
Crucero
Original
N. de la a.: Esta extrañísima historia fue mi
primer slash y curiosamente se me ocurrió hacerlo con personajes originales
y vaya que tiene una historia... Me había olvidado de su existencia
hasta que Jun (hace N tiempo) me recordó que existía.
Armando llegó retrasado, el vuelo se había demorado, como siempre. Apenas tuvo tiempo para encontrarse con Leo e ir al crucero que habían reservado. Todo estaba pasando tan rápidamente que apenas tenía conciencia de que, al fin, estaba cumpliendo un sueño largo tiempo anhelado. Un crucero a las Islas Galápagos, con Leo, su novio virtual, con quien se había conocido por Internet y a quien veía personalmente por primera vez.
Era más hermoso de lo que había imaginado en sus más locas fantasías. En el taxi que los llevaría al crucero, lo miraba mientras Leo, lleno de entusiasmo, le contaba el recorrido que harían. Sería un viaje inolvidable para ambos. Armando no podía tener las manos quietas, y en un momento estaba tomando las manos de Leo entre las suyas, diciéndole "Quería tanto conocerte, eres mejor de lo que imaginé".Leo se ruborizó, viéndose más hermoso si eso era posible, y le hizo señas, porque el taxista los miraba por el espejo retrovisor. "más tarde", susurró Leo con una sonrisa de complicidad.
Una vez instalados en el crucero (había pedido camarotes separados, por las apariencias), salieron a ver el mar. Era un espectáculo hermoso, toda esa inmensidad del mar y Leo sentado en la baranda del barco, con la cabeza inclinada hacia atrás saboreando la brisa. Armando tenía unos deseos locos de besarlo, pero no podía, había demasiada gente. Se tuvo que contentar con fotografiarlo.
El viaje en barco era una novedad para ellos, recorrieron todo, disfrutando cada instante, aprovechando esos momentos para conocerse mejor. Los estudios de Leo iban bien, había sacado buenas notas en el último semestre, por eso sus padres le habían permitido hacer ese corto viaje. Armando por su parte disfrutaba sus primeras vacaciones en tres años, ya que el tener un cargo gerencial en una empresa pública había hecho imposible que pudiera salir de vacaciones antes.
No dejaban de mirarse, Armando anhelaba que estuvieran solos, pero Leo deseaba estar al aire libre, aprovechando al máximo el sol.
Fueron a la piscina, Leo se veía encantador con una pequeña truza negra. Se recostó en uno de los sillones que había allí y le pidió inocentemente a Armando que le echara bronceador. Armando tomó asiento a su lado, y lentamente echó bronceador en la espalda de Leo. Luego, con cuidado, comenzó a esparcirlo con las yemas de los dedos, acariciándolo. Le encantaba la suavidad de su piel, la firmeza de sus músculos. Se detuvo al llegar a la parte baja de su espalda, alcanzando a tocar la pequeña truza.no podía ir más lejos con tanta gente mirando.
Leo entonces se dio vuelta. "Por favor también en el pecho" le dijo con un susurro. Armando obedeció y repitió la operación, acariciándolo mientras aplicaba el bronceador, en el cuello, los hombros, y el pecho. Leo tenía los ojos cerrados y su respiración se agitó un poco.luego las manos de Armando llegaron a su estómago."No!, no!, me haces cosquillas", dijo Leo, riendo.su risa era cristalina, llena de picardía. Armando estaba tentado a arrojarse sobre él en ese mismo instante, pero entonces el cielo se oscureció repentinamente y comenzó a llover, como sólo pasa en las regiones tropicales.
Todos empezaron a recoger sus cosas e ir rápidamente a sus camarotes, ya que empezaba una fuerte tormenta. Leo se quedó inmóvil y pálido. Las tormentas normalmente no lo asustaban, pero estaban en medio del mar, y no pudo evitar sentirse nervioso. Luego las olas empezaron a elevarse, mientras se oían truenos a lo lejos.
No quedaba nadie más que ellos en la cubierta del barco, el camarote estaba lejos. Entonces Leo comenzó a temblar, se sentía muy asustado. Buscaba a Armando con la mirada, cuando sintió sus fuertes brazos rodeándolo. "Calma pequeño, no pasará nada", le dijo él mientras lo abrazaba, "mejor vamos a mi camarote, allí estarás bien". Lo tomó de la mano y se dirigieron al camarote de Armando.
Estaba muy oscuro. Cuando Armando quiso prender la luz, ésta no funcionaba. Aparentemente, la tormenta había causado problemas al sistema eléctrico del barco. Luego se sintió un fuerte trueno, que hizo saltar a Leo. Una vez más, Armando lo abrazó protectoramente. "No tengas miedo, yo estaré contigo", le dijo mientras le acariciaba la espalda. Estaban vestidos únicamente con la truza de baño, y al abrazarse sus cuerpos se rozaban, enloqueciendo de deseo a Armando, pero no quería presionarlo, era evidente que su pequeño amigo estaba muy asustado. "Relájate mi amor, todo estará bien", le decía cariñosamente Armando, besándolo en la frente y acariciándolo para tranquilizarlo.
Entonces Leo lo miró y le dijo "Estoy bien, tantos abrazos y me dieron ganas de besarte" y acercó su rostro al de Armando. Él se dejó besar. El beso fue tímido al principio, como si se estuvieran reconociendo. Los labios de Leo eran tal como él los había imaginado, suaves y sensuales. Entonces decidió tomar el control.
"Déjame explorarte, amor", le dijo, "quiero explorar cada milímetro de tu boca". Leo entreabrió los labios lentamente, y Armando deslizó su lengua anhelante entre ellos. Exploró toda la boca del muchacho, intoxicado por su dulzura, mientras sus manos acariciaban su cuerpo.
Entonces regresó el fluido eléctrico, y Armando rompió el beso lentamente, quería poner un poco de música para Leo. Sabía que le gustaba y había venido preparado.colocó un CD y en un instante la habitación se llenó con la voz de Bonnie Tyler cantando Total Eclipse of the Heart.
Volvió al lado de Leo y lo besó nuevamente. "Quítate la ropa, amor. Lentamente, quiero ver como lo haces", le dijo al oído. Leo obedeció, bailando sensualmente, y se quitó la pequeña truza, quedando desnudo delante de Armando. "Acuéstate amor, dime, harás algo por mi?" le preguntó. Leo se recostó en la cama dócilmente, "claro" le dijo. Armando continuó "quiero vendarte los ojos", deseaba ardientemente hacer esto. Leo aceptó, y Armando cubrió sus ojos con un lienzo, luego lo besó nuevamente, quitándole el aliento. Su boca bajó lentamente por su cuello, lamiendo y mordiendo suavemente. Los gemidos de Leo eran música para sus oídos, y lo alentaban a seguir. Se detuvo haciendo círculos con la lengua alrededor de sus pequeños pezones, primero uno, mientras acariciaba el otro con la mano, luego el otro, hasta que los sintió endurecerse.
Luego lo siguió acariciando, y se detuvo en el vello que cubría su sexo. "Dime que quieres que te haga", dijo Armando sensualmente. Lo excitaba mucho tener esa clase de conversación mientras hacía el amor. "Lo que tu quieras", respondió Leo, casi sin aliento. "Dímelo, quiero oirlo de tu boca", insistió Armando. "Quiero que me lo chupes", dijo el hermoso muchacho.
Armando tomó el miembro de Leo delicadamente entre sus labios, lamiéndolo en la punta, deleitándose con su sabor y con las sensaciones que provocaba en el muchacho. La piel allí era muy suave. Siguió lamiendo de arriba abajo, saboreándolo, mientras Leo se retorcía de placer. Mientras lo torturaba así, Armando tocaba su propio miembro, quería acabar sobre el cuerpo del muchacho al mismo tiempo que él. Luego introdujo todo el miembro de Leo en su boca y comenzó a succionar, lentamente primero, y luego más rápido, mientras seguía el mismo ritmo con su mano. Quería beber toda la esencia de Leo, sentir su sabor. Pronto el muchacho empezó a gemir incontrolablemente, próximo a terminar.al oír los gemidos, Armando no pudo resistir más, y explotó sobre el cuerpo de Leo, al mismo tiempo que su boca se inundaba con el semen del muchacho, que bebió con pasión.
"Estuvo muy bien", le estaba diciendo Leo, cuando recobró el aliento. "Aún no termino contigo", le dijo Armando. "Déjame recuperarme un momento", y se recostó al lado del muchacho. Había planeado otras cosas para él, y en realidad, recién estaba empezando.
"¿Y cómo vas a castigarme?" preguntó Leo inocentemente. Habían estado jugando en sus interminables charlas por Internet, y Leo hacía travesuras que lo molestaban. Una vez trató de enviarle un archivo pornográfico al trabajo, sabiendo que las comunicaciones eran interceptadas por un firewall, y constantemente escribía en mayúsculas, sabiendo perfectamente que esto lo irritaba. Para Armando, quien trabajaba en informática hacía más de una década, era de pésima educación escribir en mayúsculas, ya que en el lenguaje informático significa que estás gritando. Así que había prometido castigarlo por sus travesuras.y Leo no se imaginaba ni remotamente en qué consistiría el castigo.
Armando lo besó nuevamente. "¿Confías en mí?", le preguntó al oído. "Sí", susurró Leo. "Entonces, déjame amarrarte las manos amor", le pidió Armando. Levantándose a buscar las cuerdas que había preparado. "Hazlo", dijo Leo, era tan adorable, complaciéndolo en todo. Armando se acercó y tomó cada muñeca de Leo, atándolas a los pilares de la cama, con cuidado de no lastimarlo con la cuerda. Se veía tan indefenso, desnudo, con los ojos vendados y atado a la cama.era un manjar apetitoso, y Armando sintió crecer su erección.
"Ahora estás a mi merced, no puedes moverte y puedo hacerte lo que quiera", dijo besándolo nuevamente.su boca lo enloquecía. "¿Qué me harás?" preguntó Leo, excitándose cada vez más. Por toda respuesta, Armando le levantó las piernas, abriéndoselas y colocando cada una sobre sus hombros, dejándolo completamente expuesto. Luego deslizó su lengua en la pequeña abertura del muchacho, lamiendo la entrada a él, preparándolo. "Quiero que seas mío, ¿harás eso por mí?", preguntó. Deseaba oír la invitación de los labios de él. "Yo también quiero", respondió Leo, incapaz de resistir tanta pasión.
Armando lentamente deslizó un dedo dentro de él, con cuidado de no lastimarlo. Leo se quejó un poco, era tan estrecho que le dolía. Armando lo tranquilizó con palabras de amor, y comenzó a mover el dedo en círculos, buscando el punto donde le diera placer. Pronto Leo comenzó a gemir nuevamente, y Armando insertó otro dedo, lentamente, logrando la dilatación que buscaba."mira lo que puedo hacer sólo con mis dedos.imagínate su uso otra cosa", susurró al oído del muchacho, quien abría cada vez más las piernas invitándolo.
Entonces, Armando recordó el castigo. Era el momento perfecto, Leo movía las caderas sensualmente, mientras sus dedos lo penetraban, era la imagen del deseo. Casi arrepintiéndose por lo que haría, Armando retiró los dedos, haciéndolo dar un pequeño grito de pérdida.
"Quiero que me supliques, que te desesperes para que te tome. Estás indefenso y completamente en mis manos. Este es tu castigo", le dijo firmemente. Leo estaba desconcertado, eso no era, definitivamente, lo que había esperado. "Hazlo por favor", dijo. "No", insistió Armando, "sigue, suplica mas". Leo siguió."por favor, quiero que lo hagas", pero Armando no le hacía caso, quería ver hasta donde podía llegar. Hasta que vio lágrimas en el rostro de él, eso lo conmovió."No llores amor, que me partes el corazón", le dijo apenado. No había querido llegar tan lejos. Le besó el rostro limpiándole las lágrimas, los labios, mientras lo acariciaba. "¿Estás listo amor?", preguntó. "Sí", susurró Leo.
Lentamente, Armando introdujo la punta de su miembro en la pequeña entrada del cuerpo del muchacho, haciéndolo sobresaltar. "Relájate amor, no te haré daño", decía mientras tomaba el miembro del muchacho y lo frotaba con ambas manos. "Duele un poco", se quejaba Leo, el miembro de Armando era grande y temió que lo lastimara.
Armando lo tranquilizaba susurrándole palabras de amor, mientras lo seguía acariciando y empujaba muy lentamente, moviéndose en círculos para dilatar la pequeña entrada. Leo se relajó, dejándose envolver en las sensaciones, poco a poco Armando lo penetraba, hasta que estuvo todo dentro de él. "Ahora eres mío", le dijo, mientras empezaba a moverse lentamente. Pronto los gemidos de Leo inundaron la habitación. "Despacio amor, te oirán los vecinos", le decía Armando tratando de acallar los gemidos con besos, sentía que no podría resistirlo más, era delicioso estar dentro de él."Quiero que acabemos juntos", decía entre gemidos, "¿quieres que me vacíe dentro tuyo?". "No", dijo Leo, "en mi cuerpo".
Enloquecido por la pasión, Armando había olvidado una norma básica de seguridad, no usaba condón. Y claro, el muchacho tuvo que recordárselo. "Está bien", dijo, un poco decepcionado. Luego aumentó la velocidad mientras usaba sus manos en el miembro de Leo, que gemía ahora incontrolablemente. "Más, más" gritaba, sin importarle nada. Armando sintió que algo estallaba, y mientras su mano se mojaba con el semen de Leo, se retiró justo a tiempo para esparcir el suyo sobre el cuerpo de su adorado Leo.
Se recostó junto a él para recuperarse. "¿Me desatas?" preguntó Leo tímidamente. "Que imbécil, lo olvidé completamente, perdóname amor" .Armando se levantó en seguida y le soltó las manos, besándole las muñecas allí donde las cuerdas habían dejado marcas. Le quitó también la venda y se perdió en la inmensidad de sus bellos ojos cafés. "Gracias amor, por lo que hiciste por mí", le dijo abrazándolo. La tormenta seguía, pero ahora solo les importaba estar juntos.
Armando colocó una manta sobre ambos, luego tomó a Leo una vez más entre sus brazos, besándolo en los párpados y en la frente. Se sentía feliz, y no quería que ese crucero terminara nunca. Se quedó dormido. Leo pobló sus sueños.
FIN