
“Never made it as a wise man
/ nunca lo hice como un hombre sabio
I couldn't cut it / no podría cortarlo
as a poor man stealing / como el robo de un hombre pobre
Tired of living like a blind man / cansado de vivir como un ciego
I'm sick of sight / estoy enfermo de ver
without a sense of feeling / sin un sentido de sentimiento
And this is how you remind me / y es así como me recuerdas
This is how you remind me / es así como me recuerdas
Of what I really am / de lo que estoy hecho realmente”
How you remind me - Nickleback
- “¡Lucius! ¿Acaso te volviste loco? ¡No puedes pelear
con Lupin!”, bramó Severus una vez que llegaron al despacho temporal
de Lucius.
- “¿Por qué no?”, preguntó el rubio con indiferencia.
- “Pues porque no. Es un estudiante y tú eres profesor temporal y…”
- “Cuando te reté a un duelo hace dos años era la misma situación y no te pareció mal”, observó el rubio.
- “¡Eso era completamente distinto!”, protestó Severus.
- “¿Ah, si? Dime la diferencia…”
- “Es Lupin. LUPIN, Lucius, un maldito Merodeador y un Gryffindor, un pobretón y un…”, Severus iba a decir “licántropo”, pero se contuvo. Aún pesaba en él la prohibición de Dumbledore.
- “¿Un?”, Lucius alzó una ceja, intrigado.
- “Un completo idiota, eso es lo que es”, espetó, “¿No recuerdas la cara que puso cuando nos sorprendió esa noche?”
- “Oh, sí. Lo recuerdo…”, dijo soñadoramente el rubio.
- “¡Esto es el colmo! Yo me voy de aquí”
Y la puerta fue azotada con violencia ante un sorprendido Lucius.
- “Sev…¿acaso estás celoso?”, se preguntó dudoso… si estaba en lo cierto… si Severus estaba celoso, entonces ¿lo querría un poquito?
Se permitió soñar con eso mientras tomaba un baño y se preparaba para la clase de Duelo con Quinto Año.
*
Esa noche, James faltó a la cena y eso era muy raro en él, pero cuando Sirius preguntó, nadie se dignó a responderle y el chico salió molesto hacia la sala común de Gryffindor.
Remus estaba silencioso y apenas opinaba en la charla sobre los Juicios Muggles que tenían Peter y Lily. Al otro lado del salón, un par de ojos negros lo miraban con furia. Severus había encontrado una razón más para detestarlo.
- “Me voy”, declaró de pronto Remus, “quiero descansar antes del duelo”
- “Sí, claro”, dijo David mirándolo preocupado, “te recogeremos con una cuchara…”
Peter le dio una patada por debajo de la mesa.
- “Remus, si deseas, podemos ir”
- “No, gracias. Eso es entre él y yo”. Y el chico pálido se alejó del comedor.
- “¿Crees que lo pueda vencer?”, preguntó Peter dudoso.
- “Venció a Snape. Yo creo que lo logrará”, dijo David con convicción, “lo que me preocupa es que no sé si Malfoy quiera sólo pelear…”
- “¿Y qué otra cosa querría ese cretino con Remus?”, preguntó Lily. De pronto, entendió y se puso muy roja. Para cambiar de tema, trató de bromear con David, “por fin se fue tu némesis, eh? Debes estar feliz...”
David sonrió. La verdad, extrañaba horrores a Campbell echándole miradas asesinas desde la mesa de profesores.
- “Pues sí…”
- “No te ves feliz”, observó Peter y David quiso matarlo. ¿Acaso era tan evidente?
- “Miren a Malfoy”, dijo cambiando de tema.
Lucius había entrado, espléndido en su túnica blanca, con el cabello atado con una cinta de raso azul, igual que sus pantalones. Todas las miradas se dirigieron hacia él, admirándolo, envidiándolo, odiándolo y deseándolo al mismo tiempo. Y Lucius, habituado a exhibirse, atravesó el salón con la gracia de un príncipe.
- “Presumido…”, dijo Lily, “espero que Remus le borre esa sonrisita de autosuficiencia que tiene”
- “James nos contará luego…”, sonrió Peter.
- “¿JAMES?”, exclamó David. Lily le tomó el brazo.
- “Shhh, James está allí hace una hora, con la capa de invisibilidad. Está registrando el lugar y quiere vigilar que nadie intente hacer trampa”
*
A las once, James estaba bien seguro de que no habría truco posible en contra de Remus. Había registrado la plataforma de Duelo dos veces, los cuadros, los espejos e incluso bajo la alfombra y sobre la araña del techo.
Le sorprendió encontrar un pasaje detrás de un cuadro y consideró ocultarse allí, pero luego lo descartó, le convenía más situarse bajo la plataforma por si Remus tenía problemas.
Se puso la capa y se ubicó allí, preparándose a esperar…
A las once con diez, se abrió suavemente la puerta y entró Sirius, vestido con el uniforme del colegio. James quiso avisarle que estaba allí, pero su amigo estaba teniendo un comportamiento tan singular que prefirió esperar.
El recién llegado inspeccionó las cortinas y los cuadros como había hecho James. Hizo algunos pases con la varita y luego hizo una mueca… caminó varias veces por el salón hasta que sus ojos se dirigieron al techo.
Sobre la araña, había un falso techo formado por una plataforma metálica sostenida por cuatro cadenas y Sirius levitó hacia allí. Era suficientemente grande como para albergarlo a él, recostado y mirando hacia abajo y también era sólida. Se acomodó sobre la plataforma y probó algunos hechizos bloqueadores. Luego, satisfecho, aguardó. James lo miraba divertido y decidió que era mejor no revelar su presencia.
El siguiente en entrar fue Severus y se fue directo hacia el pasaje del cuadro. James se alegró de no haber escogido ese escondite.
A media noche, llegó Remus. Traía bajo la túnica su malla verde oscuro y su espada. Mientras se alistaba, apareció Lucius en malla plateada.
- “Buenas noches, Lupin”, la voz de Lucius sonó provocadora, insinuante.
- “Buenas noches, Malfoy”, respondió Remus a su vez, con una voz que jamás le habían oído sus amigos… cautivadora y ¿traviesa?.
El rubio subió rápidamente a la plataforma de Duelo y Remus lo siguió sin poder evitar seguir sus destellantes movimientos a causa de la malla plateada.
- “¿Vamos a empezar o te me quedarás mirando toda la noche?”, dijo Lucius con una mano en la cintura, provocador a más no poder.
- “¡Piérdete, Malfoy!”, espetó Remus poniéndose colorado. Tenía muy poca experiencia en estos asuntos, de modo que optó por la mejor defensa y se puso agresivo con el rubio.
James levantó la vista. Arriba, en la plataforma, Sirius apretaba los dientes.
- “¡En guardia!”, dijo teatralmente Lucius apuntándolo con su varita.
Remus se puso en guardia y el duelo empezó. Los rivales se movían ágilmente, pero el chico pálido no estaba concentrado y si no hubiera sido por su natural agilidad, habría caído con el impacto de los “Stupefy” que Lucius le estaba arrojando. Sirius se asomaba peligrosamente desde arriba, con la varita en la mano, listo para intervenir.
- “¿Este es el campeón de Hogwarts?”, se mofó Lucius, “qué decepción, chiquito. Pensé que tendrías algo mejor que darme”
Remus lo miró con odio y se lanzó con la varita en alto.
- “¡Destrucio!”.
Lucius estaba preparado para el estallido que él mismo provocó y lo esquivó con agilidad felina.
- “Eres rápido, Lupin, pero no lo suficiente para mi”, se burló, rodeándolo enseguida mientras blandía su espada.
El acero chocó en el aire y ambos se quedaron galvanizados un momento, tal era la energía de los brazos que sujetaban las espadas. Ninguno cedía y las respiraciones jadeantes de los dos eran lo único que se podía escuchar. Remus hizo el primer movimiento. Retiró la espada veloz mente para saltar hacia atrás y luego impulsarse hacia delante, como le había enseñado White. Lucius fue sorprendido y se tambaleó hacia atrás, pero tomó ventaja de nuevo al lanzar un “Destrucio” que hizo caer a Remus.
La plataforma donde se hallaba Sirius se movió y la cabeza del chico apareció de nuevo arriba, pero ninguno se percató. Remus esquivó una estocada se levantó antes de recibir el siguiente “Stupefy”.
- “Protego”, alcanzó a decir y el hechizo rebotó pasando cerca de la cabeza de James.
- “Aich”
- “¿Oíste eso?”, preguntó Remus deteniéndose.
- “¿Oír qué?”, dijo el rubio de mal talante, creía que se trataba de un truco.
- “Olvídalo”, espetó Remus y ambos giraron nuevamente en su batalla, sin que ninguno cediera su espacio.
“It's not like you to say sorry / no es común en ti decir “lo
siento”
I was waiting on a different story / estaba esperando en una historia distinta
This time I'm mistaken / En este momento estoy equivocado
for handing you a heart worth breaking / por darte un corazón digno
de romperse
and I've been wrong, i've been down, / y he estado equivocado, he estado deprimido
to the bottom of every bottle / hasta el fondo de cada botella
these five words in my head / estas cinco palabras en mi cabeza
scream "are we having fun yet?" / gritan “¿aún
nos estamos divirtiendo?””
Lucius de pronto fingió tropezar y calculó que el “Stupefy” que Remus le lanzaba en ese momento, le pegara en la pierna.
- “Ahh”, gritó, cayendo al piso mientras aferraba su muslo con ambas manos.
- “¡Malfoy!”, exclamó Remus inclinándose junto a él y James quiso saltar a la plataforma de duelo, eso había sido claramente un truco… Un crujido en la plataforma del techo le indicó que Sirius había pensado lo mismo y vio llamas azules en los ojos de su amigo.
Lucius se retorcía de fingido dolor.
- “¿Estás bien?”, preguntó Remus solícito, dejando espada y varita a un lado.
- “Ayúdame…”
Remus le apartó las manos para examinarlo y Lucius hizo un rápido movimiento, invirtiendo posiciones y quedando sobre él.
- “¡Mentiroso! ¡Tramposo! ¡Cretino!”, se debatió Remus furioso por haber caído tan cándidamente en la trampa.
- “Un servidor”, sonrió Lucius apoderándose de sus labios mientras lo sujetaba firmemente, cadera contra cadera.
Remus se trató de resistir, pero sentir un bulto sobre su ya despierta erección fue demasiado y se quedó paralizado un momento.
Tres varitas apuntaban a la pareja. James preparaba un “Stupefy” para Lucius, Sirius un “Destrucio” y Severus un “Averno”, para Remus.
Pero las tres varitas casi caen cuando notaron que los brazos de Remus rodeaban al rubio y su boca correspondía el beso. Sirius lo había despreciado, ¿por qué no tomar un poco de lo que Malfoy le ofrecía?
El cuerpo del rubio era firme; sus movimientos, sensuales, y su boca lo besaba experta y deliciosamente. No eran los besos tímidos de Karen, ni el beso dulce que le había dado Sirius, ni el beso tierno y apasionado de Genévieve. Era un beso totalmente distinto, hambriento, dominante… y se sentía bien ser dominado, al menos por una vez…
- “¿Te gusta?”, preguntó el rubio ondulando deliciosamente las caderas, satisfecho de la reacción que estaba causando en el inexperto Remus.
- “Y-yo no sé”, jadeó Remus sintiendo que las manos de Lucius recorrían su pecho en prohibida e íntima caricia.
- “¿No viniste a buscar eso?”, susurró el rubio contra sus labios.
- “Y-yo no quiero”, susurró Remus, “no así…”, pidió.
- “No te arrepentirás”, prometió el rubio besándolo de nuevo.
Genévieve.
No podía, no con Malfoy. No…
- “Sirius”
Lucius se detuvo en seco.
- “¿Qué dijiste?”
- “Dije que yo no…”, Remus trató de apartarlo.
PLAF.
- “¡Maldito Malfoy! ¡Te mataré, bastardo malnacido!”
Sirius, en su afán de proteger a Remus había finalmente resbalado y caído de la plataforma.
Sobre ellos.
- “¡BLACK!”, bramó Lucius tratando de quitárselo de encima.
- “¡Sirius!”, gritó Remus totalmente sorprendido.
Los tres cuerpos se debatieron entre patadas y puñetazos.
- “¡Basta! Malfoy, levántate. Somos tres contra uno”, gritó James quitándose la capa y saltando a su vez a la plataforma.
Sirius y Remus lo miraron con asombro.
- “¿Estuviste allí todo el tiempo?”
- “Dos Slytherin contra tres malditos Gryffindor”, exclamó fríamente Severus emergiendo de su escondite con la varita en alto y las maldiciones preparadas.
Lucius se levantó y se puso al lado de Severus. James hizo lo propio con Sirius se miraron amenazadoramente, dispuestos a saltar uno encima del otro…
- “¡Basta todos! Yo no pedí que vinieran… ¡Yo no quiero que todos me cuiden! ¡NO SOY UN CRÍO, SOY UN HOMBRE!”, gritó Remus fuera de sí.
- “Moony”, Sirius quiso avanzar hacia él.
- “¡No, Sirius! ¡DEJAME EN PAZ! ¡ME ESPIASTE! ¡TE ODIO Y NO QUIERO VERTE NUNCA MÁS!”, y el chico pálido estalló en sollozos y corrió hacia la salida, dejando olvidada su varita y túnica.
Sirius trató de seguirlo, pero James lo detuvo.
- “Déjalo, Padfoot, no es el mejor momento”
Lucius rió alegremente.
- “Black, debiste decirme que era tu novio…”
Sirius no lo pensó más y le brincó al cuello mientras James tiraba de él tratando de detenerlo y Severus apuntaba sin atreverse aún a lanzar un hechizo por temor a lastimar a Lucius.
Filch, que casi fue arrojado al piso por Remus que corría como loco, irrumpió en el salón.
- “¿Qué sucede aquí?”
*
- “Señor Black, su conducta es inexcusable”, dijo Minerva Mc Gonagall, en una amplia bata de felpa, con el cabello recogido y una cofia de dormir que la hacían parecer más que nunca un viejo búho.
- “Él empezó, desgraciado Slytherin”, respondió Sirius paseándose como un león enjaulado en el despacho de la profesora.
- “¡Silencio! Él es un profesor sustituto y las normas son claras. Voy a tener que suspenderlo por una semana, y si esto se repite, el siguiente paso es la expulsión.
Sirius le lanzó una furiosa mirada.
- “Sí, claro. ¿Y a él qué le harán? No es correcto que un profesor desafíe a pelear a un alumno a media noche, eso es… es…. inmoral”, dijo Sirius sin poder evitar esa palabra cuando recordó la escena de Malfoy sobre SU Remus, manoseándolo obscenamente.
- “El señor Malfoy y el señor Snape se encuentran en este momento con el Director, quien debe decidir su situación. Respecto al señor Lupin…”
Filch abrió la puerta en ese momento.
- “Profesora, el señor Lupin no se encuentra en su habitación ni en la Sala Común”
Sirius se preocupó inmediatamente. Pensó en el Bosque Prohibido, pero optó luego por callarse. Las palabras de Remus diciéndole que lo odiaba aún sonaban en sus oídos.
- “Señor Black, puede volver a su habitación y mañana temprano volverá a Londres. Señor Filch, avise al profesor White para que nos ayude a localizar al señor Lupin”
Y sin que nadie le prestara más atención, Sirius salió de allí.
Pensó volver a su habitación, pero estar solo, sin Remus, le pareció insoportable. Le había dolido muchísimo encontrar que sus cosas ya no estaban y enterarse luego por Lily que había ido a su habitación individual de prefecto. Solo.
Sirius pateó el baúl y empacó algunas cosas. Suspendido por diez días. Pensó en lo que su madre diría, pero ahora no tenía ni eso. ¿Iría a casa de James? No le pareció justo preocupar así a los padres de su amigo, de modo que optó por lo más razonable que le dictaba su mente de adolescente. Se dirigió al almacén de escobas y tomó a su motocicleta Silver.
*
Remus sollozaba en el bosque, encogido bajo un abeto, abrazándose las rodillas.
¿Cómo había podido ser tan estúpido? Él no quería a Malfoy. Quizá se había sentido atraído, había querido vengarse de algún modo de Sirius, pero luego se dio cuenta de que no lo deseaba realmente y se disponía a decírselo a Malfoy cuando Sirius les cayó encima. Jamás se sintió tan avergonzado, ¡Sirius espiándolo! Y lo había visto todo por el modo en que insultaba a Malfoy.
Y luego, James y Snape aparecieron también. ¡Todos lo habían visto! Se sintió humillado, ¿acaso era un crío para que todos tuvieran que ver por él? Le dolía, ¿acaso sus amigos pensaban que era un desvalido cachorro que no podía cuidarse?
Los sollozos se intensificaron y no se percató de la figura que se acercaba hacia él.
- “Señor Lupin”
Remus pegó un brinco y se encontró con los ojos preocupados del profesor White.
- “P-profesor”, trató de calmarse, pero los sollozos volvieron a sacudirle los hombros.
- “Todos lo están buscando en el castillo. No debería haber venido aquí, es peligroso”
- “N-no quiero ir…”, la voz de Remus sonó desvalida y se aferró más fuerte a sus rodillas.
- “Desmaius”, dijo White y alzó al chico inconsciente transportándolo lejos de allí. El cuerpo de Remus era liviano y su rostro estaba muy pálido y ojeroso, el profesor sintió mucha lástima de él.
Unos pasos apresurados lo hicieron detenerse detrás de un sicomoro y cubrirse por un manto de niebla, para observar. Un muchacho corría por el bosque, sin molestarse en cubrir su rostro con la capucha de su túnica negra. Era Regulus Black.
Rápidamente, White depositó a Remus en el suelo y luego sacar un silbato y soplar tres veces, sin que saliera sonido alguno, dejó al chico allí y corrió detrás de Regulus.
Genévieve no tardó en aparecer y lanzó una exclamación al ver así a Remus. Lo hizo levitar y lo llevó velozmente hacia su refugio, en el límite del bosque, junto a una pequeña colina. Allí, lo recostó con suavidad y le acarició el rostro. Promero quiso despertarlo, pero lo vio tan cansado que solo le quitó los zapatos y lo cubrió con un chal.
Remus abrió los ojos al día siguiente, y parpadeó varias veces, sin saber donde se encontraba.
- “Buenos días, lobito”, le sonrió Genévieve entrando con un tazón de chocolate.
- “¡Gen!”, exclamó Remus incorporándose, “¿Dónde estamos?”, miró a su alrededor, estaba en una cabaña amplia y cómoda, “¿esta es tu casa?”
- “Así es”, sonrió ella, “está protegida por el hechizo Fidelius, por eso tú y tus amigos jamás pudieron encontrarla. ¿Cómo te sientes?”
Remus se dejó caer en la cama y le contó todo, sin reservas. Necesitaba desahogarse y quitar esa pena de su corazón. Genévieve lo escuchó comprensivamente.
- “Tus amigos te quieren mucho, Remsie”, dijo con suavidad, “quizá hicieron mal, pero si no hubieran estado allí, no habrían podido ayudarte”
- “¡Yo no quería! ¡Estaba diciéndole a Malfoy que no quería, cuando Sirius nos cayó encima!”
Genévieve sonrió muy a pesar suyo y Remus la miró molesto por un momento, pero luego cayó en la cuenta de lo graciosa que debía parecer la situación y rió también con ella.
- “Debo volver a clases”, dijo bebiendo a prisa su chocolate, una vez que sus risas se calmaron. “Muchas gracias por todo, Gen”
*
“It's not like you didn't know
that / No es como tú, no lo sabías
I said I love you and I swear I still do / dije te amo y juro que lo seguiré
haciendo
And it must have been so bad / y debe haber sido demasiado malo
Cause living with me / porque vivir conmigo
must have damn near killed you / debe haberte casi matado”
Remus se encontró con la sorpresa de que Sirius había sido suspendido por una semana y había salido de allí con Silver. Trató de interceder con la profesora Mc Gonagall, pero fue inútil. Al menos Lucius había tenido la decencia de admitir que él provocó el duelo y así no habían suspendido a Remus ni a James, pero eso no hacía que se sintiera mejor.
Y así pasó una semana. Remus pensaba en Sirius todos los días, preocupado porque no había llegado a la casa de los padres de James. Intentaron localizarlo, pero solo recibieron una lechuza que decía que estaba divirtiéndose mucho en Londres y que se alegraba de que lo hubieran suspendido.
James no le había tocado a Remus el tema de su beso con Malfoy, solo le había dicho que no quiso molestarlo y que solo trataba de ayudar. Remus lo perdonó de corazón, después de todo, lo quería muchísimo.
En cuanto a Malfoy, al parecer Dumbledore lo había llamado seriamente al orden, porque no volvió a hablarle a Remus, aunque a lo lejos se seguía dando provocadoras miradas que lo hacían enrojecer e incluso le envió un beso volado, para ira de Severus que volvía a ser su principal acompañante.
Pero el chico pálido continuaba triste, comía poco y por las noches no podía dormir pensando dónde estaría Sirius.
El único que parecía entenderlo en eso era David, que también estaba extrañando mucho a Campbell, aunque su relación era de lo más extraña. De hecho, el profesor lo besaba cuando estaban a solas, pero jamás le propuso ser pareja o algo parecido, y David simplemente había aceptado, aunque ahora estaba lleno de dudas. ¿Y si Campbell había huído por él? ¿Si estaba hastiado de tener un mocoso a su lado?
“And this is how, you remind
me / Y así es como, me recuerdas
Of what I really am / de qué soy realmente
This is how, you remind me / es así como, me recuerdas
Of what I really am / de qué soy realmente”
Una noche, luego de una cena en la que David y Remus apenas probaron bocado,
el chico escocés volvió a la habitación que compartía
con Sturgis Podmore, para leer un poco, y se quedó en el umbral, asombrado,
cuando encontró en su mesa de trabajo un enorme ramo de rosas blancas.
Lo tomó sonriendo con ternura y una pequeña tarjeta cayó de él. Estaba en blanco.
David la cogió frustado… luego recordó, ¡Tintas invisibles! Una vez estuvo conversando con Campbell sobre ellas y el profesor le enseñó una nueva fórmula. Nervioso, preparó unos hechizos y se iba a dar por vencido ya, cuando aparecieron unas letras borrosas. “En mi despacho, a las 10. Nigel”
“A mi regreso, podremos amarnos sin reserva”, le había prometido Campbell antes de irse. Con el corazón emocionado, David miró el reloj. Eran las diez menos cuarto… y en un segundo estaba en el baño duchándose para salir luego a toda prisa, con el cabello aún húmedo. Sabía que Campbell detestaba la impuntualidad.
El chico llegó a las mazmorras a las diez con cinco minutos y tocó la puerta tímidamente.
- “Pase”, se escuchó la voz seca de Campbell.
- “Buenas noches”, dijo David, un poco inseguro sobre cómo dirigirse a su profesor, que lo miraba con severidad. “Disculpa la demora”
Campbell le hizo una seña para que se acerque. David lo hizo sintiéndose un poco extraño por el frío recibimiento.
- “¿Señor?”, preguntó volviendo a pesar suyo al trato formal que tanto le había costado romper.
- “Dígame, Balfour”, respondió Campbell en tono indiferente, dejando al chico completamente confundido.
- “Recibí las flores y la tarjeta”, dijo David con aplomo, “Muchas gracias”, sonrió.
- “Ahh, eso”, prosiguió Campbell, “¿y cómo estuvo todo?”
- “Bien… creo”, dijo David, “mis amigos tuvieron algunos problemas con Malfoy y uno de ellos fue suspendido…”
- “Me refería a ti”
- “Yo estoy bien”, respondió resueltamente David, aunque sentía que las piernas se le derretían por la nada disimulada y apreciativa mirada que Campbell le estaba dando.
- “Eso veo”, continuó el profesor, “¿te bañaste a esta hora?”
David se ruborizó hasta la punta de las orejas. Debió usar ese hechizo para secarse el cabello, pero con la prisa ni siquiera lo recordó.
- “Hacía calor”, respondió muy consciente de que afuera llovía y estaba helado.
Campbell rió gratamente y lo atrajo hacia él, sentándolo en su regazo.
- “¿Es que jamás te cansarás de llevarme la contra?”, preguntó y sin esperar respuesta, se apoderó de sus labios.
David se entregó por completo al beso y se sintió por fin seguro. Había temido que Campbell no quisiera nada con él, pero ahora… ahora sentía un bulto en el pantalón del profesor y no era nada desagradable.
Campbell rompió el beso y lo miró a los ojos.
- “Es bueno volver a verte, ángel”, y por fin se permitió sonreír.
- “Te extrañé, Nigel. Te extrañé muchísimo”, dijo David echándole los brazos al cuello.
- “Pensé que nunca lo dirías”, sonrió de nuevo Campbell, viéndose otra vez joven, y volvió a besarlo hasta que ambos gimieron con anticipación. Pero Campbell rompió de nuevo el beso y se puso de pie. “Debo saber algo”
David lo miró intrigado.
- “Dime qué es”
- “Antes de partir te dije que a mi regreso podríamos amarnos sin reservas. ¿Estás dispuesto a hacerlo?”
David tragó saliva.
- “Claro que sí. Es solo que---“, se detuvo avergonzado.
- “¿Qué?”, lo apremió Campbell.
- “Es que yo no… yo nunca”, la incomodidad del chico era evidente. “Yo no sé cómo hacerlo”, finalizó de un porrazo y miró al piso.
Campbell habría reído si se hubiera tratado de otra persona, pero jamás de David.
- “Te enseñaré”, David alzó la vista, dispuesto a protestar de nuevo, “soy un maestro, ¿no es así? Déjame enseñarte…”
- “Yo…”, dudó David. Lo deseaba, pero se sentía muy tonto…, Campbell era un hombre adulto y no deseaba parecer infantil, “de acuerdo”, y se quedó allí parado.
Campbell lo tomó suavemente de la mano y lo llevó al fondo del despacho, donde había una puerta que llevaba a sus habitaciones particulares, pues él prefería vivir allí que en el pabellón de profesores.
Era una habitación amplia con una cama adoselada, cuyas cortinas estaban abiertas. La cama estaba cubierta por una manta escocesa que le recordó a David su propia cama en su castillo. Sobre la mesa de noche, estaba la gaita del profesor.
- “Ponte cómodo… en un momento estaré contigo”
Y David se quedó allí solo, sin saber qué hacer. Trató de relajarse pero era inútil, de modo que comenzó a pasear nerviosamente por la habitación. ¿A dónde habría ido Nigel? ¿Debía acostarse? ¿Quitarse la ropa? Se sintió un completo idiota cuando abrió el cajón de la mesita de noche y encontró un frasquito…
- “¿Qué haces?”, preguntó Campbell apareciendo de pronto con una amplia bata de seda azul marino.
El frasquito cayó al suelo y se hizo trizas.
- “Lo siento…”, dijo David, “reparo”, y lo recogió, pero su aceitoso contenido había manchado la alfombra, “¿era muy importante?”, preguntó pensando que serían gotas para el catarro.
- “Ya lo creo que sí”, repuso Campbell, “pero nos las apañaremos sin él”, continuó y apagó las luces, rodeando a David con sus brazos, “relájate, ángel”
David trató de hacerlo, sentía el cuerpo desnudo del profesor a través de la bata y eso lo estimuló, como también lo estimulaban los besos que Campbell le daba en el cuello y las manos que ahora se deslizaban por toda su espalda. ¿Y si su cuerpo no le gustaba a Campbell? Se tensó de nuevo.
- “Dave”, el chico se estremeció, era la primera vez que lo llamaba así, “eres lo mejor que me ha ocurrido en la vida y quiero demostrártelo. Pero no quiero obligarte si tienes miedo… quizá sea mejor dejarlo por ahora”
¿Dejarlo? No, él no quería eso de ningún modo.
- “No, por favor Nigel… yo deseo hacerlo…”, dijo usando el nombre del profesor. Era la primera vez que lo hacía, y se sentía bien.
Campbell sonrió. Su estrategia había dado resultado, él sabía que si desafiaba al chico, éste haría lo que él quisiera. Le quitó la túnica y David no opuso ninguna resistencia, recompensándolo con un gemido cuando rozó sus pezones a través de la tela de la camisa.
Lo levantó en brazos y lo llevó hacia la cama, donde lo recostó sin dejar de besarlo. Sus manos le desabotonaron la camisa y le acariciaron el pecho… David gimió una vez más y luego lo miró con los ojos ansiosos y le desató el cinturón de la bata. Campbell se quitó la bata y la arrojó lejos, quedando desnudo sobre David.
El chico lo contempló, aún un tanto avergonzado. El sexo de su profesor se erguía imponente sobre una mata de vello rojizo… Campbell le tomó la mano y la colocó sobre su erección.
- “Oh, Nigel”, gimió David tocándolo con torpeza, pero el profesor dirigió su mano enseñándole.
Pronto los dos estaban perdidos el uno en el otro y David le acarició la espalda y friccionó su cuerpo contra el suyo. Campbell desabrochó los pantalones del chico y él levantó las caderas para facilitarle la tarea. Estaban a media luz y y el cuerpo desnudo de David resplandecía a la luz de las velas.
Campbell lo tocó haciéndolo estremecer y bajó lamiendo sus pezones, por su estómago y ombligo, hasta llegar a su erección que tomó con la boca. El chico se arqueó, jamás pensó estar experimentando las sensaciones que le proporcionaba su profesor y se abandonó gimiendo con desesperación. Campbell lo atendía expertamente y pronto logró que tuviera el primer orgasmo, haciéndolo estremecer en grititos ahogados. El profesor bebió todo el líquido que tan abundantemente salió de cuerpo de David, luego, lo dejó recuperarse besándolo de nuevo, haciéndole probar su propio sabor.
David gemía bajito. Jamás imaginó que alguien pudiera hacerlo sentir así. Pero también pensó en su compañero. Se incorporó a medias.
- “¿David?”
- “Quiero hacerlo yo también”, dijo el chico y un poco tímidamente tomó la erección de Campbell en sus labios.
Un gemido profundo brotó de la garganta del profesor, que lo guiaba poco a poco. David lo saboreaba con deliberada lentitud, regocijándose de las sensaciones que le estaba proporcionando a su amante. Comenzó a dar ligeras mordidas en el glande, para luego introducirlo por completo en su boca y sacarlo de nuevo.
- “Ahh, David… detente”, pidió Campbell retirándolo suavemente. El chico se echó hacia atrás, confundido.
- “¿Lo hice mal?”
- “No, ángel mío”, susurró Campbell, “diría que aprendes demasiado rápido”, continuó besándolo, “pero no quiero que nuestra primera vez sea en tu boca. Déjame hacerte mío”
David se estremeció ante las implicancias de las palabras de Campbell y se tumbó dócilmente en la cama. El profesor elevó sus caderas y puso una almohada bajo ellas. Luego comenzó a estimularlo nuevamente, logrando una nueva erección. Pero la boca de Campbell no se detuvo allí. Su lengua continuó recorriendo la ingle del muchacho y luego bajo los testículos, para después enterrarla en el pequeño orificio que marcaba la entrada al cuerpo de David.
- “Nigel… por favor…”, suplicó David, tratando de retirarse. Se sentía extraño, pero terriblemente placentero y temió perder completamente el control.
- “¿Quieres que pare?”, preguntó Campbell retirando su lengua y mirándolo a los ojos.
- “N-no”, pidió el chico, “pero ten cuidado… por favor”
Campbell besó con ternura su erección y continuó con su tarea, introduciendo un dedo suavemente en la pequeña abertura. El chico se sobresaltó y trató de retirarse.
- “Shh, sólo será un momento… relájate”, pidió el profesor y comenzó a mover el dedo en círculos hasta que sintió que el cuerpo del muchacho se relajaba de nuevo y más gemidos brotaban de su boca.
Introdujo otro dedo y luego otro, hasta dilatar la entrada, luego los retiró con suavidad.
- “¿Nigel?”, casi sollozó David aferrándolo con ambas manos.
- “Calma—ahora lo haré, relájate que no tenemos lubricante…”
Algo rígido reemplazó los dedos y David cerró los ojos. Se sentía avasallado y esa sensación era nueva. De pronto supo que Campbell podría hacerle mucho daño si se lo proponía, estaba completamente vulnerable en sus manos. Y también comprendió para qué era el frasquito que rompió.
Pero el profesor lo hizo suavemente, adentrándose con delicadeza mientras estimulaba al chico con más caricias. Pronto estuvo dentro de él.
- “Ahh, David”, gimió el profesor y David se sintió en la gloria. Sabía que dependía de él poder llevar a su amante a la cima y eso lo hizo sentir poderoso.
Empezó a girar las caderas suavemente, buscando acostumbrarse a la invasión y encontró un punto donde sus sentidos se estimulaban al máximo. De pronto se encontró gritando sin control, tanto que Campbell lo tuvo que silenciar con besos mientras se impulsaba hacia adentro y afuera del ansioso cuerpo.
El orgasmo llegó para ambos y David lanzó un nuevo grito de éxtasis, seguido por el gemido ronco de Campbell que cayó sobre el, inundándolo de semen.
El chico miró a los ojos a su profesor.
- “Te amo, Highlander”
Era la primera vez que se lo decía y Campbell lo cubrió de besos.
- “Y yo te amo a ti, mi ángel de York”
El profesor extendió la manta sobre ambos.
- “Ven conmigo, David. Ahora jamás nos separatemos”, le prometió atrayéndolo junto a su pecho.
Ambos charlaron brevemente sobre lo que habían hecho en la semana y se quedaron dormidos, abrazados.
Eran las dos de la mañana cuando David despertó. Se incorporó a medias.
- “¿David?”, dijo Campbell con voz soñolienta. El viaje de regreso lo había cansado mucho.
- “Tengo que irme, o Sturgis se preocupará”, explicó el chico, “nos vemos mañana en clase”, susurró besándolo en los labios. El profesor volvió a cubrirse mientras David se vestía en silencio.
El chico llegó hacia la puerta y salió de la habitación para llegar al despacho. Pero apenas abrió la puerta, algo en el despacho se movió y alguien tropezó con una silla.
- “Ohh”
Remus fue a dar al suelo, golpeándose la rodilla.
- “¿Dave?”, preguntó Campbell desde el otro cuarto.
- “Sí”, dijo rápidamente el chico haciéndole señas a Remus para que no dijera nada, “tropecé… ya me voy”, y recogió su túnica, empujando al intruso fuera del despacho.
En el pasillo, caminaron apresuradamente sin decir palabra hasta que estuvieron en la Torre de Gryffindor, donde Remus se detuvo.
- “David, ¿qué hacías allí? ¿estabas con EL?”, preguntó con asombro.
- “Escúchame, Lupin”, dijo David con una voz que Remus jamás le había oído antes, “estaba con él, lo amo y él a mi. Y si se lo dices a alguien, te juro que le diré que estuviste en su despacho”
Y el chico corrió hacia su dormitorio dejando a un más que sorprendido Remus parado en medio del pasillo.
Capítulo 22: Aceptación
“There’s something / hay
algo
about the look in your eyes / en la mirada de tus ojos
Something I noticed / algo que he notado
when the light was just right / cuando la luz fue apropiada
It reminded me twice that I was alive / me recordó dos veces que estuve
vivo
And it reminded me that / y me recordó
you’re so worth the fight / que la pelea vale la pena”
Echo - Incubus
Lo primero que hizo Sirius cuando llegó a Londres esa mañana
fue dirigirse al Callejón Diagon y de allí, a Gringotts, donde
sacó parte del dinero que su tío Rodrick Black III le había
dado. Luego lo cambió por dinero muggle y partió con su pequeña
fortuna a buscar algún lugar donde alojarse. En su recorrido encontró
un hotel que le agradó, porque se parecía a los hoteles donde
se había alojado con su familia cuando su padre vivía –
cuando aún tenía una familia, pensó amargamente. Estacionó
a Silver y entró resueltamente al Ritz-Carlton para pedir una habitación.
Veinte minutos después, Sirius corría en su moto, como alma que lleva el diablo, porque no solo le habían negado una habitación, sino que le pidieron una identificación y amenazaron con llamar a las autoridades. Era inaudito, ni siquiera parecía que el dinero muggle que tenía era suficiente porque cuando colocó el fajo de billetes de cien libras, la recepcionista perdió el color del rostro.
Sirius vagó en la moto buscando otro alojamiento y fue igualmente rechazado de varios hoteles, hasta que, desanimado, llegó a Hyde Park y vio frente a un edificio alto, un letrero que decía “Se alquila departamento totalmente amoblado”. Decidió probar suerte allí como última opción antes de ir al Callejón Diagon de nuevo. Lo atendió una mujer mayor con aire poco amable y un extraño peinado hecho con tubitos, pero cuando Sirius sacó el fajo de billetes y preguntó si era suficiente para una semana, ella olvidó su malhumor y sus escrúpulos, e incluso la firma del contrato. Tomó rápidamente los billetes y ni siquiera le pidió identificación. Incluso dejó que metiera a Silver en el balcón, total, con lo que el chico greñudo había pagado, alcanzaba para seis meses de renta.
El chico cerró la puerta del departamento y comenzó a explorarlo, encontrando todo el lugar fascinante y distinto a lo que conocía. Probó los objetos muggles de la cocina, la licuadora, la refrigeradora y el microondas. Estaba familiarizado con algunos de ellos a causa del padre de James, pero se cansó rápidamente y fue al dormitorio, donde lo primero que hizo fue encender la televisión y recostarse en la cama. Casi anochecía y un comercial de Burger King le recordó que no había almorzado. Pensó ir al Caldero Chorreante, pero luego se dijo que sería más divertido comer esa comida muggle y salió resueltamente en su moto.
Frente a su departamento había un Mall y entró a curiosear. Primero, comió todas las hamburguesas que pudo. Había ido antes a lugares como ese con James y lo que más le gustaba era las escaleras mecánicas. Luego de que subió y bajó unas veinte veces, notó que una chica una lo miraba sonriente.
- “Hola”, y rompió a reír ante la sorpresa de Sirius, “disculpa, es que no sé que haces tanto en las escaleras... hace mucho rato que te veo subir y bajar. Lo siento, debo presentarme primero, soy Anne”
- “Soy Sirius”
- “¿Sirius? Es un nombre raro, ¿eres extranjero?”
- “Americano”, dijo Sirus sin vacilar, había escuchado al padre de James decir que los americanos eran los muggles más extraños que existían.
- “Oh”, dijo ella y continuó preguntándole cosas y mirándolo fascinada.
Luego de unas horas, se hicieron amigos y recorrieron todo el centro comercial, comieron helados y Sirius compró para su nueva amiga un elegante vestido de noche que ella había admirado en un escaparate y unos pendientes haciendo juego. Y luego había comprado un suéter ancho color verde. Insistió mucho en un tono especial de verde y Anne le preguntó por qué tenía que ser exactamente así.
- “Es que ese tono combina mejor con el dorado”, repuso Sirius y no le pudo sacar una palabra más.
Anne se convirtió en su guía en el Londres muggle del que solo conocía algunos lugares que James le había mostrado y que no incluían discotecas ni clubes nocturnos, pues desde su hazaña en la discoteca de la playa, Theo Potter había prohibido terminantemente a su hijo acudir a discotecas muggles. Fue allí que Sirius envió una lechuza a sus amigos diciendo que lo estaba pasando genial.
Los dos descubrieron cosas que tenían en común, porque Anne había huído de su casa y vivía en un cuartito, manteniéndose con ocasionales trabajos de medio tiempo. Sirius le dijo que podía quedarse con él por esa semana y ella aceptó encantada, pero cuando lo besó para “pagarle” el favor, él la rechazó suavemente. Era la primera vez que Sirius rechazaba una chica.
Hablaron de eso y Sirius terminó confesándole lo confundido que se sentía respecto a Remus, otro de sus amigos americanos con nombre rarísimo. Anne decidió que su nuevo amigo necesitaba salir de dudas y lo llevó a un bar gay, donde varios jóvenes se besaban sin preocuparse de nada más. Sirius estaba sorprendido, no sabía que esas cosas existían y se sintió por fin a gusto con lo que sentía.
Bailó con Anne y luego un muchacho muy atractivo lo sacó a bailar. Mientras se movían en la pista, el chico no dejaba de mirarlo, provocador, y cuando tocaron una pieza lenta, se le abrazó y pegó sus labios a los suyos. Sirius iba a devolver el beso, pero el sabor del otro chico no era el de su Moony. No, no quería besar a nadie más, no quería que el recuerdo de Remus se opacara con el beso de otro chico.
- “Lo siento”, dijo empujando al otro chico a un lado y huyendo.
Anne lo siguió y ambos volvieron en silencio al departamento. Esa noche, Sirius lloró como hacía tiempo no lo hacía y durmió abrazado del suéter verde. El resto de la semana lo pasó pensando, y cuando por fin se despidió de Anne, estaba decidido a pedirle perdón a Remus aunque fuera necesario arrojarse a sus pies.
*
Mientras tanto en Hogwarts, Remus no pudo dormir luego de que volvió con David del despacho de Campbell. Estaba absolutamente confundido, ¿no se suponía que el profesor odiaba a su amigo? Entonces, ¿qué había sido ese “Dave” que salió de la otra habitación? ¿y qué hacía David saliendo a las tres de la mañana del dormitorio de Campbell?
“Lo amo y él a mi”, le había dicho desafiante David. Y Remus, pasada su confusión, sintió envidia porque David era feliz y tenía al hombre que amaba y él estaba solo, amando como loco a Sirius, y habiendo sido despreciado del peor modo.
Era domingo y al día siguiente Sirius debía volver. Remus estaba nervioso, pero aún así, quería hablar antes con David, aunque el chico lo evitó toda la mañana y eso lo hizo sentir mal, no quería perder esa amistad, de modo que esperó a las seis de la tarde, cuando David salía de la Torre de Gryffindor en dirección a las mazmorras y lo detuvo.
- “Dave”
- “Lo siento, tengo prisa”
- “David, por favor, deseo hablar contigo”, dijo Remus poniéndose en medio.
- “No quiero tus sermones…”
- “No voy a sermonearte ni a juzgarte, Dave. Somos amigos, ¿recuerdas?”, los ojos dorados de Remus eran tan sinceros y amistosos como siempre, y también su sonrisa, “por favor… no quiero que dejemos de ser amigos por eso. No voy a criticarte, después de todo yo siento lo mismo por alguien…”
David sonrió también.
- “Vamos. Creo que te mereces una explicación”
Fueron a la habitación de prefecto de Remus y el chico escocés empezó a contarle sobre Campbell. Remus no cuestionó nada y en sus ojos había comprensión. Luego él también le abrió su corazón y le contó sobre Sirius.
- “¿Por qué no me sorprende?”, bromeó David, “ustedes siempre fueron tan unidos que me daba un poco de envidia”
- “Pero tú tienes a Campbell y Sirius no quiere nada más que mi amistad”, dijo tristemente Remus.
- “Eso es lo que dice… ¿será lo mismo que siente? Porque se comporta como si en verdad te amase”
- “No sé, David. Cuando quise comprobarlo lo encontré teniendo sexo con una chica en nuestra habitación… yo… yo ya no quiero hacer el ridículo”
- “Pero Malfoy…”
- “No estoy interesado en Malfoy”, protestó Remus. David hizo una mueca de incredulidad, “bueno, me gusta, eso no puedo negarlo, pero de allí a querer liarme con él, pues no. Además, él anda con Snape”
- “¿SNAPE?”, había franca incredulidad en el rostro de David.
- “Sí, Snape. Yo los vi en quinto año en el Salón de Duelo”, dijo Remus y le contó a David lo ocurrido.
Ambos rieron y compartieron muchas anécdotas más, pero se separaron porque eran casi las ocho, aunque se había formado entre ellos un vínculo difícil de romper.
- “¡Demonios! Nigel me esperaba a las seis y quince”, exclamó David y partió velozmente al encuentro de su amante.
Remus se quedó sonriendo. Se sentía un poco mareado y le dolía la cabeza. Otra vez no había cenado y mintió a James cuando lo vino a buscar, diciéndole que acababa de comer con los elfos domésticos. El chico se sentía miserable, la felicidad de David lo alegraba, pero no podia evitar comparar su triste situación con la del otro chico, y añoraba muchísimo a Sirius. Pero estaba decidido a no demostrarle nada, no pensaba hacer el ridículo nuevamente confesando su triste amor. No, lo guardaría para él.
No había visto a Genévieve en varios días. Ella le dijo que en ocasiones se ausentaría porque estaba ayudando en la lucha contra Voldemort, y eso también lo llenaba de inquietud y todas las mañanas tomaba temblando “El profeta” y luego suspiraba con alivio al no leer el nombre de ella entre las víctimas.
*
“My biggest fear will be the
rescue of me / mi más grande temor sera mi salvación
Strange how it turns out that way, yeah / es extraño cómo cambia
de sentido
Could you show me dear? / ¿podrías mostrarme, mi amor?
Something I’m not seeing / hay algo que no estoy viendo
Something infinitely interesting / algo infinitamente interesante
Could you show me dear? / ¿podrías mostrarme, mi amor?
Something I’m not seeing / hay algo que no estoy viendo
Something infinitely interesting / algo infinitamente interesante”
David llegó corriendo a las mazmorras. Estaba consciente de que tenía un enorme retraso, pero el recuerdo de la noche anterior lo llenó de confianza y llamó a la puerta.
No hubo respuesta.
Llamó de nuevo un poco decepcionado.
- “Pase”, dijo una fría voz desde adentro y David entró.
- “¡Hola!”, pero la sonrisa se borró de su rostro cuando vio la expresión de su profesor.
- “Llega tarde, Balfour”, dijo fríamente Campbell
David trató de aparentar normalidad, aunque las piernas le volvían a temblar. Siempre le pasaba eso cuando estaba junto a él, se sentía vulnerable.
- “Lo siento, tuve algo urgente que hacer y—“
- “¡Silencio!”, dijo secamente Campbell, “Balfour, nuestra relación no le da atribuciones especiales, ni tampoco el derecho a no cumplir con sus compromisos, tendrá detención toda la semana”
- “Pero…”
- “Y diez puntos menos para Gryffindor. Lo cité a las seis y quince para preparar los materiales de las clases de mañana y son más de las ocho”
- “Puedo hacerlo ahora mismo”, dijo conciliador David. Había esperado mucho de ese segundo encuentro y todo se estaba yendo por la borda.
- “Ya lo hice”, continuó Campbell en el mismo tono seco, “ahora, como el trabajo está concluido, su presencia no es requerida aquí”
David estaba atónito. Lo humillaba y luego lo despedía como si nada de lo que hicieron y se dijeron la noche anterior importaba. ¿A qué jugaba Campbell con él? No podía soportar que lo tratara así, simplemente no podía.
- “Yo no me iré”, declaró firmemente, pero sintiendo que sus piernas se doblaban y que las lágrimas amenazaban con fluir, “ya expliqué que tuve una urgencia, pero estoy aquí y he venido a verte. Todo el día estuve esperando por este momento y no me iré”
- “Balfour, yo no deseo oír…”
- “¡Y basta de ese trato! ¡Estamos solos! ¡Hemos dormido juntos! Ya deja de llamarme así, por favor… soy David”, pidió el muchacho al borde de las lágrimas, pero sin dejar de mirar a Campbell a los ojos con resolución.
El profesor se quedó mirándolo intensamente y el duelo de miradas se mantuvo por un rato prolongado. Una lágrima se deslizó por la mejilla del chico pero éste se mantuvo firme y con los labios tercamente apretados, sin moverse un milímetro.
- “Ahh, David, ¿hasta cuando vas a desafiarme?”, capituló Campbell en tono conciliador, ese chico lo enternecía sin remedio, “sabes que detesto la impuntualidad y que yo también ansiaba verte. ¿Qué era ese asunto tan importante que te impidió llegar a tiempo?”
- “Un amigo necesitaba hablarme”, respondió David. “¿En verdad quieres que me vaya?”
- “Quítate la ropa”, no fue una petición, fue una orden.
- “¿QUE?”
- “Que te quites la ropa. Te has retrasado, ¿verdad? Bien, no tengo tiempo que perder, Dumbledore citó a una reunión a las diez, de modo que debemos apresurarnos, ven conmigo”
Y sin más, el profesor entró en sus habitaciones particulares dejando al perplejo chico parado en medio del despacho.
David dudó un momento. Una cosa era que Campbell mismo lo desnudara en la intimidad de la habitación a media luz y otra muy distinta que él mismo lo hiciera y entrara allí desnudo. Estuvo tentado a echar a correr, pero había esperado todo el dia para encontrarse con su amante y no quería parecer un crío ante sus ojos. Sabía que Campbell lo provocaba a propósito, pero no le importó. Se quitó la ropa y un poco avergonzado entró a la habitación.
Todo estaba iluminado y le dio la impresión que las luces se dirigían a su cuerpo para mostrar cada rincón de él. Profundamente avergonzado miró al frente y avanzó resueltamente hacia Campbell, que, en bata, estaba cómodamente sentado en la cama sosteniendo una cuerda.
El profesor lo miró apreciativamente, sin ningún recato y David se sintió morir cuando su cuerpo comenzó a reaccionar ante aquella mirada.
- “Ven aquí, David”, la voz era apremiante y el chico se acercó rápidamente, tratando de no irritarlo. “Recuéstate”
David se recostó y el profesor le ató sin ningún miramiento, las muñecas a los postes de la cama.
- “¿N-nigel?”, preguntó David con un poco de temor.
- “Te debo castigar por el retraso, pequeño Gryffindor”, dijo Campbell con voz amenazadoramente seductora, “debes aprender a no hacer esperar jamás a un Slytherin”, las manos del profesor vagaron casualmente por el sexo de David pero no lo tocaron. “¿Lo volverás a hacer?”
- “N-no”, jadeó David, sin poder evitar que su erección se irguiese mientras la mirada del profesor paseaba lujuriosa por su cuerpo.
- “No ¿qué?”, preguntó Campbell severamente pellizcando un pezón.
- “N-no”, repitió David, pero la mano no dejó de pellizcarlo con un poco de rudeza, “No, p-profesor”, dijo al fin y la mano lo soltó.
- “Así está mejor”, sonrió Campbell y David suspiró aliviado, esperando que lo suelte.
Pero el profesor tenía otras intenciones.
Las yemas de sus dedos bajaron rozando la virilidad del chico hasta arrancarle gemidos de anticipación y luego de frustración al no ser tocado como él deseaba. Elevó inconscientemente las caderas, pero fue completamente ignorado.
- “David, ¿me deseas mucho?”, fue una pregunta suave, pero con un dejo de ironía en la voz.
El chico no quería ser humillado, su orgullo escocés se resistía. Tragó saliva y no respondió.
Campbell lo puso de costado y comenzó con las yemas de los dedos a recorrer su espalda hasta llegar a sus nalgas que separó. El muchacho contuvo el aliento esperando la placentera caricia, pero esta no llegó.
- “¿Me deseas?”
Otra vez la irritante pregunta. ¿Acaso Campbell jugaba al gato y al ratón? Decidió no darle gusto y apretó los labios.
Un dedo se introdujo en su cuerpo con rapidez y David pudo notar que había sido humedecido en algo aceitoso, porque de deslizó con facilidad. Pero con la misma rapidez fue retirado y le arrancó un gemidito de pérdida.
- “¿Y bien?”, preguntó Campbell poniéndose de pie como quien no quiere la cosa y dirigiéndose hacia un lado de la habitación.
- “Nigel, por favor…”; pidió David.
- “Por favor ¿qué?”
- “Nigel, ya no me humilles más…¿Qué quieres de mi? ¿Qué suplique? Lo haré si vienes a mi lado… Nigel, te amo, no quiero jugar más a este juego, por favor”
El profesor de Pociones se conmovió, lo amaba con toda su alma, pero ese temperamento suyo a veces lo sacaba de quicio… después de todo, era un York y él un Lancaster, era natural que tuvieran esos choques.
Se acercó a la cama y desató al chico, besándolo con ternura.
- “Mi ángel de York”, dijo tomándole ambas manos, “nunca más me hagas esperar así o enloqueceré”
- “No lo volveré a hacer, mi amor”, dijo David con tanta sinceridad que el profesor lo besó y deseó compensarlo de la humillación sufrida.
Una ansiosa boca exploró el rincón más sensible de David mientras dos expertas manos masajeaban su erección. El chico se dejó llevar y gimió deliciosamente cuando sintió lubricar su pequeña entrada. El profesor lo penetró con seguridad y firmeza y el chico se sintió nuevamente avasallado por la sensación excitante de vulnerabilidad. Giró sus caderas como sabía que le gustaba a Campbell y fue recompensado por un ronco gemido y más caricias sobre su erección.
Los amantes se entregaron a su mutuo placer y pronto la habitación se llenó de gemidos, hasta que Cambpell embistió una vez más en el sudoroso cuerpo de su alumno y un chorro de semen llegó hasta el pecho del joven que empezó a gritar su nombre en medio del violento orgasmo que estaba experimentando. El profesor se abandonó también e inundó al chico por completo. Luego se deslizó despacio de su cuerpo y se recostó junto a él.
- “¿Tanto me amas que toleras todo lo que te hago?”, preguntó buscando sus ojos para leer en ellos la respuesta.
- “Te amo, Nigel”, respondió David serenamente.
Campbell lo abrazó con toda su fuerza y luego lo dejó suavemente.
- “Duerme, ángel mío. No tardaré”
El profesor se metió a la ducha y luego se cambió rápidamente para ir a la reunión de Dumbledore.
*
Ese lunes por la mañana había dos noticias igualmente impactantes, que opacaron por completo el regreso de Sirius a Hogwarts.
El chico rebelde dejó sus cosas en su habitación y luego de un suspiro, al mirar la cama vacía de Remus, salió al Gran Salón, donde se topó con una gran conmoción: el poltergaist Peeves había echado del colegio a Nick Casi Decapitado y Gryffindor se había quedado sin su fantasma.
Todos comentaban esa noticia y también la otra, de gran trascendencia para el mundo mágico, pero que a los estudiantes les había causado menos impresión que lo de Peeves. Sucedía que esa mañana el Ministerio de Magia había anunciado una tregua con Tom Ryddle y el inicio de unas conversaciones que tenían por objeto reconocer el movimiento de Ryddle y otorgarle legalidad.
James, Lily y Peter saludaron efusivamente a Sirius y también lo hicieron muchas de sus admiradoras, pero la persona que él estaba buscando ni siquiera lo miró. Remus habló al oído de David y miró hacia otro lado cuando Sirius se sentó frente a él.
Sirius fue interrogado por James y se puso a dar con lujo de detalles un relato de lo mucho que se había divertido en Londres, mientras miraba a Remus con el rabillo del ojo, pero el chico pálido seguía discutiendo con David las alternativas para echar a Peeves y recuperar el fantasma de Gryffindor.
De pronto, Dumbledore apareció en el salón, flanqueado por Minerva Mc Gonagall y Marius White. Campbell venía detrás de ellos con marcadas ojeras y los tres se sentaron sin decir palabra. Un murmullo se elevó inmediatamente y Dumbledore se puso de pie.
- “Estimados estudiantes”, empezó el anciano, “hoy debo hacerles un importante anuncio”, muchos murmuraron sobre el fantasma, “Ayer por la tarde se ha firmado una tregua con Tom Marvolo Ryddle, conocido como Lord Voldemort y la guerra ha quedado suspendida mientras duren las conversaciones”
El Director siguió explicando los pormenores de la tregua mientras Peter arrojaba a un lado “El Profeta” que había estado leyendo.
- “Tonterías… estoy seguro de que Dumbledore no está de acuerdo con la tregua”, dijo el chico y James no osó contradecirlo. En asuntos de política, Peter había demostrado ser bastante agudo y perceptivo.
- “Sin embargo el Colegio continuará con sus prácticas intensivas de Duelo y Defensa contra las Artes Oscuras, como medida meramente preventiva”, finalizó el anciano, dando tácitamente la razón a Peter. “Ahora deseo comunicarles un tema de índole mucho más doméstica. Sir Nicholas Casi Decapitado ha accedido esta mañana a regresar gracias a los buenos oficios del profesor Campbell que se encargó de convencer a Peeves de no molestarlo más”
Campbell lanzó una furibunda mirada. No le gustaba ser el centro de atención y David lo miró divertido. Ahora entendía el por qué de las maldiciones que su profesor había estado buscando con tanto ahínco la noche anterior, luego de que volvió de la reunión.
Con las cosas relativamente en calma, todos se dirigieron a las aulas para empezar una nueva semana de clases.
- “Eh, Moony”, llamó Sirius a su amigo antes de entrar a la clase de Transformaciones.
- “Dime, Sirius”, dijo Remus con voz neutra pero con las rodillas vueltas gelatina de pronto. Pero mantendría su resolución de mostrarse firme y no humillarse más.
- “Moony, lo siento”, dijo sinceramente el chico rebelde, “no debí meterme en tus asuntos y yo no pienso de modo alguno que seas un crío y que no puedas defenderte… es solo que…”
- “Señor Black, tenga la bondad de entrar al aula”, pidió la profesora Mc Gonagall apareciendo de improviso y ambos chicos entraron.
Durante la clase, por primera vez la mente de Sirius vagó por derroteros que no estaban relacionados con lo que decía la profesora, y por primera vez falló al dar una respuesta. Minerva Mc Gonagall frunció el ceño. Eso era poco característico en Sirius y sintió un poco de remordimiento por haberle dado un castigo tan severo, después de todo, ella misma aplaudía que hubiera golpeado al pedante insufrible de Malfoy.
*
Remus perdonó a Sirius y comenzó a tratarlo nuevamente, pero aún lo hacía con frialdad y desconfianza y pasaba la mayor parte de su tiempo libre con Genévieve o con David.
Y Sirius, que al principio estuvo tan sumiso y tan deseoso de agradarlo, se puso mortalmente celoso del escocés y volvió a adoptar una actitud altanera para con Remus, aunque no volvió a salir con ninguna chica.
El suéter que le había comprado yacía olvidado en el baúl de Sirius, sin que éste hubiera encontrado ocasión para entregárselo a su amigo. Y en las noches era lo que le daba un poco de calor a la fría cama del solitario animago.
Afortunadamente, el ritmo de estudio no había disminuido con la tregua de la guerra y pronto se hizo patente que Dumbledore desconfiaba de la misma, casi tanto como desconfiaba del interlocutor que nombró el Ministerio, nada menos que Phobos Malfoy.
El nivelarse en las clases mantuvo a Sirius ocupado la primera semana luego de su suspensión, y las prácticas de Quidditch mantuvieron ocupadas las dos siguientes, aunque el chico acababa de descubrir que ni siquiera su deporte favorito lo hacía dejar de pensar en Remus un solo instante. Y así pasó febrero.
Y por su parte el chico pálido se mantenía firme en su resolución de no mostrarse débil ante Sirius y continuaba ignorándolo orgullosamente, aunque por dentro solo deseaba arrojarse a sus brazos… y no ser rechazado. Genévieve le había dicho que lo tomara con calma, pero el sencillamente no podía y apenas notó que Sirius miraba mal a David cuando estaba junto a él, se acercaba más al escocés y le hablaba adrede al oído, sin imaginar que estaba despertando también los celos de alguien que no tendría los escrúpulos de Sirius cuando reclamara lo que consideraba suyo.
Pero Remus ignoraba eso y seguía consumiéndose lentamente en su pena. Se había vuelto un experto en cuanto a disimular se trataba. Sonreía pero por dentro quería gritar, y fingía comer, aunque a veces corría a su dormitorio y vomitaba los alimentos. Y en las noches, luego de regresar de sus paseos, se la pasaba en vela, sentado junto a la ventana mirando al vacío. Al menos tenía la ventaja de disponer de un dormitorio y un baño individual, donde nadie se metía en su vida.
Las prácticas de Duelo lo animaban un poco porque allí estaba también Sirius, aunque no estaba en buena forma y era probable que ese año lo venciera David en las eliminatorias. Cuando James o Lily lo miraban preocupado, él simplemente sonreía y decía que todo estaba bien y que tenía que estudiar, evadiendo así la conversación.
Pero una mañana, luego de que volviera a su habitación a devolver el desayuno que apenas había tocado, alguien entró a su habitación.
Lily.
- “Remus, esto no puede seguir así. Dime qué pasa”
- “Lily, no puedes estar aquí”, replicó él, la chica estaba violando una regla a plena luz del día y con los demás prefectos rondando por allí.
- “Lo sé, y también sé que tú no puedes seguir así”, repuso ella resueltamente, “Remus no eres el mismo, yo no sé que pasó contigo y Sirius, pero desde que ustedes no son tan amigos empezaste a actuar extraño. Por favor confía en mi y déjame ayudarte”, había un interés genuino en sus ojos verdes y súplica en su mirada.
- “Lily, no tiene caso… no te preocupes, ya pasará”, dijo él tristemente sentándose en la cama.
- “No y no”, dijo ella, “vienes diciendo eso hace un mes completo, quizá más, y ya no lo soporto. Apenas comes y lo que comes lo arrojas, y tienes unas horribles ojeras ¿cómo quieres vivir así? Sabes que te quiero muchísimo y que me entristece verte consumirte sin que hagas nada para evitarlo, Remus”
Había lágrimas en los ojos de Lily mientras le hablaba. Remus se conmovió, no lo había notado, pero siempre se sintió unido a Lily y ahora lo sentía de nuevo.
- “Lily, lo que ocurre es solo cosa mía. No es culpa de nadie que yo sea así y entenderé si no quieres ser más mi amiga cuando lo sepas. El caso es que… amo a Sirius”, dijo él mirando al piso y esperando ser llamado raro y fenómeno. Pero nada de eso sucedió.
- “Eso ya lo sabemos”, repuso la chica, “pero no entendemos qué les pasó”
- “¿Ya lo saben?”, Remus no salía de su asombro.
- “Claro, tonto. Si lo llevas tatuado en la cara hace bastante tiempo”, respondió Lily riendo, “¿Creíste que no lo aprobaríamos? Remus, James y Peter son tus amigos, ellos aprobarían cualquier cosa que hagas, salvo matarte de hambre y de cansancio”
- “Yo---yo….”, dijo Remus bastante avergonzado.
- “No tienes de qué avergonzarte, Remus. Ustedes son el uno para el otro… ahora dime qué pasó”, exigió saber la chica.
Y Remus se lo contó. Le contó del beso y de la posterior humillación con las novias, hasta la vez que él fue corriendo a confesarle su amor y lo encontró con una chica… y su intención de vengarse con Lucius que había salido totalmente desastrosa. Lily aguardó en silencio, tomándole la mano mientras lo animaba a continuar.
Era la tercera persona a la que Remus abría así su corazón. Ya lo había hecho con Genévieve y con David, pero Lily tuvo una reacción muy distinta a la de sus otros amigos.
- “Sirius Black es un completo idiota, siempre lo dije”, repuso ella, “en este momento James le está dando una buena sacudida para que de una vez deje de hacer el tonto y te diga la verdad”
- “¿La verdad?”, dijo Remus confundido, por un momento el corazón se le paralizó pensando en que Sirius podría tener otra novia o incluso casarse o quizás algo peor.
- “Pues sí, él te ama y ya va siendo tiempo de que lo reconozca”, respondió Lily como si fuera la cosa más natural del mundo, “anda, vamos a clases que White no esperará”
Remus se levantó un poco mareado. Sentía un calor agradable en el corazón a causa de lo que Lily le había dicho. Sus amigos lo aceptaban como era, si tan solo lo tuviera a él sería completamente feliz. Pero no quería hacerse más ilusiones.
Salieron juntos y llegaron justo a tiempo para la clase de Duelo. White estaba de muy buen humor esa mañana y parecía ansioso de hacerlos practicar los nuevos lances que les había enseñado.
- “Señor Lupin, tenga la bondad se subir a la plataforma”, pidió el profesor, “hoy haremos una demostración del hechizo Solarium, que arroja un rayo directo al plexo solar del oponente y que puede ser bloqueado con un doble Protego”
Remus subió a la plataforma, viéndose de pronto delgado y frágil. James quiso protestar, pero recordó a su amigo gritándoles furioso que no era ningún crío y que se sabía cuidar. Además, Remus había sido campeón de Duelo por dos años consecutivos.
- “Señor Black, usted será el atacante”, continuó White, a la cuenta de tres lanzará el hechizo.
Sirius subió dudando. Esa mañana había tenido una plática con James que lo había decidido, hablaría con Moony, pero un duelo no era la mejor forma de iniciar una declaración de amor.
- “¿Estás bien, Moony?”, Remus lucía pálido y su corazón brincó de emoción ante la preocupación de Sirius, pero no daría su brazo a torcer.
- “Sí, Black”, respondió el chico pálido poniéndose en posición, “anda, arrójame ese Solarium”
Sirius dudó una vez más, pero algunos murmullos que escuchó lo decidieron. Después de todo, Remus repelía con facilidad hechizos avanzados cuando peleaba con Severus Snape y nunca había tenido accidentes. Apuntó con la varita.
- “¡Solarium!”
Un rayo naranja brotó de la varita y se dirigió directo al pecho de Remus que logró invocar un Protego, pero empezó a ver borroso y no pudo invocar el siguiente. El hechizo le impactó con fuerza y arrojó su delgado cuerpo lejos de la plataforma, completamente inconsciente.
Sirius corrió junto a él, como enloquecido, empujando a todos los que interrumpían su paso, White incluido. Tomó a Remus entre sus brazos y el profesor se arrodilló junto a él.
- “Está inconsciente por el hechizo, pero no es grave”, repuso el mago, “señor Black, llévelo de inmediato a la enfermería y ustedes, sigan con esas prácticas”
Sirius no se hizo repetir la orden y partió con Remus en brazos hacia la enfermería, seguido de James, Lily y Peter.
La señora Pomfrey los hizo pasar, pero Sirius no soltó a Remus hasta no recostarlo en una de las camas y esperó obstinadamente a que la enfermera iniciara su examen.
- “Esto es inaudito”, dijo la señora Pomfrey luego de descubrir el pecho de Remus, “señor Potter, traiga a la profesora Mc Gonagall de inmediato”
James voló a cumplir el encargo mientras la señora Pomfrey aplicaba un “Ennervate” al chico inconsciente y le hacía beber una poción. Cuando llegó la profesora Mc Gonagall, fue informada de que Remus había perdido mucho peso y a juzgar por sus ojeras padecía de insomnio. El diagnóstico fue de agotamiento y ambas pidieron hablar con Sirius, James y Peter.
- “Está muy débil”, dijo la señora Pomfrey. “Esta noche es luna llena y debemos esperar a que pase su efecto para poder cuidar de él adecuadamente. No lo dejen solo hoy, él necesitará de ustedes”
Remus despertó luego y llamó a James.
El chico salió luego de un rato e informó a Peter y a Sirius.
- “Lo siento, dice que no quiere verte, Padfoot. Peter y yo lo llevaremos a la Casa de los Gritos esta tarde”
Sirius perdió el resto de sus clases y aguardó en la puerta de la enfermería sin que nadie pudiera convencerlo de salir de alli. Hacia las seis, James y Peter fueron a buscar a Remus y lo llevaron entre los dos hacia la casa de los gritos. El chico no miró a Sirius ni una sola vez.
James lo recostó en la cama y lo ayudó a desnudarse. Remus estaba pálido y no hablaba mucho.
- “Lobito, descansa un poco. Mañana te darán algo para que mejores, pero ahora tienes que procurar no moverte para no gastar energías”
Peter simplemente se tumbó a su lado y le acarició con afecto el cabello.
Apenas salió la luna, el lobo se apoderó de Remus una vez más, pero Moony no deseaba salir al bosque. Se encogió en un rincón de la habitación y escondió el hocico con una de sus patas. Prongs y Wormtail se recostaron junto a él hasta que la puerta se abrió y Padfoot avanzó resuelto. Ciervo y perro frotaron los hocicos por un momento y luego Prongs salió de allí llevando consigo a Wormtail.
Padfoot avanzó y fue recibido por un gruñido, pero aulló bajito y con la cola entre las piernas se acercó gañendo y se tendió por fin junto a Moony. El lobo lo observó desconfiado, pero luego el familiar olor y la silenciosa presencia de Padfoot fueron aceptadas y Moony frotó su hocico con el del perro.
“There’s something about the way you move / hay algo en la forma
en que te mueves
I see your mouth in slow motion / veo moverse lentamente tu boca
when you sing / cuando cantas
Like suddenly something / como si de pronto algo
someone contrives / o alguien discurriera
Your movements echo / tus movimientos hacen eco
that I have seen the real thing / de que he visto el asunto real”
Al alba un joven de largos cabellos negros tomó entre sus brazos a
un chico desnudo y pálido encogido de dolor luego de la transformación,
y lo llevó con sumo cuidado hacia la cama, donde lo cubrió con
una abrigadora manta.
El joven pálido abrió un poco los ojos.
- “Buenos días”, dijo Sirius con ternura.
- “¿S-sirius? No…”, protestó Remus, “déjame…”
- “Moony, perdóname”, empezó Sirius con lágrimas en los ojos. Remus lo miró confundido, “lo siento mucho, es mi culpa que estés así y yo ya no lo soporto, Moony. Solo quiero que seas feliz y que te sientas bien”
- “Es que…”
Pero Sirius no lo dejó continuar, porque cubrió su boca con un beso.
- “N-no”, protestó Remus empujándolo débilmente.
- “¿Remus? Es que yo…”
- “No, no por lástima”, dijo Remus sin poder evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas.
- “¿Lástima?”, se preguntó perplejo Sirius, de pronto entendió, “no, lobito. Soy el idiota más grande del mundo, y me merezco que me golpees si quieres. Yo te amo, Moony, TE AMO”, repitió Sirius mirándolo a los ojos, “te amo como jamás he amado a nadie y quiero hacerte feliz, pero soy un cobarde y tuve miedo de reconocer lo que siento. Remus, por favor perdóname”, dos lágrimas se deslizaron por las mejillas de Sirius.
- “¿Tú me amas?”, Remus estaba incrédulo.
- “Con toda el alma, lobito”, fue la segura respuesta y Sirius no esperó más para volver a besarlo. Había ansiado tanto ese momento… y esta vez no fue rechazado.
Se besaron tiernamente, ambos llorando y se prometieron amarse sin importar lo difícil que fuera. Sin importarles lo que tuvieran que enfrentar, se prometieron estar juntos y Sirius lo ayudó a vestirse para tomarlo en brazos de nuevo y llevarlo a su habitación.
- “Paddy, mis cosas…”, protestó Remus.
- “Están aquí desde ayer”, explicó Sirius, “no volverás a dejarme solo, Moony, ahora cuidaré de ti en serio”
Sirius lo ayudó a ponerse el pijama y lo acostó en la cama que antes compartían. Una taza de chocolate preparada con todo el amor del mundo fue el desayuno de Remus, acompañada con bizcochos que Sirius había pedido a los elfos domésticos. El chico pálido comía y reía sin poderlo creer aún, pero la alegría en los ojos azules de su amor y los besos que le daba mientras bebía el chocolate lo convencieron poco a poco de que no se trataba de un sueño. Y Remus se quedó dormido en los brazos de su ahora novio, con toda la confianza del mundo en un futuro feliz.
Capítulo 23: Nuevo descubrimiento
“Keys cut, three for the price
of one. / Llaves rotas, tres por el precio de uno
Nothing's free but guaranteed / nada es gratis pero está garantizado
for a lifetime's use / para usar toda la vida
I've changed the locks / he cambiado las cerraduras
and you can't have one / y no puedes tener una
You, you know the other two / tú, tú sabes las otras dos”
Star me kitten - R.E.M.
Remus se acurrucó con pereza. Se sentía muy débil y con
el cuerpo adolorido por la transformación y tenía hambre, pero
se estaba tan a gusto junto a Sirius que no quiso levantarse. No sabía
qé hora era, había perdido la noción del tiempo al quedarse
dormido.
- “¿Moony?”, preguntó cariñosamente Sirius al notar que se movía un poco.
- “Hola”, sonrió Remus y Sirius le besó la punta de la nariz. Se sentía tan feliz que había perdonado todo el sufrimiento que Sirius le causó.
De pronto, un sonido proveniente del estómago de Remus les indicó claramente que éste llevaba mucho tiempo sin comer.
Al instante, Sirius se levantó y sacó un par de sandwiches que le estaba guardando y se los alcanzó.
- “¿Te preparo un té? ¿O prefieres más chocolate?”, preguntó solícito acomodando las almohadas de Remus.
- “Un té está bien”, respondió Remus.
- “De acuerdo. ¿Deseas algo más? ¿Te traigo algún dulce? Los elfos domésticos deben tener muchos….”, dijo Sirius acercándose de nuevo a acomodar las mantas de la cama. “¿estás cómodo así? Si quieres puedo pedirle a Peter su almohadón de plumas…”
- “Sirius”
- “Y si quieres, también puedo pedirle a Lily la manta que le tejió su abuela, dice que es abrigadora y…”
- “¡Basta, Paddy!”, exclamó Remus, “no tienes que hacer todo eso…”, agregó con dulzura al ver el rostro decepcionado de Sirius, “anda, ven aquí”
Sirius se sentó a su lado y aceptó un trozo de pan.
- “No tienes que hacer tantas cosas por mi… yo estaré bien ahora que estás conmigo”, susurró Remus acariciándole la mejilla.
Los ojos de Sirius se humedecieron un momento.
- “Lo siento, Moony… es que me porté muy mal contigo, fui un completo idiota y…”
La mano de Remus se posó en su boca.
- “En lo de idiota estoy de acuerdo”, dijo traviesamente, “pero en verdad, no necesitas hacer todo eso… y creo que deberías estar en clases”, Sirius hizo una mueca de decepción, “pero me alegra que estés aquí”… y los labios de Remus se unieron a los suyos.
Se besaron tierna y ansiosamente por un largo momento y de pronto Sirius rompió el beso y corrió a su baúl, para tomar un suéter verde que le entregó a su novio.
- “¡Sirius!”. Remus estaba sorprendido... “¿Es para mi?”, preguntó tímidamente.
- “Claro”, sonrió Sirius, “el verde te queda precioso… anda, pruébatelo”
Remus se lo puso mientras reía feliz, y no paraba de hacer preguntas, como de dónde lo había sacado y por qué lo compró …
- “¿Entonces pensaste en mi cuando fuiste a Londres?”
- “Cada minuto”, respondió Sirius y cayeron suavemente a la cama, besándose de nuevo…
De pronto, la puerta se abrió.
- “¡Moony!”
Lily, James y Peter irrumpieron al terminar sus clases matutinas.
Los dos se separaron avergonzados, pero pronto sus amigos los rodearon y Lily los felicitó. No tardaron en oírse las risas acostumbradas, que fueron acalladas por la repentina aparición de la Señora Pomfrey y la profesora Mc Gonagall que venía a ver cómo seguía Remus.
*
La espalda desnuda de David era recorrida lentamente por las yemas de los dedos de Campbell. Habían hecho el amor por casi una hora y el muchacho yacía exhausto en brazos de su profesor. Se sentía feliz, había pasado una semana desde el regreso de Sirius a la escuela y Remus le había confiado que eran pareja, claro que solo unos pocos lo sabían, pero el chico pálido se veía muy dichoso también y eso alegraba a David.
Pero sentía a veces la brecha que lo separaba de su pareja. Campbell era un profesor y era un Slytherin; y eso hacía que hubiera muchas cosas que David no le pudiera contar. Guardó celosamente el secreto de Sirius y Remus, por quienes además, su profesor parecía no sentir ningún afecto. Aunque los afectos de Campbell eran difíciles de determinar a ciencia cierta.
La tregua de Voldemort, que muchos no habían creído posible, era un hecho… la mesa de diálogo con el Ministerio de Magia se había abierto y Dumbledore era uno de los interlocutores, pero el director se mantenía alerta, él aún desconfiaba de la tregua, aunque ya no todos le daban la razón, porque los ataques de los mortífagos habían cesado.
David aún quería ser auror y vengar a sus padres. Odiaba a Voldemort y a los mortífagos y cada vez que alguien los mencionaba, sus ojos ardían de furia y su dulce rostro se endurecía. Campbell jamás tocaba esos temas con él, como si quisiera evitarle pasar un mal rato… de hecho, el profesor jamás había dicho claramente si estaba a favor de la tregua o apoyaba a Dumbledore, simplemente mantenía un obstinado silencio y decía que le pagaban para enseñar, no para opinar.
- “¿En qué piensas, Dave?”, preguntó cariñosamente Campbell depositando un suave beso en la espalda desnuda del chico. Era el medio día del sábado y todos los demás habían ido a Hogsmeade ahora que las visitas eran de nuevo seguras.
- “Quiero despertar a tu lado cada mañana”, susurró David volteando para refugiarse en sus brazos, “no quiero tener que volver a mi habitación cada noche que estamos juntos…”
Campbell sonrió, él pensaba exactamente lo mismo. Desde que habían iniciado su relación, todas las noches un ramo de rosas blancas aparecía en la habitación que David compartía con Sturgis, que finalmente había descubierto el secreto, pero su amistad hacia el escocés hizo que guardara silencio, aunque era notorio que lo desaprobaba profundamente.
- “Él sólo te está usando. Es un Slytherin, ¿recuerdas?”, le había dicho ácidamente una noche. “No quiero que te dañe, estaré pendiente de lo que haga y si no llegas a dormir, tendré que decirle a Mc Gonagall”
Eso había sido chantaje, pero David en el fondo sabía que Sturgis lo hacía por que le interesaba su bienestar… después de todo, Campbell era el profesor más odiado de Hogwarts y no podía culpar a su amigo por desconfiar de él… si tan sólo lo conocieran como David lo había hecho… Campbell podía ser el hombre más temible pero también el más tierno.
David no le dijo nada a Campbell sobre el chantaje, únicamente se iba por las noches, diciendo que no quería preocupar a Sturgis y el profesor lo dejaba estar, sin querer interferir realmente en la vida del chico.
Pero ahora David le decía que quería despertar con él…
- “Dave… podemos hacerlo”, susurró, “hay un modo pero…”, calló inseguro, quizás era demasiado pronto.
- “Dímelo”, pidió David, “si hay alguna manera de que estemos juntos, quiero intentarlo”
Y Campbell se lo dijo. Le dijo lo que había planeado inconscientemente hacía mucho, sin atreverse aún a confiárselo pensando que el chico no lo querría lo suficiente. Huirían de Hogwarts los primeros días de abril, cuando las conversaciones de la tregua llegaran a su fin.
- “Dave, no tienes que hacerlo si no quieres. Esto implica que dejarías tus estudios y también la oportunidad de ser auror. Es una decisión difícil, pero si estás dispuesto, iremos a Escocia y nada podrá separarnos”
David abrió mucho los ojos. Jamás se hubiera imaginado semejante proposición del profesor más serio de Hogwarts. Su corazón saltó de alegría. ¿En verdad Campbell lo dejaría todo por él? ¿En verdad lo amaba tanto?
Se le abrazó con fuerza. Por Campbell dejaría todo, podría prepararse con él, después de todo, era el mejor profesor de Hogwarts para David… podría convencerlo de ayudarlo a vengar a sus padres, y si estaba con Campbell no necesitaría nada más…
- “Iré contigo, Highlander”, dijo solemnemente y sellaron su pacto con un beso.
*
Peter meditaba en su cama. No había querido ir a Hogsmeade esa mañana de sábado. Sabía que sobraba, a pesar de la amable invitación de Remus y Lily, simplemente no podía soportar ver a sus amigos con sus parejas y saber que él estaba solo.
Sentía envidia, y se sentía mezquino por ello, pero envidiaba cada vez que James abrazaba a Lily o la tomaba de la mano, y envidiaba la alegría en los ojos verdes de ella cuando miraba a James. Incluso envidiaba a Remus cuando reclinaba la cabeza en el hombro de Sirius fingiendo cansancio y cuando éste le revolvía el cabello haciéndolo enfurecer… y luego se besaban.
Se sentía incómodo. Incomodísimo… y no porque desaprobara lo que Sirius y Remus hacían, ellos eran tan unidos que Peter sabía tácitamente que algún día acabarían juntos…. Lo que le molestaba era estar al margen, no tener a nadie a su lado. Estar solo.
Porque se sentía solo a pesar de estar rodeado de sus amigos.
David a veces estaba con ellos, pero no parecía sentir la menor incomodidad, como si él también supiera lo que era estar con alguien… Aunque, según sabía Peter, el escocés estaba solo también.
El chico gordito se agachó con dificultad y buscó bajo su cama. Luego de un momento, emergió con la cara muy roja y el Mapa del Merodeador en las manos. Sirius y James no lo habían llevado esa vez y no lo usaban mucho desde que lograron hechizar unos espejos que les servían de comunicadores. Y tampoco vagaban mucho por el castillo, ahora se entretenían en citas dobles para ir a “Las tres escobas” o Honeydukes… e incluso a la Torre de Astronomía para mirar las estrellas.
Peter se vistió lentamente. En realidad no deseaba salir, pero le parecía deprimente pasarse el día en la cama. ¿Qué haría? Metió el mapa en el bolsillo de su túnica y tomó su forma de rata para pasearse por el castillo sin temor de encontrar a Filch. Corrió por los corredores y salió de la Torre de Gryffindor sin dificultad…
Sin saber por qué, se dirigió a las mazmorras. Hacía un tiempo había descubierto un pequeño túnel que le permitía llegar al mismo nido de las serpientes de Slytherin sin tener que usar la contraseña. Ese secreto no lo había compartido con sus amigos, lo guardaba celosamente para sí, justificándose con que, de saberlo, igualmente no habrían podido pasar, ser pequeño tenía sus ventajas.
Una vez dentro, se sintió poderoso… pensó divertido que si el formidable profesor Campbell lo viera allí, seguramente lo estrangularía con sus propias manos… pero… el profe no estaba, seguro se habría ido a Hogsmeade con los demás.
Mejor estar seguro.
Peter recobró su forma humana para consultar el Mapa del Merodeador. La Sala Común de Slytherin estaba vacía… también lo estaban los dormitorios… el despacho de Campbell… su dormitorio… ¡Un momento! Su dormitorio no estaba vacío… dos puntitos se movían en el mapa… dos puntitos juntos.
Campbell y David.
Peter se quedó helado mirando el mapa… ¿David? ¿DAVID? No, no podía ser que David Balfour anduviera con Campbell... si hubiera sido otro mapa, habría pensado que estaba descompuesto, pero era el Mapa del Merodeador, en cuya fabricación él mismo había participado.
Sobrecogido por la inmensidad de lo que acababa de descubrir, se escurrió rápidamente por el pequeño túnel y recobró su forma humana solamente para volver a constatar en el mapa que lo que estaba ocurriendo en el dormitorio del profesor era real…
- “¡Pettigrew no ha ido a Hogsmeade! ¡Pettigrew no ha ido a Hogsmeade!”, gritó una voz burlona.
Peeves.
El poltergaist se había vuelto una molestia desde que apareció en Hogwarts. Se burlaba de los estudiantes, abría los casilleros, les arrojaba cosas… sólo Sirius, James y Remus solían mantenerlo a raya con veloces hechizos, pero Peter jamás lograba reaccionar a tiempo, como ahora.
Escondió nerviosamente el mapa detrás de su espalda.
- “¡Pettigrew tiene algo interesante!”, gritó Peeves flotando en el aire y dirigiéndose hacia la espalda de Peter. El chico giró.
- “¡Chico malo!”, chilló Peeves y voló en círculos mientras Peter giraba frenéticamente…
De pronto, Filch irrumpió en el lugar y Peeves se detuvo, pero Peter seguía girando.
- “¡Pettigrew!”
El chico se detuvo en seco y cayó al suelo pesadamente, de panza y con el mapa bien sujeto a su espalda. Filch lo tomó. Peter sudó frío, si Filch lo descubría, no quería ni pensar lo que iba ocurrir. Mientras tanto, Peeves hacía cabriolas en el aire y reía como loco.
Filch examinó el mapa con cuidado. Para él era sólo un pergamino en blanco… el chico gordito suspiró aliviado, bendiciendo la idea que tuvo Sirius algunos meses atrás, cuando hechizó el mapa poniéndole conjuros protectores para emergencias como esa. Y resistió estoicamente el interrogatorio del conserje, que no habiendo hallado evidencia alguna de uso indebido de magia, no tuvo más remedio que dejarlo ir, pero igualmente confiscó el pergamino y lo puso en su despacho, junto a los objetos altamente peligrosos. Luego, lo olvidó por completo.
*
- “¡Peter, pedazo de idiota!”, bramó Sirius sacudiéndolo violentamente cuando se enteró de lo ocurrido con el mapa.
- “Déjalo, Sirius”, trató de calmarlo James, “no fue su culpa, ya sabes… Peeves…”
- “¡No! Si estuviera más atento a las clases de DCAO sabría cómo espantar a Peeves…”, exclamó Sirius sin soltar al asustado Peter, acorralado contra la pared de su habitación. “¡Eres un inútil! No mereces ser un merodeador…”, dijo furioso y continuó sacudiéndolo hasta que una firme mano le cogió con fuerza el hombro.
- “¡Basta, Padfoot!”, Remus estaba molesto también, “Peter no tuvo la culpa de que Peeves hiciera semejante escándalo… y ya sabes cómo se pone Filch. Somos amigos, ¿recuerdas? Y prometimos estar juntos y protegernos siempre. Anda, suéltalo ya”
Sirius lo sacudió un poco más, en realidad le habría retorcido el cuello con mucho gusto… ¿Es que nadie recordaba el trabajo que les costó hacer el mapa? Pero Moony le había pedido que lo suelte y allí estaba, mirándolo con ojos disgustados. Lentamente soltó a Peter y salió de la estancia azotando la puerta.
Peter se deslizó en hacia el suelo, sollozando y temblando como un flan. No lo diría a nadie, pero desde ese día, algo se rompió en él, y supo que su amistad con Sirius Black jamás sería la misma. Remus y James lo confortaron lo mejor que pudieron e incluso Lily intervino para animarlo un poco, una vez que James le explicó sobre el mapa, pero Peter dejó de hablar con Sirius por un buen tiempo y se consoló con el secreto que había descubierto… ese día el pequeño Wormtail había descubierto una nueva faceta de su carácter que lo asustaba, pero terminaría por aceptarla.
*
- “Él está muy raro, Gen”, explicó Remus a su amiga. Luego de unos días del incidente del mapa, él y Sirius tomaban el té en la pequeña cabaña de Genévieve.
- “Él es un idiota”, declaró categóricamente Sirius.
Genévieve se sentó, pensativa, mientras servía los pasteles con chispas de chocolate que tanto le gustaban a Remus.
- “Creo que es difícil para su amigo estar solo”, explicó ella, “intenta ponerte en su lugar, Sirius. Él los ve juntos y ve a James con Lily… ¿no creen que también quiere tener novia?”
- “¿Wormtail?”, Sirius tenía tal expresión de incredulidad que era evidente que no había pensado en eso.
- “Sí”, dijo Remus muy serio, pateándolo por debajo de la mesa, “Peter necesita a alguien que se ocupe de él”
- “Pero… ¿Wormtail?”, Sirius seguía dudando.
Genévieve rió divertida. A ella también le costaba imaginarse a Peter con alguien del colegio.
- “Estuvo escribiéndole a una chica que conoció en el verano, ¿recuerdas?”, insistió Remus, “y creo que a ella le gustaba”
Sirius suspiró…
- “Yo no sé… era una muggle, ya sabes”.
Finalmente Sirius fue convencido de tratar de conseguirle una cita a Peter y la conversación se desvió hacia temas del Mundo Mágico.
- “El profesor Dumbledore no cree en la tregua y tampoco el profesor White”, comentó Remus mientras se servía más chocolate.
- “White es un cretino”, declaró Sirius.
Remus le dirigió una seria mirada.
- “Sirius, no te lo dije antes, pero la noche que me expulsaron el profesor White me encontró en el bosque y le avisó a Gen para que me trajera aquí”
- “¿En serio?”, Sirius estaba incrédulo, “¿lo conoces?”
- “Un poco”, respondió Genévieve. “Marius White es una buena persona, Sirius… no entiendo por qué tienes esa fijación con él”
Sirius calló. No iba a reconcer delante de Remus que se moría de celos por el aprecio que su novio parecía sentir por el profesor. Cambió de tema para traer a colación las actividades de los mortífagos.
- “Parece que han cesado por completo”, dijo pensativa Genévieve…, “sin embargo… Sirius, tu hermano ha estado acudiendo al bosque, pero no he podido descubrir hacia donde se dirige. Es como si de pronto se lo tragara la tierra, pero no hay señal alguna de magia…”
- “¿Regulus?”, Sirius lo pensó un momento, “intentaré hablarle a Bellatrix… o mejor, a Narcissa, puedo enviarle una lechuza para felicitarla a causa de su compromiso”
La noticia de que Narcissa Black se había comprometido con Lucius Malfoy y que contraerían matrimonio al año siguiente había acaparado la portada de la revista “Corazón de Bruja”. Ambos jóvenes de veinte años, eran retratados constantemente en diversos compromisos sociales y en una entrevista, Malfoy había declarado que se casarían en cuanto él terminara sus estudios de especialidad en Magia Avanzada, que según Sirius era el nombre que ellos le daban a las Artes Oscuras.
*
“The brakes have worn / los frenos
que han usado
so thin that you could hear, / tan delgados que podrías oír
I hear them screeching / los oigo raguñando
through the door from our driveway / a través de la puerta.
Hey love, look into your glovebox heart / Hey amor, mira dentro de tu .
What is there for me inside? / ¿Qué hay para mí dentro?
Severus arrojó a un lado la revista “Corazón de Bruja”, que mostraba a un sonriente Lucius en la portada, abrazando a su novia Narcissa. Ambos eran la viva imagen de la felicidad.
Lucius le había enviado una nota para que se vieran en el cuartel general de Voldemort en Hogwarts y esa noche no había aprendices. Las actividades de los aprendices se habían reducido al mínimo por precaución, pues no deseaban despertar sospechas acerca de la autenticidad de la tregua.
El Slytherin se cubrió con la capucha y abandonó discretamente el castillo. Ni siquiera sabía por qué se molestaba en acudir. Lucius había salido en prácticamente todos los medios de comunicación mágicos hablando sobre su compromiso, irradiando confianza en su futuro como cabeza de familia y eso francamente enfermaba a Severus… pero trataba de decirse a sí mismo que acudía a su encuentro a causa de la información que le había entregado esa tarde esa bola de grasa de Pettigrew.
Sonrió para sus adentros, había estado a punto de lanzarle una maldición de conjuntivitis por el atrevimiento que tuvo de seguirlo hacia su casillero, pero Pettigrew era un cobarde y se puso a gimotear acerca de un secreto importante… Severus lo dejó hablar. En realidad eran dos secretos, uno de ellos no le sorprendió demasiado, pero el otro lo dejó atónito. Definitivamente esa información valía mucho, pero no estaba seguro aún de querer contársela a alguien.
Salvo Lucius, claro está.
Se apresuró hasta llegar al sendero en donde se iniciaba el encantamiento que Voldemort había invocado sobre el bosque y llamó con un susurro apenas audible a Arcadia. Aún no entendía el empeño de Voldie en bautizar a esa cosa, pero quizás tuviera sentido para él ya que aparentemente podía comunicarse con la planta. Un roce de hojas le indicó que la entrada estaba abierta y penetró con determinación. La atmósfera fue opresiva por unos momentos… Severus detestaba eso porque sabía que Arcadia se alimentaba de cosas vivas… como él…
Avanzó rápidamente sin detenerse a investigar el objeto blando que sus pies habían pisado. ¿Un unicornio quizás? Últimamente Arcadia se había aficionado a ellos… traspuso el cerco vegetal lo más a prisa que pudo y se encontró frente a la pared de piedra del refugio.
Entró directo a la cámara de bautizo, que era como Voldie llamaba a esa habitación. Las velas iluminaban tenuemente a la figura desnuda sobre la cama.
“This love is tired. / este amor está cansado
I've changed the locks. / he cambiado las cerraduras
Have I misplaced you? / ¿Te he descolocado?
Have we lost our minds? / ¿Nos hemos vuelto locos?
Will this never end? / ¿Esto no acabará nunca?
It could depend on your take. / depende de tu posición”
- “Hola Sev”, dijo Lucius girando sobre sí mismo como un
gato mimado.
Severus gruñó algo ininteligible y se dejó caer en una silla. No quería mirarlo, no cuando estaba así, tan descaradamente provocador.
- “¿Para qué me llamaste?”, disparó, arrepintiéndose de haber acudido.
- “Voldie quiere otra poción Delirius”, explicó Lucius, “pero desea que le añadas diez gotas de la savia de Arcadia. Quiere experimentar los efectos”
- “¿De esa cosa?”, dijo asqueado Severus, pensando frenéticamente el medio menos repulsivo de hacerse con la savia.
- “Así es”, confirmó Lucius, “la quiere la próxima semana. Yo mismo vendré a buscarla”
El rubio estudió intensamente a Severus. Lo notó preocupado y molesto y una chispa de esperanza brilló en su corazón.
- “¿Sev? ¿Ocurre algo?”, preguntó tratando de sonar casual, pero con todos sus sentidos enfocados en la respuesta.
Severus lo miró con igual intensidad. Recorrió las piernas de su amante con la mirada, se detuvo un momento en su sexo, en su pecho, para luego mirarlo a los ojos. Era ya muy bueno en Oclumancia, y no le costó demasiado fingir una indiferencia que no sentía.
- “No lo vas a creer. Pettigrew me ha contado algo…”, y pasó a relatar lo de Lupin y Black.
- “Evidente, ¿no crees? Yo diría que se tardaron demasiado… pero Voldie apreciará la información”, dijo Lucius tratando de disimular su desencanto. Había pensado que Severus mencionaría algo de su compromiso con Narcissa y eso le habría demostrado que quizá le importaba un poquito a su serio amante.
- “Hay algo más”, y Severus le contó acerca de Campbell y David.
Lucius lanzó un silbido.
- “Quién lo hubiera dicho… de hecho, eso explica algunas cosas”
- “¿Le dirás a Voldie?”
- “No”, dijo Lucius, “aún no… anda ocupado con el asunto de la tregua. Tratemos de averiguar un poco más”
- “Bien”, dijo Severus y se levantó para irse.
“You. Me. We used to be on fire.
/ Tú. Yo. Solíamos ser fuego
If keys are all that stand between, / si las llaves son todos los obstáculos
Can I throw in the ring? / puedo tirarlas en el anillo?”
- “Sev...”
Lucius lo haló con fuerza y ambos cayeron a la cama.
- “¿No vas a saludarme como se debe?”, susurró el rubio apoderándose de sus labios y deslizando las manos directamente a la hombría de Severus, que se estremeció.
- “Lu—Lu…”, pero fue cortado en seco por la lengua que se deslizó dentro de su boca. Lucius estaba ansioso y sus manos comenzaron a desabotonar la túnica con la velocidad de una larga práctica.
Severus dejó de luchar ¿Qué caso tenía? Lo había añorado incontables noches, estaba furioso con él pero deseaba ardientemente que lo hiciera suyo. Suyo, en lugar de esa estúpida de Narcissa Black.
Y Lucius deseaba lo mismo, estaba hastiado de fingir que era el novio perfecto, necesitaba desfogar todo lo que sentía. Y nadie mejor que Severus para traerle alivio.
- “Oh, Severus”, gimió mientras terminaba de desnudar a su amante que lo miraba con ojos enfebrecidos por el deseo.
Lucius tenía esa mirada también… la mirada de quien quiere poseer, marcar, llevar al delirio. El rubio tomó el miebro de Severus en su boca sin más preámbulo, y comenzó a succionarlo ávidamente haciendo que su amante se arqueara de placer. Severus le tomó firmemente la cabeza para no permitirle retirarse, e hizo que el cabello platinado se deslizara entre sus muslos produciéndole un cosquilleo enloquecedor.
- “Miaw”, susurró el rubio. Sabía perfectamente que eso enloquecía a su amante y quería tenerlo a su merced esa noche, suplicando… “Miaw…miaw”
- “¡Ahh, Lucius!”, Severus elevó las caderas mirando a ese gato lujurioso cuyos ojos brillaban mientras engullía completamente su erección para soltarla luego mientras sus dedos iniciaban la exploración de los testículos de su amante.
El rubio elevó las piernas de Severus y lamió traviesamente el camino entre los testículos y la entrada al cuerpo de su amante, pero no la tocó. Aún no.
Severus se arqueó en muda súplica. El fuego se había encendido nuevamente entre ambos y las llamas los abrasaban. Y Lucius, ansiaba sentirlo dentro… ¡Demonios! ¡Cómo lo deseaba!
“No gasoline. / No gasolina
Just fuck me kitten / sólo tómame, gatito
You are wild and I'm in your possesion / eres salvaje y te pertenezco
Nothing's free so, fuck me kitten / nada es libre, entonces tómame,
gatito.”
El rubio estaba igual de ansioso, porque no pudo esperar más y dilató rápidamente con la lengua y los dedos la estrecha entrada, para adentrarse en el cuerpo de Severus… añoraba sentir su estrechez alrededor de su erección, añoraba hacerlo estremecer de placer. Las últimas veces le había permitido tomar el control, pero hoy no. Ese día Severus sería todo suyo.
Empujó una y otra vez, adentrándose en el cuerpo de Severus que aferraba con desesperación las sábanas. Era tan hermoso en el paroxismo de su deseo que Lucius se inclinó a besarlo mientras lo masturbaba furiosamente.
“I'm in your possesion. / Te
pertenezco
So, fuck me kitten / entonces, tómame, gatito.”
Severus eyaculó en medio de un ronco jadeo, sintiendo por fin alivio por todos esos días de añoranza, pero sintiendo a la vez una enorme nostalgia porque sabía que eso no duraría mucho más… y le dolía tener que seguir viviendo sin Lucius.
El rubio se liberó con un fuerte grito, llenando el refugio con el nombre de Severus, como hubiera querido hacer siempre, como debía ser. Se dejó caer al lado de su también exhausto amante y lo besó tiernamente en los labios. Ninguno de los dos habló del compromiso de Lucius, sólo se acurrucaron juntos y se dejaron vencer por el sueño.
*
- “Lobito”, llamó cariñosamente Sirius, “anda, ven a la cama”
Remus continuaba escribiendo en el pequeño escritorio. Era una carta para sus padres, les escribía regularmente contándoles sus actividades en el colegio. Claro que había ciertas recientes actividades que aún no les podía contar. Reflexionó un momento, no sabía cómo lo haría, pero pensaba decirles a sus padres acerca de Sirius.
Le sonrió a su novio y se puso el pijama, para después acurrucarse entre los brazos que lo esperaban ansiosos. Sirius lo besó suavemente, le encantaba saborear sus labios. Se había contentado con ese tipo de caricias únicamente, primero por la debilidad de Remus luego de casi un mes de desvelos y mala alimentación, y luego porque no estaba seguro de cómo reaccionaría su novio. En sus salidas nocturnas paseaban tomados de la mano y se besaban, pero no habían llegado más lejos, y como estaban habituados a dormir juntos, no era tan difícil resistir la tentación.
Aunque ahora, en el calor de la cama, con sus cuerpos muy juntos y con el estímulo del beso, las cosas se tornaron un poco candentes. Sirius introdujo la lengua posesivamente en la boca de Remus y logró un suave gemido. Animado por eso, lo atrajó más y besó su cuello, estimulándolo con la punta de la lengua… el sabor de la piel de Remus lo enloquecía… sus dedos buscaron desabotonar el pijama para apoderarse de un pezón.
- “¡Sirius!”, Remus gimió profundamente cuando sintió los ágiles dedos presionar su pezón. Era la primera vez que Sirius lo tocaba de aquél modo y sintió que no podría controlarse por mucho tiempo…
Pero no podía… Genévieve había dicho… se puso tenso inmediatamente.
- “¿Moony?”, Sirius levantó la cabeza y lo miró a los ojos, “¿pasa algo?”
Remus no supo qué decir. Ansiaba lo que había estado a punto de ocurrir pero a la vez tenía miedo… “Si tomas a tu pareja, será para siempre”. Él estaba preparado, pero ¿lo estaría Sirius?
- “¿Qué pasa?”, en los ojos azules de Sirius había preocupación.
- “Yo—Genévieve---“, empezó Remus. No sabía cómo decirlo…
- “¿Tú y Genévieve?”, Sirius se sorprendió mucho.
- “No, tonto”, exclamó Remus, “es que… ¿recuerdas el texto de los licántropos? ¿Cuándo habla del emparejamiento?”
Sirius hizo un esfuerzo. La verdad había prestado más atención a la descripción de la vida sexual de los licántropos… pero…
- “¿Cuándo dice que eligen una pareja de por vida?”, recordó por fin.
- “Sí”, dijo Remus bajando la mirada, “si tenemos sexo… tendremos que estar juntos para siempre, Sirius”
El animago trató de asimilar esas palabras. ¿Acaso Remus no quería que fuera así? ¿No lo amaba?
- “Moony, yo te amo…”
- “Y yo a ti, pero…”, Remus se detuvo dudando. Pero no, tenía que decirlo, “yo estoy seguro, pero no sé si pasará igual contigo, Sirius. Eres muy inestable”
Sirius apretó los labios. Eso le cayó como un baldazo de agua fría y estuvo tentado a salir de allí dando un portazo. Pero se contuvo, amaba a Moony y no lo perdería. Además, tuvo que reconocer que su novio tenía razón, su vida amorosa no podía llamarse estable en modo alguno, y además había tratado muy mal a Remus.
- “Lo siento, Moony…”, dijo alzándole la barbilla para mirarlo a los ojos.
Esta es la parte donde me dice que no puede seguir conmigo pensó Remus con el corazón en un hilo…
- “Esperaré”, dijo Sirius con determinación, “esperaré a que estés preparado, mi amor. Te demostraré lo mucho que te amo”
Capítulo 24: Muerte
“That was some revealing light
/ eso fue una luz reveladora
That you shone on me last night / que encendiste en mí la última
noche
Have you turned away from me / ¿Te has alejado de mi?
Because you know that I can't see? / ¿porque sabes que no puedo verla?
Take my soul away - Cranberries
Sirius abrió los ojos. Su cuerpo estaba reaccionando sin que él
se lo propusiera y se hizo suavemente a un lado. Remus dormía en sus
brazos con total confianza luego de la promesa que su novio le hizo la noche
anterior, con una de sus piernas aprisionada entre los muslos de Sirius.
El animago se deslizó lo más despacio que pudo, sin despertar al durmiente, y se escurrió al baño, donde tomó una ducha fría. No había pensado que su promesa sería tan difícil de mantener.
Momentos después, salía del baño envuelto en una toalla.
- “Moony”, susurró despacio a su novio.
- “¿Mmm?”
Remus siempre había sido perezoso al levantarse, y el hecho de que hubiera decidido practicar Duelo con Sirius todas las mañanas no era suficiente para que se levante sin ayuda.
- “Apúrate, o Snape nos ganará el Salón de Duelo”
Eso siempre daba resultado. Remus se levantó medio sonámbulo y luego de besar a su novio, se dirigió al baño. Antes de entrar, miró a Sirius.
- “¿Te bañaste antes de practicar?”
- “Hacía calor”
Remus miró pensativamente la ventana. El sol aún no había salido y hacía muchísimo frío. Decidió no ahondar más en el tema y se fue a lavar.
*
- “¿Qué tal les fue en su práctica?”, preguntó Lily apenas los vio entrar al comedor, ya cambiados con el uniforme del colegio.
- “Bien. Moony será el campeón este año, ha recuperado el tiempo perdido”, dijo sonriente Sirius.
- “Quizá no lo sea…”, murmuró Remus, “David también estaba allí y es muy bueno”
- “Pero yo creo que White ha alargado las fechas para dejar que te recuperes”, dijo James, “el año pasado el campeonato de Duelo terminó mucho antes”
- “Pero este año estamos en guerra… todo se ha transtornado desde entonces”, dijo pensativo Sirius, dejándose caer en una silla y tomando un largo sorbo de leche.
Lily le dio a Remus una seria mirada y él se sentó también y bebió toda su leche. James le sirvió otra taza mientras Lily vigilaba que se la tome. El chico pálido sonrió resignado.
- “David entrena con Campbell, ¿verdad?”, preguntó Peter, que había estado pensativo durante toda la conversación.
- “Eso dijo”
- “Pues no debería hacerlo. White es el entrenador de Gryffindor y no debe entrenar con un Slytherin”
- “Pues díselo a él, gordito”, respondió risueño Sirius, “allí viene”
David se sentó con ellos. Acababa de terminar su entrenamiento matutino y su cabello estaba aún húmedo por la apresurada ducha que había tomado.
- “¿Decirme qué?”
- “Nada”, murmuró Peter engullendo velozmente un enorme bollo de crema.
David iba a replicar, pero no pudo hacerlo porque dos chicas de Slytherin se acercaron a la mesa.
- “Sirius”, dijo una sonriente Audra Finnigan. “¿Podrías venir un momento?”
El chico se levantó y fue hacia ellas. Audra se le colgó del brazo. Había sido su primera novia, después de todo. Remus se concentró en su tazón de leche, evitando mirar. Pero desde allí podían escuchar la conversación.
- “Lo siento… debe haber un error… Yo no envié esa nota”, dijo Sirius un poco incómodo.
- “Pero… lleva tu firma…”, protestó confundida Audra, mostrándole la nota en mención. Era la inconfundible caligrafía de Sirius, como pudo notar Peter perfectamente al estirar el cuello para ver mejor.
A lo lejos, Severus Snape no podía disimular una brillante sonrisa. Sobre todo al ver la cara dolida del licántropo.
- “No… no fui yo”, insistió Sirius, “debe tratarse de algún error”
- “Bueno”, intervino Rhia Stoner, “no discutamos más sobre eso. ¿Por qué de todos modos no sales con Audra?”
- “Yo… es que…”, balbuceó Sirius, “es que Remus y yo…”, titubeó un momento, “tenemos que practicar Duelo”, finalizó visiblemente incómodo.
- “Ya”, insistió Rhia, “pero luego de eso, podemos tener una cita doble… ¿te acuerdas cuando salíamos juntos? Nos divertíamos mucho entonces…”, dijo mirando de reojo a James que estudiaba con atención el decorado del mantel.
Sirius murmuró una excusa. Audra protestó nuevamente acerca de la nota.
- “Creo que Sirius fue bastante claro”, exclamó Lily. Había tenido ya suficiente de esas dos Slytherin, “él y Remus están ocupados. Y James también”, dijo mirando fijamente a Rhia.
Las dos Slytherin se marcharon molestas y Sirius volvió a la mesa, sintiéndose un completo idiota.
- “Moony, yo….”
- “Sirius, ¿no les dijiste?”, preguntó Peter con absoluta inocencia, “creo que debiste decirles y evitar malos entendidos…”
Sirius lo fulminó con la mirada.
- “Está bien”, dijo Remus, “no importa si no les dijiste… No me importa”, y se levantó abruptamente de la mesa.
Sirius fue tras él y lo atrapó en el pasillo.
- “Moony, lo siento… yo no pensaba decirlo aún…”, dijo tomándole la mano a su novio, “no sabía si tú querrías que lo dijera… pero si quieres que todos lo sepan, por mí está bien”
Remus trató de retirar la mano, pero Sirius no lo dejó. Suspirando, se reclinó contra la pared y dijo con mucha calma.
- “Paddy, no deseo que se lo digas a todo el mundo…”, su mano acarició ligeramente la mejilla de Sirius y apartó el cabello de su rostro, “además, nos traería muchos problemas y quizá no nos dejarían seguir compartiendo la habitación, o nos podrían expulsar… pero ¿Qué fue eso de la nota?”
- “No lo sé. Era una cita escrita con mi letra, ¡Pero te juro que yo no lo hice!”, Sirius se veía sincero, “Moony, créeme por favor, ¿crees que luego de tenerte a ti, podría pensar en citar a alguien más?”
Se miraron a los ojos por un momento… Remus tenía una sospecha, para él no había pasado desapercibido el gesto triunfal de Snape en la mesa de Slytherin. Besó a Sirius en los labios.
- “Te creo”, dijo traviesamente y entró en el aula.
*
Severus sonrió. La venganza indudablemente era un plato para comerse frío. Y había notado que Pettigrew le sería muy útil.
Eso le hizo olvidar por unos momentos su preocupación por lo que haría esa noche. Tenía que sacar la savia de Arcadia esa misma noche, o la poción Delirius no estaría lista para la fecha que Voldemort había indicado.
Al menos podía contar con Black Junior, y con el inepto de Bode. Y si Arcadia se ponía difícil, siempre podía alimentarla con ellos dos.
Luego del incidente del comedor, el día pasó más ligero de lo que había pensado que sería. Aunque le molestaba muchísimo tener que competir con Balfour en Duelo, y más aún al saber que el estúpido Gryffindor era amante de su Jefe de Casa. No entendía por qué, jamás entendería cómo un Slytherin podía fijarse en un Gryffindor… bueno, pensándolo bien, entendía en cierto modo la enfermiza obsesión de Lucius con Lupin, pero una cosa era querer acostarse con Lupin… y otra muy distinta era ser pareja formal de un Gryffindor… porque por lo que pudo notar atando cabos, la cosa iba en serio. Y no le gustaba en absoluto.
Apenas anocheció, hizo una señal a Regulus Black y Arnold Bode y ambos se deslizaron lejos de la Sala Común. No les fue difícil salir del castillo, Severus conocía también algunos pasajes que, desde las mazmorras, los llevaban directo hacia afuera. Y siempre había creído que fueron hechos por el mismo Ryddle, porque ahora los utilizaba su Maestro, los aprendices y los mortífagos.
Llegaron rápidamente a un claro del bosque. Debían atrapar un unicornio… Severus bufó, era una lástima que las hadas hubieran desaparecido, aunque pensándolo bien, quizá era mejor porque para entretener a Arcadia el tiempo necesario, deberían atrapar muchas.
Rodearon con cuidado el lago, avanzando en completo silencio, hasta que Regulus tropezó con una raíz, e hizo un enorme ruido al caer al suelo. ¿Por qué al menos ese Black no podría ser como su hermano? Porque Severus reconocía que Sirius era muy bueno en misiones peligrosas… en cambio Black Junior…
- “¡Black, idiota! ¡Levántate y procura mirar bien en donde pisas!”, le dijo fríamente y vio el temor en sus ojos. Últimamente veía temor con frecuencia en los que lo rodeaban, incluso en los mortífagos… Quizá era su cercanía con Lucius y Voldemort… quizá simplemente el hecho de que había dejado de ser el chico que vivía siendo atormentado por los Merodeadores y que ahora infundía respeto.
Avanzaron de nuevo y se ocultaron en unos matorrales. Debían aguardar pacientemente, pero Severus no estaba muy seguro de poder tener paciencia con el par de idiotas esos contándose chistes.
- “¡Cállense ya! Si no logramos atrapar al unicornio, juro que usaré a uno de ustedes como carnada”
Eso fue suficiente para que se hiciera un completo silencio de nuevo. Y así pasó una hora, con la mirada atenta de Severus puesta en el sendero hollado por las innumerables pisadas de cascos que señalaban el camino que los unicornios usaban para ir a beber.
- “Shh”, advirtió apenas notó que uno de esos seres aparecía.
Preparó rápidamente las maldiciones que usaría y lanzó una mirada de advertencia a sus dos ayudantes. Luego avanzó sigilosamente.
- “¡Averno!”, invocó y el animal se vio rodeado de llamas que le impidieron el paso. El unicornio giró desesperado en medio del círculo de fuego y bajó la guardia.
- “¡Stupefy!”, gritaron las tres voces y sólo los esfuerzos combinados de todos ellos lograron aturdir al unicornio luego de varios intentos. El animal cayó al suelo y Severus apagó las llamas.
Regulus y Arnold corrieron con las cuerdas y ataron las patas del unicornio permitiéndole la movilidad necesaria para que pudiera caminar y Severus le ató una cuerda al cuello permitiéndole respirar lo necesario. Luego le lanzó un “Ennervate” y tiró de la cuerda. Habían logrado capturarlo.
Llegaron al lugar que Arcadia protegía y el animal bufó, confundido. Severus sabía que esas criaturas sí podían ver a la planta y que su brillo fosforescente los atraía. Ahora debía ser muy cuidadoso, considerando que él no podía ver a “esa cosa” como solía llamarla.
Ahora Arcadia había crecido, al punto de rodear por completo el refugio, colocando una barrera natural que hacía imposible detectar la magia negra que se usaba dentro… sus raíces estaban enquistadas profundamente en la tierra y el mismo Severus había colaborado en eso, cuando sugirió que la alimentasen con hadas y preparándole pociones de crecimiento… Sí, él le había salvado la vida a “esa cosa”, pero no por eso le tenía algún aprecio… aunque sí le había servido para que Voldemort le tuviera mucha más confianza.
Severus avanzó, tirando del unicornio, que avanzó también a pesar suyo. Un ruido de ramas rozándose lo hizo poner alerta, pero antes de que pudiera hacer algo, fue tirado por una fuerza invisible y arrojado al piso. El animal ni siquiera pudo chillar porque algo obstruyó su boca, así como los otros orificios de su cuerpo y un sonido de bombeo fue todo lo que se pudo oír… el unicornio pataleba inútilmente mientras Severus, paralizado, miraba todo con los ojos dilatados por el asco y asombro que sentía.
De pronto, se sobrepuso. No había tiempo que perder… eligió atacar la rama invisible que de seguro estaba en la boca del unicornio y la cogió firmemente, cortando rápida y profundamente… Regulus le acercó con mano temblorosa un frasco.
Severus presionó, sintiendo que la tierra bajo sus pies se removía… debía darse prisa. Un chorro de una sustancia mezclada con los fluidos del unicornio le ensució las manos, y logró llenar a medias el frasco antes de huir de allí, con la sensación de que Arcadia estaba en todas partes y que sus raíces lo atraparían tarde o temprano…
Corrieron hacia la salida del bosque y los tres se dejaron caer en el suelo, cubierto por hierba y plantas verdaderas y no esa cosa maligna venida del espacio exterior. Años más tarde, Severus concluiría que tuvieron mucha suerte al salir con vida.
*
Pasó una semana, durante la cual se había llevado a cabo la segunda fecha del Campeonato de Duelo, y los finalistas eran Severus Snape, de Slytherin, David Balfour y Remus Lupin, de Gryffindor; y Frank Longbottom de Hufflepuff.
Severus casi había sido derrotado por David, que usó un hechizo que le era desconocido, pero que estaba seguro que Campbell le había enseñado. Su profesor y Maestro era un traidor… ¡Estaba favoreciendo a un Gryffindor! Y Severus no se lo perdonaba al joven escocés, quería verlo llorar en su derrota, quería hacerlo morder el polvo… golpeó con furia la pared de su habitación antes de tomar la poción que Voldemort le había pedido y prepararse para ir al refugio.
Los mortífagos más cercanos a Voldemort estaban allí reunidos. Todos esperaban expectantes la aparición de su señor. Severus se acercó a Lucius y le entregó la poción.
- “Buenas noches, Sev”, le sonrió el rubio, magnífico en su túnica de terciopelo negro y con el cabello recogido. Venía de hacerle una visita a sus futuros suegros, los padres de Narcissa.
Campbell, el Maestro, los observaba con el rostro inexpresivo. Pronto escaparía de todo eso y podría estar con David.
- “Buenas noches”
Voldemort apareció con Bellatrix Lestrange. Rodolphus caminaba detrás de la pareja, en silencio.
El Señor Oscuro intercambió breves palabras con Lucius y Campbell y deslizó un pequeño paquete conteniendo la poción dentro de su túnica. Miró a Severus apreciativamente y le hizo una señal. No se había equivocado con el joven Slytherin, se las había arreglado bastante bien con Arcadia.
Luego, comenzó a repartir sus instrucciones.
- “Como todos saben, la tregua es una farsa que nos ha permitido ganar tiempo y conseguir más archivos del Ministerio, además de continuar con los Juicios. Pero el imbécil de Dumbledore sospecha. La gente como él se cree poseedora de la verdad absoluta… y creen dominar la delgada línea que separa el bien del mal… Absurdo, pero real, y ahora estamos siendo vigilados por Alastor Moody y su grupo de aurores”
Hubo un murmullo de desaprobación de los mortífagos más jóvenes.
- “Los juicios continuarán. Tenemos evidencia sobre muchos casos que los afectan directamente a ustedes, mis fieles mortífagos. Pero yo no los presidiré hasta finalizar la tregua. En mi lugar, dejo a Nigel Campbell, que los conducirá y se encargará de darles un castigo ejemplar a los muggles que dañaron a sus familias. Y luego, sus restos serán usados para fortalecer a Arcadia”
Walden Mc Nair no pudo reprimir un gesto de profundo asco. El solo hecho de pasar junto a la planta lo enfermaba.
- “Severus podrá contarles que, alimentada adecuadamente, Arcadia es absolutamente inofensiva”, siseó mirando fijamente a Mc Nair que sintió de pronto su vejiga a punto de estallar, “pero para seguridad de muchos, Nigel Campbell preparará amuletos hechos con la poderosa magia que me permite controlar a nuestra voraz amiga”, en el rostro de Voldemort se dibujó lo que podía ser una sonrisa. “¡Váyanse ahora! Sólo se quedarán conmigo Severus, Nigel, Lucius, Bellatrix y Rodolphus”
Los demás mortífagos no se hicieron repetir la invitación y rápidamente salieron del refugio, agradeciendo profundamente el ofrecimiento de los amuletos, pues Arcadia no les inspiraba ninguna confianza.
- “Mi querido Lucius”, sonrió Voldemort tomando del brazo al rubio y dirigiéndose con él a su silla. Los demás los siguieron y esperaron en silencio al pie del escalón de piedra que marcaba las diferencias de nivel con su líder.
- “Severus, estoy muy satisfecho de que lograses extraer la savia de Arcadia. La poción que preparaste será usada para experimentar con muggles, para perfeccionarla luego y usarla en la lucha final. Las cosas van por buen camino y en diez días celebrarán el primer Juicio en este lugar. Nigel debe traer al muggle Albert Nolan para ser juzgado y condenado”
Campbell asintió gravemente. Conocía el caso de Nolan y deseaba justicia verdadera.
- “Y ahora, deseo reunirme en privado con Lucius y Severus”
Los demás se retiraron, sabiendo demasiado bien lo que esa “reunión privada” significaba.
Voldemort y sus discípulos se dirigieron a la “habitación del bautizo” y el Oscuro Señor tomó asiento junto a la cama.
- “Creo que merecemos un pequeño relajo”, siseó sonriente, “Lucius, ¿quisieras mostrarme una vez más ese hermoso cuerpo tuyo? Quiero que esta vez Severus sea quien te domine”
El rubio sonrió mientras se despojaba rápidamente de su ropa.
*
Tres días después de la reunión de los mortífagos, en el Gran Salón se llevaba a cabo una discusión mucho menos trascendente.
- “Te digo que había hadas en el bosque”, dijo Remus al oído de David.
- “Nunca he visto alguna…”, porfió David.
- “Es que están en otra zona del bosque, a la derecha del lago. Pero ya se han ido”
- “Lo dices porque no quieres ir…”
- “Lo que dice Moony es cierto”, intervino Sirius mirando a David en forma poco amistosa. Detestaba cuando ellos dos cuchicheaban juntos, no podía reprimir sus celos. “No hay hadas, pero sí hemos visto dríadas doradas”
- “No te creo”
Y siguió una discusión de la cual salió un acuerdo para ir esa noche al bosque a buscar a las dríadas. Los tres emprendieron el camino por el bosque, pero jamás lograron llegar hacia los Mallorns, porque se toparon con un enorme grupo de arañas gigantes, desplazadas de su coto de caza natural por la presencia de Arcadia.
Los hechizos cruzaron el aire, veloces, mientras los tres amigos tomaban posiciones. La lucha se prolongó unos momentos, hasta que David arrojó un “Averno” sobre los bichos y con eso pudieron correr.
- “¿Dónde aprendiste eso?”, preguntó Sirius con genuina admiración.
- “En un libro”, mintió David, dándole a Remus una significativa mirada.
Una figura encapuchada iba tras ellos. Había adivinado sus intenciones cuando los vio reír en el comedor y los siguió. Su corazón, lleno de preocupación por David, se había llenado de orgullo luego cuando vio cómo el chico quemaba unas cuantas arañas usando su hechizo favorito y ciertamente prohibido por el Ministerio de Magia.
Nigel Campbell quemó las restantes arañas y volvió de inmediato al castillo, donde esperó tranquilamente en su despacho. Unos golpes en la puerta no tardaron en oírse.
- “¿Profesor Campbell?”
- “Pase”, respondió el profesor, tan secamente como siempre.
Pero apenas entró el muchacho, lo tomó entre sus brazos y lo besó con pasión.
- “¿Dónde estabas? No te vi mucho tiempo durante la cena…”
- “Salí a caminar”, fue la serena respuesta. Campbell lo estudió atentamente, el chico no le había mentido, claro que tampoco había precisado lo que estuvo haciendo, ni con quién.
El profesor suspiró imperceptiblemente. Eso pronto acabaría, sólo quedaban siete días y David sería por fin suyo sin que tuvieran que preocuparse de la relación profesor – alumno que ahora tenían. Claro que antes tendría que juzgar a Nolan. Eso al menos le debía a Voldemort.
- “Cierra los ojos”
David así lo hizo y sintió que algo se deslizaba por su cuello.
- “Puedes abrirlos”
El chico palpó junto a su pecho un colgante. Era una piedra negra sin tallar, con el centro hueco y dentro de él un líquido que no pudo identificar.
- “¿Qué es?”, preguntó con curiosidad.
- “Es un amuleto”, respondió Campbell mirándolo seriamente a los ojos, “lo preparé para ti, en caso de que tú y tus amigos decidan – cosa poco probable, espero – internarse en el Bosque Prohibido. Promete que lo llevarás hasta que estemos juntos en Escocia”
David enrojeció. Las palabras de Campbell le demostraban claramente que su amante sabía acerca de sus actividades. Pero también le estaba agradecido por no recriminarle. Le echó los brazos al cuello y lo besó con pasión.
- “Solo siete días, Highlander, y seré tuyo”
La respuesta de Campbell fue alzarlo para conducirlo suavemente al sofá, frente al fuego, y hacerle el amor.
*
El dos de abril sería un día recordado por todos como el inicio de la tragedia. Pero al iniciar el día, nada estaba más alejado de las jóvenes mentes que se disponían a salir de paseo a Hogsmeade.
Los acompañarían Marius White y Minera Mc Gonagall, pues Campbel se había ausentado temprano pretextando una visita al Callejón Diagon para renovar su stock de ingredientes para pociones.
David le confesó a Remus su plan y fue apoyado inmediatamente. El escocés quería hacerle a Campbell un regalo especial y había solicitado un libro muy raro sobre Pociones Afrodisíacas, que recogería en la estación de correo de Hogsmeade. También le dijo que planeaba entregárselo esa misma noche, como una sorpresa. Pero lo que no le dijo fue que al día siguiente huiría con su amante y que jamás se volverían a ver.
Sirius los observaba con expresión nada amigable y se sorprendió de ver una mirada de puro odio hacia David en los ojos de Severus Snape. Pero nada de esto fue notado por el escocés, que consiguió el libro y regresó a Hogwarts con el corazón lleno de felicidad.
“But if you leave me in the night, / pero si me dejas en la noche
Well then you're leaving me in spite / entonces me estás dejando el
rencor
And if you leave me in the day / y si me dejas en el día
Well then you'll take my soul away / entonces te llevarás mi alma lejos”
Una vez en su habitación, le extrañó un poco no encontrar
el acostumbrado ramo de rosas, pero sí una nota que lo citaba ¿en
el bosque? Sonrió pensando hacer el amor con Nigel en medio de los
árboles, como perfecta despedida de Hogwarts y entró al baño
a prepararse. Cuando salió, encontró allí a Sturgis que
lo miraba desaprobadoramente.
Últimamente las cosas no marchaban bien entre ellos dos y cada vez que David salía, el otro chico se ponía frenético. Pero ese día, David estaba demasiado feliz como para hacer caso. Envolvió con cuidado el libro y salió a la Sala Común a esperar la hora indicada.
*
Campbell esperó inútilmente la llegada de David a su despacho. El tiempo apremiaba y salió a cumplir su última misión para Voldemort, sin sospechar que su nota había sido interceptada por uno de sus discípulos más brillantes – Severus Snape – y sustituída por otra.
Quizás su ángel de York había vuelto cansado del paseo y no había encontrado la nota. Y con la prisa en enviarla, olvidó las flores. Nigel sonrió y pronunció el hechizo que materializó un ramo de rosas blancas y las envió a la habitación del chico. Hecho esto, se dispuso a emprender el camino al bosque.
*
David avanzó sonriendo, aferrando el paquete con el regalo contra su pecho. Su carita de adolescente mostraba la felicidad que lo embargaba mientras caminaba resueltamente hacia el bosque.
El chico siguió las indicaciones de la nota, pero ¿no era esa la parte peligrosa? ¿Aquélla que Sirius y Remus le habían dicho que no debía pisar jamás? Quizá sus amigos se equivocaban, pues Nigel jamás lo citaría a un lugar donde pudiera correr peligro. Lleno de confianza nuevamente, rodeó el lago y tomó el estrecho sendero entre los árboles.
Llegó finalmente hacia un claro, donde una barrera invisible lo detuvo. Pudo percibir algo extraño en el aire y de pronto el líquido que estaba dentro de su amuleto comenzó a burbujear. Y la barrera desapareció.
David dudó un momento.
“Es un amuleto”
Y si lo había preparado Nigel, entonces no había nada que temer. Apretó el amuleto y pasó lo que parecía ser una barrera vegetal invisible. Llegó finalmente a una cueva, cuya puerta de roca sólida estaba abierta. El muchacho se deslizó por ella.
*
Campbell estaba impaciente. La sala del juicio estaba dispuesta, con el sillón tapizado de terciopelo rojo presidiendo el evento. Tomó asiento allí y dio las órdenes para que trajeran a la víctima, bajo la maldición Imperius.
Rabastan Lestrange tomó al muggle y lo sujetó a la mesa de piedra, equipada con varios instrumentos de tortura. Campbell le hizo una señal y la maldición fue quitada. El hombre lanzó un gemido, aterrado al verse rodeado de encapuchados vestidos de negro.
- “Bella, empieza”, dijo fríamente Campbell desde el sillón. Antes del juicio convenía hacer entrar “en calor” a los mortífagos.
Bellatrix se acercó, con las mejillas rojas de excitación como siempre le ocurría al torturar a alguien. El hombre estaba desnudo de la cintura para arriba, fuertemente encadenado y la miraba con duda y temor, como si no pudiera esperar que de una mujer tan bella algo malo pudiera venir.
Se equivocaba.
Bellatrix tomó el látigo y lo hizo restallar en el pecho del hombre, sin hacer caso a los gritos, hasta que su hermoso rostro se manchó con la sangre que brotó de las heridas.
Ella rió cruelmente y aceptó el finísimo pañuelo de batista que Lucius Malfoy le alcanzó.
Apenas estaba entrando en calor.
Tomó dos aparatos metálicos parecidos a pinzas, pero con unas gruesas agujas en ambos extremos y los clavó con fría precisión en los pezones del hombre, perforándolos de lado a lado. Ante el alarido que éste lanzó, le echó un Cruciatus, que hizo maximizar los gritos hasta que finalmente la víctima se desmayó.
Ella hizo una mueca de disgusto, estaba empezando a divertirse.
- “Bella, no olvides que los muggles no tienen tanta resistencia como nosotros… “, intervino Campbell, “ya tendrás la oportunidad de divertirte cuando capturemos aurores”
Se hizo un silencio, a la espera de que el muggle reaccione de nuevo para continuar con la tortura. El hombre gimió suavemente y Campbell se puso de pie. Ese fue el momento que David eligió para entrar al lugar.
*
David avanzó. El sitio estaba oscuro, pero pudo apreciar un punto de luz y se dirigió a él. Era un amplio salón con un sillón forrado en terciopelo rojo, una mesa de piedra y algunas sillas.
Varias personas vestidas de negro rodeaban la mesa, en la cual yacía un hombre, a todas luces un muggle. Su cuerpo presentaba señales de tortura, y el suelo estaba cubierto de la sangre que manaba de sus numerosas heridas.
Mortífagos.
Eran mortífagos sin duda alguna. Lo que él más odiaba.
Pensó en enfrentarlos, pero estaba él sólo, jamás podría… y además, ¿Dónde estaba Nigel?
Uno de los hombres de negro, el más alto de todos, se acercó obligando al herido a mirarlo a los ojos.
- “Albert Nolan, se te encuentra culpable de la muerte de Alice y Brenda Mc Nair, hermanas de Walden Mc Nair aquí presente. Un tribunal muggle te absolvió, pero nuestro tribunal mágico te ha condenado”
El hombre se quitó la capucha.
Nigel Campbell. El cabello rojo ardía iluminado por la luz mortecina de las numerosas lámparas y sus ojos llameaban de ira.
¡Nigel!
No podía ser, no él, no así. Su mundo se derrumbó por completo.
Un gemido ahogado se escapó de la garganta de David cuando por fin la verdad se abrió paso en su confundido cerebro. Dejó caer el libro, ya no tenía fuerzas para sostener nada más…
Y corrió hacia la salida, pero el sonido que hizo alertó a los encapuchados.
*
Campbell acababa de pronunciar las palabras que condenaban al muggle a ser ejecutado por los mortífagos cuando escuchó un gemido ahogado
¡David!
No podía ser, no él, no así. Su mundo se derrumbó por completo.
Quiso correr hacia él y atraparlo en sus brazos y tuvo apenas consciencia de que estaba mortalmente pálido, pero los mortífagos lo miraron. Lucius, Rodolphus y Bellatrix avanzaron hacia él, dudando.
No podría con todos ellos.
En segundos decidió continuar lo que había iniciado, luego le explicaría a David, le rogaría si fuera necesario. Pero no podía alertarlos a ellos sobre sus verdaderos sentimientos o atraparían al chico y sería mucho peor.
En un instante había recobrado su frialdad, por David, por protegerlo.
- “Severus, ve tras él, impide que hable pero no lo lastimes aún”, ordenó.
Pese a todo, Severus le parecía el menos malo de todos ellos, fundamentalmente porque sólo había matado una vez. El joven de negro corrió tras el muchacho y Campbell hizo uso de todo su dominio para continuar con el juicio.
*
“Nothing ever happens to me /
nada me sucede
Though I still can't see / aunque aún no puedo ver
the things that you see / lo que tú ves
Was anybody there? / ¿hubo alguién aquí?
Does anybody care? / ¿a alguien le importa?”
David corrió desesperado. Tenía que salir de allí, tenía que huir, no sabía a dónde, pero tenía que salir.
Una mano férrea lo sujetó del hombro y casi provoca que caiga.
- “Maldito Gryffindor, si dices algo al director, estás muerto”, amenazó Severus Snape.
Por fin se sentía vengado de la traición de su profesor. Él y Lucius habían tramado eso, deseando mostrarle al chico escocés quién era en verdad su amante. Le darían una lección a ese mocoso Gryffindor, era lo que merecía por aprovecharse de los conocimientos de Campbell para vencer en Duelo.
David lo miró con los ojos arrasados en lágrimas.
- “Ustedes son—son—“, balbuceó sollozando.
- “Mortífagos, pequeña escoria. Somos mortífagos y tu amante es nuestro guía en Hogwarts, sólo te utilizó. Él es un Slytherin y solo calentaste su cama”, dijo Severus despiadadamente.
El chico huyó sollozando y Severus volvió satisfecho. En lo que a él concernía, los Slytherin estaban vengados.
*
Era media noche y Sirius acababa de cobijar a su novio dormido. Era hermoso, nunca dejaría de decírselo… pero si seguían besándose como lo hacían, no podría mantener la promesa que hizo.
Su mano se deslizó por el cabello castaño de Remus y su boca se posó suavemente en la frente del durmiente. De pronto, alguien llamó a la puerta.
Sirius se levantó abruptamente. ¿Quién demonios interrumpía a esa hora? Si era James, le echaría una maldición. Abrió la puerta de mal talante y se encontró a David, con el rostro lleno de lágrimas y todo tembloroso.
- “¿Qué quieres a esta hora? ¿Te pasa algo?”, dijo de modo poco amistoso. Lo último que le faltaba era ese escocés pidiéndole consuelo a Remus a media noche.
- “R-remus”, murmuró el chico retorciéndose las manos.
- “Está dormido, anoche estudió hasta muy tarde. Sólo si es algo urgente lo despertaré”, dijo Sirius con frialdad.
- “N-no. No importa”, susurró David sintiéndose miserable. Remus, que le había dicho que si tenía un problema acudiera sin importar la hora, le daba la espalda.
Quiso tratar de explicar, pero Sirius le cerró la puerta en las narices.
- “¿Quién era?”, preguntó la soñolienta voz de Remus.
- “Nadie”
*
David corrió a su dormitorio, era el último refugio que le quedaba. Las palabras de Severus le retumbaban aún en los oídos. “Solo calentaste su cama”
No podía ser. Nadie podía ser tan cruel.
Un ramo de rosas blancas estaba sobre su mesa de noche, con una tarjeta “Te ama, Nigel”. Temblando, lo tomó y un sollozo se escapó de su garganta.
Sturgis se volteó en la cama y lo miró fijamente.
- “¿Quieres largarte ya con tu amante? No me dejas dormir”, había odio en su voz.
- “Stu, yo---yo—“, balbuceó David tratando de explicar.
- “¡Vete a Slytherin! Haz que te folle en las mazmorras, eres peor que una ramera. ¡Vete!”
David salió, tambaleándose. Llevaba el ramo de rosas entre sus temblorosas manos.
Corrió por los pasillos sin rumbo, en loca huída, hasta que se detuvo frente al baño de prefectos. Sin saber cómo, pronunció la contraseña. Su garganta estaba seca y tenía la lengua casi pegada al paladar.
- “Nigel”, fue el sonido mitad sollozo que salió de sus labios.
“Solo calentaste su cama”
Nigel no lo amaba. Lo engañó, se burló de él. ¡Cómo habría reído con sus discípulos! “Matamos a los padres y ahora duermo con el hijo. Manual del Buen Mortífago, lección número dos”
No, eso no podía estar sucediendo… sus promesas de amor, sus palabras, el brillo de sus ojos cuando se amaban.
Una farsa.
Todo fue una farsa. Una maldita farsa.
“Eres peor que una ramera”
Se sintió sucio, miserable, usado. Estaba tan sucio que incluso sus amigos lo habían rechazado.
“No, nobody to show me the way / No, nadie me mostró el camino
No, nobody to tell me to stay / No, nadie me pidió que me quede
No, nobody was there / No, nadie estuvo allí
No, nobody does care / No, a nadie le importó.”
Como un poseído, abrió los grifos y se quitó la ropa. Ya no lloraba. Pero violentos temblores le sacudían el cuerpo. Desnudo, se metió en el agua caliente y apretó el ramo contra su pecho.
- “Nigel”, hipó nuevamente, con la voz tan rota como su corazón.
Y quiso odiarlo, tan profundamente como lo había amado. Merecía morir. Nigel merecía la muerte, pero él era incapaz de dársela… trataría al menos de odiarlo.
- “Lo amo, ¡Maldita sea! Lo amo”, sollozó de nuevo… no podía vivir así. No podía odiarlo, era tan débil que no podía.
Se encogió en el agua, sin soltar las rosas. Las espinas se clavaban en su pecho, pero él no lo sentía. Se movía como en un sueño, como una pesadilla de la que no podía despertar. Su cuerpo le pesaba y su cabeza parecía querer estallar.
De pronto, vio una navaja de afeitar, dejada allí por algún descuidado.
Una mano que era la suya y a la vez no lo era, tomó la navaja. Era el único modo de acabar con ese dolor…. Hizo dos limpios tajos en sus muñecas. ¿Dolía? No podía sentirlo, su dolor interior era inmensamente más grande.
Aferró las rosas con ambas manos. Las rosas blancas de York ahora eran rojas, teñidas con su sangre.
Lancaster había ganado.
Su dolor se fue calmando, sus pensamientos se hicieron menos coherentes… ¿Así se sentía morir? Se sentía etéreo, ya nada lo ataba a este mundo… sus ojos se cerraron, pero el rostro de Nigel no desapareció de su mente.
Una mano resbaló primero y luego la otra. Y las rosas rojas de deslizaron de su pecho y cayeron al agua.
Capítulo 25: Adiós
“Goodbye England's rose; / Adiós
rosa de Inglaterra
may you ever grow in our hearts. / que puedas siempre crecer en nuestros corazones
You were the grace that placed itself / fuiste la gracia que se colocó
por sí misma
where lives were torn apart. / donde las vidas se desgarraban
You called out to our country, / convocaste a nuestro país
and you whispered to those in pain. / y susurraste a todos los que sufrían
Now you belong to heaven, / Ahora perteneces al cielo
and the stars spell out your name. / y las estrellas dicen tu nombre”
Sirius dio varias vueltas en la cama sin poder dormir. Aún veía
el rostro lloroso de David y la conciencia le remordía muchísimo
por haberlo echado. Si no fuera por sus estúpidos celos… pero
no soportaba ver a Remus cuchichear con David y reírse, hasta pensaba
que se burlaban de él.
Se sentó nuevamente, tratando de decidir si debería buscarlo.
- “¿Paddy?”, preguntó suavemente Remus, “¿ocurre algo?”
- “Mmm. No”, fue la respuesta culpable, “es… yo…”, dudó Sirius, “sí”, dijo finalmente.
Remus alzó las cejas.
- “Vino David”, empezó Sirius, “se veía muy mal… le dije que volviera mañana”
- “¡David!”, Remus se puso de pie de un salto y buscó su túnica.
- “Moony, ¿A dónde vas?”
- “A buscarlo”, fue la decidida respuesta.
Sirius se levantó también y ambos salieron en dirección a la habitación de David, pero sólo hallaron a Sturgis, también despierto.
- “Se fue”, dijo con amargura, “ya sabes a dónde”, agregó dirigiéndose a Remus.
- “¿Estaba bien?”, preguntó éste suavemente.
- “¿Bien? Estaba como siempre que se va para allá”, respondió Sturgis dándole la espalda y cubriéndose hasta las orejas, tratando de esconderles sus lágrimas.
Sirius y Remus se retiraron discretamente, no lo vieron llorar, pero era claro que Sturgis no los quería allí. Además, David no estaba con él… Sirius se dijo que eso era extraño, pero a Remus no parecía haberle sorprendido demasiado.
- “¿A dónde fue?”, preguntó intrigado Sirius.
- “A Slytherin”, respondió Remus, “Está con Campbell y sólo espero que esté bien”
- “Ah”, dijo Sirius sin entender. ¿Podía alguien estar bien al encontrarse con Campbell? Pero Remus parecía saber de lo que hablaba, de modo que no discutió. En cambio, abrazó por la cintura a su novio y le susurró en el oído, “¿vamos a divertirnos un poco?” y besó traviesamente su cuello.
Remus se resistió un poco, pero terminó por ceder, después de todo, si David estaba con Campbell de seguro estaría bien. Pero estaban en el pasillo y Sirius no paraba de besarlo.
- “mmff”, trató de protestar, “Paddy… vamos a otro lugar”
A Sirius le brillaron los ojos y le susurró algo al oído. Tomados de la mano, llegaron al baño de prefectos y Remus pronunció la contraseña. Entraron rápidamente y cuando Sirius se disponía a cerrar la puerta, se quedó paralizado.
Remus ahogó un grito, cubriéndose el rostro con la boca.
- “D-dave”
Sirius avanzó, como en un sueño. Una mirada le bastó para saber que habían llegado demasiado tarde. David yacía en una esquina de la piscina, con los brazos abiertos medio sumergidos en el agua y la cabeza colgándole en un ángulo imposible… y toda esa sangre llenando la piscina, cubierta de rosas rojas. ¿Rojas? No, estaban manchadas de sangre…
Remus corrió a la piscina y tomó a David por los hombros sacudiéndolo. La sangre que se escurría por las muñecas del chico le manchó la ropa…
- “¡David, David!”
Alguien pasó junto a él y lo apartó de golpe, arrebatándole el cuerpecito de David.
Nigel Campbel.
*
El profesor Campbell había esperado con impaciencia la finalización del juicio, alegrándose secretamente de la rapidez que tenía Arcadia para deshacerse de las víctimas. Severus no había tardado mucho, pero aunque lo observó atentamente, la expresión del joven era inescrutable y únicamente lo vio intercambiar una mirada con Lucius.
Pero él mismo ocultó lo más que pudo sus sentimientos, por más que la angustia por David lo devoraba, se obligó a aparentar indiferencia y condujo finalmente la ejecución, dejando a Mc Nair encargarse de los restos. Luego, llamó a Severus con naturalidad.
- “Snape, ¿qué hiciste con Balfour?”
- “Lo amenacé con matarlo si hablaba”, fue la serena respuesta.
- “Bien hecho”, aprobó Campbell, sintiendo muy en el fondo deseos de estrangular a su propio discípulo. “Iré a cerciorarme”
Se obligó a caminar cuando lo que deseaba era correr al encuentro de su ángel de York. Pensaba cómo fue que David pudo dar con ese lugar y no sabía si maldecirse o felicitarse por haberle dado el amuleto, porque si David no lo hubiese tenido, Arcadia hubiera dado buena cuenta de él… Pero no, el solo pensamiento lo enloquecía, prefería mil veces que David supiera que él era un mortífago a que resulte lastimado por cualquiera de las criaturas de Voldemort.
David no estaba en los calabozos, ni en sus habitaciones.
Entonces recordó que el chico a veces vagaba por la escuela y que le gustaba usar el baño de prefectos cuando deseaba relajarse… se encaminó resueltamente hacia allí y apenas dobló el pasillo, supo que algo andaba mal.
La puerta estaba abierta y pudo oír un grito ahogado. Apresuró el paso y entró de golpe, apartando a Black en el camino, pero sin verlo realmente, porque su atención estaba enfocada en la figura que yacía dentro de la piscina.
David.
¡David en la piscina! El chico tenía los brazos cubiertos de sangre y la cabeza inclinada hacia un lado. Junto a él estaba Lupin, tratando inútilmente de reanimarlo, sacudiéndolo mientras la sangre le manchaba también las manos y la ropa.
La mente de Campbell captó todos esos detalles con rapidez mientras corría hacia la piscina y le arrebataba a Remus el cuerpo de David. Sólo entonces tomó conciencia de que estaba muerto, el cuerpo estaba frío aunque aún no rígido y el profesor de Pociones cayó de rodillas abrazándolo.
De pronto, empezó a sollozar sin poderlo evitar. Sollozaba delante de dos malditos Gryffindors, sosteniendo el cuerpo de la única persona que amó, ahora lejano, muerto. ¡MUERTO! ¿De qué le servía ser mago? ¿DE QUÉ MALDITA SEA LE SERVIA? Si magia no podía salvar a David, si la magia no podía retroceder el pasado, si la magia no le devolvería jamás a su tesoro… ¿POR QUÉ MALDITA SEA ERA UN MAGO?
Su cuerpo se sacudía entero con el ímpetu de los sollozos mientras mecía a David y le hablaba en gaélico, pidiéndole perdón, implorándole aunque sabía que era inútil, que él ya no lo escucharía jamás.
*
Sirius tiró de Remus, que se dejó guiar como un muñeco, con el espanto aún en sus ojos, tratando de asimilar, de entender… Llegaron a la puerta y Sirius hizo algo de lo que jamás se habría creído capaz: usó un “Sonorus” y llamó a gritos a Filch, pidiéndole que trajera a Marius White, a Mc Gonagall, incluso a Dumbledore.
Luego abrazó a Remus y lo condujo al pasillo, incapaz ya de seguir mirando a Campbell.
- “¡David, despierta!”, alcanzaron aún a oírlo, “¡Despierta, maldita sea! ¡No puedes morir, no puedes! Eres escocés y eres también un maldito Gryffindor… se supone que ustedes no hacen esto, David…”
Los gritos y las maldiciones cesaron y la voz de Campbell sonó rota, quebrada.
- “Dave, ángel”
El profesor por fin había entendido que no había más que hacer. Y se quedó así, sentado en el piso, con el cuerpo del muchacho muerto entre sus brazos, meciéndolo, hablándole, apartando el cabello aún húmedo de su rostro, cerrando suavemente sus ojos y besando sus fríos labios…
- “Dave…”
Sirius y Remus lloraban abrazados y así los encontró White junto a la puerta.
De pronto, Remus levantó la cabeza, antes oculta en el hombro de Sirius que lo abrazaba fuertemente. Estaba como atontado, en completo shock, pero cuando White pasó, veloz como un rayo junto a ellos, pareció reaccionar y sus ojos enfocaron nuevamente el cuerpecito muerto de su amigo.
Campbell lo sostenía, cubriendo su desnudez con su túnica escocesa, besando sus muñecas desgarradas por las heridas que él mismo se había inflingido, meciéndolo sin importarle nada, como si él y David estuvieran en su propio mundo de quietud y muerte, mientras Marius White avanzaba hacia ellos.
Una imagen llenó de pronto la mente de Remus. Una estatua muggle, “La piedad”, la llamaban, esculpida por Miguel Ángel. La piedad, David y Nigel, exactamente así, ambos quietos, ambos bellos con esa belleza irreal que produce la muerte.
Los brazos de Campbell rodeaban al muchacho como si quisiera protegerlo del mundo que acababa de dejar. De pronto, el profesor levantó la vista y el rostro de David quedó al descubierto, un rostro contraído por la pena, quieto con ese eterno rictus, con las mejillas cubiertas de sus propias lágrimas ya secas y de las lágrimas que Campbell había vertido sobre ellas.
Muerto.
Muerto para siempre.
¿Qué piedad podría haber en eso?
De pronto Remus escapó de los brazos de Sirius y corrió hacia ellos antes que White pudiera detenerlo.
- “¡Usted lo mató! ¡Fue usted!”, gritó enfurecido golpeando al profesor que no se movió.
- “¡Basta, Lupin!”, dijo firmemente White, pero Remus estaba fuera de sí.
- “¡Asesino! ¡Él lo amaba y usted lo mató! ¡Sólo lo hizo sufrir y él lo amaba!”
Sirius llegó enseguida y lo sacó suavemente de allí, cuando la furia se había convertido en amargos sollozos.
- “Shh, Moony”, dijo llevándolo hacia un rincón. “Moony, amor”
En un instante, Dumbledore y Mc Gonagall habían llegado y también la señora Pomfrey. Sirius dijo en pocas palabras lo que habían encontrado, omitiendo el detalle de la visita de David horas antes.
En la confusión que siguió, Campbell desafió al mismo Dumbledore, impidiendo que le quiten a David, defendiéndolo como la fiera que defiende su presa, enfurecido, febril, desesperado. Tan desesperado, que White tuvo que aplicarle un piadoso “Desmaius” y sacarlo de allí, mientras la señora Pomfrey se hacía cargo de Sirius y Remus.
*
En pocas horas, toda la escuela se había enterado de lo ocurrido y Dumbledore hizo todo lo posible por controlar la situación, incluso utilizó a Fawkes, su fénix, para trasladarse inmediatamente a Escocia y avisar a la familia del muchacho.
Mientras tanto, la profesora Mc Gonagall hizo que llevaran a David a la enfermería y la señora Pomfrey lo vistió con el uniforme de Gryffindor. White se encargó de Campbell que parecía un completo demente cuando despertó y pedía a gritos traer a David. Lo llevaron a su habitación y White se quedó con él.
Sirius sostenía a Remus, que lloraba en silencio en el pasillo de la enfermería, rodeado de sus amigos, James, Lily y Peter. Sturgis apareció poco después con el rostro desencajado y se quedó sollozando junto a la puerta.
La profesora Mc Gonagall interrogó a Sirius en su despacho, y así se enteró de que David había estado preocupado por algo. Sirius perdió el control de pronto, sólo se estaba manteniendo fuerte por Remus, pero ya no pudo contenerse más y confesó su culpa al echar a David de su habitación. La profesora lo miró compasivamente, pero entonces regresó Dumbledore con el rostro lleno de angustia y enojo y ambos se fueron a conferenciar, dejando a Sirius olvidado con su remordimiento.
El muchacho se dio varias veces la cabeza contra la pared y se derrumbó finalmente en el asiento, ocultando su rostro con las manos. Sus celos, sus malditos celos habían causado eso…
- “Señor Black”
Marius White se encontraba junto a él y le tomó suavemente el hombro. El profesor había entrado silenciosamente a buscar a Mc Gonagall y ahora miraba a Sirius con simpatía.
- “Pude salvarlo…”, murmuró Sirius entrecortadamente, “él vino a buscar a Remus y yo lo eché… si no lo hubiera hecho…”, se interrumpió reprimiendo un sollozo, “si no… él viviría ahora..”
White lo miró comprensivamente, sin retirar la mano de su hombro. Jamás White había demostrado el menor afecto por su más brillante discípulo, pero esta vez lo hizo.
- “Señor Black, el señor Balfour escogió su destino. Nada de lo que usted pudiera haber echo habría podido cambiarlo”, dijo suavemente mirándolo a los ojos. “Créame, por lo que pude hablar con el profesor Campbell, esto es mucho más complicado de lo que parece”
- “¿Campbell es… era..?”
- “Así es, señor Black. Usted mismo lo vio, sólo le pido discreción y ayuda para poder saber qué fue lo que pasó”, continuó White, “ahora, vaya a cuidar del señor Lupin que debe necesitarlo mucho”
Sirius agradeció el gesto y se despidió de su profesor con un sincero apretón de manos, volando a buscar a Remus. Sólo tiempo después, Sirius se daría cuenta de que el profesor sabía sobre su relación con Remus y no había hecho ningún comentario negativo, pero jamás había vuelto a aludirla.
*
Finalmente, Dumbledore dispuso un salón para velar a David y les informó escuetamente que el muchacho sería sepultado en el cementerio de Hogsmeade. Lo que no les dijo, es que sus tíos se habían negado a recoger el cuerpo. David se había suicidado y en el estúpido código de honor de su familia, esto era una gravísima ofensa. “Un suicida no puede ser sepultado en el Mausoleo Familiar” fueron las categóricas y despiadadas palabras de Sean Balfour, y Dumbledore volvió, angustiado y enfurecido al mismo tiempo.
El muchacho fue colocado en un ataúd y Sturgis no se movió más de su lado, mirándolo y acariciándole el cabello sin dejar de llorar. Las manos de David reposaban a los costados de su cuerpo, sin rastros de sangre y con las heridas ocultas por los puños de la camisa, sin embargo su rostro traería para siempre el dolor que lo motivó a quitarse la vida. Dolor que por más que Dumbledore intentó averiguar la causa, no la descubriría hasta después de veinte años.
Dos ausencias fueron notorias en el velatorio: Nigel Campbell, que continuaba siendo vigilado por White, y Severus Snape que sólo se dejó ver cuando trasladaban el cuerpo a la enfermería.
Y precisamente era Severus quien daba vueltas en su habitación como un poseso, aterrado por lo que acababa de hacer. Finalmente no pudo más y voló a la chimenea de la Sala Común de Slytherin, ahora desierta.
- “¡Lucius! ¡Maldita sea, Lucius, responde!”
Un aterrorizado elfo doméstico asomó su cabezota por la chimenea y balbuceó algo ininteligible. Los minutos pasaban y Severus se ponía cada vez más impaciente. Finalmente una cabeza rubia apareció en la chimenea y una voz indignada estalló.
- “¡Severus! ¿Sabes que es de madrugada? Espero que valga la pena...”
Severus se inclinó y le informó en escuetas palabras lo que había ocurrido. Lucius ni se inmutó.
- “Bien. Un Gryffindor menos. ¿Es eso un problema?”, preguntó con indiferencia.
- “Lucius, era inocente, no como los otros que matamos…”, protestó Severus.
- “Era el amante de nuestro Maestro, un mugroso Gryffindor de padres ama-muggles. Si eso no calma tu conciencia, no es problema mío. Yo me voy a dormir”.
Y la cabeza de Lucius desapareció de la chimenea, dejando a un pálido y angustiado Severus que trataba desesperadamente de creer en sus palabras a pesar de que sabía que no podría con esa carga… una cosa era matar al drogadicto ese, un pobre ser que ni siquiera sabía que estaba vivo; o matar con pociones a poblaciones muggles que para Severus no deberían existir. Así podía matar y sentía incluso que hacía justicia para el mundo mágico. Pero impulsar a alguien a matarse nunca estuvo dentro de sus planes. Matar así no, no como a David, nunca como a David. El maldito mocoso era todo lo que Lucius decía, pero no merecía eso.
*
“And it seems to me you lived
your life / y me parece que viviste tu vida
like a candle in the wind: / como una luz en el viento:
never fading with the sunset / sin desvanecerse con la puesta del sol
when the rain set in. / cuando la lluvia caía
And your footsteps will always fall here, / y tus huellas siempre estarán
aquí
among England's greenest hills; / entre las colinas más verdes de Inglaterra
your candle's burned out long before / tu luz se encendió hace mucho
your legend never will. / tu leyenda nunca lo hará.”
Al día siguiente por la tarde el cementerio estaba quieto, como suelen
estarlo los cementerios de pueblo, con la brisa de primavera haciendo murmurar
las hojas de los árboles que lo rodeaban.
Remus estaba de pie entre Sirius y James y junto a James estaba Sturgis. Los cuatro habían cargado a David hacia su última morada y Remus miraba sin ver cómo la tierra iba poco a poco cubriendo el ataúd con el cuerpo de su amigo, recordando cómo él mismo acompañó a David cuando sepultaron a sus padres. Dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y recordó que Campbell había aparecido esa vez, dándoles el último adiós a sus rivales de clan, pero ahora no se veía al profesor de Pociones por ningún lado.
Alguien se acercó junto a ellos y puso la mano cariñosamente en el hombro de Remus. Genévieve estaba allí, ataviada de blanco como siempre, con los ojos serios y tristes.
Dumbledore dijo algo y todos comenzaron a retirarse. Genévieve abrazó a su amigo y le habló con muchísimo cariño, pero él no se quería ir todavía, permaneció allí un rato más. Tenía algo apretado contra su pecho y cuando todos se fueron, avanzó hacia la tumba y depositó en ella el objeto que sacó de su envoltorio: una gaita, la gaita de David.
“And even though we try, / Y
aunque lo intentamos
the truth brings us to tears; / la verdad nos hace llorar
all our words cannot express / nuestras palabras no pueden expresar
the joy you brought us through the years. / la dicha que nos trajiste estos
años”
- “Descansa en paz, amigo”, susurró y se recargó en el hombro de Sirius que lo condujo hacia los carruajes que esperaban a los estudiantes.
Nadie habló durante el trayecto, la pena era demasiado grande. Sirius abrazaba a Remus en el asiento trasero, mientras James hacía lo propio con Lily. Sturgis, encogido en un rincón, lloraba aún en silencio. Era desgarrador verlo de ese modo, llorando impotente, él que jamás había llorado por nada y por nadie. El chico entonces decidió ser Auror porque ese había sido el sueño de David y porque así lo recordaría por siempre.
Peter jugaba distraído con una rana de chocolate, que de pronto escapó, cayéndole encima a Remus que ni siquiera se molestó en atraparla.
- “Wormtail, deja de hacer estupideces en un momento así”, le recriminó Sirius pulverizando la ranita con un hechizo.
El chico gordito lo miró con rabia y se fue a buscar asiento más adelante. Enfurruñado, pensó en todo lo que había pasado y cayó por fin en cuenta de que él había tenido que ver de algún modo en la muerte de David, porque todo ocurrió luego de que le contó a Severus sobre el romance de Campbell con el chico. Además, Severus no había aparecido tampoco en el cementerio. Luego de lanzar una última mirada furibunda a Sirius, se entretuvo pensando qué pasaría si en lugar de ser David, hubiera muerto Sirius. No sintió remordimiento alguno, sólo una sensación de poder. Y era excitante.
*
En el castillo, Dumbledore pidió a Remus que lo acompañe a su despacho y cuando el chico salió, sus ojos estaban rojos por las lágrimas. Sirius y James lo esperaban en la puerta y lo llevaron a su habitación, donde Peter le tenía preparada una poción para dormir sin sueños.
- “Moony, ¿qué te dijo?”, preguntó suavemente Sirius tomándolo de la mano.
- “Me preguntó sobre David y Campbell”, respondió Remus dejándose caer en la cama, “me pidió que no lo comente con nadie salvo ustedes y les pido que no lo hagan. David no merece estar en boca de todos”
- “¿David y Campbell?”, exclamó Peter fingiendo asombro. James no dijo nada porque Sirius ya lo había puesto al corriente.
- “Sí, Pete. Ellos se amaban…”, Remus se interrumpió dudando, “bueno, David lo amaba, de Campbell no estoy tan seguro. Pero sigo creyendo que él tuvo que ver en lo que sucedió”
- “¿Y qué dice Dumbledore?”, preguntó James.
- “Van a investigar lo que puedan”, Remus empezó a llorar nuevamente, “¿saben por qué lo enterraron aquí? Su familia no quiso recibirlo… ¡No quisieron que esté con sus padres!”
Sirius lo abrazó y Peter le alcanzó la poción. Al cabo de un rato, el llanto se hizo más débil y Remus se quedó dormido por fin. Eran las seis de la tarde.
James y Sirius lo acomodaron entre las mantas, quitándole la túnica y los zapatos. Un tímido golpe en la puerta los hizo sobresaltarse, pero solo se trataba de Lily que traía algo de comer para Remus, que no había desayunado ni almorzado.
- “Sturgis está muy mal”, les informó la chica, “lo tuvimos que trasladar a otra habitación para que no esté solo. Dumbledore habló con él hace poco”
Los cuatro se sentaron en la cama, alrededor de Remus, silenciosos y tristes. Nadie tenía deseos de hablar. De pronto, Sirius, que ya no podía más con los remordimientos, les contó el estado en que se encontraba David el día anterior y que él lo echó por celos. El chico lloró y Lily lo abrazó con ternura, nunca nadie más que Remus o James había visto llorar a Sirius Black.
- “Tú no podías saber lo que él haría, Sirius”, le dijo Lily, “Sturgis también lo echó, él mismo me lo dijo”
- “Voy a averiguar qué pasó”, dijo decididamente James levantándose de pronto, “si Campbell tuvo algo que ver, lo pagará”
*
James volvió casi a media noche y solo encontró a Sirius, recostado junto a Remus con los ojos húmedos, acariciando el cabello de su novio dormido.
- “Lo siento, Padfoot. Pero no sacarás nada con sentirte culpable, ni lo ayudarás a él”, dijo señalando a Remus.
- “¿Averiguaste algo?”, preguntó Sirius, sólo por cambiar de tema.
- “Campbell y David estaban juntos desde hace unos meses. Me metí al despacho de White y lo escuché comentárselo a Stoker. Dumbledore no piensa echar a Campbell, ha hablado con él y lo mantendrá en Hogwarts hasta fin de año porque es muy difícil conseguir un maestro de Pociones (dudo que alguien quiera estudiar algo tan aburrido). White no está de acuerdo porque dice que ha visto algo en la mirada de Campbell que no le agrada y yo concuerdo plenamente con eso. Y Voldemort canceló la tregua”, dijo James de corrido, como quien recita una lección.
Sirius lo miró sorprendido. Descartó lo de Voldemort, ya se preocuparía luego, pero mencionó en voz alta lo que sí le interesaba.
- “¿Y David?”
- “Dicen que pudo ser una pelea, pero Campbell no ha dicho palabra. Por lo que dijo Sturgis, David estaba muy mal por algo y tomó el ramo de flores que le envió Campbell antes de salir al baño de prefectos. Creen que ellos pelearon y que por eso David se suicidó, pero White cree que hay algo oscuro detrás de eso, con lo que también estoy de acuerdo. Stoker piensa lo mismo, pero sin pruebas, lo único que pueden hacer es vigilar a Campbell”
- “Pobre chico”, dijo Sirius, “no me agradaba mucho, pero no se merecía eso”
- “Nadie merece algo así”, afirmó James. “¿Quieres que me quede contigo? Peter está roncando en nuestra habitación”
- “Claro, Prongs”
Y James se acomodó en la cama vacía junto a la de Sirius.
*
Cuando Sirius despertó al día siguiente, encontró una nota que le decía que las clases se habían suspendido por duelo un par de días y que James había ido al lago con Lily.
El chico se levantó y se dio un rápido baño, sintiéndose mucho mejor. Luego se dispuso a preparar chocolate y cuando el apetitoso olor inundó la habitación, sonrió porque Remus acababa de abrir los ojos.
- “¿Sirius?”
- “Hola, Moony”, respondió él besándolo en la frente. “¿Mejor?”
- “Creo que sí”, sonrió Remus abrazándolo, “tengo hambre”
Desayunaron juntos lo que Lily había traído la noche anterior y luego Remus tomó una larga ducha que Sirius prefirió no interrumpir, aunque se quedó junto a la puerta atento a cualquier cosa y lanzó un suspiro de alivio cuando oyó cerrarse el grifo y los pasos de Remus.
El chico pálido abrió la puerta envuelto en una toalla.
- “Sirius, quiero ir al cementerio”
*
Llegaron a Hogsmeade por la tarde. El cementerio estaba ahora en completo silencio y caminaron entre las tumbas, tomados de la mano. Cuando doblaron junto a la estatua enorme de un ángel con las alas extendidas y tuvieron a la vista la tumba de David, Remus reprimió un grito.
Una figura alta y vestida enteramente de negro estaba encorvada ante la tumba de David, cantando. Sirius le oprimió el brazo a su novio y se ocultaron nuevamente tras el ángel de mármol. Una nueva mirada les mostró que se trataba de un hombre arrodillado y que lo que decía no era un canto, sino una invocación.
Las flores que dejaron el día anterior habían desaparecido y también la gaita que Remus dejó. De pronto, el hombre se puso de pie, extendiendo los brazos y gritó:
“…El Dios Diabólico
El Genio Diabólico
El Fantasma Diabólico
No muestran signos verdaderos
En los Hombres Mortales
Y los muertos se levantarán
Y olerán el incienso”
Un vapor brotó de la tumba, pero desapareció en un instante cuando Dumbledore se materializó junto al hombre de negro.
- “Eso no lo traerá de vuelta, Nigel”
Sólo entonces se dieron cuenta de que se trataba de Campbell. Campbell sin su clásica túnica escocesa y con la voz ronca y deformada por la angustia.
- “¡Entonces no hay nada más que hacer!”, gritó desafiante, pero luego la voz se le apagó, “No sé qué hacer…”
Dumbledore lo envolvió en la luz de Fawkes y ambos desaparecieron, siendo reemplazados luego por White y Alastor Moody que se movieron rápidamente, uno a cada lado de la tumba.
- “Eh, ustedes dos”, dijo de pronto Moody mirando directamente hacia el ángel, “pueden salir”
Sirius y Remus se asomaron y salieron algo avergonzados, pero Sirius no pudo ocultar su admiración hacia Moody, Jefe de la División de Aurores del Ministerio de Magia a quien miraba con reverencia.
- “Señor Black, ¿aún desea ser auror?”, dijo de pronto White.
- “Sí, profesor”
- “Entonces ponga atención. Pondremos un conjuro muy antiguo y poderoso sobre la tumba. Un conjuro que protegerá el alma del señor Balfour de cualquier intento como el que acaban de presenciar”
- “¿Pero qué…?”, empezó Remus.
- “Basta de charla. Marius, no tengo todo el día”, exclamó Moody y ambos magos comenzaron a recitar un extraño conjuro mientras avanzaban en direcciones opuestas rodeando la tumba hasta encontrarse en el mismo punto donde lo iniciaron.
- “El Conjuro de Ptah”, explicó White, “Ahora, volvamos a la escuela”
Alastor Moody se despidió rápidamente y desapareció. Ellos caminaron con White hacia la salida del cementerio. Remus tenía mil preguntas que hacer y su rostro decía claramente a Sirius, “te lo dije”. Si White trabajaba con Moody, no podía ser mortífago ¿o sí?
- “Profesor…”
- “Luego, señor Lupin. No hay tiempo”
*
Campbell se dejó caer en la cama que tantas veces había compartido con David, abrazando un pijama que el chico había dejado allí por descuido, recordando, pensando, sufriendo por su pérdida.
Dumbledore había actuado con él como un padre, comprensivo y generoso, perdonándolo. ¡Perdonándolo a él! Pobre viejo, si supiera… si tan sólo imaginara la verdad…
Y Campbell rió con una risa demente e histérica. Si Dumbledore supiera la verdad, se reuniría con David, si supiera la verdad, el viejo se impresionaría tanto que caería tieso al piso y no volvería a levantarse y-- ¡Esa era la solución para el Mundo Mágico! Voldemort estaría encantado.
La risa histérica llenó la habitación mientras Campbell se retorcía en la cama.
De pronto, cesó.
No lo descubriría, no a él. Al menos eso le quedaba.
David había muerto, se había suicidado al saber lo que él era. Había perdido a su ángel, a su única posibilidad de redimirse. Ahora, nada lo obligaba a dejar a su señor y no lo haría. Jugaría su última carta y luego recuperaría a David de la única forma que conocía.
La marca comenzó a arder en su brazo, su señor lo llamaba. Y Voldemort no admitía demoras.
- “Voy, mi señor”, dijo Campbell.
No volvería a ser débil.
Nunca más.
*
- “Gen, necesitaba mucho hablar contigo”, dijo Remus colocando la taza de chocolate que bebía sobre la mesa de la pequeña cabaña de su amiga.
Ella sonrió, desde que Remus se había aficionado a visitarla procuraba siempre tener chocolate para ofrecerle.
- “Quizá jamás entiendas por qué lo hizo, pero tu dolor disminuirá con los años, lobito. Sólo el tiempo puede curar estas heridas”
Remus sonrió tristemente y le relató luego lo de White.
- “Deberías haber visto la cara de Sirius. Él siempre sospechaba de White y ahora que lo vio trabajando con Moody tuvo que tragarse sus palabras… aunque yo no lo entiendo mucho aún. Si White es auror, ¿qué hace enseñando en Hogwarts?”
- “Quizá le gusta hacerlo”, aventuró Genévieve.
Luego, el tema derivó hacia el fin de la tregua.
- “Sigo pensando que esto era una maniobra para distraer”, afirmó Genévieve, “luego de las conversaciones, nada concreto se logró, únicamente Voldemort ganó tiempo y ahora hay que temer cualquier clase de ataques. Los aurores del Ministerio están alertas, pero no saben aún cuántos mortífagos tiene Voldemort”
- “Pero ellos no vencerán, ¿verdad?”, la voz de Remus estaba llena de confianza y Genévieve deseó por un momento tener esa misma fe de su amiguito.
- “Espero en verdad que no”, confesó sinceramente, “¿y qué hay del Campeonato de Duelo?”
- “Peleo con Snape la próxima semana. David iba a ser mi oponente, pero… ahora será Severus”
- “Estoy segura de que serás el campeón”, dijo ella con la misma confianza que había demostrado Remus.
- “Si lo soy este año, ¿irás a la premiación?”, pidió Remus.
- “Claro que lo haré, lobito”
Capítulo 26: Desaparición
“And I would do anything for
love, / y haría cualquier cosa por amor
I'd run right into hell and back, / correría al infierno y volvería
I would do anything for love, / haría cualquier cosa por amor
I'll never lie to you and thats a fact. / nunca te mentiré y eso es
verdad”
Do anything for love – Meatloaf
Luego de que se iniciaran de nuevo las clases, la semana transcurrió
rapidísimo y antes de que lo notaran, llegó el día de
la final del Campeonato de Duelo.
Remus se había mantenido ocupado hasta entonces con las prácticas. Por las mañanas se ejercitaba con Sirius y por las noches con White, tratando de aprovechar al máximo el tiempo. No se lo había dicho a nadie, pero ansiaba ganar a Snape por algo más que el placer de la victoria, quería hacerlo por David, porque estaba seguro de que si su amigo viviera, él habría sido el campeón.
La noche del duelo, todo Gryffindor estaba presente en el Salón y Remus aguardaba en los vestidores con Sirius, hasta que se diera la orden de empezar.
Dumbledore habló en nombre de los profesores y les comunicó que no habría Duelo de Exhibición porque el profesor Campbell se había sentido indispuesto, de modo que los finalistas podían pasar al estrado.
- “Moony, ve a ganar, sé que lo harás”, susurró Sirius dándole un rápido beso en los labios y Remus se deslizó rápidamente, saltando a la plataforma donde estaba ya Severus.
Sirius le dio una apreciativa mirada a su novio. En la malla verde que usaba para practicar, Remus se veía tentador, pero ahora, vestido con la malla rojo oscuro de Gryffindor se veía sencillamente irresistible. James le dio un amistoso codazo y le recordó que no debía mirar a Moony con la boca tan abierta.
El duelo comenzó ante las atentas miradas de todos.
Bajo el estrado, White y Campbell observaban las primeras evoluciones de sus discípulos y el profesor de Pociones trataba de no recordar las veces que practicó Duelo con David, seguro de llevarlo a la victoria incluso sobre su propia casa de Slytherin. ¡David! El muchacho se veía encantador en traje de duelista, pero debía recordar que ahora él ya no estaba. Y Severus tenía que vencer.
Severus había actuado raro toda esa semana, incluso había faltado a dos entrenamientos. No era que a Campbell le importara mucho, era sólo que esos días trataba de concentrarse en pequeños detalles para no pensar en David. Quizá por eso, fue el único que notó las ojeras y el cansancio de Severus, pero lo atribuyó a la preocupación que el chico debía tener por las palabras de Voldemort, que le había exigido una victoria para Slytherin.
Y una victoria era lo que Severus estaba más lejos de lograr esa noche.
Remus acababa de lanzarle un certero “Solarium” y Severus cayó aparatosamente al piso, sin alcanzar a invocar el segundo “Protego” que lo hubiera librado del hechizo. Pero Severus era bueno con la espada y no vaciló en usarla, lanzándose con ella sobre su oponente.
El chico pálido esquivó la embestida justo a tiempo y dio un ágil salto para encarar a su rival. Sus movimientos habían recuperado su elasticidad y al ver a Severus vacilante, recuperó la confianza.
Un “Desmaius” rozó el cabello de Severus, y éste contra atacó con un “Impedimenta” para luego arremeter con la espada nuevamente.
Remus se movía como un depredador, ágil y veloz. Sus movimientos eran elegantes al esquivar las estocadas y Sirius no podía quitar la vista de su bien formado torso. Pero no era el único que lo observaba. Bajo la plataforma, Campbell no se perdía uno solo de los movimientos de Remus.
El profesor sabía de sobra que era un licántropo, lo había averiguado en segundo año, y desde entonces lo había vigilado, olvidándolo sólo por David. Pero ahora nada impedía que pudiera ejecutar su plan inicial. Voldemort estaría muy complacido.
Severus trastabilló, se sentía cansado. Toda la semana había tenido insomnio y las Pociones para dormir no lo ayudaban con la angusia que sentía. Tampoco tenía un solo amigo en quien confiar, pues Lucius ya no había querido oírlo más si se trataba de Balfour y Severus había optado por callar.
Pero ahora estaba en juego la victoria de Slytherin y también uno de los deseos de su señor. Y a Voldemort le gustaba ser obedecido.
Remus estaba a punto de lanzarle un “Stupefy” final y acabar el duelo, pero Severus, desesperado, lanzó un “Averno”.
Una exclamación de terror brotó del auditorio y Remus logró apenas esquivar la llamarada. White saltó a la plataforma y suspendió el duelo sacudiendo a Severus e increpándole algo que no alcanzaron a oír.
Dumbledore subió también a la plataforma y se hizo un expectante silencio.
- “El Duelo ha concluido. Según las reglas, no es posible usar hechizos prohibidos y Severus Snape acaba de hacerlo, por lo tanto queda descalificado, siendo el campeón de Duelo el señor Remus J Lupin, de Gryffindor”
Como era de esperarse, Gryffindor aplaudió de pie, con Sirius, James y Peter en primer lugar, mientras que Slytherin abucheó y silbó inútilmente. Campbell de pronto comenzó a reír histéricamente pensando en lo que Voldemort le haría a Severus y quiso ser el primero en decírselo.
El Director esperó a que la algarabía haya cesado un poco y volvió a hablar.
- “Haré entrega entonces al señor Lupin del trofeo que le corresponde”
Un magnífico trofeo apareció en sus manos y se acercó a entregárselo a Remus, que replandecía de alegría, aunque tenía los ojos húmedos. Alguien faltaba para celebrar su victoria, alguien que también merecía ganar.
- “Quiero dedicar este trofeo a David Balfour”, dijo firmemente alzándolo para que todos pudieran verlo, “¡Dave, vencimos!”
A lo lejos, Campbell apretó los labios e hizo ademán de retirarse cuando la algarabía volvió a oírse, pero de pronto la multitud que pugnaba por subir a la plataforma se apartó para dar paso a una persona.
Genévieve avanzó entre los muchachos, destacando por su vestido blanco y por su porte. Varias exclamaciones pudieron oírse cuando ella levitó hacia la plataforma y abrazó a Remus.
- “¡Gen!”
- “Estoy aquí, lobito, ¡Lo lograste!”, le dijo ella al oído mientras reían juntos.
Un murmullo de asombro brotó de todos y Sirius no pudo evitar sentirse incómodo. Sus compañeros comentaban sobre la “novia” de Remus y él miró a su alrededor aparentando indiferencia. De pronto, haló a James de la manga y le mostró algo. Lejos de ellos, Marius White miraba la escena con la expresión de más absoluta furia.
Y Campbell devoraba a Genévieve con los ojos.
*
“But I'll never forget / pero
jamás olvidaré
the way you feel right now / el modo en que te sientes ahora
Oh no - no way – / oh, no, de ningún modo
I would do anything for love, / Haría cualquier cosa por amor
But I wont do that, / pero no haré eso
I wont do that, anything for love, / no haré eso, cualquier cosa por
amor”
Luego de la celebración en la Sala Común de Gryffindor, con
abundante cerveza de mantequilla que los prefectos habían fingido no
ver, Sirius se llevó a un tambaleante y alegre Remus al dormitorio.
Su novio no estaba acostumbrado a beber demasiado y ahora se reía de
todo.
Lo depositó en la cama y Remus volteó hacia un lado, quedándose completamente dormido. Sirius sonrió con ternura antes de despojarlo de la ajustada malla que no le habían permitido quitarse durante la celebración.
Remus quedó sólo en boxers y Sirius lo besó febrilmente en el cuello y hombros, para retroceder luego, sintiéndose culpable por desearlo de ese modo cuando estaba tan indefenso. No, no se aprovecharía de Moony en ese momento.
Y para mantener su resolución, se duchó y se puso pijama, acostándose luego con una almohada en medio de los dos. Al cabo de un rato, el cansancio también se hizo patente en él y se quedó dormido.
Cuando casi amanecía, algo indescriptiblemente dulce rozó sus labios y se sintió envuelto en una agradable tibieza, para despertar luego cuando notó que la almohada había desaparecido y las piernas de Remus se hallaban enredadas entre las suyas, siendo bastante patente la dureza que había entre ellas.
La forma en que se tensó alertó a su novio de que algo ocurría y abrió los ojos.
- “Sirius, ¿qué…?”, se interrumpió de pronto al notar la postura en la que se hallaba.
- “…haces?”, completó Sirius, “lo más placentero del mundo”, dijo sonriendo pícaramente.
- “Sirius, yo… lo siento”, balbuceó Remus rojo como la grana tratando de escapar de ese enredo de brazos y piernas.
Sirius lo miró divertido. A veces Remus era increíblemente ingenuo.
- “No tienes por qué. Somos novios, ¿verdad?”
- “Sí”, admitió el chico pálido.
- “Y nos tenemos mucha confianza, ¿verdad?”, y las ágiles manos de Sirius acariciaron la cadera de su novio.
- “Sí, Sirius, pero…”
- “Ya sé… ya sé, no puedes entregarte aún y lo entiendo”, interrumpió él, “pero”, añadió pícaramente, “el que no te entreges no significa que no disfrutes… y veo que lo necesitas”
Remus iba a replicar, pero la mano de Sirius se deslizó rápidamente por su entrepierna, apenas cubierta por los boxers, y le arrancó un gemido.
- “S-sirius”
- “Confía”, susurró Sirius sobre sus labios y se fundieron en un delicioso beso, con el sabor a la cerveza de mantequilla aún en los labios de Remus. Sirius lo saboreó lentamente y su mano libre recorrió el pecho desnudo de su novio, pellizcándole los pezones hasta que los sintió endurecerse a su contacto.
El cuerpo de Remus respondió aún más a las caricias y él cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás y mordiéndose los labios para tratar de acallar los gemidos. Sirius lo contempló una vez más, grabándose en la mente cada rincón de su cuerpo, diciéndose una y otra vez que Remus era lo más hermoso que había visto, besándolo hasta quitarle el aliento.
- “Te amo, Moony”, susurró Sirius una vez más, perdiéndose en esos ojos dorados antes de arrodillarse frente a Remus y bajar con cuidado sus boxers.
- “Paddy, te amo”, gimió Remus, elevando las caderas para facilitarle la tarea. Se sentía un poco avergonzado porque sabía lo que iba a suceder. Lo anhelaba y a la vez temía un poco decepcionar al playboy de Hogwarts por su poca experiencia, pero Sirius comprendió.
- “Sólo déjate llevar, Moony. Disfrútalo, es el regalo que te doy por tu victoria”
Y uniendo la acción con la palabra, tomó la erección de Remus, que se erguía tentadoramente, y la llevó a su boca, saboréandola como si fuese el más delicioso manjar.
Saboreó el pre semen con deleite, recordando esa primera vez, en tercer año, cuando hizo lo mismo, disfrazando entonces lo que sintió bajo la idea de que era únicamente por la poción. Pero no era sólo eso, era por Remus, siempre había sido por Remus y saberlo ahora lo hacía sentir dichoso.
- “Eres delicioso”
Y la boca de Sirius se lanzó de nuevo hacia su objetivo, succionando con delicadeza hasta encontrar un ritmo apropiado. Ciertamente jamás lo había hecho con un hombre, inconscientemente había reservado el momento para cuando estuviera con Remus. Y era maravilloso.
- “Ahh, Sirius”
Remus se incorporó a medias y lo atrajo a la cama, besándolo a su vez, con las mejillas rojas y los ojos brillantes. Nunca había pensado estar así con Sirius y la sola idea lo excitaba, pero quería algo más. Quería darle placer a Sirius como vio que Severus hacía con Lucius, quería que ambos disfrutaran.
Con algo de torpeza, trató de desabotonar el pijama de Sirius y su novio intentó ayudar.
- “Por favor”, pidió Remus, “quiero hacerlo yo”
Sirius sonrió y se recostó para facilitarle la tarea. Remus lo desnudó lentamente, cobrando confianza en la medida en que lo hacía. El cuerpo de Sirius siempre le había sido familiar, incluso cuando comenzaron a ser novios, se abrazaba a él con total confianza, pero ahora la situación era diferente… y bastante más placentera.
Ambos jadeaban y Sirius se sintió tan excitado que comenzó a mover las caderas, facilitándole a Remus el despojarlo de sus pantalones. Iba a intentar incorporarse y continuar atendiendo a su novio, pero entonces Remus hizo algo que lo tomó por completo desprevenido.
La tibia boca de Remus tomó la erección de Sirius y la besó febrilmente.
- “Moooonyy”, jadeó Sirius ante aquella inesperada caricia.
Remus se dejó llevar, en parte por instinto, en parte por lo que había visto en el Salón de Duelo, en parte porque tener a Sirius sometido de ese modo era lo más placentero que podía haber imaginado jamás.
Pero se equivocaba, porque de pronto, Sirius lo haló con cuidado y
lo puso en sentido contrario, abriéndole las piernas de manera que
Remus quedó de lado junto a él, con su erección prácticamente
en el rostro de su novio y le demostró así que la situación
se podía mejorar aún más, para provecho de ambos.
El animago no desaprovechó el momento, sus manos comenzaron a estimularlo a la par de su boca. Era la primera vez que lo hacían y sus movimientos, torpes al inicio, se volvieron luego sincronizados, como si sus cuerpos fueran uno solo.
Estarían juntos para siempre, juró Sirius sintiendo que nadie podría amarlo como Remus en ese momento le gritaba, con toda la intensidad de su primer momento de intimidad. Y sintió también que jamás podría amar a nadie más que a ese chico de ojos dorados cuyo cuerpo le ofrecía ahora la perspectiva más deliciosa.
Se concentró en darle placer a Remus, como si eso fuera lo único importante en el mundo, y de hecho, lo era para él. Su Moony también lo acariciaba, enviando verdaderas corrientes eléctricas por su espalda cada vez que succionaba y saboreaba su glande haciéndole sentir lo que jamás nadie había logrado, porque esta vez lo hacía por amor.
Remus gemía y jadeaba, sin poder pensar siquiera, concentrado en las sensaciones que Sirius estaba creando y en las que él mismo deseaba proporcionarle a su novio. Lo amaba como jamás amó a nadie, como jamás amaría a nadie, de eso estaba seguro.
- “Mi Moony”, jadeó Sirius con desmayo y Remus sintió que algo estallaba en él y agitó las caderas estremecidas para forzarse a entrar más en la boca de su novio, no pudo reprimir un grito de éxtasis y de alivio, y no paró de gritar hasta que los temblores de su intenso orgasmo fueron calmándose.
Sirius bebió todo, disfrutando hasta la última gota de placer del cuerpo de su novio, prolongando su orgasmo aún más con las traviesas caricias de su lengua sobre el glande, hasta que Remus jadeó de un modo que Sirius no pudo resistirse más e inundó su boca con el tibio líquido que Remus, a su vez, bebió.
Ambos estaban sudorosos y felices, ya sin sentir vergüenza y unidos por el vínculo que sólo el amor consumado podía darles. Se abrazaron sin hablar y el amanecer fue testigo de sus besos hasta que se quedaron dormidos muy juntos.
*
“Some days it dont come easy,
/ algunos días no son fáciles
Some days it dont come hard / algunos días no son difíciles
Some days it dont come at all, / algunos días no son de ningún
modo
And these are the days that never end. / Y esos son los días que jamás
terminan”
Una escena completamente distinta se desarrollaba esa misma noche en el refugio
de Voldemort, en el Bosque Prohibido.
- “Hola Severus”
Lucius estaba en el salón donde celebraban los juicios. Severus avanzó hacia él con precaución, aún no le perdonaba el despiadado comportamiento que tuvo respecto a David y además, le había llamado por su nombre completo…mala señal.
- “Hola”
Ambos se enfrentaron en un breve duelo de miradas. Los ojos grises de Lucius eran fríos, los negros de Severus, insondables. El joven Slytherin había aprendido a disimular bastante bien lo que sentía.
- “Perdiste”, fue todo el comentario que hizo Lucius sobre el Duelo y sus ojos continuaron, escrutadores, barriéndolo de abajo hacia arriba.
¿Por qué maldita sea tenía que hacer eso? ¿Por qué era tan provocativo y a la vez tan irresistible? Pero no era provocar lo que buscaba Lucius ese día. No, más bien…
- “Severus, Lupin te derrotó y Lord Voldemort te había pedido la victoria para Slytherin”
¿Lord Voldemort? Lucius lo llamaba Voldie cuando estaban solos. Eso sólo significaba una cosa.
- “¡Anularon el Duelo! ¡No me permitieron usar un hechizo!”, exclamó Severus defendiéndose.
- “Un Averno”, repuso fríamente Lucius y Severus maldijo mentalmente a Campbell, pues no pudo ser otro más que él quien había informado lo ocurrido.
- “No tuve alternativa---tenía que ganar ¡Demonios! ¿Qué te pasa ahora?”
- “No me lo expliques a mí”, replicó Lucius, “debes decírselo a él”, señaló la puerta cerrada. “Cuando nuestro señor pide algo, ponemos la vida en cumplirlo, Severus. No vuelvas a olvidarlo”
“Some nights you breath fire, / Algunas noches respiras fuego
Some nights your carved in ice, / Algunas noches estás tallado en hielo
Some nights your like / algunas noches eres
nothing I've ever seen before, / algo que jamás he visto antes
Or will again. / o lo serás de nuevo”
Luego dio un rápido y tierno beso en los labios de Severus y desapareció.
Un beso. Con los labios aún añorando ese inconfundible sabor
y con la mente divagando acerca de la extraña actitud de Lucius, pues
sus palabras frías contrastaban notablemente con la ternura de su beso,
Severus avanzó hacia la puerta de la habitación que tan bien
conocía.
- “Buenas noches Severus”
Voldemort.
Sentado en una silla, junto a la cama, el señor de los mortífagos se veía calmado y reposado, pero Severus bien sabía que tras la aparente calma de Voldemort podía ocultarse la más cruel borrasca.
- “Señor”, respondió inclinándose en señal de respeto.
- “¿Has visto a nuestro novio del año?”, dijo Voldemort con voz neutra señalando un ejemplar de la revista “Corazón de Bruja”, puesta como por descuido, sobre la cama.
Y claro, Lucius y Narcissa ocupaban la portada.
Severus se forzó a tomar la revista con estudiada indiferencia y hojeó distraído la entrevista.
“Narcissa es la persona más bella de este mundo. Nuestra boda será uno de los acontecimientos más importantes del año que viene, por ella remodelaremos Malfoy Manor, para tener así un escenario acorde a su belleza”
Las palabras dichas por Lucius. Impresas, refulgían ante los ojos de Severus como si estuvieran escritas con llamas. Se obligó a sonreír ante el comentario casual de Voldemort.
- “Sin duda será el acontecimiento del año”
La sonrisa de Voldemort se hizo muy amplia.
- “Ciertamente”, siseó peligrosamente, “Lucius se casará con Narcissa, Severus. ¿Sabes tú por qué?”
- “¿Una alianza?”, aventuró Severus atreviéndose a encarar a su señor, mirándolo a los ojos, escondiendo sus sentimientos hacia Lucius en lo más hondo. El enojo que sentía por el rubio ayudó.
Voldemort asintió.
- “Una alianza. ¡Y qué alianza, Severus! Narcissa Black es bella como sólo puede serlo el mismo Lucius. No puede haber mejor elección, y su heredero será la imagen del padre. La criatura perfecta que necesito”
Severus sonrió preguntándose muy en el fondo por qué Voldemort le estaba contando aquéllas cosas.
- “Lo será, señor”
- “Sí. Lo será”, afirmó Voldemort poniéndose de pie, “¿Y sabes por qué, Severus?”
¿Qué demonios era eso? ¿Una lección de mortifaguismo?
- “No lo sé”, respondió sintiéndose incapaz de pregonar la belleza de Narcissa, belleza que llevaba hacía mucho clavada en el alma porque él jamás sería bello. Y por eso la odiaba aún más.
- “Obediencia, Severus”, siseó Voldemort, “obediencia”, repitió hasta situarse detrás del joven y quitarle suavemente la varita. “Lucius jamás me ha desobedecido, Severus. Él siempre hace lo que yo le pido”
Severus no estaba seguro de cómo reaccionar. Sintió cómo Voldemort intentaba entrar en su mente e invocó sus conocimientos de Oclumancia para dejarle ver únicamente lo superficial. El Duelo, Lupin y el maldito duelo salieron a relucir primero.
- “Lucius siempre me complace”, continuó Voldemort con la misma voz acariciadora de un encantador de serpientes, “porque Lucius es bello y letal y jamás se dejaría vencer por un Gryffindor venido a menos”
Ya estaba. Se trataba de eso.
Un suspiro imperceptible se le escapó a Severus. No se trataba de sus sentimientos hacia Lucius, sino del maldito licántropo.
- “Señor, yo…”
- “Juraste servirme y complacerme”, afirmó Voldemort, “y la marca que llevas es la prueba de ello”
Como respondiendo a sus palabras, la marca comenzó a arder intensamente y Severus ahogó un alarido.
- “Duele, Severus. Pero eso no es nada comparado con lo que hacemos a los muggles. ¿Nunca te has preguntado qué se siente que te apliquen un cruciatus? ¿Nunca pensaste qué sienten ellos cuando los torturamos hasta matarlos?”
Severus tragó saliva.
- “No, señor”
- “Ahora lo harás. ¡Crucio!”
El efecto fue instantáneo y Severus se desmoronó, mordiéndose los labios para no gritar. El dolor le perforaba la cabeza, le taladraba el cuerpo con un millón de púas afiladas. Sintió cómo sus huesos eran triturados y cuando su cabeza golpeó la fría piedra del piso, tomó vagamente consciencia de que había caído al suelo.
- “¡Crucio!”
No pudo ya contener los gritos, aulló, se desgarró por dentro implorando que la tortura cesase, pero era en vano, el dolor estaba presente en todas partes, cruel, inmisericorde. A lo lejos, pudo oír la risa de Voldemort, una risa despiadada, descarnada. En un instante, sólo parecían existir el dolor y él.
Moriría. Estaba seguro de eso y lo anhelaba, para no seguir sintiendo ese dolor espantoso.
Y de pronto, todo cesó.
- “Eso sienten, Severus”, dijo cruelmente Voldemort. “Que no se te olvide jamás”
*
“Maybe Im crazy, / quizás
estoy loco.
But it's crazy and it's true / Pero es locura y es verdad
I know you can save me, / sé que puedes salvarme
No one else can save me now but you. / Nadie más que tú puede
salvarme.”
Lucius se encogió, forzándose a escuchar los gritos. Era un
mortífago y no debía vacilar, aún cuando el que gritaba
de ese modo era la persona que más amaba. Severus había desobedecido
a su señor, merecía el castigo, como muchas veces él
mismo lo había soportado.
Pero los gritos de Severus le llegaban al alma. Sólo el cruciatus podía doblegar a alguien como él haciéndolo suplicar de ese modo, la maldición había logrado lo que Lucius jamás logró con Severus. Y odió a Voldemort por maltratarlo así.
Cuando Voldemort lo llamó esa noche, sabía lo que sucedería. Nigel Campbell había estado ya con su señor y su rostro era más duro y frío que nunca. “Trae a Snape”, fue todo lo que le dijo, cubriéndose el rostro con su capa negra y alejándose rápidamente del lugar.
Y Lucius había obedecido a sabiendas de lo que ocurriría, odiando a Severus por haberse dejado vencer por Lupin, pero amándolo desesperadamente por la tortura que le inflingirían.
Ahora los gritos habían cesado y el rubio emergió del lugar que había escogido para aguardar fuera de la cueva, apartando las ramas de Arcadia que lo acariciaban a su paso, deseándolo pero sin poder atacarlo a causa del amuleto. Maldito bicho, Lucius sería el primero en deshacerse de ella cuando por fin Voldemort dominara en el Mundo Mágico, pero ahora, sólo quería encontrar a Severus.
“As long as the planets are turning, / Mientras el planeta gire
As long as the stars are burning, / Mientras las estrellas iluminen
As long as your dreams are coming true / Mientras tus sueños se hagan
realidad
You better believe it! - / ¡Deberías creerlo!”
Lo encontró en la misma habitación, encogido en el piso, tembloroso,
llorando aún, no por el dolor, sino por la humillación de haber
sido torturado. Bastante conocía Lucius la sensación.
Voldemort ya se había ido, él podía aparecer y desaparecer a su antojo dentro y fuera de la invisible barrera que había creado Arcadia, llevándose consigo los gritos y la humillación de Severus.
- “Sev”, susurró Lucius suavemente tomándolo en sus brazos y llevándolo a la cama.
El cruciatus no dejaba huellas, sólo esa horrible sensación de mareo y dolor que deprimía por varios días. Severus no se resistió, sólo se dejó llevar, reconociendo vagamente a Lucius y aferrándose a su túnica.
- “Se fue, Sev. Descansa”
Lucius se recostó junto a él, apartándole el sudoroso cabello del rostro, limpiando sus lágrimas con un fino pañuelo de seda. Sus ojos vagaron por la cama y descubrieron la revista. La incendió con un “Averno”, innecesario despliegue de magia negra con una cosa tan banal.
Severus abrió los ojos.
- “¡Maldito sea!”, gimió sintiendo que ese dolor jamás se iría.
- “Esto es lo que escogimos, Sev. Y no hay marcha atrás”, dijo firmemente Lucius y le cogió el rostro para plantarle un beso dulce y apasionado, muy distinto a todos los hambrientos besos que le había dado antes. El rubio lo acunó y ambos se quedaron muy quietos, temerosos de que las palabras arruinaran el mágico momento que se abría entre ellos y Severus supo que sólo Lucius podría calmarle ese dolor.
Y tuvo miedo.
- “¿Para qué rayos quería la savia de esa puta planta?”
- “Está experimentando. La planta produce una locura temporal, él sólo controla las dosis y las aplica a muggles. Es divertido y no hay evidencia de magia negra”
Grandioso.
Pero ahora, Severus sólo quería dormir y se hundió en la inconsciencia.
“That I would do anything for love, / Que haría cualquier cosa
por amor
And I'll be there until the final act - /Y estaré allí hasta
el acto final
I would do anything for love! / haría cualquier cosa por amor!
And I'll take a Vow and Seal a pact - / Y prestaré juramento y sellaré
un pacto”
Lucius lo abrazó estrechamente como si pudiera protegerlo del mundo,
Severus se veía tan vulnerable que lo llenó de besos. Era frío,
duro, tenía que ser así porque era un mortífago, pero
esa noche, vigilando el sueño de su amante, se permitió ser
humano.
*
“Some days I pray for Silence,
/ Algunos días rezo por el silencio
Some days I pray for Soul, / Algunos días rezo por las almas
Some days I just pray / Algunos días sólo rezo
to the God of Sex and Drums and Rock 'N' Roll. / al dios del sexo, los tambores
y el rock’n’roll”
El fin de abril llegó rápidamente, entre intensos estudios porque
los exámenes finales estaban cerca y parecía que todos los profesores
se habían puesto de acuerdo para hacer de su último año
en Hogwarts el más difícil.
Una noticia se comentaba en el mundo mágico, y se tejían muchas conjeturas en torno a ella: los muggles estaban sufriendo una especie de demencia temporal que los llevaba a cometer suicidios colectivos. Las víctimas eran personas de cualquier edad o sexo, que simplemente se reunían en un lugar solitario y terminaban con sus vidas prendiéndose fuego, cortándose las venas, incluso ahorcándose o disparándose a la cabeza. Y nadie podía explicarse el motivo.
- “Dave, no me veas ahora”, susurró Campbell al volver esa madrugada brumosa, luego de distribuir la poción “Delirius-modificada” en las bebidas muggles de un enorme supermercado.
Con la ayuda de Severus, no le había tomado mucho tiempo adaptar la poción de manera que fuera incolora e insípida. Luego Voldemort había perfeccionado la receta agregándole la savia de su planta mutante.
Severus.
Campbell pensó que el joven se había vuelto duro y frío y el cambio era para bien porque los Gryffindor ya no lo molestaban más. Severus tenía talento, debía reconocerlo. Definitivamente tenía talento aunque no le perdonaba el modo en que había amenazado a David, a pesar de que él mismo se lo había pedido así.
“Some nights I lose the feeling,
/ Algunas noches pierdo el sentimiento
Some nights I lose control, / algunas noches pierdo el control
Some nights I just lose it all / Algunas noches lo pierdo todo
when I watch you dance and the thunder rolls./ Cuando te veo bailar y el trueno
retumba”
El profesor de Pociones se duchó rápidamente y se puso su túnica negra. No había vuelto a vestir una túnica escocesa desde la muerte de David. Sus cosas y las del muchacho estaban guardadas en un baúl, en el fondo de un armario, pero él no lograba olvidar.
- “David”.
Campbell entró al armario y abrió el baúl, tomando el pijama de David como había hecho innumerables veces cuando sentía que ya no podía más. Aún tenía su olor, pero pronto se desvanecería, olvidado en el armario y mojado con las lágrimas del profesor.
- “David, ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué
me dejaste así? ¡MALDITA SEA!”, Nigel descargó un
violento puñetazo en el armario, “Dave… deberías
ver… todos mueren, se suicidan, se sienten como tú, Dave…
muertos”
”Will you raise me up? / ¿Me levantarás?
Will you help me down? / ¿Me ayudarás a caer?
Will you help get me right out of this Godforsaken town? / ¿Me harás
salir de esta ciudad olvidada de Dios?
Will you make it a little less cold? / ¿Haras que sienta menos frío?”
La voz se le apagó y se deslizó al piso abrazando el pijama.
Un sonido de campanas lo sacó de su ensimismamiento. La vida seguía dolorosamente su curso. Tenía clase de Pociones con sexto año. Y otra vez el asiento vacío de David le recordaría dolorosamente que su ángel ya no lo acompañaría más y que su camino se había apartado para siempre del que un día quiso recorrer con él.
Sturgis se había convertido en su víctima, sobre todo luego de que supo que David había visitado esa noche a varios de sus compañeros y todos le habían dado la espalda. Valientes Gryffindor, quería asesinarlos a todos. Pero el momento llegaría, hasta entonces, se contentaba con humillarlos en clases y observar.
Observaba sobre todo al licántropo y ya había tomado una resolución respecto a él. Esa noche, ejecutaría su plan.
*
“Will you hold me sacred? / ¿Me
guardarás a salvo?
Will you hold me tight? / ¿Me abrazarás fuerte?
Can you colorize my life / ¿Puedes pintar mi vida?
I'm so sick of black and white? / Estoy enfermo de blanco y negro
Can you make it a little less old? / ¿Puedes hacerme sentir menos viejo?”
- “Anda, Sirius, quiero que me preguntes sobre Historia de la Magia
antes de irte a entrenar”, pidió Remus estirándose perezosamente
en el sillón de la sala común de Gryffindor. Esa tarde no tenían
clases de Duelo, ese curso había terminado después del campeonato.
Lily leía recostada en las piernas de James y lejos de ellos, Peter los miraba con envidia. Sirius rió burlonamente.
- “Eso es aburrido, Moony, mejor hagamos cosas interesantes”
Peter prefirió irse antes de averiguar cuáles eran las “cosas interesantes”.
- “¿Qué le pasa?”, preguntó Sirius con absoluta sorpresa.
- “Debe ser la presión por los exámenes, Paddy”
- “Supongo… “, replicó él y luego se dejó caer junto a Remus, aprovechando que no había nadie más que ellos para darle un beso. Luego vio la revista Corazón de Bruja que Lily leía. “Basura Malfoy”, dijo con absoluto desprecio a la fotografía de Lucius que no dejaba de sonreír.
- “Se ven bien ambos, Sirius. Tu prima es muy bella”, repuso Lily.
- “Lo es”, concedió él, “pero está hechizada por Malfoy. Le escribí para felicitarla y le pregunté sobre Regulus hace unos días, ¿y saben lo que me contestó? ‘si Regulus es amigo de Snape no hay ningún problema. Snape es amigo de Lucius y creo que tú deberías serlo también’. ¡La muy zorra!”
- “¡Sirius Black!”, exclamó Remus horrorizado, “es tu prima, además, creo que le decidieron el matrimonio como a la mayor, ¿verdad?”.
Sirius asintió con un gruñido. Había notado que Remus no mencionó el nombre de Bellatrix.
- “Sí”, concedió, “Los Black sólo pueden relacionarse con familias de rancio abolengo como los Lestrange o los Malfoy”, dijo imitando la estridente voz de su madre a quien aún recordaba con amargura, “por suerte me desheredaron, así podré quedarme con quien yo quiera, aunque esto incluya malas noches cada mes”
Remus rió alegremente y se recostó en su hombro.
“Will you make me some magic, / ¿Harás mágia para
mi
with your own two hands? / sólo con tus dos manos?
Can you build an Emerald city / ¿Puedes construirme una ciudad de esmeraldas
with these grains of sand? / con estos granos de arena?
Can you give me something / ¿Puedes darme algo
that I can take home? / que pueda llevar a casa?”
- “No he visto a Regulus con Snape”, informó, “y
Genévieve me ha dicho que no lo ha vuelto a ver en el bosque. Ella
cree que lo que atacó a las hadas ya se ha ido y que quizá fue
una secuela de la planta, pero ya no está, no han podido detectarla”
- “Escuché decir a Hagrid que los unicornios estaban desapareciendo”, les dijo James, que se había aficionado a espiar a los profesores usando la capa de invisibilidad.
- “¿Unicornios? Su sangre es muy poderosa”, intervino Lily que había sido informada de todo por James hacía mucho, “pero ustedes no se meterán de nuevo en ese bosque, mucho menos ahora que la tregua ha concluido. Si hay mortífagos en Hogwarts, sólo pueden estar allí”
- “Pero Dumbledore…”, empezó Remus.
- “Dumbledore no lo sabe todo”, dijo firmemente Sirius, “y tampoco Genévieve, lobito. Ni White. Yo creo que hay algo extraño y que el Bosque Prohibido es la clave, pero lo investigaremos cuando termine el campeonato de Quidditch”
- “Son las cuatro”, informó Lily y los dos jugadores se levantaron inmediatamente para no llegar tarde al entrenamiento.
- “Estaré aquí a las seis, Moony. Iremos juntos a divertirnos”, dijo Sirius con un guiño que quería decir claramente que lo esperase antes de ir a la Casa de los Gritos para la transformación.
Remus sonrió, no tenía muchos deseos de presenciar el entrenamiento y subió a su habitación a prepararse para la transformación. Se puso ropa holgada y sobre ella la túnica del colegio y comenzó a revolver en su baúl hasta que encontró el álbum de fotos de los cuatro que James le había dado hacía unos días. Ellos habían decidido tener el álbum cuando a Sirius le regalaron una cámara de fotos mágica, en primer año, y allí estaban todos, fotografiados en diversas situaciones.
La cámara había quedado finalmente con James y las fotos del álbum ahora incluían a Lily, pero sus amigos habían insistido tanto en tener también fotos de Sirius y Remus como pareja que no había tenido más remedio que aceptar, preguntándose qué dirían sus padres cuando él finalmente se los contara.
Oprimió fuertemente contra su pecho el topacio que Sirius le había dado, sabiendo que había sido un placebo que Dumbledore usó con él para darle confianza y ayudarlo a dominar al lobo, aunque se le había hecho costumbre oprimirlo cuando necesitaba fuerzas para algo y pensaba en lo que ocurriría al salir del colegio. Sirius y él tenían una saludable intimidad, basada en caricias íntimas y orgasmos compartidos, pero sin llegar a la penetración y él a veces se preguntaba cómo sabría que Sirius ya estaba seguro… y si algún día estarían unidos para siempre como decía Genévieve.
El castillo estaba en silencio, todos estaban en el entrenamiento de Quidditch o estudiando en la Biblioteca. Remus extrañaría muchísimo esos muros de piedra entre los cuales había sido inmensamente feliz y también inmensamente miserable, pero eso ya había quedado atrás, ahora tenía a Sirius y se amaban.
”I know the territory - I've
been around, / Conozco el territorio, he sido rodeado
It'll all turn to dust and we'll all fall down, / Todo se volverá polvo
y caeremos
And sooner or later you'll be screwing around. / y tarde o temprano estarás
atrapado”
De pronto, recordó que Campbell le había pedido limpiar los calderos. El hombre le daba lástima, su carácter había empeorado pero él sabía el motivo. Si el profesor causó la muerte de David, lo estaba pagando con creces, en opinión de Remus. Se apresuró a cumplir el encargo antes de que se hiciera tarde y bajó a las mazmorras. El aula de Pociones estaba silenciosa y Remus entró con la curiosa sensación de que encontraría a David con las manos enrojecidas limpiando calderos, como lo había visto en los seis últimos años.
Tomó el primer caldero y se dirigió al lavatorio.
Pero no llegó a él. Algo golpeó su cabeza y lo dejó inconsciente.
Al cabo de un rato, el único sonido que se oyó fue el de un cuerpo arrastrándose.
Capítulo 27: Tortura
“The hunger inside given to me,
/ El hambre dentro de mi
makes me what I am / me hace ser lo que soy
Always it is calling me, / siempre me llama
for the blood of man... / a la sangre del hombre
They say I cannot be this, / Dicen que no puedo ser lo que soy
I am jaded, hiding from the day / estoy cansado de esconderme del dia”
Redemeer – Marilyn Manson
- “¿Alguien ha visto a Remus?”, preguntó Sirius
entrando como un huracán en la Sala Común de Gryffindor, ocupada
por algunos chicos de sexto año.
Nadie lo había visto y Sirius se fue directo a la habitación de James, donde sólo encontró a Peter.
- “James se fue con Lily a la Torre de Astronomía”, informó el chico gordito sin levantar la cabeza de la revista que leía.
Sirius salió dando un portazo. Últimamente Peter estaba imposible con él.
La Torre de Astronomía era el lugar favorito de los enamorados en Hogwarts y no le costó mucho localizar a James, considerando que conocía perfectamente el escondite porque él mismo lo había usado muchas veces.
- “James”, llamó lo más despacio que pudo, tratando de controlar su ansiedad.
La habitación parecía vacía. De pronto, la cabeza de James apareció en el aire, sin sus anteojos y completamente despeinado. Bajo la capa de invisibilidad se escuchó un murmullo femenino.
- “¿Qué pasa?”, preguntó James irritado por la interrupción.
- “Moony no está”
- “Debe estar… ya sabes… “, James dudó un poco. Lily estaba con él y ella no sabía de la licantropía de Remus.
- “No está. Fui a buscarlo y el lugar está vacío. Tampoco está en nuestra habitación, ni en el Baño de Prefectos”, la mención de ese último lugar lo hizo estremecer.
- “Espérame afuera”, pidió James.
Sirius salió, y esperó impaciente a que su amigo y Lily salieran, luego de una discusión de la que pudo captar:
- “James, esto es ridículo… Remus es mayor, quizá fue al bosque con Genévieve y--”
- “Lily, cariño, esto es distinto. Debemos hallarlo esta noche. Es muy importante, créeme”
Momentos después, Sirius y James, corrían al bosque, luego de agotar los lugares donde Remus podría estar en Hogwarts. Peter y Lily se quedaron en el castillo a esperar por si Remus aparecía.
- “Él nunca hizo algo así”, dijo Sirius con voz preocupada.
- “Quizás esté con Genévieve”, aventuró James y se dirigieron a la cabaña.
Sirius los llamó a gritos, pero no había nadie. Entonces exclamó:
- “Ella también está transformada ¿no habrán salido juntos?”
Salieron de nuevo a la zona del bosque que recorrían con Moony, ambos en sus formas de ciervo y de perro. Padfoot olfateó el camino, sin éxito, no podía distinguir el rastro de su amigo.
Corrieron otro trecho hacia las cuevas y de pronto, Prongs se quedó estático.
Sobre una roca, había un hombre alto vestido de azul, con el rostro oculto por la capucha de su traje, y junto a él, una enorme loba blanca miraba en dirección a ellos.
Padfoot quiso acercarse, pero Prongs lo retuvo. La loba les gruñía, y de pronto el hombre reparó en su presencia y dirigió hacia ellos su varita. Ambos animagos corrieron con todas sus fuerzas y se internaron en la parte peligrosa del bosque, recuperando su forma humana.
Sirius quiso avanzar, pero James no se lo permitió.
- “Sirius, por esta vez, vamos a respetar las reglas. Tenemos que decírselo a Dumbledore ahora mismo”
*
- “Ennervate”
Remus abrió los ojos y se encontró en la más absoluta oscuridad. Su cerebro estaba nublado, sentía un enorme dolor en la sien y en las manos y pronto pudo notar que se encontraba con los brazos atados alzados por encima de su cabeza y el dolor en las muñecas provenía de la fricción que sus ataduras hacían al sostener su cuerpo.
Vacilante, se afirmó sobre sus piernas y el dolor de las muñecas disminuyó. ¿Qué le había pasado? Trató de mover el cuello, pero un ramalazo de dolor le sacudió el cuerpo y se le escapó un gemido. Algo delgado cubría su rostro, como una tela áspera que le impedía ver, pero su cuerpo estaba desnudo y vulnerable.
Estaba atrapado.
Lo último que recordaba era haber ido a limpiar los calderos para ayudar a Campbell y de pronto algo estalló en su cabeza. ¿Lo habían golpeado? Debía ser así por el dolor que sentía. Sintió la presencia de alguien junto a él y se quedó muy quieto, tratando de mostrarse valiente.
De pronto, una luz cegadora lo deslumbró cuando su captor quitó la capucha con la que le había cubierto el rostro.
Remus parpadeó varias veces, acostumbrándose a la brillante luz de una lámpara que estaba en el piso. Estaba en una cueva, las paredes de piedra tosca así se lo indicaron, pero era una cueva enorme y él se encontraba en una especie de pozo poco profundo y muy amplio; y junto a él estaba un hombre embozado y vestido de negro.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando reconoció al hombre que lo atacara en quinto año, cuando se encontraba en su forma de licántropo y ahora… ¡Era luna llena! ¿O ésta ya habría pasado? No lo sabía, no sabía qué hora era, pero el pánico se apoderó de él.
- “Por favor…”, pidió al comprobar que la tira de cuero que lo sujetaba ciertamente no contendría al licántropo, “déjeme ir, es… peligroso”
El hombre sólo rió y Remus trató de recordar dónde había oído esa risa. Debía ser de día aún, pero el interior de la cueva era oscuro. De pronto, un estremecimiento le sacudió nuevamente el cuerpo, y la familiar y dolorosa sensación del inicio de la transformación se apoderó de él.
- “¡Váyase! ¡Es peligroso!”, exclamó, pero el hombre no pareció o no quiso entenderlo. “¡Soy un licántropo! ¡Lo mataré si no se va de aquí!”, gritó desesperado.
- “Lo sé”
Esa voz… pero su cuerpo comenzó el doloroso proceso que cada mes tomaba lugar en él y sólo pudo gemir y estremecerse mientras su rostro se alargaba y sus huesos se estiraban dándole la forma de un lobo.
Las ataduras ya no lo sujetaron más y el licántropo, presa de una enorme fuerza apenas contenida, se irguió furioso y gruñó amenazadoramente al hombre.
“I can't bare, / No puedo soportar
I cannot tame the hunger in me... / no puedo calmar el hambre dentro de mi...”
El hombre se mantuvo impasible, elevando su varita, dispuesto a enfrentarse
a la bestia. Traía un látigo de siete puntas, con bolillas de
acero puntiagudas y afiladas.
- “Te domaré, estúpido licántropo”, gritó y esperó el ataque.
Moony estudió a su oponente. Su instinto le indicaba precaución, recordaba ese olor, ese hombre lo había atacado antes. Y no fue agradable.
Vaciló un momento, pero luego se lanzó a atacarlo. Un destello brillante golpeó su hocico, arrancándole un aullido de dolor, mientras que el objeto que el hombre tenía en las manos se le clavó en el lomo, penetrando su carne sin piedad. El lobo retrocedió y volvió a atacar, con idéntico resultado.
El hombre sólo reía.
- “Ven, lobito. Te enseñaré modales”
Una y otra vez se repitió el ataque y la cruel represión por parte del hombre. Hacia el amanecer, Moony, adolorido y fatigado, se encogió en un rincón.
- “Así está mejor”
*
Luego de una angustiosa noche, toda la escuela sabía de la desaparición de Remus y Dumbledore se había reunido con Minerva Mc Gonagall, White, Campbell y Stoker por más de dos horas.
Sirius, James, Peter y Lily aguardaban fuera.
- “¿Dónde está?”, la voz de Sirius sonó perdida, “a esta hora debe necesitar descanso, estará débil y cansado…”, no pudo continuar.
- “Aparecerá, Sirius”, dijo firmemente James, “tiene que aparecer”
Peter le puso una mano en el hombro en señal de solidaridad. Había recorrido esa noche, convertido en rata, todos los rincones del castillo, tratando de encontrar a Remus, pero su esfuerzo fue en vano.
La puerta del despacho de Dumbledore se abrió.
- “Muchachos, Hagrid hará una nueva ronda por el bosque y el profesor Campbell se encargará de buscarlo en el castillo. El profesor White y yo trataremos de encontrarlo por otros medios”, les dijo el director, “debemos mantener la calma y estar alertas. La profesora Mc Gonagall pedirá a los prefectos implantar medidas de seguridad para que ningún estudiante camine solo. Aparecerá, Sirius”, dijo finalmente al ver que éste se retorcía las manos. “Ahora, por favor vayan a clases”
- “¡Vamos, señores! Tenemos clase de Pociones”, ordenó Campbell y los condujo a las mazmorras. “Los dejaré avanzando un laboratorio mientras busco al señor Lupin”
Sirius y sus amigos lo siguieron de mala gana. Campbell no parecía en absoluto preocupado.
*
Remus abrió los ojos en el suelo del pozo donde lo tenían prisionero. Se sentía terriblemente adolorido y no podía moverse. Estaba desnudo aún y sus muñecas y tobillos se encontraban firmemente atados, algo pegajoso cubría su espalda y cuello y descubrió con espanto que se trataba de sangre seca, producto de los latigazos que había recibido.
No se podía oír nada más que un sonido lejano, como de hojas flotando al viento. No había rastros de su captor y Remus probó arrastrarse un poco, pero estaba demasiado adolorido como para moverse mucho, y aunque hubiera podido, estaba atado y se encontraba en un pozo.
Lloró de impotencia.
Simplemente, no había forma de escapar.
Luego vinieron los gritos. Llamó a gritos a Sirius, a James, a Peter. Incluso llamó a Lily y a Genévieve, pero sabía en el fondo que era inútil y cayó en un pesado sopor, tratando de conservar las energías para enfrentarse a su captor.
*
- “Yo no pienso esperar a que lo encuentren. No me voy a quedar aquí, sin hacer nada”, declaró enérgicamente Sirius cuando al fin acabó la hora doble de Pociones.
Se dirigieron al aula de Transformaciones, pero Sirius se escabulló antes de que la profesora Mc Gonagall llegara. James trató de seguirlo, pero Lily se lo impidió.
Severus lo vio salir. Era más que evidente para dónde iba. Y también era evidente para él qué había ocurrido con el licántropo. En ese momento, se desarrollaba en el joven Slytherin una lucha interna. Ciertamente, el licántropo era el merodeador que él más aborrecía, pero también era el que menos se había metido con él (al menos conscientemente, lo de Lucius no contaba). Y la muerte de David estaba demasiado cerca como para que quisiera cargar con otra muerte en su conciencia.
Sirius entre tanto había llegado al bosque. Su instinto lo llevaba irremediablemente hacia allí y no esperaba que Hagrid pudiera encontrar a Remus. De hecho, sólo confiaba en una persona para encontrar a su novio.
- “Gen, tienes que ayudarme a buscarlo”, pidió luego de informarle a su amiga lo que había ocurrido.
Curiosamente, Genévieve no estaba sorprendida. Parecía incluso que ya sabía lo sucedido.
- “Yo seguí un rastro anoche, llevaba al lugar peligroso, pero James no me dejó avanzar más”
Genévieve se puso muy seria.
- “Sirius, no debes volver allí”, dijo severamente, “Dumbledore y el profesor White lo están buscando también. Lo encontrarán, Sirius. Debes confiar en ellos”
- “¡Pero no puedo estar aquí esperando! ¡Tengo que hacer algo por él! ¡Lo amo!”
Sirius estaba desesperado y sus ojos angustiados lo delataban bien.
- “Lo sé, cariño”, la voz de Genévieve se suavizó, “pero eres aún un aprendiz de mago, por muy bueno que seas. Y puede ser peligroso. No deseamos que salgas lastimado, Sirius”
- “Pero Moony…”
- “Tampoco él. Confía, por favor. Yo misma lo buscaré”
- “¿Y yo qué hago?”, preguntó Sirius, “no me pidas que me quede esperando, no podré”
- “Ve con Dumbledore y pídele que el profesor White venga a ayudarme”
Sirius no se lo hizo repetir dos veces.
*
- “¡Profesora!”, casi gritó Sirius al entrar como un ciclón al aula de Transformaciones.
Minerva Mc Gonagall lo recompensó con una enfafadísima mirada. Ella detestaba las interrupciones.
- “Señor Black, salga inmediatamente. No hay razón para entrar de esa manera. En cinco minutos estaré con usted”
Sirius salió apretando los puños, ante el murmullo generalizado de los estudiantes de tercer año. Fuera del aula, pateó la pared con fuerza varias veces ante la impotencia que sentía.
- “Comprendo su preocupación, señor Black, pero golpear las paredes no servirá de nada”
“Lo sé, vieja bruja. Pero si golpeo paredes evitaré golpearte a ti”, pensó Sirius haciendo un esfuerzo enorme por dominarse. Tenía que pensar en Moony.
- “Necesito hablar con el profesor Dumbledore o el profesor White. Ninguno de los dos está en su despacho”
- “El profesor Dumbledore fue al Ministerio de Magia. Alguien dio parte sobre la desaparición del señor Lupin y sus padres fueron alertados, en este momento el director se encuentra allí y vendrá con algunos aurores. Respecto al profesor White, no lo he visto por aquí. Debe estar buscando al señor Lupin en el exterior y … ¡Señor Black!”
Pero Sirius corría velozmente por el pasillo en dirección al patio principal.
*
Para cuando Remus despertó nuevamente, era casi medio día. No
tenía fuerzas ni siquiera para moverse. El hambre y el dolor lo habían
debilitado demasiado y sólo se quedó quieto, esperando a que
el dolor cesara un poco, sin saber aún qué quería de
él su captor.
La presencia de alguien hizo que abriera los ojos.
Un hombre alto, vestido de negro, con el cabello de un rojo furioso avanzaba decididamente hacia él.
- “P-profesor”, gimió Remus demasiado adolorido para pensar en lo extraño que era que su profesor de Pociones estuviera en ese lugar. “Ayúdeme”
- “Lupin, veo que finalmente ha despertado”, dijo el profesor Campbell con esa voz descarnada y fría que su torturador había empleado.
Entonces Remus entendió.
- “Usted…”, susurró atónito. Sus esperanzas se redujeron a nada, “Profesor… ¿por qué..?”
- “Eres un licántropo, Lupin”, respondió el profesor, “un delicioso licántropo, debo añadir”
Esa palabra que Sirius le había dicho con tanto cariño tomó ahora un tinte obsceno y siniestro en los labios de Campbell, cuyos ojos brillaron con lujuria. Remus se encogió, mirando a su alrededor tratando de encontrar un punto de escape.
“Oh, I say I did and always searching, / Oh, yo digo que ya lo hice,
y siempre estoy buscando más
you can't fuck with me / No puedes follar conmigo
So instead you'll taste my pain / y por eso, probarás mi dolor”
- “Es inútil, Lupin. No hay nada que puedas hacer para escapar,
no llegarías a la salida, y si lo lograras, afuera hay algo aún
más aterrador que yo”, dijo Campbell riéndose de su propia
frase. “Eres mío”
- “¿Por qué?”, preguntó Remus. Sólo trataba de ganar tiempo y pensar, aunque pensar incluso era doloroso.
Pero el profesor no le prestó más atención. En una esquina del pozo hizo aparecer un caldero y encendió el fuego mientras cantaba en gaélico algo que a Remus se le antojó aterrador.
Gritó con todas sus fuerzas pidiendo auxilio, pero Campbell ni siquiera se inmutó.
*
- “Campbell también ha desaparecido”, dijo Peter con el rostro serio. “No se presentó a clases y Mc Gonagall trató de disimular, pero se nota claramente que está preocupada”
- “Le hizo señas a Stoker y luego se encerró con él”, informó Lily, “y la consigna para los prefectos es no dejar salir a nadie del castillo”
- “Esto tiene que ver con Moony, estoy seguro”, declaró Sirius, que había vuelto derrotado luego de que White le ordenara permanecer en el castillo.
James estuvo de acuerdo, pero Lily amenazó a ambos con denunciarlos si intentaban salir y Peter la secundó diciendo que era demasiado peligroso.
Estaban en la Sala Común de Gryffindor, completamente solos, pues los otros estudiantes estaban en clase y se les había prohibido abandonar el pabellón donde estaban las aulas.
James intercambió con Sirius una mirada de entendimiento. Ambas varitas se alzaron en simultáneo, una apuntando a Lily y la otra a Peter.
- “Petrificus totalus”
Diez minutos después, un ciervo blanco y un perro negro corrían a toda prisa por el bosque.
*
Remus estaba ronco de tanto gritar. La espalda y los hombros le ardían insoportablemente y la pérdida de sangre lo había debilitado muchísimo. Momentos antes, Campbell estuvo junto a él, rociándolo con un líquido que le hacía sentir la piel en carne viva, como si la estuviera desgarrando, para dejar sus heridas sangrantes de nuevo.
Pero ahora el profesor estaba concentrado en el caldero donde soltaba los ingredientes. El pozo estaba llenándose de un olor nauseabundo y Remus no pudo evitar una arcada, luego dos y finalmente el escaso alimento que aún había en su estómago cayó en una esquina y él se arrastró sollozando lejos de allí.
- “El pequeño Moony tiene asco”, canturreó Campbell con voz cruel.
El cautivo no hizo el intento de replicarle, en parte porque se sentía demasiado cansado y en parte porque sabía que era inútil. Las ataduras empezaban a lastimarle las muñecas y los tobillos.
“The hunger inside given to me,
/ El hambre dentro de mi
makes me feel alive / me hace sentir vivo
Always out stalking prey, / siempre rastreando una presa
in the dark I hide / me escondo en la oscuridad”.
Campbell lo miró como un depredador a punto de saltar sobre su presa.”
- “Pronto estará lista, Lupin”
Remus abrió los ojos llenos de lágrimas y vio que el profesor sacaba de una bolsa algo que le pareció una serpiente desollada o algún espantoso gusano. Y hedía horriblemente.
- “Intestinos, Lupin. Y de un cadáver casi fresco”, explicó el profesor. Luego tomó otra bolsa y sacó un brazo humano en estado de descomposición.
El chico se sintió morir de asco y espanto. Vio locura en la mirada de Campbell y trató de hablar con el, ya no para razonar, sino para infundirle temor del único modo que conocía.
- “El profesor Dumbledore lo descubrirá. Él no permitirá que esto pase”, dijo sacando fuerzas de donde no tenía para que su voz sonara firme.
Campbell empezó a reír como loco. Rió tanto que su risa le llenó el rostro de lágrimas y cuando al fin pudo hablar, dijo con voz temblorosa:
- “¿Dumbledore? El viejo ni siquiera está aquí. Una oportuna nota al Ministerio de Magia lo quitó de en medio… ¿No adivinas quién la envió?”
La risa histérica continuó por un momento.
- “El profesor White, la profesora Mc Gonagall, alguien lo descubrirá, no se saldrá con la suya”, porfió Remus sin saber por qué se molestaba en discutir con un loco.
- “¿White y el viejo búho? Aún si ellos supieran de este lugar, jamás podrían penetrar en él”, exclamó Campbell.
La poción hervía ya, con los despojos disueltos. El profesor agregó unas hojas de hiedra venenosa y un par de tarántulas vivas.
- “¿Y sabes por qué?”, comenzó a explicar, calmado nuevamente, como si se encontrara en clases, “¿Recuerdas el viaje de White? Él trajo una plata mutante, una planta que se alimenta de las escencias de los seres vivos y que crea un campo de fuerza radioactivo que no es detectado por la magia de los aurores. Luego el mismo White descubrió que la planta estaba creciendo en este lugar y la destruyó o al menos eso creyó. Mi señor, Lord Voldemort, logró salvarla y la hechizó de tal modo que ahora es invisible y todo este refugio está cubierto por ella”
Remus ahogó un gemido. No había salvación, nadie lo encontraría en ese lugar.
- “Sí, mi señor pensó bien, y es ella quien guarda la entrada”, Campbell empezó a reír nuevamente, rasgándose la manga de la túnica para descubrir su brazo.
“Feeling, falling, hating, / sintiendo, cayendo, odiando
feel like I am fading, hating LIFE! / sintiendo que desfallezco, odiando la
VIDA!”
Y allí estaba la marca, nítida como Remus la viera en el brazo
de Lucius Malfoy años atrás.
No había escapatoria.
- “¿Qué me hará?”
- “Te lo dije. Eres un licántropo”, respondió el profesor aproximándose, “tú y tus amigos me arrebataron lo que me era más preciado. Y Dumbledore hizo que colocaran un conjuro de protección en la tumba de él buscando proteger su alma”, el profesor hizo una pausa, “pero ahora, quiero su cuerpo”
- “David”, susurró Remus vislumbrando el aterrador plan, pero sin atreverse a pensarlo.
- “Sí, Lupin. Luego tendré su alma, cuando al menos uno de los que invocó ese conjuro muera. Mientras tanto, tendré un golem y tú me ayudarás a conseguirlo”
- “No puede… no…”
- “Barro del fondo del lago Ness, despojos de un cadáver reciente, hierbas venenosas y veneno de tarántula”, recitó el profesor, “pero me falta un ingrediente, Lupin, ¿sabes cuál es? ¡SANGRE CORRUPTA DE LICÁNTROPO!”
El profesor alzó un frasco lleno de un líquido rojo.
- “Esta es la sangre producto de la tortura que te apliqué. Veamos si mi interpretación sirve”
Campbell lanzó la sangre al caldero que empezó a burbujear violentamente, pero luego se quedó de nuevo quieto.
Remus rezó para que no funcionara, no quería ni pensar en ver a David como un golem. Pero luego un pensamiento más aterrador se le ocurrió y se arrastró, tratando de escapar inútilmente.
“They say I cannot be this, / Ellos dicen que no puedo ser así
I am jaded, hiding from the day / Estoy cansado, escondiéndome del
día
I can't bare, / no puedo estar al descubierto
I cannot tame the hunger in me... / no puedo calmar el hambre en mi
Oh, I say I did and always searching, / Oh, digo que lo hice y siempre estoy
buscando”
El profesor pateó furioso el piso y luego volteó con la mirada más feroz que antes.
- “Entonces, sólo hay otra interpretación posible”
Campbell se inclinó junto a Remus y lo obligó a mirarlo. El chico lo escupió y recibió una bofetada a cambio.
- “Lupin, no lo hagas más doloroso de lo que tiene que ser”, espetó Campbell friccionando la lastimada espalda y arrancándole un grito de dolor. “Es simple en realidad”, continuó, hablando más para sí mismo que para Remus, “sangre corrupta. La corrupción viene de dos cosas: tortura y violación. O ambas”
- “Profesor no”, suplicó Remus aterrado por lo que acababa de oír, “no lo haga, por favor”, pidió sollozando, “no lo haga, yo… yo soy virgen profesor…”
- “¿Virgen? No me haga reír, Lupin”, se burló Campbell, “he visto por la ventana cómo se revuelca con Black”
- “S-sirius nunca—él no---“
- “Ahora que lo menciona”, dijo pensativo Campbell, recordando a los dos adolescentes desnudos que tantas veces espió. “Puede que sí. Tanto mejor, seré el primero”
- “Profesor, por favor déjeme ir”, sollozó Remus al sentir que era puesto boca abajo, “por David, hágalo por David…”
“So instead you'll taste my pain
/ Entonces en vez de eso, probarás mi dolor
You say your life I'm taking, / Dices que te estoy tomando la vida,
always bothering me, / siempre fastidiándome
I can't take this anymore, / no puedo soportarlo más
I'm failing, always smothering me / estoy desfalleciendo, siempre sofocándome”
- “¡POR DAVID!”, bramó Campbell, “¡Por David es por quien hago esto! Por David a quien le envenenaron la mente y me lo arrebataron. ¡Ustedes lo hicieron! ¡Malditos Gryffindor! ¡Me lo arrebataron y ahora ya no está!”, la voz del profesor se transformó en un tétrico sollozo. “¿Tú osas decirme que lo haga por David? No te atrevas siquiera a pronunciar su nombre”
Campbell sacudió violentamente a Remus golpeándole la cabeza contra el piso varias veces, hasta que su nariz sangró y el chico se desmayó.
“You look down on me, hey what
you see, / Me miras en menos, hey, ¿qué es lo que ves?
take this gift from me, / toma este regalo de mi
you will soon be ME! / pronto serás YO!
Nothing seems exciting, / nada parece excitante
always the same hiding... hiiiddinggg... / siempre lo mismo escondiéndose,
escondiéndose”
El profesor de pronto levantó la cabeza. Le había parecido oír
algo, pero no. Se estaba poniendo paranoico. Puso al chico de espaldas y soltó
las ligaduras de sus tobillos. Le abrió las piernas y las elevó
sobre sus hombros.
- “Hermoso”, susurró, “tan hermoso como mi ángel”, su mirada se hizo soñadora por un instante y luego regresó, cargada de insania, “¡ENNERVATE!”
Remus abrió los ojos y lanzó un alarido.
- “Guarda los gritos, Lupin. Apenas empiezo”
Y el dedo índice del profesor se deslizó violentamente por la abertura de su víctima, que lanzó un nuevo grito.
It's haunting me. It's haunting me.
/ me está cazando, me está cazando
It's haunting me. It's haunting me. / me está cazando, me está
cazando
It's haunting me... / me está cazando
Capítulo 28: Rescate
“Yeah, I wanna have the time
/ Sí, quiero tener el tiempo
and I wanna see you cry / y quiero verte llorar
I wanna feel your body / quiero sentir tu cuerpo
and I wanna get closer / y quiero estar más cerca”
Rescue me (Let your Amazement Grow) – Bell Book & Candle
- “¡Esto es de Moony!”, exclamó Sirius inclinándose
a recoger un objeto medio enterrado que brillaba entre las hojas del suelo.
James se acercó y examinó el relicario con el topacio que Sirius sostenía y también lo reconoció.
- “Entonces él estuvo por aquí”, concluyó observando el terreno. Estaban cerca del sitio peligroso.
Sirius tomó enseguida su forma de perro y olfateó el camino. James lo siguió, convertido en ciervo y llegaron al lugar donde habían encontrado a las hadas muertas, pasaron de largo y llegaron a un paraje donde no se escuchaba nada más que un sonido sibilante, como de hojas rozando, pero no había árboles.
Padfoot olfateó el aire y se quedó muy quieto. Prongs hizo lo propio, venteando para tratar de descubrir la presencia de algún enemigo.
Nada.
Nada en absoluto, ni siquiera el sonido de los pájaros o de los insectos. Esa parte del bosque estaba completamente quieta, a excepción del extraño sonido.
Los dos se quedaron inmóviles y retrocedieron un poco, por puro instinto. En ese momento, pasó corriendo un conejo, perseguido por una manticora y el animalito, en su loca carrera, siguió de largo y de pronto se quedó estático en el suelo, como si un poderoso imán lo atrajera. La manticora huyó y Sirius recobró su forma humana, le estaba siendo difícil controlar a Padfoot que quería lanzarse sobre el conejo.
Su instinto de conservación lo salvó. El conejo estaba siendo atacado por algo invisible que lo sacudía, absorbiendo sus fluidos vitales mientras el animal se retorcía en agonía.
James hizo una arcada.
- “Es esa maldita planta, Sirius”, hipó, “por alguna razón no la mataron y ahora es invisible”
Sirius no quiso mirar. Un horrible pensamiento se le había ocurrido, tan horrible que no quería recordarlo siquiera. ¿Y si Moony…?
- “No”, exclamó con voz ahogada.
James tuvo el mismo pensamiento y le oprimió suavemente el brazo. El conejo fue arrastrado fuera de su vista y Sirius apretó el relicario, con lágrimas en los ojos y los labios temblando.
- “Iré por Genévieve o White”, dijo resueltamente James, “quédate aquí y vigila”
*
White recorrió de nuevo el camino al castillo. Pensaba probar un nuevo hechizo de localización y deseaba consultarlo antes con Stoker.
Avanzó a pasos apresurados y no se percató de la sombra negra que se ocultó tras una columna, casi en la puerta de su despacho. Entró prestamente y encontró un sobre en su escritorio, dirigido al profesor Marius White, sin remitente y junto a él dos objetos extraños.
“Conozco el paradero de Lupin. Está en el Bosque Prohibido, oculto en un refugio protegido por una planta mutante invisible. Fue llevado allí por Nigel Campbell y su vida puede correr peligro, si es que no ha muerto ya.
Para que la planta no lo dañe, dejaré dos amuletos. No vaya solo, lleve a otra persona, pero recuerde que quien no tiene el amuleto, no podrá penetrar la barrera de la planta.
Atentamente,
Un amigo”
El profesor tomó ambos amuletos con cara de la más absoluta
sorpresa. Pensó rápidamente y poco después salía
a toda velocidad en dirección al bosque. La figura de negro suspiró
con alivio.
- “Lo siento, Lucius. Tenía que hacerlo”, dijo antes de deslizarse furtivamente hacia las mazmorras.
*
“Gotta rescue me, rescue me, rescue me, / tienes que rescatarme
let me have a good time / dejarme pasar un buen rato
And I wanna see you laughin / y quiero verte reír
and I wanna feel rain / quiero sentir la lluvia”
Remus pateó con fuerza al profesor y recibió a cambio empellón
que hizo que su espalda sangrante golpeara de nuevo el piso.
- “Ahhh”, gritó y su grito se transformó en un sollozo al no poder liberarse del firme abrazo de Campbell, “S-sirius”
Campbell volvió a reír.
- “Me conmueves, Lupin. Pero tu amante no está aquí, ni lo está el mío”
El profesor repitió su ataque, enterrando nuevamente su dedo en el cuerpo de Remus.
- “No mentiste”, dijo con evidente satisfacción, “en realidad estás intacto. Tanto mejor”
Remus se debatió con todas sus fuerzas, sintiendo un dolor lacerante en su recto, pero el profesor no tuvo piedad y oprimió al chico contra el piso mientras luchaba por levantarse la túnica para consumar la violación. Cada movimiento que la víctima hacía servía para taladrarle la maltratada espalda en carne viva con nuevos ramalazos de dolor.
“I wanna get inside you / quiero estar dentro de ti
and I wanna feel pain / y quiero sentir dolor”
El chico gritó cuando sintió que por fin Campbell había logrado liberarse de la túnica e hizo un nuevo intento desesperado por liberarse. Estaba aterrado, él, el campeón de duelo de Hogwarts, estaba atado e indefenso. En un último esfuerzo, logró apartar al profesor con un rodillazo en el rostro, pero éste volvió con redoblada furia y lo sacudió tan fuerte que Remus perdió la consciencia cuando sintió algo rígido presionándose contra sus muslos.
- “¡Stupefy!”
Campbell se hizo a un lado pero el hechizo lo golpeó en el hombro y soltó a su víctima. Alguien vestido de azul saltó al pozo y se enfrentó con el profesor de Pociones, mientras una figura de blanco saltó prestamente junto al chico.
- “¡Ennervate!”
- “¡Gen!”
- “¡Remus! Tenemos que salir de aquí”, exclamó ella, “¿puedes caminar?”
Remus hizo un esfuerzo, pero su cuerpo lo traicionó y cayó en brazos de Genévieve. Ella lo alzó e invocó un hechizo levitador para salir del pozo. Su acompañante acababa de arrojar a Campbell contra la pared del pozo con un potente “Solarium” y la alcanzó de prisa.
- “¡Marius! No puede caminar….”
Sólo entonces, Remus se dio cuenta de que el otro mago era el profesor White y pronto fue depositado en sus brazos. Intentó protestar.
- “Silencio, señor Lupin. Debemos salir pronto”, dijo firmemente el profesor, lanzando conjuntamente con Genévieve un hechizo inmovilizador a Campbell. El ataque combinado de ambos magos dejó al profesor de Pociones fuera de combate por un momento.
White y Genévieve salieron de la cueva, pero se detuvieron antes de internarse en el bosque.
- “No tenemos amuleto para Remus”, exclamó Genévieve.
- “Pero tenemos esto”, replicó White haciendo brotar de su varita el Fuego Verde de San Elmo.
Genévieve lo imitó y el aire del bosque pareció encenderse en una llamarada verde que hacía crujir la atmósfera. En pocos segundos, todo el espacio alrededor de la cueva ardía con ese extraño fuego.
- “¡Malditos! ¡No me lo quitarán de nuevo!”, gritó Campbell surgiendo del pozo y con la varita en alto.
- “¡Corre!”, gritó White a Genévieve y lanzó un rayo con el Conjuro de Maeglin para crear una barrera que ella atravesó corriendo.
White esquivó apenas un Averno lanzado por Campbell y corrió a su vez por donde había huído Genévieve. Una vez fuera del círculo, quitó el conjuro, dejando atrapado a Campbell junto a la planta que se calcinaba.
Emprendieron de nuevo la huída, pero algo surgió de entre la maleza impidiéndoles el paso.
- “¡Déjelo, maldito traidor!”
Sirius enfrentó a White con la varita en alto y el semblante descompuesto.
- “Señor Black, ¿qué cree que hace…?”
Pero Remus se le escapó de los brazos al profesor y se plantó en medio de ambos, desnudo y sangrando, con el rostro espantado aún.
- “¡Paddy, no! ¡Fue Campbell, Paddy! Está loco por David… el profesor White me salvó”
Sirius lo tomó en brazos y lo cubrió con la capa azul que White le alcanzó.
- “Vamos, señor Black, no hay tiempo que perder”
El chico no se movió.
- “Paddy…”
Genévieve avanzó hacia Sirius que no había reparado en su presencia.
- “Es verdad, Sirius. Jamás lastimaríamos a Remus”
Sirius dudó un momento. Luego alzó a Remus que lloraba en silencio y siguió a White que se dirigió corriendo hacia la cabaña de Genévieve.
- “Aquí estaremos seguros mientras localizo a Dumbledore”, dijo el profesor.
*
“Gotta rescue me, rescue me,
rescue me, / tienes que rescatarme
rescue me, let me have a good time / rescatarme, déjame pasar un buen
rato
And I wanna feel you movin and / y quiero sentirte cómo te mueves
I wanna feel good / quiero sentirme bien”
Sirius acomodó a Remus en la cama de Genévieve, en una pequeña
habitación de la cabaña. El chico pálido comenzó
a llorar estremeciéndose. Solo en ese momento, la inmensidad de todo
lo que había ocurrido lo golpeaba brutalmente.
- “Genévieve, atiende al señor Lupin”, dijo White, paseando nervioso por la sala de la cabaña. “Señor Black, quédese aquí, no es conveniente que esté presente”, pidió, sabiendo de sobra qué clase de heridas tenía Remus.
Remus sollozó amargamente. Se sentía usado, indigno, inútil al no haberse podido defender de Campbell y permitir que lo mancillaran. Lo habían violado, y Sirius lo despreciaría.
Genévieve lo acomodó entre las mantas, tratando de consolarlo.
- “No, Gen, nunca será igual… lo que tú dijiste de nosotros… él me violó, Gen… Sirius no…”, la voz se le ahogó con un sollozo.
- “Oh, Remus no”, exclamó Genévieve comprendiendo de pronto, “él no lo hizo, Remus”, y lo zarandeó un poco para hacerlo reaccionar, “llegamos a tiempo, sólo usó sus manos”
Remus la miró con los ojos muy abiertos y calmó su llanto un poco.
- “¿Es cierto?”, preguntó aún incrédulo, con un hilo de voz.
Sirius no pudo más y apartó al profesor que le bloqueaba el paso.
- “Moony”
- “S-sirius”, balbuceó Remus, encogiéndose de pronto. Tuvo el horrible presentimiento de que su novio podría dejar de quererlo por haber sido tan débil.
- “Moony, te amo”, exclamó Sirius sin importarle que White estuviera presente. “y aunque él hubiera consumado lo que quería, te amaría igualmente, lobito”
“I wanna feel your love for sure
/ y quiero sentir tu amor de verdad
let your, let your, let your amazement grow / deja tu asombro crecer
let your, let your, let your amazement grow / deja tu asombro crecer
oh whatever you do, I can't leave you / oh, todo lo que haces, no puedo dejarte
dont ever let me go, dont ever let me go / no me dejes nunca, no me dejes
nunca”
Remus suspiró imperceptiblemente, aliviado. Y luego, lanzó un
quejido de dolor cuando Genévieve trató de acomodarlo de nuevo
para curar su espalda.
- “Señor Black, es mejor que deje a Genévieve atender al señor Lupin. Ella es muy buena en esto”, repitió White. “Iré a avisarle a Dumbledore”
Sirius tenía las manos de Remus entre las suyas y no se movió.
- “Estaré bien, Paddy. Ella me curará”, dijo suavemente Remus.
Pero Sirius insistió en quedarse y sostuvo a su novio mientras Genévieve le administraba una poción calmante y luego le aplicaba un líquido en la espalda que, a pesar del calmante, le arrancó gritos de dolor.
Las magulladuras fueron curadas adecuadamente con unguentos. Sólo la espalda en carne viva demoraría en sanar, aunque con el líquido que le aplicaron se prevenían las infecciones y se regeneraba poco a poco la piel. Al cabo de un rato, Remus por fin se quedó dormido. Había transcurrido casi una hora.
- “Dejémoslo descansar, Sirius”, pidió Genévieve.
White volvió en ese momento.
- “No puedo localizar a Dumbledore. Minerva y el señor Potter están tratando de llamarlo ahora, pero no hay tiempo. Debo volver allí y detener a Nigel”
- “¡Marius, no puedes!”, había miedo en la voz de ella.
- “Sabes que debo hacerlo, mon cher”, dijo firmemente el profesor y para sorpresa de Sirius, la besó ligeramente, “quédense a cuidar al señor Lupin”
- “Yo iré”, dijo resueltamente Sirius, “él pagará por lo que le hizo a Moony”
White lo miró dubitativamente, pero había determinación en la voz de su alumno mientras lo miraba con ese brillo celeste en sus ojos, pregonando su decisión. El profesor no pudo negarse. Después de todo, Sirius era su mejor estudiante.
Partieron no sin antes recomendar a Genévieve no salir por ningún motivo. Luego ella recordaría ese momento el preludio de la tempestad inevitable que se desataría después.
*
- “Campbell es un mortífago, señor Black”, explicó White mientras ambos corrían en dirección al refugio de Voldemort, “lo sospechaba hace un tiempo, pero ahora lo he confirmado. Y por añadidura, está loco”
Sirius resopló.
- “Pagará lo que hizo”, dijo con rabia contenida.
- “No lo subestime, señor Black. Él practica magia hace mucho tiempo, y domina las Artes Oscuras. Es un peligroso rival, seré yo quien lo enfrente”
Sirius se detuvo en seco.
- “¿Y yo?”, protestó.
- “Usted despejará el camino. No creo que esté solo, aunque esto parezca un atentado por cuenta propia”
Llegaron al lugar donde las llamas verdes aún estaban consumiendo los últimos despojos de la planta mutante.
White invocó prestamente sobre ellas el Manto de Anuth, que cayó del cielo en forma de goterones de lluvia roja que se adhirieron a los invisibles restos, mostrándolos ahora como serpientes carmesíes retorciéndose en agonía.
El profesor indicó luego a Sirius cómo invocar a “El que camina entre los surcos”, dios antiguo de la tierra. Con la invocación, abrieron el suelo, formando un foso alrededor de la cueva y la colina pequeña que la cubría. Varios fragmentos rojos de las raíces que quedaron se retorcían entre la tierra removida y White los incendió todos, corriendo una y otra vez alrededor del foso que formaron mientras Sirius mantenía la invocación.
- “Creo que es suficiente por ahora. Entremos”
Lo hicieron con cuidado, tratando de detectar magia negra con las varitas en alto, pensando que a cada momento, Campbell aparecería para atacarlos.
No hallaron a nadie.
Registraron la cueva y sus estancias ahora desiertas y Sirius incendió los muebles y el lecho donde Voldemort observaba el “bautizo” de sus mortífagos. Arrasaron todo el lugar y se dirigieron finalmente al pozo.
- “¡El caldero! ¡Se ha llevado la poción!”, exclamó White mortalmente pálido, “¡Ellos están en peligro!”
Y emprendieron nuevamente una loca carrera hacia la cabaña.
*
- “Lobito”, sonrió Genévieve acariciando el mechón castaño que caía sobre la frente de su amigo.
Remus yacía de costado, con el rostro apoyado en uno de sus brazos. El ungüento mágico había hecho desaparecer algunas huellas de golpes de su rostro y brazos, pero la heridas de la espalda continuaban abiertas.
Un pequeñísimo ruido hizo que sus instintos de licántropo se despertaran. Algo o alguien…
Genévieve buscó rápidamente su varita, pero notó con temor que en la confusión al traer a Remus, la había dejado en la otra estancia.
Un crujido de madera que se rompía la hizo ponerse más alerta y corrió hacia la puerta. El lugar estaba protegido por el Hechizo Fidelius, ¿cómo entonces alguien…? El amuleto que le permitió entrar en el refugio de Voldemort fue su respuesa, brillaba con fuerza en su pecho y ella lo arrojó lejos justo en el momento en que Campbell abría la puerta.
- “Lamento interrumpir”, ladró lanzando los restos de la varita a los pies de Genévieve.
- “¡Váyase ahora!”, dijo ella poniéndose al instante delante de Remus, protegiéndolo.
- “No es a él a quien busco”, rió el profesor, “es a ti”
Al instante conjuró unas cuerdas que la ataron y luego la arrojó al piso. Igualmente ató al dormido Remus a la cama y luego trajo su caldero que hedía espantosamente, y lo colocó en medio de la estancia.
Genévieve trató de razonar con él en vano. El brillo de la insania hacía la mirada del profesor realmente siniestra.
Campbell encendió fuego y colocó allí el caldero.
- “Cállate, bruja… ahora tú también me darás el placer de devolverme a mi amado”, exclamó Campbell con voz cruel, “¡Ennervate!”, gritó a Remus que abrió los ojos horrorizado de hallarse de nuevo en esa pesadilla.
- “¡Gen!”
- “Oh, los licántropos se conocen”, ronroneó Campbell, “debes haberla follado tú también, Lupin. Pero ahora es mi turno”
El profesor se arrojó sobre Genévieve buscando desgarrarle el vestido. Ella luchó, insultó y finalmente lloró al ver que nada podía detener el inminente ataque. Remus pedía auxilio.
- “¡DEJALA!”
White y Sirius irrumpieron en el lugar y en un instante, los dos profesores se trenzaron en una lucha de la cual brotaban rayos y maldiciones.
Sirius desató a Remus y a Genévieve, reanimándola luego para tratar de ponerlos a salvo. De pronto, un fuego rojo y una explosión le obstruyeron la visión. Genévieve lanzó un grito y se arrojó directamente al lugar que ahora ardía, sin que nadie pueda detenerla.
- “¡GEN!”
El animago tiró de Remus e intentó romper la pared con un hechizo.
- “Yo no lo haría, Black”
Campbell lo arrojó lejos con un “Solarium” y luego tomó a Remus violentamente, arrinconándolo contra la pared.
- “Acabé con él, Lupin. Ahora te tendré a ti”
El profesor comenzó a manosearlo nuevamente, pero Remus luchó aún con sus escasas fuerzas y asestó un rodillazo en los testículos de su atacante.
- “¡Nunca!”, gritó, “antes moriría…”
Campbell lo empujó nuevamente contra la pared arrancándole un grito a causa de su espalda lastimada.
- “De acuerdo, Lupin. Siempre me queda ella. ¡AVERNO!”
Pero una veloz figura de cabello negro se interpuso entre el hechizo y su víctima, cayendo sobre Remus en medio de un espantoso alarido.
- “¡Sirius! ¡Sirius! ¡Nooooo!”
Todo lo que recordó Remus antes de perder la consciencia fue un cegador resplandor blanco.
Él sólo abrazó el cuerpo llameante de su novio y se preparó a morir.
*
- “Remus”
El chico abrió pesadamente los ojos. Le dolía la espalda aún y estaba atontado, pero se encontraba en una mullida cama, vestido con su pijama, en un lugar muy familiar y a su lado, alguien le sonreía amistosamente.
- “¿Profesor Dumbledore?”
- “Sí, hijo”, respondió el anciano, “estás a salvo, en la enfermería. James escapó al Ministerio y me avisó lo que ocurría. Gracias a él pude encontrarlos a tiempo”
- “¡Sirius!”, exclamó Remus recordando de pronto, desesperato tratando de incorporarse.
- “Shh, hijo. Sirius está bien”, lo tranquilizó el anciano. “mira, él está aquí también”
Y le señaló una figura dormida, dos camas más lejos.
Remus se hundió en los almohadones, aliviado.
- “¿Cómo está?”, preguntó ansioso.
- “Sufrió quemaduras graves, Remus. Pero se pondrá bien, la señora Pomfrey usó un ungüento mágico para regenerarle la piel, el mismo que te colocó en la espalda. Ambos han estado inconscientes casi un día”
- “Oh”, Remus estaba abrumado por ese torrente de información. “¿Y Genévieve? ¿Y el profesor White? ¿Y Campbell?”
- “Calma, hijo”, pidió Dumbledore. “Genévieve se encuentra bien, está con su padre, el profesor Stoker. Desgraciadamente, el profesor Campbell escapó”
Remus cerró los ojos. Campbell suelto era una perspectiva que no le agradaba en absoluto.
- “No te preocupes por él, Remus. No volverá a entrar aquí. Ahora iré a buscar a tus padres, que esperan en mi despacho. Están muy angustiados por ti”
“Yeah I wanna be hungry / quiero
sentir hambre
and I wanna ask why / quiero preguntar por qué
I wanna be dreaming / quiero estar soñando
and I wanna satisfy / y quiero estar satisfecho”
Dumbledore salió y Remus se incorporó un poco, buscando a Sirius.
Su novio dormía aún y tenía el pecho, cuello y brazos
vendados. El chico pálido no lo pensó dos veces y se levantó
con cuidado. Llegó trabajosamente hasta la otra cama, ¿por qué
habían tenido que ponerlos tan lejos?
- “Paddy”, susurró tomándole las manos.
Sirius se había arrojado sobre él para protegerlo, sabiendo que al hacerlo moriría. ¿Así era como lo amaba? Las lágrimas comenzaron a fluir de nuevo de los ojos dorados. Había estado a punto de perder a Sirius, de morir él mismo… era como si ambos hubieran vuelto de la muerte. Era un milagro.
- “Moony”
Los ojos azules se abrieron y el herido susurró amorosamente el cariñoso diminutivo.
- “Sirius, él no bromeaba. Nos iba a matar, ¡Me iba a matar a mí! Y tú…”, se interrumpió conmocionado, “tú me salvaste”
- “Yo te amo”
- “¡Tonto! Pudo matarte… Sirius… yo te amo”
Y lentamente Remus se inclinó y besó los labios de su novio, saboréandolos con el placer de quien recupera lo que creía perdido para siempre. Se entregaron al beso dulcemente, pensando únicamente en estar juntos, sus dedos se entrelazaron, sus miradas se encontraron…
- “¡Remus Jerome!”
En la puerta de la enfermería, estaban los padres de Remus, pálidos y conmocionados.
- “Remus, ¿qué significa esto?”
Remus se irguió, con las mejillas coloreadas por el rubor de su vergüenza. Jamás había pensado que sus padres lo descubrirían así. Había planeado decírselo en una tranquila conversación, explicarles sus sentimientos, pero ahora… ellos lo habían descubierto, y por su expresión, estaban más que sorprendidos.
- “Y-yo—“, tartamudeó.
Pero Sirius no soltó su mano, la apretó firmemente mientras luchaba para que su voz sonara segura. Remus, SU Remus se había librado de un espantoso ultraje y de una muerte terrible, y ahora estaba allí, de pie, con su pijama de niño y los pies descalzos, temblando al haber sido descubierto expresándole su amor.
- “Señores Lupin”, empezó Sirius con voz decidida, “amo a Remus. Somos pareja desde marzo y deseo que vivamos juntos al acabar la escuela”
Remus sintió una agradable calidez en el corazón. Había temido que Sirius se echara para atrás, por lo mucho que le costó decidirse a ser su pareja, pero ahora estaba seguro de que nada más los podría separar.
- “Yo amo a Sirius”, declaró con seguridad.
“You gotta rescue me, rescue
me, / tienes que rescatarme
rescue me, let me have a good time / recatarme, déjame pasar un buen
rato
and I wanna be love it / y quiero ser amado
and I wanna be high / y quiero elevarme
I wanna feel you touch me / quiero sentir que me tocas
and I wanna hear you sigh / y quiero oírte suspirar”
Capítulo 29: Despedidas
No more blame / no más reproches
i am destined to keep you sane / estoy destinado a mantenerte a salvo
Gotta rescue the flame / voy a rescatar la llama
Gotta rescue the flame / voy a rescatar la llama
in your heart / en tu corazón
Not like the other girls – The Rasmus
Por un momento nadie dijo nada y las manos de Sirius y Remus se apretaron
más, sintiéndose seguros de sus sentimientos.
Fue la madre de Remus quien rompió el silencio.
- “Hijo mío”, exclamó tendiéndole los brazos, “gracias a Dios pudieron hallarte a tiempo”
Y se acercó a abrazarlo, con cuidado de no lastimarle la espalda.
- “Mamá, yo…”, susurró Remus, tratando de explicar algo más.
- “Lo sabemos, hijo”, intervino su padre, “El profesor Dumbledore nos dijo todo lo que ocurrió y también que Sirius te salvó la vida. Le estamos agradecidos por eso”
- “Nosotros…”, volvió a insistir Remus.
- “No digas nada más. Hablaremos de eso luego”, lo interrumpió su padre, “debes volver a la cama y descansar. Afuera los esperan sus amigos”
Ninguno de los dos se dirigió a Sirius, se sentían terriblemente incómodos con la situación, pero también se sentían dichosos de haber recuperado a Remus sabiendo que había estado a punto de morir. Su hijo sólo les había traído satisfacciones y ahora… Pero verlo de pie, a pesar de sus heridas, descalzo y sujetando firmemente la mano de Sirius mientras decía que lo amaba había sido conmovedor. Al fin y al cabo, Remus era su único hijo.
Lo acostaron cuidadosamente y se sentaron junto a él a hablarle de cosas triviales, tratando de relajarlo. Pero la mirada de Remus se dirigía inconscientemente a la cama donde Sirius estaba acostado. Su novio miraba el techo, tratando de hacerse el desentendido. Era bueno saber que la familia de Remus no había hecho un escándalo y que lo seguían tratando con el mismo cariño de siempre, aunque a él lo ignorasen por completo, como si no existiera.
Era bueno tener una familia.
Pero él ya no la tenía. Cierto que los padres de James eran muy cariñosos con él, pero no eran *SU* familia. Y los padres de Remus lo desaprobaban, bastante bien lo sabía… y…
- “Sirius”
Vincent Lupin estaba junto a él, sonriéndole amistosamente. No habían querido ignorarlo, era sólo que la situación había sido muy embarazosa para ambas partes. Pero gracias a Sirius tenían a su hijo con vida. Si Remus lo amaba tanto, ellos podían darle una oportunidad. Con un hechizo movilizó las camas, dejando a los dos heridos juntos.
- “No te agradecimos lo que hiciste por Remus, hijo”, dijo Lucrecia, la madre de Remus, “nos trajiste de vuelta a nuestro tesoro y nada será suficiente para agradecértelo”
- “Yo lo amo. Haría lo que sea por mi Moony”, repitió Sirius tercamente. Los padres de Remus se habían hecho los desentendidos con eso. Ni siquiera lo habían mencionado.
Vincent y Lucrecia intercambiaron una mirada. Eso iba a ser difícil, lo sabían muy bien, pero la felicidad de Remus estaba primero y bastaba verlos besarse para saber que los unía un sentimiento muy profundo.
- “Queremos que Remus sea feliz. Y si él te ha escogido a ti, lo respetamos”, dijo finalmente Lucrecia, “pero por favor sean discretos con esto, al menos hasta terminar el colegio”
Ambos chicos pusieron un rostro que denotaba su más absoluta incredulidad. ¿Los aceptaban? ¿Cómo pareja?
- “No vamos a juzgarte, Remus”, dijo su padre, “siempre te dijimos que nuestra familia es lo más importante, hubiéramos querido que confíes en nosotros antes que hallarte así, pero lo entendemos”
- “Yo les iba a decir… pero pasó todo esto y … “, trató de explicar él.
- “Está bien. Debiste tener tus razones”, continuó Vincent, “sólo les pediremos discreción, Remus ya sabe lo que es ser discriminado y no deseamos más discriminación para ustedes. Esperen a que los acepten en las universidades, antes de que corra algún rumor”
Remus asintió, comprendía perfectamente. Y Sirius hizo lo mismo, aunque a él en realidad no le importaba mucho lo que pensaran. Pero si Remus se sentía bien siendo discreto, lo aceptaría.
- “Ahora descansen. Ambos lo necesitan”, dijo Lucrecia y besó a su hijo en la frente, “Hablaremos un poco con el director”
*
Esa tarde, el sol se coló por la ventana iluminando el cabello de Remus de un modo encantador. Sirius se incorporó trabajosamente, aún incrédulo de la aceptación que su relación había tenido. Quizá por tener a Remus tan cerca de la muerte, sus padres se mostraron tan comprensivos. Quizá lo hacían por el amor que le tenían.
Y quizá algo, aunque sea un poquito de ese amor podría llegarle a él también.
Estaban solos y su estómago gruñó de hambre.
- “¡Padfoot!”
En un instante, James, Lily y Peter invadieron la enfermería, cubiertos apenas con la capa de invisibilidad que no alcanzaba bien a ocultar el voluminoso cuerpo de Peter.
- “Shh, Moony duerme”
- “Corrección. Dormía”, dijo risueño Remus estirándose un poco, alegre a pesar del dolor de su espalda.
Los cinco se pusieron a reír y a hablar atropelladamente de lo que había pasado. James les contó cómo finalmente tuvo que robarse a Silver e ir al Ministerio de Magia para traer a Dumbledore, ya que la profesora Mc Gonagall no podía comunicarse con él. Sirius les contó también su angustiosa espera y el susto que se llevó cuando vio a White con Genévieve desaparecer tras la invisible muralla de la planta y salir luego con Remus en brazos. Y Remus les confesó el miedo que había pasado cuando descubrió que su captor era Campbell y vio la locura en su mirada.
Pero ya había pasado y todos se alegraron de que Sirius y Remus se encuentraran bien y los felicitaron al saber que los padres de Remus lo habían aceptado.
James estaba sentado en la cama de Sirius y Lily y Peter en la de Remus.
- “Dumbledore vino con algunos aurores”, les comentó James, “está ese tipo Moody y dos más. Dicen que pueden haber mortífagos entre los estudiantes y están interrogando a todos”
- “Oh…”, exclamó de pronto Remus, “¿dónde está Genévive? ¿y el profesor White? Quiero agradecerles por lo que hicieron…”
Se hizo un silencio incómodo. James miró a Lily dudando.
- “White se murió”, exclamó Peter alegremente, “creo que Campbell lo quemó o algo así”
- “¿QUE?”
Sirius y Remus se incorporaron, conmocionados.
James fulminó a Peter con la mirada.
- “Lo siento”, dijo el chico gordito, pero nadie le hizo caso.
- “Moony, él fue atacado por Campbell. Cuando llegué con Dumbledore, ya era tarde para el profesor White”
- “¡No!”
- “¡Remus, no puedes levantarte!”
Sirius se levantó también, abrazando a su novio.
- “¿Dónde está Genévieve? ¿Y…el profesor, ya--- ya lo enterraron?”, preguntó apenas Remus.
- “Ayer”
- “¡No!”, Remus se dejó caer en la cama, se sentía culpable. Por su causa, había muerto David y ahora White. Y Sirius también había estado a punto de morir.
Sirius se sentó junto a él, a pesar del horrible dolor que las quemaduras aún le producían, y le acarició el cabello, tratando de consolarlo. Él mismo lloraba, e incluso James tenía lágrimas en los ojos. Y Lily también.
Dejaron llorar a Remus, sentándose todos junto a él, compartiendo su dolor que era el de todos. Luego, cuando estuvo un poco más calmado, Lily se acercó más a él.
- “Remus, debes saber algo”; le dijo Lily con ternura levantándole el mentón, “el profesor White estaba casado con Genévieve y además, ella es hija del profesor Stoker”
- “¿Qué?”, ahora el sorprendido era Sirius.
James y Lily les explicaron pausadamente lo que Dumbledore mismo había confiado a James luego del rescate. White y Genévieve habían sido aurores, hasta que ella fue atacada por un licántropo. Luego de eso, su padre trató inútilmente de buscar una cura, dedicando la vida que le quedaba a investigar fenónemos extraños. Y White se retiró del Ministerio, a pesar de ser uno de los aurores más reputados. Accedió enseñar en Hogwarts porque Dumbledore le prometió total libertad con Genévieve y le pidió también que lo ayudara en algunas misiones. Por eso los del Ministerio lo visitaban, era para consultarle, no para investigarlo.
Sirius lloró sinceramente por su profesor. A pesar del antagonismo que hubo entre ellos, lo había respetado profundamente por sus conocimientos y reconocía que los ayudó muchas veces. Y lo apreció mucho más cuando salvó a Remus.
Los padres de Remus llegaron con una nueva sorpresa: el señor Ollivander venía con ellos, trayendo varias cajas rectangulares y alargadas.
- “Ahh, Remus J. Lupin”, dijo pensativo el señor Ollivander, “cedro e hilo de corazón de dragón. Nueve pulgadas”
Le alcanzó una varita y Remus la agitó, emitiendo un destello de chispas azules.
- “¡Esta es!”
Ahora sí se sentía preparado para afrontar los terribles exámenes de fin de año.
*
- “Profesor Dumbledore”, titubeó el muchacho ante la puerta del despacho.
- “Pasa, Severus”, le sonrió el anciano, “¿necesitas algo?”
El chico titubeó de nuevo. Sentía que había llegado a una encrucijada y que había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa. Se jugaba la expusión quizás, faltando menos de un mes para terminar la escuela. Pero tenía que saber.
- “Profesor”, empezó y la sonrisa amistosa del anciano lo animó a continuar. A veces, el viejo le parecía demasiado ingenuo. “sé que los aurores han estado citando a todos los estudiantes para una inspección y quería preguntarle por qué no he sido llamado”, dijo de un tirón, pero con la voz calmada que había practicado tanto para disimular sus emociones.
- “Porque yo lo pedí así”, respondió el anciano con total naturalidad.
¡Viejo loco! Hasta donde sabía, él era el único que no había sido llamado. Y ERA el único mortífago que quedaba en Hogwarts. El único--- y ese viejo loco no había dejado que lo descubran ¿POR QUÉ?
- “¿Por qué?”, no pudo evitar preguntar.
- “Porque confío en ti”
Ya estaba. ¡Confiaba en él! Severus hubiera reído si su garganta no se hubiera atragantado de pronto con el llanto que pugnaba por salir. ¡Confiaba en él! No podía creerlo, sencillamente no podía.
Balbuceó una excusa y se despidió del siempre sonriente profesor. ¿Cómo podía sonreírle? Había pensado incluso en delatarse antes de ser atrapado y luego huir, pero Dumbledore no le había dado opción. Apretó los labios, estaba seguro de que el anciano lo sabía. ¿Por qué entonces lo había dejado ir? ¿Acaso era una trampa? Estaba confundido. Era consciente de que no era importante en la organización de Voldemort como para ser un problema si lo atrapaban. Y jamás delataría a Lucius.
No, dejaría de atormentarse. Si el viejo no lo había delatado, era problema suyo. Él seguiría con su vida. Y ser mortífago era parte de ella.
Aunque por alguna razón, esa noche no pudo dormir.
*
“No more blood, / no más
sangre
I will be there for you my love / estaré allí para tí
mi amor
I will stand by your side / estaré a tu lado
The world has forsaken my girl / el mundo ha abandonado a mi niña”
Genévieve avanzó hacia ellos. Su vestido blanco de siempre había
sido reemplazado por uno negro que la hacía ver aún más
pálida, e incluso sus ojos dorados habían perdido su brillo.
Remus se sentó en la cama.
- “¡Gen!”, exclamó con un nudo en la garganta.
- “Lobito”, fue todo lo que dijo ella, abrazándolo con cuidado. Ya llevaba dos días en la enfermería, pero la herida aún no cicatrizaba del todo.
- “¡Gen, lo siento! Fue por mi culpa, esto no debió pasar”, el rostro de Remus estaba lleno de lágrimas.
- “No digas eso, Remus”, dijo tristemente ella, “nadie hubiera podido evitarlo. Marius amaba hacer el bien, él murió por lo que creía. Ahora está en paz”
- “¿Y tú, Gen?”
- “Yo…”, ella trató de mostrarse valiente, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas, “yo volveré a América con mi padre… no… no podré estár más aquí, con su recuerdo”
“I should have seen it would be this way / debí haber visto que
sería de este modo
I should have known from the start / debí haber sabido desde el comienzo
what she's up to / de qué depende ella
When you've loved and you've lost / cuando has amado y has perdido
someone close to you / alguien cercano a ti
You know what it feels like to lose / tú sabes que se siente como perder”
- “Gen”
Sirius se levantó también, había estado callado, no era tan unido a Genévieve como Remus, pero lamentaba profundamente lo ocurrido. La abrazó, apesadumbrado por todas las veces que había sospechado de White cuando Genévieve lo defendía. No era muy bueno para ese tipo de discursos, pero su abrazo y la tristeza de sus ojos eran muy elocuentes.
*
Las últimas semanas de clase transcurrieron muy rápido. Dumbledore convenció a Alastor Moody para que se hiciera cargo de las clases de “Defensa contra las Artes Oscuras” y Genévieve lo ayudó con “Cuidado de Criaturas Mágicas”, ambas asignaturas de White.
Sirius no pudo participar en el último juego de Quidditch de la temporada, la señora Pomfrey se lo prohibió terminantemente, pero ya su piel se había curado de las quemaduras y se sentía como si nada. Remus estaba también mucho mejor y su espalda ya no presentaba cicatrices, aunque algunas veces despertaba llorando y se refugiaba en brazos de su novio.
Ambos veían el partido de Quiddich con nostalgia. Era el último partido que verían en Hogwarts, eso y todo lo demás quedaría atrás y ellos iniciarían una nueva vida.
Sirius le tomó suavemente la mano, oculta por la túnica de James que ambos habían puesto sobre sus rodillas, y Remus le devolvió un suave apretón. Compartirían una vida juntos, pero aceptaron lo que los padres de Remus les habían pedido, mantendrían la discreción al menos hasta saber que ambos habían sido admitidos en las universidades a las que postularon.
- “¡Tú puedes, James!”, gritó Lily taladrando los tímpanos de Remus y en un segundo, Sirius y Peter saltaban y gritaban sobre las bancas, al igual que todo Gryffindor.
James luchaba por atrapar la Snitch, seguido de cerca por Vancel van Draken, de Slytherin, en una reñida lucha por la victoria. Ambos hicieron varis giros peligrosos en el aire y luego James se lanzó en picada tras la Snitch, tan rápido que Vancel no pudo seguirlo.
- “¡Se estrellará! ¡Se estrellará! ¡Siriusssssssss!”, chilló Lily pellizcándolo con fuerza.
- “N-o l-o c-r-e-o”, logró articular Sirius cuando ella al fin lo soltó. Su brazo ardía terriblemente.
- “¡Ya la tiene! ¡GANAMOS!”, aulló Remus y se abrazó con Peter mientras en la tribuna de Gryffindor se desataba una enorme algarabía y bufandas y túnicas volaban por los aires.
Antes de que el árbitro pudiera detenerlos, bajaron corriendo al campo y alzaron a James en hombros, mientras el profesor Dumbledore anunciaba, innecesariamente, que Gryffindor había ganado.
Esa noche, la algarabía en Gryffindor duró hasta el alba y Remus vio dormir a Sirius luego, entre sus brazos. El chico pálido pensaba de nuevo en el futuro, pero ya no con incertidumbre, sino con confianza. Sirius le había dicho que alquilarían un departamento con el dinero que le quedaba y luego, en setiembre, al recibir su herencia, comprarían una casa y se mudarían allí.
Pero no habían tenido intimidad.
Claro que era lógico, ambos estaban lastimados y los primeros días Remus apenas podía moverse, y luego vinieron los estudios tan intensos que apenas llegaban a su habitación a dormir, aunque siempre lo hacían abrazados y en la mañana Sirius era el primero en despertarlo con un beso.
Remus se dio cuenta de que el que evitaba ahora el contacto íntimo era el mismo Sirius. Y lo tomó como que su novio trataba de cumplir con lo que prometió a sus padres sobre ser “discreto”. Aún así, se sentía un poco decepcionado.
*
Con la presión de los exámenes finales, ninguno de los cinco se preocupó por buscar pareja para el baile de fin de año y luego de rendir todas las minuciosas evaluaciones a las que fueron sometidos, Sirius, Remus y Peter se encontraron con que no tenían con quién ir.
Aunque en realidad, Sirius y Remus habían rechazado varias invitaciones y Peter había sido rechazado en TODAS sus invitaciones.
- “¿Tú te has quedado sin pareja?”, preguntó extrañada Lily, cuando Sirius le pidió ayuda, “no veo el problema, ve con Remus”
- “¡No puedo hacerlo! Lo prometimos a sus padres, tenemos que disimular hasta acabar la escuela”
- “La escuela ACABA de terminar, con los exámenes”
- “No, Lily”, explicó suavemente Sirius, “lo que ellos no desean es generar comentarios que puedan afectar nuestra postulación a las universidades. Sólo debemos esperar unos pocos meses, pero ahora… ¡Necesitamos pareja!”
Lily lo pensó unos momentos. Sabía perfectamente que muchas chicas dejarían a sus parejas por ir a la fiesta con Sirius o Remus, pero no quería incomodar a su amiguito de ojos dorados. Sirius tenía una reputación de galán de la que era difícil desprenderse. De pronto, sus ojos verdes se iluminaron.
- “¡Ya sé!”, y le comentó a Sirius su plan.
*
Era la noche del baile. Esa tarde, todos los estudiantes de otros años habían partido a sus casas y sólo quedaban los alumnos de séptimo, que al día siguiente dejarían el nido que los cobijó durante siete años.
Había emoción y nostalgia con los preparativos y Remus se escabulló un momento para estar solo. Quería recorrer las aulas donde había vivido tantas cosas, los amplios salones y corredores donde tantas veces había jugado con sus amigos o se había ocultado de Filch. El aula de “Defensa contra las Artes Oscuras” estaba silenciosa, pero le pareció por un momento ver la silueta de White, tan pulcro y ordenado cuando dictaba sus clases. Sus dedos acariciaron con nostalgia el pupitre donde se sentaba con Sirius, sabiendo que jamás volvería a participar en una clase en la que su novio levantaba obstinadamente la mano y White lo miraba con indulgencia antes de cederle la palabra.
- “Gracias, profe”, susurró y le pareció que su susurro atravesaba las paredes y de algún modo, llegaba hasta White. “Gracias”
Una lágrima corrió por su mejilla, pero él la limpió rápidamente. Genévieve le había dicho que no debía derramar lágrimas, que todos tenían que seguir adelante. Aunque ella no se veía bien en absoluto.
- “Soy licántropo, lobito. Te dije que vivimos muy unidos a nuestras parejas, si las perdemos, es como si perdiéramos parte nuestra, y eso me sucedió”, él había querido protestar, “No, no digas nada. Yo lo sé”, susurró suavemente, “esto es inevitable, lobito. Pero me alegro de que tú seas feliz y sé que Marius también se alegraría”
Su profesor y su amiga. Nunca hubiera imaginado que estaban juntos, que eran más que una pareja, eran esposos. Él era el auror misterioso que llamaba a Genévieve con el silbato y que no le permitía charlar demasiado con extraños. Y era el que siempre los había protegido desde lejos.
Ahora entendía muchas cosas.
Se alejó despacio del aula, al día siguiente partirían temprano y antes, quería despedirse de otro lugar.
Sus pasos lo llevaron a las mazmorras, donde estaba el laboratorio de Pociones. No tenía miedo, ese era el lugar donde lo habían atacado, pero Dumbledore había protegido todo el castillo y no temía más a Campbell.
Se sentó en el banco que solía usar, lleno de recuerdos, evocando a David limpiando los calderos y corriendo de un lado a otro con ingredientes para pociones, atento a cualquier deseo de Campbell, procurando no irritarlo. ¿Cómo jamás se había dado cuenta de que su amigo amaba al profesor más odiado de Hogwarts? ¿Cómo tampoco notó que el profesor también lo amaba? Ese amor surgió en esas mazmorras, estaba seguro. Entre calderos e ingredientes para pociones, entre maldiciones y maltratos de Cambpell.
Las mazmorras siempre le recordarían a David, no quería ir más al cementerio, el recuerdo de su amigo estaba en Hogwarts, donde había sido feliz. Luego de lo que Campbell le dijo, pudo vislumbrar las razones por las que David se suicidó, había sido demasiado para el pobre chico saber que su amante era un mortífago. Y Campbell… de algún modo le daba lástima, el profesor jamás sería feliz y por lo que Genévieve le había dicho, incluso Voldemort lo buscaba por traición. No, no le gustaría estar en el pellejo de Campbell en ese momento…
- “Oh, qué conmovedor”, siseó una voz.
- “¡Severus!”, exclamó Remus limpiándose de un manotazo las lágrimas. Él tenía sus sospechas respecto a Snape y se las había contado al director, pero al parecer éste no las había tomado en serio, porque el chico ni siquiera había sido interrogado por los aurores. Y allí estaba, mirándolo con desprecio.
- “¿Se le perdió algo al lobo con piel de oveja?”, preguntó Severus, “no veo aquí a tu noviecito”
- “Está con James, Severus. Gracias por preguntar”, respondió Remus amablemente, no deseaba una pelea en su último día.
- “Interesante. ¿Acaso te dejó y prefiere a Potter?”, disparó Severus.
Remus rió divertido.
- “Oh, claro que no. Son amigos. Sirius es mi novio, James es novio de Lily. No somos como tú y Malfoy”
Era un golpe bajo y Remus lo sabía, pero no pudo evitarlo, detestaba ese tonito de superioridad con que hablaba Severus. El chico no pareció inmutarse.
- “Desde luego. Los Gryffindor son tan aburridos”, canturreó Severus, “este es territorio Slytherin, Lupin. No sé qué haces aquí, pero veo que prefieres una mazmorra a estar con Black, y no te culpo. Ahora bien, QUIERO estar solo aquí, así que lárgate”, agregó mirándolo con los ojos tan fríos que Remus optó por una sana retirada.
- “Hasta más tarde, Severus. Nos veremos en la fiesta…”, sonrió ya en la puerta, “… si tienes pareja, claro”
*
Severus lanzó una maldición, pero ésta se estrelló con el muro al desaparecer velozmente el intruso.
“Nos veremos en la fiesta”
¡Maldito Gryffindor! Eso era lo que sacaba por salvar su miserable pellejo.
Él no iría a la fiestita de despedida, no abrazaría a nadie ni derramaría lágrimas de cocodrilo porque “ya no nos veremos más”, “ha finalizado una etapa de la vida”, “lo que vivimos aquí, jamás lo olvidaremos” y todas las cursilerías que se habían inventado para la ocasión.
Él no iría.
Porque nadie como él extrañaría esos muros. Porque nadie como él echaría de menos las largas noches de estudio. Porque nadie como él añoraría empezar una nueva clase y aprender cosas que lo ayudarían en la vida. Porque nadie como él lo necesitaría, ahora que sabía que tendría que valerse por sí mismo, ahora que sus padres le habían escrito diciéndole que no podrían estar en la ceremonia, que ambos tenían compromisos con sus respectivas familias y sus nuevos hijos. Y Severus, como siempre, quedaría relegado a un segundo plano.
El hijo del primer matrimonio… ya estaba harto.
Dejaría su casa. Ya había sido admitido en la Universidad de Altos Estudios Mágicos, que luego de un proceso de reorganización, había sido autorizada de nuevo, eligiendo a sus autoridades. Y el nuevo rector era el padre de Lucius, quien enseguida le otorgó una beca integral.
Quería especializarse en Artes Oscuras, como Lucius. Aunque Voldemort le había pedido que lo haga en Pociones. Ahora que Campbell había huido, necesitaban un experto en esa materia, en la que Severus tenía talento innato. ¡Pociones! Él no pensaba pasarse la vida moviendo calderos y consiguiendo ingredientes extraños. No, él quería ser como Lucius. Aunque…
Acababa de decidirlo.
Haría ambas cosas.
*
- “¡Sirius, estás fabuloso!”, exclamó Remus genuinamente sorprendido al ver a su novio con una elegante y entallada túnica azul marino, de amplias mangas, bordada con hilos de oro.
- “Me la dio Andrómeda”, sonrió Sirius, “por eso digo que es mi prima favorita”
Andrómeda era la prima de Sirius, la mayor de las hermanas Black y de hecho, la única que Remus podía soportar. No tenía la pedantez y altanería de Narcissa, ni la crueldad y frialdad de Bellatrix. Y aunque no era nada fea, no tenía tampoco la belleza clásica de su rubia hermana y mucho menos el elegante e indómito atractivo de la morena.
- “Está bien”, sonrió besándolo en los labios. “Ahora voy a cambiarme”
Cuando Remus salió del baño, con el cabello un poco húmedo y una túnica verde oscuro que hacía resaltar maravillosamente sus ojos dorados, Sirius pensó que se lo comería a besos. Pero tuvo que refrenarse para después de la fiesta, porque lo que haría a Remus necesitaba como mínimo toda la noche.
La ceremonia de graduación empezó y uno a uno fueron desfilando para recibir sus diplomas. Los padres aplaudían orgullosos cuando sus hijos subían al estrado y Sirius miró ansiosamente hacia atrás. No había ningún Black presente. Tampoco lo había esperado, Andrómeda le dijo que le prohibieron asistir, pero… siempre quedaba una esperanza, por mínima que fuera.
- “Sirius Black”
Bueno, al menos estaba seguro de que Moony lo aplaudiría.
Pero no fue un aplauso lo que oyó, fueron muchos cálidos aplausos. De pie en medio del salón estaban los padres de Remus y junto a ellos, los de James y Peter. Y todos aplaudían.
No lloraría. Quizá luego, cuando estuviera solo, pero ahora no. Sonrió como siempre y avanzó con soltura a recibir el diploma, sin dejar de notar varias miradas femeninas.
Poco a poco fueron llamados todos y luego Frank Longbottom dio un pequeño discurso de despedida que los emocionó a todos al hablarles de la etapa que había culminado, un eslabón más en la cadena de la gloria interior que todos debían buscar, sin temor a caer, pues había más valor en el perdedor que se levantaba que en valiente que no caía jamás.
Después, los distribuyeron en mesas, con sus respectivas familias y parejas. Fue divertido como ver a Peter y sus padres compartir la mesa con los padres de Lily y James, ya que el chico gordito no había podido conseguir acompañante.
Sirius y Remus sonrieron y se acercaron a la mesa de profesores, donde estaba Genévieve con un vestido blanco muy escotado. Entre ambos la invitaron a su mesa y sorprendieron a todos cuando la llevaron con ellos.
- “Ella es Genévieve”, dijo Remus, “es pareja de ambos en el baile. Ella me salvó también, y es licántropo”, añadió a sus atónitos padres.
Genévieve sonrió y se sentó con ellos, turnándose para charlar alegremente y bailar con Sirius y Remus. Los padres de su amiguito estaban encantados, él no les había dicho nada antes para no traicionar el secreto de su amiga, pero ya no había razón para callar.
- “Lobito, te quiero”, susurró Genévieve en su oído mientras bailaban abrazados. “Debo irme a media noche, salimos de Londres mañana a primera hora”
*
Momentos después, Sirius y Remus la despedían en el atrio del castillo.
Genévieve partió con Stoker, no sin antes abrazarse de Remus. Estaba aún pálida y la tristeza en sus ojos dorados seguía allí para no desaparecer jamás.
She's fading away / ella se está
desvaneciendo
Away from thís world / lejos de este mundo
Drifting like a feather / flotando como una pluma
She's not like the other girls / ella no es como otras chicas
She lives in the clouds / ella vive en las nubes
And talks to the birds / y habla con los pájaros
Hopeless little one / pequeña desesperada
She's not like the other girls I know
Se abrazaron interminablemente, ambos habían sido muy unidos y se prometieron
estar siempre en contacto, e incluso Remus prometió ir a visitarla.
Genévieve le dio un último beso en la mejilla y susurró
en su oído:
- “Lobito, vuelve a la fiesta… detrás del cuadro de Sir Allan Haggard está un pasillo por el que nadie pasa, y desde el que se oye perfectamente la música”
Finalmente, Genévieve subió al carruaje con su padre y se alejaron. Ella sacó la cabeza por la ventanilla y agitó la mano.
Remus siempre la recordaría así, sonriéndole, hermosa, con esa belleza etérea que la tristeza da.
Años más tarde, cuando Sirius y él vivían juntos, recibió una carta de Stoker. Era una sencilla carta donde le comunicaba que Genévieve había fallecido y que antes de morir le había pedido enviarle un recuerdo y Remus tomó llorando un mechón de largo cabello negro de su amiga, que conservaba aún su perfume, y la imaginó dormida, por fin en paz. Sirius lo confortó con un cálido abrazo.
No more shame, / No más verguenza
she has felt too much pain, in her life / ella ha sentido demasiado dolor
en su vida
In her mind she's repeating the words / en su mente está repitiendo
las palabras
All the love you put out will return to you / todo el amor que diste volverá
a ti
*
- “Moony”, la voz de Sirius lo sacó de su ensueño mientras miraba alejarse el carruaje, “ven, amor. Volvamos a la fiesta”
Volvieron y explicaron a los padres de Remus que Genévieve había partido ya. La tristeza en los ojos dorados era evidente y Sirius hizo de todo para alegrar a su novio, incluso le pidió bailar, ante la escandalizada mirada de Vincent Lupin.
Remus finalmente sonrió. Genévieve le había dicho que no estuviera triste y no lo estaría.
- “Acepto”, sonrió a su novio y ambos se levantaron.
Vincent quiso decir algo, pero Lucrecia se lo impidió, señalando a la pareja que se deslizaba detrás de un cuadro, lejos de miradas indiscretas.
- “Bailemos”, susurró Remus pegándose al cuerpo de Sirius.
Estaban solos en el pasillo y la música se oía perfectamente. Ya llegaría el día en que ambos pudieran bailar delante de todos sin importarles lo que pensaran. Pero mientras tanto, disfrutarían la fiesta.
Una canción muggle de moda sonaba en ese momento “Still loving you”. Sirius tomó a Remus en brazos y lo hizo girar lentamente. Bailaron juntos, disfrutando cada instante, embriagándose en la música y en la presencia del otro, besándose interminablemente.
La fiesta terminó en la madrugada y las familias se retiraron al alojamiento que Dumbledore les había preparado. Sirius y Remus volvieron a su habitación, en la cual aguardaba la última sorpresa de la noche.
Sirius había decorado la habitación con velas. Junto a la cama brillaban con luz tenue dándole a toda la atmósfera una apariencia incitante, haciendo que las sábanas de seda verde resaltaran más.
- “Ha llegado el mejor momento de este día, Moony”, le susurró Sirius al oído, “me pediste que esperara hasta estar seguro. Ahora lo estoy”
Y suave, lentamente, lo besó mientras lo recostaba en la cama.
Capítulo 30: Momentos
Meet me in outer space / encuéntrame
en el espacio exterior
WE could spend the night / podríamos pasar la noche
Watch the earth come up / mirar la tierra girar
I've grown tired of that place / me he cansado de ese lugar
Won't you come with me? / ¿no vienes conmigo?
WE could start again / podríamos comenzar de nuevo
Stellar - Incubus
- “Oh, Sirius”, suspiró Remus sintiendo que el ansiado momento había llegado al fin.
- “Te amo, Moony”, susurró Sirius junto a sus labios, “déjame demostrártelo”
Lo desvistió lentamente, mostrándole con suavidad, pero con firmeza, que quería hacerlo él mismo, y Remus lo dejó hacer, entrecerrando los ojos. Sirius lo tomó de las manos y lo incorporó para quitarle la túnica de gala.
- “Siempre pensé que el verde te queda precioso”, dijo desatando el nudo de la corbata y deslizándola juguetonamente por los cabellos de Remus, donde la dejó un momento, para besarlo luego en la punta de la nariz.
La corbata fue descartada y cayó al piso, mientras los ágiles dedos de Sirius desabotonaban la camisa, embelesándose con la tibia piel bajo sus manos, susurrándole palabras de amor a su novio que le sonreía dulcemente.
Besó la suave boca que se le ofrecía, con el sabor único que sólo Remus podía tener: chocolate y acónito. ¡Cómo lo había añorado!, su boca se deslizó rápidamente hacia el cuello y mordió suavemente la nuez, arrancando una risita nerviosa de la garganta de su novio.
- “¡Sirius Black!”, exclamó Remus, aparentando estar enfadado.
Pero la siguiente acción de Sirius le arrancó un gemido de absoluto placer, cuando su lengua jugó por el omóplato mientras sus manos presionaban ligeramente en sus pezones. La camisa fue rápidamente lanzada al piso y Remus se recostó en la cama, con el torso desnudo y la respiración agitada.
¡Se veía tan hermoso entre las sábanas verdes! Sirius había soñado demasiado tiempo con ese momento y se quedó mirándolo embelesado, olvidando un instante que era real.
- “¿Paddy?”, susurró Remus, confundido por no seguir recibiendo caricias. Sirius estaba arrodillado junto a él y lo miraba con total arrobamiento.
- “Eres hemoso, Moony”, respondió Sirius con la voz ronca, “esperé mucho tiempo este momento”
- “Entonces, bésame”
Remus lo atrajo sobre él, sintiéndose muy excitado al recibir el familiar peso de su pareja, al rozar sus cuerpos. La ropa estorbaba, y se dedicó a tirar de la túnica de Sirius hasta quitársela, mientras ambos se besaban con ternura.
Las caricias aumentaron de intensidad en cuanto Sirius se despojó de su camisa y los pezones desnudos de ambos rozaron haciéndolos gemir.
- “¡Ahh, Sirius!”, jadeó Remus al sentir que las manos de su novio tocaban su entrepierna, presionando ligeramente.
“How do you do it? / ¿Cómo
lo haces?
Make me feel like I do / hacerme sentir como me siento
How do you do it? / ¿Cómo lo haces?
It's better than I ever knew / Es mejor que todo lo que he conocido”
Sirius producía en él sensaciones increíbles. Nunca se sintió tan confiado y tan ansioso y pensó que exactamente así debía ser la primera vez que se entregara.
Por amor, con amor.
- “Te amo”, gimió sin poder contenerse, Sirius en ese momento le desabrochaba los pantalones y tiraba de ellos.
Se habían desnudado mutuamente varias veces, pero ahora, ambos sabían que sería diferente, porque ahora no había nada que les impidiera consumar su amor, aunque se hubiera necesitado tanto sufrimiento para que al fin se dieran cuenta.
Las manos de Remus atrajeron a su novio y le acariciaron la espalda, bajando hasta la pretina de los pantalones, por donde introdujo juguetonamente las manos.
- “Moony…”, susurró Sirius y se recostó junto a él nuevamente, deshaciéndose de sus propios pantalones y ropa interior, “amor, esta vez sí lo haremos--- yo sé que has pasado por muchas cosas. Quiero saber si estás seguro, no quisiera las—“
Pero Remus lo interrumpió con un beso.
- “Shh”, le dijo antes de apoderarse de su erección, “no digas más”
Y Sirius optó por hacerle caso, sobre todo porque ahora lo que Remus le hacía no dejaba opción más que para gemir deliciosamente y rendirse a sus caricias.
De pronto, Remus invirtió su posición, colocándose de espaldas a Sirius, arrodillado con las piernas a ambos lados de los hombros de su novio que estaba recostado de espaldas en la cama; y continuó con su tarea, masajeando y besando el glande, saboreando el pre semen.
- “¡Oh, Moony!”, se agitó Sirius mirando el cuerpo que se le ofrecía. Ahora lo tenía como había deseado siempre
El animago besó las nalgas de Remus, jugando con la lengua junto a la estrecha abertura y sus manos le frotaron su erección, haciéndolo arquearse y abrirse más a esa caricia tan placentera, dejándolo oír sus deliciosos grititos de éxtasis.
El momento había llegado, y Sirius, con emoción contenida estiró el brazo y buscó bajo la almohada lo que había guardado con tanto cuidado cuando preparó la habitación. Extrajo un pequeño frasquito de lubricante que Mundungus Fletcher le había vendido meses atrás.
- “¿Qué es eso?”, preguntó Remus, elevando las caderas y mirando a Sirius desde su posición, con el rostro junto a la ingle de su novio.
Sirius dudó, antes habían hablado de los preparativos, pero decírselo así, con lo que Campbell le hizo tan reciente aún--- no quería asustarlo.
- “Es… es algo que ayudará…”, trató de explicar, “servirá para que… para que…”
- “¿Se dilate?”, preguntó Remus, dejándolo atónito.
- “Sí, eso es”
Remus sonrió y volvió a besar la punta del glande de su novio.
- “Puedes usarlo”, susurró y lo tomó de nuevo con la boca, enviando un estremecimiento por toda la columna de Sirius.
- “M-moony”, jadeó
Sirius, apenas recuperado de la sorpresa. Remus parecía a veces demasiado
inocente, pero… no, debía ser la cercanía de la luna.
Además, ellos habían tenido muchos de esos juegos, era de esperarse
que su novio no fuera un mojigato.
Y ahora estaba haciendo cosas maravillosas con su ansiosa erección.
Sirius no esperó más, untó con el lubricante sus dedos y luego volvió a besar aquél pasaje que pronto sería suyo. Hundió la lengua allí, haciendo que Remus abriera más las piernas, rindiéndose por completo a esa caricia nueva. Antes Sirius había acariciado y besado ese lugar, pero jamás había llegado tan lejos en esas caricias, por temor a no poder detenerse. Y ahora, la lengua de Sirius pugnando por entrar más lo hacía perder cualquier pensamiento coherente.
Un dedo untó con una generosa cantidad de lubricante la abertura casi virgen de Remus y luego se introdujo, lenta y amorosamente. El cuerpo de su novio se puso tenso un momento.
- “Shh, Moony… tendré cuidado lobito. Confía”
Remus confió, cerrando los ojos y por un momento, dejó de atender a su pareja. Trató de no pensar en Cambpell cuando el dedo de Sirius entró en su cuerpo. Se dijo que era su novio, que lo amaba, que todo saldría bien y poco a poco se fue relajando, mientras Sirius movía el dedo suavemente, haciendo círculos que dilatarían la estrecha abertura.
- “Te amo Moony”, susurró Sirius una vez más mientras introducía el segundo dedo, con igual cuidado. Tampoco tenía mucha experiencia en eso, jamás lo había hecho con un chico, en primer lugar porque le costó mucho aceptar que amaba a Remus y en segundo, porque una vez que lo descubrió, sólo quiso hacerlo con él.
Pero el animago había investigado un poco con el material que Mundungus Fletcher le había traído. Retiró suavemente los dedos y Remus lo miró desconcertado. Ya se estaba acostumbrando a la sensación y era placentera. ¿Habría hecho algo mal? ¿Sirius estaría decepcionado?
Su novio miró los ojos dorados temerosos.
- “Está bien, Moony. Recuéstate aquí”, le pidió colocando una almohada bajo sus caderas, “tenemos todo el tiempo del mundo, quiero hacerlo con calma, relájate”
Con Remus a su merced, abriéndole dócilmente las piernas, Sirius continuó preparándolo con los dedos, hasta insertar el tercero. Remus se sacudía entero y gemía deliciosamente, agitando las caderas sin poderlo evitar, ansioso, necesitado.
- “¿Listo, Moony?”
- “Sí, Padfoot”, susurró él, seguro de que dolería, pero sin importarle demasiado en realidad, el dolor de las transformaciones era parte de su vida y ahora estaría unido a su novio para siempre.
Sirius retiró los dedos y usó más lubricante en su erección. Luego se colocó en la estrecha abertura y presionó ligeramente.
- “Ahh”
- “Shh, Moony. Debes relajarte un poco, así no dolerá”
Remus trató de hacerlo, pero en verdad el dolor era grande. Nunca pensó que dolería así, y tuvo miedo. ¿Relajarse? ¿De qué hablaba Sirius? ¡Como si él tuviera mucha de esa experiencia!
- “¿Paddy?”, preguntó algo temeroso, “¿lo has hecho antes?”
- “¿Antes?”, repreguntó Sirius deteniéndose en seco. Remus sabía perfectamente que él no era virgen en absoluto.
- “Con chicos”, aclaró Remus sintiendo que moriría si la respuesta era afirmativa.
- “No”, confesó Sirius, “quería hacerlo sólo contigo. Pero no quiero lastimarte…”
Remus sintió que el alma volvía a su cuerpo.
- “No me lastimarás, amor. Tómame por favor”, esas palabras de sumisión ante su novio los encendieron más a ambos y Sirius presionó otro poco, hasta que, con ayuda del aceite, se fue adentrando poco a poco en el ardiente y estrecho pasaje.
- “Ahh”, volvió a gemir Remus, esta vez con placer. “N-no pares”
Sirius finalmente lo penetró totalmente y se quedó inmóvil un momento, tratando de que Remus se acostumbrara a la invasión. Luego recordó que debía excitarlo también, y metió la mano bajo el cuerpo de su novio, tomando su durísima erección en las manos.
- “Te amo, lobito”, repitió e inició un lento ritmo que marcaba con su mano, masturbando también a Remus, “quiero que siempre estemos así, que nunca nos separemos”
“Meet me in outer space / encuéntrame
el espacio exterior
I will hold you close / te abrazaré fuerte
If you're afraid of heights / si tienes miedo a las alturas
I need you to see this place / necesito que veas este lugar
It might be the only way / podría ser la única forma
That I can show you how / en la que pueda mostrarte cómo
It feels to be inside of you / se siente estar dentro de ti”
Y Remus sólo contestaba con gemidos. Había llegado al punto donde el placer había reemplazado largamente al dolor y sólo podía gritarlo, estremeciéndose desesperado, deseando más de su novio, sintiéndose explotar de deseo, necesitando ser saciado para no morir.
Sirius perdió el control igualmente, sólo existía en su mundo el amado cuerpo sobre el cual se encontraba, el estrecho y ardiente pasaje que lo enloquecía, la palpitante erección de su novio bajo sus manos. Empujó porque Remus se lo pedía entre gritos y también porque ya no podía parar. Empujó marcando el ritmo, calculando terminar juntos, por más que le costara esperar a su novio cuyo calor lo enloquecía.
Cuando sintió el tibio líquido mancharle las manos y Remus gritó su nombre, se inclinó y depositó un amoroso beso en la espalda de su novio, para luego dejarse ir también, sin importarle nada más que la felicidad que ahora lo embargaba.
Rieron y se besaron muchas veces mientras se aseaban. Las sábanas fueron descartadas por otras nuevas y Sirius sonrió ante la última “broma” que les dejaban a los elfos domésticos. Luego, tomados de la mano, volvieron a la cama y se acurrucaron uno en brazos del otro.
En algún lugar, un gallo cantó.
*
Sirius abrió los ojos. Se sentía lleno de energías a pesar de que apenas había dormido un par de horas. A su lado, Remus estaba acurrucado y cubierto hasta la barbilla, profundamente dormido. Lo besó suavemente en los labios y se deslizó con cuidado, aún faltaba algo para despedirse de Hogwarts.
El animago se vistió rápidamente y buscó en su baúl. Luego, con una bolsa en la mano, besó nuevamente a Remus y salió. Sus pasos lo llevaron al Baño de Prefectos y usó su navaja mágica para abrirlo. Al principio, sintió un poco de aprehensión de entrar otra vez a ese lugar, pero todo estaba tan calmado que pronto se relajó.
Lo primero era deshacerse de la sirena. Luego de la muerte de David, Dumbledore había mandado a poner un cuadro con una hermosa sirena rubia, para que pudiera avisar en caso de problemas, y lo último que deseaba Sirius era que el Director se enterase de sus hazañas sexuales.
Se acercó a la criatura que lo miraba curiosamente y susurró un hechizo varias veces, hasta que ella se acurrucó en su roca, quedándose dormida. El joven mago cubrió el cuadro con un lienzo que había traído en la bolsa y luego examinó el lugar con ojo crítico y comenzó su trabajo.
Apenas terminó, se apresuró a buscar a Remus. Eran apenas las cinco y media y todos dormían a causa de la fiesta. Aún así, era mejor tener cuidado.
- “Buenos días, dormilón”, le dijo a Remus besándolo con ternura.
- “¡Paddy! Es de noche aún… déjame…”, protestó Remus aún entre sueños.
- “Es de dia, lobito. Tus padres esperan afuera”
Eso sirvió para que Remus se sentara de golpe, desconcertado al hallarse desnudo, pensando que en cualquier momento su padre abriría la puerta.
Sirius rió alegremente.
- “Mentira”
Y Remus le lanzó un almohadón, molesto y divertido a la vez y se recostó de nuevo para volver a dormirse, pero Sirius quería salirse con la suya y al poco rato, lo llevaba prácticamente a rastras hacia el Baño de Prefectos.
Se detuvieron en la puerta.
- “Moony, sé que quizá no quieras entrar aquí, y lo entenderé. Pero hace mucho tengo una fantasía contigo en la piscina y como este es nuestro último día aquí…”, dejó la frase sin terminar.
Su novio lo pensó un poco. Sí, era un lugar triste porque allí habían encontrado a David, pero también era su última mañana en Hogwarts y la última vez que podría bañarse en la piscina con Sirius. Y por los acontecimientos anteriores, sabía también que no sólo se bañarían. Quizá fuera buena idea, así el mal recuerdo se borraría y él no quería pensar en David de ese modo.
- “Entremos”, susurró bajito, pero Sirius lo oyó y abrió la puerta.
Remus ahogó una exclamación de asombro. Era el baño de prefectos, pero al mismo tiempo, no era el mismo baño de prefectos que ellos habían conocido. Estaba lleno de burbujas de colores y de flores flotando en el agua, iluminado por varias lámparas enormes. Y la sirena estaba cubierta por un lienzo.
- “¿Te gusta?”, preguntó sonriente Sirius y por toda respuesta, Remus lo arrojó al agua, riendo.
Se desvistieron velozmente y empezaron a besarse entre divertidos y ansiosos, pero de pronto, un sonido distrajo la atención de Remus. En medio de la piscina, suspendida en el aire, había una cámara de fotos y estaba fotografiándolos en ese instante.
- “¡Sirius!”, exclamó Remus escandalizado, pero su novio se echó a reír.
- “Hechicé la cámara”, explicó, “así podremos bañarnos mientras nos toma fotos”, dijo “bañarnos” con una clara connotación y Remus enrojeció, “Anda, Moony, es nuestro último día, y las fotos sólo las tendremos tú y yo”
Remus lo pensó un momento, pero las manos de Sirius le hicieron olvidar rápidamente su recato y se lanzó de nuevo a los brazos de su pareja, besándolo interminablemente.
Luego de casi una hora, Sirius se retiró al fin del cuerpo adolorido de su novio, la penetración fue un poco dolorosa ya que Remus aún no estaba recuperado del encuentro anterior, pero el agua ayudó y ambos lo disfrutaron intensamente luego de terminar juntos, abrazados y felices. Remus reclinó la cabeza en el hombro de Sirius, todo eso era nuevo para él y sentía que el sólo hecho de tener sexo con su pareja lo hacía estar más unido a él que nunca y que el vínculo que los unía era para siempre.
De pronto, recordó algo.
- “¡Sirius! ¡Los carruajes salen a las diez!”, gritó y salió velozmente de la piscina.
*
Severus golpeó la puerta del despacho de Dumbledore. La profesora Mc Gonagall lo había llamado temprano y lo condujo hasta la gárgola que cuidaba la entrada, indicándole que el director deseaba hablarle. El chico se preguntaba qué querría Dumbie de él.
- “Pasa, Severus”, contestó el siempre sonriente anciano.
El Slytherin entró y titubeó un poco.
- “Siéntate”
Lo hizo, armándose de valor. Siempre se sentía como un crío frente a Dumbledore, ni siquiera con Voldie se sentía así.
- “¿Para qué me llamó, profesor?”
Dumbledore sonrió de nuevo y le alcanzó un caramelo de limón que Severus metió en su boca, sin masticarlo, y lo envió a un costado, donde no estorbase.
- “Ayer no fuiste a la fiesta”, no fue un reproche, simplemente el enunciado de un hecho, “me preguntaba si te habías sentido indispuesto”
- “Eh, sí. Tuve catarro”, mintió descaradamente Severus, e incluso carraspeó para demostrarlo.
- “Ya veo”, sonrió el director, “Severus, ¿qué harás ahora que no estarás en Hogwarts?”
La pregunta fue a quemarropa y lo cogió un poco desprevenido. Pero la Oclumancia fue su aliada una vez más.
- “Conseguí una beca en la UAEM, me darán alojamiento y comida y…”, no estaba muy seguro de decírselo, pero… ¿qué más daba?, “me iré de casa y viviré allí. Luego, veré en qué puedo trabajar”
La esperada avalancha de reproches nunca llegó y Severus se preguntó cómo era que el viejo lograba desconcertarlo así. Hasta Voldie era más predecible.
- “Eso está bien. Es bueno que trabajes, seguramente tendrás gastos… un chico de tu edad los tiene siempre”
¿Cuál era el punto del viejo?
- “Te preguntarás por qué te llamé”
Claro, la pregunta de los mil galeones. Severus arqueó las cejas.
- “Sucede que eres el mejor estudiante de Pociones que ha tenido Hogwarts. Y los especialistas en Pociones son difíciles de hallar”, explicó Dumbledore ofreciéndole otro caramelo que fue a parar donde el anterior, “cuando termines tus estudios, la plaza de profesor de Pociones es tuya. Y si necesitas trabajo antes, las puertas de Hogwarts estarán abiertas para ti”
Severus corrió serio peligro de atragantarse con los caramelos. ¿Le ofrecía trabajo? ¿De maestro? Era irrisorio y tierno a la vez. Él tenía un gran futuro por delante, un futuro como mortífago, no como maestro de Pociones de un grupo de mocosos estúpidos. Aunque a decir verdad, no había pensado en qué podría estar haciendo dentro de diez años. De cualquier forma, el ofrecimiento era generoso viniendo de quién venía.
- “Gracias, profesor, pero no creo necesitarlo”
El anciano sonrió con indulgencia.
- “Mi oferta sigue en pie, cuando lo necesites. Y también si necesitas sólo hablar, Severus. Estaré aquí”
El chico miró hacia la percha de Fawkes, no deseaba mirar a Dumbledore a los ojos. No sabía si el viejo era estúpido o se hacía el estúpido, pero a esas alturas, sólo quería salir de allí.
- “¿Eso era todo?”, preguntó.
- “Sí, hijo. Puedes irte, los carruajes parten en una hora. Y no olvides mi ofrecimiento”
Severus salió de allí lo más a prisa que pudo.
*
En el patio del catillo, una hora después, James miró sospechosamente
a sus amigos mientras acarreaban sus baúles al carruaje próximo
a partir. Las mejillas de Remus estaban coloreadas, no sabía exactamente
si por la carrera que tuvieron que dar para no quedarse, o por otra cosa.
Sirius lucía exactamente igual.
Dumbledore los despedía a todos con amables palabras antes de embarcarlos en los carruajes que iban partiendo apenas se llenaban. El carruaje de James fue uno de los últimos, en parte porque Sirius y Remus se habían retrasado mucho; y en parte porque el director los hizo esperar un poco más una vez que llegaron. Los carruajes que llevaban a los familiares habían partido hacía rato.
La escuela por fin había terminado, las despedidas con los otros profesores fueron corteses en algunos casos y emotivas en otros, aunque los dos profesores que los había marcado durante todos esos años ya no estaban más.
- “Ha llegado el momento de dejar esta escuela”, les dijo el anciano con un poco de pesar, “aunque será bueno para el señor Filch y para la señora Norris”, y les cerró un ojo, “pero me atrevo a apostar que pronto nos volveremos a encontrar. Cuídense mucho, hijos”
Le estrecharon las manos por turnos, Sirius, Remus, James, Peter y Lily, y subieron todos al carruaje, agitando las manos para despedirse del director y de la profesora Mc Gonagall.
Severus Snape también subió al suyo, luego de darles cortésmente la mano a todos sus profesores.
- “No lo olvides, Severus”, sonrió el anciano luego de estrecharle la mano y embarcarlo en el carruaje, donde el chico se acomodó en un rincón, notando con amargura que nadie se sentaba a su lado, aunque luego aprovechó esta circunstancia para estirar las piernas y dormitar, pensando a pesar suyo en la propuesta del anciano director.
En el otro carruaje, James y sus amigos estaban silenciosos, Sirius y Remus dormían abrazados en el asiento, cubiertos por una manta y con expresiones muy culpables. Lily estaba junto a él, callada como nunca y Peter miraba el camino, masticando pensativo una barra de chocolate.
Habían terminado la escuela, y sus vidas darían un enorme giro de ahora en adelante. Sirius había adelantado ya que viviría con Remus y James estaba seguro de que lo extrañaría horrores, pero su amigo se veía muy feliz, además, si eran elegidos para estudiar en la Escuela de Aurores, estarían juntos también. Sólo le preocupaba Peter, el chico estaba muy ilusionado con ingresar a la Escuela de Medicina de Inverness, pero James sabía que pedían un puntaje alto y que su amigo no lo tenía. Sí, sería un milagro que Peter ingresara, pero a veces los milagros suceden.
Pero lo que más le preocupaba era lo que Dumbledore les había tratado de decir al hablar de volverse a encontrar, y sin saber por qué, oprimió suavemente la mano de Lily que le correspondió con una sonrisa.
*
Severus se dirigió a la UAEM, donde le habían ofrecido alojamiento durante todo el verano. Una escueta carta a sus padres les comunicó que no iría a verlos ese verano y ellos respondieron anunciando a la vez las vacaciones de su padre en Escocia y las de su madre en Europa. Y le enviaron un cheque de Gringotts que Severus destruyó.
Su habitación estaba en el sótano, lugar que él prefirió porque le recordaba las mazmorras, y consistía en una salita con una mesa y libros, un pequeño y modesto domitorio y un baño. Durmió allí la primera noche, añorando su cama de Hogwarts, único sitio que él había considerado su hogar. La noche siguiente, estaba tan inquieto que salió a hacer algunas compras con el dinero que había ganado ayudando a sus condiscípulos a hacer pociones.
A la hora que volvió, le pareció sentir un aroma extraño en su habitación, algo como sándalo, y cuando abrió la puerta de su dormitorio, se quedó de una pieza. Su habitación tenía una alfombra verde oscuro, un elegante cubrecama del mismo color y en el medio, había un enorme espejo con marco de plata, primorosamente labrado con diminutas serpientes.
- “¿Pero qué demonios…?”
- “Hola, Sev”, sonrió Lucius emergiendo de entre los cortinajes, con una radiante sonrisa, “no soy partidario de este color en un dormitorio, pero tratándose de ti…”
- “¿Tú compraste todo esto?”, exclamó Severus asombrado.
- “¿Quién más? ¿Tu hada madrina?”
Severus no pudo más que sonreír. El rubio era incorregible, y allí estaba, mirándolo sonriente, como si no esperase que él rechazara los regalos, como ciertamente pensaba hacer. ¿Qué pensaría su padre luego? Esas cosas debían costar una fortuna, sobre todo el espejo, no podía aceptarlo.
- “Lucius, no puedo…”
Pero el rubio no lo dejó terminar, simplemente lo abrazó por detrás y mordió suavemente su oreja.
- “¿No, Sev? Es mi regalo por tu graduación, quiero que lo tengas”
Eso no era una petición. Era una orden.
Y para asegurarse de que Severus no se resistiera más, el rubio lo comenzo a besar expertamente en el cuello mientras pegaba sus caderas al trasero de Severus, haciéndole sentir su dureza a pesar de la ropa que ambos llevaban.
Severus echó hacia atrás la cabeza, y la bolsa en la que traía el pan cayó al suelo. ¡Había extrañado tanto a Lucius! No se habían visto desde lo de Campbell, porque el colegio era vigilado por aurores y luego, con la presión de los exámenes, simplemente Severus no había vivido para otra cosa, pero jamás imaginó que su amante lo estuviera esperando, y no eran los regalos, sino el gesto, lo que lo llenó de felicidad.
Se besaron con la misma pasión hambrienta que acompañaba todos sus encuentros, arrancándose la ropa y arrojándola al suelo, para caer luego trenzados a la cama, en una intensa lucha por el control.
Finalmente, Lucius venció y se dispuso a tomar su premio, deslizándose dentro de Severus sin darle preparación, arrancándole un grito que se transformó en gemido cuando el rubio comenzó a bombear su erección.
- “Lucius”, jadeó Severus con voz ronca.
El rubio ladeó la cabeza, mirándose en el espejo, y suavemente hizo voltear el rostro de Severus, haciéndolo mirarse también. Ambos desnudos y sudorosos, tendidos sobre la cubrecama verde, el cabello de Lucius sobre la espalda de Severus, quien con ojos vidriosos veía el cuerpo del rubio enterrarse en el suyo, sintiendo sus acometidas, viendo su propio cuerpo responder. Era tan excitante que comenzó a moverse también, pidiendo mayor contacto, contemplándose a sí mismo en su desesperación por alcanzar el alivio, mirando sus labios entreabrirse para decir el nombre de Lucius mientras los de su amante se abrían también.
- “Ohh, Severus”, gritó el rubio, la visión en el espejo había sido demasiado también para él, y gritó su orgasmo con todas sus fuerzas, sin dejar de contemplarse, de contemplar a Severus.
“How do you do it? / ¿Cómo
lo haces?
Make me feel like I do / hacerme sentir como me siento
How do you do it? / ¿Cómo lo haces?
It's better than I ever knew / Es mejor que todo lo que he conocido”
You are stellar / eres estelar
Y Severus se dejó llevar, gritando
a su vez al contemplar el intenso orgasmo de su amante, recogiendo cada mínimo
gesto que su rostro hacía, cada espasmo en el que gritaba su nombre,
cada gota del ardiente líquido que se derramó en sus entrañas.
Lucius era hermoso, y más hermoso aún cuando amaba y era amado.
Un ronco gemido anunció el orgasmo de Severus y Lucius bombeó
con más fuerza su erección, conocía perfectamente el
delgado y anguloso cuerpo debajo del suyo y sabía cómo complacerlo.
Cuando los espasmos de placer se calmaron, ambos se quedaron abrazados y Lucius
lamentó profundamente haber arruinado la cubrecama nueva, aunque bien
valió la pena. Sonrió juguetonamente.
- “Sev, deberías dejarte el cabello un poco más largo”,
susurró al oído de su amante.
- “¿Hum?”
- “Más largo, sí”, ronroneó Lucius, “así”
y con los dedos delineó el contorno del rostro de Severus indicando
hasta dónde quería el largo de su cabello, “así
te verás bien”
Severus lo besó. Desde ese momento, tomó la resolución
de dejarse el cabello más largo, para complacer a Lucius. Haría
lo que sea, aunque…
- “Sev”, ronroneó de nuevo el rubio, “¿Cómo
fue que no te descubrieron los aurores?”
El chico moreno besó a su amante en el hombro para ganar tiempo. Tenía
la respuesta preparada hacía mucho, pero Lucius lo había pillado
desprevenido por completo.
- “Nos interrogaron. Le eché la culpa a Campbell, les dije que
era amante de Balfour y que buscaran mortífagos en Gryffindor, le mencioné
las escapadas nocturnas de Potter y Black, la vez que te atacaron y que era
sospechoso que fueran Black y Lupin los que encontraron con Campbell. Me creyeron”
El rubio lo miró intensamente, pero Severus ya manejaba muy bien la
Oclumancia. Su historia tenía fundamento y era un alivio que no lo
hubieran descubierto. Había temido por él.
Se volvieron a besar y Lucius levantó las mantas. Ambos se acomodaron
en la cama, abrazados sin necesidad de palabras, era de noche, el lugar estaba
silencioso y Severus pensó que al fin y al cabo, no había sido
tan malo dejar su casa.