Capítulo 31. Centre of eternity

“There's no present, there's no future / No hay presente, no hay futuro
I don't even know about the past / Y ni siquiera sé sobre el pasado
It's all timeless and neverending / Todo es sin tiempo y sin final
And for me to think it's all too vast / Y pensar para mí es demasiado vasto”

Centre of eternity – Ozzy Osbourne


Severus se paseaba por el salón de duelo aparentando indiferencia, pero sus ojos negros observaban cuidadosamente cada uno de los movimientos de los que competirían en el campeonato de esa noche. Draco se tendría que enfrentar a los campeones de los cursos superiores; Michael Hammer de Ravenclaw, campeón de sexto año y Alistair Blunt, de Gryffindor, campeón de sétimo año.

Hammer no supondría ningún problema, pero Blunt era otra cosa. Medía casi 1.85, era musculoso y fuerte y manejaba la espada con total destreza, era obvio que había estado practicando mucho durante las vacaciones. Draco tenía a su favor su rapidez al lanzar y bloquear hechizos, pero era más bajo y mucho menos fornido que Blunt, y, aunque Finwe le había enseñado a aprovechar esa aparente debilidad con mucho éxito, Severus no estaba seguro. Después de todo, cuando Voldemort amenazaba con algo, uno nunca podía sentirse decepcionado.

Por eso, cuando finalizó la clase de Pociones de esa tarde y Blunt comenzó a sentirse mal, el profesor respiró aliviado. Siempre era oportuno tener a la mano polvos de magnesia, y se disolvían tan rápidamente que eran ideales para agregar a las pociones vigorizantes sin que el incauto bebedor de la misma lo notase.

El suplente, Ewan Lane, no era rival para Draco.

*

“It goes forever and ever / avanza siempre y por siempre
You thought you knew but you never / piensas que lo sabías pero no fue asi
There goes tomorrow / llega el mañana
Journey to the centre of eternity / viaje al centro de la eternidad
Journey to the centre of eternity/ viaje al centro de la eternidad”


El aula de DCAO estaba en completo silencio mientras Remus aplicaba un Quiz. Quería estar seguro de que sus estudiantes no hubieran olvidado durante las vacaciones lo que les había enseñado con tanto esfuerzo. También estaba preocupado por Kingsley y sus extrañas palabras de la víspera; además, su pareja no había llegado a dormir, cosa rara en él pues al día siguiente estaba de franco en el Ministerio.

Suspiró, pasándose la mano por el cabello y su encanecido mechón le cayó sobre la frente. Distraído como estaba en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien miraba atentamente sus movimientos, especialmente el último. El profesor levantó la vista luego de un rato y se encontró con un par de ojos observándolo intensamente.

Draco.

El chico debía estar nervioso, esa noche era el duelo y lo que le había pasado a Blunt era señal de lo nervioso que puede estar un joven. Eso le recordó su primer campeonato, cuando tenía exactamente la misma edad de Draco, y sabía lo que se sentía.

Le sonrió afablemente y fue recompensado a su vez con una radiante sonrisa, una “sonrisa Malfoy”, como ellos solían llamarlas refiriéndose a los métodos de conquista de Lucius.

Había algo extraño en Draco ese día, aunque había dejado de mostrarse tan hostil, tampoco era como Harry o sus amigos, pero a pesar de que sonreía, Remus pudo percibir algo “diferente”, como si el chico supiera algo que él no.

El profesor sacudió la cabeza, se estaba imaginando cosas. Pero volvió a mirar a Draco y éste le devolvió una intensa mirada, haciéndolo sentir un poco nervioso. Era la mirada de Lucius, esa mirada tan segura de sí misma, tan avasalladora. Antes jamás se le habría ocurrido comparar a Draco con su padre, más bien le parecía que tenía el carácter frívolo de Narcissa, y aunque físicamente eran tan parecidos, Draco siempre le había parecido un Lucius disminuído, pero hoy no. Hoy, Draco era más Lucius que nunca.

- “Ya es tiempo”, dijo poniéndose de pie y apartando esos ridículos pensamientos de su mente, “Accio pergamino”

Al fondo del aula, los ojos grises continuaron mirándolo.

*

- “Paddy, ya debo irme”, dijo Remus tratando de soltarse de los brazos que lo rodeaban.

- “Quédate un poco más”, pidió Sirius sin hacer ningún ademán para soltarlo.

Estaban sentados, apoyados en las rocas de la cueva y Sirius lo tenía abrazado por la cintura.

- “¿Crees que Draco lo hará bien?”

- “¡Tú preocupándote por un Malfoy!”

- “Un Malfoy y un Black, Sirius. Es tu sobrino y el muchacho no tiene que ser como su padre”, observó Remus, aunque ahora ya no estaba tan seguro al evocar esa ardiente mirada.

- “¿Cuándo aprenderás, Moony? Siempre esperas lo mejor de todos, siempre los ayudas...”, Remus hizo una graciosa mueca, “por eso te amo”, y la boca de Sirius buscó la suya.

- “Paddy, no podemos continuar con esto a espaldas de Kingsley. Yo hablaré con él, sólo estoy buscando el mejor momento y hasta entonces...”

- “Ya lo sé. No besos, no palabras de amor, solo amigos... ¡es ridículo! ¡Si ya nos hemos besado!”

Remus lo miró cansado.

- “Te lo dije ya, si vamos a empezar de nuevo, tiene que ser sin mentiras a nadie y...”

- “Lo sé. Sabes que haré cualquier cosa que me pidas con tal de que estemos juntos de nuevo”, lo interrumpió Sirius, “solo apresúrate, ¿quieres? No sé hasta cuando me dure ser el bueno..”

Remus sonrió y logró por fin ponerse de pie.

- “Te veré mañana”

*

El salón de duelo estaba atestado de gente. Remus llegó hacia el estrado, donde Haldir y Finwe se hallaban en la parte más alta. El elfo pelirrojo vestía una larga túnica color negro y esto lo extrañó, pues su amigo había dejado hacía tiempo de vestirse de ese color. Sólo esperó que todo estuviera bien con él y le sonrió a lo lejos. Los demás profesores también estaban allí, pero no había ido Kingsley. Remus se acercó a Dumbledore y ambos subieron a la plataforma.

De pronto, un murmullo intenso se escuchó y los estudiantes se apartaron para dejar pasar a un hombre vestido con una amplia capa negra que le cubría la cabeza, y una larga túnica negra también. Por un momento, Remus tuvo la descabellada idea que el mismo Voldemort había decidido aparecer en Hogwarts, pero Dumbledore estaba impasible, de modo que se tranquilizó. El hombre llegó junto al estrado y echó hacia atrás la capucha que lo cubría.

Lucius.

Dumbledore lo saludó a lo lejos mientras el mago rubio se sentaba junto a Severus y el murmullo se hacía más intenso.

- “Buenas noches”, dijo Dumbledore dirigiéndose a todos. El murmullo cesó inmediatamente. “en esta oportunidad tendremos el final del campeonato de Duelo, en el que los campeones de cada año se enfrentarán entre sí para poder elegir al Campeón de Hogwarts. También tendremos el tradicional Duelo de Exhibición, el cual será esta vez sin usar magia, y lo realizarán el profesor Finwe del Bosque Mágico y el señor Lucius Malfoy”

Finwe había saltado con agilidad del estrado antes de que Haldir pueda detenerlo y subió a la plataforma casi al mismo tiempo que Lucius.

Remus cogió a Finwe del brazo.

- “¿Qué estás haciendo?”

- “Déjame, Remus, sé muy bien lo que hago”, repuso Finwe.

- “No lo permitiré”, dijo Haldir saltando al estrado.

Finwe le dijo algo en élfico y continuó un breve diálogo en ese idioma, al final del cual Haldir apretó los labios, pero comprendió que si no lo dejaba pelear, su pequeño elfo jamás volvería a ser el mismo. El elfo rubio tomó el brazo de Remus y lo hizo bajar de la plataforma.

Lucius sonrió y avanzó hacia el elfo.

- “Es un placer volver a verte”

- “Temo no poder decir lo mismo”, respondió el elfo mirándolo a los ojos a pesar de que sus manos temblaban un poco. “Empecemos el duelo”

Lucius se despojó de la capa que traía y con un movimiento rápido se quitó también la túnica, revelando un elegante y ajustado traje de duelista, completamente negro, y con una espada en el cinto. Era una espada aún más magnífica que la de Draco y Severus pudo reconocer en ella un regalo que el Oscuro Señor había hecho a su favorito.

Un murmullo de admiración se alzó de parte de los estudiantes y hasta Remus tuvo que contener el aliento, pues Lucius era una rubia y letal visión, sonriente y regio, con el cabello platinado cayéndole hasta los hombros.

Finwe apretó los labios y se despojó también de la larga túnica que lo cubría por completo. “¡Por Merlín!”, se escuchó exclamar a varios estudiantes, pues el elfo vestía un traje de duelista ajustado y de color rojo intenso, tanto como su radiante cabello, que ató en una cola para tener mayor libertad de movimientos. Su espada era un obsequio de la Dama del Bosque y siempre lo había acompañado en sus múltiples batallas, y aunque era mejor como arquero, también era muy diestro, gracias a Haldir, en el manejo de esa arma.

- “Esto es una locura”, exclamó Remus, pero Haldir lo cogió suavemente del hombro.

- “Él tiene que hacerlo, Remus. Sólo así será libre”

Dumbledore se había quedado un poco atrás de los duelistas, pero avanzó hacia los estudiantes, aunque a pesar de su presencia, los murmullos no se acallaron.

- “El Duelo de Exhibición se hará según las antiguas costumbres. No está permitido emplear magia, sino únicamente las espadas, y vencerá aquél que deje desarmado o fuera de combate a su contendiente. Pueden comenzar”

Los duelistas hicieron una reverencia y el duelo comenzó. Los murmullos cesaron casi enseguida, mientras Finwe era el primero en atacar. La espada del elfo se estrelló con la de Lucius en un fuerte chasquido metálico que hizo estremecerse a Draco, en primera fila observando los movimientos de su padre y de su maestro. Algo andaba mal allí, podía notarlo. Era muy extraño que Finwe luchara así con su padre, si era como el elfo decía, que no se conocían. Además, el profesor Snape estaba muy pálido también y Draco tuvo la certeza de que todo eso tenía que ver con la extraña explosión en el sótano de su mansión, hacía ya tres meses.

Lucius esquivaba con maestría las estocadas del elfo y arremetía a su vez con gran fuerza, pero Finwe era ágil y ligero y lo bloqueaba fácilmente. EL mago sabía que eso no podía durar indefinidamente, porque él, después de todo, era mortal y llegaría un momento en que su cuerpo se cansase de tal ejercicio, a pesar de todas las pociones vigorizantes que hubiera podido tomar. De modo que hizo lo que hubiera querido evitar, pero no tenía alternativa. Estableció contacto con los ojos del elfo mientras saltaba a un costado esquivando un golpe que sin duda le hubiera fracturado el hombro derecho.

- “Es agradable verte vestido así”, dijo acariciadoramente Lucius en una extraña lengua, mientras arremetía contra el costado izquierdo de Finwe. Ambas espadas chocaron al ser bloqueado su ataque.

El elfo no respondió, pero una pequeña chispa de miedo apareció en sus ojos y eso bastó para que Lucius continuara.

- “Pero es más agradable verte desnudo”, el acero de ambos volvió a chocar violentamente y el elfo dio un paso atrás.

- “¿Qué está haciendo?”, preguntó Remus a Haldir.

- “Habla en la Lengua de Mordor”, dijo rápidamente el elfo, poniéndose de pie y dirigiéndose al estrado, pero Dumbledore lo detuvo.

- “Nadie puede interrumpir un duelo”, dijo firmemente el anciano. “Ten confianza”. Haldir apretó los labios y se quedó de pie junto a la plataforma, atento a cualquier movimiento.

Finwe comenzó a temblar y la espada casi cae de su mano, pero entonces vio a Haldir y su rostro sereno lo tranquilizó. Justo a tiempo, porque Lucius lanzaba una estocada directo a su abdomen. El elfo saltó ágilmente y arremetió de nuevo con fuerza.

Nuevo bloqueo.

- “Mi señor desea verte de nuevo”, la voz de Lucius era cruel.

- “Basta, mortal”, respondió Finwe en la misma lengua. “No te temo”

Pero los ojos verdes del elfo decían una cosa muy diferente.

El mago rubio giró diestramente y golpeó al elfo en el brazo que sostenía la espada. Finwe la aferró con fuerza, sin soltarla y cambió de brazo, bloqueando una nueva estocada. Trató de dominarse con todas sus fuerzas, pero el temor se apoderaba de él. Lucius volvió a atacarlo y poco a poco lo estaba haciendo retroceder hacia el borde de la plataforma.

Entonces lo oyó.

Haldir había empezado a cantar suavemente en élfico. Era la misma canción que muchos años atrás le había cantado cuando yacía moribundo luego de arrojarse sobre una lanza para salvar la vida de su amado. Esa era su canción.

Los estudiantes miraban a los duelistas, asombrados unos, impresionados y atemorizados otros. Pero de pronto, algunos comenzaron a cantar repitiendo las palabras de Haldir.

Una estocada en el muslo, que Finwe apenas pudo esquivar y se encontró a un paso de caer de la plataforma, pero un sentimiento muy hermoso se estaba formando en él mientras oía cantar en élfico a esos chicos y veía sus rostros ansiosos.

Saltó ágilmente sobre Lucius y cayó algunos pasos delante del mago rubio, con la gracia que sólo un elfo puede tener, y con el brazo sano esgrimió la espada nuevamente y el acero volvió a chocar.

A pesar del cansancio que empezaba a sentir, el mago rubio estaba desesperadamente resuelto y cargó nuevamente contra el joven elfo, con tanta rapidez que no tuvo tiempo de esquivarlo y cayó de espaldas al suelo.

Lucius se acercó, seguro de su victoria, para dar el golpe final que arrebataría la espada de manos de Finwe, pero fue atrapado por las piernas del elfo y de pronto se encontró de bruces en el piso. El elfo le puso la espada en el cuello.

- “Suéltala”, dijo claramente.

El mago rubio trató de devolverle una estocada, pero el acero de Finwe chocó con el suyo enviando su espada lejos. El elfo había vencido.

Una gran ovación aclamó a Finwe, pero el joven elfo aún no había terminado lo que se había propuesto hacer. Rápidamente tomó al mago por los cabellos y levantó su cabeza varios centímetros del piso.

- “El honor de los elfos del Bosque Mágico ha sido manchado por un mortal. La espada que tengo tiene una hoja élfica y es un obsequio de la Dama Galadriel del Bosque Dorado. Esta espada tomará ahora lo que te es más preciado, mortal”

Antes de que alguien pudiera detenerlo, Finwe alzó la espada y la dejó caer.

Una exclamación de horror brotó de la multitud y el elfo arrojó con desprecio el cuerpo de Lucius mientras levantaba una cabellera plateada y la arrojaba al piso.

Remus suspiró aliviado, eso había sido demasiado, pero en cierto modo, era justicia.

El mago rubio se levantó y se inclinó ceremoniosamente ante el elfo. Luego, tomó rápidamente su espada y su capa, ocultando a todos su cabeza, ahora que los platinados cabellos no la adornaban más, y sin decir palabra, se retiró, tratando de no mirar los rostros divertidos de todos.

Finwe se abrazó de Haldir que lo aguardaba al pie de la plataforma, y su amante limpió las lágrimas que caían de sus verdes ojos, conduciéndolo suavemente fuera de allí.

*

- “Draco, el receso era sólo de media hora. Tienes que salir a pelear”, dijo Severus al pálido joven. La exhibición de Lucius no lo había ayudado en nada y ahora veía miedo en sus ojos.

- “Mi padre---“

- “Tu padre sabía muy bien en lo que se metía y tendrá que aceptarlo por mucho que le desagrade. Pero tú tienes que pelear, la Casa Slytherin tiene ahora la oportunidad de reclamar el trofeo de Duelo y tienes todo a tu favor”

- “Profesor, ¿usted oyó a mi padre? Él habló en un lenguaje distinto y el profesor Finwe le entendía... él le hizo daño con sus palabras...”

- “Draco”

- “Déjame hablar con él, Severus”, dijo una voz suave y Remus avanzó hacia ellos.

El profesor de pociones observó a su antiguo rival y se sintió tremendamente tentado a echarle una maldición, pero recordó a Draco y el nombre que se le escapó en sueños. No, no podía ser, pero quizás....

- “Apresúrate, Lupin. El duelo empieza en cinco minutos”, espetó girando sobre sus talones y alejándose.

- “Draco, sé exactamente cómo te sientes”, dijo suavemente Remus, “yo también luché con sexto y sétimo año cuando tenía tu edad. No importa lo que te digan los demás, sé que tú haces esto porque te gusta luchar, porque te sientes libre cada vez que lo haces y la adrenalina puede fluir libremente en ti cuantas veces quieras”

Draco lo miró asombrado, eso era lo que sentía antes, pero ahora...

- “También sé que debes haber sufrido un golpe al ver a tu padre luchar, pero créeme que lo ocurrido no tiene que ver contigo. Fue sólo un acto de justicia...”

- “¿Mi padre lastimó al profesor Finwe?”

- “Sí, Draco. Y ahora escúchame”, Remus puso la mano sobre el hombro de Draco, haciéndolo estremecer involuntariamente, “no tiene que ver contigo, y tampoco significa nada el que ganes o pierdas, sino lo que tú desees hacer. Si decides retirarte ahora, lo entenderé, y también entenderé que desees seguir luchando”

Draco lo miró. Él era un Malfoy y les demostraría a todos que los Malfoy tenían orgullo y no se acobardaban. Si perdía, lo haría dignamente, como su padre.

- “Pelearé”

*

- “Me alegro de que el profesor Finwe le haya dado su merecido al padre de Malfoy”, dijo con vehemencia Ron.

-“Yo también”, lo apoyó Neville, “alguien tenía que poner en su sitio a ese tipo, mi abuela dice que es un lobo con piel de oveja”

- “¿Vieron a Snape? Estaba pálido…”, siguió Ron.

Harry había estado pensativo, convencido de que Lucius le había hecho un gran daño a Finwe, a juzgar por todo lo que había pasado, y tenía la certeza de que había algo más de lo que él pudo ver en su mente. Pero al oír el nombre de Snape, se unió a la conversación con sus amigos.

- “Snape es amigo del profesor Finwe”, dijo Hermione, “aunque no entiendo cómo… pero seguro estaría preocupado por él”

- “Como todos… ¿puede alguien preocuparse por Malfoy?”, se burló Ron.

- “Su hijo”, respondió Harry señalando la entrada, por donde avanzaban Remus y Draco, este último con aire desafiante.

- “Espero que Michael le de su merecido”, dijo Ron.

Draco subió a la plataforma junto con Michael Hammer y Remus se dirigió a todos.

- “Continuaremos con el Campeonato de Duelo. En esta ocasión se enfrentarán los campeones de quinto y sexto año, los señores Draco Malfoy, de Slytherin”,una ovación interrumpió sus palabras y el chico rubio sonrió, “y Michael Hammer, de Ravenclaw”, otra ovación aún más fuerte porque provenía de las otras tres casas, “Que empiece el duelo”

Los chicos estaban vestidos con mallas de los colores de sus casas, la de Draco era verde y la de Michael, rojo oscuro. Draco avanzó como le había enseñado su padre, cauteloso como una serpiente. Michael fue el primero en apuntar.

- “Stupefy”

El hechizo fue bloqueado sin ninguna dificultad y Draco avanzó, la confianza había vuelto a él y se movía con fluidez.

- “Destrucio”

Michael se agachó apenas y Remus se levantó de su asiento. Ese hechizo no estaba prohibido pero era muy potente y peligroso y Draco jamás lo había usado durante sus prácticas en la escuela. Dumbledore lo detuvo con la mirada y el mago volvió a sentarse.

- “Ya verás, asqueroso Slytherin”, gritó Michael y se lanzó con la espada hacia Draco.

El acero chocó violentamente y ambos contendientes giraron hasta que Michael logró tomar distancia nuevamente y lanzó otro hechizo.

- “Destrucio”

- “Protego”, gritó Draco sonriendo y el hechizo rebotó. En el estrado, Severus respiró aliviado.

- “¡Te quitaré esa sonrisa!”, dijo Michael, “¡Delirius!”

Pero Draco se agachó a tiempo y lo atacó con la espada, demostrando por qué era el favorito de Finwe. Michael trastabilló.

- “¡Expelliarmo!”

La varita de Michael voló a las manos de Draco, que la exhibió triunfal, pero el otro muchacho se lanzó con la espada en alto.

- “Desmaius”, dijo tranquilamente Draco.

Los Slytherin gritaban y ovacionaban y Severus tenía una amplia sonrisa, mientras dos Ravenclaw llevaban a Michael a la enfermería.

- “El vencedor es Draco Malfoy”, dijo muy innecesariamente Remus, de nuevo en la plataforma, “Tomaremos otro receso de media hora y luego será el encuentro final.

El mago felicitó calurosamente a Draco y partió a la enfermería para ver cómo estaba Michael.

*

“The time is coming, but also going / el tiempo llega, pero también se va
And it's leaving never to return / y es un marcharse y nunca retornar
It may be heaven, could be forever / puede ser el cielo, podría ser para siempre
But if it's hell then you can watch me burn / pero si es el infierno, puedes verme arder”


- “¿No irás al Campeonato de Duelo?”, exclamó Tonks asombrada. Su turno en el Ministerio acababa de concluir y quería ir a Hogwarts para ver al menos el último duelo, por eso le extrañó mucho ver a Kingsley allí.

- “Lo siento, no puedo”, respondió el mago moreno, “prometí visitar hoy a Clarence Bourne”

- “¿Clarence? Dale mis saludos”

Clarence Bourne era un auror retirado hacía algunos años, experto en herbología y había ido a trabajar al Jardín Botánico de Londres, en cuyo invernadero número 50 había una dotación de plantas mágicas que habrían hecho la delicia de cualquier especialista.

- “Lo haré. Por favor dile a Rem que no iré a dormir y lo veré mañana”

- “De acuerdo, ya me voy”, se despidió Tonks.

Kingsley estuvo unos momentos más consultando un volumen llamado “Vivificación y otras artes de vudú”, de Thelma Reilly, dama inglesa casada con el gran hechicero vudú Imothep, abuelo de Yahmose. El mago buscaba un viejo ritual, casi olvidado, pero que podría dar resultado si los hados le eran favorables. Y lo haría por su amado Remus.

Era una suerte que en medio de la lucha en Trafalgar Square, Kingsley hubiera podido tomar de entre los dedos de un mortífago muerto, varios cabellos negros que el joven había arrancado a su atacante, en su desesperación al saberse herido de muerte.

*

- “¡Pero Tonks!, puedes sentarte con nosotros en el estrado”

- “Gracias, Remus, pero me sentaré mejor con los chicos”

Y Tonks se dirigió resueltamente junto a Harry y sus amigos, que estuvieron encantados de tenerla con ellos. Rápidamente Hermione la puso al tanto de todo.

- “¡Me muero por ver a Malfoy en el Ministerio! Aunque seguramente usará algún hechizo”, dijo Tonks, pensativa, “¡Miren esto!”, y en un instante su cabello tenía una tonalidad verde limón que hizo a Remus menear la cabeza mientras se oían exclamaciones de asombro.

Dumbledore sonrió con indulgencia e hizo una seña a Remus para continuar.

- “El último duelo de esta noche se efectuará entre los señores Draco Malfoy, de Slytherin y Ewan Lane, de Hufflepuff. El ganador será nuestro campeón de Duelo”

Los duelistas subieron a la plataforma y se inclinaron en el tradicional saludo.

- “¡Expelliarmo”, gritó Ewan.

Draco hizo una mueca de desprecio y se hizo a un lado. El hechizo pasó de largo.

- “¡Stupefy!”, volvió a atacar Ewan.

- “Protego”, dijo Draco y desenfundó la espada. Sabía que Ewan no era bueno con ella y cargó sobre su rival.

Ewan trastabilló, pero logró bloquear la estocada.

- “Tarantallegra”

- “¿Qué tiene ese chico?”, preguntó Tonks asombrada.

- “Es el suplente, no ha practicado mucho”, bufó Harry.

- “Hasta yo lo haría mejor”, dijo Ron.

- “Shh, miren a Malfoy”

Draco había rodeado a Ewan con sus rápidos movimientos y lo atacaba con la espada hasta que lo desarmó sin ningún esfuerzo. Luego lo hizo retroceder hasta el borde de la plataforma, para darle la espalda luego y avanzar en dirección contraria.

- “¡Stupefy!”, fue el grito triunfal de Ewan.

El Slytherin volteó y saltó a un costado, luego lo volvió a atacar con la espada.

- “¿Qué rayos hace Malfoy?”, exclamó Neville.

- “Juega al gato y al ratón”, dijo Harry, “los mortífagos lo hacían, Sirius me lo explicó”

- “Debe habérselo enseñado su padre”, dijo Neville con amargura.

Finalmente, en la plataforma, Draco se cansó del juego.

- “¡Destrucio!”, el impacto fue tan violento que Ewan voló de la plataforma y cayó sobre los chicos que estaban en la primera fila.

Remus corrió a recogerlo, pero se le adelantó Sprout y junto a Sinistra, llevaron al chico a la enfermería. Los Slytherin ovacionaban y brincaban, pero los otros estudiantes silbaban insatisfechos.

Dumbledore subió al estrado.

- “Señores, el Campeón de Duelo de este año es el señor Draco Malfoy, de Slytherin”, la rechifla aumentó, “¡Silencio! Los que no estén conformes, den un paso al frente”, nadie lo hizo, “Las dos peleas se desarrollaron de acuerdo con las reglas, pero debo recomendarle, señor Malfoy, no usar el hechizo Destrucio salvo en caso de extrema necesidad”.

Draco sonreía y se veía más Malfoy que nunca. Su sonrisa se hizo más amplia cuando él avanzó a felicitarlo. Su profesor de DCAO se acercó a estrecharle la mano y Draco de pronto se arrojó a sus brazos. Remus pareció sorprendido, pero luego lo abrazó paternalmente, diciéndose a sí mismo que el chico no debía estarlo pasando bien con su madre lejos y con un padre como Lucius.

*

El cuervo salió volando y Voldemort incendió la nota que le había traído.

- “Mi querido Lucius”, sonrió a la figura encapuchada y lentamente la rodeó, quitándole la capucha, “¿qué ocurrió con tu cabello?”

El cabello del mago estaba muy corto y esto le daba un aspecto completamente diferente y extrañamente infantil.

- “Un accidente desafortunado, señor”, repuso Lucius, maldiciendo en su interior al elfo. Pero ahora, a raíz de esa nota, tenía una certeza: Voldemort tenía espías en Hogwarts.

- “Desafortunado, sí”, siseó suavemente Voldemort mientras pasaba las manos por el corto cabello y acariciaba el cráneo de Lucius con las puntas de los dedos. “No creo que esa exhibición que diste haya sido necesaria, mi querido Lucius. Pero en cambio, la de tu hijo fue digna de elogio”

- “¿Draco?”, Lucius se mostraba sereno, pero en el fondo temía oír lo que vendría a continuación.

- “Así es. Tu hijo es el nuevo Campeón de Duelo, y será mi nuevo aprendiz”, dijo Voldemort apartando su mano, para tomar la barbilla de Lucius, “me lo traerás mañana por la noche, dejémoslo celebrar hoy con sus compañeros”

- “Sí, señor”, dijo Lucius sintiendo que esas palabras habían traído para siempre la condena de su alma.

- “Ahora”, la mano de Voldemort volvió a acariciar su ahora corto cabello, “vamos a celebrar nosotros también. Me excita tu cabello corto, ahora es igual al de tu hijo, Lucius”

Y el Señor Oscuro besó a su acompañante en la boca.


Capítulo 32 True colors

“You with the sad eyes / tú el de los ojos tristes
Don't be discouraged / no te desanimes
Oh i realize / oh, me doy cuenta
It's hard to take courage / es difícil tomar valor
In a world full of people / en un mundo lleno de gente
You can lose sight of it all / puedes perder la perspectiva de todo
And the darkness inside you / y la oscuridad dentro de ti
Can make you feel so small / puede hacerte sentir muy pequeño”

True colors – Cindy Lauper


Una vez a salvo en su habitación, Finwe se soltó suavemente de los brazos de Haldir y lo miró a los ojos, aún llorando.

- “Pequeño elfo, ya pasó, estás a salvo”, dijo Haldir tomándolo de la barbilla y abrazándolo de nuevo.

- “Terminó, Haldir”, susurró Finwe muy bajito, “al fin terminó”

- “Me alegra oír eso, melda. ¿Quieres descansar ya?”, preguntó Haldir estrechándolo con ternura. Evitó hablar del duelo, porque quería que el mismo Finwe lo hiciera, cuando se sintiera listo. Además, pesar de que aún era temprano, le había parecido que tantas emociones habían cansado a su elfo.

- “Sí”, repuso Finwe, “pero primero deseo tomar un baño”

Y uniendo la acción con la palabra, comenzó a desvestirse despacio. Haldir lo contempló extasiado, no sabía cómo había conseguido Finwe ese traje rojo, pero sí sabía que nadie lo luciría como él, era sencillamente perfecto. Su elfo se dirigía ahora al baño, desnudo y con una sonrisa en el rostro.

- “¿Me ayudas?”

El elfo rubio no lo pensó dos veces y entró.

Finwe había abierto ya los grifos y se soltaba el cabello, que cayó sobre su espalda con un gracioso movimiento y Haldir se sorprendió porque a pesar de haber visto ese gesto miles de veces, jamás dejaba de maravillarlo.

- “Eres hermoso”, dijo aprisionando a Finwe entre sus brazos, “nunca vi criatura más hermosa que tú, mi amado”

- “¿Sigo siéndolo?”, preguntó Finwe con los ojos abiertos por la sorpresa.

- “Siempre lo fuiste…¿qué quieres decir?”

- “Nada”, el elfo pelirrojo sonó inseguro, “es que--- no quiero ocultarte nada nunca más….yo…”, balbuceó tratando de soltarse.

Haldir le tomó la barbilla obligándolo con suavidad a mirarlo.

- “Puedes decirme”, susurró.

- “Él me dijo cosas de ti…que ya no me amarías, que no te volvería a parecer atractivo, que me tendrías lástima…”, había lágrimas de nuevo en sus ojos.

- “No importa lo que dijo. Sabes que te amo”, dijo firmemente Haldir, “si no te había dicho que me pareces hermoso, quizás fue debido a tanta tensión… y… yo también tuve temor…”

- “¿Tú?”

- “Sí, mi amado. Temí perderte, temí no llegar a tiempo, y cuando vi lo que te hicieron, me odié a mí mismo por no haber acudido antes, cuando mi corazón me lo reclamaba. Finwe, mi Finwe, hubiera dado cualquier cosa por estar yo en tu lugar, por evitarte ese sufrimiento”

- “Ya pasó, mi dueño. Al fin pasó”, dijo Finwe abrazándose a él.

Permanecieron así por un largo momento y luego Finwe lentamente entró a la tina y se recostó en ella, con sólo la cabeza fuera del agua

Haldir se desnudó también y entró junto a él. Con suavidad, comenzó a lavar el rojo cabello, acariciándolo a la vez que masajeaba el cuello de su amado, que, con los ojos cerrados, se dejaba hacer.

- “Melda…”

- “Dime, pequeño elfo”

- “¿Tú querrías…? Tú…”

- “¿Qué ocurre?”, Haldir lo miraba amorosamente, infundiéndole confianza.

- “¿Podrías… tomarme esta vez?”

Haldir sintió deseos de llorar ante tan conmovedora petición. ¿Acaso Finwe había creído que él lo despreciaba? Quizás era eso, y así se explicaban muchas cosas. Lo miró con amor.

- “Nada me haría más feliz”

Besó con ternura los labios que se le ofrecían y bajó despacio por el cuello y luego tomó juguetonamente una puntiaguda oreja para susurrar.

- “Eres lo más preciado que tengo, no lo olvides, pequeño elfo. Jamás lo olvides”

Un suave gemido fue su respuesta y vio en los ojos semicerrados de su amante el deseo de entregarse. No lo decepcionaría.

Saboreó los deliciosos pezones de su ángel pelirrojo hasta que lo hizo arquearse y los gemidos aumentaron de intensidad. Entonces masajeó su erección y la friccionó suavemente con la suya, sin dejar de mirar el rostro de Finwe. Su pequeño elfo lo dejaba hacer, disfrutando de cada caricia, como la primera vez que se amaron.

Cuando uno de los largos dedos de Haldir se posó sobre su abertura, Finwe se sobresaltó un poco, pero el dedo se detuvo y su amante lo miró a los ojos.

- “Si quieres que me detenga, solo dímelo”

- “No, mi dueño… quiero ser tuyo, como siempre lo fui”, susurró conmovido Finwe.

Haldir lo besó amorosamente e insertó el dedo dentro de su amado, con cuidado, como si fuera la primera vez… Finwe cerró los ojos e intentó relajarse y borrar de su mente las caricias lascivas de Lucius. Poco a poco, atendido por las expertas manos de su amado, lo fue logrando y cuando el segundo dedo lo penetró, elevó las caderas pidiendo por más.

El elfo rubio lo contempló largamente mientras tres de sus dedos trabajaban en el interior de Finwe, arrancándole deliciosos gemidos. Su pequeño elfo era hermoso, y más hermoso aún cuando se entregaba. Se lo dijo tiernamente y sintió relajarse el cuerpo debajo suyo, como una invitación a lo que vendría después.

- “Te amo”, dijo Finwe levantando un poco las caderas, en inequívoco mensaje.

Haldir se acomodó entre sus piernas y las alzó ligeramente. Sería muy cuidadoso con su amado, tenían todo el tiempo del mundo, toda la eternidad, para amarse así. Colocó la punta de su erección en la abertura ya preparada.

- “Te amo, pequeño elfo”

Y empujó despacio, pero firmemente. El cuerpo bajo él se contrajo un poco, pero la voz de su Finwe era segura.

- “Haldir, no te detengas. Límpiame de todo, límpiame de él”, suplicó

Y Haldir lo hizo, tomando posesión nuevamente del cuerpo que siempre le había pertenecido, desde el día que Finwe se entregó a él. Lo hizo despacio, para que el joven cuerpo se acostumbrara nuevamente a la invasión. Despacio e inexorablemente, Finwe volvió a ser suyo.

El joven elfo se estremecía con las expertas caricias que Haldir aplicaba ahora a su erección y apretó un poco los labios cuando fue invadido, pero no quería que se detenga. Tuvo miedo en un momento, de que lo fuera a desgarrar, pero se recordó a sí mismo que era Haldir, su Haldir, y que por más rudo que fuera en el sexo, jamás lo había lastimado. Lo amaba, amaba a Haldir más que nada en el mundo. Y quería ser suyo, que todo volviera a ser como antes.

- “Borra todo, hazme tuyo de nuevo, melda”, gimió Finwe con lágrimas en los ojos, “te amo, te amo tanto….”

Haldir se movía dentro de él, enviándole deliciosas sensaciones mientras lo masturbaba con ambas manos. El elfo pelirrojo sintió cómo su cuerpo se estremecía en el orgasmo que estaba por venir y se incorporó, atrayendo a Haldir de las caderas para empalarlo más dentro de él mientras se liberaba en el agua de la tina.

- “Te amo, te amo”, gritó Haldir para quien ese sólo gesto fue suficiente para no soportar más, al sentir las manos mojadas con el tibio líquido. Se derramó a su vez dentro de Finwe y los dos gritaron su amor con las manos entrelazadas.

Se abrazaron nuevamente mientras el agua se llevaba la prueba de su mutua entrega. El elfo pelirrojo abrió despacio los ojos y se incorporó un poco.

- “El agua está fría”, se quejó suavemente.

Haldir lo tomó de la mano y salieron del agua. Las suaves toallas los secaron rápidamente y volvieron al dormitorio, para luego caer abrazados en la cama. Haldir hundió el rostro en el rojo cabello de su amado, cuyos ojos ya habían quedado vacantes al entregarse al sueño. “Te amo”, susurró quedamente, sintiéndose por fin en paz. Lo había recuperado.

*

“Show me a smile then, / sonríeme entonces
Don't be unhappy, can't remember / no estés triste, no puedo recordar
When i last saw you laughing / la última vez que te vi reír
If this world makes you crazy / si el mundo te vuelve loco
And you've taken all you can bear / y has tenido todo lo que puedes soportar
You call me up / llámame
Because you know i'll be there / porque sabes que estaré aquí”


- “Draco, ¿tú sabes lo que es un mortífago?”, preguntó Lucius a su hijo.

Había logrado un permiso especial para que Draco saliera de Hogwarts al día siguiente del duelo y en ese momento estaban en el estudio de la mansión.

El chico miró al piso.

- “Sí, padre”

- “Nuestra familia siempre mantuvo la creencia de que sólo a los magos de sangre limpia se les debe permitir practicar la magia. También pensamos que no debemos mezclarnos con los muggles y que debemos preservar nuestra tradición, dejando de ocultarnos de ellos”, explicó Lucius.

Para Draco eso no era nuevo, se había criado en ese ambiente y compartía las convicciones de su padre, pero ahora tenía el presentimiento de que algo distinto iba a revelársele, y que tenía que ver con la primera pregunta de su padre, y acaso también con el incidente con Finwe.

- “Lo que acabo de decir no es más que el fundamento de la doctrina de Ryddle”, continuó Lucius, “la supremacía del mago sobre el muggle. Pero sólo se aplica a los magos de sangre limpia”. La voz de su padre era tranquila, como si estuviera impartiendo una clase, “si vamos más allá dentro del ryddlismo, hablaríamos de los medios para lograr que estas ideas se cristalicen: recursos para influir en el Ministerio de Magia, grupos activistas que se encarguen de inculcar estas ideas en los demás magos y grupos ejecutores de acciones que involucren el logro de este objetivo común. Los mortífagos están dentro de este último grupo”

- “Padre, ¿quieres decir que—?”, Draco se interrumpió, inseguro de lo que diría. Por las palabras de su padre, una idea se había formado en su mente y tenía miedo de decirla.

- “Los mortífagos son el brazo armado del ryddlismo, hijo mío”

“Hijo mío”, mala señal. Las últimas veces que Lucius había empleado esas palabras, fueron para comunicarle la muerte de su abuelo, cuanto tenía cinco años, y para decirle que su madre los había abandonado, hacía apenas unos meses. Draco tragó saliva.

- “Se sabe muy bien que los Malfoy siempre fueron partidarios de esta doctrina, y que incluso tu abuelo ayudó a Tom Ryddle a fundar su universidad, por el año 78. Pero lo que pocos saben es que cuando Ryddle se convirtió en Lord Voldemort y comenzó su primera guerra, nuestra familia le dio su apoyo incondicional. Hace muchos años fui juzgado y absuelto, hijo mío, pero la realidad es que continúo siendo un mortífago”, la voz de Lucius seguía siendo tranquila mientras hablaba.

- “Padre, tú no...”, empezó Draco con voz ahogada.

- “Fui y soy el brazo armado del Señor Oscuro, encargado de planear y muchas veces ejecutar los atentados que tienen como objetivo llevar al poder a Lord Voldemort y asegurar la supremacía de los magos como nosotros. Lo acepto porque soy un Malfoy y fui elegido por derecho de nacimiento”

- “¿Por qué...tú antes...?”

- “¿Por qué te lo digo ahora?”, Lucius esperaba la pregunta y tenía preparada la respuesta, “Draco, siempre fuiste criado en estos principios y desde tu nacimiento fuiste seleccionado para tener ese privilegio. El momento ha llegado y tu triunfo en el campeonato ha hecho que el Señor Oscuro se fije en ti, mucho antes lo normal, pues a mi me reclutó a los dieciséis”, el mago hizo una pausa y soltó las últimas palabras que revelaban el verdadero objetivo de esa conversación, “Hijo mío, Lord Voldemort te quiere como aprendiz”

Ya estaba hecho y Lucius sintió que se desgarraba por dentro al ver los ojos espantados de Draco y entendió. Entendió que era una cosa sentir desprecio por los sangre sucia y los muggles y otra muy distinta, ser la mano causante de su masacre. Se había convertido, a los ojos de su único hijo, en un vulgar asesino.

- “Padre, yo no... “, Draco no sabía como decirlo, jamás se había negado a los deseos de su padre, “yo no pedí...”

- “Hijo, no hay alternativa. La negativa significa la muerte para ambos y el fin del apellido Malfoy”, fueron las únicas palabras que el chico alcanzó a escuchar antes de correr a su habitación y encerrarse en ella.

Lucius se dejó caer en la silla y ocultó el rostro entre las manos. Había hecho con su hijo lo que su propio padre hizo con él muchos años atrás, cuando se lo entregó a Voldemort. Pero era un Malfoy, el chico entendería, como él entendió. Sólo era cuestión de tiempo, y si algo le sucedía a él, Severus cuidaría de Draco.

*

- “No puedo creerlo, cómo hubiera deseado estar allí”, repitió Sirius una vez más, sin poder evitar reírse al imaginar al respetabilísimo Lucius Malfoy despojado de su melena rubia, de la cual se sentía tan orgulloso, y delante de toda la escuela.

- “Sólo espero que Draco no la pase demasiado mal…”, aventuró Remus.

- “¿Draco? Harry dice que ayer estaba insoportable. Deberías preocuparte de Ewan Lane, ese mini-Lucius no tenía por qué atacarlo así”, exclamó Sirius.

- “Lo sé. Hablaré con él cuando vuelva, hoy vino Lucius a llevárselo para un asunto familiar muy importante”

- “¿Asunto familiar?”, bufó Sirius, “no creo que tengan tal cosa…”

- “¿No me dirás cómo te fue a ti?”, interrumpió Remus.

- “Me entrevisté con un joven que fue seleccionado para aprendiz, pero a último momento se arrepintió y no fue iniciado en la matanza de Año Nuevo. Él no sabe exactamente dónde se encuentra el refugio, porque siempre era conducido hacia allí por Bellatrix, pero sabe que es en la margen derecha del Támesis y muy al sur. Por la descripción que hace del edificio, me he concentrado en la zona de Kennington Lane, pero debo hacer una inspección por mi cuenta”, explicó Sirius.

- “¿Cómo sabes que no te miente? ¡Es peligroso! ¿Irás sólo?”, había un dejo de temor en la voz de Remus.

- “Está asustado, Moony. Sólo quiere que lo ocultemos un tiempo y le he rentado una habitación en un motel muggle para enviarlo luego a América. Iré con Haldir, si quiere acompañarme. Cuando encontremos el refugio, planearemos el ataque”

- “¡Es muy arriesgado! No puedes atacar tú sólo la guarida de Voldemort, Sirius Black”, exclamó Remus muy serio.

- “No lo haré. No soy suicida”, aclaró Sirius, “pensaba llevarte---“

Remus no pudo evitar sonreír.

- “Está bien… pero debemos hacerlo con la Orden”

Sirius hizo una mueca, él y la Orden no tenían mucho en común últimamente, pero era consciente de que necesitarían mucha ayuda.

- “Déjame localizar el lugar y se lo plantearemos a Dumbledore y los otros”, aceptó finalmente Sirius, “pero si quieren seguir sin hacer nada, de todos modos yo iré”

Remus suspiró, pero en el fondo le daba la razón. Dumbledore debía tomar la ofensiva apenas localizaran el lugar, ya que sabían que se estaban entrenando mortífagos y si dejaban que el asunto progrese, podría volverse incontrolable. Sirius había destruido ya una de las armas de Voldemort y había descubierto cómo contrarrestar la otra, pero no debían darle la oportunidad de conseguir otras quizá más letales.

Sabía que Kingsley estaría de acuerdo en atacar y también Tonks. Quizá se opusieran Molly y Arthur, pero tenían a Bill a su favor, y Emmeline, Ojoloco y Mundungus no se negarían. No sabía cuál podría ser la reacción de Severus, pero con o sin él le daba lo mismo.

- “¿Ya hablaste con el “auror maravilla”?, preguntó de pronto Sirius.

- “No, Paddy. No lo he visto aún... no fue al duelo y tampoco...”, Remus se mordió el labio, “no lo he visto”

- “Tampoco fue a dormir contigo”, completó Sirius, “vamos, sé perfectamente lo que hacen, Moony”

Remus miró al piso, avergonzado.

- “Está bien. Yo lo sabía, ¿no?”, dijo Sirius tomándole la mano, “yo acepté esperar y lo haré. Después de todo, esperé mucho tiempo para hacerte el amor cuando estábamos en séptimo”, Remus le sonrió, “Sólo que ahora es más difícil, porque antes sabía que tú también esperabas y ahora sé que duermes con otro”

- “Paddy”, la mano de Remus le acarició tiernamente la mejilla, “sabes que se lo diré, es sólo que espero el momento... es muy difícil...”

- “Lo sé”, dijo Sirius atrapando esa mano y besándola con ternura.

Remus cerró los ojos. Si se dejaba atrapar por sus sentimientos en ese instante, no sabía dónde terminaría, quizás en el viejo colchón de Sirius. Pero Kingsley no se merecía ese engaño. Se soltó suavemente.

- “Tengo clases en diez minutos”

Y se fue dejando a Sirius apretando los puños con impotencia.

*

Severus volvió a acariciar la espalda desnuda de su acompañante, deteniéndose en cada una de las marcas, untando el ungüento que había preparado. Lucius dormía aún, pero se estremecía un poco cada vez que los dedos de Severus tocaban alguna de sus heridas.

El profesor de pociones tenía los labios apretados y la mirada húmeda. Jamás había visto a Lucius de ese modo, su espalda estaba llena de mordidas y rasguños y en sus nalgas había marcas que sólo podían ser de latigazos. Sus pezones estaban enrojecidos e hinchados y su cuello lleno de señales, al igual que sus muslos, como si una boca inhumana los hubiera succionado. Y Severus sabía, aunque no le había preguntado, que eso era exactamente lo que había sucedido.

Y su cabello.

Su hermoso cabello platinado, cortado de ese modo. Aunque Severus no podía culpar a Finwe, pero por un momento temió que su joven amigo decapitara a Lucius y suspiró aliviado al ver que no fue así. Él mismo le ofreció a Lucius hacérselo crecer nuevamente con una poción, pero su amante rechazó la oferta firmemente.

- “Él lo quiere así, Sev”, fue todo lo que dijo la noche anterior, cuando se apareció en Hogwarts luego de dejar a Draco.

Severus no había preguntado, pero supo que el chico había sido presentado al Señor Oscuro.

Luego, Lucius lo había besado rabiosamente y ambos se habían comenzado a desvestir. Pero cuando Severus vio el torso desnudo de su amante, lanzó una exclamación de espatdo.

- “¡Lucius! ¿Qué te pasó? ¿Quién..”

- “Calla, Sev. Es su forma de celebrar la victoria de Draco... anoche lo hizo. No preguntes más”

Y Severus calló, odiándose a sí mismo por hacerlo, pero incapaz de resistir el hermoso y lastimado cuerpo pegándose al suyo. Se besaron ansiosamente y, desnudos ya, cayeron en la cama del profesor, donde Lucius se puso de bruces y elevó las caderas.

- “Tómame, Sev”, pidió

El profesor lo miró indeciso, la vista de las nalgas de su amante, golpeadas salvajemente, era bastante ya como para preocupar a cualquiera, pero la zona horriblemente enrojecida entre ellas era aún peor.

- “¡Tómame, maldita sea!”, exigió Lucius con voz ahogada, “te necesito ahora, Sev”

Severus lo hizo, sintiendo un placer perverso al hundirse en la carne maltratada y Lucius ocultó el rostro en la almohada, estremeciéndose.

- “¡Hazlo, Sev! ¡No te detengas!”, gritó y a Severus le pareció que lloraba.

Se enterró inexorablemente dentro de su amante y comenzó a moverse, aterrado al sentir ampliarse el estrecho camino profanado por el ser en que Voldemort se había convertido. Lucius gimió de dolor, pero continuó elevando las caderas y ofreciéndose.

Severus lloró.

Lloraba al enterrarse en el cuerpo desgarrado y complaciente de Lucius y siguió llorando cuando lo sintió gemir, ahora de placer. Paró sus rudas embestidas y por primera vez en mucho tiempo, fue cariñoso. Acarició las puntas cortadas del hermoso cabello y lo besó con ternura mientras se movía en círculos para no lastimarlo más. Los gemidos de Lucius se habían convertido en un suave arrullo mientras su erección era bombeada por una gentil y amorosa mano.

Era como un sueño, tan suave, tan distante. Severus aumentó un poco la fricción al sentirlo estremecerse de placer y lo ayudó a liberarse, mientras él mismo se liberaba dentro de Lucius, su amor.

Lo besó y lo acunó con ternura, sin dejar de acariciar su cabeza, extrañando los largos mechones que solían enredarse en sus dedos. Y durmieron hasta que Severus despertó en la madrugada y le preparó un ungüento, el mismo que estaba untando en ese momento por la espalda de Lucius.

- “Ahhhhhhhhhhhh”, gimió su amante cuando los dedos de Severus aplicaron el ungüento en la maltratada zona entre sus nalgas.

- “Shhh, Lucius”, dijo suavemente el profesor, “sólo te estoy curando, esto tiene mal aspecto”

Lucius hundió el rostro en la almohada.

- “Él habló con Draco, Sev. Empezará a entrenarlo”

- “¿Cómo lo tomó Draco?”

- “Finalmente lo aceptó. Es un Malfoy”, repuso Lucius, “Severus, no sé si él esté preparado para lo que vendrá... no encuentro cómo acercarme a él ahora, siento su desconfianza... ¿hablarás con él? Draco confía en ti”

Severus se detuvo un momento para depositar un beso en la cadera de Lucius. Sabía a lo que su amante se refería: el bautizo, y luego, la iniciación.

- “Lo intentaré”, prometió.

*

“And i see your true colors / Y veo tus colores verdaderos
Shining through / brillando enteramente
I see your true colors / veo tus colores verdaderos
And thats why i love you / y es por eso que te amo
So don't be afraid to let them show / por eso no tengas miedo de mostrarlos
Your true colors / tus colores verdaderos
True colors are beautiful, / colores que son bellos
Like a Rainbow / como un arco iris”

Draco se paseó orgulloso por los pasillos de la escuela. Era la quincena de enero y había pasado diez días desde que inició su entrenamiento como aprendiz de mortífago. Pasado el shock inicial, no había sido tan malo como pensó. De hecho, su padre era uno de los mortífagos más respetados y eso le daba también a él un trato diferente de parte de los más jóvenes. Un trato deferente que le agradaba, pues él era mucho menor que los demás chicos.

Su mayor sorpresa había sido encontrarse en ese lugar al profesor Snape, pero eso lo convenció de que hacía lo correcto. Su profesor, su tía Bellatrix, fugada de Azkaban, incluso los padres de sus amigos Crabbe y Goyle y algunos magos del Ministerio. Todos ellos pertenecían a la formidable organización de Voldemort.

Junto a él había otros diez aprendices, que se unirían pronto a los diecisiete mortífagos nuevos. Le explicaron que dos de ellos murieron en Trafalgar Square y otro desertó, pero que pronto sería capturado y todos ellos aprenderían cómo Voldemort trataba a los traidores.

Esos diez días le parecían siglos. Durante las noches, el profesor Snape lo conducía a las clases y entrenaba por cuatro horas, luego de las cuales volvían a Hogwarts. A veces veía allí a su padre, en compañía de su tía Bellatrix o del mismo profesor.

Solo había visto a Voldemort en una ocasión, cuando su padre se lo presentó.

Al inicio, le inspiró repulsión, pero luego lo miró fascinado, admirándose de cómo un ser como ese era tan poderoso incluso como para oponerse a todo el Ministerio de Magia y al mismo Dumbledore. Aún resonaba en sus oídos la voz sibilante del Oscuro Señor.

- “Querido Draco, tan parecido a tu padre... tan perfecto... Eres de los nuestros, que no te engañen esos falsos prejuicios. Tú deseas la admiración. Y el poder. Deseas ser reverenciado por todos, como te corresponde por derecho de nacimiento. Tú, orgulloso Malfoy, deseas tener poder. Y yo te daré eso. Cuando se tiene el poder, lo demás es ilusión”

Ilusión. Sí, el Señor Oscuro tenía razón. Le parecía una ilusión estar en una escuela de jóvenes magos que practicaban la magia “limpia”, la magia permitida por el Ministerio y que a ningún lado conducía. Sino, hacía tiempo que su profesor de DCAO habría dejado de ser pobre. ¿De qué servía vivir así?

Su profesor.

Había pensado mucho en él durante esos días. Siempre se lo veía sonriente y amable, como si todo fuera sencillo. ¿Cómo fue que se enamoró de él? No lo sabía, siempre lo había despreciado, por sus ropas remendadas y su fácil sonrisa. Todos lo apreciaban y eso no le había gustado. Y además, su padre se había opuesto a que enseñara en Hogwarts y también Snape. Pero a pesar de todo, debía reconocer que sabía muchísimo y lograba que ellos aprendieran, sus clases eran divertidas y él jamás se burlaba de un estudiante.

Luego, al final del año, se enteró de que era un licántropo y no volvió a verlo.

Ese verano, en la biblioteca de su padre, descubrió algunos libros censurados. “Vida sexual de los licántropos”, “Los metamorfomagos y el sexo creativo”, “Técnicas de seducción con una veela”. Al leerlos, sintió despertarse algo dentro de él. El primer libro tenía ilustraciones y hablaba del sexo sin restricciones de género o edad. Y la única imagen mental que él tenía de un licántropo era su profesor. De pronto, comenzó a encontrar interesantes esos ojos dorados y durante sus fantasías nocturnas, muchas veces pensó en ellos.

Pero después, él volvió.

Lo odió por eso. Lo odió por regresar y terminar de aquél modo con sus fantasías. Era tan amable como siempre, y lo trataba con consideración, como a todos. Pero fue en el Club de Duelo que Draco sintió una intensa emoción al verlo con el traje de duelista azul marino tan ajustado que usaba, y por un momento olvidó sus ajadas túnicas. Cuando fue seleccionado, se sintió en el cielo. Pero no se sentía capaz de ser entrenado por él, por eso buscó la ayuda de Finwe. La relación de sus dos profesores elfos despertaba su curiosidad y también sus más locas fantasías. Le resultaba insólito que Dumbledore permitiera eso en el colegio, pero también era cierto que ellos jamás se habían besado en público, aunque era sabido por todos que eran pareja y que dormían juntos.

Y Draco se preguntó qué se sentiría dormir junto a otro hombre.

Luego notó que uno de los aurores que antes custodiaban el colegio iba a todos lados con su profesor, e incluso una noche los sorprendió besándose al pie de la Torre de Astronomía, donde él iba a contemplar las estrellas. Su corazón latió a mil por hora al ver que su profesor era tocado por otro hombre y anheló estar en el lugar del mago moreno.

Todo había pasado muy rápido, el primer duelo, la navidad y la discusión con su padre... y el joven prostituto, su Remus. Era irónico en lo que se había convertido ahora, un aprendiz de aquello que antes despreciaba y a la vez temía por serle desconocido, pero ellos le habían dicho que pronto sabría, que conocería secretos que harían temblar al mago más valiente. Y estaba ansioso.

- “Draco, ¿te sientes bien?”

Allí estaba él, con preocupación en sus ojos dorados. ¿Habría visto el fuego en su mirada?

- “Sí, profesor. Sólo salí a tomar aire”

- “Es muy tarde, Draco. Será mejor que vayas a acostarte”, repuso Remus con calma.

Se veía muy cansado, como si él también viniera de un entrenamiento intenso. ¿O quizás de combatir? Draco sabía que sus jóvenes compañeros realizaban atentados casi todas las noches.

- “Esta bien. Ahora voy”, dijo queriéndose alejar y a la vez queriendo quedarse con él.

- “Eh, Draco”

- “Dígame, profesor”

- “Draco, el poder es fascinante, pero a la vez peligroso. No debes dejarte impresionar”

Y sin más se alejó, dejando al chico en una total confusión. ¿Él sabía? ¿Cómo? Y sobre todo, ¿no iba a denunciarlo o hacer algo para detenerlo?

Quiso gritar, quiso llamarlo, pero en lugar de eso, apretó los labios y se dirigió en silencio a su habitación.

Después de todo, era un Malfoy.

*

- “No pueden seguir actuando en forma separada, Sirius”, repitió Remus una vez más, “el objetivo que tienen es común, no tiene sentido desperdiciar esfuerzos”

- “Lo haría si ellos dejaran de cazarme, Moony. En cada atentado, tengo que protegerme de los aurores y de los mortífagos... tú mismo lo has visto”, repuso Sirius.

- “¿Y qué hay de la Orden?”, preguntó Finwe, “únicamente vemos a Ojoloco y a Bill, porque Kingsley y Tonks no cuentan ya que son un aurores”

- “Molly y Arthur ayudan en lo que pueden. Emmeline y Mundungus también rastrean a Voldemort, Severus está del otro lado, Minerva custodia Hogwarts y Dumbledore quiere esperar hasta hallar su refugio...”

- “Pues dile que ya lo encontramos”, dijo Sirius, “ahora no tendrá pretexto para no atacar”

Los cuatro se quedaron en silencio unos momentos. Habían sido días difíciles, los atentados se iniciaron el siete de enero y no habían cesado en toda esa semana. Se producían esporádicamente, con un intervalo de un día o dos, o incluso se habían hecho dos atentados el mismo día. Los jóvenes mortífagos eran letalmente eficientes y peleaban con los demonios como aliados.

El ejército de Voldemort sólo había experimentado una baja, cuando uno de los jóvenes invocó al “Visitante Nocturno” en un restaurante muggle y Sirius hizo llover dentro, liberando a los comensales y volviendo la llamada contra su invocador, que tuvo una horrible muerte delante de sus ojos.

Severus alertaba a la Orden de los ataques, con apenas horas, o a veces minutos, de anticipación y Remus avisaba a Sirius. El mismo Remus luchaba con sus amigos, pero sin el anillo, pues Dumbledore le había prohibido usarlo en esas luchas.

- “El Anillo es nuestra más poderosa arma, Remus”, había dicho el anciano, “sólo debemos usarlo en la batalla final, cuando encontremos su refugio”

Y Remus le había entregado el anillo, que era ahora custodiado por el viejo mago.

Apenas veía a Kingsley por esos días. El estado de sitio hacía que su pareja tuviera las noches ocupadas en incesantes rondas y sólo se veían entre turnos o en los ataques, cuando Remus aparecía con Haldir y Finwe y luchaba. De día, el mago estaba demasiado ocupado dando clases y atendiendo asuntos de la Orden. Y así había pasado el tiempo.

Pero ahora, finalmente Sirius había descubierto el cuartel general de Voldemort. Era necesario actuar de prisa.

- “Mañana es la reunión, Paddy”, dijo Remus pensativo, “se los diré allí y atacaremos. Pero antes, hablaré con Kingsley”

Los elfos sonrieron. Esa era la mejor noticia que habían escuchado... Remus ya no podía ocultar sus sentimientos y querían verlo feliz al fin.


Capítulo 33 So tired

“Time has come to say goodbye / Ha llegado el tiempo de decir adiós
I know it's gonna make you cry / Sé que esto te hará llorar
But you belong to another my love / pero perteneces a otro, mi amor
And half a love / y un amor a medias
that just isn't enough / simplemente no es suficiente”

So tired – Ozzy Osbourne

El golpeteo incesante de la lluvia en su ventana era suficiente para mantenerlo despierto, de hecho, hacía mucho tiempo que no conseguía dormir bien. Apenas volvía de su turno y esa noche había sido una de las pocas tranquilas en esos tiempos tan extraños.

Kingsley cerró los ojos. Pero al instante un par de ojos dorados se apoderaron de su mente y sus manos buscaron inútilmente en la cama junto a él. Sabía que estaba vacía, que Remus permanecía en Hogwarts y que quizá a esa hora se estaba levantando recién para ir a desayunar.

Dos horarios diferentes. El toque de queda le impedía verlo tan seguido como antes, pero quizás era mejor, porque no podría ocultarle a Remus lo que estaba haciendo... Y también tenía miedo, sabía que lo estaba perdiendo. Desde aquél día de Navidad en que vio sus lágrimas mientras dormía, supo que Remus no volvería a ser suyo... luego el ritual con Ayahuasca se lo había confirmado y sólo quedaba una cosa por hacer.

Pero... ¿tendría el valor? Su voluntad flaqueaba a veces, pero entonces el recuerdo de unos ojos dorados y de una bella sonrisa lo hacían decidirse de nuevo. Lo salvaría, aunque en ello le fuera la vida, y con ese pensamiento se quedó por fin dormido, soñando con él, siempre con él.

*

Dumbledore se aclaró la garganta y observó a sus colaboradores. Estaban silenciosos y expectantes. A la izquierda de la mesa, Tonks y Kingsley lo miraban atentamente. Junto a Kingsley estaba Remus y a su lado Bill Weasley, Ojoloco y Mundungus. Molly y Arthur se encontraban al frente, junto a Minerva, Severus y Emmeline.

Y frente a Dumbledore, se hallaban los tres antiguos miembros de la Orden: Sirius, Haldir y Finwe.

- “Atacaremos indefectiblemente mañana”, dijo Sirius, “la pregunta es ¿están con nosotros o lo haremos solos?”

- “Yo iré”, dijo claramente Remus. Kingsley cerró los ojos.

- “¡Yo también!”, exclamó Bill. El joven admiraba a Sirius y no era de extrañar que lo apoyase.

- “Un momento”, dijo Dumbledore, “creo que debemos ser cautos… no sabemos qué podemos encontrar allí. Según los informes de Severus es un campo de entrenamiento”

- “Así es”, intervino Severus, “allí sólo hay mortífagos y aprendices. Él a veces se queda allí, pero no podría decir si mañana lo hará. También está allí Bellatrix”, dijo esto último adrede para ver la reacción de Sirius.

- “Razón de más para atacar”, dijo decididamente Sirius, “acabaremos con los nuevos mortífagos y con los aprendices, y si podemos, también con ella. ¿Quién más está conmigo?”

Tonks y Emmeline se decidieron, y también “Ojoloco” y Mundungus.

- “¿Qué hay de ti, Kingsley?”, preguntó Dumbledore. El mago moreno se quedó pensativo por unos momentos más.

- “Creo que debemos alertar también a los aurores…”

- “¡Nada de eso! Ellos sólo piensan en detenerme para llevarme a juicio… además, tus aurores dejan mucho que desear”, espetó Sirius. “Esta misión se hará con los miembros de la Orden del Fénix y les avisé sólo porque Moony me lo pidió”

- “Iré”, dijo secamente Kingsley.

- “Bien”, respondió en igual tono Sirius.

Luego, desplegó un mapa de la vieja fábrica que ahora Voldemort usaba como refugio y comenzó a explicarles el plan. Severus se revolvió inquieto en su silla, el plan estaba muy bien concebido y tendría éxito de seguro. ¿Avisaría a Voldemort? Pero no era necesario, Draco le había dicho que esa semana estudiaría para los exámenes y no iría a los entrenamientos de aprendices y Lucius estaba en Escocia en una nueva misión. Esas eran las únicas personas que le importaban en realidad y si Black tenía éxito y destruían a Voldemort, no tendría que preocuparse más por Draco. No, no daría aviso y se aseguraría de que Draco no cambiara de idea.

- “El ataque debe ser a las doce. A esa hora ellos han terminado el entrenamiento y estarán cansados sin duda. Además, si Voldemort está allí, es a esa hora que suele aparecer”, dijo Severus.

Sirius agradeció la información con un gesto y continuó con el plan.

- “Remus debe llevar el Anillo”, dijo Haldir, “Si Voldemort está allí, lo necesitará para defenderse”

Dumbledore estuvo de acuerdo y le entregó un pequeño envoltorio que sacó de su túnica. Remus se lo colgó en el cuello.

- “Mañana nos reuniremos aquí a las diez. Partiremos juntos”, dijo finalmente Sirius poniéndose de pie y dirigiéndose al balcón con su Firebolt en la mano.

Antes de desaparecer, dio una última y significativa mirada a Remus. Era el momento de hablar.

*

“I've waited all this time for you / He esperado todo este tiempo por ti
Believed your promises were true / creyendo que tus promesas fueron verdad
I keep believing that / Sigo creyendo que
you mean what you say / creías en lo que decías
Be my tomorrow, now tomorrow's today / Sé mi mañana, ahora el mañana es hoy”


Remus observó cómo su pareja ataba una nota a la pata de Gwaihir, su lechuza, y la enviaba al Ministerio. Desde que llegaron al departamento, Kingsley había estado muy silencioso y se veía triste, como si presintiera de algún modo lo que le diría.

Sentado en el sofá, Remus trataba de nuevo de elegir las palabras que había ensayado tantas veces pero que cambiaba cada vez que volvía a pensar en ellas. Abrió la boca y la cerró de nuevo. Eso era más difícil de lo que se había imaginado, lo más difícil que haría, y por un momento deseó tener que enfrentarse a cien mortífagos él solo, en lugar de tener que romperle el corazón a una de las personas que más quería.

- “¿Rem?”

Kingsley había llegado a su lado tan silenciosamente que no lo había notado, y ahora estaba arrodillado en la alfombra mirándolo.

- “Kingsley… hay algo que….”

Los ojos de Kingsley se encontraron con los suyos y vio entendimiento. Y quizá eso fue lo peor de todo. Entendimiento y aceptación. ¿Por qué había pensado que él se negaría?

- “Shh, mi amor. Lo sé. Lo sé desde hace mucho”, susurró Kingsley tomándole ambas manos. “No expliques nada, hay cosas para las que no hay explicación…”

- “Lo siento…”, murmuró Remus confundido, pero Kingsley esbozó una sonrisa.

- “¿Sabes lo que envié al Ministerio? Es una nota indicando dónde estaremos, en caso de emergencia. No se han reportado ataques hoy y los aparatos del Ministerio están quietos. Hoy es mi día libre y quisiera salir contigo”

Remus alzó las cejas. ¿Salir? ¿De qué hablaba Kingsley? ¿Acaso interpretó mal su conversación?

El mago moreno pareció entender sus dudas y se sentó junto a él tomándolo de la barbilla y obligándolo suavemente a mirarlo.

- “Una noche, la última”, susurró, “dame esta noche y serás libre, mi amor”

Y Remus no tuvo corazón para negársela.

*

Draco se revolvió en su cama, inquieto. Aún seguía irritado con su profesor de Pociones. ¡Haberle puesto detención para toda la semana! Claro, él había empezado poniendo esa babosa carnívora en la poción de Potter, pero luego Weasley se la había arrojado en la cara y él había dejado escapar un “Averno” para incinerar al bichejo ese que le mordió la nariz. Y allí se había desatado la hecatombe.

Longbottom lo había mirado con los ojos como platos y Weasley había retrocedido asustado, todo en una fracción de segundo antes de que Snape estuviera sobre ellos y por primera vez, había interrumpido su clase de Pociones para llevarse a Draco a su despacho.

- “Nunca ¿me oyes? NUNCA vuelvas a soltar un hechizo oscuro en esta escuela”, espetó Snape lívido de furia, “por menos que esto puedes ser enviado a Azkaban, Draco, esto no es un juego”

Y luego, le había puesto esa injusta detención, haciéndolo la burla de Potter y compañía. Incluso el ridículo nerd de ojos verdes tuvo el descaro de enseñarle la lengua a lo lejos… pero ya vería. Cuando sea mortífago, todos ellos se las iban a pagar.

Eso le recordó la conversación que había tenido el día anterior y que lo había dejado muy inquieto. Todo empezó cuando su padre apareció, indiferente mientras paseaba inspeccionado a los aprendices y hablando con su tía Bellatrix.

Luego, Andrea, uno de los más jóvenes y con un rostro de ángel, se había acercado a Draco. Después de una conversación intrascendente, el joven le había dicho:

- “La señora Lestrange dice que pronto estarás listo para recibir tu marca. Has aprendido muy rápido”

A Draco le latió el corazón muy de prisa.

- “¿Cómo es?”, preguntó, “digo, ¿qué se siente al recibirla? ¿duele?”, agregó formulando las dudas que no se había atrevido a plantearle a su padre ni a Snape.

- “Un poco… algunos se desmayan. Yo no lo hice, creo que mi padrino me transmitió su fuerza”, respondió Andrea con una sonrisa llena de picardía.

Habían avanzado hacia las escaleras desde las cuales se llegaba a la plataforma que les permitía contemplar toda el área de entrenamiento, y que antes había sido la planta de producción de la fábrica abandonada que les servía de cuartel general. Andrea se había sentado en una baranda y se había soltado el rubio cabello, sacudiendo la cabeza a ambos lados hasta que los rizos le cubrieron el rostro.

- “¿Tu padrino?”, había preguntado Draco con genuina curiosidad.

- “Sí”, respondió Andrea, “¿no te lo han explicado? Antes de recibir la marca, eres bautizado. Luego te inician y si superas eso con éxito, el Señor Oscuro te pone la marca”

- “Ahh”, dijo Draco sintiéndose muy tonto y recriminándose por haberse negado a oír las explicaciones de su padre y luego, haber olvidado pedírselas a Snape que se ofreció a dárselas cuando quisiera. “¿Cómo es el bautizo?”

Andrea lo miró asombrado. Luego, dejó salir una risa cristalina y pícara.

- “Es lo mejor que hay”, respondió, y luego pasó a explicar con lujo de detalles los pormenores de su bautizo simultáneo.

Draco enrojeció violentamente, se había excitado sin proponérselo y esperaba que Andrea no lo notase, había algo en el chico que lo intimidaba un poco.

- “Pero… pero… ¿Lord Voldemort siempre mira?”, consiguió preguntar una vez asimilado todo.

- “Eso dicen. Pero dicen también que a veces lo hace con sus favoritos… espero algún día convertirme en uno”, declaró Andrea.

Esa idea no le gustó en absoluto a Draco, ¿Voldemort mirando? Eso era ya bastante obsceno, aunque a Andrea parecía haberle encantado. Se preguntó quién lo bautizaría… no conocía aún a todos los mortífagos. Quizá tuviera suerte y le tocara el mismo que a su amigo…

- “¿A ti quien te bautizó?”

- “Tu padre”, respondió Andrea con orgullo, “créeme, es el mejor”

El chico sintió que un abismo se abría a sus pies. ¡Su padre! Claro, había olvidado que su padre también formaba parte de la organización de Voldemort y era lógico que le tocara de vez en cuando bautizar a alguien… pero ¡Era su padre! Nunca antes había pensado en Lucius de ese modo. Sabía que su padre no era fiel, eso lo había descubierto casualmente al oír una pelea que tuvo con su madre hacía mucho, pero una cosa era saber eso y otra haber oído a Andrea describir detalladamente todo lo que hicieron.

- “¿Sabes? Quiero ser como él. Los Malfoy tienen un gran encanto...”, dijo Andrea con una sonrisa, “y me gustaría ser yo el que te bautice, amore mio”

Y sin más, el chico rubio le había estampado un beso en la boca antes de retirarse.

Draco suspiró. Pensar en eso había hecho que se endureciera y se tocó ansiosamente, evocando el rostro de ángel de Andrea. Por una noche, dejaría que fuera él quien poblara sus sueños y no Remus. Además, sentía un placer secreto al pensar que el joven había estado también con su padre y ese acto de rebeldía lo excitaba más.

*

- “Kingsley… yo no sé…”, dudó Remus.

Kingsley sonrió.

- “Rem, no sabes casi nada de mi país. Quiero mostrarte algo hoy. Te aseguro que te gustará”

Y Remus se puso, con dudas aún, la extraña polera ancha color verde oliva que Kingsley le ofreció, complementada con unos pantalones anchos de mezclilla muy gastados. Se sentía muy raro con esa polera estampada con pequeñas hojas de ¿cómo dijo Kingsley que se llamaban? ¿marijuana?... resignado se dispuso a salir así, pero casi se le cae la mandíbula cuando vio a Kingsley con ropa blanca y holgada y varios collares de cuentas. En su polera tenía la imagen de un tipo moreno con el cabello peinado en largas y gruesas trenzas.

- “Es un músico muggle de mi país, Rem”, explicó Kingsley, “vamos…”

En vez de usar la chimenea u otro medio de transporte mágico, bajaron por el ascensor del edificio hasta llegar al estacionamiento, donde Kingsley lo condujo a un auto enorme.

- “¿Sabes conducir eso?”, preguntó sorprendido Remus. Kingsley le dio un beso por toda respuesta.

Momentos más tarde, pasaban por el edificio donde vivía Tonks y la recogieron junto con Bill. Ambos lucían atuendos similares y se veían muy animados.

- “Tonks me ha dicho que ese lugar es genial”, dijo Bill, que por primera vez había dejado su chaqueta de cuero para reemplazarla por una camisa holgada y estampada; pero seguía usando su colmillo en el cuello y sus botas de piel de dragón.

- “Ya verás, Remus”, dijo Tonks con los ojos brillándole de emoción, “Kingsley y yo nos hemos escapado allí varias veces y es muy divertido”

Remus sonrió y se sintió más relajado. Al menos Tonks estaba con ellos y parecía alegre. Quizá no fuera tan malo como creía.

Kingsley condujo atravesando rápidamente Oxford Street en dirección a Piccadilly, donde había lugares y personas extrañas, con el cabello de colores sin ser magos. Luego se detuvieron en un local cuyo cartel de neón mostraba al mismo tipo que Kingsley llevaba en la polera. El sitio se llamaba “Marley Club”

Dejaron el auto y Kingsley tomó de la mano a su pareja y lo condujo adentro. Allí, Remus se quedó estupefacto… el ambiente era allí muy rústico y el piso era de tierra, con muchas plantas, todas naturales. La calefacción debía estar en algún lugar, pero no era visible, aunque quizá no fuera necesaria por el calor del ambiente mismo. Pequeños y confortables apartados con techo en forma de palmera estaban dispuestos en media luna alrededor de la pista de baile y al fondo del escenario un conjunto muggle cantaba algo que sonaba como “Could it be love…”. Remus se encontró con que el estribillo era muy pegajoso y Tonks seguía el ritmo con la cabeza, bastante animada.

El lugar estaba lleno y todos usaban ropa holgada. La mayoría de hombres llevaban el cabello peinado con trenzas o simplemente atado y se veían muy alegres, sobre todo despues de fumar un extraño cigarro muggle.

Kingsley se acercó a uno de los meseros e inmediatamente les armaron un apartado donde se acomodaron. Aparentemente el auror era conocido en ese lugar y a Remus le agradó descubrir esa nueva faceta de su pronto ex pareja.

Luego, Kingsley desapareció con Tonks y Remus empezó involuntariamente a seguir el ritmo de la música con el pie.

- “¿Qué música es esta?”, preguntó a Bill

- “Reggae. Tonks me lo dijo. Es del país de Kingsley”

- “Ah”, dijo Remus, “suena bien”. Y por fin comenzó a relajarse.

Kingsley y Tonks aparecieron con las bebidas. Todas venían en cocos y tenían sorbetes para beberlas.

- “Prueba esto, Rem”, dijo Kingsley, “le llaman piña colada”

Remus lo probó y le gustó su sabor dulce, aunque no conocía mucho de bebidas muggles, pero era agradable y lo bebió todo.

- “Ehh, se supone que lo debes beber lento, cielo”, le explicó Kingsley riendo, “te traeré otra”

Tonks tomó unos sorbos de su bebida y sacó a Bill a bailar. Pronto ambos se movían al ritmo de la pegajosa música y Remus empezó a sentir un agradable calor.

- “Aquí tienes, Rem”, dijo Kingsley alcanzándole otra bebida. Luego se sentó junto a él y lo rodeó con sus brazos, “este lugar me recuerda mucho a mi Jamaica, aunque allí el cielo jamás está nublado y se pueden contemplar las estrellas”, le susurró al oído.

- “Es interesante”, dijo Remus a falta de un adjetivo menor. Se sentía aún un poco extraño, la música era tan alta que no podrían conversar. Entonces ¿debía pasar la noche bebiendo licor muggle? ¿O bailando? Pero esto último no pensaba hacerlo, no luego de ver la forma en que se movían Tonks y Bill.

Bebió un largo sorbo de su bebida y se sintió un poco mareado. Bebió otro sorbo más.

- “Rem, no deberías beberlo tan rápido, puedes embriagarte”, advirtió Kingsley, pero ya él había bebido otro sorbo y terminó su piña colada.

- “Estoy bien”

- “Lo veo”, observó Kingsley. De pronto, Remus comenzó a reír, “¿No quieres bailar un poco? Así se te pasará el efecto”

- “¿Bailar eso? ¿Yo?”, dijo Remus riendo aún y tomando la bebida de Tonks.

- “Sí”, respondió Kingsley, “es muy fácil, yo te guiaré. ¿Ves a Bill y a Tonks? Lo estám pasando genial, vamos…”

Remus apuró la bebida de Tonks, dudando aún, pero en ese momento empezaba una nueva canción y Kingsley lo tomó de la mano para llevarlo a la pista. Remus se resistió un poco, pero luego se dejó llevar. En realidad era divertido. Kingsley lo guió pegando sus caderas a las suyas y moviéndolas cadenciosamente mientras le cantaba al oído “I wanna love you… every day and every night”

El mago pálido no tardó en adaptarse al ritmo y sentía una extraña emoción al bailar tan pegado a Kingsley delante de todos, como había hecho con Sirius hacía tantísimo tiempo, aunque con un ritmo completamente diferente. Pronto se encontró coreando “is this love, is this love, is this love what I am feeling?” y se abrazó más a Kingsley mientras buscaba sus labios. Esa era la noche de Kingsley y se la iba a hacer lo más feliz posible.

Bebieron, bailaron y se besaron toda la noche y sólo salieron de allí cuando empezaba a amanecer.

*

“I am so tired (so tired) / estoy tan cansado...
And I just can't wait around for you / y simplemente no puedo esperar por ti
I am so tired (so tired) / estoy demasiado cansado
And I always thought we'd see it through, yeah / y siempre pensé que lo superaríamos”


Una hora más tarde, Remus y Kingsley aparecieron en Hogwarts con los labios aún unidos y caminaron así hasta caer sobre la cama, donde Kingsley se despojó de la polera dejando ver su sudoroso torso al tiempo que Remus hacía lo propio. El mago pálido hundió el rostro en el pecho de ébano, succionando cada rincón, imprimiéndolo en su memoria porque esa era la despedida.

Con expertas manos, bajó los pantalones de Kingsley y lo tomó en su boca haciéndolo gemir. Quería hacerlo feliz, quería tener otra vida para darle a su querido Kingsley la felicidad que merecía. Pero amaba a Sirius y eso nadie lo podría cambiar. Algunas lágrimas cayeron sobre la ingle de su amante.

- “No llores, mi amor”, dijo tiernamente Kingsley incorporándose para atraerlo suavemente, “prometí cuidar de ti y hacerte feliz, y eso es lo que haré”

- “Kingsley yo…”, dijo Remus con voz ahogada.

- “Shh”, susurró en su boca el mago moreno mientras desabotonaba los jeans y bajaba la cremallera de Remus, “no tienes que decirme nada, ya lo sé”

Y bajó por el delgado cuerpo, besando y lamiendo cada milímetro de la amada piel, para recordarlo siempre así, tan suyo y tan lejano a la vez.

- “Te amo”, dijo cuando su lengua llegó por última vez al rincón que más adoraba porque era el símbolo de la entrega de su querido Remus. Succionó amorosamente hasta oír los familiares y deliciosos sonidos que le decían que ya estaba preparado para el amor.

- “Tómame, Kingsley”, pidió Remus jadeante, “esta noche soy tuyo”

Y Kingsley lo hizo, con el mismo cuidado de siempre mientras adentraba su voluminosa erección en el amado cuerpo, procurando no dañarlo al no usar ningún lubricante. Remus pasó las piernas por las caderas del mago moreno, permitiéndole un mejor ángulo que Kingsley aprovechó arrancando grititos de pasión de su pareja. Luego se inclinó y lo besó nuevamente.

- “Te amaré siempre, Remus J. Lupin. No importa lo que pase, recuerda que puedes confiar en mí”

- “Lo sé. Te quiero, Kingsley”, susurró Remus y se fundieron en un dulce beso mientras la mano del moreno friccionaba deliciosamente a su amor.

El movimiento se hizo urgente al igual que los jadeos de ambos. Remus se sentía triste y alegre a la vez mientras era amado. Triste por Kingsley, su perdido amor; y alegre porque era libre para volver a Sirius, su verdadero y único amor.

El orgasmo llegó como un ciclón, avasallando todo pensamiento coherente de Remus y sólo gritó de placer, diciendo por última vez el nombre de Kingsley mientras las manos de su amante se empapaban con el tibio líquido.

Kingsley gritó a la vez y se hundió por última vez en el cuerpo que adoraba, inundándolo por completo. Luego se deslizó con suavidad y se inclinó lamiendo el tibio líquido de Remus; era la última vez y no quería olvidar jamás su sabor.

Abrazó a Remus, que lloraba.

- “Gracias, Kingsley. Gracias por todo”

- “No, mi amor”, lo besó Kingsley, “gracias a ti por esos meses maravillosos. Gracias”, dijo contra sus labios y lo atrajo hacia su pecho, acariciándole el cabello y la espalda.

Ese día no salió el sol. Llovía, como si la naturaleza entendiera su dolor. En los brazos de Kingsley, Remus al fin de había quedado dormido con una sonrisa.

- “Sé feliz, Rem. Es así como quiero verte siempre”, susurró Kingsley dejando las lágrimas fluir al fin. Lo colocó con infinito cuidado sobre la almohada y luego de un último beso, se vistió y se fue.

“Adiós, mi amor”

*

“And I often sit and wonder why / a menudo me siento y me pregunto por qué
You're not with me tonight / no estás conmigo esta noche
I stayed at home remaining true / me quedé en casa manteniéndome sincero
While you do what you want to do, yeah / mientras haces lo que quieres hacer”

- “¿Se lo dijiste?”, preguntó Sirius esa tarde a un cansado Remus que había podido apenas con las clases de esa mañana.

- “Sí, Paddy”, sonrió Remus. Al fin se sentía en paz.

Sirius no tardó en apoderarse de sus labios.

- “No sabes cómo extrañé tu sabor, Moony. Mi Moony”, afirmó antes de besarlo de nuevo.

Se embriagaron uno en los labios del otro por un momento que a Remus se le antojó interminable y así anhelaba que fuese siempre.

- “Hem hem”

Ambos se sobresaltaron y Remus tuvo por un momento la terrible impresión de que Dolores Umbridge había vuelto.

Finwe los miraba divertido.

- “Remus, Minerva quiere verte enseguida, es algo relacionado al chico Montague, de Slytherin”

- “Voy”, respondió Remus, “Paddy, te veré en la mansión, voy a descansar un poco antes del asalto”

Se besaron ligeramente y Remus desapareció. Finwe seguía con una pícara sonrisa.

- “Me alegro de que al fin estén juntos de nuevo”, dijo sinceramente, “quizás cuando pase toda esta locura, podrían divertirse también con Haldir y conmigo”

La proposición fue hecha con tal desenfado que Sirius sólo atinó a abrir mucho los ojos… no, la idea no era nada desagradable, pero ¿aceptaría Moony?


*

A las doce, un pequeño grupo de magos vigilaba la entrada de la vieja fábrica.

Nada.

No había señal alguna de actividad.

“Ojoloco”, Haldir y Sirius deliberaron un momento y luego el animago hizo una señal. Volaron la puerta con un potente hechizo y se desplazaron rápidamente por las instalaciones. Todo estaba desierto, los pájaros habían volado.

Sirius pateó la pared con impaciencia y entonces Finwe hizo un gesto, sus finos oídos élficos habían captado algo.

Se dirigieron hacia lo que sospechaban eran los aposentos de Voldemort, siendo cubiertos por Tonks, Bill y Mundungus. “Ojoloco” y Haldir fueron a inspeccionar el sótano.

La puerta de la cámara estaba sellada por un poderoso hechizo y Kingsley avanzó recitando un conjuro en español. La puerta se abrió.

La estancia era magnífica y sobre la cama de sábanas de seda, había una solitaria figura. El informante de Sirius, con el ultrajado cuerpo cubierto de sangre de tantas heridas que no era posible contarlas.

- “Señor… Black… ayuda…”, sollozó.

Emmeline se compadeció del pobre muchacho y avanzó hacia él.

- “¡Atrás!”, bramó Sirius, “¡Es una trampa!”

Quiso atrapar a Emmeline en el aire, pero la férrea mano de Kingsley se lo impidió, arrojándolo al piso, fuera de la estancia, y cayeron ambos allí.

Todo pasó muy rápido. Remus sólo pudo ver el terror en los ojos del chico y luego abrirse su abdomen expulsando fuego azul con tal fuerza que la explosión atrapó a Emmeline y de no ser por Kingsley, habría atrapado a Sirius también.

- “¡El Anillo!”, gritó Finwe.

Y Remus se concentró para poner una barrera a las llamas que salían de la habitación con la fuerza de un huracán. Las contuvo pero se expandieron hacia arriba y el edificio se estremeció hasta sus cimientos.

- “¡Es el fuego de Yeg-gah!”, grito “Ojoloco” corriendo con Haldir a su lado, “debemos salir de aquí”

La advertencia no era en vano, en pocos segundos las diabólicas llamas devoraban todo, incluyendo la estructura metálica. Remus puso una barrera sobre sus amigos y corrieron hacia la salida, arrojándose al suelo de la acera, increíblemente fría.

El edificio pareció sacudirse en un espasmo final y explotó devorado en llamas azules que sólo quemaban ese lugar. En segundos, empezaron a llegar decenas de aurores en sus escobas y Sirius se escabulló, luego de besar rápidamente a Remus.

El animago temblaba de impotencia, pero también de ira, porque había alcanzado a leer el mensaje escrito con sangre en la pared de la fatídica habitación.

“Así es como el Señor Oscuro castiga a los desertores, primo”

Nadie más que uno de ellos podría haberla alertado. Y eso lo convenció de que había un nuevo traidor y esta vez en la Orden.


Capítulo 34 Making love

“I know just how to whisper, / sé exactamente cómo susurrar
And I know just how to cry; / y sé exactamente cómo llorar
I know just where to find the answers;/ sé exactamente donde hallar las respuestas
And I know just how to lie. / y sé exactamente cómo mentir
I know just how to fake it, / sé exactamente cómo falsificar
And I know just how to scheme; / y sé exactamente cómo intrigar
I know just when to face the truth, / sé exactamente cuándo encarar la verdad
And then I know just when to dream / y ahora sé exactamente cuándo soñar”

Making Love – Air Supply


- “¡Hay un traidor, Moony, no puedes negarlo!”, exclamó Sirius golpeando con el puño la destartalada mesa de la cueva.

- “No lo he negado, sólo hago un descarte y no veo ningún sospechoso”, dijo con calma Remus. Habían estado analizando por media hora el asalto que hicieron al refugio de Voldemort y Sirius los había hecho partícipes de sus sospechas.

- “La información del asalto sólo la manejábamos nosotros y los miembros de la Orden... entonces forzosamente tuvo que ser alguien de allí, a menos que fuera una enorme e improbable coincidencia”, dijo suavemente Haldir.

Remus cerró los ojos ante la evidencia. Era cierto, tal y como lo había planteado el elfo, sólo quedaba la posibilidad de un traidor. Un traidor entre sus amigos más cercanos. ¿No era eso lo que había pasado antes? ¿Alguien que se sintiera tan miserable como para enviarlos a todos a la tumba? Pero... ¿quién?

- “¿Qué haremos?”, preguntó a Sirius.

- “Actuaremos por nuestra cuenta. Ahora debemos ser más cuidadosos que nunca y empezar de nuevo a buscar su actual refugio... no creo que haya tenido tiempo de instalarse bien aún, en la fábrica había restos recientes de comida, la mudanza debió hacerse apenas hace un día”, dijo pensativo Sirius.

- “Está en algún lugar junto al río”, dijo Finwe de pronto, “he tenido anoche un extraño sueño con agua, es una especie de presentimiento o...”

- “O él se sigue comunicando contigo como con Harry”, intervino suavemente Remus, “hablaré con Harry”. Sirius hizo un gesto negativo, “no, Paddy, no lo asustaré, sólo hablaré con él”

- “Está bien”

Remus sonrió, Sirius parecía tomarse muy en serio el cuidado de Harry y eso le agradó, después de todo, el chico había ayudado de algún modo a que ambos estén juntos.

- “Empecemos a rastrearlo en el río. Remus y Finwe pueden recorrer la parte oeste y Sirius y yo la parte este”, dijo Haldir y todos estuvieron de acuerdo.

- “Es tarde y tengo una clase que dictar” dijo Remus poniéndose de pie.

- “¿Cuándo te veré?”, la mirada de Sirius fue bastante elocuente...

- “Por la noche... vendré para cenar”, sonrió Remus, “pero antes, tú y yo debemos ir a un lugar importante”.

Lo besó ligeramente en los labios y se alejó, mientras Sirius, Haldir y Finwe comenzaban a trazar un nuevo plan.

*

“And I know just where to touch you / y sé exactamente dónde tocarte,
And I know just what to prove”; / y sé exactamente qué demostrar”


- “¡Tienes que hacerlo y lo harás! Allí estaré yo para asegurarme de eso, Sev”, ordenó Lucius a su pálido compañero que lo miraba con indescifrable expresión.

- “¿Qué le pasa a Voldie?”, preguntó, “¿es que su gusto por los ataques directos ha disminuído? ¿Ahora quiere usar pociones?”

- “No quiere llamar la atención demasiado...”, dijo Lucius, “después de la explosión de anoche desea dar un golpe especial a los muggles. ¿Cuánto tardarás en preparar la poción? Y no me tragaré eso que dijiste con el veritaserum”

- “Un par de días...”, murmuró Severus más para sí que para Lucius. “se lo diré yo mismo, iré esta noche”

- “Bien”, dijo complacido Lucius, “¿cómo está Draco?”

- “Ya lo está asimilando... hace rápidos progresos, pero le puse detención por usar un Averno en clases. Debe ser cauteloso”

- “Lo sé. Escribió para quejarse... dijo que pudiste castigar también a Potter y no lo hiciste”

- “Hice lo que tenía que hacer ¿desde cuando Draco es Director de Slytherin para decidir por mi?”, espetó Severus.

- “Relájate, Sev”, dijo divertido Lucius, “conozco un método muy efectivo para la tensión”, susurró enredando sus dedos en el negro cabello.

- “Ahora no, Lucius”, Severus retiró las manos del otro, con algo de brusquedad, “tengo clases. Tampoco deberías estar aquí”

“I know when to pull you closer, / y sé cuándo acercarte
And I know when to let you loose / y sé cuándo dejarte ir”


Lucius retrocedió con expresión herida. Así era Severus, a veces tan odiosamente impersonal que no le hubiera importado echarle un cruciatus por mucho que lo amara.

- “¿Qué? ¿El traidor tiene miedo que papá Dumbie descubra que entro y salgo de Hogwarts cuando me place?”, preguntó con sorna.

- “Lucius”

Pero ya el mago rubio había desaparecido y Severus meneó la cabeza pensativamente. Definitivamente había cosas que jamás cambiarían.

Se apresuró a su siguiente clase.

*

“And I know the night is fading, / y sé que la noche se está desvaneciendo
And I know that time’s gonna fly; / y sé que el tiempo volará
And I’m never gonna tell you everything / y nunca te diré todo
I’ve got to tell you, / lo que tengo que decirte
But I know I’ve got to give it a try / pero sé que haré el intento”


La noche era fría y una ligerísima lluvia mojaba el sendero de grava que llevaba al cementerio. Dos figuras caminaban tomadas de la mano, sin preocuparse de las gotas que les mojaban el cabello, tan ansiosas por llegar a su destino final que esa pequeña molestia no les importaba.

Avanzaron entre las tumbas del desierto cementerio hasta llegar al sitio que buscaban. La tumba de Lily y James Potter, sus mejores amigos.

Remus se arrodilló y colocó sobre la lápida un ramo de crisantemos blancos.

- “Para ti, querida Lily”

Sirius se arrodilló junto a Remus, con los labios temblándole de emoción. Era la primera vez que visitaba ese lugar, pero había querido ir cuando Remus se lo pidió, por mucho dolor que le causase.

- “Lily, James”, dijo con voz ahogada mientras por su rostro caía una solitaria lágrima, “ayer estuvimos cerca... pronto lo lograremos, queridos amigos”

- “Lo lograremos”, repitió Remus sin soltar la mano de Sirius, “ahora estamos juntos como antes... lo lograremos”

Se quedaron en silencio un momento, pensando en tantas cosas que pudieron ser y no ocurrieron, porque Voldemort no les dio a sus amigos la oportunidad de ver crecer a su hijo. El anillo comenzó a brillar en el pecho de Remus y él abrió los ojos.

- “Remus”, dijo Sirius con voz ronca.

De la losa que cubría la tumba empezó a brotar una especie de niebla que formó dos figuras borrosas.

- “¿Lily? ¿James?”, susurró Remus sintiendo que se desmayaba.

- “Harry”, fue un susurro que brotó de las figuras, y fue como si lo hubiera traído el viento... el anillo brilló con más fuerza, dirigiendo sus rayos hacia esa niebla con forma semi humana.

- “Harry es nuestro hijo ahora”, dijo Sirius con la voz temblorosa de emoción, “lo cuidaremos, juro que lo haremos”

- “Nosotros estaremos con él, querida Lily”, dijo Remus con el rostro lleno de pena, “jamás permitiremos que le pase nada, amigos míos”

Por un momento pareció que la niebla tomaba una mayor definición y pudieron ver los rostros sonrientes de Lily y James, pero fue un instante y luego el viento disipó las formas, alargándolas hasta que pareció que una de ellas acariciaba el rostro de Remus y el viento agitó el mechón entrecano que le cayó sobre la frente.

- “Prongs”, sonrió en medio de las lágrimas y estiró las manos, pero ya no había nada. Luego volteó a ver a Sirius.

- “Moony, ¿eso fue...?”

- “Sí”, dijo dulcemente Remus, “ellos”

Y se abrazaron en silencio.

- “Sirius... dijiste ¿nuestro hijo?”, preguntó Remus sin sacar el rostro de la chaqueta de su pareja, donde se había refugiado.

- “Lo dije”, respondió Sirius, “él vivirá con nosotros, ¿no es así? bueno, cuando pase todo este asunto de Colagusano y el juicio... pero vivirá con nosotros. No pienso permitir que pase otro verano con esos muggles. Puede quedarse contigo en forma “oficial” y como tú vivirás conmigo, asunto resuelto...”

Remus le tapó la boca.

- “¿Eso es una proposición para vivir juntos?”

- “Sí”, dijo Sirius, “¡Por Merlín, que estúpido soy! Claro que sí, deseo que vivamos juntos, como antes... ¿pensabas que te iba a dejar ir nuevamente, lobito?”

Remus se apoderó de sus labios y los dos rodaron por el césped sin importarles la lluvia.

*

“And I know the roads to riches, / y sé los caminos a la riqueza
And I know the ways to fame; / y conozco el sendero a la fama
I know all the rules / Conozco todas las reglas
And then I know how to break ’em / y también sé cómo romperlas
And I always know the name of the game. / Y siempre sé el nombre del juego”


Lucius se estiró displicentemente en el sillón tapizado en terciopelo rojo. Los gustos de su señor sobre el decorado siempre le habían parecido extravagantes, pero ¿una habitación entera de rojo? Los tapices de las paredes, la alfombra y las cortinas tenían ese color, al igual que los muebles y la cama. “El color de la sangre”, decía siempre Voldemort y de hecho, el color de las sábanas de esa cama se confundiría con la sangre de su próximo ocupante.

El bautizo de Draco estaba cerca, quizá por eso Voldemort lo había citado en esa estancia. ¿Qué podía hacer? Era el precio de ser un Malfoy, como le había dicho su padre cuando se lo entregó a Voldemort, y Lucius había aceptado pagar el precio. Se preguntó si Draco lo aceptaría también.

- “Lucius”, la sibilante voz lo sacó de su ensueño, “me complace ver que estás recuperado”

- “¿Me llamaste, señor?”, preguntó Lucius mirando fijamente los ojos de ofidio.

La sonrisa de Voldemort se hizo amplia.

- “Mi fiel Lucius, tu hijo es tan perfecto como tú”, la pálida mano comenzó a acariciar el cuello del rubio, “pronto estará listo, aprende rápido”

Lucius sólo asintió.

- “El catorce de febrero. Ese fue el día de tu bautizo también”, le susurró al oído, “Avanzamos, Lucius... los muggles nos temen, los Aurores no saben ya qué hacer y Dumbledore y su Orden de desquiciados casi no existe... el golpe de ayer fue magistral. Una muerte y la desmoralización de todos, por no mencionar la impotencia de los aurores para ocultar el incidente... Bones no durará en el cargo, verán que es peor aún que Fudge y entonces....”, se detuvo pasando la lengua por el lóbulo de la oreja de Lucius.

- “¿Ese fuego...?”, empezó el rubio

- “El fuego de Yeg-gah. Magia negra vudú en su más pura expresión, obsequio de nuestros nuevos aliados... nadie puede apagarlo, nadie escapa de él hasta que haya consumido el lugar en el que fue invocado... hubieran muerto todos de no ser por el licántropo. Pero, querido Lucius, eso pronto estará resuelto también”

Voldemort estaba de humor para las confidencias. Eso era una mala señal y Lucius lo sabía por experiencia... sus planes estaban saliendo como quería y eso lo ponía de buen humor. Y cuando Voldemort estaba de buen humor... Un ligero golpe sonó en la puerta.

- “Lucius, llamé a Severus”, dijo Voldemort poniéndose de pie para desaparecer tras los cortinajes, “creo que los tres merecemos un relajo”

¡Severus! ¿Acaso Voldemort quería...? Eso era más que obvio, hacía mucho tiempo que no tenían sexo en frente de él. De hecho, desde que ambos eran un par de adolescentes y Voldemort aún era humano.

Lucius abrió la puerta.

- “Severus”

- “Lucius”

Los ojos de ambos se encontraron por un solo instante y Severus comprendió lo que se esperaba de él. Se arrojó ávidamente sobre la boca de Lucius, friccionándose contra su cuerpo mientras tiraba de su túnica. Lo desnudó ansiosamente sin que el rubio se resistiera.

- “Siempre tan apetecible, mi demonio”, dijo Severus mordiendo con fuerza un pezón.

Lucius se arqueó agarrándose desesperadamente de la negra túnica de Severus, procurando no mirarle los ojos porque sabía que había hielo en ellos. Se concentró en quitarle la túnica.

- “Sev, ¿Siempre tienes que hacer todo tan complicado?”, dijo jugetonamente, “te has abotonado hasta las orejas...”, y sin pensarlo más, rasgó la túnica del profesor acercándose febrilmente a devorar su cuello, pero Severus lo arrojó con un hechizo a la cama.


“But I don’t know how to leave you, / pero no sé cómo dejarte
And I’ll never let you fall; / y jamás te dejaré caer”


El profesor sabía que había un mudo testigo de su momento de pasión y que ahora más que nunca debía ocultar sus verdaderos sentimientos hacia su amante, ahora más que nunca debía mostrarse apasionado, pero frío; y ninguna caricia, gesto o palabra podía dejar traslucir su amor. Irónicamente, esto no era nuevo para él; lo había hecho desde que recordaba en su extraña relación con Lucius; aunque últimamente se había descuidado en ese aspecto.

Se despojó rápidamente del resto de sus ropas, pensando que haría pagar a Lucius por romperle la túnica... luego, se arrojó sobre él y tomó su miembro entre sus labios.

- “Ahhh, Sev”, gimió Lucius, mordiéndose los labios. Era consciente también de que debía ocultar lo que sentía y concentrarse sólo en dar una “exhibición” adecuada para su señor. Pero había pasado casi cuatro años ocultándole a Severus lo que en verdad sentía, de modo que eso no supuso demasiada dificultad.

Ambos se amaron con la pasión avasalladora que caracterizaba sus encuentros, probando posturas y caricias que sabían del agrado de Voldemort. Severus inundó el cuerpo de su amante y fue a su vez inundado por él, pero ninguno de los dos tuvo un solo gesto amoroso, no se besaron porque demasiado estaba involucrado en esos besos y sólo se permitieron cerrar los ojos uno en brazos del otro cuando terminaron, agotados.

- “Mis fieles mortífagos... mis predilectos en el amor”, siseó Voldemort emergiendo de las cortinas. “Severus...”, dijo acariciando la ahora marchita virilidad del profesor.

- “Mi señor...”, dijo Severus incorporándose a medias y apartando suavemente a Lucius, que aún tenía los ojos cerrados.

La lengua bífida de Voldemort lamió las gotas que quedaban en el glande del rubio mientras daba sus últimas órdenes.

- “Severus, te encontrarás en una hora con Theodore Conklin, en Piccadilly Circus. Él ha trabajado de agregado en la India y viene de regreso. Será el nuevo ministro. Mi ministro... haz todo lo necesario para asegurarte de que sea así, tiene que ser hoy porque nadie lo ha visto aún”

- “Sí, señor”, dijo Severus comenzando a vestirse. Sabía perfectamente que “todo lo necesario” significaba usar la maldición Imperius, y sabía también que no tenía alternativa. Se dirigió a la salida.

- “Severus”

- “Sí, señor”

- “Tráeme al joven Manganelli. Apenas empiezo a divertirme”

Severus salió y una vez fuera, apretó los labios, único gesto que se permitía en ese lugar para descargar su ira e impotencia. ¡Manganelli! Localizó al muchacho y quiso estrangularlo al ver su rostro de alegría cuando le comunicó el servicio que prestaría. Se dirigió a Piccadilly Circus procurando no imaginar a ese angelito rubio siendo poseído nuevamente por Lucius, SU Lucius.


“And I don’t know how you do it, / y no sé cómo lo haces
Making love out of nothing at all / haciendo el amor por nada”


*


“Every time I see you / cada vez que te miro
all the rays of the sun / todos los rayos del sol
Are streaming through / están fluyendo por
the waves in your hair; / las ondas de tu cabello”


Un brillo dorado iluminó el precario refugio de Sirius y poco después, dos hombres aparecían besándose a la entrada de la cueva. Sus bocas no se despegaban mientras las manos de ambos luchaban por desvestirse mutuamente. De pronto uno de ellos hizo una pausa para poder respirar.

- “Sirius”, exclamó con abandono, “Sirius”

El animago volvió a apoderarse de los delgados labios, saboreándolos con cuidado mientras le quitaba la túnica. Luego su beso se hizo más profundo al luchar con los botones de la camisa y en su impaciencia los arrancó mientras avanzaban algunos pasos en dirección al colchón.

Remus atrajo la cabeza de Sirius que ahora besaba su cuello, y enredó los dedos en el largo cabello negro que adoraba. Lo había extrañado, por todo lo que era sagrado en el mundo, lo había extrañado. Su cabello largo, sus ojos azules y ese modo tan suyo de decirle que lo amaba sin palabras... su boca delgada, tan diferente a la de su anterior amante, pero tan deliciosa y apetecible... y su cuerpo ahora delgado por tanto sufrimiento, pero firme y fuerte aún, con esa fortaleza que él siempre tuvo, con esa entrega hacia lo que en verdad quería. Sirius, su Sirius.

“And every star in the sky is taking aim / y cada estrella del cielo está apuntando
At your eyes like a spotlight, / a tus ojos como un reflector”

- “Te amo”, dijo con voz ahogada, perdiéndose en la mirada azul, y la chaqueta de cuero de su amante voló por los aires.

- “Te amo”, dijo a su vez Sirius, embriagándose con los ojos dorados, y bajó la cremallera de los pantalones de su amor.

Entre jadeos y caricias, fueron despojándose de las otras prendas que marcaron el camino hacia el lecho al que al fin cayeron abrazados, enredados el uno en el otro.

“The beating of my heart is a drum, / el latido de mi corazón es un tambor
and it’s lost / y está perdido
And it’s looking for a rhythm like you. / y está buscando un ritmo como el tuyo”


- “Moony, mi Moony”, jadeó Sirius pegándose cada vez más al cuerpo que era suyo, ansioso por confundirse en uno, y que sus corazones latieran al mismo ritmo que sólo Remus podía darle.

Amor.

Amor al fin y esta vez para siempre.

Remus elevó las caderas sin disimular su ansiedad. Era Sirius, su amor, el único que lo conocía completamente, el único que sabía cómo estimular su cuerpo de la mejor manera, porque fue el primero, porque siempre fue el único.

Sirius rompió el beso para arrodillarse entre las piernas de su amor, tan ansioso, tan suyo. Era hermoso, a pesar de la edad y el sufrimiento, Remus era el ser más hermoso para él y siempre lo sería.

“You can take the darkness / puedes tomar la oscuridad
from the pit of the night / del centro de la noche
And turn into a beacon./ y volverla un ardiente
burning endlessly bright / brillo interminable”

El mago pálido gimió con anticipación al sentir el familiar calor de la boca de Sirius en su erección y acarició su cabello que ahora se derramaba libre sobre su estómago. Le parecieron siglos desde la última vez que estuvieron juntos, hacía apenas unos meses, pero una noche de amor no había sido suficiente para olvidar el dolor... el abandono...

- “Mi amor, esta vez será para siempre”, afirmó Sirius como si le leyera el pensamiento, y en efecto así debía ser.

Amor

Amor verdadero

Lo acarició largamente, como si fuera la primera vez, y de hecho así lo era, pues la noche que compartieron hacía meses nunca fue suficiente para Sirius, aunque su recuerdo confortó el tiempo que estuvo solo lamentando su error. Besó con afecto cada parte del ansioso cuerpo que se le ofrecía sin reservas y con cuidado lo hizo girar elevando sus caderas y empezó a atender la zona más sensible de su amado Remus.

“I can make tonight forever, / puedo hacer esta noche eterna
Or I can make it disappear by the dawn; / o puedo hacerla desaparecer al amanecer
And I can make you every promise / y puedo hacerte cada promesa
that has ever been made, / que jamás se haya hecho
And I can make all your demons be gone. / y puedo alejar a tus demonios”


- “Te amo, Sirius”, jadeó Remus al sentir la posesiva lengua preparando el camino, “siempre te amé”

Sirius insertó cuidadosamente un dedo en la zona ya lubricada y se emocionó profundamente al sentir la respuesta de su amado que gimió deliciosamente y elevó más las caderas, ofreciéndose. Lo tomó sin reservas, con todo el ímpetu de los meses de olvido y un profundo gemido de Remus fue su recompensa. Pronto, sus cuerpos se movían al mismo ritmo y sus corazones latían al unísono.

- “Te amo, lobito”, gimió Sirus sintiendo que enloquecía al adentrarse en el estrecho cuerpo de su amado, “te amo”

Su mano comenzó a masajearlo como sólo el sabía hacer mientras llenaba su espalda y cuello de besos húmedos y tibios.

- “Siempre estaremos juntos”, susurró sintiendo próximo el momento, “ni siquiera la muerte nos podrá separar, mi Moony”

- “Sólo tú, Padfoot”, susurró Remus sin poder evitar algunas lágrimas que fueron enjugadas con besos, “siempre tú”

Unos movimientos más hicieron que las manos de Sirius se empaparan del tibio líquido y ya no pudo resistirlo más. Con una acometida final inundó el cuerpo de su amado, borrando con eso todo vestigio de su rival, que en realidad – y recién ahora lo comprendía – nunca fue rival, pues Remus le pertenecía en cuerpo y alma, tal y como él le pertenecía a Remus.

Cayó sobre el cuerpo de su Moony sin dejar de abrazarlo y dejó que la naturaleza hiciera su trabajo, deslizándose luego suavemente fuera de su amado a quien atrajo contra su pecho. Ambos tenían lágrimas en los ojos mientras se besaban.

- “Jamás volveré a fallarte, moriría por ti, mi amor”, susurró Sirius.

- “Y yo moriría si no te volviera a perder”, susurró Remus sin dejar de besarlo.

Se quedaron dormidos con los cuerpos aún juntos y húmedos y las cobijas sirvieron para abrigarlos en esa fría madrugada. No les importó estar en una cueva en medio del bosque, durmiendo en un miserable colchón apenas oculto por una pequeña muralla de piedra que servía para cubrirlos del frío mordaz que se colaba por la entrada de la cueva.

Estaban juntos y era todo lo que importaba.

*

Harry se apresuró a atravesar el bosque. Era temprano aún, pero la perspectiva de pasar todo ese domingo con su padrino era demasiado atrayente como para esperar. Además, quería enterarse de lo que en verdad había ocurrido en la vieja fábrica que había explotado, pues “El Profeta” hablaba de magia vudú.

Era una suerte no tener clases ni tareas que hacer, se había sacrificado toda la semana para tener ese día libre, incluso sacrificó dos entrenamientos de Quidditch. Eso lo hizo pensar en Malfoy, hacía un par de semanas que el Slytherin estaba muy extraño, y ese hechizo que lanzó en la clase de Pociones era prohibido… recordó preguntárselo a Sirius, porque incluso le sorprendió la reacción de Snape, castigando a su estudiante favorito con una semana de detención. Pero el engreído de Malfoy bien se lo merecía y por una vez en la vida, Snivellus había sido justo castigando al verdadero culpable.

Las clases de Oclumancia tampoco iban tan mal, al fin estaba consiguiendo no irritarse tanto en ellas y poder bloquear la mente cuando Snape intentaba meterse allí, aunque estaba seguro de que ya el profesor se había formado una idea del infierno que fue su infancia… infierno que él sólo le había confiado luego a su padrino, y sintió mucho alivio cuando Sirius le había contado la suya y también su adolescencia, cuando no pudo soportarlo más y huyó de casa.

Sirius se había convertido para él en una de las personas más importantes, incluso más que Ron y Hermione. Era más que un amigo, aunque no alcanzaba a verlo como un padre… Sirius era muy poco serio para ser un padre, más bien era un hermano mayor… y Remus… a él sí conseguía verlo de ese modo, aunque no había tenido tanto contacto con su profesor como con Sirius. Al menos hacía tiempo no se veía a Shacklebolt por la escuela.

Finalmente, llegó a la cueva y entró silencioso. Le sorprendió encontrar una túnica… luego la chaqueta de Sirius. Inconscientemente había avanzado un poco recogiendo a su paso las prendas que estaban en el suelo, alarmado porque su padrino podía estar herido.

- “¿Sirius?”, llamó suavemente

Entonces se dio cuenta que estaba sosteniendo las prendas de dos personas y también que había llegado junto al pequeño muro que señalaba el “dormitorio” de Sirius, como él solía llamarlo.

- “Hola, Harry”, respondió su padrino desde el colchón, con expresión algo culpable. “Shh, no lo despiertes”

Se atrevió a mirar y vio una cabellera castaña descansar en el pecho de Sirius. Sólo podía pertenecer a una persona, y las prendas que tenía en la mano le decían a gritos que ambos estaban desnudos y que habían …

Enrojeció violentamente.

- “Lo siento… mejor me voy”, dijo un poco decepcionado, pero alegre a la vez porque al fin su padrino podría ser feliz.

- “Espera, por favor…”, lo detuvo Sirius, “quiero que pasemos el día juntos… los tres”, agregó.

Harry dejó las prendas sobre el muro, tratando de ocultar su turbación y evitando mirar a la pareja. Pero un sonido le hizo elevar las cejas con asombro. Un suave gemidito brotó de la garganta de Remus que se pegó más a Sirius buscando su calor en esa fría mañana.

- “¿Paddy? ¿Qué hora es?”, preguntó soñoliento.

- “Las ocho”, respondió bajito Harry.

- “¡HARRY!”, Remus pegó un respingo y las cobijas se deslizaron mostrando su espalda desnuda. Se cubrió rápidamente.

A Harry le divirtió mucho eso, al menos no era el único avergonzado con la situación.

- “Está bien”, dijo sonriente, “tengo quince años y he visto cosas peores”

Pero ninguno le creyó.

*

Los planes de Voldemort estaban dando resultado, la contaminación de los surtidores de agua de las principales zonas residenciales de Londres hizo que miles de muggles enfermaran de gravedad, aunque desafortunadamente, ninguno murió porque descubrieron muy rápido un antídoto. Pero la epidemia fue suficiente para que se desatara la histeria colectiva.

Por otro lado, los aurores, autorizados a usar maldiciones imperdonables, habían asesinado a cinco mortífagos, entre los cuales estaba Crabbe; pero eso no era nada comparándolo con la muerte de veinte de ellos en los muchos atentados que se produjeron. El Callejón Diagon, que antes bullía de actividad, cerraba ahora sus locales incluso una hora antes del toque de queda, pero igual fueron destruidas las principales tiendas y se registraron muchísimos asesinatos.

Finalmente, Amelia Bones fue removida del cargo y el Primer Ministro británico presionó tanto al Ministerio de Magia que se vieron forzados a nombrar a Theodore Conklin como nuevo ministro.

Para sorpresa de muchos, Kingsley no fue removido como Jefe de la División de Aurores, a pesar de que el nuevo ministro hizo cambios en casi todas las dependencias del Ministerio, enviando incluso a Arthur Weasley como encargado del archivo, en el sótano. Y tampoco modificó la orden de comparecencia de Sirius Black.

Kingsley meditaba mientras se bebía su café. Era extraño que no lo hubieran cambiado, aunque a decir verdad, era el más calificado de todos los aurores. Sus aurores, ahora aterrorizados e incluso sanguinarios en su desesperación. Nada justificaba el modo horrible en que habían torturado a Crabbe para sacarle información, el pobre hombre era una masa sanguinolenta y gimiente que apenas podía recordar su nombre y matarlo fue, finalmente, un acto de piedad. Pero el mago moreno no había suspendido a los aurores que aplicaron esa tortura, los necesitaba para luchar y únicamente se permitió amonestarlos.

Dumbledore y Ojoloco de dedicaban desesperadamente a preparar el ataque final a la nueva guarida de Voldemort, cuya ubicación les había dado Severus, pero esta vez el ataque debía ser cuidadosamente planificado, no podían permitirse ningún error. Además, solamente entrar suponía un gran problema, puesto que la protegía la magia negra más poderosa y únicamente los mortífagos y aquellos a quien Voldemort invitase, podían franquear el umbral.

Eran tiempos muy difíciles, y aún más teniendo que soportar ver a Remus junto a su actual pareja. Ahora, Sirius se había convertido en un aliado, más útil incluso que Severus Snape que sólo les avisaba sobre los atentados pero que no podía intervenir para rechazarlos, incluso tuvo que envenenar a parte de la población y proporcionar al mismo tiempo un antídoto. Pero Black era diferente, siempre aparecía en el momento exacto y era una ayuda silenciosa. Combatía junto a Remus y a los elfos y Kingsley procuraba siempre estar junto a ellos, por mucho que le doliera ver la sincronía perfecta con la que lanzaban y repelían hechizos, como si fueran uno. Pero lo hacía para poder protegerlos en caso de que fuera necesario. En esos combates, Remus no usaba el Anillo, pues lo estaba reservando para el momento de enfrentar al mismo Voldemort.

Los aurores ya no pensaban en detener a Sirius, incluso lo miraban con gratitud y sus apariciones eran bienvenidas, pero Kingsley se dijo que eso no podía durar mucho tiempo, era trece de febrero y la primera semana de marzo estaría listo su último recurso y entonces estaría seguro de que Remus ya no correría más peligro. Sólo debía protegerlo hasta entonces, protegerlos a ambos, por difícil que fuese. Pero lo hacía y eso al menos aligeraba el peso que cargaba en los hombros.


Capítulo 35 Make me bad

“I am watching your eyes / te estoy mirando a los ojos
And follow my salvation / y siguiendo mi salvación
There's so much much shit around me / hay demasiada mierda a mi alrededor
Such a lack of compassion / demasiada falta de compasión”

Make me bad - Korn

- “Hijo mío”

Draco tragó saliva. No recordaba cuántas veces había sido llamado así en el último mes, y cada vez que eso había ocurrido se había encontrado con una nueva revelación. La primera de ellas fue que su padre era un mortífago en actividad; la segunda, que él mismo tendría que convertirse en mortífago, y luego habían venido otras como los hechizos que debía aprender a usar, el entrenamiento, las modalidades de ataque y finalmente el pequeño ritual que debía realizar para convertirse en mortífago, ritual que el mismo Andrea se había encargado ya de informarle con lujo de detalles.

- “Sí, padre”, respondió evitando mirarlo a los ojos.

Los ojos de su padre.

Andrea decía que eran lo más hermoso que había visto y que se comparaban sólo a sus propios ojos, los ojos de otro Malfoy. Por el modo en que Andrea hablaba de su padre, Draco pronto notó que estaba enamorado de él y sintió una punzada de celos. Celos por partida doble, ya que el joven mortífago era lo suficientemente atractivo como para excitar sus sentidos, y su padre era... su padre. Y por eso le dolía saber que daba su afecto a otros... aunque no estaba seguro de que Lucius sintiera algún cariño por el muchacho.

- “Draco, esta noche será tu bautizo”

Estaban en el despacho de Severus Snape, y ya Draco sabía lo suficiente sobre magia negra para no sorprenderse de que su padre fuera y viniera de Hogwarts a su antojo. También sabía que lo unía una estrecha amistad con el profesor de Pociones y que en público se mostraban distantes, para guardar las apariencias.

- “¿Quién...?”

- “Eso no lo sé, hijo mío. El mismo Señor Oscuro es quien lo decide y no me lo ha comunicado”

Lucius tenía un nudo en la garganta, recordando lo que sintió cuando su propio padre le hizo el mismo anuncio, hacía veinticuatro años. Pero Draco no era como él había sido a esa edad, era bastante más inocente. Definitivamente no era virgen y Lucius sabía muy bien eso por unas cartas que encontró cuando Draco tenía catorce. Pero Pansy Parkinson y Carrie-Anne Fieldman eran pálidos ejemplos comparadas con lo que hacía el padre a esa edad. Aunque ese reciente gusto por el sexo masculino había divertido mucho a Lucius. Claro, siempre y cuando siguiera siendo platónico todo lo relacionado con Lupin.

- “Padre... ¿quién te bautizó a ti?”

Listo. Ya estaba hecha la pregunta que se había estado haciendo desde que se enteró de que el bautizo existía, aunque intuía la respuesta.

- “Fue el mismo Señor Oscuro, Draco”, respondió con calma Lucius, “y eso es considerado un altísimo honor. Sólo Bellatrix y yo hemos tenido ese privilegio”

Draco miró al piso y Lucius se preguntó una vez más si su hijo estaría preparado... Severus también había hecho lo suyo explicándole el bautizo de la manera más profesional que cabía, pero era evidente que el chico estaba asustado, sobre todo porque la irresponsable de Bellatrix les comentó a los nuevos aprendices que cuando el Señor Oscuro no estaba satisfecho con su desempeño, los mataba en el acto. Literalmente.

¡Qué diferente era Draco de él mismo! Lucius a esa edad en realidad ansiaba el momento de tener el poder, y si tenerlo significaba acostarse con un regimiento completo, no tenía ningún problema con ello. De hecho, jamás había tenido problemas cuando de acostarse con alguien se trataba, hasta... maldijo mentalmente a Severus y esos maravillosos días que pasaron en Navidad, que le hicieron pensar por un momento que eso “podría ser”, para darse nuevamente de bruces con la fría realidad.

Habían acordado tácitamente no tener intimidad. No después de ese apasionado encuentro que tuvieron para Voldemort, hacía casi un mes, y ahora era Andrea quien calentaba la cama del rubio. Delicioso muchacho, complaciente y apasionado. Lucius deseaba que fuera él quien bautizara a su hijo, pero no sabía qué pasaría por la mente de Voldemort.

*

“I thought it would be fun and games / pensé que sería juego y diversión
(it would be fun and games) / (sería juego y diversión)
Instead it's all the same / en vez de eso, todo es lo mismo
(it's all the same) / (todo es lo mismo)
I want something to do / quiero algo que hacer
Need to feel nothingness / necesito sentir nada
In You / en ti”


- “Draco”

- “...”

- “¡Draco!”, volvió a llamar Remus al distraído muchacho.

- “Sí, profesor”

- “Te hice una pregunta, ¿tendrías la amabilidad de responderla?”

Tan educado como siempre, se dijo Draco con amargura. Pero no tenía ni la más mínima idea sobre qué hablaba su profesor.

- “Lo siento, profesor, no la oí”

La carcajada fue general, pero Remus impuso silencio rápidamente. Draco había estado extraño todo el día, lo había notado a la hora del desayuno y continuaba así en clases. Parecía que estaba muy preocupado por algo.

- “Pregunté acerca de los efectos de la maldición Cruciatus”

Draco no había oído la explicación el profesor, pero se sentía bastante capaz de responder. Además, había probado en carne propia los efectos de la maldición y también se la había aplicado a Andrea, con un resultado por demás gratificante.

El joven Slytherin empezó con una explicación tan detallada que hizo lanzar a muchos exclamaciones de espanto. Lo que el falso Alastor Moody les había explicado no era nada comparado a lo que estaba diciendo Draco. Neville Longbottom se puso muy pálido.

- “Es suficiente, Draco”, dijo Remus muy consciente de su error. Había preguntado a un aprendiz de mortífago sobre una de sus armas favoritas. Y delante de Neville. “Diez puntos para Slytherin por esa explicación, aunque no era necesario hacerla tan detallada”

Hubo un murmullo del sector de Gryffindor. Pero Remus no se inmutó.

- “Además, diez puntos menos por haber estado distraído en clase”, finalizó, “eso es todo por hoy. Draco, espera un momento, que deseo hablarte”

El chico esperó a que todos se retiraran y avanzó con seguridad hacia el escritorio donde estaba sentado Remus. Ya no se sentía intimidado hacia su profesor, había visto ya demasiadas cosas y sabía otras tantas de boca de su tía Bellatrix. Pero aún así, su respeto hacia el profesor no había disminuido y mirar sus ojos dorados seguía produciéndole una extraña sensación en la boca del estómago, aunque las caricias que Andrea le daba entre sesión y sesión de entrenamiento habían hecho que Draco añorase algo más.

- “Draco, siéntate”, dijo Remus y él mismo tomó asiento en uno de los pupitres de los estudiantes. Se veía muy joven, sentado allí y con el cabello un poco revuelto... y Draco se encontró preguntándose cómo sería su profesor a los quince años.

Se sentó junto a él, dándole una “mirada Malfoy” que hizo sonreír a Remus porque le recordó a Lucius adolescente, claro está, antes de que se vuelva mortífago.

- “Draco”, empezó Remus, inseguro de cómo decirle lo que tenía en mente, “jugar con lo prohibido puede ser bastante atractivo, pero a la larga no conduce a nada bueno”

- “Profesor, ¿qué me quiere decir?”, preguntó Draco con estudiada sorpresa.

- “Digo que te veo muy cambiado, pero no para bien”, continuó el profesor, eso se le estaba haciendo bastante difícil y se recriminó haberse involucrado, pero no podía evitarlo. No quería que Draco fuera como Lucius, “sé que has aprendido mucho sobre Artes Oscuras y también veo que esto te atrae mucho. Y has usado en clases algunos hechizos antiguos y oscuros. Draco, no lo tomes a mal, pero no quisiera que nada malo te ocurra, tú eres demasiado valioso como para perderte”

¿Qué fue todo eso? El corazón de Draco brincó de emoción, aunque su mente sabía que no debía engañarse. Su profesor sólo lo veía como un estudiante más, era sólo eso... aunque... después de todo, era un Malfoy y moriría en el intento.

- “Profesor, ¿debo tomar eso como una declaración de amor?”

El rostro de Remus fue todo un poema.

- “¿De qúe hablas, Draco?”, logró articular una vez que se repuso de la sorpresa. “Olvida lo que dije, ya no tiene ninguna importancia”, finalizó poniéndose de pie, porque había visto nuevamente en los ojos de su alumno esa mirada tan idéntica a la de Lucius.

Y Draco se alejó, consciente de que acababa de dar un paso para el cual quizá no había retorno, pero como decía su padre, todo tenía un precio. Y cada vez más le parecía que estaba dispuesto a pagarlo.

*

- “Kingsley, no puedes seguir así”, dijo firmemente Tonks a su amigo mientras desayunaban en el Ministerio de Magia.

- “¿Así?”, preguntó el mago moreno arqueando las cejas.

- “Sí, así”, repitió ella tercamente, “así como si no te importara, cuando he visto cómo los miras en los ataques. Y no sé por qué te empeñas en ponerte junto a ellos... todos corremos igual peligro”

- “Me importa, claro que sí”, respondio Kingsley con voz cansada, “nunca dejará de importarme, pero no pudo ser... y estoy feliz de haberlo intentado al menos. Prometí protegerlo, es lo que trato de hacer, Tonks”

- “¡Nadie puede ser tan bueno! Es que simplemente no puedo creer que te hayas resignado... ¡No puedo!”

- “¿No te resignaste tú?”, preguntó Kingsley suavemente.

- “Eso es algo completamente distinto... más bien fue platónico, sólo compartimos unos pocos besos. Y ahora salgo con Bill”, replicó ella, “pero tú y él sí tenían algo, y estoy segura de que Remus te quiere”

- “Me quiere, pero no me ama”

- “¡Oh, Merlín! ¿Y qué piensas hacer? ¿Quedarte así, como si nada? ¿Después de amarlo tanto?”

- “No estoy como si nada, Tonks”, respondió enigmáticamente Kingsley, “es solo que las cosas tienen un proceso... eso es todo”

- “Sal entonces con Luziel. Me ha dicho que tú le gustas mucho...”

- “No salgo con compañeros de trabajo, mucho menos con subalternos”

- “¡Kingsley!”

Pero el mago moreno sólo se rió como no había hecho en muchísimo tiempo. Luziel, sí. Había notado las miradas del joven auror, pero sabía demasiado bien que esos ojos celestes y el cabello corto y cenizo, no conseguirían sacar de su corazón unos ojos dorados que aún le quitaban el sueño.

- “Está bien... podremos ir a tomar algo por allí, pero no esta noche”, dijo antes de que Tonks fijara la cita.

- “Esta noche estás libre...”

- “Debo ir al jardín botánico”

- “¿Qué tiene el viejo Clarence que no tenga Luziel?”

- “Unas preciosas enredaderas”

Tonks se levantó exasperada, dejando a Kingsley sorbiendo su café. A veces se ponía irritante, sobre todo cuando le tocaban el tema de Remus. Últimamente todos se ponían irritantes, y eso incluía a Bill. No sabía qué pasaba con la Orden. Luego del entierro simbólico de Emmeline – nunca hallaron el cuerpo carbonizado – Dumbledore sólo se reunía con los más cercanos a él, osea “Ojoloco”, Minerva y Severus. Incluso Remus prefería la ofensiva al igual que Sirius y trabajaba casi por su cuenta, sólo iba a las reuniones cuando se le pedía hacerlo.

La joven bruja suspiró. Había rumores de un traidor, pero no quería desconfiar de sus amigos. En su opinión, había sido la misma Emmeline y había pagado su traición con la muerte, pero eso no explicaba el mutismo de Dumbledore. Y, ¡había tanto que hacer!. Resignada, tomó su escoba y se dirigió al puesto que vigilaba Luziel, para darle las noticias.

*

Finwe se recostó en la cama, echando hacia un lado su rojo cabello y atrayendo sin proponérselo la mirada de su interlocutor. Remus se encontró divagando por un momento sobre la inmortalidad y la belleza élficas y le sonrió con dulzura a su amigo.

- “Desde que ganó el campeonato empezó a ponerse extraño. Primero pensé que la fama se le había subido a la cabeza, pero luego Severus nos informó que era un aprendiz”, dijo Remus, “y ahora, estoy seguro de que pronto se convertirá en uno de ellos y no podemos hacer nada para evitarlo”, finalizó con impotencia.

- “Eso tú no lo sabes”, respondió con calma Finwe, “Draco es un muchacho muy fuerte, aunque no lo parece”

- “Parece un niño mimado... pero de un tiempo acá, me recuerda mucho a...”, iba a decir Lucius, pero se contuvo, pensando que le causaría pesar al elfo.

- “A su padre, sí”, observó Finwe, “no te preocupes, no volverá a afectarme”, sonrió, “Draco no es como Lucius, tiene también esa ansia de poder, pero la suya es más por desear ser aceptado... en cambio, la de Lucius es pura ambición de dominio, es un egocéntrico”

- “¿Tú crees?”, preguntó Remus y se sentó junto al elfo.

- “Yo lo sé, amigo mío”, respondió Finwe y sus largos dedos se detuvieron un momento en la frente de Remus para apartar el mechón de cabello que la cubría. “creo que no debemos preocuparnos por Draco”. Luego continuó mirando el blanco mechón, “¿Sabes? Siempre me intrigó mucho que el cabello de los humanos encaneciera con la edad... es hermoso”

- “¿Hermoso?”, sonrió Remus tratando de entender, “la vejez nos trae la decadencia, en cambio ustedes permanecen jóvenes y bellos”

- “La belleza existe de muchas formas, Remus. Sirius, Severus y tú la poseen”

- “¿Severus?”

El elfo sonrió.

- “Sí, amigo mío. Severus”

Remus rió gratamente.

- “Ven”, dijo sin pensar, tomando al elfo de la mano, “hace mucho tiempo que deseo hacer algo”

Momentos más tarde, reían como locos en un mar de burbujas en el baño de prefectos. Un modo perfecto de aliviar la tensión.

- “No deberíamos estar en este lugar”, decía Remus, “pero cuando estudié aquí, bastaba que algo estuviera prohibido para que decidiéramos hacerlo”

Finwe se sumergió de pronto y lo hizo hundirse. Forcejearon unos momentos y luego salieron a la superficie buscando aire. Sus cuerpos se rozaron por un momento y para Remus fue extraña la sensación que le produjo esa suave piel.

- “Debo traer a Sirius de vez en cuando”, dijo para aliviar un poco su nerviosismo.

- “Y yo a Haldir”

Finwe tenía una proposición en la punta de la lengua, cuando de pronto se abrió la puerta y entraron sigilosamente Ron y Hermione. La chica se llevó la mano a la boca para no gritar al ver a sus profesores desnudos y cubiertos de espuma y burbujas de colores.

*

“I feel the reason, as it's leaving me / siento la razón mientras me va dejanto
No, not again / no, no de nuevo
It's quite deceiving, as I'm feeling / es bastante etéreo, mientras voy sintiendo
The flesh may be bad / la carne puede ser mala”

Lucius quiso gritar pero se contuvo. Nunca antes algo le pareció tan difícil, mucho más difícil incluso que cuando tuvo que violar al elfo. Pero no había alternativa y aceptó impasible la noticia que su señor le acababa de dar. Luego, fue a la habitación roja a prepararse.

Draco llegó temprano y fue recibido por Bellatrix. Su tía lo intimidaba un poco aún, había visto cómo disfrutaba echándoles a los aprendices maldiciones imperdonables y también había oído los gritos de un hombrecillo bajo y calvo que a veces veía allí. Ni siquiera el hecho de ser su sobrino lo libró de experimentar el dolor del cruciatus, pero esa noche la encontró de muy buen humor.

- “Draco, es necesario que te prepares antes”, dijo conduciéndolo a un espacioso cuarto de baño iluminado con velas. “te bañarás y luego te untarás el cuerpo con este ungüento, te pondrás esa bata y abrirás la puerta de la izquierda”, ordenó con la fría voz que la caracterizaba.

- “Pero... no me dijeron que sería así”, trató de protestar el chico.

- “Nuestro señor quiere algo especial. Será mejor que te apresures”

Draco se quedó allí, paralizado, aún luego de que ella se había retirado. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso era una especie de trofeo para alguien?

- “Si te quedas allí parado, se enfriará el agua”

Andrea, que había entrado tan sigilosamente que no lo oyó.

- “¿Qué haces aquí?”, preguntó Draco en modo poco amigable.

- “Vine a ayudarte. Te están esperando, date prisa”

El chico se movió un poco nervioso.

- “Anda, no es la primera vez que veo a un hombre desnudo”

Draco se decidió, después de todo, por lo que había oído, debía empezar a habituarse a esa clase de intrusiones sobre su intimidad y espacio personal. Se quitó la ropa rápidamente y se metió en la bañera sin mirar a Andrea.

Oyó una risita.

- “No sabía de lo que me estaba perdiendo”

- “Ya cállate”

Pero Andrea no sólo no se calló, sino que se situó detrás de Draco y comenzó a frotarle la espalda, friccionando ligeramente sus hombros en un sensual masaje mientras le decía naderías. La táctica pronto dio resultado y el chico al fin se relajó. Andrea lo besó ligeramente en los labios.

- “Apresúrate”, susurró, “una vez que te bauticen, podremos divertirnos juntos”

- “Pero...”

Draco decidió no preguntar, pero estaba seguro de que eso no implicaba que su compañero dejase de acostarse con su padre. Aunque después del famoso bautizo, el chico estaba seguro de que pocas cosas le importarían. Se salió de la tina y disfrutó cuando Andrea secó su cuerpo con una suave toalla y luego le empezó a untar el cuerpo con dedos mágicos que pronto hicieron que la virilidad del joven se despertara. Andrea le echó la fina bata encima.

- “Ve”

- “¿Tú no estarás...?”

- “No me lo permiten”

Y sin más, el chico fue empujado a la estancia.

Draco caminó hasta el centro del lugar, examinando todo con atención. No había nadie allí, pero él sabía que en algún lugar, entre abundantes cortinajes, se hallaba él. Todo en esa habitación era rojo, de manera que su figura resaltaba allí, ataviado con una lujosa bata blanca y descalzo. Avanzó hacia la cama, inseguro de qué hacer a continuación, esperando que en cualquier momento, Voldemort haga su aparición y lo reclame como suyo, como había hecho con su padre.

La puerta se abrió y el chico pegó un respingo. Una figura vestida con una larga túnica negra y una capucha que le cubría el rostro avanzó hacia él, tendiéndole los brazos. Draco se acercó y se abrazó de la figura, palpando sus músculos a través de la suave tela de la bata y hundiendo su rostro en el cuello del hombre, hasta que un olor familiar lo hizo levantar el rostro para encontrarse con su próximo padrino.

- “¿Profesor?”

- “Sí, Draco”, susurró Severus, “no debes temer, sólo relájate”

Y sin previo aviso, el profesor tomó sus labios en un apasionado beso.

El chico se dejó llevar, apenas consciente de que estaba siendo besado por Severus Snape, su Jefe de Casa, su profesor favorito y ahora su padrino. Las sensaciones que le producía su profesor no tenían comparación ni siquiera con las caricias profesionales que le había dado el joven prostituto que contrató. Y de pronto, se sintió terriblemente excitado. “El placer de lo prohibido” ¿No había dicho eso Remus? Quiso reír al imaginar la cara del licántropo si lo viera en ese momento, y lentamente, comenzó a devolver el beso.

Lucius caía en un pozo sin fondo… su amante estaba seduciendo a su propio hijo sin que él pudiera hacer nada, sin que pudiera arrancarle a Draco de los brazos, sin que pudiera gritar. Se apoyó contra la pared, evitando mirar cómo la bata de Draco caía al suelo, cerrando los oídos para no escuchar los ansiosos jadeos de su hijo al ser tocado por las expertas manos de Severus. Un jadeo sibilante junto a él estremeció su espina, mientras una mano huesuda y pálida cogió su virilidad, masajeándola suavemente. Y Lucius tuvo que apelar al recuerdo de todos sus encuentros con Severus para poder excitarse y satisfacer a su señor.

- “S-severus”, gritó Draco en el momento de ser poseído por su profesor, mientras se aferraba desesperadamente a la espalda del hombre.

- “Shhh”, fue todo lo que dijo Severus. No deseaba excitar demasiado los sentidos de Voldemort pues temía en el fondo que quisiera participar en el acto, lastimando al muchacho que él había prometido cuidar.

pensó mientras se adentraba en esa parte virgen, recordando la primera vez que poseyó a su amante, tan parecido a Draco. Cerró los ojos e imaginó que era Lucius quien estaba entre sus brazos y que ambos eran un par de adolescentes. Y eso ayudó...

“What does it mean to you / que significa para ti?
For me, it's somthing I just do / para mi, es algo que sólo hago
I want something / quiero algo
I need to feel the sickness in you / necesito sentir la enfermedad en ti”

Las acometidas del profesor de Pociones y sus manos acariciándole todo el cuerpo estaban llevando a Draco rápidamente a la cima. En parte por instinto y en parte por haberlo visto cuando tuvo sexo con el joven prostituto, levantó las piernas y las pasó por la cintura de su profesor, permiténdole penetrarlo más profundamente.

- “Severus… ¡Severus!”, gimió con fuerza mientras la firme mano de su ahora padrino bombeaba el chorro de semen que manchó su abdomen.

El profesor lo soltó un momento, dejándolo gemir y recuperarse, para luego tomar sus piernas y ponerlas sobre sus hombros, sujetándolo firmemente de la cadera y llenándolo nuevamente con un empujón, al que siguió otro y otro.

, pensó Severus mientras arremetía inmisericorde, mordiéndose los labios para no gritar el nombre de padre, tratando de no lastimar al hijo.

El grito final de ambos se confundió y el profesor de Pociones se derramó por completo dentro de su alumno que jadeaba aún. Cayó abrazándolo por la cintura, apartando el platinado cabello de su rostro y besándole la frente en un gesto paternal.


“All I do is look for you / todo lo que hago es buscarte
And when I fix you / y cuando te encuentre
Needed to, just to get some sort of attention / necesito, sólo obtener un poco de atención
Attention / atención”

Un gemido ahogado brotó de detrás de los cortinajes. Lucius emergió con Voldemort.

- “¡Padre!”, gritó Draco intentando desesperadamente cubrirse con las sábanas.

Severus cerró los ojos, apretando los puños con tanta fuerza que casi los hace sangrar. Él había estado viéndolo todo... él, su amor. No podía mirarlo ahora, no podía.

- “Te felicito, Draco”, dijo Lucius con la voz neutra, “lo hiciste muy bien”

Y salió sin mirar a ninguno de los dos. En el pasillo se encontró con Andrea y parpadeó fuerte para desaparecer la humedad en sus ojos. Se llevó al muchacho a su mansión.

- “Exquisito”, dijo la sibilante voz lamiendo el líquido en el estómago de Draco.

El chico no se movía, el firme brazo de Severus lo retenía y su mirada le advertía que no se apartara.

- “Gracias, señor”, logró articular y Voldemort sonrió complacido.

- “Pueden quedarse ambos aquí hasta mañana”, siseó el Oscuro Señor, “nadie más ocupará esta habitación”

Y luego de besar a Draco en los labios, desapareció.

- “Draco, lo hiciste bien”, dijo escuetamente Severus, “ahora duerme un poco”

- “Profesor….”, el muchacho estaba confundido. Severus se conmovió.

- “Todo está bien, hijo”, dijo abrazándolo y recostándose a su lado. “Creo que ambos nos merecemos un descanso”


“I feel the reason, as it's leaving me / siento la razón, mientras me va dejando
No, not again / no, no de nuevo
It's quite deceiving, as I'm feeling / es bastante etéreo, mientras voy sintiendo
The flesh may be bad / la carne puede ser mala”


Y con un rápido hechizo apagó las velas, atrayendo a Draco contra su pecho, deseando una vez más que fuera Lucius.

*

- “Mmm”, susurró Remus contra el pecho de Sirius. Adoraba despertar entre sus brazos, por muy incómodo que fuera el viejo colchón, pero también tenía sus ventajas porque para mantener el calor sus cuerpos debían estar estrechamente unidos.

- “Buenos días”, susurró Sirius besándole el cabello. “¿Desayunas conmigo?”

- “Sí”, repuso Remus, “es temprano aún... tengo clases a las nueve”

Se vistieron en silencio y luego Sirius encendió el fuego para preparar chocolate. Remus sonrió.

- “¿Cómo estuvo la reunión de la orden?”

- “Estoy seguro de que Dumbledore sabe donde está”, dijo Remus, “no sé qué espera para atacarlo, la situación se hace insostenible”

- “El ministro lleva un mes en el cargo y no hace gran cosa para detener los ataques... aún así se me hace raro que no haya tocado mi caso y que no haya removido a Shacklebolt como jefe de aurores”

- “Debe ser porque es bueno en eso...”

Sirius rió alegremente, ahora le divertía ver a su pareja defendiendo a Shacklebolt.

- “Concedido... pero precisamente por eso. ¿Sabes cuántos aurores y magos han muerto ya? Cincuenta entre Inglaterra y Escocia, y cerca de doscientos magos... sin contar a nuestros compañeros muertos y a los muggles”

- “¿De dónde...?”

- “Bill Weasley. Tonks tiene acceso a esos datos”

- “Oh”, fue todo lo que dijo Remus. Parecía mentira, pero estaban ya en marzo y la guerra no podía detenerse. Y ya habían cambiado de ministro dos veces.

- “Esta noche saldré con Finwe a rastrear una zona que nos falta; siempre que no hayan más ataques, claro está. Mundungus me ha dicho también que la actividad se ha incrementado en el Callejón Knockturn y ya sabes lo que eso significa”

Remus suspiró. Cada vez que había actividad en el Callejón Knockturn un terrible atentado se preparaba. Eso lo habían descubierto luego de varios golpes fuertes como los ataques al Palacio de Buckingham y al propio Ministerio de Magia, que por suerte fueron descubiertos a tiempo y rechazados. Pero el mago pálido tenía una preocupación que lo estaba corroyendo. Dumbledore le había pedido guardar el Anillo para la batalla final, la misma que sería cuando tuvieran que enfrentarse al propio Voldemort, pero ¿Y si aún eso era insuficiente? No quería ni pensar en las consecuencias.

- “Moony, se enfriará tu chocolate”, dijo Sirius suavemente acariciándole la mejilla, “está bien... es difícil pero pronto lo lograremos, sólo déjame descubrir dónde se esconde la serpiente y eso espero saberlo esta noche”

- “¿Sabes que te amo?”, susurró Remus besándolo con afecto.

- “Lo sé”, susurró Sirius también, entregándose a ese beso que traía más calor en esa fría mañana que el chocolate que ambos bebían.

Finalizaron el desayuno entre besos y Remus se despidió porque tenía clases.

- “Te veo mañana, Paddy. Esta noche debo corregir varios trabajos y terminaré tarde”

Sirius puso expresión triste, pero sabía que Remus había estado posponiendo trabajo por acompañarlo en sus rondas y ayudarlo a repeler los ataques y las ojeras de su pareja así se lo confirmaban. Aún así, le parecía hermoso.

- “Trata bien a Harry”, pidió, “ayúdalo con su promedio...”

- “¡Sirius! No favoreceré a Harry porque tú me lo pidas”

- “Está bien... sólo ayúdalo un poquito...”

Remus lo dejó hablando y bajó por el estrecho sendero sonriendo. Sirius y Harry. A veces le parecía que James estaba de nuevo entre ellos, porque definitivamente Sirius era una muy mala influencia... y Harry sólo había necesitado un pequeño empujón. Pero las travesuras que hacían juntos habían contribuido a que Harry investigue mucho sobre encantamientos y los relatos de ataques que Sirius le contaba contribuyeron a que aprenda también sobre Defensa Contra las Artes Oscuras.

Ese día pasó muy ligero, entre clases y prácticas de Duelo y Remus comprobó con alivio, como todos los días, que Draco aún no se había convertido en un mortífago. Estaba seguro de que cuando lo hiciera, podría leerlo en sus ojos tan claramente como si lo llevara tatuado en la frente. Después de todo, quizá Finwe haya tenido razón.

El mago se dirigió al Gran Salón entrada la noche, para cenar algo ligero y encontró allí a Finwe y Haldir comiendo cerezas con crema.

- “Hola”, saludó dejándose caer en una de las sillas, “¿no ibas a salir con Sirius?”, preguntó dirigiéndose a Finwe.

- “No me ha llamado”, respondió el elfo con la boca llena de crema, “estoy esperando que me avise. ¿Sabes que noche es hoy?”

- “No...”

- “Sybill Trewlaney nos explicó que es una noche muy importante. Es la conjunción de Júpiter con Ganimedes, y dijo que eso tenía influencia positiva para hacer el amor...”

- “¿Perdón?”

- “Hacer el amor”, repitió Finwe, “tener sexo. Dice que las parejas que lo hagan esta noche desarrollarán profundos vínculos que ni siquiera la magia podrá romper”

Remus se sonrojó, aún no se acostumbraba del todo a la forma diáfana que tenía Finwe de mencionar cosas tan íntimas. Él había preguntado acerca del fenómeno en sí, no de ese hecho.

- “Ya veo”, respondió, pensando que era una noche propicia para escapar donde Sirius, pero descartó la idea, tenía demasiado trabajo.

Los elfos le pidieron acompañarlos al Salón de Duelo, donde se encontrarían con Severus para practicar, pero él se negó cortésmente. Prefería cenar solo y calmar esa inquietud que había empezado a sentir.

El mago revolvía con el tenedor los alimentos sin comerlos, cuando las puertas del Gran Salón se abrieron de pronto y Harry entró corriendo, aún en pijama.

- “¡Remus! ¡Es Sirius! ¡Sirius se muere!”


Capítulo 36 Tourniquet

“I tried to kill the pain / traté de matar el dolor
but only brought more / pero solo conseguí más
i lay dying / Yazco muriendo
and i'm pouring crimson / y estoy destilando
regret and betrayal / arrepentimiento carmesí y traicion
i'm dying, praying, / estoy muriendo, rezando
bleeding and screaming / sangrando y gritando
am i too lost to be saved / ¿estoy perdido para ser salvado?
am i too lost? / ¿estoy demasiado perdido?”

Tourniquet - Evanescence


Kingsley traspuso por última vez el umbral del Jardín Botánico, vestido con sus ropas ceremoniales. Tras él dejaba el cuerpo de Clarence Bourne, bastante drogado como para que no pudiera despertar algunas horas. Y ese era todo el tiempo que necesitaba. Aunque si las cosas no salían como había planeado, quizá sería mejor que no despertara.

El mago moreno tomó al hombre que lo acompañaba del brazo y lo arrastró hacia la salida, donde se perdieron en la inmensidad de la noche, en dirección al último refugio de Voldemort.

- “Kingsley”

La profunda voz de Yahmose saludó su llegada.

- “Maestro”, dijo Kingsley con voz serena, “lo he traído”

E hizo avanzar a la figura que caminaba con él, quitándole la capucha para mostrar a un atractivo hombre de largos cabellos negros y ojos azules inexpresivos, vestido en cuero negro.

- “Sirius Black”, dijo el viejo mago mirando al fugitivo, “al fin nos conocemos”, y haciendo un ademán, avanzó siendo seguido por Kingsley.

Llegaron a una amplia estancia subterránea en la que todos los muebles habían sido retirados. El olor a humedad podía sentirse por la cercanía del Támesis y Kingsley pensó que debían estar casi debajo del río. Al fondo de la estancia había un altar de piedra con una cavidad para apoyar la cabeza de la víctima y varios canales para drenar la sangre hacia un recipiente en el que se veía algo oscuro y palpitante: un corazón de vampiro, el “Invocador de la sangre”.

Todos esos detalles fueron percibidos con rapidez por el mago moreno mientras avanzaba con su víctima. Luego, su atención se desvió hacia el único ocupante del salón.

Lord Voldemort.

El Señor Oscuro en toda su magnificencia, vestido de terciopelo negro y con una amplia capa forrada de rojo, como un manto de sangre sobre sus hombros. Sangre... de eso se trataba el ritual y la profecía hacía tiempo olvidada tomaría vida ese día en que se daba un fenómeno por demás inusual: la conjunción de Júpiter y su satélite Ganimedes. “Júpiter y su amante”, decía la profecía; y era la copa del favorito del antiguo dios, la que sería llenada con la sangre del heredero de Argos: Sirius Black.

- “Tráelo”, siseó Voldemort

Kingsley empujó al hombre y lo puso ante el Señor Oscuro.

- “Black... pasó mucho tiempo desde nuestro último encuentro...”, dijo mirándolo atentamente. Kingsley sudó frío. “¿Qué le pasa?”

- “Le apliqué la Maldición Imperius tantas veces que temo lo haya afectado demasiado...”, explicó Kingsley, “pero su sangre servirá de igual modo, aunque su cerebro no sea de utilidad”

- “Su sangre... sí”, siseó Voldemort. “Prepáralo”


*

- “¡Harry! Calma por favor y dime qué pasó”, dijo Remus tratando desesperadamente de mostrarse tranquilo. Había sentado a Harry en una de las sillas y lo tomaba de los hombros, mirándolo a los atemorizados ojos verdes.

- “S-sirius”, hipó Harry, “está en peligro... Voldemort lo tiene”

Remus sintió que se le congelaba la sangre y se le erizaban los cabellos de la nuca. Trató de dominarse, tenía que hacerlo.

- “¿Dónde?”, preguntó con voz ronca.

- “N-no sé”

- “¡Concéntrate, Harry! Dime dónde está...”, exigió.

Harry cerró los ojos, su cicatriz ardía como si fuera una brasa sobre su frente. Se sentía desfallecer, pero se concentró. Trató de no ver a Sirius en el altar de piedra y se concentró en el lugar.

- “Es un amplio salón de concreto, con techo alto de piedra... se huele la humedad y algunas gotas caen de él, parece estar debajo de algún lago o río...”

- “El Támesis”, susurró Remus.

- “El lugar se ve viejo, deshabitado. ¡Espera! Él está saliendo de allí--- avanza por un pasadizo con muchas puertas y sube las escaleras. Se dirige a una habitación vacía. Hay un hombre bajo y calvo...”

Remus cerró los ojos. Era Colagusano, indudablemente.

- “Ahora mira por un balcón... la calle es angosta y oscura, de mal aspecto. Puedo ver su nombre en la acera de enfrente... Balmoral Street, cuadra 13”

Harry abrió los ojos de pronto, como si saliera de un trance, pero ya Remus corría en dirección a la puerta.

- “¡Remus! Voy contigo...”

- “¡NO!”, gritó Remus, “de ningún modo, Harry. Iré por Dumbledore y los otros, quédate aquí, él me matará si te pasa algo”, dijo refiriéndose a Sirius.

Y Harry se quedó de pie allí, en pijama y descalzo, y con un golpeteo incesante en el corazón. Se sentía mareado, el esfuerzo había sido demasiado, incluso para él. Dio unos cuantos pasos para caer luego desmayado. Pero su cuerpo no tocó el suelo, fue suavemente atrapado por unos firmes brazos y Severus Snape lo elevó con un hechizo y lo condujo hacia la enfermería.


*

Dumbledore no estaba y Remus golpeó con frustración la gárgola que llevaba a las oficinas del Director, para emprender nuevamente su loca carrera hacia el salón de duelo, que encontró también desierto.

Se detuvo un momento, considerando los hechos. No había tiempo que perder, de modo que corrió a su despacho y escribió una apresurada nota para Kingsley y otra para Dumbledore, explicándoles a dónde iba. Luego, se dirigió al almacén de escobas, tomó la Firebolt de Harry y voló a Londres a toda prisa.

No le costó mucho trabajo llegar. El edificio abandonado se veía imponente, a pesar de lo oscura que estaba la calle. Dejó la escoba junto a la entrada del edificio vecino y le puso un hechizo de protección. Luego caminó resuelto hacia la entrada.

Franqueó el umbral sin esfuerzo, lo cual era extraño. Pero su preocupación por Sirius era tal, que desechó el pensamiento de una trampa y caminó con la varita en alto y todos sus sentidos alerta. Aparentemente el lugar estaba desierto.

Caminó por los pasillos llenos de puertas hasta que halló una que llevaba a las escaleras. La manija estaba reluciente, a diferencia de las otras. Oh, genial, Sherlock Lupin, se dijo con amargura, no sabía dónde, pero había leído algo sobre ese detective muggle. La escalera descendía a sus pies, como un enorme pozo oscuro. Bajó, sujetándose con una mano de la pared. ¿Esa era la noche de Júpiter y Ganimedes? ¿La noche en que haría el amor hasta la saciedad con Sirius? Quiso reír, pero las lágrimas le cerraron la garganta y sólo consiguió emitir algo que sonó como un avecita herida.

Sirius.

Tenía que ir por él. Bajó hasta el nivel del sótano, el ambiente era opresivo, podía sentir la humedad allí, como si hubiera estado cerrado mucho tiempo. Se detuvo un momento, siendo por primera vez consciente de su insensatez al presentarse allí solo. Me metí solito en la guarida del lobo... yo, que soy uno de ellos, pensó, pero ya no había vuelta atrás...

Una estúpida canción le vino a la mente mientras avanzaba por un pasillo lleno de cosas pegajosas, problemente telarañas. Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está... la había oído de boca de unos niños muggles un día que fue con Sirius a Hyde Park....

Sirius...

Sirius, tenía que encontrarlo.

¿Estaría al lobo en casa? ¡Un momento, yo soy el lobo! Un lobo bastante patético, pero lo suficientemente desesperado como para abrir con un “Alohomora” la sólida puerta de caoba que conducía a la fiesta... Y no me han invitado

- “Buenas noches, Lupin”


*

- “¡Potter, por Belcebú!”

Severus lo sacudió sin ningún miramiento, alzándolo un poco de la cama de la desierta enfermería.

- “¡Dígame qué pasó!”

Harry abrió de pronto los ojos y se encontró en brazos de quien menos esperaba, pero la emoción del momento fue destruida en un segundo por el hombre que lo zarandeaba mientras sus ojos negros lo miraban escrutadores.

Y entonces, recordó por qué estaba allí.

- “S-sirius”, balbuceó y en pocas y entrecortadas palabras, relató lo que vio.

Severus lo soltó de inmediato y se dirigió a la asustada señora Pomfrey, en cofia y camisón, que acababa de aparecer.

- “Llame inmediatamente al director. Dígale que Voldemort tiene a Black y que Lupin fue a rescatarlo”

La buena mujer salió corriendo y retorciéndose las manos.

- “Potter, no se le ocurra salir de aquí”, espetó Severus antes de salir apresuradamente, la marca ardía sobre su brazo con fuerza inusitada. Él lo llamaba.

Harry se quedó encogido y asustado. Las dos personas más cercanas a él en esos momentos estaban en peligro de muerte, si no habían muerto ya. Y en manos del mismo asesino de sus padres.

No podía quedarse así como decía Snape, encerrado en la enfermería sin hacer nada.

No podía.

Se levantó corriendo sin rumbo por los pasillos apenas iluminados por antorchas, sin importarle toparse con Filch, sin importarle nada. Su loca carrera terminó por conducirlo afuera, hacia el Bosque Prohibido, y corrió como por instinto por el sendero que tantas veces había recorrido para ver a su padrino.

- “¡Sirius! ¡Sirius, no me dejes tú también!”

Sus pies descalzos tropezaban con las ramas y raíces, pero a él no le interesaba, la carrera no se detenía, loca, desesperada. No le asustaba encontrarse con los terribles habitantes del bosque. Ni siquiera tenía su varita, pero no le importó.

Corrió y corrió y cuando la vista se le empañó y tuvo que llevarse la mano a los ojos, notó que estaba llorando.

Mis padres

Sirius

Remus

¡Oh, Dios! No te los lleves a ellos

Se detuvo por fin en la colina sobre la cual estaban las cuevas. No sabía cómo había llegado, no podía pensar. Sus pies sangraban, pero él continuó caminando por el ahora rocoso terreno y subió el sendero que tantas veces había recorrido alegre, sólo que ahora…

- “Sirius”, un sollozo brotó de su garganta y avanzó dentro de la cueva.

- “Harry”


*

”Do you remember me / ¿me recuerdas?
lost for so long / perdido tanto tiempo
will you be on the other side / estarás en el otro lado?
or will you forget me / ¿o me olvidarás?
i'm dying, praying, / estoy muriendo, rezando
bleeding and screaming / sangrando y gritando
am i too lost to be saved / ¿estoy perdido para ser salvado?
am i too lost? / ¿estoy demasiado perdido?”

Kingsley terminó de preparar el cuerpo y miró a Voldemort. El Señor Oscuro movió los ojos en señal de aprobación, con un brillo maligno en ellos que le heló la sangre al mago moreno. Ahora era el momento en el que sabría si su desesperado plan tendría resultado.

El pálido cuerpo de Black, desnudo hasta la cintura y cubierto de símbolos satánicos, estaba inmóvil sobre la fría losa, con los ojos azules tan inexpresivos como una quieta laguna. Frente a él, Voldemort sonreía.

El cuchillo ceremonial se alzó mientras Kingsley entonaba un cántico en “creole”, viejo dialecto jamaiquino. Desgarró una muñeca, destrozándola mientras el rojo fluido caía se deslizaba por las canaletas hasta caer en el balde de piedra... el hombre solo emitió un prolongado “hissss”, pero no gritó.

Voldemort se irguió de pronto, mirando a la puerta con expresión feroz, como la de un depredador rastreando a su presa sangrante y viva.

- “Buenas noches, Lupin”

Las palabras taladraron los oídos de Kingsley como si se hubieran tratado de una explosión en lugar de un suave sonido sibilante. Allí estaba él, con su cabello castaño desordenado y ojos espantados ante su descubrimiento... su varita estaba en alto, pero no lo rodeaba el poderoso brillo del Anillo. No, su amor había dejado olvidada la única arma que podría salvarlo de su destino.

- “Sirius”, su voz sonó rota, quebrada por la angustia. “¡Sirius! ¡SIRIUS!”, gritó sin obtener respuesta, los ojos azules de la víctima lo miraron inexpresivos.

- “¡Atrás licántropo!”, gritó Yahmose abriéndose paso súbitamente de entre las sombras. Había aparecido quién sabe de dónde y se abalanzó sobre Remus como un murciélago.

- “¡DELIRIUS!”, gritó Remus lanzando el hechizo que aturdió al viejo mago, que apenas pudo poner el conjuro protector.

Remus giró con la varita en alto e invocó un “Protego” mientras se deslizaba junto a la mohosa pared, rápido como un rayo.

- “¡DEKONPOZE!”, chilló Yahmose lanzando ese hechizo en “creole” que hubiera pulverizado las extremidades de cualquiera, pero el “Protego” invocado por Remus tuvo efecto.

El mago pálido estaba casi frente a Kingsley, mirándolo descompuesto mientras Voldemort se limitaba a observar la lucha, dispuesto a intervenir en el momento decisivo.

Pero Yahmose no lo iba a dejar escapar. Con un chillido animal, se lanzó nuevamente, con ojos malignos y bramó: - “LANMÖ DEK...”

- “Avada Kedavra”

La voz de Kingsley sonó firme mientras lanzaba el rayo verde que hizo caer a su maestro muerto a los pies de Remus. Un segundo más tarde y hubiera sido otro el asesinado por la poderosa maldición vudú.

- “Kingsley... Kingsley...”, repitió Remus sin entender... su pareja yacía en un charco de sangre, aparentemente sin reconocerlo y su ex amante, vestido con esas extrañas ropas..., “¡fuiste tú!”, gritó cuando la cruel verdad se abrió paso en su mente, “¡TÚ NOS TRAICIONASTE! ¡TÚ! ¿Cómo pudiste?”

Sus ojos desesperados se volvieron a Sirius.

- “Remus, por favor...no hay nada que puedas hacer...”, dijo Kingsley suavemente.

- “No hay nada que NADIE pueda hacer”, siseó Voldemort con una mirada que hablaba de lugares oscuros y muerte.

- “¡Asesino!”, gritó Remus, “asesinaste a mis mejores amigos, ¡No matarás a Sirius! ¡DESTRUCIO!”

Voldemort invocó un “Protego” y veloz como la serpiente que era, avanzó hasta situarse frente a Remus, pateando a su paso el cadáver de Yahmose.

- “No juegues conmigo, Lupin. Sé que no has traído el Anillo, sin él no eres nada contra mí. Ríndete y tendrás una muerte misericordiosa”

- “¡DEMENTIA!”, gritó Remus por toda respuesta. Fue repelido por un escudo tan violentamente que trastabilló.

Kingsley, que se había quedado momentáneamente paralizado pensando frenéticamente qué hacer, avanzó para intervenir a favor de Remus, pero una barrera invisible lo retuvo.

- “Ahora tengo todo lo que quería. ¡DESMAIUS!”, Voldemort fue tan rápido que Remus se sacudió, tratando de resistir el hechizo, “¡DESMAIUS!”, siseó nuevamente y su oponente, desesperado en su afán de acercarse a Sirius, no pudo poner más resistencia.

El mago pálido cayó al suelo con un seco golpe, estaba inconsciente ya antes de caer, y su último pensamiento fue una imagen de él y Sirius columpiándose en un soleado parque al ponerse el sol.

- “NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO”, gritó Kingsley rompiendo la barrera con un rayo azul e interponiéndose entre Voldemort y Remus. “¡No puedes! ¡Te traje a la víctima para el sacrificio! ¡Deja a Remus fuera de esto!”

La risa de Voldemort llenó la enorme sala vacía, haciendo que su eco sonara como un horrible demonio descarnado. Al instante, la habitación ya no estaba vacía. Tres sombras negras avanzaban con las varitas en alto.

Lucius, Bellatrix y Severus.

- “Creíste que me engañarías, ¡A mí, que puedo leer tu mente como un libro!”, rió Voldemort hasta que brotaron lágrimas de sus ojos rojos...

Kingsley se mantenía de pie tercamente frente al cuerpo de Remus, procurando protegerlo aún...

- “Bella”, ordenó suavemente Voldemort

Bellatrix avanzó hacia el cuerpo inmóvil en la losa y rió con una risa descarnada y cruel.

- “Es una lástima”, dijo, “¡CRUCIO!”

- “Lucius”, dijo suavemente Voldemort.

- “Destrucio”, dijo fríamente el mago apuntando a la figura que se retorcía por efectos del cruciatus y le abrió el estómago, llenando el aire de un olor a orquídeas.

- “Severus”

- “Incendio”, dijo claramente Snape y el cuerpo en la losa ardió como si se tratara de una antorcha.

Luego los tres se volvieron a Kingsley.

El mago moreno había iniciado un antiguo cántico y la oscuridad lo bañó como una niebla espesa. A su alrededor comenzaron a aparecer espíritus de condenados, horribles calaveras con las cuencas vacías, que se multiplicaron como una barrera defensiva rodéandolo. El mago moreno tomó a Remus entre sus brazos.

- “¡Eklatman!”, siseó Voldemort en creole, haciendo que la barrera de espíritus volara en pedazos de ectoplasma que se difuminaron en la estancia con un horrible hedor.

- “¡DESMAIUS!”, dijo firmemente Severus apuntando con su varita al mago moreno.

- “¡DESMAIUS!”, se le unió Lucius

- “¡DESMAIUS!”, dijo fríamente Bellatrix.

Kingsley murmuró desesperadamente hechizos de protección, pero no podía hacer conjuros con las manos porque sostenía aún el cuerpo de Remus y no lo soltaría aunque le fuera en ello la vida. Remus, su Remus... al menos moriría abrazándolo, todo había salido tan mal que la única solución era la muerte... su cerebro no resistió más al poderoso hechizo y cayó sobre el cuerpo inconsciente de Remus.

*

- “¿Y ahora qué, señor?”, preguntó Lucius señalando los inconscientes cuerpos de Kingsley y Remus, ahora en sus respectivas celdas.

- “Ahora, esperaremos”, sonrió Voldemort y su sonrisa se hizo muy amplia, “mientras tanto, dejémoslos entenderse”

- “Quiero al licántropo”, dijo Bellatrix, con la voz de hielo.

- “Lo tendrás, Bella querida”, siseó Voldemort, “lo tendrás”

- “¿Y Shacklebolt?”, preguntó Severus.

- “Hizo lo que esperaba de él. Ya no me sirve, no necesito otro mago poderoso aquí”

- “Dámelo también, señor”, pidió Bellatrix, “deseo divertirme un poco”

- “Es tuyo”

Los cuatro abandonaron el lugar. Se trataba del antiguo estacionamiento del edificio, ahora tapiado y sin salida al exterior. Al fondo había tres celdas enrejadas de reciente instalación. En una estaba Kingsley yaciendo patéticamente sobre su manto de piel de jaguar, y en la celda contigua había una desnuda y delgada figura, con el cabello castaño veteado de gris.

El mago moreno se movió y un gemido brotó de su garganta. ¿No estaba muerto? … Estúpido… los muertos no sienten dolor ¿Habría soñado? Una punzada en su sien izquierda le dijo claramente que no.

- ¡Remus”, tanteó desesperado con las manos, pero solo tocó un helado piso de cemento. “Remus”, jadeó con la lengua pegada al paladar mientras sus ojos enfocaban al fin el lugar donde se hallaba, oscuro y fantasmal, alumbrado por una única bombilla muggle, apenas suficiente para el enorme estacionamiento abandonado.

Estaba encerrado. ¿Por qué no me han matado? Remus… Remus, mi amor

Se incorporó con dificultad y entonces lo vio.

Remus, hecho un miserable bulto en el piso, a pocos metros de él, desnudo y frágil.

- “¡Remus!”, sollozó pegándose a los barrotes, tratando de alcanzarlo, de comprobar si estaba bien, “soy yo, Rem, háblame, por favor”

Nada

La impotencia hizo que se golpeara contra el metal, maldiciéndose por haber sido tan ingenuo, por pensar que su plan resultaría y que Remus al fin sería feliz.

Idiota

Idiota, estúpido

Casi lo matas, pero ellos lo harán ahora

- “Remus”, gimió con voz ahogada.

Entonces, él se movió.

Fue un movimiento casi imperceptible de sus hombros, como si sollozara en su inconsciencia.

- “Sirius”

Sus labios formaron esa única palabra, con un tono de angustia tal que Kingsley quiso morir y ser sepultado en ese preciso instante.

Yo hice esto

- “OH, Remus”

- “No.. no.., Sirius”, los hombros se sacudieron con fuerza.

- “¡Remus! Escúchame por favor… traté de ayudar, de ayudarlos a ambos”, sollozó Kingsley pegado a los barrotes.

Los ojos dorados se abrieron y el mago moreno vio dolor, un dolor inmenso, tanto que pudo sentirlo como si fuera físico, y luego él mismo conoció el dolor real cuando los amados labios formaron una palabra.

- “Asesino”

- “¡No, Remus! Escucha…”

Un chasquido en el aire señaló la presencia de alguien más en la celda de Remus.

- “Hola, pequeño Moony”

- “Bellatrix”

- “¡Déjalo, maldita bruja!”, bramó Kingsley, pero ella sólo rió, con la misma risa cruel con la que había torturado a los Longbottom hasta enloquecerlos.

- “Me gustan los gritos, Shacklebolt. No tienes idea de cuánto…”, dijo, “¡CRUCIO!”

Remus se retorció en el piso, sintiendo un dolor que le taladraba el cerebro. Gritó, pero fue un acto meramente físico. En realidad ya nada le importaba. Estaba roto, quebrado… solo. La consciencia que apenas le quedaba lo hizo notar que estaba solo nuevamente, que siempre lo estaría, que él ya no…

- “Sirius”, fue un sonido miserable, perdido...

- “¡CRUCIO!”

- “AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH”, gritó al mismo tiempo que Kingsley. El mago moreno no estaba siendo torturado, pero cada alarido de Remus era como si le arrancaran la vida a él también.

- “¡Maldito licántropo! ¡Mil veces maldito!”, dijo Bella, “¡CRUCIO!”

Remus se desmayó, con un hilillo de sangre corriéndole por la boca.

- “Déjalo, Bellatrix, te lo suplico”, rogó Kingsley

- “¿Dejarlo, Shacklebolt?”, rió ella de nuevo, “apenas empiezo”

- “Hazme a mi lo que quieras hacerle a él”

- “Qué conmovedor… el amor es una cosa patética, mira en lo que te ha convertido a ti, al gran Iphphou. Pudiste ser el hechicero más poderoso de una época, rivalizando sólo con mi Señor Voldemort, pero lo despreciaste ¿por amor?”, la risa volvió a llenar la habitación.

- “Por favor…”

- “Suplica, Shacklebolt. Suplica todo lo que quieras”, dijo ella con voz acariciadora, “adoro que me supliquen.. ¡Ennervate!”

Remus abrió de pronto los ojos. Ni siquiera el consuelo de la inconsciencia le estaba permitido.

- “S-sirius”, dijo con los labios manchados de sangre que él mismo había sacado al mordérselos en la desesperación de la tortura.

- “¿Sirius? ¿Aún tienes fuerzas para decir su nombre? Tú, por quien él dejó lo que era suyo, su herencia… ¡TU SOLO LE TRAJISTE VERGÜENZA!”

- “Nos amamos…”

- “Él ya no existe”

Remus gimió.

- “¡CRUCIO!”

- “¡Basta, Bella! Remus, no la escuches… fue una trampa, Remus”

- “AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH”

- “Oh, Shackebolt, ya cállate, ¿no ves que está inconsciente? Esto me llevará toda la noche ¡Ennervate!”

Ojos dorados, lágrimas, dolor.

- “CRUCIO”


Capítulo 37: Of Crime and Passion

“Why did you let me run / ¿Por qué me dejaste ir
When you knew I'd fall / cuando sabías que caería
for the gaping hole / por el agujero abierto
Where your heart should be / donde tu corazón debería estar?
Liar-couldn't cut me / mentiroso – no podrías cortarme
deeper with a knife if you tried / más profundo con un cuchillo si trataras
Just take a look / sólo mírame
(before you run off and hide) / (antes de que huyas y te escondas)
At your victim / A tu víctima
arise / levantarse”

Of Crime and Passion – Duran Duran


El hombrecillo bajo y calvo abrió la puerta del estacionamiento temblando y se estremeció aún más al oír los gritos. Esa voz le era familiar, y también esa mirada perdida, esos ojos dorados y adoloridos. Pero no suplicaba piedad, sólo gritaba su dolor con la voz desgarrada, un dolor que se le antojó más fuerte aún que el infringido por la maldición Cruciatus. Un dolor más profundo...

Se quedó quieto, bastante sabía cómo Bellatrix odiaba que la interrumpieran cuando torturaba a alguien... dudó un momento, pero órdenes eran órdenes y prefería mil veces irritar a la bruja desquiciada que irritar al Oscuro señor.

- "Bellatrix"

Tuvo que repetir el nombre tres veces para que ella le hiciera caso, volteando con una mirada que hubiera helado la sangre al más valiente.

- "¿Qué quieres, estúpida rata miserable?"

- "Nuestro señor llama. No desea tardanzas"

Ella hizo una mueca...

- "Ohh, adiós a mi diversión...", dio una patada al cuerpo inmóvil en el piso. "Espérame, licántropo, aún no he terminado contigo"

Y salió con paso decidido, siendo seguida por Peter Pettigrew.

- "¿Rem?", susurró Kingsley a la inmóvil figura, "¿puedes oírme?"

La respiración del mago pálido era profunda, como un prolongado sollozo que se negaba a salir, pero no abrió los ojos. Estaba sin embargo, un poco más cerca de Kingsley.

- "Mi pobre amor", sollozó el mago moreno, viéndolo tiritar... entonces tomó su manto de piel y lo pasó por los barrotes, cubriendo a Remus lo mejor que pudo, y luego tomó su pálida mano. "Remus, no puedes dejar que te venzan"

Pasos apresurados hicieron que Kingsley le soltara la mano y se replegara en la celda, aguardando.

Era el hombrecillo bajo y calvo.

- "¿Remus?", preguntó con la voz toda temblorosa.

- "Está desmayado", dijo suavemente Kingsley, "eres Peter, ¿verdad?"

- "Y-yo... ¿cómo lo sabes?"

- "Él me habló de ti"

El hombrecillo pareció asustado, miró alternativamente a Remus y a Kingsley y retrocedió...

- "Espera", dijo Kingsley. Peter se detuvo, dudando, "aún puedes salvarlo, aún no está perdido todo. Él te necesita. Recuerda las veces que él te ayudó cuando eran amigos, él te defendía siempre... ¿no merece salvarse? ¿acaso lo dejarás morir?"

Peter corrió, tapándose los oídos y Kingsley se dejó caer contra la pared, golpeándola con los puños con frustración. De pronto, una nueva carrera apresurada lo hizo volver a mirar.

Él había vuelto, Peter había vuelto... tembloroso tomó su varita y lanzó un hechizo que dejó el candado abierto. El candado de la celda de Remus.

- "Si él se salva, dile que fui yo", dijo antes de correr nuevamente hacia la puerta.

*

“Clouds on you shoulder / Nubes en tu orilla
Aren't they grazed by the afterglow / ¿no son son rozadas por el crepúsculo?
How quiet they gather / Qué quietas se agrupan
When the storm is about to blow / cuando la tormenta está a punto de soplar.”


- “¿Sirius? ¡SIRIUS!”, gritó Harry entrando de golpe a la cueva y encarando a la figura inclinada ante el fuego.

- “Harry…¿qué te pasa?”, exclamó un sorprendido Sirius. Pero luego al ver la expresión de su ahijado, palideció intensamente, “dime”, pidió tomando al muchacho de los hombros y haciéndolo sentarse, porque parecía incapaz de tenerse en pie.

Y Harry relató a duras penas y por tercera vez, los acontecimientos de esa noche, que se iniciaron con la fatídica pesadilla de Sirius siendo torturado por Voldemort.

- “¿Remus se fue solo?”, preguntó Sirius con un hilo de voz. El chico asintió con la cabeza, sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas. “Oh, no... no mi Remus”

Sirius se puso de pie de inmediato y tomó su chaqueta de cuero, su espada y su varita. Se dirigió a la salida.

- “Sirius, espera... ¿irás tú solo también?”, hipó Harry.

- “No, Harry. Vamos a Hogwarts, por ayuda”

Ambos subieron veloces a la Firebolt de Sirius y emprendieron el vuelo al castillo. Sirius corrió a la habitación de Finwe y Haldir, deteniéndose un momento en la puerta. Los ruidos que de allí provenían demostraban que sí hubo una pareja que aprovechó la noche de Júpiter y Ganimedes. Pero no había tiempo que perder.

- “Harry, vuelve a la torre de Gryffindor, nosotros nos encargaremos ¡Alohomora!”, dijo claramente Sirius, entrando a toda prisa a la habitación, “Tenemos un problema, Remus fue solo a buscar a Voldemort”

Haldir se levantó, molesto por la interrupción, y se retiró del cuerpo de Finwe, atado de pies y manos a la cama. Pero al ver la expresión de Sirius, sólo atinó a preguntar:

- “¿Cómo ocurrió?”

Sirius le informó rápidamente de todo, mientras el elfo rubio desataba a su amante con una daga. Luego, ambos se vistieron a toda prisa y tomaron sus flechas y espadas.

- “¿Algún plan?”, preguntó Haldir.

-“Aunque no me guste, debemos alertar a la Orden, no podemos meternos solos allí”, dijo Sirius

- “Pero, él llevó el Anillo, ¿verdad?”, preguntó Finwe esperanzado.

- “No lo sé. Solo sé que aún no lo han lastimado, o Harry lo sabría… aunque… Harry vio que me torturaban a mí y no sé que clase de trampa es esta. ¡De prisa!”, dijo Sirius cuando los dos elfos estuvieron listos.

Se dirigieron al despacho de Dumbledore, pero estaba vacío. Sin embargo, Minerva había sido alertada por Severus y había logrado reunir a “Ojoloco”, Mundungus, Bill y Tonks.

- “Severus ya está allí”, explicó rápidamente, “Albus ha salido para el Ministerio, es un asunto delicado y aún no puedo comunicarme con él y Kingsley ha desaparecido”

- “Iré ahora mismo, no podemos esperar a Albus”, dijo tercamente Sirius.

- “En ese caso, iremos todos”, dijo decididamente Tonks y trazaron rápidamente un plan.

*

“No don't look away / no mires lejos
Caught in the crossfire / estoy cogido en la línea de fuego
And it ain't no wind of change / y sin un viento de cambio
I'm talking of crime / estoy hablando de crimen
and passion's rage / y furiosa pasión”

- “Rem”, exclamó Kingsley apenas se abrieron los ojos dorados. Habían estado solos por casi una hora, durante la cual, Remus estuvo inconsciente.

- “No… no”, susurró Remus tratando desesperadamente de echar lejos de sí el manto que su ex pareja había colocado sobre él.

Kingsley cerró los ojos. Ahora todo lo suyo repelía a Remus. Y con razón. Había hecho todo mal, había arruinado la última esperanza del Mundo Mágico, atrayéndolo a una trampa muy bien elaborada en la cual él había sido el principal protagonista. Pero… ¿cómo podría haber adivinado las intenciones de Voldemort?

El amor enceguece.

- “Oh, Remus”

- “Basta, Kingsley. Nada importa ya”, fue un susurro roto que hablaba del profundo dolor que sentía su amado.

Idiota, él no lo sabe

- “Rem, tienes que oírme. Él vive, lo juro”

- “N-no es cierto”, negó Remus hablando apenas por sus labios hinchados. Se negaba a creerlo, se negaba a tener un rayo de esperanza, el último, y que este fuera luego cruelmente destruido. Se estaba desgarrando por dentro.

- “El hombre del altar no era Sirius”, dijo Kingsley lentamente para asegurarse de que Remus comprendiera cada palabra.

- “¿Quién…?”

- “Ni siquiera era un hombre, Remus. Era lo que llamanos un “vivan grenn”, una planta mutada”

Una risa patética brotó de los labios del mago pálido, una risa que parecía un sollozo. No podía ser, él lo había visto, era su Sirius, eran sus ojos... trató de concentrarse en lo que decía Kingsley.

- “¿Oíste hablar de la Dionadea Muscipula? Es la planta atrapamoscas común, pero mi gente hizo un cambio en ella, invocando sobre la planta la maldición de Yogh Sogoth, haciendo que la especie común se vuelva mutante y centuplique su tamaño, permitiendo crear vida dentro de sus bulbos… solo se necesita una muestra de tejido celular, como el cabello o piel, para obtener una réplica exacta del donante… pero esa réplica no tendrá voluntad, será una especie de zombie vegetal. Yo hice una réplica de Sirius, Rem”

- “¿Por qué?”. No lo entendía, no podía entenderlo... ¿Por qué Kingsley querría...? se aferró a la esperanza, apretando fuerte la piel de jaguar sobre su cuerpo... temiendo que sea un nuevo engaño que acabe para siempre con él.

- “Porque deseaba engañar a Voldemort para forzarlo a preparar un ritual prohibido… un ritual que me convertiría en un mago muy poderoso, el Iphphou, el Guía de mi gente”

- “N-no lo entiendo”...

- “Si Voldemort bebía la savia del “vivan grenn”, entonces estaría indefenso un breve instante y yo podría invocar sobre nosotros el fuego de Yeg-gah”

- “pero morirías...”

- “Sí, Rem. Pero habría destruído a Voldemort y tú podrías ser feliz…”, la voz del mago moreno se quebró.

- “¿P-por mí?”, nuevas lágrimas en el rostro de Remus.

- “Sí… pero él de algún modo lo descubrió… y ahora te tiene aquí... Oh, Remus, perdóname”

Kingsley pasó los brazos por entre los barrotes y acarició el cabello de Remus. Los ojos dorados estaban llenos de lágrimas.

- “Él está vivo, Rem. Debes salir de aquí”, dijo obligándolo a mirarlo, “el candado está abierto, Colagusano lo hizo. Tienes que salir y salvarte, Rem, tú puedes hacerlo, eres uno de los magos más fuertes que conozco”

Remus lo miraba sin comprender, ¿salvarse él? Apenas podía respirar, el cuerpo entero le dolía terriblemente.

- “Tu puedes, Remus. Piensa en Sirius, piensa en él”

Pensar en Sirius.

Sirius estaba vivo, afuera, esperándolo... tenía que hacerlo, por Sirius. Por Harry.

Lentamente giró hacia un lado, acercándose a Kingsley que lo tomó de los brazos ayudándolo a sentarse. Un gemido brotó de la garganta de Remus.

- “Un poco más”

Kingsley lo ayudó a ponerse de pie, lenta y dolorosamente. El mago pálido se apoyó en los barrotes que separaban las celdas y su ex amante colocó el manto de piel sobre sus hombros.

Un delgado hombre, con el cabello castaño húmedo por la traspiración y las lágrimas, y pegado al cráneo en mechones desiguales, avanzó unos pasos. Estaba desnudo y un manto largo de piel de jaguar cubría su espalda ocultando parcialmente su cuerpo.

Patético.

Así se sentía. Él, el portador del Anillo traído de otro mundo, había caído en la trampa más estúpida, por amor.

Ridículo.

Avanzó vacilante sujetándose de los barrotes, mirando el rostro angustiado y expectante de Kingsley. Pero el mago moreno tuvo razón, el saber que Sirius vivía le daba toda la fuerza que necesitaba. Sus pasos se hicieron más seguros y logró dar la vuelta por un ángulo de la celda, a pocos metros del candado abierto.

- “Ve, mi amor”

- “No puedo dejarte...”, Remus se detuvo y dio la vuelta. “ellos te matarán”

- “Eso no importa, Rem. Debes irte, ¡Vete!”, lo apremió Kingsley sin poder evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas.


“Summer of madness / verano de locura
or the undertow / o contracorriente
Dragged me up an alley / me arrastró a un callejón
for the blossoming fire / de floreciente fuego
On a stranger's smile / o la sonrisa del extraño
Bride of wire - / novia de alambre
how disguise so easily cracked / - qué disfraz tan fácilmente roto
Saw your heart turn spade / Vi tu corazón volverse espada
This orchid's turned to black / la orquídea se volvió negra.”


- “Muy conmovedor”

Bellatrix.

Un “Desmaius” dejó inconsciente a Kingsley en cuestión de segundos, el mago estaba ya bastante debilitado.

- “¿En qué estábamos, pequeño Moony?”

*

”Graze on your shoulder / Roce en tus hombros
Like the clouds in the afterglow / como las nubes en el crepúsculo
How quiet they gather / Qué quietas se agrupan
When the storm is about to blow / cuando la tormenta está a punto de soplar.”


Harry terminó de vestirse y se dirigió velozmente a la puerta. Le dolían los pies lastimados, pero se había colocado un ungüento cicatrizante y calcetines gruesos.

- “¿A dónde vas?”

Ron estaba de pie en la puerta, completamente vestido. En su prisa, Harry no había notado que no se encontraba en su cama.

- “Hay problemas, Ron”, dijo tratando de avanzar, pero el pelirrojo le bloqueó el paso, “déjame ir, Voldemort tiene a Remus”

- “Iré contigo”

- “¿Estás loco? ¡Se trata de Voldemort!”

- “Por eso mismo, no te dejaré ir solo”

- “Yo también voy”, dijo Neville de pie en pijama y muy pálido.

Harry hizo un exasperado gesto, pero ya Neville se ponía los pantalones a toda prisa.

- “¿Cómo saldremos de aquí los tres?”, preguntó en el pasillo mientras llegaban al cuadro de la Dama Gorda.

- “Dirás los cuatro”

Hermione.

Ese era el motivo por el que Ron andaba por los pasillos a mitad de la noche.

- “¡Oh, diablos! Esto no es una reunión social, iré al refugio de Voldemort... ustedes ni siquiera saben cómo defenderse...”

- “Hemos practicado mucho con el profesor Lupin”, dijo tercamente Neville, “y ahora necesita nuestra ayuda”

Pronunciaron la contraseña y la Dama Gorda se hizo a un lado, dejándolos pasar. Corrieron hacia el almacén de escobas, para comprobar con gran decepción que la Firebolt de Harry no estaba.

Un graznido les llamó la atención.

- “¡Buckbeak!”

Harry y Neville se las arreglaron para subir en el lomo del hipogrifo, mientras Hermione y Ron los seguían con sus escobas.

*

“Way down by the shoulder / camino abajo por la orilla
In the haze of the afterglow / en la niebla del crepúsculo
Stranded together / varados juntos
And the storm is about to blow / y la tormenta está a punto de soplar”


- “AHHHHHHHHHHHHHHHH”

Los alaridos de Remus volvían a llenar la estancia, el mago yacía en el piso hecho un ovillo, tratando desesperadamente de resistirse al cruciatus. Pero sin su varita, era poco lo que podía hacer...

- “Es así como deseaba verte, Moony”, dijo cruelmente Bellatrix, “destruido, desesperado... Ahora quiero que me supliques...”

- “N-nunca”, gritó Remus y un nuevo chorro de sangre le brotó de la boca. Trató de incorporarse, pero Bellatrix hizo aparecer un látigo y el primer golpe en su espalda lo hizo caer nuevamente.

- “Él ya no existe, licántropo”, dijo ella, “y fue tu culpa...”

Nuevo azote.

- “¡M-MIENTES!”

La risa cruel de ella se dejó oír.

- “No miento, pequeña escoria. No mentí cuando te mostré que te fue infiel, ¿no es verdad?”

Un nuevo gemido brotó de la garganta de Remus y trató de levantarse.

- “Él te fue infiel y lo disfrutó, porque sólo yo puedo darle esas sensaciones... y no tú, criatura mestiza y despreciable. Jamás mereciste a Sirius”

Un ruido proveniente del piso superior hizo que Bellatrix se distrajera, e hiciera una pausa en la tortura. Remus logró reunir fuerzas y se puso de pie, ayudándose por los barrotes. Si iba a morir, lo haría de pie.

- “Asqueroso licántropo...”

El látigo restalló nuevamente en el aire, pero Remus cogió la punta y tiró de él, haciéndola trastabillar.

Pero ella era quien tenía la varita...

- “¡CRUCIO!”

El ruido en el piso superior se hizo más fuerte. Eran gritos.

*

Sirius iba adelante, seguido por los elfos y por “Ojoloco”. Lograron franquear la puerta invocando el fuego de San Elmo, que hizo estallar las defensas oscuras instaladas por Voldemort.

Dentro, el primer contingente de mortífagos aguardaba.

Los hechizos volaban por los aires haciendo estallar cosas y los invasores se defendían bloqueándolos ágilmente. Los Aurores, a quienes tuvieron que pedir apoyo, habían cercado el edificio y entraban también por las ventanas de los pisos superiores, en un intento de abrirse paso hacia la zona baja donde Voldemort concentraba sus fuerzas.

Las fuerzas combinadas hicieron retroceder a los mortífagos. Después de todo, eran jóvenes en su mayoría y ser atacados en su propio e inexpugnable refugio había sido una completa sorpresa. Y no se enfrentaban a aterrorizados muggles, sino a los magos más poderosos. El rostro desesperadamente resuelto de Sirius era muestra de ello.

El animago se abrió paso hasta las escaleras. Su instinto le decía que debía llegar hasta allí. Un rayo fue esquivado y Sirius tomó al autor de la túnica y lo encaró.

Marcus Flint.

Era endiabladamente parecido a su padre.

- “¿Dónde está Remus Lupin?”, preguntó con ojos enloquecidos.

Y Marcus sólo vio en ellos muerte y recordó aterrorizado que había caído en las manos de un asesino convicto que no había vacilado en asesinar a trece muggles. Aunque luego se supo que podía ser inocente… Pero dijeran lo que dijeran, él no lo creía.

- “e-el estacionamiento...”, hipó, las rodillas se le doblaban, “no me mate, señor...”

- “Desmaius”

Finwe apartó el cuerpo y saltó junto a Sirius a las escaleras. De pie, firme en el medio de ellas estaba Lucius. Detrás de él, Andrea.

- “Volvemos a vernos, Black”, sonrió el rubio levantando la espada.

El acero chocó en el aire mientras los rivales luchaban. Finwe saltó ágilmente por la baranda y apareció en el nivel inferior, seguido por Andrea que le lanzaba hechizos sin éxito.

Tonks y Haldir se habían abierto paso por las habitaciones de la planta superior y se hallaban también en las escaleras, pisos más arriba que Sirius y Finwe. Tonks tomó su escoba y bajó en picada con el elfo sujeto de su cintura.

- “Destrucio”

El rayo lanzado por Lucius le impactó en el hombro y fue Haldir quien tuvo que controlar la escoba que caía al vacío, logrando enderezarla para saltar junto a Finwe, con Tonks en brazos. Andrea estaba fuera de combate con una flecha enterrada en el costado izquierdo.

- “¡AQUÍ!”, gritó Bill desde el primer nivel, había logrado llegar hasta allí por el conducto de aire acondicionado. Ventajas de haber sido criado por un especialista en muggles. Lo acompañaba “Ojoloco”

Con trabajo lograron abrir la puerta que conducía al abandonado estacionamiento, donde ya se agrupaban los mortífagos. Bellatrix dio un grito y corrió hacia la entrada del lugar, dejando a Remus inconsciente.

En segundos, todo el lugar estaba lleno de aurores y mortífagos. Lucius había llegado hacia allí en su intensa lucha con Sirius, pero éste, al ver las celdas, trató de llegar a ellas.

- “¡Corre, Sirius!”, exclamó Bill interponiéndose entre Lucius y el animago y tratando de bloquear los ataques.

Grave error.

Lucius lo puso fuera de combate en un instante y avanzó nuevamente tras Sirius.

- “Lucius”

Severus, de pie junto al cuerpo de Bill, lo esperaba.

- “¿Qué harás ahora, Sev? ¿De qué lado estás realmente?”

- “Lo siento”. El profesor de Pociones le lanzó un “Incendio” que casi le quema la capa y ambos se enfrascaron en una lucha sin tregua.

Mientras tanto, Sirius había llegado casi hasta la celda de Remus.

- “Hola primo, ¿me extrañaste?”

- “¡Maldita! ¿Qué le hiciste?”

- “Oh, cuanta preocupación por quien hace pocos minutos se abrazaba con Shackebolt... eres patético, primo”

- “¡Stupefy!”

Bellatrix lo esquivó y retrocedió un poco. El aire estaba enrarecido a causa de los hechizos y las maldiciones y Sirius pudo ver a Finwe y Haldir peleando espalda contra espalda, sobre una pila de cuerpos muertos de mortífagos.

- “¡Delirius!”, gritó ella

- “Protego”

La espada de Sirius se alzó, rozándola en el hombro, pero fue rechazado por una invocación al “Martillo del Diablo”, que hizo volar la espada de Sirius varios metros. La lucha continuó hasta que Sirius fue conducido cerca de la celda donde estaba Remus. No quiso mirar el maltratado cuerpo de su pareja, no debía distraerse mientras peleaba.

Los ojos de Bellatrix hablaban de locura, una locura más profunda aún que la de Azkaban... la locura de haber sido despreciada por un ser que ella consideraba inferior.

Locura y odio.

Eso fue lo que la volvió así, y las palabras de su señor resonaron nuevamente en su mente “Lo quiero muerto por tu mano, Bella”

Matarlo.

Matarlo para olvidarlo.

Voldemort tenía razón.

- “Avada kedavra”

El rayo verde brotó inexorable de la varita dirigiéndose a él. Pero antes de que impactara en Sirius, algo se interpuso.

Una figura delgada, cubierta de sangre, saltó sobre la varita, recibiendo el impacto de la maldición de lleno en el pecho.

Remus.

- “¡NOOOOO!”

La voz de Sirius se confundió con el grito ahogado de Kingsley que de pie en la celda, contemplaba la escena con los ojos desorbitados... Remus muerto por salvar a Sirius, como en su visión.

Bellatrix se irguió nuevamente, amenazante, y pateó a un lado el cuerpo que cayó a sus pies. Los ojos dorados se habían cerrado para siempre.

- “Noooo, Remus... noooooooooo”, gritó Sirius fuera de sí. Avanzó con los ojos dementes y la varita en alto apuntándole a su prima, “Avada Ke...”

- “¡No, Sirius!”

Harry.

Harry colgándosele del brazo y detrás de él Ron, Neville y Hermione.

Haldir y Finwe saltaron hacia allí, protegiendo a los chicos.

- “Bienvenidos a la fiesta”, rió Bellatrix.

- “Espera, Bella querida”, dijo una voz sibilante.

Voldemort.

El Oscuro Señor apareció inexorable, en medio de rojas llamas.

- “Potter”, siseó, “me complace volverte a ver”

- “No lo tocarás, serpiente”, rugió Sirius, arrojándole un “Averno”, pero Voldemort lo esquivó sin esfuerzo.

A lo lejos, la lucha se había casi detenido y Severus logró abatir a Lucius que yacía a sus pies. Tonks acababa de liberar a Kingsley y Bill, reanimado por un “Ennervate” que le echó Severus, mantenía junto a “Ojoloco” a los demás mortífagos fuera de la estancia.

Lo que siguió fue bastante confuso. Voldemort avanzaba hacia Harry en medio de una nube de flechas élficas que fueron repelidas y Sirius fue arrojado a un lado con un potente “Destrucio” que le arrojó Bellatrix.

El Señor Oscuro estaba frente a Harry, sonriendo amenazadoramente, cuando una luz cegadora lo hizo retroceder.

Albus Dumbledore apareció iluminando su presencia con Fawkes.

- “Albus”

- “Tom”

La lucha se desató de inmediato, pero algo brillaba en el pecho de Dumbledore con inusitada intensidad.

El Anillo.

El Anillo de Galadriel servía también al antiguo maiar, ahora director de Hogwarts. Los rayos que ambos magos lanzaban hacían retumbar el edificio. Bellatrix se volvió hacia Sirius que estaba inclinado sollozando junto al cuerpo de Remus.

- “¡Déjalos!”

Frente a ella se hallaba Neville Longbottom, con el rostro decidido y lleno de lágrimas. Neville, el mocoso patético hijo de Alice y Frank, los mismos magos que ella había torturado hasta enloquecerlos. El mocoso se atrevía a hacerle frente. ¿Es que todo el mundo se había vuelto suicida de pronto?

Bellatrix rió, pero Harry, Ron y Hermione le hicieron frente con sus varitas.

- “¡Desmaius!”, gritaron los cuatro al mismo tiempo y la hicieron retroceder, atontada.

Pero cuando les iba a devolver el golpe, un estruendo les llegó a todos. Un poderoso rayo enviado por Dumbledore arrojó a Voldemort contra la pared que daba al sótano, con tal fuerza que ésta se rompió y la varita del Señor Oscuro se dirigió hacia el techo, impactando con un rayo de fuego.

Al instante fue devorado por una vorágine de agua.

- “¡El río!”, gritó de pronto Finwe, “¡Salgamos de aquí!”

Del cuerpo de Dumbledore brotó una enorme fuerza que trató de contener la marea que se desbordaba.

- “¡Corran!”, gritó el anciano y en un instante aurores, magos y mortífagos huían en confuso y apresurado tropel, olvidando la batalla.

Sirius tomó el cuerpo de su amado entre los brazos y solo la vista de Harry fue capaz de convencerlo de no quedarse a morir allí. Padrino y ahijado corrieron hacia la salida, llevando a aquél que había dado la vida por ellos.

Haldir y Finwe tomaron a Neville y Hermione, mientras Bill tiraba de Ron. Tonks salió con Kingsley y fueron ayudados por Luziel.

Severus tomó sin dudar un instante, el cuerpo de su rubio amante, aún inconsciente, y lo hizo levitar delante suyo mientras subía apresuradamente las escaleras. En el camino, se topó con Andrea que se le unió en la huída.

Bellatrix fue la única que no se movió. Esperó fielmente a su señor, de pie en medio de la estancia, hasta que un torbellino de agua la devoró también.


Capítulo 38: Save a prayer

“You saw me standing by the wall / me viste parado junto a la pared
corner of a main street / en la esquina de una calle principal
And the lights are flashing / y las luces brillaban
on your window sill / en el marco de tu ventana
All alone ain't much fun / la soledad no es divertida
so you're looking for the thrill / y estás buscando la emoción
And you know just / y sabes exactamente
what it takes and where to go / qué involucra y dónde ir”

Save a prayer – Duran Duran

Llegaron a la acera en confusa huída mortífagos, aurores y los miembros de la Orden del Fénix. El estruendo del agua desbordándose era atronador, pero Dumbledore finalmente logró contener la marea antes de que llegara a los pisos superiores y terminara de destruir todo a su paso. Salió tambaleante y completamente mojado y fue rodeado al instante por varios funcionarios y aurores.

El exterior estaba rodeado de funcionarios del Ministerio y las fuerzas de seguridad muggle que empezaron a hacerse cargo de la situación. Un clamor se escuchaba en todas las gargantas, el Señor Oscuro había sido derrotado de nuevo gracias a una poderosa magia.

Sirius cayó de rodillas sin soltar el cuerpo inerte en sus brazos y Harry, a su lado aún, se le abrazó muy fuerte. No podía creerlo, todo había pasado tan rápido que no podía creer que Remus estuviera muerto.

Finwe se acercó silenciosamente, con lágrimas en los ojos y colocó su capa élfica sobre el cuerpo de Remus, cubriéndolo de las miradas y de las fotos de los reporteros, ya que a Sirius parecía no importarle nada. Se inclinó junto a su amigo y le dio un suave beso en los labios hinchados y amoratados.

De pronto, se irguió.

- “¡Está vivo!”

Sirius lo miró sin entender. ¿Acaso Finwe se había vuelto loco? Él vio cómo el “Avada Kedavra” impactó de lleno en el pecho de su pobre amor.

- “Está vivo, Sirius”, volvió a decir Finwe, “está respirando”. Puso la mano sobre el pecho herido, “su corazón late débilmente, debemos darnos prisa”

El cabello negro de Sirius le cubría los ojos...pero las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Se quedó inmóvil, incapaz de reaccionar, contemplando el rostro tan amado sin percibir los signos de vida que decía Finwe.

El elfo le quitó suavemente el cuerpo de Remus mientras Harry sujetaba el brazo de su padrino, pero fue innecesario, Sirius no se movió. Los acontecimientos que siguieron desfilaban como imágenes en cámara lenta ante sus ojos... los medimagos subiendo a Remus y a otros heridos en ambulancias, Haldir y Finwe apremiándolo a subir también con ellos... Harry empujándolo suavemente.

Está vivo
Está vivo y ha sobrevivido a un “Avada Kedavra”
Como Harry
Oh, Dios, me estoy volviendo loco…

- “Señor Black”

Un representante del Ministerio estaba frente a él, y una docena de aurores lo rodeaban. Sirius los miró inexpresivo.

- “Tenga la bondad de acompañarnos, hay una investigación en su contra que debe ser esclarecida”

Retrocedió, no podía ser... al fin estaba todo salvado, Voldemort no existía más y él se había descuidado de los aurores. Pero en ese momento nada le importaba, excepto el bienestar de Remus. Miró a Harry que se aferraba aún a su brazo con lágrimas en los ojos. Miró la ambulancia donde llevaban a su amor ¿vivo?... miró a sus amigos.

Una mano se posó suavemente en su hombro.

Dumbledore.

Y más allá, Tonks y Bill traían a rastras a un hombrecillo bajo y calvo.

- “Peter”, dijo con un susurro ronco. El hombrecillo tembló y quiso huir, pero Bill se lo impidió.

- “Ve, Sirius”, dijo suavemente Dumbledore, “iré contigo y acabaremos de una vez con este malentendido”

Sirius avanzó algunos pasos.

- “Harry, por favor cuida de él”

*

“Don't say a prayer for me now, / no reces por mí ahora
save it till the morning after / déjalo para la mañana siguiente
No don't say a prayer for me now, / no, no reces por mí ahora
save it till the morning after / déjalo para la mañana siguiente”


Severus contempló cómo los aurores les quitaban a Lucius y a Andrea sus varitas y les ataban las manos, antes de subirlos en el vehículo que los conduciría al Ministerio para la investigación preliminar. Los otros mortífagos que sobrevivieron eran sometidos a un trato semejante.

Lucius subió con la cabeza en alto y sin mirar ni una sola vez hacia atrás, donde estaba Severus. Porque si lo hubiera mirado, habría corrido a refugiarse en sus brazos y decirle al fin que lo amaba y que no le importaba que lo hubiera traicionado, y quizás incluso le hubiera pedido perdón. Pero ya no lo haría. No tenía caso. El profesor de Pociones se había encargado muy bien de demostrarle que no estaba de su lado.

El carruaje se alejó y Severus se quedó contemplándolo, mudo de impotencia, deseando haber podido hacer algo, pero sabiendo a la vez que lo hizo todo. Lucius, su Lucius sería juzgado y dudaba mucho que pudiera salvarse de una condena en Azkaban. Pudo haberle dicho al menos que lo amaba, pudo haber aprovechado la breve pausa entre el “Ennervate” que le aplicó y la llegada de los aurores, para decirle que pasara lo que pasara, siempre lo amaría. Que lo amaría sin importar lo que fuera, lo que hubiera hecho, porque él también había matado y también lo había disfrutado... porque nunca podría borrar el pasado por más que lo intentara con Dumbledore, porque él y Lucius eran iguales.

Una silenciosa figura se paró junto a él.

Potter.

- “Profesor”

Potter. De todas las personas en el mundo, era la última que quería tener a su lado.

El profesor de Pociones tomó aire, y sin mirar a Harry, dio media vuelta y se fue.

*

“Feel the breeze deep on the inside / siente dentro la profundidad de la brisa
look you down into your well / mira abajo en tu manantial
If you can you'll see / si tratas verás
the world in all his fire / el mundo en todo su fuego
Take a chance like all dreamers / arriésgate como todos los soñadores
can't find another way / no puedes encontrar otro modo
You don't have to dream at all / no tienes que soñar en absoluto
just live a day / sólo vive un día.”

El hospital era un ir y venir de gente y pocos ponían atención al muchacho sentado junto a una de las habitaciones de la Unidad de Cuidados Intensivos. Eso le dio a Harry oportunidad para observar. El rumor de que otro mago había sobrevivido a la maldición “Avada Kedavra” había llegado a todo el hospital y muchos curiosos se trataron de aproximar a la habitación, lo que hizo que se pusiera personal de seguridad en todo el pabellón.

Haldir y Finwe esperaban junto a Harry y pronto se les unieron Minerva, los Weasley y “Ojoloco”. Tonks se encontraba en otro pabellón con Kingsley y Dumbledore había ido con Mundungus a ver el caso de Sirius en el Ministerio.

La espera fue larga y los medimagos entraban y salían de la habitación donde estaba Remus. Finalmente, casi a medio día, uno de ellos se dignó a hablarles.

- “El señor Lupin está fuera de peligro, pero aún está inconsciente y se encuentra muy débil. Ha llamado en sueños a Sirius y a Harry, ¿se encuentra alguno de ellos aquí?”

Harry asintió.

- “Yo soy Harry”

El medimago por fin reparó en la existencia del chico.

- “¡Harry Potter!”, exclamó con sorpresa, “debí suponerlo... En ese caso, puede pasar y acompañarlo. De momento, preferimos no admitir más visitas, lo sucedido con el señor Lupin es bastante inusual, y no deseamos perturbarlo demasiado”

Harry entró vacilante en la habitación. Estaba en penumbras pues las cortinas habían sido corridas para no importunar al herido.

Remus yacía con el pecho descubierto y una herida que ya había sido tratada, pero que dejaría una cicatriz en forma de rayo idéntica a la que tenía Harry en la frente, solo que el triple de grande. Sus otras heridas estaban casi cerradas por efectos de las pociones, pero sus labios seguían un poco hinchados. Tenía una palidez extrema y sus ojos estaban cerrados, pero la respiración era acompasada y eso tranquilizó a Harry.

Se acercó junto a él y colocó una de las sillas cerca de la cama. Luego se sentó y le tomó la mano.

- “Remus, soy yo”, empezó vacilante, “Sirius me dijo que cuidara de ti y trataré de hacerlo... los medimagos dicen que te pondrás bien... ¡Tienes que hacerlo! No soportaría perderte a ti o a Sirius”

Acarició la mano de Remus y se quedó quieto, observándolo, pensando en lo que podría ser su vida junto a su padrino y a su profesor. Anhelaba una vida dichosa, y después de todo lo que había pasado en ese año, no se sentía capaz de volver con los Dursley... Sirius y él habían hecho muchos planes y ahora ¿qué pasaría? Sirius estaba detenido, y aunque sabía que también habían capturado a Colagusano, no tenía la certeza de que todo se resolviera para bien... Y Remus ¿qué poderoso hechizo lo había salvado? Cuando Harry era un bebé, su madre usó el poder de su amor para salvarlo, pero murió en el intento; sin embargo, Remus había sobrevivido a la misma maldición... al menos era un alivio saber que ya no sería el único...

Un suspiro brotó de la garganta del herido y Harry se encontró con unos ojos dorados que lo miraban.

- “H-harry”

El chico sonrió, era tan bueno ver que Remus había despertado que se sintió muy aliviado. Pero había angustia en la mirada del herido. De pronto, Harry entendió, su profesor no sabía si su esfuerzo por salvar a Sirius había dado resultado.

- “Remus, él está bien”. Los ojos dorados se abrieron, incrédulos, “se salvó, lo salvaste”, explicó.

- “¿D-dónde está?”

- “En el Ministerio, con Dumbledore”, dijo Harry. Remus lo miró con espanto, “no, no te preocupes, atraparon a Colagusano, todo saldrá bien, Remus”

- “Azkaban....”, fue un susurro apenas audible.

- “No, Remus. No podrán hacerlo, todos están allí. Dumbledore no lo permitirá. Voldemort fue destruido”

Remus cerró los ojos. Temblaba y una lágrima se deslizó por su mejilla. Sus labios se abrieron una vez más...

- “Kingsley”

- “No lo sé. Salió con Tonks y los llevaron a otro pabellón... Remus ¿qué pasó allí?”

- “Nada”, de los labios de Remus jamás saldría una palabra en contra de quien lo había amado tanto al punto de no importarle morir. Jamás delataría a Kingsley.

Sus ojos se cerraron de nuevo y cayó en un necesario sueño, mientras Harry, a su lado, esperaba.

Al cabo de un rato, la puerta se abrió suavemente y entró Dumbledore. Los ojos dorados se abrieron otra vez.

- “Hola, Remus”

- “Albus... ¿dónde…?”, la pregunta murió en los labios de Remus, porque detrás del director se encontraba un hombre alto y de cabello negro, que avanzó sonriente hacia él.

Sirius, el hombre por el que estuvo dispuesto a dar su vida.

- “Moony”

- “Padfoot”

Miradas intensas, que hablaban de amor. Azul contra dorado. Los ojos de ambos estaban húmedos y sus manos se entrelazaron. Sirius se arrodilló junto a la cama.

Haldir tomó suavemente del brazo a Harry y lo sacó de allí, mientras Finwe hacía lo propio con Dumbledore que tenía una radiante sonrisa.

- “Moony, terminó al fin…”, susurró Sirius, “todo terminó, lo vencimos… Gracias”

- “Sirius…”, los ojos de Remus se llenaron de lágrimas, “tuve miedo por ti”

- “Lobo tontito… olvidaste el Anillo”, sonrió Sirius besándole las manos, “casi me matas de angustia… promete que no lo volverás a hacer”

- “Bésame”

Y Sirius lo hizo. Suavemente, para no maltratar más los lastimados labios, lo besó y fue como un bálsamo para Remus, que cerró los ojos, sintiéndose en paz al fin.

*

Luego de algunos días, Remus fue por fin dado de alta y fue llevado a la Mansión Black, que había sido devuelta a Sirius, libre ahora de todos los cargos en su contra.
La opinión pública había tenido mucho que ver en eso, porque la presión era tanta que el juicio se celebró a los dos días de producido el ataque, y el fallo se dio al cuarto día.

El testimonio de Colagusano fue determinante, el asustado mago terminó confesándolo todo, alegando haber estado bajo la influencia de la Maldición Imperius y luego dijo que era tanto su temor hacia Voldemort que ya no pudo hablar… el hombrecillo fue condenado a cadena perpetua en Azkaban y fue llevado allí por la nueva guardia que reemplazaría a los Dementores.

Andrea fue juzgado también y logró conmover al jurado contando su historia. Su padre había sido un prominente miembro del Ministerio de Magia en Italia, y su madre era cantante de ópera. Durante un ajuste de cuentas de la mafia italiana, fueron asesinados por muggles, y sus cuerpos mutilados se encontraron varios días después en un basural. Andrea tenía entonces diez años y fue entregado a las autoridades muggles, que lo despojaron de su fortuna y lo enviaron a un orfanato, donde fue violado por el director. El joven con rostro de ángel fue enviado luego con una familia de magos que lo trató bien, y permaneció con ellos hasta los dieciséis años, en que escuchó hablar por primera vez del regreso del Señor Oscuro y escapó a Inglaterra para unírsele. Conoció allí a Bellatrix Lestrange y ella le dijo que unirse a Voldemort era lo que todo mago de sangre limpia debía hacer, y de ese modo vengaría a sus padres. El joven concluyó, llorando, que se había dado cuenta de que esa clase de venganza no le devolvería ni a sus padres ni a todo lo que perdió.

El jurado deliberó unos pocos minutos, la juventud del muchacho, su historia y las lágrimas que derramó mientras la relataba, hicieron que los magos y brujas que estaban allí lo perdonasen. Además, era menor de edad y tenía muy poco tiempo como mortífago. Andrea fue absuelto, pero su custodia se le encomendó a un equipo de magos que lo ayudarían a volver a adaptarse a la sociedad mágica por cinco meses, e iría a Hogwarts para estudiar allí su último año al cuidado de Dumbledore. Nada se dijo de los asesinatos que el joven cometió, ni se le exigió revelar detalles de las torturas a las que fue sometido por Bellatrix, el jurado no quiso hacerlo recordar esos eventos.

Severus Snape, sin embargo, no estaba convencido.

Algo le decía que Andrea no había contado todo, y aunque se cuestionó sentir celos por el joven por acostarse con Lucius; de todos modos no se sentía satisfecho con el fallo y mucho menos con la perspectiva de tener como alumno al joven mortífago.

Sin embargo, no dijo nada. Bastante tendría ya que soportar con el jucio de Lucius que se inició apenas culminó el de Andrea.

Lucius tenía a uno de los mejores abogados del Mundo Mágico, Jeremy Hawkings, quien basó su defensa en que el señor Malfoy actuaba como espía para el Ministerio, y tenía el testimonio del ex ministro Fudge para probarlo. Aunque se desató un verdadero escándalo al descubrirse que el actual ministro actuaba influenciado por la Maldición Imperius, Lucius alegó no conocer quién fue el encargado de hacerlo y Conklin no recordaba nada más que una entrevista con un mago de cabello negro en Piccadilly Circus.

El mago rubio se mantuvo sereno en todo momento, y escuchó impasible el testimonio de Colagusano, que lo señalaba como uno de los principales colaboradores de Voldemort, junto con Bellatrix y Severus Snape.

Pero Lucius no delató a Severus. No dijo una sola palabra en contra de su amante, y no le dirigió la mirada una sola vez. Aunque por un breve instante, sus ojos se encontraron y el mudo mensaje del rubio fue “Cuida de Draco”. Eso fue todo, luego, los ojos grises volvieron a ser tan fríos como siempre, mientras desvirtuaba completamente el testimonio de Peter Pettigrew, afirmando que lo hacía por venganza al ser humillado todo el tiempo por Bellatrix Lestrange.

El jurado ordenó una orden de cateo en la Mansión Malfoy y Lucius fue escoltado allí para que abriera las cámaras. No pudo negarse, porque hacerlo habría reconocido tácitamente su culpabilidad, de modo que partió, orgulloso, frente al grupo de aurores que lo custodiaba.

No hallaron nada.

Ningún signo de magia negra, ni libros, ni objetos. Las cámaras estaban llenas, como había dicho Lucius, de reliquias familiares, cuadros, tapices, joyas... nada que lo comprometiera. El mago rubio sonrió sereno, sin dejar traslucir que él mismo estaba absolutamente sorprendido... Y los elfos domésticos jamás habrían delatado al joven amo Malfoy, quien en compañía del profesor Snape, habían abierto las cámaras la noche anterior y trasladado todo a otro lugar.

Los testigos del proceso acusaron a Lucius, todos excepto Severus que no habló. Pero el rubio seguía sosteniendo la versión de su trabajo encubierto para el Ministerio y en realidad nadie podía asegurar que él era el ejecutor de los ataques, puesto que los mortífagos cubrían su rostro.


“Don't say a prayer for me now, / no reces por mí ahora
save it till the morning after / déjalo para la mañana siguiente
No don't say a prayer for me now, / no, no reces por mí ahora
save it till the morning after / déjalo para la mañana siguiente”


Luego de un largo debate, Lucius fue condenado al pago de una reparación civil de mil galeones, y a doce meses de prisión los cuales podía cumplir como arresto domiciliario. El escándalo se desató, pero el jurado no cambió su fallo y el mago rubio partió a su mansión alto y orgulloso como siempre. Cuando pasó junto a Severus, no le dedicó ni una sola mirada y el profesor de Pociones sintió su corazón desgarrarse una vez más, pero una mano en su hombro lo hizo soportarlo. Finwe, a su lado, le decía con los ojos que todo saldría bien, y aunque Severus no le creyó, saber que alguien entendía lo que sentía le trajo alivio.

*

A fines de marzo la niebla cubría la ciudad, mientras una motocicleta plateada se deslizaba velozmente hacia el aeropuerto de Heathrow, donde uno de sus ocupantes bajó y se dirigió a la salida de vuelos internacionales. Después de buscar ansiosamente logro localizar la sala de embarque del vuelo que buscaba. Un vuelo internacional a Jamaica.

Remus no entendía los absurdos sistemas de seguridad muggles, el Anillo que llevaba colgado del pecho hizo que pudiera rápidamente pasar los controles sin ser notado y corrió hacia la sala de embarque justo a tiempo, porque los pasajeros estaban saliendo de allí para abordar una enorme máquina muggle que los llevaría a la isla.

Kingsley ya estaba allí, sereno y triste, mirando por última vez la niebla londinense y sorprendiéndose a si mismo, porque acababa de notar que la extrañaría. Volvía a su país luego de haber sido juzgado por el testimonio de Colagusano y su propia confesión, pero contrario a lo que él había creído, Remus no habló. El mago pálido había manifestado que estuvo inconsciente y que despertó cuando él y Kingsley estaban en una celda y dijo desconocer cómo su amigo había llegado allí.

No lo condenaron, pero se le prohibió usar magia en Inglaterra y fue despedido del Ministerio, de modo que únicamente le quedaba volver a su país, y eso era lo que estaba haciendo, con el corazón oprimido y el alma en paz, al saber que Remus era feliz con Sirius.

De pronto, una figura se abrió paso entre la multitud y corrió hacia él. Un hombre delgado y pálido, vestido con un sueter verde oscuro y jeans gastados. Su cabello era castaño y estaba veteado de gris.

Remus.

No podía creerlo, Remus había acudido a despedirlo, después de todo lo que ocurrió. Sus ojos se humedecieron mientras lo abrazaba en silencio, la emoción no lo dejaba hablar.

- “Rem”, logró decir al fin.

- “Kingsley”, susurró Remus, “lo siento mucho...”

- “No, mi Remus...es mejor así”

El mago moreno lo abrazó por última vez, resistiéndose a soltarlo. El viento agitaba su abrigo y despeinaba más el cabello de Remus. A lo lejos, un hombre de cabello largo los observaba.

- “Deseo de corazón que seas feliz”, dijo Remus.

La mano pálida limpió las lágrimas del rostro de Kingsley mientras el viento secaba las suyas.

- “Señor, el avión está a punto de partir...”

Se soltaron y Kingsley abordó el avión. Remus agitó la mano hasta perderlo de vista y luego caminó despacio hacia el aeropuerto, sin importarle que vieran sus lágrimas. En el estacionamiento, Sirius lo recibió en sus brazos y lo consoló sin palabras.

*

El primero de abril por la mañana, Sirius terminó de verificar que todo estuviera listo y envió la última lechuza a Dumbledore. Luego acarició el timón de su moto, la más preciada de sus posesiones devueltas por el Ministerio. Silver relucía de limpia y ese día tenía una misión importante que cumplir.

- “¡Moony, date prisa o no llegaremos a la cena!”, gritó al pie de la escalera.

- “Voy”, respondió Remus, bajando de prisa, con el cabello mojado goteando sobre su túnica nueva azul marino.

Ambos subieron a la moto y emprendieron el viaje a Hogwarts. No querían usar el expreso, llegarían en Silver, como lo habían hecho en el pasado.

El viaje fue largo y no dejaban de reír y besarse, poniendo varias veces a Silver en peligro de estrellarse contra los árboles, o a ellos mismos de caer. Iban a gran velocidad, y el cabello de Sirius se agitaba con el viento, mientras Remus lo abrazaba fuerte y le pegaba su mejilla en la espalda, en parte por no caer y en parte por sentirlo más cerca.

Al caer la noche, llegaron a Hogwarts. El castillo estaba extrañamente silencioso y a Remus le intrigó mucho no ser recibido por Dumbledore. ¿Habrían olvidado que llegaba ese día? Eran casi las ocho, pero las luces no estaban encendidas en el Gran Salón.

Dejaron a Silver y el equipaje junto a la puerta y Sirius lo condujo al Gran Salón, abriendo suavemente la puerta. Al instante, las luces se encendieron y Remus pudo ver a toda la escuela presente, en un ambiente decorado en tonos rojo y dorado. En la mesa principal, Dumbledore sonreía.

Remus quiso avanzar, pero fue detenido por una multitud de estudiantes que lo felicitaban. Sirius se fue discretamente hacia donde estaba el director.

- “Profesor, bienvenido...”

- “Profesor, nos alegramos de tenerlo de vuelta”

- “Profesor...”

Solo Draco y algunos Slytherin permanecían a un lado. El chico rubio estaba de pie en una esquina del salón, apenado por todo lo que se había dicho de su padre y no tenía valor para mirar a Remus. Pero su profesor le sonrió a lo lejos y eso le hizo sentir de pronto unos enormes deseos de llorar. Draco salió silenciosamente del Salón y volvió a las mazmorras.

Finalmente, envuelto aún en esa cálida marea humana, Remus avanzó hacia la mesa donde le asignaron un lugar de honor junto a Dumbledore.

- “Buenas noches”, dijo el Director y se hizo un instantáneo silencio, “como todos saben, estamos celebrando el regreso del profesor Remus Lupin a esta escuela, luego de enfrentarse a los seguidores de Voldemort y sobrevivir la maldición Avada Kedavra”, se oyeron muchas exclamaciones, vivas y aplausos, “el profesor Lupin se reintegra a partir de mañana a sus labores docentes, y tendremos temporalmente el apoyo del señor Sirius Black en el club de Duelo”

Se oyeron varias exclamaciones y muchos estudiantes señalaron al hombre de cabello largo y ojos azules sentado junto a Remus.

- “El señor Sirius Black ha sido absuelto por el Ministerio de Magia de todos los cargos en su contra, y será indemnizado, además de concedérsele la Orden de Merlín de Tercera Clase, junto con el profesor Lupin. También fue otorgada al profesor Snape, pero él prefirió declinar tal honor”

Exclamaciones de asombro y un murmullo incesante mientras el profesor de Pociones permanecía impasible en el rincón más apartado de la mesa. Una mirada de Severus bastó para hacer silencio.

- “Doy a nombre de todos la bienvenida al profesor Lupin y le cedo la palabra un momento”

Remus se puso de pie mientras Severus miraba a otro lado.

- “Muchas gracias a todos. Agradezco especialmente a Harry Potter, Neville Longbottom, Hermione Granger y Ron Weasley por el valor que demostraron al acudir así y exponer sus vidas por tratar de ayudarnos. Y también deseo agradecer públicamente a los profesores Haldir, Finwe, Severus Snape y Minerva Mc Gonagall por haber intervenido y en forma muy especial al director Albus Dumbledore por lograr vencer a Voldemort. No quiero extenderme demasiado, sé que han esperado mucho, de modo que la celebración puede empezar”

Un estruendoso aplauso llenó el Gran Salón, mientras Severus se retiraba discretamente. Había estado en la ridícula ceremonia de Dumbledore solo porque el Director prácticamente amenazó con despedirlo si no asistía, y encima tuvo que tragarse el discurso de Lupin. Pero no tenía ningún deseo de estar en el banquete y el baile que seguiría, eso era más de lo que podía soportar, sobre todo cuando cada expresión de alegría le recordaba su dolor. Cada risa le recordaba una lágrima que había derramado por Lucius en la soledad de su habitación, y cada mención despectiva de los mortífagos le dolía como si de él se tratara, y de hecho, casi era así.

Las luces del Salón se hicieron tenues y empezó a brotar una suave música. Remus reconoció la canción, era “Still loving you”, de un conjunto muggle. Sirius tomó su mano suavemente bajo la mesa y le sonrió.

Lentamente, algunas parejas salieron a la pista: Ron y Hermione, Colin y Ginny, Lavender y Neville, Angelina y Fred, Katie y George. Harry se sentía un poco triste sin saber por qué; de pronto, se encontró con el rostro sonriente de Luna Lovegood y la sacó a bailar. Dumbledore sorprendió a todos saliendo con Minerva Mc Gonagall y Haldir lo hizo con Finwe.

Remus sonrió a sus amigos elfos, siempre le había admirado que no les importara mostrar su relación, y los envidió un poco. Pero Sirius estaba ahora a su lado y eso era lo que importaba.

Su pareja se puso de pie de pronto le tomó la mano. Remus lo miró sorprendido.

- “¿Me haces el honor, Moony?”

- “Yo...”

Pero Sirius no esperó la respuesta y tiró suavemente de él, llevándolo a la pista, donde lo abrazó por la cintura mientras bailaban lentamente. “Te amo”, susurró en su oído.

Remus echó sus brazos al cuello de su pareja y apoyó la cabeza en su hombro. Murmullos de asombro se pudieron escuchar claramente, pero Dumbledore sonreía y a ellos ya nada les importó. Habían vuelto de la muerte para estar juntos y bailaron estrechamente abrazados, tan seguros de su amor que no tenía importancia lo que otros pudieran decir. Ambos eran felices y eso era todo.

*

Esa madrugada, luego de la fiesta, Sirius y Remus volvieron a su habitación, hacía tiempo no se divertían tanto y se rieron mucho cuando Finwe bailó con la profesora Sprout y Haldir fue capturado por Sybill Trewlaney por casi toda la noche.

Pero ahora estaban solos y Sirius tenía una sorpresa más para su pareja. Mientras Remus buscaba su varita para iluminar la estancia, su pareja entró al dormitorio y lo llamó suavemente. El mago pálido abrió la puerta.

La habitación estaba decorada con velas. Junto a la cama brillaban con luz tenue dándole a toda la atmósfera una apariencia incitante, y más incitante aún porque sobre la cama se encontraba Sirius, completamente desnudo, recostado de bruces y con los brazos abiertos en cruz, invitándolo.

- “Moony, ven”

Remus avanzó muy excitado y se quitó la túnica, dejándola caer a un lado. Luego besó la espalda desnuda de su amante, apartando el cabello para cubrir su cuello de más besos suaves y húmedos.

Un gemido hizo que Sirius lo atrajera hacia él y lo besara también, deslizando su lengua ansiosa por la boca que tanto amaba, mientras desabrochaba su camisa.

- “Oh, Sirius”

- “Moony, ¿recuerdas lo que dijo Genévieve?”, preguntó Sirius entre jadeos mientras bajaba la cremallera del pantalón de su pareja.

- “mmm”, gimió Remus al sentir las atenciones que le brindaban… trató de pensar en lo que le habían preguntado, pero era imposible porque la boca de Sirius lo succionaba hábilmente.

Abrió los ojos y vio el rostro de Sirius, que lo acariciaba hasta la locura. Su pareja se detuvo un momento y lo miró. Entonces Remus hizo un esfuerzo y recordó.

- “Si un licántropo toma a su pareja, será para toda la vida”, repitió bajito.

- “Sí, mi amor”, susurró Sirius recostándose junto a él. “¿podrías hacerlo conmigo?”

¿Ahora? ¿Sirius quería eso? Nunca antes se lo había pedido... ¿Realmente estaría dispuesto?

- “Paddy…”

- “Si no quieres, lo entenderé”

Inevitablemente recordó a Kingsley y la vez que le había pedido lo mismo. Él no pudo hacerlo entonces, por Sirius. Y ahora, Sirius se lo estaba pidiendo. Sintió deseos de llorar de alegría.

- “Moony, sé que te hice mucho daño... yo entiendo que tú no quieras aún, pero...”

- “¿De qué hablas? ¡Claro que quiero! Siempre lo quise… es sólo que… ¿estás seguro? No quiero hacerte daño…”, su mano acarició suavemente la mejilla de Sirius.

- “Nunca estuve más seguro de algo”, respondió Sirius besándolo en la boca.

Remus giró y quedó sobre el cuerpo de Sirius, sin dejar de besarlo. Sus manos se deslizaban ágiles por el cuerpo de su pareja, reconociendo cada rincón. Lo acarició lentamente, torturándolo como hacía Sirius con él a veces, llevándolo a la cima para después soltarlo.

Lo hizo girar y comenzó a besar su cuello y espalda, con besos cortos y húmedos, mientras sus manos comenzaban a acariciar sus nalgas. La erección de Sirius estaba comprimida contra la cama y el roce del cuerpo de su pareja en sus caderas lo enloquecía. El animago jadeaba elevando las caderas y ofreciéndoselas por primera vez a Remus.

Los besos húmedos habían llegado ya a la cadera de Sirius y las ágiles manos separaron sus nalgas mientras Remus hundía la cara en su pequeña hendidura, lamiendo de arriba hacia abajo, saboreando. Sirius emitió un gemido prolongado, nunca imaginó que esa caricia, que tantas veces había aplicado a Remus, brindara tanto placer.

Y por primera vez sintió el enorme deseo de ser poseído. Antes se lo había ofrecido a Remus como un modo de completar la unión que debía ser para siempre, pero en ese momento tomaba por primera vez conciencia de que realmente quería sentir a Remus dentro de él. Y disfrutarlo.

- “Mi Moony”, jadeó, “quiero que me tomes ahora”

Remus no necesitó mayor invitación. En realidad, se estaba conteniendo firmemente, tenía temor de que sus instintos de lobo se despertaran en el momento del amor y que lastimara a Sirius.

Lo preparó ansiosamente, como Sirius hacía siempre con él, usando un lubricante para penetrarlo primero con los dedos, mientras le decía palabras de amor.

- “Paddy, dime por favor si te hago daño y me detendré”, susurró recordando su primera vez y lo amoroso y paciente que había sido Sirius, su Sirius. Suyo al fin.

- “No te detengas...”, jadeó Sirius una vez más y Remus lo penetró.

Primero lo hizo despacio, lentamente, acostumbrándose él mismo a esa sensación que no había tenido jamás. De pronto le pareció increíble que jamás lo hubiera hecho, siempre había sido penetrado o había tenido sexo oral, pero nunca había penetrado a ninguna de sus parejas. Ni a Kingsley ni a Sirius. Y todo porque era un licántropo, y si tomaba una pareja, sería para siempre.

El cuerpo de Sirius lo enloquecía, la estrechez del espacio hacía que deseara penetrarlo más, hacerlo gritar de placer, hacerlo todo suyo...

- “Moony, te amo”

Y ya no pudo contener más sus instintos... el licántropo que había en él reclamó con todo su ímpetu lo que era suyo, lo penetró una y otra vez mientras sus manos arañaban la espalda de Sirius y tiraban de su cabello. El animago jadeaba y se retorcía bajo su cuerpo, pero Remus ya no se podía detener. Lo poseyó con todo el frenesí del que era capaz y terminó inundándolo y gritándole que lo amaba y que estarían juntos, ahora sí para siempre.

Y así sería.

Sirius se liberó gritando, sin imaginar que podría sentir aquello, sin imaginar que sería avasallado y dominado completamente y que lo disfrutaría hasta el delirio. Porque era su Moony y ningún otro, el único que podía hacerlo sentir así.

 


EPILOGO

- “¡De prisa, Haldir! Galadriel nos espera”, apremió Finwe a su pareja que estaba terminando de calificar los exámenes finales de “Medicina Élfica”.

El elfo rubio colocó los pergaminos a un lado, después de escribir con elegante caligrafía un “Supera expectativas” en el examen de Neville Longbotton. El chico era muy bueno en esa materia, bastante intuitivo y meticuloso, y por eso era sorprendente lo pésimo que se desempeñana en Pociones siendo ambas materias complementarias, pero eso se debía a que Severus Snape lo atemorizaba muchísimo aún.

- “Haldir”

El elfo se puso de pie y siguió al ansioso Finwe por el pasillo. Era casi el fin de junio y su tiempo en Hogwarts se terminaba.

El despacho del Director estaba ocupado por Dumbledore, Sirius y Remus. El palantir se encontraba sobre el escritorio y Haldir lo tocó con ambas manos y llamó a su señora en élfico. Dentro de la piedra se formó un humo denso y luego se pudo ver allí la forma de la Dama del Bosque Dorado y junto a ella un elfo rubio y delgado, de luminosos ojos azules.

- “¡Legolas!” exclamó Finwe con alegría.

La sonrisa de Legolas fue radiante y siguió una animada charla en élfico entre los cuatro, de la que Remus pudo reconocer algunas palabras: “Gondor”, “Aragorn”. Estaba ya bastante familiarizado con los relatos de Finwe como para saber que Aragorn era el nombre del mortal que había logrado conquistar el amor de Legolas. Nunca imaginó que el elfo fuera tan hermoso, lo era incluso más que la Dama del Bosque y que el propio Finwe, y no le extrañó que Haldir hubiera perdido la cabeza por él, aunque sabía que ahora eran amigos.

No era la primera vez que Haldir y Finwe se comunicaban con su señora, de hecho, luego de que Voldemort fuera destruido, lo hacían regularmente, e incluso ella había hablado con Remus felicitándolo por su heroísmo. El mago pálido seguía atento la conversación, y aunque no comprendía todo, pudo captar la idea general, porque Finwe le había dado algunas lecciones de élfico…. La Dama les estaba pidiendo a sus amigos volver en cuanto terminen las clases, es decir, en un par de días.

Dumbledore les indicó que no había ningún problema, porque al terminar las clases, sus obligaciones para con la escuela terminaban también, aunque era claro que el anciano los extrañaría. Se había acostumbrado mucho al modo desenfadado y cariñoso que tenía Finwe y a la serenidad de Haldir.

El viejo mago también había limado asperezas con Sirius y Remus, y habían sostenido largas y amistosas pláticas en las ahora tranquilas noches, sin la angustia de los atentados ni las muertes. Dumbledore también les había demostrado su apoyo al hacer las gestiones para que Sirius volviera a ser admitido en la Academia de Aurores del Ministerio de Magia, porque el animago seguía deseando hacerse auror; y aunque realmente sabía mucho más que cualquiera de ellos, necesitaba el título de auror para desempeñarse como tal. Las clases se iniciarían en setiembre, de modo que durante esos meses, Dumbledore lo había acogido en Hogwarts para que ayude en el Club de Duelo, aunque la verdad era que quería tenerlo junto a Remus y Harry.

Luego de la charla con Galadriel y Legolas, los cuatro amigos fueron a dar un paseo por el bosque, sin hablar mucho, pues la próxima despedida les traía pesar. Pero era víspera de luna llena y Remus no podía evitar sentirse juguetón, de modo que corrió hacia el bosque de mallorns retando a Sirius para atraparlo. Aunque fue Finwe el que lo hizo y cayeron los dos al suelo riendo. De pronto, la magia del Anillo hizo que Remus apareciera varios metros más allá.

Haldir y Sirius se sentaron en la hierba, riendo. Esos tres meses habían pasado volando y los habían vuelto muy unidos, aunque estaban igualmente ocupados entre clases, nivelaciones de clases perdidas, exámenes y el Campeonato de Quidditch, en el que Sirius había entrado como entrenador de Gryffindor; sin contar las veces que tuvieron que acudir a diligencias en el Ministerio. Pero en sus ratos libres, procuraban estar juntos y aprender todo lo posible de sus mundos, sostenían largas pláticas y llegaron a tenerse mucha confianza.

- “Anda, Moony, deja de jugar con ese anillo”, le recriminó Sirius porque Remus estaba echado en la hierba llenando el aire de lucecitas de colores, “ven aquí”

Al instante, Remus apareció recostado entre las piernas de su pareja.

- “¿Así está bien?”, preguntó con picardía y Sirius le revolvió el cabello y le quitó la cadena con el anillo, “¡Sirius Black!”

Sirius rió complacido. Le divertía mucho esa faceta de Remus que no había podido explorar bien antes, y le agradeció mentalmente a Finwe por haber contribuido a que Remus y él ya no temieran mostrar su relación a otros. De hecho, cuando estaban con los elfos, era como si estuvieran con Lily y James, y no ocultaban para nada su amor.

- “Claro”, empezó Remus muy ofendido, “ahora quiere quitarme el anillo, pero quisiera verlo así mañana cuando Moony reclame a su pareja”

- “En realidad, el que no te transformes es lo mejor que he visto de esa magia élfica”, dijo Sirius, “porque… ¿de qué sirvió tanto entrenamiento si en el momento decisivo, él héroe se olvida del Anillo?”

Remus hizo una mueca, no era la primera vez que Sirius bromeaba con eso.

- “Estaba preocupado por ti, tonto”, respondió besándolo.

Haldir y Finwe sonreían con las manos entrelazadas y se besaron también ligeramente.

- “De todos modos, no podrás conservarlo, Remus”, observó Haldir, y eso les hizo recordar nuevamente la pronta despedida.

- “Lo sé…”, repuso tristemente Remus, “al menos lo disfruté durante las tres últimas lunas llenas”

- “¡Vaya que sí lo disfrutaste, lobito!”, rió Sirius recordando al insaciable amante en que Remus se convertía en las lunas llenas, cuando el Anillo detenía la transformación y su pareja no bebía la poción matalobos.

- “Yo quisiera verte así, amigo mío”, dijo Finwe y Remus enrojeció.

Haldir se sintió obligado a intervenir.

- “Creo que no es el momento… quizá mañana”, dijo en clara insinuación mientras atraía posesivamente a Finwe junto a su cadera.

El elfo pelirrojo soltó una risita cómplice.

- “Mi dueño, hay algo que quisiera que probemos antes de irnos”, le susurró al oído a Haldir y tomó una de sus manos mientras se levantaban.

El elfo rubio se dejó halar.

- “Nos vemos mañana…”

Finwe se acercó a Remus y lo besó en la mejilla, luego se alejó con Haldir.

- “Ellos quieren hacerlo con nosotros”, dijo pensativo Sirius cuando se quedaron solos.

- “Creo que sí”, fue la dudosa respuesta.

- “¿Crees? Yo pienso que es bastante evidente”, afirmó Sirius.

- “¿Qué piensas?”

- “No sería nada desagradable, eh, Moony?”

- “¡Sirius!”, los ojos dorados se abrieron sorprendidos.

- “Son nuestros amigos, ¿no es así? Yo le confiaría mi vida a Haldir y tú y Finwe han compartido confidencias que yo mismo no conozco… además ellos se irán y me parece un hermoso recuerdo”

- “¡Sirius Black! ¡Eso es una orgía! Recuerda que ellos lo hicieron con Lucius y Severus…”, protestó Remus.

- “Razón de más para que lo hagan con nosotros, lobito… así tendrán base para comparar”

- “Oh, Sirius, tú nunca cambiarás”, había reproche en la voz de Remus, e hizo ademán de ponerse de pie, pero Sirius le atrapó la manga de la túnica y habló muy seriamente.

- “No, Moony. Yo jamás haría nada que tú no quieras… aunque particularmente soy sincero en decir que me gustaría de verdad. ¿A ti no?”

Remus se quedó en silencio. Luego habló suavemente.

- “Claro que sí. Pero ellos son… son tan perfectos… y nosotros… Sirius, bordeamos los cuarenta, no estoy seguro de que les guste…”

- “Eres hermoso, Moony. Eres el hombre más hermoso del mundo para mi…. Además, ellos se acostaron con Snivellus, ¿no?”

Remus asintió, derrotado.

*

Era temprano aún y Draco arrojó una piedra al lago. La superficie se agitó un momento y las ondas concéntricas se empezaron a formar, para desapareder luego, dejando la superficie quieta. Volvió a lanzar otra y otra, hasta que el agua se agitó más y más y los círculos se confundieron unos con otros. Pero luego de un rato, todo volvió a quedarse quieto.

El chico se preguntó si su vida volvería a ser como antes, si todo pasaría, como esas ondas que se formaban producto de las piedras que tiró. Se preguntó si algún día volvería a sentirse tranquilo y seguro, pero sabía la respuesta: no. Él era un Malfoy y nunca se echaría para atrás, aunque doliera.

Esos tres meses habían sido muy difíciles, se había quedado sin amigos. Y aunque desde que se hizo aprendiz no frecuentaba mucho a Crabbe y Goyle, ellos habían seguido admirándolo. Pero ya no estaban en Hogwarts. Luego del asesinato de su padre, Crabbe y su familia huyeron al extranjero, y con el juicio del padre de Goyle y su condena en Azkaban, el chico también dejó la escuela y fue a vivir a Escocia.

Draco se había quedado solo. Le temían por todo lo que se dijo de su padre y todo lo que aún se decía. Podía ver el temor en los ojos de los chicos de primero cuando él pasaba. Y algunos incluso lo odiaban. Vio el odio en el rostro de Neville Longbottom un día que se cruzaron por el pasillo y tuvo que contenerse para no aplicarle una maldición. Severus Snape le había prohibido absolutamente el uso de magia negra en la escuela, bajo pena de expulsión inmediata.

Había sido un duro golpe enterarse de que Snape era un espía de Dumbledore y que había entregado a su padre. No lo creía hasta que escuchó la confirmación de labios del propio Severus y lo odió por lo que le hizo. Pero su sorpresa no pudo ser mayor una noche en que despertó sacudido violentamente por el hombre.

- “Draco, de prisa. Sé que mañana allanarán tu mansión, y si abren las cámaras, Lucius estará perdido”

Bueno, si Snape era un traidor ¿qué diablos podía importarle eso? Quiso enviarlo de paseo, pero finalmente lo ayudó porque Snape dijo que sólo un Malfoy podía abrir las cámaras. Lo que hallaron en ellas lo aterró, pero no cuestionó ni preguntó nada, y juntos trasladaron todo hacia un piso que Severus tenía en la ciudad, para luego embarcarlo clandestinamente hacia el continente, donde todo sería llevado a una cámara triple cero, reservada sólo para los pocos que podían pagarla, en un importante banco de Suiza.

Su padre le había explicado luego la maniobra legal que usaría en el juicio y Draco se asombró de la influencia que aún tenía el apellido Malfoy en algunos círculos. Pero no podían absolver a su padre o hubiera sido demasiado evidente. En lugar de eso, lo condenaron a arresto domiciliario y la mansión estaba rodeada de aurores. Pero el chico sabía que Lucius podía burlarlos cuando quisiera y se extrañó de que no lo intentara siquiera. Y su padre tampoco había querido ver a Severus Snape ni oír hablar de él.

Pero en la escuela había demasiadas cosas por las que preocuparse que los problemas de su padre. Draco tuvo que dejar el Quidditch o no hubiera aprobado Transformaciones, Mc Gonagall estaba más exigente que nunca a causa de los OWLs. Con Encantamientos y Pociones no tenía problemas, ni con las demás asignaturas. Pero donde realmente destacaba era en DCAO, aunque era evidente que sabía más maldiciones que contramaldiciones.

Su profesor de DCAO seguía siendo amable con él, pero algo había cambiado. Quizá lo que le dijo el día de su bautizo, cuando trataba de disuadirlo; o quizá el hecho de que Remus sostenía abiertamente un romance con el ex convicto Sirius Black, ahora en Hogwarts por idea del viejo desquiciado. Draco no sabía a ciencia cierta por qué, pero ya no tenía fantasías con Remus, aunque lo seguía respetando.

Y Medicina Élfica era el curso más divertido, porque Finwe siempre tenía algo novedoso que mostrarles, como la ocasión en que les enseñó a preparar brebajes reconstituyentes con hongos y Neville recogió por casualidad hongos alucinógenos. Los efectos de la intoxicación le duraron tres días en los que no dejaba de llamar al profesor Lupin y a su abuela. Era una lástima que los elfos tuvieran que irse al día siguiente.

Tampoco había tenido otro encuentro con Severus. El profesor de Pociones había sido claro en que eso jamás se repetiría, y luego de descubrirse su verdadero papel, se había mostrado más adusto que nunca, e incluso había rechazado firmemente la Orden de Merlín de Tercera Clase que el Ministerio de Magia le ofreció.

Pero los placeres que Draco conoció como aprendiz no habían quedado olvidados y muchas veces huyó a Hogsmeade en medio de la noche, en busca de citas furtivas con amigos ocasionales. También sedujo a un chico de cuarto año, pero pronto se cansó de él y buscó otros para pasar el tiempo. Le temían, pero también lo deseaban y eso le dio un poco de consuelo.

Aunque ahora, todo cambiaría de nuevo. El papel que había llegado esa mañana con un cernícalo, le trajo una noticia que estaba seguro, le cambiaría la vida. Y no para bien.

Una carta de su padre.

“Hijo mío:
Dentro de unas horas será pública mi partida. Debo emprender un largo viaje a Europa y no me es posible aún precisarte hacia dónde. Mi abogado tiene todo lo necesario para administrar la fortuna Malfoy hasta que seas mayor de edad y velará para que nada te falte. Confío en volver antes de eso, pero si no lo hago, deberás casarte y engendrar un heredero, para poder acceder a esa fortuna.
Debes hacer lo que diga el profesor Snape, a quien acudirás en caso de problemas.
Te escribiré regularmente.
Te quiere tu padre, L.M.”

¿Le escribiría? Su madre había dicho lo mismo y jamás le escribió una sola línea, aunque muchas veces la había visto retratada en la revista “Corazón de Bruja”, en la playa o en algún caro restaurante francés con el amante de turno. Y eso dolía.

Arrugó la carta. Le había llegado por la mañana y luego había bajado a desayunar y allí leyó en “El Profeta” que, por buena conducta, el jurado cambió la orden de arresto domiciliario de su padre y le dio permiso para ausentarse del país.

Cuchicheos y manos lo señalaban, y Draco se puso de pie y caminó sin hacer caso, notando a lo lejos la mirada preocupada de Remus Lupin y Finwe. Caminó aunque sus piernas deseaban correr de esos comentarios insidiosos y crueles, pero él era un Malfoy y jamás huiría.

Así había llegado al lago y había comenzado a arrojar piedras.

- “No lo resolverás de ese modo”

Finwe se sentó a su lado y le sonrió.

- “Al menos sirve para desahogarme”

- “Draco, tienes ahora la oportunidad de demostrar que un Malfoy puede ser diferente”, dijo el elfo.

- “No, profesor, usted no entiende… mi padre…”, la voz le tembló.

Finwe puso la mano en el hombro de Draco y lo miró a los ojos.

- “Sí entiendo, Draco. Eres un Malfoy”, dijo suavemente, “pero tú eres una persona diferente a tu padre. El que Lucius aceptara la voluntad de tu abuelo sin replicar no significa que tú debas hacer lo mismo ciegamente. Usa tu corazón, Draco”

- “Estoy solo ahora…”

- “Severus estará contigo”, dijo el elfo, “ve con él, Draco. Él velará por ti”

Y Draco corrió hacia las mazmorras, donde lo encontró, en un aula vacía, de pie junto a un caldero humeante, con el rostro lleno de gotas de sudor ¿o eran lágrimas? Se arrojó a los brazos de Severus como un niño perdido, sin poder contener más el llanto.

- “Se ha ido, profe…”

- “Lo sé, hijo mío”, respondió Severus abrazándolo como si en ello le fuera la vida, porque ahora lucharía para que Draco no se convierta en lo que había sido Lucius, su Lucius adorado, su único amor.

*

- “Por fin se acabó”, suspiró Ron dejándose caer en la cama, luego de arreglar su baúl pues partían al día siguiente.

- “No sé como pasé Pociones, creo que las lecciones de Finwe ayudaron”, dijo Neville aliviado terminando de doblar su ropa.

- “Y yo no sé como pasé Transformaciones”, dijo Harry sentándose sobre la cama, “¿saben? Extrañaré a Haldir y a Finwe, sus clases fueron muy divertidas”

- “Yo también”, dijo Neville con calor, “quisiera que se quedaran…”

- “¿A dónde irán este verano?”, preguntó Ron para cambiar de tema y no hacer sentir triste a Neville.

- “Mi abuela me llevará a Escocia a ver a unos parientes”, dijo Neville.

- “Nosotros iremos a Rumania a ver a Charley”, explicó Ron emocionado, “Bill volverá a Egipto de vacaciones, con Tonks, y mi madre está feliz de que Percy haya vuelto y de que papá sea ahora asesor de la Ministra Bones, de modo que ha prometido que estas vacaciones serán memorables… ¿tú que harás, Harry?”

- “Iré a la playa”, respondió éste, “Sirius consiguió los papeles de adopción por fin, aunque creo que tuvo que sobornar a tío Vernon para que firme. Pero lo importante es que nunca volveré con ellos y Sirius quería llevar a Remus a la playa para que descanse de todo lo que ha pasado. Alquiló un bungalow en un balneario que solía visitar con mi padre, será divertido”, dijo con entusiasmo.

- “¡Es genial!”, dijo Ron, “si volvemos antes, ¿podré llegar allí unos días?”

- “¡Claro que sí!”

- “¿Yo también?”, preguntó Neville.

- “Desde luego”, dijo Harry.

No había consultado a Sirius, pero estaba seguro de que ni él ni Remus pondrían problemas, nunca había pensado sentirse tan feliz y eso solo era el comienzo de la nueva vida que había empezado a vivir.


*
- “No pude hallarlos”, dijo Sirius entrando en su habitación. Remus lo aguardaba vestido con una bata de seda verde oscuro, y por lo que pudo ver, con nada más debajo.

- “Está bien, aún se estarán despidiendo de los alumnos”, repuso Remus. La luna llena brillaba en el cielo y sus rayos entraban por la ventana abierta, iluminando su cabello y sus ojos.

Era la última noche que Remus usaría el Anillo, pues los elfos partirían al día siguiente. Coincidentemente, era también la última luna llena en que la transformación sería detenida y ambos querían disfrutarla plenamente.

Durante la cena hubo un banquete de despedida para Haldir y Finwe y el director les obsequió dos medallas con los escudos de las casas. De igual manera, profesores y estudiantes se les acercaron para despedirse en una emotiva ceremonia, porque los elfos se habían ganado el cariño de todos. Finwe y Haldir abandonaron el Gran Salón con los brazos llenos de regalos y se dirigieron a su habitación, donde luego Sirius los había ido a buscar para que Remus se despidiera de ellos. Su pareja no había acudido a la cena, ya era luna llena y ellos guardaban celosamente el secreto de que el Anillo había detenido sus transformaciones.

Sirius le sonrió y se sentó junto a él, tomándole las manos. Durante la luna llena, Remus era el amante más fogoso que podía hallarse y el deseo que brillaba en sus ojos dorados le daba una vez más la confirmación de que esa noche ninguno de los dos dormiría.

- “Quiero hacer algo distinto hoy”, dijo juguetonamente Remus.

Sirius sonrió, aunque las últimas veces que Remus pidió hacer “cosas distintas”, estas incluyeron hacer el amor en el Bosque, en la Torre de Astronomía, e incluso, en el despacho de Filch, más precisamente sobre su escritorio.

- “¿Qué será?”, preguntó mientras entreabría la bata y besaba el delicioso cuello de su pareja.

Remus no respondió, en lugar de eso, el Anillo brilló y los llevó al Baño de Prefectos.

- “Moony…”, exclamó Sirius, “¿no pensarás…?”

Pero su pregunta fue silenciada por los grifos abriéndose todos al mismo tiempo, mientras Remus dejaba la bata deslizarse, y desnudo ya, se recostaba insinuante al borde de la piscina.

- “Oh, Merlín”, balbuceó Sirius al ver el incitante cuerpo desnudo, cubierto ahora de pequeñas burbujas.

- “¿Me las quitas, Paddy? Son las de sabor a chocolate…”

Sirius no lo pensó dos veces y se desnudó raudamente, lanzándose luego prácticamente sobre Remus y besándolo con pasión. Luego, comenzó a lamer las burbujas que estallaban dejando el cuerpo desnudo de Remus cubierto de un suave líquido con sabor a chocolate.

Pero la piscina ya estaba llena, y Remus se arrojó a ella, arrastrándolo consigo.

- “Hace mucho tiempo que no lo hacemos aquí…”, dijo insinuante, abrazándolo y pegando sus caderas a las suyas.

- “Hace como veinte años”, corroboró Sirius mientras acariciaba los pezones erectos de Remus y lo pegaba al borde de la piscina.

Un gemido lo invitó a más, y lo hizo ponerse de pie, aprisionando su cuerpo contra el mármol de la piscina, comprimiendo adrede su erección mientras torturaba su espalda con caricias y suaves mordidas. Remus se cogió con una mano de la escalera y con la otra de uno de los grifos, mientras era empujado con más fuerza contra la pared de mármol

- “Oh, Sirius, no te demores…”, jadeó moviendo con desesperación las caderas, pero Sirius lo sujetó con fuerza impidiéndole moverse más.

- “Aún no, lobito…”, sus dedos comenzaron a prepararlo dilatando la entrada más que dispuesta, pero pronto lo dejaron y se concentraron en su oprimida erección. Sirius masajeó expertamente la palpitante carne, sin dejarlo escapar del abrazo que lo mantenía pegado al borde de la piscina.

Remus jadeó y se movió con fuerza, buscando liberarse, y Sirius pareció entender, porque siguió bombeando mientras sus dedos lo penetraban, buscando darle mayor placer. Cuando Remus echó hacia atrás la cabeza y emitió un prolongado gemido, producto del orgasmo que llegaba, Sirius lo penetró de un certero empujón e hizo que el cuerpo que se estremecía por efecto del clímax, comenzara a temblar nuevamente con esa nueva invasión.

De pronto, la puerta se abrió y entraron Haldir y Finwe tomados de la mano.

Sirius trató de disimular abrazando a Remus para ocultar los temblores de su cuerpo, pero no pudo acallar el gemido prolongado que emitió. El agua ocultaba sus cuerpos, pero era más que evidente lo que acababa de ocurrir. Se deslizó suavemente fuera de Remus.

- “¿Qué ocurre?”, preguntó Remus al sentirlo retirarse. Abrió los ojos, aún jadeando y de pronto entendió.

- “Sentimos interrumpir…”, se disculpó Haldir, “deseábamos pasar un momento agradable aquí, pero si les molesta, nos iremos”

Finwe los miraba con los ojos brillando de emoción y deseo.

Sirius iba a decirles que se fueran, en atención a Remus, pero se sorprendió muchísimo al oír a su pareja decirles que se quedasen, que había espacio para todos en la piscina.

Los elfos no perdieron el tiempo y se desnudaron, lanzándose luego del trampolín hacia la piscina. Sus cuerpos eran perfectos, como había dicho Remus que lo serían y Sirius entendió entonces las dudas que tenía su pareja y le cogió fuertemente la mano bajo el agua un poco turbia por el líquido que había salido de su cuerpo. Remus se le abrazó.

Haldir y Finwe nadaron en círculos en el centro de la piscina y luego el elfo rubio se acercó a ellos. Finwe lo siguió y lo abrazó por detrás, empezando a deshacer las trenzas de su cabello para echarle shampoo. Sirius los miraba fascinado, el cabello de Haldir relucía con la luz de las arañas que iluminaban el lugar, y era sencillamente hermoso.

- “¿Me ayudas?”, lo invitó Finwe y Remus le dio a su pareja un ligero apretón dándole su aprobación.

Sirius se acercó y tocó el cabello rubio y suave del elfo, deshaciendo las pequeñas trenzas con todo cuidado. Era un momento tan íntimo que era difícil de imaginar que la criatura frente a él era uno de los mejores arqueros élficos y también un guerrero que había luchado hombro con hombro con él hacía tan poco tiempo. Ahora lo veía como algo etéreo y hermoso, y sus dedos se enredaron en el rubio cabello.

Remus, a lo lejos, le sonreía.

Finwe de pronto se acercó junto a Remus, y acarició el cabello entrecano, besando el mechón que cayó junto a su frente.

- “Eres hermoso, Remus”, susurró junto a su oído.

Y Remus le creyó, dejándose llevar en un impulso y acariciando la cabellera roja que siempre le había fascinado. Abrió el grifo de shampoo y comenzó a esparcirlo en el cabello de Finwe que lo dejó hacer, inclinando la cabeza y entrecerrando los ojos.

Remus deslizaba sus manos por el cabello de fuego, disfrutando intensamente ese momento. Nunca pensó que ese solo gesto pudiera ser tan placentero para él y para el elfo que había dejado escapar un suave gemido. Sin darse cuenta, había llegado a acariciar la espalda desnuda y perfecta de Finwe, que de pronto volteó y quedaron frente a frente.

Y el elfo, lentamente, comenzó a aplicar el shampoo en el cabello corto de Remus, acariciando tiernamente su cabeza al hacerlo, deteniéndose juguetonamente en su cuello. El mago pálido miró en dirección a Sirius, que, adivinando su pensamiento, hizo un ligero gesto con los ojos, aceptando.

Remus entendió y se dejó besar. Y fue algo muy distinto a todos los besos que había compartido antes. Los labios de Finwe eran delgados e increíblemente suaves, y tenían sabor a miel. Remus se entregó al beso, mordiéndolo suavemente y atrayendo el bello cuerpo junto al suyo.

Los dedos de Sirius se enredaron en el cabello de Haldir y el elfo de pronto lo hizo girar con tanta agilidad que no le dio tiempo a resistirse. El elfo se situó en su espalda, dejándolo sentir su naciente erección, mientras le susurraba al oído: “Míralos, son hermosos...”

En ese momento, Finwe recorría con los dedos la cicatriz en el pecho de Remus y daba suaves besos en su garganta. El mago pálido tenía aún los dedos enredados en el rojo cabello, atrayéndo la cabeza de Finwe contra su cuerpo para no perder ese maravilloso contacto que la lengua del elfo le proporcionaba.

Las manos de Haldir se deslizaron por el pecho de Sirius, quien volteó para encontrarse con la mirada azul del elfo, más brillante a causa del deseo. El animago se dejó envolver por esa mirada y abrazó el fuerte cuerpo de su amigo, y de pronto tomó el control nuevamente empujando a Haldir de espaldas contra el borde de la piscina, y lo besó con todo el ímpetu de su deseo insatisfecho, acercándose más junto a Finwe y Remus.

- “Oh, Sirius”, susurró Remus, con la mirada perdida mientras Finwe atendía la zona en su entrepierna.

El animago rompió suavemente su beso con Haldir para posar sus labios en los de Remus.

- “Te amo, lobito”

Remus lanzó un profundo gemido cuando los labios de Finwe lo tomaron bajo el agua, y gritó más fuerte aún cuando Haldir lo alzó en sus brazos y lo subió al borde de la escalera, tumbándolo y poniendo sus piernas sobre las barandas.

Sirius hundió el rostro entre las piernas de Remus y le abrió suavemente las nalgas besándolo allí con delicadeza, para luego levantar la vista y ofrecérselo a Finwe.

- “Él te desea, pequeño”, dijo al elfo pelirrojo que le rozó los labios mientras se inclinaba a besar la abertura de Remus.

Haldir no había estado ocioso, durante ese momento, había abierto uno de los grifos y sus manos estaban llenas de espuma lila, que untó suavemente en la espalda de Sirius. El animago se dejó llevar, la visión de Finwe dándole placer a su adorado Remus era bastante ya para excitar sus sentidos y las caricias del elfo rubio lograron enardecerlo más aún.

Sorprendió a Haldir tocando su erección mientras lo atraía con el otro brazo, pegándolo a él y luego lo alzaba junto a Remus, abriéndole también las piernas. Sirius estaba seguro de que el elfo lo estaba dejando hacer, porque había comprobado la fuerza que tenía y de haberlo querido, se habría hecho con el control fácilmente. Pero los ojos de Haldir le decían que continuase y sus labios se lo confirmaron.

- “Hazlo, Sirius”, susurró el elfo, “jamás he sido poseído por un mortal, pero ese día ha llegado y deseo que seas tú”

Remus entreabrió los ojos y asintió, acariciando el rostro del elfo tendido a su lado y gimió profundamente cuando Finwe lo penetró suavemente. Haldir se inclinó a besarlo para acallar sus gritos y no pudo evitar gemir él mismo cuando Sirius entró en su cuerpo.

Ambas parejas se movieron frenéticamente tratando de obtener el mayor placer de ese encuentro que jamás se repetiría. Sirius se enterraba sin piedad en el cuerpo de Haldir, cuyo miembro era masajeado por Finwe a la vez que poseía a Remus.

Jadeos y gemidos inundaron la noche, así como las promesas que se hicieron de jamás olvidarse, porque esa noche se sentían más unidos que nunca y ese vínculo no se rompería jamás. Se besaron mientras se entregaban a su pasión y Remus fue el primero en estallar sobre su abdomen, donde Sirius se inclinó y bebió el tibio líquido mientras se derramaba dentro de Haldir jadeando.

Pero el elfo tenía algo más en mente y rápidamente invirtió posiciones, para penetrar a Sirius con suavidad y luego se movió tan frenéticamente que lo inundó al mismo tiempo que Finwe se liberaba dentro de Remus.

Se besaron tiernamente sabiendo que ese momento los había unido para siempre a los cuatro, y volvieron a la piscina donde continuaron dándose placer hasta que el alba los sorprendió.

El Anillo brilló en el pecho de Remus y los transportó al dormitorio de los magos.

- “Queridos amigos, jamás olvidaremos esta noche”, dijo Remus besando a Haldir en los labios.

- “Siempre llevaremos este recuerdo y eso hará que nos volvamos a ver”, susurró Finwe besando a Sirius.

Los cuatro se abrazaron y cayeron en la cama, donde Remus buscó el calor de su pareja que lo atrajo amorosamente. Los ojos de ambos se cerraban, había habido demasiada pasión en esa noche.

Finwe retiró suavemente el Anillo del pecho de Remus y besó de nuevo a sus amigos.

- “Hasta siempre, queridos amigos”

- “Hasta siempre”, repitió Haldir besándolos también.

Los elfos se quedaron un momento más, hasta que estuvieron seguros de que Sirius y Remus se habían dormido y Finwe besó una vez más los cabellos de ambos.

- “Aún no nos hemos ido y ya empiezo a extrañarlos”, dijo con lágrimas en los ojos mientras acariciaba la mejilla de Remus.

- “Lo sé, pequeño elfo”, dijo Haldir atrayéndolo a sus brazos suavemente, “lo que pasó esta noche hará que los volvamos a ver algún día. Vamos, hay una persona de la que tenemos que despedirnos aún”

*

Severus se encontraba sentado frente a un libro que no leía. No había ido a la cena de despedida a los elfos y cuando los buscó esa noche, no pudo hallarlos, de modo que se había encerrado en su despacho con sus recuerdos y una botella de brandy. La mañana lo sorprendió así, tratando de disimular su decepción.

Una luz en su habitación lo hizo levantar la vista, para hallar a sus amigos de pie frente a él, envueltos en la luz del Anillo que ahora llevaba Haldir.

- “Severus”, Finwe se arrodilló junto a él en un instante, “amigo mío, no te tortures más”, dijo quitándole suavemente la botella de las manos.

- “Hiciste lo correcto, Severus”, susurró el elfo rubio. Las palabras sobraban.

Entre ambos levantaron a Severus y lo llevaron hacia su cama, desnudándolo suavemente y cobijándolo.

- “Ya nos vamos”, dijo Finwe y el profesor de Pociones le acarició el rostro con ternura.

- “Cuídate mucho, pequeño elfo”, dijo Severus tomándole ambas manos, “no diré adiós, solo diré “Mae Govannen” porque conocerlos es una de las mejores cosas que me han pasado en esta guerra donde lo perdí todo”

- “Él te ama, Severus”, afirmó con convicción Finwe. “Pero quizás debas buscar otro amor que calme el dolor que Lucius te ha causado”

El profesor de Pociones sonrió tristemente. No había sido necesario abrirle su corazón a Finwe, el elfo entró en él sin permiso y lo había entendido todo con esa maravillosa intuición suya. Si se hubiera tratado de otro, sin duda le hubiera echado una maldición, pero el pequeño elfo pelirrojo era distinto. Lo abrazó con afecto.

- “Quizá algún día pequeño”, dijo sonriendo, “y le hablaré de ti”

- “Quizás él ya lo conoce”, observó Haldir con un guiño y le dio un fraternal abrazo al profesor.

- “Mae govannen”, dijeron usando la expresión élfica que significaba “Feliz encuentro” y desaparecieron después de un último abrazo.

Finwe odiaba las despedidas, por eso había pedido que nadie esté en el momento de su partida, pero el día anterior se había despedido personalmente de los estudiantes que le eran más queridos: Harry, Ron, Hermione, Neville y Draco. A todos les había dicho que estaba seguro que volverían a verse y en efecto el elfo estaba convencido de eso.

Finalmente, el momento llegó y la luz del palantir iluminó a ambos elfos mientras se desvanecían en el torbellino luminoso que los llevaba de regreso a su mundo: la Tierra Media.

 

FIN

 

Continúa en "Poison"

Ayesha - Índice - Main