
EL ANILLO Y LA ÓRDEN DEL FÉNIX
HP
N. del a.: Los personajes y locaciones pertenecen a J.R. Tolkien y a J.K. Rowling yo solo creé a uno de los elfos protagonistas. En algunas ocasiones uso los hechizos “Destrucio”, estos son propiedad de FoxLady. También hay en esta historia muchísimas referencias a material de H.P. Lovecraft y Brian Lumley, específicamente a “El visitante nocturno”.
Prólogo
Esta historia es un crossover entre Harry Potter y El Señor de los Anillos, tiene lugar luego del cuarto libro de HP, de manera que solo tomaré algunas ideas del quinto libro. Asimismo, en la Tierra Media, el anillo único ya fue destruido.
De acuerdo con Tolkien, a la tierra media llegaron 5 magos, los cuales eran maiar y fueron enviados por los Valar para ayudar a controlar al malvado Melkor. Sólo se sabe de tres de ellos en LOTR, por lo tanto, supondremos que Dumbledore es un maiar también y decidió ir al mundo mortal porque Melkor se había aliado con un mago llamado Voldemort.
Dumbledore entonces mantiene contacto con Gandalf y Galadriel a través de un palantir que está situado en Lothlórien y por medio de éste, pide ayuda cuando se confirma que Voldemort ha regresado. Un palantir es una piedra a través de la cual es posible ver cosas y comunicarse con alguien. Algo así como la bola mágica de un gitano, pero color negro.
Los elfos que intervienen aquí son Haldir, guardián de las fronteras de Lothlórien y Finwe, un elfo que es creación mía y que aparece en los fics “El Corazón del Rey/Leave it behind” y “Descubra al Asesino”. Finwe es un elfo del Bosque Mágico que fue llevado por sus padres a Lothlórien cuando huían de los orcos que se habían instalado en ese bosque. Al llegar a las fronteras, los orcos asesinan a sus padres y él se salva porque Haldir llega a tiempo. El elfo siente una admiración sin límites hacia Haldir y decide ser arquero. Con el tiempo, se enamora de Haldir, que parece no notar su presencia, hasta que, en la Guerra del Anillo, son enviados con un ejército de elfos a ayudar a Aragorn en la defensa del país de Rohan. Allí Finwe salva la vida de Haldir y capta su atención. Luego de muchas aventuras, son finalmente pareja y ambos guardan las fronteras de Lothlórien.
Hechas estas explicaciones, creo que podemos empezar.
Capítulo 1: Another time, another place
“Bright morning lights / Luces
brillantes de la mañana
Wipe the sleep from another day's eye / enjuaguen el sueño de los ojos
de otro día
Turn away from the wall / volteen lejos de la pared
And there's Nothing at all / y no habrá nada de nada
Being naked and afraid / desnudos y atemorizados
In the open space of my bed / en el espacio abierto de mi cama”
Another time, another place – U2
Luego del desastroso final del Torneo de los Tres Magos, que terminó
con la trágica muerte del estudiante Cedric Diggory y con la nefasta
noticia de que Lord Voldemort había regresado, Albus Dumbledore, director
de Hogwarts se encontraba en su despacho analizando los acontecimientos.
Había tenido un terrible enfrentamiento con el Ministro de Magia, Cornelius Fudge, pues éste aducía que el estudiante Harry Potter había imaginado todo lo que relató acerca del retorno de Voldemort y pondría todos los recursos del Ministerio (que no eran pocos) para desacreditar al chico y al mismo Dumbledore, que manifestó creer en su versión.
Con las cosas así, Dumbledore convocó a la antigua Orden del Fénix, considerablemente debilitada desde la vez que lucharon con Voldemort, doce años atrás. Sus mejores miembros, los Potter, estaban muertos; los Longbottom, internados en un hospital; y Sirius Black era perseguido por el Ministerio, al acusársele de un crimen que no cometió.
La situación era desesperada, debía luchar con el Ministerio, además de luchar con Voldemort y los mortífagos, vueltos a reunir y deseosos de ganarse nuevamente el favor de su señor. Además, debía proteger a Harry.
Aceptó el pedido del Ministro para contratar a la Profesora Umbridge, en la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, a sabiendas de que era una espía, con la única condición de que le permitieran traer un nuevo profesor para una nueva asignatura que reforzaría Pociones, dictada por Snape. El Ministro aceptó, pues Dumbledore aún tenía influencia en los círculos mágicos.
De este modo, Albus Dumbledore hizo la única cosa posible. En la privacidad de su despacho, y con sólo Fawkes, el ave fénix, como testigo, sacó de un armario una esfera negro brillante y la colocó sobre su escritorio.
En la superficie se empezaba a formar una imagen. Vio una hermosa cámara ricamente decorada, y esperó.
Al cabo de un rato, que le pareció interminable, un rostro, de una belleza más que humana, apareció dentro de la esfera y la Dama Galadriel, señora de Lothlórien preguntó:
- “Albus, querido amigo, ¿hay algo que pueda hacer por ti?”
Él sonrió. La Dama Galadriel estaba exactamente como él la recordaba, no había cambiado en absoluto, lo que no era de extrañarse, pues era una elfa, e inmortal. Él, sin embargo, había envejecido y nada quedaba ya de su gallardo aspecto, cuando la conoció por primera vez, hacía milenios. Los maiar eran también inmortales, pero él había renunciado a su inmortalidad cuando decidió custodiar la Tierra.
- “Hermosa Galadriel, molesto tu atención a causa de un nefasto acontecimiento”, explicó, y continuó relatando a la dama todo lo acontecido. Finalmente le pidió hacerse presente en Hogwarts y luchar juntos contra Voldemort.
Ella lo escuchó gravemente, y Dumbledore sintió que aún a la distancia, ella leía su mente a través del palantir.
Finalmente, la Dama habló.
- “Albus, dada la gravedad de lo que me relatas, no puedo decidir por mí misma cómo ayudarte. Debo pedir consejo a Mithrandir, quien está en camino. Mas desde ahora te digo que yo misma no puedo ir. Mi tiempo en la Tierra Media ha llegado a su fin y me embarcaré pronto a Valinor, pero antes veré la forma de ayudar a un viejo amigo. Espera mis noticias”.
De ese modo, pasó cerca de un mes. Dumbledore sabía que ella no le fallaría, pero también era consciente que los viajes en la Tierra Media tomaban su tiempo y ella debía esperar a que Gandalf, el mago, (o Mithrandir, en élfico) llegase a Lothlórien.
Mientras tanto, el diario El Profeta lo atacaba sin piedad, empeñado por órdenes del Ministerio, en dañar su imagen, tildándolo de viejo loco por creer en los delirios de un muchacho de quince años que era el único testigo del regreso de Voldemort.
Finalmente, el palantir, que ahora ocupaba un sitio en el escritorio de Dumbledore, brilló una mañana, y el viejo mago se apresuró a mirar en su interior.
Para cuando terminó de hablar con Galadriel, sintió que la confianza volvía a renacer en él. Y esperó a que la Dama le enviara la ayuda prometida.
*
“Just as I am / Sólo como
estoy
I awoke with a tear on my tongue / despierto con una lágrima en mi
lengua
I awoke with a feeling of never before / despierto con un sentimiento de nunca
antes
In my sleep I discover the one / en mis sueños, descubro al único
But she ran with the morning sun / pero huye con el sol de la mañana”
Finwe despertó entre los brazos de Haldir, como todos los días desde que estaban juntos. Su amante lo obsequió con una encantadora sonrisa mientras le acariciaba la espalda juguetonamente. Un ligerísimo dolor le recordó los acontecimientos de la pasada noche y una sensación de seguridad se apoderó de él al saberse tan amado.
Pero a la vez una sensación de temor, de separación inminente.
- “Buenos días, pequeño elfo”, sonrió Haldir.
- “Buenos días, mi dueño”, sonrió Finwe a su vez, encogiéndose seductoramente bajo las mantas, buscando un placentero contacto.
Haldir lo cubrió con su cuerpo, lo amaba más que a nada en el mundo y no dejaba de sorprenderle la total entrega con la que Finwe se le ofrecía, como si siempre fuera la primera vez.
Sus bocas se fundieron en un apasionado beso, y Finwe giró quedando sobre Haldir y luego hizo un movimiento que arrojó lejos las mantas que los cubrían, para deleitarse contemplando el perfecto cuerpo de su amante, que ya presentaba signos de evidente excitación.
El joven elfo miró por la ventana, el sol aún no estaba alto y era temprano. Tenían tiempo. Tenían tiempo antes de saber si su presentimiento se haría realidad.
Sonriendo traviesamente, tomó a Haldir entre sus labios, succionando experta y deliciosamente, hasta oírlo gemir. Y entonces lo soltó, para deslizarse seductoramente sobre su cuerpo y besar sus pezones, subiendo hacia su boca que pedía ser besada.
A Haldir le gustaba ser el dominante, pero cuando su pequeño elfo tomaba la iniciativa, lo dejaba hacer y jamás había tenido que arrepentirse, de modo que sólo lo tocó brevemente entre las nalgas y Finwe estuvo listo para empalarse él mismo en el cuerpo de Haldir, lentamente primero, porque esa zona seguía un poco adolorida, y luego, conforme se abría, más rápidamente.
Cuando tuvo a Haldir dentro suyo, lo miró intensamente a los ojos.
- “Te amo”, dijo y empezó a moverse rápidamente, empujándose hacia arriba con las rodillas, para luego caer completamente dentro del miembro erecto de Haldir.
Estos movimientos les arrancaban a ambos verdaderos gritos de placer, y Haldir miraba el rostro de su pequeño elfo mientras se atendía a sí mismo, a la par que elevaba y bajaba sus caderas. ¡Era tan hermoso! Sus ojos se encontraron y los labios de Finwe se movieron para susurrar, “estoy listo” y un cálido líquido se derramó en el vientre de Haldir, que lo tomó fuertemente de las caderas, guiando su ritmo cada vez más violento, hasta que él mismo se derramó dentro de su amante.
- “Te amo”, dijo a un exhausto Finwe, que aún con él dentro, se recostó contra su pecho.
Estuvieron así en silencio hasta que el ardor se calmó y la naturaleza hizo su trabajo, permitiendo que Haldir se deslizara suavemente fuera del cuerpo de su amado, que se había adormilado nuevamente.
El guardián de Lórien lo contempló, pensando disfrutar los breves momentos antes de incorporarse a su guardia, pero fue interrumpido por un ligero golpe en la puerta del talan. Suavemente se deslizó y, cubierto por una bata, abrió.
- “Haldir, nuestra señora desea hablar contigo y con Finwe. Ahora está reunida con Mithrandir, y ha pedido verlos luego”; informó Rúmil, “yo relevaré a Finwe”
Haldir asintió, y entró en su dormitorio para despertar suavemente al elfo dormido y comunicarle las noticias. El elfo pelirrojo asintió, sus temores habían probado ser reales.
Luego de cambiarse, se dirigieron a la fuente cercana al lugar donde se alzaba el talan en el que Galadriel estaba reunida con Mithrandir, en medio de la ciudad aérea de Caras Galadon, en Lothlórien, el Bosque Dorado.
Por la expresión de su señora y de Lord Celeborn, sabían que algo grave había ocurrido y se preguntaban de qué se trataría, ya que la Tierra Media se encontraba en paz al haberse destruido el Anillo Único, y muchos de los elfos se disponían a navegar al Oeste, en busca de las Tierras Imperecederas.
Haldir tenía la mano de Finwe aprisionada entre las suyas y lo miraba sonriendo para tranquilizarlo. Desde que eran pareja, sólo se habían separado una vez, cuando Galadriel pidió a Haldir hacer un viaje a Gondor y Finwe permaneció en Lothlórien con Legolas. Al volver, Haldir le había prometido que jamás se volverían a separar. Pero ahora, Finwe temía que una nueva misión encomendada por la Dama, a quien Haldir jamás desobedecería, los pudiese separar.
Se abrazó de Haldir y lo miró a los ojos.
- “Yo iré donde tú vayas”
Haldir lo tomó entre sus brazos tranquilizándolo con un beso.
- “Nada nos separará, pequeño elfo”
Finalmente, se abrió la puerta y Lord Celeborn les hizo una seña para que se acercasen.
Entraron en el talan e hicieron una reverencia a sus señores. Galadriel les hizo un ademán para que tomaran asiento y su mirada los traspasó. Ambos estaban deseosos de complacerla, pero, como siempre, esa mirada los ponía muy nerviosos, ya que ella podía leer fácilmente las emociones de elfos y humanos.
La Dama sonrió.
- “Les he pedido que vengan pues deseo que me hagan un último servicio”, dijo seriamente, “sabido es por todos que pronto partiremos a Valinor. Sin embargo, el universo no está compuesto solamente por la Tierra Media y las Tierras Imperecederas”, continuó e hizo una pausa para ver cómo ellos dos asimilaban estas palabras.
Haldir se sintió sorprendido, pero no lo exteriorizó. Sabía mantenerse imperturbable, aunque su cerebro estaba profundamente intrigado. Finwe, sin embargo, era un elfo más joven y sus ojos verdes se abrieron mucho cuando oyó esas palabras.
- “En tiempos remotos, los Valar enviaron a la Tierra Media a los Istari, o magos, de los cuales ustedes conocen a dos: Mithrandir, aquí presente y Saruman, quien fue corrompido por el Señor Oscuro. Pero hubo otros magos. Uno de ellos, conocido como el Mago Blanco, decidió ir a un mundo paralelo, llamado simplemente la Tierra, y adoptó el nombre de Albus, dejando su título de Mago Blanco a Saruman. Él es ahora quien invoca nuestra ayuda”, y Galadriel hizo nuevamente una pausa.
- “Albus era un maiar”, continuó Gandalf, “pero al ir a la Tierra, perdió su inmortalidad y parte de sus poderes. Sin embargo, aún así, es el mago más poderoso de la Tierra. En la Tierra hay también otros magos y uno de ellos – Lord Voldemort, le llaman - se ha unido a Melkor. Hace doce años, Albus lo combatió con un grupo de magos de la Orden del Fénix, logrando derrotarlo gracias a un niño que sobrevivió a una poderosa maldición. Sin embargo, Voldemort ha vuelto y Albus pide nuestra ayuda”
Haldir y Finwe estaba profundamente sorprendidos. Nunca imaginaron que podría existir un ¿mundo paralelo? como Galadriel lo había llamado. Y además, Melkor tenía un sirviente también allí, ese tal Voldemort.
Entre Gandalf y Galadriel continuaron explicándoles la historia que conocían por Albus y la urgencia de detener a Voldemort para evitar que asesine a mortales inocentes y a los magos que se le oponían.
Finalmente, la historia estuvo dicha y Finwe preguntó tímidamente.
- “Mi señora, sé que nos has mandado llamar en relación a esos acontecimientos. Pero no alcanzo a entender el papel que jugaremos Haldir y yo en todo esto”
Galadriel le sonrió.
- “No será fácil. Pensamos en Legolas y Aragorn también, pero ellos están ahora ocupados en la unificación de Arnor y Gondor y han pasado demasiado sufrimiento ya. Lo que deseo de ustedes es simple: Albus necesita usar un anillo de poder y alguien debe llevárselo. Pero el anillo que tengo y que les daré debe elegir el mismo a su portador y no sabemos quién puede ser. Además, una vez que el anillo elija al portador, deberán vigilar que lo use adecuadamente. Esto significa pasar un tiempo en la Tierra hasta que la misión sea completada”, explicó Galadriel.
- “Por supuesto que no los obligaremos a ir”, intervino Celeborn, “sabemos que será peligroso, pues los poderes de Voldemort son grandes. Deberán ponerse a órdenes de Albus e integrar la Orden del Fénix, y mantenerse vigilantes y alertas”
Se hizo un tenso silencio, que fue roto por la resuelta voz de Haldir.
- “Mi señora, iré a donde me pidas”
- “Y yo iré contigo”, dijo a su vez Finwe. No se separaría de Haldir, jamás lo haría.
Galadriel sonrió de nuevo.
- “No esperaba menos de ustedes”, dijo complacida.
- “¿Cuáles son los poderes del anillo que llevaremos?”, quiso saber Finwe.
- “Eso, me temo que no lo sabemos”, respondió Gandalf, “los anillos de poder se adaptan al portador. Su poder no es tan grande como el del Anillo Único, y no podemos decir exactamente qué hará. En mi caso, el Anillo me ha concedido poderes mágicos al punto de poder leer las emociones, tener visiones y mantener hechizos de protección sobre Lothlórien. En el caso de un humano, sus poderes no serán tan grandes, pero habrá siempre el peligro de que el humano, seducido por su poder, lo use inadecuadamente. Es por eso que necesitamos quien lo custodie.”
- “Bien”, dijo Haldir. “¿Cuándo partiremos y cómo?”
- “Apenas empaquen sus pertenencias. Lo haremos a través del Palantir y con la ayuda de un ave mágica que Albus posee, el fénix, y que los llevará directamente ante él”, respondió la dama.
- “Iremos ahora mismo”, dijo Finwe, que ardía en deseos de tener aventuras.
Ambos se pusieron de pie para ir a empacar y cuando llegaban a la puerta, Celeborn habló de nuevo.
- “Hay un detalle más”
Haldir dio la vuelta y preguntó. “¿Qué es?”
- “Verán”; explicó Celeborn, “Albus es el director de una escuela para magos, llamada Hogwarts. En ella enseñan a los magos jóvenes todo lo que deben saber acerca de la magia. Albus ha conseguido que ustedes puedan enseñar allí”
- “¿QUÉ?”, exclamó Haldir, “yo jamás he enseñado magia y ...”, empezó a protestar.
- “Enseñarán ‘Medicina Élfica’”, intervino Galadriel, “es una asignatura nueva que Albus ha inventado para ustedes. Y tú, Haldir, conoces mucho de eso”, agregó sonriente, “eso les dará oportunidad de pasear por Hogwarts sin llamar demasiado la atención”
Finwe se mostró entusiasmado.
- “Siempre quise enseñar algo”, exclamó y agregó, al ver el rostro nada entusiasmado de Haldir, “vamos, melda (amado), ¡será divertido!. Pero…” y se detuvo preocupado, “¿cómo nos comunicaremos? ¿ellos no hablan élfico, verdad?”
Galadriel sonrió.
- “Desde luego que no, aunque Albus sí lo hacía. No se preocupen, al enviarlos a la Tierra, Albus pondrá un hechizo para que puedan hablar su lengua sin problemas”
Haldir murmuró algo antes de ser arrastrado de allí por Finwe.
*
Lucius Malfoy se estiró en su amplia cama cubierta de sábanas rojas y miró al hombre dormido junto a él.
Severus Snape, el profesor de Pociones de Hogwarts.
Habían pasado unos días juntos, antes del inicio de clases, aprovechando que su esposa Narcissa y su hijo Draco se hallaban de vacaciones en la Riviera Francesa. Unos pocos días de paz, porque Lucius sabía que la guerra se avecinaba, esta vez con más fuerza que hacía catorce años.
Severus se movió en sueños, era fascinante mirarlo, tan calmado después de una agitada noche de pasión. El profesor de Pociones no era atractivo, de él emanaba una poderosa fuerza. Lucius lo amaba.
Lo amaba, pero jamás se lo diría.
Lo besó ligeramente en los labios.
- “¿mmm?”
- “Despierta, Sev. Narcissa debe llegar en cualquier momento con Draco”, Lucius tenía siempre ese modo sutil de recordarle que sólo compartían la cama.
Severus se estiró, mirando a su amante. Era hermoso, mucho más hermoso ahora que su pasión estaba satisfecha. Se puso de pie, con mal talante y comenzó a vestirse. Odiaba eso. Odiaba sentirse usado cada vez que Lucius quería satisfacerse. Odiaba tener que dejarlo luego de amarse toda la noche. Pero no podía evitarlo, cuando lo veía ronroneando como un gato y pedirle que fuera con él, no podía negarse. ¿Eso era amor?
- “Sev”, Lucius lo miró intensamente. Odiaba que se fuera así. Odiaba no poder decirle todo lo que sentía. Odiaba mantener ese matrimonio de apariencia, pero ese era el deseo de Voldemort y no se atrevía a contradecirlo. “No vayas a Hogwarts, quédate conmigo”, pidió sabiendo que era imposible.
- “No lo haré”, mintió Severus haciendo brotar una sonrisa en el rostro del rubio, “Debo ir de viaje, Lucius”, informó Severus. Había guardado la noticia para el final.
- “¿De viaje?”, Lucius se sentó sobre la cama, sin molestarse en cubrirse.
Severus no pudo dejar de admirarlo, tan atractivo y a la vez tan frío y despiadado a la hora de asesinar. Como si lo disfrutara. Como él mismo lo hizo una vez.
- “Nuestro señor me ha pedido un servicio especial”, explicó. Lucius asintió gravemente, cuando Severus hablaba de Voldemort, era mejor no hacer preguntas. “¿Tuviste éxito en el Ministerio?”, le preguntó Severus, ya vestido, volviendo a sentarse sobre la cama, mientras sus manos vagaban por la espalda de Lucius.
- “¿Acaso lo dudas? Fudge hace lo que yo quiero”
Severus sonrió. “No sólo Fudge”, pensó. Era el maldito encanto Malfoy y Lucius lo sabía. Y se aprovechaba. Lo miró interrogante.
- “Entré al Departamento de Misterios y robé la esfera. Fudge ni siquiera lo notó, el muy cretino”, rió Lucius estirándose sobre las sábanas de seda, con movimientos sensuales.
¡La esfera! Severus sabía que Dumbledore tenía una esfera similar, pero que jamás la utilizaba. También sabía que Voldemort tuvo antes un aliado poderoso, y estaba seguro de que la esfera le serviría para comunicarse con él.
- “Severus, empezará de nuevo”, ya no había risa en la voz de Lucius, su tono se había hecho grave. No era que no le importara asesinar, él creía firmemente en que los magos debían revelar su existencia y destruir, si fuera necesario, a los muggles. Y junto con ellos, a todos los magos que se les opusieran.
Severus era uno de ellos.
Porque Severus Snape, el antiguo mortífago, había decidido cambiar su vida el día que por su causa, un muchacho inocente murió. Su mundo casi se derrumba y Albus Dumbledore lo había acogido y confortado. Severus formaba parte de la Orden del Fénix y actuaba de espía para Dumbledore, como mortífago a las órdenes de Voldemort. Y para probar su lealtad, iba a ser enviado a un viaje en el cual un muggle debía morir.
Se abrazaron en silencio. Se habían hecho amantes en Hogwarts, cuando Lucius, tres años mayor que él, y ávido de nuevas sensaciones, había seducido al joven Severus, cuya seriedad lo excitaba muchísimo. Y descubrió un volcán bajo esa seriedad.
Se separaron cuando Lucius se casó con Narcissa, aunque lucharon juntos en la guerra que Voldemort desató. Luego se perdieron de vista, pues Severus se dedicó a enseñar en Hogwarts y Lucius volvió a tomar su posición aristocrática. A veces se encontraban y se saludaban educadamente, como correspondía a dos personas recientemente presentadas y no a dos antiguos condiscípulos, amantes y compañeros de lucha.
Fue una extraña experiencia para Severus tener al hijo de Lucius, Draco, en el colegio. En muchos aspectos era parecido a su padre, pero también tenía la displicencia de su madre y no era el estudiante brillante que Lucius había sido. Aún así, se las arreglaba para favorecerlo siempre, sin saber exactamente por qué lo hacía. Quizás porque era el hijo de Lucius.
Lucius siempre había sido fiel a sus creencias, por eso usó a la chica Weasley para abrir la Cámara de los Secretos, hacía de eso tres años. Y luego, cuando a Draco lo atacó un hipogrifo, Lucius hizo un escándalo que terminó con la condena a muerte del animal, que escapó luego inexplicablemente. Severus estaba seguro que eso tenía que ver con la fuga de Black, que le arrebató su Orden de Merlín y lo hizo quedar como un perfecto idiota.
Y entonces se volvieron a encontrar a solas.
Y la pasión, tanto tiempo reprimida, volvió a surgir entre los dos. Pero esta vez, Severus había cambiado y ya no era el joven algo tímido de antes. Era un hombre ávido de probar sensaciones nuevas, y Lucius era un maestro. Se amaban con total abandono, como si fuera la última vez, como si fueran a morir al día siguiente, como si su vida dependiera de ello. Pero Lucius no era fiel en absoluto, el mago rubio protegía sus sentimientos durmiendo con otros, y no le preocupaba que Severus lo supiera. Y Severus no se lo cuestionaba.
Sus encuentros eran esporádicos, pues ambos eran respetados miembros del Mundo Mágico y debían guardar las apariencias. Severus era un maestro en Oclumancia y Lucius había vivido mucho tiempo aparentando ser lo que no era, de modo que nadie sospechó nada, y el oscuro profesor de Pociones continuó visitando Malfoy Manor y durmiendo furtivamente en la cama de su dueño por casi un año.
Luego, Voldemort volvió.
El Señor Oscuro había evaluado nuevamente a sus mortífagos, torturando a los que no le habían sido fieles. Tanto Lucius como Severus se vieron sometidos a crueles sesiones de cruciatus, pero no flaquearon y fueron admitidos nuevamente como las personas más cercanas al círculo de Voldemort. Sobre todo Lucius, que tenía a su cargo las misiones más importantes ahora que su señor se preparaba para la guerra.
Se miraron y Lucius lo besó como si esa fuera la última vez que lo hacía.
Y Severus, callado como siempre, partió, dejándolo acurrucado en la cama.
Capítulo 2: Flying away
“Catch me as i fall / Atrápame
si caigo
say you're here and / dime que estás aquí y
it's all over now / todo acaba ahora
speaking to the atmosphere / hablando a la atmósfera
no one's here and / nadie está aquí y
i fall into myself / caigo en mí mismo
this truth drives me into madness /esta verdad me lleva a la locura
i know i can stop the pain / sé que puedo detener el dolor
if i will it all away / si lo envío lejos ”
Whisper - Evanescence
Haldir y Finwe empacaron sus pertenecias en dos morrales. Llevaban algunas
ropas élficas y lembas, además de algunos objetos de aseo personal.
Galadriel y Celeborn les habían dicho que no se preocuparan por provisiones
ni por empacar demasiada ropa, ya que deberían usar túnicas
de magos.
Finwe colocó también en su morral su cuaderno de dibujo, cuyo principal tema seguía siendo Haldir, mientras que éste último empacó su arpa. Repasaron nuevamente el equipaje y finalmente tomaron sus arcos y flechas, así como sus espadas y dagas, pues las armas les daban seguridad, aunque no sabían si les serían de utilidad en el lugar a donde iban.
Finalmente, Haldir cerró la puerta de la vivienda que compartían, y tomados de la mano, se dirigieron a ver a Galadriel. Ninguno hablaba y Haldir contemplaba con nostalgia su amado bosque dorado, memorizando cada árbol y cada planta que allí había. Finwe miró también el arroyo donde tantas veces había espiado a Haldir mientras se bañaba y donde luego habían compartido muchas veces gratos momentos. La aventura lo atraía, pero sabía que extrañaría ese bosque, que consideraba su hogar.
Celeborn, Galadriel y Gandalf los estaban esperando.
- “Estamos listos”, dijo Haldir.
- “Bien”, respondió Gandalf, “debo recomendarles mantenerse alertas. Voldemort puede tener espías. Sólo confíen en Albus y en sus más allegados. El Anillo debe elegir a su portador, Albus les indicará quiénes son las personas que confía podrán llevarlo y deberán hacer una prueba con cada una de ellas.”
- “Haldir de Lórien, la misión que cumplirás es de la máxima importancia. No dudamos de tu coraje y valentía, ni de tu lealtad. Los elfos nos sentimos orgullosos de tener entre los nuestros personas como tú y Finwe.”, dijo la Dama Galadriel, entregándole el anillo sujeto a una cadena que colgó en el cuello del elfo.
- “Sigue lo que te diga el corazón, así sabrás quién será el portador del anillo. No podemos decirte más, pues nosotros ignoramos cuál será la señal. Los anillos de poder tienen voluntad propia”, intervino Celeborn.
- “¿Cómo nos comunicaremos contigo, mi Señora?”, preguntó Finwe.
- “A través de esta piedra”, contestó Galadriel señalando el palantir.
- “¿Están listos?”, preguntó Gandalf.
- “Lo estamos”, respondió con voz firme Haldir.
- “Uno de ustedes debe ir primero, luego el otro lo seguirá. No habrá ningún problema, pues Albus los está esperando. Llegarán a su despacho”, explicó Celeborn.
Haldir avanzó, él sería el primero. Sonrió para tranquilizar a Finwe que miraba nervioso el palantir, donde se veía el rostro de un anciano de largos cabellos blancos y expresión serena.
- “Una última cosa”, dijo Gandalf, “deben recordar que irán a un colegio, y que los humanos no tienen las costumbres de los elfos. Deberán ser prudentes acerca de su relación”
- “¿Por qué?”, saltó Finwe.
- “Gandalf tiene razón, pequeño elfo”, dijo Haldir, “no deseamos problemas innecesarios, ¿verdad?”, y lo miró seriamente hasta que Finwe asintió con la cabeza.
- “El momento ha llegado”, dijo la dama, señalando el palantir a Haldir. “Debes poner ambas manos sobre él”, pidió Galadriel. El elfo obedeció.
- “Nos comunicaremos por medio de la piedra. ¡Que Eru y los Valar los guarden!”, dijo Celeborn.
Inmediatamente, una luz blanca brotó de la piedra, envolviendo a Haldir
y luego pareció que su cuerpo se disolvía en una espiral que
fue absorvida por la piedra. La superficie apareció nuevamente negra
y brillante.
Finwe repitió las acciones de su compañero y fue absorvido por un espiral similar.
*
Voldemort estaba en su refugio, sentado en un enorme sillón forrado en terciopelo rojo. Junto a él estaban dos de sus más preciados aliados. A sus pies, Nagini, la serpiente. Y a su izquierda, Lucius Malfoy, su más cercano colaborador, sentado en un sillón menos ostentoso.
Los largos dedos del Señor Oscuro jugaban con los cabellos de Lucius, que miraba al vacío, con la mente completamente en blanco. No le gustaba ese contacto, le repugnaba, no le atraía en absoluto, pero se guardó muy bien de mostrárselo a Voldemort.
Su señor había cambiado mucho con su retorno. Nada quedaba ya de Tom Marvolo Ryddle, el antes atractivo mago que gustaba contemplarlo mientras tenía sexo con Severus, pero que jamás participó. Ahora, se había convertido en un ser con el rostro afilado y los ojos rojos, que tenía mayor parecido a una serpiente que a un ser humano.
Voldemort había sometido a sus mortífagos a una terrible sesión de cruciatus para castigarlos por su poca preocupación en rescatarlo, pero Severus y Lucius habían soportado estoicamente la tortura, sabiendo que si uno claudicaba, el otro lo haría. Eso fue lo único que los sostuvo y convenció a su señor de que le seguían siendo fieles.
Pero Voldemort no le había vuelto a pedir tener relaciones delante de él, por lo que Lucius pensó que su nuevo cuerpo estaba cansado de esos juegos. Eso, de algún modo, le dio alivio, ya que los sentimientos que había desarrollado por Severus eran cada vez más fuertes y temía que en un momento de intensa pasión, Voldemort los notara. Y eso suponía una debilidad que no estaba dispuesto a admitir ante nadie.
Y ahora, la mano pálida entretejía sus cabellos sueltos, haciendo círculos hasta que los mechones rubios se ensortijaban, para luego soltarlos en un movimiento lento, acariciador.
Ninguno de los dos hablaba, estaban esperando una señal.
Una señal que podría cambiar el destino de la guerra que pronto iniciarían.
La puerta de la cámara se abrió rápidamente.
- “Señor, usted tenía razón”, exclamó un hombrecillo bajo y calvo, entrando casi sin aliento.
- “¿Acaso lo dudabas, Wormtail?”, siseó Voldemort peligrosamente poniéndose de pie para dirigirse a la cámara contigua, en donde una piedra negra brillaba el pedestal que la sostenía.
- “N-no señor”, dijo Wormtail, temeroso de haber generado la ira en su señor.
Pero por suerte para él, Voldemort ahora estaba preocupado de otras cosas. Miraba la piedra con atención, pero en la superficie brillante no se alcanzaba a ver nada.
De pronto, dos figuras aparecieron girando en el centro de la piedra y Voldemort tuvo una visión de cabellos rojos y ojos verdes.
- “¡Son elfos!”, exclamó. “Lucius”
Lucius contemplaba la escena reclinado en el marco de la puerta y se acercó prestamente al llamado de su señor.
- “Debemos actuar de prisa”
El mago rubio no necesitó mayor explicación y apuntó a la piedra con su varita, al mismo tiempo que Voldemort lo hacía. Ambos recitaron un oscuro hechizo en la lengua de Marduk y de sus varitas brotó un rayo negro que hizo que la piedra se oscureciera.
Voldemort sonrió por unos momentos, y su mano cogió la mejilla de Lucius, con dedos suaves y resbaladizos. Como una serpiente.
Pero entonces, la piedra volvió a brillar y ellos invocaron de nuevo el conjuro, rápidos y ansiosos, sin dejar de mirar la superficie del palantir.
Fue inútil. La brillante luz se hizo más fuerte y luego empezó a disminuir hasta extinguirse, pero no a causa del hechizo que emplearon.
- “¡Maldito fénix!”, exclamó Voldemort con los ojos centellándole de ira y arrojó el palantir lejos.
Lucius retrocedió, sabía que era mejor no dirigirse a su señor hasta que el mal rato se le hubiera pasado. Y estaba muy intrigado por lo que pudo ver en la piedra.
*
Era de noche en Hogwarts.
Dumbledore miraba la esfera donde ya se dibujaba un humo blanco. Fawkes se encontraba a su lado cantando mientras una luz brotaba de sus ojos hacia la piedra.
De pronto, el canto cesó y la piedra se oscureció.
El ave fénix lanzó un grito de dolor. Pero, haciendo un esfuerzo, volvió a enfocar la piedra y nuevamente brotó la luz de sus ojos y su canto se reanudó. El humo blanco apareció en la piedra, pero se disolvió nuevamente y no volvió a aparecer.
- “¡Voldemort!”, susurró Albus, sintiendo miedo por primera vez.
El mago tenebroso se las había arreglado de alguna forma para interceptar el viaje de los elfos, pero Fawkes actuó a tiempo y casi los trae de vuelta. Sin embargo, las fuerzas le fallaron y ahora los elfos se hallaban en algún lugar desconocido, posiblemente dentro de los terrenos de Hogwarts.
El fénix se estaba consumiendo. Tomaría un tiempo para que estuviera en condiciones de volar y buscarlos. Dumbledore confió en que ese tiempo fuera corto.
Mientras tanto, en el Bosque Prohibido, un remolino de luz blanca apareció
junto al lago y expulsó a un elfo. Haldir se puso inmediatamente de
pie, con todos sus sentidos alertas. Sus manos fueron instintivamente hacia
su carcaj y tomó una flecha. ¿Qué era ese lugar? Obviamente
no era lo que Celeborn les había dicho. ¿Algo habría
salido mal? Su corazón se llenó de inquietud por Finwe, pero
en ese momento, un remolino similar expulsaba al elfo de rojos cabellos.
- “¿Haldir?”, preguntó atontado.
- “Melda (amado), aquí estoy”, respondió Haldir acercándose a él.
- “¿Dónde estamos? ¿Qué pasó?”, preguntó el joven elfo sintiéndose inquieto.
- “No lo sé. Vi un rayo negro y sentí que caía. Luego algo me hizo elevarme de nuevo y me arrojó aquí”, explicó, “parece ser un enorme bosque”.
- “Un bosque, sí. Pero está encantado. Percibo aquí cosas siniestras...me recuerda a Mirkwood y al Bosque Mágico”, dijo Finwe poniéndose instintivamente al lado de Haldir.
Los desarrollados sentidos de ambos habían percibido que algo se acercaba. Rápidamente tomaron posiciones, y prepararon sus arcos. No había necesidad de hablar, pues habían combatido juntos tantas veces que sabían qué hacer.
- “¡Arañas!”, susurró Finwe al ver cuatro de esos seres, de gran tamaño, avanzando hacia ellos.
Haldir sopesó las posibilidades. No se veían más enemigos que esas cuatro arañas. No huirían.
- “¡Dispara!”, dijo en élfico.
Dos flechas rasgaron el aire, clavándose certeramente en el abdomen de dos de las asquerosas criaturas que se quedaron en el suelo retorciéndose en su agonía. Las otras arañas atacaron, lanzando un chorro de veneno que fue esquivado ágilmente por los elfos, mientras recargaban sus arcos. Nuevamente, dos flechazos en el blanco y las dos arañas quedaron agonizantes en un charco de líquido viscoso.
- “¡Salgamos de aquí!”, exclamó Haldir y rodearon rápidamente el lago.
Se dirigieron apresuradamente a la otra orilla, pero el bosque se habìa quedado quieto nuevamente.
- “Vayamos hacia el norte”, dijo Haldir
Finwe lo siguió y caminaron unos metros alejándose del lago. De pronto, ambos se detuvieron junto a unos arbustos, porque un nuevo habitante del bosque se dirigía a beber.
El unicornio caminó mirando a ambos lados en busca de peligro. Olfateó el aire y al no percibir nada extraño, avanzó hacia el lago.
Entonces vio a los dos elfos que lo miraban fascinados.
Finwe susurró algunas palabras en élfico y el unicornio se detuvo. Se miraron y Finwe avanzó. El unicornio no retrocedió. Finwe continuó avanzando con cautela, susurrando palabras en élfico hasta que estuvo junto al animal que bufó e inclinó la cabeza. Lentamente, el elfo alzó la mano y acarició el cuello del unicornio, como hacía con los caballos de la Tierra Media. El unicornio no se movió.
Entonces, le hizo una seña a Haldir que avanzó despacio, para no asustar a su nuevo amigo. Pero el unicornio había comprendido que no le harían daño.
El animal dobló las rodillas e inclinó la cabeza y bufó amistosamente.
- “Quiere que subamos”, dijo Finwe.
- “¿Los dos?”, preguntó Haldir
- “Es un unicornio, puede con los dos”, respondió su compañero.
El unicornio bufó agitado. Ellos también percibieron un nuevo peligro y sin más, montaron. El animal partió al galope y pronto estuvieron lejos del lago, avanzando en la dirección que había dicho Haldir, hacia el norte. Finwe se maravilló de que el sentido de orientación de su compañero fuera tan bueno como en la Tierra Media, a pesar de estar en un lugar desconocido.
Finalmente, el unicornio detuvo su apresurado galope, en un cordón de árboles que parecìan señalar los límites del bosque. Los elfos entendieron el mensaje y se bajaron. Finwe le dio las gracias en élfico al animal, que se alejó veloz.
- “¿Y ahora?”, preguntó a Haldir.
- “Vamos hacia los árboles”, respondió éste. “El bosque termina aquí y ...”
Pero antes de que terminara de hablar, un lobo gris apareció corriendo y se paró frente a Haldir gruñendo amenazadoramente. Finwe tomó inmediatamente su arco ya cargado y apuntó al animal, pero antes de que pudiera disparar, un enorme perro negro se lanzó sobre su brazo, mordiéndolo con fuerza y haciéndolo errar el tiro.
Haldir a su vez había cargado ya su arco y se disponía a disparar al lobo cuando un ave brillante se lanzó sobre su cabeza, distrayéndolo. El lobo huyó al bosque y el perro lo siguió.
- “¿Estás bien?” preguntó Haldir a su compañero
- “Lo estoy, mi dueño. Sólo fue un rasguño”, sonrió Finwe.
El ave revoloteó sobre sus cabezas chillando para llamar su atención.
- “Es un fénix”, dijo Haldir. “La Dama habló de un ave mágica, debe ser ésta. Debemos seguirla”.
Los dos caminaron en pos de Fawkes, y salieron por fin del oscuro bosque. A lo lejos se alzaban los muros de un castillo. Los elfos apresuraron el paso pues comprendieron que ese lugar era su destino.
En el patio del castillo, Dumbledore y Minerva Mc Gonagall los esperaban.
*
Severus Snape avanzó completamente embozado.
Había llegado a la casucha donde se ocultaba el muggle que Voldemort le encargó contactar.
Un hombre que le daría cierta información acerca de un objeto mágico muy peligroso, cuya naturaleza Severus ignoraba, pues Voldemort no era aficionado a brindarles toda la información a sus mortífagos. Aunque Severus estaba seguro de que Lucius sí conocía en detalle de qué se trataba.
Su misión de esa noche consistiría en averiguar el paradero del propietario del objeto, y negociar con él una entrevista posterior con Lucius. Típico de Voldemort, enviaba mensajeros y usaba intermediarions, pero él sólo intervenía en el momento final, ocultando sus huellas hábilmente.
Se tenían que encontrar en Birmingham, pero el hombre había huido antes de que Severus pudiera contactarlo y tuvo que seguirlo hasta un miserable pueblo en Escocia. Aunque el motivo de la huída era un misterio para Severus, que traía consigo mucho dinero muggle para sobornarlo.
Severus lo observó unos momentos, el hombre parecía asustado. Miraba nerviosamente por encima de su hombro y varias veces se asomó a la ventana, pero el mago estaba hábilmente oculto entre las sombras y había usado el Apagador para oscurecer la desierta calle del pueblo al que tuvo que viajar para cumplir con la misión.
Le había tomado casi dos días rastrear al asustadizo muggle, pero finalmente lo consiguió, y en esos instantes, consideraba si entrar inmediatamente o esperar a que el sujeto se calmara.
Pero alguien se le adelantó.
Otro muggle llamó a la puerta y entró, encarando al asustado hombre. Severus se acercó al oír un ligero estallido seguido de un gemido ahogado, y alcanzó a ver cómo éste se desplomaba sin vida y su agresor enfundaba una pistola con silenciador.
Minutos después, el profesor de Pociones salía de la miserable vivienda, dejando tras de sí dos cadáveres. El asesino había tratado de atacarlo y no le dejó más alternativa que un “Avada Kedavra”. Su registro del lugar no pudo brindarle mayor información y estaba consciente de su fracaso. Varias circunstancias no previsibles habían impedido que lograra su propósito. Desde que el hombre huyó, supo que algo andaba mal, su informante temía por algo. Y ahora sabía que temía por su vida. Pero Voldemort sólo pedía resultados, jamás escuchaba excusas.
Consciente de ello, Severus volvió rápidamente a Londres y al refugio que sólo unos pocos conocían.
Voldemort lo esperaba.
- “Severus”
- “Señor, no logré completar la misión”, dijo Severus con voz neutra.
- “¿Qué pasó?”, demandó saber su señor.
- “El hombre huyó, escapaba de otro muggle. Logré encontrarlo en Escocia, pero alguien se me adelantó. Está muerto”, explicó Severus. Sabía que era inútil justificarse y mucho menos pedir misericordia.
Voldemort se puso de pie, rodeándolo mientras hablaba.
- “Mi buen Severus, ¿Acaso los años han hecho que pierdas tu natural habilidad? Siempre fuiste el mejor para obtener información y ahora ¿No me trajiste nada?”
Severus permaneció de pie, con inescrutable expresión.
- “Severus, sabes de sobra que en esta guerra sólo puede haber un ganador, y seré yo. Y todos los que me sirven serán recompensados. Pero no acepto errores. No cuando tantas cosas están en juego. Hemos perdido el nexo entre el dueño del arma que necesito y tendremos que empezar de nuevo”
El Oscuro Señor se detuvo para observar el efecto que habían producido sus palabras. Severus continuaba silencioso, esperando el castigo que sabía le sería inflingido.
Pero Voldemort, contra todos sus pronósticos, acarició largamente su mejilla con sus dedos de reptil, observándolo con esos ojos rojos cuyos iris parecían girar. Sus resbalosos dedos bajaron un poco hasta su cuello, apartando el cabello de allí y echándoselo hacia atrás.
- “Recuerdo los momentos que Lucius y tú solían brindarme”, siseó Voldemort alzando su varita para acariciar con ella los cabellos del profesor de Pociones. “La pasión insatisfecha no es saludable, pero temo que mi pasión también es hacerme obedecer. Y que me obedezcan”
Una sinuosa mano acarició la nuca de Severus provocándole escalofríos. Era tan viscosa y fría que parecía la muerte. Una muerte acariciadora y letal. Pero el profesor no se movió.
- “Me has desobedecido, Severus”, dijo Voldemort con voz acariciadora. Una voz que hizo que Severus recordara inmediatamente a un encantador de serpientes.
- “Me has desobedecido”, continuó, introduciendo la mano por el cuello de la túnica y palpando el inicio de la espalda del mago, masajeándola suavemente con sus dedos inhumanos.
Severus no se movió.
- “¡CRUCIO!”
El impulso fue tan fuerte e inesperado, que Severus cayó al suelo, con un ahogado gemido de dolor.
El tormento se prolongó hasta que el refugio se llenó de gemidos y luego de aullidos de dolor. A Voldemort le gustaba escuchar los gritos, le gustaba infligir ese tipo de tormentos que hacían que magos tan poderosos como Severus Snape se retorcieran de dolor y sólo atinaran a gritar mientras sentían que su carne se retorcía, que sus huesos se trituraban. Eran sólo gritos, gritos porque ningún pensamiento coherente podía formularse en sus mentes torturadas con la maldición cruciatus.
Y esos gritos le daban poder.
- “Nunca más, Severus. Nunca más me falles”, fueron las últimas palabras que pronunció Voldemort antes de abandonar la estancia, dejando a un inconsciente Severus, tirado como cualquier cosa en el medio de la habitación.
Capítulo 3: Let it go
“Too many doubts / demasiadas
dudas
too much fear / demasiado miedo
too much danger / demasiado peligro
when society constructs / cuando la sociedad construye
our human nature /o la naturaleza humana
live by the rules / vive las por reglas
live by the laws / vive por leyes
live by commandments / vive por órdenes
notions preconceived / nociones preconcebidas
can lead to utter madness / nos pueden llevar a la locura”
Let it go - Luba
- “Bienvenidos a Hogwarts, amigos míos”, exclamó Dumbledore extendiendo las manos para saludarlos. Los dos elfos se extrañaron pues comprendían perfectamente su lengua.
- “Mae Govannen”, dijo Haldir inclinándose para saludar al director. Luego continuó en la misma lengua con la que Dumbledore se había dirigido a ellos, “soy Haldir de Lórien, Capitán de Guardias del Bosque Dorado y él es Finwe del Bosque Mágico, Segundo Capitán de Guardias del Bosque Dorado. Estamos aquí a pedido de nuestros señores, la Dama Galadriel y Lord Celeborn”.
Finwe se inclinó a su vez. El anciano director le recordaba a Gandalf, pero él y la mujer que lo acompañaba usaban unos extraños cristales en los ojos. Se preguntó para qué servirían.
- “Me alegro de tenerlos aquí”, continuó Dumbledore, “ella es la profesora Minerva Mc Gonagall, subdirectora de Hogwarts”
La profesora se les extendió la mano y se sorprendió mucho cuando Haldir se la besó. Finwe hizo lo propio. Ella sonrió complacida.
- “Haldir, Finwe, me he tomado la libertad de diseñar el programa de estudios para Medicina Elfica. Mañana, cuando hayan descansado, me gustaría revisarlo con ustedes, así como el aula y los materiales que necesitarán”, les informó.
- “Será un placer, profesora Mc Gonagall”, respondió Haldir.
- “Oh, pueden llamarme Minerva”, respondió ella, guiándolos hacia el interior del castillo.
- “Hablaremos en mi despacho”, informó Dumbledore, dando a entender con la mirada que prefería tratar ciertos asuntos en privado, de modo que la profesora Mc Gonagall y los elfos lo siguieron.
Avanzaron por el castillo, mientras la profesora explicaba la ubicación de ciertos lugares.
– “Por aquí está la biblioteca, éste es el Gran Comedor, estas son las escaleras que llevan a las habitaciones de los alumnos, por aquí se va al campo de Quidditch…”
Finwe miraba maravillado todo. A diferencia de Haldir que caminaba imperturbable, el joven elfo lanzaba exclamaciones de asombro a los retratos que se los saludaban, a las escaleras que se movían y casi dispara una flecha cuando vio al fantasma de Sir Nicholas Casi Decapitado, saludarlos alegremente.
- “Buenas noches, Sir Nicholas”, dijo la profesora Mc Gonagall, mirando ceñuda a Finwe. “Sir Nicholas es el fantasma de la casa de Gryffindor que yo dirijo, y es completamente inofensivo. Además, está muerto, de modo que no veo la necesidad de usar flechas”, explicó.
- “Lo siento”, murmuró Finwe avergonzado.
- “No tenemos fantasmas como estos en la Tierra Media”, sonrió Haldir, haciendo que la profesora Mc Gonagall sonriera también, “sé de ellos por los relatos de mis señores, pero jamás había visto a uno. Minerva, Finwe no lo hizo a propósito. Sucede que tuvimos un par de encuentros desagradables en el bosque”, explicó el elfo.
Se encontraban ya junto a una gárgola de piedra. Dumbledore dijo – “Sorbete de limón” y la gárgola giró, descubriendo un espacio en el cual se pararon todos. Luego, volvió a girar en espiral elevándolos. Finwe se cogió del brazo de Haldir, eso lo había sorprendido, pero no deseaba mostrarlo. Mc Gonagall lo había hecho sentirse avergonzado.
Entraron al elegante despacho de Dumbledore, donde ya se encontraba Fawkes en su lugar habitual. Los retratos de los anteriores directores y directoras de Hogwarts los saludaron alegremente. Tomaron asiento frente al escritorio del director
Haldir se quitó la cadena donde llevaba el anillo y se la tendió a Dumbledore.
- “La Dama Galadriel te envía este anillo, el cual debemos custoriar según su deseo, para asegurarnos que escoja a su portador y que éste haga buen uso de su poder”, explicó.
Dumbledore tomó el anillo, que brilló por un momento en sus manos, para luego permanecer opaco de nuevo. Suspiró. No había contado con ser él mismo el portador, pero ese anillo le recordaba a la Tierra Media y a Galadriel. Lo guardó en uno de los cajones de su escritorio y se dirigió a los elfos.
- “Siento mucho lo accidentado de su llegada”, se disculpó Dumbledore. “El enemigo interceptó de algún modo su viaje, y de no ser por Fawkes, quizás hubieran caído directamente en sus manos. Fue una suerte que lograra que aparecieran en Hogwarts, aunque el Bosque Prohibido es un lugar peligroso y me alegra mucho que no sufrieran ningún percance”
Finwe sonrió al ave fénix mientras Haldir relataba cómo habían logrado salir del bosque. La profesora Mc Gonagall lanzó una exclamación de asombro.
- “¿Un unicornio dices? ¡Es extraordinario!”, dijo, y al ver la expresión de extrañeza en el rostro de Haldir, explicó, “Los unicornios no permiten jamás que un varón los toque, y mucho menos que monte sobre ellos”
- “Somos elfos”, protestó Finwe.
- “Lo sé, y debe ser por eso que el unicornio permitió que lo montasen”, continuó Mc Gonagall, “se dice que los elfos son también seres mágicos como ellos”
Finwe sonrió, pero no dejó de puntualizar
– “Somos guerreros”.
Haldir cortó por lo sano aquéllo y continuó relatando su encuentro con el lobo y el perro y la llegada de Fawkes. Dumbledore arqueó las cejas con asombro y miró a Mc Gonagall, que parecía molesta.
- “¿Cómo se atrevió a salir? ¿Y cómo pudo entrar aquí?”, murmuró la profesora.
Los dos elfos se miraron confundidos.
- “Está bien, Minerva. Ya habrá tiempo de aclarar ciertas cosas”, intervino Dumbledore. “Nuestros amigos deben estar cansados y deben descansar, pues mañana empezaremos a revisar las clases y en la noche tendremos una reunión con los miembros de la Orden del Fénix”
- “¿Desean cenar algo?”, preguntó la profesora, pero los elfos declinaron la oferta amablemente, “entonces, los acompañaré a sus habitaciones”, dijo, dando por terminada la entrevista.
Los elfos se despidieron de Dumbledore y siguieron a la profesora Mc Gonagall por los corredores del castillo, hasta llegar al pabellón asignado a los profesores. Allí, ella les mostró una habitación amplia, decorada en diversos tonos de verde y con enormes ventanales. Había en ella algunas plantas decorativas, y una enorme cama con dosel, con cortinas verde esmeralda y las sábanas, almohadas y cubrecamas del mismo color.
Junto a la cama, en la mesa de noche, había un vaso con agua y una fuente con frutas frescas y al pie de la ventana, un baúl de mago.
La profesora abrió el armario, en el cual colgaban varias túnicas de mago de diversos colores.
– “No sabía qué color preferirían, de modo que puse varias para que pudieran elegir”, explicó. “Pueden dejar aquí también sus arcos, flechas y espadas. No hay necesidad de ir armado, esto es un colegio”
Tambien les mostró el cuarto de baño, de mármol verde y con un hermoso cuadro que mostraba un bosque. Finwe sonrió complacido, después de todo, Hogwarts no era como Lothlórien, pero tampoco estaba tan mal.
- “La otra habitación es exactamente igual a esta, de modo que uno de ustedes puede seguirme y se la mostraré”, dijo la profesora Mc Gonagall, mirando a Finwe.
- “Me quedaré aquí”, declaró el elfo pelirrojo.
- “Bien. Haldir, ¿tendrías la amabilidad de seguirme para mostrarte tu habitación?”, dijo la profesora.
Pero antes de que Haldir pudiera hablar, Finwe intervino nuevamente.
- “Se quedará. Nos quedaremos juntos”, explicó.
La profesora arqueó las cejas y puso cara de no comprender.
- “¿Perdón?”
- “Siempre dormimos juntos. Díselo Haldir”, pidió Finwe mirando el rostro de su compañero que se había puesto serio de pronto.
- “Minerva, discúlpanos. Nosotros acostumbramos a compartir la habitación y esto nos hará sentir más cerca de casa”, trató de explicar Haldir.
- “Bien”, respondió la profesora con asombro. “Si tal es su deseo, no tengo ningún problema. Los dejaré entonces para que descansen. Mañana a las 8:00 desayunaremos en el Gran Salón y luego les mostraré su aula y revisaremos el plan de estudios. Los otros profesores no llegarán hasta pasado mañana, de modo que tendrán tiempo para recorrer el castillo. Buenas noches”, y se retiró.
Haldir se volvió hacia Finwe, muy molesto.
- “¿Tenías que decir todo eso?”, exclamó “¿No nos dijo Mithrandir que tuviéramos cuidado en mostrar nuestra relación a otros?”
- “Lo siento Haldir. No tengo ningún motivo para avergonzarme y ocultarlo”, respondió Finwe.
Haldir lo seguía mirando desaprobadoramente, mientras Finwe, imperturbable, dejaba su arco y flechas sobre la mesa, quitándose a continuación la capa y túnica. Su antebrazo sangraba un poco a causa de la mordida del perro que lo atacó.
- “Creo que voy a tomar un baño y a curar mi brazo”, agregó sin quitar los ojos de Haldir que lo miraba sin decir nada. “¿Me acompañas?”, preguntó sonriendo y soltó el lazo que ataba sus cabellos, que cayeron como una cascada roja sobre su espalda y sin más, entró al cuarto de baño y cerró la puerta.
Haldir se quedó de pie un momento, pensando. Luego sonrió. ¿Cómo podía resistir esos ojos verdes? Se despojó de sus armas y siguió a Finwe.
El elfo pelirrojo estaba sentado en el borde de la tina, esperando que se llene, mientras abría curioso todos los recipientes que había junto a ella. En esos momentos tenía en la mano una botella que decía “Baño de burbujas”.
- “¿Te ayudo?”, preguntó Haldir acercándose a él para tomar su brazo y examinarlo.
La herida era poco profunda y la capacidad de curación natural del elfo estaba haciendo ya su trabajo.
Finwe lo miró haciendo un mohín.
- “Me duele”
Haldir sonrió. Sabía lo que su pequeño elfo quería. Pero no iba a ceder fácilmente.
- “Métete al agua mientras traigo algunas hierbas”, dijo fingiendo severidad.
Finwe obedeció, quitándose la ropa. La tina estaba casi llena y vertió el contenido del frasco en ella. Grande fue su sorpresa cuando empezaron a formarse burbujas por todas partes, de colores brillantes y con un olor delicioso. Riendo divertido se metió en la tina y se hundió entre las burbujas.
- “Melda, muéstrame de nuevo tu bra--¿Qué es eso?”, Haldir lo miraba atónito desde la puerta.
- “No lo sé---¡Pero me gusta!”, la cabeza de Finwe asomó entre las burbujas. “¿No ibas a curarme?”, dijo antes de hundirse de nuevo.
Haldir dejó las hierbas sobre
el lavatorio mientras miraba cómo las burbujas flotaban por todos lados.
Ya parte de ellas rebalsaba de la tina conforme iban apareciendo más.
Tocó algunas y se reventaron. Sonriendo empezó a desnudarse
a su vez, dispuesto a darle a Finwe una lección.
Entró en la tina, donde cabían perfectamente dos personas, y Finwe lo miraba contrito. Su brazo estaba en alto esperando a que lo atendieran. Haldir lo tomó con cuidado y limpió la herida.
- “No se ve demasiado grave“
- “¡Me duele mucho!”
- “¿En serio? Entonces será mejor que descanses y no hagamos lo que yo tenía en mente”, dijo tranquilamente Haldir mientras inspeccionaba los frascos hasta que encontró algo apropiado para lo que pensaba hacer.
Aceite de almendras.
Luego comenzó a lavarse el cabello mientras ignoraba olímpicamente al elfo de ojos verdes que lo miraba de reojo.
- “Melda“
- “¿Uh?”
- “¿Me ayudas a lavarme el cabello? Con el brazo lastimado no puedo”, Finwe hacía pucheros que le causaron mucha gracia a Haldir. Pero había decidido mantenerse firme.
Con cuidado, echó shampoo en el cabello de Finwe, lavándoselo con eficiencia, pero sin acariciarlo como solía hacer. Cuando terminó, le dijo que se enjuagara y continuó lavándose el suyo, completamente indiferente al otro elfo.
- “Lo siento”, dijo suavemente Finwe, “pero no soporto tener que ocultarnos de los demás como si fuera una vergüenza que estemos juntos. Y no estoy dispuesto a hacerlo”
Haldir miró los ojos verdes de su amado y vio determinación. Iba a protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, unos labios se posaron sobre los suyos y un cuerpo se enredó en él.
- “Te amo”, sonrió Finwe profundizando el beso.
Y el otro elfo olvidó todo, olvidó su enojo, olvidó sus deseos de castigar a Finwe por su imprudencia. ¿Cómo podía castigar a quien lo amaba? ¿Cómo, si él mismo le daba la razón? Se abandonó en el momento, devorando ávido los labios que se le ofrecían y el cuerpo que palpitaba debajo de él.
“Let it go / déjalo ir
Let it go / déjalo ir
Let it free your body / libera tu cuerpo
Let it move your soul / mueve tu alma”
Ágilmente colocó a Finwe encima suyo acariciando su espalda, mientras besaba su cuello y ambos se hundían en las burbujas. La respiración del elfo pelirrojo era agitada y su cuerpo mostraba la excitación que sentía. Con una pícara sonrisa, Finwe se liberó de los fuertes brazos de Haldir y se hundió en el agua para tomar el miembro de su amado en su boca y atenderlo con pasión. Su amante se arqueó muy a pesar suyo y sus labios se abrieron para gemir deliciosamente.
Haldir atrajo junto a él a su elfo pelirrojo y lo besó, mirándolo a los ojos.
- “Te amo”, dijo mientras lo atraía más, rozando su miembro con el suyo, “Nunca digas que me avergüenzo de ti, pequeño elfo. Te amo”.
Finwe había cerrado los ojos y suspiraba mientras Haldir lo masturbaba deliciosamente. Pero el elfo mayor tenía otra cosa en mente y cuando su amante estaba a punto de terminar, se lo impidió, oprimiéndolo fuertemente. Finwe lanzó un gritito de pérdida y de dolor.
- “¡Haldir! ¿Qué haces?”
- “Paciencia”, dijo Haldir con una mirada pícara. Suavemente, indicó a Finwe arrodillarse sobre la tina, y cuando éste lo hizo, lo inclinó con firmeza, haciéndole apoyar las manos en el fondo, dejándolo completamente expuesto.
“We are made /(las reglas) las hemos hecho
we are not born/ no hemos nacido así
Learn to convert / aprendimos a convertir
learn to assert / aprendimos a evaluar
learn to abandon / aprendimos a abandonar
ideologies and / ideologías y
disciplines at random / disciplinas aleatoriamente”
Haldir tomó el aceite de almendras y comenzó a untarlo, preparando
el camino que pronto invadiría. El joven elfo agitaba las caderas gimiendo
y suplicando, pero Haldir fue deliberadamente lento, buscando la máxima
dilatación con tres dedos sobre los cuales Finwe se empalaba con desesperación.
Cuando sintió que ya no podría más, Haldir lo penetró,
y fue como deslizarse en aceite exquisito.
Ambos se movieron desesperadamente en el paroxismo de su entrega y Haldir comenzó a masturbar a su joven amante siguiendo el mismo ritmo de sus acometidas hasta que Finwe se liberó gritando su nombre. El otro elfo no tardó en seguirlo, hundiéndose con fuerza en el delicioso cuerpo de su amante y derramándose en él.
Finwe se le abrazó y hundió su cabeza en el hombro de Haldir.
- “¿Me perdonaste?”, preguntó inocentemente, quedándose quietecito hasta que Haldir lo tomó de la barbilla y lo besó con ternura.
- “Siempre”
Abrazados, vieron desaparecer poco a poco las burbujas. Ninguno habló en un largo rato, hasta que Haldir se incorporó.
- “Vamos, pequeño elfo. El agua ya está fria”, y tomándolo de la mano, lo sacó de allí.
Momentos después, ambos yacían en la cama, arropados entre las mantas, porque, a pesar de ser elfos, el invierno inglés entre las paredes de piedra los afectaba también.
- “Me gusta este lugar”, murmuró Finwe antes de quedarse dormido.
*
“Lay down the rules / deja las
reglas
lay down the laws / deja las leyes
lay down commandments / deja las órdenes
lift the sanctions / deja las sanciones
that restrict this woman's madness / que restingen esta locura”
Amanecía en el Bosque Prohibido.
Un enorme lobo gris se retorcía en la hierba mientras, con los primeros rayos de luz, cambiaba. Su cuerpo entero pareció contraerse y el pelo que lo cubría fue absorvido de nuevo por la piel, sus extremidades se estilizaron y su rostro se hizo más pequeño, transformando el hocico en una boca. El proceso duró unos minutos y un hombre desnudo tomó su lugar.
Inmediatamente, otro hombre se acercó a él, cubriéndolo con una túnica de mago y alzó su cabeza tiernamente, recordando los cientos de veces que esa escena se había repetido durante su adolescencia, cuando romper las reglas era algo cotidiano y lo hacían alegre y despreocupadamente.
Romper las reglas, eso era lo que acababan de hacer, porque su amigo había dejado de beber la poción que tranquilizaba al lobo, para retozar junto a él una vez más en el bosque.
- “¿Moony?”, preguntó ansioso.
Remus Lupin abrió los ojos. Su cuerpo le dolía terriblemente, como solía sucederle la última luna llena del mes, luego de la última transformación. Sus ojos dorados se encontraron con los ojos azules de su compañero y sonrió. Esa sonrisa iluminó su cansado rostro, haciéndolo ver más joven.
- “Padfoot, ¿qué pasó?”
- “Lo usual, atacaste a varios muggles, nos persiguieron los centauros, comiste un par de zorros, nada fuera de lo común”, respondió Sirius Black sonriendo.
- “¡Padfoot!”
- “No pasó nada…sólo que, atacaste a dos extraños y uno de ellos casi te dispara una flecha, pero yo lo mordí. Luego, el otro te volvió a apuntar, pero llegó Fawkes. Me pregunto quiénes serían---”
- “¿Flechas? ¿Aquí, en Hogwarts?”, exclamó Remus.
- “Sí. Flechas. Pero luego averiguaremos quienes eran. Debemos apresurarnos”, respondió Sirius y con un silbido llamó a Buckbeak, el hipogrifo.
Con mucho cuidado ayudó a Remus a ponerse de pie y subieron sobre el animal que emprendió el vuelo velozmente hacia Londres. Sirius sostenía a Remus por la cintura, y éste había apoyado la cabeza sobre el pecho de su amigo, cerrando los ojos. Siempre se sentía débil después de las trasformaciones. Y ahora tenía de nuevo a Sirius para confortarlo, como cuando eran jóvenes. Se sentía seguro entre sus brazos, se sentía amado.
Una vez de regreso en la Mansión Black, Sirius lo depositó en su cama y le frotó el cuerpo con una poción preparada por Severus Snape. El líquido fue penetrando en la piel, aliviando el dolor en los músculos y huesos, obligados a deformarse cada mes para tomar la apariencia de lobo, y contraerse nuevamente para devolverle su forma humana.
Las manos de Sirius recorrían su cuerpo con destreza. Lo había hecho miles de veces en el pasado, masajeando cuidadosamente muslos, brazos y espalda. Remus cerró los ojos, agotado, y Sirius lo cubrió con las mantas, dejándolo descansar. Luego, se dirigió a la cocina a preparar un poco de chocolate para cuando Remus despertase.
Estaba preparando el chocolate, cuando un ruido lo hizo voltear.
Albus Dumbledore estaba frente a él, con una expresión enfadada en el rostro.
- “¿Y bien?”, preguntó.
Capítulo 4: Confussion
“Well I just heard the news today
/ acabo de escuchar las noticias de hoy
It seems my life is going to change / parece que mi vida va a cambiar
I closed my eyes, begin to pray / cierro los ojos, comienzo a rezar
Then tears of joy stream down my face / entonces lágrimas de alegria
caen de mi rostro”
With arms wide open - Creed
Haldir despertó y besó en la frente al elfo dormido en sus brazos. Siempre le había gustado verlo despertar. Apartó un mechón de cabello rojo dejando al descubierto la oreja puntiaguda de su compañero y la besó traviesamente.
Finwe se movió en sueños, pegando su cuerpo al de Haldir jugetonamente. De pronto, sus ojos verdes se abrieron.
- “Buenos días pequeño elfo”, lo saludó Haldir, sonriendo, “tenemos mucho que hacer hoy”
- “Buenos días”, respondió Finwe y besó en los labios a su amado. “¿Seguro de que quieres levantarte?”
Haldir cubrió a Finwe con su cuerpo y le tomó las muñecas, poniéndolas a los costados de su amado. Luego lo besó con pasión, lo soltó despacio y lo miró con adoración. Finwe sabía muy bien cómo hacerse irresistible. Pero no, bastante habían hecho esa noche. Debían buscar a Minerva.
- “Se nos hace tarde”, explicó al ver la cara decepcionada de Finwe. Luego se levantó.
- “Está bien”, respondió Finwe con pesar, pero luego su rostro volvió a animarse, “quiero saber qué es lo que han planeado para que enseñemos”, dijo con alegría y se levantó a revolver el armario.
Haldir lo miró seriamente. No deseaba que se repitiese lo de la noche pasada con Minerva.
- “Pequeño elfo”, dijo con su voz más formal. Finwe lo miró interrogante. “desayunaremos con Minerva. Trata de no incomodarla con comentarios como el de ayer”
- “Bueno”, dijo despreocupadamente Finwe mientras sacaba una túnica de mago color verde esmeralda “Ella me cae bien”, agregó.
- “¿Sí?”, exclamó asombrado Haldir, “¿y puede saberse por qué dijiste eso anoche? Hiciste que se sonrojara”
- “Ah, eso”, contestó Finwe alcanzándole una túnica color azul marino. “sólo quería mostrarle quiénes éramos”, y como Haldir lo miraba sin entender, agregó con la mayor seriedad “te sonreía mucho. Sólo le enseñé quién es tu dueño”
Haldir tuvo que reprimir una carcajada. Si se hubiera reído, se habría metido en muchos problemas. Se acercó a Finwe tomándolo de nuevo entre sus brazos.
- “¿Y quién es mi dueño, si puede saberse?”, preguntó divertido.
- “Yo”, fue la respuesta de Finwe, y no pudo decir más porque Haldir reclamaba sus labios.
*
Mientras tanto, en el número 12 de la Calle Grimmauld, mansión de la familia Black, ocurría una escena completamente distinta.
Sirius Black se enfrentaba al Director de Hogwarts y líder de la Orden del Fénix, tratando de explicarle su excursión nocturna.
- “Lo siento Albus. Me estaba agobiando este encierro y pensé…”, dudó un momento, “pensé que podría acompañar a Remus a beber su poción, pero se nos hizo tarde, de modo que tomamos a Buckbeak y fuimos al bosque. Sabes que convertidos en animales podemos entrar en Hogwarts”, explicó Sirius.
Cuando hablaba con Dumbledore, a pesar de tener ya treinta y siete años, sentía que volvía a ser un alumno de Hogwarts que había sido pillado en falta, como efectivamente había ocurrido, porque tenía prohibido salir de la Mansión Black.
- “¿Y Remus?”
- “Está dormido. La transformación lo debilitó bastante esta vez”
Dumbledore lo miró a los ojos, muy serio.
- “Sirius, ¿te das cuenta de lo que acabas de hacer? Pusiste en peligro a Remus, a ti mismo e incluso a Harry. Eres su padrino, ¿recuerdas? Alguien a quien él quiere y admira. Un ejemplo a seguir. ¿Quieres darle ese ejemplo?”
Sirius miraba al piso. Sabía que Dumbledore tenía razón.
- “Lo siento…sólo quería…”
- “Sé lo que querías. Pero ese estudiante irresponsable que fuiste desapareció hace mucho tiempo. Y mira a Remus, él ha pasado tiempos muy difíciles luego de la muerte de sus padres. ¿Te has preguntado por qué lleva las ropas remendadas? ¿Por qué ha envejecido tanto? ¿Por qué nunca se casó?”
Sirius calló. Se lo había preguntado muchas veces, pero no se atrevió a consultarle a Remus. Las cosas habían cambiado mucho entre ellos dos.
- “Sirius, los tiempos han cambiado. Las cosas han cambiado”, continuó Dumbledore haciendo eco de sus propios pensamientos. Luego su voz se suavizó, “vine a avisarte que tendremos una reunión de la Orden hoy por la noche. Vendrán los Weasley, Harry y dos personas que deseo que conozcas. Nos veremos entonces”, finalizó Dumbledore y desapareció.
Sirius continuó pensativo. Silenciosamente terminó de preparar
el chocolate y subió de nuevo a su cuarto. Remus aún seguía
durmiendo, de modo que puso la taza en la mesa de noche y se sentó
sobre la cama, mirando a su amigo y antiguo amor.
Pensó de nuevo en las palabras de Dumbledore. Ciertamente Remus había envejecido prematuramente. Su hermoso rostro tenía arrugas en la frente, y su cabello castaño había encanecido también, pero su sonrisa seguía siendo la cosa más dulce que Sirius podía recordar. También estaba muy delgado, y esa mañana, cuando lo vio desnudo, había notado que sus costillas de dibujaban perfectamente bajo su piel.
Alzó la mano para acariciar la pálida mejilla, como había hecho cientos de veces cuando eran jóvenes, recordando con ternura las veces que había mimado a Remus luego de sus transformaciones, cuando cada noche era una aventura para ellos.
Sus dedos se enredaron en los cabellos castaños de su antiguo amor y su rostro se acercó al suyo para robarle un beso. Pero de pronto se detuvo.
Harry.
Debía pensar primero en Harry.
Eso era lo que James hubiese querido. Retiró la mano, pero no se movió del lado de Remus, hasta que observó esos ojos dorados abrirse y su sonrisa iluminó la habitación.
- “Hola”, dijo Remus con voz cansada. “¿He dormido mucho?”
- “Como diez horas, creo. Abajo nos esperan para cenar”, respondió Sirius muy seriamente.
- “¿Qué? ¿Es de noche?”, preguntó Remus sentándose de golpe, pero luego miró por la ventana y volteó enfadado a ver a Sirius, “¡Mentiroso!” y le arrojó una almohada en la cabeza.
Sirius rió alegremente, tomó la almohada y se puso de pie, dispuesto a arrojarla de nuevo. Pero de pronto se puso serio. Había recordado las palabras de Dumbledore.
- “Moony, te traje chocolate”, dijo sentándose de nuevo sobre la cama.
Remus sonrió y cogió la taza, cruzando las piernas sobre la cama mientras bebía y sin dejar de mirar a Sirius. A pesar de los sufrimientos por los que había pasado y de la tristeza en su mirada, Sirius seguía siendo atractivo y ahora, con su cabello negro y largo cayendo despreocupadamente sobre sus hombros, se veía más atractivo que nunca.
- “Dumbledore estuvo aquí”, explicó Sirius.
- “¿Aquí?”, preguntó Remus dejanto la taza a medio beber sobre la mesa de noche.
- “Así es. Vino a hablar de nuestra excursión de anoche”
- “¿Y? ¿Qué le dijiste?”
- “¿Qué iba a decirle? Dije que fue mi idea, que me aburría en casa, que se nos hizo tarde”, explicó Sirius.
- “¿Te echaste la culpa? Fue mi idea. Deseaba…” y la voz de Remus se hizo un susurro, “deseaba volver a correr por Hogwarts en compañía de Padfoot, sentirme libre, sentirme joven. Deseaba que todo fuera como antes”
- “El pasado no volverá”, dijo tristemente Sirius.
- “Ahora lo sé. Es que he estado solo, y esa estúpida poción de Severus hace que me quede quieto, sin deseos de salir, sin poder liberarme. Lo siento, Sirius”, dijo Remus sin mirarlo a los ojos.
Había tal tristeza en su voz que Sirius deseó tomarlo entre sus brazos y no soltarlo jamás. Pero un pensamiento lo asaltó nuevamente y sin querer las palabras se escaparon de su boca.
- “Ahora tengo a Harry”
Remus lo miró y esos ojos dorados le traspasaron el alma.
- “Lo sé”, dijo, “es un gran muchacho. Debo irme ahora”, y se puso de pie. Empezó a vestirse de prisa.
- “La orden se reunirá esta noche. Por favor acompáñanos a cenar luego”, pidió Sirius.
- “Aquí estaré”, dijo Remus y tomó su varita, dirigiéndose a la puerta.
Bajaron silenciosamente las escaleras. En el salón, encontraron a Kreacher, el elfo doméstido de los Black, que los miró con expresión enigmática. Remus tomó un puñado de polvos Floo y se dirigió a la chimenea.
- “Moony”
- “El pasado no volverá”, dijo Remus tristemente y arrojó un puñado de polvos a la chimenea “a Lupin Lodge”, pidió antes de desaparecer.
*
La profesora Mc Gonagall esperaba en el Gran Salón, los elfos tenían cierto retraso. Se disponía a enviar a Filch por ellos cuando hicieron su entrada. No pudo reprimir un “Oh” asombrado, pues Haldir se le antojaba aún más atractivo vestido con una túnica de mago azul marino. El elfo sonrió saludándola. Finwe venía detrás, vestido con una túnica color verde esmeralda, igual al tono de sus ojos, y con el cabello atado en una cola.
- “Buenos días”, dijeron ambos y tomaron asiento.
Al instante sus platos vacíos se llenaron del tradicional desayuno de Hogwarts: tostadas, huevos revueltos y bacon, así como té y leche.
Finwe sonrió maravillado y la profesora no pudo evitar sonreír a su vez.
Durante el desayuno charlaron acerca de la historia del colegio. Finwe preguntaba por todo y su curiosidad era insaciable. Se enteró así de la historia de los fundadores de las casas de Hogwarts: Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw. Conoció a los fantasmas de cada casa y los saludó a todos, con excepción del Barón Sanguinario que no quiso acercarse a los elfos. Preguntó sobre cada criatura del Bosque Prohibido y obtuvo permiso para visitarlo en cuanto Hagrid, el guardabosques, volviera de viaje.
Luego del desayuno se dirigieron al aula que les habían preparado a los elfos. Ésta se encontraba junto al invernadero y era mucho más grande que las aulas normales. Tenía amplios ventanales por donde la luz de la mañana se colaba iluminando el interior, lleno de plantas decorativas. El pupitre del profesor tenía dos asientos y un muestrario de diversas hierbas curativas ocupaba la mitad de él. El pizarrón estaba escrito con lo que sería la primera lección: Elaboración de Lembas. Junto al pupitre había un pequeño talan (vivienda de los elfos de Lothlórien) en el cual había una sala decorada a la usanza élfica.
Haldir sonrió complacido. Habían pensado en todo lo que los haría sentirse en casa, y así se lo hizo saber a la profesora Mc Gonagall, que se sintió halagada, pues era ella quien había cuidado todos esos detalles.
Tomaron asiento junto con ella.
- “El curso estará dirigido a los estudiantes de quinto año y tendrá dos horas semanales durante las cuales se encargarán de enseñarles las propiedades de las hierbas medicinales y cómo son usadas por los elfos en el tratamiento de cualquier tipo de herida o maleficio. Las clases serán prácticas y al final de cada una de ellas, los estudiantes deberán preparar las pociones o alimentos tema de la clase. Empezaremos con la elaboración de Lembas, luego hablaremos de Athelas, Mallorn…” y la explicación de la profesora continuó por varios minutos.
- “¿Y las plantas? ¿Crecen aquí también?”, preguntó Finwe cuando la explicación hubo finalizado.
- “Sí, están en el Bosque Prohibido. Albus en persona sembró varios Mallorns allí, junto con otras plantas propias de la Tierra Media”
- “Eso es una muy grata sorpresa. Me gustaría verlos”, exclamó Haldir
- “Me alegro que les guste. Pronto podrán ir allí, en cuanto regrese Hagrid. Por otro lado, el texto que emplearán para el curso es ‘Plantas medicinales de la Tierra Media’, cuyo autor es el propio Albus”, continuó la profesora.
Luego de examinar el programa de estudios, lo que les ocupó toda la mañana, visitaron el despacho que se les habia asignado, amplio e iluminado, y lleno de libros de magia de hierbas medicinales. Finalmente, fueron a almorzar con la profesora y al finalizar el almuerzo, les dijo que tenían la tarde libre para recorrer el castillo y que debían estar en el Gran Salón a las ocho para ir a la reunión de la Orden del Fénix.
Antes de que se retirasen, la profesora Mc Gonagall hizo una última indicación.
- “La base de la educación de cada mago es saber usar sus poderes disciplinadamente. Por eso, el colegio enfatiza mucho la disciplina y quiero incidir en este aspecto, pues…ejém…su presencia podría distraer al elemento femenino de las clases. Les pido por esto que sean amables con las estudiantes, pero sin llegar a serlo excesivamente, y que observen las reglas de conducta de Hogwarts. El Código de Conducta de estudiantes y profesores se encuentra en el cajón superior derecho del escritorio de su despacho”
*
“Well I don't know if I'm ready
/ no sé si estoy listo
To be the man I have to be / para ser el hombre que debo ser
I'll take a breath, I'll take him by my side / tomaré aire, lo traeré
a mi lado
We stand in awe, we've created life / esperaremos, hemos creado vida”
Remus llegó a Lupin Lodge y miró deprimido el escaso mobiliario
que le quedaba. No la había pasado tan mal cuando sus padres vivían,
pero luego de que murieron tuvo que enfrentar él sólo todo.
Nadie quería emplear a una persona que se ausentaba una vez al mes
sin dar explicaciones, pero si las hubiera dado, igualmente nadie lo habría
contratado, pues incluso los magos temen a los licántropos.
Había ido vendiendo poco a poco las cosas que le dejaron sus padres, y de no haber sido por Dumbledore la habría pasado aún peor. El director de Hogwarts le había ofrecido el primer empleo remunerado de su vida, con la misión adicional de vigilar a Harry Potter, el hijo de James, y de impedir que Sirius Black le hiciera daño.
Sirius.
¿Por qué siempre todo terminaba en él? Los años luego de que arrestaran a Sirius habían sido terribles para Remus. No sólo su amante había sido acusado de un crimen, sino que habia asesinado a sus mejores amigos: James y Lily Potter y Peter Pettigrew. Remus se había quedado sólo con una enorme pena consumiéndole el alma.
Sólo se alegró al conocer a Harry. El muchacho se parecía a James en muchos aspectos, era noble, bondadoso y amigo de travesuras y problemas. Se juró a sí mismo que lo protegería de Sirius.
Entonces, y de modo enteramente casual, descubrió la verdad. Sirius era inocente. Peter estaba vivo y él fue el causante de todo. Su corazón se llenó de esperanza al abrazar a Sirius por primera vez en doce largos años.
Pero la realidad lo golpeó nuevamente. Sirius no había vuelto por él. Ni siquiera había confiado en él, ni lo había buscado para pedirle ayuda. Volvió para vengar a James, para cuidar de Harry. Y luego, por su culpa, por haberse transformado en licántropo cuando iban a entregar a Peter, todo se había vuelto a enredar pues Pettigrew había escapado y no habia modo de probar la inocencia de Sirius.
Sirius vivía como fugitivo. Había pasado un año en las montañas con Buckbeak como única compañía, y se había vuelto huraño y taciturno. Luego de la aventura de Harry con el Cáliz de Fuego, en el Torneo de los Tres Magos, se había ocultado por algunos meses en casa de Remus, antes de que se le ocurriera ofrecer la vieja Mansión Black, en la Calle Grimmauld, como Cuartel General de la Orden del Fénix.
Remus suspiró. En los meses que pasaron juntos, Sirius al principio no hablaba mucho, prefería encerrarse en el ático con Buckbeak y escribir a Harry. Luego, poco a poco volvió a acercarse a Remus, pero lo hacía para hablar sobre James. Sólo las cartas de Harry lo alegraban y le devolvían su antigua forma de ser, bromista y juguetona.
Remus le dio tiempo, sabía que la estancia en Azkaban había dañado a su compañero mucho más de lo que él estaba dispuesto a admitir. A menudo se sentaban junto al fuego, en silencio pero acompañándose el uno al otro. Dos personas que habían sufrido tanto en la vida encontraban esos silencios reconfortantes.
La paciencia de Remus fue recompensada. Sirius volvía poco a poco a ser como antes. Se estaba volviendo bromista de nuevo, había empezado a leer libros de magia y charlaba mucho con Remus. Y ya podía hablar de Lily y James sin que las lágrimas le nublaran los ojos.
Habían vuelto a ser amigos.
Remus se sintió feliz como no se había sentido en años. Había recuperado a su amigo. Sólo le faltaba recuperar a su amor.
No habían tenido contacto físico hasta la noche en que Remus le propuso salir como en los viejos tiempos. No había vuelto a transformarse en su presencia, pues la poción matalobos que le daba Snape hacía que Moony se quedara quieto en su habitación, sin desear salir. Sin embargo, esa noche, Remus deseó volver a hacer las travesuras de antes y decidió no beber la poción.
Y el resultado no había podido ser más desastroso.
El pasado no volvería.
Al menos tenía a su amigo. Pero había perdido a su amante.
El aletear de una lechuza lo distrajo de sus tristes pensamientos. Era un mensaje de Dumbledore. Debía ir con los miembros de la Orden a buscar a Harry.
Se apresuró a alistarse.
*
Sirius se había recostado con nostalgia en la cama, en el lugar que dejó Remus, que aún tenía su calor. Recordaba lo felices que habían sido, las veces que había despertado con Remus entre sus brazos, la alegría de Lily y James cuando les anunciaron que vivirían juntos.
¿Qué había hecho mal?
Permaneció allí un largo rato hasta que las voces de los Weasley lo hicieron salir apresuradamente. Molly y Arthur acababan de llegar con los gemelos, Ron, Ginny y Hermione, y Molly estaba dando órdenes a todos para comenzar a limpiar las habitaciones de la vieja mansión, abandonada hacía años.
La perspectiva de tener la casa llena de gente de nuevo alegraba muchísimo a Sirius. Sobre todo, la noticia de que Harry llegaría pronto y se quedaría un día, hasta que comenzaran las clases.
Ayudó a los Weasley en lo que pudo, con Kreacher refunfuñando por los rincones en vez de brindarles su apoyo en la difícil tarea. Entrada la tarde, estaban listas las habitaciones donde dormirían los Weasley y el salón principal se encontraba limpio para la próxima reunión.
A las ocho en punto apareció Dumbledore con la profesora Mc Gonagall y los dos extraños a quienes Moony atacó en el bosque. Sirius los miró intrigadísimo.
- “Sirius, ellos son Haldir de Lórien y Finwe del Bosque Mágico. Han venido de la Tierra Media a ayudarnos”, explicó Dumbledore a manera de presentación y luego todos tomaron asiento frente a la mesa de reuniones.
Los Weasley se les unieron en un momento, y al cabo de un rato, sintieron el timbre que indicaba que Harry había llegado, acompañado de su escolta de seguridad. Sirius deseó