Capítulo 1: La decisión

La habitación estaba en penumbras, solamente la luz de la luna entraba a través de los cristales, y dentro, la atmósfera era cálida a pesar de que el invierno era bastante crudo. La chimenea tenía algunos rescoldos que mantenían el calor, y se escuchaban apenas un par de sonidos, dos respiraciones casi acompasadas desde la cama.

Los ojos grises escrutaban la oscuridad, pensando, repasando una cantidad de cosas que hacía días le daban vueltas por la cabeza mientras mantenía a su lado un cuerpo tibio, ubicado cómodamente en su abrazo.

Draco sentía la respiración de Harry muy cerca, el movimiento de su pecho le resultaba tan familiar, tan totalmente conocido que sin necesidad de luz, o de verlo sabía que no dormía.

Ambos habían tenido un día muy pesado, los dos trabajaban mucho como Aurores del Ministerio a pesar que hacía más de dos años que Voldemort había sido derrotado.

- Están volviendo a agruparse.- dijo de pronto y el sonido de su voz quebró el silencio.

- Sí.

- Esto no parece tener fin…Estoy cansado.

Harry se acomodó un poco mejor, la frase lo había tomado un poco de sorpresa. Nunca antes Draco le había hecho un comentario de esa especie. Luego de la caída del Señor Oscuro, había sido uno de los Aurores más empeñosos en terminar con cualquier vestigio de él o sus seguidores, parecía que nunca descansaba.

Y ahora le decía que estaba cansado.

Hubiese tenido mucho para preguntar, pero sabía que ésa no era la forma con Draco. Guardó silencio, esperando; si él quería seguir hablando iba a hacerlo sin presiones.

- Quisiera que tuviéramos una vida más normal.- siguió luego de unos minutos.

- ¿A qué te refieres cuando dices ‘normal’?

- A una casa con varias plantas, una biblioteca, un estudio, sala, comedor…

- ¿Estás describiendo tu antigua mansión?

Draco guardó silencio un momento más. Vaya que ese hombre lo conocía bien, porque efectivamente ésa era la imagen que se le había cruzado por la mente. Pero no porque extrañara en forma particular la mansión Malfoy, había sido bastante infeliz en ella, pero hubiese querido tener acceso a algo más que un magro fideicomiso formado por su madre para él antes de morir. El resto había sido expropiado durante la guerra para paliar los desastres causados por Voldemort y sus secuaces, entre los que se encontraba su padre.

Y si quería algo más, no era para él, hubiese querido darle a Harry todas las comodidades que él mismo había tenido.

Harry suspiró, porque entendía lo que pasaba por la mente de Draco. Era un tema que casi siempre salía a flote. Aunque podían vivir bien con el sueldo de ambos, la pérdida de todos sus bienes había sido un golpe un poco duro para el joven rubio.

- Draco, no necesitamos tantas cosas. Yo viví años en un cuarto que cabría en nuestro armario… No sabría qué hacer en un lugar tan grande.

Las palabras cayeron en un nuevo espacio de silencio.

“Ése no es el problema esta vez” se dijo Harry, mirando el perfil delineado por la tenue luz blanca de la luna. “Hay alguna otra cosa que lo preocupa y está dudando mucho en decírmelo”.

- Harry…

“Aquí viene…”

- Quisiera… Yo… ¿Has pensado…?- se detuvo, tomó aire y pareció decidirse a seguir.- Me gustaría tener hijos.

Ahora sí había conseguido sorprenderlo. Por unos instantes, el muchacho moreno se quedó sin aire, preguntándose si habría escuchado bien. El cuerpo pálido se movió para ubicarse de lado y poder mirarlo.

- Yo… He estado pensando… No quería hablar de esto cuando estábamos luchando con Voldemort porque… Bueno, cualquiera de los dos hubiese podido no volver; pero ahora… Quiero que hablemos de esto.

Harry sentía la mirada en su rostro, fija, y levantó la vista hacia él. En esos momentos, Draco se preguntó cómo era posible que se hubiese fijado en él, que hubiese querido ir a vivir con él, que lo hubiese aceptado justamente a él como pareja, amante y compañero. Cuando pensaba mucho en esas cosas, se decía que no tenía derecho a tener tanto. De momento, veía esos ojos esmeraldas hundiéndose en los suyos, envolviéndolo en una ola de calor que lo reconfortaba más que nada.

- ¿Oíste lo que dije?

Harry daba gracias a Dios por haber estado acostado, de haber oído eso estando de pie, se hubiese ido al suelo de asombro. Claro que había oído, lo que nunca había oído antes, era la calmada expresión decidida en la voz de su pareja. Hablaba con tanta seguridad, que ahora en verdad Harry sabía que él había estado pensando eso durante muchos días.

- Sí, Draco. Te oí.

- Yo sé que para los muggles no es posible que esto pase entre dos hombres, pero aquí sí es posible.

- También sé eso. A decir verdad, no sé mucho, pero he oído hablar de ello.

- Quizás la idea te resulte un poco chocante, pero… quisiera saber qué piensas de eso.

- Pues… Creo que es… Extraño. Siempre creí que solo las mujeres podían tener hijos.

Draco se sentó en la cama y desde allí, siguió hablando, aunque parecía hacerlo más para sí mismo que para Harry.

- Salvo por mi madre, mi familia siempre fue una porquería... No entendía eso cuando era niño, lo fui comprendiendo de a poco y mientras estuvimos juntos en Hogwarts era notorio, creo. En esa época creía que el amor apestaba, jamás se me hubiese ocurrido la sola idea de compartir mi vida con alguien… Después, bueno, me enamoré de ti… Y jamás hubiese creído que me aceptarías, pero lo hiciste y eso cambió muchas de las cosas que pensaba. Entre ellas, el hecho de que sí podía compartir mi vida con alguien, que sí podía inspirar y merecer amor. Y ahora creo que podría tener una familia. Creo que puedo ser un buen padre, aunque el mío no lo haya sido…

Harry se incorporó y se sentó tambien quedando frente a él. Jamás había escuchado a Draco hablando de ese modo, admitiendo cosas que él sabía pero de las cuales nunca hablaba.

- ¿Querrás pensarlo, solamente…? Yo puedo hacerme cargo si estás conmigo…

“Por Dios, realmente debe quererlo, sino, no estaría incluso dispuesto a llevarlo”.

El sentimiento era real, y Harry podía sentirlo muy claro. También él deseaba tener algo similar a una familia, Dios sabía que la que le había tocado en suerte distaba mucho de ser una familia real.

- Yo sé que serías un buen padre, Draco, y sé que le darías a un hijo todo lo que tu padre no te dio a ti.- dijo con suavidad.- En cuanto a familias, la mía tampoco era una maravilla, mas bien creo que compartíamos la sangre por alguna clase de accidente cósmico…

Pensar en eso, en la posibilidad que alguno de los dos pudiese concebir un hijo era algo que había pensado durante las primeras épocas de noviazgo con Draco, pero que luego había relegado. En parte porque los desmanes de Voldemort muchas veces los metían en graves riesgos, y luego porque Draco nunca había hecho mención al asunto. Finalmente había archivado esa ilusión en algún rincón, esperanzado que algún día fuese el propicio para poder hablar del tema.

Y resulta que el día había llegado y ni siquiera había sido él quien se había encargado de proponerlo.

- ¿Por qué decidiste hablarme de eso ahora?- preguntó Harry.- Todavía continuamos persiguiendo Mortífagos y…

- Justo por eso. ¿Te das cuenta que es lo único que tenemos como meta? Perseguirlos, detenerlos, mandarlos a Azkabán. No es una meta muy esperanzadora que digamos. Quiero algo en mi futuro.

- ¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?

Draco se movio hacia él, le tomó el rostro entre sus manos y lo besó en los labios.

- Tú estás en mi presente, en mi futuro, en cada parte de mí y en cada pensamiento mio. Corregiré la frase: quiero algo en ‘nuestro’ futuro, y quiero que sea parte de los dos. Te amo, Harry, te amo más que a mi vida y no sé si estoy pidiendo más de lo que puedo.

Respondiendo a esa tierna caricia sobre su boca, Harry supo que era el tiempo justo.

- No, amor. No estás pidiendo demás…

Draco se apartó, mirándolo con detenimiento, sin estar muy seguro del sentido de esa frase, negándose a sentirse feliz antes de estar completamente seguro de su significado.

- ¿Quieres decir…? ¿Estás diciendo… estás diciendo que sí?

Esta vez fue Harry quien aprisionó los labios húmedos y cálidos.

- Estoy diciendo que sí. Definitiva y totalmente sí.

Harry se dijo que nunca iba a poder olvidar la expresión de intensa alegría que emergió en el rostro que tenía frente a sí, una felicidad tan difícil de expresar que parecía que lo iluminaba desde adentro.

Y Draco, feliz como no había sido nunca antes, se dedicó a hacerselo saber.


**


Unas semanas mas tarde, los dos estaban sentados en la sala de espera de una clínica anexa al Hospital San Mungo dedicada únicamente a la natalidad.

Durante esos días habían recopilado todos los datos que habían podido sin preguntarle a nadie, no querían que nadie supiese del asunto al menos por el momento y asistido a un montón de entrevistas y conferencias.

Cuando por fin los hicieron pasar, el consultorio resultó estar a cargo de un medi-mago de unos sesenta años, canoso, inmenso pero de aspecto bonachón que de inmediato se presentó ante ellos y Harry le recordó a Hagrid.

- Señor Potter, señor Malfoy; mi nombre es Erick Wallace, estaré a cargo de la solicitud que presentaron. Tomen asiento, por favor.

Se ubicó en su escritorio y esperó a que los dos jóvenes se ubicaran en los sitios que les había designado mientras los estudiaba. El rubio era bastante alto, usaba el cabello moderadamente corto, prolijo y vestía con corrección y buen gusto, bastante formal. No era de menos, el medi-mago conocía al menos de nombre a los dos que tenía delante y sabía la ascendencia del rubio. En cuanto al otro, ni siquiera necesitaba presentación.

Todo el mundo mágico conocía a Harry Potter. Era un poco mas bajo que el otro joven, pero delgado y fibroso, el físico de un atleta. Había luchado y perdido una batalla con su cabello, pero eso era casi legendario, al igual que la cicatriz apenas visible de su frente y las gafas redondas ahora de linea moderna y ligera. Informal como el resto de su vestimenta.

Al margen de sus imágenes y sus reputaciones, ambos se veían bastante nerviosos, y el anciano se encontró diciéndose que ésa era una característica que compartían casi todos los que entraban en su consultorio.

- Entiendo que están planeando formar una familia. ¿Han decidido quien de ustedes será el gestante?

Los dos se miraron y luego miraron al medi-mago.

- ¿Qué cosa?- preguntó Draco.

- El gestante. Es el modo en que nos referimos al de ustedes que quedará embarazado, el que llevará la criatura.

- Oh, bueno, la verdad es que no lo hemos decidido aún.

- Hemos hablado de eso.- intervino Harry.- Pero ocurre que los dos estamos dispuestos a intentarlo... y bien, hasta que decidamos algo, pensamos que sería útil ir adelantando algunas cosas... Las revisaciones médicas y esas cosas...

- ¿Los dos están dispuestos...? Eso no es muy común.- expresó el hombre, mirándolos por encima de sus gafas cuadradas.- ¿Están seguros?

- Tanto como nos es posible.- contestó Draco.- Pero una cosa es querer y otra es poder hacerlo. Por eso vinimos, a saber si es posible.

El anciano asintió en ese punto, al menos los dos parecían sensatos. El hecho que estuvieran dispuestos a someterse a los análisis antes de haber decidido de antemano revelaba una decisión madura. Abrió una de las dos carpetas que tenía frente a él y hojeó los papeles que contenía.

- Bien, ambos han estado ingresados en San Mungo en alguna ocasión, por lo que me han derivado sus historiales médicos.- levantó la vista hacia Harry.- Señor Potter...

- Llámeme Harry, por favor, me hace sentir un poco menos incómodo.

- Muy bien, Harry. Según esto, una lista de tus huesos sanos es mucho mas corta que una de los que alguna vez te han roto. ¿Se puede saber como haces para terminar siempre de ese modo?

- Nuestro trabajo es difícil, pero la mayoría de esas heridas las obtuve... ehmm... hace algunos años.- dijo al fin.

Aún no podía hablar de ese último duelo con alguien que no fuera Draco.

- Entiendo. No obstante entiendes que para tener 23 años, tu cuerpo está bastante ajetreado ¿no?

- Sí.- Harry asintió con resignación. Casi lo había previsto, nadie podía esperar que estuviese bien del todo despues de aquello.

- En cuanto a usted, señor Malfoy, si bien no ha tenido tantas heridas físicas, hay un legajo suyo de ingreso por torturas con magia. Cruciatus, para ser más exactos. ¿Es eso correcto?

- Así es.- Draco tomó aire antes de continuar.- Durante los últimos combates me tomaron prisionero, querían saber dónde estaba Harry y no se detuvieron demasiado en delicadezas para obtener esa información.

- Tambien su caso es complicado debido a eso.- durante unos segundos estuvo mirando los datos de sus papeles.- Bien, es una suerte que ambos tengan una edad ideal para esto. Hacer algo así, siendo demasiado joven puede poner en serio riesgo la vida del gestante y por supuesto de la criatura, ya que el cuerpo no suele estar completamente desarrollado. Ni siquiera tendría que decirles que la mayoría de las veces en esos casos, los embarazos no llegan a buen término. En el caso de ustedes, están en el término perfecto. Son jóvenes y ya han desarrollado todo el potencial respectivo, es poco probable que haya cambios significativos de ahora en adelante.

- ¿Y entonces?- exigió saber Draco.

- Entonces, señor Malfoy, haremos una revisión ahora y veremos qué pasa.- se puso de pie, hacíendoles una seña para que lo siguieran.

A través de una puerta lateral arribaron a otra salita. Había una camilla, unas sillas, un biombo.

- Ustedes deciden, ¿quien será el primero? Necesito revisarlos a ambos, así que uno de ustedes ha de empezar por ponerse una de estas batas.

Diciendo así, extendió una bata de tela blanca que se ataba por detrás, muy similar a las que usaban en San Mungo.

Más acostumbrado a ellas que Draco, Harry se adelantó y la tomó dirigiéndose luego detrás del biombo para desvestirse. Un par de minutos después, salía descalzo y tratando de atar la bata. Con gentileza, Draco lo hizo por él.

- Muy bien, Harry; acuéstate en la camilla y veremos cómo estás.Cierra los ojos y relájate. ¿Señor Malfoy, puede esperar a un lado, por favor?

En cuanto estuvo en la posición indicada, el medi-mago extendió su varita sobre el cuerpo y la deslizó a todo lo largo, muy despacio mientras pronunciaba extrañas palabras. Una burbuja iridiscente brotó de la punta de la varita y flotó sobre el cuerpo de Harry a la altura de la cabeza. Luego siguió otra que se mantuvo sobre el tronco y finalmente una tercera quedó sobre las piernas.

Con una palabras más, Harry se elevó por encima de la camilla y levitó en el aire. Las tres esferas empezaron a girar alrededor de él, sondeando y cambiando de color en varias oportunidades. Ocasionales fogonazos azules, algunos de tono violáceo e inclusive algunos de tinte rojizo.

Finalmente, las tres se detuvieron y volvieron a su posición original al tiempo que el cuerpo moreno descendía con suavidad hasta posarse de nuevo en la camilla.

Harry, que había estado con los ojos cerrados se había perdido casi todo, y se sentó en la camilla, sonriente. Se sentía muy bien, renovado.

- ¿Estás bien, amor?- preguntó Draco, adelantándose hacia él.

- Sí. Parece como si hubiese dormido mucho.

- Usted sigue, señor Malfoy.- indicó el medi-mago.

- Claro.- dijo aquél y luego de dar un leve beso a Harry tomó la bata que el anciano le extendió. A diferencia de Harry, Draco no tenía ningún inconveniente en desvestirse allí mismo mientras el muchacho moreno regresaba tras el biombo.

Cuando Harry salió, ya vestido, pudo ver lo que antes se había perdido, la danza de las tres esferas de color, que ahora sobre Draco tambien refulgían con ocasionales destellos de color. Unos minutos después, cuando hubieron terminado, todos estuvieron de nuevo en el consultorio.

Sentados mas juntos que antes, Draco había tomado la mano de Harry y ambos esperaban la evaluación del anciano mago.

- Bueno, diré que los dos están bastante vapuleados, pero tienen la salud y la magia suficiente como para llevar adelante un embarazo.

Harry apretó fuerte la mano de Draco y sintió el apretón en respuesta. De manera que podía ser, ambos estaban en buenas condiciones. Podían tener una familia, la familia que ninguno de los dos había tenido.

- Ahora lo único que tienen que decidir es quien va a hacerlo... ¿me permiten hacer una pequeña sugerencia?

- Por favor.- dijo Harry.

- Como es evidente que en realidad ambos están dispuestos...

- ¿Qué significa ese 'en realidad'?- preguntó Draco, algo molesto.

- Que muchos dicen estar dispuestos, pero la mayoría de las veces es una mentira blanca o algo de lo que están intentando convencerse pero que en verdad no están dispuestos a hacer. En el caso de ustedes, me asombra un poco saber que de verdad ambos están dispuestos pero el examen demostró que sí es así.

- Oh...

- Entonces me permito sugerirles algo: Pregnant Electios.

- ¿Es una clase de conjuro o algo así?- preguntó Harry.

- Exactamente eso es. Un conjuro que se encarga de seleccionar al que esté en mejores condiciones para afrontar el embarazo. De hecho, lo que hace es favorecer las condiciones para que sea ése el que resulte embarazado.

- ¿Así de fácil?

- Casi así de fácil...Ehmm... ¿Quien de ustedes suele ser el dominante?

Hizo la pregunta con la misma tonalidad neutra con que había llevado el resto de la conversación pero ninguno de los dos jóvenes pudo evitar un ligero sonrojo.

- Él.- murmuró Harry enrojeciendo ahora, violentamente.

"Vaya, esto sí que es interesante" pensó el medi-mago. Jamás se le hubiese ocurrido pensar que el vencedor de Voldemort tuviese un papel pasivo en ninguna situación.

- En ese caso, señor Malfoy, para que el conjuro funcione correctamente, los dos han de tener la misma posibilidad de oportunidades... Es decir, deberá usted ceder al menos en alguna ocasión. ¿Me explico?

Haciendo uso de toda la caballerosidad que podía en una situación semejante, Draco asintió.

- Bastante claro, creo yo.- sonrió pensando en unas cuantas posiciones.- Creo que puedo manejarlo.

- Perfecto, entonces permítanme un momento.- dijo levantándose y dejándolos solos.

Harry todavía no se recuperaba del sofocón anterior, en general no admitía ese tipo de cosas delante de extraños, en realidad no las admitía frente a nadie. En ese aspecto, no había cambiado mucho.

"Despues de todo lo que hemos pasado... ¿Como es posible que pueda sonrojarse así...? ¿Como puede ser que yo lo encuentre irresistible a pesar de todo este tiempo...?".

Sin querer contenerse, Draco le tomó el rostro para acercarlo a él, y buscó sus labios, sabiendo que los encontraría, suaves, dispuestos. Y tuvo razón, porque en cuanto sintió la boca tan querida posarse en la suya, Harry respondio al beso con la misma entrega que lo hacía siempre.

- Ejemm...- carraspeó el anciano desde la puerta, mas que nada para llamar la atención y volvió a su asiento en cuanto ellos se soltaron. Puso una pequeña caja en el escritorio.- Bien, ahora les daré las instrucciones y ustedes podrán ponerlo en práctica cuando estén listos.

*

Un poco después, ambos salían de la clínica. Draco había achicado el envoltorio y lo llevaba cuidadosamente a salvo en el bolsillo interno de su túnica.

Era un mediodía radiante a pesar del frío, y de manera automática, aferró a Harry por la cintura, atrayendolo hacia sí.

- No puedo creerlo.- murmuró aquel.- En realidad lo haremos...

- Sí, amor.

- Tendremos una familia, una de verdad.

Caminaban muy juntos y por eso Draco no tuvo dificultad en detenerse y abrazarlo.

- Sí, Harry, una familia de verdad. Solo nuestra.

- Es tan increíble que tengo miedo de que sea un sueño.- admitió Harry pero los labios de Draco lo hicieron callar de pronto. Ese beso era real, y era real el sentimiento que iba detras así que todo era posible.

**
No tenía sentido resistirse al sueño.
Draco estaba agotado pero seguía el hilo de sus pensamientos a pesar de que por instantes aquellos se mezclaban un poco con imágenes difusas de sueños.

Habían pasado varios días luego de la visita a la clínica, y ellos habían preparado con cuidado todo lo referente al hechizo pero luego de eso, habían tenido unos días bastante intensos de trabajo y lo último que habían tenido, eran ganas de hacer el amor.

Al menos hasta esa tarde.

Draco regresó de visitar a Blaise, un antiguo camarada y encontró a Harry batallando en la cocina. A veces le gustaba hacer esas cosas para sorprenderlo, aunque con una sonrisa, Draco tenía que admitir que los resultados no siempre eran buenos. No importaba, a él le encantaba que Harry hiciera esas cosas.
Y de pronto, mientras lo veía atareado en eso, tuvo un arranque de pasión incontrolable, uno de ésos que le daban ocasionalmente, pero que solían ser memorables.
Sin embargo, esta vez era un poco diferente. Por una vez, lo que quería era tenderse en la cama y dejar que Harry hiciera lo que quisiera con él. Las ideas que se le habían encendido en la clínica del medi-mago le habían rondado por la cabeza sin pausa.

Por supuesto, la comida quedó a medio hacer y terminaron en la cama.
Durante un lapso interminable, Draco se había estremecido de placer bajo las manos de su amante y en algunos instantes de lucidez se decía que tendría que permitir que Harry le hiciera esas cosas con más asiduidad.

Además, Harry era tierno, muy cuidadoso, más pendiente de brindar placer que de obtenerlo y ambos habían tenido un orgasmo placentero y prolongado.

Sin embargo, lejos estaba Draco de sospechar el volcán que había despertado. Tambien ocasionalmente, Harry solía tener algunos accesos de pasionalidad y esta vez parecían haber coincidido.

Apenas había dormitado cuando sintió los labios de Harry en su cuello, los dientes mordiendo un poquito la piel, y casi de inmediato la lengua subsanando cualquier lesión ilusoria. En cuanto giró un poco la cabeza, se apoderaron de su boca con un ardor que lo sorprendió un poco.

En general, Harry se perdía en los brazos de Draco con una entrega tan incondicional que aquel a veces se asustaba un poco, pero en esta ocasión había algo más.

Harry estaba salvaje. Estaba incentivándolo con una pasión que no le conocía, como si estuviese intentando enmendar lo que había hecho un rato antes. De cualquier modo, sus manos, su cuerpo todo él estaba haciendo que Draco perdiera el control que por lo general mantenía incluso en los momentos de más intimidad. Y cuando finalmente lo perdió, y lo colocó debajo de él, Harry sonreía sabiendo que éso era lo que había estado buscando.

Con total abandono, dejó que Draco lo investigara por completo, que sus dedos rebuscaran en cada resquicio de su cuerpo, que su lengua inquieta se inmiscuyera en sitios estrechos, cálidos y ansiosos de su exploración.

No se preocupó por controlar los sonoros jadeos que llenaron la habitación cuando lo preparó apenas antes de penetrarlo y con total conciencia de lo que hacía, en cuanto lo sintió en su entrada, empujó con las caderas. Fueron unos segundos de intenso dolor, delicioso dolor que de inmediato se mezcló con el placer.

Por su parte, Draco perdió la noción de la fuerza que estaba empleando, solo quería hundirse en ese cuerpo y embestía casi con violencia las caderas delgadas mientras veía el rostro de Harry, congestionado y enrojecido a punto de estallar en la cúspide del placer. El momento del climax los golpeó a ambos casi al mismo tiempo.

Incapaz de mantenerse, se dejó caer sobre el cuerpo moreno, ambos pegajosos de sudor, jadeantes, temblorosos. Cuando la naturaleza siguió su curso y estuvo fláccido, Draco se retiró de ese túnel estrecho y caliente que aún lo aprisionaba y rodó hacia un lado para librar al muchacho de su peso.

Entonces tomó conciencia que aquél ni siquiera se había movido para juntar las piernas, solo jadeaba con la respiración quebrada. Tuvo miedo de haberlo lastimado, nunca perdía el control de esa manera. Antes que pudiese seguir pensando en eso, Harry se movió. Despacio, se acercó para acomodarse en el hueco de su abrazo.

- Wow.- dijo, tan solo con un suspiro y con terrible alivio, Draco empezó a reirse.

- ¿Tanto así?

- Sip.- se irguió un poco y atrapó su boca en un beso cálido y suave, como solía ser siempre.- Te amo.

Ese era el tesoro que Draco guardaba en lo más profundo de su alma. Cada vez que escuchaba esas palabras sentía que su pecho se expandía y que era capaz de cualquier cosa.

Aun dentro del beso respondió.

- Yo tambien te amo... - dejó pasar unos instantes antes de asegurarse.- ¿No te lastimé...?

- No... No te preocupes, el día que estés lastimándome, te lo haré saber... Pero no me hará mal que mañana me recuerdes que debo sentarme de lado.

La risita de Harry lo alivió del todo, y se abandonó al sueño mientras se preguntaba quien de los dos realmente tenía el control de lo que sucedía en esa cama.

 

 

 


Capítulo 2

 

Ron se metió en el cubículo que tenía mas cerca y preguntó por Harry, pero no obtuvo respuesta.

- ¿Acaso nadie lo ha visto, maldición?- repitió, esta vez elevando bastante su voz de bajo profundo.

- Lo vi salir de su oficina hace un rato, creo que iba al sanitario.- comentó una voz desde alguno de los cubículos.

- Gracias.

Salió por el pasillo rumbo los sanitarios, cuando iba llegando, casi se lleva por delante a Eavon, uno de los Aurores que trabajaban con ellos. Venía sonriendo.

- Vaya, ahora tendrá otra cicatriz para mostrar.

- ¿Está Harry ahí?

- No acaban de llevárselo a la enfermería. Le dije que tuviera cuidado con el piso mojado pero nunca escucha. Creo que nada grave. Un buen chichón.

- Gracias, Eavon.

- ¿Qué pasa?

- Mensaje de Draco para él. Sabes cómo se pone cuando no le avisan.

- Sí, claro.- dijo el otro Auror y volvió hacia los cubículos mientras Ron enfilaba rumbo a la enfermería.

Si cinco años atrás, cuando estudiaban juntos en la Academia para Aurores, le hubiesen dicho que iba a estar haciendo de mandadero para Malfoy, se hubiese echado un maleficio a sí mismo, pero ahí estaba. Si tenía que ser honesto, ahora tampoco le molestaba mucho.

Porque desde que estaban juntos, Draco era un poco menos detestable, no demasiado, solo lo justo como para ser soportable; aunque siempre seguía siendo arrogante.

Además el hecho que fuera el único Auror cuyo padre era un Mortífago prófugo no lo ayudaba a relacionarse con el resto de sus compañeros, pero Ron debía admitir que cuando se trataba de Harry, Draco era otra cosa.

En más de una ocasión lo había visto cruzarse en el camino de un conjuro para cubrirlo y protegerlo. Y era preciso ver el rostro gélido que enfocaba a cualquiera que se animara a levantar una frase malsonante dedicada a su pareja. Nada ni nadie parecía importarle más que Harry, eso era algo que Ron apreciaba en lo que valía y por eso hacía lo posible para llevarse bien con el rubio.

Entró en la enfermería y encontró a su amigo sosteniendose un pequeño vendaje en la frente. Se veía extrañamente tenso, a un lado, Hermione lo miraba como si estuviese observando un escreguto sin cola o algo igual de extraño.

- Lo hiciste… Y no nos dijiste nada.- decía en ese momento su mujer.

- Es una cuestión privada, Herm, pero no hagas aspavientos, por favor. Estás sacando conclusiones demasiado rápido.

- Mira esto, Harry.- le mostró uno de los apósitos que había usado para curarlo. Había algo de sangre en él, pero el color se veía raro. Rojo, pero con algunas trazas de dorado, como si alguien hubiese mezclado polvo de oro con la sangre.- Pregnant Electios. Solo en ese conjuro la sangre se pone así durante… Al principio.

Ron se apoyó en la puerta, cerrándola para que nadie más escuchara. Es más, seguramente él también había escuchado mal. Si Hermione tenía razón en lo que decía, significaba que Harry estaba…

Mientras tanto, Harry se encontraba diciéndose que a veces no era tan bueno que Hermione fuese tan buena en conjuros y hechizos.

- Ron.- dijo aquel, notando su presencia en ese instante o bien usándolo para cambiar el tema.- ¿Hay algun problema?

- Err… No. Draco acaba de comunicarse desde París. Dice que terminará los informes y estará aquí en algo así como dos horas.

- Oh, perfecto.

- Harry, me estás ignorando.- intervino Hermione, molesta.

- Por el momento, sí.- dijo Harry sonriendo casi con inocencia. Era un truco. Él sabía que cuando sonreía así nadie le negaba nada, y usaba esa influencia en casos desesperados, exactamente como en ese momento.- Dame tiempo, Herm. Ya hablaremos…

En esos momentos, las luces titilaron y el sonido de una sirena se escuchó proveniente del salón de los Aurores. Los tres se miraron antes de salir de la enfermería a toda velocidad.

- Condenación, alerta de ataque.

En el salón ya se habian reunido varios de los presentes, en un extremo, donde estaba la oficina de Harry. Una mesa en el centro con un inmenso mapa de Londres, un escritorio cubierto de papeles y biblioratos, estanterías llenas de aparatos de detección y otras cosas. Ya estaban todos mirando las luces intermitentes en el mapa.

- Enloqueció de pronto.- comentó Tonks dedicándole una sonrisa.- Nuestros amigos han recordado de pronto que deben hacernos trabajar.

- ¿Qué tenemos?

- Tres focos: Imperial War Museum, Bloomsbury y Paddington Station.- informó Shackelbolt señalando las luces titilantes.

Harry calibró la situación rápido.

- Muy bien, Herm, Ron y ustedes tres a Bloomsbury. Estará lleno de gente a pesar de la hora. Por lo que más quieran, sean discretos. Kingsley y Tonks ¿pueden tomar solos el Imperial War Museum? Estimo que estará vacío, no habrá mucho riesgo de observadores muggles.

- Claro Harry.

- Perfecto. Eavon, Mc Gregor y…Sinclair, conmigo, vamos a Paddington Station. La condenada estación es muy grande. Correcto, muévanse. Quiero a esos malnacidos y los quiero en condiciones. Necesito sacarles muchas malditas respuestas.

Tomó su capa y junto con sus acompañantes desaparecieron de la central de Aurores directo en rumbo a Paddington Station.

*

Considerando la hora de la noche, la estación todavía tenía mucha gente dando vueltas por ahí. Lo único bueno, fue que el detector de actividad mágica los sacó de la zona llena de muggles para adentrarlos en los galpones y barracas donde se guardaban los trenes.

El galpón que registraba toda esa actividad no era demasiado grande, pero estaba oscuro y no había ningún movimiento o sonido que delatara presencias extrañas. A ninguna de las cuatro figuras delante la puerta le pareció raro, después de todo, los mortífagos eran expertos moviéndose en la oscuridad.

- Muy bien, Eavon, toma la puerta trasera; Mac Gregor a la izquierda, yo entraré por el frente. Sinclair a los techos.- susurró Harry y miró con un poco de desconfianza el edificio oscuro. Tocó el broche de la capa, un botón plateado con una insignia azul. Era uno de los últimos inventos de Hermione para mantenerlos a todos comunicados con todos. Una versión mágica de los intercomunicadores muggles.

- Mantenganse en contacto, por favor. Andando.

Con sigilo, las siluetas se separaron, cada una varita en mano dispuestas al ataque. Harry usó mecánicamente un conjuro simple para abrir el pesado portón de madera, y para su asombro, aquel cedió sin resistencia. Parpadeó un poco para que sus ojos se acostumbraran a la penumbra, no deseaba convocar ninguna luz para no alertar a nadie.

Avanzó unos pasos de manera tentativa, ocultándose detrás de las hileras de cajones de madera.

“Ningún sonido, nada… Es extraño.”

Entonces vio que mas adelante, dos o tres sombras parecían maniobrar sobre una caja. Desde el interior de la misma, salia una tenue luminiscencia verde. Rozó apenas el broche y aquel titiló:

- Ubiqué a los bastardos, son tres creo, están cerca del portón trasero. Acérquense con cuidado.

Tres voces dieron su confirmación al instante y Harry esperó hasta que estuviesen posicionados. Un rayo chisporroteó en el aire, y cruzó el espacio directo hacia él proveniente de algún sitio desde atrás. Mas por un reflejo que por otra cosa, Harry se agachó y el rayo destrozó parte del cajón detrás del cual estaba escondido.

Eso dio la alerta a los otros mortífagos. Harry giró al tiempo que lanzaba un maleficio, sin mirar, dirigiéndolo al lugar desde donde había llegado el ataque, pero ya no había nadie allí para recibirlo.

- ¡Ahora! ¡Sellen el lugar!- gritó al ver que aquellos se aprestaban a escapar.- ¡Atrapen a alguno!

Un nuevo ataque le llegó desde su derecha, pero antes que pudiera reaccionar, alguien lo hizo por él. Con fuerza, el chorro de luz color plata arrasó con una pila de cajones de madera y aquellos se precipitaron hacia un lado. Harry escuchó el quejido de alguien quedando aprisionado bajo las maderas.

- ¿Todo bien, amor?- la voz de Draco y sus ojos plateados emergieron de la oscuridad, avanzando con naturalidad felina.- Regresé antes de lo previsto y vine por tí.

- Ahora sí.- contestó Harry sonriente, pero volvio a prestar atención al grupo que se había diseminado en distintas direcciones dejando la caja atrás.- ¿Qué diablos será eso?

- Cúbreme, yo averiguo.

- No. Yo estoy a cargo, espera aquí.

Como siempre en esos casos, Draco no discutió; había aprendido a no discutir las indicaciones de Harry en medio de un encuentro. Solo asintió y alzó su varita para cubrirlo.

El joven avanzó con cuidado, tenía la impresión que los mortífagos ya se habían dado a la fuga. Esperaba que alguno de sus compañeros hubiese alcanzado a atrapar alguno más, sino, vez el que había quedado inconciente bajo las cajas sería útil.

Las luces verdes que apenas iluminaban alrededor parecían latir ahora, con ritmo suave pero in crescendo. Harry avanzó hasta estar muy cerca, pero no iba a arriesgarse demasiado, quizás convenía esperar al Escuadrón Especial de Desactivación. De momento, se conformaría con echar una mirada.

Se asomó apenas para ver el pequeño crisol en el interior, y la luminiscencia verde que crecía con cada latido cada vez más rápido. El entendimiento le llegó fulminante y giró para correr hacia Draco mientras manoteaba frenéticamente el comunicador.

- ¡Es un Desvanecedor! ¡Rápido, lárguense todos!- gritó.

El resplandor verde acrecentó su ritmo y se salió de control, las paredes de la caja que lo contenía desaparecieron y la luz se derramó al exterior, creciendo y devorando todo lo que encontraba a su paso.

Harry corrió hacia el sitio donde había quedado el mortífago, dispuesto a sacarlo de ahí, pero Draco lo atrapó en el camino.

- No hay tiempo.- dijo tan solo, y abrazándolo, se trasladó fuera al tiempo que la luz verde llegaba al lugar donde habían estado.

Aparecieron un poco más lejos del galpón. El sitio que había ocupado el edificio era ahora un gran espacio vacio, apenas un círculo donde ni siquiera había hierba o un rastro de que en algún momento hubiese habido algo.

Aún envuelto en el abrazo de Draco, Harry maldijo en voz alta.

- ¡Maldición!- manoteó el comunicador.- ¿Eavon? ¿Estás ahí…? ¿están todos bien?

- Demonios, estoy bien, Potter.- contestó Eavon desde algún lado.

- Por poco, Harry.- comentó Mc Gregor tambien.

- ¿Sinclair? Contesta…- un espacio de silencio- Vamos, compañero, dime que saliste de ahí a tiempo…

- Casi y no lo consigo, Harry.- contestó una voz audiblemente agitada, Harry suspiró y aliviado cortó la comunicación luego de pedirles que volvieran a la Central.

Se deshizo del abrazo de Draco con un poco mas de fuerza de la que hubiese debido. Furioso, caminó en círculos en la oscuridad de la noche mientras seguía protestando.

- Malditos, era una trampa. Una de las más idiotas que he visto y caímos en ella como imbéciles.

- Cálmate, Harry, no podías saber…

- Debí saber. Se supone que es mi trabajo.- dijo enfurecido.- Casi desaparecemos todos juntos por mi estupidez…

Draco no dijo nada, su pareja era demasiado exigente consigo mismo en lo que al trabajo se refería y era preferible no contradecirlo cuando estaba de ese tono.

Harry caminaba de un lado a otro, intentando sosegarse, pero entonces un dolor extraño lo dejó sin aire y mareado, tuvo que inclinarse para resistirlo.

Alarmado, el joven rubio se acercó, quizás el Desvanecedor había conseguido afectarlo, pero eso era poco posible, ambos habían salido juntos de ahí.

- Harry… ¿Qué tienes...?- preguntó ayudándolo a erguirse con lentitud.- ¿Te sientes bien...?

- Espera… necesito respirar un poco…- se apoyó en Draco tomando aire muy despacio. El dolor se convirtió en un pulso soportable.

- Estás muy pálido.

- No me sentí bien esta mañana tampoco. Creo que estoy por enfermarme.

- Seguro, como no.- contestó Draco. Harry tenía mejor salud que cualquiera que hubiese conocido.- Me voy dos días y mira como estás.

- Estoy bien.- entonces recordó lo que Hermione le habia dicho en la enfermería.

“¿Será posible que Herm haya tenido razón…? Quizas el conjuro funcionó después de todo… Dios… ¿Entonces soy yo…?”

La sola posibilidad parecía demasiado. Una vez más, el horizonte dio una vuelta completa ante sus ojos y esta vez tuvo que aferrarse a Draco para no perder el equilibrio por completo. Ahora asustado, aquel lo sostuvo.

- Muy bien, vamos al Hospital. No sé qué pudo pasar, quizás el desvanecedor te afectó…Tal vez te acercaste mucho…

- Estoy muy mareado.- concedió Harry.- No puedo aparecerme así.

- No importa, te llevo con un Portal.

Sin esperar la confirmación del moreno, hizo lo anunciado y poco después los dos sintieron el tirón del Portal trasladándolos hasta San Mungo.


**


Cuando aparecieron en el hall de San Mungo, la medi-bruja que estaba atendiendo las urgencias, se acercó acarreando una silla de ruedas al ver que el hombre rubio sostenía al otro para que no se desplomara. Lo ayudó a sentarse.

- Señor Potter, ya me parecía que habían pasado muchos días sin que alguno de los dos volviera por aquí. ¿Qué se fracturó ahora?

- Nada, Florence.- contestó Draco, pensando sombríamente que ambos conocían demasiado bien a todos los que trabajaban en San Mungo.- Pero creo que estuvo demasiado cerca de un Desvanecedor.

- No debería ser problema. ¿Y esto?- la mujer quitó el apósito que Harry aún tenía en la ceja izquierda. Durante unos instantes miró la mancha, luego sonrió.- Creo que tendremos que solicitar una interconsulta. Vengan.

Draco empujó la silla hasta una salita y ambos esperaron en silencio. Al cabo de un rato, la puerta se abrió y entró el anciano mago canoso.

- Ah, vaya; señor Malfoy, señor Potter…

Los dos se asombraron un poco por la aparición del medi-mago, pero no dijeron nada, al menos Harry no dijo ni una sílaba.

El anciano se acercó a Harry y revisó la pequeña herida en la frente.

- Bien, creí que vendrían a hacerse algunos exámenes mas, pero ahora ya no hace falta.

- No sé muy bien de que está hablando.- comentó Draco.- Vinimos porque Harry no se sintió bien. Estábamos en una redada y quedamos demasiado cerca de un desvanecedor, quizás eso le afectó un poco.

- No, señor Malfoy. No es eso lo que le esta afectando a su pareja, aunque creo que él ya tiene una idea de lo que sucede. ¿O me equivoco?

Ante esas palabras, Draco giró hacia Harry. Aquél asintió suavemente sin hablar y sin animarse a mirarlo.

- Muy bien, entonces alguno de los dos, explíqueme.

- Sí vamos a tener un hijo.- dijo Harry de forma apenas audible.

Se preguntaba cómo iba a tomarlo Draco. Había estado tan preparado a asumir su papel en todo el tema, que no quería desilusionarlo. Sabía que había estado dispuesto en realidad a ser él quien llevara adelante el embarazo.

- Pero… pero… ¿Cómo…?

Harry levanto la vista con brusquedad, no esperaba esas palabras.

- Bueno, tú estabas ahí, supongo que sabes cómo pasan estas cosas.- dijo cortante.

- No, amor; no quise decir eso…- tartamudeó Draco, conciente que había dicho una idiotez.- Es que…

En ese instante tomó real conciencia de lo que estaban hablando. Harry estaba embarazado, iba a tener a su hijo. Era verdad, iban a tener un hijo.

Por apenas un segundo se sintió desilusionado por no haber sido él, el elegido; pero al segundo siguiente recapacitó. Si lo mejor para el bebé era ser gestado en el cuerpo de Harry, él podía manejar eso. Además si lo meditaba con seriedad, no era extraño. El conjuro elegía al mas capaz mágicamente de llevar esa carga y aunque estaba conciente de su propio poder, sabía la clase de poder que había en su pareja. Estaba un poquito decepcionado, pero tan feliz, tan contento que sin meditarlo abrazó al joven de pelo negro que no esperaba esa reacción y se quedó un poco estático antes de responder al gesto.

Incluso el mago se sorprendió por la reacción del muchacho, había estado preparado para enfrentar un pequeño choque cuando el rubio se enterara que no había sido favorecido en la elección, pero aquél realmente debía amar al moreno y en realidad quería tener una familia, porque la lucha interna se había resuelto en cuestión de segundos.

Mientras, Harry intentaba sobrevivir al sofocante abrazo de Draco.

- Yo… lo siento, Draco… Sé que tú querías…

- No importa, Harry. De verdad no importa.- decía mientras lo besaba una y otra vez.

- ¿En serio…? ¿En verdad no importa?

- No amor, estoy tan feliz…

- Ehmm… siento interrumpir. ¿Señor Malfoy, le importaría a usted traerme ahora el recipiente que les dí con el conjuro? Sería muy útil.

- Voy y vuelvo en un segundo.- dijo, exhultante y desapareció.

Sofocado, Harry se acomodó mejor en la silla tratando de hacerse a la idea. Apenas una hora atrás, estaba persiguiendo Mortífagos, escapando por un pelo de desaparecer en un Desvanecedor y ahora estaba sentado allí.

“Embarazado” se dijo, intentando asimilar esa palabra nueva en su vocabulario. “Esperando que me digan cómo van a ser los próximos meses de mi vida… Cielos.”

- ¿Te sientes bien, Harry?- preguntó el hombre, al verlo tan concentrado.

- No lo sé, creo que sí.

Draco apareció trayendo en sus manos el pequeño recipiente que el medi-mago les había dado semanas atrás. Cuando el anciano activó el conjuro, una pequeña nube dorada, una ráfaga de polvo de oro se elevó desde el recipiente, pareció atraída por Harry y se dirigió directo a él, más exactamente a su vientre. Estuvo flotando unos instantes allí y luego se absorbió en su cuerpo.

- Muy bien, ésa es una prueba concreta. Pregnant Electios hizo la elección más adecuada.

Draco habia vuelto a tomar asiento, muy junto a Harry y lo tenía aferrado por las manos, como si tuviese temor a que se desapareciera. Cuando pensaba en lo cerca que había estado de ese Desvanecedor, un escalofrío le corría por la espalda.

- Entonces, Harry vamos por partes. Primero dime cómo te hiciste ese chichón en la cabeza.

- Pensé que me había resbalado en el piso del sanitario, ahora sé que tuve un mareo bastante fuerte. Me golpeé al caer, pero no fue grave.

El mago sonrió indulgente.

- El médico soy yo, Harry. Yo te diré si fue grave.

- Lo siento.

- Está bien. Tuviste otro mareo luego, espero que no hayas vuelto a caerte.

- No, Draco estaba conmigo.- dijo como si eso explicara todo, en realidad para él así era. Si Draco estaba con él, nada malo podía pasarle.- Fue una condenada trampa, nos habían puesto un Desvanecedor. Apenas conseguimos desaparecernos a tiempo…

- ¿Desaparecer? ¿Así fue como escaparon del Desvanecedor?- preguntó el mago ahora con un matiz de alarma que a ninguno le gustó demasiado.

- Era el único modo.- dijo Harry.

- No vamos a alarmarnos antes de tiempo.- dijo levantándose rápido, y quitando a Draco del camino, tomó la silla y salió de la salita. Los llevó a otra sala, mas grande y ayudó a Harry a pasarse a un sillón mas confortable, reclinado.

- ¿Qué es lo que pasa?- preguntaba Draco desde un rincón.

El mago le indicó a Harry que se abriera la ropa para dejar el vientre expuesto y tomo una redoma de una estantería.

- Bebe esto.- ordenó, y aquel lo hizo sin chistar a pesar que la pócima tenía un sabor horrible. A continuación extendió otro líquido sobre la piel desnuda. Fue como si le hubieran aplicado hielo, pero la sensación pasó rápido. Con un pase ligero, el tono del tinte en su estómago pasó de azul a gris, luego a plata y volvió al azul original.

Al ver eso, el mago respiró con evidente alivio.

- Por favor… ¿Qué pasa?- murmuró Harry.

- Nada, por fortuna.- dijo el anciano, con un nuevo pase desvaneció la tinta mágica.- Puedes cubrirte y les explicaré.

Sacudidos por el intenso cambio de emociones en tan poco tiempo, Draco ayudó a Harry a incorporarse y volvió a tomar asiento. Ahora con mas calma, regresaron a la salita original.

- Vamos a tener una conversación muy seria los tres ahora mismo.- dijo el anciano.- Y espero que asuman con responsabilidad lo que voy a decirles y no tomen esto como simples recomendaciones. Son órdenes. Y si quieren tener una criatura sana en sus brazos, me harán caso. ¿De acuerdo?

- Claro.- dijo Draco.- Pero…¿Podrá explicarnos qué fue lo que pasó?

- A su tiempo. Bien, punto número uno: no mas apariciones, bajo ninguna circunstancia al menos durante los primeros dos trimestres. Luego dependerá de tu estado, Harry.

- Pero… es imposible. Entienda que en nuestro trabajo a veces, como hoy, hay vidas que dependen de la celeridad con que podamos llegar a algún lugar.- explicó Harry.- O salir de él.

El medi-mago tomó aire, recordandose que había elegido la natalidad masculina por su propia experiencia en ese campo. A veces los jóvenes no meditaban mucho las consecuencias de sus actos, otras veces, simplemente necesitaban que les abrieran los ojos.

- Veamos, Harry. Repasemos un poco la técnica de las apariciones. Sé que llegado cierto punto, se hace de manera casi inconciente, pero me interesa que recuerdes algo ¿Por qué te escindes cuando la aparición falla?

- Eso no pasará… Llevo años haciéndolo.

- Dimelo igual.

- Porque la mente no tiene un registro completo del cuerpo, por eso no se permite enseñar aparición en menores. Sus mentes aún no tienen el mapa completo registrado, aún no han terminado de crecer, por eso atropellan cosas y todo eso.

- Perfecto. ¿Eras buen alumno, no? Bien. Ahora presta mucha atención y tú mismo te darás cuenta: La escisión se produce cuando tu mente no registra una parte de tu cuerpo y ésa parte queda atrás. ¿Vamos bien hasta ahí?- la pareja asintió en silencio.- Si hay algo nuevo en tu cuerpo que tu mente conciente aún no registra, tú podrías aparecerte sin mayores inconvenientes; pero esa parte nueva quedaría fuera de tí.

El mago guardó silencio mientras los miraba a ambos. El rubio emitió un gemido, había caído en la cuenta primero. El otro joven tardó un poco más, pero cuando lo hizo, se puso pálido, muy pálido y de manera inconciente llevó su mano derecha hacia el vientre. El anciano pensó que ése era un gesto universal de protección. No conocía hombre o mujer que no lo hubiese hecho alguna vez para cubrir el lugar que ocupaba el nonato.

Pero lo que Harry realmente estaba recordando era la forma en que habían escapado del Desvanecedor. Draco lo había abrazado y juntos desaparecieron. El embrión que apenas se estaba formando en él podría haber quedado atrás, y el Desvanecedor hubiese terminado para siempre…

La nausea le subió a la garganta sin que pudiese detenerla.

- Ayúdelo a llegar al sanitario, señor Malfoy. Creo que está por vomitar.

Así fue, en efecto. Unos minutos después, cuando las nauseas se aplacaron, regresaron al consultorio. Harry se negó a tomar asiento en la silla de ruedas de modo que Draco lo ubicó en su silla y se quedó a su lado.

- Siento haber tenido que ser tan drástico, pero era necesario que entendieran la importancia de mis indicaciones.- todavía pálido y desencajado, Harry asintió.- Tu magia es fuerte y eso permitió que pudieses llevar al bebé contigo cuando te desapareciste, pero tu cuerpo lo resintió un poco y protestó... Ese fue el pequeño dolor que sentiste luego. Bien, entonces. No más vuelos en escoba, a menos que vayas acompañado. Una caída en los sanitarios puede manejarse, pero desde varios metros de alto es muy diferente.

- ¿Los Portales están permitidos?- preguntó Draco.

- Portales y Trasladores estan bien pero conviene no abusar de ellos. Además, te convendría manejar las tensiones a las que estarás expuesto... Tensiones excesivas no son buenas.

Con su varita, conjuró un estuche que abrió ante ellos. Dentro había varias hileras de pequeñisimas redomas de cristal.

- Debes tomar una por día, Harry. Necesitas compensar el desajuste hormonal que vas a tener y a la vez tener lo necesario para mantener a tu bebé. Éstas son para las primeras semanas. Ten cuidado en el trabajo, apenas tienes unas cinco semanas de embarazo y los primeros meses son muy importantes.

Los dos jóvenes solo asentían sin hablar, y el anciano decidió que definitivamente había sido demasiado duro con ellos.

- No tienes que tener miedo, Harry. Sé que lo anterior fue una impresión muy fuerte, pero prefiero haberte dado un susto ahora y no sufrir luego. Ya verán, compartirán muchos momentos muy agradables a partir de ahora. No todo sera tan difícil si se mantienen juntos. Señor Malfoy llévelo a casa, que duerma y descanse bien. Va a tener mucho sueño en los días siguientes y… oh, olvidaba algo.- puso sobre el estuche un frasco más.- Esto es para las náuseas.

Draco empequeñeció todo y lo guardó. A pesar de que sabía que lo que había hecho el medi-mago era lo correcto, todavía no se decidía a perdonarlo por haberle causado un susto tan grande a Harry.

- Creo que eso es todo, por ahora. Los espero en una semana para una revisión más detallada. Vayan a descansar.

Con tierna solicitud, Draco le ofreció apoyo a Harry, quien lo aceptó sin estar muy seguro si volvería a marearse.

- Podemos usar la silla, si quieres.- comentó Draco, pero el otro negó sin hablar, de manera que apenas dirigió una mirada de despedida al medi-mago.- Estaremos aquí la semana próxima.

El anciano los vio salir juntos de la sala y con una media sonrisa regresó a su casa vía chimenea.

*

Caminaron juntos a través de los pasillos solitarios y salieron al exterior. La noche estaba intensamente fría pero clara. La respiración de los dos jóvenes formó nubecitas de vapor a su alrededor.

Protector, Draco mantenía a Harry muy cerca, sentía que ese contacto era muy necesario en ese momento.

- Ese bastardo me asustó de verdad por unos momentos.- admitió el moreno en un murmullo y Draco se detuvo para poder abarcarlo mejor en sus brazos entonces la cabeza de cabello oscuro se apoyó sobre su hombro, buscando refugio; permitiéndose la debilidad de buscar un punto de apoyo. Estuvo así unos instantes, hasta que se calmó.

- No sabíamos entonces, pero ahora tendremos más cuidado.- prometió Draco acariciando el pelo arremolinado.- Vamos a casa, tienes que descansar.

- No.

- ¿Cómo?

- Vamos a la Central. Los demás deben estar preguntándose qué pasó conmigo y yo necesito asegurarme que todos están bien.

- Tengo la impresión que no oíste nada de lo que dijo el medi-mago.

- Sí, lo escuché tan bien como tú. Nos dio todas las indicaciones debidas porque sabe hacer muy bien su trabajo; pero yo tambien sé hacer el mio. Y mi trabajo es ir a la Central, asegurarme que todos los Aurores que mandé a esas misiones, están bien; y tratar de averiguar qué pasó. Luego sí, ire a descansar. Además mañana es sábado.

- Pero Harry, tienes que ser conciente...

- Lo soy, tú sabes que esto tambien es importante. Casi pierdo a nuestro hijo en esa trampa así que voy a averiguar qué diablos se traen esos bastardos entre manos.

Draco suspiró. Discutir con Harry en temas de trabajo era un asunto perdido y prefería estar con él en buenos términos que llevarlo a rastras hasta la casa. Sabiendo que tenía la discusión ganada, Harry le obsequió su mejor sonrisa.

- Además no querrás discutir con tu jefe, ¿no?

- Tengo la impresión que mi jefe esta empezando a aprovecharse de su estado.- comentó con fingido enojo. No podía enojarse con Harry cuando le sonreía así.

- Tendrías razón.- dijo, empinándose para darle un beso leve.

Ambos desaparecieron de los jardines de la entrada de San Mungo dentro del nuevo Portal que Draco convocó para los dos. Mejor dicho, para los tres.

 

 

 

 


Capítulo 3


- Harry son casi las once...- informó Draco desde el umbral de la puerta.

Como si no hubiese oído, Harry siguió escribiendo, revolviendo papeles y rumiando en voz baja, consiguiendo con eso que el humor volátil de Draco se disparara.

A pesar de la recomendación del medi-mago, Harry había insistido en ir a la Central y lo había convencido de eso, pero una cosa era ir a verificar que todos estuviesen bien; y otra muy distinta quedarse trabajando hasta esa hora de la noche.

- ¿Escuchaste lo que dije?

- Sí... ¿Terminaste el informe preliminar...? ¿Por triplicado?

- Sí.- avanzó un poco y bajó la voz. No le gustaba que los demás presenciaran cuando Harry y él tenían algun pequeño desacuerdo.- Tenemos que ir a casa, Harry... Tienes que descansar... ¿Recuerdas?

- Dentro de unos minutos Draco...

- Dijiste eso hace dos horas, y hace una hora... ¿Cuanto tiempo más vamos a quedarnos aquí? Los demás tambien tienen que irse a sus casas...

-¿Dónde habré puesto la planificación de los grupos...?

Hastiado por la poca atención que le estaban poniendo, Draco bufó en forma evidente y perdió lo que le quedaba de paciencia.

- En la gaveta superior del escritorio, señor.- dijo, tajante.- Con permiso, me voy a casa. Terminé mi horario hace varias horas.

Dándose la vuelta enfiló hacia la salida.

Conciente del tono en la voz de su pareja, Harry levantó la vista pero tambien era cierto que él decidía cuando terminaba la jornada de trabajo.

- Malfoy.

Envarado al oírse llamar así, Draco giró y ambos se enfrentaron por unos segundos.

- Tenemos que hablar.- dijo Harry.

- El tema del cual tenemos que hablar, lo hablaremos en casa. Señor.- dijo Draco y salió de la oficina.

Viendolo marcharse, Harry reparó en el reloj del salón principal.

"Merlín... ¿Ya son las once...? Oh, diablos... Eso fue lo que me dijo Draco..." pensó, dándose cuenta que no había prestado ninguna atención a todo lo que su pareja le había dicho antes de enojarse. Y tenía que hacer algo si no quería que el enojo durase más.

Rápidamente, juntó papeles, acomodó un poco el escritorio y dejó todo lo demás pendiente para el lunes siguiente. Tomando su capa a escape, salió de la oficina.

- ¿Qué diablos están haciendo todos aquí todavía?- preguntó mientras atravesaba el salón.- Lárguense... Buen fin de semana.

La mayoría de los que estaban allí, solo sonrieron y comenzaron a juntar sus cosas para irse. No en vano le habían pedido a Malfoy que le recordase al jefe que necesitaban irse a casa.

**

El Portal dejó a Harry en medio de la salita y escuchó a Draco batallando en la cocina. Se quitó la capa y la dejó en el perchero, encaminándose hacia allí.

- ¿Por qué estás tan enojado?- preguntó, desde la puerta, aunque por supuesto, sabía la respuesta.

El rubio dejó la cacerola sobre la cocina y aquella resonó con el golpe.

- Se supone que ibas a hacer un control de que todos estuviesen bien, no que ibas a quedarte en la oficina hasta estas horas... Wallace dijo que tenías que descansar.

- Lo sé, pero...

- ¿Pero qué?

Sabiendo que Draco tenía razón, Harry cedió.

- Lo siento... No me dí cuenta de la hora.

- No me estabas prestando atención.- siguió Draco y Harry negó en silencio.- Diablos, Harry... se supone que...

- Se supone que teníamos un trato.- objetó suavemente Harry, avanzando hasta él y quitándole la cacerola de las manos.- Yo tomo las decisiones en la oficina, y tú lo haces en casa... ¿No era así?

- Sí. Y lo he respetado siempre, porque solo nos involucraba a nosotros dos. Pero ahora hay alguien más en medio y si vas a empezar así...

- Tal vez tengamos que replantear algunas cositas dentro del trato...- sacó la molesta cacerola del medio y acercándose más, le echó los brazos al cuello.- Lo siento... ya sabes cómo soy con el trabajo...

- Sí, lo sé, por eso me preocupo. Te metes en las cosas con esa persistencia tan... tan... Gryffindor... que me dan ganas de sacudirte.- dijo, pero no pudo evitar que sus manos fueran directamente hacia la cintura de su pareja para acercarlo un poquito más.

- Sabes que puedes sacudirme cuando quieras.- susurró Harry, muy cerca de sus labios.

- Hablo en serio, Harry.

- Lo sé, amor. Te prometo que te haré caso en este asunto.

- ¿Aunque estemos en la oficina?- presionó Draco, solo para sentirse seguro.

- Solo cuando se trate de nuestro bebé.

Sonriendo, Draco lo aferró hacia sí.

- Eso sonó bien... Dilo de nuevo.

- ¿Qué cosa?- Harry se hizo el desentendido, pero sabía a la perfección qué era lo que el rubio quería oír.- ¿Lo de 'nuestro bebé'?

- Exactamente eso.- dijo Draco antes de impedirle cualquier otra palabra sellando su boca con sus labios y terminando con ese asunto de una vez.

De cualquier modo, nunca podia estar demasiado tiempo enojado con Harry.

**

A pesar de todo, se habían acostado muy tarde y casi en el momento en que puso la cabeza en la almohada, Harry cayó dormido. Y durmió durante casi todo el sábado.

Cuando lo despertaron para cenar estaba mas fresco, ya no tuvo mareos, al menos ese día y cenaron juntos en la cocina. En el curso de la tarde había llegado una lechuza de parte del medi-mago con las recomendaciones para los alimentos y otras cosas.

Harry quería compartir la noticia con Ron y Hermione porque eran sus amigos, y si Draco tuvo mayores inconvenientes, no iba a decirlos en ese momento. Nunca había terminado de llevarse bien con ellos, pero no podía negar que la amistad que unía a esos tres era tan firme y verdadera como el amor que él sentía por Harry.

Así que los invitaron a cenar el domingo.

Draco se despertó sobresaltado al sentir un movimiento rápido a su lado, pies descalzos corriendo y luego el inconfundible sonido de alguien vomitando en el baño. Rápido, se levantó y fue hasta allá, para encontrar a Harry de rodillas ante el retrete y al parecer, iba a vomitar todo lo que había comido en la última semana, o meses, o años, quizas.

Bien, ya habían leído acerca de eso, se suponía que era normal, aunque eso no hiciera el paso mas fácil.

Los espasmos eran tan fuertes, que aunque Draco intentaba brindar apoyo a su pareja, había bastante poco que pudiera hacer. Un poco después las nauseas parecieron ceder.

Draco le alcanzó un vaso de agua para que se enjuagara la boca. Temblando, el moreno lo tomó, mientras su pareja le quitaba un mechón húmedo pegoteado en su frente.

Tenía ganas de decirle que estaba adorable, que lo amaba en ese momento más que nunca, a pesar de los ojos llorosos y la nariz colorada; pero considerando el color verde en el rostro de Harry, prefirió decirselo más tarde.

- ¿Mejor ahora...?- susurró.

- Creo... creo que sí.- no se oyó demasiado seguro.

- Me parece que mejor vuelves a la cama un rato más.- dijo y lo ayudó a ponerse de pie.

Era una situación bastante atípica, porque en general Harry era muy saludable y fuerte, ni siquiera cuando lo habían herido durante distintos encuentros, llegaba a solicitar el apoyo de alguien. Pero ahora los temblores lo sacudían y se aferraba al brazo de su amante. Se detuvo a medio camino, verde, una vez más.

- ¿Qué pasa, amor?

- Vol...vamos...- alcanzó a decir antes de que las náuseas atacaran de nuevo.

Un rato mas tarde por fin pudo regresar a la cama, agotado y dejó que Draco lo arropara y se durmió de nuevo.

Luego de asegurarse que descansaba bien, Draco se vistió y se dedicó a preparar un almuerzo liviano, aunque tenía la impresión que Harry no estaría muy dispuesto a comer. Después se puso a asear un poco el departamento para que cuando Ron y Hermione llegaran todo estuviera ordenado. No quería que Harry se agotara con esas cosas y si antes no le molestaba hacerlas, ahora muchísimo menos.

Preparó una pequeña bandeja y la llevó a la habitación. La dejó a un lado y se sentó en el suelo, a un lado de la cama, absorto en la contemplación de su pareja.

El rostro estaba un poco pálido de nuevo, pero lo atribuía a las descompostura matutina, por lo demás, Harry estaba extendido medio de lado, y había pateado casi todas las mantas a un costado.

El cuerpo elástico y delgado estaba apenas cubierto por la ropa interior, inclusive distendido, el toráx mostraba los músculos marcados, los abdominales perfectos. La visión del estómago plano, endurecido por los ejercicios, lo atrajo casi como el primer día que lo vio desnudo. Esta vez, sin embargo, la atracción era de otra índole.

Debajo de esa piel color canela, había creciendo una vida.

Conteniendo la respiración, Draco alargó la mano hacia ese lugar. Con la suavidad de una pluma, los dedos largos y pálidos se apoyaron apenas en el vientre y la retiró al punto, con temor casi reverencial pero luego volvió a intentarlo. En esa ocasión, la mano blanca se posó sobre la piel aterciopelada y cálida moviendose junto con el ritmo de la respiración.

"Está ahí... Aun no se vé, pero está ahí " pensó, exhultante de emoción. "Nuestro hijo está ahí y está vivo. No me animo a decirlo... Creo que si lo digo en voz alta la visión se va a desvanecer."

Estaba tan concentrado en sus pensamientos, que no se dio cuenta que Harry había despertado y lo observaba. Con suavidad, puso su mano sobre la de Draco ambas sobre el vientre llano y sonrió.

- Lo estamos haciendo - dijo tan solo, como confirmando que esa vida no iba a desaparecer si se la mencionaba en voz alta ante la expresión solemne del rubio y sin saber cuan parecidos eran sus pensamientos a los de su pareja.

- Sí... Es tan increíble...No nos habíamos dado cuenta... Wallace dijo que estabas de unas cinco semanas...

- Cinco semanas.- dijo Harry y su sonrisa se hizo mas amplia, pícara.- ¿Te das cuenta? Fue durante nuestro último 'wow'...

Draco tambien sonrió, tomó la mano de Harry en la suya y besó la palma con devoción y no contento con eso, se irguió y llegó hasta sus labios, que lo esperaban, ansiosos como siempre.

- ¿Te dije últimamente lo mucho que te amo?

- Tal vez fue esta mañana, pero estaba ocupado vomitando.

- ¿Te sientes mejor ahora?

- Por ahora sí.- se sentó en la cama y divisó la bandeja a un lado.- ¿Crees que estará bien si como algo? Tengo hambre.

- Inténtalo, amor.

Para no forzar su buena suerte, Harry comió poco, pero a medida que iba pasando el tiempo, se sentía un poco mejor. La descompostura habia sido terrible por la mañana pero ahora se estaba disipando.

Hacia la tarde pudo levantarse, darse una ducha y ayudar a Draco a preparar la cena. Al anochecer, un leve chisporroteo en la chimenea les anunció que los invitados estaban por arribar. Segundos después, el joven pelirrojo apareció abarcando en sus brazos a Hermione, su esposa.

Los eventos de ese tipo no eran muy normales, por la simple razón que Ron y Hermione nunca habían terminado de llevarse bien con Draco, pero de vez en cuando Harry insistía en compartir unos minutos, al margen del tiempo que pasaban en el trabajo.

Se saludaron y mientras Draco terminaba de verificar algunas cosas en la cocina, ellos tomaron asiento en la salita.

- ¿Tendremos los resultados de los análisis del terreno en Paddington Station para mañana?- preguntó Harry ni bien tomó asiento.

- Creo que sí.- informó Hermione.- Pero no creo que nos revelen mucho más…

- ¡Harry!- la voz de Draco desde la cocina.- ¿Estás hablando de trabajo o son solo ilusiones mías?

- Ilusiones, amor.- contestó al punto y dirigió una sonrisita cohibida a sus amigos.

Ron sacudió la cabeza, incrédulo.

Algunas veces no entendía cómo hacian esos dos para no matarse. Trabajando y viviendo juntos, Hermione y él a veces no podían evitar pelearse por mezclar las cosas, pero ellos parecían haber establecido alguna especie de trato especial.

Draco nunca interfería en las decisiones de Harry, a veces las discutía, pero siempre con una especie de alejamiento frío y profesional que a su pesar Ron admiraba. Un pensamiento un tanto obsceno se le cruzó por la mente; probablemente Draco se tomara la revancha en otros terrenos. Bastaba ver cómo, con una sola frase había cortado en seco la conversación que el moreno había iniciado. Y ni siquiera estaba presente. Decidió que esas no eran las imágenes que necesitaba en su cabeza justo en ese momento y las quitó al instante.

Draco arribó desde la otra sala trayendo en manos la bandeja con cosas para compartir un café hasta que estuviese lista la cena. Hermione se puso de pie y le ayudó a disponer las cosas. No llevarse bien no significaba ser una desatenta, según su opinión.

- Gracias.- dijo Draco y casi le provoca un infarto a la joven.- ¿Qué vas a hacer, Harry? ¿Les vas a decir ahora o prefieres causarles una indigestión después de la cena?

Los ojos grises lo miraban divertidos, aunque la sonrisa fuera apenas velada. Se sentó a su lado en el sofá.

- Creo que mejor ahora.

-¿Decir qué?- preguntó Ron.

- Supongo que Herm ya tiene una idea de lo que voy a decir.- dijo Harry dando un vistazo al rostro sonriente de su amiga y lo soltó de una sola vez.- Vamos a tener un bebé.

- Oh, Harry, felicitaciones.- dijo aquella, levántándose al punto para darle un enorme abrazo.- Lo imaginé…

- ¿Sabes que a veces eres demasiado sabihonda?- comentó Harry, sonriendole.

Ron se había quedado sentado mirándolo sin terminar de asimilar la frase al parecer. En realidad, así era. Aunque sabía que esas cosas eran posibles, jamás se le hubiese ocurrido que su amigo fuese capaz de hacer algo por el estilo. Pero después de todo, no era tan desquiciado. Crecido en una familia sin amor, o mas bien sin familia casi, era natural que Harry quisiera tener una propia. Y por supuesto no era para nada extraño que quisiera formarla con su pareja.

Todo ese proceso mental llevó unos cuantos segundos, segundos que le permitieron hilvanar una frase más o menos coherente.

- Vas a tener un bebé.- repitió.

-Sí, Ron.- contestó, conteniendo la respiración, esperando la reacción.

Tambien Hermione esperaba. Su esposo era leal y un amigo fiel, pero en ocasiones, estallaba antes de meditar demasiado las situaciones. Luego siempre se arrepentía, pero en esta ocasión, no quería que una reacción un tanto explosiva arruinara la felicidad de Harry.

Sentado desde donde estaba, Draco observaba en silencio. Sabía cuánto valía para su pareja la opinión de Ron y esperaba, diciéndose que si el pelirrojo hacía sufrir a Harry, lo destrozaría con sus propias manos.

Ron se puso de pie, su rostro estaba tan serio que era indescifrable y se acercó a Harry.

- ¿Es lo que deseas?- preguntó al fin.

- Mas que nada en el mundo.- dijo en un murmullo firme.

- Entonces me alegro por ti, amigo. Te felicito.- dijo y sin darle tiempo a reaccionar, hizo a un lado a su mujer y abrazó a su amigo, tan fuerte que casi lo dejó sin aire.

Hermione suspiró, Draco suspiró y Harry intentó respirar después que lo soltaran. Y entonces Ron hizo algo ninguno podía haber previsto: se volvió hacia Draco y le extendió la mano.

Tomado absolutamente por sorpresa, aquel lo miró por unos segundos.

- Las felicitaciones tambien son para ti, hurón. Supongo que tuviste algo que ver en esto.

- No tengas ninguna duda de eso, comadreja.- contestó Draco, su voz tan arrogante como siempre, pero aceptó su mano y a su pesar le dedicó una sonrisa, por una vez completa y profundamente sincera. Para seguir el ejemplo de su esposo, Hermione le plantó un sonoro beso en la mejilla.

- Esto no significa que nos vamos a llevar mejor.- comentó Ron volviendo a su asiento.

- Jamás pensaría algo así.

- Qué bueno que están de acuerdo en eso.- dijo Harry, bastante contento.- Voy a necesitar que me ayuden en esto… No quiero que los demás lo sepan.

- Ehmm… Compañero, eso va a estar un poco difícil. En un tiempo mas se te va a notar.

- Sí, bueno Ron; pero al menos durante los primeros tiempos me gustaría estar tranquilo. Ya sabes cómo son estas cosas... Todo el mundo se entera y ya no me dejarán en paz.

- Puedes contar con nosotros, lo sabes.- dijo Hermione y Ron asintió.

- Muchas gracias...Uhmm...Creo que tengo hambre. ¿Podemos comer ahora?- preguntó Harry, tentativamente.

- Sí, podemos.- confirmó Draco.

Y mientras iban hacia la cocina, Ron empezó a disfrutar de su nuevo tema para poner a prueba la paciencia de Draco con el asunto de los antojos de comidas extrañas y en horarios insólitos y algunas otras cosas.

Esa fue una de las mejores reuniones que tuvieron desde que se conocían. Una vez que se fueron, entre los dos limpiaron la cocina y fueron a la cama.

- ¿Estás feliz, amor?- preguntó Harry, medio dormido.

- Mucho. Tú me haces completamente feliz.

- Qué bien…

El resto de la frase se diluyó en el sueño, y por un largo rato, Draco lo observó dormir. Había un leve resplandor en el horizonte cuando se decidió a cerrar los ojos y descansar. Hubiese seguido contemplándolo por siempre.

 

 

 

 

Capitulo 4


El primer lunes de trabajo, por primera vez en bastante tiempo, Harry llegó tarde a la oficina. Y eso fue simplemente porque hasta que las náuseas cedieron, ni siquiera pudo ponerse de pie para vestirse. Sin embargo nadie pareció notarlo ya que la Central, por lo común era un continuo ir y venir de magos y brujas de distinta procedencia.

Nunca le había gustado viajar a través de la red Flu, y no iba a empezar en ese momento, arriesgando un aterrizaje poco suave, de manera que una vez más, Draco convocó un Portal para ambos que los dejara directamente en el interior de su despacho. Así pasaría desapercibida su tardanza.

Enfrascado por completo en el papelerío que demandaban las tres incursiones en el mundo muggle, Harry pasó el mediodía y una parte de la tarde maldiciendo, haciendo informes y acicateando a sus Aurores para que hicieran los suyos. Muchas veces lo comparaban con el 'Tirano Owens', el antiguo encargado de la oficina, cosa que a Harry siempre le causaba un cierto pesar y le traía recuerdos tristes.

Hacia la tarde, terminó de estampar su firma en el último informe y se levantó del sillón haciendo crujir las vértebras de la espalda. Bostezó inconteniblemente.

- Merlín... No puede ser que tenga tanto sueño... Si no salgo de aquí, me voy a dormir.

Uniendo la palabra a los hechos, salió del despacho dispuesto a hacerle la vida imposible a sus empleados, pero tuvo que desistir. Cuando lo vieron bostezar tres veces seguidas, Mc Gregor, uno de los Aurores que había estudiado con él se adelantó.

- Harry... Voy a buscar café... ¿Quieres un poco...?

No estaba dentro de las cosas que Wallace le había dado como recomendables, pero lo necesitaba para permanecer despierto. Además podía confiar en Mc Gregor. Criado con muggles como él, sabía conseguir buen café.

- Sí, te lo agradeceré... Estoy a punto de dormirme...

- Hay que dormir por las noches, jefe...- comentó sonriendo, aquel y salió antes que Harry le arrojara algo.

Mientras esperaba, se sentó en el escritorio de Draco y aquél apareció minutos después con los brazos llenos de carpetas polvorientas que dejó caer sobre la mesa. Se sacudió la túnica hasta asegurarse que no había nada que objetar en su aspecto.

- ¿Como puede juntarse tanto polvo en tan poco tiempo, maldición?

- Los elfos no pueden entrar a limpiar en los archivos, se los he prohibido, así que la mugre se amontona...- explicó Harry y alcanzó a ver a Mc Gregor que venía haciendo levitar con bastante éxito unos cuantos vasitos descartables con café y rosquitas.

Dejó un par de vasos sobre las carpetas y a un costado unas cuantas rosquitas cubiertas de chocolate, las preferidas de Harry.

Aquel las miró un instante y tratando de guardar al menos un poco de dignidad, se levantó y se dirigió a toda prisa hacia su despacho.

- ¿Qué le pasa?- preguntó el otro muchacho, sin comprender.

- Nada... Debe haber recordado algo urgente... Ya sabes cómo es.

Un tanto inquieto, Draco tomó el vaso de café y tres rosquitas y se encaminó hacia la oficina del moreno. Golpeó suavemente y entró.

- No me acerques eso.- le advirtió Harry, asomándose desde el pequeño cuarto de baño donde se había refugiado.

- ¿A qué te refieres con 'eso'? ¿Al café o a las rosquitas con chocolate?

- A las rosquitas con ch... Oh, maldición...- el sonido de leves arcadas convencieron a Draco de dejar las pecaminosas rosquitas a un lado e ir a verificar que Harry estuviese bien.

- No te entiendo amor... Siempre te gustaron las rosquitas, cuanto más chocolate tuviesen mejor...

- ¿Podrías hacerme el favor de no mencionar la palabra 'chocolate'?- gimió Harry, apareciendo de regreso.

Eso sí fue una sorpresa porque desde que estaban juntos, Draco practicamente no podía separar la palabra Harry de la palabra chocolate. Eran casi sinónimos. No obstante sí acercó el vasito de café.

- ¿Ya pasó?- preguntó tentativamente y su pareja asintió, algo pálido.- Muy bien, ya tomé nota: nada de chocolate... Ooops, lo siento.

Luchando con el asco que le subía de nuevo a la garganta, Harry le dirigió una mirada de odio y Draco se la devolvió con cierto regocijo. Al final, consintió en ir a buscarle unas galletas para calmarle las naúseas y el hambre, aunque, en realidad, fuese mas bien para hacer las pases.

**

Eso fue nomás el principio. Querer que el asunto no se supiera estaba bien, lo que era más difícil era conseguir que nadie lo notara. Sobre todo porque de ordinario, Harry solía estar en su oficina a las ocho en punto de la mañana, una hora antes que los demás y durante la semana que empezó, a esa hora estaba intentando retener algo en su estómago, con resultados totalmente negativos. Entonces descubrió que si se levantaba más temprano, las nauseas empezaban antes y se volvían soportables antes; así podía estar en el trabajo alrededor de las nueve.

Al final de la semana hicieron una nueva visita a la clínica y vieron por primera vez a su hijo. Todavía no era más que una cosita y hasta que el medimago no señaló, no podían distinguir gran cosa.

- Esto serán las piernas... y estos los brazos ¿Ven?- indicó el anciano.

- Es un gusanito.- comentó Draco y recibió un solemne codazo en las costillas como respuesta a esa observación.

- De hecho, debe medir unos… 12 milímetros en estos momentos, y debe estar en los 70 gramos aproximadamente.- indicó Wallace, sin dejar de sonreir al ver las caras extasiadas y absortas de los jóvenes ante la imagen del conjuro.

El rubio era la imagen viva del orgullo y el otro, no había palabras para describir de manera apropiada la expresión de Harry.

A medias asustado y maravillado, como si verlo no alcanzara para convencerlo de la existencia de esa nueva vida; acostado en la camilla, con Draco sosteniéndolo para que pudiera erguirse un poco y no le resultara difícil contemplar la imagen tridimensional que flotaba encima de su cuerpo.

- ¿Por qué se ve así…? Como rodeado de eso dorado…

- Eso dorado, Harry, es lo que mantiene a tu bebé. Es como una bolsa que lo cubre, lo protege y lo conecta contigo. Como hombre, no tienes el 'equipo' necesario para tener un bebé, así que el conjuro hace posible que ese espacio exista y que tu hijo crezca ahí dentro. Ahí estará seguro y calentito.

La imagen se desvaneció y el medi-mago procedió a revisar al muchacho, pero todo estaba correcto por el momento así que le indicó que podía vestirse.

- Has tomado la poción todos los días, supongo.- ni siquiera era una pregunta.

-Sí. Draco me lo recuerda siempre.

- Perfecto. No dejes de tomarla, no tienes las hormonas necesarias para mantener un embarazo así que es fundamental que no lo olvides. No eres mujer.

- Lo habia notado, gracias.- comentó un poco irritado.

- Ése es otra de las cosas a tener en cuenta. En los próximos días puedes tener el carácter un poco alterado, lo mejor es que lo tomes con calma, no trabajes tanto y duermas lo más que puedas.

Harry asintió y Draco se permitió observar que no había dicho nada al respecto.

- Las descomposturas matutinas seguirán siendo un problema al menos hasta el tercer mes, así que tómalo con calma tambien.

- Lo intentaré.

Le dio algunas vitaminas y otras cosas para reforzar sus defensas y pudieron volver a casa. Harry jamás había tomado tanta medicación junta.

**

“Puedo controlarlo, puedo hacerlo…” se dijo mientras casi corría rumbo a los sanitarios por segunda vez en la mañana, pero casi y no llega a tiempo. El desayuno terminó nuevamente en la taza del retrete.

Unos minutos después, alguien tocó la puerta con suavidad.

- ¿Harry, estás bien?- la voz de Hermione y como en ese momento, Harry intentaba tomar aire entre una y otra nausea, no pudo contestar.- Voy a entrar…

- Ya se me pasa…- consiguió decir, pero la chica ya estaba dentro.- Estaré bien.

- Sí eso supongo. ¿Tomaste la poción que te dieron para esto?

Harry negó con la cabeza pero eso pareció sacudirle un mazazo en el cerebro.

- ¿Y por qué no lo hiciste? Se supone que es para evitar que te sientas tan mal…

- Porque estoy cansado de tomar cosas, Herm. No es absolutamente necesario que la tome.

- Sí lo es, porque estás hecho un desastre.

- No estoy hecho un desastre y no es bueno tomar tantas cosas, no le hacen bien al bebé.

- JA. Déjate de idioteces, Harry si te las medicaron es porque las necesitas y no le harán daño.

- Ya estoy bien, Herm.

- Eres un terco.

- Y tú eres una entrometida.

- Me preocupo por ti.

- ¡Pues no lo hagas, entonces!

- Alguien tiene que hacerte entrar en razón.

- ¡Pues no creo que seas la maldita indicada para eso!- gritó.

Hermione lo miró por unos segundos dudando si contestar o no, pero al final no dijo nada, giró y salió del baño.

Harry se contempló en el espejo por unos segundos. Tal vez sí estaba un poco demacrado, pero eso era por las malditas nauseas, no por otra cosa.

“Quizás no debí gritarle así a Herm… Maldición.”

Un par de minutos después, la puerta se abrió de nuevo y Harry giró esperando encontrar a Hermione, pero no era ella.

La figura de Draco entró en el cuarto y cerró la puerta tras él. El rostro serio, calmado pero firme. Sin decir ni una palabra, le extendió el frasco con la poción.

- Espero ser el indicado para hacerte entrar en razón.- dijo, al ver que el muchacho no la tomaba.

- Draco, ya estoy bien…

- No estás bien. Mírate nomás. Ya vomitaste el desayuno, ¿verdad? Y a veces tambien te descompones luego del almuerzo. Se supone que deberías estar aumentando de peso, pero no veo que eso suceda.

- Es porque estoy trabajando mucho…- empezó, pero se detuvo antes de decir algo que comprometiera sus futuras asistencias a la oficina.

- Mira, si lo que intentas es hacerme enojar, te advierto que estás muy cerca de conseguirlo. O tomas la poción, Harry; o te juro que te hago abrir la boca y la tomarás aunque no quieras.

- No serías capaz…

Sin un leve asomo de duda, Draco dio un paso decidido hacia él, y aquel retrocedió un poco. Nunca había visto al rubio tan firme en algo y eso debilitó su enojo.

- Oh, maldición…

Con un gesto de fastidio, Harry tomó el frasco, puso la medida justa en la tapita y la tomó haciendo muecas por el sabor del líquido.

- Te detesto.- dijo, devolviendo el envase.

- Y yo te amo, y no me gusta ver que te sientes tan mal sin ningún sentido.- se acercó y lo besó en los labios, apenas un roce.- Y no quiero saber que has vuelto a saltarte tomar tus medicinas o ya sabes…¿Entendido?

- Sí.- murmuró, a medias ofendido por sentirse tratado como un niño, y tambien un poco halagado por la preocupación que veía en los ojos de Draco.

- Perfecto. Que no se te olvide.

Diciendo así, el rubio salió del baño.

**

- ¿Ya estás mejor…?- preguntó Draco, alcanzándole una toalla para que se secara el rostro.

Ahora que veía las consecuencias que Harry atravesaba cada mañana, había ocasiones en las que se planteaba con seriedad si él hubiese podido enfrentar esas cosas.

- Mejor…- jadeó Harry apoyándose en la puerta del sanitario.- ¿Qué le dijiste al Ministro? Digo… supongo que preguntó al verme salir corriendo de la reunión.

- Uhmm… Que habías comido algo en mal estado, algo como la comida que hay en la cafetería del Ministerio.

Harry se lavó rápidamente la cara pero el aspecto desencajado todavía perduraba. Todavía tenía que regresar a esa dichosa reunión y escuchar el aburrido discurso de Cornelius y casi con seguridad, el de los otros dignatarios que lo acompañaban. Había insistido para que la reunión fuese durante la tarde, el momento en que él solía sentirse mejor, pero no había tenido caso. Cuando al Ministro se le ponía una idea entre los ojos, no había forma de hacerlo desistir.

Así que allí estaba, sintiéndose miserable, rendido de cansancio y una vez más con la certeza de que si alguien encendía una pipa en el recinto volvería a salir corriendo o peor todavía, vomitaría allí mismo y adiós secreto.

No, no iba a permitir que se enterara nadie, al menos hasta que él estuviese listo para decirles.

Ya sabía cómo seguía el curso de las cosas. Alguno se enteraba, y lo comentaba a otro, en menos que tardaba en pensarlo, aparecían los reporteros de ‘The Prophet’ o los de ‘The Quibbler’ y al día siguiente era portada en cualquiera de los dos, o en los dos.

No quería ni pensar en eso. Todavía había muchos locos sueltos ansiando plantarle una maldición en medio de la frente solo para vengar la muerte de Voldemort, a pesar de que ya habían pasado tres años de eso.

Tenía más enemigos de los que podía recordar. No solo mortífagos prófugos, sino tambien gente menos peligrosa pero mas solapada. Incluso algunos en el Ministerio. Aurores con más experiencia, con más años en la carrera, que no podían soportar que alguien tan joven ocupara ese sitio.

Pensando en eso último, Harry se irguió decidido a resistir. No iba a darles el gusto de verlo flaquear.

- ¿Vas a volver allí?- preguntó Draco, un poco asombrado.

- Sí. Pero me sentiré más tranquilo si te quedas cerca…- dijo, sintiéndose todavía débil y medio tembloroso.

Draco le acomodó la túnica para componerle el aspecto y luchó sin éxito con el remolino de cabello oscuro. Con cariño le secó un poco el sudor de la frente.

- Estaré cerca.- prometió.

- ¿No me vas a abrazar un poquito...?

Por supuesto no había necesidad de repetir el pedido. Draco extendió los brazos y lo abrigó entre ellos, manteniéndolo así mientras Harry solo hundía su rostro entre su ropa.

Se sentía tan bien así que hubiese deseado mandar muy lejos al Ministro, a los demás dignatarios y todo el resto. Era cierto que el trabajo era importante, pero en los últimos días estaba descubriendo que eso nuevo que le estaba sucediendo era muchísimo más importante que todo.

- ¿Ya estás bien...?- susurró Draco, sin soltarlo.

Sin hablar, Harry negó y se quedó quieto un par de minutos más; solo entonces, haciendo acopio de coraje se separó y con un suspiro resignado se colocó las gafas.

- Ya estoy bien.- dijo tratando de sonreír.

- Estaré cerca.- reiteró Draco.- Lo prometo.

Salieron del sanitario y regresaron al recinto donde se celebraba la reunión.

Tal como Harry había previsto, Fudge inició un largo y aburridísimo discurso; y luego de él, el representante de otro país hizo lo mismo. Durante todo ese proceso, en más de una ocasión los ojos grises de Draco encontraron la mirada de su pareja. Ante la muda pregunta, Harry solo asentía levemente.

Sin embargo, en la intensa palidez que por momentos ganaba el rostro de Harry, Draco adivinaba que no se sentía del todo bien. Hubiese querido hacer algo, ser más útil, pero al parecer solo podía mantenerse cerca de Harry cuando aquel se sentía mal. A veces se sentía un poco excluído de todo ese asunto y eso casi lastimaba.

Una extraña sensación se asentó en su estómago y unos segundos después, la boca se le llenó de saliva amarga.

"Maldición... Después de todo, parece que el que comió algo en mal estado fui yo..."

Unos minutos mas tarde, el malestar era bastante intenso y difícil de tolerar. Draco estaba sintiéndose realmente mal. Una gotita de sudor resbaló por su sien derecha y se deslizó por un lado de su cara. Odiándose por mostrarse de esa forma, la secó con el dorso de la mano, intentando que pasara desapercibido.

La voz del Ministro se hizo lejana por un momento y luego retumbó en su cerebro. Parpadeó para disipar el malestar, pero eso solo hizo que la habitación se moviera locamente ante sus ojos. Como en cámara lenta, vio que algunos lo estaban mirando con cierto asombro, y también vio a Harry acercándose a el, con el desconcierto pintado en su rostro.

Cuando se recuperó, estaba tendido en un sofá en alguna de las tantas salas adjuntas a las oficinas del Ministerio.

- ¿Qué diablos...?- alcanzó a murmurar mientras se incorporaba.

- Despacio, amor.- Harry estaba sentado en un sillón a su lado.- Tuviste un vahído.

Draco terminó de sentarse y se quedó mirándolo como si de pronto Harry fuese uno de los bichos que Hagrid gustaba hacerles estudiar en Hogwarts. No pasó por alto la pequeña sonrisa en los labios de su amante y como de momento no sabia de qué se trataba, prefirió repetir la pregunta inicial.

- ¿Qué diablos pasó?

- Bueno... - esa vez, Harry no pudo evitar sonreír ampliamente.- Erick me advirtió sobre esto... 'Malestares solidarios' o algo así... Err... El padre del bebé hace causa común con el gestante... Y ambos se sienten como el demonio.

Por unos segundos, Draco lo miró boquiabierto.

- ¿Te advirtió a tí...?!! ¿Y por qué no me lo dijo a mí?

- Porque no habías tenido síntomas, y no quería darte ideas... ¿Ya estás mejor?

El rubio no pudo evitar notar que ésa era la misma pregunta que él había hecho antes y meditó un poco antes de contestar. El ligero malestar en el estómago persistía pero mucho más leve.

- ¿Así es como te sientes todas las mañanas?- preguntó dudoso.

- ¿Qué quieres decir con 'así'?

- Así... Horrible, nauseoso... mareado...

Harry sonrió una vez más, definitivamente Draco no tenía pasta para estar enfermo y asintió.

- Síp. Así exactamente.

Draco suspiró y se acomodó mejor en el sillón. Tomó la mano de Harry y lo hizo sentar a su lado ubicándolo dentro de su abrazo. Ya se sentía un poco mejor.

- Tenía tantas ganas de saber cómo te sentías... - admitió en un susurro.- Quería estar más cerca de tí, compartir más cosas... Y al parecer, lo conseguí.

La risita apagada de Harry lo hizo girar hacia él y enfocarlo con seriedad.

- No te rías de mí.

- Claro que no, amor... - dijo, sin dejar de sonreír mientras la mano morena ascendió hasta un rebelde mechón rubio que cruzaba delante de esos increíbles ojos grises y lo apartó con cuidado.

- Ahora que sé como te sientes todas las mañanas, no sé si yo podría enfrentarlo y seguir adelante.

Esa tranquila admisión, hizo que Harry dejara de sonreír por unos segundos, pero al instante siguiente volvió a acariciarle el rostro.

- Sí podrías.- dijo con seguridad absoluta.

Aunque tenía serias dudas al respecto, Draco solo respiró hondo, diciéndose que ésa era seguramente, una de las cualidades que el conjuro había detectado en su pareja, la fortaleza interna.

- ¿Qué pasó con la reunión?- preguntó por fin.

- Se suspendió cuando te desmayaste.- anunció Harry con algo de malicia.

- Uf… Al diablo la dignidad Malfoy ¿Verdad?- vio que su pareja asentía, sonriente una vez más y respondió al gesto. El malestar casi había pasado.- Entonces podemos ir a casa.

- Sí, si podemos.

Despacio, se puso de pie y extendió la mano a Draco, para ayudarlo a levantarse. Ante la duda sobre su propia estabilidad, el rubio aceptó la ayuda y unos momentos después desaparecieron del salón.

 

 

 

 


Capitulo 5

Dos semanas de tranquilidad antes que los mortífagos dieran nuevas señales de vida. Fueron un par de ataques sin demasiada trascendencia, y para profundo alivio de Draco, Harry pudo mantenerse al margen de la acción.

El salón estaba bastante convulsionado desde hacía algunos días. Se acercaba una fecha que todos esperaban con ansia: la competencia entre distintos sectores del Ministerio. Desde la elaboración de recetas de cocina insólitas hasta la más antigua de las costumbres, el club de duelo. Desde hacía casi tres años, el sector de los Aurores venía ganando la competencia, por supuesto con la presencia de Harry a quien todavía no habían podido vencer. Y no es que no lo intentaran.

Durante los últimos tres días, Eavon habia perseguido a Harry para que le confirmara su presencia en la competencia, pero él se había escabullido cada vez, evitando darle una respuesta.

No tenía que preguntarle a Draco que opinaba porque no hacía falta, no iba a arriesgarse a que un jovencito ansioso de gloria le diese con un maleficio que pusiera en peligro a su bebé; pero la persecución estaba empezando a ponerse fastidiosa.

Buscando entre los papeles embrollados del escritorio de Tonks, Harry encontró los planos que estaba tratando de localizar desde hacía al menos dos días.

- Ah, aquí estás; jefe.- dijo Eavon a sus espaldas.

“Maldición.”

- Sí. ¿Qué pasa ahora?

- Aun no me diste tu confirmación para la competencia.

- Eso se debe a que no competiré este año.- dijo solamente sin levantar la vista de los papeles que estaba revisando.

- ¿Cómo…?

- Lo que oíste, Eavon. No competiré este año.

- Pero… es el evento del año… Todos están esperando para verte en la competencia.

- Bueno, este año no me verán. No soy una atracción de circo, Eavon.

- Vamos, Potter… ¿Qué pasa, estás haciendote rogar?

- No tengo que darte explicaciones, simplemente este año no me anotes en la competencia.

- Sé que a tu… que a Malfoy no le gusta que compitas, parece que al final consiguió sacarte de carrera.

Harry tomó aire lentamente. Tenía bastante conciencia que a algunos de los miembros de su equipo de trabajo les costaba asimilar la relación que tenía con Draco, pero eso era un asunto privado y ellos tenían buen cuidado de no dar demostraciones que pudieran herir susceptibilidades.

- No es por eso. Es un tema privado.

- Oh, claro… Privado, bien Potter. Perfecto. Hazle caso a tu maridito.

- Si le hago caso o no, es mi problema, y no el tuyo. Ahora lárgate.

- Claro jefe, lo que digas… Dale mis felicitaciones a Malfoy.- se dio la vuelta y empezó a retirarse, pero hablaba lo bastante alto como para que se oyera.- Asqueroso…

Demasiado, el carácter de Harry se escapó del todo pese a que había intentado controlarlo.

- Escucha, Eavon; si tienes algo que decir, date la vuelta y dilo de frente pero no hables a mis espaldas. Y el hecho que no compartas mis gustos, cosa que celebro, no significa que puedas catalogarlos como ‘asqueroso’.

- Claro que no, Potter…Si es una historia de amor… ¿qué es lo próximo? ¿dos niños y un perro?

- Lo del perro no lo hemos hablado, pero si tanto te interesa saber por qué no voy a competir este año, es por eso: porque voy a tener un hijo y no voy a arriesgarme por tu estúpido duelo.

El rostro mofletudo y colorado del hombre se contrajo en un rictus de asombro primero, y luego en evidente asco. Dio un paso atrás, como si estuviese frente a algo en verdad asqueroso.

- Oh, por Dios… Qué asco… No puedo creerlo. Es una inmundicia… es increíble…son unos bastardos asquerosos…

Se fue a grandes pasos, como si no pudiera esperar para verse libre de la visión del joven que tenía enfrente, como si temiera contagiarse de algo muy horrible.

Respirando fuerte, Harry se apoyó en el escritorio. Jamás se le hubiese ocurrido que alguien que lo conocía, que trabajaba todos los días con él, pudiese pensar que él era ‘asqueroso’. Podía entender el desagrado, pero no la cruda repulsión que había notado en las palabras de Eavon.

Además no era tan extraño que un mago se quedara embarazado... Muchos lo hacían...

“No es asqueroso… Mi hijo no es algo asqueroso…”

Un poco mareado, trató de llegar hasta la enfermería, y se llevó por delante a Ron que venía llegando desde el elevador.

Ni siquiera lo vio, solo siguió su camino, necesitando desesperadamente estar solo para desahogarse. Los insultos del hombre le seguían taladrando los oídos cuando entró, cerró la puerta tras él y le puso unos cuantos hechizos para que lo dejaran en paz.

Y cuando supo que estaba solo, y que nadie podía escucharlo, se sentó a tratar de tranquilizarse pero lo que vino fue todo lo contrario.

“No voy a llorar. No voy a hacerlo, no por las palabras de ese maldito bastardo…” pero mientras lo pensaba, la vista se le empañó y sintió las lágrimas cálidas resbalando por su cara. Enojado consigo mismo por no poder controlarse, se quitó los lentes y el mundo se convirtió en un molesto manchón borroso.

“Condenación… No puedo estar llorando de esta forma…”

Pero podía, y lo peor es que no podía parar, los sollozos le estaban desgarrando el pecho y no quería dejarlos salir, pero no tenía forma de impedirlo. No oyó que Ron primero y Hermione después golpeaban para entrar o al menos para saber qué pasaba dentro. A decir verdad, no les prestó atención.

La puerta se abrió de golpe, con un estrépito y Draco entró primero. Había estado varios minutos tratando de deshacer los hechizos que su pareja le había puesto a la puerta. No esperaba verlo así. Sentado en la camilla, se había abrazado las piernas apoyando la cabeza sobre las rodillas y así, hecho un ovillo, seguía llorando, aunque ahora un poco mas sosegadamente.

Al verlo, y constatar que estaba bien, dentro de lo que esperaban Ron y Hermione salieron en silencio dejándolos solos.

Draco se acercó y se sentó a su lado. Muy despacio, lo hizo levantar la vista hacia él.

- ¿Qué pasa Harry?- era tan tierno cuando no había nadie cerca.

- Yo… no es asqueroso…- gimió.

- No te entiendo, amor.- lo abrazó y lo acercó hacia sí. Al contacto, Harry le echó los brazos al cuello y volvió a deshacerse en llanto.

- No es una inmundicia…- empezó pero se detuvo de pronto.

De pronto le pareció absolutamente ridículo estar llorando así por eso. Además, no podía contarle lo sucedido sin iniciar un problema todavía más grave.

- Harry, por favor, ya no llores más… Dime qué pasa...

“No puedo decirle. No puedo. Si lo hago, va a ir a buscar a Eavon, van a pelear… Tengo que aguantarme…”

- Yo…No te preocupes… Son tonterías mías…- dijo intentando calmarse de una vez.

Draco iba a sonreír al escucharlo, esos repentinos cambios de humor tambien debían estar previstos; pero entonces Harry levantó los ojos hacia él, y pudo ver en ellos algo más que una tontería momentánea.

- Tendremos que hablar con Wallace… Mis hormonas están enloquecidas… no puedo controlarme…- seguía diciendo.

Probablemente Harry se enojaría un poco por lo que iba a hacer, pero no quería estar al margen de algo que pudiera lastimarlo así. Extendió la mente hacia su compañero, haciendo contacto con sus recuerdos. Algunas imágenes aparecieron, sueltas.

Uno de los Aurores que trabajaban en la oficina. Una discusión. Sí, una tontería al principio y luego las palabras llegaron filosas, hirientes: asquerosos, inmundicia.

Los recuerdos se cortaron de pronto, en cuanto Harry se dio cuenta de lo que le estaban haciendo.

Draco se separó de él, más pálido que de costumbre, los ojos eran dos trozos de hielo, y la mandíbula encajada tratando de contener la furia. Dejándolo, se puso de pie y enfiló hacia la salida sintiendo que mejor no, no contenía nada el enojo. Iba a ir por Eavon y le iba a romper la cara.

Eso se sentiría bien, no iba a usar magia, iba a hundirle la nariz hasta el cerebro usando sus puños.

La puerta que casi se había salido de los goznes cuando entró, se selló en su lugar y el rubio giró hacia Harry que había empuñado su varita.

- Déjame salir. Voy a asesinarlo.-gruñó con los dientes apretados.

- Por favor, Draco, no… Quédate conmigo, te necesito conmigo.

Si no hubiese sentido la auténtica necesidad en la voz dolida, hubiese derribado la puerta igual para salir; pero en cambio se prometió que no iba a olvidar lo que había visto y regresó junto a su pareja para volver a tomarlo entre sus brazos.

Lo mantuvo así, hasta que sintió que se relajaba un poco, entonces lo apartó para limpiarle un poco el rostro.

- Menudo espectáculo estoy dando… ¿no?

Por toda respuesta, Draco le besó la punta de la nariz y apoyó su frente en la otra.

- Nunca me había pasado esto, nunca pierdo el control de esta forma…- intentó disculparse el moreno.

- No es cierto.

- ¿De qué hablas?

- ¿Tengo que recordarte nuestro último ‘wow’?- al ver que Harry sonreía se sintió mejor.- Ya es tarde, creo que mejor nos vamos a casa.

Harry asintió, repentinamente dócil.

La sirena cortó el silencio de pronto anunciando un nuevo brote de actividad mortífaga. De una manera automática, Harry se puso de pie manoteando los lentes que había dejado a un lado. Apuntó la varita hacia la puerta y abrió.

- Vamos, tenemos que hacer.

- ¿Ya te estás bien?

- No, pero lo voy a estar.

Aunque deseaba mantenerlo abrazado, y sabía que Harry lo hubiese necesitado, Draco se obligó a soltarlo, lo que menos necesitaban era dar más de que hablar.

En la oficina de Harry ya se habían reunido para ver de qué se trataba. Algunos de los presentes miraron a su jefe, notando quizás los ojos enrojecidos pero no hicieron ningún comentario. Eavon no estaba. Sin preocuparse por eso, Harry volvió a acomodarse las gafas y estudió el mapa frente a él.

- Los muy malditos nos están dispersando cada vez más.- comentó Tonks señalando las zonas iluminadas.

- Y no podemos darnos el lujo de dejar ninguna sin cubrir.- terminó Harry.- Todo lleno de muggles… De acuerdo, no perdamos tiempo, vamos a dividirnos como habíamos convenido. ¿Hermione, ya tenemos mas area de cobertura para los comunicadores?

- Sí, Harry. Dentro toda esta zona no deberíamos tener inconvenientes.

- Perfecto. Vayan y por favor tengan cuidado, recuerden…

- Claro, jefe: puede ser una trampa, traigan a alguno en buenas condiciones.- dijo Mc Gregor, ajustándose la capa.

- ¿Dónde está Eavon? Debería haber venido con el alerta.

- No lo he visto. Está contigo, lo esperarás supongo.

- Sí. Adelántate con Draco, los alcanzaremos luego.

Aquel le dirigió una mirada inquisitiva pero encontró el rostro decidido del jefe. Con una sonrisa interna, supo que el Auror había empujado a ‘su’ gimoteante Harry a algún lugar lejano para hacer el trabajo para el cual estaba entrenado.

Sin hacer comentario alguno, se unió a Mc Gregor y ambos desaparecieron del salón, casi al tiempo que los demás.

Unos minutos mas tarde, Eavon apareció desde el elevador.

- ¿No escuchaste la sirena, Eavon?- preguntó Harry, intentando mantener un tono neutro.

- ¿Qué sirena? Salí a dar una vuelta…

El hombre miraba alrededor, pero al final reparó en el rostro de quien era el encargado de la Coordinación General de Aurores. Todavía tenía los ojos congestionados y con algo de incredulidad, supo por qué era. Por un instante no pudo creer que el Jefe de ese sector fuese un tipo capaz de ponerse a llorar por un par de insultos por más encinta que estuviese.

- Hablaremos de esto luego. Vamos, nos están esperando en Craven Road.

- ¿No tenemos ahí el nuevo edificio de los archivos del Ministerio?

- Sí, andando.

Convocó el Portal sin esperar al otro mago que seguramente se aparecería en el lugar. Los dos aparecieron en un costado del edificio, pero fuera de él. En medio de la calle.

- ¿Qué demonios…?- vociferó Eavon al ver que la aparición no había salido del todo bien.

Harry se adelantó unos pasos despacio, tambien el Portal lo había dejado en un lugar que no era el seleccionado. Sentía la magia rodeando el lugar, hormigueaba en su piel causándole un cosquilleo leve. Esa era una de las cosas que a veces le pasaban luego de vencer a Voldemort. No siempre, pero a veces era tan sensible a la presencia de la magia oscura que la sentia como una brisa fría sobre su piel.

- Hay alguna especie de cosa rara aquí.- dijo, y apuntó.- Revelatio.

Ante el mandato mágico, una niebla creció alrededor del edificio y a medida que se alzaba revelaba que había algo más. Una red de filamentos rojizos, largas lenguas de fuego que se entrelazaban unas con otras, creciendo y elevándose.

- Maldición, maldición…

- ¿Qué diablos pasa, Potter?

Paseó por el límite que le marcaba su conjuro.

- Es un hechizo muy fuerte. El edificio está cerrado, no podemos entrar y los que estén adentro no podrán salir. El muro de fuego va a crecer hasta cubrirlo todo. Lo que haya dentro va a quedar igual que un pedazo de mantequilla en un horno caliente. “Draco está dentro… Dios, yo lo envié por delante… Por favor, no.”

- ¿No hay nada que podamos hacer?

- El conjuro solo puede detenerse antes que el muro se cierre… Desde adentro. “Dios, ayúdame…No quiero perderlo… Ayúdame a conservarlo a mi lado.”

Los dos magos miraron el entramado ardiente que crecía rodeando la edificación de unos ocho pisos de alto, por el momento impotentes. Dentro de los límites, el aire estaba ya tan caliente que ondulaba, contrarrestando el frío cortante del otro lado. Un chorro de vapor hizo saltar la tapa de hierro de la calle y aquella cayó más lejos con un estrépito sonoro.

Harry se hizo hacia atrás de pronto.

- ¡Los desagues!- dijo, dando la vuelta y remolcando al otro mago sin dejar de correr.- El conjuro funciona a nivel del suelo hacia arriba… Podemos ir por debajo.

Corrieron unos cincuenta metros hasta la tronera más próxima, el conjuro de Harry hizo saltar a ésa tambien a muchos metros de altura.

Sin meditarlo, sin fijarse si el otro venía detrás se metió en el agujero oscuro y hediondo.

- Lumos.- El resplandor azul inundó el tramo del sistema de desague

- Condenación, esto apesta.- protestó el otro.

Harry no contestó, intentaba orientarse rumbo al edificio, pero no era difícil, solo tenía que ir hacia donde la temperatura se estuviese elevando. Se detuvo de pronto, sintiendo el calor sobre su cabeza.

- ¿Es aquí?- preguntó Eavon.

- Sí. Escucha muy bien. Vamos a tener que romper el piso para entrar porque el conjuro impide la trasportación mágica. Cuando lo haga, el calor va a inundar todo, adentro ya debe ser un infierno así que tienes que mantener tu temperatura. Quiero que cuando entres, busques a los demás y los mantengas frescos, yo voy a detener el hechizo.

- ¿No puedes hacerlo desde aquí?

- No. Tengo que situarme cerca del nivel del fuego.- apuntó su varita hacia arriba.- ¿Estás listo?

Ante la confirmación del otro mago, un haz de luz blanca partió de la varita de Harry e impactó sobre ellos. Hubo una especie de remezón, un temblor antes que los trozos de concreto y el polvo empezaran a saltar por todos lados, como si estuvieran usando un taladro. Tardó unos minutos, pero al final, un gran trozo de material cayó dejando abierto un boquete como para que pudieran subir a través de él.

Tal como Harry había predicho, dentro del edificio era un infierno. Se podía sentir el calor aún a través de los zapatos en el suelo, lo que era de metal era imposible de tocar porque estaba sobrecalentado inclusive muchas cosas que eran de plástico estaban empezando a deformarse debido al intenso calor.

Eavon salio corriendo a traves de unos pasillos buscando a los compañeros que habían llegado antes y Harry se lanzó escaleras arriba. Ansiaba con todo el corazón ir a buscar a Draco, pero si quería mantenerlo con vida tenía que interrumpir el conjuro antes que se completara la cúpula ardiente o todos iban a morir allí.

Estaba transpirando como un cerdo, no podía evitarlo debido al aire ardiente a su alrededor. En un momento normal subir los ocho pisos hubiese supuesto apenas unos minutos, pero en medio de ese volcán, era un milagro haber podido subir los primeros tres sin detenerse.

Al llegar a la mitad tuvo que parar. La atmósfera hirviente no hacía fácil respirar y parecía que los pulmones le iban a estallar. Jadeó en busca de una bocanada de aire fresco, en vano.

"No te detengas, no te detengas si quieres salvar a Draco..." se dijo, pero necesitaba respirar. Una pequeña punzada en el costado lo alarmó un poco. "Por favor, bebé tienes que ayudarme; de lo contrario voy a perder a Draco... Quédate tranquilito."

El dolor cedió y agradecido Harry continuó su carrera pisos arriba. Llegó a la azotea sin aliento, casi sin fuerzas, empapado en sudor.

La puerta estaba abierta, pero afuera el calor era apenas menor. Al mirar hacia arriba, Harry se dio cuenta que todavía había una abertura de unos cuatro metros de diámetro. Tendría que ser suficiente. Se situó bajo ella y al hacerlo, algunas de las lenguas de fuego se dirigieron hacia él, como intentando detenerlo y se arremolinaron a su alrededor.

De hecho, eso era lo que estaba sucediendo, y él sabía que iba a pasar, pero no había manera de evitarlo. Convocó una protección precaria, lo más rápido que pudo y alzó su varita comenzando la letanía lenta y modulada del contraconjuro.

La repetición debía ser pausada, sin vacilación casi como un mantra religioso. El calor era espantoso, no podría resistirlo mucho tiempo más pero tenía que hacerlo si quería salvar a Draco. Intentaba que la falta de aire no afectara su voz y por fin, el muro de fuego empezó a ceder. Las llamas crepitaban intentando no perder terreno, pero la fuerza de la invocación contraria tenía el efecto del agua cayendo sobre ellas, y un vapor espeso, caliente y pesado empezó a llenar el aire.

Fueron minutos largos, eternos, hasta que el calor cesó por completo y desapareció el encantamiento.

Exhausto, Harry sintió el frío de la noche que ahora circulaba libremente y ponía un poco de respiro en sus pulmones, le ardía la piel del rostro, y la garganta le escocía mucho. Cayó de rodillas intentando respirar pero incluso eso se le estaba dificultando demasiado. No se dio cuenta que se estaba desvaneciendo hasta que sintió el contacto con el piso.

 

 

 

Capitulo 6


Algo muy fresco estaba recorriendole el rostro, refrescante, agradable. Abrió los ojos muy despacio, encontrándose cómodo.

Recordó lo sucedido y trató de incorporarse, con un único pensamiento ocupando su mente.

- Draco…- susurró, pero no tenía que preocuparse, aquello tan fresco que sentía en la cara era una clase de esponja muy suave que le estaba esparciendo un gel refrescante por su piel sonrojada. La mano que sostenía la esponja claro, era la de su amante.

- Calma, Harry; yo estoy bien.

Aunque no lo veía con claridad, no tenía las gafas, el moreno se tranquilizó al sentir la voz calmada a su lado.

- ¿Y los demás..?

- Todos bien, incluso el bastardo de Eavon.

Permitiéndose un momento de relax, Harry se dedicó a tratar de ubicar el sitio donde estaba y no necesitó demasiada concentración. De alguna manera, siempre que tenía algún inconveniente, terminaba ahí. En una de las habitaciones del hospital.

El bebé.

Claro, eso era lo que tenía que preocuparlo.

- Draco… ¿El bebé…?

- Está bien.- dijo tan solo.

Si Draco pudiese explicarle la terrible ansiedad que había sentido al recuperarse y saber que era Harry quien, en la azotea del edificio estaba luchando con ese infierno para salvarlos a todos. En cuanto estuvo repuesto, había salido corriendo como alma que lleva el diablo hacia la azotea. El corazón se había había detenido en su pecho al ver la figura caída e inconciente de su pareja y sin detenerse a otra cosa, lo había trasladado al hospital.

Algo dentro de él le decía que debía enojarse mucho por haber expuesto a su hijo, pero tambien sabía que Harry era así. Siempre elegía arriesgarse por otros y quizás era por eso que lo amaba tanto.

- ¿Cómo te sientes?- preguntó Draco, recorriendo la piel con esa sustancia refrescante.

- Arde como el demonio… Las manos y la cara me arden. La garganta tambien molesta un poco.

- Wallace dijo que este gel iba a calmar el ardor… Estaba enloquecido cuando te traje y me dijo un montón de barbaridades.

- Lo siento.

Draco se encogió de hombros, displicente. Tenía cierta resistencia a esa clase de cosas.

- Te arriesgaste demasiado, amor.

- No quería que nada malo te pasara.

El rubio suspiró, sabía que él hubiese hecho exactamente lo mismo en la situación inversa pero con el bebé en camino… Odiaba admitir que había sentido miedo.

Cuando se abrió la puerta de la habitación para dejar pasar al medi-mago, ambos miraron hacia allí. La expresión era bastante contrariada por decir lo menos.

Se acercó en silencio y tomó en sus manos el rostro enrojecido de Harry volteándolo a ambos lados para verificar los daños. Había mucha delicadeza en su tacto, pero el enojo era patente en los ojos celestes.

- Pudo ser peor.- comentó. - Dime algo Harry… ¿Planeas tener este bebé o no?

- Claro que sí, pero planeo que tenga a ambos padres de ser posible.

Harry se incorporó en la cama, notando por primera vez que continuaba con la ropa que había usado, así que no debía haber pasado mucho tiempo.

- Yo entiendo que se preocupe usted por mí, y le prometo que intentaré no volver a arriesgarme tanto; pero trate de entenderme: soy responsable de esa gente. Ellos van adonde yo los envío porque confían en mí. Si algo les pasa, soy yo quien debe avisar a sus familias que no volverán.- buscó a tientas las gafas que Draco le alcanzó de inmediato.- Y planeo que eso suceda lo menos posible a pesar de los que intenten lo contrario.

- Sin embargo te das cuenta que el sofocón que pasaste podría haber complicado un poco las cosas para ti. Tienes que ser más cuidadoso.

- Lo seré. No voy a prometerle cosas que no puedo cumplirle, pero sí le prometo que intentaré mantenerme lo mas lejos que pueda del peligro.

- Supongo que tendré que conformarme con eso.

- ¿Podré irme hoy, o tengo que quedarme?

Wallace le revisó las manos que tambien estaban enrojecidas, pero poco a poco el gel que Draco le untaba, hacía su efecto y empezaban a recuperarse al igual que la piel del rostro. Convocó un frasco con una poción de un color verde, y puso una parte en una cuchara. La acercó a Harry, quien hizo una mueca de disgusto pero la tomó sin replicar.

El líquido cruzó a través de su garganta clavándole pequeños pero punzantes dardos de dolor que se mitigaron segundos después.

- Bueno, puedes ir a casa; pero atiendeme bien Harry: hoy estoy diciendo exactamente eso. A casa. A descansar. ¿Comprendido?

- Pero…

- A casa, Harry.- intervino Draco, súbitamente serio.- Por favor, amor. Por esta vez hazme caso…

Ya fuera por la seriedad en la voz del medi-mago o el ruego de su amante, Harry accedió y con mil recomendaciones, lo dejaron ir a casa.

Después de todo tenía que admitirlo, estaba muy cansado. De algún modo, siempre se las arreglaba para tener el ánimo suficiente como para seguir, pero esa noche sí se sentía cansado. O quizás la expresión correcta hubiese sido agobiado.

Dejó que Draco lo recostara en el sofá y se quedó medio dormitando hasta que hubo preparado una cena liviana y comieron charlando de temas sin importancia. No quería recordar demasiado la discusión con Eavon, lo lastimaba demasiado recordar la repulsión que había visto en el hombre y luego tener que verse obligado a trabajar con él.

Después de comer, ayudó con el aseo de la cocina y se arrastró hasta el dormitorio. Estaba intentando quitarse la ropa cuando Draco se acercó a ayudarlo con eso. No le estaba resultando fácil con sus manos sensibilizadas por el calor.

- ¿Por qué no te das un baño? Te sentará bien.

- No...

- Ah, vamos amor, te estás poniendo flojo.- dijo cariñosamente mientras le quitaba los zapatos, los calcetines y trataba de quitarle los pantalones.

Empresa complicada, ya que Harry estaba sentado sin ningún ánimo de levantarse.

- Mmm... Te estás aprovechando... Y creí que estabas muy cansado.

Solo recibió una pequeña sonrisa en respuesta.

Lo hizo levantarse, lo remolcó hasta el baño y una vez allí lo desvistió lentamente introduciéndolo en la ducha. Como las manos de Harry continuaban un poco doloridas, Draco tomó la esponja y la deslizó muy despacio sobre la piel suave, y luego lo enjuagó. Era un placer recorrer ese cuerpo con sus manos, ese cuerpo que se dejaba acomodar con docilidad absoluta y no ponía reparos con ninguna de sus caricias.

El asunto se estaba poniendo bastante interesante, pero cerró el grifo y terminó con el baño, decidido a no presionar al joven. Lo envolvió en una bata mullida, blanca y lo ayudó a salir para poder secarlo con comodidad.

Frotarlo con lentitud, deslizar la toalla por los hombros, la espalda hasta las caderas estrechas. Con una sonrisa, Draco se encontró pensando que quizás en un tiempo más, esa figura iba a cambiar un poco. Harry giró para enfrentarlo.

- Draco... ¿Hay algo malo conmigo...?- susurró apenas.

- ¿Cómo?

- Es que... - parecía un poco apenado por lo que iba a decir.- Casi no ... Desde que supiste que estoy embarazado casi no... casi no te acercas... Apenas me besas... ¿Hay algo malo conmigo...? Todavía no he empezado a engordar...

De no ser por la seriedad en la expresión de Harry, Draco se hubiese reído. Nunca jamás habría nada de malo, él amaba cada partícula de ese cuerpo, desde los pies hasta el cabello. Y para que no le quedaran dudas de lo que sentía, lo acercó y se dedicó a besarlo, larga, lentamente.

- Hazme el amor...- pidió Harry en un gemido.

Lo necesitaba, lo necesitaba mucho después de esa horrible discusión con Eavon, después de haber puesto a Draco en peligro…

- Pero Harry... ¿No...? ¿No dañaremos al bebé...?

- No.

- ¿Cómo lo sabes? ". ¿Cielos, por qué estoy poniendo tantos reparos si es eso lo que deseo hacer ahora mismo?"

- Le pregunté a Wallace.- ahora las manos de Harry estaban desvistiendo a Draco con algo de dificultad.- Por favor... llévame a la cama y hazme el amor.

No había manera en que el rubio se negara a semejante pedido. Regresaron a la habitación, y Draco terminó de desvestirse para luego avanzar hacia los labios que se abrieron con completa entrega. Con cuidado, reinició las caricias que había empezado bajo la ducha, deleitándose en la piel que ahora estaba tersa, tan increíblemente agradable al tacto de sus dedos.

Pequeños besos en el hueco del cuello, en los hombros, y los dientes aprisionaron con ternura un pezón oscuro tironeando apenas hasta sentir un jadeo ahogado. Esa zona estaba particularmente sensible y hacían que Harry se estremeciera a cada contacto.

Contento con las respuestas que recibía, dedicó igual tratamiento al otro y mientras, las manos acariciaban las caderas y derivaban hacia las nalgas tan redondeadas y perfectas. Harry estaba tendido, dejaba que Draco le hiciera todo eso sin pensar en otra cosa que en el placer que lo recorría, los ojos cerrados, los labios entreabiertos para tratar de atrapar el aire.

La boca del rubio dejó besos húmedos en la parte interior de sus muslos, ascendiendo con lentitud exasperante y deliberada hasta llegar a un miembro erecto, palpitante y ansioso de atención. La lengua lo recorrió en toda su longitud, jugueteó con el glande una y otra vez, los dientes lo apretaron apenas, causando un respingo en el cuerpo moreno y la emisión de un jadeo profundo. Muy despacio, lo tomó en su boca, de a poco hasta introducirlo por completo y comenzó a moverse.

Casi de manera inconciente, Harry acompañaba ondulando las caderas, intentando entrar más profundo en esa cavidad que lo recibía sin inconvenientes.

- No te detengas...- pidió entre quejidos angustiosos.

Pero Draco tenía otras ideas, y lo soltó para asaltar nuevamente su cuerpo, otra vez los pezones, de nuevo los labios mientras frotaba su propia erección contra el otro. Acercó uno de sus dedos a los labios de Harry y aquel, comprendiendo, se aplicó a chuparlo con devoción arrolladora. Unos segundos depués, esos dedos empezaban a prepararlo deliciosamente moviéndose en su interior.

Cuando estuvo listo, Draco se ubicó y presionó con suavidad. A Harry siempre le costaba un poco acostumbrarse a la primera invasión, por eso casi siempre se tomaba el tiempo para prepararlo. No fue diferente esta vez pero cuando cruzó la primera resistencia, se deslizó sin dificultad en ese túnel caliente, estrecho.

Quería saborear de nuevo la piel que ahora estaba ardiente bajo su contacto, pero al levantar la vista, se quedó prendado por la visión. Hasta apenas unos segundos atrás, Harry había tenido la cabeza hacia atrás, los ojos apenas entornados, disfrutando; pero ahora, esos ojos color jade estaban fijos en él.

El aliento quebrado por la excitación y los ojos brillantes mirándolo con devoción absoluta. Draco empujó un poco más, para entrar aún más profundo y hubo un jadeo evidente, pero los ojos verdes continuaron mirándolo y eso lo excitó hasta un límite insospechado.

Sin desviar la vista, se retiró casi hasta salir, y volvió a empujar, ahora el rostro estaba un poco arrebatado y la respiración se hizo más anhelante, los labios se abrieron un poco más.

Era inconcebible lo que esa mirada estaba haciéndole, llevándolo hasta un nivel que nunca antes había conocido haciéndole ver la totalidad de su entrega. Se movio de nuevo, una y otra vez, perdido en el rostro amado, y aunque en esta ocasión no hubo desenfreno, jamás había experimentado la certeza del amor que Harry sentía por él, hasta el punto de estar ahí, entregándole todo, cuerpo, y alma a traves de los ojos.

Y por eso supo el momento exacto en que Harry estalló, haciendo que él respondiese de igual forma en el segundo siguiente. El clímax lo golpeó tan fuerte, que fue casi doloroso, sintió que había estado a un paso de perder el sentido.

Después, cuando su carne dejó de palpitar y terminó su descarga, se hizo a un lado, intentando no dejar caer su peso sobre su amante.

De inmediato, Harry se acurrucó a su lado, buscando mantener el contacto, seguir junto a la piel caliente de Draco. Esta vez fue el rubio quien rompio el silencio.

- Wow.

La risa contenida de Harry vino antes que sus palabras.

- Vaya... ¿El segundo de la temporada...?

- Sin duda.- confirmó Draco.

Por varios minutos ambos se dedicaron a recuperar el ritmo normal de sus respiraciones, satisfactoriamente agotados.

- Yo... buscaré el momento adecuado para dar la noticia en la oficina... Creo.- dijo entonces Harry.

- ¿Estás seguro? Eavon es solo una muestra de lo algunos pueden pensar.

- Lo sé, pero no voy a avergonzarme por esto, y si a alguno le molesta, entonces puede pedir su traslado a otra Central.

- No creo que lo hagan, eres un Auror condenadamente bueno, amor. Al margen de que acuestes conmigo.

Harry no hizo ningún comentario. Aunque a algunos pocos podía molestarle el hecho que se acostara con otro hombre, lo que le molestaba a la mayoría, era que ese hombre fuera Draco Malfoy.

- Me gustaría ir a Hogwarts este fin de semana...- dijo entonces Draco.- Quiero que Severus lo sepa.

- Está bien. Es tu padrino, debimos decirle al mismo tiempo que a Ron y Herm.

Draco enlazó la cintura de Harry preparándose para entregarse al sueño y al deslizar la mano por el vientre, se dio cuenta que ya no estaba tan plano como antes. No era algo que pudiera observarse, pero pronto comenzaría a ser evidente, Harry estaba casi finalizando el primer trimestre del embarazo.

- Se lo diremos este fin de semana. Ahora duerme, amor.

Harry se irguió para besarlo y luego volvió a acomodarse. Pronto ambos dormían plácidamente.

**

- Tengo una sorpresa para tí.- dijo Draco, llevándolo hacia la azotea de la casa con los ojos cerrados.

- ¿Qué es...?

- ¿Si te digo deja de ser sorpresa, no? Ya puedes ver.

La alfombra flotaba a algunos centímetros del suelo, oscilando un poco, esperando a sus ocupantes. Harry le había dicho a Draco que quería evitar el Expreso de Hogwarts, no quería encontrarse con todo el tumulto de jovencitos que siempre se arremolinaban en torno a él cuando lo descubrían, así que eso había hecho que el rubio se devanara los sesos buscando un modo de llegar al colegio sin aparecerse, sin usar una escoba, y sin usar un Portal, ya que el castillo aún conservaba la protección que Dumbledore le había colocado en la época de la guerra con Voldemort.

La expresión de asombro y deleite en el rostro de Harry fue una recompensa más que perfecta para Draco.

- ¿Sabías que no está permitido tener alfombras voladoras?- comentó, como al pasar.

- A los demás no les está permitido, mi amor. El Ministro te ha extendido un permiso especial debido a tu condición interesante.

Harry no tuvo más remedio que reirse.

- ¿Condición interesante...? ¿Así es como le llamó el vejete reprimido de Fudge?

- Exacto. Por supuesto antes tuve que recordarle que puede seguir siendo Ministro debido a que 'alguien' terminó con la amenaza de Voldemort. Alguien que ahora está en 'condición interesante'...

Complacido por el éxito de su sorpresa, Draco se sentó primero, y extendió la mano para conducir al moreno y sentarlo delante de él, entre sus piernas. Para mas seguridad, le rodeó la cintura acercándolo más.

- Nunca viajé en estas cosas.- admitió Harry.- Es mi primera vez.

- Te he conducido en tu primera vez de muchas cosas...- le dijo, susurrando en su oreja, mientras la alfombra se elevaba y comenzaba el vuelo.

Ahora que los días empezaban a ser templados, el viaje resultó excelente y arribaron a una de las torres cercanas al despacho de Severus Snape, el Director de Hogwarts desde hacía casi dos años.

Luego de la derrota de Voldemort, Albus y Minerva se habían retirado juntos y ya no vivían allí, aunque muy frecuentemente visitaban el colegio. Habían avisado de su visita mediante una lechuza, alertando tambien que irían directo al despacho del director, para no causar revuelos entre los estudiantes.

En cuanto se encontraron en los pasillos iluminados por antorchas, silenciosos, una oleada de recuerdos los asaltó. Por separado, ninguno de los dos pudo evitar recordar cosas tales como su primer encuentro, las peleas, los partidos de Quidditch en los cuales se habían enfrentado, los últimos años habían sido difíciles. Al margen de lanzarse maleficios por cualquier tontería, una vez hasta se habían trenzado a golpes.

Harry sacudió la cabeza, incrédulo de cómo habían terminado las cosas. Por un costado, vio que Draco sonreía al hacer un gesto similar y supo que habían estado recordando lo mismo.

Se encontraron frente a la escalera de caracol que los llevaba al despacho y Draco pronunció la contraseña que oportunamente Severus le había dado. Pronto estuvieron arriba, el rubio golpeó con discreción y la puerta se abrió casi de inmediato.

Severus no había cambiado mucho desde que era director. Cuando era profesor se veía intimidante, ahora se veía imponente. La túnica negra, le confería un aire casi majestuoso y un asomo de canas en las sienes terminaban de darle el aire sombrío justo como para asustar a cualquiera de los alumnos que se asomara en su despacho. Y sin embargo era un director notablemente bueno.

- ¡Draco, al fin! Los he estado esperando desde el mediodía...- dijo, y abrazó a su ahijado con verdadero gusto. Luego giró hacia Harry. Después de estudiarlo unos segundos tambien lo abrazó.

- Bienvenido, Potter.

Ahora era Harry el que estaba en la situación en que generalmente se encontraba Draco cuando se reunía con Ron y Hermione. A pesar que su antiguo profesor ya no lo detestaba con alma y vida, tampoco podía decirse que lo estimara por completo.

Aunque Severus había cambiado un poco la decoración del despacho, continuaba siendo casi la misma de siempre.

Les indicó unos sillones para tomar asiento y convocó lo necesario para el café.

- Han tenido mucho trabajo, según he oído.- comenzó Severus, bastante serio.- Mortífagos resurgiendo... No podía creerlo cuando lo leí en El Profeta.

- Todavía no estamos muy seguros de cómo están organizados, eso nos está causando algunos inconvenientes.- comentó Harry.

- ¿Aun estás a cargo de ese grupo de ineptos?

- No son ineptos, Severus.- intervino Draco.- No todos, al menos. Hay algunos que califican dentro de esa descripción, pero...

- Draco.

- Lo siento, jefe.

- Bueno, sí hay algunos idiotas, pero son los menos.- concedió Harry y no necesitó mirar a su pareja para saber que ambos pensaban en la misma persona.

- Y Harry es Encargado General.- aclaró el rubio, orgulloso como si fuera él.

- Lo que sea.

- Ehmm... Severus, ¿cómo está Remus?- preguntó Harry tentativamente.

Desde la muerte de Sirius, su amigo nunca había vuelto a ser el mismo. Continuaba enseñando, ahora que la legislacion sobre licántropos estaba modificada y era más permisiva, pero parecía caminar siempre al borde de la depresión.

- Mejor.

- Me gustaría verlo.

- Luego lo haré llamar ¿te parece?

- Gracias.

Como el clima del despacho estaba bastante caldeado, Harry estaba empezando a transpirar un poco. Se había abrigado demasiado a instancias de Draco por el viaje al aire libre.

Se puso de pie para quitarse la túnica y el otro joven la tomó y se alejó para dejarla en un perchero.

- Parece que Draco te trata bien, Potter. Hasta diría que has aumentado de peso… un par de gramos.- comentó Snape, sonriendo con malicia, pero se puso de pie para mirarlo más de cerca.

Inconscientemente, Harry dio un paso atrás.

- Sí has aumentado de peso.- confirmó.- Y te ves distinto...

Se acercó y clavó sus ojos negros en el muchacho que sin poder evitarlo, enrojeció hasta la punta de los cabellos. Su antiguo profesor abrió mucho los ojos, y bajó la vista desde el rostro ruborizado hasta el vientre, aunque aún no hubiese nada para ver. Extendió la mano, un poco pero la retiró de pronto, como si se hubiese quemado; dando un paso atrás.

La reacción fue tan parecida a la que había tenido Eavon, que por un instante, Harry no pudo respirar, tratando de contener la angustia que estaba amenanzando con presentarse de nuevo.

Severus estaba boquiabierto, pero consiguió ponerse en movimiento de nuevo y volvió a acercarse. Esta vez la mano avanzó con más firmeza.

- ¿Puedo...?- murmuró y Harry apenas pudo asentir en silencio.

Cuando la palma se asentó sobre su estómago, el joven sintió como si una suave corriente eléctrica lo recorriera. No fue desagradable de ningún modo, fue como un reconocimiento placentero.

- Estás... estás esperando un bebé...- tartamudeó el ex profesor de pociones.

- Se supone que era una sorpresa.- intervino Draco desde atrás.

Severus giró con tanto ímpetu que incluso el rubio retrocedió, pero la expresión del mago tenía una amplia sonrisa.

- ¡Por Merlín! ¡Claro que es una sorpresa!- una vez más abrazó a su ahijado.- Felicitaciones Draco... ¿Pero, por qué ahora?

- ¿Por qué no? Hace tres años que vivimos juntos... Yo diría que era tiempo, ambos lo deseábamos.

- Potter, no voy a tener más remedio que felicitarte.- comentó con su habitual sarcasmo al tiempo que prodigaba un nuevo abrazo al moreno. Harry no pudo dejar de notar que esta vez había sido mucho más efusivo que la vez anterior.

Volvieron a tomar asiento, y Severus hizo desaparecer la taza de café de Harry.

- No puedes tomar esa porquería.- dijo solamente e hizo aparecer una taza de leche.- Eso estará mejor. ¿Nadie te está aconsejando en la manera de alimentarte?

- Lo que me faltaba. Draco me hace la vida imposible y ahora tambien aquí... Creo que voy a enloquecer...

Comentó Harry, pero no estaba molesto, sino mas bien aliviado por la reacción del hombre.

- Er... Severus... ¿Cómo te diste cuenta...?- preguntó Harry, evidentemente curioso, como siempre.

El gesto del Director ante la pregunta fue el de quien escucha una tontería irremediable.

- Dime algo, Potter... ¿Crees que tengo este puesto solo por mi fantástica personalidad?

- Bueno... Pensé que Dumbledore te había recomendado.

- Es evidente que pensar no es tu fuerte.- iba a seguir pero vio la mirada de su ahijado y prefirió dar una contestación.- Sí, tambien hubo una recomendación de Albus, pero previo a eso hubo tambien todo un año de preparación. Preparación que incluyó entrenar mi propia magia para detectar y reconocer las variaciones en la magia de los que me rodean. Oscilaciones específicas como la preñez ... o el uso indebido de algun conjuro... inclusive magia poco recomendable...

Harry podía entender un poco de eso, parecía lo que él sentía en presencia de la magia oscura. De manera que así era como el viejo Dumbledore parecía saber siempre lo que sucedía, con eso y Legilimens. Asintió muy despacio para que el hombre siguiera su explicación.

- Cuando mencioné tu imaginario aumento de peso, Potter, tu magia osciló de manera tal que puso a chillar todas mis alarmas... Aunque claro, necesitaba tocarte para estar seguro. Eso, y el color púrpura que tomó tu cara, lógicamente... Vaya, muchacho a tu edad ya deberías saber dominar esas reacciones.

Dando fin a la explicación, Severus se puso de pie de pronto y se acercó a la chimenea. Arrojó un puñado de polvo y cuando las llamas crecieron, introdujo la cabeza en ellas.

- Remus... ¿Estás ahí...? Te necesito en mi despacho, urgente. Y quiero decir urgente.

Algunas cosas no cambiaban tanto, entre ellas el modo en que Snape pedía las cosas. Ordenaba, mejor dicho. Un par de minutos despues, Remus atravesaba las llamas. Se sacudió la túnica con algo de impaciencia sin notar a quienes estaban sentados un poco mas lejos.

- Ya estoy aquí Severus... ¿Qué era tan urgente?

- ¿Te parece que Harry es algo lo bastante urgente?- comentó sin preámbulos.

Harry vio a su antiguo profesor acercarse con una gran sonrisa. El mechon de cabello gris estaba más tupido que antes, y los ojos dorados aún daban la impresion de tristeza a pesar de la sonrisa. Ahora se vestía mucho mejor, ya que tenía un trabajo decente, pero continuaba esmirriado como siempre. Las transformaciones consumían lo poco que conseguía mejorar entre una luna y otra.

Lo abrazó y lo mantuvo así unos segundos. De pronto lo separó para mirarlo.

- ¿Qué pasa contigo? Hueles diferente... Hay otro aroma junto con el tuyo.

- Me interesaría pensar que es el mío.- comento Draco.

- No hablaba de eso, celoso. Por supuesto que tu olor está impregnado en él, pero yo me refería a algo que está emanando junto con... Oh...

La explicación apareció en su mente pero no alcanzó a ponerla en palabras y Harry tuvo que ayudarlo.

- Entonces... ¿Qué te parece, Remus...? Fuiste mi niñera en más de una ocasión, ¿Querrás ayudarme cuando este bebé nazca?

Los ojos dorados refulgieron un momento antes de abrazar de nuevo al muchacho. Ni siquiera podía decir lo feliz que estaba.

- Oh, Harry... Un pequeño Prongsie...- murmuró.

- Sí, Remus.- dijo Harry, intentando que esas palabras no lo hicieran flaquear. No había recordado el sobrenombre de su padre hasta que el licántropo lo mencionó.

- Me lo vas a estropear si sigues estrujándolo.- comentó Draco.

- Lo siento... Es maravilloso...

- Estuvimos manteniéndolo en secreto.- contó Harry tomando asiento de nuevo, Draco se acomodó a su lado y de manera extraña, Remus se sentó con toda naturalidad muy cerca de Severus, aunque éste no diera muestras de notarlo.- Es que no necesitábamos demasiada atención alrededor, pero bien, digamos que ustedes tienen el primer informe oficial.

- Además en algun tiempo más no vamos a poder ocultarlo.

-Eso sucederá si consigues que este jovencito engorde un poco.- enfatizó Severus.- Supongo que dejarás el trabajo hasta que el bebé nazca.

- Supones mal. No puedo dejar mi trabajo, y menos ahora. Intento mantenerme razonablemente lejos de lo peligroso, pero no puedo dejarlo. Solo estoy esperando un bebé, Severus, nada más.

- Ni nada menos. ¿Sabías que las natalidades masculinas siempre son mas riesgosas? Necesitas mas cuidados.

- Draco me cuida bastante bien. Por favor, Severus, mejor cambiemos de tema, no quisiera discutir contigo por esto.

- ¿No vas a decir nada al respecto?- preguntó el mago mirando a su ahijado.

Aquel sonrió apenas antes de hablar.

- Harry y yo tenemos un acuerdo. No discuto sus desiciones de trabajo y él no discute las mías en otros temas. Si cree que puede seguir trabajando sin arriesgarse demasiado, espero que pueda hacerlo. Todos sabemos que hablando en términos de magia, es el más fuerte de los dos.

Había muy poco que oponer a ese argumento y Severus se dio cuenta de ello. Al parecer, en verdad el asunto había sido discutido y analizado entre ambos. Por los resultados, el acuerdo parecía funcionar a las mil maravillas.

- No seas tan estricto, Sev.- comentó Remus intentando aliviar el momento.- Parece que todos estos problemitas domésticos están bajo control.

Los ojos negros del Director tuvieron un destello asesino al oir la voz suave de Remus, pero aquel pareció indiferente. Harry apenas dirigió una mirada a Draco y supo que él tambien había notado el uso del cariñoso diminutivo, pero por una cuestión de supervivencia, ninguno de los dos dijo nada y siguieron charlando de otros temas.

Como era fin de semana, Severus insistió en que se quedaran a pasar la noche, y arregló uno de los tantos cuartos disponibles en el castillo. Recien volvieron a Londres a la tarde siguiente, con la promesa de volver con más asiduidad.

 

 

 

 

Capitulo 7

"Espero que pueda seguir trabajando sin arriesgarse..." se dijo Draco, maldiciéndose mentalmente mientras corría por una calleja desierta en Little Haggleton. "Estúpido, lo que tienes que hacer es impedir que salga en las redadas... Idiota... Definitivamente idiota, Malfoy".

Las incursiones de los Mortífagos eran cada vez más seguidas, aunque no eran demasiado potentes, les traían bastantes dificultades. Llegaban, causaban algún revuelo, a veces soltaban algunos maleficios y se iban. Parecían mas interesados en calibrar la capacidad de respuesta de los Aurores que en causar daños y eso era algo que Harry no podía comprender.

Habían causado algunos daños menores y eso tambien era extraño, porque todos sabían que los Mortífagos no perdonaban si no tenían algo por ganar en el proceso.

Así que habían empezado a contactar a los antiguos informantes que conocían de la guerra con Voldemort a la espera de algún rumor que indicara quién estaba detras de todos esos pequeños ataques.

Y el rumor más firme los había llevado a una redada en un edificio viejo de aquella pequeña ciudad, en un sector mixto, tan lleno de muggles como de magos.

Los Mortífagos, no muchos, habían escapado como hormigas de un hormiguero que se inunda, y Harry había salido corriendo detrás de uno de ellos que al parecer, había perdido su varita en la confusión.

Corría tan rápido, que Draco lo había perdido en una esquina.

“Condenación... Había olvidado lo rápido que corre...”

Desesperado, manoteó el comunicador.

- Granger, perdí a Harry... ¿Puedes localizarlo?

Por supuesto, la eficiente bruja a cargo de la División Investigaciones Mágicas no se iba a quedar tranquila y segundos después, escuchó la respuesta.

- Lo tengo... Dos calles a tu derecha, pero se mueve muy rápido, así que mueve tus piececitos, Malfoy.

Draco desconectó el comunicador y empezó a correr sin preocuparse en contestarle.

*
No iba a permitir que se le escapara. Ya había tenido demasiado de esas incursiones estúpidas y al parecer sin objetivo fijo. Necesitaba respuestas y planeaba obtenerlas del desgraciado que en aquellos momentos había desaparecido de su vista.

En primera instancia probó con aquella sensación que a veces sentía cerca de la magia oscura. No demasiado, en todo caso, no podía perder demasiado tiempo.

Nada. Durante la guerra, aquella especie de detector interno había sido muy útil y especialmente sensible, pero luego de la muerte de Voldemort, parecía haberse aplacado o relegado a algún lugar escondido de su mente. No insistió en todo caso.

- Herm.- habló a través de su comunicador.- ¿Registras actividad mortífaga cerca de donde estoy?

- ¿Qué pasó con tus dotes de detección, jefe?- preguntó, burlona, mientras buscaba lo pedido.

- Erráticas, como siempre... Vamos, trabaja, remolona; para eso te pagan.

- Por la calle en que estás, adelante, cuatro edificios a tu izquierda...- indicó la voz de Hermione.- Malfoy te está buscando, Harry.

Harry empezó a correr de nuevo y la última porción de la frase le llegó cuando intentaba abrir la puerta de un edificio en el lado equivocado de la calle.

- La otra izquierda, Harry.- señaló Hermione que seguía a lo lejos todo el procedimiento.

- Maldición.

Cruzó y su varita hizo saltar la puerta con todo y goznes. Parecía que el lugar se había usado como aparcamiento de vehículos, era espacioso y una rampa conducía hacia un nivel superior. Harry escuchó los pasos alejándose y fue tras ellos.

- ¡Accio escoba.!

El conjuro del mortífago se escuchó claramente cuando Harry arribó a la azotea del edificio, justo a tiempo para verlo cuando una escoba respondía a su llamado. Montando en ella, aquel levantó vuelo.

- ¡Stupefy!- gritó, pero ante una hábil maniobra del mortífago, el aturdidor solo golpeó en la parte trasera de la escoba.

"Maldito... No había perdido su varita...¿Por qué no me lanzó algo...? ¿Por qué no desapareció?"

- ¡Accio escoba!- dijo también, esperando que hubiese algún otro mago en las inmediaciones dispuesto a perder su transporte.

No tuvo que esperar mucho. Una apareció frente a él, y casi estaba montándola cuando un par de manos lo tomaron por los hombros y lo bajaron casi en el aire.

- ¿Qué demonios haces?- gritó Draco al tiempo que un nuevo conjuro enviaba la escoba a un muy lejano y desconocido lugar.

- ¿Qué estás haciendo tú? Ese mal nacido se escapa y yo tengo muchas preguntas que hacerle...

- Estoy impidiendo que hagas una tontería, Harry... ¿Y si caes...?

- No voy a caerme, maldición. He volado en escoba desde...

- Sé perfectamente desde cuando. Y también sé las veces que has caído.

- Harry, tengo a dos Aurores persiguiendo a ése.- informó la voz de Hermione a través del intercomunicador, recordándole que la línea seguía abierta.

Agitado por la carrera y sabiendo que ya era del todo imposible que pudiese alcanzarlo, Harry cerró la comunicación antes de seguir.

- ¡Pude haberlo atrapado, Draco!

- ¡Pudiste caer! ¡Pudo haberte lanzado algo!- gritó en respuesta.- Creí que serías capaz de mantenerte lejos de los problemas, pero al parecer Severus tenía razón... ¡Eres un necio, un irresponsable!

- ¡Es mi trabajo!

- ¡Te estás arriesgando innecesariamente! ¿Tengo que recordarte tu estado?

- Harry...- una vez más la voz de Hermione intervino en la discusión.- Abre la línea, urgente...

- Dime.- contestó Harry, tratando de controlarse.

- El Mortífago escapó. Eavon y Brown iban tras él... pero se defendió. Eavon consiguió esquivarlo pero cayó varios metros, estoy monitoreando que lo lleven a San Mungo...

- ¿Y Brown?

- Lo siento, Harry. El Avada Kedavra le dio de lleno, no hay nada que podamos hacer ahora.

Durante unos segundos, Harry quiso sentirse mal por las noticias que acababa de recibir, pero en realidad lo que estaba ocupando su mente era probablemente lo mismo que estaría pasando por la mente de Draco. Ni siquiera necesitaba volverse a mirarlo, podía sentir la vista de su amante clavada en sus espaldas.

Sabía que si giraba, encontraría la mirada gris implacable y enfurecida, con toda la razón del universo. La voz le llegó con una frialdad que pocas veces iba dirigida a él.

- No lo entiendo, Harry... A veces creo que el conjuro se equivocó al elegirte.

Ante esas palabras, el moreno dio la vuelta rápidamente, pero solo para ver cómo Draco desaparecía ante sus ojos.

*

La Central estaba silenciosa cuando llegó aunque el revuelo y el ir y venir de Aurores era incesante. Las noticias de lo sucedido habían corrido a toda velocidad, y ya todos sabían que habían tenido la primera baja importante desde que había empezado todo eso.

Ron se acercó a Harry, extrañándose un poco de que aquel llegara solo.

- ¿Saben algo de Eavon?- preguntó Harry ni bien lo tuvo cerca.

Aunque ése Auror en particular no figurara entre sus preferidos, seguía siendo de los suyos, y mal que le pesara tenía que preocuparse por él.

- Cayó desde bastante altura... Además iban muy rápido. Se rompió varias cosas, pero creo que estará bien. Tendremos el parte médico con los diagnósticos finales un poco más tarde... ¿Donde está Malfoy? ¿Está bien?

- Sí, él... - Harry no supo muy bien qué contestar, había esperado encontrarlo allí, pero evidentemente, Draco había elegido ir a airear su disgusto a otro lado.- Yo... lo envié a hacer otras cosas... Tal vez no regrese hasta mañana...

Entonces recordó el resto de las noticias.

- ¿Ya dieron el aviso a la familia de Brown?

- No.- replicó el pelirrojo.- Creí que tú querrías...

- No, no quiero; pero es mi deber.- dijo, desolado.

Draco había tenido razón. Si no hubiese llegado a tiempo para detenerlo, posiblemente hubiese salido en persecución de ese mortífago y quizás, hubiese podido ser él quien recibiera el maleficio. O peor aún, hubiese podido caer como Eavon, para esquivarlo, en cuyo caso tal vez no hubiese muerto, pero sin duda su bebé ya no estaría en camino.

Las duras palabras de Draco resonaron en su mente una vez más. Durísimas, pero ciertas.

Todavía no podía creer que en esos momentos hubiese podido ‘olvidar’ que estaba esperando un bebé. Se había lanzado en esa persecusión sin meditar nada, como siempre.

“Con esa persistencia tan Gryffindor que me dan ganas de sacudirte” había dicho Draco alguna vez. Bueno, evidentemente sí había conseguido sacudirlo.

Jamás el rubio le había hablado con el tono frío y distante que le había escuchado en ese momento.

- ¿Estás bien, Harry?- preguntó Ron, que se había quedado a la espera de alguna indicación.

- Sí...- tomó aire y una decisión.- Necesito que alguien me acompañe a dar la noticia a la familia de Brown. ¿Me acompañarás?

- Claro, amigo.

- Bien... Yo voy a redactar algo urgente a mi oficina y estoy contigo en unos minutos.

Un poco después, los dos partían a cumplir esa odiosa parte del trabajo.

**
Harry llegó a la casa y la encontró fría y a oscuras. Draco todavía no regresaba, por lo que se quitó la capa y decidió esperar. Transcurrieron un par de horas y empezó a preparar algo para la cena, aunque luego de años, supiese que la cocina no era su fuerte.

Algo así como una hora más tarde, escuchó el inconfundible sonido de alguien apareciéndose en la sala, y como el único que podía hacerlo era Draco, respiró hondo preparándose para lo que venía y fue a su encuentro.

El rubio no podía ocultar su enojo todavía evidente. Había andado por horas tratando de no pensar en los cientos de cosas horribles que hubiesen podido suceder si Harry hubiese perseguido a ese mortífago. Además de no haberlo conseguido, había hecho el terrible recuento de las cosas que todavía podían pasar si su pareja insistía en ponerse en esos riesgos.

Cuando se enfrentaron, iba preparado a decirle todo aquello, pero no esperaba encontrarlo tan tranquilo y sosegado. Eso volvió a enojarlo. Tal vez el conjuro se había equivocado demasiado y Harry no tomaba en cuenta absolutamente nada.

Sin inmutarse por el enojo que veía en los grises ojos, Harry tomó coraje y le extendió el pergamino que hacía rato tenía en sus manos, sin decirle ni una sílaba.

- ¿Qué demonios es esto?- tronó, tomándolo sin embargo.

- Lee.

Disgustado todavía, Draco lo desplegó y leyó. Cuando terminó, volvió a empezar y luego miró a su pareja, regresó a mirar el pergamino y una vez más a Harry.

- El Ministro ya puso su firma.- murmuró Harry acercándose a Draco.

Estaba empezando a sentirse realmente mal por todo eso, pero más todavía al recordar lo que su pareja le había dicho. Intentó sonreír pero la mueca fue mas bien para ocultar las lágrimas que se le estaban por escapar.

- Haré trabajo de escritorio hasta que nazca nuestro bebé... Me ocuparé de la coordinación... y de instruír a los estudiantes... Nada de riesgo... Lo siento...

Sin dudas, no era algo que Draco hubiese esperado. Había ido preparado para una buena pelea, pero no para una capitulación tan rápida.

Si Harry era tan bueno en lo que hacía, era porque realmente le gustaba su trabajo. Quizás era la adrenalina, o el sentimiento de estar haciendo algo bueno, no lo sabía muy bien, lo cierto es que Harry adoraba su trabajo y el haber solicitado esa licencia, era una demostración que quizás el equivocado había sido él y lo había juzgado demasiado rápido. Harry sí tomaba con seriedad los riesgos y era capaz de renunciar eso para cuidar que el bebé naciera bien.

Dejó el pergamino sobre la mesa, dispuesto a hacer las pases una vez más. Atrajo al moreno dentro de su abrazo y ante el contacto, aquel se aferró a él y ya no fue capaz de contenerse por más tiempo. Las hormonas volvían a hacer de las suyas, pero esta vez con cierta dosis de razón.

- Lo siento...- gimió Harry, con el rostro todavía escondido en su hombro.- Tal vez tenías razón... Quizás el conjuro debió elegirte a tí... Tú cuidarías mejor de este bebé...

“Maldito sea yo... ¿Cómo vine a decir semejante cosa?” pensó, por primera vez desde que había soltado la frase, aunque en aquel momento pensara que era lo correcto.

- Maldición, Harry... No quise decir eso... Es solo que estaba muy asustado porque no parecías tomar conciencia, pero no es cierto...

- Sí es cierto.- porfió aquel.- Si no me hubieses detenido, hubiese salido detrás de ése...

- Pero no lo hiciste, amor. Y nada malo sucedió, después de todo... ahora todo estará bien. Perdóname por decir esa barbaridad... Fue muy cruel.

- Conseguiste que te escuchara...

Draco le tomó el rostro entre las manos y lo besó suavemente, le limpió las lágrimas y como eso era bastante trabajoso con las gafas de por medio, se las quitó para poder besar también los párpados enrojecidos.

- Vas a tener que tomar mi lugar en las operaciones.- comentó Harry, unos minutos después, ya más tranquilo.

- ¿Crees que no podré hacerlo bien?

- Sé que podrás... Y sé que moriré de angustia viendo cuando sales a perseguir mortífagos mientras yo me quedo detrás del escritorio sin poder estar contigo.

Draco volvió a colocarle las gafas y sonrió.

- Nada malo va a pasarme y no morirás de angustia.

El rubio olfateó el aire y volvió a mirar interrogante a su pareja.

- Dime que no estabas preparando la cena.

Harry asintió y ante eso, Draco se mordió el labio inferior y suspiró resignado. Sin dudas, la cocina era un sitio en el que su pareja solo debía entrar para comer o ayudar en el aseo. Mantenerse lejos de la preparación de cualquier plato era lo más saludable para los dos.

- Bien, no te preocupes... Pediremos comida hecha.

- ¿Antes o después de hacer el amor?- preguntó Harry inocentemente.

La sonrisa de Draco fue evidente y prometedora.

- Adivina.- dijo, mientras lo remolcaba hacia la habitación.

**
La comida estaba tardando en llegar y mientras eso sucedía, Harry decidió tomar una ducha. Además tenía que meditar cómo iba a dar la noticia en la oficina. Eso sí iba a ser algo difícil.

Salió de la ducha y se envolvió en la bata con todo cuidado. Draco ya le había prevenido hasta el cansancio acerca de los resbalones en los pisos húmedos así que ahora, solo por darle gusto, se movía con cuidado. Después de todo, no estaría sobrando todas las prevenciones del caso.

- ¡Harry! ¿Estás listo? Ya llegó la cena...- llamó su pareja desde la cocina.

- Ya casi, amor...- salió rumbo a la habitación a buscar un pijama.

Se deshizo de la bata, tomó los boxers de un cajón y se los puso a toda prisa, el aroma de la comida le llegaba desde la cocina y realmente tenía hambre.

Entonces al erguirse, quedó de perfil ante el espejo. Sus ojos siguieron lo que antes era la línea recta desde su pecho hasta su vientre. Allí, había una pequeña pero ya perceptible curva. Al menos, era perceptible ahora que estaba sin ropas. Nerviosamente, manoteó las gafas que se había quitado para ducharse y volvió a mirar.

Incrédulo todavía, deslizó muy despacio los dedos por ese perfil nuevo, tanteando con cuidado.

- Draco...- murmuró y luego, conciente que no había sido escuchado, repitió mas fuerte.- ¡Draco!

Un poco alarmado, aquel apareció al instante, pensando por lo menos en que Harry había resbalado en la ducha pero se relajó al verlo de pie frente al espejo. Igual se acercó.

- ¿Qué pasa, amor?

- Esto...- tartamudeó el moreno haciendo correr su mano.- Esto no estaba aquí hace dos días... ¿O sí estaba y yo no lo noté?

Para tratar de tener la misma perspectiva de su pareja, Draco se puso tras él y apoyó la barbilla en el hombro moreno y desnudo. Desde allí alcanzó a ver lo mismo que Harry estaba observando y sonrió. Adelantó su mano para trazar el mismo recorrido que habían seguido los otros dedos y notar por su propio tacto lo que estaba viendo.

Lo que apenas había notado algún tiempo atrás, ahora tambien comenzaba a verse.

- Serás el futuro padre más atractivo que nadie haya visto nunca.

Apoyó los labios cálidos en el cuello, dejando pequeños besitos tiernos hasta que Harry ladeó el rostro para que las bocas se encontraran. Unos instantes después, cuando se separaron, Draco lo ayudó a terminar de vestir el pijama.

- Mañana voy a dar la noticia en la oficina.- anunció Harry y mientras dejaba que Draco le abotonara la chaqueta, aprovechó para deslizar la mano por la mejilla de aquel.- Y no quiero que piensen que el padre de mi hijo es un desaliñado... ¿Te vas a afeitar, no?

Draco se irguió, orgulloso.

- Un Malfoy jamás está desaliñado, está ‘marcando una tendencia liberal en la moda’. Además la barba me dá carácter... Y lo tuyo es envidia, porque yo sí tengo barba.

Harry sonrió ante aquella frase que su pareja usaba desde que eran novios.

- Yo no tengo tanto pelo... En cambio, tengo un bebé.- retrucó.

- Tú ganas, amor. Me afeitaré.- concedió el rubio mientras se encaminaban hacia la cocina para la cena.

**
Bien, no era una noticia fácil de dar y mucho menos teniendo en cuenta lo sucedido el día anterior pero no quedaba más alternativa. El Ministro ya había aprobado la licencia, de manera que tendría que delegar ciertas tareas en otros y eso implicaba darle una explicación a todo.

En realidad, Harry todavía no se explicaba cómo Eavon había mantenido el silencio. Probablemente, no quería tener contacto ni siquiera con las palabras para hacer correr el rumor pero en el fondo, lo agradecía. Nadie podía saber la clase de palabras que hubiese usado para describir su situación. O mejor dicho, sí tenía una idea bastante cercana de la clase de cosas que hubiese dicho y ninguna hubiese sido buena.

No era un buen sentimiento, pero también agradeció que el Auror continuara en San Mungo.

- Muy bien, necesito que me presten atención un momento.- dijo Harry en medio del salón, y casi al segundo siguiente, una nada desdeñable cantidad de rostros se enfocaron en él.

Sintiendo el calor que le subía a la cara, Harry buscó con algo de desesperación la mirada de Draco, encontrándola algo más lejos; calmada y segura como siempre. Y casi como siempre, él podía obtener su propia calma de aquella.

- Solicité una dispensa especial al Ministro... Me dedicaré al trabajo interno por algunos meses, de manera que en ese tiempo, mi lugar será ocupado por Weasley o Malfoy. En lo referente al trabajo de campo, estarán sujetos a su autoridad. ¿De acuerdo?

Hubo un murmullo de aceptación y Harry deseó que todo terminara allí, pero sabía que tarde o temprano, alguien iba a hacer la pregunta del millón de Galeones.

- ¿Estás enfermo o algo así, Harry?

Bien, ahí estaba. Tomó aire profundamente.

- No, no estoy enfermo Sinclair... Es solo... Bien... - ya se estaba poniendo rojo, seguro.

A veces detestaba no poder dominar esa reacción que tenía desde adolescente; pero había decidido que no iba a avergonzarse por eso que le sucedía. Era tan maravilloso que no había lugar para sentirse avergonzado, sino agradecido. Tal vez por eso, cuando habló lo hizo con voz clara y segura.

- No estoy enfermo. Estoy esperando un bebé y no voy a seguir arriesgándome en cosas como las que sucedieron ayer.

Por unos instantes, pudo oírse incluso el zumbido del elevador subiendo y bajando y el aleteo de la correspondencia volando de oficina en oficina. Luego hubo como un bullicio proveniente en su mayoría de los que habían estudiado con ellos en la Academia.

Algunos de los Aurores más viejos, solo hicieron un gesto de asentimiento como aprobando su decisión y se escabulleron a sus respectivos cubículos. El resto solo se arremolinó a su alrededor para felicitarlo.

Un rato después, ya en el refugio de su oficina, Harry tuvo que reconocer que no había sido tan malo, después de todo. Si a alguno no le había parecido bien, se lo había guardado y el único que quizás hubiese dicho algo, tenía para un par de días más en San Mungo.
Bien, no fue malo hasta el día siguiente, cuando entró en su despacho y encontró los 'presentes' que le habían dejado sus compañeros.

Se habían movido rápido. Una túnica nueva con la inscripción en la espalda diciendo en letras que cambiaban de color y brillaban con la clásica frase: No estoy gordo, estoy embarazado. Y otra que rezaba en el frente: ‘Esto no llegó aquí…’ y en la parte de atrás terminaba: ‘solo por arte de magia’.
El otro ‘regalo’, solo podía provenir de los que venían de familias muggles: Un pequeño arbolito con algunos zapatitos pequeños colgando, pero en la mayoría de las ramas, lo que colgaban eran preservativos (condones) inflados como globitos. Cada globito tenía una pequeña misiva, pero Harry decidió que las leería luego.

Por supuesto, el asunto del embarazo en magos no tenía nada que ver con el uso de esos aditamentos muggles, pero no dejaba de ser una indirecta. Dado que la prevención mágica era en un todo diferente, tanto Draco como Ron miraron el regalo sin comprender, mientras Hermione salió de la oficina incapaz de contener la risa. Y como el desgraciado de Mc Gregor no asomó las narices por su despacho durante toda la mañana, Harry intuyó con acierto que él era el autor intelectual del segundo presente.

Luego de un rato, pudo explicarle a Draco cual era la gracia del asunto, y aunque en un momento, la mirada del rubio se tornó levemente peligrosa, por fin lo miró de manera provocativa y sonrió como si se le hubiesen ocurrido muchas ideas para esos pequeños adminículos. Harry prefirió no preguntar, sabía que no tardaría en enterarse.


Cuando se enteraran los periódicos iba a ser otro inconveniente, pero ya lo resolvería cuando se presentara.

 

 

 

Capitulo 8


- Vamos, amor… Se hace tarde…

Draco susurró muy suavecito en el oído de Harry, que seguía ovillado en la cama, tapado hasta las orejas y remoloneando. Siempre le había gustado dormir, pero en los últimos días parecía que siempre tenía sueño.

- Mmm… un ratito más…

- Bueno, avisaré en la oficina que llegaremos un poco tarde.- dijo el rubio dándole un besito en la frente.

Casi al instante, los ojos verdes emergieron de entre las frazadas y enfocaron con alguna dificultad a su pareja.

- Malo. Sabes que no puedo seguir durmiendo cuando dices eso.

- ¿En serio?

Sin prestar atención a que ya estaba vestido, casi listo; Draco se acomodó al lado de Harry, sonriendo. Si había algo que su pareja no admitía, era recibir un trato especial porque estaba embarazado. Bastante concesión había hecho al pedir una licencia que lo ponía detrás de un escritorio.

Haciendo caso omiso de las manos que intentaron impedírselo, el rubio metió las suyas bajo las mantas y se dirigieron directo a la ya evidente barriga que empezaba a notarse, incluso con la ropa.

- ¿No debería moverse, o algo así?- preguntó Draco, masajeando la zona con todo cuidado.

Harry se quedó en silencio un momento. Varios días atrás había sentido algo, no exactamente un movimiento y había estado a punto de llamarlo, pero al colocar sus manos sobre la piel, se dio cuenta que era más bien como una sensación interna, un burbujeo que no se notaba en el exterior, y no había querido desilusionar a Draco.

- Erick dice que algunos no se mueven tanto.- dijo, tentativamente.- Son más remolones.

- Y yo sé de quién pudo haber heredado eso…- el rubio dejó su masaje y se irguió.- Vamos perezoso, ya es tarde y el desayuno está listo.

Se quedó mirándolo mientras se levantaba y un poco a tientas iba hacia el baño. Era increíble que Harry siguiera tan delgado, había esperado otra cosa… preocupado le había consultado al medi-mago; pero aquel espantó sus temores diciéndole que su pareja era de contextura delgada naturalmente, era posible que mucho de ese aumento de peso que tenía permitido se concentrara en su cintura. Sonrió para sí mismo, había tenido la ilusión de tener mucho más de Harry para acariciar y besar.

- Tal vez no tenga que esperar tanto…- se dijo mas tarde, mientras veía cómo el desayuno desaparecía rápidamente ante un Harry voraz y hambriento.

**

- No voy a hacerlo, Harry…

- Pero… pero Erick dijo…

- Le haces mas caso a lo que te dice ese viejo, que a lo que yo te digo.- comentó Draco, molesto mientras terminaba de dejarle la nómina de los nuevos estudiantes para entrenamiento que tenían asignados a esa Central.

Iba a seguir con eso pero vio la cara consternada de Harry y no quiso arriesgarse a un acceso de llanto o un arranque de furia y capituló.

- Lo pensaré, amor… ¿De acuerdo?

Salió del despacho antes que su pareja le hiciera prometer algo que luego lamentaría. Él tambien lo sabía, había estado leyendo por su cuenta, al margen de las cosas que el medi-mago les decía, y sabía que era importante ‘hablar’ con el bebé, hacerlo en voz bajita y suave…

Pero eso no era lo difícil, de hecho eso no le resultaba nada complicado. De noche, cuando ambos iban a dormir, era fantástico abrir el pijama de Harry, deslizar los dedos por la piel que empezaba a estirarse poco a poco, el estómago ya combado de sus casi cinco meses que las túnicas holgadas apenas conseguían disimular y susurrarle todos los planes que tenían para él. O ella.

‘Podrían hacer que escuche música, eso los estimula…’ había dicho Erick, y Draco vio los ojos de Harry iluminados por la idea. Lástima que a él no le hiciera tanta ilusión, porque desde el final de la guerra con Voldemort no había querido volver a abrir aquel estuche que ahora acumulaba polvo en uno de los estantes del pequeño estudio del departamento.

En silencio, llegó a su escritorio y al tomar la pluma, miró sus manos, largas y delgadas. Alguna vez, en el pasado, esos dedos se habían deslizado hábilmente sobre las cuerdas del Stradivarius que tenía olvidado en la casa.

“De hecho… La primera vez que besé a Harry había estado tocando para él.” Pensó, ganado por aquel buen recuerdo.

Pero el último recuerdo no era bueno.

Cuando él se había quedado atrás defendiendo Hogwarts y Harry había ido al encuentro de Voldemort, sin que pudiese impedirlo, había sido tomado prisionero. Por el término de un par de angustiosas horas, esos dementes habían intentado sonsacarle información acerca de Harry.

Cerró los ojos para no recordar el dolor de esos momentos. Si solo se hubiesen limitado a los Cruciatus… pero habían tenido un ensañamiento perfectamente calculado por quien lo había ordenado y que miraba sin demasiada preocupación lo que sucedía. Alguien que no pestañeó ni mostró ni un ápice de culpa cuando sus manos habían sido cruelmente rotas.

Si Severus no hubiese llegado a tiempo…

Sacudió los recuerdos, y despejó la mente. Flexionó los dedos de su mano izquierda varias veces, como para constatar que el dolor era pasado y aquellas habían recuperado toda su movilidad. Toda no, después de eso, nunca volvió a tomar su violín…

- ¿Volando alto…?- la voz de Harry lo sacó de su ensueño y alzando la mirada, lo encontró de pie junto a él, de modo que estando sentado, Draco había quedado muy cerca de la túnica levemente hinchada.

- Muy bien, Malfoy…- dijo una fuerte voz desde el otro lado del salón.- Hay que hablarles a los bebés, así se acostumbran a escucharte… ¿Quién hubiera dicho que veríamos al hijo de un mortífago, un Malfoy, en un papel tan ridículo y cursi?

Por el breve espacio de unos segundos, el salón se quedó en completo silencio y algunos de los Aurores que iban y venían por allí se detuvieron. El que había hablado, era Eavon, que de momento venía entrando desde un pasillo anexo.

Harry se quedó expectante. Sabía que podía intervenir, pero si lo hacía, Draco no iba a perdonárselo en días, así que optó por esperar y ver qué pasaba. No había caso, ese hombre era francamente detestable y no contribuía a hacerlo mejor el que se pareciera tanto a su desaparecido tío Vernon.

De momento, solo podía mirar con bastante inquietud los ojos grises que se entrecerraban y se convertían en dos ranuras frías. Con deliberada lentitud, aquel puso su mano sobre el vientre de Harry, que de inmediato sintió un violento calor subiéndole al rostro. Draco era muy cariñoso y mucho más con su barriga, pero siempre en casa. En la oficina era un ejemplo de profesionalismo y corrección.

- Hijo, sé que me estás escuchando… Quiero que cierres los ojos y uses tus pequeñas manos para taparte los huequitos que por ahora son tus oídos, así no verás ni oirás cómo tu padre asesina a un perfecto bastardo.

Varita en mano, empezó a ponerse de pie lentamente, y ante eso, unos cuantos ‘recordaron’ que tenían cosas por hacer en algún lugar alejado y desaparecieron.

- Suficiente.- dijo Harry, quitándose de en medio, solo por las dudas.- Compórtense como dos magos civilizados y guarden esas varitas.

Los dos lo miraron con claros deseos de no hacerle un mínimo de caso y eso hizo aflorar el mal carácter del moreno. Esta vez, sí se paró en medio de los dos.

- Ya fue demasiado. Los dos a mi despacho. AHORA.- giró y se dirigió a su oficina sin siquiera mirar si lo seguían.

Una vez que estuvieron dentro, Harry trató de sosegarse.

- No voy a tolerar este tipo de comportamiento en medio del salón… ¡Por Merlín! ¿Pensaban batirse en medio de la sala? Eavon, ya he tolerado bastante de tus desplantes. Si tienes inconvenientes en seguir trabajando en esta División, solo tienes que decírmelo; te daré el pase a la Central que quieras.

El hombre lo miró con expresión asesina pero habló con voz contenida.

- No creo que tengan objeciones acerca de mi trabajo, señor.

- En absoluto. Eres un magnífico Auror, pero no voy a dejar que te burles de mí o que incentives discusiones; por eso te doy la opción de cambiar de central. Piensalo…Si decides que quieres tu traslado, te firmaré la petición al lugar que prefieras, pero si eliges quedarte, no volveré a tolerar insinuaciones o insultos hacia mí, o lo que concierna a mi vida privada. Puedes retirarte.

El mago se irguió como si fuese a responder, pero la mirada fría de su jefe lo instó a ser prudente. Por más que le causara una profunda repulsión su comportamiento o aquello que en ese momento hacía crecer su vientre, no podía dejar de recordar que había sido el vencedor de Voldemort. Eso hacía que cualquiera se tornara cuando menos, cauteloso. En silencio, se retiró del despacho.

En cuanto la puerta se cerró, Draco iba a comenzar a hablar, pero el gesto seco de la mano de Harry lo detuvo.

- No hables.- dijo, intentando calmarse de nuevo. Al cabo de unos segundos, cuando estuvo completamente seguro que no iba a saltarle encima gritando o llorando, volvió a hablar.- No quiero vuelvas a decir esas cosas frente a nuestro bebé... Jamás vuelvas a decir que vas a asesinar a alguien delante de nuestro bebé o te juro que voy...

Dejó la frase a medio terminar porque no sabía muy bien con qué amenazar a su pareja, después de todo, había hecho algo que tambien él hubiese querido hacer.

- Lo siento, Harry... No pude evitarlo... Lo dejé pasar una vez, pero ese cretino ya te había hecho sentir mal antes...

- Lo entiendo, pero no tenías que decir eso...

Draco rodeó el escritorio y se arrodilló junto al sillón que ocupaba Harry para poder quedar a la altura de su barriga. Puso de nuevo su mano allí, y susurró.

- Lo siento, ‘gusanito’... El carácter Malfoy es de reacción rápida... Ya tendrás que lidiar con tu parte de él...

Aplicó un besito y desde allí elevó los ojos grises hacia su pareja.

- Ya me disculpé... ¿Estoy perdonado...?

Harry suspiró, no podía negar nada a Draco cuando hacía esas cosas y asintió.

Saltándose un poco las reglas que habían establecido para comportarse en la oficina, el rubio se irguió y depositó un beso fugaz en los labios del padre de su hijo. Luego regresó a su lugar frente al escritorio.

- ¿Ya puedo retirarme, señor?- preguntó respetuosamente.

- Sí...

Cuando Draco ya abría la puerta para salir, lo detuvo la voz de Harry. Esta vez sonó con el tono de advertencia que usaba con el resto de sus Aurores.

- Si algo así vuelve a ocurrir, solicitaré una sanción para los dos... ¿Comprendido?

- Sí, señor.- contestó, aceptando eso, que era parte del trato que habían hecho.


**

Harry dio la cuarta o quinta vuelta en la cama y ante eso, Draco ya no tuvo más remedio que preguntar.

- ¿Te sientes bien, amor?

- S...sí...

Draco tomó aire. Habían tenido una conversación que se había iniciado igual apenas tres días atrás.

En aquel momento, antes de la cena, Harry había sentido unos terribles deseos de comer helado. No unos deseos simples, algo que pudiese dejar pasar. Era simplemente que estaba desesperado por un enorme y fresco pote repleto de helado.

De nada sirvió que Draco le dijera que a esa hora 'Fortescue' estaba cerrado, que era mejor que cenara primero y luego con el estómago lleno, el antojo se iría... Eso no había disminuído los deseos de Harry ni un ápice.

El rubio todavía podía recordar la cara del hombre cuando, a medianoche, le aporreó la puerta sin cesar hasta que abrió. Cierto que cuando le explicó la situación, le dio lo pedido y mas. Ahora, semanalmente, le mandaba un buen pote de helado para cubrir cualquier enventual antojo de Harry.

Y vaya que le había hecho honores. Mientras Draco cenaba, Harry decidió que podía saltarse la comida y se sentó frente a él, cuchara en mano dispuesto a no dejar nada en el pote. Había conseguido plenamente su objetivo, y luego muy contento se fue a dormir.

Ahora, la conversación parecía ir por los mismos carriles, salvo por el pequeño detalle que eran las tres de la madrugada y afuera llovía como si fuese la última vez.

Pero si no le preguntaba, iba a sentirse culpable toda la noche.

- ¿Qué quieres, Harry?

- Hamburguesas...- musitó el moreno.

La palabra no era del todo nueva para Draco. Alguna vez había oído a su pareja hablar de esa comida rápida muggle, pero no recordaba mucho más que eso.

- ¿Qué era una ham...? Eso...

- Haburguesas... Carne...con pan como un sandwich...

- ¿Y eso es nutritivo?- preguntó sin demasiado convencimiento. Aun en la oscuridad pudo sentir que Harry se encogía de hombros.- Amor... Son las tres de la mañana... y está lloviendo mucho afuera...

Como para darle la razón, un trueno hizo retemblar el departamento y la luz del relámpago iluminó la habitación. Sabiendo que era cierto, Harry asintió y volvió a acomodarse a su lado dispuesto a olvidarlo.

- Tienes razón... Duerme otra vez. Buenas noches.

Draco lo abrazó y lo mantuvo así un rato, pero sabía que no dormía. Lo sentía en la respiración y en que a pesar que intentaba no moverse, estaba inquieto. Decidió levantarse, de cualquier modo, no podría dormir sabiendo que Harry estaba así.

Invocó una luz tenue al tiempo que se erguía.

- ¿Qué estás haciendo...?

- Voy a buscarte esas... esas cosas.

- Pero... está lloviendo...- dijo Harry sintiendose muy culpable.

- Lo sé, pero no quiero que mi hijo nazca con nariz de hamburguesa... o algo así... - comentó mientras se ponía un abrigo sobre el pijama.- No tardaré... me apareceré en el Caldero y desde allí será fácil... Espero.

Contento por la perspectiva de tener sus hamburguesas, Harry se sentó en la cama.

- No tendrás dificultades... Es fácil, cuando salgas del Caldero, preguntale a algún muggle que encuentres, dile que estás buscando hamburguesas y te dirán... Sé que había un lugar por allí cerca, pero no recuerdo bien dónde... Tendrás que llevar dinero muggle, amor.

- Hechizar a alguien para conseguirlas es más fácil.

- Pero no hace falta... Esos lugares están abiertos toda la noche, solo tienes que entrar, pedirlas y pagar...

- ¿Seguro?

- Seguro.

- Bien. - Draco sacó algunos billetes de una prenda de Harry aunque no tenía mucha idea de cuánto podía necesitar y se aprestó a salir.- No vayas a dormirte... Lo menos que puedes hacer es esperarme despierto.

- Sip. Esperaré despierto... Draco, que sea con muchas papitas...

- Claro.- dijo el rubio que ya salía y no tenía idea de lo que le habían pedido.

*

Cuando salió del Caldero Chorreante, Draco se encontró en medio de un oscuro barrio muggle. Lo había visto un par de veces durante el día, pero durante la noche se veía bastante diferente.

La calle empedrada y mojada estaba solitaria.

"Por supuesto que está solitaria... Son las tres de la mañana, llueve y todos están durmiendo en sus casas... y yo estoy buscando hamburguesas para Harry. Y para mi hijo."

Fue la última parte del pensamiento lo que hizo que empezara a caminar luego de echarse un hechizo impermeabilizante para impedir la mojadura de la lluvia que seguía cayendo.

Luego de un par de calles, un tipo salió de un oscuro umbral y caminó a su lado.

- ¿Buscas compañía, bonito?

- Piérdete, idiota.

- Uuhh... la rubiecita es difícil... ¿Te gusta rudo, lindo?

Si el tipo no hubiese puesto su mano en un lugar estrictamente reservado para las manos de Harry, hubiese salido mejor librado. No podía usar magia contra un muggle, pero no la necesitaba. Draco se detuvo en seco, llevó su brazo hacia atrás, y con una certera llave trabó el brazo del tipo, torciéndolo hasta que aquel gritó.

- Tienes razón... me gusta rudo...- susurró, amenazante.- y voy a romperte el brazo para probártelo.

- Ya... Cálmate... Era una broma, era una broma...

- No me gustan tus bromas, y no me gustas tú, de manera que en cuanto te suelte, empezarás a correr y no te detendrás hasta estar muy lejos... Te advierto que mis armas tienen bastante alcance.

El tipo asintió. Sin duda cualquier maleficio tenía mas alcance que las armas que el tipo estaría imaginando, así que en cuanto lo soltó, aquel salió corriendo sin siquiera voltear a mirar.

- Muggle idiota.- dijo, asqueado, sacudiéndose la capa.

Una calle más lejos, una luz le indicó un sitio abierto. Una licorería. El hombre que apareció detrás del ventanuco con rejas lo miró desconfiadamente.

- ¿Qué quiere?

- Hamburguesas.

- ¿Es una broma?

- ¿Me estoy riendo?

A esas alturas, el humor Malfoy estaba empezando a ponerse espeso.

- Esucha idiota.- empezó el hombre.- ¿Eres imbécil o no sabes leer? Esto es una licorería... Licor, whisky, o alguna de esas cosas...

- Lo sé, pero estoy buscando un lugar donde vendan esas malditas cosas mugg... Hamburguesas.

Ahora el tipo sí lo miró con desconfianza. Lo más probable era que ese joven solo quisiera robarle o robar en el otro negocio. Se alejó un paso de la ventana, preventivamente. Al ver eso, Draco se desesperó. Era el único a quien tenía en vista para preguntar. Y decidió que podía decir la verdad. O parte de ella, al menos.

- Oiga... Lo siento... Entiéndame, es de madrugada, está lloviendo y yo necesito hamburguesas... Mi… er... pareja está embarazada y quiere hamburguesas... De lo contrario no estaría yo aquí en medio de la nada a esta hora...

Estaba definitivamente desesperado, y eso debió notarse. Aunque no se acercó, el hombre esbozó una sonrisa torcida.

- ¿Embarazada?

- Ahá... Cinco meses y algunos días... Helado, hamburguesas... y si no se los consigo, va a llorar toda la noche y me sentiré miserable... " Y si Harry se entera que dije esto, me lanzará tantos maleficios que quedaré peor que Voldemort."

- Ni lo mencione amigo, pasé por eso dos veces... Dos calles a la izquierda, el lugar tiene una 'M' gigante arriba, no tiene cómo equivocarse.

Aliviado, Draco casi sonrió mientras se ponía en camino de nuevo.

- Gracias.

El tipo tenía razón, el lugar era imposible de confundir, pero al entrar al sitio, el confundido fue el rubio. Sobre un mostrador donde estaba acodado un semidormido empleado, había un cartel con distintas figuras de todo lo que vendían.

- ¿Qué va a llevar?- preguntó el chico, sacudiéndose la pereza.

- Err... hamburguesas.- dijo, más confundido que antes.

- Todas son hamburguesas.- replicó el chico, rodando los ojos.- De pollo, de carne, con agregados... ¿Cual va a querer?

Eso ya era demasiado para Draco que seguía sin entender.

- Una de cada una.

- ¿Tiene con qué pagar?

Esa pregunta sí ofendió el orgullo Malfoy. Puede que ya no estuviese en la acaudalada posición que había disfrutado cuando estaba en Hogwarts, pero de allí a no tener para pagar... Metio la mano en el bolsillo y extrajo el puñado de billetes que había sacado de la ropa de Harry.

- ¿Qué opinas de esto, chico?

- Una de cada una, señor... ¿Con papas medianas o grandes?

Draco recordó el pedido de Harry y sonrió.

- Muchas.

- Grandes.

Luego de un rato, y por supuesto de pagar, Draco salió con un gran paquete. Poco dispuesto a volver a pasar por todo el camino de regreso, miró a ambos lados de la calle y al no ver a nadie, desapareció.

*

Lo primero que vió cuando entró a la habitación, fue a Harry, envuelto en una manta, sentado en la cama.

Dormido.

Por un momento, estuvo a punto de estallar, y luego al ver que él realmente había intentado esperar despierto, se apaciguó. Apoyó el paquete en la mesita de noche, y quitándose la capa, se acercó muy despacio para no sobresaltarlo.

En cuanto se acercó para acostarlo en una mejor posición, Harry se acomodó sobre su pecho, y todavía dormido le echó un brazo al cuello, buscando su calor. Por supuesto, esa reacción inconciente, le ganó el perdón absoluto en el mismo instante.

- Harry... Tienes que acostarte bien, amor... Te va a doler la espalda si duermes sentado...

Las palabras, aunque suaves, consiguieron despertarlo, y pestañeó, somnoliento.

- Lo siento... Me dormí...

- Ya lo noté, amor. No te preocupes, solo acuéstate mejor. Supongo que ya no quieres las hamburguesas.

Harry lo miró con expresion compungida.

- Sí... Todavía quiero hamburguesas...

Al menos todas esas peripecias en el mundo muggle no habían sido en vano. Con una sonrisa triunfante, Draco alcanzó el paquete y lo puso delante de su pareja que lo abrió con verdadero alborozo.

- ¡Las conseguiste...!- exclamó Harry, contento y le hincó el diente a la primera que sacó.- ¡Con muchas papitas!

El rubio no podía menos que sentirse perfectamente bien al ver que tanto esfuerzo tenía ese resultado. No creía que Harry pudiese terminar con todo lo que había traído, pero se equivocó aunque de hecho, fueron los dos los que comieron.

Después de todo, no eran tan malas, las hamburguesas muggles.

 

 

 


Capítulo 9

Mientras Draco verificaba una cantidad de pergaminos en la mesa de la cocina, Harry terminaba de doblar prolijamente algunas ropitas a un lado. Hacía rato que lo observaba haciendo sumas y restas, mirando una y otra vez el pergamino que en forma mensual llegaba desde Gringotts con el saldo de la cuenta conjunta que tenían allí.

- ¿Estamos en rojo?- preguntó el moreno, muy despacio. El tema del dinero siempre era muy delicado de tratar con Draco.

- Jamás hemos estado en rojo, amor. No sobra mucho, pero no estamos en rojo, no te preocupes.

Bien, no había manera fácil de tratar el tema, así que Harry se sentó frente a él.

- Draco... He pensado que podemos hacer una división en el estudio... Va a quedar reducido, pero tendremos una pequeña habitación para el bebé.

- No creo que sea necesario, amor. No usamos mucho el estudio, en realidad podríamos transformarlo directamente en la habitación del bebé.

- Pero... sí hace falta... Trabajamos allí a veces, si lo hacemos más pequeño, igualmente tendremos un espacio para nuestro hijo. Además allí es donde se supone que ibas a prac...

- No, Harry, no insistas mas con eso.- cortó el rubio.

Desalentado, Harry no insistió con ese tema al menos, tenía otras cosas más urgentes para hablar y casi tan complicadas como aquella.

- Está bien, pero hay algo de lo que debemos hablar... Draco, quisiera que fueramos a comprar algunas cosas... Pronto tendré seis meses y el bebé aún no tiene casi nada. Mira esto.- señaló la pequeña pila de ropa que había en un rincón de la mesa.- Es todo lo que tenemos. Dos batitas que me regaló Hermione, los escarpines que colgaron en mi obsequio de ‘paternidad’ en la oficina y un pequeño sueter anticipado que tejió la mamá de Ron. Tenemos que comprar algo de ropa... y la cuna, cuando menos...

El rubio suspiró y miró una vez más los papeles sobre la mesa. Su mente empezó a barajar números con la habilidad de quien ha hecho eso muchas veces.

- Tal vez el mes próximo amor. Tenemos las cuentas de la clínica, y los gastos de la poción diaria...

- El mes que viene tambien tendremos esos gastos, de hecho, los tendremos hasta que nazca el bebé, y no podremos salir en ese momento a comprar todo lo que haga falta...- tomó aire y lanzó la frase antes de poder arrepentirse.- Tenemos el dinero de la bóveda que mis pad...

- De ninguna manera, Harry.- esta vez el tono fue seco y cortante.- Habíamos hablado ya de esto, no tocaríamos ese dinero. ¿Recuerdas?

- Hablamos de esto hace tres años, cuando no habíamos siquiera pensado en tener un bebé. Tal vez deberíamos volver a hablar de ello.- replicó Harry, decidido a no ceder en ese punto.

- No hay nada de qué hablar, soy perfectamente capaz de brindarle a mi hijo todo lo que necesite sin acudir a ese dinero.

- Sé que puedes, pero por ahora tenemos gastos extras y no hay necesidad de privarnos de ciertas cosas solo porque eres tan orgulloso como para no aceptar que...

- Probablemente mi orgullo sea lo único que pueda legarle a mi hijo, Harry... ¿Tambien vas a negarme eso?- ahora Draco se veía claramente herido.- Es evidente que mi apellido ya no será una gran herencia, de manera que tal vez sea mejor que lo anotes con el tuyo... Mi sueldo no es tan alto como el tuyo, y además tienes esa herencia; así que tambien es posible que tú puedas brindarle todo lo que necesite... Tambien puedes tener este bebé sin mi ayuda... ¿Hay algo que yo pueda darle y que tú no puedas, Harry?

Se levantó y se encerró en ese estudio que en realidad solo se usaba para eso; para cuando tenían alguna discusión y necesitaban aislarse.

Un poco asombrado por el brusco comportamiento de Draco, Harry se dirigió al dormitorio para llevarse la escasa ropita que había estado doblando y la acomodó en una gaveta de su propia ropa porque tampoco tenian aún algun mueble para guardar las cosas del bebé.

No había podido pensar que la discusión se pondría tan difícil, aunque el tema del dinero siempre era difícil con Draco. Acostumbrarse a no tener casi nada después de haberlo tenido todo, debía haber sido algo muy complicado para el rubio y aunque Harry intentaba comprenderlo, sabía que no podía hacerlo en una medida cabal.

Él siempre tuvo menos de lo que hubiese necesitado hasta que descubrió que sus padres le habían dejado ese dinero, y aún así, el tiempo pasado con los Dursley siempre estuvo plagado de privaciones. Tener, como tenía en ese momento, un buen trabajo, un buen sueldo, una casa propia, era mucho más de lo que hubiese podido imaginar años atrás, sentado en la oscuridad de su alacena.

“Pero tampoco es justo que no podamos tener cosas lindas para el bebé solo porque él se empeña en no tocar ese dinero... que eventualmente igual será para nuestro hijo cuando pueda heredarlo...”

Se sentó en la cama a tratar de leer pero no podía concentrarse. Odiaba estar peleado con Draco, odiaba que no estuviese a su lado, los dos leyendo o conversando sentados en el sofá, simplemente compartiendo el tiempo juntos; pero tambien sabía que tenía un poco de razón en lo que pedía. Ni siquiera pedía mucho, solo usar una parte pequeña de ese dinero para comprar algunas cositas.

Tambien le dolía que Draco pensara que no podía darle nada al bebé. Nunca se le había ocurrido que pudiese pensar eso. El rubio le daba mucho de su tiempo cuando estaban en la casa, parecía que nunca se cansaba de acariciarlo, y de hablarle. No podía ser que creyera que no le daba nada.

Pasó un largo rato en silencio. Harry bufó, necesitando mucho tener a su lado a Draco, pero luchando tambien con las ganas de ir a buscarlo y decirle que todo estaba bien, que se arreglarían así como estaban.

Hubo apenas un par de notas flotando en el aire antes que Harry saltara prácticamente de la cama negándose a creer lo que oía. Pero no, no estaba equivocado. Allí estaban, las notas claras y vibrantes, tal como él las recordaba.

Siguió la melodía a través del dormitorio, la sala, y se detuvo detrás de la puerta, aún cerrada del estudio sin animarse a entrar. Con algunas vacilaciones, impreciso, mucho menos fluído de lo que Harry recordaba, aquel vals, era lo primero que él había escuchado tocar a Draco. Esa misma noche, se habían besado por primera vez.

Harry sabía muy bien la violenta oposición que Lucius había puesto a su hijo por esa afición a un arte muggle, en parte adivinando y en parte por las cosas que su pareja le había contado. Sin embargo nada detuvo a Draco. Nada salvo la guerra. Aunque no lo supo por boca del rubio, Harry sabía que cuando lo habían atrapado, por las expresas órdenes de Lucius, intentaron asegurarse que nunca más pudiese dedicarse a la música.

Claro que la oportuna llegada de Severus, y luego los atentos cuidados en San Mungo recuperaron a la perfección las manos de Draco, pero Lucius había ganado. Luego de eso, Draco jamás volvió a tomar el violín.

Abrió la puerta muy despacio, para encontrar, tal como pensaba, un revuelo de cosas. Antes de decidirse, Draco descargó toda su frustración haciendo volar varias cosas. Había partituras amarillentas tiradas por todos lados, pero el atril sostenía triunfalmente unas hojas. Durante los dos o tres minutos que duró la pieza, Harry permaneció a un lado, escuchando con el corazón detenido y cuando terminó, avanzó hasta encontrar la mirada gris tormenta, empañada y todavía algo dolorida.

- Ni siquiera esto puedo darle a mi hijo...- murmuró, angustiado dejando caer el arco.- Mis manos ya no sirven...

- Tus manos están bien, amor.- Harry le tomó la mano libre entre las suyas.- Lo único que necesitas es practicar. No puedes esperar que saliera perfecto luego de tres años sin tocar una nota... Para cuando nazca el bebé podrás regalarle la pieza que tú elijas.

- ¿Tú crees...?- preguntó, esperanzado y el moreno asintió suavemente.

- Haremos el cuarto del bebe con una división... Así tendremos todavía el estudio para que puedas practicar.

Draco asintió, había estado pensando mucho en todo lo que habían hablado.

- Mañana iremos a comprar lo que haga falta, amor. Tenías razón, he estado actuando guiado por mi tonto orgullo y no privaremos a nuestro bebé de tener lo que le hace falta. Usaremos el dinero de tus padres.

- No. Usaremos una parte de tu sueldo, y una cantidad igual del mío. Lo de la bóveda lo usaremos para los gastos de la casa que no lleguemos a cubrir, pero cualquier cosa que le demos a nuestro hijo, se lo daremos entre los dos.

- ¿Tienes una idea de lo mucho que te amo?

- Creo que sí... pero nunca, jamás vuelvas a decir que no le das nada a nuestro bebé.

Antes de soltar el violín y dedicarse a abrazarlo, Draco pensó que nunca habría palabras para poder decirle a Harry todo lo que significaba para él.

Y como nunca tendría las palabras, solo le quedaba demostrárselo.

**

Apenas atravesaron las puertas de las inmensas puertas, Harry se sintió un tanto expuesto. Habían elegido ese lugar porque vendían tanto artículos muggles como mágicos, pero era un centro comercial inmenso. Ya podían verse personas en jeans y sueters, como con túnicas de diversos colores ondeando por todos lados. De manera casi inconciente, Harry acomodó su túnica, esperando que la barriga todavía no se notara tanto.

El gesto, aunque mínimo no pasó inadvertido para Draco, pero afirmándolo por la cintura, empezó a caminar.

- El sector de artículos para bebés está más allá.-indicó al tiempo que lo conducía.

Por algunos minutos, caminaron a través de los percheros repletos de ropa para futura mamá y futuro papá. A medida que avanzaban, Harry podía ver cómo las prendas se iban haciendo más y más grandes. Una vez más, se arrebujó dentro de su túnica.

- ¿Algún problema, amor?- preguntó el rubio, solícito.

- No… es que casi no habíamos salido desde que me embaracé… y pues… aún no me acostumbro a que me vean así…

- ¿Así…? ¿Cómo?

- Así... Panzón.

- Cielo, no estás panzón…- divertido Draco paseó la vista por el sitio y señaló algunos metros más adelante.- ¿Ves eso? Eso es estar panzón.

Y vaya que sí. Eligiendo coloridas prendas en un perchero algo alejado, un mago de tez oscura, lucía una barriga tan pronunciada que no había manera de no notarlo. Con seguridad la barriga llegaría medio minuto antes que el mago a cualquier lugar que fuese.

- Wow.- dijo Harry solamente, y a partir de allí se sintió mucho más cómodo.

Deambularon un rato hasta desembocar entre un sinfín de cunas de distintos tamaños, forma y color. Antiguas, de roble tallado, adoseladas con espesos cortinados y un cartelito dando aviso que se trataba de un artículo mágico para que los muggles mantuviesen las manos convenientemente alejadas de allí.

Draco se acercó un poco, y el cartel cambió, dando las indicaciones del artículo.

- Mira esto, Harry… viene con colchón y ropa de cama mágica, con autolavado y secado… Para cuando el bebé tiene esos percances. Y alerta por si se despierta en medio de la noche…

- Er… amor, para poner esa cuna en nuestro departamento tendríamos que salir nosotros. O mudarnos dentro de la cuna.

El rubio siguió leyendo como si no lo hubiese oído.

- Yo tuve una así en la mansión.- dijo luego de un rato y casi de inmediato, sintió la mano morena cerrándose sobre la suya.- pero no me gustaba. Salvo las noches en que mi madre podía hacerme compañía, siempre me sentía demasiado solo.

Unos segundos después miró con cariño a su pareja y sonrió. No, definitivamente no extrañaba aquella mansión.

- Busquemos algo más acorde para nuestro bebé.- dijo, dándole la espalda.

Unos metros más lejos, se detuvo y miró el armatoste que tenía frente a él.

- ¿Qué se supone que es esto?

- Un cambiador plegable con bañera. Muggle, claro.- contestó Harry y al ver la expresión desorientada de Draco se acercó al artículo.

Le quitó la cubierta y descubrió el interior.

- Aquí se llena de agua y puedes bañar al bebé sin tener que inclinarte tanto en la tina… cuando terminaste de bañarlo, cierras la cubierta, así… y puedes secarlo y ponerle los pañales sobre esta superficie…

- ¿Y cómo lo llenas de agua? No veo que tenga algún conducto o algo así.

- Bueno… Tienes que traerla.

- Uf, es demasiado complicado. Tiene que haber algo similar pero con magia… y si baña al bebé, mejor.

- ¡Draco! No voy a dejar que un aparato bañe o cambie los pañales a mi bebé, ni con magia, ni sin ella.

- Pero amor… Los pañales apestan, la mayoría de las veces.

- Por supuesto. ¿Qué esperabas, olor a rosas?

- Bueno, no… pero…

- Pero nada. Ve haciéndote a la idea que cambiarás pañales.

La imagen mental de un Malfoy cambiando pañales fue más de lo que Harry pudo resistir de momento y se alejó un poco dejando que su pareja empezara a imaginar su futuro. Bien, que lo vislumbrara, ya que sin lugar a dudas tendría que hacerse cargo de eso en alguna ocasión.

Al final, fue ese cambiador y una cuna simple, pero con alerta mágica para cuando el bebé se mojase o se despertara por las noches. La silla para darle su comida cuando pudiese sentarse esperaría un poco más.

**

La compra de la ropita suscitó otro intercambio de opiniones.

- Rojo.- dijo Harry mirando el enterito.

- Verde.- indicó Draco tomando uno similar en el color elegido por él.

Un dependiente que iba entre las estanterías y mostradores se acercó dispuesto a ofrecer su ayuda.

- Buenos días, señores… ¿Puedo ayudarles?

Sin prestarle atención, Harry tomó un par de zapatitos tejidos tambien en rojo centelleante y los puso junto al enterito. Al instante siguiente, el rubio eligió un par igual, pero en verde esmeralda con cintitas plateadas y sonrió al ponerlas junto a la ropa que había elegido antes.

- Va a parecer un loro si lo vistes todo de verde.- comentó Harry.

- Pues si lo vistes de rojo va a parecer un…

- Un perfecto Gryffindor.- se adelantó Harry.

Ante esa última frase, el dependiente se dedicó a mirar a los dos y abrió la boca hasta que la mandíbula le tocó el pecho, lo menos.

- Usted… Tú eres…- tartamudeó, mirando al moreno.- ¿Eres…?

- No, no soy.- dijo Harry, que ya sabía reconocer los síntomas.- Y por favor, necesitaría discutir a solas con mi pareja. El color de la ropa de nuestro hijo es muy importante.

- Sssí, claro, claro…- susurró el dependiente, pero a medida que se alejaba, no dejaba de mirar a Harry.

- ¿El color de la ropita es muy importante?- replicó Draco, sonriendo, al tiempo que lo abrazaba cariñosamente.

Sonriendo también por la estupidez que había dicho, Harry se acomodó en el abrazo.

- No vas a vestir a mi hijo como un Slytherin.

- Uno de sus padres es un Slytherin por si no lo recuerdas.

- Y el otro es un Gryffindor.- señaló Harry, deslizando los dedos por las primeras ropitas que compraban entre los dos.- Podemos llevar los dos por ahora… Aunque creo que nos estamos adelantando demasiado.

- Al menos despachaste a ese vendedor idiota antes que nos ofreciera llevar ropa azul…

- Ravenclaw no tiene nada de malo… Hasta podría resultar…

- Ni se te ocurra decirlo. No ha habido un Hufflepuf en la familia Malfoy, por generaciones.

- O sea que alguna vez los hubo…- empezó Harry, pero decidió guardar silencio ante la mirada gélida que recibió por esa ofensiva frase.

Pañales, dos biberones para la leche, un par de chupetes, tambien un móvil para la cuna.Y al final, fueron ropitas rojas, verdes, y algunas azules también, pero no hubo manera en que Draco aceptara llevar alguna prenda amarilla.

**

- No, Draco, definitivamente.- dijo Harry cruzándose de brazos mientras el rubio levantaba en sus manos una minúscula túnica de Quidditcht con los colores de Slytherin.- No vamos a empezar de nuevo.

Con un resoplido, Draco la dejó otra vez en el perchero y en cambio, levantó de un estante cercano un pequeño ‘bat’ para el puesto de Golpeador.

Si Harry estaba diciendo algo, no lo escuchó.

En su mente, surgió la imagen de un muchacho tal vez alto y rubio como él, pero con los ojos verdes como Harry. Volaba con la habitual habilidad de su pareja,esquivaba rivales, empuñaba con fuerza el ‘bat’, golpeaba la Bludger y la lanzaba contra la pelirroja cabeza del Guardian de Gryffindor…

- ¿Draco me estás escuchando?- con cara sonriente, Harry veía que su pareja había estado mirando al futuro.- Podría ser una niña…

… Una belleza rubia de ojos verdes cruzó el aire sobre su escoba con extraordinaria soltura y velocidad, empuñó el ‘bat’ y con un gran impulso, envió la Bludger contra la cabeza del pelirrojo Guardian de Gryffindor derribándolo de su escoba...

Con una amplísima sonrisa, Draco aferró el ‘bat’ y lo colocó con las cosas que iban a llevar. A lo mejor, uno de esos días le contaría a Harry su visión del futuro. De cualquiera de los dos.

**

Ya tenían listo casi todo lo que podían comprar en ese momento al menos, entonces Draco tuvo que ir a buscar al dependiente. Mientras, Harry continuaba deambulando un ratito más entre los percheros y tratando de decirse que como siempre había sido delgado, había pocas posibilidades que llegara a usar el talle que tenían esas prendas. Giró y casi tropezó con alguien.

- Oh, lo siento…- murmuró, disculpándose.

- No hay cuidado… Me pasa siempre, ella llega antes que yo.

Ante la frase, Harry levantó la vista, y notó la barriga enorme, y un poco más arriba, la sonrisa blanca del mago moreno que habían visto antes.

- No te preocupes…- continuó aquel, y también dirigió sus ojos hacia la túnica levemente hinchada de Harry.- Bueno, tú no tienes tanto problema por ahora… ¿Cuánto tiempo tienes?

- Casi seis meses.

- Oh, pero seguramente eres muy delgado, estás bastante pequeño.

Era extranjero, no solo por el aspecto, sino tambien por el acento extraño y porque no lo había reconocido. Aprovechando eso, Harry se sintió cómodo para hablar.

- Mi medimago dice que puedo engordar un kilo por mes…

- No te preocupes, es posible que esos kilos empiecen a aparecer a partir de ahora.

- Estás… muy grande…- dijo Harry, tratando de no sonar ofensivo.

- ¿Qué querías…? Tres ocupan mucho espacio.

- ¿Tres???- la mandíbula de Harry colgó por algunos segundos.- Merlín…

- Bien, yo pensé lo mismo, pero estoy tan contento… Supongo que solo tienes uno ahí dentro.

- Sí… No sé que haría si hubiesen tres… o siquiera dos…

- Estarías asombrado, aterrorizado y feliz, en ese orden. Ya pasé las dos primeras etapas, así que ahora me siento feliz. Mi Alan anda por allí dando vueltas… Imagínate, tenemos que comprar todo por tres…

Harry dirigió la vista hacia donde el mago señalaba y alcanzó a ver un hombre vestido de manera muggle, seleccionando un carrito para tres bebés.

Pero no fue eso lo que llamó su atención, sino que algo más lejos, venía otro mago, portando una cámara y que él reconoció al instante por su manera de mirar alrededor, buscando. Buscandolo a él.

Retrocedió un par de pasos.

No, lo único que no necesitaba en ese momento, era un reportero. Buscó esconderse detrás del perchero y al retroceder de nuevo, topó con Draco, que regresaba y vio a la perfección el rostro contrariado de Harry.

- ¿Qué pasa, amor?

- Draco… los reporteros…

La mirada gris se tornó de hielo. Sin perder tiempo, aferró al moreno y con un rápido vistazo alrededor, ubicó una oficina cercana hacia donde se dirigieron. No pidió permiso ni golpeó antes, solo abrió y entraron porque afuera, ya no era uno sino al menos tres reporteros los que habían corrido tras ellos.

Draco echó algunos conjuros a la puerta y se volvió para ofrecer alguna explicación al mago que lo miraba desde el escritorio.

- Lo siento... Tenemos un pequeño inconveniente ahí afuera.- se volvió hacia el moreno, a quien mantenía junto a sí con su brazo libre.- ¿Estás bien, Harry?

- Sí.. No te preocupes... es que no esperaba que nos encontraran aquí.

Al oír el nombre, el mago se levantó casi en el aire, y se dirigió a ellos.

- Señor Potter... mis disculpas, no lo había reconocido, estaba distraído... ¿Necesita tomar asiento...? ¿Quiere que...?

- Quisiéramos que nos permita quedarnos aquí unos minutos.- cortó Draco, lo más gentilmente que pudo.- Hasta que podamos decidir qué hacer con ellos.

- Por supuesto...- los ojos del mago no se despegaban del cuerpo de Harry y eso estaba empezando a molestar un poco al rubio.

- ¿Hay algún inconveniente?

- Disculpe... Había leído en algunas revistas los rumores que el señor Potter estaba embarazado, pero bien... como solo eran notas en pasquines de poca monta...

- ¿En serio?- preguntó Harry, que era la primera vez que oía eso.- ¿Había notas en revistas?

- Ahá. En ‘Corazón de bruja’... Creo que tengo algunos ejemplares por aquí.

El mago revolvió un par de minutos en unas gavetas y extrajo por fin un par de ejemplares que les extendió. Gracias a Merlín, no tenían ninguna fotografía, porque solo lo que decían ya era bastante malo.

Como no había noticias ciertas, las afirmaciones iban dirigidas sobre todo a la supuesta paternidad de la criatura.

‘El Salvador del Mundo Mágico y su embarazo... ¿Por qué se oculta de todos? ¿Se avergüenza de su estado debido a que el padre es hijo de un conocido mortífago prófugo?’

‘Harry Potter, engañado y embarazado. Los rumores indican que pese a que vive en pareja desde hace años, el señor Malfoy hijo no estaría directamente implicado en ese embarazo...’

Con algo de alarma, Harry vio los ojos grises tornándose dos inquietantes ranuras a medida que leía y cuando terminó, le devolvió las dos revistas al mago en completo silencio, lo que terminó de afirmar en el moreno la certeza que Draco estaba absolutamente enfurecido y a punto de ebullición.

Y eso no presagiaba nada bueno para los que estaban afuera.

- Asesin...- el rubio se detuvo antes de terminar la frase.- Encontraré la manera de deshacerme del que haya escrito eso... en cuanto averigüe quien fue.

- Draco... creo que tendré que hablar con ellos.- empezó Harry y entonces la tormentosa mirada se enfocó hacia él.- Están haciendo toda clase de conjeturas idiotas porque no tienen ningún dato cierto. Tal vez si hablo con ellos...

- Si hablas con ellos, tergiversarán todo lo que digas. Como siempre lo hacen.

- ¿Tienes alguna idea mejor?

Pero Draco no tenía ninguna otra idea. A menos que fuera plausible salir en ese momento y lanzar maleficios paralizantes y muy dolorosos a cualquiera que tuviese una cámara en sus manos.

- ¿Estás seguro?- preguntó sin embargo.

- No. No estoy seguro, pero es lo único que se me ocurre... Pero si no quieres...

- No, amor... Si crees que es lo mejor, estaré contigo, lo sabes.

- No planeaba hacerlo sin ti. Eres el padre de nuestro bebé.

- Ellos no quieren saber de mí.

- Creo que te sorprenderás un poco.- entonces Harry volvió a prestarle atención al mago que había vuelto a sentarse tras su escritorio.- ¿Le parece que podríamos usar este despacho para hablar con esos reporteros...?

- No hay ningún inconveniente, señor...

Harry tomó una silla cercana y se sentó, restregándose las manos con algo de nerviosismo. Lo que menos hubiese querido, era que el primer día que salían a hacer compras para su bebé, hubiese un enjambre de reporteros dispuestos a perseguirlo. Ya debería estar acostumbrado, y sin embargo presentía que eso nunca sucedería.

Viendo que Harry estaba decidido, Draco fue hasta la puerta y luego de deshacer los hechizos, abrió, pero salió para hablar primero.

- Muy bien, escuchen con atención.- la voz modulada y firme, calmada como siempre alivió un poco el malestar nervioso de Harry.- El señor Potter va a conversar unos minutos con ustedes...- hubo un espacio de silencio y luego algunas voces de protesta.- Les devolveré sus cámaras y sus plumas a vuelapluma en cuanto hayan terminado.

En silencio, Harry sonrió. Bien, Draco se había asegurado que no habría fotografías que lo incomodaran ni palabras tergiversadas por esos odiosos artilugios mágicos. Uno por uno, los reporteros entraron. Lo que en principio había sido solo uno, ahora eran tres.

Incómodo, Harry se removió en su silla. No se había sentido tan nervioso desde que había dado sus exámenes para Auror en la Academia. No tenía caso, nunca se acostumbraría a eso pero ellos nunca iban a darse cuenta.

- Buenos días, señores.- saludó con la misma cortesía que usaba en la oficina. – Espero que se den cuenta que estoy haciendo un pequeño esfuerzo para no molestarme por haber interrumpido un momento importante para mí.

En silencio, Draco atravesó las filas de los afanosos reporteros que, sin sus plumas mágicas, tenían que recurrir a los simples lápices para garabatear sus notas, y se ubicó detrás de su silla. Cuando sintió la mano posándose suavemente sobre su hombro, Harry se sintió mejor.

- Muy bien, tienen oportunidad para hacer algunas preguntas... No les prometo responder, pero haré mi mejor esfuerzo.

- Harry... – empezó uno, y ya desde el comienzo, se ganó el odio del rubio por la informalidad con que trataba a su pareja.- Para ‘The Prophet’... Había rumores que estabas embarazado, pero nada firme... ¿Cuánto tiempo tienes de embarazo?

- Pronto serán seis meses.

- No había noticias concretas... ¿Había algún motivo especial para eso...?

- Necesitaba tranquilidad. ¿Qué otro motivo puede haber?

- Algunas revistas aventuran acerca de la paternidad de tu hijo.- se animó otro y se apresuró a agregar antes de recibir un maleficio.- Son los rumores que corren, señor Malfoy... Solo quiero evacuar dudas.

“Yo te evacuaré a ti, cretino” pensó Draco, pero mantuvo silencio, después de todo, querían oír a Harry.

- No leo revistas.- dijo Harry con seriedad.- En cuanto al padre de mi hijo, por supuesto es el señor Malfoy y eso espero que quede claro para todos de una vez.

- ¿Con quién te estás atendiendo, Harry?

- Comprenderán que por cuestiones de seguridad no puedo contestar a esa pregunta. Solo puedo decirles que quien me atiende es un profesional muy capacitado y me siento cómodo con su atención.

- Ahora que menciona la seguridad.- intervino una bruja joven.- Su trabajo es extremadamente arriesgado, señor Potter. ¿Cómo se está arreglando con eso?

- - Tengo una dispensa del Ministro. No dejaré de trabajar por ahora, pese a que podría tomar la licencia completa.

- Entonces no lo ha dejado por completo.

- No hay manera en que pueda quedarme todo el día en casa.- para sus adentros, Harry pensó en todo lo que Draco podría decir al respecto.

- Sin embargo tampoco lo han visto demasiado.

- No deseo exponerme... Ustedes saben que hay demasiados mortífagos reapareciendo.

- Sin embargo el padre de tu hijo sí está expuesto a esos riesgos.

“Gracias por recordármelo” fue el pensamiento de Harry, pero no dejó salir ni una sílaba de eso.

- Ambos tenemos un trabajo arriesgado, pero solo Harry está embarazado.- intervino Draco, por primera vez.

- Señor Malfoy... trabajar con el padre de su hijo no debe ser fácil... Sobre todo cuando es el superior al mando.

Si bien la pregunta había sido formulada por el mismo reportero informal, aquel debió captar que ponía en riesgo su integridad si se animaba a tratar con demasiada familiaridad al rubio.

Sin perder ni por un instante su aplomo aunque ahora fuese él, el objetivo de las preguntas, Draco contestó.

- No es fácil... pero de hecho, intentamos mantener separado nuestro trabajo del resto de las cosas. En la oficina, él es el jefe, y eso es todo.

- ¿Entonces no es el jefe en casa?- preguntó maliciosamente y la mirada gris lo traspasó.

- En casa no hablamos de trabajo. Las reuniones de informes y demás asuntos, los tratamos en la Central. En casa solo estamos en familia.

- Señor Potter...- volvió a hablar la bruja.- Supongamos que su pareja tiene que realizar alguna misión muy arriesgada... ¿Lo permite usted?

- El señor Malfoy ha cumplido muchas misiones muy arriesgadas conmigo y sin mí. De hecho, ya me está reemplazando en muchos casos y es perfectamente capaz de hacerlo.

- Señor Malfoy... ¿Será capaz de reemplazar a Harry cambiando pañales a mitad de la noche? ¿O preparando biberones?

Evidentemente a ese reportero le gustaba jugar con su vida.

- Eso espero.- contestó Harry, sin mirar a Draco.

- Siempre estoy dispuesto a despertar en medio de la noche por una buena razón.- contestó aquel tranquilamente.- Un hijo la mejor de las razones.

- ¿Qué opinaría su padre si supiese esta noticia, señor Malfoy?

Aunque no lo estaba mirando, Harry supo que esa pregunta sí había afectado a Draco, porque la presión de la mano en su hombro se tornó un poco más acentuada. Odiaba a esos reporteros, odiaba que siempre tuviesen tanto tino a la hora de meter el dedo en la llaga.

- Es de público conocimiento que no mantengo contacto con mi padre desde el final de la guerra, señores.- fue la respuesta helada, una clara invitación a no seguir en ese camino.

Tan evidente fue, que los tres reporteros la captaron a la perfección.

- ¿Ya saben si será niño o niña? ¿Han elegido nombres...?

- No, a ambas preguntas.- contestó Harry, contento en la medida que eso era posible, que la entrevista regresara a sus cauces normales.- Pensaremos algunos nombres... pero decidimos no saber si será niño o niña.

- La revista ‘Corazón de bruja’ quería proponer una encuesta en los hogares de todos los magos y brujas de Inglaterra para elegir el nombre de su hijo... ¿Han tomado en cuenta esa proposición?

Harry no supo muy bien si debía reír o enojarse por esa insensatez, pero evidentemente ya se les habían terminado las preguntas mas o menos relacionadas seriamente con el tema, por lo que decidió terminar con eso.

- Señores, me disculparán, pero ya tengo que ir a casa, quiero descansar. Si acompañan al señor Malfoy, les devolverá sus pertenencias para que puedan abandonar el centro comercial.

Palabras corteses pero terminantes con las que Harry despidió a todos. Sin pérdida de tiempo, Draco los arreó hacia fuera, donde les devolvió sus cosas y se encargó de amenazarlos convenientemente para que no fuesen a tener la peregrina ocurrencia de regresar.

Luego de eso, regresó a la oficina, donde los dependientes ya habían hecho llegar sus compras bien empaquetadas y reducidas para que pudiesen trasladarlas sin problemas.

A pesar de lo accidentado de la tarde, Harry llegó a la casa con la energía suficiente como para que pudiesen empezar a acomodar las cosas del bebé en el pequeño cuarto que habían preparado.

Pese a que las plumas a vuelapluma no habían estado presentes, Harry decidió no comprar periódicos ni revistas para no encontrarse con cosas desagradables. Y para evitar que Draco saliera dispuesto a terminar con cuanto periodista se cruzara en su camino.

 

 

 

 

Capitulo 10


- No sé para qué me pongo esto, si al final, Erick siempre termina haciendo que me la quite.- protestó Harry, intentando atar a su espalda la bata blanca y al no conseguirlo, le dio la espalda a Draco para que lo ayudara.

El rubio ató los cordoncitos en el cuello, pero al ir a los de más abajo, metió las manos por dentro de la tela y aferró la cintura para atraerlo hacia sí.

Ahora, el vientre de Harry ya era imposible de ocultar. Hasta casi los cinco meses, la contextura delgada de su pareja había hecho que pasara casi desapercibido con las túnicas holgadas, pero en el último mes, parecía que había recordado de repente que debía crecer.

Le besó el cuello, y recordó que estaban a punto de revisarlo, así que decidió que mejor lo soltaba en ese momento. Con cuidado, le ató los otros cordoncitos.

Descalzo, pero conservando la ropa interior debajo de la bata, Harry se acomodó en la camilla a esperar que Wallace llegara.

- Qué raro que no esté esperándonos... Siempre nos reta porque llegamos tarde.- comentó Draco, que había terminado por tomarle un poco de afecto al anciano mago.

- Cierto, creo que es un buen momento para vengarnos por sus comenta... Ow.

-¿Qué pasa?

Harry se quedó muy quieto, sus manos se posaron de inmediato en el estómago sin animarse a decir nada. De pronto, abrió mucho los ojos y dirigió al rubio una mirada que casi pareció de miedo.

- Por Dios, Harry ¿Estás bien?

- Dame la mano, rápido.- dijo, y tomando la mano pálida, la ubicó a un lado del vientre.- Espera.

Entonces Draco lo sintió, sintió el movimiento nítido por debajo de la piel, el movimiento que delataba que ahí su hijo estaba dando las señales evidentes de existencia. No pudo pronunciar una sola sílaba en un largo segundo, con temor a perderse el movimiento siguiente, pero como en respuesta, el bebé se movió una vez más.

Sin poder contener la curiosidad, Harry levantó la bata descubriendo la piel desnuda y con total asombro vio cómo se formaba una pequeña montañita en un lado de su barriga. Al movimiento siguiente, aquella se desplazó de un lado a otro, muy despacio, pero sin lugar a equivocaciones.

- Se... se mueve...- alcanzó a tartamudear, incrédulo todavía.

- Es increíble... De verdad se mueve...

Wallace entró en ese instante y por la cara de arrobamiento de los dos jóvenes adivinó en parte lo que sucedía.

- Siento llegar tarde. Otro parto inesperado, con los primerizos nunca se sabe. ¿Y bien...? ¿El pequeño visitante desconocido ya hizo su aparición?

- Erick... Se movió.- dijo Harry.- Lo sentí moverse... Lo vimos... Por aquí... y se movió hacia aquí.

- Fantástico, ya era hora que dijera 'Papis, aquí estoy'. Veamos...- sonriendo, hojeó algunos papeles en la carpeta que traía.- Estás en tu semana veintidós, así que era de esperar que empezara a moverse. Algunos lo hacen después, pero parece que tenemos un pequeño precoz ahí dentro. Muy bien, vamos a echar una mirada a este gran proyecto de mago.

Realizó el conjuro y la imagen apareció flotando sobre el cuerpo de Harry, casi como otras veces, solo que ahora era mucho más nítida. La nebulosa dorada que envolvía el feto pulsaba suavemente, emitiendo una tenue luz.

Wallace movió la varita y la imagen rotó sobre sí misma para permitirle un mejor visión. Ante otro pase, la imagen volvió a cambiar, y esta vez parecia que la piel del bebé era transparente, por lo que el anciano medi-mago pudo verificar el correcto desarrollo de los órganos.

- Todo está muy bien por aquí.- dijo, retornando la imagen a la primera versión. Miró a los dos jóvenes antes de hablar.- Ehmm... ¿Querrán saber qué es?

- ¿Qué es...?

- Sí, Harry, qué es. Si es niño o niña.

Ambos se miraron un poco atónitos.

Draco siempre se refería al bebé como si fuera un niño, y Harry casi siempre también lo hacía de esa forma.

- ¿Queremos saber qué será...?- preguntó el rubio mirando profundamente los ojos verdes que brillaban como si estuviesen a punto del llanto.

En realidad, Draco no quería saber. Era su hijo o hija, no importaba, lo que sí importaba era que al parecer, estaba bien. Pero era una decisión que debían tomar juntos y si Harry quería saber, lo aceptaría.

Harry pensó en silencio, mientras miraba la imagen detenida sobre él.

Hubiese sido difícil explicarle a Draco y al medi-mago que si él quería, podría concentrarse lo suficiente como para leer la actividad mágica que ya empezaba a desarrollarse en el feto. Podía sentirla pulsando, a veces al mismo tiempo que la suya, otras veces un tanto errática, pero ya definitiva y en ese rastro, él hubiese podido saber si era magia femenina o masculina.

Pero no quería. Su propio poder a veces lo asustaba un poco y con absoluta conciencia en muchas ocasiones se negaba a usarlo.

- No. Prefiero esperar a que nazca.- murmuró, a la espera que Draco sintiese igual.

Contra todo lo esperado, Wallace pareció encantado.

- ¡Genial! Será un parto a la antigua... No saben lo aburrido que es cuando todos dicen 'sí quiero saber qué
será para saber de qué color pintar su habitación...' Por Merlín, si cambiar de color un cuarto es algo que los niños aprenden en Hogwarts en los primeros años...

Desvaneció la imagen e hizo algunas anotaciones en la carpeta.

- Ahora, muchacho vamos a ver cómo estás tú. ¿Te has sentido bien?

- Bueno, ya no tengo náuseas, si a eso se refiere. En cuanto a lo demás... Voy al baño unas diez veces por la mañana, otras diez por la tarde y unas quince por la noche, lo que significa que duermo bastante poco.

- Eso no es raro. El bebé está creciendo y empezará a ocupar mas espacio. Adivina qué es lo que está presionando para que te sientas así.

- Entenderlo no significa que me agrade.

- Voy a poner tu queja junto con la de todas las mujeres y hombres que se han embarazado hasta ahora.- le examinó los ojos, y el rostro acariciando la piel de la mejilla.

- Dime Harry ¿Cuando te afeitaste por última vez?

La pregunta sorprendió un poco al muchacho pero intentó hacer memoria.

- Hace tres o cuatro días, creo.

- ¿Y siempre tuviste poco vello?

- Nunca tuve mucho salvo en los sitios normales.

- Quítate la bata, por favor

- ¿Lo ves? Te lo dije...- comentó Harry.

Wallace esperó y lo revisó concienzudamente, verificando que el pecho continuaba lampiño, la piel era bastante suave. El examen fue un poco más detallado, pero impersonal tan profesional que Harry ni siquiera se sintió avergonzado.

- Bueno, creo que vamos a cambiar un poco la poción que estás tomando. Aumentaremos un poquito las hormonas masculinas, no queremos que te vayan a crecer senos... ¿No?

Harry lo miró horrorizado.

- Está bromeando... Es decir... Los senos se ven lindos en las mujeres, pero yo... No pueden crecerme senos...

- Claro que podrían, te estamos administrando hormonas femeninas para mantener el embarazo; pero no te preocupes, no sucederá. Para eso son estos exámenes.

Convocó algunas luces de diagnóstico, las cuales giraron alrededor del moreno por unos instantes, lanzando destellos de distintos tonos.

- ¿Cómo ha funcionado tu magia últimamente?

- Bastante bien... Es decir, sin variaciones, pero tampoco he hecho grandes cosas. Solo conjuros de tipo doméstico. Estoy de licencia en el trabajo, ya lo sabe.

- Lo más sensato que has hecho, créeme... Bien, en todo caso, a medida que avances en el embarazo, evita usar tu magia en hechizos demasiado potentes... Solo por precaución, para no interferir con la magia del bebé, que está empezando a desarrollarse. Puedes vestirte.

- Ehmm... ¿Cómo será el asunto del nacimiento?- preguntó Draco mientras se pareja se vestía.- Es decir... Hemos visto los folletos y todas las explicaciones que traen pero... Creo que nos vendría bien una explicación.

En realidad, él necesitaba la explicación. Todo lo que había visto en las lecturas que el medimago les había recomendado parecía un tanto complicado.

- Ya me parecía que estaban tardando mucho en preguntar. A partir del octavo mes, cambiaremos de nuevo la poción. Esa va a crear un canal para el parto. Es que las intervenciones son altamente traumáticas para padre e hijo, así que la mejor opción es un nacimiento que sea lo más parecido posible a uno de condiciones normales. Naturalmente los bebés se posicionan de una forma para el nacimiento, así que el canal se creará en el bajo vientre, a unos diez centímetros debajo del ombligo. Al principio solo será un pliegue de piel, nada molesto ni evidente. Cuando llegue el momento, funcionará como un canal normal.

- ¿Eso significa lo que creo?- preguntó Harry terminando de abrocharse la camisa.

- ¿Qué es lo que crees?

- Lo que se ve en las películas muggles: dolor, dilatación, más dolor, contracciones, mucho mas dolor, pujar...Eso.

- Sí, eso es lo que significa.

- Cielos...

- ¿Y qué creías? No te preocupes de antemano, muchas mujeres dicen que no es tan grave.

- Constantemente me está recordando que no soy mujer, Erick así que si me permite, sí me preocuparé.

El medi-mago sonrió para sus adentros. Esa era una reacción normal en todos los hombres que quedaban embarazados, el temor al parto era mucho peor que en las mujeres. Simplemente se había imaginado que el joven que había podido vencer a Voldemort no tendría esos temores. Una deducción errónea por lo visto.

Le tomó una pequeña muestra de sangre y salió para encargar la elaboración de la nueva poción dejándolos a solas unos minutos.

- ¿Asustado?- preguntó Draco, sentándose y sentándolo sobre sus piernas.

- Un poco.

- ¿Arrepentido?

- ¿Después de sentirlo moverse como hoy? Nunca.

- Estoy absolutamente enamorado de tí.- dijo el rubio besándolo.- Y tengo muchas ganas de hacerte el amor.

- Mmm... ¿Seguro?

- Sin ninguna duda, así que si Wallace no se apresura, vamos a dar un espectáculo aquí mismo.

Por fortuna para ambos, el medi-mago regresó pronto.

**

La chimenea chisporroteó un par de veces y como Harry ya estaba acostado, Draco se asomó para ver quien intentaba comunicarse, después de todo, ya era tarde. Fue una sorpresa ver a su padrino emergiendo de las llamas.

- Severus... ¿Pasó algo...? Es muy tarde...

- No, nada grave... ¿Anda Potter por ahí?

- No, Harry ya se acostó.

- Perfecto... ¿No has notado si Weasley y su esposa andan en cosas raras? ¿O comportándose de forma extraña?

La pregunta sorprendió un poco a Draco, en general, a Severus parecían importarle bastante poco los amigos de Harry.

- Severus, sé más específico... Ellos siempre se comportan de forma extraña.

- Sí, claro lo imaginé. Pero me refería a algo más... Es que cuando los Gryffindor se juntan, no puede salir nada bueno.

- Ahora te entiendo menos.

- Ayer encontré a Remus hablando vía chimenea con la madre de Weasley... hablaban bajito, pero alcancé a escuchar que mencionaban a Harry y algo acerca de darle una sorpresa. Y sabes que las sorpresas Weasley suelen venir envueltas en ‘Sortilegios’ un poco peligrosos...

Ante esa frase, Draco sí prestó un poco más de atención. Recordaba con bastante exactitud la clase de cosas que hacían los gemelos antes de irse de Hogwarts. El tiempo había pasado pero no lo suficiente como para que esos dos se comportaran un poco mejor.

- Veré si la comadreja sabe algo, pero no creo que debas preocuparte. Si Remus está enterado, no creo que implique algo riesgoso para Harry... Él debe haberle advertido a la señora Weasley que controle a esos dos... Y todos saben que ella es la única que puede controlarlos realmente.

- De cualquier modo, sería preferible que estés enterado.

- Sev... ¿Por qué siempre está frío aquí..? ¿No podemos poner una manta más?

La voz de Remus resonó un poco alejada detrás de la cabeza de Snape, sin que nada pudiese impedir que Draco la escuchara.

- Ehm... ¿Hay algo de lo cual necesitemos hablar...?- preguntó Draco, divertido, pero sin dejar que eso se notara siquiera un poco. Quería ver nacer y crecer a su hijo como para decir algo más provocativo.

- No por el momento.- cortó Severus, y la mirada fue más que suficiente para disuadir a su ahijado de cualquier otra pregunta.- Vigila a los dos mosqueteros... los amiguitos de tu pareja deben saber algo. Buenas noches, Draco.

Apenas el rostro de Severus desapareció detrás de las llamas, el rubio desconectó la chimenea y fue hacia el dormitorio, donde Harry ya dormía. Se acomodó a su lado y lo abrazó con cuidado mientras pensaba cómo hacer para que el pelirrojo soltara todo lo que supiese al respecto.
**

- Muy bien, habla.- fue la única frase que pronunció el rubio en cuanto encontró a Ron en los sanitarios de la Central.

Aunque imaginaba a qué se refería, Ron prefirió hacerse el desentendido y seguir lavándose las manos como si no hubiese oído.

- ¿Necesitas que te repita la pregunta, Weasley?

- No, lo que necesito es que me digas de qué estás hablando.

- Seré claro y conciso... Remus, tu madre y posiblemente también el resto de tu familia, lo cual te incluye; están tramando algo que involucra a Harry... Aunque me cueste admitirlo, se interesan en él, así que estimaría que no es nada peligroso... A menos que tus hermanos gemelos también estén inmiscuidos en la idea. Eso hace que cualquier idea se torne peligrosa, así que vamos... Habla.

Ron no supo muy bien de dónde había obtenido la información, pero era bastante exacta y la actitud firme de Draco lo convenció de que tampoco convenía seguir manteniéndolo al margen.

- Algo de eso hay... pero no puedo decirte.

- Fantástico. No te dejaré salir de aquí hasta que me digas.

Ron bufó preguntándose si no habría algún terco pariente lejano Gryffindor en la genealogía del rubio.

- Mira, si te digo, prométeme que no le dirás a Harry.

- No voy a prometer eso.

- No es algo peligroso, lo sabes... Vamos, Malfoy... Fue idea de Hermione, y si Harry se entera por mi culpa, no volveré a tener sexo en lo que queda del año...

La ceja platinada se levantó ante la frase, meditando si debía decirle todo lo que se le vino a la mente en esos instantes, pero como quería saber, decidió que mejor no decía nada.

- Muy bien, adelante.

- Es un... ehrr... Baby shower...

- ¿Un qué...?

- Lo mismo pregunté yo. Hermione dice que es una costumbre muggle cuando va a nacer un bebé... Una especie de celebración para la pareja embarazada. Obsequios y todo eso... Yo no sé mucho más que eso, así que la que se está encargando es ella... Con mi madre.

- Ahora comprendo... Y ese licántropo también tiene sus garras metidas en esto.

- Supongo que sí. Es casi la única familia de Harry.

- ¿Y cuando será eso?

- No lo sé, ella me encargó que averiguara... Un día que podamos ir a tu departamento y ‘prepararlo’.

- ¿Qué demonios significa ‘prepararlo’?

- ¿Y yo que demonios voy a saber?- contestó Ron, ya harto del interrogatorio.- Ahora bien, tú me dirás cuando pueden hacer ese dichoso... Baby... lo que sea...

- Sueñas, Weasley.

- Ya te dije de qué se trataba, ahora tendrás que cooperar.

- ¿Qué tal si no lo hago y le digo a Harry lo que traman?

Por unos instantes, el pelirrojo se quedó mudo de horror pero reaccionó de inmediato.

- En ese caso... Enviaré a mi madre a tu casa para que le expliques por qué arruinaste su sorpresa.

Ahora fue el rubio el que tuvo que meditar la conveniencia de lo que iba a hacer. La imagen de Molly Weasley, pequeña y enérgica, con las manos en la cintura y gritándole como hacía con sus descarriados hijos gemelos, llenó la imaginación de Draco. Eso era, definitivamente, demasiado para cualquiera.

- De acuerdo, cooperaré.

- Lo imaginaba... Sé que tuvieron cita con el medimago... ¿Les dijo si será niño o niña?

- No, Harry no quiso saberlo.

- Vaya... Bueno, eso hará que Hermione tenga que pensar un poco más, supongo.

- Muy bien, Weasley, solo quiero que me tengas al tanto de lo que planean, no quiero sorpresas... Y también quiero que mantengas a tus hermanos bajo control.

- No te preocupes, mi madre se encarga de ellos.

Cuando Draco regresó al salón general, se puso a pensar en la manera de averiguar mejor qué era un baby shower. No iba a preguntarle a Granger, desde luego, pero necesitaba saber más. Con algo de asombro, se dio cuenta que jamás había soñado siquiera que alguna vez en su vida iba a estar aliado con Weasley.

 

**

El muchacho recién llegado traía en brazos una caja con utensilios de escritorio y algunos efectos personales. Tenía casi diecinueve años y pertenecía al programa de entrenamiento para Aurores, donde intentaban integrar a los estudiantes a lo que sería su próxima carrera.

Había intentado por todos los medios que lo transfirieran a esa Central por una simple razón. Estaba decidido a aprender de quien consideraba el mejor, y todos pensaban que se refería a Harry Potter, pero con una sonrisa interna, el jovencito se dijo que todos habían creído lo que quisieron creer.

Lo que él quería era estar cerca del hombre rubio que ocupaba el escritorio más cercano a la oficina del Encargado General.

Esa había sido la primera meta. Tenía otra, más personal, pero por el momento estaba disfrutando con haber conseguido la primera.

- ¿Necesitas ayuda?

Se dio vuelta y se encontró frente al hombre que lo miraba detrás de las gafas redondas, la expresión amable. Ensayó su sonrisa más inocente para él.

- Señor Potter, soy del programa de entrenamiento... Soy Martin Benton- dijo, alargando la mano.- Es un placer.

Harry se la estrechó sin dudarlo.

- Mucho gusto, Martin. Bueno, aquellos dos escritorios están vacios, puedes tomar el que te guste. Cuando lleguen los demás te presentaré con ellos y veremos cómo empezamos con esto.

Diciendo así, se dirigió a su oficina, mientras el jovencito lo miraba irse. No podía creer pero era cierto. Le habían dicho que el jefe del sector estaba en ese estado, pero aún viéndolo no podía creerlo. Claro que era imposible de negar. Ni siquiera la túnica podía cubrir el vientre que ya era notorio, pero eso era una ventaja que él podía utilizar.

Desde su escritorio, pudo ver al hombre rubio que atravesaba el salón y se dirigía a la oficina. Para su sorpresa, tocó ligeramente, anunciando su llegada y luego entró.

- De modo que así es como manejan sus asuntos...- pensó tomando nota mental del suceso.- Esto puede ser más fácil de lo que pensé.

**

Luego de las clases, Martin iba al salón de los Aurores a presenciar el desarrollo de las actividades. En general consistían en planeamiento, y pudo observar que el jefe tenía completo control de todo lo que pasaba en ese lugar.

Sus compañeros de mas confianza eran una bruja de nombre Tonks y el mago moreno llamado Shackelbolt, pero los que estaban en el círculo central eran el pelirrojo grandote llamado Weasley y la bruja encargada de la parte del laboratorio de investigaciones, Hermione Granger.

Eso aparte de Draco Malfoy, quien era el asesor directo al parecer.

A pesar de estar a cargo de todo, el jefe siempre escuchaba lo que sus allegados tenían que decir, aunque luego tomara sus propias decisiones. Y una vez que lo hacía, muy pocas veces alguno oponía alguna cosa.

Desde su llegada, Martin se empeñó en hacer las tareas que parecían mas ínfimas, por ejemplo, siempre arreglaba algunos escritorios. Alternaba los otros para no ser evidente, pero siempre ordenaba el de Draco y aprovechaba para revisar algunos papeles, pero el rubio no tenía nada que no fuera estrictamente trabajo en sus cajones.

Un día que Harry no estaba, se acercó a hacerle una pregunta acerca de un trabajo para el entrenamiento e inició la conversación.

Tal como había pensado, el rubio también había sido un Slytherin y ese hecho los había acercado un poco. A partir de ahí, había sido más fácil acercarse, ya fuera a llevar papeles, o a ofrecer ayuda.

Harry levantó la vista desde su escritorio y los vio conversando juntos a través de la puerta abierta.

"Otra vez... ¿Por qué ese niño tiene que acercarse tanto para hablarle?"

Y Draco parecía dedicarle mucha más atención que a los otros estudiantes. Bien, no tenía caso negarlo, estaba empezando a molestarse.

Sobre todo porque el jovencito en cuestión era atractivo. Delgado y alto, de piel blanca e increíbles ojos azules mas un porte distinguido muy parecido al del propio Draco.

Hubo una observación por parte del rubio y el muchacho lanzó una carcajada de puro deleite.

" Suficiente." se dijo y se levantó rumbo al salón. Se detuvo en el umbral de la puerta.

- Draco.- llamó sin elevar el tono de su voz.

Aquel escuchó que lo llamaban y giró al punto, mirándo a Harry con un placer tan evidente, que Martin sintió un retortijón de envidia.

- Tenemos que llevar los resultados de las pericias al Ministro. ¿Estan listos?

- Claro, Harry.- buscó entre las cosas de su escritorio y se puso de pie.- Otro día terminamos con eso, Martin.

Sin dedicarle ni un segundo más, desapareció en la oficina del jefe quien se aseguró de cerrar la puerta tras él.

"Maldito sea, el muy bastardo..." pensó Martin mientras volvía a su lugar. "Está constantemente sobre él, no lo deja ni a sol ni a sombra... Tengo que conseguir verlo a solas..."

Se enfrascó en su trabajo mientras repasaba las posibilidades que tenía de conseguir esto último.

**

Draco salió de la ducha envuelto en la bata y se dirigió a la cocina, donde Harry estaba terminando de disponer todo para la cena. Había estado un poco silencioso durante el viaje de regreso desde el Ministerio, pero como no había dicho nada, él prefirió no preguntar hasta ese momento.

- ¿Vas a decirme qué pasa o tendré que adivinar?

Harry intentó mantener la expresión neutra.

- Te vas a enojar si te digo...

- Ay, Harry... ¿No irás a decirme que quieres helado otra vez a esta hora...?

El moreno sonrió a pesar de todo.

- No es mala idea, suerte para tí que todavía nos queda en el refrigerador... Ehmm...- dudó un poco antes de seguir, pero no podía quedarse con eso.- Uhmm... ¿Hace falta que ese jovencito Benton se te acerque tanto cuando hablan?

Muy pocas veces la expresión de Draco era tan abiertamente divertida como en ese momento. Se acercó para abrazarlo.

- No puedo creerlo... Estás celoso...

- No estoy celoso... Solo... no me gusta que se te acerque tanto...

- Estás celoso.- puntualizó.

- Te estás riendo de mí, y estoy empezando a enojarme.

- Vamos Harry... Es un niño.

- Un niño que tiene en su cabeza ideas no tan de niño... Y las tiene contigo.

- Bueno, puede tener todas las ideas que quiera, eso no significa que yo quiera participar en ellas.
- Es que...ese niño 'es' atractivo... Y se ve tan delgado y ágil...mientras que yo estoy poniéndome del tamaño de un colacuerno húngaro... y con la misma gracia de movimientos.

Esta vez Draco no pudo evitar reirse y en ese instante Harry olvidó un poco su resentimiento porque oírlo reir era algo que no pasaba muchas veces. Además, en los segundos que siguieron, su amante se dedicó a tomar posesión de su boca impidiéndole que siguiera hablando.
- No pienses mas en él, amor. Es un niñito recién salido de Hogwarts, no tiene idea de lo que está haciendo.

Harry estaba derritiéndose debajo de los labios que le recorrían el cuello, pero no pudo dejar de pensar en que la mirada que había captado en ocasiones en aquellos ojos azules tenía mucho mas idea de lo que Draco pensaba.

 

 

 

 

Capítulo 11


- El punto es éste… Tenemos un partido internacional de Quidditch y el Ministerio necesita que nos hagamos cargo de la custodia de las delegaciones que van a intervenir.- Harry paseaba entre los escritorios mientras sus subalternos tomaban las notas del caso.- Eso implicará: vigilar la seguridad del estadio, los entrenamientos de los contrincantes, su llegada y partida del lugar… Y también la escolta del Ministro y del resto de las autoridades que presenciarán el partido… Maldición… Todos estarán allí…

Revisó algunas de sus propias notas antes de continuar mientras recordaba lo mucho que le gustaba ese deporte. Hacía meses que no subía a una escoba y extrañaba mucho la sensación de libertad que sentía en esos momentos… pero bien, todo era en pos de minimizar los riesgos que pudiese correr su bebé. Al pensar en eso, se sintió mejor, y en respuesta, una patadita le mostró conformidad con su elección.

Masajeando suavemente el sitio donde su pequeño insistía en instalarse, Harry leyó un par de párrafos más antes de seguir.

- Así que quiero que los grupos sean pequeños y se dispersen cerca de los palcos principales… Er… Todavía no tenemos la ubicación que les darán a los embajadores extranjeros, pero supongo que trabajamos en eso… ¿Cierto, Ron?

- Ya cursé el pedido al Departamento Internacional de Deportes Mágicos… pero todavía no contestaron.

- Diablos… Si piensan que podemos planificar seguridad a último momento, están equivocados. ¿Quién está a cargo de ese Departamento?- hubo un espacio de silencio y la mirada verde recorrió el recinto con un claro reproche.- Voy a fingir que no hice esa pregunta y que milagrosamente la respuesta vendrá a mi oficina cuando hayamos terminado esta reunión.

Unas cuantas plumas se movieron nerviosamente sobre pergaminos, y guardando su sonrisa, Harry continuó.

- Tenemos un poco de tiempo porque el estadio aun está en preparación… de manera que… Ron, consígueme una entrevista con el encargado de Deportes, quiero datos exactos, no esa porquería que me enviaron. Haré una inspección del estadio por mí mismo, avísales eso, por favor.

- Claro, Harry.

- Hemos terminado por ahora.

Por la mañana el pequeño grupo de estudiantes no había llegado, por eso Harry aprovechaba ese momento para tratar los temas que no pudiesen ser escuchados por los jovencitos, pero estaba conciente que luego sería un poco difícil mantenerlos al margen. Pensándolo un poco mejor, si el asunto se desarrollaba bien, podría ser conveniente para que los estudiantes comenzaran a integrarse en los grupos de Aurores experimentados.

Mientras meditaba sobre la conveniencia de esa idea, se dirigió a toda prisa a su despacho, sin ver que Draco lo seguía de cerca. Casi le cerró la puerta en las narices en su apuro.

- Harry... Supongo que no estarás pensando en ir a ese estadio... ¿Verdad?

- Ahora no, Draco... Estoy apurado...

- Esto es importante, dijiste que harías trabajo de escritorio...

- Condenación, esto también es importante... Necesito ir al baño ahora... Lo que quieras preguntar, viene después de mi vejiga... ¿De acuerdo?

Las últimas palabras ya salieron de la otra habitación, de manera que a Draco, no le quedó más remedio que esperar. Minutos después, un muy aliviado Harry reaparecía en el despacho.

- Uf... ¿Tienes una idea lo martirizante que es tratar de sonar concentrado y severo cuando tu vejiga está a punto de estallar y encima de todo, este pequeño travieso está intentando encajar alguna parte de sí, en alguna parte de mí...?- pese a que estaba protestando un poco, no le molestaba en absoluto sentir así a su bebé.

- ¿Y eso es muy molesto?

- Molesto... Nop... Pero a veces quisiera que fuese un poco menos… vehemente... Volviendo al tema, sí, pienso ir al estadio a revisar la seguridad.- vio el rostro pálido ponerse demasiado serio, por lo que siguió hablando rápido.- Por ahora no hay demasiados riesgos, y si me aseguro desde el principio que todo se haga bien, podré dejar que Ron o tú hagan la verificación final antes del encuentro.

Viéndolo desde ese punto de vista, Draco tuvo que admitir que Harry tenía razón. El estadio aún estaba en proceso de preparación, de manera que cualquier observación que hubiese que hacer, podría hacerse en ese momento, y así asegurarse en cierta medida que las cosas estarían de acuerdo a los deseos del ‘Jefe Potter’.

- Además, no pienso ir solo...- consciente de lo que hacía, el moreno sonrió ampliamente.- Como no puedes evitar que vaya... supuse que estarías ansioso por acompañarme.

- Manipulador...- protestó Draco, pero era más que evidente que no podía resistirse a esa sonrisa.

Hubo un toquecito leve en la puerta y aquella se abrió, dejando ver una cabeza pelirroja.

- Harry, acaban de informarme que el encargado del Departamento de Deportes está en el estadio en este momento... Si quieres entrevistarlo, puedo arreglar que te reciba ahora.

- Perfecto, hazlo... Oh, y algo más; contacta al Departamento de Cooperación Mágica Internacional, necesito saber con exactitud la composición de las delegaciones. No quiero sorpresas de último momento ¿De acuerdo?

- Dalo por hecho.- dijo Ron, y desapareció una vez más.

- Vaya... ¿Quién iba a decir que la comadreja se volvería tan eficiente?- comentó Draco, sonriendo por anticipado.- Era bastante atolondrado en Hogwarts.

- Y tú eras un odioso conmigo... ¿Quién iba a decir que yo terminaría enamorándome de ti?

- Mejor aún... ¿Quién iba a decir que yo terminaría enamorándome de ‘San Potter’?

Por unos segundos, ambos se miraron, recordando algunos eventos del pasado para por fin terminar en lo de siempre: ignorar los recuerdos de dos adolescentes un poco tontos y quedarse con el precioso presente que compartían.

- ¿Me acompañarás, verdad?

Vencido, el rubio asintió.


**

En tanto Harry entrevistaba al encargado de Deportes Mágicos, Draco decidió ir a dar una vuelta por los alrededores del estadio, esperando encontrar cualquier cosa que pudiese ser potencialmente peligrosa antes que su pareja anduviese por allí.

Harry se paseó un rato entre las gradas mientras esperaba. Este estadio no era como el que había visto para el Mundial de Quidditch cuando estaba en tercero. El encuentro no era tan importante, de manera que el lugar era bastante más chico, y justamente por eso, Harry tenía la intuición que no se cuidarían mucho con las normas de seguridad.

Y también por esa razón, presentía que era un blanco particularmente tentador para esos Mortífagos sueltos.

- ¡Harry!

Al oírse llamar con tanta familiaridad, el moreno se volvió, solo para encontrar un antiguo conocido.

- ¿Oliver??

- Merlín... Cuando me dijeron que el encargado del Cuerpo de Aurores necesitaba verme, me imaginé a un viejo carcamán...

El antiguo capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor estrechó en un caluroso abrazo a su ex jugador estrella.

- No puedo creerlo...- la mirada de Oliver recorrió a un sofocado Harry, deteniéndose un segundo en su barriga, y luego siguiendo con su inspección.- Me hice cargo del Departamento de Deportes Mágicos hace una semana, cuando volví del extranjero.

- Con razón nadie ha contestado mis pedidos de información.- comentó el moreno, algo repuesto de la sorpresa.- Nadie en tu Departamento sabe bien cómo están las cosas y yo necesito datos concretos, Oliver. Habrá muchos magos y brujas importantes aquí.

- Lo sé... Dame un par de días, Harry. Tendré que meter mis manos en ese lodazal para imponer orden... Me han dicho que ese Departamento es un total desastre.

- Está bien, pero tiene que ser pronto.

- ¿Te han dicho que eres un tirano?- comentó sonriendo.- Jamás hubiese imaginado que te encontraría en el Cuerpo de Aurores... Tenías un gran futuro como Buscador, Harry.

- Tenía a Voldemort en mi futuro, por si no lo recuerdas. Ser Buscador era una gran cosa, pero a menos que pudiese huir en escoba de ese engendro, no hubiese sido de gran ayuda. ¿No te parece? De cualquier modo, me gusta mucho mi trabajo.

- Y veo que ahora tienes otras cosas en mente... y en otros sitios... Dime, ¿Quién es el afortunado padre?- antes que Harry pudiese contestar, Oliver continuó.- Espera, déjame adivinar... ¿Malfoy...?

- Bueno, supongo que en su momento salió en todos los periódicos, y últimamente también...

- Aunque no lo creas, lo único que leo de los periódicos es la sección de deportes. Pero lo supuse... bueno, ustedes se pasaban todo el tiempo peleando... Ya sabes lo que dicen... Amor disfrazado de odio.

Un tanto ruborizado, Harry pensó que quizás Oliver tuviese razón y ya en aquel momento, hubiese una atracción escondida debajo de tanta inquina. Pero habían tenido que pasar muchas cosas para que finalmente pudiesen sentirse atraídos en forma genuina.

- ¿Puedo…?

La pregunta de Oliver lo sacó de sus cavilaciones para encontrar la mirada inquisitiva del muchacho que vacilaba antes de intentar tocar el vientre de Harry. Una vez más el color se instaló en la cara del moreno, pero asintió. Parecía que todos se sentían atraídos por su barriga.

- ¿Ya se mueve?- preguntó Oliver, serio y concentrado.

- Sí… Hoy está bastante tranquilo, pero a veces es demasiado inquieto.

- Ninguno de sus padres fue precisamente tranquilo, por lo que puedo recordar…

De pronto, Oliver se irguió y miró su reloj.

- Tengo que marcharme, Harry… ¿Te veré por aquí antes del encuentro?

- No lo creo. Si resuelvo los problemas de seguridad hoy, la última revisión la hará Draco o Ron.

- Muy bien, pero puedo pasar a visitarte a tu oficina…

- Claro, cuando quieras.

Con nuevo y efusivo abrazo, Oliver se retiró permitiendo que Harry se dirigiese hacia el campo del estadio.

Mientras caminaba en el túnel de salida, escuchaba las voces de los equipos de magos y brujas que trabajaban para poner repelente para muggles en cada centímetro del lugar. Al salir al aire libre, el sol le dio de lleno, y se sintió bien estar allí.

Respiró hondo, disfrutando el aire puro y en su interior, hubo toda una serie de pequeños movimientos, como si el bebé estuviese acomodándose para disfrutar el momento.

- Te gusta esto ¿No?- murmuró Harry, contento por toda esa actividad interna.- Deberíamos decirle a papá Draco y salir a pasear más seguido… ¿Te gustaría eso? Sí… creo que te gustaría…

Había un grupo de jugadores haciendo ejercicios y Harry juzgó que podía recorrer el perímetro del campo antes que comenzaran las prácticas. No quería estar allí cuando empezaran a volar Bludgers en todas direcciones.

Rebuscó en los bolsillos de su túnica y extrajo pergamino y pluma para tomar notas mientras verificaba datos y los conjuros antimortífagos usados.

No prestó atención a la primera serie de silbidos porque no sabía que eran para él.

- ¡Eh, padrecito! ¿Tienes un papito para tu hijo? ¡Sino, yo me ofrezco!!!- tronó una voz proveniente del grupo de jugadores que seguían con sus ejercicios algo más lejos.

Fue en ese punto que Harry se dio cuenta que hablaban de él. Sabiendo que estaba poniéndose rojo, se negó a dar la vuelta para mirar al grupo de desgraciados.

- ¡Yo me ofrezco para hacerte otro bebé, cariño!!!

- ¡Si no tienes cómo alimentarlo, precioso, te donaré una dosis diaria de leche!!! ¡De la mía!!!

“Idiota” pensó Harry.

La carcajada general que siguió a ese último comentario hizo que el moreno tomara aire profundamente mientras intentaba continuar con su labor y no hacer caso a esos gritos.

Por un costado del ojo, vio que el entrenador los dividió en dos grupos y los envió a trotar alrededor del campo. Se sintió aliviado, al menos así se alejarían un poco y le daba tiempo para terminar su tarea. No tenía ganas de seguir escuchando cosas de ese tenor, así que se apresuró.

Unos minutos después, terminada ya la evaluación, Harry se apresuró hacia el túnel de salida, maldiciendo en su interior a esa partida de estúpidos que habían venido a arruinarle un ratito de sol y aire fresco. Casi llegaba allí, cuando uno de los grupos de jugadores lo cruzó al trote.

No se había dado cuenta, todavía iba caminando mientras seguía haciendo anotaciones, cuando el grupo lo alcanzó y rebasó.

Harry dio un salto cuando sintió la mano abarcando su trasero con bastante rapidez y destreza. El enojo fue más que cualquier sentido del deber, a decir verdad, ni siquiera recordó que era Auror y no podía andar repartiendo hechizos por allí aunque lo provocaran. Simplemente, nunca se había sentido tan ofendido.

La varita surgió entre sus dedos, y el rayo partió a toda velocidad hacia el grupo que ya se había alejado algunos metros. Los cinco o seis magos que lo componían quedaron inconscientes en el suelo, probablemente porque no fue un solo hechizo lo que los golpeó, sino dos.

Draco emergía del túnel con cara de muy pocos amigos, o más bien ninguno, varita en mano, con todos los signos de haber visto lo suficiente como para reaccionar del modo en que lo había hecho. Harry apenas consiguió tomarlo por un brazo para detenerlo y arrastrarlo de regreso al túnel.


**

- ¡Te tocó!! Ese infeliz bastardo, desgraciado, mal nacido... Te tocó...- vociferó Draco dando la octava o novena vuelta en la salita.

Harry había conseguido sacarlo fuera del estadio casi a los empujones para que no fuese a exterminar lo que quedaba de los jugadores y el rubio había estado silencioso masticando furia durante todo el trayecto que hicieron en la alfombra, pero al llegar al departamento, explotó.

- Ya me había ocupado de ellos, Draco.- se atrevió a decir Harry.

- ¡De ningún modo! Yo iba a ocuparme de ellos... Permanentemente.

- Ya olvídalo, amor...

- ¿Olvidarlo? ¿Acaso tú podrás olvidarlo?

- Lo intentaré...- de pronto, Harry se dio cuenta de algo más.- ¿Estás celoso?

Draco se revolvió como si lo hubiese picado una víbora.

- ¡Sí! ¿Y qué?? ¿Acaso eres el único que puede estar celoso? Un niñato no puede ni siquiera hablar cerca de mí y yo tengo que aguantarme que ese... ese... aprovechado de Wood te abrace, toquetee a ‘mi’ bebé... Y luego tengo que presenciar cómo un desgraciado pone sus asquerosas manos sobre tu trasero ¿Y tengo que quedarme tan tranquilo?

- ¿Estabas espiando? Estabas espiándome mientras hablaba con Oliver...

- No estaba espiando, regresaba de mi ronda y los ví... Estaban en medio del hall principal, Harry.

- Yo no tengo la culpa...- musitó el moreno.

Ahora el rubio se acercó hasta envolverlo en sus brazos, su voz se volvió un susurro algo inquietante y Harry se estremeció porque pudo reconocer el tono profundo que su pareja tenía en sus momentos de intimidad. Solo escuchar esas vibraciones graves lo hacía temblar de anticipación.

- Sí la tienes. Porque siempre te ves tan atractivo que la mitad de los magos del Ministerio babean cada vez que pasas... Y ahora, así… con esa preciosa barriga... Todos quieren tocarte porque estás más hermoso que nunca.

Los vehementes labios de Draco se encargaron de acallar cualquier protesta que pudiese surgir del moreno mientras empezaba a deslizar sus manos dentro de la túnica, que pronto fue desechada a un lado.

- Creo que ya sé como termina esto…- suspiró Harry mientras le ayudaba a desvestirse.

- Uhm… ¿Cuánto tiempo más podremos hacerlo sin… er… estrujarlo…?

- Erick dijo que… que no lo estrujamos…- jadeó Harry.- Pero que mejor… nada de acrobacias…

A medida que hablaban, y se deshacían de la ropa, derivaban hacia la habitación. Draco estaba lo bastante excitado como para tener a Harry en cualquier lugar del departamento, y sabía que su pareja no pondría obstáculos, pero no quería arriesgarse. Sus manos acariciaban una y otra vez la barriga crecida, y cada caricia le enviaba insospechadas descargas de placer.

Ahora casi comprendía a esos desgraciados del estadio, pero Harry era suyo, y solo él podía tocarlo y acariciarlo así. Cuando lo reclinó en la cama, sus labios se posaron en la pronunciada curva de la panza dejando tiernos besitos a todo lo largo de ella. Luchó un poco con lo que quedaba de ropa hasta disfrutar de la visión completa del cuerpo desnudo.

De pronto, al notar la mirada gris recorriéndolo por completo, Harry se sintió algo atemorizado y recordó, en un muy mal momento, la figura espigada de Martin. El jovencito tan esbelto y delgado... En cambio él estaba barrigón, pesado… El deseo que se había despertado, se esfumó en un instante y no pudo evitar estirar la mano, buscar la punta de una manta para intentar cubrirse.

Con una súbita intuición, Draco lo detuvo, por lo que Harry se puso de lado tratando de no exponer tanto ante la vista escrutadora. Al instante, sintió el otro cuerpo acomodándose detrás del suyo.

No había necesidad de palabras, el rubio deslizó la mano por el flanco, acariciando una vez más, pero esta vez con mucha más suavidad. Pasó hacia delante para abarcar la preciosa barriga al tiempo que posaba los labios sobre los hombros, esparciendo besos leves.

- Te amo… -susurró una y otra vez.

- ¿Aun me deseas…? ¿Aunque esté gordo…?- la voz de Harry fue apenas un murmullo.

- Desearte es poco… Deliro por ti…- como para confirmar lo que decía, ajustó su cuerpo al de Harry, para que notara la prueba evidente de ese deseo.- Y te amo…

Cuando Harry hizo un intento para girar, Draco lo mantuvo firme ajustándose más a su lado.

- Mmm… me gusta esta posición… Así no estrujamos a nuestro ‘gusanito’… -murmuró en su oído.

Escabulló su otra mano entre el cuerpo moreno y la cama, y avanzó hasta posarla en el pecho, entonces aprovechó para pellizcar muy despacio los sensitivos pezones consiguiendo con eso una serie de gemiditos que le confirmaron que el deseo no había desaparecido del todo de su pareja. La mano que tenía menos restringida de movimientos volvió a acariciar el vientre y descendió para tomar con su mano el ya semi erecto pene de Harry.

Masajeó con destreza, hasta notar la primera humedad entre sus dedos. Satisfecho, siguió prodigando sus atenciones al tiempo que hacía oscilar sus caderas, de manera que su ya endurecido miembro se ubicara, de manera casi natural entre las piernas de Harry.

- ¿Se siente bien…?

- Mmmssip…

- ¿Sigo…?

- Por… favor…

Sonriendo, el rubio abandonó un momento su presa para prepararlo. Sus dedos, convenientemente lubricados, se alojaron en el canal palpitante, uno por uno, con cuidado y delicadeza; y frotaron ese pequeño bulbo interior hasta que los gemidos de Harry fueron ahogados y urgentes.

Era perfecto tenerlo así, Draco desalojó sus dedos y antes que hubiese una protesta formal por eso, se empujó dentro con la misma precaución con que había iniciado todo.

“Sin acrobacias, sin demasiada fuerza, no demasiado dentro…” las recomendaciones de Erick y todo lo que había leído se hubiese borrado de su mente en un momento como ése, pero la sola idea de lastimar o incomodar a Harry lo hicieron mantener un cierto nivel de control.

Si es que podía hablar de control, cuando Harry se dedicó a mover sus caderas con un ritmo enloquecedor, porque como no tenía que cuidarse del peso, ni de oprimir su barriga, simplemente se dedicó a disfrutar.

Y vaya que lo consiguió. Al cabo de unos minutos de cadenciosa danza, con un ahogado gemido de placer, derramó su deseo en la mano que había vuelto a acariciarlo. Un movimiento después, la cálida emisión en su interior le indicó que también Draco había llegado a la cúspide.

- Apuesto que esos desgraciados del estadio estallarían de envidia si supiesen esto…- murmuró después Draco, profundamente satisfecho.- O ese pequeño mano larga de Wood… Creo que le contaré cuando lo vea de nuevo.

Cuando Harry giró levemente para enfocarlo, aplicó sus labios sobre la otra boca de inmediato, para impedir la protesta.

- Era broma, amor…

- Más te vale.

Había muchas cosas buenas en que Harry fuese el jefe en la oficina. No tenían que explicarle a nadie que luego de la inspección del estadio habían terminado haciendo el amor en casa. Recordando eso, los dos se dedicaron a dormitar un poquito antes de regresar al trabajo.

**

La ocasión había sido más que perfecta. Ya todos los Aurores se habían ido a casa salvo por supuesto el círculo central, de manera que Martin tuvo el momento que había estado buscando durante casi dos semanas.

El pelirrojo y su esposa estaban en el laboratorio y Harry debía estar en algún otro lado de la Central porque no estaba en su oficina; así que con algo de cautela se acercó al escritorio de Draco y le pidió consejo sobre los duelos.

Ya le habían llegado los rumores que había sido un duelista de los mejores, aunque ahora se abstuviera de competir. Al parecer nadie quería competir con él y Martin pensaba que era porque sabían, que podía ser mejor incluso que ese Potter.

Luego de intercambiar algunas opiniones, Martin propuso un poco tímidamente ir a uno de los salones de entrenamiento para una pequeña práctica. Tuvo que presionar un poco, pero al final el rubio accedió.

El salón era bastante grande, tanto las paredes como el suelo estaban revestidos en madera. La idea era que las caídas no fueran tan duras, pero al mismo tiempo acostumbrar el cuerpo a caer y no lastimarse en el proceso, todo era parte del entrenamiento que requería la carrera.

Repasaron la técnica general y luego comenzaron a cruzar algunos hechizos. Pese a que hacía sus mejores esfuerzos, Martin no conseguía darle ni siquiera con uno. Draco tenía una agilidad sorprendente y mas que nada la seguridad de lo que hacía. Los movimientos eran fluidos, gráciles, casi felinos y al mismo tiempo veloces.

No había tenido que conjurar un solo escudo, conformándose con esquivar los hechizos que Martin le enviaba. En menos de un segundo, Draco se agachó, volvió a esquivar el conjuro que cruzó por encima de su cabeza, rodó sobre el suelo y lanzó el suyo al tiempo que se ponía de pie.

-¡Expelliarmus!

Martin lo recibió en pleno pecho, sin tener tiempo siquiera para un escudo débil. La fuerza del hechizo lo arrojó hacia atrás, y rebotó un poco duramente en la pared de madera. Draco se acercó rápido para asegurarse de no haberlo lastimado.

- Martin ¿estas bien?

- Diablos, eso fue rápido.- dijo, frotándose el pecho.- Sí estoy bien.

Meditó un segundo antes de dar esa respuesta. Hubiese podido fingir que no, pero no quería dar la impresión de fragilidad. Posiblemente, Draco ya tuviese suficiente de eso con su pareja.

- Eres muy bueno.- admitió Draco.- Te falta práctica, eso aumentará tus reflejos.

- Gracias.

Con toda la actividad y el calor, el rubio estaba en camisa, la cual había desprendido casi hasta la mitad del pecho y tenía las mangas subidas hasta los codos. Se veía fantástico.

Sabiendo que a esa hora no había gente dando vueltas, Martin decidió que podía exhibirse un poco. Como sin darse cuenta, dando la espalda a su instructor ocasional, se desprendió la camisa, con la excusa preparada de verificar el daño del conjuro recibido.

- ¿Seguro que está bien?

- Creo que sí.- dijo, consiguiendo un tono lo bastante inseguro como para que el rubio se acercara y lo hiciera girar para verificar por sí mismo.

La excusa era perfecta, porque el lugar estaba tomando rápidamente una tonalidad morada entre las costillas, a la altura del esternón.

Y aunque en realidad la idea inicial era ver el estado del machucón, en esos momentos, Draco se había quedado mirando el pecho de bien formados músculos, tonificados por el ejercicio constante que requería el entrenamiento de los Aurores. Sin embargo no permitió que la idea llegara a formarse por completo en su cerebro.

- Creo que mejor lo dejamos así, ya es hora de que vayas a casa.- dijo Draco.

- Creo que esa es una idea excelente.- dijo otra voz desde la puerta.

Harry.

Martin pensó que el hielo debía ser verde, y si no lo era, seguramente se debía a alguna especie de equivocación universal, ya que esos ojos estaban perforándolos a ambos con una frialdad ártica.

- Los estudiantes no tienen permiso para quedarse hasta esta hora.- dijo el encargado sin un solo matiz que delatara sus emociones.- Apresúrate antes que cierren el registro de salidas.

Diciendo eso, giró y se fue.

Draco fue hasta el sitio donde había dejado sus cosas, las recogió y salió también, evidentemente detrás de Potter. Con una sonrisa de satisfacción, Martin terminó de vestirse y se dirigió hacia la salida.

**

Enfurecido, Harry entró en su oficina y cerró dando un portazo. Todavía tenía presente la imagen del jovencito, transpirado, con la camisa abierta y 'su' Draco con la mirada encendida en el rostro.

Se sentó, tratando de tranquilizarse. Al menos ahora estaba enojado y no a punto de llorar como otras veces. No supo si eso era mejor o no, pero al menos sí tenía cierta experiencia en manejar el enojo.

Draco entró minutos después.

- Harry, escucha...

- No tengo nada que escuchar, de hecho no quiero escucharte.

- Solo estabamos practicando un poco.

- Ah, fantástico, ahora le dicen 'practicar'...

- Cruzamos unos hechizos y nada más.

- ¿Y para 'nada más' hace falta que el muchachito ese estuviese medio desnudo?

- No estaba medio desnudo. Tenía la camisa abierta porque...

- Genial, supongo que si llego cinco minutos mas tarde, puede que también tuviese el pantalón abierto...Y con alguna buena excusa además.

- Harry si al menos me dejaras explicarte...

- Draco, quiero que salgas de esta oficina ahora. No tengo ganas de verte por los próximos dos siglos, así que solo lárgate.

- Pero...

- ¡LARGATE!

Una esfera de cristal que hacía las veces de florero en una esquina, estalló violentamente, arrojando trozos a cierta distancia y eso le dio a Draco, la pauta de que Harry estaba en verdad enojado esta vez.

- Hablaremos mas tarde.- dijo mientras salía. Cerró la puerta justo a tiempo antes que un tintero se estrellara contra ella.

Se encontró con Ron que llegaba con intenciones de hablar con Harry.

- Yo no entraría ahí en este momento.- le advirtió Draco.

- Rayos. Necesito hablar con él.

- Creo que tendrás que esperar al próximo milenio.

Ron se apoyó en uno de los escritorios y desde allí observó a Draco. Tenía una expresión bastante compungida, y aunque Ron no había escuchado la discusión, estaba seguro de tener una idea de las causas.

- Harry está bastante enojado esta vez… ¿No?

- Vaya... ¿Qué comes, que adivinas, comadreja?

- Nada en particular, hurón, pero Harry tampoco necesita comer nada especial para adivinar. Y ayudaría mucho que dejaras de tontear con ese estudiante.

- Yo no tonteo con Martin.- replicó indignado.

- Pues entonces deberías decirle a ese niño que se comporte y deje de provocarte o en cualquier momento va a terminar hechizado.

En un principio Draco pensó que Ron se estaba riendo de él, pero parecía que en verdad el pelirrojo le creía, al menos parecía creerle más que Harry.

- ¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Ron.

Con un poco de reticencia, Draco le contó. Lo que menos hubiese imaginado en su existencia es que iba a estar ventilando sus problemas con la comadreja.

- Rayos... Espero que tengan un buen sofá, Draco porque creo que es ahí donde vas a dormir lo que queda de la semana. Tuviste suerte que se conformara con arrojarte un tintero.

- Pero no pasó nada...

- Pero anda a convencerlo si lo vio medio desnudo...

- ¡Que no estaba medio desnudo!!

- Yo lo sé, pero eso es lo que él piensa que vio... Condenación, déjame hablar con él.

- Con más resolución de la que Draco esperaba, Ron se dirigió a la oficina y entró sin llamar.

- ¡Te dije que no quiero verte!- vociferó Harry sin mirar.

- Yo no tuve nada que ver.- dijo Ron rápido.

Al escuchar otra voz, Harry levantó la vista.

- Oh, lo siento, Ron... Creí que ...

- Sí, ya sé. Creíste que era Malfoy.

- ¿Aun está ahí afuera?

- ¿Donde más iba a estar?

- No lo sé y no me importa.

- Mientes y lo sabes, amigo.

- ¿Qué diablos quieres decir?

- Que si no te importara, no estarías echando pestes de esta manera. No niego que el hurón es un idiota y se deja acechar por ese jovencito buscón, pero de ahí a creer que te engaña, me parece demasiado.

- ¿Y tú que demonios sabes?

- Sé lo que veo. Y lo que veo, es que el bastardo está tan enamorado de tí que no tiene ojos para nadie más.

- Ron, espero que te des cuenta que estás defendiendo a Draco... ¿Has tomado noción de lo que dije? Draco… Draco Malfoy... Nunca te llevaste bien con él, y ahora que estoy planeando hacerlo dormir en la oficina por los próximos días, ¿se te ocurre defenderlo...?

- ¿Qué puedo decirte, Harry? Entre futuros padres tenemos que hacer frente común...

- Me importan un bledo sus excusas, solo...

En ese instante, Harry cayó en la cuenta de la frase y reparó en la sonrisa que casi dividía la cara de su amigo.

- Un momento... ¿Oí bien? ¿Dijiste 'futuro… padre…'?

- Ahá.

- Entonces... ¿Hermione está...?

- Un poquito embarazada... No lo habíamos planeado, pero estamos muy contentos... ¿No me vas a felicitar?

La única respuesta que Harry podía dar, era un gran abrazo, que no fue más fuerte debido a que propio vientre se lo impedía. Abrió la puerta.

- Draco... Ven, amor.

Aquél, que seguía esperando afuera, se asombró al escucharse llamar, y más por la forma en que lo hacían.

"No sé que diablos le dijo la comadreja, pero le debo una, y una grande." pensó, entrando en la oficina. “Eso, o el asunto de los cambios de humor es más grave de lo que yo pensaba…”

- Draco, adivina quién está haciéndote la competencia...- dijo, decidiendo en ese momento que podía olvidar por un rato el incidente y no opacar la alegría de su amigo.

- ¿De qué hablas?

- Hermione está embarazada. ¡Ron! ¿Le advertiste que los Weasley tienen la costumbre de llegar de a dos en algunas ocasiones...? Creo que la idea la va a divertir.

- Ni se te ocurra recordárselo, Harry.

"Nobleza obliga" pensó Draco y extendió la mano a Ron para felicitarlo también, después de todo había conseguido que Harry cediera un poco en su enojo. Ahora incluso parecía de buen humor.

- Va a ser divertido ver que alguien corre a vomitar por las mañanas y que no soy yo...- decía.


**

- Te juro que no pasó nada, Harry.- dijo Draco en la oscuridad, una vez que estuvieron acostados.- Tenías razón, ese chico no es un niño... Sabe lo que hace y yo soy un estúpido por prestarme a su jueguito...

Harry seguía en silencio.

- Es cierto, eres un estúpido.- dijo al fin pero no se oía enojado. Al menos no tanto como antes.

- Nunca habíamos peleado por algo así.

En ese punto, el moreno luchó con su vientre para poder darse la vuelta porque había estado dándole la espalda.

- Casi me muero de celos cuando los ví...- admitió Harry mordiéndose los labios por decírselo, pero no quería que hubiese mas malos entendidos.- Te echaré todos los maleficios que recuerde, si vuelvo a verlos juntos… ¿Queda claro?

- Clarísimo, amor.

Con un suspiro, Harry volvió a ubicarse en su lugar acostumbrado, y Draco lo recibió entre sus brazos, aliviado. Iba a tener que hablar muy seriamente con Martin.

Era un poco cierto que se había sentido halagado por la atención y la admiración del muchacho, pero no había pasado más de eso.

Nunca había visto a Harry tan enojado con él y no quería que eso volviera a suceder. No iba a poner en juego toda la felicidad que tenía por el capricho de un jovencito.

Con esa decisión tomada, aferró muy fuerte a su pareja, su amor, lo único que en verdad quería tener y se durmió.

 

 

 

 


Capitulo 12


El traslador que habían preparado, dejó a Harry y Draco en medio del inmenso patio de los Weasley en La Madriguera.

Ron había dicho que harían el baby shower en su departamento, pero Hermione decidió que no era la costumbre, además el lugar era demasiado pequeño y no era justo que luego le dejaran todo el tiradero a Harry, así que pese a las protestas del rubio por haber escogido justamente La Madriguera como lugar para el evento, Hermione se mostró inflexible. Además, Hogwarts estaba fuera de las posibilidades, ya que era época de clases.

Algunas cosas no habían cambiado tanto, y el jardín de los Weasley continuaba lindando con un prado lleno de gnomos que intentaban colarse al ver todo lo que había preparado. Por supuesto, Ron había utilizado un muy buen hechizo repelente para mantenerlos alejados al menos por ese día, pero eso no impedía que lo intentaran y cada pocos minutos, alguno de ellos se lanzaba hacia el seto topando duramente con el muro mágico de contención del conjuro de Ron. Como resultado, ya había una buena cantidad de gnomos inconscientes del otro lado del prado.

El césped estaba prolijamente cortado y los rosales de la señora Weasley estaban en flor. En el mismo espacio que alguna vez Bill y Charlie usaron para su ‘duelo de mesas’, habían armado un pabellón para proteger del sol a los invitados y las mesas estaban dispuestas en esa agradable sombra.

Como Harry tenía los ojos vendados, Draco lo conducía con cuidado hasta que finalmente lo hizo tomar asiento, solo entonces le quitó la venda.

Aunque sabía que habría algunos invitados, Harry no había pensado que serían tantos, y definitivamente, algunos no entraban en su lista de posibilidades.

Era lógico que estuviesen los gemelos, que por nada del mundo se hubiesen perdido ese día, y también Arthur y Molly, siendo esta última la encargada de vigilar muy de cerca de esos dos que habían prometido portarse muy bien; Bill, el hermano mayor de Ron que todavía trabajaba para Gringotts, Remus, y lógicamente Ron y Hermione. De sus compañeros de trabajo, vio a Dan Mc Gregor, Tonks intentaba ser de ayuda, sin conseguirlo, claro y para su asombro, el circunspecto Shacklbolt también estaba.

La mayoría de ellos se abalanzaron para saludarlo en cuanto le quitaron la venda, pero algunos otros esperaron. Severus se veía incómodo pero también se acercó a darle sus felicitaciones. Y casi detrás de él, se acercó Ginny. Pero había dos cosas que la pelirroja no había podido conciliar nunca: un Malfoy auror, y que justamente ‘ese’ Malfoy fuese la pareja de Harry.

- Felicitaciones, Harry...- dijo, pero aunque besó al moreno, ni siquiera le dirigió una mirada a Draco.

Y el rubio tambien la ignoró.

- ¡Eh, Malfoy... Tenemos unos recuerditos que seguramente te gustará repartir!- gritaron casi al unísono los gemelos, para salvar ese pequeño momento de tensión.- Después de todo, ya hiciste algo así una vez...

Le pusieron en las manos un gran recipiente lleno de grandes insignias con forma de babero. Fred le prendió una en el pecho. Las brillantes letras verdes rezaban:

‘Ibamos a hacernos la guerra eternamente, pero...’

Cuando los dedos del pelirrojo oprimieron la insignia, las letras tomaron un nítido color rojo y la leyenda cambió.

‘Decidimos hacer el amor eternamente... Ahora vamos a tener un bebé’.

Draco tuvo la delicadeza de ruborizarse un poco al recordar aquel asunto de las insignias, asunto que él mismo había propiciado durante el Torneo de los Tres Magos. Era evidente, que Harry sería el agasajado, pero él sería la víctima, así que resignadamente tomó las insignias dispuesto a repartirlas, pero sin dejar de prometerse para su fuero interior, que de alguna manera iba a vengarse.

- Tu vida va a ser miserable, hoy ahijado... ¿Sabías eso, no?- murmuró Snape, con una sonrisita maligna cuando Draco se acercó para prenderle su insignia.

- Al menos espero que tengas la bondad de no reír demasiado alto.

- Lo intentaré...

La mirada divertida de Director, le dijo a Draco que tal vez no riese mucho, pero le recordaría ese día durante muchísimo tiempo, posiblemente durante el resto de su vida.

Como para derretir un poco el hielo inicial, y mientras el rubio seguía con la tarea que le habían encomendado, Molly llevó a Harry hasta las mesas donde estaba preparado el té de la tarde.

Puede que Harry aún no se hubiese desprendido del asco que le causaba el chocolate, pero todo el resto de las delicias que veía sobre las mesas no le causaban la misma sensación, por lo que se acomodó en el sitio que le asignaron y se dedicó a saborear todo.

Todos sabían desde la época de colegio que estaba acostumbrado a comer poco, por lo que se asombraron al ver la velocidad con que desaparecían los buñuelos de manzana, el pastel de crema y frutillas, la torta de limón, las masitas con relleno de dulce.

Poco después, Draco se sentó a su lado dispuesto a disfrutar al menos una taza de té antes que su martirio continuara.

- Ey, dejen de comer... Es hora de jugar...- anunció Fred poniéndose de pie, pero sin soltar la porción de pastel que tenía entre manos.

Tal como todos imaginaban y casi temían, los gemelos se autoproclamaron animadores y participantes al mismo tiempo.

- Ven, Harry, necesitamos que todos puedan verte bien...

George guió al moreno hasta el centro del patio, bajo la atenta mirada de Molly, mirada que pregonaba a los cuatro vientos una clara advertencia para que fuesen cuidadosos.

- Señores y señoras, tengan a bien traer sus varitas...

Sin saber muy bien qué se traían esos entre manos, Draco también se acercó y se colocó a un lado mientras los gemelos formaban a los demás alrededor de Harry.

- Bien, vamos a ver qué tan buen ojo tienen... – dijo Fred.- Tenemos un regalito para el que gane este juego... Harry, quiero que te quites la túnica un minuto, pero solo uno, para que todos puedan verte bien... ¿Sí?

Colorado a más no poder, Harry asintió y se quitó la prenda. Ahora la camisa estaba tan inflada que incluso tironeaba un poquito. Unos segundos después, Fred se la colocó sobre los hombros de nuevo.

- Suficiente... A ver... Se trata de ver quien de ustedes le atina a la circunferencia de esta linda pancita...

Para demostrar George extendió su propia varita, y tal como alguna vez habían visto hacer a los jueces durante el Torneo de los Tres Magos, la alzó y de la punta de la misma, emergió una cinta naranja. Aquella se extendió hasta que con un leve movimiento, el pelirrojo la detuvo e hizo que formara un aro que se mantuvo flotando en el aire.

Entrecerrando los ojos para medir de nuevo, George sonrió.

- Sí, creo que estaré cerca.

Harry miró un poco horrorizado el aro que flotaba en el aire y como todos empezaron a reír, se dio cuenta de la exageración del pelirrojo. Le dirigió una mirada de fingido resentimiento, a lo que George contestó con guiño alegre.

Uno por uno fueron surgiendo las cintas de distintos colores, dibujando círculos de diferente tamaño; algunos a simple vista demasiado pequeños, otros apenas más chicos que el de George. Luego una por una, fueron rodeando la cintura del moreno, pero al final, con gran asombro, todos comprobaron que la medida más acertada era la de Shacklebolt.

- Bueno... Pasamos juntos muchas horas en la oficina...- explicó, el mago moreno, ligeramente turbado por las miradas suspicaces de los dos conductores del asunto.

Aunque la explicación parecía del todo cierta, no dejó de despertar algunas risitas cuando le dieron su chuchería de obsequio.

Al parecer, Hermione había aconsejado muy bien a los gemelos acerca de lo que podían y no podían hacer. Luego de unas cuantas adivinanzas donde todos intentaron participar con bastante buena voluntad y escasos resultados, volvieron a atacar la mesa que Molly se preocupó por volver a surtir de delicias.

Un poco menos nervioso, Harry pudo contemplar algunas cosas que se le escaparon en los primeros momentos. A un lado del jardín, en una mesita apartada, estaba colocada una gran canasta llena de paquetes que Harry adivinó serían los obsequios de su bebé. Decorada con tules rosados y celestes, rodeada con globos con forma de inmensos chupetes. Las mesas principales tenían como adornos, pequeños biberones a modo de floreritos, y hasta las servilletas estaban dobladas en forma de pañales con diminutos alfilercitos en las puntas.

- Muy bien, niños… Kingsley ya tiene su regalito.- anunció un sonriente Fred.- Veamos qué son capaces de hacer para conseguir un recuerdito del bebé de Harry… ¡Accio bebé!

Respondiendo al conjuro, un muñeco atravesó el jardín para depositarse en las manos del pelirrojo. Por supuesto, estaba hechizado para moverse un poquito, de manera que parecía casi natural. Como para demostrar que tan real podía ser, George lo movió un poco bruscamente, y el muñeco lanzó un penetrante berrido, más parecido al aullido de una banshee que al llanto de un niño. Un leve pase detuvo el espantoso sonido. Al azar, Fred escogió una de las mesas, y le extendió el muñeco a Mc Gregor que lo miró expectante.

- Vamos, si no eres cariñoso con el bebé, se va a lanzar a berrear, y juro por Merlín que no sé el hechizo para hacerlo callar... Solo George lo sabe y no ha querido decírmelo. Vamos, es solo una caricia de bebé...

Como el muñeco empezaba a enfurruñarse, el muchacho solo atinó a tomarlo en brazos y trató de hacerle cosquillas en la pancita con su mano. Eso fue suficiente para que el bebé de juguete lanzara un pequeño gorjeo.

- No fue tan difícil... ¿Verdad?- comentó Fred, haciéndole una señal para que se lo pasara a su vecino de silla.

Ansiosos de evitar el espantoso sonido, uno a uno fueron tratando de mantener contento al ‘bebé’ hasta que dio vuelta a la mesa. George lo tomó en brazos y lo meció un poquito, con lo que el muñeco retornó a ser un muñeco normal.

- Bueno... Esa era la parte fácil... Ahora, espero que recuerden muy bien lo que hicieron, porque la idea es que le den su ‘caricia de bebé’ a su compañero de silla... Si no lo recuerdan, estoy seguro que habrá alguien que pueda recordarles.

Fue memorable ver a Mc Gregor haciendole cosquillas en la panza a Shacklebolt, y con intenso rubor, el mago moreno le tomó las manos a Bill, jugueteó con sus labios en los largos dedos del hermano mayor de Ron, ante la risa desesperada de los demás. Él mismo apenas conseguía contenerse, pero cuando Bill se volvió hacia Tonks pensó que era mejor que el suelo se abriese y lo tragase.

- Vamos hermanito...- lo urgieron al unísono, los gemelos.- No nos irás a hacer quedar mal... Eres un Gryffindor, sé valiente...

Tonks intentaba no reír pero eso fue imposible, cuando Bill tuvo que arrodillarse para quitarle los zapatos y hacerle cosquillas en los pies, cosa que hizo aunque estuviese más rojo que el cabello de todos los Weasleys juntos.

Tonks le dio unas cuantas nalgaditas a Ron y aquel casi muere de agradecimiento al darse cuenta que la silla que un rato antes había estado ocupada por Snape, ahora estaba ocupada por Remus, a quien le hizo ‘hacer tortitas’ hasta que las carcajadas eran tan fuertes que incluso Molly tuvo que reconocer que al parecer sus hijos habían decidido hacer las cosas bien por esta vez. La ronda terminó cuando Remus tuvo que hundir su nariz en el cuello de Mc Gregor y le cantó una cancioncita muy conocida.

Como todos se habían portado muy bien y no habían renegado de sus ‘pruebas’ cada uno recibió su regalito.

Harry había estado sentado cerca, observando todo, riendo tanto, que por momentos, el bebé le recordaba que tenía que moderarse, pateando un poquito. Cuando el juego terminó, los participantes se apresuraron a desocupar sus sillas, no fuera cosa que a esos dos se les ocurriese hacerles repetir todo.

Pero con algo de inquietud, Harry vio que los gemelos cuchicheaban un rato entre ellos, y lo miraban repetidas veces, a él y a Draco que no estaba lejos. Eso no podía presagiar algo bueno. La teoría pareció confirmarse cuando lo vieron avanzar hacia él.

- Muy bien, Harry... Es hora que participes y des el ejemplo...- dijo Fred, y al mismo tiempo, George también acarreaba al rubio.

Convocaron un par de sillas que pusieron enfrentadas a poca distancia, y los hicieron tomar asiento. Trajeron algunas sillas más y volvieron a la caza de otras parejas.

Por supuesto, Ron y Hermione fueron los siguientes, convenía que se fuesen preparando para cuando les tocase su turno de baby shower. Con un guiño cómplice, acarreron a Tonks para situarla nuevamente con Bill, y ni siquiera Ginny se salvó, porque la ubicaron frente a Mc Gregor.

- Vas a tener que quitarte las gafas, Harry.- le advirtió George.

Y luego de eso, uno por uno fueron vendándoles los ojos, y les repartieron unos potecitos con distintas papillas.

- Futuros padres y parejas... como ya podrán suponer, tienen que alimentar a sus parejas y tienen que hacerlo rápido... Espero que tengan buen sentido de la orientación, niños, porque sino, les va a resultar un poquitín complicado... No pueden tocarse, ¿De acuerdo? ¿Tienes el reloj, Fred?

- ¿El reloj...? No, se lo dí a papá para que lo guardara...

Con un gesto, George pidió el reloj a Arthur, que metió la mano en su túnica y extrajo un extraño aparato.

- Es que no pude resistir... necesitaba ver cómo funcionaba y lo desarmé. Pero no te preocupes, volví a armarlo. Solo me sobraron un par de piezas... No deben ser importantes porque aún hace tictac...

Detrás de su oscuridad privada, Harry oía la conversación sin poder creer que a pesar del paso del tiempo, Arthur continuase con esa obsesión por los objetos muggles.

- Draco...

- Sí, amor.

- ¿Te estás divirtiendo...?

- ¿Bromeas? Ver a Mc Gregor sobándole la panza a Kingsley y a Weasley ‘haciendo tortitas’ con Remus, no tiene precio... Esa comadreja tiene una suerte de otro mundo... Si Severus hubiese estado sentado en su lugar... Por Melín... Estoy seguro que mi padrino lo hubiese asesinado solo por tener la idea en su mente...

Aunque no lo veía, Harry podía captar los matices en la voz de Draco. Sabía que su pareja no era muy demostrativa cuando estaban en público, pero ahora sabía que era sincero. Tal vez no lo demostrara, pero no estaba a disgusto y eso era muy importante.

Si iba al caso, tampoco Severus había esbozado siquiera una mueca durante toda la tarde, pero estaba allí, señal que tampoco se sentía tan mal, además por supuesto de ser la única familia presentable que Draco tenía. Era gracioso que los dos solo tuviesen como familia a dos magos a los que no estaban ligados por lazos de sangre. Con algo de nostalgia, Harry dedicó un pequeño pensamiento a Sirius e inevitablemente cayó en la cuenta que tampoco Remus reía.

- Ah, sí funciona el bendito reloj...- dijo Fred, sacándolo de sus pensamientos.- Tomen sus cucharas... ¡Comiencen!

Harry hundió la cuchara en la papilla de hígado que había en el pote y luego simplemente la alargó hacia el sitio donde había escuchado la voz de Draco por última vez. Casi al mismo tiempo, algo se estrelló en su mejilla derecha, embadurnándolo con algo que tenía olor a manzana. Corrió la cara para encontrar la cuchara con su boca y poder comer la papilla, y en el transcurso Draco intentó hacer lo mismo.

- No, Harry... mas abajo... Ow... ése era mi ojo... Demonios... odio el hígado.

Intentando no descomponerse de risa, Harry volvió a llenar su cuchara una y otra vez, sin preocuparse demasiado a qué lugar iba dirigido, ya que de alguna manera, parecía que al final terminaba en la boca de Draco. Además, ya bastante tenía con tratar de ubicar dónde iba a terminar el resto del puré de manzanas que traía la cuchara del rubio.

- ¡Ya tenemos una pareja ganadora!- anunció Fred.- El resto, puede dejar sus cucharas y quitarse las vendas.

Con algo de reticencia, Harry retiró de a poco la venda que lo cubría, casi temía ver lo que había hecho. No era para menos. La mayoría de la papilla de hígado estaba distribuida en el precioso pelo rubio, sin mencionar algunos rastros en el resto de la cara. La expresión divertida en los ojos grises de Draco le advirtió que él no debía verse mucho mejor.

Los demás tampoco lo habían pasado mejor que ellos, la mayoría estaba tan empastados, que incluso las vendas tenían rastros de papilla.

Para asombro general, era evidente que Tonks funcionaba mejor cuando no miraba que cuando sí lo hacía, porque consiguió darle toda su papilla a Bill sin empastarlo por completo y viceversa.

Luego de un aplauso para todos los valientes y embadurnados participantes, les dieron a los ganadores su obsequio y dejaron que los demás fuesen a limpiarse.

Hubo un par de juegos más, en los cuales hicieron que Draco tuviese que buscar el chupete de su hijo escondido en un recipiente lleno de harina, con lo cual volvió a ensuciarse por completo. Luego pensó que se salvaría de cantar una canción de cuna diciendo que no se sabía ninguna, pero para su horror, Molly se ofreció a enseñársela mientras la cantaban juntos. El rubio hizo loables esfuerzos para soportar estoicamente todo sin una sola protesta, pero se negó absolutamente a gatear por el césped del patio y a hacer pucheros de bebé.

El sol lanzaba los últimos resplandores en el cielo cuando los gemelos anunciaron con bombos y platillos que tenían el método perfecto para elegir el nombre del bebé de Harry. Repartieron a cada invitado dos pequeños pergaminos, uno celeste y otro rosa para que cada uno escribiese allí el nombre que le gustaba y con gran misterio trajeron un arcón de madera labrado con leones y dragones bebés.

- Damas y caballeros, les presentamos al encargado de elegir...- George dio tres golpecitos con su varita en la tapa del cofre, y aquel se abrió muy despacio para permitirle sacar algo de su interior.- ¡¡El Biberón de Fuego!!

Era evidente que esos dos estaban decididos a reflotar cada etapa de la vida de Harry de la que pudiesen reír y hacer reír a los demás. Tal como aquel Caliz de Fuego usado en el Torneo de los Tres Magos, también el biberón lanzaba pequeñas llamaradas azules y rosadas por la boca. Fred se encargó de llevarlo ceremoniosamente para que todos pudiesen introducir allí sus pergaminos, luego regresó a su sitio original.

- Ahora le pondremos la tapa y le pondremos un conjuro... cuando estés por tener a tu bebé, Harry, el Biberón de Fuego lanzará fuera los dos nombres elegidos... uno de niño y uno de niña... Pero considerando que algunas de las personas aquí presentes pueden tener el gusto muy retorcido en cuanto a nombres... Te dejaremos en libertad de decidir si quieres aceptar la propuesta o no.

Con un suspiro de alivio y una gran sonrisa, Harry asintió. Después de todo, aunque habían estado pensando nombres, no tenían ninguno decidido y ese parecía tan buen método como cualquier otro, si no tenían la obligación de aceptar...

- Bueno, se está haciendo tarde y ya pronto será momento que el futuro padre se vaya a descansar, así que antes que eso ocurra, vamos a hacer el último jueguito, así que todos participarán.- dijo Fred.

- Además es fácil... solo tienen que vestir al bebé entre los dos. Cada uno usará solamente una mano, y tengan cuidado, porque los bebés son frágiles... si los maltratan... bueno, no sé que puede pasar... No, mamá... Te juramos que no hicimos nada peligroso...- se atajaron los gemelos al ver que Molly ya iba a comenzar con su discurso.

Y como era lo último antes de darle sus obsequios a Harry, convinieron que todos participarían pese a algunas airadas protestas. Cada pareja con su respectivo muñeco, esperó la señal para comenzar; pero no era tan fácil como parecía. Usar solo una mano y coordinarla con la de la pareja para vestir a los bebés que se movían un poquito, era mucho más engorroso de lo que al principio se veía.

Poner un pañal era mucho más complicado de lo que parecía, y Harry se desesperaba por no poder manejar bien la tela bajo el movedizo muñeco. Estaba a punto de llorar de frustración pensando que si no podía con un muñeco, cambiar a su bebé iba a ser una misión imposible. Su cara de desconsuelo debió ser lo bastante notoria como para que Draco se inclinara un poquito hacia él.

- Calma, amor… es un juego…- susurró.

- Pero si no puedo con un muñeco…

- Cuando tengamos que cambiar pañales de verdad, usaremos nuestras dos manos… y creo que incluso cuatro serán suficientes.- le dio un besito fugaz, con tanta mala suerte que Fred alcanzó a verlo.

- ¡Los arrumacos no están permitidos, Malfoy!- gritó.- Distraes al abnegado papá de su tarea…

- Lo embalsamaré antes que termine el día.- masculló Draco, sin poder evitar ponerse algo colorado.- A los dos… Tendré mi propia colección de comadrejas disecadas…

Hubo un penetrante berrido proveniente de un extremo de la mesa, y de pronto, el muñeco se trasformó en una araña inmensa. Como nunca había superado su temor a esos bichos, Ron dio un salto hacia atrás, mientras su mujer no podía decidir que hacer primero, si reír de ese miedo que su esposo jamás había podido conjurar, o sentirse mal por la terrible actuación que habían tenido al perder en primer lugar... Sobre todo teniendo en cuenta que en algunos meses más tendrían que hacerlo en serio.

- Hermanito, si así vas a tratar a tu futuro bebé...- empezó George.- Ya lo compadezco…

- No hay caso... – se quejó el pelirrojo menor.- Primero transforman mi osito de peluche en ese bicho asqueroso y ahora esto... Realmente me van a traumatizar...

Molly y Arthur lo estaban haciendo maravillosamente bien, lo cual era lógico después de todos los hijos que habían criado. En ese instante, hubo un berrido más y de pronto, algo estalló y una inmensa nube blanca se esparció entre dos participantes.

Lejos de reír, todos se quedaron en un aterrorizado silencio mientras veían cómo se aplacaba la nube de perfumado talco para bebés sobre toda la persona de Snape. El cabello negro ahora estaba cubierto por una delgada y nívea capa de talco, al igual que el rostro, salvo la zona de los ojos, que el mago había conseguido cerrar en el momento de la explosión. La siempre impecable túnica negra, ahora era un inmenso depósito del polvo blanco. A su lado, Remus no se veía muy diferente.

Severus giró los ojos, buscando con mirada asesina a los dos responsables de eso y justo en el instante que todos pensaron que Snape iba a terminar con esos Weasleys, alguien no pudo contener la risa, y una sola carcajada rompió el silencio.

Snape dio la vuelta muy despacio, para encontrar a Remus, totalmente blanco como él, riendo de forma tal que su aliento echaba nubecitas de talco con cada risa.

- Lo... lo siento... es que... entre la mirada... y lo blanco que estás... pareces el Barón Sanguinario, Severus...- se carcajeaba Remus, incapaz de dejar de reír y tratando de explicar al mismo tiempo.

- Tú no te ves mejor.- comentó Severus, e inexplicablemente, su voz sonaba amable y casi divertida, pero cuando habló, expulsó otra nubecita de polvo blanco, lo que causó otra desenfrenada carcajada, y como era evidente que el peligro inicial había pasado, los demás se animaron a reír también.

Al final, ese último juego lo ganaron Molly y Arthur porque además de poder vestir de forma impecable al bebé, lo hicieron en tiempo récord, y los demás estaban tan asombrados que Snape no hubiese terminado allí mismo con la amenaza de esos dos pelirrojos, que simplemente olvidaron el juego.

**

Remus entró en la cocina de Molly y encontró a Harry recargado en un armario con evidentes signos de molestia.

- ¿Estás bien, Harry...?

Aquel asintió muy despacio, pero hizo un inequívoco gesto de dolor.

- Ven, voy a llevarte al sillón... Iré por Draco, él...

- No, espera...- Harry tomó aire despacio.- Es que hace al menos quince minutos que este pequeño está porfiando en encajar su codo o su pierna o quien sabe qué... en mí... Uf, he estado masajeándolo para ver si lo convenzo de esa idea... pero parece que no...

Más tranquilo ahora, Remus contempló con cariño a ese muchacho al que casi había visto nacer, y que para él era como un hijo propio. Unos minutos después, y como el bebé parecía decidido a no ceder, lo ayudó a llegar al sillón donde ambos se sentaron.

Sin dejar de masajear su vientre, Harry respiró despacio.

- Evitaste un asesinato doble hace un rato.- comentó el moreno, como sin querer.-Fue un regalo precioso para mí oirte reír de nuevo, Remus...

Un leve tono rojo se instaló en el rostro del licántropo, que permaneció en silencio unos instantes antes de decidirse a hablar.

- Harry...Yo... Severus...

- Si estás intentando decirme que hay algo entre Severus y tú, no sudes... Lo imaginé.

- No. No hay nada entre Severus y yo...- ante la escéptica mirada del muchacho, Remus creyó conveniente agregar algo.- Aún.

Harry permaneció en silencio, sin comprender entonces cual era el motivo de la conversación y decidió seguir el mismo método que usaba con Draco: esperar a que el otro quisiera continuar.

- Desde que Sirius murió... Severus ha estado conmigo siempre, cuidándome, ayudándome a seguir adelante... Nunca me ha pedido nada, ni ha exigido nada. Yo estaba tan deprimido siempre que no había prestado atención a todo eso.

- ¿Y algo ha cambiado desde entonces?

- Hace un tiempo, luego de la luna llena, yo estaba muy débil... Entonces, para poder estar cerca, Severus quiso que me quedara en sus habitaciones. Preparó una cama para mí cerca de la suya... Cielos, siempre está frío en las mazmorras. Bueno... el caso es que... me dí cuenta que él es... Se ha vuelto... importante para mí...

- Remus... ¿Me estas pidiendo permiso para tener algo con Severus?

El rostro del mago mayor tomó una tonalidad definitivamente bermellón pero siguió adelante ignorando por el momento la pregunta.

- Harry, cuando perdí a Sirius, creí que mi corazón había muerto con él... quise morir para ir con él, lo sabes... pero Severus me mantuvo aquí y yo nunca entendí por qué. Hasta esa noche... Me dijo que me ama, y yo tengo miedo, Harry.

- ¿Miedo a qué, Remus?

- ¿No te das cuenta? Es Snape... Es como si estuviese traicionándolo. Sirius y él se odiaron a muerte...

- Eso no es importante ahora... ¿Tú lo amas?

- No es lo mismo que sentía con Sirius.- fue la ambigua respuesta.

- Ni lo será nunca.- acomodándose un poco mejor en el sillón, y rogándole a su bebé para que no fuese a ponerse molesto justo en ese instante, Harry intentó aclarar lo que quería decir.- Remus... Mi padrino y tú, compartieron muchas cosas... Se conocieron en Hogwarts, se enamoraron, vivieron juntos antes y después de que él fuera a Azkaban... Creo que nunca podrás amar a otra persona como lo amaste a él. Pero puedes amar de un modo diferente... Eso significa que puedes volver a enamorarte.

- Harry, yo soy un licántropo, nosotros...

- ¡Idioteces!- cortó él, sabiendo lo que iba a decir.- Eres el mejor maestro en DCAO que ha tenido Hogwarts, sabes que eres un licántropo infectado, no uno auténtico. Eso de tener una sola pareja en tu vida se aplica a la parte del lobo que hay en ti, la que te reclama tres noches al mes... pero el resto del tiempo, eres un hombre, Remus... Y el hombre más tierno y digno de ser amado que he conocido. Posiblemente Moony sí deba resignarse a pasar solo el resto de las lunas llenas que queden en tu vida, Remus, pero tú, tienes todo el derecho a rehacer tu vida y ser muy feliz.

- ¿Aunque sea con Snape?- preguntó Remus, angustiado.- Creo que él sería la última elección de Sirius...

- Bueno, lamentablemente no podemos preguntarle, pero no tiene que ser ‘su’ elección, sino la tuya.

- ¿Y tú... podrías aceptarlo...?

- Entonces sí estás pidiéndome permiso.- bromeó Harry, pero luego volvió a ponerse serio.- Remus, yo quiero que seas feliz... Deseo volver a escucharte reír como esta noche, y si Severus puede conseguir eso, entonces sí, lo aceptaré con gusto. Del mismo modo en que tú aceptaste a Draco.

Con algo de timidez, pero aliviado, Remus se animó a sonreír. La opinión de Harry en todo ese asunto era mortalmente importante para él.

- Severus y yo... Nosotros... Bueno, nosotros no hemos...

- No sé si quiero enterarme de todas esas cositas, Remus...- volvió a bromear el moreno, pero estaba contento que el otro confiase así en él.

- Es que yo... no estaba listo... No sé si lo estoy ahora.

- No creo que debas preocuparte por eso. Si Severus pudo esperar tres años, podrá esperar algún tiempo más, y si decides aceptarlo, seguramente tendrá la paciencia para esperar a que estés listo... Pero yo en tu lugar, aprovecharía esta noche... Con todo el talco para bebés que le cayó encima, Severus estará muy perfumadito hoy...

- ¡Harry! ¿Cómo se te ocurre decirme esas cosas...?- exclamó un ruborizado pero sonriente Remus.

Viendo que Remus estaba muy tranquilo ahora, Harry se puso de pie.

- Anda, vamos... Afuera ya deben estar preguntándose dónde estoy, y me extraña que Draco no haya aparecido por aquí a buscarme.

- Espera...- Remus rebuscó entre los bolsillos de su túnica y extrajo un pequeño envoltorio que le dio.- Es mi regalo... No quería dejarlo en la canasta con los demás, porque quisiera que lo abras esta noche, cuando estés de regreso en tu casa, con Draco...

- ¿Qué es?- preguntó el moreno, curioso a mas no poder.

- Oh, es una pequeña sorpresita para ustedes... Prométeme que lo abrirás en tu casa, Harry... Por favor...

- Está bien, te lo prometo.- dijo, guardándolo.- Ahora vamos... o Severus entrará a buscarte también a ti.

Con una sonrisa astuta, Harry notó que aunque Remus volvió a ponerse colorado, no negó que esa última afirmación suya no fuese cierta o imposible.

**

Draco entró a la pequeña habitación y encontró a Harry acomodando los obsequios del baby shower.

Hasta el día anterior, el recinto había estado un tanto vacío, pero ahora se veía cálido, lleno de todos los regalitos recibidos.

La cunita tenía sábanas azules, con pequeñas ‘snitch’ doradas y una manta muy liviana pero abrigada, con el dibujo del ‘Muggle Loco’ a todo color. Además del móvil que ellos habían comprado, tenían uno más con cuatro unicornios plateados.

El arcón donde los gemelos habían colocado ‘El biberón de Fuego’, resultó estar mágicamente empequeñecido, y ahora era un hermoso cofre donde Harry acomodó con mucho cuidado toda la ropita. Batitas de tela muy suave, medias pequeñísimas, zapatitos y gorritos tejidos.

Sobre el cambiador, colocaron la canasta que tenía todos los artículos que el bebé iba a necesitar para el baño, y que también le habían regalado esa tarde. Dos grandes toallones con una especie de capucha en una punta para cubrir la cabecita del bebé y luego envolverlo con el resto. Perfume, talco para las rozaduras, jabones, champúes muy suaves para lo que sería la delicada pelusa que seguramente cubriría la mollera los primeros tiempos.

Durante un rato, los dos solo compartieron en silencio el momento de estar allí mirando y acomodando todos los regalos.

A veces, parecía que el tiempo no pasaba nunca, que el momento de tener al bebé no llegaría jamás, pero cada visita al medimago, les confirmaba que todo marchaba a la perfección y contra todo lo que ellos pensaban, el momento sí se acercaba cada vez más.

Entonces, Harry recordó el regalo de Remus y lo extrajo del bolsillo de su túnica, y curioso aunque jamás lo admitiría, Draco se acercó.

- ¿Qué es?- preguntó al fin.

- El regalo de Remus. Me pidió que lo abriese cuando estuviésemos en casa.

- ¿Estuviésemos?

- Sip.

Sin esperar más, rompió el papel. Parecía un libro, las tapas de cuero estaban finamente repujadas y trabajadas, y los escudos de las Casas Gryffindor y Slytherin estaban entrelazados, unidos por una banda dorada con extraños símbolos escritos en ella.

Con seguridad, ninguno de los dos esperaba que al abrirlo, dos fotografías mágicas comenzaran a moverse casi al mismo tiempo. En realidad, lo que no esperaban era lo que había en ellas.

Sobre la mitad derecha, en una salita que Harry nunca había visto, sonriendo ruborizada y mucho más hermosa de lo que él la hubiese visto nunca, estaba Lily, con una barriga casi tan grande como la que su hijo tenía en aquel momento. El vestido verde oscuro hacía que el pelo rojo profundo pareciese de fuego y resaltaba la intensa y feliz mirada esmeralda. A su alrededor había un sinfín de paquetes de regalos, algunos abiertos, otros a medio abrir. Muñecos de tela, ropa de bebé, todo estaba esparcido a su alrededor, y era evidente que ella sonreía a quien estuviese tomando la fotografía.

El impacto de esa fotografía fue demasiado para el moreno, porque las únicas fotos que tenía de sus padres, las había recopilado Hagrid para él cuando estaba en Hogwarts. Y en ninguna de ellas Lily aparecía embarazada.

El jadeo ahogado que llegó desde su hombro le hizo dirigir la vista hacia la otra parte.

Una mujer joven, rubia con innegable porte aristocrático miraba a la cámara. Tenía un vestido sencillo pero indudablemente costoso, y si eso no alcanzaba para demostrar su status, el collar de perlas de dos vueltas alrededor de su cuello sí lo hacía. Sentada en un suntuoso sofá intentaba mantener una postura seria y conservadora, pero era evidente que el encargado de tomarle la foto, estaba haciendo todo lo posible para que eso no sucediera y hacía bailar todos los obsequios que tenía a su alrededor. Al final logró su propósito porque la mujer dejó de lado esa máscara y el rostro se le iluminó con una sonrisa al tiempo que masajeaba con cariño su enorme panza.

La única vez que Harry había visto a Narcisa Malfoy había sido durante el encuentro del Mundial de Quidditch, cuando estaba en tercero, y en esa ocasión, a decir verdad, le había parecido tan soberbia y altanera como Lucius. O como Draco, si iba al caso.

Una tarjetita pequeña con la letra de Remus explicaba algunas cosas.

‘Para que este bebé conozca a sus abuelas... La foto de Lily la tomé yo, el día de tu baby shower, Harry. La de Narcisa fue tomada por Severus, Draco. Con mucho amor, para tres.’

Y abajo firmaban Remus y Severus.

Harry hubiese dado rienda suelta a sus emocionadas hormonas pero en esos momentos, se dio cuenta del silencio de su pareja y al mirarlo, notó que el rubio no sacaba los ojos de encima de la fotografía de su madre. Los ojos grises estaban demasiado brillantes, y tardó un poco en recomponerse lo suficiente como para hablar.

- Mi padre decía que... el embarazo arruinaba la figura de las mujeres... No permitió que le tomaran fotos durante su embarazo... ella misma me lo dijo... Evidentemente esta foto fue tomada en secreto sin que mi padre supiera... No sabía que Severus la tuviese.

La sonrisa de ternura que Draco dirigió a la mujer rubia, le recordó a Harry que la mujer había muerto hacía ya algunos años luego de una enfermedad bastante cruel. Tomando rápidamente la iniciativa para que la emoción no les ganara esa partida, levantó el portarretratos.

- Lo pondremos por aquí...- el moreno lo puso cerca de la cuna, donde estuviese al alcance de la vista del futuro ocupante de ese sitio.- ¿Te parece, amor?

Draco asintió en silencio todavía, pero ya más repuesto. Respirando hondo, abrazó a Harry con placer, por el puro gusto de sentir el calor del cuerpo de su amante, y el lento bullir del bebé en la barriga. Complacido, hundió el rostro en el cuello del moreno, notando que aquel ya olía a perfume de bebé, posiblemente por haber estado desenvolviendo todos esos regalos.

- Fue una tarde un poco agotadora, amor... ¿Vamos a la cama...?- ronroneó, todavía sobre la piel del cuello de Harry.

- Como quieras.

Luego de darle una última mirada al regalo de Remus, ambos se dirigieron al dormitorio. En su interior, Draco se prometió que no seguiría los pasos de su padre tampoco en eso, y a partir del día siguiente, tomaría muchas, muchísimas fotos de Harry, para que cuando su hijo fuese un poquito mayor, pudiese mostrarle lo hermoso que él lo veía.

 


Segunda parte

HP

Abysm

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