Capítulo 3

Octubre 10

El maldito licántropo me las pagará. No importa cuánto tenga que esperar, pero me las pagará. No sólo por haberme puesto en ridículo en frente a los patéticos Gryffindor que tanto protege, sino por que fue precisamente el estudiante que más desprecio, el inútil de Longbottom, el causante de esa estúpida situación.

Me enteré al día siguiente, cuando sorprendí a Gregory Crabbe, Pansy Parkinson y a Draco riendo en la Sala Común. Los interrogué y Draco confesó. Lo hubiera asesinado allí mismo de no tratarse del hijo de Lucius, pero me limité a asustarlos con la amenaza de la expulsión.

Esa misma mañana, convoqué a los prefectos de Slytherin y les dije que si llegaba a mis oídos otra mención del “suceso”, los enviaría directo a su casa. Me temían demasiado como para desobedecer.

Esa semana fue un verdadero infierno. Cuando dictaba Pociones a los Gryffindor, no podía evitar notar el brillo en sus miradas, como si me estuvieran imaginando con ese ridículo disfraz de nuevo. Y claro, allí estaba el causante de todo: Longbotton, torpe como siempre, tratando en vano de mezclar adecuadamente los ingredientes de su poción. ¡Y encima tenía asco de echar los ojos de sapo! Si supiera que pronto tendría que tomar cosas peores en sus manos...

Le puse seis meses de detención, pero no conmigo. Me enfermaba sólo verlo, con esa estúpida carita de inocente. Lo envié a detención con Filch, él se encargaría de hacerlo limpiar retretes y barrer los pasillos sin magia. El castigo perfecto.

También encaré a Lupin, cuando pude pillarlo solo en la Sala de Profesores, porque el muy bastardo había estado evitándome. Una noche, lo encontré sentado en la mesa, corrigiendo exámenes y casi llega al techo del brinco que pegó al verme.

Cerré la puerta.
- “Al fin solos, Lupin”

Me miró con fingida inocencia y esbozó esa falsa sonrisa con la que había convencido a Dumbledore de contratarlo.

- “S-severus, hola”, tartamudeó notablemente, “¿puedo ayudarte en algo?”

En un instante estuve junto a él, con la varita sobre su pecho.

- “Me pusiste en ridículo, Lupin. Esto no te lo perdonaré jamás, ¿me has entendido?”, dije fríamente. Me miró con los ojos espantados, pero continuó fingiendo ¿qué demonios veía Black en aquél idiota cobarde?

- “No entiendo de qué me hablas, Severus---“, mintió tratando de mostrarse tranquilo.

- “¡Ya cállate! Sabes perfectamente de lo que hablo, licántropo. Y también sé que estás encubriendo de alguna manera a Black, la carroña siempre se junta y -–“

Me quedé de una pieza. ¡El maldito licántropo estaba de pie, amenazándome!

- “¡No vuelvas a hablarme de Sirius!”, exclamó muy molesto.

- “A mi no me engañas, Lupin. Ustedes fueron amantes y ahora lo encubres---“

PLAF

¡Ese bastardo me abofeteó!

No me moví, mis ojos llameando. No sé que vio en mi rostro, pero empezó a tartamudear.

- “L-lo siento, Severus, ese tema es delicado y yo---yo me descontrolé un poco”, balbuceó.

Qué patético era. Qué patética su absurda devoción a Black, aún después de todos esos años. ¿Eso era amor?

Avancé hacia él, y retrocedió. Entonces tuve una idea. Lo pillé desprevenido.

- “Mobillicorpus”

Luego, cerré con un hechizo la puerta del armario. El mismo armario de donde salió ese estúpido boggart que Lupin usó para burlarse de mí. El mismo armario que ahora le serviría de prisión hasta que alguien viniera a sacarlo de allí.

Justicia poética.

Porque era la hora de la cena y nadie pasaría por allí hasta el día siguiente, con excepción, claro está, de Filch.

Pero Filch aborrecía al licántropo casi tanto como yo.

- “¿Severus? Ya pedí disculpas, Severus. No me querrás tener aquí toda la noche, ¿verdad? Tú ya no eres ese estudiante rencoroso, Severus, has cambiado--- ¿Severus? ¡SEVERUS!”

- “Buenas noches, Lupin”

Sonriendo aún, cerré la puerta.

*

Al día siguiente, se generó una gran conmoción cuando liberaron al licántropo. No me delató, extraño gesto de hidalguía suyo, o quizás temor por lo que dije de Black, aunque su explicación de que se había quedado encerrado por accidente no convenció a nadie.

Me fui tranquilamente a desayunar, con la satisfacción del deber cumplido, ¿y qué mejor recompensa que una carta de él para empezar el día?

“Necesito verte el fin de semana. Ven a mi mansión el sábado por la tarde. Lucius”

Esperé el fin de semana con unas ansias que hacía tiempo no sentía, y apenas llegó el sábado por tarde, me traté de arreglar el cabello y fui a Malfoy Manor.

No perdimos el tiempo y nos arrojamos uno en brazos del otro. Me sentía muy ansioso, porque llevaba un mes sin verlo, a causa del colegio y de mi vigilancia a Lupin. Sabía que a Lucius no le agradaba que lo hiciera, pero teníamos un acuerdo tácito de no hablar sobre eso.

Nos dirigimos a la armería, escenario de nuestros encuentros y único lugar donde los elfos domésticos jamás entraban. Sospecho que eso era porque Lucius había probado con ellos los instrumentos de tortura, me parecía haber visto un par de cabezas de elfos en el vestíbulo, que no estaban en mi última visita.

Desconsiderado com siempre, me arrancó la túnica. Pero por fortuna yo había traído una de repuesto, ya eran muchas las veces que tuve que volver al colegio con la túnica hecha girones.

Me arrojó a una mesa de piedra y me encadenó. Sonreí, esos eran los juegos que le gustaban a Lucius. Me besó con pasión.

- “Sev, hoy haremos algo nuevo... ¿me dejas?”, preguntó inocentemente, seguro de la respuesta.

Lo besé largamente, desde mi incómoda posición, encadenado de muñecas y tobillos a la mesa de piedra, levantando la cabeza todo lo que podía y entregándome por completo a ese beso.

- “Lo que tú digas”, susurré con abandono, cerrando los ojos.

Lucius entonces comenzó a preparar algo, pero no podía verlo, por más que traté de levantar la cabeza. Luego ajustó más las cadenas, quitándome todo movimiento y me puso una cadena más atándome la cintura firmemente a la mesa.

Lo miré intrigado por saber qué nuevo juego estaba planeando, pero sin temor, porque Lucius era rudo, pero jamás me había lastimado.

Me besó todo el cuerpo, como sólo él sabía hacerlo y yo empecé a responderle ansiosamente, sin poder evitar gemir mientras sus manos me torturaban. Cerré los ojos.

De pronto, escuché a Lucius susurrar

- “Inmovilus”

Abrí los ojos de pronto. Estaba inmovil de la cintura hacia abajo. Eso no me gustó, no me gustó para nada, pero él se adelantó y se inclinó sobre mí.

- “Paciencia”, le dijo besándome en los labios y muy a pesar mió, me volví a relajar.

Luego, sacó un objeto que no alcancé a ver y comenzó a tocarme, colocando algo sobre la punta de mi glande. Lo miré con curiosidad, pero no podía ver lo que hacía.

Hasta que lo sentí.

Un dolor más insoportable que el mismísimo cruciatus inflingido por Voldemort en sus mejores días. Un dolor que me hizo desear estar muerto y enterrado en lugar de seguir soportándolo.

Creo que me desmayé.

- “Ennervate”, escuché en mi doloroso sueño y luego sentí un líquido tibio en mi boca. Tuve que tragar, a riesgo de morir ahogado.

- “¡Maldito! ¿Qué me has hecho?”, grité apenas pude hablar, completamente fuera de mí.

Y allí estaba Lucius, con tal cara de arrepentimiento que si no lo conociera, le hubiera creído.

- “Lo siento, Sev. Olvidé el hechizo para el dolor”, dijo contrito y apenado.

¿Dolor? Traté de mirar hacia mis piernas, pero él había colocado allí un lienzo cubriéndome.

- “¡Lucius! ¡Déjame! ¡Exijo que me sueltes!”, demandé, furioso.

Y Lucius, como siempre que le convenía, me ignoró olímpicamente, y se dedicó a desvestirse ante mis ojos. No pude evitar mirarlo y me relajé porque ya no sentía dolor. Lucius se acarició el cuerpo, aquél exquisito cuerpo suyo, tan blanco y perfecto, tan distinto del mío. Pude ver su erección y mis labios se movieron ansiosos por probarla.

Lucius, ansioso por complacerme, subió a la mesa de piedra y se colocó en mi boca. Lo tomé ávidamente, su sabor era delicioso, intoxicante, perfecto. Pero él tenía algo más en mente, porque se retiró de mi boca y me besó dulcemente. Era una de las pocas ocasiones en que Lucius me besaba con dulzura, e imaginé lo peor.


- “¿Me perdonas?”, susurró con cara de culpabilidad.

Sonreí a pesar mío. ¿Lucius pidiendo perdón? Eso era algo nuevo para mí.

Me quitó las cadenas y me quitó el lienzo.

Miré con temor y lo vi.

¡LO VI!

¡EL BASTARDO! ¡EL MALNACIDO! ¡ME HABÍA COLOCADO UN MALDITO ANILLO!

Mi grito debió escucharse hasta el ministerio y tomé mi varita, para echarle una maldición, pero él se me adelantó y me tomó firmemente entre sus brazos, impidiéndome moverme. Traté de debatirme, pero él era más fuerte. Luego me trató de besar.

- “¡Lucius! ¿Cómo pudiste?”, dije debatiéndome en sus brazos y tratando de golpearlo.

- “Lo siento, Sev. Dijeron que no dolería”, susurró bajito, “y te queda muy bien en verdad”

THUD

Me solté y lo arrojé al piso. Luego cogí mi varita, yo estaba fuera de mí.

- “Cru—“

- “Hazlo, Sev. Me lo merezco. Merezco incluso un Avada Kedavra...anda, no me defenderé”

Lo miré unos instantes. Desnudo y tirado en el suelo, con súplica en su mirada, Lucius era aún mi rubio y adorado demonio. ¡Qué patéticos éramos! Y yo, desnudo también, con un absurdo arito de platino pendiéndome del glande. Al menos Lucius había tenido un detalle conmigo: el arito tenía forma de serpiente.

Avancé hacia él y cerró los ojos, temiendo lo peor. Después de todo, era muy consciente de que se lo merecía, se había portado horrorosamente. Lo comencé a sacudir y él seguía sin abrir los ojos, dispuesto a soportar lo que viniera.

- “¡Lucius! ¡Maldito degenerado!”, comencé a insultarlo sin poderme contener, al tiempo que lo sacudía. Esto duró varios minutos, hasta que, agotado mi repertorio, lo arrojé al piso.

Y ya no pude contenerme más, la visión de mi demonio rubio, desnudo y suplicante fue demasiado y comencé a besarlo rabiosamente.

- “¡Ahora verás!”, lo amenazó, y ataqué su cuello sin piedad. Esta sensación era nueva para mí, antes no me había atrevido a tanto. Pude ver que quiso protestar, pero entonces, lo tomé en mi boca tan exquisitamente que solo pudo gemir y pedir más.

Me sentí poderoso. Y esa era una hermosa sensación.


Pero entonces, extasiado con mi nuevo poder, tuve una idea, y lo dejé a punto de acabar, con una perversa risita. Aparté sus piernas y lo penetré de un feroz empujón, anillito incluido.

Ahora Lucius podría decir que tuvo la serpiente de Slytherin en sus entrañas.

Literalmente.

Gritó de dolor, pero le tapé la boca con un beso y comencé a moverme rítmicamente mientras él luchaba desesperadamente por no llorar. Poco a poco lo sentí relajarse y habituarse a mi invasión y me moví con más fuerza. El anillo debió rozar su próstata, porque perdió el control y comenzó a gemir desesperadamente hasta terminar en mis manos y yo dentro de él.

Nos besamos nuevamente, agotados, mientras me retiraba lentamente de él y lo miraba intensamente a los ojos.

- “Mi Lucius”, fue todo lo que dije. Él era mío, yo lo sabía.

Asintió, besándome. Esperé ansioso sus palabras de amor, pero una vez más, no llegaron. Y él me mordió juguetonamente la oreja.

- “Mi Sev”, susurró, “haz algo por mí”, pidió ronroneante.

- “Lo que quieras”. Contesté, iluso de mí, debí conocerlo mejor, ¡Maldito Lucius!

Me susurró al oído su deseo y estallé:

- “¡ESTÁS LOCO! ¡DEMENTE! ¡JAMÁS LO HARÉ!”

- “Miaw”, susurró tomándome en sus labios. ¡Adoraba que dijera eso!

- “Lucius”, jadeé, “Lucius no---“, su exquisita boca torturándome, y él arrodillado ante mí, suplicando.

- “Por favor”, su mirada sumisa me lo decía todo sin palabras, mientras me acariciaba. “Hazlo por mí, Sev”

Luego de un momento prolongado de caricias, donde él tiraba del arito y lo volvía a soltar, provocándome deliciosas sensaciones, capitulé. ¿Cómo no hacerlo, con Lucius a mis pies? No me dejó terminar y se acercó al armario, donde sacó el último instrumento de sus caprichos.

Lo miré resignado, mientras tomaba el paquetito que me alargó. Al menos tuvo la decencia de darme la espalda mientras me vestía con ese ridículo traje de abuela. Suspiré con resignación y él preguntó:

- “¿Listo?”

- “Lucius, acaba ya con esto”, gruñí.

Y se dio la vuelta.

¡Cómo reía el maldito bastardo! Me enfurecí nuevamente, completamente humillado ante sus ojos, siendo esta vez, él mismo el causante de tal humillación. Rió hasta llorar y siguió llorando cuando se acercó a mí, besándome de nuevo y arrojando lejos el ridículo sombrero con el buitre disecado.

Él lo sabía, sabía que yo había accedido a esa humillación final por complacerlo y me desvistió en un instante, amándome como nunca antes lo había hecho, arrimándome contra la mesa de piedra mientras me acometía tan fuerte que sentí mi cadera golpearse contra la dura superficie, pero no me importó. Sus dedos tiraban del anillito mientras yo trataba desesperadamente de empalarme más en su cuerpo.

Dolor mezclado con pasión.

Nuestra relación es así.

Amor y odio, dolor y placer.

Y Lucius, como nadie, me hace sentirme vivo.

 


Capítulo 4

Noviembre, 2

No volveré a una fiesta de Halloween.

Juro con sangre que no lo haré, aunque Dumbledore me expulse, aunque el mismo Señor Oscuro me torture con un cruciatus, jamás volveré a ir a una fiesta de esas, y quiero dejar aquí constancia escrita de esa resolución, para estar seguro de no olvidarlo.

Todo comenzó cuando a Dumbledore se le ocurrió la brillantísima idea de hacer una fiesta de Halloween en el colegio. Creo que el viejo anda transtornado por la fuga de Black y desvaría, porque no era una fiesta ordinaria. No, todo lo contrario. Sería una fiesta al estilo muggle, sin usar la magia para preparar los disfraces. Quizás tuvo influencia de Arthur Weasley a quien vi de visita la semana pasada, el caso es que nadie pudo hacerlo cambiar de opinión, ni siquiera Minerva.

Y claro, la asistencia era obligatoria.

- “Severus, debes dar el ejemplo a los estudiantes de tu casa, y como jefe, no puedes faltar”, me dijo con ese tono amable que usa para obtener lo que desea.

Pero accedí porque el viejo me cae bien. Y por otra razón también: podría ir de incógnita. Esa idea fue del licántropo, estoy seguro. Apenas se enteró de la fiesta, comenzó a hacer planes y a dar ideas descabelladas, como hechizar el cementerio de Hogsmeade e invocar algunos espíritus, pero Minerva se opuso, al menos a alguien le quedaba cordura. Pero su idea de “disfrazarnos” realmente y que nadie sepa quienes éramos, fue genial, debo reconocerlo.

Dumbledore invitó también a varias personalidades del Mundo Mágico, entre ellas estaba, por supuesto, Lucius y su esposa Narcissa, además del Ministro de Magia y varios aurores y empleados del Ministerio.

Asistirían también a la fiesta los estudiantes de sétimo año y los prefectos. Esto me animó considerablemente, no tendría que soportar a San Potter disfrazado y mucho menos a Longbottom. De modo que la idea de la fiesta comenzó a gustarme y aproveché un fin de semana libre para ir a Londres y buscar mi disfraz en una tienda muggle abarrotada de gente.

Miraba los catálogos con desgana, mientras trajes de vampiros, momias, ahorcados y horribles monstruos me miraban desde el muestrario, pero ninguno me agradaba. Había incluso allí un ridículo trajecito de lobo que me pareció apropiado para Lupin.

Por fin encontré lo que buscaba y lo alquilé rápidamente, fulminando con la mirada al empleaducho impertinente que me miró de pies a cabeza, como si no me considerase capaz de usar ese disfraz de juglar. El disfraz era perfecto, leotardos negros con pantalones cortos y abolsados, negros también, camisa negra y una capa corta que me llegaba a la cintura, y un sombrero adornado con una pluma blanca, cuya ala hacía sombra sobre mi rostro, que, cubierto con el antifaz, sería difícil de distinguir en la noche.

El día de la fiesta, me sentía extrañamente animado, esa alegría extrema que presagia la desgracia. Pero no me importó. Me vestí cuidadosamente, mirándome al espejo con ojo crítico y arreglando cada detalle del disfraz. Para cuando terminé, estaba seguro de que ni mi propia madre me habría reconocido, y me dispuse a subir al Gran Salón y a divertirme mucho.

El ambiente estaba en penumbras y decorado con las tradicionales calabazas y siluetas de brujas y magos volando por el cielo estrellado del Gran Salón, los fantasmas de cada casa estaban presentes y en el escenario que se había acondicionado, cantaban “Las Brujas de Salem”. Las mesas estaban dispuestas alrededor del escenario, dejando espacio para las parejas que desearan bailar y la mesa de profesores estaba en la parte más alta, dominando la escena. Me dirigí hacia una de las mesas asignadas a los invitados, deseaba pasar desapercibido y me senté allí, saludando a los presentes.
Nadie me reconoció.

Durante el banquete no ocurrió nada digno de mencionarse, sólo que el Ministro mencionó que Narcissa Malfoy se encontraba de viaje y que Lucius acudiría sólo, pero nadie lo había visto, ni sabía cuál sería su disfraz. Había también muchas personas disfrazadas y con antifaces que hacían imposible ver sus rostros y me dije que Lucius había tenido la misma idea que yo. Y que sería divertido buscarlo; y, lógicamente, encontrarlo.

Cuando Dumbledore dio su discurso, no pude evitar sonreír. Había elegido bien el disfraz: Zeus, con vistosos rayos brotándole de la cabeza y a su lado, Minerva vestida de ¿Afrodita? Vaya, vaya, parecía que todo el mundo se había propuesto divertirse y aliviar las tensiones producidas por la fuga de Black.

Busqué a Lupin para burlarme, pero no pude encontrarlo, sólo había un tipo vestido de lobo de peluche, pero me pareció demasiado obvio que fuera él, de modo que lo olvidé y comencé a divertirme mientras empezaba el baile.

Saqué a bailar por turnos a Minerva, y a una calabaza que, inconfundiblemente, era Sprout. También bailé con una sirena marchita que a todas luces era Trewlaney. Lupin seguía sin aparecer. Y tampoco Lucius.

Creo que fue la frustración por no ver a Lucius lo que me hizo excederme en las bebidas... probé de todo, desde la inofensiva cerveza de mantequilla, hasta un trago humeante llamado zombie, y dos corazones de bruja. Extrañaba mi brandy, pero, amparado en el anonimato de mi disfraz, comencé a coquetear con todos, hasta que noté la mirada inquisidora de una momia que me miraba las piernas. Noté instantáneamente que le gustaba, y eso me animó.

Y entonces, alguien vestido de pantera negra entró.

Era fascinante ver moverse al portador de ese disfraz, sus movimientos eran felinos, calculados, elegantes y gráciles, como una verdadera pantera. Como Lucius. ¡Lucius! La pantera sólo podía ser Lucius, ningún otro se movería con esa gracia. ¿Me habría reconocido? Con el salón en penumbras y tanta gente disfrazada era difícil de decir. Recorrió con la mirada la mesa de profesores, donde Dumbledore se reía a sus anchas con Minerva. Luego miró hacia las mesas de los invitados y finalmente hacia los estudiantes y las parejas que bailaban. Nuestras miradas se cruzaron y avanzó hacia mí.

Pero fue capturado por esa estúpida momia y arrastrado a la pista de baile. Me disponía a intervenir, pero fui rodeado por las Gorgonas: Emmeline Vance, Molly Weasley y Hestia Jones con disfraces muy apropiados para ellas, que me monopolizaron durante casi una hora, luego de la cual pude escapar, para comprobar con desilusión que la pantera-Lucius ya no se encontraba allí.

Luego de buscarlo entre vampiros, ahorcados, cadáveres sangrientos y fantasmas, lo vi en la barra, donde apuró un Salem’s Lot y pidió otro. Seis vasos vacíos eran la evidencia de que se encontraba allí hacía rato. Resueltamente atravesé el salón para hablarle, pero se levantó algo tambaleante y ¡Subió al escenario!

Inmediatamente fue aclamado por el público y escuché un clarísimo “Sonorus”. La música cambió de pronto y la pantera comenzó a moverse deliciosamente en el escenario, al ritmo de “I Will Survive”.

“At first I was afraid, I was petrified
Kept thinkin’ I could never live without you by my side
But then I spent so many nights thinkin’ how you did me wrong
And I grew strong and I learned how to get along”


No podía creerlo, ¡Lucius dando un espectáculo! Era increíblemente sexy mientras su voz algo ronca, seguramente por el trago, cantaba y su colita de pantera se movía al ritmo de la canción.

“Go on now, go walk out the door
Just turn around now ‘cause you’re not welcome anymore
Weren’t you the one who tried to hurt me with goodbye
Did you think I’d crumble, did you think I’d lay down and die”

“Oh, no, not I-I will survive
Oh, as long as I know how to love I know I’ll stay alive
I’ve got all my life to live and I’ve got all my love to give
And I’ll survive, I will survive, hey, hey”

Me quedé parado mirándolo moverse ondulando las caderas en aquél ceñido traje que dejaba notar cada curva de su cuerpo. Observé que estaba un poco más delgado, o quizás sería el color negro del traje, pero se veía delicioso y disfruté del espectáculo hasta que sentí que alguien se pegaba detrás de mí. ¡Esa estúpida momia! Me hice a un lado, con cierta brusquedad y me puse a buscar de nuevo a mi pantera que se había bajado ya del escenario y bailaba con abandono en el centro de la pista.

Me uní inmediatamente, antes de que alguien más me lo arrebatara, quizás fuera por efecto del alcohol que había bebido, pero de pronto me sentí libre y busqué su cuerpo mientras él me esquivaba habilmente al ritmo de la música. Apenas pudimos esperar a que terminara la canción, nos escurrimos rápidamente hacia un aula vacía

No perdimos el tiempo, y él se tendió en el escritorio del profesor, sin quitarse el disfraz, era más excitante si lo hacíamos con los disfraces puestos. Le bajé el ajustado pantalón de lycra y lo penetré de un certero empujón, sin prepararlo. Lanzó un delicioso gemido, más bien un grito, pero no me importó, a Lucius le gustaba jugar rudo, de modo que lo cogí con una mano mientras con la otra le sujetaba la cadera con fuerza y me adentraba más y más en su cuerpo, bendiciendo el anillito que me provocaba las más placenteras sensaciones y también a él porque comenzó a agitarse deliciosamente mientras gemía y se arqueaba con cada empujón.

Me pareció que alguien entraba, pero no hice caso y arremetí con más fuerza al sentir la mano mojada con su tibio líquido y terminé dentro suyo. Aún dentro de él, me incliné con ternura para besarlo, levantando un poco la máscara y probé sus labios que tenían un delicioso sabor a chocolate con ¿acónito? ¡Un momento!

- “Sirius”, suspiró él y le quité la máscara.

- “¡LUPIN!”, grité empujándolo sobre el escritorio mientras me salía de su cuerpo y trataba se subirme esos estúpidos leotardos.

¡EL MALDITO LICÁNTROPO! ¡Y ME HABÍA CONFUNDIDO CON BLACK! ¿Acaso me parecía yo a Black? ¡Eso era una infamia!

- “¿S-severus?”, exclamó el licántropo, tratando de subirse la ropa.

Una risa cristalina me hizo pegar un brinco.

Allí estaba la momia, aplaudiendo muy divertida.

Esa risa era inconfundible. ¡Lucius!

- “¿No me invitan a la fiesta?”

Quise abofetearlo allí mismo, y también a Lupin que lo miraba con los ojos dilatados, pero a Lucius no le importaba nada y con la paciencia más grande se quitó la máscara y su cabello platinado cayó sobre sus hombros. Luego se desnudó mientras ambos lo mirábamos fascinados y avanzó hacia el escritorio. Su cuerpo desnudo era perfecto, sus movimientos sensuales lo eran aún más. Lupin se trató de apartar, pero Lucius lo aprisionó con la maestría de una larga práctica y comenzó a besarlo mientras me miraba de reojo.

No sé si fue el alcohol que ya llevaba en mis venas o la visión de Lucius desnudo besando a un atónito Lupin, el caso es que comencé a desvestirme como había visto hacer a Lucius cientos de veces: lenta y seductoramente. Comenzé por la máscara, luego la capa y fui quitando prenda tras prenda hasta quedarme con los boxers de serpiente que Lucius me había regalado, y luego los bajé.

Lucius había dejado de besar al licántropo y ambos me miraban. Los ojos de Lupin estaban desmesuradamente abiertos mientras se posaban en mi entrepierna, donde, liberado ya de su encierro, mi miembro se erguía de nuevo y el anillo de platino brillaba.

No sé que le pasó a Lupin, creo que fue el alcohol combinado con mi anillito de platino. Se puso de pie con los ojos vidriosos y se inclinó ante mi para hacerme el mejor blowjob de mi vida. Mientras su lengua jugaba con el anillo, pensé que Black debía tenerle mucho aprecio al licántropo, era todo un maestro. Pero no contento con ello, se paró de nuevo y con una mirada perversa se arrojó sobre Lucius y lo tendió en el escritorio.

Mi amante estaba demasiado sorprendido y lo dejó hacer. Lupin se arrancó el disfraz como pudo y empezó a preparar brevemente a Lucius con los dedos antes de penetrarlo lentamente. Mi demonio rubio se arqueó bajo su cuerpo pidiendo más, pero el licántropo era demasiado gentil, de modo que lo cogí de la cadera y lo obligué a adentrarse más en Lucius, guiando su ritmo hasta que mi adorado demonio comenzó a agitarse y gemir como sólo él sabía hacer.

Eso me encendió nuevamente y volví a penetrar al licántropo que gritaba ya sin control, diciendo incoherencias acerca de la serpiente de Slytherin. Lo empalé sin misericordia, no se podrá sentar en una semana, de eso estoy seguro.

Seguí guiándolo con Lucius hasta que lo oí gritar su orgasmo diciendo mi nombre y arremetí contra el licántropo hasta que lo inundé por completo.

- “Esto es por el boggart”, le dije en la arremetida final.

- “Ahhhhhhh”, gimió el licántropo cayendo sobre Lucius que reía.

Pero antes de que pudiera retirarme de su cuerpo, alguien más abrió la puerta y dijo “Lumos” como la cosa más natural del mundo. El Ministro de Magia, el ilustre Cornelius Fudge se disponía a dar una entrevista para “El Profeta” y había elegido precisamente esa aula, para tener privacidad.

No quiero recordar nunca más la cara del patético hombrecillo, que, con la quijada en el piso, no paraba de decir “Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh”. Sólo pensé que Fudge tendría pesadillas con nosotros por el resto de su vida.

FLASH

El fotógrafo de “El Profeta” había sido rápido, pero Lucius lo fue más.

En un instante, había despojado al fotógrafo de su cámara.

- “Obliviate”, susurró, devolviendo a un atontado fotógrafo y a un no menos atontado ministro al pasillo y cerrando la puerta con un hechizo.

Reímos histéricamente, hasta las lágrimas, mientras el licántropo nos contemplaba espantado. El susto hizo que volviera a estar sobrio, creo yo.

- “Severus---Lucius---yo—“, balbuceaba.

Nos vestimos a prisa usando magia, pero el licántropo continuaba sentado en el suelo, ahora con la mirada perdida.

Me apiadé del pobre infeliz.

- “Obliviate”

Y me alejé con Lucius, que, molesto conmigo por haberlo confundido con un licántropo, me dejó hablando solo y se fue a adular al Ministro. Volví a mis mazmorras, sin Lucius, la fiesta había perdido su encanto para mí.

Ayer me envió la foto.

Lucius riendo con el licántropo dentro suyo. Yo, desnudo de pie, sujetando al licántropo de la cadera mientras lo penetraba. Y Lupin con una expresión del éxtasis más absoluto, en medio de los dos.

Con unos absurdos bigotitos de pantera dibujados en el rostro.

No volveré a ir a una fiesta de Halloween.

Capítulos 5 y 6

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