EL ANILLO Y LA ÓRDEN DEL FÉNIX

HP

 

N. del a.: Los personajes y locaciones pertenecen a J.R. Tolkien y a J.K. Rowling yo solo creé a uno de los elfos protagonistas. En algunas ocasiones uso los hechizos “Destrucio”, estos son propiedad de FoxLady. También hay en esta historia muchísimas referencias a material de H.P. Lovecraft y Brian Lumley, específicamente a “El visitante nocturno”.

 


Prólogo

Esta historia es un crossover entre Harry Potter y El Señor de los Anillos, tiene lugar luego del cuarto libro de HP, de manera que solo tomaré algunas ideas del quinto libro. Asimismo, en la Tierra Media, el anillo único ya fue destruido.

De acuerdo con Tolkien, a la tierra media llegaron 5 magos, los cuales eran maiar y fueron enviados por los Valar para ayudar a controlar al malvado Melkor. Sólo se sabe de tres de ellos en LOTR, por lo tanto, supondremos que Dumbledore es un maiar también y decidió ir al mundo mortal porque Melkor se había aliado con un mago llamado Voldemort.

Dumbledore entonces mantiene contacto con Gandalf y Galadriel a través de un palantir que está situado en Lothlórien y por medio de éste, pide ayuda cuando se confirma que Voldemort ha regresado. Un palantir es una piedra a través de la cual es posible ver cosas y comunicarse con alguien. Algo así como la bola mágica de un gitano, pero color negro.

Los elfos que intervienen aquí son Haldir, guardián de las fronteras de Lothlórien y Finwe, un elfo que es creación mía y que aparece en los fics “El Corazón del Rey/Leave it behind” y “Descubra al Asesino”. Finwe es un elfo del Bosque Mágico que fue llevado por sus padres a Lothlórien cuando huían de los orcos que se habían instalado en ese bosque. Al llegar a las fronteras, los orcos asesinan a sus padres y él se salva porque Haldir llega a tiempo. El elfo siente una admiración sin límites hacia Haldir y decide ser arquero. Con el tiempo, se enamora de Haldir, que parece no notar su presencia, hasta que, en la Guerra del Anillo, son enviados con un ejército de elfos a ayudar a Aragorn en la defensa del país de Rohan. Allí Finwe salva la vida de Haldir y capta su atención. Luego de muchas aventuras, son finalmente pareja y ambos guardan las fronteras de Lothlórien.

Hechas estas explicaciones, creo que podemos empezar.

 

Capítulo 1: Another time, another place

“Bright morning lights / Luces brillantes de la mañana
Wipe the sleep from another day's eye / enjuaguen el sueño de los ojos de otro día
Turn away from the wall / volteen lejos de la pared
And there's Nothing at all / y no habrá nada de nada
Being naked and afraid / desnudos y atemorizados
In the open space of my bed / en el espacio abierto de mi cama”

Another time, another place – U2


Luego del desastroso final del Torneo de los Tres Magos, que terminó con la trágica muerte del estudiante Cedric Diggory y con la nefasta noticia de que Lord Voldemort había regresado, Albus Dumbledore, director de Hogwarts se encontraba en su despacho analizando los acontecimientos.

Había tenido un terrible enfrentamiento con el Ministro de Magia, Cornelius Fudge, pues éste aducía que el estudiante Harry Potter había imaginado todo lo que relató acerca del retorno de Voldemort y pondría todos los recursos del Ministerio (que no eran pocos) para desacreditar al chico y al mismo Dumbledore, que manifestó creer en su versión.

Con las cosas así, Dumbledore convocó a la antigua Orden del Fénix, considerablemente debilitada desde la vez que lucharon con Voldemort, doce años atrás. Sus mejores miembros, los Potter, estaban muertos; los Longbottom, internados en un hospital; y Sirius Black era perseguido por el Ministerio, al acusársele de un crimen que no cometió.

La situación era desesperada, debía luchar con el Ministerio, además de luchar con Voldemort y los mortífagos, vueltos a reunir y deseosos de ganarse nuevamente el favor de su señor. Además, debía proteger a Harry.

Aceptó el pedido del Ministro para contratar a la Profesora Umbridge, en la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, a sabiendas de que era una espía, con la única condición de que le permitieran traer un nuevo profesor para una nueva asignatura que reforzaría Pociones, dictada por Snape. El Ministro aceptó, pues Dumbledore aún tenía influencia en los círculos mágicos.

De este modo, Albus Dumbledore hizo la única cosa posible. En la privacidad de su despacho, y con sólo Fawkes, el ave fénix, como testigo, sacó de un armario una esfera negro brillante y la colocó sobre su escritorio.

En la superficie se empezaba a formar una imagen. Vio una hermosa cámara ricamente decorada, y esperó.

Al cabo de un rato, que le pareció interminable, un rostro, de una belleza más que humana, apareció dentro de la esfera y la Dama Galadriel, señora de Lothlórien preguntó:

- “Albus, querido amigo, ¿hay algo que pueda hacer por ti?”

Él sonrió. La Dama Galadriel estaba exactamente como él la recordaba, no había cambiado en absoluto, lo que no era de extrañarse, pues era una elfa, e inmortal. Él, sin embargo, había envejecido y nada quedaba ya de su gallardo aspecto, cuando la conoció por primera vez, hacía milenios. Los maiar eran también inmortales, pero él había renunciado a su inmortalidad cuando decidió custodiar la Tierra.

- “Hermosa Galadriel, molesto tu atención a causa de un nefasto acontecimiento”, explicó, y continuó relatando a la dama todo lo acontecido. Finalmente le pidió hacerse presente en Hogwarts y luchar juntos contra Voldemort.

Ella lo escuchó gravemente, y Dumbledore sintió que aún a la distancia, ella leía su mente a través del palantir.

Finalmente, la Dama habló.

- “Albus, dada la gravedad de lo que me relatas, no puedo decidir por mí misma cómo ayudarte. Debo pedir consejo a Mithrandir, quien está en camino. Mas desde ahora te digo que yo misma no puedo ir. Mi tiempo en la Tierra Media ha llegado a su fin y me embarcaré pronto a Valinor, pero antes veré la forma de ayudar a un viejo amigo. Espera mis noticias”.

De ese modo, pasó cerca de un mes. Dumbledore sabía que ella no le fallaría, pero también era consciente que los viajes en la Tierra Media tomaban su tiempo y ella debía esperar a que Gandalf, el mago, (o Mithrandir, en élfico) llegase a Lothlórien.

Mientras tanto, el diario El Profeta lo atacaba sin piedad, empeñado por órdenes del Ministerio, en dañar su imagen, tildándolo de viejo loco por creer en los delirios de un muchacho de quince años que era el único testigo del regreso de Voldemort.

Finalmente, el palantir, que ahora ocupaba un sitio en el escritorio de Dumbledore, brilló una mañana, y el viejo mago se apresuró a mirar en su interior.

Para cuando terminó de hablar con Galadriel, sintió que la confianza volvía a renacer en él. Y esperó a que la Dama le enviara la ayuda prometida.


*

“Just as I am / Sólo como estoy
I awoke with a tear on my tongue / despierto con una lágrima en mi lengua
I awoke with a feeling of never before / despierto con un sentimiento de nunca antes
In my sleep I discover the one / en mis sueños, descubro al único
But she ran with the morning sun / pero huye con el sol de la mañana”

Finwe despertó entre los brazos de Haldir, como todos los días desde que estaban juntos. Su amante lo obsequió con una encantadora sonrisa mientras le acariciaba la espalda juguetonamente. Un ligerísimo dolor le recordó los acontecimientos de la pasada noche y una sensación de seguridad se apoderó de él al saberse tan amado.

Pero a la vez una sensación de temor, de separación inminente.

- “Buenos días, pequeño elfo”, sonrió Haldir.

- “Buenos días, mi dueño”, sonrió Finwe a su vez, encogiéndose seductoramente bajo las mantas, buscando un placentero contacto.

Haldir lo cubrió con su cuerpo, lo amaba más que a nada en el mundo y no dejaba de sorprenderle la total entrega con la que Finwe se le ofrecía, como si siempre fuera la primera vez.

Sus bocas se fundieron en un apasionado beso, y Finwe giró quedando sobre Haldir y luego hizo un movimiento que arrojó lejos las mantas que los cubrían, para deleitarse contemplando el perfecto cuerpo de su amante, que ya presentaba signos de evidente excitación.

El joven elfo miró por la ventana, el sol aún no estaba alto y era temprano. Tenían tiempo. Tenían tiempo antes de saber si su presentimiento se haría realidad.

Sonriendo traviesamente, tomó a Haldir entre sus labios, succionando experta y deliciosamente, hasta oírlo gemir. Y entonces lo soltó, para deslizarse seductoramente sobre su cuerpo y besar sus pezones, subiendo hacia su boca que pedía ser besada.

A Haldir le gustaba ser el dominante, pero cuando su pequeño elfo tomaba la iniciativa, lo dejaba hacer y jamás había tenido que arrepentirse, de modo que sólo lo tocó brevemente entre las nalgas y Finwe estuvo listo para empalarse él mismo en el cuerpo de Haldir, lentamente primero, porque esa zona seguía un poco adolorida, y luego, conforme se abría, más rápidamente.

Cuando tuvo a Haldir dentro suyo, lo miró intensamente a los ojos.

- “Te amo”, dijo y empezó a moverse rápidamente, empujándose hacia arriba con las rodillas, para luego caer completamente dentro del miembro erecto de Haldir.

Estos movimientos les arrancaban a ambos verdaderos gritos de placer, y Haldir miraba el rostro de su pequeño elfo mientras se atendía a sí mismo, a la par que elevaba y bajaba sus caderas. ¡Era tan hermoso! Sus ojos se encontraron y los labios de Finwe se movieron para susurrar, “estoy listo” y un cálido líquido se derramó en el vientre de Haldir, que lo tomó fuertemente de las caderas, guiando su ritmo cada vez más violento, hasta que él mismo se derramó dentro de su amante.

- “Te amo”, dijo a un exhausto Finwe, que aún con él dentro, se recostó contra su pecho.

Estuvieron así en silencio hasta que el ardor se calmó y la naturaleza hizo su trabajo, permitiendo que Haldir se deslizara suavemente fuera del cuerpo de su amado, que se había adormilado nuevamente.

El guardián de Lórien lo contempló, pensando disfrutar los breves momentos antes de incorporarse a su guardia, pero fue interrumpido por un ligero golpe en la puerta del talan. Suavemente se deslizó y, cubierto por una bata, abrió.

- “Haldir, nuestra señora desea hablar contigo y con Finwe. Ahora está reunida con Mithrandir, y ha pedido verlos luego”; informó Rúmil, “yo relevaré a Finwe”

Haldir asintió, y entró en su dormitorio para despertar suavemente al elfo dormido y comunicarle las noticias. El elfo pelirrojo asintió, sus temores habían probado ser reales.

Luego de cambiarse, se dirigieron a la fuente cercana al lugar donde se alzaba el talan en el que Galadriel estaba reunida con Mithrandir, en medio de la ciudad aérea de Caras Galadon, en Lothlórien, el Bosque Dorado.

Por la expresión de su señora y de Lord Celeborn, sabían que algo grave había ocurrido y se preguntaban de qué se trataría, ya que la Tierra Media se encontraba en paz al haberse destruido el Anillo Único, y muchos de los elfos se disponían a navegar al Oeste, en busca de las Tierras Imperecederas.

Haldir tenía la mano de Finwe aprisionada entre las suyas y lo miraba sonriendo para tranquilizarlo. Desde que eran pareja, sólo se habían separado una vez, cuando Galadriel pidió a Haldir hacer un viaje a Gondor y Finwe permaneció en Lothlórien con Legolas. Al volver, Haldir le había prometido que jamás se volverían a separar. Pero ahora, Finwe temía que una nueva misión encomendada por la Dama, a quien Haldir jamás desobedecería, los pudiese separar.

Se abrazó de Haldir y lo miró a los ojos.

- “Yo iré donde tú vayas”

Haldir lo tomó entre sus brazos tranquilizándolo con un beso.

- “Nada nos separará, pequeño elfo”

Finalmente, se abrió la puerta y Lord Celeborn les hizo una seña para que se acercasen.

Entraron en el talan e hicieron una reverencia a sus señores. Galadriel les hizo un ademán para que tomaran asiento y su mirada los traspasó. Ambos estaban deseosos de complacerla, pero, como siempre, esa mirada los ponía muy nerviosos, ya que ella podía leer fácilmente las emociones de elfos y humanos.

La Dama sonrió.

- “Les he pedido que vengan pues deseo que me hagan un último servicio”, dijo seriamente, “sabido es por todos que pronto partiremos a Valinor. Sin embargo, el universo no está compuesto solamente por la Tierra Media y las Tierras Imperecederas”, continuó e hizo una pausa para ver cómo ellos dos asimilaban estas palabras.

Haldir se sintió sorprendido, pero no lo exteriorizó. Sabía mantenerse imperturbable, aunque su cerebro estaba profundamente intrigado. Finwe, sin embargo, era un elfo más joven y sus ojos verdes se abrieron mucho cuando oyó esas palabras.

- “En tiempos remotos, los Valar enviaron a la Tierra Media a los Istari, o magos, de los cuales ustedes conocen a dos: Mithrandir, aquí presente y Saruman, quien fue corrompido por el Señor Oscuro. Pero hubo otros magos. Uno de ellos, conocido como el Mago Blanco, decidió ir a un mundo paralelo, llamado simplemente la Tierra, y adoptó el nombre de Albus, dejando su título de Mago Blanco a Saruman. Él es ahora quien invoca nuestra ayuda”, y Galadriel hizo nuevamente una pausa.

- “Albus era un maiar”, continuó Gandalf, “pero al ir a la Tierra, perdió su inmortalidad y parte de sus poderes. Sin embargo, aún así, es el mago más poderoso de la Tierra. En la Tierra hay también otros magos y uno de ellos – Lord Voldemort, le llaman - se ha unido a Melkor. Hace doce años, Albus lo combatió con un grupo de magos de la Orden del Fénix, logrando derrotarlo gracias a un niño que sobrevivió a una poderosa maldición. Sin embargo, Voldemort ha vuelto y Albus pide nuestra ayuda”

Haldir y Finwe estaba profundamente sorprendidos. Nunca imaginaron que podría existir un ¿mundo paralelo? como Galadriel lo había llamado. Y además, Melkor tenía un sirviente también allí, ese tal Voldemort.

Entre Gandalf y Galadriel continuaron explicándoles la historia que conocían por Albus y la urgencia de detener a Voldemort para evitar que asesine a mortales inocentes y a los magos que se le oponían.

Finalmente, la historia estuvo dicha y Finwe preguntó tímidamente.

- “Mi señora, sé que nos has mandado llamar en relación a esos acontecimientos. Pero no alcanzo a entender el papel que jugaremos Haldir y yo en todo esto”

Galadriel le sonrió.

- “No será fácil. Pensamos en Legolas y Aragorn también, pero ellos están ahora ocupados en la unificación de Arnor y Gondor y han pasado demasiado sufrimiento ya. Lo que deseo de ustedes es simple: Albus necesita usar un anillo de poder y alguien debe llevárselo. Pero el anillo que tengo y que les daré debe elegir el mismo a su portador y no sabemos quién puede ser. Además, una vez que el anillo elija al portador, deberán vigilar que lo use adecuadamente. Esto significa pasar un tiempo en la Tierra hasta que la misión sea completada”, explicó Galadriel.

- “Por supuesto que no los obligaremos a ir”, intervino Celeborn, “sabemos que será peligroso, pues los poderes de Voldemort son grandes. Deberán ponerse a órdenes de Albus e integrar la Orden del Fénix, y mantenerse vigilantes y alertas”

Se hizo un tenso silencio, que fue roto por la resuelta voz de Haldir.

- “Mi señora, iré a donde me pidas”

- “Y yo iré contigo”, dijo a su vez Finwe. No se separaría de Haldir, jamás lo haría.


Galadriel sonrió de nuevo.

- “No esperaba menos de ustedes”, dijo complacida.

- “¿Cuáles son los poderes del anillo que llevaremos?”, quiso saber Finwe.

- “Eso, me temo que no lo sabemos”, respondió Gandalf, “los anillos de poder se adaptan al portador. Su poder no es tan grande como el del Anillo Único, y no podemos decir exactamente qué hará. En mi caso, el Anillo me ha concedido poderes mágicos al punto de poder leer las emociones, tener visiones y mantener hechizos de protección sobre Lothlórien. En el caso de un humano, sus poderes no serán tan grandes, pero habrá siempre el peligro de que el humano, seducido por su poder, lo use inadecuadamente. Es por eso que necesitamos quien lo custodie.”

- “Bien”, dijo Haldir. “¿Cuándo partiremos y cómo?”

- “Apenas empaquen sus pertenencias. Lo haremos a través del Palantir y con la ayuda de un ave mágica que Albus posee, el fénix, y que los llevará directamente ante él”, respondió la dama.

- “Iremos ahora mismo”, dijo Finwe, que ardía en deseos de tener aventuras.

Ambos se pusieron de pie para ir a empacar y cuando llegaban a la puerta, Celeborn habló de nuevo.

- “Hay un detalle más”

Haldir dio la vuelta y preguntó. “¿Qué es?”

- “Verán”; explicó Celeborn, “Albus es el director de una escuela para magos, llamada Hogwarts. En ella enseñan a los magos jóvenes todo lo que deben saber acerca de la magia. Albus ha conseguido que ustedes puedan enseñar allí”

- “¿QUÉ?”, exclamó Haldir, “yo jamás he enseñado magia y ...”, empezó a protestar.

- “Enseñarán ‘Medicina Élfica’”, intervino Galadriel, “es una asignatura nueva que Albus ha inventado para ustedes. Y tú, Haldir, conoces mucho de eso”, agregó sonriente, “eso les dará oportunidad de pasear por Hogwarts sin llamar demasiado la atención”

Finwe se mostró entusiasmado.

- “Siempre quise enseñar algo”, exclamó y agregó, al ver el rostro nada entusiasmado de Haldir, “vamos, melda (amado), ¡será divertido!. Pero…” y se detuvo preocupado, “¿cómo nos comunicaremos? ¿ellos no hablan élfico, verdad?”

Galadriel sonrió.

- “Desde luego que no, aunque Albus sí lo hacía. No se preocupen, al enviarlos a la Tierra, Albus pondrá un hechizo para que puedan hablar su lengua sin problemas”

Haldir murmuró algo antes de ser arrastrado de allí por Finwe.


*

Lucius Malfoy se estiró en su amplia cama cubierta de sábanas rojas y miró al hombre dormido junto a él.

Severus Snape, el profesor de Pociones de Hogwarts.

Habían pasado unos días juntos, antes del inicio de clases, aprovechando que su esposa Narcissa y su hijo Draco se hallaban de vacaciones en la Riviera Francesa. Unos pocos días de paz, porque Lucius sabía que la guerra se avecinaba, esta vez con más fuerza que hacía catorce años.

Severus se movió en sueños, era fascinante mirarlo, tan calmado después de una agitada noche de pasión. El profesor de Pociones no era atractivo, de él emanaba una poderosa fuerza. Lucius lo amaba.

Lo amaba, pero jamás se lo diría.

Lo besó ligeramente en los labios.

- “¿mmm?”

- “Despierta, Sev. Narcissa debe llegar en cualquier momento con Draco”, Lucius tenía siempre ese modo sutil de recordarle que sólo compartían la cama.

Severus se estiró, mirando a su amante. Era hermoso, mucho más hermoso ahora que su pasión estaba satisfecha. Se puso de pie, con mal talante y comenzó a vestirse. Odiaba eso. Odiaba sentirse usado cada vez que Lucius quería satisfacerse. Odiaba tener que dejarlo luego de amarse toda la noche. Pero no podía evitarlo, cuando lo veía ronroneando como un gato y pedirle que fuera con él, no podía negarse. ¿Eso era amor?

- “Sev”, Lucius lo miró intensamente. Odiaba que se fuera así. Odiaba no poder decirle todo lo que sentía. Odiaba mantener ese matrimonio de apariencia, pero ese era el deseo de Voldemort y no se atrevía a contradecirlo. “No vayas a Hogwarts, quédate conmigo”, pidió sabiendo que era imposible.

- “No lo haré”, mintió Severus haciendo brotar una sonrisa en el rostro del rubio, “Debo ir de viaje, Lucius”, informó Severus. Había guardado la noticia para el final.

- “¿De viaje?”, Lucius se sentó sobre la cama, sin molestarse en cubrirse.

Severus no pudo dejar de admirarlo, tan atractivo y a la vez tan frío y despiadado a la hora de asesinar. Como si lo disfrutara. Como él mismo lo hizo una vez.

- “Nuestro señor me ha pedido un servicio especial”, explicó. Lucius asintió gravemente, cuando Severus hablaba de Voldemort, era mejor no hacer preguntas. “¿Tuviste éxito en el Ministerio?”, le preguntó Severus, ya vestido, volviendo a sentarse sobre la cama, mientras sus manos vagaban por la espalda de Lucius.

- “¿Acaso lo dudas? Fudge hace lo que yo quiero”

Severus sonrió. “No sólo Fudge”, pensó. Era el maldito encanto Malfoy y Lucius lo sabía. Y se aprovechaba. Lo miró interrogante.

- “Entré al Departamento de Misterios y robé la esfera. Fudge ni siquiera lo notó, el muy cretino”, rió Lucius estirándose sobre las sábanas de seda, con movimientos sensuales.

¡La esfera! Severus sabía que Dumbledore tenía una esfera similar, pero que jamás la utilizaba. También sabía que Voldemort tuvo antes un aliado poderoso, y estaba seguro de que la esfera le serviría para comunicarse con él.

- “Severus, empezará de nuevo”, ya no había risa en la voz de Lucius, su tono se había hecho grave. No era que no le importara asesinar, él creía firmemente en que los magos debían revelar su existencia y destruir, si fuera necesario, a los muggles. Y junto con ellos, a todos los magos que se les opusieran.

Severus era uno de ellos.

Porque Severus Snape, el antiguo mortífago, había decidido cambiar su vida el día que por su causa, un muchacho inocente murió. Su mundo casi se derrumba y Albus Dumbledore lo había acogido y confortado. Severus formaba parte de la Orden del Fénix y actuaba de espía para Dumbledore, como mortífago a las órdenes de Voldemort. Y para probar su lealtad, iba a ser enviado a un viaje en el cual un muggle debía morir.

Se abrazaron en silencio. Se habían hecho amantes en Hogwarts, cuando Lucius, tres años mayor que él, y ávido de nuevas sensaciones, había seducido al joven Severus, cuya seriedad lo excitaba muchísimo. Y descubrió un volcán bajo esa seriedad.

Se separaron cuando Lucius se casó con Narcissa, aunque lucharon juntos en la guerra que Voldemort desató. Luego se perdieron de vista, pues Severus se dedicó a enseñar en Hogwarts y Lucius volvió a tomar su posición aristocrática. A veces se encontraban y se saludaban educadamente, como correspondía a dos personas recientemente presentadas y no a dos antiguos condiscípulos, amantes y compañeros de lucha.

Fue una extraña experiencia para Severus tener al hijo de Lucius, Draco, en el colegio. En muchos aspectos era parecido a su padre, pero también tenía la displicencia de su madre y no era el estudiante brillante que Lucius había sido. Aún así, se las arreglaba para favorecerlo siempre, sin saber exactamente por qué lo hacía. Quizás porque era el hijo de Lucius.

Lucius siempre había sido fiel a sus creencias, por eso usó a la chica Weasley para abrir la Cámara de los Secretos, hacía de eso tres años. Y luego, cuando a Draco lo atacó un hipogrifo, Lucius hizo un escándalo que terminó con la condena a muerte del animal, que escapó luego inexplicablemente. Severus estaba seguro que eso tenía que ver con la fuga de Black, que le arrebató su Orden de Merlín y lo hizo quedar como un perfecto idiota.

Y entonces se volvieron a encontrar a solas.

Y la pasión, tanto tiempo reprimida, volvió a surgir entre los dos. Pero esta vez, Severus había cambiado y ya no era el joven algo tímido de antes. Era un hombre ávido de probar sensaciones nuevas, y Lucius era un maestro. Se amaban con total abandono, como si fuera la última vez, como si fueran a morir al día siguiente, como si su vida dependiera de ello. Pero Lucius no era fiel en absoluto, el mago rubio protegía sus sentimientos durmiendo con otros, y no le preocupaba que Severus lo supiera. Y Severus no se lo cuestionaba.

Sus encuentros eran esporádicos, pues ambos eran respetados miembros del Mundo Mágico y debían guardar las apariencias. Severus era un maestro en Oclumancia y Lucius había vivido mucho tiempo aparentando ser lo que no era, de modo que nadie sospechó nada, y el oscuro profesor de Pociones continuó visitando Malfoy Manor y durmiendo furtivamente en la cama de su dueño por casi un año.

Luego, Voldemort volvió.

El Señor Oscuro había evaluado nuevamente a sus mortífagos, torturando a los que no le habían sido fieles. Tanto Lucius como Severus se vieron sometidos a crueles sesiones de cruciatus, pero no flaquearon y fueron admitidos nuevamente como las personas más cercanas al círculo de Voldemort. Sobre todo Lucius, que tenía a su cargo las misiones más importantes ahora que su señor se preparaba para la guerra.

Se miraron y Lucius lo besó como si esa fuera la última vez que lo hacía.

Y Severus, callado como siempre, partió, dejándolo acurrucado en la cama.

 


Capítulo 2: Flying away

“Catch me as i fall / Atrápame si caigo
say you're here and / dime que estás aquí y
it's all over now / todo acaba ahora
speaking to the atmosphere / hablando a la atmósfera
no one's here and / nadie está aquí y
i fall into myself / caigo en mí mismo
this truth drives me into madness /esta verdad me lleva a la locura
i know i can stop the pain / sé que puedo detener el dolor
if i will it all away / si lo envío lejos ”

Whisper - Evanescence


Haldir y Finwe empacaron sus pertenecias en dos morrales. Llevaban algunas ropas élficas y lembas, además de algunos objetos de aseo personal. Galadriel y Celeborn les habían dicho que no se preocuparan por provisiones ni por empacar demasiada ropa, ya que deberían usar túnicas de magos.

Finwe colocó también en su morral su cuaderno de dibujo, cuyo principal tema seguía siendo Haldir, mientras que éste último empacó su arpa. Repasaron nuevamente el equipaje y finalmente tomaron sus arcos y flechas, así como sus espadas y dagas, pues las armas les daban seguridad, aunque no sabían si les serían de utilidad en el lugar a donde iban.

Finalmente, Haldir cerró la puerta de la vivienda que compartían, y tomados de la mano, se dirigieron a ver a Galadriel. Ninguno hablaba y Haldir contemplaba con nostalgia su amado bosque dorado, memorizando cada árbol y cada planta que allí había. Finwe miró también el arroyo donde tantas veces había espiado a Haldir mientras se bañaba y donde luego habían compartido muchas veces gratos momentos. La aventura lo atraía, pero sabía que extrañaría ese bosque, que consideraba su hogar.

Celeborn, Galadriel y Gandalf los estaban esperando.

- “Estamos listos”, dijo Haldir.

- “Bien”, respondió Gandalf, “debo recomendarles mantenerse alertas. Voldemort puede tener espías. Sólo confíen en Albus y en sus más allegados. El Anillo debe elegir a su portador, Albus les indicará quiénes son las personas que confía podrán llevarlo y deberán hacer una prueba con cada una de ellas.”

- “Haldir de Lórien, la misión que cumplirás es de la máxima importancia. No dudamos de tu coraje y valentía, ni de tu lealtad. Los elfos nos sentimos orgullosos de tener entre los nuestros personas como tú y Finwe.”, dijo la Dama Galadriel, entregándole el anillo sujeto a una cadena que colgó en el cuello del elfo.

- “Sigue lo que te diga el corazón, así sabrás quién será el portador del anillo. No podemos decirte más, pues nosotros ignoramos cuál será la señal. Los anillos de poder tienen voluntad propia”, intervino Celeborn.

- “¿Cómo nos comunicaremos contigo, mi Señora?”, preguntó Finwe.

- “A través de esta piedra”, contestó Galadriel señalando el palantir.

- “¿Están listos?”, preguntó Gandalf.

- “Lo estamos”, respondió con voz firme Haldir.

- “Uno de ustedes debe ir primero, luego el otro lo seguirá. No habrá ningún problema, pues Albus los está esperando. Llegarán a su despacho”, explicó Celeborn.

Haldir avanzó, él sería el primero. Sonrió para tranquilizar a Finwe que miraba nervioso el palantir, donde se veía el rostro de un anciano de largos cabellos blancos y expresión serena.

- “Una última cosa”, dijo Gandalf, “deben recordar que irán a un colegio, y que los humanos no tienen las costumbres de los elfos. Deberán ser prudentes acerca de su relación”

- “¿Por qué?”, saltó Finwe.

- “Gandalf tiene razón, pequeño elfo”, dijo Haldir, “no deseamos problemas innecesarios, ¿verdad?”, y lo miró seriamente hasta que Finwe asintió con la cabeza.

- “El momento ha llegado”, dijo la dama, señalando el palantir a Haldir. “Debes poner ambas manos sobre él”, pidió Galadriel. El elfo obedeció.

- “Nos comunicaremos por medio de la piedra. ¡Que Eru y los Valar los guarden!”, dijo Celeborn.


Inmediatamente, una luz blanca brotó de la piedra, envolviendo a Haldir y luego pareció que su cuerpo se disolvía en una espiral que fue absorvida por la piedra. La superficie apareció nuevamente negra y brillante.

Finwe repitió las acciones de su compañero y fue absorvido por un espiral similar.

*

Voldemort estaba en su refugio, sentado en un enorme sillón forrado en terciopelo rojo. Junto a él estaban dos de sus más preciados aliados. A sus pies, Nagini, la serpiente. Y a su izquierda, Lucius Malfoy, su más cercano colaborador, sentado en un sillón menos ostentoso.

Los largos dedos del Señor Oscuro jugaban con los cabellos de Lucius, que miraba al vacío, con la mente completamente en blanco. No le gustaba ese contacto, le repugnaba, no le atraía en absoluto, pero se guardó muy bien de mostrárselo a Voldemort.

Su señor había cambiado mucho con su retorno. Nada quedaba ya de Tom Marvolo Ryddle, el antes atractivo mago que gustaba contemplarlo mientras tenía sexo con Severus, pero que jamás participó. Ahora, se había convertido en un ser con el rostro afilado y los ojos rojos, que tenía mayor parecido a una serpiente que a un ser humano.

Voldemort había sometido a sus mortífagos a una terrible sesión de cruciatus para castigarlos por su poca preocupación en rescatarlo, pero Severus y Lucius habían soportado estoicamente la tortura, sabiendo que si uno claudicaba, el otro lo haría. Eso fue lo único que los sostuvo y convenció a su señor de que le seguían siendo fieles.

Pero Voldemort no le había vuelto a pedir tener relaciones delante de él, por lo que Lucius pensó que su nuevo cuerpo estaba cansado de esos juegos. Eso, de algún modo, le dio alivio, ya que los sentimientos que había desarrollado por Severus eran cada vez más fuertes y temía que en un momento de intensa pasión, Voldemort los notara. Y eso suponía una debilidad que no estaba dispuesto a admitir ante nadie.

Y ahora, la mano pálida entretejía sus cabellos sueltos, haciendo círculos hasta que los mechones rubios se ensortijaban, para luego soltarlos en un movimiento lento, acariciador.

Ninguno de los dos hablaba, estaban esperando una señal.

Una señal que podría cambiar el destino de la guerra que pronto iniciarían.

La puerta de la cámara se abrió rápidamente.

- “Señor, usted tenía razón”, exclamó un hombrecillo bajo y calvo, entrando casi sin aliento.

- “¿Acaso lo dudabas, Wormtail?”, siseó Voldemort peligrosamente poniéndose de pie para dirigirse a la cámara contigua, en donde una piedra negra brillaba el pedestal que la sostenía.

- “N-no señor”, dijo Wormtail, temeroso de haber generado la ira en su señor.

Pero por suerte para él, Voldemort ahora estaba preocupado de otras cosas. Miraba la piedra con atención, pero en la superficie brillante no se alcanzaba a ver nada.

De pronto, dos figuras aparecieron girando en el centro de la piedra y Voldemort tuvo una visión de cabellos rojos y ojos verdes.

- “¡Son elfos!”, exclamó. “Lucius”

Lucius contemplaba la escena reclinado en el marco de la puerta y se acercó prestamente al llamado de su señor.

- “Debemos actuar de prisa”

El mago rubio no necesitó mayor explicación y apuntó a la piedra con su varita, al mismo tiempo que Voldemort lo hacía. Ambos recitaron un oscuro hechizo en la lengua de Marduk y de sus varitas brotó un rayo negro que hizo que la piedra se oscureciera.

Voldemort sonrió por unos momentos, y su mano cogió la mejilla de Lucius, con dedos suaves y resbaladizos. Como una serpiente.

Pero entonces, la piedra volvió a brillar y ellos invocaron de nuevo el conjuro, rápidos y ansiosos, sin dejar de mirar la superficie del palantir.

Fue inútil. La brillante luz se hizo más fuerte y luego empezó a disminuir hasta extinguirse, pero no a causa del hechizo que emplearon.

- “¡Maldito fénix!”, exclamó Voldemort con los ojos centellándole de ira y arrojó el palantir lejos.

Lucius retrocedió, sabía que era mejor no dirigirse a su señor hasta que el mal rato se le hubiera pasado. Y estaba muy intrigado por lo que pudo ver en la piedra.

*

Era de noche en Hogwarts.

Dumbledore miraba la esfera donde ya se dibujaba un humo blanco. Fawkes se encontraba a su lado cantando mientras una luz brotaba de sus ojos hacia la piedra.

De pronto, el canto cesó y la piedra se oscureció.

El ave fénix lanzó un grito de dolor. Pero, haciendo un esfuerzo, volvió a enfocar la piedra y nuevamente brotó la luz de sus ojos y su canto se reanudó. El humo blanco apareció en la piedra, pero se disolvió nuevamente y no volvió a aparecer.

- “¡Voldemort!”, susurró Albus, sintiendo miedo por primera vez.

El mago tenebroso se las había arreglado de alguna forma para interceptar el viaje de los elfos, pero Fawkes actuó a tiempo y casi los trae de vuelta. Sin embargo, las fuerzas le fallaron y ahora los elfos se hallaban en algún lugar desconocido, posiblemente dentro de los terrenos de Hogwarts.

El fénix se estaba consumiendo. Tomaría un tiempo para que estuviera en condiciones de volar y buscarlos. Dumbledore confió en que ese tiempo fuera corto.


Mientras tanto, en el Bosque Prohibido, un remolino de luz blanca apareció junto al lago y expulsó a un elfo. Haldir se puso inmediatamente de pie, con todos sus sentidos alertas. Sus manos fueron instintivamente hacia su carcaj y tomó una flecha. ¿Qué era ese lugar? Obviamente no era lo que Celeborn les había dicho. ¿Algo habría salido mal? Su corazón se llenó de inquietud por Finwe, pero en ese momento, un remolino similar expulsaba al elfo de rojos cabellos.

- “¿Haldir?”, preguntó atontado.

- “Melda (amado), aquí estoy”, respondió Haldir acercándose a él.

- “¿Dónde estamos? ¿Qué pasó?”, preguntó el joven elfo sintiéndose inquieto.

- “No lo sé. Vi un rayo negro y sentí que caía. Luego algo me hizo elevarme de nuevo y me arrojó aquí”, explicó, “parece ser un enorme bosque”.

- “Un bosque, sí. Pero está encantado. Percibo aquí cosas siniestras...me recuerda a Mirkwood y al Bosque Mágico”, dijo Finwe poniéndose instintivamente al lado de Haldir.

Los desarrollados sentidos de ambos habían percibido que algo se acercaba. Rápidamente tomaron posiciones, y prepararon sus arcos. No había necesidad de hablar, pues habían combatido juntos tantas veces que sabían qué hacer.

- “¡Arañas!”, susurró Finwe al ver cuatro de esos seres, de gran tamaño, avanzando hacia ellos.

Haldir sopesó las posibilidades. No se veían más enemigos que esas cuatro arañas. No huirían.

- “¡Dispara!”, dijo en élfico.

Dos flechas rasgaron el aire, clavándose certeramente en el abdomen de dos de las asquerosas criaturas que se quedaron en el suelo retorciéndose en su agonía. Las otras arañas atacaron, lanzando un chorro de veneno que fue esquivado ágilmente por los elfos, mientras recargaban sus arcos. Nuevamente, dos flechazos en el blanco y las dos arañas quedaron agonizantes en un charco de líquido viscoso.

- “¡Salgamos de aquí!”, exclamó Haldir y rodearon rápidamente el lago.

Se dirigieron apresuradamente a la otra orilla, pero el bosque se habìa quedado quieto nuevamente.

- “Vayamos hacia el norte”, dijo Haldir

Finwe lo siguió y caminaron unos metros alejándose del lago. De pronto, ambos se detuvieron junto a unos arbustos, porque un nuevo habitante del bosque se dirigía a beber.

El unicornio caminó mirando a ambos lados en busca de peligro. Olfateó el aire y al no percibir nada extraño, avanzó hacia el lago.

Entonces vio a los dos elfos que lo miraban fascinados.

Finwe susurró algunas palabras en élfico y el unicornio se detuvo. Se miraron y Finwe avanzó. El unicornio no retrocedió. Finwe continuó avanzando con cautela, susurrando palabras en élfico hasta que estuvo junto al animal que bufó e inclinó la cabeza. Lentamente, el elfo alzó la mano y acarició el cuello del unicornio, como hacía con los caballos de la Tierra Media. El unicornio no se movió.

Entonces, le hizo una seña a Haldir que avanzó despacio, para no asustar a su nuevo amigo. Pero el unicornio había comprendido que no le harían daño.

El animal dobló las rodillas e inclinó la cabeza y bufó amistosamente.

- “Quiere que subamos”, dijo Finwe.

- “¿Los dos?”, preguntó Haldir

- “Es un unicornio, puede con los dos”, respondió su compañero.

El unicornio bufó agitado. Ellos también percibieron un nuevo peligro y sin más, montaron. El animal partió al galope y pronto estuvieron lejos del lago, avanzando en la dirección que había dicho Haldir, hacia el norte. Finwe se maravilló de que el sentido de orientación de su compañero fuera tan bueno como en la Tierra Media, a pesar de estar en un lugar desconocido.

Finalmente, el unicornio detuvo su apresurado galope, en un cordón de árboles que parecìan señalar los límites del bosque. Los elfos entendieron el mensaje y se bajaron. Finwe le dio las gracias en élfico al animal, que se alejó veloz.

- “¿Y ahora?”, preguntó a Haldir.

- “Vamos hacia los árboles”, respondió éste. “El bosque termina aquí y ...”

Pero antes de que terminara de hablar, un lobo gris apareció corriendo y se paró frente a Haldir gruñendo amenazadoramente. Finwe tomó inmediatamente su arco ya cargado y apuntó al animal, pero antes de que pudiera disparar, un enorme perro negro se lanzó sobre su brazo, mordiéndolo con fuerza y haciéndolo errar el tiro.

Haldir a su vez había cargado ya su arco y se disponía a disparar al lobo cuando un ave brillante se lanzó sobre su cabeza, distrayéndolo. El lobo huyó al bosque y el perro lo siguió.

- “¿Estás bien?” preguntó Haldir a su compañero

- “Lo estoy, mi dueño. Sólo fue un rasguño”, sonrió Finwe.

El ave revoloteó sobre sus cabezas chillando para llamar su atención.

- “Es un fénix”, dijo Haldir. “La Dama habló de un ave mágica, debe ser ésta. Debemos seguirla”.

Los dos caminaron en pos de Fawkes, y salieron por fin del oscuro bosque. A lo lejos se alzaban los muros de un castillo. Los elfos apresuraron el paso pues comprendieron que ese lugar era su destino.

En el patio del castillo, Dumbledore y Minerva Mc Gonagall los esperaban.

*

Severus Snape avanzó completamente embozado.

Había llegado a la casucha donde se ocultaba el muggle que Voldemort le encargó contactar.

Un hombre que le daría cierta información acerca de un objeto mágico muy peligroso, cuya naturaleza Severus ignoraba, pues Voldemort no era aficionado a brindarles toda la información a sus mortífagos. Aunque Severus estaba seguro de que Lucius sí conocía en detalle de qué se trataba.

Su misión de esa noche consistiría en averiguar el paradero del propietario del objeto, y negociar con él una entrevista posterior con Lucius. Típico de Voldemort, enviaba mensajeros y usaba intermediarions, pero él sólo intervenía en el momento final, ocultando sus huellas hábilmente.

Se tenían que encontrar en Birmingham, pero el hombre había huido antes de que Severus pudiera contactarlo y tuvo que seguirlo hasta un miserable pueblo en Escocia. Aunque el motivo de la huída era un misterio para Severus, que traía consigo mucho dinero muggle para sobornarlo.

Severus lo observó unos momentos, el hombre parecía asustado. Miraba nerviosamente por encima de su hombro y varias veces se asomó a la ventana, pero el mago estaba hábilmente oculto entre las sombras y había usado el Apagador para oscurecer la desierta calle del pueblo al que tuvo que viajar para cumplir con la misión.

Le había tomado casi dos días rastrear al asustadizo muggle, pero finalmente lo consiguió, y en esos instantes, consideraba si entrar inmediatamente o esperar a que el sujeto se calmara.

Pero alguien se le adelantó.

Otro muggle llamó a la puerta y entró, encarando al asustado hombre. Severus se acercó al oír un ligero estallido seguido de un gemido ahogado, y alcanzó a ver cómo éste se desplomaba sin vida y su agresor enfundaba una pistola con silenciador.

Minutos después, el profesor de Pociones salía de la miserable vivienda, dejando tras de sí dos cadáveres. El asesino había tratado de atacarlo y no le dejó más alternativa que un “Avada Kedavra”. Su registro del lugar no pudo brindarle mayor información y estaba consciente de su fracaso. Varias circunstancias no previsibles habían impedido que lograra su propósito. Desde que el hombre huyó, supo que algo andaba mal, su informante temía por algo. Y ahora sabía que temía por su vida. Pero Voldemort sólo pedía resultados, jamás escuchaba excusas.

Consciente de ello, Severus volvió rápidamente a Londres y al refugio que sólo unos pocos conocían.

Voldemort lo esperaba.

- “Severus”

- “Señor, no logré completar la misión”, dijo Severus con voz neutra.

- “¿Qué pasó?”, demandó saber su señor.

- “El hombre huyó, escapaba de otro muggle. Logré encontrarlo en Escocia, pero alguien se me adelantó. Está muerto”, explicó Severus. Sabía que era inútil justificarse y mucho menos pedir misericordia.

Voldemort se puso de pie, rodeándolo mientras hablaba.

- “Mi buen Severus, ¿Acaso los años han hecho que pierdas tu natural habilidad? Siempre fuiste el mejor para obtener información y ahora ¿No me trajiste nada?”

Severus permaneció de pie, con inescrutable expresión.

- “Severus, sabes de sobra que en esta guerra sólo puede haber un ganador, y seré yo. Y todos los que me sirven serán recompensados. Pero no acepto errores. No cuando tantas cosas están en juego. Hemos perdido el nexo entre el dueño del arma que necesito y tendremos que empezar de nuevo”

El Oscuro Señor se detuvo para observar el efecto que habían producido sus palabras. Severus continuaba silencioso, esperando el castigo que sabía le sería inflingido.

Pero Voldemort, contra todos sus pronósticos, acarició largamente su mejilla con sus dedos de reptil, observándolo con esos ojos rojos cuyos iris parecían girar. Sus resbalosos dedos bajaron un poco hasta su cuello, apartando el cabello de allí y echándoselo hacia atrás.

- “Recuerdo los momentos que Lucius y tú solían brindarme”, siseó Voldemort alzando su varita para acariciar con ella los cabellos del profesor de Pociones. “La pasión insatisfecha no es saludable, pero temo que mi pasión también es hacerme obedecer. Y que me obedezcan”

Una sinuosa mano acarició la nuca de Severus provocándole escalofríos. Era tan viscosa y fría que parecía la muerte. Una muerte acariciadora y letal. Pero el profesor no se movió.

- “Me has desobedecido, Severus”, dijo Voldemort con voz acariciadora. Una voz que hizo que Severus recordara inmediatamente a un encantador de serpientes.

- “Me has desobedecido”, continuó, introduciendo la mano por el cuello de la túnica y palpando el inicio de la espalda del mago, masajeándola suavemente con sus dedos inhumanos.

Severus no se movió.

- “¡CRUCIO!”

El impulso fue tan fuerte e inesperado, que Severus cayó al suelo, con un ahogado gemido de dolor.

El tormento se prolongó hasta que el refugio se llenó de gemidos y luego de aullidos de dolor. A Voldemort le gustaba escuchar los gritos, le gustaba infligir ese tipo de tormentos que hacían que magos tan poderosos como Severus Snape se retorcieran de dolor y sólo atinaran a gritar mientras sentían que su carne se retorcía, que sus huesos se trituraban. Eran sólo gritos, gritos porque ningún pensamiento coherente podía formularse en sus mentes torturadas con la maldición cruciatus.

Y esos gritos le daban poder.

- “Nunca más, Severus. Nunca más me falles”, fueron las últimas palabras que pronunció Voldemort antes de abandonar la estancia, dejando a un inconsciente Severus, tirado como cualquier cosa en el medio de la habitación.


Capítulo 3: Let it go

“Too many doubts / demasiadas dudas
too much fear / demasiado miedo
too much danger / demasiado peligro
when society constructs / cuando la sociedad construye
our human nature /o la naturaleza humana
live by the rules / vive las por reglas
live by the laws / vive por leyes
live by commandments / vive por órdenes
notions preconceived / nociones preconcebidas
can lead to utter madness / nos pueden llevar a la locura”

Let it go - Luba

- “Bienvenidos a Hogwarts, amigos míos”, exclamó Dumbledore extendiendo las manos para saludarlos. Los dos elfos se extrañaron pues comprendían perfectamente su lengua.

- “Mae Govannen”, dijo Haldir inclinándose para saludar al director. Luego continuó en la misma lengua con la que Dumbledore se había dirigido a ellos, “soy Haldir de Lórien, Capitán de Guardias del Bosque Dorado y él es Finwe del Bosque Mágico, Segundo Capitán de Guardias del Bosque Dorado. Estamos aquí a pedido de nuestros señores, la Dama Galadriel y Lord Celeborn”.

Finwe se inclinó a su vez. El anciano director le recordaba a Gandalf, pero él y la mujer que lo acompañaba usaban unos extraños cristales en los ojos. Se preguntó para qué servirían.

- “Me alegro de tenerlos aquí”, continuó Dumbledore, “ella es la profesora Minerva Mc Gonagall, subdirectora de Hogwarts”

La profesora se les extendió la mano y se sorprendió mucho cuando Haldir se la besó. Finwe hizo lo propio. Ella sonrió complacida.

- “Haldir, Finwe, me he tomado la libertad de diseñar el programa de estudios para Medicina Elfica. Mañana, cuando hayan descansado, me gustaría revisarlo con ustedes, así como el aula y los materiales que necesitarán”, les informó.

- “Será un placer, profesora Mc Gonagall”, respondió Haldir.

- “Oh, pueden llamarme Minerva”, respondió ella, guiándolos hacia el interior del castillo.

- “Hablaremos en mi despacho”, informó Dumbledore, dando a entender con la mirada que prefería tratar ciertos asuntos en privado, de modo que la profesora Mc Gonagall y los elfos lo siguieron.

Avanzaron por el castillo, mientras la profesora explicaba la ubicación de ciertos lugares.

– “Por aquí está la biblioteca, éste es el Gran Comedor, estas son las escaleras que llevan a las habitaciones de los alumnos, por aquí se va al campo de Quidditch…”

Finwe miraba maravillado todo. A diferencia de Haldir que caminaba imperturbable, el joven elfo lanzaba exclamaciones de asombro a los retratos que se los saludaban, a las escaleras que se movían y casi dispara una flecha cuando vio al fantasma de Sir Nicholas Casi Decapitado, saludarlos alegremente.

- “Buenas noches, Sir Nicholas”, dijo la profesora Mc Gonagall, mirando ceñuda a Finwe. “Sir Nicholas es el fantasma de la casa de Gryffindor que yo dirijo, y es completamente inofensivo. Además, está muerto, de modo que no veo la necesidad de usar flechas”, explicó.

- “Lo siento”, murmuró Finwe avergonzado.

- “No tenemos fantasmas como estos en la Tierra Media”, sonrió Haldir, haciendo que la profesora Mc Gonagall sonriera también, “sé de ellos por los relatos de mis señores, pero jamás había visto a uno. Minerva, Finwe no lo hizo a propósito. Sucede que tuvimos un par de encuentros desagradables en el bosque”, explicó el elfo.

Se encontraban ya junto a una gárgola de piedra. Dumbledore dijo – “Sorbete de limón” y la gárgola giró, descubriendo un espacio en el cual se pararon todos. Luego, volvió a girar en espiral elevándolos. Finwe se cogió del brazo de Haldir, eso lo había sorprendido, pero no deseaba mostrarlo. Mc Gonagall lo había hecho sentirse avergonzado.

Entraron al elegante despacho de Dumbledore, donde ya se encontraba Fawkes en su lugar habitual. Los retratos de los anteriores directores y directoras de Hogwarts los saludaron alegremente. Tomaron asiento frente al escritorio del director

Haldir se quitó la cadena donde llevaba el anillo y se la tendió a Dumbledore.

- “La Dama Galadriel te envía este anillo, el cual debemos custoriar según su deseo, para asegurarnos que escoja a su portador y que éste haga buen uso de su poder”, explicó.

Dumbledore tomó el anillo, que brilló por un momento en sus manos, para luego permanecer opaco de nuevo. Suspiró. No había contado con ser él mismo el portador, pero ese anillo le recordaba a la Tierra Media y a Galadriel. Lo guardó en uno de los cajones de su escritorio y se dirigió a los elfos.

- “Siento mucho lo accidentado de su llegada”, se disculpó Dumbledore. “El enemigo interceptó de algún modo su viaje, y de no ser por Fawkes, quizás hubieran caído directamente en sus manos. Fue una suerte que lograra que aparecieran en Hogwarts, aunque el Bosque Prohibido es un lugar peligroso y me alegra mucho que no sufrieran ningún percance”

Finwe sonrió al ave fénix mientras Haldir relataba cómo habían logrado salir del bosque. La profesora Mc Gonagall lanzó una exclamación de asombro.

- “¿Un unicornio dices? ¡Es extraordinario!”, dijo, y al ver la expresión de extrañeza en el rostro de Haldir, explicó, “Los unicornios no permiten jamás que un varón los toque, y mucho menos que monte sobre ellos”

- “Somos elfos”, protestó Finwe.

- “Lo sé, y debe ser por eso que el unicornio permitió que lo montasen”, continuó Mc Gonagall, “se dice que los elfos son también seres mágicos como ellos”

Finwe sonrió, pero no dejó de puntualizar

– “Somos guerreros”.

Haldir cortó por lo sano aquéllo y continuó relatando su encuentro con el lobo y el perro y la llegada de Fawkes. Dumbledore arqueó las cejas con asombro y miró a Mc Gonagall, que parecía molesta.

- “¿Cómo se atrevió a salir? ¿Y cómo pudo entrar aquí?”, murmuró la profesora.

Los dos elfos se miraron confundidos.

- “Está bien, Minerva. Ya habrá tiempo de aclarar ciertas cosas”, intervino Dumbledore. “Nuestros amigos deben estar cansados y deben descansar, pues mañana empezaremos a revisar las clases y en la noche tendremos una reunión con los miembros de la Orden del Fénix”

- “¿Desean cenar algo?”, preguntó la profesora, pero los elfos declinaron la oferta amablemente, “entonces, los acompañaré a sus habitaciones”, dijo, dando por terminada la entrevista.

Los elfos se despidieron de Dumbledore y siguieron a la profesora Mc Gonagall por los corredores del castillo, hasta llegar al pabellón asignado a los profesores. Allí, ella les mostró una habitación amplia, decorada en diversos tonos de verde y con enormes ventanales. Había en ella algunas plantas decorativas, y una enorme cama con dosel, con cortinas verde esmeralda y las sábanas, almohadas y cubrecamas del mismo color.

Junto a la cama, en la mesa de noche, había un vaso con agua y una fuente con frutas frescas y al pie de la ventana, un baúl de mago.

La profesora abrió el armario, en el cual colgaban varias túnicas de mago de diversos colores.

– “No sabía qué color preferirían, de modo que puse varias para que pudieran elegir”, explicó. “Pueden dejar aquí también sus arcos, flechas y espadas. No hay necesidad de ir armado, esto es un colegio”

Tambien les mostró el cuarto de baño, de mármol verde y con un hermoso cuadro que mostraba un bosque. Finwe sonrió complacido, después de todo, Hogwarts no era como Lothlórien, pero tampoco estaba tan mal.

- “La otra habitación es exactamente igual a esta, de modo que uno de ustedes puede seguirme y se la mostraré”, dijo la profesora Mc Gonagall, mirando a Finwe.

- “Me quedaré aquí”, declaró el elfo pelirrojo.

- “Bien. Haldir, ¿tendrías la amabilidad de seguirme para mostrarte tu habitación?”, dijo la profesora.

Pero antes de que Haldir pudiera hablar, Finwe intervino nuevamente.

- “Se quedará. Nos quedaremos juntos”, explicó.

La profesora arqueó las cejas y puso cara de no comprender.

- “¿Perdón?”

- “Siempre dormimos juntos. Díselo Haldir”, pidió Finwe mirando el rostro de su compañero que se había puesto serio de pronto.

- “Minerva, discúlpanos. Nosotros acostumbramos a compartir la habitación y esto nos hará sentir más cerca de casa”, trató de explicar Haldir.

- “Bien”, respondió la profesora con asombro. “Si tal es su deseo, no tengo ningún problema. Los dejaré entonces para que descansen. Mañana a las 8:00 desayunaremos en el Gran Salón y luego les mostraré su aula y revisaremos el plan de estudios. Los otros profesores no llegarán hasta pasado mañana, de modo que tendrán tiempo para recorrer el castillo. Buenas noches”, y se retiró.

Haldir se volvió hacia Finwe, muy molesto.

- “¿Tenías que decir todo eso?”, exclamó “¿No nos dijo Mithrandir que tuviéramos cuidado en mostrar nuestra relación a otros?”

- “Lo siento Haldir. No tengo ningún motivo para avergonzarme y ocultarlo”, respondió Finwe.

Haldir lo seguía mirando desaprobadoramente, mientras Finwe, imperturbable, dejaba su arco y flechas sobre la mesa, quitándose a continuación la capa y túnica. Su antebrazo sangraba un poco a causa de la mordida del perro que lo atacó.

- “Creo que voy a tomar un baño y a curar mi brazo”, agregó sin quitar los ojos de Haldir que lo miraba sin decir nada. “¿Me acompañas?”, preguntó sonriendo y soltó el lazo que ataba sus cabellos, que cayeron como una cascada roja sobre su espalda y sin más, entró al cuarto de baño y cerró la puerta.

Haldir se quedó de pie un momento, pensando. Luego sonrió. ¿Cómo podía resistir esos ojos verdes? Se despojó de sus armas y siguió a Finwe.

El elfo pelirrojo estaba sentado en el borde de la tina, esperando que se llene, mientras abría curioso todos los recipientes que había junto a ella. En esos momentos tenía en la mano una botella que decía “Baño de burbujas”.

- “¿Te ayudo?”, preguntó Haldir acercándose a él para tomar su brazo y examinarlo.

La herida era poco profunda y la capacidad de curación natural del elfo estaba haciendo ya su trabajo.

Finwe lo miró haciendo un mohín.

- “Me duele”

Haldir sonrió. Sabía lo que su pequeño elfo quería. Pero no iba a ceder fácilmente.

- “Métete al agua mientras traigo algunas hierbas”, dijo fingiendo severidad.

Finwe obedeció, quitándose la ropa. La tina estaba casi llena y vertió el contenido del frasco en ella. Grande fue su sorpresa cuando empezaron a formarse burbujas por todas partes, de colores brillantes y con un olor delicioso. Riendo divertido se metió en la tina y se hundió entre las burbujas.

- “Melda, muéstrame de nuevo tu bra--¿Qué es eso?”, Haldir lo miraba atónito desde la puerta.

- “No lo sé---¡Pero me gusta!”, la cabeza de Finwe asomó entre las burbujas. “¿No ibas a curarme?”, dijo antes de hundirse de nuevo.

Haldir dejó las hierbas sobre el lavatorio mientras miraba cómo las burbujas flotaban por todos lados. Ya parte de ellas rebalsaba de la tina conforme iban apareciendo más.
Tocó algunas y se reventaron. Sonriendo empezó a desnudarse a su vez, dispuesto a darle a Finwe una lección.

Entró en la tina, donde cabían perfectamente dos personas, y Finwe lo miraba contrito. Su brazo estaba en alto esperando a que lo atendieran. Haldir lo tomó con cuidado y limpió la herida.

- “No se ve demasiado grave“

- “¡Me duele mucho!”

- “¿En serio? Entonces será mejor que descanses y no hagamos lo que yo tenía en mente”, dijo tranquilamente Haldir mientras inspeccionaba los frascos hasta que encontró algo apropiado para lo que pensaba hacer.

Aceite de almendras.

Luego comenzó a lavarse el cabello mientras ignoraba olímpicamente al elfo de ojos verdes que lo miraba de reojo.

- “Melda“

- “¿Uh?”

- “¿Me ayudas a lavarme el cabello? Con el brazo lastimado no puedo”, Finwe hacía pucheros que le causaron mucha gracia a Haldir. Pero había decidido mantenerse firme.

Con cuidado, echó shampoo en el cabello de Finwe, lavándoselo con eficiencia, pero sin acariciarlo como solía hacer. Cuando terminó, le dijo que se enjuagara y continuó lavándose el suyo, completamente indiferente al otro elfo.

- “Lo siento”, dijo suavemente Finwe, “pero no soporto tener que ocultarnos de los demás como si fuera una vergüenza que estemos juntos. Y no estoy dispuesto a hacerlo”

Haldir miró los ojos verdes de su amado y vio determinación. Iba a protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, unos labios se posaron sobre los suyos y un cuerpo se enredó en él.

- “Te amo”, sonrió Finwe profundizando el beso.

Y el otro elfo olvidó todo, olvidó su enojo, olvidó sus deseos de castigar a Finwe por su imprudencia. ¿Cómo podía castigar a quien lo amaba? ¿Cómo, si él mismo le daba la razón? Se abandonó en el momento, devorando ávido los labios que se le ofrecían y el cuerpo que palpitaba debajo de él.

“Let it go / déjalo ir
Let it go / déjalo ir
Let it free your body / libera tu cuerpo
Let it move your soul / mueve tu alma”

Ágilmente colocó a Finwe encima suyo acariciando su espalda, mientras besaba su cuello y ambos se hundían en las burbujas. La respiración del elfo pelirrojo era agitada y su cuerpo mostraba la excitación que sentía. Con una pícara sonrisa, Finwe se liberó de los fuertes brazos de Haldir y se hundió en el agua para tomar el miembro de su amado en su boca y atenderlo con pasión. Su amante se arqueó muy a pesar suyo y sus labios se abrieron para gemir deliciosamente.

Haldir atrajo junto a él a su elfo pelirrojo y lo besó, mirándolo a los ojos.

- “Te amo”, dijo mientras lo atraía más, rozando su miembro con el suyo, “Nunca digas que me avergüenzo de ti, pequeño elfo. Te amo”.

Finwe había cerrado los ojos y suspiraba mientras Haldir lo masturbaba deliciosamente. Pero el elfo mayor tenía otra cosa en mente y cuando su amante estaba a punto de terminar, se lo impidió, oprimiéndolo fuertemente. Finwe lanzó un gritito de pérdida y de dolor.

- “¡Haldir! ¿Qué haces?”

- “Paciencia”, dijo Haldir con una mirada pícara. Suavemente, indicó a Finwe arrodillarse sobre la tina, y cuando éste lo hizo, lo inclinó con firmeza, haciéndole apoyar las manos en el fondo, dejándolo completamente expuesto.


“We are made /(las reglas) las hemos hecho
we are not born/ no hemos nacido así
Learn to convert / aprendimos a convertir
learn to assert / aprendimos a evaluar
learn to abandon / aprendimos a abandonar
ideologies and / ideologías y
disciplines at random / disciplinas aleatoriamente”


Haldir tomó el aceite de almendras y comenzó a untarlo, preparando el camino que pronto invadiría. El joven elfo agitaba las caderas gimiendo y suplicando, pero Haldir fue deliberadamente lento, buscando la máxima dilatación con tres dedos sobre los cuales Finwe se empalaba con desesperación. Cuando sintió que ya no podría más, Haldir lo penetró, y fue como deslizarse en aceite exquisito.

Ambos se movieron desesperadamente en el paroxismo de su entrega y Haldir comenzó a masturbar a su joven amante siguiendo el mismo ritmo de sus acometidas hasta que Finwe se liberó gritando su nombre. El otro elfo no tardó en seguirlo, hundiéndose con fuerza en el delicioso cuerpo de su amante y derramándose en él.

Finwe se le abrazó y hundió su cabeza en el hombro de Haldir.

- “¿Me perdonaste?”, preguntó inocentemente, quedándose quietecito hasta que Haldir lo tomó de la barbilla y lo besó con ternura.

- “Siempre”

Abrazados, vieron desaparecer poco a poco las burbujas. Ninguno habló en un largo rato, hasta que Haldir se incorporó.

- “Vamos, pequeño elfo. El agua ya está fria”, y tomándolo de la mano, lo sacó de allí.

Momentos después, ambos yacían en la cama, arropados entre las mantas, porque, a pesar de ser elfos, el invierno inglés entre las paredes de piedra los afectaba también.

- “Me gusta este lugar”, murmuró Finwe antes de quedarse dormido.

*

“Lay down the rules / deja las reglas
lay down the laws / deja las leyes
lay down commandments / deja las órdenes
lift the sanctions / deja las sanciones
that restrict this woman's madness / que restingen esta locura”


Amanecía en el Bosque Prohibido.

Un enorme lobo gris se retorcía en la hierba mientras, con los primeros rayos de luz, cambiaba. Su cuerpo entero pareció contraerse y el pelo que lo cubría fue absorvido de nuevo por la piel, sus extremidades se estilizaron y su rostro se hizo más pequeño, transformando el hocico en una boca. El proceso duró unos minutos y un hombre desnudo tomó su lugar.

Inmediatamente, otro hombre se acercó a él, cubriéndolo con una túnica de mago y alzó su cabeza tiernamente, recordando los cientos de veces que esa escena se había repetido durante su adolescencia, cuando romper las reglas era algo cotidiano y lo hacían alegre y despreocupadamente.

Romper las reglas, eso era lo que acababan de hacer, porque su amigo había dejado de beber la poción que tranquilizaba al lobo, para retozar junto a él una vez más en el bosque.

- “¿Moony?”, preguntó ansioso.

Remus Lupin abrió los ojos. Su cuerpo le dolía terriblemente, como solía sucederle la última luna llena del mes, luego de la última transformación. Sus ojos dorados se encontraron con los ojos azules de su compañero y sonrió. Esa sonrisa iluminó su cansado rostro, haciéndolo ver más joven.

- “Padfoot, ¿qué pasó?”

- “Lo usual, atacaste a varios muggles, nos persiguieron los centauros, comiste un par de zorros, nada fuera de lo común”, respondió Sirius Black sonriendo.

- “¡Padfoot!”

- “No pasó nada…sólo que, atacaste a dos extraños y uno de ellos casi te dispara una flecha, pero yo lo mordí. Luego, el otro te volvió a apuntar, pero llegó Fawkes. Me pregunto quiénes serían---”

- “¿Flechas? ¿Aquí, en Hogwarts?”, exclamó Remus.

- “Sí. Flechas. Pero luego averiguaremos quienes eran. Debemos apresurarnos”, respondió Sirius y con un silbido llamó a Buckbeak, el hipogrifo.

Con mucho cuidado ayudó a Remus a ponerse de pie y subieron sobre el animal que emprendió el vuelo velozmente hacia Londres. Sirius sostenía a Remus por la cintura, y éste había apoyado la cabeza sobre el pecho de su amigo, cerrando los ojos. Siempre se sentía débil después de las trasformaciones. Y ahora tenía de nuevo a Sirius para confortarlo, como cuando eran jóvenes. Se sentía seguro entre sus brazos, se sentía amado.

Una vez de regreso en la Mansión Black, Sirius lo depositó en su cama y le frotó el cuerpo con una poción preparada por Severus Snape. El líquido fue penetrando en la piel, aliviando el dolor en los músculos y huesos, obligados a deformarse cada mes para tomar la apariencia de lobo, y contraerse nuevamente para devolverle su forma humana.

Las manos de Sirius recorrían su cuerpo con destreza. Lo había hecho miles de veces en el pasado, masajeando cuidadosamente muslos, brazos y espalda. Remus cerró los ojos, agotado, y Sirius lo cubrió con las mantas, dejándolo descansar. Luego, se dirigió a la cocina a preparar un poco de chocolate para cuando Remus despertase.

Estaba preparando el chocolate, cuando un ruido lo hizo voltear.

Albus Dumbledore estaba frente a él, con una expresión enfadada en el rostro.

- “¿Y bien?”, preguntó.


Capítulo 4: Confussion

“Well I just heard the news today / acabo de escuchar las noticias de hoy
It seems my life is going to change / parece que mi vida va a cambiar
I closed my eyes, begin to pray / cierro los ojos, comienzo a rezar
Then tears of joy stream down my face / entonces lágrimas de alegria caen de mi rostro”

With arms wide open - Creed

Haldir despertó y besó en la frente al elfo dormido en sus brazos. Siempre le había gustado verlo despertar. Apartó un mechón de cabello rojo dejando al descubierto la oreja puntiaguda de su compañero y la besó traviesamente.

Finwe se movió en sueños, pegando su cuerpo al de Haldir jugetonamente. De pronto, sus ojos verdes se abrieron.

- “Buenos días pequeño elfo”, lo saludó Haldir, sonriendo, “tenemos mucho que hacer hoy”

- “Buenos días”, respondió Finwe y besó en los labios a su amado. “¿Seguro de que quieres levantarte?”

Haldir cubrió a Finwe con su cuerpo y le tomó las muñecas, poniéndolas a los costados de su amado. Luego lo besó con pasión, lo soltó despacio y lo miró con adoración. Finwe sabía muy bien cómo hacerse irresistible. Pero no, bastante habían hecho esa noche. Debían buscar a Minerva.

- “Se nos hace tarde”, explicó al ver la cara decepcionada de Finwe. Luego se levantó.

- “Está bien”, respondió Finwe con pesar, pero luego su rostro volvió a animarse, “quiero saber qué es lo que han planeado para que enseñemos”, dijo con alegría y se levantó a revolver el armario.

Haldir lo miró seriamente. No deseaba que se repitiese lo de la noche pasada con Minerva.

- “Pequeño elfo”, dijo con su voz más formal. Finwe lo miró interrogante. “desayunaremos con Minerva. Trata de no incomodarla con comentarios como el de ayer”

- “Bueno”, dijo despreocupadamente Finwe mientras sacaba una túnica de mago color verde esmeralda “Ella me cae bien”, agregó.

- “¿Sí?”, exclamó asombrado Haldir, “¿y puede saberse por qué dijiste eso anoche? Hiciste que se sonrojara”

- “Ah, eso”, contestó Finwe alcanzándole una túnica color azul marino. “sólo quería mostrarle quiénes éramos”, y como Haldir lo miraba sin entender, agregó con la mayor seriedad “te sonreía mucho. Sólo le enseñé quién es tu dueño”

Haldir tuvo que reprimir una carcajada. Si se hubiera reído, se habría metido en muchos problemas. Se acercó a Finwe tomándolo de nuevo entre sus brazos.

- “¿Y quién es mi dueño, si puede saberse?”, preguntó divertido.

- “Yo”, fue la respuesta de Finwe, y no pudo decir más porque Haldir reclamaba sus labios.

*

Mientras tanto, en el número 12 de la Calle Grimmauld, mansión de la familia Black, ocurría una escena completamente distinta.

Sirius Black se enfrentaba al Director de Hogwarts y líder de la Orden del Fénix, tratando de explicarle su excursión nocturna.

- “Lo siento Albus. Me estaba agobiando este encierro y pensé…”, dudó un momento, “pensé que podría acompañar a Remus a beber su poción, pero se nos hizo tarde, de modo que tomamos a Buckbeak y fuimos al bosque. Sabes que convertidos en animales podemos entrar en Hogwarts”, explicó Sirius.

Cuando hablaba con Dumbledore, a pesar de tener ya treinta y siete años, sentía que volvía a ser un alumno de Hogwarts que había sido pillado en falta, como efectivamente había ocurrido, porque tenía prohibido salir de la Mansión Black.

- “¿Y Remus?”

- “Está dormido. La transformación lo debilitó bastante esta vez”

Dumbledore lo miró a los ojos, muy serio.

- “Sirius, ¿te das cuenta de lo que acabas de hacer? Pusiste en peligro a Remus, a ti mismo e incluso a Harry. Eres su padrino, ¿recuerdas? Alguien a quien él quiere y admira. Un ejemplo a seguir. ¿Quieres darle ese ejemplo?”

Sirius miraba al piso. Sabía que Dumbledore tenía razón.

- “Lo siento…sólo quería…”

- “Sé lo que querías. Pero ese estudiante irresponsable que fuiste desapareció hace mucho tiempo. Y mira a Remus, él ha pasado tiempos muy difíciles luego de la muerte de sus padres. ¿Te has preguntado por qué lleva las ropas remendadas? ¿Por qué ha envejecido tanto? ¿Por qué nunca se casó?”

Sirius calló. Se lo había preguntado muchas veces, pero no se atrevió a consultarle a Remus. Las cosas habían cambiado mucho entre ellos dos.

- “Sirius, los tiempos han cambiado. Las cosas han cambiado”, continuó Dumbledore haciendo eco de sus propios pensamientos. Luego su voz se suavizó, “vine a avisarte que tendremos una reunión de la Orden hoy por la noche. Vendrán los Weasley, Harry y dos personas que deseo que conozcas. Nos veremos entonces”, finalizó Dumbledore y desapareció.


Sirius continuó pensativo. Silenciosamente terminó de preparar el chocolate y subió de nuevo a su cuarto. Remus aún seguía durmiendo, de modo que puso la taza en la mesa de noche y se sentó sobre la cama, mirando a su amigo y antiguo amor.

Pensó de nuevo en las palabras de Dumbledore. Ciertamente Remus había envejecido prematuramente. Su hermoso rostro tenía arrugas en la frente, y su cabello castaño había encanecido también, pero su sonrisa seguía siendo la cosa más dulce que Sirius podía recordar. También estaba muy delgado, y esa mañana, cuando lo vio desnudo, había notado que sus costillas de dibujaban perfectamente bajo su piel.

Alzó la mano para acariciar la pálida mejilla, como había hecho cientos de veces cuando eran jóvenes, recordando con ternura las veces que había mimado a Remus luego de sus transformaciones, cuando cada noche era una aventura para ellos.

Sus dedos se enredaron en los cabellos castaños de su antiguo amor y su rostro se acercó al suyo para robarle un beso. Pero de pronto se detuvo.

Harry.

Debía pensar primero en Harry.

Eso era lo que James hubiese querido. Retiró la mano, pero no se movió del lado de Remus, hasta que observó esos ojos dorados abrirse y su sonrisa iluminó la habitación.

- “Hola”, dijo Remus con voz cansada. “¿He dormido mucho?”

- “Como diez horas, creo. Abajo nos esperan para cenar”, respondió Sirius muy seriamente.

- “¿Qué? ¿Es de noche?”, preguntó Remus sentándose de golpe, pero luego miró por la ventana y volteó enfadado a ver a Sirius, “¡Mentiroso!” y le arrojó una almohada en la cabeza.

Sirius rió alegremente, tomó la almohada y se puso de pie, dispuesto a arrojarla de nuevo. Pero de pronto se puso serio. Había recordado las palabras de Dumbledore.

- “Moony, te traje chocolate”, dijo sentándose de nuevo sobre la cama.

Remus sonrió y cogió la taza, cruzando las piernas sobre la cama mientras bebía y sin dejar de mirar a Sirius. A pesar de los sufrimientos por los que había pasado y de la tristeza en su mirada, Sirius seguía siendo atractivo y ahora, con su cabello negro y largo cayendo despreocupadamente sobre sus hombros, se veía más atractivo que nunca.

- “Dumbledore estuvo aquí”, explicó Sirius.

- “¿Aquí?”, preguntó Remus dejanto la taza a medio beber sobre la mesa de noche.

- “Así es. Vino a hablar de nuestra excursión de anoche”

- “¿Y? ¿Qué le dijiste?”

- “¿Qué iba a decirle? Dije que fue mi idea, que me aburría en casa, que se nos hizo tarde”, explicó Sirius.

- “¿Te echaste la culpa? Fue mi idea. Deseaba…” y la voz de Remus se hizo un susurro, “deseaba volver a correr por Hogwarts en compañía de Padfoot, sentirme libre, sentirme joven. Deseaba que todo fuera como antes”

- “El pasado no volverá”, dijo tristemente Sirius.

- “Ahora lo sé. Es que he estado solo, y esa estúpida poción de Severus hace que me quede quieto, sin deseos de salir, sin poder liberarme. Lo siento, Sirius”, dijo Remus sin mirarlo a los ojos.

Había tal tristeza en su voz que Sirius deseó tomarlo entre sus brazos y no soltarlo jamás. Pero un pensamiento lo asaltó nuevamente y sin querer las palabras se escaparon de su boca.

- “Ahora tengo a Harry”

Remus lo miró y esos ojos dorados le traspasaron el alma.

- “Lo sé”, dijo, “es un gran muchacho. Debo irme ahora”, y se puso de pie. Empezó a vestirse de prisa.

- “La orden se reunirá esta noche. Por favor acompáñanos a cenar luego”, pidió Sirius.

- “Aquí estaré”, dijo Remus y tomó su varita, dirigiéndose a la puerta.

Bajaron silenciosamente las escaleras. En el salón, encontraron a Kreacher, el elfo doméstido de los Black, que los miró con expresión enigmática. Remus tomó un puñado de polvos Floo y se dirigió a la chimenea.

- “Moony”

- “El pasado no volverá”, dijo Remus tristemente y arrojó un puñado de polvos a la chimenea “a Lupin Lodge”, pidió antes de desaparecer.

*

La profesora Mc Gonagall esperaba en el Gran Salón, los elfos tenían cierto retraso. Se disponía a enviar a Filch por ellos cuando hicieron su entrada. No pudo reprimir un “Oh” asombrado, pues Haldir se le antojaba aún más atractivo vestido con una túnica de mago azul marino. El elfo sonrió saludándola. Finwe venía detrás, vestido con una túnica color verde esmeralda, igual al tono de sus ojos, y con el cabello atado en una cola.

- “Buenos días”, dijeron ambos y tomaron asiento.

Al instante sus platos vacíos se llenaron del tradicional desayuno de Hogwarts: tostadas, huevos revueltos y bacon, así como té y leche.

Finwe sonrió maravillado y la profesora no pudo evitar sonreír a su vez.

Durante el desayuno charlaron acerca de la historia del colegio. Finwe preguntaba por todo y su curiosidad era insaciable. Se enteró así de la historia de los fundadores de las casas de Hogwarts: Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw. Conoció a los fantasmas de cada casa y los saludó a todos, con excepción del Barón Sanguinario que no quiso acercarse a los elfos. Preguntó sobre cada criatura del Bosque Prohibido y obtuvo permiso para visitarlo en cuanto Hagrid, el guardabosques, volviera de viaje.

Luego del desayuno se dirigieron al aula que les habían preparado a los elfos. Ésta se encontraba junto al invernadero y era mucho más grande que las aulas normales. Tenía amplios ventanales por donde la luz de la mañana se colaba iluminando el interior, lleno de plantas decorativas. El pupitre del profesor tenía dos asientos y un muestrario de diversas hierbas curativas ocupaba la mitad de él. El pizarrón estaba escrito con lo que sería la primera lección: Elaboración de Lembas. Junto al pupitre había un pequeño talan (vivienda de los elfos de Lothlórien) en el cual había una sala decorada a la usanza élfica.

Haldir sonrió complacido. Habían pensado en todo lo que los haría sentirse en casa, y así se lo hizo saber a la profesora Mc Gonagall, que se sintió halagada, pues era ella quien había cuidado todos esos detalles.

Tomaron asiento junto con ella.

- “El curso estará dirigido a los estudiantes de quinto año y tendrá dos horas semanales durante las cuales se encargarán de enseñarles las propiedades de las hierbas medicinales y cómo son usadas por los elfos en el tratamiento de cualquier tipo de herida o maleficio. Las clases serán prácticas y al final de cada una de ellas, los estudiantes deberán preparar las pociones o alimentos tema de la clase. Empezaremos con la elaboración de Lembas, luego hablaremos de Athelas, Mallorn…” y la explicación de la profesora continuó por varios minutos.

- “¿Y las plantas? ¿Crecen aquí también?”, preguntó Finwe cuando la explicación hubo finalizado.

- “Sí, están en el Bosque Prohibido. Albus en persona sembró varios Mallorns allí, junto con otras plantas propias de la Tierra Media”

- “Eso es una muy grata sorpresa. Me gustaría verlos”, exclamó Haldir

- “Me alegro que les guste. Pronto podrán ir allí, en cuanto regrese Hagrid. Por otro lado, el texto que emplearán para el curso es ‘Plantas medicinales de la Tierra Media’, cuyo autor es el propio Albus”, continuó la profesora.

Luego de examinar el programa de estudios, lo que les ocupó toda la mañana, visitaron el despacho que se les habia asignado, amplio e iluminado, y lleno de libros de magia de hierbas medicinales. Finalmente, fueron a almorzar con la profesora y al finalizar el almuerzo, les dijo que tenían la tarde libre para recorrer el castillo y que debían estar en el Gran Salón a las ocho para ir a la reunión de la Orden del Fénix.

Antes de que se retirasen, la profesora Mc Gonagall hizo una última indicación.

- “La base de la educación de cada mago es saber usar sus poderes disciplinadamente. Por eso, el colegio enfatiza mucho la disciplina y quiero incidir en este aspecto, pues…ejém…su presencia podría distraer al elemento femenino de las clases. Les pido por esto que sean amables con las estudiantes, pero sin llegar a serlo excesivamente, y que observen las reglas de conducta de Hogwarts. El Código de Conducta de estudiantes y profesores se encuentra en el cajón superior derecho del escritorio de su despacho”

*

“Well I don't know if I'm ready / no sé si estoy listo
To be the man I have to be / para ser el hombre que debo ser
I'll take a breath, I'll take him by my side / tomaré aire, lo traeré a mi lado
We stand in awe, we've created life / esperaremos, hemos creado vida”


Remus llegó a Lupin Lodge y miró deprimido el escaso mobiliario que le quedaba. No la había pasado tan mal cuando sus padres vivían, pero luego de que murieron tuvo que enfrentar él sólo todo. Nadie quería emplear a una persona que se ausentaba una vez al mes sin dar explicaciones, pero si las hubiera dado, igualmente nadie lo habría contratado, pues incluso los magos temen a los licántropos.

Había ido vendiendo poco a poco las cosas que le dejaron sus padres, y de no haber sido por Dumbledore la habría pasado aún peor. El director de Hogwarts le había ofrecido el primer empleo remunerado de su vida, con la misión adicional de vigilar a Harry Potter, el hijo de James, y de impedir que Sirius Black le hiciera daño.

Sirius.

¿Por qué siempre todo terminaba en él? Los años luego de que arrestaran a Sirius habían sido terribles para Remus. No sólo su amante había sido acusado de un crimen, sino que habia asesinado a sus mejores amigos: James y Lily Potter y Peter Pettigrew. Remus se había quedado sólo con una enorme pena consumiéndole el alma.

Sólo se alegró al conocer a Harry. El muchacho se parecía a James en muchos aspectos, era noble, bondadoso y amigo de travesuras y problemas. Se juró a sí mismo que lo protegería de Sirius.

Entonces, y de modo enteramente casual, descubrió la verdad. Sirius era inocente. Peter estaba vivo y él fue el causante de todo. Su corazón se llenó de esperanza al abrazar a Sirius por primera vez en doce largos años.

Pero la realidad lo golpeó nuevamente. Sirius no había vuelto por él. Ni siquiera había confiado en él, ni lo había buscado para pedirle ayuda. Volvió para vengar a James, para cuidar de Harry. Y luego, por su culpa, por haberse transformado en licántropo cuando iban a entregar a Peter, todo se había vuelto a enredar pues Pettigrew había escapado y no habia modo de probar la inocencia de Sirius.

Sirius vivía como fugitivo. Había pasado un año en las montañas con Buckbeak como única compañía, y se había vuelto huraño y taciturno. Luego de la aventura de Harry con el Cáliz de Fuego, en el Torneo de los Tres Magos, se había ocultado por algunos meses en casa de Remus, antes de que se le ocurriera ofrecer la vieja Mansión Black, en la Calle Grimmauld, como Cuartel General de la Orden del Fénix.

Remus suspiró. En los meses que pasaron juntos, Sirius al principio no hablaba mucho, prefería encerrarse en el ático con Buckbeak y escribir a Harry. Luego, poco a poco volvió a acercarse a Remus, pero lo hacía para hablar sobre James. Sólo las cartas de Harry lo alegraban y le devolvían su antigua forma de ser, bromista y juguetona.

Remus le dio tiempo, sabía que la estancia en Azkaban había dañado a su compañero mucho más de lo que él estaba dispuesto a admitir. A menudo se sentaban junto al fuego, en silencio pero acompañándose el uno al otro. Dos personas que habían sufrido tanto en la vida encontraban esos silencios reconfortantes.

La paciencia de Remus fue recompensada. Sirius volvía poco a poco a ser como antes. Se estaba volviendo bromista de nuevo, había empezado a leer libros de magia y charlaba mucho con Remus. Y ya podía hablar de Lily y James sin que las lágrimas le nublaran los ojos.

Habían vuelto a ser amigos.

Remus se sintió feliz como no se había sentido en años. Había recuperado a su amigo. Sólo le faltaba recuperar a su amor.

No habían tenido contacto físico hasta la noche en que Remus le propuso salir como en los viejos tiempos. No había vuelto a transformarse en su presencia, pues la poción matalobos que le daba Snape hacía que Moony se quedara quieto en su habitación, sin desear salir. Sin embargo, esa noche, Remus deseó volver a hacer las travesuras de antes y decidió no beber la poción.

Y el resultado no había podido ser más desastroso.

El pasado no volvería.

Al menos tenía a su amigo. Pero había perdido a su amante.

El aletear de una lechuza lo distrajo de sus tristes pensamientos. Era un mensaje de Dumbledore. Debía ir con los miembros de la Orden a buscar a Harry.

Se apresuró a alistarse.

*

Sirius se había recostado con nostalgia en la cama, en el lugar que dejó Remus, que aún tenía su calor. Recordaba lo felices que habían sido, las veces que había despertado con Remus entre sus brazos, la alegría de Lily y James cuando les anunciaron que vivirían juntos.

¿Qué había hecho mal?

Permaneció allí un largo rato hasta que las voces de los Weasley lo hicieron salir apresuradamente. Molly y Arthur acababan de llegar con los gemelos, Ron, Ginny y Hermione, y Molly estaba dando órdenes a todos para comenzar a limpiar las habitaciones de la vieja mansión, abandonada hacía años.

La perspectiva de tener la casa llena de gente de nuevo alegraba muchísimo a Sirius. Sobre todo, la noticia de que Harry llegaría pronto y se quedaría un día, hasta que comenzaran las clases.

Ayudó a los Weasley en lo que pudo, con Kreacher refunfuñando por los rincones en vez de brindarles su apoyo en la difícil tarea. Entrada la tarde, estaban listas las habitaciones donde dormirían los Weasley y el salón principal se encontraba limpio para la próxima reunión.

A las ocho en punto apareció Dumbledore con la profesora Mc Gonagall y los dos extraños a quienes Moony atacó en el bosque. Sirius los miró intrigadísimo.

- “Sirius, ellos son Haldir de Lórien y Finwe del Bosque Mágico. Han venido de la Tierra Media a ayudarnos”, explicó Dumbledore a manera de presentación y luego todos tomaron asiento frente a la mesa de reuniones.

Los Weasley se les unieron en un momento, y al cabo de un rato, sintieron el timbre que indicaba que Harry había llegado, acompañado de su escolta de seguridad. Sirius deseó ir a saludarlo inmediatamente, pero Dumbledore lo detuvo. La reunión de la Orden del Fénix era primero.

Haldir y Finwe observaban todo con atención. A Finwe le habían caído muy bien los Weasley, era bueno encontrar en ese extraño lugar a personas que tenían el cabello rojo igual al suyo, y Molly era muy simpática. Sirius en cambio parecía bastante serio y preocupado por algo.

Finalmente, varios mago entraron en el salón y Finwe pudo ver cómo a Sirius se le iluminaba el rostro cuando entró un mago pálido, con el rostro cansado y la túnica raída.

- “Amigos míos, les doy la bienvenida”, saludó Dumbledore mientras todos tomaban asiento y miraban a los elfos con gran curiosidad. “Quiero que conozcan a Haldir de Lórien y Finwe del Bosque Mágico. Son elfos de la Tierra Media y están aquí a pedido mío, para una misión que pronto les explicaré. Haldir, Finwe, estos son los miembros de la Orden del Fénix”, dijo solemnemente Dumbledore, mientras empezaba con las presentaciones.

- “Él es Alastor “Ojoloco” Moody”, dijo señalando a un mago anciano con el rostro horriblemente desfigurado y un ojo de vidrio que se sacó y volvió a ponerse, para deleite de Finwe que lo miraba fascinado.

- “Bienvenidos”, dijo Moody.

- “Ella es Nymphadora Tonks”, continuó Dumbledore, señalando a una bruja joven con el cabello color violeta.

- “Por favor llámenme Tonks”, pidió ella sonriendo.

- “Tonks trabaja en el Ministerio de Magia, al igual que Arthur Weasley y Kingsley Shacklebolt”, dijo Dumbledore señalando a un mago negro y alto que los saludó con una inclinación de cabeza.

- “Tonks y Kingsley son aurores, los que se enfrentan a los magos tenebrosos”, explicó Dumbledore y continuó con las presentaciones. “Elphias Doge, Dedalus Diggle, Emmeline Vance, Sturgis Podmore, Hestia Jones y Mundungus Fletcher”, todos saludaron amablemente a los elfos.

- “Y finalmente, aunque creo que ya se conocen”, continuó Dumbledore, “él es Remus Lupin”, y señaló al mago pálido de la túnica raída.

Remus sonrió y una corriente de simpatía se hizo inmediatamente entre él y los elfos.

- “¿Nos conocemos?”, preguntó Remus.

- “Anoche, en el Bosque Prohibido”, explicó Dumbledore. Remus enrojeció.

Los elfos lo miraron sorprendidos.

- “No encontramos a nadie anoche en el bosque”, dijo Haldir sintiéndose muy intrigado.

- “Sin embargo, Remus los atacó y Sirius detuvo a Finwe cuando quiso dispararle”, continuó imperturbable el Director. Finwe dio un salto en su silla, empezaba a comprender. “Remus es un licántropo”, finalizó Dumbledore.

- “Lo siento mucho”, se disculpó Remus y los elfos pudieron ver la sinceridad en sus ojos. “ayer cometí un grave error guiado por un impulso” y miró a Sirius significativamente, “normalmente tomo una poción para que el lobo sea inofensivo”

- “¿Y el perro?”, preguntó Finwe.

- “Soy yo”, respondió Sirius avergonzado también, “soy un animago. Yo me encargo de cuidar a Moony cuando se sale de control”, agregó.

- “Pues asegúrate que no lo vuelva a hacer”, dijo Finwe fingiendo estar molesto, “tengo muy buena puntería”

Sirius puso cara de sorpresa, pero Remus y Finwe se miraron y se echaron a reír junto con Haldir. Pronto, todos los miembros de la Orden del Fénix reían alegremente y Dumbledore comprendió que los elfos habían sido aceptados por el equipo.


Capítulo 5: Wonderwall

N. del a.: Me he pirateado la escena de la pelea de Sirius y Molly, la modifiqué un poco pero usé los mismos diálogos en algunas partes, espero que me perdonen, pero esa pelea me encantó.

“Today is gonna be the day / hoy va a ser el día
That they're gonna throw it back to you / que ellos te lo devuelvan
By now you should've somehow / pero ahora deberías de algún modo
Realized what you gotta do / darte cuenta de qué tienes que hacer
I don't believe that anybody / no creo que nadie
Feels the way I do about you now / sienta en la forma en que lo hago por tí ahora”

Wonderwall - Oasis


El viejo mago aclaró su garganta y las risas se fueron calmando, hasta que todos lo miraron con atención.

- “Amigos míos, como todos sabemos, Voldemort ha vuelto y debemos luchar nuevamente contra él. Haré un resumen de los acontecimientos para que nuestros amigos Haldir y Finwe puedan entenderlo.” Explicó Dumbledore, “hace mucho tiempo, un mago que estudiaba en Hogwarts, llamado Tom Marvolo Ryddle, decidió estudiar artes oscuras y se entregó por completo a ellas. Creo ahora que lo hizo bajo la influencia de Melkor”, dijo dirigiéndose a los elfos que asintieron, “logró ser uno de los magos más poderosos y reclutó seguidores, llamados mortífagos, quienes asesinaban a los que se les oponían. Tom Ryddle adoptó el nombre de Lord Voldemort e hizo patente su deseo de que los magos dejaran de ocultarse de los muggles (la gente no-mágica) así como de que sólo existiesen los magos de ‘sangre limpia’, es decir, provenientes de familias de magos. Causó muchísimas muertes, pero luchamos con él. Dos de los miembros de la Orden, Lily y James Potter tuvieron un hijo, Harry, al cual Voldemort quiso asesinar con una maldición, pero su madre lo protegió y dio su vida por salvarlo. De esta manera, Voldemort perdió su poder y el niño sobrevivió”, Dumbledore hizo una pausa. Sirius tenía el rostro descompuesto y Remus había puesto una mano sobre su hombro.

- “Pero Voldemort no había muerto”, continuó Dumbledore, “sobrevivió poseyendo cuerpos de animales, hasta que se las arregló para volver en el cuerpo de un hombre, cuando Harry tenía once años. Entonces, el niño volvió a vencerlo. Luego, uno de sus vasallos, el mago que traicionó a Lily y James Potter, lo ayudó a volver y está entre nosotros desde hace unos meses. Debemos detenerlo, pues existe una antigua profecía en la que dice que debe destruir a Harry para tener el poder absoluto”.

Sirius dio un puñetazo en la mesa.

- “¡Maldito Colagusano!”, exclamó.

Remus explicó a los elfos:

- “Colagusano es el mago que traicionó a los padres de Harry para que Voldemort los encontrara. Ellos eran nuestros más queridos amigos”, dijo tristemente, “Sirius es el padrino de Harry”

Vio una mirada de entendimiento en los ojos de los elfos, que asintieron.

- “La Orden del Fénix es lo único que nos queda”, continuó el Director, “pues el Ministerio de Magia no quiere aceptar el regreso de Voldemort. El Ministerio es quien nos rige en todos los asuntos de magia y su principal misión es ocultar la existencia de magos a los muggles. Pero ahora, el ministerio está en nuestra contra”

Haldir arqueó las cejas y preguntó

– “¿Por qué?”

- “El testigo del regreso de Voldemort fue Harry, que ahora tiene quince años. Durante esos acontecimientos, murió un estudiante de Hogwarts y Harry apenas pudo salvar su vida. El ministro no quiere aceptar el regreso de Voldemort para no perder su posición y no cree en el testimonio de Harry pues dice que no es confiable”

- “¡Cobarde!”, susurró Finwe.

- “Así es, amigo mío. No hay palabra que describa mejor al Ministro de Magia, Cornelius Fudge. Sin embargo ese cobarde tiene ahora poder sobre el ministerio y aunque hay algunos magos que están con nosotros”, y señaló a Tonks, Kingsley y Arthur, “los demás me tildan de enfermo y senil. Fudge ha logrado poner una profesora en Hogwarts para espiarnos”

Los magos que no trabajaban en el ministerio lanzaron exclamaciones de asombro. ¡Eso era demasiado! Minerva Mc Gonagall apretó los labios con fuerza.

- “Debemos proteger a Harry y derrotar a Voldemort, además de burlar al Ministerio de Magia, lo cual no es poca cosa”, sonrió Dumbledore, “y es allí donde entran ustedes, amigos míos. Necesitamos un mayor poder que el mío, para así desviar a Voldemort de su objetivo y reemplazar a Harry como su oponente”

Hubo varias voces sorprendidas.

- “¿Cómo?”, preguntó Tonks.

- “Haldir, explícales sobre el anillo”, pidió Dumbledore.

Haldir miró a los magos y brujas y comenzó a explicarles.

- “En la Tierra Media hubo un Señor Oscuro, Sauron, quien forjó con ayuda de los elfos diecinueve anillos de poder, entregando nueve a los hombres, siete a los enanos y tres a los elfos. Pero también forjó un Anillo Único, que tenía un poder absoluto. Largo sería contar la historia de aquél anillo, pues perduró durante dos de las Edades del Mundo de Arda-nuestro mundo”, aclaró, “finalmente, el anillo fue destruido. Los otros anillos se perdieron, sin embargo quedó uno. El anillo estaba en poder de nuestra señora, la Dama Galadriel del Bosque Dorado. Ahora, está aquí”, dijo mostrando el anillo.

- “¡Extraordinario!”, exclamó Moody.

- “El que lleve el anillo será tan poderoso como nuestra señora, de quien se dice es la bruja más poderosa de la Tierra Media”, continuó Haldir.

- “¿Quién lo llevará?”, preguntó Sirius, deseoso de ser él el elegido.

- “Eso no lo sabemos”, dijo Haldir, “los anillos de poder son peligrosos en manos equivocadas, y tienen voluntad propia. Nuestra señora dijo que el anillo debe elegir a su portador”

- “¿Elegirlo? ¿Cómo?”, preguntó Remus con asombro.

- “No lo sabemos”, dijo suavemente Haldir, “nuestra señora dijo que llegado el momento, sabríamos cómo”

- “¡Ohh!”, exclamó Tonks, “¿y cuales son sus poderes?”

- “Tampoco lo sabemos con exactitud. Los anillos se adaptan al portador y…”

- “¿Hay algo que sepas?”, preguntó Mundungus burlón.

Finwe casi saltó sobre su silla. ¡Qué atrevimiento!

- “Sé reconocer a magos con la lengua demasiado larga y la moral demasiado corta”, respondió Haldir imperturbable, pues había notado la codicia en los ojos de Mundungus cuando veía las copas de plata en la mesa de Sirius.

- “¡Eso es un insulto, elfo!”, exclamó Mundungus sacando su varita de la túnica y apuntando al elfo.

Sirius y Remus sacaron disimuladamente sus varitas, listos a defender a Haldir, pero el elfo permaneció ininmutable, mirando a Mundungus a los ojos sin pestañear siquiera. Luego de un rato, el mago guardó la varita y tomó asiento, murmurando:

– “Lo siento”

- “¡Vaya!, ¡Tienes que enseñarme a hacer eso, el viejo Dung ha quedado mudo!”, exclamó Sirius rompiendo la tensión.

Haldir se permitió sonreír y continuó. – “Los anillos de poder tienen una magia muy antigua y poderosa, sin embargo aún son un misterio para muchos de nosotros. Estamos aquí para asegurarnos de que el portador sea elegido y que utilice bien el anillo”

- “Bien. Entonces, debemos encontrar al portador”, concluyó Dumbledore, que no había intervenido en la discusión anterior porque deseaba ver cómo actuaba el elfo en una situación así. Sonrió. Era tal y como Galadriel le había dicho.

- “Si todos los miembros de la orden están aquí, deben probarse el anillo. Confío en que la señal sea clara y podamos saber quién es el portador”, dijo Haldir.

- “No están todos. Falta uno”, dijo Dumbledore.

- “Ése no cuenta”, exclamó Sirius con vehemencia, “probémonos el anillo. El que falta es Snape, enseña en Hogwarts”, dijo a los elfos a manera de explicación.

- “Si no tenemos al portador esta noche, debemos pedirle al que falta que se lo pruebe”, declaró Haldir dando el asunto por zanjado.

Dumbledore sacó el anillo y se lo fueron probando uno a uno todos los miembros de la Orden del Fénix. Sin embargo, no sucedía nada. En una ocasión, con Tonks y Moody, el anillo pareció brillar, pero luego el brillo se apagó. Sólo quedaban Sirius y Remus.

- “Bueno, Moony, sigo yo. Deséame suerte”, dijo Sirius. Remus le sonrió.

El anillo entró en el dedo de Sirius y comenzó a brillar por unos instantes, mucho más tiempo que en manos de Moody y Tonks. Pero luego se apagó el brillo. El rostro de Sirius estaba claramente decepcionado.

- “Ahora tú, Moony”, dijo entregándole el anillo a Remus.

Remus se probó el anillo y una luz brotó de su mano, iluminando la habitación. Su rostro cansado se veía más joven a través de esa luz dorada, del mismo color que sus ojos. La luz lo envolvió, hasta que Haldir exclamó:

- “Hemos encontrado al portador”

La luz fue menguando poco a poco, hasta que sólo brilló la gema verde que adornaba el anillo. Remus sonrió tímidamente.

- “¡Bien hecho, Moony!”, sonrió Sirius, aunque su voz sonó un poco pesarosa. “Si no pude ser yo, al menos lo llevarás tú”

- “Tenemos al portador”, intervino Dumbledore, “sin embargo, debemos esperar a que Voldemort haga el primer movimiento. Él sospecha de esto, alertado sin duda por Melkor, y trató de interceptar el viaje de Haldir y Finwe. Por eso, no podemos comunicarnos con la Tierra Media hasta que sea seguro para ellos volver. Entre tanto, deberán estar contigo, Remus”

- “Pero ellos están en Hogwarts...”

- “Y podrán venir aquí cuando lo deseen, como yo. Con esto te pido que te mudes aquí, si Sirius acepta, claro”

- “Desde luego, Moony”, dijo Sirius algo avergonzado.

Finwe los miró pensativo. Entre esos dos había algo muy extraño.

- “No necesito que me cuiden de nadie, no soy un niño”, empezó Remus.

- “Debemos cuidarte de ti mismo, esos anillos son peligrosos”, dijo Finwe de pronto.

Remus lo miró interrogante.

- “Finwe quiere decir que es fácil que el poder seduzca al portador. Es una especie de prueba y nosotros estaremos aquí para ayudarte. La Dama Galadriel también pasó por eso”, dijo Haldir para tranquilizarlo.

La reunión continuó luego, por un largo rato y después de ésta, los miembros de la Orden retornaron, con excepción de los Weasley, los elfos, y Remus, que se quedarían a cenar. Dumbledore se excusó pues debía atender asuntos de último minuto relacionados con Hogwarts. Antes de irse, les dio a los elfos una pequeña daga.

- “Esto es una puerta”, explicó, “todo lo que deben hacer es contar hasta tres y aparecerán en sus habitaciones de Hogwarts”

*

La cena transcurrió alegremente en un inicio, pues Sirius se encontró con su ahijado y Haldir y Finwe pudieron conocer por fin al “niño que vivió” y a sus amigos, los gemelos Weasley, Ginny, Ron y Hermione.

- “Haldir, Finwe, estos son mis hijos”, dijo orgullosa la Señora Weasley, “Fred, George, Ron y Ginny”, y agregó, “y estos son Harry y su amiga Hermione. Todos ellos estudian en Hogwarts”

- “Hola”, dijeron éstos, estrechando las manos de los elfos.

- “¡Guau! ¡Ustedes no son magos!”, exclamó Ron mirándolos sorprendido.

- “Somos elfos”, declaró sencillamente Haldir.

- “No como los nuestros”, intervino Harry.

- “¿Hay elfos aquí?”, preguntó al instante Finwe

Ginny y Hermione parecían hipnotizadas mirando a los elfos. Hermione reaccionó primero.

- “Oh, sí. Claro que hay elfos. Pero no son como ustedes”, explicó.

- “¿Podremos conocerlos?”, quiso saber Finwe

- “Desde luego, aquí hay uno de ellos”, explicó la señora Weasley, “pero no es muy sociable”.

- “Luego habrá tiempo para eso”, intervino Remus, “me muero de hambre”

- “El portador ha hablado”, dijo burlonamente Sirius.

- “¿Portador?”, preguntaron los jóvenes a coro. Remus le dio a Sirius una patada por debajo de la mesa.

- “¡Silencio todos!”, dijo la señora Weasley. “ahora comeremos”

Remus se ofreció a ayudar a la señora Weasley a servir la cena. Deseaba alejarse un momento pues el comentario de Sirius no le había gustado.

Harry les relataba el reciente ataque de los dementores y cómo se pudo librar de ellos. Sirius estaba orgulloso de su ahijado y explicaba con entusiasmo cómo se había librado de aquéllos seres, como si él mismo hubiera sido el protagonista de la aventura.

- “Harry usó un hechizo muy difícil para un mago de su edad, invocó un patronus. Es una especie de anti-dementor. El de Harry toma la forma de un ciervo blanco”, calló un momento, y luego agregó en voz más baja, “era la forma que James tomaba cuando salíamos a perseguir a Moony”

Remus decidió volver al comedor antes de que Sirius dijese algo que entristeciera a Harry. Pero Sirius se estaba ahora quejando de su encierro.

- “El Ministerio de Magia aún está detrás de mí y Voldemort ya debe saber que soy un animago, pues Colagusano debe habérselo dicho, así que soy un completo inútil aquí encerrado. No hay mucho que pueda hacer por la Orden del Fénix…o al menos es lo que Dumbledore piensa”

Finwe creyó oír una leve nota de resentimiento en sus palabras.

- “Al menos tú sí sabes lo que está pasando”, dijo Harry resentido por haber sido dejado al margen de los acontecimientos durante todo el verano.

- “Oh, claro”, dijo Sirius sarcásticamente, “escuchando los reportes de Snape y soportando sus indirectas acerca de cómo arriesga su vida mientras yo estoy sentado divirtiéndome…preguntándome cómo va la limpieza”

- “¿Qué limpieza?”, preguntó Harry

- “Trato de hacer este lugar adecuado para habitantes humanos”, dijo Sirius, “nadie ha vivido aquí por años, no desde que mi querida madre murió, a menos que contemos al elfo doméstico, y él no ha limpiado nada en años”

- “Quiero conocer a ese elfo”, pidió Finwe

- “Debe andar por ahí”, dijo Sirius despreocupadamente, “no tiene nada de extraordinario en verdad, es muy viejo ya”

Finwe lo miraba con asombro, pero no pudo replicar porque Hermione empezó a preguntarle muchas cosas de la Tierra Media y en unos minutos, los chicos habían acaparado toda la conversación interrogando detalladamente a los elfos. Finwe estaba encantado, aunque Haldir continuaba con la misma expresión indescifrable, pero respondía con agrado las preguntas.

Finalizada la cena, la señora Weasley pidió a los chicos que levantaran la mesa, cosa que hicieron a regañadientes. Los gemelos usaron sus varitas para transportar los platos y copas mientras que Ginny y Hermione usaban hechizos para lavar la loza y hablaban en voz baja sobre los elfos. Hermione no cabía en sí de alegría al enterarse de que serían sus profesores.

- “¡Hora de dormir!”, exclamó la señora Weasley con un bostezo.

- “Aún no”, dijo Sirius mirando a Harry, “creo que Harry debe saber lo que está sucediendo”

- “De ningún modo”, dijo la señora Weasley, “es demasiado joven”

Luego siguió una discusión acerca de quién debía saber lo que sucedía y quién no, la cual terminó con la señora Weasley enviando a sus hijos y a Hermione a dormir.

- “¡Tú no tienes derecho a decidir qué es bueno para Harry”, dijo la señora Weasley en forma cortante, “has olvidado lo que Dumbledore dijo, supongo”

- “No intento decirle más de lo que deba saber, Molly”, dijo Sirius, “pero como fue él quien vio a Voldemort regresar, creo que tiene más derecho que todos”

- “Él no es miembro de la Orden del Fénix”, dijo la señora Weasley, “tiene sólo 15 años y …”

- “Y él ha pasado por más cosas que muchos de la orden”, dijo Sirius, “y más de una vez”

- “Nadie niega lo que él haya hecho”, dijo la señora Weasley elevando la voz y cerrando los puños, “pero aún es…”

- “¡Él no es un niño!”, dijo Sirius impacientemente.

- “¡Tampoco es un adulto!”, dijo la señora Weasley y sus mejillas se colorearon de rojo, “¡Él no es James, Sirius!”

- “¡Sé perfectamente quién es, gracias Molly!”, dijo fríamente Sirius.

Haldir y Finwe se sentían profundamente incómodos. Era claro que la señora Weasley quería a Harry como a un hijo, y que Sirius también, pero les pareció incorrecto que discutieran así delante del muchacho. Remus pareció opinar lo mismo, pues intervino.

- “Personalmente”, dijo con voz calmada mirando tanto a la señora Weasley como a Sirius, “creo que es mejor que Harry conozca lo que ocurre, no todo Molly, pero el panorama general, más que una versión distorsionada de otros”, en esto había clara alusión a las Orejas Extensibles usadas por los gemelos Weasley para espiar las reuniones de la Orden.

- “Bien”, dijo la señora Weasley respirando hondo, “veo que nadie me apoyará. Sólo diré esto: Dumbledore debe tener sus razones para no querer que Harry sepa demasiado, y hablando como alguien que desea lo mejor para Harry…”

- “Él no es tu hijo”, dijo Sirius calmadamente.

- “Es como si lo fuera”, dijo fieramente la señora Weasley, “¿a quién más tiene él?”

- “¡Me tiene a mí!”

- “Sí”, dijo la señora Weasley frunciendo el labio, “el asunto es, ha sido bastante difícil para ti velar por él cuando estabas preso en Azkaban, ¿verdad?”

Sirius empezó a levantarse de la silla.

- “Molly, tú no eres la única persona en esta mesa que se preocupa de Harry”, dijo Remus en forma cortante, “Sirius, siéntate”

El labio inferior de la señora Weasley estaba temblando. Sirius se sentó lentamente, con el rostro completamente blanco. Finwe sintió lástima por él.

- “Creo que Harry tiene derecho a decidir por sí mismo”, continuó Remus.

Haldir dio un pequeño apretón en la mano de Finwe. El anillo había elegido bien a su portador.

- “Yo quiero saber lo que está pasando”, pidió Harry

Las explicaciones fueron dadas y Harry se enteró por fin de que Remus era el portador de un anillo de poder, y que Haldir y Finwe habían venido a vigilarlo. Además supo que debían esperar al primer movimiento de Voldemort y que había espías en el colegio. Lo que no le dijeron fue que él mismo estaba en peligro.


Los elfos optaron por despedirse, habían sido demasiadas emociones para una sola noche.

Finwe tomó la daga, los objetos mágicos le empezaban a fascinar. Se colgó del brazo de Haldir para asombro de todos y dijo “Uno, dos, tres”. Desaparecieron instantáneamente.

- “Remus, puedes dormir en la habitación de los gemelos. Ellos compartirán el cuarto con Harry y Ron por hoy. Mañana te prepararemos una habitación. Me voy a la cama”, dijo la señora Weasley.

*

“I said maybe
You're gonna be the one who saves me?
And after all
You're my wonderwall ”


Remus se sentó sobre la cama mientras se desnudaba. Sirius aún no había aprendido a controlar su carácter. Le preocupaba la reacción de Harry pues era evidente que se había sentido mal al ver pelearse a Sirius y a Molly por él. Sintió un ligero golpe en la puerta y se echó una bata encima para abrir.

En el umbral estaba Sirius.

- “¿Puedo pasar?”

- “Es tu casa, ¿no?”, sonrió Remus dejándolo entrar.

- “Moony, lo siento mucho”, dijo Sirius, “yo… yo me descontrolé un poco con Molly. Le he pedido disculpas”

- “Harry se sintió incómodo”

- “Lo sé. También le pedí disculpas a él”, dijo Sirius. Parecía un niño arrepentido.

Remus le sonrió y se inclinó hacia él. El anillo brilló en su cuello, sujeto del colgante.

- “Me alegro de que tú seas el que lleva esa cosa”, dijo Sirius en voz baja, “siempre fuiste el chico bueno, tú lo podrás controlar”

- “Quería que lo lleves tú. Vi en tus ojos cómo lo deseabas”, dijo sinceramente Remus.

- “Era para proteger a Harry. Para no sentirme un inútil aquí encerrado. Moony, ¿qué hice mal?”, la voz de Sirius se quebró.

Remus lo abrazó fuerte y con la mano temblando ligeramente acarició el largo cabello de Sirius.

- “No te culpes por lo que pasó a Lily y James. Molly dijo eso porque se sintió herida. Ella quiere a Harry como a su hijo y sólo trataba de protegerlo, lo entiendes ¿verdad? Tú sientes lo mismo”, dijo dulcemente Remus.

Sirius se dejó abrazar y puso su cabeza en el hombro de Remus. Siempre tenía las palabras exactas para hacerlo sentir bien. Siempre pensaba primero en él antes que en sí mismo. De pronto recordó que Remus no había descansado mucho aquél día y que estaría débil luego de la transformación, pero de ahora en adelante, se encargaría de cuidarlo. Era una suerte que Dumbledore le hubiese pedido que se quede en la Mansión Black.

- “Gracias Moony”, susurró soltándose (¡Cómo deseaba besarlo!), “ahora yo cuidaré de ti”, dijo bromeando, “debes descansar, ayer apenas dormiste”

Remus pareció decepcionado, pero sonrió igualmente.

- “Está bien. Parece que todos se han propuesto cuidarme”, suspiró dramáticamente. “Buenas noches, Padfoot”

- “Buenas noches, Moony”

Remus se acostó y se cubrió con las cobijas hasta el cuello. Se sentía otra vez cómodo en compañía de Sirius. Pensó que quizás no sería tan malo ser el portador y vivir en la Mansión Black. Al menos estaría con Sirius.

- “Esos elfos, me han caido bien. Sobre todo Haldir, no se cómo pudo hacer para permanecer calmado. Yo le hubiera arrancado la cabeza a Dung. Y el otro elfo te miraba mucho, creo que le agradaste”, decía Sirius, “no son magos y quizás no tengan los mismos poderes que nosotros, pero no me gustaría hacer enfadar a alguno de ellos, eh Moony?”, hizo una pausa, “¿Moony?”

Pero Remus se había quedado profundamente dormido. Sirius suspiró recordando. Había escondido tanto tiempo esos recuerdos de los dementores que aún le costaba pensar en ellos. Cuando Remus se quedaba dormido, no había fuerza humana capaz de despertarlo, sobre todo después de sus transformaciones y después de…. No, no pensaría en eso.

Se inclinó y besó la frente de Remus. Quizás no era tan malo que sea el portador. Al menos lo tendría cerca.

 


Capítulo 6: Matter of feeling

“How does it feel / ¿cómo se siente
when everyone surrounds you / cuando todos te rodean?
How do you deal / ¿como te las arreglas?
the crowds just make you feel lonely / las multitudes sólo te hacen sentir solitario
What do you say when / ¿Qué dices cuando
people are gonna try and pin you down / la gente trata de echarte abajo?
Acquiantences smile / una sonrisa de aceptación
but theres no understanding / pero no hay entendimiento
How after awhile / ¿Cómo después de un tiempo
you keep falling off the same mountain / sigues cayendo de la misma montaña?
Try to explain it / tratando de explicarlo
but nothing really gets them that high / pero nada los lleva a ellos realmente tan alto”

A matter of feeling – Duran Duran


Finwe despertó primero y se sentó en la cama, sin molestar a Haldir. Descorrió suavemente las cortinas y se levantó. Caminó hacia la ventana y se sentó en el marco de ésta, con una la rodilla levantada y la otra pierna colgando. Miraba pensativo hacia el patio del castillo cuando oyó una voz divertida.

- “Buenos días, pequeño elfo. Será mejor que te vistas, no deseo que Minerva sufra un ataque de apoplejía si te ve así sobre la ventana”

Finwe volteó y le hizo una mueca a Haldir que lo miraba desde la cama, con los brazos cruzados bajo su cabeza. Aún no se terminaba de acostumbrar a tener que vigilar sus palabras y sus acciones. Bajó de un salto de la ventana y caminó hacia la cama, con las manos en la cintura y una expresión de disgusto.

- “Si no puedo andar desnudo en mi propia habitación, ¿dónde lo haré? ¿O es que ahora te disgusta verme así”

Haldir lo miró con deseo. ¡Era tan bello cuando estaba molesto!

- “Jamás me cansaré de verte desnudo, amado mío. Sólo te pido que procures que otros no te vean así”, le dijo sentándose en la cama y tomándolo de la mano, pero Fiwe no iba a ceder tan fácilmente.

- “¿Es que tengo algo desagradable a la vista? ¿No me bañaba desnudo el Lothlórien delante de todos sin que dijeras nada?”, continuó reclamando el elfo pelirrojo.

Haldir se incorporó y lo tomó de la cintura.

- “¿Desagradable tú? ¡Jamás digas eso! Eres la criatura más exquisita que he conocido, amado mío. Nunca tendrás igual”, dijo Haldir tratando de arrancarle una sonrisa, pero fue en vano. “Respecto a lo otro, en Lothlórien todos éramos elfos. Aquí las personas no están acostumbradas a verse desnudas; y, por si no lo has notado, aún con ropa hemos levantado muchas miradas”

- “Oh, desde luego. Vi como te miraba Sirius”, disparó Finwe

- “Y yo vi cómo mirabas a Remus”, replicó Haldir.

- “¡Ya cállate! Es claro que esos dos tienen algo…”, dijo Finwe sintiendo que su enojo se disipaba.

- “¿Lo crees? A mí me pareció que se estaban evitando”

- “Sí, pero cuando Sirius no lo veía, Remus lo observaba y Sirius también lo hacía cuando Remus no miraba”, se detuvo pensativo, “me gustaría poder ayudarlos. Con todas esas reglas que tienen aquí, debe ser muy difícil para ellos estar juntos”

Su amante lo miró con cara de la más absoluta sorpresa. De pronto, ambos echaron a reír y Haldir pudo al fin arrastrar a su elfo hacia la cama.

- “Es que”, Finwe hizo un mohín, “yo no quiero esconder nuestro amor”, dijo en voz baja mientras Haldir buscaba sus labios.

- “No te pido que lo hagas. Solo trata de ser menos evidente, ellos no lo entenderán”, dijo Haldir seriamente, tomando el rostro de Finwe entre sus manos y mirando fijamente sus ojos verdes. “Sabes de sobra que te amo y que nada cambiará eso, pequeño elfo”

- “Entonces demuéstramelo”, pidió Finwe besándolo apasionadamente.

En un momento, Haldir estaba sobre él, besando su cuerpo deliciosamente y arrancándole gemidos de placer. Finwe no necesitó mayor preparación y pronto suplicó para que Haldir lo penetrase. Se amaron ardientemente, y culminaron gritando sus nombres en voz tan alta que Haldir temió que los hubieran oído.

Se quedaron abrazados, con los ojos cerrados, tratando de recuperar el aliento. Pasado un largo rato, Haldir se levantó y besó a Finwe en los labios.

- “Pequeño elfo”, susurró despacio en su oído.

- “Dime, mi dueño”, susurró Finwe abriendo sus ojos verdes y acariciándole el rostro.

- “Esos magos no son como nosotros. Son poderosos, sí; pero no son elfos. No son inmortales y no poseen la sabiduría de nuestra raza”

Finwe se sorprendió, nunca había oído a Haldir hablar así.

- “¿Por qué me estás diciendo todo eso?”, preguntó intrigado.

- “Estamos aquí solamente para cumplir con un pedido de Galadriel. No te involucres demasiado, ¿de acuerdo?”

Los ojos verdes lo miraron acusadores.

- “No. Yo haré lo que pueda por ellos”, y atrajo de nuevo a Haldir hacia su rostro, “y tú me ayudarás”, dijo antes de besar dulcemente a su amante.

*

“Steal away in the morning / aléjate en la mañana
love's already history to you / el amor es historia para ti
It's a habit you're forming / es un hábito que estás formando
this body's desperate for / este cuerpo está desesperado por
something new / algo nuevo
Just a matter of feeling / sólo cuestión de sentimientos
this moments madness sure to pass / este momento de locura seguro pasará
And tears will dry as you're leaving / y las lágrimas se secarán mientras te vayas
who knows you might find something to last / quien sabe su encuentres algo que dure”


Remus despertó tarde. Había dormido profundamente y se sentía muy descansado y lleno de energías, como no se había sentido en años. Se levantó al oír el campanillazo en la puerta y recordó que ese día era la audiencia de Harry en el Ministerio de Magia, para aclarar el ataque que el chico sufrió hacía pocos días, cuando los dementores aparecieron en la casa de sus tíos. El Ministerio prohibía terminantemente a los estudiantes de magia usar ésta fuera del colegio, con la pena de expulsión de Hogwarts, y Harry, al ver amenazada su vida y la de su primo Dudley, había invocado un patronus. Esta era una circunstancia atenuante, y Remus estaba seguro de que los miembros del jurado así lo entenderían, pero no estaba tan seguro de las buenas intenciones del ministro, Cornelius Fudge.

Se apresuró a vestirse, con una túnica de mago color gris. Era la única que tenía y no estaba en muy buenas condiciones, ya iría a su casa a buscar libros y algo de ropa, aunque sus demás túnicas estaban en condiciones similares.

Abrió la puerta y se disponía a bajar las escaleras, cuando una conversación hizo que se quedara paralizado.

- “Sí, Hermione. Ella es genial, pero de allí a que viva con Sirius…”, era la voz de Harry, “no lo sé, mejor pregúntaselo a él”

- “Pero a ella le gusta, y Sirius hará lo que sea por tenerte contento cuando todo este asunto se aclare y puedas venir a vivir aquí. Tú sabes, necesitarás alguien que te cuide como tu madre”, seguía Hermione.

- “¿Y tú como sabes que a ella le gusta Sirius?”, preguntó Ron

- “Eso es obvio. Veo como lo mira. Las mujeres sabemos de estas cosas”, concluyó Hermione.

De pronto se oyeron otras voces. Sirius y Tonks acababan de entrar en el comedor y saludaban a los chicos. Remus seguía de pie en la escalera, deseando no haber oído nada de eso, entonces, volvió a oír la voz de Hermione. Por lo visto, la chiquilla no se rendía fácilmente.

- “Sirius”, había empezado de nuevo, “cuando todo el malentendido con Colagusano se aclare y vuelvas a ser libre, Harry vendrá a vivir contigo, ¿verdad?”

- “Claro que sí”, fue la enfática respuesta de Sirius.

- “Pero esta casa necesita el toque femenino y yo había pensado”, continuó. Remus se imaginó la cara que tendría Sirius en ese momento, “yo había pensado que sería bueno que”, hizo una nueva pausa, “digo que para Harry sería bueno”

- “Dilo de una vez, Hermione”, exigió Sirius con impaciencia.

- “¿Por qué no te buscas una novia?”

- “¿QUÉ?”

Tonks rió alegremente.

- “¡Claro Sirius! ¿Dónde está la reputación que tenías en el colegio?”, siguió riendo Tonks.

Sirius dijo algo entre dientes y Remus deseó ardientemente estar en el comedor en esos momentos para poder oírlo. De pronto, el anillo brilló en su pecho y lo transportó precisamente allí.

- “¡Remus! ¿Pero qué haces apareciendo así? ¡Casi me matas del susto!”, exclamó Tonks.

Remus se cogió la frente, muy confundido. Había deseado estar en un lugar y el anillo, ¿lo había transportado hacia allí?

- “Lo siento”, explicó, “tenía mucha hambre. Hola muchachos”, saludó amablemente.

- “Hola, profesor Lupin”, respondieron ellos.

- “Er, ¿saben? Yo ya no soy su profesor. Me gustaría que me llamaran Remus”, pidió sonriendo.

- “Bueno, prof…Remus”, dijo Hermione, “estábamos discutiendo sobre la conveniencia de que Sirius…”, pero Harry la interrumpió.

- “Tonks decía algo sobre la reputación de Sirius en el colegio”

- “¿Y tú cómo sabes eso?”, preguntó Remus a Tonks.

- “Oh, Emily Banks, que trabaja en el Ministerio, me lo contó. Ella fue una de las novias de Sirius. Aún conserva una de sus fotografías, me la mostró el otro día”, dijo Tonks despreocupadamente.

- “¿Tú tenías muchas novias?”, preguntó Harry.

Sirius sonrió algo avergonzado.

- “¡Cuéntanos, Remus!”, pidió Ron

- “Adelante”, le dijo Sirius sin mirarlo a los ojos.

- “Bueno”, suspiró Remus, “Sirius tenía mucho éxito en Hogwarts. Una novia semanal fue su record, creo”, Sirius asintió, “lo que prueba lo locas que podían estar algunas chicas”, concluyó.

Hermione lo miraba embelesada.

- “Pero eso fue hasta mitad séptimo año, ¿verdad? Emily me dijo que luego sólo te dedicabas a andar con tus amigos”, intervino Tonks.

- “¿Y por qué”, preguntó Hermione, curiosa.

- “Me enamoré”, respondió Sirius mirando fijamente a su taza

- “¿Y qué pasó? ¿Por qué no te casaste con ella?”, preguntó.

- “No podíamos. Mi familia se habría opuesto”, dijo Sirius tristemente, mirando aún a su taza, “pero estuvimos juntos y fuimos muy felices hasta que me enviaron a Azkaban”

- “¿Y dónde está ella? ¿La buscaste luego?”, siguió preguntando Hermione, “¿Remus, tú la conoces?”

Se hizo un incómodo silencio, que fue roto por la aparición de los gemelos Weasley seguidos de sus padres y de Ginny.

- “¡Harry!, debes apresurarte o llegarán tarde a la audiencia en el Ministerio”, dijo la Señora Weasley, “esta vez, Arthur te acompañará”

Harry acabó su desayuno y se dispuso a partir. Todos le desearon suerte y la señora Weasley gritó al final.

- “No olviden volver antes de la comida, debemos ir de compras por la tarde al callejón Diagon”

Remus se puso de pie para servirse una taza de chocolate. Un torrente de recuerdos lo habia asaltado de pronto y no deseaba que lo vieran así. Desde la cocina podía escuchar aún las voces.

- “…por eso digo que deberías salir con alguien”, insistía Hermione.

- “¿Bromeas? Si precisamente lo que no puedo hacer es salir”, replicó Sirius.

- “Entonces con alguien de la orden. Podría ser Tonks”, dijo Hermione.

Tonks rió alegremente de nuevo, pero agregó.

- “Créeme Sirius, que la idea no me desagradaría en lo absoluto”

- “Entonces saldremos algún día”, bromeó Sirius.

- “Estaré esperando”, dijo ella, mitad en broma, mitad en serio. “Me tengo que ir, debo estar en el Ministerio a las nueve”, y un chasquido en la chimenea indicó su desaparición.

La señora Weasley daba instrucciones a todos acerca de la limpieza que debían realizar. Ese día debían preparar la habitación de Remus y limpiar el salón principal.

- “¿Moony?”, dijo una suave voz junto a Remus.

No se había dado cuenta en qué momento Sirius entró a la cocina.

- “Vine a preparar chocolate”, respondió él con calma.

- “Eso veo”, respondió Sirius mirando la taza en la temblorosa mano de Remus.

- “¡Sirius, Remus! ¡Esto va también para ustedes! Las cortinas del salón están infestadas de doxys y en el estudio hay un escritorio de donde sale un ruido espantoso, creo que hay un boggart”, exclamó la señora Weasley entrando a la cocina.

- “Voy enseguida, Molly”, respondió Remus, aliviado de verse libre de la presencia de Sirius.

*

Los elfos habían pasado todo el día revisando los temas de clases, pues al día siguiente sería la llegada de los alumnos. Era un arduo trabajo, pues la profesora Mc Gonagall era bastante exigente en cuanto a la exactitud de los contenidos, pero ambos lo hacían con agrado. A Finwe le divertía mucho la idea de enseñar las cosas que había aprendido de sus padres en el Bosque Mágico y de Haldir en Lothlórien, aunque seguía con el deseo de conocer a los elfos de ese mundo.

En la hora del almuerzo, la profesora Mc Gonagall les presentó a los otros profesores que ya habían llegado a Hogwarts: Sybill Trewlaney, en Adivinación; Madam Hooch, en vuelo; el fantasma del profesor Binns, en Historia de la Magia, la profesora Sinistra en Aritmancia; el profesor Flitwick en Encantamientos; la profesora Sprout, en Herbología. Faltaban únicamente los profesores Hagrid y Snape, quienes aún no habían llegado.

Los elfos arrancaron miradas de admiración y pronto Binns se encontró disertando acerca de la evolución de los elfos en otros mundos y la forma en que los elfos domésticos habían degenerado. Finwe deseaba preguntar más al respecto, pero la profesora Mc Gonagall desvió hábilmente la conversación hacia el Quidditch, y Madam Hooch los entretuvo explicándoles las reglas de ese fascinante deporte. Finalmente, Finwe obtuvo permiso para tomar lecciones de vuelo durante las mañanas en que Madam Hooch no tuviera clases.

Haldir sonrió complacido. Su pequeño elfo no había perdido la capacidad de asombro ante las cosas nuevas que veía. Quizás fuera por su edad, pues Finwe era joven para las medidas élficas, aunque estaba seguro de que si tuviera su edad (cerca de 3500 años), Finwe seguiría siendo el mismo. Quizás por eso era que lo amaba tanto.

Aunque ese asunto de los elfos domésticos tenía algo sospechoso. Haldir temía que el ver a uno de ellos fuera a causarles problemas. De cualquier modo, Sybill Trewlaney estaba en esos momentos llevándose a Finwe del brazo hacia la Torre de Adivinación, así que tuvo que ir al rescate de su elfo.

La tarde transcurrió entre vapores y escencias aromáticas en la torre de Sybill, y Haldir se preguntaba cómo esa mujer podía sobrevivir en esa atmósfera. Bebieron té con ella y se enteraron de que cosas terribles le sucederían a Harry Potter, lo cual no era novedad, puesto que parecía ser la regla de todos los años desde que Harry estudiaba en aquél colegio.

Cuando pudieron al fin librarse de Sybill, casi se hacía de noche, de modo que se dirigieron a sus habitaciones para tomar un baño y cambiarse, pues a las ocho en punto tendrían una reunión de profesores con Dumbledore. Haldir estuvo sumergido en la bañera cerca de una hora mientras Finwe le lavaba el cabello y frotaba su cuerpo con una esponja, para quitar todo rastro de las escencias aromáticas. Cuando estuvieron listos, llevaban ya un cierto retraso.

Mientras tanto, la reunión ya se había iniciado, con la llegada de Dumbledore y el profesor de Pociones, Severus Snape.

- “Buenas noches estimados colegas”, empezó Dumbledore, “bienvenidos una vez más a su hogar en Hogwarts”, se aclaró la garganta, pues no le gustaban los discursos demasiado largos, “este año, sin embargo, debo comunicarles que tendremos tres profesores nuevos”.

Hubo un murmullo de los profesores, preguntándose de quién más se trataría, pues ya conocían a los elfos y no había allí otro profesor que no conocieran.

- “Como ustedes saben, hemos tenido muy mala suerte con el curso de Defensa Contra las Artes Oscuras. El mejor profesor que hemos tenido, Remus Lupin, se encuentra vetado por el Ministerio de Magia a causa de su condición de licántropo”, dirigió una significativa mirada a Severus Snape, “y los otros profesores que tuvimos fueron un fraude de manera que, al no haber podido conseguir otro profesor, he tenido que tomar a la asistente de Cornelius Fudge, Dolores Umbridge, quien se encargará de que los contenidos del curso sean los aprobados por el ministerio”

Se alzaron algunas voces de los profesores.

- “¡Cómo se atreven!”, exclamó Madam Hooch, indignada

- “Sí, amigos míos. He oído la palabra ‘espía’, y justamente es lo que pienso que hará. Por eso debemos estar alertas y mantenernos unidos. Ella vendrá aquí mañana, para el banquete, y les pido que sean cordiales, pues representa al Ministerio”, continuó Dumbledore.

- “¡No se saldrán con la suya!”, dijo la profesora Sprout apretando los puños.

- “La otra noticia, creo que todos la conocen, menos Severus que se encontraba ausente”, dijo Dumbledore. “Este año hemos obtenido la autorización del Ministerio de Magia para hacer unas modificaciones a nuestro programa inicial de estudios para el quinto año, incluyendo el curso de ‘Medicina Élfica’, de dos horas semanales, que reemplazará la hora doble de pociones de los viernes, con lo cual Pociones sólo tendrá cuatro horas semanales en quinto año”

- “¿QUÉ?”, protestó inmediatamente Snape, “¿sacrificar horas de Pociones por un curso como ese? No conozco ningún mago más competente que yo para preparar pociones, llámense medicinas élficas o lo que sea. Y yo no he sido consultado al respecto”

- “Lo siento, Severus. Te encontrabas de viaje y esa decisión fue de último momento. No hubo tiempo de avisarte”, explicó amablemente Dumbledore, pero Snape echaba chispas por los ojos y apretaba los labios, completamente indignado.

- “¿Y quién será el mago que enseñe ese curso tan importante?”, siseó, “¿otro licántropo?”

- “No, Severus”, dijo Dumbledore en tono firme, “serán elfos”

- “¿ELFOS?”, rió Snape, “¿Me dices que unos elfos me reemplazarán en Pociones?”, Snape reía burlón, “¿Y qué enseñarán? ¿Acaso a lavar la loza o a limpiar retretes?”

- “No son elfos ordinarios”, dijo suavemente Dumbledore.

- “Vienen de la Tierra Media”, informó alegremente Sybill Trewlaney. Snape la fulminó con la mirada.

- “Oh”, dijo siseante, “quizás no sean elfos ordinarios, pero díganme, ¿cómo un elfo va a obtener el respeto de una clase? ¿cómo conseguirá enseñar algo? Entiendo que son dos, de modo que pregunto ¿es que uno sólo no puede imponerse? De seguro los estudiantes tomarán a broma todo lo que les enseñen”

- “Severus, te equivocas”, quiso explicar Madam Hooch

- “¡ELFOS!”, estalló Snape, “los estudiantes los enviarán a limpiar sus habitaciones y a hacer sus deberes. Los elfos son serviles e ignorantes, ¿qué podría enseñar un elfo? ¡Si al primer error que cometieran, estarían dándose de golpes contra las paredes!”

Snape se había puesto de pie y se dirigía al director.

- “Albus, siempre he buscado lo mejor para Hogwarts. Por eso me opuse a que Lupin enseñara aquí, por eso siempre he dado lo mejor en mis clases de Pociones. Te pregunto una vez más, ¿sacrificarás dos horas de pociones por un curso enseñado por…”, hizo una pausa para dar mayor énfasis a sus palabras.

En ese momento, se abrió la puerta y entraron Haldir y Finwe.

Snape de quedó de una pieza, con la boca abierta y las palabras congeladas en su boca, mientras sus ojos se abrían desmesuradamente al mirar a los recién llegados.

- “¿Elfos?”, consiguió a duras penas terminar la frase con un susurro, pero no conseguía cerrar la boca, abierta como una enorme “O”.

- “Claro que somos elfos”, respondió alegremente Finwe, “disculpen por el retraso”, añadió.

- “Buenas noches”, respondió amablemente la profesora Mc Gonagall, “justo en este momento, Severus Snape, nuestro profesor de Pociones, nos hablaba de lo conveniente que es que dos elfos dicten un curso en Hogwarts”

- “¡Oh! ¿En serio?”, dijo Finwe sonriendo y se acercó a estrecharle la mano a Snape, como había visto que era la costumbre en la Tierra. “¡Hola, Severus!”, lo saludó.

Snape se las arregló para murmurar algo y los elfos tomaron asiento junto a él. El resto de la reunión, se la pasó sin poder quitarle los ojos de encima a Finwe. Miraba fascinado su cabello, sus ojos y las orejas en punta que tenía el elfo. Gentilmente se ofreció a prestarles algunos libros de Pociones para las clases prácticas, sorprendiendo a todos pues Snape tenía fama de huraño y taciurno y jamás había prestado un solo libro a ningún otro profesor.

Cuando la reunión finalizó y todos se retiraron, sólo quedaba Minerva Mc Gonagall acompañando a Dumbledore.

- “Minerva, estás pensativa, ¿qué sucede?”, preguntó Dumbledore.

- “Me pregunto”, dijo ella muy seriamente, “si en relación a los elfos, no sería necesario vigilar a algunos profesores además de a los estudiantes”


Capítulo 7: Lonely in your nightmare

“Even on the darkest night / aún en la más oscura noche
when empty promise / cuando una promesa vacía
means empty hand / significa una mano vacía
And soldiers coming home / y los soldados vienen a casa
like shadows turning red / como sombras volviéndose rojas
And when the lights of hope / y cuando las luces de la esperanza
are fading quickly then look to me / se desvanecen rápidamente, entonces mírame
I'll be your homing angel / seré el ángel de tu hogar
I'll be in your head / estaré en tu cabeza”

Lonely in your nightmare – Duran Duran

La mañana transcurrió rápidamente, con la señora Weasley dando órdenes aquí y allá y todos ayudando a limpiar. A eso de las 10, llegaron las cartas de Hogwarts con una nueva sorpresa: ¡Ron y Hermione habían sido elegidos prefectos! la dicha que sintieron sólo se vio opacada al saber que Harry no sería prefecto como ellos, pero la señora Weasley dijo que Dumbledore debía tener sus razones. Aún así, ella insistió en preparar un almuerzo especial para Ron y Hermione.

A medio día, llegaron Harry y el señor Weasley de la audiencia en el Ministerio de Magia, comunicándoles con alegría que Harry había sido absuelto de los cargos de usar magia fuera del colegio y en presencia de muggles, y que volvería con ellos al día siguiente al colegio. La señora Weasley le entregó a Harry la carta de Hogwarts y le comunicó que Ron y Hermione serían prefectos ese año.

Harry se sintió feliz por sus amigos, pero no entendía el por qué no lo eligieron prefecto a él también, ¿no había demostrado ya su valor? ¿Sería por desobedecer las reglas? mientras servían el almuerzo, entró al salón arrastrando los pies y encontró allí a Sirius, contemplando un viejo tapete familiar que colgaba de la pared y que acababa de ser limpiado.

- "¿Es tu árbol genealógico, verdad?, preguntó Harry acercándose.

- "Así es", dijo Sirius

Harry empezó a leer los nombres escritos en él.

- "Pero...tú no estás aquí, ¿por qué?", preguntó confundido.

- "Supongo que sería porque deshonré a la familia", contestó calmadamente Sirius, "verás, mis padres eran de esos magos que deliran por la 'sangre limpia' y yo simplemente no lo soporté más. Huí de casa a los dieciséis"

- "¿QUÉ? ¿Y qué hiciste?"

- "Pues me fui a vivir con James, tu padre. Pasé todo el verano en su casa y luego fuimos a Hogwarts. Luego de eso, un tío me ayudó con algo de dinero y pude tener un lugar propio. Él tampoco figura en el árbol, supongo que será por eso que lo retiraron", explicó Sirius.

- "¿Viviste solo? ¿Desde los diecisiete?"

- "Así es. Aunque los fines de semana siempre iba a casa de tus abuelos. ¿Sabes, Harry? Ellos fueron como los padres que nunca tuve. Murieron cuando yo estuve en Azkaban, no pudieron soportar la muerte de James y enfermaron. Hubiera querido estar allí para despedirme, hicieron mucho por mí", dijo Sirius tristemente.

Harry continuó mirando el álbum. De pronto, dos nombres llamaron poderosamente su atención.

- "¡Sirius! ¡Aquí dice que Narcissa Malfoy es pariente tuya!"

- "Es mi prima, al igual que Bellatrix Lestrange, ahora en Azkaban, y que la madre de Tonks", explicó Sirius. Harry volvió a acercase al árbol, "no, no la encontrarás allí tampoco. Verás, ella se casó con un muggle de apellido Tonks y fue borrada del árbol al igual que yo"

- "¡Pero eres tío de Draco!"

- "Sí. Y no me enorgullece, créelo. Sucede que las familias de magos que se llaman a sí mismas de 'sangre limpia' están todas emparentadas. Soy pariente lejano de Molly también, pero los Weasley no figuran aquí tampoco. Mi propio hermano, Regulus, fue un mortífago y murió en manos de Voldemort según dicen, aunque yo no lo creo. Mi familia se sentía orgullosa de eso"

- "¿Cómo pudiste vivir así?", exclamó Harry. Eso era peor que estar con los Dursley.

- "Gracias a mis amigos", respondió Sirius, "solamente fui libre gracias a ellos. No me agrada estar de nuevo en esta casa, pero era lo mejor para la Orden. No podíamos reunirnos en Hogwarts y la casa de Remus no es tan segura como ésta. Mi padre protegió esta mansión con hechizos poderosos y Dumbledore puso otro para que nadie conozca su ubicación a menos que él mismo se la revele"

En ese momento, la señora Weasley llamaba a todos al comedor y se dirigieron allí. Harry aún meditaba en lo que le había dicho Sirius, ¡sabía tan poco de su familia! cada cosa era una gran revelación a sus ojos.


En el comedor, la pared estaba adornada por un gran cartel de felicitación para Ron y Hermione y todos se encontraban ya en sus puestos. Sirius tomó asiento a un lado de Remus y Harry lo hizo al otro lado. Remus le sonrió.

En ese momento, un gran estrépito provino del pasillo y se escucharon los airados gritos de una anciana.

- "¡Mi casa llena de sangres sucias! ¡Amantes de muggles, eso es lo que son! ¡Que deshonra para los Black! ¡Váyanse, desaparezcan de mi vista! ¡Sirius Black, eres una verguenza para la familia! ¡Amigos de muggles! ¡Basura!"

Sirius se puso rojo de indignación y corrió acompañado de Remus y seguido por Harry hacia el origen de aquellos gritos. Allí encontraron a Tonks tratando de cubrir un cuadro, cuya ocupante era la autora de los gritos oídos en el comedor.

- "¡Cállate! ¡Basta ya!", gritó Sirius cubriendo rápidamente el cuadro con el lienzo.

- "Lo siento", explicó Tonks avergonzada, "creo que volví a tropezar"

- "¿Qué fue eso?" preguntó Harry

- "Mi madre", respondió sencillamente Sirius, "hemos tratado de quitar el cuadro, pero debe haber dejado un hechizo en él"

- "Vamos Harry", dijo suavemente Remus empujándolo hacia el comedor.

Una vez calmado el alboroto, se sirvió el almuerzo preparado por la señora Weasley.

- "Molly, esto está delicioso", exclamó Tonks, "algún día debes enseñarme la receta. ¿Qué celebramos?", dijo mirando el cartel en la pared.

- "Ron y Hermione serán prefectos en Hogwarts este año", exclamó la señora Weasley emocionada.

- "¡Oh! ¡Felicitaciones! A mí jamás me eligieron prefecta", dijo Tonks distraídamente.

- "¿Por qué?", preguntó Harry, al menos había alguien como él.

- "Pues no sé, supongo que me faltarian las cualidades básicas", respondió ella despreocupadamente.

- "Yo tampoco lo fui. Ni tu padre", dijo Sirius.

- "¿En serio?", Harry se sentía muy aliviado.

- "Claro. Pasábamos mucho tiempo en detención como para ser prefectos", respondió Sirius con un guiño. La señora Weasley le lanzó una mirada desaprobadora, "Remus si fue prefecto. Él era de los buenos"

- "¿Sí?", exclamó Ron, "¡cuéntanos! ¿es cierto que los prefectos pueden elegir habitaciones privadas? ¿y que tienen un enorme baño que parece una piscina?"

- "Sí", respondió Remus, "pero yo preferí quedarme con mis amigos. Sólo tuve habitaciones privadas en el último año, por poco tiempo", y se calló abruptamente.

- "¿Por qué?", preguntó Hermione, "¿Sirius roncaba acaso?"

- "Algo así", respondió Remus enrojeciendo.

Por suerte, Sirius fue en su ayuda.

- "Nosotros compartíamos el dormitorio", explicó, "James, Remus, Colagusano y yo, hasta el sexto año. Pero en el séptimo año nos enviaron a nuevos dormitorios, con dos camas cada uno. Dumbledore pensó que si me juntaba con James, no nos podrían tener bajo control, de modo que puso a James con Colagusano y a Remus conmigo", explicó.

- "¿Y?", preguntaron tres voces ansiosas.

- "Pues Remus pensó que yo podría apañáremelas solo y se fue por un mes a su dormitorio de prefecto. Pero luego volvió"

- "No entiendo", dijo Hermione, "¿por qué volviste, Remus? Dicen que los dormitorios de prefectos son lo mejor que hay"

- "Yo...Sirius", trató de explicar Remus, "es que discutimos y me fui"

- "Pero luego volvió con su rabo de lobo entre las piernas", dijo maliciosamente Sirius. Remus estaba muy avergonzado.

- "¡Oh!", exclamó Harry ¿era idea suya o Remus estaba triste?

- "Pues sí", contestó Remus con una sonrisa, "James y Lily me pidieron que no te dejara solo pues estabas causando demasiados problemas"

- "¿Y te bañaste en el baño de prefectos?", preguntó Ron

- "¡Sí que lo hicimos! ¡Y muchas veces!", exclamó Sirius con entusiasmo. De pronto se calló, pues sintió los ojos de todos sobre él.

- "Yo pensé que eso era sólo para los prefectos", intervino Ginny tímidamente.

Los gemelos, que habían estado extrañamente callados, rieron entonces.

- "Nosotros también los hemos usado muchas veces, sólo hay que saber en qué momento, ¿verdad?"; dijeron con un guiño y Sirius respiró aliviado.

- "Yo también los usé una vez", dijo Harry, "fue en la competencia de los tres magos, para descifrar un enigma"

Luego, la conversación siguió por terrenos menos peligrosos.


*

“Must be lucky whether when you find / debes ser dichoso cuando encuentres
the kind of wind that you need / el tipo de viento que necesitas
Come on show me all the light / vamos, muéstrame toda la luz
and shade that made your name / y sombras que hacen tu nombre
I know you've got it in your head /sé lo que tienes en la cabeza
I've seen that look before / he visto antes esa mirada
You've built your refuge / has construido tu refugio
turns you captive all the same / y te vuelve cautivo todo el tiempo”


Esa tarde, la señora Weasley se disponía a llevarlos al Callejón Diagon para hacer las compras para Hogwarts, escoltados por Remus y Tonks. Sirius se quedó algo triste cuando todos partieron. La casa había quedado silenciosa de pronto y eso le recordó que al día siguiente estaría así también, pues los chicos partían y Molly volvería a La Madriguera.

Sólo se quedaría con Kreacher y Remus. El elfo doméstico refunfuñaba por los rincones, quejándose de lo triste que estaría la anciana señora Black si viera en lo que habían convertido su casa. Pero Remus...¿por qué Hermione había sido tan insistente con lo de Tonks? Había visto tristeza en la mirada de su antiguo amor y lo último que deseaba era verlo sufrir. Sólo quería que todo eso pasara, que Harry fuera feliz. ¿Y si era cierto lo que decía Hermione? ¿Harry necesitaría una madre? Recordó su infancia y lo mucho que quiso a la madre de James. ¡Claro que un muchacho necesitaba una madre! Pero, ¿Tonks? ella le agradaba a Harry y a él mismo no le disgustaba, a pesar de que era su sobrina. ¿Podría hacerlo? ¿Y Remus? ¿Habría salido con alguien cuando ellos se separaron?

Mientras tanto, en el Callejón Diagon, Remus caminaba delante de los chicos y Tonks vigilaba la retaguardia. Aunque era difícil que alguien intentara atacar a Harry con el lugar lleno de gente, era bueno tomar precauciones. Además, así Remus podía andar sumido en sus pensamientos, sin tener que participar en la alegre charla, de la cual oía a veces las risas de Tonks.

- "¿Remus?", Harry se encontraba a su lado, en la puerta de Flourish & Bolts.

- "Dime, Harry", respondió amablemente.

- "Sirius se siente miserable en esa casa, ¿verdad?"

- "Así es. Creo que no debió ofrecerla a la Orden. El encierro no lo afecta tanto, son los recuerdos los que lo tienen así", explicó.

- "Ayúdalo, por favor"; pidió el muchacho, "ustedes siguen siendo como antes, ¿no?"

¡Cómo antes! ¡Si Harry supiera!

- "Er, sí. Como antes", respondió Remus

- "Entonces sabes cómo ayudarlo", afirmó el muchacho. Remus asintió y entraron a la tienda.

Remus se quedó junto a la puerta, vigilando, mientras Tonks ayudaba con las compras. Con nostalgia recorrió con la mirada las estanterías abarrotadas de libros. Los libros lo apasionaban, habían sido su compañía cuando no tenía amigos, y luego, cuando los encontró. Los libros siempre habían formado parte de su vida, también estuvieron con él cuando Sirius...pero no quería recordarlo. Habría comprado alguno, pero como siempre, no tenía dinero suficiente. Ni siquiera para libros de segunda como los que compraba Molly a sus hijos.

De pronto, una familiar figura se acercó con un volumen empastado en cuero negro. "Demonios a la luz del día", rezaba el título.

“Because you're lonely / porque estás sólo en tus pesadillas
in your nightmare let me in / déjame entrar
And there's heat / porque hay calor
beneath your winter let me in / bajo tu invierno, déjame entrar”


- "Creo que esto te interesará", dijo Kingsley Shacklebolt alcanzándole el libro, "por favor acéptalo. Por lo que nunca fue"

- "Yo...", trató de protestar, pero ¿qué caso tenía?, "gracias", sonrió.

- "Esa sonrisa tuya", sonrió a su vez Kingsley. "¿Cómo va todo?"

- "Bien", respondió Remus.

- "Ya veo", los ojos negros de Kingsley lo miraron escrutadoramente, "¿y él?", preguntó sin rodeos.

- "Está bien. Adaptándose al encierro aún"

- "No me refería a eso", replicó Kingsley

- "Lo sé. Pero ya ves, todo está igual, como te dije. El pasado no volverá", contestó Remus tristemente.

- "Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme", dijo Kingsley y salió de la tienda.

Remus lo miró mientras se alejaba. Kingsley era sumamente atractivo, su piel oscura y sus labios sensuales habían ocupado sus pensamientos por algunos meses, pero nada había pasado. Él sólo quería a Kingsley como amigo, no lo amaba. No como a Sirius. Lo había intentado, pero fue inútil. El licántropo, al igual que el lobo escoge una pareja para toda la vida. Si ésta muere, se queda solo. Había leído esto en un libro de magia, años atrás y ahora sabía en carne propia lo que esto significaba. "Si ésta muere", decía, pero no hablaba nada sobre "si ésta lo abandona". En el mundo de los lobos, las parejas no lo abandonaban a uno. En el de los humanos sí.

- "Remus"

- "..."

- "Remus"

- "..."

- "¡REMUS!", gritó Hermione

- "¡Oh! Lo siento. Dime", respondió Remus sacado violentamente de su ensueño.

- "Tengo que hablar contigo ahora que todos están distraídos comprando", dijo ella.

- "Te escucho"

- "Necesito que me ayudes. Quiero que Sirius tenga una cita con Tonks"

- "¡QUE! Hermione, pero...", empezó a protestar.

- "No aceptaré un NO por respuesta", insistió ella, "tú mismo dijiste que Sirius no se siente a gusto allí y sabemos que Harry necesita una madre que cuide de él. Además, a Tonks le gusta Sirius..."

- "¡Cielos! Tienes todo resuelto, ¿no? ¿Al menos le has preguntado a Sirius su opinión? Creo que no. Escúchame, Hermione, no creo que Sirius necesite una novia porque...porque..."

- "¿Por qué?"

- "Porque las cosas están muy complicadas todavía. Él es un prófugo y además...además", //además quien lo necesita soy yo, quien lo ama soy yo. ¡Demonios! ¿Quieres dejarlo en paz?//, quiso gritar, pero en lugar de eso, susurró, "no importa".

- "Lo siento", dijo Hermione sorprendida, "sólo quería ayudar", y bajó la mirada.

- "Está bien", respondió Remus con dulzura, "es que las cosas no son tan simples. Al menos pídele su opinión al interesado y si él acepta, prometo ayudarte", continuó, sin que por un momento pasara por su mente la posibilidad de que Sirius aceptara.

- "Lo haré. ¡Gracias!", exclamó Hermione y se fue alegremente junto a los otros.

*

Esa noche, durante la cena, Hermione hizo lo que Remus le habia propuesto y luego, en la cocina, lo acorraló nuevamente.

- "Remus, ¡dijo que sí!", exclamó, radiante de felicidad.

- "¿Él te dijo eso?", preguntó Remus.

- "Sí. Pero yo me voy mañana, de modo que todo queda en tus manos. Sólo déjalos solos cuando Tonks venga aquí, Sirius hará el resto", dijo convencida

- "Ya veo", murmuró Remus, y se mantuvo silencioso el resto de la noche.

Luego de que los chicos se acostaran, los Weasley estaban en el salón, junto a la chimenea, discutiendo con Sirius los recientes acontecimientos.

Remus leía en el sillón más próximo al fuego. La lectura era tan interesante, que por un momento olvidó su preocupación por Sirius.

- “¡Remus! ¿Qué haces allí? ¿Qué es tan interesante en ese libro?”, preguntó Sirius.

Remus cerró el libro, marcando la página en la cual se había quedado.

- “Es un libro sobre demonios antiguos”, explicó, “tiene varias referencias a textos prohibidos como en Necronomicon. Aquí dice ‘Autor anónimo’, me pregunto quién será”

- “Es extraño. No existen muchas publicaciones que hagan referencia al Necronomicon. ¿De dónde lo sacaste?”, preguntó Arthur Weasley.

- “Me lo dio Kingsley, en Flourish & Blotts”, respondió Remus.

- “¿Y por qué Kingsley te obsequia un libro?”, preguntó de repente Sirius

- “Siempre lo hace. Tengo muchos libros obsequiados por él”, respondió sencillamente Remus.

- “Pues yo sigo diciendo que es muy extraño”, continuó Arthur, sin hacer caso de la mirada furiosa de Sirius, “¿me permites?”

Remus le alcanzó el libro y luego de un minucioso examen, Arthur se lo devolvió.

- “Empastado de primera, papel de excelente calidad, pero no figura la editorial. Si no te lo hubiera dado Kingsley, pensaría que provino de la biblioteca de Lucius Malfoy. En el Ministerio corre el rumor de que él posee una copia del Necronomicon y del abominable Chaat Aquadingen. ¡Cómo quisiera hacer una redada en su mansión!”

- “¡Oh, Arthur! Tú ves fantasmas en todos lados”, exclamó la señora Weasley, declarando categóricamente, “me voy a la cama. Mañana debemos ir a la estación”

Remus se apresuró a guardar el libro y se despidió de todos también. Luego le preguntaría a Kingsley de dónde lo había sacado. Sentía una extraña emoción. ¿Sirius, celoso? ¿O eran sólo ideas suyas?

*

El viaje a la estación fue una pesadilla. Esta vez, Moody había sido designado para acompañarlos y esto alegró un poco a Remus, pues al menos ese día no verían a Tonks. Pero Sirius había insistido en despedir a Harry transformado en perro, de modo que Remus lo ató con una correa y lo llevó por la estación.

Conociendo a Sirius, era obvio que no se contentaría con mover el rabo. En el momento de la despedida, se puso de dos patas y abrazó a Harry, atrayendo más de una mirada.

- “Compórtate, Snuffles, o te pondré un bozal”, exclamó Remus tirando de la correa.

El enorme perro negro lanzó un gruñido y amenazó con morderlo y luego se soltó de la correa y persiguió al tren un buen trecho, para regresar luego y poner el hocico sobre la mano de Remus, aullando bajito y pidiendo disculpas por su mal comportamiento. Pero Remus estaba muy molesto y tiró de la correa obligándolo a subir al auto donde los esperaban Moody, Arthur y Molly.

Los dejaron en la Mansión Black y se despidieron. Esa noche, estarían solos.

*

Ese día en Hogwarts había sido de mucha agitación también, pues todos esperaban a los estudiantes al anochecer.

Finwe y Haldir habían pasado la mañana visitando las mazmorras donde Severus Snape enseñaba Pociones.

- “Esto es impresionante, Severus”, dijo Finwe, haciendo que Snape sonriera de satisfacción, pero su sonrisa se congeló cuando entendió qué era lo impresionante, “¿cómo pueden los humanos estudiar en un lugar tan horrible como éste? ¡No hay un solo rayo de sol!”

- “Finwe”, dijo seriamente Haldir, “los humanos no son como los elfos. Pueden vivir en cualquier lugar sin problemas, pues se trata de una raza extraordinariamente adaptable”.

- “Así es”, explicó Severus, “en mi caso particular, prefiero las mazmorras pues la preparación de pociones requiere de paz y concentración y casi nadie viene por aquí, excepto los días de clases”

- “¡Oh!, ya veo. Entonces tendré que acostumbrarme, pues me enseñarás a preparar algunas, ¿verdad?”, dijo Finwe, ansioso por arreglar su falta.

- “Desde luego”, dijo Snape en voz baja, “puedes venir cuando lo desees”

Haldir decidió que eso era suficiente y se llevó a Finwe de allí. Ya se aseguraría de que su pequeño elfo no visitara solo esas mazmorras.

Los elfos pasaron la tarde tomando té con Hagrid. La simpatía fue mutua y Finwe estaba fascinado con sus historias de dragones y monstruos semejantes, pues esa clase de seres eran la debilidad de Hagrid.

- “Hay que saber tratar a todos los animales”, explicaba Hagrid, “incluso los unicornios tienen sus cosas. Sólo se dejan montar por mujeres vírgenes”

- “¿CÓMO?”, exclamaron al unísono los dos elfos.

- “¿Dije algo malo?”, preguntó Hagrid

- “No, no es nada”, respondió Finwe riendo, “sucede que al llegar aquí, Haldir y yo montamos un unicornio. Y como puedes ver, no somos mujeres y desde luego, tampoco somos vírgenes”

Hagrid los miraba con los ojos muy abiertos.

- “Es que somos elfos”, intervino Haldir, “creo que eso es algo que hay que añadir a los textos sobre unicornios”

- “¡Oh, sí, sí! Ya lo creo que hay que añadirlo”, respondió Hagrid.

- “Debemos irnos ya”, manifestó Haldir, “no deseamos llegar tarde a la ceremonia”

Y ambos salieron, dejando a Hagrid aún pensativo.

*

A las ocho en punto, con la llegada del Expreso de Hogwarts, comenzó la celebración. Los elfos fueron invitados a la mesa de los profesores, sentándose junto a Minerva. Allí, les fue presentada una mujer baja, de cabello lacio con un extraño tono que a Finwe le recordó inmediatamente las cucarachas que pululaban en el Bosque Mágico en tiempos de Sauron. Su rostro era idéntico al de una tortuga adulta, con excepción de los ojos, que brillaban con malicia, observándolo todo. Iba vestida con una chaqueta color ratón sobre su túnica verde sepia.

Era Dolores Umbridge, la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Miró a Finwe como si se tratara de un animal exhibido en un zoológico y quiso hacer lo mismo con Haldir, pero el elfo la miró directamente a los ojos y sonriendo, la hizo ruborizar. Minerva Mc Gonagall sonrió apreciativamente al elfo.

Ella se sentó junto a Dumbledore con aire de suficiencia y Finwe aprovechó para susurrarle a Haldir.

- “Si yo fuera un demonio cualquiera, correría con sólo verla. Me parece perfecta para ese puesto”

Haldir opinaba exactamente lo mismo y así se lo dijo, cuando fueron interrumpidos por una avalancha de muchachos que entraban ordenadamente al Gran Salón. Allí pudieron ver a Harry, Hermione y los Weasley y Finwe los saludó agitando la mano, siendo pateado por Haldir debajo de la mesa.

Inmediatamente, los recién llegados notaron la presencia de los elfos y el aire se llenó de cuchicheos, que sólo cesaron cuando Minerva Mc Gonagall se acercó para iniciar la Ceremonia de Selección.

Los elfos contemplaban fascinados cómo el Sombrero Seleccionador iba escogiendo estudiantes para todas las casas y cómo éstos se acercaban a sus respectivas mesas siendo ovacionados por los presentes. Finwe se preguntaba a qué casa lo enviarían si se pusiera el sombrero y pensó que sería Gryffindor, pues allí habían muchas cabezas pelirrojas como la suya. Naturalmente, pertenecían a los Weasley.

Luego de la abundante cena, durante la cual Haldir y Finwe sentían que todas las miradas estaban sobre ellos, vino el tradicional discurso de Dumbledore. El Director se puso de pie y todos guardaron silencio instantáneamente.

- “Pido un momento su atención para las acostumbradas noticias de inicio del curso”, dijo Dumbledore con su voz pausada y acogedora, “Los estudiantes de primer año deben recordar que no deben visitar el Bosque Prohibido. El señor Filch, nuestro celador, me ha pedido recordarles que la magia no se permite en los corredores así como tampoco el uso de otros objetos mágicos cuyo detalle pueden encontrar en la extensa lista pegada en la puerta de la oficina del señor Filch”

El conserje sonrió mostrando su desdentada boca y se retiró con su gata, la Señora Norris.

- “Asimismo, tenemos dos cambios de profesores ese año. Haldir de Lórien y Finwe del Bosque Mágico, son dos elfos venidos de la Tierra Media para dictar el curso de ‘Medicina Élfica’ para los estudiantes de quinto año”.

Una gran ovación recibió a los elfos y Haldir no pudo evitar sonreír, aunque sus finos oídos élficos captaron la decepción de los estudiantes que no eran de quinto año.

Dumbledore esperó a que se calmaran los aplausos y continuó.

- “También les presento a la profesora Dolores Umbridge, en Defensa Contra las Artes Oscuras”

Hubo un aplauso muy falto de entusiasmo.

- “Además, las prácticas de Quidditch se harán- “

- “Hem, hem”

Dumbledore se detuvo mirando a Umbridge y todos lo hicieron también. Minerva Mc Gonagall y la profesora Sprout estaban indignadas. Ningún profesor había osado interrumpir a Dumbledore jamás.

Pero Umbridge pareció no notarlo y se puso de pie para lanzar un aburrido y largo discurso del cual lo único rescatable fue saber que ella reformaría los programas de estudio del colegio, usando solo lo que el Ministerio de Magia consideraba “seguro”. Luego, Dumbledore volvió a hacer uso de la palabra, deseándoles buenas noches.

Mientras Haldir y Finwe se dirigían a sus habitaciones, comentaban los acontecimientos de la noche.

- “Esa mujer, Umbridge, ¡Es odiosa!”, exclamó Finwe con calor, “¿viste la cara de Minerva? Parecía que la iba a asesinar”

- “Lo vi, pequeño elfo. No te involucres, ¿quieres?”, pero Haldir ya sabía que su advertencia era en vano. Finwe ni siquiera parecía haberlo oído.

- “¿Cómo pudo interrumpir así al director? A los estudiantes tampoco les gustó. No los culpo. ¿Tú crees que un unicornio dejaría que ella lo monte?”

De pronto Finwe se calló abruptamente, cosa poco característica en él. En el pasillo, junto a la puerta de la habitación a la izquierda de la suya, se encontraba Umbridge. Al parecer no los había oído, pues saludó a Haldir con amabilidad, aunque miró a Finwe con mucha frialdad.

La nueva profesora esperó deliberadamente en la puerta hasta que ambos entraron a su habitación. ¿Esos dos dormían juntos? ¡Eso le gustaría a su jefe! Definitivamente, tendría que investigar.


Capítulo 8: One Slip

“One slip, and down the hole we fall – un giro y caemos hacia el abismo
It seems to take no time at all / parece no tomar mucho tiempo
A momentary lapse of reason / un lapso momentáneo de razon
That binds a life for life / que ata una vida por una vida
A small regret, you won't forget, / un pequeño arrependimiento, no olvidarás
There'll be no sleep in here tonight / no habrá sueño aquí esta noche”

One Slip – Pink Floyd


Hestia Jones avanzó algo atemorizada. Su informante caminaba delante de ella por el largo pasillo.

Antes, le habían pedido vendarse los ojos para atravesar la ciudad en busca de la mansión del hombre que había comprado el espejo. Ella aceptó, pues ¿qué podía temer de unos muggles?

El auto los condujo por lugares extraños, a juzgar por los ruidos que oía. Además, daban muchas vueltas y giros bruscos, seguramente para despistarla. Luego llegaron y alguien la tomó del brazo guiándola hacia una puerta que se cerró. Sintió una opresión en el pecho al encontrarse aislada del mundo. ¿Por qué no había pedido a Kingsley que la acompañe?

Pero ya era tarde. Le quitaron la venda de los ojos y avanzó por el pasillo de piedra hacia lo que parecía ser el sótano. Algo le parecía familiar en aquél lugar y pronto supo qué era. La puerta de roble que separaba el pasillo de la larga escalera hacia el sótano tenía tallado el escudo de armas de una familia bien conocida para ella.

No pudo detenerse a pensar, pues la puerta se acababa de abrir y su informante, asustado también, le dijo:

- “Listo, señorita. Yo la dejo aquí. He cumplido mi parte del trato”, se quedó de pie, esperando algo.

Hestia buscó en su bolso y encontró los billetes muggles. Le extendió doscientas libras y él las tomó rápidamente, desapareciendo por el largo pasillo.

La bruja tomó aire y empezó a bajar las escaleras. Estaban débilmente iluminadas, dando un aspecto aterrador al sótano. Al pie de la escalera, esperaba alguien a quien ella conocía muy bien.

- “¡Hestia, querida!”, exclamó el atractivo mago tomándola del brazo, “es un placer tenerte aquí”, sonrió con malicia antes de agregar, “sola”.

- “Sabes a lo que he venido”, dijo ella. Quería irse de allí de una vez.

- “¡Oh, claro! El espejo. Maravillosa pieza de colección, que engalanará mi vivienda, que ya cuenta con piezas similares”, sonrió él, “acompáñame, te lo mostraré”

Hestia no tuvo más remedio que tomarlo del brazo, sintiendo una profunda repulsión, y fue conducida hacia una cámara en la cual no había un solo mueble. Únicamente un espejo con el marco de oro brillante, colgaba solitario de la pared.

- “¡El espejo de Nitocris!”, exclamó él, “¿no es hermoso?”

- “¿E-es el original?”, preguntó Hestia.

- “Estoy casi seguro. Pero por eso estás aquí, mi querida Hestia. Tú nos ayudarás a saberlo”, susurró él.

Hestia retrocedió, pero el mago fue más rápido.

- “¡Inmovilus!”

Ella no podía moverse más. El mago sonrió.

- “Nitocris fue una terrible mujer. Hermosa, pero terrible”, dijo acercándose al espejo. “Cuenta la leyenda que ella solía encerrar a sus enemigos con el espejo y al día siguiente sólo encontraban la cámara vacía. Ni la misma Nitocris era capaz de mirar al espejo a media noche”

Hestia solo dijo:

- “Dumbledore lo sabrá si me dañas”

- “Lo sé. Lo sé”, dijo él y su sonrisa se ensanchó aún más. “Pero yo no haré nada, mi querida Hestia. Será el espejo”, hizo una pausa hasta que vio los ojos aterrorizados de ella. “¿Sabes cómo terminó Nitocris? Finalmente la encerraron con el espejo y fue encontrado en su tumba, por ese estúpido arqueólogo muggle”

- “¡Déjame ir! Los miembros de la Orden lo sabrán”

- “Oh, claro! La Fabulosa Orden del Fénix. Sin duda ellos te rescatarán, aguarda...”, dijo la cruel voz, “te dejaré para que los esperes. Faltan solo dos horas para la media noche y tengo mucha curiosidad”

- “¡Déjame! ¡Te lo exijo!”

- “Puedes gritar si quieres. No hay nadie en mi casa, mi hijo está en Hogwarts y mi esposa visita a unos familiares. Usaría un hechizo para silenciarte, pero al Señor Oscuro le gustan los gritos”, caminó hacia la puerta, “y él tiene también mucha curiosidad”

La puerta se cerró, dejando a Hestia sola en la cámara débilmente iluminada.

El espejo parecía una tranquila laguna de cristal. Ella se sintió adormecida mirándolo y pasaron las horas.

De pronto, algo en el espejo le llamó la atención. A las doce en punto, pudo ver el marco del espejo, pero éste ya no estaba. Parecía haberse disuelto en una extraña sustancia gelatinosa que caía al piso, mientras iba formando una figura.

Hestia gritó con todas sus fuerzas cuando aquélla abominación salida del submundo avanzó hacia ella extendiendo sus viscosos tentáculos. Porque esa cosa tenía un rostro, era el hermoso rostro de una antigua reina egipcia. “Hermosa, pero terrible”, fue su último pensamiento coherente.


En la cámara contigua, dos personas hablaban serenamente hasta que oyeron el grito.

- “Entonces es el original”, dijo el Señor Oscuro sonriendo, “buen trabajo. Ahora tenemos una de las armas más poderosas contra Dumbledore. Sólo falta la otra.”

- “Mañana abriré la cámara”, sonrió el otro mago, “respecto a la otra arma, pronto descifraré los caracteres del libro y podremos usarla”

*

“Was it love, or was it / ¿Fue amor, o fue
the idea of being in love? / la idea de estar enamorado?
Or was it the hand of fate, / ¿O fue la mano del destino
that seemed to fit just like a glove? / que parecía encajar como un guante?
The moment slipped by / El momento se deslizó
and soon the seeds were sown / y pronto las semillas fueron sembradas
The year grew late and neither / el año creció tarde y ninguno
one wanted to remain alone / quiso permanecer solo”


Luego de la partida de los chicos, Sirius había estado bastante taciturno y prefirió encerrarse con Buckbeak en la segunda planta.

Remus, mientras tanto, ayudó a Molly y a Arthur Weasley a trasladarse de nuevo a su propia casa “La Madriguera” y almorzó allí con ellos. Cuando volvió a la Mansión Black, era ya de noche y Sirius aún no daba señales de vida, de modo que continuó leyendo en el salón.

La mansión había vuelto a estar silenciosa, y eso deprimía a Sirius. Cansado de estar con Buckbeak, bajó al salón y encontró a Remus leyendo ese libro misterioso. Su amigo apenas levantó la vista.

- “Hola”, dijo Sirius, dejándose caer en el sillón en frente de Remus.

- “Hola”, contestó él sin despegar los ojos del libro.

- “¿Qué es eso tan interesante?”, preguntó Sirius con desagrado.

De pronto, Remus se puso de pie.

- “Debo salir un momento”

- “¿QUÉ? ¿A dónde vas?”, exclamó Sirius.

- “Voy a mi casa. Deseo traer algunos de mis libros, si no te importa”, respondió Remus.

- “Claro que puedes. Esta es también tu casa, no lo olvides”, dijo Sirius con decisión, “pero, ¿es necesario que vayas ahora mismo?”

- “Sí. He encontrado aca una referencia que me ha llamado mucho la atención. Hace algún tiempo lei algo parecido en uno de mis libros y debo consultarlo ahora. Luego te lo explicaré, Padfoot”

Remus se puso de pie y guardó el libro en el bolsillo interior de su ajada túnica. Sirius se recordó una vez más que pediría a Tonks que buscase algo de vestir para Remus. El licántropo se alejó de la chimenea, parándose en el centro del salón.

- “¡Hey! ¿No piensas viajar con Polvos Floo?”, preguntó Sirius.

- “¡Ya no!”, exclamó Remus con entusiasmo, “mira, descubrí que si deseo estar en algún sitio y lo digo en voz baja, el anillo me lleva a él. Así aparecí ayer en la cocina y asusté a Tonks”

- “¡Ahh!”, dijo Sirius pensativo, “Tonks...”

Remus no esperó a ver que más decía. Apretó el anillo con la mano y susurró “Lupin Lodge”. Apareció en el salón de su casa y se dirigió de prisa a su biblioteca, donde seleccionó varios libros que colocó en un baúl. Esta tarea le tomó cerca de dos horas, y luego aprovechó para empacar también algo de ropa, cambiarse y tomar una taza de chocolate.

Cuando volvió a la Mansión Black, eran pasadas las once y no había señales de Sirius, de modo que se sentó en el sillón junto a la chimenea y abrió uno de sus libros, tratando de no recordar las veces que se había quedado estudiando junto con Sirius en un sillón parecido y envueltos en la misma manta, para luego terminar haciendo el amor en la alfombra, junto al fuego.

Hacia la una, Remus se fue a dormir y despertó temprano en la mañana porque alguien golpeaba su puerta.

- “¡Remus! ¿Estás ahí?”

Aún soñoliento, se acercó a abrir y se quedó sorprendido de ver a Kingsley, seguido por un furioso Sirius.

- “¡Te dije que estaba dormido! ¿Qué demonios es tan urgente?”, increpaba Sirius.

- “Lo siento, Sirius. No tengo mucho tiempo y ambos deben saberlo”, explicó Kingsley.

- “¿Qué está pasando?”, preguntó Remus, echándose una bata encima.

- “Vamos abajo. Allí les explicaré”, pidió Kingsley.

Bajaron a prisa a la cocina y se sentaron, mirando ansiosos a Kingsley.

- “Hestia ha desaparecido y temo que puede haberle ocurrido algo malo”, explicó. “Ayer iba tras una pista importante y hoy no había vuelto a casa. Nadie la ha visto desde la mañana de ayer”

- “Pero…¿no estará en casa de algún amigo?”, preguntó Remus.

- “Créeme que no. La conozco bien”, dijo Kingsley. “Verán, ayer la vi por la mañana y me dijo que tendría una buena noticia para la Orden, pero que no me podía dar detalles aún y que se iba a Sotheby’s porque subastaban algo muy importante. No le presté demasiada atención porque el Ministro quería verme esa mañana, de modo que la dejé ir sola. Luego, hacia la noche, recibí una nota de ella”, Kingsley le alcanzó a Remus un trozo de pergamino que decía:

“Kingsley, escribo esto de prisa porque me esperan. Di con el espejo, pero alguien se me adelantó y no pude comprarlo. Esta noche, he conseguido un informante que me llevará a su casa y hablaremos sobre su precio. Me gustaría que me acompañes, pero no hay tiempo, mañana temprano te visitaré. Hestia”

- “¿Espejo?”, preguntó Sirius.

- “Sí. No sé a qué se refiere. Era el objeto que subastaban, pero no entiendo qué tan importante podía ser. El asunto es que ella no fue a mi casa y cuando fui a buscarla, no encontré señales de ella en casa, su cama no estaba deshecha. Temo por Hestia, ella jamás dejaría de avisar”

- “Bien. Debemos avisar a Dumbledore”, dijo Remus.

- “Háganlo ustedes. Yo debo ir volando al Ministerio a terminar unos informes para Fudge y el tiempo está pésimo. No usen chimeneas para ir a Hogwarts, sé que Fudge ha intervenido la red de chimeneas desde ayer. Remus, he llamado a Sotheby’s pidiendo la lista de subastas y objetos subastados ayer y la tendrán lista a las diez de la mañana, quizás tú y Moody puedan averiguar algo más. Ahora me voy”, dijo Kingsley, tomando su escoba y dirigiéndose a la puerta.

- “No te preocupes”, le dijo Remus, “hablaré con Dumbledore ahora mismo”

Al cerrarse la puerta, Sirius preguntó:

- “¿Y cómo entrarás a Hogwarts?”

- “Con el anillo. Supongo que también servirá allí”, respondió Remus. “Voy a cambiarme”, y subió a su habitación.

Sirius dio un puñetazo en la pared. Había tanto que hacer, y él sin poder salir de la casa. Se sentía impotente.

Remus bajó corriendo, con una túnica gris oscuro, tan remendada y ajada como la anterior.

- “¡Ya me voy!”, dijo.

Luego se puso en medio del salón, tocó el anillo y susurró “Hogwarts”


De pronto, se encontró en una habitación familiar. ¡Claro! Él dijo Hogwarts, pero no especificó el lugar exacto y el anillo lo llevó al lugar que deseaba ver: su antigua habitación.

Poco había cambiado allí, seguían las enormes camas con dosel, esta vez eran cinco; los baúles con las pertenencias de sus actuales ocupantes, la enorme ventana por donde había contemplado la noche tantas veces…pero ya no eran los mismos cuatro inseparables amigos. Los chicos habían crecido, uno había muerto, traicionado por otro de ellos, y los otros dos…mejor no pensar en eso.

Algo le llamó la atención sobre la mesa de noche de la primera cama: una fotografía que mostraba a cuatro sonrientes personas y a un bebé. Eran Lily y James Potter, con Harry en brazos. Junto a ellos, estaba Sirius y él mismo. ¡Era la habitación de Harry!

La puerta se abrió.

- “¡Remus!”

- “¡Harry!”

La sopresa inicial en la cara del chico cambió por una expresión de preocupación.

- “¿Le ha pasado algo a Sirius?”

- “No, claro que no. Vine a ver a Dumbledore”, explicó Remus.

- “¿Aquí?”

- “Error de vuelo”, sonrió Remus, “debo irme, no me pueden ver aquí”

- “Saluda a Sirius”, pidió Harry.

- “Lo haré”, dijo Remus, tocando el anillo de nuevo. “Al despacho de Dumbledore”, pidió, y esta vez, el anillo lo llevó al sitio correcto.


Mientras tanto, Harry llegó corriendo a su clase de Medicina Élfica y se sentó junto a Ron. Detrás de el estaba Draco Malfoy, sentado con Pansy Parkinson. Frente a ellos, estaban Hermione y Neville Longbottom.

Los elfos entraron en el aula, arrancando exclamaciones de admiración.

- “Buenos días”, dijo Haldir, “soy Haldir de Lórien y mi compañero es Finwe, del Bosque Mágico. Les enseñaremos ‘Medicina Élfica’. Por favor, abran sus libros en la página cinco, y lean unos momentos sobre lembas”

Finwe mientras tanto, colocaba algunos extraños envoltorios de hojas sobre la mesa.

- “Yo no recibo órdenes de elfos”, dijo de pronto Draco.

- “Malfoy, ¿verdad?”, preguntó Haldir con voz neutra.

- “Soy Draco Malfoy, y mi padre dice que los elfos son criaturas inferiores y que no pueden enseñar aquí”

- “Bien, Draco. Dile a tu padre que no me importa lo que piense de los elfos. Mientras dos de ellos sean tus profesores, deberás hacer lo que ellos digan en clase”, respondió Haldir sin alterar en nada su tono de voz.

Luego, avanzó despacio hasta estar junto a Draco. Pansy lo miró con adoración.

- “Ahora, Draco, ten la bondad de abrir tu libro en la página cinco y lee en voz alta para tus compañeros”

Draco lo miró con odio, pero no se atrevió a enfrentar al elfo. En lugar de esto, abrió dócilmente el libro y empezó a leer.

- “El lembas o pan élfico se utiliza para reconfortar a los que deben emprender largos viajes por las tierras salvajes, o a los heridos cuya vida corriera peligro. Los elfos eldar no se lo daban a los hombres, salvo a unos pocos a quienes amaban, en caso de gran necesidad”

- “Detente un momento, Draco”, pidió Haldir, “como acaban de oír, el lembas es un alimento mágico, sumamente especial. También tiene la propiedad de reconfortar el espíritu. Hemos traído lembas para todos, de modo que tendrán el alto honor de probarlo. Continúa, Draco”

Draco hizo una mueca de disgusto.

- “Los Eldar dicen que recibieron este alimento de los Valar, al principio de los Días del Gran Viaje. Porque está hecho de un cereal que Yavanna creó en los campos de Aman, y les envió un poco por medio de Oreme para socorrerlos en la larga marcha. Como venía de Yavanna, la reina más noble de las mujeres elfas de cualquier pueblo tenia la custodia y el don de las Lembas, por cuya razon era llamada massanie o bessain, la Dama o la dadora de pan.”
Luego continuó una explicación sobre cómo se sembraba el cereal y cómo se cosechaban las espigas, para finalmente envolverlas en hojas de Mallorn, árbol especial que crecía en Lothlórien.
Finwe empezó a repartirles los lembas a todos.
- “Este alimento fue preparado especialmente por la Dama Galadriel, Señora del Bosque Dorado, para ustedes y nos ha sido entregado por el Profesor Dumbledore”, explicó ante el asombro de todos. “Nosotros no podemos prepararlo, pues el secreto de su elaboración le pertenece a las doncellas de Yavanna”, agregó.

- “¿Qué es esto?”, dijo Crabbe con desagrado al abrir el envoltorio y encontrar una especie de galleta de trigo.

- “Pruébalo”, dijo Finwe sonriendo.

El chico lo hizo y su rostro cambió.

- “¡Está muy bueno!”, dijo.

Pronto todos los chicos estuvieron probando lembas.

- “¡Es exquisito!”, exclamó Parvati Patil, mirando a Haldir en lugar de la galleta.

- “¡Es divino!”, dijo a su vez Lavender Brown, mirando a Finwe.

Harry, Ron y Hermione lo probaron con entusiasmo. – “Está delicioso, en verdad”, exclamó Hermione.

- “Verán que no necesitan comer mucho para saciarse”, les explicó Haldir, “es por eso que se usa en los viajes largos. Los elfos no necesitamos otro alimento, y puede durar meses”

- “¡Oh!”, se oyó nuevamente.

- “Si desean hacer la prueba”, dijo Finwe, “guarden lo que les queda del lembas y dejen de comer por tres días. Verán que no se sentirán cansados si comen un bocado de lembas en vez de una comida”

Solo Draco no lo había probado.

- “Draco, ¿no quieres probar un poco?”, preguntó Finwe amablemente.

El chico lo hizo de mala gana, pero luego, una repentina sonrisa le iluminó el rostro.

- “¡Es verdad!”, dijo.

Los demás no entendieron. Sólo Haldir y Finwe supieron que el lembas le había ayudado a reconfortar su espíritu.

Al finalizar la clase, Hermione se acercó un tanto tímida a Finwe.

- “Profesor Finwe”

- “Dime, Hermione”

- “Necesito entregar una carta a Remus, pero Harry dice que las lechuzas no son seguras. ¿Podría entregársela por mi cuando lo vea?”

- “Claro, Hermione. Dámela y yo se la entregaré”, respondió Finwe y ella le entregó la carta.

Cuando se quedaron solos en el aula, Finwe no pudo contenerse más.

- “¿Criaturas inferiores? ¿Quién se cree el padre de ese chico?”

- “Ya lo sabes, pequeño elfo”, repuso Haldir con calma, “Minerva nos lo contó, ¿recuerdas?”

- “Sí, sí. Ya sé. Minerva dijo esto, Minerva pidió aquello. Yo quiero saber por qué nos consideran criaturas inferiores y quienes son los elfos domésticos”

- “Lo sabrás, pequeño elfo”, respondió Haldir acercándose a besarlo.

*

Esa tarde, Minerva les comunicó que deberían ir a la Mansión Black a las cinco, pues un asunto importante había surgido. Ambos elfos partieron algo antes, porque no deseaban retrasarse de nuevo.

Usaron la daga transportadora que les dio Dumbledore y se materializaron en el recibidor. El pasillo estaba a oscuras y Finwe avanzó, tropezando con una pequeña figura que gritó – “¡Ay!”

Sirius apareció al final del pasillo diciendo – “Lumos” y Finwe pudo ver a la criatura con la que había tropezado. Era un pequeño ser de piel oscura y enormes orejas y nariz. Iba descalzo y vestía unos viejos harapos.

- “Disculpa”, se excusó Finwe, arrodillándose junto la criatura, “¿te hiciste daño?”

- “¿Daño? Oh,no, señor. El pobre Kreacher está acostumbrado a los golpes y maltratos. Esta casa no es lo que era antes, en tiempos de mi señora…”

- “Si estuviéramos en tiempos de tu señora, tu cabeza hubiera colgado aquí, junto con las otras”, interrumpió Sirius, señalando la pared del vestíbulo, en la que se veían las cabezas disecadas de criaturas similares.

Haldir se puso rápidamente junto a Finwe. Ya se había dado cuenta de todo y deseaba sacar a su elfo cuando antes de allí. Pero ya era demasiado tarde…

- “¿Qué has dicho?”, preguntó Finwe ignorando a Sirius y dirigiéndose a Kreacher.

- “Oh, señor, no digo nada. ¿Qué puede decir un pobre elfo doméstico?”

- “¿QUÉ? ¿TU ERES…ERES..?”

 


Capítulo 9: Ordinary World

“Came in from a rainy Thursday / Viniste de un jueves lluvioso
on the avenue / en la avenida
thought I heard you talking softly / aunque te escuché hablar bajo
I turned on the lights the TV / encendí las luces de la TV
and the radio but still / y de la radio pero aún
I can't escape the ghost of you / no puedo escapar de ti
What is happening to me / ¿qué me está pasando ?
crazy some would say / algunos podrían decir que enloquezco
Where is the life / ¿Dónde está la vida
that I recognize, gone away / que reconocía? Se ha ido”.

Ordinary World - Duran Duran

Finwe se había puesto pálido y en su rostro se pintaban la sorpresa y la indignación.

- “Calma, melda (amado)”, pidió Haldir, tomándolo del brazo.

Pero Finwe no le hizo caso y se arrodilló de nuevo junto a Kreacher.

- “¿Eres realmente un elfo?”, preguntó con la voz ronca.

- “Sí, señor”, respondió Kreacher, “soy un pobre y maltratado elfo doméstico, humillado todos los días...”

- “¡Ya cállate!”, gritó Sirius avanzando amenazadoramente hacia Kreacher

Finwe se puso de pie en un instante, y tomó a Sirius por los brazos, arrincándolo contra la pared. El movimiento fue tan rápido que el mago no pudo reaccionar.

- “Ni siquiera lo pienses”, dijo Finwe amenazadoramente.

Sirius trató de debatirse, pero el elfo era más fuerte. Haldir intervino, tomando a Finwe por los hombros y ordenándole en élfico.

- “Suéltalo ya”

Finwe sacudió a Sirius una vez más y lo soltó, advirtiéndole:

- “No vuelvas a golpearlo. Jamás”

Sirius lo miró sorprendido. Primero los dos elfos aparecían en su casa sin previo aviso, luego uno de ellos lo arrinconaba contra la pared y para colmo, lo amenazaba. Y todo por ese loco elfo doméstico.

- “¡Nunca lo he hecho!”, exclamó indignado, “¿Tú le crees a él? Está tan loco como mi madre”

Los gritos atrajeron a otro de los habitantes de la Mansión Black. Remus se encontraba leyendo en el estudio, donde había pasado varias horas, pero los gritos de Sirius atrajeron su atención.

- “¿Qué pasa?”, preguntó mirando a Sirius, “¿Padfoot?”

- “No es nada, Moony”, dijo Sirius, “solo un malentendido con Kreacher”

- “¿Nada? ¿Te parece nada el como lo tratas?”, increpó Finwe de nuevo.

Kreacher entre tanto, se seguía lamentando a causa de todo: los sangre sucia, los licántropos, la presencia de Sirius. Todo parecía molestarlo.

- “Escúchame, elfo. Esta es mi casa, y este es mi elfo doméstico. Lo que sucede entre él y yo es asunto mío”, estalló Sirius, sacando su varita. Esta vez no lo encontrarían desprevenido.

Finwe avanzó resueltamente, encarando a Sirius de nuevo, con los ojos relampagueando de furia.

- “Él es un elfo, y cualquier ser viviente merece respeto, aún cuando lo consideres inferior, mortal”, agregó esta última palabra con énfasis especial.

- “¿Pero de qué demonios hablas? Es un elfo doméstico, ¿no entiendes? No es como tú o como Haldir”

Los ojos azules de Sirius se clavaron a los verdes del elfo, en un duelo de miradas. Los dos eran igual de altos, pero Finwe, por ser un elfo, era más fuerte. Haldir los observaba en silencio. Conocía demasiado bien a Finwe para saber que era inútil intervenir llamándolo al orden delante de los magos.

Remus llegó hacia ellos y se puso en el medio.

- “Basta, Finwe”, pidió, mirando al elfo, “por favor. Te lo explicaremos”

- “Mi ama decía ‘jamás te fíes de un licántropo, al final siempre arruinan todo’”, murmuraba Kreacher.

- “¿Tu ama?”, preguntó Finwe al elfo doméstico.

- “Habla de mi madre”, explicó Sirius, bajando la varita. “Ella murió hace diez años, pero Kreacher ha estado viviendo con su retrato y ahora debe estar tan loco como ella. ¡Mira!”, exclamó, adelantándose a descubir el retrato de la Señora Black.

- “¡FUERA DE MI CASA! ¡AMIGOS DE MUGGLES! ¡SANGRE SUCIA, DEFENSORES DE ELFOS! ¡SON TODOS BASURAAAAAAAAA! ¡SIRIUS ERES UNA DESHONRA PARA LA CASA BLACK! ¡DEBISTE QUEDARTE EN AZKABAN!”

- “¿Tu madre?”, decía Finwe con incredulidad mirando al retrato.

- “¡ELFOS! ¡MUGROSOS ELFOS, CRIATURAS INUTILES E INSERVIBLES! ¡NO PUEDEN LLEVAR UNA CASA COMO ES DEBIDO! ¡FUERA DE MI CASAAAAAAAAAAAAA!”

Sirius y Remus se las arreglaron para cubrir el retrato de nuevo con el lienzo. Finwe los miraba en silencio. Haldir tiró suavemente su hombro.

- “Pequeño elfo, escuchemos a Remus, ¿quieres?”, le pidió con dulzura.

Finwe finalmente retrocedió. ¿Haldir lo había llamado “pequeño elfo”, delante de los magos? Eso merecía tomarse en cuenta.

Remus los miró sorprendido, ¿podría ser…?. El rostro de sorpresa de Sirius le indicaba que estaba pensando lo mismo, y aprovechó esto para tomarlo del brazo y llevarlo suavemente al salón.

Los elfos se dirigieron también allí, tomando asiento en el sillón, junto a los magos y Kreacher siguió su camino hacia la cocina. Haldir respiró aliviado. Su maniobra había tenido éxito para ambas partes.

- “Finwe, los elfos domésticos viven con las familias de magos acomodados, desde hace muchísimo tiempo. Es una costumbre que se remonta a siglos”, empezó Remus.

- “Pero son esclavos, ¿por qué visten así?”

- “Ya no lo son. Cuando Voldmort fue destruido, hace catorce años, las condiciones mejoraron para la mayoría de ellos, sin embargo, sus costumbres prevalecieron y muchos aún visten así”, contestó Remus, “si la familia a la que sirve le regala una prenda al elfo doméstico, este queda en libertad, es por eso que acostumbran vestir con harapos”

- “¡Eso es denigrante!”, exclamó Finwe, “¡Debes dejarlo ir!”, dijo dirigiéndose a Sirius

- “No puedo. Sabe demasiadas cosas de la orden. Además, no tiene a donde ir”

Haldir miraba pensativo la escena. No le gustaba que su pequeño elfo se involucrara en los asuntos de los humanos, pero sabía que Finwe iría al fondo del asunto.

- “Pero, él dice…”, siguió Finwe.

- “Kreacher no tiene familia”, explicó con dulzura Remus, “todos sus familiares sirvieron a los Black, durante generaciones y él es el último. Ha estado solo demasiado tiempo, con ese retrato por compañía, recibiendo órdenes de él y escuchándolo día y noche. No es para sorprenderse de que esté un poco transtornado, pero nadie de la Orden lo ha maltratado jamás”

- “¿Y esos elfos que estan en el vestíbulo?”, preguntó Finwe.

- “¡Ahh, las cabezas! Esa era una costumbre de mi familia”, respondió Sirius y Finwe lo miró horrorizado, “que yo NO apruebo. Cuando los elfos domésticos que servían aquí morían, mi bisabuelo los mandaba embalsamar y colocaba allí sus cabezas. Mi abuelo y mi madre siguieron esa costumbre. Yo jamás lo haría, así como jamás lastimé a Kreacher”

Finwe iba a replicar, pero el brazo de Haldir pasó por sus hombros atrayéndolo hacia él. Se sorprendió tanto que no pudo decir nada.

- “En Hogwarts también hay elfos domésticos”, dijo Haldir con calma, “y parecen felices”, agregó.

- “Eso es cierto”, explicó Remus, “Dumbledore emplea muchísimos de ellos en la cocina, desde hace mucho tiempo. Cuando éramos jóvenes, solíamos deslizarnos hacia allí en busca de comida. Siempre los encontrábamos cantando”

Finwe lo pensó un momento. Sirius parecía sincero, y desde luego, jamás dudaría de Remus ni de Haldir. Solo le dio una mirada de reproche a éste por no haberle dicho lo de los elfos domésticos antes.

- “Te creo, Sirius. Pero pienso que podrías ser más amable con Kreacher. Y en general, alguien debería hacer algo por todos los elfos que están en la misma condición”, fijo finalmente.

- “Trataré”, murmuró Sirius. No estaba acostumbrado a que le reprocharan su manera de actuar. “Y sobre lo otro, ¿por qué no hablas con Hermione?”. Remus le dio un codazo.

- “¿Hermione?”

- “Ella tiene un movimiento para la liberación de los elfos domésticos, se llama…”

- “Eso no importa”, intervino Remus rápidamente, “podrías hablar con ella en Hogwarts. Ahora díganme, ¿por qué han llegado con una hora de anticipación a la reunión? ¿Ha ocurrido algo importante?”

- “Finwe pensó que deberíamos llegar temprano, dado nuestro considerable atraso a la última reunión de profesores en Hogwarts”, dijo Haldir, “además, creo que tiene algo para ti”

- “¿Para mí?”

- “Es una carta. De Hermione”, explicó Finwe, buscando en su túnica para entregársela.

- “Espera. Vayamos al estudio, debo consultarte algo”, Remus miró a Sirius y a Haldir, “si no les importa, claro”

- “Tienes mi permiso, Moony”, respondió burlón Sirius.

Haldir solo asintió con la cabeza.

*

Además de querer sacar a Finwe de allí para evitar más disputas con Sirius, Remus en realidad deseaba consultar lo que le estaba pasando con alguien, y el elfo pelirrojo le inspiraba más confianza que Haldir, quizás porque le recordaba a Lily.

Entraron al estudio y Finwe le entregó el sobre. Remus lo abrió y una ojeada le bastó para comprender. Hermione le recordaba nuevamente que Sirius debía tener una cita con Tonks, y además, para empeorar las cosas, indicaba que debía ser “ANTES” del cumpleaños de Sirius.

¡El cumpleaños de Sirius! Sería en una semana y él pensaba que lo pasarían juntos, como antes. Y ahora Hermione y sus ideas…arrugó la carta y la arrojó la chimenea apagada, luego extendió la mano y le prendió fuego. Finwe lo observaba sin decir nada. Algo en ese mago le parecía extraño.

- “¿Malas noticias?”, preguntó al fin el elfo.

- “Depende”, respondió con calma Remus. Pero no se sentía calmado en absoluto. De pronto miró a Finwe y los ojos del elfo se le antojaron tan parecidos a los de Lily que se encontró diciendo, sin pensar, “¿tú crees que Sirius debería salir con Tonks?”

Finwe lo miró soprendido.

- “¿Tonks? Un momento, creí que Sirius y tú estaban juntos”

And I won't cry for yesterday / no lloraré por ayer
there's an ordinary world / hay un mundo ordinario que
somehow I have to find / de algún modo debo encontrar
And as I try to make my way / y mientras hago mi camino
to the ordinary world / hacia el mundo ordinario
I will learn to survive / aprenderé a sobrevivir

En otras circunstancias, Remus hubiera respondido indignado, pero no se sentía con fuerzas para mentir. Además, lo que había visto en la actitud de Haldir…nuevamente habló sin pensar.

- “Estuvimos. Eso fue hace mucho tiempo”

Finwe vio la tristeza en el rostro de Remus, que el fuego de la chimenea iluminaba, acentuando más sus cansadas facciones y las líneas que empezaban a formarse en su frente.

- “Sirius te ama”, afirmó sencillamente.

- “No”, respondió tristemente Remus, “ya no”, y luego preguntó tímidamente, “¿Tú y Haldir están juntos?”

- “Sí”, respondó el elfo sonriendo. Era la primera vez que se lo decía a alguien en ese extraño lugar.

Remus le sonrió también. La sonrisa lo hacía verse más joven.

- “¿Era eso de lo que querías hablarme?”, preguntó Finwe intrigado.

- “No. No era eso”, dijo Remus y señaló el anillo que colgaba de su cuello, “es por esto”

- “Te escucho”, respondió Finwe.

- “Desde que lo tengo, han pasado algunas cosas extrañas. Lo primero es que puede transportarme a donde lo desee, incluso a Hogwarts. Pero hay algo más: esta es mi primera semana luego de la transformación, normalmente estoy muy cansado, pero eso no sucede. Me siento lleno de energía, no duermo tanto como antes”, explicó Remus.

- “Los anillos de poder tienen extraños dones. Incluso pueden prolongar la vida”, comentó Finwe, “el anillo que tienes tú es el de Galadriel, ella es elfa como nosotros, y por lo tanto, inmortal. Pero no me sorprende que tenga ese efecto en ti, el Anillo Único prolongó la vida de uno de sus portadores por más de 500 años, dándole buena salud”

- “Pero eso no es todo. Mis poderes mágicos han aumentado también”, continuó Remus. “Puedo hacer magia, sin la varita. Como hace un rato para prender la chimenea. Esto me asusta, Finwe. No sé si estoy preparado para este poder”

Remus sonaba preocupado. El elfo lo miró y respondió con calma.

- “El anillo te eligió antes que a los otros. Tú eres el portador y sabrás afrontar lo que venga, debes tener confianza. Además, al ser tú mismo un licántropo, debes tener una gran fortaleza de espíritu”

- “Ese es el problema”, dijo Remus. “Temo que en mi próxima transformación, en tres semanas, el lobo se vuelva incontrolable y cause daño a alguien…a Sirius. El me desea acompañar durante la transformación, convertido en perro”

- “Tomaremos las precauciones debidas. He lidiado antes con licántropos, no es tan difícil”, respondió Finwe para tratar de darle confianza. No le dijo sin embargo, que él se enfrentaba a los licántropos armado con su arco y flechas, ni que había exterminado muchísimos.

- “Gracias”, sonrió Remus, “y por favor, no se lo digas a Sirius. Ya tiene bastante con estar aquí, encerrado”

- “Lo amas, ¿verdad?”

- “Sí. Siempre lo amaré”, suspiró Remus, sintiéndose aliviado de poder confesárselo a alguien.

- “¿Morirías por él?”, preguntó de nuevo el elfo.

- “Mil veces, si fuera necesario”, fue la respuesta de Remus, aunque se extrañó por la pregunta.

- “Entonces, sí lo amas”, dijo dulcemente Finwe, que recordaba un episodio pasado, en el que se arrojó sobre una lanza para salvarle la vida a Haldir durante la Guerra del Anillo.

- “¡Finwe! ¡Remus! ¿Estarán allí toda la tarde? Han llegado todos y la reunión va a comenzar”, dijo Sirius tocando la puerta.

- “¡Ya vamos!”, exclamó Remus y ambos se dirigieron al salón.

*

En el salón ya se hallaban todos los miembros de la orden. Todos, excepto uno.

Hestia Jones continuaba sin aparecer.

Se podían oír murmullos de los otros, preguntándose las razones de esa reunión convocada a último momento. En una esquina, Severus Snape miraba la escena con aire aburrido, pero los ojos se le iluminaron cuando vio aparecer al elfo pelirrojo.

Remus y Finwe se sentaron en los dos únicos asientos vacíos, junto a Sirius y Haldir.

Dumbledore los saludó y comenzó la reunión.

- “Amigos míos, los he convocado en esta ocasión debido a que se ha presentado un asunto de grave. Hestia ha desaparecido en circunstancias misteriosas”, se oyeron voces de asombro. “Kingsley les explicará lo que sabemos”

Kinsgley comenzó la explicación, con su voz pausada, sin dejar de mirar a Remus mientras hablaba. Finalizó diciendo:

- “Es todo lo que sé, pues Remus y Moody han tratado de averiguar algo más en Sotheby’s, y no conozco el resultado de sus investigaciones”.

- “Ayer por la mañana fuimos a Sotheby’s, y nos entregaron la relación de subastas y objetos. Solo una de ellas pudo atraer la atención de Hestia. Se trata de la colección de Bannister Brown-Farley, explorador, cazador y arqueólogo y que desapareció recientemente en circunstancias misteriosas”, explicó Remus, mientras todas las miradas se posaban sobre él, “la subasta la organizaban sus sobrinos, que son su única familia y estaban más que ansiosos de deshacerse de las reliquias de su tío. No nos costó trabajo deducir por qué. Habían cosas macabras allí”

- “¿Brown-Farley?”, susurró Kingsley, “esto es extraordinario”.

Las miradas se volvieron a él, pero dijo – “Escuchémoslos primero, luego les diré lo que sé”

- “Todo se subastó, con excepción de un libro que no figuraba en las listas de Sotheby’s y que los sobrinos reportaron como perdido. Se enteraron de su existencia debido a algo que leyeron en el diario de su tío, pero no recordaban el nombre del volumen, sin embargo, antes que nosotros, otro hombre parecía muy interesado en adquirirlo. Me llamó la atención uno de los objetos: un espejo antiguo, catalogado como “El espejo de Nitocris”, de acuerdo con la lista. Recientemente leí sobre él y me pareció una gran coincidencia”, continúó Remus. “Tratamos de averiguar quien lo había adquirido, pero el empleado se mostró reacio a darnos la información y allí entra Moody en acción”

- “Puedo ser muy persuasivo a veces”, rió “Ojoloco” Moody. “averiguamos que Hestia pidió esa información antes y nos dieron el nombre del muggle que hizo la transacción, un tal Davenport. Fuimos a verlo y encontramos al hombre aterrorizado, pero soy persuasivo”, y Moody guiñó su ojo sano, “él es solamente una pantalla, recibe órdenes de un hombre muy rico y poderoso, pero no sabe su nombre. Sólo lo ha visto una vez, es alto, muy guapo, con cabello rubio largo y ojos azules. Viste siempre de negro y usa un bastón cuya empuñadura es una serpiente de plata”

- “¡Malfoy!”, exclamaron varias voces. Severus sintió que el corazón se le encogía.

- “Davenport condujo a Hestia a la mansión de Malfoy”, afirmó gravemente Remus, “la dejó allí a las diez de la noche. Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver”

- “¡Eso es terrible!”, exclamó Tonks, “¿Arthur, el Ministerio no puede hacer algo? ¡Alguien debe entrar allí a buscarla!”

- “He tratado de hablar con Fudge”, dijo apesadumbrado Arthur, “pero él no me hace caso. Jamás autorizaría una redada oficial en Malfoy Manor, y es peligroso entrar allí sin autorización”

- “Y a mí me envían al Tibet mañana”, explicó Kingsley. “Creo que Fudge sospecha de mí. Me ha pedido que vaya personalmente al Tibet a traer a Black, porque no cree en mis informes”

Finwe lo miró asombrado.

- “Kingsley está encargado de buscar y apresar a Sirius”, explicó Remus, “y eso nos ha sido útil porque siempre enviaba reportes falsos. Pero ahora Fudge sospecha”

Dumbledore había estado muy pensativo.

- “¡El espejo fue encontrado!”, exclamó para sus adentros. “Eso es muy grave. ¿Alguien ha oído hablar de ese espejo?”

- “Yo lo he leído”; dijo Remus, “en un libro que me obsequió Kingsley”

- “¿Tienes ese libro?”, dijo Kingsley con la voz preocupada, y Remus se lo alcanzó.

El mago moreno lo examinó cuidadosamente y luego se dirigió a todos.

- “Ese libro me lo dio Brown-Farley antes de desaparecer”, explicó, y añadió, ante las miradas de asombro de todos, “sí, yo lo conocía. Él exploró muchos misterios y conoció a mis padres, en Jamaica. La última vez que lo vi, se dirigía a buscar la tumba de Nitocris, en África, pues había encontrado una pista. Él me dio este libro, pero no sé cómo lo obtuvo, porque no lo volví a ver. No le di mucha importancia al tema”, continuó Kinglsey, “tuve el libro guardado mucho tiempo y un día, al hojearlo, pensé que a Remus le interesaría y se lo obsequié”

Sirius lo miró con enojo. Remus bajó la mirada.

- “Es en el libro donde se habla del espejo. Lo leeré”, dijo Remus y empezó a leer “...entregado a sus sacerdotes por los horribles dioses del interior de la Tierra antes de que surgieran las más antiguas civilizaciones del Nilo...Una puerta a esferas desconocidas y a mundos de horror infernal en la figura de un espejo. Fue venerado por los pre-Imer Niahitas en Ptatlia, en el albor de la dominación del hombre sobre la Tierra, y finalmente encerrado por Kefrén-Ka en una cripta negra y sin ventanas en los bancos de arena de Shibeli. Yacía pues, junto al brillante Trapezohedrón, ¿y quién puede saber las cosas que se reflejaban en sus profundidades? ¡Incluso el Cazador de la Oscuridad debió de haber balbuceado y blasfemado ante él! Robado, permaneció oculto, sin que nadie lo viera, durante siglos, en los laberintos cubiertos de murciélagos de Kith, antes de caer en las horribles garras de Nitocris. Fueron numerosos los enemigos a los que encerró con el espejo como única compañía, sabiendo perfectamente que, a la mañana siguiente, la celda de la muerte se encontraría vacía, a excepción del siniestro espejo en la pared. Fueron numerosas las viles insinuaciones que dio sobre los destinos de aquellos que lo miraban impúdicamente a medianoche, desde el otro lado de la puerta de bronce. Pero ni siquiera Nitocris estaba a salvo de los horrores encerrados en el espejo y, a media noche, era lo bastante prudente como para mirarlo apenas fugazmente”

Se hizo un tenso silencio, mientras Remus decía:

- “Yo encontré otra referencia en uno de mis libros, la leeré”, y movió su mano, en la cual apareció el libro.

Dumbledore arqueó las cejas.

- “Este libro lo encontré hace muchos años, en un monasterio abandonado. Estaba protegido por una complidada cerradura, pero pude abrirla usando la magia y lo tomé”, explicó y comenzó a leer, “...porque mientras la superficie del espejo permanece quieta-tan lisa como la Piscina de Cristal de Yith-Shesh, o como el lago de Hali, cuando los nadadores no hacen espuma-, y mientras sus puertas permanecen cerradas todas las horas del día, en la Hora de las Brujas, aquél que sabe, e incluso aquel que supone, puede ver en él todas las sombras y figuras de la noche y del Abismo, con el rostro de aquellos que las vieron antes. Y aunque el espejo pueda permanecer olvidado eternamente, su poder no morirá, y deberá saberse que:

No está muerto lo que puede yacer eternamente,
Y que, con extraños eones, hasta la muerte puede morir...”

Remus cerró el volumen. Nadie dijo nada por mucho rato, sumidos en sus pensamientos. Finalmente, habló Dumbledore.

- “El espejo es un arma muy poderosa. La misma Nitocris fue emparedada viva junto a él, hace siglos. Voldemort ha llegado más lejos de lo que imaginé jamás, está jugando con fuerzas que desconoce, y que pueden volverse también contra él”, dijo pausadamente, “pero tenemos una esperanza: El Anillo. Veo que Remus puede hacer magia sin usar su varita, y sin dificultad”

- “¿Pero de qué nos sirve un anillo que ni siquiera sabemos qué puede hacer?”, exclamó Mundungus y calló cuando Haldir lo fulminó con la mirada.

- “El poder del anillo depende de la fortaleza de su portador”, dijo Finwe.

- “Entonces no podemos fiarnos mucho de ese poder”, siseó una conocida voz. Severus Snape sonrió despectivamente, “Yo puedo ir a Malfoy Manor cuando lo desee. Y también puedo hablar con Lucius”, agregó.

- “Debemos tratar de averiguar todo lo posible sobre los planes de Voldemort con el espejo”, dijo Dumbledore, “y creo que Severus tiene razón, aún debemos averiguar más sobre los poderes del anillo antes de usarlo, y entre tanto, Severus puede encargarse de obtener información”

Remus asintió. Se sintió humillado por el comentario de Snape, pero no dijo nada. Sirius apretaba los labios, lo volvía loco saber que Snape tendría toda la acción a su cargo.

- “Pero, ¿y Hestia?”, exclamó Tonks, “¡alguien debe rescatarla!”

- “Temo que sea tarde, querida”, dijo gravemente Minerva.

El silencio cayó de nuevo sobre el grupo.

- “¡Es horrible!”, dijo Molly con lágrimas en los ojos, “¿cómo es posible que muera más gente? Yo pensé...yo pensé que James y Lily”, se interrumpió de nuevo, “yo creí que nadie moriría ahora”

Arthur la tomó suavemente del brazo y la sacó de allí. Nadie tenía deseos de hablar.

- “Iré a ver a Lucius”, dijo Snape poniéndose de pie y saliendo de la habitación.

Dumbledore dijo con calma.

- “Yo le pedí a Hestia que averiguara las subastas de objetos antiguos, pero no creí que fuera a ese lugar ella sola. Pensé que Voldemort intentaría invocar algún poder maligno, y no me equivoqué. Les pido ahora el máximo cuidado en cualquier investigación que emprendan, sobre todo tú, Remus, debes ir siempre acompañado. No deseo que los mortífagos se enteren aún de tu poder. Lo único que podemos hacer por Hestia es detenerlos. Ahora, debo volver a Hogwarts”, continuó tristemente.

Fawkes apareció de pronto, junto a su dueño, y cantó, al tiempo que envolvía en su luz a Dumbledore y a la profesora Mc Gonagall, que desaparecieron. Los demás miembros de la orden se fueron despidiendo también, hasta que sólo quedaron en el salón Sirius, Kingsley, Remus, Tonks y los elfos.

Arthur entró acompañado de Molly.

- “Nos vamos”, dijo y la llevó hacia la chimenea, por la que desaparecieron envueltos en una llama verde.

Kingsley se volvió hacia Remus.

- “Yo también debo irme, salgo mañana temprano”, le dijo suavemente al tiempo que se acercaba. “¿Estarás bien?”

- “Lo estaré”, sonrió Remus, pero se apartó un poco.

- “Volveré pronto”, continuó Kinsgley. Luego estrechó las manos de todos y se dirigió a la chimenea, desapareciendo al igual que los otros.

- “¿Qué pasará ahora?”, preguntó Tonks. Su voz sonaba como la de una niña perdida.

- “Snape resolverá todo, no temas”, dijo con ironía Sirius.

- “¡Basta, Sirius!”, exclamó Remus. “él es el único que puede entrar a esa mansión sin despertar sospechas”

- “Disculpen”, dijo de pronto Finwe, “¿quién es Malfoy?”

Remus se lo explicó con calma y los elfos asintieron.

- “Melkor es un pésimo aliado”, dijo Finwe con decisión.

- “¿Melkor?”, preguntó Sirius.

- “El Cazador de la Oscuridad que mencionó Remus. Es uno de sus nombres. Melkor es el creador de todos los demonios y criaturas del averno”, explicó Haldir, “Sauron se alió a él también, y fracasó. Voldemort fracasará”

- “Pero, ¿cuántos más deberán morir?”, dijo Tonks

- “Los que sean necesarios”, dijo Sirius con decisión, “esta lucha es algo por lo que vale la pena morir. Debemos estar preparados para eso”, y miró a Remus con nostalgia.

- “Debemos irnos ya”, dijo Haldir, “hay varias tareas que debemos atender en Hogwarts”

Los dos elfos se pusieron de pie y empuñaron la daga, desapareciendo al instante.

- “¡Todos me abandonan!”, exclamó trágicamente Sirius.

- “Yo estoy aquí”, dijo Tonks.

Remus sintió que sobraba. Les dio las buenas noches y dijo que leería un poco más en su cama, aunque sabía que no podría leer ni dormir esa noche.

- “Tonks, deseo pedirte algo”, dijo Sirius.

- “¿Qué?”, preguntó ella esperanzada, acercándose más al atractivo mago.

- “Quiero que acompañes a Remus a comprarse alguna ropa”, continuó Sirius, “pero no deseo ofenderlo, no quiero que se sienta avergonzado. ¿Tienes alguna idea?”

Ella se lo pensó un momento. Luego le dijo:

- “¡Ya sé! Le diré que haremos algo especial para tu cumpleaños, y que debe lucir elegante. Luego me lo llevaré de compras y me encargaré de todo”, miró a Sirius, “le diré que Dumbledore paga”

Sirius rió de buena gana. Esa era una magnífica idea.

- “¡Bien pensado! Eres un ángel”, dijo besándola sin pensar en la mejilla.

Tonks volteó un poco la cabeza y sus bocas se encontraron.


Capítulo 10: Beautiful stranger

“I came along; I wrote a song for you / vine; escribí una canción para ti
And all the things you do / y todas las cosas que haces
And it was called yellow / y la llamé “yellow”
So then I took my turn / Y entonces tomé mi turno
Oh what a thing to have done / oh, que cosa para hacer
And it was all yellow / y todo fue amarillo”

Yellow – Cold Play


Sirius sintió la cálida boca de Tonks sobre la suya, ¡hacía tanto tiempo que no sentía algo así! exactamente, catorce años. Sin darse cuenta, se encontró respondiendo aquel beso ansiosamente, probando esos labios suaves y embriagándose con su sabor. Atrajo a Tonks por la cintura y profundizó el beso, explorando la boca de ella que tanto le recordaba a otra persona.

¡Moony!

El hombre que amaba estaba en la planta alta, seguramente dormido.

Varias imágenes pasaron por su cerebro en ese instante. Era como si aquel beso hubiera hecho que volvieran algunos recuerdos, celosamente guardados de los dementores.

¡Pero necesitaba tan desesperadamente ser amado por alguien! Y Remus estaba fuera de su alcance...debía pensar en Harry. Las manos de ella acariciaron su largo cabello y luego su espalda, mientras él la recostaba suavemente en el sillón, besando ansiosamente su cuello.

- “¡Oh Sirius!”, susurró Tonks, devolviéndolo de pronto a la realidad. Iba demasiado rápido. Y además, ¡ella era su sobrina!

La apartó lo más suavemente que pudo. Ella lo miró confusa.

- “Lo siento. Esto no está bien, Nym...”, dijo inventando ese diminutivo para ella, “sabes..eres mi sobrina y no debemos...”

- “Sé perfectamente eso, Sirius Black”, respondió Tonks con determinación, “me gusta que me llames Nym, es diferente”, sonrió, acariciando su mejilla, “y sé que a ti te gustó tanto como a mi”, finalizó poniéndose de pie y arreglando su desordenada túnica.

Sirius la miró en silencio. Parte de él no deseaba que se fuera.

- “¿Vendrás mañana?”, preguntó esperanzado.

- “Sí. Te prometí llevar a Remus de compras, ¿recuerdas?”, sonrió ella, besándolo suavemente en los labios y retrocediendo hasta la chimenea.

Luego desapareció.

Sirius se quedó tocándose la mejilla y los labios, en el lugar donde Tonks lo había acariciado. Ahora más que nunca sentía que necesitaba a ALGUIEN en su vida, que no podía vivir de recuerdos, que Harry y él necesitarían a otra persona también. Él, una compañera, y Harry una madre.

Pero debía hacer las cosas bien.

Primero, hablaría con Remus. Si alguien lo entendería, era él. Se hundió en el sillón cubriéndose el rostro con las manos. Los recuerdos apenas contenidos ya, estallaban en su mente. ¡Había amado tanto a Remus! lo amaba aún, pero lo había lastimado también, al no confiar en él que cambió de lugar con Peter, al no buscarlo apenas salió de Azkaban.

Remus era muy sensible, pero también muy fuerte. Acaso más fuerte que él. Y sólo deseaba verlo feliz, pero temía preguntarle, temía escuchar de su boca que ya no lo amaba. “El pasado no puede repetirse”, había dicho Remus, y cuanta razón tenía.

Esa noche, los dos hombres que vivían en la mansión no pudieron dormir. Cada uno pensaba en el otro, pero ninguno hizo nada por acercarse.

Sólo se quedaron así, con sus recuerdos y con su pena.

Solos.

*

“Look at the stars;/ mira las estrellas,
look how they shine for you / mira cómo brillan para ti
And everything you do / y todo lo que tú haces
Yeah, they were all yellow / sí, ellas fueron todas amarillas”


Haldir y Finwe habían llegado a Hogwarts y fueron directamente a su habitación. El elfo pelirrojo no había dicho palabra, y evitaba mirarlo. Haldir sabía que eso sólo podía significar una cosa.

Finwe tenía el rostro vuelto hacia la pared, y no se movió al sentir la mano de su amante. Pero Haldir giró suavemente el rostro del joven que finalmente se le abrazó, con el rostro cubierto de lágrimas.

- “¿Por qué?”, preguntó, “¿es que en eso nos convertiremos si permanecemos en la Tierra Media? Somos la raza más sabia y mira a lo que hemos llegado..¿por qué?”, y las lágrimas no paraban de caer.

- “No lo sé, pequeño elfo”, susurró suavemente Haldir, acariciando su mejilla. “Esto es un mundo distinto, aquí no existieron los elfos como nosotros. Y creo que los Valar no lo permitirían. Es sólo que, quizás al evolucionar las razas aquí, alguien equivocadamente les llamó elfos. Nosotros no seremos así”

- “¿Tú crees?”

- “Así es”, respondió Haldir echando hacia atrás el rojo cabello, “podemos preguntárselo a Dumbledore luego. Ya no pienses más eso, ¿quieres?”, continuó, adelantándose para mordisquear juguetonamente la oreja puntiaguda de su compañero.

Finwe lo apartó con suavidad.

- “No, amor mío. No puedo. Ahora no”, pidió, limpiándose las lágrimas, “alguien debe hacer algo por esos elfos”

- “Habla con Hermione por la mañana”, sugirió Haldir. “¿Deseas dormir ahora?”

- “No”, respondió Finwe poniéndose de pie. “quiero practicar con el arco y las espadas. Hace tiempo que no lo hacemos”

Ambos cogieron sus arcos, flechas y espadas y se dirigieron al campo de Quidditch, desierto en esos momentos. Se colocaron junto a la torre principal y eligieron uno de los postes que sostenía los arcos, como blanco.

Finwe tomó el arco y la familiar sensación de poder lo invadió, mientras el arco hacía parte de su cuerpo. Colocó una flecha y la tensó sobre la cuerda del arco. Sus hábiles ojos localizaron el blanco, aún en medio de la oscuridad, y disparó.

- “Perfecto, amado mío”, sonrió Haldir, “como siempre”

Luego tomó también su arco, disparando impecablemente.

Continuaron con este ejercicio hasta que se les agotaron las flechas, que luego Finwe fue a buscar. Haldir entre tanto, sintió calor por el ejercicio que habían hecho y se quitó la túnica, quedando desnudo de la cintura para arriba.

Finwe se acercó y arrojó los carcaj con flechas al suelo, para despojarse igualmente de su túnica. Luego tomó la espada y desafió a Haldir.

Ambas espadas chocaron en el aire, pero los contrincantes eran igual de hábiles con ella. Cada estocada era hábilmente bloqueada por el otro, mientras giraban en ese improvisado duelo. El sonido del acero era lo único que rasgaba el silencio de esa noche, y los cuerpos semi desnudos brillaban a la luz de la luna.

Haldir hizo un movimiento brusco y desarmó a su oponente, que abrió los brazos diciendo.

- “Has vencido, mi dueño”, y se quedó inmóvil, mientras su amante se acercaba por detrás, acariciando su plano abdomen hasta subir a su pecho.

Finwe echó hacia atrás la cabeza, mientras sentía las expertas manos acariciándolo, y la ardiente boca de Haldir besaba su cuello. Luego volteó a besarlo también.

- “Hem hem”

Los elfos se volvieron bruscamente. No habían notado la presencia de alguien, por encontrarse tan concentrados el uno en el otro.

- “Hola, Dolores”, dijo Haldir con la voz tranquila, como si nada hubiera pasado.

- “¿Qué estaban haciendo?”, preguntó Dolores Umbridge, lívida de furia.

Finwe la miró con los ojos muy abiertos, ¿qué acaso esa mortal no tenía ojos? decidió responder tranquilamente:

- “Bueno, Haldir besaba mi cuello y yo…”

- “¡Silencio!”, exclamó Dolores, “estos son los terrenos del colegio, pudo venir algún estudiante”

- “Dolores”, dijo Haldir, adelantándose hasta estar muy cerca de ella, “vinimos a practicar con el arco y la espada. No ha venido ningún estudiante, DE HECHO, la única persona que ha venido aquí a esta tardía hora, eres tú”, sonrió el elfo.

- “¿Y siempre practican…practican…”, las palabras no salían de su boca, “así?”, exclamó Dolores finalmente, señalando el torso desnudo de Haldir y con el rostro muy rojo.

- “No”, intervino Finwe, “de hecho, la mayoría de las veces, estamos desnudos. Es más cómodo practicar así”

Dolores no dejaba de mirar a Haldir, y continuaba muy roja, pero aún así, se las arregló para decir seriamente.

- “Debo poner estos hechos en conocimiento del Ministro, vendrá mañana con su asesor a hacer una visita de inspección, y me temo que debo hablar con él sobre esto”

- “No tenemos problema con eso. He leído el reglamento de Hogwarts y no hay ninguna norma que prohíba a los profesores practicar con espadas de noche”, repuso Haldir, inclinándose a recoger la espada y el carcaj. También recogió su ropa, pero no hizo ningún intento por ponérsela.

- “No es por la práctica de noche”, aclaró Dolores

- “¿Entonces?”

- “Es por…por…ustedes son…no es posible esa conducta aquí”, dijo finalmente Dolores.

- “No entiendo nada”, repuso tranquilamente Haldir, “¿qué conducta? ¿violamos alguna norma?”

- “No pueden estar juntos así”, estalló Dolores.

- “Somos pareja. Es normal que nos besemos”, dijo Finwe, desafiante.

Dolores lo miró escandalizada.

- “Eso no es posible aquí. NO sé de donde vienen ustedes, pero esto es un colegio y no pueden estar así, semidesnudos, o besándose en frente de los alumnos”, dijo muy molesta.

- “No estábamos frente a los alumnos”, aclaró Finwe.

- “Además”, intervino suavemente Haldir, “creo que tú nos buscabas, ¿no es así?”

- “Yo inspeccionaba todo”, respondió Dolores, sin atreverse a mirar a Haldir

- “¡Eso es trabajo de Filch!”, exclamó Finwe

- “Pequeño elfo, cálmate”, dijo firmemente Haldir, mirando deliberadamente a Dolores, “Dolores solo se preocupaba por que todo marchara bien, ¿verdad?”

Dolores asintió, poco convencida.

- “Bien”, sonrió Haldir, “y como todo marcha bien, no hay de qué preocuparse, ¿verdad? En la Tierra Media, de donde venimos, los elfos amamos la belleza interna y externa, y el sexo no nos importa. Por eso Finwe y yo estamos juntos.”

- “Er…hem…Haldir, tú comprenderás que eso no puede hacerse público en el colegio. Te pido que tengas más discreción en tus…en tus…”

- “Lo haremos”, dijo Haldir sonriendo, “buenas noches”

Ambos elfos se alejaron, mientras Dolores no apartaba la vista de la espalda de Haldir, hasta que entraron al castillo.

*

Remus entró a la cocina, donde halló a Sirius sentado comiendo distraídamente una manzana.

- “Hola”, saludó, “¿te fue bien anoche?”

Sirius lo miró sorprendido ¿acaso Remus sabría?

- “Tengo que decirte algo, Remus”

Remus se sentó y sus ojos dorados interrogaron temerosos a Sirius. Había usado su nombre, él solo lo hacía para cosas serias, y cuando estaban solos, casi siempre lo llamaba Moony. Remus tomó aire, esperando lo que Sirius diría.

- “Cuando todo esto termine y yo pueda ser libre de nuevo, Harry vendrá a vivir aquí”, dijo Sirius.

- “Lo sé, él es tu ahijado, ¿me estás pidiendo permiso?”, sonrió Remus

- “Moony, yo quisiera…”.

Pero las palabras de Sirius se vieron interrumpidas por un campanillazo. Molesto, fue a ver quién era.

Tonks.

Lucía muy bien con el cabello color rojo y el suéter negro que se había puesto.

Al verlo, ella lo abrazó como la cosa más natural del mundo, y le dio un ligero beso en los labios.

- “Vine a recoger a Remus”, dijo alegremente.

Remus se asomó al pasillo.

- “¿A recogerme?”

- “Iremos de compras. Sirius, ¿aún no se lo has dicho?”, reclamó ella.

- “En eso estaba”

Remus suspiró aliviado. Al parecer, nada había ocurrido entre Sirius y Tonks…

- “Bien. Dile”, pidió Tonks

- “Remus, Tonks tiene un encargo de Dumbledore y desea que la acompañes a hacer algunas compras”

El aludido los miró intrigado, ¿compras? No lo entendía, pero suspiró resignado.

- “Está bien. Vamos”

- “Remus”, dijo Sirius con tono de reproche, “aún no has desayunado. Debes alimentarte bien o te debilitarás mucho en la próxima transformación. Hice chocolate”

- “De acuerdo, mami”, respondió Remus cerrándole un ojo y volviendo a la cocina.

Tonks alzó una ceja. Esos dos, cuando estaban juntos volvían a ser niños. Quizás extrañaban eso, pues el destino les arrebató doce años de amistad y ambos habían sufrido mucho.

- “Yo también tomaré chocolate”, dijo, colgándose del brazo de Sirius que la condujo a la cocina. Antes de entrar, él la soltó.

*

En el despacho de Dumbledore, el director atendía con amabilidad a sus inoportunos visitantes. Cornelius Fudge, Ministro de Magia, junto a su asesor Lucius Malfoy y Dolores Umbridge.

Minerva Mc Gonagall se encontraba también con él.

El ministro habló secamente.

- “Dolores me ha comentado que has hecho algunos cambios en el personal docente, Albus”

- “Así es”, dijo sencillamente Dumbledore.

- “Además, me ha comentado que los profesores no se han mostrado muy llanos a colaborar con ella, con la única excepción de Severus Snape”

- “¿Algún profesor se ha negado a colaborar contigo, Dolores?”, preguntó Minerva Mc Gonagall.

- “No, desde luego”, respondió ésta, “pero es un problema de actitud. Le he dicho al Ministro que necesito más autoridad”

Dumbledore arqueó las cejas.

- “El caso es, mi estimado Albus, que Dolores tendrá mayores atribuciones a partir de ahora”, intervino Lucius, “he aconsejado al Ministro al respecto y él ha estado de acuerdo”.

- “Así es”, dijo el Ministro, “he traído un decreto firmado por mí, donde se nombra a Dolores Alto Inquisidor de Hogwarts, por orden del Ministerio de Magia, y con ello tendrá autoridad sobre los otros profesores”

- “Nosotros somos perfectamente capaces de manejar este colegio. Siempre lo hemos hecho así. No veo la razón para hacer esto”, dijo secamente Dumbledore

- “¿Contratando licántropos y dejándote engañar por un farsante que suplantó a Moody? No lo creo, Albus. Todo tiene su momento, y el tuyo ya pasó. El consejo ha sido informado y la mayoría está de acuerdo con esta medida”

- “Bien. Entonces no debieron molestarse en venir a decírmelo. Tengo trabajo ahora”, dijo Dumbledore y los despidió.

Fudge, Malfoy y Dolores salieron de la oficina sin decir palabra. En el pasillo, el Ministro dijo:

- “Dolores, respecto a esos elfos y su conducta escandalosa, será mejor hablar con ellos y ..”

- “Cornelius, déjame esto a mi”, intervino Lucius, “tengo experiencia en esta clase de asuntos y además estaría mal que Dolores se involucre en algo tan delicado. Pero, como te dije, no creo que esto pueda afectar su desempeño como docentes, es simplemente pedirles que se adapten a nuestros usos, costumbres y tabúes. Me parece adecuado no haberle mencionado el asunto a Dumbledore”

Dolores estuvo de acuerdo, todavía recordaba lo incómoda que se había sentido la noche anterior, cuando sorprendió a los elfos.

- “Allá están ellos, Lucius”, exclamó, señalando al patio del castillo. “se los presentaré a ambos”

Lucius Malfoy sonrió para sus adentros. ¡Era tan fácil hacer que esos dos hicieran lo que a él se le antojaba! Desde luego, estaba informado sobre lo ocurrido con los elfos, y eso, además de lo relatado por Draco, le hizo tener deseos de conocerlos personalmente, y quizás, si se le presentaba la oportunidad, podría conocerlos íntimamente también.

Miró con interés hacia donde señalaba Dolores y por un momento contuvo el aliento. Una cosa era escuchar a Draco y a Severus, y otra muy distinta comprobarlo con sus propios ojos. Aquellos elfos eran espléndidos. Su mirada no se apartaba de Haldir, que volteó en ese momento, sintiéndose observado. Los ojos azules del elfo se encontraron con los suyos y Lucius sintió que no se había equivocado.

En un momento, estuvieron junto a ellos.

- “Haldir, Finwe”, saludó Dolores, “permítanme presentarles al señor Cornelius Fudge, Ministro de Magia, y a su principal asesor, el señor Lucius Malfoy, padre de Draco”

Intercambiaron los saludos y apretones de mano respectivos. Cuando Haldir extendió su mano a Lucius, éste se la retuvo un momento más de lo permitido por la cortesía, sin dejar de mirarlo sonriendo.

El ministro inició una intrascendente charla acerca del colegio y de sus preocupaciones en el ministerio, y luego se despidió para continuar su visita seguido de Dolores. Lucius se quedó con los elfos.

- “Draco me ha hablado mucho de ustedes dos”, dijo Lucius. “y debo decirles que estoy gratamente sorprendido. Debe ser fascinante el lugar de donde ustedes vienen. En mi biblioteca privada tengo algunos volúmenes que tienen citas en élfico, que me gustaría mostrarles cuando tengan tiempo”

Finwe se mostró entusiasmado. Había esperado una reprimenda por el incidente con Dolores y en lugar de ello, Lucius los estaba invitando a su mansión. Además de mostrarse muy amable con ellos. Quizá Sirius y Remus habían exagerado. En todo caso, no había visto otro humano tan parecido a un elfo como Lucius.

Haldir lo miró y el elfo pelirrojo supo que estaban pensando lo mismo.

- “¡Esta tarde tenemos tiempo!”, exclamó.

- “Bien. Será un placer tenerlos en mi mansión”, sonrió Lucius sin dejar de mirar a Haldir, “vendré a buscarlos a las cuatro. Ahora debo reunirme con el Ministro. Fue un placer conocerlos”

*

- “¿Y qué vamos a comprar?”, preguntó Remus mientras subían al autobús muggle que los llevaría al Callejón Diagon.

- “Cosas para el cumpleaños de Sirius. Quiere celebrarlo con todos nosotros. Además, Dumbledore me ha pedido algo especial para ti”, mintió descaradamente Tonks.

- “¿Para mí? ¿Y qué es?”

- “Ya lo sabrás, cuando lleguemos. ¿Mi cabello está bien de este color?”, preguntó Tonks cambiando rápidamente de tema.

Cuando llegaron al Callejón Diagon, que tenía el movimiento de siempre, Tonks lo condujo a una tienda cuyo letrero decía “Straw & Gamble – Money Exchange”. Allí, sacó de su bolso una buena cantidad de galeones de oro y los cambió por dinero muggle.

- “¿De dónde sacaste todo ese dinero?”, preguntó Remus intrigadísimo.

- “Dumbledore me lo dio”, contestó tranquilamente Tonks.

- “¿Dumbledore?”

- “Sí. Es para lo que te dije. Será mejor que nos vayamos ya”

Tonks lo llevó de nuevo a Londres y se dirigieron a un enorme centro comercial, subiendo directamente al departamento de ropa. Remus la miraba con aprehensión mientras ella caminaba con soltura, al parecer sin notar las extrañas miradas que la gente les dirigía, principalmente a causa de Remus, que vestía con una túnica que fue negra en sus mejores tiempos y que estaba muy remendada.

Entraron a una tienda de ropa para caballero y fueron recibidos por una chica joven que vestía con elegancia. Frunció la cara al ver a Remus, pero Tonks la llevó hacia un lado y le mostró su bolso lleno de billetes de cien libras, susurrando – “Es mi primo, acaba de venir del campo y necesito vestirlo apropiadamente”. Las dos cruzaron una mirada de entendimiento. El rostro de la chica se iluminó con una encantadora sonrisa y se acercó a Remus.

- “Buenos días, señor. Aquí tenemos exactamente lo que usted está buscando”, dijo amablemente.

Remus había estado mirando los escaparates que mostraban varios maniquíes elegantemente vestidos.

- “Eh”, exclamó sorprendido, “no se preocupe, no estoy buscando nada”, y sonrió buscando con la mirada a Tonks.

- “Oh, nada de eso”, exclamó ella, “Remus, te dije que nuestro tío Albus necesitaba que vistas con algo especial para el cumpleaños del importante señor Black, de modo que eligiremos algunos trajes para ti”, Remus estaba abriendo la boca para protestar, “y no aceptaré un ‘no’ por respuesta, ya sabes cómo se pone cuando se enfada”

La empleada que los atendió sacó algunas camisas de los exhibidores y se acercó a Remus.

- “Estas le quedarán perfectas, señor. Hacen juego con sus ojos. Puede probárselas allí”, dijo señalándole el probador, hacia donde Tonks lo empujó.

Remus, con aire resignado, se quitó la túnica y el ajado suéter que llevaba y se colocó la primera camisa. Era de seda color marfil y exactamente de su talla. Se la abotonó mientras se preguntaba cuál podría ser el interés de Dumbledore en vestirlo así.

Tonks abrió el probador llevando más ropa en sus brazos. Pantalones, suéteres, camisas…lo miró con aprobación y le dejó las cosas.

Dos horas más tarde, un Remus totalmente transformado salía de la tienda. Un suéter verde oscuro con cuello alto, hacía que sus ojos se vieran más dorados aún y los pantalones color gris mostraban lo alto que era, despojado ya de la ajada túnica. Caminaron hacia la salida, cargados de paquetes. Tonks sonreía al ver que su acompañante atraía miradas femeninas. Su plan había dado resultado, al final, Remus no se había podido negar y compraron ropa para todo un mes.

Tomaron un taxi que los llevó al Caldero Chorreante, desde el cual entraron de nuevo al Callejón Diagon.

- “¿Ahora qué?”, preguntó Remus, algo incómodo aún con las ropas muggles y las miradas sobre él.

- “Compraremos túnicas de mago que hagan juego con el resto de la ropa”

Remus la siguió y compraron varias túnicas. Luego, emprendieron el regreso a la Mansión Black.

*

Hagrid tomaba el té en su cabaña, acompañado de Harry, Ron y Hermione. Los chicos le platicaban animadamente acerca de sus clases con los elfos, que eran las mejores que tenían, y se quejaban de Umbridge.

- “¡Es una bruja psicópata!”, exclamó Hermione, “¿Quién en su sano juicio castigaría así a un estudiante? Deberías decirle esto a Dumbledore, Harry. O al menos a Sirius”

- “Sirius tiene ya demasiados problemas, Hermione”, dijo Harry.

- “Bueno, pero eso no será por mucho tiempo. Ya Tonks se encargará”, afirmó la chica con decisión.

- “¿Tonks?”, preguntó Hadrid alzando las cejas.

- “Es una de las locas ideas de Hermione”, explicó Ron, “quiere conseguirle novia a Sirius, y se le ha ocurrido que sea Tonks”

- “A ella le gusta Sirius y creo que a él también. Además, Remus me ayudará, él no es como ustedes”, dijo ella con decisión.

- “¿REMUS TE AYUDARÁ?”, casi grita Hadrid, “¿cómo es eso posible?”

- “Se lo he pedido y dijo que sí. Él también piensa que Harry necesita quien vea por él, además de Sirius”

- “Remus no parece capaz de ayudarse ni a sí mismo”, intervino Ron.

- “Pero él lleva el anillo, ¿recuerdas?”, dijo Harry, callando de pronto al ver la expresión de Hagrid.

- “¿Y ustedes qué saben de eso?”, preguntó éste.

- “Nosotros…Fred y George, ellos usaron unas Orejas Extensibles y oímos todo”, explicó Harry enrojeciendo, “pensé que el anillo ese escogería a Sirius, parece mejor preparado que Remus”

- “Harry”, dijo Hagrid mirándolo fijamente, “Remus es uno de los magos más fuertes que conozco. Sí”, repidió al ver las miradas de incredulidad, “lo es. A pesar de todo lo que le ha pasado, sólo lo he visto llorar una vez, y créanme que tuvo motivos de sobra para hacerlo muchas veces”

- “Platícanos más, Hagrid. Sabemos muy poco de él”, pidió Hermione.

- “Pues…pues Remus ha sufrido mucho. Y aún así, siempre se las arregla para sonreír, excepto…excepto…Harry, no sé si debería contarlo. Es sobre tus padres”

- “Adelante, Hadrid. Estoy preparado para eso”

- “Bien. Él vivia con Sirius entonces, ambos ayudaban a Dumbledore a luchar con Quien No Debe Ser Nombrado, junto a tus padres y a los otros miembros de la orden. Sirius y James se preparaban para ser aurores, y Remus para enseñar. Siempre quiso eso, le gustaban mucho los niños”, Hagrid tomó un sorbo de té y continuó, pues tenía tres pares de ojos clavados en él.

- “Esa noche, sé que Remus habló a Dumbledore, preocupado por tus padres. Dumbledore me envió a buscarte, Harry. Luego, fue a ver a Remus. Los dementores ya habían estado en casa de Sirius, y Moody llegó con ellos. Entre los dos sacaron de allí a Remus. Estaba muy impresionado, pobre muchacho. Quería ver a Sirius, pero no se lo permitieron los del ministerio, se lo llevaron inmediatamente a Azkaban. Remus tuvo que volver con sus padres, pues esa misma noche el ministerio embargó las propiedades de Sirius. Fue algo muy doloroso. Esa noche, mientras todo el mundo de la magia celebraba la derrota de Quien No Debe Ser Nombrado, nosotros llorábamos la muerte de tus padres, Harry, y la de Peter. Pero Remus lloraba no sólo la muerte de sus mejores amigos, sino la traición de su…”, Hagrid hizo una pausa para tomar aire, “de su amigo Sirius. Al día siguiente, estábamos todos en el entierro de tus padres y de Peter, cuando él apareció, vestido de negro. Allí había mucha gente, pero lo reconocieron y le abrieron paso. Llegó hacia la tumba, cuando ya estaban terminando de cubrirla, y cayó de rodillas, con el rostro cubierto de lágrimas, pero sin sollozar. Solo así, en silencio. Nadie se atrevió a decirle nada, pero cuando acabaron de cubrir los ataúdes, Dumbledore lo tomó del brazo y lo alejó suavemente de allí. Es la única vez que lo he visto llorar”, Hagrid se detuvo, limpiándose el rostro con un enorme pañuelo que sacó de su bolsillo.

- “¿Mis padres tienen una tumba?”, preguntó Harry, asombrado, “¿por qué nadie me lo había dicho?”

- “Lo siento. No debí decirlo”, se disculpó Hagrid, “Dumbledore tendrá sus motivos. Pero ya lo dije. Claro que tienen una tumba, Harry. Está en Hogsmeade”

- “Cuéntanos más sobre Remus”, pidió Ron. “¿qué hizo luego de eso?”

- “La pasó muy mal. Nadie le daba empleo y estuvo viviendo con sus padres, pero su padre murió el año que viniste a Hogwarts, Harry. Remus siempre preguntaba por ti. Luego murió su madre y la pasó aún peor. A Dumbledore le dijeron que estaba vendiendo los muebles de su casa, no quiso pedir ayuda a sus amigos. De modo que Dumbledore lo trajo aquí a enseñar y ya saben lo que pasó. Pero luego de eso no le ha ido del todo mal, estuvo trabajando de consultor del Ministerio de Magia, ayudando a los aurores. Remus sabe tanto como Moody sobre Artes Oscuras, así conoció a Kingsley y lo trajo a la Orden del Fénix. Pero eso es otra historia, creo que deben irse ya, no quiero que tengan problemas con Umbridge por mi culpa”

- “De acuerdo, Hagrid”, dijo Ron.

Los chicos se despidieron y partieron velozmente. En el camino, Harry les dijo:

- “Tengo que ir a la tumba de mis padres”.

 

Capítulos del 11 al 20

Ayesha - Índice - Main