
“Clue number one was / la primera
pista fue
when you knocked on my door / cuando tocaste mi puerta
clue number two was / la segunda pista fue
the look that you wore / la mirada que tenías
n' that's when i knew, / allí supe
it was a pretty good sign / que era una buena señal
that something was wrong / que algo iba mal
up on cloud number nine / arriba en la nube nueve”
Cloud Number Nine – Bryan Adams
- “¿Cansado, Rem?”, preguntó Kingsley entrando suavemente
al dormitorio.
Remus estaba en bata, sentado en la cama, con un libro entre las manos. “The Lady of Shalott”, rezaba el título.
- “Un poco, pero no deseo dormir”, respondió con una sonrisa cansada, dejando el libro. “Ven”
Kingsley se recostó en la cama. Él también estaba en pijama y tenía puesta su bata blanca, la misma que Remus había usado el día anterior.
- “Kingsley, no deseo incomodarte más. Mañana volveré a mi casa, ya lo conversé con Dumbledore y aunque él prefiere que esté en la Mansión, no me siento preparado aún y—“
- “No me incomodas”, lo interrumpió Kingsley, “me hace muy feliz tenerte aquí y poder cuidar de ti”.
- “Es que no se trata de eso, Kingsley”, dijo Remus con dulzura, “no quiero que ya nadie me proteja. No así--”, se interrumpió reprimiendo las lágrimas.
- “Déjame amarte, Remus”, pidió Kingsley tomando sus manos y mirándolo a los ojos. “Yo cuidaré de ti”
- “Lo siento”, susurró Remus retirándose. “Lo siento”
- “Está bien”, dijo Kingsley, “estaré aquí para ti siempre y lo sabes. ¿De qué es ese libro que lees?”, preguntó tratando de desviar la conversación.
- “Poesía”, respondió Remus sonriente, “Tennyson, un autor muggle”
- “Léeme algo”, pidió Kingsley, recostándose de nuevo y cerrando los ojos.
Remus lo observó dudoso. A Sirius jamás le había gustado la poesía, siempre se burlaba de él cuando la leía. Y ese era uno de sus libros favoritos. Comenzó a recitar una estrofa del antiguo poema medieval, e hizo luego una pausa.
- “Este es mi verso favorito”, dijo mirando a Kingsley atentamente.
El otro mago tenía los ojos cerrados, y continuó recitando:
“El espejo se rajó de
parte a parte;
"La condenación ha caído sobre mí," exclamó
la Dama de Shalott.”
Luego abrió los ojos sonriendo.
- “¿Tú lo conocías?”, preguntó sorprendido Remus.
- “A mi madre le gustaba mucho, cuando yo era muy pequeño lo leía. Luego ya no lo hizo más. Este poema significa mucho para mi”, respondió Kingsley.
Los dos se miraron con una sonrisa de entendimiento y Kingsley le acarició el cabello, apartando con ternura el mechón blanco que cubría su frente.
- “Eres tan hermoso, Rem”
Remus miró al piso.
- “Será mejor que descanses. Y yo también, mañana debo ir al Ministerio y hacer un informe sobre lo que los aurores hallaron en casa de Sturgis”, dijo Kingsley levantándose.
Horas más tarde, Kingsley miraba el fuego de la chimenea, recostado en el sofá donde ahora dormía. Pensando en Remus, deseando calmar su dolor. Iba quedándose dormido cuando la cabeza del ministro de Magia, Cornelius Fudge, apareció en la chimenea.
- “Kingsley, tenemos una emergencia. ¡Sirius Black está acorralado en un viejo edificio en la calle Olson! ¡Ven inmediatamente!”
El mago se paró en un instante y se vistió de prisa. Luego, entró suavemente a la habitación y se acercó a la dormida figura en la cama.
- “Rem, despierta”, susurró despacio. Los ojos dorados se abrieron soñolientos, “debo salir, se presentó un problema. No tardaré”.
Y en un impulso repentino, lo besó en la frente. No le quiso decir lo de Sirius, no quería preocuparlo.
Partió inmediatamente.
*
Sirius llegó al edificio abandonado. Estacionó a Silver junto a la puerta y avanzó con la varita en la mano, buscando señales de magia negra. El camino estaba despejado, y entró resueltamente, subiendo las familiares escaleras hasta el quinto piso.
Una puerta cerrada con un símbolo pintado en ella lo hizo apretar los puños de furia. El Lisinte, dos manos cruzadas formando una “V” con los dedos. El símbolo de protección contra los hombres lobo.
Irónico.
- “Alohomora”, dijo claramente abriendo de golpe la puerta.
- “Hola primo”, una fría y burlona voz hirió el silencio de la estancia. “veo que tu temperamento no ha cambiado luego de Azkaban”
Bellatrix, de pie en medio de la habitación, vestida íntegramente de negro y con su varita en las manos.
- “¡Qué le dijiste! ¡Dímelo ahora!”, gritó Sirius avanzando amenazadoramente.
- “Sabes que no saldrás vivo de aquí, ¿verdad?”, preguntó ella. Pasos a la espalda de Sirius hicieron que se volteara, para encontrarse con Walden Mc Nair.
- “Hola, Black. Eres tan predecible como dijo Bella”, dijo burlón.
Sirius giró encarando a su prima de nuevo.
- “¿Qué le dijiste a Remus?”, volvió a preguntar con la voz firme.
- “¿Decirle? Yo no le dije nada...yo sólo le mostré. Le di un filamento de recuerdos, un recuerdo que tú conoces bien—“
Sirius palideció. Esa era la razón del grito de angustia de Remus, el día que salió de la casa. Los recuerdos acudieron en tropel a su mente, y cinco palabras aparecieron como si estuvieran escritas con fuego: “Es bueno en la cama”. Él había dicho eso en un momento de angustia y despecho al creerse traicionado. Y su Remus lo visto, lo había había oído. Justo cuando trataban de darse una oportunidad, todo se desvanecía de nuevo.
- “¡NOOOOO! ¡Maldita perra!”, gritó fuera de sí y la abofeteó con todas sus fuerzas.
- “Inmovilus”, dijo fríamente Mc Nair. Sirius quedó estático, con la varita en las manos.
Bellatrix se levantó, rechazando la mano que Mc Nair le tendía. Sirius vociferaba palabras de odio, con el rostro descompuesto.
- “Eres patético, primo”, dijo quitándole la varita y arrojándola lejos. “Escúchame, porque será lo último que harás en tu vida. Todo fue un engaño, preparado por Colagusano, él envió a Remus a una cita con Lucius y tu querido licántropo no se dejó seducir, porque te amaba...y no tienes idea de lo persuasivo que puede ser Lucius, pero con Lupin fue inútil, patética fidelidad suya. Colagusano te lo contó como si hubiera sucedido en verdad lo que planeamos, y tú dudaste. ¡Y viniste a mí para que averiguara la verdad! ¡A mí! Me da risa el sólo pensarlo, fuiste tan infantil, tan estúpido...arcilla en mis manos, querido primo. Y todo a causa de tus celos”
- “Algo cobarde y digno de Malfoy”, espetó Sirius, “¿Por qué él? Él jamás les hizo daño—“, dijo tratando de ganar tiempo, mientras calculaba sus posibilidades de escapar.
- “Para que desconfiaras de él y de ti mismo, para que le confiaras a Colagusano la protección de los Potter. ¿No es evidente? El amor es la mayor debilidad”, dijo Bellatrix con amargura.
- “¡No te atrevas a dañarlo!”
- “¿Dañarlo a él? ¡Eres tú el que está a mi merced ahora, primo! Pudiste ser de los nuestros, pudiste tenerlo todo, y tuviste que permanecer fiel a tus estúpidos ideales que finalmente te llevaron a Azkaban. Pudiste matar a los Aurores y huir, nada difícil para un mago como tú, pero te quedaste llorando a Potter”
Bellatrix le dio una fuerte patada en los testículos, Sirius ahogó un grito de dolor.
- “Lástima, primo”, dijo ella, besándolo ligeramente en los labios, tan rápido que él no pudo reaccionar, “ahora ya no nos sirves. Adiós”
Sirius se sacudió, gritándole insultos, pero era inútil, ella ya se había ido.
- “Black, hace mucho tiempo que quería verte así”, gruñó Mc Nair.
- “Anda, cobarde, trae a los sabuesos del ministerio. No les temo”, dijo Sirius con los ojos centelleándole de furia, mientras se debatía esperando que pasara el efecto del hechizo inmovilizador.
- “¿Ministerio? Oh, no, Black. Sabes demasiado, y no podemos darnos ese lujo. El Señor Oscuro te quiere muerto”
Y Mc Nair comenzó a hacer una invocación que hizo que a Sirius se le erizaran los cabellos de la nuca. Era la invocación al Visitante Nocturno, el demonio que roba el aire, que mata por asfixia.
Y él, inmovilizado y con su varita a varios metros de su alcance, no podía hacer nada.
Nada.
Pensó en Remus. Ahora que al fin le confirmaron lo que supo el día que poseyó a Remus, cuando él le gritó en el desenfreno de su pasión que siempre fue el único, que jamás lo pudo engañar y que era suyo en cuerpo y alma. Ahora que todo estaba claro para él, lo había arruinado.
Y pronto el gran Sirius Black iba a morir en manos de un demonio.
Se lo merecía. Lo merecía porque dañó al ser que más amaba en el mundo a parte de Harry.
Pero cuando cayó el primer copo negro sobre su rostro, supo que no se rendiría jamás. Lucharía. Eso era lo que James hubiera querido, lo que Lily y Harry hubieran esperado. Y también lo que Remus hubiera hecho.
Trató de moverse desesperadamente, tratando de no concentrarse en los copos negros que empezaban a cubrirle el cuerpo como una lluvia oscura, robándole la visión. Cayó al suelo, pero no podía mover el cuerpo.
Pensó en de nuevo en Remus.
Pensó en él con todas sus fuerzas. “Te amo, amor mío.
Perdóname”, dijo con los ojos cubiertos de lágrimas. Eso
era todo lo que podía hacer.
Un copo cayó sobre su nariz, impidiéndole respirar, y su cuerpo
se movió desesperado usando las últimas fuerzas que le quedaban.
Y ocurrió el milagro.
Un chasquido partió el silencio y de pronto, se liberó del hechizo y se arrastró, tanteando el piso hasta que sus manos se cerraron en torno a su varita. Su cuerpo estaba cubierto enteramente de la negrura asesina que Mc Nair había invocado.
- “Aqua”, susurró apenas, aferrándose a su última esperanza. Un chorro de agua brotó del techo, bañándolo completamente.
El hechizo del agua corriente. Haldir tuvo razón.
Los copos empezaron a desaparecer de su cuerpo, para materializarse sobre Mc Nair que comenzó a gritar como loco mientras Sirius se levantaba tambaleante.
Tardó un instante, sólo un instante, y Mc Nair en la desesperación de su situación, se arrojó por la ventana del edificio, con la silueta horriblemente deformada por un manto negro que le robó la vida. Ni siquiera gritó y antes de que su cuerpo tocara el suelo, los copos negros comenzaron a desaparecer.
“Deja que quien llame al “Visitante
Nocturno”
Sea consciente del peligro.
Su víctima puede ser protegida
Por el hechizo del agua corriente
Volviendo la llamada de la oscuridad
Contra quien la ha llamado…”
- “Volviendo la llamada de la oscuridad contra quien la ha llamado“, repitió Sirius mientras se acomodaba la ropa y se preparaba a abandonar el edificio.
Entonces llegaron los aurores.
Lógico, se dijo amargamente. Demasiados indicios de magia negra en tiempos peligrosos. Era lógico que ellos llegasen. Calculó rápidamente sus posibilidades para escapar y se dirigió a la azotea, pero al abrir la última puerta que lo llevaría hacia la libertad, una figura le bloqueó el paso.
Kingsley.
- “Black, detente”, amenazó con la varita en alto. A su espalda aparecieron varios aurores del ministerio.
- “¡Stufefy!”, gritó Sirius abriendo la puerta y lanzádose al último tramo de escaleras. Kingsley lo siguió, pero no era ya su compañero de la Orden del Fénix. Actuaba como auror, lo cazaba.
Pero antes de que los otros aurores pudieran perseguirlo, Kingsley bloqueó la puerta con un hechizo.
- “Black, no tienes oportunidad, ¡entrégate!”, bramó, asegurándose de que los magos al otro lado de la puerta lo pudieran oír.
Luego, llegó a la azotea, donde Sirius lo amenazaba con la varita. No se dejaría atrapar, no después de haber vencido a un poderoso demonio. Y nunca dejaría que sea Kingsley quien lo capture.
Kingsley lo miró con extraña expresión. Era su oportunidad de deshacerse de Sirius. Nadie lo hubiera culpado, él mismo se metió en ese lío al escapar de la mansión. Sólo tenía que lanzarle un hechizo y desarmarlo, luego los aurores, que estaban a punto de romper la puerta, se encargarían de él. Y Remus sería libre.
Pensó una vez más en esos ojos dorados. No podía.
- “¡Vete!”, susurró el mago moreno sintiendo que esas palabras le traerían la condena.
Sirius lo miró extrañado primero y luego con odio. Él no pedía clemencia a nadie, pelearía. Alzó la varita, pero Kingsley no hizo ademán para detenerlo.
- “¡Vete!”, repitió con urgencia, pues ya los aurores se abrían paso. “No lo hago por ti, lo hago por él”, el mago alzó su varita y se lanzó a sí mismo un “Destrucio” que lo hizo volar al pie de la escalera. Los aurores irrumpieron en la azotea.
Sirius no lo pensó dos veces. Se arrojó de la azotea al edificio vecino y corrió hasta desaparecer allí. Luego se desplazó por los balcones y bajó a tierra, ocultando hábilmente sus huellas. Tomó un auto muggle y partió raudamente en dirección a los muelles, allí se confundió entre la multitud de estibadores, dejando su chaqueta de cuero y reemplazándola por un andrajoso abrigo y un sombrero que le ocultaba el rostro.
Lo había hecho cientos de veces mientras estaba prófugo.
Bebió una botella de sidra antes de volver. Tenía el alma vacía y quiso darle algo de calidez.
Luego, volvió a la mansión.
*
Haldir volvió inquieto a su habitación. Luego de la reunión, había estado hablando con Severus. Resultaba irónico, pero después del encuentro que tuvieron los cuatro, se había formado un extraño vínculo entre él y el mago, al punto en que Haldir le pidió en varias ocasiones indagar sobre Finwe y entregarle mensajes.
No eran amigos, pero un sentimiento de respeto los unía. Y la calma de Severus era lo único que en realidad había impedido que Haldir pidiese el anillo a Remus para rescatar a su amado elfo.
Habían pasado ya diez dias y la soledad se hacía sentir. Haldir pasaba mucho tiempo en su despacho, entrenando a Remus, o platicando con los alumnos, para evitar llegar a su habitación y ver la cama vacía. Extrañaba despertar con Finwe entre sus brazos, extrañaba su risa, sus bromas y su manera de involucrarse con todo lo que veía, haciendo suyos los problemas de otros. Esa sensibilidad especial era lo que adoraba. Y lo que había jurado proteger. Jamás nadie la destruiría, eso sobre su cadáver.
Estaba sentado sobre el marco de la ventana, recordando cuando Finwe, desnudo y exquisito, se sentaba allí a propósito, para provocarlo juguetonamente. Recorrió con las manos la superficie de piedra, tan fría ahora que su pequeño elfo estaba lejos.
Un golpe discreto en la puerta lo hizo ponerse de pie molesto por la interrupción.
Dolores Umbridge.
Dolores, que intentaba por todos los medios acercarse a él, pero sin ningún éxito. Luego de la desaparición de Finwe, Haldir la trataba de evitar en lo posible sin parecer descortés, y eso sólo a pedido de Dumbledore, que lo consideraba una “distracción” para la nueva directora y un medio de mantenerla ocupada.
- “Buenas noches”, dijo la bruja ¿melosamente? Haldir se estremeció.
- “Hola, Dolores. ¿En qué puedo ayudarte?”, preguntó, tratando de ser amable.
Ella entró en la habitación, mirando curiosa, y tomó asiento junto a la mesa de trabajo, donde había un cuaderno empastado en cuero.
- “Deseo pedirte consejo, querido amigo”, dijo Dolores, poniendo énfasis especial en la palabra “querido”
- “Bien, te escucho”, dijo Haldir, resignado, sentándose a su vez.
Dolores movía las manos nerviosamente mientras le contaba que el Ministerio necesitaba encontrar a un peligroso asesino, que era el padrino de Harry Potter, y que ella lo interrogaría junto con el ministro. Le pidió consejo acerca de cómo abordar al chico, que era un alumno difícil y no colaboraría.
Haldir lo pensó un momento, eligiendo cuidadosamente sus palabras. Ahora, más que nunca, pondría a prueba la sabiduría élfica.
- “No se lo preguntes directamente, ya que si sabe algo, se negará. Sólo conversa con él y hazlo hablar de la vida que lleva con sus tíos. Tengo entendido que no es agradable. Y luego dale a entender que el Ministerio está considerando el caso de su padrino y que necesitan su colaboración”, dijo finalmente el elfo.
Dolores tenía una brillante sonrisa, seguiría el consejo. Esto alivió a Haldir, ya que él temía que en una confrontación directa, Harry se dejara llevar por su apasionamiento y hablara de más.
- “¡Gracias! La sabiduría de tu raza me deja sorprendida”, dijo coquetamente Dolores. “¿Hay algo más en lo que sean tan hábiles?”
Haldir sonrió señalando el cuaderno, que Dolores abrió sin entender. Estaba lleno de hermosos dibujos de Haldir en diferentes situaciones: de pie en su puesto de vigilancia, disparando flechas, en el lago bañándose, mirando el cielo. Ella lo miró interrogante y Haldir suavemente pasó las páginas, hasta mostrar otro dibujo.
Haldir y Finwe besándose en un bello atardecer en Lothlórien.
Dolores cerró el cuaderno bruscamente.
- “¿Lo extrañas?”, preguntó con cierta hostilidad.
- “Lo amo”, respondió con dulzura Haldir, poniéndose de pie para dar por terminada la entrevista.
*
Habían pasado dos días desde el escape de Sirius y Remus no había abandonado el hospital para nada. Sentado junto a Kingsley, meditaba en todo lo que había sucedido.
Los medios hicieron noticia rápidamente, “Huye peligroso asesino, hiriendo auror”, “Asesino de Mc Nair libre”, “Ministerio de Magia insensifica búsqueda de Black”. Walden Mc Nair había sido enterrado con todos los honores, y Kingsley recibiría una medalla al valor. Pero en la última reunión de la Orden, Sirius les contó la verdad de lo ocurrido.
Sirius.
Nuevamente todo empezaba y terminaba en Sirius.
Sirius les relató todo, excepto el motivo que lo impulsó a salir y buscar a Bellatrix. Eso, dijo, se lo reservaba por el momento. Se lo veía angustiado, y trató en vano de hablar con Remus, que lo había rechazado y lo dejó para que Tonks lo consuele.
Y ahora, Remus escrutaba ansioso el atractivo rostro del mago moreno, ahora dormido y fuera de peligro por la herida que él mismo se inflingió para salvar a Sirius.
- “¿Por qué?”, había sido lo primero que Remus le preguntó.
- “Por que te amo”, fue la respuesta.
Los dedos de Remus vagaron por el cabello de Kingsley, acariciándolo con ternura. Los ojos negros del mago se abrieron y su mano atrapó la de Remus, besándola.
- “Mañana podrás salir”, informó Remus sonriendo.
Kingsley no soltó su mano.
Conversaron tranquilamente de los acontecimientos. Los mortífagos no habían hecho ningún nuevo atentado, empeñados en mantener la versión popular que culpaba a Black, y Sirius había sido seriamente amonestado por Dumbledore al punto de tener una airada discusión delante de todos, en la que nadie apoyó al animago.
Y Remus había suspendido sus entrenamientos para estar junto a Kingsley en el hospital.
- “¿Me acompañarás a casa?”, preguntó Kingsley.
- “Sólo si duermo en el sillón. Necesitas una cama decente y unos días más de descanso”, sonrió Remus.
- “Podemos compartirla”, los ojos negros lo miraron ansiosos. “Déjame amarte, Remus”
El mago miró a su amigo herido. Herido a causa suya, por no causarle dolor. Eso era amor, y no el amor traicionero de Sirius. Pero tenía miedo de confiar de nuevo. Lo besó en la frente mientras se preparaba para dormir en la cama contigua.
Esos días había hablado mucho con Kinsgley. Más aún como en los días en que trabajaron juntos para el ministerio. Siempre se llevaron bien, pero cuando Kingsley le confesó su amor y fue rechazado, el mago moreno se tornó un poco más reservado. Y cuando apareció Sirius de nuevo en su vida, se tornó protector.
Por la mañana, Kingsley fue dado de alta y trasladado a su departamento, donde recibió las visitas de sus compañeros aurores, a quienes no les extrañó la presencia de Remus, pues había sido consultor del ministerio por mucho tiempo y sabían que los unía una estrecha amistad.
Tonks llegó a relevar a Remus por la tarde, diciéndole que Haldir lo esperaba en la Mansión Black para el entrenamiento y ella se quedó con Kingsley, quien se encontraba mucho mejor y se empeñó en no acostarse y terminar sus informes sobre lo ocurrido.
*
- “Veo que no has perdido tu habilidad”, dijo Haldir felicitando a Remus mientras Sirius se levantaba trabajosamente y acomodaba la cristalería que había roto en su caída.
- “La necesidad obliga”, dijo simplemente Remus, que no había sufrido rasguño alguno.
- “Mañana practicaremos con maldiciones imperdonables”, continuó Haldir mirando a Sirius, “¿crees que podrás manejarlo?”
- “Claro”, respondió Sirius desafiante. Remus lo estaba ignorando olímpicamente y la presencia del elfo no ayudaba, pues constantemente su ex amante se escudaba en Haldir para evitarlo.
Sirius empezaba a cansarse. Remus no le había dado la menor oportunidad de explicarse, y ni siquiera lo había defendido cuando Dumbledore lo acusó de irresponsable y lo amenazó con expulsarlo de la Orden si algo semejante volvía a repetirse. De hecho, si Sirius continuaba en la Orden, era únicamente por amor a Remus y por el deseo de ver a Harry, pues eso también le había sido prohibido por unos días más.
- “Debo hablar con Haldir”, dijo Remus. Sirius no se movió. “A solas”, agregó.
El animago se fue, murmurando entre dientes, y los dejó solos en el patio.
- “¿No crees que eres demasiado brusco con él?”, preguntó suavemente Haldir.
- “Él lo merece, por poco lo matan”, explicó Remus, “y por su culpa, Kingsley está herido”, agregó, “Sirius siempre ha sido así de testarudo, necesita a veces que lo sacudan un poco”, no pudo evitar sonreír.
El elfo miró a su amigo, nunca lo había visto tan triste, y aún así se las arreglaba para sonreír. Los humanos eran una raza extraña, no entendía la infidelidad. Los elfos, al ser inmortales, eran bastante liberales en sus costumbres, pero cuando elegían una pareja, normalmente era para siempre. En cambio, por lo que veía, en los humanos la infidelidad era algo común. Pero Remus sufría.
- “¿Te importa Kingsley? ¿Más que como amigo?”, preguntó de pronto el elfo. Trataría de hacer lo que su pequeño elfo hubiera hecho, aunque no se sentía tan hábil como Finwe para confortar a un mortal.
- “Creo que sí”, dijo Remus en voz baja, “me hace sentir bien, me atrae, pero—“, se interrumpió, “es que Sirius es la única pareja que he tenido. Por años creí que al ser un licántropo y al estar unido a Sirius no podría tener otra pareja, pero estaba equivocado, no era el hecho de ser un licántropo, era por amor. Y ahora---“
- “A veces”, dijo el elfo pensativo, “estar con otra persona ayuda. No veo nada de malo en que busques ser feliz”.
Y Haldir le relató la noche en que aceptó que amaba a Finwe, después de un apasionado encuentro con el Príncipe de Mirkwood. Los ojos de Remus estaban muy abiertos, e incluso se ruborizó. El elfo sonrió divertido: Remus tenía treinta y siete años, edad que, en medidas élficas, vendría a ser casi como la suya. Era un experto en DCAO y en duelo, pero cuando tocaban esos temas, parecía menor incluso que el mismo Finwe.
Remus le sonrió.
- “Gracias”, le dijo, antes de desaparecer en el brillo dorado del anillo.
*
“And the moon is out and the stars are bright / y la luna ha salido
y las estrellas brillan
and whatever comes s'gonna be alright / y cualquier cosa que venga estará
bien
cause tonight you will be mine / porque esta noche serás mío
up on cloud number nine / sobre la nube nueve
and there ain't no place that i'd rather be / y no hay otro lugar donde quisiera
estar
and we can't go back but you're here with me / y no podemos retroceder pero
estás conmigo”
Remus apareció en la sala del departamento de Kingsley. El mago moreno escribía la parte final de sus informes, mientras Tonks jugaba distraídamente, formando figuritas en el fuego de la chimenea. Apenas lo vio, se puso de pie y se acomodó la túnica.
- “¿Todo bien?”, preguntó ansiosa. En realidad quería decir “¿Todo bien con Sirius?”
- “Todo igual”, informó Remus, que entendió el mensaje. “Mañana practicaremos maldiciones imperdonables”
- “Entonces te acompañaré”, dijo Kingsley. Remus le sonrió.
Tonks se despidió de ellos y desapareció en la chimenea. Volvería a la Mansión Black.
- “¿Seguro que todo bien?”, preguntó Kingsley.
- “Sí”, respondió Remus sonriendo.
Kingsley había preparado la cena, y comieron juntos, bromeando y riendo. Inconscientemente, Remus partió un trozo de pan y se lo alcanzó a su amigo, que le sonrió antes de metérselo a la boca. Con Sirius siempre había hecho eso.
- “Yo limpio”, dijo Remus cuando terminaron.
- “Te ayudo”
- “Tú cocinaste—“
Pero Kingsley no lo dejó terminar y envió una pila de platos al lavadero, usando magia. En pocos minutos habían terminado y la cocina quedó tan limpia como a ambos les gustaba.
Sirius jamás lavaba los platos.
”Now he hurt you and you hurt
me / ahora él te lastimó y tú me lastimaste
and that wasn't the way / y no fue del modo
it was supposed to be / en que debió ser
so baby tonight let's / por eso dejemos esta noche
leave the world behind / el mundo atrás
and spend some time / y pasemos algún tiempo
up on cloud number nine / arriba en la nube nueve”
- “Acepto”, dijo Remus decidiéndose repentinamente.
- “¿QUÉ?”, Kingsley lo miró con asombro, y se asombró más cuando sintió la cálida boca de Remus sobre la suya.
Se besaron intensamente y Remus sintió cómo su cuerpo respondía a las caricias, como lo había hecho miles de veces con Sirius. De pronto, tuvo miedo de confiar otra vez, de que lo volvieran a traicionar. Se soltó suavemente del abrazo y escapó.
- “Voy a ducharme”, pidió, “estuve entrenando”, y desapareció rápidamente.
Kingsley se quedó pensativo unos momentos. No quería ir demasiado rápido, pero el sonido del agua le hizo pensar en Remus desnudo en la ducha, y además, había sentido claramente la erección del otro mago mientras se besaban.
No lo pensó dos veces, y se dirigió al dormitorio, donde retiró las cobijas de la cama, dejando las sábanas blancas y las almohadas. Luego, se despojó de su ropa y entró al cuarto de baño.
El vapor no lo dejaba ver bien el cuerpo de su amor en la ducha, y abrió la cortina ligeramente. Remus estaba con los ojos cerrados, acariciándose. Pensaba en Sirius, pero también en Kingsley y en lo mucho que desearía perderse en sus brazos y ser consolado.
- “¿Te ayudo?”, susurró el mago moreno, metiéndose con él a la ducha.
Los ojos dorados se abrieron bruscamente, pero antes de que pudiera replicar, la boca de Kingsley buscó la suya.
- “Te amo, Rem. Jamás te lastimaré, confía en mi”
Remus dejó de resistirse, ¿por qué no tener un poco de felicidad?, recordó las palabras de Haldir, entreabrió los labios y se entregó a aquél beso, explorando a su vez la boca de su compañero, mientras le daba ligeros mordiscos.
Kingsley lo hizo voltear con cuidado y apoyó las manos de Remus en los azulejos de la ducha. Lo abrazó por detrás dándole ligeros besos en el cuello, mientras sus manos tomaban el jabón y empezaban a enjabonar sus pectorales, tirando del vello que allí crecía. Los pezones de Remus se endurecieron al instante y empezó a jadear suavemente, anhelando caricias más íntimas.
Su compañero no lo decepcionó, con firmeza, atrajo sus caderas y las pegó a las suyas, permitiéndole sentir entre las nalgas la magnitud de su deseo, mientras le masajeaba los muslos con amorosa anticipación.
Cuando las manos de Kingsley comenzaron a masturbarlo, Remus se sintió indefenso entre sus brazos y echó la cabeza hacia atrás, completamente rendido. Pero el mago moreno tenía otra cosa en mente, y comenzó a enjabonarlo con deliberada lentitud, hasta que la habitación se llenó de los gemidos de Remus. Y los gemidos llegaron a su máxima intensidad cuando Kingsley lo soltó brevemente, para enjabonarle cuidadosamente la espalda, deteniéndose en el punto más sensible, entre sus nalgas.
- “Ohh, Kingsley, no puedo resistirlo más”, gimió Remus ondulando las caderas con desesperación.
Apenas lo oyó, Kingsley insertó un dedo dentro de él, mientras lo atraía más y apretaba su erección, volviéndolo a masturbar tan deliciosamente que Remus estalló entre grititos de éxtasis.
Kingsley lo abrazó mientras el agua de la ducha enjuagaba su semilla, y lo besó dulcemente.
- “Te amo”, le dijo, mientras lo conducía suavemente hacia la cama.
“Well it's a long way up and
/ es un largo camino arriba
we won't come down tonight / y no bajaremos
well it may be wrong / porque puede estar equivocado,
but baby it sure feels right / pero se siente bien”
Remus se recostó entrecerrando los ojos y abrió los brazos para recibir a Kingsley que lo besaba con ternura. El mago recordaba a Sirius, sin poder evitar la comparación. Su ex amante era tierno, agresivo y a veces un poco arrogante, Kingsley era posesivo y amoroso, y sabía incentivarlo muy bien.
Se permitió abrir los ojos y contemplar a su nuevo amante. Los firmes músculos de ébano invitaban a ser acariciados. Su mirada vagó por el pecho de Kingsley y bajó por su plano vientre, hasta detenerse en su entrepierna. Y Remus contuvo la respiración.
Era hermoso, y muy excitante a la vez, ver la firme erección de Kingsley, de un color más oscuro que el resto de su piel. Remus no pudo resistir la tentación de probarlo entre sus labios. El mago moreno gimió audiblemente y se recostó junto a Remus, que comenzó su lenta tortura, besando cada rincón de la oscura piel, y dando pequeños y deliciosos mordiscos.
El lobo dentro de Remus había despertado. Miró traviesamente a su amante y lo soltó, cuando estaba a punto de terminar. Luego se apoderó de sus sensuales labios, mordiendo suavemente, al tiempo que restregaba su naciente erección con la de Kingsley.
El mago moreno sonrió a su vez, le encantaba esa nueva faceta de Remus. Y le gustó más el ronco gemido que su amante emitió cuando volvió a introducir un dedo en su ardiente cuerpo.
Con un rápido movimiento, cambió posiciones con Remus, poniéndolo de bruces.
- “Eres mío, lobito”, dijo juguetonamente, mientras Remus se estremecía pensando en la erección de Kingsley penetrándolo. Era decididamente mayor que Sirius, y le dio un poco de temor hacerse daño.
Pero Kingsley entendió, y con infinita paciencia comenzó a untarle la espalda con un líquido que despedía olor a almendras. El mago moreno lo besaba amorosamente conforme sus manos iban bajando por la perfecta y blanca espalda de su amante, que contrastaba con la oscura piel de las manos que lo acariciaban. Llegó hacia la pequeña abertura y aumentó la cantidad de líquido en esa zona, preparándola exquisitamente.
Remus se volteó a mirarlo y Kingsley le dio un rápido beso. “Confía”, susurró antes de volver a su tarea. Los gemidos de ambos se intensificadon cuando la erección de Kingsley se posó en la entrada, y Remus se encogió ansioso y temeroso a la vez. Siempre le costaba habituarse a la penetración al inicio, pero Kingsley fue paciente mientras se adentraba en su cuerpo.
- “Te amo”, dijo una vez más antes de iniciar el rítmico movimiento que arrancaría más gritos de pasión de su pareja.
Pero Remus no pudo decir lo mismo. No mientras Sirius ocupara su corazón. No mientras cada estocada de su amante se le clavara como una puñalada pidiendo que fuera Sirius quien estuviera con él. En lugar de ello, se concentró en las expertas manos que bombeaban su miembro rítmicamente, y pronto su mente estuvo en blanco, ocupada tan sólo en el placer que sentía.
Placer, dolor y alivio.
Placer por Kingsley y sus expertas caricias. Dolor por Sirius, por su traición. Alivio por sentirse amado y seguro en los brazos del mago moreno, a quien aún no podía amar, pero quizás pudiera, con el tiempo.
No pudo evitar que su rostro se llenara de lágrimas de dolor por el amor perdido, que eran también lágrimas de dicha al sentirse tan amado, mientras Kingsley no dejaba de decir su nombre entre suspiros y jadeos.
Estallaron juntos y Kingsley enjugó con besos las lágrimas de Remus, abrazándolo luego contra su pecho mientras le susurraba palabras de amor hasta que se quedó dormido.
- “Te amo”, dijo Kingsley una vez más.
Capítulo 22: Blood Runs Cold
“I heard this line one time /
escuché esta línea una vez
'bout tryin' to save the world / acerca de salvar el mundo
But have you ever tried to save yourself / ¿pero has tratado de salvarte
a tí mismo?
A wide-eyed suicide drive / un suicida de ojos abiertos
Remains a fake / queda una falsedad
As if you'd ever / como si nunca hubiera
Ever go and make the same mistake / ido y cometido el mismo error
Strung out as the night / Cansado y enfermo mientras la noche
comes crawlin' / viene arrastrándose
Your halo of thorns is fallin' / tu corona de espinas está cayendo“
Blood runs cold – Deff Leppard
Finwe se arrastró dentro de su celda, acurrucándose mientras
se cubría con los brazos para darse un poco de calor. Eran trece días
de encierro, sin alimento y su cuerpo ya sentía los efectos. Pasaba
la mayoría del tiempo durmiendo para no gastar energías, evitando
pensar en Haldir.
Las visitas de su amado le habían traído mucho alivio, y también los mensajes de Severus, pero de pronto, Lucius bloqueó la entrada que posibilitaba que Severus acudiera a verlo y las visitas de Haldir se habían interrumpido hacía ya cuatro días. Finwe estaba seguro de que algo grave había ocurrido y se llenó de temor hacia su amado.
También estaban las visitas de Voldemort. Aquél ser, pues Finwe se resistía a llamarlo hombre, lo miraba con enfermizo deseo, llenándolo de repugnacia. Aunque el elfo se sentía seguro al menos hasta la luna llena, y sabía que luego de eso, sería rescatado. Esa certeza era lo único que le daba valor para soportar la lasciva mirada del Señor Oscuro.
La puerta se abrió y Finwe se encogió, temiendo otra humillante visita de Voldemort, pero cuando sus ojos se acostumbraron a la luz que encendió el visitante, vio que sólo se trataba de Lucius.
El mago no lo había tratado mal, dentro de lo posible. Sólo lo tocaba cuando su señor se lo pedía, y mantenía una prudente distancia durante las visitas de Severus. Por eso, el elfo se extrañó cuando lo vio abrir la puerta de la celda y acercarse hacia él.
- “Come”, dijo Lucius alcanzándole un plato con frutas, luego se sentó en el lecho, mirando hacia la puerta.
El elfo se acercó un poco temeroso, pero las frutas tenían buen olor y eran sus favoritas: fresas y manzanas. Las comió ávidamente al inicio, pero luego trató de refrenarse para que no le hicieran daño a su estómago, en ayuno total hacía varios días. Se sentó en el suelo, mientras mordía una jugosa manzana, pensando en Haldir. Su mirada se posó entonces en el rostro del mago.
Abrió los ojos con asombro.
Lucius se veía angustiado y triste, como si no hubiera dormido en varios días. Y sus ojos parecían vidriosos, como si hubiera llorado. Jamás había visto así al arrogante mago, y su corazón se llenó de lástima por él. Porque Finwe sabía la causa de esa tristeza.
- “Díselo”, susurró mirando al mago.
- “¿El qué?”, preguntó Lucius con voz cansada.
- “Dile que lo amas. Él necesita saberlo”, repitió Finwe.
Lucius pareció confundido. ¿Cómo ese elfo se atrevía a penetrar en lo más profundo de sus sentimientos? ¿Cómo le echaba en cara una verdad que jamás le había confesado a ser viviente?
Lo miró parpadeando. Allí estaba Finwe, muriéndose de frío, de hambre y de soledad, pero con la entereza necesaria para conmoverse por él. Acarició la mejilla del elfo, que le sonrió dulcemente.
- “¿Tú crees?”, preguntó Lucius en un susurro.
- “Sí”, respondió el elfo, “ambos se necesitan, deja ya de torturarte”
Lucius cerró los ojos y por un momento imaginó acudir a Severus diciéndole que lo amaba. Que lo había amado desde los dieciocho años, cuando lo que fue uno de sus muchos intentos de seducción, terminó con él como seducido. Imaginó a Severus abrazarlo y decirle que lo amaba también.
Ridículo.
Él era un Malfoy, y los Malfoy no muestran debilidad.
- “No”, dijo, abriendo los ojos de golpe, rota la magia, terminado el sueño.
Finwe lo miró dolido.
- “No puedo hacerlo”, exclamó Lucius y salió violentamente para que el elfo no viera sus lágrimas.
*
- “Potter, mírame cuando te hable”, dijo Severus Snape al joven de ojos verdes que miraba obstinadamente la ventana.
Harry se volvió hacia su profesor con el rostro inexpresivo.
- “¿Así está bien?”, preguntó desafiante.
- “Mucho mejor, Potter”, respondió Severus. “ahora, repasemos esto de nuevo, nos queda menos de una hora”
- “Bien”, dijo Harry, “entro y saludo al ministro, tomo asiento cuando él me lo diga y pongo la mente en blanco como usted me enseñó, me relajo y pienso muy bien antes de responder, aunque me tarde un poco. No debo decir más que generalidades y debo aparentar que no sé nada sobre Sirius y que me gustaría colaborar con el Ministerio para encontrarlo”
Severus lo miró seriamente. Había tenido muchas dificultades en preparar al chico para la entrevista y debía admitir que en parte él mismo tenía la culpa. No podía evitar ver a James Potter cada vez que sus ojos se posaban en Harry.
Por lo menos estaría allí Amelia Bones, hermana de Edgar, antiguo miebro de la Orden del Fénix asesinado por los mortífagos. Amelia era también tía de Susan Bones, de Hufflepuff y amiga de Harry. Eso al menos, le daba cierta tranquilidad.
- “Está bien. Sólo espero que no se te olvide. Recuerda que ellos no pueden ser demasiado duros, porque Amelia Bones estará presente también. Y no creas nada de lo que digan”
- “...”
- “Ahh, Potter, es posible, aunque no tengo la certeza, que Lucius Malfoy esté presente allí también como asesor del ministro”, dijo Severus como quien no quiere la cosa, “trata de no mirarlo, y si lo haces, no mires sus ojos, concéntrate en otro punto de su rostro, como su boca o su frente”
Harry se sobresaltó. Eso no se lo habían dicho y no tenía deseos de ver a Lucius. Ese día se sentía especialmente inquieto por una pesadilla que tuvo.
- “¿Puedo irme ya?”, preguntó ansioso.
- “Sí. Nos veremos a las diez menos cuarto en la puerta principal del castillo”, Harry hizo un gesto, “Sí, Potter. Yo pienso lo mismo, pero el ministro pidió que sea yo quien escolte a nuestro prodigio”
Harry salió con unas ganas enormes de azotar la puerta a sus espaldas, pero trató de relajarse como había pedido Snape. En eso el maldito bastardo tenía razón, si se dejaba vencer por su temperamento, Fudge terminaría haciéndole confesar dónde estaba Sirius. Debía agradecer también a su profesor y a Amelia Bones, que se habían opuesto al uso del veritaserum en esa entrevista, aduciendo que no era necesario y que la poción tomaba veinte días en prepararse.
Le quedaban unos veinte minutos, que aprovechó para buscar a Haldir. El elfo estaba en su despacho, a juzgar por la bella música que allí se oía. Harry pegó la oreja a la puerta, Haldir cantaba una melancólica melodía, acompañado de su arpa. Era tan hermosa, que Harry sintió remordimientos por interrumpir, pero lo que había visto no podía esperar.
Llamó a la puerta.
La música cesó y al poco rato la puerta se abrió y el sonriente rostro de Haldir lo recibió.
- “Hola Harry”, saludó amablemente, “¿todo bien?”.
Haldir sabía que ese día sería la audiencia en el ministerio, y que Harry había estado muy nervioso, por eso no le extrañó su presencia. Lo invitó a sentarse y le alcanzó un poco de lembas que le había reservado para ese momento.
El rostro del chico se iluminó al probar el pan élfico, pero luego se puso serio nuevamente.
- “Tuve una pesadilla”, empezó, mirando al piso, “sobre Finwe”
Haldir sintió que su corazón se aceleraba, pero mantuvo la calma para no asustar a Harry. Los miembros de la orden sabían ya que Voldemort estaba de algún modo conectado con Harry, y que lo que el chico llamaba pesadillas, eran eventos reales que el mago le mostraba.
- “Cuéntame”, dijo con la voz neutra mirando amablemente al chico.
Harry tomó aire y empezó.
- “Era un sitio oscuro, un calabozo de piedra con una cama. Y allí estaba Finwe”, hizo una pausa ruborizándose un poco, “desnudo, de pie en medio de la celda. Lucius Malfoy estaba con él y también Voldemort”
- “¿Voldemort?”, eso era nuevo para Haldir, según los informes de Severus, sólo Lucius había visto a su pequeño elfo.
- “Sí. Yo veía las cosas a través de él”, dijo Harry muy bajito, pero los finos oídos del elfo lo oyeron.
- “Puedes decírmelo”, lo animó, aunque se sentía muy inquieto.
- “Pues—pues”, Harry se puso rojo nuevamente, y Haldir no dijo nada, esperando a que el chico hablase, “Malfoy lo tocaba y Voldemort miraba. Dijeron que era lamentable que tuvieran que esperar la poción del profesor Snape, y que Finwe era demasiado hermoso como para dejarlo ir”
Haldir sintió que la sangre le hervía. Su pequeño elfo siendo manoseado por Malfoy y por Voldemort. Eso era algo que no toleraría. Hizo un enorme esfuerzo de dominarse y preguntó:
- “¿Dijeron algo más?”
- “Sí. Dijeron que en cuatro días habrá una conjunción de Marte con Saturno y que es apropiado para invocar a un demonio, y que les gustaría usar a Finwe para...—“, Harry se interrumpió inseguro de continuar. El elfo lo miró intrigado, “para satisfacer a un tal Morduk”
- “Marduk”, dijo maquinalmente Haldir.
- “Eso es”, afirmó Harry, “era Marduk. ¿Quién es?”
- “Un demonio del mundo antiguo”, dijo gravemente Haldir. “¿y cómo estaba Finwe?”
- “Pude percibir su miedo. También sentí un gran odio hacia Voldemort, y asco. Pero ellos dijeron que lamentablemente no podrían usarlo con el demonio porque querían primero interrogar a Finwe y--”, nueva pausa.
- “¿Y?”
- “Y era probable que muriese si se lo entregaban antes a Marduk”, dijo Harry con un hilo de voz.
Haldir cerró los ojos, conteniéndose para no gritar. Ahora sabía lo que había sentido Sirius, la impotencia de no poder hacer nada. Aunque él no estaba encerrado, su pequeño elfo sí lo estaba, y tenía que soportar esa clase de humillaciones. Apretó los puños con rabia y usó todo su autocontrol para no espantar a Harry.
- “Gracias, Harry. Hiciste bien en contármelo. Ahora debes apresurarte o llegarás tarde a tu cita con el ministro”, dijo Haldir finalizando la visita.
*
Remus parpadeó antes de abrir los ojos. Se sentía a gusto en el calor protector que le daba el cuerpo de Kingsley. Se sentía en paz después de varios días de sufrimiento, se sentía aliviado. Dio un suave beso en el pecho del mago, donde apoyaba su cabeza y levantó el rostro cuando sintió que alguien lo besaba en la frente.
Kingsley lo miraba sonriente.
- “Hola, dormilón”.
Remus miró el reloj de pared. Eran casi las diez.
- “Hola”, sonrió y Kingsley capturó sus labios.
- “Te amo”, dijo el mago moreno mientras lo besaba.
Remus rompió el beso para tratar de explicar.
- “Yo—yo no puedo aún—“
- “Lo sé”, dijo Kingsley tomándole el rostro con ambas manos, “no te preocupes, no deseo que me digas algo que no sientes. Me hace feliz sólo verte conmigo, no sabes cuántas veces soñé con que despertaras en mis brazos”, y volvió a besarlo.
Remus lo atrajo a su lado y lo besó también, saboreando esos labios sobre los suyos, tan distintos a los delgados labios de Sirius, aunque nada desagradables.
- “¡Ejém!”, interrumpió una voz extraña y ambos se sobresaltaron.
Haldir estaba de pie junto a la cama, con la daga que usaba como traslador aún en las manos. No mostraba vergüenza por haberlos encontrado así, pero se veía preocupado.
- “¿Qué pasa?”, exclamó Kingsley algo incómodo por la interrupción.
El elfo los puso al corriente de lo que sucedía, pero Kingsley había olvidado la audiencia de Harry, y ahora tenía que apresurarse para llegar al Ministerio, de modo que se fue a la ducha, dejando al elfo hablando con Remus.
- “Deseo comunicarme con Finwe ahora”, pidió Haldir.
Remus apretó el anillo mientras recitaba los hechizos que ya se había aprendido. En un instante, el hechizo estuvo completo y Haldir lo tomó entre sus brazos, alzándole el rostro cubierto de lágrimas mientras le hablaba en élfico. Él respondió en el mismo idioma, abrazándose del cuerpo del elfo como si en ello le fuera la vida.
Haldir lo tranquilizó acariciando su cabello dulcemente, mientras lo mecía con ternura. Luego, romó su rostro y lo besó con amor, siendo correspondido por el delgado hombre entre sus brazos.
Fue ese el momento que eligió Kingsley para salir del baño.
El mago moreno se quedó de una pieza ante la escena que vio. Haldir estaba sentado en la cama, abrazando posesivamente el cuerpo desnudo de Remus mientras ambos se besaban.
Sabía, por lo que Remus le había dicho, que se trataba de un hechizo y que el que se encontraba en brazos del elfo era Finwe, pero aún así, la impresión fue demasiada y emitió un “Ohh” prolongado.
La pareja se separó y Remus parpadeó confundido. El hechizo había finalizado.
Haldir tenía el rostro muy serio.
- “Quiero sacarlo de allí. Hablaré con Dumbledore”, dijo antes de desaparecer.
*
Una vez que llegaron a la Oficina del Ministro y Harry fue anunciado, Severus lo dejó y tomó asiento en la sala de recepción.
El chico entró al elegante despacho, en cuyo enorme escritorio de hallaba Cornelius Fudge, flanqueado por Dolores Umbridge, que lucía radiante de alegría, y por Lucius Malfoy, a quien Harry evitó mirar directamente.
Al lado de Lucius, se encontraba Amelia Bones, que lo saludó amablemente, invitándolo a tomar asiento en la única silla frente al escritorio del ministro.
Harry saludó a todos con respeto y se sentó.
- “Hem, hem”, empezó Dolores Umbridge, “tengo que informarle, señor Harry Potter, que el Ministerio ha aprobado una interpelación a su persona respecto a cierta información de interés para el Mundo Mágico. El ilustre Ministro de Magia, señor Cornelius Fudge, me ha conferido la potestad de conducir esta interpelación, la cual se iniciará con su venia”
- “Gracias Dolores”, dijo amablemente el ministro, “señor Potter, debo recordarle que lo que se diga aquí, debe quedar en privado. Asimismo, debe ajustarse a la verdad. ¿Ha comprendido?”
- “Sí, señor”, dijo Harry recordando los consejos de Severus acerca de la importancia de los buenos modales con Fudge.
- “Podemos empezar, Dolores”, pidió el ministro.
- “Bien”, dijo Dolores, “señor Potter, díganos cómo fue que se enteró de que Sirius Black es su padrino”
- “Me lo dijo él mismo”, respondió Harry.
- “¿Ustedes mantienen comunicación?”, la pregunta era deliberadamente engañosa. Si Harry hubiera respondido que sí, se habría delatado inmediatamente.
- “No. Él me lo dijo cuando lo vi, la vez que estuvimos en la Casa de los Gritos, hace dos años”, dijo con calma, meditando cuidadosamente las palabras.
- “¿Y cómo tomó usted que su padrino haya sido el causante de la muerte de sus padres?”
- “Él no—“, Harry se interrumpió, tomando aire, “fue un gran golpe para mí saberlo”, fue todo lo que dijo.
- “Señor Potter, sabemos que usted ha tenido muchos problemas de conducta, lo que no es extraño en un joven cuyos padres fueron asesinados y tiene que vivir en un hogar muggle”, Harry apretó los puños, “pero no lo culpamos por ello. Sin embargo, creemos posible que esté recibiendo una influencia negativa, digamos externa, para actuar en el modo en que lo está haciendo y –“
- “Dolores, creo que la conducta de Harry no era el tema que se iba a tratar aquí”, intervino rápidamente Amelia Bones, al notar la incomodidad del chico.
Dolores miró al ministro y este asintió indicándole que continuara.
- “Gracias, Amelia, pero el tema que tratamos está directamente relacionado con la conducta del señor Potter”, replicó Dolores, dirigiéndose nuevamente a Harry, “lo que deseamos saber, señor Potter, es si Sirius Black ha intentado comunicarse con usted durante el año anterior y este año”
- “No lo ha intentado”, dijo Harry. , pensó.
Dolores entornó los ojos.
- “Señor Potter, tenemos informes acerca de extraños pájaros tropicales trayendo mensajes para usted a Hogwarts. El señor Filch lo ha confirmado ante el ministro”, insistió Dolores.
- “Tengo amigos en américa”, replicó Harry.
- “Dice usted que durante todo este tiempo, su padrino, el señor Sirius Black, asesino convicto y confeso, no intentó acercarse a usted en forma alguna”, dijo Dolores ásperamente.
- “Así es”, dijo Harry muy consciente ahora de su mentira.
- “Dígame entonces dónde estuvo usted luego de que huyera de la casa de sus tíos, engañándolos para que salieran---“, casi gritó Dolores fuera de sí.
- “Perdón, Dolores”, interrumpió Lucius, con voz acariciadora. El ministro lo miró, “¿Cornelius?”, dijo sonriente y Fudge asintió, “bien. Creo mi deber interrumpir, puesto que no estamos llegando a nada bueno con esta charla. Harry, el interés del Ministerio de Magia es el mismo que el mío, y debo suponer que también es el tuyo”, Lucius se inclinó hacia Harry buscando contacto visual.
“No mires a sus ojos”
Harry se concentró en la nariz de Lucius.
- “Así es”, respondió mecánicamente.
- “Me alegra”, sonrió el mago, y apoyó las manos en sus rodillas antes de continuar, “El Ministerio sabe que Black ha alegado su inocencia, respaldada por ti mismo, además de su amigo de la infancia, Remus Lupin, y de Albus Dumbledore. Sin embargo, sin pruebas, nada podemos hacer”
Harry abrió mucho los ojos, eso no se lo esperaba.
- “Además, han ocurrido lamentables atentados estos últimos tiempos, los cuales han sido atribuidos también a Black. Mi pregunta es, Harry, ¿crees tú que los haya cometido?”
- “N-no, señor”, respondió Harry con toda su sinceridad.
Lucius pareció complacido.
- “Nuestro querido ministro atraviesa por una delicada situación, Harry. Espero que recuerdes que fue él quien te ayudó cuando se produjo la fuga de Black, para eliminar las pruebas de cierto molesto incidente con la hermana de tu tío”, Harry tomó aire, sumamente tenso, “Sucede que el Consejo le ha pedido hallar a Black, para averiguar si es culpable, y si no lo es, reinvindicarlo y buscar al verdadero culpable”, continuó Lucius empleando todo su poder de persuasión. El ministro lo miraba impresionado.
En esos momentos, los ojos de Harry hicieron contacto con los de Lucius.
- “Tú deseas que tu padrino sea reinvindicado, ¿verdad?”, preguntó suavemente.
- “Sí, señor”
- “Y deseas colaborar para que eso suceda, ¿no es así?”, continuó Lucius.
- “Así es”
- “Entonces, Harry, es inútil que trates de protegerlo, pues con tu actitud sólo haces más difícil su situación de prófugo, en lugar de que esté aquí y se le permita defenderse”
- “...”
- “Confío, Harry, en que harás lo mejor para limpiar el nombre de tu padrino. ¿Nos ayudarás?”
- “Sí”
- “¡Excelente! Dinos entonces dónde se encuentra”
Harry miró alternativamente a los tres. Los rostros estaban ansiosos, aunque vio un dejo de preocupación en los ojos de Amelia. Pensó en todo lo que había dicho Lucius. Tenía lógica. Tenía mucha lógica. Si hubiera sido otro, habría hablado, pero de pronto, un rostro apareció en su mente, y unas palabras.
“Y no creas nada de lo que digan”
- “Lo haría gustoso, señor Malfoy. Pero sucede que no lo sé, aunque lo mantendré informado si él intenta comunicarse conmigo”, respondió finalmente Harry.
*
Era el día de la conjunción de Marte con Saturno, y sólo faltaban cuatro días para la luna llena, cuando Bellatrix se presentó a su señor, que la miró fríamente. Aún no la había castigado por la fuga de Sirius, pues tuvo que enviarla a una nueva misión de la que ella acababa de regresar bastante satisfecha. Había logrado reclutar veinte jóvenes que serían entrenados como mortífagos.
- “Me llamaste, señor”, dijo ella mirándolo a los ojos. Ella y Lucius eran los únicos que lo hacían en esos tiempos, y Voldemort sabía que su aspecto ahora les repugnaba.
- “Bella, debo felicitarte por los nuevos mortífagos”, dijo Voldemort, mirándola fijamente, con una sonrisa. Ella le sonrió, “Pero además, debo castigarte por la fuga de Black”, continuó con la voz siseante.
- “Lo sé, señor”
- “¿Lo sabes? ¿En qué pensabas? ¿Por qué tú misma no lo ejecutaste como te ordené? Perdimos a Mc Nair, que nos era útil en el Ministerio, todo por tu estupidez, Bella querida. ¿Por qué?”
- “Yo también soy una Black. Azkaban me enseñó—“
SPLAT
Una violenta bofetada la hizo callar.
- “Azkaban debió enseñarte a no tener piedad. Lo quiero muerto por tu mano. ¿Lo has entendido?”, exigió Voldemort.
- “Sí señor”
- “¡CRUCIO!”
Bellatrix cayó al suelo, con un horrible alarido, retorciéndose de dolor. Había olvidado ya lo que se sentía tener la carne torturada por efecto de la maldición. Paradójicamente, ella había disfrutado mucho aplicándoles esa misma maldición a los aurores, hasta enloquecerlos.
En la otra habitación, Colagusano temblaba junto a Lucius, que oía los gritos sin que su rostro dejara entrever emoción alguna. Al poco rato, los alaridos se transformaron en gemidos y luego en gritos de placer. El amo no había perdido sus costumbres, se dijo Lucius.
Eso le recordó inevitablemente a Severus y una idea que se le había ocurrido. Tomó su capa y su bastón y se dirigió a Hogwarts.
Mientras caminaba hacia las mazmorras, procuraba no pensar en Potter y en el mal rato que le había hecho pasar. Por un momento, pensó que lograría convencerlo y obtener la información para Voldemort, pero luego vio lo equivocado que estaba. No quiso pensar en cómo habría reído Severus al saberlo.
Llamó a la puerta de la habitación de Severus, y como nadie le abrió, simplemente murmuró un hechizo oscuro y entró.
- “¿Qué quieres?”
La habitación estaba en penumbras y Severus se encontraba desparramado en el sofá, frente a la chimenea, con una botella de brandy en las manos. A Lucius le llegó al alma verlo así, con la bata desarreglada y el cabello sucio, como si estuviera consumido de un dolor interno que le hacía descuidar su propio ser.
- “A ti”, dijo, y se arrodilló ante él, quitándole suavemente la botella de las manos, apoderándose instantáneamiente de sus labios que tenían sabor a licor. Se embriagó con ellos, venciendo poco a poco la resistencia de Severus.
Lucius lo desvistió, lenta y expertamente, saboreando cada rincón de su cuerpo. Se amaron como animales hambrientos y había lágrimas en los ojos de Lucius cuando llegó al orgasmo dentro de Severus, demasiado borracho como para tomar él mismo la iniciativa.
Los ojos negros de Severus se cerraron con la imagen de Lucius desnudo y hermoso, atesorándolo, y se abandonó a un sueño muy necesario. El rubio lo abrazó con fuerza, besándolo con ternura. Sólo allí, cuando Severus no podía escucharlo, se permitió decirle cuánto lo amaba. También le pidió perdón por lo que pensaba hacer.
Porque Lucius jamás creyó el cuento de la poción veritaserum. Y por lo que ahora sabía, tampoco Voldemort lo había creído.
Y no se equivocaban. Severus preparaba una nueva poción para Finwe, pero tenía guardada otra, y Lucius pensaba llevársela a su señor esa misma noche.
Luego de buscar en el rincón más oculto del armario, protegido por un poderoso hechizo que tuvo que romper con magia negra, tomó un pequeño frasco y lo escondió entre los pliegues de su túnica. Aún resonaban en sus oídos las palabras del Señor Oscuro:
- “Severus me traiciona, o de lo contrario, yo tendría ya en mis manos esa poción”
A Lucius se le había helado la sangre al oírlo y había atinado a susurrar.
- “Tendrás esa poción, señor. Le pediré que la termine antes para ti”
- “Espero, por su bien, que así sea”
Ese era el motivo por el que Lucius asaltaba el armario del profesor de Pociones.
Protegerlo de Voldemort.
El mago besó con ternura a Severus en los labios, pidiéndole perdón y se alejó.
*
Esa misma noche, Sirius estaba en el ático, con Buckbeak.
El animago pensaba en lo injusto que había sido todo con él, sin que nadie le diera una sóla oportunidad de explicarse por lo de Bellatrix, sin que él se dignara a mirarlo una sola vez.
Y lo peor había sido verlo aparecer el día de la audiencia de Harry, en la reunión de la Orden, de la mano con Kingsley. Sí, tuvo que admitir que jamás se lo esperó, porque su sorpresa fue tanta que la taza de café negro que llevaba en esos momentos a su boca se le cayó a la mesa y el líquido le quemó las piernas, arrancándole un grito que hizo que todos voltearan a mirarlo.
Dolía.
Dolía muchísimo.
Solo allí pudo entender el dolor que había sentido Remus al verlo tener sexo con Bellatrix.
Remus se veía un poco incómodo al ser exhibido como un trofeo, en opinión de Sirius. ¡Cómo detestó a Kingsley por poner el brazo alrededor de los hombros de Remus! ¡Y lo llamaba “Rem”¡ Sólo él sabía cuándo odiaba Remus que le cambiaran el nombre. No, su Moony no merecía eso, se dijo amargamente.
Pero tampoco merecía lo que él le hizo.
Desde entonces, se había refugiado en el ático nuevamente, huraño y taciturno, y sólo salía para los entrenamientos de Remus, pues Haldir confiaba más en él que en Kingsley para que le echara maldiciones imperdonables.
Remus repelía sin problemas el Imperius y el Cruciatus, y su temperamento parecía haberse calmado ya, sin que los hechizos bloqueadores repercutieran sobre Sirius como antes. Eso al menos, era un avance.
Ese día no los acompañaba Kingsley, porque estaba de turno en el Ministerio, y no había nadie más en la casa excepto ellos tres. Y por supuesto, Kreacher, aunque Sirius no lo contaba como ser vivo, sino como parte del mobiliario de la casa.
Luego del entrenamiento, Haldir le había pedido dejarlos solos para comunicarse con Finwe, y Sirius había accedido de mala gana. No soportaba que nadie tocara a su Moony. Aunque ya no era suyo, y recordarlo dolía.
- “¿Listo Remus?”, preguntó el elfo.
Esos días habían sido difíciles para él, cuando enfrentó a Dumbledore que se opuso firmemente al rescate de Finwe hasta después de probar el efecto de la luna llena en Remus. Sólo la lealtad de Haldir hacia Galadriel había impedido que el elfo tomara flechas y espadas y partiera a rescatar a su pareja. Pero decidió confiar en el buen juicio del anciano.
Para mitigar en algo el dolor de su amigo, Remus había ofrecido ayudarlo a comunicarse, aunque el hechizo lo dejaba muy cansado. Por eso esa noche, se acercó a Haldir.
- “Estoy listo”
*
“Somebody somewhere / alguien
en algún
is screamin' out the words / está gritando las palabras
But do they ever really ease the pain / ¿pero ellas en verdad calman
el dolor?
I guess what I'm trying to say / Creo lo que estoy tratando de decir
Is whose life is / ¿es de quien la vida es?
it anyway because livin' / de cualquier modo porque vivir
Living is the best revenge / vivir es la mejor venganza
You can play / puedes jugar
This fall from grace / esta caída de gracia
I see your face / veo en tu rostro
It's over / que terminó”
En ese instante, un lloroso Finwe terminaba por confesar toda la historia
del Anillo a Lucius y Voldemort. Aunque las preguntas que le dirigió
el rubio fueron muy cuidadosas para no comprometer a Severus.
El Señor Oscuro sonreía. Siempre era agradable ver a alguien quebrarse de ese modo y traicionar lo que más quería con una sola poción. Claro que primero lo habían tenido que debilitar y el resto lo había hecho el veritaserum.
Cuando el elfo habló de la Mansión Black, Voldemort esbozó una sonrisa cruel. “Ingenioso”, se dijo, “muy ingenioso”.
Ahora tenían la información que necesitaban. Sólo faltaba una cosa.
- “Lucius, deseo invocar a Marduk ahora”
- “¿Ahora, señor?”, el rubio palideció. Pensaba que al menos dejarían descansar al elfo algunas horas.
- “AHORA. ¿O deseas que lo mate enseguida?”, espetó Voldemort, “creí que había quedado claro que deseo el poder que Marduk puede ofrecerme”
- “Señor—“
- “¿Qué ocurre, Lucius? ¿Acaso la edad te ha vuelto sensible? ¿Debo llamar a Severus para que él complete el trabajo?”
La sola mención del nombre de Severus bastó para que Lucius se decidiera. Jamás expondría a su amor a tarea semejante, sobre todo ahora que lo sabía del lado de Dumbledore, porque lo más probable era que se negara y que Voldemort lo asesinara allí mismo. Y eso era algo que Lucius no podría soportar.
Después de todo, él era el que hacía el trabajo sucio.
Avanzó hacia el elfo desnudo, que sollozaba olvidado en un rincón. Le aplicó un inmovilus, al menos así no se haría daño al resistirse. Luego lo arrastró al piso, poniéndolo de bruces e hizo aparecer cuerdas que le ataron muñecas y tobillos a cuatro anillas metálicas que emergían del suelo.
Finwe de pronto se dio cuenta de su situación y aterrorizado, comenzó a suplicar que no lo hagan. Pero la fría risa de Voldemort fue su única respuesta y el Señor Oscuro le quitó el hechizo que lo mantenía inmóvil. El elfo se comenzó a retorcer, tratando en vano de escapar.
“Blood runs cold / la sangre corre fría
I feel it in my bones / lo siento en mis huesos
But you don't know your time is up / pero no sabes que tu tiempo ha llegado
Blood runs cold / la sangre corre fría”
Lucius no quiso pensar más. Sólo se concentró en Severus
y observó a la figura desnuda que se debatía, débil e
incapaz de defenderse. Si dañar a Finwe equivalía salvar a Severus,
la elección era obvia. Penetró al elfo de un violento empujón,
mancillando aquél lugar que sólo había sido invadido
por amor. El elfo lanzó un alarido que no hizo sino enardecer a Voldemort.
- “Lucius, quiero que lo prepares bien para Marduk. Quiébralo para que luego él lo tome”
Y Lucius lo hizo, arremetiendo con violencia, con la mente completamente ocupada en un objetivo: torturar. Tuvo que apelar a todo su entrenamiento de mortífago y evitar pensar en otra cosa, para no oír los gritos de dolor y miedo del elfo. Aquél mismo elfo que días antes había tenido compasión de él.
Sangre.
Cantidades enormes de sangre brotaban del joven cuerpo torturado y los gritos no cesaban. Lucius deseó fervientemente matarlo para que deje de gritar y también para que no tenga que sufrir lo que vendría a continuación.
Voldemort había comenzado ya la letanía para invocar a Marduk y le ofrecía un cuerpo mancillado para su propio placer.
*
Haldir abrazó a Remus incluso antes de que comenzara a recitar el hechizo. Sólo sabía que quería estrechar entre sus brazos a su amado elfo y tranquilizarlo como había estado haciendo en los últimos tres días.
Pero apenas se completó la transfiguración, un alarido horrendo brotó de la garganta de Remus, y luego otro entremezclado con súplicas ininteligibles.
Sirius corrió escaleras abajo, pero ya Haldir sacudía el cuerpo de Remus rompiendo el hechizo. El mago temblaba violentamente y Sirius lo abrazó.
- “Moony, por favor cálmate. Estás aquí, mi amor, en casa”, en su desesperación, Sirius no sabía lo que decía. Y Remus se aferró a su cuerpo, con el rostro espantado.
- “Por Elbereth, Remus, ¿qué está pasando?”, dijo Haldir con voz ronca.
Remus hizo un esfuerzo por dominarse y luego respondió con voz ahogada.
- “Lo están violando, Haldir, lo he sentido yo mismo”
Capítulo 23 : Owner of a lonely heart
“Move yourself / muévete
You always live your life / siempre vives por vivir
Never thinking of the future / nunca piensas en el futuro
Prove yourself / prúebate a tí mismo
You are the move you make / eres el movimiento que haces
Take your chances win or loser / toma el riesgo de perder o ganar”
Owner of a Lonely Heart - Yes
- “Oh, Elbereth”, exclamó Haldir y se puso inmediatamente
a arreglar sus armas. “Iré a buscarlo. Necesito que me transportes
allí, Remus”
Remus se puso de pie, pálido aún.
- “Iré contigo”, dijo resueltamente.
- “¿Están locos?”, exclamó Sirius, “Voldemort está allí, y también Malfoy. No tendrán muchas oportunidades—“
- “Lo iré a traer, aunque pierda la vida en el intento”, dijo Haldir apretando los labios.
- “Lo sé, Haldir. Yo haría lo mismo si fuera Moony el prisionero”, replicó Sirius, “pero ustedes dos no podrán hacer mucho. Los acompañaré”
El ego de Sirius seguía siendo tan grande como siempre. Remus quiso protestar, pero no había tiempo que perder, y Haldir lo tomó del brazo. Sirius se puso a su otro lado y tomó su otro brazo.
- “Pídele que te lleve a la cámara, pero fuera de la celda”, dijo el elfo, “Apenas tenga a Finwe, nos traerás de vuelta”
*
Lucius no sabía cuánto tiempo había transcurrido mientras
se enterraba sin piedad en el indefenso cuerpo del elfo. Los gritos se habían
transformado en débiles sollozos y a lo lejos, la monótona voz
de Voldemort había finalizado de hacer la invocación.
Como un autómata, se retiró del cuerpo mancillado, cediendo su lugar a la nueva figura que surgió en la estancia.
- “¡Oh, Marduk! Toma este cuerpo que te ofrezco”, exclamó Voldemort alzando los brazos.
El demonio avanzó torpemente, porque la celda era demasiado reducida para sus dos metros de alto y sus descomunales y negras alas. Sus ojos eran tan rojos como los de Voldemort y sus manos tenían uñas negras y afiladas. Miró con codicia al elfo.
Los sollozos de Finwe habían cesado y el elfo volteó temeroso del nuevo horror que le habían reservado. Su grito entonces fue peor que los anteriores y taladró los tímpanos de Lucius que en esos momentos acomodaba su ropa. Pero a Marduk parecía no preocuparle y se acomodó entre las piernas del elfo que luchaba por escapar.
Las uñas del demonio se hundieron en la nuca de Finwe y bajaron hasta su cadera, marcando la piel con varios canales ojos en los que la lengua carmesí de Marduk se hundió ávidamente, mientras los gritos subían de intensidad. De pronto, cesaron. El elfo se había desmayado.
Lucius apretó los puños con tal fuerza que sus palmas sangraron, pero su rostro era la máscara tantas veces usada de la indiferencia. Sólo contuvo el aliento cuando el rostro del demonio se hundió entre las nalgas de Finwe, bebiendo la sangre de la violación, al tiempo que exhibía su órgano sexual, de proporciones tan monstruosas que Lucius agradeció que el elfo estuviera inconsciente, y rogó que siguiera así hasta la muerte que inevitablemente se produciría al ser poseído por el demonio.
En ese momento, una luz brillante iluminó la cámara y tres figuras aparecieron envueltas en el resplandor. Haldir fue rápido y certero, lanzando enseguida una flecha que se clavó en el hombro derecho del demonio, que lanzó un alarido.
Marduk se arrancó la flecha élfica y la arrojó lejos. Le quemaba la piel y su sangre oscura cayó sobre la figura inconsciente a sus pies, y con un nuevo grito de dolor exclamó:
- “¡Mortal, morirás por tu osadía!”
Remus bloqueó un rayo que Voldemort les lanzó y los tres se separaron.
- “¡No soy mortal! ¡Probarás el acero élfico en manos de un inmortal que trae el poder de los Valar y volverás al infierno de donde viniste!”, gritó Haldir lanzando otra flecha, que el demonio cogió en el aire y arrojó luego como un arpón que fue esquivado por el elfo.
Lucius luchaba con Sirius, lanzando y bloqueando hechizos, tratando de moverse en el reducido espacio. Casi había olvidado las habilidades del animago y comprobó con rabia que éstas no habían disminuido a pesar de Azkaban.
La reja que separaba la celda estalló cuando Remus le lanzó un rayo rojo y Voldemort se concentró en el mago de ojos dorados, atacándolo sin piedad. Remus repelía los ataques y esquivaba los rayos, agradeciendo mentalmente a Haldir por el entrenamiento recibido.
El elfo a su vez había logrado entrar a la celda y enfrentaba al demonio con su espada, esquivando también las llamas de fuego que le brotaban de la boca. Pero Marduk no podía moverse con facilidad a causa de sus alas, y en un momento la espada se le enterró en el muslo, haciéndole perder el equilibrio. Esto fue aprovechado por el elfo para arremeter con todas sus fuerzas y cortarle un ala, de un limpio tajo.
Los rayos de Voldemort habían logrado acorralar a Remus en una esquina de la cámara y el mago mostraba ya señales de faltiga por la gran cantidad de magia del anillo que empleaba. Pero en ese momento, un certero Destrucio le dio de lleno en el pecho a Lucius, arrojándolo contra la pared, donde cayó inconsciente, y Sirius llegó de un salto hacia donde estaba Voldemort.
- “¡Eh, maldito asesino! ¡Tenemos una cuenta pendiente!”, gritó arrojándole un rayo rojo que fue bloqueado sin dificultad por el Señor Oscuro.
Haldir estaba cubierto de la sangre oscura de Marduk, que hedía y quemaba la piel, pero aún así, no se detuvo y continuó arremetiendo contra el debilitado demonio, que finalmente cayó malherido y el elfo corrió hacia su amado para cortar sus ataduras y tomarlo entre sus brazos.
- “¡Remus, vámonos!”, gritó.
Pero Remus estaba poniendo un escudo protector sobre Sirius para impedir que Voldemort lo dañe y se distrajo cuando Marduk, herido y ávido de la sangre que lo ayudaría a recuperarse, lo golpeó con una de sus alas.
Sirius saltó sobre la forma del demonio que enterraba las uñas en el muslo de Remus y le arrancó a su amigo de los brazos, mientras Haldir se les unía con Finwe. Remus se abrazó con fuerza a sus amigos y usó sus últimas energías en concentrarse para sacarlos de allí. El anillo brilló con fuerza y desaparecieron apenas a tiempo, pues de la boca de Voldemort había brotado el terrible “Avada Kedavra”
Marduk se volvió para atacar a quien lo había invocado, y Voldemort lo miró con desprecio. El vencido y debilitado demonio no significaba ya nada para él, pues había visto otro poder que estaba ansioso por experimentar.
- “¡Averno!”, gritó y un resplandor rojo estalló sobre el demonio que gritó al consumirse en una gran explosión, mientras Voldemort desaparecía, dejando a Lucius, aún inconsciente.
*
“See yourself / mírate
a ti mismo
You are the steps you take / eres cada paso que das
You and you - and that's the only way / tú y tú – y es
la única forma”
Los cuatro aparecieron en el salón de la Mansión Black, con Sirius sosteniendo al agotado Remus.
- “Llévalo a su habitación”, pidió Sirius a Haldir, que subió enseguida con el elfo inconsciente, depositándolo cuidadosamente en la cama.
Sirius dejó a Remus en una silla.
- “Buscaré algo para atenderlos. No te muevas”, y partió a buscar algunas pociones.
- “Melda, por favor abre los ojos”, suplicaba Haldir al inconsciente elfo, “estás a salvo, ya nadie te volverá a dañar”.
Remus se conmovió profundamente. Había lágrimas en los ojos del orgulloso elfo y Finwe no reaccionaba. Sólo había alguien que podría ayudar.
- “Traeré a Severus”, dijo y volvió a usar el anillo. “A Hogwarts, despacho de Severus Snape”
En ese momento, Sirius apareció con varios frascos en la mano.
- “¡Moony! ¡Estás débil!”, exclamó, pero el mago había desaparecido ya.
Haldir trataba sin éxito de reanimar a Finwe, hablándole en élfico. Sirius se acercó y lo apuntó con la varita.
- “¡Ennervate!”
Un gemido ahogado brotó de los labios de Finwe y sus ojos se abrieron espantados.
- “Shh, melda. Estoy aquí, estás a salvo”, susurró Haldir abrazándolo con ternura. El joven elfo miró a su alrededor, confundido. De pronto vio a Sirius y pareció recordar. Su cuerpo se estremeció.
- “Haldir, tienen que salir de aquí. Ellos lo saben”, sollozó amargamente, “los traicioné… yo---“, se detuvo incapaz de continuar a causa del llanto.
- “Calma, pequeño. Estamos en la mansión, a salvo”, explicó Haldir cariñosamente.
- “N-no—ellos me dieron algo—“, hipó Finwe, “les dije todo, Haldir, perdóname”, y el elfo ocultó el rostro sollozando.
- “¿De qué hablas?”, preguntó Haldir alarmado.
- “El veritaserum”, dijo Sirius con la voz ronca, “pero es imposible, Snivellus dijo—“, se interrumpió, “¡El maldito bastardo!”
- “Pequeño, todo está bien. Déjame examinarte por favor, te curaremos”
Finwe sollozaba débilmente. Las fuerzas volvían a abandonarlo.
- “D-duele”, susurró.
Entre los dos lo pusieron de bruces y Haldir cubrió su cintura con la sábana. No deseaba que nadie contemplara la vergüenza de su amado. La herida de la espalda era espantosa, las uñas del demonio tenían algo ponzoñoso, pues la piel aparecía horriblemente enrojecida y levantada.
Sirius aplicó un paño humedecido en una poción para limpiarlo. El elfo lanzó un alarido.
- “Resiste, pequeño”, suplicó Haldir, apretando los labios al sentirse impotente.
El mago volvió a aplicar el paño, arrancando un nuevo gemido de dolor.
- “Black, apártate. Esto es de mi exclusiva competencia”, dijo una seca voz a sus espaldas.
Severus Snape.
Remus estaba a su lado, sujetándose aún del brazo de Severus y a punto de desmayarse. Sirius lo cogió en el aire y lo llevó a su propia habitación.
“Watch it now / mírala ahora
The eagle in the sky / el águila en el cielo
How he dancin' one and only / cómo danza, sola y única
You - lose yourself / tú, piérdete en tí mismo.
No not for pity's sake / no por la pena que sientes
There's no real reason to be lonely / no hay razón para estar solo
Be yourself / sé tú mismo
Give your free will a chance / da a tu libre voluntad un a oportunidad
You've got to want to succeed / debes desear tener éxito”
Severus avanzó y habló brevemente con Haldir. Luego, se puso
a trabajar con los frascos que había traído. A una señal
suya, Haldir alzó la cabeza de Finwe.
- “Finwe, soy yo”, dijo Severus suavemente, tocándole la mejilla. Los ojos verdes lo miraron llorosos. “bebe esta poción, te ayudará a descansar y podremos curar tus heridas”
- “N-no quiero”, sollozó Finwe, “ellos me dieron algo—Lucius dijo que tú le diste—“
- “Veritaserum”, completó Haldir, “Finwe confesó todo contra su voluntad”
Entonces, Severus entendió. Lucius lo había traicionado.
- “Yo tenía un frasco con esa poción guardado en mi habitación”, explicó. “Lucius vino anoche. Debió llevárselo cuando yo dormía”. Miró a Haldir a los ojos con profundo dolor, “también yo fui engañado”
El elfo entendió, y entre los dos dieron de beber a Finwe la poción para dormir sin sueños, con el calmante que Severus había traído. Luego, Severus continuó aplicando la poción de Sirius con el paño, por toda la espalda del elfo y aplicó luego un ungüento.
- “Esto hará regenerar la piel en pocas horas”, dijo, “pero me temo que queden algunas marcas”
Trató de retirar la sábana de la cintura de Finwe, pero Haldir se lo impidió.
- “Yo mismo me ocuparé de esta herida. Ve a ayudar a Remus”, pidió.
El mago obedeció de mala gana, explicando a Haldir las pociones que debía usar, y luego tomó otras para dirigirse al cuarto de Remus.
Haldir quitó la sábana, descubriendo la maltratada zona, y con lágrimas en los ojos, comenzó la tarea de desinfectar la herida. Finwe se quejó, dormido aún, haciéndolo detenerse un momento para besarlo con ternura hasta que se calmó. Luego continuó su tarea y comprobó con alivio que no había rastro de semen. Al menos no lo habían mancillado totalmente.
Luego de aplicar los unguentos en la herida, con mucho cuidado, cubrió a Finwe con una sábana y lo besó amorosamente en los labios, para después ocuparse de sus propias heridas, producidas por la sangre del demonio.
*
“After my own decision / luego
de mi propia decisión
They confused me so / ellos me confundieron mucho
My love said never / mi amor dijo que nunca
question your will at all / cuestionaré tu voluntad en absoluto
In the end you've got to go / al final has tenido que irte
Look before you leap / mira antes a tu regazo
And don't you hesitate at all - no no / y no dudes de nada, no no
Owner of a lonely heart / dueño de un corazón solitario”
Severus se encontró con Sirius que había ya despojado de sus pantalones a Remus y examinaba su muslo. El herido estaba sobre su cama y sus manos aferraban la colcha, conteniéndose para no gritar de dolor.
- “Eres un sádico, Black. Las heridas se tratan luego de dar un calmante a las víctimas. ¿Qué no aprendiste nada en las clases de Pociones?”, siseó Severus acercándose
- “Al menos no aprendí lo que tú, Snivellus. Fue allí donde te volviste mortífago, ¿verdad?”, espetó Sirius.
- “Eso no te incumbe”
Un suave gemido de Remus hizo que Severus avanzara con la poción calmante. Pero Sirius le bloqueó el paso.
- “No lo tocarás, maldito traidor. ¡Ellos usaron tu poción en Finwe! ¡Lo hicieron hablar!”
Un resplandor los envolvió para dar paso a Albus Dumbledore, acompañado de Fawkes. El fénix se posó en el muslo de Remus dejando caer allí algunas lágrimas que curaron la herida y el mago se quedó dormido, demasiado cansado por el esfuerzo.
- “¡Basta, Sirius! Lo que menos necesitamos es una pelea entre nosotros. Malfoy Manor fue atacada y ahora están allí los aurores. Han llevado a Lucius al hospital de San Mungo, herido de gravedad, según informan”, Severus palideció intensamente, “los aurores detectaron el uso de una poderosa magia negra, contrarrestada por otra magia de origen desconocido. Quiero saber qué papel jugaron ustedes en esto”
Entre los dos le soltaron la historia, Sirius acusó a Severus quien permaneció ininmutable, guardándose muy bien de revelar lo que estuvo haciendo con Lucius. Pero Dumbledore confiaba en él y así se lo hizo saber a Sirius. Luego, el anciano se dirigió a la habitación de Finwe.
Haldir yacía junto a su joven amante, desnudo de la cintura hacia arriba, donde algunas quemaduras producidas por la sangre de Marduk se podían apreciar. Apenas vio al visitante, seguido por Sirius y Severus, se sentó sobre la cama y habló fríamente.
- “Confié en tí, mortal. Y mira lo que obtuve”, dijo señalando a Finwe, “mi amado y yo volveremos a Lothlórien”
El fénix voló entonces y se posó en la espalda del elfo dormido, derramando varias lágrimas que instantáneamente cerraron las heridas. Haldir lo miró asombrado, mientras el fénix continuaba su labor hasta llegar a la sábana que cubría las otras heridas. El elfo dudó un momento, y luego alzó la sábana permitiéndole al ave entrar y contempló el milagro de ver la herida cerrada.
- “Haldir, siento mucho lo ocurrido. De todos nosotros, soy el que más lo lamenta pues yo los arrastré a este lugar”, explicó Dumbledore con mucho pesar, “Severus fue traicionado por Lucius Malfoy y ese fue el motivo de que la poción cayera en manos de Voldemort antes de lo previsto. Pero la decisión es tuya, esta no es su guerra y no tienen por qué pelearla con nosotros”.
Luego pidió convocar a la Orden del Fénix y se dirigió al salón, seguido por Severus.
- “Yo abandonaré la Orden también”, dijo Sirius, “nada he hecho para beneficiarlos y ellos tampoco me lo permiten. Esta es mi guerra personal, porque Voldemort mató a mis mejores amigos y una de sus servidoras me hizo perder a mi Moony. Si decides quedarte, podemos combatir juntos y a nuestro modo”
Haldir asintió, diciendo que esperaría a que Finwe despierte para decidirlo. El mago se retiró a ver a Remus y el elfo se recostó nuevamente, acariciando a Finwe que dormía profundamente, con sus heridas físicas curadas del todo.
*
Remus parpadéo llevándose la mano al pecho, de donde pendía el anillo. Luego se hundió más en la almohada, apenas consciente de que se encontraba en boxers. Cerró los ojos nuevamente, pero los volvió a abrir cuando una mano se posó en su mejilla.
- “¿Sirius?”, exclamó débilmente aún.
- “Moony, perdóname”, pidió Sirius tomándole ambas manos, “yo quiero explicar lo que hice. Cometí un error, pero nunca dejé de amarte”
- “Sirius, yo—“
En ese momento la puerta se abrió y entró Kingsley.
- “¡Remus! ¿Qué ocurre aquí?”
- “Lo hirieron en la pierna. Tuvimos un enfrentamiento—“, quiso explicar Sirius.
- “Yo no veo ninguna herida”, dijo Kingsley acercándose a la cama, “¿Rem?”
- “Estoy bien. Fawkes me curó”, explicó Remus
- “¿Qué haces sin pantalones?”
- “Me quedé dormido. Estaba cansado porque usé demasiada magia del anillo—“
- “¿Y él qué hace acá?”, preguntó Kingsley mirando sospechosamente a Sirius.
- “Lo cuido”, interrumpió el animago, Kingsley puso cara de circunstancias, “Escúchame, muchacho”, Sirius puso énfasis especial en la última palabra, “He visto a Remus desnudo desde que tenía once años, porque compartimos siete años la misma habitación en Hogwarts y luego vivimos juntos otros seis años. Conozco su cuerpo mejor que tú”
- “Cállate, Sirius”, exclamó Remus, “déjanos solos por favor”
Sirius salió dando un portazo.
- “¿Qué sucedió?”, preguntó Kingsley sentándose en la cama.
Y Remus se lo dijo. El mago moreno se puso muy pálido.
- “Tú estuviste allí”, dijo pensativo, “fuiste tú el que hizo estallar la puerta de la celda, ¿verdad?”, Remus asintió, “vengo de allí, Rem. Una explosión de magia negra destruyó la cámara y hallamos a Lucius Malfoy en los escombros. Ahora está en San Mungo, pero no hemos podido investigar las otras cámaras, están protegidas por poderosos y oscuros hechizos que sólo Malfoy puede romper y Fudge aún lo protege. La versión oficial es un nuevo atentado de Black”
Remus se indignó.
- “Esto tiene que parar”, dijo y se puso de pie para ponerse los pantalones, pero fue atrapado por Kingsley que puso su boca sobre la suya, susurrándole.
- “Me sentí morir de celos cuando te vi con él”
Remus alzó una ceja. Esto era nuevo. Sirius era también muy celoso, pero jamás lo habría admitido. Sonrió.
- “Está bien, sólo se disculpaba”, dijo abrazando a Kingsley. “¿Qué hora es?”
- “Casi las cuatro de la mañana. Dumbledore está abajo con algunos miembros de la Orden”.
Los dos magos se unieron a la reunión y discutieron la precaria situación en la que se encontraban.
- “Voldemort conoce ahora nuestra arma y la ubicación de nuestro cuartel general. Debemos esperar a que despierte Finwe para saber qué más le dijo”, explicó Dumbledore, “Pero confío en los hechizos que protegen esta mansión, así como en el hechizo Fidelio, cuyo guardián soy yo mismo. Y también confío en todos ustedes”, dijo mirando a Severus que se sentía muy inquieto y a Sirius que miraba enfurecido hacia donde estaba Kingsley, “AHORA más que nunca, debemos permanecer unidos”
- “Yo no confío en él”, repuso Sirius mirando a Severus, “después de todo, fue su poción la que, en manos de Malfoy, causó todo esto”
- “He hablado con Albus y le expliqué lo ocurrido. Y no le debo explicaciones a nadie más”, dijo fríamente Severus, “Y creo que mis explicaciones son mejores que las tuyas, Black”, agregó mirando a Remus, que enrojeció.
La reunión continuó por un momento, discutiendo la posición de Lucius ahora que los aurores habían entrado a su mansión, pero Kingsley reiteró que no habían encontrado nada incriminatorio y que por el contrario, Lucius aparecía como una víctima.
- “Bien, amigos, vayamos a descansar lo que queda de la noche y esperemos que en unas horas se aclaren un poco las cosas”, dijo Dumbledore finalizando la reunión, “Sirius, más tarde vendrá Harry”
A Sirius se le iluminó el rostro.
- “¿A qué hora?”
- “Luego de sus clases lo traerá Severus”, el profesor de Pociones lanzó un gruñido.
- “Remus, debes seguir practicando”, prosiguió Dumbledore, el aludido hizo un gesto, “no te confíes, ahora Voldemort conoce de lo que eres capaz y buscará una manera de vencerte. Sirius te ayudará a practicar bloqueos de hechizos oscuros”, Remus asintió.
- “Yo puedo ayudar—“, empezó Kingsley.
- “No. Te necesitamos en el Ministerio, la posición de Fudge es bastante difícil y en unas horas habrá un Consejo Extraordinario para decidir qué hacer. Deseo que estés en Malfoy Manor todo el tiempo posible”
Los Weasley anunciaron que su hijo Bill llegaría de Egipto al día siguiente y que se incorporaría a la orden. Con eso, la reunión finalizó.
- “¿Nos vamos, Rem?”, pidió Kingsley.
- “No, lo siento. Quiero quedarme para cuando despierte Finwe”, respondió Remus. El rostro de Sirius se iluminó de nuevo.
- “Está bien, me quedo contigo”, exclamó el mago moreno, “puedo, ¿verdad?”, preguntó dirigiéndose a Sirius.
- “No hay problema”, respondió el animago, “puedes dormir en la habitación de Harry”, agregó adrede.
- “No gracias. Ahora duermo con Rem”, puntualizó Kingsley tomándolo de la cintura, “¿nos vamos?”
Remus lo siguió, pero volteó para ver a Sirius y en el breve momento en que sus miradas se encontraron, el animago percibió dolor. Un dolor del cual él era causante.
*
- “¡Profesor Snape!”, exclamó Draco al ver a su profesor avanzar por el pasillo del hospital.
- “Hola, Draco”, respondió Severus, “Narcissa”, dijo también, saludando a la madre de Draco que estaba sentada junto a la puerta de una habitación custodiada por dos aurores. “¿Cómo está?”
- “El medimago dice que se pondrá bien, pero le han dado pociones calmantes y no despertará hasta mañana”, respondió Narcissa. En realidad estaba calculando mentalmente cuánto heredaría si Lucius moría, aunque no tenía con quién compartirlo luego de la muerte de McNair.
Draco, en cambio, lucía angustiado.
- “No ha despertado aún y sólo nos han dejado verlo de lejos”, dijo con rabia contenida mirando a los aurores.
- “Ya veo”, respondió Severus avanzando resueltamente, “el muchacho necesita ver a su padre”, dijo al auror más joven.
- “Lo siento, señor. Son órdenes del ministerio”
- “¿De quién en el Ministerio?”
- “De nuestro jefe de brigada, el Auror Kingsley Shacklebolt”, respondió el mago.
- “Al Ministro de Magia no le agradará saber que su asesor y amigo personal es aislado de su familia de este modo”, dijo fríamente Severus, “y creo que eso tiene más valor que cualquier orden emitida por un subalterno”.
Los aurores cuchichearon un momento y luego miraron dudosos. Severus empujó a Draco dentro de la habitación.
- “Al ministro le agradará saber que sus amigos son bien atendidos”, dijo antes de entrar él mismo.
Lucius estaba únicamente con los pantalones puestos y cubierto hasta la cintura por una delgada sábana. Su pecho estaba cubierto de vendajes en el lugar donde el hechizo lanzado por Sirius le había impactado. Su cabeza y rostro presentaban signos de golpes y también sus brazos. Respiraba rítmicamente y junto a él había algunas pociones que los medimagos habían usado.
Severus miró despectivamente los frascos.
- “Esto es basura”, le explicó a Draco, sacando un frasco de su bolsillo, “con esta poción la hinchazón desaparecerá en pocas horas”
Y uniendo la acción con la palabra, destapó el frasco y untó el rostro y sienes de Lucius con la poción. Luego, ayudado por Draco, levantó su cabeza y humedeció los cabellos plateados con la poción, dejándolo luego reposar en la almohada.
Severus temía que el brillo en sus ojos, por las lágrimas contenidas, lo delatara ante Draco, por eso se sentó en un lugar apartado, mientras el chico se sentaba junto a la cama de su padre, tomando su mano.
Así los sorprendió el amanecer.
- “¿Draco?”
- “¡Padre! ¿Cómo te sientes?”, exclamó el adormilado chico, irguiéndose de pronto.
- “Como si me hubiera pasado una aplanadora”, respondió Lucius, “¿dónde estoy?”
- “En el Hospital de San Mungo, señor Malfoy”, respondió Severus, “donde lo trajeron los aurores, casi muerto por una explosión que se produjo en su mansión, en donde, felizmente, no hubo mayores daños”
- “¡Se—Profesor Snape!”, exclamó Lucius.
Draco parpadeó intrigado. Su padre y su profesor se trataban con mucha familiaridad. ¿Acaso habrían sido amigos? Nunca Lucius se lo había dicho. Era extraño.
- “¿Mi mansión ha sido registrada?”, preguntó Lucius dirigiéndose a Severus.
- “No, porque tengo entendido que las cámaras están protegidas”, respondió el profesor de Pociones enigmáticamente, “creo haber oído que Black lo atacó para robarle y luego desapareció invocando el fuego del averno, y que eso fue lo que trajo a los aurores”
Lucius lo miró con entendimiento.
En ese momento, un medimago entró furioso.
- “¡Señores, deben retirarse! El señor Malfoy necesita reposo—“
- “Yo me siento muy bien”, repuso Lucius levantándose, “mi túnica, Draco”, pidió.
- “De ninguna manera”, exclamó el medimago, pero ya Lucius se estaba vistiendo.
Los aurores interrumpieron.
- “Señor Malfoy, tenemos órdenes de no dejarlo salir hasta la llegada de nuestro superior para su manifestación sobre lo ocurrido”
- “¿Manifestación? Fui atacado por el desquiciado de Sirius Black, esa es mi manifestación y dígale a ese superior suyo que estoy cansado de oír que Sirius Black es el responsable de este o aquél atentado y que el Ministerio no pueda hacer nada para detener a un solo mago. Me voy a mi mansión a hacer un inventario de los daños y si acaso su superior quiere hablar conmigo, dígale que vaya para allá”
Y Lucius se alejó con Draco. Narcissa ya no estaba allí.
Severus quiso reír al ver la cara del médico y de los aurores.
Al menos Lucius había vuelto.
Capítulo 24 : In the shadows
“No sleep / no duermas
No sleep untill I am done / no duermas hasta que acabe
with finding the answer / de encontrar la respuesta
Wont stop / no te detendrás
Wont stop before I find / no te detendrás antes de que encuentre
a cure for this cancer / un remedio para este cáncer
Sometimes / a veces
I feel I going down and so disconnected / siento que me deprimo y me desconecto
Somehow / de algún modo
I know that I am haunted to be wanted / sé que estoy embrujado para
ser deseado”
In the shadows – The Rasmus
Kingsley se acercó a la cama donde Remus se acomodaba ya, medio dormido.
- “¿Rem?”, dijo recostándose a su lado para buscar sus labios.
Remus se recostó en su pecho, como hacía cuando se sentía demasiado cansado y Sirius lo acunaba y le acariciaba el cabello.
Pero ahora era diferente. Ya no estaba con Sirius.
De hecho, Kingsley tenía en mente otra cosa, porque mordió el lóbulo de su oreja mientras se pegaba a su cuerpo jugetonamente, haciéndole sentir su erección entre las piernas.
Y eso lo aterró.
Invitablemente recordó la dolorosa sensación que tuvo cuando se transportó al cuerpo de Finwe, mientras era ultrajado sin piedad. Su cuerpo se tensó inmediatamente. No le había dicho a Kingsley lo que pasó, únicamente lo sabían Sirius y Haldir. Y no tenía intenciones de decírselo.
Al menos, no por ahora.
- “Lo siento”, murmuró apartándolo suavemente.
- “¿Qué ocurre?”, preguntó Kingsley mirándolo con extrañeza.
- “Estoy muy cansado, son casi las seis y tuve una fuerte lucha en Malfoy Manor—“
- “Pensé que ya habías dormido –“
- “Así fue, pero aún necesito descanso”, dijo Remus sonriéndole, pero Kingsley no sonrió. “Lo siento”, repitió dándole un ligero beso en los labios.
Kingsley se puso de pie, apretando los labios, pero no dijo nada. Se dirigió a la ventana para contemplar el amanecer londinense, y cuando volvió a la cama, Remus ya se había dormido, esperando sentir el abrazo protector que nunca llegó.
*
Era casi medio día, cuando el sol entró por la ventana iluminando a las dos figuras dormidas sobre la cama. Haldir miró con preocupación a su compañero y acarició suavemente su mejilla. El sueño de Finwe era menos profundo ahora que el efecto de la poción había pasado y éste parpadeó ligeramente.
- “Haldir, ¿acaso soñé?”, preguntó confundido al no sentir ningún dolor en el cuerpo.
Haldir le sonrió con dulzura.
- “No, pequeño elfo. No soñaste, y no sabes cuánto habría dado por ahorrarte este dolor... pero ahora estás a salvo”
Finwe cerró los ojos y varias lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Se abrazó a Haldir, que le acarició el cabello tiernamente, protegiéndolo con sus fuertes brazos. Pero de pronto, se soltó.
- “Ellos están en peligro—“, exclamó el elfo pelirrojo.
Haldir lo retuvo suavemente.
- “Hay un hechizo que protege este lugar y lo hace invisible a los ojos de otros”, le explicó, “ahora, lo único que importa eres tú y tu recuperación”. Un destello de dolor invadió los ojos verdes de Finwe, conmoviendo a Haldir profundamente, “¿Quieres hablar de eso?”, preguntó aparentando normalidad.
- “Ahora no, mi dueño. Sólo abrázame”, susurró Finwe, tratando de mostrar una tranquilidad que estaba lejos de sentir.
Y Haldir lo hizo, dándole pequeños besos en el cabello.
- “Haldir—“
- “Dime, hermoso mío”
- “Tengo hambre”
Haldir maldijo mentalmente haber olvidado que su compañero pasó varios días sin comer y se levantó prestamente, alcanzándole varios paquetes de lembas. El joven elfo comió con agrado y sonrió mientras el alimento élfico le reconfortaba el espíritu. Y su sonrisa fue la alegría de Haldir.
- “¿Me das mi ropa?”
Haldir se extrañó del pedido porque a Finwe le gustaba mucho andar desnudo cuando estaban solos. Pero se acercó al armario y le alcanzó unos pantalones negros de mago. Finwe se los puso y se dirigió buscar más ropa, para completar su indumentaria con una camisa holgada y una túnica negra.
El elfo mayor suspiró imperceptiblemente. Finwe odiaba ese color. Quiso abrazarlo de nuevo, pero fue rechazado suavemente, porque el elfo pelirrojo se estaba calzando las botas, para dirigirse resueltamente al cuarto de Remus, donde entró sin llamar.
- “¡Black, pudiste llamar antes!”, dijo una voz bajo las cobijas y la cabeza de Kingsley emergió indignada, pero entonces vio a Finwe, “lo siento”, murmuró.
Remus abrió los ojos también y se cubrió, avergonzado.
- “¡Finwe! ¿Cómo te sientes?”, preguntó al elfo con genuina preocupación.
- “Estaré bien”, dijo Finwe tratando de quitarle importancia al hecho, “¿por qué él está contigo?”, preguntó sin poder contenerse. Jamás habría esperado eso, no de Remus.
Kingsley fue quien le explicó.
- “Somos pareja desde hace varios días”, dijo suavemente. El elfo puso cara de no entender y Haldir lo trató de sacar de allí tirando gentilmente de su brazo.
Sirius entró a la habitación al oír voces y ver allí a los elfos, pero apretó los labios al ver a Remus y Kingsley juntos en la cama. Eso era el colmo, ¡y en su propia casa! Finwe lo miraba con mucha curiosidad antes de que fueran expulsados de allí por las palabras del mago moreno.
- “Déjennos solos por favor”, pidió Kingsley, “necesitamos vestirnos”
*
Horas más tarde, Haldir y Sirius esperaban ante la puerta cerrada del estudio. Hacía mucho que Kingsley se había marchado al Ministerio y luego de eso, Remus se había encerrado con Finwe.
Cuando finalmente la puerta se abrió, ambos se veían llorosos.
Haldir abrazó a Finwe y cuando Sirius quiso hacer lo mismo con Remus, fue rechazado suavemente.
- “¿Todo bien?”, preguntó Haldir, apartando el rojo cabello para besar la frente de su compañero.
- “Creo que sí”, fue la respuesta, “tienes que volver a Hogwarts, ¿verdad?”, preguntó Finwe con cierto temor, aunque ya sabía la respuesta.
- “Así es. Vendré por la noche y podremos hablar”, explicó Haldir besándolo con afecto. Luego se despidió.
Remus estaba algo apartado, mirándolos con una dulce sonrisa. Lo conmovía la forma en que Haldir cuidaba de Finwe. Cuando su mirada se encontró con la de Sirius, se disculpó y se volvió a encerrar en el estudio.
- “¿Qué le pasa?”, preguntó Sirius, dirigiéndose al elfo.
- “Te ama”, fue todo lo que dijo Finwe antes de subir las escaleras que llevaban a su habitación.
Sirius continuó mirando la puerta cerrada.
El elfo abrió la puerta. Las sombras empezaban a formarse en la habitación al acercarse el anochecer, pero Finwe no encendió las luces, se sentía extraño. Ahora que estaba solo, la valentía que había tratado de demostrar se terminó. Se arrojó a la cama llorando y cubriéndose el rostro, tratando de olvidar la expresión de Voldemort relamiéndose mientras Lucius abusaba de él.
Se sentía aterrado de volver a mostrar su cuerpo a alguien.
Se sentía sucio.
Sucio.
*
Severus apareció con Harry y luego de murmurar que volvería en una hora, se fue dejando solos a padrino y ahijado.
Harry miró dudoso a Sirius.
- “Hola Harry”
- “Hola”
- “Te felicito por tu actuación en el Ministerio”, dijo educadamente Sirius, como si nada hubiera pasado antes.
- “Gracias”, respondió Harry en igual tono.
Se hizo un incómodo silencio.
- “Harry”
- “Sirius”
- “Yo primero”, pidió el animago. Harry asintió.
- “Quiero pedirte disculpas por no habértelo dicho antes. No es algo de lo que me averguenzo, sino todo lo contrario. Es sólo que las cosas no estaban tan bien como para decírtelo—“
- “Lo sé”, dijo Harry sintiendo liberarse un enorme peso que lo oprimía, “Lo siento, actué precipitadamente, debí darte opción de explicarlo y no tengo derecho a juzgarte, ni pretendo hacerlo”, continuó, repitiendo las palabras que tanto había ensayado en los últimos días. Las palabras que le devolverían a su padrino.
Se miraron nuevamente y Sirius le abrió los brazos. Al menos había recuperado a Harry.
Cuando Remus abrió la puerta del estudio, los encontró aún abrazados.
- “Remus, lo siento”, dijo Harry, soltándose del abrazo
Remus sonrió con dulzura diciendo que no era nada.
Pero Harry continuó.
- “Yo me alegro mucho en verdad de que los mejores amigos de mi padre estén juntos”, Harry se sonrojó un poco, “quiero decir que, si Sirius iba a estar con un hombre, no podría aceptar a otro más que a ti”
Remus sonrió forzadamente e intercambió una mirada con Sirius.
- “Gracias, Harry”
Un chasquido en la chimenea los hizo voltear para hallar a Kingsley sacudiéndose la túnica azul.
- “Hola”, dijo muy contento, “tengo buenas noticias”, y en un instante llegó junto a Remus abrazándolo por detrás y besándolo ligeramente en los labios. “Fudge renunció”
- “¿¡QUÉ!?”, exclamaron Sirius, Remus y Harry al unísono. Los dos primeros a causa de la renuncia del ministro y el tercero por lo que vio.
- “Como lo oyen”, respondió Kingsley llevando de la mano a Remus hacia el sofá, a pesar de la mirada furiosa de Sirius.
Harry los siguió, demasiado asombrado como para replicar.
- “El ataque a Malfoy Manor y lo infructuoso del interrogatorio a Harry fueron el detonante. Ahora Amelia Bones es la nueva ministra y debo irme en breve, porque tengo una reunión de emergencia. Sólo vine a avisarle a Rem”
El mago moreno volvió a besar a Remus antes de irse, haciéndolo avergonzar. Nunca pensó que Kingsley fuera tan exhibicionista, parecía que lo hacía adrede para provocar a Sirius y eso había estado bien al inicio, porque Remus deseaba hacerle sentir lo mismo que él sintió, pero le pareció un exceso que lo besara delante de Harry y volteó el rostro bastante incómodo.
Harry vio como Sirius apretaba los puños.
- “¿Qué pasó?”, preguntó Harry luego de que Kingsley se despidiera.
- “Ya lo oíste, Fudge—“, explicó Sirius.
- “¡No hablaba de Fudge! ¡Hablo de ustedes!”
Sirius y Remus intercambiaron una mirada.
- “No funcionó”, dijo Remus.
- “No quisiste que funcionara”, le increpó Sirius.
- “¿Yo? No hagas que recuerde lo que vi—“
Harry los miraba alternativamente, con muchas ganas de gritar hasta que lo oyeran en el Ministerio. ¿Qué les pasaba? Él acababa de aceptar su “relación” y se encontraba con la sorpresa de que esa relación ya no existía y en cambio, Remus y Kingsley se “entendían”. ¿Acaso todos se habían vuelto locos? De pronto, sintió algo húmedo en sus pies y miró hacia abajo.
Agua.
El agua bajaba por las escaleras y mojaba el piso del salón.
- “¿Qué demonios—“, exclamó Sirius corriendo escaleras arriba seguido por los otros.
El agua provenía de la habitación de Finwe, y lanzaron un “Alohomora” para abrir la puerta, pero el elfo no estaba allí.
- “El baño”, exclamó Remus y abrió la puerta.
Finwe estaba sentado dentro de la tina, completamente vestido y con el rostro inexpresivo lleno de lágrimas. El mago se acercó y cerró los grifos mientras Sirius y Harry limpiaban el agua con magia.
- “¿Por qué me dejó?”, preguntó el elfo con un hilo de voz.
Remus lo tomó de la mano.
- “Él volvió, pero ya no estabas aquí”, explicó Remus con la dulzura con que se le habla a un niño pequeño, “y luego no pudimos sacarte para no dar a conocer aún el poder del anillo. Severus nos dijo que mientras no tuvieran la poción, estabas seguro”
- “..estaba oscuro..”, Finwe parecía no oírlo, encogido en su precario refugio.
Remus se preocupó. El elfo no había parecido demasiado afectado cuando hablaron. Habían conversado sobre la información que Finwe diera contra su voluntad, sobre Kingsley, sobre Sirius, sobre el anillo. Pero el elfo había evitado hablar sobre lo que le pasó y Remus no quiso presionarlo.
- “Cálmate, por favor”, pidió con dulzura, “dame la mano, te ayudaré a salir”
- “...estoy sucio...”
- “Ya no, pequeño, ven a acostarte”, dijo suavemente Remus.
- “N-no puedo”, sollozó Finwe, “Haldir dijo...” y ocultó el rostro entre las manos, “dijo que no me dejaría”
Remus se puso de pie.
- “Sirius, quédate con él. Voy por Haldir”
El mago desapareció en un destello dorado y Sirius avanzó hacia Finwe.
- “Dame la mano”, pidió suavemente tirando del elfo.
Finwe se resistió un momento, pero luego, sin fuerzas para luchar, se incorporó con la ropa chorreando agua, pero no salió de la tina.
- “No te haré daño, pequeño”, continuó Sirius, tirando de la pálida mano.
- “Se lo hiciste a Remus”, dijo el elfo en un susurro, haciendo que Sirius apretara los labios.
- “Yo lo amo”, fue todo lo que dijo Sirius, apenas consciente de que Harry observaba toda la escena.
Un nuevo destello dorado les trajo de vuelta a Remus, junto con Haldir.
- “¡Melda! ¿Qué ha ocurrido?”, exclamó Haldir y avanzó hacia el elfo pelirrojo que se arrojó a sus brazos.
- “… ¿por qué me dejaste?”, preguntó con voz ahogada.
Haldir hizo una seña a ambos magos para que se retiraran y así lo hicieron. Remus empezaba a entender el orgullo élfico, ellos jamás habían mostrado debilidad, aunque Finwe era más “humano” que el calmado Haldir. Pero ninguna criatura viviente habría soportado lo que pasó el elfo pelirrojo sin que profundas huellas quedaran en su persona, y no eran precisamente heridas físicas.
Sirius hizo aparecer sobre la cama de los elfos ropas secas. Eran dos pijamas, uno de seda negra y otro celeste, que él había usado algunas veces y que le parecieron apropiados para sus amigos.
Haldir hablaba suavemente en élfico mientras trataba de desabrochar la empapada capa de Finwe.
- “..no...desnudo no...por favor”, pidió Finwe y Haldir entendió.
Su pequeño elfo, desnudo en la oscuridad por diecisiete días y luego víctima de un horrible ultraje, estaba aterrado de mostrarse nuevamente vulnerable. Con infinita paciencia, Haldir lo fue abrigando con toallas mientras le quitaba la ropa, sin dejar la piel al descubierto. Luego, lo condujo suavemente a la habitación y tomó el pijama celeste.
- “El otro”, pidió Finwe.
Haldir asintió y lo ayudó a vestirse hablándole en élfico en todo momento, y lo metió en la cama, donde Finwe se acurrucó como un gatito. Haldir se cambió la ropa mojada y se recostó junto a él, acariciándole el cabello.
*
La situación no mejoró con los días. Finwe no quería quedarse solo y dormía con el pijama negro y con la luz encendida. Por lo demás, trataba de mostrarse como siempre, y sólo Haldir, Sirius y Remus estaban conscientes de lo afectado que se hallaba.
Pero el joven elfo fue inflexible en una cosa: No volvería a Lothlórien.
- “Esta es ahora nuestra guerra”, dijo firmemente y Haldir tuvo que darle la razón.
Era increíble como Kreacher lo cuidaba, preparándole deliciosos manjares que Finwe apenas tocaba. Y el elfo doméstico se quedaba parado por horas frente a la puerta, vigilando su sueño. Incluso Sirius estaba sorprendido.
Con la renuncia de Fudge, las cosas se normalizaron un poco. Lo primero que hizo Amelia Bones fue devolver a Hogwarts a su antiguo director, en ceremonia pública, donde destituyó también a Dolores Umbridge y la envió de celadora a Azkaban, lugar que parecía mucho más apropiado para ella que un colegio de jóvenes magos.
Haldir decidió finalmente que abandonarían la Mansión y la Orden del Fénix, aunque Finwe insistió en seguir enseñando en Hogwarts, ahora que el Ministerio había pedido a Dumbledore que volviera al colegio y el viejo mago dijo que sólo lo haría si le dejaban elegir a sus profesores.
Durante la ceremonia, en Hogwarts, los alumnos y profesores aplaudían a rabiar.
Dumbledore se aclaró la garganta y se hizo un expectante silencio.
- “Queridos amigos, vuelvo complacido a mi hogar y les anuncio que todo volverá a ser como antes. No más prohibiciones de reunirse en pasillos o leer los diarios y revistas y no más supervisiones a los profesores. El Ministerio me ha conferido nuevamente la libertad para escoger a los profesores y en tres días volverá con nosotros el elfo Finwe”, se oyeron exclamaciones de júbilo, “y en el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras, tendremos nuevamente al profesor Lupin, también a partir del tres de octubre.”
Más exclamaciones de júbilo en la mesa de Gryffindor, que no fueron compartidas por los Slytherin ni por su jefe de casa, Severus Snape.
- “Es un licántropo”, exclamó Draco Malfoy poniéndose de pie indignado.
- “Lo sé, señor Malfoy”; dijo suavemente Dubledore, “pero también es el mejor profesor de DCAO que Hogwarts ha tenido desde Marius White, y el profesor Lupin prefirió volver aquí antes de aceptar un puesto de consultor en el Ministerio. La licantropía se controla con la poción Wolfbane que el profesor Snape tendrá la gentileza de preparar y el Ministerio ha dado su aprobación”
- “Mi padre no lo permitirá”, murmuró Draco entre dientes.
Pero era poco lo que Lucius podía hacer. Él mismo enfrentaba una investigación por algunos objetos hallados en su mansión cuya procedencia no supo explicar y su excusa “herencia familiar” sólo convenció a algunos pocos.
Tampoco ayudó su rotunda negativa de abrir las cámaras selladas de su mansión, pero él se mantuvo firme, y apeló a la Segunda Enmienda de la Declaración de Derechos del Mundo Mágico, por la cual, al investigarse lo ocurrido en una de las cámaras, no estaba obligado a proporcionar información sobre otras materias, y según Lucius, esas “materias” incluían el resto de las cámaras que guardaban la herencia de los Malfoy.
*
“I been watching / he estado
mirando
I been waiting / he estado esperando
In the shadows all my time / en las sombras todo mi tiempo
I been searching / he estado buscando
I been living / he estado viviendo
For tomorrows all my life / por mañanas toda mi vida
In the shadows / en las sombras”
Así estaban las cosas, cuando Severus y Lucius al fin se encontraron
en Hogwarts, donde el mago rubio acudió, la víspera de la luna
llena, a visitar a Draco y a protestar por la contratación de Remus
Lupin, aunque no le valió de nada, porque Dumbledore se mostró
inflexible. Aún así, Lucius se dirigió a buscar al Jefe
de Slytherin para pedir informes sobre su hijo.
- “Señor Malfoy, tenga la bondad de seguirme a mi despacho”, dijo Severus con estudiada indiferencia. Una vez allí, cerró la puerta y encaró a su acompañante.
- “Lucius, ¿por qué?”, espetó Severus tomándolo de la túnica y sacudiéndolo violentamente.
- “No preguntes, Sev. Sabes que soy el malo y me comporto como tal”, dijo cínicamente Lucius.
- “¡Me engañaste para robar la poción y usarla con él! ¡Finwe no tuvo culpa alguna!”
- “Tampoco la tuvo David. Ya sabes, son gajes del oficio”; dijo fríamente Lucius.
- “¡Ese no es el punto!”, estalló Severus y lo soltó.
- “¿Cuál es el punto, Severus?”, dijo Lucius arreglándose la túnica.
“They say / ellos dicen
That i must learn to kill / que tengo que aprender a matar
before i can feel safe / antes de sentirme seguro
But I / pero yo
I rather kill myself then / me mataría primero
turn into their slave / antes de ser su esclavo”
- “¡Te pusiste en evidencia al atacarlo! ¡Él no es
un muggle, Lucius! ¡No tenías por qué lastimarlo de ese
modo!”, dijo un furioso Severus, “y además casi te descubren,
¡mira que dejarse vencer en duelo por el imbécil de Black!”
Lucius lo apuntó con la varita, haciéndolo estrellarse contra la pared.
“Sometimes / a veces
I feel that I should go / siento que debo ir
and play with the thunder / y jugar con el trueno
Somehow / de algún modo
I just don't wanna stay / no quiero quedarme
and wait for a wonder / y esperar por una maravilla”
- “No tenía tanto espacio como ahora”, dijo poniéndose
en guardia porque Severus avanzaba furioso apuntándole.
Ambos se despojaron de sus túnicas y comenzaron a luchar. Los muebles de Severus volaban y sus pociones estallaban mientras los rivales seguían lanzando y esquivando hechizos, dejando salir toda su furia.
Algunos Slytherin se acercaron al oír ruidos, pero ninguno, ni siquiera Draco, se atrevió a interrumpir a su profesor.
Severus se agachó para esquivar un rayo y éste se fue a estrellar en un enorme frasco que estalló, desparramando su contenido en la alfombra.
- “¡Maldición! ¡Mis testículos de tritón!”
- “Son ilegales, Sev…”
- “¡Como si a tí eso te importara! ¡Dicen que hallaron en tu casa cosas que harían avergonzar al mismo Voldie!”, se defendió Severus, “además, son buenos para las pociones revitalizadoras”
- “Touché”, exclamó Lucius arrojándolo al suelo con un stupefy.
Luego, se arrojó sobre él.
- “¡Lucius! ¡Maldito seas!”
Lucharon y se golpearon mientras se arrancaban la ropa. Severus tomó de pronto el control y se subió sobre el rubio apoderándose de su boca con avidez. Lucius dejó de luchar. Se sentía tan bien ser besado por la persona que amaba que cerró los ojos.
“Lately I been walking / Tardíamente
he estado caminando
walking in circels, / caminando en círculos
watching waiting for something / mirando, esperando por algo
Feel me touch me feel me, / siénteme, tócame, siénteme
come take me higher / vamos, llévame alto”
Severus rompió suavemente el beso y lo miró, apartando el cabello rubio de su rostro.
- “Pudieron matarte”
- “¿Te habría importado?”, preguntó Lucius temeroso de oír la respuesta.
Pero Severus no respondió.
En lugar de eso, le dio un beso rabioso e insertó un dedo dentro del rubio, que se aferró a su espalda. Severus se hundió de nuevo en aquel pozo oscuro que era su amor desesperado hacia Lucius.
No tenía remedio, lo amaba. Lo amaba tanto que podría matarlo y morir él mismo en sus brazos.
Quería dañarlo, quería vengar de algún modo al hermoso elfo mancillado, quería vengarse a sí mismo por amar así, tan intensamente, tan dolorosamente.
Y lo devoró, mordiendo sin piedad su cuello y pezones, dejando marcas por todo su blanco cuerpo.
“In the shadows / en las sombras
I've been waiting / estaré esperando”
Lucius se dejó devorar, golpear, hasta se hubiera dejado matar si Severus lo hubiera querido así.
Porque lo amaba.
Lo amaba tan desesperadamente que dolía.
Cuando Severus lo penetró, Lucius gritó tan fuerte que su amante tuvo que usar un hechizo silenciador y continuó con sus furiosas acometidas en aquél cuerpo que era suyo por breves pero intensos momentos.
Gritó en su orgasmo el nombre de Lucius y tuvo que morderse los labios para no gritarle que lo amaba.
Lo amaba a pesar de que era un sádico y un asesino.
Lo amaba porque sólo él lo hacía sentirse vivo.
Lucius hundió la cara en el negro cabello de Severus para que no viera sus lágrimas y se aferró a su cuerpo rogando que ese instante, cuando los dos eran uno solo, durase para siempre.
Pero se terminó y Severus se deslizó fuera de su cuerpo, poniéndose se pie.
- “Vete”
*
Finalmente, llegó el día de la transformación. Esa noche habría luna llena.
- “No entiendo por qué tiene que estar él”, exclamó Kingsley.
- “Porque Moony conoce a Padfoot y no tolera extraños”, explicó pacientemente Remus, por enésima vez.
- “¡Pero yo no soy un extraño!”
- “Lo eres para Moony, querido. El lobo es—“
- “Sí, ya sé que el lobo y el perro son amigos y que lo son desde la infancia, es sólo que—“ Kingsley se interrumpió.
- “¿Qué?”
- “Que quisiera ser yo el que te acompañe”
- “Lo sé, cariño”, dijo Remus acariciándole la mejilla con ternura. Luego, le echó los brazos al cuello y lo besó. “Es que eso es peligroso. Moony nunca ha estado en compañía humana”
Kingsley profundizó el beso atrayendo posesivamente las caderas de Remus y pegándolas contra las suyas hasta hacerlo gemir.
- “¡Moony, casi anochece!”, tronó la voz de Sirius en la puerta.
- “Voy”, gritó Remus en medio del beso.
EL mago moreno lo apartó suavemente.
- “Ten cuidado”
- “Lo tendré”
Ambos salieron de la habitación tomados de la mano y se dirigieron al sótano, con Sirius. Allí estaban ya Severus, Haldir y Finwe. La poción wolfbane que traía Severus humeaba aún.
- “Lupin, te traje tu poción. Bébela ya, que quiero asegurarme de que esta vez no harás tonterías”
- “Gracias, Severus”, sonrió Remus bebiendo la poción con una mueca.
Conversaron brevemente y luego se dirigieron a la puerta. Cuando Kingsley besó a Remus, Sirius apretó los puños pero alguien le tocó suavemente el brazo, y Finwe le sonrió con una sonrisa que quería decir “él te ama”.
Apenas se cerró la puerta, Remus empezó a desvestirse sin mirar a su acompañante.
- “Moony”
- “Dime”, repuso Remus mirando hacia el viejo diván que había en una esquina.
- “Me has estado evitando—“
- “No hay tiempo para eso, serán pronto las seis y saldrá la luna—“
- “Tenemos media hora. Adelanté los relojes”, dijo Sirius, sonriendo triunfalmente.
- “¡Sirius Black!”
- “Lo hice por ti. Por nosotros”, Remus le cubrió la boca, tratando de impedirle hablar.
- “No quiero oírte”
- “Tendrás que hacerlo, o me arrodillaré y gritaré tan fuerte que me oirán en el Ministerio”, exclamó Sirius, “Moony, no tienes que aceptarme, no tienes que dejar a tu noviecito, sólo escúchame. Por favor—“ agregó con esa mirada de perrito apaleado que sabía utilizar tan bien.
Remus suspiró.
- “Está bien. Habla”
- “Toma”, dijo Sirius arrojándole una manta. Lo ponía nervioso la desnudez de Remus.
Se sentaron ambos en el diván.
- “Moony, sé que te engañé. Ellos me tendieron una trampa para que dudara de ti y yo fui tan estúpido como para creerles. Lo que hice con Bellatrix fue por despecho, lo que dije fue por el dolor que sentía de creerte el amante de Malfoy”, empezó Sirius y poco a poco fue soltando el resto de la historia, mientras derramaba abundantes lágrimas.
Remus lo dejó hablar. Necesitaba oírlo, necesitaba saber la verdad, aunque esa verdad fuera dicha tan tardíamente.
- “Pero jamás me dijiste--- ¿por qué seguías siendo el mismo conmigo si creíste que te engañé?”
- “Porque yo te perdoné eso hace mucho tiempo. Antes aún de hacer el cambio con Peter y condenar a nuestros amigos”, suspiró Sirius, “te perdoné porque te amaba, porque te amo. Pero sí desconfiaba de ti, por que ellos envenenaron mi mente, por eso elegí a Peter para el cambio”
Remus miró al cielo que oscurecía ya.
- “Remus, perdóname”, pidió Sirius tomándole la mano.
- “...”
- “Por favor”, imploró.
- “No hay nada que perdonar”, dijo Remus.
La luna finalmente se mostró por la pequeña ventana y el desnudo mago cerró los ojos, esperando sentir el familiar dolor de la transformación, en nada mitigado con los poderosos tranquilizantes de la poción que Severus le preparaba.
El anillo brilló con fuerza en su pecho, pero el dolor nunca llegó.
Y por primera vez en treinta años, Remus pudo contemplar la luna con su forma humana.
- “Moony”, dijo Sirius con voz ronca.
- “Sirius, es—es el Anillo”, susurró Remus, “ha detenido la transformación”
Sirius lo abrazó por detrás y su amigo no se resistió esta vez. Se empezaba a sentir cansado, la poción hacía su efecto. Contempló la luna una vez más antes de quedarse profundamente dormido en brazos de Sirius, que lo recostó con cuidado, pero no lo volvió a cubrir.
El animago se sentó en el suelo, mirando el cuerpo desnudo de Remus, tan hermoso, tan amado. Amargas lágrimas de deslizaron por sus mejillas.
- “Te recuperaré, mi amor. Juro que lo haré”
Capítulo 25: Still loving you
“Time, it needs time / Tiempo,
necesita tiempo
To win back your love again / el traer tu amor de vuelta
I will be there, I will be there / Estaré allí, estaré
allí
Love, only love / amor, sólo amor
Can bring back your love someday / puede devolverme tu afecto algún
día
I will be there, I will be there / estaré allí, estaré
allí”
Still loving you - Scorpions
El anillo brillaba débilmente en el pecho de Remus y Sirius lo apretó
con fuerza, tratando de entender su poder. Sus manos se deslizaron con facilidad
por el blanco cuello tantas veces acariciado y bajaron por el vello del pecho,
desviándose hasta detenerse en un pezón.
El animago se maldijo a sí mismo en voz baja y cubrió a Remus con unas mantas. Su cuerpo desnudo lo ponía nervioso y se había jurado a sí mismo que esta vez haría las cosas bien. No se aprovecharía de Remus dormido e indefenso, únicamente se permitió darle un ligerísimo beso en los labios antes de sentarse en el piso y velar el sueño de su amor.
Amanecía ya cuando Remus abrió los ojos y apartó sin pensar un mechón de cabello negro junto a su boca. La cabeza de Sirius reposaba sobre su pecho y Remus le acarició la mejilla como había hecho tantas veces luego de la transformación.
Excepto que esta vez no hubo transformación y que Sirius ya no era su pareja.
- “¿Sirius?”, susurró tratando de apartarlo. A pesar de su confesión de la noche, no podía volver con el animago, aún necesitaba aclarar sus ideas y estar un poco a solas. Quizá por eso había aceptado volver a enseñar en Hogwarts.
- “Hola, Moony”, respondió Sirius, soñoliento y sonriente, “¿cómo estás hoy?”
Alguien aporreó la puerta del sótano con fuerza.
- “¡Rem! ¿Estás despierto?”
Remus pensó que si hubiera estado dormido, sin duda habría despertado de un salto ante semejante ruido.
- “Voy, amor”, respondió sin mirar a Sirius.
El animago apretó los puños, pero no dijo nada y tomando aire, fue a abrir la puerta mientras Remus tomaba sus pantalones.
Kingsley irrumpió en el sótano, preocupado.
- “¿Cómo fue tu transformación?”, preguntó ansioso.
- “Dolorosa, como siempre”, respondió Remus con una sonrisa y se dejó tomar en brazos por Kingsley. Se sentía débil, pero era por el efecto de la poción, preparada para tranquilizar a un furioso licántropo y no a un hombre.
Sirius no dijo palabra, pero no entendía por qué Remus no le había dicho a su pareja que el anillo detuvo la transformación. Sintió una secreta alegría de compartir al menos eso con su Moony.
*
“I'll fight, babe, I'll fight
/ Pelearé, amor, pelearé
To win back your love again / para ganar tu amor de nuevo
I will be there, I will be there / estaré allí, estaré
allí
Love, only love / amor, sólo amor
Can break down the wall someday / puede romper la barrera un día
I will be there, I will be there / estaré allí, estaré
allí”
El esperado tres de octubre llegó al fin y los alumnos de Quinto Año entraron con curiosidad al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, que había cambiado considerablemente desde la última vez que estuvieron allí, hacía tan sólo una semana.
Para empezar, los lemas del Ministerio de Magia, pegados allí por Dolores Umbridge, habían desaparecido y las paredes estaban cubiertas por tapices y símbolos mágicos. Y en las estanterías junto a la ventana había objetos mágicos, libros y algunas criaturas disecadas. Harry pudo reconocer incluso el grabado de un demonio de fuego, que había visto en el estudio de su padrino, y eso lo hizo sonreír.
Remus se encontraba ya en el aula, con una túnica nueva y su mismo desvencijado maletín. Sobre el escritorio había varios rollos de pergamino amarillentos.
- “Buenos días”, saludó alegremente el profesor, “hice algunas reformas al aula, espero que no les moleste”
- “¿Molestarnos?”, exclamó Seamus, “¡Esto es grandioso!”
- “Gracias, Seamus”, sonrió Remus e incluso Pansy Parkinson sonrió con él.
Sólo Draco lo miraba aún con odio.
- “En primer lugar, quisiera decirles que estoy inmensamente feliz por volver a enseñar en este colegio”, hizo una pausa mientras caminaba hacia la ventana, “también quiero decirles que mi enfermedad está controlada y que no dejaré de tomar la poción del profesor Snape, quien me sustituirá cuando me encuentre indispuesto”
Algunos murmullos de desaprobación se elevaron ante la mención de Snape, pero Remus optó por ignorarlos y continuó.
- “He modificado completamente el programa de estudios, de acuerdo con el director y con los jefes de cada casa, y lo hemos adaptado a la realidad que vivimos, con una inminente guerra en el Mundo Mágico”, nuevamente hizo una pausa esperando que pasaran los murmullos, “No es un secreto que Voldemort ha regresado”, dijo, haciendo que algunas exclamaciones de terror brotaran de muchas gargantas, “pero esta vez el Ministerio de Magia se encuentra mejor preparado, con Aurores de Nivel Alpha”, sonrió pensando en Kingsley que ostentaba ese nivel, “Además, el director ha solicitado la reapertura del Club de Duelo”
- “¡Eso no es posible!”, exclamó Ron, recordando los acontecimientos de hacía tres años con Lockhart.
- “Tranquilo, Ron. El club será manejado tal y como lo fue durante mi época de estudiante, en la que destacaron Lucius Malfoy y Severus Snape, por no hablar de Sirius Black y Frank Longbottom”, explicó Remus, evitando hablar de sí mismo, pero vio con agrado que Draco se relajaba y esbozaba una sonrisa, al igual que Neville, “Además, tenemos dos expertos maestros en duelos con espada, los profesores Haldir y Finwe”, finalizó generando exclamaciones de júbilo.
La clase prosiguió tranquilamente con un repaso general en el que Remus pudo constatar que Dolores Umbridge no había hecho nada en absoluto por mejorar el nivel del colegio y cuando los estudiantes se fueron, el profesor por fin respiró libre. Pero su tranquilidad duró muy poco, porque unos golpes en la ventana lo hicieron acercarse a ella, para encontrar un enorme perro negro parado en dos patas golpeando los cristales.
- “¡Padfoot! ¿Te volviste loco?”, exclamó ayudando a entrar al animal que inmediatamente se transformó en Sirius.
- “Buen inicio, Moony, por un momento temí que fueran a apedrearte”, dijo Sirius sentándose sobre el escritorio.
- “Claro, y seguramente tú me estabas protegiendo del seguro linchamiento. ¡Sirius, te dijimos que no puedes aparecer aquí, aún te persigue la justicia!”
- “Sucede que no tengo otro lugar a dónde ir, anoche abandoné la Mansión y no volveré a ella aunque me aten”, declaró enérgicamente Sirius, “además, no creo que Dumbie me acuse a los aurores, ni tampoco lo hará tu noviecito. Ahora vivo en el Bosque”
Remus suspiro resignado, Sirius no cambiaba. Pero en el fondo se alegró de tenerlo cerca, ya comenzaba a extrañarlo. Le ofreció provisiones y algunos libros para que se entretuviera, y platicaron en voz baja, hasta que un ligero golpe en la puerta los hizo saltar.
Remus echó al animago por la ventana y fue a abrir.
*
- “Buenos días”, saludó Haldir a su clase, deteniendo momentáneamente el murmullo que se había generado en el sector de Slytherin, donde Draco Malfoy lo miraba con poca simpatía.
En cambio, los chicos de Gryffindor, encabezados por Harry, Ron y Hermione, se pusieron de pie y aplaudieron la entrada de Finwe.
El elfo pelirrojo avanzó con seguridad, alentado por el caluroso aplauso y sonrió a los chicos. Pero en Slytherin había un frío silencio. Finwe evitó mirar a Draco, que sentado en primera fila, lo observaba intensamente.
- “Buenos días”, saludó con voz normal, “me siento muy complacido de haber vuelto a enseñar y –“, Finwe se calló de pronto, un murmullo creciente se oía nuevamente. Sus finos oídos élficos captaron varias veces la palabra “homosexual” y otros adjetivos similares y no muy refinados. Haldir también lo había oído y pasó protectoramente su brazo por el hombro de su pareja.
- “Estamos aquí con el consentimiento del Ministerio de Magia”, dijo con voz clara, “La persona que expulsó anteriormente a Finwe lo hizo por ‘conducta escandalosa’ debido a sus prejuicios”, Haldir hizo una pausa y esperó a que todos asimilaran sus palabras, “Finwe y yo somos pareja y no voy a ocultarlo más, no tengo de qué avergonzarme y así se lo he dicho al Director. Si a alguien le incomoda esto, no es necesario que tomen este curso”
El murmullo se incrementó con las voces de los Gryffindor.
- “Yo seguiré en este curso y me alegra que ustedes dos lo sigan enseñando. Y si el director lo ha aceptado, no veo motivo para que otros no lo hagan”, dijo Hermione en voz alta.
Al instante fue apoyada por Harry, y luego por Ron y Neville. Sólo Crabbe y Goyle salieron del aula, pero Draco permaneció allí. No lo escandalizaba la conducta de los elfos, incluso Finwe le simpatizaba un poco, al contrario de Haldir a quien no toleraba por la humillación que le hizo pasar en su primera clase. Pero no se quedó por simpatía, sino por curiosidad.
La clase transcurrió normalmente y Finwe notó con agrado que Haldir había hecho un buen trabajo durante su ausencia. Los chicos sabían distinguir ya varias clases de plantas curativas que crecían en el Bosque Prohibido y que no figuraban en los clásicos libros de magia, e incluso habían hecho excursiones al bosque de Mallorns que había en Hogwarts.
Estar en el colegio lo hacía sentirse útil de nuevo y como no tenía mucho tiempo libre, evitaría pensar en lo ocurrido. Le había conmovido ver su habitación tal como la dejó y encontrar también su cuaderno de dibujo. Haldir se había preocupado de cada detalle para hacerlo sentir bien, puso las frutas que más le gustaban y el cubrecama, las cortinas y las fundas de las almohadas eran verdes, su color favorito.
La primera noche en el colegio se abrazó de Haldir y durmió confiando en no tener pesadillas, pero aún no se sentía preparado para tener intimidad con su amante y eso lo atemorizaba algo. Tampoco Haldir había iniciado contacto, y Finwe lo tomó al comienzo como su deseo de protección, aunque con el transcurso de los días otra idea se fue formando en su cabeza.
Y también estaba Draco.
El chico no dejaba de mirarlo en clases, e incluso en el comedor, Finwe sentía su mirada penetrante fija en él. Y eso lo ponía nervioso.
- “Es sólo un chico”, le dijo Haldir, “¿no crees que exageras un poco, hermoso mío?”, y Finwe había optado por no hacer más comentarios al respecto, pero Draco lo seguía poniendo tenso.
Hacía tiempo que habían dejado de asistir a las reuniones de la Orden, aunque Remus los mantenía informados de todo. Haldir desconfiaba del periodo de calma que se vivía, decía que era la calma que precede una tempestad, pero lo cierto era que Voldemort había desaparecido. Ni siquiera Severus sabía de él y la marca que llevaba en el brazo no había vuelto a arder en casi dos meses.
*
“If we'd go again / Si lo hiciéramos
de nuevo
All the way from the start / todo el camino desde el inicio
I would try to change / trataría de cambiar
The things that killed our love / las cosas que mataron nuestro amor
Your pride has built a wall, so strong / tu orgullo ha construido una barrera
tan fuerte
That I can't get through / que no puedo atravesarla
Is there really no chance / ¿realmente no hay oportunidad
To start once again / de empezar una vez más?
I'm loving you / te amo”
Los últimos días de Noviembre, el frío se había
intensificado, aunque Haldir no parecía demasiado afectado por ello,
pues sólo usaba una capa ligera, al contrario de su acompañante
que tenía un grueso abrigo.
- “Algo se está preparando”, dijo Sirius muy seriamente mientras miraba el cielo nocturno de Hogwarts, en una de las cuevas del Bosque Prohibido.
- “Lo sé, lo puedo sentir en el ambiente”, dijo Haldir igualmente serio. “¿Se han tenido noticias de Voldemort?”
- “No, parece que se lo ha tragado la tierra”, respondió Sirius. “No me gusta, Haldir. No me gusta en absoluto”, hizo una pausa para su próxima pregunta. “¿Cómo está él?”
Haldir sonrió. Para quienes no conocieran mucho a Sirius, “él” podría haber sido Harry, pero el elfo estaba seguro de a quién se refería.
- “Remus está con Finwe. Practican Duelo”, explicó. El Club de Duelo había sido, en su opinión, una genial idea, “creo que ambos necesitan sentirse preparados y útiles. Sobre todo Finwe—“, dijo con mucho pesar.
- “¿Finwe ha mejorado?”, preguntó Sirius. La última vez que se vieron, hacía tres días, el elfo pelirrojo se veía normal, pero sólo Haldir sabía cómo se sentía realmente.
- “No”, dijo Haldir, “dice que necesita tiempo, pero sufro por él cada vez que lo veo vestirse de negro y pedirme que no apague la luz. Y Draco lo pone muy nervioso”
Sirius puso la mano en el hombro del orgulloso elfo. Ellos habían llegado a formar una amistad, basada quizás en las confidencias mutuas y en el respeto que sentían el uno por el otro al estar en batalla.
- “¿Has pensado en buscar ayuda para él?”, preguntó finalmente.
El elfo lo miró y Sirius pudo detectar la rabia en sus ojos.
- “¿Ayuda? ¿Quieres decirme quién?”, dijo amargamente, “no confío más en Dumbledore, sólo accedí a quedarme porque Finwe me lo pidió”, suspiró imperceptiblemente, “sólo Galadriel podría ayudarlo...”
- “Quizás Remus”, aventuró Sirius.
- “Remus tiene sus propios problemas, amigo mío, y el principal eres tú, me temo. Pero agradezco tu interés, hablaré con él”, puntualizó el elfo, despidiéndose.
Sirius se quedó unos momentos más contemplando las estrellas. Su refugio temporal no era lo más cómodo, tan sólo un viejo colchón y unas mantas en el suelo, junto con algunos utensilios de cocina en los que preparaba lo que lograba cazar en el bosque. Pero así se sentía más cerca de Remus, aunque le dolía saber que él dormía ahora con Kingsley.
- “Moony, esperaré lo que sea necesario”, dijo antes de entrar a la cueva, donde muchos años atrás, el lobo herido había buscado refugio al ser atacado por sus eternos enemigos, los Slytherin.
Habían pasado muchas cosas luego de eso, y Sirius pensó amargamente cómo había sido posible que ellos, ocupados en bromas y juegos infantiles, no notasen los cambios que se habían operado en los otros chicos. Cambios que los habían llevado inminentemente a ser mortífagos.
¿Qué sentido tenía esa guerra? Ni siquiera era reconocida oficialmente por el Ministerio de Magia, todavía Malfoy tenía influencia allí y se seguía sosteniendo la versión de que los ataques habían sido causados por el propio Sirius. Y lo peor de todo era que el maldito bastardo de Shacklebolt había “conseguido” que el Ministerio reabra el “Caso Black” con los testimonios de Harry, Ron, Hermione y el mismo Remus, sobre lo ocurrido en la Casa de los Gritos hacía dos años. Y claro, el Auror estrella del Ministerio de Magia era el “héroe” para muchos, aunque Harry se había mostrado sorprendido y Finwe un poco indignado, responsabilizando a Haldir por cierto consejo que Sirius no llegó a oír bien.
De cualquier modo, en caso de reinvindicarse su nombre, Sirius pediría su reingreso en la Escuela de Aurores a la que pertenecía en su juventud y daría a Shacklebolt una lección.
Envolvió con cuidado el paquete de chocolates en forma de corazón y lo ató a la pata de Hedwig.
- “Llévaselo a Remus”, pidió.
*
Remus terminó de revisar los ensayos sobre shoggots que había pedido a sus alumnos de quinto año. Aunque era poco probable que Voldemort invocara aquellos seres, extinguidos según muchos magos entendidos, era mejor estar seguros, y por eso había incluido un capítulo dedicado a ellos.
Sonrió al calificar con “Sobresaliente” un ensayo de Hermione. La chica era brillante, sin duda alguna. Le recordó a Sirius y un poco quizás a James.
Sirius.
Su amigo se encontraba en el bosque, en la cueva que ellos usaban como refugio, esperándolo. Esperándolo en medio del frío y la incomodidad, solo. Y aún así se las arreglaba para enviarle notas y chocolates, como ahora que Hedwig golpeaba la ventana con el ala pidiendo entrar.
- “Estaré aquí todos los días y te esperaré”, le había dicho Sirius casi dos meses atrás, cuando abandonó por fin la Mansión Black, “estaré todas las noches esperando por ti y vigilando”
Remus había acudido allí en varias ocasiones, pero siempre acompañado de Finwe o Haldir. No deseaba estar a solas con Sirius, temía que sus sentimientos lo traicionasen.
Además, estaba Kingsley.
La relación que llevaba con el mago moreno era dulce y apasionada a la vez y le daba la seguridad y la calma que tanto necesitaba. Quería a Kingsley, lo quería muchísimo, pero no lo amaba como a Sirius. Y Kingsley lo amaba a él, todos los días daba muestras de ello.
El mago moreno había incluso logrado que el caso de Sirius fuera estudiado en el Ministerio, y en unos días se escucharía el testimonio de Remus, Harry y sus amigos, explicando por fin lo ocurrido hacía dos años en la Casa de los Gritos.
Un chasquido en la chimenea le anunció la llegada de su amante. Remus cerró los ojos y quiso soñar por un momento que era Sirius el que llegaba, y lo abrazaba por detrás del sillón.
- “Hola, amor”, sonrió Kingsley besándolo en el cabello.
- “Hola”, sonrió él a su vez. No podía lastimar a Kingsley. “¿Cómo estuvo tu día?”
- “Sin novedad. Voldemort sigue sin aparecer y tampoco se tiene noticias de los mortífagos que fugaron. ¿Ya terminaste?”
- “Sí”, dijo Remus suspirando, “vamos a descansar”
Avanzaron por los desiertos pasillos de Hogwarts tomados de la mano hasta llegar a la habitación de Remus.
- “Estás cansado”, dijo Kingsley masajeándole los tensos hombros mientras se sentaban frente al fuego.
- “No es nada”, respondió Remus, reclinándose contra su hombro, buscando su calor.
Últimamente trabajaba demasiado, incluso Dumbledore se lo había dicho. Pero era la única forma de mantenerse ocupado y no pensar en Sirius, reprimiendo las ganas de correr a buscarlo. No sabía que esperar de su ex amante, no quería volver a sus brazos y enfrentarse luego con una nueva traición que terminaría desgarrándolo por completo. No quería.
Había logrado ya organizar el Club de Duelo, como años atrás había hecho Marius White. El recuerdo de su profesor siempre fue una mezcla de sentimientos para él, porque Marius había sido un misterio y aún lo continuaba siendo. Y eso inevitablemente le recordaba a Genévieve, su platónico amor, su guía por tantos años. Se abrazó más a Kingsley, no quería que los recuerdos lo asaltaran nuevamente.
- “¿Cómo anda tu Club de Duelo?”, preguntó Kingsley apartando el blanco mechón que caía en su frente.
- “¡Bien!”, exclamó Remus, eso siempre conseguía animarlo, “Haldir y Finwe son muy buenos entrenando a los chicos con la espada, y hemos seleccionado ya a los participantes del campeonato de enero. ¿A que no adivinas quienes son?”, sonrió.
- “Déjame adivinar: Quinto Año Gryffindor: Harry, ¿Seamus? ¿Dean? No creo que sea Ron...”
- “Seamus. Harry va de suplente, su talla no lo ayuda”, respondió Remus sonriendo al pensar en que Sirius quiso sobornarlo con chocolate para poner de titular a su ahijado.
- “¿Y por Slytherin?”, preguntó Kingsley.
- “En quinto año, Draco de titular, ha heredado la habilidad de Lucius, pero insiste en manejar la espada de su padre, llena de piedras preciosas”, suspiró Remus. Particularmente pensaba que Draco era el mejor.
- “¿Suplentes?”
- “Millicent Bullstrode”, respondió, mientras escapaba del abrazo de Kingsley y se quitaba la túnica, despeinándose el cabello en el intento.
Y allí se quedó la conversación, porque Kingsley lo tomó entre sus brazos llevándolo con cuidado al sofá donde empezó a desvestirlo expertamente.
Remus suspiró mientras la boca de su amante exploraba sus pezones en forma alternativa y enredó las piernas en la cintura de Kingsley, moviendo las caderas en forma circular.
El mago moreno se desvistió rápidamente, revelando su cuerpo firme y musculoso, y se tendió sobre el pálido hombre que yacía ansioso en el sofá. Después de besarlo apasionadamente, mientras sus manos exploraban su entepierna en íntima caricia, Kingsley se perdió en esas órbitas doradas y murmuró su deseo.
- “Mi amor, quiero que esta vez me tomes tú”
Remus se tensó inmediatamente. Eso no se lo había esperado y de hecho, nada estaba más lejos de su mente.
- “¿Pasa algo?”, Kingsley lo miraba confundido.
- “N-no pasa nada”, respondió Remus tratando de sonreír.
- “¿Oíste lo que te pedí?”
- “Sí”, Remus miró hacia otro lado. “Lo siento, Kingsley. Es que nunca lo he hecho—“
- “¿Nunca?”, Kingsley se apoyó en un codo, mirándolo, “¿quieres decir que tú y --- y él nunca lo hicieron así?”
- “No”, susurró Remus.
- “Razón de más para que lo hagas conmigo”, dijo Kingsley juguetonamente mordiendo el lóbulo de su oreja. “Vamos, lobito, quiero ser tuyo esta vez”
Remus volvió a tensarse. No podía hacer eso, no ahora, no con él.
- “Lo siento”, dijo apartándolo, “lo siento, no puedo”
Kingsley lo miró entre sorprendido y molesto.
- “¿Por qué no?”
- “¡No lo sé!”, quiso gritar Remus, “pero no puedo, amor. Discúlpame, ¿quieres?”, pidió tratando de besarlo, “yo seré tuyo, como siempre lo he sido...”
Pero Kingsley se levantó rápidamente y lo hizo a un lado.
- “No sé cuál es tu juego esta vez, pero no lo jugaré contigo”, dijo, despreciado y herido, mientras buscaba su ropa.
- “¡Kingsley! No es lo que tú piensas---“, trató de explicar Remus.
- “Ni siquiera sabes lo que pienso”, espetó el mago moreno dirigiéndose a la chimenea.
- “Kingsley---“, lo llamó Remus, pero él ya se había ido, dejando sólo una nube de polvos flu en la chimenea.
El mago pálido se dejó caer en el sofá. Había lastimado a su querido Kingsley, pero ¿cómo decirle que él no podía poseer a nadie? ¿cómo explicarle que el día que lo hiciera ataría a esa persona a su vida para siempre? Y sobre todo, ¿cómo explicarse a sí mismo que en el fondo guardaba la esperanza de que esa persona sea Sirius?
*
- “¡Amyas es injusto conmigo!”, exclamó el guapo joven rubio girando en la cama mientras Lucius lo cubría con su cuerpo.
- “¿Injusto, mon cher?”, murmuró Lucius apoderándose de sus labios. “Si quieres, yo te ayudaré a destruirlo...”, aventuró, introduciendo su dedo en la abertura del joven, que gimió audiblemente.
- “¡Ahhh, señor Malfoy!, haré lo que sea para hundirlo”, dijo entre gemidos mientras Lucius lo penetraba.
Horas más tarde, con el joven dormido sobre su pecho, Lucius continuaba pensando. Nunca creyó que fuera tan fácil librarse de Amyas Crale, el juez que veía su caso; pero decididamente el destino estaba de su parte. Sonrió ampliamente al recordar los videos muggles que le había mostrado el joven...¿cómo era que se llamaba? No lo recordaba, pero eso no tenía ya la menor importancia.
Maquinalmente acarició la espalda desnuda del chico, tan complaciente que había llegado a asquearlo incluso a él. Tuvo que admitir a pesar suyo que extrañaba el delgado y fuerte cuerpo de Severus entre sus brazos y su olor a pino. Bufó con amargura, su ex amante lo había echado de su despacho la última vez que estuvieron juntos.
- “Despierta, Daniel”, dijo zarandeando al joven dormido.
- “Soy Darrel, señor Malfoy”, aclaró el soñoliento muchacho enrollándose juguetonamente en su cuerpo.
- “No hay tiempo para eso. Debo irme ahora, tengo una visita que hacer”, sonrió felinamente Lucius.
- “Húndalo, señor”, dijo Darrel con odio en su mirada.
Lucius comenzó a vestirse sin responder y pronto estuvo listo.
- “¿Volveremos a vernos?”, aventuró esperanzado el joven.
- “Eso, mon cher, temo que no será posible”, respondió el mago rubio, besando ligeramente la boca entreabierta de Darrel antes de desaparecer para siempre de su vida.
*
- “¿Profesor?”
Finwe levantó los ojos del pergamino en el que dibujaba, tratando de ocultar el temblor de sus manos.
- “Pasa, Draco”
El joven entró mirando a ambos lados con aprehensión. Se notaba aún más nervioso que el elfo.
- “¿En qué puedo ayudarte?”, preguntó amablemente Finwe, cerrando su cuaderno de dibujo y tratando de sonreír.
- “Quiero que me de lecciones extra de duelo”, pidió Draco. No había sido el pedido de un chico caprichoso, por el contrario, había ansiedad en sus ojos al esperar la respuesta.
Finwe intentó relajarse. Draco no tenía que ser necesariamente como su padre, además era muy joven y aunque arrogante, era bueno en Duelo. Y mantenerse ocupado lo ayudaba a no pensar.
- “De acuerdo, pero tendrá que ser por las tardes, ya que tengo ocupadas las noches”
El chico lo miró como si supiera en qué actividades se entretenía el elfo por las noches, pero la realidad distaba mucho de su imaginación. De hecho, Finwe solía practicar con Remus y Haldir, con arco y espadas o visitar a Sirius en el bosque.
Acordaron el horario, pero Draco no se retiró aún, miraba el cuaderno cerrado en el escritorio.
- “¿Puedo verlo?”, aventuró.
Finwe le tendió el cuaderno.
El joven Malfoy pasó las páginas donde se veía a Haldir, luego a ambos elfos abrazados o besándose, y se detuvo en el último dibujo sin terminar. Mostraba un elfo desnudo y atado, siendo atacando por un enorme demonio de alas negras. El elfo aún no tenía rostro, pero Draco adivinó que era Finwe.
Devolvió el cuaderno sin decir nada al respecto.
- “¿Ustedes se aman?”, preguntó de pronto.
- “Así es”, respondió Finwe, desafiante. Esos días había tenido que dar muchas explicaciones a los otros profesores acerca de su relación con Haldir y no tenía deseos de más.
- “Yo—es que no sé como es eso...”, dijo Draco bastante incómodo, pero se las arregló para mirar al sorprendido elfo al rostro. “¿usted es feliz así?”
Finwe sonrió, la pregunta era dirigida con genuina curiosidad, no con malicia. Es más, habría jurado que Draco buscaba escuchar de sus labios una respuesta afirmativa.
- “Lo soy, tuve la dicha de amar y ser correspondido”, respondió con calma, “Draco, ¿tú amas a alguien?”
El chico retrocedió nervioso, con el rostro de un rojo intenso.
- “No”; respondió con algo de brusquedad, “no sé por qué me dice eso. Debo irme”
El elfo se quedó pensativo, mirando la puerta que Draco acababa de cerrar.
*
A Lucius le tomó tan sólo una hora convencer a Amyas Crale de la inconveniencia de que un juez del mundo mágico se viera envuelto en un escándalo al divulgarse cierto video muggle que lo mostraba en una orgía sadomasoquista con menores. Salió de la lujosa casa de Crale sonriendo aún, pero al llegar a su mansión, la marca tenebrosa ardió con fuerza en su brazo.
Sabía que la paz no podía durar, pero aún así no pudo evitar estremecerse al pensar en volver a ver a Voldemort. Se apresuró a acudir.
En Hogwarts era la hora de la cena y el ambiente que reinaba era festivo, pues al día siguiente sería el primer encuentro de Duelo entre Gryffindor y Slytherin y había mucha expectativa. Finwe charlaba alegremente con Hagrid acerca de las hadas del Bosque Prohibido, mientras que Remus discutía con Binns algunos aspectos de la revolución de los druidas, durante la fundación del colegio.
Haldir sonreía al ver feliz a su pequeño elfo, pero sabía que esa noche también sería suavemente rechazado y Finwe dejaría encendida la luz. Se preguntó hasta cuándo podría soportar esa situación sin que los destruyera a ambos.
Un grito fue su respuesta.
Luego, otro casi igual de intenso siguió al primero.
En un instante, el comedor se volvió un caos mientras Remus corría donde Harry que gritaba tratando de liberarse de Ron y Hermione que lo sostenían. Haldir corrió también hacia Finwe y lo abrazó con fuerza hasta que la crisis hubo pasado.
Dumbledore mandó desalojar el Gran Salón y sólo quedaron Harry, Remus, los elfos y Severus Snape, éste último zarandeó a Harry increpándole seriamente:
- “¡Potter! Debes decir lo que viste enseguida”
- “¡Basta, Severus! Harry está muy alterado aún y no ayuda que le hables de ese modo”, respondió Remus interponiéndose entre ellos.
Finwe se rehízo primero.
- “Voldemort ha matado a alguien”, dijo aún temblando.
Severus sintió que el corazón se le encogía. ¿Y si fuera Lucius? Pero no se atevió a preguntar más.
- “Severus, Remus, lleven a Harry a la enfermería y dénle una poción para dormir sin sueños. Mañana deben continuar las clases de Oclumancia”, dijo gravemente el director. “Creo que esta es la señal de que él ha vuelto. Avisaré a Kingsley”
Kingsley se había vuelto jefe del departamento de aurores y brazo derecho de Dumbledore en la Orden. Puesto que, según Remus, debía pertenecer por derecho a Sirius.
Luego de la reunión, Severus volvió a su habitación, pensativo. Por lo que dijo Finwe y el mismo Harry, el asesinado no era Lucius, pero sí un mortífago, porque ambos describieron la marca tenebrosa en el brazo del cuerpo destrozado.
El cansado profesor abrió la puerta de su dormitorio y se tensó inmediatamente al ver un bulto negro sobre su cama. Avanzó cautelosamente con la varita en alto.
Lucius.
Lucius profundamente dormido en su cama, vestido aún.
- “¿Lucius?”, susurró Severus comprobando que no estuviera herido y abrazándolo con calor. Le alegraba verlo sano y salvo y no pudo evitar besarlo suavemente.
- “¿Sev? Llegas tarde”, murmuró Lucius desperezándose.
Se miraron gravemente por unos instantes.
- “Él volvió, ya tiene lo que quería”, explicó Lucius. “Mató a Rodolphus”, dijo muy bajo.
- “Lo sé”, dijo Severus para quien los hechos comenzaban a tener sentido.
- “Tuve que ser yo quien lo enterrara, Sev”, continuó Lucius, “lo destrozó, le abrió los intestinos mientras estaba vivo aún... mientras seguía gritando”, el mago rubio se detuvo, pero se obligó a continuar. “¡No era un mugroso muggle, ni un sangre sucia, Sev!, ¡Era Rodolphus! ¡Rodolphus!”, la voz se le quebró.
Severus le acarició la mejilla. Rodolphus y Lucius habían sido amigos desde su infancia en Hogwarts y fueron los primeros mortífagos. El muerto era una persona tan cercana a Voldemort como el mismo Lucius o Bellatrix.
- “¿Por qué lo hizo?”
- “No lo sé a ciencia cierta. Habló con Bella, luego me mandó llamar y habló de la traición y me preguntó, Sev. Me preguntó si yo sabía quién era el traidor”, respondió Lucius, “dije que no, mirando sus ojos rojos y entonces él llamó a Rodolphus. ¡Tuve que usar una bolsa para sus intestinos, no me dejó ni siquiera coserlos! Lo enterré en el viejo cementerio de Hogsmeade, como a un vulgar vagabundo”
Severus temía hacer la siguiente pregunta.
- “Lucius, por qué no –“
- “Calla”, dijo Lucius tapándole la boca, “Severus, prométeme que cuidarás de Draco si algo me pasa”
- “¿Y Narcissa?”
- “Aún en Egipto, no creo que regrese, le hice un anticipo de herencia: la mitad de mi fortuna. Debe estarla gastando ahora en algún amante”.
- “¡Lucius!”
- “¿Cuidarás de Draco?”, fue una súplica, un ruego, y sólo Severus sabía lo que esto significaba para un Malfoy.
- “Lo haré. Juro que lo haré”, respondió solemnemente.
- “Gracias”
Severus lo abrazó sin palabras y suavemente lo desnudó hasta dejarlo en ropa interior. Luego, hizo lo propio y se acostaron juntos, abrazados. Esa noche no hubo sexo, pero Severus sintió que estaban más unidos que nunca, y se durmió acariciando a Lucius, seguro de que al día siguiente, pasada la crisis, su amante sería el mismo frío y eficiente asesino.
Cuando despertó por la mañana, Lucius ya se había ido.
Capítulo 26 : Bring me to life
“How can you see into / ¿cómo
puedes ver en
my eyes like open doors / mis ojos como puertas abiertas?
leading you down into my core / atrayéndote hacia abajo dentro de mi
alma
where I’ve become so numb / dónde he estado tan adormecido
without a soul, / sin un alma
my spirit sleeping somewhere cold / mi espíritu durmiendo en algún
lugar frío
until you find it there / hasta que lo encontraste
and lead it back home / y lo llevaste de vuelta a casa.”
Bring me to life - Evanescence
- “¿Sirius?”, llamó Remus suavemente entrando en
la cueva y sacudiendo la nieve de su capa. De pronto, se detuvo enternecido,
su amigo estaba profundamente dormido, arropado con varias frazadas.
Casi con remordimientos por tener que despertarlo, lo sacudió ligeramente y entre sueños, Sirius dijo su nombre. Luego sus ojos azules enfocaron a su visitante y sonrió.
- “Pensé que nunca vendrías”, dijo tratando de atraerlo junto a él, pero Remus no se movió, lucía serio.
- “¡Sirius, eres un inconsciente! ¿Y si no hubiera sido yo el que entrase? ¿Y si hubiera sido un mortífago?”
- “Calma, Moony. Protegí esto con hechizos, sólo tú, Harry y los elfos pueden entrar sin desencadenar una tremenda explosión”, dijo Sirius sentándose en el improvisado lecho. “¿Qué ocurre? No viniste por mí, ¿verdad?”, continuó con un notorio desencanto en la voz.
- “Sirius, Voldemort ha vuelto”, dijo Remus sentándose con él, “anoche Harry y Finwe tuvieron una visión en donde lo vieron asesinar a Rodolphus Lestrange”
Continuó un ansioso interrogatorio sobre el estado de Harry y luego Remus le contó lo que dijo Severus en la reunión de la Orden. Sirius se quedó pensativo.
- “Tanta calma no podía durar. ¿Y dijo Snivellus por qué mataron a Lestrange?”
- “No lo sabe con certeza, sólo habló de sospechas de traición---“, aclaró Remus
- “Es extraño… Lestrange era muy cercano a Voldemort. Casi tanto como Malfoy y como ella”, dijo con un poco de amargura, como siempre que mencionaba o hacía alusión a su prima.
- “Lo es. Incluso Severus podría estar en peligro…”
- “Eso quizás hasta sea bueno”, dijo Sirius con un guiño.
- “¡Sirius Black! Aunque no nos guste, Severus es un miembro valioso de la Orden, además, está ayudando a Harry mucho con la Oclumancia”, refutó Remus.
- “Claro, traumatizándolo cada vez que escudriña el pasado de Harry en esas malditas clases. Harry mismo me lo ha dicho y no creo que eso lo ayude en absoluto”, protestó Sirius, “Moony, debes prepararlo bien para que sepa defenderse, hablo de hechizos, maldiciones, contramaldiciones, duelo, espadas y –“
- “Calla, calla”, dijo Remus tapándole la boca, “eso es lo que hago. Por cierto, hoy es la primera fecha del Campeonato de Duelo”, sonrió, los ojos le brillaban.
- “¿Te acuerdas tu primer duelo con Snivellus? No sabes cómo temí que te hiciera daño, pero tú lo venciste lobito”, dijo Sirius lleno de nostalgia, “Eres el mejor, siempre lo serás”
- “Sirius…”, la voz de Remus estaba llena de nostalgia también, “yo practicaba sin descanso para que te sintieras orgulloso”, confesó con una sonrisa.
- “¿En serio? Jamás me lo habías dicho…”
- “Tu ego era ya lo suficientemente grande, Sirius Black”, lo recriminó en broma Remus.
Se miraron a los ojos. Un movimiento de cualquiera de los dos hubiera bastado para que sus bocas se unieran, pero ninguno lo hizo. Sirius no quería forzar las cosas otra vez y Remus no deseaba traicionar a Kingsley.
- “Debo irme, en una hora será el encuentro”, dijo poniéndose de pie.
- “Dale mis saludos a Harry y no te sorprendas si ves a Snuffles entre el público”
- “¡Sirius!”, Remus lo amenazó con la varita.
- “Tranquilo, sólo bromeaba”
*
En la cafetería del Ministerio, Tonks y Kingsley desayunaban. El mago moreno estaba pensativo y distante.
- “Kingsley, dilo de una vez. Peleaste con él, ¿no es verdad?”, preguntó Tonks tomándole una mano con afecto.
- “Sí”, dijo Kingsley mirándola con tristeza, luego trató de explicar, “fue una tontería ahora que lo pienso, pero me hizo sentir muy mal”
- “Si te sentiste mal, no fue una tontería, Kingsley”, dijo suavemente Tonks.
Si alguien podía entender la situación era precisamente ella, y Kingsley se lo contó, algo avergonzado.
- “Creo que él aún piensa en tu tío”, dijo el mago, no le gustaba referirse a Sirius por su nombre, siempre hablaba como su fuera un extraño. “Esto terminará por desquiciarme, Tonks. Lo amo, pero no puedo ser correspondido del mismo modo. Y no me resigno. No me resigno”
Ella acarició su mejilla con simpatía.
- “Habla con él”
Se hizo un largo silencio.
- “Creo que tienes razón”, aceptó Kingsley finalmente, “desde nuestra pelea, hace dos días, sólo lo he visto ayer en la reunión de la Orden, y con todo el alboroto que hubo no le hablé mucho. Iré a verlo ahora mismo”, dijo decidido.
Momentos después, cuando Remus volvió a su habitación luego de su charla con Sirius, encontró una silueta familiar de pie frente a la chimenea.
- “Hola”, dijo Kingsley con expresión arrepentida.
- “¡Hola!”, exclamó Remus con una sonrisa culpable, avanzando hacia él, “lo siento…”
- “No, no te disculpes. Actué precipitadamente, Rem”, explicó Kingsley tomándole ambas manos, “yo debí entender que eso era nuevo para ti, que no estás preparado. Perdóname, por favor”
Remus lo miró a los ojos y pudo ver todo el amor que Kingsley sentía por él. Era la primera pelea seria que habían tenido y finalmente su amante había admitido su error y vuelto a él para pedir perdón. Tan distinto de Sirius, del Sirius orgulloso que él amó cuando eran jóvenes. Aunque ahora, Sirius también le había pedido perdón.
Pero pensar en Sirius lo lastimaba. En cambio Kingsley era su tranquilidad, su descanso. Le dio un beso en la boca.
- “Perdonado”, susurró sonriendo.
Se besaron cariñosamente por unos momentos, y Kingsley puso una flor en las manos de Remus.
- “Para ti”, sonrió abrazándolo, “te amo”
Remus se le abrazó cerrando los ojos. No podía decirle que lo amaba, pero no iba a lastimar a Kingsley, nunca lo haría. Le tomó la mano y lo miró con ternura.
- “¿Quieres acompañarme al Salón de Duelo? Hoy es la primera fecha del campeonato”
- “Será un placer”, respondió Kingsley con una amplia sonrisa.
*
“Now that I know what I’m
without / ahora que sé que estoy
you can't just leave me / sin tí, no puedes dejarme
breathe into me and make me real / respira en mi y hazme real
bring me to life / devuélveme a la vida”
Severus terminó de vestirse con el ceñido traje negro de duelista
bajo la capa. Sonrió al pensar en la sorpresa que causaría,
porque nadie lo había visto luchar en Hogwarts en al menos veinte años;
exceptuando, claro, la vez que el imbécil de Lockhart lo obligó
a enfrentarlo. Pero eso ni siquiera fue un duelo, apenas un maldito expelliarmus
y el farsante estuvo fuera de combate.
Aunque ahora sería diferente, lucharía con Lupin. “Duelo de exhibición”, había dicho Dumbledore cuando le pidió que aceptara. En su opinión, eso sería motivante para los estudiantes y les haría tomar las lecciones de Duelo con mayor seriedad. Y eso los prepararía para lo que vendría luego. Severus aceptó no muy convencido, pero igualmente estaba deseoso de sorprender a los Slytherin que no sospechaban siquiera las habilidades de su adusto Jefe de Casa.
Le había extrañado que Draco fuera bueno en Duelo y cuando lo vio en las prácticas tuvo que contener el aliento. Era el mismo estilo de Lucius, ágil y letal, y usaba la misma malla blanca que su padre había llevado puesta cuando ellos dos iniciaron su extraña relación y fueron sorprendidos por Lupin, hacía veintidós años.
Sin embargo, no se explicaba lo de Draco. Sabía bien que Lucius se negó siempre a entrenarlo, aunque no comprendía por qué. Pero aún así, Draco había destacado y era el favorito. “Habilidad innata”, dijo Lupin, e incluso Severus se sorprendió por la imparcialidad que había demostrado el licántropo, al felicitar calurosamente a Draco e incluirlo en el equipo.
Y Lucius… ¿iría a ver la pelea? ¿se sentiría ya mejor? Pero pensar en Lucius le traía nostalgia, y la nostalgia no era un buen sentimiento antes de un duelo.
El Salón estaba lleno para cuando Severus llegó. Se había levantado un estrado para los profesores e invitados y había también sillas para los estudiantes. Se acercó al sector de Slytherin, donde los estudiantes portaban pancartas de apoyo a Draco, y buscó al joven con la mirada.
Lo encontró con Finwe. Ambos parecían enfrascados en una interesante plática y el elfo tenía el rojo cabello suelto y cayéndole sobre sus hombros. Eso le recordó inevitablemente la vez que vio esa cascada carmesí en las sábanas de Lucius y su corazón dolió de nuevo.
En el estrado estaba también Shacklebolt, el “Auror maravilla”. Al menos coincidía con Black en que el sujeto era un cretino, pero parecía gustarle a Lupin. Aunque Lupin solía interesarse en cretinos y Black era una prueba palpable de ello.
- “Severus, acércate por favor”, oyó la voz de Dumbledore y se acercó displicentemente al estrado, donde se sentó junto a Haldir.
El Director subió a la plataforma de Duelo para dar por inagurado el evento.
- “Buenos días, queridos estudiantes, profesores y amigos”, empezó, e inmediatamente se hizo un completo silencio, “Quiero felicitar muy especialmente a los profesores Remus Lupin, Haldir de Lórien y Finwe del Bosque Mágico por el éxito del Club de Duelo, el que tiene como una de sus principales actividades organizar el Campeonato de Duelo que iniciamos el día de hoy. Antes de comenzar los encuentros, les tengo una sorpresa que estoy seguro les agradará: empezaremos el campeonato con un “Duelo de Exhibición” entre los profesores Lupin y Snape”
Severus bufó. Era previsible el murmullo de sorpresa que se elevó en el sector de los estudiantes.
Remus se acercó a Finwe y le entregó un diminuto envoltorio, luego de susurrarle algunas palabras al oído. Luego buscó a Kingsley entre el público y le dedicó una sonrisa antes de saltar a la plataforma.
Severus hizo lo propio y ambos profesores se despojaron de la túnica, mostrándose en un ajustado traje de duelista. Severus de negro y Remus de azul marino.
Varias exclamaciones ahogadas sorprendieron a los dos, en los rostros de los estudiantes se pintaba la sorpresa. Muchos habían visto a Remus con ese traje durante las lecciones, pero jamás a Severus. Es más, el profesor jamás había sido visto sin una de sus largas túnicas negras, que no dejaban adivinar la forma de su cuerpo, alto, delgado y musculoso. Severus se sorprendió al ver unos ojos clavados en su persona, que irremediablemente le recordaron la mirada de David Balfour cuando contemplaba pelear a Campbell.
- “El profesor Snape accedió a mostrarles su habilidad en este “Duelo de Exhibición”, dijo Remus con voz clara, obteniendo un inmediato silencio, “pocos lo saben, pero durante nuestros años de estudiantes ambos éramos campeones de Duelo”, continuó Remus sonriendo.
Dumbledore hizo aparecer una enorme piedra en la cual estaban clavadas cuatro espadas.
- “Estas son las espadas de las Cuatro Casas de Hogwarts. Los representantes de Slytherin y Gryffindor las podrán utilizar el día de hoy”
Ambos contrincantes se acercaron y extrajeron sus respectivas espadas. Luego se dirigieron al centro de la plataforma e hicieron una reverencia.
Severus fue el primero en atacar, lanzando un “Destrucio” que fue esquivado por Remus. El mago pálido invocó un “Protego” y luego otro “Destrucio”, pero Severus los bloqueó sin problemas.
La espada del Slytherin chocó violentamente con la de Remus, lanzando chispas y los contrincantes saltaron hacia atrás para lanzarse de nuevo con otros hechizos.
Remus se encontró invocando un “Delirius”. Antes, en un duelo, jamás se había atrevido a tanto, pero ahora sabía que Severus podía bloquear eso y probablemente mucho más. Su rival bloqueó el hechizo con tal fuerza que éste se fue a estrellar contra los cristales, haciéndolos añicos.
Severus se lanzó de nuevo con la espada, pero Remus era muy rápido y los entrenamientos con Haldir y Finwe habían hecho que se encontrara en una magnífica forma. Bloqueó y contraatacó hábilmente a su rival con la espada y casi lo acorraló al borde de la plataforma.
Entonces, Severus invocó un “Incendio” y Remus saltó hacia atrás esquivando las llamas y apagándolas luego con un chorro de agua.
El Slytherin aprovechó y lanzó un “Destrucio” que hizo a Remus caer al piso estrepitosamente al ser alcanzado en el hombro. Varias exclamaciones de espanto brotaron de las gargantas e incluso Kingsley y Finwe acudieron al pie de la plataforma, con los rostros preocupados.
Pero Remus giró rápidamente esquivando el siguiente “Delirius” lanzado por Severus y se puso de pie, arrojándole un “Destrucio” en la pierna y luego un “Hysteria” que el Slytherin logró bloquear.
Severus cojeaba, pero aún así volvió a arremeter con la espada, que Remus manejaba con dificultad al tener el hombro lastimado. Lucharon así por varios minutos sin dar señales de cansancio.
- “Illusion”, dijo finalmente Severus.
En el centro de la plataforma apareció la silueta de un perro negro que luego se transformó en Sirius Black, arrancando exclamaciones de terror de la mitad de los presentes. Harry se estremeció al ver a su padrino y quiso correr hacia él, pero Hermione lo retuvo.
- “Es un hechizo de ilusión, Harry. ¡Sirius no está allí realmente!”
Remus lo sabía también, pero cuando la cabeza del animago rodó al piso y cayó a sus pies, no pudo evitar un estremecimiento. Y ese pequeñísimo descuido bastó para que Severus lo enviara de nuevo al piso con un certero “Destrucio” en la frente.
La imagen de Sirius desapareció y Remus alcanzó apenas a lanzar un “Stigmata” que desmayó a su rival.
Kingsley y Haldir saltaron a la plataforma a atender a los contrincantes mientras Minerva Mc Gonagall convocaba un receso de media hora antes del torneo.
*
- “No lo entiendo, Rem. ¿Qué pasó con el poder del Anillo?”, preguntó un preocupado Kingsley a su aún atontado amante, recostado en una de las camas de la enfermería.
- “Se lo di a Finwe”, explicó Remus, “no hubiera sido justo pelear con el Anillo. Además, su magia habría sido sin duda detectada”
- “Pero te expusiste mucho y Severus jugó sucio…”
- “Los hechizos “Illusion” están permitidos en los duelos”, replicó Remus sonriendo. “Estoy bien, es hora de volver”
Más allá, en la enfermería, Severus abrió los ojos y se encontró con un serio Dumbledore mirándolo desaprobadoramente.
- “Severus, eso fue muy bajo”, fue todo lo que dijo y el profesor no replicó, no tenía caso. Lupin siempre había sido uno de los favoritos del viejo Dumbie.
El profesor de Pociones se levantó y caminó con dificultad, pues aún cojeaba. Pero se las arregló para llegar al estrado y sentarse. Un caluroso aplauso de los Slytherin fue su recompensa.
- “Ahora iniciaremos la competencia de las casas”, anunció Dumbledore, “Gryffindor competirá con Slytherin y Hufflepuff con Ravenclaw. Los ganadores de este encuentro se enfrentarán en la siguiente fecha, luego de Navidad”
Remus subió a la plataforma y un aplauso lo recibió allí.
- “Empezaremos con Quinto Año. El primer encuentro será entre Stanley Phelps, de Ravenclaw y Malcom Rodrich de Hufflepuff”
Mientras los contrincantes empezaban el duelo, la mirada de Severus vagó hacia donde estaba Draco, aún con Finwe. El chico se veía nervioso y el elfo aparentemente lo tranquilizaba. De pronto, la mirada de Draco se iluminó al ver a una persona avanzar hacia ellos.
Lucius.
Severus casi pega un brinco, no podía creer lo que veían sus ojos.
Lucius avanzaba como si nada, elegante como siempre, con su fina capa negra y un gorro de piel. Una brillante sonrisa iluminó su rostro al encontrarse con su hijo. Severus avanzó también hacia ellos.
- “Profesor, quisiera que conozca a mi padre”, pidió Draco al elfo que, de espaldas, no había visto aún al recién llegado.
Finwe sintió que un abismo se abría a sus pies. Cerró los ojos y cuando los abrió, encontró a su torturador de pie junto a él, sonriente como si nada hubiera pasado.
Y quiso vomitar.
- “Es un placer”, dijo Lucius.
Haldir se acercaba rápidamente, seguido de Remus y Kingsley. Severus ya había llegado junto a ellos.
- “Padre, el profesor Finwe es quien me entrena en Duelo”, explicó Draco sin entender la reacción del elfo.
Lucius entonces extendió la mano para saludar al joven elfo y de pronto fue arrojado hacia atrás por una fuerza invisible.
- “El Anillo”, murmuró Remus junto a Kingsley.
Severus se acercó a levantar a Lucius mientras Haldir empuñaba su espada y abrazaba a Finwe que se aferró a él con desesperación.
Si no hubiera sido por Dumbledore, el elfo rubio hubiese matado a Lucius allí mismo.
*
Con Finwe aún colgado de su brazo y temblando, Haldir se sentó en lo más alto del estrado, furioso e indignado de que Lucius Malfoy paseara como si nada en Hogwarts. Pero era como Remus decía: “Hecha la ley, hecha la trampa”. En unos días verían su caso, pero en realidad, ni siquiera lo juzgarían por el ultraje a Finwe, ataque del cual el Ministerio no tenía noticias.
El incidente había pasado desapercibido para muchos, concentrados en el Duelo que tenía lugar en la plataforma; pero algunos rostros preocupados miraron a Finwe que no podía disimular su nerviosismo.
Lucius no se había retirado, por el contrario, caminó majestuosamente hacia el estrado y tomó asiento junto a Severus, lo que no extrañó a nadie porque era sabido que el Jefe de Slytherin era un “sangre limpia” y por tanto, uno de los pocos profesores que Lucius no despreciaba.
La presencia de su padre y el incidente con el elfo habían puesto más nervioso a Draco, pero Remus había logrado tranquilizarlo con un caramelo de limón y hablándole de los Duelos que tuvo con Severus en su juventud. Finalmente, los nuevos contrincantes, Seamus y Draco, subieron al estrado.
Harry contemplaba como su amigo y su más odiado enemigo luchaban. Y también miró hacia el estrado, donde Remus estaba sentado junto a Kingsley. No podía aceptar que el amigo de su padre tuviera una relación con el auror, para él Remus tenía que estar con Sirius y punto. Su padrino le había explicado lo sucedido, echándose la culpa, pero aún así, Harry no veía con agrado al mago moreno.
Finwe tenía los ojos cerrados y se apoyaba en el hombro de Haldir. Aunque no estaba seguro a causa de la distancia, Harry podría haber dicho que el elfo pelirrojo tenía lágrimas en los ojos y su pareja apretaba los labios con ira contenida. ¿Eso tendría que ver con sus visiones? Entonces, ¿en verdad Malfoy había torturado a Finwe?
Sus ojos vagaron hacia Lucius, que no se perdía detalle del Duelo. El profesor de Pociones, a su lado, lucía más adusto que nunca. Harry se había llevado una enorme sorpresa al verlo luchar con Remus. Aunque había oído de su padrino que Severus era bueno en Duelo, una cosa era oír y otra muy diferente ver. Estaba impresionado, muy a pesar suyo.
- “¡Harry! ¡Seamus ha caído!”, exclamó Ron tirándole de la túnica. Sólo entonces Harry se dio cuenta de que se había perdido todo el duelo.
Draco se inclinaba con engreimiento en el estrado, sonriendo orgullosamente a su padre. Era la imagen misma de la victoria, mientras era aclamado por los Slytherin y por Severus que aplaudían de pie.
Pero Lucius no aplaudía.
Se levantó en silencio y salió del salón, sin mirar ni una sóla vez a su hijo.
*
El encuentro con Lucius había sumido a Finwe en una enorme depresión. El elfo había dejado incluso de asistir a clases y Minerva Mc Gonagall no tuvo corazón para exigirle que lo hiciera.
Luego de tres días de ausencia, por fin el elfo bajó con Haldir a desayunar y Remus los recibió con una sonrisa y un trozo de pastel de fresas, el favorito de Finwe, en las manos.
El elfo sonrió un poco más animado y se sentó junto a Remus que recibía el correo, intrigado. Una nota y un corazón de chocolate lo hicieron sonreír, pero luego, al tomar “El Profeta”, la sonrisa desapareció de sus labios para dar lugar a la indignación.
- “¡Esto no es posible!”, exclamó lanzando el diario sobre la mesa, donde Severus lo atrapó.
En la primera plana salía el rostro de Lucius, sonriente y satisfecho de sí mismo, bajo un titular que rezaba: “Cierran Caso Malfoy por falta de pruebas”
Finwe se levantó de la mesa y fue corriendo a su habitación, seguido por Haldir, mientras los profesores leían atónitos que el juez Amyas Crale había decidido cerrar la investigación a Malfoy, ratificando el testimonio de éste, que indicaba que Sirius Black lo atacó en su mansión. No se mencionaba para nada la existencia de objetos sospechosos ni la invocación de Magia Negra el día del ataque.
Severus no se sorprendió demasiado. Lucius sabía jugar bien sus cartas. No lo había visto desde el día del Duelo y aún tenía pendientes unas cuantas palabras con su esquivo amante. Porque Draco estaba muy herido por la actitud de su padre y eso, Severus no se lo perdonaba.
Se levantó de la mesa, para ir a su aula, en las mazmorras. Ese día no se sentía en absoluto de humor para enseñar y para colmo, le tocaba el grupo de Potter y Longbottom.
*
”Frozen inside without your touch
/ petrificado por dentro sin tus caricias
without your love, darling / sin tu amor, amado
only you are the life among the dead / sólo tú eres la vida
entre los muertos
all this time I can't believe / todo este tiempo no puedo creer
I couldn't see kept in the dark / lo que no podría ver oculto en la
oscuridad
but you were there in front of me / pero tu estabas aquí frente a mí
I’ve been sleeping a thousand years it seems / He estado durmiendo miles
de años
got to open my eyes to everything / parece que abro mis ojos a todo
without a thought / sin un pensamiento
without a voice / sin una voz
without a soul / sin un alma
don't let me die here / no me dejes morir aquí
there must be something more / debe haber algo más
bring me to life / devuélveme a la vida”
Las lágrimas de Finwe se calmaron un poco y Haldir respiró aliviado. Había estado a punto de enviar al demonio a todos y volver con su amado a la Tierra Media, incapaz de entender las absurdas leyes que dejaban en libertad a un violador y a un asesino.
- “Melda”, susurró Finwe en tono muy bajo.
- “Estoy aquí, contigo”, dijo Haldir oprimiéndolo fuerte contra su pecho.
- “No puedo continuar así”, dijo el joven elfo en tono que casi le parte el alma.
- “Entonces volveremos---“
- “¡No! No me refiero a eso”, Finwe se desprendió del abrazo y lo miró a los ojos. “Haldir, tengo que enfrentarme a él”
- “No tienes que hacerlo, pequeño elfo”, dijo Haldir con dulzura.
- “¡Si tengo! ¿Es que no entiences? No puedo esconderme de él para siempre, no mientras las leyes de este mundo lo protejan. ¡Por favor ayúdame!”, suplicó con lágrimas de nuevo deslizándose por sus mejillas.
- “Pídeme lo que sea”, dijo Haldir tomando el bello rostro entre sus manos.
- “Déjame amarte, mi dueño. Déjame liberar este dolor dentro de ti”
“(Wake me up) / (Despiértame)
Wake me up inside / Despiértame dentro
(I can’t wake up) / (No puedo despertar)
Wake me up inside / Despiértame dentro “
Haldir lo besó dulcemente. Nada de lo que le pedía su pequeño
elfo era demasiado para él, aunque jamás se había entregado
así, ni siquiera al impetuoso Elrohir.
Finwe se apoderó de sus labios y lo besó con pasión, liberando su reprimido y temeroso deseo. Sus dedos se enredaron en el rubio cabello de su amado Haldir y lo atrajo más, explorando su boca como no había hecho en más de dos meses.
Lo había extrañado y el gemido que arrancó de los labios de su amado le demostraron que él también lo extrañó. Se dejaron caer en la cama, besándose con pasión, hasta que las manos de Haldir aprisionaron sus muñecas y el elfo mayor se echó sobre él, explorando su cuello.
- “No”, dijo Finwe empujándolo suavemente.
Haldir se detuvo confundido, dolido por el rechazo.
Pero entonces Finwe se puso de pie y se quitó por fin esas horribles ropas negras, quedando desnudo frente a su amante. Pronto la cascada roja que era su cabello cayó libre sobre sus hombros y el elfo se arrojó sobre Haldir, desabrochando su túnica con dedos expertos.
Haldir se dejó hacer, no sabía lo que su pequeño elfo tenía en mente, pero lo complacería en lo que sea. Su ropa fue arrancada a tirones y una joven boca se apoderó de sus pezones mientras un largo dedo buscaba su abertura.
El elfo rubio suspiró, esa caricia no era nueva para él, Finwe lo había hecho otras veces, pero nunca había pasado de allí. Por eso se sorprendió cuando su joven amante lo colocó de bruces e introdujo otro dedo, preparándolo suavemente.
- “Te amo, pequeño elfo”, suspiró Haldir cuando tres dedos se agitaron en su interior buscando su próstata.
Finwe le lamió deliciosamente la espalda y siguió torturándolo con los dedos, llevándolo casi a la cima. Se detuvo unos instantes y susurró:
- “Perdóname Haldir”
“(Save me) / (sálvame)
call my name and save me from the dark / llámame y sálvame de
la oscuridad
(Wake me up) / (despiértame)
bid my blood to run / pídele a mi sangre que circule
(I can’t wake up) / (no puedo despertar)
before I come undone / antes de que me deshaga
(Save me) / (sálvame)
save me from the nothing I’ve become / sálvame de la nada que
he llegado a ser”
El elfo rubio habría jurado que lo que cayó sobre su espalda
fueron lágrimas cuando sintió que Finwe retiraba los dedos y
los reemplazaba por su joven erección, que acomodó entre las
nalgas de Haldir para luego enterrarse firme e inexorablemente en el cuerpo
de su amado.
Haldir hundió el rostro en la almohada y trató desesperadamente de relajarse. El dolor era insoportable, quiso gritar de dolor y se sintió miserable al pensar en las veces que él había hecho lo mismo en el complaciente cuerpo de su amado.
Unos ligeros besos en su cuello lo hicieron reaccionar un poco.
- “Te amo, mi dueño”, dijo Finwe y más lágrimas mojaron su espalda.
“(Bring me to life) / (devuélveme
a la vida)
I’ve been living a lie, / he estado viviendo una mentira
there’s nothing inside /, no hay nada dentro
(Bring me to life) / (devuélveme a la vida)”
Haldir también lloró, era la primera vez que su pequeño elfo le decía eso luego del ataque. Si ese dolor era el precio, gustoso lo aceptaba.
Finwe empezó a moverse lentamente, tratando de que su amado se acostumbrara a la invasión, y luego de ser recompensado con un gemido, comenzó a moverse frenéticamente, arremetiendo contra Haldir sin pensar más, concentrado en quitar el dolor que lo consumía por dentro.
Haldir apretó los dientes y cerró los ojos, diciéndose a sí mismo que ese dolor era nada comparado con lo que su pequeño elfo había sentido.
- “Te amo, te amo”, decía Finwe entre sollozos ahogados y seguía empalándolo con firmeza, moviéndose en círculos hasta que halló el punto de placer de su ahora sumiso amante, haciéndolo gemir con fuerza.
- “Te amo”, jadeó Haldir al transformarse su dolor en un placer sín límites.
Al sentir el placer de su amante, Finwe ya no pudo reprimir sus gemidos ahogados y éstos se transformaron en gritos de placer, imitados pronto por Haldir.
El orgasmo llegó primero al elfo rubio, que se liberó con un fuerte y ronco grito y empapó las manos de Finwe que sujetaban su miembro firmemente. El elfo pelirrojo se enterró de nuevo en su amante y dejó que su semilla lo invada por completo, mientras gritaba su placer con la intensidad de un animal salvaje.
Quedos sollozos indicaron a Haldir que la explosión había terminado y se recostó de costado, mientras su amante se deslizaba fuera de su cuerpo. Lo atrajo firmemente contra su pecho y levantó su barbilla para limpiar sus lágrimas y besar su rostro.
- “Melda, perdóname”, pidió Finwe volviendo a acurrucarse en los brazos fuertes de Haldir, “perdóname, te hice daño…”
- “Te amo, pequeño elfo”, dijo Haldir perdiéndose en los verdes y llorosos ojos, “nunca olvides que te amo”
Esa noche, sorprendieron a todos apareciendo juntos a la hora de la cena, como si nada hubiera pasado. Minerva los miró con indulgencia y nadie dijo palabra sobre el hechizo silenciador que Remus les puso en su habitación, cuando Neville llegó corriendo con los ojos desorbitados y dijo que estaban asesinando a alguien.
Capítulo 27: I’ll take the rain
“The rain came down /la lluvia
cayó
The rain came down / la lluvia cayó
The rain came down on me. / la lluvia cayó sobre mi
The wind blew strong / el viento sopló
fuerte
The summer song / la canción de verano
Fades to memory / se desvanece en la memoria”
I’ll take the rain – R.E.M.
Amanecía en un lluvioso treinta de noviembre y Remus despertó
abrazado de Kingsley. La noche anterior habían estado repasando el
testimonio que darían Harry, Ron y Hermione y Remus había podido
constatar una vez más que el hijo de James no simpatizaba con su amante,
y al parecer era recíproco.
Harry no había dejado de alabar a su padrino, puntualizando su valentía, su sacrificio al aguardar un año oculto en el bosque y su heroísmo al perder su libertad nuevamente por defenderlos del furioso licántropo. Remus, muy en el fondo, tenía la sospecha de que ese testimonio había sido preparado por el propio Sirius.
Cuando los chicos se fueron, Kingsley lo había abrazado con ternura para preguntarle muy seriamente:
- “¿Estás seguro de que quieres hablar? Confesar otra vez tu descuido al no tomar la poción Wolfbane podría causar que te quiten nuevamente la licencia para enseñar aquí”
- “Lo sé”, repuso Remus, “pero se lo debo a Sirius. No temo decir la verdad y afrontaré las consecuencias”
Kingsley lo había abrazado y le había hecho el amor dulcemente, repitiéndole una y otra vez lo mucho que lo amaba.
Remus sonrió al recordarlo y se movió ligeramente. Aún era temprano y quiso quedarse más tiempo en la cama. El anillo brilló ligeramente en su pecho y le recordó que esa noche era luna llena. Sintió remordimientos al no haberle contado a Kingsley sobre sus transformaciones, ahora suspendidas, pero algo le decía que no lo hiciera y Remus simplemente siguió esa corazonada.
- “Hola, Rem”, dijo Kingsley despertando sonriente y besándolo con afecto. “¿Nervioso?”
- “Casi nada”, respondió él, girando seductoramente en la cama para quedar de frente a su amante, los efectos de la luna llena comenzaban a sentirse en su cuerpo, “¿me acompañas a ducharme?”
Kingsley aceptó encantado la invitación y prácticamente alzó a Remus en sus brazos y lo llevó al cómodo cuarto de baño, donde lo tomó nuevamente, apoyándolo en los azulejos de la enorme tina, y usando como lubricante un poco de aceite de almendras, que le permitió deslizarse exquisitamente dentro del ansioso cuerpo de su amante, que gritó con fuerza y no tardó en recompensarlo con su tibio líquido mezclándose con el agua de la tina.
El mago moreno besó a Remus apasionadamente, gozando al ver su rostro transfigurado de placer y sabiéndose el causante.
- “Te amo”, dijo saliendo un poco del cuerpo de su amante y dispuesto a enterrarse de nuevo en él e inundarlo.
- “¡Remus!”, gritó alguien aporreando la puerta del baño y Kingsley tuvo que morderse la lengua para no maldecir al intruso.
- “¡Voy, Harry!”, exclamó Remus aseándose rápidamente, “Lo siento”, dijo besando a Kingsley y salió envuelto en una toalla.
- “Vine a buscarte para desayunar”, explicó Harry con una brillante e inocente sonrisa y Remus no tuvo corazón para reñirlo.
- “¿Cómo entraste?”, fue todo lo que pudo preguntar.
- “La navaja de Sirius”
- “Ahh…. Sirius”
Sirius.
Debió suponer que Sirius estaría detrás de eso.
- “Buenos días, Harry”, dijo Kingsley nada amistosamente, emergiendo del baño envuelto en una bata blanca de felpa.
- “Hola”, dijo Harry mirándolo desafiante y a Remus le recordó cuando Lily fulminaba a James con la mirada. Quiso reír, pero se contuvo.
- “¿Nadie te ha enseñado que no puedes entrar así a la habitación de tus mayores?”, preguntó el mago moreno visiblemente molesto.
- “Lo siento. Pero Sirius jamás se enoja cuando lo hago…”
Remus se mordió el labio inferior para no reír. Harry se parecía exactamente a James cuando negaba haber cometido una travesura. La perfecta imagen de la inocencia.
- “¡Yo no soy Sirius!”, exclamó Kingsley.
- “Cariño, será mejor vestirnos”, dijo suavemente Remus interponiéndose entre su amante y Harry.
- “Lo siento”, repitió el chico, “esperaré afuera Rem”, dijo antes de escabullirse.
¿Rem? Eso era un golpe bajo. Remus besó a su amante tratando de hacerle pasar el enojo, pero a Kingsley no le había causado ninguna gracia la interrupción.
- “Lo hizo adrede”
- “No lo creo, mi amor…”, quiso apaciguarlo Remus.
- “Lo hizo adrede, Remus. Y no lo defiendas”, replicó Kingsley. “Será mejor que me vaya”, continuó mientras empezaba a vestirse. “Te veré luego en el Ministerio, para almorzar”
El mago moreno besó amorosamente a su pareja antes de desaparecer por la chimenea.
Remus empezó a vestirse, escogiendo la ropa que había comprado con Tonks, porque quería causar una buena impresión al juez y al jurado. Todavía sonreía con la hazaña de Harry, aunque estaba decidido a arreglar cuentas con Sirius.
*
- “Draco, creo que ya es suficiente”, dijo Finwe al visiblemente agotado muchacho, que insistía en seguir practicando.
- “Seré el campeón”, dijo tercamente Draco.
- “Sin duda lo serás”; sonrió el elfo, no tenía dudas de ello. “Pero aún tienes un mes para practicar, la siguiente pelea será el cinco de enero”
Draco enfundó la espada que Severus le había obsequiado, luego de que, al día siguiente del duelo, cuando su padre lo avergonzara públicamente, devolviera la espada familiar enviándola a su casa sin siquiera una nota. En esos días se había dedicado a practicar con tanto ahínco que sorprendió a todos y se sorprendió más a sí mismo al reconocer que efectivamente sentía aprecio por el elfo que lo entrenaba. Porque Finwe no era en absoluto como los elfos domésticos y le había dado un intenso entrenamiento, sin pausas, sin clemencia, sin descanso.
Aunque ahora el elfo se preocupó al ver el agotamiento de Draco y recordó que era humano a pesar de todo, y además, un muchacho de quince años.
El joven Slytherin se retiró escoltado por Crabbe y Goyle que no entendían su respeto por Finwe y lo miraban aún despectivamente. El elfo se quedó acomodando las espadas en las paredes y enderezando los tapices. El salón de Duelo era uno de los lugares que más amaba en Hogwarts, además del Bosque Prohibido.
Haldir se encontraba con Hagrid en ese momento, buscando plantas en el bosque y Finwe quería aprovechar esos momentos de soledad para hacer lo que había planeado.
- “Profesor”
El elfo se volvió sonriente y saludó a Lavender y Parvati.
- “Queríamos saber si Hermione volvió...”
- “Creo que no”, respondió Finwe, “seguro se quedarían a almorzar por allí con el profesor Lupin”
- “¡Quién como ella!”, dijo Parvati y Lavender le dio un codazo.
Finwe arqueó las cejas, confundido.
Las chicas se despidieron y ya en la puerta, Lavender volteò.
- “Por cierto, profesor, le queda mucho mejor ese color”, dijo roja como la grana y salió corriendo mientras el elfo reía y acomodaba su túnica verde esmeralda. Luego se dirigió a las mazmorras con paso resuelto.
*
- “Severus, necesito que me hagas un favor”
El profesor de pociones casi deja caer el frasco de ojos de murciélago que empleaba en una poción revitalizadora para Draco. Finwe había llegado a su lado tan silenciosamente que no lo había oído y ahora lo miraba con la ansiedad pintada en sus enormes ojos verdes.
- “Dime qué necesitas, pequeño elfo”.
Desde su encierro, cuando Severus le llevaba los mensajes de Haldir, se había acostumbrado a llamarlo así y luego ninguno de los dos elfos lo había corregido, de manera que siguió haciéndolo.
- “Quiero enfrentarme a Lucius en un duelo”
Ahora sí cayó el frasco.
- “Reparo”, dijo Severus mecánicamente y luego miró al elfo. “¡Olvídalo! Eso no es posible, no lo permitiré”, exclamó.
- “Debo hacerlo, Severus. Tengo que medirme con él en igualdad de condiciones”, dijo firmemente Finwe.
- “¡No y no! No es posible, no puedes hacerlo”
Finwe tomó su mano y lo miró a los ojos, los negros ojos de Severus tan fríos la mayoría de veces, pero cálidos y preocupados ahora.
- “¿Por quién temes más, amigo mío? ¿Por mi o por él?”
- “Por ambos”, confesó Severus y Finwe supo que no mentía.
- “Tengo que hacerlo, Severus. Lo sabes, ¿verdad?”
El profesor vio tal resolución en los ojos del elfo que comprendió que era inútil protestar. También sabía que Finwe veía cosas que otros no.
- “Lo odias, ¿no es así?”, preguntó con pesar, recordando la hermosa tarde, tan lejana ya, en que los elfos compartieron el lecho de Lucius.
- “No, Severus. Quizá Haldir lo odie, pero yo no puedo hacerlo después de lo que vi. Y sé que tú tampoco”, el profesor lo miró atónito, “Lucius hizo lo que el ser que llama su señor le pidió, no puso sentimientos en ello, excepto quizás la compasión...”
- “Pero te lastimó, mi pequeño...”, dijo Severus acariciando el perfecto rostro y limpiando una lágrima que caía por una pálida mejilla, con una ternura de la que no se sabía capaz.
- “Me lastimó, sí”, aceptó el elfo, “me encerró en la oscuridad y sin comida, para debilitarme, y me hizo daño con sus acciones. Pero aún así no puedo odiarlo y tengo que dejar de temerle o nunca podré mirar a mi amado a los ojos como antes”, explicó Finwe, “Soy un guerrero, Severus. Tengo que luchar con él en un duelo frente a todos. Por favor...”
Había un tal tono de súplica en su voz que el profesor no pudo resistir. Consideró rápidamente las opciones. En frente de la escuela, Lucius no tendría oportunidad para usar magia negra y pelearía limpiamente. Los duelos de exhibición nunca eran a muerte y él mismo estaría allí para cuidar que las cosas no se salgan de control.
Además, le daría un pretexto para ver a Lucius que había estado rehuyéndolo desde el anterior duelo.
- “Está bien, pequeño elfo”, capituló Severus besándolo en la frente, “se lo diré”
Suponiendo, claro, que Lucius aceptara.
*
“The rain came down /la lluvia
cayó
The rain came down / la lluvia cayó
The rain came down on me / la lluvia cayó sobre mi
The wind blew strong / el viento sopló fuerte
The summer song / la canción de verano
Fades to memory / se desvanece en la memoria”
Remus corrió por el bosque sin preocuparse de usar un hechizo impermeable
para cubrirse de la lluvia. Le encantaba sentirla si era tenue como en esa
ocasión y también le gustaba sentir el olor a tierra mojada
y el sonido que hacían las hojas de los árboles al ser golpeadas
por las gotas que caían.
Vida.
La lluvia traía vida y por eso la amaba.
Se sentía complacido luego de la audiencia. El jurado interrogaría a Severus al día siguiente y luego comprobarían los hechos por su cuenta. Remus sintió mucho tener que dar detalles acerca de la poción de los pteptolitos que ayudó a sus amigos a convertirse en animagos, sobre todo por la expresión de Harry. Pero tenía que convencer al jurado de la habilidad de Peter para convertirse en rata. Sabía que el juez había nombrado a “Ojoloco” Moody como perito especialista, y con un poco de suerte, Sirius podría ser exculpado para navidad del falso crimen que lo llevó a Azkaban.
Quería el mismo darle la noticia a Sirius, pero luego del desastroso almuerzo en el que se colaron Harry, Ron y Hermione, tuvo que quedarse a tranquilizar a Kingsley mientras los chicos volvían al colegio.
Finalmente, llegó a la cueva.
- “Moony, estás empapado”, exclamó Sirius sentado junto a la pequeña fogata que iluminaba el sombrío lugar.
“I knew you when / yo te conocía allí
I loved you then / yo te amé entonces
The summer's young and helpless. / el verano es joven e indefenso”
- “La lluvia...”, intentó explicar Remus.
- “Sí, lo sé. La lluvia...”, murmuró Sirius tratando de borrar de su mente el recuerdo de Remus corriendo desnudo en la lluvia para ser atrapado por él y llevado a esa misma cueva donde se amaron toda la noche.
Lanzó un hechizo a Remus y le secó la ropa, invitándolo a sentarse junto al fuego.
- “Harry me dijo lo de la audiencia, Remus. Gracias”, y los ojos de Sirius brillaron como cuando eran dos adolescentes enamorados.
- “No fue nada, Paddy. Sólo dije la verdad”
- “Te ves muy bien con esa ropa”, continuó Sirius, “me recuerda la vez que te llevé a bailar por primera vez a esa discoteca muggle...”
- “Casi te echan por golpear a ese chico...”
- “¡Te estaba sacando a bailar en mis narices!”
- “Tú no lo hiciste...”, se defendió Remus.
- “¡Me sentía raro de bailar con un hombre!”, exclamó Sirius y ambos rieron.
- “Pero después dejaste de sentir eso, Padfoot”, repuso Remus cuando sus risas calmaron, “No podemos vivir de recuerdos, lo sabes ¿verdad?”
“You laid me bare / me dejaste
desnudo
You marked me there / me marcaste allí
The promises we made / las promesas que hicimos”
- “Yo sí puedo. Sobre todo si son recuerdos tuyos.... y es lo
único que me queda”, dijo Sirius en voz baja, “Pero claro,
ahora tienes a tu novio y yo no tengo nada. ¡Incluso lo llamas “cariño”!
¡A mi nunca me dijiste “cariño” ni en público
ni en privado!”
- “¡Eso confirma mis sospechas! ¡Estás usando a Harry! ¿Es que no tienes un poco de vergüenza?”, exclamó indignado Remus.
- “No cuando se trata de ti”, algo en la voz de Sirius conmovió profundamente a Remus.
- “Está bien”, aceptó suavemente. No quería discutir eso ahora.
Un resplandor dorado lo envolvió. Con la salida de la luna, el anillo brilló en su pecho absorbiendo la extraña fuerza que hacía surgir al licántropo, esa noche, tampoco habría transformación.
Remus sonrió y abrió el pequeño bolso que había llevado, sacando un pijama verde oscuro.
- “¿Dónde dormiré? La poción de Severus empieza a hacerme efecto… pensaba no tomarla hoy para no dormirme, pero no me dejó. Me trata como un crío y me obligó a beberla antes de venir… dice que lo hace por la tranquilidad de su conciencia, ¡como si él tuviera eso!”
Sirius sonrió, la anterior transformación, Remus se había quejado de que Severus le dio la poción al salir de clases, frente a sus alumnos. “El profesor Snape salva Hogwarts de peligroso licántropo”, había dicho furioso. Pero eso le daba a Sirius oportunidad de tenerlo entre sus brazos, aunque estuviera dormido.
El animago señaló su viejo colchón.
- “Dormirás allí”
- “Dijiste que traerías otro para mi”, protestó Remus.
- “No tuve tiempo, Moony”, repuso Sirius con calma. “Prometo portarme bien”
Remus bostezó y lo miró con aire resignado, mientras se quitaba la ropa y se ponía el pijama. Sentía un poco de frío y se acomodó en el colchón cubriéndose con las gruesas mantas. Sirius le alcanzó un tazón.
- “Es chocolate, Moony. Lo hice para ti”
- “¿De dónde lo sacaste?”, preguntó Remus tomando la taza y probando un poco. Estaba delicioso.
- “Harry lo robó”
- “¡Sirius!”
Pero Remus no pudo evitar sonreír y bebió todo el chocolate, que le hacía sentir un agradable calor. Sirius se quitó la chaqueta de cuero y los pantalones y se puso un pijama azul marino. Luego, se acercó al colchón y Remus se hizo a un lado rápidamente.
- “Buenas noches, Padfoot”, dijo volviendo a bostezar y cerrando los ojos.
“I used to think / solía
pensar
As birds take wing / cuando las aves elevan el vuelo
They sing through life / ellas le cantan a la vida
so why can't we? / ¿por qué no nosotros?
You cling to this / te sujetas a esto
You claim the best / y reclamas lo mejor
If this is what you're offering / como si eso fuera lo que estás ofreciendo
I'll take the rain / tomaré la lluvia
I'll take the rain / tomaré la lluvia
I'll take the rain / tomaré la lluvia”
- “Buenas noches, mi amor”, susurró Sirius cuando estuvo
seguro de que ya se había dormido, y lo tomó suavemente entre
sus brazos, bendiciendo por primera vez a Snivellus y su estúpida poción
que le permitían abrazar a su Remus sin recibir a cambio un “stupefy”
La lluvia caía con fuerza allá afuera. El animago apoyó el rostro en el cabello de su amigo y cerró los ojos, queriendo con toda su alma retroceder en el tiempo hasta tener diecisiete de nuevo.
*
Cuando Kingsley llegó esa noche a su departamento, lo supo.
La luna llena y la paloma ensangrentada, clavada con un cuchillo en su puerta fue el primer mensaje y el mago sabía que el segundo lo estaría esperando adentro. Respiró hondo y abrió la puerta.
Yahmose lo esperaba, sentado en medio de la alfombra con las piernas cruzadas y sus tradicionales ropas de hechicero vudú. Tenía los ojos cerrados y parecía dormido, pero Kingsley sabía bien que su antiguo maestro podría asesinarlo sin dificultad en caso de que él intentara algo.
- “Yahmose”, dijo arrodillándose frente al anciano e inclinando la cabeza presentándole su respeto.
- “Kingsley”, respondió él con voz profunda, “ha pasado muchísimo tiempo”
- “Doce años”, afirmó el mago moreno. Doce años que parecían una vida.
- “Veo que te ha ido bien”, observó Yahmose entornando los ojos al mirar la túnica azul de auror y la insignia que lo acreditaba como Jefe de División.
- “No me quejo”, repuso calmadamente Kingsley, “logré ser Auror y ahora soy el jefe de todos ellos. Incluso se dice que en unos años podría llegar a ser Ministro de Magia”
- “Siempre me sentí orgulloso de mi más brillante pupilo”, dijo Yahmose con la voz neutra, “sin embargo, podrías ser mucho más que ministro si lo quisieras así”
- “Sabes que no me interesa”, saltó Kingsley, “¿por qué estás aquí?”
- “Calma, jovencito. He venido convocado por el Señor Oscuro y por su encargo, te invito a unirte a él”
- “¡Nunca lo haré! ¡Nunca me uniré a un asesino!”, exclamó Kingsley poniéndose de pie.
- “Él sabía de la profecía, Kingsley. No sé cómo lo averiguó, pero lo sabía”, dijo con calma Yahmose, “está reclutando partidarios y ha corrido el rumor de que derrotó a Marduk. Los demonios están de su lado también. Haz algo inteligente esta vez”
El anciano se levantó y alzó su cetro, coronado por un diamante en bruto, símbolo de poder entre los sacerdotes. Una nube negra lo envolvió y desapareció, dejando un papel escrito con sangre flotando en el aire.
Kingsley lo tomó. Sabía lo que era y no lo quiso leer, pero no lo destruyó. Lo dobló cuidadosamente y lo puso en el bolsillo de su túnica. Luego se sirvió un vaso de coñac que apuró rápidamente y cerró los ojos, tratando de detener el torbellino de recuerdos que venía en tropel a su mente. Yahmose jamás hablaba en vano.
- “Si tan sólo estuvieras hoy conmigo, Remus. Mi amor…”
*
La música de Vivaldi se detuvo abruptamente y Lucius se puso de pie tan violentamente que su cabello ondeó y su fina bata dejó adivinar su torso desnudo.
- “¡No puedo creerlo! ¿Has venido hasta aquí para decirme sólo eso? ¡Ridículo!”
Severus lo cogió con fuerza del brazo.
- “Ridículo, como tú dices. Debería arrancarte la cabeza por lo que le hiciste a Draco, Lucius. ¡Cómo pudiste!”
El rubio logró soltarse y dijo fríamente
- “No es asunto tuyo”
Severus lo envió nuevamente al sillón, de un certero empujón.
- “Ya llegaremos a ello. Ahora promete que te batirás en duelo con Finwe”
- “¡Claro que no lo haré!”
- “Lo harás”, dijo Severus con firmeza, “lo harás porque eres un Malfoy y un Malfoy jamás huye de un desafío. ¿O acaso temes que el elfo te venza en pelea limpia?”
Lucius dio un violento puñetazo en la mesa.
- “¡Maldición, Sev! Eso es basura. Dame una sola razón para hacerlo…”
- “Compasión”
El mago rubio arqueó las cejas. No quería recordar al elfo sintiendo compasión por él, pidiéndole que confesara su amor a Severus. Era patético.
- “…”
- “Él ni siquiera te odia, Lucius. Sólo quiere demostrarse a sí mismo que puede hacerlo”
- “Que se busque otro”
- “Dumbie se mostró sorprendido, pero incluyó el duelo en el programa… no creo que sea muy difícil para ti…”, dijo Severus con voz neutra.
- “¿El viejo lo sabe? ¡Lo tenías todo planeado!”, exclamó Lucius indignado.
- “Te lo dije, un Malfoy no puede negarse”
Se miraron intensamente. Había hielo en la mirada gris de Lucius e ira en los ojos negros de Severus. En el escritorio del rubio aún estaba la espada de los Malfoy, con el envoltorio hecho tiras. Las miradas de ambos se dirigieron a ella, casi al mismo tiempo.
Finalmente el profesor de Pociones habló.
- “Ahora, ¿quieres explicarme por qué le hiciste eso a Draco?”
- “No me agrada que sea duelista. Eso es todo, Sev”, respondió Lucius tranquilamente e hizo el intento de levantarse, pero Severus lo envió nuevamente al sillón.
- “A mí no me engañas. El duelo era tu pasión y me entrenabas sin descanso para poder sentirte orgulloso de tu discípulo. Cuando Draco peleaba pude ver en tus ojos la misma chispa que tenías antes al combatir”
- “Sev…”
El profesor de Pociones esperó pacientemente. Esperaría toda la vida si fuera necesario.
Y Lucius habló.
- “ÉL quiere más mortífagos y los quiere en Hogwarts”, dijo con voz cansada. Cuando se refería a “ÉL”, Severus sabía muy bien que se trataba de Voldemort, “Si sabe que Draco es el mejor en Duelo, querrá reclutarlo”
- “Lucius, tú siempre quisiste que fuera un mortífago…”
- “¡No ahora!, Sev, …no después de Rodolphus… no ahora”, su voz se suavizó, “Yo tenía dieciséis cuando me puso la marca. ¡Maldición, Sev! Tú tenías dieciséis también, ¡Draco tiene sólo quince! Crabbe y Goyle ofrecieron a sus hijos... ÉL los rechazó, par de inútiles..”
- “¿Y tú? ¿Ofreciste a Draco?”
- “Lo hice el día de su nacimiento, Sev. Aún no me lo ha pedido, pero lo hará y no podré negarme, porque el precio de mi negativa es la muerte de ambos. Por eso no quiero que sepa aún lo bueno que es mi hijo en el maldito duelo. ¡Eso al menos le dará un año más!”
- “¡Lucius, no puedes ocultarle eso a Voldie! ¡Sabes que no puedes! ¡Te destrozará si lo descubre!”
- “Es un riesgo, sí”, dijo sosegadamente Lucius, “pero debo hacerlo. Y tú lo cuidarás…”
Severus sintió que el corazón se le desgarraba aún más. Su amante no deseaba para su hijo el mismo destino de ellos dos, no deseaba que la marca ardiera en el brazo de Draco a mitad de la noche y lo hiciera partir para ponerse a las órdenes de su señor. Severus se había librado un poco de ello por su habilidad para las pociones, las misiones que Voldemort le encomendaba se limitaban a preparar potentes venenos, pócimas reconstituyentes, pociones de la verdad o medicinas. Pero tenía oídos y aún a veces, lo perseguían en sueños los gritos de las víctimas. En cambio, Lucius era el favorito para cometer los más crueles asesinatos, no tenía compasión, simplemente los ejecutaba y mostraba la más refinada eficiencia para ocultar sus huellas.
- “Habla con él. Draco no es un niño”
- “Lo haré, Sev. En Navidad vendrá a casa…”, Lucius lo miró dudoso, “me estoy volviendo un viejo sentimental pero lo diré: ¿querrás venir tú también?”
- “Me encantaría”, se encontró diciendo Severus antes de apoderarse furiosamente de los húmedos labios de su esquivo amante.
*
La lluvia aún no cesaba y Sirius se abrazó fuerte del dormido cuerpo de Remus, sintiendo su respiración acompasada. El frío de la madrugada podía sentirse en el ambiente y … también podía sentirse algo extraño, como si alguien…
- “¡Sirius!”, susurró Harry dejando caer la capa de invisibilidad.
Sirius suspiró aliviado y soltó su varita, oculta bajo las cobijas. Un segundo más tarde y su ahijado habría terminado sin cabeza.
- “¿Qué ocurre? ¿Por qué entras así”, preguntó al ver la gravedad del rostro del chico.
- “Demonios atacan la estación de King’s Cross. Haldir y Finwe esperan afuera”
Sirius pudo ver las siluetas de los elfos abrirse paso en la cortina de lluvia a la entrada de la cueva. Ambos iban armados.
- “¡De prisa!”, dijo Haldir. “Finwe y yo iremos en Buckbeak”
- “¿Y yo?”, preguntó Sirius vistiéndose rápidamente. En momentos como ese extrañaba a Silver.
- “Traje mi escoba”, explicó Harry.
- “Genial”, dijo Sirius atándose el cabello en una cola y tomando su chaqueta de cuero y su varita. “Harry, quédate con Remus, dormirá aún por efecto de la poción. Cuando despierte explícale lo ocurrido. Volveré pronto”
Harry los vio partir velozmente y deseó ser un poco mayor para acompañarlos. Volvió a la cueva y se sentó junto al fuego. Hacía frío y eran apenas las dos de la mañana, tenía que dormir un poco. No tuvo más remedio que acomodarse en el colchón donde dormía Remus, quitándose los zapatos y la túnica.
El cuerpo de su profesor estaba tibio y éste se acurrucó, dormido aún, junto a él, quizás buscando calor, quizás tomándolo por Sirius. En el rostro de Remus había una tranquilidad absoluta y su respiración era calmada. La mirada de Harry vagó por las escasas pertenencias de su padrino y se preguntó cómo Sirius podía amar tanto al hombre que dormía a su lado, al punto de dejar su confortable mansión y vivir en esa horrible cueva, sólo por estar junto a él.
Eso era amor, y no lo que él había creído sentir por Cho Chang. En esos dos meses, Sirius le había explicado muchas cosas y Harry había comprendido por fin. Amor no era lo que él sentía por Ron o por Hermione, incluso por Neville. Eso era una buena amistad, como la de Sirius por James y Lily. El amor era diferente, era inexplicable, irresistible, incluso estúpido, como le había dicho su padrino. Como lo que él empezaba a sentir…
Capítulo 28: Stranger in town
“I remember it was late one night
/ recuerdo que llegué tarde una noche
in the middle of a dream / en la mitad de un sueño
woke up in a pool of sweat / desperté bañado de sudor
thought I heard a scream / pensando que oí un grito
Ran over to the window sill / corrí hacia la ventana
stuck my head out for a peek / y miré hacia afuera
Dressed in black was a man / vestido de negro estaba un hombre
I didn't recognise / que no reconocí
running down my back street / corriendo calle abajo
My heart skipped a beat / mi corazón dio un salto”
Stranger in town - Toto
Remus se acurrucó en el viejo colchón, buscando cubrirse mejor
con las cobijas e inconscientemente, buscando calor, se acercó más
al cuerpo que estaba abrazado a él Sus manos vagaron por la espalda
de su compañero de cama y abrió los ojos sorprendido, al abrazar
una espalda delgada, que obviamente no pertenecía ni a Sirius ni a
Kingsley.
- “¡Harry!”, exclamó Remus despertando al muchacho, “¿Por qué estás aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Sirius?”
Harry se sentó en el colchón muy avergonzado por haber dormido abrazado con Remus, que lo miraba entre confundido e intrigado, y lo puso al tanto de los acontecimientos.
- “¡Pero esos tres están locos! ¡Irse así a la estación a pelear con demonios! Debo ir a buscarlos...”, dijo Remus empezando a vestirse frenéticamente.
- “Temo que no es necesario, Moony”, dijo Sirius entrando en la cueva seguido de los elfos. “Como ves, nos pudimos arreglar muy bien”, y se dejó caer en un rincón, frotándose el brazo.
- “¡Estás herido!”, exclamó preocupadamente Remus arrodillándose junto a él.
- “Tranquilo, Remus”, repuso calmadamente Haldir, “todos lo estamos, sufrimos varios rasguños y quemaduras, uno de esos bichos echaba fuego por los ojos, pero no es nada que la ciencia élfica no pueda sanar”
Finwe se había despojado de su capa y túnica y exhibía una fea herida en el hombro y algunas quemaduras en el pecho y la espalda. Harry miró impresionado los firmes músculos y formas perfectas del elfo mientras era atendido por Haldir.
Remus comenzó a atender a Sirius que tenía una mordida en el brazo, y algunos golpes en el torso. Haldir era el menos lastimado de los tres, pues únicamente tenía una contusión en la frente y acababa de ponerse allí unas hojas curativas. Emplearon algunas pociones y hierbas élficas y pronto las heridas estuvieron adecuadamente tratadas.
- “¿Puede ahora alguien decirme qué ocurrió?”, pidió Remus y así lo hicieron. Al oírlos, palideció y dejó escapar una exclamación. Luego, más calmado, observó intrigado, “ustedes solos contra una horda de demonios, ¿qué pasó con los Aurores?”
- “Llegaron luego, pero no podían pasar la barrera mágica que pusieron los bichos esos, de modo que no fueron de gran ayuda. Además, te aseguro que ellos tenían mayor interés en capturarme a mí que a los demonios”, dijo Sirius con un poco de amargura.
- “¿Y luego?”
- “Pues cuando casi acabábamos con los demonios se abrió la barrera y ellos comenzaron a escapar mientras eran abatidos por los aurores. Aproveché eso para huir, usé la capa de invisibilidad, no fue difícil. Además, esos tipos estaban bajo las órdenes de tu noviecito y mientras él hablaba con Haldir y Finwe, me escurrí en sus narices”, dijo alegremente Sirius.
- “Lo que no entiendo”, dijo pensativo Haldir, “es por qué nosotros pudimos atravesar la barrera y los aurores no”
- “Quizá porque somos elfos”, aventuró Finwe.
- “Puede ser, pero Sirius no lo es”, respondió Haldir. “Esto me parece muy extraño”
Se hacía tarde y no podían faltar al desayuno en el Gran Salón, de modo que terminaron de prepararse y volvieron al castillo, dejando a Sirius de muy buen humor. Remus sin embargo, lucía preocupado y compartía las dudas de Haldir. Finwe caminaba con Harry mientras le relataba con lujo de detalles la batalla con los demonios.
*
Esa noche, durante la reunión de la Orden, Remus tuvo que contenerse para no golpear a Severus.
- “¡Sirius Black y dos elfos salvan estación de King’s Cross!”, leyó el ex mortífago arrojando “El Profeta” sobre la mesa. “¿Qué significa esto? Hasta hace algunos días ese periódico atacaba a Black y ahora lo muestra como héroe, ¡Es totalmente inaudito!”
- “Quizá sea cierto que es un héroe”, repuso Remus, “después de todo, ellos tres se enfrentaron al menos a una docena de demonios sin recibir ayuda”
Kingsley lo miró con pesar, pero tuvo que reconocer que su pareja decía la verdad.
- “Aún así, fue bastante insensato de parte de Sirius ir a meterse allí arriesgándose a ser capturado”, observó.
- “Creo que tenía la capa de Harry, ¿no es así, Remus?”, intervino por primera vez en esa noche Bill Weasley, quien llevaba apenas un mes en la Orden y no ocultaba su admiración sin límites por Sirius Black.
- “Así es”, respondió éste, “pero creo que el punto es ¿por qué había allí una barrera y por qué la pudieron atravesar sólo ellos y no los aurores?”
- “Remus tiene razón”, dijo Kingsley tomando suavemente la mano de su pareja, “cuando logramos atravesar la barrera, los demonios se batían en retirada y los abatimos a todos, Haldir y Finwe nos dieron una breve explicación de lo ocurrido y creo que allí fue donde Sirius huyó con la capa de invisibilidad, aprovechando la confusión”
Remus se admiró de la perspicacia de Kingsley. Su amante sabía que él estaba al tanto de todo lo referente a Sirius, pero no lo había interrogado, pues al hacerlo se vería forzado a intervenir de algún modo como jefe de la división de aurores. Por eso Kingsley se hacía el desentendido y no preguntaba cuando Remus volvía tarde, acompañado siempre por los elfos. “Yo confío en ti”, le dijo una vez y eso fue todo.
- “¿Y cómo lo supieron en “El Profeta”?”, preguntó Severus, a quien eso era lo que le parecía más extraño.
- “Creo que eso no importa ahora, profesor”, repuso Bill, “Kingsley, ¿habrá peligro de que interroguen a Haldir y Finwe sobre el paradero de Sirius?”
- “No lo habrá de forma inmediata”, intervino Dumbledore que había escuchado toda la conversación en silencio, “ellos no se rigen por las leyes de nuestro mundo y cuando se lo preguntaron, Haldir repuso simplemente que Sirius los ayudó a combatir y que no sabía nada más. Esperemos todos que esto no tenga mayores consecuencias”
Pero Dumbledore se equivocaba.
Durante los días siguientes, se sucedieron los ataques: trolls atacando el hospital del Charing Cross, una enorme bestia alada destuyendo el Big Ben, malignos gnomos invadiendo la Abadía de Westminster, y una invasión de “gorros rojos” en Picaddilly Circus. Todos los ataques fueron alertados por Harry. Y en todos los casos, Sirius hizo su aparición acompañado de los elfos, luchando contra las criaturas, con su varita y su espada, mientras que Haldir y Finwe lo hacían con sus espadas y flechas.
“You better watch out, there's a stranger in town
You better watch out, there's a stranger in town
You better watch out when he comes around
Don't make a sound”
Y Sirius, de ser un perseguido, pasó a ser el héroe popular.
Los Aurores no podían capturarlo, simplemente llegaban tarde al lugar para terminar de controlar la emergencia y sólo encontraban allí a Haldir y Finwe, quienes manifestaban invariablemente desconocer de dónde venía Sirius. Al preguntárseles cómo se enteraban de los ataques, los elfos aducían que Finwe, por ser un elfo del Bosque Mágico, podía presentir ciertas cosas, entre las cuales se encontraban los ataques. Incluso fueron llevados al Ministerio de Magia para ser interrogados sobre ese punto.
- “Dime, mortal, ¿Cómo puedes explicar que respiras? ¿Cómo explicas que tienes sueños? No me pidas que te explique la razón de algo que es tan natural para nosotros como el hecho mismo de estar vivos”, fue la respuesta de Haldir y los magos del ministerio no tuvieron más remedio que dar por zanjado el asunto.
Y así pasaron tres semanas.
“El Profeta” hacía discretas notas acerca de estos incidentes, resaltando siempre la participación de los Aurores al ocultar al mundo muggle lo que ocurría, pero la línea editorial estaba claramente influenciada a favor de Sirius.
En realidad, los aurores tenían muchísimo trabajo modificando memorias, reparando monumentos históricos y haciendo desaparecer a los bichos lo más discretamente posible, pero los hechos no podían pasar desapercibidos y el Primer Ministro inglés pedía informes constantes.
Pero el detonante fue “The Quibber”, que editó número completamente dedicado al fugitivo: “Sirius Black, ¿héroe o villano?”, en cuya página central había una entrevista al propio Sirius y fotos de él en un lugar misterioso, vestido con una larga chaqueta de cuero negro y gastados jeans.
“Who's this man who fell out
of the sky / ¿Quién es el hombre que cayó del cielo?
What's he done and where's he live / ¿Qué ha hecho y dónde
vive?
How can a man who's a criminal / ¿cómo un hombre que es un criminal
be a hero to the kids / puede ser un héroe para los niños?
The old couple swear / la vieja pareja jura
that the ripper's back / que el destripador ha vuelto
They say it's him all right / Ellos dicen que es él
The young girl says it's Jesus / la joven dice que es Jesús
and he won't be back again tonight / y que no volverá esta noche
I wonder who's right / me pregunto quién tiene la razón”
- “Yo no maté a esos muggles. Fue Pettigrew”, había
declarado Sirius, “aquél a quien creímos nuestro amigo
era en realidad el traidor, como la rata en la que se suele convertir”
La periodista de “The Quibber” enfatizaba que mientras Sirius decía eso, sus hermosos y claros ojos azules se llenaban de lágrimas.
- “Señor Black, ¿por qué hace todo esto?”
- “Para poder ver a los ojos a mi ahijado, Harry Potter; y también a la persona que amo”
- “Señor Black, ¿ama usted a alguien?”
- “Así es”, había dicho Sirius, “pero de eso no hablaré ahora”
Ese artículo hizo que la presión popular fue tanta que la audiencia que decidiría su caso se tendría que hacer en público y la fecha fue fijada para el 24 de diciembre, a las diez de la mañana.
*
- “¡Sirius, esto es exhibicionismo barato! No ayudará en tu caso...”, exclamó Remus arrojándole “The Quibber” en la cara a su amigo que se preparaba a salir nuevamente.
- “¿Y qué ayudará entonces? ¿Quedarme encerrado aquí sin hacer nada y esperando que San Kingsley me saque siempre de apuros?”, dijo Sirius apartándolo de su paso.
- “Sirius, él sólo trata de ayudarte... ¿por qué siempre tienes que ser tan testarudo?”, estalló Remus y el anillo empezó a brillar con fuerza en su pecho.
- “Tranquilo, Remus”, dijo Finwe sujetándolo suavemente mientras Sirius tomaba la Saeta Veloz de Harry y desaparecía, no sin dar una última furibunda mirada a Remus.
- “No entiendo...”, dijo Remus derrotado apoyándose contra la pared de piedra.
- “Él hace lo que cree correcto, Remus”, explicó el elfo con voz suave.
- “Pero no lo es, ¿verdad? Se está exponiendo demasiado y yo no sé hasta cuando le durará la suerte. Si lo atrapan lo enviarán a Azkaban”, su voz se hizo muy baja, “y yo no podré soportarlo de nuevo, Finwe”
El elfo lo abrazó.
- “Lo sé. Deja de torturarte así, deja de rechazarlo, ¿no ves que eso te hace más daño a ti que a él?”, dijo Finwe mirándolo a los ojos.
- “Es que no puedo... a veces sueño con él y Bellatrix en la cama, lo oigo hablar de mí con ella... “, dijo Remus con voz ahogada.
- “Yo no entiendo a los mortales”, declaró decididamente Finwe, “conocí uno que casi mata de tristeza a un elfo y todo por no hablarle claro desde el inicio. Lo curioso era que lo amaba más que a su vida”, dijo pensativo, “Escúchame querido amigo, creo que debes seguir a tu corazón, lo que pasó fue hace mucho y no temo equivocarme al decirte que veo dolor en los ojos de Sirius cuando se posan sobre ti. Pienso que ambos merecen darse una oportunidad”
- “Con Kingsley me siento seguro...”, trató de explicar Remus, “él me ama y no merece sufrir tampoco”
- “Seguro, sí. Pero ¿es eso lo que quieres? No es lo que veo en tus ojos cuando miras a Sirius”
- “No sé, Finwe...”, la voz de Remus sonó perdida, “no lo sé. ¿Cómo están tú y Haldir?”
El elfo sonrió con ternura.
- “Lo amo. Junto a él todo está bien”
Remus sonrió también, pero esa no era una respuesta directa. Finwe estaba actuando así cada vez que se tocaba el tema de alguna forma, pero por otro lado, se veía muy unido a Haldir y paseaban de la mano por los pasillos de Hogwarts. El mago decidió dejar el asunto allí, se le hacía tarde y debía calificar varios trabajos, aunque preferiría pasar el tiempo en el Bosque en compañía de los elfos.
*
- “Esto progresa, Bella”, dijo complacido Voldemort mientras paseaba del brazo con la persona más cercana a él en esos momentos.
- “Gracias, mi señor”, respondió Bellatrix orgullosa de sus aprendices, que en esos momentos luchaban entre sí en una demostración de habilidades para el Señor Oscuro.
- “Este Año Nuevo, magos y muggles conocerán el poderío de Lord Voldemort”, afirmó el hombre, “vamos, querida. Lucius nos espera”
En el elegante salón se encontraba un hombre exquisitamente vestido, sentado displicentemente sobre uno de los sillones tapizados en brocado. Fumaba un fino cigarro que apagó apenas entró Voldemort.
- “Mi señor”, dijo inclinándose ligeramente.
- “Siéntate, Lucius”, dijo el Señor Oscuro, “estás haciendo un gran trabajo con “El Profeta”.
- “Gracias, señor. Y además, está la edición de “The Quibber”, parece ser que los amigos de Black actúan a favor nuestro sin proponérselo”, sonrió ampliamente el mago rubio.
- “Hay, sin embargo, una cosa”, la voz de Voldemort cambió de pronto, haciéndose sinuosa, insinuante. Y Lucius puso toda su voluntad para no estremecerse, sabía lo que vendría. “Tu hijo”
- “¿Qué le ocurre?”, preguntó Lucius aparentando normalidad, con el rostro indiferente y la mente alerta.
- “Nada, mi querido Lucius”, la voz se hizo más suave aún, “eso es precisamente el problema. No hay nada malo con tu hijo, es todo lo contrario”
Voldemort se puso de pie y avanzó hacia la salida. Pero antes de traspasar el umbral, se volvió a Lucius.
- “Lo quiero de aprendiz. Luego de ese torneo, si vence, me lo traerás y le mostraré lo atractivo que puede ser el lado oscuro. Si fracasa, lo mataré”
- “Sí, señor”, aceptó Lucius, con la tranquilidad con la que se acepta una invitación a un paseo. Sólo que el paseo sería hacia un viaje sin retorno. Y lo haría su único hijo.
- “Fue muy tonto de tu parte ocultarle a nuestro señor que Draco es un gran duelista”, le espetó Bellatrix, “¿Qué ocurre contigo, Lucius? ¿Acaso te ha afectado la partida de Narcissa?”, finalizó irónicamente.
Bellatrix sabía mejor que nadie que ese matrimonio fue un deseo más de Voldemort y que Lucius simplemente lo ejecutó.
- “Se lo reservaba como sorpresa, Bella”, mintió descaradamente, “sólo quería entregárselo cuando fuera campeón”
- “Él lo desea”, dijo Bellatrix con la voz neutra, “lo desea como te deseó a ti. No lo subestimes”
- “No lo haré”, había hielo en la mirada de Lucius.
Pasearon juntos por el Salón de Entrenamiento. Los aprendices se esforzaban al máximo para llamar su atención y quizás obtener su favor. La fama de Lucius Malfoy era legendaria. Sus ojos vagaron hacia un bien formado muchacho que acababa de incendiar un tapiz lanzando un “Averno”.
Marcus Flint.
El hijo de Stanley, su gato lujurioso y complaciente. Y también la causa de que su relación con Severus se deteriorase, porque Lucius estaba seguro de que el día en que Severus lo pilló follando como loco a Flint, algo cambió. Y aunque no tuvo motivos de queja con su joven amante, muchas veces se preguntó qué hubiese pasado si no le hubiera sido infiel.
Pero la fidelidad no entraba en el vocabulario de Lucius Malfoy y menos ahora que el joven Flint se contorneaba voluptuosamente, buscando captar su atención.
- “Este será iniciado pronto”, explicó Bellatrix, “sólo falta el “bautizo””.
Lucius sonrió. Sabía lo que el “Bautizo” significaba: sexo desenfrenado con Voldemort de testigo, o incluso como participante. Como cuando iniciaron a Severus.
- “¿Quién será el afortunado esta vez?”, preguntó casualmente el rubio.
- “Severus”
*
Llovía de nuevo y Kingsley estaba solo en su departamento, maldiciendo una vez más el invierno londinense. Y a Black, por cuya causa había tenido trabajo extra prácticamente a todas horas, verificando personalmente que se controlen los ataques y que se eliminen adecuadamente las huellas de ellos en el mundo muggle.
Además de esto, estaba el hecho de no poder capturarlo.
No era que “tuviese” que hacerlo. La Orden y Dumbledore aún le habían pedido que lo dejara libre, pero sucedía que no lo estaba dejando libre por su voluntad, sino porque simplemente no podía capturarlo, por más empeño que ponía en ello. Capturarlo y luego liberarlo era lo que Kingsley ansiaba, porque de esa manera no se sentiría el perfecto inútil que se sentía ahora.
Y también estaba Remus.
Se habían visto poco en esos días, únicamente cuando Kingsley iba a dormir a Hogwarts, porque Dumbledore había pedido a Remus no ausentarse del colegio. El mago moreno estaba seguro de que su pareja sabía del paradero de Sirius y eso contribuía a que se sintiera peor, aunque no lo dejaba traslucir para no hacer sentir mal a Remus. Se sentía muy unido a su pareja y las cosas marchaban bien entre ambos, pero percibía una gran tristeza en los ojos de Remus cuando creía que no lo estaba mirando, y eso lo hacía sufrir.
Apuró su copa de coñac. Últimamente esa bebida se había convertido en su compañera, las noches que no dormía en Hogwats por encontrarse de guardia. Un aletear en su ventana lo hizo levantar la vista.
Un cuervo.
Un silencioso cuervo, afuera, en medio de la lluvia. Esperando.
Se preguntó hasta cuando duraría la paciencia de Yahmose, quizás hasta que los vecinos lo echasen de allí a causa de los cuervos. Esos extraños cuervos que volaban en plena lluvia, sin mojarse ni una sola pluma y que no traían una sola nota, pues su presencia bastaba para que el mago supiera qué se esperaba de él.
La profecía.
La vieja profecía que había marcado su existencia.
Kingsley metió la mano maquinalmente en el bolsillo de su túnica y sacó el arrugado papel. Siempre hacía eso cuando estaba solo, sacaba el papel y lo hacía volar en el aire interminables veces, para luego volver a guardarlo, sin leer. De cualquier modo, ya sabía lo que contenía.
Pero esta vez, sin saber bien por qué, desplegó la arrugada hoja y contempló sin leerlas, las palabras escritas en él con sangre. Palabras que él había aprendido desde su más tierna infancia.
“Está escrito por los
Antiguos
en la conjunción de Júpiter con su amante
nacerá el heredero del poder
y será llamado como un rey
pero Yegg-ha ha dicho
que el sacrificio de sangre
debe ser completado.
El engendro del poderoso Argos
morirá al alba”
Eso explicaba el origen de su nombre y también el que cumplidos los cuatro años fuera entregado por sus padres a Yahmose para su entrenamiento. Pero algo había salido mal, los muggles, conocedores de los rituales vudú que efectuaban en la isla, habían capturado a dos de los principales sacerdotes, los padres de Kingsley, y los habían ajusticiado allí mismo, quemándolos vivos.
El niño de entonces trece años había logrado escapar y reaccionó del modo más imprevisto, porque en lugar de buscar venganza, quiso unirse al mundo de magos que no practicaban la magia negra, y el sacerdote vudú de trece años juró nunca más llevar a cabo esas prácticas y borrar para siempre de su mente esa profecía.
Logró lo primero, mas no lo segundo.
Pero sus estudios y los de Adalbertus Stoker, su segundo maestro en los Estados Unidos, lo llevaron a interpretar la profecía. Necesitaba la sangre de un cánido para hacerse más poderoso.
Echó el papel a la chimenea y éste ardió instantáneamente. “El engendro de Argos”, era como la Antigua Raza llamaba a seres mutados del can original que aguardó por Ulises. Seres con sangre canina y poderes mágicos. Licántropos, según la interpretación de Yahmose y del propio Stoker.
Aunque hacía varios días, una idea nueva se formaba en la mente de Kingsley.
Sirius Black.
Un mago que tenía el ADN de un can, porque podía mutar en él a voluntad.
“Entrégame a Black”, susurró una voz en su cabeza.
No la había oído antes, pero estuvo seguro de que esa voz sibilante e inhumana sólo podía pertenecer a una persona.
Lord Voldemort.
*
- “Pequeño elfo, creo que te estás excediendo con el entrenamiento a ese muchacho”, observó Haldir luego de que un casi sonámbulo Draco saliera del Salón de Duelo al acabar su práctica.
Finwe se soltó el cabello sin dar señal alguna de cansancio.
- “Él quiere ganar, ¿no es así?”
- “Así es”, aceptó Haldir, “pero sospecho que también quiere llegar vivo al encuentro”
El elfo mayor hizo una pausa y besó los mechones rojos que caían sobre la espalda de Finwe.
- “¿No es esto una especie de venganza? ¿No me dijiste que sentías que el padre no desea que el hijo destaque en Duelo?”, preguntó suavemente.
- “¡Por Elbereth, no!”, exclamó Finwe, “yo sólo quiero que el chico se sienta contento, y él quiere ganar la competencia. Además, ahora el padre quiere que Draco sea el campeón, le ha escrito pidiéndoselo y devolviéndole la espada”, puntualizó.
Haldir suspiró imperceptiblemente. Había algo que no entendía en ese repentino interés de Finwe por el joven Malfoy. De todos los estudiantes, era el último que habría pensado que lograría despertar la simpatía de su pequeño elfo.
Aunque ahora no tenía deseos de discutir, porque vestido en malla de duelo verde oscuro, su elfo era una verdadera delicia. Delicia que estaba ansioso de probar.
Tomó sus labios ansiosamente y fue recompensado por un delicioso gemido que aumentó de intensidad conforme las manos de Haldir se deslizaban por el esbelto cuerpo y llegaban al punto de su deseo.
- “Mi dueño”, jadeó Finwe, “¿no sería mejor ir a nuestras habitaciones?”
- “No lo creo”, suspiró Haldir mientras su boca bajaba hábilmente por el cuello del elfo pelirrojo, “es tarde, nadie vendrá”
Y uniendo la acción con la palabra, tumbó a Finwe sobre la plataforma y lo desnudó, contemplando su cuerpo a la luz de las lámparas que iluminaban el salón, haciendo que la piel de su amante brillara de la forma especial que sólo la piel de un elfo podía tener.
Pero el joven elfo tomó el control nuevamente y desnudó también a Haldir, que se le ofreció otra vez sin reservas, como había estado ocurriendo desde hacía algún tiempo. Aunque esos encuentros eran muy placenteros, Haldir extrañaba deslizarse dentro de su amado y maldijo a Lucius por ser el causante de ese cambio.
Gritos y jadeos inundaron el salón mientras los dos elfos se entegaban sin reservas a su mutua pasión. No se enteraron de que hubo un testigo de sus caricias: Draco volvía cansado al salón a preguntar por el próximo entrenamiento y se quedó de una pieza cuando los vio. Su corazón comenzó a latir a mil por hora y huyó rápidamente antes de ser descubierto, pero la imagen que había visto se negaba a salir de su mente, y horas después, un jadeante muchacho estallaba solitario en su propia cama, pensando en un cabello castaño y hermosos ojos dorados.
*
Remus escribía atentamente, consultando de vez en cuando un viejo volumen amarillento y mirando el reloj. Él llevaba retraso y eso era extraño, llevaban tres días sin verse debido a una invasión de arañas gigantes en el Palacio de Buckingham, que como siempre, había sido descubierta por Sirius. Pero el trabajo de los aurores era el más difícil: borrar memorias, ocultar huellas y afrotar a la opinión pública del Mundo Mágico.
Un chasquido en la chimenea lo alertó de la llegada de Kingsley, sólo los miembros de la Orden podían aparecerse y desaparecer en Hogwarts. Remus puso su mejor sonrisa para recibir a su pareja.
- “Hola”, dijo.
- “Hola, Rem, ¿trabajando aún?”, preguntó Kingsley besándolo con afecto. Eran pasadas las once.
- “Sí. Pedí a Dumbledore modificar un poco el nuevo programa de estudios para incluir hechizos prohibidos y estoy preparando la clase correspondiente. Me falta un poco, cosa de quince minutos”, explicó.
- “Esperaré”, dijo Kingsley, “mientras, leeré algo”
Remus continuó escribiendo mientras su pareja revisaba los libros de la estantería. Uno de ellos llamó su atención, empastado en elegante cuero azul marino y con letras doradas, un libro muy distinto a los volúmenes de segunda mano que Remus solía comprar. “Hijos de lobos” rezaba el título y en la primera hoja encontró una dedicatoria que casi hace que le hierva la sangre.
“Para Moony con amor. Padfoot – Enero de 1983”
Moony y Padfoot. No terminaba de entender qué podía tener de romántico llamarse así uno al otro, pero al parecer eso significaba mucho para Remus. Hojeó distraídamente el libro y algo cayó de él.
Una tarjeta.
Remus levantó la vista.
- “¿Qué es eso?”, preguntó intrigado.
Kingsley examinó la tarjeta, era una estúpida tarjeta muggle mostrando un gato naranja con rayas negras y enormes ojos que abrazaba un corazón. La abrió: “Be my Valentine” era todo lo que decía, y más abajo habían unas iniciales: “S.B – 14.02.1983”
Le alargó la tarjeta a Remus que la reconoció porque se puso de un rojo intenso.
- “Es de Sirius”, explicó innecesariamente, “fue la primera tarjeta que me obsequió y de hecho, la primera vez en su vida que hizo una tarjeta a alguien, por eso no escribió nada en ella. ¿Dónde la encontraste?”
El mago moreno le alcanzó el libro y Remus lo tomó acariciando la tapa con las yemas de los dedos. Guardó la tarjeta cuidadosamente en su agenda y enrolló el pergamino, todo ello sin mirar a Kingsley. Estaba seguro de que ese libro no estaba allí el día anterior, pero sí estaba Harry. Harry había ido a pedirle una explicación acerca de los gnomos que a Remus se le antojó innecesaria. Ahora conocía el verdadero motivo de la visita, pero no podía enojarse con el chico.
- “Ya terminé”, informó a su pareja y se levantó del escritorio. “¿Nos vamos?”
Kingsley lo miró intensamente, no era ciego y notó la turbación de su pareja, pero tampoco era tonto y sospechó inmediatamente la verdad. El ahijado era digno del padrino, se dijo.
- “Trabajas demasiado, mi amor”, dijo atrayendo a Remus a sus brazos y luego se dirigieron al dormitorio.
Después de amarse, Remus se acurrucó en brazos de Kingsley dispuesto a dormir, al día siguiente sería la audiencia pública por el caso de Sirius y quería estar allí.
- “Rem, ¿Qué harás mañana?”
Navidad, al día siguiente era Navidad.
- “Estar aquí, supongo…”, aventuró. Era huérfano, al igual que Kingsley y no tenía parientes cercanos.
- “Mi turno acaba a media noche, vayamos a mi departamento y después a bailar. Creo que ambos hemos tenido mucha tensión… hablé con Dumbledore y no habrá problemas. Saldremos con Tonks y Bill”
Remus se tensó un poco, eso no estaba dentro de sus planes. Es más, ni siquiera tenía planes, porque simplemente había tenido demasiado trabajo como para pensarlo. Y no quería dejar a Sirius solo en esa fecha, él sabía muy bien lo que se sentía estar solo en Navidad. Pero tampoco podía dejar a Kingsley.
- “De acuerdo”, sonrió, “pero cenaré aquí, algunos alumnos no van a sus casas, Harry entre ellos, y quiero estar un momento con él”
Si a Kingsley le molestó eso no dejó entrever nada. Besó a Remus cariñosamente y le deseó buenas noches. Al poco rato, ambos se quedaron dormidos.
*
El veinticuatro de diciembre por la mañana, Severus despertó aún envuelto en los brazos de su amante. Su cuerpo presentaba todavía las señales del fogoso encuentro de la noche anterior. Era raro despertar en el lecho del dormitorio del rubio. Su verdadero dormitorio, el que había compartido con Narcissa.
Pero ya nada en esa casa le recordaba la existencia de la mujer, Lucius le había enviado todas sus cosas. Aún así, Severus dormía en la cama que ella había usado, y eso le hacía sentir un extraño placer, porque él fue el primero en oponerse a ese matrimonio.
- “Hola, bebé”, susurró Lucius a su oído y Severus se preguntó que bicho le habría picado ahora.
- “¿Bebé?”, dijo el adusto profesor con el rostro completamente sorprendido. Lucius lo miró contrito y Severus se volteó a besarlo. “¿A qué hora llega Draco?”
- “Creo que justo ahora”, observó Lucius al oírse afuera un fuerte ruido de algo que caía y los lamentos del elfo doméstico, seguidos por la voz airada de Draco.
Severus se trató de levantar, pero una mano lo retuvo con fuerza sobre la cama.
- “No te vayas, Sev”, pidió el rubio, “Draco no entrará aquí, sabe que si duermo hasta tarde es porque trabajé hasta tarde también, de modo que aún tenemos un momento a solas. Pediré que nos traigan el desayuno a la cama”
El profesor de pociones murmuró algo ininteligible, pero se dejó abrazar nuevamente por Lucius. Eso era extraño, en realidad eran pocas las veces que ellos habían tenido oportunidad de despertar juntos y cuando esto sucedía tenía que salir a toda prisa. Pero ahora era diferente, todo tenía una simplicidad que lo aterraba, era tan hogareño, tan dulce, tan normal que temió amar esos detalles y luego perderlos.
- “Sev, hace tres días estuve con Él”
El momento de las confesiones había llegado.
Severus tomó aire, dispuesto a escuchar, mientras acariciaba el largo cabello de su amante y lo miraba amorosamente a los ojos, pero mientras lo hacía, palideció intensamente al oír lo de Draco. Lo de Flint no le importaba demasiado, no era la primera vez que “bautizaba” a un aprendiz. Pero Draco era otra cosa.
- “Lucius, no diré que te lo dije, pero creo que esto no te deja alternativa”
- “Lo sé. Él está muy misterioso desde la explosión. Además, ahora veo mucho por allí a un hechicero vudú, un viejo desdentado que lo sigue a todas partes. Dicen que Voldie anduvo por Jamaica y Haití y que de allí se lo trajo, es el heredero de un antiguo culto o algo así”
El profesor de pociones acarició a su amante. Si se lo pedía ahora, ¿aceptaría Lucius traicionar a Voldemort? ¿por amor a Draco? Pero al ver en los hermosos ojos grises del rubio, supo que Lucius jamás haría eso. Maldito orgullo Malfoy.
- “Padre, ¿puedo pasar?”, se oyó la voz de Draco en la puerta.
Fin del idilio, Severus se levantó a toda prisa y desapareció con su ropa en la mano.
Capítulo 29: No one’s there
“You and me / tú y yo
We have no faces / no tenemos rostros
Soon our lives they’ll be erased / pronto nuestras vidas serán
borradas
Do you think they will remember? / ¿crees que ellos recordarán?
Or will we just be replaced / o sólo seremos reemplazados
Oh I wish that I could see, / Oh, quisiera poder ver,
How I wish that I could fly / cómo desearía poder volar
All the things that hang above me / de todas las cosas que tiran de mí
To a place where I can cry / a un lugar donde pueda llorar”
No one’s there – Korn
La audiencia por el caso de Sirius, a la que asistieron todos los miembros
de la Orden, junto con Harry, no pudo ser más concurrida. Muchos se
preguntaron cómo harían los Aurores para ocultar las huellas
de tan enorme reunión en el mundo muggle. Por todos lados se veían
pancartas de apoyo a Sirius y los asistentes tenían también
insignias con el rostro del mago más buscado del momento.
El acto duró pasado el medio día y tuvo momentos tensos cuando el juez Amyas Crale exigió la presencia de Sirius para proceder a iniciar la audiencia, pero el ujier le entregó un papel que lo hizo cambiar de opinión y se comenzó a revisar nuevamente los testimonios, se exhibieron pruebas, peritajes e informes y eran las dos de la tarde cuando el juez convocó a la lectura de la sentencia. El comentario general era lo que sucedería si Sirius era condenado por segunda vez por la muerte de Peter Pettigrew, pero por suerte para la defensa, contaban con el testimonio de Barty Crouch que confesó haber visto a Peter y confirmó que le faltaba un dedo.
A las dos treinta se leyó el veredicto. Sirius fue declarado inocente del asesinato de Peter Pettigrew, sin embargo, se necesitaba su testinomio para exculparlo de los otros doce asesinatos de muggles y también para investigar los recientes ataques. Conclusión, la orden de captura sobre su persona cambió por una orden de comparecencia y se emitió una nueva orden de captura para Peter Pettigrew.
Ni Remus ni Harry habían esperado resultado mejor, pero la situación tampoco era tan favorable, pues Sirius aún no podía mostrarse en público a menos que se pusiera a disposición del Ministerio. Cuando fueron a ver a Sirius, lo encontraron tranquilo y de buen humor, acompañado de Haldir y Finwe a quienes explicaba en qué consistía la fiesta de Navidad.
*
Esa noche, Harry se disponía a salir de la cocina, donde había entrado a hurtadillas a buscar cosas para la cena con Sirius, cuando fue sorprendido por una amable voz.
- “Harry, ¿necesitas algo?”
El chico se volteó para encarar al director.
- “N-no profesor Dumbledore”, respondió ocultando con su cuerpo la fuente que Dobby acababa de llenar para él.
- “Me alegra que pases la navidad en familia y a la vez que no te alejes del castillo”, sonrió afablemente el anciano, “anda, llévale también de estos”, dijo señalando una fuente de canapés de tritón, “a él le gustan mucho”
Harry se quedó de una pieza. No había creído que Dumbledore estuviera enterado de que Sirius se encontraba allí, pero con lo que le dijo, no le dejaba lugar a dudas. Además, le había dado su aprobación para pasar la Navidad con él.
- “¡Gracias, profesor!”, exclamó con los ojos brillándole de alegría. Sería la primera Navidad que pasaba con la persona más cercana a sus padres.
- “Solo ten cuidado”, dijo Dumbledore guiñándole un ojo, como solía hacer en señal de complicidad.
*
El insistente aleteo de un cuervo en la ventana de Kingsley lo hizo levantar la mirada y aproximarse para tomar la nota que traía el animal, que arrugó después de leerla. El mago moreno se dejó caer en el sofá con las manos en las sienes. Luego se levantó lentamente y se sirvió un vaso de agua, esa noche no habría coñac.
Tenía que afrontarlo, y lo haría ahora.
Tomó pluma y pergamino y escribió a Remus.
“Mi amor, me han llamado del Ministerio para una misión extra con Tonks y me tendré que ausentar por unas horas. Lamento no poder estar contigo en esta fecha, pero iré a Hogwarts apenas me desocupe. Te ama, Kingsley”
Envió la nota con una lechuza y suspiró. Era la primera vez que le mentía a Remus. Luego, se dirigió a su ropero y pronunció algunas palabras mágicas que abrieron una pequeña puerta al fondo de él. Sacó estilete, una capa de piel de jaguar y un taparrabos del mismo material. Una tiara con un diamante sin tallar completó el atuendo. Era la ropa de su padre, que él había conservado por doce años hasta que llegara el momento de usarla.
Se vistió de ese modo, luciendo magnífico y terrible en su desesperación. El mago moreno sacó un último objeto, una corteza de Ayahuasca cuidadosamente envuelta en un lienzo, y la depositó en un caldero. Cuando hirvió, Kingsley llevó el caldero al centro de la estancia principal y se sentó en el suelo frente a él, con las piernas cruzadas. Tomó el delgado estilete con una serpiente en la empuñadura y cortó una de sus muñecas, agregando su sangre al caldero.
Y esperó.
Esperó cantando en una lengua extraña y olvidada, alzando los brazos mientras su rostro se llenaba de lágrimas.
Luego bebió.
El líquido era amargo y áspero al deslizarse por su garganta, pero lo bebió todo. La primera vez que había tomado ayahuasca tenía sólo cinco años y todos consideraron una señal el sólo hecho de que sobreviviera.
Los efectos no tardaron en sentirse, un torbellino avasallador estalló en su mente, mostrándole rostros, rostros que giraban sin cesar, enloquecidos. Vio a sus padres y oyó sus gritos mientras su carne se quemaba, vio a sus antiguos compañeros, a su maestro. Una manada de lobos salvajes corría por un bosque desconocido. Miró atentamente y descubrió que no eran todos lobos. A la cabeza corría una enorme loba blanca, seguida por un lobo gris y éste era flanqueado por un perro negro y un ciervo. Ojos dorados… el cielo estaba lleno de ellos y una serpiente los iba devorando uno a uno.
Kingsley gritó y unos vidrios estallaron en una lejana ventana. Luego, el torbellino se detuvo un poco y vio a Dubledore y un resplandor dorado que anunciaba a Fawkes, pero el fénix nunca apareció, fue devorado por una serpiente y una sibilante risa le taladró los oídos. El mago moreno corría por un interminable pasillo de piedra, perseguido por un horrible ser del cuál sólo podía oír la respiración entrecortada por la carrera y los gruñidos furiosos que daba en su frustración al no poderlo atrapar. Una risa musical lo hizo detenerse y volteó, para correr de nuevo al ver un enorme perro negro, con fuego brotándole por la boca, que lo perseguía sin cesar.
Estaba a oscuras, pero podía oír y escuchó los sollozos de Remus, no tenía dudas que era él. Luego los sollozos se convirtieron en gritos de dolor y pudo verlo, indefenso en las manos del señor de los mortífagos, con Sirius junto a él. El torbellino volvió a girar tragándolos a los tres y oyó a Voldemort gritarle a Sirius una terrible maldición, pero algo se interpuso en su camino y un rayo verde golpeó en el pecho a su amor. El alarido de Remus se confundió con el del propio Kingsley que se retorcía sollozando en el piso, pero la cruel visión se negaba a desaparecer. Remus muerto por salvar a Sirius, tal como había temido.
- “¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!”, gritó Kingsley sacudiéndose la cabeza con fuerza mientras la mesita en la que se apoyó se volcaba estrepitosamente.
El mago moreno cayó al suelo y violentos espasmos recorrieron su cuerpo bañado en sudor, hasta que poco a poco se fue calmando y la bruma se disipó de su vista y de su cerebro. Parpadeó varias veces tomando nuevamente conciencia de dónde se encontraba. Y de pronto, corrió en dirección al baño, donde su boca comenzó a expulsar desesperadamente los restos de la poción.
“La ayahuasca tiene el poder de mostrarte a tu enemigo”, había dicho Yahmose hacía muchísimo tiempo, y el niño de cinco años jamás entendió por qué un perro negro lo perseguía. La visión se olvidó con el tiempo, pero había vuelto maximizada. Y ahora ya sabía el por qué.
Pasarían al menos cinco horas para que pudiera reponerse del efecto del poderoso alucinógeno que sólo empleaban los videntes más poderosos, luego vería a Remus y lo pondría al tanto de lo que estaba ocurriendo.
*
”So what can it be? / ¿Entónces qué puede ser?
No one hears me call, / nadie me oye llamar
Echoes back at me / el eco regresa a mi
No ones there. / no hay nadie allí”.
Para las nueve, la cueva de Sirius lucía un hermoso decorado navideño, e incluso había un pequeño abeto que Finwe había transplantado cuidadosamente y adornado con luces, hadas y duendecillos de cerámica que Sirius se había encargado luego de animar usando magia. El elfo estaba encantado y se apresuró a poner los regalos envueltos al pie del árbol.
Finwe y Harry eran los más entusiastas en prepararlo todo, porque también habían dispuesto una mesa y sillas para la cena de Navidad. El intenso frío era mitigado por una pequeña hoguera de fuego sin humo, encendida al fondo de la cueva y la nieve de la entrada había sido despejada con magia, de modo que los cuatro se acomodaron confortablemente y los elfos los obsequiaron con sus maravillosas canciones, acompañados del arpa de Haldir.
Pero Sirius contemplaba el sendero en la nieve con ansiedad, sus ojos no se apartaban del bosque y todos sabían que esperaba aún por alguien. De pronto, su mirada se iluminó y su rostro se llenó de ternura, porque avanzando con un poco de dificultad en la nieve, venía Remus con gorro, abrigo y bufanda que le cubría hasta la nariz, dejando tan sólo ver los ojos dorados llenos de emoción.
Finwe no lo pensó dos veces y corrió para tomar a Remus entre sus brazos y traerlo a la cueva, lo que no suponía ninguna dificultad para un elfo que podía caminar sobre la nieve.
- “¡Lobito!”, dijo Sirius apoderándose de su abrigo, gorro y bufanda y lanzándoselas a Harry, “pensé que no vendrías”
Cuando Remus logró liberarse del sofocante abrazo, pudo responder.
- “Lo siento... Dumbledore me encomendó preparativos de última hora para la ceremonia que habrá en Hogwarts.”, luego miró a los elfos, “por cierto, muchas de sus admiradoras se preguntan dónde están, creo que tienen algunos regalos allí”
- “¿En serio?”, dijo emocionado Finwe, “nosotros preparamos algunos regalos para ustedes”
- “Aún no, melda”, intervino Haldir, “eso es a media noche”
Remus se sentó en el suelo entre Sirius y Harry. Frente a ellos, Finwe estaba recostado en las piernas de Haldir que tomó nuevamente el arpa y comenzó a cantar. El mago de ojos dorados se sentía aliviado, porque momentos antes, había recibido una lechuza de Kingsley donde le decía que tenía órdenes del Ministerio para una nueva misión y que luego se reuniría con él en Hogwarts. Aunque sentía que Kingsley tuviese que trabajar, había deseado tomar parte en la pequeña reunión que Harry y los elfos tendrían con Sirius y le causaba alegría ver a su amigo tan animado, porque siempre se ponía nostálgico en esas fechas.
Los efectos del vino élfico que trajo Haldir se dejaron sentir pronto, pues Sirius comenzó a cantar villancicos con su voz de barítono, siendo coreado por Finwe al que le habían empezado a fascinar esas cosas. Las risas no tardaron en oírse y todos estaban muy animados a la hora de la cena.
Mientras brindaban una vez más, Sirius se aclaró la garganta y miró a Remus primero y a Harry después.
- “Estoy muy feliz, por primera vez en catorce años, de celebrar la Navidad en compañía de dos buenos amigos, de mi ahijado y de mi amor”
Remus miró a otro lado, nervioso. No podía dejarse llevar por la nostalgia, él ahora era pareja de Kingsley.
- “Moony, ¿te acuerdas la primera Navidad de Harry?”
Y las risas volvieron a llenar la sombría cueva mientras Sirius y Remus les explicaban a los elfos el susto que se había llevado el bebé, de entonces cinco meses, cuando su padrino le obsequió un mini set de Quidditch y apenas lo abrió, una snitch salió disparada estrellándose contra el árbol de Navidad.
- “Sirius siempre hacía obsequios muy originales”, finalizó Remus, riendo aún, sin retirar su mano cuando Sirius se la tomó suavemente. “James pasó al menos una hora persiguiendo la snitch por toda la casa y maldiciendo a Sirius”
Entre risas y anécdotas, llegó la media noche y Sirius abrió los brazos para estrechar a Harry y a Remus. Se abrazaron fuertemente por mucho rato mientras Haldir y Finwe se besaban con ternura. Luego, Remus se dirigió a sus amigos y se abrazaron también.
Finwe le susurró al oído: - “Sigue tu corazón” y Remus volvió a los brazos de Sirius, que de pronto lo alzó y lo llevó a una esquina de la cueva.
- “Mira arriba”, sonrió el animago.
Remus lo hizo. ¡Muérdago! Y logró huir apenas Sirius rozó sus labios robándole un beso.
Finwe estaba ya sentado junto al árbol repartiendo los regalos. Para Harry, una colección de libros de Defensa contra las Artes Oscuras, obsequiado por Sirius y Remus, y un broche mágico con la forma de las hojas de Lórien obsequiado por los elfos.
- “Así no perderás la capa”, le sonrió Finwe, que estaba informado por Draco de la vez que a Harry se le cayó la capa de invisibilidad, dejando al descubierto su cabeza y causándole un susto fenomenal.
Sirius y Remus habían preparado para Finwe un pequeño relicario con un cristal formado por las aguas de Piscina de Yith-Shesh.
- “Con esto en tu cuello, jamás volverás a estar en la oscuridad”, dijo Remus y para demostrarlo, extendió la mano hacia las luces, apagándolas por un instante en que el cristal comenzó a brillar con intensidad.
- “Gracias”, dijo el elfo dándole un beso en la mejilla a su amigo y un abrazo a Sirius.
Para Haldir los magos habían preparado una espada bellamente tallada y adornada con piedras preciosas.
- “Esto es para que nos recuerdes al combatir en tu mundo. La hoja es mágica también, y podrá cortar cualquier cosa y abrir cualquier puerta”, dijo Sirius.
- “Gracias, queridos amigos”, sonrió Haldir e hizo una seña a Finwe.
El joven elfo salió un momento y volvió acompañado de un diminuto ser de piel cobriza. Sirius contuvo el aliento y luego rió alegremente. ¡Era la dríada del Mallorn! La misma que lo había besado hacía tanto tiempo.
- “Uruviel trae nuestro regalo para ustedes”, sonrió Finwe y la pequeña dríada se inclinó un poco, con su risita traviesa y jugetona, expresando su deseo.
Remus se sonrojó un poco y avanzó hacia la dríada, acercando su rostro al suyo, hasta que sus labios se encontraron. Pero apenas rozaron los pequeños labios de madera, se encontró que eran cálidos y tan familiares que se dejó envolver en aquél beso, en una especie de trance del cual despertó en brazos de Sirius, con sus bocas aún unidas.
Ambos se soltaron suavemente. La dríada había desaparecido y en su lugar vieron a Finwe muy sonriente.
- “Uruviel le robó un beso a Sirius hace veinticinco años, ahora simplemente se lo ha devuelto a quien verdaderamente le pertenece”
Harry se sentía emocionado, a pesar de que la cueva no era muy cómoda, podía decir que era la mejor Navidad que había pasado en su vida, junto a las dos personas más cercanas a sus padres y junto a sus más queridos profesores. Y además, parecía que por fin las cosas entre Sirius y Remus empezaban a marchar mejor, porque veía feliz a su padrino.
Cuando Finwe tomó el paquete que Harry le ofreció, dejó escapar una exclamación de asombro. Era una brújula mágica que siempre mostraba dónde estaba Hogwarts y no le permitiría perderse jamás. El elfo abrazó a Harry haciéndolo sonrojar un poco.
Luego, le entregó también un paquete a Haldir, era un carcaj mágico al que nunca se le acababan las flechas. El elfo sonrió, gratamente sorprendido.
Harry entregó sus obsequios a Sirius y a Remus. El primero abrió un pergamino que instantáneamiente se animó mostrando miles de puntitos moviéndose.
- “Es un Mapa del Merodeador del Callejón Diagon”, explicó Harry, “Hermione me ayudó a hacerlo y pensé que te sería de utilidad para escapar de los aurores”
- “¡Es genial! ¡Ni James lo hubiera hecho mejor!”, exclamó Sirius haciendo sonrojar de alegría a su ahijado.
Los cinco se inclinaron un momento en el mapa y Sirius exclamó, señalando un diminuto punto.
- “¡Miren, aquí está Tonks!”
Remus miró esperando encontrar a Kingsley por allí también, y le extrañó un poco no verlo, pero Harry insistía en que abriera su regalo y eso hizo. Era un precioso maletín nuevo.
- “Es de piel de dragón”, dijo emocionado el chico, “se lo encargué a Charlie Weasley y lo trajo desde Rumania”
Los tres se abrazaron de nuevo, pero faltaban aún dos regalos.
Sirius tomó un paquete rectangular y se lo extendió a Remus, que lo abrió con el corazón aún acelerado a causa del beso. Era un libro, “The Lady of Shalott” en edición de lujo y con una dedicatoria del mismo Sirius.
- “Espero que te guste, lo compró Harry hace unos días y lo he estado leyendo. Es muy bello, Moony. Como tú”, dijo suavemente Sirius.
- “Gracias, Padfoot”, dijo cálidamente Remus y tomó el último paquete, entregándoselo.
Una escoba.
Una Firebolt último modelo, finamente acabada.
- “¡Moony!”
- “Shhh… no olvides que ya tengo trabajo”, dijo Remus, “además, con tanta actividad, necesitas tu propia escoba, estás dejando a Harry sin poder practicar Quidditch”
Y Sirius lo abrazó sin importarle nada, y lo hizo girar hasta que ambos cayeron al piso, riendo.
*
“To all these nameless feelings
/ a todos eso sentimientos sin nombre
I cant deal with in my life / que no puedo afrontar en mi vida
To all these greedy people / a todas esas personas insaciables
Trying to feed on what is mine / tratando de alimentarse de lo que es mio
You’ve got to filll your hunger / has tenido que saciar tu hambre
And stop fucking with my mind / y dejar de invadir mi mente
I know its time to leave these places far behind / sé que es tiempo
de dejar esto lejos”
Esa Navidad en Malfoy Manor, se desarrollaba otra escena completamente diferente.
Lucius presidía la mesa, flanqueado por Severus y Draco, mientras eran atendidos por los elfos domésticos. La mansión estaba exquisitamente decorada con motivos navideños y la mesa ricamente servida.
La conversación giraba principalmente en torno a Hogwarts y las cosas que Draco había hecho y Severus se preguntaba si en el momento en que los dejó solos, por la tarde, Lucius habría dicho a Draco el motivo de su presencia y también lo ocurrido con Voldemort.
De pronto, Draco observó educadamente.
- “Espero que el profesor Snape pueda recuperarse pronto del ataque de ansiedad que sufrió”
Severus casi se atora con el pavo. ¿Ataque de ansiedad? ¿Él?
- “¿Perdón?”
- “Le decía a Draco, profesor Snape, que me tomé la libertad de invitarlo debido al ataque de ansiedad que sufrió hace poco en su despacho”, aclaró oportunamente Lucius mientras Severus lo fulminaba con la mirada, “y qué mejor forma de levantar el ánimo de una persona, que pasar las Navidades en un ambiente familiar, ya que tengo entendido que usted no tiene familia”, continuó con una amplia sonrisa y alzó la copa, “a la salud del profesor Severus Snape”
Draco bebió entusiasmado, le agradaba la idea de tener a su profesor favorito cenando con ellos y le agradaba aún más haberse enterado de que Snape era susceptible de sufrir ataques de ansiedad y por lo tanto, más humano de lo que había esperado.
Mientras, Severus había pateado a Lucius por debajo de la mesa y había recibido a cambio un cariñoso apretón en el muslo.
Todo eso era, sin embargo, algo relajante. Severus no recordaba cuándo fue la última vez que había pasado navidad en un ambiente familiar y reía discretamente de las anécdotas de Draco. El hijo sin duda había heredado el ingenio del padre y aunque no destacaba mucho en el colegio, podía verse en él la misma determinación de Lucius.
- “A San Potter se le han subido los humos con eso de que su padrino es una especie de héroe. Es patético cómo Dumbie lo mima”, se quejó Draco, “apenas volvió el viejo, lo reintegró al equipo de Quidditch y con esto del Duelo no he tenido mucho tiempo para entrenar como buscador, de modo que fuimos derrotados por Ravenclaw en el primer partido. Temo que tendré que dejar un poco el duelo estos días y practicar Quidditch para vencer a los estúpidos de Gryffindor”
- “No lo hagas”, el tono de Lucius fue cortante.
- “Pero padre, pensé que tú querías...”
- “No importa lo que quería. ¿No recibiste mi nota? Lo que más deseo en el mundo es que seas campeón de Duelo. Y eso significa que al diablo con el Quidditch, si es necesario”
Severus frunció el ceño. No, era obvio que Lucius no le había dicho aún a Draco el verdadero motivo de que lo quisiera campeón. Y había hecho bien, a juzgar por el nerviosismo del muchacho cuando le tocaban el tema.
Iba a comentar algo para aliviar la tensión, pero en ese momento su brazo comenzó a arder con una intensidad ya casi olvidada. Apretó los labios y miró a Lucius. Los ojos de su amante le dijeron que estaba sintiendo lo mismo.
- “Draco”, dijo Lucius dominándose, “el profesor Snape y yo tenemos que ausentarnos por unas horas”
- “¿Qué? ¿A dónde van?”, exclamó Draco.
- “Cosas de adultos”, fue la seca respuesta, “no nos esperes. Luego te explicaré”
- “¡Pero padre! ¡Es Navidad!”
quiso gritar Severus, pero en cambio siguió a Lucius a la chimenea tratando de no oír las súplicas de Draco.
- “¡Profesor Snape! ¡No se vaya! ¡Es Navidad”
- “Lo siento”, murmuró antes de desaparecer en una nube de polvo verde.
*
”You and me / tú y yo
We have no faces / no tenemos rostros
They don’t see us anymore / ellos no nos ven más
Without love as they had promised / sin el amor que han prometido
And no faith for what’s in store / y sin fe de lo que queda en reserva
Oh I wish that I could see, / Oh, quisiera poder ver,
How I wish that I could fly / cómo desearía poder volar
All the things that hang above me / de todas las cosas que tiran de mí
To a place where I can cry / a un lugar donde pueda llorar”
El salón principal del refugio de Voldemort estaba extrañamente silencioso cuando los dos llegaron.
- “Celebración privada”, susurró Lucius y haciendo eco a sus palabras, el Señor Oscuro no tardó en aparecer.
- “Llegan a tiempo”, siseó haciéndoles una seña.
Lo siguieron por el pasillo de crujiente madera hasta detenerse en una sólida puerta de caoba, cerrada.
- “Ellos aguardan”, dijo la sibilante voz nuevamente, “Severus con Flint y Lucius con Manganelli”
El Oscuro Señor desapareció en una de las cámaras contiguas y Severus miró de reojo a Lucius que en ese momento abría la puerta.
Ambos entraron con paso seguro a la cámara. Dos experimentados mortífagos que bautizarían a los más jóvenes, pero nunca antes Voldemort había pedido un “bautizo” simultáneo. Quizás fuera la falta de habitaciones, se dijo Severus. Quizás su perverso deseo de ver a los que sabía antiguos amantes con otros.
- “Señor Malfoy, profesor Snape”, dijeron respetuosamente los dos muchachos.
Marcus Flint, su antiguo discípulo, lucía una discreta túnica negra. Severus lo observó atentamente, el muchacho era alto y musculoso. No era guapo, al igual que no lo había sido su padre, pero había fuerza en él. El profesor se preguntó si sería tan complaciente como Stanley, su padre y el recuerdo, dormido tanto tiempo, del día en que encontró a Lucius fornicando con él, lo volvió a taladrar.
- “Desvístete”, dijo secamente mientras sus ojos vagaban hacia el otro muchacho.
Era muy joven, a juzgar por la estatura y delgadez de su cuerpo. Probablemente quince o dieciséis años, como Draco. Sus cabellos eran castaños y estaban cuidadosamente atados con una cola, sus ojos azules miraban a Lucius con adoración. Vestía un ajustado traje de seda negro que a Severus le recordó la ropa de los duelistas. No lo había visto en Hogwarts, el chico tenía un aire extranjero. ¿Voldemort había dicho Manganelli? ¿Italiano?
- “Hijo, ¿cómo te llamas?”, preguntó Lucius con una suavidad que Severus jamás le había oído al dirigirse a un aprendiz.
- “Andrea, señor. Soy italiano”
- “Vieni, piccolino”, dijo Lucius abriendo los brazos y el pequeño ángel de ojos azules se perdió en ellos.
El profesor de pociones apretó los labios. Marcus estaba ya junto a él, completamente desnudo y lo miraba con ansia mezclada con temor.
- “Acuéstate”, dijo secamente Severus y el chico obedeció. Mientras, el aire se llenaba de los gemidos del jovencito que era atendido por Lucius.
Marcus lo miró desde la cama y sus ojos seguían mostrando ansiedad. Severus se dijo que era mejor acabar pronto, antes de volverse loco mirando a Lucius follarse al virginal muchachito en sus narices.
Se inclinó sobre su “ahijado” y deslizó las manos por el bien formado torso haciéndole dar un gemido. Continuó acariciándolo porque así los sonidos que hacía Marcus lograban acallar de algún modo los que estaban haciendo Lucius y el otro joven.
- “Profesor”, dijo Marcus mirándolo a los ojos.
- “¿Sí?”, respondió Severus apretando expertamente la erección del joven.
- “Béseme, por favor”, pidió, “siempre deseé que usted me besara”
Severus se inclinó y el joven lo atrajo hacia sí y lo besó torpemente. El profesor decidió enviar al demonio a Lucius y al jovencito y besó posesivamente a Marcus que comenzó a palparlo con torpes y enfebrecidas manos. Severus lo puso de costado y abrió su túnica y pantalones para dejar al descubierto su hombría, mientras sus manos comenzaban a prepararlo. De pronto se detuvo, sorprendido. ¿Marcus Flint era virgen? Eso explicaba su verguenza y ansiedad. Lo preparó con más cuidado del que se había propuesto y se disponía a penetrarlo cuando Lucius cayó junto a él en la cama, cubriendo con su cuerpo al Andrea, que enroscaba las piernas a su alrededor.
Lucius sintió que los celos lo desgarraban al ver a Severus preparar cuidadosamente, casi amorosamente a Flint. ¡Era inaudito! Con él hacía mucho que no tenía esas consideraciones. El mago rubio se concentró en el joven en sus brazos. Lo había creído inexperto pero acababa de notar que estaba en un error, Andrea decididamente no era inexperto y mucho menos virgen y en esos momentos se las había arreglado para trepar por el cuerpo de Lucius y empalarse a sí mismo. El mago no lo pensó dos veces y llevó al joven a la cama, arrojándose sobre él junto a Severus.
Ambos muchachos llenaron la habitación de gemidos y gritos de placer mientras eran penetrados por los dos magos y en ningún momento Severus miró a Lucius ni Lucius miró a Severus. Quizá eso fue una suerte, porque ninguno notó el profundo dolor en el rostro del otro.
*
“Alto, complexión delgada, cabello castaño, de preferencia con un mechón blanco en el medio”, dictó Draco al extraño aparato muggle en sus manos, “de acuerdo, olvide lo del mechón. Pero debe tener ojos dorados… sí, ya me oyó. No, color miel no es dorado….”, el joven hizo una mueca de exasperación, “está bien. ¿Ropa?, ahh sí, debe usar pantalones holgados color gris, una camisa celeste y una túnica de mangas anchas color azul marino y muy gastada”, nueva pausa y Draco, armándose de paciencia, explicó nuevamente lo de la túnica, “¡oiga! Yo le pagaré, de modo que si pido una túnica gastada, debo tener una túnica gastada”
El joven mago finalizó dando la dirección de su mansión y luego cerró el teléfono celular. No podía creer lo que había hecho, si su padre se enterase, lo mataría. Aunque si su padre lo había abandonado en Navidad, no lo creía con derecho a reclamarle que buscara otra compañía.
El chico hizo una nota mental para agradecer luego a Leif Ottarson, de sétimo, por el aparato muggle y por el número que le dio para marcar en caso de que algún día necesitara una “amiguita”. Y todo ello a cambio de ayuda en el examen de Pociones. Pan comido. Draco había aceptado el obsequio de Leif sin darle mucha importancia, pero esa noche, al quedarse solo, llamó para probar suerte y comprobó gratamente que no habían sólo “amiguitas”, sino también “amiguitos”, por la suma de cien libras la noche. Y si bien era cierto que no tenía la menor idea de a cuántos galeones equivalía esa suma, y que tuvo que aplicar un hechizo para engrosarse la voz, al final logró su cometido y se sentó a esperar cómodamente a su regalo de navidad.
El joven que llegó tendría veinte a lo sumo, y de hecho sus ojos no eran dorados sino tostados. Pero vestido con la túnica ajada y observado de lejos, se parecía a él y el corazón de Draco saltó de emoción al salir a recibirlo personalmente.
- “¿El señor Malfoy?”, preguntó el joven prostituto mirando dudoso a Draco.
- “Soy yo”, respondió él, consciente de lo raro que debía parecerle a su visitante que un joven de quince años solicitara sus servicios.
- “¿Tú? ¿tú llamaste?”
- “Así es. Será mejor entrar, a menos, claro de que quieras congelarte”
El joven dudó, pero las rejas de la mansión se cerraron y no tuvo más remedio que emprender el camino hacia la casa con Draco.
- “¿Tienes con qué pagar?”
- “Soy un Malfoy”, repuso simplemente Draco, como si la sóla pregunta fuera una ofensa y de hecho, para él lo era.
El joven se encogió de hombros.
- “Me llamo Adam”
- “Para mí, serás Remus”
- “¿Qué clase de nombre es ese?”, exclamó el joven.
- “El que yo quiero darte”
Subieron a la habitación de Draco mientras el joven observaba asombrado el intoxicante lujo de la mansión. La misma habitación del chico era fabulosa y la cama enorme. Adam hizo ademán de quitarse la túnica.
- “No. Yo quiero hacerlo”
Y Draco apagó las luces, acercándose con la misma gracia felina con que se movía su padre. Besó los delgados labios y acercó las caderas de Adam a las suyas, imaginando… En su mente, era Remus quien estaba entre sus brazos y a quien le haría lo que tantas veces había soñado. A los besos siguieron las caricias y luego las prendas de cada uno cayeron al piso.
Draco jadeaba mientras era atendido por el joven de rodillas ante él, pero pronto quiso completar su deseo y llevó a su acompañante suavemente a la cama. Allí evocó lo que había visto hacer a los elfos y succionó y mordió la sensible piel entre los muslos, para luego tomar la erección de Adam en su boca y engullirla completamente, mientras sus dedos preparaban el camino que deseaba seguir.
Adam se arqueó y gritó de placer mientras era empalado.
- “Di mi nombre”, pidió el muchacho arremetiendo con fuerza, por instinto más que por experiencia. “¡DI MI NOMBRE!”
- “¡Maldita sea, no lo sé!”, gritó el joven.
- “¡DRACO! ¡Es Draco, Remus! ¡Dilo de una vez!”
- “¡DRACO!”, gritó Adam mientras sentía arder sus entrañas, “¡DRACO!”, gritó de nuevo al ser empalado sin piedad, “¡DRACO!”, volvió a gritar mientras se liberaba en las manos del muchacho.
- “Remus, mi Remus”, gritó Draco a su vez enterrándose con fuerza antes de explotar en el recto de Adam.
*
“Where are all these feelings
hiding? / ¿dónde se esconden todos esos sentimientos?
Dancing in and out my mind / bailan dentro y fuera de mi mente
Burning up all that I long for / incendiando todo lo que añoré
Feeding me till my decline / alimentándome hasta mi decadencia
Where are you? My soul is bleeding / ¿Dónde estás? Mi
alma sangra
I am searching am I blind? / ¿Estoy buscando, estoy ciego?
All alone and bound forever / Completamente solo y atado para siempre
Trapped inside me for all time / atrapado dentro de mí por siempre”
Kingsley salió al fin de la ducha y se vistió. Eran casi las cinco cuando se metió en la chimenea y se dirigió a Hogwarts. Apareció en la pequeña sala de la habitación de Remus y sonrió con ternura al abrir la puerta del dormitorio y ver a su pareja durmiendo profundamente. En silencio, se puso el pijama y se aproximó al él.
Remus dormía abrazado de la almohada, que tapaba un libro, “The Lady of Shalott”. Era su libro favorito y Kingsley lo sabía, pero se sorprendió de ver algunas lágrimas rodar por sus mejillas y extendió la mano para secarlas. Remus abrió los ojos y por un momento pareció buscar a alguien, pero luego enfocó a Kingsley y le dedicó una hermosa sonrisa. Pero el mago moreno entendió, su amor lloraba por Sirius.
- “Feliz Navidad, Kingsley”
- “Feliz Navidad, mi amor”, respondió Kingsley deslizándose a su lado y abrazándolo con fuerza. “¿Todo bien?”
- “Sí”, dijo Remus refugiándose en su pecho luego de colocar el libro bajo la cama. “Busca bajo la almohada”
Kingsley así lo hizo y descubrió un pequeño paquete. Era un libro muy raro sobre las casas embrujadas, tema que le fascinaba y agradeció a su pareja con un beso.
El mago moreno usó su varita y trajo el regalo de Remus. Una pluma mágica.
- “Sólo debes dictarle y ella escribirá sola, de ese modo, no tendrás que trabajar tanto”, dijo cariñosamente Kingsley abrazándolo de nuevo.
- “¿Cómo estuvo tu ronda?”
- “Sin novedad. Tonks y yo estuvimos dando vueltas por Londres toda la noche, práticamente no nos separamos”, dijo Kingsley tratando de sonreír, porque acababa de decidir que no le diría nada a Remus. No después de ver esas lágrimas.
Remus se sorprendió un poco pero estaba demasiado cansado y había tenido demasiadas emociones. No quería pensar más en Sirius ni en lo que había sentido al besarlo de nuevo, sólo quería un poco de tranquilidad para poder decidir qué hacer.
Se refugió en los brazos de Kingsley.
- “Buenas noches”
*
- “No más sermones, Sev”, dijo Lucius en voz baja, “quiero ver a Draco”
El mago rubio avanzó a la habitación de su hijo mientras el profesor de Pociones abría la puerta de la suya.
- “¡Demonios!”
Lucius se había quedado sin habla frente a la puerta abierta que llevaba al dormitorio de Draco y Severus se apresuró a entrar.
- “¡Demonios!”, repitió haciendo eco a su pálido amante.
Porque en la amplia cama de Draco, éste dormía sujetando firmemente a un joven, dormido también. Ambos estaban desnudos.
Severus avanzó junto a ellos y volteó a mirar a Lucius. Su amante asintió, dándole la aprobación para lo que pensaba hacer.
- “Desmaius”, dijo Severus señalando a Draco con la varita, luego, zarandeó al otro muchacho hasta hacerlo despertar.
El grito del joven y la forma horrorizada en que miró la varita les hizo notar al instante que se trataba de un muggle.
- “¡Vamos, levántate!”, exigió Severus tirando del brazo de Adam.
- “¿Q-quién es usted? ¡Draco! ¡Draco, despierta!”, exclamó Adam espantado.
- “Soy su profesor”, explicó Severus, “y él es su padre. Respecto a Draco, no despertará hasta mañana. Ahora, vístete y sal de aquí. No te haremos nada”
Adam se vistió a toda prisa y ambos magos observaron asombrados su indumentaria, pero el joven, al ver que no le harían daño, se atrevió a hablar.
- “¿Y mi paga? El chico no me ha pagado todavía”
- “¿PAGA?”, bramó Lucius indignado. ¡Un Malfoy pidiendo servicios pagados!
- “Ya, Lucius”, intervino Severus, “¿cuánto es?”
El chico no lo pensó dos veces y dobló la cifra original. Lucius calculó rápidamente y sacó del bolsillo un elegante monedero de piel del cual eligió cuatro galeones de oro. Severus contuvo el aliento, ni por un momento pensaba que el jovencito ese mereciera tal despilfarro.
Adam tomó las monedas de la mano enguantada de Lucius y las miró con extrañeza.
- “Yo no quiero esta basura, quiero mis billetes. Tuve que soportar muchas cosas esta noche como para seguir con bromitas de estas. ¡Deme mi dinero!”
Severus cerró los ojos, había visto la furia de su amante y sabía que nada podría contenerla ya. Una voz tronó con rabia apenas contenida.
- “¡Crucio!”
El alarido fue tal que estremeció los oídos de Severus, a pesar de haberlo oído tantas veces. Y es que uno jamás se acostumbra a los gritos de las víctimas del Cruciatus. Los gritos continuaron por un rato que se le antojó eterno, hasta que Lucius bajó la varita.
- “Obliviate”, dijo Lucius y luego señaló otra vez al lloroso joven con la varita, “Aparecium Piccadilly Circus”
El mago rubio corrió a la cama y observó a su hijo. Tenía marcas de pasión en todo el cuerpo y por lo que había visto en el cuerpo de Adam, también había hecho su trabajo con eficacia. Lo cubrió y llevó la mano a su frente.
Y entonces, Draco susurró un nombre.
- “¡Maldición!”, bramó Lucius, “¡Maldición! ¡No otra vez! ¡No Lupin!”
- “Calma, Lucius. Después de todo, no podrás negar que le viene de familia”, dijo fríamente Severus.
Capítulo 30 : Within Temptation
“When leaves have fallen / cuando
las hojas han caído
And skies turned into grey / y el cielo se ha vuelto gris
The night keeps on closing in on the day / la noche se mantiene acercándose
al día
A nightingale sings his song of farewell / un ruiseñor canta su canción
de adiós
You better hide for her freezing hell / mejor escóndete de su gélido
infierno
On cold wings he's coming / él está viniendo con alas frías
You better keep moving / mejor sigue moviéndote
For warmth, you'll be longing / por el calor que estarás añorando
Come on just feel it / ven, sólo siéntelo
Don't you see it? / ¿no lo ves?
You better believe it. / mejor cree en él”
Within Temptation – ICQ Queen
Remus entró de nuevo a su habitación luego de ver a Dumbledore,
y se sorprendió de encontrar a Kingsley durmiendo aún. Normalmente
su pareja se levantaba muy temprano, y atribuyó el cansancio de esa
mañana a las rondas que tuvo que hacer el día anterior, aunque
ahora que lo pensaba, era raro que Kingsley dijera que estuvo con Tonks cuando
él vio en el Mapa de Sirius que no era así. Pensativo, se acercó
a él y le acarició el rostro. Y entonces, vio su mano junto
a las cobijas.
Tenía una herida en la muñeca, dos cortes en cruz que ya estaban cicatrizando. Remus retrocedió, había sentido lo mismo que cuando encontró a David muerto en el baño de prefectos, con las muñecas desgarradas en idénticos cortes. Asustado, tomó la otra mano de Kingsley y respiró aliviado al ver que no tenía la misma herida.
El mago moreno no se despertó, dormía tan profundamente que Remus tuvo que acercarse a su pecho para comprobar su respiración. Suspiró, ¿Kingsley tratando de lastimarse? Eso era poco característico de él, no lo entendía. A menos que… pero no quería pensarlo. Su pareja había estado extraño y un poco taciturno, casi desde que Harry comenzó con sus bromas, por llamarlas de algún modo. Y había noches que llegaba tarde, con olor a coñac.
Remus había atribuído eso al estrés por el que todos estaban pasando, pero una nueva idea se abrió en su mente. ¿Y si era eso? Ahora, más que nunca, no podía dejarlo.
- “¿Rem?”, Kingsley abrió los ojos y lo miraba sonriente.
- “Hola”, sonrió a su vez Remus, “son más de las dos”
Kingsley se estiró sorprendido y cubrió disimuladamente la herida con la manga del pijama.
- “Creo que tomaré una ducha”
Y Remus suspiró aliviado de que no le pidiera acompañarlo.
*
Draco se despertó un tanto mareado y buscó a su acompañante.
Nada.
Tampoco estaba su ropa.
Se levantó despreocupadamente y se dio una larga ducha. Se sentía de alguna manera en paz, como si hubiera necesitado ese desfogue hace mucho tiempo. Luego, se vistió con unos jeans celestes y una polera negra, y bajó a desayunar, esperando que el joven no se hubiera llevado nada de valor, porque acababa de recordar que no le había pagado. Aunque si hubiese tocado algún objeto de su padre, sin duda no viviría para contarlo.
Bajó las escaleras y entró en el comedor. Su padre estaba sentado desayunando con el profesor Snape. Ni siquiera levantó la vista para mirarlo.
- “Padre”
- “Buenos días, Draco”, saludó Severus dando una patada por debajo de la mesa a Lucius.
- “Buenos días profesor Snape”
Los ojos de Lucius parecieron animarse de pronto y lanzó un objeto a la mesa. Un teléfono celular.
- “¿Y bien?”, fue todo lo que dijo.
- “¿Dónde está él?”, preguntó Draco en clara confesión de su culpabilidad.
- “Lejos de aquí, tu padre se encargó de ello, Draco”, explicó Severus intentando levantarse para dejar a padre e hijo resolver sus problemas, pero la férrea mano de Lucius lo detuvo.
- “Los Malfoy jamás pagamos, Draco”, dijo fríamente Lucius, “tampoco nos mezclamos con muggles”, añadió despectivamente, “no sabes la clase de enfermedades que pueden tener. Un Malfoy sólo toma lo mejor y siempre es gratis, no lo olvides”
Severus sintió franca indignación por esas palabras. ¿Acaso él se incluía en esa afirmación? Al menos Lucius le había dado el honor de calificarlo como “lo mejor”.
- “Padre, yo…”
- “No te disculpes, sé bien lo que hiciste y también por qué”, lo cortó Lucius, “y también te diré algo, no me importa en absoluto que traigas a tus amigos a la casa, pero no vuelvas a usar un aparato muggle y menos a pedir un prostituto o su cabeza adornará el vestíbulo junto con las de los elfos domésticos”
Y como prueba de sus palabras, Lucius arrojó el teléfono celular al aire y lo pulverizó con un rayo de su varita.
- “Sí, padre”, Draco miraba al piso y Severus no supo si era por temor o por vergüenza. Le dio lástima ver así al chico, no había querido ser testigo de eso, pero Lucius no le había dejado alternativa.
- “Por cierto, Draco”
- “¿Sí?”, la mirada se levantó y se encontró con la de su padre.
- “Feliz Navidad”, dijo Lucius abriéndole los brazos y Draco se acercó a abrazarlo estrechamente.
*
La semana que siguió a la Navidad, Lucius se encargó personalmente del entrenamiento de su hijo, y era más exigente que el propio Finwe. Severus sonreía mientras los veía practicar, como agiles y hermosos ángeles, recordando con los ojos entrecerrados la primera vez que él y Lucius estuvieron juntos, precisamente después de un duelo, cuando tenía sólo quince años.
El profesor de Pociones tampoco estuvo ocioso y aprovechó el tiempo para recorrer la Mansión. Era extraño, llevaba viéndose con Lucius cerca de dos años luego de retomaran su relación y jamás había paseado por Malfoy Manor, sus visitas se limitaban a entradas furtivas hacia los sótanos y salidas apresuradas en medio de la noche.
La mansión era hermosa, mucho más que como era en sus recuerdos de juventud, porque Lucius, al heredarla, había hecho muchas mejoras dando mayor realce a los elegantes salones. La Biblioteca era fabulosa y también la armería, pero lo que más le gustó a Severus fue el exterior.
A la izquierda de la casa, había una enorme alameda flanqueada por estatuas de mármol representando primorosamente criaturas del mundo mágico en un paseo lleno de arbustos ornamentales. La alameda llevaba a un enorme invernadero de plantas exóticas, donde Severus pudo encontrar una extraña variedad de orquídeas utilizadas en la preparación de pociones vigorizantes. Hacia el fondo, el invernadero era una verdadera selva propical, llena de helechos prehistóricos y flores gigantescas. La mano de Narcissa se veía en todo ello y Severus se preguntó quién cuidaría ahora de las plantas, porque a Lucius jamás le interesaron y era obvio que a Draco tampoco. No era que a Severus le gustaran las plantas, simplemente las encontraba útiles como ingredientes para las pociones.
Lucius lo acompañaba ocasionalmente en sus paseos, tomándolo del brazo despreocupadamente mientras le explicaba la historia de cada estatua y objeto que adornaba su mansión. Y por primera vez en el largo tiempo que llevaban como amantes, pudieron conversar civilizadamente de cosas que no tenían que ver ni con Dumbledore ni con Voldemort, sino que formaban parte de la vida.
Su relación había dado un vuelco completo, y aunque aún desconfiaban el uno del otro, compartían la misma preocupación por el destino de Draco y eso los había unido más que las noches de sexo compartidas.
Y muy en el fondo, Severus temía la llegada del duelo, que podría arrebatarle a Lucius o transformarlo en un demente si perdía a su hijo. Sabía que la paz no podía durar. No con Lucius.
*
Luego de la Navidad que pasaron juntos, las cosas parecían haber vuelto a su cauce normal entre Sirius y Remus, pues ya no discutían y las “travesuras” de Harry cesaron por completo. Podía decirse que se sentían muy unidos por los besos que compartieron, pero ninguno de los dos hizo más por retomar su relación. Sirius pensaba que todo estaba dicho y que le correspondía a Remus decidirlo y simplemente optó por esperar.
Remus trataba de armarse de valor y hablar con Kingsley primero, pero su pareja no le daba muchas oportunidades para una larga conversación, de modo que aprovechó sus cortas vacaciones para practicar con los elfos y con Sirius las maldiciones imperdonables. Podía resistir sin problemas un Imperius y un Cruciatus, pero su amigo se negó a probar en él un Avada Kedavra porque había jurado nunca emplear esa maldición.
Los ataques de criaturas parecían haberse suspendido pues esa Navidad no se registró ninguno y tampoco los días que siguieron. Kingsley tenía también algo de tiempo libre, pero no lo dedicó todo a Remus, sino que comenzó a desaparecer con “Ojoloco” Moody en extrañas misiones que los hacían volver muy tarde y sólo daban cuenta de ellas a Dumbledore. Por lo demás, Kingsley actuaba con Remus con total normalidad y era tan cariñoso como siempre.
La víspera de Año Nuevo era luna llena y Remus se sintió de nuevo tentado a contarle a Kingsley la verdad sobre sus transformaciones, pero lo descartó cuando vio su expresión preocupada.
- “¿Pasa algo?”, preguntó.
- “Lo usual. Otro día de rondas cuando tú y yo deberíamos estarnos divirtiendo”, dijo con voz cansada. “Cuando esto termine, quisiera que tomáramos unas vacaciones en mi país. ¿Te gustaría, Rem?”
- “Claro”, sonrió Remus sin corazón para negarse.
- “Me alegra. Ahora debo irme, pero vendré mañana temprano para cuidarte”, Kingsley lo abrazó afectuosamente y lo besó en la boca, “Te amo”
Remus lo abrazó muy fuerte.
- “Buenas noches”
*
- “Sirius, algo está pasando”, dijo Finwe levantándose de pronto y dirigiéndose a la entrada de la cueva.
- “¿Algo? ¿Ataques de criaturas otra vez?”, preguntó Sirius alistando su varita.
- “No. Es algo diferente, no puedo explicarlo”, repuso Finwe muy serio, “Haldir, ¿puedes sentirlo tú?”
Su compañero se acercó y escrutó el ambiente por unos momentos.
- “Los árboles susurran algo”, dijo, “hablan de un engendro del espacio y una horda de asesinos. Puedo sentir su cólera”
Sirius se inclinó atento, pero no percibía nada. Finwe en cambió inclinó la cabeza en dirección a los árboles y luego se dirigió a Sirius.
- “¿El Morsmorde vuelve a brillar?”, exclamó, “¿Qué significa eso?”
- “La marca de Voldemort”, explicó Sirius. “¿Hay peligro en el bosque? Remus no debe tardar en venir...”
- “No hay peligro aquí”, dijo Finwe. “Las voces vienen de aquél lugar”, y señaló una zona que Sirius conocía bien.
- “El sitio del brezal”, dijo, “claro, el engendro del espacio...”, repuso para sí mismo, luego explicó a los elfos, “hace años, Voldemort tenía su campo de entrenamiento para mortífagos aquí mismo y lo descubrimos cuando casi destruye la escuela”
- “¡Allá viene Remus!”, exclamó Haldir y todos miraron al cielo, donde Remus se acercaba en una vieja escoba.
- “Remus, ¿no me digas que aún tienes ese vejestorio?”, exclamó Sirius.
- “Lo tengo, vuela, ¿o no?”, repuso Remus bajándose de su escoba. “Pensé que lo olvidaría, pero Severus apareció de nuevo con la poción y me obligó a beberla”, dijo con una mueca, “no me gusta dormir sin saber lo que pasa a mi alrededor”
- “Iremos a dar un paseo por el bosque”, dijo Haldir divertido, tomando a Finwe de la mano, “hablaremos un poco con los árboles”
Los elfos se dirigieron al bosque buscando darles un poco de privacidad.
- “Moony, ¿sucede algo?”, preguntó preocupado Sirius al notar la expresión de su amigo.
- “No lo sé... estoy preocupado por Kingsley”, dijo Remus
- “Ah”, murmuró Sirius, “¿qué le pasa al Auror Maravilla?”
- “No lo sé, lo veo preocupado, cansado. Es como si algo lo consumiera...”, Remus se detuvo, “lo siento, no debí decírtelo a ti”
- “¿Por qué? ¿Porque es tu novio y yo te amo?”, repuso Sirius.
- “Sirius, por favor deja eso”, Remus se acercó al viejo colchón y se sentó en él.
- “¿Qué? ¿Crees que no sentí en tu beso que aún me amas?”, se inclinó junto a él, pero Remus volteó hacia otro lado. “¡Genial! Y dicen que el testarudo soy yo. Dime, Moony, ¿hasta cuando vas a castigarme?”
Remus le tapó la boca suavemente con la mano.
- “Calla. Sirius”
- “Lo sé. Sólo dime una cosa, ¿lo amas?”, y Sirius lo miró intensamente a los ojos.
- “No”, dijo tristemente Remus, “no puedo amarlo. No como a ti”
Se hizo un incómodo silencio.
- “¿Recuerdas la primera vez que te besé? Fue justo antes de tu transformación, cuando la luna no salía aún, como ahora…”, dijo suavemente Sirius y acercó su rostro sin ser rechazado esta vez.
Se besaron dulcemente, como si fuera la primera vez, y los dedos de Remus acariciaron lentamente la mejilla de Sirius. Luego el beso se hizo más profundo y Sirius abrió los ojos para encontrarse con los de Remus, cubiertos de lágrimas.
- “No llores, mi amor”, susurró, “no quiero verte llorar nunca más, no quiero ser la causa de tu tristeza”
- “No lo eres, Sirius. Nunca más”, dijo Remus limpiándose las lágrimas. “Abrázame, por favor. No dejes de abrazarme, quiero despertar en tus brazos”, pidió.
Sirius lo tomó entre sus brazos, la poción comenzaba a hacer efecto. Con cuidado lo ayudó a ponerse el pijama y luego lo recostó en el colchón. Los ojos de Remus se cerraban.
- “Te amo”, susurró antes de cerrarlos completamente.
- “Moony”, susurró a la vez Sirius acariciándolo dulcemente. Por fin lo había recobrado, y esta vez sería para siempre.
Sirius se puso de pie y luego de depositar un beso más en la frente de Remus, buscó su pijama y se acostó junto él, abrazándolo estrechamente, besando sus cabellos y acariciando su rostro una y otra vez hasta quedarse dormido. No le importaba no estar fuera celebrando, todo lo que necesitaba estaba ahora con él. Esa sería la mejor nochevieja de su vida.
Casi a media noche, el espejo que Sirius tenía junto al colchón comenzó a brillar intensamente y la voz de Harry empezó a llamarlo con insistencia. El mago se levantó y tomó el espejo.
- “¡Sirius, algo anda muy mal en Londres!”, exclamó Harry muy asustado, “veo gente correr y gritar en un lugar muy elegante, y hay un extraño espejo en la pared”
Sirius sintió que se le helaba la sangre.
- “Dime, Harry, ¿cómo es ese lugar?”, preguntó dominándose.
- “Es un enorme hotel, parece un palacio”, explicó Harry cada vez más nervioso, “está en una calle muy concurrida…creo que es Regent Street. Espera... dice algo de Lon—no, es Lang..”
- “¡Ya lo tengo! El hotel Langham”, exclamó Sirius, “iré en seguida. Avisa a Dumbledore”, pidió el mago antes de guardar el espejo.
Luego salió de la cueva y lanzó un penetrante silbido, para volver a entrar y comenzar a vestirse. Haldir y Finwe no tardaron en aparecer.
- “Tenemos problemas, debemos ir a Londres enseguida”
*
En el vestíbulo del Hotel Langham, leyendo tranquilamente el periódico, se encontraba un hombre elegantemente vestido, con el cabello rubio platinado cuidadosamente atado con un lazo negro de satén. Se preguntaba cuánto tardarían en notar que uno de los exclusivos salones estaba herméticamente cerrado, y era media noche.
De pronto, se desató el horror. Los gritos eran terribles, pero era imposible abrir las puertas del Ambassador Room, lujoso salón en el cual se llevaba a cabo una reunión de Año Nuevo del Cuerpo Diplomático de los Estados Unidos.
Lucius calculó que allí habría unas cien personas. Probablemente la criatura del espejo tardaría media hora con ellos, lo que le daba el tiempo exacto para lo que quería su señor. Sin embargo, sentía un poco de lástima al dejar el espejo. En cierto modo, era uno de los objetos oscuros por el que había desarrollado mayor predilección, pero estaba consciente de que no podría volver allí dentro y llevárselo. Aunque quizás...
No, no podría. Ellos ya estaban allí.
Sirius Black entró corriendo, seguido por los elfos. Lanzó varios hechizos para evadir al personal de seguridad y se dirigió al lugar de donde provenían los gritos; con una total falta de estilo en opinión de Lucius. En su absurda prisa, ni siquiera notó al hombre de negro que rápidamente se cubría el rostro con un sombrero muggle y desaparecía.
La puerta del salón fue violentamente sacudida por un golpe de la espada de Haldir y se abrió. El desorden era terrible y la gente que quedaba con vida se abalanzó hacia la puerta abierta en su afán desesperado de salir del horror. Sirius y los elfos se abrieron paso entre ellos y entraron a lo que había sido el salón más elegante del hotel. Sillas y mesas yacían volcadas de cualquier manera y algunas personas gimientes se ocultaban como podían tras ellas o arrojaban el mobiliario y los adornos hacia un lugar indefinido, al fondo de la estancia.
Avazaron hacia el centro del salón y Finwe señaló de pronto el espejo. El marco estaba vacío en la pared y avanzando en dirección a ellos estaba el horror más espantoso que habían visto jamás. Un abyecto ser venido del submundo, cuyo rostro, si se podía llamar de esa manera, estaba formado por las aterradas expresiones de sus más recientes víctimas.
- “¡Detrás de mí!”, gritó Sirius y Haldir arrastró a Finwe que se había quedado paralizado por un momento.
El mago avanzó tratando de que sus rodillas no flaquearan. Apuntó a la abominación y exclamó con todas sus fuerzas, evocando a su adorado Moony riendo con Harry en brazos.
- “¡EXPECTO PATRONUS!”
Una figura plateada emergió de la varita de Sirius, un lobo de luz que se lanzó contra el ser, pero la luz comenzó a vacilar y poco a poco se extinguió.
El rostro del engendro cambió y le mostró por unos segundos la expresión horrorizada de Hestia antes de morir. Detrás de Sirius, un alboroto anunciaba la llegada de los Aurores.
Haldir y Finwe comenzaron a disparar flechas, que se clavaban en la carne fláccida del ser, sin que parecieran hacerle daño.
- “¡Sirius, sal de allí!”, gritó claramente Kingsley.
Pero Sirius se había quedado inmóvil, acaso paralizado por el espanto.
- “¡Sirius!”, Tonks irrumpió corriendo y se puso junto a él, con la varita en alto, sin saber muy bien que hacer.
La atención del engendro se dirigió entonces a ella y avanzó torpemente. Sirius le arrojó varios hechizos, los aurores también lo hicieron, pero nada servía. Cuando el ser estaba a punto de tocar a Tonks, Sirius, desesperado, apuntó hacia el espejo y gritó una sola vez.
- “¡DESTRUCIO!”
El espejo de Nitocris estalló en mil pedazos, llevándose consigo a ese ser de pesadilla, cuyo rostro apareció reflejado en cada uno de los cristales. Tonks se abrazó de Sirius, temblando.
- “Sirius Black, en nombre del Ministerio de Magia, debo detenerte”, Kingsley avanzó hacia él con la varita en alto.
- “¡Kingsley!”, gritó Tonks poniéndose delante de Sirius, “¿qué estás haciendo?”
Haldir y Finwe habían rodeado también a Sirius.
- “¡No puedes hacerlo! ¡Dumbledore lo protege!”, exclamó Finwe.
- “Anda, Shacklebolt”, dijo fríamente Sirius, “entrégame. Querías hacerlo hace mucho ¿verdad?”
- “No sabes nada”, dijo despectivamente Kingsley.
- “¡Kingsley, mortífagos en Trafalgar Square!”, gritó una Auror con los ojos desorbitados.
Era la división más joven. Ninguno había peleado antes con mortífagos, el miedo se apoderó de muchos.
- “Vamos para allá”, ordenó Kingsley, “Andrews, Drucker, quédense aquí y encárguense de este objeto y de borrar las memorias de todos. Los demás, vayan a Trafalgar Square a luchar, yo llevaré a Black al Ministerio y me reuniré con ustedes allí”
- “Para cuando llegues no quedará ninguno”, exclamó Sirius, “déjame ayudarte, yo he combatido contra ellos, conozco sus métodos”
- “¡Olvídalo, Black!”
- “¿Crees que voy a dejar que los maten? Juré protegerlos cuando entré a la Orden. ¡Vamos, no hay tiempo que perder! Si no confías en mi palabra, pelea a mi lado, así podrás capturarme, si eres mejor que yo”
*
“Whenever he is raging / Cuando
quiera que él se sienta airado
He takes all life away / Él toma toda la vida
Haven't you seen? / ¿no lo has visto?
Haven't you seen? / ¿no lo has visto?
The ruins of our world / las ruinas de nuestro mundo”
Severus caminó unos momentos más entre la multitud. Sabía
que la señal estaba próxima, y se dirigió al puesto temporal
que le habían asignado para atender a los heridos. Se sentía
impotente, el perverso plan de Voldemort daría resultado sin que él
haya podido hacer nada para alertar a la Orden. El Señor Oscuro simplemente
no lo dejó ni un momento a solas y después, Bellatrix estuvo
junto a él. No había visto a Lucius desde la tarde, en que se
disculpó con Draco por tener una cena de negocios y desapareció.
El profesor de pociones había sido convocado a las diez, para no darle tiempo de avisar a nadie. El plan era diabólicamente simple. Un ataque exactamente a media noche en un lugar simbólico y concurrido, un hotel de lujo y una delegación diplomática de otro país. Y Black entregado en bandeja de plata. Cuando los aurores dirigieran todos sus recursos hacia ese lugar, dejando de patrullar la ciudad, los mortífagos atacarían.
Y el verdadero blanco del ataque era Trafalgar Square.
El mago apretó los labios e intentó desesperadamente comunicarse con Potter a través del Legilimens, pero la mente del chico estaba cerrada.
- “Severus, ¿no es hermoso?”, dijo soñadoramente Bellatrix junto a él. “Y pronto no quedará nada.
La gente comenzaba a abrazarse, deseándose un feliz año, mientras las campanas del Big Ben comenzaban a tocar al son de “Auld Lang Syne” y Bellatrix reía.
- “Es perfecto para los que se iniciarán hoy y perfecto para los antiguos”, continuó ella, “es una lástima para ti tener que quedarte aquí, esperando heridos. Pero he preparado a mis chicos a conciencia y confío en que no tendrás que atender a nadie y quizá puedas al fin divertirte”
Una figura de negro y encapuchada surgió entre la multitud.
- “¡Lucius!”, llamó Bellatrix.
- “Black está allí”, informó escuetamente y se puso junto a Severus escrutándolo intensamente, buscando saber si habría informado sobre el ataque. Pero no pudo ver nada.
Confundidos entre la diversa multitud estaban ellos. Los nuevos mortífagos, que luego de recibir su banquete de placer, recibirían su banquete de sangre. Eran veinte despreocupados muchachos, muchos con cabellos largos y mirada rencorosa, que caminaban displicentemente entre los muggles, aguardando.
De pronto, el Morsmorde brilló en el cielo. La señal.
Sabían muy bien qué hacer, y comenzaron su tarea con agrado. Al principio no se notaba mucho la caída de un cuerpo entre una multitud tan compacta, pero cuando empezaron los gritos, el infierno se desató.
La gente corría gritando mientras era incinerada viva, o hecha pedazos por potentes maldiciones, mientras el cielo enrojecía y los mortífagos mayores aparecían sobre bestias aladas, lanzando hechizos devastadores. De nada sirvieron las medidas de seguridad impuestas por el gobierno, no podían atravesar la barrera mágica sostenida por el mismo Voldemort que paseaba tranquilamente entre las víctimas horrorizadas.
Luego de casi media hora de destrucción, llegaron los aurores y comenzó una nueva carnicería. Kinsgley les había advertido a los suyos no usar las maldiciones imperdonables, pero los jóvenes mortífagos no tenían restricciones en eso. Pronto, las víctimas del cruciatus clamaron a gritos su dolor, y los que no tuvieron la fuerza necesaria para bloquear un “Averno”, se incineraron ante los ojos de sus compañeros sin que nadie pudiera hacer nada.
Sirius luchaba como loco, flanqueado por Haldir y Finwe que disparaban certeras flechas a sus enemigos mientras se movían ágilmente para desplazar los hechizos. En medio de la lucha, Kingsley logró capturar a uno de los jóvenes, un muchachito de dieciséis con odio en la mirada. Apenas se vio cautivo, apretó algo entre sus labios y cayó con un espasmo. Muerto.
- “¡Maldición!”, gritó Kingsley pateando el cuerpecito sin vida en su frustración. “Retirada, ¡Vamos, de prisa!”, ordenó, buscando a Tonks que se debatía contra dos mortífagos.
Un certero “Incendio” de Sirius la libró de sus oponentes. Los helicópteros de las fuerzas del orden empezaron a llegar, pero las bestias aladas luchaban contra ellos. Cuando Haldir abatió una de ellas, la barrera pareció romperse por efecto de la flecha élfica o quizás Voldemort había decidido terminar la matanza. Las bestias se perdieron en el cielo nocturno y Lucius llegó corriendo junto a Severus.
- “¡Vámonos! Pronto estará infestado de muggles”, le dijo tirando de su túnica.
Pero Severus no se movió.
- “¡Déjame!”
- “¡Sev, estás loco! ¡No lo haré!, te encontrarán y si te liberan luego, él te descubrirá”
- “¡Déjame, Lucius! ¡Maldita sea!”, gritó Severus intentando deshacerse del abrazo.
- “Desmaius”, dijo Lucius tomándolo desprevenido, “lo siento, Sev. Lo hago por tu bien”, y lo cargó en sus hombros, para luego desaparecer.
*
Remus despertó esa mañana sintiendo un familiar calor junto a él y se acurrucó buscando a Sirius.
- “Moony”, dijo él muy bajito, con voz fatigada. Estaba vestido y eso sorprendió a Remus.
- “¿Qué pasa? Por qué estás...”, se detuvo al ver su frente sangrando, “¡por Merlín, Sirius! ¿Qué ha sucedido?”
- “Mortífagos... Trafalgar Square, Moony. Te perdiste toda la diversión”, dijo para caer de nuevo en un febril sueño.
- “¡Sirius!”, exclamó Remus sacudiéndolo un poco.
Finwe apareció a la entrada de la cueva. Llevaba el brazo vendado.
- “Remus”, dijo, acercándose rápidamente al mago.
- “Está lastimado”, dijo Remus mientras examinaba el cuerpo de Sirius ansiosamente en busca de más heridas.
- “Déjame a mí”, pidió el elfo y entre ambos desnudaron el torso de Sirius, aplicando hierbas curativas en las heridas abiertas. “Tiene fiebre”, explicó el elfo y puso algunas hojas bajo la lengua de Sirius, “esto lo ayudará, pero debe descansar”
- “¿Qué pasó?”, preguntó Remus con temor.
- “Hubo un ataque en un lugar muy elegante. Sirius destruyó el espejo---“
- “¿Sirius?”
- “Así es. Pero todo fue una trampa porque el verdadero ataque era en otro lugar, Remus. Peleamos junto con los aurores, pero hubo una gran matanza, hay muchos heridos y perdimos siete hombres. Los mortífagos perdieron sólo uno, pero tienen casi diez heridos y murieron al menos doscientos muggles”
- “¿Y Haldir?”
- “Tiene varias quemaduras en el brazo y está en la enfermería con la señora Pomfrey. Ella dice que en dos horas mis huesos se volverán a pegar”, explicó Finwe.
- “Debo ver a Dumbledore...”, dijo Remus mirando a Sirius con preocupación.
- “Ve. Yo me quedaré con él”
*
Los días que siguieron fueron confusos. Los muggles estaban aterrorizados y no hubo forma de borrarles los recuerdos a todos, simplemente eran demasiadas personas y los Aurores estaban agotados. Los periódicos muggles hablaban de ataques terroristas, y los diarios sensacionalistas hablaban incluso de seres del espacio y describían con detalles la marca aparecida en el cielo, la calavera con una serpiente saliéndole de la boca.
El Morsmodre.
La marca había aparecido igualmente en varios puntos de Inglaterra y finalmente el Ministerio tuvo que admitir que Voldemort había ganado esta vez.
Durante la reunión de la Orden, Severus les informó lo que sabía al respecto, y Dumbledore se mostró muy preocupado.
- “Voldemort se está comunicando con Harry, Severus. Temo que todo esto ha sido una trampa desde el principio”
- “Pero, ¿qué objeto tiene?”, preguntó Bill Weasley.
- “Parece que el objetivo era distraer…”, dijo Moody, “aunque algo me dice que no es lo único”
- “Severus”, pidió Dumbledore, “sé que suspendiste las clases de Oclumancia con Harry durante las vacaciones. Quedan sólo dos días para empezar las clases, de modo que debes continuarlas”
- “Haré lo mejor que pueda”, dijo Severus con una mueca de disgusto, “pero el chico es como el padre y creo que con esto se siente importante, no garantizo nada”
- “Remus, debes hablar con él”, pidió Dumbledore y el aludido asintió.
- “El Ministerio esta tarde aprobó un estado de sitio”, informó Kingsley, “además, aunque la ministra no estuvo de acuerdo, confirieron a los Aurores facultades para usar maldiciones imperdonables. El toque de queda será a partir de las once y durará hasta las cinco de la mañana”
Todos murmuraron en contra de esa medida, que no haría más que exarcebar el odio entre aurores y mortífagos. Severus sabía que Lucius estaba dirigiendo muchos de los recientes ataques y no podía dejar de advertirle. Aunque seguramente él ya lo sabía, su amante tenía aún muchos contactos en el ministerio. Apretó los puños, porque desde el último ataque, había decidido regresar a Hogwarts y no continuar en la mansión. Y contra todos sus pronósticos, la echaba de menos.
*
Remus estaba dividido entre el enorme cariño que sentía por
Kingsley y su amor por Sirius. Pero no podía decírselo aún
a su pareja, no con tantos problemas encima.
Por suerte, Sirius había comprendido la situación y estuvo de acuerdo con esperar. Además, ya se había recuperado y trataba por su cuenta de descubrir el paradero de Voldemort. Remus sabía que se había contactado con Mundungus Fletcher, quien le tenía mucho aprecio y no lo delataría. Por intermedio del mago, Sirius había logrado conseguir un informante, con el que se entrevistaría al día siguiente. Remus habría querido acompañarlo, pero ese mismo día era la segunda fecha del campeonato de Duelo y no podía faltar.
Era noche, luego de cenar en Hogwarts, Kingsley acompañó a su pareja hacia su habitación. Iba muy callado y luego de que entraron, Remus le preguntó suavemente:
- “¿Ocurre algo, amor?”
- “No, Remsie”, susurró Kingsley abrazándolo con fuerza. Luego lo miró a los ojos, “te amo, jamás olvides eso”
- “No lo olvidaré”, prometió Remus y lo besó con toda la ternura de la que era capaz. “¿Vas a salir?”
- “Sí. Hay algo que debo hacer y tiene que ser hoy”, respondió Kingsley y no ahondó más el asunto.
Momentos después, el mago moreno aparecía en su departamento, donde se vistió una vez más con sus ropas ceremoniales y se echó una capa negra encima, para dirigirse al lugar que había descubierto hacía poco con Moody.
Cuando decidió que no se escondería más, también pensó que él mismo tomaría la iniciativa para el encuentro, y esa iniciativa incluía descubrir el paradero de su interlocutor.