DIARIO DE SEVERUS SNAPE

HP

 

Capítulo 1

Hace mucho tiempo decidí llevar un diario. Adquirí en el callejón Diagon un libro empastado en cuero negro que pensé sería adecuado para mis propósitos. El libro me acompañó casi la mitad del semestre, sin que haya escrito nada en él más que mi nombre.

¿Es acaso mi existencia tan vacía? ¿Tanto que ningún acontecimiento merece ser escrito? No podía llenar las páginas sobre mi odio a Harry Potter, desde luego.

Sin embargo, ayer ocurrió algo que merece ser contado. Aún tiemblo al recordarlo.

Debo empezar por algún lado, y elegiré el momento en el que decidí tomar una ducha para calmarme el ánimo. Eso fue luego de que se celebrara en Hogwarts el Consejo mensual, al cual asistió Lucius Malfoy, padre de uno de mis más brillantes alumnos: Draco.

Pensando en Lucius, volví a mi habitación en las mazmorras. Prefería ese lugar a las otras habitaciones de profesores, a causa de su privacidad. Nadie había osado nunca interrumpirme allí y para asegurarme, usé algunos hechizos para proteger las puertas.

Lucius me ponía nervioso, debo reconocerlo. De modo que, para relajarme, me dirigí a mi habitación, me desnudé y entré al cuarto de baño donde me esperaba una ducha caliente.

Conforme el agua tibia iba relajando mi cuerpo, lavé mi cabello que solía ser la burla de los estudiantes, desde que yo estaba en Hogwarts. Eso me llevó a recordar al principal instigador de dichas bromas: Sirius Black, ahora prófugo de Azkaban. Un vulgar criminal. Él y el padre de Potter, junto con Remus Lupin, también ahora profesor en Howgarts, y otro muchacho, Peter Pettigrew (asesinado por Black), solían molestarme con sus burlas y bromas, desde mi llegada a este colegio.

Recuerdo cómo temía ir a las clases comunes con Gryffindor, pensando qué nueva broma me harían. Una vez, casi me matan a causa de Black que me envió directa y literalmente a la boca del lobo. Allí descubrí que Lupin era un licántropo, pero Dumbledore se puso de parte de ellos y me prohibió hablar.

Luego de eso, albergué un enorme deseo de venganza y los procuré seguir, para pillarlos en falta, cosa difícil pues parecían conocer todos los pasajes secretos del colegio.

La espuma escurría por mi cuerpo y mis manos enjuagaban mi cabello, mientras evocaba nuevamente el momento que me tocó presenciar. En una ocasión, sorprendí a Lupin y a Black hablando sobre ir a la Torre de Astronomía a media noche. Era era la ocasión ideal para mí, eso iba contra las reglas y sería un placer poder acusarlos con Filch.

Me escurrí antes que ellos llegaran, y me refugié en un espacio en la pared, tapándome con unas cortinas. Desde allí, con sólo abrir una rendija en el medio de ellas, podría ver cuando sucedía allí.

No habían pasado ni quince minutos que me encontraba allí, cuando oí venir a alguien. Era Lupin y parecía nervioso. Se acercó a la ventana de la torre y miró hacia fuera, esperando. En unos cinco minutos apareció Black y para sorpresa mía, lo abrazó por detrás susurrándole algo al oído. Lupin se dio vuelta. Luego, ellos se besaron.

¡No podía creerlo! Mis más odiados enemigos habían cometido una falta imperdonable, en frente de mis ojos. Me sentí complacido. Sin embargo, el asunto iba para mayores.

Yo no tenía experiencia en estas cosas, ahora puedo decir que la tengo. Me puse nervioso cuando los ví desvestirse el uno al otro, sin dejar de besarse. Quise dejar de verlos, pero no podía cerrar los ojos. Y así lo hubiera hecho, simplemente no podía taparme los oídos. Fui testigo de las cosas que hicieron, y cuando al fin se quedaron dormidos en el suelo, cubiertos con la capa de Black, me deslicé furtivamente.

Lo que vi me pareció asqueroso, y a la vez irresistible. Sin embargo, nunca tuve el valor de decirle a Dumbledore. Pero no lo olvidé. Ese recuerdo hacía ahora que yo cerrara los ojos mientras mis manos ansiosas acariciaban mi cuerpo, como había visto a Black hacer con Lupin. Deseaba oír las palabras de amor que él le decía, deseaba que alguien me las dijera a mí, deseaba...sí, lo diré: deseaba a Lucius Malfoy. Pensaba en sus manos acariciando mi cuerpo, preguntándome cómo serían sus besos, cómo sería su sabor. Estuve en la ducha un largo rato, acariciándome, apoyado en la pared y con los ojos cerrados, pensando en Lupin y Black, pensando en Lucius. Recordé el último instante en que Black se desplomó sobre el cuerpo de Lupin que gritaba de placer, él tomó su rostro entre sus manos y antes de volver a besarlo le dijo "Te amo, Remus". Este recuerdo me hizo volver a la realidad. Cerré de golpe la ducha y salí, colocándome una toalla alrededor de la cintura.

¡Ellos se amaban! A pesar de todo, ellos se amaban. Sin importarles ir contra las reglas, sin importarles romper con los tabúes que nuestra sociedad imponía, se amaban. Me apoyé en el lavatorio y vi mi imagen reflejada en el espejo.

La triste realidad saltó a mis ojos. ¿Quién podría amarme? Yo no tenía belleza alguna, no tenía los ojos dorados de Lupin, ni los azules de Black. Mis ojos eran de un vulgar color marrón. No tenía el cuerpo atlético de Black ni la piel suave de Lupin. Mi cuerpo parecía hecho de ángulos y huesos. Y mi nariz y cabello habían sido la principal causa de las burlas de Black y ahora lo eran de los estudiantes.

Aparté esos pensamientos. No iba a permitir que Lupin y Black me molestaran, aunque sea en recuerdo. Pensé en Lucius y en lo agradable que sería verlo, aunque fuera de lejos. Abrí la puerta, y, como respuesta a mis deseos, vi a Lucius Malfoy sentado sobre mi cama, con una expresión de fiera al acecho que me hizo sentir indefenso.

Pasada la sorpresa, lo que sentí fue indignación, ¡cómo pudo atreverse a entrar sin ser invitado!, furioso, le pregunté:

- "Lucius", exclamé, - "¿Qué haces aquí?"

- "Hola Severus. Deseaba hablar contigo", dijo él y se puso de pie, traspasándome con la mirada. Yo era consciente de que tan sólo me cubría una toalla, y me sonronjé intensamente, mirando a un costado, pues no me sentía capaz de mirar a Lucius.

Para disminuir mi nerviosismo, pregunté con curiosidad:

- "¿Cómo entraste?", en realidad me intrigaba cómo lo había logrado.

Luego, miré hacia la mesa de noche, y noté que mi varita no estaba. Sentí pánico, estaba indefenso. Solo Lucius pudo haberla tomado.

- "¡Bah! ¿Pensaste que esos sencillos hechizos detendrían a Lucius Malfoy? Fue sencillo, algún día te mostraré", respondió con engreimiento, - "si eres bueno", agregó en un tono insinuante que no me gustó para nada.

Esa situación se me hacía cada vez más incómoda. Además, estaba casi desnudo. Mi ropa estaba sobre la silla, de modo que avancé hacia ella.

- "Habla entonces, ¿Qué tienes que decirme?", pregunté a Lucius mientras trataba de llegar a la silla.

Pero Lucius fue más rápido. Se sentó sobre ella, quitándome toda posibilidad de recuperar mi ropa. Además me sonreía burlonamente.

Me sentí un completo idiota. Pero no le pediría que se levante. No me rebajaría, porque sabía que él buscaba que se lo pida. Además, no estaba seguro de las intenciones de Lucius, de modo que aparenté serenidad, a pesar de estar mojado y vestido sólo con una toalla negra.

- "Draco me habla muy bien de ti", dijo Lucius. Eso me relajó un poco. "Dice que eres el mejor maestro y el mejor de todos los directores de las casas", continuó.

No pude evitar sonreír. Siempre me había esmerado mucho en ser el mejor director para Slytherin. Lucius también me sonrió y continuó diciendo:

- "Sé también que lo favoreces respecto a Griffyndor. Eso me agrada. El consejo y Dumbledore también están complacidos contigo".

- "Gracias Lucius", le contesté - "pero no has venido hasta aquí para decirme sólo eso, ¿verdad?", agregué, pues quería aclarar esa extraña visita cuanto antes.

- "Tienes razón Severus", dijo Lucius.

Luego, mi visitante se puso de pie y caminó a mi alrededor, poniéndome aún más nervioso. Traté de no perderlo de vista, pero cuando estuvo detrás de mí y volteé a mirarlo, exclamó:

- "¡Inmovilus!", y quedé paralizado.

- "¿Qué demonios...?", traté de decir, pero Lucius usó su varita para desatar la toalla en mi cintura, y esta cayó, dejándome desnudo ante él.

Insulté con furia a Lucius, que había retrocedido para contemplarme, ignorando mis insultos. Él sabía de algún modo que yo no le pediría que me liberase. Pero no estaba inmovilizado por completo, podía hablar, mover el cuello y la cabeza.

- "Ahora quiero recompensarte por todo eso, y saber si también me favorecerás", susurró Lucius en mi oído, haciéndome estremecer con su aliento caliente.

- "¡Aléjate de mí!", exclamé, pero en el fondo no deseaba eso. No podía quitar los ojos de Lucius, me intrigaba lo que él deseaba hacer. No me atrevía a pensar en lo que yo mismo quería que me haga.

- "¿Alejarme? No, Severus. Haré exactamente lo contrario", respondió, sin apartarse.

Volteé la cabeza, tratando de alejarme, pero entonces él empezó a recorrer mi espalda con su varita, hasta que llegó a la parte baja y se detuvo. Me estremecí a pesar mío. Deseaba que continuase...

El siguió haciéndolo, como oyendo mi súplica silenciosa. Exploró mi cuello y bajó por mi pecho. La punta de la varita jugó con mis pezones y bajó al ombligo. Yo trataba de protestar, eso no podía estar pasando. Lucius sólo jugaba conmigo.

- "¡Lucius, detente! No jugaré tu juego", le dije, tratando de aparentar firmeza, pero mi respiración se había agitado mucho.

Él continuó su exploración entre mis muslos, y cuando encontró mis testículos, los tocó juguetonamente con la varita. Sentí que me endurecía y no pude evitar gemir. Mi gemido se oyó como un grito en medio de aquél silencio, y temí que Filch pudiera oírnos.

Entonces, sentí su boca ansiosa posarse sobre la mía. Traté de luchar, ¡esto no podía estar pasando!, pero él me ignoró, tomando mi rostro entre sus manos y besándome con la misma pasión con la que había visto a Black besar a Lupin. Su lengua se introdujo en mi boca y sentí que me exploraba por completo, entrelazándose con la mía. Sus manos estaban en mi espalda, acariciándome. Entonces tomé de pronto conciencia de que mi fantasía se estaba haciendo realidad.

Tímidamente, intenté besarlo también, jugando un poco con mi lengua. Como él no hacía nada, continué, tratando de deslizarme en su boca. Lucius la abrió y me permitió explorarlo. Fue un glorioso momento, me sentía en el cielo.

De pronto, él rompió el beso. Me llenó de pánico haber hecho algo que lo disgustara, pero él usó su varita y con un extraño encantamiento me devolvió el movimiento de la cintura para arriba. Volvió a besarme y yo también, acariciándolo y explorándolo como nunca había hecho...De pronto, se me ocurrió una idea...¡debía recuperar mi varita! Pero él fue más rápido y la arrojó lejos. No me importó realmente, sólo era un intento no parecer tan ansioso, lo miré a los ojos y deseé que me hiciera suyo. Lucius comprendió, y dejó su varita sobre mi mesa de noche para luego acercárseme por detrás. Me tomó de las muñecas y comenzó a besarme el cuello, haciéndome sentir escalofríos. Luego empezó a acariciarme el pecho y pegó su cuerpo al mío, dejándome sentir algo que inequívocamente era su miembro erecto.

- "¡Lucius, no!", le pedí.

Pero él rompió aquél último foco de resistencia, cogiendo cariñosamente mi miebro entre sus manos y acariciándome como nadie jamás había hecho. Dejé caer mi cabeza hacia atrás buscando el contacto de su piel, buscando sus besos. Nos besamos apasionadamente. Me sentía arder, sabía que ya no me detendría.

Lucius me alzó con facilidad y me llevó hacia la cama. Usó su varita para encadenarme a la cama y luego quitó el hechizo para inmovilizar. Me sentía muy excitado por la forma que tenía de dominarme, y lo miré, deseándolo, pero sin atreverme a decírselo.

Él empezó a desvestirse. No podía dejar de mirarlo. Cuando vi su pecho desnudo deseé estar entre sus brazos, acariciar esos músculos, besarlo todo...mis caderas comenzaron a moverse por instinto, sin que pudiera hacer nada para detenerlas.

- "Sev. ¿me deseas?", preguntó traviesamente

- "¡Basta Lucius! No te burles de mí", susurré. No iba jamás a decírselo.

- "Burlarme no. Jamás. Sólo deseo oírte decirlo", susurró él.

No podía hacer eso. No. Era cruel al pedírmelo. Volteé la cabeza hacia un lado, evitando mirarlo. Entonces sentí que él subía a la cama y separaba mis piernas. Puso las manos sobre mis rodillas y comenzó a subir acariciándome. Era delicioso sentirlo. Deseaba más. Pero él llegó a mi ingle y se detuvo. Mis caderas otra vez se movían, buscando que me volviera acariciar. Él me miró y me detuve. Me sentía avergonzado y molesto.

Lucius me sonrió, y humedeció su labio inferior con la lengua. Se veía tan irresistible! De pronto, esos labios estuvieron en mi miembro. Yo no había esperado eso y la sensación fue tan deliciosa que gemí de placer, mientras él me acariciaba los testículos y me mordía y succionaba transmitiéndome las más maravillosas sensaciones. Comprendí entonces porqué Lupin hacía tanto ruido aquélla vez.

Pero Lucius se detuvo de nuevo y me miró a los ojos.

- "Sev, ¿me deseas?", repitió con malicia.

- "¡Oh Lucius", exclamé. Él quería avergonzarme. Volteé de nuevo la cabeza, sin decir nada.

Pero él no se rendiría fácilmente. En un momento su boca estuvo jugando con mi erección y comenzó a acariciarme las nalgas y las alzaba haciéndome abrir más las piernas. Su lengua lamía y succionaba y yo sentía que mi cuerpo ardía, mientras gemía cada vez con mayor intensidad. De pronto me soltó y colocó su boca en la parte más privada de mi cuerpo.

Me puse tenso. "¡No, no!", pedí débilmente, pero él, una vez más me ignoró y continuó con su deliciosa tortura. Separó mis nalgas e introdujo la lengua en mi abertura, tratando de explorarla. Traté de relajarme. Eso era mejor aún que lo que vi hacer a Black. Me dejé llevar por el experto Lucius y me relajé, abriendo más las piernas. Su lengua se introducía en mí sin piedad, me volvía loco y yo correspondía alzando más las caderas, ofreciéndome a él. Perdí el control completamente. Sólo quería que Lucius me poseyera y no me hubiera detenido ni aunque el mismo Dumbledore hubiese aparecido allí.

Lucius se detuvo, y grité por la pérdida de sus deliciosas caricias.

- "¿Qué quieres de mí?", preguntó.

- "¡Oh Lucius!", grité sin poderme contener.

- "¡Dímelo!", ordenó.

- "Lucius.yo.", traté de resistirme, pero él se retiró.

- "¡No! Lucius, por favor.no-no me dejes así", le pedí desesperado. ¡No me podía dejar así!

- "¿Qué quieres?", insistió. Él quería humillarme, hacerme suplicar. Pero qué mas daba, ya había hecho lo que quiso conmigo y yo quería más.

- "¡TE QUIERO A TI! ¡QUIERO SER TUYO LUCIUS!", grité sin poderme contener más.

- "Suplica", dijo fríamente y sentí que algo se deslizaba dentro mío. Su dedo. La sensación era maravillosa, pero traté de protestar...él no iba a doblegarme así, no iba a hacerme suplicar. - "No Lucius, yo no.", comencé a decir.

Él retiró el dedo inmediatamente.

- "P-por favor", dije desesperado. Me había vencido

- "Más alto", dijo Lucius implacable mientras su dedo se introducía de nuevo en mí, trayéndome otra vez esas deliciosas sensaciones.

- "¡Ahhh! Lucius, me estás matando", gemí, moviendo las caderas en mi desesperación por un mayor contacto.

- "Más alto", continuó él, inconmovible ante mi desesperación.

- "¡POR FAVOR LUCIUS! ¡TE LO SUPLICO! ¡NO ME TORTURES MÁS", gemía yo, me sentía estallar.

Introdujo otro dedo, y mi cuerpo se abrió más a él. Me movía clavándome en sus dedos, pero necesitaba más.

- "Dilo una vez más, Sev, ¿qué quieres de mí?", insistió.

- "¡TOMAME! ¡HAZLO LUCIUS!", casi grité, - "p-por favor", agregué. Era la última humillación. No rogaría más.

Lucius liberó su miembro, que se me antojó enorme. Deseé ardientemente ser traspasado por él. Mi Lucius, mi adorado Lucius me iba a poseer. Él retiró los dedos de mi cuerpo e introdujo su miembro. Me asusté. Era demasiado grande para mí. Pero él comenzó a acariciarme y a frotar mi erección y pude relajarme un poco. Él empujó despacio y a pesar del dolor, traté de resistir.

Entonces, él empujó fieramente y me traspasó entero. Grité de dolor. Era un dolor espantoso. Pero él no hizo caso y se quedó inmóvil de nuevo, sin decir nada. Traté de relajarme pensando en Black y Lupin, en la forma en la que Lupin gemía mientras era poseído. Me ayudó a relajarme nuevamente. Luego, mi Lucius empezó a moverse en círculos, suavemente y mi cuerpo respondió nuevamente. Era increíble, cómo después de sentir tanto dolor, pudiera sentir aquél delicioso placer que Lucius me estaba dando. Pronto deseé más, y más fuerte. Lucius me enloquecía, sabía muy bien lo que estaba haciendo. Sacaba su miembro hasta la punta y luego arremetía con fuerza traspasándome. El placer se sobreponía al dolor y el cuarto se llenó de mis gemidos. Cuando sus manos tomaron mi miembro y comenzaron a estrujarlo con fuerza por cada empujón que daba, perdí por completo el control y me corrí en sus manos, gritando su nombre.

Él se clavó con más fuerza en mi cuerpo y gritó a su vez mi nombre. Fue maravilloso oírlo. Luego se dejó caer sobre mí, besándome.

Yo no deseaba abrir los ojos, temiendo que todo hubiese sido un sueño. Pero al sentir sus labios sobre los míos, los abrí. Lucius, mi adorado Lucius estaba junto a mi y me había besado. Le sonreí.

Él me abrazó y estuvimos juntos largo rato. Sentí su miembro disminuir de tamaño y se retiró de mi cuerpo. Luego tomó una manta y nos cubrimos con ella.

No recuerdo que más pasó. Debí quedarme dormido, soñando con él.

Cuando desperté, un agradable dolor en mi cuerpo me dijo que no había sido un sueño. Me dispuse a levantarme y entonces, noté con horror que mis muñecas seguían encadenadas. No había posibilidad de movimiento. Mi varita estaba lejos del alcance de mi vista.

Quise llorar de desesperación. Yo, Severus Snape, el profesor más estricto de Hogwarts, completamente desnudo y encadenado en su propia habitación. ¡Eso arruinaría mi reputación!

¡Perverso Lucius! ¡Cómo pudo hacerme eso! Las lágrimas se deslizaron sin control por mis mejillas y en ese instante odié a Lucius con todo mi corazón.

No podía pedir ayuda. De modo que sólo me quedaba esperar. Al menos me había dejado cubierto con la manta.

Esperé horas, suplicando que no fuera Mc Gonagall quien me encontrara...al menos si fuera Hooch, o Pomfrey, podría atemorizarlas luego con una poción...pero para mi mala suerte, el destino quiso que me encontrara mi peor enemigo.

Remus Lupin había abierto la puerta de la mazmorra y me llamaba. ¡Maldito Lucius, también olvidó cerrar!

- "Severus, ¿estás ahí?", preguntaba Lupin.

No dije nada, pero él ya había visto la puerta entreabierta de mi habitación y entró.

- "Sev... ¡Por las barbas de Merlín!", dijo, dejando caer el tazón de chocolate que llevaba en las manos. - "Hola, Lupin", dije, tratando de aparentar dignidad.

- "¡Severus!, ¿Qué diablos te pasó? ¿Por qué estás atado así?", preguntaba Lupin con la boca muy abierta.

- "No es asunto tuyo...", dije groseramente.

- "Bueno...lo siento. Será mejor que me vaya", respondió él dándose la vuelta...

- "¡NO!", grité sin poderme contener...no me iba a dejar así, maldito licántropo...

- "No, ¿qué?", preguntó Lupin fingiendo una inocencia que no tenía.

Apreté los dientes.

- "N-no te vayas", pedí, - "libérame"

Él recorrió la habitación con la mirada y encontró mi varita. La recogió y apuntó con ella. En un instante estuve libre y me alcanzó la varita

- "Ya está", dijo. Sus ojos dorados me traspasaban. - "Te gusta jugar rudo, eh Seve", comentó con su fingida inocencia.

- "Un poco", mentí. Lo que Lucius me había hecho era humillante. Pero ya ajustaríamos cuentas.

- "Bueno, me voy", dijo él y con su propia varita desapareció los restos de la taza y el chocolate derramados en mi alfombra.

- "¡Espera!", pedí

- "¿Sí?", preguntó él

- "N-no le digas a nadie", dije inseguro. Como vi su expresión sorprendida, agregué - "por favor"

- "No lo haré. Buen dia, Sev", me dijo con un guiño y se alejó

 


Capítulo 2

Septiembre, 20

Había pasado una semana desde mi encuentro con Lucius.

Pasada la indignación inicial, y al no dar Lucius señales de vida, decidí enviarle una lechuza. Sin embargo, él, groseramente, devolvió el mensaje sin leerlo.

Pensé que no deseaba nada conmigo y esto me dolió profundamente, pero un día, mientras dictaba mi clase de Pociones a los alumnos de tercer año, Lucius apareció en la puerta de la mazmorra y me dejó tan nervioso que ni siquiera me burlé de Longbottom ni de Potter ese día. Apenas pude, salí a buscarlo, pero se había ido.

Me las arreglé para preguntar a Dumbledore el por qué de su presencia y me dijo simplemente – “Asuntos del miniterio”, de modo que no pregunté más para no despertar sospechas.

Estábamos a la mitad de la siguiente semana, cuando me enteré casualmente por Draco que su madre había viajado por unos días. Esa era la oportunidad que estaba buscando para aclarar las cosas.

Me dirigí a mi habitación y tomé un puñado de Polvos Flu que arrojé a la chimenea. Pude ver la sala de la lujosa Mansión Malfoy y me atendió un elfo doméstico, que me indicó al instante que su amo se encontraba ocupado. Me las arreglé para convencerlo de que era un asunto de suma urgencia y fue, tembloroso, a buscar a Lucius.

Pasó un instante interminable, hasta que al fin tuve a Lucius frente a mí. En ese momento, mi resolución de exigirle explicaciones se fue por la borda y sólo atiné a exclamar tembloroso:

- “Lucius, has estado evitándome. Debemos hablar”

- “Entonces ven conmigo”, respondió el y se volteó hacia la puerta, como si no le importara realmente.

Dudé en seguirlo, pero finalmente me decidí y aparecí en la sala de su casa. Seguí a Lucius hacia lo que parecía ser la armería y apenas entré, Lucius cerró las puertas con su varita. Luego se volteó a mirarme sonriente. ¡Que atractivo era! Pero no. No debía. Furioso, decidó confrontarlo.

- “¡Lucius! ¡Exijo saber qué te propones!”, empecé a decir

Él rió divertido.

- “Vamos, Sev. Cuéntame mejor cómo escapaste de las cadenas, ¿Fue difícil?”, preguntó.

Lo fulminé con la mirada, pero pareció no notarlo. Me seguía mirando interrogante.

- “F-fue Lupin…él me sacó”, dije lívido de furia al recordar el vergonzoso incidente.

Pero antes de que pudiera decir algo más, Lucius se arrojó sobre mí y me besó con pasión. Traté de luchar, pero Lucius era más fuerte. Poco a poco fue venciéndome y noté que en realidad no quería luchar con él, quería que me venciera. Mi cuerpo me estaba traicionando, pegándose al suyo, mientras mi boca se abría para permitirle entrar.

Lucius me besó con fuerza, dejando marcas en mi cuello que luego me costó mucho ocultar. Me mordía los labios y de pronto me arrancó la capa. Traté de quitarle la túnica, pero él se movía hábilmente y no me lo permitió.

En el forcejeo, perdí mi varita y Lucius también perdió la suya. Sentí un poco de temor, pero entonces Lucius me soltó y nuestras miradas se encontraron. Yo jadeaba y mi cuerpo entero pedía estar con Lucius, sin embargo, me sorprendí cuando me ordenó:

- “Sev, desvístete”

- “Lucius, yo no...”, traté de protestar, pero él me dio la espalda.

- “Hazlo”, ordenó de nuevo, en un tono que no admitía réplica – “sé que lo deseas”, continuó, insinuante.

No me detuve a pensarlo. Me empecé a quitar la ropa, ansiosamente. Sólo deseaba estar en sus brazos nuevamente. De pronto él volteó y me observó mientras me quitaba los boxers con el símbolo de Slytherin que eran mis favoritos. Le sonreí tímidamente.

Lucius se me acercó, pero no me tocó. No pude resistirlo y tomé la iniciativa. Comencé a besarlo mientras él avanzaba. Yo retrocedía instintivamente, hasta que mi espalda chocó con algo metálico y terriblemente frío. Me estremecí, pero no por mucho tiempo, pues él comenzó a atacar mi cuello con suaves mordidas y tomó mis manos estirándolas hacia los lados. Empecé a gemir ante aquéllas caricias y traté de frotar mi cuerpo con el suyo, pero él no me lo permitió. De pronto, mis muñecas se encontraron aprisionadas con un par de brazaletes metálicos. ¡Era una trampa! Traté de liberarme y protesté.

- “Lucius, este juego no me gusta”, dije, pero él ya había aprisionado mis tobillos con el mismo mecanismo.

- “No es un juego”, dijo, con una sonrisa felina en el rostro.

Pude ver que hizo un gesto y una persona con una capa negra que le cubría el rostro salió de las sombras. Hice un gesto tratando de soltarme en vano y sentí una enorme angustia de verme así, totalmente desnudo y atado de la forma más vergonzosa.

Lucius me miró burlón y dijo:

- “Severus, quiero que conozcas a mi compañero. Es, sin duda alguna, el muchacho más guapo de Hogwarts”.

¿Hogwarts había dicho? Nunca en mi vida sentí mayor vergüenza. ¡Yo, Severus Snape, profesor de Pociones, atado y humillado delante de un estudiante de Hogwarts! Quise desaparecer en ese mismo instante, pero Lucius no iba a dejarme tan fácilmente.

Se acercó al muchacho y lo besó, susurrando algo en su oído. El chico dejo caer la capa negra que lo cubría y se irguió orgulloso. Estaba desnudo y era perfecto. Cedric Diggory, de Hufflepuff y jugador de quidditch.

- “Hola, profesor Snape”, dijo Cedric.

No pude contestarle. No hallaba mi voz.

- “Míralo, Sev. ¿No es hermoso?”, dijo Lucius, tomando de la mano a Cedric y poniéndolo junto a mí, regocijándose al compararnos y comprobar lo obvio. Yo jmás me igualaría a ese muchacho. Lucius continuó diciendo con lujuria – “Tiene un rostro bello y un cuerpo exquisito”, y agregó, guiñando un ojo maliciosamente “por dentro y por fuera”.

No quería mirarlo. Era evidente que el muchacho y Lucius eran amantes. ¿Qué buscaba Malfoy? ¿Humillarme? Ya lo había conseguido, yo sólo deseaba que me dejara ir. Pero él continuó, implacable.

- “¡Qué diferente de ti! ¿Verdad Sev? Él tiene todo lo que tu no tienes: belleza, amigos, novias”, sentí una enorme angustia, sus palabras eran verdaderas, yo jamás había tenido todo eso, ni lo tendría. “y me tiene a mí”, finalizó.

Una lágrima corrió por mi mejilla, pero él no se conmovió. ¡Oh, cómo lo odié entonces!

- “¿Cómo podrías compararte con él? ¿Qué imagen te devuelve el espejo todas las mañanas? Un hombre pálido, delgado y con una nariz demasiado grande”, decía cruelmente Lucius.

- “Lucius, déjame ir”, dije con un susurro, - “p-por favor”

- “¿Qué? ¿Tan pronto? No, mi querido Severus. La diversión recién empieza”, rió mi verdugo. Yo no podía mirarlos, mi cabeza estaba volteada y miraba hacia la puerta.

Entonces, Lucius se me acercó y presionó un resorte de aquella endiablada maquinaria. Una anilla metálica me sujetó la cabeza, impidiéndome moverla. Cerré los ojos tercamente, pero entonces sentí algo en mis pezones. ¡Los dientes de Lucius! Succionaba suavemente al principio, jugando con su lengua sobre ellos y luego los mordisqueaba. No pude evitar que se endurecieran al contacto de su experta boca y mi cuerpo se relajó.

Entonces, él me soltó y volví a cerrar los ojos. Pude oír su voz sensual.

- “Mira, Severus”, me ordenó, “Quiero que observes cómo hago mío este cuerpo delicioso. Quiero que veas a Cedric disfrutar los mayores placeres en mi compañía. Quiero que sepas que jamás serás como él. ¡Mira!”

Pero yo no podía abrir los ojos. Los mantuve firmemente cerrados, mientras oía los ruidos que él hacía. Estaba besándolo, podía sentirlo. Cerré los puños.

Entonces, un nuevo sonido desgarró el silencio de la habitación: Cedric gemía. Sus gemidos eran suaves, como los que había oído de labios de Lupin cierta vez que lo espié mientras estaba con Black. Luego, el muchacho empezó a gemir más fuerte y no pude evitar abrir los ojos. Quería saber qué le estaba haciendo Lucius para llevarlo a ese extremo. El chico estaba colgado del cuerpo de Lucius, que tenía las manos sobre sus nalgas desnudas, pegándolo hacia él. Cedric se restregaba contra Lucius.

Cerré los ojos inmediatamente. Lucius me miraba burlón. Pero tuve que abrirlos nuevamente al oír esos gemidos aumentar de intensidad. Lucius había colocado las manos en la cintura del muchacho, obligándolo a inclinarse hacia atrás y mordía sus pezones, como había hecho conmigo. No me extrañó que Cedric gimiera tan deliciosamente ante ese tratamiento.

No podía dejar de mirar. Quería que Lucius lo poseyera frente a mi, ya que yo no podía hacerlo.

Lucius es un hombre muy atractivo, con un cuerpo perfecto a pesar de su edad. Y era un experimentado amante. Deseé verlo desnudo una vez más y fue como si él me leyera la mente.

- “¡Atiéndeme!”, ordenó a Cedric.

Parecía que ellos tenían tiempo haciendo cosas como aquéllas. Cedric despojó a Lucius de la túnica con movimientos sensuales, ¡qué diferente era eso comparado con mis torpes intentos! Lucius abrió los brazos, dejándolo hacer.

- “Aprende, Sev”, dijo maliciosamente.

Yo no me perdía detalle, preguntándome si sería posible que algún día yo pudiera darle ese placer. Pero no. Yo no era atractivo. Nunca lo fui.

Me distraje un instante, y cuando volví a mirar, Lucius únicamente tenía un slip de seda negra, pero Cedric se lo quitaba de rodillas y usando los dientes. Luego, tomó el miembro de Lucius entre sus labios y lo empezaba a succionar, acariciando con las manos los testículos hinchados de Lucius.

El chico sabía lo que hacía, a juzgar por los gemidos de Lucius. ¡Como deseé ser yo quien arrancara esos gemidos! Ese pensamiento hizo que mi propio miembro empezara a despertar, al ver los ojos de Lucius clavados sobre mí y su lengua deslizándose por sus labios.

- “Es delicioso, Severus. Mejor de lo que puedas imaginarte. ¿Quieres hacerlo tú, verdad? Pero no. Hoy no te dejaré. Luego quizás, si eres bueno. ¡Ahhhh! Sigue, muchacho”, gemía Lucius.

- “Ahhh”, gimí, incapaz de contenerme. Mi cuerpo estaba encendido y necesitaba alivio pronto.

Lucius apartó la cabeza del muchacho y lo obligó a ponerse de pie, ordenándole luego recostarse en una mesa pequeña. El muchacho lo hizo, brindándome una esplendorosa visión de sus partes íntimas. El muchacho gemía apenas Lucius lo tocaba y había empezado de nuevo, mientras él le separaba las piernas y succionaba su miembro palpitante.

Yo respiraba con agitación, por la forma en que el muchacho agitaba las caderas, esperaba que pronto acabase. Pero Lucius fue de otra idea, porque de pronto lo soltó y tomó su varita, dirigiéndose con ella a un armario. Allí, pronunció un conjuro y extrajo algunos objetos que llevó a la mesa, donde Cedric seguía moviéndose.

Lo miré intrigado, ¿qué se proponía? Sacó una pequeña anilla que colocó en el miembro del muchacho. Éste comenzó a gemir más bajo mientras Lucius seguía lamiéndolo y mordiéndolo. Mi curiosidad se había despertado, ¿para qué serviría ese objeto? De pronto lo comprendí. ¡Lucius era tan cruel!

- “¡Míralo, Sev! ¿No lo deseas? ¡Es tan hermoso y está tan excitado! Es más hermoso de lo que tú jamás soñarías ser. ¿No deseas su cuerpo? ¿O quizás desees golpearlo? Lastimar esa bella piel que tu nunca tendrás, mancillar esa juventud porque tú nunca la disfrutaste así, eso es lo que quieres, verdad?”, me dijo burlonamente.

La excitación que sentía en ese momento se apagó. La angustia de no ser como Cedric me invadió de repente. Lucius tenía razón. Yo jamás sería como él.

Mi verdugo tomó otro de los objetos que había traído. Era un fino látigo, con bolillas de metal en la punta. Seguramente otro objeto muggle.

- “¿Quieres que lo golpee? ¿Por ti?”, preguntó ansioso

No pude responderle. Parte de mí lo deseaba. Deseaba acabar con esa perfección, lastimar esa blanca piel. Pero no podía. Empecé a temblar.

Pero entonces ocurrió algo que yo no esperaba. Cedric lentamente se dio vuelta y ofreció sus nalgas a Lucius. ¿Sería la primera vez que lo hacían? Lucius lo acarició suavemente y el chico empezó a gemir. Yo miraba fascinado todo eso. Lucius ¿se atrevería?

Él se inclinó y besó al chico en las nalgas y luego, ¡Se atrevió! ¡Le dio un latigazo! Cedric lanzó un gemido, esta vez de dolor.

- “¡No!”, grité sin poderme contener, - “Lucius, ¡basta!”

- “¿Por qué? A él le gusta... o ... ¿quieres hacerlo tú?”, increpó Lucius.

- “N-no. Déjalo”, seguí protestando, aunque debo admitirlo, eso me excitaba muchísimo.

- “Cedric”, ordenó.

- “Sí, mi amo”, respondió él.

- “Enséñale a Severus el placer que encuentras en el dolor que te proporciono. Enséñale que luego de esto, vendrá la recompensa”, pidió, con la seguridad de quien sabe que será obedecido.

Cedric alzó sus nalgas, que llevaban la marca del primer latigazo. Se las ofreció a Lucius nuevamente.

- “Golpéame, amo”, pidió

Lucius lo hizo. Una y otra vez. Yo no podía protestar, eso me gustaba. Mi erección estaba creciendo con cada golpe que recibía Cedric, ¡cómo hubiera querido estar en el lugar de Lucius!

La sangre salpicó en el rostro de Lucius, las nalgas del muchacho estaban cubiertas de sangre, pero las heridas eran superficiales. No dejaba de gemir y suplicar y movía las caderas con desesperación.

Lucius se inclinó y lamió con deleite sus heridas, arrancándole más gritos de placer. Luego se puso de pie y se acercó a mi, besándome.

Sentí el gusto salado de la sangre de Cedric en sus labios y no pude resistirlo, succioné con avidez los labios de Lucius, probándola. Él me soltó de las horribles anillas y dijo:

- “Hazlo tú, Sev”

Me abalancé sobre el muchacho, tratando de abarcarlo todo con mis manos, besándolo en la espalda, sin poderme contener. Lucius me guió expertamente hacia sus nalgas y hundí el rostro en ellas, tratando de besarlo como vi hacer a Lucius, pero no pude. Lo empecé a morder, tratando de hacerle daño.

De ponto, Lucius me puso el látigo en las manos.

- “Cedric, enséñale”, ordenó. Tenía al muchacho completamente dominado.

- “Profesor Snape, golpéeme. He sido malo y merezco el castigo”, empezó Cedric moviendo luego sus deliciosas caderas.

Alcé el látigo, temeroso y le di un suave golpe.

- “¡Más! He sido muy malo!”, seguía Cedric.

- “¡Hazlo Severus! Tú nunca serás como él. Castígalo, hazlo sangrar”, pidió Lucius con la voz fría.

No sé que me pasó entonces. Perdí el control. Sólo veía a ese hermoso muchacho pedirme que lo castigue, y las palabras de Lucius resonaban en mis oidos “hermoso, nunca serás como él, castígalo”. Quería dañar toda esa perfección, quería que llore, quería mancillarlo, poseerlo.

Empecé a golpearlo salvajemente y no me detuve al oír sus sollozos. Seguí golpeándolo ciegamente, hasta que Lucius me tomó la mano con firmeza.– “¡Basta!” susurró en mi oído y pude al fin detenerme. Estaba temblando.

Sentí que Lucius me abrazaba por detrás, acariciando mi pecho con ¿deseo? Luego bajó hacia mis muslos y acarició mi erección. ¿Lucius me deseaba a mí? Teniendo a ese muchacho, ¿me deseaba a mí? Temí que fuera otro de sus juegos, pero él susurró, haciéndome temblar al morder ligeramente el lóbulo de mi oreja:

- “Ahora, tómalo”

No necesité mayor invitación. Coloqué mi erección entre las nalgas de Cedric, separándolas como Lucius hizo conmigo antes.

- “Cedric”, dijo Lucius

- “¡Ahhh! Profesor Snape, tómeme, por favor”, dijo aquél bello muchacho. El esclavo perfecto. Él mismo se abrió para mí.

Lo penetré despacio, inseguro sobre si le haría daño. El mismo Cedric se movía para permitirme empalarlo. Lucius puso sus manos sobre mis caderas, guiándome, primero con movimientos suaves, mientras yo sentía cómo la carne del muchacho se abría para permitirme entrar. Luego, los movimientos fueron más rápidos y urgentes.

Me uní a los gemidos de Cedric, ya no resistiría más. Lucius se inclinó sobre él y le quitó la anilla. Cedric gimió aliviado y eso me excitó más, empecé a arremeterlo firmemente, era delicioso oírlo gritar.

Entonces Lucius volvió a ponerse detrás de mí y me penetró violentamente con un rápido empujón. Grité de dolor, pero no me podía contener dentro de Cedric. El dolor hizo que mi urgencia se frenara y seguí moviéndome dentro de Cedric mientras mi cuerpo se adaptaba a esta deliciosa invasión de Lucius.

Entonces comprendí.

Lucius me deseaba a mí, el muchacho era sólo un pasatiempo.

Eso era lo que me decían sus gemidos mientras me poseía salvajemente.

Lucius era como yo. Acababa de descubrirlo.

Pero aún me faltaba mucho por aprender.

Lucius me enseñaría, como me lo estaba enseñando en ese momento. Me sentí amado mientras explotaba dentro de Cedric y sentía mi cuerpo inundado por mi amante, grité el nombre de Lucius y él gritó el mío.

Lo amaba.

Caímos los tres al suelo.

Lucius me atrajo a su pecho y limpió mis lágrimas ¿en qué momento empecé a llorar? No lo sabía, pero me besó tiernamente y permanecimos allí.

Sabíamos que Cedric ya no era importante. Luego, Lucius se encargaría de él.

 

 

Capítulos 3 y 4

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