Capítulo 1: La decisiónLa habitación estaba en penumbras, solamente la luz de la luna entraba a través de los cristales, y dentro, la atmósfera era cálida a pesar de que el invierno era bastante crudo. La chimenea tenía algunos rescoldos que mantenían el calor, y se escuchaban apenas un par de sonidos, dos respiraciones casi acompasadas desde la cama.
Los ojos grises escrutaban la oscuridad, pensando, repasando una cantidad de cosas que hacía días le daban vueltas por la cabeza mientras mantenía a su lado un cuerpo tibio, ubicado cómodamente en su abrazo.
Draco sentía la respiración de Harry muy cerca, el movimiento de su pecho le resultaba tan familiar, tan totalmente conocido que sin necesidad de luz, o de verlo sabía que no dormía.
Ambos habían tenido un día muy pesado, los dos trabajaban mucho como Aurores del Ministerio a pesar que hacía más de dos años que Voldemort había sido derrotado.
- Están volviendo a agruparse.- dijo de pronto y el sonido de su voz quebró el silencio.
- Sí.
- Esto no parece tener fin…Estoy cansado.
Harry se acomodó un poco mejor, la frase lo había tomado un poco de sorpresa. Nunca antes Draco le había hecho un comentario de esa especie. Luego de la caída del Señor Oscuro, había sido uno de los Aurores más empeñosos en terminar con cualquier vestigio de él o sus seguidores, parecía que nunca descansaba.
Y ahora le decía que estaba cansado.
Hubiese tenido mucho para preguntar, pero sabía que ésa no era la forma con Draco. Guardó silencio, esperando; si él quería seguir hablando iba a hacerlo sin presiones.
- Quisiera que tuviéramos una vida más normal.- siguió luego de unos minutos.
- ¿A qué te refieres cuando dices ‘normal’?
- A una casa con varias plantas, una biblioteca, un estudio, sala, comedor…
- ¿Estás describiendo tu antigua mansión?
Draco guardó silencio un momento más. Vaya que ese hombre lo conocía bien, porque efectivamente ésa era la imagen que se le había cruzado por la mente. Pero no porque extrañara en forma particular la mansión Malfoy, había sido bastante infeliz en ella, pero hubiese querido tener acceso a algo más que un magro fideicomiso formado por su madre para él antes de morir. El resto había sido expropiado durante la guerra para paliar los desastres causados por Voldemort y sus secuaces, entre los que se encontraba su padre.
Y si quería algo más, no era para él, hubiese querido darle a Harry todas las comodidades que él mismo había tenido.
Harry suspiró, porque entendía lo que pasaba por la mente de Draco. Era un tema que casi siempre salía a flote. Aunque podían vivir bien con el sueldo de ambos, la pérdida de todos sus bienes había sido un golpe un poco duro para el joven rubio.
- Draco, no necesitamos tantas cosas. Yo viví años en un cuarto que cabría en nuestro armario… No sabría qué hacer en un lugar tan grande.
Las palabras cayeron en un nuevo espacio de silencio.
“Ése no es el problema esta vez” se dijo Harry, mirando el perfil delineado por la tenue luz blanca de la luna. “Hay alguna otra cosa que lo preocupa y está dudando mucho en decírmelo”.
- Harry…
“Aquí viene…”
- Quisiera… Yo… ¿Has pensado…?- se detuvo, tomó aire y pareció decidirse a seguir.- Me gustaría tener hijos.
Ahora sí había conseguido sorprenderlo. Por unos instantes, el muchacho moreno se quedó sin aire, preguntándose si habría escuchado bien. El cuerpo pálido se movió para ubicarse de lado y poder mirarlo.
- Yo… He estado pensando… No quería hablar de esto cuando estábamos luchando con Voldemort porque… Bueno, cualquiera de los dos hubiese podido no volver; pero ahora… Quiero que hablemos de esto.
Harry sentía la mirada en su rostro, fija, y levantó la vista hacia él. En esos momentos, Draco se preguntó cómo era posible que se hubiese fijado en él, que hubiese querido ir a vivir con él, que lo hubiese aceptado justamente a él como pareja, amante y compañero. Cuando pensaba mucho en esas cosas, se decía que no tenía derecho a tener tanto. De momento, veía esos ojos esmeraldas hundiéndose en los suyos, envolviéndolo en una ola de calor que lo reconfortaba más que nada.
- ¿Oíste lo que dije?
Harry daba gracias a Dios por haber estado acostado, de haber oído eso estando de pie, se hubiese ido al suelo de asombro. Claro que había oído, lo que nunca había oído antes, era la calmada expresión decidida en la voz de su pareja. Hablaba con tanta seguridad, que ahora en verdad Harry sabía que él había estado pensando eso durante muchos días.
- Sí, Draco. Te oí.
- Yo sé que para los muggles no es posible que esto pase entre dos hombres, pero aquí sí es posible.
- También sé eso. A decir verdad, no sé mucho, pero he oído hablar de ello.
- Quizás la idea te resulte un poco chocante, pero… quisiera saber qué piensas de eso.
- Pues… Creo que es… Extraño. Siempre creí que solo las mujeres podían tener hijos.
Draco se sentó en la cama y desde allí, siguió hablando, aunque parecía hacerlo más para sí mismo que para Harry.
- Salvo por mi madre, mi familia siempre fue una porquería... No entendía eso cuando era niño, lo fui comprendiendo de a poco y mientras estuvimos juntos en Hogwarts era notorio, creo. En esa época creía que el amor apestaba, jamás se me hubiese ocurrido la sola idea de compartir mi vida con alguien… Después, bueno, me enamoré de ti… Y jamás hubiese creído que me aceptarías, pero lo hiciste y eso cambió muchas de las cosas que pensaba. Entre ellas, el hecho de que sí podía compartir mi vida con alguien, que sí podía inspirar y merecer amor. Y ahora creo que podría tener una familia. Creo que puedo ser un buen padre, aunque el mío no lo haya sido…
Harry se incorporó y se sentó tambien quedando frente a él. Jamás había escuchado a Draco hablando de ese modo, admitiendo cosas que él sabía pero de las cuales nunca hablaba.
- ¿Querrás pensarlo, solamente…? Yo puedo hacerme cargo si estás conmigo…
“Por Dios, realmente debe quererlo, sino, no estaría incluso dispuesto a llevarlo”.
El sentimiento era real, y Harry podía sentirlo muy claro. También él deseaba tener algo similar a una familia, Dios sabía que la que le había tocado en suerte distaba mucho de ser una familia real.
- Yo sé que serías un buen padre, Draco, y sé que le darías a un hijo todo lo que tu padre no te dio a ti.- dijo con suavidad.- En cuanto a familias, la mía tampoco era una maravilla, mas bien creo que compartíamos la sangre por alguna clase de accidente cósmico…
Pensar en eso, en la posibilidad que alguno de los dos pudiese concebir un hijo era algo que había pensado durante las primeras épocas de noviazgo con Draco, pero que luego había relegado. En parte porque los desmanes de Voldemort muchas veces los metían en graves riesgos, y luego porque Draco nunca había hecho mención al asunto. Finalmente había archivado esa ilusión en algún rincón, esperanzado que algún día fuese el propicio para poder hablar del tema.
Y resulta que el día había llegado y ni siquiera había sido él quien se había encargado de proponerlo.
- ¿Por qué decidiste hablarme de eso ahora?- preguntó Harry.- Todavía continuamos persiguiendo Mortífagos y…
- Justo por eso. ¿Te das cuenta que es lo único que tenemos como meta? Perseguirlos, detenerlos, mandarlos a Azkabán. No es una meta muy esperanzadora que digamos. Quiero algo en mi futuro.
- ¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?
Draco se movio hacia él, le tomó el rostro entre sus manos y lo besó en los labios.
- Tú estás en mi presente, en mi futuro, en cada parte de mí y en cada pensamiento mio. Corregiré la frase: quiero algo en ‘nuestro’ futuro, y quiero que sea parte de los dos. Te amo, Harry, te amo más que a mi vida y no sé si estoy pidiendo más de lo que puedo.
Respondiendo a esa tierna caricia sobre su boca, Harry supo que era el tiempo justo.
- No, amor. No estás pidiendo demás…
Draco se apartó, mirándolo con detenimiento, sin estar muy seguro del sentido de esa frase, negándose a sentirse feliz antes de estar completamente seguro de su significado.
- ¿Quieres decir…? ¿Estás diciendo… estás diciendo que sí?
Esta vez fue Harry quien aprisionó los labios húmedos y cálidos.
- Estoy diciendo que sí. Definitiva y totalmente sí.
Harry se dijo que nunca iba a poder olvidar la expresión de intensa alegría que emergió en el rostro que tenía frente a sí, una felicidad tan difícil de expresar que parecía que lo iluminaba desde adentro.
Y Draco, feliz como no había sido nunca antes, se dedicó a hacerselo saber.
**
Unas semanas mas tarde, los dos estaban sentados en la sala de espera de una clínica anexa al Hospital San Mungo dedicada únicamente a la natalidad.Durante esos días habían recopilado todos los datos que habían podido sin preguntarle a nadie, no querían que nadie supiese del asunto al menos por el momento y asistido a un montón de entrevistas y conferencias.
Cuando por fin los hicieron pasar, el consultorio resultó estar a cargo de un medi-mago de unos sesenta años, canoso, inmenso pero de aspecto bonachón que de inmediato se presentó ante ellos y Harry le recordó a Hagrid.
- Señor Potter, señor Malfoy; mi nombre es Erick Wallace, estaré a cargo de la solicitud que presentaron. Tomen asiento, por favor.
Se ubicó en su escritorio y esperó a que los dos jóvenes se ubicaran en los sitios que les había designado mientras los estudiaba. El rubio era bastante alto, usaba el cabello moderadamente corto, prolijo y vestía con corrección y buen gusto, bastante formal. No era de menos, el medi-mago conocía al menos de nombre a los dos que tenía delante y sabía la ascendencia del rubio. En cuanto al otro, ni siquiera necesitaba presentación.
Todo el mundo mágico conocía a Harry Potter. Era un poco mas bajo que el otro joven, pero delgado y fibroso, el físico de un atleta. Había luchado y perdido una batalla con su cabello, pero eso era casi legendario, al igual que la cicatriz apenas visible de su frente y las gafas redondas ahora de linea moderna y ligera. Informal como el resto de su vestimenta.
Al margen de sus imágenes y sus reputaciones, ambos se veían bastante nerviosos, y el anciano se encontró diciéndose que ésa era una característica que compartían casi todos los que entraban en su consultorio.
- Entiendo que están planeando formar una familia. ¿Han decidido quien de ustedes será el gestante?
Los dos se miraron y luego miraron al medi-mago.
- ¿Qué cosa?- preguntó Draco.
- El gestante. Es el modo en que nos referimos al de ustedes que quedará embarazado, el que llevará la criatura.
- Oh, bueno, la verdad es que no lo hemos decidido aún.
- Hemos hablado de eso.- intervino Harry.- Pero ocurre que los dos estamos dispuestos a intentarlo... y bien, hasta que decidamos algo, pensamos que sería útil ir adelantando algunas cosas... Las revisaciones médicas y esas cosas...
- ¿Los dos están dispuestos...? Eso no es muy común.- expresó el hombre, mirándolos por encima de sus gafas cuadradas.- ¿Están seguros?
- Tanto como nos es posible.- contestó Draco.- Pero una cosa es querer y otra es poder hacerlo. Por eso vinimos, a saber si es posible.
El anciano asintió en ese punto, al menos los dos parecían sensatos. El hecho que estuvieran dispuestos a someterse a los análisis antes de haber decidido de antemano revelaba una decisión madura. Abrió una de las dos carpetas que tenía frente a él y hojeó los papeles que contenía.
- Bien, ambos han estado ingresados en San Mungo en alguna ocasión, por lo que me han derivado sus historiales médicos.- levantó la vista hacia Harry.- Señor Potter...
- Llámeme Harry, por favor, me hace sentir un poco menos incómodo.
- Muy bien, Harry. Según esto, una lista de tus huesos sanos es mucho mas corta que una de los que alguna vez te han roto. ¿Se puede saber como haces para terminar siempre de ese modo?
- Nuestro trabajo es difícil, pero la mayoría de esas heridas las obtuve... ehmm... hace algunos años.- dijo al fin.
Aún no podía hablar de ese último duelo con alguien que no fuera Draco.
- Entiendo. No obstante entiendes que para tener 23 años, tu cuerpo está bastante ajetreado ¿no?
- Sí.- Harry asintió con resignación. Casi lo había previsto, nadie podía esperar que estuviese bien del todo despues de aquello.
- En cuanto a usted, señor Malfoy, si bien no ha tenido tantas heridas físicas, hay un legajo suyo de ingreso por torturas con magia. Cruciatus, para ser más exactos. ¿Es eso correcto?
- Así es.- Draco tomó aire antes de continuar.- Durante los últimos combates me tomaron prisionero, querían saber dónde estaba Harry y no se detuvieron demasiado en delicadezas para obtener esa información.
- Tambien su caso es complicado debido a eso.- durante unos segundos estuvo mirando los datos de sus papeles.- Bien, es una suerte que ambos tengan una edad ideal para esto. Hacer algo así, siendo demasiado joven puede poner en serio riesgo la vida del gestante y por supuesto de la criatura, ya que el cuerpo no suele estar completamente desarrollado. Ni siquiera tendría que decirles que la mayoría de las veces en esos casos, los embarazos no llegan a buen término. En el caso de ustedes, están en el término perfecto. Son jóvenes y ya han desarrollado todo el potencial respectivo, es poco probable que haya cambios significativos de ahora en adelante.
- ¿Y entonces?- exigió saber Draco.
- Entonces, señor Malfoy, haremos una revisión ahora y veremos qué pasa.- se puso de pie, hacíendoles una seña para que lo siguieran.
A través de una puerta lateral arribaron a otra salita. Había una camilla, unas sillas, un biombo.
- Ustedes deciden, ¿quien será el primero? Necesito revisarlos a ambos, así que uno de ustedes ha de empezar por ponerse una de estas batas.
Diciendo así, extendió una bata de tela blanca que se ataba por detrás, muy similar a las que usaban en San Mungo.
Más acostumbrado a ellas que Draco, Harry se adelantó y la tomó dirigiéndose luego detrás del biombo para desvestirse. Un par de minutos después, salía descalzo y tratando de atar la bata. Con gentileza, Draco lo hizo por él.
- Muy bien, Harry; acuéstate en la camilla y veremos cómo estás.Cierra los ojos y relájate. ¿Señor Malfoy, puede esperar a un lado, por favor?
En cuanto estuvo en la posición indicada, el medi-mago extendió su varita sobre el cuerpo y la deslizó a todo lo largo, muy despacio mientras pronunciaba extrañas palabras. Una burbuja iridiscente brotó de la punta de la varita y flotó sobre el cuerpo de Harry a la altura de la cabeza. Luego siguió otra que se mantuvo sobre el tronco y finalmente una tercera quedó sobre las piernas.
Con una palabras más, Harry se elevó por encima de la camilla y levitó en el aire. Las tres esferas empezaron a girar alrededor de él, sondeando y cambiando de color en varias oportunidades. Ocasionales fogonazos azules, algunos de tono violáceo e inclusive algunos de tinte rojizo.
Finalmente, las tres se detuvieron y volvieron a su posición original al tiempo que el cuerpo moreno descendía con suavidad hasta posarse de nuevo en la camilla.
Harry, que había estado con los ojos cerrados se había perdido casi todo, y se sentó en la camilla, sonriente. Se sentía muy bien, renovado.
- ¿Estás bien, amor?- preguntó Draco, adelantándose hacia él.
- Sí. Parece como si hubiese dormido mucho.
- Usted sigue, señor Malfoy.- indicó el medi-mago.
- Claro.- dijo aquél y luego de dar un leve beso a Harry tomó la bata que el anciano le extendió. A diferencia de Harry, Draco no tenía ningún inconveniente en desvestirse allí mismo mientras el muchacho moreno regresaba tras el biombo.
Cuando Harry salió, ya vestido, pudo ver lo que antes se había perdido, la danza de las tres esferas de color, que ahora sobre Draco tambien refulgían con ocasionales destellos de color. Unos minutos después, cuando hubieron terminado, todos estuvieron de nuevo en el consultorio.
Sentados mas juntos que antes, Draco había tomado la mano de Harry y ambos esperaban la evaluación del anciano mago.
- Bueno, diré que los dos están bastante vapuleados, pero tienen la salud y la magia suficiente como para llevar adelante un embarazo.
Harry apretó fuerte la mano de Draco y sintió el apretón en respuesta. De manera que podía ser, ambos estaban en buenas condiciones. Podían tener una familia, la familia que ninguno de los dos había tenido.
- Ahora lo único que tienen que decidir es quien va a hacerlo... ¿me permiten hacer una pequeña sugerencia?
- Por favor.- dijo Harry.
- Como es evidente que en realidad ambos están dispuestos...
- ¿Qué significa ese 'en realidad'?- preguntó Draco, algo molesto.
- Que muchos dicen estar dispuestos, pero la mayoría de las veces es una mentira blanca o algo de lo que están intentando convencerse pero que en verdad no están dispuestos a hacer. En el caso de ustedes, me asombra un poco saber que de verdad ambos están dispuestos pero el examen demostró que sí es así.
- Oh...
- Entonces me permito sugerirles algo: Pregnant Electios.
- ¿Es una clase de conjuro o algo así?- preguntó Harry.
- Exactamente eso es. Un conjuro que se encarga de seleccionar al que esté en mejores condiciones para afrontar el embarazo. De hecho, lo que hace es favorecer las condiciones para que sea ése el que resulte embarazado.
- ¿Así de fácil?
- Casi así de fácil...Ehmm... ¿Quien de ustedes suele ser el dominante?
Hizo la pregunta con la misma tonalidad neutra con que había llevado el resto de la conversación pero ninguno de los dos jóvenes pudo evitar un ligero sonrojo.
- Él.- murmuró Harry enrojeciendo ahora, violentamente.
"Vaya, esto sí que es interesante" pensó el medi-mago. Jamás se le hubiese ocurrido pensar que el vencedor de Voldemort tuviese un papel pasivo en ninguna situación.
- En ese caso, señor Malfoy, para que el conjuro funcione correctamente, los dos han de tener la misma posibilidad de oportunidades... Es decir, deberá usted ceder al menos en alguna ocasión. ¿Me explico?
Haciendo uso de toda la caballerosidad que podía en una situación semejante, Draco asintió.
- Bastante claro, creo yo.- sonrió pensando en unas cuantas posiciones.- Creo que puedo manejarlo.
- Perfecto, entonces permítanme un momento.- dijo levantándose y dejándolos solos.
Harry todavía no se recuperaba del sofocón anterior, en general no admitía ese tipo de cosas delante de extraños, en realidad no las admitía frente a nadie. En ese aspecto, no había cambiado mucho.
"Despues de todo lo que hemos pasado... ¿Como es posible que pueda sonrojarse así...? ¿Como puede ser que yo lo encuentre irresistible a pesar de todo este tiempo...?".
Sin querer contenerse, Draco le tomó el rostro para acercarlo a él, y buscó sus labios, sabiendo que los encontraría, suaves, dispuestos. Y tuvo razón, porque en cuanto sintió la boca tan querida posarse en la suya, Harry respondio al beso con la misma entrega que lo hacía siempre.
- Ejemm...- carraspeó el anciano desde la puerta, mas que nada para llamar la atención y volvió a su asiento en cuanto ellos se soltaron. Puso una pequeña caja en el escritorio.- Bien, ahora les daré las instrucciones y ustedes podrán ponerlo en práctica cuando estén listos.
*
Un poco después, ambos salían de la clínica. Draco había achicado el envoltorio y lo llevaba cuidadosamente a salvo en el bolsillo interno de su túnica.
Era un mediodía radiante a pesar del frío, y de manera automática, aferró a Harry por la cintura, atrayendolo hacia sí.
- No puedo creerlo.- murmuró aquel.- En realidad lo haremos...
- Sí, amor.
- Tendremos una familia, una de verdad.
Caminaban muy juntos y por eso Draco no tuvo dificultad en detenerse y abrazarlo.
- Sí, Harry, una familia de verdad. Solo nuestra.
- Es tan increíble que tengo miedo de que sea un sueño.- admitió Harry pero los labios de Draco lo hicieron callar de pronto. Ese beso era real, y era real el sentimiento que iba detras así que todo era posible.
**
No tenía sentido resistirse al sueño.
Draco estaba agotado pero seguía el hilo de sus pensamientos a pesar de que por instantes aquellos se mezclaban un poco con imágenes difusas de sueños.Habían pasado varios días luego de la visita a la clínica, y ellos habían preparado con cuidado todo lo referente al hechizo pero luego de eso, habían tenido unos días bastante intensos de trabajo y lo último que habían tenido, eran ganas de hacer el amor.
Al menos hasta esa tarde.
Draco regresó de visitar a Blaise, un antiguo camarada y encontró a Harry batallando en la cocina. A veces le gustaba hacer esas cosas para sorprenderlo, aunque con una sonrisa, Draco tenía que admitir que los resultados no siempre eran buenos. No importaba, a él le encantaba que Harry hiciera esas cosas.
Y de pronto, mientras lo veía atareado en eso, tuvo un arranque de pasión incontrolable, uno de ésos que le daban ocasionalmente, pero que solían ser memorables.
Sin embargo, esta vez era un poco diferente. Por una vez, lo que quería era tenderse en la cama y dejar que Harry hiciera lo que quisiera con él. Las ideas que se le habían encendido en la clínica del medi-mago le habían rondado por la cabeza sin pausa.Por supuesto, la comida quedó a medio hacer y terminaron en la cama.
Durante un lapso interminable, Draco se había estremecido de placer bajo las manos de su amante y en algunos instantes de lucidez se decía que tendría que permitir que Harry le hiciera esas cosas con más asiduidad.Además, Harry era tierno, muy cuidadoso, más pendiente de brindar placer que de obtenerlo y ambos habían tenido un orgasmo placentero y prolongado.
Sin embargo, lejos estaba Draco de sospechar el volcán que había despertado. Tambien ocasionalmente, Harry solía tener algunos accesos de pasionalidad y esta vez parecían haber coincidido.
Apenas había dormitado cuando sintió los labios de Harry en su cuello, los dientes mordiendo un poquito la piel, y casi de inmediato la lengua subsanando cualquier lesión ilusoria. En cuanto giró un poco la cabeza, se apoderaron de su boca con un ardor que lo sorprendió un poco.
En general, Harry se perdía en los brazos de Draco con una entrega tan incondicional que aquel a veces se asustaba un poco, pero en esta ocasión había algo más.
Harry estaba salvaje. Estaba incentivándolo con una pasión que no le conocía, como si estuviese intentando enmendar lo que había hecho un rato antes. De cualquier modo, sus manos, su cuerpo todo él estaba haciendo que Draco perdiera el control que por lo general mantenía incluso en los momentos de más intimidad. Y cuando finalmente lo perdió, y lo colocó debajo de él, Harry sonreía sabiendo que éso era lo que había estado buscando.
Con total abandono, dejó que Draco lo investigara por completo, que sus dedos rebuscaran en cada resquicio de su cuerpo, que su lengua inquieta se inmiscuyera en sitios estrechos, cálidos y ansiosos de su exploración.
No se preocupó por controlar los sonoros jadeos que llenaron la habitación cuando lo preparó apenas antes de penetrarlo y con total conciencia de lo que hacía, en cuanto lo sintió en su entrada, empujó con las caderas. Fueron unos segundos de intenso dolor, delicioso dolor que de inmediato se mezcló con el placer.
Por su parte, Draco perdió la noción de la fuerza que estaba empleando, solo quería hundirse en ese cuerpo y embestía casi con violencia las caderas delgadas mientras veía el rostro de Harry, congestionado y enrojecido a punto de estallar en la cúspide del placer. El momento del climax los golpeó a ambos casi al mismo tiempo.
Incapaz de mantenerse, se dejó caer sobre el cuerpo moreno, ambos pegajosos de sudor, jadeantes, temblorosos. Cuando la naturaleza siguió su curso y estuvo fláccido, Draco se retiró de ese túnel estrecho y caliente que aún lo aprisionaba y rodó hacia un lado para librar al muchacho de su peso.
Entonces tomó conciencia que aquél ni siquiera se había movido para juntar las piernas, solo jadeaba con la respiración quebrada. Tuvo miedo de haberlo lastimado, nunca perdía el control de esa manera. Antes que pudiese seguir pensando en eso, Harry se movió. Despacio, se acercó para acomodarse en el hueco de su abrazo.
- Wow.- dijo, tan solo con un suspiro y con terrible alivio, Draco empezó a reirse.
- ¿Tanto así?
- Sip.- se irguió un poco y atrapó su boca en un beso cálido y suave, como solía ser siempre.- Te amo.
Ese era el tesoro que Draco guardaba en lo más profundo de su alma. Cada vez que escuchaba esas palabras sentía que su pecho se expandía y que era capaz de cualquier cosa.
Aun dentro del beso respondió.
- Yo tambien te amo... - dejó pasar unos instantes antes de asegurarse.- ¿No te lastimé...?
- No... No te preocupes, el día que estés lastimándome, te lo haré saber... Pero no me hará mal que mañana me recuerdes que debo sentarme de lado.
La risita de Harry lo alivió del todo, y se abandonó al sueño mientras se preguntaba quien de los dos realmente tenía el control de lo que sucedía en esa cama.
Capítulo 2
Ron se metió en el cubículo que tenía mas cerca y preguntó por Harry, pero no obtuvo respuesta.
- ¿Acaso nadie lo ha visto, maldición?- repitió, esta vez elevando bastante su voz de bajo profundo.
- Lo vi salir de su oficina hace un rato, creo que iba al sanitario.- comentó una voz desde alguno de los cubículos.
- Gracias.
Salió por el pasillo rumbo los sanitarios, cuando iba llegando, casi se lleva por delante a Eavon, uno de los Aurores que trabajaban con ellos. Venía sonriendo.
- Vaya, ahora tendrá otra cicatriz para mostrar.
- ¿Está Harry ahí?
- No acaban de llevárselo a la enfermería. Le dije que tuviera cuidado con el piso mojado pero nunca escucha. Creo que nada grave. Un buen chichón.
- Gracias, Eavon.
- ¿Qué pasa?
- Mensaje de Draco para él. Sabes cómo se pone cuando no le avisan.
- Sí, claro.- dijo el otro Auror y volvió hacia los cubículos mientras Ron enfilaba rumbo a la enfermería.
Si cinco años atrás, cuando estudiaban juntos en la Academia para Aurores, le hubiesen dicho que iba a estar haciendo de mandadero para Malfoy, se hubiese echado un maleficio a sí mismo, pero ahí estaba. Si tenía que ser honesto, ahora tampoco le molestaba mucho.
Porque desde que estaban juntos, Draco era un poco menos detestable, no demasiado, solo lo justo como para ser soportable; aunque siempre seguía siendo arrogante.
Además el hecho que fuera el único Auror cuyo padre era un Mortífago prófugo no lo ayudaba a relacionarse con el resto de sus compañeros, pero Ron debía admitir que cuando se trataba de Harry, Draco era otra cosa.
En más de una ocasión lo había visto cruzarse en el camino de un conjuro para cubrirlo y protegerlo. Y era preciso ver el rostro gélido que enfocaba a cualquiera que se animara a levantar una frase malsonante dedicada a su pareja. Nada ni nadie parecía importarle más que Harry, eso era algo que Ron apreciaba en lo que valía y por eso hacía lo posible para llevarse bien con el rubio.
Entró en la enfermería y encontró a su amigo sosteniendose un pequeño vendaje en la frente. Se veía extrañamente tenso, a un lado, Hermione lo miraba como si estuviese observando un escreguto sin cola o algo igual de extraño.
- Lo hiciste… Y no nos dijiste nada.- decía en ese momento su mujer.
- Es una cuestión privada, Herm, pero no hagas aspavientos, por favor. Estás sacando conclusiones demasiado rápido.
- Mira esto, Harry.- le mostró uno de los apósitos que había usado para curarlo. Había algo de sangre en él, pero el color se veía raro. Rojo, pero con algunas trazas de dorado, como si alguien hubiese mezclado polvo de oro con la sangre.- Pregnant Electios. Solo en ese conjuro la sangre se pone así durante… Al principio.
Ron se apoyó en la puerta, cerrándola para que nadie más escuchara. Es más, seguramente él también había escuchado mal. Si Hermione tenía razón en lo que decía, significaba que Harry estaba…
Mientras tanto, Harry se encontraba diciéndose que a veces no era tan bueno que Hermione fuese tan buena en conjuros y hechizos.
- Ron.- dijo aquel, notando su presencia en ese instante o bien usándolo para cambiar el tema.- ¿Hay algun problema?
- Err… No. Draco acaba de comunicarse desde París. Dice que terminará los informes y estará aquí en algo así como dos horas.
- Oh, perfecto.
- Harry, me estás ignorando.- intervino Hermione, molesta.
- Por el momento, sí.- dijo Harry sonriendo casi con inocencia. Era un truco. Él sabía que cuando sonreía así nadie le negaba nada, y usaba esa influencia en casos desesperados, exactamente como en ese momento.- Dame tiempo, Herm. Ya hablaremos…
En esos momentos, las luces titilaron y el sonido de una sirena se escuchó proveniente del salón de los Aurores. Los tres se miraron antes de salir de la enfermería a toda velocidad.
- Condenación, alerta de ataque.
En el salón ya se habian reunido varios de los presentes, en un extremo, donde estaba la oficina de Harry. Una mesa en el centro con un inmenso mapa de Londres, un escritorio cubierto de papeles y biblioratos, estanterías llenas de aparatos de detección y otras cosas. Ya estaban todos mirando las luces intermitentes en el mapa.
- Enloqueció de pronto.- comentó Tonks dedicándole una sonrisa.- Nuestros amigos han recordado de pronto que deben hacernos trabajar.
- ¿Qué tenemos?
- Tres focos: Imperial War Museum, Bloomsbury y Paddington Station.- informó Shackelbolt señalando las luces titilantes.
Harry calibró la situación rápido.
- Muy bien, Herm, Ron y ustedes tres a Bloomsbury. Estará lleno de gente a pesar de la hora. Por lo que más quieran, sean discretos. Kingsley y Tonks ¿pueden tomar solos el Imperial War Museum? Estimo que estará vacío, no habrá mucho riesgo de observadores muggles.
- Claro Harry.
- Perfecto. Eavon, Mc Gregor y…Sinclair, conmigo, vamos a Paddington Station. La condenada estación es muy grande. Correcto, muévanse. Quiero a esos malnacidos y los quiero en condiciones. Necesito sacarles muchas malditas respuestas.
Tomó su capa y junto con sus acompañantes desaparecieron de la central de Aurores directo en rumbo a Paddington Station.
*
Considerando la hora de la noche, la estación todavía tenía mucha gente dando vueltas por ahí. Lo único bueno, fue que el detector de actividad mágica los sacó de la zona llena de muggles para adentrarlos en los galpones y barracas donde se guardaban los trenes.
El galpón que registraba toda esa actividad no era demasiado grande, pero estaba oscuro y no había ningún movimiento o sonido que delatara presencias extrañas. A ninguna de las cuatro figuras delante la puerta le pareció raro, después de todo, los mortífagos eran expertos moviéndose en la oscuridad.
- Muy bien, Eavon, toma la puerta trasera; Mac Gregor a la izquierda, yo entraré por el frente. Sinclair a los techos.- susurró Harry y miró con un poco de desconfianza el edificio oscuro. Tocó el broche de la capa, un botón plateado con una insignia azul. Era uno de los últimos inventos de Hermione para mantenerlos a todos comunicados con todos. Una versión mágica de los intercomunicadores muggles.
- Mantenganse en contacto, por favor. Andando.
Con sigilo, las siluetas se separaron, cada una varita en mano dispuestas al ataque. Harry usó mecánicamente un conjuro simple para abrir el pesado portón de madera, y para su asombro, aquel cedió sin resistencia. Parpadeó un poco para que sus ojos se acostumbraran a la penumbra, no deseaba convocar ninguna luz para no alertar a nadie.
Avanzó unos pasos de manera tentativa, ocultándose detrás de las hileras de cajones de madera.
“Ningún sonido, nada… Es extraño.”
Entonces vio que mas adelante, dos o tres sombras parecían maniobrar sobre una caja. Desde el interior de la misma, salia una tenue luminiscencia verde. Rozó apenas el broche y aquel titiló:
- Ubiqué a los bastardos, son tres creo, están cerca del portón trasero. Acérquense con cuidado.
Tres voces dieron su confirmación al instante y Harry esperó hasta que estuviesen posicionados. Un rayo chisporroteó en el aire, y cruzó el espacio directo hacia él proveniente de algún sitio desde atrás. Mas por un reflejo que por otra cosa, Harry se agachó y el rayo destrozó parte del cajón detrás del cual estaba escondido.
Eso dio la alerta a los otros mortífagos. Harry giró al tiempo que lanzaba un maleficio, sin mirar, dirigiéndolo al lugar desde donde había llegado el ataque, pero ya no había nadie allí para recibirlo.
- ¡Ahora! ¡Sellen el lugar!- gritó al ver que aquellos se aprestaban a escapar.- ¡Atrapen a alguno!
Un nuevo ataque le llegó desde su derecha, pero antes que pudiera reaccionar, alguien lo hizo por él. Con fuerza, el chorro de luz color plata arrasó con una pila de cajones de madera y aquellos se precipitaron hacia un lado. Harry escuchó el quejido de alguien quedando aprisionado bajo las maderas.
- ¿Todo bien, amor?- la voz de Draco y sus ojos plateados emergieron de la oscuridad, avanzando con naturalidad felina.- Regresé antes de lo previsto y vine por tí.
- Ahora sí.- contestó Harry sonriente, pero volvio a prestar atención al grupo que se había diseminado en distintas direcciones dejando la caja atrás.- ¿Qué diablos será eso?
- Cúbreme, yo averiguo.
- No. Yo estoy a cargo, espera aquí.
Como siempre en esos casos, Draco no discutió; había aprendido a no discutir las indicaciones de Harry en medio de un encuentro. Solo asintió y alzó su varita para cubrirlo.
El joven avanzó con cuidado, tenía la impresión que los mortífagos ya se habían dado a la fuga. Esperaba que alguno de sus compañeros hubiese alcanzado a atrapar alguno más, sino, vez el que había quedado inconciente bajo las cajas sería útil.
Las luces verdes que apenas iluminaban alrededor parecían latir ahora, con ritmo suave pero in crescendo. Harry avanzó hasta estar muy cerca, pero no iba a arriesgarse demasiado, quizás convenía esperar al Escuadrón Especial de Desactivación. De momento, se conformaría con echar una mirada.
Se asomó apenas para ver el pequeño crisol en el interior, y la luminiscencia verde que crecía con cada latido cada vez más rápido. El entendimiento le llegó fulminante y giró para correr hacia Draco mientras manoteaba frenéticamente el comunicador.
- ¡Es un Desvanecedor! ¡Rápido, lárguense todos!- gritó.
El resplandor verde acrecentó su ritmo y se salió de control, las paredes de la caja que lo contenía desaparecieron y la luz se derramó al exterior, creciendo y devorando todo lo que encontraba a su paso.
Harry corrió hacia el sitio donde había quedado el mortífago, dispuesto a sacarlo de ahí, pero Draco lo atrapó en el camino.
- No hay tiempo.- dijo tan solo, y abrazándolo, se trasladó fuera al tiempo que la luz verde llegaba al lugar donde habían estado.
Aparecieron un poco más lejos del galpón. El sitio que había ocupado el edificio era ahora un gran espacio vacio, apenas un círculo donde ni siquiera había hierba o un rastro de que en algún momento hubiese habido algo.
Aún envuelto en el abrazo de Draco, Harry maldijo en voz alta.
- ¡Maldición!- manoteó el comunicador.- ¿Eavon? ¿Estás ahí…? ¿están todos bien?
- Demonios, estoy bien, Potter.- contestó Eavon desde algún lado.
- Por poco, Harry.- comentó Mc Gregor tambien.
- ¿Sinclair? Contesta…- un espacio de silencio- Vamos, compañero, dime que saliste de ahí a tiempo…
- Casi y no lo consigo, Harry.- contestó una voz audiblemente agitada, Harry suspiró y aliviado cortó la comunicación luego de pedirles que volvieran a la Central.
Se deshizo del abrazo de Draco con un poco mas de fuerza de la que hubiese debido. Furioso, caminó en círculos en la oscuridad de la noche mientras seguía protestando.
- Malditos, era una trampa. Una de las más idiotas que he visto y caímos en ella como imbéciles.
- Cálmate, Harry, no podías saber…
- Debí saber. Se supone que es mi trabajo.- dijo enfurecido.- Casi desaparecemos todos juntos por mi estupidez…
Draco no dijo nada, su pareja era demasiado exigente consigo mismo en lo que al trabajo se refería y era preferible no contradecirlo cuando estaba de ese tono.
Harry caminaba de un lado a otro, intentando sosegarse, pero entonces un dolor extraño lo dejó sin aire y mareado, tuvo que inclinarse para resistirlo.
Alarmado, el joven rubio se acercó, quizás el Desvanecedor había conseguido afectarlo, pero eso era poco posible, ambos habían salido juntos de ahí.
- Harry… ¿Qué tienes...?- preguntó ayudándolo a erguirse con lentitud.- ¿Te sientes bien...?
- Espera… necesito respirar un poco…- se apoyó en Draco tomando aire muy despacio. El dolor se convirtió en un pulso soportable.
- Estás muy pálido.
- No me sentí bien esta mañana tampoco. Creo que estoy por enfermarme.
- Seguro, como no.- contestó Draco. Harry tenía mejor salud que cualquiera que hubiese conocido.- Me voy dos días y mira como estás.
- Estoy bien.- entonces recordó lo que Hermione le habia dicho en la enfermería.
“¿Será posible que Herm haya tenido razón…? Quizas el conjuro funcionó después de todo… Dios… ¿Entonces soy yo…?”
La sola posibilidad parecía demasiado. Una vez más, el horizonte dio una vuelta completa ante sus ojos y esta vez tuvo que aferrarse a Draco para no perder el equilibrio por completo. Ahora asustado, aquel lo sostuvo.
- Muy bien, vamos al Hospital. No sé qué pudo pasar, quizás el desvanecedor te afectó…Tal vez te acercaste mucho…
- Estoy muy mareado.- concedió Harry.- No puedo aparecerme así.
- No importa, te llevo con un Portal.
Sin esperar la confirmación del moreno, hizo lo anunciado y poco después los dos sintieron el tirón del Portal trasladándolos hasta San Mungo.
**
Cuando aparecieron en el hall de San Mungo, la medi-bruja que estaba atendiendo las urgencias, se acercó acarreando una silla de ruedas al ver que el hombre rubio sostenía al otro para que no se desplomara. Lo ayudó a sentarse.- Señor Potter, ya me parecía que habían pasado muchos días sin que alguno de los dos volviera por aquí. ¿Qué se fracturó ahora?
- Nada, Florence.- contestó Draco, pensando sombríamente que ambos conocían demasiado bien a todos los que trabajaban en San Mungo.- Pero creo que estuvo demasiado cerca de un Desvanecedor.
- No debería ser problema. ¿Y esto?- la mujer quitó el apósito que Harry aún tenía en la ceja izquierda. Durante unos instantes miró la mancha, luego sonrió.- Creo que tendremos que solicitar una interconsulta. Vengan.
Draco empujó la silla hasta una salita y ambos esperaron en silencio. Al cabo de un rato, la puerta se abrió y entró el anciano mago canoso.
- Ah, vaya; señor Malfoy, señor Potter…
Los dos se asombraron un poco por la aparición del medi-mago, pero no dijeron nada, al menos Harry no dijo ni una sílaba.
El anciano se acercó a Harry y revisó la pequeña herida en la frente.
- Bien, creí que vendrían a hacerse algunos exámenes mas, pero ahora ya no hace falta.
- No sé muy bien de que está hablando.- comentó Draco.- Vinimos porque Harry no se sintió bien. Estábamos en una redada y quedamos demasiado cerca de un desvanecedor, quizás eso le afectó un poco.
- No, señor Malfoy. No es eso lo que le esta afectando a su pareja, aunque creo que él ya tiene una idea de lo que sucede. ¿O me equivoco?
Ante esas palabras, Draco giró hacia Harry. Aquél asintió suavemente sin hablar y sin animarse a mirarlo.
- Muy bien, entonces alguno de los dos, explíqueme.
- Sí vamos a tener un hijo.- dijo Harry de forma apenas audible.
Se preguntaba cómo iba a tomarlo Draco. Había estado tan preparado a asumir su papel en todo el tema, que no quería desilusionarlo. Sabía que había estado dispuesto en realidad a ser él quien llevara adelante el embarazo.
- Pero… pero… ¿Cómo…?
Harry levanto la vista con brusquedad, no esperaba esas palabras.
- Bueno, tú estabas ahí, supongo que sabes cómo pasan estas cosas.- dijo cortante.
- No, amor; no quise decir eso…- tartamudeó Draco, conciente que había dicho una idiotez.- Es que…
En ese instante tomó real conciencia de lo que estaban hablando. Harry estaba embarazado, iba a tener a su hijo. Era verdad, iban a tener un hijo.
Por apenas un segundo se sintió desilusionado por no haber sido él, el elegido; pero al segundo siguiente recapacitó. Si lo mejor para el bebé era ser gestado en el cuerpo de Harry, él podía manejar eso. Además si lo meditaba con seriedad, no era extraño. El conjuro elegía al mas capaz mágicamente de llevar esa carga y aunque estaba conciente de su propio poder, sabía la clase de poder que había en su pareja. Estaba un poquito decepcionado, pero tan feliz, tan contento que sin meditarlo abrazó al joven de pelo negro que no esperaba esa reacción y se quedó un poco estático antes de responder al gesto.
Incluso el mago se sorprendió por la reacción del muchacho, había estado preparado para enfrentar un pequeño choque cuando el rubio se enterara que no había sido favorecido en la elección, pero aquél realmente debía amar al moreno y en realidad quería tener una familia, porque la lucha interna se había resuelto en cuestión de segundos.
Mientras, Harry intentaba sobrevivir al sofocante abrazo de Draco.
- Yo… lo siento, Draco… Sé que tú querías…
- No importa, Harry. De verdad no importa.- decía mientras lo besaba una y otra vez.
- ¿En serio…? ¿En verdad no importa?
- No amor, estoy tan feliz…
- Ehmm… siento interrumpir. ¿Señor Malfoy, le importaría a usted traerme ahora el recipiente que les dí con el conjuro? Sería muy útil.
- Voy y vuelvo en un segundo.- dijo, exhultante y desapareció.
Sofocado, Harry se acomodó mejor en la silla tratando de hacerse a la idea. Apenas una hora atrás, estaba persiguiendo Mortífagos, escapando por un pelo de desaparecer en un Desvanecedor y ahora estaba sentado allí.
“Embarazado” se dijo, intentando asimilar esa palabra nueva en su vocabulario. “Esperando que me digan cómo van a ser los próximos meses de mi vida… Cielos.”
- ¿Te sientes bien, Harry?- preguntó el hombre, al verlo tan concentrado.
- No lo sé, creo que sí.
Draco apareció trayendo en sus manos el pequeño recipiente que el medi-mago les había dado semanas atrás. Cuando el anciano activó el conjuro, una pequeña nube dorada, una ráfaga de polvo de oro se elevó desde el recipiente, pareció atraída por Harry y se dirigió directo a él, más exactamente a su vientre. Estuvo flotando unos instantes allí y luego se absorbió en su cuerpo.
- Muy bien, ésa es una prueba concreta. Pregnant Electios hizo la elección más adecuada.
Draco habia vuelto a tomar asiento, muy junto a Harry y lo tenía aferrado por las manos, como si tuviese temor a que se desapareciera. Cuando pensaba en lo cerca que había estado de ese Desvanecedor, un escalofrío le corría por la espalda.
- Entonces, Harry vamos por partes. Primero dime cómo te hiciste ese chichón en la cabeza.
- Pensé que me había resbalado en el piso del sanitario, ahora sé que tuve un mareo bastante fuerte. Me golpeé al caer, pero no fue grave.
El mago sonrió indulgente.
- El médico soy yo, Harry. Yo te diré si fue grave.
- Lo siento.
- Está bien. Tuviste otro mareo luego, espero que no hayas vuelto a caerte.
- No, Draco estaba conmigo.- dijo como si eso explicara todo, en realidad para él así era. Si Draco estaba con él, nada malo podía pasarle.- Fue una condenada trampa, nos habían puesto un Desvanecedor. Apenas conseguimos desaparecernos a tiempo…
- ¿Desaparecer? ¿Así fue como escaparon del Desvanecedor?- preguntó el mago ahora con un matiz de alarma que a ninguno le gustó demasiado.
- Era el único modo.- dijo Harry.
- No vamos a alarmarnos antes de tiempo.- dijo levantándose rápido, y quitando a Draco del camino, tomó la silla y salió de la salita. Los llevó a otra sala, mas grande y ayudó a Harry a pasarse a un sillón mas confortable, reclinado.
- ¿Qué es lo que pasa?- preguntaba Draco desde un rincón.
El mago le indicó a Harry que se abriera la ropa para dejar el vientre expuesto y tomo una redoma de una estantería.
- Bebe esto.- ordenó, y aquel lo hizo sin chistar a pesar que la pócima tenía un sabor horrible. A continuación extendió otro líquido sobre la piel desnuda. Fue como si le hubieran aplicado hielo, pero la sensación pasó rápido. Con un pase ligero, el tono del tinte en su estómago pasó de azul a gris, luego a plata y volvió al azul original.
Al ver eso, el mago respiró con evidente alivio.
- Por favor… ¿Qué pasa?- murmuró Harry.
- Nada, por fortuna.- dijo el anciano, con un nuevo pase desvaneció la tinta mágica.- Puedes cubrirte y les explicaré.
Sacudidos por el intenso cambio de emociones en tan poco tiempo, Draco ayudó a Harry a incorporarse y volvió a tomar asiento. Ahora con mas calma, regresaron a la salita original.
- Vamos a tener una conversación muy seria los tres ahora mismo.- dijo el anciano.- Y espero que asuman con responsabilidad lo que voy a decirles y no tomen esto como simples recomendaciones. Son órdenes. Y si quieren tener una criatura sana en sus brazos, me harán caso. ¿De acuerdo?
- Claro.- dijo Draco.- Pero…¿Podrá explicarnos qué fue lo que pasó?
- A su tiempo. Bien, punto número uno: no mas apariciones, bajo ninguna circunstancia al menos durante los primeros dos trimestres. Luego dependerá de tu estado, Harry.
- Pero… es imposible. Entienda que en nuestro trabajo a veces, como hoy, hay vidas que dependen de la celeridad con que podamos llegar a algún lugar.- explicó Harry.- O salir de él.
El medi-mago tomó aire, recordandose que había elegido la natalidad masculina por su propia experiencia en ese campo. A veces los jóvenes no meditaban mucho las consecuencias de sus actos, otras veces, simplemente necesitaban que les abrieran los ojos.
- Veamos, Harry. Repasemos un poco la técnica de las apariciones. Sé que llegado cierto punto, se hace de manera casi inconciente, pero me interesa que recuerdes algo ¿Por qué te escindes cuando la aparición falla?
- Eso no pasará… Llevo años haciéndolo.
- Dimelo igual.
- Porque la mente no tiene un registro completo del cuerpo, por eso no se permite enseñar aparición en menores. Sus mentes aún no tienen el mapa completo registrado, aún no han terminado de crecer, por eso atropellan cosas y todo eso.
- Perfecto. ¿Eras buen alumno, no? Bien. Ahora presta mucha atención y tú mismo te darás cuenta: La escisión se produce cuando tu mente no registra una parte de tu cuerpo y ésa parte queda atrás. ¿Vamos bien hasta ahí?- la pareja asintió en silencio.- Si hay algo nuevo en tu cuerpo que tu mente conciente aún no registra, tú podrías aparecerte sin mayores inconvenientes; pero esa parte nueva quedaría fuera de tí.
El mago guardó silencio mientras los miraba a ambos. El rubio emitió un gemido, había caído en la cuenta primero. El otro joven tardó un poco más, pero cuando lo hizo, se puso pálido, muy pálido y de manera inconciente llevó su mano derecha hacia el vientre. El anciano pensó que ése era un gesto universal de protección. No conocía hombre o mujer que no lo hubiese hecho alguna vez para cubrir el lugar que ocupaba el nonato.
Pero lo que Harry realmente estaba recordando era la forma en que habían escapado del Desvanecedor. Draco lo había abrazado y juntos desaparecieron. El embrión que apenas se estaba formando en él podría haber quedado atrás, y el Desvanecedor hubiese terminado para siempre…
La nausea le subió a la garganta sin que pudiese detenerla.
- Ayúdelo a llegar al sanitario, señor Malfoy. Creo que está por vomitar.
Así fue, en efecto. Unos minutos después, cuando las nauseas se aplacaron, regresaron al consultorio. Harry se negó a tomar asiento en la silla de ruedas de modo que Draco lo ubicó en su silla y se quedó a su lado.
- Siento haber tenido que ser tan drástico, pero era necesario que entendieran la importancia de mis indicaciones.- todavía pálido y desencajado, Harry asintió.- Tu magia es fuerte y eso permitió que pudieses llevar al bebé contigo cuando te desapareciste, pero tu cuerpo lo resintió un poco y protestó... Ese fue el pequeño dolor que sentiste luego. Bien, entonces. No más vuelos en escoba, a menos que vayas acompañado. Una caída en los sanitarios puede manejarse, pero desde varios metros de alto es muy diferente.
- ¿Los Portales están permitidos?- preguntó Draco.
- Portales y Trasladores estan bien pero conviene no abusar de ellos. Además, te convendría manejar las tensiones a las que estarás expuesto... Tensiones excesivas no son buenas.
Con su varita, conjuró un estuche que abrió ante ellos. Dentro había varias hileras de pequeñisimas redomas de cristal.
- Debes tomar una por día, Harry. Necesitas compensar el desajuste hormonal que vas a tener y a la vez tener lo necesario para mantener a tu bebé. Éstas son para las primeras semanas. Ten cuidado en el trabajo, apenas tienes unas cinco semanas de embarazo y los primeros meses son muy importantes.
Los dos jóvenes solo asentían sin hablar, y el anciano decidió que definitivamente había sido demasiado duro con ellos.
- No tienes que tener miedo, Harry. Sé que lo anterior fue una impresión muy fuerte, pero prefiero haberte dado un susto ahora y no sufrir luego. Ya verán, compartirán muchos momentos muy agradables a partir de ahora. No todo sera tan difícil si se mantienen juntos. Señor Malfoy llévelo a casa, que duerma y descanse bien. Va a tener mucho sueño en los días siguientes y… oh, olvidaba algo.- puso sobre el estuche un frasco más.- Esto es para las náuseas.
Draco empequeñeció todo y lo guardó. A pesar de que sabía que lo que había hecho el medi-mago era lo correcto, todavía no se decidía a perdonarlo por haberle causado un susto tan grande a Harry.
- Creo que eso es todo, por ahora. Los espero en una semana para una revisión más detallada. Vayan a descansar.
Con tierna solicitud, Draco le ofreció apoyo a Harry, quien lo aceptó sin estar muy seguro si volvería a marearse.
- Podemos usar la silla, si quieres.- comentó Draco, pero el otro negó sin hablar, de manera que apenas dirigió una mirada de despedida al medi-mago.- Estaremos aquí la semana próxima.
El anciano los vio salir juntos de la sala y con una media sonrisa regresó a su casa vía chimenea.
*
Caminaron juntos a través de los pasillos solitarios y salieron al exterior. La noche estaba intensamente fría pero clara. La respiración de los dos jóvenes formó nubecitas de vapor a su alrededor.
Protector, Draco mantenía a Harry muy cerca, sentía que ese contacto era muy necesario en ese momento.
- Ese bastardo me asustó de verdad por unos momentos.- admitió el moreno en un murmullo y Draco se detuvo para poder abarcarlo mejor en sus brazos entonces la cabeza de cabello oscuro se apoyó sobre su hombro, buscando refugio; permitiéndose la debilidad de buscar un punto de apoyo. Estuvo así unos instantes, hasta que se calmó.
- No sabíamos entonces, pero ahora tendremos más cuidado.- prometió Draco acariciando el pelo arremolinado.- Vamos a casa, tienes que descansar.
- No.
- ¿Cómo?
- Vamos a la Central. Los demás deben estar preguntándose qué pasó conmigo y yo necesito asegurarme que todos están bien.
- Tengo la impresión que no oíste nada de lo que dijo el medi-mago.
- Sí, lo escuché tan bien como tú. Nos dio todas las indicaciones debidas porque sabe hacer muy bien su trabajo; pero yo tambien sé hacer el mio. Y mi trabajo es ir a la Central, asegurarme que todos los Aurores que mandé a esas misiones, están bien; y tratar de averiguar qué pasó. Luego sí, ire a descansar. Además mañana es sábado.
- Pero Harry, tienes que ser conciente...
- Lo soy, tú sabes que esto tambien es importante. Casi pierdo a nuestro hijo en esa trampa así que voy a averiguar qué diablos se traen esos bastardos entre manos.
Draco suspiró. Discutir con Harry en temas de trabajo era un asunto perdido y prefería estar con él en buenos términos que llevarlo a rastras hasta la casa. Sabiendo que tenía la discusión ganada, Harry le obsequió su mejor sonrisa.
- Además no querrás discutir con tu jefe, ¿no?
- Tengo la impresión que mi jefe esta empezando a aprovecharse de su estado.- comentó con fingido enojo. No podía enojarse con Harry cuando le sonreía así.
- Tendrías razón.- dijo, empinándose para darle un beso leve.
Ambos desaparecieron de los jardines de la entrada de San Mungo dentro del nuevo Portal que Draco convocó para los dos. Mejor dicho, para los tres.
Capítulo 3
- Harry son casi las once...- informó Draco desde el umbral de la puerta.Como si no hubiese oído, Harry siguió escribiendo, revolviendo papeles y rumiando en voz baja, consiguiendo con eso que el humor volátil de Draco se disparara.
A pesar de la recomendación del medi-mago, Harry había insistido en ir a la Central y lo había convencido de eso, pero una cosa era ir a verificar que todos estuviesen bien; y otra muy distinta quedarse trabajando hasta esa hora de la noche.
- ¿Escuchaste lo que dije?
- Sí... ¿Terminaste el informe preliminar...? ¿Por triplicado?
- Sí.- avanzó un poco y bajó la voz. No le gustaba que los demás presenciaran cuando Harry y él tenían algun pequeño desacuerdo.- Tenemos que ir a casa, Harry... Tienes que descansar... ¿Recuerdas?
- Dentro de unos minutos Draco...
- Dijiste eso hace dos horas, y hace una hora... ¿Cuanto tiempo más vamos a quedarnos aquí? Los demás tambien tienen que irse a sus casas...
-¿Dónde habré puesto la planificación de los grupos...?
Hastiado por la poca atención que le estaban poniendo, Draco bufó en forma evidente y perdió lo que le quedaba de paciencia.
- En la gaveta superior del escritorio, señor.- dijo, tajante.- Con permiso, me voy a casa. Terminé mi horario hace varias horas.
Dándose la vuelta enfiló hacia la salida.
Conciente del tono en la voz de su pareja, Harry levantó la vista pero tambien era cierto que él decidía cuando terminaba la jornada de trabajo.
- Malfoy.
Envarado al oírse llamar así, Draco giró y ambos se enfrentaron por unos segundos.
- Tenemos que hablar.- dijo Harry.
- El tema del cual tenemos que hablar, lo hablaremos en casa. Señor.- dijo Draco y salió de la oficina.
Viendolo marcharse, Harry reparó en el reloj del salón principal.
"Merlín... ¿Ya son las once...? Oh, diablos... Eso fue lo que me dijo Draco..." pensó, dándose cuenta que no había prestado ninguna atención a todo lo que su pareja le había dicho antes de enojarse. Y tenía que hacer algo si no quería que el enojo durase más.
Rápidamente, juntó papeles, acomodó un poco el escritorio y dejó todo lo demás pendiente para el lunes siguiente. Tomando su capa a escape, salió de la oficina.
- ¿Qué diablos están haciendo todos aquí todavía?- preguntó mientras atravesaba el salón.- Lárguense... Buen fin de semana.
La mayoría de los que estaban allí, solo sonrieron y comenzaron a juntar sus cosas para irse. No en vano le habían pedido a Malfoy que le recordase al jefe que necesitaban irse a casa.
**
El Portal dejó a Harry en medio de la salita y escuchó a Draco batallando en la cocina. Se quitó la capa y la dejó en el perchero, encaminándose hacia allí.
- ¿Por qué estás tan enojado?- preguntó, desde la puerta, aunque por supuesto, sabía la respuesta.
El rubio dejó la cacerola sobre la cocina y aquella resonó con el golpe.
- Se supone que ibas a hacer un control de que todos estuviesen bien, no que ibas a quedarte en la oficina hasta estas horas... Wallace dijo que tenías que descansar.
- Lo sé, pero...
- ¿Pero qué?
Sabiendo que Draco tenía razón, Harry cedió.
- Lo siento... No me dí cuenta de la hora.
- No me estabas prestando atención.- siguió Draco y Harry negó en silencio.- Diablos, Harry... se supone que...
- Se supone que teníamos un trato.- objetó suavemente Harry, avanzando hasta él y quitándole la cacerola de las manos.- Yo tomo las decisiones en la oficina, y tú lo haces en casa... ¿No era así?
- Sí. Y lo he respetado siempre, porque solo nos involucraba a nosotros dos. Pero ahora hay alguien más en medio y si vas a empezar así...
- Tal vez tengamos que replantear algunas cositas dentro del trato...- sacó la molesta cacerola del medio y acercándose más, le echó los brazos al cuello.- Lo siento... ya sabes cómo soy con el trabajo...
- Sí, lo sé, por eso me preocupo. Te metes en las cosas con esa persistencia tan... tan... Gryffindor... que me dan ganas de sacudirte.- dijo, pero no pudo evitar que sus manos fueran directamente hacia la cintura de su pareja para acercarlo un poquito más.
- Sabes que puedes sacudirme cuando quieras.- susurró Harry, muy cerca de sus labios.
- Hablo en serio, Harry.
- Lo sé, amor. Te prometo que te haré caso en este asunto.
- ¿Aunque estemos en la oficina?- presionó Draco, solo para sentirse seguro.
- Solo cuando se trate de nuestro bebé.
Sonriendo, Draco lo aferró hacia sí.
- Eso sonó bien... Dilo de nuevo.
- ¿Qué cosa?- Harry se hizo el desentendido, pero sabía a la perfección qué era lo que el rubio quería oír.- ¿Lo de 'nuestro bebé'?
- Exactamente eso.- dijo Draco antes de impedirle cualquier otra palabra sellando su boca con sus labios y terminando con ese asunto de una vez.
De cualquier modo, nunca podia estar demasiado tiempo enojado con Harry.
**
A pesar de todo, se habían acostado muy tarde y casi en el momento en que puso la cabeza en la almohada, Harry cayó dormido. Y durmió durante casi todo el sábado.
Cuando lo despertaron para cenar estaba mas fresco, ya no tuvo mareos, al menos ese día y cenaron juntos en la cocina. En el curso de la tarde había llegado una lechuza de parte del medi-mago con las recomendaciones para los alimentos y otras cosas.
Harry quería compartir la noticia con Ron y Hermione porque eran sus amigos, y si Draco tuvo mayores inconvenientes, no iba a decirlos en ese momento. Nunca había terminado de llevarse bien con ellos, pero no podía negar que la amistad que unía a esos tres era tan firme y verdadera como el amor que él sentía por Harry.
Así que los invitaron a cenar el domingo.
Draco se despertó sobresaltado al sentir un movimiento rápido a su lado, pies descalzos corriendo y luego el inconfundible sonido de alguien vomitando en el baño. Rápido, se levantó y fue hasta allá, para encontrar a Harry de rodillas ante el retrete y al parecer, iba a vomitar todo lo que había comido en la última semana, o meses, o años, quizas.
Bien, ya habían leído acerca de eso, se suponía que era normal, aunque eso no hiciera el paso mas fácil.
Los espasmos eran tan fuertes, que aunque Draco intentaba brindar apoyo a su pareja, había bastante poco que pudiera hacer. Un poco después las nauseas parecieron ceder.
Draco le alcanzó un vaso de agua para que se enjuagara la boca. Temblando, el moreno lo tomó, mientras su pareja le quitaba un mechón húmedo pegoteado en su frente.
Tenía ganas de decirle que estaba adorable, que lo amaba en ese momento más que nunca, a pesar de los ojos llorosos y la nariz colorada; pero considerando el color verde en el rostro de Harry, prefirió decirselo más tarde.
- ¿Mejor ahora...?- susurró.
- Creo... creo que sí.- no se oyó demasiado seguro.
- Me parece que mejor vuelves a la cama un rato más.- dijo y lo ayudó a ponerse de pie.
Era una situación bastante atípica, porque en general Harry era muy saludable y fuerte, ni siquiera cuando lo habían herido durante distintos encuentros, llegaba a solicitar el apoyo de alguien. Pero ahora los temblores lo sacudían y se aferraba al brazo de su amante. Se detuvo a medio camino, verde, una vez más.
- ¿Qué pasa, amor?
- Vol...vamos...- alcanzó a decir antes de que las náuseas atacaran de nuevo.
Un rato mas tarde por fin pudo regresar a la cama, agotado y dejó que Draco lo arropara y se durmió de nuevo.
Luego de asegurarse que descansaba bien, Draco se vistió y se dedicó a preparar un almuerzo liviano, aunque tenía la impresión que Harry no estaría muy dispuesto a comer. Después se puso a asear un poco el departamento para que cuando Ron y Hermione llegaran todo estuviera ordenado. No quería que Harry se agotara con esas cosas y si antes no le molestaba hacerlas, ahora muchísimo menos.
Preparó una pequeña bandeja y la llevó a la habitación. La dejó a un lado y se sentó en el suelo, a un lado de la cama, absorto en la contemplación de su pareja.
El rostro estaba un poco pálido de nuevo, pero lo atribuía a las descompostura matutina, por lo demás, Harry estaba extendido medio de lado, y había pateado casi todas las mantas a un costado.
El cuerpo elástico y delgado estaba apenas cubierto por la ropa interior, inclusive distendido, el toráx mostraba los músculos marcados, los abdominales perfectos. La visión del estómago plano, endurecido por los ejercicios, lo atrajo casi como el primer día que lo vio desnudo. Esta vez, sin embargo, la atracción era de otra índole.
Debajo de esa piel color canela, había creciendo una vida.
Conteniendo la respiración, Draco alargó la mano hacia ese lugar. Con la suavidad de una pluma, los dedos largos y pálidos se apoyaron apenas en el vientre y la retiró al punto, con temor casi reverencial pero luego volvió a intentarlo. En esa ocasión, la mano blanca se posó sobre la piel aterciopelada y cálida moviendose junto con el ritmo de la respiración.
"Está ahí... Aun no se vé, pero está ahí " pensó, exhultante de emoción. "Nuestro hijo está ahí y está vivo. No me animo a decirlo... Creo que si lo digo en voz alta la visión se va a desvanecer."
Estaba tan concentrado en sus pensamientos, que no se dio cuenta que Harry había despertado y lo observaba. Con suavidad, puso su mano sobre la de Draco ambas sobre el vientre llano y sonrió.
- Lo estamos haciendo - dijo tan solo, como confirmando que esa vida no iba a desaparecer si se la mencionaba en voz alta ante la expresión solemne del rubio y sin saber cuan parecidos eran sus pensamientos a los de su pareja.
- Sí... Es tan increíble...No nos habíamos dado cuenta... Wallace dijo que estabas de unas cinco semanas...
- Cinco semanas.- dijo Harry y su sonrisa se hizo mas amplia, pícara.- ¿Te das cuenta? Fue durante nuestro último 'wow'...
Draco tambien sonrió, tomó la mano de Harry en la suya y besó la palma con devoción y no contento con eso, se irguió y llegó hasta sus labios, que lo esperaban, ansiosos como siempre.
- ¿Te dije últimamente lo mucho que te amo?
- Tal vez fue esta mañana, pero estaba ocupado vomitando.
- ¿Te sientes mejor ahora?
- Por ahora sí.- se sentó en la cama y divisó la bandeja a un lado.- ¿Crees que estará bien si como algo? Tengo hambre.
- Inténtalo, amor.
Para no forzar su buena suerte, Harry comió poco, pero a medida que iba pasando el tiempo, se sentía un poco mejor. La descompostura habia sido terrible por la mañana pero ahora se estaba disipando.
Hacia la tarde pudo levantarse, darse una ducha y ayudar a Draco a preparar la cena. Al anochecer, un leve chisporroteo en la chimenea les anunció que los invitados estaban por arribar. Segundos después, el joven pelirrojo apareció abarcando en sus brazos a Hermione, su esposa.
Los eventos de ese tipo no eran muy normales, por la simple razón que Ron y Hermione nunca habían terminado de llevarse bien con Draco, pero de vez en cuando Harry insistía en compartir unos minutos, al margen del tiempo que pasaban en el trabajo.
Se saludaron y mientras Draco terminaba de verificar algunas cosas en la cocina, ellos tomaron asiento en la salita.
- ¿Tendremos los resultados de los análisis del terreno en Paddington Station para mañana?- preguntó Harry ni bien tomó asiento.
- Creo que sí.- informó Hermione.- Pero no creo que nos revelen mucho más…
- ¡Harry!- la voz de Draco desde la cocina.- ¿Estás hablando de trabajo o son solo ilusiones mías?
- Ilusiones, amor.- contestó al punto y dirigió una sonrisita cohibida a sus amigos.
Ron sacudió la cabeza, incrédulo.
Algunas veces no entendía cómo hacian esos dos para no matarse. Trabajando y viviendo juntos, Hermione y él a veces no podían evitar pelearse por mezclar las cosas, pero ellos parecían haber establecido alguna especie de trato especial.
Draco nunca interfería en las decisiones de Harry, a veces las discutía, pero siempre con una especie de alejamiento frío y profesional que a su pesar Ron admiraba. Un pensamiento un tanto obsceno se le cruzó por la mente; probablemente Draco se tomara la revancha en otros terrenos. Bastaba ver cómo, con una sola frase había cortado en seco la conversación que el moreno había iniciado. Y ni siquiera estaba presente. Decidió que esas no eran las imágenes que necesitaba en su cabeza justo en ese momento y las quitó al instante.
Draco arribó desde la otra sala trayendo en manos la bandeja con cosas para compartir un café hasta que estuviese lista la cena. Hermione se puso de pie y le ayudó a disponer las cosas. No llevarse bien no significaba ser una desatenta, según su opinión.
- Gracias.- dijo Draco y casi le provoca un infarto a la joven.- ¿Qué vas a hacer, Harry? ¿Les vas a decir ahora o prefieres causarles una indigestión después de la cena?
Los ojos grises lo miraban divertidos, aunque la sonrisa fuera apenas velada. Se sentó a su lado en el sofá.
- Creo que mejor ahora.
-¿Decir qué?- preguntó Ron.
- Supongo que Herm ya tiene una idea de lo que voy a decir.- dijo Harry dando un vistazo al rostro sonriente de su amiga y lo soltó de una sola vez.- Vamos a tener un bebé.
- Oh, Harry, felicitaciones.- dijo aquella, levántándose al punto para darle un enorme abrazo.- Lo imaginé…
- ¿Sabes que a veces eres demasiado sabihonda?- comentó Harry, sonriendole.
Ron se había quedado sentado mirándolo sin terminar de asimilar la frase al parecer. En realidad, así era. Aunque sabía que esas cosas eran posibles, jamás se le hubiese ocurrido que su amigo fuese capaz de hacer algo por el estilo. Pero después de todo, no era tan desquiciado. Crecido en una familia sin amor, o mas bien sin familia casi, era natural que Harry quisiera tener una propia. Y por supuesto no era para nada extraño que quisiera formarla con su pareja.
Todo ese proceso mental llevó unos cuantos segundos, segundos que le permitieron hilvanar una frase más o menos coherente.
- Vas a tener un bebé.- repitió.
-Sí, Ron.- contestó, conteniendo la respiración, esperando la reacción.
Tambien Hermione esperaba. Su esposo era leal y un amigo fiel, pero en ocasiones, estallaba antes de meditar demasiado las situaciones. Luego siempre se arrepentía, pero en esta ocasión, no quería que una reacción un tanto explosiva arruinara la felicidad de Harry.
Sentado desde donde estaba, Draco observaba en silencio. Sabía cuánto valía para su pareja la opinión de Ron y esperaba, diciéndose que si el pelirrojo hacía sufrir a Harry, lo destrozaría con sus propias manos.
Ron se puso de pie, su rostro estaba tan serio que era indescifrable y se acercó a Harry.
- ¿Es lo que deseas?- preguntó al fin.
- Mas que nada en el mundo.- dijo en un murmullo firme.
- Entonces me alegro por ti, amigo. Te felicito.- dijo y sin darle tiempo a reaccionar, hizo a un lado a su mujer y abrazó a su amigo, tan fuerte que casi lo dejó sin aire.
Hermione suspiró, Draco suspiró y Harry intentó respirar después que lo soltaran. Y entonces Ron hizo algo ninguno podía haber previsto: se volvió hacia Draco y le extendió la mano.
Tomado absolutamente por sorpresa, aquel lo miró por unos segundos.
- Las felicitaciones tambien son para ti, hurón. Supongo que tuviste algo que ver en esto.
- No tengas ninguna duda de eso, comadreja.- contestó Draco, su voz tan arrogante como siempre, pero aceptó su mano y a su pesar le dedicó una sonrisa, por una vez completa y profundamente sincera. Para seguir el ejemplo de su esposo, Hermione le plantó un sonoro beso en la mejilla.
- Esto no significa que nos vamos a llevar mejor.- comentó Ron volviendo a su asiento.
- Jamás pensaría algo así.
- Qué bueno que están de acuerdo en eso.- dijo Harry, bastante contento.- Voy a necesitar que me ayuden en esto… No quiero que los demás lo sepan.
- Ehmm… Compañero, eso va a estar un poco difícil. En un tiempo mas se te va a notar.
- Sí, bueno Ron; pero al menos durante los primeros tiempos me gustaría estar tranquilo. Ya sabes cómo son estas cosas... Todo el mundo se entera y ya no me dejarán en paz.
- Puedes contar con nosotros, lo sabes.- dijo Hermione y Ron asintió.
- Muchas gracias...Uhmm...Creo que tengo hambre. ¿Podemos comer ahora?- preguntó Harry, tentativamente.
- Sí, podemos.- confirmó Draco.
Y mientras iban hacia la cocina, Ron empezó a disfrutar de su nuevo tema para poner a prueba la paciencia de Draco con el asunto de los antojos de comidas extrañas y en horarios insólitos y algunas otras cosas.
Esa fue una de las mejores reuniones que tuvieron desde que se conocían. Una vez que se fueron, entre los dos limpiaron la cocina y fueron a la cama.
- ¿Estás feliz, amor?- preguntó Harry, medio dormido.
- Mucho. Tú me haces completamente feliz.
- Qué bien…
El resto de la frase se diluyó en el sueño, y por un largo rato, Draco lo observó dormir. Había un leve resplandor en el horizonte cuando se decidió a cerrar los ojos y descansar. Hubiese seguido contemplándolo por siempre.
Capitulo 4
El primer lunes de trabajo, por primera vez en bastante tiempo, Harry llegó tarde a la oficina. Y eso fue simplemente porque hasta que las náuseas cedieron, ni siquiera pudo ponerse de pie para vestirse. Sin embargo nadie pareció notarlo ya que la Central, por lo común era un continuo ir y venir de magos y brujas de distinta procedencia.Nunca le había gustado viajar a través de la red Flu, y no iba a empezar en ese momento, arriesgando un aterrizaje poco suave, de manera que una vez más, Draco convocó un Portal para ambos que los dejara directamente en el interior de su despacho. Así pasaría desapercibida su tardanza.
Enfrascado por completo en el papelerío que demandaban las tres incursiones en el mundo muggle, Harry pasó el mediodía y una parte de la tarde maldiciendo, haciendo informes y acicateando a sus Aurores para que hicieran los suyos. Muchas veces lo comparaban con el 'Tirano Owens', el antiguo encargado de la oficina, cosa que a Harry siempre le causaba un cierto pesar y le traía recuerdos tristes.
Hacia la tarde, terminó de estampar su firma en el último informe y se levantó del sillón haciendo crujir las vértebras de la espalda. Bostezó inconteniblemente.
- Merlín... No puede ser que tenga tanto sueño... Si no salgo de aquí, me voy a dormir.
Uniendo la palabra a los hechos, salió del despacho dispuesto a hacerle la vida imposible a sus empleados, pero tuvo que desistir. Cuando lo vieron bostezar tres veces seguidas, Mc Gregor, uno de los Aurores que había estudiado con él se adelantó.
- Harry... Voy a buscar café... ¿Quieres un poco...?
No estaba dentro de las cosas que Wallace le había dado como recomendables, pero lo necesitaba para permanecer despierto. Además podía confiar en Mc Gregor. Criado con muggles como él, sabía conseguir buen café.
- Sí, te lo agradeceré... Estoy a punto de dormirme...
- Hay que dormir por las noches, jefe...- comentó sonriendo, aquel y salió antes que Harry le arrojara algo.
Mientras esperaba, se sentó en el escritorio de Draco y aquél apareció minutos después con los brazos llenos de carpetas polvorientas que dejó caer sobre la mesa. Se sacudió la túnica hasta asegurarse que no había nada que objetar en su aspecto.
- ¿Como puede juntarse tanto polvo en tan poco tiempo, maldición?
- Los elfos no pueden entrar a limpiar en los archivos, se los he prohibido, así que la mugre se amontona...- explicó Harry y alcanzó a ver a Mc Gregor que venía haciendo levitar con bastante éxito unos cuantos vasitos descartables con café y rosquitas.
Dejó un par de vasos sobre las carpetas y a un costado unas cuantas rosquitas cubiertas de chocolate, las preferidas de Harry.
Aquel las miró un instante y tratando de guardar al menos un poco de dignidad, se levantó y se dirigió a toda prisa hacia su despacho.
- ¿Qué le pasa?- preguntó el otro muchacho, sin comprender.
- Nada... Debe haber recordado algo urgente... Ya sabes cómo es.
Un tanto inquieto, Draco tomó el vaso de café y tres rosquitas y se encaminó hacia la oficina del moreno. Golpeó suavemente y entró.
- No me acerques eso.- le advirtió Harry, asomándose desde el pequeño cuarto de baño donde se había refugiado.
- ¿A qué te refieres con 'eso'? ¿Al café o a las rosquitas con chocolate?
- A las rosquitas con ch... Oh, maldición...- el sonido de leves arcadas convencieron a Draco de dejar las pecaminosas rosquitas a un lado e ir a verificar que Harry estuviese bien.
- No te entiendo amor... Siempre te gustaron las rosquitas, cuanto más chocolate tuviesen mejor...
- ¿Podrías hacerme el favor de no mencionar la palabra 'chocolate'?- gimió Harry, apareciendo de regreso.
Eso sí fue una sorpresa porque desde que estaban juntos, Draco practicamente no podía separar la palabra Harry de la palabra chocolate. Eran casi sinónimos. No obstante sí acercó el vasito de café.
- ¿Ya pasó?- preguntó tentativamente y su pareja asintió, algo pálido.- Muy bien, ya tomé nota: nada de chocolate... Ooops, lo siento.
Luchando con el asco que le subía de nuevo a la garganta, Harry le dirigió una mirada de odio y Draco se la devolvió con cierto regocijo. Al final, consintió en ir a buscarle unas galletas para calmarle las naúseas y el hambre, aunque, en realidad, fuese mas bien para hacer las pases.
**
Eso fue nomás el principio. Querer que el asunto no se supiera estaba bien, lo que era más difícil era conseguir que nadie lo notara. Sobre todo porque de ordinario, Harry solía estar en su oficina a las ocho en punto de la mañana, una hora antes que los demás y durante la semana que empezó, a esa hora estaba intentando retener algo en su estómago, con resultados totalmente negativos. Entonces descubrió que si se levantaba más temprano, las nauseas empezaban antes y se volvían soportables antes; así podía estar en el trabajo alrededor de las nueve.
Al final de la semana hicieron una nueva visita a la clínica y vieron por primera vez a su hijo. Todavía no era más que una cosita y hasta que el medimago no señaló, no podían distinguir gran cosa.
- Esto serán las piernas... y estos los brazos ¿Ven?- indicó el anciano.
- Es un gusanito.- comentó Draco y recibió un solemne codazo en las costillas como respuesta a esa observación.
- De hecho, debe medir unos… 12 milímetros en estos momentos, y debe estar en los 70 gramos aproximadamente.- indicó Wallace, sin dejar de sonreir al ver las caras extasiadas y absortas de los jóvenes ante la imagen del conjuro.
El rubio era la imagen viva del orgullo y el otro, no había palabras para describir de manera apropiada la expresión de Harry.
A medias asustado y maravillado, como si verlo no alcanzara para convencerlo de la existencia de esa nueva vida; acostado en la camilla, con Draco sosteniéndolo para que pudiera erguirse un poco y no le resultara difícil contemplar la imagen tridimensional que flotaba encima de su cuerpo.
- ¿Por qué se ve así…? Como rodeado de eso dorado…
- Eso dorado, Harry, es lo que mantiene a tu bebé. Es como una bolsa que lo cubre, lo protege y lo conecta contigo. Como hombre, no tienes el 'equipo' necesario para tener un bebé, así que el conjuro hace posible que ese espacio exista y que tu hijo crezca ahí dentro. Ahí estará seguro y calentito.
La imagen se desvaneció y el medi-mago procedió a revisar al muchacho, pero todo estaba correcto por el momento así que le indicó que podía vestirse.
- Has tomado la poción todos los días, supongo.- ni siquiera era una pregunta.
-Sí. Draco me lo recuerda siempre.
- Perfecto. No dejes de tomarla, no tienes las hormonas necesarias para mantener un embarazo así que es fundamental que no lo olvides. No eres mujer.
- Lo habia notado, gracias.- comentó un poco irritado.
- Ése es otra de las cosas a tener en cuenta. En los próximos días puedes tener el carácter un poco alterado, lo mejor es que lo tomes con calma, no trabajes tanto y duermas lo más que puedas.
Harry asintió y Draco se permitió observar que no había dicho nada al respecto.
- Las descomposturas matutinas seguirán siendo un problema al menos hasta el tercer mes, así que tómalo con calma tambien.
- Lo intentaré.
Le dio algunas vitaminas y otras cosas para reforzar sus defensas y pudieron volver a casa. Harry jamás había tomado tanta medicación junta.
**
“Puedo controlarlo, puedo hacerlo…” se dijo mientras casi corría rumbo a los sanitarios por segunda vez en la mañana, pero casi y no llega a tiempo. El desayuno terminó nuevamente en la taza del retrete.
Unos minutos después, alguien tocó la puerta con suavidad.
- ¿Harry, estás bien?- la voz de Hermione y como en ese momento, Harry intentaba tomar aire entre una y otra nausea, no pudo contestar.- Voy a entrar…
- Ya se me pasa…- consiguió decir, pero la chica ya estaba dentro.- Estaré bien.
- Sí eso supongo. ¿Tomaste la poción que te dieron para esto?
Harry negó con la cabeza pero eso pareció sacudirle un mazazo en el cerebro.
- ¿Y por qué no lo hiciste? Se supone que es para evitar que te sientas tan mal…
- Porque estoy cansado de tomar cosas, Herm. No es absolutamente necesario que la tome.
- Sí lo es, porque estás hecho un desastre.
- No estoy hecho un desastre y no es bueno tomar tantas cosas, no le hacen bien al bebé.
- JA. Déjate de idioteces, Harry si te las medicaron es porque las necesitas y no le harán daño.
- Ya estoy bien, Herm.
- Eres un terco.
- Y tú eres una entrometida.
- Me preocupo por ti.
- ¡Pues no lo hagas, entonces!
- Alguien tiene que hacerte entrar en razón.
- ¡Pues no creo que seas la maldita indicada para eso!- gritó.