Capítulo 11: Herido


“Feel the heat below my feet / siento el calor bajo mis pies
I have to go, no time to sleep / tengo que irme, no hay tiempo de dormir
Can’t believe the things you say / no puedo creer las cosas que dices
I turn my head and walk away / volteo la cabeza y me voy
You make me sick – you make me nervous/ me pones enfermo, me pones nervioso”

In my life – The Rasmus

*


Ese verano, la madre de Sirius insistió en llevar a sus hijos de vacaciones a la Riviera Francesa, y aunque Sirius no quería ir, lo obligaron. Una vez allí, se enamoró de la playa y de los centros de diversión y se entretuvo mucho convirtiéndose en perro para poner a su hermano Regulus en aprietos porque aún no le perdonaba lo que dijo de Remus.

Pero pesar de todo, seguía extrañando muchísimo a sus amigos y añoraba poder compartir esos momentos con ellos. Las travesuras las hacía pensando en lo que diría James, en cómo reiría Peter y en el rostro preocupado de Remus. En una de tantas travesuras, el comunicador que usaba para hablarle a Remus en las noches, cayó al mar y fue imposible recuperarlo.

Además, para molestar a su madre que no se cansaba de mortificarlo hablando mal de sus amigos, Sirius se comenzó a dejar el cabello largo, como había visto hacer a varios chicos franceses, claro que con eso, su madre ya no lo dejaba en paz, pero esa la única forma de abierta rebeldía que se atrevía a hacer.

Se sentía miserable.

Casi al final del verano, en la villa francesa donde vivían, recibieron la visita de Bellatrix y Rodolphus, luego de que anunciaran su compromiso a la Comunidad Mágica de Londres. Y la madre de Sirius se puso tan contenta que los invitó a cenar.

Durante la cena, Sirius apenas hablaba, pero Regulus y su madre parecían fascinados con la noticia y la señora Black no se cansaba de repetir que la familia Lestrange era una familia tan respetada como los Black o los Malfoy y que Rodolphus había hecho una excelente elección. Luego hubo varias preguntas sobre la Universidad de Altos Estudios Mágicos y el famoso Tom Ryddle y Sirius se enteró de que Lucius Malfoy, Walden Mc Nair y Ewan Rosier habían sido admitidos allí junto con un joven húngaro de apellido Karkarov, y el resto de la cena transcurrió entre reproches de la madre de Sirius porque sólo los Slytherin iban a la Universidad de Ryddle y él, para vergüenza de la familia, estaba en Gryffindor.

Sirius optó por no replicar, no quería que su madre lo avergonzara más delante del cretino de Rodolphus, ni que lo gritara como a un crío delante de Bellatrix, pero decidió irse al sentir la mano de Bellatrix en su entrepierna. Una vez en su habitación, Sirius golpeó con fuerza la pared y sólo se calmó pensando en que pronto vería a sus amigos.

Al día siguiente, vagando por la playa, conoció a una chica francesa de quince años y antes de que pasara una semana, se hicieron novios. Se llamaba Antoinnette d’Enneris y era de una familia tan aristocrática que a su madre se le olvidó importunarlo durante el resto del verano, tolerando incluso su cabello largo.

Antoinnette tenía el cabello castaño corto y unos bellos ojos color miel, que Sirius contemplaba por horas en los largos paseos que daban en la playa y por algunos días dejó de sentirse miserable y de echar de menos a sus amigos.

*

Remus se decepcionó un poco al no lograr comunicarse con Sirius, pero se mantenía en constante contacto con Peter y James y casi al final del verano recibió una invitación de David para visitar Edimburgo por un par de semanas antes de iniciar de nuevo las clases. Remus aceptó encantado.

Los padres de David eran amables y lo trataron muy bien. Esto sorprendió un poco a Remus porque eran aristócratas, aunque su experiencia con la aristocracia se limitaba a Lucius Malfoy y la familia de Sirius. El padre de David era juez en delitos de muggles contra magos y era un miembro muy respetado de la Comunidad Mágica en Edimburgo y su madre era medibruja y trabajaba en una fundación de magos para curar muggles indigentes.

Los Balfour vivían en un castillo y eso explicaba la habilidad natural de David para orientarse en Hogwarts. Remus pasó dos semanas maravillosas explorando el castillo con David y revisando la vieja biblioteca.

También conversaban interminablemente, y en una de tantas charlas, surgió el tema de Campbell.

- “¡Ese sujeto es odioso! No tiene derecho a maltratarte”, dijo con firmeza Remus.

- “No lo odio en realidad”, replicó suavemente David.

- “¿NO LO ODIAS?”, Remus estaba sorprendido.

- “No. Es el mejor maestro de Pociones que podemos tener”

- “¡Pero es un abusivo, un maniático! ¡Mira lo que les hace a tus manos!”, casi gritó Remus señalando las manos de David, donde aún se veían las cicatrices de los cardos.

David sonrió con dulzura.

- “Nuestros clanes se han odiado por siglos. Es el modo en que se espera que se comporte—“

- “Tú no te comportas así—“

- “Yo pienso que no podemos vivir siempre con ese odio, pero entiendo a Campbell. No puedo odiarlo, Remus”, explicó con calma David.

Remus sonrió. No entendía pero tampoco quería juzgar a su amigo y sólo le pidió tener mucho cuidado con el profesor de Pociones.

Las vacaciones terminaron y Remus viajó junto con David a Londres, pero su amigo se quedó con James a causa de las transformaciones. Cuando Remus volvió a su casa, saltó de alegría al leer la carta de Hogwarts que le avisaba que había sido elegido prefecto. Sus padres estaban orgullosos y él no veía la hora de ponerse su insignia y de contarles a sus amigos la noticia, al día siguiente que los vería en el Callejón Diagon.

*

Sirius los encontró en el Callejón Diagon, como ya se les había hecho costumbre. Le pareció un poco extraño encontrar a David con sus tres amigos, pero los saludó amistosamente a todos.

- “¡Hola Moony!”, dijo cuando llegó el turno de saludar a Remus, y le revolvió el cabello porque adoraba ver cómo los ojos dorados lanzaban chispas.

Pero Remus no le reclamó, sino que lo miró asombrado.

- “¿Qué le pasó a tu cabello?”

Sirius, que no se había cortado el cabello en todo el verano, lo tenía un poco largo, y atado con una tira de cuero, con cabellos sueltos cayéndole sobre el rostro dándole un efecto decididamente sexy.

- “Mi madre me atormenta con eso, Moony. No hagas tú lo mismo”, fue la respuesta.

- “¡Soy prefecto!”, exclamó de pronto Remus con alegría. James y Peter ya lo habían felicitado y se habían puesto muy contentos aunque ellos no fueron elegidos, por eso le sorprendió la reacción de Sirius.

- “Ahh, felicidades”, dijo palmeándole el hombro con poco entusiasmo y la sonrisa se marchitó en los labios de Remus, “¡Les tengo novedades! Tengo una novia francesa y a ella le encanta como soy yo”, anunció triunfalmente.

Al instante fue interrogado por James y Peter mientras se dirigían a Florean&Fortescue. Remus permanecía callado y ni siquiera lo animó el helado de chocolate que Peter le compró. Se sentaron en una de las mesas mientras Sirius seguía contando lo bella que era Antoinnette, lo hermoso de sus ojos y su cabello. Sacó una fotografía, que fue examinada por James, que alzó las cejas asombrado.

- “Se parece a Moony”, fue todo lo que dijo al devolverla.

Peter y David estallaron en carcajadas y Remus miró a otro lado mientras Sirius se ponía de un rojo intenso.

- “¡Ehh, Remus!”, exclamó alegremente Lily Evans, acercándose de la mano de su novio. “Los nuevos prefectos estamos celebrando en aquella mesa, tú, David y Peter están invitados”, dijo mirando a James por encima del hombro.

Remus dudó un poco, pero Peter y David lo arrastraron hacia la alegre y bulliciosa mesa. Sirius y James se quedaron aparentando indiferencia, pero no podían evitar mirar hacia la otra mesa, buscando a Remus y a Lily que reían alegremente.

*

El viaje en el expreso fue muy distinto a los otros viajes, porque Remus se fue al vagón de prefectos con Lily, y sus tres amigos se quedaron con David.

- “Bien, supongo que somos demasiado traviesos para ser candidatos a prefecto, ¿eh, Prongs?”, dijo Sirius con algo de amargura en la voz.

- “Supongo que sí”, respondió James que en ese momento tenía cosas más importantes en la que pensar, como por ejemplo, cómo deshacerse del novio de Lily Evans, que era también prefecto.

- “Remus se lo merece, estudió mucho el año pasado”, dijo Peter con calor.

- “Pero Prongs y yo somos los mejores de Hogwarts, y además Remus tuvo muchos problemas de conducta, ya sabes—“, replicó Sirius.

- “¡Tú no actúas como si fueras su amigo! ¡Parece que estuvieras envidioso de que él sea prefecto y tú no!”, estalló David, sorprendiéndolos a todos.

Se hizo un tenso silencio. Finalmente, Sirius habló.

- “Creo que sí. Mi madre pondrá el grito en el cielo cuando se entere de que no soy prefecto”, suspiró y salió a tomar un poco de aire.

- “No le hagas caso, Dave. Él es así, ya se le pasará”, dijo Peter y la conversación transcurrió más tranquilamente, con las aventuras de las vacaciones.

*

Durante la cena, Sirius y Remus aún no se hablaban mucho, pero todos notaron al instante que faltaba un profesor en la mesa principal y no pudieron dejar de comentarlo en medio de la Ceremonia de Selección.

- “¿Qué le habrá pasado a White?”, quiso saber James.

- “Lo habrán echado”, respondió tranquilamente Sirius.

- “¿Echado? Eso no, es el mejor en DCAO”, exclamó Remus.

- “Quizá se fue también a la Universidad de Ryddle”, aventuró Peter.

La Universidad de Altos Estudios Mágicos estaba funcionando normalmente, a pesar de que existía una gran presión por parte de las autoridades del Ministerio de Magia para cerrarla, aunque la influencia de Phobos Malfoy era tanta que esto no se logró. Un fuerte rumor corría acerca de que la universidad era en realidad un campo de entrenamiento de asesinos, que formarían un ejército para Ryddle y pondrían en práctica sus planes de exterminio de muggles.

- “Dumbledore tiene mucha influencia también”, dijo Peter, que estaba bien enterado de esos asuntos, “gracias a él se verá el asunto en el consejo que se celebrará dentro de tres meses, y allí se decidirá si se cierra o no ese lugar”

Minerva Mc Gonagall anunció el tradicional discurso del director, y Dumbledore se puso de pie.

- “Buenas noches. Quisiera dar la bienvenida a los alumnos de primer año y recordarles a todos que está estrictamente prohibido acercarse al Bosque, a menos que quieran sufrir una muerte horrible”, esta frase siempre tenía impacto en los alumnos de primero, “Asimismo, el señor Filch ha incrementado la lista de objetos prohibidos, que se encuentra pegada en la puerta de su despacho”

Filch sonrió, amenazador como siempre, atemorizando a los estudiantes de primer año.

- “Y además, quisiera comunicarles que nuestro profesor de DCAO, Marius White, se encuentra de permiso temporal por tres meses, periodo en el cual será reemplazado por el profesor Nigel Campbell que ha accedido gentilmente a ayudarnos”, un murmullo de desaprobación saludó las palabras del director, “Slytherin y Gryffindor seguirán compartiendo esas clases, al igual que Hufflepuff y Ravenclaw. Los horarios se encuentran en la pizarra principal. Los entreamientos de Quidditch seguirán en el horario normal. Es todo”, dijo el anciano, tomando asiento al tiempo que los platos de todos se llenaban de comida.

- “¿Por qué comes eso?”, exclamó Remus asombrado. En el plato de Peter había aparecido una pierna de pollo hervida y ensalada de verduras.

- “Estoy a dieta. ¡Maldición! Pensé que mi madre lo había olvidado”, respondió Peter mirando nostálgico el plato de Remus, lleno de los manjares más variados.

Minerva Mc Gonagall pidió la palabra y se dirigió a ellos nuevamente.

- “Este año y para mayor comodidad de los prefectos, les hemos instalado dormitorios individuales, al final del pasillo donde están los dormitorios normales. Las cosas de todos han sido ya trasladadas y sus nombres se encuentran en la puerta”

Exclamaciones de alegría saludaron este anuncio, salvo en el caso de Remus, cuyo rostro mostraba todo menos felicidad.

- “¡Felicidades, Moony! Ya no tendrás que oír a Peter roncar”, exclamó James sonriendo.

- “Y nosotros ya no tendremos que despertar a un dormilón”, agregó Sirius con una falsa sonrisa que no le produjo ninguna alegría a Remus.

Luego de la cena, Remus corrió al Bosque Prohibido y llamó a Genévieve con el silbato. Había esperado todo el verano para verla, pero nadie acudió a su llamada.

Se internó hacia el sitio de los mallorns, llamándola a gritos, pero ella no apareció. Estuvo una hora esperando sentado en el bosque, hasta que se dio cuenta de lo inútil de su espera. Ella no acudiría.

Penosamente, volvió al castillo y se detuvo un momento cuando pasó por su antiguo dormitorio, donde se oían las risas de James y Peter y la voz molesta de Sirius. Estuvo tentado a entrar, pero recordó la frialdad con la que lo había tratado Sirius y caminó tristemente a su nuevo dormitorio.

*

“Times had come when you would say / los tiempos vinieron cuando dijiste
This is the one and sees the day / este es el único y mira el día
Times had come for honesty / los tiempos vinieron por honestidad
My victory is your defeat / mi victoria es tu derrota
Can’t you see you’ve been mistaken / no puedes ver que te has equivocado?”


Sirius daba vueltas en la cama. Hacía rato que James y Peter se habían quedado dormidos, pero él no podía. A su lado, la cama vacía de Remus le recordaba lo injusto que había sido con su amigo. En vano miraba la fotografía de Antoinnette, sus ojos color miel le recordaban a Remus.

Un rayo sonó a lo lejos. Se avecinaba una tormenta.

Pero no iría a buscar a Remus, después de todo, él había preferido irse a su dormitorio de prefectos. No lo iría a buscar, quizás el dormitorio de prefectos era a prueba de tormentas. O quizás el ser prefecto lo hacía ahora inmune a las tormentas. No, no lo iría a buscar.

Diez segundos después, Sirius, en bata, se dirigía resueltamente a la habitación con el letrero “Remus J. Lupin”. Abrió suavemente la puerta, y encontró el dormitorio vacío y la cama sin deshacer.

- “Claro, yo preocupándome y él seguramente está en el bosque, jugando a las escondidas con Genévieve”, pensó, sintiéndose un completo idiota, mientras sus pasos lo llevaban hacia la Sala Común, porque ya no quería volver al dormitorio.

La sala estaba oscura, y Sirius tuvo que mirar bien para notar un bulto encogido en el sillón, frente al fuego apagado.

Remus.

Remus con los ojos cerrados. Temblando. Algunas lágrimas caían de sus mejillas mientras él se abrazaba las rodillas con los brazos, completamente encogido, como un bultito miserable, en el enorme sillón.

- “Moony”, dijo Sirius dulcemente.

Los ojos dorados lo miraron con tristeza.

- “Ella no está en el bosque, Sirius. Y hay tormenta—“, dijo con un hilo de voz.

- “Lo sé, Moony. Fui a buscarte”, dijo Sirius soltando suavemente las manos que Remus mantenía obstinadamente apretando sus rodillas. “Lo siento, me porté como un idiota. No sabes el infierno que ha sido este verano con mi madre, y tenía la esperanza de que por mis calificaciones me eligieran prefecto para que me dejara en paz. Pero parece que me he metido en muchos líos y no lo merezco—“, continuó con pesar.

La mano de Remus le acarició tiernamente la mejilla y apartó el cabello que le cubría la frente.

- “No digas eso, te metiste en todos esos líos por ayudarme. Yo no pedí ser prefecto, no quiero serlo si tengo que estar lejos de ustedes”, dijo con dulzura.

Un fuerte trueno hizo que Remus se estremeciera.

- “Vamos a nuestro dormitorio”, le pidió Sirius tomándolo de la mano para levantarlo. “no le diremos a nadie que dormirás allí, señor prefecto”, y ambos se dirigieron al dormitorio.

Al día siguiente, James se encontró con sus amigos durmiendo abrazados, mejilla con mejilla. Meneó la cabeza sonriendo y volteó la foto de Antoinnette de la mesa de noche de Sirius. Luego corrió las cortinas de la cama y despertó a Peter.

*

Al terminar la clase de Transformaciones, Remus les dijo a sus amigos que los alcanzaría en el aula de DCAO y se demoró bastante en guardar sus plumas y pergaminos, hasta que no quedó nadie en el aula. La profesora Mc Gonagall lo miró intrigada.

- “Señor Lupin, ¿necesita algo?”

- “Sí, profesora. De hecho, quisiera saber si tiene unos momentos”, pidió Remus algo inseguro.

Momentos después, se encontraba en le despacho de la profesora Mc Gonagall, muy pulcro y ordenado, con hermosos adornos de cristal representando animales que cambiaban de colores. Los estuvo contemplando mientras la profesora le preparaba un té y lo miraba con simpatía.

- “Dígame, señor Lupin, ¿en qué lo puedo ayudar?”

- “Estoy muy feliz de que me hayan elegido prefecto, en verdad. No me lo esperaba ni mis amigos tampoco y no quiero que me tome por ingrato por lo que voy a decirle”, dijo Remus de un tirón como si hubiera estado la mitad de la noche repasando las palabras. De hecho, había pasado toda la noche repitiéndolas, incluso en sueños.

La profesora Mc Gonagall lo miró intrigada.

- “También estoy muy feliz de que hayan decidido que cada prefecto tenga su propio dormitorio, eso es muy bueno en verdad para la mayoría de prefectos”, continúo Remus en el mismo tono, “el caso es que---el caso es que deben haberse equivocado conmigo, porque yo no quiero ser prefecto más”.

Listo, lo había dicho. Remus respiró hondo y esperó su sentencia de muerte.

La profesora Mc Gonagall alzó las cejas.

- “Señor Lupin, su pedido es algo extraordinario, nunca antes un estudiante rechazó el cargo de prefecto. ¿Debo entender que su renuncia se debe al uso del dormitorio individual?”

Remus enrojeció violentamente.

- “Sí, profesora”, respondió muy despacito, pero ella lo oyó.

- “Señor Lupin, si eso es todo, no creo que haya ningún problema. Seguirá siendo prefecto y volverá al dormitorio con sus amigos. Y si eso es también la razón de que estuviera distraído en mi clase, espero que con este arreglo, tal situación no vuelva a repetirse”.

Remus no podía creerlo.

- “¿En serio? ¿Lo dice en serio?”

- “Claro, desde luego que es en serio. Vaya ahora a sus clases y pediré a los elfos domésticos que trasladen sus cosas”, respondió ella sonriéndole.

Y Remus partió a toda prisa al aula de DCAO, pero llegó demasiado tarde, la puerta estaba cerrada. Llamó tímidamente.

- “Ahh, señor Lupin. Llega usted tarde. Diez puntos menos para Gryffindor, y cinco más por ser usted prefecto. Los prefectos deben dar el ejemplo y usted no es la excepción”, dijo agriamente el profesor, pero a Remus no le importó, estaba muy feliz por la conversación con la profesora Mc Gonagall.

- “Vamos a practicar algunas maldiciones”, explicó Campbell, “primero serán maldiciones simples, como la Maldición de Conjuntivitis, pero luego, conforme avance el curso, practicaremos algunas otras, incluidas las Maldiciones Imperdonales”

Sirius alzó la mano.

- “Profesor, tengo entendido que las maldiciones imperdonables se encuentran prohibidas”, dijo con mucho aplomo, dándole a Remus una mirada triunfal que quería decir “Lo he cogido”

- “Señor Black, su sapiencia me deja admirado, debo admitirlo. Sin embargo, creo mi deber enseñar estas maldiciones ya que están en el plan de estudios aprobado por el Ministerio de Magia, debido a que está prohibido aplicarlas, mas no estudiarlas”, continuó serenamente Campbell entre las risas de todos.

Al final de la clase, era claro que Campbell no les haría las cosas fáciles, y también que sabía tanto como White de Artes Oscuras. Y Sirius no le agradaba.

Severus Snape andaba solo nuevamente. Sus amigos habían terminado la escuela y sólo le quedaba Rabastan Lestrange, un año mayor que él. Severus continuaba tan taciturno como antes, desquitándose muchas veces con los chicos de años inferiores, que le tenían franco temor. Alguien observaba muy atentamente sus actitudes y movimientos, muy complacido, como cuando se espera a que un fruto madure antes de tomarlo del árbol.

Aunque a Sirius y James esto no parecía molestarles en lo más mínimo y se burlaban de él a la menor oportunidad, de modo que Severus aparecía lo menos posible en lugares públicos.

También había otras cosas de qué preocuparse. Ese año debían tomar los OWLS para ver si estaban preparados para niveles más avanzados. Sirius y James deseaban ser Aurores, Remus también pero sabía que su condición de licántropo haría imposible que lo admitieran en el Ministerio de Magia, de modo que su segunda opción era ser profesor. Y Peter quería ser Medimago, algo para lo cual necesitaba también un alto puntaje.

James diseñó un intenso programa de estudios, que incluía también las prácticas de Quidditch a las cuales los acompañaban Peter y Remus y se dedicaron a estudiar como locos, usando libros adicionales que sacaban de la Biblioteca.

Para el cumpleaños de Sirius, estaban todos estresados de tanto estudiar, de modo que James se vio obligado a incluir algunas actividades recreativas a riesgo de volverse locos. E incluyó también visitas al Bosque Prohibido. Pero para decepción de Remus, Genévieve no volvió a aparecer por mucho que la buscaron.

Sirius había recibido como regalo de Antoinnette una cadena de oro con un dije que tenía la forma de corazón partido, con el nombre de ella, y la tarjeta musical que le había enviado decía que ella tenía uno igual, con el nombre de Sirius. Y Sirius, como era natural, se la pasó una semana presumiendo en el colegio con su regalo, pero después lo olvidó y lo dejó en la ventana del baño por varios días, hasta que Remus lo encontró y lo guardó en su baúl.

*

Cuando llegó la primera transformación de Remus, los tres animagos se dispusieron a ir a Hogsmeade, pero Moony se separó de ellos y se fue rápidamente al bosque. Buscaba a la loba blanca.

Los demás lo siguieron, pero el lobo era rápido y les llevaba la delantera. Se internó en la parte del bosque que Genévieve les había prohibido por ser peligrosa, y corrió veloz, guiado por su instinto, hasta llegar a un claro.

Tres figuras de negro y con máscaras se detuvieron en seco al oír que algo se aproximaba. La figura más alta volteó en dirección al peligro blandiendo la varita.

El lobo llegó hasta ellos gruñendo amenazadoramente mientras les enseñaba los afilados colmillos.

- “Un asqueroso licántropo”, dijo la figura más alta, que parecía ser el líder. La máscara le deformaba la voz.

Los otros se pusieron en posición de defensa y Moony los miró alternativamente. Luego, volvió a mirar al líder.

- “Stupefy”, el hechizo lo golpeó en la cabeza y Moony voló por el aire, estrellándose contra unos arbustos, pero se recuperó enseguida y con furia redoblada se lanzó contra su atacante.

- “¡Destrucio!”, un rayo rojo impactó en su pata delantera, en el punto donde ésta se unía con el tronco, y Moony lanzó un aullido de dolor.

- “Verán que este hechizo, bien empleado, es capaz de detener incluso a un licántropo enfurecido”, explicó el encapuchado y apuntó de nuevo a Moony que volvía a ponerse de pie.

- “Des—“, pero antes de que pudiera completar el hechizo, un enorme ciervo blanco se le echó encima, dándole una coz en el hombro que lo arrojó al suelo, mientras que un perrazo negro se paraba desafiante delante de Moony, protegiéndolo.

Uno de los acompañantes del caído avanzó.

- “Avada---¡Ahhhh!”, una pequeña rata le había mordido la mano, haciendo que arroje la varita.

Y Moony, herido, corrió hacia el límite del bosque que había marcado como sus dominios. Sus amigos lo siguieron.

El encapuchado se levantó.

- “¡Vámonos!”, dijo, “no podemos perder el tiempo”; y apresuradamente desaparecieron entre los árboles.

Moony llegó a una cueva, donde entró, cojeando aún y aullando bajito. Se tumbó al fondo, lamiendo su profunda herida. Prongs y Padfoot llegaron siguiendo el rastro de sangre, con Wormtail en la grupa del ciervo, pero Moony no los dejó entrar. Les gruñó amenazadoramente a cada intento de avance que hacían y continuó lamiéndose la herida.

Sus amigos esperaron a la entrada de la cueva, alertas por si se producía un nuevo ataque, y el amanecer sorprendió a los tres de pie, vigilando.

Padfoot fue el primero en recobrar su forma humana.

- “Remus”, dijo entrando a la cueva y ahogó una exclamación al ver a su amigo hecho un ovillo en el piso, sobre un charco de sangre.

- “¡Oh, no!”, exclamó James moviendo suavemente al herido, “perdió mucha sangre, está desmayado”

Sirius comenzó a rasgar su túnica para vendar la herida y Peter le sostuvo el cuerpo a Remus para facilitar la tarea y detener la hemorragia. El corte era tan profundo que la clavícula de Remus estaba visible.

- “Maldito el que hizo esto”, exclamó con ira Sirius alzando el inconsciente cuerpo con mucho cuidado para no lastimarlo más.

El camino de vuelta fue penoso, pero Sirius no permitió que nadie más llevara a Remus. Esperaron a la entrada del bosque a que Peter trajera la capa de invisibilidad y luego llegaron a su habitación, aliviados de no haberse topado con nadie en el camino.

Sirius acostó a Remus y le quitó la venda improvisada mientras Peter ponía agua a hervir y buscaba pociones para desinfectar la herida.

Además del corte en el hobmro, agrandado con el esfuerzo de la transformación, Remus tenía una fea contusión en la frente.

- “Esto tiene muy mal aspecto, no sé si podré curarlo”, dijo Peter muy preocupado mientras limpiaba la herida sin que Remus reaccionara.

- “¿Y ahora qué haremos?”, preguntó Sirius, preocupado también.

- “Creo que debemos ir con la señora Pomfrey, Padfoot”, dijo gravemente James, “esta herida es profunda y Remus perdió mucha sangre”

- “Pero eso significaría la expulsión”, intervino Peter, “debe haber otra manera”

- “Genévieve sabría que hacer”, dijo James apesadumbrado.

- “¿Y si Genévieve—y si ella hubiera sido atacada y—y—“, Peter calló apenado.

- “¡No puede ser! Si a ella le pasó algo, él no lo soportaría”, exclamó Sirius, “Diré que estuvo conmigo, no me importa si me expulsan, pero no lo dejaré así”

- “Todos lo diremos”, dijo decididamente James y Peter asintió.

- “Bien”, dijo Sirius dirigiéndose a la puerta, pero un suave gemido lo hizo volar a la cama de Remus, tocándole la frente, “tiene fiebre”

- “Ve de una vez”, pidió James, “nosotros trataremos de limpiar la herida mientras traes ayuda”

Y con una última mirada a su amigo inconsciente, Sirius salió apresurado a buscar a la señora Pomfrey.


Capítulo 12: Adicción

“Opened my eyes today / abrí mis ojos hoy
And I knew there's something different / y supe que había algo diferente
Saw you in a brand new way / te vi en una forma distinta
Like the clouds had somehow lifted / como las nubes que de algún modo se elevaron
And if yesterday I heard / y si ayer me escuchase
Myself saying these words / a mí mismo diciendo estas palabras
I would swear it was a lie / juraría que fue una mentira”

Hopeless addicted – The Corrs

*

Apenas abrió la puerta, Sirius casi tropezó con David.

- “¿Qué quieres?”, dijo algo bruscamente. El chico no le simpatizaba, quizá por su amistad con Remus.

- “Vine a ver a Remus, le traje unas cosas—“

- “Está descansando”, dijo Sirius tratando de bloquearle el paso, pero David fue más rápido y entró.

- “¡Por Merlín!”, exclamó espantado, “¿qué le pasó?”

Sirius entró dando un portazo.

- “Lo hirieron, ¿qué no es obvio?”, le espetó en la cara a David.

- “Sufrió un accidente en el bosque, David”, intervino James, “AHORA Sirius iba a la enfermería para pedir ayuda. ¿Verdad, Sirius?”

- “Ya voy…anda, James, díselo. Después de todo, nos expulsarán a los cuatro”, ironizó Sirius.

- “¿Expulsarlos?”, preguntó David y James le informó rápidamente sobre la situación.

Sirius se dirigió a la puerta, pero antes de que la abriera nuevamente, David exclamó:

- “¡Esperen! Yo puedo curarlo”

- “¿Qué?”, tres voces sorprendidas se alzaron al unísono.

- “Mi madre es medibruja, se especializa en muggles y yo la ayudo a veces. Traje algunas cosas para curarme en caso de que---ya saben---Campbell me haga pasar un mal rato”, explicó David.

No perdieron tiempo, y mientras el chico iba a buscar sus cosas, James y Peter se encargaron de preparar a Remus limpiando su cuerpo lastimado, al tiempo que Sirius humedecía con un paño mojado, sus secos labios a causa de la fiebre.

David llegó y atendió la herida ayudado por Peter. James tuvo que mantener a Sirius lejos, pues estaba tan nervioso que en lugar de ayudar, estorbaba.

- “¿Qué es eso?”, preguntó Sirius preocupado al ver a David enhebrar hilo en una delgada aguja.

- “Hilo de sutura, Sirius. Los muggles lo usan para cerrar las heridas. Se disuelve a los siete días de aplicado”, explicó David. “Peter, ¿le diste poción calmante?”

Peter hizo un gesto afirmativo y David empezó a coser. James y Sirius lo miraban fascinados mientras Peter lo ayudaba limpiando la sangre con una gasa. Luego vinieron los unguentos que ayudarían en la cicatrización y las curaciones a las heridas menores.

Cuando terminaron, David estaba cansado y le dolían las manos, pero la herida estaba cerrada y las pociones habían ayudado a bajar un poco la fiebre.

- “¡Diablos!”, exclamó, “me pasé veinte minutos de Pociones, Campbell me matará. ¡Me voy!, en la tarde traeré una poción para compensar la pérdida de sangre, la prepararé después de clase”

David partió veloz antes de que Sirius pudiera darle las gracias. Los tres se sentaron silenciosos a esperar que Remus despierte.

*

David entró al aula de Pociones y Campbell lo fulminó con la mirada.

- “Balfour, pase”, dijo con falsa sonrisa, “precisamente yo le decía a la clase que hay ciertas virtudes que distinguen a los clanes escoceses y que la puntualidad jamás se asoció a los York”.

David no replicó ni murmuró como solía hacerlo. No deseaba confrontación porque eso hubiera irritado más a Campbell.

- “Lo siento”, fue todo lo que dijo antes de sentarse en su lugar.

- “Cincuenta puntos menos para Gryffindor”, dijo Campbell sonriendo ante los murmullos de indignación y dio las instrucciones para elaborar una poción congelante.

David trabajó de prisa y fue el primero en terminar, dejando su caldero en la mesa del profesor. Éste, sin embargo, lo revisó al final.

- “Mal, Balfour. No tiene el color adecuado—le pondré detención por esta tarde”

- “Profesor, por favor no lo haga. Mañana me quedaré todo el día, pero hoy no---por favor”.

David estaba suplicando.

David.

La sorpresa hizo que incluso el dolor en el hombro de Campbell se calmara un poco.

- “Será hoy”, dijo secamente. ¿Qué ocultaría el muchacho?

Disfrutó al ver su rostro desesperado y quiso añadir más desesperación a las finas facciones de su alumno.

- “La detención será en el laboratorio de quinto año y deberá preparar diez litros de poción revitalizadora para el equipo de Quidditch de Slytherin. Y si perdemos, ya sabré quién es el responsable”

Pero David no tenía el rostro triste. Al contrario, parecía aliviado.

- “Sí, profesor”, dijo y partió al castigo. Eso le daría oportunidad de hacer la poción sin despertar sospechas.

*

Remus abrió lentamente los ojos. Las cortinas de la habitación estaban cerradas y tres preocupados rostros lo miraban atentamente.

- “Moony. ¿Cómo te sientes?”, Sirius sostenía su mano y lo miraba ansioso.

- “Duele—“, dijo débilmente el herido.

Peter se acercó y levantó las almohadas con mucho cuidado para incorporarlo, mientras James le acercaba una poción tibia.

- “Te calmará el dolor, Moony. Debes beberla toda”

Remus obedeció y luego se hundió en las almohadas. Estaba terriblemente cansado.

- “Tengo frío—“, susurró y Sirius lo arropó hasta la barbilla, acostándose junto a él para abrazarlo con mucho cuidado de no tocar el hombro herido. Remus se adormeció nuevamente.

Alguien llamó a la puerta y Peter dejó pasar a David que venía con una poción aún humeante en las manos. Dejó la poción sobre la mesa de noche y examinó a Remus.

- “Rem, tienes que beber esto”, dijo despertándolo suavemente, “ayudará a regenerar la sangre que perdiste”

Sirius lo ayudó a incorporarse para que bebiera la poción y Remus lo hizo, recostándose nuevamente.

- “Le puse un somnífero, para que pueda descansar. La fiebre ha bajado, la poción hará su efecto en unas horas. Creo que en un par de días estará mucho mejor”, informó David luego de examinar a su amigo, “Debo irme, Campbell me puso detención toda la tarde”

James y Peter, aliviados de que el peligro hubiese pasado, decidieron ir a clases, para no perder el día. Sirius prefirió quedarse con el herido.

Acostado junto a Remus, Sirius acariciaba su cabello apartando una y otra vez el rebelde mechón castaño de la frente de su amigo. La hinchazón en la mejilla de Remus empezaba a disminuir, pero aún tenía un feo color morado. Los dedos de Sirius siguieron su contorno, y luego viajaron a su boca, dibujando los delgados labios suavemente.

Remus suspiró.

- “Temí tanto perderte, lobito... no vuelvas a asustarme así”, una lágrima resbaló y cayó en el pálido rostro del herido. Los ojos dorados se abrieron pesadamente.

- “¿Sirius?”

- “Shh, no hables. Descansa”

Sirius lo arropó con cuidado y se tendió junto a él. No tardó en quedarse dormido, eran casi las seis y no había descansado nada desde el día anterior.

Cuando James y Peter llegaron con provisiones los miraron sonrientes. James dejó las cosas junto a la cama para cuando despertara Sirius y Peter comprobó la temperatura de Remus. Luego los dejaron descansar, corriendo las cortinas.

*

Como había dicho David, a Remus le tomó dos días reponerse, aunque la herida recién estuvo cerrada después de ocho días. Los profesores atribuyeron su ausencia a la enfermedad de su madre y sus amigos lo cubrieron tan bien, que ni siquiera Dumbledore sospechó.

Pero James descubrió algo.

Severus Snape llevaba la mano vendada al día siguiente del ataque. Y no se lo perdonó jamás. James era travieso y juguetón como Sirius, y quería a Remus como al hermano que nunca tuvo. Y nadie lastimaba a sus amigos sin recibir su merecido.

Remus no recordaba mucho del incidente. Cuando estaba transformado, el lobo controlaba por completo sus acciones y solo tenía vagos recuerdos de lo acontecido, de modo que no podía decir que había sido Severus el que quiso matarlo. Pero a Sirius y a James nadie les quitaba la idea de la cabeza y Peter creía lo que decía James.

La persecusión a Severus era implacable. Y ya no contaba con Malfoy y sus amigos para protegerlo, de modo que apenas lo veían en los pasillos, James le lanzaba los hechizos más diversos. Aunque Severus siempre tenía preparada una maldición y en una ocasión James tuvo que ser llevado a la enfermería aquejado de conjuntivitis.

Y como James era un chico muy popular debido a su habilidad para el Quidditch y a sus buenas notas, y Severus era callado y taciturno, las preferencias pronto se dirigieron hacia James y los demás festejaban sus bromas y se burlaban de Severus.

Todos, excepto dos personas.

Remus era una de ellas, pues aún se sentía culpable por la broma de Sirius en tercer año, y sabía que Severus no había tomado parte en la paliza que le dieron después. Y además, se decía que un licántropo era peligroso y que quizás lo habían atacado sólo para defenderse. No podía pensar que alguien odiara a tal punto de matar por placer.

La otra persona era Lily. Y eso terminó de exasperar a James. ¡Lily parecía sentir simpatía por Snape! La alegría que sintió cuando supo que ella había roto con su novio prefecto se vio empañada cuando notó las furibundas miradas que ella le daba cada vez que molestaba a Severus. Y lógicamente, eso fue suficiente para que James se dedicara a hacerle la vida miserable al Slytherin apenas cruzaba por su camino.

Sirius trataba de tomar en serio su noviazgo con Antoinnette, pero eso de enviar lechuzas con notitas todos los días no se le daba muy bien y constantemente pedía ayuda a Remus para redactarlas, sin notar jamás la mirada de dolor que tenía su amigo mientras le dictaba frases de amor que Sirius anotaba aplicadamente.

Pronto Sirius se cansó de eso y dejó de escribirle tan seguido, para mirar nuevamente a las chicas de Hogwarts que se desvivían por salir con él. Aunque el programa de estudios de James no les permitía tener mucho tiempo libre, Sirius se las arreglaba para perdese un par de horas casi todas las noches y luego se quedaba hasta tarde revisando los libros.

A fines de Noviembre, el profesor White regresó de su viaje. Y aunque le doliera admitirlo, eso alegró a Sirius, pues las clases con Campbell se habían convertido en un infierno para los cuatro amigos. El profesor de Pociones parecía detestarlos, en especial a James y no lo dejaba intervenir cuando tenía las respuestas correctas, de modo que saludaron el regreso de White justo antes de los exámenes trimestrales.

White parecía cansado, aunque su carácter seguía siendo el mismo. Comenzó con un examen oral sobre maldiciones.

- “Dígame señor Black, ¿Cuál es el efecto de la maldición cruciatus?”

Y Sirius, que bastante experiencia tenía en el asunto, respondió:

- “Tortura física, profesor. Comienza con un fuerte dolor en músculos y huesos, que se intensifica en pocos segundos, sintiendo que la carne se desgarra y el hueso se tritura mientras todo es un estallido de dolor. Y cesa inmediatamente al dejar de aplicarla”

- “¡Bien! Diez puntos para Gryffindor”, un murmullo de aprobación siguió a las palabras del profesor.

- “Profesor”, Severus Snape estaba levantando la mano, White le hizo una seña para que hablase, “quiero complementar la respuesta diciendo que esa maldición no deja huellas visibles y que únicamente los magos con una gran fuerza de voluntad pueden resistirse a ella”

Sirius se puso rojo de ira e iba a replicar, pero James lo contuvo con la mirada. “Después”, susurró.

- “¡Excelente, señor Snape! Efectivamente, la maldición cruciatus no deja huella y sí se tienen casos de magos que han podido resistirse a ella, aunque son pocos en realidad. El resistir esa maldición debería ser parte del entrenamiento básico de un Auror”

Severus volteó a mirar a Sirius con una triunfal y despectiva sonrisa, pero esto no le duró mucho tiempo, pues cuando el profesor se volteó para dirigirse a su escritorio, la silla de Severus se deslizó a gran velocidad contra una de las estanterías de la esquina del aula y le cayeron encima varios pesados volúmenes, ante las risas de los Gryffindor.

- “¿QUIÉN HIZO ESO?”, bramó White devolviendo los libros a su sitio con un hechizo.

- “Fue Potter, profesor”, dijo furiosa Lily Evans adelantándose incluso a los Slytherin que no tenían cómo acusar a James pues se sentaban al frente y sólo un Gryffindor pudo ver la maniobra.

James recibió detención esa noche y al salir del aula increpó a Lily.

- “¡Evans, eres una traidora! Un verdadero Gryffindor no se porta así”, exclamó, molesto y visiblemente dolido.

- “¡James Potter! ¡Ni tú ni tus amigos van a decirme cómo se porta un verdadero Gryffindor! ¿O creen que es muy valiente molestar a otros más débiles, cuando los profesores o Filch no están mirando? Eres un engreído patético”

Severus Snape había oído la conversación y no le gustó en absoluto oírse llamar “débil”

- “No necesito tu ayuda ni la de ningún sangre sucia como tú, Evans”, dijo con odio contenido y avanzó para alejarse de allí, pero James le bloqueó el paso.

- “Retira lo que has dicho y discúlpate, Snivellus”

- “¡Basura Gryffindor!”, espetó Severus mientras buscaba su varita.

- “¡Expelliarmus!”, Sirius entró en escena rápidamente, y la varita de Severus cayó lejos.

- “Gracias, Padfoot”, dijo James avanzando hacia el Slytherin, “Impedimenta”, Severus quedó pegado a la pared, sin poder moverse. “Ahora, discúlpate”

Severus comenzó a lanzar improperios.

- “¡Discúlpate!”

- “¡No quiero que me defiendas! ¡TE ODIO!”, gritó Lily y desapareció corriendo.

James encaró a Severus con redoblada furia.

- “Insonorus”, dijo y Severus continuó lanzando insultos, ahora inaudibles.

Un grupo de chicos se había reunido alrededor de Severus.

- “¡Dale James!”

- “¡Enséñale cómo es un Gryffindor!”

James no necesitaba mayor incentivo y se acercó a Severus quitándole el hechizo Impedimenta.

- “¡Tarantallegra!”, dijo, y las piernas de Severus comenzaron a moverse solas al ritmo de una melodía ficticia, mientras sus ojos lanzaban chispas de furia y su boca continuaba profiriendo insultos que nadie podía escuchar.

Las risas burlonas de los otros llenaron el pasillo, mientras los chicos coreaban y aplaudían al furioso bailarín, hasta que una delgada figura de cabello castaño se abrió paso.

Remus.

- “Finite incantem”, dijo, y las piernas de Severus dejaron de moverse y su boca articuló al fin lo que deseaba decir.

- “¡Maldito Potter! ¡Me las pagarás!”, recogió su varita, pero un maullido los alertó de la presencia de la Señora Norris y el grupo se disolvió rápidamente, quedando sólo Remus, Sirius y James.

- “¡Moony! ¡Arruinaste la diversión!”, le increpó Sirius.

- “Snivellus se veía tan lindo de bailarín”, rió James.

- “¡Basta! ¿Qué no te das cuenta, Prongs? Lily te detesta y tú no haces más que empeorar las cosas, pero creo en verdad que a ella le gustas, o si no, no actuaría de ese modo”.

- “¿En serio?”, James lucía incrédulo.

- “Claro, idiota. Sólo deja en paz a Snivellus cuando ella esté cerca, ¿quieres?”, pidió Remus.

- “Lo intentaré”, y en el corazón de James brilló una esperanza.

*

Esa noche, a la hora de la cena, Dumbledore se puso de pie para dirigirse a ellos. Su rostro reflejaba la gravedad de lo que ocurría.

- “Tengo para ustedes una noticia desagradable. Hace unas horas, el Ministerio de Magia decidió intervenir la Universidad de Altos Estudios Mágicos, nombrando una Comisión Organizadora, presidida por el Ministro en persona, al comprobarse que allí se enseñaban Artes Oscuras. Su promotor, Tom Marvolo Ryddle, alias Voldemort, ha pasado a la clandestinidad declarando que formará un ejército que combatirá por sus ideales. Los ideales de un asesino fanático, me temo”

Dumbledore hizo una pausa para que todos asimilaran sus palabras. Un creciente murmullo de inquietud invadió el Gran Salón y todos los rostros se tornaron preocupados. Pero en la mesa de Slytherin, Severus Snape sonreía.

- “Además, tengo otro anuncio que hacerles”, continuó Dumbledore, “se avecina una guerra y deseo que estén preparados. He decidido abrir el Club de Duelo, para los alumnos de quinto a sétimo año. En él se les enseñará técnicas de defensa para posibles ataques cuerpo a cuerpo. Estará a cargo del profesor Marius White y empezará mañana”

Marius White tomó la palabra.

- “El director ha tenido la deferencia de concederme la organización del club y para ello he pedido también la colaboración de mi colega, el profesor Nigel Campbell”, un murmullo de desaprobación en Gryffindor. “Tendré a mi cargo el entrenamiento de Gryffindor y Hufflepuff y el profesor Campbell entrenará Slytherin y Ravenclaw”, murmullo de aprobación en Slytherin, “Mañana a las cuatro empezaremos con el quinto año. Gracias”

El anuncio se comentó toda la cena, y también la inminente guerra con Ryddle. James estaba algo molesto por lo de Lily y también porque el Club de Duelo les quitaba dos horas que tenía programadas para estudiar Aritmancia.

- “El club será más divertido, Prongs. Anda, cambia esa cara. Hice una cita para mañana con Lydia Mc Bride, la nueva cazadora de Ravenclaw y dos de sus amigas. Las llevaremos a Hogsmeade”, dijo animadamente Sirius.

A James le brillaron los ojos como siempre le sucedía ante la posibilidad de hacer más travesuras y violar reglas.

- “Bien. ¿Tu cita será con dos?”, preguntó sorprendido. Eso era nuevo, pero Sirius los tenía acostumbrados a esa clase de “hazañas”.

- “No, tonto. Moony nos acompañará”, respondió Sirius, “Lo siento, Pete, no te pude conseguir acompañante a ti”, continuó dando una cariñosa palmadita en el hombro de Peter.

- “¿Yo?”, exclamó Remus, “pero---yo no las conozco. ¿Qué se supone que debo hacer?”

- “Pues nada del otro mundo, Moony. La tuya es Karen Easton, es una morena preciosa y dice que te encuentra lindo. La tomas de la mano, beben cerveza de mantequilla del mismo vaso y la besas”, explicó Sirius con aire entendido.

- “¿Besarla?”

- “Claro. ¿Qué cosa pensabas?”, Remus puso cara de circunstancias. Ahora sabía por qué las chicas se peleaban por salir con Sirius. “Descuida, Moony. Yo te enseñaré”, continuó Sirius provocando que Remus enrojeciera.

Y enrojeció mucho más cuando Sirius y James comenzaron a explicarle lo que debía hacer, con lujo de detalles.

Un par de horas más tarde, todos dormían excepto Remus. Pensaba en lo que le había dicho Sirius y en lo mucho que le gustaría besar a alguien que definitivamente no era Karen Easton. Y eso le daba miedo.

Un silbido lo hizo saltar. Pero nadie más pareció oírlo, sólo Sirius se revolvió un poco en su cama y se volvió a dormir.

Remus miró por la ventana y vio una silueta blanca en el bosque. Se levantó de un salto y se vistió a toda prisa, tomando la capa de invisibilidad de James y corrió al encuentro de la persona en la que había estado pensando.

Genévieve.

- “¡Hola Rem!”, dijo ella alegremente.

Remus corrió a su encuentro y la abrazó riendo. Ahora todo sería mejor. Genévieve reía también y lo abrazaba con fuerza.

- “¿Dónde estabas? Me preocupé muchísimo”, dijo apenas ella lo soltó.

- “Tuve que ausentarme”, dijo ella por toda explicación, y antes de que él volviera a preguntar, lo tomó de las manos y lo miró muy seria, “Lobito, van a venir tiempos difíciles. Quiero que le pongas todo el empeño al Club de Duelo y aprendas de Marius White todo lo posible. ¿Lo harás?”

Remus lo prometió, pero entonces una idea se le vino a la mente.

- “¿Tu ausencia tiene que ver con White? ¿Él te hizo algo?”, porque Remus, muy en el fondo, creía que la persona que lo atacó era su profesor y que jamás se alejó de Hogwarts.

- “¿Marius? Ohh, no. ¿De dónde sacaste esa idea?”, preguntó Genévieve intrigada.

- “¿Lo conoces?”, Remus sintió una punzada de celos.

- “Claro que lo conozco. Él enseña aquí, ¿no?”, dijo ella sonriendo. “Anda, lobito, cuéntame qué hiciste todo este tiempo”

Se sentaron en un claro del bosque y Remus comenzó a relatarle sus aventuras. El viaje a Escocia, su pelea con Sirius y su accidente. Aunque minimizó el hecho, pero igualmente hizo que ella se preocupara.

- “¿Dices que eran tres? ¿Vestidos de negro?”, preguntó ansiosa.

- “Sí. James dice que Severus Snape tenía la mano vendada al día siguiente y que él fue el que me quiso echar el Avada Kedavra. Pero no sé---“

Genévieve se había quedado pensativa.

- “¿Snape? Sí, es posible. Perfectamente posible. Rem, tengan cuidado con ese chico, él no es como ustedes, es—“, ella calló tratando de escoger las palabras, “está resentido, dolido, los detesta...es peligroso”

- “¿Snivellus? No, Gen, él es muy raro, pero no creo que sea peligroso, no como Malfoy en todo caso”, dijo Remus recordando la vez que lo golpearon y la tortura a Sirius.

- “Lo es, Rem. Créeme”, dijo gravemente Genévieve. Y luego, trató de aliviar la tensión, preguntando, “¿y qué más hiciste?”

Remus terminó contándole lo de su cita del día siguiente, y de lo nervioso que estaba.

- “Yo nunca he besado a nadie. ¿Y si lo hago mal? ¿Y si me detesta? Sirius me lo explicó todo, pero ¿qué tal si lo olvido y la muerdo? ¿O le doy asco?”, dijo preocupado.

- “Tú no le podrías dar asco a nadie, lobito”, le dijo ella con dulzura, “sé que alguien me matará por esto, pero te daré una pequeña ayuda”, continuó acariciándole el rostro. “Será un secreto, Rem. No volverá a ocurrir y no se lo diremos a nadie”

“I don't know why..., / no sé por qué
but suddenly I'm falling, /pero de pronto estoy cayendo
Was I so blind... / estaba tan ciego
I was loving you all the time / te amaba a ti todo el tiempo
Now I'm hopelessly addicted / ahora soy adicto sin esperanza
Helplessly attracted / estoy atraído sin ayuda posible”

Él abrio la boca para preguntar, pero fue silenciado por la boca de ella. Un dulce beso, el primero que recibía. El corazón de Remus se aceleró, emocionado. Primero fue lento, tierno y ella le permitió tomar el control, enseñándole. La lengua de Remus exploró la boca de ella, torpemente al principio, pero luego, instintivamente, la envolvió completamente mientras sus manos la atraían más. Un suave gemido salió de la garganta de Remus mientras se pegaba al cuerpo de Genévieve, sintiéndose en el cielo.

Y fue bajado bruscamente.

Genévieve lo apartó con suavidad.

- “Deténte, Rem”, pidió, con la respiración agitada.

Él estaba muy avergonzado y trataba de ocultar el bulto en su entrepierna.

- “¿Lo hice muy mal?”, preguntó mirando el piso.

- “¿Mal? Ohh, no. No tienes de qué avergonzarte, Remus”, dijo Genévieve recuperando el aliento y sonriéndole, “pero si haces eso con esa chica, temo que no puedas detenerte”

Luego tomó aliento de nuevo y le explicó:

- “Somos licántropos. Si nos entregamos a alguien es por una vez en la vida. Y dura para siempre. Debes estar bien seguro antes de ofrecerle tu cuerpo a otra persona”

Y Genévieve se despidió, corriendo entre los árboles.

Remus volvió a su habitación, con el sabor del beso aún en los labios, y las palabras de Genévieve rondándole en la cabeza.

“I don't know why..., / no sé por qué
but suddenly I'm falling, /pero de pronto estoy cayendo
Was I so blind... / estaba tan ciego
I was loving you all the time / te amaba a ti todo el tiempo
Now I'm hopelessly addicted / ahora soy adicto sin esperanza
Helplessly attracted / estoy atraído sin ayuda posible”

Esa noche soñó con ella y con ese beso, se besaban en el bosque, rodando por el pasto, y en algún momento, ya no era Genévieve a quien besaba, sino Sirius.

Despertó con el pijama mojado.


Capítulo 13 Pasión

“Finally recover and the mood is right / finalmente recuperado y de buen humor
looking up into a neon sky / mirando hacia un cielo neón
child in me takes over, / el niño en mi toma su lugar
guess it's been too long / creo que ha pasado demasiado tiempo
since the last time that i tried to fly / desde la última vez que traté de volar”

Body Crumbles – Dry Cell

*

Al día siguiente muy temprano, James despertó a Remus, que se revolvió perezozo en la cama, pero se sentó al ver la expresión de su amigo.

- “Tengo algo que decirles”, dijo James muy serio, “Ayer en mi detención dejé olvidado un libro en el despacho de White, y regresé allí como a las doce, luego de que Moony volvió con mi capa y –“

- “¿Moony salió?”, saltó Sirius.

- “Sí, Padfoot. Déjame hablar primero, es importante”, respondió James. Sirius asintió, “El caso es que tomé la capa y la navaja de Sirius y me fui al despacho de White. Entré sin dificultad, estaba vacío, pero había luz y sus cosas estaban aún sobre el escritorio. Tomé mi libro y me disponía a salir cuando llegó White y se puso a buscar algo frenéticamente. Por dos veces estuvo a punto de atropellarme. Luego, metió la cabeza por la chimenea y llamó a Stoker, que no tardó en aparecer. Hablaron de algo que White había traído de su viaje y que se había perdido. White decía que al fin y al cabo no era más que un arbusto marchito, pero Stoker dijo que era muy peligroso, pues provenía de una zona donde cayó un meteorito. Conversaron en voz baja y luego, White dijo que deberían ir a decírselo a Dumbledore y allí se fueron. Aproveché para escaparme”, James hizo una pausa para tomar aire, “Esto no me gusta, debieron ver la cara de Stoker, estaba muy asustado”.

- “¿Asustado por una planta perdida?”, Sirius estaba incrédulo.

- “Por lo que dijo, era algo más que una simple planta perdida”, insistió James.

- “¿Dónde esconder un arbusto perdido? ¡En un bosque!”, exclamó Peter en son de burla, pero James exclamó:

- “¡Eso es! Está en el bosque. Sólo hay que buscar---“

- “¿ESTAS LOCO? Debe haber varios millones de plantas allí y ni siquiera sabes qué aspecto tiene”, dijo Sirius.

- “Bien. Puede no interesarles, pero yo investigaré”, dijo James con determinación.

Remus suspiró. Cuando a James se le metía una idea entre ceja y ceja, no la dejaba fácilmente. Sólo esperó no meterse en más problemas.

- “¿A dónde fuiste anoche, Moony?”, la pregunta lo pilló de sorpresa.

- “A ver a Genévieve”, respondió Remus, poniéndose rojo al recordar el beso y su sueño.

Sirius lo miró con suspicacia y luego salió dando un portazo.


*

Había gran expectativa en torno al club de duelo. Dumbledore había dispuesto un enorme salón vacío para que funcionara allí. Las paredes estaban cubiertas de elegantes tapices representando duelos de magos, y también se exhibían allí los escudos y espadas de las cuatro casas de Hogwarts.

El piso estaba alfombrado, con una alfombra rojo oscuro, como la sangre. Y en el centro del salón, se alzaba un estrado circular bastante amplio, tapizado de rojo también. En ese lugar se llevarían a cabo las demostraciones y los duelos.

- “Bienvenidos al Club de Duelo”, dijo Marius White, vestido con una túnica diferente, larga y blanca, que hacía que sus cabellos lanzaran destellos plateados.

Majestuoso.

Esa fue la primera palabra que se le ocurrió a Remus apenas lo vio.

Junto a él, apareció Nigel Campbell, que por una vez había dejado su eterna túnica escocesa, para lucir vestimenta similar a la de White, pero en color negro. Era casi tan alto como White y se veía imponente.

- “Hoy haremos una exhibición de un duelo de magos”, continuó White, “por eso he pedido al profesor Campbell que me ayude. Las clases prácticas comenzarán pasado mañana”

El salón estaba lleno, incluso algunos alumnos de tercer y cuarto año se habían acercado a mirar y White les permitió pasar.

- “En un duelo de magos, los oponentes deben hacer gala de destreza física y mental, al lanzar, esquivar y bloquear hechizos”, intervino Campbell. “Antes se practicaban con espadas además de varitas, como pueden ver en los tapices que adornan las paredes”

- “Vamos a empezar”, dijo White, subiendo ágilmente al estrado. “Lo primero es el saludo. Luego, a la cuenta de tres, el duelo empieza”

Y uniendo la acción con la palabra, se inclinó ceremoniosamente, siendo imitado por Campbell, y a una señal, ambos desenfundaron las varitas.

- “¡Expelliarmus!”, gritó Campbell, pero White fue más veloz y esquivó el hechizo.

- “¡Stupefy!”, gritó a su vez White y Campbell se agachó justo a tiempo, haciendo que el hechizo golpeara en la pared.

Continuaron lanzando y esquivando hechizos por largo rato, haciendo una pausa para despojarse de sus túnicas. Alguien junto a Remus contuvo el aliento al ver a Campbell en un ceñido traje de duelista color negro.

David.

David tenía una mirada extraña y no apartaba los ojos de Campbell que se movía con la agilidad de una pantera, contrastando contra White, que, vestido de blanco y con el cabello suelto y brillante, parecía un ángel vengador.

Luz y oscuridad, fue lo que pensó Remus, y apretó los puños al ver a Campbell atontar a White con un Stupefy que lo arrojó al suelo. Pero White se puso de pie velozmente y lanzó un Impedimenta, que no pudo ser bloqueado a tiempo por Campbell, que quedó momentáneamente paralizado. Luego White le lanzó un Expelliarmus y cazó la varita de su oponente en el aire.

El vencedor se inclinó ante el público que aplaudía rabiosamente y devolvió la varita a Campbell que, derrotado, tenía una cara de muy pocos amigos.

Ambos se inclinaron de nuevo.

- “Esta demostración usó hechizos básicos. En un duelo real, hay otros hechizos más peligrosos que deberán aprender a bloquear”, dijo White, arrancando más exclamaciones de asombro. “El profesor Campbell era uno de los mejores duelistas en sus años de estudiante. Y debo reconocer que aún lo es”

Campbell le dedicó una sonrisa seca.

Más murmullos intrigados y luego la clase finalizó. Sólo David se quedó parado mirando el estrado, en el cual imaginaba aún a los dos duelistas.

*

Esa noche, la cita de los tres amigos no pudo ir mejor. Al final de la velada, Remus tenía a su primera novia y Sirius, que intentaba aparentar normalidad, casi se pone frenético cuando vio a Karen y Remus besarse en un apartado oscuro de “Las tres escobas”.

Y Remus no parecía en absoluto inexperto.

- “Padfoot, cierra la boca”, dijo James dándole un codazo, “parece que Moony aprende de prisa”

- “Sí”, respondió el aludido, y no parecía complacido con este descubrimiento, pero Lydia le estaba diciendo algo acerca de su cabello largo y su atención se desvió hacia su acompañante, aunque no dejaba de dar miradas furtivas a Remus, que había preferido una mesa privada donde poder charlar tranquilamente con Karen, y eso era lo que estaba haciendo, mientras la tomaba de la mano.

Pero sus ojos vagaban ocasionalmente hacia la mesa de Sirius y James.

Sus amigos parecían estar en su elemento. Unas cervezas de mantequilla, muchas bromas y conversación insustancial, como de qué color sería la ropa interior de Snivellus o si sería cierto que cuando nació, su madre lo arrojó a la chimenea, por feo, y por eso le quedó así la nariz. Las chicas reían y poco a poco iban entrando en más confianza, hasta que luego venían las agarraditas de mano y las caricias en el rostro. Y después, los besos.

Con Remus no había sucedido así. En parte porque no le parecía correcto burlarse de ese modo de Severus, y en parte porque se sentía un poco incómodo con Sirius a su lado. De modo que cuando Karen propuso ir a “un lugar más privado”, aceptó encantado y se cambiaron de mesa.

Cuando Karen lo besó, lo tomó un poco por sorpresa, pero Remus recordó luego el beso de Genévieve y simplemente se dejó llevar, para tomar luego el control lentamente y luego más apasionadamente. Sólo hizo lo que su instinto le dictaba y cuando se apartaron jadeantes, notó con cierto placer la mirada asombrada de Sirius.

La velada transcurrió todo lo tranquilamente que se podía en ese lugar, entre besos y risas, hasta que fue hora de volver al castillo. Remus caminaba delante, con Karen tomada de la mano, y Sirius cerraba la marcha, contestando con monosílabos a la animada Lydia que no dejaba de hablarle.

Luego, en la habitación, Sirius se acostó sin decir palabra, mientras James felicitaba a Remus y un soñoliento Peter les pedía que se callaran. Remus se sentía un poco extraño, pero solo hasta entonces se dio cuenta de que había necesitado desde mucho antes que alguien le diera ese cariño.

Y se sentía bien.

Esa Navidad, la pasaron cada uno en su casa, excepto Sirius que fue invitado por los padres de James, que lo querían como a un hijo. Remus volvió a Lupin Lodge y recibió de regalo un enorme corazón de chocolate que duró unas pocas horas. Se lo había enviado Karen, y Genévieve le envió también una preciosa bufanda con los colores de Gryffindor.

*

Luego de las vacaciones de Navidad, les quedaba muy poco tiempo para los estudios, de modo que Karen y Remus se veían poco, para alegría de Sirius. Además, Remus siempre se daba tiempo para ir al bosque y buscar a Genévieve.

Siguiendo los consejos de su amiga, Remus puso mucho empeño a las clases de duelo, y pronto fue evidente que sería uno de los mejores. Tenía una destreza natural en los movimientos, tanto de ataque como de defensa. Actuaba instintivamente y con sorprendentes reflejos y derrotaba fácilmente a sus compañeros de clase.

Los profesores habían organizado un campeonato entre las casas, y Remus era uno de los favoritos. Sirius actuaba de suplente y era la única actividad en la que se había conformado con un segundo lugar, pues se sentía muy orgulloso de Remus, y disfrutaba mucho viendo sus ágiles movimientos, cuando, vestido con un ceñido traje de duelista color azul marino, se defendía de los ataques de White.

Y no era el único en haber notado los movimientos de Remus.

Un hombre no se perdía las clases de duelo, saboreando con el conocimiento de un experto, cada una de las maniobras del joven licántropo. El mismo hombre que descubriera su secreto años antes. El momento de recoger el premio se acercaba.

Los entrenamientos en el Club de Duelo eran intensivos y casi tan exigentes como el Quidditch y Remus descubrió que esa era su válvula de escape cuando el lobo quería salirse de control. Practicaba intensamente y para febrero fue seleccionado como representante de Gryffindor.

Y cosa extraña, el favorito de Slytherin era Severus Snape.

Si la habilidad de Remus había sorprendido a muchos, la destreza de Snape los dejó pasmados. Severus era ágil y certero en sus ataques. Y no tenía piedad; una vez que su oponente caía, lo terminaba de atontar lanzándole un “Stupefy”, con un tono que hubiera servido fácilmente para echarle un cruciatus.

“Letal”, lo definió Campbell con orgullo. Y no dejaba de tener razón.

Pero en cuanto a movimientos, Remus era aún más rápido, de modo que una tarde, Campbell les anunció que había obtenido permiso para traer un asistente que ayudaría a Severus en el entrenamiento, ya que debido a lo recargado de sus actividades, él mismo no lo podía supervisar. Este anuncio no fue bien acogido por los Gryffindor, pero White no puso objeción, él en persona entrenaba a Remus y a Frank Longbottom, favorito de Hufflepuff.

El día que el nuevo entrenador llegó, un murmullo de inquietud se levantó entre los chicos de Gryffindor que veían entrenar a Frank y a Remus. Éste último se abrió paso entre el grupo para ver al nuevo y se quedó de una pieza.

Lucius Malfoy.

- “Lupin, no te quedes allí parado. ¡Ven a saludarme!”, le dijo con la desfachatez que lo caracterizaba.

Remus estaba lívido y sólo atinó a estrecharle la mano por mera cortesía.

Porque ese Lucius no se parecía en nada al Lucius que vio el año pasado.

Lucius Malfoy siempre fue atractivo y era cosa normal que atrajera muchas miradas. Pero ahora era distinto. “Irresistible”, se dijo Remus, y no pudo encontrar palabra más exacta. Lucius estaba vestido con un ceñido traje negro y cubierto con una capa plateada, su cabello ondeaba libre de los lazos que estaba obligado a usar cuando era estudiante. El traje dejaba ver los firmes músculos que se habían formado, adivinando su fuerza.

Los estudiantes se abrieron en una hilera dejándole paso e incluso White se le quedó mirando, hasta que llegó al estrado, donde se paró insolente y hermoso, eclipsando por completo a los que estaban allí.

- “Vine a entrenar a Severus”, informó.

- “Señor Malfoy, me complace verlo de nuevo”, dijo White algo fríamente, “y déjeme recordarle que a pesar de que no sea un estudiante, se encuentra aquí en calidad de entrenador, invitado al Club de Duelo que YO dirijo. De modo que no debe perder sus modales”, Lucius lo miró sin perder su aplomo, “Respecto al señor Snape, hoy no es su día de entrenamiento y puede usted encontrarlo en los calabozos”

Lucius agradeció la información con un movimiento de cabeza.

- “De acuerdo, profesor. Pero debo decirle que requeriré entrenamiento diario. Permiso”, y se retiró con elegancia, sin voltear ni una sola vez hasta que desapareció por la puerta del salón.

*

Esa noche en la Sala Común, los Merodeadores intentaban estudiar, pero Lucius Malfoy era el tema de conversación inevitable.

- “¡No puede venir aquí! El estudió en la Universidad de Ryddle, traerá aquí sus artes oscuras”, dijo Sirius furioso.

- “¿Artes oscuras en un duelo de magos? ¿Frente a todos? ¡Padfoot, por favor! Creo que exageras”, exclamó Remus.

- “A ti no parece molestarte en lo más mínimo, ¿verdad Moony?”, demandó Sirius.

- “¿Qué?”

- “Ya cállense. Trato de concentrarme en Astronomía y no puedo hacer cálculos con ustedes dos hablando”, pidió James, levantando los ojos de su pergamino.

- “Pero Malfoy es uno de los asesinos de Ryddle---“, insistió Sirius.

- “¿Cómo lo sabes?”, preguntó Remus, escéptico.

- “Mi padre dice que tienen una marca en el brazo”, intervino Peter, “la llaman el Morsmorde y tiene la forma de una calavera con una serpiente saliendo de la boca”

- “Entonces sólo hay que pedirle a Malfoy que se quite la túnica—“, trató de bromear Remus.

- “¡Eso es algo que a ti te gustaría mucho, ¿no?!”, estalló Sirius y salió azotando la puerta.

- “¿Qué dije?”, preguntó Remus.

- “Nada, Moony. Déjalo. Ya se le pasará”, dijo James con aire entendido.

Luego, volvieron a los estudios.

*

“Finally i find when i lose control / finalmente encuentro cuándo pierdo el control
inside my body crumbles / dentro mi cuerpo se desmorona
it's like therapy for my broken soul / es como terapia para mi alma rota
inside my body crumbles / dentro mi cuerpo se desmorona”

Conforme se acercaba el campeonato, el nerviosismo de Remus aumentaba, y como el campeonato de Quidditch estaba en su mejor momento, Sirius y James volvían tarde de los entrenamientos, a los cuales eran acompañados por Peter.

Remus prefería practicar sólo. No era exhibicionista como Frank Longbottom o el mismo Sirius, que disfrutaban practicando duelo delante de las chicas. Por el contrario, Remus buscaba horas en las que el salón de duelo estuviera vacío.

Fue idea de Campbell que el campeonato se hiciera con espadas, para seguir la antigua tradición, y encargó varias espadas com la empuñadura tallada con el símbolo de cada casa. El entrenamiento con espadas era más duro aún, porque se debía alternar entre varita y espada. Y Remus sentía que debía practicar más si quería ganar. Y sí que quería.

Una noche, luego de estudiar Encantamientos, y aprovechando que sus compañeros estaban en el campo de Quidditch, Remus decidió ir al Salón de Duelo a practicar. Tomó la capa de invisibilidad y se deslizó silencioso. Una vez dentro, descorrió las cortinas y dejó entrar la luz de la luna en cuarto creciente; y con el salón iluminado apenas, se dispuso a practicar. Pero un ruido en la puerta lo hizo ocultarse bajo la capa, esperando para ver quién era el intruso.

Severus Snape.

El Slytherin entró sigiloso y encendió las lámparas de las columnas, cerrando las cortinas. El salón, iluminado así, tenía un aspecto casi fantasmal. Severus se despojó de su túnica, dejando al descubierto su delgado cuerpo en la malla de duelista, que lo hacía parecer más alto y delgado a causa del color negro.

Remus se encogió aún más, con la esperanza de que Severus cambiara de idea y se fuera, pero el otro chico había cogido la espada de su casa, con una serpiente en la empuñadura; y daba algunos giros con ella, y Remus decidió que al menos aprovecharía en observar la técnica de Severus.

Estaba tan absorto como el mismo duelista, al punto que pegó un brinco al oír a alguien aplaudir a sus espaldas.

Lucius.

- “Excelente, Severus”, dijo sonriente, dejando caer su capa plateada, para revelar un perfecto cuerpo ataviado con una malla blanca.

Lucius sacó su propia espada, de plata, magníficamente tallada y adornada con rubíes, con una serpiente de ojos amarillos en la empuñadura. El joven mago saltó ágilmente al estrado.

Severus lo imitó y pronto estuvieron enfrascados en un duelo en el cual Lucius esquivaba ágilmente los ataques de Severus, bloqueándolos con tal fuerza que las espadas despedían chispas.

Remus contemplaba fascinado, oyendo sólo el sonido de metal contra metal y los jadeos de los dos rivales, hasta que Lucius acabó grácilmente con la espada en el pecho de Severus. Ambos estaban cubiertos de sudor.

- “Has mejorado notablemente, Sev. Por poco me vences esta vez”, dijo Lucius haciéndole una graciosa reverencia, “vamos ahora a perfeccionar tus movimientos”

Se quitó la parte superior del traje, dejando su torso desnudo. Remus se sorprendió a sí mismo apreciando los firmes músculos de su espalda. Al instante, Severus lo imitó y su delgado cuerpo reveló unos brazos musculosos y nervudos y unos bien formados pectorales.

Severus alzó su espada según indicaciones de Lucius, que se le puso detrás, guiándolo para corregir su postura. Luego le indicó avanzar y los dos ejecutaron varios pasos y lances, sin despegar sus cuerpos en una especie de danza que a Remus se le antojó muy sensual. Su respiración comenzó a agitarse.

De pronto, Severus se liberó y avanzó apuntando a Lucius en el pecho y el rubio lo miró sonriendo pícaramente.

- “Accio espada”, dijo, y su espada voló a sus manos.

Empezaron otra vez la lucha. Lucius, ágil como un gato, esquivaba los lances de Severus, que, aparentemente enardecido, lo perseguía implacable por todo el estrado. Sus movimientos eran precisos. Letales. Sensuales.

Remus pensó que él jamás se podría mover con tanta sensualidad.


”All i need's a moment, / todo lo que necesito es un momento
chance to get away / una oportunidad de alejarme
from the stressfulness of every day / del estrés de todos los días
know if i don't question and i never doubt / entiende si no pregunto y nunca dudo
everything is gonna be okay / todo va a estar bien”


Finalmente, Severus venció. O así se lo pareció a Remus, pues ambos cayeron al suelo y Severus estaba sobre Lucius.

Pero el rubio cambió posiciones rápidamente.

Remus debió aprovechar ese momento para escapar discretamente, pero no podía hacerlo. Sobre todo porque acababa de descubrir que ese encuentro era más que un simple duelo.

De hecho, Lucius estaba besando a Severus.

Pero, por lo que pudo ver, a éste no le agradaba la situación, porque se debatía debajo de Lucius.

- “Sev, no te resistas a mí”, pidió el rubio con voz sensual, “hace mucho tiempo que deseo esto”, y su boca aprisionó de nuevo la de Severus.

Remus contuvo el aliento. Estaba seguro de que Malfoy no apreciaba su vida y que sería expulsado por los aires en cualquier momento.

Estaba equivocado.

Con manos torpes al principio, Severus lo abrazó, recorriendo su espalda sudorosa con las yemas de los dedos, mientras le permitía entrada a su boca. Lucius no desaprovechó esa oportunidad y lo besó largamente, atrayendo su cabeza con ambas manos, acariciando el cabello negrísimo de Severus.

Se separaron brevemente para recuperar el aliento y Severus echó la cabeza hacia atrás, siendo esto aprovechado por Lucius para atacar vorazmente su cuello, succionando y mordiendo.

Un ronco gemido escapó de la garganta de Severus.

- “Lucius, ¡no!”, imploró débilmente, pero ya el rubio estaba succionando uno de sus pezones mientras sus dedos pellizcaban expertamente el otro.

- “¿No?”, preguntó travieso Lucius mientras hundía las manos en la entrepierna de Severus y su boca bajaba peligrosamente por su ombligo.

- “¡Ahhhhhh!”, gimió Severus y Remus sintió que su propia erección crecía ante la vista de Lucius desnudando por completo a su jadeante amigo, para tomar de un bocado su palpitante excitación.

Las caderas de Severus se agitaban desesperadamente en el aire, tratando de adentrarse más en la boca de Lucius, que de pronto, lo tomó firmemente de las nalgas y lo empujó, llenando su boca por completo.

Luego, lo liberó, arrancándole un gemido de impotencia al impedirle culminar, y lo miró con lujuria, para lanzarse de nuevo entre sus muslos, esta vez elevando sus caderas con las manos, hasta dejarlo expuesto.

Y comenzó a prepararlo ávidamente.

- “No, no quiero eso—“, jadeó Severus, tratando de cerrar las piernas, pero la cabeza del rubio se lo impedía, y cuando su lengua rozó un lugar que nadie había osado profanar jamás, sus fuerzas lo abandonaron y se entregó con un gemido bastante audible.

- “Siempre quise verte así, Sev”, susurró Lucius y retiró sus dedos, para reemplazarlos por su erección, con la que arremetió a Severus sin piedad.

Un grito ahogado escapó de la garganta de Severus mientras Lucius comenzó a masturbarlo, poniendo las piernas de su ahora amante sobre sus hombros.

Jadeos.

Gritos

Y el sonido de la carne que invadía, que pedía más.

Remus jadeaba también, y aunque se sintió sucio por ello, sus manos tocaron febrilmente su entrepierna y liberaron su propio miembro, aprisionado por la ajustada malla.

Lucius gritó una y otra vez el nombre de Severus, mientras se hundía cada vez más en su cuerpo, y Remus creyó ver brillar algo en las mejillas de éste. ¿Lágrimas? El rubio estaba teniendo un salvaje orgasmo, a juzgar por sus gritos y por la violencia de sus acometidas, y Severus gritaba con él mientras se abría para él derramando su escencia en las manos de su amante.

Y Lucius acabó también, cayendo agotado sobre su Severus, jadeando aún.

Remus se tocaba, mirando a las dos figuras abrazadas en el estrado. Nunca imaginó que se podía sentir tanto placer, pero pronto vio que estaba equivocado.

Severus apartó suavemente al rubio, que, con los ojos semicerrados se le acurrucó en el hombro, mirándolo satisfecho. Era hermoso, desnudo y perfecto. Y sería suyo.

Porque Severus no estaba satisfecho en absoluto.

Se incorporó para apreciar el cuerpo de Lucius y de pronto lo tomó de las muñecas, arrojándose sobre él con avidez. Severus besaba cada centímetro de piel, mordía, succionaba, exploraba. Su boca ansiosa mordió una y otra vez los erectos pezones del rubio, que sorprendido al principio, opuso una débil resistencia que fue anulada por un dedo insertado en su entrada virgen.

Y Lucius, que siempre había sido el dominante en una relación, se dejó llevar por el volcán que acababa de descubrir. Volcán que acabó devorándolo con avidez, mordiendo suavemente la punta de su miembro, nuevamente erecto, para luego saborearlo todo y recorrerlo de arriba hacia abajo con la lengua.

Remus sentía en su propio miembro las caricias que había recibido de Sirius, mientras sus manos lo estimulaban hasta convertirse en una deliciosa tortura que necesitaba alivio.

Entonces, Severus obligó a Lucius a ponerse de bruces y elevó sus caderas, abriéndole las nalgas. Su boca comenzó a explorar la espalda de su amante, bajando lentamente por el surco que marcaba el lugar de su mayor placer, y lamió hasta arrancar súplicas de la boca de Lucius.

Era delicioso oír a un Malfoy suplicando.

Pero no podía torturarlo más, sin sufrir él mismo.

Lo empaló lenta, deliciosamente. Lucius se movía desesperado, buscando mayor contacto con su amante. Y no fue decepcionado.

Severus le sujetó las caderas y se retiró de su cuerpo un poco, para luego arremeter con fuerza una y otra vez, mientras estrujaba el miembro del rubio que ahora se retorcía de desesperación y se abría totalmente a ese nuevo placer.

Y fue inundado con la tibieza de Severus, que se liberó por segunda vez, siendo seguido por Lucius que gemía inarticuladamente mientras el líquido fluía empapando las manos de Severus.

Se quedaron inmóviles, exhaustos.

Remus se masturbaba furiosamente, deseando ardientemente estar en el lugar de Lucius, deseando ser poseído. Pero no por Severus. No.

Por Sirius.

Cerró los ojos sintiendo sus manos inundarse de su tibio líquido y evocó nuevamente el rostro de su amigo. Fue en ese momento que la capa debió deslizarse, lo siguiente que vio al abrir los ojos fue a Lucius desnudo frente a él, tirando de la capa para dejar al descubierto su vergüenza.

- “Hola Lupin. ¿vienes a la fiesta?”

Y Remus sólo atinó a correr.

Corrió con todas sus fuerzas, recordando inconscientemente llevar la capa, o James lo mataría, y avanzó desesperado por los pasillos. Aún sonaban en sus oídos los gritos de placer que había escuchado, y la risa burlona de Lucius.

- “Te gustó, Lupin. Admítelo”

Y era cierto.

Le había gustado.

Entró aún temblado a su habitación, donde ya todos dormían y se metió en la ducha, sin quitarse el traje de duelista. Sus lágrimas tibias se mezclaron con el agua de la ducha mientras sus manos arrancaban el traje y lavaban su cuerpo, para expulsar así ese recuerdo.

Pero no pudo.

“I don't know if i'll be alright / no sé si estaré bien
is it okay to be myself / ¿está bien ser yo mismo?
why do we always have to fight / ¿por qué siempre tenemos que pelear?
now i know it's alright / ahora sé que está bien”


Exhausto, se arrojó a la cama, desnudo y mojado y cayó en un sueño intranquilo, para luego despertar antes que todos y abandonar silenciosamente la habitación.

Tenía algo que hacer.

Esperó a que Karen saliera de la torre de Ravenclaw para ir a desayunar y la llamó. Cuando terminaron de hablar, ella tenía lágrimas en los ojos y Remus luchaba por contener las suyas.

Corrió de nuevo a su habitación y se arrojó a la cama, llorando.

Sirius lo abrazó sin palabras y lo meció hasta que se quedó dormido.

*

El campeonato de Quidditch culminó con Ravenclaw de vencedor. La razón fue que James perdió de vista la snitch cuando vio que el antiguo novio de Lily se acercaba a ella y la abrazaba. Estaba frenético al terminar el partido y se fue a encerrar en su habitación.

Pero Remus ganó el campeonato de Duelo. Mientras luchaba con Severus imitó inconscientemente los movimientos de Lucius, había notado los puntos débiles de su oponente y lanzó un hechizo aturdidor que dio en el blanco, al tiempo que con su espada desarmaba a su rival.

Una enorme ovación saludó su triunfo, que ponía nuevamente a Gryffindor a la cabeza de la competencia de las casas.

Los OWLS vinieron la siguiente semana, durante la cual casi no durmieron y sólo vivían para estudiar. Sirius y James estaban de muy buen humor porque salieron bien en todos los exámenes, Peter estaba preocupado por los resultados y Remus estaba ya más tranquilo respecto a todo.

Ese año había sido terrible, pero no había contado a nadie lo que vio esa noche en el Salón de Duelo. Ni siquiera a Genévieve que se había convertido en su confidente, para desesperación de Sirius.

Y pasarían muchos años antes de que se lo contara a alguien.


Capítulo 14 Verano

“Nobody on the road / nadie en el camino
Nobody on the beach / nadie en la playa
I feel it in the air / lo siento en el aire
The summer's out of reach / el verano está fuera de alcance
Empty lake, empty streets / lago vacío, calles vacías
The sun goes down alone / el sol se oculta solo
I'm drivin' by your house / estoy conduciendo por tu casa
Though I know you're not at home / aunque sé que no estás”

Boys of Summer – Don Henley

*

Remus pasó el inicio del verano bastante melancólico, y no sólo a causa de la luna. Extrañaba muchísimo a sus amigos.

Sus padres estaban muy complacidos con la noticia de que su hijo había ganado el campeonato de Duelo, y más aún, porque sabían que gracias a ello, el lobo estaba siendo dominado y los estallidos de malhumor eran menos frecuentes.

Por eso, cuando James Potter lo invitó a pasar dos semanas en la playa, aceptaron al instante y Remus partió lleno de ilusión a lo que serían sus primeras vacaciones sin vigilancia.

Los padres de James habían alquilado un bungalow en una playa muggle, en un balneario no demasiado concurrido. Esto obedecía a que el padre de James deseaba estar en contacto discreto con los muggles. Theodore Potter, auror retirado por propia voluntad, se dedicaba ahora a trabajar como consultor en Psicología Muggle y era llamado con frecuencia para resolver casos difíciles, como último recurso antes de aplicar el peligroso hechizo Obliviate, que era el equivalente a una lobotomía muggle.

Los chicos estaban encantados, aunque Peter se mostraba algo nervioso. Theo Potter les había traído ropas muggles variadas y comenzaron a elegir las que usarían. Remus se veía muy delgado con los holgados shorts azules que vestía y una polera verde loro con la imagen de Taz, el demonio de Tasmania, que se le antojó parecido a Moony.

Sirius prefirió unos shorts negros y una polera sin mangas, negra también. Las prácticas de duelo y de Quidditch habían hecho que sus brazos lucieran firmes músculos, y su cabello largo, que él se empeñaba en no atar, le daban un aspecto sexy y exótico.

James se decidió por unos shorts celestes y una polera blanca con un león que le recordó a su amado Gryffindor, y Peter usó unos enormes shorts a rayas azules y blancas y una camisa hawaiana, que tenía la virtud de esconder su prominente estómago mejor que una polera.

EL bungalow era amplio y tenían una habitación para los cuatro, con dos camarotes. Sirius y James se acomodaron inmediatamente arriba, y Remus escogió la cama debajo de la de Sirius, dejándole a Peter la de James. La única precaución que Theo tomó con ellos fue quitarles las varitas, y lo hizo porque, conocedor de la fama de su hijo y de Sirius, no deseaba arriesgarse a que se metieran en problemas.

El primer día, pasearon por la amplia avenida que llevaba a la playa y fueron a tomar helados. Sirius llamaba mucho la atención femenina y Remus arrancó más de un suspiro a causa de sus ojos dorados.

Charlaban distraídamente, puntualizando las diferencias entre los helados muggles y mágicos, mientras James y Sirius coqueteaban con la joven mesera. De pronto, James dejó caer la cuchara.

Lily Evans había entrado, con una pequeña faldita blanca y una polera que permitía ver su ombligo. A su lado, una joven flaca, vestida con una falda larga, se quedó mirando a Sirius.

- “Oh, no. Petunia, será mejor irnos. No quiero ver a personas indeseables”, dijo Lily, lo suficientemente alto para que James la oyera. Pero la otra chica susurró algo a su oído.

En ese momento, Remus agitó la mano, sonriente.

- “¡Hola, Lily!”

- “¡Remsie!”, dijo ella y se acercó haciendo una breve presentación. “Mi hermana Petunia, Remus Lupin, Peter Pettigrew, Sirius Black y James Potter”.

Luego de los saludos, Remus les pidió sentarse con ellos, y Lily lo hizo, lo más lejos posible de James, mientras hablaba con Remus y Peter.

Resultó que Lily veraneaba allí también, en una casita cercana al bungalow de ellos con su familia, y Remus quedó con ella para ir a bañarse en alguna ocasión. James había enmudecido de pronto y así continuó hasta que las chicas se despidieron.

- “Tienes suerte, Prongs”, dijo sonriente Remus, “ahora es tu oportunidad”

- “...”

*

“But I can see you- / pero puedo verte
Your brown skin shinin' in the sun / tu piel morena brillando en el sol
You got your hair combed back / tienes tu cabello peinado hacia atrás
and your sunglasses on, baby / y tus lentes puestos
And I can tell you my love for you / y puedo decirte que mi amor por ti
will still be strong / seguirá siendo fuerte
After the boys of summer have gone / luedo de que se hayan ido los chicos del verano”

Remus se estiró perezosamente en el sol. Su piel estaba tostada, gracias a la poción bronceadora que prepararon Peter y James, y sentía la laxitud que suele invadir a quienes están mucho tiempo en la playa. De hecho, en los diez días que llevaban allí, no se había alejado de la orilla más que para comer y dormir.

Sirius se tumbó a su lado, alejándose por un momento de su corte de admiradoras para estar unos momentos con su amigo. Él también estaba muy bronceado y su cabello ondeaba con la brisa de la playa. Había sido inevitable que Sirius tenga éxito con las chicas, y eso les había generado problemas con los ex chicos populares del lugar, tres muggles de diecisiete años, altos y musculosos y con un ego mayor (si esto era posible) que el del mismo Sirius.

- “¿Qué lees?”, preguntó el animago, asomándose a la toalla donde estaba recostado su amigo.

- “Poesía medieval”, respondió Remus. Sirius hizo una mueca de desprecio. “Ya sabes que leo eso, ¿para qué me preguntas?”

- “Para hacerte enfadar, lobito”, dijo Sirius y le alborotó el cabello. Remus le echó arena en la cabeza.

- “Hey, mis fans te matarán”, protestó Sirius sacudiéndose. “¿Tienes más de esa poción de Wormtail?”

- “Aca hay”, dijo despreocupadamente Remus, alargándole un frasco.

Sirius se estiró mostrando la espalda y echó su cabello para atrás.

- “¿Me echas?”, preguntó conciliador.

Remus suspiró resignado, y se arrodilló junto a su amigo, echando un poco del líquido en la bien formada espalda de Sirius. Luego comenzó a esparcirlo desde el cuello, siguiendo por su columna vertebral, hasta llegar al diminuto bañador azul que Sirius usaba. Contuvo el aliento.

No pensaría en Malfoy ni en Snape. No pensaría en Sirius.

- “¿Te dormiste?”, preguntó Sirius volteando a mirarlo.

Remus se puso rojo y se cubrió con la toalla mientras seguía untando, tratando desesperadamente de poner la mente en blanco.

- “Heyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy”, gritó James cayendo de pronto sobre Sirius.

- “¡Prongs! ¡Me llenas de arena!”, gritó Sirius a su vez y Remus aprovechó para hacerse a un lado, con la toalla sobre la cintura tratando de ocultar la protuberancia de su entrepierna.

- “Lily aceptó salir conmigo”, exclamó triunfalmente James.

- “Ohh, ¿en serio?”, Sirius lo miraba incrédulo.

- “Sí”, James lo miró dudoso, “pero hay una condición—“

- “Ahh, no. Eso no—“

- “¡Padfoot! ¿No lo harías por un amigo?”

- “No”

- “Moony, dile que lo haga”, imploró James.

- “¿Hacer qué?”, preguntó intrigado Remus.

- “Salir con Petunia. Sólo así me acompañará Lily”

Remus rió divertido.

- “Creo que debes hacerlo, Padfoot. Acuérdate la última vez que James te cubrió con Filch, y la vez que Campbell casi te sorprende echándole grillos a la poción de Snape, y cuando White preguntó quién había sido el que puso pegamento en el asiento de Snape, y—“

- “¡BASTA!”, gritó Sirius cubriéndose los oídos, “Está bien”, se rindió, “Todos están en contra mía. ¿Cuándo es el sacrificio?”

- “Mañana por la noche”, respondió James radiante de felicidad. “Gracias Padfoot”

Remus sonrió mientras los veía alejarse, y volvió a recostarse en el sol. No notó la mirada de un hombre, fija sobre su cuerpo. Una mirada lujuriosa.

Esa noche, mientras James, Sirius y Peter miraban la televisión, Remus se dirigió a la solitaria orilla del mar y se sentó allí, oyendo el golpear de las olas. Una suave brisa ondeaba sus cabellos castaños y sus manos jugaban distraídamente con la arena.

Le gustaba estar allí.

Amaba el mar, su sonido a veces calmado, como en esos momentos, pero que podría transformarse en un estruendoso fragor de masas de agua golpeándose contra las rocas, tratando de atravesarlas. A veces, él se sentía así también, cuando el lobo trataba de salir y él luchaba por contenerlo.

Estaba descalzo, y vestido con unos shorts. Sus pies se mojaban en el agua, fría a esa hora de la noche mientras él pensaba. Se sorprendió a sí mismo escribiendo en la arena las iniciales “S.B.”, que borró de inmediato, ruborizándose.

- “Hola”, dijo una voz desconocida, detrás suyo.

Remus volteó de pronto, asustado, y encontró a un hombre joven, de unos veinticinco años, con cabello rubio y ojos tan verdes como los de Lily Evans. Vestía como él, un sencillo short azul marino y una polera celeste. Le pareció conocido, lo había visto vagando solitario por la playa durante los últimos días.

- “Soy Alan Breck, disculpa si te asusté”, dijo el desconocido, sentándose junto a él.

- “Remus J. Lupin”, respondió maquinalmente.

- “¿Remus? Es un extraño nombre”, observó Alan, “y la J ¿qué significa?”

- “Jerome. Es por mi abuelo”, dijo Remus, “era francés”, añadió a manera de explicación.

- “Ya veo”, le sonrió Alan. “He estado observándote. Parece que nunca te despegas de tus amigos, ¿qué pasó ahora? ¿Se pelearon?”

- “No”, respondió Remus un poco incómodo. “Ven televisión m—“, iba a decir muggle, pero se contuvo, recordando que su interlocutor era muggle también. “A mí no me gusta”

- “Lo sé. Te he visto leer en la playa. Poesía, ¿verdad?”

- “Sí. Tennyson”, dijo Remus relajándose un poco.

- “Ustedes no son de por aca, ¿cierto? No los había visto nunca”

- “No, vivimos lejos. Este verano el padre de James alquiló un bungalow y nos invitó. Estudiamos en el mismo colegio”

- “¿Qué colegio es?”, preguntó Alan con curiosidad.

- “Hogwarts”

- “¿Hogwarts? Nunca oí de él, ¿cómo es?”, los ojos de Alan lo miraron inquisidores.

- “Es—es un colegio antiguo, tipo internado. No muchos van allí, creo que no es muy conocido en algunos círculos”, dijo Remus tratando de explicar sin comprometerse, “Pero a mi me gusta estudiar allí. Y Lily Evans también estudia con nosotros”, añadió algo desafiante.

- “Está bien, está bien. No te enfades”, continuó Alan mirándolo sonriente. “Son pocos los chicos que dicen que les gusta su escuela. Por cierto que ustedes han causado cierto revuelo por aquí, sobre todo tu amigo el greñudo”

- “Se llama Sirius”, dijo Remus con firmeza.

- “¿Sirius? ¿Cómo la estrella?”, preguntó Alan tratando de bromear para aligerar la situación.

- “Sí”, respondió Remus, “como la estrella. Así es Sirius”

- “Veo que lo estimas mucho. Mira, Remus, no quiero molestarte, sólo deseo ser tu amigo. Por eso te daré un consejo: diles a tus amigos que se cuiden, he oído que la pandilla de Jason Pressman quiere darles una lección por quitarles a sus admiradoras. Y que será mañana por la noche”

- “¿Mañana?”, ese día era la cita de James y Lily y de Sirius y Petunia.

- “Sí”, confirmó Alan.

Remus lo miró con un poco más de simpatía. Alan era atractivo, sin llegar a ser guapo como Lucius Malfoy o como el mismo Sirius, pero tenía algo.

- “Soy ingeniero electrónico, y trabajo en una gran corporación. Estas son mis primeras vacaciones y vine aquí porque adoro la playa. Me apasiona el movimiento del mar, tan quieto a veces, y tan enfurecido también. A veces me identifico con él”, dijo Alan y Remus sonrió, él sentía lo mismo y no lo hubiera descrito mejor.

- “Quisiera vivir en la playa”, suspiró Remus, mirando al cielo, hacia la estrella con el nombre de su amigo.

- “Podríamos—“, insinuó Alan, “nunca vi una persona con ojos como los tuyos, no son color miel, son dorados”, dijo acercando su rostro al de Remus, que retrocedió un poco, “son hermosos—“

- “¡Moony! ¿Vas a estar allí toda la noche?”, se oyó la clara voz de Sirius y el chico apareció de pronto, “¿Quién es éste?”, preguntó con hostilidad.

Remus se puso de pie, como si lo hubieran pillado en falta. El rubor encendía sus mejillas.

- “Es Alan, lo acabo de conocer”, dijo, “Alan, éste es Sirius. Mi amigo”, explicó Remus.

Los dos se dieron un saludo tenso y Sirius dijo que necesitaban a Remus en la casa. Mientras se alejaban de la orilla, le reclamó severamente.

- “Moony, no debes relacionarte con cualquier muggle. Recuerda lo que dijo el padre de James acerca de ellos”

- “Yo no lo busqué. Él vino a hablar conmigo”, aclaró Remus, “además, me ha dicho que esos otros muggles, los que siempre los miran enfurecidos, planean darles una lección mañana a ti y a James”

- “Yo no correré de ningún muggle—“

- “Está bien. Y no digas que no te lo advertí”, repuso Remus, sin entender el enojo de su amigo.

Esa noche, en su cama, Remus se rompía la cabeza pensando en el por qué de las mariposas que sintió en el estómago cuando Alan se le acercó, pero no era por que le gustara el hombre. No era eso, era una especie de nostalgia por sentir una caricia, pero una caricia masculina. Ya había aceptado que no era como los demás, y luego de ver a Lucius y Severus, sintió algo de alivio porque no era el único. Pero aún le daba mucho miedo y no se lo había dicho a nadie. Porque él anhelaba algo que no estaba a su alcance. O al menos, eso creía.

Y Sirius se recriminaba no haber bajado antes a la orilla y hacía una nota mental para no dejar a ese muggle acercarse a Remus, porque podría hacerle daño. Olvidó completamente que Remus era el campeón de duelo de Hogwarts y un mago muy valiente. Para él era sólo su Moony y sentía que debía proteger a su amigo de cualquier extraño.

*

La noche de la cita, James y Sirius acudieron solos, pues ambos le dieron poca importancia a la advertencia de Remus. Llevaron a las hermanas Evans a tomar helados y luego irían a una discoteca muggle, llamada Cats Nook. Sirius hablaba poco y trataba de no mirar a su acompañante. Y de no mirar a las chicas que lo veían con “esa” acompañante.

Se sentía molesto porque Petunia no le agradaba, ni como amiga ni como nada. La veía envidiosa de Lily, siempre criticándola y mirándola por encima del hombro. De algún modo le recordó a su madre.

Pero el colmo fue cuando Petunia le contó a James sobre la primera vez que Lily usó minifalda, a escondidas de sus padres, en una fiesta, y lo incómoda que se sentía con todos mirándole las piernas. Sirius notó que ese “anécdota” no era del agrado de Lily y arrastró a James al baño para permitirles a las dos hermanas tener una charla.

- “Hey, Padfoot, ¿qué haces? Yo no quiero ir al baño, y me estaba divirtiendo”, protestó James.

- “¿Divirtiendo a costa de Lily? ¿Y así quieres que no te odie?”, Sirius se encargó de hacer entender a su amigo la situación y volvieron a la mesa, donde el clima era ya menos tenso, aunque Lily parecía resentida con James por haberse reído, y sólo hablaba con Sirius.

A la hora que fueron a la discoteca, las parejas iniciales se habían cambiado. James entró con Petunia y Sirius con Lily. Los dos chicos se encargaron de buscar un lugar lo suficientemente apartado, con dos propósitos: darle a James un poco de espacio con Lily y ocultar al mundo que Sirius tuvo que ir con Petunia.

Luego de las primeras cervezas, Sirius se sintió algo mareado. No acostumbraba a tomar licor muggle y se le subió un poco a la cabeza. En ese momento tocaban una canción de un grupo llamado U2, que ellos habían visto en la televisión. La canción era “Desire”, y pronto Sirius se encontró bailando en la pista, como había visto hacer a los muggles.

Sus movimientos eran sensuales por naturaleza. Movía las caderas en círculos mientras sus brazos se alzaban y su cabello ondeaba libre. Cerró los ojos y se entregó por completo a la música embriagante, pensando inconscientemente en el Club de Duelo y en el modo en que Remus se movía también, con una gracia tal que parecía que flotaba en el aire. Sus manos se acariciaron el pecho mientras echaba hacia atrás la cabeza, y al volverla a levantar, se encontró con el rostro de una chica rubia, que pegó sus caderas inmediatamente contra las suyas.

Se besaron apasionadamente sin dejar de bailar, y las manos de Sirius bajaron a la cintura de la chica. Se sentía excitado de estar haciendo eso en público y pensó que las discotecas muggle eran maravillosas. Ella lo atrajo más y le susurró al oído:

- “Bailemos un poco más, y luego vayamos a un lugar más privado”, y le mordió el lóbulo de la oreja, lanzando un gemidito que hizo que el resto del cuerpo de Sirius despertara.

Luego, ella le acarició el trasero, y metió las manos en los bolsillos de los jeans negros que usaba Sirius, hasta llegar a su erección. El animago pegó sus caderas a las de ella y sus manos se metieron en la ajustada blusita que usaba, palpando sus senos.

- “¡Padfoot!”, sintió que alguien lo tiraba del brazo. James lo miraba con espanto, “¡Arruinaste mi cita! ¡Lily se está yendo!”, dijo desesperado.

- “Arruinó más que eso”, exclamó la chica algo asustada, “allí está mi novio”, y señaló a Jason Pressman que acababa de entrar con sus dos amigos.

La chica desapareció, arreglándose la blusa y fue al encuentro de su novio, mientras James arrastraba a Sirius a la salida, sin dejar de increparle su proceder.

- “Ahora me odiará más, y Petunia te odia también, dijeron que eres un degenerado. ¡Diablos!”, ellas estaban en la acera, a punto de tomar un taxi.

- “Eh, Lily, ¡Detente, por favor!”, pidió Sirius, corriendo a su encuentro, “lo siento mucho, me descontrolé un poco”

- “¿Un poco? ¡Sirius Black, lo hiciste delante de todos! Si le dicen a mi madre que tengo esta clase de amigos, no me dejará salir jamás a una discoteca”, respondió Lily mientras avanzaba por la calle, seguida por Petunia.

- “Lo siento, Lily. ¿Has oído hablar de las hormonas masculinas? Ellas se descontrolan a veces”, explicaba Sirius mientras trataba de seguirle el paso a Lily. James caminaba también, mirando el piso.

Ninguno de los cuatro se dio cuenta de que eran seguidos por tres airados chicos: Jason Pressman y su grupo no les perdonarían jamás la escena que vieron apenas entraron a la discoteca. En especial Jason, porque Sirius estaba manoseando a su novia delante de todos.

Siguieron más explicaciones, pero las hermanas Evans continuaban caminando. Para librarse de Sirius, Lily dio la vuelta y entró a una calle poco iluminada, y al tratar de volver, se equivocó y se metió a la entrada de un oscuro callejón. Allí se detuvo, frustrada, y tuvo que oír más explicaciones de Sirius que se había arrodillado a sus pies suplicando perdón.

- “Padfoot, levántate, estás borracho”, pidió James zarandeándolo.

- “Déjame, James. Sólo digo la verdad. Yo no quería salir con ella, tú me obligaste porque te gusta Lily, pero no soy de piedra—“

- “¿Qué dijiste?”, preguntó Lily asombrada.

Pero Sirius no pudo responder porque recibió un fuerte empujón que lo arrojó al piso.

- “¡Maldito bastardo!”, gritó Jason y levantó la pierna para patear al caído, pero Sirius se movió rápidamente.

- “¿Estás loco? ¿Qué diablos te pasa?”, increpó el animago poniéndose de pie, con los efectos de la borrachera casi acabados por efecto de la adrenalina.

- “Bailaste con mi novia, bastardo”, dijo Jason avanzando peligrosamente mientras sus amigos les cerraban el paso, acorralándolos en el callejón.

James se puso instintivamente delante de Lily y de Petunia.

- “Ella se me acercó. ¿Será que tú no le das lo que necesita?”, respondió Sirius con sorna y James sintió deseos de patearle el trasero. Eran tres contra dos, y sin usar magia.

- “Yo te enseñaré modales, greñudo”, amenazó Jason y algo brilló en sus manos.

Una navaja.

James contuvo el aliento. ¡Y ni siquiera tenían sus varitas! Un sollozo a sus espaldas lo hizo voltear para ver a Petunia abrazarse de Lily. Pero ese descuido fue aprovechado por John Taylor, uno de los amigos de Jason, para darle una patada en los testículos que lo envió al suelo. Luego, John lo levantó y le puso otra navaja en la garganta.

Sirius había retrocedido hacia la pared, mientras Henry Bowers, el otro chico, sacaba unas cadenas y las hacía girar en el aire, amenazándolo.

Jason avanzó hacia Lily y la cogió del brazo, pero ella le dio una patada. El chico le tiró los cabellos y avanzó con ella hacia Sirius.

- “Mira, idiota”, dijo y metió sus manos debajo de la falda de Lily que intentaba resistirse.

James, fuera de sí, golpeó entonces a John en los testículos con el puño y se agachó antes de que el otro chico tratara de golpearlo. No en vano llevaba años de práctica esquivando las bludger. Luego golpeó a Jason en la espalda y le arrancó a Lily de los brazos, para ponerla detrás suyo mientras encaraba a los dos chicos.

- “¡Cobardes!”, gritó alguien y Henry vio con espanto que en el aire surgía la cabeza de Remus y le pateaba el estómago.

Remus arrojó lejos la capa de invisibilidad y se puso junto a Sirius.

- “Ahora somos tres contra tres”, agregó, furioso.

Pero de todos modos, la pelea era desigual. Jason y sus amigos estaban armados y eran más fornidos.

Henry avanzó hacia Remus blandiendo las cadenas, pero fue sorprendido por la agilidad del chico que lo esquivó hábilmente, mientras Sirius recogía un par de tablones del piso y le arrojaba uno a James.

La navaja de John se incrustó en el tablón que Sirius usaba como defensa y fue rápidamente desarmado por el animago, que continuó la pelea a puño limpio. Remus por su parte continuaba esquivando las cadenas sin dar señales de cansancio, al contrario de su atacante que estaba cubierto en sudor y jadeaba.

James usó el tablón para bloquear los ataques de Jason y proteger a Lily y a Petunia que gimoteaba encogida en el suelo. Por un momento, la navaja le rozó el brazo y Lily lanzó un grito de terror. Esto fue suficiente para que James cobrara más valor y se arrojó de cabeza contra el estómago de Jason, haciéndolo volar contra la pared, para luego quitarle la navaja de una patada.

En ese momento, Remus había logrado coger el tablón que Sirius dejara caer, y usándolo a manera de espada, logró enrollar en él la cadena con la que lo atacaban, revirtiendo la situación inmediatamente.

Ahora eran los Merodeadores quienes tenían acorralados a los chicos muggles, y también tenían sus armas.

- “¡Lárguense antes de que nos arrepintamos de dejarlos ir!”, gritó Sirius.

Ellos no se lo hicieron repetir y salieron a toda prisa.

- “¡James, estás herido!”, exclamó Lily corriendo hacia él.

- “No es nada”, respondió James, a quien esas palabras bastaron para que el dolor desapareciera, “¿tú estás bien?”

Remus se inclinó a ayudar a Petunia y los cinco volvieron a su casa.

Luego de dejar a las chicas, Sirius abrazó a James y a Remus y emprendieron el regreso, felicitando a James por el beso que le dio Lily en la mejilla al despedirse.

Pero el incidente no pasó desapercibido y los chicos muggles hicieron un escándalo que originó que las vacaciones de los chicos terminaran dos días antes. Sirius estaba de mal humor porque ahora lo culpaban a él de la pelea, y a pesar de que dio su versión, el padre de James no estaba muy satisfecho de su hazaña con la novia de Jason.

*

Los padres de Remus habían viajado con él a Birmingham, a visitar a unos parientes. El chico se quedó algo preocupado por Sirius, debido a que su amigo estaba bastante afectado con la boda de Bellatrix y Rodolphus, a pesar de que insistía en decir que no le importaba.

Esa misma tarde, Sirius discutía con su madre.

- “No quiero ir a esa boda. No me siento a gusto con los amigos de Bellatrix”, trataba de explicar Sirius.

- “Claro, pero sí te gusta pasearte en balnearios muggles con los andrajosos de tus amigos. Deberías aprender de tu hermano—“, espetó la señora Black.

- “Sí, claro. El perfecto Regulus es de Slytherin y amigo de los Malfoy y los Lestrange”, dijo Sirius con amargura.

- “Podrías aprender un poco de él. Ya es suficiente con tener que soportar que mis amistades me pregunten qué haces en Gryffindor, para tener ahora que dar explicaciones de por qué no vas a la boda más importante del año en el Mundo Mágico”

- “Tengo mis razones”, declaró Sirius.

- “¡No y no! Sirius Black, irás a esa boda, y te cortarás el cabello, te vestirás decentemente y harás lo posible para acercarte a Lucius Malfoy y Rabastan Lestrange. ¡Es una vergüenza que ni siquiera pudieras destacar en el Club de Duelo! ¡Permitiste que te ganara ese pobretón de Lupin! ¡Y encima de todo, es prefecto! Eso sí que es denigrante para un Black”

Para Sirius fue demasiado oír insultar a Remus. Simplemente no pudo soportarlo.

- “¡No hables así de mis amigos! ¡Remus era mejor que todos en Duelo! Merecía ser el campeón—“

¡SPLAT!

Su madre lo abofeteó violentamente.

- “¡Eres una vergüenza para la Casa Black y para mí! No quiero un hijo así, no haces sino traernos desgracias, ¡Lárgate de aquí y no nos obligues a tolerar tu presencia!”, gritó la señora Black fuera de sí.

Sirius corrió escaleras arriba. No quería oír nunca más a su madre criticarlo. No quería oírla criticando a sus amigos y a todo lo que él había aprendido a querer, sólo porque no era lo suficientemente fino para un Black. Ardientes lágrimas se deslizaron por sus mejillas mientras colocaba en un pequeño baúl sus pertenencias más preciadas y abandonaba la casa Black para no volver jamás.

*

- “Bella, querida, luces radiante”, Lord Voldemort rodeó a Bellatrix, que vestía de novia, con el cabello recogido en un alto moño.

- “Gracias, señor”, respondió ella. Su señor le había pedido verla así, horas antes de la boda, porque él no podría asistir. Ella lo complació, a pesar de la histeria que había generado en su madre al desaparecer de repente de la casa.

Estaban en la habitación de su señor, donde había una enorme cama con dosel y sábanas negras, en la cual estaba Nagini, con su lengua bífida siseando.

Bella sabía que hablaba en Pársel con su señor, pero no sabía que era sobre ella. Esperó en silencio, pues a Voldemort no le gustaba ser interrumpido.

- “¡Desnúdate!”, exigió el Señor Oscuro de pronto.

Ella obedeció sin replicar, con un placentero recuerdo de la vez que, hacía casi un año, Voldemort la había poseído en la mesa de piedra de su escondite, en el Bosque Mágico.
Bajó el cierre del costoso vestido sin mangas, y se lo deslizó, dejando al descubierto sus senos. Voldemort la miró complacido y recorrió su espalda con la yema de su dedo índice.

Ella dejó caer el vestido al suelo y se quedó tan solo con las braguitas de encaje y las medias de seda, con ligueros de encaje también. Hizo un intento de quitárselas, pero la firme mano de su señor la detuvo.

- “Quédate así”, dijo con firmeza. “A la cama”

Bella obedeció, echándose seductoramente. Su blanco cuerpo hacía contraste con las sábanas negras y ella se sentía bien así. Pero Voldemort tenía otra cosa en mente, la puso de bruces y murmuró un hechizo. Al instante, unas cadenas aparecieron y le aprisionaron muñecas y tobillos contra los postes de la cama. Se sintió indefensa, pero eso no fue nada como lo que sintió al oír la risa de su señor y el siseo de Nagini.

- “Nagini dice que no es justo que Rodolphus se lleve una virgen”, dijo Voldemort junto a su oído.

- “¿Virgen, señor?”, preguntó Bellatrix con genuina sorpresa. Ciertamente su señor sabía muy bien que ella no era virgen.

- “Así es. Y creo que tiene razón. Debes ofrecerte a tu señor antes que a él”, dijo Voldemort. “¿Aceptas?”

- “S-sí, señor”, murmuró Bellatrix insegura de cómo proceder.

Pero cuando sintió los dedos largos de Voldemort explorando su último rincón puro, entendió. Y se mordió los labios para no gritar cuando lo sintió invadiéndola, al tiempo que sus dedos la frotaban de una forma que hizo que pronto olvidara el dolor y gritara de verdadero placer. La serpiente los miraba mientras ambos llegaban al clímax y Bella proclamaba a gritos su lealtad al Señor Oscuro.

- “Ahora puedes casarte”, dijo Voldemort retirándose de su cuerpo, “vete”

*

Peter y Remus miraron una vez más el andén, pero fue inútil. Sirius y James aún no aparecían y el expreso estaba a punto de partir. Remus acababa de llegar de su viaje y sólo sabía que Sirius había huído de su casa para ir a vivir con James.

No podía entenderlo, él mismo no imaginaba vivir lejos de sus padres, alejado de su familia, aunque si la madre de Sirius era como su amigo les contaba, quizás haya sido mejor así. Aunque Remus en el fondo no podía creer que una madre tratara tan mal a su hijo.
En los círculos mágicos se comentaba que la familia Black había expulsado a Sirius y que si no hubiera sido por que su padre le entregó su herencia antes de morir, su amigo se habría quedado sin dinero. Aunque al ser menor de edad, no podía disponer de él hasta cumplir los dieciocho.

El corazón de Remus dolía por su amigo y hubiera deseado estar allí para consolarlo, pero sabía que los padres de James lo querían como a un hijo y que estaría bien con ellos. Los padres de Remus seguían sin confiar mucho en Sirius, aunque se solidarizaron con lo que le sucedió. Ellos jamás habrían tratado así a su hijo, a pesar de que era un licántropo.

Durante el viaje, se les unió David en el vagón. Había crecido mucho y era casi tan alto como Remus. Les contó de sus vacaciones en Irlanda y ellos le contaron sobre la playa.

- “Conocimos algunos duendes. Ellos dicen que ese tal Voldemort se ha unido a demonios antiguos, que vienen de otro mundo”, explicaba David, pero Remus no le prestaba mucha atención.

Peter y David se enfrascaron en una discusión sobre los últimos movimientos de Voldemort, que había fundado un diario llamado “Anarquía”, donde proclamaba la existencia de un ejército de mortífagos.

Pero Remus miraba constantemente hacia la ventana, aún inquieto por Sirius.
Cuando llegaron a Hogwarts, el rostro de Remus mostraba una franca desilusión. Él había esperado ver a sus amigos en cualquier momento en el expreso, pero esto no había sucedido. Avanzó silencioso mirando al piso, y entonces las exclamaciones de asombro de todos lo hicieron voltear.

Se quedó sin habla.

Sirius se acercaba volando en una enorme motocicleta plateada, vestido de cuero negro, con el cabello suelto ondeando al viento y lentes de sol, a pesar de que era noche. Detrás de él, James saludaba a todos agitando la mano.

El corazón de Remus galopó a toda velocidad. Nunca soñó con ver a Sirius así, y saltó de alegría cuando su amigo lo saludó agitando la mano. Pero la alegría se disipó cuando escucharon la voz de Filch tronar amenazadora.

- “¡Sirius Black!”

 

Capítulo 15: Fuego verde

“Growin' up, / creciendo
you don't see the writing on the wall / no ves la escritura en la pared
Passin' by, / Avanzando
movin' straight ahead, you knew it all / moviéndote adelante, lo sabías todo
But maybe sometime / pero quizás alguna vez
if you feel the pain / si sientes el dolor
You'll find you're all alone, / encontrarás que estás solo del todo
everything has changed/ todo ha cambiado”

St. Elmo’s fire – John Parr

*
Sirius aterrizó la motocicleta y bajó de ella de un ágil salto. James hizo lo propio, con mucha menos gracia.

- “Señor Black, las motocicletas voladoras están prohibidas”, exclamó airadamente Filch.

- “No he visto eso en la lista de objetos prohibidos”, dijo tranquilamente Sirius.

- “¡Está en la lista de este año!”

Un grupo de estudiantes se había acercado mirando la escena, entre preocupados y divertidos.

- “Argus, déjame hablar con el señor Black”, pidió Dumbledore abriéndose paso entre la multitud. “Sirius, sígueme”

Pero Sirius no se movió, parado junto a su moto, miraba alternativamente a Filch que enseñaba los dientes, y a Dumbledore.

- “Tu motocicleta no será requisada”, lo tranquilizó Dumbledore. “Hagrid la llevará al almacén de escobas”

Sirius lo siguió de mala gana, arrancando varios suspiros a su paso, mientras que Hagrid se apresuraba a llevarse la moto. Cuando Sirius volvió, sus amigos ya estaban en el comedor y le habían guardado un lugar. Sólo les comentó que su moto estaría guardada hasta la primera salida a Hogsmeade, donde se le permitiría llevarla. No quiso comentarles que más había hablado con el director, aunque sus ojos estaban enrojecidos.

James les había informado a todos ya que Sirius viviría en su casa por un tiempo y que había recibido una cuantiosa suma como herencia anticipada de su tío Rodrick Black III. Y claro, lo primero que hizo Sirius cuando recibió el dinero, fue comprar la motocicleta más moderna y más cara del mundo mágico, y le puso como nombre Silver.

Remus observó a su amigo. Había cambiado, eso era innegable. Se lo veía más rebelde y deseoso de meterse en problemas, y Remus pensó que esa era una reacción natural ante lo que le había pasado, sólo esperaba que no durase demasiado y que, en el intento, no lo expulsaran.

Sirius hacía bromas y reía fuerte, buscando llamar la atención, pero Remus lo conocía bien y supo que no se sentía feliz en absoluto. En un momento, Remus atrapó su mano por debajo de la mesa.

- “Estoy contigo”

Sirius apretó fuerte la mano de Remus y sus ojos parecieron humedecerse, pero luego lo soltó y volvió a reír, agitando su largo cabello.

El club de duelo seguía funcionando, con White y Campbell a cargo, pero Lucius Malfoy había vuelto a la Universidad de Altos Estudios Mágicos, abierta de nuevo a cargo de una Comisión Organizadora presidida por su padre, Phobos Malfoy.

Campbell nombró a Severus Snape asistente de duelo para Slytherin y a Edgar Bones para Ravenclaw, mientras que White nombró a Remus para Gryffindor y a Frank Longbottom para Hufflepuff. Ese año habría también campeonato de Duelo y debían seleccionar a los participantes de quinto año.

David había sido elegido prefecto y se había pasado el verano practicando Duelo en secreto, por eso, sorprendió a todos con su habilidad. Remus estaba encantado y seleccionó a su amigo y a Sturgis Podmore como representantes de Quinto Año para Gryffindor. Frank Longbottom seguía siendo el representante de Hufflepuff para Sexto Año, junto con Alice Redmond, su novia y la única chica que destacó en Duelo.

Los equipos de Duelo se constituyeron con dos chicos de cada año para cada casa y White preparó un intenso horario de entrenamiento para ellos, fuera de las clases normales de Duelo que habían incrementado una hora semanal en comparación del año anterior.

Era claro que Dumbledore consideraba grave la situación, y así lo confirmó Genévieve cuando Remus le preguntó. Los mortífagos habían empezado con pequeños ataques contra los muggles y su identidad era un misterio. Aún eran pocos, pero muchos magos comenzaban a simpatizar con Ryddle, ahora considerado un perseguido político y una especie de héroe para algunos.

- “Las cosas se pondrán difíciles, Remus”, le explicó ella, “la guerra empezó, las familias se separarán por ideas políticas y toda esa basura acerca de la sangre limpia y la sangre sucia. Lo que le ocurre a Sirius es una pequeña muestra de lo que vendrá”

A Remus se le encogió el corazón, él había oído llorar a Sirius por las noches y sabía que, aunque nunca lo admitiría, estaba muy afectado.

Y Sirius insistía en meterse en problemas. Su aspecto rebelde le había generado multitud de admiradoras y él no desaprovechaba oportunidad, pero James no lo acompañaba a todas sus aventuras, pues al fin había logrado la amistad de Lily y ocupaba su tiempo libre en el Quidditch y en charlar con ella. También Remus se había negado rotundamente a acompañarlo, de modo que Sirius acudía solo a sus citas furtivas, llevando consigo el Mapa del Merodeador y la capa de invisibilidad.

En una de sus citas, Sirius vio que Severus Snape se dirigía al Bosque Prohibido en compañía de Rabastan Lestrange, y el recuerdo del ataque que sufrió Remus hizo que plantara a su pareja de turno y los siguiera.

Se dirigían hacia la zona del bosque que Genévieve les había prohibido y Severus volteó nervioso, escudriñando el desierto camino, pero Sirius fue tan silencioso que el Slytherin no sospechó nada.

Dos arañas aparecieron frente a los magos y Sirius se ocultó bajo unos arbustos, porque estaba seguro de que, a pesar de la capa, los enormes insectos lo podian ver. Preparó la varita, pero no fue necesario. Severus había avanzado hacia las arañas con una mirada cruel.

- "Averno", dijo claramente y una bola de fuego rojo devoró a las arañas.

- “Finite incantatem”, dijo Lestrange luego de unos momentos, y el fuego desapareció, dejando sólo los cuerpos calcinados, casi a los pies de Sirius, que observaba espantado y fascinado cómo las arañas quedaban reducidas a cenizas.

A Sirius se le heló la sangre. Por sus investigaciones clandestinas, sabía que el hechizo usado por Severus era muy antiguo y estaba prohibido, y que sólo los magos oscuros lo utilizaban. Sus sospechas acerca de Snape se confirmaron.

Cuando levantó la mirada, los dos Slytherin habían desaparecido. Maldiciendo su suerte, trató de buscarlos, pero ya no había rastro de ellos. Caminó un poco por el sendero entre los árboles hasta que un resplandor llamó su atención.

Un arbusto, casi un árbol, era el que despedía un resplandor fosforescente. Jamás había visto planta semejante, sus ramas parecían largos, pálidos y huesudos dedos. No tenía hojas y de no haber sido por el movimiento de sus ramas y por el resplandor, hubiera parecido una planta muerta.

Sirius sintió una repulsión instintiva y se alejó lo más rápido que pudo.

*

- “No conozco ninguna planta así”, dijo pensativo Peter mirando el dibujo que Sirius había hecho.

James paseaba nerviosamente retorciéndose las manos. Estaba más preocupado por la planta que por la información acerca de Severus que les había traído Sirius.

Esa misma tarde, se las arregló para que White le pusiera detención, lanzándole a Severus un hechizo para erizarle el cabello. Luego del sermón, White le pidió que hiciera un resumen de las más conocidas maldiciones y contramaldiciones y lo dejó un momento solo en su despacho.

James avanzó la mitad del trabajo y luego voló al estante de libros buscando infructuosamente plantas y hierbas. Iba a darse por vencido cuando un pequeño libro le llamó la atención. Estaba empastado en cuero azul marino y su título rezaba: “Análisis cualitativo de las consecuencias de la colisión de un meteorito en Kansas”. El autor era Adalbertus Stocker.

Más que el título del libro, le llamó la atención el autor, porque a la fecha, únicamente había visto libros de criptografía, runas y lenguas muertas escritos por Stoker y esto era nuevo para él. Pasó las páginas con curiosidad hasta que se detuvo en un dibujo. Era una imagen mucho mejor elaborada que el tosco dibujo de Sirius, pero no había lugar a dudas. Era la misma planta

Apenas alcanzó a ocultar el libro entre los pliegues de su túnica y correr al escritorio antes de que White apareciera de nuevo. El profesor lo miró con curiosidad mientras James escribía a toda velocidad, con los ojos brillantes.

Más tarde, en el dormitorio, Remus examinó pensativo el libro. Acababa de leerles en voz alta los datos sobre el meteorito caído hacía cincuenta años en Arkham, Kansas, y que había afectado la zona considerablemente, contaminando el agua y mutando las plantas en un enorme brezal impenetrable, conocido como “el brezal maldito”. Se hablaba también de monstruosos animales mutantes y de muchas desapariciones de ganado y personas.

- “Ese arbusto es parte del brezal”, dijo Sirius. “White lo trajo aquí para contaminar el bosque”

- “Eso no es posible, recuerda que se lo robaron”, exclamó James.

- “Eso fue lo que dijo él”, porfió Sirius.

- “Pudo ser otro”, dijo calmadamente Remus, “no veo qué interés puede tener White en denunciar la pérdida del arbusto y luego ir a sembrarlo tranquilamente en el bosque”

Sirius lo miró molesto. No le gustaba que Remus defendiera a White.

- “Pudo hacerlo para despistar”, dijo secamente, “¿tienes alguna mejor idea?”, continuó, desafiante.

- “Quiero verlo y luego hablaré con Genévieve”, dijo Remus dando por zanjado el asunto.

*
“Play the game, / juega el juego
you know you can't quit until it's won / sabes que no puedes salir hasta que ganes
Soldier on, / soldado en la batalla
only you can do what must be done / sólo tu puedes hacer lo que debe hacerse
You know in some way / sabes que de algún modo
you're a lot like me / eres muy parecido a mí
You're just a prisoner / eres sólo un prisionero
and you're tryin' to break free / y estás tratando de liberarte”


- “¡Excelente, David!”, exclamó White felicitando al chico, que acababa de vencer a Craig Miller, de séptimo año. Al otro lado del salón, en el sitio de Slytherin, una fría mirada se posó en David.

- “Balfour no debería jactarse de sus escasas habilidades”, dijo en voz alta Campbell, avanzando hacia la plataforma.

- “El señor Balfour no tiene escasas habilidades”, intervino White, “por el contrario, considero que con el entrenamiento adecuado, pronto alcanzará el nivel del señor Lupin”

- “Veamos”, dijo Campbell saltando a la plataforma, “¡En guardia!”

David aceptó el desafío y levantó su varita. White miró a Campbell con extraña expresión, pero abandonó la plataforma, saltando de ella con gracia.

- “Recuerda, Nigel, es el nivel inicial”, advirtió.

- “¡Stupefy!”, gritó Campbell y David lo esquivó apenas, pero el profesor no le dio tiempo para contraatacar.

- “¡Expelliarmo!”, volvió a gritar Campbell. David se lanzó al piso esquivando nuevamente el hechizo, y se levantó de un salto.

- “¡Stupefy!”, gritó el chico, pero Campbell usó un “protego” que lo bloqueó.

Ambos rivales saltaban y esquivaban hechizos y pronto la malla blanca de David estuvo empapada en sudor, pero Campbell parecía poco dispuesto a dejarlo ir. White contemplaba todo en silencio y Remus a su lado, seguía ansioso el duelo.

- “¡Stupefy!”, gritó finalmente David logrando impactar en el hombro de Campbell que dio un ronco quejido.

- “¡DESTRUCIO!”.

El rayo rojo salió veloz de la varita de Campbell y se fue a estrellar en el pecho de David que cayó hacia atrás.

Una exclamación de terror brotó de todas las gargantas. White y Remus corrieron a la plataforma.

- “Nigel, ¿te has vuelto loco?”, gritó White, “¡el chico no está aún en condiciones de repeler un Destrucio!”

El profesor se acercó a David y tocó su frente, comprobando rápidamente sus signos vitales.

- “Es un abusivo”, murmuró Remus, tratando de reanimar a su amigo.

- “¡Tonterías!”, dijo fríamente Campbell, “Estamos en guerra y nadie le preguntará entonces qué hechizos puede repeler, Marius. ¡Ennervate!”

David abrió los ojos de pronto y Remus trató de ayudarlo a levantarse, pero su ayuda fue rechazada enérgicamente.

- “Estoy bien”, dijo David, poniéndose de pie trabajosamente. “Me venció esta vez, profesor”, continuó, inclinándose en la tradicional reverencia.

Campbell hizo lo propio.

- “No mejorará si sigue practicando con hechizos simples---“

- “Está en Quinto Año, Nigel. Los hechizos Destrucio no corresponden a ese nivel”, intervino suavemente White.

- “Entonces necesitará entrenamiento extra—“, dijo tranquilamente Campbell y volteó para retirarse.

- “Profesor”, lo detuvo la voz de David.

- “Dígame, Balfour”

- “Entréneme. Quiero ver si es tan bueno como dice”, dijo David desafiante.

- “Yo también quiero ver si usted lo es”, repuso Campbell, “esta noche, a las diez”, dijo alejándose.

- “Hecho”

White miró intensamente a David, entornando los ojos. Eso no le había gustado en absoluto.

- “Señor Balfour, no subestime a Nigel Campbell”, dijo secamente. Luego volvió a los entrenamientos.

*

“I can see a new horizon / puedo ver un nuevo horizonte
underneath the blazin' sky / bajo el horizonte en llamas
I'll be where the eagle's / estaré donde las águilas
flying higher and higher / vuelan alto y más alto
Gonna be your man in motion, / seré tu hombre en movimiento
all I need is a pair of wheels / todo lo que necesito es un par de ruedas
Take me where my future's lyin', / llévame donde está mi futuro
St. Elmo's Fire / St. Elmo’s Fire”


- “Es por aquí”, susurró Sirius y los cuatro corrieron sigilosamente, ocultándose entre los árboles.

Siguieron así, detrás de Sirius por varios minutos, hasta que Remus exclamó:

- “Allá”

El arbusto luminoso se erguía en el mismo lugar y ellos caminaron todos juntos hacia él. Remus diría después que tuvo la impresión de que las ramas se extendían hacia ellos.

- “Miren”, exclamó James.

En el suelo, casi a los pies de James, había un pequeño cuerpo. Se trataba de una manticora.

- “Muerta”, dijo Sirius apartándola con la bota, “¡qué asco!”, pero cuando el cuerpo fue movido, pudieron ver algo blanco y largo, como un monstruoso dedo que desapareció en la tierra.

Remus se inclinó a examinar al animal.

- “Es sólo piel y huesos. Me pregunto cómo habrá muerto”

James se acercó también y junto con Remus dieron vuelta al cuerpo, examinándolo atentamente.

- “Es sólo una jodida manticora”, los apremió Sirius, “¿no ibamos a investigar esta cosa?”, y dio un puntapié al tronco del arbusto.

Las ramas se contrajeron y luego avanzaron hacia Sirius.

- “¡Esta cosa está viva!”, casi gritó Peter, tirando de Sirius.

- “Claro que está viva, Wormtail. Es una planta, ¿no?”, dijo Sirius con el poco aplomo que aún le quedaba.

- “¡Vámonos!”, dijo James sacándolos de allí.

Cuando estuvieron en la parte segura del bosque, discutieron lo que habían visto.

- “Esa cosa fue la que mató a la manticora”, explicó James, “todos los orificios de su cuerpo presentaban heridas y desgarres. Creo que por allí absorvió sus fluidos”

- “Eso es ridículo”, replicó Sirius, “las plantas carnívoras no se comportan así. ¿Es que nadie recuerda las clases de Herbología?”

- “Explícalo tú entonces”, lo retó Remus.

- “Pudo ser una de esas arañas y luego arrojó allí el cuerpo—“

- “Ellas los envuelven en capullos”

- “Pudo escapar del capullo, viva aún, y morir en el camino—“

- “¡No tenía nada allí dentro, Sirius! ¡Sólo piel y huesos! ¿Cómo un ser vivo puede moverse así?”, exclamó Remus a punto de golpearlo. No podía creer que Sirius fuera tan testarudo.

- “Bueno”, capituló Sirius, aunque esa chispa de rabia en los ojos dorados de su amigo había hecho que sintiera una profunda emoción. “admito que es posible, pero ninguna planta que conozco se comportaría así”

- “Esa no es una planta normal”, les recordó James, “está mutada a causa del meteorito. Ahora debemos decidir qué hacer”

- “Es sencillo”, dijo Peter, “no podemos decir nada, porque si lo hacemos, nos expulsan por andar en el bosque. De modo que callémoslo y esperemos a que algún otro la encuentre”

- “¡Eso es de cobardes!”, espetó Sirius con desprecio, “además, si es como dice James, la planta es un peligro. Debemos pensar en algo”

- “Yo sé qué”, dijo Remus y sacó su silbato. Sirius se tapó los oídos, pero los demás no oyeron nada.

Pasó un tenso momento.

- “Hola muchachos”, saludó alegremente Genévieve. Pero al ver la expresión preocupada de ellos, su rostro se puso serio también. “¿ocurre algo malo?”

Remus le soltó la historia, incluyendo el asalto al despacho de White, porque ella conocía bien todas las andanzas de los Merodeadores.

Genévieve permaneció en silencio un buen rato y su expresión era grave. De hecho, nunca antes la habían visto tan seria.

- “Váyanse ahora y por favor no vuelvan a esa parte del bosque”, les dijo finalmente.

- “Pero…”, empezó James

- “¡Silencio! Les pedí que no volvieran allí y no me hicieron caso”, les increpó ella, pero había más preocupación que enojo en su voz, “Hay cosas allí que incluso los magos adultos temen. No vuelvan allí de nuevo, no soportaría que algo les pase”, dijo mirando a Remus.

- “¿Qué era eso, Gen?”, preguntó Remus igualmente serio.

- “Yo misma no sé explicarlo”, dijo ella, “todo lo que se sabe es lo que investigó el profesor Stoker. Ahora que esa planta ha sido sembrada, buscará crecer y multiplicarse, creando una barrera que oculte lo que verdaderamente hay en su interior”

- “¿Pero quién la llevó allí?”, exclamó James.

- “No lo sé, pero quien la sembró sabía muy bien lo que hacía. La colocó en un lugar apropiado para—“

- “Fue White”, interrumpió Sirius, “luego simuló que se la habían robado”

Genévieve lo estudió cuidadosamente.

- “¿Por qué desconfías de White?”

- “No me gusta”

- “Él ayudó a Remus, te ayudó a ti…¿en verdad crees que él lo hizo?”

- “Sí”, dijo Sirius apretando los labios.

Genévieve lo miró apenada.

- “Váyanse ahora”, volvió a pedirles, “yo me encargaré de la planta. No vuelvan hasta que yo les avise, aunque pasen muchos días”

*

Durante varios días mantuvieron su promesa de no ir al bosque, pero James se sentaba todas las noches en la ventana y contemplaba el bosque con los binoculares mágicos de Sirius.

Un día, un resplandor blanco le llamó la atención.

Rápidamente, tomó su capa, pero al llegar a la puerta, fue detenido por Sirius.

- “No podemos ir”

- “Iré, Sirius. Tengo que saber”, exclamó James tratando de apartarlo.

- “En ese caso, te acompaño”, dijo firmemente Sirius.

- “Iremos todos”, exclamó Remus abriendo las cortinas de su cama.

Los cuatro llegaron al bosque y lo atravesaron rápidamente. No les fue difícil hallar el resplandor, pero cuando llegaron allí se les heló la sangre.

Genévieve estaba de pie, vestida de blanco, frente a la planta, con sus largos cabellos sueltos hasta su cintura.

De espaldas a ellos, había otra figura encapuchada y con la túnica azul de los aurores. Por su porte, se trataba de un mago.

El arbusto resplandecía iluminando tétricamente toda la escena y sus ramas se extendían hacia ambos magos. De pronto, algo blanco surgió de la tierra. Una raíz, que subió lentamente por la pierna de Genévieve. Remus pudo ver terror en sus ojos dorados, quiso avanzar, pero el Auror apuntó con su varita y la raíz se pulverizó.

La planta pareció replegarse. Otras dos raíces aprisionaron los tobillos de Genévieve haciéndola resbalar, pero nuevamente fueron destruidas por el auror. Cada vez que lo hacían, la planta resplandecía con fuerza.

- “Esto no avanza mucho, mon cher”, dijo Genévieve y se levantó el vestido, sacando un delgado estilete con el que se hizo un corte en el muslo.

Inmediatamente, un chorro de sangre cayó en la tierra y varias raíces surgieron en dirección a ella, que empezó a levitar, esquivándolas.

El auror las pulverizó nuevamente, con movimientos tan rápidos que los chicos apenas pudieron seguirlos. La planta pareció gritar, porque emitió un sonido sibilante.

- “Falta poco, mon amour”, dijo el auror y Remus tuvo una punzada de celos. Esa voz la conocía de algún lado.

De pronto, las raíces salieron de golpe y aprisionaron la bota del auror, que cayó al suelo. Genévieve lanzó un “Destrucio” e hizo estallar algunas. El hombre acabó co las restantes.

- “Debe ser ahora. Confío en que no haya quedado ninguna”, dijo el mago poniéndose de pie. ¿Lista, ma belle?”

- “Lista”, dijo claramente Genévieve y ambos lanzaron dos rayos verdes al arbusto, que empezó a consumirse en llamas.

- “¡El fuego verde de San Elmo!”, dijo Sirius con un susurro ahogado, “sólo los aurores de nivel Alpha pueden invocarlo”

El arbusto pareció retorcerse en agonía y se consumió totalmente en un resplandor verde. Sólo allí los magos bajaron las varitas.

- “¡Bien hecho, Genévieve!”, dijo el auror. Examinaron atentamente el terreno y cuando él se dio por satisfecho, ambos se alejaron.

Los cuatro chicos estaban mudos, impresionados por lo que habían visto. Remus fue el primero en hablar, diciendo lo que, de hecho, era lo que más le preocupaba.

- “Pero, ¿quién rayos es ese tipo?”

James corrió hacia el lugar donde había estado la planta y le pareció ver algo blanco que desapareció rápidamente, pero no estaba totalmente seguro y no les dijo a los demás.

- “Yo quiero ser como ese auror”, dijo decididamente Sirius mientras volvían silenciosos al dormitorio.

*

“Burning up, / Ardiendo
don't know just how far that I can go / no sé qué tan lejos puedo llegar
(just how far I go) / sólo cuán lejos voy
Soon be home, / pronto estaré en casa
only just a few miles down the road / sólo unas pocas millas camino abajo
I can make it, I know I can / Puedo hacerlo, sé que puedo
You broke the boy in me, / rompiste el niño en mi
but you won't break the man / pero no romperás al hombre”


- “¡Mas erguido, Balfour! En un duelo no se debe descuidar el estilo”, dijo burlonamente Campbell al chico que trataba de esquivarlo inclinándose para estudiar mejor los movimientos de su oponente.

- “Pensé que sólo se trataba de sobrevivir”, replicó fríamente David.

- “Si va a morir, Balfour, debe hacerlo con clase. ¡Destrucio!”

El hechizo le rozó el brazo, pero David contraatacó inmediatamente con otro destrucio que despeinó a Campbell haciendo que un mechón rojo cayera sobre su frente.

El profesor se inclinó, dando por finalizado el duelo. No solía darle a David palabras de aliento, pero al parecer estaba satisfecho.

- “Profesor, aún no he terminado”

- “¿Qué quiere decir?”

Pero antes de que Campbell pudiera reaccionar, recibió un Stupefy que lo hizo caer de espaldas. El profesor rodó rápidamente, esquivando un Destrucio. Los ojos de David llameaban de ira.

- “¡Esto es por York! ¡Destrucio!”, exclamó el chico haciendo impactar el rayo en la pierna del profesor.

“I can climb the highest mountain, / puedo escalar la montaña más alta
cross the wildest sea / cruzar el más salvaje océano
I can feel St. Elmo's Fire / puedo sentir el Fuego de San Elmo
burnin' in me, / ardiendo en mí
burnin' in me / ardiendo en mí”

Campbell hizo una mueca de dolor. No había alcanzado a invocar un “protego” y la sangre bañó su pierna, pero la herida era superficial y se puso de pie. El chico lo miraba con la varita lista y los ojos brillándole con un intenso fulgor.

En los pocos instantes en que sus miradas se encontraron, Campbell lo estudió como el cazador estudia a su presa, y vio en los ojos de su alumno el orgullo del clan de los York. Un orgullo tan grande como el suyo propio.

- “¡Averno!”, bramó Campbell y un fuego rojo estalló casi a los pies de David, que de un salto en el aire lo evitó y cayó más allá. La plataforma se incendiaba, pero ninguno de los dos parecía tener deseos de detener el duelo.

- “¡Dementia!”, gritó David y Campbell se agachó apenas para evitar el terrible hechizo que sin duda lo hubiera enviado directo a San Mungo. El hechizo hizo explotar los espejos de la pared.

- “¡Delirius!”, exclamó Campbell y su hechizo golpeó al chico en el hombro, haciéndolo caer. Inmediatamente su malla blanca se tiñó de sangre.

El profesor contempló de lejos al caído, dudando su acercarse o no. Dio unos pasos en dirección al cuerpo inmóvil, pero de pronto, David, casi inconsciente, le apuntó con la varita.

“Just once in his life / sólo una vez en la vida
a man has his time, / un hombre tiene su tiempo
and my time is now, / y mi tiempo es ahora
I'm coming alive / estoy empezando a vivir”

- “Desmaius”, dijo y el cuerpo de Campbell se desplomó encima suyo. Solo allí el chico cerró los ojos.

Cuando Marius White y Remus llegaron a sus prácticas, lanzaron un grito de asombro y dieron inmediatamente la voz de alarma, trasladando a ambos heridos a la enfermería. White apretaba los labios y había ira en su mirada.

 


Capítulo 16: Sentimientos mezclados

“Now I will tell you / ahora te diré
what I've done for you / lo que hice para ti
50 thousand tears I've cried / he llorado cincuenta mil lágrimas
Screaming Deceiving and Bleeding for you / gritando, engañando y sangrando por ti
And you still won't hear me / y tú aún no me escuchas

Going Under - Evanescence

*

- “¿David? ¿Estás bien?”, susurró Remus al chico que empezaba a despertar en la enfermería. Afuera se podían oír voces preocupadas y ansiosas de sus compañeros

- “Sí”, respondió David un tanto inseguro.

- “Dumbledore y White están aquí”, susurró nuevamente Remus, “¿Qué fue lo que pasó? El te atacó, ¿verdad?”

David iba a responder, pero una airada voz en la cama más alejada lo hizo callarse.

- “¡No pienso quedarme aquí! Iré a mis habitaciones”, rugió Campbell y se logró poner de pie, a pesar de las protestas de la Señora Pomfrey y de Dumbledore.

Finalmente, el director se rindió.

- “Está bien, Poppy, déjalo marcharse. Luego lo atenderás en sus habitaciones”

Campbell caminó trabajosamente, cojeando y salió de la enfermería, haciendo cesar inmediatamente el murmullo que se oía afuera.

- “Señor Lupin, creo que el señor Balfour tiene varias cosas que explicar”, dijo Marius White acercándose a la cama de David, con Dumbledore y la señora Pomfrey.

La enfermera le tomó la temperatura al enfermo y miró al director, visiblemente aliviada.

- “La poción funcionó y el efecto del hechizo Delirius ha pasado”

- “Gracias, Poppy”, dijo Dumbledore, “David, me alegro de que estés bien, nos diste un enorme susto. ¿Puedes decirnos lo que ocurrió?”

- “¿No lo dijo el profesor Campbell?”, preguntó David, sorprendido.

- “Dijo que fue un accidente de duelo”, aclaró White en un tono que significaba “pero yo no le creo”

- “Eso fue lo que pasó”, dijo David.

Remus estaba atónito, esa era la oportunidad de David para denunciar el maltrato y su amigo no lo hacía. Quiso sacudirlo, pero White le pidió firmemente que se retirase.

- “Dígame, señor Balfour”, dijo amistosamente White, “¿el profesor Campbell usó con usted algún hechizo prohibido? ¿Algo como un “Averno”?”

- “No, señor”, dijo David mirándolo a los ojos.

- “¿Qué fue entonces lo que quemó la plataforma? ¿Y cómo se lastimó el hombro?”

- “Invoqué un “incendio”, él trató de apagarlo y caí. Supongo que me lastimé con algún fragmento del espejo roto, profesor”

Y no pudieron sacarle más.

Remus entró apenas salieron ellos.

- “¿Te volviste loco? ¿Por qué no les dijiste? Por eso, lo menos que pueden hacer es echarlo de aquí, David. Y así evitarás más maltratos…”

- “Nada pasó”, repuso David, “Remus, te dije una vez acerca del honor de mi clan, ¿verdad? Debo resolver mis problemas yo sólo y no me doblegaré jamás ante él”

- “No lo entiendo, David”, dijo Remus meneando la cabeza tristemente, “no lo entiendo”

*

“I'm going under / Estoy cayendo
Drowning in you / me estoy ahogando en ti
I'm falling forever / estoy cayendo para siempre
I've got to break through / tengo que liberarme
I'm going under / estoy cayendo”


Severus se incorporó y verificó nuevamente el color de la poción y su consistencia. Era el momento de añadir el último ingrediente y buscó en su mesa de trabajo las patas de araña que había preparado cuidadosamente minutos antes.

Faltaba una.

Contó nuevamente. Antes, había estado seguro de tener las ocho que necesitaba, pero ahora sólo había siete. Miró a su alrededor y vio todos los rostros concentrados en las pociones, ansiosos de sacar una calificación adecuada para poder pasar a un nivel más alto en la asignatura de Campbell.

Todos trabajaban, excepto una persona.

Sirius Black tenía una sonrisa burlona y sostenía entre sus dedos una pata de araña.

Severus apretó los puños con furia y se revolvió en el asiento.

- “Señor Snape, ¿ocurre algo?”, preguntó Campbell con voz nada amistosa. Desde su accidente con David en el Salón de Duelo, su humor no había mejorado.

- “No, profesor”, murmuró Severus. No actuaría como un niño esta vez, no delataría a Black, luego arreglaría cuentas... pero ¿y la pata de araña? Sin ella no terminaría la poción y no podría soñar siquiera con un REGULAR, Campbell era muy exigente.

De pronto, una cálida mano tomó la suya y colocó algo sobre su palma. Su compañero de mesa, Remus Lupin, le sonrió.

Severus observó su mano. Una diminuta pata de araña estaba allí y Remus le sonrió de nuevo alentándolo a usarla, mientras Black los fulminaba con la mirada y le hacía frenéticas señas al licántropo. Severus desconfiaba, ¿uno de los merodeadores ayudándolo? ¿por qué lo haría? Además, era el que más le desagradaba, y no porque fuera el que le hacía bromas crueles. Lupin jamás lo había hecho y tampoco se reía cuando lo hacían Potter y Black. Pero Severus lo detestaba, quizás porque a Lucius parecía gustarle.

- “Sólo cinco minutos”, dijo el profesor y todos se apresuraron a echar sus ingredientes.

Varios calderos estallaron.

Severus se decidió.

Su poción tomó el color perfecto y la consistencia precisa. Sacaría un SOBRESALIENTE, de eso estaba seguro. Un derrotado Sirius entregó la pata de araña a Remus que la echó de prisa en su caldero. El Slytherin lo miró con desprecio y salió sin siquiera darle las gracias.

Pronto borró ese episodio de su cabeza, porque esa noche lo vería a él. Aún tenía su nota en el bolsillo: “Hoy, 10:30 en el lugar de siempre. Ven solo. L.M.”

Lucius.

Su libertino amante y maestro de duelo, porque ellos seguían practicando cada vez que Lucius tenía días libres e iba al bosque. También se amaban furiosamente y Severus había aprendido cómo estimular el perfecto cuerpo del rubio, hasta hacerlo gritar, suplicar y desesperarse.

Pero llevaban bastante tiempo sin verse, porque una noche, Severus había acudido, llevado por un nostálgico recuerdo, al aula abandonada donde a veces se encontraba con Lucius y lo había encontrado enterrado en el cuerpo de Stanley Flint, capitán del equipo de Quidditch y que en esos momentos tenía el aspecto de cualquier cosa menos del recio jugador que Severus admiraba en el campo.

- “Sev, ven con nosotros”, había dicho Lucius como si eso fuera la cosa más natural del mundo.

Quizá para él lo fuera, pero no para Severus que huyó. Huyó porque sintió que lo que había sido para él un amor puro se transformaba en algo sórdido y deformado, como lo único que le podía dar Lucius. Sin embargo, no lo dejó. No se sentía capaz, y esa noche que volvería a verlo, estaba decidido a poseerlo y hacerlo gritar su nombre hasta que se quedara sin voz.

Por eso, esa noche, Severus caminó hacia el punto de encuentro, y halló el lugar desierto, vacío, solitario. Era extraño verlo así, siempre había estado lleno de “ellos” como solía llamarlos: los mortífagos, el Maestro, el Señor Oscuro y los aprendices, como Severus.

- “Sev”, llamó suavemente Lucius emergiendo de entre las sombras y apoderándose inmediatamente de sus labios, sin ninguna explicación sobre Stanley. Sin nada más que su pasión.

- “Lucius”, jadeó Severus y devoró esos labios hasta dejarlos hinchados, mientras sus manos se deslizaban y palpaban las formas de su amante.

- “Aquí no”, susurró Lucius y lo llevó por un pasillo de piedra, al fondo de la cueva, donde una enorme roca bloqueaba el paso. El rubio dio unos toques con su varita y la piedra se desplazó, revelando una lujosa estancia, iluminada tenuemente, con enormes cortinajes de terciopelo y en el centro de ella, una enorme cama de sábanas blancas.

- “¿Qué es...?”, empezó a preguntar Severus, pero el rubio lo besó con urgencia, rozando sus caderas con las suyas.

Severus gimió y arrancó la túnica que le impedía disfrutar del pecho desnudo de si amante. Luego, mordió sin piedad los pezones mientras Lucius se arqueaba en sus brazos, dejándose llevar por Severus, su volcán de dieciséis años.

Cayeron en la cama y Severus despojó al rubio de su ropa, sujetándolo con firmeza a la cama mientras sus ojos vagaban por ella, hasta que encontró una cadena. Le tomó un segundo encadenar a Lucius y luego desnudarse a su vez, para caer sobre su amante y llenarlo de placenteras caricias.

Los gemidos de Lucius inundaban la habitación, y en ese momento, Severus se resignó a compartirlo. Pero lo compartiría sólo con una condición.

Soltó bruscamente la erección del rubio de su boca y dejó de masajearle los pezones.

- “Ahhh, Sev ¿por qué no sigues?”

- “Quiero que me digas ESO...”

- “Sev, ¿estás loco?”, Lucius no se lo había dicho, pero detrás de los cortinajes estaba Voldemort y no quería que el Señor Oscuro se enterase de sus juegos privados.

- “Dilo, o te dejaré así”, exigió Severus, e introdujo posesivamente un dedo en el rubio, que se arqueó.

Ese movimiento hizo que Lucius capitulara, total, ¿qué más daba que Voldemort, o incluso el viejo Dumbie estuvieran allí?

- “Miaw”, ronroneó, ondulando deliciosamente sobre la cama. Sólo Severus podía doblegarlo así.

El delgado joven penetró a su amante entre maullidos y jadeos. En esos breves momentos, cuando se amaban, Lucius era todo suyo y así lo quería para siempre. Embistió con violencia el complaciente cuerpo.

- “Di mi nombre”; arremetió Severus con firmeza arrancando un delicioso gemido.

- “Severus”, gritó Lucius con desmayo.

- “Más alto”, jadeó Severus a punto de estallar.

- “¡Severus! ¡SEVERUS!”, gritó Lucius con toda la fuerza del violento orgasmo que lo sacudió por completo mientras su amante le invadía las entrañas con su tibio líquido.

- “Di mi nombre siempre. Nunca digas el de otro”; pidió Severus besándolo.

Lucius no dijo nada. No afirmó ni negó, pero desde ese día, jamás dijo el nombre de sus amantes cuando tenían sexo. Sólo lo hacía con Severus. Su Severus.

- “Severus servirá”, dijo una siseante voz y el aludido se levantó de un salto, buscando cubrirse.

Lucius en cambio, no se inmutó y continuó respirando entrecortadamente mientras el Oscuro Señor le examinaba la entrepierna.

- “Sangre”, siseó nuevamente Voldemort, “la sangre es vida y es energía. Lucius, ahora sabes qué hacer”, dijo antes de desaparecer nuevamente entre los cortinajes.

- “Lucius, ¿qué pasa? ¿te lastimé?”, exclamó Severus con preocupación acercándose a la cama.

- “Sev, no es nada”, dijo Lucius acariciándole la mejilla, “ÉL considera que tu aprendizaje ha finalizado”, el rubio se incorporó y se echó una bata encima, “si completas la última prueba, serás como yo”

La marca pareció brillar en el brazo de Lucius y Severus recordó las veces que la había besado y mordido, perdido en el rapto de su pasión.

“Serás como yo”

¿Eso quería?

“No más humillaciones de sangre sucias. No más bromas de ningún maldito merodeador”

Eso fue lo que lo llevó a ser aprendiz.

“Caminarás conmigo y serviremos al Oscuro Señor. Juntos”

Eso fue lo que lo decidió. Juntos. No importaba el precio, al menos entonces no le importó.

- “¿Qué tengo que hacer?”

*

La noche de la transformación, Moony y sus amigos recorrieron el bosque en una frenética carrera y por primera vez, la loba blanca corrió con ellos. Al principio, Moony rehuyó su presencia, pero luego, poco a poco, se fue acostumbrando a ella y finalmente frotaron los hocicos e incluso Wormtail pudo pasear sobre su lomo. Antes del amanecer, la loba huyó.

Con las primeras luces del alba, Remus despertó en brazos de Sirius que lo miraba sonriente.

- “Tienes visita”, dijo y salió, para dar paso a Genévieve, pálida y cansada también.

- “Hola, Remus. El peligro de la planta ya pasó”, dijo ella y se recostó en el enorme y viejo lecho en la Casa de los Gritos.

- “Lo sé”, repuso Remus con algo de brusquedad y sin mirarla. Se sentía traicionado, engañado y celoso, aunque doliera admitirlo.

- “¿Lo sabes?”

- “¡Sí, lo sé!”, exclamó Remus, “hace dos noches, James vio el resplandor en el bosque y fuimos allí, Gen. ¡Te vimos con ese auror! Tú eres un auror también, ¿verdad? ¿Por qué no me dijiste?”, había dolor y reproche en su voz.

Genévieve pareció sorprendida y luego habló suavemente.

- “Sólo trataba de protegerlos. Mientras menos sepan de mí, es mejor... no soy un auror, pero sí lo fui, hace mucho tiempo”

- “¿Por qué...?”

- “Shhh, déjame terminar, lobito”, interrumpió ella, “cuando en una misión me atacó un licántropo, me expulsaron del Ministerio donde trabajaba. Me deprimí muchísimo, pero poco a poco fui descubriendo cómo controlar al lobo en mí y continué perfeccionándome como auror hasta que alcancé el nivel más alto”

- “¿Por qué estás aquí?”

- “Porque el director me permitió quedarme, y cuando llegaste, pensó que sería de ayuda para ti”

- “¿EL LO SABE?”, casi grita Remus.

- “Tranquilo”, lo apaciguó Genévieve, “Él no sabe nada de sus escapadas nocturnas, ni que tus amigos son animagos. Tus confidencias y las de tus amigos las guardo sólo para mí. Dumbledore sólo sabe que vienes al bosque y platicamos, y no ha puesto ninguna objeción, por el contrario, está muy complacido de tu progreso”

Remus se quedó en silencio, asimilando todo lo que había oído. Había sinceridad en los ojos de Genévieve y le creyó. Ella siempre había demostrado querer ayudarlos. Pero aún había algo... tomó aire antes de hacer la última pregunta, pero la más importante para él.

- “Gen, ¿quién es ese auror?”

- “Alguien a quien quiero mucho...”, fue la serena y segura respuesta.

- “¿Cómo a mí?”, preguntó Remus con temor.

- “¡No, lobito!”, rió ella abrazándolo con afecto, “no como a ti. Nunca como a ti”, y lo besó en la frente.

Remus por fin se sintió tranquilo, no había perdido a Genévieve, a su guía.

- “Te quiero mucho”, le dijo echándole los brazos al cuello.

*

“Don't want your hand / no quiero tu mano
this time I'll save myself / esta vez me salvaré yo mismo
Maybe I'll wake up for once / quizás me levantaré por una vez
Not tormented daily defeated by you / No atormentado diariamente y derrotado por ti
Just when I thought / Justo cuando pensé
I'd reached the bottom / que había tocado fondo
I'm dying again / estoy muriendo de nuevo”


- “Balfour, venga a mi despacho”, dijo secamente Nigel Campbell, luego de la clase de Pociones con Quinto Año, y avanzó en rápidas zancadas.

David lo siguió, lo más a prisa que podía.

- “Cierre la puerta”

El chico así lo hizo.

- “¿Por qué no le dijo a White lo que pasó realmente?”, espetó.

- “Porque yo lo inicié, señor”, dijo David mirándolo a los ojos sin temor.

- “Balfour, usted es perfectamente consciente de que usé un hechizo prohibido y aún así lo ocultó”

- “Era entre usted y yo. Y ... no quería que lo expulsaran”, dijo sinceramente David.

- “No espere un trato diferente de mi parte por esto, Balfour”, dijo el profesor evitando mirarlo a los ojos.

- “No lo esperaré, señor”

- “Nuestros entrenamientos extras de duelo serán suspendidos”

El rostro de David se pintó con la más absoluta decepción, apenas disimulada.

- “Sí, señor”, logró decir.

- “Puede irse”

- “Hasta luego”, dijo David dirigiéndose a la puerta.

- “Por cierto, Balfour...”, dijo el profesor haciéndolo detenerse, “demostró usted valentía y nobleza, dignas de un escocés. Lo felicito”

David corrió por el pasillo con el corazón tan ligero que ni siquiera se fijó en Severus Snape ni en la expresión que tenía. Y tuvo suerte, porque Severus acababa de decidir que aceptaría lo que le había pedido Lucius: mataría a un hombre, y lo haría esa noche.

*

Los merodeadores estaban en su rincón favorito de la Sala Común, repasando Transformaciones y tratando de devolver el listón de Lily a su forma original, luego de que Peter quisiera transformarlo en un hurón, resultando de todo ello un extraño listón con patas.

- “Así no, Pete”, dijo James, cuya paciencia comenzaba a agotarse, “tienes que formar la imagen mental del animal, como cuando...”, se mordió la lengua, casi dice “como cuando te transformas”, pero Lily y su amiga Sophie Patterson estaban con ellos.

Sirius le dio una patada bajo la mesa.

- “Como cuando imaginamos a Snivellus con el cabello erizado”, completó, dirigiendo la conversación a “Mil y una formas de torturar a Snapy”.

Sophie lo miraba con adoración y Remus ya no pudo soportarlo.

- “Voy a acostarme”, anunció, “terminé mi tarea”

EL chico pálido subió a su dormitorio y se acostó pensando en Sirius, pensando en Genévieve y en Alan. Era extraño, no había vuelto a acordarse de Alan hasta ese día, pero ahora recordaba cuando el joven habló de sus ojos dorados. “Son hermosos”, había dicho, y Remus se preguntó qué habría ocurrido si Sirius no hubiera llegado en ese preciso instante.

Alan y Sirius. Sirius y Alan.

Sus ojos se cerraron poco a poco y pronto se durmió tan profundamente que no escuchó el primer trueno que anunciaba la tormenta.

Y soñó.

Sonó que Alan tocaba su mejilla y acercaba su rostro al suyo, rozando sus labios. Un beso, el primer beso de un hombre. Y de pronto no era Alan sino Sirius el que buscaba sus labios y Remus se entregó a ese beso, pensando que al menos en sueños lo tendría por fin. Lo besó hasta que un mechón de cabello se introdujo en su nariz y notó con espanto, en la confusión que siguió a su abrupto despertar, que en realidad estaba en brazos de alguien y ese alguien era Sirius, profundamente dormido.

Remus se apartó bruscamente, jadeando. ¿Había besado a Sirius? ¿Habría soñado? Pero no, aún sentía en los labios el sabor a las pastillas de menta que su amigo solía comer.

Sirius hizo un movimiento y humedeció sus labios. ¿Chocolate? Había soñado que besaba ¿a Remus? Confundido, parpadeó para encontrarse a su amigo mirándolo con los ojos muy abiertos.

- “¿Moony?”

- “Sirius, ¿qué haces aquí?”, preguntó nervioso.

- “Cuando subimos había tormenta”, explicó Sirius nervioso también, “pero ya pasó. Será mejor que vuelva a mi cama”

- “Buenas noches”

- “Buenas noches, Moony”

Remus se hundió en la almohada, aún temblando de emoción. “Eso estuvo cerca, Lupin”, se dijo, pero no podía quitar de su mente ese beso, ni quería quitar de sus labios ese sabor.

*

- “¡Maldita tormenta!”, se dijo Severus mientras avanzaba rápidamente por el bosque arrastrando a su víctima.

Aunque pensándolo bien, era mejor así, porque no quería correr riesgos de hallar a esos estúpidos merodeadores y meterse en problemas. Había seguido el consejo de Lucius, “busca un malviviente, le harás un favor al mundo librándolo de él y nadie notará su desaparición”. El hombre que iba con él era un drogadicto que horas antes había intentado apuñalarlo para sacarle dinero. ¡Apuñalarlo a él! Severus quiso reír. Lo había puesto fuera de combate en cuestión de segundos y le aplicó la maldición Imperius. Era la primera vez que la usaba, pero en su opinión no lo había hecho del todo mal.

Llegó al refugio del bosque exactamente a media noche. Todos estaban allí, los mortífagos, su Maestro y los aprendices.

Y Lucius.

Lucius, por quien haría lo que había venido a hacer.

- “Tráelo, Severus”, dijo el rubio y el joven obedeció, llevando a su víctima hacia el altar de piedra.

Todos esperaron en silencio hasta que una serpiente se deslizó frente a la víctima y Lord Voldemort apareció tras ella.

- “Severus”, dijo firmemente, “ya sabes lo que hay que hacer. Hazlo”

Severus avanzó y quitó el Imperius de su víctima, que lo miró con los ojos vidriosos y se arrojó sobre él.

- “¡Te mataré, pelo grasiento!”

- “Avada Kedavra”, dijo sin ningún temblor en la voz.

El efecto fue instantáneo. Un rayo verde y el joven cayó fulminado, con los ojos aún abiertos y un horrible rictus en la cara. El rostro de la muerte, se dijo Severus. Y había sido tan fácil que lo aterró.

- “Bien, Severus”, dijo aprobadoramente Voldemort, “has tenido un buen maestro, la mayoría de los novatos lo logra al tercer intento”

Severus se inclinó para agradecer el extraño cumplido.

- “Ahora veamos si tienes la suficiente sangre fría...”

El joven Slytherin tomó el cuerpo y lo llevó al altar de piedra, recostándolo allí y apoyando la cabeza en la ligera cavidad que había, por donde un pequeño canal se abría hacia debajo de la mesa. Severus tomó un fino estilete y cortó limpiamente la yugular. La sangre empezó a manar hacia un recipiente de piedra dentro del cual había un corazón de vampiro, el “Invocador de la sangre” de Voldemort. El recipiente se llenó en pocos minutos.

Un silencio opresivo llenaba la sala y luego su Maestro inició un cántico gaélico que fue seguido por todos. Cuando el cuerpo fue drenado, Lucius se acercó y susurró suavemente:

- “Sev, ya está hecho lo más difícil. Termínalo ahora”

Severus miró el cuerpo. No sentía lástima. En realidad, no sentía nada más que el deseo de complacer a Lucius.

- “Averno”, dijo con voz clara y el cuerpo comenzó a quemarse.

Quiso vomitar. El olor a carne chamuscada era terrible, los ojos se le llenaron de lágrimas y pensó que no lo resistiría. Pero entonces vio a Lucius, a su demonio particular, cantando junto a su Maestro mientras Voldemort reía.

- “Has pasado la prueba”, sentenció el Señor Oscuro e hizo desaparecer el cuerpo.

Una corriente de aire les llenó los pulmones y Severus respiró tan hondo como si quisiera limpiarse para siempre del olor de la muerte.

- “Lucius, ya sabes qué hacer con la sangre”, dijo el Maestro.

El rubio se puso la capucha y levitó el enorme recipiente lleno de sangre, para salir con él.

- “Ven aquí, Severus y descubre tu brazo”

El joven hizo lo que le pedían.

- “Hoy nacerás a una nueva existencia, a mi servicio y al servicio de los verdaderos magos de sangre limpia. ¿Por qué quieres unirte a nosotros?”

Severus sintió que Voldemort se metía en su mente y ocultó en lo más profundo su amor por Lucius, dejando salir el segundo sentimiento más fuerte que tenía.

- “Venganza”, dijo con la voz firme.

El joven Slytherin no sabía en ese entonces nada de Oclumancia, lo que hizo fue un mero reflejo para protegerse y proteger a Lucius y nunca supo que eso le salvó la vida, porque Voldemort tenía otros planes para el mago rubio.

- “El que recibe la marca se convierte en mi servidor hasta la muerte. Su traición se castiga con las más crueles torturas antes de que su cuerpo alimente hienas y buitres. Severus Snape, ¿juras lealtad a tu señor y a sus creencias?”

- “Sí, juro”, dijo Severus sellando su destino.

- “Recibe entonces el símbolo de nuestra lucha”

Un intenso ardor se apoderó del brazo de Severus, tan atroz que su cerebro quiso estallar. Pero no gritó, lo último que recordó es que cayó de rodillas y alguien lo sujetó.

Despertó en la misma cama donde se había amado con Lucius y el rubio estaba junto a él.

- “Lo hiciste bien, Sev. Ahora tienes que volver al colegio, ya es casi de día”

- “Ahora, ¿qué pasará?”

- “Cuando la marca arda, vendrás aquí a recibir órdenes. Mientras tanto, practica tus maldiciones. Ese Imperius fue algo débil, aunque imagino que en el cerebro de ese drogadicto no habría mucho que dominar”

Severus rió.

- “Creo que sí. Practicaré con Rockwood, con Parker y quizá lo haga con el escocesito ese, Balfour”

- “Con Balfour no. El Maestro no quiere”

- “¿Y eso?”

- “No sé, supongo que lo querrá para él sólo. He visto cómo lo mira”

*

“So go on and scream / entonces anda y grita
Scream at me I'm so far away / grítame, estoy demasiado lejos
I won't be broken again / no me quebraré de nuevo
I've got to breathe / tengo que respirar
I can't keep going under / no puedo seguir cayendo”

Los ataques a lugares muggles se habían hecho frecuentes, pero eran aún noticias que no calaban hondo en las mentes de los jóvenes magos y mucho menos en la de los merodeadores, ocupados en resolver sus propios problemas.

- “Te digo que no, James”, repitió Sirius, “acuérdate la última cita doble que tuvimos. Además, Sophie no me gusta, no hace más que mirarme como una boba...”

- “Padfoot, Lily quiere salir con ella”, suplicó James, “anda, Moony, convéncelo, por favor...”

- “Ah, no, Prongs. Esta vez no pienso hacerlo”, replicó Remus, “olvídalo”

- “Y dicen que son mis amigos...”

- “Lo somos”

Las lechuzas hicieron su entrada y todos empezaron a revisar ansiosos su correo. De pronto, David tomó la suya y lanzó un grito. Remus corrió a su lado y lo sostuvo mientras leía con espando la noticia de la muerte de sus padres, asesinados por los mortífagos.

Era el primer atentado contra magos y habían escogido bien a las víctimas. El padre de David se había convertido en el símbolo de la integración de la justicia del mundo muggle y el mundo mágico y su madre trataba enfermedades muggles con medicinas mágicas.

Eran lo que Voldemort más odiaba y por eso los asesinó.

Los sollozos de David podían oírse claramente en el Salón, ahora en silencio, mientras todos los rostros se volteaban a ver cómo la profesora Mc Gonagall lo sacaba despacio de allí, seguida por Remus y sus amigos.

Dumbledore y White se unieron a ellos y los demás profesores intentaron tranquilizar a los estudiantes. Sólo un profesor permaneció impasible mientras terminaba su desayuno. Nigel Campbell dio un último mordisco a su tostada y terminó de beber su café antes de levantarse y dirigirse a sus mazmorras.

Para quienes no lo conocían bien, el profesor podría haber parecido indiferente. Pero sólo quienes tenían el privilegio de conocerlo – y de hecho, nadie de Hogwarts – habrían podido decir que estaba conmovido. En ese momento, llevaba la mano a su cabello y apartaba un mechón rojizo de su frente, gesto casual, pero que en él significaba un modo de ocultar su profunda turbación.

 


Capítulo 17: Emociones intensas

“I dumped you again / Te dejé de nuevo
I don't understand / no lo entiendo
It's happened before / ha pasado antes
can't take it no more / no puedo soportarlo más”

Funeral Song – The Rasmus


Dumbledore le dio a David unos días de permiso y los hizo extensivos a los que quisieran acompañarlo al funeral, en Escocia. Al instante, Remus y sus amigos solicitaron autorización para viajar y lo hicieron en compañía de la profesora Mc Gonagall.

Durante el funeral, los merodeadores se hallaban inquietos, el cementerio estaba lleno de gente. Remus estaba junto a David, sosteniéndolo mientras sepultaban los cuerpos. El chico parecía tranquilo, pero aún no había pasado lo peor, aún faltaba el acto protocolar de dar el pésame a los familiares. Remus decidió que odiaba todo eso, personas que ni siquiera David conocía se le acercaban a expresarle sus condolencias de un modo que a él se le antojaba irreal...

Sirius junto a él observaba, deseando fervientemente que pasara rápido todo. David no le simpatizaba mucho, le irritaba un poco que fuera tan amigo de Remus, pero lo que le había pasado no se lo deseaba a nadie. Él había perdido también a su padre y fue muy doloroso, pero su madre lo había echado de la casa y eso era aún peor. Tragó con fuerza tratando de no pensar, para que las lágrimas no cayeran de sus ojos, y entonces sintió James se ponía rígido y volteó a mirar.

Por el sendero de grava avanzaba una solitaria figura, enteramente de negro.

Nigel Campbell, su profesor más odiado, había venido también al funeral.

Remus sintió que David se ponía muy tenso y apenas respondía a una bruja y un mago que le tomaban ambas manos mientras le daban el pésame.

- “Calma, Dave”, susurró bajito, “piensa que es uno más, no le hagas caso”

David cerró los ojos y respiró profundo. Campbell era la última persona en el mundo que esperaba ver en el funeral de sus padres, por ser de un clan rival, pero a la vez porque desde que canceló las clases extra de Duelo, al chico le parecía que su profesor lo odiaba más cada día. Trató de no mirarlo, pero sus ojos no podían apartarse de la amplia túnica negra que usaba.

Luego, él se acercó.

Campbell avanzó hacia la tumba e inclinó la cabeza en señal de respeto. Un murmullo siguió a su paso, porque era el único de su clan que había concurrido.

Y eso fue todo. El profesor se alejó tan lenta y silenciosamente como había venido.

David volvió a respirar. Inconscientemente había estado conteniendo el aliento.

*

“These foolish games / estos tontos juegos
Always end up in confusion / siempre terminan en confusión
I'll take you back / te llevaré de vuelta
Just to leave you once again / sólo para dejarte una vez más”


- “¡Sirius! No pensarás que iré en esa cosa...”, Remus miraba dubitativamente a su amigo enfundado en su traje de cuero, que, de pie junto a Silver, le sonreía.

- “Es que no quiero que nadie se pelee por ir conmigo...”, repuso Sirius.

- “¿Y yo que tengo que ver en esto?”, preguntó Remus con reproche en la voz.

- “Fácil Moony”, respondió James, “yo iré con Lily a Hogsmeade los carruajes del colegio y Sirius irá en Silver, pero no quiere ir con ninguna de sus amigas, de modo que para no pelear con ellas, les dijo que perdió una apuesta contigo y que te llevaría”

- “Pero yo nunca---“, empezó Remus.

- “No pasará nada. Prometo volar despacio y si deseas, puedes volver con James y Peter. Yo tengo una cita con Sharon Reynolds y con una chica que conocí en Las Tres Escobas la semana pasada”

- “¿Con dos chicas?”, exclamó Peter.

- “No al mismo tiempo, tonto... con una por la mañana y con la otra por la tarde”, explicó Sirius solemnemente.

Remus hizo un gesto resignado y terminó de ponerse el suéter rojo que su madre le había enviado. No tenía muchos deseos de ir a Hogsmeade y ver a Sirius rodeado de admiradoras, pero quería comprar chocolate y algo que animara a David, porque su amigo había estado muy deprimido.

Una hora más tarde, abrazaba a Sirius en la moto voladora, mientras éste subía al nivel de las nubes.

- “Sujétate bien, Moony”, dijo antes de hacer una pirueta que los envió a ambos sobre una enorme nube.

Remus tenía los ojos cerrados y se abrazaba fuerte a su amigo, poniendo la mejilla en su espalda y sintiendo su corazón latir a mil por hora. De pronto, la moto se quedó parada en el aire y Sirius volteó a mirarlo.

- “¿Tienes miedo?”, preguntó incrédulo.

- “No es eso”, se defendió Remus. No tenía miedo, sólo se sentía emocionado por la cercanía de Sirius. Pero no se lo diría, antes prefería arrojarse de la moto y caer al vacío.

- “Entonces, ¿qué es?”, preguntó suavemente Sirius tomándole las manos que el había puesto en torno a su cintura. “Estás temblando...”

- “No es nada, tonto. Déjame conducir a mí”, pidió Remus sintiendo que los colores se le subían al rostro, pero por suerte para él, Sirius no pareció notarlo mientras cambiaba de posición para cederle un momento el timón de Silver.

Pasearon toda la mañana por el campo, riendo al ver desde arriba el Bosque Prohibido y, a lo lejos, el pueblo de Hogsmeade. Remus se había preocupado por la cita de Sirius, pero él dijo que lo dejara, que se estaba divirtiendo mucho.

A las tres llegaron finalmente al pueblo, sonrojados y alegres; y encontraron a Peter con Sturgis en “Las tres escobas”.

- “¿Dónde demonios se metieron?”, les increpó Peter, “Mc Gonagall está furiosa... y Sharon también lo está”

- “Estábamos…”, comenzó a explicar Remus.

- “¿Sirius?”, dijo una joven rubia acercándose a ellos y Sirius se disculpó y salió del brazo de su segunda cita, echando una mirada a Remus antes de salir.

- “… volando”, completó Remus.

“I died in my dreams / he muerto en mis sueños
What's that supposed to mean? / qué se supone que significa?
Got lost in the fire / me he perdido en el fuego
I died in my dreams / he muerto en mis sueños
reaching out for your hand / buscando tu mano
My fatal desire / mi deseo fatal”


Y de pronto, sintió unos enormes deseos de llorar.

*

Más tarde, Remus y Peter se dirigieron en silencio a Honeydukes. Peter miraba al piso y no mostraba ningún entusiasmo por los dulces y golosinas, algo poco característico en él. Pasaron un buen rato eligiendo diablillos de pimienta para David y una buena provisión de ranas de chocolate para las noches de estudio que les esperaban, y Remus sugirió llevar también grageas de sabores.

- “Elígelas tú, por favor”, dijo Peter y se fue al fondo de la tienda.

Remus lo miró sin entender, a Peter le fascinaba elegir las grageas.

- “¡Moony!”, saludó la alegre voz de James que entraba con Lily y una de sus amigas.

Entonces, entendió.

Peter se estaba sintiendo mal a causa de James y Sirius, porque siempre estaban rodeados de chicas y él jamás había sido invitado a salir con ellos. Y eso había empeorado ahora que James se había hecho al fin amigo de Lily, porque ella siempre le pedía salir con sus amigas y Sirius o Remus, pero nunca Peter. De hecho, todas decían que Peter era un sol, pero nadie quería salir con él, quizá porque era gordito. Y Remus sintió el dolor de su amigo, porque él había sentido lo mismo hacía pocos momentos con Sirius, aunque la naturaleza de ese dolor era completamente diferente, o eso, al menos, era lo que le parecía.

- “Remsie”, dijo Lily llevándolo a parte. “a Eve le gustaría ir contigo a tomar helado. ¿Por qué no nos acompañas?”

Remus miró a Eve Hockester que le ronreía. Luego miró a Peter al fondo de la tienda, aparentemente distraído mirando dulces.

- “Lo siento, Lily. Vine con Peter y volveré con él a Hogwarts”, respondió.

- “¿Peter?”, preguntó Lily levantando las cejas, pero entonces vio al chico gordito y lo saludó agitando la mano. A Peter se le iluminó la cara.

- “¡Eh, Wormtail! ¿Qué haces allí escondido?”, saludó James avanzando al encuentro de su amigo.

- “Sal de mi camino, Potter”, dijo una fría voz. Severus Snape acababa de entrar solo a la tienda.

James se detuvo dudoso. Había algo diferente en Severus, algo que no había visto antes… algo que… al diablo con ello. Después de todo, era Snivellus.

- “Ah, Snivellus”, dijo retomando el habitual tono burlón con que siempre se dirigía a Severus. “¿Qué vienes a buscar aquí? No se venden venenos ni esas cosas asquerosas que les echas a las pociones y ... “

- “Apártate”, dijo amenazadoramente Severus.

La charla de las chicas cesó de repente y Eve se puso junto a Lily. Remus avanzó hasta quedar detrás de James.

- “¿Qué dijiste, serpiente?”, exclamó James metiendo la mano dentro de la túnica para sacar la varita.

- “¡Expelliarmo!”, gritó Severus y ágilmente atrapó en el aire la varita de James. El chico de gafas se estrelló contra un escaparate.

- “¡Déjalo!”, gritó de pronto alguien y se arrojó sobre Severus, cayendo sobre él y fue como si le cayera encima una aplanadora.

Pero la aplanadora tenía nombre. Peter se levantó trabajosamente, arrancando la varita de las manos de Severus y lanzándosela de nuevo a James.

Remus avanzó con la varita en alto y Severus se puso ágilmente de pie.

- “¡Maldita basura Gryffindor!”, espetó el Slytherin con hielo en mirada.

- “¿Qué pasa aquí?”, exclamó el dueño de la tienda apareciendo de pronto, y Severus se escabulló rápidamente.

- “Él nos provocó”, explicó James, “no se preocupe, yo pagaré los daños”

Remus suspiró, estaba seguro de que eso le costaría James su asignación mensual completa, pero sabía que lo hacía para impresionar a Lily. Y luego, seguramente Sirius se enteraría e insistiría en pagar.

- “¡Peter, eso fue genial!”, dijo Lily haciéndolo ruborizar hasta las orejas.

Horas más tarde, en el carruaje de regreso al castillo, Remus aún pensaba en el incidente y en la reacción de Peter, pero también en la extraña mirada de Severus. Algo había cambiado en él, pero no sabía qué. Y no le gustaba en absoluto.

*

Con la cercanía de las vacaciones de diciembre, a los Merodeadores les costaba mucho mantener el ritmo de estudio antes de los exámenes. Además, los entrenamientos de Quidditch y Duelo ocupaban casi todo el tiempo libre de Sirius, James y Remus. Peter, sin embargo, ya no los acompañaba al Quidditch y había empezado a tomar clases extras de herbología.

Luego de los exámenes y de la última excursión nocturna al Bosque Prohibido, para ver a Genévieve, Remus finalmente partió, preocupado aún por David, quien había rechazado amablemente su oferta de pasar Navidad en su casa, diciendo que iría donde sus tíos, en Escocia.

Sirius y Peter irían a pasar Navidad con James, pero Sirius no estaba muy animado por lo que Remus pudo notar. Su amigo aún estaba afectado por lo de su madre y siempre se ponía nostálgico para esas fechas.

- “Moony, me gustaría que pudieras ir con nosotros”, dijo con una dulzura tal que Remus se enterneció.

- “A mí también”, dijo sonriendo, “pero sabes que mis a padres les gusta pasarlo en familia...”

- “En familia... sí”, susurró tristemente Sirius y Remus se maldijo por haber sido tan insensible, “eres muy afortunado, Remus”

Remus lo abrazó estrechamente queriendo transmitirle todo su cariño para que no se sintiera solo nunca más, y reprimió las lágrimas cuando Sirius correspondió a su abrazo y puso la cabeza sobre su hombro. El chico pálido estaba tan emocionado que sólo atinó a acariciar un poco el largo cabello negro de su amigo y acunarlo hasta que James apareció para recordarles que los carruajes para Hogsmeade saldrían en un momento.

*

Después de las fiestas, las clases se iniciaron con mayor intensidad y también los atentados. Todos los días “El Profeta” traía noticias de ataques, ya no sólo a sitios muggles, sino también a lugares mágicos, y David no fue el único en quedarse huérfano ese año. Cuando un atentado hizo que la plaza principal de Hogsmeade ardiera en llamas, Dumbledore canceló las visitas por el resto del año escolar.

También ocurrió algo insólito: familias respetables como los Black, los Malfoy y los Lestrange dieron su apoyo a Tom Ryddle, ahora Lord Voldemort, y presionaron al Ministerio de Magia para que prevalecieran únicamente los derechos de las familias de “sangre limpia”. La comunidad mágica estaba dividida.

Sirius decidió al fin dejar su orgullo de lado y pedirle a Marius White que lo ayude a prepararse para ser auror. El profesor aceptó y en consecuencia, el horario académico de Sirius se incrementó. Remus seguía con las clases de Duelo y los entrenamientos pero no dejaba sus paseos por el bosque con Genévieve cada vez que podía. Como resultado, a veces en clases se le cerraban los ojos.

Pero los momentos que a Remus más le gustaban eran cuando los cuatro hacían juntos los deberes, en su sitio favorito de la Sala Común de Gryffindor, que era conocido por todos como “El rincón de los merodeadores” y donde unos pocos privilegiados, como Sturgis y David, y a veces Lily, eran invitados a acercarse.

Como Sirius solía acabar primero los deberes, se tumbaba en el enorme sofá frente a la chimenea y a veces jugaba con su varita haciendo aparecer figuras en el fuego. El corazón de Remus sentía un agradable calor cuando veía un lobo y un perro de fuego correr juntos y Sirius los hacía juntar los hocicos, ganándose los aplausos de todos. En esos momentos, el chico pálido sentía el deseo de correr y abrazar a su querido amigo y que nadie más exista, salvo ellos dos.

Una de esas noches, Remus estaba bastante inquieto a causa de la cercanía de los exámenes febrero y necesitaba a gritos un descanso. Además, Genévieve había estado rastreando el bosque y le dijo que había algo extraño allí y que era mejor que no se acerque en un tiempo, hasta que ella lo llame, y eso lo deprimía porque Genévieve era en esos momentos la persona más cercana a él. Se disculpó con todos y se dirigió a un lugar que había empezado a utilizar hacía muy poco: el baño de prefectos. Era relajante tomar un baño en aquél hermoso lugar, iluminado por una araña llena de velas que hacían relucir el mármol blanco como si brillara.

Remus se quitó la ropa sin pensarlo dos veces y se metió en la piscina, abriendo los grifos hasta obtener burbujas rosas y una espuma que cubría el agua. Esperó a que la piscina se llene mientras jugaba distraídamente con las burbujas y luego cerró los grifos. Nadó un poco hasta estar en el centro de la piscina y comenzó a flotar de espaldas, completamente relajado. Sus ojos estaban cerrados y flotaba con los brazos abiertos, tan absorto en las sensaciones que el agua y la espuma producían, que no oyó cómo la puerta se abría suavemente y luego se volvía a cerrar.

Sirius avanzó hacia el borde de la piscina contemplando a su amigo. ¿Se habría quedado dormido? No, en ese caso, ya estaría ahogado, pensó divertido. Luego comenzó a quitarse la ropa y se lanzó al agua con un sonoro SPLASH.

- “AHHH”, gritó Remus cuando algo le cayó encima enviándolo al fondo de la piscina. “¡SIRIUS BLACK!”, rugió cuando logró liberarse y salir resoplando.

Sirius reía y se alejaba nadando.

- “¿Qué haces aquí? Es un baño de prefectos, no puedes entrar”

- “Pues ya estoy dentro, ¿no?”, respondió el aludido, zambulléndose burlonamente para emerger de nuevo junto a Remus.

- “Lo sé, pero ¿cómo entraste?”, Remus estaba más intrigado que molesto.

- “Mi navaja sirve también aquí”, explicó Sirius y luego se dedicó a probar los grifos hasta buscar una espuma apropiada para su cabello, demostrándole con esto a Remus que no era la primera vez que usaba el baño.

- “Sirius, no puedes... “, empezó, recordando su papel de prefecto.

- “¿Me echarás?”, preguntó Sirius poniendo una cara de perrito apaleado muy graciosa. Remus sonrió a pesar suyo.

- “Claro que no. Pero cuando vengas, debes hacerlo conmigo, u otro podría sorprenderte”, dijo Remus muy serio, y luego se dio cuenta de la proposición que acababa de hacer, por el rostro divertido de Sirius, y se le subieron los colores al rostro.

Pero su amigo pensaba en otra cosa, porque se zambulló nuevamente y lo tomó de las piernas haciéndolo resbalar. Las siguientes dos horas pasaron jugando y riendo con las burbujas y al salir, ambos tenían un aire de complicidad que los hizo seguir riendo todo el camino.

- “Moony, debemos repetir esto más a menudo”, dijo Sirius cuando ya se preparaban a dormir.

- “Será un placer”, dijo Remus, que se sentía en ese momento el chico más feliz del planeta, “Buenas noches, Padfoot”

- “Buenas noches, Moony”

*

- “Severus, son sólo unos mugrosos muggles... no sé por qué haces tantos remilgos...”, dijo Lucius revolviéndose en la cama con impaciencia.

- “Lo sé, Lucius. Pero debemos ser cautos ahora que los aurores del Ministerio están haciendo rondas. Vamos a revisar esto de nuevo”, dijo con calma Severus y volvió a repasar el mapa del centro de Londres.

- “¿Revisar? No lo necesito, yo mismo planifiqué este atentado y ningún auror del ministerio podrá detenerme”, dijo desafiante Lucius.

- “Está bien”, respondió Severus arrojando el papel sobre la mesa, “supongo que bastará con un par de litros la poción de Shai-Huludd en el tanque de agua para que esos muggles revienten como rosetas de maíz”

- “Créeme que así será, Sev. Y créeme también que serás el mejor fabricando pociones, mejor aún que Campbell. Nuestro señor lo cree así, dice que tienes el don”, dijo melosamente Lucius ondulando en la cama como un gato lujurioso, “anda, ven aquí y échame un poco de ese ungüento de sándalo que preparaste para mí”

Severus lo hizo, frotando la desnuda y blanca espalda desde la base del cuello y regocijándose con el suave ronroneo que salía de la garganta de su amante. Una pequeña marca cerca de la axila de Lucius le recordó algo.

- “Lucius, a él siempre le gusta mirarnos, ¿no es verdad?”, preguntó, “¿nunca ha participado?”

Lucius se movió sensualmente pidiéndole en silencio no interrumpir el masaje.

- “Le agrada ver. Pero a veces también participa”, dijo despacio, “Bellatrix me dijo que con ella lo hace a veces”

- “¿Bellatrix? Pero ella está…”, Severus iba a decir “casada”, pero se dio cuenta de lo estúpido que sonaría. Si a Voldemort no le importaba asesinar a sangre fría, le importaría mucho menos acostarse con Bella.

Lucius rió alegremente, leyéndole la mente.

- “Veo que has entendido, Sev”, sonrió, “no es tan malo como parece. A veces incluso es cariñoso a su manera”

- “¿Quieres decir que tú…? ¿Qué tú y él…?”, Severus se estremeció ante esa revelación.

- “Sí. ¿Quién crees que me bautizó? Mi padre me entregó a él hace tres años”, repuso Lucius, “él dice que Bella y yo somos sus favoritos. Sólo lo ha hecho con nosotros, y no lo hace siempre, sino cuando se siente especialmente satisfecho por algo…”

- “Lucius…”

- “Vamos, Sev. No es para tanto… a él le gusta que lo complazcan y a cambio me dará poder. Eso es lo que mi padre desea y soy un Malfoy, no me puedo negar”

Las manos de Severus masajearon firmemente la cintura de Lucius, deteniéndose un momento en sus nalgas y apretó los labios. Su amante se tomaba eso con tanta calma que lo desesperaba. Creyó morir de celos ante esa revelación, pero al oír a Lucius entendió que no significaba nada más que un intercambio comercial. Y lo odió por eso.

- “Lucius, ¿para qué es esa sangre que llevas al bosque?”, preguntó para desviar el tema hacia asuntos menos espinosos.

- “Una de las mascotas de nuestro señor fue casi destruida por los aliados de Dumbie y necesita la sangre para recuperarse porque quedó muy débil para alimentarse por sí misma. Él la necesita para sellar la entrada del refugio, porque ahora que somos más y que los aurores rastrean, pueden detectar el lugar”, explicó Lucius

Severus se quitó la túnica y la camisa y se inclinó de nuevo sobre el chico desnudo en la cama, para echar una generosa cantidad del ungüento en sus nalgas y comenzar a masajearlas despacio.

- “¿Cuántos somos ahora?”

- “A ver...”, dijo Lucius elevando las caderas un poco, para dejarlo hacer, “Sé que hay otros como el Maestro, pero no están aquí. De los nuestros, están los Lestrange, Bella, Rosier, Wilkes, Mc Nair, Avery, Crabbe y Goyle. Tú eres de los más nuevos y el joven Black quiere ser aprendiz, pero aún no llama la atención de él. Entre ellos y los que no son de Hogwarts, debemos ser algo de cincuenta”

- “Ohhh”, dijo Severus, no había pensado que la organización de Voldemort fuera tan grande.

- “No lo subestimes, Sev. Él puede leer la mente y obligarte a hacer cosas insólitas... no trates de engañarlo jamás”, dijo seriamente Lucius, “¿Te gustaron los libros que te presté?”

- “Mucho”, respondió sinceramente Severus.

Había encontrado uno donde se hablaba de la Oclumancia, tema que empezaba a fascinarle. Pero no pudo comentárselo a Lucius porque en ese momento su amante se había echado de espaldas, dejándole ver una incipiente erección.

- “Ahora dame un masaje aquí”, dijo juguetonamente Lucius señalando su pecho desnudo.

Severus se arrojó sobre él, mandando al diablo ungüento y masaje.

*


“I've failed you again / te he fallado de nuevo
'cause I let you stay / porque te dejé quedarte
I used to pretend / solía pretender
that I felt ok / que me sentía bien
Just one big lie / sólo una gran mentira
Such a perfect illusion / una perfecta ilusión
I made you mine / te hice mío
Just to hurt you once again / sólo para lastimarte de nuevo”


- “Señor Balfour”

David se detuvo en su camino a la puerta del aula y volvió su mirada cansada a su profesor. Habían pasado cuatro meses desde la muerte de sus padres. Cuatro meses en los que el muchacho se había apagado por completo, aparentemente sin fuerzas para siquiera discutirle a Campbell.

- “Dígame”

- “La vida sigue, señor Balfour. Usted no es un fantasma en vida”, dijo Campbell, tan secamente como siempre y sin dejar que sus ojos mostraran ninguna emoción.

El profesor había incluso dejado de ponerle tantas detenciones, como si de algún modo se solidarizara con él o, como David pensaba, como si le alegrara tener dos personas menos en el clan rival.

- “Eso no es de su incumbencia”, dijo sin pensar en las consecuencias.

- “Lo es, desde que veo un buen estudiante desperdiciarse de ese modo. Usted es escocés, Balfour. No desmerezca la herencia de su clan. Ni siquiera está en forma para un Duelo”

David miró al piso tratando de reprimir las lágrimas. Le parecía que Campbell disfrutaba con eso y que esa era una nueva forma de torturarlo que había encontrado. Y no le quiso dar esa satisfacción.

- “Lo estoy”, dijo desafiante.

- “¿Ah, sí?”, respondió dubitativamente Campbell. “entonces veremos. En una hora, en el Salón de Duelo. ¿Está bien para usted?”

David apretó los puños. No había practicado mucho, sólo el tiempo necesario que White le asignó. Y no lo había hecho tampoco con muchos deseos. Pero no se dejaría vencer por Campbell.

- “Hecho”

Una hora después, el chico empujó la puerta del salón de Duelo, con la esperanza de que Campbell no acudiera, pero el profesor estaba allí, en su malla negra y con la espada en la mano.

David se quitó la túnica que traía encima y se quedó con la malla rojo oscuro de Gryffindor. Le quedaba algo floja porque había perdido mucho peso, pero sus ojos despidieron chispas al encontrarse con los de Campbell.

El profesor examinó atentamente el cuerpo del chico, haciéndolo sonrojar. Había adelgazado mucho y se veía frágil. Por un momento estuvo tentado a posponer el duelo.

- “¿Qué pasa, profesor? ¿Acaso se acobardó?”

- “Nada de eso”, espetó Campbell subiendo rápidamente a la plataforma. “¡En guardia!”

- “¡Stupefy!”, gritó David arrojando el hechizo con fuerza. Campbell lo esquivó.

- “¡Expelliarmo!”, gritó a su vez, pero David dio un salto atrás y alzó la espada, arrojándose con ella hacia Campbell.

El acero chocó en el aire violentamente y al chico le pareció que todo su brazo se estremecía y que ese temblor llegaba a su cabeza. Comenzó a ver borroso.

- “¡Stupefy!”, gritó Campbell y le dio en el brazo, “¿Qué pasa, Balfour? ¿Se acobardó?”, exclamó al ver que su alumno no respondía el ataque.

David de pronto giró y cayó aparatosamente al piso de la plataforma.

- “¿David?”, Campbell se acercó temiendo algún truco, pero el rostro del muchacho estaba pálido y su respiración era entrecortada, “¡David!”, dijo y lo alzó en sus brazos, dirigiéndose de inmediato a la enfermería.

*

- “¿Qué ocurre con David?”, preguntó Dumbledore momentos después.

- “El chico no ha estado comiendo. Está muy débil y se pueden contar sus costillas”, dijo la señora Pomfrey con preocupación.

Dumbledore discutió un momento con Minerva Mc Gonagall y luego se dirigió a Campbell que estaba silencioso en un rincón.

- “Pondré una supervisión especial para el chico. Minerva sugiere que sea Marius White quien se asegure de que coma a sus horas y de que no se atrase en la escuela”, explicó el director.

- “No le hará caso”, repuso Campbell, “Balfour es escocés, sólo escuchará a quien realmente lo entienda”

- “¿Debo entender que te refieres a ti mismo, Nigel?”, preguntó suavemente Minerva, “¿deseas cuidar al señor Balfour?”

- “Cuidarlo no”, dijo secamente Campbell, “sólo me aseguraré de que no haga tonterías. Él no necesita que nadie lo cuide”

Dumbledore habló un momento en voz baja con Minerva.

- “De acuerdo, Nigel. Estarás a cargo de su recuperación”

El profesor de pociones asintió gravemente. Luego, cuando todos se habían ido, se sentó junto a David, inconsciente aún, y acarició su cabello, deteniéndose luego en su pálida mejilla.

*

Con los exámenes finales y la última fecha del campeonato de Quiddich, los merodeadores tuvieron muy poco tiempo para meterse en más líos. Sirius estaba satisfecho porque White decía que sería un gran auror, si conseguía entrar en la Academia, claro, porque sus antecedentes de conducta serían también cuidadosamente analizados. Incluso Peter estaba más relajado, porque con los atentados, toda excursión a Hogsmeade estaba prohibida y las escapadas nocturnas de Sirius y James se habían hecho muy esporádicas. Los cuatro amigos volvían a estar muy unidos.

Remus quedó ese año en segundo lugar en el Campeonato de Duelo, siendo vencido por Severus Snape, quien había mejorado notablemente y no gracias a Campbell, por lo que pudieron ver, pues el profesor había dejado de entrenarlo tan intensamente como antes a causa de David. El chico estaba mucho más animado y había ganado peso al ser supervisado cuidadosamente durante sus comidas y luego de ellas. También tenía horas extras de deberes con Campbell para poder nivelarse, aunque ese año tuvo que dejar el Duelo.

Entonces, Remus recibió una noticia que no le agradó en absoluto y corrió al bosque en busca de Genévieve.

- “Ellos dicen que es lo mejor para mí, Gen”, dijo tristemente el chico arrugando entre sus manos la carta de sus padres.

Genévieve le tomó cariñosamente el hombro.

- “Ellos buscan lo mejor para ti, lobito”

- “Lo sé, es que ...”, Remus se detuvo inseguro, “--- es que no quiero separarme de mis amigos”

Genévieve sonrió, ella había notado algo en Remus que su pequeño amigo aún no le había confiado y estaba segura de que al decir “mis amigos” quería decir “Sirius”.

- “Pero no te separarás de ellos, ¿verdad? Es sólo por el verano y tienes los comunicadores para hablar con Sirius”

- “Sí”, suspiró Remus, “pero no quiero ir a Rumania a que me estudien como una rata de laboratorio”

Ella lo abrazó, entendía perfectamente lo que Remus quería decir. Pero no quería decir nada que hiciera que su amigo se rebelara a los deseos de sus padres. Le acarició el cabello con mucha ternura.

- “Remus, no puede ser peor de lo que ya has pasado. Además, ya controlas al lobo muy bien y estoy segura de que será por poco tiempo”

Remus se abrazó de ella y deseó con todas sus fuerzas que sea así como Genévieve decía.

- “Si resulta, quizás tú también puedas ir”, dijo tratando de sonreír.

- “Quizá”, sonrió Genévieve sin corazón para decirle que hacía mucho tiempo había perdido toda esperanza de curarse.


*

El último día en Hogwarts, Remus preparaba su baúl tratando de no pensar mucho en su próximo viaje. Sirius y James habían bajado hacía rato y Peter se había ido el día anterior. Sus amigos pasarían el verano en la playa de nuevo y él deseaba ardientemente ir, pero sus padres habían hecho contacto con un rumano especialista en licantropía que se interesó por el caso de Remus y les ofreció alojamiento gratis en su castillo para estudiar la enfermedad del chico y, eventualmente, curarla, ya que decía haber curado al menos una docena de licántropos.

- “¿Remus?”

El chico pálido se volteó para encontrar a David listo ya para partir. Su amigo tenía buen semblante y eso lo alegró.

- “¿Cómo estás?”

- “Bien. Creo que ya me hice la idea, Remus”, respondió reflexivamente el chico.

- “Me alegro, Dave”, sonrió Remus, “¿y cómo te fue con Campbell?”, dijo en alusión a los exámenes OWL para los que el profesor lo había estado preparando.

- “Muy bien, en serio”, dijo sonriente David, “él es muy bueno en DCAO también, creo que incluso es mejor que White. Y también sabe mucho de Historia de la Magia, Encantamientos, Astronomía y Aritmancia”

- “Oh...”, exclamó Remus, “pero yo me refería a cómo te ha tratado”

- “No me quejo. Ya sabes cómo es”, dijo resignado. “pasaré el verano en casa de mis tíos y practicaré Duelo porque no quiero perderme el campeonato de sexto”, agregó con una sonrisa.

- “¡Ehh, Moony! Apresúrate o nos dejará el carruaje”, exclamó Sirius abriendo la puerta y su rostro se tornó irritado al ver allí a David. “Nos vemos abajo”, dijo y se volvió a ir.

Remus suspiró y terminó de acomodar su baúl para abordar el carruaje.

 

 

Capítulo 18: La promesa

“Those tears on a gaping voice / ésas lágrimas en una soñolienta voz
Who's stretching arms match / los brazos de quién se alargan
match the hunger of mine / coincidiendo con el hambre de los míos
There lips will they never join / Hay labios que jamás se unirán
But always draw me closer / pero siempre me atraen más cerca
and further entwined/ y mucho más entrelazado”

The promise - Arcadia


Ese verano fue el peor que Sirius recordaba. Volvieron a ir a la playa, pero la ausencia de Remus se hizo sentir, al menos para él, que daba largos paseos solitarios por la orilla del mar al atardecer, recordando a su amigo.

Las pocas lechuzas que recibió de Remus no decían demasiado, únicamente que el medimago especialista era amable, que le estaban haciendo exámenes, que estaba bien y que los extrañaba mucho a todos. Y Sirius se sintió muy celoso de que pusiera eso en plural, que los extrañaba a los tres, y no solamente a él.

Durante la temporada de playa, James y Lily por fin formalizaron su relación y la chica dejó de pedir a Sirius que acudiera a las citas acompañando a sus amigas. Esto le trajo alivio a Sirius, harto ya de todo eso, aunque en parte extrañaba tener las noches ocupadas con James, porque evitaban que pensara en Remus. El chico de cabello largo dejó de salir tanto y se quedaba con Peter charlando y mirando las estrellas en la tranquila playa.

- “Peter, ¿crees que Moony esté bien?”, preguntó Sirius una noche mirando la luna llena en el cielo estrellado.

- “No, Sirius”, respondió él, “no puede estar bien si no estamos nosotros con él”

Sirius dio un puñetazo en la arena.

- “¿Por qué tuvieron que llevárselo? Él esta bien cuando está con nosotros...” y se puso de pie para emprender una veloz carrera por la orilla del mar.

*

Por fin llegó el día de volver a la escuela, para su último año. Y Sirius, James y Peter esperaron en vano en el callejón Diagon a que Remus apareciera a hacer las compras. No habían recibido últimamente ninguna lechuza de su amigo y eso los tenía muy preocupados, por eso, cuando el padre de Remus apareció cargado de libros, prácticamente le saltaron encima preguntándole por él.

- “Ah, hola muchachos”, respondió Vincent Lupin sujetando con fuerza los libros o de lo contrario habrían caído sobre Peter, “Remus se encuentra un poco débil por el viaje, mañana lo verán en el Expreso”

- “¿Débil?”, exclamó Sirius, “se suponía que lo iban a curar de la licantropía en Rumania, ¿verdad?”

Vincent Lupin lo miró de modo poco amistoso, la amistad de Remus con el joven Black era algo que no aprobaba del todo, la fama de chico rebelde de Sirius había llegado a sus oídos y lo consideraba una mala influencia para su hijo. Además, no le gustaba en absoluto que Sirius hablara de la “enfermedad” de Remus en un lugar público.

- “La enfermedad de Remus no tiene cura”, repuso tristemente, “fue tratado por el mejor especialista y gastamos una fortuna en ello, pero el resultado final fue que no tiene cura, el licántropo lo atacó cuando era muy joven y no se pudo hacer nada”

Solo entonces notaron los chicos lo gastada que estaba la túnica del padre de su amigo y el cansancio en sus ojos. Se despidieron apesadumbrados, luego de enviarle a Remus una caja de ranas de chocolate y volvieron a Flourish & Blotts a terminar sus compras.

*

Al día siguiente, David charlaba animadamente con Peter en el Andén 9 ¾. Estaba viviendo con sus tíos en Escocia y se había dedicado a entrenar con ahínco Duelo, no quería jamás estar desprotegido en caso de algún ataque y había jurado vengar a sus padres algún día. El chico traía en sus brazos una gaita y le relataba a Peter que le había llegado con un halcón y que solo traía una tarjeta con una rosa blanca dibujada.

- “Es una poib mhor de 1409, un modelo muy antiguo y valioso. Me pregunto quién me la habrá enviado...”

Sirius y James aparecieron en Silver, y lo primero que hicieron fue preguntar por Remus, pero el chico no aparecía aún. Casi al momento de partir, Remus llegó con su padre y subió rápidamente al tren. Estaba pálido y su rostro se veía cansado.

- “¡Moony!”, saludó James abrazándolo con afecto, “¿cómo estuvieron las vacaciones?”

Remus hizo un gesto de dolor, pero devolvió el abrazo.

- “Muy bien, Prongs... aprendí muchas cosas sobre vampiros y dragones”, dijo tomando asiento en el compartimiento junto a Sirius, Peter y David.

Los cuatro hablaban de prisa, contándole todo lo que habían hecho y James no pudo esperar a decirle que era novio de Lily. El rostro de Remus se iluminó al oír la noticia y también se alegró porque David se veía muy animado. Peter incluso había conocido una chica en la playa y logró que le diera su dirección para escribirle.

- “Sirius, ¿y tú que hiciste?”, preguntó suavemente a su amigo, que estaba recostado contra la pared del compartimiento y tenía los pies sobre la baranda del asiento de Peter, mirando hacia el techo.

- “Pensar...”, dijo enigmáticamente.

- “Pero... ¿no tienes otra novia?”, Remus estaba confundido.

- “¿Novia? Se la pasó todo el verano huyéndoles a las chicas”, dijo Peter, “yo no sé que le sucede, debe estar mal de la cabeza”

James le dio una patada en la canilla.

- “Yo creo que por fin le entró un poco de cordura”, afirmó convencido.

Remus miró a Sirius, que de pronto se puso de pie y salió sin decir palabra.

- “¿Qué diablos le pasa ahora?”

- “Supongo que extraña a su familia”, dijo suavemente David, “yo los extraño muchísimo y a veces me pongo así, sin querer hablarle a nadie. Sirius debe estar sintiendo lo mismo”

James asintió, pero él sabía muy bien que aunque le doliera, Sirius no extrañaba de ese modo a su madre, pero... quizá sí a otra persona. Miró a Remus que se había reclinado en el espaldar de su asiento, con expresión de dolor.

- “¿Moony? ¿Cómo te fue a ti? Digo... no fuiste sólo a vacacionar, ¿cómo te fue con el especialista?”, preguntó mirando de soslayo a David que no sabía nada sobre la licantropía de Remus.

- “Nada nuevo. Ya sabes... todo será igual”, sonrió tristemente Remus.

- “¿Estabas enfermo?”, preguntó David, “no te ves muy bien”

- “No es nada... solo un poco de cansancio. Se me pasará cuando lleguemos a la escuela”

*

“With a promise dealer understand / Con una promesa de intermediario entendimiento
all freedoms fade away / todas las libertades se desvanecen
To a point of view where / hacia un punto de vista
many different pathways meet / donde muchos caminos convergen
And we're standing on this precipice / y estamos de pie en ese precipicio
with nothing much to gain save / sin mucho que ganar
But the deep blue screams / pero la triste profundidad grita
of falling dreams with our next mov / de sueños caídos sin nuestro siguiente movimiento”


En el castillo, pudieron notar que varios de sus amigos ya no estaban. La razón, según les explicó la profesora Mc Gonagall, era que algunos hijos de muggles se habían quedado huérfanos y fueron devueltos a su mundo por su propia seguridad. La guerra continuaba.

Pero esa no fue la única novedad. Dumbledore había querido compensar de algún modo a los alumnos e hizo remodelar algunos pabellones, de tal manera que las habitaciones de los estudiantes de séptimo año serían dobles, y los prefectos continuarían con habitaciones individuales.

Sirius dio una mirada de reojo a Remus, pero le cuchicheó a James que sería bueno que ellos compartieran la habitación. La profesora Mc Gonagall se acercó a ellos inmediatamente y les comunicó la distribución.

- “Hemos pensado que por la tranquilidad de la escuela, el señor Potter comparta la habitación con el señor Pettigrew, y el señor Black con el señor Lupin. De ese modo evitaremos muchos problemas innecesarios”

Remus quiso saltar de alegría, y Sirius puso cara de circunstancias, aunque por dentro se sintió también muy feliz. No se lo había propuesto a Remus porque pensó que él se sentiría más tranquilo con Peter, pero la profesora Mc Gonagall había zanjado el asunto y por primera vez Sirius estuvo de acuerdo con las reformas.

La cena fue muy animada, aunque su hermano Regulus le dirigió a Sirius varias furibundas miradas cada vez que reía por alguna broma de sus amigos, pero Andrómeda, la mayor de sus primas, le sonrió con afecto.

Sirius se encogió de hombros, y devolvió la sonrisa. Al menos una de sus parientes no lo detestaba.

*

“Heaven hide your eyes / el cielo oculta tus ojos
Heaven's eyes will never dry / los ojos del cielo jamás se secarán”


Esa noche, Sirius se sorprendió un poco cuando Remus, luego de buscar su pijama en el baúl, se metió al baño con él. Nunca antes se había cambiado en el baño, ellos se tenían mucha confianza desde primer año y siempre se cambiaban en la habitación. Lo atribuyó al cansancio de Remus y se puso filosóficamente su propio pijama para acomodarse en la cama.

Pero Remus se tardaba mucho.

La cocinita que usaban para calentar las pociones y el chocolate que Remus bebía estaba en la habitación, lo cual era lógico porque su amigo dormiría allí, de modo que Sirius se levantó y comenzó a preparar un poco de chocolate con leche para Remus porque notó que su amigo apenas había tocado su cena.

La puerta del baño se abrió y Remus salió sonriendo débilmente, con su ropa hecha un lío en su mano.

- "Me voy a acostar", anunció

- "Estoy haciendo chocolate..."

- "No gracias, Padfoot", dijo suavemente Remus, "estoy muerto de cansancio, será mejor dormir"

Sirius lo miró dudoso, pero un trueno a lo lejos lo alegró secretamente. Habría tormenta, y eso significaba que compartiría la cama de Remus. Aún soñaba a veces con el beso que creyó sentir en sus labios durante una noche de tormenta el año anterior, con un delicioso sabor a chocolate, y con su hazaña para obtener el segundo ingrediente de la famosa poción que los ayudó a convertirse en animagos.

Pero Remus se había quedado dormido.

Con cuidado, apagó la cocinita y echó el chocolate humeante en un tazón, cubriéndolo para que Remus lo bebiera luego. Se deslizó con cuidado y se acostó junto a su amigo, pasando su brazo por la cintura del chico dormido, que de pronto lanzó un gemido de dolor.

- "¿Moony?"

- "Sirius...", suspiró Remus, "me asustaste..." y se deslizó lejos de los brazos de su amigo.

- "¿Ocurre algo?"

- "No..." fue la respuesta, pero el rostro de Remus tenía un rictus de dolor que no pasó desapercibido para Sirius.

- "Te ocurre algo, Moony. Has estado actuando extraño. Dime que es", demandó.

- "No es nada... estoy cansado, es solo eso"

- "Entonces ven a dormir..." dijo Sirius atrayéndolo de los hombros.

Remus dejó escapar un grito de dolor y cayó en la cama.

- "¿Qué está sucediendo?", las manos de Sirius desabrocharon con rapidez el pijama de seda verde y luego lanzó una exclamación de espanto. "¿Quién te hizo esto?"

La espalda de Remus aparecía cruzada de profundas heridas. Eran latigazos, inconfundiblemente. Y recientes por lo que Sirius pudo ver... se puso de pie de inmediato.

- "¡Sirius! ¿A dónde vas?"

- "Por ayuda", fue la respuesta

Remus le cogió la mano y su rostro se llenó de lágrimas.

- "No, por favor... sería demasiado humillante", suplicó. Sirius retrocedió un poco y le cogió la mejilla con ternura.

- "Dime quien fue..."

Pero Remus no dijo nada, solo se le abrazó muy fuerte, sollozando bajito.

Sirius por un momento no supo qué hacer, no podía abrazarlo para no lastimarlo más, de moco que con mucho cariño le acarició el cabello diciéndole que todo estaría bien, que él lo cuidaría, y comenzó a darle besos cortos y suaves en la frente.

- "Lobito, lobito", susurró con toda la ternura de la que era capaz, "no le diré a nadie lo que pasó, pero debes dejarme cuidarte", le tomó la barbilla y limpió las lágrimas, "déjame examinarte, ¿de acuerdo?"

Remus se recostó sin decir nada y le dio la espalda. Sirius contuvo el aliento, abrumado por lo que vio.

Los latigazos eran recientes, pero también había huellas de otros más antiguos, que habían dejado profundas cicatrices. Por suerte había en la habitación varias pociones y unguentos que Dumbledore había dispuesto para el cuidado de Remus luego de sus transformaciones. Sirius limpió las heridas cuidadosamente y luego aplicó los unguentos, para vendarlo después. Le dio también a Remus una poción para el dolor y otra para dormir, y calentó el chocolate.

- “Gracias, Paddy”, susurró Remus mientras bebía sentado en la cama.

- “¿PADDY?”, Sirius enarcó las cejas, divertido. Le había gustado que lo llamara así, sonaba íntimo. Claro que no delante de toda la escuela. Remus se ruborizó un poco, viéndose encantador en opinión de Sirius. Terminó de beber y le alargó la taza.

- “Fue el medimago especialista”, dijo tan bajito que Sirius tuvo que inclinarse para oírlo. “decía que tenía que sacar el lobo de mi cuerpo. Mientras estaba transformado, me azotó con el látigo de Penjab”

Sirius se estremeció al imaginar el látigo de siete puntas y bolillas de acero que se usaba antes para torturar a los muggles. Eso explicaba la forma de las heridas.

- “Pero… tus padres…”

- “No les dije. Estaban demasiado ilusionados con que me curaría. Gastaron toda la herencia de mi abuelo. ¡No podía decirles!”, dijo Remus con la voz quebrada.

Sirius lo abrazó sin palabras y lo recostó con suavidad, apagando las luces. Un relámpago iluminó la ventana mientras Sirius se acostaba a su vez, atrayendo a Remus contra su pecho y procurando acunarlo sin lastimarlo demasiado.

- “Yo guardaré este secreto y cuidaré de ti, lobito”, dijo suavemente, jurándose a sí mismo que no dejaría solo a Remus nuevamente.

En ese momento, sintió lo mismo que había sentido cuando atacaron a Remus, en tecer año y luego en quinto, cuando Moony fue herido por los tres extraños vestidos de nego. Un sentimiento de odio e impotencia lo embargaba, y también un enorme deseo de proteger a Remus a cualquier precio. Una lágrima se deslizó por su mejilla y cayó en el cabello castaño de su amigo. Remus se le abrazó muy fuerte en sueños e hizo que sintiera una agradable calidez. ¿Qué era eso que sentía? ¿Por qué de pronto quería besar a Remus? Él era su amigo y estaba dormido, no podía aprovecharse. Pero ciertas partes de su anatomía reaccionaron ante esa proximidad como nunca antes lo habían hecho y recordó una vez más cómo obtuvo el segundo ingrediente de la poción, evocando el sabor delicioso que Remus tenía entonces.

Momentos después, Sirius salía disparado en dirección a la ducha, donde pasó un largo rato hasta que sus ímpetus se calmaron un poco. Luego se sentó en una silla junto a la cama de Remus, vigilando su sueño y así lo sorprendió la mañana.

Ninguno de los dos había notado esa noche una sombra en la ventana. Un mago vestido de negro, con el rostro cubierto con una capucha había observado todo. “Por fin está listo el pequeño licántropo”, pensó. Había esperado pacientemente desde segundo año a que el fruto estuviera maduro para cogerlo, pero por una extraña razón, ya no se sentía tan ansioso como antes.

*

El cumpleaños número diecisiete de Sirius pasó sin novedad, como otros años. El chico no quiso salir con ninguna de sus amigas y prefirió quedarse con Remus, James y Peter y dar esa noche un paseo furtivo para Hogsmeade, donde bebieron cerveza de mantequilla hasta que Remus comenzó a reírse de todo y lo tuvieron que sacar de allí discretamente. Pero el chico pálido tenía algo en mente y corrió en dirección al bosque.

James y Peter menearon la cabeza.

- “Yo no iré”, dijo James, “estoy cansado”. Peter asintió.

Y Sirius corrió siguiendo a su amigo que se había internado en el bosque llamando a Genévieve a gritos.

- “Eh, Moony”, dijo suavemente Sirius abrazándolo al llegar junto a él, “no hagas ruido, estamos cerca de la parte peligrosa”

Remus lanzó una risita por toda respuesta. Se sentía muy tonto, algo torpe y estaba bastante consciente de que se había emborrachado, pero no le importó.

- “Vamos a volar con las hadas”, susurró y emprendió una torpe carrera hacia el lugar donde solían jugar los pequeños seres.

Sirius lo siguió, resignado. Pero la sorpresa de ambos fue muy grande al encontrar el sitio en silencio. Las setas estaban aún allí, pero no había más lucecitas ni risas de las hadas.

- “Sirius, ¿qué les pasó?”, dijo Remus sintiendo que con la carrera, el alcohol se empezaba a disipar un poco. Avanzó unos pasos y sus pies tocaron algo blando. Era el cuerpecito de una pequeña hada.

Se inclinó a recogerla, con ojos espantados.

- “Moony, está muerta”, dijo suavemente Sirius al ver que su amigo trataba inútilmente de reanimar el pequeño y lastimado cuerpo.

- “Piel y huesos…”, sollozó Remus, “como la manticora… Oh, Sirius, es demasiado horrible”

Sirius lo confortó lo mejor que pudo y juntos sepultaron el pequeño cadáver entre las flores. Luego llamaron a Genévieve con el silbato y le contaron lo sucedido.

- “Es imposible…”, dijo ella, “nosotros la destruimos, no quedó nada”

- “Pudo haber otra planta”, aventuró Sirius.

- “No. Sólo se trajo una rama… no puede reproducirse de ese modo, no es como las otras plantas, necesita alimentarse muy seguido”, dijo ella pensativa, “invocamos el Fuego de San Elmo. No hay hechizo más poderoso… a menos qué…”, se detuvo dudando, “debo consultarlo con mi amigo”. Luego los miró con reproche, “Y ustedes, ¿no les dije que no fueran más a ese sitio?”

- “Moony estaba borracho y escapó. Yo solo cuidaba de él”

- “¡Sirius Black!”

- “¿Qué? ¿Acaso no digo la verdad?”

Remus calló enrojeciendo y Genévieve los miró a ambos con una extraña expresión, com si de pronto notara algo que antes no había visto.

- “Será mejor que vuelvan al castillo y no vengan por aquí hasta que yo les avise. Pero esta vez que sea en serio”

Ambos lo prometieron y emprendieron el regreso, aún apenados por la muerte del hada.

*

Unos días más tarde, un satisfecho Severus daba cuenta de sus recientes actividades al Señor Oscuro.

- “Excelente, Severus”, dijo Voldemort recostándose en el diván. “Nuestra pequeña amiga se fortalece, fue una gran idea pensar en las hadas”

- “¿Cuál es el poder de esa planta, señor?”, se atrevió a preguntar Severus, “¿por qué la trajo él?”

Voldemort rió.

- “Preguntas demasiado, mi fiel Severus. De no ser por los hermosos espectáculos que tú y Lucius me proporcionan, no te lo diría… pero me sirves bien y mereces enterarte. La planta creará una barrera porque nuestro pequeño refugio puede ser detectado por los aurores. Antes, nunca se les hubiera ocurrido buscar en Hogwarts, pero Alastor Moody está a cargo ahora y no confía ni en su propia sombra. La planta nos protegerá, sus raíces bajo la tierra crearán un escudo protector que los aparatos del Ministerio no podrán detectar”, Voldemort le apartó el cabello del rostro, “tu segunda pregunta… digamos que Dumbledore quiso usarla también para proteger algo que le es valioso y que habla de una herencia de su pasado. Pero tu Maestro le robó la única rama que pudieron conseguir y ahora la creen destruida”

- “Tontos”, sonrió Severus.

- “Así es, Severus. Y ahora, creo que nos merecemos un poco de distracción”

Voldemort lo condujo hacia la habitación donde lo habían iniciado. Allí esperaba Lucius, desnudo sobre la cama, y sonriente.

- “Hola, Sev. Te extrañé”

Y Severus se preguntó una vez más cómo era que Voldemort hallaba placer en mirarlos. Pero Lucius, su hermoso demonio, era lo bastante apetecible como para que no le importara tener de testigo a un ejército entero, y se arrojó sobre él, besándolo con pasión antes de deslizarse dentro de su cuerpo.

Lucius lo recibió ansioso, y miró a Voldemort relamerse con cada acometida. Eso lo enardeció muchísimo y gritó el nombre de Severus con todas sus fuerzas antes de caer rendido bajo el cuerpo de su amante, que siguió arremetiendo hasta que lo inundó y luego se retiró jadeante.

Voldemort acarició el largo cabello de Lucius que yacía en las sábanas.

- "Mis fieles mortífagos", dijo sonriente, "Severus, tienes una gran habilidad con las Pociones, es un don que debes saber explotar... te enseñaré más cosas y podrás incluso dar a voluntad la vida y la muerte con una poción. Irás a mi Universidad, necesito que seas el mejor"

- "Gracias, señor", dijo complacido Severus. Le agradaba la perspectiva de estudiar junto a Lucius. Lo echaba mucho de menos y prácticamente se había quedado solo en Hogwarts ahora que Rabastan Lestrange no estaba con él y aunque era admirado por el pequeño Black, como él le decía, no podía olvidar que era hermano de Sirius, y lo detestaba.

- "Y Lucius... mi hermoso Lucius", continuó Voldemort deslizando sus manos por el fuerte brazo del rubio y acariciando la marca. "Tu matrimonio será una gran noticia para el mundo mágico"

Lucius sonrió complacido.

- "¿Matrimonio?", dijo Severus, seguro de haber oído mal.

- "Sí", respondió Voldemort, "Lucius se casará cuando termine sus estudios, en dos años, y engendrará un heredero para los Malfoy. Un mago de sangre limpia que lo reemplazará a mi lado cuando le llegue la decadencia..."

- "¿Con quién...?, Severus estaba absolutamente sorprendido y tuvo que apelar a sus recientemente adquiridos conocimientos en Oclumancia para esconder sus desbordantes emociones.

- "Narcissa Black", respondió Lucius sonriendo aún al pensar en la frívola y bella chica rubia, con quien había empezado a salir algunos fines de semana, junto con Bellatrix y Rodolphus.

- "¡Una Black!", exclamó Severus para quien el apellido estaba inevitablemente asociado a Sirius, a quien odiaba.

- "Una Black, efectivamente", respondió Voldemort, "una de las familias más antiguas y prestigiosas del Mundo Mágico, y una belleza clásica que será perfecta para producir un heredero que tenga la misma hermosura de mi Lucius"

Severus quiso gritar, pero se contuvo. ¿Y qué había de ellos dos? Lucius le era infiel y eso lo sabía bien y lo había aceptado, pero ¿casarse? ¿y con la prima de Black?

Odió desde ese momento a Narcissa y todo lo relacionado con el matrimonio y decidió que por más que le doliese y le costase, se separaría de Lucius luego de su boda. No podría soportar compartirlo con una Black. Nunca lo haría.

*

- "Has mejorado muchísimo, Dave", dijo Remus sonriente. Había pasado el primer mes de clases y también la primera luna llena, donde pudo correr con Genévieve por todo el bosque. Ella no había encontrado más indicios de la planta, aunque tampoco habían vuelto las hadas.

- "Gracias. Y tú pareces haberte recuperado ya", observó David. Remus había estado un poco débil en los ensayos, aunque se negó a que lo examinara la señora Pomfrey por temor a que descubriera lo que le había pasado.

- "Señor Balfour"

La voz de Campbell siempre tenía el mismo efecto en David. Lo hacía brincar de emoción y a la vez de temor, porque si bien el temperamento del profesor para con él se había suavizado mucho desde lo de sus padres, Campbell seguía siendo muy severo y exigente.

- "Dígame, profesor"

- "Esta noche tiene detención en mi Despacho. Me ayudará a preparar los materiales para las clases de mañana"

- "Pero...¿por qué?", balbuceó David, que él recordara, no había hecho nada malo.

- "Dejó sucia su mesa de trabajo. Lo espero a las nueve en punto", y sin decir más, Campbell se retiró.

- "¿Qué diablos tiene ése?", quiso saber Remus, era evidente que a David la noticia no le había caído nada bien, esa noche tenía planeado estudiar Transformaciones.

- "No lo sé...", dijo el chico, "yo limpié bien mi mesa..."

“The shades of a thousand steel / las sombras de mil aceros
Come flashing by my face / vienen iluminando mi rostro
in the fury of war / en la furia de la guerra
In desolation and abandoned fields / en campos desolados y abandonados
The hungry make their stand / el hambre los hace tenerse en pie
when they'll stand for no more / cuando ellos resistirán por no más”

Esa noche, David entró al despacho de Campbell, receloso, como si fuera la primera vez que lo pisaba y no como el huésped habitual que era.

- "Buenas noches, Balfour"

- "Buenas noches, señor"

Y antes de que Campbell pudiera decir nada, David preguntó:

- "¿Por qué me puso detención? Yo dejé mi mesa bien limpia, siempre lo hago desde aquella vez en primer año que me avergonzó frente a todos por dejar un grano de girasol en la mesa. Si deseaba que lo ayude, solo tenía que pedirlo"

Campbell lo miró intensamente, el muchacho volvía a tener el temperamento de antes, y eso le agradó. Y contra la avalancha de reproches que David había esperado oír, su profesor le sonrió.

- "De acuerdo. La próxima vez haré eso", fue todo lo que dijo, y luego le dio instrucciones para preparar los ingredientes que usarían los chicos de primero al día siguiente.

Trabajaron hasta casi las doce y David se levantó por fin, extenuado. Sin pensarlo, se dejó caer en el sillón frente al fuego y se levantó de un salto porque se había sentado sobre algo blando y ¿vivo? Eso parecía, a juzgar por el sonido chirriante que emitió.

- "¡Una gaita!"

- "¿Le soprende?", preguntó Campbell con un amago de sonrisa, "soy escocés, como usted. Es lógico que tenga una gaita"

- "Sí...", respondió David. La gaita era idéntica a la suya, la que le enviaron por correo. Su corazón dio un vuelco mientras preguntaba tímidamente, "¿puede tocarla?"

Y Campbell por toda respuesta tomó el instrumento y comenzó a tocar. Tocó una triste melodía escocesa, que a David le trajo recuerdos de sus amadas Highlands, con paisajes agrestes, enormes brezales y lagos interminables. Un suspiro se le escapó de lo más hondo del pecho.

- "Es hermoso, profesor", dijo emocionado, "¡Gracias!"

Y salió corriendo del despacho, sin parar hasta que llegó al dormitorio que ahora compartía con Sturgis Podmore, donde se arrojó sobre la cama, riendo de genuina felicidad.


*

Remus corrió al día siguiente al Bosque Prohibido, y encontró a Genévieve con quien ya había tenido muchas pláticas acerca de lo ocurrido en ese verano, aunque Remus había omitido contarle lo de los latigazos, sólo le comentó que le habían hecho muchísimos exámenes y que el resultado había sido el mismo.

El chico estaba pensativo, y volvió a tocar el tema.

- “Nunca me esperancé en curarme”, dijo reflexivamente, “pero mis padres estaban tan emocionados que me contagiaron un poco su fe. Pero el medimago dijo que como me mordieron cuando era muy joven, no hay cura posible”

- "Eso no es cierto, Remus", dijo dulcemente Genévieve. "No importa a qué edad te mordieron, a mí me mordieron cuando era mayor y el resultado siempre fue el mismo. Sencillamente no hay cura, aunque sea doloroso pensarlo, siempre viviremos como licántropos"

- "Lo sé", dijo tristemente Remus, "pero me alegra tener a mis amigos". Luego preguntó por primera vez, "¿qué hizo tu familia?"

Antes habían hablado un poco del tema, pero Remus no había querido profundizar al ver que Genévieve se entristecía un poco.

- "Mi madre murió cuando yo era niña. Mi padre lo tomó muy mal", explicó, "es decir, no lo tomó mal conmigo, pero no se resignaba a verme así y buscó por años una cura. De hecho, hasta hace un par de años dejó de intentarlo, y en el trayecto, investigó cada fenómeno extraño que se presentaba en el Mundo Mágico, pensando hallar alguna relación con mi licantropía y curarla de ese modo"

- "¿Dónde está él?"

- "Bastante cerca de mi, Remus", sonrió Genévieve, "los licántropos somos seres muy gregarios, por eso necesitas tanto de tus amigos y debes agradecer tener el apoyo de tu familia, lobito"

Remus la abrazó y se sintió afortunado. Después de todo, no lo estaba llevando tan mal ahora que había vuelto con sus amigos y que Sirius cuidaría de él.

*

El segundo mes de escuela transcurrió rápidamente. Ahora que estaban en séptimo, había más deberes y mucho más estudio y debían dedicarse con ahínco a sus cursos, para poder obtener las notas que necesitaban. Sirius y James habían presentado ya sus solicitudes para la Academia de Aurores, pero aún debían seguir muchos estudios difíciles. Remus ni siquiera lo intentó, sabía que sería en vano, que no lo admitirían una vez que los exámenes médicos revelaran que era un licántropo.

Y Peter presentó su solicitud a la Escuela de Medicina de Inverness, en Escocia, pero necesitaba aún un elevado promedio para poder ingresar.

Genévieve también cuidaba mucho de Remus, porque había notado ya el interés que su joven amigo tenía por Sirius.

- "Remus, pronto te llegará el momento de buscar una pareja, eres joven y muy guapo, pero debes tener presente siempre que cuando tomes a tu pareja, será para siempre", le dijo un día ella, muy seria.

- "¿Te me estás declarando, Gen?", preguntó Remus, medio en broma, medio en serio. Aún se sentía muy atraído por Genévieve, aunque ya había aprendido que era por instinto.

- "No, lobito...", rió ella, "pero veo que estás muy interesado en alguien"

Remus enrojecio y cambió de tema.

Pero luego, empezó a ir al bosque con Sirius, porque como James estaba ocupado en sus citas con Lily y Peter se había dedicado a estudiar como loco, su amigo ya no tenía con quién hacer travesuras, de modo que seguía a Remus.

Los tres sostenían largas pláticas acerca de la situación con Voldemort y los mortífagos y cada vez más crecía el deseo de Sirius de convertirse en auror. Sobre las hadas, no pudieron averiguar nada más, pero ese sitio del bosque donde ellas habitaban quedó abandonado para siempre.

Sirius y Remus se habían vuelto muy unidos. Regresaban tarde de sus paseos por el bosque y a veces platicaban hasta el amanecer. Sirius le confiaba sus temores y los grandes ojos dorados de Remus, siempre llenos de confianza por él, le decían que todo saldría bien y que sería el mejor auror.

Dormían juntos, por que Remus había tenido ocasionales pesadillas en las que despertaba llorando, al recordar el horrible verano que pasó en Rumania, y a Sirius se le había hecho ya costumbre tomarlo entre sus brazos y dormirse con él. Cuando estaban solos actuaba de un modo bastante protector con Remus, e incluso lo había a veces delante de Genévieve, Peter, Lily y James, pero no cuando estaban con otras personas. Remus se sentía feliz y no quería que eso se acabara nunca, y así, llegó el tercer mes de clases y la próxima transformación, con la tranquilidad de que Sirius estaría con él y lo cuidaría, como había prometido.

“Hear the passion in their voices / Oye la pasión en sus voces
see the heaven in their eyes / mira el cielo en sus ojos
Their hopes and schemes / sus esperanzas y esquemas
are waiting dreams / son sueños a la espera
of less than paradise / de menos que el paraíso
And sometimes we make promises / y a veces hacemos promesas
we never mean to keep / que no pensamos mantener
For blackmail is the only deal / porque el correo oscuro es el único trato
a promise dealer sees / que un negociante de promesas ve”


Capítulo 19: Mentira

“Perfect by nature / perfecto por naturaleza
icons of self indulgence / ícono de autoindulgencia
just what we all need / solo lo que todos necesitamos
more lies about a world that/ más mentiras acerca de un mundo que
never was and never will be / nunca fue y nunca será
have you no shame don't you see me / ¿no tienes verguenza? ¿no me ves?
you know you've got everybody fooled / sabes que serás engañado por todos”

Everybody’s fool - Evanescence


- “Te digo que eran aurores...”, porfió James mientras se sentaba con Sirius en la mesa del desayuno. Remus y Peter los esperaban desde hacía ya bastante rato.

- “¿Y por qué los aurores tendrían que visitarlo a él?”,dijo tercamente Sirius, en absoluto convencido, dejándose caer en una silla.

- “¿Puede saberse por qué discuten?”, preguntó Peter. Remus sólo alzó las cejas y dejó “El Profeta”, que estaba leyendo, a un lado de la mesa.

- “Prongs ayer escapó a una cita con Lily y al volver de ella, se encontró a Dumbledore y dos tipos más entrando al despacho de White”, explicó Sirius.

- “Eran aurores”, repitió James.

- “¿Aurores?”, preguntó Remus con genuina curiosidad.

- “Sí, AURORES”, vocalizó bien James mirando desafiante a Sirius, “tenían la túnica azul de los aurores y la insignia del Ministerio”

- “Pudieron ser otros funcionarios…”

- “¡Sirius Black!”, exclamó Remus, “los aurores son los únicos del ministerio que usan túnica azul. ¿Por qué no quieres aceptarlo?”

- “Dice que ningún auror tendría por qué visitar a White”, dijo James con un tono acusador.

Y Remus estalló en carcajadas, junto con Peter, a pesar del furioso rostro de Sirius.

- “Anda, Paddy”, rió Remus y se mordió la lengua porque había soltado el nombrecito ese delante de todos. Pero esa noche era luna llena y el lobo andaba suelto, de modo que volvió a reír…, “tú mismo dijiste que White sabía muchísimo y que era el mejor, ¿qué tiene de malo que unos aurores lo visiten?”

- “¿PADDY?”, exclamó Peter con los ojos brillándole de alegría.

Pero Sirius lo arrinconó contra la silla.

- “No repitas eso, gordito”, amenazó, “nunca más”

- “¡BASTA, SIRIUS!”, exclamó Remus tirando con fuerza de la manga de su amigo y haciéndolo volver a la silla.

Sirius lanzó una furibunda mirada, pero no insistió. Remus era un chico tranquilo, pero cuando el lobo andaba suelto solía ser imprevisible, y además era el campeón de Duelo.

- “Lo siento, Wormtail”

Peter estaba rojo y muy mortificado, pero Remus le dijo algo al oído que pronto hizo que volviera a sonreír. Luego, el chico pálido abrió el periódico.

- “Miren”, les dijo apuntando a una foto. “Ellos usan túnicas azules, ¿se parecen a las que viste, Prongs?”

James se inclinó y saltó sonriendo triunfal.

- “¡Son ellos! Ellos vinieron anoche”

Y Sirius, muy a pesar suyo se inclinó a leer el rótulo.

- “Alastor Moody y Ethan Phelps, encargados de la División de Aurores del Ministerio de Magia, conducirán los interrogatorios a los sospechosos de practicar Artes Oscuras”, dijo con clara voz, “son ellos”, agregó derrotado.

- “White no está en la mesa”, susurró Peter.

En ese momento, Dumbledore se puso de pie como hacía siempre que deseaba dirigirles la palabra, y todos se quedaron en silencio.

- “Buenos días”, empezó e director, “El profesor Marius White ha tenido que ausentarse para atender asuntos familiares urgentes y volverá en unos días. Como ustedes bien saben, estamos viviendo un período difícil en el Mundo Mágico y también en esta escuela pues muchos de ustedes han sufrido pérdidas, es por eso que, con el fin de que las prácticas de Duelo y las clases de DCAO no se atrasen, he pedido apoyo al profesor Campbell que accedió gustoso a reemplazarlo”

Hubo un murmullo de desaprobación, sobre todo en Gryffindor y Hufflepuff, pero Campbell continuó imperturbable, mordisqueando su tostada.

- “No, no con él”, dijo Peter con voz ahogada. Si tenía problemas para seguir a White con Campbell sería el infierno.

- “Eso no es casual”, dijo James pensativo, “apostaría mi cabeza a que tiene que ver con la visita de los aurores”

- “La última vez que él se ausentó fue para traer esa plantita, ¿recuerdan?”, dijo Sirius.

- “Sí”, asintió Remus, “pero ustedes dos harían bien en no meterse en problemas con Campbell, recuerden que los antecedentes de conducta pueden afectar su postulación como Aurores”.

Sirius hizo una mueca, pero sabía que Remus tenía razón. Los ojos dorados lo miraron con simpatía y él le sonrió. Se sentía algo agradable cuando Remus lo protegía.

*

El ambiente el Salón de Duelo era opresivo. Los alumnos de Gryffindor y Slytherin se arremolinaban en torno al profesor Campbell, que estaba de pie a un lado de la plataforma, y junto a él había una enorme caja metálica, tan parecida a un sarcófago que todos pensaban que de pronto saldría de allí una momia.

- “Se preguntarán por qué haré la clase de DCAO en el Salón de Duelo”, dijo secamente Campbell. Los que se habían preguntado eso, jamás se atreverían a decirlo en voz alta. “Hoy haremos algo diferente. De acuerdo con el programa, les toca estudiar a los Shoggots, pero estos seres fueron aniquilados hace mucho tiempo y es poco probable que se topen con uno de ellos, de modo que estudiaremos a los Dementores. ¿Alguien me puede decir lo que es un dementor?”

Sirius y James levantaron instantáneamente la mano. También lo hizo Severus Snape.

- “Señor Snape”

- “Los dementores son seres del averno. Son ciegos y su cuerpo está cubierto de pústulas, como los leprosos. Los dementores les quitan a los magos sus recuerdos felices y la cercanía a ellos por tiempo prolongado puede llegar a enloquecerlos”.

- “Excelente, señor Snape. Diez puntos para Slytherin. ¿Alguien más quiere participar?”

Las manos de James y Sirius seguían alzadas.

- “Señor Potter”

- “Los dementores tienen ese mismo efecto en los muggles, aunque para ellos son invisibles”

- “Cierto. Cinco puntos para Gryffindor”, dijo el profesor sin hacer caso de la mano alzada de Sirius y del murmullo de protesta por el trato claramente distinto, “¿y alguien sabe por qué estudiaremos a los dementores? Si son seres del averno, es poco probable que veamos alguno aquí”

Y para sorpresa de todos, Peter Pettigrew alzó la mano.

- “¿Señor Pettigrew?”, dijo Campbell igualmente asombrado.

- “Porque el Ministerio ha aprobado un decreto para traer dementores a la prisión de Azkaban”

- “Así es, señor Pettigrew. Cinco puntos para Gryffindor”, aceptó el profesor muy a su pesar. Aunque bien visto, era lógico, el padre de Peter trabajaba en el Ministerio y el chico siempre estaba bien informado sobre los acontecimientos de la guerra.

- "¿Puede alguien decirme qué es la prisión de Azkaban?"; preguntó Campbell. Remus alzó la mano. "Señor Lupin"

- "Es la prisión a donde van los magos acusados de practicar Artes Oscuras, queda en una isla y es custodiada por los funcionarios del Ministerio"

- "Bien. Cinco puntos para Gryffindor", dijo Campbell muy a su pesar, "pero ahora, gracias a un decreto del Ministerio, Azkaban será usada para encerrar a los seguidores de Ryddle y la custodiarán dementores"

- "Se necesita ser bastante estúpido para ir a esa prisión", bufó Sirius con engreimiento.

- "Desde luego, señor Black", dijo fríamente Campbell, "pero le sorprenderá saber que hay en este momento cuarenta magos presos y se espera que hayan muchos más. Ahora, ¿alguien sabe cómo enfrentar a un dementor?"

Sirius alzó la mano y nadie más lo hizo, de modo que Campbell no tuvo más remedio que cederle la palabra.

- "Hay un hechizo antiguo y complicado, consiste en invocar un Patronus, que es una especie de anti-dementor, que toma una forma simbólica de algo que protegerá al mago"

Campbell lo miró glacialmente y algunas exclamaciones de asombro brotaron de ciertas gargantas femeninas. Sirius resplandecía de alegría e hizo una nota mental para agradecerle luego a White, pues con él, en las clases extra que le dio el año anterior, había estudiado a los dementores.

- "Cinco puntos para Gryffindor", dijo Campbell, "ahora, para invocar el hechizo se necesita..."

- "Profesor...", interrumpió Sirius muy seguro de sí mismo, Remus le dio un codazo, pero su amigo no hizo caso, "¿por qué estudiamos a los dementores? Es poco probable encontrarnos con uno y creo que nadie de aquí planea ir a Azkaban"

Las risas que siguieron al comentario fueron instantáneamente congeladas por la mirada que Campbell les dio.

- "Señor Black, agradezco su muy brillantísima intervención", dijo el profesor con una falsa sonrisa, "pero debe tener presente que el hecho de que los dementores estén ahora en Azkaban no significa que siempre lo estarán, ni que obedezcan para siempre al Ministerio. Son criaturas del averno y es natural que Ryddle busque reclutarlos, así como es natural que ellos prefieran seguirlo a él", finalizó y como remate a sus palabras, el sarcófago tembló como si su ocupante pugnara por salir.

Los chicos retrocedieron.

- "Para enfrentarse a un dementor, deben colocar la varita así y decir "Expecto Patronus", practiquen un momento con las varitas"

Después de un rato de prácticas, Campbell volvió a hablar.

- "Esa es la parte sencilla, y deben recordar que este hechizo sólo servirá para dos o tres dementores y no para más, en caso de que hayan màs de estos seres, lo aconsejable es huir", explicó, "Pero invocar las palabras no basta, hay que usar la fuerza mental con ellos y evocar el recuerdo más feliz que tengan, porque la felicidad es el tormento de los dementores. Ahora, piensen en el evento más feliz de sus vidas"

Los chicos dedicaron unos momentos a evocar lo que el profesor pedía. Sirius trató de hacerlo, pero solo pudo ver la imagen de Bellatrix torturándolo y de su madre echándolo de la casa. Una suave mano se posó sobre la suya y se encontró con los ojos dorados de Remus, llenos de confianza. ¡Claro! Moony. Su querido Moony era el recuerdo más feliz y sonrió evocando el momento en que se convirtió en Padfoot y le lamió el rostro a su amigo.

- "Suficiente", dijo Campbell, "ahora practiquen ambas cosas"

Los hechizos hacían brotar luces de las varitas, pero ninguna forma. Sirius se había dedicado a aconsejar a Peter.

- "Mira, Wormtail, debes coger la varita así", dijo imitando graciosamente a Campbell, "y entonces, te acuerdas de todos los dulces que comes en Honeydukes y ¡ZAS! Expecto Patronus"

- "Muy bien, señor Black"; dijo la fría voz de Campbell a sus espaldas, "nos ha dado usted una gran lección y espero que sea tan bueno en la práctica como en la teoría. Ahora, retrocedan todos tres pasos más"

El profesor repartió chocolates en barra a todos y les dijo que esperen un momento.

- "El señor Black tendrá el privilegio de enfrentar al primer dementor que me enviaron antes de llevarlo a Azkaban. El chocolate es para el final de la clase", e hizo un ademán invitando a Sirius a avanzar. "Es todo suyo"

La puerta del sarcófago se abrió con un toque de la varita del profesor y una mano, mejor dicho, una garra, apareció en el borde y avanzó. La figura salió a tientas, no veía, pero percibía el miedo.

Los chicos retrocedieron aún más.

El dementor avanzó. Estaba cubierto por una túnica gris y su capucha impedía ver su rostro, aunque la sola visión de la garra cubierta de pústulas fue suficiente para que nadie quisiera ver algo más.

- "Señor Black", increpó Campbell, "veamos qué puede hacer con él"

El dementor se volvió y avanzó hacia Sirius, que levantó la varita y dijo algo inseguro.

- "Expecto Patronus"

Una débil luz brotó de la varita, pero nada más.

Sirius retrocedió.

- "¡Expecto Patronus! ¡Expecto Patronus!"

El dementor estaba casi sobre él.

- "¡Sirius! ¡Tú puedes hacerlo!"

Moony.

Su Moony tenía confianza en él, bendito sea.

Sirius sentía que su corazón estallaba de pena, recordando a su padre, su casa y todo lo que había perdido, pero la voz de Remus lo llevó de nuevo al instante mágico en que se pudo convertir en animago para estar con su amigo.

- "¡Expecto Patronus!"

Una luz brillante hizo retroceder al dementor. Y fue el recuerdo de Moony y Padfoot corriendo a la luz de la luna, libres, lo que le dio nuevas fuerzas.

- "¡Expecto Patronus!"

Una figura pareció brotar de la varita, pero se difuminó en el aire mientras Sirius evocaba la vez que se vengaron de Lucius Malfoy poniéndole ortigas en los calzoncillos por lo que le hizo a Moony.

- "¡Expecto Patronus!"

La figura se hizo más definida, parecía un animal ¿acaso un perro? el recuerdo del beso que soñó o creyó dar a Remus le trajo un calor agradable al corazón y también evocó la ternura con la que su amigo dormido se le abrazaba.

- "¡Expecto Patronus!"

Un lobo de luz brotó de la varita, tan nítido que no había equivocación posible. El dementor retrocedió.

- "¡Bien, Padfoot!", exclamó James encantado.

El dementor se metió en el sarcófago y Campbell cerró la puerta.

Sirius estaba agotado, a su lado, Remus lo tomó del brazo y le dio un poco de chocolate, sus ojos resplandecían de alegría, jamás había pensado que no lo lograría.

- "Lo logró, señor Black"; dijo Campbell, "y debo confesar que no me lo esperaba. ¿Quién desea ser el siguiente?"

James y Severus se ofrecieron como voluntarios, pero Campbell miró a Remus.

- "Señor Lupin, creo que usted tiene mucho que mostrarnos"

Remus avanzó un poco inseguro, pero Sirius le sonrió y le devolvió la confianza. Él sí tenía recuerdos felices, y evocó la vez que sus amigos se enteraron que era un licátropo y lo aceptaron.

El dementor estaba afuera de nuevo y avanzó amenazador.

- "¡Expecto patronus!"

Un rayo de luz brotó de la varita e hizo retroceder un poco al ser.

Ahora, el recuerdo que evocaba Remus era el beso que le dio Genévieve y todo lo relacionado a su amiga.

- "¡Expecto patronus!"

La silueta de un lobo pareció formarse en la varita, pero no se hizo consistente y desapareció.

Remus pensó en sus amigos, en Sirius, en el beso que le dio, con sabor a menta y olor a pino. En las veces que su amigo lo había protegido y cuando curó sus heridas, y todas las veces que lo abrazaba para dormir…y los besos que Remus le había robado cuando Sirius estaba dormido.

Sirius, su amor.

- "¡Expecto patronus!"

Un enorme perro brotó de la varita e hizo retroceder al dementor, que, derrotado, huyó al sarcófago.

- "Snape, es su turno"

Severus avanzó mientras Campbell liberaba de nuevo al condenado bicho.

Remus llegó junto a Sirius.

- "¿Un perro, Moony?", preguntó despacio.

- "¿Un lobo, Paddy?", preguntó Remus a su vez.

Sonrieron ambos y Sirius oprimió suavemente su mano.

- "Te dije que te cuidaría, lobito"

- "Miren a Snape", exclamó James.

El Patronus de Severus era un enorme dragón alado y al parecer al chico no le había costado demasiado trabajo invocarlo, como si lo hubiera hecho antes.

- "¡Excelente, señor Snape! Fue tiempo record. Veamos si el señor Potter puede superarlo"

James avanzó seguro de sí mismo y la mirada de Lily le dio nuevos ánimos.

El dementor salió.

Al chico no le fue difícil derrotarlo, luego del tercer Patronus que invocó, apareció un enorme ciervo blanco e hizo huir al dementor.

- "Bien, Prongs", dijo Sirius palmeándole la espalda. Lily le sonreía.

Luego, Campbell obligó a todos a enfrentar al dementor, pero la única que tuvo éxito fue Lily Evans. Y el dementor por poco mata a Peter cuando le saltó encima y estuvo a punto de darle lo que se conocía como "El beso del dementor", que equivalía a una lobotomía sin retorno.

Campbell había invocado luego su propio Patronus, que tenía la forma de un halcón y logró salvar al asustado Peter.

La clase terminó con muchos estudiantes en la enfermería.

*

Para la tarde, la noticia era que sólo Frank Longbottom, su novia, David Balfour y Sturgis Podmore habían logrado invocar un Patronus además de los otros chicos de Gryffindor y de Snape, y que luego de que el dementor casi matara a Kevin Rockwood, Dumbledore había prohibido seguir practicando con él.

- “Profesor, ¿me llamó?”, preguntó David entrando en el despacho de Campbell.

El profesor estaba de muy mal humor porque no le había hecho ninguna gracia la prohibición de Dumbledore sobre las prácticas con dementores, y tampoco que le llamara la atención delante del viejo búho que se llamaba Minerva Mc Gonagall. Por eso había decidido desquitarse con su víctima favorita.

- “Sí, Balfour. Necesito que limpie esos calderos”

Los calderos estaban llenos de la sustancia viscosa que se producía al derretir el hígado de un avestruz y combinarlo con testículos de macho cabrío y raíz de sauce llorón, para preparar la poción de protección contra los espíritus de los poltergaist. El hedor era terrible.

- “Sí, profesor”

David limpió los calderos en silencio, llevándolos hacia el lavabo que había al fondo del despacho de Campbell y no usó magia. Sabía demasiado bien que su profesor estaba de mal humor y no quería irritarlo más.

- “Profesor, ya terminé. ¿Necesita algo más?”

Campbell lo miró de arriba hacia abajo y sonrió complacido al ver al muchacho enrojecer.

- “Sí, Balfour. Necesito preparar un conjuro para echar a un poltergaist que ha aparecido en el castillo y atormenta a Filch. Traígame esos volúmenes de la parte alta de la estantería y empezaremos a trabajar”

David se subió en una silla y alcanzó los volúmenes. Casi se cae por el peso, pero logró equilibrarlo y se bajó tambaleante, llevándolos al escritorio.

- “Aquí están, profesor”

Campbell le pidió que tradujese un conjuro y que lo escribiera en un pergamino, para dárselo a Filch, y luego se puso a revisar trabajos. David empezó a traducir obedientemente, casi sin necesidad de consultar el diccionario de sánscrito y aprovechó para mirar de reojo lo que hacía su profesor.

Un “SOBRESALIENTE” calificó el trabajo sobre los demonios de fuego que presentó Severus Snape, mientras que en el caso de James Potter el profesor frunció el ceño y colocó simplemente “REGULAR”. El profesor levantó la mirada y halló a un inocente David copiando el conjuro en el pergamino, con letra clara y elegante. El chico levantó la vista y sonrió.

- “Balfour, ¿había practicado antes con un dementor?”

- “No, señor”

Campbell alzó las cejas.

- “Fue sorprendente que un mago de su edad lograra invocar el Patronus en el segundo intento, por eso pensé que había practicado antes”

- “No, profesor. Pero quizá sea porque tengo muchos recuerdos alegres de mis padres”, dijo David con dulzura, “ellos me dieron muchos momentos felices y pensé en eso cuando hice la primera invocación”

- “¿Y la segunda?”

- “La segunda fue un recuerdo más reciente…”, David se interrumpió y Campbell lo miró intrigado, “fue cuando usted tocó la gaita, me recordó mis highlands. Fue hermoso”

- “Ya veo”, Campbell trató de mostrarse serio, pero no pudo evitar sonreír, “eso no tuvo importancia, Balfour”

- “La tuvo para mi, profesor”, insistió David, “Profesor, usted me envió por correo esa gaita, ¿no es cierto?”

- “¿De qué me habla, Balfour?”

- “De la phob noir que me envió con un halcón. Le pregunté a Filch y me dijo que usted tiene un halcón llamado Ares y es el mismo halcón que me entregó la gaita”

El profesor guardó silencio por un rato que a David se le antojó eterno. Luego rió con una risa clara y juvenil que hizo que por un momento los ángulos de su rostro se suavizaran.

- “Me ha cogido, Balfour”, admitió al fin, “tenía dos de esas gaitas y pensé que siendo usted escocés le gustaría tener una. Muéstreme si ha aprovechado en algo ese maravilloso instrumento, toque algo”, dijo señalando la gaita idéntica que estaba en el sillón junto al fuego.

David avanzó hacia el sillón y tomó la gaita. Se sentó con ella en el pequeño banco que había frente al fuego, y empezó a tocar. Tocó una melodía triste que hablaba de brezales ardientes e inmensos lagos, pero que hablaba también del amor perdido. La melodía duró unos minutos y luego dejó de tocar.

Campbell había llegado junto a él y silenciosamente le quitó la gaita de las manos para empezar a tocar la misma melodía y luego introdujo pequeñas variantes más alegres, pero manteniendo el ritmo melancólico y hermoso de la primera tonada.

David lo miraba asombrado.

- “Supere esto, Balfour”

El chico tomó la gaita y tocó nuevamente la melodía de Campbell, y después la varió un poco y la transformó en una melodía alegre que hablaba del amor perdido pero vuelto a encontrar, de paisajes agrestes y salvajes y de una entrega apasionada.

El duelo de gaitas, porque de eso se trataba, se prolongó por espacio de dos horas, lo cual no tenía nada de extraño ya que en Escocia esos duelos solían durar toda la noche, e incluso los gaiteros hacían apuestas acerca de la mejor tonada.

Estaban sentados juntos en el sillón y era el turno de David. El chico tomó la gaita otra vez y cerró los ojos. Repitió la tonada y luego la varió de nuevo, hablando ahora de un lago y de una isla en medio de él, donde esperaba el amor, pero nunca llegó. Y cuando todo estaba perdido, él apareció sobre un enorme halcón y lo llevó para siempre por el paisaje salvaje de sus amadas highlands, donde lo amó con total entrega en medio de un brezal. David abrió los ojos mientras algunas lágrimas caían de sus mejillas.

- “Supérelo, profe”

Pero Campbell le quitó la gaita y la arrojó a un lado. Luego, contra todo pronóstico, tomó su barbilla con mucha suavidad y lo besó. Fue un beso apasionado, posesivo, voraz, que hablaba de la soledad en la que había vivido Campbell, y David lo recibió con los brazos abiertos, como si lo hubiera estado esperando hacía mucho tiempo, y de hecho era así.

Se besaron y el mundo pareció detenerse para ambos. Y cuando un hambriento gemido brotó de la garganta de David, Campbell rompió el beso lentamente.

- “Es tarde, Balfour. Váyase a descansar”

David lo miró y sonrió dulcemente.

- “Buenas noches”, dijo despacito y le dio un beso ligero en los labios a su profesor antes de desaparecer corriendo, con el corazón lleno de felicidad.

*

”Look here she comes now / mira aquí, ella viene ahora
bow down and stare in wonder / inclínate y contempla maravillado
oh how we love you / Oh, cómo te amamos
no flaws when you're pretending / no hay grietas cuando pretendes
but now i know she / pero ahora sé que ella
never was and never will be / nunca fue y nunca estuvo
you don't know how you've betrayed me / no sabes cómo me has traicionado
and somehow you've got everybody fooled / y cómo has engañado a todos”


- “Lo siento, Moony. Lily me ha pedido que la ayude con Aritmancia esta noche y no encuentro cómo negarme”, explicó James.

- “Está bien, Prongs. No creo que sea peligroso si no me acompañas tú”, dijo reflexivamente Remus.

- “Peter tampoco irá”, continuó James, “después del susto con el dementor y de todo el chocolate que se comió no puede levantarse de la cama”

- “Está bien”, aceptó Remus, “Paddy, ¿al menos tú me acompañarás?”

- “Claro lobito”, respondió Sirius emergiendo del baño bastante arreglado y perfumado.

- “¿A dónde vas?”, preguntó asombrado James.

- “Con Moony, claro”, explicó Sirius atándose el cabello en una cola, “vamos, se nos hace tarde”

Y Remus salió con él, mirándolo con adoración.

En la Casa de los Gritos, ambos se acomodaron en la enorme y vieja cama y Remus terminó de desnudarse.

- “Paddy, me alegra que mi Patronus sea un perro”, dijo Remus sonriendo.

- “Y a mi que sea un lobo”, respondió Sirius, “Moony, ¿a qué crees que se deba eso?”

- “No sé”, respondió Remus con calma, se había estado preguntando lo mismo toda la tarde, “quizá porque prometiste cuidarme, ¿no crees?”

- “Sí”, dijo Sirius, “eso explica lo del perro, pero no lo del lobo que tengo yo, ¿acaso tú también….?”

- “¿Deseo cuidarte?”, completó Remus dulcemente, “sí, Paddy. Yo deseo eso, y …”, se interrumpió.

- “¿Y?”, preguntó Sirius, “es que yo deseo tanto que nadie vuelva a lastimarte… y quiero cuidarte, protegerte y…”, su mano acarició la mejilla de Remus y sus labios rozaron los de su amigo en un suave beso.

Remus cerró los ojos. Estaba ocurriendo, lo que más había deseado en la vida estaba pasando en ese momento y no podía creerlo, pero la boca de Sirius se había apoderado de la suya y sus manos atraían su cuerpo desnudo mientras su lengua pedía permiso para entrar. Remus se entregó por completo a ese beso, acariciando el cabello largo de Sirius y soltando el lazo que lo ataba, besándolo a su vez y dejándose explorar.

Se perdieron en el beso hasta que la luna salió y el cuerpo de Remus comenzó a cambiar lenta y dolorosamente, pero él no sintió el dolor, porque la felicidad que lo embargaba era suficiente.

Moony y Padfoot frotaron los hocicos y se lamieron el rostro. Esa noche no salieron, se quedaron quietitos en un rincón, muy juntos.

Al día siguiente, Remus abrió los ojos y tanteó a su lado en la enorme cama, pero no halló a nadie. Una silueta se acercó a él y el chico pálido le abrió los brazos.

- “Paddy”

Pero era James el que acababa de entrar.

- “Hola, Moony”, saludó su amigo, con expresión de preocupación, “vístete, es un poco tarde”, y se acercó a ayudarlo.

Remus obedeció dócilmente y se puso el pantalón del colegio.

- “Prongs, ¿dónde está Sirius?”

- “Tuvo que hacer”, explicó James, “me pidió que viniera a llevarte”

Remus frunció el ceño, pero nada empañaría la felicidad que estaba sintiendo. Se vistió de prisa y salió ansioso de ver a Sirius y poder decirle todo lo que no le había dicho esa noche, luego del maravilloso beso.

- “Moony, no vayas tan de prisa”, protestó James, Remus a pesar de su debilidad y dolor, prácticamente corría hacia la escuela.

- “Es que quiero ver a Sirius”, dijo alegremente Remus, tratando de decidir si se lo diría a James o esperaría a decírselo con Sirius.

- “Yo que tú no me apresuraría tanto, Moony”, dijo James aún más preocupado, pero ya entraban al castillo y Remus voló a la torre de Gryffindor y de allí a la Sala Común.

- “Moony”, lo trató de detener James, pero era demasiado tarde.

“Without the mask where will you hide / sin la máscará dónde te esconderás
can't find yourself lost in your lie / no puedes encontrarte, perdido en tu mentira”

Sirius estaba de pie en el centro de la sala común, pero no estaba solo. Abrazaba por la cintura a Emily Banks y no la soltó cuando Remus apareció.

- “S-sirius”, la sonrisa había muerto en el pálido rostro y Sirius se odió por eso, y se odió más por lo que le iba a decir.

- “Hola, Moony. Eres el segundo en saber la noticia: Emily y yo somos novios desde esta mañana”

- “Novios”, susurró Remus. James llegó a su lado y lo tomó suavemente del brazo, “te felicito, Sirius”, logró decir, “estoy cansado, me voy a recostar un rato”


“I know the truth now / sé la verdad ahora
i know who you are / sé quién eres
and i don't love you anymore / y no te amo más”


Y Remus pasó junto a la pareja y subió las escaleras hacia su dormitorio.

 


Capítulo 20: Celos

“I can't complain / no puedo quejarme
about the way we tried, / acerca del modo en que lo intentamos
So maybe it's time to say goodbye, / quizá es tiempo de decir adiós
Not gonna look around / no voy a mirar alrededor
I'm just gonna look away. / sólo voy a mirar lejos”

Jealousy – Brian Adams


Remus se arrojó vestido a la cama, sollozando. Se sentía un completo idiota, totalmente humillado, despreciado… ¿Acaso soñó ese beso? No, no lo había soñado, aún podía sentir en su boca toda la dulzura de Sirius. ¿Qué había pasado entonces? ¿Por qué lo que había sido el momento más feliz de su vida se transformaba en agonía?

Sirius entró a la habitación y Remus se limpió de un manotazo las lágrimas.

- “Moony”, dijo su amigo sentándose en la cama. “Moony, lo siento… anoche me precipité un poco”

- “Te precipitaste…”, repitió Remus tratando de aparentar indiferencia.

- “Sí, me precipité”, continuó Sirius con estudiada calma, “yo he estado solo últimamente y confundí las cosas. Nosotros somos amigos, ¿verdad?”

- “Sí, amigos”, concedió Remus a pesar de sí mismo. Mejor eso que perderlo del todo.

- “Y como amigos, es normal que nos tengamos cariño”, dijo Sirius tratando de sonreír, “pero somos varones y esto no está bien… no podemos…”

- “Tienes razón”, aceptó Remus levantándose a medias. Necesitaba salir de allí, correr, esconderse, lo que sea con tal de no seguir oyendo a Sirius diciéndole que eran amigos y que lo que sentía por él estaba mal.

- “Entonces perdóname, por favor. No volverá a suceder”, dijo contrito Sirius, “¿amigos?”, extendió su mano.

- “Amigos”, Remus le estrechó la mano, sin mirarlo o gritaría sin duda alguna.

- “Voy a desayunar, ¿vienes?”

- “En un momento, Padfoot”, respondió el chico pálido escabulléndose en dirección al baño.

- “Nos vemos en el Gran Salón”

Sirius estuvo de pie unos momentos junto a la puerta cerrada del baño, considerando si entrar o no. Luego recordó… “solo amigos” y salió sintiendo unas enormes ganas de llorar.

Remus no bajó a desayunar.

*

Marius White había regresado después de Navidad y venía con una energía increíble. Inmediatamente los reunió en el Club de Duelo y comenzó las prácticas.

- “¿Qué les pasa a ustedes dos?”, preguntó Lily a Remus, que salía de los vestidores con su malla verde oscuro y la espada en la mano.

- “Nada”, fue todo lo que dijo. Era demasiado humillante contarle a Lily, ni siquiera había podido contárselo a Genévieve.

- “¿Nada? Actúan como un par de extraños, apenas se hablan, ya no bromean… fue Sirius, ¿verdad? Él te hizo algo…”, dijo la chica con vehemencia.

- “No, Lily. Nada pasó, es solo que tenemos muchos deberes y las prácticas de Duelo y el Quidditch…”

- “Siempre las han tenido y jamás los vi así”

- “Señor Lupin”, llamó White y Remus agradeció la interrupción y corrió a enfrentarse a su oponente.

Sirius Black.

¡Maldición! Había olvidado que Sirius era el suplente y que los duelos de práctica eran con él.

Se saludaron cortésmente y comenzaron a pelear, pero Remus no se estaba concentrando. Por dos oportunidades cayó luego de recibir un “Stupefy” y su espada casi cae con una acometida de Sirius.

- “¡Un momento!”, exclamó White deteniendo el duelo. Se acercó preocupado a Remus, “¿se siente bien, señor Lupin?”

- “Sí, profesor”, respondió éste. Sirius se acercó también. “No me pasa NADA”, repitió mirando desafiante los ojos azules de su amigo.

- “Es todo por ahora”, dijo White mirando por encima del hombro a la persona que acababa de entrar.

Campbell avanzó a paso firme hasta la mitad del salón y le hizo una seña. Ambos hombres se alejaron charlando en voz baja.

- “Moony”, Sirius se acercó al vestidor.

- “Dime”, los ojos dorados de Remus estaban llenos de tristeza. Llevaban quince días tratándose como simples conocidos y no como los amigos entrañables que eran. Y toda la escuela parecía haberlo notado ya.

- “No quise hacerte fallar en Duelo”

Eso era el colmo. Sirius insinuaba que estuvo distraído por su causa.

Era verdad y dolía.

Pero jamás se lo diría, no más humillaciones.

- “¿Fallar? Sólo te estaba probando, Sirius Black. Si White me hubiera pedido continuar, habrías mordido el polvo, soy campeón hace dos años”, respondió y se metió en el vestidor dando un portazo.

Sirius suspiró imperceptiblemente ante la puerta cerrada. El periodo de irritabilidad de Remus estaba exasperándolo como nunca antes había sucedido… ¿Tanto lo afectaba? Sabía que sí, lo había admitido desde que lo vio desvalido, dormido y lastimado luego de una transformación. Pero James y Peter también se preocupaban por Remus y eso estaba bien… era solo él que quería abrazarlo y perderse en sus ojos dorados… su madre se habría reído tanto…

“Sirius Black, eres la vergüenza de la familia”

Aún a veces resonaban esas palabras en sus oídos y ya no podía pedir el abrazo de Remus. Su dulce Remus, su amor…

Sus pasos lo habían llevado inconscientemente ante el despacho de White por ¿consejo? Él detestaba al profesor a veces y a veces lo apreciaba. Y ya se había dado cuenta de que eran celos… celos por la forma en que él parecía entender a Remus. También tenía celos de Genévieve, aunque Remus mismo le había explicado que los atraía el instinto…

- “¿Sirius?”

Lynda Holden. ¡Cielos, cómo había crecido la chiquilla! tenía trece años, pero un cuerpo de diecisiete. Sirius se volteó, sonriente.

- “Hola, belleza”, dijo con su más genuina “Sonrisa Black”. Al menos esa noche no la pasaría solo.

*

“Don't put the reasons / no pongas las razones
back in my head, / de nuevo en mi cabeza
You say you loved me / dijiste que me amabas
now you've left me for dead, / ahora me dejas por muerto”


Genévieve escuchaba atentamente las palabras de Remus. Era la víspera de la luna llena de fines de enero y su joven amigo había decidido por fin descargar la pena que embargaba su corazón.

- “Fue el beso más hermoso que jamás me han dado”, dijo Remus con los ojos brillantes por el recuerdo y una lágrima resbaló por su mejilla. “Lo amo, Gen… yo sé que está mal, pero lo amo, siempre lo he amado y siempre lo amaré”

Ella acarició con ternura mejilla y limpió la lágrima.

- “No está mal, lobito. El amor jamás puede estar mal”

- “Pero el dijo que no podía ser, que se confundió y que somos amigos—Gen, ya no puedo soportarlo”, se lamentó Remus, “desde entonces creo que tiene una nueva novia cada semana, casi no va a dormir y actuamos como dos extraños—“

Genévieve se quedó pensativa. No quería darle falsas esperanzas a Remus, pero había visto los ojos de Sirius brillar cada vez que su pequeño amigo estaba cerca y sabía la ternura con la que lo cuidaba… ¿Amistad? Difícilmente… aunque Sirius era un chico rebelde y no lo aceptaría fácilmente.

- “Remus, quizá deberías decírselo tú”, dijo suavemente.

- “¿YO?”, los ojos de Remus se abrieron con asombro.

- “Sí”, continuó ella, “quizá él se siente aún confundido y necesita que alguien le de confianza… yo creo que él te ama, solo así se explica la forma en la que suele protegerte de todo..”

- “¿Tú crees, Gen?”, dudaba Remus.

- “Yo creo que sí”, sonrió ella al ver la esperanza en los ojos dorados de su amiguito. “Pero solo díselo si tú te sientes dispuesto a arriesgarte”

- “Y-yo… yo creo que sí lo haré”, dijo Remus y partió con el corazón ligero después de casi un mes de angustia.

Le diría a Sirius y eso le ayudaría a entender, a dejar de tener miedo. Remus mismo había sentido ese miedo desde cuarto año en que lo descubrió, y luego en el verano de sexto, cuando finalmente lo aceptó. Era difícil, sí. Él mismo lo sabía bien, por eso le diría a Sirius que lo amaba y luego… estaba seguro de que todo se solucionaría.

Llegó ligero a la Torre de Gryffindor y se fue directo a su dormitorio, esperando encontrar a su Sirius dormido y despertarlo a besos…

Abrió la puerta.

- “¡Oh, Sirius! ¡Sirius!”, gemía Maudy Ewell con las piernas sobre los hombros del animago que jadeaba furiosamente mientras la poseía con frenesí salvaje y su cabello caía como una cortina oscura cubriéndole el rostro.

- “No”, un sonido gutural brotó de la garganta de Remus, “¡No! ¡No!”, quiso gritar más pero no conseguía hallar su voz. Retrocedió y la puerta se cerró a sus espaldas.

Sirius levantó la cabeza.

- “¡Moony!”

- “¡Sirius!”, gritó Maudy al ver al pálido y tembloroso chico en la puerta, “¡dijiste que él no vendría! ¡Sirius!”, se cubrió el rostro por la vergüenza y Sirius se retiró de su cuerpo.

- “Moony”

Remus retrocedió y sus manos temblorosas abrieron la puerta. Su corazón latía aceleradamente.

- “No quise interrumpir”

Cerró la puerta de un tirón y corrió por el pasillo tapándose los oídos, pero nada podría borrar los gritos de éxtasis de la pareja ni la visión que tuvo de los dos haciendo el amor. Sabía que Sirius lo hacía con sus novias, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta mirarlo. Y dolía.

Dolía porque estuvo a punto de confesarle su amor, su patético y pobre amor. A Sirius, que podía tener a la chica que quisiera sin el menor esfuerzo, que era el joven más codiciado de Hogwarts a causa de su fortuna. ¿Cómo pudo ser tan idiota? ¿Cómo Sirius podría querer el amor de un estúpido licántropo?

Quizá era mejor así. De ese modo, Sirius no se habría reído ante su pobre confesión.


James y Lily pasaron el retrato de la Dama Gorda y se quitaron la capa de invisibilidad. Ambos tenían las mejillas coloreadas y caminaban tomados de la mano y casi tropiezan con el bulto junto a la pared.

- “¡Remus!”

Lily se inclinó junto al pálido chico. Se oyeron pasos.

- “¿Moony?”

Sirius.

Sirius lo buscaba. ¿Acaso para reírse? ¿Para increparle haberlo interrumpido?

- “No quiero verlo… por favor”, susurró y James le echó encima la capa.

- “Prongs, Lily”, Sirius avanzaba por el pasillo tratando de acomodarse el cabello y con el pijama abierto, “interesante noche, eh”, trató de bromear visiblemente nervioso, “¿vieron a Moony?”

- “No, Sirius”, respondió Lily con suspicacia, “¿qué haces a esta hora vestido así y descalzo?”

- “Ah”, Sirius miró sus pies desnudos en el piso de piedra, “creo que cogeré un resfriado si no vuelvo a la cama… buenas noches, Prongs…”

Esperaron a que Sirius desapareciera y James alzó a Remus del piso. No hizo preguntas, el rostro de Remus hablaba por sí mismo.

- “Vamos, Moony”, dijo cariñosamente llevando a su amigo hacia el pasillo que conducía a los dormitorios de varones. “Adiós, amor”, dijo besando a Lily que se fue rápidamente hacia su propio dormitorio de prefecta.

Remus se dejó conducir dócilmente y se dejó caer en la cama de James.

- “¿Qué le pasa?”, exclamó Peter con preocupación levantándose en seguida.

Entre los dos acostaron al chico pálido, que durmió con James usando un ancho pijama a rayas de Peter. Las lágrimas caían de su rostro incluso en sueños y los dos amigos comentaron despacio lo que estaba ocurriendo. Estaban seguros de que era por Sirius y se preguntaban qué habría hecho esta vez para que Remus estuviera así.

Pero Remus no les dijo, y al día siguiente cuando despertó, estuvo silencioso y llegó tarde a clases. Nadie pudo sacarle palabra sobre lo ocurrido y James se enfadó con Sirius.

Esa noche, en su transformación, sólo lo acompañaron Prongs y Wormtail y Moony permaneció melancólico, sin desear salir del sótano, donde pasó la noche en un rincón, gañendo bajito cada vez que el ciervo trataba de acercarse.

A la mañana siguiente, Remus había tomado una resolución y sus amigos lo vieron sonriente, como si nada hubiera pasado. Y eso los preocupó más.

*

Sirius había pasado una pésima noche, mirando la luna llena, preguntándose cómo estaría Moony, pero sin atreverse a acercarse. Había visto el dolor en los ojos de Remus y estaba tan avergonzado que no pudo acercarse ni decirle nada. Y para colmo, James y Lily tampoco le hablaban.

, se dijo con ira. Después de todo, su propia madre lo despreciaba, ni qué decir de Moony.

Se levantó muy temprano y caminó hacia el despacho de White. Le confesaría todo a su profesor y quizá de una vez por todas lo expulsen y todo termine para él.

Pero su profesor no estaba solo a esa temprana hora y le sorprendió oírlo hablar.

- “Nigel, sabes que no estoy de acuerdo. Malfoy no me parece confiable y no aprobaré que te sustituya en Duelo con Slytherin y Hufflepuff”, dijo firmemente White.

Sirius se detuvo y pegó la oreja a la puerta junta, con todos sus sentidos alertas.

- “Lo siento, Marius”, repuso tranquilamente Campbell, “debo ir a Escocia y ya lo hablé con Dumbledore. El Ministerio de Magia ha recomendado a Lucius Malfoy como un posible reemplazo y no hay tiempo para conseguir otro. Por más que quisieras, las Pociones no son tu especialidad”

- “¿Acaso lo son de Malfoy?”, preguntó fría y hostilmente White.

- “Severus Snape lo ayudará, y también el chico Balfour”, dijo Campbell saboreando el nombre de su pequeño escocés, “No vine a pedir tu opinión, Marius, sólo a comunicártelo. Parto en una hora”

Campbell salió de pronto y encontró a Sirius, pero lo hizo a un lado, fulminándolo con la mirada. Luego caminó velozmente hacia las mazmorras y antes de llegar a su despacho, olió un familiar aroma que lo hizo sonreír mientras abría la puerta.

David.

El chico se arrojó a sus brazos y le ofreció sus labios sin reserva alguna.

- “¿Te vas?”, preguntó rompiendo el beso.

- “Sí, mi ángel. Debo ausentarme por una semana”, confirmó Campbell para tristeza del chico. “Pero a mi regreso, podremos amarnos sin reserva”, susurró a su oído pegando sus caderas a las de David, en amorosa anticipación. El joven gimió.

- “Llévame contigo….”

- “¿Irías?”, sonrió Campbell, David jamás imaginaría lo que iba a hacer e incluso así deseaba acompañarlo.

- “Hasta el fin del mundo, Highlander”

Campbell lo estrechó contra su corazón. En esas semanas el chico se había convertido en todo su universo y por primera vez sintió la necesidad de replantearse el peligroso juego que había iniciado hacía siete años.

Lo apartó suavemente, no le gustaban las despedidas y le gustaba menos despedirse de él, que lo miraba con calma, aunque sus ojos la desmentían. A ambos les dolía separarse, pero Campbell no quiso prolongar lo inevitable.

- “Volveré pronto”, dijo tomando un pequeño maletín. Luego caminó con seguridad hacia la puerta.

*

- “Te digo, Sev, que será pan comido”, sentenció Lucius Malfoy probándose con ojo crítico la túnica plateada que se había mandado a hacer para la ocasión.

- “¿Eso no es demasiado ostentoso?”, aventuró Severus, reconociendo sin embargo, que el rubio se veía magnífico… además, había mandado a hacer cinco de esas túnicas, con diferente corte pero del mismo plateado, una para cada día.

- “En absoluto, Sev. Además, no pienso compararme con las túnicas escocesas de Campbell, jamás vi peor gusto”

Severus sonrió. Lucius ya llevaba en su conciencia muchos asesinatos, pero verlo así, tan absorto en sí mismo, tan satisfecho y sonriente, sólo provocaba besarlo. El rubio jamás cambiaría.

Su mirada vagó por la habitación que le habían asignado en Hogwarts y que el propio Lucius había hecho decorar por sus elfos domésticos. Llamaba la atención el espejo en el techo, sobre la cama y Severus se preguntó cuál sería la utilidad práctica de tener allí un espejo…

- “¿Luzco mejor así?”

La voz acariciadora de Lucius lo hizo volver a mirarlo.

Desnudo.

¿En qué momento se había desvestido? Lucius estaba de pie, admirándose frente al espejo, con su cabello platinado cayendo libre sobre su espalda y el vello de su sexo, del mismo color, brillando con la luz de las lámparas que había encendido.

Severus se endureció al instante.

- “Hermoso”, dijo con la mirada vidriosa de deseo, pero el rubio le hizo un leve gesto para que se quedase en su sitio y luego avanzó rodeando la cama hacia la mesa de noche, donde se inclinó adrede, dejando sus nalgas expuestas a la vista mientras buscaba algo en los cajones.

, pensó Severus. Sí, desvergonzado. Y ciertamente adorable.

- “Anoche para los juicios, asalté la casa de un abogado muggle y mira lo que el maldito bastardo tenía”, dijo Lucius irguiéndose y mostrándole una pequeña argolla metálica. Los “juicios” eran el nuevo modo de ajusticiamiento muggle que Voldemort había ideado.

- “¿Qué es eso?”, preguntó Severus más interesado en las formas desnudas de su amante que en la argolla que éste exhibía.

Lucius trepó a la cama y se escuchó un ligero chasquido metálico y la atención de Severus se dirigió ahora a la argolla, que rodeaba ahora el erecto y apetitoso miembro del rubio.

- “Miaw”, ronroneó Lucius girando en la cama, exhibiéndose todo sin ningún pudor.

Severus se arrojó sobre él.

- “Ahh, Lucius… adoro cuando haces eso”, jadeó luchando por quitarse la ropa y pronto el uniforme del colegio quedó hecho un lío en el piso y la boca de Severus mordió ansiosa la palpitante erección del rubio.

Esta vez lo poseería, se prometió Severus, porque en su último juego de dominación el rubio había vencido y lo dejó sin poder sentarse en tres días, deliciosa agonía que le recordaba a su amante…

Arremetió contra Lucius una y otra vez, esperando oírlo gemir y arquearse antes de eyacular en sus manos, pero el aire estaba lleno de sus angustiosos gemidos y el alivio no llegaba. El espejo en el techo le daba un nuevo ángulo de visión sencillamente delicioso. Entonces, Severus entendió el propósito de la anilla y eso lo enardeció más y más, Lucius estaba a su merced y él mismo se había puesto en esa situación.

Sería suyo y cabalgaría sobre él toda la noche, oyéndolo suplicar.

- “Dilo, Malfoy”, dijo dándole una palmada en la nalga mientras lo masturbaba moviendo la mano con rapidez.

- “Miaw”, gritó Lucius como una auténtica gata en celo.

- “Más”

- “¡MIAW! Severus… ¡Por favor, Severus! Ten piedad…”

El rubio estaba desesperado y Severus salió de su cuerpo, con peligro de acabar él también y aún no deseaba hacerlo. Insertó en lugar de eso sus dedos y jugó con el dilatado esfínter haciendo enloquecer al rubio a la vez que lo torturaba con pequeñas mordidas en el glande.

- “Sigue, Lucius…”

- “Severus… no puedo…”, la boca del moreno dejó de succionar, “no, no… miaw”, jadeó casi con un derrotado sollozo… eso era pura agonía.

Lo tenía a su merced, como siempre había querido. Severus bendeció la imaginación de los muggles y tiró de la anilla buscando el mecanismo para abrirla. Lucius daba más gritos y se agitaba desesperado.

Por fin se abrió y Severus la arrojó lejos, abrió las nalgas de su amante y se clavó en ellas con la fuerza de un huracán, haciéndolo gritar en un salvaje orgasmo mientras el rubio, con los ojos en blanco decía su nombre y eso fue música para Severus que no tardó en eyacular toda su pasión en el cuerpo de su amante.

Severus se mordió los labios para no gritárselo, Lucius enroscaba las piernas alrededor suyo temblando aún por el violento orgasmo, bello en su agonía, delicioso y esquivo amante.

Severus se puso de pie, sabía que si dormía con el rubio estaba perdido. No habría podido vivir sin el sabor de su piel y sus besos, sin su cuerpo poseyéndolo o siendo poseído.

- “¿Te vas?”, notó decepción en la voz del Lucius, pero solo fue un instante.

- “Mañana tienes clases a las ocho, Lucius. No llegues tarde”, un ligero beso y eso fue todo, no podía permitirse más o no habría vuelto a su habitación.

Llegó a la puerta y salió. Estaba salvado una vez más.

- “Sev… la próxima vez serás tú quien lleve la anilla”, ronroneó Lucius abrazándose a su almohada para dormirse pensando en las posibilidades…

*

“Oh I just can't stand it this way. / no puedo seguir de ese modo
Oh jealousy, coming over me, / oh celos, están sobre mi
It's that jealousy, breaking my heart. / son los celos rompiendo mi corazón
Whoa jealousy, taking control of me, / los celos, toman el control de mi”


El tema del día era la presencia de Lucius Malfoy en la mesa de profesores y la ausencia de Campbell que Dumbledore había ya explicado. El rubio bebía zumo de naranja con engreimiento mientras pasaba su vista por la mesa de Gryffindor.

Allí estaba él. Tenía tiempo sin verlo y notó con agrado que había crecido. Sus ojos dorados tenían algo, quizá la forma en que lo miró la vez que lo sorprendió con Severus. No lo sabía, lo único que sabía era que deseaba ver qué expresión tendrían en el paroxismo de un orgasmo, siendo él el causante.

Notó con agrado que Black se sentaba lejos de él, y apenas se miraban. Ya le preguntaría a Severus si los “amiguitos” habían peleado… y tomaría ventaja antes de que volvieran a entenderse.

En el pasillo, sus miradas se encontraron y Remus vio en ellas deseo.

- “Hola, Lupin”, Lucius le dedicó una “sonrisa Malfoy”, espléndido en su túnica plateada.

- “Hola, Malfoy”, Remus le dedicó una sonrisa de lobo acechando su presa.

Se miraron intensamente unos segundos en que el tiempo pareció detenerse, cazador y presa, aunque nadie hubiera podido decir cuál era cuál. Había tanta intensidad en esas miradas que casi dolían físicamente y Remus entendió cuál era el juego, y aunque jamás lo había jugado, conocía las reglas. Y las aceptó.

- “Dicen que eres el campeón”, dijo Lucius al fin, rompiendo el silencio que cortaba el aire, “quiero ver si puedes conmigo. Esta noche, a las doce en el Salón de Duelo. ¿Aceptas?”

- “Acepto”, determinación en los ojos dorados.

Dos personas avanzaron por el pasillo en direcciones opuestas. Severus Snape y James Potter.

- “Remus, te necesitamos en la Sala Común”, dijo tirando del brazo de su amigo que seguía galvanizado en el piso con un extraño brillo en la mirada.

- “Hasta entonces”, dijo el rubio girando para recibir a Severus con una brillante y complacida sonrisa.

*

“Now ya just gotta know, / tienes que saberlo
That I can't let it go, / no te dejaré ir
And it's time that ya knew, / y es tiempo de que sepas
I can't stop loving you. / que no puedo dejar de amarte”

- “¡Estás loco, Moony! ¡No puedes encontrarte con Malfoy a media noche! Además, él ni siquiera está en la competencia”, exclamó James.

David, Peter y Lily lo rodeaban con los rostros ansiosos y preocupados. Sirius en una esquina, fingía leer “El Profeta”.

- “¿Por qué no puedo? Deseo hacerlo y lo haré… soy el campeón, ¿recuerdan?”

- “No estás en buena forma”, intervino David, “no tienes que hacerlo, Remus. Malfoy tiene mala fama”

- “David tiene razón, Moony”, insistió James, “es capaz de intentar seducirte, él no respeta nada de nada”

- “¿Y eso qué? ¿Qué hay si quiero hacerlo?”, estalló Remus, “¿Quieren dejar todos de cuidarme como un crío? Yo creo que estoy grande como para saber lo que quiero y eso incluye batirme con Malfoy en cualquier clase de duelo que él elija”.

El chico pálido salió airado en dirección al despacho de Minerva Mc Gonagall y Sirius arrojó el periódico al fuego y se fue sin decir palabra.

*


”You say I'm a sentimental fool, / dices que soy un tonto sentimental
But all I tried to do / pero todo lo que he tratado de hacer
is go with you, / es ir contigo
Not gonna look around / no tengo que mirar alrededor
I'm just gonna look away. / sólo voy a mirar lejos
It's been a battle since /ha sido una batalla desde
you broke my heart, / que me rompiste el corazón
I tell you now / te digo ahora
that it's been coming down hard, / que ha sido muy difícil
Oh I just can't stand another day. / Oh, no puedo soportar otro día.”


- “Profesora—“, preguntó tímidamente Remus en la puerta del despacho.

- “Pase, señor Lupin”, dijo ella amablemente, “¿en qué lo puedo ayudar?”

Remus se sentó y escogió sus palabras. Había estado pensando en ello toda la noche, pero se acababa de decidir luego de ver a Lucius en el pasillo.

- “¿Recuerda que en quinto año le pedí no usar la habitación de prefecto?”, preguntó.

- “Sí, lo recuerdo”, asintió la profesora mirándolo con interés, “¿ha cambiado usted de opinión?”

Remus respiró hondo.

- “Así es”, explicó, “Sirius… él ronca… necesito descansar más por los exámenes y no he conseguido hacerlo…”

La profesora lo interrumpió. Estaba segura de que allí había algo más, pero sabía que aún si Sirius estuviera haciendo algo malo, Remus se lo diría, de modo que aceptó.

- “De acuerdo, señor Lupin. Vaya a clases y pediré a los elfos que trasladen sus cosas”.

 

Capítulos 21 al 30

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