ya los papeles de “el novio perfecto” y “el esposo perfecto”, representando ahora “el padre perfecto”. Un padre que no tenía problemas a la hora de asesinar a sangre fría, violar, destruir.

Se había alejado de él casi por completo, además, el trabajo que realizaba ahora era por demás peligroso. Dumbledore no había exagerado, su vida corría peligro cada vez que un atentado se le frustraba a Voldemort, cada vez que el Oscuro Señor buscaba entre sus filas a algún sospechoso de traición y lo destrozaba delante de sus compañeros, como medida disuasiva.

Severus había perfeccionado aún más la Oclumancia con ayuda de Dumbledore, y eso fue lo que innumerables veces le salvó la vida cuando Voldemort lo miraba y cuestionaba y él respondía serenamente.

Pero el mago había averiguado que su señor estaba preocupado por una profecía que había llegado a sus oídos. Una profecía que hablaba del nacimiento de un niño con el poder de derrotarlo. Voldemort se había puesto frenético y había ofrecido una cuantiosa recompensa a quien le diera más información. Ahora, en la cúspide de su poder y a punto de conquistarlo todo, surgía un obstáculo, y el Oscuro Señor haría lo imposible por acabar con él.


*

- “¡Harry está precioso!”, exclamó Remus con ternura mientras ayudaba a Lily con el bebé, que vestía enteramente de blanco, con un gorrito de punto que lo hacía lucir angelical.

Era el quince de diciembre, día de su bautizo, y Sirius resplandecía de alegría con su elegante túnica gris perla, pues había sido elegido padrino en un sorteo que Remus estaba seguro que fue arreglado, pero no podía enfadarse con su pareja. Sirius adoraba a Harry. Ambos lo adoraban y por eso accedían gustosos a cuidarlo cuando James y Lily deseaban salir.

Llegaron a la iglesia un poco antes y Sirius hizo una mueca desagradable. En la puerta había un enjambre de periodistas de “El Profeta”, junto a las familias Malfoy y Black. Ese era también el día del bautizo del hijo de su prima Narcisa, Draco. Y Sirius ni siquiera lo conocía.

Remus tomó del brazo a su pareja, que exhibía orgullosamente a su ahijado. La mirada de Sirius se cruzó con la de su madre y ambos ladearon la vista. Lucius, a lo lejos, aún con su hijo en brazos, lanzó a Remus una mirada cargada de malas intenciones.

- “¡Ese cretino!”, exclamó Sirius una vez dentro de la iglesia.

- “Hola, primo”

Bellatrix estaba frente a ellos, vestida enteramente de negro, deslumbrante y bella. Sirius bufó una maldición.

- “¿No vas a saludarme? ¿Me sigues teniendo rencor?”, preguntó ella, con una sonrisa que la hizo verse más bella aún.

Sirius hizo un esfuerzo por dominarse, no iba a hacer un espectáculo en el bautizo de Harry. Remus le quitó suavemente al bebé de los brazos y se lo dio a su madre.

- “Hola, Bella”, dijo el animago, sin mucha convicción, deseando que la tierra se tragase a su prima.

Pero Bella hizo como si no lo hubiera notado y lo abrazó afectuosamente, ignorando olímpicamente a Remus, a Peter y a los Potter.

- “Estás mucho más guapo así, con el cabello largo y esa mirada de odio. Me excitas”, susurró ella a su oído y luego se despidió.

Remus estaba rojo de ira.

- “¿Cómo se atreve?”, exclamó, pero Peter lo condujo hacia adentro. El bautizo estaba a punto de empezar.

Ese incidente fue lo único que empañó el bautizo de Harry, y aunque Sirius aparentó que no le había importado, no pudo evitar pensar en Bellatrix y esa primera vez que tuvieron, a orillas del Nilo. Su prima era intensa, apasionada en todo lo que hacía, como en la ocasión en que ella misma le lanzó un cruciatus. Pero aunque estaba casada con Rodolphus Lestrange, de quien estaban seguros que era mortífago, Sirius creía que ella no lo era. Simplemente no podía imaginárselo.

- “Paddy”

En la fiesta que siguió al bautizo, Remus se le acercó con una copa en la mano. No había dicho palabra acerca del encuentro, pero era evidente que no le había gustado en absoluto.

- “¿Me amas?”, le susurró al oído mientras le daba la copa.

- “¡Por supuesto, Moony! Qué cosas dices”, replicó Sirius tomando la copa y besando a su pareja en los labios, aprovechando que todos estaban tomándose fotografías con Harry.

A lo lejos, Peter los miró, envidiándolos. Envidiándolos por estar juntos, por amarse sin importarles nada más. Sobre todo porque él había pensado que con el nacimiento del bebé, a James se le pasaría el estado de “enamoramiento pasajero” que era como Peter había bautizado a lo que su amigo sentía. Pero a pesar de haber sorprendido muchas veces a James con sus conocimientos de magia, nunca pudo ver en sus ojos el mismo brillo que tenía cuando miraba a su esposa o a su hijo.

Ese día, al verlo reír con Lily, tomando del brazo a Sirius y a Remus para retratarse juntos, odió a James. Lo odió con toda su alma por despreciarlo. Lo que fue alguna vez amor, se convirtió en un enorme odio y un deseo de venganza, y por primera vez, decidió hacer lo que le había pedido Lucius Malfoy.

Sería un mortífago.

“Ooh Ooh yes I'm the great pretender (ooh ooh) / Oh, sí, soy el gran conquistador
Just laughing and gay like a clown / riendo y alegrándome como un payaso
I seem to be what I'm not you see / parece ser que no soy lo que ves
I'm wearing my heart like a crown / estoy usando mi corazón como corona
Pretending that you're / pretendiendo que estás
Pretending that you're still around / pretendiendo que tú aún estás”


*

Sirius y Remus pasaron esa navidad con Harry. La pequeña casita donde vivían James y Lily se vio invadida por los abuelos y los tíos, todos llevando regalos para el pequeño. Pero el más entusiasta de todos fue su padrino, que llevó un mini set de Quidditch, esperando que su ahijado sea tan entusiasta de ese deporte como lo eran él y James, aunque hacía mucho que no tenían tiempo para jugar.

Era increíble cómo sus vidas habían cambiado tanto, pero aún tenían tiempo para momentos felices y familiares, sobre todo cuando estaban con Harry. Él y Neville Longbotton eran los más pequeños hijos de los miembros de la Orden del Fénix, aunque Molly Weasley tenía un bebé un poco mayor que ellos, llamado Ron. Pero como Molly tenía ya cuatro hijos, uno más no era tan emocionante en sus vidas como el pequeño Harry.

Peter se había excusado de estar con ellos esa navidad, pretextando pasarla con su familia, por eso a James le extrañó un poco no encontrarlo cuando usó la chimenea para desearle una feliz navidad. Lo que James jamás sospecharía era que ese mismo día, su amigo recibió su bautizo como mortífago, en manos de Rodolphus Lestrange, y luego tuvo que pasar por la iniciación, para la que asesinó a una joven y pelirroja muggle.

Esa navidad, Peter Pettigrew recibió su marca tenebrosa y comenzó a vislumbrar la relación del nacimiento del hijo de James con la profecía de la que hablaba Voldemort. Pero no hablaría hasta no estar seguro.

Pocos sabían que Peter era un mortífago, únicamente el propio Señor Oscuro, Bellatrix, Rodolphus y Lucius. Severus Snape jamás se enteró.

*

Enero fue terrible. Caradoc Deaborn desapareció y jamás pudieron encontrarlo. Nadie, ni siquiera Severus, tenía noticia alguna sobre lo que le había pasado. Y no fue el único.

Al finalizar enero, un grupo de mortífagos irrumpió en la casa de Marlene McKinnon y la asesinó junto con su familia.

El equipo comenzaba a desmoralizarse, habían perdido ya a cuatro de sus miembros y la lucha parecía no tener fin. Pero ni Dumbledore ni Dorcas les permitieron desanimarse, continuaron en la lucha, infiltrándose antes de muchos ataques, alertados por Dumbledore.

En la Orden corría el rumor de que Dumbledore tenía un informante entre las filas de Voldemort, pero jamás pudieron saber quién era. Pero les era útil, porque la información que les daba era suficiente para que Sirius, James y Remus se anticiparan a muchos ataques, frustrándolos para ira de Voldemort.

Peter no participaba en muchas de esas incursiones. Sus amigos temían por su seguridad y no le permitían acompañarlos. Era patético verlos preocuparse por él, si ellos supieran… si tan solo imaginaran que el pequeño y débil Peter Pettigrew era ahora un poderoso mortífago… pero ya llegaría el día en que se los gritaría en la cara, especialmente a James y a Sirius. Y a esa estúpida pelirroja.

El chico gordito caminaba por los oscuros pasillos de la UAEM, cavilando su venganza y canturreando suavemente.

- “Pettigrew”

Lucius lo detuvo y lo condujo con un ademán hacia un aula desierta. Desde que era mortífago, Peter había ascendido de “bola de grasa” a “Pettigrew” en lo que al rubio se refería. Era claro que Lucius quería algo de él, y Peter creía tener una idea. Lo había visto mirar a Remus con un rostro de depredador hambriento que no dejaba duda alguna de sus intenciones.

Y Peter pensó que su amigo era muy tonto al no aprovechar esa situación. Lucius era rico y poderoso, y también tremendamente guapo. Después de todo, Sirius se había portado muy mal con Remus en la escuela, y era un arrogante y un egoísta. Pero se cuidó mucho de comentárselo a Remus. Su amigo probablemente se habría escandalizado ante semejante insinuación, él amaba a ese desgraciado.

- “Dime, Malfoy”

- “¿Cómo están esos amigos tuyos, Black y Lupin?”

- “Bastante bien, gracias Malfoy”, respondió sin entrar en detalles, sintiendo una pequeña victoria al mortificar al rubio de aquel modo.

- “Me preguntaba si Lupin continúa entrenando a los aurores. Hace mucho que no lo veo”

Lucius no intentaba siquiera disimular.

- “Ya no lo hace, está ocupado con sus estudios y ayuda a Sirius con los asuntos de Dumbledore”

- “Ah”

- “Los oí decir que Remus llevaría al hijo de James a Hyde Park y que Sirius lo recogería luego, a las seis”

- “Grandioso”, la sonrisa de Lucius se hizo realmente felina. Desapareció, dejando en manos de Peter una enorme caja de ranas de chocolate.


*


- “¿Sabes que te ves muy dulce con ese bebé en brazos?”

Remus volteó sonriendo y abrazó a su novio. Harry reconoció a su padrino y extendió sus bracitos hacia él, lanzando grititos de alegría.

- “Paddy”, balbuceó el niño, haciéndolos reír.

- “Es muy inteligente para tener sólo ocho meses”, exclamó Sirius, para quien Harry era el niño más hermoso, el más inteligente, el más cariñoso, el mejor. En resumen, como si de su propio hijo se tratara.

Caminaron un poco más, tomados de la mano. Luego se detuvieron a besarse mientras Harry empujaba con sus manitas a Remus lejos de SU padrino. A veces el niño actuaba muy posesivo con Sirius.

- “Moony malo, muy malo”, rió Sirius apartando traviesamente a su pareja, para besarlo luego furtivamente cuando Harry no los miraba.

Aún faltaba mucho para el toque de queda y estaban en un lugar público, pero de todos modos era peligroso entretenerse demasiado allí. Los mortífagos sólo atacaban de noche.

- “Paddy, volvamos, está oscureciendo y Lily se preocupará”

La pareja avanzó hacia la salida, aún tomados de la mano.

A lo lejos, dos personas los observaban entre los árboles.

- “Quiero a Lupin y tú a Black”, susurró Lucius a Bellatrix, “y tengo una idea para conseguirlos a ambos”

Capítulo 37: Traición

“Bound at every limb by my shackles of fear / atado en cada miembro por mis grilletes de miedo
Sealed with lies through so many tears / sellado con mentiras a través de muchas lágrimas
Lost from within, pursuing the end / perdido desde dentro, persiguiendo el final
I fight for the chance to be lied to again / lucho por la oportunidad de ser engañado de nuevo”

Lies - Evanescence


Sirius abrió la puerta lo más suavemente que pudo. Eran las tres de la mañana, un agitado día de febrero, y estaba agotado. El fuego de la chimenea estaba encendido y se acercó prestamente a calentarse un poco.

Se detuvo enternecido.

Remus dormía profundamente en el sillón frente al fuego, arropado con una frazada. Esa noche no había salido con ellos porque al día siguiente tenía examen y Sirius le había pedido que se quedara. Con uno que había abandonado la carrera era suficiente.

Pero Remus lo había estado esperando, vestido aún y con un libro en las manos, hasta que el sueño lo venció. Lo contempló arrobado, pasando de su rostro dormido hacia sus pálidas manos, sonriendo. Su amado Moony.

- “¿Qué me estás mirando?”

Desde el sillón, su novio le sonreía tiernamente, aliviado de verlo regresar sano y salvo.

- “Te amo”, fue todo lo que dijo Sirius para darle luego un apasionado beso que los encendió a ambos.

Mientras se besaban, Sirius olvidó su cansancio. Remus era su bálsamo y su paz y lo miró a los ojos.

- “Hoy atrapamos a cinco de esos desgraciados. Debiste ver a Prongs y “Ojoloco”, realmente se lucieron con el hechizo levitador”

Sirius y James habían bautizado “Ojoloco” a su antiguo profesor y ahora compañero de lucha, Alastor Moody, quien perdió un ojo en un enfrentamiento con los mortífagos y ahora usaba un ojo de vidrio.

- “¿Nadie salió herido?”

- “No”, repuso Sirius, acomodándose sobre el agradable calorcito que despedía el cuerpo de Remus, “a que no sabes quiénes eran… uno era Marcus Thatcher, el hijo del juez, otro un jovencito, casi un niño, con mirada de asesino y los otros eran ex alumnos de Hogwarts, mayores que nosotros. Todos de Slytherin.”

- “¿Qué hicieron con ellos?”

- “Ojoloco los entregó a los aurores. Irán a Azkaban, supongo que sin juicio”

- “¡Sirius eso está mal!”

- “Lo sé, pero son las medidas de emergencia que dio Crouch. Probablemente si no hubiéramos llegado, los aurores los hubieran matado, es más cómodo hacerlo que atraparlos”

Remus se encogió en brazos de su novio. Ninguno de los dos estaba de acuerdo con Crouch, les parecía que la violencia sólo engendraría más violencia. Pero al parecer la lucha estaba dando resultado y la gente apoyaba a Crouch ahora que Azkaban estaba plagado de sospechosos, encerrados allí sin juicio previo.

Pero Sirius apartó de su mente a Crouch y sus aurores, incluso a los mortífagos, para concentrarse en el tibio cuerpo bajo él, y besó su cuello con ansia.

- “Te eché de menos”

- “Sólo pasaron unas horas…”

- “Igual te eché de menos”, replicó Sirius junto a su oído, deslizando sus manos bajo la frazada, para palpar la dureza que se estaba despertando.

Un gemido fue su respuesta y Remus se estrujó contra su cuerpo. Sirius se irguió un momento, lo encendía verlo así, a la luz de las llamas, tan hermoso y tan suyo. Rápidamente lo despojó de su polera y se aplicó a succionar los pezones, consciente de que eso enloquecía a Remus.

Pero un sonido en el bolsillo de su túnica, hecha un lío en el suelo, lo hizo lanzar un taco, y luego extraer el espejo, para encontrarse con el preocupado rostro de James.

- “Chicos, vengan enseguida. Mataron a Benjy”

Fue como un shock. Remus se cubrió el rostro con las manos y luego se levantó, atontado, arreglando su ropa. Era el quinto miembro de la orden que era asesinado.

*


Al día siguiente, el cementerio estaba lóbrego en esa mañana nublada que luego Sirius recordaría tan bien. Los miembros de la Orden habían acudido al entierro. Todos, excepto Remus que se había quedado acompañando a la madre de Benjy Fenwick. Tenía sólo veinticuatro años, apenas un año mayor que ellos, y todo lo que quedó de él fueron fragmentos de su cuerpo mutilado.

Era terriblemente injusto.

Injusto y cruel, pensó Sirius mientras veía a Molly Weasley secarse los ojos una vez más, apoyada en Arthur y en Dorcas.

Lily también lloraba, ella había trabajado mucho con Benjy, el muchacho alegre y juguetón que rivalizaba en bromas incluso con James.

Sirius se preguntó cuántos más de ellos estarían en ese cementerio al acabar el año. Una tímida voz lo sacó de la especie de ensoñación en la que había caído.

- “Padfoot”

Peter. El bueno de Peter estaba de pie junto a él, con sus ojitos llenos de pena. Eran los únicos que quedaban, los demás se estaban retirando poco a poco, dejando atrás la tumba llena de flores para continuar con sus vidas.

- “Wormtail”

Era bueno tener cerca a un amigo. ¡Y hacía tanto que no tenía una charla a solas con Peter!

- “Vamos, Pete, te invito una cerveza de mantequilla en ‘Las tres escobas’”

Luego de un par de horas, dos tambaleantes amigos se despidieron de la señora Rosmerta.

- “¡Por Merlín! ¡Es muy tarde! Moony me matará…”

- “Moony te adora”

- “Uhm, sí. Pero de todos modos me matará”

- “Moony no es capaz de matarte… aunque sé de otros que lo harían con mucho gusto…”

Sirius se paró en seco. ¿Estaba bromeando aún? Interrogó a Peter con la mirada.

- “Oh, no es nada importante. Es algo que oí, pero no creo que lo dijera en serio, Padfoot”, tartamudeó Peter fingiendo estar asustado. Había pasado tanto tiempo fingiendo que no era difícil para él.

- “Dilo ya”

- “M-malfoy y Lestrange… en la escuela. No sé qué querían allí, pero los seguí a la Biblioteca, convertido en rata no es difícil, ¿sabes? Tienen allí muchas ratas…”

- “…”

- “Hablaban de Moony.

- “¿Moony? ¿Qué decían?”, el rostro de Sirius se puso serio de pronto y Peter sonrió para sus adentros.

- “Bueno… decían… Malfoy decía que era bueno que haya vuelto a entrenar aurores, que así puede verlo día por medio… le decía a Lestrange que…”, Peter se interrumpió.

- “¿QUE LE DECIA?”

- “Que se ve…muy.. ejém… tentador con esa mallita verde… que por como se mueve… parece”, Peter titubeó muy colorado, pero el rostro de Sirius exigía que continuase, “que parece que se lo metes todos los días y que por eso está tan suelto”, finalizó Peter de un tirón, todo sonrojado.

- “¡MALDITO MALFOY!”

Sirius había palidecido de tanta rabia contenida. Miró a Peter traspirar y apretó con fuera los puños. ¡Esos infelices hablando de su Moony!

- “¿Dijeron algo más?”

- “S-sí…”, tartamudeó Peter, “Malfoy irá a verlo entrenar… quiere… quiere una cita no sé cuándo…”

- “Averígualo”, dijo secamente Sirius, apretando los dientes, “debo irme”

Luego de cinco minutos, la motocicleta de Sirius pasó por el cielo raudamente y Peter esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Lucius Malfoy había tenido razón, Sirius era muy predecible. “La venganza es un plato que se come bien frío”, había dicho el rubio y Peter estuvo de acuerdo.

“You will never be strong enough / nunca serás lo suficientemente fuerte
You will never be good enough / nunca serás lo suficientemente bueno
You were never conceived in love / no fuiste nunca concebido con amor
You will not rise above / nunca te levantarás”

Su venganza pronto tomaría forma.

*

Sirius entró como un huracán a la casita y se dirigió a toda prisa al dormitorio. Vacío. Moony no estaba allí.

Lo encontró en el estudio, leyendo atentamente un enorme libro empastado en cuero negro.

- “¡Paddy!”, lo saludó alegremente Remus levantándose para besarlo, “¿problemas?”, continuó, al ver su rostro molesto.

- “No”

- “Te tardaste, pensé que estarías con Prongs, pero llamé y …”, Remus se interrumpió, oliendo el licor en labios de su novio.

- “Estaba con Peter”

- “Ahh… yo llegué hace mucho. La pobre señora Fenwick está destrozada y… ¿qué me miras?”

- “Moony”, dijo Sirius tomándole ambas manos, “prométeme una cosa. No entrenarás a los aurores usando esa malla verde. Ni tampoco usando otra malla, ni…”

- “¿Qué dices?”, Remus empezó a reír pero se detuvo al ver el enfado en el rostro de Sirius, “pero siempre he entrenado así”

- “Ya no”

- “Tú dices que me queda bien, que te vuelves loco cuando me miras con ella puesta, además es cómoda”

- “Es muy provocativa”

Remus se quedó atónito. Nunca Sirius había actuado así con él y la única respuesta eran sus celos. Pero sabía que su novio nunca admitiría que estaba celoso.

- “Sirius Black, no dejaré de usar esa malla sólo porque tú tengas un ataque de celos”

- “¡Entonces lo haces adrede!”

- “¿Hacer qué…?”

- “¡Provocar!”

Y Remus no pudo más y rió alegremente.

- “¡Esto es completamente ridículo, Sirius! No podemos discutir por algo tan tonto”

- “Está bien. Deja la malla..”

- “¡No lo haré!”, respondió Remus desafiante.

- “¡Bien!”

- “¡Bien!”, Remus avanzó hacia la puerta y se fue directamente a su dormitorio.

Pero Sirius no lo siguió, se quedó toda la noche cavilando frente al fuego. En la mañana, Remus lo encontró aún allí, mucho más calmado y arrepentido por su arrebato. Se besaron y decidieron no hablar más del asunto, pero Sirius continuó pensando en Malfoy y Lestrange viendo entrenar a su Moony y decidió que los enfrentaría. Esos dos no se saldrían con la suya.

*


Febrero pasó sin que Malfoy fuera de nuevo a los entrenamientos de duelo en el ministerio. Sirius se aseguró bien de asistir a todos, dispuesto a romperle la cara. Pero no acudió, como si supiera lo que le esperaba.

Una noche, Remus salió de su última clase, riendo con Alice Longbottom. Como habían terminado temprano, se dirigieron a la cafetería del Ministerio y pidieron chocolate y café.

- “No hay nada mejor que el chocolate luego de una sesión de duelo”, dijo una risueña voz junto a ellos y Lucius Malfoy se sentó sin ser invitado.

- “Hola”, dijo Alice, un tanto sorprendida. Para ella, Lucius era simplemente un asesor del Ministro y un ex compañero de Hogwarts.

- “Te ver preciosa, Alice. La maternidad te ha sentado maravillosamente”, dijo galantemente Lucius.

- “¿Qué deseas, Malfoy?”, preguntó Remus con hostilidad.

Y Lucius le puso una cara que quería decir claramente “A ti”, a la par que sonreía inocentemente a Alice.

- “Felicitarlos por la excelente labor que están haciendo, y, en nombre del Ministro, ofrecer a Remus una remuneración por el trabajo que realiza, como reconocimiento a su esfuerzo desinteresado”

Remus se quedó con la boca abierta, no había pensado que eso podría ocurrir e iba a protestar, pero Alice estaba encantada.

- “¡Remus! ¡Es maravilloso! Frank se pondrá muy contento, y también James y Sirius”

- “No puedo aceptar”

- “¡Claro que puedes, Remus!”

- “Desde luego que puedes”, sonrió Lucius, “al Ministro le parecerá una descortesía rechazar su amable oferta. Además, sería ingrato de tu parte”

Remus terminó por aceptar, abrumado. Pero sus ojos vagaron hacia la puerta, como si esperase a alguien.

- “No deseo causarte problemas con tu noviecito”, dijo amablemente Lucius, retirándose luego de cerrarle un ojo subrepticiamente.

Sirius entró en ese momento. Ambos se cruzaron en la puerta y el animago no pudo disimular su cara de odio. Llevaba en la mano una caja de ranas de chocolate para Remus y la apretó con furia.

- “¿Qué quería ése aquí?”, preguntó maldiciéndose por haberse descuidado. Ya estaba pensando que todo había sido una exageración de Peter.

- “¡Remus va a recibir pago por entrenar aurores!”, exclamó Alice, “¿No es grandioso?”

Sirius puso cara de circunstancias.

*

Remus llevaba un mes entrenando aurores en forma remunerada. No era mucho, pero le permitía atender algunos gastos, porque no le gustaba depender en todo de Sirius y así se lo hizo saber. Necesitaba cierta independencia y ese fue el único motivo porque su novio le permitió hacerlo, a pesar de sus celos.

Pero Malfoy no lo molestó más, era como si se lo hubiera tragado la tierra, aunque comenzaron a haber atentados en Irlanda y James y Sirius estaban convencidos de que era el responsable.

Una tarde lluviosa, Peter pasó por la casita para recoger unos libros que Remus le iba a prestar.

- “Espero que te sirvan, Pete. Yo los usé en el primer año, pero Sirius dice que son un poco básicos”

- “Me servirán”, respondió Peter suspirando, “ya no veo la hora de salir de vacaciones”

- “Ni yo”, sonrió Remus, “aunque es mi último año y creo que luego extrañaré la escuela… y también tengo que conseguir trabajo, por ahora me va bien con lo del Ministerio”

- “Será agradable volver a ir a esa discoteca”, aventuró Peter.

Remus rió abiertamente.

- “¿En serio? Pensé que no te había gustado… aunque no creo que James y Lily puedan acompañarnos en esta ocasión”

- “Me gustó, sí”, dijo Peter haciendo como que no había oído lo de Lily, “yo pensaba que tú no querrías ir después de …”, se interrumpió de pronto.

- “¿Después de qué?”, preguntó Remus con ingenua curiosidad.

- “Es que… no. No puedo decirte…”, tartamudeó Peter, “prometí no hacerlo…”

- “¿Prometiste? ¿A quién?”

- “Sirius no tuvo la culpa, Remus. Él lo estaba echando, creí que te lo había dicho”, Peter parecía muy angustiado.

- “¿De qué hablas?”, Remus se alarmó un poco, “Peter, será mejor que me lo digas todo”

“They'll never see / ellos nunca verán
I'll never be / yo nunca veré
I'll struggle on and on to feed this hunger / lucharé una y otra vez para alimentar esta hambre
Burning deep inside of me / ardiendo profundamente en mi interior”


Peter tomó aire y le soltó a Remus algo cuidadosamente planeado, que había ensayado innumerables veces. Le dijo lo que vio en el baño de la discoteca, preocupándose muy bien de dejar claro que no fue culpa de Sirius, pero sin por ello perder la oportunidad de describir el modo en que se besaron y la belleza del otro chico. Remus se quedó en silencio por mucho rato.

- “Anda, Moony, no lo tomes a mal. Quizá no te dijo porque no era importante…”

- “O quizá porque sí”, dijo Remus con tristeza en la voz.

- “No creo, él te ama mucho…”

- “Yo… no sé, Pete”, murmuró Remus, “supongo que sí, pero debió decírmelo, ¿no crees?”

- “No le digas que te lo dije, por favor”, suplicó el chico gordito.

- “Descuida, no se lo diré”

Luego de que Peter se fue, Remus estuvo mucho rato pensando, tratando de decidir qué hacer. Finalmente, optó por tratar de olvidarlo, Sirius era muy atractivo y él mismo había visto cómo ese chico lo miraba. Pero Sirius lo amaba, vivía con él y pasaba casi todo el tiempo a su lado, cuando no estaban en clases o en alguna misión de la orden. No podía dudar el amor de su novio, pero se sentía extraño, con un incómodo malestar que no debería de sentir.

*

Luego de una semana en la que Remus había tratado de no pensar en el asunto de la discoteca, la Orden del Fénix había tenido mucho trabajo. Varios atentados en el centro de Londres los mantuvieron ocupados y finalmente en una incursión, lograron capturar a tres mortífagos luego de un peligroso enfrentamiento en el que murieron dos aurores.

La mañana siguiente, Remus fue a visitar a James.

- “Moony, esto no me está gustando”, dijo James preocupado dejando a Harry sobre el corralito mientras le servía a su amigo una taza de chocolate y se servía para él una taza de té. Estaban solos, porque Lily había salido con Dorcas y Sirius estaba con Moody.

- “¿Qué es lo que no te gusta?”, preguntó Remus, que se figuraba de qué se trataba.

- “Estamos actuando peor que ellos, Moony. ¿Recuerdas a los mortífagos que capturamos anoche? Una era Rhia”

Remus alzó las cejas sorprendido. Rhia Stoner había sido la primera novia de James.

- “¿Ella era…?”

- “Sí”, respondió James, “y por lo que sé, la enviarán a Azkaban. El Ministerio dice que no hay tiempo para juzgarla y como la encontraron en la escena del crimen, no es necesario hacerlo. ¡Moony, ella lloraba, estaba muy asustada!”

- “¿Por qué…?”, preguntó Remus, no entendía porque una chica como Rhia se había vuelto mortífaga.

- “Se lo pregunté, me dijo toda esa basura acerca de los magos de sangre limpia… pero lloraba, Moony. No puedo quitarme de la cabeza sus ojos tristes, me miraba mientras se la llevaban los aurores”

- “Prongs, ellos tienen que asesinar para ser mortífagos, es parte del ritual que tienen… Ella ha tenido que matar al menos a una persona.”

- “¿Crees que no lo sé? Pero me gustaría que al menos sean justos, quizá no deba estar toda su vida en Azkaban, sería demasiado horrible”

- “¿Has hablado con Moody?”

- “Dice que es la ley. También hablé con Dumbledore y aunque no está de acuerdo con la suspensión de juicios, dijo lo mismo. Y no conozco a nadie en el Ministerio con suficiente influencia como para saber… Arthur no pesa mucho allí”

- “Oh, James”

Pero entonces, un pitido hizo que Remus pegara un brinco.

- “El teléfono”, explicó James, “Lily insistió para que tengamos uno”

Atendió prestamente y de pronto se quedó pálido.

- “¡Dios mío!”, exclamó, “enseguida vamos”

- “¿Qué?”, preguntó Remus al ver el rostro pálido de su amigo.

- “Los padres de Lily… un accidente, Remus, están en el hospital, él murió… ¡Oh, Dios mío!”

Remus lo sostuvo preocupado.

- “Ve a buscar a Lily. Yo me quedaré con Harry”


*

Esa tarde, luego de que les avisaron que la madre de Lily también había muerto, Remus se ofreció para cuidar a Harry mientras Sirius acompañaba a sus amigos y avisaba a los demás miembros de la Orden.

Remus llevó consigo a Harry a su última clase en la escuela y luego al Ministerio a cobrar su paga quincenal.

- “¡Remus! Qué lindo niño, ¿es hijo tuyo?”

- “No”, respondía él sonriendo, “es el hijo de James y Lily”

- “Está precioso”

Remus sonreía orgulloso y como Harry tenía hambre y comenzaba a impacientarse, se dirigió a la cafetería a tomarse una taza de chocolate y unos pasteles y preparar el biberón del niño.

- “Delicioso”, dijo una aterciopelada voz a sus espaldas.

El chico pálido volteó para encontrarse con Lucius Malfoy, que acababa de sentarse junto a él.

- “No sabía que te gustaba la leche, Malfoy”, respondió desafiante Remus.

- “¡Oh, sí que me gusta, y en qué forma!”, sonrió Lucius burlonamente, en clara indirecta que hizo enrojecer a Remus cuando se percató de lo que había dicho, “¿éste es el hijo de Potter?”

Harry examinó a Lucius con ojo crítico. Luego decidió que no le gustaba y optó por ignorarlo, concentrándose en su biberón.

- “Es Harry”, explicó Remus, aún colorado, “vino a acompañarme”

- “Ah. ¿Y dónde está el Todopoderoso Black?”, preguntó Lucius con sorna, “¿te ha soltado las cadenas hoy?”

- “Muy gracioso Malfoy”, respondió Remus. Se disponía a levantarse e irse, pero entonces recordó el rostro preocupado de James cuando le contó sobre Rhia y se detuvo, dudando. Después de todo, era vox populi que Lucius era la persona de confianza del ministro a causa de sus donativos.

- “¿Ocurre algo?”, Lucius se esperaba que Remus se vaya airado y le sorprendió que se quedase.

- “Eh… sí”, se decidió Remus de pronto. Nada tenía que perder, “Me preguntaba si puedes averiguarme algo… “

Y le pidió a Lucius algo que no se le hubiera ocurrido antes. Jamás hubiera pensado pedirle un favor al rubio, que siempre lo acosaba con sus indirectas. Quizá no se lo hubiera pedido si James no se hubiera visto tan preocupado esa tarde. Quizá no se lo hubiera pedido si no se hubiera enterado de lo de Sirius y el chico de la disco.

Pero lo hizo. Le pidió a Lucius que averiguase algo sobre Rhia Stoner y el rubio, disimulando muy bien su sorpresa, le prometió que le avisaría en cuanto supiera algo. Y para sus adentros, decidió cambiar de táctica con Remus.

“Rest in me and I'll comfort you / descansa en mi y te confortaré
I have lived and I died for you / he vivido y muerto por ti
Abide in me and I vow to you / habita en mi y te juraré que
I will never forsake you / nunca te abandonaré”

Al cabo de unos días, Remus recibió una nota explicándole que Rhia se encontraba en Azkaban y que no había sido juzgada. Lucius se ofrecía también a ejercer su influencia para lograr un juicio y una sentenca justa y le enviaba una caja de bombones de chocolate.

Remus quemó la carta y tiró los bombones y no le dijo nada a Sirius sobre ese asunto, pero no pudo evitar sentirse halagado por las palabras que Lucius le dirigía en la carta.

*

Una mañana de mayo, luego de una noche de intensa lluvia, Remus salió con Lily a buscar a un mago que según el informante de Dumbledore, iba a ser secuestrado esa noche. Le advirtieron del peligro y lo escondieron en casa de Dorcas, volviendo luego a casa casi a medio día.

Remus entró a su casa, con un pálido sol calentando el ambiente. Apenas abrió la puerta, encontró a Sirius sentado frente a la chimenea, con una terrible expresión.

- “Paddy… ¿qué ocurre?”

En un instante estuvo junto a él, arrodillado y tomándole las manos.

- “Regulus”, fue todo lo que dijo su novio.

Había sobre la mesita un pergamino arrugado y Remus lo tomó. Era una escueta misiva de Bellatrix comunicándole a Sirius que su hermano Regulus había muerto. Asesinado por mortífagos. Le comunicaba también el lugar y hora del entierro.

- “Sirius”, susurró abrazándolo, acariciando su cabello despeinado y largo, besándole los párpados, húmedos a causa de las lágrimas.

- “Lo entierran en una hora, Moony”

- “¿Deseas que te acompañe?”

Sirius lo miró con amor. Su Moony, sabía perfectamente que su familia lo despreciaba, pero aún así se ofrecía a hacerle compañía en ese momento.

- “No, mi amor”, le respondió tristemente, “debo ir solo. Será mejor que suba a cambiarme”

Y con paso cansado, subió las escaleras, dejando a Remus con un nudo en el corazón.

*

“But through my tears / pero a través de mis lágrimas
breaks a blinding light / se abre una luz parpadeante
Birthing a dawn to this endless night / trayendo amanecer a esta noche sin fin
Arms outstretched, awaiting me / brazos abiertos esperádome
An open embrace upon a bleeding tree / un abrazo abierto sobre un árbol sangrante”


Sirius llegó cuando las últimas palas de tierra eran arrojadas a la tumba. La familia Black estaba allí, pero no su madre.

Regulus había sido ejecutado en un acto de represalia, por su traición. Se rumoraba que el propio Señor Tenebroso lo había hecho, pero James y Dumbledore, que le informaron también lo ocurrido, no lo creían. Y para ser honestos, Sirius tampoco. Su hermano siempre fue un mediocre, en todo lo que hizo en su corta vida. Su muerte no era la excepción, Regulus nunca había sido importante en la organización de Voldemort como para que él mismo lo ejecutara, y había tratado de traicionarlo para darse importancia con los aurores. Sirius se preguntó si no habría sido el propio Rodolphus, que lucía serio y grave al lado de Bellatrix, quien lo ejecutó.

El animago se quedó atrás, sin deseos de mezclarse con los asistentes al entierro. Unos pocos amigos, la familia y los sepultureros eran todo el público que fue a darle el último adiós a Regulus. Ni siquiera estaba Andrómeda, su prima había sido desheredada incluso antes que él, luego de que se casara con Ted Tonks, un muggle. Era triste, y Sirius sintió los ojos húmedos cuando colocaron las flores sobre la tumba y comenzaron a retirarse.

- “Primo”

Bellatrix lo detuvo sin preocuparse realmente por Rodolphus, que caminaba adelante, con Lucius y Narcissa.

Sirius volteó sin dejarla ver sus ojos tristes. ¿Eso era lo que ellos buscaban? Esa guerra absurda había acabado con las familias, separado a los hermanos… y todo por un grupo de fanáticos enloquecidos. Y Sirius quiso desaparecer y que todo acabara.

- “¿Qué deseas?”, preguntó a la defensiva.

Bellatrix suavizó su sonrisa y la hizo casi tan cálida como cuando ellos dos eran más jóvenes.

- “Hablarte”

- “Lo estás haciendo”, fue la hostil respuesta.

- “Me refería a hablar como personas civilizadas, Siri”

Él retrocedió, no le gustaba la proximidad de su prima, le recordaba definitivamente una serpiente.

- “¿Eso es posible, Bella?”

- “Lo es”, sonrió ella acercándose un poco, “anda, Siri. Quizá sea venenosa, pero no te morderé. Al menos no ahora”

Sirius meneó la cabeza y antes de que pudiera reaccionar, se encontró atrapado en un cálido abrazo.

- “Siento mucho lo de Regulus, Sirius. Si quieres hablar sobre eso o sobre cualquier otra cosa, sabes donde encontrarme”

Y se fue raudamente, dejando a un sorprendido Sirius parado en medio del cementerio con una flor que ella le dejó en la mano.

*

A finales de mayo, Peter llamó a la puerta de la elegante oficina del supervisor adjunto de la UAEM.

- “Pase”, respondió secamente Lucius, “Ah, eres tú”, dijo sin dejar de escribir en el pergamino que tenía en frente.

- “M-malfoy”, susurró Peter, aún se sentía intimidado por Lucius, pero estaba decidido a decirle lo que se proponía.

- “Te escucho”

Lucius lo miró con gesto displicente.

- “H-he averiguado algo”

El rubio se inclinó hacia delante, escuchándolo con atención.

- “Dorcas Meadows, es ella quien ha estado interfiriendo con los secuestros y convenciendo a los partidarios del Señor Tenebroso de que lo dejen… Ha escondido a muchos en su casa”

- “¿Estás seguro?”

- “Ella trabaja con Evans”, Peter se resistía a llamar a Lily por su apellido de casada, “créeme, estoy seguro”

- “¿Podemos entrar en su casa?”

- “Ella la protege con un hechizo poderoso. Podríamos entrar, pero en seguida todo estaría lleno de aurores”

- “¿Qué sugieres?”, preguntó Lucius, había notado la ambición en los ojillos de Peter y estuvo seguro de que el patético mago se lo había pensado bien antes de acudir a hablarle.

- “Mátenla, así el hechizo se desvanecerá y podrán entrar. He investigado sus costumbres y sé los lugares que frecuenta”

Lucius sonrió. “Lo que hace un corazón despechado”, se dijo, sintiéndose orgulloso de haber reclutado a tan útil aliado.

- “Bien, prepararemos una emboscada, y si atrapamos a Lily Poter”, hizo una pausa haciendo énfasis en el apellido, “mucho mejor. Lord Voldemort estará complacido”

 


Capítulo 38: Dudas

“It's not in the way that you hold me / no es el modo en que me abrazas
It's not in the way you say you care / no es el modo en que dices que te importo
It's not in the way you've been treating my friends / no es el modo en que has estado amenazando a mis amigos
It's not in the way that you'll stay till the end / no es el modo en el que te quedarás hasta el final
It's not in the way you look or the things that you say that you do / no es el modo que luces o las cosas que dices que harás”

Hold the line – Toto


- “Moony, ¿cuál es el hechizo para disparar cosas?”, preguntó Sirius sin levantar la cabeza de su crucigrama.

- “Wadi wasi”, respondió Remus terminando de secar las tazas del desayuno y enviándolas al anaquel, con magia.

- “Genial… lo había olvidado…”, murmuró Sirius escribiendo la respuesta prestamente, “¿y cuál es…?”

Pero un chasquido en la chimenea de la sala lo interrumpió y Remus acudió a atender. Al cabo de unos minutos volvió.

- “Harry está enfermo. Lily no podrá salir hoy con Dorcas, tendré que relevarla”

- “¿Dónde van?”, preguntó Sirius con un ligero tinte de preocupación en la voz.

- “Anoche nos avisó Dumbledore que un grupo de mortífagos intentará entrar a la casa de Cornelius Funge para secuestrarlo, hoy a las ocho. Iremos a evacuarlo en un par de horas y lo ocultaremos en casa de Dorcas, como a los otros”

Sirius se levantó rápidamente y se acercó a su novio.

- “¿Tienes que ir tú? Anoche tuve un sueño y…”

- “No te preocupes, lo hemos hecho muchísimas veces, Paddy. Todo saldrá bien, vendré a almorzar”

Se abrazaron en silencio. Ambos habían tenido pesadillas luego de la muerte de Regulus, y Sirius no quería que su pareja se arriesgara demasiado, pero Remus no era ningún cobarde y continuaba con sus actividades de la Orden, además de las clases en la universidad. Aunque no lo reconociera muy a menudo, Sirius estaba muy orgulloso de su novio.

- “Cuídate mucho, ¿sí?”, pidió besándolo.

- “Lo haré”

*

Esa mañana, Sirius se dedicó a limpiar un poco la casa, era la semana que le había tocado hacer las tareas domésticas. Pero la preocupación no dejaba de fastidiarlo, por más que se dijo que estaba paranoico, miraba el reloj sin parar, esperando a Remus.

Hacia las doce, apareció Edgar Bones por la chimenea.

- “Sirius, ven enseguida. Emboscaron a Dorcas y Remus está herido”

Sirius voló literalmente a San Mungo sobre Silver y llegó agitado, con el cabello azotándole el rostro. Lily y James estaban allí junto con Peter.

- “¿Cómo está?”

- “Se encuentra bien, Sirius”, lo tranquilizó James, “no lo atacaron a él, querían a Dorcas. Sólo tiene una contusión que se hizo cuando uno de los mortífagos lo arrojó contra la pared”

- “Mi Moony”, Sirius apretó los puños con impotencia y se recargó en la pared, “¿dónde está?”

- “Lo están interrogando los aurores, Sirius. Pronto podremos verlo”, explicó Lily tratando de calmarlo y le señaló una puerta cerrada.

- “¿Interrogándolo? ¡Está herido!”

- “Sh, Sirius. Baja la voz”, susurró James llevándolo a parte, Peter los siguió, “Sirius, les pareció extraño que no lo atacaran a él, parece que intentaron alejarlo de allí, pero Remus se lanzó a defender a Dorcas y fue allí cuando lo hicieron volar… es la primera vez que los mortífagos se portan así”

- “¿Qué quieres decir?”

- “No lo tomes a mal, Sirius”, intervino Peter, “es solo que el modus operandi de los mortífagos ha sido distinto, los ha desconcertado. Ellos normalmente no atacan de día y siempre asesinan a todos los que se les oponen… pero nadie ha dicho que sospechen de Remus”

James trató de hacerlo callar, pero ya era tarde. Sirius se dirigió decididamente a la puerta cerrada y la abrió. Se escucharon unas voces airadas y al poco rato los tres aurores que se encontraban allí salieron.

*

“Hold the line / Resiste
Love isn't always on time / el amor no siempre llega a tiempo”


- “¿Lobito?”

- “¡Paddy!”

Sirius corrió a abrazarlo y Remus le contó con voz trémula lo que había ocurrido. Tenía la cabeza vendada y el rostro pálido y angustiado. Lily, James y Peter entraron detrás de Sirius.

- “Comenzaron a llegar mortífagos… no pude ver de dónde salían tantos… nos tomaron desprevenidos, Paddy. Iban tras Dorcas, se lanzaron inmediatamente sobre ella…traté de detenerlos, pero no me dejaron. Me atacaron dos y uno de ellos me apuntó con la varita antes de que pudiera reaccionar, pensé que me mataría, Sirius… pero me arrojó contra la pared. No recuerdo nada más…”

- “Llegaron los aurores, Moony”, explicó James, “el informante de Dumbledore le avisó, y apenas hubo tiempo para decirle a “Ojoloco”.

Callaron todos, conscientes de que si los aurores no hubieran aparecido, quizá Remus no estaría con ellos en ese momento.

- “Moony, nos vamos de aquí”

- “Pero Sirius…”

- “Estarás más tranquilo en casa”

Luego de discutir con los medimagos y con los aurores, Sirius consiguió que Remus volviera a casa esa misma tarde y Peter los acompañó. Durante el camino, tuvo cuidado de no comentar lo ocurrido, porque Remus se sentía responsable del secuestro de Dorcas.

- “Moony, no fue tu culpa. Ellos debieron planificarlo hace tiempo, pero los aurores la están buscando… de seguro mañana tendremos noticias”

Y las tuvieron. Esa madrugada, cuando Tom, el posadero, fue a sacar la basura al callejón que había detrás de “El Caldero Chorreante”, vio una bolsa negra con un líquido oscuro que salía de ella. Se acercó con precaución y cinco minutos después gritaba a todo pulmón pidiendo ayuda.

Era Dorcas, o mejor dicho, lo que quedó de ella luego de que Voldemort se encargara de torturarla.

*

It's not in the words that you told me / no son las palabras que me dijiste
It's not in the way you say you're mine / no es el modo que dices que eres mío
It's not in the way that you came back to me / no es el modo en que volviste a mí
It's not in the way that your love set me free / no es el modo que tu amor me deja libre
It's not in the way you look or the things that you say that you do / no es el modo que luces o las cosas que dices que harás”


- “Lucius, querido mío, ¿no te enseñé a no dejar enemigo vivo?”

El rubio sonrió algo forzadamente. Sabía que en algún momento eso le sería preguntado, a pesar de que había pasado una semana desde el asesinato de la bruja Dorcas Meadows.

- “Lo hiciste, señor”

- “Entonces…”, la voz de Voldemort se hizo peligrosamente acariciadora, “¿por qué dejaste escapar a Lupin?”

- “Yo no…”

Pero Lucius calló abruptamente. Las manos de su señor eran tenazas clavándosele en la espalda, tirando de sus brazos y de su cabello hasta inmovilizarlo. No protestó, era evidente que alguien lo había delatado. ¿Rodolphus? No, no dudaba de su amigo. Pero había alguien a quien la muerte de Remus le habría servido mucho.

Bella.

- “Sí, Lucius”, dijo Voldemort haciendo eco de sus pensamientos.

¡Demonios! Bellatrix era impaciente, él tenía todo calculado para separar a Lupin de Black, hasta lo consideraba un desafío personal, pero tomaría tiempo y su amiga había querido un atajo. Se suponía que Lily Potter estaría con Dorcas y no Lupin.

- “Señor, me equivoqué…”, dijo sumisamente, “aceptaré el castigo que me impongas”

- “¿Castigarte? No, Lucius. No lo haré yo”, rió Voldemort soltándolo bruscamente y arrojándolo al piso. “Lo hará alguien más por mí”

Lucius se quedó en el piso sabiendo que era inútil oponer resistencia y esperando surgir detrás de los cortinajes a Bellatrix, pero grande fue su sorpresa cuando vio aparecer una alta figura vestida de negro.

Severus Snape.

- “Es tuyo”, dijo Voldemort y Severus avanzó.

Lucius vio algo alzarse y apretó los labios para recibir una bofetada, violenta, ardiente. Las mejillas de Lucius ardieron por el golpe y la vergüenza y no se atrevió a mirar a su ex amante. Una bofetada más le partió el labio y luego otra… tendría que inventarle algo a Narcissa para explicar ese desastre.

- “Quítate la ropa”, la voz de Severus sonó fría y distante, como un autómata.

Y en realidad eso era en ese momento, porque luchaba por conservar su cordura. Había presenciado el interrogatorio, asesinato y descuartizamiento de Dorcas y aunque no era el primero que veía, sí había sido el más cruel desde que él se había vuelto espía. Punzada tras punzada de culpabilidad lo perforaban, sabiendo que si hubiera alertado a Dumbledore al menos una hora antes, no la habrían atrapado. Cada grito de Dorcas se le clavaba en el pecho como una daga… quería olvidar.

Lucius pagaría por lo que hizo.

Severus vio el cuerpo desnudo y perfecto de Lucius, tanta belleza desperdiciada… tanta pasión que jamás podría saciar.

- “Crucio”

El rubio apretó los labios, se resistía a dejarse humillar por Severus, su orgullo se imponía, el chico delgado y huesudo se había dado el lujo de rechazarlo y eso era algo tan doloroso que hería.

- “Crucio”

Los labios de Lucius sangraron por la fuerza que hacía al mordelos, conteniendo sus gritos mientras su cuerpo entero se estremecía en salvajes espasmos, mientras su mente sugestionada sentía cómo la piel se separaba de los huesos para dejarlo hecho un guiñapo sanguinolento.

- “Crucio”

Un horrible alarido se escapó de la garganta del rubio, entre borbotones de sangre. No había podido resistirse al tercer cruciatus y aulló su dolor y humillación porque aquél a quien amaba era quien le inflingía ese terrible castigo. Un alarido sin fin, agudo primero, ronco hacia el final, tétrico y descarnado, como si no quedara alma en ese cuerpo maltratado.

Un grito quebrado y Severus bajó la varita con la mano trémula. Lucius se había desmayado.

- “Termina con él, Severus. Sé que lo deseas, tómalo…”

Severus maniobró las fláccidas piernas del inconsciente Lucius y las colocó sobre sus hombros, alzándose la túnica y desabrochándose el pantalón para liberar su dura erección, que posó en la entrada del rubio.

- “Ennervate”

Lucius abrió los ojos, atontado y adolorido, apenas consciente de dónde se encontraba. Cuando el entendimiento se comenzó a hacer paso en su confundida mente, su mirada espantada se encontró con la de Severus.

Frialdad y desprecio.

Y luego un violento empujón que lo hizo gritar nuevamente.

Severus arremetió contra él con furia, como si quisiera expiar sus pecados y los de Lucius con el dolor que el acto le producía. Como si quisiera lavar ese cuerpo de asesino con su semen caliente derramándose en sus entrañas. Con furia, odio, nunca más con amor.

Sexo primario, puro y animal, como a Voldemort le gustaba.

Eyaculó con un ronco grito sin permitirle a Lucius apartarse de su cuerpo, sujetándolo firmemente de las caderas hasta que la última gota se hubo derramado, arrojándolo luego como se arroja la envoltura inservible de un dulce.

- “Gracias, Severus. Ahora lo haré yo”

El mago se arregló las arrugadas ropas, hizo una ligera reverencia y se fue. Un nuevo alarido le indicó que Voldemort había vuelto a tomar a Lucius y recordó con un estremecimiento a Nagini.

Pero luego se encogió de hombros. Lucius se lo había buscado. Peor para él.

*

Junio voló entre estudios, misiones y los exámenes finales de Remus, que por fin pudo acabar su último año de escuela. Finalmente, el día de la ansiada ceremonia de graduación llegó.

- “¿Cómo me veo?”, preguntó Remus con la toga negra de los egresados de la escuela.

- “Estás bien, hijo. Debemos apresurarnos, la ceremonia es a las siete”, replicó Lucrecia bajando rápido las escaleras hacia la puerta donde Sirius los esperaba montado en Silver, “¿Irán en esa moto?”, preguntó preocupada.

- “Sí, mamá. Es mucho más divertido llegar allí y es muy rápida”

- “Nosotros nos apareceremos”, dijo Vincent Lupin. “Nos veremos allá”

La ceremonia fue sencilla y para orgullo de Sirius, su novio fue el encargado del discurso de despedida al haber ocupado el primer lugar en esa promoción de futuros profesores de magia. No sabía cómo Remus se las había arreglado para hacer tantas cosas, pero lo había logrado y era el primero de los Merodeadores en terminar sus estudios superiores.

Vincent y Lucrecia no cabían en sí de orgullo y luego de la entrega de diplomas, acudieron a la casita de su hijo a una pequeña fiesta sorpresa que Sirius había organizado, con los más amigos: James, Lily y Peter.

Había toque de queda y las comunicaciones estaban restringidas por las noches, por eso se sorprendieron mucho cuando una lechuza ingresó con un paquetito atado a la pata y una carta. Remus la abrió con cuidado, examinándola antes con la varita para detectar signos de magia negra, pero no los había.

La carta era de Lucius y los finos bombones de chocolate rellenos con licor también. Lucrecia lo miró con espanto mientras Sirius cogía el paquete y lo arrojaba al fuego y nadie aludió el incidente durante el resto de la reunión, aunque Remus se veía preocupado. ¿Qué quería Malfoy de él? ¿Por qué no se cansaba de sus desprecios? Le había dicho en mil y una formas que no estaba interesado. El rubio le parecía atractivo y había terminado por aceptarlo, después de todo, tenía ojos. Pero una cosa era mirarlo y pensar que era guapo y otra muy distinta dormir con él. Además, él amaba a Sirius.

Lo que Remus no sabía era que sus negativas excitaban más al cazador, habituado a no hacer mayores esfuerzos en cuanto a conseguir compañero de cama se refería. Lucius codiciaba el momento en que Remus cayera rendido a sus pies y gritara su nombre en un orgasmo. Cuando eso sucediera, podría olvidarse para siempre del maldito Gryffindor.

*

El veinte de julio llegó pero Remus no pudo celebrar su cumpleaños. La víspera hubo un espantoso atentado en Hogsmeade que tenía como objetivo distraer la atención, pues un grupo de tres mortífagos atacó al mismo tiempo la casa de Edgar Bones a pesar de la protección mágica con la que contaba, y lo asesinaron junto a toda su familia.

Luego de una noche completamente en vela, volvieron finalmente a la casita a las nueve de la mañana. Los padres de Remus los estaban esperando para saludar a su hijo, pero lo vieron tan abatido que prefirieron dejarlo para otra ocasión.

- “Ellos buscaban algo en casa de Edgar”, susurró Remus como si las paredes tuvieran oídos. Estaban en la mesa de la cocina, mientras Sirius preparaba chocolate y café para los demás.

- “¿Algo?”, preguntó sorprendida Lucrecia.

- “Se ha hablado de una profecía”, dijo gravemente Sirius, colocando una taza de humeante chocolate delante de Remus. “Es sobre la caída de Voldemort, pero no sabemos mucho más. Dumbledore la ha escondido en un lugar seguro”

- “Creyeron que Edgar la tenía”, dijo Remus, “primero los Prewett, luego Caradoc, Marlene, Benjy, Dorcas, ahora Edgar… ¿qué va a pasar, Sirius?”

Remus habitualmente era el más sereno en casos así, y era Sirius el que lloraba y se enfurecía de impotencia, pero la muerte de Dorcas había calado hondo en el ánimo del joven y ambos estaban agotados por los patrullajes nocturnos que debían hacer.

Sirius le besó cariñosamente los cabellos.

- “No lo sé, Moony”, susurró masajeando su espalda, “quisiera saberlo y quisiera que esta guerra se termine, pero debemos seguir”

Remus sonrió tristemente, resignado.

- “Ve a descansar un poco, Moony. Estuviste de pie toda la noche”

- “Ve, hijo”

Luego de que Remus subió las escaleras, Sirius se volvió hacia sus padres.

- “Vincent, Lucrecia”, empezó en voz baja, “no quise decir nada delante de Remus, pero es conveniente que se oculten por un tiempo. Dumbledore teme que los ataques a las casas de campo alejadas recrudezcan estos meses que es el aniversario del inicio de la lucha de Voldemort”

- “¿Escondernos?”, susurró Vincent.

- “Sí. Remus aún no lo sabe, pero esta noche tendremos una reunión de emergencia y allí nos lo dirá Dumbledore en forma oficial”

*
Esa noche en la reunión de la Orden, el ambiente que se respiraba era bastante tenso.

- “Amigos míos”, dijo gravemente Albus Dumbledore mirando uno a uno los rostros de sus más fieles amigos. Estaban allí los Longbottom, Moody, los Potter, Sirius, Remus y Peter. Los más cercanos a Dumbledore, los más fieles. Todos con los rostros angustiados. “Hay algo muy serio que debo decirles. Las muertes de miembros de nuestra Orden no han sido casuales, sabemos que Voldemort anda detrás de algo. Se trata de la profecía”

Un murmullo brotó de la pequeña audiencia y “Ojoloco” se aclaró la garganta.

- “La profecía está en un lugar seguro. Pero ha trascendido un rumor acerca de la caída de Voldemort y…”

- “Pero es sólo un rumor, ¿verdad? Allí se habla de un niño…”, dijo Alice pensando en su pequeño Neville.

- “No es un rumor”, intervino Dumbledore, “De todos los rumores que existen, me temo que el del niño es el más acertado. La profecía dice que Voldemort será derrotado por un niño que nacerá a finales de julio, y supimos de ella el año pasado”

- “Eso quiere decir…”

- “Sí, Remus”, completó Dumbledore, “pueden ser Neville o Harry. Fueron los únicos nacidos en esa fecha”

Lily ahogó un grito y Alice se abrazó a Frank.

- “Tengan calma, por favor”, pidió Dumbledore, “no deseo alarmar a nadie, pero es necesario tomar precauciones. No sabemos si el año es el correcto, pero el año pasado los dos únicos niños hijos de magos el 31 de julio fueron ellos dos. Quiero pedirles a Lily y Alice que mantengan a sus hijos en casa, no los saquen fuera y mucho menos de noche”

- “Quizá será mejor que no salgan ni de día”, intervino Peter y Sirius le dio una patada en las espinillas para que se callase. Era proverbial la falta de tacto del chico gordito y nadie notó su mirada de odio. La suerte de Sirius en lo que a Peter se refería, estaba echada.

La reunión continuó hasta media noche con las recomendaciones de ocultar a sus familias, sobre todo si vivían en lugares alejados de Londres. Luego de ella, James llevó a Lily a casa de sus padres donde estaba Harry y pasaron la noche allí. Había tomado en serio las palabras de Dumbledore sobre no sacar de noche al bebé.


“It's not in the words that you told me / no son las palabras que me dijiste
It's not in the way you say you're mine / no es el modo que dices que eres mío
It's not in the way that you came back to me / no es el modo en que volviste a mí
It's not in the way that your love set me free / no es el modo que tu amor me deja libre
It's not in the way you look or the things that you say that you do / no es el modo que luces o las cosas que dices que harás”


- “Paddy, ¿crees que Harry esté en peligro?”, susurró Remus mientras Silver ascendía en el cielo, camino a casa.

- “No lo sé, Moony. Pero Dumbledore tiene razón, ninguna precaución está de más”

Remus se abrazó fuerte de su pareja, pegándose más a él. El aire balanceaba la moto peligrosamente, pero Sirius le imprimió toda la velocidad posible, esquivando obstáculos y sintiendo la adrenalina fluir al máximo. En momentos de tanta tensión, un paseo en Silver a toda velocidad era lo único que lograba calmarlo.

Se detuvieron al fin en el patio de la casita. Remus tenía las mejillas coloreadas y y a respiración agitada.

- “Eres hermoso, Moony”

Sirius lo besó con calor, sentado aún en la moto, atrayéndolo hacia su cuerpo. Hasta ese instante no se había percatado de lo mucho que necesitaban ambos un descanso. Prácticamente no habían tenido vacaciones, desde su segundo año en la universidad, y ese ritmo los estaba estresando.

- “Tú no estás nada mal”, sonrió Remus mordiéndole juguetonamente el lóbulo de la oreja. Necesitaba olvidar toda esa angustia, necesitaba a su pareja y a su amor.

- “Moony, te prometo que apenas acabe esta guerra, nos iremos un mes completo a Egipto o a la Riviera o a donde tú elijas. Quiero que seas feliz”

- “Lo soy”

- “Quiero que seas más feliz”

Remus rió alegremente, pero su risa se transformó en un gemido cuando su pareja hundió el rostro en su cuello, besando y acariciando, atrayendo sus caderas hasta rozarse enloquecedoramente y así lo alzó y lo llevó al interior de la casa, donde lo depositó en la alfombra, frente al fuego.

- “Te amo, Sirius Black”

*

- “M-malfoy”

Peter entró en el despacho, envalentonado con la información que poseía. Lucius lo miró como quien contempla una mancha insignificante e hizo una mueca.

- “¿Qué quieres ahora, Pettigrew? Te dije que sólo cuando se trate de nuestro plan con Lupin y…”

- “He averiguado algo sobre la profecía”

Lucius cambió de rostro enseguida, sin fingir amabilidad, demasiado bien sabía Peter que no lo apreciaba en absoluto, pero dejó la dureza por una fría cortesía.

- “Díme lo que sabes y se lo transmitiré a nuestro señor”

- “Q-quiero hacerlo yo mismo, Malfoy”

Lucius arqueó las cejas, eso sin duda arruinaría su gran momento de descubrir ante su señor Voldemort su astucia y obtener un premio.

- “Él no recibe más que a sus más allegados. Yo se lo transmitiré…”

- “No”, dijo Peter, temblando a causa de una audacia que no que jamás había pensado que sería capaz de demostrar. “Se lo diré yo o no hablaré”

- “Tenemos métodos…”

- “¡Mira!” Peter mostró entre sus dientes una diminuta cápsula, “sí, es cianuro, moriré antes de recibir el primer cruciatus. DEBO ser yo el que lo diga”

Lucius hizo un fastidiado gesto. De todos modos, el llevarle a su señor a ese infeliz igualmente sería motivo de una recompensa.

- “Vamos”, dijo escuetamente alistando su capa y bastón. “En el camino me contarás sobre Lupin”


*

La semana que siguió, seguramente Voldemort la había pasado mal. Siete mortífagos habían sido capturados y doce asesinados por los aurores. Peter había acompañado a “Ojoloco” en la última incursión. Luego del operativo, el chico gordito acudió a ver a Remus, a primera hora de la mañana y cuidándose muy bien de que Sirius ya haya salido de casa.

- “Tuvimos una gran cacería”, dijo sorbiendo un té caliente que Remus le ofreció.

- “No tienes buen semblante, Pete. ¿Pasó algo?”, preguntó Remus temiendo oír que otro de sus amigos había sido herido o asesinado.

- “No… bueno, sí. Pero no con los nuestros”, suspiró Peter, “Moony, ¿te acuerdas de Karen Easton?”. Ociosa pregunta. Karen había sido la primera y única novia de Remus.

- “¿KAREN?”

- “Se la llevaron a Azkaban, la echaron en una furgoneta con los otros… ella y sus compañeros gritaban lemas subversivos y vi como un auror la golpeaba”

- “Karen…”, la voz de Remus se hizo inaudible.

¿Por qué Karen? ¡Ella ni siquiera era de Slytherin! ¿Qué le estaba haciendo Voldemort a las personas? Ya no reconocía a sus amigos… ni sabía…

- “Remus, su madre es amiga de mi madre. La pobre señora está destrozada, estuvo toda la noche en el ministerio, pero no la dejaron hablar con Karen. Se llevaron a todos directamente a Azkaban. Ella dice que su hija es inocente, que estaba saliendo con Brandon McAllister y que seguramente él la indujo a eso… dice que ni siquiera tiene esa marca”

- “Pero…”

- “Quizá sea cierto, Remus… ella no llevaba el rostro cubierto como los otros. Quizá se encontraba allí de casualidad”

Remus tenía el rostro angustiado. Recordaba la mirada ingenua de Karen y sus lágrimas cuando rompió con ella, una chica linda e inocente… ¿y si era cierto lo que su madre decía?

- “No la volverán a ver, les están dando condena perpetua sin siquiera investigar. Yo estoy de acuerdo con las medidas más enérgicas, sobre todo ahora que esos miserables andan detrás de James… pero creo que la chica es inocente”

La visita de Peter duró unos momentos más, luego de los cuales, Remus intentó pensar con claridad. No podía entender que Karen fuera mortífaga… y pensó lo que diría su propia madre si él fuera detenido así, sin pruebas.

Después de pensarlo un poco, tomó la pluma y escribió una carta. De cualquier modo, Lucius había sido muy amable en informarle sobre el caso de Rhia Stoner.

*

"Hold the line / Resiste
Love isn't always on time / el amor no siempre llega a tiempo”


- “¡Lupin será mío!”, sonrió Lucius frotándose las manos como hacia cada vez que lograba seducir a alguien. Y en el caso de Remus, la cacería había durado demasiado, razón de más para estar más que ansioso por atrapar la presa.

Una sencilla carta de Remus interesándose por la situación de una antigua condiscípula de Hogwarts ponía en evidencia el buen corazón del joven. El pobre infeliz ni siquiera sospechaba que Lucius la sedujo y la había enviado con engaños al lugar mismo del atentado. Una lástima, la chica le había dado gratos momentos, pero si era el precio para tener a Lupin, gustoso lo pagaba.

Respondió prestamente fijando una cita para el día siguiente en su mansión.

*

“It's not in the way that you hold me / no es el modo en que me abrazas
It's not in the way that you make me feel / no es el modo en que me haces sentir
You see / Ya ves
It's all about the way you do the things you do / todo es sobre el modo que haces las cosas que haces
The way you do it / el modo en que lo haces
You've got to hold it / has tenido que aferrarlo
Hold it / Aferrarlo”

- “Sirius, hay algo importante que debo decirte…”

Peter estaba pálido en la chimenea, hacía cinco minutos Remus había salido a dar clase al Ministerio.

- “¿Qué ocurre, Pete?”

El mago se materializó en la pequeña salita y se sentó, hablando atropelladamente.

- “Volví a oir hablar a Malfoy y Lestrange. No sé cómo ni porqué, pero hoy tendrá una cita con Moony. En su casa…”

- “¡Imposible!”

- “No sé, Sirius… ellos tenían una carta de Remus. No la alcancé a leer, pero vi la letra y era suya”

- “Pero Moony está en camino al Ministerio ahora…”

- “Hoy no tiene clases, es jueves”

Sirius hizo una mueca, era cierto. ¿Entonces qué pasaba? ¿A dónde había ido Remus con tanta prisa? Recordó que había recibido una lechuza y un mensaje que arrojó al fuego. Él no le había dado importancia pensando que sería una carta del Ministerio como las que solia recibir… pero…

- “Mi Moony jamás lo haría. Nunca con Malfoy. Él me ama”

Peter quiso reír. Todo estaba saliendo a pedir de boca. Sirius lamentaría haberse burlado de él tantas veces.

- “Podemos ir a ver… la cita era a las cuatro. Si esperamos fuera de la mansión y él no aparece, no ha pasado nada… si acude…”

- “¡No acudirá!”

- “¿Entonces vamos?”

Sirius por toda respuesta cogió su abrigo y salió. Momentos después, Peter se agarraba con todas sus fuerzas hasta que Silver aterrizó fuera de las rejas de la Mansión Malfoy.

Ocultos tras unos árboles y cubiertos por un manto de niebla que Sirius conjuró, se dispusieron a esperar. Faltaban cinco minutos para las cuatro y de pronto el animago se sintió el hombre más ridículo del mundo, desconfiando así de su pareja. Luego le contaría a Remus y ambos reirían, ¿cómo había podido creerle a Peter? Aunque Peter sólo repitió lo que había oído de ese par de infelices. Quizá sólo Malfoy se estaba dando importancia con su amigo… y la carta, pues… Peter podría haberse equivocado.

Sonrió ante sus tontos celos. Iba a decirle a Peter que se retirasen, cuando la sonrisa murió en sus labios.

Remus acababa de aparecerse en la esquina de la mansión y caminaba nervioso hacia la puerta, mirando a ambos lados con aprehensión, como si no quisiera ser descubierto.

Malfoy en persona le abrió la puerta, haciéndolo pasar con un ceremonioso y familiar ademán, como si no fuera la primera vez que lo hacía. Lo que Sirius no vio, sin embargo, fue el confundido rostro de Remus ante semejante recibimiento… El animago apretó los puños. Su furia y dolor eran igualmente fuertes y Peter estuvo a punto de caer cuando Silver se elevó raudamente y voló hacia la casa.

“Hold the line / Resiste
Love isn't always on time / el amor no siempre llega a tiempo”

 

Capítulo 39: Incertidumbre

“Born from silence, silence full of it / nacido del silencio, silencio lleno de él
A perfect concert my best friend / un concierto perfecto mi major amigo
So much to live for, so much to die for / demasiado para vivir, demasiado para morir
If only my heart had a home / si sólo mi corazón tuviera un hogar”

Dead boys poem - Nightwish


Remus avanzó inseguro por el camino hacia la mansión. Lucius actuaba con él excesivamente amable y por un momento quiso decirle que olvidara todo e irse, pero su preocupación por Karen pudo más. Después de todo, era la casa de Lucius, allí estaría Narcissa y Draco… no podía pasarle nada malo.

- “Pasa, Remus. Mi esposa e hijo están en casa de mi suegra, nadie nos interrumpirá”, dijo el rubio casualmente, cerrando las puertas de roble de la mansión. Luego le indicó el camino hacia un estrecho y oscuro pasillo. “Será mejor que hablemos en mi estudio privado, así la servidumbre no se enterará de nuestra conversación”

Genial, Narcissa no estaba. Pero Remus no era ningún cobarde y empuñó la varita en el bolsillo de su amplia túnica, siguiendo al rubio sin vacilar, pero atento al camino que recorría. El pasillo de piedra estaba escasamente iluminado por antorchas y descendía hacia el sótano del castillo por unos empinados escalones. Lucius iluminó el extremo de su varita para guiarlo y en un momento en que Remus tropezó, lo tomó del brazo y lo condujo hacia una habitación a oscuras.

Las luces se encendieron y Remus se sorprendió de encontrarse en un elegante estudio con enormes estantes abarrotados de libros, un escritorio y algunos sillones, pero lo que más le llamó la atención fue una cama con dosel y sábanas rojas. ¿Qué hacía una cama como esa en un estudio?

- “Este es mi lugar privado. Veo que te ha gustado”, sonrió Lucius invitándolo a sentarse.

Remus se sonrojó. No había querido ser tan obvio, pero la cama lo cogió desprevenido.

- “Vine a hablar de Karen Easton, Malfoy. Me citaste porque hay indicios de que es inocente”

- “Los hay, estimado amigo”, la voz de Lucius era acariciadora y se recargó en el sillón acercándose a Remus, “pero primero ponte cómodo, ¿te sirvo algo?”

Remus tragó saliva. No le estaba gustando el modo de actuar de Lucius, pero tampoco quería ser grosero.

- “Agua pura estará bien”

- “¿Agua pura?”, exclamó Lucius fingiendo estar ofendido. “Ningún invitado mío ha tomado jamás agua pura. Te prepararé un gin tonic”

El rubio se puso de pie y se dirigió hacia un pequeño bar oculto detrás de un biombo. Remus trató de relajarse diciéndose que lo hacía por Karen, pero admitiendo finalmente que sentía curiosidad… y ciertamente las atenciones que le había estado brindando Lucius lo habían halagado.

- “Ten”

El vaso le fue alcanzado y las manos de ambos rozaron. Lucius mantuvo la mano deliberadamente sobre el vaso, hasta que Remus se lo quitó con la otra mano, con las mejillas coloradas.

- “Gracias”

- “Te queda muy bien el color rojo”

Remus disimuló su turbación bebiendo un trago.

- “¿Y Karen?”

- “Hablé con Crouch, un buen tipo, pero que toma las cosas demasiado en serio. Le hice saber la preocupación del Ministro por el caso de esa chica y prometió analizarlo, por si es inocente. Aunque debo decirte que si tiene la misma marca que tenía la chica Stoner, su caso está perdido”.

- “¿Eso es todo?”, exclamó Remus comenzando a indignarse.

- “¿Todo? ¿A qué te refieres?”

- “¡Me trajiste hasta aquí para decirme eso! Pudiste haberlo hecho en el Ministerio, Malfoy”

- “No hemos tenido una charla civilizada en mucho tiempo, Remus. Y podrías llamarme Lucius, si no es molestia”

- “Está bien… Ma.. Lucius. Gracias de todos modos, le comunicaré esto a la madre de Karen. Ahora debo irme… se me hace tarde”

- “Acabas de llegar. Y no hemos platicado acerca de las clases de Duelo. Le dije al Ministro que podrías ser instructor permanente de la Escuela de Aurores”

- “Pero para eso debo ser auror…”

- “No necesariamente, Remus. Ciertas normas pueden… flexibilizarse”

Remus se revolvió en el sillón, confundido. La bebida le estaba produciendo un curioso e incómodo hormigueo en la parte inferior del cuerpo, hacia la cual se dirigió la mirada del rubio, haciéndolo ponerse más nervioso aún.

“Sing what you can't say / canta lo que no puedes decir
Forget what you can't play / olvida lo que no puedes jugar
Hasten to drown into beautiful eyes / apresúrate para hundirte en esos bellos ojos
Walk within my poetry, / caminas en mi poesía,
this dying music / esta música agonizante
- My loveletter to nobody / mi carta de amor a nadie”


El vaso se le cayó de las manos.

- “¡Oh! Lo siento, Lucius”

- “Está bien”, dijo en rubio haciendo un ademán con la varita, “Reparo. No ha pasado nada, te serviré otro”

- “No es necesario”

Pero Lucius volvió a desaparecer detrás del biombo y Remus intentó normalizar los latidos agitados de su corazón. Eso estaba mal, terriblemente mal… y lo peor era que le estaba gustando. Quiso ponerse de pie, pero entonces miró hacia el biombo y se llevó una enorme impresión.

Lucius estaba semidesnudo en medio de la habitación, con una bata de seda roja abierta, dejando ver cada parte de su cuerpo, mientras esbozaba una seductora sonrisa. Remus no pudo apartar la mirada de ese cuerpo perfecto y su entrepierna reaccionó también, muy a su pesar. Sólo quería correr, tocarlo y ser tocado por esas manos fuertes, y ser besado por esos sensuales labios.

- “No”, fue el único sonido que salió de su garganta.

El rubio llegó junto a él.

- “No tienes nada que temer, nadie tiene por qué enterarse. Sé que hace mucho lo deseas y yo también te deseo a ti”

La ardiente boca de Lucius se apoderó de los temblorosos labios de Remus y sus manos lo aprisionaron atrayéndolo más. Remus intentó resistirse, pero se sentía atontado, como en un sueño, y cuando las manos de Lucius pusieron las suyas sobre su cuerpo, lo acarició febrilmente, con desmayo, deseando abarcarlo todo con sus manos, comparándolo a pesar suyo con la firmeza de Sirius…

“Never sigh for better world / nunca suspires por un mejor mundo
It's already composed, played and told / ya ha sido compuesto, jugado y relatado
Every thought the music I write / cada pensamiento en la música que escribo
Everything a wish for the night / todo es un deseo para la noche”

¡Sirius!

No, él amaba a su pareja. No podía, nunca podría engañarlo.

- “¡No!”

Luchó por separarse de Lucius, que lo tocaba en todas partes sin darse cuenta de que ya no era correspondido.

- “¡Déjame!”

- “¿Qué demonios te pasa?”

- “¡Amo a Sirius! Suéltame, maldito bastardo… No sé que le echaste a mi bebida, pero amo a Sirius y no deseo nada contigo…”

Remus logró sacar su varita y apuntó al rubio mientras retrocedía tratando de escapar. Lo consiguió apenas, abriendo la puerta y echando a correr por el pasillo, con el corazón golpeándole furiosamente.

Lucius no lo siguió y Remus logró cerrar la verja de la mansión y salir sin problemas, temblando aún. Lo que nunca supo es que logró salir porque en el instante en que huyó, el brazo de Lucius comenzó a arder con intensidad y el rubio se vio obligado a facilitarle la huida para poder reunirse con su señor.

*

“Wrote for the eclipse, / escrito para el eclipse,
wrote for the virgin /escrito por la virgen
Died for the beauty / muerto para la belleza
the one in the garden / de aquél en el jardín”


Casi a media noche Remus abrió la puerta de su casa y respiró hondo. Había caminado por horas por el Londres muggle, tratando de ordenar sus ideas, sintiéndose el peor idiota del mundo.

Ahora, ¿qué le diría a Sirius? ¿le explicaría dónde había estado?

Subió las escaleras en silencio y entró al dormitorio. Sirius dormía en la cama que ambos compartían y se acercó de puntillas para mirarlo, con los ojos llenos de lágrimas. Entró al baño y se quitó toda la ropa, aún podía sentir el caro perfume de Malfoy en su túnica y la metió en el lavabo sacándola luego empapada y lanzándola en un rincón. Se metió a la ducha y trató de relajarse con el agua tibia cayéndole por el cuerpo, enjabonándose cuidadosamente como si quisiera quitar todo vestigio de su acción anterior.

Se sentía culpable, y aún lloraba cuando se envolvió en una toalla y volvió al dormitorio procurando no hacer ruido. Se puso el pijama y se acostó junto a Sirius que simulaba dormir.

”Created a kingdom, / creado un reino
reached for the wisdom /, alcanzada la sabiduría
Failed in becoming a god / fallé en ser un dios

Never sigh... / nunca suspiro”


Ambos estuvieron despiertos, inmóviles, sin decirse nada. Remus tratando de luchar con su conciencia que le decía que confiara en su pareja, que él no había hecho nada malo… y Sirius recordando las cartas de Malfoy, el regalo que le envió en su graduación y la actitud familiar que tenía cuando recibió a Remus en su casa…

Al día siguiente, Sirius se levantó y se vistió, preparándose para salir. Remus dormía aún, el sueño lo había vencido hacía escasas horas.

- “Sirius”, oyó la voz de James en el espejo que usaban para comunicarse.

- “¿Qué sucede?”

- “Vengan al cuartel general de la Orden enseguida. Anoche los mortífagos atacaron mi casa”

Sirius se apresuró a despertar a Remus y luego de una escueta explicación, acudieron a la cita.

Dumbledore, James y Peter los estaban esperando. James les informó que su casa fue quemada, pero él no se encontraba allí. El día anterior fue con Lily y Harry a hacer algunas compras al Callejón Diagon y como se les hizo tarde, decidieron pasar la noche en “El Caldero Chorreante”.

- “Fue una verdadera suerte”, dijo James, “ahora Lily ha llevado a Harry donde los Weasley, pero debemos buscar un lugar seguro para ocultarlo”

Dumbledore pidió a Remus y a Peter buscar a Lily y Harry y traerlos al refugio mientras ellos tres decidían qué hacer. Apenas se retiraron, el rostro del viejo mago se hizo más serio aún.

- “Sirius, tenemos razones para pensar que alguien del círculo de amigos de James lo ha traicionado y pasado información a Voldemort. Necesitamos ocultar a Harry inmediatamente y me temo que sólo hay un modo”

- “¿Un traidor?”, exclamó Sirius, pero Dumbledore continuó sin responder a su pregunta.

- “Debemos usar el Hechizo Fidelius y así podremos esconder a James en Godric Hollow, ellos se harán pasar por muggles y James desea que tú seas su Guardián Secreto”

- “Yo…”

- “Es en ti en quien más confío. Sé que morirías antes de delatarnos, amigo. Pasaremos la noche aquí, y mañana podremos realizar el encantamiento”, pidió James.

- “Claro… claro que lo haré”, respondió firmemente Sirius, aunque se sentía muy lastimado por lo ocurrido con Remus. Necesitaba desesperadamente confiarse a alguien, pero no podía preocupar más a James en ese momento.


*

- “Peter, ¿crees que debo contárselo?”, preguntó Remus mirando al piso, se había sincerado al fin con Peter, relatándole todo lo ocurrido con Malfoy.

Peter negó con la cabeza.

- “No, Moony. Sabes lo celoso que es, no entenderá… además, ahora debe estar muy preocupado por James y Lily”

- “Pero no le he dicho porqué volví tarde anoche, lo encontré dormido y hoy apenas hablamos, con todo lo de James… “

- “Puedes decirle que estuvimos patrullando”

- “¡Cierto!”

- “Creo que eso será lo mejor”

Luego de darle a Molly una breve explicación, Remus y Peter llevaron a Lily al cuartel general de la Orden, pero Sirius ya no se encontraba allí. James los puso al tanto de la situación y salió con Peter a buscar provisiones y a prepararlo todo para su inminente desaparición. Remus se quedó a acompañar a Lily.

El cumpleaños de Harry era al día siguiente y por eso la angustia de Lily crecía. Ella aguardaba sentada frente a la chimenea. Harry se había dormido ya y Remus estaba sentado a su lado.

- “¿Qué más podemos hacer?”, exclamó Lily de pronto, retorciéndose las manos.

- “Esperar… tienen que ocultarse por el bien de Harry”.

- “Pero ¿cuánto tiempo? ¡No podemos estar escondidos indefinidamente!”, exclamó Lily con los ojos llenos de lágrimas.

Remus la abrazó y trató de confortarla, pero no se le ocurría nada que decir y se sintió egoísta e impotente por estar preocupado por sus propios problemas. Antes Lily siempre lo aconsejaba cuando discutía con Sirius, e incluso ella y James lo regañaban, pero ahora había cosas más importantes que su culpabilidad. La vida de Harry estaba en peligro y su corazón dolía por sus queridos amigos. Ningún niño se merecía ser cazado por aquellos asesinos.


*

Sirius subía y bajaba las escaleras de su casita. Sabía que Remus estaba con Lily y no se atrevía a ir para allá. Se sentía preocupado, tenía que pensar en James pero sus pensamientos estaban en unos hermosos ojos dorados. Y en Malfoy.

¿Quién sería el traidor? Ninguno de ellos tres, eso era seguro… pero entonces ¿Alice? ¿Frank? ¿Moody? ¿los Weasley? Sólo sabía que debía prepararse para realizar el encantamiento a primera hora. Él se dejaría matar por proteger a James, pero ahora estaba muy confundido… Remus había ido a ver a Malfoy… ¿ellos habrían…? ¡Tenía que averiguarlo!

Paseando como una pantera enjaulada se decidió de pronto y envió una lechuza. Luego subió a cambiarse sin algún propósito definido, no planeaba salir enseguida, pero se vistió como si fuera a hacerlo. Pantalones de cuero negro, una camisa de seda roja abierta mostrando parte de su pecho y un largo abrigo negro también.

Un batir de alas lo alertó del regreso de la lechuza y tomó el pergamino que llevaba atado, con mano trémula. Bellatrix lo citaba para darle una respuesta… lo citaba en un motel. ¿Qué más daba? Si Moony se había atrevido a traicionarlo, si lo había hecho con Malfoy, él le pagaría con la misma moneda.

Partió raudamente en Silver y se dirigió al motel. Bellatrix estaba allí, cubierta tan sólo por una bata. Tal como imaginó, su prima le confirmó sus peores sospechas, Malfoy había alardeado de su hazaña, Moony lo había traicionado.


"If you read this line,/ “si lees esta línea
remember not the hand that wrote it, /recuerda no a la mano que la escribió
Remember only the verse, / recuerda solo el verso
songmaker's cry the one without tears / el llanto del escritor, aquel sin lágrimas
For I've given this its strength / porque he dado mi fuerza
and it has become my only strength. / y ha llegado a ser mi única fuerza”


Dolor y odio sacudieron su cuerpo, trató de minimizar el hecho, haciendo como que o le importaba. “Es bueno en la cama” fue la explicación que le dio a Bellatrix cuando ella le echó en cara el comportamiento de su pareja. Y sin pensar nada más, se arrojó a los brazos de su prima, poseyéndola febrilmente contra la cama, salvaje y brutal, pero ella sólo se reía y se agitaba, disfrutando plenamente de todo aquello. Sirius terminó entre espasmos y sollozos y se apartó asqueado del cuerpo de Bellatrix. No debió hacer eso… amaba a Remus, siempre lo amaría…

Corrió a su casa y se metió en la ducha, mareado y asqueado por su debilidad. Apenas salía cuando Remus entró en el dormitorio, con el rostro pálido y angustiado.

- “¿Paddy?”

- “¿Cómo está Lily?”, preguntó para evitar que Remus viera sus ojos enrojecidos.

- “Preocupada, pero bien. ¿Cómo harán para ocultarlos?”, la pregunta fue casual, pero en ese momento sonó a oídos de Sirius como la prueba de una posible traición, ¿por qué Remus pedía esos detalles? ¿qué interés podía tener en saberlo?

- “Un hechizo”

“Comforting home, mother's lap, / hogar reconfortante, regazo de mi madre, chance for immortality /oportunidad para ser inmortal
where being wanted became / donde ser deseado se convierte
a thrill I never knew / en un reto que nunca conocí
The sweet piano writing down my life / el dulce piano escribiendo mi vida"


Quiso gritarle que lo odiaba y que no confiaba más en él, quiso golpearlo al ver su rostro sereno y triste, pero todo lo que pudo hacer fue tomarlo entre sus brazos y llenarlo de besos que Remus, confundido, correspondió tímidamente primero y luego con más ardor, mientras ambos caían sobre la cama.

Sirius le hizo el amor esa noche, poseyéndolo con el mismo deseo febril con el que había sucumbido en brazos de su prima, besándolo y haciéndolo gritar que era suyo y de nadie más y Remus lo gritó gustoso, porque así sentía que se liberaba de algún modo de las viles manos de Malfoy.

Agotado, alcanzó a susurrar su explicación sobre sus actividades de la noche anterior. “Estuve patrullando, con Peter”. Y esa fue su sentencia, Sirius mejor que nadie sabía que no era cierto.

*

Al día siguiente hicieron el hechizo y Lily, James y Harry fueron a ocultarse en un pequeño pueblo muggle, llamado Godric Hollow. Allí se harían pasar por muggles y nadie podría localizar su casa a menos que Sirius revelara dónde se encontraba.

Con una preocupación menos, Sirius volvió a su casa, pero a partir de allí, su vida durante los siguientes tres meses fue un verdadero infierno. La sombra de la traición nubló su relación con Remus, aunque nunca se atrevió a increpárselo. Había decidido que no podía separarse de su novio, lo amaba y encontraba mil motivos para su traición, desde el chantaje hasta la magia negra. Y eso porque lo único que veía en ojos de Remus era amor. No, no dudaba del amor de su Moony, pero terminó por desconfiar de él y por temer que de algún modo revelara el paradero de sus amigos. Remus sabía que habían usado el Hechizo Fidelius, no hubo modo de ocultar ese hecho, pero jamás indagó mucho más acerca de eso, confiaba plenamente en Sirius.

Y Sirius no podía evitar despertar a media noche, angustiado, contemplando a su novio dormir como si nada pasara, saliendo a patrullar intempestivamente a esa tardía hora sin que Remus le pidiera explicaciones. Eso acabaría destruyéndolos a ambos.

Además, se había acostado con su prima y eso había sido un terrible error. Sirius trataba de tranquilizar su conciencia diciéndose que era para darle su merecido a Remus, pero sabía que pudo evitarlo y no lo hizo. Y saberlo no lo ayudaba en absoluto.

Peter estaba constantemente acompañándolos, ahora que no podían ver a James demasiado seguido. El chico gordito había sido de gran ayuda aconsejándolo y escuchándolo y Sirius jamás le contó nada a James, bastantes problemas tenía ya su amigo.

Esos meses, Sirius patrullaba con Moody y Peter porque Remus viajaba a veces a buscar más partidarios en la lucha. Se veían poco y Sirius acabó por acostumbrarse a ese ritmo. Ambos trataban de aparentar normalidad, pero Remus estaba muy preocupado.

Una noche en que Sirius había salido con Arthur Weasley, Remus llamó a Peter.

- “No es el mismo, Wormtail. Algo le pasa, estoy seguro… está muy cambiado”

- “Está preocupado por James, todos lo estamos”

- “Sí, pero casi no hablamos. Al menos, no como antes… si hasta ha olvidado sus bromas pesadas…”

- “Se le pasará, Moony. Ya sabes cómo es… cuando está preocupado no hay nadie que lo soporte… creo que sólo tú lo haces”, sonrió Peter.

- “¿No será por mi? Es que siento que debo contarle, no puedo ocultarle una cosa así…”

- “Tonterías, Moony. Sólo empeorarás las cosas entre ustedes”

Remus suspiró resignado. En ese momento, Sirius entraba completamente empapado.

- “¡Sirius!”

- “Atrapamos a tres… nos atacaron. Moody mató a uno”

Remus se cubrió la boca. Le horrorizaba el empleo de esas medidas violentas y nuevamente su gesto fue malinterpretado.

- “¿Quiénes eran?”

- “Nadie que tú conozcas”

- “¿Estás bien?”

- “Lo estoy”

Peter los miró en silencio, podía percibir la tensión en el ambiente. Al menos ya no era el único que se sentía despreciado, la mirada de Remus no podía ser más elocuente.

- “Debo irme”, les dijo desapareciendo en la chimenea, pero ninguno de los dos prestó atención.

*

Esa noche, Sirius no podía dormir. Se resfriaría, eso era seguro. A pesar de la poción que Remus le preparó, se resfriaría de todos modos, había estado luchando con los mortífagos en medio de la lluvia sin intentar protegerse, como si nada más le importara. Tenía frío y el cuerpo cálido de Remus a su lado lo incitaba a hacer muchas cosas.

Pero no.

No sabía qué hacer.

En ese momento, Remus, inquieto en sueños, revivía los momentos que pasó con Lucius en la mansión, su desesperación por escapar cuando notó sus intenciones, su miedo, su culpa… se agitó dormido y sus labios se abrieron para formar el nombre del autor de su tormento.

- “Lucius”

¿Lucius? ¿Decía ese nombre en sueños? Sirius apretó los puños con rabia, ¿qué poder tenía Malfoy en su Moony para hacerlo decir su nombre en ese sueño inquieto y atormentado?

¡Sueños! Remus siempre bromeaba diciéndole que hablaba dormido.

¿Cuántas veces él mismo habría soñado con lo que pasó? ¿Cuántas veces él mismo habría susurrado angustiado el nombre de Bellatrix? ¿O su preocupación por James y Lily?

Un terrible pensamiento lo paralizó. ¿Cuántas veces él habría revelado en sueños el paradero de sus amigos?

En ese momento, Sirius decidió que no podría seguir siendo el Guardián Secreto de los Potter. No podía arriesgar a sus amigos, no confiaba ni en él mismo… ni en Remus, por más que doliera admitirlo.


*

- “Pete, no puedo seguir siendo el Guardián Secreto de James… no con Moony actuando de ese modo…”

A Peter casi se le cae la mandíbula, no podía creer en su suerte.

- “¿Yo?”

- “Quién mejor que tú, Pete. Tú adoras a Prongs, siempre fueron muy unidos… y sé que harás lo que sea por protegerlo”

- “Pero por qué tu no…”

- “Temo traicionarlo sin querer. No sé qué pensar de Moony… sé que me ama y que no dañaría a Harry jamás, pero ocurren muchas cosas que no entiendo, y no deseo que James corra ningún riesgo… he pensado también en desaparecer yo mismo, Dumbledore me ha dicho que ellos también tienen interés en mi”

- “¡Oh, Sirius! Lo siento mucho…”

- “¿Lo harás?”

- “Por supuesto”

- “Vamos entonces a casa de James, haremos ahora mismo el cambio”

*

La tarde del 30 de octubre, Sirius regresó a casa muy aliviado. James estaba protegido ya, ahora no sería la causa de que alguien pudiera sacarle la información, porque había cambiado de lugar con Peter. El pobre Wormtail estaba asustado, pero aún así se arriesgó a hacer eso por James.

Debía apresurarse, Remus necesitaría de su ayuda durante la transformación. Avanzó a tientas, la casa estaba a oscuras y se dirigió a la escalera del sótano.

- “¿Paddy?”

- “Sí”

Sirius iluminó el sótano con su varita y se estremeció al ver a Remus desnudo y encadenado a la pared.

- “Pensé que no vendrías hoy… no quería correr riesgos”

- “Oh, Moony”, exclamó Sirius cerrando la puerta de roble del sótano y atrancándola bien. “Yo estaré acompañándote, todo estará bien”

Lo soltó de las cadenas y lo abrazó como nunca, porque ahora se sentía libre de la preocupación que tenía. Porque aunque Remus hubiera dormido con Malfoy, él perdonaba, lo amaba y siempre lo amaría.

"Teach me passion for I fear it's gone / enséñame la passion porque el miedo se ha ido
Show me love, hold the lorn / muéstrame amor, abraza al solitario
So much more I wanted to give to the ones who love me / demasiado he deseado dárselo a los que me aman”


Se abrazaron en silencio esperando la salida de la luna y Remus se sintió tranquilo, como hacía mucho no se sentía. Podía ver el amor en el rostro de Sirius y supo que su novio había pasado ya por ese periodo de angustia.

- “Te amo”, alcanzó a susurrar antes de que la luna lo reclamara de nuevo.

Y Sirius tomó su forma de perro, sabiendo que a partir de ahora, todo estaría bien.


*

“I'm sorry / discúlpame
Time will tell (this bitter farewell) / el tiempo dirá (esta amarga despedida)
I live no more to / no viviré más para
shame nor me nor you / avergonzarte ni a mi ni a ti
And you... / y tú
I wish I didn't feel for you anymore..." / deseo sentir nada por ti nunca más”


Esa misma noche, mientras Moony y Padfoot contemplaban la luna, quietos y muy juntos, Wormtail se deslizaba hacia el refugio de Voldemort. Ansiaba el reconocimiento y la recompensa que le habían ofrecido.

Cuando habló sobre la profecía, su señor lo había recompensado, pero le había dicho también que obtendría mucho más si le entregaba al niño Potter y a su madre.

Obtendría a James.

Voldemort no había tenido dificultad en darse cuenta qué era lo que motivaba al patético mago. Lucius tuvo razón, bien manejado, era sumamente útil.

Pero el mismo Señor Tenebroso se sorprendió cuando un tembloroso Peter apareció al exterior de su refugio, pidiendo entrar, y le dio la noticia más fabulosa que había recibido en mucho tiempo. Sabía el paradero de los Potter.

Ahora ningún obstáculo le impediría hacerse con el poder absoluto. Mataría al niño y ascendería rápidamente a la máxima cima del poder.

- “Mañana”, había dicho el Señor Tenebroso, “mañana por la noche, Wormtail, tendrás tu recompensa”


”A lonely soul / un alma solitaria
An ocean soul / un océano en mi alma”

 


Capítulo 40: Desenlace

“In my rear view mirror the sun is going down / En mi espejo trasero el sol se está apagando
Sinking behind bridges in the road / hundiéndose detrás de puentes en el camino
And I think of all the good things / y creo que todas las cosas buenas
That we have left undone / que tenemos quedaron sin terminar
And I suffer premonitions / y tengo presentimientos
Confirm suspicions / confirmo sospechas
Of the holocaust to come. / sobre el holocausto que vendrá”

Two suns in a the sunset – Pink Floyd


La mañana del 31 de octubre, Remus despertó entre los brazos de su pareja y se encogió adolorido. Sirius lo había abrigado con una manta y le sonreía tiernamente.

- “¿Cómo estás?”

- “Ahora estoy bien”, sonrió a su vez Remus, recordando los acontecimientos de la noche anterior. Sirius lo había abrazado como antes, sin aquélla tensión que emanaba de su cuerpo, esa tensión que ahora ya no estaba más.

No quiso preguntar por qué, sólo se abrazó muy fuerte a su pareja y se dejó llevar hacia el dormitorio, donde, desnudo aún, fue depositado suavemente en la cama.

Sirius lo dejó un momento y entró al baño. Abrió la llave de la bañera y echó en el agua aceite aromático, calculó la temperatura, demasiado caliente para su gusto, pero a Remus le agradaba así. Luego volvió al dormitorio.

- “Te preparé un baño, así te relajarás y te sentirás mejor”

Remus se lo agradeció con una sonrisa e intentó ponerse de pie.

- “Espera, yo te llevo, debes estar débil aún”

Sirius se despojó de su túnica y lo tomó en brazos, conduciéndolo hacia la bañera, donde lo ayudó a acomodarse.

- “Se siente muy bien”, susurró Remus sumergiéndose. Durante la luna llena, en compañía de Padfoot, el lobo no lo lastimaba, pero el dolor en sus extremidades luego de la transformación era siempre el mismo.

Sirius se sentó al borde de la bañera, alcanzándole el shampoo.

- “¿Te ayudo?”

- “Sí”, sonrió Remus pícaramente. Se sentía cansado y adolorido, pero a la vez aliviado, como si hubiera salido de una enfermedad muy larga… y Sirius era la causa. Al verlo tranquilo, él también se calmaba. Y Moony quería jugar. “Puedes acompañarme”, exclamó tirando de la camisa de Sirius hasta hacerlo caer encima suyo.

- “¡Lobo malo!”

Las risas de ambos no tardaron en oírse. Rieron como no lo habían hecho en mucho tiempo, rieron mientras Sirius se quitaba la ropa empapada y volvía a la bañera, buscando venganza. Rieron cuando Remus soltó el cabello largo de Sirius y lo besó y sus risas se transformaron en lágrimas cuando se miraron a los ojos y ambos vieron únicamente amor.

Quizá si en ese momento hubieran confiado uno en el otro, la suerte de los Potter habría sido otra, pero incluso allí, ambos tuvieron presentes los consejos de Peter y callaron, amándose en el agua tibia, sin palabras, tan sólo con los gritos de su mutua pasión.

Continuaron amándose durante la mañana, en el tibio lecho sin querer salir. Cocinaron juntos y luego se volvieron a amar sobre la alfombra, como si sólo existieran ellos dos. Se olvidaron del mundo y cuando llegó la noche, ambos estaban agotados.

Remus se acurrucó entre las mantas, buscando el calor de su pareja. Afuera llovía…

- “Moony, ponte el pijama, te resfriarás…”

Sirius le alcanzó un pijama de franela que le recordó inevitablemente a Peter, que solía usarlos en Hogwarts. Peter, el bueno de Peter… si no fuera por él, no habría sabido nunca lo de Remus y Malfoy…

¡Peter!

¿Y si fuera él? ¿Y si Peter fuera el traidor?

Era el único que estaba cerca de Malfoy y sus amigos, que para Sirius, pese a no existir pruebas y a todo lo que decían en el Ministerio, eran todos mortífagos. Quizá le aplicaron a Peter la maldición Imperius … o podrían aplicársela en cualquier momento.

Rápidamente Sirius se puso su ropa.

- “¿Vas a salir?”

- “Tengo algo que hacer. No me esperes despierto”, la respuesta sonó un poco brusca y Remus bajó la vista. Otra vez estaba aquella mirada enloquecida en el rostro de su pareja… otra vez esa angustia en su voz.

Sirius lo besó ligeramente, seguro de volver pronto y partió, olvidando el la prisa, el espejo con el que se comunicaba con James.

*

“The wire that holds the cork / el cable que sujeta el tapón
That keeps the anger in / que contiene la rabia dentro
Gives way / se afloja
And suddenly it's day again. / y de pronto es de día nuevamente”


El animago voló hacia el refugio que Peter le había mostrado días antes, aduciendo que a él también lo perseguían. Durante el vuelo, Sirius recordó muchos incidentes, gestos, miradas y se recriminó por haber sido tan ciego, aunque en el fondo rogaba estar equivocado. Tenía que enfrentarlo y hacerlo confesar. Y, si como sospechaba, el traidor era Peter, James estaba en peligro.

Se le heló la sangre con ese pensamiento e irrumpió en la buhardilla de la casa deshabitada donde se ocultaba Peter.

Nada.

Un rápido registro le mostró un libro bajo la almohada de la vieja cama de Peter y una ojeada le bastó para que comprendiera… había allí una lista de cosas, como la lista del supermercado, y escrito con la inconfundible caligrafía de Peter, decía “Delatar a los Potter”.

El muy estúpido siempre había sido fatal para recordar las cosas importantes.

Sirius arrojó el libro y voló a Godric Hollow con el corazón en un hilo. No tenía el espejo y se maldijo en silencio, pero tardaría más si iba a buscarlo.


*

“The sun is in the east / el sol está en el este
Even though the day is done. / aún cuando el día se ha ido
Two suns in the sunset / dos soles en el ocaso
Hmmmmmmmmmm
Could be the human race is run. / quizá la raza humana está corriendo”


El momento había llegado.

Lord Voldemort se preparó, vistiéndose rigurosamente de negro. No había dicho nada a sus partidarios, él mismo sospechaba de una traición. Pero su salida no había pasado desapercibida para Severus, que estaba allí desde la noche anterior a pedido de Voldemort, para una de las acostumbradas sesiones de sexo, ésta vez con Dolohov.

Severus ató cabos. Voldemort había estado el 30 por la tarde furioso al no poder dar con el paradero de los Potter y por la noche estaba feliz y despreocupado, aguardando el siguiente día. Además, envió por Bellatrix y se encerró con ella en su aposento durante toda la noche.

No se necesitaba ser un genio para saber que alguien le había dado finalmente la información sobre el paradero de los Potter y que el 31 iría por ellos.

Severus luchó con su conciencia. Voldemort mataría a Potter. ¿No le estaba bien empleado al presumido? Y su mujer e hijo no eran mejores que él. El Señor Tenebroso tendría así la supremacía del poder y no sabía nada acerca de su papel de espía, sería tan fácil callar… Pero, Dumbledore había confiado en él. “Porque tú no eres como ellos”, ¿sería verdad? ¿podría comportarse como un ser normal y no alguien cargado de odio? ¿podría perdonar a Potter?

La noche del 31, Severus decidió que no podría cargar con la muerte de los Potter en su conciencia y le avisó a Dumbledore.


*

James trabajaba en su estudio, mientras Lily hacía dormir a Harry en el segundo piso. Era duro estar ocultos, sin poder celebrar el 31 de octubre. Harry tenía quince meses, tres de los cuales había pasado oculto junto a ellos. Era injusto y cruel para un niño y James se preguntó si sería posible que su hijo tuviera el poder que decían.

No había visto a sus amigos, sólo a Sirius y a Peter cuando el primero decidió hacer el cambio. Sirius. Su fiel amigo estaba angustiado a causa de algo y dijo que posiblemente se escondiera también él. Aunque James estaba convencido de que el problema de Sirius no tenía que ver con Voldemort, sino que se trataba de Moony. Sonrió… ellos tenían sus peleas como toda pareja, por muy enamorados que estuvieran. Él solía ser el confidente de Sirius mientras Lily lo era de Remus. Y muchas veces habían tenido que regañar a su celoso y posesivo amigo.

Los extrañaba, vaya si los echaba de menos.

Levantó la vista. De pronto, todo parecía muy silencioso y se asomó a la calle.

Nada.

Ni un movimiento, nada.

De repente, las luces de la calle comenzaron a apagarse una a una y James vio una silueta negra avanzar hacia la verja del jardón.

¡Voldemort!

Presa del pánico, corrió hacia las escaleras.

- “¡Lily! ¡Es él! ¡Él viene! ¡Coge a Harry y vete, yo lo detendré!”

- “¡James, no!”, gritó Lily aterrorizada con Harry en brazos.

- “¡Vete, Lily! ¡Él quiere a Harry! ¡Vete!”

La puerta se abrió y un aire helado penetró en la habitación. Voldemort, de pie en el umbral, sonrió cruelmente.

- “Entrégame al niño, Potter”

- “¡Nunca!”, exclamó James con furia, plantándose delante para bloquearle el paso, rogando para que Lily tuviera el tiempo suficiente para huir.

Voldemort rió con una risa estridente que parecía un graznido.

- “¡Insensato! Puedes unirte a mí si me lo entregas, pronto nadie podrá oponerse a mi poder”

Por toda respuesta, James le lanzó un “Solarium”, pero el hechizo golpeó en el pecho a Voldemort sin que pareciera afectarlo.

El Señor Tenebroso avanzó unos pasos.

- “¡Maldito asesino! ¡Deja en paz a Harry!”

Un “Destrucio” y una andanada de “Stupefy” golpearon a Voldemort en varias partes del cuerpo, pero de pronto, él alzó los brazos y puso un escudo protector, haciendo que los hechizos rebotaran.

- “Crucio”

James cayó al piso con un grito ahogado. Soltó la varita aferrándose la cabeza con ambas manos, tratando de resistir la maldición, pero Voldemort no dejaba de apuntarle, riendo cruelmente.

En un sobrehumano esfuerzo, James trató de aislar el dolor en su mente y alzó la mano para empuñar la varita, aunque sentía sus dedos destrozados y sus huesos triturándose.

- “¡Expelliarmo!”

La varita de Voldemort osciló hacia un lado, atraída por la fuerza irresistible del hechizo, pero el Señor Tenebroso saltó ágilmente y la cogió en el aire, impidiendo que cayera en manos de James.

- “Suficiente”, ladró Voldemort, “serás tú mismo el que me entregue al niño, Potter”, elevó la varita nuevamente, “¡Imperius!”

James cayó de rodillas, apenas recuperado del cruciatus, resistiéndose a la fuerza del “Imperius”, que había puesto en su cabeza la orden de traer a Harry… luchó con todas sus fuerzas, sus ojos se llenaron de lágrimas y su boca balbuceó el nombre de su hijo, de Lily y de sus queridos amigos. “Sirius, Remus, Peter”. Sintió que la fuerza cedía y levantó los ojos para encarar a su enemigo.

- “¡Peter!”, graznó Voldemort, “¡PETER PETIGREW! ¿Es que no te das cuenta, estúpido, que fue él quien me condujo aquí? ¡EL TE TRAICIONÓ, TE VENDIÓ! ¿Y sabes por qué, Potter? Por amor… ¿no es un sentimiento maravilloso?”

James retrocedió atontado con esa revelación. Era cierto, tenía que serlo, sino, ¿cómo Voldemort había descubierto su paradero? Sólo Peter lo pudo revelar… su amigo…

- “¡NOOOOO!”, gritó lanzándose con furia, aplicando un movimiento que Remus le había enseñado, logrando derribar al Señor Tenebroso. Ambos cayeron junto a la escalera, pero Voldemort se puso de pie velozmente.

- “Idiota”, dijo con desprecio a James que lo apuntaba nuevamente, lanzándole el fuego verde de San Elmo.

Voldemort bloqueó las llamas. Eso estaba durando demasiado, no debía permitir que el niño escape.

- “Avada Kedavra”, dijo llanamente, apuntando en la frente de James.

El rayo verde lo golpeó haciéndolo caer sobre los escalones, con los ojos abiertos llenos de desesperación. Un grito mitad sollozo fue el último sonido que salió de su boca. El último pensamiento de James Potter fue que había fallado al defender a su hijo.

*

“Like the moment when the brakes lock / como el momento cuando se trabaron los frenos
And you slide towards the big truck / y te deslizaste hacia el gran camión
"Oh no!" / Oh, no
"[scream] Daddy, Daddy!" / [gritaste] ¡Papito, papito!”


Lily había tratado de escapar por la ventana abierta, pero una especie de barrera le impedía salir. Aterrorizada, escuchó la lucha en el piso inferior, sabiendo que James no tenía ninguna posibilidad con un mago tan poderoso como Voldemort.

Un sollozo de le escapó cuando oyó el último grito de James, seguido de la risa cruel de su asesino y de pasos que subían la escalera.

Desesperada al no poder huir, depositó a Harry en su cunita. El niño la miraba sin entender, en esos últimos meses no entendía bien lo que ocurría, había dejado de ver a sus abuelos y a su tío Moony. Y cuando veía a su padrino, lo encontraba tenso y preocupado. Harry balbuceó algo y Lily le hizo un impaciente gesto para que guardara silencio.

Lily se puso frente a la cuna, con la varita en alto, dispuesta a defender a Harry a cualquier precio. Los pasos se detuvieron junto a la puerta de la habitación y hubo un angustiante silencio.

De pronto, la puerta se abrió y Voldemort se mostró amenazador.

- “Apártate, muchacha”

- “¡No!”, gritó Lily, “¡Nunca! ¡Déjelo, por favor, no le haga daño!”

Voldemort la estudió intensamente. Esa era la mujer que había concebido al niño capaz de destruirlo. Era bella en su desesperación y por un momento el Señor Tenebroso pensó en tenerla así, bella y desesperada, entre sus brazos. Si ella había sido capaz de concebir a ese niño con Potter, ¿qué poderes podría tener un niño cuyo padre sea el propio Señor Tenebroso?

- “Dame al niño y nada te ocurrirá”

La voz de Voldemort era inexorable y Lily pensó en su esposo muerto y en su hijo que ninguna culpa tenía. Suplicaría si era necesario, lo defendería incluso con su vida.

- “¡A Harry no, por favor! ¡A Harry no!”, dijo angustiada interponiéndose entre su atacante y el niño.

Voldemort la arrojó contra la pared y apuntó al niño, que sonreía inocente en su cunita, pensando que se trataba de una especie de juego.

- “Avada Kedavra”

Un rayo verde brotó en dirección a Harry.

- “Nooooo”, aulló Lily lanzándose sobre el rayo, bloqueándolo con su cuerpo.

Luego de los gritos, vino el silencio. Un espantoso silencio porque era el silencio de la muerte.

Lily yacía en el piso con los ojos y la boca abiertos de espanto y con una herida en el pecho. Un completo desperdicio. Amor maternal, que cosa tan patética. Voldemort comenzó a reír con todas sus fuerzas y apartó de una patada el cadáver, para encarar a Harry que había empezado a llorar quedamente.


“You stretch the frozen moments with your fear. /dilataste el momento congelado con tu miedo
And you'll never hear their voices / nunca escucharás sus voces
And you'll never see their faces / nunca verás sus rostros
You have no recourse to the law anymore. / no tienes recursos ante la ley nunca más”


La varita fue alzada nuevamente…

- “Avada Kedavra”

Harry miró sin entender el rayo verde que golpeó su frente. Pero una luz blanca lo envolvió, provocando que el rayo rebote hacia la varita que lo había arrojado.

Voldemort lanzó un aullido horrible, inhumano, y pareció encogerse sobre sí mismo, disolviéndose y estallando en una explosión mientras el único sonido además de sus gritos era el llanto de un pequeño niño.


*

Sirius sobrevoló la casa y supo al instante que algo andaba mal, parte de la segunda planta estaba derruída como si algo hubiese explotado allí dentro. Estacionó la motocicleta en el patio y entró, para encontrarse con el cadáver de su mejor amigo sobre las escaleras. Alguien había tenido la piedad de cerrarle los ojos.

- “Prongs”

Un sollozo se escapó de sus labios, pero se obligó a subir las escaleras hacia la habitación de Harry. Lily yacía allí, muerta también. Había llegado tarde… ¿Dónde estaba el niño?

- “Detente, quien quiera que seas”

Sirius volteó con la varita en alto, dispuesto a lanzar un Avada Kedavra y se encontró un cuadro que le partió el corazón.

Hagrid llevaba a Harry en brazos, y el rostro del semigigante estaba bañado en lágrimas.

- “Lily, James”, fue todo lo que dijo, con los hombros estremeciéndose de dolor.

Sirius lloró también, lloró con todas sus fuerzas, era su culpa, era su maldita culpa… debió saberlo antes, debió prevenirlo… pero fue tan estúpido. Y ahora eso.

James y Lily muertos en el piso, habían protegido a Harry con su vida. El niño se había salvado, estaba ileso y ¿Voldemort?

- “El Que No Debe Ser Nombrado se ha ido. Todo gracias a Harry”, sollozó Hagrid.

- “¿Él se ha ido?”, preguntó Sirius sin entender. “¡La profecía!”, comprendió de pronto en medio del dolor que sentía, “Harry lo hizo…, mi pequeño Harry”

Hagrid lo abrazó con sus enormes brazos, sin soltar a Harry y lo consoló lo mejor que pudo, pero Sirius sentía una desesperación que rayaba en la locura.

- “Dame a Harry, Hagrid. Soy su padrino y velaré por él”

Pero Hagrid se mantuvo firme. Tenía órdenes de Dumbledore de llevarlo donde sus tíos muggles, los Dursley. No quería mantener al niño en el Mundo Mágico hasta que todo hubiera pasado.

Finalmente, Sirius tuvo que ceder. Además, llevar a Harry le habría impedido hacer lo último que le debía a James: matar a Peter.

- “Llévaselo a Dumbledore, puedes usar a Silver. Yo ya no la necesito más”

Y Hagrid partió, sin detenerse a preguntar, aunque le partía el corazón ver la pena de Sirius.

El animago se quedó solo un instante que aprovechó para besar la frente de Lily y llevar el cuerpo de James junto a ella.

- “Los vengaré, amigos”, prometió mientras las lágrimas le nublaban la vista.

Era un fracaso, había estado ciego y por su causa ellos había muerto. No se atrevía a volver con Remus y ver el dolor en sus ojos dorados. Y ser la causa de ese dolor.

No, volvería cuando Lily y James estuvieran vengados, sólo así podría mirar el rostro de su amado Moony.

Tomó la escoba de James y partió en ella.

*

Remus dormía agitado, despertó varias veces tanteando la cama, para descubrir que su pareja aún no llegaba. Hacía frío, la noche estaba extrañamente silenciosa.

Un rayo de luz iluminó de pronto la habitación y una potente voz exclamó.

- “Sirius Black, tenemos rodeado el lugar, será mejor que te entregues”

Remus se levantó de un salto y descalzo, corrió hacia la ventana. Afuera estaba lleno de aurores.

- “No, no es él”, escuchó las voces y notó que lo apuntaban con las varitas.

- “¡Entréganos a Black!”

- “¡No está aquí!”, exclamó Remus tratando de buscar su bata, pero en un segundo estuvo rodeado de aurores. Habían roto las barreras de la entrada y subieron en tropel al dormitorio.

- “Entréganos tu varita”

Muchos de ellos habían sido sus alumnos de Duelo y ahora lo miraban amenazadoramente.

- “¿Qué pasa?”, exclamó Remus confundido.

- “Black traicionó a los Potter. Ahora están muertos y ‘El Que No Debe ser Nombrado’ ha sido destruido. Tenemos órdenes de apresar a Black”

Remus retrocedió como si lo hubieran golpeado.

- “¿Q-qué dices?”, balbuceó tratando de asimilar.

Los otros aurores comenzaron a registrar la casa y lo obligaron a salir a la calle, donde se congregaban algunas personas.

- “Es el novio de Black”, dijeron algunos, señalándolo.

- “¡No es cierto! ¡No puede serlo!”, repitió Remus temblando de frío y de dolor.

- “¿Dónde está Black?”

- “Salió hace horas”, balbuceó Remus. “¿Dónde están Lily y James?”

- “Muertos, te lo dijimos. Los mató ‘El Que No Debe Ser Nombrado’. Black era su guardián secreto, ¿no es así?”

- “Sí… ellos no pueden… no pueden…”, sollozó Remus, “¿y el bebé? ¿dónde está Harry?”

- “¿No sabes dónde está Black?”, dijo un auror, ignorando la pregunta. Era su más brillante alumno duelista, y tenía ira en la mirada, “¿lo estás ocultando?”

- “S-sirius no pudo… él nunca …”

Remus se cubrió los ojos. Estaba de pie en medio de la calle, descalzo y en pijama, mientras los aurores registraban su casa, tratando de asimilar la horrible noticia que le acababan de dar. Nadie le prestaba más atención, sólo lo habían rodeado para impedirle escapar, como si no supieran que su mundo acababa de hacerse añicos…

- “Sirius”

Un nuevo contingente de aurores apareció. Alastor Moody corrió hacia Remus.

- “¡Déjenlo!, él no tiene que ver en esto”

El viejo mago se acercó al pálido joven.

- “¿Es cierto?”, preguntó Remus con los ojos llenos de lágrimas y Moody se odió por confirmárselo. “¡Oh, no! ¡NO! Debe ser un error…”

Dumbledore apareció con los padres de Remus y Lucrecia corrió a abrazar a su hijo.

- “Mamá, Sirius no… ¡no puede ser cierto!”

- “Remus, lo siento. Lo siento mucho, hijo”

Dumbledore se acercó a Remus y le puso la mano en el hombro.

- “Harry está a salvo, pero debemos encontrar a Sirius. ¿Sabes dónde está?”. Remus negó con la cabeza, aún temblando, “Llévenselo a casa, por favor”

Lucrecia lo condujo de nuevo adentro, pero dos aurores entraron con ellos mientras Remus se cambiaba de ropa. No les dejaron sacar más que algunas prendas de vestir, dijeron que tenían que registrarlo todo y que luego le devolverían sus cosas. Remus asintió sin comprender.


“And as the windshield melts / y conforme el escudo de viento se derrite
My tears evaporate / mis lágrimas se evaporan
Leaving only charcoal to defend. / dejando solo carbon que defender
Finally I understand the feelings of the few. / finalmente entiendo los sentimientos de la minoría”

Había envejecido diez años.

- “¡Iré a buscarlo!”

- “¡Hijo, no!”

Pero Remus hizo dos rápidos movimientos y se libró de los aurores, brincando luego por la ventana, dispuesto a encontrar él mismo a Sirius y averiguar la verdad.

Otros aurores se enfrentaron a él y los redujo rápidamente, pero fue encarado por Dumbledore.

- “Hijo, esto no es trabajo tuyo. Ve con tus padres por favor”

- “Profesor…”

Y Remus fue incapaz de alzar su varita contra Dumbledore.

- “Desmaius”

El cuerpo del joven fue entregado a sus padres, que se lo llevaron a Lupin Lodge.


*

Sirius volvió al refugio de Peter, pero lo hizo tarde. Todo estaba revuelto y el cuaderno con la única prueba que tenía ya no estaba más. Se sentó en la cama tratando de ordenar sus ideas… las únicas personas que sabían que había cambiado de lugar con Peter eran los Potter. Sólo entonces se dio cuenta de lo precaria de su situación, lo estarían buscando… Moony… ¿Moony creería que era el traidor?

Sobrevoló el camino hacia su casa, oculto por la neblina londinense, más espesa a causa de un hechizo y vio aurores por todos lados. No podría acercarse a Remus y no se atrevía a hacerlo aún.

Tenía que cazar a Wormtail.

En su forma de animago volvió a la guarida de Peter y siguió su rastro agradeciendo a los hados haber optado por transformarse en perro. El rastro era débil pero logró seguirlo hacia el Londres muggle.

Era de día ya cuando lo encontró. En una calle transitada, una rata se deslizaba entre los peatones.

- “¡Muéstrate, Wormtail!”

Sirius recuperó su forma y le apuntó con la varita. Un tembloroso mago apareció, gimoteando.

- “¡Oh, Sirius!”, sollozó. Todo se le había salido de control, había sido testigo de la llegada de Sirius a Godric Hollow y de la muerte de James, y comprendió tardíamente que el Señor Tenebroso también lo había engañado a él.

- “¡Asesino! Pagarás por lo que hiciste…”

- “¡Sirius!”, chilló Peter, “Sirius, no…”, los transeúntes comenzaban a rodearlos, intrigados. “¡Cómo pudiste, Sirius! ¿Cómo pudiste hacerles eso a Lily y James?”

Sirius retrocedió. ¿De qué demonios hablaba Peter? ¿Acaso pretendía culparlo? Era una locura.

El asustado Peter sacó de pronto su varita y Sirius hizo lo mismo. Un destello rojo salió de alguna de las dos, había sido tan rápido que no se pudo determinar de dónde provenía. La calle se remeció con una gigantesca explosión que mató a los que los rodeaban, la gente corría y gritaba y en medio del humo, de pie en el centro del hoyo que se abrió en el pavimento, quedaron dos hombres.

- “¡Tú lo hiciste, Sirius Black! ¡Tú y tu arrogancia causaron la muerte de James! ¡Todo fue por tu culpa!”, chilló Peter con la voz descompuesta. “Nadie te creerá, lo sabes… ni siquiera te cree Moony. Irás a Azkaban, donde debes estar”

De pronto, Peter sacó un filoso cuchillo y se cortó un dedo. Luego se transformó en rata y desapareció por una alcantarilla. Fue tan rápido que Sirius se quedó allí, de pie, tratando de asimilar lo que había pasado.

Peter lo había engañado de nuevo, antes de que Sirius pudiera lanzar algún hechizo, el otro mago había apuntado con la varita a sus espaldas haciendo volar la calle entera… y luego había escapado. “Nadie te creerá”, volvieron a retumbar sus palabras en los oídos de Sirius y el poco dominio que le quedaba se desmoronó.

- “Wormtail, lo hiciste… el más idiota de todos, el más cobarde… lo hiciste, maldito seas, nos engañaste a todos”

El lugar comenzaba a llenarse de aurores, pero Sirius no pareció notarlo. Seguía allí, parado en medio de los escombros, con los ojos fijos en la alcantarilla. De pronto, comenzó a reírse como un loco, a reírse hasta que lágrimas asomaron de sus mejillas y continuaba riéndose cuando los aurores se lo llevaron.

Desde el aire, un joven pálido, montado en una escoba lo vio partir. Sus miradas se cruzaron por un instante y Sirius lo rehuyó. No podría mirarlo nunca más a la cara.

- “Mi Moony… mi amor”

Remus se sujetó con fuerza del palo de su escoba mientras descendía. Perdido en la multitud muggle, sollozó de nuevo. Sirius no lo había mirado… ¿eso era una señal de culpabilidad? Ahora Peter estaba muerto también y él estaba solo, los amigos que lo acompañaron por doce años ya no estarían más con él. Había perdido todo.

Su padre venía detrás de él, lo había seguido cuando, en un gesto de desesperación, Remus había cogido la escoba y salido al encuentro de Sirius apenas se enteraron de que habían descubierto su paradero. Llegaron cuando todo se había consumado y los aurores dijeron que Sirius acababa de volar la calle y que había matado a doce muggles y a Peter Pettigew. Remus trató de localizarlo entre la multitud y cuando lo hizo, fue peor. Sirius rehuyó su mirada, gesto que para Vincent hablaba de su culpabilidad. No, nunca le había gustado el chico Black para su hijo y ahora, con Remus sollozando en sus brazos, se arrepentía de no haberse opuesto a esa relación.

- “S-sirius… s-sirius”

Remus tenía el corazón destrozado. Y Vincent se preguntó si algún día podría olvidar.


“Ashes and diamonds / cenizas y diamantes
Foe and friend / enemigo y amigo
We were all equal in the end. / todos fueron iguales en el fin”

 

EPILOGO

Sirius era inocente.

Remus contempló una vez más el cielo, sonriendo esta vez al ver la brillante estrella que le recordaba a su único amor, recordando…


Recordó los difíciles años que había pasado, luego de que encerraron a Sirius sin permitirle verlo siquiera, sin permitirle preguntar si era verdad aquél horrible crimen del que lo acusaban. Porque algo dentro de Remus aún se negaba a creer, a pesar de haberlo visto en la escena de su último crimen, riendo como demente ante su hazaña. Porque Remus no podía asociar a ese hombre desquiciado con el Sirius amoroso y protector con el que había convivido por cinco años. Porque el único modo de conservar su cordura fue pensar que Sirius había enloquecido.

Con la caída de Voldemort, todos los mortífagos habían sido capturados, uno a uno. Ellos mismos, desmoralizados por la derrota de su señor, comenzaron a delatarse unos a otros para poder conseguir menores condenas. Durante las audiencias, se mencionó muchas veces el nombre de Lucius Malfoy, pero el mago se presentó sereno y seguro de sí mismo y adujo haber sido sometido con la Maldición Imperius.

Lucius se salvó de Azkaban, pero el Ministro quedó en posición incómoda y se comenzó a hablar de su reemplazo. El candidato más popular era Bartemius Crouch, pero entonces se desató el escándalo: el hijo de Crouch era mortífago y el padre no vaciló en enviarlo a Azkaban.

Remus había asistido a algunas de las audiencias, estremeciéndose al ver a los Lestrange, capturados luego de que, en un rapto de inexplicable locura, Bellatrix y Rodolphus torturasen a los Longbottom hasta casi la muerte. Alice y Frank nunca se recuperaron y fueron recluidos en San Mungo, incapaces de valerse por sí mismos.

El hospital de San Mungo era sinónimo de recuerdos dulces y amargos para Remus. Sus visitas a él habían sido frecuentes desde que no tenía a nadie que lo ayudase a controlar a Moony durante sus transformaciones. A veces tenía que pasar internado días enteros, durante los cuales visitaba a Frank y Alice y también a los niños del hospital, que pronto se convirtieron en su vida.

Apenas le importó a Remus enterarse de que Severus Snape era el espía de Dumbledore, ya no tenía caso sentir rencor. El rencor y la rabia no le devolverían a James, a Lily y a Peter. Y tampoco le devolverían a Sirius.

Sin el apoyo de sus padres no habría podido salir adelante, le costó mucho poder obtener su título de profesor, y ejercer le costó aún más. Los únicos lugares donde podía obtener trabajo eran pueblos remotos y alejados, donde no interesaba mucho que el profesor de turno de la escuelita desapareciera por varios días y donde nadie encontraba extraño que el profesor en cuestión, pidiera una cabaña con sótano y comprara frecuentemente cadenas.

Sí, habían sido tiempos muy difíciles y lo pasó peor cuando murió su padre, agobiado por las deudas y tuvo que volver a casa a acompañar a Lucrecia. Dumbledore le conseguía ocasionales trabajos, pero no le duraban más que para sobrevivir.

Había envejecido prematuramente, su cabello había encanecido y Remus se miraba al espejo con nostalgia, durante aquellos años solitarios, recordando la mano que solía despeinarle el mechón, ahora blanco, que caía sobre su frente. Sirius. Su amor, siempre sonriente y bromista. ¿Qué locura de había apoderado de su mente para llevarlo a hacer lo que hizo?

Lucrecia le pedía constantemente que saliera con alguien más, pero él no podía. Ni siquiera lo intentó, era un licántropo… y debía permanecer fiel a su pareja. La única razón por la que creía que no estaba muerto era porque Sirius tampoco lo estaba.

Sirius.

Lo que Remus jamás supo es que Sirius contemplaba la misma estrella que él veía todas las noches, recordando tiempos felices, maldiciéndose por su estupidez y por causarle daño, hasta que un día, recobró el deseo de vengarse cuando vio a los Weasley en “El Profeta” y sobre el hombro de Ron, estaba Peter.

Cuando apenas había pasado una semana del fallecimiento de su madre, Remus bebía chocolate en la cocina, tratando de pensar en cosas alegres, cuando su vieja lechuza arrojó “El Profeta” sobre la mesa.

¡Sirius había escapado!

La taza de chocolate cayó al suelo y Remus sintió revivir el antiguo dolor, tan intenso como la primera vez. Un destello dorado lo hizo retroceder. Era Dumbledore.

- “Remus, veo que ya lo sabes”, observó el anciano mirando el diario, “necesito tu ayuda”

Luego de eso, Remus se había visto en Hogwarts nuevamente, esta vez como profesor y con la tarea de proteger a Harry. Y tal como imaginó, esto había sido difícil, porque el niño era tal como James, travieso y obstinado y tenía una habilidad innata para atraer el peligro. Le había costado mucho trabajo no abrazarlo y decirle quién era, pero no pudo evitar hablarle de James… y de Sirius.

Y de pronto, una noche, descubrió que Peter estaba vivo.


Remus suspiró y cerró las cortinas y volvió a su cama. Había sido suficiente, esos recuerdos hacían daño. Llovía y en algún lugar, allí afuera, estaba Sirius.

No lo culpaba, para él fue un completo shock enterarse de la verdad, pero le dolía infinitamente que Sirius no hubiera vuelto por él, que sólo lo hubiera hecho por un deseo de venganza.

Era inocente, pero ya no lo amaba… ¿qué fue entonces esa chispa que creyó ver en sus ojos cuando se abrazaron en la Casa de los Gritos? No había vuelto a verlo, y un año más de soledad había transcurrido. Ni siquiera Kingsley Shacklebolt, el atractivo auror que trabajaba con él en el Ministerio de Magia había conseguido que Remus dejara de pensar en Sirius. Al menos tenía un trabajo casi estable, era consultor en el Ministerio y eso le permitía vivir decorosamente. Pero Sirius…

El mago pálido suspiró de nuevo y se acomodó en el lecho. Su casa era fría, los pocos muebles que le quedaban habían hecho eso. Pero no se quejaba, nunca lo hacía. Había tenido los mejores padres del mundo y también los mejores amigos. Y aún los tenía, porque muy dentro de su corazón sabía que Sirius seguía siendo su amigo.

Esa había sido su vida. Y esa su historia. La historia de cuatro niños que lo tuvieron todo, que lo disfrutaron todo al máximo con sus juegos y bromas, la historia de cuatro niños que tenían una amistad a prueba de todo. Cuatro niños que crecieron entre risas y travesuras inocentes, hasta que la adolescencia hizo surgir el amor entre dos de ellos. Y la juventud hizo surgir la traición.

Sirius y Remus eran los únicos que quedaban, los que habían cargado con toda la culpa. Y ambos habían sido incapaces de consolarse ahora que la verdad había surgido, aunque jamás supieron del enfermizo amor que Peter sintió por James. Y quizá eso fue lo mejor.

Un sonido raspante hizo que Remus se levantara de la cama y se dirigiera a la puerta. Allí, empapado por la lluvia, estaba un perro lanudo y muy grande, negro como la noche. El perro entró y cambió de forma.

- “Paddy”

- “Moony, él ha vuelto. Dumbledore desea que reunamos a la Orden del Fénix”

 


FIN

Continúa en "El anillo y la Orden del Fénix"

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