
Parte III
”El verdadero peligro no es que las computadoras comiencen a pensar como el hombre, sino que el hombre comience a pensar como las computadoras”.
Sydney J. Harris
Capítulo 12
Hopeless inside alone as I wait
Brewing inside of me enduring this hate
Feeling my heart breaking in vain
It won't get better now
When will this end?
When Will This End - Korn
Lima, Perú
Marzo, 2005
1
Armando sonrió con el alivio de quien encuentra un alma más
para compartir una desgracia. Aldo lo miraba con ojos comprensivos y su rostro
estaba sereno.
- No puedo creer que lo aceptes así como así, pero me alegra que lo hayas hecho – la sonrisa de Armando se hizo más dulce conforme hablaba.
- Confío en ti. Desde que te conozco has dado pruebas de ser una persona que no se deja embaucar fácilmente, y ahora que me has contado el verdadero motivo de tu comportamiento, todo lo que hacías adquiere sentido para mí – replicó Aldo, acariciándole la mejilla, y añadió, en un susurro -: Y también me alegro de que me lo contaras.
- Debemos analizar la situación y trazar una estrategia y… - la mente siempre alerta del ingeniero comenzó a imponerse.
- Espera… espera – protestó el muchacho -. ¿Te has dado cuenta de que es la primera vez que vengo a tu casa? Y ahora Martín está en la oficina.
- Sí… pero Cyb…
- Calla …
Los labios de Aldo devorando los suyos hicieron que Armando se tragara las palabras. El ingeniero fue atrapado por su juvenil huracán y se dejó llevar unos momentos en sus brazos… Entonces su teléfono celular tintineó por la llegada de un mensaje de texto que no pudo evitar consultar.
“Soy yo…”
Armando tomó el teléfono y abrió la ventana, para soltarlo al vacío, y observar impasible como descendía hasta hacerse añicos al estrellarse contra el pavimento. Acto seguido, desconectó todos los aparatos electrónicos de la casa y tiró de Aldo, para llevárselo al dormitorio y tumbarlo sobre la cama.
- Ni Cybersoul, ni Rafael ni nadie impedirá que estemos juntos – prometió, apoderándose de los labios del muchacho.
Aldo se había estremecido al oír el celular, pero no dijo nada y observó todas las acciones de su novio con ansiedad. Cuando el ingeniero comenzó a besarlo, se entregó con ardor, con la completa certeza de que la sombra de Rafael ya no podría separarlos, y eso dio alas a su pasión.
Las ágiles manos de Armando desnudaron al joven, deleitándose con la contemplación de su cuerpo. La confianza que el muchacho le había dado hizo que una especie de euforia se apoderara de él. Quería demostrarle a Aldo que lo amaba, que Rafael ya no formaba parte de su vida, que el único que le importaba era él. Se deshizo de su camisa y se tumbó sobre su cuerpo, sus pieles desnudas rozándose, sus ojos gritándose el amor que sentían.
Aldo deslizó ambas manos dentro del pantalón de Armando y se lo desabrochó con ansia, haciéndolo desnudarse completamente. Estaban por primera vez en la casa y en la cama de Armando y eso hacía que el muchacho se sintiera más excitado.
Los dedos del ingeniero se deslizaron en su interior, arrancándole nuevos gemidos, mientras Armando preparaba la zona, disfrutando de cada movimiento y sonido que emitía el precioso joven bajo su cuerpo. Con cuidado, tratando de contener su ansiedad, se deslizó dentro de él, provocándole un gritito de éxtasis mezclado con dolor, que acalló con un beso.
- Te amo… te amo…
Las palabras dichas por Aldo tenían para él un significado muy importante, simplemente reflejaban sus propios sentimientos. Sentimientos que jamás le había expresado a su joven novio en voz alta… a causa del temor, de ese estúpido temor a mostrar sus sentimientos. Sin embargo, Aldo se entregaba a él sin reservas, se dejaba ir en el abandono del placer, permitía que sus sentimientos pusieran palabras en sus labios. En una palabra: no tenía temor de amar.
- Te amo – susurró despacito el ingeniero, como temeroso de decir por primera vez esas palabras. Desde su decepción con el militar, se había jurado nunca decirle a nadie que lo amaba, pero la emoción en la mirada de Aldo le dio la certeza de que con él no se estaba equivocando - . Te amo, Aldo… te amo…
La confesión de sus sentimientos hizo que la pasión llegase a límites infinitos. Se entregaron con un ímpetu casi doloroso, pero ninguno de los dos pidió tregua, hasta terminar, sudorosos y abrazados, las entrañas de Aldo llenas de semen y las manos de Armando cubiertas del tibio líquido de su amado muchacho.
Susurrando planes disparatados para librarse de Cybersoul, se quedaron dormidos, más unidos que nunca, tan agotados que no despertaron al abrirse la puerta de la calle.
Martín, que acababa de volver del trabajo, caminó hacia su habitación y en el camino se detuvo, con lo ojos muy abiertos, y se quedó mirando la cama en la que yacían los dos, para alejarse, meneando desaprobadoramente la cabeza.
“Lo sabía”, se dijo, cerrando la puerta, y empezó a hacer su maleta.
2
Armando recorrió con los dedos la espalda desnuda de Aldo, dibujando símbolos matemáticos y caracteres ASCII, hasta que el muchacho se dio la vuelta y lanzó un gruñidito.
El ingeniero sonrió. Habían pasado tres días desde que decidiera contarle la verdad y esos días habían sido de idilio.
Primero, Martín anunció que se iba porque no quería arruinar la “luna de miel”, y se fue, no sin antes echarle un sermón por no haber aprendido la lección y seguir tirándose a los alumnos. Segundo, Aldo había pasado la noche allí, luego de avisarle a su padre que dormiría en casa de un amigo para poder terminar un trabajo pendiente. Y tercero, en esos días no había habido señal alguna de Cybersoul.
Pero Armando sabía mejor que nadie que no debía confiarse y había discutido varias veces con Aldo lo que deberían hacer.
Una cosa lo tranquilizaba… Cybersoul, pues había decidido llamarlo así, no sabía nada de su relación con Aldo, pues no había modo en que se hubiera podido enterar. Y él, naturalmente, había tenido especial cuidado en mostrar todo lo contrario en la oficina, instruyendo al muchacho para que le enviara varios mails formales que demostrasen que ellos dos no tenían ninguna familiaridad y que se trataban de “usted”.
A Aldo no parecían gustarle esa clase de cosas, pero las hacía de todos modos.
Sólo había una cosa que no encajaba…
- ¿En qué piensas? – la voz de Aldo, que se frotaba los ojos, lo sacó de sus cavilaciones.
- En ti.
- No es cierto, estás como ausente…
- Sí es cierto – repuso el ingeniero -. Pensaba en ti – sus dedos acariciaron en círculos el pecho del muchacho – No pensaba románticamente… pero pensaba… Pensaba en lo que pasó con tus datos en la universidad, en lo de tu padre. Tuvo que ser él, pero no sé cómo pudo enterarse de lo nuestro.
Aldo contuvo la respiración. Sabía que con “Él” se estaba refiriendo a Cybersoul y le pesaba en la conciencia no confesarle a Armando todo lo que ocurría.
- Pudo deducirlo… decías que era el más inteligente… – repitió la explicación que había dado cada vez que Armando formulaba la misma interrogante.
- No… no había suficientes elementos. Sólo fue una conexión a la red desde mi máquina desde la selva, el día en que nos conocimos…
- Con mi cuenta de Telefónica… a mi nombre.
- Lo sé… por eso llegó a ti. Pero ¿por qué te haría daño si no tenía la certeza? Antes me lo había advertido previamente, como con Sandra.
- No te veía… dejaste de conectarte a la red. Quizá quiso enviarte otro tipo de advertencia…
- No lo creo… pudo enviarme mensajes. Sabía que había vuelto a trabajar… ¿por qué contigo? Es como si supiera que somos algo.
Aldo calló, hundiendo la cabeza en la almohada, mientras Armando seguía esbozando teorías absurdas.
- … como con Sandra… pero no estás a su alcance, desde donde se encuentra, él no puede dañarte en forma directa… pero debemos tener cuidado…
- Yo lo escribí – dijo bajito el chico.
- … pero Miraflores es una zona peligrosa… las antenas de… - el ingeniero se detuvo en seco -. ¿Qué dices?
- Yo escribí sobre nosotros… en mi blog…
Armando se lo quedó mirando, sin creer lo que oía.
- ¿Tu blog? ¿Tienes un blog?
- Sí
- ¿Y publicaste allí nuestras intimidades? ¡Para que toda la Internet lo leyera!
- No puse nombres… sólo lo escribí… necesitaba contárselo a alguien…
- No puedo creerlo…. Yo como un idiota preguntándome cómo se habría enterado y tú… tú lo gritaste a los cuatro vientos… ¿Por qué lo hiciste?
- ¡No lo sé! – exclamó Aldo -. Estaba feliz porque me había pasado la cosa más maravillosa del mundo y no podía contárselo a nadie… entonces recordé el blog, y lo escribí… ¿Cómo iba a saber que tenías un cibernovio enloquecido?
- Aldito… - Armando fue incapaz de reñirlo, simplemente lo abrazó con ternura -. Dime exactamente qué escribiste…- el muchacho comenzó a hablar, despacio.
Aldo tenía razón, no entraba en demasiados detalles, pero sí en los suficientes como para que Cybersoul dedujera quién era “el maravilloso hombre” que el chico había conocido en la selva.
El despertador comenzó a sonar con insistencia y Armando le dio un golpe para hacerlo callar. Era hora de ir a la oficina y enfrentar el nuevo día, con la certeza de que Cybersoul lo sabía todo y que se estaba burlando de ellos dos.
3
- No, esto no tiene lógica – dijo perplejo Martín, examinando una vez más el reporte del Inspector de Contenidos del firewall -. Puede ser un error del sistema… o tenemos aquí una trama imposible de rastrear (1).
Armando lo escuchó en silencio, no quería interrumpir la reflexión de su amigo. Le había pedido que le informara cualquier cosa rara o anormal que ocurriera en la red, y luego de una larga discusión en la que Martín le había pedido precisiones para definir “anormal”, pues odiaba cualquier insinuación de fallas dentro de su red, había finalmente cedido y realizado una revisión concienzuda de los reportes.
El ingeniero, luego de meditarlo mucho y discutirlo con Aldo, había tomado una decisión. Se enfrentaría a Cybersoul en su propia cancha. No volvería a bajar la guardia en los periodos de aparente inactividad que tenía, se mantendrían alertas. Era por eso que quería saber si su presencia en la red de ABZ se podía rastrear.
- Se comporta como un virus, pero no es un virus. Quizá sea algún nuevo tipo de spyware y nuestras herramientas no pueden bloquearlo… aunque siempre queda la alternativa de que sea un error – sentenció finalmente Martín -. ¿A qué viene esto? ¿Otra vez te dio la paranoia de ser espiado por el Más Allá Cibernético?
- No es broma, en serio creo que si encontraste algo raro merece la pena investigar. Hace un año dijiste que no habías encontrado nada anormal y ahora sí. Creo que eso es algo…
- Renovamos toda la solución de Firewall luego de un ataque hacker, creo que Alfonso te lo contó. Las herramientas son más modernas ahora, es lógico que si no encontré nada antes pueda hacerlo ahora con tecnología más avanzada. Pero repito, sólo tengo indicios de un programa malicioso, no puedo rastrearlo.
- Está bien. Por favor, déjame ese reporte – Armando no insistió, sabía del escepticismo de Martín, pero no le preocupaba demasiado. Conocía una persona que sí daría un poco más de crédito a su historia.
4
- Esto es una completa locura – los ojos de Beto Salinas danzaron, divertidos al escuchar la teoría de Armando. Una teoría descabellada que hablaba de alguien que lograba fundir su mente con los bits y los bytes y, literalmente, vivía en la red -. No entiendo cómo a alguien como tú se le ha podido ocurrir semejante cosa. Creo que aún tienes salvación – declaró Beto, sonriendo feliz.
- La pregunta es – dijo despacio Armando, sopesando la reacción de su amigo - ¿crees que es posible?
Beto jamás se había reído de los proyectos más descabellados, tenía la inocencia de un niño al aceptar cualquier idea por loca que pareciese e intentar llevarla a la práctica. Eso le había hecho fracasar innumerables veces pero también lograr extraordinarios aciertos. Armando sonrió al recordar el sistema biométrico diseñado en la UPCI con el cual Beto había ganado el premio a la creatividad empresarial.
Pero de allí a Cybersoul había un buen trecho.
- Todo es posible – fue la totalmente convencida respuesta -. Pero quizá aquí mismo no exista el conocimiento especializado…
Los ojos de Beto se entrecerraron mientras hablaba para sí mismo. Armando reconoció los síntomas… su amigo había encontrado un juguete nuevo y no pararía hasta desarrollar la idea.
- ¿Estados Unidos? – sugirió Armando, muy despacio, para no interrumpir la ensoñación -. ¿Pakistán, la India? Los mejores programadores están allí…
Beto abrió los ojos de nuevo, como si su trance hubiera sido interrumpido bruscamente.
- Qué va… pensaba en otro lugar… me preguntaba… ¿Qué tiene que ver el país? A fin de cuentas, el chico Gallardo tuvo una idea parecida y la estuvo llevando a cabo hace un año… incluso te hablé de ello y te reíste en mi cara. Me preguntaba…
Armando suspiró imperceptiblemente, recordaba esa conversación sobre Rafael… si tan sólo hubiera prestado más atención… si no hubiera estado tan ciego… Pero no. Debía dejar de autoculparse. Él no había tenido la culpa, no podía vivir pensando en lo que podría haber pasado, tenía que afrontar la realidad actual.
- ¿Qué te preguntabas?
Beto comenzó a buscar en su Outlook mientras murmuraba una explicación.
- ¿Recuerdas que hice un post grado en Francia? Allí conocí a alguien… <i>merde</i> he olvidado su nombre… era algo de un cantante… ¿o un grupo?
- Indochina – dijo Armando sin vacilar y se ganó una condescendiente mirada.
- No era un grupo francés… era americano, creo…
- ¿Bee Gees?
- ¿Quieres callarte? No me dejas pensar… era un tipo de esos que ya no se ven a menudo, un nerd, Trabajaba en algo raro, con fenómenos paranormales… y es un tacaño porque no consigo recordar cómo mierda se llama… tenía … ¡Ya lo tengo! ¡Nirvana!
- ¿Se llama Nirvana?
- No, tonto… Kurt… Kurt Leblanc, ese es – los ágiles dedos de Beto continuaron buscando en la agenda hasta que exclamó triunfalmente -. Aquí está su email. Voy a comunicarme con él.
- ¿Crees que servirá? Está al otro lado del océano – protestó Armando -. ¿Qué te propones hacer con él?
- Él desarrollaba software basado en inteligencia artificial y le tengo confianza como para lanzarle tu idea y que no me tome por loco. ¿Quieres ponerla en práctica, no? Kurt es el hombre. Déjame enviarle un mail.
Armando sonrió, él argumento de Beto era el mismo que él había usado para exponerle el caso y ahora su loco amigo buscaba otro más loco para poder convencerse. De pronto, tuvo la idea de que Cybersoul podría estar interceptando los mensajes.
- Espera… ¿vas a escribirle en español?
Beto se lo quedó mirando y se echó a reír.
- Claro que no. Lo haré en francés y utilizando un algoritmo de cifrado…. Así solíamos comunicarnos, aunque le he perdido la pista hace como un año. Inventamos una clave basada en algunas coordenadas espaciales, imagino que será complicada de descifrar.
Fue el turno de Armando de volver a sonreír, bastante más aliviado. La alegría de Beto era contagiosa y pronto se encontró preparando el mail para el francés.
Para cuando dejó la oficina de Beto, estaba tan feliz que había aceptado dictar una conferencia para un evento de la universidad.
6
- Voy a renunciar – dijo Armando. Su interlocutor hizo un gesto de cansancio.
- No me vengas de nuevo con eso. No hay nada raro, sólo esa trama en el Detector de Intrusos, que puede significar cualquier cosa. No puedo creer que quieras huir de nuevo – dijo Martín, poniéndose de pie para salir de la oficina.
- ¡Espera! – el ingeniero se puso de pie a su vez -. No estoy huyendo, pero tú no me crees y acá pasa algo muy grave. Necesito estar libre para poder actuar.
- Renuncias y también renuncia el muchacho. ¿Sabes que cuando te fuiste la primera vez hubo rumores sobre ti y Rafael? Ocurrirá lo mismo ahora. Si vas a renunciar, espera un poco.
Armando respiró hondo, tratando de calmarse. Lo enfurecía y apenaba el escepticismo de Martín, pero sabía que no podía culparlo. La historia parecía fantástica.
- Tengo que hacerlo ahora. Pero seguiré en Lima, no voy a alejarme mucho esta vez.
Martín abrió la puerta y antes de salir, replicó:
- A Alfonso no va a hacerle ninguna gracia.
El ingeniero suspiró. Esa renuncia podría arruinar su reputación de consultor, pero la seguridad de Aldo estaba primero.
- Correré el riesgo – dijo, más para sí mismo que para Martín que ya había salido -. Aldo lo vale.
7
La semana transcurrió sin incidentes, hasta que llegó el día de la conferencia. Aldo lo alcanzó en el camerino del auditorio, momentos antes de salir al estrado.
- Tú estás loco – dijo el muchacho, mirando muy serio a su novio, que vestía un elegante traje azul -. No me habías dicho que usarías Internet.
- ¿Loco por qué? Sólo dictaré una conferencia – replicó el ingeniero -. Se lo prometí a Beto, no puedo echarme para atrás en el último momento…
- Dijimos que nada de cosas que pudieran comprometer tu seguridad…
- ¿Qué puede pasarme? No me electrocutaré por manejar el control remoto del cañón proyector – Aldo hizo un puchero y Armando llegó a su lado en dos zancadas -. Tranquilo… él no puede rastrearme. ¿Cómo sabrá que usaré la laptop de la universidad? Hemos tomado precauciones…
- ¡Pero tendrá conexión a Internet!!
- La necesito para la demostración…
Armando tomó el rostro de su novio y lo besó suavemente.
-Nada pasará.
Aldo se echó para atrás, haciendo un nuevo puchero.
- No lo entiendo… a veces parece como si no te dieras cuenta de lo que pasa. Como si tú mismo no te creyeras la historia… ¡Rayos! Debería ser yo el escéptico.
- Es que Beto…
- Ya sé. Beto traerá a su amigo francés y todo se arreglará. Ha pasado una semana y el condenado francés no responde el mail… y a ti no se te ocurre nada mejor que ponerte a dictar conferencias.
- ¿Y qué voy a hacer? ¿Volver a huir? Quiero que hagamos nuestra vida normal… sabemos que él se mueve en determinados medios, que requiere de ciertas condiciones para dañarnos. Hemos tomado precauciones con el dinero, con tus datos en la universidad, incluso con ABZ, pero yo no vivo del aire y mi segunda renuncia le ha caído muy mal a Alfonso. Dictar esta conferencia me abrirá las puertas para ingresar a la universidad en el próximo ciclo, tenemos hasta entonces para solucionar esto.
Aldo se alejó, enfadado.
- ¿Sabes? Parece que lo disfrutas… Hasta me pregunto si no lo habrás inventado todo.
8
La sala de conferencias de Ingeniería estaba llena y Aldo, aunque molesto, no quería perderse la exposición. El tema en sí no era nuevo; sin embargo, la presencia de Armando en la universidad era algo que llamaba la atención.
Estaba un poco tenso, Aldo lo supo por su modo de caminar, y se preguntó cuántas personas del auditorio conocerían esos pequeños detalles. Al iniciar la disertación, su novio se había apartado un mechón del cabello y eso era un síntoma de nerviosismo que el muchacho podía reconocer.
Pero conforme fue avanzando, demostró más seguridad y Aldo también empezó a respirar más tranquilo, pero sin dejar de mirar el malhadado cable de red que salía de la laptop. Era algo tan bobo… pero Armando se había empeñado en hacer una demostración en línea de un prototipo que tenía ABZ, llamado PersoNet y que tenía una base de conocimiento muy buena para empleados principiantes.
- ¿Realmente, el conocimiento y la gestión del mismo debe ser un objetivo? La respuesta es no. La gestión del conocimiento debe ser una herramienta que nos permita mejorar la eficiencia de los procesos de negocio de la empresa. O como dijo Thomas H. Huxley, “la gran finalidad de la vida no es el conocimiento, sino la acción”…
Los aplausos que siguieron dieron por finalizada la exposición, para pasar a la parte práctica. Aldo sonrió, satisfecho, y perdonó a Armando por la imprudencia cometida. Estaba relajándose en su butaca, cuando la presentación Web que estaba cargando se interrumpió.
Armando apuntó el control remoto al equipo, pero una mano invisible controlaba la laptop. De pronto, la presentación fue reemplazada por un video reproducido por el Media Player… Un video que mostraba el primer plano del rostro de Armando y que luego enfocaba el cuerpo del ingeniero manteniendo relaciones con Rafael.
El expositor salió del estrado y apagó de golpe el proyector. El griterío era insoportable y el presentador intentó inútilmente de llamar al orden al estudiantado. Armando tomó su portafolio y salió, atropellando a todos en su huida, hasta llegar a la salida, donde Aldo, sin aliento, lo alcanzó.
- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! – el ingeniero se metió en su auto y el muchacho subió con él.
9
- Toda la UPCI habla de ello… el video se descargó del servidor de archivos de la facultad y se copió en todas las computadoras de los laboratorios de ingeniería. Lo borramos varias veces, pero se siguió copiando como si fuera un virus. Es la cosa más rara que he visto… y nadie sabe cómo llegó allí – dijo Beto, con el semblante tenso.
- ¿Y a quien mierda le importa? Estoy arruinado…
- Escúchame, pedazo de idiota. Yo fui quien organizó ese evento, yo seré quien responda ante el Consejo Universitario. Pero quiero la verdad… ¿cómo fue que ese video llegó a proyectarse?
- Larga historia…
- Pues será mejor que empieces, tenemos toda la noche.
Dos horas después, Beto Salinas, el excéntrico y crédulo profesor, miraba a Armando como si hubiera enloquecido.
- No es posible…
- Necesito tu ayuda… sólo tú puedes ayudarme…
10
Aldo se colgó una vez más del brazo de Armando. El Aeropuerto Jorge Chávez estaba tan lleno como siempre y nadie reparó especialmente en la pareja que hacía cola para el mostrador de Air France.
- No quiero que te vayas… - susurró el muchacho – no tienes que hacerlo, podemos volver a Lamas…
- ¿Huir? No… no volveré a huir de él. Y no voy a perjudicarte.
- Pero Francia está lejos – protestó Aldo.
- Volveré en cuanto pueda. Ya sabes… “Si la montaña no va a Mahoma…”
- Sí, sí… ya sé – Aldo hizo un puchero -. Pero si ese ingeniero no quiso venir, no sé qué ayuda pueda darnos…
Armando le acarició el cabello y se permitió besar su mejilla en un gesto que no sorprendió a los turistas franceses que hacía la cola con ellos. Una mujer joven les sonrió.
Era difícil separarse, pero había tomado esa decisión a causa del escándalo y luego de que Beto le comunicara que Kurt Leblanc había respondido el mail diciendo que le interesaba muchísimo el caso, pero que no podía moverse de París a causa de la enfermedad de su novio. Fue por eso que luego de ofrecerle todos los detalles que pudo y de responder a muchísimas preguntas, Armando estaba ahora en el aeropuerto, listo para viajar a Francia y reunirse con Kurt.
- Como él dice, la naturaleza del caso no requiere la presencia física. Si Cybersoul está en la red, la red está en todo el mundo. Y si yo soy el cebo, Cybersoul me seguirá…
- No te pongas en peligro, por favor – suplicó Aldo, ganándose una mirada de simpatía de la mujer que estaba delante de ellos. Seguramente se figuraría que era una típica despedidas de enamorado, con las promesas de verse pronto y las declaraciones de amor.
- No me pondré – la cola avanzó y Armando atrajo a Aldo y lo pegó a su cuerpo -. Promete que tú tendrás mucho cuidado. Nada de computadoras, ni equipos electrónicos… nos comunicaremos por el código que usa Kurt, a través de Beto. Volveré apenas pueda.
Las lágrimas pugnaban por asomar al rostro del muchacho. Ese aeropuerto representaba para él el lugar en el que se había despedido de las personas más importantes en su vida: su madre que partió a Miami y su novio, que partiría a París.
- No llores…
Armando lo abrazó, rodeándolo protectoramente con sus brazos. Él también tenía miedo, pero hacía todo eso por Aldo, para que ningún peligro lo amenazara… Para que ambos pudieran ser felices.
- Te voy a extrañar…
El ingeniero llegó al mostrador e hizo revisar su pasaje. Pesaron y embarcaron su equipaje y le devolvieron los documentos. La despedida estaba cada vez más cercana.
Avanzaron de nuevo por el atestado aeropuerto para pagar la tasa de embarque. Ninguno de los dos hablaba, sobre ellos pesaba la sombra de lo que sabían y estaban seguros de que en algún lugar de esos sistemas del aeropuerto, Cybersoul los estaba acechando.
11
Era la primera vez que Armando pisaba Europa y la emoción de visitar el viejo continente superó por momentos a su preocupación y temor. El Aeropuerto Charles de Gaulle era tres veces más grande que el Jorge Chávez y mucho más moderno.
Arrastró su maleta por el pasillo, buscando alguna señal de su anfitrión, hasta que divisó a un hombrecito con un abrigo gris largo que tenía un cartel en el que se leía “Armando Gutiérrez”.
Se acercó, un tanto decepcionado. A pesar de que Beto se lo había descrito, esperaba a alguien más contundente. En cambio, tenía delante a la versión parisina de Jimmy Neutron y se preguntó si sería tan bueno como Beto decía.
- Hola – dijo en inglés, idioma en el que ambos se comunicarían de ahora en adelante.
- ¡Hola! – saludó jovialmente Kurt –. Éste es Alain, mi novio.
Armando reparó entonces en que detrás de Kurt había una silla de ruedas en la que estaba sentado el hombre más guapo que había visto en su vida.
- Soy Alain Villiers, bienvenido a París – dijo el hombre, en perfecto español.
La presencia de Alain le trajo a Armando nuevamente la confianza de que su viaje no había sido en vano. Quizá esa pareja tan peculiar podría ayudarlo.
Intercambiaron algunas frases de cortesía mientras se dirigían a la salida, donde Armando se llevó la segunda sorpresa del día al ver la furgoneta azul eléctrico que sus dos colegas tenían y que según Alain tenía un sistema inteligente diseñado por ellos mismos.
- Avisaré a le cher ami Beto que has llegado – dijo Kurt, maniobrando una computadora Palm –. Te quedarás en nuestro apartamento. Es pequeño, pero completamente seguro de intrusiones cibernéticas extrañas.
Armando asintió, sonriente. Sí, le había vuelto la confianza. Esos dos podrían ayudarlo.
I can't seem to get away
I feel I'm here so you can play
With my head
There's nothing I can say
I keep feeling like I'm to blame
When will this end?
***********
(1) Los programas de tipo Firewall o Cortafuegos suelen tener asociados programas
llamados “Detectores de Intrusos o Inspectores de Contenido” que
registran los datos de cualquier conexión de entrada o de salida. Estos
reportes suelen mostrar las direcciones origen de los accesos, las cuales
se pueden rastrear a través de las tramas IP. Se supone que todo es
“rastreable”, salvo que se hayan enmascarado esos números.
Capítulo 13
Keep holding on
When my brain's tickin' like a bomb
Guess the black thoughts have come again to get me
Sweet bitter words
Unlike nothing I have heard
Sing along mocking bird
You don't affect me
Coming undone – Korn
1
París
Marzo, 2005
Armando miró su reloj. Eran las tres con veinte de la tarde, pero en París debían ser las nueve. Con añoranza, adelantó su reloj, sintiendo que eso lo alejaba un poco más de Aldo. Ahora había un océano de por medio y su nostalgia por el muchacho no hacía sino aumentar.
Suspiró y miró por la ventana de la furgoneta, para concentrarse en el paisaje y olvidar su nostalgia aunque fuera por un rato.
- Esto es Neuilly Sur Seine – explicó Alain, en español –. En un momento pasaremos por el Bois de Boulogne, aunque ya no es lo que solía ser…
- ¿Lo que solía ser? – Armando, entre tanto pensamiento romántico, había estado imaginando traer a Aldo y pasearse de la mano por ese lugar. Recordó con nostalgia los pasajes de El Fantasma de la Ópera, donde el bosque era el escenario de los clandestinos paseos de Christine Daaé con Erik -. Siempre he creído que es uno de los grandes atractivos de París.
- Oh, no… - dijo Alain y tradujo rápidamente la pequeña conversación a Kurt, que sonrió -. Nuestros poetas y escritores hablan mucho de este bosque. En sus tiempos debió ser algo precioso, pero ahora la ley de la oferta y la demanda hacen su parte.
- Mira tú mismo – dijo Kurt, en inglés –, estamos llegando.
Armando miró a su alrededor. Silenciosos árboles ocultaban a algunas parejas. Jóvenes presurosos tomados de la mano emergían de la semipenumbra de un amplio sendero, para alejarse hacia la zona más iluminada. El conjunto no estaba tan mal, incluso se vio a sí mismo con Aldo paseando por allí.
Pero conforme avanzaban, la vista se hacía más deprimente. Grupos de indigentes y personas de mal vivir se ocultaban entre las sombras, arrojando papeles al piso… La iluminación era mala y el en ambiente en general lucía tan peligroso que nadie en sus cabales atravesaría solo ese lugar. No, eso no era como él había pensado y su rostro reflejó su total desencanto.
- De día no es tan malo… y la cosa es por zonas. Ahora estamos en madrugada y es la hora para esto – dijo Alain y señaló hacia la ventana, donde un travesti pintarrajeado le guiñó un ojo, ofreciéndole la vista de su voluminoso pecho siliconeado.
- Dios – Armando se sintió como si estuviera en Lima, en la Avenida Arequipa, donde la carne se vendía literalmente al mejor postor.
La furgoneta torció a la derecha, hacia una zona más residencial y el ingeniero se sintió aliviado de alejarse de ese sórdido paraje.
- Desde luego que París tiene otros atractivos… te llevaremos al Louvre y al Palacio de las Tullerías. Si buscas romance, la catedral de Notre Dame por la noche es el escenario perfecto para imaginar a Esmeralda danzando al son de las panderetas, y puedes ver la ciudad desde el funicular de la Catedral de Sacre Coeur. “Los tiempos primitivos son líricos, los tiempos antiguos son épicos, los tiempos modernos son dramáticos”, como diría Víctor Hugo. Vivimos tiempos difíciles, pero esto es París, y será siempre la ciudad del romance.
Armando asintió, pensativo. Alain demostraba una refinada cultura por sus ademanes y su modo de hablar y tenía un encantador acento cuando hablaba en español.
- ¿Dónde aprendiste mi idioma?
- Viví en España un par de años, cuando tenía once. Mi padre era agregado militar allí y dentro de las obligadas lecciones se incluyeron los idiomas. También hablo un poco de italiano y creo que no lo hago mal, ¿verdad Kurtie? – dijo la última frase en inglés y su novio volvió a sonreír, para luego meterse en el estacionamiento de un descolorido edificio -. Aquí vivimos.
El celular sonó en ese momento y Kurt comenzó a hablar rápidamente con alguien mientras ponía la rampa y ayudaba a Alain a bajar.
- Es Martin – explicó a su novio y deslizó la silla hacia el suelo, sin dejar de hablar por teléfono, con tono exasperado.
Armando bajó a su vez y cerró las puertas. Como Kurt seguía hablando, miró a Alain que le hizo una seña para que lo siguiera, y avanzó hacia el ascensor siguiendo al rubio que impulsaba su silla, sin dejar de parlotear.
- La silla tiene un mecanismo de propulsión que inventamos, así puedo manejarla sin esforzarme. Y también tiene un mando remoto incorporado para algunos de los juguetes que tenemos en casa. En nuestros ratos libres nos divertimos diseñando chismes como los que verás arriba.
- Oh – el ingeniero no supo qué más decir. Nunca se había relacionado con alguien minusválido y siempre había creído que eran seres frágiles, necesitados de toda clase de ayuda. Sin embargo, tenía la certeza de que Alain Villiers podía ser muchas cosas, pero nunca frágil.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Kurt los alcanzó, corriendo.
- Ese bastardo hijo de puta quiere que vaya a explicarle el uso del criptógrafo que le dejamos esta tarde. Dice que está trabajando y que no puede esperar… - dijo sin aliento, en francés.
- Descuida – respondió Alain también en francés y tradujo para Armando en español -. Nuestro jefe ha tenido la gentileza de pedir a Kurtie que lo ayude con un programa. Tendremos que arreglárnoslas sin él.
Kurt lo besó en los labios y le dio a Armando un apretón de manos. Acto seguido, Alain, siempre sonriendo, entró en el ascensor.
2
El apartamentito era minúsculo, y reinaba allí un saludable desorden en el que se adivinaban las personalidades de sus dos ocupantes. Sentado en el sofá, Armando bostezó. El cambio de horario lo había trastornado un poco, pero no quiso ser descortés con su amable anfitrión.
- El sofá se convierte en cama y aquí tienes las sábanas y mantas – Alain señaló un cajón bajo el sofá -. La calefacción se controla con este mando remoto Made in Kurt. Tenemos un solo baño, para llegar a él tendrás que pasar por nuestro dormitorio. Dejaremos la puerta entreabierta, espero que no ronques.
Armando sonrió, tomando nota de todos esos detalles.
- No ronco – aclaró.
- ¿Deseas cenar? Tenemos pizza y coca cola, no hubo tiempo para preparar algo más.
- Claro… aunque para mí, será un almuerzo.
Cenaron en el pequeño comedor, hablando tangencialmente del tema de Cybersoul y Armando meneó la cabeza, un tanto avergonzado.
- Parece tan increíble… temía que me tomaran por loco.
- Increíble, mas no imposible – replicó suavemente Alain –, y créeme que hemos visto cosas increíbles pero completamente posibles. Es lo que sacas cuando trabajas con un aventurero excéntrico como nuestro jefe.
Armando asintió. No preguntó cuáles eran esas cosas increíbles porque realmente no deseaba saber más, le era suficiente con Cybersoul. Para que la conversación no decayera, se animó a comentar.
- Ustedes se ven muy unidos… me gustaría una relación así con mi novio. ¿Llevan mucho juntos?
- Cuatro años – sonrió Alain –. Kurt me rescató del hospital militar luego de mi accidente.
- Lo siento – murmuró Armando.
- No me incomoda hablar de ello – replicó Alain –. En realidad, gracias a él recuperé la alegría de vivir.
- Debió ser duro.
- Lo fue, pero pienso en ello como una etapa más, un obstáculo más que vencer. Nunca me gustaron las cosas fáciles, pero tendido allí, en esa cama de hospital, con la noticia de que no volvería a caminar, me derrumbé por completo. Entonces, él apareció y me sacó de allí. Kurt es todo mi mundo.
- ¿Y tu familia?
- Mi padre me echó a los diecinueve, es un importante general, condecorado y todo eso. Le avergonzaba que fuera gay. Hemos roto contacto desde entonces, pero los padres de Kurt casi me han adoptado oficialmente. Kurt es hijo único y siempre me dicen que encontraron otro hijo en mi – sonrió el rubio.
- Oh – la mirada de Armando se dirigió automáticamente al cuadro en la pared que rezaba “Quien no ama la vida, no la merece”.
- El apartamento es pequeño, pero lo hemos hecho lo más confortable posible para vivir, y es seguro para ti. Estamos ahorrando para comprar una casita en el campo, con un enorme jardín lleno de rosas blancas.
Armando sonrió con la imagen mental de Alain en medio de un prado lleno de rosas blancas.
- Hermoso – murmuró.
El rubio ingeniero rió de buena gana.
- Gracias. Creo que no he perdido mi toque… pero ven, te mostraré lo que es belleza.
Alain impulsó la silla para ir nuevamente hacia el salón y abrió una puerta. Armando se quedó boquiabierto al hallarse en una amplia habitación llena de equipos electrónicos. Había una especie de mostrador con dos CPU y un monitor y otras dos en frente, en un rack, además de un par de computadoras portátiles, y en el medio, una enorme mesa circular en cuyo centro había ordenadas repisas y dos grandes reflectores que iluminaban el lugar de trabajo, en el que se hallaban multitud de tarjetas electrónicas.
- Estos son nuestros juguetes, pasamos aquí muchas horas agradables.
- Es enorme.
- Tuvimos que demoler una pared y apoderarnos del dormitorio del apartamento contiguo. Condenamos la puerta y ahora es todo nuestro. Lo que quedó del apartamento lo alquilan periódicamente a jóvenes estudiantes cuya única misión en la vida es follar y follar.
Alain explicaba todo eso risueño y a Armando se le antojó sumamente sensual el modo en que movía los labios.
- ¿Y ustedes no…? Lo siento – el ingeniero se mordió la lengua y se recriminó a sí mismo por haberse distraído y haber soltado semejante pregunta impertinente, pero Alain se echó a reír.
- ¿Si follamos? Pues claro que sí… no he perdido el movimiento en esa zona, aunque Kurt tiene que hacer el trabajo pesado y montarme cada vez que lo penetro. Pero es una delicia sentirlo así, créeme.
Armando enrojeció muy a su pesar. No era ningún santo, pero ese ejemplo de la liberalidad francesa lo había pillado desprevenido y jamás imaginó enterarse de esa clase de detalles en una conversación casual.
- Ya veo — murmuró, excitándose con la imagen mental. Por su seguridad, desvió el tema hacia otros derroteros y al rato se le escapó un bostezo.
- Acuéstate, chérie, debes estar fatigado por el viaje. Ve a descansar, estaré en el laboratorio esperando a Kurtie.
- Por favor, envíale un mensaje a Beto avisándole que llegué bien.
Alain asintió y se dirigió al laboratorio, cerrando la puerta.
Armando suspiró y al quedarse solo, se puso el pijama y se acostó. Cinco minutos más tarde dormía profundamente.
3
Armando despertó horas más tarde. Pensaba en Aldo y en lo que quería hacerle al acabar el problema de Cybersoul. El sofá cama era cómodo y estaba muy a gusto, aunque el sueño se le había pasado. No le apetecía levantarse, pero las ganas de orinar apremiaban, y tuvo que dirigirse al dormitorio de Kurt y Alain.
Dudando, empujó la puerta y miró de refilón a las dos figuras que dormían en la gran cama matrimonial, antes de meterse al baño y vaciar su vejiga. Al salir, un gemidito satisfecho se dejó oír desde la cama y Kurt se estiró como un gato mimado, destapando el pecho de Alain.
Armando se quedó mirando, asombrado. Los músculos del rubio estaban esculpidos, como si hubiera practicado pesas. Sus brazos eran bien torneados y se adivinaban fuertes. En cambio, Kurt parecía muy joven, casi un niño, sin sus anteojos. Entonces le vino a la mente la imagen del pequeño Kurt cabalgando a Alain.
Su erección creció instantáneamente y huyó al salón, avergonzado.
En la cama, el rubio sonrió. Había despertado con el ruido de la puerta y adivinó, con los ojos entrecerrados, que estaba siendo objeto de un detallado escrutinio. Armando Gutiérrez no era tan inocente como parecía.
4
Lima, Perú
Aldo comenzó a enrojecer mientras se aproximaba a la oficina de Beto Salinas en la UPCI. Al ser el nexo entre ellos y por haber contactado a Armando con Kurt, el hombre sabía toda la verdad. Sabía que ellos eran pareja y Aldo sentía el rubor incendiarle el rostro al pensar en que su profesor estaba al tanto de sus intimidades.
“Diablos, Aldo, tú querías que todo mundo lo supiera. Pues bien, hay uno en la UPCI que ya lo sabe”
Intentó calmarse con ese pensamiento, pero otro irrumpió, veloz, en su mente.
“Lo sabe el ingeniero Salinas”
Nuevamente el rubor pintó sus mejillas.
“Al diablo… amo a Armando y no me da vergüenza ser gay”
“Pero el ingeniero Salinas…”
- Basta, Aldo – se dijo en voz alta. –. Ahora tocarás enérgicamente, entrarás y preguntarás por tu novio como la cosa más natural del mundo y le demostrarás al ingeniero que los gays no son frágiles princesitas en apuros.
“Pero el ingeniero Salinas…”
Aldo se dio un pellizco y tocó la puerta, aunque no del modo enérgico que quería darle.
- Pasa, Aldo – vino una cálida voz del interior y el chico enrojeció más al intuir la existencia de una cámara oculta.
Abrió y sonrió tímidamente.
- Buenas tardes, inge – el chico entró y cerró la puerta –. ¿Sabe algo de él?
Beto sonrió. Ciertamente no le gustaban los chicos y mucho menos los estudiantes, pero el rubor de Aldo y el modo en que mordía el labio inferior le dijeron claramente por qué Armando estaba tan colado por él.
- Siéntate. Hace cinco minutos recibí un mail del novio de Kurt. “Armando llegó a las nueve, está en casa con nosotros y le envía todo su amor a Aldo. Alain”, leyó en voz alta.
El rubor se acentuó y Aldo tuvo la sospecha de que si todo estuviera a oscuras, su rostro brillaría en medio de esa oscuridad.
- Gracias – tragó saliva.
- De nada, chico. No te avergüences, en todos los años que llevo de conocer a Armando, nunca lo había visto enamorado de nadie. Tienes suerte, no lo olvides.
- Gracias, inge – suspiró Aldo con una agradable calidez en el corazón.
- Ve a clase, te avisaré de cualquier cosa.
- Sí, Hasta luego – Aldo salió de la oficina, sonriendo como un bobo.
“Armando me envía su amor”
“Me ama”
- Me ama a mí y no a un estúpido programa con cerebro. ¡Me ama!
Dos personas alzaron las cejas al pasar Aldo a toda velocidad, hablando solo y con la alegría pintada en el rostro.
5
París, Marzo del 2005
Dos días después de su llegada, las cosas no parecían mejorar para Armando. Kurt y Alain habían estado trabajando con el último reporte que le había dejado Martín, intentando localizar el origen del programa que contenía a Cybersoul, por llamarlo de algún modo. Kurt había dicho claramente que hablar de un “programa” era más bien una metáfora, pues Cybersoul era en realidad una especie de conciencia cibernética con voluntad propia.
- ¿Tienes algo, cielo? – preguntó Kurt. Le había pedido a su novio que ejecutara una secuencia de búsqueda basada en un algoritmo de barrido completo y que intentara rastrearla.
Alain negó con la cabeza y Armando aprovechó para echarle una mirada al monitor. Las comunicaciones nunca habían sido su campo, pero se enorgullecía de haber aprendido lo suficiente de Martín como para defenderse con ellas; sin embargo, lo que hacían los dos franceses le era totalmente incomprensible.
Kurt solía ser amable y siempre rodeaba a Alain de toda clase de atenciones, pero cuando trabajaban, el menudo ingeniero se transformaba y parecía dominarlo todo. El rubio confiaba mucho en su opinión con auténtico respeto. Alain era muy hábil con la tecnología, pero el estratega era Kurt.
De pronto, Alain se enderezó en la silla, mirando atentamente el monitor.
-Espera, creo que lo localicé.
Armando se puso de pie enseguida, mirando ansioso la pantalla en la que tramas de complicados caracteres se sucedían ininterrumpidamente, hasta que Alain las detuvo y apuntó con el dedo hacia una.
- Siguiendo la secuencia, es posible que se aloje en este rango de servidores – explicó en español para que Armando pudiera entenderlo –. Son básicamente servidores ilegales de descargas, asociados a redes P2P.
Kurt, entretanto, examinaba la trama con atención.
- Ha desaparecido – dijo de pronto, mirando a la pantalla donde los números comenzaron a moverse de nuevo.
- Sabe que lo buscamos – susurró Alain –, tendremos que comenzar de nuevo.
Armando se dejó caer de nuevo en el sillón, con el desaliento pintado en el rostro.
- ¿Cómo lo volveremos a hallar? ¿Y cómo haremos para neutralizarlo? – había estado preguntándose eso desde que pisó París.
- Lo hallaremos con tu ayuda, mon ami - explicó Kurt en inglés -. De momento, él sabe que estás en París, pero difícilmente habrá rastreado nuestro pequeño refugio. Probablemente te busque a través de los medios de pago, en hoteles, restaurantes, tiendas… y naturalmente, tendremos que facilitarle la tarea. Quitaremos algunos de nuestros controles y haremos una pequeña red privada. Una vez que esté allí, la desconectaremos de Internet y lo habremos cazado.
- ¿Y luego?
Kurt y Alain intercambiaron una mirada.
- Eso depende de ti – dijo el rubio.
6
Lima, Perú
- Señor Guerrero, si no entra en el laboratorio, consideraré su falta de interés por mi curso y lo reprobaré en la Tarea Académica. Usted elige.
Aldo miró con rencor a la mujer. La detestaba, tenía un modo completamente déspota para tratar a los estudiantes y era obsequiosa hasta la náusea con el decano. Pero como era la Directora de carrera, pocos se atrevían a quejarse.
-Tiene cinco minutos – declaró ella y entró al laboratorio donde aguardaban sus compañeros.
El muchacho apretó los puños. Había prometido alejarse de las computadoras y llevaba haciéndolo con éxito tres días luego de la partida de Armando. No debería usar el laboratorio de la UPCI, pero no iba a darle a esa arpía de aspecto ratonil y cabello teñido el gusto de reprobarlo. Lo que ella necesitaba, según Armando, era alguien que la hiciera gritar. Pero dado su aspecto, Aldo dudaba que lo consiguiera sin tener que pagar por el servicio. “Mujer vieja, divorciada y fea”, decía Armando. “Esas odian todo lo que es joven y bello, se vuelven más agrias que un membrillo verde. Por eso me gusta ser gay”
Con ese pensamiento, Aldo sonrió, entró al laboratorio y se sentó cerca del tablero de distribución de la energía, pensando desconectarla al menor signo de problemas.
“No podrás conmigo, pendejo hijo de puta”, fue el amable pensamiento que le dirigió a Cybersoul.
- Entren a su directorio en la red. Encontrarán un archivo de texto con las preguntas, llamado ExamenI.txt. Pongan la solución en un script llamado solucion.sql. Utilicen la base de datos Northwind – dijo Ibáñez, dando por iniciado el examen.
Aldo ingresó a la red, sintiendo fastidio. La programación no era lo suyo, no le gustaba para nada. Él prefería el soporte, desarmar computadoras, instalar software, redes y esas cosas.
De pronto, hizo una mueca.
- Ingeniera, no tengo el examen en el directorio.
Ibáñez lo fulminó con la mirada y se dirigió allí para verificar lo que decía. Acto seguido, volvió a la consola y copió un nuevo archivo que Aldo abrió.
“Pueg”, se dijo y se dispuso a trabajar. Llevaba una hora y había logrado resolver dieciocho de las veinte consultas SQL. Grabó el archivo pensando en que Armando estaría orgulloso, cuando de pronto algo pareció tomar el control de su PC.
Sintió un escalofrío. Era él… sin duda era él. Su convicción se acentuó cuando se activó el MSN y se inició su sesión. Usualmente, el MSN estaba bloqueado durante los exámenes…
Aldo se sintió tentado a apagar su PC, pero antes de que lo hiciera, recibió un mensaje.
Cybersoul: Missing you dice:
Tengo que mostrarte algo, hoy las ocho
Aldo: te extraño, mi amor dice:
Espera
Pero su interlocutor apareció OFFLINE y no hubo nada más que pudiera escribir.
- Diablos
- Señor Guerrero, esto es un examen. No se permite hablar. Tienen tres minutos para grabar sus archivos.
- Lo siento - murmuró Aldo, cerró el MSN y buscó el archivo con la solución.
- ¿Qué mierda…?
- ¡Señor Guerrero!
Aldo buscó en la red, en la PC, en la papelera de reciclaje…
Nada.
Su archivo con las respuestas había desaparecido y en ese momento la sesión de red para el examen se estaba cerrando.
Lágrimas de impotencia asomaron a sus ojos y un sordo rencor contra su invisible enemigo lo envolvió. Se puso de pie y salió de allí con paso rápido.
7
A las siete, Aldo golpeó la puerta de la oficina de Beto pero nadie le respondió. Luego de cinco minutos se encaminó hacia la Secretaría de la facultad, y le informaron que el ingeniero Salinas estaba en una sesión de Consejo Universitario exponiendo un proyecto y que no tenía hora de salida.
El chico agradeció la información y evaluó sus alternativas. Podía irse al laboratorio, pero si Cybersoul quería mostrarle otro video no deseaba que nadie más se enterase. Tampoco quiso ir a un ciber. Lo único que le quedaba era entrar a la casa de Armando y conectarse desde allí.
Miró el reloj y salió corriendo para coger un taxi. El tiempo apremiaba.
A las ocho y quince estaba sentado frente a la laptop de Armando, con el corazón latiéndole desbocado. El cable de corriente estaba cerca para desconectarlo a la menor señal de peligro.
Encendió la PC aguantando la respiración e inició su sesión de MSN
Cybersoul: Eternal flame dice
Llegas tarde
Aldo: Te extraño, mi
amor dice:
Enséñame lo que dijiste
Cybersoul: Eternal flame dice:
El nene está impaciente? Olvídalo, él no te ama, me ama
a mí. Sólo se acuesta contigo para pasar el rato.
La imagen del rostro de Armando en el paroxismo del placer, tal como lo había visto en el video, volvió a la mente de Aldo. En esa imagen su rostro estaba lleno de lujuria. Una lujuria posesiva y dominante. Aldo jamás le había visto esa expresión cuando estaba con él.
Aldo: Te extraño, mi
amor dice:
No es cierto. Me ha dicho que me ama y le creo
Cybersoul: Eternal flame dice
:
Tonto... jamás te hizo lo que me hacía a mí
Algunas imágenes cambiaron en el avatar de Cybersoul y aunque eran pequeñas, podía verse a Armando penetrando a Rafael en varias diferentes posturas.
Aldo: Te extraño, mi
amor dice:
Déjalo en paz, no puedes obtener nada de él. No estás
aquí, no existes en realidad
Cybersoul: Eternal flame dice
:
Jajajajaja si no existo estás hablando solo. Tienen que llevarte al
manicomio.
Cybersoul: Eternal flame dice
:
Yo existo, idiota. Soy tan real como tú o como mi Armando.
Aldo sintió una ira sorda al leer “MI” Armando. Y tecleó rápidamente.
Aldo: Te extraño, mi
amor dice:
No puedes conseguirlo de nuevo. No eres “físico”. Podrás
fastidiarnos todo lo que quieras, pero él no te volverá a tocar.
Nunca más sentirás sus manos acariciarte ni su boca besarte
con pasión. Ni su polla penetrándote y bañándote
de semen. Eso es sólo para mí.
Cybersoul: Eternal flame dice
:
Idiota, nunca le darás más placer que yo
Más imágenes de Armando cambiaron en el avatar, mostrando su rostro en el abandono del placer, la mirada estallando de deseo.
Aldo: Te extraño, mi
amor dice:
Eso pasó. Ya fuiste. Tu mundo no es el nuestro
Cybersoul: Eternal flame dice
:
Tienes razón, no lo es. Ven a mi mundo, Aldo. Demuestra que puedes
conquistarlo aquí también.
La pantalla se ensombreció y apareció una puerta.
“Cybersoul Hell – Bienvenido”
La voz de Rafa sonó en los altavoces.
- Vamos, entra. Si no es físico como dices, nada te pasará.
Aldo dudó unos momentos, pero la puerta se abrió y vio un largo pasillo iluminado por unas antorchas y hacia el final una silueta de largo cabello.
- Qué diablos – presionó el Mouse y avanzó. Manejaba una figurita menuda con un traje blanco.
Lo que había en la pantalla parecía un juego en 3D. La silueta corrió delante de él y el chico presionó rápidamente las flechas y aumentó la velocidad.
- Vamos, tú puedes – decía la voz, burlona -. Eres bueno en los juegos, ah, pendejo. Pero éste es mi reino. Aquí mando yo.
Aldo desplazó las flechas y de pronto una reja metálica le cerró el paso.
- Oops – dijo la voz –, malo, malo. Busca una antorcha en la pared. Muévela… así, tonto. ¿Cansado? Esto es divertido, ya lo verás.
La rabia de Aldo crecía mientras se desplazaba por el laberinto, siguiendo la oscura silueta. A veces tenía que levantar del piso tarjetas con fotos de Armando teniendo sexo con Rafael, y apretaba los dientes. El deseo de la revancha se apoderó de él. Era bueno en los juegos y ese no parecía difícil.
Entonces, otra puerta se cerró.
- Uuuuhh, más obstáculos. ¿No usarás la antorcha? Psssttt, no funciona. Pobrecito… ¿Qué tal si lees los signos de la pared?
Aldo enfocó la pared de ladrillos y buscó algún letrero. Allí había algo y lo pinchó con el Mouse.
Un ojo gigantesco llenó la pantalla. Las nítidas líneas del iris tenían un intrincado trazo. Eran verdes, del color del fósforo que usaban los monitores de primera generación.
- ¿Y ahora qué? – dijo la voz –. Ojito, ojito, ¿me dices el futuro?
Los iris del ojo comenzaron a girar lentamente y Aldo no podía dejar de mirarlo. Su mano soltó el Mouse y cayó, laxa, a un lado de su cuerpo. Sus ojos miraron desencajados el ojo enorme, sus sentidos se llenaron de las palabras de Cybersoul.
- Tienes sueño… tienes mucho sueño… Dios, qué gracioso es esto. ¿Dios? Perdón, son las viejas costumbres. Aquí yo soy el Dios. Ven a mi mundo…
>> Ven a mi mundo
“Ven a mi mundo”
“VEN A MI MUNDO”
La voz sonó en la mente de Aldo, sin que fuera capaz de resistírsele. El muchacho sintió como algo en su mente se desdoblaba. La conciencia que le quedaba le dijo que le ocurría algo similar a los pacientes que les chocaba la anestesia y podían verse a sí mismos en la mesa de operaciones. Una tía suya…
Su cuerpo dejó de tener control y cayó como un peso muerto sobre el teclado y de allí al suelo.
El ojo desapareció y la pantalla del programa también.
Wait
I'm coming undone
Unlaced
I'm coming undone
Too late
I'm coming undone
What looks so strong
So delicate
Wait
I'm starting to suffocate
And soon I anticipate
I'm coming undone
What looks so strong
So delicate
Capítulo 14
I'm an animal
I'm a victim
I'm the answer to your prayers
I'm a witness
On the witchhunt
I'm the monster up the stairs
I'm ghost that's
In the mirror
I'm everything that you fear
I'm the riptide
I'm the soldier
I'm the voice that's in your head
Seen it all - Korn
1
París
Marzo, 2005
- Lo haremos esta noche – informó Alain al soñoliento Armando, que acababa de abrir los ojos en el sofá cama donde dormía, luego de una noche plagada de sueños inquietos.
Llevaba cinco días con los dos franceses, y había pasado los dos últimos conociendo un poco de París con Kurt, aunque la mayor parte del tiempo se quedaba en el departamento con Alain, ayudándolo en un programa de rastreo. Sin embargo, aunque sus anfitriones se habían esforzado en atenderlo, Armando se sentía muy melancólico, sin poder evitar recordar a su novio cada vez que la pareja de franceses se expresaba afecto. Sentía mucha nostalgia y su nostalgia llevaba el nombre de Aldo. Ni siquiera sus coqueteos con Alain lograban quitar al muchacho de su mente.
Sus coqueteos…
Se sonrojó porque la noche anterior había estado admirando el cabello del rubio, sin poder evitar que sus dedos acariciaran las hebras de seda, hasta que Alain le sujetó la mano, sonriendo, y el ingeniero se retiró, avergonzado. Aunque a juzgar por la actitud del rubio, la situación no le había incomodado en absoluto.
Armando se estiró en el sofá cama. Estaba un poco tenso porque había transcurrido un día sin que se comunicara con Aldo, y aunque lo atribuyó al ajetreado ritmo universitario, no podía evitar preocuparse. Por eso se alegró de las palabras de Alain y se dispuso a enfrentar el día con la certeza de que por la noche quizá su problema estaría completamente resuelto.
- ¿Y Kurt? – preguntó el peruano, extrañado de no ver al menudo ingeniero, siempre sonriente, atendiendo a su novio.
- Martin lo llamó. Está en un caso difícil y necesita descifrar algunos signos. Kurt y yo diseñamos un criptógrafo, pero aún está en fase experimental y nuestro querido jefe no conoce la palabra paciencia. ¿Una tostada? – el francés le ofreció una tostada untada con mermelada, mientras se las arreglaba para servirle café.
- Espera… lo haré yo – Armando le quitó suavemente la cafetera, temeroso de que Alain pudiera quemarse. Al hacerlo, sus manos se rozaron -. Lo siento…
- No soy un inútil – dijo dulcemente Alain -. Puedo arreglármelas con una cafetera y una taza, chérie, no van a romperse. Y tampoco lo haré yo – agregó, con una significativa mirada que avergonzó aún más a su invitado.
Permanecieron en silencio, sorbiendo cada uno su café, hasta que el sonido de la puerta al abrirse les trajo a ambos un suspiro de alivio.
- Miren lo que traje para desayunar – anunció Kurt, sonriente, empujando dentro de la pequeña cocina a un hombre de cabellos castaños.
- Dichosos los ojos – exclamó Alain, saludando al visitante, y se las arregló para presentárselo a Armando mitad en español, mitad en francés -. Él es Johnny Storm, trabaja con nosotros. Es canadiense.
“La Antorcha Humana”, pensó automáticamente Armando, examinando al recién llegado. Pero ese Johnny no se parecía en nada al impetuoso héroe de Marvel. Tenía un rostro risueño y una cálida sonrisa.
- Enchanté> – saludó John, tendiéndole la mano. Armando experimentó una sacudida y sintió una especie de descarga, como cuando se coloca una prenda de lana sobre una silla metálica. Extrañado, miró a su interlocutor, que le devolvió una enigmática mirada, para luego sentarse junto a Alain y tomar una tostada.
2
- ¿Y bien? – los ojos verdes de Kurt examinaron ansiosamente a John. Se encontraban en el laboratorio, a salvo de oídos curiosos -. ¿Viste algo?
- Vi a un hombre joven y guapo, que mira a Alain con excesivo interés – repuso John.
- Lo he notado.
- ¿Y no te importa?
- ¿Por qué tendría que importar? Alain es joven, es hermoso, es brillante… Tiene todo lo que podría seducir a un hombre.
- Oh, Kurtie…
- Vamos, hombre. No te traje aquí para que me digas que ese extranjero mira con demasiado interés a mi novio. Quiero saber si viste algo que pueda ayudarnos, algo que quizá él no nos haya dicho y que pueda servir.
- Pues sí y no – dijo el canadiense -. Lo vi a él en la cama con un chico de cabello largo, y luego vi un lugar extraño, como un pasadizo de piedra, iluminado con antorchas. En él estaba el mismo chico de cabello largo, y también había otro chico vestido de blanco. Alain estaba con ellos… Pero de algún modo sé que eso no era real.
- El primer chico es el ex novio, Cybersoul… pero él está muerto. No parece tener sentido.
- Pues no – aceptó John -. Te lo dije… no siempre “funciona”. Y no siempre ocurre en el presente, puede ser algún evento del pasado, o puede ser algo de esa cosa enmarañada que Martin llama realidad alternativa. La verdad, yo no me fiaría demasiado de mis visiones.
- Sí, claro.
- Kurt…
- Estoy bien – fue la rápida réplica del menudo ingeniero, que caminó hacia la ventana de la habitación.
- Si te preocupa tanto, no deberías dejarlos solos mucho tiempo.
- No me preocupa.
- Vamos, Kurt… – había en el rostro de John un gesto que decía claramente “a mi no me engañas”.
- No entiendes, ¿verdad? Cuando conocí a Alain, era tan bello, tan brillante, que parecía un dios, un radiante Thor victorioso. Y a él le gustaba eso, le agradaba tener a la gente a su alrededor, adorándolo. Le gustaba ser el centro de atención y ¿quién podía culparlo? Era el Don Juan Triunfante de la novela de Leroux, el Apolo de los griegos…. Y entonces, ese maldito accidente se lo truncó todo.
- Pero tú lo ayudaste. Tú y nadie más – dijo suavemente John.
- Sí, y no dudo que él me ame. Pero él necesita ser admirado, ¿entiendes? Necesita saber que aún es atractivo. Por eso juega un poco con Armando y no lo puedo culpar. Además, es sólo un juego. Armando ama a su novio y Alain me ama a mí. Si Alain es feliz coqueteando un poco, pues que lo haga. Su felicidad es la mía – fue la sencilla declaración.
- Oh, Kurtie – John lo abrazó con ternura -. Eres un sol, ¿lo sabías?
Kurt sonrió tristemente. Lo sabía… pero también sabía que de ser necesario, mataría por Alain.
3
Cybersoul Hell
Aldo abrió los ojos, atontado aún por el golpe. Estaba oscuro y los frotó una y otra vez, pensando en lo tarde que debía ser y en la explicación que le daría a su padre. Se sentó en el piso, mareado, y entonces notó que era frío y palpó con los dedos lo que parecía ser piedra sólida en lugar del piso de parquet del departamento de Armando.
- ¿Dónde…? – pero la pregunta se le congeló en los labios cuando una antorcha se encendió en lo alto de la pared, arrojando una luz mortecina sobre el tétrico escenario -. No… no es posible…
Ven a mi mundo, canturreó una voz burlona, junto a su oído.
- No es cierto…
La risa de Cybersoul hizo un eco espantoso en las paredes del laberinto de piedra y Aldo, luego de golpear inútilmente la sólida roca, se convenció finalmente de que lo que vivía era real.
4
París
Marzo, 2005
- No… no puede ser… no puede – Armando miraba, completamente incrédulo, a Alain, que intentaba explicarle lo que le había dicho Kurt después de la conversación telefónica que sostuvo con Beto Salinas.
- Lo siento – dijo con simpatía el rubio -. Él está ahora en el hospital, su padre lo cuida. Se pondrá bien – por primera vez el locuaz Alain se había quedado sin palabras, impresionado como todos por la noticia que Beto les había dado.
Al parecer, el servicio de Seguridad Ciudadana de La Molina había recibido un extraño email al medio día, reportando un accidente, y al constituirse en el lugar señalado, habían escuchado música proveniente del departamento. Como sus llamadas no obtuvieron respuesta, recurrieron a un cerrajero y entraron, hallando a un muchacho desmayado en el estudio, a los pies de un escritorio donde se encontraba una laptop apagada.
La música había cesado apenas abrieron la puerta y la laptop estaba aún caliente. Los agentes trajeron a los paramédicos y llevaron al muchacho al hospital. En su mochila hallaron su agenda y por ella localizaron a su padre. Beto se había enterado al día siguiente, cuando toda la UPCI comentaba el suceso, y había corrido, olvidada toda precaución, a telefonear a sus amigos franceses y avisarle a Armando.
- Fue él – dijo Armando, sin poder salir e su estupor –. Fue él, lo sé…
Kurt y Alain intercambiaron una mirada y hablaron en voz baja, en francés.
- Chérie,, no tenemos base para suponer eso. Pudo tratarse de otra cosa. La tensión… - intentó calmarlo Alain.
- ¡No! Fue él, estoy seguro. Iré a Perú…
Alain sacudió la rubia cabeza, completamente desalentado. Compartía la idea de Armando, pero sabía que decírselo sólo aumentaría la angustia del ingeniero. Kurt, entre tanto, telefoneó rápidamente a alguien.
- Reservé un vuelo para las seis de la mañana – anunció en inglés -. Es lo más cercano que pude conseguir, estamos en temporada alta.
Armando asintió, paseándose como fiera enjaulada. Eran las ocho apenas y pasar la noche allí, lejos de Aldo, sabiendo que se encontraba en una cama de hospital, inconsciente, en coma quizá, lo tenía completamente abatido. Kurt le preparó un té cargado con mucha azúcar y un chorrito de cognac y eso lo hizo sentir mejor; pero se reprochaba las frívolas bromas que había sostenido con Alain esa misma tarde, mientras Aldo yacía en el suelo de su departamento.
Apenas probó la cena, angustiado y deseando que las horas pasaran de prisa. La tensión era tanta que no quiso acercarse al laboratorio donde trabajaban sus amigos y a las diez salió a dar un paseo, más por calmar sus nervios que por deseo de salir.
5
- ¿Cómo crees que lo hizo? – preguntó Alain a bocajarro, apenas Armando traspuso el umbral de la puerta de la calle. Kurt, que leía algo en la pantalla de su computador, alzó la vista.
- Hay muchos modos… pero un modo físico desde luego que no, o el muchacho habría muerto. Tuvo que ser algún modo de control mental, algo que llevara al chico a un estado en el que Cybersoul pudiera penetrar su mente y en el sentido más literal, apoderarse de ella.
- ¿Posesión demoníaca?
- Posesión tecnológica, diría yo – expresó Kurt.
Los dos ingenieros trabajaron en silencio durante un buen rato. Kurt había abierto una brecha en el firewall que ellos mismos habían creado, y con la computadora de Alain desprotegida, preparaban la caza de Cybersoul. El rubio se sirvió una taza de café mientras Kurt aguardaba frente a la pantalla, con la sesión de Armando iniciada en el MSN.
- Mira… - exclamó, al recibir un mensaje de correo.
“Cybersoul 1 – Dumb Boys 0
¿Dónde estará la princesa? ¿Acaso está encerrada en una oscura mazmorra, esperando que su caballero de brillante armadura la rescate?”
Y adjunto al mensaje había una imagen… un dibujo tridimensional de un muchacho vestido de blanco, pegado a las pareces de piedra de una prisión, con cara de espanto.
- Es él – susurró Alain.
- ¡De prisa!
Kurt conectó los aparatos que le permitirían rastrear el origen del email, y nuevamente aisló una dirección, para perderla luego de forma inexplicable.
- Maldición.
- Shhh… allí viene Armando.
No le dijeron nada. Bastó ver su expresión abatida para que ambos sintieran una oleada de simpatía y compasión. Mientras Armando no intentara nada por su cuenta, todo iría bien. Hasta el momento se había mostrado razonable, pero Alain había sorprendido en una ocasión una mirada enloquecida que no le auguraba nada bueno.
Kurt le ofreció una taza de café y al poco rato, Armando bostezaba tanto que declaró que se iría a dormir.
- ¿Qué le pusiste? – inquirió Alain.
- Un sedante
- ¡Kurtie! Realmente no tienes escrúpulos.
- Debemos trabajar esta noche. Estamos cerca, lo presiento… necesito que lo hagamos solos.
6
Horas después, Alain se detuvo, masajeándose el cuello dolorido a causa de la tensión. Era su décimo fracaso para hallar la trama de datos de Cybersoul y el cansancio estaba haciendo mella en el rubio.
Miró hacia su compañero y sonrió con ternura. Kurt se había quedado profundamente dormido sobre la mesa de trabajo, con su rostro de niño completamente relajado.
- Mi amor – susurró el rubio, incapaz de despertarlo, y silenciosamente volvió al trabajo.
Casi amanecía y la urgencia de saber que estaba tan cerca y que le quedaba tan poco tiempo, hicieron que sacara fuerzas para continuar lo que había empezado.
La sesión de MSN de Armando que tenía abierta como señuelo se cerró de pronto y Alain examinó con atención la pantalla, donde el programa que había preparado escaneaba el disco buscando señales de archivos extraños. Entonces, un mensaje emergente le anunció que lo había encontrado.
Luego de dirigirle una mirada al dormido Kurt, el rubio volvió a mirar la pantalla.
- Mon Dieu
Allí se veía una puerta y al instante todos los sentidos de Alain se pusieron alertas. Quiso despertar a Kurt, pero la puerta se abrió y antes de que pudiera reaccionar, se vio a sí mismo dentro de lo que parecía ser un juego. Y estaba caminando.
Miró de reojo a Kurt y concentró su atención otra vez en la pantalla. Se encontraba en una especie de bosque, y era de noche. Avanzó con las flechas del teclado y verificó su inventario, como lo haría en cualquier juego. Tenía una cantimplora, una daga, algunas monedas y un ejemplar del Manual de Supervivencia del Explorador, lo que le hizo gracia. Si eso era obra de Cybersoul, el condenado tenía ingenio.
Avanzó dentro del bosque y luchó con una enorme criatura semejante a un dinosaurio que le salió al paso. No le fue difícil abatirla y cuando estaba mirando a su alrededor, decidiendo hacia dónde ir, apareció un ojo sin párpado que fue creciendo hasta llenar la pantalla.
En el medio del iris, Alain pudo notar varios símbolos que de algún modo le eran familiares.
- Maldito… así es como lo hace
Pero el ojo comenzó a girar, atrapándolo dentro de su influjo, mientras una voz resonaba en su cerebro:
“Ven a mi mundo.
Ven a mi mundo.
VEN A MI MUNDO”
Kurt despertó con un golpe seco y atisbó un enorme ojo verde fosforescente en la pantalla de Alain, para luego pegar un salto y correr hacia el cuerpo que había caído sobre el teclado. La rubia cabeza estaba laxa y los ojos fuertemente cerrados.
Medio minuto más tarde, el menudo ingeniero telefoneaba frenéticamente a Martin.
7
Cybersoul Hell
Aldo se apoyó en la pared de piedra, completamente fatigado. Había corrido en círculos durante horas, intentando en vano encontrar el camino correcto para salir del enorme laberinto en el que se encontraba. Varias veces había visto a la figura vestida de negro correr delante de él, y al llegar al sitio, descubría que no había nada más que piedras.
Estaba ronco de gritar y los puños le dolían de tanto golpear la roca. Al principio, no se podía convencer de que estaba prisionero, creía que era una espantosa pesadilla de la que pronto despertaría, pero conforme transcurrían las horas, la cruel realidad se iba abriendo paso en su cerebro.
- ¿Te diste por vencido? ¿Tan pronto?
La voz de Cybersoul lo acompañaba ocasionalmente, resonando en las paredes del laberinto, siempre burlona, siempre mordaz.
- No me he dado por vencido, maldito – dijo Aldo, apretando los dientes, y se irguió, desafiante -. Estaba buscando algo que se me cayó.
La risa de su captor estremeció las paredes de piedra.
- Ah, ¿sí? ¿Buscabas algo? ¿Algo como eso?
Un objeto brilló en el piso y Aldo se acercó. En realidad no se le había caído nada, y le sorprendió que hubiera algo en el lugar por donde había caminado tantas veces, pero era así. Un pin dorado, con el logo de ABZ, refulgía en el piso. El chico se acercó para cogerlo y el suelo se abrió a sus pies para hacerlo caer dando tumbos por un túnel interminable, mientras la risa de Cybersoul lo perseguía.
La caída fue terrible, el cuerpo de Aldo quedó desmadejado en el piso, y el chico tuvo la certeza de que se había roto algo. Estaba a oscuras, en un lugar húmedo, y criaturas peludas y chillantes corrían sobre su cuerpo.
- ¿Ratas? – susurró en la oscuridad, estremeciéndose.
Los chillidos se hicieron más intensos y algo le mordió la pierna con fuerza.
- ¡Largo! – gritó Aldo, lleno de pánico, poniéndose instantáneamente de pie y notando, con asombro, que no tenía nada roto, ni siquiera sentía dolor.
Entonces, en el techo que había creído abierto, se encendió una luz muy brillante y pudo ver que estaba en una mazmorra. Las ratas corrían raudamente por el suelo, para ocultarse de la luz. El piso estaba cubierto de algo blanco y cuando los ojos se Aldo se adaptaron al brillo, descubrió con espanto que se trataba de enormes gusanos que se arrastraban entre los restos de osamentas humanas. Gusanos que probablemente habrían comido la carne tumefacta de los cadáveres, y que ahora, aplastados por los pies del muchacho, se deshacían en una masa blancuzca.
- Hola, Aldo. Al fin nos conocemos.
El chico giró como un resorte, conteniendo la náusea, para encontrarse frente a frente con su enemigo. Sólo que el joven que estaba allí no se parecía a lo que él recordaba de Rafael Gallardo. No era el poco agraciado muchacho delgado y huesudo. Era un hombre delgado, de cuerpo bien formado, sin llegar a ser musculoso, que vestía una camiseta negra ceñida, sin mangas, y pantalones de cuero, negros también. Su cuerpo estaba cubierto de tatuajes y su rostro era cruel.
- ¿Rafael? – Aldo no sabía si se trataba de él o de otro prisionero. De hecho, a esas alturas no sabía si estaba loco o cuerdo.
- No – replicó el joven, y Aldo supo la respuesta antes de que fuera pronunciada -. Rafael ya no existe. Soy Cybersoul. Querías conocer mi mundo… bienvenido a él.
Aldo miró a su alrededor, los muros de la mazmorra tenían muchas cosas escritas, extraños caracteres, como jeroglíficos, y símbolos binarios… y el suelo… sentía náuseas de sólo pensar en lo que estaba pisando. Cuerpos blandos en incesante movimiento, huesos blancos, cadáveres sin nombre devorados por los gusanos y las ratas… un horror que no quería conocer. Sólo quería volver a casa.
Dos puertas se abrieron a ambos lados y Cybersoul sonrió.
- Te gustan los juegos de computadora, ¿verdad? Seré magnánimo. Si logras terminar este juego, puede que te deje volver… Ahora, ¡corre!
Las paredes de la mazmorra comenzaron a comprimirse, dejando como únicas vías de escape las dos puertas. Aldo miró una y luego la otra, y se volvió hacia Cybersoul.
- ¿Por cuál debo salir?
- Depende a dónde quieras ir – fue la burlona respuesta.
- ¡Es que no lo sé!
- Entonces, cualquiera servirá.
Un foso se abrió a los pies de Aldo, que brincó justo a tiempo hacia adelante. Las puertas comenzaron a cerrarse. Cuando volteó a ver a su interlocutor, éste había desaparecido.
Sin pensarlo más, el chico se arrojó a la puerta de la izquierda y cayó sobre el mullido pasto de un enorme jardín.
8
Cybersoul Hell
Alain se arrastró en el piso, buscando algún punto de apoyo para levantarse y volver a su silla. La habitación estaba a oscuras y se recriminó haberse quedado a trabajar hasta tan tarde. Sus recuerdos eran confusos, había encontrado algo en la computadora… y luego todo se había vuelto negro en su mente.
- Demonios – murmuró, frustrado. ¿Cómo iba a volver a su silla en medio de esa oscuridad? Sus manos tocaron una pared y se apoyó en ella instintivamente -. ¿Kurt? – llamó suavemente. No deseaba alarmar a su novio, ni siquiera recordaba cómo había ido a dar en el suelo… ¿dónde demonios estaba su silla?
Una risa sonó delante de él y de pronto la oscuridad se hizo luz. Se encontraba en una habitación con el techo muy alto, de paredes blancas y ventanales con las cortinas corridas.
“Una habitación de hospital”, dijo su mente.
En el medio de la habitación, había una cama. La misma cama donde había estado postrado por tres meses, luego de su accidente.
- Bonsoir, Monsieur Villiers – dijo una voz burlona y los ojos de Alain se posaron en un joven alto, con una larga y salvaje melena negra -. ¿Qué haces allí en el suelo? Levántate, hombre – el desconocido se acercó y Alain lo estudió con interés. Su piel era morena, cubierta de tatuajes… los músculos de sus brazos estaban muy marcados, sin llegar al exceso. Se adivinaba fuerte… Muy fuerte.
- ¿Quién eres tú? – preguntó.
- Un servidor – el desconocido le tendió la mano y Alain la tomó, reticente. Se sentía completamente indefenso en el suelo, sin su silla a la vista.
Entonces, ocurrió algo increíble. Ayudado por el extraño, comenzó a ponerse de pie.
- Oh, Mon Dieu, mon Dieu…
- Sí... es muy molesto hablar con alguien que está en el piso, ¿quieres beber algo? – el joven avanzó hacia la puerta y Alain, demasiado asombrado como para hablar, lo siguió.
8
París
Marzo de 2005
- ¿Y bien, jefe? – la voz de Kurt, habitualmente tan segura, sonó perdida en la pequeña habitación.
Estaba sentado sobre la cama, junto al cuerpo inconsciente de Alain. Armando los observaba en silencio, con el corazón oprimido. Había despertado esa mañana, pensando volver a Perú para cuidar de Aldo, pero lo primero que había visto era un hombre alto de ojos muy azules y cabello largo, que lo zarandeaba para despertarlo, y sin que nadie se lo dijera, supo que se hallaba ante Martin Hellstorm.
Todo había sido confuso, luego de despertarlo y desocupar el sofá, Martin acomodó allí a Kurt y le dio una buena dosis de cognac. John Storm salió de la habitación de Alain, cerrando la puerta, y todos comenzaron a hablar de nuevo en francés, hasta que John se apiadó de él y le ofreció una taza de té. Momentos después, Martin le explicaba en español que Alain había sufrido un colapso y estaba inconsciente.
De todo lo que hablaron, Armando había podido deducir que a Alain le pasaba lo mismo que a Aldo, y la angustia creció cuando Kurt se levantó y entró a la habitación, tambaleándose como un borracho, para sentarse junto a Alain y sujetar su mano.
Estaba allí cuando formuló su pregunta.
- No lo sé – dijo Martin, y aunque no entendía francés, Armando percibió su desaliento.
Alain estaba inmóvil, con los ojos cerrados. Su respiración acompasada indicaba que vivía, aunque su rostro estuviera muy pálido. John le tomó las manos y sacudió tristemente la cabeza, en un gesto que Armando no entendió.
El ingeniero sintió deseos de gritar. Solo en París, sin que nadie le prestara atención, y con Aldo enfermo, se sentía impotente. Salió de la habitación y se dirigió al laboratorio, donde la pantalla de la computadora de Alain mostraba una sola palabra: Cybersoul.
Furioso y angustiado, se acercó y comenzó a teclear rápidamente en su sesión iniciada de MSN.
Dark Knight dice:
Aquí me tienes, maldito desgraciado
Cybersoul: Full love moon dice:
Hola, mi amor. Te extraño… te extraño mucho.
Dark Knight dice:
Devuélveme a Aldo, no te atrevas a lastimarlo
Cybersoul: Full love moon dice:
Oh… cuánta preocupación. Eres conmovedor, ¿sabes?
Pero no… apenas empiezo a divertirme.
Dark Knight dice:
Querías que fuera contigo, pues lo haré. Dime qué debo
hacer para entrar.
Cybersoul: Full love moon dice:
Un sacrificio de amor, Armando? Me harás llorar de emoción
Dark Knight dice:
Dime qué hago
Cybersoul: Full love moon dice:
Toca la puerta… es el modo correcto de entrar
La sesión se cerró y una puerta apareció en la pantalla. Armando miró hacia atrás… no había nadie en la habitación. Tomó aire, sabía que le pasaría lo mismo que a Aldo y Alain, pero no tenía miedo, quería actuar. Actuar era mejor que estar allí sentado, lleno de angustia e incertidumbre.
Hizo clic con el Mouse sobre la puerta y un enorme ojo verde apareció en toda la pantalla.
I'm the hunted
I'm a predator
I'm the answer to the riddle
I'm the upbeat
I'm the headfuck
I'm the way yarn flips to the middle
I the payer
I'm maniving
I'm the one who's not addicted
I'm illogic
Turn the fuck up
I'm the broken one who fixed it
Capítulo 15
Flesh wound, flesh wound
With medication it will fade
Should I assume
That someone hears me when I pray?
Love, full of hate
Don't you love how I break?
Throw me away - Korn
1
Cybersoul Hell
-¿Rafa? - Armando se levantó, atontado. Todo estaba a oscuras y hacía calor. Su brumoso cerebro intentó rememorar los eventos que lo habían llevado a ese estado y la certeza de que su ex novio era el único culpable de todas sus desgracias fue la fuerza que le sirvió para llenarse de valor y gritar - ¡Rafael, ven ahora mismo!
Pero nadie respondió a su imperiosa llamada.
El ingeniero intentó adaptarse a la oscuridad que le rodeaba, oscuridad que se transformó de pronto en la luz enceguecedora de un repentino amanecer en medio del desierto. Estaba de pie en la inmensidad de un abrasador mar de arena. Completamente solo…
- ¡Rafael!
Una risita burlona que conocía muy bien precedió las palabras, que parecían brotar del aire.
- Bienvenido a mi mundo, Armando. Prueba que eres digno de mí… encuéntrame.
- ¡Rafael, basta de juegos! Me tienes aquí como querías… Deja ir a Aldo y a Alain.
Una figura se materializó delante de él y el ingeniero se echó instintivamente para atrás. Un hombre tan alto como Rafael, pero más musculoso, con su misma rebelde cabellera negra y cubierto de tatuajes lo contemplaba. Pero fueron sus ojos lo que más atrajo su atención… ojos negro azabache, brillando con determinación… enloquecidos. Los ojos de Rafael.
- ¿Qué hiciste, Rafa? - una súbita piedad se apoderó de su mente. Recordó al muchacho muerto, su dura vida, su determinación para dedicarse de lleno a aquello que le apasionaba… ¿Dónde estaba ese muchacho ahora? Era como si Rafael hubiera reinventado el modelo original, dotándolo de los atributos físicos que él valoraba… Una enorme virilidad y sensualidad se desprendían de su figura. Le recordó algo…
- Tú lo sabes, Armando. Fuiste tú quien me hizo así.
El ingeniero sintió que se sobrecogía… alguna vez, en sus sueños más alocados, había pensado en Rafa de ese modo. Dominante, salvaje… incluso cruel. Pero era un sueño tan privado que jamás lo había compartido con nadie.
- He venido a ti, Rafael. Libera a los otros y me quedaré.
- Rafael ya no existe. Aquí sólo existo yo… Respecto a tu pedido - el hombre se echó a reír -… ¿crees que tienes elección? No voy a perderme la diversión de tener aquí a tu noviecito. Me fallaste, Armando. Me fuiste infiel… te acostaste con ese mocoso cursi, te enamoraste. No, no te librarás tan fácilmente. Tienes que demostrar que me mereces. Si atraviesas el desierto, llegarás a la ciudad de Darkham. Es una ciudad formada por estrechas calles sin señalización, habitada por gente huraña que no te facilitará las cosas. Si encuentras mi palacio, serás recompensado.
- ¿Qué locura es esta? No puedes hacerlo… ¡No puedes!
Cybersoul ignoró la protesta.
- Lo olvidaba… hay escorpiones gigantes y otros seres desagradables que te impedirán llegar a la ciudad. Si equivocas el camino, será como un laberinto sin salida… creo que necesitarás esto…
Un odre de cuero y un pequeño puñal aparecieron en la arena. Armando los miró y se acercó a tomarlos.
- Esto es ridículo – murmuró, mirando ceñudo a Cybersoul, pero éste se desvaneció y sólo quedó el calor del desierto.
- ¡Rafa!
- Esto funciona como un juego de computadora… si mueres, volverás al punto inicial - una risa brotó del aire, llevándose las palabras con un soplo de viento.
2
París
Marzo, 2005
El cuerpo de Armando, dormido junto a Alain, tenía un notable contraste con el rubio francés. Era un atormentado mortal junto a un radiante y hermoso dios… un ser terrenal, de tez morena y cabellos negros, descansando junto a una divinidad cuyo albo rostro, enmarcado en rubios cabellos, dormía el más placentero de los sueños.
Kurt acomodó una vez más los cabellos de Alain y suspiró, contemplando a los durmientes. Había en la expresión del peruano una angustia permanente, como si ni siquiera en su estado de coma se le permitiera reposar. En cambio, Alain se veía radiante y tranquilo, como si durmiera un sueño reparador del cual despertaría en cualquier momento.
Pero de ese modo, habían pasado dos días.
- Descansa un poco, Kurt. Yo los cuidaré - dijo John, sentado al otro lado de la cama. Él y Martin habían permanecido junto a su amigo durante ese tiempo, intentando buscar un modo de despertarlos.
- Debo volver al laboratorio - declaró Kurt. Llevaba esos dos días sin dormir y apenas comía. Cuando no estaba junto a Alain, se quedaba en el laboratorio investigando, aunque la mayoría de las veces, John lo encontraba completamente inmóvil, con la mirada fija en la pantalla.
Martin abrió la puerta, seguido por Aristide. El Ejecutor se encontraba en El Cairo cuando recibió la llamada de su jefe, y había acudido sin demora. Pero ni él ni Martin ni John habían logrado ser de ayuda.
- Debes dormir, la fatiga hará que no puedas concentrarte en resolver esto - dijo Martin con voz firme. Hasta el momento, había sido indulgente con su colaborador, a insistencia de John, pero conforme los días pasaban y la situación seguía igual, adoptó nuevamente su actitud práctica.
- Estoy cerca - replicó tercamente Kurt, con un brillo enloquecido en los ojos y vaciló al ponerse de pie. John se aproximó a él, presa de una súbita intuición, y llegó justo a tiempo para sostenerlo en brazos, pues el joven acababa de desmayarse, agotado por la tensión.
3
Cybersoul Hell
- Es increíble lo que has hecho aquí - Alain acariciaba, maravillado, los equipos de comunicación cuyas lucecitas tintineantes le transmitían la sensación de una vida palpitante e inquieta.
Luego de sacarlo de la habitación de hospital donde había aparecido, Cybersoul lo había llevado a una estancia doble compuesta por un dormitorio y un baño, la cual comunicaba con una puerta de acceso a uno de los laboratorios más enormes y mejor equipados que el rubio había visto jamás. Un paraíso tecnológico, donde todo funcionaba a través de sistemas computarizados. Era, según le había explicado su anfitrión, el corazón de Cybersoul Hell.
- Crear vida fue siempre la obsesión de los científicos. Perdidos en insulsos experimentos genéticos, no se dieron cuenta de que el poder de crear o de quitar la vida comenzó a existir junto con las computadoras. La mente en comunión con la máquina. El poder de crear y destruir. Crear un mundo perfecto, un paraíso de personas perfectas, hechas para cumplir un objetivo y sin apartarse jamás de él. Un mundo sin corrupción, sin intrigas, sin mezquindad - había pasión en la voz de Cybersoul. La misma enfebrecida pasión que Armando le había escuchado tantas veces.
- Una utopía - observó el rubio con cautela.
- Una realidad. Tienes ante ti la prueba. Por dos días te he permitido explorar este laboratorio, sin ponerte límites, únicamente para que sepas que tengo el poder para hacer todo esto. Puedo hacerlo todo con la mente, controlarlo todo - los monitores se encendieron a su mandato, enfocando varias imágenes de ese mundo perfecto que Cybersoul afirmaba haber creado -. Un mundo donde no tenemos discapacitados, ni física ni mentalmente. Donde los que poseen mentes brillantes serán la clase privilegiada. Mentes como la tuya, mon chere ami.
- ¿Por qué yo? ¿Por qué no crear un hombre perfecto, como esos que viven en tus ciudades? - preguntó suavemente Alain.
- Tú eres perfecto - declaró Cybersoul -. Y habrías sido perfecto en tu mundo, de no ser por tus piernas.
Alain se estremeció involuntariamente. Al oír las palabras de Cybersoul, las rodillas habían querido doblársele, negándose a sostenerlo una vez más. Pero eso no había sucedido.
Su captor – o quizás podría llamarlo anfitrión – tenía razón. Le había permitido pasar dos días en ese paraíso tecnológico, movilizándose por las habitaciones que conformaban el centro de control aparentemente sin restricción. Había examinado los archivos de computadora de Cybersoul, intentando entender cómo era posible que un mundo así existiera, y aún no comprendía a cabalidad lo que había hallado, pero las pruebas existían. El mundo existía.
Durante esos días, también había hablado con su captor, intentando saber sobre Aldo. Pero Cybersoul sólo reía y le cambiaba la conversación, pidiéndole que olvide todo y se ayude a sí mismo.
- ¿Por eso me trajiste? ¿Para ayudarme? Permíteme que lo dude, no te creo tan altruista - replicó el rubio.
- Pues adelante, cree lo que quieras. Te ofrezco el modo de ayudarte y yo gano un testigo de mis actos. Incluso un dios necesita compañía mortal para no aburrirse - respondió Cybersoul, para desaparecer luego por una puerta disimulada en la pared.
Alain volvió a estremecerse, acometido por una súbita debilidad en las piernas que siempre acompañaba las desapariciones de Cybersoul. Era como si su captor le recordase constantemente que gracias a él podía caminar.
El rubio apartó ese molesto pensamiento y se dedicó a revisar las imágenes que le traían los monitores, puestos allí por Cybersoul para permitirle explorar su mundo. La llegada de Armando le había traído desazón, había creído que su captor no lo lastimaría, pero pronto advirtió su error. Cybersoul reía, divertido al ver sus reacciones cuando Armando era asesinado por un escorpión venenoso y volvía a aparecer en el punto inicial, en medio del desierto. Aldo no tenía mejor suerte. Solo el bosque, debía enfrentarse a diversas criaturas para liberar a una doncella de un hechizo, destruir a una bruja, salvar una aldea y volar luego en una alfombra mágica hacia la ciudad donde Armando iría.
Y todo era un juego de computadora en el que Cybersoul había aprisionado sus mentes.
Pero… ¿por qué le permitía a él descubrirlo? ¿Por qué Alain estaba en el centro de control del cibermundo, en vez de estar dentro de su propio juego?
Esa pregunta atormentaba al rubio, pero hasta el momento no había encontrado respuesta.
4
París
Marzo, 2005
- ¡Tiene que haber un modo! - exclamó John, completamente frustrado. Kurt dormía en el sillón, desmadejado débil, y mientras que Armando y Alain seguían en el dormitorio, en su letargo.
- Tiene que haberlo - afirmó Martin -, pero exaltándote no lo resolverás. Necesitas tener sangre fría…
- ¿Y qué has conseguido tú con esa sangre fría? Las horas pasan… pronto tendremos que llevarlos a un hospital, no pueden permanecer sin comer ni beber…
- No lo necesitarán - dijo suavemente Martin.
- ¿Cómo lo sabes? Ni siquiera André pudo decirme algo que sirviera de ayuda… no tiene registros de ningún caso similar a este - replicó John. Había tratado en vano de interrogar con la mente al científico autista que era el cerebro computador del organismo gestalt que formaban John, Martin y dos chicas gemelas, Jenny y Janie. André proporcionaba datos y correlaciones y muchas veces Martin era el encargado de interpretarlas, pero el tema de Cybersoul no habían tenido éxito alguno.
- Es cierto, pero… - Martin hizo una pausa y avanzó junto a John, mirando el sofá donde su joven amigo aún dormía -. Cuando vi caer a Kurt, me pregunté dónde estaría su mente, y pensé en la ciudad de los sueños, el país soñado de Randolph Carter (1), donde quiera que esté – dijo en voz baja. He estado meditando en eso, mi subconsciente asoció el hecho con un recuerdo, y acabo de tener conciencia de él. Lo que les sucede a Armando y Alain tiene que ver con los viajes astrales. El cuerpo permanece en este plano, la mente se desplaza. El mecanismo es la computadora, a través de hipnosis probablemente, o de algo mucho más complejo.
Los párpados de Kurt se agitaron y Martin supo que estaba despierto. John también lo notó, alertado por un mensaje de la mente de su amante, pero lo dejó entrever.
- Por eso Kurt habla de posesión tecnológica - dijo, pensativo -. Pero su nexo es físico, está en este mundo o plano o como quieras llamarlo, a través de ese nexo como Cybersoul los atrae. Si lo destruimos…
- Entonces, ellos jamás podrían volver - dijo suavemente Kurt, completamente despierto. Sus ojos verdes parpadearon varias veces, procesando la información que antes se había negado a analizar -. Si lo destruimos, debemos traerlos antes.
- Volvemos al punto inicial - murmuró John - ¿Cómo?
- Sondea sus mentes - pidió Kurt -. Sólo necesito saber cómo entraron, la información estará allí. Es el único modo de averiguarlo…
- Yo… - John dudó -. Nunca lo he hecho de ese modo, ellos no están conscientes… puedo lastimarlos sin querer…
- No hay otra opción, se acaba el tiempo - dijo Kurt -. Hazlo - miró a Martin pidiéndole intervenir -, por favor…
John bajó la mirada unos momentos, meditando sus próximas acciones. Sabía que Kurt tenía razón, pero estaba aterrado. Había penetrado la mente de Martin el año anterior, pero con su consentimiento. Hacer lo mismo en las indefensas mentes de Alain y de Armando le daba miedo.
”Piensa con el cerebro, no con el corazón. Toma la decisión con sangre fría. Haz lo que deba hacerse”, dijo la mente de Martin.
”Si fuera tan fácil como suena…”
”Kurt entenderá”
Con un profundo suspiro, John miró lejos del rostro angustiado y suplicante de Kurt, enfocándose en un punto en la pared. Cerró los ojos y se concentró en dejar atrás sus sentimientos hacia Alain y centrarse en los hechos. Interrogó con la mente a André sobre el modo de hacerlo y tomó una decisión.
- Lo haré. Empezaré con Alain.
- Gracias – en los ojos de Kurt había una profunda emoción.
4
Cybersoul Hell
El centro de control de Cybersoul Hell tenía todo lo que Alain podía desear. Sofisticados equipos, software, incontables cantidades de datos… Era la puerta de acceso al mundo real y a la vez el medio de crear el mundo virtual.
Y él, Alain, podía tener el poder de crearlo.
A la semana de su estancia allí, había explorado, investigado, descubierto, y se había sentido fascinado con todo lo que había hallado en ese lugar. Intentaba mantener con Cybersoul una actitud distante y a la defensiva, lo que parecía divertir mucho a su captor.
- Disfruta… eres como yo en este lugar. Eres un dios - dijo el amo del lugar, antes de dejarlo a solas una vez más.
El rubio había descubierto el programa que creaba el enorme juego en el que estaba Aldo y le había prestado ayuda sin que el muchacho lo advirtiera. Cybersoul tampoco había intervenido, de modo que Alain se hizo más audaz en sus incursiones y había logrado que Aldo acumulara fuerza y puntaje, llevándolo casi hasta el final del juego.
La sensación del poder absoluto era embriagante. El rubio era consciente de que una instrucción suya y la vida de Aldo sería destruida; unas cuantas líneas de programación lo enviarían al desierto con Armando; una tarde de trabajo recrearía otro mundo para enviar a Aldo allí.
Programar se le hacía sencillo. Nunca su mente había estado tan lúcida, sólo tenía que imaginar las instrucciones y su mente las comunicaba al computador. Simplemente fabuloso… y se divirtió creando un mundo lleno de monstruos, donde Lod, el Cazador de Almas, reinaba indiscutiblemente.
Sí… podía ser Dios.
El rubio jugó unos momentos con la idea, podía ir y venir a su antojo, materializándose en los mundos que creaba y haciendo lo que quería en ellos. Sorprendió a Aldo, quien no lo conocía, con una aparición en la que se presentó como su salvador, pero cuando el muchacho se arrojó a sus brazos, con la desesperación pintada en los ojos, Cybersoul lo hizo volver.
- Sácalo de allí - exigió el rubio al retornar al centro de control.
- Aún no - dijo suavemente Cybersoul.
- ¿Qué vas a hacer con él?
- Divertirme.
- Está sufriendo… no resistirá mucho tiempo en ese lugar.
- Perfecto, luego lo llevaré a una mazmorra - replicó Cybersoul.
- ¿Y Armando? ¿Por qué disfrutas torturándolo?
- Para ablandarlo.
- ¿Y luego? ¿Qué harás con ellos? ¿Qué harás con Armando? ¿Por qué lo tratas así si lo amas?
- ¿Qué harías tú en mi lugar? - Alain iba a decir instantáneamente "liberarlos", pero Cybersoul continuó, implacable -. Él me traicionó, me apartó de su lado… ¿Nunca te han traicionado, Alain? ¿Nunca te han usado y luego te han dejado por otro?
El rubio se estremeció… un recuerdo mil veces desterrado volvió a su mente. Sí… hubo un hombre que jugó con él de esa manera. Había ocurrido en Inglaterra cuando era muy joven, en un viaje de estudios. Se conocieron por casualidad, en Hyde Park. Cuando lo vio, pensó que era un ángel, tan rubio que su cabello parecía de plata, vestido de blanco, sonriéndole. No era inglés, era ruso, e irradiaba un aura increíblemente imponente. Ese hombre lo sedujo, lo encantó, lo llevó al límite entre el placer y el dolor… y luego, cuando Alain se disponía a dejarlo todo para quedarse con él, descubrió la cruda realidad.
Su ángel ruso amaba a otro hombre… decía su nombre en sueños, suspiraba por él. El desengaño fue amargo y cuando se lo increpó, su amante solo sonrió y le dijo, con el mismo tono frío y calculador que usaba en los negocios, que si no estaba conforme, volviera a París.
Sí… Sasha Ivanov lo había llevado a la cima y luego lo había dejado caer.
Lo odiaba.
Y de algún modo, Cybersoul lo sabía.
- Una muerte no es suficiente - murmuró Alain con rabia.
Cybersoul sólo sonrió.
5
Cybersoul Hell
Armando se limpió el sudor de la frente y apresuró el paso. Los muros de la ciudad estaban a la vista y por un momento temió que se tratara de otro espejismo. Le había ocurrido creer ver a Aldo y correr sin pausa por el candente desierto, para encontrarse con un montón de arena y piedras.
Pero ahora la ciudad era más real, más definida conforme se acercaba. Estaba allí… por fin estaba allí.
Corrió y corrió hasta que sus piernas se negaron a sostenerlo y cayó en medio de la arena, pero alguien apareció a su lado y lo ayudó a levantarse.
- ¡Alain!
- Bebe - el rubio le dio un odre con agua y lo instó a seguir. Había en su actitud algo extraño, distante… el ingeniero retrocedió, confundido, temiendo otra trampa de Cybersoul.
Cuando Alain desapareció, Armando continuó sus pasos vacilantes hasta que llegó a Darkham.
6
Cybersoul Hell
Otro día había transcurrido en su prisión tecnológica. El rubio tecleó rápidamente, atento al menor ruido que anunciara el regreso de Cybersoul, pero esto no se produjo. Los códigos que había encontrado le permitieron abrir una sección del programa que le estaba prohibida, protegida con complejas claves. La adrenalina comenzó a fluir mientras se introducía en lo que Cybersoul llamaba "El Mundo Real". Viajó por Internet, descubriendo el mecanismo que su captor había usado para adentrarse en diversos sistemas y violar los medios de seguridad, borrando o disfrazando luego sus huellas.
No era la primera vez que violaba un sistema informático, él y Kurt lo hacían a menudo para ayudar a Martin en sus investigaciones; sin embargo, esta vez era diferente, pues por experiencia sabía que desde donde estaba, su poder era mayor.
El poder de crear y destruir, como decía Cybersoul.
Esos días había tenido un acercamiento inevitable hacia su captor, motivado en buena parte por su pasión por la tecnología, pero también, aunque a Alain le doliera reconocerlo, por la traición que tenían en común, No le había costado mucho darse cuenta de que el hombre estaba desquiciado, pero había una aterradora lógica en esa locura. Una lógica de la que el propio Alain era testigo y víctima a la vez, aprisionado en el mundo que la mente de Cybersoul había creado.
Su viaje por la red le mostró el corazón del imperio financiero de su ex amante, el hombre que lo había traicionado. Estaba allí, al alcance de su mano…
Crear y destruir… se preguntó si Kurt…
No.
No podía pensar en Kurt, pensar en él le haría sentir debilidad,
Se levantó y caminó por la habitación, maravillándose otra vez de poder utilizar sus piernas. Al principio había llorado de emoción a cada paso que daba, reviviendo la olvidada sensación de sus piernas sosteniendo su cuerpo. Luego de varios días de poder valerse por sí mismo, deseaba ardientemente que eso fuera real. La sensación de volver a caminar había sido tan intensa que no creía poder resistir el perderla de nuevo.
Volvió a sentarse y examinó su monitor, tecleando velozmente para alejarse de Londres. Cargó el programa de telemando que había diseñado Cybersoul para apoderarse de cualquier computador y entró a su propia red, la que él y Kurt habían diseñado.
Kurtie, mi amor…
El menudo ingeniero estaba trabajando, sus dedos tecleaban con rapidez un código que Alain reconoció… era el mismo programa en el que ambos habían estado trabajando antes del rapto de Aldo.
¡Kurt!
Le acometió una oleada tan grande de nostalgia que sus dedos cobraron súbita vida. El rubio comenzó a escribir, intentando comunicarse con su amado, pero antes de apretar ENTER, el computador se apagó.
- ¿Qué hacías? - la voz de Cybersoul lo sobresaltó, como niño pillado en falta. Sabía que los equipos de esa sala obedecían a la mente de su amo.
- Nada - fue la automática respuesta. Su captor sonrió, sentándose sobre la mesa.
- Para ser "nada", luces muy culpable…. ¿No habrás estado pasando las fronteras que te impuse? ¿Hablando con quien no debes? ¿Quizá con tu novio?
- Eso es asunto mío - espetó Alain, recobrado su aplomo.
- Es cierto - sonrió Cybersoul -. Aquí eres libre, más libre de lo que nunca fuiste en tu mundo. Puedes hacer lo que quieras… no hay límites para tus deseos.
Alain miró a su alrededor, la habitación cerrada y pintada de blanco había sido su hogar durante todo ese tiempo. Dueño de los equipos que hacían posible la vida en el mundo virtual, en rubio se había dedicado a explorarlos con increíble tesón. Pero en ese momento tuvo conciencia de que eso era lo único que había hecho en ese mundo.
- ¿Libre? No he salido de aquí… no puedo ayudar a mis amigos. No puedo volver… ¿de qué libertad me hablas?
- Cuando descubras lo que puedes hacer, tú mismo no querrás volver - sentenció Cybersoul, sentándose burlón ante un teclado, y empezó a escribir, mientras una imagen se formaba en la pantalla -. Alguien te traicionó… ¿Quién era él? ¿Qué aspecto tenía? Te ofrezco la venganza… dime cómo es y lo crearé para ti.
El rubio titubeó, pensando en lo desquiciado que estaba su captor. Pero sentía curiosidad por conocer cómo lo haría, quizá eso le diera pistas para poder ayudar a sus amigos y salir de allí. Dudó un poco, pero luego se dijo que lo que haría Cybersoul no sería real, que sería un ser virtual, una especie de robot que nada tenía que ver con el modelo original. Un ser con el que podría hacer lo que quisiera. ¿Y si no fuera así? Se encogió de hombros… después de todo ¿qué le importaba a él el bienestar de Sasha?
Lentamente, comenzó a dar una descripción.
7
Cybersoul Hell
Aldo se detuvo, limpiando el sudor de su frente. Ante él se hallaba un cofre, protegido por una maléfica criatura que dormía, pero por experiencia sabía que apenas penetrase a la oscura cueva, el ser despertaría y lo asesinaría con bolas de fuego.
Había muerto en ese nivel tres veces, y no llevaba la cuenta de las veces que había muerto antes de llegar a ese punto. Estaba mentalmente agotado, aunque físicamente, le bastaba beber una poción para recuperarse.
Era tan estúpido… estaba atrapado en un estúpido juego y no podía terminarlo.
Tomó aire y se concentró en su estrategia. Deslizándose, procuró no hacer el menor ruido hasta que llegó al cofre, pero al forzar la cerradura con una ganzúa, el ruido despertó a la criatura.
Aldo tomó la llave y el plano que estaban en el cofre y corrió, esquivando las bolas de fuego, hasta que se desplomó afuera de la cueva.
Había sobrevivido…
Bebió de su poción y recuperó las fuerzas. Con la llave y el plano sólo le faltaba liberar a una doncella y devolverla a su castillo, destruir a la bruja y concluir el juego. Agotado mentalmente como estaba, sintió una alegría perversa por su pequeño triunfo. Y lo había hecho solo, sin ayuda de ese rubio que decía ser su amigo.
Lo había hecho solo…
- Lo lograré, Armando. Te juro que saldré de aquí.
8
París
Marzo, 2005
Kurt estaba otra vez frente al computador, sintiendo renacer la esperanza. La mente de Alain había podido ser explorada hasta el instante mismo en que penetró en el mundo de Cybersoul. Lo que había más allá, permanecía en tinieblas. El ingeniero había tomado una siesta de cuatro horas luego de que John hubo terminado su sondeo hacia Alain y transmitido los datos a André y luego al propio Kurt. La sensación había sido extraña, como si le abrieran parte del cerebro para depositar allí una cantidad de datos que antes no estaba. Su mente estaba débil y debía adaptarse a lo que había ocurrido, necesitaba estar lúcido.
Y lo único que le daba lucidez en ese momento era trabajar en programación. Necesitaba la fría lógica del código, que no admitía errores. Eso le proporcionaba seguridad y entrenaba poco a poco su mente embotada. Había comido una pizza él solo, sabiendo que necesitaba también su fuerza física.
Mientras trabajaba, las alarmas que había puesto en el programa detector de intrusos parecieron enloquecer. Cientos de mensajes emergentes llenaron su pantalla y supo que algo había entrado a su red.
Sonrió, triunfal. Los datos que su programa acababa de capturar, unidos a la información que le había transmitido John le permitirían reconstruir la puerta para entrar al mundo prohibido.
Ahora se sentía perfectamente capaz de enfrentar a Cybersoul.
Hold me up into the light
Fix the cracks and fix them right
Keep the pieces in the drawer
Keep them there forever more
May come in use for some day
Recycle this shit in some way
And all that I have to say
Don't let them throw me away
**********
(1) Randolph Carter es un personaje de H.P. Lovecraft, para su ciclo de Aventuras
Oníricas. La explicación de Cybersoul no es esta, pero sirve
para que Martin pueda hacer una correlación.
Capítulo 16
I never knew what I was gonna be
Somebody saw what I couldnt see
And lifted me up now
I never thought I could be worthy of
Lovin under the sky above
Don't let the wonderful
Why does everybody have to fit in
You should feel comfortable in the skin
Does that mean I am the
Souvenir of Sadness….
Souvenir - Korn
1
Cybersoul Hell
Aldo se sacudió el polvo de la ropa y entró con paso seguro al calabozo donde estaba la princesa que debía rescatar. Las últimas horas del juego habían transcurrido muy de prisa. Primero, había encontrado en el piso un frasco con una doble poción de fuerza y otra que incrementaba sus poderes mágicos a valores superiores que las cuotas del juego. Le había parecido extraño, pero gracias a ellas, pudo derrotar a la bruja y ahora estaba a pocos minutos de completar su misión.
Siempre y cuando, claro, Cybersoul se lo permitiera.
Les lanzó polvo mágico a los guardias y los mató. Luego usó su ganzúa para abrir la puerta de la mazmorra y entró rápidamente. Allí estaba la princesa, oculta en las sombras.
- ¡De prisa! Tenemos que escapar – la urgió Aldo y ella salió, asustada.
El muchacho retrocedió al verla, tambaleándose contra la pared.
Era Sandra.
No cabía duda, había visto varias fotografías de ella en ABZ… la mujer que avanzaba hacia él con sus grandes ojos asustados era Sandra.
”Dios mío, ¿qué es lo que él le ha hecho?”, se estremeció el muchacho. Sandra estaba muerta… ¿cómo era que vivía en el juego? Si ella vivía… entonces todos los guardias, la bruja, los villanos… todos los personajes que él había matado en el juego podían ser personas “reales” atrapadas allí como él. Y si él los había matado, ¿estarían muertos en la vida real? ”No… no….”
Una risita burlona en el aire lo hizo reaccionar. Miró a Sandra, que parecía actuar como cualquier otro personaje, sin poseer real conciencia. Todo lo que tenía que hacer era rescatarla y acabar con el maldito juego.
La tomó de la mano y salieron corriendo por el pasillo. Más guardias aparecieron, cerrándoles el paso. Todos tenían rostros conocidos… compañeros de Aldo, profesores, empleados de ABZ… Debía matarlos si quería salir de allí.
Bebió de nuevo su poción y atacó… esquivó las espadas, hirió, mató… la sangre de sus enemigos manchó sus manos por primera vez en el juego. Sintió náuseas, pero siguió luchando y cuando la espada se clavó en el pecho de un guardia que lucía exactamente como Beto Salinas, el muchacho tomó a la princesa de la mano y salió del castillo donde la alfombra mágica lo esperaba. Estaba agotado tanto física como mentalmente. Todo lo que quería era acabar con esa tortura, reunirse con Armando y descubrir que se trataba de un sueño. Pero eso también le estaba negado.
Apenas subió, una música atronadora estalló en su cerebro, una negrura fue apoderándose de su conciencia, como una marea incontenible que le iba arrebatando la cordura. No sintió el momento en el que perdió el equilibrio, pero sí la sensación de caer y caer por un oscuro túnel, y en su caída, se preguntó si eso significaba la verdadera muerte.
Souvenir of sadness
Method to the madness
Hands up if you feel this
Anyone who has this...
2
París
- ¿No crees que exageras un poco, Kurtie? – la suave voz de John hizo que el menudo ingeniero alzara la vista de su computador. Había estado trabajando febrilmente, como si se encontrara en un trance. En la pantalla se veía una imagen tridimensional del propio Kurt, con dos enormes alas negras.
- ¿Exagerar? – los ojos del hombre parpadearon brevemente -. Ahh…. Lo dices por mi pequeño juguete – sonrió, mirando la pantalla -. No exagero, el simbolismo es necesario. Ustedes lo saben.
Ustedes
Sin necesidad de que Kurt lo dijera, John supo que se refería a la gestalt, entidad que había estado oculta a los dos ingenieros, pero que ahora, con los datos que habían pasado a través de la mente de Kurt, había podido ser deducida por él.
- Él usó los signos – dijo el francés, repitiendo en voz alta sus deducciones -. Usó para Armando la culpa y para Alain usó algo más complejo… el dolor, la desesperación y la venganza. También usó la tentación, la seducción del poder.
Martin entró a la estancia, alertado por la mente de John. Abrazó a su pareja por la cintura y miró también hacia la pantalla. Él era el cerebro de la gestalt, alimentado por la enorme máquina de conocimiento que era André. John era el nexo entre los dos, una especie de cable de datos consciente, que comprendía brevemente lo que se estaba desencadenando allí.
- Él actúa manipulando mentes. Usando símbolos del antiguo saber que le fue legado a la humanidad y que ha sido olvidado. No entiendo cómo lo hizo, pero ahora es energía viajando por nuestras propias líneas de comunicación. Su poder reside en su intangibilidad – dijo el hombre, añadiendo una explicación más hacia la información que ya tenía Kurt.
- Intangibilidad o no, iré a su encuentro. Voy a traer a Alain – dijo el ingeniero, con decisión -. Sólo necesito enviar un mensaje y dormir unas horas. Luego de eso, estaré listo.
”Martin no debes dejarlo…”, clamó la mente de John con súbita alarma.
”Esto nos supera, Johnny. Cybersoul es mente y tecnología, ¿quién mejor que Kurt para lidiar con la tecnología? Por más intangible que sea, Kurt puede penetrar en su mundo físico y luego cazarlo en su mundo de bits y de bytes. Ni tú ni yo podemos hacerlo.”, fue la respuesta.
Como afirmando lo expresado por Martin, Kurt tecleó rápidamente. El mensaje que enviaba era muy concreto, como el de un agraviado arrojando un guante blanco a la cara de su ofensor. Presionó “Enviar” y salió de la habitación, dejando en la pantalla el ángel de alas negras, armado con una guadaña.
- El ángel de la muerte – dijo John, acariciando con los dedos la imagen - ¿Crees que tendrá éxito, Martin?
- No lo sé – replicó el francés -. Pero esta es una batalla que sólo Kurt puede librar.
3
Cybersoul Hell
- No seas tonto, aquí puedes hacer lo que quieras – dijo Cybersoul, balanceando las piernas desde su sitio, sobre una de las mesas de la sala blanca donde trabajaba Alain -. Sólo tienes que divertirte un poco. Lo demás, está en tus manos – y señaló con un florido gesto la puerta a espaldas del rubio. Una puerta que había aparecido esa misma mañana y que permanecía cerrada.
Alain titubeó, mirando la puerta como si se tratara de la entrada hacia otra dimensión. Los ojos de Cybersoul brillaban, divertidos. Al menos alguien la estaba pasado en grande, se dijo el francés.
- ¿Qué hay allí?
- El paraíso – canturreó Cybersoul -. Y te lo ofrezco desinteresadamente… sólo tienes que abrir esa puerta – la voz suave se transformó de pronto en una orden y Alain miró a su captor.
El rubio había estado buscando inútilmente a Aldo en los monitores de juego de Cybersoul, e intentaba localizarlo utilizando el panel de control del cibermundo, cuando había sido interrumpido por esa vacía charla que le ofrecía el carcelero de esa prisión tecnológica.
¿Qué buscaba? ¿Acaso distraerlo de su intento de ayudar a Aldo? ¿Por qué? Él era el amo de ese lugar, podía inmovilizarlo del mismo modo en que le había concedido movimiento en las piernas. ¿Qué era lo que quería de él?
- ¿Tienes miedo? – los ojos de Cybersoul lo miraron, burlones - ¿No confías en mi, Alain? ¿No somos muy parecidos? Nos lastimaron… pero no podemos dejar de pensar en quienes nos hirieron así. No podemos dejar de amarlos.
De modo que eso era…
Cybersoul de algún modo había tocado ciertos hilos de su mente, haciendo aflorar la frustración, la rabia, el dolor… Y todo eso estaba dirigido hacia una sola persona.
El rubio miró hacia la puerta y sus ojos volvieron a enfocar el monitor a su izquierda. Cybersoul soltó una risita mientras una imagen se formaba allí.
Una lujosa suite, una botella de champaña enfriándose sobre una mesita… y un hombre vestido de blanco que miraba por la ventana.
- ¡Sasha!
El hombre se volvió, mostrando el inconfundible rostro de Sasha Ivanov. El mismo Sasha de los recuerdos de Alain, como si el tiempo no hubiera pasado por él. Verlo de nuevo, verlo así… las fibras más íntimas del francés se estremecieron. Cybersoul sacaba siempre un lado desconocido de él, un lado que no quería admitirse a sí mismo… Cierto que aún deseaba a Sasha, pero ¿amarlo? ¿cómo llamar a ese fuego abrasador que comenzaba a devorarlo?
El francés se volvió hacia Cybersoul, que sonreía beatíficamente, señalando la puerta.
- Él ha cambiado. Te espera… te ha esperado por mucho tiempo. Te ha esperado sólo a ti… ¿Por qué no entras y le muestras cuánto lo has extrañado?
Alain se dirigió hacia la puerta, como si estuviera sonámbulo. Al abrirla, vio la misma suite que había contemplado en el monitor, y en medio de ésta, estaba él.
- Ha pasado mucho tiempo
El francés avanzó, cerrando la puerta. La suite era exactamente igual a la que había usado la primera vez, en Inglaterra, cuando los dos tuvieron sexo… Se sintió transportado a esa época feliz, en la que él no era más que un joven estudiante buscando aventuras.
- Sasha… - el rencor, el odio que sentía, se apagaron al ver la apasionada mirada del ruso, la misma mirada que lo había seducido en su primer encuentro y que había logrado que ambos terminaran haciendo el amor en la cama de un hotel.
- Ven – la voz del ruso era una orden, tan segura, tan imperativa que era imposible rechazarle.
Kurt…
Sí… amaba a Kurt, pero Kurt no estaba allí, ese mundo no era real. Sasha no era real. ¿Qué daño podía hacer?
Avanzó, sintiendo que las piernas le temblaban. ¿Qué era lo que había creado Cybersoul? ¿Un androide humano semejante en todo al modelo del cual provenía? Imaginó que sus manos serían frías y se estremeció cuando esas manos del ruso lo tocaron. Ardían con el fuego de una arrebatadora pasión que encendió al rubio francés. No perdieron el tiempo, se arrancaron la ropa y follaron frente al espejo, sobre la cama, en la alfombra del piso… Alain fue dominado como hacía mucho tiempo nadie lo hacía. Fue doblegado y penetrado y enloquecido de placer, todo al mismo tiempo. Cuando su amante se retiró, sudoroso, y lo tomó entre sus brazos, sintió que estaba en el cielo.
Sexo virtual, en los brazos de la persona que más lo había lastimado, emociones contradictorias, amor y odio. Deseo… y sexo. Un sexo que excitaba al máximo el placer de los sentidos, como si cada movimiento estuviera pensado para que su cerebro lo registrara con la mayor intensidad. Una experiencia mental y orgánica al mismo tiempo, intensa al punto querer dejarlo todo por repetir la sensación.
Y Sasha… Sasha era como él, era perfecto en ese mundo perfecto que Cybersoul les había obsequiado.
Acostados en la cama, se miraron nuevamente y Sasha sonrió. Sus ojos grises e insondables se perdieron en los de Alain y cerró los ojos, con un suspiro satisfecho. El francés onduló sensualmente, recorriendo con la mirada la habitación como lo había hecho aquella noche hacía tantos años, reviviendo cada detalle que había memorizado. El enorme espejo en el techo, las sábanas rojas, la ropa de ambos tirada en la alfombra, las gafas de Sasha sobre la mesilla y… Alain alzó la cabeza para ver mejor.
Unas gafas de sol junto a las de Sasha. Gafas de sol… las gafas que alguien necesitaba para poder mirar.
Eso no estaba allí antes. Eso no era suyo era de…
Un torbellino se desató en su mente, como si su vida pasada se uniera a la presente, girando, girando locamente hasta que el espejo del techo le devolvió la imagen de Sasha y otro hombre que no era él.
Y el torbellino se detuvo.
- ¿Mi amor? – Sasha había abierto los ojos y lo miraba sin verlo.
Entonces, Alain supo que la ilusión había terminado, que Sasha nunca podría amarlo… Todo el dolor que había sentido antes, toda la amargura del abandono volvieron a él, centuplicados con el brusco despertar. De nada sirvió que supiera que todo era virtual… dolía… Y el odio regresó, centuplicado también.
Asqueado, se levantó del lado de su amante, mirándolo como se contempla una cáscara vacía. Ese no era Sasha… era un ser virtual, creado por un loco. Era falso, todo en ese mundo era tan falso como su creador. Pero aún siendo falso lo había rechazado…
No era real…
Pero lo odiaba…
¿Cómo podía odiarse algo que no existía realmente?
Cybersoul abrió la puerta.
- ¿Lo has perdonado, mon chére ami?
- Llévatelo – dijo el francés, buscando algo con qué cubrirse.
- Oh, no – dijo Cybersoul con una risita -. Me tomó mucho trabajo hacerlo… no voy a llevármelo así como así. Además… prometí vengarte… Vamos, juguemos un poco. Dijiste que una muerte no era suficiente.
- Olvídalo – dijo Alain, súbitamente alarmado. En la cama, Sasha se había levantado también y lo miraba con ojos inexpresivos, como si hubiera tomado conciencia de que su existencia era producto de otra mente.
Entonces, a una señal de Cybersoul, una trampa se abrió en el piso y Sasha cayó.
- ¿Qué haces? Déjalo – gritó Alain, pero luego se maldijo. Ese no era Sasha… ¿qué más daba que le hiciera daño? Era como un personaje de juego, nada le pasaría.
Su captor sólo reía, disfrutando los efectos de cada situación que creaba, como un músico combinando melodías a la pulsación de las teclas de un piano. Todo tenía un propósito… no había efecto sin causa… no había causa sin efecto.
4
París
- Estoy listo – dijo Kurt en voz baja. Provisto de un termo con café cargado y luego de haberle dado a Alain un beso en la frente, se disponía a penetrar en el mundo de Cybersoul.
Martin y John esperaban en la pequeña salita, confortándose sin palabras, sabiendo que su amigo necesitaría todo el apoyo posible.
Habían discutido los peligros, pero Kurt se había mostrado inflexible. Él entraría allí y traería a su novio.
El menudo ingeniero tomó una gran bocanada de aire, como adivinando que pasaría las próximas horas conteniendo la respiración. Tecleó algunos comandos en su computador y esperó…
La puerta apareció en la pantalla, pero Kurt nada hizo. Varios minutos transcurrieron hasta que el enorme ojo apareció también. Entonces, toda la voluntad de Kurt se concentró en no sucumbir a la manipulación mental de la que estaba siendo objeto… llenó su mente de Alain, de sus recuerdos, de su amor hacia él. No permitió que los celos que Cybersoul utilizaba le hicieran mella… sus dedos teclearon febrilmente los comandos aprendidos de memoria.
Y una ventana se abrió.
- Bingo – murmuró el ingeniero, y maniobró el ángel que había creado para introducirlo por esa ventana que había abierto manipulando códigos del programa.
La pantalla se llenó de códigos de alerta, el sistema de seguridad de Cybersoul Hell se protegía a sí mismo, cambiando de ubicación. Pero las rutas posibles se fueron cerrando hasta que fue conducido a la red privada de Hellstorm Corp.
Kurt sonrió, sin dejar de teclear, y con el pie, desconectó el cable que lo unía al router.
5
Cybersoul Hell
- Lo creé para ti… Tú tienes el poder que quieras sobre él. Lo amaste… lo desechaste. Esta vez fuiste tú el que se deshizo de él. El círculo se cierra… Termina lo que empezamos.
La mazmorra estaba tenuemente iluminada por antorchas. En medio de ella, sujeto por unas anillas al techo, estaba Sasha. El falso Sasha, la creación virtual de Cybersoul.
- Puedes hacerlo… hacerlo te liberará. Él te causó dolor… ya no lo quieres, lo desechaste. La venganza es tuya.
Dolor
Destrucción
Venganza
Las palabras danzaron en la mente de Alain como si estuvieran escritas con sangre, mezcladas con el confuso torbellino de sus pensamientos.
- ¿Quieres jugar al tiro al blanco? – ronroneó Cybersoul tomando un arco y flechas -. La ventaja de haber programado este juego es que no hay manera de fallar. Vamos… dispara. Querías vengarte… el blanco está listo. Y puedo hacer que grite... puedo hacer que suplique. Puedo hacer lo que tú quieras. Ahora – la voz de Cybersoul se hizo un susurro – dispara…
Alain sujetó el arco y colocó allí una flecha. Nuevamente estaba poseído por esa sensación de irrealidad. Sabía que lo que veía no era real, que no existía en un plano físico, que al disparar realmente no le haría daño a Sasha. Y deseaba castigar de algún modo al hombre que le había causado tanto daño destruyendo sus juveniles ilusiones dos veces. Después de Sasha no había podido amar a nadie, hasta que ese accidente le trajo a Kurt.
Podía hacerlo, podía destruir, la venganza tendría entonces un dulce sabor.
Tensó el arco, concentrándose en lo que pensaba hacer. Pero entonces su brazo vaciló.
Pensó en sus interminables noches en el hospital, llorando de rabia y frustración, maldiciendo a todos los amigos que lo habían abandonado, odiándose y maldiciéndose a sí mismo. Maldiciendo a Sasha... si no lo hubiera echado de ese modo, Alain no se habría entregado a ese desenfreno que lo hizo terminar atrapado entre los fierros retorcidos de un auto, con sus acompañantes muertos, gritando de dolor y de miedo mientras los bomberos lo rescataban.
Era un sobreviviente, esas habían sido las palabras de Kurt. Y debía hacer que la vida que le quedaba valiera la pena.
Recordó cómo se había burlado de las palabras del joven, sabiendo que estaba enamorado de él, sintiéndose ridículo, al poder ser amado por alguien que sabía que siempre sería un inválido. Pero Kurt no se había rendido. Volvía al hospital uno y otro día hasta que su presencia se hizo habitual y con su impecable lógica, había convencido a Alain de la inutilidad de su amargura. Finalmente, cuando le dieron de alta, el rubio había decidido irse con Kurt, aunque de todas formas, no tenía demasiadas opciones.
Desterró nuevamente los pensamientos acerca de su novio y se concentró en la figura atada frente a él.
Disparar…
No era tan malo. Muchas veces había jugado Doom en la computadora, imaginando a Sasha en los enemigos que destruía. Nunca pensó albergar tanto resentimiento… Cybersoul había logrado sacar lo peor de él.
- Vamos… me aburro
Alzó de nuevo el arco y lo tensó. Frente a él, Sasha repitió las cortantes palabras de hacía tantos años.
- Yo no te prometí nada. No somos nada. Puedo follarte si me provoca, pero eso no te da derechos sobre mi. Ese es el trato, si te gusta, tómalo y sino, vete a París. Ahora, vete, por favor. Ha surgido un problema y tengo prisa.
Las palabras lo golpearon como antaño, pero esta vez no se humillaría ni lloraría ni suplicaría las migajas de un amor que no le pertenecía.
- Él no te amó entonces ni te ama ahora – ronroneó Cybersoul - ¿Quieres saber a quién ama?
En el fondo de la mazmorra apareció un monitor. Dos figuras podían verse en una estancia… parecía una oficina en la que destacaba una enorme otomana roja con negro. Y en ella una pareja.
Alain apretó los labios. Lo conocía… conocía a ese hombre. Alto, delgado, moreno, con sus eternas gafas de sol, follándose a Sasha. Follándolo con fuerza, casi con rabia, de un modo en que el ruso jamás le habría permitido a él.
“Te amo”, la frase dicha febrilmente por el rubio a su amante estalló en los oídos de Alain. Su mirada se hizo borrosa, enfocando la pantalla donde el Sasha real gemía de gusto, mirando al Sasha virtual observarlo con sus ojos vacíos.
El pulso se le aceleró, poseído del deseo de venganza.
Dispara
- Dispara
La flecha estaba a punto de salir… podría destruir a Sasha y así exorcizar a sus demonios. Podía… tenía el poder de hacer lo que quisiera. ¿Por qué maldita sea no podía soltar esa flecha?
La mano le tembló, el pulso acelerado hizo que palpitase una vena en su sien, pero el disparo no salió.
Dolor
Destrucción
Venganza
El dolor no se podía borrar con la venganza. Sasha no podría haber sabido del accidente.... eso era lo que decía la lógica.... Pero seguía doliendo... ¿Por qué tuvo que quedarse así? Era un hombre a medias, un inválido... Tenía el amor de Kurt, pero eso no le devolvería sus piernas.
Cybersoul se las había devuelto... sólo pedía a cambio ejecutar una venganza que era suya.
¿Para qué vengarse ahora? Tenía a Kurt.
Kurt, mi amor… ¿Por qué me has dejado solo?
Kurt…
- No - arco y flechas cayeron al piso –. No puedo.
Había comprendido finalmente que podía jugar con ideas de venganza ¿quién no lo había hecho alguna vez? Pero de allí a llevarlas a cabo, aunque fuera virtual… No. No podía. Nunca podría.
- Es tu oportunidad, hazlo y serás libre.
- No puedo… ¡No puedo! – el rubio pateó el arco, apartándolo de su lado.
- Tonto
El rostro de Cybersoul se transformó, horriblemente deformado por la cólera.
- ¿No puedes hacerlo? ¡No puedes hacerlo! ¡Cobarde! Si no puedes, entonces lo haré yo…
Otro arco apareció en sus manos y las flechas comenzaron a brotar una tras otra, clavándose en la blanca piel del ruso, que se estremecía en una agonía espantosa. La sangre salpicaba a borbotones y Alain se arrojó sobre Cybersoul.
- ¡Basta! Tienes que pararlo ¡Basta! ¡BASTA!
Un torbellino estalló en su mente y tuvo la vaga consciencia de ser devorado por una aspiradora. Cuando su mente se aclaró un poco, notó dos cosas. La primera, que estaba nuevamente en el piso, y la segunda, que no podía mover las piernas.
Stand up! Nobody's dyin' to save you
Speak up! Nobody's waiting to see you
Wake up! Nobody's working to pay you
Let me make it clear you have this
Back then, nobody knew in the school yard
Now then! You have grown up to be this hard
Go then! Walk on this world with your heart scarred
Your the souvenir of sadness
6
Cybersoul Hell
El piso de la mazmorra estaba helado, y un gemido brotó de los labios de Alain cuando se dio cuenta de que las piernas no le obedecían más. Alguien se arrodilló a su lado.
- ¿Estás bien? - era Aldo, asustado a la vez, pero solícito -. Nos ha encerrado aquí... no hay luz. ¿Puedes levantarte?
- No - casi sollozó Alain -. No puedo mover las piernas, soy inválido.
- Oh - Aldo no comprendía. El joven que había aparecido en el suelo de la mazmorra era el mismo que lo había estado ayudando en el juego, ¿qué hacía ahora en esas condiciones? -. Ven, te ayudaré a levantarte. Hay un catre por aquí, voy a recostarte allí, ¿vale?
Alain asintió, sujetándose del muchacho. Su rostro estaba lleno de lágrimas por lo que había perdido, pero su alma estaba en paz. No había cedido a la manipulación.
7
Cybersoul Hell
Cybersoul aguardaba, aburrido y ligeramente irritado, en el trono que él mismo se había preparado. Armando avanzó hacia él, sin que los guardias hicieran nada por detenerlo, tal como habían sido programados.
¿Por qué ese tonto francés lo había desafiado? Creyó haber encontrado alguien que lo comprendería, que lo ayudaría. Había pulsado las cuerdas correctas, usado los impulsores adecuados. ¿Por qué había fallado?
Algo en el mecanismo de su mundo perfecto no funcionaba bien y él odiaba eso. Odiaba lo imperfecto, por eso se había convertido en lo que era. Rafael era imperfecto, Cybersoul era un Dios.
Aún los dioses se equivocan, dijo una vocecita burlona en su mente. La había estado oyendo sin cesar desde que Alain fuera llevado a la mazmorra.
- Rafa – Armando estaba de pie frente a él, agotado pero decidido.
Cybersoul lo miró… ¿Por qué tenía que llamarlo así?
- No soy Rafael – dijo con rabia -. ¿Eres acaso retrasado mental? Me he cansado de explicarte…
- Calla… no digas nada. Hice lo que querías… atravesé ese desierto, encontré tu palacio. Estoy aquí, Rafael. Como esa noche en que me llamaste y que no pude responder el teléfono, pero estaba allí, pensaba en ti. Perdóname…
Cybersoul se cubrió el rostro con las manos.
Souvenir of sadness
Method to the madness
Hands up if you feel this
Anyone who has this...
Capítulo 17
Hey you, hey you, Devil's little sister
Listening to your Twisted Transistor
Hold it between your legs
Turn it up, turn it up
Low end is coming through
Can't get enough
Twisted transistor - Korn
Cybersoul Hell
1
- No me toques – la voz cortante de Cybersoul detuvo la mano de Armando, que la bajó lentamente y retrocedió dos pasos.
- Necesitas ayuda – dijo el ingeniero, con la voz neutra -. Has construido este lugar porque necesitas ayuda, porque estás solo aquí con toda esta tecnología. Déjame ayudarte.
Los ojos negros lo miraron con una intensidad que quemaba, pero Armando sostuvo esa mirada en un duelo que duró varios minutos. Esta vez no había desiertos ni escorpiones, ni ingeniosas trampas creadas en un juego virtual… Eran sólo ellos dos, mirándose a los ojos como tantas veces habían hecho.
Algo brilló en los ojos de Cybersoul… ¿una lágrima?
- Tonterías, el único que necesita ayuda eres tú – la voz se hizo gélida nuevamente, la mirada se hizo cruel - ¿Creíste que habías terminado? ¿Qué con llegar al palacio te dejaría libre? Lo siento, hubo un cambio de planes – Cybersoul se puso de pie -. Ahh, pero qué descortés soy… Seguramente querrás reunirte con tu novio. Quieres eso, ¿verdad?
Armando asintió con aprehensión, temeroso de alguna nueva trampa.
- Vamos, no debemos llegar tarde. No puedo permitir que los amantes no se reúnan…
Avanzó hacia un pasillo oscuro, detrás del trono, e hizo un imperioso ademán para que su ex novio lo siguiera.
Armando caminó tras él, examinando el lugar, buscando algún arma, alguna pista… lo que fuese que lo pudiera ayudar. Había percibido desolación en su captor. Una desolación que nadie más habría podido sentir, porque nadie lo conocía como él lo conoció. Se maldijo, estaba allí para salvar a Aldo, no para actuar de psicólogo con un lunático, que por añadidura estaba muerto. Se detuvo, sujetándose la cabeza, que empezaba a darle vueltas.
- ¿Necesitas ayuda? Te lo dije – ronroneó Cybersoul -. Aquí las cosas no son lo que parecen ser… ¿ves esa pared de piedra? Hay una puerta en ella, pero ¿dónde estará? Vamos, prueba, tócala, está frente a tus narices.
Armando palpó la pared, mientras su captor canturreaba “Frío, caliente… frío… tibio”. De pronto, la pared pareció desprenderse y dejó una abertura hacia un nuevo pasillo, al final del cual estaba una puerta de hierro.
- ¿Ves qué fácil? – canturreó Cybersoul -. Y ahora, a por esa puerta.
2
- Estoy bien, en serio – dijo Alain, tratando de tranquilizar al preocupado muchacho.
- Él te lastimó, ¿verdad? Te dejó inválido… fue él…
- No, Aldo. No fue él – replicó suavemente Alain, tomando la mano del muchacho. Sabía que Aldo conocía su estado anterior, pero el muchacho parecía estar mezclando la realidad con el mundo virtual -. Sufrí un accidente, hace varios años. Soy inválido desde entonces, y no es tan malo. Sólo quisiera tener mi silla – sonrió, quitándole importancia.
- Quiero salir de aquí – gimió Aldo, lastimeramente, mirando impotente los barrotes de la celda -. Quiero volver a casa, a la universidad… por favor – pidió, como si Alain pudiera hacer algo. De pronto, su cuerpo se tensó y se puso alerta -. Él… viene él… - su voz, convertida apenas en un susurro, se transformó en un grito cuando vio a Armando en el umbral.
El chico echó a correr y en un instante ambos estaban fundidos en un estrecho abrazo.
- Aldito, ¿estás bien? ¿Te hizo daño? – las manos del ingeniero recorrían el cuerpo de su novio, palpándolo, besándolo, decidido a no volverse a separar de él. Aldo le contó atropelladamente todo lo que le había pasado, y le dijo que Alain estaba en problemas.
Ante la mención de su amigo, el ingeniero se volvió hacia el jergón, oculto en la semipenumbra de la mazmorra y se acercó, con Aldo del brazo.
- ¿Alain?
- El cazador cazado, mon ami. Al menos logré ayudarlos antes de que volviera a dejarme como me encontró - en breves palabras, el rubio los puso al corriente de lo ocurrido -. Ahora soy otra vez un trasto inútil… no tiene caso lamentarse.
Armando acarició los rubios cabellos, sintiéndose doblemente culpable por haber metido a Alain en esa situación. Pensaba en Kurt y en algún modo de convencer a Cybersoul de dejarlos ir, cuando una brillante luz inundó de nuevo la mazmorra.
- Los amantes reunidos junto a su hada madrina. Qué cuadro tan conmovedor…
- ¡Maldito! – Aldo se lanzó contra la figura de negro, pero fue repelido por una fuerza que lo envió contra la pared.
- ¡Aldo, no! – gritó Armando, lanzándose sobre el muchacho que era presa de un ataque de histeria y lo sujetó con todas sus fuerzas -. Él quiere que hagas eso, está jugando contigo, juega con todos nosotros… no se lo permitas – repitió una y otra vez al oído del chico, hasta que los tensos músculos se relajaron un poco -. Voy a soltarte ahora, ¿de acuerdo? No hagas nada insensato, él tiene el sartén por el mango… recuerda.
Aldo asintió y se quedó muy quieto, cruzado de brazos, mirando ceñudo a Cybersoul, que observaba el espectáculo con mucho interés. Alain, sentado a medias en el camastro, se dirigió a su captor.
- Ellos no te son de utilidad. Me mostraste que puedes recrear a quien quieras… ¿Por qué no fabricar un acompañante perfecto? Ellos no te servirán aunque tengas sus mentes. Son humanos… son frágiles, son…
- ¡Basta! – ordenó Cybersoul -. ¿Crees que no lo sé? Conozco todo lo que pasa por sus mentes y por la tuya. Sé todo lo que pasa en el mundo… puedo penetrar en cualquier computador, manipularlo todo… Si quiero puedo hacer estallar misiles, enviar un cohete a la luna, extraer petróleo, interferir un satélite… No hay nada imposible para mi porque ¿sabes? El hombre se ha vuelto esclavo de las computadoras. Cada día más personas usan la red, amparándose en el anonimato para creerse quienes no son en realidad, para ocultar miedos y culpas, para vivir una vida que no es la suya y ambicionan. Y yo estoy allí, absorbiéndolo todo, trayéndolos aquí, donde serán liberados… donde todos sus sueños serán realidad.
- Esto no existe, es producto de un programa que diseñaste. Un programa casi perfecto, lo reconozco, pero también es una trampa que atrapa a quienes no quieren estar aquí. Una trampa de los sentidos, donde la mente y la tecnología conspiran para manipularte y enloquecerte, pero si apagas el computador, todo desaparece, y ¿sabes por qué? – dijo suavemente Alain -. Porque no es real.
- ¡Existe mientras alguien crea en ello! – gritó Cybersoul – Y yo creo – suavizó la voz - ¿Qué es un mundo sino el lugar en el que vivimos? Y vivimos en la red… ellos viven en la red. Están jugando en línea, buscando ser otras personas, ¿por qué no darles eso que buscan con tanto afán? Y un día, mi mundo estará lleno de personas reales como ustedes, jugando para vivir. Viviendo para jugar… Y también estarán los otros, los hackers, las mentes privilegiadas. Ellos gobernarán conmigo y yo seré su Dios.
- ¿Y si no quieren? –
dijo el rubio - ¿Vas a obligarlos como a nosotros? ¿Los atraparás
en una ilusión tecnológica como a nosotros? ¿Y qué
pasará cuando te canses de jugar? ¿Los enloquecerás?
¿Los matarás a todos? ¿Y cuando acabes con ellos? ¿Qué
harás cuando estés solo… otra vez? ¿Eso es lo que
hace un Dios? Y… ¿Qué harás cuando ya no quede
nadie?
Aldo y Armando seguían la discusión con interés y ansiedad.
La lógica de Cybersoul estaba siendo expuesta a través de sus
palabras y el ingeniero vislumbró en ellas la idea primigenia de Rafael
de crear un mundo virtual. Una idea que se había convertido en una
desquiciada realidad.
- Cállate – estalló Cybersoul. Las luces brillantes del techo se apagaron de golpe y la mazmorra quedó solamente iluminada por la mortecina luz de una lámpara de aceite en la pared -. No tengo por qué darles explicaciones de lo que hago y de lo que haré – y con un rápido movimiento, se desvaneció por una puerta disimulada en los muros de piedra.
Apenas hubo desaparecido, Armando corrió hacia el muro, buscando inútilmente la puerta, golpeando las paredes hasta que Aldo, suavemente, lo hizo detenerse.
- Es inútil… ya lo he intentado todo. Este lugar le obedece sólo a él… Ven, vamos con Alain.
El rubio había logrado sentarse, analizando su intercambio dialéctico con Cybersoul. ¿Una victoria? No lo creía así… pero al menos confiaba en haber remecido un poco la poca conciencia que podía quedarle a ese ser.
A lonely life, where no one understands
you
But don't give up, because the music do
Music do
3
Aldo abrió los ojos lentamente. Se sentía dolorido, como si sus sensaciones humanas volvieran a su cuerpo. Se había quedado dormido junto a Armando, sentados frente al catre donde descansaba Alain, abrazados. La cabeza del ingeniero reposaba sobre el hombro del muchacho y su respiración era regular. Lo besó en el cabello… ¡Cuánto lo amaba! Sabía que no era sólo porque había sido su primer amante. No, no era sólo por eso. Armando y él habían pasado por tantas cosas que estaban unidos por un vínculo muy especial. Un vínculo que no se rompería fácilmente.
Sonrió tristemente… su amor no les servía de mucho en ese lugar. Aún pensaba a veces que podía despertar y descubrir que todo era un sueño. Algunas veces la sensación de irrealidad se apoderaba de él y temía estarse volviendo loco.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que vieron a Cybersoul? Horas tal vez… no lo sabía, su reloj estaba parado. No entendía cómo transcurría el tiempo en ese lugar. Si es que existía el tiempo…
Un estruendo de guitarras eléctricas los hizo levantarse de un salto. Las luces se encendieron nuevamente, brillantes, haciéndoles daño en los ojos habituados a las penumbras. Alain no se movió. Con los ojos cerrados, trataba de acostumbrarse a la luz.
- Caballeros… - Cybersoul avanzó hacia ellos, con una larga capa negra y los cabellos sueltos y salvajes -. He pensado… - su mirada los recorrió uno a uno, deteniéndose finalmente en Armando - … y de hecho, hay algo que necesito hacer. Armando, ¿recuerdas lo que dijiste? Viniste aquí… te quedarías. Me dijiste que te quedarías…
- Si tú los dejabas ir – completó Armando.
Aldo frunció el ceño, Alain negó con la cabeza.
- Correcto, eso fue lo que dijiste – dijo Cybersoul -. Ahora, ven conmigo.
- ¡Él no va a ningún lado! – exclamó Aldo.
- No hablo contigo – espetó Cybersoul – Armando, tú elijes. Ven conmigo y ellos serán libres.
Alain maldijo nuevamente el no poder usar sus piernas. Intentó detener con palabras a Armando, luego a Aldo, pero finalmente tuvo que conformarse con permanecer en la cama, tratando inútilmente de convencer a Cybersoul con sus argumentos.
- Puedes dejar de hacer daño… Puedes hacerlo, piénsalo… - dijo finalmente el rubio, habiendo expresado todo lo que él había sentido cuando tuvo en su poder al Sasha virtual que le había creado Cybersoul, intentando que el paralelismo de lo ocurrido hiciera reflexionar a su captor, que hizo un gesto exasperado.
- Se me acaba la paciencia. ¿Armando?
Aldo lo llenó de insultos y amenazas, provocando su risa cruel.
Armando los miró con tristeza, dijo algo sobre un deber que tenía que cumplir, que debía intentarlo, y después de besar a Aldo, se adelantó sin que el chico pudiera impedirlo.
- Te amo
Una reja lo aisló de los otros.
- ¡Pagarás! ¡Maldito! ¡Me las vas a pagar, cabrón hijo de puta!
Los gritos de Aldo fueron acallados por el estruendo de la música que parecía brotar de entre las mismas piedras y la luz se apagó, llevándose con ella a Armando.
4
- ¿Qué es esto? – Armando miró la habitación a la que habían llegado. Era su propia habitación, su cama, sus muebles, su ropa. Todo estaba allí, con el mínimo detalle, incluso la vista al parque de Santa Patricia por la ventana.
- ¿Te gusta? Lo creé para ti – la voz de Cybersoul había dejado de ser burlona, el hombre lo miraba desde el umbral de la puerta, sin la capa, con una sonrisa tenue dibujada en el rostro.
- No puede ser… - el ingeniero lo apartó y salió, pensando toparse con el pasillo lóbrego por el que habían entrado. En cambio, se vio en el pasillo de su propio apartamento, con la puerta del estudio abierta frente a él.
- Aquí nos besamos por primera vez – recordó Cybersoul -. Vinimos besándonos hasta tu cama… tropezaste en el camino y tuve que sostenerte.
- Eso pasó hace tiempo… no lo recuerdo bien.
- Tontas excusas. Lo recuerdas… lo veo en tus ojos.
El ingeniero sonrió a medias, inseguro sobre las intenciones de su captor.
- Rafa, ya estoy aquí. Tienes lo que querías… déjalos ir, ellos no te son de utilidad.
- Espera… ¿Recuerdas mi disco de Korn? Está junto al equipo… tú lo odiabas, pero te acabaste habituando y luego te gustó, estoy seguro de ello. Uno termina habituándose a todo…
- Rafael, esta no es mi casa…
- ¿No lo es?
- Vamos, no juegues. Sabemos bien que esto no existe…
- ¡Existe! – gritó Cybersoul -. Existe porque lo estas viendo, lo estás tocando… Puedes vivir aquí y será como antes, como siempre. Puedo crear vecinos, calles, todo Lima si quieres. Y crear ABZ y a todos los que trabajan allí, a Alfonso, a Martín, incluso a esa estúpida secretaria. Puedo crearlos para ti.
Armando se sentó en el sillón, intentando luchar con su mente. Todo era tan normal, tan real… habría creído que esa era la realidad y no la otra, de no ser por el extraño aspecto que tenía Rafael.
- Rafa – alzó la vista, para lanzar una exclamación. Cybersoul lucía exactamente como Rafael… su cuerpo delgado y huesudo, su eterna coleta y sus gafas redondas.
- Y puedo ser así otra vez, si eso te gusta…
- ¿Qué quieres realmente de mi? – fue la pregunta, casi el ruego, que la voz trémula de Armando formuló.
Y la respuesta vino despacio, sin inflexiones. Una sola palabra, una súplica…
- Ámame
Y por un momento, Armando creyó ver al joven Rafael de hacía un año, con la dulzura que tan sólo él le conocía. El Rafael tan necesitado de cariño que se había aferrado a él con desesperación, pidiéndole que no lo dejara. El mismo muchacho que presa de una obsesión había trabajado día y noche creando un mundo virtual y que como última medida desesperada, lo había llamado por teléfono, quizá para suplicarle que lo detuviera… Y se había abierto las venas en su afán de unirse físicamente a su creación.
- Rafa…
Pero también estaba Aldo... y él lo amaba.
El ingeniero estaba dividido, por un lado quería darle a Rafael lo que no había podido esa última noche en que el muchacho pidió desesperadamente su ayuda... por otro lado, no deseaba engañar a su novio, ni siquiera en forma virtual.
- Ámame y ellos serán libres...
La frase, dicha en tono apasionado, le hizo creer que quizá era eso lo que Cybersoul buscaba, un poco de afecto, alguien real que pudiera estar junto a él.
Libres…, la idea era irresistible. Aldo despertaría en el hospital y olvidaría esa pesadilla. Quizá lo olvidaría a él, dormido en algún lugar de París... pero sería libre. Y Alain... Alain volvería a Kurt, ellos lo merecían. Merecían ser felices.
Conteniendo las lágrimas, aceptó su destino y dio un paso hacia Cybersoul.
5
Armando abrió los ojos y se estiró en la cama, sintiendo cómo una mano acariciaba su espalda con movimientos lentos y suaves. Se sentía tan bien, tan confortable, que no quería moverse. Estaba en su propia cama, cubierto por una sábana, con la deliciosa modorra del sexo.
Entonces, poco a poco, comenzó a recordar.
Había tenido sexo con Rafael. Sexo duro y desenfrenado, pasión desmedida… Desde el momento en que sus labios se habían unido, se había desatado un incontenible torrente que los había conducido hacia eso. Había tomado al muchacho, dejando atrás todas sus inhibiciones, poseyéndolo con furia, con desesperación… La adrenalina y la pasión habían hecho su trabajo, los múltiples orgasmos habían sido sublimes y por esos breves momentos el ingeniero había pensado en lo que había dicho Cybersoul. “Uno llega a habituarse”
- Rafa – el ingeniero se sentó en la cama, mirando a su acompañante que sonreía dulcemente, como si nada hubiera pasado, como si Cybersoul no hubiera existido jamás.
Armando luchó con la sensación de irrealidad que lo acometió, cerrando los ojos, recordando…
Y recordó esos atardeceres interminables en la selva, donde miraba el sol ocultarse desde su hamaca, con Aldo sentado en su regazo. Las excursiones donde el muchacho se quejaba del calor, para caer rendido entre sus brazos y suplicarle que lo amase.
Aldo…
- ¡Aldo! – exclamó, volviendo súbitamente a la realidad -. Tienes que sacarlo de aquí… lo prometiste…
El rostro de Rafael se endureció de pronto.
- Nos acabamos de amar y piensas en él – dijo con la voz neutra -. Piensas en él…
- Déjalos ir – pidió Armando, mirando al muchacho a los ojos, como si quisiera recordarle el modo en que se habían amado – Déjalos y yo me quedaré contigo.
Rafael se echó a reír con una risa amarga, casi un lamento. Y mientras se reía, cambió de nuevo, convirtiéndose en el Nuevo y Perfeccionado Rafael, el amo de ese lugar… Cybersoul.
- ¿De verdad crees que puedo dejarlos ir? – dijo con dulzura -. ¿Crees que quiero?
- Lo prometiste… - Armando sintió un escalofrío recorrerle la espalda y se levantó, buscando su ropa.
- Tú también me prometiste que siempre estarías, cuando te necesitara – le encaró Cybersoul -. Y mira a dónde nos ha llevado esta promesa… ¿quién diría que algún día me suplicarías por tu novio?
- Rafa, basta. Estoy aquí, era lo que querías, ¿verdad? No tiene sentido mantenerlos aquí… yo me quedaré a tu lado.
- ¡Tonto! ¿Crees que eso me bastará ahora que he visto lo que sientes? ¿Crees que puedo vivir así, sabiendo que piensas en otro? ¿Crees en realidad que los dejaré con vida?
- ¡Dijiste que serían libres!
- La muerte es la liberación…
Algo se rompió dentro de Armando, algo que quemaba y hería al mismo tiempo. Gritó con todas sus fuerzas y se arrojó contra Cybersoul buscando su garganta. Rodaron por la habitación, destrozándolo todo, hasta que su oponente logró inmovilizarlo y presionó un botón.
- Au revoir
Y Armando comenzó a caer y a caer hasta finalmente acabar en el suelo de la fría mazmorra que compartía con sus compañeros. Su ropa, en un desordenado montón, cayó sobre él y el túnel por el que había llegado allí se cerró. En ese momento, las luces de la mazmorra se encendieron, ofreciendo a los cautivos el penoso espectáculo del ingeniero, semidesnudo.
- Armando – Aldo, que iba a correr a su lado, se quedó estático, mirándolo sin creer lo que veía -. ¿Tú…?
- Lo siento… yo creí… yo pensé…
- Que él nos liberaría si le dabas lo que quería. Tu también caíste en su juego, chérie – dijo tristemente Alain -. No te avergüences, yo también lo hice… y caí mucho más bajo que tú.
Un pesado silencio envolvió a los tres. Armando comenzó a vestirse lentamente. Entonces, Aldo avanzó hacia él y se le abrazó.
- Lo entiendo – murmuró, con lágrimas en los ojos -. Lo hiciste por nosotros… yo lo entiendo…
Los dos se abrazaron mientras el alma de Alain añoraba a Kurt.
6
- ¿Estás despierto? – preguntó suavemente Aldo. Alain sólo asintió -. Lo siento mucho… yo los metí en este lío. No debí acercarme a esa computadora… no debí…
- No tiene sentido culparse por algo que no tiene remedio – dijo Alain -. Yo también me dejé engañar…. No tienes idea cómo me dejé engañar – añadió en voz baja.
Armando dormía un intranquilo sueño en el cual se agitó, murmurando algo ininteligible, para luego, tranquilizado por un beso de Aldo, volver a dormirse.
- ¿Qué cosa quiere él? – cuestionó el muchacho, mirando las pareces, dirigiéndose en parte a Alain y en parte a su invisible enemigo -. ¿Por qué no nos mata y acaba de una vez con todo esto?
- Creo que se propone dar una lección – replicó el rubio -. Quería a Armando por esa obsesión enfermiza que lo domina, tú eras el cebo para atraerlo y en el proceso me halló a mi y creo que me quería para halagar su vanidad y también con un propósito más práctico: que yo fuera su instrumento para llegar al mundo real. Nos ha manipulado, jugando con nuestras emociones y nuestros recuerdos, para hacernos actuar como él desea. Pero las cosas no le salieron bien, yo me di cuenta a tiempo de su trampa y estoy seguro de que él se ha dado cuenta de que tener a Armando no lo hará más feliz. No sé lo que hará, creo que nos está matando de ansiedad, juega con nosotros, quiere probar nuestros límites… A veces creo que sólo se divierte.
Como respondiendo a la frase de Alain, un chillido agudo se oyó en la mazmorra y luego varios chillidos más, seguidos de pequeñas formas en movimiento, con ojillos que brillaban en las penumbras.
- ¡Ratas! – gritó Aldo, poniéndose de pie de un salto -. ¡Maldito desgraciado! ¡Maldito!
Armando, que despertó bruscamente, sólo pudo golpear inútilmente la pared por la que había caído, llamando a Rafael.
7
- ¿Cuánto tiempo ha pasado? – hacía algunas horas que el chillar de las ratas se había detenido por fin, pero Aldo seguía escuchándolos en su mente. Los tres estaban exhaustos, sin haber podido descansar en lo absoluto desde la invasión de las ratas.
- No lo sé… ¿tres días? – respondió Armando -. No tengo modo de calcularlo, puede que haya sido más…
- Creo que no – dijo suavemente Alain -. El tiempo aquí dentro no funciona como en el “mundo real”. Creo que en este lugar no hay diferencia entre mil años y un día… quizá hayan pasado meses, todo depende de cómo ajusta él su programa.
Armando gruñó algo entre dientes. La lógica de Alain lo hacía sentir más inútil y más impotente, como si vivieran atados al sueño o a la locura de Rafael. Llevaban todo ese tiempo sin verlo, como si luego de su decepción, los hubiera descartado completamente para dedicarse a otra cosa. Como si ellos no existieran… Sólo sabían que estaba allí por la música estruendosa que se oía a intervalos y Armando sabía de sobra que cuando Rafael se concentraba en algo, le gustaba escuchar a Korn a todo volumen.
- ¿Nos habrá olvidado? – aventuró Aldo.
Por toda respuesta, las luces se encendieron de nuevo, para dar paso a Cybersoul. Pero era un Cybersoul muy distinto al de días atrás. Este parecía esculpido en piedra, callado y circunspecto, como si tuviera que cumplir un penoso deber.
- Bonsoir, amigos míos – saludó, sin su habitual tono burlón -. El momento ha llegado… Ustedes no pueden permanecer indefinidamente aquí.
- ¿Nos dejarás volver? – preguntó Armando, arrepintiéndose en el acto, al ver el rostro pétreo de Cybersoul.
- Nunca. ¿Crees que soy idiota? Nadie sale con vida del infierno – dijo riéndose nuevamente – al instante, llamas comenzaron a aparecer en el piso, devorándolos, y el aire se llenó del olor de la ropa quemada.
Alain, en la cama que ardía, lo miró desafiante.
- No moriremos así y lo sabes – dijo el rubio -. Tu maldito programa nos hará volver una y otra vez, no moriremos.
- No, claro que no… Sólo me divertía un poco.
Aldo y Armando intentaron sofocar las llamas, sus cuerpos comenzaron a quemarse y un olor a carne chamuscada inundó la mazmorra. ¿Cómo podía Alain estar tan calmado?
¡Y el dolor! ¿Cómo era posible que no les doliera? Eran antorchas humanas sin sentir dolor, sólo quemándose y quemándose.
- Basta – las llamas se apagaron ante la orden de Cybersoul. Los cuerpos llenos de quemaduras de sus cautivos eran un espectáculo lamentable. Entonces, Cybersoul extrajo de entre sus ropas un decodificador -. ¿Saben qué es esto? No lo creo, pues acabo de inventarlo. Es una “pistola de datos”…. Ustedes están aquí a través de su mente atrapada en mi programa, como no son realmente ustedes, no pueden morir. Pero con esta pistola… Ahhh… Su cuerpo “físico” morirá y ustedes se quedarán aquí, en las mismas condiciones que yo. Desde luego no es el modo en el que yo entré aquí, porque lo que yo hice requiere un valor que ustedes no tienen. He estado trabajando en este otro medio más sencillo, que descubrí mientras estaba aquí. Pero eso no es todo… una vez convertidos en datos, la misma pistola los destruirá. ¿Quién se muere por ser el primero?
Alain palideció. No había creído posible revertir el proceso desde ese lugar. Cuando había tenido acceso al centro de cómputo, había buscado frenéticamente información relacionada a los símbolos que vio en el ojo, pero no la había hallado… Y ahora Cybersoul les traía esa pistola de datos… Iban a morir, y esta vez sería real.
- ¡No! – replicó - ¿No te das cuenta? Ya no quieres a Armando… tus motivaciones están empezando a desaparecer. ¿Qué te impulsará a ti a la vida? Te quedarás sin nada, cosecharás lo que has sembrado. Ningún ser real querrá compartir esto – señaló a su alrededor, la mazmorra desolada, los cuerpos deformados por el fuego de sus compañeros, el suyo propio, despojado del resplandeciente cabello rubio, una muñeca de cera derretida, moldeada para divertir a Cybersoul -. Puedes encontrar otro motivo para existir – dijo muy suavemente -. Algo que te haga feliz… ¿El conocimiento? ¿El poder para ayudar? ¿Ayudarías a todos los que pasaron lo mismo que tú? Podrías salvarlos…
Algo en los ojos de Cybersoul le dijo a Armando que estaba conmovido. Su mirada vagó por toda la destrucción que había generado. Había pena en ella, sus ojos se nublaron y avanzó.
- Podrías salvarlos…
- Armando
- ¡No! ¡Mátanos si quieres porque tú ya estás muerto! – gritó Aldo -. ¡Tú estás muerto!
- Ah ¿sí? – la pena desapareció, la voz se hizo fría -. Pronto estaremos en igualdad de condiciones.
El decodificador se alzó, pero antes de que pudiera dispararse un batir de alas hizo que Cybersoul levantara la vista.
- Pero qué demonios…
- ¡Kurt! – gritó Armando. Alain se quedó mudo y en ese momento toda la realidad de su traición lo golpeó con fuerza y se sujetó con desesperación al deshecho catre.
El ángel de alas negras volaba sobre Cybersoul, con la espada en alto.
- Déjalos ir – dijo en perfecto español y Armando no pudo evitar una sonrisa. Claro… en el cibermundo todos hablaban el mismo idioma.
- Ahhh, eres el repuesto de Alain. El que lo recogió del estercolero y volvió a armar los pedazos caídos. Te tengo noticias, pequeño. Tu novio folló con otro.
Kurt se posó en el suelo, mirando lo que quedaba de los tres. Alain no pudo sostenerle la mirada.
- ¿Qué le has hecho? – siseó el ángel, encarándolo con el fuego del odio en la mirada, pero Cybersoul no se inmutó.
- ¿Conoces a Sasha Ivanov? Un interesante hombre… folla como ninguno, yo los vi … - mientras hablaba, una de las paredes de la mazmorra mostró las imágenes, que Kurt contempló apretando la empuñadura de su espada. Sabía que era una trampa, que Cybersoul buscaba un punto débil en él, que Alain lo amaba. Pero dolía… dolía… - ¿Quieres que lo deje ir? ¿Para que te engañe de nuevo, ahora en lo que llamas “el mundo real”? Cría cuervos… - canturreó Cybersoul -. En cambio, aquí podemos tener todo el control. Mira en qué lo he convertido, un castigo justo a su traición. Pero tú… has sido tan inteligente hallando el camino… Quédate y gobernemos los dos…
- Kurtie, no…
- Silencio – cortó el ángel, su rostro era una insondable máscara de calma. Estudió a Cybersoul, altanero y salvaje, sonriendo con aire de suficiencia… su mirada se posó en el video, en el rostro de Alain mientras era sometido, y luego pasó hacia el triste remedo en que las llamas habían convertido a su novio. Los ojos del francés se llenaron de lágrimas -. No me importa lo que hayas hecho, Alain. Volvamos a casa – dijo finalmente, lanzándole una pequeña esfera.
Alain la abrió, reconociendo uno de los inventos de Kurt, un identificador biométrico que reaccionaba únicamente con su iris. La abrió y dentro de ella había tres chips rematados en un conector USB.
- Modifiqué el programa que los controla aquí… pónganselo en las muñecas – les gritó el ángel, el movimiento había sido tan rápido que Cybersoul no tuvo tiempo de reaccionar y fue bloqueado por Kurt, que lo atacó de pronto, para darles tiempo a los otros de escapar.
Al mirarse las muñecas vieron un conector hembra, que Armando reconoció como el mismo conector que había tenido Rafael. Sin vacilar, Aldo conectó el suyo al chip y al instante su figura se fue desdibujando píxel a píxel, hasta que no quedó nada más de él.
- Dénse prisa – gritó Kurt, golpeando a Cybersoul contra la pared. Él se retorció, encogiéndose como si formase un capullo, inmóvil, tan inmóvil que Kurt se detuvo.
- ¡Pelearás por ellos! – gritó la figura, poniéndose de pie como un enorme arcángel, con alas blancas y una espada que lanzó contra Kurt.
- ¡Kurt! – gritó Alain, sintiéndose más impotente que nunca -. No… no – se resistió con todas sus fuerzas cuando Armando tomó su muñeca e incrustó el chip, para hacer luego lo propio con el suyo.
Mientras sus figuras se desdibujaban, las dos espadas de los ángeles chocaron violentamente.
Hey you, hey you, finally you get it
The world ain't fair, eat you if you let it
And as your tears fall on
Your breast, your dress
Vibrations coming through
You're in a mess
Capítulo 18
Open up now
Let it all go
I'm quite certain
Say it aint so
You're corrupted by
Some sick fuck
Oh no
Open up now
Head in the sky
Pierce the tongue that
Keeps telling lies
Feelings in my mouth
You breathe in but can't breathe out
Open Up - Korn
1
Perú, Marzo del 2005
- No… no…. Armando… ¡Armando! – Aldo abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama, haciendo dar un grito a la enfermera que lo atendía -. ¡Necesito un teléfono! – gritó, tomando repentina conciencia de que había regresado.
Se hallaba en un cuarto de hospital, con un monitor conectado y un catéter de suero en sus venas, pero estaba vivo, había vuelto…
Había vuelto…
Y ahora tenía la imperiosa necesidad de comunicarse con Armando, de saber que estaba bien. En su desesperación por escapar había conectado el cable a su muñeca y había desaparecido, sin saber qué había ocurrido allí, sin detenerse a esperar. Miró su muñeca, donde no había señal alguna del conector USB y se cogió la cabeza.
- Armando
- Acuéstate, por favor. Voy a llamar al médico – pidió la pálida enfermera -. No debes moverte.
- Tengo que salir de aquí – exclamó Aldo -. Tengo que ir a París… Armando está allí…
- Calma, estuviste en coma. No puedes moverte hasta que venga el médico.
Aldo quiso protestar, pero algo le dijo que eso no le traería más que problemas. Se sentía un poco confundido y se dejó acostar nuevamente, cerrando los ojos. La enfermera lo miró unos momentos y cuando estuvo segura de que no se levantaría, salió en busca del médico.
El muchacho se levantó al instante. Tenía que salir de ese hospital. Si contaba su historia, nadie le creería. Debía hacer las cosas por sí mismo y comunicarse con Armando. Su ropa estaba doblada sobre una silla, pero no había rastro de su celular.
Se comenzó a vestir, pero cuando escuchó voces acercándose, salió con el pantalón y los zapatos puestos y la camisa a medio abrochar, y se dirigió corriendo hacia la calle, abordó un taxi y le pidió al asombrado taxista que lo llevara a la UPCI, donde vería a Beto Salinas.
2
París, Marzo del 2005
- Aldo…
- ¡Kurt!
Armando y Alain se quedaron mirando en la cama donde yacían juntos, con los ojos muy abiertos. El primero en reaccionar fue el francés.
- Hemos vuelto. Ayúdame a levantarme… debo buscar a Kurt.
La silla estaba junto a la cama y Armando se puso de pie, sintiéndose un poco atontado, sin saber si lo que había ocurrido en su mente había sido sueño o realidad.
- Tú estabas allí… lo viste, ¿verdad? – preguntó, confundido.
- Estaba… todos estábamos allí. ¡De prisa, ayúdame!
Armando logró empujar la silla y ayudar a Alain a incorporarse, para luego tomarlo en brazos y acomodarlo en la silla.
- ¿Qué pasó? ¿Cómo lo hizo? – las preguntas de Armando fueron interrumpidas por la entrada de Martin y John, quienes al escuchar voces se apresuraron a acudir.
- ¿Se encuentran bien? – preguntó Martin, mientras que John se acercaba a Alain, abrazándolo estrechamente, para luego abrazar a Armando.
El rubio los miró con gravedad y formuló una única pregunta.
- ¿Dónde está Kurt? - ambos intercambiaron una mirada, hacía casi una hora que el menudo ingeniero se había encerrado en el estudio, prohibiéndoles entrar - ¿Dónde?
- En el laboratorio – explicó John empujando la silla -. Se encerró allí. Iba a intentar rescatarlos.
- ¡Vamos!
Armando llegó antes que ellos y empujó la puerta inútilmente.
- Sigue cerrada.
- ¡Kurt! – llamó Martin -. Alain está conmigo, abre la puerta.
Pasaron unos momentos y nadie acudió ni respondió.
- ¡Kurt!
- Él está allí – dijo suavemente Alain -. Está allí, con Cybersoul.
- ¡Kurt!, abre esa puerta – Martin se echó para atrás, dispuesto a abrir la puerta por la fuerza.
- Espera, puedo abrirla – dijo Alain, tecleando rápidamente una secuencia numérica en el panel de controles de su silla. Al cabo de un rato alzó la vista -. No puedo. Kurt selló la puerta desde adentro usando su secuencia personal de códigos – explicó -. Si la forzamos, se activará una alarma y la policía irrumpirá aquí.
Martin y John se miraron.
- ¿Qué hacemos? – preguntó el profesor.
- Esperemos – respondió Alain -. Confío en él, tendrá éxito.
Los cuatro volvieron silenciosamente al saloncito.
- Necesito hacer una llamada – dijo Armando, buscando su celular. No podía esperar más, tenía que hablar con Aldo.
3
Cybersoul Hell
Las espadas de los ángeles volvieron a chocar, las alas de Cybersoul lo elevaron y volvió a lanzarse al ataque. Kurt lo bloqueó una vez más, enviándolo contra los muros de piedra.
- Pagarás por esto
Un rayo que brotó del os ojos de Cybersoul le chamuscó las alas y destrozó las paredes de la prisión. Uno tras otro llegaron los guardias, actuando del único modo en el que habían sido programados para actuar, y le dispararon con sus armas inútilmente. Kurt los barrió de allí con una explosión que abrió un agujero en el piso y el techo de la mazmorra.
Los ángeles se elevaron entre las nubes, alejándose de la mazmorra y del palacio, y ascendieron más y más, mientras abajo, el palacio de Cybersoul se deshacía, desdibujándose píxel a píxel.
- Maldito – dijo entre dientes Cybersoul -. Lo habías planeado… ¡Maldito¡
- Es sólo una bomba lógica que instalé antes de venir aquí. Puedes reconstruirlo cuando quieras, pero tendrás que trabajar extra porque borré tus bases de datos – dijo burlón el otro ángel.
La espada de Cybersoul le lanzó un rayo rojo que fue contrarrestado por otro rayo blanco de la espada de Kurt. Las alas de ambos se agitaron.
”Soy uno de los jinetes del Apocalipsis”, se dijo Kurt. Su programa gusano había empezado a actuar, borrando datos y locaciones, destruyendo el desierto, los bosques, la ciudad. Sus habitantes empezaban a ser devorados por el torbellino destructor de datos, mostrando las escenas de muerte programadas para su papel en los juegos.
Peste
Hambre
Guerra
Muerte
Muerte...
Por eso había escogido ser un ángel de alas negras, alegoría que había pasado desapercibida para Cybersoul hasta ese momento en que su mundo se destruía, volviendo a ser un espacio vacío en algún lugar de la red.
Kurt parpadeó unos instantes, sobrecogido por la destrucción que estaba creando. Ese momento de distracción fue aprovechado. Una estocada de Cybersoul le abrió un agujero en el pecho, que se cerró nuevamente, obedeciendo al mandato de su mente.
- Soy indestructible – gritó - ¡Yo mismo me programé así!
Estaba en su propio videojuego, se sentía como el personaje invencible del comic, el héroe indestructible e inmortal, y mientras luchaba por destruir a Cybersoul en su propio mundo, supo lo que su oponente sentía.
La sensación del poder más absoluto, en sus manos.
Y supo también que cuando se tiene todo el poder, cuando se está por encima de todas las formas de vida conocidas, la ética y la moral no tienen sentido alguno. ¿Acaso hay moral en aplastar un mosquito que nos ha picado?
La brillante luz que los envolvía se oscureció, devorada por la bomba lógica, y únicamente quedaron ellos dos en el espacio vacío que podía llamarse cielo, pero que no era más que el éter de la realidad virtual.
Y en medio del espacio, las espadas volvieron a chocar.
Una batalla sin fin, estocada tras estocada, golpe tras golpe, y a todos los ataques les seguía la milagrosa recuperación de los oponentes. La batalla se prolongaba y Kurt supo que se prolongaría hasta el infinito si no hacía algo.
- Detén esto ya – gritó a Cybersoul.
- ¡Nunca! – fue el grito lleno de ira, acrecentada ante la vista de la destrucción de su imperio -. Tengo aún un recurso…. Mi último recurso – bramó.
Llamas azules brotaron de la espada de Cybersoul, quemando las alas de Kurt, que comenzó a caer en el vacío infinito y mientras caía y caía, era seguido por la risa de su oponente.
4
París
Marzo del 2005
La puerta del estudio se abrió de par en par haciendo que Martin, John y Armando se pusieran de pie de un salto. Hacía pocos minutos que se hallaban en una angustiosa espera, hablando en susurros. El peruano había logrado comunicarse con Aldo y se sentía aliviado de que estuviera bien, pero compartía la preocupación de todos hacia Kurt.
Alain avanzó sin decir palabra, precipitándose dentro del laboratorio.
- ¡Allí! – gritó, acercándose con su silla lo más a prisa que pudo, para sostener a Kurt, inconsciente sobre el teclado -. Él abrió la puerta… llévatelo – le pidió a Martin -. Tengo que terminar con esto.
Los dedos del rubio teclearon con rapidez, capturando la secuencia de comandos que Kurt había usado. La pantalla estaba negra y por un momento pensó que había un error en el programa, hasta que vio algo blanco en el fondo, algo que daba vueltas en espiral y se iba empequeñeciendo cada vez más.
- ¡No! – dijo con la voz ronca, con el cerebro queriendo estallar mientras pensaba en el modo de detener aquello.
- ¿Qué pasa? ¿Qué es eso? – preguntó John, súbitamente aterrorizado.
- Es él – murmuró Armando, incapaz de apartar los ojos de la pantalla en la que el objeto blanco casi no se distinguía.
- Kurtie… ¡Kurtie! – Alain se obligó a pensar con frialdad, a ponerse en el lugar de su novio. Lo conocía tanto que debía poder deducir la estrategia que había empleado. Debía saber…
El sudor empapó su frente y un gemido angustiado brotó de su garganta. La adrenalina fluía por sus venas, dándole la certeza de que si fallaba, Kurt estaría perdido.
- Kurt…
Y entonces recordó que Kurt siempre creaba en todos sus juegos un plug in de emergencia.
Digitó a toda velocidad las contraseñas que Kurt usaba siempre en los juegos, agradeciendo que usara las mismas en esa ocasión. Una diminuta esfera apareció en la pantalla y voló hacia la figura blanca que caía. El rubio cerró los ojos. Detrás de él, John y Armando contenían la respiración.
Un minuto… dos…
La pantalla se llenó del rostro de Rafael. Un rostro que expresaba una tristeza tan grande, que Armando extendió los dedos hacia él, acariciando el monitor.
- Mátame… - fue la súplica que pronunciaron sus labios, y la pantalla se quedó negra otra vez.
- ¿Alain? – una voz queda hizo que todos se sobresaltaran. Kurt parpadeaba, en busca de sus anteojos.
Los ojos llenos de lágrimas de los dos ingenieros se encontraron, mirándose largamente, hasta que Kurt abrió los brazos y se abrazaron silenciosamente.
What were you thinking
I guess I'll never know
See your eyes blinking
Pupils begin to grow
5
París
Marzo del 2005
- ¿Qué será de él? - preguntó suavemente Armando mientras compartía el último café con Kurt y Alain. El pasaje de retorno a Perú estaba en su bolsillo y su maleta aguardaba junto a la puerta.
- Queremos averiguar un poco más sobre lo que hizo - repuso Alain. El rubio se veía cansado, pero estaba muy tranquilo, como si las angustiosas horas pasadas no hubieran hecho mella en él.
Kurt asintió en silencio.
- Aún no entiendo cómo lo hizo... – dijo Armando -. Sé que todo esto fue real, pero a veces me parece haber vivido un sueño que desapareció al despertar.
- Es difícil de entender. Se dice en algunas teorías evolucionistas que pudimos ser producto de manipulaciones genéticas de seres del espacio, los que tenían un dominio absoluto sobre la tecnología. Los antiguos lo llamaban "magia", "posesión demoníaca" y otros términos que expresaban algo que ellos no entendían. Estos seres se consideraron dioses. Algunos de sus sacerdotes fueron iniciados en el saber... podían ponerse en trance y comunicarse con las computadoras de los dioses. El trance se lograba induciendo al individuo con símbolos transmitidos en rápida sucesión, mensajes dirigidos al subconsciente, como los mensajes subliminales de hoy. Cybersoul usó eso para meterlos en su mundo. Pero lo que se hizo a sí mismo, no puedo entenderlo aún... sólo pienso que su poder mental y su voluntad fueron tan fuertes que logró proyectar su energía vital a ese cable de red y vivir allí. Y gracias a Dios, creo que nadie más podrá hacerlo - dijo Kurt, sujetando la mano de su novio -. Hay quienes dicen que las próximas civilizaciones desarrollarán el poder de la mente sobre la tecnología, pero lo cierto es que actualmente el hombre es un esclavo de la tecnología. Y no sé si eso me guste del todo.
- Claro que te gusta, chérie - sonrió Alain -. También es tu mundo, pero tú juegas en el equipo de los buenos.
- Ambos jugamos en el mismo equipo - repuso él -. Juntos... siempre.
Drilling you softly
Pulling you in
Making your mind up
What's sick or a sin
6
Perú
Marzo del 2005
La impaciencia de Armando iba en aumento conforme se acercaba a Perú. Había pasado todo el vuelo mirando el reloj, en una espera angustiosa y ahora que había transcurrido el noventa y nueve por ciento del viaje, su ansiedad, unida al deseo de ver a Aldo, había aumentado a niveles estratosféricos.
Apenas anunciaron el próximo aterrizaje, alistó sus cosas y fue uno de los primeros en bajar, atropellando a los demás pasajeros en su ansia por salir. Los minutos en los que esperó el equipaje se le hicieron eternos y se lanzó a la salida, buscando entre la multitud de rostros a su novio.
- ¡Armando!
Aldo corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. La maleta cayó, olvidada, las miradas asombradas se clavaron en ellos.
Pero nada importaba… Nada interesaba mientras estuvieran juntos.
El ingeniero lo estrechó con fuerza.
- Aldo... Aldito... - los dos rieron, felices y aliviados de que la pesadilla haya terminado por fin.
Aldo lo besó sin importarle la gente, sin importarle nada más que la certeza de que ahora estaban juntos y que no se separarían jamás.
- ¿Vamos a casa? - logró decir Armando en medio del beso, Aldo asintió.
- A casa.
Tomaron un taxi, sin dejar de besarse y acariciarse todo el camino hasta La Molina, hablando en susurros para que el taxista, que ya los miraba extraño, no los creyera locos.
Cuando por fin cerraron la puerta del departamento, se dejaron caer sobre el sofá, ansiosos por amarse, por saber que estaban juntos sintiéndolo en la piel.
Aldo encendió el equipo de música y revolvió entre los CDs, lanzando una exclamación… Y mientras se desnudaba, el CD de Korn de Rafael fue a parar al basurero.
Open up now
Let it all go
Open up now
Let it all go
7
París
Marzo del 2005
Alain corrió las cortinas, dejando el estudio en penumbras atenuadas apenas por las luces de las farolas de la transitada calle, y se acercó al computador. Hacía tres días que Armando se había ido, tres días en los que Kurt y él no se habían separado. Ningún reproche había salido de los labios de su novio cuando el rubio le confesó todo y fue como una liberación en la que ambos habían llorado, recogiendo nuevamente los pedazos de sus almas desgarradas y volviéndolos a unir.
Martin y John los habían dejado solos luego de la partida de Armando, y Alain se los agradecía. Esos días habían sido para ellos, los necesitaban para perdonar y trazar un nuevo futuro.
Pero ahora llegaba el tiempo de las decisiones.
El rubio había escrito una extensa carta, dirigida a la persona que le había causado tanto daño, perdonándolo porque ya no tenía caso guardarle rencor. No sabía si Sasha la querría abrir, o si le respondería. Tampoco importaba. La había escrito más para si mismo que para su antiguo amor. La había escrito porque necesitaba un testimonio del capítulo más doloroso de su vida, un epílogo a una historia que había concluido para siempre.
Con un suspiro, miró hacia el monitor que permanecía negro, tan igual a como había quedado la última vez que vieron a Cybersoul.
- ¿No duermes? – dijo quedamente Kurt, desde la puerta.
El rubio negó suavemente.
- Aún no… tengo demasiadas cosas en la cabeza.
Kurt entró y se sentó frente al monitor. Sabía que él estaba allí… que la energía vital que lo mantenía vivo palpitaba en alguna parte del computador.
Y lo compadeció desde lo más profundo.
Sólo tenía que ejecutar un programa y todo habría terminado. Dejó el comando listo y miró a su novio. Había algo que necesitaba preguntarle.
- ¿Te arrepientes de no haberte quedado en ese mundo donde podías caminar?
- No – negó Alain -. Uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde… Cuando podía caminar me sentía invencible, podía tener a quien quisiera y no me era suficiente. Nunca pensé que algo malo podría ocurrirme hasta que ocurrió. Me costó asimilar la pérdida, sentí rabia y la volqué sobre una persona que quizá la merecía, pero lo cierto es que me hice más daño a mi mismo del que le pude hacer a él. Y luego lo asimilé, y lo hice gracias a ti – Kurt negó suavemente con la cabeza -. No… no lo niegues, fuiste tú. Tú me hiciste ver que había cosas más importantes, que durante años viví de cosas superfluas, que podía dar mucho más….
- Sólo te hice ver lo maravilloso que eres.
- Tonto… el maravilloso eres tú – sonrió el rubio -. No me di cuenta de ello hasta ese momento, prisionero en ese lugar, buscando vengarme de Sasha con el arco en las manos. Y pensé en ti… Allí supe que ni mis piernas ni la venganza podrían alejarme de ti. Allí, a punto de perderte, supe que no podría resistirlo.
Kurt se arrodilló delante de la silla, tomando las manos del rubio entre las suyas.
- Nunca me habrías perdido. Habría ido allí de todos modos, a buscarte. Me habría quedado allí aunque no me quisieras…
Alain le tapó suavemente la boca.
- Calla. El capítulo está cerrado... hay que voltear la página.
Kurt le echó una ojeada al computador.
- Hay algo que aún no hemos terminado – dijo -. Algo que no pude hacer mientras estaba allí adentro, pero que podemos hacer ahora.
- Quiero intentar algo más – pidió el rubio. Los dos se miraron por largos minutos -. Debo hacerlo.
Kurt asintió en silencio y se alejó de allí. Apenas lo hizo, los dedos de Alain teclearon en el computador.
”¿Recuerdas lo que te dije? Allí donde te encuentras no hay esperanza. Aquí, sin embargo, hay muchas personas que son como tú. Personas que necesitan una esperanza. La frontera es muy angosta… tú puedes ser su esperanza. Tú los entiendes, eres como ellos. Tú puedes evitar que sean como tú”
Algunos caracteres se dibujaron en la pantalla, letras que se escribían lentamente, dolorosamente. El alma más solitaria del mundo comenzó a abrirse poco a poco y el rubio lloró.
Horas más tarde, Alain se alejó del monitor y conectó el cable hacia el router.
Adiós…
Una luz brillante en la pantalla fue la despedida y el rubio salió silenciosamente a refugiase en los brazos de Kurt.
Epílogo
1
Londres, Marzo del 2005
Sasha Ivanov se levantó mucho más tarde de lo habitual. Junto a él, su novio dormía profundamente. El ruso se puso la bata y abandonó silenciosamente la habitación, para cumplir con uno de sus primeros rituales matutinos: revisar el correo.
Ese domingo únicamente había una factura y una carta. Frunció ligeramente el ceño, pues nadie le solía escribir, y al leer el remitente, lanzó una exclamación. Sus dedos rasgaron rápidamente el sobre para tomar la misiva.
Momentos más tarde, la releía, acompañado de una taza de café.
Alain…mon petit
Después de pensarlo mucho, tomó un lapicero y comenzó a escribir.
”Querido Alain, he pensado mucho en ti durante estos años. Me preguntaba qué habría sido del hermoso hombre que tuve el placer de conocer.
Nuestra despedida fue de lo más desafortunada. Tu visita coincidió con un terrible accidente... Thomas, mi mejor amigo, había sufrido un ataque en manos de su novio, estaba lastimado y en estado de shock. Yo sólo tenía cabeza para él... Discúlpame si te traté mal, no fue mi intención.
Me alegra que hayas rehecho tu vida, tal como yo rehice la mía.
Tuyo siempre,
Sasha"
- ¿Qué haces? - preguntó su novio, caminando desnudo hacia él.
- Le escribo a un viejo amigo - respondió Sasha -. Un viejo y entrañable amigo.
2
París, Marzo del 2005
- Un tonto malentendido… tuve tanta amargura todos estos años por un malentendido – dijo Alain, dejando la carta sobre la mesa del desayuno. Kurt la leyó.
- No parece el hombre que me describiste – observó.
- Ha cambiado. Quizá él haya pasado también por algo difícil… Me alegra que me haya escrito.
- Y, ¿qué harás?
- Guardaré esta carta y cuando esté triste, la leeré.
3
Perú, departamento de San Martín, Enero del 2006
Nunca los atardeceres en la selva le habían parecido más hermosos a Armando ahora que los contemplaba con Aldo. El muchacho estaba tumbado en la hamaca, vestido tan sólo con unos shorts, mirando el estallido de colores que precedía por breves instantes la llegada de la noche.
- Se está tan bien aquí… qué lástima tener que volver.
- Lima no puede seguir avanzando sin nosotros – replicó Armando, sonriente y lleno de optimismo -. Tenemos que conquistar un mercado.
Aldo sonrió. Los meses que habían transcurrido les habían demostrado que juntos podían hacer lo que fuera. Armando había iniciado su propia empresa de consultoría, los clientes no habían sido muchos, pero antes de emprender el viaje había cerrado un ventajoso contrato con el Banco de Crédito, lo que constituiría una importante carta de presentación.
- ¿Y de qué te preocupas? – susurró el muchacho, ondulando suavemente en la hamaca -. Tienes el mejor ingeniero de soporte del Perú y los mejores asesores en seguridad del mundo. Y me tienes a mi…. Ni Martín ni Kurt ni Alain pueden hacer lo que hago yo.
Armando se quitó la polera y se recostó sobre el muchacho, saboreando su piel desnuda que clamaba por ser amada.
Horas más tarde, el ingeniero se levantó de la hamaca para tomar su celular que sonaba con insistencia.
Había allí un único mensaje:
“La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”
4
París, enero del 2006
- Creo que ha llegado el momento – dijo Alain -. Necesito formatear ese disco.
El desorden habitual había vuelto a reinar en el laboratorio, varias piezas de un sensor de aproximación estaban en la mesa de trabajo y Kurt las estudiaba con un lente de aumento. El menudo ingeniero miró de reojo el computador que les había traído tantos problemas: Cybersoul Hell, como habían comenzado a llamarlo luego de esa noche, meses atrás, donde Alain tomó una decisión de la que ninguno de los dos conocía la trascendencia.
No habían utilizado el equipo, lo habían dejado tal cual, conectado al router como si se tratara de un cordón umbilical… pero los meses habían pasado y nada extraño había ocurrido.
Finalmente el sentido práctico se imponía… necesitaban el disco duro.
- Espera… déjame revisarlo. Haré un backup – Kurt se acercó al monitor y comenzó a teclear -. Alain – exclamó al cabo de un rato -. Ven a ver esto…
El rubio acercó la silla y contempló asombrado lo que su novio acaba de descubrir.
“De profundis o de cómo se está vivo y muerto a la vez”
- Son sus memorias – susurró Kurt abriendo el archivo.
Las letras danzaban rápidamente ante los ojos de los dos franceses, mientras Kurt pasaba las páginas.
”Quizá hubiera sido un excelente mentalista, pero mi propósito no era hacerlo en lo que conocemos como “realidad”. Deseaba tanto unirme a la tecnología que mi cuerpo la recibió gustoso. La vida no existe tal como la concebimos… es mucho más que una existencia efímera y vacía en un mundo hostil….”
- Si no lo hubiera visto, no lo creería… - susurró Alain.
”¿Por qué lo hice? Cuando se tiene el conocimiento absoluto, recogido de los computadores que almacenan la sabiduría de la humanidad, cuando se manejan todas las variables, cualquier medio empleados para conseguir objetivos es igualmente válido. Lo que importa es el fin y no los medios.
Descubrí una organización que se hace llamar “El Círculo”. Paradójicamente un círculo no tiene fin…
El conocimiento absoluto proporciona el poder. El Círculo lo sabe. Pudo haber conocido el medio para abrir la puerta tecnológica. Yo tomé de allí… El conocimiento, estaba en sus archivos, como también estaban en sus archivos los medios para volver a ese pasado dorado del universo. Ciegos… en su afán de acumular información no vieron lo evidente. Ahora nadie lo verá… el conocimiento murió en el instante en que comencé a escribir este diario.
Lo evidente…
La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”.
FIN