
“Lover, I'm on the street / amante,
estoy en la calle
Gonna go where the bright lights / voy a ir donde las luces más brillantes
And the big city meet / y la enorme ciudad se unen
With a red guitar...on fire / con una guitarrra roja--- ardiendo
Desire / deseo”
Desire – U2
- “Remus, necesito que me aconsejes en algo”, pidió Tonks en el taxi de regreso a la Mansión Black.
- “Te escucho”
- “Anoche…anoche Sirius y yo nos besamos”, dijo ella en voz baja.
- “¿Qué?”, dijo Remus con voz ahogada.
- “Fue algo accidental al inicio, pero luego él me besó como…tú sabes…esos besos que te dejan sin aliento”, Remus miró hacia abajo, ¡claro que lo sabía!, “y luego..luego él me apartó, como si recordara algo…o alguien”
- “¿Sí?”, dijo esperanzado Remus
- “Sí. Pero sé que le gustó. Él está muy solo y necesita mucho cariño, lo puedo sentir”, dijo Tonks pensativa, “dime, Remus, tú eres su mejor amigo y debes saberlo, ¿él ama a alguien?”
- “Yo no…no lo sé, Tonks”, suspiró él.
- “Es que a veces tiene una mirada tan triste…y otras veces, cuando está contigo y bromea, se ve como un colegial. Esa novia que él dijo…de quién se enamoró, ¿dónde está? ¿por qué no se casó con ella?”
- “Porque fue a prisión”
- “Pero, ¿dónde está ella? ¿quién és?”
- “Eso no importa. Eso fue hace mucho tiempo, esa…esa persona no volverá con Sirius. El pasado no volverá”, dijo Remus con voz tan triste que Tonks se preguntó por qué se sentía así. Y de pronto recordó que Remus tampoco se había casado y que siempre había estado solo. Como Sirius.
- “Remus, ¿tú nunca…? Tú tampoco te casaste…”
- “No”, respondió él con dulzura.
- “¿Por qué?”, no se pudo contener Tonks. Se detuvo al ver el rostro apenado de Remus, “lo siento…no quise…”
- “Está bien”, sonrió él, “es una larga historia, no vale la pena contarla. El pasado no volverá”
Ninguno de los dos habló el resto del viaje.
*
“He's a candle burning in my
room / Él es una luz encendida en mi cuarto
Yeah I'm like the needle, needle and spoon / soy como una aguja, aguja y cuchara
Over the counter with a shotgun / sobre el mostrador con un disparo de pistola
Pretty soon everybody got one / muy pronto alguien conseguirá uno
And the fever when I'm beside him / y la fiebre coando estoy junto a él
Desire, desire... / deseo, deseo”
A las cuatro en punto, Lucius Malfoy volvió a Hogwarts. Vestía
impecablemente de negro, como siempre, y llevaba un elegante bastón
con una serpiente de plata en la empuñadura. El símbolo de Slytherin
y de la propia familia Malfoy.
Se encaminó con paso seguro hacia el despacho de Haldir y Finwe y llamó a la puerta. No notó que una figura, también vestida de negro, se ocultaba rápidamente detrás de una columna al verlo pasar. Severus Snape entendió que Lucius sólo podía tener un interés en esos elfos, y lo maldijo para sus adentros.
La puerta se abrió y Lucius entró. Al poco rato, los tres se encaminaron hacia la puerta del castillo, donde el elegante auto de Lucius los esperaba, un Mercedes negro. A Lucius Malfoy le gustaba utilizar ese elegante medio de transporte muggle cuando deseaba impresionar, y en esta ocasión especial, deseaba impresionar por partida doble.
El auto los condujo hacia la gran mansión, oculta a ojos muggles por un poderoso hechizo. Apenas transpusieron la verja de entrada, Lucius sonrió. Los elfos estaban a su merced.
Entraron juntos en el amplio salón y Finwe observaba asombrado las pinturas que colgaban de las paredes, mostrando a los antepasados de Lucius que se erguian soberbios observando altaneramente a los visitantes.
Leggy, el elfo doméstico de los Malfoy se acercó tembloroso, pero Lucius fue, por primera vez en su vida, amable con él. El mortal sabía bien que sus invitados eran elfos también y no deseaba problemas.
- “Estaremos en la biblioteca del sótano. Por favor, no deseo interrupciones”
El elfo se retiró. Finwe interrogó a Lucius con la mirada, pero éste solo dijo:
- “Leggy es algo nervioso, ha tenido algunos problemas y por eso lo traje aquí”, avanzó hacia un elegante pasadizo oculto tras unos cortinajes rojos. “Síganme por favor”
Haldir tomó del brazo a Finwe y avanzaron tras Lucius. Llegaron a una puerta que conducía al sótano y Lucius sacó su varita y exclamó – “Alohomora”, la puerta se abrió con un sonido metálico y bajaron unas escaleras de piedra. Finwe y Haldir intercambiaron una mirada de entendimiento. En ese mismo sótano había desaparecido Hestia. Haldir metió la mano disimuladamente en su túnica, para tocar la empuñadura de su daga y tranquilizó a Finwe con un apretón en el brazo.
Lucius susurró – “Lumos” y avanzaron iluminados por la luz que emitía la varita, hasta llegar a una puerta de sólido roble, que Lucius abrió con un hechizo diferente.
Los elfos avanzaron resueltamente hasta estar en el centro de la habitación. Estaba elegantemente alfombrada y sus paredes tenían enormes estantes llenos de libros. También había un enorme escritorio con plumas y pergaminos, dos sólidos armarios, algunos cómodos sillones tapizados en cuero y al fondo de la habitación, una cama con dosel y cortinajes negros. Junto a la cama, había trampilla que llevaba a un nivel más bajo. Su puerta era metálica y estaba protegida por un enorme candado.
Lucius sonrió cuando notó que ellos veían la cama.
- “Este es mi lugar privado. Paso muchas horas aquí estudiando magia, e incluso duermo aquí a veces. Por favor, pónganse cómodos”
Con un vaivén de su varita, Lucius hizo aparecer una botella de Whisky y tres vasos. Sirvió una generosa cantidad en cada uno y se los extendió a los elfos, tomando asiento en uno de los sillones de cuero.
Haldir se sentó frente a él, pero Finwe prefirió recostarse en la cama mientras bebía un gran sorbo de su vaso. Desde esa posición, podía tener una mejor vista de toda la habitación, y no había dejado de notar un extraño volumen semi oculto entre los papeles de Lucius. El libro parecía encuadernado en un extraño material. Finwe estaba familiarizado con esas cosas, pues había visto muchos horrores antes de huir del Bosque Mágico, y no tenía dudas de que ese libro estaba empastado con piel humana.
- “Me alegra que aceptaran mi invitación. Tengo muchas cosas extrañas en esta habitación, como el libro que les dije”, apuntó a una de las estanterías con la varita, “Accio ‘Mitos del mundo antiguo’”, un volumen salió del estante para posarse en manos de Lucius.
El mago abrió una página señalada previamente con un marcador y se la extendió a Haldir, rozando su mano. Luego se inclinó para leer junto con el elfo, poniendo la mano casualmente sobre su rodilla. Haldir examinó la página con interés, fingiendo no haber notado la cercanía del mortal. Finwe, entre tanto, apuró el contenido de su vaso y se puso de pie para depositarlo sobre la mesa.
- “Hace calor aquí”, comentó.
- “Pues ponte cómodo. Puedes quitarte la túnica si así lo deseas”, dijo Lucius.
El elfo pelirrojo miró interrogante a Haldir, quien asintió con la cabeza. Finwe se despojó entonces de la túnica de mago que usaba, quedando con sus ropas élficas de color gris.
- “Esta cita habla de los anillos de poder de nuestro mundo”, explicó Haldir, “no es muy antigua, pues data de los inicios de la Tercera Edad de Arda, la cual concluyó con la destrucción del Anillo Único”
- “¿Podrías leerla para mí, por favor?”, pidió Lucius mirando al elfo directamente a los ojos y volviendo a su asiento, sin antes rozar nuevamente el muslo del elfo.
Haldir sostuvo esa mirada por unos momentos, pensativo, y Finwe se recostó en el brazo del sillón donde estaba su amante.
- “A principios de la Tercera Edad, Sauron y los elfos herreros forjaron anillos de poder. Tres fueron entregados a los elfos…”
Lucius escuchaba fascinado esta historia. No sabía por qué, pero el tema de los anillos le interesaba mucho. Cuando Haldir finalizó, dijo:
- “Fascinante. ¿Y dónde están ahora los demás anillos?”
- “Fueron destruidos todos, excepto los de los elfos”, informó Finwe, “nuestra señora Galadriel tiene uno, el otro lo posee Mithrandir el Mago, y el último lo tiene Lord Elrond, señor de Rivendel”
- “Ya veo”, dijo Lucius sonriendo felinamente, “me encantaría poder ver uno de esos anillos”
Finwe parpadeó un instante. Fue casi imperceptible, y lo hizo sólo por efecto del alcohol, al que no estaba acostumbrado, pues sólo bebía vino élfico. Pero para Lucius, entrenado en estas cosas, fue suficiente. Tuvo la certeza de que Finwe o Haldir podrían mostrarle el anillo.
Haldir lo miraba con los ojos entornados. Había finalizado su bebida, pero no como Finwe, pues el elfo rubio había bebido el whisky lentamente, saboreando el sabor amargo mientras miraba a Lucius y pasaba la lengua suavemente por sus labios.
Eso le recordó a Lucius el principal motivo de esa visita. Disimuladamente metió la mano dentro de su túnica y sacó la varita, con la que apuntó a Haldir.
- “¡Imperius!”, exclamó.
Luego hizo lo mismo con Finwe.
Pasaron unos tensos instantes, luego de los cuales se oyó una carcajada cristalina.
- “Mortal, tus trucos no tienen efecto en nosotros”, exclamó Haldir, “si deseas sexo, sólo dilo. Eres lo suficientemente atractivo para un elfo”
Lucius tragó saliva. NUNCA, JAMÁS en toda su historia de seducción había sido él el seducido. Sin contar, claro, varios episodios con Severus.
Haldir se puso de pie y tomó a Finwe de la mano, atrayéndolo suavemente, para besar sus labios, al tiempo que sus manos bajaban por su espalda obligándolo a pegar sus caderas a las suyas. Su pequeño elfo gimió suavemente echando la cabeza hacia atrás mientras la boca de su amante desdendía hacia el blanco cuello.
“And the fever...getting higher
Desire, desire...burning, burning”
El rubio elfo miró a Lucius que los observaba con una chispa de lujuria, y le hizo un ademán que fue comprendido por el mortal al instante. Se acercó por detrás de Finwe y apartó el rojo cabello, descubriendo su cuello que besó ardientemente.
Finwe suspiró al sentir las manos de Haldir desabrocharle la ropa y se volvió para ofrecerle su boca a Lucius, quien la tomó ávidamente, devorándola con su lengua. El joven elfo extendió uno de sus brazos, atrayendo la cabeza de Lucius hacia él, para profundizar el beso, al tiempo que con la otra mano, acariciaba la espalda de Haldir.
Lucius se unió a las maniobras de Haldir y pronto cayó al suelo parte de la ropa de Finwe y éste quedó con el pecho y la espalda desnudos. Lucius lo abrazaba por detrás, besando su cuello encima de los hombros, y sus manos empezaron a recorrer los perfectos pectorales. Las manos de Haldir se unieron a las suyas y sus dedos se entrelazaron por un momento, mientras sus bocas se juntaban por encima del hombro del pelirrojo que gemía suavemente.
Haldir entonces tomó a su elfo en brazos y lo llevó suavemente a la cama, seguido por Lucius. Allí lo despojaron del resto de sus ropas y su cuerpo se dibujó exquisitamente en las sábanas rojas.
Pero Finwe también deseaba divertirse, y se incorporó, soltando su cabello y dejándolo caer sobre su desnuda espalda. Luego se puso de pie mientras Lucius lo miraba fascinado, y comenzó a desvestirlo lentamente, ayudado por Haldir que besaba al rubio en la boca y enredaba sus dedos en su cabello, casi del mismo color que los suyos.
Pronto Lucius estuvo desnudo y los dos elfos lo contemplaron con admiración. Si de algo estaba orgulloso Malfoy era de su cuerpo, si bien no era joven, conservaba la firmeza que lo hacía apetecible a sus jóvenes amantes. Haldir hizo una seña y Finwe se puso de rodillas, tomando el miembro erecto de Lucius entre sus manos, para introducirlo suavemente en su boca.
El mortal dejó escapar un ronco gemido, que se perdió con el ruido que hizo la puerta al abrirse de golpe, mostrando a Severus Snape con el rostro colérico y esgrimiendo su varita.
- “¡Lucius!”, exclamó agitado, “¿Qué signfica esto?”
Finwe se detuvo indeciso, lo último que esperaba era a Severus.
- “Hola, Sev”, jadeó Lucius, “¿nos acompañas?”
Severus miró la escena con el rostro indescifrable, pero entoces Finwe se puso de pie y avanzó hacia él, deteniéndose algunos pasos antes de llegar a la puerta. Severus cerró la puerta de golpe y caminó hacia el elfo. Lo había deseado desde el momento en que lo vio, y ahora lo tenía desnudo en frente suyo y con una tentadora sonrisa.
No podía creer cómo Lucius había logrado convencer a los elfos de acompañarlo, y justamente venía a reclamarle su proceder, pero eso tendría que esperar. No desperdiciaría esa oportunidad.
No pudo resistirlo más y lo abrazó, enredando sus dedos en los cabellos rojos que tanto le fascinaban.
- “Eres hermoso”, le decía, mientras su boca mordía las puntiagudas orejas y sus manos vagaban por la exquisita espalda. “Te deseo tanto”
Finwe apartó el negro cabello del rostro de Severus y le susurró – “Puedes tenerme...”, para besarlo luego mientras lo despojaba de su ropa.
Haldir ya se había despojado también de las suyas, y reemplazó a Finwe en las atenciones que brindaba a Lucius, besando el miembro del rubio e introduciéndolo en su boca tanto como podía. Las manos de Lucius empujaban su cabeza para que lo tomara todo y sus rodillas se doblaban.
La habitación se llenó de los gemidos de los cuatro, pues Finwe besaba expertamente el cuello de Severus mientras sus manos le acariciaban los muslos y sus miembros erectos se rozaban. Las manos de Severus estrujaban la exquisita redondez de las nalgas del elfo, atrayéndolo hacia él, sin dejar de gemir.
Lucius entonces apartó suavemente a Haldir y avanzó hacia Severus, tomándolo por la cintura al tiempo que sus manos acariciaban el miembro del elfo y el de Severus.
- “Te extrañé, Sev”, le dijo al oído, haciendo que Severus gimiera audiblemente y volteara a besarlo con pasión.
- “¿Ustedes son...? Ahhhhh!!!”, Finwe dejó la pregunta flotando, pues las manos de Lucius le producían exquisitas sensaciones.
- “Somos amantes”, confirmó Lucius rompiendo brevemente el beso, para luego volver a emplear su boca en la espalda de Severus.
El joven elfo sintió una presión familiar entre sus nalgas, Haldir lo reclamaba, y lo apartó suavemente de la otra pareja para tomarlo en brazos nuevamente y llevarlo hacia la cama. Le encantaba alzarlo así, ser su dueño. Haldir era muy dominante con Finwe y eso les gustaba a los dos.
Arrojó a Finwe a la cama y le ordenó – “Arrodíllate”
Finwe obedeció poniéndose de rodillas, con los codos apoyados en el borde de la cama y mirando a Haldir. – “Ven a mí, mi dueño”, susurró, y Haldir se adelantó colocando su miembro en la boca de Finwe que empezó a prodigarle deliciosas atenciones.
Lucius y Severus se acercaron también a la cama, tomados de la mano, y Severus se recostó, colocando la cabeza debajo de las caderas de Finwe, para acariciar el miembro del elfo, succionándo cuidadosamente.
Lucius besó a Haldir en la boca y deslizó su lengua por el pecho del elfo hasta llegar a su ombligo, y siguió bajando de manera que se encontró con la boca de Finwe, que rozó también, antes de separarse de los elfos para atender a su amado Severus.
El delgado cuerpo de Severus contrastaba con el cuerpo de elfo, firme y musculoso, aunque menos robusto que Haldir. El rostro de Snape estaba perdido entre los muslos de Finwe y Lucius pensó que era un bello espectáculo.
Separó cuidadosamente las piernas de Severus con las rodillas, mientras le pellizcaba los duros pezones y arrancaba nuevos gemidos. Haldir lo miraba con los ojos entornados mientras suspiraba por las atenciones que Finwe le estaba proporcionando.
Lucius humedeció sus dedos en su propia saliva y deslizó uno de ellos suavemente por la entrada de Severus, que se estremeció visiblemente. Finwe dejó un momento lo que estaba haciéndole a Haldir para moverse provocativamente, ondulando las caderas e invitando a Lucius a verlo.
Severus sacó el ruborizado rostro, y Finwe lo besó brevemente, para volver nuevamente a tomar a Haldir, atrayéndolo mientras sus dedos vagaban por el camino entre las nalgas de su amante, deteniéndose en un punto sensible.
- “Te amo, mi dueño”, dijo Finwe dulcemente, introduciendo suavemente un dedo dentro de Haldir que se arqueó un poco, relajándose luego cuando su joven amante volvió a introducir su miembro en su deliciosa boca.
Lucius continuaba dándole placer a Severus y se atendía él mismo también, incapaz de resistir el bello espectáculo que daban los elfos. Severus se incorporó con el rostro a la altura de las nalgas de Finwe, que continuaban moviéndose en forma ondulante, y comenzó a besar dulcemente la blanca piel, sin dejar de gemir por las atenciones de Lucius, que ya rozaba su miembro con el suyo mientras sus dedos no dejaban de explorarlo.
Lentamente, Severus introdujo un dedo en Finwe, que gimió profundamente, y empezó a prepararlo como Lucius hacía con él. El joven elfo se concentraba en darle placer a Haldir, buscando alivio también con las caricias de Severus que lo hacían estremecer y pedir más, tal era su urgencia.
Severus era intenso, como Elrohir.
No se conformó con atender así al elfo, y se incorporó mirando a Lucius. El rubio lo dejó hacer, sabía lo que quería Severus. Lo besó en los labios y le susurró – “Tómalo”
Severus se adelantó y separó un poco más las nalgas de Finwe, deslizando su lengua entre ellas, lubricando su entrada. Luego se arrodilló y puso su rígido miembro sobre ella, pero una firme mano lo detuvo.
Haldir.
Haldir no permitiría que alguien tome a su pequeño elfo sin su permiso. Y desde luego, Snape no le había simpatizado desde el primer momento en que posó su mirada lujuriosa sobre Finwe.
Severus lo miró confundido, pero no pudo hacer más porque el objeto de su deseo se había retirado suavemente, poniéndose de rodillas y besando a Haldir. Hablaron brevemente en élfico mientras Haldir le pellizcaba los pezones con una mano y con la otra lo atraía pegándolo a su cuerpo.
Lucius entendió bien el mensaje y atrajo a Severus besándolo con ardor y explorando su anguloso cuerpo nuevamente.
Finwe se tendió sobre la cama, con su larga cabellera roja desparramada sobre las sábanas también rojas, y abrió las piernas doblando las rodillas y ofreciéndose.
- “Tómame, mi dueño”, pidió con un gemido.
Y Haldir lo tomó.
Con la seguridad y firmeza de quien conoce y defiende lo que es suyo.
- “Ohhhhhhh”, gemía Finwe y gimió más cuando sintió la boca de Lucius sobre su erección.
Severus se le unió para probar también el exquisito manjar, recostándose junto a Finwe, del otro lado de Lucius. Se sorprendió un poco cuando sintió unos largos dedos explorándolo como hacía Lucius y se volvió para mirar a Haldir que lo torturaba así, mientras arremetía suavemente sobre el cuerpo de Finwe.
El joven elfo movía desesperadamente las caderas, gritando en élfico y pidiendo más, pero Haldir deseaba disfrutarlo más tiempo y avanzaba y retrocedía con una lentitud que desesperaba a su joven amante, que con las bocas de los magos sobre su erección, se sentía próximo a explotar.
Severus se había agachado apoyado en los codos, succionando y acariciando a Finwe, con las caderas levantadas para permitir la exploración de Haldir. Su lengua se entrelazaba a veces con la de Lucius mientras ambos se concentraban en su tarea de dar alivio al bello Finwe, hasta que sintieron un ronco gemido y un tibio líquido les mojó los rostros. Lucius se apartó, dejando el camino libre a Severus, que lo bebió todo.
Haldir sonrió y se inclinó para besar a su amante – “Te amo”, susurró en élfico.
Luego hizo más pausado el movimiento de sus caderas, y profundizó su exploración en Severus. Miró a Lucius y lo atrajo besándolo – “Está listo. Quiero verte dentro de él”, susurró, retirando sus dedos.
Severus ondulaba sobre las sábanas, besando el cuerpo de Finwe y ofreciéndose a Lucius con los movimientos felinos que excitaban a su amante. Su negro cabello le cubría los ojos y su boca emitía suaves gemidos, pidiendo ser tomado.
Lucius no lo hizo esperar, de un firme empujón lo penetró, poseyéndolo. Así, lo marcaba como suyo. Arrodillado junto a Haldir, lo besaba, rozando su cuerpo hasta donde lo permitía la posición en la que se encontraban, dándoles ambos placer a sus amantes.
Entonces, Lucius comenzó. Primero se movió en círculos, afirmando las caderas de Severus y abriendo más sus piernas. El profesor de Pociones elevaba el cuerpo todo lo que podía, empalándose dentro de Lucius, que comenzó a moverse con mayor urgencia.
Finwe extendió una mano y tomó el miembro de Severus masajeándolo suavemente, mientras Haldir tomaba el suyo que nuevamente se alzaba, deseando más placer.
Severus no pudo soportar mucho más, y se vino en la mano de Finwe mientras Lucius lo empalaba con fuerza contra la cama y poco después estallaba dentro de él.
Haldir dejó fluir toda su energía y levantó las piernas de Finwe a la altura de sus hombros, para hacer suyo hasta el último rincón de su cuerpo, sus manos acariciándolo, y no se detuvo hasta que sintió la tibia escencia sobre sus manos. Entonces, se retiró hasta casi salir de su joven amante, para luego arremeter con fuerza e inundarlo a su vez.
Jadeando, los cuatro cayeron en la cama, confundiéndose sus cuerpos y besándose.
Pasaron varios minutos.
Finwe finalmente abrió los ojos y después de besar a Haldir y a Severus, se puso de pie, buscando su ropa. Lucius yacía con la cabeza sobre el pecho de Haldir y los ojos cerrados y Severus lo abrazaba por detrás, su cabeza hundida en el cabello de Lucius.
Haldir lo miró y le hizo una imperceptible señal.
El joven elfo se vistió ágilmente, junto a la mesa de trabajo de Lucius, y con un movimiento veloz y disimulado, que sólo fue captado por Haldir, tomó el libro oculto por los pergaminos, y lo deslizó dentro de su túnica.
Haldir apartó suavemente a Lucius, besándolo en la boca.
- “Tenemos que irnos”
Lucius se incorporó a medias, demasiado perezoso para levantarse. Además, aún tenía “asuntos” que arreglar con Severus.
- “Fue perfecto”, susurró sensualmente, “debemos repetirlo algún día”
- “Ya veremos”, sonrió Haldir, besándolo nuevamente.
Se vistió en silencio, mientras Finwe los contemplaba sentado sobre el escritorio, con una expresión impenetrable. Los ojos negros de Severus buscaron los verdes del elfo. Había pasión aún insatisfecha en ellos. Le envió un beso.
Finwe se puso de pie y tomó el brazo de Haldir. Su amante tomó la daga y susurró
– “A Hogwarts”
Ambos desaparecieron.
Lucius se volvió hacia Severus.
- “¿Has terminado?”, preguntó juguetón, “yo apenas empiezo”
*
Sirius leía distraídamente El Profeta, mientras tomaba café negro en la cocina. Apenas levantó la mirada cuando entró Tonks, pero el periódico cayó de sus manos cuando vio a Remus.
- “¿Te gusta el cambio?”, preguntó alegremente Tonks
- “¿Gustarme?”, dijo Sirius con voz ronca. Vestido así, Remus parecía nuevamente el muchacho de diecisiete que había amado.
Tonks lo miró sin entender. Remus se había ruborizado.
- “No entiendo que pretende Dumbledore con esto”, dijo suavemente.
- “Quizás quiera que consigas novia...”, aventuró Tonks.
- //O novio...// pensó Remus, descartando de inmediato esa idea. “Iré al estudio”, continuó, la mirada de Sirius lo ponía nervioso.
El enorme reloj del salón tocó siete campanadas.
- “¡Oh, cielos! Debo irme al Ministerio, me toca guardia ahora”, exclamó Tonks. Besó a Sirius ligeramente y se dirigió a la chimenea, “adiós, vendré mañana”, dijo antes de desaparecer en una llama verde.
Sirius se dirigió al estudio y llamó suavemente a la puerta, para abrirla a continuación. Remus se encontraba sentado en el escritorio, con un libro abierto que no leía. En sus ojos dorados había una profunda melancolía.
- “¿Y Tonks?”, preguntó
- “Se fue al Ministerio, tenía guardia”, respondió Sirius, sentándose sobre el escritorio, frente a Remus.
- “Remus, debo decirte...”, empezó Sirius.
- “Que besaste a Tonks”, completó él, “lo sé. Ella me lo dijo”
- “Remus, yo...”
Un chasquido lo hizo voltear, para ver a los elfos de pie en el estudio, con las túnicas algo desordenadas y una expresión extraña en el rostro. Finwe les sonrió.
- “Tenemos algo para la Orden”
Y le entregó un libro a Remus. El mago lo tomó, para soltarlo luego con repugnancia sobre el escritorio. Luego, se limpió las manos en la túnica.
El libro estaba traspirando.
Este curioso hecho se debía a que estaba empastado en piel humana y, aunque el donante hubiera muerto hacía más de quinientos años, los hechizos que protegían el volumen hacían que la piel se conservara fresca aún.
El título del libro era “Necronomicon”; su autor, Abdul al-Hazred.
Capítulo 12: The Unforgettable Fire
“Ice / hielo
Your only rivers run cold / tus únicos ríos corren fríos
These city lights / Éstas luces de la ciudad
They shine as silver and gold / brillan como plata y oro
Dug from the night / extraídos de la noche
Your eyes as black as coal / Tus ojos tan negros como el carbón”
The unforgettable fire – U2
- “¿De dónde sacaron esto?”, exclamó Remus
- “Pues...de Malfoy Manor”, respondió Finwe, sentándose sobre el escritorio.
- “¿Cómo?”, exclamaron ambos magos al unísono.
- “Lucius nos invitó y tomamos el libro”, explicó Haldir, acercándose al escritorio para abrazar a Finwe por la cintura.
Sirius y Remus intercambiaron una extraña mirada.
- “De modo que él lo tenía...”, dijo Remus pensativo.
- “Nuestras sospechas eran ciertas”, continuó Sirius, “¡hace tanto tiempo! Si James viviera para verlo...” y la voz se le apagó.
- “Cuéntennos cómo hicieron para obtenerlo”, pidió Remus, deseando cambiar de tema cuanto antes. No era bueno para Sirius recordar a James.
Haldir se sentó en el sofá de cuero frente a la pequeña chimenea y Finwe lo siguió, para recostarse en sus piernas, su cabello, recogido en una cola, siendo acariciado por éste.
- “Bien”, empezó Finwe, “hoy nos presentaron a Lucius, nos invitó a ver un libro que tenía una cita en élfico sobre anillos de poder. Fuimos con él, tuvimos sexo y tomé el libro sin que lo notase”
- “¿QUÉ?”
- “Digo que lo tomé, del escritorio. Estaba oculto por unos papeles, pero pude reconocerlo. En Arda también existe, aunque con otro nombre”
Remus evitaba mirar a Finwe, mientras Sirius miraba sorprendido a los dos elfos en forma alternativa. Sólo entonces notó Finwe el nuevo atuendo de Remus.
- “Te ves muy atractivo así”, le dijo sonriente y Remus se puso muy rojo.
- “Pero...ustedes...Lucius...¿cómo?”, logró preguntar.
- “No fue sólo Lucius, también estaba Severus”
- “¿QUÉ HACÍA SNAPE ALLÍ?”, vociferó Sirius, completamente perplejo.
- “Ya lo dije. Tenía sexo
con nosotros y Lucius”, respondió tranquilamente Finwe.
Haldir le cubrió suavemente la boca con la mano, casi como una caricia.
Y levantó los ojos, para mirar alternativamente a Sirius, que tenía
la boca abierta y las pupilas dilatadas, y a Remus, que tenía los ojos
cerrados y los labios apretados.
- “Lo siento, Finwe es muy directo a veces”, dijo con calma, “pero lo que ha relatado es exactamente lo que ocurrió. Estábamos con Lucius y se nos unió Severus. Ellos son amantes”
- “Como nosotros”, aclaró Finwe.
Sirius había cerrado ya la boca, que murmuraba – “¡El pendejo de Snape! ¿Puede alguien fijarse en un sujeto así? ¿Alguien como Malfoy?”
Remus abrió los ojos, que mostraban dolor.
- “¿Por qué?”, preguntó, dirigiéndose a Finwe. Era un reclamo. Ante sus ojos, los elfos habían perdido su pureza.
Pero fue Haldir quien le respondió.
- “Conoce a tu enemigo cuando esté más vulnerable. Cuando cuando ama, cuando odia. Porque sólo así conocerás sus puntos débiles, allí cuando su mente esté ocupada con emociones intensas y bajará las barreras”
- “Ustedes me sorprenden”, rió alegremente Sirius, “se acuestan con Malfoy y Snape, les roban el libro, ¿y ahora me dicen que han averiguado sus debilidades? ¿Lo disfrutaron?”
Remus le dirigió una escandalizada mirada.
- “Lo disfrutamos”, declaró Finwe entrelazando su mano a la de Haldir, “y sabemos una cosa también”, miró a Haldir buscando su aprobación y éste asintió, “Ellos se aman. Severus es la debilidad de Lucius, lujurioso y sediento, pero solo le ha entregado a él su corazón, y con mucho dolor”
- “¿Y Snape?”, la mirada de Sirius era francamente curiosa.
- “Lo ama, pero le teme. Le oculta cosas, cosas que tienen que ver con esa marca que ambos tienen tatuada”
- “¿Vieron la Marca Tenebrosa?”, preguntó Remus
- “Claro que la vimos, estábamos desnudos”, respondió Finwe, mientras Haldir sonreía divertido ante la expresión de Remus, “de modo que es así como Voldemort los controla, con esa marca”, añadió pensativo, “la probé con la lengua. Emana una fuerza muy potente. Emana Poder”
- “Y destrucción”, había amargura en la voz de Remus, una amargura que Sirius jamás le había oído antes. Lo miró sorprendido.
Walk on by / Camina
Walk on through /
Walk 'til you run / Camina hasta correr
And don't look back / y no voltees
For here I am / aquí estoy
Finwe estuvo en un instante arrodillado junto a él, su mano acariciándole el suave cabello, apartando el mechón encanecido sobre su frente para besarla suavemente.
El gesto fue tan natural y espontáneo que Remus no se sintió incómodo.
Ni Sirius.
- “Lo sientes ahora, ¿verdad? Un poder muy fuerte emana de ellos
dos. Un poder que puede destruirlos…o salvarlos”, susurró
Finwe.
Un lazo de invisible unía a los elfos con Remus, ¿el poder del Anillo? Y el lazo se extendía hacia Sirius atraído por un fuerte vínculo ¿amor? ¿amistad?
- “El lugar de donde proviene Finwe es misterioso, incluso en nuestro mundo”, explicó la calmada y profunda voz de Haldir, “los elfos del Bosque Mágico a menudo son considerados Istari o magos en Arda, pero aunque no tienen los poderes de nuestros grandes magos, son extraordinariamente perceptivos y sensibles. Finwe huyó cuando era muy joven de su bosque, pero ha heredado las cualidades de sus antepasados, exterminados en su mayoría por Sauron y sus hordas asesinas”
Remus oprimió con calidez la mano de Finwe, aún arrodillado a su lado.
- “¿Qué pasará cuando descubran que falta el libro?”, los alertó la voz de Sirius.
- “Ellos no nos pueden dañar”, respondió Haldir.
¡Qué equivocado estaba!
*
Carnival / carnaval
The wheels fly and the colors spin / la ruleta vuela y los colores giran
Through alcohol / a través del alcohol
Red wine that punctures the skin / el vino rojo que perfora la piel
Face to face / cara a cara
In a dry and waterless place / en un lugar seco y sin agua
Severus se desprendió del abrazo de Lucius y lo miró, reproche en sus ojos negros enfrentándose a los azules de su amante.
- “¿Sev?”
- “¡Suéltame, Malfoy! ¿Qué demonios pensaste? ¿Que me revolcaría gustoso contigo después de ESTO?”
- “Hace un rato lo hacías con gusto”, la voz de Lucius era acariciante, sin el menor asomo de vergüenza.
Severus se puso de pie dándole la espalda, sin responder. Rápidamente empezó a vestirse. Estaba demasiado molesto como para mostrarse débil ante Lucius, que se estiraba en la cama, aún desnudo, sin la menor intención de cubrir su cuerpo.
Lo hacía adrede.
Como siempre.
Al terminar de abrochar su túnica, Severus se volvió, su voz sonó fría.
- “Esto siempre fue una farsa. Lo sabes tú. Lo sé yo. ¿Para qué seguir?”
- “Porque no podemos estar el uno sin el otro, Severus. ¿Cuántas veces hemos tenido esta conversación?”
Lucius se levantó y buscó,
con gesto displicente, su bata de seda negra, convenientemente colgada junto
a la cama. Rodeó a Severus con los brazos y se inclinó para
besarlo en el cuello. De pronto, sus ojos vagaron por su escritorio.
Lo soltó bruscamente y en dos zancadas estuvo allí, revolviendo
los papeles frenéticamente. Luego se volvió hacia Severus que
lo miraba imperturbable.
- “¿DÓNDE LO PUSISTE?”, gritó Lucius como una pantera furiosa.
- “¿El qué?”,
preguntó Severus, la voz aún fria y con un aire divertido al
ver la furia de Lucius.
No sabía de qué demonios estaba hablando.
- “¡El libro! ¡El libro que estaba aquí!”, Lucius estaba fuera de sí, revolviendo los cajones y arrojando su contenido al suelo.
- “¿Qué libro?”, un presentimiento hizo que a Severus se le congelara la sangre, “¿*ESE* libro? ¿Estaba aquí?”
Lucius asintió, arrojando el último cajón, impotente.
Luego gritó.
- “Tú lo tienes. ¡Lo tomaste para dárselo al maldito de Dumbledore y su maldita orden de desquiciados ama-muggles! ¡Tú, maldito traidor! ¡EL me matará, y lo sabes!”
Severus parpadeó. ¿Lucius sabía de Dumbledore? No era posible. No...si Lucius lo hubiera sabido, le habría dicho todo a Voldemort y él estaría muerto.
Pero…
- “¿Desde cuando lo sabes?”, se halló preguntando.
- “Siglos”, rugió Lucius, “*YO* duermo contigo, ¿no?”
Severus pareció sacudido por esa revelación.
- “¿Por qué no le dijiste?”
Pero los ojos de Lucius se habían quedado quietos. Sus gritos se habían calmado. Se acercó a Severus, pero no como lo hacía siempre, lujurioso, juguetón; esta vez era como si le repeliera.
Finalmente habló.
Había hielo en su voz.
- “¡Vete! Sal de aquí antes que le diga a ÉL sobre ti. Y te aseguro que no habrá nada que le cause más placer que oirte gemir ante la tortura del Cruciatus, hasta que enloquezcas, hasta que sólo seas una pulpa de sangre y carne adoloridas. ¡Fuera!”
El juego había terminado.
Severus se fue.
No miró atrás.
Nadie lo vería jamás llorar.
Nadie.
Mucho menos Lucius.
*
Walk on by / Avanza
Walk on through / Avanza al otro lado
So sad to besiege your love so head on / tan triste para asediar tu amor,
así que afróntalo
Stay this time / quédate esta vez
Stay tonight in a lie / quédate esta noche en una mentira
I'm only asking but I... / sólo estoy pidiendo pero---
I think you know / creo que lo sabes
Come on take me away / vamos, llévame lejos
Come on take me away / vamos , llévame lejos
Come on take me home / vamos, llévame a casa
Home again / a casa de nuevo
El estudio estaba en un completo silencio desde que los elfos se retirasen. Remus no se había movido del escritorio, sus ojos veían el libro sin que se atreviera a tocarlo.
Sirius también miraba alternativamente al libro y a Remus, *SU* Remus. No quería que nada malo le sucediese.
Los elfos habían dicho que Malfoy y Snape se amaban. ¿Sabrían también de Remus y él?. Confiaba en ellos, sin saber por qué. No era por que trajeran el anillo o el libro. Simplemente confiaba. No importaba tampoco que se hubieran acostado con sus dos enemigos. Habia algo…no lo entendía, pero lo sentía.
- “Moony”, susurró, suave como una caricia.
Los ojos dorados lo miraron con reproche.
- “Besaste a Tonks”
- “Lo hice. Por Harry”, los ojos azules no se atrevían a mirarlo. Había pensado que Remus entendería, pero ahora no lo sabía.
- “¿Lo disfrutaste?”, la pregunta se escapó de sus labios temblorosos. No había querido formularla, pero el grito de su corazón se convirtió en esas dos simples palabras que le salieron sin pensar.
- “Nunca será como tú, Moony”, susurró Sirius.
- //¡Ya está! Está
evadiendo la respuesta. No ha respondido que no. Sólo nos comparó.
Quizá, con el tiempo, Black, si tú le enseñas, llegue
a ser como yo//, pensó con amargura Remus.
La amargura creció, hasta convertirse en una ira ciega, que jamás
había sentido, excepto cuando se convertía en lobo.El anillo
en su pecho emitió un fulgor dorado. Igual que sus ojos, que relampagueaban
de furia.
- //¿Qué me pasa? ¡No puedo lastimarlo! ¡Es Sirius, MI Sirius!//, la ira se calmó, pero Remus estaba asustado.
Para Sirius no había sido más que un instante.
- “Necesito estar solo”, la voz de Remus era neutra, pero segura.
- “Moony, perdóname…yo solo…”
- “Déjame solo, Black”
Sirius vaciló un instante, pero
luego meneó tristemente la cabeza y salió de allí.
Remus ocultó la cara entre las manos, mientras lanzaba un hechizo bloqueador
a la puerta.
Luego abrió el libro, en una página cualquiera y leyó.
“…El Dios Diabólico
El Genio Diabólico
El Fantasma Diabólico
No muestran signos verdaderos
En los Hombres Mortales
Y los muertos se levantarán
Y olerán el incienso”
Lo leyó.
Y estaba escrito en una lengua extraña. La comprendía. Una invocación a los espíritus de los condenados. Asustado cerró el libro y casi da un salto al oír un revoloteo en la ventana.
Era una lechuza.
La lechuza de Kingsley traía una carta atada en la pata. Remus le acarició la cabeza. Gwaihir y él siempre se habían llevado bien. Abrió la carta.
“Mi muy querido Remsie:
He vuelto hace un momento. El Tibet y yo no nos llevamos bien y el viaje de
retorno, usando un viejo traslador del Ministerio, fue por demás accidentado,
pues me trajo a Surrey.
Pasaré la noche en la cabaña que conoces. Nuestra cabaña.
Respecto a Snuffles, he creado una pista falsa y los sabuesos del Ministerio
están tras ella. Los he enviado a Egipto.
Te juré que lo protegería. Eso hago.
Tuyo,
Kingsley”
La sonrisa volvió a sus labios. ¡Kingsley! Siempre tan fiel y cariñoso. ¿Por qué no podía amarlo? La respuesta era sencilla: Sirius.
Remus se puso de pie, debía ir a un lugar. NECESITABA ir allí.
*
- “De prisa, Ron”, susurró Harry a su aún soñoliento amigo.
Se movían en silencio, como sombras, mientras se ponían la ropa, con cuidado de no despertar a sus compañeros de cuarto. Cuando estuvieron listos, se echaron encima la capa de invisibilidad del padre de Harry.
Avanzaron por el desierto pasillo. Harry tenía en la mano el Mapa del Merodeador.
- “No hay nadie. ¡Vamos!”
Corrieron hacia una escalinata de piedra, hasta llegar a un pasaje cubierto de armaduras y escudos. Harry llegó a una negra armadura, con el yelmo semi abierto y un penacho rojo colgando de él. Tiró suavemente del penacho y una puerta en la pared de roca se abrió.
- “¿Estás seguro de que es por aquí?”, susurró Ron.
- “Sí. Revisé el mapa varias veces”, respondió Harry y entró.
La oscuridad del túnel se lo tragó inmediatamente. Ron entró aún vacilante y la puerta de piedra se cerró tras él.
- “Lumos”, susurraron dos
voces, y ambos avanzaron iluminando el estrecho pasaje con las varitas.
El aire era sofocante alli. El pasaje no había sido abierto por años.
Avanzaron por las estrechas paredes de roca, hasta llegar al final. Una puerta
de piedra se abrió.
Estaban fuera de Hogwarts.
Se echaron la capa invisible encima y corrieron hacia Hogsmeade. Hacia el cementerio de Hogsmeade, donde Harry anhelaba ir.
Estaban por llegar al cementerio, cuando un rayo partió el cielo. El trueno que lo siguió fue el preludio de una tormenta. Para cuando llegaron a la entrada del cementerio, estaban empapados. Casi era media noche.
Avanzaron entre los ángeles de piedra y las estatuas, abriéndose camino entre las lápidas, leyendo las inscripciones, algunas olvidadas y casi borradas por el tiempo. Los rayos iluminaban por momentos el lúgubre paisaje. El paisaje de la muerte.
Un monumento de mármol blanco atrajo la atención de Harry. Representaba un ángel de largos cabellos, montado sobre un ciervo alado.
Se acercaron. La mano de Harry oprimía fuertemente la de Ron.
Habían dos tumbas juntas. La inscripción en ellas era
“James Potter
1966-1989
Lilian Potter
1967-1989
Caídos en defensa del mundo mágico.
Amigos, volveremos a vernos”
A Harry se le encogió el corazón. La había encontrado.
Un crujido lo alertó. No se habían quitado aún la capa, y se refugiaron rápidamente detrás de la lápida.
Una figura avanzaba hacia allí, vestida con una larga túnica negra que ondeaba al viento, la capucha le ocultaba completamente el rostro. Miró cautelosamente a su alrededor y luego avanzó con paso resuelto hacia la tumba.
Cayó de rodillas y una pálida mano salió debajo de la túnica, haciendo aparecer un pequeño ramillete de crisantemos blancos.
- “Para ti, mi querida Lily”, susurró.
El viento echó hacia atrás la capucha y la lluvia mojó su rostro, pero no pareció importarle, pues ya estaba mojado con sus lágrimas. Remus elevó su rostro al cielo y lloró.
- “Amigos, ¿qué voy a hacer? Cómo quisiera tener tus consejos otra vez, Lily. Poder pedirte, James, que lo regañes por mí, para que no me lastime más”, sus ojos buscaron la estrella que tantas veces le había traído consuelo. En la constelación del Can Mayor, la estrella más brillante. Como él. Como Sirius. Y sollozó, diciendo palabras entrecortadas…”demasiado poder…demasiado amor…duele”
Harry y Ron apenas respiraban. La vista de Harry sobre el rostro apenado de Remus. ¿De quién hablaba? ¿Por qué sufría de esa manera? La vista de Ron sobre la fría losa que cubría los cuerpos de los padres de su mejor amigo.
Ron vio entonces algo casi imperceptible, como un vapor deslizándose fuera de la tumba, como una niebla ligera. Y el anillo empezó a brillar débilmente. Luego se apagó y la niebla desapareció.
De pronto, Harry le apretó el brazo con fuerza.
Una segunda figura de negro había aparecido, acercándose a Remus, que, abrumado por su pena, no la había notado.
La figura extendió la varita y gritó – “¡DESTRUCIO!”
Harry abrió la boca para gritar.
Remus saltó, esquivando la maldición ágilmente. Un rayo rojo golpeó la lápida, haciendo que una esquina de ella saltara en pedazos. El mago se volvió hacia su atacante y gritó a su vez:
- “¡STUPEFY!”
Un destello salió de su mano
y golpeó al encapuchado en el pecho, haciéndolo caer.
Entonces, éste entonó un rápido cántico que terminó
en los versos:
“Y los muertos se levantarán
Y olerán el incienso”
Remus giró buscando enemigos. Los chicos dejaron caer la capa y él los vio. Su mirada se llenó de pánico.
- “¡Harry, Ron! Aquí, detrás de mí!”, gritó.
- “¡CRUCIO!”, la figura se había levantado y apuntaba con la varita, pero Remus lo esquivó, protegiendo a los chicos con su cuerpo.
- “¡PROTEGO! ¡STUPEFY!”
La figura trastabilló.
Pero algo helado golpeó a Harry.
Y luego, sintió que lo atravesaban, desgarrando su carne sin dejar heridas. Una niebla verdosa salió de su boca y nariz.
Sólo vio la cara de espanto de Remus y oyó su grito. – “¡ABJURATIO!”
Ron sostuvo a Harry que cayó desmayado, mientras Remus se volvía y lanzaba un “STUPEFY” final, para luego tomar a Ron y a Harry y susurrar – “A Hogwarts”
*
And if the mountain should crumble / y si la montaña se derrumba
Or disappear into the sea / o desaparece en el mar
Not a tear, no not I / ninguna lágrima, no yo
Stay in this time / quédate en este momento
Stay tonight in... / quédate esta noche
Ever after, this love in time / aún después, este amor en el
tiempo
And if you save your love / y si salvas tu amor
Save it all / sálvalo todo
Sirius estaba en el salón, esperando.
Pero las horas pasaban y Remus no abría la puerta.
Un rayo lo distrajo. Una tormenta.
A Remus, a SU Remus no le gustaban las tormentas. Recordó cómo
lo atemorizaban cuando niño, y se acurrucaba en sus brazos, con la
cabeza enterrada en su cuello, mientras él lo abrazaba y acariciaba
su espalda. Desde primer año siempre fue así. Las noches de
tormenta dormían abrazados. ¡Remus!
No. No lo perdería.
Resuelto, fue al estudio. La puerta
estaba bloqueada con un hechizo.
Sacó su varita y susurró un hechizo desbloqueador. Luego empujó
la puerta.
La habitación estaba vacía. Sobre el escritorio había un papel. Sirius lo tomó y un instante después, le hervía la sangre, mientras lo arrugaba y lo arrojaba a la chimenea.
Remus y Kingsley.
Lo había perdido.
Golpeó el escritorio con furia, luego se derrumbó a llorar de rabia e impotencia.
*
Tres personas aparecieron en la habitación de Harry y Ron, en Hogwarts.
- “¡Cielos!”, susurró Remus, “siempre lo olvido. Debí especificar en qué lugar de Hogwarts debo aparecer”, le dijo a Ron que lo miraba preocupado.
Suavemente le quitó a Harry de los brazos.
- “Estará bien”, le dijo sonriendo, “pero debo llevarlo con alguien que lo atenderá. Debes quedarte”
Ron asintió, pesaroso.
- “A la habitación de Severus Snape”, susurró Remus y desapareció con Harry.
Severus estaba en su habitación, completamente vestido y echado en
la cama.
Tenía los ojos cerrados, pero no dormía.
¡Lucius!
No creía que Voldemort matase a Lucius por la pérdida del libro. No era tan estúpido para perder a uno de sus más valiosos y letales mortífagos, y a esas alturas, Lucius había ya traducido lo que les interesaba conocer. Quizás sólo lo torturase con el cruciatus.
Pero lo había perdido. Y eso dolía.
Esta no había sido como sus otras tantas discusiones. Hubo algo allí que se había quebrado para siempre. ¿Confianza? Lucius jamás le fue fiel, eso era algo que simplemente no iba con él. ¿Qué demonios era entonces?
Un crujido le hizo levantar la cabeza.
Remus se encontraba allí, con Harry en brazos.
- “¡Lupin! ¡Qué mierda haces aquí!”
- “De prisa, Severus. Ha sido atravesado por un No-Muerto”
Severus se levantó de un salto y le hizo una seña a Remus para que tendiera a Harry en su propia cama. Luego, se puso a revolver su armario de pociones hasta que encontró lo que buscaba. Mezcló rápidamente el contenido de un frasquito con unas gotas de elixir vivificador y lo echó en una copa.
Remus sostuvo la cabeza de Harry mientras Severus se la daba de beber. Esperaron unos instantes y suspiraron aliviados cuando el color retornó a las mejillas de Harry y su respiración se hizo regular.
- “Ahora, Lupin, dime qué demonios hacían tú y Potter conjurando un espíritu así”
- “Nosotros no lo hicimos, Severus”, dijo suavemente Remus y le relató lo ocurrido esa noche.
Severus entornó los ojos. ¿Acaso era…?
- “Interesante. ¿Y sabes quién era el mago?”
- “Nigel Campbell, sin duda alguna. Nadie más que él puede lanzar un Destrucio con acento escocés”
- “Campbell…mmm…y el espíritu era…”, murmuró Severus temeroso de oír la confirmación.
Remus no lo dejó terminar.
- “El suicida. David Balfour, ¿lo recuerdas? Sirius y yo lo encontramos”, dijo con voz tranquila aunque por dentro un torrente de recuerdos lo asaltaba de nuevo.
- “Lo recuerdo”, ¿cómo no hacerlo? Había sido noticia en Hogwarts al menos durante un mes y había sido el hecho que desencadenó una serie de acontecimientos que culminaron con su búsqueda de Dumbledore y su arrepentimiento. Severus causó esa muerte, siempre cargaría con la culpa, pero nada en su rostro se lo dejó entrever a Remus.
- “Debo ir a ver a Dumbledore”, dijo Remus y su voz sonó muy cansada, aunque se esforzó por sonreír. “cuida de Harry”
Severus aún quería preguntarle cómo habían violado la contraseña de su puerta, pero cuando vio a Remus susurrar – “A la oficina de Dumbledore”, y el anillo brilló en su pecho antes de transportarlo, tuvo la respuesta a su pregunta.
Resignado, se sentó a cuidar al chico Potter.
Capítulo 13 : Us and them
“Us and Them /Nosotros y ellos
And after all / Y después de todo
we're only ordinary men / sólo somos hombres ordinarios
Me, and you / Tú y yo
God only knows / sólo Dios sabe
it's not what we would choose to do / que esto no es lo que escogimos hacer”
Us and them – Pink Floyd
Remus encontró a Dumbledore despierto, vestido con su túnica lila oscuro de siempre. Estaba trabajando con unos pergaminos, extendidos sobre su mesa. Al oírlo entrar, levantó la vista y lo miró con comprensión.
- “Habías tardado mucho en venir”, dijo con calma Dumbledore.
Remus se dejó caer en una silla y le extendió el Necronomicon, que había traído en su túnica. ¿Cómo Dumbledore podía saber que estaba en Hogwarts? Respondiendo a su pensamiento, el anciano agregó:
- “Puedo sentir el poder del anillo cuando está en Hogwarts, Remus. Dime qué ha sucedido”
Remus le relató brevemente el episodio del libro y lo ocurrido en el cementerio. Dumbledore arqueó las cejas, pero se tranquilizó al saber que Harry ya no estaba en peligro. Pero puso expresión preocupada al oír sobre Campbell.
- “Usó el conjuro del Texto de Magan. Eso es peligroso...me pregunto....Pero no, no creo que esté con Voldemort. Más bien es probable que esté tratando de conseguir su perdón con algún tipo de ofrenda”
- “¿Un ejército de No-Muertos? ¡Eso sería terrible!”, exclamó Remus, “pero, por qué David, ¿es que no le bastó con que muriera? A veces veo en sueños su cuerpo y todas esas rosas...es demasiado cruel”
- “Debemos impedírselo, Remus. Solo tú, Sirius, Alastor y Kingsley pueden hacerlo, pero debemos ser cautos. Enviaré a Fawkes donde Kingsley para que investigue los cementerios cercanos. Ya pasó la media noche y no podrá hacer más por hoy, pero debemos asegurarmos. Más tarde se reunirá la Orden”
Dumbledore escribió algo en un pergamino y se lo dio a Fawkes, que desapareció. Luego se volvió a Remus.
- “Puedo entender qué hacía Harry en el cementerio a esa hora, pero ¿qué hacías tú?”
- “El anillo, Albus. Amplifica mis emociones, mi magia. Su poder me asusta. Antes de ir al cementerio, sentí una ira enorme contra Sirius, por algo...”, Remus suspiró, “por algo sin importancia. Por eso fui allí a...a hablarles a James y a Lily. Siempre lo hago”, explicó, “pero vi formarse plasma que salía de la tumba y me detuve, ¿es que puedo invocar también a los muertos? Pude dominar a un mago tan poderoso como Campbell con un simple Stupefy, y puse un escudo protector que nos cubrió a los tres, y sin la varita...”.
Remus se veía agotado. Luego continuó
- “Es que no puedo...Sirius y yo no podemos estar juntos. ¿Te acuerdas de lo que dijo Genévieve?, si pierdo a mi pareja es como si perdiera parte de mi, y yo la he perdido hace catorce años. Pero no ha muerto. Solo me dejó”
- “Remus, mírame”, dijo suavemente Dumbledore, “lo que dijo Geneviéve es correcto, pero tu lobo no tomó a su pareja. En el caso de ella era diferente, pues se trataba de una loba. Respecto al anillo, has demostrado dominarlo bastante bien y no creo que otro lo hubiera hecho mejor que tú”
Remus lo miró algo soprendido.
- “¿Entonces no es el lobo quien lo reclama?”, susurró con voz ronca, “Lo siento, Albus. Es que a veces son demasiados recuerdos”, trató de explicar.
- “Lo sé”, dijo comprensivamente el anciano, “te prestaré el Pensadero, te ayudará a ordenarlos”, y le cerró un ojo, haciéndolo sonreír, “descansa ahora, mientras voy a ver a Harry”
Remus obedeció, Dumbledore era para él como un padre. Además, se sentía mortalmente cansado. Se tendió en el sofá y no tardó en quedarse dormido. El Director continuó escribiendo un momento y levantó la vista cuando apareció Fawkes, con una nota atada a la pata. La abrió.
“Albus, he colocado el conjuro de Phtat en el cementerio de Hogsmeade. No hay indicios de actividad espectral, más que de la tumba de Balfour. El cementerio más cercano es el de Surrey, pero allí no hay nada. En unas horas iré al cuartel general para preparar los conjuros con Remus y Ojoloco.
Atentamente, Kingsley”
Dejó la nota sobre el regazo de Remus por si desperaba y se dirigió a buscar a Harry,
*
Finwe despertó asustado. A su lado, Haldir dormía tranquilamente.
Se levantó con cuidado de no despertarlo y se dirigió a la ventana. Todo estaba en una absoluta oscuridad, sentía el ambiente opresivo, como si presagiara algo, y no pudo evitar recordar la noche, hacía algunos años, en que la sombra de Mordor se deslizaba por la Tierra Media.
Estuvo de pie un largo rato, tratando de distinguir algo entre las sombras.
- “¿Melda?”, susurró Haldir abrazándolo por detrás, “estás helado, ¿qué ocurre?”
- “¿Lo sientes? Es la sombra...hay algo en el aire, algo maligno, ¿recuerdas en Cuernavilla?”
- “Lo recuerdo, ¿cómo no hacerlo? Fue la primera vez que dormimos juntos...”, susurró Haldir, “Siento una presencia también, algún espíritu de seguro. Pero este castillo es muy antiguo, deben haber muchos espíritus, como Sir Nicholas y los otros”
- “No sé...”
- “No creo que sea nada grave, pequeño elfo. Al menos no tan grave como para no volver a la cama, me estoy congelando en estas frías paredes de piedra”
Haldir tiró suavemente de él y lo llevó de nuevo a la cama, abrazándolo con fuerza, hasta que Finwe se quedó dormido. Sin embargo, Haldir no durmió. Sabía bien que Finwe podía percibir más cosas que un elfo ordinario, como cuando presintió que el orco aquél le dispararía una lanza y se arrojó sobre ella para salvarle la vida.
Hablaría con Dumbledore al día siguiente, después de clases.
*
Harry despertó y se sorprendió mucho al ver a Severus Snape inclinado sobre él. Volvió a cerrar los ojos, con la esperanza de que Snape desapareciera.
- “Veo, Potter, que ha despertado. Lupin lo trajo aquí y le salvamos la vida”, Harry hizo un gesto de asombro, “no, no es necesario que me lo agradezca. ¿Puede hablar?”
- “S-sí”, dijo Harry algo inseguro, “¿qué pasó? ¿dónde está Remus?”
- “Lo atravesó un espíritu. Un No-Muerto. Llamamos así a los espíritus de almas condenadas que son invocados a través de un ritual y se convierten en esclavos del mago que los convoca. Si un espíritu como ese lo posee, su vida termina en pocas horas. Tuvo suerte de que sólo lo atravesara, pero tendrá mucho que explicar por hallarse fuera del colegio a esta hora”, dijo Severus con una mirada cruel.
- “Pero, ¿por qué lo hizo?”
- “Potter, no me pida que le explique las razones que tuvo el espíritu. O mejor dicho, las que tuvo su dueño, pues el espíritu ya no tiene voluntad. Respecto a su otra pregunta, Lupin está---“
- “Conmigo”, dijo Dumbledore, apareciendo junto a Snape.
- “Albus, Potter se encontraba fuera, violando las reglas como acostumbra, y puso en peligro a Weasley--”
- “Severus, estoy al tanto de los hechos. Remus me lo contó todo y necesitamos reunir a la Orden. Por favor envía las comunicaciones habituales para las diez de la mañana. También necesito que prepares más de esa poción vivificadora por si tenemos otra emergencia como ésta”.
Severus obedeció de mala gana, dirigiéndose a su armario y luego salió haciendo un gran esfuerzo para no tirar un portazo.
- “Harry, ¿cómo te sientes?”
- “Bien”, respondió Harry. “Lo siento mucho, sólo deseaba ver la tumba de mis padres”, Dumbledore asintió comprensivamente, “Profesor, ¿puedo ver a Remus?”
- “Puedes”, dijo Dumbledore, “iremos juntos y los dejaré hablar, pues yo debo ausentarme un momento”
*
- “Lucius, me has decepcionado”, repitió el Señor Oscuro una vez más.
Lucius Malfoy se hallaba ante él, elegante y magnífico como siempre. Sin demostrar temor.
- “Lo sé, Señor. Sólo puedo decirte que logré traducir completamente el conjuro y estaba revisando las notas sobre su uso, cuando sucedió ese... lamentable... accidente...”
- “¿ACCIDENTE? ¿LLAMAS ACCIDENTE A TU LUJURIA?”
Lucius no bajó la mirada. Él y Severus eran los únicos que no lo hacían ante Voldemort, y también los únicos que habían desarrollado tanto la Oclumancia que podían ocultar sus pensamientos de su señor.
- “Lo hice y aceptaré el castigo”, respondió tranquilamente.
Voldemort sonrió y eso acentuó más sus rasgos de serpiente.
- “Lucius, siempre has sido un demonio lujurioso y descarado, pero sabes que no puedo pasar por alto este descuido”, dijo acercándose a Lucius y agregó, hablándole al oído, “¿estabas sólo tú?”
- “Sí”, respondió Lucius mirándolo a los ojos, “sólo yo y los elfos”
- “¿Seguro?”, la mirada de Voldemort pareció traspasarlo, pero Lucius no se inmutó.
Nunca pondría en peligro a Severus.
- “Seguro”, respondió.
Voldemort caminó a su alrededor.
- “Ahh, Lucius, ¿sabes? Desearía no hacerlo, pero no puedo negar que me excitaría mucho verte sufrir. ¡CRUCIO!”
- “¡Agggggggg!”
Mil cuchillos lo atravesaron y Lucius cayó de rodillas. ¿Estaría sangrando? Pero no, él sabía que el Cruciatus no dejaba huellas...él mismo había torturado innumerables víctimas usándolo.
- “Nooooooooooooo”
Su cabeza parecía estallarle y su cuerpo quemaba mientras se retorcía en el suelo con algo mojado sobre el rostro, ¿sangre? ¿lágrimas? Sentía que sus huesos se alargaban horriblemente y sus venas se hinchaban, mientras luchaba por respirar tratando de no imaginar cómo estaría su carne lastimada, tratando de no sentir cómo la piel se le deshacía, como si fuera corroída por ácido, tratando de no pensar en Severus…Sus propios gritos le parecían irreales, no reconocía su propia voz, ni el eco de la risa de Voldemort, ¿eso era la muerte?
- “Suficiente. Me traerás
al elfo más joven”, dijo
Voldemort bajando el brazo que sostenía la varita. Lucius se quedó
inmóvil, sollozando aún. “Llévatelo”, ordenó
Voldemort al tembloroso Colagusano, que arrastró el cuerpo de Lucius
hacia una de las mazmorras de su propia mansión.
Voldemort sonrió satisfecho. Le había dado la dosis exacta, unos minutos más de tortura con el cruciatus y Lucius habría enloquecido.
*
- “¿Remus?”, susurró Harry arrodillándose junto a él.
- “Sólo está dormido, Harry”, dijo Dumbledore. “debo dejarlos ahora, hay algo que debo verificar yo mismo. Dile a Remus que estaré a las diez en la Mansión Black para la reunión de la Orden”
Fawkes envolvió a Dumblerore con su brillante luz y ambos desaparecieron.
Remus parpadeó ligeramente y se incorporó.
- “¡Harry!”, exclamó sorprendido, “¿y Albus?”
- “Dijo que estaría a las diez para la reunión de la Orden”, explicó Harry.
Remus tomó la carta que Dumbledore había dejado en su regazo y la leyó rápidamente.
- “¿Te encuentras bien?”, preguntó Harry.
- “Que curioso que me preguntes eso. Iba a preguntarte lo mismo, pero veo que tienes fuerzas para venir hasta aquí e incluso hacer preguntas”, sonrió Remus, “me encuentro bien”, agregó.
- “Snape me explicó lo que pasó con el espíritu…gracias por ayudarme”
- “Por ahora no hay peligro. Pero debes jurarme que no volverás a salir de Hogwarts”, dijo muy seriamente.
- “Lo juro, pero…”
- “¿Pero?”
- “Pero dime qué hacías
allí, ¿por qué llorabas?”,
Remus evitó mirarlo, “fue Sirius, ¿verdad? Ustedes pelearon…sé
como se siente, Ron y yo hemos peleado así algunas veces”
Remus suspiró.
- “Era por Sirius. Pero no te preocupes, nosotros no discutimos. Es sólo que, a veces, olvido que ya no tenemos veinte años y que las cosas no serán iguales ahora”, trató de explicar.
- “¿Tú les confiabas tus cosas a mis padres?”, quiso saber Harry.
- “Siempre. Ellos eran mis mejores amigos, especialmente Lily, porque James era el mejor amigo de Sirius”
- “Entonces, si mi padre era el mejor amigo de Sirius y mi madre tu mejor amiga, ¿qué clase de amigos eran ustedes dos?, ¿por qué él no te contó que no era más el Guardián Secreto de mis padres? ¿Por qué no te buscó al salir de Azkaban?”, preguntó Harry algo sorprendido.
- “No lo sé, Harry”, respondió Remus con tanta tristeza que Harry no quiso preguntarle más.
- “Remus, yo sé que solo soy un chico de quince años, pero puedes confiar en mí como lo hacías con mis padres. Quizás no te sirve de mucho, pero aquí estaré cuando me necesites”, dijo sinceramente Harry.
Remus sonrió.
- “No esperaba menos de ti, Harry”, luego lo abrazó muy fuerte, “eres un digno hijo de James”
*
Por la mañana, Finwe había despertado de muy buen humor, como si los temores de la noche anterior se hubieran disipado. Desayunó con Haldir y ambos se dirigieron a su aula, donde los estudiantes los esperaban.
- “Buenos días”, saludaron sonrientes.
Finwe se sentó sobre el escritorio del profesor, mientras Haldir comenzaba la explicación.
- “Hoy hablaremos de una planta muy especial llamada Athelas u Hoja de Reyes. ¿Quién me puede decir cuáles son sus propiedades?”
Hermione alzó la mano.
- “Si, Hermione”
- “Hem hem”, interrumpió una voz.
Dolores Umbridge acababa de entrar, llevando un extraño color granate en el cabello. Finwe alzó las cejas sorprendido. ¿Acaso quiso ser pelirroja?
- “Hola, Dolores”, sonrió Haldir, “¿quieres tomar asiento?”
- “Oh, eh, sí. Desde luego”, dijo ella sentándose al fondo del salón, en el único asiento vacío, luego de dar una desaprobadora mirada a Finwe, que no se bajó del escritorio.
- “Vengo a efectuar la inspección de rutina. Es acerca de sus métodos de enseñanza, los contenidos del curso, la presentación del mismo y su desenvolvimiento en clases”, explicó Dolores.
- “Bien. Hermione estaba a punto de decirnos las propiedades del Athelas”
- “Athelas, u Hojas de Reyes, son plantas curativas de hojas pequeñas, que se usaban en la Tierra Media para curar a las víctimas de la llamada Sombra Negra, un mal que hacía que sus víctimas cayeran en un sueño profundo que los llevaba a la muerte”
- “¡Excelente Hermione!”, dijo Haldir, “diez puntos para Gryffindor y ahora veremos--”
- “Hem hem”
Haldir se detuvo, sin que su rostro mostrara que se hallaba molesto por la interrupción.
- “¿Sí, Dolores?”
- “¿Cuál es la utilidad de enseñar a los estudiantes las propiedades curativas de una planta que probablemente no verán jamás? Me parece una pérdida de tiempo--”
- “Claro que la verán”, exclamó Finwe abriendo su pequeño morral, del cual salieron algunas hojas y su aroma llenó de frescura la habitación. “Esto es Athelas”, continuó, extendiéndole a Dolores una de las pequeñas hojas.
Ella la tomó y la guardó en su libreta de notas, y a continuación empezó a garabatear furiosamente en el formulario de evaluación.
- “Como decía---“
- “Hem hem”
- “Dime, Dolores”, dijo Haldir, impasible.
- “¿Para qué hablar de la Sombra Negra? Todos sabemos que eso no existe en nuestro mundo, por lo tanto no tiene utilidad práctica”
- “Dolores”, respondió con calma Haldir, “la Sombra Negra es un modo de posesión demoníaca o de un espíritu maligno. Y los demonios y espíritus desgraciadamente no respetan las fronteras de nuestros mundos. Eso era lo que iba a explicar cuando me interrumpiste”
El corazón de Harry dio un brinco. ¿La Sombra Negra? ¡Eso era lo que casi le había pasado! Se sintió aliviado de que alguien más que Snape conociera la cura. Pero Umbridge no parecía satisfecha.
- “Haldir, no existen magos tenebrosos que tengan el poder de invocar esa sombra”, replicó, “el más peligroso de ellos ha sido derrotado, y sus seguidores están en Azkaban, con excepción, claro está, del prófugo Sirius Black. Pero los Aurores del Ministerio de Magia están a punto de capturarlo. No es necesario asustar a los estudiantes con esta clase de explicaciones sobre posesión demoníaca y espíritus malignos”
- “No entiendo por qué el Ministerio se empeña en tapar el sol”, exclamó Finwe poniéndose se pie, “y tampoco le veo nada de malo en conocer cosas que podrían salvarle la vida a alguien. He sentido la sombra, ayer por la noche y es bueno que estemos preparados”
Haldir hizo un ademán para que guardara silencio, pero era demasiado tarde. Dolores Umbridge estaba lívida de furia.
- “Esto fue suficiente”, espetó, “haré el informe, pero desde ahora puedo decir que pediré la suspensión de uno de ustedes como profesor. Y no creo necesario explicar quién, ya que es obvio”
- “Finwe tiene razón”, exclamó Harry, “Ron y yo vimos esa sombra ayer”. No creyó oportuno explicar en qué circunstancias.
- “Potter y Weasley, tendrán una semana de detención en mi despacho, contada a partir de hoy”
- “¡Eso es injusto!”, gritó Finwe, “sólo eres una bruja amargada que odia a todo el mundo, excepto a tu precioso ministro y quizás a Haldir. ¡Pues me voy y tienes el camino libre!”
Finwe salió velozmente del aula, seguido de un murmullo de aprobación por parte de algunos estudiantes y de burlas de parte de Draco Malfoy y su pandilla, pero pronto tuvieron que callar, pues la voz de Haldir se imponía nuevamente.
- “Dolores, espero que estés satisfecha por haber irritado así a mi compañero”, dijo mirándola tan intensamente que la hizo sonrojar. Nadie más se atrevió a murmurar nada, “Ahora, si me lo permites, tengo una clase que dictar y creo que ya tienes suficiente para tu importante informe. Buenos días”
*
A las nueve de la mañana, Remus entró a la cocina de la Mansión Black. Se sentía muy aliviado luego de la conversación con Dumbledore y con Harry, y había dormido lo que quedaba de la noche, en Hogwarts.
Encontró a Sirius en la cocina, mirando inexpresivamente el vacío.
- “¿Sirius?”
- “Ohhh, volvió Remsie”, se burló Sirius, “¿Y cómo estuvo tu noche en esa cabaña de ustedes?”
- “¡Leíste mi carta! ¡Cómo te atreviste!”, exclamó indignado Remus.
- “Es cierto, lo olvidé”,
continuó Sirius con sarcasmo, “yo ya no tengo derecho, ¿no
es cierto? Ahora Kingsley lo tiene...”
- “¿De qué demonios hablas? ¡Kingsley es mi amigo!
¿Y cómo puedes decir eso después de lo que hiciste con
Tonks? ¡Es tu sobrina, maldito degenerado!”
- “¡Ella es mayor de edad y sabe lo que hace! ¿Tu amigo, dices? ¿Desde cuándo tienes un amigo tan cariñoso?”
- “¡Desde que tú me dejaste de nuevo, Sirius!. Cuando estabas oculto en las montañas, sin siquiera escribirme, Kingsley estuvo conmigo, escuchándome hablar de ti. Cuando volviste a alojarte en mi casa, y te encerrabas por días con Buckbeak en el ático, Kingsley estuvo conmigo, tratando de hacerme sentir mejor. Y cuando no me diste ninguna explicación por no haberme buscado antes, por no haber confiado en mi, Kinsgley estuvo conmigo y enjuagó mis lágrimas--¿Es que no lo entiendes? ¡Él es mi amigo! ¡NO PUEDO AMAR A KINGSLEY! No puedo...”, se apoyó en la pared, buscando desesperadamente un soporte.
Sirius se puso de pie violentamente y avanzó.
- “¿Por qué?”, demandó poniéndose frente a Remus, que volteó la cabeza evitando mirarlo.
- “Déjame, Sirius”
- “¿POR QUÉ? Tengo que saber...”, su mano apretó el brazo de Remus, haciéndole daño.
- “¡PORQUE TE AMO A TI! ¡TE AMO! ¿Estás contento ahora? ¡Por ti no puedo amar a nadie más!, a pesar de que me abandonaste y no confiaste en mí, te sigo amando...”
Sirius retrocedió como si lo hubiera picado una serpiente. ¿Lo amaba aún? ¿Después de todo lo que había pasado?
- “Qué patético soy, ¿verdad? Simplemente no puedo olvidar a mi primer y único amor...”
No pudo continuar, porque la ardiente boca de Sirius cubrió la suya mientras sus manos lo abrazaban tan fuerte que dolía. Pero no le importó, soportaría todo con tal de seguir probando sus labios.
- “Mi Remus, mi amor”
Algo mojaba sus rostros, las lágrimas de ambos se confundían con sus besos mientras Remus atraía la cabeza de Sirius más cerca suyo, enredando sus dedos en el negro cabello, recordando...
Recordando cómo se sentía besar a Sirius, recordando cómo se sentía su cuerpo, tan familiar incluso ahora, recordando...Y entonces también recordó el olvido, la desesperación, la angustia...
- “Sirius, no”, susurró tratando de apartarlo.
Pero los besos de Sirius eran urgentes y ansiosos, estaba recuperando a su amor, estaba reconociendo ese delicioso sabor a chocolate y amoldándose a su cuerpo más delgado que antes, pero igualmente cálido e incitante. No se detuvo cuando oyó las palabras de Remus.
- “Sirius, basta”, Remus ya no lo besaba, ahora trataba de apartarse y lo empujaba para que lo suelte. “¡He dicho que basta!”
Se detuvo en seco cuando oyó esas palabras.
- “¿Qué demonios te ocurre ahora?”
- “¿Crees que con un beso olvidaré los años de abandono por que no confiaste en mí? ¿Crees que olvidaré que no me buscaste a mí al salir de Azkaban? ¿Qué sólo fuiste a mi casa cuando Dumbledore te lo pidió?”, la furia crecía en Remus y también el dolor. No había pensado que finalmente le diría a Sirius lo que había estado evitando desde que volvió. No había creído que el dolor sería peor ahora que Sirius lo miraba sin entender, o fingiendo no entender.
- “Dijiste que me amabas...”
- “Está Harry, ¿recuerdas? Tú mismo lo dijiste”
Sirius lo miró interrogante, y se dejó caer pesadamente en una silla.
- “Moony, tú siempre fuiste el más fuerte de los dos.... ¿Qué haremos?”, dijo con voz ronca.
- “No lo sé”, respondió Remus.
Un campanillazo en el salón los hizo saltar a ambos y al poco rato Tonks hizo su aparición en la cocina, encontrándose con dos hombres sonrojados y despeinados, con huellas de lágrimas en el rostro. Los ojos de Sirius estaban enrojecidos.
- “Hablaremos, pero no ahora”, susurró Remus y trató de aparentar normalidad, relatándoles a ambos los acontecimientos de la noche anterior.
- “Los demás miembros de la Orden están por llegar. Creo que debes asearte”, dijo suavemente y Sirius asintió, retirándose.
Remus se quedó con Tonks. Ambos evitaban mirarse.
*
Finwe corrió por el pasillo, tratando en vano de contener las lágrimas. ¡Cómo se atrevía esa bruja! ¿Es que sólo le importaba quedar bien con el ministro?
- “Finwe”
Se detuvo, limpiando sus lágrimas. Pero Severus las vio. Su mano tocó gentilmente su mejilla, limpiándolas.
- “¿Qué ocurrió?”, preguntó preocupado.
- “Nada”
- “No me mientas”, y Finwe pudo sentir la fuerza que emanaba del mago.
- “Dolores Umbridge. Ella quiere suspenderme”
- “Ya veo”, dijo Severus entornando lo ojos, “Deja que lo haga, eso no tiene importancia. Avisa a Haldir, pues debemos ir a la calle Grimmaud a las diez en punto. Ha sucedido algo muy grave”
Los dos elfos llegaron a la Mansión Black junto con Severus y Minerva
Mc Gonagall. Allí los esperaban ya los otros miembros, con excepción
de Sirius, Dumbledore y Kingsley.
Tomaron asiento en sus lugares. Remus parecía nervioso y preocupado, y estaba sentado frente a los elfos, con Tonks y un lugar vacío a su derecha y otro lugar vacío a su izquierda. Pero entonces entró Sirius y el rostro le cambió. Se había aseado y atado su cabello en una cola como la que usaba Finwe. Se sentó junto a Remus y le sonrió, luego saludó a los presentes.
- “Hola de nuevo, mi amor”, dijo Tonks tomando su mano. Remus miró hacia otro lado.
- “Vaya, vaya. Black, estás lleno de sorpresas”, dijo sarcásticamente Severus.
- “Y tú también lo estás, Snivellus. No sabía de tu gusto por las multitudes”, respondió Sirius, igualmente sarcástico.
- “¿Puede saberse de qué hablan?”, preguntó Tonks lanzándole una mirada asesina a Severus.
- “Eso puede esperar”, intervino Moody, “hay cosas mucho más graves que debemos discutir”
En ese momento hicieron su aparición Dumbledore y Kinsgley.
- “Me alegro de que estén todos aquí”, dijo Dumbledore tomando asiento en la cabecera de la mesa.
Kingsley se sentó en el lugar vacío a la izquierda de Remus y lo saludó efusivamente, tomando sus manos entre las suyas.
- “Te ves magnífico con esa ropa, Remus. ¿Qué se te dio para hacer ese cambio?”, le dijo afectuosamente.
Sirius lo miró intensamente, pendiente de su respuesta.
- “Ohh, lo había olvidado completamente. Fue idea de Albus y no le he dado las gracias”
Dumbledore alzó las cejas y alcanzó a ver cómo Tonks le daba a Sirius una patada bajo la mesa.
- “No fue nada, Remus”. Decididamente había allí algo raro, pero tendría que esperar. “Ahora, les explicaré brevemente el motivo de esta reunión”
Dumbledore expuso los hechos, omitiendo el detalle del libro. No era prudente que los demás miembros de la Orden lo supieran aún.
- “Kingsley y yo hemos indagado algo más”, continuó, “y por Severus sabemos que Campbell no está con Voldemort y también que Voldemort tiene otra arma, además del espejo, aunque no conocemos aún cuál es. De modo que tenemos dos caminos de acción. Kingsley les explicará uno de ellos”
- “Lo primero es neutralizar a Campbell y al espíritu. Y quiero dejar bien claro, para los que conocieron a David, que el espíriru *NO ES* David, porque ahora es prisionero de la voluntad de Campbell. Debemos impedir que utilice otros espíritus de condenados, de modo que nos encargaremos de colocar el conjuro de Phtah en los cementerios de magos de Gran Bretaña y Escocia. Esto hace un total de 52 cementerios y Alastor y yo bloqueamos ayer los de Hogsmeade y Surrey, de manera que quedan 50. Sirius y Remus se encargarán de 25 y Alastor y yo de los otros 25. Empezaremos ahora mismo con los más cercanos, pues Campbell debe esperar a la media noche para abrir la quinta puerta, con esto tenemos una enorme ventaja y con suerte mañana habremos terminado”
- “¿Y David?”, preguntó Sturgis Podmore, “perdón, es que fuimos compañeros de habitación. Digo ¿y el espíritu?”
- “El espíritu está en Hogwarts”, dijo Finwe, “lo he podido percibir claramente anoche”
- “Severus se encargará del espíritu”, explicó Dumbledore, “la magia que protege a Hogwarts es demasiado fuerte como para que Campbell pueda volver allí, pero el espíritu no tiene barreras. Sin embargo, tenemos allí a Severus, a Minerva y a nuestros amigos”, continuó, señalando a los elfos.
- “¿Y el otro camino de acción?”, preguntó Tonks.
- “Debemos averiguar cuál es el arma que se reserva Voldemort. Si desea efectuar atentados contra magos y muggles, el espejo no le servirá y su ejército de mortífagos es pequeño. Además, los nuevos aún no dominan las artes oscuras. Lo primero es proteger Azkaban, para impedir que libere a sus partidarios más poderosos. Tonks y Elphias pueden encargarse de eso, alternando con Sturgis y Emmeline. Mundungus debe estar atento a cualquier rumor en el Callejón Knockturn”, explicó Dumbledore.
- “Será un placer”, exclamó Mundungus.
- “Y sobre el arma misteriosa, tengo una idea bastante aproximada de lo que puede ser, gracias también a Haldir y a Finwe. Pero eso lo dejaremos en manos de Sirius y Remus, nadie mejor que ellos para interpretar runas sumerias. Debo decirles también que el Anillo ha incrementado considerablemente los poderes mágicos de Remus, al punto de ser capaz de enfrentar a Campbell con un hechizo simple--”
- “Disculpen la interrupción”, dijo Sirius, “pero, ¿alguien ha pensado que aún me persigue el Ministerio y que no puedo pasearme tranquilamente por los cementerios de magos como ustedes?”
- “A eso iba, Sirius”, dijo Dumbledore sonriendo, “Kingsley te envió al Brasil y dos aurores han ido hacia allí. Eso nos dará algunos días. Respecto a desplazarte, irás con Remus y él puede desaparecer junto contigo haciendo uso del Anillo, que no es detectado por ningún instrumento del Ministerio, ya que no se trata de magia negra. Eso es todo. Nos reuniremos de nuevo en dos días.”
Todos se fueron retirando, excepto Kingsley y Alastor, que se dirigieron al estudio con Remus para preparar el nuevo conjuro.
Sirius se disponía a reunirse con ellos, cuando Tonks lo detuvo.
- “Sirius, tenemos que hablar”
Capítulo 14 : King of pain
“I have stood here before inside
the pouring rain / he estado de pie en la lluvia
With the world turning circles running 'round my brain / con el mundo girando
en mi cerebro
I guess I'm always hoping that you'll end this reign / creo que espero que
acabes este reino
But it's my destiny to be the king of pain / pero es mi destino ser el rey
del dolor”
King of Pain – The Police
- “Nym, este no es el momento más apropiado”, dijo Sirius
tratando de evadirla, “debo preparar el conjuro“
- “No me importa tu conjuro. Kingsley puede prepararlo sin tu ayuda”, dijo Tonks bloqueándole el paso, “quiero que hablemos AHORA”
Sirius suspiró resignado.
- “Está bien, Nym, ¿de qué quieres hablar?”, preguntó evitando mirarla a los ojos.
- “¿Qué fue lo que presencié hace un rato? ¿Qué pasa contigo y Remus? ¿Y qué hay de nosotros?”, fueron las preguntas que salieron atropelladamente de la boca de Tonks, y luego se quedó allí, mirándolo ansiosa, esperando respuestas.
- “Sólo discutíamos. No pasa nada y no lo sé”, respondió Sirius tratando de ser sincero, y de responder todas las preguntas. “Lo siento, es que todo esto ha ido demasiado rápido”
- “Sirius, no me mientas. Estabas llorando, y también Remus. Y ambos estaban despeinados”, dijo Tonks en voz baja.
- “Nym, sólo hablábamos del pasado—“, dijo Sirius pero ella lo cortó.
- “¿Y qué hay en el pasado de ustedes dos que pueda hacerte poner así?”, preguntó ella y se pronto un pensamiento se abrió camino en su mente. Se cubrió la boca, “¿ustedes eran—“, se interrumpió, incapaz de pronunciar la palabra.
- “Amantes”, completó Sirius, “sí, Nym. Lo éramos, hace muchísimo tiempo”, dijo con voz cansada.
Tonks se apoyó en una silla.
- “Oh, Dios”, dijo, con una de sus manos aún cubriendo su boca, “¿t-tú lo amaste?”, preguntó después de un rato.
- “Éramos jóvenes entonces, Nym, por favor créeme”, dijo Sirius avanzando hacia ella, pero Tonks retrocedió.
- “¡No me toques! Oh, Sirius ¿cómo pudiste? ¡Me utilizaste! ¡Eres un...!”, y la mano de ella voló al rostro de Sirius, para abofetearlo, pero él la detuvo.
- “Lo siento, Nym. Nunca te usé,
tienes que creerme.
En verdad pensaba en una nueva relación, porque creí que luego
de todo este tiempo él me había olvidado, hasta hoy”,
se detuvo, con los ojos llenos de pena, “no quise lastimarte y mira
lo que he hecho. Los lastimé a los dos”, su voz se había
convertido en un susurro.
- “Será mejor que me vaya”,
susurró Tonks a su vez, avanzando hacia la chimenea, con los ojos cubiertos
de lágrimas.
Ella lo había amado, lo había idolatrado desde el momento en que lo vio, aún sabiendo que era su tío, que era mayor que ella, que era un prófugo. Nada de eso le importó, y ahora...¿Remus? no lo entendía. No lo entendía en absoluto. Aunque eso explicaba muchas cosas.
- “Nym, perdóname”, por su tono de voz y la súplica en sus ojos, ella supo que era sincero, antes de desaparecer por la chimenea, en una llamarada verde.
*
Sirius volvió al estudio. No le importaba nada el estúpido conjuro, ni deseaba ver a Kingsley con su aire de superioridad, darles instrucciones. Sólo quería a Moony, y a Harry. Sintió un aguijón de culpabilidad, Harry había sido atacado y él se había preocupado más por Remus, por sus sentimientos, por él mismo.
- “¿Sirius? ¿Qué haces allí parado? Tenemos mucho que hacer”, exclamó Remus, levantando la vista de los pergaminos polvorientos sobre el escritorio.
¿Cómo demonios podía
concentrarse en eso, después de lo que había pasado? Pero Remus
siempre había tenido un dominio extraordinario.
Habituado como estaba a las transformaciones, y a ocultarlas de los demás,
había logrado dominar al lobo y ni siquiera se veía demasiado
afectado por los cambios de humor que lo acometían con las fases de
la luna.
Ahora, sentado junto con Kingsley y Alastor, aparentaba tranquilidad. Aunque a Sirius le bastó una mirada a sus ojos dorados para ver dolor y rabia. Y amor. Él, el último de los Merodeadores, lo conocía mejor que nadie y podía entender su dolor. Pero no estaba seguro de poder calmarlo, su propio dolor era igualmente intenso.
Kingsley puso la mano en el hombro de Remus, con un gesto natural, como si estuviera habituado a ello.
- “Rem, ¿lo tienes?”, preguntó sin mirar a Sirius que se había parado detrás de Remus.
- “Completamente”
- “Bien. Les explicaré lo que hay que hacer. El conjuro de Phtah está escrito en estos pergaminos, todos llevaremos uno de ellos. Al llegar al cementerio, cada uno lo rodeará en direcciones opuestas, recitando el conjuro, hasta encontrarse. Con esto, la barrera que contendrá las invocaciones de Campbell se levantará. Deben hacerlo rápido, antes de que los aparatos del Ministerio lo detecten, y volar hacia otro cementerio. ¿Entendido?”
- “¿Nos crees estúpidos?”, espetó Sirius.
- “Sirius, basta”, pidió Remus, sus ojos suplicantes ¿cómo negarse?. Sirius guardó silencio.
- “Tomaré eso por un sí. Estaremos en contacto a través de Fawkes, es más seguro que las lechuzas”, dijo finalmente Kingsley.
- “Esta es la lista de cementerios que les toca a ustedes dos”, dijo Moody, alargándole un pergamino a Sirius, “nosotros usaremos a Fawkes”
El fénix apareció. Kinsgley y Moody se pusieron detrás de él.
- “Buena suerte”, dijo Moody, “nos veremos por la noche”
- “Ten cuidado, Rem”, pidió Kinsgley antes de desaparecer envuelto en luz.
*
Sirius se quedó observándolos hasta que desaparecieron. Con gusto habría golpeado a Kinsgley, que parecía hacer alarde de su intimidad con Remus.
- “Sirius, debemos irnos”
Tranquilidad en su voz, como si nada hubiera pasado antes. Como si nunca le hubiera confesado su amor entre lágrimas, como si ese beso no hubiese ocurrido. Así estaban las cosas, se dijo resignado Sirius. Había cosas más importantes por las que luchar, que un par de estúpidos corazones destrozados. Y Remus lo sabía.
- “Quiero ver a Harry”, pidió, sabiendo que Remus no podría negarse.
Los ojos dorados lo miraron acusadoramente.
- “Es peligroso, Paddy. Umbridge está allí, vigilando”, protestó sabiendo de antemano que era en vano.
- “No me importa”, fue la categórica respuesta, “es mi ahijado y fue atacado. Debo verlo y sólo tú me puedes llevar hacia allá”
- “Vamos”, y le ofreció su brazo, que Sirius tomó cariñosamente, “a nuestra habitación, en Hogwarts”
*
- “Y por lo expuesto, señor Ministro, solicito a usted la suspensión inmediata del profesor de nombre Finwe, así como su expulsión del Castillo de Hogwarts. Firmado, Dolores Umbridge, Alto Inquisidor de Hogwarts”, el ministro dejó el informe sobre la mesa y miró al hombre que lo acompañaba, “¿qué te parece, Lucius?”
Lucius entornó los ojos. Las cosas se le harían más fáciles si lograba separar a Finwe de Haldir. Aún le dolía el cuerpo por efecto del cruciatus y maldijo a Voldemort mentalmente, para luego poner cara de circunstancias.
- “Cornelius, yo me fío mucho de la opinión de Dolores. Ella es una persona muy perspicaz que ha sabido actuar siempre por los intereses del Ministerio y muy especialmente de su Ministro”, dijo con calma, “y creo que, si este profesor ha causado deliberadamente pánico entre los estudiantes, lo mejor será retirarlo de Hogwarts”
- “Pero expulsarlo pondría a Dumbledore a la defensiva. Además, tú mismo dijiste—“
- “Sé lo que dije”, la voz de Lucius era acariciadora e irresistible, “pero lo he pensado mejor. Ese lugar está lleno de jovencitos y la conducta escandalosa de ese elfo podría acarrear consecuencias”, hizo deliberadamente una pausa, “no deseables. Mi propio hijo estudia allí, Cornelius, y no quisiera verlo expuesto a nada”, y en su rostro se pintó la más genuina preocupación de padre.
- “Entonces firmaré la orden de expulsión. ¿Quién se lo dirá?”, preguntó el ministro esperanzado.
Lucius sonrió. ¡Fudge era tan obvio! Pero eso le daba la oportunidad de ver a Severus sin despertar las sospechas de Voldemort. Ahora más que nunca, estaba seguro de que Voldemort vigilaría sus pasos.
- “Yo lo haré. Y así podré visitar a Draco”
*
- “¡Profesor Lupin!”, exclamó Neville Longbottom poniéndose bruscamente de pie al aparecer Sirius y Remus en la habitación, “y S-sirius B-black”, balbuceó poniéndose pálido.
- “Tranquilízate, Neville. Él viene conmigo y no te hará daño”, le dijo Remus amablemente. Con la prisa, no había pensado que la habitación era ocupada también por otros tres muchachos, además de Harry y de Ron.
Por suerte, Sirius hizo esta vez algo sensato. Le entregó la varita a Remus y retrocedió hacia la pared, mostrando las manos para que Neville pudiera ver que estaba desarmado.
- “Neville, necesito que busques a Harry”, Neville hizo un gesto de espanto, “no, no le haremos daño, te lo prometo. Sirius es su padrino y es inocente. Puedes preguntáselo a Harry, pero por favor no le digas a nadie que estamos aquí, sólo a Harry”
Los ojos dorados miraban a Neville con tanta sinceridad que éste decidió creerle. Además, Remus había sido el único profesor que le había tenido paciencia y había confiado en él, haciendo que pueda sacar lo mejor que tenía en el curso de Defensa Contra las Artes Oscuras. Ahora le tocaba a Neville confiar.
Luego de que Neville saliera corriendo, Sirius se sentó en la silla más próxima a la ventana.
- “El hijo de Alice, ¿quién iba a decirlo? Es idéntico a ella”, decía nostálgico, “y Harry duerme en tu cama, Moony”, su mirada se había posado en la mesa de noche, donde estaba la fotografía de los padres de Harry.
Se puso de pie y la tomó. En la foto, Remus le sonreía y agitaba la mano. Un Remus joven, sin el mechón de pelo blanco que caía ahora sobre su frente, y en lugar de él, con el rizo castaño en el que las manos de Sirius se habían enredado tantas veces. Y él mismo, a su lado, con el largo cabello negro peinado hacia atrás y sosteniendo a un bebé de hermosos ojos verdes. Junto a ellos, James y Lily, mirando a Harry llenos de orgullo y amor. Sus mejores amigos, su ahijado y su amor. Las personas más importantes de su vida.
- “Sirius”, la voz de Remus era dulce y estaba cargada de ternura.
- “¡Sirius! ¿Qué ha pasado?”, exclamó Harry abriendo la puerta de golpe, con Neville y Ron pegados a sus talones.
Remus cerró la puerta con un gesto de su mano, ante el asombro de Neville y Sirius se acercó a Harry y lo abrazó con toda la ternura de la que era capaz.
- “¿Te sientes bien? ¿Te
hizo mucho daño?”, y sus manos examinaban ansiosas la frente
de Harry, descubriendo la cicatriz en forma de rayo que tenía.
Harry se liberó como pudo. Nunca había visto a su padrino actuar
así y mucho menos delante de sus amigos, pero no le disgustó.
Era sólo que no estaba muy habituado a esa clase de contacto, pues
sus tíos nunca le demostraron afecto y los únicos abrazos que
había conocido eran los de la señora Weasley, Ron y Hermione.
- “Estoy bien. Remus me ayudó”, dijo para tranquilizarlo, “¡Sirius, no puedes estar aquí! Umbridge tiene espías, vigilan todo. Debes irte”
- “Es que tenía que ver que estabas bien, Harry”, explicó Sirius, “¿tienes la navaja que te di por Navidad?”
Harry lo miró en forma extraña, pero buscó en su baúl y le dio la navaja. Sirius se inclinó en el suelo, delante de la ventana, e introdujo la navaja entre las losas de piedra del piso. Algo hizo clic y una losa se deslizó, mostrando una abertura.
- “Esta era nuestra habitación,
cuando estudiamos aquí. Y en este lugar escondíamos nuestras
cosas secretas. Quiero que lo uses para guardar esto”, y Sirius le entregó
un objeto envuelto en papel marrón, “es un espejo mágico.
Tu padre y yo lo usábamos para comunicarnos. Yo tengo uno idéntico,
sólo tienes que mirar en él y pronunciar mi nombre”
Remus se estremeció. ¡El espejo! Lo habían empezado a
usar luego de que Filch confiscó sus comunicadores personales.
- “¿Tu habitación? ¿Aquí dormía mi padre?”, preguntó Harry señalando su cama.
- “Yo dormía aquí”, dijo Remus, “Sirius en la cama junto a la mía, luego Peter y tu padre dormía allí”, señaló la cama más alejada, “antes había aquí cuatro camas”
- “Harry, prométeme que no te meterás en más problemas y que sólo saldrás pasado mañana, para mi cumpleaños. Dumbledore ya lo autorizó, y puedes traer a tus amigos”, dijo Sirius.
El rostro de Harry se llenó de pesar.
- “Tengo detención. Con Umbridge”
Remus se puso tenso de pronto. Sus instintos lupinos, más aguzados a causa del anillo, habían percibido algo.
- “Sirius, debemos irnos ya. Alguien viene”, lo tomó del brazo y se despidió de los tres muchachos antes de susurrar, “al Cementerio de Birmingham”
*
Lucius entró al despacho de Dumbledore con arrogancia, seguido de Minerva Mc Gonagall y Dolores Umbridge.
- “Buenos días, Albus. Con los saludos del Ministro de Magia, he venido a entregarte este decreto, firmado hoy por la mañana”
Dumbledore cogió el pergamino y lo leyó cuidadosamente, con el ceño fruncido.
- “¿Qué significa esto, Malfoy?”
- “Creí que era claro”, dijo Lucius despectivamente, y tomó asiento, sin que nadie se lo ofreciera, con su desfachatez característica, “uno de los elfos que trajiste ha sido expulsado de Hogwarts, por intimidación a los estudiantes y por conducta escandalosa”
Dumbledore sopesó la situación. Sabía lo ocurrido, por boca del mismo Haldir y de algunos estudiantes, y también tenía conocimiento del “episodio escandaloso” que había presenciado Umbridge. Si defendía a Finwe el Ministerio lo presionaría más, y el elfo no era alguien a quien se pudiera presionar sin causar una reacción semejante a la que ya había tenido. Además, sería conveniente que Finwe pudiera estar más tiempo con Remus y ayudarlo a adaptarse a su nuevo poder, que pronto debería usar. No tenía sentido negarse.
- “De acuerdo”, dijo el Director, “pero será Minerva quien se lo comunique. Y no deseo exhibiciones públicas, Dolores. Se hará todo discretamente”
Lucius levantó las cejas, esto era inesperado. Había preparado una gran batería de argumentos y no había sido necesaria. Dumbledore ocultaba algo. Y él tenía que averiguarlo.
- “Bien”, sonrió Lucius levantándose y acomodando su capa con elegancia, “ahora, si me lo permites, iré a visitar a Draco”
*
Lucius vagó por los pasillos, recordando. El castillo estaba lleno de recuerdos de su juventud alegre y despreocupada, allí había conocido el placer y luego el amor. Y el dolor.
Y el odio.
Y con el odio, descubrió el poder.
La sed de poder lo había llevado a ser mortífago, se sentía poderoso al ejecutar a sus víctimas. Incluso, a veces, sentía placer. Tenía poder económico, y su familia siempre había ejercido el poder político, disfrazado con importantes donaciones al Ministerio de Magia, pero él anhelaba otro poder. El poder de perdonar la vida, o de quitarla. Y siempre había hecho lo segundo.
Sus pasos lo llevaron a la Torre de
Slytherin y dijo la contraseña, con la seguridad de muchos encuentros
furtivos con Severus. No tenía intención de visitar a Draco.
No. Sólo deseaba ver a Severus y mostrarle su desprecio, pero a la
vez, prevenirlo sobre Voldemort.
La sólida puerta de madera estaba cerrada. Eso no era problema. Usó
un hechizo oscuro y rompió la contraseña.
- “¿Quién demonios--? ¡Lucius!”
Severus estaba sentado ante el enorme escritorio de caoba de su estudio y se puso de pie inmediatamente.
- “Profesor Snape”, dijo Lucius despectivamente haciendo una leve inclinación de cabeza, “vine por encargo del Ministro de Magia, con un decreto para la expulsión del más joven de nuestros amigos elfos—“
- “Lucius, ¿de qué demonios hablas?”, casi gritó Severus encarándolo.
Pero Lucius no se movió.
- “También vine a decirle”, hizo una pausa, saboreando la palabra que diría a continuación, “profesor”, su voz era fría, “que nuestro superior castigó cierto descuido de mi parte, y sospecha que no estuve solo. Sea precavido”
Y con estas palabras, Lucius giró y se retiró, con la elegancia de siempre y sin demostrar emoción alguna. Mas no era así como se sentía. Al ver a Severus, quiso abrazarlo y protegerlo. Y protegerse a sí mismo. Pero Snape era un traidor y nunca más confiaría en él. Aunque se habria dejado matar antes de delatarlo.
Severus lo miró alejarse, y
no hizo nada por detenerlo, aunque su cuerpo le gritaba que lo hiciera.
Lucius.
El egocéntrico, el asesino cruel, el lujurioso. Pero también el único capaz de hacerlo sentirse vivo. Y el único capaz de hacerlo sentir miserable con un solo gesto, o una mirada. Como acababa de ocurrir.
*
- “No me iré”, protestó
Finwe con lágrimas en los ojos, “¡es injusto! Esa mujer
horrible quiere a Haldir”
Minerva lo miró con dulzura. Y le dijo, lo más amablemente que
pudo.
- “Es lo mejor en este momento. Ellos tienen las de ganar, y Albus necesita que ayudes a Remus”
- “Creo que Minerva tiene razón, pequeño elfo”, dijo Haldir, sin importarle que Minerva estuviera presente, “puedo ir por la noche a la mansión de Sirius. Sólo será por un tiempo”, y lo abrazó cariñosamente.
Finwe hundió el rostro en el pecho de Haldir.
- “Pero yo no quiero irme. No
hice nada malo—“
Haldir lo tomó de la barbilla, haciéndolo levantar el rostro.
- “Le dijiste que estaba equivocada y que el Ministerio también lo está. Y delante de todos. Es lógico que ella actúe así, trabaja para el Ministerio”, dijo con dulzura y lo besó en la frente.
- “¿Cuándo tengo que irme?”, preguntó tristemente Finwe a Minerva, que evitaba mirarlos.
- “Me temo que hoy mismo”
- “Está bien”, dijo Finwe limpiándose los ojos, “quiero despedirme de los muchachos”, Minerva iba a protestar, “les diré que voy a cuidar de un amigo”. Ella asintió.
Luego de la despedida, Finwe volvió a su habitación, a preparar sus cosas. Haldir caminaba a su lado, en silencio. Le dolía que le hicieran algo así a su dulce pequeño elfo, pero Galadriel había sido clara. La misión que tenían era lo más importante y debían obedecer a Dumbledore. Por eso no había protestado, aunque hubiera preferido encarar a Dolores. ¡Los humanos y sus ridículas normas! Las costumbres élficas eran mucho más simples y por ello los elfos eran la raza más sabia.
- “Estoy listo”, susurró Finwe y Haldir lo tomó entre sus brazos, perdiéndose en la inmensidad de sus ojos verdes.
- “Te amo. No lo olvides”, susurró en su oído.
Luego, tomó la daga y dijo claramente:
- “Grimmauld Place”
*
El salón de la Mansión Black estaba desierto, aunque en la cocina hallaron a Kreacher, que les dijo con tono quejumbroso que el señor Black y el licántropo se habían ido hacía horas.
Se entretuvieron en preparar la habitación
que habían ocupado los Weasley, pues no creían que a Sirius
le importase que se instalaran allí en su ausencia.
Además, Kreacher obedecía con agrado a Finwe.
Cuando terminaron, Finwe se sentó sobre la cama. La mirada de Haldir
vagaba por la lujosa habitación, tan distinta al talan que compartían
en el Bosque Dorado, desde el cual se podía ver el lago y la cascada,
y los árboles bañados en la luz de la luna.
- “Haldir”, la voz de su pequeño elfo lo sacó de sus pensamientos. Era una voz llena de pena, pero que se esforzaba por mostrarse despreocupada. Eso lo conmovió aún más. “¿me extrañarás?”
Sólo se habían separado cuando Haldir tuvo que ir a buscar a Arwen y Finwe se quedó al cuidado de Legolas, hacía varios años. Y Haldir le había prometido que nunca volverían a separarse. Siempre habían emprendido juntos los viajes y misiones de la Dama del Bosque Dorado y jamás habían vuelto a dormir el uno sin el otro.
Un tierno beso fue la respuesta.
- “Cada minuto”
- “¿Vendrás a verme?”, los ojos verdes lo miraban con tristeza.
- “Todas las noches. Dormiré contigo, ¿acaso piensas que voy a dejarte?”
Y Finwe se le colgó del cuello, abrazádolo como si quisiera llevarse consigo ese recuerdo. Se soltaron lentamente con las manos entrelazadas aún. Finwe le sonrió y Haldir tomó la daga.
- “Hogwarts”, dijo.
*
El último cementerio de la noche
estaba tenuemente iluminado por una luna creciente. Sirius y Remus caminaron
en silencio junto los muros de piedra.
Habrían terminado más temprano, de no ser por un operativo del
Ministerio de Magia, que hizo que varios aurores se desplazaran a los cementerios
y los obligó a esconderse por algunas horas.
Luego, los aurores se habían retirado.
- “Espero que Kinsgley y Ojoloco
hayan tenido mejor suerte”, dijo Remus, “es casi media noche,
debemos
apresurarnos”
- “Estoy listo. ¡Vamos!”, y Sirius caminó hacia la derecha, rodeando el cementerio mientras recitaba en voz clara el conjuro, que ya sabía de memoria.
Remus hizo lo mismo caminando hacia la derecha y sonrió al ver a Sirius caminando a su encuentro para cerrar el círculo.
- “Hemos terminado”, susurró con alivio apoyándose en el muro.
- “Yo creo que no. Has estado evadiéndome desde esta mañana”, Sirius le puso una mano en el hombro, haciéndolo sobresaltar.
- “No, Sirius. Ahora no”, lo último que deseaba ahora era otra confrontación.
- “Dijiste que me amabas”, los azules ojos de Sirius lo miraban acusadores.
- “Y te amo”, fue la tranquila y triste respuesta.
- “¡Entonces por qué me rechazas!”, demandó Sirius poniéndose delante de él, sin dejarlo escapar.
- “¿Te preguntaste alguna vez cómo me sentí? Todos esos años llorándote, sufriendo por tu traición y luego escapas ¡y no me buscaste! Eras inocente y no pudiste decírmelo, no pudiste confiar en mí, Sirius, ¿POR QUÉ?”, dijo Remus con la voz quebrada. Sus ojos muy abiertos lanzaban destellos de rabia y dolor. Necesitaba saber, y Sirius así lo entendió.
- “No lo sé”, susurró con un hilo de voz, “en Azkaban no pensé en ti, Moony. ¿Cómo hacerlo si los dementores se habrían llevado ese recuerdo? Evité con todas mis fuerzas pensar en ti, enterré todo en lo más profundo de mi ser, atesorándolo para que ellos no me lo arrebataran. Sólo viví con el odio hacia Peter y la culpa por la muerte de Lily y James. Por eso no enloquecí”, su voz se hacía ronca conforme hablaba, “cuando escapé, prevaleció el deseo venganza y el ansia de proteger a Harry, que me había mantenido cuerdo. ¡No podía pensar en ti! Oculté tanto ese recuerdo, que lo escondí de mí mismo también y sólo con ese abrazo que me diste en la Casa de los Gritos, empecé a recordar”
- “Oh, Sirius”, los ojos de Remus se llenaron de las lágrimas tantos años reprimidas.
- “Y oculto en las montañas, te recordé cada día. También te recordé en la selva de américa, cuando la lluvia golpeaba tan fuerte el techo de mi cabaña que no me era posible dormir. Y te escribí. Miles de cartas que jamás pude enviar, porque no sabía si habías rehecho tu vida y no quería causarte más problemas”
- “Pero volviste—“
- “Volví, y no creí posible que me amaras. Tuve miedo, por eso me encerraba con Buckbeak y no te hablaba. Y recordaba a James y a Lily. Pero una vez más tú me ayudaste a salir de esa depresión y me sentí dichoso de haber recuperado a mi amigo”, dijo con toda la ternura de la que era capaz.
- “Muy conmovedor”, dijo
una fría voz a sus espaldas.
Remus se puso tenso y sintió el enorme poder que fluía del anillo.
- “¡Campbell, maldito miserable!”, gritó Sirius poniéndose delante de Remus.
- “Black, veo que me recuerdas”,
dijo Campbell con odio en la voz y en la mirada. El rostro desencajado no
se parecía en nada al apuesto profesor de
Pociones de hacía años. Los ojos enloquecidos despedían
cólera.
Detrás de él, una figura etérea se vislumbraba. Un chico de dieciséis años, con el cabello negro que le llegaba a los hombros y hermosos ojos plateados. Su desnudo cuerpo estaba cubierto de sangre que manaba de dos heridas en forma de cruz en sus muñecas.
- “David”, la voz de Remus sonó rota.
- “Tú me hiciste esto, Lupin”, dijo el espectro avanzando hacia Remus.
- “David, yo no lo hice, y-yo te amaba”, la voz de Remus temblaba de emoción, al igual que su cuerpo.
- “No estuviste cuando más te necesitaba, te negaste a atenderme”, graznó el espíritu, “tú me obligaste a hacer esto”, y levantó las muñecas de las que empezó a manar sangre que caía al piso formando un charco rojo a sus pies.
- “David, p-perdón”, Remus cayó de rodillas y el espíritu extendió la mano.
- “NOOOOOOO”, el grito de Sirius hizo que Remus se echara hacia atrás, “¡No es David! ¡Sólo lo está usando, Remus!”
El rostro de David se deformó en una horrible mueca de cuencas vacías, en las cuales brillaba una luz demoníaca. El espíritu se elevó en el aire, listo para poseer a Remus.
- “¡ABJURATIO!”, gritó Sirius blandiendo la varita y protegiendo a Remus con su cuerpo.
El espíritu desapareció dejando una estela de plasma, mientras Campbell reía como loco.
Remus se rehizo, y se puso de pie.
- “¡Tú lo mataste! ¡Déjalo ahora descansar en paz!”, gritó a Campbell, presa de una furia incontenible.
- “¿Descansar? Nunca lo hizo, él mismo quiso aniquilar a su alma. Igual que tú”, la voz de Campbell era hueca, vacía, como si se hallara también desprovisto de un alma.
- “¡Mientes!”
- “Mi pequeño licántropo rebelde. Veo que no has cambiado”, rió ferozmente Campbell, “pero yo fui el primero, ¿lo recuerdas?, me diste ese placer...”
- “¡Maldito!”, gritó Sirius, lanzándole un rayo plateado de la varita, pero Campbell lo bloqueó fácilmente.
- “¡DESTRUCIO!”, Sirius voló por los aires, estrellándose contra el muro de piedra y luego cayó al suelo.
Remus corrió a su lado, ayudándolo a levantarse. Campbell reía.
- “¡Ustedes pretenden derrotarme!
Si yo les enseñé todo lo que saben…y ahora los necesito.
A ambos”
Avanzó hacia ellos, pero Remus se había puesto de pie, con los
ojos llameándole de furia.
- “¡Maldito asesino! ¡Deja en paz a David! No lo dejaste vivir, al menos déjalo morir”
Una luz iluminaba a Remus mientras avanzaba. El poder del anillo.
Campbell vio la muerte en los ojos dorados y por primera vez, dentro de su locura, sintió miedo.
- “Avada—“
- “¡Remus, NOOOO!”, Sirius se arrojó a sus piernas haciéndolo perder el equilibrio.
Campbell desapareció velozmente entre las sombras mientras Remus se derrumbaba sobre Sirius que lo atrapó en sus brazos, ahogando sus sollozos con su estrecho abrazo.
- “Shhh, Moony”, susurraba Sirius acunándolo y acariciando su cabello, “se ha ido. Se han ido los dos”
- “Sirius”, Remus ocultaba
el rostro en la túnica de
Sirius, sin poder apartar de su mente el cuerpecito sin vida de David, cubierto
de rosas blancas ensangrentadas.
- “Vamos a casa”, susurró Sirius en su oído, abrazándolo más fuerte.
- “A casa”, susurró Remus.
Ambos aparecieron en la habitación de Sirius, sin dejar de abrazarse.
- “Sentí tanto odio, Sirius. Lo iba a matar”, decía Remus aún temblando, “¿en qué me he convertido?”
- “Calma, mi amor. No lo hiciste, estas aquí”, susurraba Sirius suavemente, acariciando su cabello, confortándolo.
- “Sirius, ámame. Hazme olvidar este dolor. Ámame”
Capítulo 15 : Love bites
“I don't wanna touch you too
much baby / No quiero tocarte demasiado
'Cos making love to you / porque hacerte el amor
might drive me crazy / podría volverme loco
I know you think that love / sé que piensas que el amor
is the way you make it / es de la forma en que lo haces
So I don't wanna be there / por eso no deseo estar allí
when you decide to break it / cuando decidas romperlo”
Love bites – Deff Leppard
- “Ámame”, los ojos suplicantes de Remus se clavaron en los suyos, ansiosos. Con ese brillo que Sirius conocía tan bien, que adoraba. El brillo del deseo.
Y eso hizo.
Lo amó lentamente, saboreando cada momento de placer que le proporcionaba. Porque esa noche no era suya, era de Remus.
La expiación de sus pecados.
El cuerpo de Remus se estrujaba contra el suyo, tan familiar y a la vez tan distinto. Catorce años no habían pasado en vano por él, pero aún seguía siendo increíblemente suave y cálido. Su boca buscaba la de Sirius con desesperación, mientras sus mejillas seguían cubiertas de lágrimas y sus sollozos quedos se hacían gemidos.
- “Shhh, Moony”, susurró Sirius en su oído, “tenemos toda la noche”. Y tendremos toda la vida, pensó.
Con calma procedió a recostarlo sobre la cama y con infinita paciencia lo desvistió, gozando cada centímetro de piel que aparecía desnuda ante sus ojos, besándolo una y otra vez. Remus olía a miel y a chocolate y se intoxicó con aquel olor, que despertó los recuerdos que habia tenido dormidos tanto tiempo, a salvo de Azkaban.
No se preocupó por sí mismo, sino por Remus, lamiendo y besando cada rincón de su cuerpo, acariciándolo como si quisiera recobrar tanto tiempo perdido. Se desnudó a su vez, con rápidos movimientos, mientras Remus lo contemplaba embelesado, con los ojos aún empañados en lágrimas, como si quisiera expiar junto a él todos los años de olvido.
Los dos cuerpos ardían al abrazarse, reconociendo cada rincón olvidado, adaptándose nuevamente para el amor. Sus miembros se rozaban buscando alivio, sus corazones latían uno junto al otro, liberados ya de las barreras de la ropa, sus ojos se miraban, azul contra dorado.
La boca de Sirius se apoderó del cuello de Remus, succionando la blanca piel hasta dejar marcas, su cuerpo era una invitación a ser acariciado. Las manos de Remus le arañaban la espalda y sus caderas se estremecían mientras trataba de tocarlo más. No quería pensar, quería que Sirius extrayese todo pensamiento coherente de su mente, reemplazándolo por placer, quería sentir, quería llorar y gritar hasta quedarse vacío.
Y sangrar.
La sangre expía la culpa.
“Ámame”
“(Love bites, love bleeds) /
(marcas de amor, hemorragia de amor)
It's bringin' me to my knees / me pone de rodillas”
Las manos de Sirius bajaron a sus caderas, mientras su boca le besaba el ombligo, deteniéndose un momento, hasta sentir sus jadeos más fuertes. Los jadeos se convirtieron en gemidos de placer cuando Sirius le abrió las piernas y lo tomó en su boca, succionando suavemente, con deliberada lentitud y deteniéndose de pronto para lamer la zona entre sus testículos y su entrada, las piernas de Remus en un ángulo imposible sobre la cabeza de Sirius.
Cuando la lengua de Sirius lo penetró, Remus sintió oleadas de placer como no recordaba haber sentido nunca. Pensó que moriría de placer y gritó su pasión con todas sus fuerzas, agitando desesperadamente las caderas, pidiendo por más. Sirius lloraba cuando introdujo el primer dedo en el ansioso cuerpo que lo esperaba, y lloró más aún cuando comprobó que el estrecho pasaje no había conocido en esos años otras manos que las suyas, como le decía Remus entre lágrimas y gemidos.
“Ámame”
“(Love lives, love dies) / (el
amor vive, el amor muere)
It's no surprise / no es sorpresa”
Remus quería olvidar.
Olvidar el miedo, el abandono.
Queria ser amado hasta el límite, quería volver a amarlo, recordar cómo se sentía despertar en sus brazos todas las mañanas. Abrió las piernas todo lo que pudo, ofreciéndose, entregándose completamente a Sirius, a su dueño. Como debía ser.
Sirius lo preparó despacio, en parte por darle más placer, en parte por temor a que el encanto se rompiera y despertar en su fría celda de Azkaban. Dos de sus dedos se movían en círculos y avanzaban por la carne palpitante de Remus y su boca buscó nuevamente los labios de su amor, que tenían un ligerísimo sabor a acónito y a chocolate. Deliciosa mezcla que anticipaba la transformación.
Cuando introdujo el tercer dedo, Remus sintió que ya no resistiría más, y suplicó por alivio, las lágrimas fluyendo libremente por sus mejillas.
“Ámame”
“(Love begs, love pleads) / (el
amor suplica, el amor implora)
It's what I need / es lo que necesito”
Sirius lo poseyó lentamente, conquistando nuevamente el territorio que le pertenecía por derecho. Lo miraba a los ojos mientras se adentraba en su cuerpo, Remus respiraba agitado, contrayendo el rostro a causa de la invasión. Sirius se detuvo y luego lo penetró de un empujón, mientras lo tocaba como sólo él sabía hacerlo, logrando que olvide el dolor y aferrando los dedos a sus caderas delgadas que se estremecían aún más.
Dolor.
Remus no recordaba que doliera así. Por un momento olvidó el placer, pensando amargamente que los años de abandono hicieron eso. Aceptó el dolor como una expiación. Pero luego, las manos de Sirius sobre su cuerpo, su mirada enfebrecida y amorosa, hicieron que oleadas de placer azotaran su cerebro mientras Sirius lo poseia salvajemente.
“Tuyo”
Y Remus se entregó por completo, gritando salvajemente su orgasmo, gritando su amor y su dolor, dejando salir todo, hasta que con un estallido final, el olvido tan ansiado llegó y con él la laxitud de haber sido satisfecho, mientras un chorro de miel en las manos de Sirius resbalaba hacia su estómago.
“Mío”
Sirius lo vio estremecerse, llorar, gritar, con todo su cuerpo temblando salvajemente en el paroxismo de su entrega. Y se entregó a la vez, arremetiendo con fuerza hasta azotar las nalgas de Remus con la violencia de sus acometidas, hasta clavarse en él hasta lo más profundo y gritar a su vez su amor e implorar su perdón como no había hecho jamás, mientras lo inundaba y caía rendido sobre él.
Expiación.
Perdón.
Amor.
Amor, amor, amor.
Ambos quedaron vacíos, exhaustos, con fuerzas apenas para acurrucarse uno en brazos del otro y dormir, estrechamente abrazados.
Mientras, en la otra habitación, al oír el primer grito, Finwe se despertaba de un salto y se soltaba de los brazos de Haldir, listo para ir en ayuda de Remus. Unos instantes le bastaron al elfo para darse cuenta de lo que estaba sucediendo y rió alegremente.
- “Ya era tiempo”, observó Haldir desde la cama.
- “Ciertamente”, susurró Finwe, sintiéndose muy excitado por los gritos que venían de la otra habitación. Dormía desnudo, y en su cuerpo era visible la sensación que le producía lo que estaban oyendo. “Mi dueño”, suavemente besó a Haldir y se sentó juguetonamente sobre él.
*
La madrugada sorprendió a Sirius abrazando a un dormido y exhausto Remus. Ambos estaban helados, la temperatura de su pasión había bajado hacía horas. Sirius se estiró, con mucho trabajo porque no quería despertarlo, y cogió las sábanas y cubrecama que habían arrojado en el delirio de su mutuo placer, cubriéndose con ellos.
Arropó a Remus que se acurrucó más en sus brazos, buscando tibieza, sin despertarse. Sirius lo estuvo abrazando por horas, vigilando su sueño. No quería soltarlo porque temía que nunca más pudiera tenerlo así.
Y es que aún faltaba algo por explicar.
Pero no podía hacerlo. No después de esa noche. No después de todo lo que Remus había gritado mientras lo amaba, ni después de ver sus dorados ojos llenos de amor y entrega. ¡Cómo pudo desconfiar de él! ¿Cómo, maldita sea, pudo creerle a Peter? ¿Cómo, si Remus era suyo, si siempre lo había sido? Estaba seguro de que debía existir un motivo para lo que vio, y ya lo había perdonado. Pero callaría, hasta arreglar cuentas con Wormtail. Callaría aunque doliera, porque la verdad lastimaría más a Remus.
Y mientras...
Besó cariñosamente la melena castaña despeinada que se apoyaba sobre su brazo, mientras su otra mano acariciaba posesivamente el suave flanco de Remus hasta llegar a la exquisita redondez de su cadera. Porque Remus era su paz, su puerto, su descanso. Y había aprendido eso con muchísimo dolor.
Todos los recuerdos se habían volcado sobre él de golpe, avasallándolo, mientras lo amaba. Y había dejado salir su dolor a gritos, sintiendo ahora un extraño alivio.
- “Moony, mi amor”, susurró besando sus párpados.
Remus no dormía, hacía mucho rato se había despertado, pero no se quería mover, acurrucado en la tibieza de quien lo amaba, sabiéndose amado. Pero no sería sencillo, aún faltaba algo por aclarar. Sintió los labios de Sirius sobre sus párpados y abrió lentamente los ojos.
Ojos azules mirándolo.
Un ligero rubor apareció en las mejillas de Remus y a Sirius le recordó tanto la primera vez que se amaron que quiso devorarlo a besos, pero algo en su mirada lo detuvo, con el corazón encogido.
- “Sirius”, susurró Remus, abrazándolo tan fuerte que Sirius pensó que se iba a romper.
Y no le importó.
Remus se apretó contra el cuerpo de Sirius, sintiendo su olor, tan familiar y tan desconocido a la vez. Olia a pino y a olvido.
Azkaban.
Sirius también había sufrido lo suyo.
Suspiró antes de hablarle, temiendo la respuesta, pero sabiendo que si no lo preguntaba, nada volvería a ser como antes.
- “¿Por qué?”, empezó y los ojos azules de Sirius lo miraron con tanta tristeza que supo que él conocía la pregunta antes de formularla. “¿Por qué cambiaste de lugar con Peter y no me dijiste? ¿Por qué creíste que yo era el traidor?”
Nada.
El momento temido había llegado. Porque después de recuperarlo, después de sentirlo sobre su piel, dentro de su piel, lo perdía de nuevo.
Y eso dolía más.
- “Remus...yo...”, las palabras murieron en la boca de Sirius, “no puedo decirlo”, susurró finalmente.
Se acabó.
Remus se vistió lentamente, Sirius en la cama, incapaz de mirarlo. Añorando su calor. Deseando gritar que no lo dejara. Pero Remus no soportaría saber la verdad. Y él lo sabía.
- “Te amo”, dijo Remus, “pero debemos volver a confiar. Y eso toma tiempo. Esto no volverá a suceder, no me siento preparado para empezar de nuevo Sirius. Estaré siempre para ti, pero no dormiré contigo hasta estar seguro”, avanzó hacia la puerta deseando fervientemente que Sirius lo llamase y le contase lo que faltaba de la historia. Pero Sirius no lo hizo.
Lo dejó ir.
- “Te amo”, susurró con el rostro hundido en la almohada.
*
El desayuno estaba listo. Chocolate, croissants y tortilla de huevos a la élfica, preparados por Finwe, que insistió en esperarlos con esa sorpresa. Pero el primero en aparecer esa mañana fue Kinsgley Shacklebolt.
Y luego, Remus, vestido con su túnica raída de siempre, con las marcas de su pasión aún en el cuello y en los labios, pero con esa tristeza nuevamente en los ojos.
Se abrazó a Finwe, sin decir palabra, y luego se sentó junto a Kingsley que lo miraba con reproche. Nadie habló por varios minutos.
- “No será necesario que vayan hoy a los cementerios”, dijo finalmente Kingsley, Remus alzó las cejas y trató de hablar, “no, no me expliques”, lo cortó suavemente Kingsley, “no sé que pasó ayer en ese cementerio, pero los aparatos del Ministerio casi enloquecen y los aurores llegaron luego de que ustedes se fueran. Ese anillo que llevas tiene un enorme poder, será mejor no usarlo aún”, hizo una pausa y acarició la mejilla de Remus, “como yo me encontraba cerca, me dieron el caso, y no me costó convencerlos de poner el conjuro de Phtah en todos los cementerios mágicos de Inglaterra y Escocia, de modo que desde anoche, los aurores han hecho el trabajo por nosotros y ya deben estar por concluir y venir a reportarse conmigo”, Kingsley tenía un aire muy satisfecho.
- “¡Es magnífico!”, Remus sonrió, ¿cómo no hacerlo? Kingsley hacía todo tan sencillo siempre, “ayer nos atacó Campbell, tuvimos que defendernos”, fue su única explicación.
- “¿Dónde está Sirius?”, preguntó Finwe sin poder contenerse.
- “No lo sé”, fue la lacónica respuesta.
Pero Sirius entraba en ese momento, por el sótano, llevando un enorme morral del que despedía un olor desagradable.
- “Buenos días. Voy a alimentar a Buckbeak”, dijo mientras atravesaba la cocina, dejando un hilillo de sangre que caía del morral.
Haldir interrogó a Remus con la mirada.
- “Son ratas muertas para el
hipogrifo”, explicó éste, “supongo que Kreacher
tendrá que limpiar esto”
Kingsley se despidió porque debía volver al Ministerio. Miraba
a Remus con preocupación.
- “¿Todo bien?”, Remus asintió, “Vendré esta noche para ver cómo estás”, y avanzó hacia la chimenea.
Remus se volvió hacia Haldir
y Finwe y se sirvió chocolate, eso siempre lograba reanimarlo. Un momento
después, hervía de indignación al enterarse de que Umbridge
había suspendido a Finwe, expulsándolo de Hogwarts, aunque se
alegró mucho de que el elfo se quedara con él. Había
estado temiendo pasar demasiado tiempo solo con Sirius.
Haldir se despidió también porque tenía clases a primera
hora. Besó con afecto a Finwe y le prometió volver por la noche.
Luego tomó la daga y desapareció.
Se quedaron solos, y Finwe trató de distraerlo contándole que habia estado explorando un poco la casa, con ayuda de Kreacher, con quien se llevaba muy bien, a pesar de los gritos de la señora Black.
- “Encontré arriba un objeto extrañísimo, de metal plateado, pero muy sucio. Y Kreacher dijo que era una motocicleta”
Remus casi saltó de la silla.
En un instante corría escaleras arriba, con Finwe, en dirección al ático.
Nadie había estado allí en años, y todo estaba sucio y polvoriento. Muebles cubiertos de sábanas que algun día fueron blancas, baúles, pinturas cuyos lienzos estaban rotos. Y al fondo, en un olvidado rincón y cubierta por una sábana, estaba la moto de Sirius.
- “¡Silver!”, exclamó Remus, destapándola y acariciando el timón con el afecto de quien saluda a un viejo amigo.
- “¿Silver?”
- “Sí. Sirius le puso así porque es plateada”, explicó Remus, “cuando está limpia, claro está”
Silver lucía de cualquier modo menos plateado. Había estado abandonada en el ático, desde que los funcionarios del Ministerio condenaron a Sirius y devolvieron todas sus pertenencias a la familia.
Remus descubrió un viejo baúl, que abrió usando la misma contraseña creada por ellos hacía años: “MoonyPadfootForever”. El baúl se abrió y en él había túnicas de graduación, libros, apuntes de clase, sus bufandas del colegio, el set de pociones de Sirius, los binoculares de James, los guantecitos de lana de Peter, la caja de plumas de Remus, los bates de Quidditch…
Remus iba sacando todo con gritos de sorpresa y nostalgia, y se colocó una de las bufandas, mientras hojeaba amorosamente sus libros de clase. Y descubrió, al fondo del baúl, casi oculto por la colección de tarjetas de Quidditch de Peter, un álbum de fotos.
Lo tomó con emoción contenida, y de él cayó un colgante, que Finwe recogió.
Un topacio.
Dorado.
Remus se puso el colgante, sintiendo lágrimas nuevamente en sus ojos. Y cerró el baúl, sentándose sobre él. Finwe se sentó a su lado con el álbum en las manos. Sabía que en ese momento era mejor no hablar, de modo que distraídamente comenzó a hojear el álbum.
Fotos de cuatro muchachitos en uniforme de colegio, las caritas rosadas y felices. Pudo reconocer fácilmente a Sirius y a Remus. El otro chico de cabello negro debía ser el padre de Harry, se parecían mucho, y el otro, Peter, el traidor. Siguió pasando las páginas, mientras veía más fotos de los muchachos, haciéndose hombres conforme avanzaba. También había fotos de una linda chica pelirroja, con los ojos verdes como los suyos. “Lily, al fin te conozco”, pensó.
Más páginas que mostraban a los jóvenes adolescentes, esta vez habia más fotos de Remus y muchas más de Sirius y Remus abrazados y de Sirius y Remus besándose. Casi al final del album, Finwe descubrió algunas fotos que lo hicieron sorprenderse mucho.
Remus desnudo en una enorme bañera de burbujas. Remus desnudo junto a Sirius, jugando con las burbujas. Remus y Sirius besándose mientras las burbujas caían a su alrededor. Remus y Sirius juntos en mil formas en ese baño de burbujas. Había cerca de veinte fotos.
Remus le quitó el álbum y lo cerró de golpe, ruborizado.
- “Fue idea de Sirius”, explicó, “hechizó la cámara para que no dejara de hacernos fotos mientras…”, se paró en seco, “mientras…nos bañábamos”
- “Eso veo”, dijo Finwe, con sus ojos verdes llenos de picardía. Pero luego recordó, y dijo dulcemente, acariciando la mano de Remus, “dime lo que pasó”
Y Remus se lo dijo, le dijo todo lo que tenía en el corazón.
- “¿Él dudó de ti? Pero es evidente que ya no duda. Si lo amas, debes darle tiempo y él te dirá por qué. Ustedes se aman, lo percibo muy claramente”
Remus sonrió. ¡Finwe siempre hacía todo tan simple! Le gustaría pensar como él.
- “Mañana es el cumpleaños de Sirius. Quisiera darle a Silver en buenas condiciones, como regalo, ¿me ayudas?”
Había estado pensando pedirle un préstamo a Kingsley para comprar un regalo, por humillante que esto fuera, pero la motocicleta era ideal. Y a Sirius le encantaría.
- “Por supuesto”, dijo Finwe con una brillante sonrisa.
*
- “Nunca me dejará ir, Ron. Es inútil si se lo pido”, se quejó Harry antes de entrar a clases.
- “Pero puedes pedirle a Mc Gonagall que hable con ella”, trató de razonar Ron.
- “Ni siquiera a ella le hace caso. ¡Alto Inquisidor de Hogwarts! Eso está sólo un poquito debajo de ser directora. No, Mc Gonagall no la convencerá-“, Harry pateó con furia la pared.
- “Yo conozco a alguien que sí lo hará”, afirmó categóricamente Hermione.
Cinco minutos después, Haldir los escuchaba, entre divertido y asombrado.
- “Está bien, lo intentaré. Aunque les confieso que no tengo idea de dónde debo llevar a una bruja de paseo. Finwe y yo vamos a practicar arco y espadas al bosque”
- “El Bosque Prohibido está bien”, dijo Hermione, “así, si algo los ataca, puedes abandonarla y decir que fue un accidente”
- “Le diré a Finwe, y si está de acuerdo, lo haré”, dijo Haldir, dejándolos asombrados. El orgulloso y altivo elfo, pidiendo “permiso” para hacer algo. Ciertamente debía de querer mucho a Finwe, se dijo Hermione con un poquito de envidia.
A esa misma hora, una escena muy diferente ocurría en el despacho de Dumbledore.
- “Severus, pienso que debes ir”
- “Lo siento, Albus. ¿Yo en el cumpleaños de Black? Eso jamás, ni en la peor de mis pesadillas”, Severus Snape hablaba despacio, pero se adivinaba la indignación apenas contenida en su voz.
- “Debes ir. No tiene sentido seguir siendo hostil, Severus. Estamos del mismo lado, y Tonks trabajó mucho para que todo salga perfecto, ha organizado a todos en comisiones y tú estás incluido entre los invitados”, la voz de Dumbledore no admitía réplicas.
- “¿Debo llevarle un regalo?”, preguntó con sorna Severus. Sólo lo hacía por respeto a Dumbledore, la única persona que había confiado en él cuando todos le volvieron la espalda. No podía negarse.
- “No lo creo. Tu presencia será suficiente”, y Dumbledore le guiñó un ojo, divertido, “esta noche se reune la Orden”
*
Sirius habia pasado la mayor parte del dia con Buckbeak, que ocupaba la antigua habitación de la señora Black. Mientras tanto, Remus y Finwe se ocuparon de Silver, dejándola limpia y brillante como en los viejos tiempos. Y funcionando.
A las ocho en punto, comenzaron a llegar los miembros de la Orden del Fénix, para su reunión. Estaban todos presentes y Dumbledore pidió a Alastor Moody que informara sobre los acontecimientos en el Cementerio, y luego a Remus.
- “Parece que Campbell no trataba de invocar más espíritus”, dijo Sturgis Podmore, “más bien, creo que tiene que ver con ustedes dos”
Sirius no había hablado mucho durante la reunión y se había sentado al otro extremo de la mesa, lejos de Remus que estaba junto a Kingsley y a los elfos.
- “Eso fue lo que dijo”, explicó Remus, “pero estaremos preparados. Ya sabemos cómo defendernos”
- “¿Y David?”, preguntó Sturgis.
Kingsley lo miró desaprobadoramente e intervino a su vez.
- “Existe un antiguo ritual, el Ritual de Chüd. Si lo usamos, liberaremos al espíritu del verdadero David, aunque es arriesgado”
- “David no es nuestra prioridad”, dijo fríamente Severus Snape, “ni tampoco Campbell. Lo que debemos hacer es averiguar cuál es el arma que investigaba Malfoy. Y detenerlo”, llevaba tantos años hablando de “Malfoy” en tono frío e impersonal que se le había hecho costumbre. Sólo los ojos de Haldir y Finwe lo miraron con comprensión. Ellos sabían.
- “Lo dices porque a ti nunca te importó lo que le ocurra a David. Si cuando estaba vivo fue así, con mayor razón ahora”, casi gritó Sirius.
Dumbledore carraspeó y todos se volvieron a mirarlo.
- “Severus tiene razón”, el aludido miró a Sirius triunfalmente, “Sabemos ahora cómo puede actuar Campbell y también que ni él ni el espíritu pueden entrar aquí. Debemos, entonces, vigilar Hogwarts y a los mortífagos. Y también Azkaban”, miró a Tonks, “¿cómo les ha ido allí?”
- “Todo normal, dentro de lo posible. Hechizamos un barco muggle y lo hicimos invisible. Vigilamos desde allí, pero aún así la atmósfera de ese lugar es horriblemente opresiva”, dijo Tonks, “¡Oh, Cielos! Sirius, no sé cómo resististe tanto tiempo allí”
- “Me convertí en perro. Inténtalo”, bromeó Sirius. La situación entre ambos seguía siendo muy tensa.
- “Lo haré”, respondió ella y tomó la forma de una coqueta perrita puddle. Sturgis le acarició la cabeza.
Las risas hicieron que se disipara un poco la tensión y Dumbledore volvió a hablar, una vez que Tonks recuperó su forma humana.
- “Sigan vigilando Azkaban. Sirius y Remus investigarán el arma y tengo una idea bastante aproximada de lo que tratará de utilizar Voldemort. Lo llaman “El visitante nocturno” y necesitamos encontrar un contrahechizo. El libro tiene algunas referencias, pero necesitamos indagar más. Quizá sea necesario que vayan a la sección de Misterios del Ministerio de Magia, en cuyo caso Arthur ayudará. Severus estará en Hogwarts, con Minerva y Haldir, y esperará a que los mortífagos sean convocados. Luego de resuelto esto, pasaremos al ritual”.
- “Albus, si van al Ministerio, deben ser cautos”, intervino Kingsley, “los aparatos enloquecieron ayer. Detectan el poder del anillo, no como magia negra, pero sí como una fuerza enorme. Si Remus lo usa, lo descubrirán”
- “Tomaremos precauciones”, dijo Sirius hostilmente, “nosotros cazábamos demonios mucho antes de que tú estuvieras en la escuela”
- “YO invoqué demonios desde los cinco años y empecé a cazarlos a los catorce”, replicó ásperamente Kingsley, a quien no le gustaba mucho hablar de su pasado, “mis padres fueron hechiceros de Vudú, en Jamaica”, hizo una pausa, “sólo me preocupaba por la seguridad de Rem”
- “¡Oh, qué conmovedor!”, dijo Severus con ironía, “en lo que a mí respecta, ‘Quien no debe ser Nombrado’ está trabajando con su círculo más cercano. Malfoy se encarga de todo y aún no nos ha convocado”, continuó con un dejo de amargura.
- “Entonces”, dijo Dumbledore alegremente, “nos reuniremos mañana. Pero no a trabajar, sino a celebrar”
Sirius sonrió algo forzadamente. No le atraía la idea de celebrar su cumpleaños sin Harry y con las cosas así con Remus, pero la Orden necesitaba relajarse. Estaban muy tensos todos, incluído él mismo.
- “Harry vendrá”, dijo Haldir sonriendo. Fue una afirmación, no una pregunta.
Sirius alzó las cejas.
- “Tiene detención, con Umbridge”, dijo con amargura.
- “Ya no”, informó Haldir, “es el último día y conseguí que lo cambiara para la próxima semana. Él vendrá con los chicos Weasley, Hermione y Neville”
El rostro de Sirius se iluminó con una genuina sonrisa.
- “¿Cómo?”
- “Haldir tendrá una cita con esa mujer horrible”, dijo Finwe, “no me gusta la idea, pero fue mi culpa que lo pusieran en detención, de modo que accedí”
Dumbledore sonrió. Desde la expulsión de Finwe, los elfos no hacían nada para ocultar su relación y algunas sorprendidas miradas lo divirtieron mucho, especialmente las de Arthur y Molly Weasley.
Severus Snape sonreía abiertamente.
- “¿Y a dónde la llevarás? ¿Acaso a Hogsmeade?”
- “No. Será en Hogwarts. Iremos a pasear por el bosque”
Severus ahogó una risita.
- “Debes gustarle mucho para que vaya de noche al Bosque Prohibido”
Y con la risa que generó el comentario, la reunión se disolvió.
*
Sirius se despertó mucho más animado. La perspectiva de ver a Harry lo alegraba muchísimo y hacía que su cumpleaños número treinta y siete fuera algo memorable. Hacía muchísimo tiempo que no lo celebraba. Antes, Remus solía hacerle una fiesta con todos sus amigos. Pero eso fue antes de ir a Azkaban. Y sus dos últimos cumpleaños los había pasado solo, como fugitivo.
Se vistió y bajó a desayunar. No quería aislarse de nuevo, porque sabía que Remus tenía razón. Necesitaban tiempo, e iba a dárselo.
Cuando llegó al salón, se quedó sin habla. En el medio de la alfombra estaba Silver, su motocicleta, y sobre ella, el largo abrigo de cuero negro que solía usar cuando iba en ella, con sus lentes oscuros. Y apoyado sobre la moto, Remus, vestido con jean y polera, como cuando se ponía ropas muggles para ir a pasear por Londres, y tenía una sonrisa que lo hacía parecer un adolescente.
- “Feliz cumpleaños”, dijo antes de ser alzado en el aire y besado con pasión.
Remus logró desprenderse suavemente del abrazo de Sirius, ruborizado a causa del beso y también porque, desde el sofá, Haldir y Finwe los observaban sonrientes. Pero a Sirius pareció no importarle y se puso el abrigo y los lentes, subiéndose a Silver y arrastrándolo con él.
Encendió el contacto y la moto
se elevó hasta el techo, y luego dio la vuelta. Remus lo abrazó
por detrás, como habia hecho cientos de veces, cuando Sirius corría
o cuando volaba, con el cabello azotado al viento y Remus se aferraba a su
cuerpo y ponía la cara pegadita a su espalda, con los ojos cerrados.
Bajaron, y Sirius lo volvió a besar.
- “Es el mejor regalo que he tenido en años, Moony. Verás que cuando todo esto termine, volveremos a volar”
Y Remus lo abrazó, junto con Haldir y Finwe que se habían acercado también a saludarlo.
Capítulo 16: Tragedia
“As you look around this room
tonight / Mientras miras la habitación esta noche
Settle in your seat and dim the lights / te instalas en tu asiento y apagas
las luces
Do you want my blood, / ¿Quieres mi sangre?
do you want my tears / ¿Quieres mis lágrimas?
What do you want / ¿Qué quieres?
What do you want from me / ¿Qué quieres de mí?”
What do you want from me– Pink Floyd
Remus se había esmerado también con el desayuno. Café
negro para Sirius, chocolate para él y los elfos. Era increíble
como le gustaba a Finwe el chocolate, casi tanto como a él mismo. También
había tostadas, huevos y bacon, y por supuesto, hotcakes con crema
de leche que cambiaba de color, los favoritos de Sirius.
El desayuno transcurrió entre risas y anécdotas de Lothlórien y de Hogwarts, hasta que Haldir tuvo que despedirse.
- “Pequeño elfo”, dijo dulcemente tomando la mejilla de Finwe, “sabes que no estaré en la fiesta. Pero vendré a dormir, como te prometí”
- “Me harás falta, mi dueño”, susurró Finwe, sin importarle la presencia de Sirius y Remus que los miraban algo asombrados, “te esperaré porque no puedo dormir si no estás a mi lado”
- “No te fallaré, hermoso mío”, y con un suave beso, Haldir desapareció, dejando a Finwe con el rostro lleno de pena por unos momentos.
Remus iba a decirle algo, pero Finwe sonrió de nuevo y les anunció muy seriamente que iba a ayudar a Kreacher con la limpieza de la mansión, para la fiesta.
Kingsley había estado allí temprano para decirles que llegarían todos a las ocho y que no se preocuparan de nada, porque la cena y las bebidas las había mandado a preparar Tonks, y los demás se habían preocupado por los otros detalles. De modo que eso dejaba la mañana libre a Sirius y Remus.
Finwe estaba ya recogiendo la loza y lavando todo. Remus se puso de pie para ayudarlo.
- “Moony”, la mano de Sirius lo retuvo un momento.
- “Dime”
- “Haré lo que me pediste. Si necesitas tiempo, lo tendrás. No te obligaré a nada que no desees hacer. Y te prometo que en cuanto aclare algo, te lo contaré todo”, la mirada de Sirius era sincera.
Remus le tomó la mano y sonrió, reprimiendo el deseo de besarlo.
- “Gracias, Padfoot. ¿Qué quieres hacer ahora? Es tu cumpleaños…”
- “Revisemos el famoso libro de Malfoy. Así me sentiré útil”
Horas después, en la Biblioteca junto al estudio, un cansado Remus, con los codos sobre la mesa, apoyaba en ellos su cabeza. A su lado estaba el cerro de libros que había desechado, luego de buscar cuidadosamente alguna referencia hacia “El visitante nocturno”.
Sirius le acarició el cabello, apartando suavemente el Necronomicon, de donde había copiado las runas que casi terminaba de traducir.
- “¿No hay suerte?”, aventuró.
- “Nada de nada. He leído cerca de veinte libros y no hay nada.”, había una clara decepción en la voz de Remus.
Estaban sentados en la enorme mesa frente a la biblioteca, juntos. El brazo de Sirius se deslizó por sus hombros y los comenzó a masajear suavemente, como hacía cuando estudiaban hasta tarde. Remus intentó relajarse, cerrando los ojos. Un suave beso le hizo abrirlos de golpe, pero Sirius se retiró, fiel a su promesa.
- “¿Mejor así?”, preguntó, deslizando una mano para acariciar su mejilla.
Remus atrapó la mano y se la besó.
- “Mucho”, respondió sonriendo, y volvió a inclinarse sobre el libro mientras Sirius volvía a sus runas.
Al cabo de un rato, Remus exclamó:
- “Creo que hallé algo. Escucha”
“Los escultores antiguos advirtieron
en los monolitos
Que aquéllos que utilizaban las fuerzas de la noche
Serían condenados cuando amaneciera,
Y llorados como muertos…”
- “Y más abajo dice”
“Ladrón de la Luz, Ladrón
del Aire…,
Tú, el Visitante Nocturno, entrégame a mis enemigos…”
- “¡Eso es!”, exclamó Sirius a su vez, “es parte de lo que estoy traduciendo yo. Así comienza la invocación. ¿Qué libro es ese?”
- “La gente del Monolito”
- “¡Los pteptolitos! ¿Los recuerdas Moony? Ohh, mis buenos pteptolitos, siempre nos sacan de apuros…”, y Sirius brincó de la silla, estampándole un beso a Remus y corrió a la Biblioteca, buscando algo.
Remus rió alegremente, Sirius volvía a comportarse como un niño.
- “Claro que los recuerdo, si gracias a ellos nos metimos en muchos líos”, exclamó a su vez, siguiéndolo. “Sirius, ¿tienes aún ese libro?”
Por toda respuesta, Sirius exhibió triunfalmente un deteriorado volumen empastado en cuero negro.
Remus se lo arrebató y corrieron a la mesa, ansiosos. Leían el índice, con las cabezas juntas, atentos a cualquier referencia. El índice era lo único traducido en aquél libro, pues lo demás estaba escrito en runas sumerias. Pero era lo suficientemente detallado como para saber si valdría la pena revisar todo el libro.
- “Aquí”, señaló Sirius con el dedo. Decía “El huésped de la noche”
Remus pasó rápidamente las páginas, lleno de excitación. Era un párrafo de runas, que se apresuraron a copiar en un pergamino.
Un golpe en la puerta los hizo voltear.
- “¿Es que ustedes no van a almorzar?”, preguntó Finwe en el umbral, con el cabello recogido en una coleta y la nariz llena de polvo.
- “¿Almorzar?”
- “Son casi las tres”, informó Finwe.
Los magos rieron alegremente. Se sentían tan unidos que había olvidado por completo el almuerzo. Como cuando estudiaban en Hogwarts y Lily los obligaba a alimentarse.
Se pusieron de pie, avergonzados.
- “¿Qué es eso tan interesante?”, preguntó Finwe.
- “Un fragmento de las Columnas Rotas de Geph, escrito en runas sumerias”, explicó Remus, “esperamos que tenga un contrahechizo para el arma de Voldemort”
- “El anillo es más fuerte que cualquier arma”, declaró sencillamente Finwe.
*
- “Potter, esa poción parece zumo de naranja, ¡ese no es el color correcto!”, siseó Severus Snape, al finalizar la clase de Pociones, mientras inspeccionaba los calderos.
Y con un toque de su varita, hizo desaparecer la poción de Harry.
- “Pero profesor...”
- “Debería aprender de Malfoy. Él pone atención y no cuchichea con sus amigos como usted, Potter. Diez puntos menos.”, continuó imperturbable Severus.
Draco exhibía una triunfal sonrisa, aunque su poción también tenía el color del zumo de naranja, a diferencia de la que hizo Hermione que era naranja oscuro. Pero al profesor pareció no importarle y lo felicitó aumentándole cinco puntos a Slytherin.
Cuando todos se retiraron, se dejó caer en el pupitre, con la cabeza entre las manos. No podía dejar de pensar en él. No podía. Era consciente de que se había portado de un modo terriblemente injusto con Potter, pero no le importó. “Ojo por ojo, diente por diente”, era el lema que le habían enseñado. Se estremeció al recordar quién se lo enseñó, el mismo que le había enseñado a matar.
Campbell.
Había creído que eso estaba ya en el pasado, pero se equivocó. Campbell había vuelto, y había hecho volver a David con él. Severus no temía a los espíritus. Él, un mortífago entrenado por el mismísimo Señor Oscuro, no tenía miedo a un espíritu, pero sí temía recordar. Y por esa época, se sentía especialmente vulnerable.
¡Maldito Lucius! Todo era culpa suya. ¿Por qué tenía que encubrirlo? ¿Cuál era su juego? No lo entendía, no lo entendía en absoluto. Pero lo echaba de menos. Lo echaba tanto de menos que dolía.
Lucius, que lo llevaba al límite
ente el odio y el amor.
Lucius, que lo había humillado para luego cubrirlo de besos y amarlo
toda la noche.
Lucius, que lo hacía sentirse vivo, sentirse capaz de amar.
Lucius, su único amor.
No importaba qué ocurriese, se dejaría matar por Lucius.
“Should I sing until / debería cantar hasta
I can't sing any more / que no pueda cantar más
Play these strings until / jugar con estas cadenas
my fingers are raw / hasta que mis dedos estén en carne viva
You're so hard to please / eres tan difícil de complacer
What do you want from me / ¿qué quieres de mi?”
Y para colmo de males, estaba la maldita fiesta de Black. Lanzó un
puñetazo de frustración a la mesa. Y entonces recordó.
Haldir se quedaría en Hogwarts y Finwe estaría libre. Quizás
no era tan mala idea ir a la fiesta. Necesitaba desesperadamente algo que
lo hiciera olvidar a Lucius. Al menos por unas horas, porque estaba seguro
de que luego, sólo en su habitación, con Lucius bajo su piel,
dentro de su alma, no podría dormir. Y sólo una botella podría
traerle un poco de alivio.
*
Lucius se acurrucó una vez más en su enorme y lujosa cama, en su biblioteca privada. Hacía varios días que dormía allí, para ser exactos, desde que rompió con Severus. Rió con amargura. ¿Cómo se podía romper algo que nunca existió? Su enfermiza relación con Severus, llena de infidelidades y humillaciones por ambos lados, ¿podía llamarse relación? Pero lo amaba. Lo amaba tanto como para protegerlo, estúpido bastardo y traidor por partida doble. Se preguntó si el acostarse con él formaba parte del plan de Dumbledore.
”Do you think that I know / ¿Piensas que yo sé
something you don't know /algo que tú no sabes?
What do you want from me / ¿Qué quieres de mi?
If I don't promise you the answers / si no te prometo las respuestas
would you go / ¿te irías?
What do you want from me / ¿Qué quieres de mi?”
Severus, que tantas veces había gritado su nombre en medio de un violento
orgasmo. Severus, que lo había golpeado y ultrajado para luego caer
de rodillas y besarlo.
Severus, a quien había humillado hasta ver dolor y lágrimas
en sus ojos negros.
Severus, su único amor.
No importaba qué ocurriese, se dejaría matar por Severus.
Trató de calmarse, esa noche tenía audiencia con el Señor Oscuro y después la misión que había estado preparando cuidadosamente a espaldas de su ex amante. Hizo lo que tantas veces había practicado con Severus cuando aprendían Oclumancia. Relajarse, poner la mente en blanco, olvidar. No podía permitir que descubrieran a Severus a través suyo.
Media hora más tarde, Lucius Malfoy, tan elegante y compuesto como siempre, se sentaba en la mesa del desayuno, leyendo “El Profeta”. Su esposa Narcissa leía la revista “Corazón de Bruja”. Se saludaron educadamente, hacía tiempo que habían llegado a ese arreglo. Mantener las apariencias, por Draco. Pero cada quien hacía su vida, y si Lucius se hubiese enterado de que Narcissa dormía con Mc Nair, no le hubiera importado demasiado.
Luego, recibió a algunas personas en su estudio, ultimando detalles.
Esa sería su noche.
Lord Malfoy necesitaba sangre y olvido.
*
A las ocho, los miembros de la Orden del Fénix comenzaron a llegar a la Mansión Black, ataviados con túnicas de gala. Finwe los recibió, porque Sirius y Remus aún se estaban cambiando, ya que habían pasado toda la tarde intentando traducir las runas.
La conversación era animada, y se animó más cuando llegaron los Weasley, con Harry, Hermione y Neville. Éste último no había estado antes en la mansión y se impresionó mucho por la magnificencia del salón y las cosas que había allí, pues Tonks se había preocupado de mandar a preparar los manjares más exquisitos y las mejores bebidas.
Al cabo de un rato, Remus bajó, con una túnica nueva color verde oscuro, que le sentaba maravillosamente. Saludó alegremente a todos y se sentó con Harry y sus amigos.
- “¿Dónde está Sirius?”, preguntó Harry.
- “Bañándose. Estuvimos trabajando en la Biblioteca y allí hay aún mucho polvo”, explicó Remus.
- “¿Trabajando? ¿En su cumpleaños?” se asombró Ron.
- “Sí. Cosas de la Orden”, respondió Remus, “no conocen a Sirius, cuando se le ocurre empezar algo, no lo deja hasta terminarlo. No en vano fue el mejor estudiante de Hogwarts”, agregó con orgullo.
Kreacher se acercó con unos canapés de langosta. Por esa vez, había cambiado sus habituales harapos por otros no tan raídos. Aún así, Hermione lo miró con desaprobación.
- “Sirius no ha hecho nada por remediar tu situación, ¿verdad?”, le dijo al elfo.
Kreacher murmuró algo ininteligible, de lo que sólo pudieron distinguir las palabras “sangre-sucia”.
- “Es inútil, Hermione”, dijo con dulzura Remus, “ha pasado demasiado tiempo con el retrato y me temo que está tan loco como él. Sólo Finwe parece entenderlo”
Finwe se acercó en ese momento, con Kingsley que dio una apreciativa y nada disimulada mirada hacia Remus, haciéndolo sonrojar.
- “Hola”, saludó el elfo alegremente, “me alegro que hayas venido tú también, Neville”
A Neville se le iluminó el rostro. Pero se le ensombreció de repente al ver a su profesor de Pociones justo detrás de Finwe.
- “Buenas noches”, dijo secamente, “ahhh, Longbottom, espero que no cause ningún estropicio aquí, su torpeza es proverbial”
Neville enrojeció.
- “Estoy seguro de que no lo hará, Severus. Y Sirius estará muy contento al verlo”, intervino Remus.
Algunas exclamaciones los distrajeron. Sirius bajaba por la escalera, ataviado con una túnica azul marino sobre sus pantalones de seda azules también. Se había atado el largo cabello con un lazo y se veía muy joven. Y muy atractivo, en opinión de Remus.
En un instante estuvo rodeado de sus amigos, recibiendo regalos y abrazándolos a todos. Cuando Harry avanzó hacia él, los demás se apartaron. Padrino y ahijado se abrazaron estrechamente, Sirius resplandecía de felicidad y los ojos de Harry brillaban.
- “¡Feliz cumpleaños!”, exclamó, alcanzándole un paquete que Sirius abrió.
Un escarabajo egipcio genuino, tallado perfectamente en un ópalo.
- “¡Gracias!”, exclamó asombrado Sirius, “¿cómo lo conseguiste?”
- “Bill me ayudó”, dijo sonriendo Harry, refiriéndose al mayor de los Weasley.
En ese momento hicieron su aparición Minerva Mc Gonagall y Dumbledore, y comenzó el banquete. Estaban todos, con excepción de una persona.
Tonks no había acudido.
- “¿Dónde está Tonks?”, preguntó Sirius.
- “No pudo venir. Está de guardia en Azkaban”, respondió escuetamente Kingsley.
- “Pero ella organizó todo esto, podía haber venido, ¿qué nadie la pudo relevar?”, insistió Sirius.
- “Diré entonces que no quiso venir”, repuso Kingsley, “ella tendrá sus motivos”
- “¿Por qué?”, estalló Hermione, “¡Sirius, ella me escribió hace días y dijo que era tu novia! ¿Qué pasó?”
Se hizo en la mesa un tenso silencio. Severus sonreía divertido, observando la conmoción causada por las palabras de la niña-genio. Al menos no era el único que sufría por amor aquella noche.
- “Nada, Hermione. Es sólo un malentendido”, explicó Sirius. “Elphias, ¿podrías relevarla luego de la cena?”, el aludido asintió.
- “Yo iré también”, dijo Sturgis Podmore, “así la traeré. Atada si es necesario”
Dumbledore sonrió, e hizo el brindis de honor por Sirius. La cena transcurrió alegremente, con muchas anécdotas sobre Dolores Umbridge y cómo los gemelos Weasley lograban burlarla siempre.
Severus, junto a Finwe, le hablaba del Bosque Prohibido. De pronto, Finwe observó:
- “Severus, a esta hora, Haldir debe estar con esa horrible mujer en el bosque. ¿Crees que sea peligroso?”, sus ojos verdes lo miraron interrogantes.
Severus vio tanta inocencia en esa mirada que sintió lástima por lo que haría. Pero quería tener al elfo pelirrojo y la arrogancia de Haldir lo había molestado.
- “¿Peligroso? Si te refieres a las criaturas que allí habitan, lo dudo. Haldir no se internará demasiado en el bosque, y supongo que irá armado”, Finwe respiró aliviado, “ahora bien, respecto a Dolores...”, Severus hizo una pausa adrede. “Sólo digo, NUNCA te fíes de una bruja...ella tiene muchos recursos—“
- “¿Qué quieres decir?”, saltó Finwe, pero la opinión de Severus sobre la revuelta de los duendes había sido requerida por Emmeline Vance y ya no pudo responderle.
*
- “¿Esto no será peligroso?”, preguntó temblorosa Dolores Umbridge, mientras se dirigían al Bosque Prohibido.
Haldir alzó una ceja. Eso sería más difícil de lo que imaginó.
- “¿Peligroso? No lo creo...aquí sólo hay arañas y estoy armado. No nos internaremos más”
- “¿A-arañas?”
- “Sí, claro. Pero son bastante torpes, Finwe y yo matamos algunas la última vez. Además, eres una bruja, ¿verdad? Te será más facil deshacerte de ellas”, observó Haldir.
- “S-sí, supongo que sí”, repuso insegura Dolores. En esos momentos deseó haber aprendido algo más de Defensa Contra las Artes Oscuras que los textos básicos del Ministerio.
Desde que conoció a Haldir, no había dejado de mandar indirectas sobre lo mucho que le gustaría aprender a usar el arco. Por eso, cuando Haldir apareció un día en su despacho y le propuso practicar, saltó de alegría. ¿Sería su nuevo peinado?, ¿El perfume que se había comprado? Se alegró de haberse deshecho de ese pequeño estorbo que era Finwe. Ahora tendría a ese maravilloso elfo para ella sola.
Lo contempló mientras avanzaba con seguridad y soltura, en el estrecho sendero. Su cabello rubio relucía a la luz de la luna y Dolores se imaginó acariciándolo. Y se avergónzó de sí misma por semejante pensamiento. Iba tan concentrada en el elfo, que tropezó con una raíz.
Un ágil brazo la sostuvo en el aire.
- “¿Estás bien?”, preguntó Haldir.
- “S-sí, claro”, respondió ella.
Un trecho más y el sendero se ensanchó, mostrando un claro.
- “Llegamos”, dijo Haldir.
Y de pronto, se paró detrás de ella, conduciéndola hacia un lugar donde la luna los bañaba con su luz. Lentamente, le tomó un brazo, extendiéndolo y su otra mano la tomó de los hombros. Dolores se sintió en el séptimo cielo y cerró los ojos para ser besada.
Pero nada ocurrió.
Haldir la miraba intrigado.
- “¿Lista?”
- “¿Perdón?”
El elfo suspiró resignado. Ya vería Hermione por meterlo en semejante aprieto.
- “El arco, las flechas”, trató de explicar, “esa es la posición en la que debes agarrar el arco, con los hombros firmes. Vinimos a practicar, ¿recuerdas?”
Dolores soltó una risita, y trató en vano de disparar. Haldir recogía las flechas, pensando que esa noche sería larga y deseando compartirla con Finwe.
Al fin descansaron en la hierba, Dolores estaba exhausta. No imaginaba cómo Finwe se las arreglaba para practicar tantas horas con el arco sin siquiera despeinarse, aunque a esas alturas, tampoco quería saberlo.
- “¿Lo amas?”, preguntó a Haldir.
Pero Haldir parecía no haberla oído. Estaba atento a algo.
Dolores pensó que eso era una buena señal, no lo había negado, era cierto, pero tampoco lo afirmó.
El elfo se inclinó hacia delante, con los ojos entornados y Dolores se inclinó a su vez, buscando su calor.
Y casi cae de bruces cuando él se retiró y se puso de pie en un segundo.
- “¡El espíritu está en el castillo!”, exclamó Haldir, “¡Vamos!”
Corrieron desesperadamente, hacia las afueras del bosque. El castillo estaba ya a la vista, cuando oyeron un espantoso alarido y Haldir le sacó ventaja rápidamente. Para cuando Dolores llegó, un grupo de aterrorizados estudiantes rodeaban a Colin Creevey, que yacía en medio del Gran Salón, presa de convulsiones.
Haldir actuó rápidamente, poniéndo bajo la lengua del chico una diminuta hoja y sosteniéndolo firmemente hasta que su respiración se normalizó. Pero entonces, otro grito desde la torre de Gryffindor los hizo dirigirse allí velozmente.
En un instante, el colegio era un caos absoluto. Los prefectos recibieron la orden de llevar a todo el mundo al Gran Salón, mientras Haldir y una aterrorizada Dolores llevaban a los estudiantes atacados a la enfermería. Los profesores que quedaban apenas se daban abasto, parecía que cada cinco segundos un estudiante era atacado y debían actuar de prisa para expulsar al espíritu sin que les causara daño.
La provisión de Athelas de Haldir era abundante y él agradeció mentalmente a Finwe por haber llenado dos morrales con esa planta maravillosa. A nadie se le ocurrió dar aviso, era prácticamente imposible, hasta controlar la emergencia.
*
Luego de la cena, y de partir el pastel, Elphias y Sturgis partieron en busca de Tonks, mientras los otros se acomodaban en el salón, bebiendo cerveza de mantequilla y cóctel.
Severus convenció a Finwe de cantar en élfico y Kingsley conjuró un arpa. En un instante, todos oían embelesados la voz de Finwe, cantándole al Nimrodel y a su amado bosque mágico. Aunque no entendían su idioma, el canto los transportaba a otros parajes.
Harry y Remus hablaban de técnicas de bloqueo para maldiciones y Remus se ofreció a prestarle un libro. Iba a buscárselo, pero fue requerido por Molly Weasley para servir el pastel, de modo que pidió a Harry que fuera él mismo a buscarlo a su habitación.
El chico subió las escaleras y se dirigió a la habitación contigua a la de Sirius. Vio allí el Pensadero, pero decidió no acercarse, no deseaba ver recuerdos de Remus transformándose. Encontró el libro en el lugar que le había dicho el mago y se disponía a retirarse cuando algo llamó su atención.
Bajo la almohada de Remus, sobresalía lo que parecía ser un libro. Sin pensar lo tomó, y resultó ser un álbum de fotos. Lleno de emoción, miró a su padre, tan parecido a él mismo, junto con Sirius, Remus y el traidor Pettigrew. Parecían alegres y despreocupados, mientras saludaban a la cámara. Continuó pasando las páginas, sonriendo, y encontró a su madre. Contuvo el aliento, Lily Evans era una hermosa chica de ojos luminosos idénticos a los suyos.
Llegaba ya al final del álbum y halló una foto con Sirius y Remus abrazados, pero no le extrañó, porque sabía que eran muy amigos. Frunció un poco el ceño al ver a Remus recostado en las piernas de Sirius en la Sala Común de Gryffindor, pero lanzó un grito cuando vio las otras fotos. ¡Sirius y Remus desnudos en la piscina del baño de prefectos! ¡Y besándose! Arrojó el álbum lejos, completamente asqueado.
¿Cómo era posible que ellos dos—? ¿Sabría su padre? No, era imposible que lo supiera, no lo hubiera tolerado, de eso estaba seguro. ¿Pero cómo? Y recordó a Remus llorando en el cementerio. ¡Eso era! ¡Remus era el culpable! Había arrastrado a Sirius a eso y lo había hecho pelear con Tonks.
Se sentía traicionado y terriblemente herido. Él había pensado que podía confiar en Sirius, a quien idolatraba. Y en Remus.
Salió corriendo de la habitación y llegó al salón, tratando de contener las lágrimas.
- “¿Harry?”, preguntó Remus, preocupado al verlo.
- “¡Déjame!”, gritó Harry fuera de sí, apartándolo.
Sirius estuvo en un instante junto a él.
- “¿Qué ocurre? Harry, dime qué te pasa—“
- “¡No me toques! ¡Eres un… eres un degenerado¡”, Sirius retrocedió pálido al oír esas palabras. “Vi las fotos de ustedes dos ¡asquerosos! ¡Cómo pudieron engañarme así! ¡Yo creí que querías a Tonks! ¡MENTIROSO!”
- “Harry, cálmate”. Albus Dumbledore se interpuso entre el furioso Harry y el confundido Sirius. Hermione, Neville y Ron se pusieron junto a él.
- “Harry, nosotros no-“, empezó Remus, con voz cansada.
- “¡Cállate! Es tu culpa, tú lo hiciste todo, pude verlo en las fotos. ¡Yo confiaba en ustedes y me mintieron! ¡Los odio!”, y Harry empujó violentamente a Remus golpeándolo en el pecho con el puño cerrado.
Hubo un intenso dolor en los ojos dorados, pero Remus no se movió.
SLAP
Sirius había abofeteado a Harry, que fuera de control comenzó a insultarlos, pero fue inmovilizado por Severus Snape, que lo cogió con fuerza, apartándolo.
- “Que interesante espectáculo nos ha brindado, Potter”, exclamó a su oído, con un dejo de satisfacción en la voz.
Harry dejó de debatirse. La estratagema de Severus había tenido éxito.
- “Harry, déjanos explicarte”, pidió Sirius.
- “¡No! ¡Aléjate!”
De pronto, Sturgis Podmore apareció en la chimenea, con el rostro desencajado y la ropa desgarrada en lo que parecía haber sido una intensa lucha.
- “Mortífagos…Azkaban”, dijo antes de caer sobre Minerva Mc Gonagall.
En un instante toda la atención se desvió de Harry para dirigirse a Sturgis que balbuceaba con dificultad.
- “¿Y Tonks? ¿Y Elphias?”, preguntó Moody, sacudiéndolo.
Sturgis lanzó un gemido.
- “…nos atacaron, eran seis. Llegaron volanto en bestias aladas. Tonks se resistió, peleó con ellos, pero le aplicaron un cruciatus. Elphias trató de defenderla…uno de ellos lo incineró frente a nuestros ojos…¡Fue horrible! Le recitó un fragmento del “Libro de los Muertos” mientras se quemaba…”
- “¡Y Tonks! ¿Dónde está?”, gritó Sirius
- “...sacaron a los mortífagos presos en Azkaban…los dementores se les unieron. Para cuando llegaron los aurores, ellos se habían ido. Me arrastré hacia Tonks, está con vida. Los aurores se la llevaron y yo vine a avisar…”, jadeó Sturgis, callando luego, agotado por el esfuerzo.
Un opresivo silencio se apoderó de todos. Entonces, Dumbledore habló:
- “Severus, ve donde Voldemort y averigua quién fue el autor de esto. Inventa alguna excusa para estar allí”
Severus asintió. Se había puesto muy pálido. En el pasado, a Lucius le gustaba incinerar muggles y disfrutaba oyendo sus gritos mientras les recitaba el “Libro de los Muertos” hasta que morían. Se dirigió a la chimenea velozmente y desapareció.
- “Minerva, vuelve a Hogwarts con los muchachos y encárgate de todo allí. Kingsley, volverás al Ministerio a averiguar todo lo posible sobre este ataque y la huida de los dementores. Moody y Mundungus, vayan al Callejón Knockturn e indaguen sobre las bestias aladas”
Una vez que todos se fueron, continuó.
- “Remus, Molly, Emmeline y Arthur, iremos al hospital con Sturgis. Sirius y Finwe se quedarán aquí. Ha empezado de nuevo y debemos detenerlo”
La luz de Fawkes los iluminó y desaparecieron.
Sirius dio un puñetazo de impotencia en la mesa.
*
Las horas pasaban. Sirius miraba arder los troncos en la chimenea, sin decir palabra, hundido en el sillón. Finwe trató de hablarle, pero sólo obtuvo gruñidos por respuesta. Se encogió en otro sillón, aguardando a Haldir.
Pero nunca llegó.
A las cuatro de la mañana, era evidente que Haldir no vendría. Todo lo que había llegado fue un mensaje de Remus indicando que Tonks estaba en cuidados intensivos y que se quedarían en el hospital a acompañarla.
Finwe no soportó más. Se puso de pie y volvió a su habitación, cogió un abrigo largo y salió. En la puerta, recordó sus orejas, y tomó un gorro de piel que estaba colgado en la sombrerera, se lo caló cubriéndolas y salió a la calle.
Estaba en Londres.
Nunca antes había visto la ciudad, sólo se transportaba a través de la daga que les había dado Dumbledore, ahora en poder de Haldir. Pero estaba decidido a llegar a Hogwarts.
Caminó por las desiertas y frías calles, deteniéndose a preguntar a un hombre que hacía la limpieza, dónde quedaba el colegio Hogwarts. El hombre lo miró sorprendido y le dijo que jamás había oído sobre tal colegio. Finwe entonces preguntó por el hospital. El hombre consideró unos momentos, y luego le indicó la dirección del hospital de Charing Cross, miles de cuadras más allá.
Finwe se encaminó resuelto por las calles, no le preocupaba tener que caminar, siempre y cuando estuviera en la dirección correcta. Casi amanecía, cuando fue visto por alguien que lo reconoció inmediatamente y fue a buscar a la persona que pagaría oro por saber su paradero.
El elfo, inconsciente de todo, seguía avanzando, hasta que una mano en su hombro lo detuvo.
Lucius. Enteramente vestido de negro, como si viniera de un entierro.
- “¡Lucius!”, exclamó Finwe muy contento de encontrar al mago.
- “Es un placer verte, pequeño amigo”, susurró Lucius besándole la mano, “¿qué haces aquí, solo?”
- “Busco el hospital, una amiga mía está allí…”
- “Permíteme llevarte”, pidió Lucius ofreciéndole su brazo.
Finwe dudó un momento, percibía algo extraño en Lucius. Pero luego recordó a Haldir. Su amado le había fallado.
Tomó el brazo de Lucius.
Capítulo 17 : Love is a battlefield
"You're beggin' me to go / me
suplicas que me vaya
you're makin' me stay / haces que me quede
Why do you hurt me so bad? / ¿Por qué me lastimas tanto?
It would help me to know / Me ayudaría saber
Do I stand in your way, / ¿Me interpongo en tu camino?
or am I the best thing you've had? / ¿o soy lo mejor que te ha pasado?
Believe me, believe me, / Créeme, créeme
I can't tell you why /, no puedo decirte por qué
But I'm trapped by your love, / pero estoy atrapado por tu amor
and I'm chained to your side / estoy encadenado a tu lado"
Love is a battlefiel - Pat Benatar
Los Weasley y Emmeline Vance caminaron apresuradamente por el largo pasillo
del pabellón de emergencias del Hospital de St. Mungo. Delante de ellos,
Dumbledore hablaba con un medimago. La expresión de ambos era de preocupación.
Una de las puertas laterales se abrió y salió Remus acompañado de una enfermera bastante mayor.
- "El señor Podmore sólo necesita descansar, recibió un Destrucio en el pecho, pero mañana estará como nuevo. Iremos ahora a ver a tu amiga, la señorita Tonks", dijo la enfermera cogiendo a Remus del brazo con mucha familiaridad.
Remus presentó a su amiga a los Weasley y a Emmeline, y dijo a manera de explicación al notar las curiosas miradas de ellos.
- "Conozco a Laetitia hace mucho tiempo. Ella era la encargada de atenderme en las muchas visitas que tuve que hacer aquí. Es la Enfermera Jefe de este pabellón"
Ellos pronto notaron lo ventajoso que era tener a la Enfermera Jefe como amiga, pues hasta los medimagos la respetaban. Les dieron una sala privada para esperar noticias de Tonks y Remus se unió a Dumbledore en la conversación con el medimago.
- "Ahh, señor Lupin, es bueno verlo de nuevo por aquí. Los niños lo extrañan", dijo éste estrechando la mano de Remus.
- "Les haré una visita cuando todo esto haya pasado", respondió sonriendo Remus.
El medimago se enfrascó en una nueva explicación sobre el estado de Tonks, resaltando que evolucionaba bien, pero que debía estar allí por lo menos una semana, hasta estar seguros que los efectos del cruciatus habían pasado.
Remus obtuvo permiso para verla, pero antes envió una lechuza a Sirius, para tranquilizarlo.
En ese momento, Kingsley y un grupo de aurores del ministerio hicieron su aparición y el medimago repitió lo que había explicado ya. Reposo absoluto, ninguna visita, salvo las autorizadas por el medimago. Los aurores estuvieron un momento y luego se fueron.
Kingsley se acercó a Dumbledore y le habló seriamente. La expresión del director se hizo más grave y llamó a Remus.
- "Remus, hazte cargo de ella", le pidió, "debo ir a Hogwarts, el espíritu atacó algunos estudiantes y el colegio está lleno de Aurores. También debo encarar a Fudge. Si con esto no acepta que Voldemort ha vuelto, no podremos detener esta guerra. Ha culpado a Sirius del ataque en Azkaban. Al medio día nos reunimos, y cuida que Sirius no haga ninguna tontería. Bellatrix está libre".
Y el viejo mago desapareció.
Kingsley abrazó a Remus.
- "Rem, lo siento mucho"
- "Ella se pondrá bien-"
- "No me refería a eso. Hablo de Harry", explicó Kingsley
Los ojos de Remus aún mostraban dolor.
- "Eso no importa ahora. Debo ver a Tonks"
La habitación del hospital estaba bien iluminada y limpia, con ese olor característico que sólo un hospital podía tener. Una mezcla de pociones médicas, sustancias asépticas y dolor. Porque los hospitales eran eso para Remus, un lugar donde había mucho dolor.
Y esperanza.
Laetitia le había mostrado que podía haber esperanza en un hospital, cuando él, cansado de vivir con el corazón destrozado, se había abandonado a una de sus transformaciones y casi pierde la vida.
- "Siempre hay algo por qué vivir", le había dicho ella muy seria.
Y entonces él descubrió a los niños.
El pabellón infantil tenía niños de todas las edades, internados allí por cosas tan simples como un fuerte resfriado, o por cosas tan serias como una maldición. Resultaba increíble cómo alguien podía aplicar maldiciones a un niño pequeño, dejándolos incluso mutilados, quemados, ciegos... la lista era interminable.
Remus había empezado a trabajar con ellos y luego no pudo dejarlos nunca más, hasta que, luego del desastroso Torneo de los Tres Magos, Sirius Black, el causante de todo su sufrimiento, pasado y presente, apareciera de pronto en su casa.
Con estos pensamientos, se sentó junto a Tonks, inconsciente en una de las camas. No había nadie más en la habitación y Remus se acomodó dispuesto a pasar allí lo que quedara de la noche.
Todo había salido mal.
Primero, Sirius y aquél beso que no debió ocurrir jamás; luego, David, haciéndolo recordar cosas que él creía olvidadas, y nuevamente Sirius y aquél amor inolvidable que él tuvo que frenar o lo quemaría por dentro. Y para colmo de males, Harry había "descubierto" lo de ellos. Y ahora estaba sentado, junto a una cama de hospital, cuidando a la chica que quería quitarle al amor de su vida, tomando con ternura su pálida mano.
Y todo en el cumpleaños de Sirius.
Era irónico.
Tan irónico que le daban ganas de llorar. Lloró por Elphias, una víctima más de esa guerra insensata, por Tonks, herida por defender un ideal, igual que todos ellos. Y lloró por él y Sirius y lo que casi fue, pero se volvía a desvanecer.
Perdió la noción del tiempo, sentado allí, inmóvil.
Pensando.
- "¿Remus?", un débil susurro. Tonks lo miraba con sus grandes ojos violetas llenos de pena.
- "¡Lo siento! ¡Lo siento tanto!", las palabras parecían brotarle del alma misma. Si ella hubiera ido a la fiesta, nada de eso hubiera pasado. Pero ella no fue, por Sirius. Por él mismo, interponiéndose, empeñado en recobrar un pasado que cada vez era más difícil de recobrar.
- "Estaré bien", susurró ella. Y era verdad, el medimago lo había dicho. Pero Remus no podía callar.
- "Lo amas, ¿verdad?", ¿cómo culparla, si él mismo no podía dejar de amar a Sirius?
Tonks asintió, lágrimas en sus ojos.
- "Nosotros somos ahora amigos", dijo Remus, mirándola a los ojos, "sólo amigos. Lo prometo", trató de sonreír, "cuídalo bien"
No alcanzó a oír la respuesta de Tonks, porque los Weasley, Emmeline y Kingsley entraron en tropel. Eran las seis de la mañana.
- "Tonks, querida, el medimago nos dio permiso de entrar un momentito", explicó Molly, y en un instante, Tonks estuvo rodeada de cinco personas que se tranquilizaron cuando la oyeron hablar normalmente, aunque débil.
Habían temido que hubiera corrido la suerte de Alice Longbottom.
Luego de la corta visita, fueron echados de allí por el medimago y Remus se dispuso a volver a la Mansión.
- "Rem, ¿todo bien?", la mano de Kingsley, solícita sobre su hombro.
- "Debo renunciar a él. Por Tonks. Por Harry", , quiso agregar. Una triste sonrisa, tratando de aparecer despreocupado. Pero Kingsley lo conocía bien. Quizá tanto como el mismo Sirius.
- "¿Puedo entonces abrigar alguna esperanza?", un susurro junto a su oído y un abrazo protector y seguro. Kingsley se empeñaba en protegerlo, a pesar de sus veinticuatro años y los treinta y siete de Remus.
Pero se dejó llevar y se abrazó al mago moreno. Amaba a Sirius, pero amarlo dolía. Y dolía más su falta de confianza. Pero no podía dejarlo solo tampoco, no lo abandonaría cuando más lo necesitaba, no le haría lo que Sirius le hizo.
- "Tengo que ir a verlo"
Kingsley lo soltó suavemente.
- "Te veré en la reunión. Trata de descansar"
*
Cuando Harry llegó a Hogwarts, todo era un caos. Los profesores, en ropa de dormir, corrían de un lado a otro, atentos donde se necesitara su ayuda. Los prefectos se dividían tareas, entre ayudar a mantener el orden en el Gran Salón y correr con más cuerpos hacia la enfermería.
Y había aurores por todos lados. Silenciosos y preocupados, porque sólo pocos de ellos habían enfrentado emergencia semejante.
La profesora Mc Gonagall se hizo cargo inmediatamente de la situación, furiosa por tener el colegio lleno de extraños, se volvió a Harry y sus amigos y les ordenó permanecer allí mientras ella se dirigía, presurosa, a la enfermería.
Harry no había dicho palabra. Tampoco los demás.
Después de unos instantes de incómodo silencio, Ron habló.
- "Harry, ellos son adultos y-"
- "¡Cállate, Ron! Ellos me mintieron todo este tiempo. ¡No los defiendas!", espetó Harry.
- "A mí me cae bien el profesor Lupin y también tu padrino", intervino Neville, "si ellos son felices juntos, deberías dejarlos en paz"
Harry apretó los puños tratando de contenerse.
- "Sirius me pegó", su voz herida e irritada.
- "Tú comenzaste...", la voz calmada de Neville.
- "Pero ellos no están juntos", dijo Hermione, tan segura como siempre, "Tonks me dijo hace unos días que era novia de Sirius, y las fotos que viste eran del colegio. Eso pasó hace mucho---"
- "¿Tú crees?", preguntó Harry, algo esperanzado.
- "Es posible, Harry", exclamó Ron, "quizás ellos se hayan-se hayan--¿reformado?.. Además, si estuvieran juntos, Remus no había estado llorando en el cementerio, ¿no? Porque lloraba por Sirius, eso es clarísimo-"
Y Harry recordó el episodio, y también recordó que le ofreció a Remus escucharlo pensando que era una pelea de amigos, como las que él tenía a veces con Ron. ¡Diablos! ¡Cómo se habrían reído de él!
- "¡Y qué importa si fue hace mucho tiempo! ¡Debieron decirme! ¡Sirius debió decirme! ¡YO soy su ahijado y tengo derecho de saber!", casi gritó Harry. A lo lejos, Draco Malfoy lo miró burlón.
Harry se dirigió apresuradamente a la enfermería, Ron hizo ademán de seguirlo, pero Neville lo retuvo.
- "Ya lo conoces, se le pasará...déjalo solo"
Harry llegó a a enfermería, apenas consciente de que Dumbledore había aparecido y el alboroto se había calmado considerablemente. Los aurores se reunieron con Dolores Umbridge y el ministro de magia, pero nada de esto le importó.
En la enfermería, encontró a Haldir y a la profesora Mc Gonagall afanados en dar pociones de Athelas a los estudiantes. Minerva hablaba muy seria.
- "Albus ha puesto un poderoso hechizo de protección sobre el colegio, Haldir. Sólo me preocupa una cosa: para que el espíritu pudiera entrar hoy, alguien debió invitarlo y debemos averiguar quién fue"
Calló al ver a Harry, pero éste la había oído. Aunque en ese momento lo último que le importaba era el dichoso espíritu. La profesora Mc Gonagall se retiró, junto con los otros.
Se sentó en un rincón olvidado y nadie parecía ya reparar en su presencia. Desde allí, contempló el amanecer. La emergencia, al fin, había sido controlada. Eran las seis de la mañana.
Se acercó a Haldir.
- "¿Puedo ayudar?", preguntó tímidamente Harry.
- "Gracias. Pero ya no es necesario. Hace horas el espíritu se marchó y los estudiantes ya han sido tratados con Athelas, es solo cuestión de esperar, pero despertarán", respondió gentilmente Haldir, colocando la compresa final, empapada en Athelas sobre la frente de Seamus Finnigan.
Harry se sentó junto a la cama de Seamus, pensativo.
- "¿Cómo estuvo la fiesta?", preguntó Haldir, tratando de animarlo.
- "Oh, la fiesta. Estuvo bien", mintió Harry, pero los ojos azules del elfo lo miraron significativamente. "No, no es cierto".
Y de pronto se encontró contándole a Haldir lo ocurrido con el álbum y su enfrentamiento a Sirius. No sabía por qué se lo había dicho al elfo, quizás porque era un desconocido, quizás porque necesitaba desahogarse, o quizás, muy en el fondo, porque sospechaba que él entendería.
- "Sirius me traicionó. No quiero volver a verlo", dijo finalmente, apretando los puños.
- "¿Estabas interesado en Sirius?", Harry pegó un respingo al oír la pregunta, "veo que no", sonrió Haldir, "sin embargo, no veo de que otro modo pudo haberte traicionado-"
- "Él no me dijo"
- "¿Era necesario que lo hiciera? Quizás él no lo hizo antes porque debía resolver primero sus asuntos. Pudo ser que él esperase el mejor momento para decirlo, suponiendo que haya algo que decir. Si en verdad quieres mi consejo, Harry, pienso que debes hablar con él", replicó sosegadamente el elfo.
- "Pero---pero, lo que él hace está mal, ¿verdad Haldir?", preguntó dudoso Harry.
Haldir sintió lástima por él.
- "Si te refieres a ocultártelo, sus razones debió tener. Si te refieres al hecho de que Sirius ama a Remus, no hay nada malo en amar"
- "Es que ellos son---", se interrumpió Harry, avergonzado.
- "¿Varones? Finwe y yo lo somos también. Y puedo decirte que lo amo más que a nada en este mundo", respondió con dulzura Haldir.
- "Pero ustedes son elfos", trató de razonar Harry.
- "El amor existe para todas las criaturas, Harry. Yo amo a Finwe, no porque sea varón, sino porque es Finwe y me hace feliz. Y, por lo que he podido notar, Sirius ama a Remus del mismo modo. Dime, ¿acaso Sirius es ahora una persona diferente? ¿o lo es Remus? Ellos seguirán siendo los mismos--"
- "¡Ellos me engañaron! ¡Se burlaron de mí!", exclamó Harry huyendo de la enfermería.
Haldir lo miró compasivamente. Ese descubrimiento completamente inoportuno debía ser muy doloroso para el muchacho. No entendía muy bien lo de las fotos, ni siquiera sabía exactamente lo que era una foto, pero era claro que a Harry lo habían escandalizado. Pensó en Finwe, quizás él hubiera escogido mejores palabras para explicarle, su pequeño elfo parecía entenderse muy bien con Harry y sus amigos.
El pensamiento de ver a Finwe pronto hizo que Haldir se apresurase en dar a la señora Pomfrey las últimas instrucciones sobre el uso del Athelas, para luego usar la daga para transportarse a la Mansión Black.
*
Sirius estaba sentado frente a la chimenea, apagada hacía horas, mirando inexpresivamente las cenizas. Sobre la mesa, los restos del banquete y en la alfombra los envoltorios de los regalos olvidados ya. Era la imagen misma de la miseria.
- "¿Paddy?", la voz de Remus, un susurro tranquilizante, sus manos tomaron el rostro de Sirius.
En un instante, Sirius lo había abrazado con todas sus fuerzas.
- "Ella está bien, Sirius-"
- "... es mi culpa---"
- "No. No lo es, fueron los mortífagos", dijo Remus tratando de darle ánimos, aunque interiormente se culpaba a sí mismo, "Sirius, Bellatrix está libre"
Sirius lo miró, sus ojos hundidos parecieron no entender. Pero luego una chispa de ira se encendió en ellos. ¡Bellatrix! Su prima, que tanto daño había causado, ¿libre? Eso era una jugada más del destino, pensó con amargura. Debía impedir que ella viera a Remus. ¿Pero cómo si estaba allí encerrado? Una mezcla de sentimientos se apoderó de él, y el más fuerte de estos era su preocupación por Harry.
- "¡Llévame a Hogwarts! Debo ver a Harry...", pidió tomando ambas manos de Remus.
- "Sirius, no puedo", un triste susurro, una mirada abatida.
- "¿POR QUÉ?"
- "David. El espíritu que tiene a David, atacó Hogwarts. Estaba lleno de aurores y Dumbledore fue para allá, es muy arriesgado, Paddy"
- "¡Nosotros podemos destruirlo! ¡Tengo que hablar con Harry!", exigió Sirius.
- "No puedo, Paddy. No lo destruiremos, David está con él y si lo hacemos destruiremos su alma. Y Harry... debes dejar que se le pase un poco ... ahora no es bueno que ustedes hablen-"
- "¡Llévame!", la mano de Sirius le oprimió con fuerza la muñeca y sus ojos, enloquecidos lo miraron con rabia. Remus vio lo que, catorce años antes, vieron los aurores cuando capturaron a Sirius. No le extrañó que lo creyeran culpable. Era la mirada de un loco, de un asesino. Pero Sirius no lo era, y él lo sabía.
- "Paddy, me haces daño-por favor-"
- "¿Alguien ha visto a Finwe?"
Haldir.
Bajaba las escaleras apresuradamente.
- "No está en su habitación y la cama no está deshecha. ¿Dónde fue?", preguntó el elfo, sin que su voz dejara notar su preocupación por ese comportamiento tan poco característico de Finwe.
Sirius soltó bruscamente a Remus.
- "No lo he visto", dijo, la mirada vacía nuevamente. Tenía un vago recuerdo de Finwe sentado con él junto al fuego, pero el elfo era lo menos importante para él en ese momento, cuando su vida se volvía a partir en pedazos, con los nombres de Remus, Harry y Tonks en cada fragmento.
- "Estaba contigo", la voz de Haldir era exigente, imperiosa. Deseaba saber.
- "Lo siento, debió salir... no lo vi... ", la voz de Sirius sonó algo insegura. A su lado, el elfo lo miraba, imponente.
- "Es claro que no lo viste", dijo fríamente Haldir, dirigiéndose a la puerta de la calle.
- "Espera, Haldir", la voz calmada de Remus, que suavemente se interpuso en su camino, "no puedes ir a Londres. Avisaré a Mundungus para que lo busquen, él conoce la ciudad mejor que nadie. Debemos esperar-"
Haldir se detuvo.
Sabía perfectamente que no debía mezclar las cosas. Y Finwe también lo sabía. Trató de tranquilizarse pensando que quizás había ido a dar un paseo y que volvería pronto. Pero un sentimiento de terrible inquietud lo invadió, aunque el vínculo que los unía era muy fuerte y Haldir podía saber si su elfo sufría algún daño. Además, estaba el anillo.
- "Remus, si es preciso, el anillo lo encontrará", dijo seriamente, mirándolo a los ojos. Había entendimiento en los ojos dorados. Haldir esperaría. "Avísame si aparece"
El elfo volvió a Hogwarts.
*
- "¡Déjame, mortal!", se debatió Finwe, una vez que las cuerdas aprisionaron su cuerpo y descubrió la traición de Lucius. Sus ojos despedían fuego verde.
- "Lo siento, pequeño amigo", dijo Lucius. "Insonorus"
El elfo se debatió con fiereza, sin poder articular palabra, atado en el asiento trasero de un taxi que había tomado con Lucius para ir al hospital. El taxista miraba preocupado por el espejo retrovisor, pero un billete de cien libras, alcanzado oportunamente por Lucius, acabó con sus escrúpulos.
- "¿A dónde vamos, señor?"
- "Malfoy Manor", y Lucius dio instrucciones precisas para llegar a su mansión.
Finwe entre tanto, trataba de recordar el camino, guiado por un instinto. Pero había enormes edificios en vez de árboles y giros rápidos y vueltas en ese extraño transporte que los llevaba a gran velocidad hacia lo desconocido.
Lucius lo había dejado de mirar, atento al camino. El elfo aprovechó para tratar de soltarse, pero las ataduras eran muy fuertes.
- "Shhh, no luches. Te harás daño", le dijo suavemente Lucius. Finwe lo miró con desprecio. "No estarás tan altivo cuando mi señor termine contigo"
Llegaron a la mansión y Lucius lo empujó suavemente, y luego con rudeza porque el elfo se negaba a moverse. Las puertas se abrieron y arrojó al elfo al interior. Luego, se volvió al taxista que lo miraba con los ojos desorbitados.
- "Obliviate"
Alzó el ligero cuerpo de Finwe y lo arrastró por el camino hacia la casa. Esa madrugada, los jardines de la mansión no estaban tan vistosos ni las estatuas tan brillantes, como si estuvieran sufriendo anticipadamente por el destino del elfo.
Finwe fue transportado a una cámara de piedra, contigua a aquélla donde se hallaba el fatal espejo. La cámara tenía una reja que conducía a una celda, en la cual había un lecho, también de piedra, con un delgado colchón. Lucius abrió la reja y lo condujo, no sin trabajo, hacia el lecho.
- "Lo siento, pero esta vez no tengo lujo para ti. Tendrás que quedarte en este lugar, mi pequeño", le acarició el rostro. "Finite incantem"
- "¡Libérame, mortal!", exigió Finwe, los ojos llameándole aún.
- "Inmobilus", y Lucius lo liberó de sus ataduras y también de su ropa. Lo acarició largamente, sin que el elfo dejara de insultarlo. "Eres tan hermoso... es una lástima que tanta hermosura se dañe", la mano del mortal bajó hacia sus muslos.
SPUT
Lucius se limpió la saliva del rostro y lo abofeteó con todas sus fuerzas. El elfo se quedó quieto, con odio en la mirada.
- "Es una lástima---", murmuró Lucius, saliendo de la celda. "Puedes gritar si lo deseas, nadie te oirá en este lugar", y con un giro de su varita, devolvió el movimiento a Finwe y cerró la sólida puerta de la cámara
El elfo se encogió en el lecho. De pronto sentía un enorme frío, desnudo entre las paredes de piedra. Al menos había luz, se dijo, aunque no sabía de donde provenía. Pero su momentáneo alivio duró poco, pues la luz se extinguió, dejándolo en la más absoluta oscuridad.
La oscuridad.
Una oscuridad llena de cosas horribles.
La misma oscuridad del Bosque Negro, cuando las huestes de Sauron lo atacaban, en los Años Oscuros.
*
Esa mañana, la sala de profesores de Hogwarts estaba llena. Aurores y profesores murmuraban en voz baja. El Ministro había terminado ya su reunión con el Director, Minerva y Dolores Umbridge.
Al poco rato, apareció Minerva, seguida por Dolores. Ambas estaban serias, y no parecían traer buenas noticias.
Dolores carraspeó, con ese estilo tan característico suyo.
"Hem hem"
Cuando captó la atención de todos, comenzó.
- "Por orden del Ministro de Magia, el ilustre Cornelius Fudge, el Colegio Hogwarts, de Magia y Hechicería, queda intervenido a partir de la fecha, designándose una directora interina. Yo, Dolores Umbridge."
Hubo un murmullo de indignación entre el personal docente.
- "¿Cuál es la razón para este atropello?", quiso saber la profesora Hooch.
- "Se presentó una emergencia que no fue atendida en su momento por el director, que se encontraba ausente, junto con algunos profesores como Minerva Mc Gonagall y Severus Snape, quien aún no aparece", explicó Dolores, "es lamentable que alguien que está en este colegio recientemente, fuera quien se hizo cargo, y muy eficientemente, debo reconocerlo, de la emergencia", Dolores miró significativamente a Haldir
- "Esa emergencia fue algo fortuito, Dolores", replicó fríamente Minerva Mc Gonagall, "Y creo recordar que tú no pudiste manejarla tampoco, gritando histéricamente todo el tiempo"
- "Yo daba órdenes, y tenía que gritar para hacerme oír en medio del tumulto", respondió Dolores. "Dos aurores permanecerán en el colegio, ya que ustedes parecen no ser capaces de manejar una emergencia así. Y los docentes seguirán siendo evaluados"
- "¿Aurores? No es necesario. El conjuro que Albus puso en el colegio es suficiente para detener a cualquier espíritu, incluso a una legión de ellos", espetó Minerva y se retiró indignada. Los demás hicieron lo mismo.
*
- "¡No quiero estar aquí encerrado! ¡Llévame a Hogwarts!", exigió Sirius. Pero Remus se mantuvo firme.
- "No quiero que vuelvas a Azkaban. No quiero perderte de nuevo Sirius"
Tristeza.
Una infinita tristeza tras el oro de sus ojos.
Y Sirius capituló. Por Remus.
No quería verlo sufrir. No podía.
- "Esperaré. Quizá luego, Haldir lo pueda traer-"
Esperanza.
Sirius tomó el rostro de Remus entre sus manos y lo atrajo delicadamente. Su Remus, su paz. Pero fue rechazado suavemente, un levísimo gesto y una mirada que decía "¿Por qué no confiaste? Dime por qué creíste que yo era el traidor, dime qué es tan grave, qué estás ocultando"
No podía.
No ahora.
- "Vamos a traducir el maldito libro. Quiero estar ocupado"
*
A las doce en punto, los miembros de la Orden fueron llegando, en sombría procesión. Vestían de negro, como si se hubieran puesto de acuerdo.
No había alegría en esa reunión. Algunos venían de ver a la familia de Elphias. No había quedado nada de él, más que un miserable montoncito de cenizas que habían sido sepultadas simbólicamente junto con sus ropas de gala.
El segundo en morir.
¿Cuál de ellos sería el tercero? ¿En qué horrible forma?
Dumbledore apareció, con Fawkes. Miró tristemente los asientos vacíos. Los de Elphias y Hestia no se ocuparían más. Los de Tonks y Finwe...aún había esperanza.
Faltaban también Minerva y Severus, demasiado vigilados en Hogwarts.
Haldir miraba a ese grupo de mortales. Abatidos. Lucían como los hombres de Rohan, atrincherados en la fortaleza de Cuernavilla, antes de la batalla. Y ahora, él había hecho suya su causa, por Finwe. Su amado Finwe. ¿Dónde estaría? Si lo hubieran capturado, ¿al menos lo tendrían en un lugar iluminado? Porque a Finwe no le agradaba la oscuridad...
- "Haldir"
El elfo volvió de sus pensamientos. No había prestado atención.
Dumbledore lo miró con indulgencia.
- "Severus se comunicó conmigo. Voldemort sospecha algo y quiere a Finwe. Está ahora con Lucius Malfoy". Haldir apretó los puños, "No le harán daño, Voldemort lo necesita. Pidió a Severus preparar la poción veritaserum y eso le tomará al menos veinte días. Tenemos ese tiempo para hallarlo"
- "¿Cuántos más van a morir? ¿O desaparecer?", estalló Molly, los ojos llenos de lágrimas, "¿Y Harry? ¿Quién lo está protegiendo?"
- "Todos en Hogwarts protegen a Harry, Molly", explicó suavemente Dumbledore. "él es el único, con Sirius, que al menos está seguro"
- "¡Yo no quiero seguridad! ¡Quiero luchar! No soporto más este encierro-", desesperación en la voz de Sirius.
Y Remus le puso la mano suavemente en el hombro.
- "No, Sirius", dijo sosegadamente. Y él, haciendo un enorme esfuerzo por dominarse, calló.
La reunión se disolvió con las tareas repartidas.
Kingsley localizaría a Campbell y prepararía el Ritual de Chud, ahora era imperioso realizarlo.
Moody y Mundungus encontrarían el paradero de los mortífagos prófugos.
Los Weasley estarían con Tonks todo el tiempo posible, en el hospital.
Emmeline y Sturgis vigilarían los lugares muggles que antaño Voldemort escogiera como blancos, en búsqueda de actividades sospechosas.
Sirius y Remus continuarían con el libro.
Minerva y Severus custodiarían Hogwarts y Severus, además, hallaría la forma de entrar en Malfoy Manor y rescatar a Finwe.
Dumbledore buscaría alianzas con los miembros del Ministerio que discrepaban con Fudge, para tener el respaldo de la Comunidad Mágica, cuando se decidieran a atacar.
Y Haldir se encargaría de controlar a Dolores.
- "En veinte días es luna llena, Remus. Cuando pase el efecto, atacaremos. Ahora, debes acompañarme a mi refugio. Tenemos que averiguar algo más del anillo antes de usarlo"
- "Yo los ayudaré", dijo Haldir, "tengo una idea bastante concreta del uso que se le puede dar". Ya estaba, lo había hecho. Se involucró, en lugar de actuar como un simple espectador, de mantenerse al margen. Y lo hizo por Finwe, por su amor.
Dumbledore se desvaneció con Fawkes, Remus y Haldir.
Capítulo 18 : Still Standing
“I wish you were here tonight
with me / Quisiera que estés esta noche conmigo
to see the northern lights / para ver las luces del norte
I wish you were here tonight with me / quisiera que estés esta noche
conmigo
I wish I could have you by my side / quisiera tenerte a mi lado
tonight when the sky is burning / esta noche cuando el cielo arda
I wish I could have you by my side / quisiera tenerte a mi lado”
Still Standing – The Rasmus
Severus llegó a Malfoy Manor con una sensación de nostalgia
difícil de refrenar. Comprobó con secreta alegría que
la entrada particular que él usaba para sus encuentros con Lucius no
había sido clausurada como había temido. Entró y se dirigió
directo a la biblioteca privada del dueño, resuelto a esperarlo allí
en caso de no encontrarlo. Empujó la puerta, protegida por un conjuro
que sólo ellos dos conocían y lo encontró. Dormido.
Su cuerpo desnudo estaba enredado entre las rojas sábanas y su largo cabello le tapaba parcialmente el rostro. Se veía encantador, tanta paz aparente en una persona que no vacilaba en asesinar, que reía mientras mataba. Severus suspiró, recorriendo con la vista esa espalda desnuda, incontables veces acariciada, y alargó una mano para apartar el cabello.
- “No”, la mano de Lucius le había cogido la muñeca y sus ojos grises lo miraban, desafiantes.
Severus retrocedió. La magia se había roto.
- “Lucius”, dijo con la voz inexpresiva, “creo que debemos hablar”
Lucius se incorporó sin ninguna vergüenza, atravesó la biblioteca para buscar su bata y se la colocó en silencio. Severus, a su lado, aguardaba. Lo conocía demasiado bien como para saber que su ex amante ya no confiaría en él. Le dolía verlo tan distante, tan indiferente, como si nada hubiese sucedido entre los dos.
Mientras se cubría, Lucius observaba a Severus, el muy idiota había venido a saber del elfo. ¡Era tan obvio! Lo hacía por encargo de Dumbledore, eso lo sabía Lucius como si Severus lo tuviera tatuado en la frente. ¿Severus sería tan ingenuo en pensar que él no lo notaría?
- “Habla”, fue todo lo que dijo al terminar, irguiéndose ante Severus para luego dirigirse hacia un sillón de cuero donde se dejó caer con elegancia, recostándose en toda su extensión y cruzando los brazos.
Severus se sentó en la silla frente a Lucius, tratando de no mirarlo. Era evidente que el maldito bastardo intentaba seducirlo, sólo bastaba verlo allí, moviéndose como un gato, con media bata abierta, para que su corazón latiera aceleradamente.
- “Mataste a Elphias Doge y enviaste a una Auror al hospital, Lucius. ¿Acaso te volviste loco? Sturgis Podmore logró escapar y él atestiguará que no fue Black. ¿Qué demonios pretendías?”
- “¿Qué no es evidente?”, dijo Lucius con tono neutro, “quería liberar a nuestros compañeros, y lo conseguí. Respecto a Doge, le hice un favor al mundo, era un idiota insufrible, Severus ¡Incluso tú lo detestabas! Me lo dijiste muchas veces…”
- “Lo detestaba, sí”, replicó Severus, “pero una cosa es detestarlo y otra quemarlo vivo”
- “Una cosa lleva a la otra, Sev. Deberías agradecerme, lo hice por ti. Y en cuanto a Podmore, no escapó. Lo dejé ir, para que los alertara. Y jamás mataría a la sobrina de Bellatrix y sobrina política mía. Los asuntos de familia son sagrados”, y Lucius se incorporó sobre su codo, mirándolo directamente a los ojos.
- “Eres un---un---“, murmuró Severus, mientras Lucius se sentaba un poco y con una mano lo invitaba a sentarse junto a él, con una sonrisa seductora en la boca.
Pero Severus no se sentó, se arrojó hacia él, besándolo furiosamente. Lucius se dejó caer sobre el sillón, con la bata abierta y Severus sobre él. Pero de pronto, Severus lo apartó bruscamente.
- “¿Dónde tienes a Finwe?”, preguntó, sus manos cogiendo las muñecas de Lucius y obligándolo a recostarse. Su varita asomaba inútil por el bolsillo de la túnica.
- “En un sitio seguro, Sev”, la voz de Lucius era tranquila, aunque su respiración continuaba agitada y Severus podía sentir su excitación a través de la delgada tela de la bata.
- “Déjame verlo”, exigió.
- “Claro, Sev. ¿Tienes que informar que se encuentra bien? Lo está, puedes creerme”, y sus caderas ondularon deliciosamente.
Severus se inclinó para besarlo nuevamente y ese segundo de descuido bastó para que fuera enviado de un rodillazo directo al piso y Lucius se pusiera de pie cogiendo su varita.
- “Sígueme, Sev, y te mostraré a tu próxima misión. Cuando nuestro señor termine con él, le pediré que te lo obsequie y ambos podremos divertirnos”
Severus se levantó. No había esperado tener éxito obligando a Lucius, pero tampoco se había esperado ese rodillazo. Pero quería comprobar que Finwe estaba bien, de modo que lo siguió, consciente de que Lucius había tenido todo calculado: su visita, su enojo, su intento de seducción. Todo, incluso su aparente consentimiento a su deseo de ver al elfo.
Un oscuro pasillo los llevó a una celda que Lucius abrió con un conjuro. Dentro, todo era tinieblas.
- “Lumos”, un tenue resplandor iluminó el lugar, mostrando una figura desnuda y encogida en un lecho de piedra.
- “Traje visita”, dijo Lucius sin ninguna inflexión en su voz.
Finwe se incorporó y sus ojos verdes parpadearon confundidos por un momento. Lo tenían sin alimento, pero aún no estaba debilitado, ya que su condición de elfo le permitía vivir con una ínfima cantidad de comida.
- “Finwe, ¿estás bien?”, preguntó solícito Severus, acercándose a los barrotes para observarlo mejor. Comprobó aliviado que el bello cuerpo del elfo no tenía señal alguna de maltrato físico, aunque su rostro estaba un poco enrojecido en una de las mejillas.
- “Estoy bien, Severus”, respondió la armoniosa voz del elfo, al reconocer a su visitante.
- “Haldir está preocupado por ti, todos lo estamos”, continuó Severus, era inútil ocultarlo ante Lucius, de cualquier modo, él ya lo sabía.
Finwe se encontraba en frente suyo. Sus dedos apretados contra los barrotes, que Severus cogió a su vez, aprisionando las manos del elfo. Lo sintió temblar. Era la oscuridad, Haldir se lo había dicho. Pronunció algunas palabras en élfico, no sabía lo que significaban, pero Haldir se las había enseñado cuidadosamente. “Vendré por ti, mi amor. Resiste unos días”
Y Finwe respondió también en élfico. “Te esperaré, mi dueño”. Severus memorizó cada palabra e inflexión de voz.
Severus besó sus manos.
- “¡Basta de charla!, es de muy mala educación hablar en idiomas desconocidos para el anfitrión”, dijo Lucius, celoso, arrastrando a Severus fuera de allí y dejando nuevamente a Finwe sumido en una total oscuridad.
*
Remus se sentó en el suelo. Su cuerpo cubierto únicamente por unos pantalones blancos holgados, estaba bañado en sudor. A su lado, Haldir enfundaba las espadas con las que habían estado practicando durante los últimos tres días, luego de que Dumbledore decidiera por fin usar el anillo.
- “Lo hiciste muy bien, amigo mío. Cada día te fortaleces más”, dijo sonriendo Haldir.
- “Que no te extrañe”, intervino Sirius, que había estado observando desde la puerta del patio, “Remus fue uno de los mejores duelistas en Hogwarts, sus movimientos de lobo lo hacen ágil”, y llegó junto a Remus, arrodillándose para acariciarle los hombros. Remus con el torso desnudo era decididamente muy apetecible.
Remus se apartó suavemente, hacía unos días, estaba evitando todo contacto con Sirius que pudiera considerarse “peligroso”.
- “¿Cómo va ese libro?”, dijo para cambiar de tema.
- “Encontré algo, creo que es el contrahechizo”, respondió Sirius, visiblemente decepcionado por ese rechazo.
Remus se echó encima una bata de felpa y los tres se dirigieron hacia el estudio, donde Sirius les mostró lo que había logrado traducir de las runas sumerias y latín antiguo.
- “Es el texto de las Columnas Rotas de Geph, que saqué de los Manuscritos Pteptolíticos”
“Deja que quien llame al “Visitante
Nocturno”
Sea consciente del peligro.
Su víctima puede ser protegida
Por el hechizo del agua corriente
Volviendo la llamada de la oscuridad
Contra quien la ha llamado…”
Remus repitió el texto traducido, tratando de entender.
- “Y hay más”, continuó Sirius, “el librito de Malfoy también tiene una cita, luego de explicar cómo hacer la invocación”
“…del espacio que no es espacio, hacia cualquier tiempo en que las palabras sean dichas, el poseedor del Conocimiento puede invocar al “Visitante Nocturno”, sangre de Yibb-Tstll, eso que vive aparte de él y de las almas absorvidas, eso que sofoca y al que llaman El-Que-Ahoga. Sólo en el agua puede uno escapar del ahogo; aquello que está en el agua no…”
- “No lo entiendo—“, repuso Remus, “¿no hay
un conjuro?”
- “Es todo lo que pude hallar”, respondió Sirius, “y no sin trabajo, me la he pasado casi toda la semana investigando esto”
- “Está claro”, intervino Haldir, “hay que usar agua para deshacerse de ese demonio y volverlo contra su convocador”
- “¿Así de sencillo?”, dudó Sirius.
- “A veces, las cosas más sencillas ocultan las mayores complejidades”, dijo tranquilamente el elfo.
Al día siguiente, luego del entrenamiento de Remus, se celebraría una reunión de la Orden, donde discutirían lo hallado por Sirius. Haldir se despidió, pues debía ser cuidadoso ahora que Dolores estaba a cargo del colegio; aunque ella no controlaba sus idas y venidas, sí solía buscarlo a horas intempestivas y hubiera sido muy sospechoso que no lo encuentre, siendo casi las once de la noche.
- “Sirius, entregaré tu mensaje a Harry, y también trataré de hablar con él”, prometió el elfo antes de despedirse.
Sirius había estado tratando en vano de comunicarse con Harry. Usó el espejo, pero Harry no le respondía y las misivas que le había enviado con Haldir habían sido devueltas sin ser leídas. Esto lo afectaba profundamente, aunque quisiera hacerse el fuerte, y estaba aún más preocupado desde que Haldir le informara que Harry había tenido una pelea con Draco Malfoy luego de un partido de Quidditch y como resultado, Dolores lo había suspendido del equipo de por vida.
- “Moony, ¿crees que responda?”, preguntó, con los ojos esperanzados, como un niño pequeño.
- “Quisiera que lo haga, pero quizás necesita más tiempo”, respondió dulcemente Remus, apartándole negro cabello que Sirius se negaba a atarse. “¿Recuerdas la vez que peleaste con James? Duró un par de semanas—“
- “Lo sé”, dijo Sirius, atrapando la mano de Remus entre las suyas, pero no se atrevió a más, por temor a ser rechazado, “al menos Tonks ya está mucho mejor”
- “Kingsley me dijo que posiblemente Tonks venga mañana, a la reunión de la Orden”, informó alegremente Remus.
- “Kingsley”, dijo Sirius. Últimamente el mago moreno aparecía en los momentos más inoportunos, llevándose a SU Remus o quedándose a platicar por las noches, sin haber sido invitado. Lo peor era que la mayoría de las veces apenas lo tomaba en cuenta, como si no existiera. Y Remus parecía aprobarlo.
Estaba loco de celos, pero eso jamás lo admitiría. Y por las noches, daba interminables vueltas en la cama pensando en Remus dormido en el otro cuarto, deseando locamente ir a buscarlo, pero conteniéndose a causa de su promesa—y de su secreto. Buscaba la forma de decírselo a Remus, pero no la hallaba, le faltaba el valor.
Y Remus esperaba cada día que Sirius por fin confiara en él y le dijera el motivo por el cual lo había creído un traidor. Eran muchas las muestras de afecto que ambos se daban, pero no hubo más besos ni caricias íntimas, porque Remus había decidido renunciar a ese amor, que veía cada vez más lejano.
Mientras tanto, se había entregado en cuerpo y alma a los entrenamientos que le exigía Haldir, y a dominar el poder del anillo que cada vez sentía fluir con mayor fuerza.
- “Mientras tu mente y tu cuerpo estén mejor preparados, el poder aumentará, pero debes controlarlo para que no te consuma”, le había dicho el elfo, enseñándole a concentrarse de tal modo que fuera canalizando la enorme fuerza del anillo.
Lo primero había sido el entrenamiento con arco y flechas, y luego con espada, que tenía el objetivo de desarrollar la concentración mental y sincronización física. Y Haldir era un excelente maestro. Practicaban en el patio de la mansión, donde tenían la amplitud de movimientos que se necesitaba, y a Sirius le gustaba mirarlos desde la ventana del estudio cuando, cansado de revisar textos de equivalencias para las runas, buscaba un momento de relax.
Los movimientos de Haldir al luchar eran seguros y firmes, mostrando su fortaleza y maestría con cada golpe. En cambio, Remus era suave y ágil y casi tan veloz como el elfo. Los delgados brazos de Remus mostraban ya los músculos más definidos, en esos pocos días de intenso entrenamiento, y su piel cubierta de sudor brillaba deliciosamente. Sirius lo añoraba terriblemente, pero trataba de mantenerse firme hasta poder decirle la verdad.
*
- “Potter, quédese un momento. Deseo hablarle”, pidió Severus Snape al finalizar la clase de Pociones en la que Harry había estado especialmente torpe, mezclando los ingredientes en forma incorrecta y causando una pequeña explosión de colas de lagartija que había tenido que limpiar.
El chico lo miró en forma displicente, pero se quedó.
- “Este juego de víctima suyo ha durado demasiado”, dijo Severus, mirándolo fijamente a los ojos. “Los otros profesores están preocupados por usted, pero a mi no me engaña. Está tratando de llamar la atención”
- “Disculpe, profesor, pero no entiendo a qué se refiere”, repuso Harry fingiendo tranquilidad.
- “Hablo de su rendimiento en esta última semana, el cual, si bien nunca fue muy brillante, ahora va en franco descenso. Por no decir nada de sus pesadillas y el ardor de su cicatriz”
- “¿C-cómo lo sabe?”, preguntó Harry, pálido. Sólo había confiado esto a la profesora Mc Gonagall, y esto a insistencia de Ron y Neville.
- “Sucede que soy un miembro de la Orden y persona de confianza del antiguo director, Potter. Y eso me da derecho a enterarme de ciertas cosas. Albus sospecha que las pesadillas tienen algo que ver con el Señor Oscuro tratando de meterse en su mente y es por eso que lo he llamado, pues me ha pedido que le enseñe Oclumancia”
- “¿Oclumancia?”, preguntó Harry asombrado.
- “Es la ciencia de ocultar los pensamientos, en la que soy uno de los mejores”, respondió Severus con orgullo.
- “Pero ¿por qué—“, Harry iba a decir “¿por qué usted?”, pero se contuvo.
- “Créame Potter, que a mi me hace tan poca gracia como a usted, pero no puedo negarme ante un pedido de Albus. De modo que lo espero en mi despacho cada lunes a las siete en punto para las clases. Deberá decir que le he puesto detención en Pociones y así no despertatemos sospechas innecesarias”, dijo Severus con su característica voz baja y profunda.
Harry asintió, resignado. ¿Qué cosa peor le podría pasar? En ese momento se sintió perdido y con unos enormes deseos de llamar a Sirius o a Remus para contarles lo que le sucedía, y tuvo que reprimir las lágrimas al recordar que, precisamente, esas eran las dos personas que había estado evitando durante esos días. Incluso Remus lo había buscado un día en su habitación, arriesgándose a usar el anillo con el colegio lleno de aurores, y él lo echó de allí con una sarta de insultos que seguramente Remus jamás le hubiera dicho de encontrarse en su lugar.
- “¿Puedo irme ya, profesor?”, dijo apretujando, en el bolsillo de su túnica, la última nota sin leer de Sirius, que le había entregado Haldir.
- “Aún no, Potter. Respecto a ese asunto de Black y Lupin, no se desvele tanto. No es tan malo como parece”, dijo tranquilamente Severus. ¿Cómo diablos lo supo?
Harry enrojeció intensamente y lo miró intrigado. ¿Snape preocupado por él?
- “El tener la mente perturbada con otros asuntos, dificulta el aprendizaje de la Oclumancia”, respondió Severus, haciendo eco de sus pensamientos, “puede irse”
Y un algo decepcionado Harry salió de las mazmorras.
*
- “¿Y ahora qué, Haldir?”, preguntó Remus al iniciarse su entrenamiento de esa tarde.
- “Ahora veremos si estás preparado ya para defenderte usando el anillo”, repuso Haldir, quitándole suavemente la espada que Remus comenzaba a desenfundar.
El elfo retrocedió unos metros y luego tomó una flecha y apuntó a Remus.
- “¿Qué haces?”, exclamó preocupado el mago.
- “Confía”, dijo Haldir, “siente el poder el anillo y déjalo fluir”
Y Remus confió.
La flecha partió veloz en dirección a uno de sus brazos. Rebotó y cayó al piso sin que Remus hubiera hecho ningún movimiento.
- “Excelente”, sonrió Haldir, tomando otra flecha, para apuntar esta vez hacia el pecho desnudo de su amigo.
Remus observó la flecha, podría acabar con su vida, iba directo a su corazón. Pero se concentró como había hecho antes, y dejó fluir el poder. Ni siquiera sintió el golpe, la flecha cayó a sus pies sin haberlo tocado.
Haldir continuó disparando flechas a sus puntos vitales, con igual resultado, y luego lo atacó con la espada, siento en todos los casos, repelido por Remus. Cuando finalizó, estaba muy complacido.
- “Alcanzaste muy rápido la habilidad de repeler un ataque”, dijo palmeando en el hombro a Remus, “pero nos faltan otro tipo de ataques, los realizados por magos. Aunque antes de eso, deseo probar algo para lo que creo que ya estás preparado”
El elfo expresó su deseo y Remus asintió sonriendo, no podía negarle algo así a su amigo. Se dirigieron a la mansión y en el salón, Remus se arrodilló sobre la alfombra mientras Haldir decía algunas palabras en élfico que el mago repetía, con los ojos cerrados.
Al cabo de un rato, el rostro de Remus se mostró atemorizado mientras susurraba tembloroso:
- “¿Melda?”
Haldir se puso de rodillas, cerrando también los ojos, y lo tomó cariñosamente por los hombros mientras le hablaba suavemente en élfico.
- “No temas, pequeño elfo. Iré por ti en cuanto estemos preparados”,y abrazó a Remus con mucha ternura. Éste puso la cabeza en el hombro de Haldir y sollozó quedamente.
- “Está oscuro”, dijo con un hilo de voz.
- “Resiste, amor mío”, susurró Haldir, acariciando los cabellos de Remus, “te amo”, y luego, lentamente lo tomó de la barbilla y lo besó dulcemente.
- “¿QUÉ DEMONIOS—?”, gritó Sirius bajando precipitadamente las escaleras.
Haldir soltó bruscamente a Remus que parpadeaba confundido, mientras que Sirius estaba casi sobre ellos.
- “Espera”, dijo firmemente el elfo, “era un hechizo, yo hablaba con Finwe”
- “¿Por qué clase de idiota me toman?”, bramó Sirius visiblemente molesto.
- “Es cierto, Paddy”, intervino Remus tomándolo del brazo suavemente, “Haldir deseaba hablar con Finwe y usamos el anillo. Le presté mi cuerpo por un momento”
- “¿Hablar? ¡Yo no vi que ninguno hablara!”, replicó Sirius, contrariado aún.
- “Solo le expresaba a Finwe mi afecto”, explicó Haldir, “¿cómo no hacerlo? Está muy asustado, lo tienen a oscuras en una celda de piedra. Los elfos no soportan el encierro y mucho menos estar lejos de la naturaleza, y mi pequeño elfo tiene temor a estar solo en la oscuridad. Remus sólo me prestó su cuerpo, Sirius. Te pido disculpas si te he ofendido”
Sirius lo consideró un momento. Sabía que el elfo le había dicho la verdad, era sólo que el ver a Haldir besando a SU casi desnudo Remus había sido demasiado para él, creyó morirse de celos. Pero sabía del amor que sentía Haldir por Finwe y eso lo contuvo.
- “Está bien”, repuso algo más calmado. “solo avísenme cuando lo vayan a hacer, para estar presente”
Haldir sonrió, le hacía gracia ver a Sirius tan celoso, y aún tenía en los labios el sabor de Remus, chocolate y acónito. Nada desagradable. Pensó que no sería nada desagradable tampoco compartir su lecho con Sirius y Remus, cuando Finwe volviera.
*
Los Weasley y Emmeline trajeron a una pálida Tonks a la reunión de la Orden. Sirius la abrazó con mucho afecto y la guió hacia una de las sillas, sentándose junto a ella, que le sonreía débilmente. Remus, frente a ellos, evitaba mirar.
Poco a poco fueron llegando los otros miembros de la Orden y Dumbledore inició la reunión, a pesar de que aún faltaban Kingsley y Sturgis.
- “Amigos míos, las cosas han mejorado en algo desde la última reunión. Algunos miembros del Ministerio de Magia están en desacuerdo con Fudge, y eso nos da ventaja. El atentado en Azkaban quiso ser atribuido a Sirius, pero Tonks no se dejó presionar y dio la información correcta a “El Profeta”. Con eso, la credibilidad de Fudge ha caído considerablemente”
Sirius le dio una cálida mirada y apretó suavemente la mano de Tonks.
- “Finwe se encuentra bien, dentro de lo posible. Severus tiene más información al respecto”, continuó Dumbledore.
Snape hizo un escueto informe de su visita a Malfoy Manor.
- “No lo han lastimado y no creo que lo hagan físicamente”, miró a Haldir, “lo están debilitando: la falta de alimentos, la permanente oscuridad. Buscan quebrarlo para que no se pueda resistir a la poción que debo preparar”
- “Resistirá”, dijo Haldir, “es un elfo. Tiene que hacerlo”
Severus asintió gravemente.
- “Sobre el Anillo”, interrumpió Dumbledore, “Remus ha hecho muchos progresos, pero aún los mantendremos en reserva. Tengo grandes esperanzas en esa arma”
- “Descifré el libro”, informó Sirius, leyendo lo que había traducido. También les comentó la solución interpretada por Haldir.
Hubo un murmullo de curiosidad mientras los demás comentaban la cita, pero fue interrumpido por la entrada intempestiva de Kingsley.
- “Tuvimos un ataque”, informó visiblemente alterado, “una iglesia muggle. Todos murieron, los aurores se encuentran buscando huellas y tratando de minimizar el hecho ante los muggles. Fudge en persona se encuentra allí y yo debo volver, sólo vine a avisar”
- “¿Cómo los atacaron?”, preguntó Sirius, no deseando confirmar sus sospechas.
- “Aún no se sabe. Murieron asfixiados todos, pero no se conoce la causa. La puerta fue cerrada con un hechizo y ninguno pudo escapar, pero las muertes no fueron simultáneas, parece que fueron una por una, ya que los familiares están abrazados como si supieran lo que vendría”, explicó Kingsley.
- “El Visitante Nocturno”, dijo simplemente Sirius. Remus se cubrió el rostro.
- “Debo volver”, dijo Kingsley, “¿dónde está Sturgis?”
- “Dijo que esperaría en su casa y luego vendría para acá, es raro que no haya llegado”, informó Emmeline.
Kingsley se retiró apresuradamente y la reunión continuó.
- “Campbell fue visto en el Callejón Knockturn ayer”, informó Alastor Moody. “Trataba de contactar a Crabbe y Goyle, pero no tuvo éxito y se retiró con mucha prisa. No pudieron seguirlo a su refugio, es demasiado rápido y no ha perdido su habilidad, pero he puesto más centinelas, pues es seguro que volverá a intentarlo”
- “Eso es bueno”, dijo Dumbledore, “al menos sabemos que aún no ha llegado hasta Voldemort. Creo que esto es todo, tenemos pendiente lo del ritual, pero Kingsley lo manejará personalmente cuando vuelva de esta emergencia, y también veremos el uso del agua corriente para repeler al demonio de Voldemort. El plan de atacar sigue vigente y contamos con Remus para ello”
- “¿Y yo que hago?”, preguntó Tonks, “debo volver al Ministerio aún en una semana y no quiero sentirme inútil”
- “Querida, lo que queremos es que te pongas bien”, dijo cariñosamente Dumbledore, “quizás no sea buena idea que estés sola en tu casa, al menos mientras te reintegras al Ministerio. Sirius, ¿crees que podría quedarse aquí?”
- “No es necesario—“, trató de protestar ella.
- “Claro que sí”, exclamó Sirius inmediatamente, “que Emmeline traiga tus cosas y te quedarás en la habitación de Finwe por unos días”
La reunión se disolvió, pero Tonks y los Weasley se quedaron a cenar. Luego de la cena, Emmeline trajo las cosas de Tonks y Sirius la llevó en brazos por las escaleras y la ayudó a instalarse.
Remus se quedó conversando con Arthur y luego de que los Weasley se despidieran, subió las escaleras. Podía oír la risa de Tonks ante alguna broma de Sirius, pero no quiso interrumpirlos. En su habitación, tomó un baño y se cambió de ropa, con uno de los jeans que comprara con Tonks y una túnica color marfil. Luego se sentó frente al Pensadero y comenzó a colocar pensamientos en él, sonriendo tristemente mientras hojeaba el álbum de fotos.
De pronto, dejó el Pensadero y se puso de pie para dirigirse resueltamente a la puerta. La luz de la habitación de Sirius estaba encendida y él seguramente leía en la cama, como solía hacer. Trató de no hacer ruido y se dirigió a la calle, esa noche le apetecía caminar y no utilizar el anillo.
Sus pasos lo llevaron hacia un parque de diversiones, desierto ya a esa hora. Se sentó en uno de los columpios y comenzó a balancearse suavemente, con los ojos cerrados, recordando. A él le gustaba columpiarse con Sirius y lo habían hecho muchas veces juntos, riendo como locos para ver quién llegaba más alto.
Unos pasos lo hicieron detenerse y abrir los ojos. Se quedó congelado al ver a Bellatrix Lestrange avanzar hacia él. Pero no era la misma Bellatrix que él recordaba, orgullosa y bella. Seguía siendo hermosa, a pesar de su extrema delgadez y sus ojeras, pero pudo ver en su mirada lo mismo que había visto en Sirius.
Azkaban.
- “¿Qué hace el pequeño Moony lejos de mi apuesto primo?”, preguntó con una fría sonrisa.
Remus se puso de pie, buscando su varita.
- “Vengo desarmada, Remsie”, continuó ella, “no puedes atacar a una persona indefensa, ¿no? Eso no va contigo”
- “¿Qué quieres Bellatrix?”, preguntó Remus desconfiado. ¿Bellatrix desarmada? ¿Y qué quería con él?
- “Veo que aún Sirius no te ha enseñado buenos modales, Remsie”, rió ella, con odio en la mirada, “no te pediré que lo delates, sé que el niño bueno de Remsie no lo hará. Aunque—“, se detuvo pensativa y lo miró con un extraño brillo en la mirada, “aunque él sí dudó de ti, él creyó que tú eras el traidor y nunca sospechó del idiota de Pettigrew. No merece tu lealtad”
- “¿De qué hablas?”, Remus sintió el corazón salírsele del pecho, “¿Qué sabes tú de eso?”
- “Mucho. Él mismo me lo dijo---“
- “¡Mientes!”
Bellatrix rió de nuevo, con esa risa cruel que había usado al torturar a los Longbottom hasta enloquecerlos.
- “Claro que no. Pero mejor míralo tu mismo, Remsie”, y sacó la varita, para ponérsela un momento sobre los negros cabellos, y luego sacó un delgado filamento plateado, que dejó caer a sus pies. “Dale mis saludos a mi querido primo”, dijo antes de desaparecer.
Remus se quedó inmóvil un momento. Eso había sido intencional y calculado, estaba seguro. Estuvo tentado a dejar el filamento de pensamiento en el suelo y alejarse, pero no pudo. Lentamente se acercó y lo tomó entre sus dedos, preguntándose qué tendría, pero al mismo tiempo, deseando que desapareciera.
Momentos después, en la mansión, Remus inspiró profundamente antes de introducir el filamento en el pensadero, con los ojos cerrados. Luego, los abrió con temor.
Y entonces, lo vio.
Capítulo 19 : Bad memories
“Is it getting better / ¿Está
mejorando?
Or do you feel the same / ¿O sientes lo mismo?
Will it make it easier on you now / ¿Esto lo hará mas facil
para si ahora?
You got someone to blame / Tienes a quien culpar
You say... / Dices
One love / Un amor
One life / Una vida
When it's one need / Cuando es una necesidad
In the night / En la noche
One love / Un amor
We get to share it / Tenemos que compartirlo
Leaves you baby if you / Te deja si tu
Don't care for it / No lo cuidas”
One – U2
Remus sintió que era absorvido por el Pensadero y estaba en una calle
algo transitada. Un hombre montando una motocicleta se estacionó junto
a él, sin verlo en realidad porque la escena era tan sólo un
recuerdo.
Remus miró al hombre.
Era Sirius, tal como se veía antes de que fuera a Azkaban. Alto y guapo, vestido con jeans negros y una camisa de seda roja, abierta hasta medio pecho, mostrando el vello oscuro que acentuaba su virilidad. Tenía puesta su larga chaqueta de cuero negro y sus lentes de sol y bajaba de Silver de un veloz salto. Remus lo miró embelesado, su ex amante era un hombre muy atractivo.
Lo siguió mientras éste entraba en un motel muggle. ¿Alguna misión de la Orden? Porque en esos tiempos difíciles, Sirius muchas veces tenía misiones peligrosas, que a veces ni siquiera le contaba. Remus veía todo esto a través de los recuerdos de una persona. La misma persona que se encontraba en una habitación mirando por la ventana cuando llegó Sirius. La misma persona que le abrió la puerta de la habitación.
Bellatrix Lestrange.
Bellatrix, que por mucho que le doliera admitirlo, fue la primera amante de Sirius, y una mujer hermosísima, de largos cabellos negros y finas facciones, y que ahora, vestida únicamente con una bata de encaje negro, era una visión difícil de olvidar.
Sirius entró blandiendo la varita en busca de señales de magia negra. No encontró nada, pues la volvió a guardar y ella se sentó seductoramente sobre la cama.
- “Bella, ¿es verdad?”, preguntó Sirius sentándose junto a ella y hablándole con una familiaridad que desconcertó a Remus, porque Bellatrix y los suyos los habían lastimado muchísimo en el pasado.
- “Lo siento, primo. Sabes que no puedo mentirte. Fue tal como lo dijo Peter, el mismo Lucius lo confirmó”, se inclinó un poco hacia él. “Lo siento”
Sirius se había puesto de pie y daba violentos puñetazos a la pared. Remus en medio de la habitación, contemplaba la escena sin entender nada. ¡Estaban en guerra con los mortífagos! ¿Qué hacía Sirius hablando con Bellatrix? ¿Pidiéndole información? ¿Sobre qué?
- “Te importa mucho el licántropo, ¿verdad?”, dijo ella acercándosele por detrás.
Remus palideció.
- “¿Importarme?”, Sirius rió amargamente, “No se puede confiar en tales criaturas—no después de lo que hizo“
¿Qué demonios sucedía? ¿Qué se suponía que había hecho él? ¿Acaso Sirius creía que él era un traidor?
- “Pero es tu pareja—“, las manos de Bellatrix se posaron en la abertura de su camisa. Sirius pareció querer rechazarla, pero al oír estas palabras, no se movió.
- “Es bueno en la cama”
Remus quiso gritar, tratando de calmarse. “Es un recuerdo”, se decía, “es un maldito recuerdo”. Pero dolía. Dolía.
Bellatrix rió ante este comentario y hundió las manos en el pecho de Sirius.
- “Yo también lo soy, primo. He aprendido mucho luego de nuestra primera noche a orillas del Nilo”
Sirius volteó violentamente arrancándole las manos, pero ella no se inmutó y dejó caer la bata, quedándose desnuda frente a él.
- “Olvida a ese estúpido licántropo, no se necesita ser un animal salvaje para satisfacerte en la cama ¿o sí? Yo soy una serpiente—“, dijo insinuante.
Remus temblaba de pies a cabeza, mirando el furioso rostro de Sirius. Furioso y ¿dolorido? Como si algún sufrimiento interno lo consumiera. Quiso abrazarlo y confortarlo, pero no podía, sólo era un recuerdo.
Un recuerdo que se arrojó a los brazos de su prima, besándola rabiosamente mientras ella le arrancaba la ropa.
“Did I disappoint you / ¿Te
he decepcionado?
Or leave a bad taste in your mouth / ¿O deje en tu boca un mal sabor?
You act like you never had love / Actúas como si nunca hubieras amado
And you want me to go without / Y deseas que yo vaya sin ti”
Remus trató de detenerlos ¡Esto no podía estar ocurriendo! ¡No podía! Pero no podía tocarlos, ni impedir los rabiosos besos que Sirius le daba a Bellatrix, ni sus caricias lascivas.
- “NOOOOOOOOOO”, gritó Remus cayendo de rodillas.
Pero todo fue inútil, el recuerdo continuó torturándolo. Tenía los ojos cerrados, pero podía oír.
Y oyó.
Oyó los jadeos animales de Sirius mientras la arrojaba a la cama y la poseía salvajemente, y los gritos de placer de Bellatrix, mezclados con su risa cruel.
- “Soy mejor que él”, gritaba ella en medio de un violento orgasmo.
- “Lo eres”, jadeaba Sirius adentrándose más en su cuerpo, próximo a estallar.
Remus no pudo soportarlo más...
- “Finite incantem”, susurró, aún de rodillas y cubriéndose el rostro.
Y los dos se esfumaron, siendo tragados de nuevo por el Pensadero.
Silencio.
Y luego pasos apresurados.
- “¿Moony? ¿Estás bien?”. Sirius, el Sirius real, golpeaba la puerta, preocupado por el grito que oyó.
- “Sí. Déjame solo”, fue una súplica, un ruego, mientras Remus se ponía de pie tambaléandose ante la verdad que acababa de descubrir.
- “¡Abre la puerta!”, la voz de Sirius sonaba preocupada. ¿Preocupada por él?
Remus no lo podía mirar. No después de su descubrimiento.
De un manotazo, arrancó el colgante con el topacio que pendía de su cuello y lo arrojó lejos. Luego aferró el anillo y susurró un lugar, la casa de la única persona que podría ayudarlo ahora.
Kingsley.
Y Sirius lanzó un Alohomora a la puerta, que se abrió para revelar una habitación vacía. A sus pies estaba el colgante que Remus había arrojado. Lo recogió.
- “¿Sirius? ¿Pasa algo?”, Tonks en pijama lo miraba, con su cabello violeta revuelto y su carita de niña.
- “No, cariño. Todo está bien”
*
- “Gracias Haldir”, dijo Harry tomando el libro de “Historia de la Tierra Media” que Haldir le había pedido a Dumbledore para prestárselo.
- “Estoy seguro de que te servirá”, el elfo sonrió enigmáticamente y Harry volvió a reunirse con sus amigos en la Sala Común.
Ron y Hermione lo esperaban preocupados. Harry no hablaba mucho en esos días, aún estaba afectado por lo que descubrió acerca de su padrino, tanto que ni siquiera respondía mucho a los comentarios sarcásticos de Malfoy en la clase de Pociones.
Y lo peor había sido cuando les contó que debía aprender Oclumancia con Snape. Harry pensaba enfermarse, inventar una detención y muchas más ideas descabelladas, pero Hermione se lo impidió.
- “Debes ir”, le había dicho muy seria, “él se dará cuenta si le mientes y no quiero pensar en lo que haga. Además, parece que Dumbledore confía en él”
- “Dumbledore debe estar tan loco como dicen en el Ministerio”, había contestado Harry con amargura. Además, el anciano parecía no querer verlo, “¿por qué no me enseña él mismo? ¿por qué Snape?”
Pero nadie tuvo una respuesta satisfactoria, de modo que trató de olvidarlo hasta el siguiente lunes que empezaría las clases. Y se interesó mucho por la historia de la Tierra Media, que le daba ocasión de hablar con Haldir y preguntarle algunas cosas que no entendía.
Por Haldir supo que Finwe había desaparecido y que el otro elfo estaba ayudando a Remus a controlar el anillo para poder rescatarlo. También recibió varias cartas de Sirius, pero no las quiso leer. Pidió el libro pensando aprender un poco más de los elfos, sobre todo cuando Haldir le contó sobre cierto rey mortal que se había enamorado de un elfo.
Con el libro en las manos se sentó en uno de los cómodos sillones junto al fuego y miró distraídamente las llamas.
- “¿Qué libro es ese, Harry?”, preguntó curiosa Hermione. Harry se lo alcanzó.
Ella lo hojeó brevemente y de pronto lanzó una pequeña exclamación.
- “¡Mira!”, le dijo, y Harry tomó lo que ella le alcanzaba.
Una fotografía.
Una fotografía que estaba entre las páginas del libro, en la cual un bebé dormía en el medio de dos jóvenes, que tenían las manos entrelazadas. Harry miró atentamente, el bebé era muy pequeñito, tendría a lo más tres meses. Los dos jóvenes estaban dormidos también, uno de ellos, de cabellos castaños, tenía expresión de cansancio y sostenía en una de sus manos un biberón. El otro tenía largo cabello negro y su camisa estaba desabrochada. En uno de los bolsillos se asomaba un chupón atado con una cinta roja. Remus y Sirius. ¿Quién sería el bebé?
- “Eres tú, Harry”, dijo dulcemente Hermione, “mira lo que dice”
Y en el reverso de la foto, decía con una letra extrañamente parecida a la de Harry:
“Moony, Padfoot, jamás los volveremos a contratar como niñeras de Harry.
Con cariño
Lily y James Potter”
Harry se quedó estático. ¿Él? ¿Pero cómo? ¿Acaso sus padres sabían? Eso era obvio, solo ellos podrían haber tomado la foto. ¿Lo aceptaban entonces? ¡No era posible! Volvió a mirar, se veía ternura en el rostro de Sirius, volteado en la almohada en dirección a la carita dormida de Harry. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Hablaría con Sirius.
*
Llovía.
Kingsley llegaba caminando al edificio de departamentos donde vivía, llevando un paraguas al estilo muggle. Le gustaba caminar en la lluvia, le recordaba a su querida isla, y aunque no era una lluvia tropical, era lluvia al fin. Y la disfrutaba.
Esa tarde, se había enviado el caso del ataque a la iglesia muggle al Departamento de Misterios, donde se iniciaría una investigación detallada, ya que los aurores no habían podido determinar la causa del ataque. Luego estuvo ultimando los detalles del Ritual de Chud con Sturgis. Su amigo estaba visiblemente afectado por el ataque a Hogwarts, en el cual los únicos ilesos eran los hijos de mortífagos y los amigos de Harry que estaban en la fiesta de Sirius, y Sturgis había cometido una estupidez la noche pasada: fue a buscar a Crabbe para tratar de sacarle información acerca de Campbell y el espíritu, de modo que era sólo cuestión de tiempo para que Voldemort atara cabos y buscara él mismo a Campbell. No había tiempo que perder, la siguiente noche debían hacer el ritual.
Kingsley se paró en seco cuando divisó a una persona sentada en un banco del pequeño parque frente al edificio. Estaba completamente mojado y su rostro miraba el cielo.
- “Remus”, corrió junto a él, viendo un rostro mojado por la lluvia y también por las lágrimas que caían incesantes. “¿Qué te hizo ahora?”, demandó saber.
Remus lo miró tristemente, el dolor en sus ojos dorados era tal que Kingsley lo abrazó dejando caer el paraguas, sin importarle mojarse.
- “Estás empapado, vamos. Vamos a casa”, dijo conduciéndolo suavemente hacia la entrada del edificio.
Una vez dentro, ayudó a Remus a despojarse de su ropa mojada que secó con un hechizo, mientras lo ayudaba a tenderse en el sofá frente a la chimenea de piedra, único lujo del práctico departamento del mago, en el último piso del edificio.
Remus no había dicho palabra, dejándolo hacer. Con sólo los boxers puestos y cubierto con una manta a cuadritos, bebió mecánicamente el chocolate que le preparó Kingsley, que le recordó dolorosamente a Sirius, mientras silenciosas lágrimas se deslizaban interminablemente por sus mejillas.
Y entonces habló.
Le contó a Kingsley sobre el filamento de recuerdos, sobre la traición y sobre el enorme dolor que le oprimía el pecho.
- “Todos estos años---primero me resistía a creer que hubiera traicionado a Lily y James, luego tuve que aceptarlo, como todos. Pero él volvió y creí que me había dicho la verdad---que me amaba de verdad, ¡Me engañó! ¡Me engañó cuando creí que estábamos más unidos! ¿Cuántas veces lo habrá hecho? ¿Cuántas veces se habrá burlado de mí como hizo con su prima?”, Remus sollozó quedamente, casi sin fuerzas. Había estado en la lluvia esperando a Kingsley casi dos horas.
Y el mago moreno lo acunó suavemente, las palabras sobraban. Él mismo no creía que Black lo amara, así no se trataba a quien uno amaba. Sólo lo acarició mientras le cantaba una antigua canción de amor en francés. La misma canción que cantaba su madre cuando él era pequeño.
Remus se quedó dormido, cansado de tanto llorar, y fue llevado suavemente a la cama de Kingsley, donde el mago moreno lo recostó contemplando largamente su cuerpo delgado, para besarlo en los labios antes de cubrirlo con una manta y volver al sillón.
- “Te amo, Rem.Voy a cuidar de ti”
*
Remus abrió los ojos. Estaba en una cama suave y tibia, muy distinta a la enorme cama de la Mansión Black. El doloroso recuerdo lo asaltó nuevamente haciéndolo lanzar un gemido. Pero no lloraría más, ya no podía, no le quedaban lágrimas.
Se levantó percatándose de que estaba vestido sólo con boxers, y entró en el baño para lavarse la cara, cubierta de lágrimas secas que le dificultaban la vista. Se miró al espejo, lucía terriblemente pálido y sus ojos habían perdido la alegría. El anillo colgaba de su cadena. Lo apretó con fuerza, como le había enseñado Haldir, y trató de calmar el dolor que sentía.
Salió del baño y buscó algo para cubrirse. Encontró una bata de seda blanca y se la puso. Tenía el olor de Kingsley, y eso lo hizo sonreír. Descalzo, salió a la sala del pequeño departamento de su amigo, y lo encontró profundamente dormido en el sofá, cubierto apenas por una manta a cuadritos. Nunca había visto a Kingsley con el pecho desnudo y se quedó un momento contemplando los firmes músculos de ébano. Luego, Remus se arrodilló junto a él y acarició sus cabellos brevemente. El mago dormido abrió los ojos.
- "Rem", dijo tománole las manos, "¿cómo estás?"
Remus evitó mirarlo, pero respondió:
- "Estaré bien"
Desayunaron juntos, aunque Remus no tenía apetito y apenas hablaba. Kingsley había decidido no presionarlo y darle tiempo, pero había un tema importante que no podía ser eludido.
- "Rem, esta noche debemos hacer el Ritual de Chud", dijo tomándole una mano con cariño.
- "Claro. ¿Cómo lo haremos?", preguntó suavemente.
- "Seremos cinco, y haremos la invocación nuevamente. Pero debemos hacerlo en un lugar protegido, que no atraiga los aparatos del Ministerio, porque están patrullando todo. No puede ser en Hogwarts, de modo que sólo nos queda un lugar--", explicó Kingsley.
- "No volveré a ir allí"
- "Rem, la Mansión es el único sitio posible. Y tú debes estar en el ritual", Kingsley trató de apaciguarlo, "además, como portador del Anillo, debes permanecer allí"
- "¡Cómo me pides eso! ¡Tú no lo viste! ¡No lo oíste! ¡No puedo!...", Remus calló un momento, "David...", dijo luego y se cubrió el rostro.
Kingsley esperó. Sabía que no se equivocaba con Remus.
- "Iré. Le debo eso a David. ¿Qué debemos hacer?", su voz sonó cansada y triste, pero decidida.
- "Se los explicaré allí a todos. Rem, será duro. Tienes que ser fuerte", Kingsley en ese momento pensaba seriamente reemplazar a Remus por otra persona, el problema era que no había más candidatos posibles.
También debía ir al Ministerio, eran momentos delicados y su ausencia hubiera resultado sospechosa. Pero no quería dejar sólo a Remus y lo llevó con los Weasley. Molly y Remus siempre se habían llevado muy bien.
A la hora que volvió a buscarlo, se alegró al saber que Remus y Molly habían estado desgnomonizando el jardín y su amigo tenía más color en las mejillas. Lo abrazó cariñosamente y se dirigieron a la Mansión Black.
Sirius había estado frenético todo el día, tratando de encontrar a Remus a través de Tonks y sus amigos, pero no fue posible. Nunca como ahora, sentía el encierro al que estaba sometido. No tenía idea de qué era lo que le había pasado a su amigo, y por eso estaba más preocupado.
Cuando apareció, acompañado por Kingsley, quiso abrazarlo pero fue detenido por una fría mirada.
- "Buenas noches, Sirius", los ojos de Remus estaban inexpresivos.
- "Moony, ¿dónde estabas? ¿Qué pasó?", preguntó Sirius mirándolo a la cara.
- "Estuve con Kingsley".
Sirius echó chispas de los ojos, pero se contuvo porque Tonks bajaba trabajosamente las escaleras.
*
Pasaron la velada más penosa que Sirus podía recordar en su vida. Los cuatro, sentados en la sala, en silencio, esperando a los demás. Por suerte, a las once en punto llegó Sturgis y poco después Severus. Tonks subió a acostarse luego de saludar a Sturgis que lucía terrible, peor aún que Remus, porque no había dormido nada desde el ataque a Hogwarts, pero estaba resuelto, como todos. Desesperadamente resuelto.
- "Es necesario llevar a cabo el ritual ahora mismo, pronto será media noche. Los he convocado a los cinco porque todos ustedes estuvieron relacionados con la muerte de David, tal como me lo contó Albus, y sólo ustedes podrán detener al espíritu que lo posee. Pero será peligroso"
- "Eso lo sabemos", dijo Severus fríamente. Un presentimiento lo asaltó de pronto, pero su rostro no dejó traslucir ninguna emoción.
Kingsley retiro la enorme alfombra de la sala y con magia, dibujó un enorme pentagrama en el centro, con los símbolos de cada puerta en sus puntas. Luego trazó un círculo fuera del pentagrama y lo rodeó recitando el conjuro de Ptah.
- “Cada uno se situará en una punta, y nos tomaremos de las manos. A las doce en punto comenzaré con la invocación y ustedes deben repetir la que abrirá la puerta que les corresponde. Las invocaciones aparecerán en el centro del pentagrama y sólo deberán leerlas. Si tenemos suerte, el espíritu aparecerá”
- “¿Y si no?”, preguntó Sturgis.
- “Si no aparece, se habrá hecho demasiado fuerte para ser contenido por nosotros. Pero confío en que no sea así, no se han reportado más ataques que los de Hogwarts. Cuando aparezca, deben tener muy claro que NO ES DAVID, David está allí, pero él no nos dejará verlo. Sin embargo lo utilizará para vencernos, los utilizará a ustedes, puesto que a mi no me conoce”, aclaró Kingsley.
- “¿Utilizarnos? ¿Cómo?”, preguntó Remus.
- “No lo sé exactamente, pero si aparece, no podrá salir y con las primeras luces del alba, se habrá esfumado y liberado el alma de David. No nos queda mucho tiempo, escúchenme bien: NADIE DEBE ABANDONAR EL PENTAGRAMA, por muy doloroso que sea, no lo dejen y no traspasen el círculo. El espíritu no podrá abandonar la barrera del círculo. Y no se suelten de las manos, eso les dará seguridad. Pase lo que pase, no se suelten”
Los cuatro asintieron y ocuparon sus puestos. Kinsgley en el extremo superior, con Severus y Remus a sus costados, y en la parte inferior, Sirius y Sturgis.
Y comenzó la invocación. Kingsley repitió con voz firme las palabras en árabe antiguo, y luego fue el turno de los demás. Cada uno pronunció la invocación que abriría la puerta al submundo y al concluir, notaron que se formaba un humo denso.
Un ser formado de plasma se movía entre ellos, tratando de atravesar la barrera. Volvió al centro del pentagrama y luego se enfocó en Remus y con todas sus fuerzas se arrojó contra él, siendo expelido de nuevo hacia el centro. Hizo lo mismo con cada uno de los magos, pero sin éxito y comenzó a volar en círculos adoptando formas monstruosas.
- “Tetragrammaton Thabaite Sabaoth Thethiktos—“, se oyó la clara voz de Kingsley, invocando la última barrera: la Luz Voladora de Yuggoth del Rim. “recuerden, NADIE debe abandonar el pentagrama”
El espíritu pareció enloquecer, golpeándose contra una pared invisible y contra ellos, que permanecían inmóviles. De pronto, pareció calmarse y empezó a girar envolviéndolos a todos en un remolino gigantesco.
Pareció como si la estancia se alargara y transformara, y sintieron que sus cuerpos y extremidades se estiraban, pero sus manos permanecían unidas aún y se ampararon en esa unión para seguir mirando.
*
Estaban en Hogwarts, pudieron reconocer el castillo, pero se dirigían
más lejos de él, hacia el bosque. Un muchacho delgado y pálido
avanzaba sonriendo y sosteniendo un pequeño paquete contra su pecho,
su carita de adolescente mostraba la felicidad que lo embargaba mientras caminaba
resueltamente hacia el bosque.
David.
David a los dieciséis años. La edad que tenía cuando murió.
Oyeron un gemido ahogado ¿Severus?. Kingsley cogió con fuerza la mano de Remus.
Vieron una cueva que ocultaba una amplia estancia de piedra, con un sillón tapizado en terciopelo rojo, algunas sillas y una mesa de piedra, equipada con varios instrumentos de tortura.
Varias personas vestidas de negro rodeaban la mesa, en la cual yacía un hombre, a todas luces un muggle. Su cuerpo presentaba señales de tortura, y el suelo estaba cubierto de la sangre que manaba de sus numerosas heridas.
Uno de los hombres de negro, el más alto de todos, se acercó obligando al herido a mirarlo a los ojos.
- “Albert Nolan, se te encuentra culpable de la muerte de Alice y Brenda Mc Nair, hermanas de Walden Mc Nair aquí presente. Un tribunal muggle te absolvió, pero nuestro tribunal mágico te ha condenado”
El hombre se quitó la capucha.
Nigel Campbell. El cabello rojo ardía iluminado por la luz mortecina de las numerosas lámparas y sus ojos llameaban de ira.
Un gemido ahogado y algo que cayó al piso.
David.
David que ahora corría hacia la salida, escapando del horror que acababa de descubrir.
Campbell palideció, pero los mortífagos lo miraron.
- “Severus, ve tras él, impide que hable pero no lo lastimes aún”, ordenó.
Una figura de negro corrió tras el muchacho y lo alcanzó del hombro.
- “Maldito Gryffindor, si dices algo al director, estás muerto”, amenazó.
David lo miró con los ojos arrasados en lágrimas.
- “Ustedes son—son—“, balbuceó sollozando.
- “Mortífagos, pequeña escoria. Somos mortífagos y tu amante es nuestro guía en Hogwarts, sólo te utilizó, ÉL es un Slytherin y solo calentaste su cama”, dijo Severus despiadadamente.
El chico huyó sollozando.
*
Severus Snape se había puesto de pie, tratando de detener al chico, pero ni Sirius ni Sturgis le permitieron soltarse. El rostro del profesor de Pociones mostraba un dolor infinito.
Fuera del pentagrama, David lo llamó suavemente.
- “Severus, tú me engañaste. Por tu mentira tuve que hacer lo que hice”
- “¡Perdón! Yo no sabía—“, balbuceó Severus. Y era cierto, jamás pensó en que los sentimientos del chico por Campbell fueran tan puros. Jamás pensó que lo impulsaría a matarse.
- “Ven a mí, Severus”, la voz se hizo muy triste, “ven a mí, ayúdame a calmar mi dolor, ven—“
Severus avanzó, hipnotizado por la dulce voz. Pero Sirius lo retuvo firmemente.
- “No fue tu culpa, Snivellus. No fue tu culpa”
Severus se detuvo, David lo seguía llamando.
- “David, lo siento. Lo siento mucho, lo siento aunque hayan pasado varios años. Pero no te seguiré—“, la voz le falló. Severus Snape, luego de veinte años, se permitía por fin llorar por David.
El torbellino los envolvió nuevamente y pudieron reconocer el dormitorio de Gryffindor.
*
David, con su rostro lleno de lágrimas llamaba a una puerta cerrada. Sirius abrió al cabo de unos momentos, con el pijama desabrochado y lo miró de mal talante.
- “¿Qué quieres a esta hora? ¿Te pasa algo?”
- “R-remus”, murmuró el chico retorciéndose las manos.
- “Está dormido, anoche estudió hasta muy tarde. Sólo si es algo urgente lo despertaré”, dijo Sirius con frialdad.
- “N-no. No importa”, susurró David.
Sirius le cerró la puerta en las narices.
- “¿Quién era?”, preguntó la soñolienta voz de Remus.
- “Nadie”
*
- “Ohh, David”, exclamó Remus.
El chico sollozaba quedamente frente a Sirius
- “Tú me negaste la ayuda que necesitaba”, susurró.
- “Yo—no sabía qué pasaba. Era media noche---“, trató de explicar Sirius.
Una mano apretó la suya. Remus.
- “Nunca te simpaticé, siempre estuviste celoso”, había reproche en la voz del muchacho.
- “No es cierto”, Sirius empezaba a impacientarse.
- “David, déjalo”, la suave voz de Remus intervino.
- “¿Tú? ¡Me abandonaste cuando más te necesitaba, me dijiste que no importaba la hora, que te buscara si necesitaba tu ayuda, y cuando lo hice, me abandonaste!”
Remus se había puesto muy pálido. Y también Sturgis.
El torbellino giró y volvieron a ver el pasillo de los dormitorios de Hogwarts.
*
David corrió a su dormitorio en el cual dormía también Sturgis.
Un ramo de rosas blancas estaba sobre su mesa de noche, con una tarjeta “Te ama, Nigel”. Temblando, lo tomó y un sollozo se escapó de su garganta.
- “¿Quieres largarte ya con tu amante? No me dejas dormir”, había odio en la voz de Sturgis.
- “Stu, yo---yo—“, balbuceó David.
- “¡Vete a Slytherin! Haz que te folle en las mazmorras, eres peor que una ramera. ¡Vete!”
David salió, tambaleándose. Llevaba el ramo de rosas.
Corrió por los pasillos sin rumbo, hasta que se detuvo frente al baño de prefectos y pronunció la contraseña.
Como un poseído, abrió los grifos y se quitó la ropa. Ya no lloraba. Pero violentos temblores le sacudían el cuerpo. Desnudo, se metió en el agua caliente y apretó el ramo contra su pecho.
De pronto, vio una navaja de afeitar, dejada allí por algún descuidado.
Mecánicamente, la tomó y procedió a cortarse limpiamente las muñecas, aferrando el ramo hasta que las rosas se tiñeron de rojo.
*
- “NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO”, Sturgis se puso de pie violentamente, “David, nooooooooooo”, gritó desesperado.
La escena desapareció.
- “Sturgis”, la vocecita de David lo llamaba.
El cuerpo de Sturgis se estremecía en violentos sollozos.
- “Perdóname Dave, perdóname por favor”, cayó de rodillas, “¡yo te amaba! Te amé siempre, te adoré y tú te fuiste con ese bastardo---sólo quería herirte. Quise herirte, pero no perderte—“
- “Ven a mí”
- “David, David”, sollozaba Sturgis y avanzó resuelto.
Kingsley y Severus trataron de detenerlo, pero él se soltó y se arrojó en los brazos de David, fuera del pentagrama.
- “Sturgis, ¡No!”, gritaron los cuatro, Kingsley no les permitió moverse.
David cambió, volvió a ser el horrible ser de plasma que se comenzó a introducir por la boca y nariz de Sturgis y a envolverlo completamente.
- “Te amo, te amo”, repetía Sturgis una y otra vez mientras su cuerpo se sacudía en terribles espasmos.
Remus lloraba.
La sangre comenzaba a manar de la boca y oídos de Sturgis mientras era elevado en el aire. “Te amo David”
Y entonces, todo cesó.
El cuerpo cayó de bruces al piso y el plasma desapareció en el aire.
Con las primeras luces del alba, oyeron una breve risa.
- “Sturgis, te amo”
Y la forma de David, del verdadero David, apareció llevando de la mano el espíritu que se desprendió del cuerpo de Sturgis. Ambos se perdieron en el aire.
Kingsley fue el primero en llegar al cuerpo.
- “Se ha ido”, dijo luego de comprobar los signos vitales.
Volteó el cuerpo, descubriendo su rostro.
Sturgis Podmore lucía una radiante sonrisa.
Capítulo 20 : As The World Falls Down
“There's such a sad love / este
es un amor tan triste
Deep in your eyes, / en lo profundo de tus ojos
a kind of pale jewel / una especie de joya pálida
Open and closed within your eyes / abierta y cerrada dentro de tus ojos
I'll place the sky within your eyes / pondré el cielo dentro de tus
ojos”
As the World Falls Down – David Bowie
Severus fue el primero en rehacerse.
- “Tenemos que sacarlo de aquí. Su muerte no puede en modo alguno relacionarse con nosotros”, dijo con la voz calmada, natural. Como si estuviera explicando un problema en clases.
Remus se estremeció. Sabía que Severus tenía razón, pero aún así, sus palabras, dichas con fría eficiencia, eran horribles. Severus había hablado con naturalidad, como si estuviera habituado a borrar huellas, a deshacerse de cuerpos. “Como mortífago”, pensó.
Cosa extraña, Sirius secundó a Severus. Y Kingsley también lo hizo.
- “Severus, por favor encárgate tú”, pidió el mago moreno, y el aludido alzó el cuerpo y se lo cargó en los hombros, para entrar con él a la chimenea.
- “A Podmore Place”, se le oyó decir claramente antes de desaparecer.
- “¿Sirius? ¿Qué ha pasado?”, Tonks bajaba las escaleras en pijama, y alcanzó a ver desaparecer a Severus.
Suavemente, Sirius la condujo al sofá y se sentó con ella, cogiéndole las manos mientras le explicaba lo sucedido. Remus los miró brevemente y fue a la cocina a buscarle a Tonks una taza de té caliente al que le agregó unas gotas de ron. Luego se sirvió él mismo una generosa cantidad y se lo bebió de un trago, limpiándose de un manotazo las lágrimas que habían empezado a brotar incesantemente de sus ojos.
Lágrimas por Sturgis y por David, pero también por Sirius.
Cuando volvió al salón, Tonks lloraba amargamente en los brazos de Sirius mientras Kingsley, serio y callado, limpiaba los restos del ritual. Algunas lágrimas asomaban en sus ojos.
Remus se sentó junto a Tonks y le habló con suavidad. Siempre habían sido buenos amigos, y ella aceptó el té mientras su amigo trataba de tranquilizarla.
- “Ellos están juntos ahora. Sturgis amó a David, querida. Él eligió ese destino y la sonrisa en su rostro es signo de que logró lo que deseaba. Ambos están en paz.”
Sirius siempre se maravillaba de la serenidad con que Remus sabía explicarlo todo, con las palabras justas y esa encantadora, aunque triste sonrisa. Lo miró con afecto, pero Remus rehuyó su mirada.
Un brillante resplandor anuncio la llegada de Dumbledore.
- “Severus me informó lo ocurrido. Ha llevado el cuerpo a Podmore Place y se aseguró de que los vecinos lo encuentren. En estos momentos el Ministerio debe ser notificado”
Remus suspiró “Fría eficiencia”, pensó nuevamente, recordando a Severus. “Son mortífagos”… también recordó a Bellatrix.
- “Entonces debo irme para allá. Quiero estar allí y saber los resultados de las investigaciones”, dijo Kingsley llevando aparte a Remus.
Sirius los miraba intrigado y molesto.
- “¿Te quedaras con los Weasley, Rem?”, preguntó Kingsley en voz baja.
- “No”, dijo Remus suavemente. “Iré a mi casa, y luego quiero ayudar a “Ojoloco” y a Dung a encontrar a los mortífagos prófugos. Y a Campbell”
- “Ten cuidado”, la voz de Kingsley sonaba preocupada, pero no se atrevió a contradecirlo. Después de todo, Remus era el portador del Anillo y era un mago muy poderoso.
- “Lo tendré”, fue la serena respuesta.
- “¿Podrás manejarlo?”, Kingsley señaló a Sirius con las cejas.
- “Descuida”
- “De acuerdo”, la mano de Kingsley acarició su mejilla brevemente, antes de ser interrumpidos por Dumbledore.
- “A las ocho se reunirá la orden. Hasta entonces, no quiero que hagan nada peligroso, Remus, Kingsley”, dijo Dumbledore con severidad, “Haldir vendrá a las seis para entrenar con Remus y Sirius. Anoche hubo otro ataque a muggles, esta vez en un lujoso hotel, en la recepción que daban en una exposición de antiguedades. Uno de los artículos allí exhibidos era un espejo, traído por un elegante hombre de cabello rubio largo. A media noche este hombre se retiró y las puertas del salón quedaron herméticamente cerradas. Los que estaban afuera pudieron oír los gritos de terrior, que duraron sólo diez minutos, porque cuando pudieron abrir las puertas, no había nadie. El salón estaba vacío. El hombre rubio volvió después y cogió su espejo, lo vieron dirigirse al servicio. Nadie lo vio salir”
- “El espejo de Nitocris”, exclamó Remus, “fue Malfoy. Ahora el Ministerio tendrá que intervenir”
- “Lo siento. Emmeline se enteró de todos estos detalles hablando con los testigos antes de la llegada de los Aurores. Luego, algo extraño les sucedió y ninguno recuerda nada”
- “Un golpe bien planeado”, dijo amargamente Kingsley. “El tiempo apremia, debo irme ya. Los veré a las ocho. Cuídate, Rem”, y desapareció.
Dumbledore hizo lo propio, no sin antes recomendar a Sirius no moverse de la casa y a Tonks descansar.
- “Me voy”, dijo Remus, algo bruscamente.
- “Moony, ¿qué ocurre contigo?”, estalló Sirius, harto ya de la situación.
- “Tengo que hacer”
- “¡Escuchaste a Dumbledore! Tienes que estar aquí porque a las seis vendrá Haldir a entrenarte. ¿Dónde demonios vas?”
- “No tienes derecho a pedirme explicaciones, Sirius Black. Y tú eres la última persona en el mundo a quien se las daría”, respondió fríamente Remus. “Estaré aquí a las seis. ¡A Lupin Lodge!”.
El anillo brilló desapareciendo a Remus antes de que Sirius pudiera cogerle el brazo.
- “¡Maldición!”
- “Lo siento”, Tonks estaba muy pálida. No había querido presenciar la escena, pero fue todo tan rápido que no tuvo tiempo de retirarse.
- “Está bien”, dijo Sirius tratando de quitarle importancia, aunque por dentro una terrible duda lo carcomía, “debe ser la cercanía de la luna llena”
*
- “Lucius, tu actuación de anoche fue espléndida”, dijo complacido Voldemort.
Estaban en la cámara del Espejo, en Malfoy Manor, donde Lucius acomodaba nuevamente la misteriosa reliquia, cuya superficie ahora estaba quieta.
- “Esa no es la única sorpresa que tengo para ti, señor”, dijo Lucius sonriendo y los dos magos se dirigieron a la cámara de torturas, donde una figura pelirroja estaba atada a un enorme disco de metal, con muñecas y tobillos fuertemente aprisionados.
Nigel Campbell, antiguo profesor de Pociones de Hogwarts.
La sonrisa de Voldemort se amplió más.
- “Nigel, cuánto tiempo sin verte”
Campbell lo miró parpadeando varias veces. Su rostro era el de un ser desesperado, un ser que lo había perdido todo. Incluso la razón.
- “Mi señor”, graznó con su voz de demente.
- “No, Nigel. No soy tu señor. Quisiste traicionarme y huíste de mí. Y la traición tiene un alto precio”, siseó Voldemort.
- “S-señor, estaba enloqueciendo. ¡Ellos me lo arrebataron! ¡Me arrebataron a mi ángel! Pero yo lo traje de nuevo—“, hizo una pausa, como si le costara mucho hablar, “lo traje, sí, pero a través de un antiguo hechizo. Y vine a ofrecértelo como arma, mi señor, para que luego me lo devuelvas”, la voz se le quebró.
En la mente de Voldemort se empezaba a formar el episodio ocurrido hacía veinte años. No le costó trabajo leer la mente de Campbell, que, desesperado como estaba, no podía ponerle barreras. Y supo que era cierto lo que decía. El hombre, en su locura, había logrado lo que pocos. Invocó el espíritu de un No Muerto sobre la tumba de su joven amante, y se lo ofrecía a cambio de devolverle al muchacho suicida. El muchacho por el que Campbell lo quiso traicionar. El muchacho que amó, que aún amaba.
Tenía gracia. Tenía muchísima gracia.
E ironía. Campbell había sido el más despiadado mortífagos, el mejor entrenador. Y luego, inexplicablemente, había entregado su alma a un jovencito de dieciséis años con el que pensaba huir apenas tuviera oportunidad. Y el muchacho había muerto, se había suicidado al descubrir lo que era Campbell.
Quizás allí empezó a volverse loco.
Porque ahora, Voldemort no tenía la menor duda de que el hombre que se retorcía de desesperación ante sus ojos estaba completamente desquiciado.
- “Muéstrame al espíritu”, exigió. Quería ver hasta dónde llegaba el hombre.
- “¡Me lo arrebataron! ¡Ellos lo hicieron! Me lo quitaron de nuevo, se lo llevaron—“, sollozos y palabras inarticuladas, “y-yo lo traeré de vuelta---no puede abandonarme—“
- “Tráelo”
Campbell trató de invocar las antiguas palabras, riendo y llorando mientras lo hacía. Llamando a David, a su ángel.
Y Voldemort rió. Rió como no lo había hecho en varios años. Se volvió hacia Lucius que miraba la escena en silencio, temiendo pensar en su propia historia con Severus.
- “Esto es lo que pasa por amar, Lucius”, dijo casi susurrando, “por amor un hombre competente se convierte en---“, señaló con desprecio la sollozante figura, “esto”
Campbell llamaba a gritos a David, jurándole amarlo hasta la muerte, ofreciéndole su vida, pidiéndole perdón.
- “Es enfermizo”, dijo Lucius con absoluto desprecio.
- “Avada Kedavra”, Voldemort puso fin a los balbuceos del mago pelirrojo, “entrégaselo a los más jóvenes. Que ellos lo sepulten en el bosque, sin poner señal alguna en la tumba. Quiero que aprendan una lección de todo esto”
- “Me aseguraré de que así sea, Señor”. Lucius apenas miró los restos de su maestro, de su antiguo guía y entrenador.
- “Llévame ahora a ver al elfo”
Se dirigieron a la celda de Finwe, y en el camino, Lucius informó a su señor que el elfo estaba sin alimentos y en la oscuridad, pero que su espíritu aún no se quebraba. No mencionó la visita de Severus.
Finwe se levantó al sentir que la puerta se abría. Se sentó en el lecho, en posición defensiva. Únicamente había recibido visitas de Lucius, - sin contar la de Severus - y suponía que esta vez sería igual. El mago rubio le hablaba de Haldir, torturándolo de nostalgia por su amado. Pero el elfo se mantenía firme y no dejaba que las emociones se desbordasen. No delante de Lucius, pero cuando se sabía solo, no dejaba de llorar acurrucado en el frío lecho, temeroso de la oscuridad que lo rodeaba y de los gritos que oía.
- “Lumos”, dijo una voz que no pertenecía a Lucius y Finwe se estremeció. Le recordó a una vívora. Y supo instintivamente que era Voldemort.
El elfo se cubrió los ojos, deslumbrado por la luz.
- “Es magnífico, Lucius”, dijo complacido el mago, acercándose a los barrotes y escrutándolo inquisidoramente.
Finwe se encogió en su precario refugio, sintiéndose sucio con la mirada de Voldemort. Sus ojos empezaban a acostumbrarse a la luz y se atrevió a mirar a su captor. Se estremeció una vez más, ese ser parecía más una serpiente que un hombre. Ni siquiera Saruman le había causado tanta repulsión.
- “¡Levántate, elfo!”, exigió una voz siseante, rasposa.
El elfo permaneció obstinadamente sentado, tratando de cubrirse de las lascivas miradas de Voldemort y Lucius.
- “Aún no aprende modales, señor”, intervino Lucius con naturalidad. Lo apuntó con la varita y una fuerza irresistible lo hizo ponerse de pie y avanzar hasta quedar frente a la puerta de la celda. “Inmobilus”
La puerta de la celda se abrió. Voldemort agradeció con una inclinación de cabeza y avanzó junto al elfo, acariciando su mejilla, para recibir un escupitajo en el rostro.
- “¡Maldito elfo!”, la mano del oscuro señor fue veloz y arrojó a Finwe al piso de un certero golpe en el rostro.
- “¡Yo no recibo órdenes de los sirvientes de Melkor!”, exclamó el elfo.
- “CRUCIO”, siseó Voldemort y sonrió complacido al oír el alarido de Finwe.
Pero lo dejó libre casi al instante.
- “No es esa la tortura que deseo para ti. Lucius, muéstrale”
Lucius avanzó hacia el caído y lo llevó con facilidad al lecho. Una vez alli, lo manoseó obsenamente, para asegurarse de que el elfo entendiera el mensaje. La boca del mago se posó sobre la suya y Finwe lo mordió con todas sus fuerzas.
- “CRU—“, los labios de Lucius, chorreando sangre, se las arreglaron para pronunciar el inicio del merecido castigo.
Pero Voldemort tenía otras ideas.
- “No, Lucius”, ordenó. El rubio lo miró interrogante, mientras se limpiaba la boca, “lo quiero sin daño alguno, para cuando llegue el momento”
Y con estas palabras, salió de la celda, siendo seguido por Lucius que quitó el hechizo que inmovilizaba al elfo.
- “Es muy hermoso”, dijo pensativo Voldemort, “es una lástima, una verdadera lástima—“
Los visitantes se fueron y sólo allí se permitió el elfo acurrucarse en su lecho, sollozando por Haldir.
*
“As the pain sweeps through /
mientras el dolor se desliza
Makes no sense for you / no tiene sentido para ti
Every thrill he's caused / cada sobresalto que él causa
Wasn't too much fun at all / no fue divertido en absoluto
But I'll be there for you-oo-oo / pero estaré aquí para ti
As the world falls down / mientras el mundo se derrumba”
A las seis apareció Haldir en la Mansión Black, con la única
buena noticia del día para Sirius: Harry quería hablarle, al
día siguiente por la noche, luego del entrenamiento de Remus.
El mago sonrió. Su Remus había tenido razón, debía darle tiempo. Eso le hizo recordar de nuevo a su amor, que no aparecía aún. Al menos Tonks se había dormido, aunque débil aún, quería estar presente en la reunión y por eso se retiró temprano a descansar.
- “¿Dónde está Remus?”, preguntó Haldir.
- “Ya viene”, dijo Sirius tratando de ocultar su preocupación minimizando el hecho. Justo en ese momento, Remus hacía su aparición con una túnica azul verdoso y jeans.
- “Hola Haldir”, dijo sonriendo. El elfo le lanzó una mirada aprobadora.
- “¿Listos? Tenemos poco tiempo—“, Haldir había percibido inmediatamente la tensión en el ambiente. Algo le ocurría a Remus, una fuerza muy grande emanaba de su cuerpo. Una fuerza negativa. Algo allí no andaba bien.
- “Yo estoy listo”, dijo Remus quitándose rápidamente la túnica, para revelar una ajustada polera negra que delineaba perfectamente los músculos endurecidos por el uso de la espada.
Sirius contuvo la respiración. Él también notaba algo extraño en la mirada de Remus. La mirada de un lobo.
Haldir pareció dudar un momento, pero finalmente se decidió
- “Remus ha practicado repeliendo
ataques con armas no mágicas y ha tenido éxito.
Necesitamos ahora probar ataques mágicos, Sirius. Debes lanzarle hechizos
y veremos cómo los enfrenta”
Remus se puso en posición, mirándolo hostilmente.
La varita de Sirius fue extraída de su túnica por una mano algo temerosa. Temerosa de causarle daño a su adorado Remus.
- “Apúrate, Black. No tenemos toda la noche”
El elfo frunció el ceño. Era una conducta muy poco característica de Remus.
Sirius apuntó con la varita a la pálida figura de Remus.
- “Empezaremos con algo sencillo, Moony. ¡Impedimenta!”, la fuerza del hechizo hizo que Remus se tambaleara un poco, pero nada más sucedió.
- “¡Excelente, Remus!”, exclamó Haldir, “ahora, uno más potente”
- “¡Stupefy!”, Remus cayó de rodillas. Sirius avanzó unos pasos.
- “¿Estás bien?”, preguntó Sirius preocupado.
- “¡Déjame!”
Siguieron más prácticas con Stupefy hasta que el hechizo rebotaba sin problemas en el cuerpo de Remus. Sirius se había despojado de su túnica azul marino y su camisa estaba medio desabrochada, permitiendo ver el vello que le cubría parte del pecho.
- “Ahora necesito uno más fuerte”, pidió el elfo.
- “¡DESTRUCIO!”, un rayo rojo salió de la varita de Sirius dándole a Remus de lleno en el estómago y enviándolo al suelo.
- “¡Ahhhh!”
- “Moony, lo siento—“
Pero antes de que Sirius pudiera terminar lo que decía, una poderosa fuerza lo elevó en el aire enviándolo luego directo a estrellarse contra la chimenea.
Sirius salió trabajosamente de la chimenea, sacudiéndose el hollín.
- “¿Qué demonios te pasa, Moony?”
- “Pregúntale a Bellatrix, Sirius. Ella es mejor que yo en la cama”, las palabras de Remus fueron como un disparo certero.
Sirius cerró los ojos.
- “No, Remus. No-“
- "¡Basta!", exclamó Haldir poniéndose en el medio. Los ojos de Remus centellaban de furia. No lo habìa visto jamás así. Furia y dolor, como un animal herido.
- "Moony, por favor --", la voz de Sirius sonaba miserable. Vio lo mismo que Haldir. Un lobo herido.
Remus lo miró y Haldir temió que Sirius ardiera en llamas. Los ojos dorados parecían despedir chispas.
Un fuerte temblor sacudió la mansión desde sus cimientos y Remus comenzó a estremecerse. Pasos apresurados indicaron que Tonks se había despertado. Sirius trató de avanzar.
- "Nadie se mueva", exclamó el elfo alzando las manos. El temblor se hizo más fuerte. "Remus, ¿en verdad quieres esto?”, preguntó Haldir. Los ojos dorados lo miraron con el pánico de quien no puede detener un huracán.
- "Toma el anillo y aprétalo fuerte. Arroja en él toda tu energía, ¡Devuélvesela!", gritó el elfo en medio del estrépito de las cosas que caían.
Remus se llevó la mano al pecho y buscó el anillo. Lo apretó fuertemente, mirando a Sirius. Y recordó. Recordó momentos felices: cuando Sirius se transformó en animago por ayudarlo, cuando lo abrazaba durante las tormentas, cuando lo cuidó la vez que lo hirieron, su primer beso, su entrega resuelta cuando lo salvó de la muerte, la primera vez que se amaron. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
El temblor fue cesando poco a poco, hasta que todo se quedó quieto. Sirius quiso avanzar de nuevo, pero fue Haldir quien se le adelantó y tomó a Remus entre sus brazos hablándole suavemente. El mago hundió su rostro en el hombro de Haldir. La crisis había pasado.
- "No seguiremos entrenando. Remus debe descansar"
Suavemente lo condujo hacia arriba, donde Tonks los esperaba preocupada, junto a la escalera.
- "¿Èl hizo ESO?"
- "Así es"
Sirius estaba silencioso.
- "Él lo sabe", murmuró antes de desaparecer en su estudio, donde arrojó los libros que estaban sobre el escritorio y descargó violentos puñetazos en la sólida superficie de madera.
- "Estoy contigo"
Tonks lo abrazó por detrás. Todo el cuerpo de Sirius se tensó, pero ella no lo soltó hasta que lo sintió relajarse. Fue la mano de ella la que limpió sus lágrimas.
*
Haldir y Remus bajaron juntos a la reunión, donde los otros los esperaban. Kingsley les dirigió una preocupada mirada, pero el mago parecía calmado. Haldir también se mostraba calmado, auque por dentro una gran inquietud lo devoraba. Estaba preocupado por Finwe, desde que desapareció, casi no dormía, añorándolo terriblemente. Esa tarde había tenido la intención de comunicarse con él, pero no tuvo corazón para pedírselo a Remus, luego de que el mago le contara sobre Sirius y Bellatrix.
La reunión comenzó.
De los diecisiete miembros de la Orden, sólo quedaban catorce. Los semblantes de todos lucían preocupados.
- "Amigos míos, la situación es grave. Sin embargo, hemos podido deshacernos de una de las amenazas, aunque a un alto precio, que Kingsley les informará", comenzó Dumbledore.
Y el mago moreno hizo su relato. Los que aùn no se habían enterado, lanzaron exclamaciones de dolor.
- "¿Y Campbell?", preguntó Emmeline Vance. Ella había sido muy cercana a Sturgis.
- "Lo rastreamos hasta hoy por la mañana. Estaba desesperado y lo vieron en el Callejón Knockturn con Goyle"; informó Alastor Moody, "pero les perdimos la pista"
- "Está muerto", la intervención de Severus los hizo a todos volverse a mirarlo, "Voldemort lo ejecutó esta misma tarde"
Nadie le preguntó cómo lo había averiguado. Pero la sombra de una certeza flotó en el aire. Su calidad de mortífago, Severus lo sintió, y aunque jamás había permitido que esto lo afectase, esta vez era diferente. “¡Maldito Malfoy!”, pensó.
Respecto al paradero de los mortífagos liberados, Severus no sabía nada. Ninguno había sido visto, pero se detectó cierta actividad en un edificio abandonado, no lejos de allí.
- "Vi a Bellatrix", dijo Remus captando toda la atención. Relató brevemente el encuentro, sin contar lo de Sirius ni lo del filamento, que sólo sabían Kingsley y Haldir.
- "¿Dices que desapareció?", preguntó Sirius. Remus asintió sin mirarlo.
Sirius hizo aparecer un mapa de la zona.
- "Aquí"; dijo señalando el parque de diversiones. "La actividad ha sido detectada en este lugar", señaló otro punto, "es perfectamente posible que ella esté allí, creo recordar que nuestra familia tenía propiedades allí"
Emmeline intervino entonces, diciendo que ella se encargaría de averiguarlo.
- "Deben estar debilitados luego de tantos años de encierro. Seguramente se están entrenando de nuevo", dijo Alastor Moody y se ofreció junto con Mundungus Fletcher para ayudar en esa tarea.
- "Hubo otro atentado contra muggles. Emmeline se encontraba cerca de allí y les informará sobre eso", dijo Dumbledore.
Emmeline así lo hizo, concluyendo "No hay pruebas, sólo lo que pude averiguar al inicio. Los aurores no hallan ninguna explicación y tratan de minimizar el hecho en el mundo muggle"
- "Cosa difícil, pues hablamos de un centenar al menos de personas desaparecidas. La situación de Fudge es desesperada, Albus", intervino Arthur Weasley.
- "Lo sé. Pero juega su útlima carta y culpa a Sirius de ambas matanzass y de la fuga. Tiene a su favor que Sirius supuestamente hizo eso antes, con trece muggles y aduce que en le caso de la fuga, no puede considerarse válido el testimonio de la sobrina del acusado"
- "¡Miserable!", exclamó Sirius dando un puñetazo en la mesa.
- “Ese espectáculo no nos lleva a nada, Black”, dijo despectivamente Severus.
- “Le han dado a Fudge un voto de confianza, creo que el último, otorgándole carta abierta para usar cualquier medio y capturarte, Sirius. Fudge interrogará a Harry”, informó Arthur.
- “¿QUÉ?”
- “Obtuvo el permiso de sus tíos--”
- “¡Maldición!”
- “No podemos impedirlo, Sirius. Pero Minerva y Severus se encargarán de prepararlo. Sin embargo es mejor que ustedes no se comuniquen en modo alguno”, dijo Dumbledore.
- “Pero---“, la esperanza de hablar con su ahijado se venía abajo. “¿Cuándo será?”
- “Tres días, mientras completan los permisos”
La reunión se disolvió dejando a Sirius completamente angustiado.
Y solo.
Remus dijo que se llevaría sus cosas a casa de Kingsley y partió con él, sin siquiera despedirse.
Eso era más de lo que podía soportar.
Esperó a que Tonks se fuera a dormir y se vistió de cuero negro, con su abrigo largo y el cabello suelto. Subió en Silver y por el balcón abierto, se perdió en la niebla de la noche londinense.