Capitulo 13

Al día siguiente, ambos ocuparon la mañana en ayudar a Hermione en el laboratorio mientras aquella vomitaba en el sanitario. Ron intentaba ser de alguna utilidad solo para descubrir lo mismo que ya había descubierto Draco: que era imposible. Con la única diferencia que el sentirse tan mal hacía que el carácter de por sí volátil de Hermione se pusiera peligroso e inestable.

Peor se puso al atardecer, cuando Ron fue a hacer la última revisión del estadio de Quidditch para el partido de esa noche, y empeoró a medida que se acercaba la hora del partido.

- Nada va a pasar... Nada va a pasar...- repitió Harry yendo y viniendo por el recinto mientras intentaba controlar los nervios.

- Harry me estás mareando.- gruñó Hermione, a quien ese ir y venir empezaba a revolverle el estómago y si detestaba esa sensación por la mañana, muchísimo más la detestaba por la noche.- ¿Puedes hacer el favor de quedarte quieto de una maldita vez?

La mayoría de los Aurores estaban en el estadio, y ellos permanecían solos en el laboratorio. Se suponía que Hermione monitoreaba todos los procedimientos desde alli, y que Harry dormía en su departamento, pero sabiendo que le iba a resultar imposible dormir, optó por ir a acompañar a su amiga.

Ahora, notando cómo reaccionaba aquella, no supo si había sido una buena idea.

Luego de mucho meditar, Harry había decidido que habría demasiadas personalidades importantes en el estadio como para arriesgarse con la presencia de los estudiantes que en cualquier momento podían producir un desastre por un exceso de vitalidad y buena voluntad. Recordando su propia atolondrada adolescencia, Harry decidió por fin desistir de la idea de hacerlos participar. Ya tendría luego mejores oportunidades un poco menos arriesgadas y más acorde al nivel de entrenamiento que tenían esos novatos.

- ¿Cómo está todo en el estadio?- preguntó por vigésima vez.

- Míralo tú mismo.

En medio del recinto, una imagen del estadio tipo tridimensional flotaba ocupando parte del espacio. Dentro de ella, pequeñas lucecitas titilantes indicaban la posición de cada uno de los Aurores designados a la custodia durante el partido. Combinando sus conocimientos muggles para recrear algo similar a los planos que se obtenían por computadoras, y magia similar a la usada en el Mapa del Merodeador, Hermione solía crear cosas increíbles como ésa.

Ansiosamente, Harry ubicó el puntito azul plata y las letras que indicaban la posición de Draco y verificó también al resto de sus compañeros.

“Si tan solo pudiese estar allí...”

- Todo saldrá bien, Harry.- comentó Hermione, como si hubiese podido leer sus pensamientos.- ¿No confías en Ron?

- Claro que confío en él, no confío en los Mortífagos... Los presiento, sé que estarán allí, que intentarán algo...

- Si lo hacen, serán los imbéciles más rematados que existen. Ese estadio es un hervidero de Aurores.

- Y es un bocadillo exquisito para esos trastornados... Todavía no sabemos qué buscan... No sabemos qué planean y el estadio bien puede ser un blanco irresistible.

- Y tú bien puedes adelantarte el parto si sigues así.

Ante esa frase, Harry dejó de mirar el holograma mágico y regresó a la mesa que tenían algo más lejos. Miró todo lo que había desparramado encima con un poco de culpa. Pizza, pollo frito, tallarines, sushi, una jarra de jugo de calabaza, tres latas de gaseosa, una botella de cerveza de mantequilla y una de cerveza muggle. Convenientemente tapado, un pote de helado que ya había sufrido el primer asalto.

- Tengo hambre.- comentó Harry antes de tomar una alita de pollo.

- Has tenido hambre toda la noche.

- Es la ansiedad.

- No me hagas reír...

- No es para hacerte reír... Ya me contarás en unos meses, cuando se te pasen las náuseas matutinas y te dé el hambre voraz.

- Para entonces tú me contarás tu parto.- replicó maliciosa.

- Y tú me contarás cómo llamarás a tus mellizos... o trillizos... Depende si los Weasleys se potencian con cada generación...

- Te odio.

- Mentiras... Mmm… ¿Quieres pizza?

- Bueno.

Durante un rato, Harry siguió comiendo y Hermione lo acompaño un poco, pero constantemente verificaba que todo estuviese bien con aquella obsesión que la caracterizara desde su época en Hogwarts.

El partido terminó y muy despacio se retiraron las delegaciones extranjeras, cada una escoltada por un grupo previamente designado. Para alivio de Harry, su intuición falló y todo parecía estar desarrollándose de acuerdo a lo planeado, sin contratiempos ni sorpresas. Al cabo de un rato, solo quedaba en el estadio el equipo local.

- ¿Dónde diablos va Malfoy?- preguntó Hermione, al ver que la lucecita que le correspondía se separaba del resto del grupo.- ¿Le encomendaste algo más, Harry?

- No...- se levantó para ir a observar.

- Parece que va al vestidor de los jugadores...- conjeturó Hermione.

- Por Merlín...- Harry abrió una línea de comunicación directa.- Draco, regresa... ¿Me estás escuchando?

Pero el puntito de luz no se detenía y seguía su marcha.

- Draco, no lo hagas... Regresa... ¿Me oyes...?- repitió Harry, pero no parecía que estuviesen escuchándolo.

La lucecita llegó a su objetivo y permaneció allí titilando unos cuantos segundos. El mapa mostró un claro intercambio de actividad mágica, intenso y rápido. Luego, la lucecita inició el camino de retorno.

- Draco... ¿Estás bien?- preguntó, al final, conciente que ya no podía hacer nada.

- Claro que sí, Harry.- fue la respuesta plácida, casi amable.

- ¿Entonces por qué no me contestaste antes, maldición?

- Tenía un asunto pendiente con esos jugadores... Alguien debía enseñarles a mantener sus manos fuera de ciertos lugares.

- ¿Qué hiciste Draco?

- ¿En verdad quieres saber?

Harry meditó unos instantes y decidió que mejor no, aunque podía imaginarse una buena parte de lo que Draco podría haber hecho allí dentro porque ninguna de las luces que indicaban las posiciones de los jugadores, se había movido para intentar seguirlo; y sabía lo letal que era el rubio cuando estaba alterado. No tenía ninguna duda que sí estaba alterado, pese al tono suave de la voz que escuchaba.

- No, no me lo digas.- dijo por fin.

- No te preocupes, Harry, no le hace bien al bebé... Por cierto... ¿No deberías estar durmiendo en casa?

Sabiendo que a pesar de todo, Draco no se arriesgaría a poner su carrera en juego con algo irremediable, Harry se limitó a cerrar la comunicación y esperarlo. Tal vez luego, cuando estuviesen en casa conseguiría sonsacarle lo que había hecho.


**

Luego del almuerzo, empezaron a llegar los estudiantes de sus clases. Harry revisó algunos de sus papeles y tuvo que poner en juego toda su voluntad para no mirar cuando Martin ocupó su lugar.

De cualquier modo ya tendría que lidiar con la compañía del jovencito durante el programa de la tarde. Sin embargo no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción cuando Draco lo evitó diplomáticamente y entró a su oficina para hablar con él.

Luego del almuerzo, de acuerdo a lo que tenían programado para esa tarde debían llevar al Ministerio una serie de documentos de regular importancia. La idea era que los estudiantes comenzaran a tomar noción de las distintas funciones que debían desempeñar: no solamente atrapar mortífagos, sino también cualquier tarea que requiriese una custodia algo más fuerte que las del Cuerpo de Vigilancia Mágica.

Se reunieron en la sala central, donde Mc Gregor ya había colocado una caja de metal gris en uno de los escritorios. Los estudiantes se acercaron.

- Bien, escuchen con atención.- dijo Harry tomando la palabra.- Vamos a realizar un procedimiento de custodia de documentación. Se supone que esta caja debe ir al Nivel del Departamento de Misterios de manera que quiero que se la lleven y sigan la rutina para el caso. Nosotros los seguiremos unos segundos después para verificar que todo esté en orden. ¿Alguna pregunta?

- Señor...- dijo una jovencita pequeña de cabello dorado.- ¿Por qué debemos custodiar una tonta caja?

- Bueno, en principio... ¿Tienes idea de lo que hay en la caja?

- No, señor.

- Entonces no es ninguna 'tonta' caja. Va al departamento de Misterios y ésa es una zona altamente importante, por lo que cualquier cosa que haya dentro 'es' importante y casi con seguridad peligrosa. Si fuera menos importante la llevaría el Cuerpo de Vigilancia. ¿Algo más?

Como nadie dijo nada más, les hizo una seña, tras lo cual los tres estudiantes se ubicaron alrededor de la caja, varita en mano.

- ¿Como la llevamos, señor?- preguntó el estudiante que quedaba.

La sonrisa de Harry se hizo amplia y divertida.

- No es mi problema, Stuart. Ahora el equipo son ustedes, decidan qué hacer.

- Muy bien.- dijo por primera vez Martin.- Vamos a usar un Portal, no tenemos tiempo de hacer un Traslador.

Los demás asintieron sin hablar y poco después los tres desaparecían junto con la caja. Mc Gregor se acercó.

- Benton es muy capaz, le agrada estar al frente.- comentó, evaluando en voz alta.

- Es muy cansado esto de hacer de niñera.- dijo Draco bufando.

- Vaya, acostumbráte...- replicó Mc Gregor dándole una palmada en la espalda.- Vamos, no quiero que esos niños se pierdan en el Ministerio.

El Portal que trasladó a Harry, lo dejó en el pasillo del Ministerio donde segundos antes se habían parecido Draco y Mc Gregor.

- ¡Agáchate, Harry!- gritó Draco, sin poder salir del resquicio donde estaba semioculto.

Aquel obedeció, mas por reflejo que por otra cosa, pero el maleficio pasó rozando su cabeza. Alcanzó a meterse por una puerta mientras los rayos cruzaban el aire.

- ¿Que demonios pasa aquí?- gritó por encima del estropicio.

- El nivel está bajo ataque... Los estudiantes están por allá, creo que están bien, se aparecieron fuera del alcance de los mortífagos.- contestó Mc Gregor, llegando a su lado en medio de una lluvia de chispas.

- No hubo alerta...

- Hay algo podrido por aquí.

- Y que lo digas.- se asomó despacio y alcanzó a ver la túnica oscura y el cabello rubio de Draco resguardado tras una columna.- ¿Cuantos son?

- Quedan tres, creo. Martin dijo que cuando ellos llegaron, un par se estaban yendo con un cargamento de cosas.

- Maldición. Cuida a esos chicos, Mc Gregor. Que permanezcan juntos.

- Claro, jefe.

- ¡Draco, cúbreme!- gritó Harry.

Aquel empezó a lanzar sus conjuros, con más desesperación que otra cosa pensando que Harry iba a lanzarse en medio de aquella lluvia de maleficios; pero su pareja ya había asumido que parte de su condición actual no le permitía la misma movilidad de antes.

Cuando el moreno vio a uno de los mortífagos moverse, algo más lejos, envió su hechizo. La potencia del mismo destrozó parte de la columna detrás de la cual estaba parapetado el tipo y también lo arrojó hacia atrás, inconsciente. Al ver eso, los otros dos corrieron a través del pasillo oscuro y Harry aprovechó para llegar junto a Draco.

- ¿Estás bien?- preguntó en cuanto estuvo a su lado.

- Sí... Condenación, ni siquiera pude avisarte a tiempo para que no vinieras.

- No te preocupes. Vamos tras ellos.- miró hacia la columna destrozada.- Ese no va a despertar en un largo rato.

El rubio estuvo a punto de decirle que no lo hiciera, que no se arriesgara, pero se detuvo a tiempo. Nada en el mundo hubiese conseguido que Harry se quedara atrás en un momento así, pero eso no le impedía intentarlo.

- Si te pido que te quedes... ¿Lo harías?

- ¿Tú que crees?

- Que no me harías ningún maldito caso, como de costumbre.- rezongó aquel.

- Entonces ahorrémonos la escena, andando.

Salieron, pero los otros dos ya habían corrido adelante. Con cuidado, avanzaron por los pasillos en semi penumbras, escuchando o intentando escuchar algo que delatara la presencia de los mortífagos.

- ¿Por qué este lugar no está atiborrado de Aurores?- preguntó Draco con un susurro.- No comprendo.

- Yo tampoco, pero ya haremos esas preguntas luego.- el pasillo se dividió en dos y Harry le indicó que tomara el de la derecha.- Ten cuidado.

Los ojos grises no pudieron ocultar su inquietud, pero no dijo nada. Harry solo asintió en silencio y tomó el pasillo de la izquierda.

El corredor que tenía frente a sí, tenía varios metros y unas cuantas puertas. Probó con la primera y comprobó que estaba cerrada. Siguió adelante hasta que una de ellas se abrió. Esperó unos segundos antes de entrar y luego lo hizo con mucha cautela. Dentro estaba oscuro, pero no se animó a convocar una luz que lo pusiera en evidencia.

Un movimiento furtivo lo hizo girar rápido, pero el causante estaba mucho más cerca de lo que el pensaba. Extrañamente, no fue un hechizo lo que hizo saltar su varita por el aire, sino un golpe que le paralizó de dolor el brazo y uno más que se estrelló en su rostro haciéndolo caer de rodillas. Segundos después un brazo fornido, poderoso se cerró sobre su garganta y lo hizo poner de pie al tiempo que oprimía con salvajismo.

- Pero, vaya… Miren lo que trajo el viento...- susurró una voz ronca en su oído.

Harry intentó mirar al tiempo que con sus manos trataba de aflojar un poco la tensión que le impedía tomar aire.

- ¿Goyle...?

- Si es el gran Harry...- el brazo tenía tanta fuerza que no necesitaba usar dos, y eso porque el otro descendió hasta la cintura y cuando intentó aferrarlo, descubrió algo más.- Pero si está muuucho mas grande de lo que recuerdo...

Se estaba quedando sin aire, tenía que librarse rápido o iba a perder el conocimiento. Sintió la mano ruda rodear su cintura y apoyarse sobre su vientre grávido. Un espasmo de terror y asco lo recorrió inmovilizándolo por un instante.

- El Amo va a estar muy contento al saber que la familia crece...- dijo y en ese momento, tal vez por desesperación, Harry dirigió su mano derecha hacia atrás, hacia el cuerpo enorme que lo aprisionaba y encontró lo que buscaba. Con toda la fuerza que consiguió juntar lo tomó por los testículos y retorció.

Por supuesto lo soltaron en seguida. No se dejó caer, sino que dio la vuelta y lanzó el puñetazo poniendo en él todo el peso de su cuerpo. Pero hacía falta mucho más que eso para hacer caer a alguien del tamaño de ese hombre y Harry lo sabía, como también sabía que no podía arriesgarse a que lo golpearan, por lo que usó su magia, sin varita, y el conjuro salió sin demasiado control.

- ¡Impedimenta!

Goyle trastabilló, dio un par de pasos hacia atrás alejándose, pero recomponiéndose, se irguió. Harry pensó que iba a lanzarse sobre él, pero aquel solo le mostró una sonrisa torcida.

- Nos veremos Potter.- dijo y desapareció.

Jadeando, Harry recuperó su varita y salió de la sala. Volvió sobre sus pasos para encontrar más adelante a Draco que al verle la nariz sangrando tuvo un pequeño acceso de pánico interior que intentó reprimir.

- Estoy bien.- se adelantó el moreno.- Vamos con los otros.

Se unieron a Mc Gregor en el pasillo general donde se habían unido Tonks y Shackelbolt.

- Que alguien me dé una explicación.- dijo Harry al punto.- Y que sea buena.

- Si la hay, aun no la tenemos, Harry.- empezó Shackelbolt.- No hubo una maldita alerta, nadie en el Ministerio sabía lo que estaba pasando aquí. Aparecieron, se llevaron quien sabe qué cosa y se fueron. Nosotros nos enteramos cuando Mc Gregor apareció en la enfermería con los chicos.

- ¿Enfermería? ¿Hay alguno herido?

- Ehm... el chico Benton salió tras de ustedes y lo un maleficio lo rozó, pero no es grave.- comentó Mc Gregor sin entrar en detalles que tenía la impresión no hacían falta.

-¿Y los otros?

- Bien. Asustados, lo que me parece sensato; pero bien.

Harry paseó un poco, pensando. Tenía muchas cosas dando vueltas en su cabeza, pero el encuentro con Goyle le había dado una respuesta.

- Muy bien, Mc Gregor, verifica que los chicos estén bien, y luego llévalos de regreso a la Central. Gracias a Dios no les pasó nada. Asegúrate que Benton esté bien, quiero que esté conciente cuando yo lo destroce. Nos reunimos en la Central a última hora.

- Sí, Harry.- dijo y se fue.

- Kingsley, quiero saber por qué no hubo alerta, y por qué este lugar no estaba atestado de muchísimos malditos Aurores cuando pasó. Interroga a todos, incluyendo al idiota de Fudge si hace falta.

- Lo que digas, Harry.

- Tonks, necesito un inventario de lo que había en este lugar. Quiero saber qué se llevaron y lo necesito para ayer. Usa toda la autoridad que haga falta y pon a trabajar a todos los jodidos imbéciles que encuentres dando vueltas por aquí.

- Dalo por hecho.- comentó la bruja y salió a toda prisa.

- Tú y yo nos vamos ya a la Central. Tenemos que hablar con Ron y Herm.- dijo Harry en tono seco y Draco asintió sin hacer ninguna pregunta por el momento. Ya le conocía el carácter a su pareja cuando pasaban estas cosas pero no sabía que la razón para el arranque de Harry era muy distinta a lo que creia.

Tal como pensaba, la Central era un revuelo cuando llegaron, las noticias habían llegado con bastante rapidez, pero con una seña apenas visible, Ron y Hermione se reunieron con ellos en la oficina.

- ¿Qué diablos pasó?- preguntó Ron, sentándose a un lado y reparando en el rostro de Harry.- ¿Estás bien?

- Sí. Aun no sé qué pasó, pero vamos a averiguarlo. Herm confío en que pongas todas tus neuronas a trabajar, hubo alguna interferencia extraña en el Ministerio que no me agrada. No quiero pensar que nuevamente tenemos espías dando vueltas por ahí.

- Claro Harry.

- Por otro lado, tengo noticias importantes. Uno de los mortífagos ahí dentro era un viejo conocido: Gregory Goyle.

- Pero... Los informes decían que estaba muerto.- intervino Draco.

- Pues estaba demasiado vivo para mi gusto. Tuvimos un pequeño intercambio de palabras y se fue dejándome una información interesante. Ya sé quién está detrás de todo esto.

Los tres rostros se dirigieron a él con la expectativa del caso, aguardando, pero Harry dudaba. No sabía cómo decirlo pero sabía que no lo podía ocultar. Habían trabajado demasiado intentando conseguir ese dato.

- Lucius Malfoy.

Tal como esperaba, las palabras fueron fulminantes para Draco. Si por lo general su rostro era muy blanco, ahora estaba gris, y casi pareció hundirse en su silla.

No era para menos. Desde el día de la desaparición de Voldemort, el día que los Mortífagos terminaron con muchas vidas en el Ministerio, Hogwarts y Azkaban en un ataque coordinado y masivo; no habían vuelto a tener noticias de Lucius. Simplemente, en algún momento, cuando la presencia de la magia de Voldemort se esfumó y eso resultó evidente para todos sus seguidores, Lucius desapareció sin dejar rastros.

De nada sirvieron todas las exhaustivas búsquedas que el Ministerio organizó, ni siquiera el haber llegado al punto de colocar su imagen en la policía muggle, con ayuda de los magos mezclados. Lucius Malfoy parecía haberse evaporado de la faz de la Tierra.

- ¿Seguro?- preguntó Ron.

- Sin duda.- afirmó Harry, en un murmullo y sin animarse a mirar a su pareja.

Draco se puso de pie muy despacio, los oídos le zumbaban de manera espantosa y las palabras de Harry parecían retumbar una y otra vez en su cerebro.

Claro que hubiese debido imaginar que un mago tan poderoso como su padre no iba a desaparecer así como así, sin presentar resistencia. El hecho que no hubiesen sabido de él en tanto tiempo, solo hubiese debido indicarles que se estaba preparando, curando sus heridas y aprestándose para reiniciar el ataque.

Pero saberlo no impedía que recordara un sinfín de desmanes cometidos por indicaciones de ese hombre que se decía su padre. Inclusive el asunto de sus manos... Necesitaba pensar, necesitaba estar solo.

- Tengo... tengo que salir...- murmuró apenas dirigiéndose a la puerta.- Por Dios... Mi padre...

- Eso debe haber sido duro.- dijo Ron en cuanto el rubio salió.- Creo que deberías ir con él, Harry.

Unos diez años antes, poco le hubiese importado a Ron el ánimo de Draco, pero en el transcurso del tiempo, había terminado por aceptar que el rubio era un Auror tan empeñoso como cualquier otro, al margen del apellido y de la tradición oscura de su familia.

- Lo haré... Pero ahora necesita unos minutos para procesar eso... Maldición, sabía que iba a hacerle daño, pero no podía guardarlo. Hemos intentado saber quien está agrupándolos durante meses...

- ¿Cómo fue que te lo dijo Goyle? ¿No hay posibilidad de que te hayas equivocado?

Harry sacudió la cabeza.

- El muy bastardo se dio cuenta de esto.- señaló su estómago crecido.- La frase que uso fue: el Amo se pondrá muy contento al saber que la familia crece. ¿Crees que pude haberme equivocado?

- No... No puedo creerlo, tenemos un nuevo Señor Oscuro organizándose.

- No, Ron, no tenemos un nuevo Señor Oscuro. Lucius no es más que un mago desquiciado. Es astuto y ambicioso; pero no tiene el poder de Voldemort. El único poder que tiene es el de su locura.

- Aún así es fuerte y está juntando allegados.

- No lo vamos a subestimar, pero tampoco lo pondremos aún al nivel de Voldemort... Ron necesito que me traigas los expedientes de los mortífagos que no están en Azkabán, no importa si se supone que están muertos. Creo que tendremos que reflotar varios de ellos. ¿Hermione, podrás ir al Ministerio a ayudar a Kingsley con la investigación?

- Sí.

- Empecemos entonces.- dijo dando por terminada la reunión.

Fue hasta la puerta y pensaba ir a buscar a Draco cuando vio llegar a los estudiantes. Benton traía el brazo en cabestrillo y estaba un poco pálido, pero parecía bien. La voz de Harry resonó por encima del murmullo.

- Tú. A mi oficina. Ahora.

Conciente que todos lo miraban, Martin se puso de pie intentando conservar algo de dignidad y fue.

Harry cerró la puerta tras él y se sentó en su escritorio. Desde allí lo miró larga y detenidamente decidido a no explotar. Aunque Mc Gregor no hubiese dicho demasiado acerca de las circunstancias en que el muchacho recibió el maleficio, no necesitaba preguntar.

- ¿No se te ordenó permanecer con tus compañeros?- preguntó por fin, en un tono que cualquiera hubiese podido describir a la perfección con la marca Malfoy.

- Quería ayudar...- dijo, un poco intimidado por la innegable autoridad en la voz de Harry.

- Aun no estás listo para eso.

- Soy el mejor de ellos.- se atrevió a objetar.

- ¿No se te ocurre pensar que lo sabemos? ¿Por qué crees que debías quedarte con ellos? Como es evidente que no lo sabes, yo te lo diré: porque si alguno de los mortífagos volvía, tú eras el más capacitado para ayudarlos a defenderse.- exasperado, Harry se puso de pie.- ¡Por Dios, Benton! Era una orden directa y la desobedeciste... ¡Esto no es Hogwarts, donde una falta solo te acarrea una detención! Pusiste en riesgo tu vida y la de tus compañeros. Por una idiotez.

- No era una idiotez.- se animó a decir.

- ¿Ah, no? ¿Salir corriendo detrás del señor Malfoy como un colegial enamorado no es una idiotez? Sobre todo teniendo en cuenta que yo estaba con él.-Las palabras de Harry esta vez tuvieron la dosis suficiente de advertencia.- Cuando doy una orden, Benton es para ser obedecida y punto. Quiero que solicites tu traslado a otra Central.

Martin tuvo un respingo de sorpresa al oír eso, no había pensado que ésas podían ser las consecuencias pero no se dejó amedrentar. No por un barrigón de ego tan inflado como su estómago.

- Supongo que esto no es nada personal... ¿verdad, señor?

- En absoluto. Esto solo se refiere a tu falta de disciplina, Benton, no a otra cosa. Te di una orden en medio de una situación de peligro, y la pasaste por alto arriesgando vidas en el proceso. Y lo hiciste porque no tienes ningún respeto por mí. ¡Merlín! Los Aurores que están afuera tienen mucho mas tiempo que tú en esto y cuando les indico algo, lo hacen sin preguntar demasiado... ¿No crees que lo hacen por alguna razón en especial, al margen de que yo sea el jefe?

- ¿Entonces no tiene nada que ver con ciertas 'situaciones' que no le agradaron entre Draco y yo...?- contestó con otra pregunta.

- Primero, no hay 'situaciones' entre Draco y tú. Segundo, no voy a meter mi vida personal en esta conversación, y tercero es el señor Malfoy para tí.

Sin embargo, si tenía que ser honesto consigo mismo, Harry debía admitir que sí estaba usando un poco ese asunto para deshacerse del muchachito. Todavía no podía dilucidar muy bien si estaba enfurecido por la desobediencia del jovencito o por el hecho que hubiese salido corriendo detrás de Draco.

Por un instante, aquel pareció sacudido, como si la situación se le hubiese escapado de las manos.

"Tengo que cambiar de táctica" pensó Martin. "El bastardo tiene el poder para sacarme de aquí y no lo puedo permitir".

- Yo... no puedo pedir el traslado... Trabajé mucho para esto...- murmuró, cabizbajo.

- Debiste pensarlo antes.

- ¿Entonces no hay margen de error aquí...? ¿Nadie puede equivocarse nunca...? Discúlpeme entonces, pero ¿cómo puedo pensar que no hay algo personal en todo esto?

Harry se quedó pensativo unos instantes. Había bastante lógica en esas palabras, y la conciencia le decía que sí había algo personal. Nunca había usado su autoridad para algo así y decidió que no iba a empezar en ese momento.

- Muy bien, Benton. Suspenderemos el asunto del traslado por ahora, pero estarás a prueba. Una falta más, un solo reporte de tus instructores de que has vuelto a desobedecer una orden directa y yo mismo te haré expulsar. Puedes irte.

- Gracias, señor.- dijo aquél en un tono que casi parecía humilde y sincero dirigiéndose hacia la salida.

- Por cierto, Martin...- el jovencito giró extrañado, no pudo dejar de notar que por primera vez el otro lo había llamado por su primer nombre.- Esto que voy a decirte, no corre por cuenta del Encargado General; sino por cuenta mía, de Harry: aléjate de Draco. Es la última advertencia.

El muchacho pareció hacer un leve gesto de asentimiento y salió.

Iba exhultante de alegría, había escapado por un pelo que lo pusieran de patitas en la calle y había conseguido que el gran Harry Potter lo considerara un rival digno. O al menos, eso pareció al hacerle esa advertencia final. Una cosa era cierta, no tenía ningúna intención de alejarse del hombre rubio.

**

Harry salió de su despacho minutos después en busca de Draco y maldiciendo a Benton por haber aparecido justo en ese momento.

Estaba inquieto por la noticia que había tenido que darle pero no había manera de evitarlo; y prefería que se hubiese enterado así. En el círculo de personas que no dudaban de él. Ron y Hermione habían tenido sus dudas al principio, pero ya no y eso era muy bueno para los cuatro.

Deambuló por algunos lugares solitarios preguntándose dónde estaría, hasta que arribó a una vieja sala de entrenamiento.

La puerta estaba abierta, cosa extraña, ya que esos lugares solían estar cerrados. Abrió despacio, descubriendo que dentro, todo estaba casi a oscuras. Una suave luminiscencia verde daba a la habitación un aire un poco lúgubre. Harry casi tuvo un acceso de pánico al ver que la tonalidad del lugar se debía a la Marca Tenebrosa que flotaba a un lado.

La luz de su varita la desarmó en volutas que flotaron amorfas en el aire.

- Por Dios, Draco... ¿Qué te pasa? ¿Como se te ocurre invocar esa cosa?

Pero el joven rubio ahora miraba los restos de la marca con expresión remota y distante, apoyado en una de las paredes mas alejadas de la entrada.

- Quiero empezar a acostumbrarme otra vez a verla....- dijo.- Antes que los demás empiecen a recordármelo. Se puso de pie para enfrentarlo.- Y creo que deberíamos replantearnos nuestra relación.

- ¿Perdón?

- Lo que oíste.- la voz de Draco se oía profundamente conmocionada.

- Si crees que vas a alejarme de ti, estás equivocado.

- Vamos Harry... Piénsalo. ¿Cuanto tiempo crees que vas a durar como jefe cuando sepan que mi padre está detrás de todo esto?

- Busca otra excusa, ésa no te servirá. Hemos hecho muchas cosas buenas juntos y si después de todo, aún tenemos que dar pruebas de lealtad, pueden irse todos al jodido demonio.- Harry fue hasta él, para abrazarlo y confortarlo, pero Draco no respondió al gesto.- Tu padre solo es un desquiciado que intenta tomar el lugar que dejó Voldemort...

Al oír eso, el rubio lo tomó por los brazos, con un poco más de fuerza de la necesaria, e invirtiendo las posiciones, lo apoyó contra la pared.

- Un desquiciado... Yo podría ser tan desquiciado como él... ¿No lo has pensado? Soy su hijo.

Los ojos grises estaban casi negros, Harry no sabía bien si de enojo o tristeza, pero igualmente no hizo ningún gesto para librarse de las manos que lo mantenían contra el muro. Al segundo siguiente, la boca de Draco se fijó en la suya, en un beso violento, para nada gentil. Cuando lo soltó, la mirada verde lo envolvió con total confianza al tiempo que hacía apenas un movimiento. Su mano derecha tenía la varita entre sus dedos y la levantó para que Draco pudiese verlo; entonces deliberadamente sin alejar la vista de él, la dejó caer.

- Si quisieras hacerme daño, podrías haberlo hecho hace tiempo... Pero te doy una oportunidad más.- susurró.- No eres tu padre, Draco...

Pero Draco sabía que nunca podría hacerle daño, jamás podría levantar un dedo en contra de Harry porque preferiría cortarse la mano antes que lastimarlo y vencido por la estrategia de su pareja, apoyó la cabeza en su hombro.

- Te amo, Draco...No te rindas ahora...

- Por Dios, Harry... ¿Qué voy a hacer...? Creí que había terminado... Estuvo a punto de arruinarme la vida...

- Pero no lo consiguió. Y no lo conseguirá ahora, solo tenemos que estar juntos.

Lo siguiente fue casi esperado. Una vez mas la boca de Draco se unió a la suya, pero con una urgencia nueva, que no era violencia como antes, sino la necesidad de reafirmar lo que tenía entre sus brazos.

De a poco, se sentaron en el suelo polvoriento, y permanecieron en silencio. Harry sabía o al menos creía saber la lucha interior que en esos momentos se libraba dentro de Draco, porque pese a todo, Lucius era su padre.

Durante la guerra, solo en una ocasión Draco enfrentó de forma directa a su padre; cuando aquel se enteró de la relación que tenía con Harry. E incluso en aquella ocasión, pese al ataque directo, evitó lastimarlo de forma seria. Pese a todo lo que dijese, Harry sabía que en el fondo, Draco jamás sería capaz de matar a su padre.

Hubiese querido estar igualmente seguro de los sentimientos de Lucius hacia su hijo.


**

Los días siguientes fueron bastante caóticos en la Central. El descubrimiento de Harry revolucionó a muchos, y tal como Draco había anticipado, hubo reacciones bastante encontradas dentro de los mismos Aurores.

Como nunca había terminado de ser aceptado entre algunos, ahora simplemente lo relegaron; pero aunque eso lo hería, no dijo nada. Harry creía en él y eso era más que suficiente. Inopinadamente, Ron y Hermione también parecían confiar y eso lo alentaba pero lo desorientaba un poco. No estaba acostumbrado a que confiaran así en él, y mucho menos tratándose de esos dos. Pero bien, así era, no lo entendía, y en el fondo de su corazón lo agradecía. Por supuesto primero hubiese muerto antes de admitirle semejante cosa a la comadreja y a su esposa.

El Ministerio se había puesto quisquilloso con Draco y Harry tuvo que apelar a todas sus influencias para mantenerlo trabajando. Fudge era un idiota, todo el mundo lo sabía, y se dejaba guiar por cualquiera con un poco mas de cerebro que él; cosa que ocurría a menudo, ya que cualquiera tenía mas cerebro que él.

Así, intentando que su pareja no se enterara, Harry se dedicó a recordarle a todo el mundo todo lo que Draco había hecho en su trabajo como Auror, al menos para que se dignaran a concederle el beneficio de la duda y cuando eso no alcanzaba, les recordaba lo que 'él' había hecho por todos ellos. Le debían mucho y nunca había pasado factura por eso, pero parecía que había llegado el momento; y tratándose de proteger a Draco, iba a echar mano de todos los recursos que tuviese a disposición.

 

 

 


Capitulo 14

 

El inmenso recinto estaba agradablemente caldeado, el vapor difuso llenaba el ambiente y las luces hacían destellar el agua de la piscina.

Sentado en los amplios escalones de la orilla, con los pies metidos en el agua tibia, Harry esperaba desde hacía ya un buen rato. Sin embargo todavía no estaba enojado porque estaba recordando los últimos acontecimientos.

Algo que habían postergado por bastante tiempo y que ya no admitía más dilaciones, era el curso de preparto, así que Harry se había tomado libre el día completo y por la mañana, ambos habían concurrido a la consulta de Erick.

El anciano medimago había mirado con evidente beneplácito cada uno de los exámenes, tanto del bebé como del padre gestante, asintiendo con una pequeña sonrisa que ponía bastante tranquilidad en el ánimo de Harry. Aunque no se lo decía a Draco, muchas veces, por las noches, despertaba con alguna idea que parecía haber surgido de algún lugar extraño de su subconsciente solo para perturbarle el sueño. La noche anterior no había sido la excepción, por supuesto.

“¿Dolerá mucho...? Sí, seguramente, debe doler... Bueno, no es tan grave... No puede doler más que los Cruciatus que alguna vez me aplicó Voldemort...” intentaba tranquilizarse, con los ojos fijos en la oscuridad. Los párpados se cerraban y luego, de pronto, volvían a abrirse.

“¿Durarán mucho las contracciones...? ¿El parto será tan largo como dicen...? Merlín... ¿Y si no puedo hacerlo? ¿Y si no puedo soportarlo, y no puedo hacer que mi bebé nazca...?

Entonces tenía que controlarse para no despertar al rubio, que dormía plácidamente a su lado.

“Nacerá bien... Erick dijo que todo estaba bien en la última revisación. Síp, todo estará bien... Mi bebé nacerá bien...”

Una vez más, empezaba a dormitar; y de nuevo otra idea saltaba desde la negrura de sus incertidumbres.

“¿Será normal...? Sí, sí... Será normal... Y no será un Squib porque ya sentí su magia latiendo... Tendrá todos sus deditos... y ...”

- Todo estará bien, amor... Todo saldrá bien.- decía entonces la voz a su lado mientras las manos lo acariciaban, lo aferraban y lo acercaban para poder abarcarlo.- Duerme...

Con tan pocas palabras, Draco revelaba, no solo que no dormía tan profundamente como Harry pensaba, sino también que estaba pendiente de él, cosa que lo tranquilizaba y conseguía que el sueño volviese a aparecer.

Recordando eso, Harry se acomodó en el escalón de mármol para seguir esperando.

Antes de terminar la cita, Erick les había dado la fecha en la que cambiarían la poción por última vez y comenzarían a aplicar los pequeños conjuros que iban a contribuir a formar el canal de parto.

Luego de la consulta, habían asistido a la primera clase de preparto; y él estaba tenso y nervioso. No podía negar que conservaba una profunda impresión de los años vividos con su familia muggle donde una clase de preparto solo significaba una cosa: únicamente mujeres embarazadas.

Casi tenía miedo de ser el único hombre, pero apenas entraron, vieron que el grupo de parejas que esperaban era reducido pero complejo. Eran cinco parejas en total, dos parejas mixtas, otro mago embarazado como él con su esposo, y una pareja de dos brujas.

Por supuesto, se sorprendieron al verlo, todavía resultaba inevitable que lo reconocieran, pero unos minutos después, cuando el tema empezó a tratar acerca de los respectivos bebés, todos parecieron olvidar quien era él y empezaron a tratarlo como a uno más.

Durante la primera parte de la clase empezaron a aprender las técnicas de respiración. La que les serviría para relajarse, luego para pujar; y durante todo ese lapso, Draco había estado sentado a su lado, sobre la colchoneta ubicada en el piso, escuchando con toda atención, manteniéndolo en el cálido círculo de sus brazos.

Hubo ejercicios para todos, y Harry se sintió confortado al sentir la presencia a su alrededor, sujetándolo con la misma seguridad y el mismo aplomo que siempre tenía.

Luego, los separaron. Por un lado, las brujas tenían que empezar a aprender las técnicas para impedir que su magia influyera en el parto, lo que requería un estricto autocontrol. En cambio ellos, tenían que aprender a usar la magia para que los ayudara en la labor. Las diferencias eran bastante contundentes.

Como Erick había dicho: ellos no tenían el ‘equipo’ para tener bebés, así que el espacio en el que crecía y se desarrollaba el feto era tanto mágico como físico. No bastaría respirar y empujar con sus músculos para que el bebé naciera; también tenían que empujar con su magia.

Era la primera vez que Harry oía algo como eso, pero luego de escuchar la mecánica, supo que era algo similar a lo que sucedía cuando se enfurecía y las cosas volaban o reventaban. Solo que en lugar de impulsar la magia hacia fuera, tenía que aprender a dirigirla desde adentro para que ayudara a sus músculos no aptos para ese trabajo, a expulsar a su bebé.

Habían sido momentos que permanecerían para siempre en su memoria.

A esas horas de la noche, Draco estaba en la Central, cumpliendo con algunos encargos pendientes, y por eso, Harry esperaba allí. Como su vida se había puesto demasiado sedentaria desde que tomó la licencia, decidieron que no le vendría mal un poco de ejercitación, y Erick le aconsejó que practicara un poquito de natación.

- Si no soñaras tanto tiempo despierto, dormirías mejor de noche, amor...

Draco había llegado silenciosamente, como de costumbre. Entrando en la piscina, lo ayudó a hacer lo mismo y pronto, los dos avanzaban en medio del agua cálida.

Harry sabía que las dotes de nadador de Draco eran bastante recientes, de hecho, no había aprendido a nadar hasta después que se casaron, y por esa misma razón, el moreno apreciaba muchísimo que hubiese accedido a acompañarlo.

Harry nadó un poquito, cerca de Draco, que lo vigilaba de cerca, y luego hicieron juntos un par de ejercicios más. Pese a todo el empeño que los dos estaban poniendo para concentrarse en los ejercicios, muy pronto el agua tibia, las manos sosteniendo piernas, aferrando brazos, el roce constante conspiró para que la ejercitación en la piscina pasara a segundo plano.

A duras penas consiguieron llegar de regreso al departamento antes de dar un grandioso espectáculo.

**

Draco hojeó el folleto de explicaciones que Wallace les había hecho llegar para el curso de prenatalidad. Las imágenes lo impresionaban un poco y con toda honestidad se preguntó si en realidad hubiese estado tan dispuesto a llevar adelante un embarazo si hubiese visto eso antes.

El curso de preparto le daba un poco de tranquilidad para afrontar el momento del nacimiento, y aunque supuestamente las clases eran para Harry, las había disfrutado mucho a su lado.

Ya faltaba tan poco para tener entre ellos al bebé, que los días parecían alargarse demasiado. En una de las últimas visitas a Wallace, habían visto el pequeño rostro ya formado, la cabecita tenía pelo y para inmensa alegría de Draco, parecia oscuro, como el de Harry. Tenía el dedito de la mano derecha metido en la boca, como si estuviese chupando y las piernitas encogidas.

"Será perfecto... y si hay algo de justicia en este mundo, tiene que ser igual a Harry."

Sabía que esa expresión de deseo era no solo por ver los rasgos amados en el bebé que habían hecho juntos, sino también para evitar ver cualquier parecido que pudiese tener con su familia.

"Con mi padre."

La chimenea chisporroteó y la cabeza de Ron apareció entre las llamas. Se veía exasperado.

- Gracias a Dios aún están ahí. Creí que ya se habrían ido a la cena.

- Estoy esperando que Harry termine de vestirse.- comentó Draco mirando el reloj de la sala.- ¿Necesitas hablar con él?

- No, necesito hablar contigo... Necesito tu memoria... ¿Recuerdas cuando a Harry se le antojó comer esas cosas muggles...? ¿Como era que se llamaban...?

- ¿Hamburguesas...?- preguntó en forma dudosa.

- Eso. ¿Donde diablos consigo eso...? Herm ha estado taladrándome el cerebro todo el día pidiéndome eso y yo no sé dónde demonios buscar...

- Déjame ver...

Draco procuró recordar el periplo que había hecho para encontrar lo que le habían pedido y se preguntó si sería venganza suficiente por aquellos viejos años en Hogwarts, hacer que el pelirrojo deambulara por el mundo muggle como lo había hecho él. La paternidad le estaba arruinando la vena vengativa, porque al final desistió de la idea, más bien pensando en Hermione embarazada, que en Ron; al cual le hubiese gustado de buena gana ver desorientado en medio del mundo muggle.

- Ya recuerdo: tienes que salir por el Caldero Chorreante, del lado muggle. Vas a tu izquierda unas cinco calles, el lugar está marcado con una 'M' gigante. Te vas a dar cuenta enseguida.

- ¿Y eso es bueno para el bebé?

- Según me explicó Harry, eso no parece ser bueno para nadie, pero que vas a hacer... Si es lo que tu mujer quiere comer, mejor llévaselo. Aunque no estoy muy seguro si es preferible que tu hijo nazca con cara de hamburguesa o con tu cara...

- Jaja, muy gracioso. Gracias por el dato hurón. Dale mis saludos a Harry. Adiós.

- Por nada.- en cuanto desapareció, Draco miró hacia la puerta del dormitorio aún cerrada.- Ya debería estar listo...

Dejó de lado el folleto y se acercó a la puerta, abriendo muy despacio.

- ¡No entres!- le gritaron desde adentro.

- ¿Ya estás listo, amor?

- No quiero que entres... Aun no me vestí.

- ¿Aún no te vestiste...?- entró para encontrar a Harry aún en bata, sentado en la cama en medio de una montaña de ropa.- ¿Pasa algo malo...?

- ¿Si pasa algo malo...? Pasa que no tengo nada que ponerme...

Draco miró la pila de ropa amontonada y buscó algo para decir sin alterar al moreno más de lo que ya estaba.

- Ehmm... ¿estás seguro...?

Frase equivocada.

- ¡Claro que estoy seguro! Tú tienes la culpa de esto, Draco Malfoy...- explotó Harry, levantándose y tomando un pantalón del montón.- ¿Ves esto? No puedo abrochármelo...- se lo arrojó a la cara.- Ni éste, ni éste tampoco...Estaba usando tus camisas porque las mías hace rato que no me sirven... Y ahora tampoco me sirven las tuyas...- hizo otro bollo de ropa y también se lo arrojó.- Estoy hecho una ballena y la culpa es tuya... Tú me hiciste esto... Tú me pusiste así... Te detesto...

- Amor... Detesto es una palabra muy fuerte...- comentó Draco tratando de contener la hilaridad que le producían las palabras de Harry. Evidentemente, los cambios de humor todavía no desaparecían.

- Cierto. La verdad es que te odio... Ni siquiera me sirven las túnicas...

- Pero te compraste unas nuevas el mes pasado...

- ¡Y aumenté de peso de nuevo desde entonces! ¿O acaso no lo notaste?

Nuevo dilema. Si le decía que no lo había notado, Harry era capaz de ponerse a llorar de nuevo, si le decía que sí, se iba a enojar por llamarlo 'gordo'.

Afortunadamente para él, Harry volvió a sentarse en la cama sin esperar su respuesta.

- Estoy horrible...- gimió cubriéndose con la bata.- Si voy al baño, tengo que sentarme porque ni siquiera puedo verme el... Ni me lo puedo ver por la barriga...

Eso fue demasiado para Draco, sonriendo abiertamente se acercó al joven y se sentó a su lado para abrazarlo.

- No estás horrible, estás precioso... Como siempre. En cuanto a lo otro, recuerda que anoche constatamos que aún continuaba todo en su sitio... Aunque no puedas verlo.

Quizás la mención a eso hizo que Harry sonriera.

- Sí... Aún estaba ahí.

- Y todo funcionaba de maravilla.- puntualizó dándole un besito en la frente.

- Sip...- suspiró el muchacho pero miró desalentado la ropa esparcida por el cuarto.- Pero eso no remedia el problema... De verdad que la ropa no me va, Draco...

El rubio se puso de pie y seleccionó un pantalón azul oscuro y una camisa blanca de las suyas. Miró las prendas y luego a su Harry midiendo a ojo la diferencia entre los tamaños, luego sacó su varita.

- Engorgio.- dijo, concentrándose para que las prendas se agrandaran en los lugares adecuados y el tamaño suficiente. Cuando le pareció que habían quedado bien, se detuvo y se las extendió sonriente a su pareja.

- Pude haber hecho eso en vez de todo este desastre ¿no?- dijo Harry compungido. A veces ni él mismo podía explicarse el vuelco que sus emociones podían dar en cuestión de segundos.

- No te preocupes, amor. Vístete, que yo recojo todo esto.

Haciéndole caso, Harry tomó las prendas y volvió al cuarto de baño de donde salió, minutos después, contento y perfectamente vestido; de manera que de una vez pudieron irse a la cena.

La cena era un evento informal, y de hecho a Harry no le importaba demasiado el motivo del acontecimiento. Lo que intentaba era buscar el apoyo para presionar a Fudge en algunos pedidos que iba a hacer. Eso en primera instancia, en segundo lugar quería oficializar de una vez por todas, la relación que lo unía con Draco.

Sabía que iban a estar allí muchos magos y brujas importantes y quería demostrarles a todos que esa no era una relación pasajera o caprichosa o una simple cuestión de sexo libre.

Los matrimonios entre personas del mismo sexo no era un asunto nuevo, pero no era eso lo que solía molestar tanto, sino que la mayoría nunca había podido aceptar que la elección de Harry hubiese recaído justamente sobre alguien con una familia de tradición oscura tan legendaria y célebre como los Malfoy.

Era tiempo que eligieran si eso les molestaba lo suficiente como para separarlos de su trabajo, o si se decidían a aceptarlo y de una vez iban a dejarlos en paz.

La cena resultó bien. Si a alguien le molestó verlos juntos, se guardaron de decirlo y Harry se encargó muy bien de que todos comprendieran de una vez que 'juntos' no significaba que eran amigos, conocidos muy allegados o amantes. Significaba que eran esposos y tenían un hijo en camino.

La razón que Harry usó para que lo aceptaran, fue bastante simple: él los había librado de Voldemort en una ocasión, iba a trabajar duro para intentar librarlos de este otro loco también.

Cuando decidieron volver a casa, se detuvieron en el vestíbulo para recoger las capas.

- Estuviste exhibiéndome toda la noche.- comentó Draco un tanto molesto por no haber sido puesto al tanto.

- Sí.- admitió sin temor.- Siento no habértelo dicho, pero si lo hubieses sabido ni siquiera hubieses querido pisar este lugar. ¿Me equivoco?

- No, pero no me gusta que me ocultes estas cosas.

- Lo siento... Era necesario. Era hora que viesen la realidad. Puedes no gustarles, pero es hora que admitan que no eres tu padre. Quiero que dejen de atacarte.

- Podrían pedir tu renuncia. Es más fácil que dejar de atacarme- argumentó Draco, colocándole gentilmente la capa sobre los hombros.

- No lo harán, porque están empezando a atemorizarse por el rebrote mortífago, y yo, mi amor, soy el único idiota que quiere este trabajo...- respondió, sonriendo con seguridad.

Draco aseguró le broche debajo del mentón en ese momento y se quedó observándolo maravillado por el perfecto desarrollo de un plan simple y estratégico. No pudo contenerse y lo besó con ternura.

El fogonazo de la cámara fotográfica mágica los encegueció por unos segundos y de forma casi automática, Draco buscó con la vista al responsable, pero como todos los que se dedicaban a eso, había desaparecido aceleradamente.

- ¿Eso también era parte del plan?- preguntó dudoso.

- No, pero ya no podemos remediarlo. Volvamos a casa.

Usando la alfombra que Draco había conseguido para que Harry pudiese movilizarse sin utilizar los Portales nada más que cuando fuese totalmente necesario, regresaron al departamento.

**

Martin se apareció en la sala de Aurores sin que nadie lo viese, simplemente porque era tan temprano que no había llegado nadie aún. Había descubierto que si llegaba a esa hora tenía a su disposición un montón de cosas entre ellas sentarse en el escritorio de Draco y mirar un poco alrededor. Luego se metía en alguna de las salas de entrenamiento y estudiaba hasta que se hacía hora de empezar las clases.

Había pensado que Harry iba a estar continuamente sobre él luego de la conversación que habían tenido, pero aquel no parecía prestarle mas atención que a los otros estudiantes. Tenía que reconocer que tenía algo de clase.

De otra forma, no hubiese podido observarlos cuando llegaban, antes que los otros.

Las primeras veces, Martin se había sentido extraño, pero luego se dio cuenta que podía aprovechar esos momentos para ver cómo se comportaban cuando estaban a solas.

Había sido todo un descubrimiento ver que el estrictísimo jefe de los Aurores se convertía en un montón de gelatina cada vez que el rubio se le acercaba. Un enorme montón de gelatina, por el tamaño que estaba alcanzando el muy bastardo.

A Martin se le hacía difícil pensar que ese hombre pudiese haber sido el vencedor de Voldemort cuando tenía 20 años. No podía conjugar las dos imágenes en su cabeza.

Aparte de eso, era un placer ver al rubio fuera del contexto de la oficina, donde siempre se mostraba tan reservado y serio que hasta parecía hosco y desagradable. Cuando estaba solo con ‘el gordo’, era diferente.

Cierto es que igualmente no era de expresiones muy demostrativas, pero Martin ya podía saber cuando se sentía contento, o a punto de contrariarse.

Los ojos grises brillaban de una manera especial cuando estaba feliz, inclusive a veces había una sonrisa apenas velada en el rostro pálido. Cuando estaba enojado o a punto de enfurecerse, la mirada se ponía turbia y tormentosa, del color del acero y los labios se apretaban para mantener el control.

Suspiró mientras trataba de concentrarse en la lectura que tenía enfrente. Tenía que intentar un nuevo avance, pero dudaba un poco, porque Draco lo había evitado. Con tacto y diplomacia, pero se había mantenido alejado.

Las voces por el pasillo lo distrajeron un poco, era bastante temprano esta vez. Extinguió la luz mágica que lo estaba ayudando y aguardó.

Las voces eran de ellos y entraron en una de las salas de entrenamiento que había cerca. Martin salió de su escondite, intentando llegar al puesto de observación que tenía cada sala y que era el lugar desde donde el instructor podía vigilar el desarrollo de las prácticas sin ser visto. Si conseguía llegar allí, podría ver y escuchar lo que estuviese sucediendo. Con muchísimo cuidado, consiguió su objetivo y esperó.

Draco entró primero, al tiempo que se libraba de la túnica, dejando ver que tenía una remera de algodón, negra, informal que no hacía mas que resaltar la espalda amplia y los brazos fuertes. Detrás venía Harry, también con ropa de entrecasa.

- ¿Estás seguro que quieres hacer esto…?- preguntó Harry.- No le veo el objetivo.

- El objetivo, Harry es mejorar siempre. Tengo que mantenerme en forma y ninguno de mis ‘queridos colegas’ quiere practicar conmigo.

- No creo que esto vaya a ser una práctica en todo el sentido de la palabra…- comentó aquel sonriendo.- Considerando la gracia de mis movimientos…

“Tiene sentido del humor… No le molesta reírse de sí mismo.” Evaluó Martin, de pronto era importante conocer mejor a ese hombre que tenía tan cautivado al rubio que nadie conseguía infiltrarse en esa relación.

En tanto, Draco había preparado su varita y se ubicó en un extremo de la sala.

- Ahora, quiero que me lances los conjuros lo más rápido que puedas. Intentaré rechazarlos.

- Como quieras, solo ten cuidado hacia dónde los rechazas.

- Sería buena idea que alzaras un escudo… no puedo predecir hacia dónde van a rebotar.

- Bien.

Fue algo memorable para Martin.

Nunca había visto al rubio en acción de esa forma. Los hechizos salían de la varita de Harry a una velocidad sorprendente, y del mismo modo eran repelidos uno tras otro y cuando Draco no podía rechazarlos, los esquivaba con agilidad y una increíble economía de movimientos.

Por espacio de varios minutos, se dedicó a eso hasta que el moreno se detuvo. Por supuesto él apenas se había movido y estaba fresco, pero el otro estaba acalorado y sudoroso por la intensa actividad. Algo agitado, se sentó en el suelo.

“Quítate la remera… Por favor, quítatela…” suplicaba Martin desde su puesto de observación, pero Harry se le acercó, convocó una toalla y unas bebidas.

Martin pensó se las iba a alcanzar, pero con algo de dificultad por la panza, se arrodilló junto a él y se encargó de secarle el rostro arrebatado y arreglar con delicadeza los mechones de pelo platinado pegoteados en la cara.

- Eso estuvo muy bien, amor. Es una lástima que no quieras competir en el Club de Duelo…

“Ahá… Es atento, no le importa dedicarse a esas tareas… y lo halaga. No es ningún imbécil, eso es seguro.” Pensó Martin una vez más evaluando.

- Eso, si ellos quisieran competir conmigo. Pero no me interesa pavonearme delante de ellos, me interesa estar en condiciones de enfrentar a nuestros antiguos enemigos, y sobre todo, enfrentar la posibilidad de encontrarme a mi padre.

- Es poco posible que eso pase, amor.

- Yo no estaría tan seguro. Nunca me perdonó abandonar a la familia para ser Auror. Jamás me perdonará haberte elegido a ti.

El rubio alzó la mano y acarició la mejilla del otro joven, la deslizó hacia la nuca y lo acercó para besarlo brevemente. Lo soltó y se irguió ayudándolo a levantarse también.

- Ahora quiero practicar otra cosa.- dijo, pensativo.- Tengo que mejorar la resistencia…Vuelve a tu sitio.

- Mandón.

- Muévete.- dijo dándole una palmada en el trasero cuando se volvió.

Harry regresó hacia el otro extremo del salón y esperó a que Draco armara la guardia.

- Ahora quiero que me lances algún conjuro común, algo como un ‘impedimenta’, pero dale toda la potencia que puedas.- indicó el rubio.

- Ehmm… No creo que sea buena idea.

- ¿Por qué no?

- Bueno… Podríamos probar con algo menos violento ¿no te parece?

- Eso no demuestra mucha confianza en mí.

“Está a punto de enojarse.” Observó Martin y evidentemente Harry también lo vio, porque solo tomó aire despacio, como intentando decidir.

- Usaré un desmaius a potencia moderada.- dijo el moreno y no había matices de sumisión o pregunta.

“Ahora es el jefe el que está hablando, el que supuestamente sabe de qué se trata todo esto. ¿Cómo vas a tomarlo, querido Draco?” Martin esperaba con ansias la respuesta airada y un poco vehemente del rubio.

- Está bien.- capituló Draco ante el asombro del observador clandestino.- Puedes ir aumentándolo de a poco.

- Eso es más razonable. ¿Estás listo?

- Listo.

- ¡Desmaius!

El rayo partió con mucha fuerza, Draco levantó el escudo justo a tiempo para que el conjuro rebotara con un chasquido pero consiguió mantenerse firme.

- ¿Más?

- Adelante.- confirmó armando la guardia de nuevo.

- ¡Desmaius!

Por segunda vez el hechizo rasgó el aire y una vez mas impactó en el escudo. Esta vez el rubio tuvo que esforzarse y aún así la potencia lo hizo retroceder dos pasos.

- ¡Vamos, Harry! ¿Eso es todo lo que puedes hacer?

- No quiero que…

- ¡Deja de tratarme como a un estudiante! Yo sé lo que hago, arroja algo con fuerza o no volveré a practicar contigo.

La mirada del moreno fue fulminante, a medias acicateado por el otro. Apretó las mandíbulas y esperó que se armara de nuevo.

Con asombro, Martin vio que ni siquiera había asumido la posición de duelo pero el rostro estaba concentrado y firme.

Fue tan rápido, que Martin no lo vio, solo escuchó.

- Desmaius.- y a diferencia de las veces anteriores, Harry ni siquiera levantó la voz.

- Prot…

Draco no consiguió armar su escudo a tiempo esta vez y el conjuro le dio en el pecho, lo levantó por el aire y lo arrojó contra la pared, donde rebotó con violencia.

“Por todos los cielos…” alcanzó a pensar Martin, absolutamente asombrado. Era algo que debía tomarse en cuenta sin duda. Si con un conjuro simple podía hacer eso, sin tener que molestarse en mover un músculo más el necesario; ahora sí podía hacerse una idea de lo que podía resultar si no tuviese ese vientre por delante y en un buen estado físico.

- Dios…

Harry corrió hacia Draco, que continuaba inmóvil y desmadejado en el suelo. Ni siquiera intentó reanimarlo por medios normales, sabía a la perfección la fuerza que había empleado.

-¡Enervate!-pronunció al tiempo que se arrodillaba junto a él.

El rubio dio un respingo, parpadeó pero no recuperó del todo el conocimiento y en el acto, se presentó el gesto de dolor. Sin decir una palabra, Harry le quitó la remera con un leve pase, solo para comprobar el inmenso morado que se le estaba formando en el pecho.

En su refugio, Martin contuvo el aliento, se veía bastante mal; pero el moreno no parecía intranquilo. Con inmensa suavidad, colocó su mano con la palma sobre la piel púrpura y comenzó a recitar unas palabras que no llegaron a oídos de Martin pero no pudo dejar de observar que el golpe dejó de extenderse y luego se hizo más pequeño, cada vez más pequeño...

- Basta, Harry.- dijo Draco, apartándole la mano.

- Déjame terminar.

- No, amor. No puedo permitirlo.- intentó abrir la camisa del muchacho y de manera instintiva aquél trató de impedirlo, pero apenas una mirada de advertencia bastó para que cediera.

Ahora parte del morado estaba en el cuerpo de Harry.

- No quiero que vuelvas a hacer esto.

- ¿Por qué no? Lo hemos hecho muchas veces... Hemos compartido todo, alegría y dolor...

- Sí, pero antes no tenías un pequeño visitante en la barriga. No quisiera que él sufra por la idiotez de uno de sus padres.

Draco aún sostenía la mano de Harry, y la llevó hasta sus labios, para depositar un beso suave en la palma cálida mientras se sentaba un poco más cómodamente.

- ¿Todavía duele?- preguntó Harry.

- Un poco.- admitió él.- Pero me lo merezco por no escucharte... Cielos. ¿Así de fuerte le tiraste a Voldemort?

Los ojos verdes se oscurecieron por un segundo, y el rostro se puso tenso por el recuerdo. La cabeza se agitó muy despacio, sin hablar.

- ¿Más fuerte que eso?

- Mucho más.- murmuró el joven.- Por favor, ya no me preguntes.

Draco aceptó el pedido. Ése era uno de los pocos temas, si no el único, del que Harry aún conservaba secretos. Nunca le había revelado a nadie acerca del duelo que había sostenido con Voldemort, solo a él le había dado algunas pistas, pero muy leves. Aún así, Draco sabía que había sido terrible y que recordar era casi tan terrible como volver a experimentarlo.

- Lo siento, no quería recordártelo... Pero supongo que me merezco esto, me advertiste y no te puse mucha atención...- dijo con tono ligero, intentando cambiar de tema.

- Nunca lo haces.

- Bien, no fue una buena idea, creo.

- Aagh...- Harry se tomó el vientre, resistiendo por unos segundos.

- ¿Qué pasa?

- Creo...- el muchacho tomó aire despacio, pero el dolor no cedió.- creo que ambos... pensamos que no... Ow...no fue buena idea...

Draco se incorporó y se ubicó a un lado de Harry, y puso su mano en el sitio donde había empezado el dolor. Masajeó el lugar con mucha delicadeza, y acercó el rostro.

- Vamos, bebé... Sé bueno con papá Harry y no patalees ahí dentro que no hay tanto espacio...- dijo hablándole en voz tan baja que Martin tuvo que hacer serios esfuerzos para oír.- Si papá Draco es medio tonto y no le hace caso a Harry, tienes que enojarte conmigo... Si quieres, cuando salgas de ahí, arreglaremos el asunto en persona...

De manera imprevisible, el dolor cedió por completo y Harry suspiró con alivio.

- ¿Mejor?- preguntó el rubio, levantando la vista y sin poder evitar una sonrisa orgullosa.

- Mucho... A tí siempre te hace caso.

- Lo sé.

- Me gustaría que conste lo mucho que te amo.- dijo Harry enternecido por la completa entrega que su pareja tenía con ese bebé. Era otra persona cuando estaban solos los tres. Iba a ser un padre estupendo, al margen de la familia de la que provenía.

Draco se irguió un poco y atrapó los labios invitantes que tenía demasiado cerca como para resistirse. Aquellos se abrieron al punto, y pudo saborear esa boca que conocía y amaba tanto.

"No necesito ver esto. Definitivamente" se dijo Martin, con envidia y un poco de desazón.

Aunque no podía menos que odiar a su rival, no tenía más remedio que admitir que la unión entre ellos parecía inquebrantable. Más aún cuando el bebé que venía en camino solo podía consolidar esos lazos.

- Mejor no sigamos con esto.- dijo Draco, poniéndose de pie y levantando también a Harry en su abrazo.- Estás muy avanzado, amor... Wallace dijo que los últimos tiempos tuviésemos cuidado.

- Tener cuidado no significa que no podamos hacer el amor.- contestó Harry.- Y solo estoy empezando el octavo mes.

- ¿Quien dijo que no íbamos a hacerlo? Yo solo dije que teníamos que tener cuidado, eso significa...- explicó el rubio sin dejarlo salir del círculo de sus brazos, e intentando atrapar de nuevo su boca.- Que no podemos hacerlo en la cocina de casa... o en el baño, o sobre el escritorio de tu oficina... y definitivamente, tampoco en el piso de una sala de entrenamiento.

- Eso no... Nos deja muchas...opciones.- jadeó al contacto de la boca en su cuello.

Con verdadero esfuerzo, Draco se separó de él y ambos respiraron juntos, mirándose con perfecta comprensión.

- Tendremos que esperar hasta la noche.- comentó Harry, resignado.- Además, en cualquier momento empiezan a llegar los otros... Sería un espectáculo interesante.

- Ni se discute.- el rubio levantó su remera y su varita del suelo y aferró a su amante desde atrás.- ¿Puedo usar la ducha de tu oficina?

- Sabes que puedes usar todo lo que está en mi oficina.

- Recordaré eso después de que el bebé nazca.- dijo, levantando una ceja platinada.

- Cuento con eso, amor.

Ambos salieron de la sala rumbo a la oficina de Harry, dejando a Martin con un increíble caudal de información acerca de esa relación.

"Tengo que aprovechar esto, puede ser una gran oportunidad... Creo que puedo conseguir algo, y luego será mucho más fácil... Sí... Solo tengo que planearlo con cuidado..."

Se quedó sentado en la penumbra del puesto de observador durante mucho, mucho rato.

 

 

 

 


Capitulo 15

"Maldición" pensó Draco en cuanto giró entre las estanterías llenas de cajas y vio a Martin revolviendo en una de ellas.

Aquél levantó la vista y lo vio, pero no hizo ningún gesto que delatase la expectativa por el suceso inesperado. Si el rubio lo hubiese mirado con más atención, hubiese podido ver cómo la luz de determinación se encendía detrás de los ojos azules. Sin embargo, guardó en su interior toda la emoción del caso.

La situación era excelente, y aunque Martin se había pasado toda la mañana intentando planear un encuentro, éste había surgido de manera ocasional e imprevista. Decidió tomarlo como un mensaje del destino.

Captó al instante el gesto de sorpresa, rápidamente reprimido en el rostro del rubio, una súbita incomodidad y él sabía a qué se debía.

Estaba seguro que habían discutido bastante aquella vez que Harry los encontró en la sala de entrenamiento, y aunque luego se habían reconciliado, seguro que ‘el gordo’ le había hecho algunas serias advertencias a su pareja. Lo único que tenía que hacer era no ahuyentar a Draco, que se quedara unos minutos con él en el cuarto de archivos, después… Con ayuda de Merlín o alguna otra divinidad que anduviese cerca, todo podía pasar.

- Hola.- dijo tan solo.

- Hola, Martin.

El saludo distante tranquilizó un poco a Draco, temía que el jovencito tuviese alguna especie de arranque extraño, pero aquél siguió revolviendo en su caja luego de saludarlo, al parecer sin prestarle más atención.

Un poco más confiado, Draco revisó los papeles que tenía entre manos y verificó lo que estaba buscando. La caja debía estar marcada y rotulada, además de tener todos los conjuros que Harry le ponía a las cosas clasificadas como 'peligrosas e importantes'.

Sin perderlo de vista un instante, Martin continuó, como si estuviese compenetrado en su tarea, anotando datos de pergaminos viejos y aún más viejos papeles. Guardó todo y colocó la caja en su lugar, luego de mirar un poco más los rótulos, apuntó con su varita y una caja más flotó hacia sus manos. No pudo evitar toser ante la pequeña nube de polvo que se levantó.

- Ehmm... Draco... ¿Estos símbolos tienen algún significado especial...?- preguntó, dudoso antes de abrirla.

Draco dejó su tarea para acercarse. No era lo que hubiese hecho, pero si la caja tenía conjuros de protección, era mejor saberlo antes de intentar algo.

- Sí.- confirmó.- Significa que fue buena idea preguntar antes de abrirla. Lo que hay aquí dentro es confidencial, no tienes acceso a esta información.

- Diablos...

- ¿Y para qué quieres esto...?

La mirada de Martin tuvo un auténtico reproche.

- Tengo un informe que terminar para dentro de dos días.

Con un poquito de culpa, Draco recordó que habían estado hablando de eso muchos días atrás, y que él había aceptado prestarle su ayuda cosa que luego olvidó por completo.

- No importa.- dijo Martin, como disculpándolo.- Kingsley me dijo que encontraría todo lo necesario aquí si no me importaba llenarme de polvo... Supongo que puedo obviar estos datos.

Le quito la caja de las manos y la subió a su lugar nuevamente. Al hacerlo, levantó el rostro para dirigirla mejor y el polvo del aire empezó a picarle y lanzó un estornudo. El resultado de eso, fue que el conjuro para levitar la caja se interrumpió y aquella se vino abajo.

Las manos fuertes de Draco lo quitaron del medio antes que la caja le cayera en la cabeza.

Bien, la situación era la que había estado esperando durante tanto tiempo y se presentaba de un modo que él no había buscado. Martin giró hacia Draco mientras aquél aún lo sostenía por los hombros y quedó muy cerca de él, tan cerca que no intentó detenerse. Se moría de ganas por abrazarlo, pero con un destello de instinto, supo que si hacía un solo movimiento erróneo, la oportunidad se le iba a escapar. Solo dejó que fueran sus labios los que avanzaran y tomaran por sorpresa al rubio.

Al contacto, Draco tuvo un pequeño sobresalto, y por un instante estuvo a punto de separarse. Sin embargo no lo hizo. Un chispazo de excitación le recorrió la espina durante el tiempo suficiente para que Martin afianzara su beso.

Y vaya que el jovencito sabía besar. Los labios eran suaves, la lengua húmeda le recorrió la boca antes de intentar introducirse en ella. A pesar de que una parte de su cerebro le estaba enviando urgentes señales de alarma, Draco entreabrió los labios y respondió al beso. Al segundo siguiente, era él quien se convertía, casi como de costumbre en quien besaba.

Martin disfrutaba cada segundo sabiendo que podía terminar en cualquier momento, y trataba de mantener la cabeza en su sitio, cosa que se volvió bastante difícil cuando se sintió aferrado y sometido a uno de los besos mas ardientes que había recibido en su corta vida. Era todo lo que había imaginado y más.

Esa boca no admitía réplicas, se apoderaba de la otra con absoluta calma y seguridad, despertándole sensaciones que no sabía que tenía.

Esperando que la inseguridad de la situación pudiese ser confundida con timidez, hizo avanzar sus manos hacia las caderas. Se detuvo justo a tiempo, ése era un movimiento demasiado audaz, tenía que ser más prudente. Las manos de Martin se posaron muy suavemente en la cintura e hicieron una pequeñísima presión, casi como si estuviese pensando en deshacerse del contacto.

No se había dado cuenta de que necesitaba respirar, pero la verdad era que no quería que esos labios se alejaran de los suyos. Muy despacio, hizo el rostro a un lado, para tomar aire, pero también dejando expuesta 'accidentalmente' la suave piel del cuello. La sensación siguiente, fueron pequeños besos que lo recorrieron hasta encontrar el obstáculo de la ropa, pero que le arrancaron gemidos ahogados.

Draco no estaba pensando, no con la parte de su cuerpo que había sido diseñada para eso al menos. Piel blanca, piel suave y sedosa, y un perfume muy tenue a pino.

"Yo uso ese tipo de perfumes... Harry usa de otros..." le dijo una vocecita muy lejana en el fondo de su cerebro. Demasiado en el fondo.

Quizás todo se debía a que esa mañana, en realidad hubiese querido tomar a Harry en la sala de entrenamientos y el control no era tan férreo como creía. De hecho, se le estaba escapando.

Como si fueran las manos de otro, las llevó hacia las caderas del muchacho al tiempo que con el cuerpo lo hacía retroceder hasta que lo apoyó en una de las estanterías. Al ya no poder ir hacia atrás, ambos cuerpos se encontraron, y Draco aumentó la presión para sentir mejor las formas que tenía junto a él.

Martin levantó los brazos hacia los hombros fuertes del rubio, enlazando su cuello, guiándolo otra vez hacia su boca. Esta vez lo consiguió casi sin esfuerzo y entonces sus dedos recorrieron el cuello hasta enredarse en ese pelo tan fino y suave como seda de araña. Ahora tenía mucha mas confianza y luchó para mantenerse pasivo. Presentía que iba a poder obtener algo más que unos besos ardientes.

Al cabo de unos segundos más de inquietante fricción, Martin onduló un poco las caderas y en el mismo movimiento, aprovechó para hacer girar a Draco y colocarlo en la posición que él ocupara.

Captó un leve matiz de sorpresa en el rostro pálido, pero se abalanzó sobre su boca para cubrir cualquier duda. Una vez más aquel se plegó a su beso.

Entonces fue él quien se encargó de atacar el cuello, y estuvo a punto de hundir sus dientes y dejar marcas inequívocas de lo sucedido, pero eso iba a arruinar cualquier encuentro futuro, porque seguramente Harry lo notaría. Se contentó con lamerlo con dedicación mientras sus dedos se libraban del estorbo de los botones de la camisa.

"Bastante habilidad con las manos..." pensó Draco en algún momento, sin tener idea de por qué había surgido ese pensamiento.

Cuando unos dientes ávidos se cerraron suavemente sobre un pezón ya erecto, lanzó un quejido y el recuerdo le vino sin poder evitarlo. La primera vez que había estado con Harry, en realidad la primera vez de Harry, aquél había estado tan nervioso, que no había podido desabotonarse la camisa. Excusa perfecta para que Draco lo desvistiera con sus propias manos.

Ahogó un gemido mas profundo cuando, sin dejar de atormentar uno con los dientes, unos dedos atacaron el otro pezón con pequeños pellizcos.

Un reguero húmedo y caliente descendió a través del abdomen hasta el cinturón que ya estaba siendo removido y unos segundos después, pantalón y boxers fueron sabiamente deslizados hasta los tobillos. Sintió una especie de alivio cuando su erección fue liberada de la presión de la tela, y se mordió los labios en previsión a lo que iba a suceder, ya que un aliento cálido ascendía ahora a traves del interior de sus muslos, alternando besos en uno y otro lado.

"¿No hay algo terriblemente mal en esto...?" le reprochó de nuevo la vocecita, y una vez mas la excitación ahogó ese sonido molesto.

Cerró los ojos, y sintió el toque de una mano en su miembro, una especie de pequeña palmada como para constatar su rigidez antes de apoyar los labios en el glande. Ésa era una caricia casi experta.

"Harry nunca hubiese hecho eso...".

La lengua lamió la punta y lo recorrió de arriba a abajo, sumiéndolo de nuevo en un mar de excitación que empujó la frase a un rincón del cerebro, aunque no tan lejos, en esta oportunidad. Sin embargo cuando el rubio sintió la cavidad caliente cerrándose sobre su miembro, pareció olvidarlo todo, abandonado a ese placer.

Y el ritmo, el ritmo que le estaba dando al asunto era enloquecedor, la succión era casi dolorosa y al mismo tiempo arrebatadora. Tenía que contener los sonidos que pugnaban por escaparse de su garganta o todos afuera se iban a enterar.

"¿A enterar de qué? ¿Que estoy a punto de acabar...? Lo que hagamos Harry y yo no les incumbe..." pensó, echando la cabeza hacia atrás, sin darse cuenta de lo incoherente de su pensamiento.

Ya casi, estaba muy cerca. La sensación estaba empezando a volverse espesa en su estómago y entonces buscó lo que siempre buscaba y encontraba. La mirada amante en esos ojos verdes que él adoraba.

Encontró ojos azules, tan profundos como el mar que brillaban de deseo.

"Un momento... ¿Azules? ¿Azules?? Oh, por Dios..."

El reconocimiento le arrojó un balde de agua fría a su ardor y mató eficazmente cualquier deseo que hubiese sentido hasta ese momento.

Con un poco más de ímpetu del que hubiese necesitado, le tomó la cabeza, separándolo de él.

- ¿Qué...?- alcanzó a preguntar Martin, sin entender el cambio en la situación.

Con la respiración jadeante, Draco lo levantó hacia él, como para asegurarse que estaba viendo bien, que no eran visiones.

"No son visiones... Es una pesadilla."

- Déjame terminar con esto...- sonrió Martin, tratando de besarlo pero el rubio retiró la cara.

- No...

- ¿De qué demonios estás hablando?

- Martin... No puedo creerlo... No es posible...

- ¿Qué no es posible? ¿Que estés a punto de acabar...?

- No... Esto no puede ser.- dijo, mientras empezaba muy despacio a darse cuenta que tenía la camisa desabrochada, tanto el pantalón como la ropa interior hecha un rollo en sus tobillos.

- Vamos... Deja que termine mi tarea...- susurró con una leve sonrisa que pretendió ser mitad inocente, mitad incitante.

- No.- esta vez, la voz fue mucho mas segura, más dueña de sí misma y Martin no pudo dejar de darse cuenta.- No puedo dejar que esto pase.

Apresuradamente empezó a componer su aspecto.

- ¿No puedes dejar que pase?- casi gritó el joven.- ¡Esto ya pasó!

- No, no del todo al menos.

-No del todo...- Martin sonrió de manera poco agradable.- 'Todo' tu pene estaba en mi boca, si me permites la observación. Así que yo creo que pasó del todo.

-Crees mal.

-Claro... Entonces permíteme seguir creyendo... ¿Acaso solo estabas caliente y no encontraste nada mejor para desahogarte? Probablemente ya no puedas joderte a tu esposo, con la panza que tiene y por eso decidiste echar mano a lo que tenías más cerca.

Las palabras del muchacho estaban tan cerca de la realidad, de lo sucedido esa mañana en la sala de entrenamientos, que Draco se sintió confundido por unos instantes. Tanta precisión no podía ser casualidad, sin embargo, no podía pensar que no fuese más que eso.

“Un muchachito despechado... eso es todo lo que es...” trató de decirse para calmarse porque la verdad es que el episodio era profundamente bochornoso, y ahora empezaba a sentirse avergonzado y culpable por haber cedido a un impulso momentáneo.

- Martin, escucha... Lo siento, sé que es difícil... Perdí el control, pero no quiero hacer esto. No quiero engañar a Harry.

- Así que es eso... ¡No quieres engañar a Harry!

- ¿Es tan difícil de comprender? Amo a Harry, no puedo herirlo así. Es lo único que quiero con todas mis fuerzas...

Nunca le había dicho eso a un extraño, y se encontró escuchando esas palabras saliendo de su boca con tanta espontaneidad que casi se asustó. Al mismo tiempo, el escucharlas lo hizo tomar conciencia que ahora sí estaba haciendo lo correcto. Y la vocecita en el interior de su cerebro le decía, o mejor dicho le gritaba que terminara de componer su ropa y se largara de allí cuanto antes. Deploró con todas sus fuerzas no haberle hecho caso antes.

-¿Crees que puedes dejarme así...?

- Sí puedo. No debí permitir que llegara a esto, pero no volverá a pasar.

- ¿Por qué no…? Estuvo bien… Potter no tiene por qué enterarse…

Con un pequeño escalofrío, Draco reconoció el acento despectivo en la voz de Martin al pronunciar ‘Potter’. Casi el mismo desprecio, casi el mismo arrastre desdeñoso que tanto le había costado desterrar de su propia voz.

- ¿Acaso te parece que algo puede pasar sin que se entere?

- Pues si se entera, peor para él.

- Te equivocas… Si se entera, saldrás de aquí tan rápido que ni siquiera levantarás aire… Eso, si tienes la suerte de salir en una pieza.

- Él no será capaz de hacer algo en mi contra… Es demasiado…noble para eso. Estúpidamente noble.

- No será él quien te destroce, te lo aseguro, Martin.

Pese a todo, el muchacho tuvo que darse cuenta que el bochorno inicial de Draco, estaba tornándose en enojo y no era eso lo que necesitaba. Tenía que tenerlo de su lado, no en su contra aliado con ‘el gordo’. Debía cambiar de táctica a toda prisa.

- Por favor, Draco...- suplicó Martin, intentando cubrir la furia que sentía.- Puede funcionar... Lo sentí... Respondiste...

- Y no tienes idea cuánto lo lamento.- terminando de arreglarse, tomó lo que había estado buscando e inició el camino para salir del cuarto del archivo.

Martin no pensó mucho en lo que hacía en ese momento, solo quería mantenerlo a su lado, seguir disfrutando por algunos segundos más de lo que había conseguido. Adelantó una mano y alcanzó a tomarlo por el brazo, para hacerlo girar, para hacerlo volver a él…

De hecho, consiguió su objetivo, pero no del modo en que lo esperaba.

Ante el súbito contacto, la reacción que Draco había mantenido cuidadosamente agazapada en su interior salió a flote sin que pudiese o intentase detenerla.

Tomó la mano de Martin con un agarre perfecto, deshaciéndose de ella, y al mismo tiempo reteniéndolo en la posición adecuada para que su puño pudiese impactar en el estómago del muchacho, quedándose en el acto sin aire, y sin capacidad de respirar o emitir otra cosa que no fuese un ahogado quejido.

Libre por fin, Draco salió a toda prisa del cuarto.

- ¡Maldito!- susurró Martin, en cuanto pudo tomar oxígeno y erguirse de a poco.

Estaba furioso, realmente furioso y como no podía desahogarse gritando la emprendió a puntapiés con todas las cajas que encontró.

-“¿Por qué?? ¿Qué demonios tiene ese obeso desgraciado?”

Y sin embargo toda su ira no iba dirigida a Draco, quien para él había respondido a todas sus caricias, sino hacia quien era el dueño de una mata de cabello negro, e increíbles ojos verdes.

El único causante de su total infelicidad.

**

Apenas salió del cuarto de archivos, Draco se apresuró hacia los sanitarios, rogando que no hubiese nadie allí en aquel momento y que nadie lo detuviese en el camino para nada.

El baño estaba vacío y agradeció infinitamente por ello mientras abría el grifo de agua fría para refrescarse el rostro; sin embargo el espejo impiadoso no le permitía mentirse.

-Vaya, amigo... ¿Hubo acción, verdad?- fue la pregunta que el artilugio mágico lanzó al aire antes que Draco le lanzara el conjuro para acallarlo.

Pero aunque acallase la voz del espejo, la imagen reflejada en él, no podía cambiarla.

Ni siquiera su palidez habitual conseguía esconder las mejillas encendidas y el brillo de la excitación en los ojos grises. Brillo que él siempre asociaba al sexo consumado. En su apresuramiento, había abrochado mal la camisa y aquella lucía ajada, deslucida; para nada acorde con su acostumbrado buen vestir.

Respiró hondo un par de veces para serenarse y desprendió nuevamente la prenda. De forma instintiva revisó su cuello, lo único que le faltaba era que el jovencito enardecido lo hubiese marcado, y con eso, su sentencia de muerte hubiese estado casi firmada. Pero al parecer no todo estaba tan mal, no tenía marcas de modo que alisó la camisa y la abrochó correctamente, volviendo a colocar la corbata.

Ya estaba más sosegado, podía regresar al salón para intentar pasar el resto de la jornada mientras pensaba qué hacer con lo sucedido.

Durante el resto del día, Draco intentó mantenerse lo más alejado posible de Martin, pero aquel parecía haber desaparecido, no lo vio rondar en el salón. El ajetreo que llenó las horas siguientes hicieron un pequeño milagro para él, porque Harry estaba tan cansado al llegar a casa que se fue a dormir casi sin terminar de cenar, y sin notar el extraño silencio de su pareja.

Con el remordimiento socavándole el sueño, Draco permaneció en la sala, sentado en el sofá, mirando las llamas que se apagaban lentamente en la chimenea; intentando dilucidar qué clase de maldito demonio se había apoderado de ese jovencito y lo había influenciado a él.

Había tenido la intención de hablar del tema con Harry, pero la verdad, le faltaba valor para eso. Era una idea surgida con el único fin de evitar un posible chantaje, pero solo era efectiva si se cumplía y no estaba seguro de los riesgos que corría al hablar.

No quería ir a la cama, sabía que no iba a poder conciliar el sueño, y no tenía sentido incomodar a Harry si de cualquier modo iba a dar vueltas toda la noche.

Al día siguiente, cuando entró al salón, siguiendo a Harry; aquel pasó hacia su despacho sin tardanza, y Draco se acomodó en su escritorio para tratar de enfrascarse en los asuntos del día y ver de qué modo evitaba a Martin cuando apareciese.

Pero no hizo falta que llegara. Apenas abrió la gaveta del escritorio, lo recibió un sobre con su nombre escrito sobre él. Todavía no había llegado nadie, de modo que lo abrió.

‘Veamonos a la hora del almuerzo’.

No era un pedido, era casi una orden. Sin meditarlo, Draco incineró el papel antes que Harry lo viese prometiéndose darle una buena sacudida a ese muchacho en cuanto llegara la oficina, pero una vez más, Martin lo decepcionó, porque no apareció en todo el día.

La mañana siguiente, cuando Harry pasaba hacia la oficina, Draco alcanzó a ver con algo de espanto, que la nota estaba sobre el escritorio; ya no dentro. Por la intervención de alguna deidad misericordiosa, el moreno ni siquiera reparó en ella.

‘No te presentaste ayer. Te esperaré hoy al término del día en...’

Draco no se molestó en terminar de leerla antes de destruirla. Sabiendo que al menos por lo que quedaba del día, no habría novedades, dio como excusa que iba al Ministerio y salió de la Central pero no rumbo al Ministerio sino a su departamento.

**

Severus hojeaba las evaluaciones de Pociones de los estudiantes del quinto curso. Pese a que ahora era el Director, le gustaba mantenerse en contacto con la enseñanza y ocasionalmente torturaba a los estudiantes de distintos cursos, seleccionando uno al azar y apareciéndose para presenciar una clase o tomar una sorpresiva evaluación.

Lo que menos esperaba al oír chisporrotear la chimenea, era ver aparecer la cabeza de su ahijado.

-¿Todo está bien...?- preguntó, levantándose para acercarse.

-Necesito hablar contigo, es muy importante.

-Conectaré la chimenea para que puedas venir. Atraviesa cuando las llamas cambien de color.

Dado que Hogwarts conservaba la protección que Dumbledore le había colocado en la época de la guerra con Voldemort, Severus tenía que levantarla para que Draco pudiese llegar. Cuando las llamas pasaron del tradicional verde de la Red Floo a un púrpura violento, la figura de su ahijado atravesó las llamas para encontrarlo.

-¿Potter está bien?- Severus hizo la pregunta con la misma tonalidad fría con que manejaba todas sus conversaciones, pero en realidad, sí le importaba que el muchacho estuviese bien.

-Claro... Yo no estaría aquí si Harry no estuviese bien.- declaró Draco, sentándose en uno de los sillones.

Ahora que estaba allí, no sabía muy bien para qué había ido.

Viendo que el muchacho necesitaba un poco de tiempo para coordinar ideas y reunir palabras, Severus dejó la taza de té que tenía sobre el escritorio y con un pase de su varita hizo aparecer una botella de buen whisky añejo. Sirvió un par de vasos y se acercó, alargando uno a su ahijado.

-¿Qué es lo que está mal, entonces?

Sabía que algo debía estar mal, y bastante mal, porque sino, Draco no lo hubiese buscado.

-Estoy en un grave problema, Severus... Cometí un error, uno grande...

Por unos segundos más se quedó en silencio, haciendo girar pensativamente el líquido color caramelo en el vaso de cristal tallado, mirándolo, como si pudiese allí encontrar las palabras. De a poco, le contó lo sucedido, y al terminar, apuró todo el contenido del vaso de una sola vez. El calor del licor recorriendo su garganta hasta el estómago, compitió con el que sentía en el rostro al haber cometido semejante tontería.

-¿En qué demonios estabas pensando, Draco?- la misma voz átona de siempre, sin inflexiones; pero con un innegable reproche escondido.

-No estaba pensando... ¿De acuerdo...? Ni siquiera sé bien cómo empezó... y de pronto, cuando reaccioné, estaba allí, metido en el archivo con Martin de rodillas ante mí y...

-Ahórrame los detalles.- cortó Severus y decidió que necesitaba otro whisky.

-Dos notas, Severus... En dos días, llegaron dos notas y el desgraciado no se ha presentado a la Central.

-Búscalo tú entonces. Dale una buena lección, una que no olvide por largo tiempo...

-No puedo hacer eso...

-¿Por qué no? Es un buscón, no debería asombrarse que algo así le pase. ¡Merlín, eres un Slytherin! ¿Acaso pasas tanto tiempo rodeado de Gryffindors que has olvidado lo que se hace en estos casos?

Claro que lo había pensado. Buscar su dirección en los archivos donde Harry guardaba los datos de los estudiantes, localizar su casa, presentarse y enseñarle que no podía entrometerse así en su vida. Sí, esa era una buena idea.

-¿Quieres otro consejo?- preguntó Severus luego de dudar un poco.

-Solo si es bueno.

-No, no es bueno. Es terrible, pero creo que es tu única opción si quieres salvar algo de tu matrimonio.

-Pero Severus... Martin y yo ni siquiera llegamos a...

El mago adulto detuvo la excusa con un gesto seco, con la misma autoridad que usaba cuando era profesor de ese muchacho.

-Si tu esposo fuese un Slytherin, ésa sería una buena excusa y un motivo suficiente para conseguir su perdón, luego que te lanzara unas cuantas maldiciones, claro...- sirvió algo más de whisky en el vaso de Draco antes de seguir.- Tendrás que contarle todo.

Draco lo miró como si tuviese dos cabezas o algo similar por lo que Severus continuó.

-Los gryffindor son a veces, espantosamente leales. Leales hasta la muerte... Después de la muerte, incluso.- dijo esa última frase en un susurro, casi para sí mismo, pero continuó antes que Draco pudiese darse cuenta.- Y esperan lo mismo en retribución... Puede que ese muchacho... Martin no capte tu invitación a largarse... en ese caso, tienes que ser precavido, adelantarte a sus intenciones... Y no te quepa duda que si llegó a seducir al esposo de su jefe debajo de sus propias narices, puedes esperar cualquier cosa de él.

-Pero... ¿Te das cuenta lo que dices? Harry se pondrá furioso...

-¿Y cómo demonios esperas que se ponga? Claro que se pondrá furioso, pero créeme... Aún cuando lo haga, te ama... Merlín, las cosas que tengo que decir... Detesto admitir esto, pero ese muchacho debe amarte más que a sí mismo, y aunque tenga muchos deseos de retorcerte el pescuezo en ese momento, finalmente te perdonará... Y lo tendrás de tu lado para deshacerte de ese mocoso.

Draco suspiró antes de tomar un largo sorbo. Mejor no continuaba, o Harry olería su aliento a una milla de distancia. En otra circunstancia, solo se molestaría por no haberlo invitado a beber con él.

-Es un consejo horrible.- dijo por fin.

-Lo sé, te lo advertí.

-Creo que necesitaré un lugar donde quedarme un par de días... La última vez que discutimos por Martin, Harry me amenazó con hacerme dormir en la sala... y esto excede con creces a lo que sucedió entonces...

-Tenemos varias habitaciones que puedes usar aquí, pero no creo que le dure tanto...

-¿Sabes algo, Severus? Hace años, mi padre me dijo algo así como... ‘Eres un Malfoy, y eso que tienes entre las piernas, tiene vida propia... Tienes que mantenerlo ocupado...’ Maldito sea... Tenía razón. Tiene vida propia...

-Lo único que se le olvidó decir es que si estás casado con un gryffindor, lo mejor es que lo mantengas ocupado con él... Piensa lo que te dije.

-Lo pensaré.

Levantándose, Draco le devolvió el vaso y se encaminó hacia la chimenea. Definitivamente la opción que tenía por delante, era la que menos le agradaba, y luego de despedirse de su padrino, decidió que iba a necesitar algo más que un par de vasos de whisky para poder reunir el valor necesario y enfrentar a Harry.

**

Sin embargo, todo estaba en su contra.

Regresó a la Central, verificó que Martin tampoco había aparecido ese día y luego se dedicó a buscar algunos papeles y la excusa para revolver los archivos de Harry.

Aquél pasaba bastante tiempo en el laboratorio de Hermione en esos días por lo que no le fue difícil encontrar el momento para escabullirse allí y buscar la dirección de Martin.

Para su completo desconcierto, la ficha personal del muchacho estaba incompleta y eso era muy extraño porque Harry era excepcionalmente pulcro con esos temas. Puede que en su vida privada fuese bastante desordenado, pero en la oficina, era casi enfermizamente meticuloso.

Desorientado por eso, Draco se encontró sin saber dónde ir a buscar a ese pequeño granuja que ahora, tal como había dado a entender Severus, tenía una innegable carta de poder sobre él.

Solo podía esperar que Martin se hubiese sentido lo bastante amenazado como para desaparecer de sus vidas, pero tenía el oscuro presentimiento que no sería así.

**

Al día siguiente, antes que salieran rumbo a la oficina, cuando Harry se estaba duchando, llegó una lechuza con una carta. No venía dirigida a ninguno de los dos, por lo que Draco la abrió y conteniendo la respiración, leyó el contenido; aunque tenía una idea de lo que podía encontrar, había reconocido la letra.

Dentro había una descripción escueta pero bastante explícita de lo sucedido en el cuarto de archivos más una frase final que parecía indicar que no iba a ser la única carta. Evidentemente, se habían figurado que podía recibirla él, lo cual era lógico.

Podía tratar de interceptar las que fueran llegando pero no podía vigilar todo el correo, sobre todo porque Harry recibía mucha correspondencia confidencial que él nunca tocaba. Resultaría por demás extraño que de buenas a primeras empezara a revisar todo lo que llegaba.

Su pareja salió de la ducha en ese momento y cruzó rumbo a la habitación a vestirse, en forma automática, Draco escondió la carta y casi de inmediato se dio cuenta de lo que había hecho.

Le estaba dando lugar a Martin para que convirtiera su vida en un infierno. Sin embargo eso ya estaba sucediendo, así que tomando en cuenta las palabras de Severus, tomó una decisión. Se sentó en el temido sofá de la sala a esperar que Harry saliera y cuando éste lo hizo, le dijo que necesitaba hablar con él.

Sin mirarlo, no podía hacerlo mientras hablaba, sabiendo el terrible daño que haría, le contó.

Para su desesperación o alivio, no lo sabía muy bien todavía, Harry no lo interrumpió durante los largos minutos en que intentó explicar, sin demasiados detalles lo que había sucedido y cuando terminó, el silencio en la sala le pareció aplanador.

Cuando el silencio fue demasiado tenso, se atrevió a mirarlo. Ojalá no lo hubiese hecho.

La expresión de dolor en el rostro del Harry era tan intensa que Draco tuvo el deseo auténtico de maldecirse de la peor forma. Y lo mas desgarrador fue que no hubo explosión de llanto o de furia, la decepción era tan intensa, que él solo lo miraba, como si nunca antes lo hubiese visto.

- Lo hiciste...- dijo apenas en un susurro trémulo.- Yo... yo confié en ti...

Menos de diez palabras y había conseguido hacerlo sentir la magnitud de su error y de las terribles consecuencias que podía esperar.

Pero Draco todavía podía intentar una defensa, la verdad es que había llegado muy lejos, pero no tanto como para ser irremediable. O al menos eso quería creer, solo esperaba que sus disculpas no sonaran demasiado patéticas.

- Lo siento...

- ¿Lo... sientes...?- ahora sí era casi un gemido.

- Por favor, Harry... Tienes que creerme... Yo no quería...

- Oh, claro... ¿Me dirás que te arrinconó en el archivo y estuvo a punto de violarte...? –la voz de Harry llevaba una nota de frialdad que le hería con más crueldad que si lo hubiese abofeteado.

- No dije eso... No sé qué se apoderó de mí, cuando recuperé la razón estabamos allí...

- Por favor, no necesito oírlo de nuevo – le dijo, al mismo tiempo que se cubría los oídos con sus manos, como si no quisiera que esas palabras calaran nuevamente en su cabeza.

- Te digo la verdad Harry... – le dijo en forma desesperada, intentando acercarse a Harry.

- ¿Por qué debo creerte? – Los ojos verdes le miraron de forma retadora, y Draco pudo ver no sólo el dolor y la decepción, sino también la furia por la traición – Dios...Y yo le permití quedarse... Cómo se habrá burlado de mi estupidez...

- No había sucedido nada antes de esto...

- Lo tuve delante de mis ojos y te creí... Cuando me dijiste que no te acercarías a él, te creí...

- Yo no me acerqué a él.- intentó defenderse, aun sabiendo que sonaba a excusa pueril.

- Lo prometiste... Me mentiste y te enredaste con él...

-No me enredé con él. Fue un momento de... de... – desesperado, se llevó las manos a la cabeza, intentando encontrar las palabras adecuadas para expresarse, pero no había palabras para justificar la maldita traición que había cometido, peor aún, su cabeza era un vil enredo que se cobraba el daño que había causado – No sé que demonios pasó, te lo juro Harry. Yo te amo. No quiero saber nada de él ni de nadie más.

-¿Por qué me estás diciendo esto ahora...? Podrías haberlo ocultado...

Sintiéndose peor que nunca, Draco extendió la carta, pero Harry no la tomó, apenas le dedicó una mirada de hielo antes de volver esa misma mirada hacia él.

-De modo que si... ese bastardo no hubiese enviado eso... Nunca me lo hubieses dicho.

-No. No quería causarte esto... El bebé...

-¿El bebé...? Idiota... No pensaste en mi bebé cuando ese desgraciado te la estaba mamando...

Draco hubiese querido decir que no era cierto, pero aún cuando todo el acto no hubiese llegado al final, tampoco podía desmentir por completo lo que en verdad había pasado.

-Lo siento...- reiteró, sin saber que más podía decir para subsanar el daño que había causado.

- No sigas. No quiero oírte más.

- Pero tienes que hacerlo...

- ¡¡No, no tengo que hacerlo!! – gritó, ocasionando que Draco retrocediera ante la fuerza de su voz. Mirándolo con aquella frialdad que le congelaba el alma, le murmuró con voz dolida: – Lo hice una vez y me engañaste. No quiero escucharte de nuevo. Déjame solo.

- Por favor, Harry...

- Si no te vas, yo lo haré.

Y aunque Draco no quería ir a ningún lugar, menos aún quería que Harry saliera así de la casa. Se puso de pie y miró alrededor, sin saber exactamente qué hacer.

- Yo... estaré en la habitación...- dijo, esperando, rogando que él no le pidiese que saliera de la casa, pero Harry no le prestó atención.

Fue al dormitorio y se sentó en la cama. Nunca jamás iba a perdonarse esto. Haber causado esa desilusión, ese dolor tan profundo por una calentura momentánea.

Porque eso es lo que había sido.

Tenía que ser honesto consigo mismo. Martin lo había besado y excitado y él solo se limitó a dejar que su entrepierna tomara las decisiones por él. Y lo había deseado, por algunos minutos, escasos y desgraciados minutos, había querido enterrarse en ese cuerpo joven que se le ofrecía sin ningún tipo de vergüenza.

Había escuchado un sinfín de veces que se buscaba fuera del matrimonio lo que no se obtenía de él, pero eso no podía ser cierto; él tenía todo lo que quería y aún más. Nuevamente deseó maldecirse a sí mismo por imbécil.

Permaneció allí por un tiempo que pareció detenerse, volverse eterno en medio del silencio de la casa. Al final, sin poder resistirse más, abrió muy despacio la puerta que daba a la sala, solo para contemplarla estupefacto.

Vacía.

 

 

 


Capitulo 16


El sonido casi imperceptible de la puerta al cerrarse tras de Draco, hizo que Harry respingara un poquito. Había intentado con muchísima fuerza concentrarse en algo neutro para no estallar, aunque no sabía muy bien qué podía salir si abría la boca en ese momento.

De pronto, todo parecía demasiado horrible para ser cierto, y cuando intentaba convencerse que no era verdad, que era uno de esos tontos y malos sueños que solía tener, las palabras de Draco volvían una y otra vez, admitiendo lo sucedido. No podía decir qué le hería más, si la traición o la cobardía de su pareja al decirle aquello solo como consecuencia de la carta recibida.

Su mirada se dirigió nuevamente al papel sobre la mesa, con tanto odio, con tan visceral resentimiento que aquél empezó a amarillear, oscurecerse por los bordes y una tenue voluta de humo se alzó en el frío ambiente de la salita.

“Detente, Harry…” se dijo, sabiendo que su magia estaba a medio paso de salirse de control. “Puedes hacerlo, puedes detenerte ahora, antes de hacer un desastre… Erick dijo que debes controlarte...”

Con un terrible esfuerzo, intentó respirar pausadamente y con ello dejar de pensar en la idea de chamuscar ese condenado papel. A decir verdad todavía no tenía muy en claro cómo había evitado hacerle algo así a Draco. Tal vez se debía a que en el fondo, no quería hacerlo...

Pero el peso en su pecho se hacía cada vez más grande y amenazaba con hundirlo si no hacía algo pronto. Descubrió que quería salir de allí, no podía tolerar la idea de permanecer bajo el mismo techo, respirar el mismo aire…

Se puso de pie con algo de trabajo. Nunca le había pesado tanto su nuevo tamaño, ni tenía tan en claro la diferencia entre él y Martin. El jovencito lánguido y delgado, tan chispeante y decidido… Pero si Harry estaba así, era porque AMBOS habían querido tener hijos, querían tener una familia. Ya no ser solamente dos…

Metió la mano dentro del pequeño recipiente que tenían sobre la chimenea, rogando que sus amigos aún no hubiesen salido hacia la oficina, porque sino, el único lugar que le quedaría para ir hubiese sido Hogwarts, y no quería ir allí.

**

Hermione se había extrañado bastante al ver aparecer la cabeza de Harry en el fuego de la chimenea.

- Por favor, Herm... Necesito hablar contigo...

Había tanta angustia en la voz de su amigo, que le dijo que viniera sin dudarlo ni un instante. Lo que no esperaba era verificar que la angustia que había captado en la primera comunicación no era nada comparada con la que se reflejaba en su rostro cuando el Portal lo dejó en medio de la sala de la muchacha.

- Por Dios, Harry... ¿Qué te pasa...? ¿Estás bien? ¿Tu bebé esta bien...?

A lo que el moreno apenas pudo asentir. Si hablaba en ese momento, se iba a desmoronar y no es que eso no fuese a suceder de cualquier forma, pero al menos tenía que tratar de manejarlo.

- Ven, siéntate... ¿Draco sabe que estás aquí?- él negó.- Tendríamos que avisarle... Se va a preocupar.

- No.- dijo por primera vez.- No quiero verlo ahora.

La frase la tomó por sorpresa, no solo por el dolor que traía consigo, sino por la determinación.

- ¿Discutieron?- aventuró en un susurró, sentándose a su lado.

Muy bien, ahora podía hablar. Con ella podía hablar, lo sabía, pero había hecho tantos esfuerzos para controlarse que ahora las palabras no parecían querer salir y la garra de acero todavía parecía oprimirle la garganta, haciéndole daño. Tenía miedo de abrir la boca y que lo primero que saliese fuese un gemido imposible de contener.

Tomó aire varias veces, abrió la boca y al final, la primera frase entrecortada consiguió salir de sus labios.

- Me... engañó...

- ¿QUE??

Harry intentó tomar aire y seguir hablando, pero era tan difícil. Algo le pesaba mucho en el pecho y le impedía respirar con normalidad. No podía volver a repetir eso porque era como volver a escuchar la confesión, como un eco interminable.

Mientras tanto, Hermione no dejaba de sondear hasta donde podía las reacciones de su amigo, no en vano se conocían desde que tenían once años. La única vez que lo había visto tan afectado, fue cuando Sirius murió. En ese entonces, había cedido a la ira pero ahora no era solamente enojo lo que veía en los ojos de Harry, era una decepción tan profunda que casi le dolía contemplarla.

Ciertamente no era partidaria del rubio Malfoy, pero si tenía que ser justa, muchas veces había sido testigo de la devoción que Draco tenía por Harry... Durante la guerra, incluso antes que ellos se enterasen, Draco fue una gran ayuda para su amigo, y luego, ambos consiguieron sobreponerse a todo apoyándose mutuamente. Una traición tan flagrante merecía la peor de las torturas si llegaba a ser cierta...

- Harry... ¿Estás seguro...? Draco te ama...- sondeó todavía incrédula.

- Lo confesó...

Eso sí consiguió sorprender a Hermione. Primero sorpresa, luego enojo. Había estado cien por ciento segura que el rubio realmente amaba a Harry. Algo más debía haber en medio y su memoria retrocedió a varias miradas intencionadas que cierto jovencito estudiante dirigía al esposo de su amigo.

- Fue... ¿Ese muchachito, verdad? El tal Benton...

Harry solo asintió de nuevo. Se estaba sintiendo mal, a su pesar, estaba empezando a temblar y Hermione notó eso y la extrema palidez en su cara. Le tomó las manos, estaban temblorosas y demasiado frías.

- ¡Ron!- llamó al pelirrojo que seguro aún estaría remoloneando en la cama.- ¡Rápido, por favor!

Debido a la urgencia en su voz, el muchacho apareció pronto, temiendo que algo le hubiese pasado a su esposa pero se asombró por demás al encontrar a Harry sentado en el sillón de su sala. Y en un lamentable estado, además.

- Ron, Harry no se siente bien. ¿Podemos acomodarlo en el cuarto de huéspedes?

- Claro, amor... ¿Qué pasa, compañero...?- preguntó mientras lo ayudaba a levantarse y al hacerlo no pudo dejar de notar lo mismo que su esposa y le dirigió una mirada de interrogación. Aquella negó sin hablar, dando a entender que le explicaría luego.

Llevaron a Harry hasta una pequeña habitación al final de un pasillo y con cuidado lo acomodaron en la cama, para que descansara un poco. Harry lanzó un gemido y se tomó el vientre. De inmediato, las manos de Hermione se deslizaron sobre la camisa, sintiendo los movimientos bajo la piel y el momento en que la panza se ponía dura, justo antes que su amigo intentase apagar entre dientes el nuevo gemido de molestia.

- Harry tienes que calmarte...- dijo, con mucha más seguridad de la que en verdad sentía.

- Duele...- jadeó el muchacho sin saber en qué posición ubicarse para calmar el dolor.

- Me imagino que sí, pero intenta calmarte... Son contracciones provocadas por la tensión...

Ignorando las causas de lo que podía haber provocado eso, Ron solo miraba desde un costado, pero lo que menos quería era que su amigo entrase en labor de parto en su casa.

- Puedo traer a Malfoy... Él podrá ayudar, seguro...

- ¡No... !- fue el jadeo desesperado, punteado de un nuevo quejido por parte del moreno.- Él no...

- Pero Harry...

- No, Ron.- intervino Hermione.- Mejor tráeme un poco de la poción tranquilizante que me dieron. No le hará mal al bebé y creo que puede ayudar mucho a Harry...

Aceptando el pedido, Ron salió a buscar la medicina pero la tenaz resistencia de Harry en ver a su pareja estaba haciendo que el pelirrojo empezara a sospechar algunas posibles causas de ese estado.

- Cariño... No encuentro la poción...- llamó desde la cocina.

Hermione salió a escape para no dejar a Harry solo por demasiado tiempo, pero una vez allí encontró a su esposo preparando la poción que ‘no encontraba’.

- Toma.- dijo, alcanzándole el vaso.- Pero dime qué pasó.

- Parece que Malfoy sacó los pies fuera del plato con ese muchachito Benton... – informó rápido la joven bruja.- Y el desgraciado lo admitió... Pero no sé...

Sin decir nada más, Hermione regresó a la habitación a tiempo de ver el rostro de su amigo crispándose ante un nuevo dolor. Se sentó a su lado y le tendió el vaso.

- Bebe esto... Y sin protestas, tienes que calmarte si no quieres entrar en labor justo ahora.

Harry apenas la escuchó, se limitó a beber el contenido del vaso y volvió a acostarse. Al parecer la poción hacía algún efecto porque el dolor pareció ceder y él pudo cerrar los cansados ojos para aislarse un poco. Unos minutos después escuchó que Hermione salía de la habitación.

Se puso de costado, porque así parecía molestar menos y se acurrucó intentando entender. Pero fuera cual fuera la explicación, se le escapaba por completo.

Un dolor agudo le atenaceó el costado de nuevo. Supo que era el bebé, pateando, quejándose porque seguramente toda esa tensión no le había pasado desapercibida. Trató de ignorarlo, pero no podía.

"Por favor, bebé... No me hagas esto... Ya tuve bastante por hoy..." una punzada más fuerte aún, una protesta airada.

"Típico carácter Malfoy".

El pensamiento surgió sin que pudiera evitarlo y a pesar de todo el control que había tenido hasta ese momento, se dio cuenta que estaba a punto de llorar.

"Lo siento, bebé... Draco no está aquí para calmarte..." el dolor se hizo incluso mas incisivo, tanto que Harry jadeó de forma incontenible. "Yo no tengo la culpa... Maldición, yo no tengo la culpa... ¿Por qué tenías que hacerme esto, Draco...? Yo confiaba en tí..."

Ahora sí estaba llorando y enojado consigo mismo por no haber podido evitar esa debilidad, sintió las tibias lágrimas rodando por su cara. Admitió aún una cosa más, pese a que admitirlo solo acentuaba el dolor que sentía.

"Debo estar maldito...a pesar de todo, no puedo odiarte... Aún te amo..."

**

El primer lugar que cruzó por la mente de Draco, fue lógicamente la casa de Ron y Hermione, y cuando se acercaba a la chimenea para intentar comunicarse con ellos, aquella chisporroteó y lanzó una bocanada de humo negro. Casi a continuación, una figura enfundada en la túnica oscura de los Aurores, salió como una tromba.

No cayó, sino que casi voló y aterrizó sobre Draco, que no esperaba el ataque y lo arrastró hacia atrás. Ambos aterrizaron sobre la mesita de la sala, rompiéndola al caer en ella. Con la larga práctica del oficio, el rubio consiguió apoyar su pierna sobre el pecho de su atacante, que se había aferrado a su cuello e intentaba impedirle tomar aire; y lo arrojó por encima.

Los dos rodaron y se pusieron de pie casi al mismo tiempo, apuntándose mutuamente con sus varitas. En ese momento Draco reconoció que habían sido las inmensas manotas de Ron las que casi lo habían estrangulado.

- Te lo advertí, Malfoy... Te lo dije hace años... Te advertí que si le hacías daño a Harry te destrozaría con mis propias manos...- contrariamente a lo normal, Ron no estaba gritando, sino que se oía demasiado calmado.

Pese a la situación, la frase dejó un par de datos en la mente de Draco. Harry estaba con ellos y al parecer no estaba bien. Una nada desdeñable cantidad de piedras pareció asentarse en el estómago del rubio, pero no por ello dejó de apuntar al pelirrojo.

- Harry está con ustedes...- dijo en forma tentativa.

- Por supuesto, no pensarías que iba a quedarse aquí... ¿No?

- ¿Está bien...?

- No te preocupaste por eso cuando te estabas jodiendo a Benton...

- No me jodí a Benton- indicó Draco, preguntándose cómo había llegado el pelirrojo a semejante conclusión.

- ¡JA! A otro perro con ese hueso...

- Mira, no sé qué les dijo Harry, pero...

- Te juro que si además de todo lo que hiciste, dices algo en contra de Harry, te juntarán en trozos... Verga Tiesa Malfoy, así deberían llamarte.

Draco bufó, lo único que le faltaba era soportar los insultos de la comadreja; como si no se sintiese bastante mal sin necesidad de eso. Muy despacio, para frenar las agresiones guardó su varita.

- Escucha algo, comadreja... No voy a discutir mi vida privada contigo... Solo quiero hablar con Harry...

- Ni en sueños. No quiere verte ni en pintura... Maldito seas... Ya no le falta casi nada... ¿No podías esperar? Tenías que joderte a ese condenado buscón.

Draco se sentó mirando con algo de lejanía la destrozada mesita.

- No me lo jodí.- repitió.- Maldición... Si saber esto ayuda en algo, no me lo jodí... ¿Por qué te crees que ese desgraciado mandó esas notas? Porque lo interrumpí en medio de su faena y lo mandé a volar.

Definitivamente, eso no era lo que Ron esperaba oír. A decir verdad, tampoco esperaba que el hurón le confesase justo a él lo sucedido. Eso, suponiendo que lo que estaba diciendo fuese la verdad.

Draco no podía decirle exactamente lo que había sucedido, que justo en el momento en que se acercaba a la cima, había buscado la mirada amante de Harry, y que el no encontrarla lo había regresado a la realidad con una celeridad instantánea. Decirle eso hubiese sido demasiada información para el pelirrojo, sin duda alguna y no estaba dispuesto tampoco a ventilar sus intimidades sexuales.

- Solo dime si está bien...- pidió Draco en un murmullo.

- Estará bien en cuanto se calme.- dijo por fin Ron, incapaz de seguir negándole algún dato. Más por cuanto la preocupación del rubio parecía totalmente auténtica.- Pero está muy alterado, Hermione le dio una poción para tranquilizarlo porque tuvo algunas contracciones...

Si algo podía hacer que Draco se sintiese peor, era escuchar eso.

- ¿Contracciones...?

- Sí, pero deben ser por el disgusto...- Ron se sentó en un sillón algo alejado.- Se pondrá bien.

En silencio, el pelirrojo repasó que casi consiguió cumplir con éxito la primera parte de sus planes originales, es decir, usando los conjuros que usaban los Aurores forzó la Red Floo para irrumpir en el departamento de Malfoy. Esos planes también incluían acogotarlo en cuanto lo tuviese al alcance de sus manos, cosa que había empezado a hacer hasta que el rubio se liberó de su agarre. Lo que no contempló en ningún momento fue ponerse a escuchar lo que aquel tenía para decir.

- ¿Te das cuenta que metiste la jodida pata hasta el cuello, verdad?

Los ojos grises se enfocaron en él, pero Draco no dijo nada. ¿Qué más podía decir, si esa frase lo resumía todo y bastante bien, además?

- No sé que querrá hacer Harry ahora, pero lo hospedaré en casa mientras lo decide.- indicó Ron

- Pero yo necesito hablar con él...

- No, Malfoy. Por ahora, está nervioso y no creo que verte lo haga sentir mejor. Una vez que esté calmado, hablaré con él y ya me dirá si quiere verte.

Al menos, sabía dónde estaba y que lo cuidarían bien. Dentro de todo lo malo de la situación, Draco decidió que Harry había escogido el mejor lugar para ir. Asintió en silencio, pero cuando el pelirrojo se puso de pie y caminó de regreso a la chimenea para regresar a su casa, quiso desesperadamente ir con él. Aunque tuviese que andar de rodillas y suplicar el perdón, quería que Harry volviese, que nada de eso hubiese sucedido y tenerlo a su lado de nuevo.

- Avísame si vuelve a ponerse mal...

Ron supo que no podía esperar la frase ‘por favor’ terminando el pedido, pero no necesitaba oírlo luego de sentir la angustia detrás de las palabras. También supo que de estar en el lugar de Draco, también querría asegurarse que al menos le informarían si algo sucedía con el bebé.

- Está bien... Ahora iré a verificar que todo esté bien, y luego a la oficina... Será mejor que tú avises que no irá... Inventa la excusa que quieras, no creo que a Harry le importe. Cuando salga, vendré a buscarle alguna muda de ropa.

Ron desapareció pocos segundos después y antes de ahogarse en la autocompasión, Draco decidió ir a la oficina, iba a encontrar a ese jovencito y lo iba a golpear hasta cansarse, solamente como punto de partida. Cierto es que él también tenía parte de culpa, pero eso no disculpaba esa carta que había llegado.

Martin no le dio la oportunidad. No apareció por la Central en todo el día, ni dio razones para su falta.

**
Harry fingió dormir durante gran parte de la tarde, pero no podía engañar a Hermione que cada tanto abría apenas la puerta de la habitación para constatar que todo estuviese bien. Como la muchacha interpretaba correctamente que su amigo necesitaba estar a solas para tratar de ordenar sus pensamientos y calmarse, solo se asomaba y luego de verificar que no hubiese problemas, cerraba la puerta y se retiraba en silencio.

Hacia el atardecer, cuando Ron volvió de la oficina, trajo con él un pequeño bolso con algunas de sus pertenencias y las dejó en el cuarto sin hacer demasiada mención al asunto. Harry lo contempló apáticamente desde la cama durante un largo rato, mordiéndose los labios para resistir los deseos de gritar de impotencia y en ese instante, Hermione entró en la habitación.

Rápido intentó limpiarse la cara de las insolentes lágrimas que se habían escapado, pero no tenía sentido, si igual tenía los ojos tan congestionados y enrojecidos que eran imposibles de ocultar.

La muchacha se sentó a su lado y le alcanzó un pañuelito.

- Pronto estará lista la cena, Harry...- dijo.

- No tengo hambre.- musitó él y era cierto.

- Entiendo, pero no te hará bien estar sin probar bocado todo un día... Tienes que pensar en el bebé...

- He pensado en el bebé todo el tiempo, pero al parecer su otro padre no hizo lo mismo...- dijo amargamente.- O al menos no mientras estaban...

La voz se perdió en un sollozo contenido a muy duras penas. Se veía tan apenado, tan triste, que la joven se sentó un poco mejor, y le tomó las manos, acariciándolas con mucha suavidad, sin preguntar. No sabía mucho más que al principio, pero tampoco iba a presionar a su amigo.

- Draco me dijo... dijo que... no... que solo estaban... Que ese chico le estaba dando sexo oral...

Rápido, Hermione sofocó el sonrojo no por lo que escuchaba, sino porque no pudo evitar pensar en su amigo haciendo lo mismo.

“Con la diferencia que Harry es el esposo de Draco” se recordó ferozmente. “Y está bien que haga esas cosas con su esposo, tanto como las que yo hago con Ron... Después de todo, estos bebés no vinieron del cielo”.

- Dijo que no lo dejó... que no le permitió terminar...- Harry estaba tan dolorido que ni siquiera recordó avergonzarse por las cosas que estaba diciendo.- ¿Por qué lo dejó comenzar...? ¿Por qué no lo detuvo antes...? Si no lo detuvo al principio... ¿Cómo puedo creerle si me dice que no llegó al final...?

Por supuesto Hermione no tenía respuestas para esas preguntas, pero igual Harry siguió hablando, mas consigo mismo que otra cosa.

- Claro que no es lo mismo... Martin es tan delgado... seguramente muy flexible; en cambio yo estoy obeso y horrible... Y cada vez que Draco se me acerca... Hasta para quitarme la ropa tiene que tener cuidado... Pero él siempre me decía que yo estaba lindo... y yo le creía, Herm... Incluso esta mañana, cuando me dijo...

Ya no pudo seguir hablando. Recordar los sucesos de esa mañana fue la gota que colmó su medida y solo atinó a cubrirse el rostro con las manos antes de romper a llorar. De nuevo.

Durante un largo rato, Hermione solo lo mantuvo abrazado, hasta que se desquitara y dejara salir toda la pena que sentía, hasta que los sollozos empezaron a remitir y Harry pareció un poco más desahogado. Solo entonces consiguió convencerlo de levantarse y tratar de comer algo o al menos beber un vaso de leche.

Luego de la cena, tomó un baño ligero y cuando iba a ponerse el pijama, notó que los que había dentro del bolsito, eran de Draco. Era lógico, si los suyos ya no le entraban... pero no por lógico dejaba de ser duro el enfrentar el aroma de su pareja en la ropa. Antes de poder evitarlo, los pocos bocados de la cena que había conseguido comer, terminaron en la poceta del sanitario.

Sintiéndose peor que nunca, Harry regresó a la cama, donde evidentemente, lo esperaba una de las peores noches de su vida.

**

Luego de intentar de manera infructuosa dar con noticias de Martin, Draco regresó a casa.

Jamás el sitio le había parecido tan grande.

Cuando se casaron, la mayor parte del fideicomiso que su madre le dejó, fue a dar a la compra de ese departamento. No era ni por cerca lo que el rubio hubiese querido brindarle a su pareja, pero al menos tenía el consuelo de poder brindarle un hogar. Y con el correr de los días descubrió que no importaban las dimensiones del lugar, lo importante era lo que tenía dentro; que Harry estaba ahí.

La mesita que Ron y él habían destrozado durante la pelea, continuaba tal como la había dejado. Con un ligero pase desapareció los trozos, no tenía sentido intentar arreglarla, estaba demasiado rota.

“Tal como la confianza que Harry tenía en mí...”

Ese pensamiento no ayudaba a aliviar su atribulada conciencia, ni a acallar la vocecita interior que le decía incesantemente: ‘Es tu culpa... No te quejes, es tu culpa...’

Pasó al cuarto de baño para darse una ducha y tratar de pensar en alguna forma para poder hablar con Harry, para que aquél consintiese al menos en escucharlo. El agua caliente llenó de vapor el cuarto y por algunos minutos, Draco dejó que el sonido del agua lo hipnotizara, pero al fin cerró la ducha. Salió solo para descubrir que había olvidado llevar las toallas, como siempre.

- ¿Harry, podrías...?

El llamado salió de forma espontánea y solo se dio cuenta de ello cuando ya había dejado escapar las primeras palabras. Tal vez lo peor de todo fuese que no habría respuesta, y él lo sabía.

No tenía más remedio que ir a la habitación para buscar las toallas y la ropa. La visión del recinto vacío lo abofeteó casi tan duramente como la falta de respuesta a su anterior llamado. Rápidamente se vistió sabiendo que no iba a poder conciliar el sueño si se quedaba allí. Tomó una manta y al regresar hacia la sala, cruzó ante la puerta abierta del cuartito del bebé.

No, eso fue demasiado. En ese segundo decidió que al día siguiente iría a ver a Harry. Si era necesario, le suplicaría perdón, se arrastraría, pero lo quería de regreso en su vida. Ni siquiera había pasado un día y la ausencia ya era intolerable.

Se envolvió en la manta y se acomodó en el sofá. La manta, la almohada, todo tenía impregnado el aroma de Harry, y el perfume tenue de las cositas del bebé., porque su pareja pasaba mucho del tiempo libre acomodando y arreglando el cuarto...

En el colmo de las ironías, Draco pensó que al fin y al cabo, había terminado por dormir en el temido sofá por voluntad propia. Desvaneciendo las luces mágicas que iluminaban la casa, se quedó mirando la oscuridad un largo rato antes de caer en un sueño pesado que no le reportaría ningún descanso.

**

Por la mañana del día siguiente, Harry se movilizó penosamente para levantarse. Estaba ojeroso, casi no había dormido porque el bebé se negaba a quedarse quieto, se movía y pataleaba furioso, y Harry intentaba en vano tranquilizarse.

Tenía que ir a la clínica para su revisión semanal y no estaba en las mejores condiciones pero era importante. Se suponía que ese día, Erick empezaría la serie de hechizos que junto con la poción que tomaba diariamente, permitirían el nacimiento de su bebé. Con amargura pensó que apenas unos días atrás, ese acontecimiento iba a ser glorioso, un día que Draco y él esperaban con ansiedad.

Una nueva patada interna lo dejó sin aire por unos segundos y Hermione eligió ese momento para aparecer junto a Ron. Ambos se asombraron al verlo listo para salir.

- ¿Vas a salir, Harry?- preguntó Ron, dudoso.- ¿Te sientes bien como para eso?

- Sí, Ron. Tengo que ir a la clínica. Tengo cita hoy.

El pelirrojo pareció meditar un instante antes de hablar y Harry notó que ésa era una actitud nueva en su amigo. En verdad la paternidad estaba haciendo algo muy bueno en su carácter.

- ¿Vas a avisarle a Malfoy?- preguntó al fin.

- No... No lo sé... ¿Tú que me aconsejas...?

- ¿De verdad quieres saber qué pienso?

- Sí.

- Hablé con él...- se detuvo en ese punto, Harry no necesitaba saber que casi se habían caído a golpes y habían estado a un tris de lanzarse hechizos diversos.- No voy a opinar con respecto a él como pareja, pero por lo que me has contado de él, y lo que yo mismo he visto; creo que no sería correcto que lo dejaras afuera de esto. Tú sabrás como juzgarlo como pareja, pero yo creo que siempre se comportó bien como padre. Es decir, como futuro padre.

En eso tenía razón. Absoluta razón por más que le costara admitirlo y le daba una excusa para no apartarlo por completo. No, eso nunca. Bastante había sufrido él mismo por no tener a sus padres, no haría lo mismo con su bebé aunque su relación con Draco no se resolviera.

- Y también pienso que no deberías ir solo a la consulta.- terminó Ron.

- Ya me siento bien, puedo ir solo.

- Mira, yo puedo acompañarte...- ofreció con total buena voluntad.- No me gustaría saber que te sentiste mal y...

- Ron, te digo que me siento bien.

- Discúlpame, pero tu cara no dice eso, exactamente.

- No pasé una de mis mejores noches, comprenderás eso...- comenzó Harry y estaba a medio paso de alguna reacción, aunque no sabía si iba a ser enojo o llanto.

Hermione puso su mano en el brazo de su esposo y aquel la miró, sin comprender, pero la expresión de advertencia de la joven hizo que prestara más atención a su amigo y también pudo notar que esa conversación no le hacía provecho. Aunque no fuese lo mejor, no quiso arruinar el intento que Harry estaba haciendo para no dejarse abatir.

- Está bien, Harry... Como quieras.- cedió al final, el pelirrojo.

- ¿Ustedes van a la oficina ahora?- preguntó Harry, todavía algo indeciso por lo de Draco.

- Sí.

- Si pregunta... díganle que estaré en la clínica.

- Va a preguntar.- le advirtió Ron y decidió que si no preguntaba, primero lo golpearía y luego lo arrastraría hasta la clínica.

Harry solo asintió sin decir nada al respecto pero al decidir que Draco podía encontrarlo en ese lugar, el dolor que había estado molestándolo todo el día, se atenuó bastante.

- Ten cuidado, Harry. Si necesitas algo puedes llamarnos.- comentó Hermione, un poco preocupada.

- Estaré bien. Ya váyanse ustedes dos.- verificó en su reloj y les dirigió una mirada que intentó disimular lo que sentía.- Ya están retrasados, se los voy a descontar del sueldo.

Viendo el intento por mantenerse fuerte, ambos sonrieron y salieron de la habitación al tiempo que Harry convocaba un Portal que lo dejara justo en la recepción de la clínica.

La joven frente al escritorio lo miró por un instante y le sonrió.

- Señor Potter... Pensé que ya no vendría.

- ¿Tú eres...?- preguntó Harry, inseguro de conocerla.

- Mi nombre es Brandy, estoy reemplazando a Meryl por hoy.- miró el libro de citas y corroboró el horario.- Igualmente, el doctor Wallace todavía no llegó... Tuvo un...

- Parto imprevisto.- dijo Harry sonriendo a la joven que iba a decir exactamente eso, al parecer.

- Así es. Si quiere, puede esperarlo dentro... Hay un sillón donde se sentirá más cómodo que en estas sillas.

- De acuerdo.

Entró en el consultorio y se acomodó en el sillón. Era bastante cómodo y ahora que el dolor se había atenuado un poco, se dio cuenta que estaba muy cansado, lo cual no era extraño, con la noche infernal que había pasado. Cabeceó un par de veces, y se preguntó si el parto que estaba atendiendo Erick tardaría mucho, porque en ese caso, él podía aprovechar y descansar un poco.

Es más, si tardaba demasiado, hasta podía echar un sueñito.

Antes de poder pensar en la conveniencia o no de ese asunto, se quedó totalmente dormido.

**

Draco apareció también en la recepción, asombrándose de encontrarla desierta. Era una clínica bastante concurrida en general, pero aunque había horarios en los que no había mucha gente, la recepcionista siempre estaba.

Se acercó y vio el libro de citas. Estaba abierto y el nombre de Harry remarcado con fuerza.

"Ya debe haber llegado... Debe estar adentro"

Se preguntó si debía entrar sin llamar, pero al final decidió que no. Quizás Wallace podía estar con otro paciente y vaya bochorno que iba a pasar si así era.

Esperó unos minutos, pero la recepcionista no apareció. Intranquilo, se acercó a la puerta del consultorio y trató de escuchar. Nada. Eso estaba bastante raro. Golpeó despacio pero como no obtuvo respuesta, abrió. El consultorio estaba vacío.

"Que extraño..."

Hubo un sonido proveniente de la otra sala y por alguna razón, Draco lo encontró sospechoso. De manera inconsciente, su mano fue directamente a extraer su varita al acercarse a la puerta.

- ¿Doctor Wallace?- preguntó a media voz.

El sonido se repitió, entonces Draco tomó el picaporte y abrió de pronto. Lo primero que vio fue la sala revuelta, con signos de lucha, la camilla volcada, los frascos de pociones rotos y sus contenidos desparramados en el suelo. En medio del desastre, el anciano medi-mago estaba enredado en un montón de sogas que estaban oprimiéndolo cada vez más.

Quizás en algún momento había conseguido mascullar un conjuro para retardar el efecto, caso contrario hubiese estado tan muerto como la recepcionista a su lado. Lo liberó al instante.

- Wallace... ¿Qué pasó?

- Harry...- jadeó el anciano.- Buscaban a Harry... Creo que se lo llevaron.

El mundo se volvió un agujero negro. Debía ser un error.

- ¿Pudo verlos...? ¿Pudo ver quién fue...?- preguntó Draco y él mismo se asombró por el matiz frío y desapasionado en su voz.

“Por favor, no digas lo que estoy pensando... Por favor, no”.

- Un hombre grande... y otro que debía ser el jefe...- entonces miró al joven frente a sí, y trató de dar la noticia de la manera menos violenta posible.- Era muy parecido a usted, señor Malfoy.

Esas fueron las palabras que abrieron las fauces del abismo, porque no hizo falta que pronunciase el nombre.

"No... Harry, no..."

El horror de lo que el medi-mago estaba diciendo era demasiado.

"Mi padre lo tiene... Cielos... Se llevaron a Harry..."

En esos momentos, tuvo que apelar a todo el cuidadoso entrenamiento que su mismo padre le había dado hasta casi sus dieciséis años. Pese a que todo su mundo se derrumbaba, en aquel momento, la veta Malfoy que indudablemente llevaba consigo, emergió en todo su esplendor y el rostro continuó impávido.

Una certeza más lo paralizó de espanto. Algo que había creído ver de pasada en el consultorio.

Sí, allí; al lado del sillón.

La varita de Harry. Entonces tuvo la certeza de quien estaba detrás de todo eso. Solamente una mente retorcida como la de su padre podía dejar ese inequívoco mensaje. Para él, los sangre sucia eran parias, lo último de la escala social y no merecían tener magia. Mucho menos portar una varita.

"Harry está indefenso...Se lo llevaron... A él y a nuestro hijo..."

- Debo dar la alerta en la Central de Aurores.- comunicó con aquella voz gélida y profesional que usaba en esos casos.- Necesitaré que nos dé su declaración, doctor Wallace.

Aquel asintió en silencio, estupefacto por la máscara impersonal en el joven rubio y con algo de pasmo, lo vio desaparecer en un revuelo de túnica oscura; tan espantosamente similar al efectuado por el hombre responsable de todo eso, que no dudó ni por un segundo más de la escasez de sentimientos en ambos. Pero si él hubiese podido ver en su interior, hubiese encontrado un alma intentando no sucumbir ante el terror y deslizarse por la pendiente de la desesperación.

**

Fue despertando de a poco, de una manera pesada, como si el sueño no le hubiese servido para nada. Ese sillón no era tan cómodo después de todo.

"Un momento... ¿No era azul el sillón?"

No solo el sillón en el que se había dormido era azul, sino que también era otra habitación. Y otra ropa la que tenía encima. Si a eso podía llamársele ropa. Era apenas una camisa inmensa, grande y tampoco tenía zapatos. Una camisa y la ropa interior era todo su vestuario.

Mirar más lejos supuso un poco de conjeturas, porque tampoco tenía los lentes. Desorientado se puso de pie intentando reconocer el lugar, no parecía ser una de las habitaciones del hospital o de la clínica. Una cama simple al fondo, una banqueta y una mesa; al fondo de la habitación, en un rincón, un espacio que parecía delimitado para ser el sanitario. Un retrete, el lavabo y en la esquina, una ducha.

Tenía todo el aspecto de las celdas de máxima seguridad de Azkaban. Y tal como esos sitios, no tenía ventanas ni puerta a la vista.

Intentó recapitular los eventos. Había llegado a la clínica, donde la recepcionista lo hizo pasar.

"Una recepcionista que no conocías. Entraste al consultorio vacío y tomaste asiento. Te dormiste como un tronco. No es raro, casi no dormí en toda la noche..."

Había mucha magia flotando en el ambiente, otra vez la sentía hormigueando sobre su piel, pero no la había sentido en el consultorio.

Como fuera, estaba atrapado ahí dentro. Prisionero. No necesitaba tantearse para saber que tampoco tenía su varita. No le habían dejado nada de sus posesiones. Prisionero e indefenso. No podía engañarse respecto al último punto. Erick le había recomendado bastante que a medida que avanzase el embarazado debía abstenerse de hacer conjuros potentes, y el solo pensar en hacerlos sin varita era demasiado arriesgado.

Una puerta se delineó mágicamente en una de las paredes y se abrió. De forma instintiva, Harry retrocedió hacia el sitio opuesto, esperando.

De alguna manera, no le sorprendió del todo ver que el primero en entrar era ese hombre inmenso, que alguna vez había sido su compañero en Hogwarts. Además no había pasado mucho tiempo desde el encuentro en el Ministerio. La sonrisa torcida, el semblante simiesco no había cambiado nada.

Inmediatamente después, una túnica negra, ondulante; el innegable porte aristocrático que los años de alejamiento no habían disminuido un ápice.

- Lucius.

- Potter. Qué enorme placer volver a verte... ¿Te agradan tus habitaciones?

La voz continuaba siendo como él la recordaba. Fría, carente de matices pero con la modulación y el tono adecuados, como si estuviese dirigiéndose a un mago respetable, o haciendo una importante disertación. El rostro de piedra lo escrutaba detrás de esa mirada gris tan parecida a otra, y la vez, tan distinta. Los largos años de alejamiento no habían hecho mella en él, salvo dejar algunas pequeñas arruguitas a los lados de los ojos; y eso que en otro hubiese sido signo de decadencia, en el rubio mago solo añadía un toque de innegable prestancia.

Hubiese querido decir algo más, pero estaba tan asombrado de encontrarse ahí, que no podía coordinar una respuesta.

- Voy a tomar ese silencio como un sí, lo cual es bueno, porque vas a pasar unos cuantos días aquí.

- ¿De qué demonios estás hablando?- consiguió preguntar al fin.

- Ah, pensé que el embarazo te había enmudecido... Bueno, digamos que tengo un interés bastante personal en ti... O mejor dicho, no en ti; sino en cierta parte que por ahora tienes contigo.

Harry retrocedió un poco más, sujetándose el vientre de manera casi automática. El gesto solo consiguió una mueca de desprecio por parte del hombre rubio y una sonrisa burlona en el otro.

- Cuando Goyle me trajo la noticia, me negué a creerlo... Pero luego las noticias en la prensa fueron por demás explícitas. Supongo que mi hijo debe estar orgulloso... Al parecer sí consiguió hacer algo medianamente bueno. Perpetuar la dinastía Malfoy... Convengamos en que yo planeaba para él algo diferente... Un matrimonio de prestigio, una nuera sangre pura y por supuesto de fortuna considerable... Pero ese muchacho se dejó influenciar demasiado por su madre... En buena hora se murió, la desgraciada. En fin... al menos no echó por tierra lo único que le quedaba de dignidad... Merlín, lo único que hubiese faltado era que el embarazado hubiese resultado él.

- Estás loco...

- ¿Loco? No, no lo creo... Mas bien estoy tomando una especie de pago atrasado...- ahora el gesto fue realmente malévolo.- ¿Recuerdas el día que todo el Mundo Mágico se enteró por los periódicos de la relación que ustedes mantenían? Ese día fui a buscar a Draco a su departamento... ¿Y qué encontré allí? A la sabandija sangre sucia... Por ti, Draco me enfrentó...Te llevaste a mi hijo, lo pusiste en contra de mi... Ahora haré algo parecido, aunque todavía no sé qué voy a hacer con un hijo nacido del gran Harry Potter... Pero después de todo, también será mi nieto...

Era una muy mala situación, malísima, pero no se le ocurría ninguna manera de salir de allí. La puerta aún estaba siendo custodiada por Goyle, e intentar ir contra él sería el equivalente a darse un topetazo contra un muro. Igual de duro e inútil. Además, Harry no estaba ni tan ágil, ni tan fuerte, y sin varita.

- No creas que va a resultarte tan fácil, Lucius... Draco debe estar buscándome.

- Pero claro, no tengo dudas. Sí dudo que vaya a tener éxito. Nos deshicimos de todas tus pertenencias, deshicimos hechizos localizadores... Si hasta le dejé un regalito tuyo...Es increíble lo útil que resultan las invenciones muggles. Un poco de... eh... no sé, gas... alguna porquería muggle y dormiste por horas.

"Por eso no capté magia en el consultorio" pensó Harry en forma un poco desconectada.

- Ponte cómodo Harry, estas serán tus habitaciones hasta que nazca mi nieto. Naturalmente luego te mataré. Es personal, supongo que puedes comprenderlo. Y por cierto, hasta ese momento, creo que sería bueno que tengas en cuenta una cosa... Goyle...

A una señal, el gigante avanzó hacia Harry, y aquel retrocedió hasta que encontró la pared con su espalda. Una mano de acero lo tomó por la garganta y comenzó a apretar, muy fuerte. Desesperado, Harry intentó quitarla pero antes que pudiese hacerlo, el puño se estrelló en su sien derecha, con tanta fuerza que vio estrellas de colores. El golpe siguiente fue en el rostro y le partió el labio.

Si no había caído, era porque la misma mano que lo estaba asfixiando, también lo sostenía, pero luego del segundo golpe, lo soltó; y Harry cayó sobre sus rodillas, atontado y tosiendo para conseguir tomar aire.
Unos dedos se enredaron en su cabello haciéndole levantar la cabeza una vez más.

- Lo que debes tener en cuenta, Harry.- dijo la voz fría de Lucius.- Es que tú no me importas en absoluto. Como ves, hay mucho de tí que podemos lastimar sin tocar al bebé; así que yo te recomiendo que no hagas tonterías... Sé buenito y tus últimos días hasta pueden ser poco dolorosos...

- Maldito...- jadeó Harry desde el suelo.- Bastardo maldito...

Lucius se acercó a él hasta que estuvo bastante cerca, tanto, que una vez más Harry intentó proteger su cuerpo aunque con eso dejase expuesto el resto de sí.

- Ten cuidado con tu lengua, Harry... No la necesitas para parir a mi nieto.- dijo en un frío siseo, giró y caminó hacia la puerta.

Goyle salió tras él y una vez más Harry se quedó solo. Con la cabeza latiéndole de dolor, se puso de pie para llegar al lavabo. No salía nada.

- Maldición... ¿Ni siquiera tengo agua...?

Sin tocar el grifo, el agua empezó a salir, y la usó para limpiarse la boca lastimada y mojarse la cabeza, intentando aplacar el dolor.

Iba a volver al sillón, pero aquel estaba demasiado cerca del lugar donde había aparecido la puerta, de manera que se sentó en la cama. Como el día anterior, el vientre se le puso duro, molestándolo de nuevo y trató de respirar mejor para atenuar la molestia. Consiguió muy poco.

"Ten calma... Draco nos encontrará... Ya lo verás."

 

 

 

Capitulo 17

En el Ministerio, la noticia del secuestro de Harry había causado una profunda conmoción, pero la decisión fue no dar a conocer el asunto todavía. No sabían exactamente qué planeaba Lucius con respecto a él, pero cabía la posibilidad que intentase alguna especie de chantaje, por lo que mantuvieron el silencio con cualquiera que no estuviese directamente implicado con el Departamento de Aurores.

Personalmente, Draco dudaba bastante de eso. Conocía a su padre lo suficiente como para saber que una acción como ésa, era simplemente carente de sentido porque ya tenía lo que quería.

Recordó las innumerables discusiones, cuando todavía se hablaban, para dar continuidad al apellido; el fallido matrimonio que Lucius había concertado para él cuando tenía dieciséis y finalmente, la ruptura definitiva cuando supo que Harry era su pareja. No porque fuese otro hombre, sino porque reunía todas las características que detestaba sangre mezclada y Potter.

Ahora por fin tenía acceso a lo que deseaba con tanto anhelo, el heredero Malfoy.

Ron escuchó el estrépito proveniente de la habitación. Frente a la puerta cerrada estaba su esposa, esperándolo.

- Por fin. Tuve que sacarlo de la sala de interrogaciones casi a rastras, estuvo a punto de hechizar a ese cretino.- comentó Hermione.- Tienes que calmarlo.

- ¿Calmarlo? Supongo que no te das cuenta de lo que me estás pidiendo...


- Necesitamos que esté calmado y pensando.- dijo ella con firmeza, aunque los ojos congestionados demostraron que había estado llorando.- Así no es útil. Dile algo.

Ron solo asintió, sabía que había mucha razón en lo que le decían, pero eso no significaba que fuera fácil.
Cuando entró, Draco estaba terminando de patear el cubo de la basura por décima vez. Por única vez, desde que lo conocía, Ron vio que estaba realmente alterado y se le notaba.

- Muy bien, basta.

Aquel lo miró con expresión asesina, pero Ron no retrocedió.

- Herm me dijo que estuviste a punto de hechizar al Mortífago que estabas interrogando... ¿Te das cuenta de lo que hacías?

- Claro que me doy cuenta. Ese bastardo debe saber dónde esta mi padre.

- Ese bastardo debe saber donde 'estaba' tu padre. ¿Acaso crees que él se iba a quedar ahí sabiendo que habían atrapado a alguno de los suyos...? ¡Por Dios Santo, Malfoy, piensa!

- No. me. llames. Malfoy.- dijo, entre dientes.

- Entonces, como quieras llamarte, piensa un poco... ¡Un Cruciatus, uno tan solo, y el Ministerio se va a arrojar sobre tu garganta! En menos que tardas en decir 'Crucio' estarías dando con tu trasero en la calle. ¿Estas buscando la excusa perfecta para que lo puedan hacer sin remordimientos?

- ¡Estoy intentando encontrar a Harry!

- ¡También nosotros, maldición! Pero te necesitamos aquí, pensando y no afuera... - Ron tomó aire, y decidió hacer entrar en razón a ese volcan aunque tuviese que traicionar algunas de las cosas que sabía de su amigo.- ¿Tienes idea de lo que Harry hizo para mantenerte trabajando junto a él? Habló con gente, presionó... hasta amenazó a algunos para que pudieras continuar a su lado. ¿Estás dispuesto a tirar todo eso por el caño?

Draco tomó aire muy despacio para sosegarse. Hubiese querido poder decirle lo cerca que estaba de la desesperación. Todo, cada partícula de su cuerpo parecía reclamarle la falta de Harry, no podía pensar en perderlo. No quería pensar en esa posibilidad. Y el bebé, perderlo también eso lo aterraba.

- Weasley... Mi padre está mal... Lo va a lastimar, lo sé...- intentaba darle a su voz la inflexión calmada que siempre había tenido, pero no lo conseguía del todo.

- Entonces tenemos que movernos rápido.- Ron fue hasta él y le puso la mano al hombro, intentando darle algo de confortación.

Una parte de su cerebro registró esa acción con un gesto de irónico asombro, él consolando a Draco. Impensable, pero el que estaba en medio era Harry, así que sí había un interés común. Tal vez no fuese tan impensable.

- Si ese Mortífago no puede decirnos donde está tu padre ahora, - continuó.- quizás pueda darnos alguna idea de los lugares que tiene para esconderse. Tenemos que interrogarlo, obtener respuestas... pero sin Maleficios Imperdonables.

- No puedo volver ahí.- admitió Draco, recuperando un poco de autocontrol.- Si lo tengo enfrente lo voy a asesinar antes de preguntarle nada.

- Muy bien, yo conduciré el interrogatorio.- dijo Ron y sonrió de una manera bastante inusual en él, poco tranquilizadora.- ¿Sabes? Herm me ha hecho ver que los muggles tienen una manera muy interesante de hacer algunas cosas... Y creo que ha llegado el momento de ponerlas en práctica.

Cerró los puños con fuerza y los nudillos crujieron con el gesto. Solo en ese momento, Draco se dio cuenta que muy pocas veces le había prestado atención a los muy inquietantes casi dos metros de altura, los brazos musculosos y las manos inmensas del pelirrojo. La expresión de calmada concentración en los ojos azules no presagiaba algo bueno para ese Mortífago.

Retomando el control, Draco asintió y salieron juntos de la salita. Afuera los esperaba Hermione y los tres pusieron rumbo a la sala de interrogatorios. De una u otra forma iban a obtener todas las respuestas posibles.

**


Tal vez por efecto del dolor, o la tensión, Harry había dormido. Quizás solo era el ansia de apartarse de esa pesadilla, nada mas evadirse de ahí. Sin resultados, porque despertó en algún momento de la noche, y mirando hacia el lugar donde aparecía la puerta, vio que habían dejado una bandeja en el piso.

Recordó la corta conversación que mantuvo con Lucius. En aquel momento no meditó su sólida convicción acerca de lo que Draco podía estar haciendo en esos instantes. A pesar de lo sucedido, supo que su pareja estaría buscándolo. Incluso a través de la traición cometida con Martin, Harry no tenía dudas que Draco estaría haciendo todo lo posible para encontrarlo.

Volvió a mirar la tentadora bandeja junto a la pared.

Había un vaso de algo que parecía zumo de naranja y algunas cosas en el plato. Por un instante, Harry recordó la temporada que había pasado encerrado en su propia habitación en la casa de Privet Drive cuando tenía doce o trece años.

"Ni ebrio puedo probar eso..." pensó. A pesar de que tenía hambre, recordaba muy bien la frase de Lucius: tu no me interesas en absoluto. Así que viéndolo de esa forma, la comida podía contener cualquier clase de cosa.

Con bastante esfuerzo, se levantó para caminar un poco. No hacía frío, y los pies descalzos se acostumbraron rápido a la rugosidad del suelo. Tenía sed, podía tomar algo de agua, directo del grifo era menos probable que estuviese adulterada. Para prevenir la tentación, al pasar junto a la bandeja la pateó contra la pared, y el contenido se desparramó en el suelo. Un gruñido proveniente de su estómago protestó por el gesto pero no le hizo caso. Bebió bastante y volvió a la cama. Inopinadamente, volvió a dormirse.

La playa era hermosa, y debía ser el atardecer, porque la luz dorada del sol bañaba la arena haciéndola parecer casi blanca. El agua era de oro y las olas llegaban en forma plácida a la costa, con un rumor sedante, agradable.

Harry caminó en la arena blanca sintiéndose en paz, calmado y disfrutando de la brisa fresca. Lo único que le faltaba en ese lugar era el compañero que siempre estaba junto a él. Lo extrañaba tanto y lo necesitaba a su lado.

Pero la playa igual era hermosa. Durante un largo rato se quedó mirando el crepúsculo.

Despertó para encontrarse una vez mas en su prisión de cuatro por cuatro. Se sentó mirando alrededor o intentando mirar, mejor dicho. Cuando fijaba la vista muy lejos, recordaba que ya no tenía las gafas. Ese era un fastidio extra.

Notó que en el suelo de la habitación, habían retirado la bandeja volcada aunque los restos de comida continuaban manchando el piso. En algún momento iba a tener que comer algo, pensó desesperanzadamente. Su estado no le permitiría una resistencia mucho más prologada pero estaba decidido a intentarlo.

"Necesito caminar" se dijo y se puso de pie.

Caminó de una esquina a la otra de la habitación, registrando cada centímetro del lugar en cada una de las paredes. Nada, ni un resquicio libre de magia por donde pudiera hacer algo efectivo sin su varita. Recorrió el lugar varias veces. De pronto, comprendía a la perfección a los animales de los zoológicos, el eterno deambular por las jaulas.

“Necesito hacer algo... Tengo que salir de aquí...” pensó, al tiempo que recorría de nuevo el lugar. Fugazmente, recordó la advertencia de Erick acerca de usar su magia, pero nunca habían previsto una circunstancia como esa. Encomendándose a Dios, Merlín, y cualquier divinidad que anduviese por casualidad por allí; Harry convocó su magia sin varita, para detectar algún lugar débil.

Al cabo de un rato, había detectado un espacio pequeño cerca del retrete. Tomando aire, intentó penetrar en ese sitio; pero entonces, una descarga muy similar a una corriente eléctrica lo arrojó hacia atrás con bastante fuerza. Un poco asustado, sin levantarse siquiera, se tanteó la barriga, y casi de inmediato, una patada interna protestó bastante por ese intento.

“Muy bien, ya entendí... No lo haré de nuevo...”

Con algo de trabajo se puso de pie. Por primera vez el embarazo representaba una enorme desventaja. Cualquier cosa que hiciese, repercutía tanto en él como en su bebé, no podía cometer errores de ese tipo.

El estómago le crujió de nuevo y decidió acallarlo dándole una nueva ración de agua. Cuando llegaba al lavabo, la puerta reapareció y Goyle entró portando una nueva bandeja y su sonrisa sardónica.

- ¿Que tal, mamita? ¿Dormiste bien? Al Amo no le gustó que no hayas comido anoche. Me encargó que te dejara esto y me asegurara de verte comer... No queremos que nada malo le pase al nieto del Amo... ¿verdad?

"El Amo... Qué rápido han encontrado el título de nuevo." pensó Harry, deteniéndose en esas palabras que le recordaban demasiado a la época con Voldemort. Sin embargo, nunca había llegado a estar en una posición tan indefensa en aquellos días como ahora.

- Estás soñando si piensas que voy a probar eso.- dijo solamente.

- Vas a comer.

- En tus sueños.

Goyle avanzó hasta él, y negándose a ceder, Harry lo esperó de pie. Cuando tuvo la bandeja frente a él, el estómago le recordó su presencia al ver el pote de cereales con leche y la fruta.

"Ah, bien. Están cuidándome después de todo." pero la idea, en lugar de calmarlo, lo hizo enfurecer y perder el temperamento.

Sin medir lo que hacía, soltó un manotazo haciendo que la bandeja volara de las manos de Goyle. La manzana rodó bajo la cama y el pote derramó todo su contenido sobre el pecho del hombre. El estrépito de la bandeja al caer quebró el silencio.

Debió notar que estaba demasiado cerca del hombre como para retirarse, pero no lo hizo y el golpe lo arrojó al suelo. De forma maquinal, pensó que al menos siempre le pegaba en la cara.

- Pequeño bastardo...- siseó Goyle, tomándolo de forma brutal por el cabello y levantándolo.

Sin saber que esperar, Harry solo atinó a rodear su cuerpo con los brazos, intentando cubrirse el vientre pero luego de un momento de vacilación, lo arrastraron por el suelo, lo levantaron en vilo y lo arrojaron con violencia en el sillón. Al punto, una serie de sogas lo fijaron al lugar, impidiéndole todo movimiento.

El sabor de la sangre en la boca lo despejó del todo en un santiamén. Goyle era un manchón movedizo sobre el fondo blanco.

- Siempre creí que la valentía Gryffindor no era más que cuento... Aunque yo creo que la valentía no es más que falta de imaginación y lo que a tí te hace falta es que te incentiven la imaginación...

Debía ser terror, y si no lo era, se le parecía bastante, pero cualquiera que fuese la causa, Harry no dijo nada.
Cuando el hombre tocó con su varita las sogas que aseguraban uno de sus brazos, y las sogas cedieron, Goyle cerró su mano sobre la muñeca delgada, e intentó levantarlo. Sin saber qué se proponía, Harry opuso resistencia. No tenía caso, no estaba en una buena posición para hacerlo y tampoco hubiese podido luchar contra esa fuerza hercúlea.

Le separó el brazo izquierdo llevándolo hacia afuera, hasta que estuvo extendido a la altura del hombro.

- Este no vas a volver a usarlo para hacerme enojar...- dijo y al tiempo que con una mano le sujetaba el hombro y tiraba hacia adelante, con la otra ejercía presión en dirección opuesta en el brazo.

El dolor estalló intenso, lacerante casi cuando escuchó el crujido. No hubiese podido contener el grito, aunque hubiese querido. Era un infierno de fuego quemándole el hombro, derramando dolor en agónicas oleadas a través del brazo que colgaba inútil ahora.

- No está roto, si te interesa saberlo...

Pero a Harry le importaba un comino, si apenas podía contenerse para no gemir como un perro, tratando por todos los medios de no desvanecerse, ya fuera por el dolor en el hombro o por las violentas contracciones de su vientre. Jadeó en busca de aire, pero solo consiguió emitir quejidos entrecortados.

- ¿Duele? Sí, creo que debe doler... Un hombro dislocado siempre duele... después siempre vuelve a dislocarse ante un movimiento demasiado exigente, lo sabías?

- Sádico...- murmuró entre dientes.- Sádico bastardo hijo de p...

Las manos del Goyle estuvieron de nuevo sobre él, haciendo un movimiento rápido, tomándolo de nuevo y el dolor se encendió otra vez con violencia. Una vez más, el grito de Harry llenó la habitación.

- Acabo de ponerlo en su sitio.- dijo Goyle con expresión cándida.- Yo pensaría las próximas palabras que vayas a pronunciar... Puedo seguir con este brazo o comenzar con el otro... Tienes unas cuantas articulaciones viables...

"Por Dios, no." pensó Harry, aterrorizado, pero no podía dejar que se le notara. Guardó silencio.

Las sogas se aflojaron, lo dejaron libre pero igual no podía moverse, no podía mover un solo músculo sin que eso repercutiera en el hombro.

- El silencio también es interesante.- dijo Goyle acercando su rostro, y de forma automática, Harry intentó alejarse de él.- Bien, veo que la imaginación está empezando a trabajar. Descansa, Harry, luego volveré con otra bandeja. Tenemos que cuidar al bebé...

En cuanto supo que estaba solo, trató de moverse, pudo hacerlo luego de dos intentos fallidos. Llegó a la cama y se arrojó en ella jadeando por el esfuerzo.

Quizás el muy maldito tuviese razón. Ahora su mente no podía dejar de pensar en qué otras cosas podían llegar a sucederle si seguía resistiéndose y ninguno de esos pensamientos era bueno, ninguno tranquilizador, ninguno agradable.

Ante la incesante tortura que ahora se centraba en su estómago, recordó que tenía algo mas por lo cual resistir. Muy pocas clases de preparto lo habían orientado hacia la forma de respirar para controlar el dolor y calmarse.

Masajeó el vientre usando su brazo válido, tal como hacía Draco cuando estaba con él.

- Cuando estaba conmigo...- sin poder evitarlo, recordó la discusión y la forma en que lo había dejado, pasando el día posterior en casa de Ron y Hermione.- Si no me hubiese ido, él hubiese estado conmigo... Esto no hubiese pasado...

O sí, no podía saberlo, pero igual lastimaba el recuerdo y eso no le ayudaba a calmar al bebé. Pero también tenía otros recuerdos, tenía que probar con eso, hablándole como hacía su pareja para calmarlo. No era lo mismo, pero quizás funcionara.

- Ten calma, bebé... Yo sé que nos van a encontrar... Nos deben estar buscando y Draco nos va a encontrar aunque sea lo último que haga... Yo confío en él... Sabes, creo que no te he hablado de cuando tu padre y yo nos conocimos... Nos llevábamos muy mal entonces... De hecho, nos llevamos mal durante algo así como siete años... Y todo empezó porque yo lo rechacé...

Hablando muy despacio, más para sí mismo que nada, hizo el recuento de esos años. No supo cuánto tiempo pasó, ni en qué momento volvió a dormirse.

**

- Muy bien, levántenlo.

La orden fue cumplida casi de inmediato, y con mucha menos delicadeza de la que era necesaria en ese caso, Harry se sintió jalado por los brazos hacia fuera de la cama. El quejido de dolor al forzar nuevamente el brazo izquierdo fue evidente, pero no pudo hacer mas que eso: quejarse.

De nuevo lo acomodaron en el sillón, y un poco tembloroso por el cansancio y el miedo, Harry trató de poner en foco las figuras que tenía delante.

Aunque no pudiese distinguir demasiado, por supuesto reconoció la mole de Goyle a un lado y alguien más a su derecha; enfrente, Lucius lo miraba con displicencia y algo de molestia, al parecer.

- Goyle me dijo que no quieres comer. Eso no le hace bien a mi nieto.

- Muérete.

El golpe en la nuca, no muy fuerte, pero de advertencia, le llegó de manos del nuevo. Giró apenas para intentar verlo y durante unos instantes, se quedó sin habla.

- ¿Martin...?- fue el murmullo incrédulo que le brotó de los labios rotos.

- Hola jefe.

- Qué bueno que todos se conocen.- continuó Lucius.- Tu ex empleado ha sido muy útil en los últimos días... Cuando vino a mí diciéndome que podía entregarte, casi no podía creer en mi suerte, pero debo haber hecho algo bueno en otra vida, porque de pronto tuve todos los datos necesarios para llegar a tí.

- Ves que estoy preparado para algo más que custodiar cajas... ¿no, imbécil?

- Ahora lo sé... ¿Por qué, Martin?

- Por Draco, obvio. Adivina quien va a consolarlo cuando no estés...

- El nunca se va a acercar a tí.

- Ya lo hizo una vez y si no estás, lo hará de nuevo. Es un hombre apasionado, lo sabes.

Harry tuvo que hacer muy serios esfuerzos para controlarse.

- Volvamos a nuestra preocupación actual, niños. Vas a comer, Harry. No puedo permitir que te mates de hambre.

- ¿Y cual es el punto? Igual piensas matarme.

- Luego de que tengas a mi nieto, solo entonces, necio.

Hizo un gesto con su varita, y Harry se vio nuevamente inmovilizado con las sogas. Ya no intentó oponerse. Una mano férrea que supo reconocer le sujetó la cabeza y la hizo hacia atrás. Algunas vértebras crujieron por la violencia del movimiento.

- ¡Despacio, imbécil. Vas a desnucarlo!- gritó Lucius, de pronto alarmado.

Le taparon la nariz y cuando no tuvo mas remedio que abrir la boca para respirar, además del aire, entro una cucharada de algo que tuvo el gusto y la consistencia del arroz. Tuvo que tragar para poder respirar. Tosió intentando escupir, respirar, tragar, todo al mismo tiempo. Una cucharada más, y de nuevo lo mismo. Ahora estaba por ahogarse, necesitaba tomar aire. Trató de mover la cabeza, hacerla a un lado para tener un segundo de tiempo, lo consiguió apenas. La cucharada siguiente de arroz la hizo cruzar sin pensarlo mucho, pero no conseguía tener tiempo suficiente para todo.

Tenía la boca llena y escupió una parte porque no podía seguir tragando. El cuerpo tensionado intentaba retorcerse, pero poco podía hacer, los pies descalzos no conseguían punto de apoyo en el suelo y los brazos estaban inmóviles, al menos el único que hubiese podido usar.

Sintió, que lo poco que había conseguido tragar estaba volviendo peligrosamente por el mismo camino por el que había entrado. La nausea fue tan violenta, que expulsó lo que tenía en la boca. Entonces, al ver que estaba a punto de vomitar, le soltaron la cabeza, las sogas lo liberaron y él pudo moverse hacia el costado y efectivamente vomitar las últimas cucharadas.

Jadeando y tosiendo escupió con asco para librarse del mal gusto.

- Como ves, tienes que comer.- dijo Lucius impertérrito.- Puedes hacerlo por tus propios medios o te haremos comer igual. Puedes elegir.

Como no obtuvo respuesta, hizo un ademán y Harry sintió una vez mas la mano tirándole del pelo de la nuca.

- ¡Está bien! Voy a comer...- alcanzó a decir antes que volvieran a taparle la nariz.- Voy... voy a comer...

No quería girar y ver el rostro de satisfacción que seguramente tenía Martin al verlo en esa situación. Podía aguantar a Goyle, y lo odiaba bastante; podía aguantar a Lucius, que estaba loco; pero no podía tolerar la visión de Martin.

- Perfecto. Ya decía yo que solo teníamos que hablar.- comentó Lucius, complacido.- Goyle intentó convencerme diciendo algo acerca de tus articulaciones, pero temo que no le entendí... ¿Lo ves, Goyle? El muchacho solo necesita que hablen con él... Volverán por esa bandeja luego y espero que me la traigan vacía.

Harry se sentía tan humillado que no quería levantar la vista, no quería enfrentarlos, no se sentía capaz en ese momento. Escuchó que Martin hacía algún comentario obsceno acerca de su capacidad para tragar pero no dejó que le llegara por completo y permaneció así, quieto y en silencio hasta que se retiraron.

Solo una vez más, Harry dirigió la vista hacia la mesa que había a un lado. Identificó las cosas y se dijo que tenía que comer. Ahora también el cuello estaba matándolo pero no era eso lo que estaba consiguiendo romper su resistencia.

Era la humillación. Era haber sentido que estaba completamente a merced de Lucius frente a Martin. Era la observación del muchacho que le había recordado que Draco sí había estado a punto de tener sexo con él.

Se movilizó hacia la mesa y tomó asiento en la banqueta enfrentando los alimentos. Cuando tomó la cuchara, se dio cuenta que las manos le temblaban de manera alarmante, y esperó a que el temblor se calmara un poco. Presentía que no iba a cesar.

Hubiera pensado que no iba a poder comer, por toda la concesión que eso suponía, pero el hecho es que tenía hambre y aunque los primeros bocados fueron dificultosos, luego siguió comiendo; pero esa fue la comida más amarga que le hubiese tocado consumir.

**

Era la segunda noche que Draco pasaba en la Central, dormitando en el sillón de la oficina de Harry. Estaba agotado.

La tensión nerviosa lo hacía saltar de vez en cuando en medio del sueño, y cada instante que dormitaba le parecía una traición espantosa. Harry estaba en peligro en esos instantes, mientras el dormía y eso lo hacía saltar.

Hermione había regresado a su casa, la muchacha hacía todo lo que podía, pero también tenía su propio embarazo para cuidar y Draco no podía permitir que algo le sucediera. No quería otra cosa sobre su conciencia. Ya tenía bastante, no necesitaba más.

Lo peor era que cuando intentaba hundirse en los recuerdos, el único que venía con más asiduidad era el de la última vez que había visto a Harry. El dolor tan intenso que le había causado cuando le dijo lo sucedido con Martin. Si al menos hubiese sabido que el muchacho iba a desaparecer así, no hubiese abierto la boca.

El desgraciado había hecho el daño y se había escurrido como una rata.

Ron apareció en la puerta con unos sandwiches y unas bebidas.

- Sabía que estarías aquí.- dijo solamente poniendo las cosas sobre el escritorio.- Me estaba poniendo insoportable en casa y mi mujer me dijo que volviera. ¿Has comido algo?

Draco negó sin hablar. Casi no recordaba cuándo había comido por última vez.

El interrogatorio al Mortífago había dado pistas que los habían conducido a sitios vacíos, a búsquedas infructuosas.

- ¿Como lo encontraron, Ron?- preguntó Draco de pronto en medio de un bocado.

El pelirrojo se sobresaltó un poco por la pregunta y otro poco porque por primera vez en tantos años, el otro lo había llamado por su nombre.

- Harry es demasiado conocido, Draco. Es imposible que pase desapercibido, tuvieron que seguirlo.

- No. Harry y yo... Bueno, había algunos conjuros... de bloqueo y localización... Él no sabía lo que yo había hecho.- su rostro tomó un tenue color rosa, lo que en los parámetros de otro hubiese sido un buen sonrojamiento.- Era para protegerlo... Hubiésemos podido encontrarlo en un santiamén. Alguien tuvo que decirles cómo llegar a él.

- No, Draco. No tenemos traidores entre nosotros. Todos aprecian a Harry, pueden no estar de acuerdo con algunas de sus cosas, pero lo aprecian. No le desearían mal.

- ¿Incluso alguien como Eavon?- era una estupidez conjeturar así, pero al menos de esa forma Draco sentía que hacía algo.- No me soporta y no soporta que Harry y yo seamos pareja, no puede ni mirarlo ahora que su embarazo está tan avanzado.

- Pero no es un traidor. Es una cuestión de homofobia, pero nada más. Quizás querría ver a Harry fuera de su puesto como Jefe, pero no en manos de Mortífagos, no muerto.

- ¿Quien puede odiarlo tanto como para hacer algo así? Como si hubiesen intentado quitarlo del medio...

Draco levantó la vista en cuanto pronunció esas palabras y encontró los ojos azules que lo miraron con comprensión instantánea.

- Benton.- dijo tan solo, levantándose ambos y salieron de la oficina rumbo al que había sido el escritorio del muchacho.

Los cajones tenían algunos conjuros de protección que fueron rápidamente removidos y el contenido de los mismos se regó sobre el escritorio.

Ambos contemplaron con total asombro la cantidad de papeles inútiles que había ahí, pero todos tenían algo en común: tenían alguna anotación con la letra de Draco. Había algunas fotografías del rubio tomadas en la calle, de lejos; otras desde lo alto. Era evidente que habían seguido a alguien, pero no a Harry. Aun así, eso solo ponía en evidencia que el chico estaba bastante obsesionado con el rubio.

Si bien eso no era una prueba, al menos era un buen motivo.

Exasperado, Draco divisó el cubo de basura dispuesto a patearlo pero antes de hacerlo, vio que había cosas ahí también. Desparramó el contenido y revolvió. De pronto sus ojos vieron algo que le resultó conocido. Una tarjeta de la clínica, unos folletos de natalidad masculina asistida, y por fin el papel donde Draco había anotado la fecha para el inicio de los conjuros correspondientes al último período del embarazo.

- Voy a dar una alerta de búsqueda.- dijo Ron al punto.- Vamos a encontrar a ese bastardo y le voy a exprimir la información.

- Y después, yo voy a charlar un poco con él.

Lo dijo con tanta calma, que esta vez sí consiguió infundir aprensión en Ron porque no había dudas en la afirmación, solo odio concentrado.

**

Sentado en la cama, Harry pensaba en Martin. En el modo en que había llegado a la Central de Aurores, en la manera en que se había acercado a su esposo y una vez más se maldijo por confiado. Se preguntó cómo era posible que hubiese ingresado hasta el centro mismo de la Central. Como si hubiese acudido a un llamado, Martin entró una vez que apareció la puerta.

Fue hasta la mesa y recogió los utensilios.

- Veo que comiste, después de todo.

- No tienes que hacer esto, Martin...- dijo Harry, sentándose un poco mejor.- Recapacita... Eres joven, si me ayudas ahora; hablaré con el Wizengamot... Intercederé para que sean indulgentes contigo.

- ¡Qué generosa oferta! Sobre todo viniendo de alguien que no está en posición de ofrecer nada.

- ¿Por qué lo haces...? No puedo creer que sea solo por Draco.

- Pues te equivocas... Hace años que conozco a Draco... Bueno, que los conozco a ambos. Seguramente tú no me prestaste atención en aquel momento, pero él si lo hizo, estoy seguro... Yo estaba en Hogwarts el día que Voldemort ordenó el ataque. Estuve allí cuando ustedes llegaron, yo tenía quince años entonces; pero en cuanto lo vi, supe que tú no eras el indicado para él... Draco necesita alguien que comprenda y respete su manera de ser.

- ¿Y realmente crees que tú eres el indicado?

- ¡Por supuesto! Yo soy como él, yo no lo convertiré en un maldito Gryffindor cuando esté a su lado.

- Eso suponiendo que él desee estar contigo... Yo conozco a Lucius, aprendió muchas cosas de Voldemort... ¿Qué has tenido que hacer para que te acepte entre su gente? Draco jamás deseará estar con alguien que comparte la cama de su padre.

- Él ya deseó estar conmigo.- dijo, complacido.- Me dijo que iba a contarte lo que pasó entre nosotros, pero yo no creo que se haya atrevido...

- Sí lo hizo... No hay secretos entre nosotros.- dijo Harry, intentando no pensar en las circunstancias que habían sucedido luego.

Por unos instantes, Martin lució verdaderamente asombrado, luego, sonrió con deleite.

- ¿Te lo dijo... todo...?

- Sí.

- ¿Te dijo que tuvimos sexo en el archivo?

- Ustedes no... No tuvieron sexo... Ni en el archivo ni en ningún otro sitio.

- Oh... ¿Eso fue lo que te dijo...? Seguramente dijo algo así como... ‘No lo dejé llegar al final...’ ¿fue así...? ¿Dijo algo como eso? Merlín, eres más crédulo de lo que imaginé. No me explico cómo es que Draco no te engañó antes...

El muchacho contempló la expresión en el rostro de Harry, que intentaba y apenas conseguía permanecer neutra. Terminó de recoger todo y se volvió hacia él.

- Te mintió de nuevo, Harry... Lo hicimos en el archivo, Draco realmente me jodió en ese cuarto de archivos y ambos lo disfrutamos tanto, que apenas conseguíamos acallar los gritos...

Iba a seguir hablando, pero sintió un extraño calor rodeándolo. Como una leve brisa que rápidamente aumentó de temperatura, más y más; cada vez mas caliente. Si en algún momento, Martin pensó que los ojos de Harry eran de hielo, ahora tenía que pensar que eran dos ascuas de fuego verde. Una de las mangas de su túnica comenzó a humear.

- ¿Qué estás haciendo...?- preguntó soltando lo que tenía en las manos para sacudirse la ropa.

Pero el calor seguía aumentando y una llama pequeña encendió la punta de su túnica.

- ¡Detente!- gritó Martin, extrayendo su varita para apuntarle.

Harry sentía la furia creciendo dentro de sí, saliendo hacia el muchacho convertida en una intensa llamarada de enojo que no podía controlar. Una violenta contracción lo hizo tomar conciencia de pronto del caudal de magia que estaba volcando hacia fuera e intentó con todas sus fuerzas, replegar el flujo, contenerlo.

En cuanto el calor cesó, Martin retrocedió hacia la puerta sin dejar de apuntarle y vigilando su ropa que aún humeaba.

Agotado en extremo, por todo lo sucedido, por las dudas que Martin había implantado de nuevo en él, Harry se acostó y procuró descansar, pero las palabras del muchacho lo rondaron una y otra vez, hasta que por fin el sueño hizo su aparición.

**

Había estado soñando otra vez con esa playa tan hermosa, pero a diferencia de la primera vez, ahora el sueño lo había dejado con una sensación ominosa inexplicable.

Sabía que el asunto de los sueños recurrentes podía presentarse de vez en cuando, pero en su caso, los sueños siempre habían sido preludio de problemas graves.

"Si vaya, como preludio es un poco tardío..." se dijo. "Ya estoy en problemas, así que viene a ser medio ridículo que me preocupe tanto por esto"

Martin ya se había llevado la bandeja con la comida, pero aun no había una de desayuno, así que Harry razonó que todavía era de noche o aún demasiado temprano.

Había un olor muy horrible cerca de él y con asco supo que era él mismo. Claro, la camisa que tenía puesta estaba manchada con su propio vómito, pero no se había dado cuenta antes. Si no se la sacaba pronto iba a vomitar de nuevo.

Se sentó en la cama a ver si valía la pena el esfuerzo. Le dolían las piernas, el hombro le enviaba constantes recordatorios ardientes, una serie de aguijones impiadosos le recorrieron la espalda y el cuello. Al margen de eso, lo único bueno es que el bebé estaba quieto.

Se levantó y fue hacia la ducha. Podía bañarse, lavar un poco la camisa y envolverse en el toallón mientras aquella se secaba.

Bien, no tenía nada mejor que hacer. Le hubiese gustado tener una muda de ropa interior, pero bueno, ya se arreglaría. Jabonó vigorosamente la mancha de la prenda, y en algún lugar de su mente le agradeció a su tía Petunia por haberlo puesto a hacer todas aquellas tareas muggles. No le agradeció mucho, en cualquier caso.
Dejó el rollo de ropa a un lado y se metió bajo la regadera.

-Agua.

Funcionó, igual que el grifo del lavabo, e igual que aquel, arrojó agua fría. Dio un par de saltos antes de caer en la cuenta.

- Agua tibia.

Agradecido, vio que daba resultado. La tensión pareció dejarlo por unos instantes. Usó la pastilla de jabón para hacer espuma y lavarse el pelo. Se jabonó el cuerpo y dejó que el agua se llevara los restos de suciedad.

- Basta de agua.

La voz, desagradablemente cerca lo hizo girar a toda velocidad, para encontrar el rostro de Goyle demasiado cerca del suyo. Los ojos del hombre estaban fijos en él apenas a unos centímetros.

- Precioso.- volvió a hablar.

- Sal de aquí.- alcanzó a decir Harry, con mas seguridad de la que sentía.

- Ese no es el plan.

Cuando la boca grosera y gruesa se apoyó con fuerza en la suya, no tuvo necesidad de preguntar cual era el plan. Desesperado, intentó interponer el brazo derecho, de empujar el cuerpo que estaba arrinconándolo hacia la esquina.

- No...

La mano de acero aferro el hombro izquierdo, causando un automático gemido y la retracción del músculo.

- Quiero saber... qué fue lo que Draco vio en tí...

La otra mano se estaba moviendo en su cadera desnuda, y ascendió a un lado del vientre. Los dedos se hundieron en la carne, y Harry apenas contuvo un jadeo de dolor.

- Por favor, no...- suplicó antes de darse cuenta de lo que hacía.

- ¿Por la buenas o por las malas...?- gruñó Goyle.

- Por favor... Vas a lastimar al bebé...

- Eso dependerá de ti.

El asco era demasiado, todo el cuerpo de Harry rehuía el contacto, se escurría ante la presión de los dedos. No quería eso, quería irse lejos, quería volver a casa.

- ¿Por qué me haces esto...?- gimió tan solo.

La mueca en el rostro grosero podía interpretarse como una mezcla de lujuria, placer malsano, odio; había todo un muestrario de emociones allí, y ninguna buena para Harry.

- Podría decirte que los años en Hogwarts te odie bastante, pero no es por eso. Es por los años de persecución... Mi familia era distinguida y poderosa... Mi padre enloqueció en Azkabán, mi madre se suicidó poco después... Creo que puede ser por eso.

Los labios volvieron a oprimir la boca de Harry, intentando abrirla, pero aquel empezó a forcejear, a oponerse.

- Entonces será por las malas.

- Por favor... Te lo suplico...- ya no le importaba su orgullo, ya nada tenía importancia salvo impedir que le hicieran daño al bebé y ese sádico lo haría solo para obtener placer.

- Entonces ya sabes qué hacer.

Y con un contenido sollozo, Harry se despidió del último resto de dignidad que le quedaba.

**

Harry tardó muchos larguísimos segundos en darse cuenta que estaba solo de nuevo y aún así, no podía moverse.

Una sensación viscosa estaba escurriéndole entre las piernas y la certeza de lo que era, lo hizo moverse.

- Agua- gimió, y cuando el agua fría le golpeó el cuerpo, casi no la sintió. Solo pudo sentir el alivio de saber que aquella suciedad se estaba yendo por las cañerías y que el agua en su rostro disimulaba las lágrimas que no había podido contener, el silencioso llanto que ahora dejó salir.

Como un autómata salio del agua. Dolía, dolía mucho, casi no podía caminar pero se las arregló para llegar a la cama. Mojado, temblando se envolvió en la manta y siguió llorando hasta que se quedó dormido, una vez mas.

La playa era realmente hermosa, ahora que la conocía, Harry se sentía a gusto ahí. A salvo, lejos del dolor.

El sol en el horizonte parecía arrojar sus últimos fulgores confiriéndole a todo ese tono dorado tan increíble. Pero ahora había alguien en la playa, alguien que miraba el ocaso junto a él. Parecía ser una mujer.

- La marea se está retirando... Lo siento.

- No te entiendo.- dijo Harry intentando infructuosamente reconocer la voz.- ¿De qué se trata?

- No se puede detener la marea.

- Explícame, no sé que quieres decir.

Harry miró a sus pies, las olas doradas ya no le mojaban los pies. Era cierto, la marea se estaba retirando.

Volvió a tratar de reconocer a la persona que había hablado con él pero ya no estaba. Inquieto, volvió la vista al mar y perplejo, vio que ya no era dorado. El sol a punto de ponerse estaba enrojecido, como una herida abierta y ahora las olas tenían un profundo tono carmesí. Con algo de horror notó que era sangre, olas de sangre roja que cada vez se alejaban más. Estaban arrastrando algo con ellas. A pesar de no tener las gafas, Harry notó que había un bulto que rodaba entre las olas y venciendo su reluctancia caminó hacia eso. Ya estaba muy cerca, y por alguna circunstancia no quería saber qué era lo que había ahí. Sin embargo tenía que averiguar. Ya estaba a muy pocos pasos. Una ola un poco mas fuerte le arrojó el bulto casi a sus pies, y Harry dio un paso atrás porque de pronto supo qué era.

Era un cuerpo pequeño. El cuerpo de un bebé.

- ¡NO!- gritó, despertando de pronto, desesperado.- No, no, no...

Se tanteó el vientre, olvidándose de lo último que le había pasado. Ahora comprendía el sueño, el sueño que sí había sido una advertencia.

La marea dorada estaba retirándose.

La protección mágica que envolvía a su bebé estaba desvaneciéndose. Sumido en su propia desgracia, Harry no había recordado en ningún momento que había dejado de tomar la poción diaria, y los efectos, Erick se los había detallado con mucha claridad.

Por eso el bebé no se había movido en las últimas horas. No porque estuviera tranquilo, sino porque se estaba muriendo.

- Por favor, no me dejes... Por favor, no...- lloró con desesperación.- Tienes que resistir... un poco más... Solo un poco más...

**

El amanecer estaba muy cercano. Draco se había quedado dormido con la cabeza apoyada en el escritorio, después de regresar de un rastrillaje inútil en el domicilio de Martin.

Se encontró de pronto en una playa tan paradisíaca que lo único que pudo pensar es que en verdad era un sueño. Brisa fresca, arena blanca y un crepúsculo impactante. Y el mar, el mar tan dorado que era un espectáculo aparte.

-Recuerda el color del mar...- dijo una suave voz femenina.- Debes recordar el color del mar...

Era tan tranquilo que por unos instantes olvidó todo. Había alguien mas lejos y él aguzó la vista para saber quien era, pero en unos pocos pasos mas, lo supo sin ninguna duda y el corazón estuvo a punto de estallarle de alegría.

Era Harry, podía reconocerlo en cualquier sitio, en cualquier lugar. Pero cuando llegó a él e intentó abrazarlo, la figura reveló tener la consistencia de un fantasma. De alguna manera, eso lo alarmó.

- Harry, mi amor, al fin te encuentro... Te he estado buscando tanto...

La imagen se delineó mejor y Draco pudo ver que vestía apenas una especie de camisa muy grande y estaba descalzo. También se veía algo demacrado y cuando giró hacia él, vio los labios heridos, el magullón en la cara.

- Lo siento, amor...- dijo aquel con voz dolida.- Cuando la marea empieza a irse...

- Harry no te entiendo...

- Quizás...- los ojos verdes se encontraron con los suyos, tan llenos de dolor que fue una agonía mantener la vista en ellos.- Voy a intentar detener la marea...Nunca olvides que te amo.

- ¿Harry, de qué estas hablando?

Una ola repentina lo mojó y Draco desvió la vista hacia abajo, solo para comprobar que las olas doradas ahora eran de sangre. Giró para volver a ver a Harry, pero aquel ya no estaba. Una nueva ola le mojó los tobillos, desagradablemente cálida y algo le golpeó las piernas.

Retrocedió al darse cuenta que era un cuerpo, pero al mismo tiempo supo qué era y no quería confirmarlo. Sin embargo miró.

Las olas sanguinolentas revolvieron los mechones de pelo negro, y los ojos verdes miraban vidriosamente el vacío. Los brazos sostenían un segundo cuerpo mucho más pequeño muy aferrado, también sin vida.

- ¡HARRY!!!

El grito alertó a Ron, que dormía en una silla cercana. Draco estaba de pie, con el rostro cubierto de lágrimas, en una muestra de debilidad que nunca nadie le había visto. Los ojos grises, llenos de desesperación no tuvieron ninguna verguenza al mirar el rostro asombrado del pelirrojo.

- Lo estoy perdiendo...- murmuró con labios temblorosos.- El bebé está muriendo y Harry se irá con él... Voy a perderlos a los dos...

- Draco estabas soñando.- Ron trató de calmarlo un poco, aunque él no se sintiera tan seguro de lo que decía.- Era solo un sueño.

- No...

No podía explicar la certeza de lo que decía, quizás era porque a pesar de todo, había sentido el amor en los ojos de Harry cuando lo había mirado, y supo que era cierto. Estaban en peligro.

Había algo mas en ese sueño, lo presentía. Se cubrió la cara con las manos y aunque la idea lo desesperaba intentó recordar cada detalle del sueño.

Esa playa, el color particular del agua al comienzo. Era un color que conocía, lo había visto antes, en la vida real, no en un sueño.

No podía recordarlo, quizás no era importante.

“Recuerda el color del mar...”

"-¿Qué es eso dorado...?" dijo la voz de Harry en un recuerdo.

- La protección del bebé.- dijo en voz alta Draco, quitándose las manos de la cara y dando toda la impresión de que había perdido la razón por completo. O al menos así lo pensó Ron.

- ¿Qué cosa?

- La protección del bebé era de ese color... Es lo que mantiene al bebé con vida.- intentó seguir la línea de deducción.- La marea se esta retirando, la marea, las olas doradas... La protección del bebé está fallando...

Draco estaba hiperventilando y Ron se asustó un poco.

- Está perdiendo al bebé... Todo estaba bien hasta hace tres días... Solo había que renovar la poción del último mes y...

La respuesta llegó en relámpago.

- Ron, Harry esta perdiendo el bebé porque hace casi tres días que dejó de tomar la poción. No puede mantener el embarazo sin eso.

Ron no pudo imaginarse por qué eso parecía una buena noticia.

- Vamos, Ron, tenemos que movernos rápido.- dijo Draco, limpiándose la cara de lágrimas.- ¿No te das cuenta? Mi padre quiere al bebé, por eso se llevó a Harry y cuando sepa por qué lo está perdiendo intentará obtener la poción.

Muy despacio Ron se puso de pie.

- Pero habrá muchos lugares donde conseguirla...

- No. Solo en San Mungo, y tres clínicas que se dedican a los embarazos masculinos. Vamos a vigilar esos lugares, voy a poner un localizador en cada maldita ampolleta de poción en Londres y vamos a encontrar a Harry.

 

 

 


Capítulo 18

- Tienes medio segundo para darme una buena explicación.. -. gruñó Remus, y sin dejar de observar al rubio, agregó -. Y quiero pensar, Severus Snape, que tú no estabas al tanto de esto...

El aludido no dijo nada ni se acercó, pese a que el licántropo se encontraba a escasos metros de su ahijado y también de él. De hecho, todavía no se explicaba de qué modo Remus estaba controlando al lobo, lo suficiente como para no saltar sobre la garganta de Draco. Y el rubio también debió notarlo, porque se apresuró a contestar.

- Te daré todas las explicaciones que quieras, Remus; pero luego... Ahora el tiempo es fundamental... Severus, sé que durante la guerra, Dumbledore usó una poción marcadora para localizarte en casos de emergencia. Necesito eso ahora... Tengo que marcar una sustancia para que reaccione cuando esté cerca de Harry. Es la última opción que tenemos.

- Sí, es cierto... Albus la usó para encontrarme cuando Voldemort descubrió que yo era espía... – recordó Severus -. ¿Con qué sustancia vas a mezclarla?

- La poción que Harry debe tomar para el embarazo. A estas horas, calculo que mi padre estará enterándose del asunto... Tengo que adelantarme.

- Espera aquí.

Severus salió del despacho dejando a Ron, Draco y un muy enfurecido Remus a solas. Como medida preventiva, Ron estaba situado en medio de ellos, pero no estaba muy seguro de querer seguir en esa situación si Remus decidía perder el control. Para su fortuna, Snape regresó poco después.

- Tenemos que darle un indicativo a la poción marcadora... Dame tu mano, Draco.

Sin comprender, el rubio hizo lo pedido y Severus pinchó un dedo dejando caer un par de gotas de sangre dentro de la redoma que había traído consigo. El tono del líquido en su interior cambió de verde a transparente.

- El bebé de Harry comparte también tu sangre, Draco. Cuando la poción esté cerca del bebé hará reaccionar el localizador y entonces... Maldición, tu esposa entendería mejor esto, Weasley... – tomando rápidamente su capa y una resolución, Snape enfrentó a los dos muchachos -. Muy bien, voy con ustedes. Será más fácil que yo me haga cargo de esto que tener que explicarles...

- Yo también voy -. señaló Remus -. Y más vale que ni se te ocurra decir alguna estupidez por el estilo de ‘es asunto oficial’ o algo así...

Si Draco o Ron pensaban decirlo, se guardaron muy bien de hacerlo. Se acercaba la luna llena y ninguno de los tres magos presentes en esa habitación quería enfrentarse a un furibundo licántropo, de manera que poco después, los cuatro se dirigían a distribuir la sustancia localizadora.


**

Harry se había pasado casi dos horas gritando sin cesar para que alguien viniera, para poder decirle a alguien lo que sucedía, pero nadie aparecía. Después había dejado de gritar, porque se sentía cada vez más dolorido, cada vez más débil.

Cuando Lucius entró en la habitación, una hora después, lo encontró así, tendido de lado en la cama, evidentemente desnudo, apenas cubierto por una manta húmeda. No pudo dejar de notar que se veía mal, la piel tenía un enfermizo tono ceniciento, los labios estaban casi blancos, pero los ojos verdes lo miraron con tanta ferocidad, que a pesar de todo se sintió un poco amedrentado.

- Está muriendo -. dijo Harry en un susurro desapasionado. Ya había agotado su caudal de lágrimas -. Estoy perdiendo el bebé.

- Mientes. Todo estaba bien hasta hace unas horas

- No. Hace casi un día que no se mueve.. -. un repentino aguijón de dolor le cortó el aliento, y tuvo que apretar los labios para resistir. Cuando se hizo soportable, volvió a mirarlo -. Debí tomar una poción... una dosis diaria... Hace tres días que... que no la tomo.

- ¿Y qué con eso?

- ¡La necesito para mantener al bebé, pedazo de imbécil!- intentó gritar Harry, pero solo pudo emitir un siseo apagado -. Eres tan idiota como cuando... cuando estabas con Voldemort...

- Ten cuidado, Potter

- Vete al infierno... Mi bebé se muere... y yo con él... ¿Quieres esta criatura...? Consigue esa poción, quizás aún no sea demasiado tarde...

Por unos segundos Lucius calibró la situación. Era cierto que la vida del joven le importaba muy poco, pero en tanto tuviera a su nieto en su vientre, tenía que mantenerlo con vida.

- Más vale que no mientas, Potter.

- Puedes meterte las amenazas... en el trasero.. -. jadeó Harry -. Y creer lo que quieras...

- ¿Qué debo buscar? ¿Dónde?- dijo al fin.

- En las clínicas... la poción del octavo mes... para embarazo masculino... Oh, Dios.. -. El muchacho se tensó debido a la corriente de agonía que lo atravesó de lado a lado y trató de respirar, de detener ese tormento. Con furia, alzó la vista hacia Lucius -. ¿Qué demonios esperas? Déjame solo...

Harry cerró los ojos para ya no verlo, para intentar separarse de todo ese sufrimiento, pero era inútil por completo. El dolor nacía en él, lo aferraba con sus garras y lo destrozaba de a poco.

- Hicimos muchos planes para tí... Tu padre y yo... Compartimos tantos planes...

A pesar del dolor, sonrió al recordar el último día que habían estado juntos practicando en el salón de entrenamiento. Se sentía tan bien estar junto a él, sentirlo calmado y seguro, siendo su soporte, su amor. Entonces recordó algo más.

- Compartimos el dolor.. -.murmuró para sí mismo.

El conjuro que tantas veces habían usado, cuando uno de los dos estaba herido, volvió a su mente. Muchas veces, Harry había podido absorber las heridas de su amante para protegerlo, para mantenerlo junto a él.

"Puedo hacerlo ahora... Puedo usar mi magia para mantenerte con vida... Al menos un poco más..."

No se detuvo a meditarlo más, porque no tenía sentido. Era la única opción que le quedaba para conservar a su hijo, y si no resultaba, ya nada tenía importancia.

Bueno, quizás sí. Si no resultaba, Draco se quedaría solo.

"Yo sé que vas a comprender, amor..."

Relajó su cuerpo todo lo que pudo, ordenó a su mente tomar el control de esa masa de músculos, nervios y huesos doloridos para poder ponerlos aparte. Ya no iba a dedicarles más atención que la absolutamente indispensable para que ciertos órganos siguieran funcionando. Todo el resto de su energía iba a ir a otro sitio.

Casi siempre que usaba su magia, la convocaba y la arrojaba hacia afuera, pero esta vez, juntó cada trozo de concentración, cada partícula de magia y la volcó hacia adentro, hacia esa envoltura que se deshacía cada vez más rápido.

Antes de hundirse en la inconsciencia, tuvo un pensamiento más para Draco y luego se deslizó hacia dentro de sí mismo.

**

Después de años de no contactar a sus antiguos conocidos, Lucius consiguió dar con una medi-bruja que había prestado ayuda a los Mortífagos. Ella confirmó lo que Harry le había dicho, y luego de un par de horas, habían conseguido hurtar lo necesario en una de las clínicas, desapareciendo al instante.

Cuando ambos regresaron a la celda de Harry, lo primero que Lucius sintió fue el silencio. Ya no había quejidos ni respiración fatigosa, solo un silencio inquietante.

La bruja se acercó a la cama llevando un estuche muy similar al que Harry había tenido en su casa y lo dejó a un lado.

El aspecto que tenía el joven ya era bastante malo, y de forma automática, ella revisó el pulso. Tuvo que buscarlo mucho para darse cuenta que aún estaba ahí, además la respiración era tan leve que casi no se notaba. Al tocarlo, al apoyar la mano en el cuello, percibió algo más, por lo que rápidamente realizó el conjuro que le permitía observar a la criatura.

La imagen flotó iridiscente pero no era como debería. Se veía la envoltura mágica dorada cubriendo al bebé pulsando de manera errática, no en forma pareja, sino por sectores, como si eligiera qué lugar pulsar para resistir. Pero había más, y la medi-bruja tardó un poco más en dilucidarlo. Un nuevo hechizo le mostró, que por encima de esa envoltura, había una especie de entramado, muy fino, apenas unos hilos de color dorado tan intenso que era casi carmesí. Como si fuese una cota de malla, había crecido cubriendo la envoltura anterior, manteniéndola unida a pesar de que había lugares donde aquella casi no destellaba.

- Increíble.. -. murmuró.

- ¿Murió?- preguntó Lucius desilusionado.

- No todavía, pero está usando su propia magia para mantener al bebé. No sabía que podía hacerse.

- Entonces la maldita poción no es necesaria.

- Sí lo es, porque él no podrá mantener esto mucho más, ya está muy débil -. con cuidado extrajo una de las ampolletas, y dejó que el líquido se deslizara entre los labios descoloridos -. ¿Tienes idea cuantos días estuvo sin la poción?

- Tres.

La medi-bruja solo meneó la cabeza y procedió a repetir el procedimiento con otras dos ampolletas.

- No sé si vaya a resultar. Supongo que no queda más remedio que esperar.. -. lo miró con gesto reprobatorio -. Si tanto querías que tuviera este niño, ¿Por qué no te informaste acerca de lo que iba a necesitar? Has sido descuidado, y espero que esto no tenga repercusiones en la criatura.

- ¿Podría haberlas?

- Imposible saberlo ahora. Además, él está usando su magia, y ambos sabemos lo fuerte que es, puede haber evitado las consecuencias. ¿Comprendes que la única razón por la cual pudiste llevarlo a este estado es porque estaba embarazado, no? En otro momento, habrías terminado como Voldemort.

- No voy a terminar como él. Y te sugiero que guardes tus opiniones solo para las cuestiones de medicina mágica -. dijo Lucius y se retiró.

La medi-bruja se encogió de hombros, y con su varita acercó la banqueta. Pasarían quizás un par de horas más hasta ver si había algún resultado así que se acomodó para esperar.

La estimación de la mujer resultó bastante acertada, y alrededor de dos horas más tarde se comenzó a notar un pequeño cambio en la respiración del joven. Primero fue una inspiración un poco más profunda, pero notoriamente audible, y al poco tiempo la respiración se hizo más fácil de observar . La mujer se levantó y revisó el pulso de nuevo. Todavía estaba débil, pero ya no era tan difícil de encontrar. Al conjurar la visión, pudo observar que la cobertura dorada comenzaba a regenerarse, poco a poco, pero en forma pareja.

Al parecer, el joven estaba reaccionando y aumentaban las posibilidades de que el bebé sobreviviese. Sin embargo, continuaba inconsciente y eso la inquietaba. Se suponía que a esas alturas ya debería haber despertado. Entonces notó un leve parpadeo en el pálido rostro del muchacho y observó como abría ligeramente los ojos


No era mucho, pero podía servir de momento; sin embargo, los verdes ojos no siguieron sus movimientos y continuaron fijos y distantes.

**


La poción marcadora había lanzado los primeros resultados un par de horas antes, y luego de seguir el rastro, el grupo de Aurores, aumentado en dos por Severus y Remus, rodeaban una propiedad aislada en una campiña solitaria alejada de Londres.

Como muchos lugares encubiertos con encantamientos, solo se veían paredes derrumbadas, techos casi caídos, un lugar desolado y vacío.

- Dispérsense -. ordenó Ron a través de los comunicadores.

Agazapado entre las sombras, Severus no perdía de vista a Draco, ni la expresión remota de su rostro. Pese a la influencia que Harry tenía en él, en esos casos, en esos momentos, no podía ocultar la educación Malfoy, porque las facciones parecían esculpidas en mármol. Le tocó el hombro suavemente y los ojos grises giraron hacia él; entonces le extendió el pequeño artilugio mágico. Tres aros metálicos entrelazados giraban uno sobre otro, en distintos planos, y en el centro de ellos, una pequeña lucecita pulsaba a intervalos regulares.

El aparato flotó sobre la palma de la mano del rubio.

- Va a titilar con más frecuencia a medida que te acerques a él... -. explicó Severus -. No te preocupes por buscar a Lucius, solo preocúpate de encontrar a Potter. ¿De acuerdo?

Draco asintió en silencio.

- ¿Vas a comandar?- preguntó Ron, en un murmullo, a la espera que el resto de los Aurores tomaran su posición.

- No... -. Draco parecía algo indeciso, pero no eran dudas acerca de su propia capacidad para liderar a los magos lo que lo hacía titubear. Era algo diferente, una lucha interna que no podía terminar de resolver -. Hazlo tú, Weasley.

- Si lo hago, tendré que ordenar... -. dejó la frase en el aire, a la espera que el rubio comprendiese.

- Ordena lo que sea necesario.

“Merlín, ordena que lo maten, si hace falta... Yo nunca podré dar esa orden.” Pensó volviendo el rostro hacia las sombrías ruinas. No vio, pero sí escuchó al pelirrojo hablando con el resto de sus compañeros.

- No sabemos cuántos Mortífagos hay allí dentro, de manera que tengan mucho cuidado. Sí sabemos que Lucius Malfoy está dentro y tiene a Harry, así que si lo ven, no lo enfrenten y den aviso de inmediato. Tenemos órdenes de llevarlo con vida; pero si se resiste, procedan.

“Procedan.” Repitió Draco en su interior.

Infinidad de veces, en infinidad de procesos, él había pronunciado esa frase, pero nunca le pareció tan terminante como en esa ocasión. Procedan, solía significar, ‘utilicen cualquier método que les sirva para seguir con vida’. Y tratándose de Lucius, no estaba demás toda la expresión de esa frase.

- Adelante -. ordenó Ron, y ese sonido sacó a Draco de sus cavilaciones y lo lanzó hacia las ruinas con un único pensamiento: encontrar a Harry y al bebé.

**

- Malditos, estúpidos desgraciados y malditos.. -. masculló Lucius mientras volaba a través de los recintos, esquivando los conjuros de los Aurores.

Cerró una puerta tras él y echó varios maleficios con intención de contenerlos el mayor tiempo posible.

“Esos idiotas no pudieron encontrarme solos...” una idea se formó en su cabeza y a pesar de todo sonrió. “¿Tienes tus deditos metidos en esto, Severus...? Esto tiene tu marca, ni siquiera Draco pudo haberme rastreado con tanta eficacia... Me gustaría que hubieses venido, pero no lo creo... Tus nuevos deberes como ‘Director’ deben mantenerte ocupado...”

La puerta voló de sus goznes y saltó en una multitud de filosas astillas que cruzaron el aire en distintas direcciones. Detrás de ellas, una figura oscura emergió en el umbral.

- Severus.

- Lucius.

Y por unos cuantos segundos, ninguno pudo decir ninguna otra cosa.

**

Draco adelantó el artilugio mágico y la pequeña luz dentro de él empezó a titilar y a moverse, de modo que siguiendo el rumbo que marcaba, se metió por la primera puerta que encontró para desembocar en un amplio corredor. Ese lugar era mucho más grande de lo que se veía desde afuera.

Estaba cerca, más que guiarse por aquel recurso que llevaba en su mano, Draco podía sentir que estaba cada vez más cerca de Harry, casi podía sentirlo en la piel. Corrió a través de ese pasillo, escuchando a sus espaldas el bullicio del resto de los Aurores, trenzados en combate.

El chisporroteo del maleficio llegó a sus sentidos antes que la certeza del mismo, y mucho más por instinto que por otra cosa, Draco se arrojó a un lado para evitarlo al tiempo que lanzaba el propio y se escabullía en el resquicio de una puerta para cubrirse.

- Así que viniste por él, después de todo -. dijo la voz de Goyle desde un extremo del corredor.

Aunque no podía verlo, Draco reconoció la voz. No hubiese podido no reconocerla, pero se encontró rogando que no fuese él quien estuviese a cargo de cuidar a Harry.

- Este lugar está rodeado... ¿Dónde está Harry, Greg...? ¿Dónde lo tienen?

- ¿Para qué lo quieres? Si es por el bebé... Oí decir al Amo que estaba muriendo, así que no tienes por qué seguir con esto, Draco... Te estás poniendo en contra de tu padre por ese Gryffindor... No puedo entender qué ves en él.

- Eso no es de tu incumbencia.

Draco se asomó apenas, y un nuevo maleficio destrozó parte del marco de la puerta. Desesperado, miró el localizador, y aquel marcaba el rumbo exactamente hacia donde estaba Goyle. No le quedaba mas remedio que cruzar por allí.

- Ese chico, Benton... Está aquí, y te idolatra Draco.. Él sería una buena pareja para tí, comería tu porquería si se lo pidieses...

“Esto no me está llevando a ningún lado... No puedo perder más tiempo...”

Guardó el localizador en el bolsillo de la túnica, y salió con las manos en alto, sosteniendo la varita apenas con dos dedos, en señal de rendición.

- Escucha, Goyle... No haré nada, me rindo... Llévame con Harry.

Era evidente que el otro no esperaba eso y por eso tardó en reaccionar, lo cual le dio a Draco la pauta de que en algunas cosas, su ex compañero de casa no había cambiado demasiado desde sus épocas en Hogwarts. Sin embargo, también sabía hasta dónde podía llegar. Él mismo pudo comprobarlo durante la guerra.

- Arroja la varita hacia aquí -. ordenó Goyle, antes de salir de su escondite.

Draco hizo lo pedido y desde unas sombras, la alta y fornida figura del otro mago salió a su encuentro.

- Hasta te has convertido en un pusilánime como él.. -. agregó mientras se inclinaba a recogerla sin dejar de mirar ni por un instante al rubio.

- No me interesan tus opiniones, Goyle... Solo quiero que me lleves con Harry...

- Es el bebé, ¿No es cierto? Es por tu hijo que haces todo esto -. una sonrisa para nada agradable cruzó las facciones de Goyle -. ¿De qué más serás capaz por tu hijo, Draco...? ¿Serás capaz de suplicar...? El orgulloso Draco Malfoy de rodillas ante su antiguo compañero, al que siempre despreció y trató como basura, para suplicar por la vida de su amante y su hijo... Creo que me gusta la idea... Adelante, Draco...

Y aunque su orgullo se retorciera ante la sola idea, Draco supo que era capaz de cualquier cosa para asegurarse de llegar donde Harry. Pero podía intentar algo... Siempre y cuando Goyle no dejase de mirarlo.

- ¿Me llevarás con él?- preguntó, sin embargo.

- Digamos que si te veo de rodillas, lo pensaré... Aunque no me explico para qué te servirá...

- Maldito seas... ¿Qué hicieron con él?

Goyle nunca fue un buen estudiante, y en ese momento fue evidente que tampoco había pulido demasiado sus habilidades, pero Draco quiso haber formulado la pregunta de otra manera; porque ante la frase ‘¿qué hicieron con él?’, las imágenes que se evocaron en la mente del otro mago, lo dejaron sin aire, sin palabras y no pudo evitar leerlas limpiamente.

Y al segundo siguiente, algo explotó en su interior.

Con una especie de gemido ahogado ante la comprensión de lo que había sucedido, se lanzó hacia delante, en una reacción casi suicida. Siempre había sido ágil, y los largos años de entrenamiento entre Aurores habían acentuado ese rasgo, por eso, Goyle ni siquiera atinó a lanzarle algún maleficio, y antes que pudiese impedirlo, lo tenía encima.

El primer golpe hizo saltar la varita del otro mago por los aires, pero Draco ni siquiera se preocupó por buscarla. La furia descontrolada le daba más potencia de la que hubiese tenido jamás, y solo se detuvo cuando se dio cuenta que estaba sentado encima del cuerpo de Goyle y sus manos apretaban el grueso cuello.

- Suel... suéltame... Te diré... te diré dónde está.. -. gruñía, mientras intentaba deshacerse de esas tenazas que le empezaban a impedir la respiración.

- Lo encontraré sin ti... Vas a pagar, bastardo mal nacido... No puedo creer lo que hiciste...

De nada servían los manotazos desesperados, que poco a poco perdían fuerza. Lo único que Draco registraba, detrás de una niebla roja, eran las imágenes que le habían llegado desde esa mente enferma, imágenes que trataría de conjurar más adelante, pero que ahora solo le daban más fuerza a sus dedos.

Al cabo de unos cuantos minutos, se dio cuenta que Goyle ya no se movía, y lo único que se oía era su propia respiración entrecortada y rápida. Muy despacio se movió, quitándose de encima de él. Lo único que hubiese querido en ese instante, en el que todavía no había despejado toda su ira, era que Goyle no estuviese muerto, para poder matarlo otra vez.

- ¿Lo ves, idiota...? Debiste cortarme las manos hace años, no rompérmelas... Harry tenía razón, todavía son útiles.

La mención de Harry le recordó lo importante, y sacando el localizador, se puso en camino nuevamente, sin volver a dedicar un solo pensamiento al cadáver que dejaba atrás, y sin ningún remordimiento de conciencia.

**

- Mi buen Severus... Los años te sientan bien.

- Lo mismo digo, Lucius... ¿Dónde tienes a Potter?

- Directo y al punto, como siempre. Así que las cosas no han cambiado tanto, sigues corriendo detrás del mocoso. Supe que ahora eres Director... ¿Qué hiciste? ¿Mataste al viejo para quedarte con su puesto...? Oh, cierto que ‘ya’ no haces esas cosas...

- No vine aquí para hablar del pasado, Lucius.

- Oh, pero yo no quiero hablar de ese mocoso; que posiblemente a estas horas, ya esté saludando a sus ancestros... Lástima por mi nieto, pero en fin... No se puede tener todo en esta vida.

- Por Merlín, Lucius... Es el hijo de Draco...

- ¡Es el hijo de Potter! Y del traidor de mi hijo, también... Y ya te dije que no quiero hablar de ellos.

“Al menos mientras está aquí, no está llevándose al muchacho a otro sitio.” Pensó Severus, resignado a dejar que Draco continuase la búsqueda mientras hacía lo posible para mantener ocupado a Lucius.

- Dime una cosa, Severus... ¿Estás contento con tu vida? ¿Estás contento con el patético giro que ha tomado tu existencia? Corriendo todos los días detrás de esos niños malcriados, limpiándoles los mocos e intentando enseñarles algo de magia decente... Por Merlín, eres uno de los magos más poderosos que conozco. Un maestro en Pociones y desperdicias tu existencia detrás de los muros de Hogwarts... Tienes un futuro de gloria, Severus, si tan solo quisieras...

- Cada vez te escuchas más parecido a Voldemort... ¿Lo sabías, verdad?

- Por supuesto, porque él tenía razón. Los sangre mezclada son una enfermedad, un miembro deformado y contrahecho que hay que eliminar para que la raza vuelva a tener la pureza de antes...

- Para que nos extingamos.

- No nos extinguiríamos si tuviésemos magos poderosos y capaces investigando el modo de seguir cruzando nuestras familias sin riesgos. Ven conmigo, Severus... Vuelve conmigo, y te aseguro que entre los dos, en poco tiempo tendríamos el Mundo Mágico a nuestros pies...

A medida que hablaba, el mago rubio salvaba de a poco la distancia que los separaba, hasta quedar muy cerca de Severus, que no obstante seguía apuntándolo, pero sin decidirse a lanzarle ningún hechizo.

- Todo sería como antes, Severus... Como en los viejos tiempos, cuando recién comenzábamos a servir a Voldemort... ¿Recuerdas lo bien que lo pasábamos?

Por supuesto que Severus podía recordarlo, porque, si alguna vez existió un tiempo en que había amado a Lucius, fue en esa época. Pero entonces ambos eran jóvenes, y el mago rubio todavía guardaba algo de cordura y un leve atisbo de decencia en él. Y en ese entonces, Severus hubiese hecho cualquier cosa que Lucius le pidiese, solo porque estaba perdida y estúpidamente enamorado.

- No te acerques, Lucius.. -. advirtió, consciente que la cercanía del cuerpo del otro mago lo ponía nervioso de un modo que no había esperado.

- ¿Por qué no...? ¿Tienes miedo de recordar los viejos tiempos? Vuelve conmigo, Severus...

“Esto ya lo viví antes.” Se dijo Snape, atrapado en el perfume que emanaba del otro mago y en la voz seductora. “Y antes decidí mal. No volveré a hacerlo... Tengo el respeto de todos, tengo paz... Y tendré a...”

No terminó de formular el último pensamiento porque el rayo rojizo cruzó el espacio de la puerta e impactó en Lucius. Aquél lo recibió en pleno, pero era demasiado fuerte como para que un solo aturdidor pudiese con él.

Sabiendo que el momento estaba perdido, Lucius soltó un par de imprecaciones para nada aristocráticas, y armó su escudo justo al tiempo que dos nuevos aturdidores hicieran blanco en él. Retrocedió hasta quedar a resguardo, pero lo que menos hubiese esperado ver, fue la figura de Remus Lupin apareciendo detrás de los hechizos que le habían arrojado.

Era evidente que siempre había menospreciado al licántropo, pero su asombro no tuvo límites cuando lo vio acercarse familiarmente a Severus. Demasiado familiarmente. A pesar de la distancia, las palabras le llegaron con bastante facilidad.

- Ya perdí a alguien importante para mí, Severus... No pienso perder a otro.

De momento, tenía algo más de qué ocuparse, pero también le tocaría el turno a ese engendro. Se aseguraría de eso, por lo pronto, lo primero era ponerse a salvo y luego tratar de llevarse a Potter con su barriga a cuestas. En ese orden preferentemente.

Su hechizo derribó parte de los muros y el techo, y usando eso como cortina, se alejó por uno de los tantos pasajes del sitio.

**

Dentro de la habitación, la medibruja escuchó los sonidos atenuados, pero era evidente que algo estaba sucediendo, algo grave, porque se escuchaban corridas, algunos estallidos, en ese momento, Lucius entró a toda velocidad. Venía un poco desencajado, como si hubiese encontrado algo inesperado.

- ¡Rápido, prepáralo! Tenemos que moverlo de aquí.

- No puedes hablar en serio. Si lo mueves ahora, morirá.

- ¡Me importa un comino si muere!- gritó Lucius -. Si muere, le sacamos el bebé y listo. Anda. Muévelo.

- No -. en ese punto, la mujer pareció tomar una decisión. Rodeó la cama, interponiéndose entre los dos hombres, empuñó su propia varita y apuntó al hombre rubio, sin que el pulso le temblara -. No vas a moverlo. Te sugiero que te largues si lo que quieres es seguir en libertad...

Lucius reprimió el gesto de ira, pero no tenía tiempo de discutir. Los Aurores venían pisándole los talones y había dejado a Benton cubriéndole la retirada, pero no esperaba que resistiese demasiado, después de todo, era casi un crío. La mujer tenía razón en algo, tenía que seguir libre.

En cuanto al bebé, quizás era mejor así. Que Potter lo tuviera, si aún podía; luego él podría encontrar de nuevo la forma de llegar a él. Lo había conseguido una vez, lo conseguiría de nuevo.

- No voy a olvidar esto -. dijo, pero antes de desaparecer, lanzó un maleficio, con tanta fuerza y velocidad, que la mujer no pudo esquivarlo del todo y cayó alcanzada, casi al pie de la cama.

Por unos segundos, todo quedó en silencio, como si afuera también todo se hubiese calmado, pero la puerta se delineó una vez más, y fue una figura casi tan alta como la que acababa de desaparecer la que entró.

Casi tan alta, algo más delgado, pero igualmente rubio.

- ¿Harry...?- llamó desde la entrada, al divisar el montículo sobre la cama.

No hubo respuesta.

Sí, Draco reconocía la figura, la hubiese reconocido en cualquier lugar, pero estaba tan quieto, tan inmóvil y tan silencioso. Avanzó hasta la cama con miedo, con más miedo del que nunca había sentido, y lanzó un gemido al encontrar que efectivamente era él. Y más que nada, al encontrarlo en ese estado.

- Dios... Por Dios, Harry...

Tenía deseos de gritar, de desarmar todo ese lugar a golpes, pero algo le hizo cambiar de opinión. Ahora dependía de él que Harry estuviese mejor, luego se encargaría de buscar a su padre y hacerle pagar todo eso. Manoteó el comunicador en el botón de la capa.

- Ron, lo encontré -. la calma que había en su voz, le sorprendía incluso a él -. No está bien, me lo llevo a la clínica ahora mismo.

- Termino con estos bastardos y te encuentro allí -. contestó el pelirrojo.

- Bien.

Vio a la medi-bruja tendida a un lado, pero no le prestó más atención que para verificar si estaba muerta, y como no era así, la dejó. Ron llegaría dentro de poco y la encontrarían.

Se acomodó junto a Harry, tratando de no dejarse caer ante los ojos verdes que no lo siguieron a pesar de estar levemente abiertos, de ignorar los golpes que veía en el rostro, o de cerrar el entendimiento ante el hecho de que estaba desnudo bajo la sábana.

- Resiste, amor... Todo va a estar bien, te lo prometo -. dijo, y abrió el Portal.

**

El grupo de medi-magos se habían abalanzado sobre ellos en cuanto se aparecieron allí, tomando a Harry y empujando a Draco hasta un rincón donde no estorbara.

Wallace estaba trastornado, la preocupación se pintaba en cada uno de sus rasgos, pero sus indicaciones, los hechizos que iba aplicando, cada una de las curaciones que hacía, eran seguras, sin un ápice de duda o vacilación.

Y Draco seguía de pie, inmóvil en el rincón donde lo habían dejado. No quería moverse ni un centímetro. No podía soportar la idea de perderlo de vista otra vez, no quería ni pensar en la posibilidad de haberlo encontrado tarde. No, ése era un pensamiento que no iba a dejar crecer en su mente.

Al cabo de siglos, eternidades de tiempo, los demás salieron, y solo quedó Wallace en la sala, junto a la cama donde ahora estaba Harry.

- No podemos hacerlo reaccionar, señor Malfoy -. le dijo, haciéndole una seña para que se acercara.

Temblando, el rubio se acercó solo para enfrentar de nuevo la pesadilla.

- Está estable ahora, pero ha hecho algo insólito... Usó su propia magia para proteger al bebé. Fue tan adentro para concentrar el poder, que no parece haber manera de hacerlo reaccionar.

Draco escuchaba esas palabras de un modo lejano, casi remoto. La imagen de la pesadilla volvió a aterrorizarlo, porque de algún modo, él sabía. Harry se lo había dicho: 'voy a tratar de detener la marea'. Y luego se había despedido, o al menos sus palabras habían sonado a despedida, como si no esperara salir con bien, y eso aterraba al rubio.

No podía permitirlo, no podía permitir que se dejara vencer, que lo dejara solo.

Se arrodilló junto a la cama y le tomó la mano, estaba fría y él reprimió el escalofrío que eso le produjo. Harry siempre tenia las manos calientes.

- Harry.. -. la voz le salió tan temblorosa que tuvo que aclararse la garganta antes de continuar -. Amor, sé que me estás escuchando. Tienes que reaccionar, tienes que volver conmigo... No hemos pasado por tantas cosas para que ahora te dejes vencer así. Siempre fuiste el valiente y yo el astuto... no vamos a cambiar ahora... Yo no soy valiente, o al menos no puedo serlo cuando no estás conmigo. Así que no te hagas el astuto, ese es mi papel... Por favor, Harry... Te amo, te he amado cada segundo desde que estamos juntos. Y amo este bebé que hicimos juntos. Y juntos tenemos que verlo crecer... ¿Qué voy a hacer si me dejas...?

No podía seguir hablando, no tenía práctica en poner esos sentimientos en palabras, incluso en la relación, era Harry el que podía expresar siempre exactamente lo que sentía, no él. Vencido, inclinó la cabeza y apoyó los labios en los dedos helados.

- Terco... Condenado y terco Gryffindor.. -. murmuró para sí -. Nunca me haces caso, te gusta hacerme enojar.

Claro, Harry no estaba escuchando porque no era así como él le hablaba siempre, sobre todo cuando se ponía así de difícil. Bien, podía intentar algo más, pero si no resultaba, no iba a poder vivir con su conciencia. Tomó aire un par de veces antes de volver a hablar.

- Harry, quiero que me escuches. Me estás haciendo enojar y ya te advertí al respecto ¿no?- eso costaba mucho, no podía mantener ese tono gélido por demasiado tiempo -. Te dije que no quería que te saltaras la medicación... Ahora mira como estás por no hacerme caso. Te advierto que si no despiertas, tendré que ir a buscarte.

Cerró los ojos y se mordió los labios para recuperar el control y tratar que su voz sonara severa y un poco intimidante.

- Te amo, Harry, pero si no despiertas, vas a obligarme a hacer algo drástico y sabes que no bromeo... ¿O acaso se te olvidó?

- No se me olvidó.. -. fue el susurro que casi consiguió que Draco se desmayara.

- Harry.. -. se puso de pie de un salto y Wallace se acercó también, ya que había permanecido en la sala, pero a una distancia prudente.

Ahora, los ojos verdes sí giraron hacia él al oírlo y al punto, se llenaron de lágrimas.

- ¿Draco...?

- Claro, amor... ¿Quien más podría regañarte así?- dijo el rubio y lo besó suavemente sin intentar siquiera ocultar sus propias lágrimas.

Ahora que estaba de nuevo en uso conciente de su cuerpo, Harry sintió que la mayoría de los dolores estaban muy atenuados, solo se sentía muy cansado. Pero sentía un peso en el pecho, algo que sabía muy bien qué era. Era angustia, el terror pasado durante esos días solo, pensando que ya no volvería a ver a Draco, que su bebé estaba en peligro. Cuando los labios de su pareja se apoyaron en su boca, no reprimió el largo gemido que se le escapó.

- No me dejes.. -. pidió en un susurro desesperado cuando aquel se apartó.

Draco consultó con una mirada al anciano y el otro asintió, entonces, se acomodó un poco a su lado y lo abrazó, tratando de no moverlo demasiado. En forma casi desesperada, Harry se aferró a él, como si fuera un salvavidas en medio de un océano enfurecido.

- No te dejo, amor. Nunca.

- Draco... El bebé...

Una nueva mirada de consulta al anciano y esta vez aquel negó en silencio, haciéndole una seña para que durmiera.

- Está bien por ahora.

- ¿Está... bien?- preguntó incrédulo.

- Tienes que descansar un poco, estás agotado.

- Pero…

- Descansa amor, yo te cuido. Yo me quedo aquí a tu lado.

Sin fuerzas para pensar en nada, salvo en sentirse al cuidado de los brazos de Draco, por fin dentro del abrazo amante, cerró los ojos y muy rápido cayó en un sueño ligero, y algo agitado.

El rubio estaba un poco preocupado por la respuesta ambigua que había dado el medi-mago, pero en cuanto aquel vio que Harry estaba durmiendo de forma más o menos normal, salió de la habitación.

Draco permaneció semi sentado en la cama, sosteniendo a su pareja, acariciándole la cabeza, tratando de no dejar que la incertidumbre lo asaltara demasiado. No se dio cuenta, pero pasaron al menos un par de horas antes que Wallace regresara y se ubicara al otro lado de la cama.

- Despiértalo, tenemos que hablar -. Fue su escueta frase.

Se veía algo preocupado, pero no de forma alarmante, por lo que Draco intentó sosegarse antes de tocar levemente a Harry en el hombro.

- Amor…- susurró en su oído -. Mi amor, despierta…

Los ojos se abrieron con algo de dificultad, intentando enfocar la imagen un poco borrosa que tenía frente a sí. Demasiados días entre figuras difuminadas no lo tranquilizaban al respecto, sin embargo, era la voz de Draco la que conseguía mantenerlo calmado, la que le permitía no sucumbir al temor.

- Estas aquí…

- Te prometí que estaría aquí, ¿no? No me he movido.

Le acomodó amorosamente la almohada, para que estuviese cómodo, y se sentó a su lado. No resultó del todo fácil, porque Harry tenía una de sus manos aferrada con mucha fuerza y no lo soltaba. Y él no deseaba soltarse. Al final, ambos enfrentaron a Wallace.

- Bueno, ahora que estás un poco más repuesto, Harry; necesitamos hablar.

- Le pasa algo al bebé... Lo sabía...

- No, Harry, el bebé está bien. Al menos dentro de lo que puede estar después de tantas penurias.

- ¿Entonces?

- Te administraron una dosis masiva de la poción y eso regeneró la envoltura mágica de tu hijo, pero también está causando una alteración en tu sistema. Recién está comenzando, pero pronto, tu cuerpo va a empezar a luchar contra esa presencia, como si fuera una reacción alérgica ¿Comprendes?

- Pero eso no había pasado antes -. intervino Draco.

- No, porque la poción se estaba administrando de manera gradual, y cumplía muchas funciones de equilibrio; incluyendo convencer a tu cuerpo que ese bebé no representa una invasión, que no es peligroso.

- ¿Qué podemos hacer...? Hay que impedir el rechazo.

- Eso es imposible, podríamos atenuarla, pero aún así sería peligroso para la criatura.

- ¿Entonces...?- murmuró Harry, aterrado.

- Tenemos que hacerte entrar en labor de parto. Cuanto antes mejor.

- ¿Parto...? Pero... no, no se puede... El bebé no puede nacer aún... Todavía me falta...

- Harry, primero tienes que calmarte. Escucha esto: un bebé puede nacer a partir de los siete meses, con ciertos cuidados. A ti no te falta tanto, tu bebé ya tiene los pulmones desarrollados, está bien, ya puede nacer.

- Draco, no.. -. se volvió hacia el rubio, suplicante -. No los dejes... Voy a perderlo...

- No amor. Trata de entender... Wallace siempre ha cuidado de ti, ¿correcto?

- Sí... pero...

- Y siempre te ha aconsejado lo mejor posible. Si dice que el bebé puede resistir el nacer ahora, es porque está seguro de ello. Yo quiero que ambos estén bien -. levantó la vista hacia el anciano -. ¿Será difícil?

- No debería ser más difícil que otros partos, ni más ni menos trabajoso. Solo implica adelantar la fecha, y en el caso de Harry, es cuestión de apenas unos días. Siendo primerizo, es casi seguro que igual se hubiese adelantado.

- ¿Lo ves, amor...? Todo va a salir bien.

Harry miraba a uno y otro, sin terminar de decidirse, aunque interiormente sabía que no tenía opción. Había comprendido a la perfección lo que Wallace había querido decir con 'reacción alérgica': si el bebé no nacía, su propio cuerpo reaccionaría contra él, posiblemente matándolo.

- ¿Estarás conmigo?- preguntó apenas, apretándole aún más la mano, si eso era posible.

- No voy a dejarte -. respondió Draco, sin titubear.

- Está bien...Haremos lo que Erick indique...

- Perfecto -. comentó el anciano -. Voy a empezar a preparar todo. Voy a traerte algo para que tomes. Necesitamos preparar el canal de parto de urgencia, y eso puede tomar algún tiempo... Intenta descansar...

- ¿Puede...? ¿Puede darle algo para dormir...?- preguntó Draco, dudoso.

- No, lo siento, es mejor que no.

Wallace se levantó de su asiento, y salió de la habitación.

- Draco...

- ¿Sí, Harry?

- Cuando estaba encerrado... Goyle dijo que la valentía de los Gryffindor solo era falta de imaginación...

- Vaya, el cerebro de yunque eligió mal momento para demostrar que podía hablar y respirar al mismo tiempo sin sufrir una embolia cerebral -. comentó con acritud.

- Creo que tenía razón... Al menos para este Gryffindor... Tengo miedo...

- No tenía razón, y mucho menos en lo referente a ‘mi’ Gryffindor -. le acomodó el cabello en la frente, rozando apenas la piel, y deslizó con mucha suavidad la yema de los dedos sobre aquella cicatriz que desde la muerte de Voldemort era casi invisible -. Eres lo más valiente que he visto, lo más hermoso que encontré en mi vida... Nadie podría haber pasado tantas cosas y seguir siendo como eres... Solo mío...

Esas últimas palabras, se clavaron como un puñal en el corazón de Harry. Lo último que hubiese querido era oír eso, porque no era así. No al menos como Draco lo pensaba, no después de lo que le había sucedido.

- Draco, yo.. -. trató de hablar, pero el recuerdo lo alteraba demasiado. No, no podía decirle lo que había pasado. El índice de su pareja se posó con delicadeza sobre sus labios, impidiéndole seguir hablando.

- Shhh... No hables, hablaremos luego. Ahora tienes que tratar de descansar.

Exhausto, Harry se dejó convencer. Al menos era más fácil por ahora preocuparse por lo que todavía tenía por delante que por esos recuerdos. Luego enfrentaría a Draco, luego le diría. Cerró los ojos e intentó relajarse pero sabía positivamente que no iba a poder dormir.

**

Draco salió un momento, cuando los medi-magos le pidieron unos minutos para preparar a Harry y encontró a Ron, Hermione y una cantidad impresionante de gente en la sala de espera. Snape y Remus, Minerva y Albus, un par de sus antiguos amigos: Blaise y Pansy. No esperaba a nadie y de pronto ver a toda esa gente lo apabulló un poco. Sin embargo, solo Ron se acercó.

- ¿Cómo está? Hemos visto entrar y salir gente y nadie nos dice mucho.

- Más o menos. El bebé tiene que nacer ahora para que Harry pueda recuperarse.

- Pero aún no está a término.

- Lo sé. Wallace dice que eso no debería ser mayor problema... Y estoy luchando para creerle.

Ron le palmeó el hombro, tratando de confortarlo. Todavía no se acostumbraba a este tipo de familiaridad con Malfoy, pero el recuerdo del embarazo de su esposa, le había hecho pensar en más de una ocasión. El solo pensar que él podría estar en esa situación, ponía piedras en su corazón.

- Estará bien. Harry es fuerte.

Draco asintió sin hablar y respiró profundo. Las puertas de la sala se abrieron y salieron algunas personas. Una de ellas le habló al pasar.

- Ya puede pasar, señor Malfoy.

- Gracias.. -. se volvió a Ron -. Yo... les avisaré.

- Claro.

Volvió a la sala al momento y se encontró con la sonrisa, cansada pero luminosa, de Harry. Se detuvo en el umbral, apenas un momento, preguntándose cómo hacía para ser así. Algunos minutos atrás, estaba tembloroso, como si fuera a dejarse caer; y ahora se había recompuesto al punto de ser capaz de sonreírle así, a pesar de todo. No había manera en que dejase de amarlo.

- Creo que ahora tengo menos pelo que antes.. -. comentó Harry con una sonrisita cohibida cuando Draco volvió a ocupar su lugar junto a la cama.

- ¡Harry! ¿Cómo puedes decir eso?

- Es cierto...

Y Draco no pudo menos que inclinarse hacia él para besarlo. Sintió que su pareja intentaba sofocar un leve estremecimiento, y se alejó al punto.

Antes que pudiese decir algo, el joven moreno apretó los dientes, y trató de resistir el dolor que se había presentado de pronto. No era el primero y tampoco sería el último, así que tenía que tratar de aguantar. Draco miró su reloj para calcular el tiempo entre la contracción anterior y ésta; casi quince minutos. No debía faltar tanto y esperaba que así fuese. Harry tenía mejor disposición, pero estaba demasiado agotado.

Wallace entró en ese momento.

- ¿Cómo va esto?

- Una cada quince.

- Bien. Veamos como evoluciona el canal -. levantó la sábana descubriendo el cuerpo de Harry, enfundado en una túnica de la clínica. Con discreción, también levantó ésta. Allí, debajo del ombligo, a unos diez centímetros, había un pliegue de piel que cruzaba en bajo vientre en forma horizontal. A simple vista, no parecía nada, pero los dedos del anciano tocaron los bordes y aquellos se separaron apenas. Volvió a cubrirlo.

- Vamos bien. Pronto podremos...

- ¡Ow!- exclamó Harry y así, semisentado como estaba, levantó la vista consternado y sonrojado -. Creo que tuve un pequeño percance...

Wallace volvió a levantar la sábana, solo para comprobar la mancha en la túnica, que también se extendía en la cama.

- Bien creo que comenzaremos más pronto de lo que pensé. Acabas de romper bolsa, Harry.

- Estoy muy nervioso para recordar cosas, Erick... ¿Eso es bueno o es malo?

- Para ti, es bueno.

- Bien -. dijo y aunque sentía una sensación muy extraña en el vientre, intentó relajarse.

Wallace había ido a dar aviso, y pronto estuvo de vuelta.

- Bien, ahora voy a necesitar tu colaboración, Harry. Las contracciones comenzarán a ser un poco más seguidas, y vas a sentir la necesidad de pujar. Quiero que te aguantes.

- ¡¿Qué?!

- Lo que oíste. Como no estás en término, el bebé no está bien ubicado, pero lo pondremos en la posición correcta sin mayores dificultades. Lógicamente, eso no puedo hacerlo si tú estás haciendo fuerza para sacarlo.

- ¿Y cómo hago eso?

Wallace recordó que tampoco había tenido demasiadas clases de preparto.

- Básicamente, cuando vengan las contracciones, cuando te duela, gritas. Ni más ni menos. Los pulmones se vacían rápido y no tienes fuerza para pujar. Luego yo te diré cuando tienes que dejar de gritar.

- Creo que no me gusta esto.

- Es tarde para eso, muchacho -. comentó Wallace, con una pequeña sonrisa, antes de volverse hacia Draco, que estaba un poco más pálido que de costumbre -. Ahora, señor Malfoy, ¿querrá usted permanecer aquí?

- Por supuesto, no voy a dejarlo solo.

- Muy bien, pero le advierto que si se le ocurre desmayarse o algo por el estilo, se quedará tirado en donde caiga hasta que yo haya terminado. Si tengo que pisarlo y pasar sobre usted, lo haré: las prioridades aquí son Harry y el bebé ¿De acuerdo?

- De acuerdo.

- Perfecto.

Eso pareció dar por finalizado el tema para el anciano.

Todo lo que había predicho empezó a cumplirse paso a paso. Las contracciones empezaron a ser más seguidas, pero los términos clínicos a Harry lo tenían sin cuidado. Lo único que sabía, es que por angustiantes momentos, el vientre se le ponía muy duro, dolía y luego se ablandaba, pero esos segundos parecían no pasar nunca.

Y él tuvo que tragarse cualquier tipo de orgullo que le hubiese quedado, y hacer lo que Wallace le había indicado. Contrariamente a lo esperado, gritar le brindaba un gran desahogo, mientras veía de forma difusa, lo que el medi-mago hacía.

Había convocado la imagen de su bebé y guiándose por ella, usando su magia, estaba haciendo rotar el pequeño cuerpito para ubicarlo en la posición correcta sin necesidad de contactarlo en forma directa.

Pero dolía, y aunque no sabía que estaba siguiendo los patrones standard en algunos comportamientos, Harry se dedicó por unos segundos a insultar a Draco y toda su ascendencia Malfoy, en tanto el rubio intentaba calmarlo.

- Solo un poco más, Harry.. -. decía Wallace mirando la imagen y guiando el movimiento con su varita -. Ya casi está listo... Desquítate con él... Él te puso aquí. ¿Recuerdas?

Draco le dirigió una mirada asesina, pero no tuvo mucho tiempo para eso. Harry estaba cumpliendo lo que le indicaban con bastante exactitud.

- Te odio- jadeó Harry, mirando a Draco con verdaderos deseos de matarlo -. Te detesto… Eres un bastardo…

- Fantástico, amor… Creo.

- Eres un maldito condenado…- dijo entre dientes -. Un jodido…Todo esto es… tu maldita culpa… No vuelvo a pasar por esto... El próximo bebé... lo tendrás tú.

- ¿Cómo está todo por ahí?- preguntó Wallace al otro medi-mago que lo asistía y que revisaba la dilatación de la abertura.

- Está listo.

- Muy bien, Harry. Detente, no grites más. Cuando venga el próximo dolor, puja.

El muchacho solo pudo mirarlo y asentir. Se sentía cansado, y parecía que aquello no tenía miras de terminar pronto. Tampoco pudo pensar más en eso, el dolor lo tomó un poco por sorpresa, no había esperado que las punzadas siguieran siendo tan fuertes, pero como ahora ya no podía desahogarse, parecían más terribles.

Para él, el tiempo se detuvo. No pasaba, y solo podía sentir como si lo estuviesen partiendo al medio, desgarrándolo desde dentro. Un segundo, necesitaba descansar un segundo.

- ¡Harry, no te detengas!- ordenó Wallace -. ¡Vamos, tú puedes hacer esto!

- No puedo...

- Vamos, Harry -. decía Draco a su lado secándole el sudor de la frente -. ¿No quieres ver a nuestro bebé...? Vamos, sácalo de ahí...

Jadeante, Harry tomó aire una vez más, ya venía otra. Todos los músculos se tensaron al volver a hacer el esfuerzo durante muchos dolorosos segundos.

Draco dirigió un leve vistazo hacia Wallace, que ahora estaba ubicado entre las piernas de Harry, vio apenas las manos enguantadas llenas de sangre y decidió que no había ninguna necesidad de seguir mirando si no quería que la predicción de Wallace se cumpliera. Apretó los labios y desvió la vista sin poder reprimir un pequeño sentimiento de vergüenza. Podía matar, podía tolerar un montón de cosas y no podía presenciar tanta sangre. No cuando era la de Harry. Insólito.

- ¡Puja! Ya está coronando.

- ¿Que ya está que...?-jadeó Harry.

- Tú solo empuja, amor -. le dijo Draco.

Los siguientes dolores fueron horribles, interminables.

- Muy bien, muchacho. La cabeza ya casi está fuera. Uno más y lo tendremos listo...

- Ya no...ya no puedo...

- Sí, mi amor. Uno más, solo uno más.. -. pidió Draco.

- ¿Uno...?- gimió aquel, girando para verlo.

- Sí, uno solo...

Harry asintió pero no estaba del todo seguro de tener las fuerzas suficientes. Pero cuando llegó la otra contracción, puso en el esfuerzo toda la energía que consiguió reunir, toda en absoluto.

- ¡Ya esta, Harry!- exclamó Wallace, levantando triunfante un cuerpito muy colorado, goteante. Manipuló con habilidad el cordón, lo liberó y le pasó el bebé a su asistente para que lo revisara rápidamente.

- Ya está, amor.. -. decía Draco, intentando mirar por encima de la carpa hasta donde tenían al bebé. Giró para besarlo, para compartir con él ese momento, que habían esperado tanto.

- ¿Harry...?

Los ojos cerrados, los labios demasiado quietos, el semblante demasiado agotado, demasiado bañado en transpiración.

- Harry.. -. susurró Draco, asustado y con alarma se volvió hacia el anciano -. ¡Wallace! Algo pasa con Harry... Por favor... Por favor, Harry...

- Hazte a un lado -. se acercó al muchacho y verificó los signos vitales -. No está respirando...

- Wallace -. dijo el medi-mago al otro extremo -. El bebé no está respirando...

Y Draco, en medio de la pesadilla solo podía mirar a uno y otro lado, sin saber qué hacer.

 

 

 

Capítulo 19


Antes que Wallace atinara a algo, Draco se puso de pie. No iba a dejar que eso pasara. No iba a perder a Harry y a su hijo, de ninguna manera. De pronto, muchas cosas estuvieron claras en su mente.

El por qué de la elección del conjuro, cuando él estaba tan dispuesto a ser quien llevase adelante el embarazo, y el elegido resultó ser Harry. Eso ahora estaba muy claro. Con toda seguridad él no hubiese podido hacer lo que Harry había hecho, no tenía el poder suficiente para concentrar su magia y mantener con vida al bebé aún a costa de la propia.

Pero era ahora cuando él tenía que hacer su parte, porque aunque no fuese tan poderoso como su pareja, también su magia era fuerte.

Y si hacía falta, él también la daría toda para que se quedaran con él.

Si iba a resultar o no, ni siquiera se detuvo a meditarlo. Casi le sacó de las manos el bebé al medi-mago que lo sostenía con firmeza pero con seguridad y se acercó a Harry.

Le apartó la túnica exponiendo el torso desnudo y colocó el cuerpo del bebé sobre el pecho, a la altura del corazón, las dos pieles en contacto. Tomó la mano izquierda de Harry, la puso sobre la mano pequeñita, casi minúscula, del bebé y cubrió a ambas con las suyas.

- No voy a dejarlos ir... No, de ninguna manera... Se van a quedar conmigo. O nos vamos los tres.

Cerró los ojos, y pronunció aquel mismo conjuro que Harry había usado para curarlo muchas veces antes, no había nada que le importara en ese momento, mas que salvar a los dos seres que mas amaba en el mundo. Y si no lo conseguía, simplemente no tenía ningún sentido seguir allí.

En cuanto pronunció las primeras palabras del conjuro, supo que su intuición había sido correcta. Harry estaba agotado por aquellos días de penurias, por haber usado su magia para conservar a su hijo, y el bebé estaba en las mismas condiciones, los dos sin fuerzas para seguir; pero eso no importaba. Él tenía fuerzas para los tres, él estaba íntegro, física y mágicamente, podía brindarles la fuerza necesaria para que no cayeran.

Mientras repetía una y otra vez el conjuro, rememoró cada instante vivido desde que habían decidido que ser dos ya no era bastante, que para ser una familia, el número mínimo era tres.

El momento en que supieron que Harry estaba embarazado, las pequeñas y grandes reyertas para que se cuidase y no se expusiera a tantos peligros. La melodía que había estado practicando en su violín, tratando de recuperar la destreza para poder hacerle ese regalo de amor a su bebé, los antojos de helados y hamburguesas, su propia travesía por el mundo muggle para conseguirlas.

Sin dejar de lado el conjuro sonrió apenas mientras sentía cómo lentamente las fuerzas lo abandonaban y se integraban a sus dos amores. El pequeño altercado por no querer usar la herencia de los padres de Harry y luego la compra de las primeras cositas que juntos le brindaron a su futuro hijo. Recordó que nunca había llegado a contarle a su pareja que sus planes no tenían variación tanto si era niño como si era niña.

La sensación de maravilloso vértigo que sintió el día que puso sus manos sobre el vientre abultado y percibió la piel estirándose, formando una pequeña comba que se deslizó suavemente bajo sus dedos. Ese día, por primera vez en su vida, se sintió realmente capaz de cualquier cosa. Ese día había tomado por primera vez conciencia real de lo que Harry y él estaban haciendo. Haciendo vida, una vida pequeñita y frágil que se juró proteger con su vida si fuera necesario.

Pues bien, ahora era necesario, así que manteniendo sus ojos fuertemente cerrados, dejó ir todo su caudal de fuerza confiando en que fuese suficiente para los tres.

Él no lo vio, no vio el pequeño resplandor color plata que cubrió los tres cuerpos, permaneció un instante sobre ellos y muy despacio se integró a los tres cuerpos unidos. Tampoco notó que a continuación, un destello dorado hizo exactamente lo mismo. Luego ambos resurgieron, pulsaron juntos por espacio de varios segundos, y por fin con un último fulgor estallaron, esparciendo una lluvia brillante sobre ellos.

Un berrido penetrante llenó la sala hasta ese momento silenciosa, y casi al segundo siguiente, Harry inhaló una bocanada profunda de aire.

Absolutamente estupefactos, ni Wallace ni el otro medi-mago atinaban a hacer nada, hasta que los chillidos del bebé los sacaron del estado de asombro.

Wallace revisó el pulso de Harry, estaba débil, pero estable. Con mucha delicadeza, separó las manos del rubio, notando entonces que él estaba consciente, pero sumamente agotado, como si hubiese hecho un enorme desgaste de fuerza. El otro medi-mago se llevó al bebé para exámenes mas minuciosos envolviéndolo en una manta, y el anciano se dedicó a terminar de atender a Harry. Luego se apresuró a prestar ayuda a Draco e intentó separarlo de su pareja.

- No sé qué hizo, muchacho, pero necesita descansar. Usted también está agotado.

Draco hizo un gesto, negando, no quería moverse de ahí, no quería alejarse de Harry y correr el riesgo de perderlo.

- Harry ya está bien, ahora sí puedo dedicarme a usted.- comentó, y con un poco de esfuerzo, lo separó de ahí y lo condujo hasta una camilla cercana donde lo acomodó.- ¿Me dirá qué hizo?

Draco lo miró apenas un segundo antes de rendirse al cansancio.

- Amarlos.

**


Draco había dormido de manera profunda solo una hora, y todavía estaba cansado cuando abrió los ojos, pero no tenía ninguna intención de quedarse ahí. Apenas miró alrededor, vio que Harry continuaba durmiendo en una cama, a un lado. De algún modo, Wallace no los había trasladado a otra sala, sino que solamente se dedicó a acomodarlos lo mejor posible como si supiese que el estar juntos los fortalecía.

Se levantó, algo tambaleante, pero al apoyar los pies en el suelo, al sentir la firmeza del mundo real, se sintió mejor.

Volvió al lado de Harry, que ahora dormía de un modo mucho más relajado. Todavía se veía apagado, pero la respiración se oía acompasada, con un ritmo normal y él suspiró aliviado. Había pasado algunos de los momentos más angustiosos de su vida y no podía creer lo que había hecho. Más aún, no podía creer que hubiese dado resultado. Se quedó sentado, apoyado en la cama, esperando, esperando...

Harry emergió lentamente del sueño, sintiéndose todavía un poco cansado, pero bien. Extrañamente, no sentía ningún dolor, solo un agotamiento imposible de poner en palabras. Miró alrededor, y lo primero que vio fue, por supuesto, la cabeza rubia apoyada muy cerca de él. Llevó su mano muy despacio hasta ese cabello fino y sedoso que amaba tanto, deleitándose al sentirlo entre sus dedos.

Sabía que estaba ahí cerca. Lo había sentido mientras nacía el bebé y lo había sentido luego, cuando el cansancio era tan grande que lo atraía hacia la oscuridad. Pensó un poco en lo sucedido en ese instante, porque había sido muy extraño. Escuchó la voz de Draco, su llamado, el tirón imperioso con que lo había mantenido a su lado, y luego, cuando parecía que los dos quedarían para siempre envueltos en esa negrura infinita; algo más que a su vez los había sujetado a ambos, con calidez y una clara sensación de necesidad.

No tenía una explicación, pero tampoco la buscó demasiado.

Al simple contacto, Draco despertó y lo miró con tanto cariño, que Harry se sintió reconfortado.

- Hola...- consiguió decir.

- Harry.

- Estoy bien... Pero hacía mucho que no me sentía tan cansado.

- Entonces no hables... Descansa.

Harry asintió y suspiró antes de empezar a entregarse al sueño. De repente, abrió los ojos de nuevo.

- Draco… ¿Qué fue…?

- ¿Cómo…?

- ¿Fue niño o niña…?

El rubio sonrió, acariciandole la frente, antes de hablar. Nadie se lo había dicho, pero él no había podido dejar de observarlo cuando había tomado la criatura en sus manos.

- Es niña.

- ¿Niña…?- de pronto, eso pareció muy importante, aunque no supiera por qué.

- Ahá. Preciosa por lo poco que alcancé a ver.

- ¿Estás… contento?- preguntó un poco temeroso.

- Pero, claro, Harry… ¿Cómo puedes preguntar eso?

- Es que querías tanto que fuese un varón…

- Yo quería a nuestro bebé, tuyo y mío.

- ¿En serio?

- Por completo.

Aliviado, contento también él con esa respuesta, volvió a recostarse mientras dejaba que las palabras lo hicieran dormir.

“Una niña… una mujer… Cielos… ¿Cómo educaremos a una niña…?”

**


Harry estaba ya sentado en la cama, esperando, hecho un manojo de nervios.

- Están tardando mucho, ¿no?

- No, Harry, recién salieron... Intenta calmarte o vas a colapsar.- comentó Draco, sonriendo.

Aquel asintió sabiendo que Draco tenía razón y estaba demasiado nervioso, pero igual no tenía sentido. No podía calmarse. Cuando la puerta de la habitación volvió a abrirse, prácticamente saltó.

Wallace venía escoltando a una medi-bruja que traía un bultito en brazos y que se acercó a la cama. Cuando estuvo junto a Harry, le sonrió intentando tranquilizarlo.

El muchacho extendió los brazos, con una mezcla de ansia y miedo que quedaba en evidencia en su rostro. La mujer estaba a punto de indicarle el modo correcto de tomarla en brazos, pero se detuvo, al ver que de manera instintiva, aquél estaba haciéndolo bastante bien. Wallace sólo pudo sonreír, muy pocas veces cuando usaban el conjuro de selección para el embarazo, los resultados eran erróneos. El joven tenía instinto natural, no iba a necesitar demasiada instrucción.

Mientras, Harry estaba simplemente anonadado ante la contemplación de eso que hasta hacía algunas horas estaba dentro de sí y ahora tenía en brazos.

Era una cosita rosada, de mejillas redondas y naricita respingona, pero lo que Harry estaba mirando con algo de incredulidad, era el abundante pelo oscuro, suave, inobjetablemente negro y el remolino indomable que coronaba la cabeza.

De manera risueña, pensó que a él le había tomado casi 23 años domar ese mechón rebelde, y esperó que a su pequeña le costara menos. O quizás luego fuese un poco menos notorio, el pelo de una mujer siempre era un poco más manejable. A menos que uno recordase el de Hermione durante los primeros años en Hogwarts.

Tomó los deditos cerrados en un puño apretado y los abrió muy despacio, extasiado por la perfección en algo tan pequeño. Los separó, los contó y suspiró aliviado. Al parecer tenía todo. No vio que la mujer y el anciano sonreían porque una vez más estaban comprobando que ésa era una actitud común. No habían visto a nadie que al quedarse con su bebé no hubiese cedido a la tentación de contar los deditos, verificar que tuviese todo en el lugar correcto. Como ése era un momento muy íntimo, privado, los dos se retiraron en silencio. A su lado, Draco intentaba acercarse lo suficiente para hacer sus propias verificaciones.

- Es... es perfecta...- murmuró Harry, emocionado.- No lo puedo creer...

- Créelo, amor. Es lo que hicimos juntos... Eh... Harry... ¿Cómo la vamos a llamar?

- Habíamos pensado sólo nombres de varón... Así que tendremos que pensar de nuevo. O acudir al Biberón de Fuego...

- Creo que mejor olvidamos esa opción, ¿Te parece...?

- Concedido.

- Bueno, igual tenemos muchas opciones, podemos llamarla... ¿Henriette?- Harry lo miró horrorizado.- O... Dracine...

- Quiero creer que estás bromeando.

- Por supuesto, cariño... No voy a hacerle algo así a esta dulzura, ¿no te parece?

El joven moreno reflexionó por unos instantes, pensando en los nombres que conocía de mujer y que le gustaban.

- ¿Te gusta Rowena?- intentó.

- Mmm... Demasiado Ravenclaw ¿No te parece?- el rubio pareció meditarlo -. Rowan... Me gusta más.

- Sí... Rowan Malfoy queda muy bien...

Harry levantó la vista hacia él, e incapaz de contenerse, Draco atrapó esos labios tiernos, un beso ligero pero amoroso. Después, se atrevió a deslizar la yema de su dedo por la mejilla sonrosada de su hija.

- Aún no ha abierto los ojos. ¿Será muy pronto para eso...?- preguntó dubitativo.

- No lo sé... Pero parece que le gusta dormir.

- Creo que sé de quien heredó eso- comentó Draco sonriente.

- Blasfemias...

Iba a decir algo más, pero en ese momento, la bebé apretó un poco las manitos y con un pequeño estremecimiento, despertó.

Harry esperaba un berrido o algo así, se suponía que eso es lo que hacen los bebés cuando se despiertan, pero no parecía ése el caso.

La bebé abrió los ojos, y los fijó adelante, en el rostro que tenía enfrente, como si en realidad supiese lo que había ahí. Harry creía haber leído lo suficiente como para saber que los bebés no fijaban la vista hasta un tiempo determinado, pero en realidad no era eso lo que estaba captando su atención.

Lo que él estaba mirando extasiado, al borde de la conmoción, eran los ojos de su hija. Los ojos de color plata, plata y acero, calmados, serenos, exactamente como los que en ese momento estaban a su lado. Volteó hacia Draco, sólo para confirmarlo, y lo encontró concentrado y silencioso, sumido en pensamientos que no podía interpretar pero que al final emergieron en una sonrisa lenta y orgullosa.

Draco hubiese preferido que tuviera los ojos de Harry, que la niña no tuviese ni un gen del abuelo, pero entonces reconoció que de ser así, no hubiese tenido nada de él. Y la niña era el resultado de ambos, no sólo de Harry. A pesar de su padre, la suya era una familia poderosa en magia y no hubiese sido justo privarla de esa herencia de poder.

Tomó el rostro anhelante de Harry entre sus manos y lo besó con tanta dulzura que aquel no se sintió amenazado. En ese momento, sólo había felicidad y no permitió que ninguna sombra enturbiase ese instante.

**

Muy bien, había pospuesto bastante el momento de pensar en todo lo sucedido, pero ya no podía seguir postergándolo. Necesitaba ser frío y lógico para decidir lo mejor en bien de su hija.

Todavía recostado, Harry dio un pequeño vistazo hacia la cuna que estaba cerca de su cama, donde dormía su bebé. Algunos minutos antes, una medibruja especializada había estado enseñándole cómo alimentarla con una fórmula similar a la leche materna y lo había guiado en su primer cambio de pañales. A pesar de todo, sonrió ante el recuerdo.

Después de todos los peligros y calamidades que había enfrentado desde que tenía once años, y las cosas de los últimos días, se hubiese podido pensar que ya nada podía asustarlo; pero sus manos temblaban al tomar el cuerpito tibio y frágil de su hija. El temor a hacer un movimiento brusco y lastimarla sólo se calmó cuando la mujer a su lado le fue indicando cada paso a seguir.

Desistió de esos pensamientos por el momento, necesitaba resolver lo que haría y peor todavía, no tenía mas remedio que enfrentar el recuerdo de todo lo que le había pasado. El canal de parto aún no había desaparecido, y el dolor en la zona lo molestó un poco, así que se acomodó un poco mejor en espera que pasase.

Draco apenas se había separado de él en las últimas horas, no lo dejaba ni un momento, y Harry podía sentir en cada gesto, la preocupación auténtica, y por qué no admitirlo, el amor que destilaba cada pequeña actitud de atención. Ante toda la felicidad de tener por fin a su hija, había dejado de lado los recuerdos de la traición y ahora no tenía más remedio que volver a recordarlo. Y las palabras de Martin, diciéndole que no era cierto lo que Draco le contara, que ellos sí habían tenido sexo, que sí habían llegado a instancias finales de todo... En otros tiempos, Harry no hubiese dudado nunca de la palabra de su esposo, pero ahora, la duda era más fuerte que todo.

Toda la confianza que había depositado en él había resultado defraudada, y no quería arriesgarse a resultar lastimado otra vez.

Pero tampoco quería dejar a Rowan sin su otro padre. La sola idea lo llenaba de angustia ante el recuerdo de su propia infancia, ansiando tener a sus padres con él y ser una familia.

Y estaba Goyle. Ese hombre, en tan corto espacio de tiempo había destrozado su auto estima, y no podía evitar sentirse contaminado y sucio, como si toda la asepsia que habían aplicado en San Mungo no alcanzase para dejarlo limpio.

Y la vocecita interna no lo dejaba en paz, implacable y rotunda, no lo dejaba olvidar.

“Draco pudo detener lo que estaba sucediendo... Pudo librarse de Martin y no lo hizo, dejó que siguiera, que llegaran... dondequiera que hayan llegado.”

Pero no sólo le recordaba lo ocurrido con su esposo. Insidiosa, no dejaba de revolver en la herida más profunda.

“Tú también pudiste detener a Goyle... Solamente tenías que arriesgarte un poco y azotarlo contra una pared usando tu magia... Hubieses podido detenerlo, pero no lo hiciste”.

“No era tan fácil... Sin varita, mi magia tal vez no hubiese alcanzado para ponerlo fuera de combate y hacer eso sólo lo hubiese enfurecido, entonces con seguridad habría lastimado a mi bebé...” se contestó, justificándose.

El pequeño aguijón de dolor se puso un poco más persistente, y Harry intentó calmarse, necesitaba resolver ese asunto cuanto antes.

Unos golpecitos leves en la puerta precedieron a la aparición de una cabeza de cabello castaño y el rostro todavía algo preocupado de Remus.

- ¿Puedo pasar?

- Claro...- dijo Harry, en parte contento que viniesen a sacarlo de todas esas cavilaciones.

- Tu medimago nos dijo que todavía estabas un poco agotado, pero como soy casi tu familia me permitió a mí que entrara a verte- comentó, mientras se acercaba y trataba de mirar dentro de la cuna.

Corrió un poco las mantitas que cubrían a la pequeña y se quedó un segundo en silencio, contemplándola.

- Es preciosa- dijo, por fin, animándose a acariciar con la punta de los dedos la manecita diminuta -. Tiene el cabello tan desastroso como el tuyo.

- Y el color de los ojos de Draco- señaló Harry, sin poder contenerse.

- James y Lily estarían tan felices... Casi puedo imaginármelos, serían los abuelos más consentidores que jamás hubieses visto, te lo aseguro... Y no quiero ni pensar lo que hubiese sido Sirius...

- Sí... Insoportables los tres- musitó Harry.

- Así que como ellos no están, tendré que consentirla yo...- los ojos dorados se iluminaron por unos segundos -. Y te aseguro que puedo ser tan insoportable como ellos tres juntos.

- Cuento con eso, Remus.

- ¿Ya sabes cuándo podrás llevarla a casa?

- No... De hecho, creo que ella está mejor que yo. Erick no quiere que me marche hasta que mi magia retorne a sus niveles normales. Uno o dos días más, supongo.

- ¿Has pensado que no puedes ir con tu bebé a casa de Ron y Hemione, verdad?- preguntó suavemente.

- ¿Cómo...?- preguntó Harry, asombrado al saber que el licántropo estaba, al parecer, enterado de todo.

- Hablé con tu esposo... Gruñí un poco, le mostré los dientes y me contó... Esto de ser hombre lobo tiene sus ventajas a veces... Nadie se anima a mentirme cuando la luna llena está tan cerca...

- No lo sé... No sé qué debo hacer, Remus... He estado pensando en ello hora tras hora y no consigo dar con una respuesta... Draco... No se ha separado de mí ni un instante... Me buscó, pudo encontrarnos, sé que le debo mi vida y la de nuestra hija, pero... pero...

- ¿Pero...?

- Pero no puedo olvidar lo que pasó. No lo entiendo, Remus... Yo sé que él jamás miró a otro antes... Por más que intento pensar en qué fue lo que hice mal, no consigo entender... No entiendo qué buscó en Martin... Lo odié cuando me lo dijo... Y... Y sé que debería seguir detestándolo, pero... A pesar de todo, yo...

Se detuvo, sin animarse a terminar la frase.

- A pesar de todo, lo amas- Remus lo hizo por él y vio el silencioso asentimiento -. ¿Entonces...?

- Entonces no quiero dejar a Rowan sin su otro padre... Pero no sé si podré confiar nuevamente en él.

- Esos temores son normales, Harry. Sobre todo, teniendo en cuenta que hasta ahora, Draco había sido algo así como el esposo perfecto... ¿No es cierto...?

- Sí...

- Bien... Harry, nadie es perfecto y lo sabes. Es fantástico creer y tener la ilusión que la persona que amamos es la perfección personalizada, pero a veces el encuentro con la realidad es un poco duro. Cuando estuviste en el pensadero de Severus, hace años; descubriste que tu padre no era perfecto, sin embargo luego cambió y si no hubiese sido así, Lily no lo hubiese aceptado... Estoy seguro que todos tenemos nuestras cosas ocultas, y estoy totalmente convencido que tú no eres la excepción...

Esas últimas palabras sobresaltaron un poco al muchacho, que por un instante pensó que Remus estaba enterado de lo que había sucedido con él, pero al segundo siguiente recapacitó. Remus no podía saber. Erick no hubiera divulgado una cosa como ésa sin consultarlo antes.

- Yo mismo tuve que descubrir hace años, que Sirius tampoco era perfecto- continuó Remus sin saber la pequeña revolución interna que sus palabras anteriores habían causado -. Cuando ocurrió lo de tus padres, pensé que él nos había traicionado y eso fue el derrumbe de mi fe en él. Por años lo creí culpable... Y también sufrí mucho por eso.

- Pero no lo era... Y no era la misma situación.

Remus se quedó en silencio unos segundos, meditando si debía traicionar un secreto que solo había sido suyo y de Sirius. Al final, decidió que la ocasión lo hacía necesario.

- Digamos... que Sirius también tuvo uno de esos pequeños traspiés una vez... Antes de ir a Azkabán. No tengo que decirte cómo me sentí... Perdonarlo fue una de las decisiones más difíciles que tomé en mi vida, yo estaba muy herido... Pero también fue la más acertada. Aún así volver a confiar en él me tomó bastante tiempo. No fue cosa de un solo día... Lo que sé, Harry; es que los hombres atractivos parecen tener más posibilidades para dejar de ser perfectos... Y Draco, es definitivamente, un hombre muy atractivo.

Harry se quedó en silencio, pensando en todo eso.

- Cualquiera que sea tu decisión, Harry; quiero que sepas que puedes contar conmigo. Yo te apoyaré si decides separarte, y también lo haré si quieres seguir adelante; pero si quieres mi opinión personal, aún hay muchísimo amor entre ustedes como para abandonar todo sin luchar.

“Habrá que ver si Draco quiere seguir conmigo cuando sepa lo que me pasó...”

La puerta del cuarto volvió a abrirse y Erick entró, sonriente.

- Siento que haya podido estar con Harry tan poco tiempo, señor Lupin, pero me temo que el horario de visitas terminó y tengo que hacer algunas curaciones.

- Oh, no se preocupe, doctor Wallace. Le agradezco que me permitiera verlo unos minutos, al menos así podré darle buenas noticias a todos los que esperan afuera- respondió Remus con su acostumbrada gentileza y se puso de pie para retirarse -. Recuerda lo que te dije, Harry: puedes contar conmigo siempre.

- Lo recordaré, Remus... Gracias.

Cuando la puerta se cerró tras Remus, Erick convocó sus esferas de diagnóstico y las mantuvo levitando sobre Harry mientras hablaba.

- ¿Cómo te sientes?

- Todavía estoy muy cansado... Y todavía me duele- dijo Harry, poniendo una mano sobre su vientre más exactamente en el sitio donde habían abierto el canal de parto.

- Dolerá un poquito en tanto retiramos los conjuros... Es relativamente normal. Echemos un vistazo.

Con cuidado quitó las mantas y subió la bata. El sitio estaba cubierto con un apósito que desapareció ante un gesto de la varita del medimago. El canal había vuelto a convertirse en algo similar a un pliegue de piel, pero los bordes se veían rojizos, algo inflamados, y un hilo de sangre se escurrió por un extremo en cuanto desapareció el apósito. Rápidamente, el medimago aplicó el hechizo correspondiente y la pérdida menguó bastante.

Convocó otro apósito que colocó en lugar del anterior mientras observaba el brillo de sus esferas.

- No debería sangrar. De hecho, aunque tarda algo así como veinte días en retirarse por completo, el canal ya debería haber cerrado... Tus niveles de magia siguen alterados, Harry... Si no consigo nivelarte, no podré dejar que vayas a casa.

Hubo un pequeño y discreto toque en la puerta y la voz de Draco surgió antes que aquella se abriese.

- ¿Puedo pasar...?

- Un momento, señor Malfoy... Estoy haciendo curaciones- anunció Erick en voz alta y notó que las luces en sus esferas de diagnóstico parecieron enloquecer -. Aguarde unos minutos, por favor.

Convocó un frasco y sin decir nada, puso la poción en un vaso y la ofreció a Harry, que la bebió haciendo muecas.

- ¿Ninguna de estas cosas sabe bien?

- Son medicinas, Harry... Tienen que hacer bien, no saber bien...- terminó con la curación y luego de cubrir a su paciente, se sentó al lado de la cama -. ¿Por qué la presencia de tu esposo te altera tanto?

- No... no me altera...

- Eso no es cierto. Ya viste lo que sucedió cuando lo escuchaste, tus niveles de magia convirtieron mis luces de diagnóstico en un carrousel... Asumo que puede tener relación con lo sucedido durante esos días que...

- ¿Usted no le ha dicho nada, verdad...?- preguntó a medias aterrado y avergonzado -. Quiero decir... Usted sabe lo que... lo que me...

- Claro que sí, Harry. Yo te recibí cuando te trajeron, tuve que curar todas tus lesiones- dijo, con todo tacto.

- Por favor, Erick... Tiene que prometerme que no le dirá nada... que no dirá nada a Draco sobre... eso...

- No creo que sea una buena solución, Harry. Mira cómo te pones cuando está cerca, afecta tu magia y tu restablecimiento. Y si no te pones bien, no podré darte el alta... Tienen que hablar del tema. No debes sentirte culpable, no pudiste evitar lo que sucedió...

- Pero sí pude... Si hubiese usado mi magia, ese bastardo no...

- Si hubieses usado tu magia sin varita, hubiesen sucedido dos cosas: primero, hubieses tenido que darle realmente fuerte para que tuviese efecto y ningún mago puede hacerlo bien sin su varita.

- ¡Yo vencí a Voldemort! Yo podría haberle lanzado algo así de fuerte...

- Sin varita, no- continuó Erick, implacable -. Y segundo... ¿Recuerdas lo que te dije acerca de no hacer conjuros fuertes para que no interfiriesen con la magia del bebé? Suponiendo que le hubieses lanzado algún hechizo y conseguido darle la potencia suficiente; teniendo en cuenta el estado en el que estaba la protección de tu bebé, hacerlo hubiese sido matarlo en un instante.

- ¿Quiere decir... que mi hija está bien... sólo porque no... porque no me resistí...?

- Suena duro decirlo, pero sí. Exactamente eso quiero decir. Sé que puede parecerte un precio demasiado alto, pero en ese momento, fue lo mejor que pudiste hacer.

Si bien el saber eso no aliviaba la sensación de suciedad que todavía sentía sobre sí, al menos ayudaba saber que no había sido en vano, que al menos toda esa humillación había servido para algo. Harry se recostó nuevamente, agotado.

- Por favor, Erick, prométame que no le dirá. Yo... hablaré con Draco.

Por supuesto, Erick no hubiese hecho eso sin contar antes con la aprobación del paciente, pero había sido el rubio quien había encontrado a Harry, y tenía la intuición que él sabía mucho más de lo que decía.

- Está bien, Harry... Te lo prometo, pero tendrás que resolver ese tema, porque si no consigues normalizar tus niveles de magia, no te dejaré ir a casa.

- Lo haré, Erick...

- Bien. Tu esposo sigue afuera... ¿Le digo que entre?

- Sí- no estaba muy seguro de lo que le diría, pero al menos tenía que empezar por intentar iniciar la conversación.

Había cosas que necesitaba saber con urgencia y otras de las que no quería ni siquiera escuchar.

Erick salió del cuarto, y segundos después, Draco entró en silencio, lanzando rápidamente una mirada hacia la cuna, sólo para comprobar que su hija seguía durmiendo.

El rostro serio de Harry le dio un aviso previo de que el momento que tanto temía, parecía haber llegado. Hasta entonces, todo había sucedido de manera un tanto vertiginosa, y los mismos sucesos impidieron que ambos pudiesen volver a hablar de lo pasado antes de toda esa tragedia, pero evidentemente, ya no había posibilidad de aplazamientos.

- ¿Cómo te sientes?- preguntó, no obstante, mientras se sentaba en el sitio que Erick había dejado libre.

- Regular...- tomó aire y se lanzó hacia delante -. Draco... ¿Qué pasó con Lucius?

- Escapó. Burló los hechizos de contención y se largó.

- Maldición... –sin embargo no podía imaginar que un mago tan poderoso como Lucius Malfoy se dejase atrapar tan fácilmente.

En cierto modo, no le asombró. Tomó aire, resuelto a preguntar por Goyle, pero lo dejó escapar de a poco. No, no quería saber todavía. Cuando no tuviese más remedio que enfrentarlo, y tendría que hacerlo a causa de su trabajo; entonces lo haría.

- Martin estaba con ellos- informó Harry. -. Él le dijo a Lucius cómo encontrarme.

- Lo suponíamos, encontramos evidencia entre sus cosas y Weasley los vio irse juntos... El pequeño bastardo consiguió que...

- Bastardo, sí; pero nunca fue ‘pequeño’- exclamó Harry antes de poder meditarlo -. Te empeñaste en pensar eso... Que era un niño pese a que te lo advertí. Era un estudiante de la Academia de Aurores y no un ‘pequeño’...

Sabiendo exactamente lo que su pareja estaba queriendo decir, Draco asintió.

- Tienes razón, y si yo te hubiese hecho caso, si no lo hubiese subestimado, nada de esto hubiese sucedido.

- Pero sucedió...- musitó Harry pensando en las muchas cosas que habían ocurrido.

Ninguno habló por unos cuantos segundos hasta que por fin, el moreno continuó.

- Erick dice que quizás en un par de días pueda llevar a Rowan a casa... Y quería saber si estarías allí.

La frase era terriblemente ambigua, y Draco se desesperó un poco. Cuando quería, Harry podía ser tan enigmático como él.

- ¿Deseas que esté allí...?- preguntó con un hilo de voz.

- No sé si tú deseas estar allí... O si deseas ir a buscar a Martin.

- Por favor Harry... Martin no significa nada, nunca significó nada...

- ¿Y si no significó nada, por qué...? ¿Qué buscaste en él...?

- No lo sé- admitió Draco -. Me sentía halagado por su admiración... Saber que estaba pendiente de todo lo que yo hacía, de todas mis palabras... Lo sé, soy un estúpido, me lo he dicho muchas veces desde que sucedió; pero nunca sentí nada por él. Te amo, Harry... Y eso fue lo único que impidió que todo llegara al final.

- No fue eso lo que Martin me dijo.

- No sé qué te dijo, pero eso fue lo que sucedió. O mejor dicho, nada llegó a suceder, te lo juro, Harry. Tienes que creerme.

- ¿Tengo? ¿Por qué? Yo confié en ti, Draco. Ciega, estúpidamente... Y por supuesto, obtuve lo que me merecía por crédulo- amargamente, Harry recordó las palabras de Martin -. Fui tan crédulo que supongo que tuve suerte de que no me engañases antes... ¿La tuve...?

Esa frase fue lo que terminó de romper el corazón de Draco, porque si bien podía admitir su equivocación actual, no podía permitir que pusieran en duda toda la fidelidad que siempre había tenido. Unos segundos de calentura habían echado por tierra todo lo que había sido hasta ese momento.

- Nunca te engañé antes, Harry- fue el murmullo que surgió en respuesta a esa pregunta -. Y aún te amo.

Y como el rubio no había despegado sus ojos de él durante toda la conversación, Harry pudo ver desfilar en las pupilas grises todas las emociones en un recorrido ininterrumpido de culpa, dolor y también de amor. Las palabras de Remus resonaron en su mente, recordándole que Draco no era perfecto, que todavía había mucho amor como para dejarlo ir sin luchar.

- También te amo...- admitió por fin -. Pero... Dime cómo... ¿Cómo puedo volver a confiar en ti...?

La mirada de feroz resolución de Draco le dio la pauta que estaba dispuesto a todo para recobrar su credibilidad ante él, pero no esperó su propuesta.

- Hay una forma. Eres experto en Legilimency...

- No- atajó Harry antes que Draco terminase la frase -. Nunca hice eso contigo antes, no lo haré ahora.

- ¡Pero es la única forma de que veas lo que realmente pasó! Sabes que no se pueden alterar memorias ni sentimientos. Lo que veas allí, es lo que sucedió, Harry...

- No quiero hurgar en tu mente, Draco... Eso sería...

- ¿Desleal...? Sólo si lo hicieras sin mi consentimiento, pero yo te estoy pidiendo que lo hagas. Necesito que lo hagas, Harry. Necesito que veas lo que pasó para que al menos sepas que te dije la verdad.

En el silencio que siguió, Draco se inclinó hacia la mesita que estaba cerca de la cama, donde había colocado la varita de Harry y se la extendió.

- No es deslealtad, Harry. Sabes que tengo el poder suficiente para bloquearte, pero deseo que puedas verlo como realmente pasó.

Y por supuesto, Draco tenía razón. Si quería confiar nuevamente en él, tenía que estar seguro que al menos le había dicho la verdad; pero la idea de entrar así en la mente de otro le recordaba demasiado las clases de Oclumency con Snape y la terrible vergüenza de ver sus recuerdos más detestados expuestos como en un escaparate. Cerrando sus dedos en torno a su varita, Harry se prometió no mirar nada que no fuese aquel recuerdo. Y si tenía que ser sincero consigo mismo, tampoco estaba muy seguro de querer ver con sus propios ojos lo que había sucedido.

- Legilimens.

Draco jamás había sentido sobre sí mismo el poder de la magia de Harry, salvo por el día en que practicaron juntos y nunca pudo pensar que sus recuerdos fluirían con tanta facilidad ante el mandato mágico. Por unos cuantos segundos, mientras mantenía su vista fija en los ojos verdes, hubiese podido jurar que aquellos tuvieron un pequeño fulgor rojizo, pero trató de mantener la calma y no levantar las murallas de protección ante esa invasión.

Una invasión que era aterradoramente eficaz, que entraba en su mente con la limpieza de un cuchillo caliente en la mantequilla; y que le dio la pauta que si Harry hubiese querido hacerle daño, hubiese podido, en un santiamén, convertir su cerebro en gelatina. Pero el escrutinio pasó rápido sobre los recuerdos de los años de su infancia, los que siguieron en Hogwarts, los que estuvo en el extranjero y se realentó un poco al cruzar el tiempo en que se habían reencontrado en la Academia de Aurores. Otras memorias desfilaron demasiado rápido como para que pudiese detallar de qué se trataba y se detuvo con precisión milimétrica en el momento en que Draco entró en el cuarto de archivos.

En verdad era terrible sentirse tan expuesto, y las imágenes que afloraban, hacían que Draco se sintiese el gusano más abyecto del universo. Aún así, resistió. Haría todo lo que fuese necesario para volver con Harry.

No sentía demasiada tentación por ver recuerdos perdidos en la memoria de su esposo. Mientras su mente cruzaba a través de las remembranzas más recónditas de Draco, Harry pensó que hacer algo como eso, era la prueba última de desconfianza y se juró, que si las cosas eran como Draco le había dicho, jamás volvería a hacerlo. Ni siquiera si se lo pedía como en esa ocasión.

La pequeña charla de Draco y Martin era inocua, inocente al menos para el rubio, sin trazas de querer o buscar algo más. La causa de la interrupción del conjuro que hacía levitar la caja era tan pueril, que parecía inventada. Eso o alguien había empujado la caja desde el estante superior. Sintió la sorpresa inicial de Draco cuando el jovencito lo besó, y luego la excitación creciente.

Excitación física sin ningún sentimiento que aflorase por detrás. Harry sentía casi como si fuese propia, la sensación del despertar del deseo. Y también escuchó esa vocecita de alarma que lo prevenía desde lo lejos, que eso que estaba sucediendo en esos momentos, no estaba bien. Pero las manos y la boca de Martin eran demasiado expertas para alguien tan joven.

Eso dolía. Dolía ver que Draco respondía al estímulo y se aferraba al beso tal como lo hacía con él. O casi, porque hurgando un poquito, Harry no descubría ningún sentimiento allí, solamente la respuesta a unos labios tan expertos como los de su esposo. No era necesario que viese todo tan detalladamente, y una vez más Harry pasó rápido esas secuencias, como en una película muggle, hasta que topó con el primer sentimiento que encontró desde que se había iniciado todo.

Muy cerca de la cúspide del placer, Draco buscaba con sus ojos, pero no buscaba a Martin. Lo buscaba a él y no encontrarlo, o mejor dicho, el encontrar a otro en su lugar hizo que todo el creciente éxtasis se evaporara en el aire en un santiamén. Asombro primero, vergüenza y culpabilidad después...

“Lo siento Martin... Perdí el control, pero no quiero hacer esto. No quiero engañar a Harry...”

La frase retumbó dentro de los sentidos del moreno llenándolo con algo muy cercano al alivio porque todo se había detenido exactamente en el punto en el que Draco le había dicho.

“Amo a Harry, no puedo herirlo así. Es lo único que quiero con todas mis fuerzas...”

Un rápido vistazo a lo sucedido después, apenas un par de minutos de discusión y Draco salió a toda velocidad del cuarto de archivos. No necesitaba ver más. Parpadeando para romper el contacto, Harry se replegó de su exploración sólo para encontrar el rostro descompuesto, pálido y sudoroso de su esposo, que había resistido con verdadero estoicismo todo el escrutinio.

Demasiado tarde recordó Harry sus propias reacciones durante las clases de Snape, cuando una mente más fuerte se inmiscuía en otra. Sin querer evitarlo, sus manos viajaron hacia el rostro pálido para descubrir que temblaba ligeramente y eso lo asustó un poco. No podía descartar que en algún recóndito sitio de su mente perdurase un pequeño deseo de vengarse del rubio haciendo que aquel escrutinio además de humillante, fuese ligeramente doloroso.

- Lo siento... Lo siento...- murmuró, compungido -. No volveré a hacer esto nunca... Nunca.

Al sentir las tibias manos en contacto con su cara, Draco reaccionó y las tomó entre las suyas.

- Estoy bien- jadeó el rubio, recomponiéndose de a poco -. ¿Puedes creerme ahora, Harry? No te mentí, no llegó al final, no le permití terminar... Y te amo. Tú y mi hija son lo más importante que tengo... Dame una oportunidad para demostrártelo.

Harry no quería plantearse demasiado los motivos reales de su decisión, pero sí sabía que no podía dejarlo ir. Remus tenía razón, había sido una dura manera de descubrir que Draco no era perfecto, pero tampoco él lo era. Y definitivamente no le dejaría el campo libre a ese muchacho descarado. Martin iba a necesitar mucho más que seducción barata y traición para sacarlo del medio.

- No la desperdicies, Draco... No habrá otra.

Amor y una advertencia.

- No la necesitaré, Harry, te lo juro.

Amor y una promesa.

Ver de nuevo la expresión de amor que Draco sabía que sólo era para él, lo llenó de dicha. Tentativamente, llevó su mano hacia el cuello de Harry, sólo para acercarlo, para acercarse a los labios que en los últimos días había creído perdidos para siempre. Cuando por fin pudo posar su boca en ellos, supo que no volvería a dejarlos ir, los aferraría por siempre.

Tan suave, tan delicado fue el tacto de la boca de Draco sobre la suya, que Harry no reaccionó de inmediato. Y antes que los malos recuerdos hicieran su aparición, hizo acto de presencia el llanto de Rowan, que les recordaba así que no estaban solos.

- Tu hija está llorando.

- ¿Estará...? Tú sabes...- el gesto de Draco fue bastante claro.

- No, no lo sé... Y yo aún estoy convaleciente, así que, averígualo- comentó Harry sonriente, mientras volvía a recostarse.

Todavía le quedaba un tema por resolver, pero con algo de egoísmo decidió que podía esperar. Al menos si Draco lo rechazaba cuando lo supiese, como sospechaba que indefectiblemente sucedería, al menos podría disfrutar algunos días de reconciliación.

Tal vez, sólo tal vez, cabía la posibilidad de que Draco no tuviese que enterarse.

**

- ¿Estás listo?- preguntó Draco, asomándose por unos instantes.

- Ya casi...

Harry terminó de meter algunas prendas del bebé en el bolso, los biberones, otras cosas propias y encogió todo para poder guardarlo en el bolsillo de la túnica.

La conversación y reconciliación con Draco habían obrado el pequeño milagro de nivelar su magia al punto tal, que Erick lo autorizó a irse a casa, y Harry estaba feliz de poder abandonar San Mungo de una buena vez. No quería recordar el modo en el que había llegado, sino que se iba con su hija en brazos.

Envolviéndola para protegerla del aire fresco de los pasillos, la tomó con cuidado y se aprestó para salir. Draco y Ron lo encontraron apenas salió al corredor.

- Tenemos el operativo de seguridad montado hasta el vestíbulo principal- anunció Ron -. Desde allí podrás abrir el Portal para ir directo a casa.

Harry suspiró en silencio y asintió. El hecho que Lucius hubiese escapado no era tan simple como parecía. Ya había demostrado cual era su interés, y el hecho que no lo hubiese conseguido sólo era un indicativo de que volvería a intentarlo cuantas veces hiciera falta. Lo conocían bastante bien como para saber que no iba a desistir de sus propósitos con tanta facilidad.

Antes de salir, Harry convocó un escudo con el que cubrió a su hija.

El camino desde la habitación hasta el Hall principal del hospital fue bastante rápido, sus Aurores se habían ocupado de despejar los corredores y pasillos adyacentes por unos minutos para asegurarse que todo estuviese bien. Harry no pudo dejar de sentirse agradecido, porque muchos de ellos habían participado en su rescate, luego lo visitaron o le hicieron llegar sus buenos deseos cuando nació su hija; y ahora también se preocupaban para que llegase bien de regreso a casa.

Arribaron al hall sin dificultades y cuando Draco se puso a su lado para convocar el Portal, los Aurores bloquearon las entradas por las dudas. En ese momento, una sensación de náuseas lo golpeó violentamente haciendo que se detuviese en seco.

No fue sólo por la asquerosa sensación, sino porque él la conocía, ya la había sentido antes pero eso no lo tranquilizó, sino todo lo contrario.

- ¿Qué pasa, Harry?- preguntó Draco, inquieto -. ¿Te sientes bien...?

El asco creció al punto tal que estuvo seguro que vomitaría, pero se dominó al tiempo que sintió el hormigueo en sus dedos. Exactamente como antes. Sin pérdida de tiempo, pasó a Rowan a los brazos de Draco, que la tomó sin comprender todavía.

- Regresó...- musitó Harry, mirando con algo de incredulidad sus manos -. Otra vez puedo sentirlo...

Ninguno de los que estaban a su alrededor podría comprender sus palabras salvo Draco. Quizás todo lo sucedido en los días anteriores había vuelto a despertar la sensibilidad ante la magia oscura que Harry tenía durante la guerra con Voldemort. El hecho que hubiese vuelto a presentarse, no era bueno en absoluto.

Y que Harry la sintiera justo en esos momentos, era peor todavía.

- Protege a Rowan- indicó.

Pese a que todos hacían bromas ocasionales con respecto a esa especie de detección de la que él siempre hablaba, nunca lo habían visto usándola, y cuando Harry avanzó unos pasos, y extendió su magia alrededor suyo, sondeando, todos permanecieron en sus sitios, un poco azorados. Se sintió como si una levísima corriente de energía recorriese a todos los presentes en el recinto, uno por uno, hasta que una vez más las náuseas lo sacudieron.

- Expeliarmus.

Como de costumbre, el conjuro fue apenas un susurro, pero tan veloz, tan certero que casi al instante, la varita del otro mago estuvo entre sus manos. Al instante, los otros lo rodearon y lo redujeron.

- ¿Qué les pasa? ¿Qué están haciendo?- gritó Eavon, intentando soltarse.

A medida que se acercaba a él, la sensación crecía y Harry odiaba eso. Odiaba descubrir la presencia de magia oscura en otros magos, y más cuando se suponía que eran parte de su personal; pero lamentablemente, nunca le había fallado.

- ¿Desde cuándo, Eavon?- preguntó suavemente, sin sombra de dudas -. ¿Cuánto tiempo hace que pasas información a los Mortífagos?

- ¡No sé de qué estás hablando, Potter!

- ¿Harry, estás seguro?- preguntó Kingsley a su lado -. Eavon resultó herido en una de las persecuciones... Pudieron matarlo, lo enviaron al hospital...

- Si me equivoco, le daré mis públicas disculpas, pero sé que no tendré que hacerlo, Kingsley. Confía en mí, sé lo que digo. Llévenlo a la Central y que lo interroguen con Veritaserum.

- Necesitaremos una orden del Ministro para eso.

- Muy bien, consíguela. Y llévenselo.

- ¡Qué pena que no se libraran de ti!!- exclamó Eavon, sabiendo que cuando usaran el Veritaserum con él, de cualquier modo todo se sabría -. Los ‘mezclados’ como tú no deberían tener magia... Y no tendrían que permitirles que se reproduzcan... Es una lástima que Lucius no terminase con ese engendr...

El aturdidor impactó de frente en el pecho del mago, que cayó hacia atrás en brazos de algunos de sus compañeros. Todos giraron a ver de dónde provenía, imaginando que había sido Draco, pero aquel tenía a Rowan en sus brazos y ni siquiera había pensado en soltarla, cubriéndola con sus brazos de cualquier eventual ataque.

A su lado, Ron continuaba apuntándole, para el caso que necesitase otro más. El rostro endurecido como Harry jamás lo había visto.

- Mi hijo también será ‘mezclado’...- dijo solamente. Guardó la varita y caminó hacia el mago inconsciente -. Ya vete a casa, amigo... Yo me llevo a éste a la Central, no te preocupes.

Cuando regresó junto a Draco, aquel no pudo dejar de pensar que su padre había tenido mucha suerte. Si Harry no hubiese estado embarazado, ni siquiera hubiese podido llevárselo, de eso estaba seguro. Y ahora que aquella sensación había retornado, acercarse de nuevo no le iba a resultar tan fácil. Ese pensamiento era definitivamente tranquilizador.

Apenas Harry estuvo a su lado, extendió los brazos pidiendo de nuevo a su hija y él la cedió al punto. No tenía ninguna duda que en esos brazos estaba completamente segura. Convocó el Portal, y cuando ya desaparecían de la vista de todos, abrazó a ambos.

No volvería a permitir que lo separaran de los dos seres que más amaba en el mundo, y si al final tenía que hacer frente a su padre, lo haría. En el fondo de su corazón esperaba no tener que pasar por ese predicamento, pero también sabía que si llegaba el caso, ya no volvería a dudar.

 

 

 

Capítulo 20

Draco estiró el brazo a través de la cama, pero sólo encontró vacío y eso lo alarmó un poco. Después de lo ocurrido, no estaba tranquilo si no sabía dónde andaba Harry. Y no encontrarlo en medio de la noche lo desconcertó un poco. Aguzando el oído, le llegó un sonido suave, muy similar al maullido de un gatito que se repitió un par de veces y luego cesó.

Muy despacio se levantó, se puso la bata y se encaminó hacia la pequeña habitación de Rowan. Se asomó en silencio y desde allí pudo contemplar el mejor paisaje que sus ojos jamás encontrarían.

Harry había colocado una silla mecedora a un lado de la cuna, y estaba sentado allí sosteniendo en brazos a su hija. Con un brazo la mantenía junto a él y con la otra mano sostenía el biberón. Estaba tan concentrado en su tarea que no se dio cuenta que lo observaban.

Draco sonrió y se acercó hincando una rodilla para quedar a la altura de la pequeña. Era tan hermosa que a veces le costaba creer que era real. Abrió el puñito y cuando puso su dedo índice entre los dedos pequeñitos, aquellos se cerraron al punto aprisionándolo con un poquito de fuerza.

Sí, era deliciosamente real. Como real era el rostro un poco cansado del papá que estaba alimentándola.

En los días que llevaban desde que regresaron de San Mungo, Draco no podía dejar de notar que Harry no parecía tan feliz como era de esperarse. Por supuesto intuía cual era la razón, pero no podía iniciar ni siquiera la conversación porque el sólo hecho de referirse, incluso de modo velado a lo sucedido en los días pasados, ponía a Harry en tal estado de nervios, que al final optaba por dejarlo de lado.

Además el muchacho no se quedaba solo con él nunca, y cuando eso sucedía, se aseguraba de tener a su hija consigo, usándola como defensa para el caso que el rubio intentase algún tipo de acercamiento. Irse a dormir también implicaba una serie de maniobras que no le pasaban desapercibidas. Harry buscaba, o más bien dejaba intencionadamente siempre alguna tarea para última hora del día, y de ese modo le pedía a Draco que fuese a dormir, que luego él lo alcanzaría.

A veces pasaban un par de horas antes que el moreno apareciera en el dormitorio, y lo hacía con muchísimo sigilo, intentando no despertarlo. Claro que Draco no dormía, pero fingía hacerlo para no suscitar una cantidad de reacciones que no eran buenas.

Una noche atrás, Draco había despertado en medio de la noche escuchando los gemidos callados y creyendo que era la niña que lloraba, pero era Harry sollozando en medio de un mal sueño. Lo movió ligeramente, para despertarlo, y cuando los ojos verdes se abrieron, lo enfocaron con tal aire de pavor que el rubio se quedó mudo de asombro. Todavía envuelto en el horror de su pesadilla, Harry retrocedió en la cama para alejarse, retrocedió tanto que fue a dar al suelo. El pequeño golpe lo sacó del todo del ensueño, pero lo trajo a la realidad de la mirada de su esposo.

- Estoy bien...- musitó apenas, antes de correr hacia el cuarto de baño, donde se encerró un largo rato antes de regresar a la habitación. Y luego de eso, no volvió a la cama, sino que se colocó una bata abrigada, pantuflas y se trasladó a la silla que había colocado en la habitación de Rowan donde pasó el resto de la noche.

Consciente del terrible dilema que tenía su pareja, Draco se preguntaba cuánto sería capaz de resistir Harry antes de confiarle lo que tanto mal le estaba haciendo.

La niña requería cuidados constantes, y era un alivio que Harry tuviese a disposición los tres meses de licencia por paternidad que las leyes otorgaban a los padres gestantes, pero aún así lucía cansado. Con bastante razón, Draco sabía que no era solamente por el trabajo físico sino también por el desgaste mental en la lucha para no dejarse vencer por aquellos malos recuerdos.

Los primeros días, las visitas fueron constantes, todos querían conocer a su hija, pero por suerte, ahora todo estaba mucho más calmado. Draco despertaba muy temprano y desayunaban juntos, algunas veces para que Harry pudiese dormir un poquito más se encargaba de cambiar y alimentar a la pequeña, tareas que cumplía con eficiencia y absoluta felicidad. Después se iba a la Central para la jornada de trabajo que a él no le estaba dispensada.

De hecho, mientras no hubiese algún intento de acercamiento o no intentase algo más personal que un beso leve, todo estaba bien. Pero bastaba con que estirase una mano hacia él para que todo Harry se tensara a un extremo que era imposible no notarlo. Draco fingía no verlo y las cosas seguían de ese tenor.

- Lo siento...- murmuró Harry, sacándolo de sus reflexiones-. No queríamos despertarte...

- No importa... Te espero para regresar a la cama- dijo, tentativamente y pese a la semipenumbra vio la sombra de temor posándose sobre los ojos verdes.

- Mejor, no...- rápido buscó alguna excusa, sin encontrarla -. Creo que voy a tardar...

Sin ánimo para romper la maravilla de ese momento, Draco volvió a desistir de sus intentos. Al menos en parte.

- Rowan ya casi terminó el biberón... ¿Porqué no la traes a la cama, y que duerma con nosotros por esta vez?- preguntó el rubio.

La sombra pareció disiparse en parte y Harry no luchó con el placer que le produjo la idea.

- ¿Estás seguro...? Erick dijo que no la acostumbremos a dormir en nuestra cama...

- No la vamos a acostumbrar... Es solo por esta noche- dijo el rubio, y viendo que el biberón estaba vacío, lo quitó de las manos de Harry y lo puso a un lado -. Vamos, amor... Vamos a dormir.

Esperando que la presencia de la niña entre ambos atenuara la sensación de tensión en su esposo, Draco lo ayudó a incorporarse y luego de un rato, se acomodaban en la cama, con Rowan estratégicamente ubicada en medio de ellos.

El rostro distendido de Harry lo animó para besarlo con suavidad antes de acomodarse de lado frente a él. Sus dedos recorrieron con ternura el contorno de la mandíbula, el cuello, y finalmente le tomó la mano, para tratar de alguna manera de infundirle la confianza suficiente que lo animase a hablar. Por un instante, pareció que Harry iba a decir algo, pero como si las palabras quedaran anudadas en su boca, aquellas se negaron a salir.

- Buenas noches, Draco- susurró.

- Duerme bien, amor...

**

Harry echó un vistazo a la niña, dormida en su cunita y luego de comprobar que todo estaba bien, regresó a la sala. Sobre la nueva mesita que había en medio de los sillones, había una cantidad de papeles, carpetas y pergaminos que había pedido desde la oficina.

Los antecedentes de su caso, los expedientes de los Mortífagos que hasta ese momento habían creído muertos y de pronto habían ‘resucitado’ al servicio del nuevo aspirante a ‘Señor Oscuro’. También había dos carpetas nuevas: una de su ex estudiante, Martin Benton, y la de su antiguo compañero, Phineas Eavon. El nombre de Gregory Goyle lo saludó tenebrosamente desde la portada de su carpeta correspondiente, retándolo a abrirla y enfrentarse otra vez con él.

Sus dedos la rozaron y al final la empujó a un lado sin abrirla. Bastante tenía con enfrentarlo cada noche, cuando dormía y sabía que el otro lo esperaba oculto en las sombras de sus pesadillas, dispuesto a hacerle de nuevo todo aquello... Decididamente, le puso una pila de informes encima, para quitarla de su vista y se dedicó a leer la de Martin.

No tenía gran cantidad de datos, y era de esperar. El expediente del estudiante que hubiese debido estar en sus archivos, había desaparecido, y Harry estuvo seguro que el mismo Martin o quizás Eavon lo habían quitado de allí, ya que estaba seguro de haberlo visto y archivado cuando el muchacho ingresó en el Plan de Entrenamiento para Aurores. Lo que había en esa carpeta era una copia del expediente de Hogwarts que Severus les había facilitado y eran todos los datos que tenían de él.

No había demasiado, en todo caso. El muchacho había cursado en Hogwarts mientras Albus aún era director, y recordando las pocas conversaciones que había tenido con él mientras estaba secuestrado, Harry recordó que Benton refirió que los había conocido el día que Voldemort hizo atacar Hogwarts. Pese a que hizo un esfuerzo, no consiguió individualizar el momento en que pudiesen conocerse. Quizás, tal como Benton había dicho, él no le había prestado atención. Tendría que preguntar a Draco si lo recordaba de aquellos días.

Perteneciente a la Casa de Slytherin, de una familia de clase media alta, sin demasiados honores en sus estudios, pero también sin problemas graves. Harry se preguntó si había sido la pasión despertada por Draco lo único que había llevado al chico a aliarse con Lucius.

Si Draco había sido la causa de la deserción de Benton, no comprendía cuál era la explicación para la traición de Eavon. Era un mago mayor, había sido testigo de los desmanes cometidos durante la guerra con Voldemort y se preguntó si ya en aquella época había sido traidor. Dejó el expediente de Benton y tomó el de Eavon. Salteó las partes que ya conocía: soltero, sin familia, no estuvo en el Ministerio el día del ataque; al parecer había solicitado su traslado después de aquello, proveniente de alguna Central de Escocia. Buscó el interrogatorio que le habían hecho apenas días atrás.

Las primeras frases eran más o menos esperadas y leyó en silencio hasta llegar a una parte importante.

- “¿Desde cuándo tiene relación con los Mortífagos, señor Eavon?”
- “Desde la época de la guerra con el antiguo Señor Oscuro. La central de Aurores de Escocia no era demasiado importante, por eso nadie se asombró que no recibiera ataques durante la guerra. Cuando derrotaron al Señor Oscuro, pedí el traslado aquí, pensé que todos los importantes habían sido muertos o enviados a Azkaban. Aquí era el mejor lugar para saberlo. ”
- “¿Se mantuvo al margen de las actividades de los Mortífagos durante estos años?”
- “ Sí”
- “¿Por qué reincidió? Nadie tenía noticias de su proceder anterior... Podría haber empezado de nuevo...”
- “Las escaramuzas de los Mortífagos eran estudiadas, yo quería saber quién estaba detrás de esto, casi tanto como el Jefe Potter... Luego de la persecución donde me enviaron a San Mungo, regresé a la Central para enterarme que ‘ése’ estaba en estado... Que cosa tan desagradable... No podía quedarme mirando cómo se reproducen...”
- “Sus apreciaciones sexuales no nos incumben, señor Eavon. A diferencia de usted, nosotros podemos respetar incluso a los homófobos.”
- “¿Homofobia? Por Merlín, ustedes son más idiotas de lo que pensé... A mí me importa un cuerno con quién duerme Potter... Pero es un ‘sangre sucia’ y no podía dejar que nadie se diese cuenta la realidad de lo que yo pienso... Insultar sus preferencias sexuales era la fachada para cubrir el resto... Cielo Santo... Esos sangre sucia no sólo pululan, sino que hasta se reproducen sin control como los gusanos...”
- “¿Entonces fue el embarazo del señor Potter lo único que motivó su reincidencia?”
- “Por supuesto... Hay que impedir que sigan extendiéndose... Corrompiendo a los sangre limpia como el hijo del Amo...”
- “¿Tuvo usted algo que ver con la incursión que hubo en el Departamento de Misterios del Ministerio?”
- “Yo les facilité el modo de entrar... Fue mi tarjeta de presentación con el nuevo Señor Oscuro.”
- “¿Tenía idea acerca de las intenciones del señor Benton para entregar al señor Potter a Lucius Malfoy?”
- “No. No sabía que había sido él quien entregó a Potter.”
- “¿Tiene alguna cosa que agregar en su defensa?”
- “No... pero podrían decirle a Potter que si no hubiese sido un cochino sangre sucia, tal vez me hubiese gustado darle una sobadita. Tiene un trasero espectacular, el muy bastardo...”

Harry leyó un par de veces las últimas líneas para asegurarse de haberlas leído bien. Cerró la carpeta y la dejó a un lado. También él había caído en la trampa. Sabía que para ocultarse de cualquier posible indagatoria mental, lo único que tenía que hacer, era enmascarar las intenciones reales con una similar pero no condenable.

Eavon lo había hecho a la perfección. Todos, incluyéndolo a él, juzgaron que las actitudes del ex Auror se debían a la intolerancia por sus preferencias, cuando la realidad era que eso encubría el otro odio. Odio por ser sangre mezclada... En esos momentos, recordó que cuando se supo descubierto en San Mungo, Eavon no había insultado sus preferencias, sino precisamente eso: su sangre mezclada. Harry se preguntó hasta cuando seguiría escuchando esas palabras en tono de insulto.

Eso aclaraba muchas cosas, pero de cualquier modo no lo liberaba de la carga que llevaba sobre sus hombros.

Cada día era más difícil mantenerse lejos de Draco, buscar alguna excusa a la hora de ir a la cama; pero lo peor de todo era que en el fondo, no quería hacerlo. Deseaba y necesitaba desesperadamente del amor de su pareja, pero cada vez que aquel se acercaba de pronto no era él, sino ese otro hombre quien extendía una mano hacia él. Pero el temor más grande era que su pareja se enterase y lo rechazara. Ver el rechazo en sus ojos sería más de lo que podría soportar.

Durante el día se afanaba en mil tareas, esperando que a la hora de ir a dormir el cansancio fuese lo bastante grande como para impedir las pesadillas; pero eso no sucedía. En cuanto el sueño se instalaba en él, volvían las imágenes, el miedo y la humillación.

Miró el reloj para comprobar que ya era pasado el mediodía. Si Draco no aparecía a las doce, era porque había demasiado trabajo y ya no volvería hasta la tarde. Eso le dejaba todas esas horas libres para que los malos recuerdos se cebaran en él.

Escuchó la alerta de la cuna de Rowan, avisando que acababa de despertar y se puso de pie en el acto. No iba a darle ese gusto, no iba a dejarse ganar esa vez. Fue hasta la habitación de la niña y comprobó que efectivamente, estaba despierta.

- Hola, linda...- saludó, contento levantándola en brazos -. ¿Dormiste bien mi preciosa...? El día está hermoso afuera... ¿Qué te parece si salimos a dar un paseo? Papá Draco no volverá hasta tarde, así que podemos ir hasta un parque y pasar una linda tarde...

Los ojos grises y somnolientos lo miraron calmadamente y Harry sonrió ante el extraordinario parecido entre su hija y Draco al menos en esas facciones.

Sin perder tiempo, buscó un bolso, puso en él algunos pañales, una mantilla, el chupete de repuesto y luego fue hacia la cocina, donde preparó dos biberones que también guardó. Le hizo un nuevo cambio de pañales y la vistió con algunas de las tantas cosas hermosas que le habían obsequiado. Le puso un sombrerito y la abrigó convenientemente.

Uno de los regalos que habían llegado en los últimos días, era una especie de arnés, unas correas que se sujetaban a su cuerpo y mantenían al bebé suspendido junto a él, permitiéndole libertad para usar ambos brazos si hacía falta. Lo había visto usar a las mamás muggles, y como no tenía carrito para bebés, era lo mejor que podía conseguir en ese momento. Además se sentía mucho más seguro teniéndola junto a sí que en un cochecito.

Puso algunas cosas para él por si tenía hambre y luego de asegurarse que tenía todo, fijó su varita al interior de la manga de su ropa para tenerla a su alcance por cualquier eventualidad. Sabía que era un riesgo andar con la niña por el medio de Londres Mágico, de manera que decidió ir a un parque muggle.

No le resultó para nada complicado, aunque hacía mucho que no andaba por Londres, salir del Caldero Chorreante, subir a par de autobuses y llegar a Hyde Park. El lugar era un hervidero de gente y por ello, Harry se sintió más seguro que en un sitio solitario.

Buscó un lugar soleado, al resguardo del viento y se instaló allí. Colocó una manta que había llevado para poner sobre el césped y acomodó el bolso al alcance de sus manos. Después de quitarse el arnés, mantuvo a la pequeña en brazos y se dispuso a disfrutar de un rato leyendo. Al menos así no pensaba en todo lo que había dejado pendiente sobre la mesita de la sala.

Luego de un rato, Rowan le recordó que era hora del biberón correspondiente, por lo que dejando el libro a un lado, Harry extrajo disimuladamente su varita y entibió el contenido de la botella. En esos momentos, decidió que no era tan malo no poder amamantar a su bebé, porque no se explicaba cómo se hubiese arreglado de tener que hacerlo así. De cualquier manera, la mayoría de las veces, sí hubiese querido poder alimentar a su bebé del modo tradicional porque sabía que era mucho mejor que cualquier fórmula que magos o muggles pudiesen idear.

Suspirando, decidió que tenía mucho más que los muggles y mientras veía a su niña prendida golosamente del biberón, contempló a muchos otros padres que paseaban por allí. Algunos llevaban a sus hijos en sus cochechitos, otros jugaban con ellos al sol, pero todos sin duda estaban aprovechando para pasar el tiempo con ellos. En su fuero interno, Harry supo que era muchísimo más afortunado, por que ellos sólo eran papás, pero a él por ser mago, le había sido permitido llevar a su hija por sí mismo. No que el papel de los otros padres fuese menor, pero nunca sabrían lo que se sentía al recibir una patadita interna de regocijo o todas aquellas sensaciones que él tanto había disfrutado durante su embarazo.

- Incluso las feas náuseas matutinas del principio...- le confesó a Rowan al oído, sonriendo.

- Qué niña tan tranquila...- dijo alguien a su lado.

Harry se sobresaltó un poco y enfocó hacia arriba. A su lado, una muchacha le sonreía amistosamente, también llevaba en brazos un bebé, aunque era bastante más grande que Rowan.

- Lo siento, no quería asustarte...- se disculpó -. Pero venía caminando y hace unos minutos que te observo... ¿Te molesta si te acompaño...?

Casi sin pensarlo, Harry extendió su magia, sondeando, pero no captó nada extraño en la joven. Se estaba poniendo paranoico si esperaba un ataque incluso en un parque lleno de muggles.

- Claro...

- Es muy pequeñita...- observó la chica, mientras se sentaba y dejaba a su rollizo bebé sentado en la manta -. ¿Qué opina su mamá acerca de este paseo...?

- Oh, pues... Está totalmente de acuerdo, claro...- comentó sonriendo.

- ¡Vaya, qué modales los míos...! Mi nombre es Abigail... Aby... y éste es mi pequeño Phil- dijo, extendiéndole la mano.

- Mucho gusto, soy Harry. Ella es mi hija, Rowan.

- Es un nombre muy hermoso...

Unos minutos después, ambos conversaban con bastante tranquilidad. Hacía tanto que Harry no se sentía tan despreocupado, que esa conversación intrascendente lo relajó mucho. Al cabo de un rato, notó que la niña estaba algo inquieta y con acierto verificó que necesitaba un cambio de pañales.

- Vaya... Ojalá mi esposo fuese tan hábil cambiando pañales...- comentó la chica, observando a Harry extendiendo todas sus cosas a un lado y desembarazando a la niña de su pañal sucio en poco tiempo -. Tu esposa debe estar feliz...

- Digamos que sí- terminó de asegurarle el pañal, contento con el resultado.

De pronto reparó en la hora. Horrorizado, se dio cuenta que el tiempo había pasado con demasiada rapidez y tal vez Draco ya estuviese en casa. Recordó que no había dejado ni siquiera una nota avisando que saldría.

- Cielos, se me hizo tarde...Tengo que irme... Discúlpame, pero mi espos...sa ya debe estar esperándome...

- Claro... Espero que volvamos a vernos. Yo vengo muy seguido aquí. Adiós...

La muchacha tomó nuevamente a su bebé en brazos y pronto se perdió entre la gente que aún llenaba el parque. Apresuradamente, Harry guardó todo e inició el camino de retorno. El autobús tardó una eternidad y atardecía para cuando consiguió usar el Portal que lo dejó en el vestíbulo de su casa.

Tal como imaginaba, Draco ya estaba allí, y hecho un nudo de nervios. Apenas lo vio aparecer en la sala, se abalanzó sobre él.

- ¿Estás bien...? ¿Dónde estabas, Harry? Casi me muero cuando llegué y no los encontré aquí...

- Lo siento, Draco, de verdad lo siento... Fui a dar un paseo con Rowan y no me di cuenta de lo tarde que era.

- ¿Fuiste... a dar un paseo...?- tartamudeó Draco, incrédulo -. ¿A dar un paseo???

- Por favor, no grites. Rowan está durmiendo.

- ¡Que no grite!!! Harry te das cuenta la necedad que hiciste?? ¿Cómo se te ocurre salir a dar un paseo con Rowan? Mi padre pudo estar por allí, vigilando...

Harry pasó hacia el cuarto de la niña y luego de quitarle la ropa, y verificar sus pañales, la acomodó en la cuna. El sol había puesto un lindo color rosado en sus mejillas, pero no pudo quedarse observando eso, porque Draco lo tomó por el brazo y casi lo sacó en vilo de la habitación.

- ¿Escuchaste algo de lo que te dije?

- Sí, te escuché. Pero si tú crees que mi hija vivirá metida en esta casa por culpa del desquiciado de tu padre, estás equivocado, Draco. Fuimos a dar un paseo, y la llevé a un parque lleno de muggles... No te preocupes. Sé que debí dejarte una nota o algo así, pero realmente no pensé que tardaría tanto en regresar, lo siento.

- Lo sientes... ¿Y qué hubiese pasado si a pesar de todos esos muggles que te rodeaban, mi padre sí hubiese intentado algo?

- Yo los hubiese sentido antes que se acercaran.

- Podría usar otros muggles para acercarse a ti... A ésos no podrías sentirlos. ¿Y qué harías si eso pasa?

- No soy un inútil, Draco... Ya no estoy embarazado, puedo defenderme...

De no haber estado de por medio la seguridad de Rowan, Draco jamás hubiese querido hacer lo que hizo, pero no le quedaba más remedio.

- ¿Y qué pasa si alguien se acerca y hace esto?

Como no le había soltado el brazo, tiró de aquel, atrayéndolo hacia sí, lo rodeó con el otro por la cintura y sin pérdida de tiempo, atrapó su boca en un beso inesperado y bastante brusco.

La reacción tardó unos segundos, pero se presentó tal como él había previsto. Primero, Harry se tensionó de forma notoria, y luego, con una desesperación rayana en lo insólito, empezó a luchar para alejarlo, para alejarse de él. Draco estaba sujetándolo con fuerza, y por eso, librarse de él supuso una pequeña lucha que el rubio no iba a presentar. Sin embargo, en el ímpetu por poner distancia, Harry lo empujó y retrocedió al mismo tiempo, trastabilló y cayó sentado en el suelo.

Desde ahí, agitado, contempló el rostro preocupado de su pareja. Estaba tan asustado que ni siquiera había reaccionado rechazándolo con su magia.

Y cuando Draco se inclinó para ayudarlo a ponerse de pie, retrocedió una vez más. Draco estaba odiándose bastante por haber tenido que exponer esa reacción.

- Tranquilo... Déjame ayudarte...

- No te acerques.

- No voy a hacerte daño, amor... Lo siento, pero necesitamos hablar... No podemos seguir así.

- No... no necesitamos hablar...- musitó Harry, desviando la vista, aterrado no solo por su reacción, sino también por lo que Draco estaba dando a entender.

- ¿Te parece que no tenemos que hablar...? No comes bien, no duermes bien y no puedo acercarme a ti sin que saltes por el aire... Te está haciendo daño, amor.

- No quiero hablar de eso.

Suspirando, Draco se sentó en el suelo, ya que no le era permitido acercarse más. Era evidente que Harry se mantendría tercamente en sus trece aunque eso lo estuviese matando por dentro, así que no quedaba más remedio. Él sería quien hablase.

- Yo sé lo que pasó, no hace falta que sigas sufriendo.

Harry hubiese querido morir en ese instante, que la tierra se abriese, lo tragase y nadie volviera a saber de él. Sin embargo una parte de sí, sentía cierto alivio, porque sabia que nunca conseguiría poner en palabras todo lo que había significado esa horrible humillación.

- ¿Cómo...?- alcanzó a preguntar.

De momento, Draco prefirió no hablarle de los detalles que había visto en la sucia mente de Goyle antes de mandarlo al otro mundo, en cambio prefirió ser un poco más vago.

- Yo te encontré... Yo vi cómo estabas...

Draco lo sabía, al fin había sucedido lo que tanto temía, o mejor dicho no. Lo peor aún no había sucedido. Harry estaba seguro que si levantaba la vista, vería el rostro de Draco con la acusación escrita en él y eso sí no podría enfrentarlo. No podría enfrentar su rechazo, y no esperaba otra cosa.

Estaba temblando y Draco no terminaba de explicarse si eso se debía únicamente al temor. No lo miraba, como si estuviese avergonzado, como si temiese enfrentar su mirada, lo cual era ridículo, porque Harry no tenía nada por qué culparse si había hecho todo lo posible...

Entonces cayó en la cuenta.

Harry se sentía culpable, sino por lo sucedido, al menos por no haber presentado una resistencia más fuerte. Eso sí era una estupidez. También Draco había hablado con Erick, y sabía lo importante que había sido para la supervivencia de su hija que Harry no presentara resistencia. Draco meditó unos instantes antes de intentar avanzar de nuevo hacia el joven y cuando lo hizo, fue muy despacio, para darle tiempo a que se alejara de nuevo, si quería.

Como no lo estaba mirando, Harry no se dio cuenta que Draco se acercaba, hasta que sintió los brazos rodeándolo, atrayéndolo suavemente hacia él.

Draco sintió la lucha interior, la tensión en el cuerpo que intentaba abrazar y esta vez, no presionó. Se limitó a permanecer así, un par de minutos al cabo de los cuales, Harry se apoyó un poco en él, apenas un movimiento trémulo.

- Todo está bien, amor...

Esas palabras sólo hicieron que el temblor se acentuara y consternado, Draco se dio cuenta que Harry estaba haciendo un enorme esfuerzo para contener las lágrimas.

- No está bien- dijo al fin -. Yo... debí...

- Sé que lo intentaste.

- No- admitió al fin, con un sollozo quebrado -. No lo hice... No lo intenté... Tenía miedo, Draco... Jamás había sentido miedo como ése... Tuve miedo de que lastimara a mi bebé... Y lo dejé... Y ahora tengo miedo que me odies por eso...

- ¿Odiarte...? Harry, yo te amo más que a mi vida... No puedo odiarte, y mucho menos por todo lo que hiciste por nuestra hija.

- ¿No... no me odias...?

- No, Harry, no te odio- repitió Draco sin dejar de acariciar muy suavemente la negra cabellera -. Te amo, te quiero siempre conmigo...

Harry asintió sin hablar simplemente porque casi no podía creerlo, y levantó la vista hacia él.

Y una vez más consiguió sorprender al hombre con el cual vivía desde hacía ya tiempo, porque lo que Draco había esperado encontrar, en esa situación, era miedo, desconfianza; y esas pupilas verdes que lo enfocaron detrás de las gafas nuevas tenían otra cosa.

Determinación. Un poco de temor, sí; pero una determinación tan salvaje que casi pareció desesperación.

Obnubilado por esa visión, Draco se acercó lentamente para apoyar sus labios en los de Harry, porque fue eso. Apoyarlos con gentileza, dejándole abierta la posibilidad para rechazarlo. Unos segundos de incertidumbre y luego, lo sintió relajarse un poco y responder. Consciente que un solo movimiento brusco podía hacer variar la situación, Draco apenas los rozó con la lengua, jugando un poquito con el labio inferior. Hubo un suspiro suave que lo alentó a profundizar un poco más el beso y las lenguas se encontraron, tímidamente al principio. Dejó que fuese Harry quien decidiera cuando terminarlo. Cuando se apartó fue solo porque necesitaba respirar.

Volvió a acurrucarse en su abrazo tratando de recuperar el aliento y para poder hacer la pregunta que lo estaba matando.

- Draco...

- Sí, amor.

- ¿Aún me... deseas...? ¿A pesar de...?

- Shhh...- lo acunó como hacía con Rowan para hacerla dormir.- Yo te amo, Harry... y te deseo... Nada podrá cambiar eso.

Tenía que ser en ese momento, cuando sentía todo el amor que su pareja tenía hacia él, en ese instante tenía que expulsar para siempre el fantasma de Goyle y sus asquerosas manos reptando por su cuerpo, acariciándolo, tocándolo donde él no quería ser tocado...

No, no tenía que pensar en él, tenía que pensar en Draco, en que quería su amor, quería sentir que podía volver a sentir todo lo que antes sentía al ser acariciado y besado. Quería que le hiciera el amor con todas las fuerzas de su corazón...

- ¿Te... te detendrás cuando te lo pida...?

- Por supuesto, amor. No haremos nada que no quieras, no empezaremos si no quieres.

En esa ocasión, fue Harry quien inició el movimiento de acercar su boca a la de su pareja, otorgándole el tácito permiso para besarlo.

En un gesto de previsión, amorosamente, Draco le quitó los lentes y los colocó a un lado antes de aceptar la invitación.

Tuvo un pequeño respingo cuando las manos de Draco se metieron por debajo de la remera, para acceder a la piel sedosa de su espalda, pero la suavidad de las caricias lo relajó al instante siguiente. Del mismo modo, cuando la prenda fue removida con mucha gentileza y terminó a un lado del sofá.

No, no era igual. En esas manos cálidas había cuidado, atención, lentitud, y ninguna de las cosas que había en aquellas otras manos.

- Draco...

- ¿Mmmsí...?

- Aquí no.

- ¿Por qué no...?

- Estamos... muy cerca...- jadeó cuando los labios de Draco succionaron la piel de su cuello.- De Rowan...

- Cierto...- admitió el rubio, recordando que ahora tenían que tener otros cuidados que antes no tenían.

Sin soltar a su presa, Draco empezó a ponerse de pie, haciendo que Harry se levantara con él, y de esa forma lo guió hasta la habitación, donde lo depositó en la cama, irguiéndose para poder observarlo mejor.

El torso desnudo continuaba ejerciendo sobre él la fascinación de siempre. Sonriendo, se dijo que ahora sí tenía algo más de Harry para acariciar y besar, pero la visión del estómago, todavía algo distendido por el reciente embarazo seguía hipnotizándolo, incluso más que antes, porque ahora sabía que allí había estado su hija.

Y si seguía mirando, encontraba la hebilla del cinturón, exactamente donde la visión hubiese empezado a ponerse interesante.

Sin apartar la vista de él, empezó a desprenderse la camisa, despacio, dejándola caer luego desde los hombros. Sintió la mirada verde recorriendo su cuerpo, encendiendo esas sensaciones sin siquiera tocarlo. Sus manos se detuvieron en la hebilla de su propio cinturón, y alzó los ojos grises.

- ¿Sigo...?- preguntó suavemente, jugueteando con el botón del pantalón.

Harry se humedeció apenas los labios y asintió en silencio.

Los dedos delgados se deshicieron del obstáculo del botón y la cremallera, y deslizaron la prenda hasta las caderas, desde donde simplemente aquella cayó hasta los tobillos. Draco se inclinó un poco para retirarla al tiempo que se desprendía de los zapatos y los calcetines.

Cuando volvió a erguirse, aún conservaba un resto de ropa, pero planeaba liberarse de ella también. Solo que cuando se irguió, encontró que Harry parecía estar pensando exactamente lo mismo que él, porque se había acercado hasta el borde de la cama.

Estaba sentado muy cerca del lugar donde Draco estaba desvistiéndose, y estiró las manos hasta apoyarlas en las caderas níveas. Enganchó con los pulgares el elástico de los boxers negros y empezó a deslizarlos hacia abajo, mientras el resto de sus dedos acariciaban la piel de las nalgas redondas y firmes. Siguió el recorrido de la prenda hasta el piso sin romper el contacto.

Draco levantó un pie primero y luego el otro para permitir que la prenda fuese retirada por completo.

La mata de vello rubio que ahora Harry tenía a la altura de sus ojos coronaba a la perfección la parte de Draco que empezaba a crecer, y tuvo el incontrolable deseo de apoyar sus labios en él.

Harry había sentido los músculos de su pareja tensándose al contacto de sus manos por lo tanto, antes de ceder a su deseo, siguió con una uña el recorrido del músculo interno del muslo, rozó apenas los testículos y también rozó la longitud del miembro antes de llegar a la sonrosada cabeza. Hubo un pequeño jadeo proveniente desde arriba que lo alentó a seguir. El jadeo se hizo mas profundo cuando apoyó sus labios en el glande y su lengua jugueteó con el prepucio, como si fuese un manjar.

Lo recorrió por completo, siguiendo el entramado de las venas más gruesas, disfrutando antes de introducirlo por completo en su boca y cuando lo hizo, se dedicó a saborearlo, a hacerlo entrar más y más profundo, hasta que tuvo que relajar la garganta para no ahogarse.

Un maldito recuerdo infiltrado fueron las palabras de Martin acerca de su 'capacidad para tragar' casi le hicieron perder la concentración, pero ese recuerdo se vio rápidamente relegado cuando las manos de Draco le acariciaron el cabello, alejándolo de su golosina. Sin entender, se dejó conducir sin embargo.

Draco estaba luchando fieramente con su autocontrol, se puso de rodillas entre las piernas de Harry, que continuaba sentado al borde de la cama y fue directamente a esa boca que segundos antes había estado tan ocupada. Esta vez no hubo ninguna resistencia, las lenguas se encontraron y danzaron juntas, conociendo el ritmo de cada una.

Las manos de Draco descendieron a través del pecho, pellizcaron apenas los pezones, siguieron rumbo a las caderas y acariciaron los muslos.

- ¿Por qué... no nos deshacemos de esto...?- preguntó con voz ronca por el deseo, y como Harry volvió a asentir, sus manos siguieron camino, quitaron los tenis, las medias y ascendieron nuevamente para encontrar ese maldito cinturón y los botones del jean.

Lo empujó hacia atrás hasta que Harry volvió a quedar acostado, y entonces pudo retirar las prendas haciendo exactamente lo que Harry había hecho antes. Usar los movimientos como excusa para que sus dedos recorrieran cada centímetro de piel en el camino de las prendas que eran quitadas. Bien, ahí también había una parte que estaba empezando a hacerse notoria.

Entonces Draco pudo empezar su obra: construir con manos, labios y lengua el placer de Harry. Desde los pies, se dedicó a besar, lamer y ocasionalmente mordisquear un poquito cada centímetro de piel expuesta.

Trazó un lento recorrido a través de las piernas evitando con todo cuidado, hacer contacto con el pene palpitante de Harry, y clavó los dientes con algo más de fuerza en ese vientre que siempre lo atraía. Resiguió con la punta de la lengua, el recorrido de la línea todavía visible que había hecho posible el nacimiento de la hija de ambos, descubriendo que aún guardaba sensibilidad, porque al contacto Harry arqueó el cuerpo y lanzó un largo gemido.

Las siguientes víctimas de sus dientes fueron los pezones oscuros, ya medio erectos, que terminaron de endurecerse al ser tiernamente mordisqueados.

Llegar al cuello, significó sentir en los labios el tembloroso pulso de la sangre latiendo muy cerca de la oreja. Succionó con fuerza, sabiendo que eso dejaría huellas visibles y cubrió de pequeños besos ligeros los ojos, las cejas, aquella nariz perfecta antes de hundirse en los labios enrojecidos. Esta vez lo besó con fuerza, al tiempo que sus cuerpos, en contacto pleno, se mecían, friccionándose uno contra otro.

Tenía que guardar un poco el control, para que su deseo no fuese a ser demasiado para Harry en esa primera ocasión.

Todavía tenía mucho más por hacer, si algo iba a suceder ahí, sucedería solo cuando Harry le pidiera por eso. No antes, aunque tuviera que morderse para aplazar su propio placer.

Con apenas un movimiento se irguió y lo hizo girar. Había mucho de Harry para besar y acariciar de ese lado también.

Los hombros fueron tratados con la misma dosis de atención que el resto, pero Draco se concentró en la columna, en delinear el contorno de cada vértebra y llegar con deliberada lentitud a la zona donde se unía con la línea del trasero. Al llegar a ese punto, su propia respiración era jadeante, entrecortada, pero usando toda la fuerza de voluntad que consiguió reunir, se detuvo un momento.

No, no se había equivocado, lo único que se oía en la habitación, eran los gemidos de Harry.

Apoyó las palmas en parte posterior de las rodillas, esa zona donde la piel es suave, y desde allí ascendieron. Una de sus manos se introdujo entre las piernas y buscó acariciar la entrada de su amante. Lo hizo lentamente, sabía después de años, que ese primer contacto siempre le provocaba un pequeño sobresalto aunque nunca había terminado de explicárselo.

Solo que esta vez, la reacción se magnificó bastante. Hubo un jadeo quebrado y todo el cuerpo se tensionó de pronto.

Todo había estado perfecto hasta ese momento, Harry se había sentido cuidado y amado, estaba disfrutando realmente cada caricia, cada pequeño contacto de los labios de su amante sobre su piel, pero aquel toque disipó la nube de placer que lo envolvía. Súbitamente, no era Draco quien estaba detrás. No era así, y lo sabía, pero el temor a saberse tan expuesto y vulnerable como aquella vez, lo paralizó un momento.

- No...- gimió apenas, y en el acto, Draco se detuvo.

Esperó unos segundos, y alcanzó a ver que Harry había levantado apenas la cabeza.

Avanzó hacia él, intentando buscar sus labios, sin dejar de acariciarlo.

- Tranquilo, amor...- lo besó con suavidad, maldiciendo en su interior a Goyle, que había hecho nacer esa reacción. Una parte desapasionada de su mente, deseó con fuerza que no estuviese muerto, para poder matarlo de nuevo.

- Por favor...- pidió Harry -. Así no...

- Así no...- Draco ponderó cuidadosamente el pedido sin saber muy bien qué actitud tomar -. Dime lo que quieres, amor.

Aquel giró sobre sí mismo, hasta quedar nuevamente de espaldas. Sí, eso era lo que necesitaba, necesitaba verlo, saber que era Draco, que eran sus manos amorosas las que lo recorrían, que una y mil veces eran sus labios los que se posaban en cada centímetro de él. Sabiendo eso, podía aceptar sentirse vulnerable y expuesto, sabía que podía confiarse plenamente a esas manos sin ningún temor.

- Quiero verte... Quiero estar seguro que eres tú...

Al menos no le había pedido que detuviera todo, y como para reforzar esa idea, fue Harry quien lo atrajo, tomándolo por el cuello, llenando su boca.

- Y ahora...Te quiero a ti.- dijo Harry, tomando una de las manos de Draco le besó la palma y después, sensualmente, chupó los dedos que iban a prepararlo.

Esa aceptación casi termina con el escaso control que Draco estaba guardando, y consiguió dominarse a muy duras penas. Se ubicó entre las piernas de Harry y las levantó sobre sus hombros.

El primer dedo se deslizó dentro de su cuerpo causando un leve jadeo, el rubio le permitió unos segundos y luego empezó a moverlo muy despacio, un lento movimiento de vaivén que ocasionó que las caderas morenas empezaran a acompañarlo. Un momento después lo retiró y fueron dos los que continuaron el trabajo.

- ¿Está...bien...?- consiguió preguntar.

- Bien...- fue la respuesta anhelante.

Ante eso, Draco retiró los dedos y ubicó la punta de su miembro en la entrada, antes que la dilatación se perdiera, empujó, sin violencia, pero con firmeza. El gemido que respondió a eso, lo detuvo unos instantes, y luego apretando las mandíbulas se introdujo poco a poco.

- Hazlo... Termina ahora...- fue el siguiente pedido.

Ya no podía contenerlo más tiempo, Draco recargó el peso de su cuerpo para darle profundidad a la penetración, haciendo que las piernas de Harry llegaran casi a tocarle el pecho. Hubo un jadeo ronco, profundo por parte de ambos y Draco lo miró en el instante que también Harry lo hacía.

Una vez más el contacto visual fue la perdición para el rubio. Quería tener ese cuerpo caliente, necesitaba poseerlo, hacerle saber y sentir que era suyo y de nadie más. Se retiró casi hasta salir, y volvió a embestir encontrando el contacto con la próstata de Harry. Aquél se arqueó al sentirlo en ese punto, y eso incentivó a Draco para repetir el movimiento, una y otra vez, con ritmo.

Perdido el control por completo, Draco no sólo imprimió ritmo sino también fuerza y del otro lado, Harry simplemente se abandonó a las centelleantes sensaciones que crecían con cada empuje, rechazando los recuerdos, aprisionando la piel blanca entre sus dedos, transpirando, friccionando, sintiendo la plena invasión de su cuerpo y disfrutando con ello.

En un momento, Harry jadeó, lo aprisionó herméticamente dentro de sí y llegó al clímax esparciendo su semilla entre ambos cuerpos y ahogando el grito de placer aferrado con todas sus fuerzas a los hombros de su amante.

Luego de un par de embestidas más, Draco sintió la liberación de su propio orgasmo y llenó el estrecho túnel que lo aprisionaba en dos o tres descargas casi sucesivas.

Agotado, se dejó estar un momento antes de retirarse, pero cuando quiso hacerlo, los brazos de Harry lo retuvieron.

- ¿Estás bien...?

- No salgas todavía...- pidió ansiando permanecer así, disfrutando incluso los temblores del orgasmo que todavía no lo abandonaban.

- ¿No te estoy aplastando...?

- Me gusta... que me estés aplastando un poquito.

Ciegamente, Draco buscó sus labios, y los encontró. Volvieron a besarse, un beso lento y lleno de dulzura. Al final, cuando lo liberaron, rodó a un lado pero de inmediato Harry se acomodó a su lado.

- Te amo, Harry...- susurró Draco en su oído.- Nunca dudes eso.

- También te amo y no, no volveré a dudarlo.

Durante algunos minutos, ambos continuaron tratando de normalizar sus respiraciones, cada uno perdido en sus propias cavilaciones, hasta que Harry volvió a hablar.

- Estuve leyendo los expedientes...- murmuró

- ¿Quieres que hablemos de eso ahora?- preguntó Draco, que todavía continuaba adormecido de placer.

Sabía que era necesario y se obligó a despejarse. Ahora que Harry tenía el coraje de enfrentar todo eso, lo mejor era hacerlo de una buena vez y luego avanzar.

- Sí...- dijo, sin saber muy bien por dónde empezar. Decidió que Martin esperaría -. Leí el interrogatorio que le hicieron a Eavon.

- También lo leí... Desgraciado bastardo.

- Consiguió engañarnos... No era lo nuestro lo que le molestaba, era yo.

- No eras tú precisamente tampoco, amor... En realidad, hubiese sido cualquier mezcl...- se detuvo justo a mitad de la palabra y sintió cómo Harry se envaraba en sus brazos. Tomó aire y terminó la frase -. Cualquier mezclado le hubiese molestado.

- No me gusta que uses esa palabra. Yo soy un ‘mezclado’.

- Lo sé, amor... y nuestra hija también lo es. No es un agravio ser ‘mezclado’. Ellos han convertido esa palabra en un insulto y no lo es.

Harry recordó la época en que los magos ni siquiera se atrevían a pronunciar el nombre de Voldemort. A tal punto habían llegado a conceder poder a una simple palabra, en aquel caso, a un nombre. Supo que Draco tenía razón.

- Mezclado- repitió -. Mezclado, mezclado, mezclado... Si lo pronuncias muchas veces, llega un momento en que pierde el significado.

- Así es. Es una palabra, amor... Y no es un insulto, es sólo una palabra.

- ¿Alguna vez pensaste así de mí cuando estábamos en Hogwarts?

- Habíamos dicho que no hablaríamos de esa época... Al menos no de lo que hicimos en ese tiempo.

- Lo sé... pero...

- Hasta los catorce, supongo que sí... Luego, tuve problemas reales y dejó de importar.

- Uff... No es lindo saber que tu esposo pensó así...

- Es por eso que no hablamos de estas cosas del pasado... ¿Recuerdas ahora?- se irguió sobre el hombro para alcanzar sus labios y besarlo -. No lo hagamos.

- Mejor, no...- concedió Harry y decidió retomar el tema anterior -. ¿Qué hicieron con Eavon?

- Está detenido en las celdas del Ministerio hasta su audiencia preliminar, después del juicio, irá directo a Azkabán.

Hubo un nuevo espacio de silencio, y Draco sintió cómo Harry llenaba los pulmones de aire antes de hablar.

- Draco... Hay algo más que tienes que saber... Goyle... Fue él- soltó al fin sabiendo que no hacía falta ser más explícito.

- Lo sabía.

Eso sí consiguió hacer que Harry levantara hacia él una mirada interrogante. Sabiendo que era mejor no ocultarse nada más, Draco le contó el encuentro que había tenido con Goyle en susurros cortos y precisos.

- ¿Lo viste...?- preguntó, perfectamente horrorizado -. Lo viste todo...

Draco apenas consiguió atraparlo antes que se levantara y con algo de esfuerzo lo estrechó junto a él, impidiendo que se alejase. Harry luchó un momento mientras Draco seguía hablando.

- No te vayas... Quédate conmigo, por favor... Todo está bien...

- No, no está bien... ¿Por qué no me lo dijiste antes?

- Porque eras tú el que tenía que luchar con ese fantasma.

- ¡No es un fantasma! Es un maldito bastardo...- de pronto se dio cuenta de algo más -. Su audiencia... Seguro se va a despachar hablando de eso... No perderá oportunidad de hacerlo...

- No va a hacerlo.

- Sí lo hará... ¿No lo conoces lo suficiente...? Disfrutará cada detalle...

- Harry, no leíste el expediente de Goyle... Él no dirá ni media sílaba porque desde esa noche, está mirando crecer la hierba desde abajo.

El significado de esas palabras tardó un poco en llegar a los sentidos de Harry.

- ¿Murió...?- musitó incrédulo.

- Él no ‘murió’... Lo maté. Yo lo maté. Con mis propias manos, al segundo siguiente de ver lo que había hecho.

- Lo mataste...

- Sí.

- Lo mataste... ¿Por mí...?

- Sí. Y si lo tuviese enfrente, justo en este momento, lo haría de nuevo...

Una cosa era suponer que Draco era capaz de matar por él, y otra muy diferente era saber que efectivamente lo había hecho. La fría determinación en la voz que anunciaba ese acto, no le dejaba dudas que tal como había dicho, lo haría de nuevo. Harry dejó de luchar y se quedó otra vez acomodado dentro de los brazos de su esposo, pensando, analizando lo que sentía.

- Me alegro- murmuró al final -. Me alegra que esté muerto... Quisiera que no hubieses tenido que hacerlo, que no hubieses tenido que mancharte con su muerte, pero sería un hipócrita si no admito que... me alegra de que ya no esté. Ese hombre me hizo mucho más daño del que él mismo imaginó.

- No hablemos más de él, Harry. Nadie más que tú, Wallace y yo sabemos lo que pasó. Gregory Goyle es un expediente cerrado. ¿De acuerdo?

- Pero habrá una investigación...

- No la habrá. Weasley y yo nos encargamos de despejar rastros, no te preocupes.

- ¿Ron... te ayudó...?

- No te ilusiones, Harry- comentó Draco, sonriente -. Lo hizo para que no tengas un esposo sin trabajo, no por mi. Y si tú que eres el Jefe, no inicias una investigación, nadie lo hará...

- Está bien... No más Gregory Goyle.

Se sentía perfectamente bien estar allí, libre de todo el peso que había acarreado sobre sus espaldas desde que había salido del hospital. Harry no quería pensar en todo lo que tenían por delante, al menos por el momento y se abandonó a la calidez que lo rodeaba.

- ¿Qué vamos a hacer cuando tengas que regresar a la oficina?- preguntó Draco.

- Bueno... Todavía tengo la licencia por paternidad... Hay una guardería en el Ministerio, pero no me alejaré tanto de mi hija. Creo que usaré estos días para importunar a Fudge y que autorice una guardería en la Central... Después de todo, pronto nacerá el bebé de Herm...

- ¿Y crees que el viejo te lo autorizará?

- Tengo dos meses y medio para socavar su paciencia... Persistencia Gryffindor...

Aprovechando que ya habían resuelto los temas escabrosos, y que Harry permanecía muy cerca, Draco se acomodó rápidamente sobre él mientras volvía a besarlo, una y otra vez.

- Mmm... Qué bien... Ahora sí puedo ponerme encima de ti sin temor a clavarme en tus costillas...

Harry se retorció debajo, aunque sin verdaderos deseos de liberarse.

- Odioso... Tenías que recordarme que ya no estoy embarazado... Ahora sí estoy gordo.

- Bueno... Sí estás un poco gordito...- comentó Draco, contento de tener más por donde hacer correr sus manos -. Hamburguesas... Helado... Pizza... El bebé salió, pero los antojos quedaron...

- Tendré que ponerme a dieta y hacer mucho ejercicio para cuando regrese a la oficina, sino seré el ‘Gordo Potter’... Merlín... Terminaré pareciéndome a mi primo Duddley...

- La dieta te la dejo a ti, pero puedo ayudarte con lo del ejercicio... ¿Te parece un poco más de ‘ejercicio’ antes de la cena?

El asunto estaba poniéndose por demás interesante y Harry contento, no pensó en sus recién estrenados rollitos, sino en el amor de Draco así que enlazó sus brazos en el cuello de su amante dispuesto a una nueva sesión de ejercicio.

El llanto de Rowan interrumpió el fantástico beso que estaban compartiendo.

- ¿Biberón...?- preguntó el rubio, sin despegar sus labios de los otros -. ¿O pañales...?

- Creo que es la hora del biberón.

- Así que no va a dormirse otra vez...¿Verdad?- vio que Harry negaba con resignación -. Supongo que tuvimos suerte en que no se despertase antes...

Con bastante esfuerzo, se separó de Harry, murmuró un conjuro para limpiar a ambos y se puso la bata.

- No te muevas de allí. Atiendo a nuestra hija y regreso... Lo del ejercicio es un asunto serio...

Mientras veía a su esposo desapareciendo a toda velocidad rumbo a la cocina a preparar el biberón, Harry se envolvió en la sábana dispuesto a esperar.

No pudo evitar que los pensamientos lo llevasen hacia el futuro y lo que había pendiente en él. Lucius y la amenaza que eso significaba para Rowan, la cuenta pendiente con Martin y con Eavon. Había más incertidumbres que certezas, pero la única certeza que le interesaba, que realmente apreciaba y quería tener, era el amor de Draco.

Minutos después escuchó desde la habitación de Rowan algo así como: ‘Merlín... ¿Cómo es que alguien tan lindo puede oler tan feo...?’

“Biberón y pañales” pensó, contento y se arrebujó en la sábana sin intención de moverse. Después de todo, Draco tenía razón.