N. de la A: Precuela de Ser Tres. El libro 5 no sucedió, y aunque haré mención a algunos sucesos que se mencionan allí, no serán hechos importantes, por ejemplo: La Orden del Fénix existe pero Harry no lo sabe. Terminó su séptimo año en Hogwarts e inició la instrucción de tres años correspondiente a la carrera para convertirse en Auror. Junto a Ron y Hermione llevan cursados ya dos años y medio. Algunos pormenores de lo sucedido en esos años, se irán relatando en el fic.

 


Introducción: El Ritual de Dumbledore


La tenue luz del amanecer empujaba suavemente las tinieblas, delineando los contornos de las lápidas y las tumbas. Entre la neblina blancuzca y pesada que el sol intentaba penetrar, también empezaron a vislumbrarse las siluetas de los cinco magos que rodeaban una tumba en particular.

Una que en otro momento, no hubiese pasado de ser una tumba más. El último recordatorio a la existencia de un muggle común y corriente, pero que había tenido un hijo nada común y para nada corriente. De hecho, el mismo que lo había colocado en aquella tumba.

Se veía con claridad que durante los últimos días había habido mucha actividad en ese lugar, y por eso, todavía quedaban rastros del conjuro que había permitido el regreso de Voldemort. El mago más anciano del grupo, de largo cabello blanco, miró alrededor, reconociendo los lugares que horas antes habían sido detalladamente descritos por un muchacho de catorce años.

- ¿Tienes lo que te encomendé, Minerva?- preguntó Dumbledore, impasible.

- Sí, Albus- dijo la mujer, sacando de entre los pliegues de su túnica una cajita -. Mejor no preguntes cómo lo obtuvimos.


Dumbledore asintió. Sabía perfectamente lo que había en el envase. La falange que en su momento habían identificado como perteneciente a Peter Pettigrew, quien se suponía había muerto a manos de Sirius Black. Y de hecho, no quería saber cómo la habían obtenido.

Ahora levantó la mirada penetrante hacia los otros que estaban con él.

- Aún pueden retirarse si lo desean.

- No voy a ir a ningún lado- comentó secamente Sirius -. Si esto puede resultar, seguiré hasta el final.

- No tenemos opción, Albus. Ya no- dijo Remus y avanzó un paso más.

- Démonos prisa, no tenemos mucho tiempo, pronto amanecerá- fue toda la respuesta de Snape.

- Muy bien. Conseguimos ubicar el conjuro que usó Voldemort para regresar, no podemos deshacerlo, pero algo podremos hacer si lo tergiversamos de la manera correcta.

El caldero de piedra, inmenso, pesado, comenzaba a borbotear, con su contenido lanzando chispas y calor a su alrededor. Entonces, el anciano inició su contraconjuro.

- Huesos del padre, tomados con violencia, retrasen el avance de tu hijo...

Hizo una violenta floritura con su varita, y de una de las tantas grietas en la tierra de la tumba, surgió el extremo de algo que a simple vista parecía muy similar a un trozo de madera. Pero no lo era, y Albus lo aferró con fuerza, tironeó y lo sacó, arrojándolo dentro del caldero sin dejar que falsos escrúpulos lo detuviesen.

El líquido crepitó y se puso de un intenso color azul.

- Carne del vasallo, otorgada sin saberlo, detén el avance de tu señor.

Minerva avanzó hasta el caldero y arrojó también el contenido de la cajita. Una falange negruzca por el paso del tiempo cayó en las profundidades del líquido burbujeante, confiriéndole ahora un profundo color carmesí.

- Sangre del enemigo, ofrecida voluntariamente, detendrás el avance de aquel que odias.

Con gesto absolutamente decidido, Sirius avanzó hasta el caldero y extendió la mano sobre él. En la otra llevaba una pequeña navaja. Hizo un corte certero en la palma y dejó que su sangre cayera provocando con ello que el líquido se tornara ligeramente dorado. Antes que él se retirara, Remus avanzó también e hizo lo mismo. Cuando su sangre se unió al líquido, aquel reafirmó la tonalidad y dejó de chisporrotear. Snape hizo su aporte al mismo tiempo que Minerva, y de pronto, todo el humo que estaba esparciéndose por el lugar, pareció aspirado por el caldero. Ahora, el líquido en su interior era intensamente dorado, casi parecía oro fundido, la misma consistencia espesa.

Dumbledore adelantó su propia mano y al tiempo que hacía el aporte de su sangre, recitó la última parte de ese intento desesperado.

- Hueso, carne, sangre... Busca lo que está resurgiendo, lo que no puedes detener, al menos retrásalo.

A una señal del anciano, todos retiraron sus manos y apuntaron con las varitas. Cuando los cinco chorros de luz incidieron sobre el líquido, aquel emitió una sola bocanada de vapor. Un vapor que era tan dorado como el líquido que lo había producido. La nube flotó sobre el caldero unos segundos y luego salió disparada hacia el cielo.

- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Sirius -. Un año.

- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Remus -. Dos años.

- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Severus -. Tres años.

- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Minerva -. Cuatro años.

- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Albus -. Cinco años.

Durante unos cuantos segundos, los cinco quedaron expectantes, en silencio. El fuego se había extinguido y el caldero estaba vacío, como si nada hubiese sucedido.

Entonces, el corte en la mano de Sirius ardió con intensidad, y aquél la observó. El corte destelló por unos segundos con el mismo resplandor dorado que había tenido la nube, y luego se cerró. En orden sucesivo, ocurrió lo mismo con los demás. Cuando la herida en la mano de Dumbledore hubo desaparecido, el anciano mago suspiró.

- Está hecho. Hemos obtenido cinco años de gracia, tenemos que aprovecharlos al máximo. Preparar a Harry para que cuando este tiempo termine, esté en la mejor forma. Para entonces ya no será un niño, sino un hombre.

Miró a sus acompañantes, porque cada uno tenía una misión que cumplir, a su manera, cada uno era útil de distinto modo.

- Vámonos, no tenemos tiempo que perder.

Al segundo siguiente, las cinco figuras habían desaparecido del cementerio.

 

 


Capitulo 1


El joven de pelo negro y alborotado caminaba rápido, casi corría a través de los pasillos. Al doblar un recodo, alcanzó al pelirrojo.

- Creí que me ibas a esperar- comentó en tono de reproche aferrando la mochila al hombro.

- Lo siento, Harry; lo olvidé.

- Vaya novedad... De cualquier modo, Hermione todavía no salió de su clase.

Harry se apoyó en la pared para sacar unos papeles de su mochila. Se acomodó los lentes y les dio una rápida leída.

- Tenemos una hora para almorzar. Si comemos en media hora, la otra media hora podemos usarla para completar este trabajo y así no tendremos tanto que hacer el fin de semana.

Mientras decía eso, oyeron el sonido de zapatos de taco y casi segundos después, Hermione dio la vuelta por el pasillo. Los tres vestían las túnicas azules de la Academia para Aurores del Ministerio, pero sin duda, era a ella a quien mejor le sentaba.

Los diecinueve años habían favorecido mucho a Hermione, era alta y delgada, el cabello que antes solía ser una melena indomable, ahora era una cascada de ondas castañas que caía casi hasta la cintura estrecha. Durante las clases matutinas solía llevar el pelo suelto, pero luego, cuando se iniciaban las prácticas, lo trenzaba prolijamente para evitar que molestara.

Ron había crecido hasta sobrepasar el metro noventa y convertirse en el gigante de la familia Weasley, dejando atrás incluso a los gemelos. Además, los ejercicios del entrenamiento para Auror le habían dado un aspecto fornido casi temible. Cosa que no tenía nada que ver con su carácter, pero daba que pensar cuando uno veía venir una tromba de ese tamaño.

Por su parte, Harry no había cambiado demasiado. A sus diecinueve llegaba al metro ochenta con algo de buena voluntad, y de hecho, eso es lo que había posibilitado que siguiera jugando en el puesto de Buscador inclusive hasta su último año en Hogwarts. Seguía siendo delgado, pero ya no era esmirriado. Tenía el físico marcado y firme de un atleta, no como Ron, pero ya no tenía nada de que avergonzarse cuando se quedaba sin camisa en los vestidores.

- Tengo hambre- anunció Hermione, sonriente -. ¿Vamos a almorzar?

- Claro, preciosa- dijo Ron, tomándola por el brazo -. Llegaste justo para salvarme de Harry que quiere emplear la mitad del almuerzo en terminar uno de los trabajos para el fin de semana.

- No te vendría mal hacerle algo de caso... Oh, cielos...

- ¿Y ahora qué?- preguntó Harry, aunque tenía una leve idea de lo que iba a escuchar.

- Necesito regresar al salón, olvidé algo. Los alcanzo en la cafetería.

Sin darles tiempo para nada, dio la vuelta y desapareció.

- ¿Por qué siempre hace eso?- comentó Ron, mirando las piernas torneadas que se alejaban.

- Ella es así, lo sabes. Anda, vamos, nos verá allá.

- Sí va a llegar quince minutos antes que termine el horario de almuerzo, y en dos bocados va a devorar lo que hayamos pedido para ella sin preguntar si tiene el aderezo conveniente ni...

- A veces me pregunto cuando vas a dejar de preocuparte por ella a sus espaldas y te vas a decidir a decirle lo que...

- No sigas, Harry. Ya hemos hablado de eso.

- Como quieras, pero el día que ella se canse de esperarte, lo vas a lamentar. ¿La has mirado últimamente? Es una chica a la que todos giran para ver cuando pasa, y ni mencionar lo inteligente que es...

- ¿Harry, no estarás intentando decirme que estás interesado en Hermione... ?

- Estoy intentado decirte, cabeza de troll, que lo que yo veo lo ven otros tantos estudiantes y si no te pones listo, te la van a sacar.

En toda esa conversación, habían llegado a la cafetería de la Academia, ocuparon una mesa en una esquina apartada y ordenaron algo para ellos y también para su amiga.

Decidido a hacer su parte del trabajo, Harry había sacado pergamino, pluma y tintero, además de un libro un tanto desvencijado y había puesto todo a un costado. Hojeaba las páginas mientras comía, en tanto Ron miraba los estudiantes que seguían llegando.

Había muchas chicas lindas en la Academia, la mayoría estaban en el primer año, lo cual no era de extrañar. La mayoría, hombres y mujeres, iban abandonando la carrera a medida que se ponía más difícil. Al terminar el segundo año, debían elegir la orientación para su carrera. En tanto Hermione había elegido, por supuesto, la rama de la Investigación Mágica, Ron y Harry habían aplicado para el grupo de choque de los Aurores. Ese tramo del último año estaba resultando académicamente difícil y físicamente agotador para los dos jóvenes.

Un par de muchachos saludaron desde la entrada y se acercaron a la mesa.

- Potter, Weasley... A ustedes dos estábamos buscando.

- Ya nos encontraste, Stevens. ¿Qué quieres?-contestó Ron.

Los otros estudiantes se sentaron a la mesa y uno de ellos cerró el libro que Harry seguía leyendo.

- Vamos, Potter. ¿Qué intentas demostrar...?

- Que no tengo aserrín en la cabeza- contestó sonriendo. No tenía sentido enojarse con esos dos, no eran malos compañeros -. Como algunos...

- Ja, ja. Escucha, Niño Dorado, hay algo que quería consultarte.

- Fantástico, en cuanto vuelvas a decirme 'Niño Dorado' voy a ponerte la nariz en la entrepierna y adivina qué voy a poner en tu cara...

Si había algo que desquiciaba a Harry aún después de tantos años, era ese tipo de menciones.

- No te ofusques... Escucha, es sobre el programa de intercambio estudiantil.

- ¿Qué cosa?- preguntó Ron, dejando de mirar a la rubia que tenía enfrente.

- Weasley, no leíste los folletos que nos dieron la semana pasada- comentó uno, señalando lo obvio.

El pelirrojo negó sin dejar de masticar.

- Bien, de nuestra promoción, habrá dos que podrán viajar a terminar la instrucción en Alemania. De allá van a venir otros dos para el intercambio.

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo?- preguntó Harry.

- El asunto es por puntaje, Potter. Tú y este cabeza hueca tienen los primeros puntajes del curso así que son la primera opción para el intercambio, a menos, claro, que no quieran aceptarlo.

- ¿No hace falta saber idiomas para acceder a eso?

- Seguro. Un idioma extranjero muggle y por lo menos dos del mundo mágico.

- Pues no hay puntaje que valga en lo que a mí se refiere- comentó Harry al punto -. A duras penas consigo que mi idioma no me domine, mucho menos puedo hablar uno extranjero. Pero aunque así fuera, no tengo intenciones de irme de Londres.

- A mí ni me miren- dijo Ron, volviendo a centrar su atención en la rubia que ahora lo miraba -. Tengo muchas cosas que hacer aquí.

- Es grandioso- exclamó el otro estudiante -. Si ustedes no quieren aprovechar esta oportunidad, Stevens y yo podemos postularnos.

- ¿Y me vas a decir que tú si hablas otro idioma?

- Claro, Weasley. Mi alemán es bastante bueno, y en casa aprendí duendigonza y sirenio desde pequeño.

- Por mí no hay problema, Connors- dijo Harry, volviendo a abrir su libro -. Si quieres hablar con el instructor y decirle que no aceptaré ir al intercambio, luego yo se lo confirmo y listo.

- Perfecto- dijo Stevens, poniéndose de pie. Miró la bandeja con la comida intacta al lado de Ron -. ¿Sigues pidiéndole la comida a Granger...?

- No te metas en lo que no te importa, Stevens. Y apártate que me estás tapando la visión.

Los dos estudiantes sonrieron, saludaron y se fueron. Al cabo de un rato de mirar, Ron decidió ir hasta la mesa de la rubia y conversar un rato.

- Ehmm... Harry...¿Te importa si...?

Harry levantó la vista del libro y dio una ojeada hacia donde Ron señalaba. Sí, era una chica linda.

- No, Ron, adelante. Déjame estudiar en paz.

Ron se fue hacia la otra mesa y Harry se quedó haciendo su trabajo. Pasó el tiempo y Harry no notó que Hermione no había aparecido para el almuerzo, lo cual no era extraño en absoluto, pero al levantar la vista, vio que el salón estaba casi vacío y sólo estaba él en una mesa, y algo más lejos, Ron y la rubia. Espantado, miró el reloj. Llevaban por lo menos diez minutos de retraso, esta vez su instructor definitivamente los mataría. Juntó a escape las cosas y arrojó unas monedas sobre la mesa.

- Maldición, maldición, maldición...- pasó junto a Ron y lo levantó casi en vilo -. Lo siento, señorita, pero voy a llevarme a este Don Juan antes que nos asesinen...

- ¿De qué Juan estás hablando...?- preguntó el pelirrojo y se volvió a la chica, que lo miraba sonriendo -. Te veo mañana aquí... ¿De acuerdo?

- Vamos, idiota, llegaremos tarde a la instrucción de la tarde... Owens nos va a asesinar.

Cruzaron a escape los pasillos de la Academia hasta llegar al hall donde estaban las chimeneas de la Red Floo. Manotearon un puñado de polvos y los arrojaron al fuego.

- Al Ministerio- dijeron por turnos.

Segundos después, ambos aparecían en el Atrio del Ministerio, en medio del maremágnum de brujas y magos que llegaban y partían del edificio. Sin detenerse, alcanzaron el elevador que ya iba bastante lleno. Apretujados, llegaron al nivel 2, donde estaba el Centro de Aurores. Si bien los estudiantes de la Academia cursaban sus materias teóricas en otro lugar, al llegar al tercer año, llevaban las prácticas junto con los Aurores en funciones para comenzar a tomar contacto con su futura carrera.

El salón, lleno de cubículos separados por paneles, estaba lleno de magos y brujas que iban y venían. No había cambiado en nada desde el lejano día en que Harry había visitado a Arthur Weasley. En un extremo del salón, se hallaba la oficina del Encargado de la Coordinación General de Aurores, Jeremiah Owens.

Ron y Harry cruzaron el salón casi sin mirar a nadie hasta llegar a las cercanías de la oficina; en esos instantes, Kingsley Shackebolt salía de allí y los miró meneando la cabeza.

- Hace diez minutos que los esperan.

- ¿Nos? Eso suena a demasiadas personas- comentó Harry, arrojando la mochila en uno de los escritorios cercanos.

- Los estudiantes de Alemania llegaron para el intercambio. Creo que dos de sus compañeros estuvieron hablando con Owens más temprano... ¿Qué demonios esperan? Si tardan más pueden ir preparando el testamento, porque Owens los va a asesinar en persona.

Harry recompuso un poco su aspecto, intentó de manera infructuosa someter al orden su cabello y resignado a los resultados, golpeó la puerta.

- Adelante.

- Permiso, señor- dijo entrando con Ron pisándole los talones -. Siento mucho el retraso.

Owens era un mago de unos cincuenta años, una inmensa mole tan alta como Ron, de cabello y ojos negros. La piel color ébano hacía que resaltara mucho el blanco de los ojos y de su dentadura cuando sonreía, cosa que sucedía muy poco. Y a juzgar por la expresión de su rostro, eso no iba a suceder por el momento.

- Veo que nuestros estudiantes estrella han decidido honrarnos con su presencia... - comentó ácidamente -. Señor Potter, señor Weasley, estos son los estudiantes de intercambio de la Central en Alemania: el señor Friedrich Kruger y el señor Draco Malfoy.

Ninguno de los dos, ni Harry ni Ron, habían prestado atención a las otras dos figuras vestidas de con túnica azul que estaban de pie a un lado del escritorio, pero en cuanto escucharon el segundo nombre, ambos giraron a toda velocidad, sólo para comprobar lo que ya preveían.

Sí, era él. El mismo Draco Malfoy que durante casi siete años se había dedicado a hacerles la vida imposible en Hogwarts y del cual habían tenido la suerte de no volver a oír por el término de casi dos años y medio. Ahora, de pie junto al escritorio, los observaba sin que un solo músculo de su rostro indicara que los reconocía. Sin embargo, la voz sonó un poco diferente, al menos a la que Harry recordaba. Ya no había ese arrastre desdeñoso en la pronunciación, algo que lo había hecho particularmente detestable cuando estaban en el colegio.

- Potter, Weasley... Ha pasado mucho tiempo.

La frase podía pasar como un saludo, o al menos algo similar, pero Harry y Ron estaban tan estupefactos, que no atinaron a contestar.

- Supuse que se conocían- comentó Owens -. Tienen la misma edad, cursaron juntos en Hogwarts, entendí que se conocían. Bien entonces, Potter y Weasley son nuestros mejores estudiantes en lo que va del último año y como han declinado ir al intercambio, estarán con ustedes en el último semestre de instrucción.

- Malfoy, tú eres tan alemán, como yo soy chino- dijo Ron, sin quitarle los ojos de encima.

- Fijé residencia en Alemania al salir de Hogwarts, si tanto te inquieta ese aspecto, Weasley.

- ¿Y por qué se te ocurrió volver, si ya te habías ido?- preguntó antes de que Harry pudiera callarlo de un codazo.

- Porque es aquí donde mejor se entrena a los Aurores, eso deberías saberlo.

- Suficiente- los acalló Owens, ya se había dado cuenta que esos dos no debían haberse llevado bien antes -. El resto del curso impone el trabajo en grupo, en equipo tanto en la parte académica como en la instrucción aquí; por lo tanto... los equipos serán los siguientes: Weasley-Kruger; Potter- Malfoy ¿Queda claro?

- Sí, señor- contestó Ron al punto, aliviado de saber que no era él quien iba a tener que lidiar con Malfoy.

Durante todo el transcurso de la conversación, Harry no había dicho ni una sílaba. En parte, estaba en verdad sorprendido de ver reaparecer una parte de su pasado a la cual no le había dedicado un solo pensamiento desde que había terminado en Hogwarts; y por otra parte, no había dejado de mirar a Malfoy.

Hubiese podido decir que no había cambiado en nada, pero no habría sido cierto. Seguía siendo delgado, al menos dentro de lo que podía observarse con la túnica y ahora debía ser al menos unos siete o diez centímetros más alto que Harry. El cabello que hasta el último año había usado lleno con alguna especie de gel para mantenerlo en línea, ahora estaba libre de ese tormento, y era una melena platinada que rozaba el cuello de la túnica. Algunos mechones caían sobre los ojos grises metalizados, molestándole la visión, por lo que una mano aristocrática y blanca hizo a un lado a los insolentes con un gesto sobrio, elegante.

Por un instante, intentó recordar muchas de las cosas sucedidas durante el tiempo en común en Hogwarts, pero de algún modo todo eso parecía extrañamente lejano.

- ¿Alguna pregunta, Potter?- preguntó Owens de pronto, sacándolo de su ensimismamiento.

- No, señor…es decir, sí señor. ¿En qué consistirá nuestro trabajo en equipo?

- A partir de hoy, las acciones de cada uno repercutirán en el equipo. Si uno no hace las tareas asignadas, el puntaje del equipo baja; si durante las prácticas no se ponen de acuerdo, el equipo baja el rendimiento y también el puntaje. Esto incidirá directamente sobre sus clasificaciones finales para la graduación.

Harry dejó escapar el aire muy lentamente, esperando que el hombre no se diera cuenta. Había trabajado tanto y ahora le caía ese compañero. Había esperado formar equipo con Ron, por supuesto; ambos se complementaban a la perfección y se entendían casi sin hablar. Incluso hubiese podido lidiar con alguno de sus otros compañeros de clase, pero con Malfoy…

- Muy bien, tienen veinte minutos para prepararse y presentarse en la sala de entrenamientos tres. Weasley, muda tus cosas al compartimiento de al lado, lo compartirás con Kruger. Malfoy, puede ocupar el escritorio de Weasley. Si todo está claro, ya lárguense.

Los cuatro abandonaron la oficina en silencio.

Apenas estuvieron afuera, Ron se dirigió al compartimiento que compartía con Harry para retirar sus cosas. Aunque la idea no le agradaba en absoluto, no podía desobedecer, así que con un gesto de su varita, trasladó todo a uno de los escritorios que estaban en el cubículo adjunto. Al menos él no tendría a su lado al rubio arrogante.

- Bueno, Frie...Fri... ¿Cómo era tu nombre?- preguntó, encarando al otro joven y rogando para que no fuese igual a Malfoy.

- Friedrich, pero mejor llámame Fritz. Todos lo hacen.

- Vaya, manejas muy bien el idioma... Tienes muy poco acento.

- Gracias, mi madre es de Gales, lo hablo desde pequeño.

- Caramba...¿Acaso todos hablan un idioma extranjero menos nosotros dos?- preguntó Ron en voz alta, sin esperar respuesta.

Se sentó en su escritorio para ver cómo su nuevo compañero sacaba una cajita, convenientemente reducida de tamaño, donde tenía sus utensilios.

En cuanto el escritorio estuvo vacío, Draco se ubicó en el lugar y comenzó a hacer lo mismo que su ex compañero. Harry lo observaba en silencio, en cierto modo había esperado que Ron y él comenzaran a pelear como antes, pero en la oficina, Draco se había limitado a contestarle de un modo casi normal.

La cabeza roja de Ron se asomó por la abertura del cubículo.

- Malfoy... ¿Cómo es que tú hablas alemán? ¿Algún lejano pariente de abolengo?

- Del modo usual, Weasley. Habiendo estudiado- dijo tan sólo y dio un vistazo a lo que le faltaba ordenar -. Acomodaré esto luego.

Se puso de pie, y se alejó rumbo a la sala de entrenamientos que le habían indicado, dejando a Ron esperando para contestar.

- ¿Qué diablos le pasa?- preguntó Ron, asombrado por segunda vez en menos de una hora.

- Ni idea, pero ayudaría que dejaras de buscar pleito- comentó Harry y se dio cuenta, que como inicio de su relación como grupo había dejado bastante que desear.

- Vaya... ¿Ya defiendes a tu nuevo compañero?- dijo Ron, sonriente.

- No digas idioteces... Pero sabes que tendré que trabajar con él durante lo que queda del curso, ten piedad de mí, por favor...

- Veo que ustedes tenían una relación interesante- comentó Fritz, tomando asiento.

Mientras Harry decidía salir detrás de Draco, escuchó que Ron comenzaba a decir algo como: 'Permíteme que te cuente un par de cositas...'

"Condenación, parece que hoy me lo voy a pasar corriendo por los pasillos" pensó Harry mientras apretaba el paso para alcanzar al rubio. Apenas pudo hacerlo antes que entrara en la sala de entrenamiento.

- Malfoy, espera.

- ¿Qué quieres, Potter?- contestó aquél girando para verlo.

- Hey, tranquilo... Sólo quiero que hablemos...- dijo el moreno y la frase sonó extraña viniendo de él, cuando en cualquier momento del pasado, la secuencia correcta hubiera sido: ‘maleficio, luego hablamos’.

Esta vez, fue el turno del rubio de escrutar a quien tenía enfrente. Quizás se había esforzado demasiado en olvidar la época en Hogwarts, el hecho es que de pronto, parecía que éste Harry no era igual al que había conocido hacía ya tanto tiempo, siendo apenas unos niños.

En algún momento habían tenido la misma altura, pero ahora él era un poco más alto. No podía decir demasiado acerca de su físico debido a la túnica, pero parecía delgado como siempre, sin embargo había alguna especie de fortaleza implícita detrás de esa apariencia. El rostro seguía siendo abierto y franco, y Draco se encontró preguntándose por qué Harry insistía en usar gafas cuando podría haber usado lentes de contacto y por qué no hacía algo con el nido de pájaros que tenía por cabello.

Harry sonrió resistiendo la momentánea incomodidad que le causaba tan abierto escrutinio.

- Si ya terminaste de mirar, ¿podemos hablar?

- ¿Acerca de qué?

- De lo que pasó con Ron, allá atrás.

- No pasó nada.

- Exacto. Me quedé esperando una observación del tipo: 'métete en tus asuntos, comadreja' o algo así...

Hubo un momento de concentración en los ojos grises antes de hablar, como si estuviese eligiendo las palabras para decir y eso fue un motivo de asombro para Harry.

- Mira, Potter; si ustedes dos quieren vivir en el pasado, háganlo solos. He intentado dejar atrás la época que pasé en Hogwarts y no voy a resucitarla para ustedes. Si tienes algún problema con esto, dímelo. Le pediré a Owens que me dé el pase a otra Central.

Harry se quedó prácticamente sin habla. No, definitivamente había algo extraño allí. Ésa no era una contestación Malfoy.

- Yo no tengo inconvenientes, Malfoy; solo me extrañó el cambio... Owens nos puso como equipo, supongo que él sabe lo que hace- consiguió contestar al cabo de unos segundos de duda.

- Supongo que sí.

- Entonces, ¿qué…? ¿Vamos a pretender que nunca nos dijimos todas las barbaridades que nos dijimos desde los once a los diecisiete? ¿Que nunca peleamos, o nos insultamos, o insultamos a nuestros respectivos amigos?

- Tú no lo hacías- puntualizó Draco -. Yo lo hacía, y sí, quiero pretender que eso no sucedió.

Harry no estaba preparado para una declaración de ese tipo, no esperaba de ninguna manera que Malfoy le admitiera que sí les había hecho toda clase de maldades. De algún modo, supo que eso era lo más cercano a un pedido de disculpas que un Malfoy podía dar.

- No sé que pasó con aquel Malfoy en el curso de estos dos años...- dijo Harry, tratando de elegir con cuidado lo que decía -, sólo puedo decirte que pasaron demasiadas cosas como para pretender que no sucedieron. No puedo olvidarlas de un día para otro... pero puedo intentar ignorar los recuerdos.

- Supongo que, por el momento, eso puede bastar para que el equipo funcione... He trabajado mucho para llegar hasta aquí, Potter, no quiero arruinarlo.

- Perfecto, ése es un punto en común, creo yo- miró el pasillo desierto, esperando que Ron y Kruger aparecieran pronto -. Podemos entrar a la sala y ver qué nos espera.

- Bien.

Harry entró primero y por eso no vio el gesto de alivio en el rostro que unos segundos atrás había estado impenetrable como una roca. Como siempre, Draco ocultaba con esmero cada posible filtración de sentimientos, había aprendido dolorosamente a mantenerse alejado de todos, y no podía dejar de admitir para sí mismo la conmoción que le había causado encontrar a Harry justo ahí allí.

Había intentado con tanto esfuerzo alejarse de aquellos días, que había enterrado todos los recuerdos lo mas profundo que había podido y de pronto, ahí estaba él otra vez, resucitando todas esas cosas. Sin embargo, algo había sido diferente esta vez. Casi diez años antes, él le había ofrecido algo similar a una alianza de una manera errónea, y Harry había sido capaz de verlo y rechazarlo, ganándose así un enemigo acérrimo. Ahora, muchos años después, muchas cosas después, había vuelto a hacer un ofrecimiento de paz, o al menos algo similar; y esta vez, había sido aceptado.

No por completo, no sin cierta reserva, pero al fin y al cabo, aceptado.

Antes de entrar en la sala, Draco escuchó la risa fuerte de Ron acompañada por otra, mucho menos demostrativa, pero reconocible. Bueno, al menos Fritz tenía mejor suerte, aunque la tregua hecha con Harry le brindaba algunas esperanzas.

Y mientras entraba en la Sala de Entrenamientos, Harry pensaba en algo similar. En el momento en que Malfoy le había propuesto su amistad cuando eran niños. El rubio había sido denigrante con sus amigos y en parte por eso, Harry le había rechazado, pero ahora Malfoy ni siquiera había respondido al pequeño intercambio de palabras con el pelirrojo. Era demasiado pronto para hacer una evaluación, pero de alguna manera el otro muchacho ya no parecía un niño consentido y burlón, como si algo hubiese raspado esa parte de la personalidad y hubiese descubierto otra que aquel no estaba tan dispuesto a mostrar.

“Pero tal vez los cambios no sean tan malos…” pensó Harry.

~o0o~

La figura envuelta en una túnica larga y floja descansaba en un sillón mientras hojeaba una cantidad de pergaminos viejos. Hacía casi cinco años que estaba confinado en esa situación y sabía muy bien quien lo había colocado en ese estado.

Las manos blancas, de dedos extrañamente largos, descansaron sobre los papeles, mientras su dueño recordaba. Aquel día en el cementerio, cuando había recuperado su cuerpo, había creído que estaba cerca de un regreso triunfal, pero había cantado victoria demasiado pronto. El cuerpo recuperado era perfecto para él, pero aún demasiado nuevo, y requería cierta maduración, un asentamiento del poder. Apenas un par de días después, durante la madrugada, un encantamiento lo había rodeado de pronto, infiltrándose en su nueva carne, su sangre reciente y sus huesos que apenas comenzaban a solidificarse. La magia había sellado la evolución que había empezado a consolidar su nueva forma, y el proceso se había detenido casi por completo.

"Dumbledore, debí imaginar que no ibas a quedarte tranquilo sabiendo que yo estaba cerca de retornar. Volví a subestimarte, y he pagado cinco años por eso. Conseguiste retrasar mi regreso, pero no pudiste detenerme. He aprendido a tener paciencia."

Se movió con cuidado. Las últimas veces que había intentado moverse por su propia cuenta, había rodado por el suelo y se había roto una clavícula y dos costillas en una caída estúpida. Ése era el precio que había estado pagando. Todos los procesos que ese cuerpo nuevo hubiese debido efectuar casi de inmediato, eran frenados por el conjuro que Dumbledore había hecho. Una curación que hubiese debido durar unos minutos, tomaba más tiempo que si se hubiese tratado de un cuerpo muggle.

Sin embargo, también había tenido un punto bueno. Había pasado los últimos dos años buscando algo que lo ayudase a romper ese encantamiento que lo tenía encadenado. No faltaba mucho en sus investigaciones, y había encontrado algo formidable. Apenas tenía que completar algunos datos más, y en unos meses, estaría en condiciones de someter a todo el mundo mágico y al mundo muggle también.

- Colagusano- siseó apenas, y de entre las sombras surgió una figura bajita y rechoncha.

- Sí, Amo.

- Vas a ir a Londres. Necesito que entregues un mensaje importante a uno de los nuestros- en su interior, volvió a insultar a Dumbledore, ni siquiera podía invocar la Marca Tenebrosa para llamar a sus seguidores.

Estaba algo alejado de Londres y aún no podía arriesgarse a un traslado. Sin embargo tenía que empezar a hacer contacto con algunos de sus seguidores y más importante aún: necesitaba aclarar un par de situaciones muy graves con uno de ellos.

- Sí, Amo, lo que ordenes- fue la sumisa respuesta.

El rostro cadavérico, se estiró en una mueca que pretendió ser una sonrisa y los ojos refulgieron con un malsano resplandor rojizo.

Quien había podido esperar casi cinco años, podía esperar unos meses más.

 

 


Capitulo 2


William Kennard era un hombre de estatura elevada y físico trabajado, hecho a fuerza de ejercitación exhaustiva. El hecho de que él se exigiera mucho, hacía que fuese igual de exigente con sus estudiantes. Sobre todo teniendo en cuenta que esos jóvenes que tenía enfrente iban a convertirse en Aurores.

La actuación de los Mortífagos no había cesado, pero tampoco había sido determinante en los últimos tiempos, así que no comprendía muy bien por qué desde hacía casi cinco años, se habían implementado tantos nuevos niveles de entrenamiento, y se aceptaban tantas aplicaciones para esta carrera. De cualquier modo, eso no era algo que él pudiese resolver, de manera que se dedicaba a hacer lo que mejor sabía y lo hacía de la mejor forma que podía.

La llamada División de Choque estaba formada por pequeños equipos de dos magos. Ya no se permitía tanto la actuación individual, que en general había terminado por causar demasiadas muertes. Había que funcionar en equipo para enfrentar a los Mortífagos. Ahora, tenía ante sí cinco de esos equipos con la intención de entrenarlos lo mejor posible.

Pasó la mano huesuda por el cabello rubio, cortado al rape, para seguir con la clase.

- Este conjuro funciona en forma básica como el 'Incendio' que todos aprendieron en la escuela. Sin embargo, 'Incendio' convoca el fuego de manera desordenada, y las llamas encienden siempre y cuando encuentren el medio adecuado. Este conjuro convoca el fuego en forma concisa, y con la concentración adecuada, encenderá llamas inclusive sobre superficies no aptas para el fuego. De hecho, ése es el objetivo principal del hechizo.

Mientras los jóvenes escribían en sus pergaminos, sacó su varita y apuntó hacia el otro extremo del salón de entrenamientos. Allí había una especie de estanque, no muy profundo, lleno de agua.

- ¡Flammare!

El rayo rojo cruzó el aire y se estrelló en la superficie acuosa. Hubo un chirrido leve, y a continuación las llamas crecieron sobre el agua, delimitando un pequeño espacio circular.

- Las llamas permanecerán allí un buen rato aunque no tengan combustible para mantenerse. Obviamente si se arroja el hechizo sobre una superficie adecuada, la consumirá hasta convertirla en cenizas y luego las llamas continuarán encendidas hasta que se aplique el contra conjuro adecuado.

- Disculpe, señor…- interrumpió uno de los estudiantes -. ¿Qué se supone que consumen las llamas si ya quedaron cenizas?

- Señor Mc Gregor, los principios básicos de estos conjuros están debidamente explicados en Física Mágica 1, le sugiero que los repase para la próxima clase- cortó Kennard.

Harry garabateó los apuntes necesarios sabiendo que eran prácticamente ilegibles, de hecho, él era el único que podía leer sus notas.

- Ahora, van a intentarlo por turnos, usted primero Kruger.- indicó, desvaneciendo lo hecho.- Quiero un círculo de llamas, no un círculo lleno sino un aro. ¿Comprendido?

El joven se levantó de su silla y se situó al lado del instructor. Tenía una postura marcial, erguida, un poco exagerada quizás, pero que a Kennard le gustaba bastante.

- ¡Flammare!- dijo el muchacho, apuntando con fuerza.

El rayo golpeó el agua y levantó un vapor difuso por unos segundos, luego pareció encender algunas pequeñas llamitas y al final se extinguió.

- Bastante bien, Kruger, para ser la primera vez. Usted sigue Malfoy.

Draco tomó el lugar vacante e intentó poner su mente en blanco, como hacía cada vez que necesitaba practicar algo nuevo. En general daba resultados, y ahora necesitaba que así fuera, sobre todo porque Potter estaba mirándolo.

Podía sentir esas pupilas verdes fijas en su espalda cuando avanzó para tomar su puesto, y sabía que el interés que demostraba cada vez que hacía sus hechizos era genuino porque lo veía hacer lo mismo con cada uno de los que pasaban. Los miraba como si pudiese absorber los movimientos acertados y desechar los que no servían. Para cuando le tocaba hacer algo, parecía como si lo hubiese hecho un montón de veces antes.

- Flammare- dijo, con voz clara, sin entonación, y el rayo vibró a través del aire hacia la superficie del agua. A diferencia de Kruger, él no retiró el rayo cuando el agua comenzó a hervir, sino que lo mantuvo hasta que las llamas surgieron, pequeñas, inseguras, pero describiendo a la perfección un círculo.

- Bien, Malfoy...- susurró Kennard complacido, pero intentando no romper la concentración del estudiante -. ¿Puede darle un poco más de potencia a eso?

Desde su asiento, Harry lo vio apretar los labios y los ojos grises se convirtieron en dos pequeñas ranuras frías mientras intentaba hacer lo que le pedían. Las llamas crecieron un poco más, no mucho, y luego se extinguieron.

Draco suspiró, también complacido por su resultado. Era lo mejor que había hecho en el curso de esos días que llevaban aprendiendo hechizos nuevos. El nivel de concentración que le había requerido era mucho más exigente que el común de los hechizos que habían estado practicando.

Luego pasó una chica pelirroja que también consiguió un buen resultado, un par casi lo hicieron, pero no pasaron de lograr que el agua hirviera y Ron, al igual que Kruger, logró algunas llamas difusas.

- Muy bien, Potter, es su turno.

Harry tomó su sitio empuñando la varita y reuniendo en su mente todo lo que había visto. Las mejores posiciones, sin duda Kruger y Ron; la mejor disposición de mente, indudablemente Malfoy, la justa tensión en el agarre de la varita de la chica pelirroja, juntó todo lo que había observado y supo que podía hacerlo.

- Flammare.

Apenas bastó con que pronunciara la palabra, y el rayo partió hacia el agua, chisporroteó, describió el círculo pedido y sin vapor, sin hervor de agua, las llamas crecieron. De hecho crecieron más de un metro, y a pesar de que todos estaban a una distancia prudente, sintieron el calor expandiéndose por el salón.

- Mantén el control, Potter- habló Kennard, del mismo modo que lo había hecho con Draco.- Debes mantener las llamas bajo tu control o nos vas a incinerar a todos.

Harry veía las llamas creciendo, sabía que podía hacerlas aún más altas, aun más calientes, pero también sabía que hacerlo los pondría a todos en peligro. El poder que sentía saliendo de sí era como un cosquilleo suave, sensual.

"Demasiado agradable... Tengo que contenerlo." pensó al fin, y exhaló lentamente el aire que había estado conteniendo mientras veía que las llamas decrecían y al final desaparecían.

Giró, para volver a su asiento, y al hacerlo, vio por un segundo la expresión en el rostro del instructor. Había algo así como aprehensión, no exactamente miedo, pero sí algo que no podía identificar muy bien. Confundido, retomó su lugar, sin saber con exactitud cómo habían juzgado su actuación. La clase terminó cuando Kennard les enseñó la manera de bloquearlo, aunque esa parte solo la pondrían en práctica cuando tuvieran control sobre las llamas.

Probablemente desde donde estaban sentados, a los demás les hubiese pasado desapercibido todo salvo el resultado de la actuación de Harry, pero para Kennard había resultado bastante perturbadora porque había visto el arrobamiento en el rostro joven, el placer inocultable ante el conjuro que se doblegaba a su voluntad.

Le habían dicho que algo así podía pasar en cualquier momento, pero no había estado preparado para presenciarlo. Salió de la sala de entrenamientos directo a su oficina a enviar una lechuza urgente a Dumbledore. y la respuesta, que no tardó en llegar, tenía muy pocas palabras:

“Que empiece las prácticas en campo.”


~o0o~


Harry consultó la lista de libros que Hermione le había confeccionado para encontrar todo lo que necesitaba para el próximo trabajo y constató que todavía le faltaban un par de ellos.Y no era que le fascinara pasarse los días estudiando, pero por seguir con su despreocupada vida estudiantil había estado a punto de perder el primer año de la carrera y si no hubiese sido por la ayuda de Hermione, sin duda hubiese sucedido. Fue una buena lección para el futuro. Se preguntó qué tan necesarios serían en realidad, conociendo bien lo detallista que era su amiga y por esa razón, decidió que lo mejor era conseguirlos y así impresionar a Malfoy.

El pensamiento apareció con tal rapidez en su mente que por un instante se quedó parado en medio del pasillo de la biblioteca, tratando de razonar de qué recóndito lugar de su mente había surgido.

“¿Impresionar a Malfoy...? Con seguridad algo no está funcionando bien en mi cabeza. Yo jamás he querido impresionar a alguien... Bueno… tal vez sí, pero no a él precisamente.”

Lo cierto era que el rubio trabajaba con bastante seriedad en todo el asunto y aunque sus conversaciones no pasaban de las frases puramente necesarias, al menos tenían un cierto tono cortés que nunca antes habían tenido.

“Es lógico y frío con sus deducciones, preciso como el bisturí de un cirujano... Supongo que podría decirle eso sin que comprendiese lo que quiero decir...” pensó sonriendo para sí mismo mientras retomaba su camino.

Se detuvo ante una estantería, verificó un par de títulos, y haciendo equilibrios para no dejar caer ninguno de los librotes que ya llevaba, tomó otro más y lo colocó sobre la pila. Ahora lo único que tenía que hacer era llegar a salvo a alguno de los escritorios y una vez allí ponerse a tomar los apuntes necesarios.

“Pan comido” pensó y dio la vuelta en la esquina.

En el pasillo siguiente, al otro extremo de los mismos estantes donde él estaba, vio la figura larga y delgada apoyada con cierta indolencia, con ese aire elegante y casual que ya era una característica en él. Sin pensar en realidad en sus actos, dio medio paso hacia atrás, hasta quedar a cubierto de cualquier eventual mirada.

“¿Por qué estoy haciendo esto?” fue la pregunta lógica que surgió primero, y no tuvo ninguna respuesta que fuese igualmente lógica.

Se asomó justo a tiempo para ver que alguien más llegaba y el rubio dejaba su postura, ya que era evidente que había estado esperándolo. Un muchachito que estaba en el primer curso, a juzgar por el galón blanco en el borde de las mangas de la túnica. Estaban conversando en murmullos, por eso Harry no podía escuchar nada de lo que decían, pero el rostro del chico estaba ruborizado y sonreía complacido. En el momento en que Harry se preparaba para pasar por allí como si nada, Malfoy se inclinó sobre el muchacho para besarlo suavemente en los labios.

“Vaya, no pierde el tiempo...” se dijo y avanzó resueltamente.

No sólo avanzó, sino que entró por el corredor buscando el libro que le faltaba, tal como si no los estuviese viendo. Lo encontró y se las arregló para colocarlo con los demás, luego de lo cual avanzó hacia ellos.

- Cuando termines con eso, Malfoy, recuerda que tu parte del trabajo aún está sin terminar... - dijo con el tono más casual que pudo hallar y todavía sin saber por qué había hecho eso, se dirigió a alguno de los escritorios de la biblioteca.

El más alejado que encontrase, y en lo posible, metido en algún agujero sombrío donde pudiese ponerse a tratar de comprender por qué demonios había hecho eso.

Como si a él le importasen las conquistas de Malfoy.

“JA” se dijo, y tomando pluma y pergamino empezó con su trabajo.

~o0o~

La aparición de Potter justo cuando estaba avanzando con ese muchachito casi lo hizo saltar, pero como de costumbre, todo eso continuó encerrado dentro de su habitual máscara impenetrable. Además, no era cuestión de perder esa oportunidad que se le ofrecía en bandeja. Si al jovencito lo único que le faltaba era una envoltura brillante y el moño de regalo.

Draco no permitió que aquel se distrajese con la interrupción y volvió a besarlo, aunque si tenía que ser sincero consigo mismo, habida cuenta de sus malas experiencias anteriores, no le atraía demasiado la idea de ligar con algún otro estudiante. En realidad, lo mejor era no incentivar sentimientos que de momento, no podía corresponder.

“No puedo jugar con alguien como lo hicieron conmigo...”

De pronto, ya no era tan agradable seguir besando a ese chico, y con cierto cuidado, para no resultar ofensivo, el rubio se separó, maldiciendo en su interior a Potter, por aparecerse así convirtiéndose en su conciencia, y arruinar el intento que estaba haciendo por dejar atrás sus experiencias pasadas.

Bien, podía invitar a ese muchachito a tomar algo, y luego inventar alguna excusa para no seguir adelante con eso.

Cuando salía, no pudo evitar recorrer con la mirada el recinto lleno de escritorios, y aunque el moreno se había ubicado en uno bastante alejado, lo encontró casi de inmediato. Estaba enfrascado en su tarea, consultando libros, anotando, sin prestarle atención para nada.

“¿Y desde cuándo me interesa que Potter me preste atención?” se preguntó, caminando hacia la salida, pero sin despegar la vista de la cabeza de cabello negro.

Eso no había pasado nunca y no pasaría.

“Nunca.”


~o0o~


- Ya era hora, Potter- comentó Draco, viéndolo entrar al salón -. ¿Nunca llegas temprano a ningún lado?

- Lo siento, me quedé dormido.

- Increíble. Sabes lo importante que es esto y te quedaste dormido...

- Ya dije que lo siento, Malfoy- comentó molesto.

Su compañero era puntual hasta lo exasperante en algunas ocasiones. Bien, era importante llegar temprano, pero también hubiese sido importante dormir un poco. Se había acostado muy tarde terminando la tarea y ese día, las prácticas en la Central de Aurores comenzaban temprano.

Entraron en el salón para comprobar que el resto de los estudiantes aún no había llegado, y eso calmó un poco al rubio. Había un revuelo interesante en los cubículos, se oían rumores y por más que intentaban, no podían captar muy bien de qué se trataba.

- Potter, Malfoy, llegan temprano- observó Owens -. Tienen suerte, tenemos algo para empezar- les extendió unos papeles y esperó un poco a que leyeran -. Ése es un mago desaparecido hace unos días. Era profesor de Astronomía en la Universidad Mágica de Londres. Encontraron su varita en un pequeño bosque cercano a Hogsmeade, de manera que estamos rastrillando el lugar. Vayan allá y ayuden con eso.

- Sí, señor- respondieron ambos.

- ¿Ves que sí era útil que llegáramos temprano hoy?- dijo Draco, mientras caminaban hacia el escritorio.

Harry estaba demasiado entusiasmado para contestarle pero no pudo dejar de pensar que tenía razón. Si Ron y Fritz hubiesen estado antes, hubiesen sido ellos los enviados al lugar.

- Igual eres insufrible- contestó no obstante.

- ¿Ya tienes la ubicación?- preguntó Draco y como Harry asintió, se limitó a desaparecer.

- Bien, te veo allá- dijo Harry -. Gracias por esperar...

Aparecieron en las afueras de Hogsmeade, bastante alejados del pueblo, donde un bosque no muy extenso cortaba un poco la monotonía del paisaje ondulado y verde. Ya había un grupo de magos y brujas trabajando en el sitio y en poco tiempo encontraron a Kingsley.

- Vayan al sur, este sector ya está asignado... No tenemos idea de lo que podemos hallar, así que tengan cuidado. Si encuentran algo, den aviso. No se acerquen, no lo toquen, ni siquiera le respiren cerca ¿De acuerdo?

Ambos asintieron y se alejaron adentrándose entre los árboles. Poco a poco perdían contacto con los sonidos que llegaban de los otros magos presentes en el lugar hasta que los perdieron por completo.

- Separémonos un poco- dijo Harry.

- La idea es que trabajemos juntos, Potter... ¿Recuerdas?

- Tardaremos el doble en registrar el lugar, Malfoy. No digo que te vayas lejos, mantén contacto visual, ¿Sí?

- Si tú lo dices- ahora sí la voz sonó casi como antes.

Harry estuvo a punto de replicar, pero se aguantó. Venían llevando bastante bien el asunto como para echarlo a perder por una discusión idiota, así que se limitó a alejarse unos pasos. El bosquecito no era demasiado grande, pero sí bastante tupido. Había mucha maleza creciendo entre los árboles, y por suerte ninguna planta mágica a la vista, aunque eso no descartase la posibilidad que las hubiese. Lo más sensato sería no meterse entre los matorrales.

Harry sintió un extraño vértigo, seguido de un hormigueo en la palma de sus manos. Era una sensación pegajosa, desagradable. Sin darse cuenta de lo que hacía, extendió la mano delante de sí en el aire, como si quisiera tantear el espacio. La sensación se intensificó aún más.

Más lejos, Draco se inclinó sobre unos troncos caídos sin ver más que insectos y gusanos. Se irguió y buscó con la vista a Harry. Vio que aquél caminaba de forma un tanto errática, extendiendo la mano ante sí.

- Lo único que me faltaba... El imbécil perdió los lentes...- se dijo y estuvo a punto de dejarlo por su cuenta, pero de algún modo supo que no podía hacer eso. Maldiciéndose por idiota, dejó lo que estaba haciendo para ir tras él.

En tanto, Harry movió el brazo en abanico, notando que a veces la sensación se hacía más notoria y otras veces se diluía, y sin preguntarse qué era, ni por qué lo sentía, siguió aquel pálpito. Caminó unos cuantos pasos, atravesó unos matorrales y se detuvo.

- Potter, ¿qué demonios...?- empezó Draco, pero se detuvo apenas llegó junto a él.

Harry tenía las gafas en su lugar, y no solamente eso, sino que estaba caminando con los ojos cerrados. Se quedó en silencio, a la expectativa. Vio que el muchacho moreno se inclinaba hacia la tierra y apoyaba la palma en el suelo, respirando agitadamente.

- ¿Potter...?

Pero el moreno estaba demasiado concentrado en otras cosas como para prestarle atención. La imagen que se presentó tras los párpados cerrados era un tanto confusa, retazos de imágenes mas bien, y Harry sentía vértigo al tratar de captar formas detrás de esos relámpagos de color.

- Mortífagos... Tres al menos... Ese mago, ellos lo trajeron aquí... - estaba intentando describir algo de lo que veía -. Hizo algún trabajo para ellos... No quería, pero lo hizo, para que lo dejaran vivir... Lo trajeron aquí, y le hicieron creer que lo dejarían ir... Lo cazaron, lo persiguieron... Oh, cielos... Des...- no podía escuchar con claridad lo que habían dicho, intentó enfocar los sonidos -. Desmembra...

Aunque no estaba del todo correcto Draco reconoció el conjuro, durante su época de colegio había leído varios de los libros de Artes Oscuras de la biblioteca de su padre y se estremeció ante lo que ese hechizo hacía.

Harry abrió los ojos y se levantó, echando a correr hacia una parte aún más espesa del bosque, sin esperarlo ni dar explicaciones.

- ¡Potter, espera!- gritó Draco, pero sólo pudo ir tras él.

Harry saltó unas matas altas, entró en un hueco oscuro y Draco entró tras él llevándoselo por delante, porque aquel se había detenido y observaba hacia el frente. Ahí el olor era penetrante y fácilmente identificable. Olor a descomposición, olor proveniente de al menos dos o tres partes humanas diseminadas entre la hojarasca.

- Tengo... tengo que salir...- dijo, y medio a los tropezones volvió por donde había entrado.

Draco se quedó apenas unos segundos más, intentando entender algo, pero escuchó afuera que su compañero estaba vomitando.

Apoyado en un árbol, Harry se estaba deshaciendo de su desayuno y Draco esperó unos minutos hasta que el momento pasó.

- Tenemos que avisar que lo encontramos- se limitó a decir después de unos minutos y Harry asintió -. ¿Me vas a decir qué fue lo que pasó?

- No sé... pero no me gusta, no me gusta en absoluto- suspiró tratando de sosegarse -. No hace falta que les digamos cómo lo encontramos...

- ¿Estás seguro?

Harry se sentó algo más lejos del lugar, todavía sentía el olor pegado en su nariz. Genial. Lo único que le faltaba, ahora tenía que pedirle a Malfoy que le guardara un secreto.

- Seguro.

- Como quieras- concedió el rubio, sin saber muy bien por qué lo hacía -. ¿Ya te sientes mejor?

- Creo que sí.

- Sigo pensando que deberías buscar ayuda...

El reiterado comentario molestó bastante a Harry, y esta vez contestó sin detenerse a pensar.

- ¿‘Buscar ayuda? Eso suena muy parecido a ‘necesitas un loquero, amigo’. Oh, claro... Porque si mal no recuerdo, tú eras uno de los partidarios de recluirme en San Mungo cuando tenía catorce... durante el Torneo. ¿Recuerdas...? Creo que esto podría terminar de confirmar algunas de esas teorías...

Draco, que había estado apoyado en un árbol cercano, se irguió de repente, tocado por esas palabras. Eran ciertas, lo sabía, pero no había necesidad de recordárselas en ese momento. Sólo había intentado ser solidario.

- Haz lo que quieras, Potter, lamento haberme preocupado por ti.

Se metió de nuevo entre los árboles, buscando el camino de regreso.

"Tengo que moverme... Tengo que irme de aquí o voy a vomitar de nuevo... ¿Dijo que estaba preocupado por mí? Debió ser mi imaginación..."

Harry se levantó para alejarse del lugar y encontró a Draco algo mas lejos, esperándolo. No dijo ni una sola palabra cuando dieron aviso del hallazgo, tampoco luego, cuando regresaron al Ministerio; y de hecho, no volvió a hablarle.


~o0o~


Varios días después de ese suceso, Harry estaba sentado en la cocina, metido entre sus libros, intentando terminar ese trabajo que hubiesen debido hacer entre dos, cuando entró Ron, listo para salir a divertirse, a juzgar por su aspecto cuidadosamente pulcro.

La casa donde vivían los tres era rentada. Al iniciar los estudios en la Academia de Aurores, habían decidido que los gastos serían menos si los compartían, y si bien Harry hubiese podido mantenerse solo, le hizo mucha ilusión vivir por fin junto a sus amigos; así que entre los tres habían rentado una casa grande. Tenía dos plantas, cada uno tenía su propia habitación y baño, aunque compartían una sala de dimensiones regulares, una cocina algo más grande y el vestíbulo.

No le prestó mucha atención a Ron, porque estaba pensando otra vez en lo sucedido en Hogsmeade. El asunto de aquella especie de visión lo había tenido preocupado un par de días, pero luego decidió echarlo atrás, quizás no se repetiría. Y si sucedía, bueno, quizás sí debería comentárselo a alguien, Dumbledore tal vez.

"Pero sólo si vuelve a pasar" se dijo en forma terminante.

- Harry, voy a salir con Amy... ¿Quieres venir? Puedo pedirle que lleve una amiga para tí...

Harry sonrió, sin despegar la vista de sus libros.

- Ron, la última vez que hicimos eso, mi cita tenía más barba que yo...

- Bueno... Eso fue un error... Amy es un bombón, no puede tener amigas horribles.

- No te preocupes, de cualquier manera no puedo ir. Tengo que terminar esto.

- Últimamente te pareces cada vez más a Herm.

- Tomaré eso como un elogio.

- Ehmmm... Y digo yo... ¿Ese no era un trabajo para hacer con el hurón...?

- Ron, estás perdiendo una buena oportunidad para guardar silencio... ¿Qué tal si la aprovechas?- cortó Harry, repentinamente mosqueado.

- Ok, ya entendí; pero la invitación sigue en pie. Si te decides, iremos a bailar donde siempre.

- Muy bien.

- Por cierto... ¿Tienes idea dónde fue Herm?

En ese punto, Harry levantó la vista hacia su amigo, y aquel fue incapaz de evitar sonrojarse pese a que había formulado su pregunta del modo más casual que pudo.

- No, Ron. Salió pero no me dijo donde iba. Por lo que alcancé a observar, iba muy linda, supongo que tendría una cita.

- Perfecto. Una cita...- masculló Ron, entre dientes.

- Ahá. Es una chica hermosa, puede tener una cita- puntualizó, incapaz de contenerse.

Ron pareció meditar esa frase un momento y luego sacudió la cabeza.

- Me voy, recuerda lo que te dije. Te estaremos esperando.

Sin decir otra cosa, salió de la cocina, y segundos después, Harry escuchó la puerta de la calle. Sonrió para sí, era increíble el grado de estupidez que a veces tenía Ron.

Hermione estaba enamorada de él desde que estaban juntos en Hogwarts, pero Ron insistía en no querer verlo. O quizás lo que no quería ver era que él también estaba enamorado.

"Si tan solo dejara de tontear con todas esas chicas..."

Durante el curso de las siguientes dos horas, Harry se enfrascó en ese trabajo, pero al cabo de ese tiempo, enojado por el escaso avance, se quitó los lentes y los arrojó sobre la mesa en un gesto de exasperación.

De acuerdo, se lo merecía por imbécil. El trabajo era demasiado extenso para uno solo, tenía que hacerlo con Malfoy, sólo que hacía varios días que se dirigían apenas las palabras absolutamente necesarias. La culpa era sólo suya, Harry lo sabía. Habían hecho una especie de pacto de buena voluntad, y él había sido el primero en romperlo, y por causas erróneas. Después de todo, tenía que admitir que Malfoy en verdad había parecido preocupado por él, inclusive había respetado el secreto.

"Maldición, maldición, maldición... Encima voy a tener que disculparme con él..."

La tarea a medio hacer sobre la mesa de la cocina era un recordatorio permanente y al final consiguió derrotarlo. El lunes siguiente hablaría con Malfoy y le pediría las disculpas del caso.

"Hace algunos años atrás me hubiese echado yo mismo un maleficio por sólo pensar en ir a pedirle disculpas..."

Pero no tenía caso darle vueltas al asunto, ninguno de los dos tenía quince años, se suponía que eran personas adultas. Pensando en eso, dejó todo sobre la mesa de la cocina y subió a su habitación, dispuesto a darse una ducha y luego quizás podría reunirse con Ron, después de todo.


~o0o~


Sin embargo, no lo hizo. Se duchó, se cambió y a último momento, decidió que era mejor ir a tomar un trago a algún lugar y no molestar a Ron. No tenía intenciones de andar haciendo mal tercio un sábado por la noche y la verdad, no tenía ganas de ir a meterse en un sitio lleno de música y luces, al menos no esa noche.

El bar donde terminó, era el que generalmente frecuentaban los estudiantes de la Academia y lo escogió precisamente por eso. El ambiente era conocido y también la mayoría de las personas que había ahí. Además, de noche también se acercaban los Aurores del Ministerio, y eso lo hacía sentir cómodo.

Harry entró, saludó de pasada a un par de conocidos y pasó hasta el mostrador, donde se ubicó en una esquina donde pudiera pasar desapercibido. Quería tranquilidad.

- Hey, Potter... Hacía rato que no te veía por aquí...- lo saludó el barman -. Me temo que no tengo cerveza muggle para ofrecerte...

Harry sonrió indulgente, sabiendo que si traían esa bebida, era casi solamente para él. Los magos generalmente no eran muy asiduos a esas cosas.

- No importa, Jack... Sírveme un whisky, doble con hielo.

- Uh... ¿Qué pasa? ¿Estamos ahogando penas de amor...?

- Eres un entrometido, como todo barman... No, no tengo penas de amor, ahora deja de hablar y trabaja...

- Ya, no te ofusques...

El hombre se alejó riendo, sin ofenderse, y poco después le dejó el vaso enfrente.

Mientras bebía, Harry empezó a observar alrededor. El lugar se veía animado, había bastantes caras conocidas, y de las que no conocía, seguro eran estudiantes de años inferiores. Muy pocos llegaban al final de la carrera y para ese momento, ya todos se conocían, al menos de vista.

Terminó su bebida y mientras pedía el segundo vaso, reparó en el grupito que había entrado minutos antes, alborotando y haciendo lío. Ya conocía bastante bien a ese tipo de estudiantes.

"Buscapleitos..."

Decidió enfocarse en su bebida y no prestarles atención. Quería tranquilidad y paz, de modo que giró en su taburete, dándoles la espalda.

- Oh... Ya te crees la gran cosa ¿verdad?- dijo uno de ellos, mas lejos, y Harry volvió a mirar.

Ahora estaban hablándole a alguien que de forma deliberada estaba haciendo oídos sordos. Ese alguien arrojó algunas monedas sobre la mesa para pagar su trago y se puso de pie, dispuesto a irse. Al instante, Harry reconoció el porte, y aún con la luz escasa del bar, el cabello platinado y brillante.

"¿Malfoy...?"

- Es muy fácil llegar al tercer curso cuando tienes a papá repartiendo dinero por todos lados...- dijo una vez más uno de los buscapleitos.

El comentario molestó a Harry de manera insólita. Nadie trabajaba más en el curso que Malfoy, aunque le costara admitirlo, ni él mismo lo hacía. Era metódico, detallista y meticuloso, entregado al asunto como nunca hubiese creído posible. Cuando recién habían empezado a conocerse, Malfoy había dicho que había trabajado mucho para llegar a ese punto y Harry creyó que bromeaba, pero en el transcurso de los días, había comprobado que era cierto. Nadie tenía derecho a decir algo así.

Sin darse cuenta, se levantó y fue hasta el grupo.

- Nadie llega al tercer curso repartiendo dinero- dijo suavemente, pero en forma clara -. Tú no vas a llegar ni siquiera haciendo eso.

La observación hizo girar a Draco, porque lo que menos hubiese pensado era que iba a encontrar a Potter justo en ese lugar, pero era evidente que terminaban encontrándose en los sitios menos pensados. Mucho menos iba a imaginar que se iba a poner de su parte luego de lo sucedido en el bosque de Hogsmeade.

- Potter... ¿Qué estás haciendo aquí...?

- Creí que iba a tomar un trago en paz, pero ya ves...- comentó Harry, sin quitarle la vista de encima a los tres muchachos que tenían enfrente -. Parece que no será así.

- Ehmm... Potter, no creo que sea prudente...- comentó Draco en voz baja.

No que fuese un cobarde, pero no era buena idea tener un pleito con muchachos de primero, es más, era una pésima idea. Sólo que al parecer, Harry no pensaba lo mismo.

- Cierto- le interrumpió Harry, mientras con cautela se quitaba las gafas, por si acaso -. Mi compañero tiene razón, no sería prudente seguir esta charla. ¿Qué tal si se van a casa? Este no es un buen lugar para novatos…

- Eres tú el que va a irse, cuatro ojos- dijo el único que había hablado hasta ese momento, al tiempo que arrojaba el puñetazo.

Harry lo esquivó con habilidad y lo devolvió con más suerte que su oponente. Al segundo siguiente, se había armado una gresca de tamaño monumental, ya que otro de los del grupo intentó golpear a Draco y aquel también se quitó del camino, pero aprovechando el envión que traía, lo arrojó sobre algunas de las mesas, donde aterrizó con estrépito.

Se sumaron al lío los que se vieron envueltos sin remedio, y otros a los que simplemente les atraía una buena pelea. Al menos de momento, nadie había echado mano de sus varitas, y eso era porque siendo como eran, la mayoría de ellos estudiantes, sabían que usar un conjuro en medio de un pleito los pondría al instante fuera de la Academia.

- ¿Por qué te metiste, Potter?- preguntó Draco, al tiempo que le partía una botella a uno en la cabeza.

- Estaba aburrido, Malfoy- contestó Harry, conectando un golpe que seguramente le despellejó los nudillos.

- ¿Y así te diviertes...?

- ¿Qué? ¿No te gusta...?

Durante unos segundos, sólo se aplicaron a evitar que los golpearan demasiado, sin escuchar los gritos de Jack, el barman, clamando por que no le destruyeran el local. De pronto hubo una sirena, y el lugar se llenó de una voz proveniente del exterior.

- Es la Patrulla de Vigilancia Mágica, les advertimos que el bar se encuentra sellado contra escapes mágicos, salgan por la puerta principal, mantengan las manos en alto, lejos de sus varitas.

Adentro el silencio tardó un poco en llegar, nadie parecía dispuesto a dejar la pelea.

Harry sí escuchó, también Draco y ambos se miraron. Lo último que necesitaban era pasar una noche en un calabozo de la Patrulla de Vigilancia, por no hablar de lo que eso haría en el expediente de ambos. Era el último año, no podían permitirse algo así.

Harry tomó del brazo a Draco y lo arrastró en medio de la pelea hasta una puerta al fondo del local. La abrió y entraron a una suerte de bodega. Siguió corriendo hasta llegar al final.

- Sellaron el bar, Potter...

- Sí, sí, ya escuché... Contra escapes mágicos... Sólo que nosotros vamos a usar el viejo estilo muggle...- de uno de los bolsillos de la túnica extrajo una navaja, regalo de Sirius y luego de seleccionar con cuidado el implemento que iba a usar, dedicó su atención al candado que cerraba la puerta -. Eso significa que no puedes desaparecerte, ni usar un Portal, ni la red Floo... No dice nada de... abrir una puerta...

Forcejeó un poco más y abrió el candado. Triunfante, quitó el estorbo y abrió cediéndole el paso al rubio que lo miraba asombrado.

- No dice nada de abrir una puerta y correr como el demonio- terminó diciendo al tiempo que guardaba la navaja -. Vamos, muévete, Malfoy... ¿O quieres pasar la noche en prisión?

Por toda respuesta, aquel se lanzó afuera. Los dos corrieron por el callejón hasta llegar a un enrejado, sin pensarlo treparon por el entramado y cuando llegaban arriba, escucharon que alguien mas los había seguido.

- ¡Alto! ¡Patrulla de Vigilancia...! ¡Dije alto!!!- gritó la voz desde la oscuridad.

Se arrojaron del otro lado desde lo alto al tiempo que un par de hechizos inmovilizadores sacaban chispas del alambrado. Sin detenerse, los dos se lanzaron a correr hasta salir del callejón. Salieron a la calle principal, unos metros más lejos de la entrada del bar, y desde allí, vieron cómo iban sacando a todos los que estaban en el local.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, los dos dejaron de correr y comenzaron a caminar con tranquilidad, como si no estuviesen enterados del asunto. Llegaron a la esquina, doblaron y continuaron alejándose. Al cabo de unos metros, Harry no pudo contenerse más y empezó a reír.

El asunto lo superaba por demás.

Había salido para tener un poco de tranquilidad y terminaba envuelto en una pelea, y todo por ponerse de parte de Malfoy. Y ni siquiera podía contestarse la pregunta más sencilla de todas: ¿Por qué se decidió a intervenir? No, definitivamente eso era algo que superaba con creces su imaginación.

Y mientras Harry se desternillaba de la risa, Draco lo miraba. Siempre le atraían las personas que podían reír así, sin reservas, totalmente abiertos al gesto, cuando él por lo general, apenas conseguía esbozar una sonrisa, incapaz de quebrar la rígida educación que había recibido.

Consciente de la mirada que tenía encima, Harry intentó recobrar la calma, cosa que logró luego de un par de esfuerzos.

- Oye, Malfoy... Lo siento- dijo honestamente -. De verdad, siento lo que dije en Hogsmeade... Estaba un poco alterado...

- Muy alterado, diría yo- corrigió el rubio, con cierta frialdad.

- De acuerdo, muy alterado- aceptó Harry, decidiendo no indagar demasiado en el modo en que aceptaba eso porque estaba de bastante buen humor.

Draco meditó unos segundos, muy pocos. Había algo innegable, los ojos verdes estaban llenos de risa y sinceridad, en verdad estaba disculpándose y eso podría convertirlo en el primero que hiciera algo como eso. En general, nadie se tomaba la molestia de admitir esos errores con él.

- De acuerdo, olvídalo- dijo al fin -. No sabía que peleabas tan bien.

Harry revisó su mano derecha; sí, tal como había pensado, los nudillos estaban despellejados. Se envolvió el pañuelo en la mano y con la lengua tanteó el borde de los labios. Reprimió una maldición y escupió un poco de sangre en la acera.

- Bueno, mi boca y mi mano no opinan lo mismo- comentó, mientras veía que Draco se tocaba el pómulo derecho -. Ese ojo se va a poner negro.

- Creo que sí.

Harry empezó a caminar, aunque no sabía muy bien hacia dónde iba.

- Potter... ¿Ya hiciste el ensayo sobre los últimos siete hechizos que aprendimos?- preguntó Draco, un poco dudoso.

- No, apenas llegué a la mitad. ¿Y tú?

- Tampoco. Es demasiado para uno- admitió.

- Mañana es domingo... Si le dedicamos el día, podremos entregarlo el lunes- observó Harry.
Draco respiró hondo antes de contestar.

- Dedicar un domingo completo a ese trabajo... Estamos dementes los dos...

- En un todo de acuerdo. ¿Entonces?

- No nos queda otra opción. Nos veremos en la cafetería que está frente a la Academia, a las nueve.

- ¿A las nueve...?- preguntó horrorizado, pero se detuvo al ver la expresión del rubio -. Muy bien, a las nueve.

- Perfecto, no llegues tarde.

- No pidas imposibles, Malfoy- comentó Harry, deteniéndose -. Bueno, aquí nos separamos. Te veo mañana.

Draco lo vio cruzar una calle y meterse en la entrada de una casa de dos pisos, bastante grande. Supuso que vivía ahí con los otros dos. Tenía un tramo más antes de llegar a su departamento, así que decidió hacerlo de la manera mágica. Simple, segura y rápida. A pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió sacarse de la mente el sonido claro y vibrante de la risa de Harry.

Dentro de la casa, el moreno subió las escaleras a toda prisa para llegar a su habitación. Se arrojó sobre la cama, recordando todo lo sucedido pero recordando sobre todo, los ojos de metal plateado fijos sobre él mientras reía al salir del bar. Se durmió rápidamente, esa imagen fue la última de la que tuvo conciencia.

 

 

 

 

Capítulo 3


"Si hay alguna clase de divinidad, en el cielo o el infierno, debe estar muriéndose de risa..." pensó Severus, moviéndose tentativamente dentro del brazo que lo aprisionaba. "A mi edad, no debería andar haciendo estas cosas..."

Y sin embargo eran necesarias.

Todavía recordaba las palabras de Dumbledore al convocarlo en su despacho: ‘necesitamos saber qué se traen entre manos, Severus. Y Lucius es el único que puede saberlo con más acierto. Sabes que el tiempo casi se nos acabó’.

Casi parecían una réplica de las que había dicho cuando Potter tenía catorce, antes de hacer aquel desesperado contra conjuro para retener su regreso: ‘sabes lo que necesito de ti, si estás dispuesto’.

Severus se dijo que aquella había sido su última oportunidad de negarse a todo eso, pero también supo que, pese a todo, el camino que había elegido en esta ocasión podía ser poco placentero pero era el correcto.

"Claro que lo sé. Vaya si lo sé, he sentido la marca en mi brazo ardiendo de nuevo. Todavía no tiene la fuerza suficiente como para convocar a todos, pero en los últimos días ha empezado a arder..."

Con un gesto firme, pero no brusco, tomó el brazo que descansaba sobre su cintura y se lo sacó de encima, apartándolo para poder deslizarse fuera de la cama de suaves sábanas color azul. Tratando de no moverse más de lo necesario, lo consiguió.

Desnudo, de pie en medio del lugar, Severus miró alrededor, reconociendo cada rincón de esa habitación, lujosa hasta la ostentación.

Frente a sí, un largo espejo de pie le devolvió su propia imagen; un cuerpo enjuto, pero de músculos recios, endurecidos. La observación ascendió desde las piernas firmes, las caderas estrechas hasta el torso que se abría en los hombros lo suficiente como para que la figura resultara en un equilibrio justo de delgadez y fuerza. El rostro hubiese podido ser más agraciado de no haber estado maldecido por esa nariz, pero si se podía pasar ese detalle, no quedaba más remedio que detenerse en los inexpresivos ojos negros, dos inmensos pozos de oscuridad, tan negros como el cabello que caía hasta apenas por debajo de los hombros. Se acercó un poco, para comprobar una sospecha blanca en las sienes.

"Maldición... Estoy viejo para esto"

Pero no quedaba opción. Se acercó al escritorio y se inclinó sobre él con cuidado de no tocar nada. Sabía que Lucius ponía conjuros de protección sobre sus cosas para asegurarse que nadie se inmiscuyera. Había aprendido eso cuando ambos todavía estaban en el colegio.

"Ya por entonces algo no funcionaba bien en su cabeza... Y aún así, en algún momento, lo amé...".

Pergaminos, un ejemplar de 'El Profeta', elementos de Astronomía. Eso era extraño, la astronomía era un tema por el que Lucius nunca se había sentido particularmente intrigado.

"Hay algo más... Yo había escuchado algo relacionado..." pensó Severus, pero dejó ese tema para después, tenía que aprovechar mientras el hombre rubio continuase dormido. Todo lo demás estaba como él recordaba. O casi.

"Un momento... Los libros."

Severus se detuvo frente a los estantes que contenían algunos libros que Lucius nunca hubiese dejado en la biblioteca de la mansión. Los recorrió con la vista, dejando que la imagen se fijara en su mente. Había entrenado duramente su memoria para ser capaz de recordar cosas mirando sólo una vez. Esa cualidad había resultado muy importante para él, primero como espía y más tarde como profesor.

Había huecos entre los libros, faltaban algunos. Hizo un primer intento de identificar los volúmenes faltantes, comparando la imagen nueva con la última que hubiese podido tener de ese lugar, pero de eso había pasado bastante…

No, necesitaba más tiempo para eso. Una vez más, archivó los conocimientos para catalogarlos cuando regresara a la seguridad de Hogwarts y pudiese analizarlos con detenimiento.

- ¿Husmeando, Severus...?- preguntó una voz gélida a sus espaldas.

El mago de cabello negro no giró, continuó mirando unos segundos más, como si la interrupción no lo hubiese afectado; para cuando se volvió hacia su interlocutor, había recompuesto su máscara de mortífago experimentado.

- Buscando algo para entretenerme mientras despiertas- contestó desapasionadamente.

- ¿Y bien? ¿Encontraste algo interesante?

Severus ponderó la pregunta con cuidado. Sí, cosas interesantes había bastantes, pero ninguna que pudiera comentar con Lucius sin sonar sospechoso. Volvió a mirar los estantes con aire displicente una vez más, su memoria trabajando a toda la velocidad posible.

- No has comprado nada nuevo- dijo al fin, con ambigüedad -. Y éstos ya los leí todos.

Lucius se estiró en la cama, divertido, disfrutando la imagen que tenía frente a él y el modo en que los ojos negros recorrieron su cuerpo sin poder evitarlo.

- Increíble. Te hago el amor por casi tres horas seguidas y lo único que se te ocurre es levantarte a leer.

- Increíble. Vengo a darte noticias de tu hijo y terminamos en tus habitaciones; en tu cama, para ser exactos- replicó mordaz.

- Ah, sí... Mi hijo...- comentó Lucius, sentándose. Los ojos grises taladraron al hombre que seguía de pie fuera de la cama en una pregunta no expresada.

- Regresó a Londres. Hace algunas semanas- informó aquel.

- Lo sabía, pero no se ha comunicado conmigo.

"Lo que indica que es inteligente" pensó Severus.

- Dale tiempo- mintió, sabía que el muchacho no tenía ninguna intención de hablar con su padre -. Está en la Academia de Entrenamiento para Aurores.

Esta vez la expresión de Lucius fue de auténtico asombro primero, y luego reflejó una especie de furia insana.

- Me habían informado que había desistido de esa estúpida idea...- siseó en forma alarmante.

"Claro, los informes que yo falsifiqué." pensó Severus, y de inmediato relegó ese pensamiento al último rincón de su mente. Su amante era un notorio experto en Legilimens, de modo que tenía que ser muy cuidadoso con las ideas que dejaba formarse en su mente.

- Tienes que pagar mejores informantes- dijo tan sólo, maldiciéndose por haber tenido que dar alguna información válida para cubrir su lugar, pero no iba a decir nada más.

- Idiota... La vergüenza de los Malfoy... ¿Te das cuenta, Severus? El último de los Malfoy... Mi hijo convertido en Auror... ¡Un jodido Auror!- gritó al fin, dando un puñetazo en la cama -. ¡Esas fueron las malditas influencias de mi mujer! Bien estuvo que se muriera la muy jodida...

Durante un par de minutos, murmuró de forma ininteligible una cantidad de amenazas e improperios de calibre bastante grueso, hasta que aparentemente recobró la calma. Cuando levantó la vista, la dirigió hacia el hombre moreno, recorriéndolo con una lujuria que no se molestó en ocultar.

- ¿Qué estás haciendo ahí, parado como un idiota? Vuelve a la cama.

Severus conocía esa mirada, la mezcla de deseo y furia; y sabía también que eso le presagiaba algunos momentos un tanto difíciles. Lucius estaba furioso y seguramente intentaría desquitarse y él tendría que mantener su papel en cualquier circunstancia, porque era el acceso a su cama lo que le brindaba el acceso a una increíble cantidad de información. Quitó esa idea de su cabeza y trató de decirse que cuando no estaba furioso, Lucius era un amante extraordinario.

Se acercó despacio, hasta llegar al borde de la cama desde donde habló.

- Lucius, tengo que volver a Hogwarts esta noche, en lo posible, modera tu ‘entusiasmo’.

El hombre rubio se deslizó con la agilidad de un gato y lo atrapó por un brazo.

- Seguro, Sev... Lo que quieras. Ahora, hazte un favor y mantén la boca cerrada... O mejor aún, mantén la boca ocupada.

Mientras una mano experta lo guiaba hacia un lugar específico para cumplir esa orden, Severus se aplicó a hacer lo que le pedían. Era parte de su trabajo, y si conseguía que el rubio dejase de lado esa furia que a veces lo consumía, podían disfrutar de otro rato de buen sexo. Pero también era su trabajo el regresar a Hogwarts y avisarle a Draco que su padre ya sabía acerca de su regreso a Inglaterra y que no había cambiado los planes para su futuro.

~o0o~

Cuando Severus se marchó, Lucius se levantó de la suntuosa cama sonriendo. Las sesiones de sexo con el mago de cabello oscuro siempre habían sido altamente satisfactorias y recordó la época en que ambos eran jóvenes y estaban enamorados. Por un instante reconsideró los sentimientos que aún los unían. Acaso era la posibilidad de sexo sin lazos ni compromisos lo que los mantenía unidos, si podía usar esa palabra.

De cualquier modo, nunca había permitido que sus sentimientos influenciaran sus acciones, de modo que se desplazó a través de la habitación recorriendo los pasos que seguramente el buen Severus había dado mientras él dormía.

El escritorio estaba tal como lo había dejado, pero eso no era de extrañar. Severus siempre había estado al tanto de los métodos que utilizaba para proteger sus cosas. Sabía que tocar, mover o inclusive acercarse demasiado a los sitios que él consideraba personales podía implicar toda clase de consecuencias, en algunos casos realmente graves. Por supuesto, el escritorio estaba intacto y, maquinalmente, echó una mirada hacia las cosas esparcidas encima. Nada que pudiese resultar sospechoso.

Giró hacia la biblioteca, pero todo estaba bien. Lo que faltaba allí era porque él mismo lo había sacado. Para la próxima vez que Severus regresase, se aseguraría de tener algunos volúmenes nuevos que su amante pudiese fisgonear sin peligro.

Pensó en el pequeño contacto que su Amo había hecho con él a través de ese lacayo, Colagusano, y las indicaciones precisas que había recibido.

‘Sé que podrás recordar mis palabras el día que retomé un cuerpo físico, Lucius... Hay un cobarde que aún debe pagar por no acudir a mi llamado. Búscalo. Ya sabes qué hacer con él.’

Vaya que recordaba aquella noche, y las palabras de Lord Voldemort habían resonado en sus oídos durante muchas horas luego de volver a su mansión. Luego supo de la desaparición de Karkaroff y supo que él sería el primero en pagar por no acudir al llamado del Amo. El resto de las palabras también las recordaba, y esperaba que las sospechas del Amo acerca de Severus no fueran confirmadas, porque de ser así, el mago moreno tendría muchos problemas.

En realidad, eso no le complicaba demasiado a él y en última instancia, eso era lo importante, que el Amo no fijase su atención en él de aquella forma, porque lo primero que con seguridad preguntaría, era acerca de aquel hijo que él le había prometido ofrendarle hacía algunos años. Pero podía intentar algo más. Si Draco tenía un hijo, él podía ofrecer un nieto en lugar de aquel hijo que había salido demasiado retorcido para su gusto...

Mientras se vestía y pensaba fastidiado que tendría que viajar para encontrar al desgraciado de Karkaroff, siguió dando vueltas a esa ocurrencia. Un hijo de Draco tendría sin ninguna duda un gran potencial mágico y la idea merecía ser estudiada con más detenimiento.

~o0o~

Una semana más tarde, mientras Harry y Draco aprendían a diferenciar las fastidiosas formas que correspondían a cada tipo de acción desarrollada, Shackelbolt entró a toda velocidad en el salón y pasó directamente hacia la oficina de Owens, llevando un periódico y algunos pergaminos. El rostro del mago era serio y concentrado, no presagiaba buenas noticias, y como no cerró la puerta detrás de sí, pudieron escuchar la mayor parte de la conversación.

- Mire esto, Owens... Creo que tenemos algo aquí- dijo, dejando caer el periódico sobre el escritorio del Jefe.

Aquel lo observó un momento antes de hablar.

- No sé, Kingsley... No parece extraño... ¿Qué más da un ex Mortífago que aparece muerto?

- No cualquier Mortífago, Jefe... Este era Igor Karkaroff, desaparecido hace casi seis años, la noche que se corrió el rumor del regreso del Innombrable.

- ¿Y qué con eso? Seguramente alguno de sus ex colegas lo encontró y decidió que era un buen momento para saldar viejas cuentas. Ya sabes que esos tipos tienen memoria larga y el rencor duradero.

- Karkaroff estuvo lo bastante asustado como para huir aquella noche y permanecer escondido durante todos estos años, Owens. Y las condiciones en que lo encontraron... Mire esto... – Shackelbolt leyó algunas líneas del pergamino que tenía entre sus manos -. Es el informe preliminar, me lo envió el Departamento de Aurores de Moscú. Karkaroff había vivido casi en la indigencia, se cree que sobrevivió con pequeños hurtos, cosas mínimas que no requiriesen demasiado despliegue mágico, tenía terror de ser encontrado. Su varita fue hallada a su lado, pero cuando le aplicaron el ‘Priore Incantatem’ no reveló nada nuevo, aunque sí una cantidad de cosas interesantes de su pasado...

- ¿Qué es lo que quieres, Kingsley? El tipo está frito, ya está muerto y no volverá a molestar...

- Me gustaría que trasladasen el cuerpo aquí para que la División de Rastros Mágicos se encargue de decirnos todo lo que pueda al respecto.

Durante unos segundos, el Jefe Owens no contestó, pero al final se escuchó su suspiro resignado.

- Muy bien, Kingsley, que lo traigan... pero me parece que vas a llevarte una desilusión con eso.

- Aunque no lo crea, Jefe, realmente espero que así sea.

Harry y Draco intercambiaron apenas una mirada antes de fingir sumergirse en sus papeles mientras Shackelbolt salía de la oficina del Jefe y pasaba con paso veloz a través del salón dispuesto a investigar esa muerte. Los dos muchachos, cada uno por su lado, se quedaron pensando en ese mago que habían conocido bastante poco, pero cuya muerte parecía tan sospechosa para Kingsley.

Draco recordó aquel año en Hogwarts, justo antes que su vida empezase a cambiar. Durante ese tiempo había descubierto algunas cosas con respecto a su padre y los padres de algunos de sus compañeros de Casa. Y alguna velada referencia que Lucius había hecho acerca de que conocía a aquel tal Karkaroff, pero prefirió no decir nada al respecto. No quería volver a saber nada de las cosas que su padre hacía.

‘Karkaroff está muerto’ se repitió Harry mientras su pluma trazaba círculos y más círculos sin sentido en el pergamino que tenía frente a sí.

No podía olvidar que todos preferían pensar que Voldemort no había regresado aquella noche, pero había unos pocos que sabían a ciencia cierta que era verdad. Snape lo había dejado bastante claro cuando mencionó que compartía la Marca Tenebrosa con Karkaroff, al igual que el resto de los Mortífagos. Del mismo modo que Lucius, él también recordó las palabras de Voldemort de esa noche y por un instante compartió la inquietud de Shackelbolt.

La muerte de Karkaroff sí era un ajuste de cuentas, pero no de otro Mortífago, aunque era posible que fuese uno de sus antiguos colegas el encargado de matarlo.

El ajuste de cuentas era de Voldemort. Tal como lo había prometido.


~o0o~

Como el Ministerio estaba situado por debajo del nivel del suelo, las ventanas mostraban un paisaje ficticio pero aún así indicaban el paso del tiempo. Por fortuna no habían tenido problemas con el personal de Mantenimiento Mágico, y los últimos días habían mostrado paisajes bastante alegres y con buen tiempo. El que en ese momento se vislumbraba a través de la ventana, indicaba que ya estaba anocheciendo.

Harry dejó los lentes sobre el escritorio repleto de pergaminos y se masajeó con suavidad el puente de la nariz, allí donde se apoyaban; empezaba a sentir algo similar a un incipiente dolor de cabeza. Levantó la vista para encontrar, a cierta distancia, la cabeza de Draco, también inclinada sobre lo que estaba escribiendo.

Los cubículos eran un poco reducidos y los escritorios estaban juntos y enfrentados, por lo que era imposible no levantar los ojos y hallarlo frente a él. Sin las gafas, le costó un poco ponerlo en foco, pero al final pudo distinguir los contornos de la cabeza, un mechón de cabello rubio cayendo casi sobre los ojos, pero que al parecer no estorbaba la visión.

"Vaya cabello... Creo que ni siquiera una mujer lo tiene tan brillante. Se ve suave... ¿Se sentirá así de suave al tocarlo...?"

Harry parpadeó un par de veces, incrédulo por el rumbo inédito que habían tomado sus pensamientos. Meneó la cabeza, intrigado y divertido, pensando en todas las cosas que su padrino le diría si le comentaba esas ideas que parecían surgir en su cabeza en esos días.

"Diablos... Qué cosas tontas estoy pensando."

- ¿Puedes decirme por qué Ron y Fritz siempre pueden irse temprano y nosotros no?- preguntó, mas que nada para romper el silencio.

Draco no contestó, porque en realidad, no había escuchado.

Esa mañana había recibido una lechuza desde Hogwarts, de Severus Snape, su padrino; y lo que venía en la nota lo llenaba de inquietud. Había evitado con todo esmero cualquier tipo de contacto con gente demasiado conocida de su padre desde que había puesto los pies en Londres. Sabía que, eventualmente, su padre se enteraría de su regreso, pero hubiese preferido que tardase un poco más. Maldijo en su interior los contactos y numerosos conocidos que tenía Lucius en todos lados, escaparse de él era una misión casi imposible.

- ¿Puedo preguntar dónde andas, Malfoy?- insistió Harry, al darse cuenta que la pluma descansaba entre los dedos largos sin hacer un sólo trazo desde hacía ya algún tiempo -. ¡Malfoy!

Draco dio un respingo y lo miró, extrañado, soltando la pluma.

- ¿Decías...?

- Has estado distraído todo el día... - Harry dudó un poco antes de continuar -. ¿Algún problema?

El joven rubio intentó sondear cualquier actitud extraña dentro de la pregunta, porque nadie se interesaba por él, eso era algo que había aprendido hacia ya tiempo; pero los ojos verdes fijos en él eran casi como aquella noche de la pelea, sinceros. La respuesta salió sin que mediara su voluntad.

- Algo así... - murmuró, fijando la vista en la escritura sin terminar -. Mi padre...

Las posibles implicancias de la aparición de ese hombre hicieron que Harry soltara un bufido antes que pudiese evitarlo. Hacía mucho tiempo que no lo veía y no tenía ningún deseo de verlo otra vez.

- Mejor no digas nada- cortó, Draco un poco asustado por la facilidad con que había dejado escapar un trozo de intimidad y regresó a su trabajo.

Harry se quedó en silencio, masticando la pregunta que se había formado en su cabeza desde que había encontrado a Draco el primer día: ¿Cómo era posible que el hijo de un mortífago casi públicamente reconocido estuviese a punto de convertirse en Auror?

Pero no se atrevió a hacerla porque el joven frente a él había vuelto a encerrarse en su silencio, con el hermetismo con que la almeja se encierra en su caparazón, así que desistió de intentar una conversación, en ese tema al menos. De algún modo, podía entender esa actitud, ya había notado el modo en que todos lo miraban cuando entraba en las clases o en el salón de Aurores. Ninguno se molestaba en ocultar la desconfianza que les producía el verlo, y casi en consecuencia, recordar quién era su padre.

Hubiese seguido dándole vueltas al asunto, pero entonces una especie de sirena interrumpió todo e hizo que el salón, habitualmente bullicioso, se hundiera en un silencio profundo.

Los dos jóvenes se miraron un momento, sin saber con exactitud qué hacer; era la primera vez que escuchaban esa alerta en todo el tiempo que llevaban allí.

En el segundo siguiente, se desató una actividad febril. Muchos de los Aurores ya se habían ido a casa, y eso incluía al Jefe Owens, pero Shackelbolt todavía andaba por ahí, y se metió en la oficina del encargado sin preocuparse por su ausencia. Salió luego de unos segundos.

- Tenemos dos focos de actividad mágica oscura- anunció a los que se habían reunido junto a la puerta, constatando que no eran muchos.

Él también había recibido las instrucciones de Dumbledore, pero no estaba demasiado dispuesto a mandar a dos muchachos aun sin graduar a enfrentar a mortífagos. Lo que sí podía hacer, esa noche, era mandarlos al lugar donde, probablemente, la violencia sería menor.

- Taylor, Sanders, vayan a este lugar- les señaló el punto en un mapa que hizo aparecer flotando en el aire -. Llévense a Potter y Malfoy.

El mago mas maduro, Taylor, los miró un instante ceñudo, era evidente que tampoco tenía muchos deseos de acarrear a dos novatos en una misión así, pero al final les hizo una seña para que se acercaran.

- Muy bien niños, vamos. Mucho cuidado.

- Sí, señor- contestaron ambos.

Aparecieron en una hondonada cercana a un poblado muggle, un sitio algo apartado, donde una casa pequeña estaba resguardada por un conjunto de árboles inmensos. El lugar estaba demasiado silencioso, no se oían ni siquiera los habituales ruidos de la noche y los cuatro magos se escabulleron entre las sombras acercándose al edificio.

- Revelatio umbra magicae- pronunció Sanders y en el acto, una esfera blanquecina surgió de la punta de su varita, y flotó ante sus ojos.

Era opalescente, no se podía ver nada dentro de ella, pero Harry y Draco sabían que funcionaba casi como una Recordadora, sólo que el cambio de coloración en el vapor difuso en su interior, indicaba la actividad de magia oscura.

- Hubo algo aquí, pero ya no hay actividad, Taylor. Creo que podemos acercarnos- anunció.

- Bien- Taylor giró hacia los dos muchachos que esperaban a su lado -. Manténgase detrás.

Incluso así, se tomaron todas las precauciones para atravesar el pequeño jardincito delantero y llegar a la puerta, que estaba abierta. La sala estaba silenciosa y vacía, sin rastros de violencia. Sanders se dirigió hacia las dependencias que restaban en esa planta y Taylor subió al primer piso. Como no les habían indicado nada, Harry y Draco se quedaron esperando en la sala.

Tentativamente, Harry se dirigió hacia la puerta de cristal que separaba la casa del jardín posterior pero no llegó a asomarse por aquella.

- No... Otra vez, no... - murmuró, al sentir otra vez aquella sensación desagradable, pero esta vez no era solo en sus manos, era en todo el cuerpo. Una especie de asco, de rechazo, un hormigueo incómodo que se asentó en su estómago y podía convertirse en náusea en cualquier momento.

- Potter, estás pálido... - dijo Draco, acercándose -. ¿Está pasando otra vez...? ¿Igual que en Hogsmeade?

Harry asintió, no pudo explicar que era peor a lo sucedido en Hogsmeade, la sensación era más intensa. Se detuvo en seco al darse cuenta de algo más. El dolor de cabeza se había concentrado en un lugar en particular y el reconocimiento lo aterró por unos segundos. Se llevó la mano a la frente y deslizó los dedos por la cicatriz.

- Está volviendo. Está débil, pero está volviendo- dijo y dejó que sus pies lo guiaran hacia afuera a través de la puerta trasera.

Quizás el hallazgo fue demasiado rápido como para tener alguna visión del hecho, el caso es que apenas traspasaron el umbral hacia el exterior, vieron bastante más lejos, cuatro resplandores. Cuatro hogueras de brillantes llamas verdosas, que ardían con fuerza a pesar de que el pasto estaba verde y húmedo alrededor.

Draco iba a acercarse más al lugar, para verificar lo que sucedía, pero Harry lo retuvo por un brazo.

- No vayas.

- ¿Por qué? Se supone que la actividad oscura ya cesó... - dijo, verificando no obstante en su propia esfera convocada en ese momento.

- Usaron 'flamare'- explicó Harry casi sin aliento, ahora sí eran náuseas -. ¿En verdad te interesa ver cuatro personas consumiéndose poco a poco...?

- ¿Cómo sabes que son...?- el rubio no terminó la frase.

- Lo sé, puedo sentirlo- cerró los ojos, dejando a su pesar, que la sensación creciera en su interior y una especie de alarma lo sobresaltó -. Hay... hay algo muy malo en la casa... Malfoy, tenemos que sacar a los otros de ahí. Ahora.

Aunque no entendía, Draco decidió que podía darle algo de crédito a eso. Iba a volver a entrar para llamar a los otros dos Aurores, cuando de pronto, Harry lo tomó del brazo y antes que pudiera hacer nada, ambos desaparecieron del sitio para reaparecer varias decenas de metros más lejos, incluso más lejos del sitio donde habían aparecido al llegar.

En ese mismo instante, el resplandor fosforescente inundó la noche, irradiándose desde el interior de la casa, encegueciendo a los dos jóvenes. Cuando pudieron volver a ver, no había nada. No había casa, no había jardines, ni árboles. Todo, en un radio de diez metros en torno al edificio, había desaparecido, como tragado por la noche.

En el sitio, un inmenso círculo oscuro donde ni siquiera había césped sino sólo la tierra pelada.

- ¿Qué demonios…?- alcanzó a preguntar Draco, desembarazándose de la mano de Harry, que todavía lo sujetaba.

Aquel se sentó en la hierba, desconcertado, sin saber cómo los había hecho desaparecer a los dos al mismo tiempo. Era sabido que la aparición era individual, no se podía hacer aparecer a otro, y volviendo atrás hacia aquel momento, se dio cuenta que en realidad, había convocado un Portal, pero lo había hecho a una velocidad extremadamente rápida y con una potencia que no sabía que tenía.

- ¿Cómo supiste…?- esta vez, la voz del rubio, controlada pero firme, no admitía respuestas ambiguas.

- No sé- fue lo único que pudo decir Harry.

Poniendo atención, se dio cuenta que la sensación había desaparecido, ya no sentía esa reluctancia a flor de piel, el hormigueo había desaparecido, y también las náuseas. El problema era que sus compañeros habían desaparecido también.

- Supongo que te das cuenta que esta vez no podremos ocultar lo que pasó- dijo el rubio.

- No puedo decirle a nadie… No mientras no sepa qué me está pasando.

- No vas a conseguir saber demasiado si no le dices a alguien. En lo posible a alguien que sepa más que tú acerca de las cosas que puedes hacer.

Harry tuvo que reconocer que eso era cierto, pero no era con sus superiores con quien tenía que hablar, era poco probable que ellos supieran algo.

- Por favor, Malfoy; ayúdame a guardar esto por un tiempo. Primero tengo que averiguar de qué se trata y ya sé a quien preguntarle.

- ¿Quién es el afortunado...? ¿Tu amiga, Granger?

- No. Dumbledore, por supuesto. Él siempre parece saber más de lo que me dice- comentó con un poco de acritud.

- ¿Y cómo vamos a explicar todo esto? Somos los únicos testigos... Merlín... Esos dos Aurores se desvanecieron en la nada.

- En realidad, diremos casi toda la verdad... Llegamos a este lugar, ellos se fueron a revisar la casa, nosotros salimos por la puerta de atrás al ver los resplandores y la casa desapareció cuando nos habíamos alejado.

Draco pareció meditar el asunto por unos instantes. La explicación era cierta en casi todas sus partes, y todo había desaparecido, inclusive los cuerpos que habían estado consumiéndose por el fuego del ‘Flamare’.

- ¡Me lleva el diablo…! ¿Te das cuenta que si nos descubren, toda nuestra futura carrera se va ir al caño? Por usar una expresión simple… Tendríamos que mentir en nuestros informes…

- Sí.

- Condenado seas, Potter, nos estás metiendo en un embrollo.

Harry levantó la vista al escuchar la frase, porque ese ‘nos’ había salido con bastante naturalidad. El rubio parecía contrariado, pero a punto de ceder, sin embargo, cualquier decisión que tomara, tenía que hacerlo por sí mismo. Malfoy tenía razón, se estarían jugando la carrera los dos.

- Muy bien- cedió Draco -. Te cubriré una vez más, pero con una condición.

- Dime.

- Hablarás con Dumbledore de esto. Sin peros, sin excusas. Si algo te está pasando, tienes que saberlo y pronto. Una reacción extraña en medio de una acción nos pondría en peligro a los dos, por no hablar de los que nos acompañasen en ese momento.

No era una exigencia desmedida, después de todo, Harry le estaba pidiendo que arriesgara todo para cubrirlo.

- Bien, creo.

Draco le extendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie y Harry la tomó sin dudarlo. Al contacto, sintió una sensación más; de algún modo, supo que podía empezar a confiar en él.

Hasta ese momento habían mantenido una saludable distancia, porque Harry no podía olvidar que Draco era hijo de un mortífago, pero al tocarlo, no sintió aquello que había sentido antes por la presencia de los mortífagos. No había ni el más leve rastro de magia oscura emanando del rubio. Bien, podía ser un buen principio.

Ahora sólo restaba que los demás les creyeran.

 

 

 

 

Capítulo 4

El bullicio que provenía desde el Salón Principal llegaba al interior de la oficina de Owens pese a que la puerta estaba cerrada y no era para menos. La noticia de la desaparición de Taylor y Sanders por el Desvanecedor había corrido con la rapidez de una Snitch en pleno vuelo y los Aurores habían sido convocados a toda velocidad a servicio aún en plena noche.

El pequeño predio en medio del llano había sido invadido en medio de la noche por no menos de diez o quince Aurores de la División de Choque, por no mencionar el resto, proveniente también de Investigaciones Mágicas, y los de Rastros Mágicos. Eran una muchedumbre que se movía con excitación y cierto temor registrando el sitio exacto y los alrededores en busca de indicios por mínimos que fuesen, porque según todos sabían, esos hechizos en particular, eran los preferidos de los Mortífagos por dejar escasos rastros.

De pie frente al escritorio del Jefe de Aurores, firmes, las manos hacia atrás y la mirada adelante, evitando mirarse entre ellos, Harry y Draco escuchaban los pasos del mago adulto en un ir y venir que no se había detenido durante los últimos dos o tres minutos en completo silencio.

- Señores, espero que comprendan la seriedad del asunto- comentó por tercera o cuarta vez -. Los Mortífagos no se han adjudicado este hecho, la Marca Tenebrosa no brillaba encima de esta casa, por lo que no nos apresuraremos en endilgarles estas desapariciones.

- Pero señor...- interrumpió Harry sin poder contenerse -. Los habitantes de la casa habían sido quemados vivos... Los Desvanecedores son utilizados casi siempre por ellos... ¿Qué más necesitamos? ¿Tal vez algún cartel indicador que diga: Sí, nosotros lo hicimos’?

Draco cerró los ojos e hizo un gesto resignado con la cabeza.

“Maldición, en todos estos años, no ha aprendido cuándo debe callarse la boca...”

- ¿Ha escuchado hablar de algo llamado ‘pruebas’, señor Potter?- la respuesta de Owens fue un poco más potente que el resto de sus frases anteriores -. Es cierto que los Mortífagos adoran los Desvanecedores pero también es cierto que cualquier mago o bruja con un mediano conocimiento de Hechizos y Pociones pudo haberlo hecho y activado... ¿Y dónde están los cuerpos de las víctimas? ¡Pruebas, señor Potter, pruebas! ¡Un maldito cabello, un jodido pedazo de anatomía de alguien es todo lo que necesita el escuadrón de Investigaciones Mágicas!!

Por unos cuantos segundos más, paseó furibundo detrás de los dos muchachos, que seguían mirando hacia delante, esperando que pasase el chubasco.

- Lo único que tengo es el testimonio de dos estudiantes novatos...- dijo al fin y, al parecer más calmado, regresó a su sitio detrás del escritorio desde donde los contempló -. Quiero un informe detallado de todo lo que sucedió desde que se aparecieron en el prado hasta que regresaron aquí. Todo, absolutamente todo, hasta el color de su ropa interior, ¿de acuerdo?

- Sí, señor- respondieron al unísono.

- Ustedes aún son estudiantes así que este informe será extraoficial, pero seguro será de gran utilidad. Ahora lárguense.

Pareció como si Harry hubiese estado a punto de decir algo, pero Draco giró con rapidez y en el movimiento aprovechó para propinarle una oportuna patada en la pierna por lo que aquel reaccionó y dando la vuelta, siguió al rubio en su salida.

Apenas traspasaron el umbral de la puerta y aquella estuvo convenientemente cerrada, Draco se volvió hacia Harry, el pálido rostro hermético como siempre, pero los ojos grises eran dos puñales de hielo.

- ¿Algún día aprenderás a quedarte callado? Potter, tienes la boca tan grande que un día te caerás dentro de ella...

Contra todo lo que podía esperar, el moreno lo enfocó con una media sonrisa, los ojos verdes brillando detrás de las gafas.

- No soy el único.

Siguió caminando hacia el cubículo que les correspondía, dejando a Draco de pie frente a la puerta del Jefe, dándose cuenta que todos, absolutamente todos los presentes en el Salón Principal, se habían quedado mirándolos al salir del despacho del Jefe, y que sus palabras, pese a que no habían sido fuertes, habían resonado en medio de ese súbito silencio.

- Mierda...- murmuró, siguiendo a Harry.

Apenas estuvieron relativamente a salvo dentro del cubículo, se pusieron a escribir aquel bendito informe que Owens les había ordenado hacer y en eso estuvieron bastante rato, en silencio, sin hablarse. Sin que el otro se diese cuenta, ambos se lanzaban ocasionales y furtivas miradas, hasta que por fin, Harry decidió hablar.

- Tenemos que ponernos de acuerdo para hacer el informe, Malfoy, al menos lo suficiente para que parezca la misma historia.

- Lo sé, pero creo que es mejor que lo escribamos por separado y luego veamos qué hicimos. Demasiadas similitudes tampoco son buenas.

- De acuerdo.

- Potter...

- ¿Sí?

- Contacta a Dumbledore, hoy mismo.

- Será tarde cuando regresemos a casa...

- ¡Me importa un demonio! ¡Lo prometiste, Potter!

- Está bien, está bien... No te alteres. Le enviaré una lechuza cuando llegue a casa.

- Muy bien. Te asesinaré si no lo haces.

- No lo digas muy alto, Malfoy o alguno de éstos puede llegar a creerte y terminarás en prisión.

- Entonces más vale que le escribas al viejo, o ninguno de los dos llegará a Auror.

A pesar de todo lo que había sucedido, de lo extraño que estaban resultando esos días en su vida, Harry se sintió extrañamente bien y sonriendo volvió a escribir, pensando que una vez más, tal como en el pasado, Malfoy lo estaba amenazando, y tal como en ese tiempo, él contestaba sus pullas, pero ahora, ninguno de los dos parecía tomarlas demasiado en serio.

Era cierto que algunas cosas nunca se olvidaban, pero también era cierto que el tiempo ayudaba a restañar heridas, y tal vez en el caso de ellos, el tiempo que habían pasado alejados, había conseguido difuminar bastantes cosas. Las antiguas reyertas, de pronto no tenían más importancia que las de dos niños y luego de dos adolescentes demasiado orgullosos.

Pese a que terminaron bastante tarde, a Harry no le importó demasiado. Por si acaso, no esperó a llegar a su casa para enviar una nota a Dumbledore.

~o0o~

Dumbledore avanzó por los corredores de la Academia de Aurores que, de momento, estaban vacíos. Los estudiantes estaban en sus respectivas salas de entrenamiento, de manera que no se cruzó con nadie en su camino. La nota de Harry le había llegado por medio de una de las lechuzas del Ministerio directamente a su despacho en Hogwarts. No podía decirse que fuese muy clara, pero él había estado esperando algo así desde hacía años.

‘Algo me está pasando y necesito saber qué. Tenemos que hablar. Harry’

Mientras recorría los pasillos, el anciano sonrió para su interior, aparentemente Harry estaba empezando a tomar las riendas de su vida y al mismo tiempo se afianzaba en lo que sería su carrera. Después de todo, no había sido tan malo que saliera de la casa de los Dursley en su momento.

Entró en una de las salas, donde sabía que lo estarían esperando. Apenas abrió la puerta, vio que el aula estaba vacía. Sentado en el escritorio, mirando a través de la ventana el paisaje, tan imaginario como los del Ministerio, Harry estaba esperándolo.

En cuanto lo escuchó entrar, se puso de pie, asombrando al anciano por lo mucho que había cambiado en el tiempo que no lo había visto. El mago adulto sabía que el muchacho todavía le guardaba bastante resentimiento por el tiempo que lo había obligado a permanecer con los Dursley pese a saber que no era bien tratado allí.

- Profesor- saludó Harry, distante.

- Harry, hacía mucho que no nos veíamos. Has crecido.

- Un poco- se sentó en uno de los pupitres, y el anciano, casi por costumbre, ocupó el lugar detrás del escritorio.

- Tu nota era bastante ambigua, pero me pareció urgente- comentó, sonriendo.

- Es urgente. Algo raro está pasándome. En los últimos días… ¿Han tenido noticias de Voldemort?

- Algunas.

En su interior Harry trató de armarse de paciencia. Era evidente que como de costumbre, Dumbledore no iba a soltar todo lo que sabía y sacarle gotas de información podría costarle un trabajo bastante importante.

- Yo… La cicatriz empezó a arder hace unos días… Como al principio.

- Ya veo.

- ¿Por qué demonios no parece sorprendido por eso?- la paciencia se le acabó mucho más pronto de lo que pensaba.

- Te estás compenetrando demasiado con el Jefe Owens, me parece- objetó el anciano.

- Supongo que paso más tiempo en la Central que en casa, pero no contestó mi pregunta.

- No, no me sorprende.

- Bien, entonces me gustaría que comenzara a explicarse. Siempre tengo la impresión de que espera a último momento para decirme cosas que son importantes.

- Entonces ponte cómodo, porque tenemos mucho que hablar.

Esa primera declaración realmente sorprendió al moreno. No esperaba que el anciano cediera tan pronto, pero mejor que así fuese. Harry suspiró y se acomodó mejor en el asiento de madera, dudaba que Dumbledore le dijera todo, pero al menos había admitido que había cosas que tenía que saber.

- Escucho.

- Después del Torneo de los Tres Magos, luego del retorno de Voldemort, parecía que todo estaba muy mal. De hecho, estaba muy mal. Seguro puedes recordar eso... La patética escena de Cornelius en el hospital mientras estuviste allí... El Ministerio no te creía, y tampoco parecía dispuesto a ceder a mis sugerencias, entonces hice lo único que pude. Ya que no podíamos detener su regreso, intentaríamos retrasarlo lo más posible.

- ¿Retrasar...?

- Sí, Harry. Un contra conjuro que estaba a un paso de la necromancia, a un paso de un rito oscuro, bailando en la delgada línea entre lo permitido y lo prohibido; pero por ese pequeño margen de duda, pudimos hacerlo.

- ‘Pudimos’ suena a mucha gente- observó el muchacho.

- Éramos unos cuantos. Conseguimos detener la magia que estaba restaurando el cuerpo de Voldemort durante cinco años, más o menos.

- ¿Por qué hicieron eso?

- Para darte tiempo a crecer, claro.

Harry se quedó mudo por la declaración tan directa. Bueno, él había querido una conversación honesta, ahí la tenía. Viendo el efecto que esa última frase había obtenido, el anciano continuó:

- Voldemort nunca se ha detenido cuando ha tenido que asesinar a un niño, tú lo sabes, asesinó a Cedric delante de ti; pero nosotros no enviaríamos a un niño a hacer la lucha de un hombre por más desesperados que estuviéramos. Conseguimos mantenerte más o menos a salvo hasta el Torneo, pero eso nos demostró que necesitábamos más tiempo, que tú necesitabas más tiempo para prepararte, para madurar y hacer que tu magia creciera también.

- Supongo que ya soy lo bastante mayor como para conocer por qué me están pasando estas cosas extrañas.

- Estás a punto de cumplir 20. ¿No?

- Exacto.

- Muy bien, entonces... Primero cuéntame ¿Qué es lo que te sucedió?

Con algo de reticencia, Harry contó lo que había pasado en el bosque de Hogsmeade y el modo en que había encontrado a ese mago, o lo que quedaba de él. Lo sucedido durante la noche anterior, y sin saber exactamente si debía catalogarlo de igual modo, le contó también lo que le había pasado durante el aprendizaje de una de las clases de Kennard.

- Ya veo. Todo está relacionado, Harry; todo, desde el principio.

- Si es desde el principio, entonces… ¿Dígame por qué Voldemort quiere matarme? Supongo que no debió resultarle simpático que un bebé sobreviviese a su ataque y lo mandara a las sombras convertido en una sombra más... Pero parece como si yo fuese su único objetivo. ¿Y qué es lo que me está sucediendo?-

Aunque tenía una tonelada de preguntas, ésas eran las que resumían la mayor parte de todo lo que lo atormentaba.

- En realidad, Harry, tú no eras su primer enemigo. Su primer enemigo era tu madre- agregó Albus, con suavidad.

Harry permaneció mirando al mago anciano, sin decidirse a creer lo que oía. Por fin, consiguió reunir el aire necesario como para preguntar.

- ¿Mi madre…? Pero,... pero todos decían que mi padre… El heredero de Gryffindor y eso...

- Bueno, no era del todo así. Creo que vamos a tener que hacer un poco de historia para ti.

- Por favor.

- En tal caso, te diré que si bien los Potter son una familia ancestral y poderosa y si bien estás emparentado lejanamente con Godric Gryffindor, la línea de sangre de Lily es aún más antigua. Llega hasta Nimué, la consorte de Merlín, su compañera y aprendiz. Según hemos sabido, sin el conocimiento de Merlín, y dicho sea de paso, eso habla de la increíble Oclumentista que era esa mujer, Nimué tuvo una hija. En secreto la educó en las artes mágicas, y cuando la joven creció y quiso formar su propia familia, su madre puso una sola condición: debía tener una hija para que cierta marca mágica pasase intacta.

- Pero…

- Espera, Harry, todavía falta. Con la intuición que tienen las mujeres, sabían que la mezcla de sangre, de la forma adecuada, potenciaría el poder y haría que esa ‘marca’ fuese más y más fuerte. Así que fue eso lo que hicieron. La que llevase la ‘marca’ tenía el deber de legarla a una descendiente mujer. Harry, lamento si esto hiere tu ego masculino…- el anciano sonrió al decir aquello -, pero los hombres sólo trasmitimos el apellido; esa marca se transmite con la sangre y la sangre pasa a través de las mujeres (1), por eso tiene que haber al menos una mujer en cada generación. Esa es la que recibirá la ‘marca’... El Legado.

- El Legado…- repitió Harry intentando entender.

Al parecer, eso venía a ser algo así como el grupo sanguíneo o similar. Era el único modo en que tal vez conseguiría entender algo.

- ¿Qué implica ese legado? ¿Qué es...?

- Poder mágico puro acumulado a través de generaciones de brujas. A través de cientos de años, las descendientes de Nimue han establecido relaciones con los magos más poderosos de cada época. En los últimos tiempos, han recibido el aporte del poder de dos de las casas principales. Tu madre ya tenía en su sangre, el poder de Hufflepuff, y Ravenclaw. Y se casó con James, el mago más fuerte que hasta ese momento había en la Casa Gryffindor, uniendo así una casa más.

- ¿Y para qué demonios sirve este “Legado”?

- Para luchar contra la magia oscura. Debes comprender, Harry, que esas eran épocas bastante oscuras, los magos que hacían mal uso de sus poderes eran incluso más numerosos que ahora, y mucho más fuertes también. Merlín no era inmortal y Nimué intuyó que con su desaparición, desaparecería también todo control sobre esos malos magos. Creó el Legado como prevención, una increíble proyección hacia el futuro, debo decir.

Harry meditó por unos instantes; de pronto, el matrimonio de sus padres, que siempre se le había presentado como el ideal de la unión, parecía ser nada más que una cuestión de necesidad.

- Pero no es posible- dijo de pronto -. Mi madre era muggle, de hecho, mi tía Petunia no tiene ni una gota de magia.

- Eso es lo que todos pensábamos. Al parecer, mientras el Legado no es necesario, ese poder puede dormir en estado latente... y permanecer así durante generaciones, no es extraño que se confundan con muggles y aunque la bruja que lo lleva no lo demuestre, debe tener el conocimiento de la forma en que se transmite... El Legado pasó de madre a hija como... como un lunar. Una marca interna que podía identificarlas pero que no tenía ninguna utilidad aparente. Posiblemente, la madre de Lily se lo transmitiese sin saber qué era lo que estaba haciendo... sólo para cumplir una tradición. Luego de generaciones, tu madre fue la primera bruja con poderes activos fuertes, muy fuertes debo decir.

- Entonces… sólo se casó con mi padre para tener una hija.

- No, Harry. Se casó porque estaba enamorada de él. El asunto de la descendencia no implica matrimonios arreglados o predeterminados, sólo el tener una hija. Si el padre de esa hija es un mago poderoso, mucho mejor. James sabía todo esto, sabía la concesión que Lily estaba haciendo.

- Pero entonces nací yo...

- Hemos llegado al punto crucial. Voldemort estaba en su apogeo, no había mago con la magia suficiente como para hacerle frente- al decir esto, miró muy seriamente a Harry, dándole a entender que tampoco él era lo bastante poderoso -. Quizás para resistir, pero no para vencer. Entonces tu madre se casó con James y despertó el Legado, el cual unido a su poder natural; hizo que se convirtiese en el blanco principal de Voldemort.

- Pero nací yo…- repitió Harry.

- James quería tener un hijo, lo deseaba tanto, que Lily decidió posponer la obligación con su sangre y sí, entonces naciste tú. Se dice que tanto Nimue como sus descendientes podían controlar el nacimiento de sus hijas, pero no es un hecho comprobado (2). De cualquier modo, no importa en qué orden hubiesen nacido, tu hermana hubiese sido la destinataria del Legado.

- Pero Voldemort los mató cuando yo era un bebé. Creyó que si mi madre tenía todo ese poder, yo también podía tenerlo.

- Exacto. Voldemort no tiene idea acerca de este Legado. Sintió el despertar de ese poder que podía complicar sus planes y decidió acabar con él. Supongo que Lily pensó que luego podría tener una hija, sólo que no hubo después.

- La línea de descendencia se rompió- comentó entonces el joven, mirando al vacío.

- No del todo. Después de mucho investigar, y me temo que no sabemos demasiado, hay una excepción. Cuando una bruja muere sin dejar una mujer que reciba el Legado, pero sí un descendiente varón; sólo entonces es posible, no seguro, pero sí posible, que el Legado se despierte en él para que pueda trasmitirlo a su hija.

Esas palabras no le dieron a Harry la tranquilidad que hubiesen debido. Así que ahora había alguna extraña cosa mágica corriendo en su sangre, algo que no sólo no comprendía, sino que ni siquiera sabía muy bien si era peligroso o no.

- Las cosas que me están pasando…- aventuró él, sin atreverse a terminar la frase.

- Sí, Harry, es posible que sea el Legado, despertando en ti.

- Pero… ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por qué ahora?

- ¿Quién sabe?- ahora Dumbledore se veía divertido -. Se supone que se transmite cuando la bruja es lo bastante mayor como para comprender al menos la importancia de seguir la tradición y mantener el secreto, pero tú lo recibiste siendo un bebé así que es difícil que puedas recordar nada. Eres el último y encima varón. Lily no me dijo si se despertaba mediante un conjuro o algún hecho en especial, eso era parte del secreto.

- ¿Y qué demonios saben?

- Que pierdes el temperamento con facilidad, por no hablar del vocabulario… Pero el caso es que esto no debe asustarte. Tu poder ya es grande, cuando el Legado se despierte en pleno, se unirá a tu poder.

- Y Voldemort seguirá intentando matarme como lo hizo con mi madre…- una pregunta más le surgió en ese momento.- Si mi madre tenía tanto poder, ¿por qué no lo usó para salvarse?

- Creo que porque lo usó para salvarte a ti… ¿Recuerdas cuando te hablé de una protección especial que tu madre había dejado en tu sangre…?- el anciano dejó la frase allí, esperando que Harry recordase.

- Oh, por Dios…- gimió, y sin darse cuenta, llevó la mano a la frente, a la cicatriz. De pronto, todo era demasiado. Voldemort, sus padres, esa dinastía de brujas que terminaba con él, ese Legado que no comprendía y no estaba muy seguro de querer.

- ¿No puedo negarme?- preguntó a media voz.

- ¿Negarte? ¿En realidad estás seguro que quieres negarte a recibir algo que por derecho te pertenece?

- No me pertenece. Pertenecía a mi madre, y en todo caso hubiese pertenecido a mi hermana si la hubiese tenido.

- Pero no la tuviste. Eso te hace destinatario del Legado- Dumbledore se puso de pie, muy lentamente, sin dejar de mirarlo-. Ya no eres un niño, Harry, tienes que pensar las cosas con calma para poder decidir con sabiduría. Tómate tu tiempo. Me gustaría que me mantuvieras al tanto de las cosas que te sucedan, quizás podamos identificar cuál es el hecho que está desencadenando el Legado...

- ¿Podría ser la presencia de los Mortífagos…? ¿De la magia oscura…? Las dos veces que me pasó, estuve en donde ellos estuvieron, donde asesinaron.

- Podría ser, pero el tema requerirá un poco más de estudio. En cuanto a tu cicatriz... Ya eres estás lo bastante avanzado como para saber bloquear tu mente contra las intrusiones extrañas, ¿no es cierto?

- Sí.

- Entonces haz lo que te pido. Toma el tiempo que necesites para meditarlo y comprenderlo, luego decide. En todo caso, sabes donde encontrarme.

Durante unos segundos, pareció que iba a decir algo más, pero se contuvo. Harry ya no le prestaba atención, había vuelto a mirar hacia la ventana, perdido en sus pensamientos y Dumbledore se dijo que, efectivamente, el niño ya no existía. Sin decir nada más, salió del aula.


~o0o~


Harry permaneció allí durante mucho tiempo, dando vueltas al asunto una y otra vez. Su madre, era su madre la persona que Voldemort perseguía cuando los traicionaron y pudo dar con ellos. No su padre, por más heredero de Gryffindor que fuese. Su madre. Lily Evans.

De pronto, tuvo una inquietud más: su padre había muerto primero, eso lo recordaba muy bien de las cosas que había oído cuando los Dementores habían estado en el castillo durante su tercer curso en Hogwarts. Había muerto para proteger a su madre, entonces él no sabía que era al revés; que era ella quien debió protegerlos a ambos... Pero no, Dumbledore había dicho que James sabía; entonces si sabía ¿por qué se ofreció como primer blanco sabiendo que no tenía posibilidades?

Ahora la jaqueca era auténtica, apoyó los brazos en el banco de madera y dejó descansar la cabeza sobre ellos, intentando un poco de descanso.

Una cabeza platinada se asomó despacio por el resquicio de la puerta. Draco había encontrado a Dumbledore en uno de los pasillos mientras buscaba a Harry para presentarse en la clase siguiente y Albus le había informado que el muchacho necesitaba estar solo; no obstante, le había dicho dónde encontrarlo.

Por propia experiencia, Draco sabía que a veces no era tan bueno estar solo y aunque estaba casi seguro que no sería una ayuda eficaz, se encaminó hacia donde le habían indicado.

Entró sin hablar, y con sólo ver la posición en la que Harry estaba, se dio cuenta que estaba abrumado. Quizás lo que Dumbledore le había dicho era del todo malo, pero no terminaba de convencerse de eso. El anciano no parecía preocupado cuando lo cruzó en los corredores, y sin duda el viejo cuidaría muy bien a su Niño Dorado. Sin saber qué decir, o qué hacer, totalmente inexperto en el campo de la expresión de sentimientos, se limitó a sentarse en un pupitre cercano a esperar.

Harry no hizo ningún movimiento al sentir la presencia de alguien más en el salón. Sin mirar, sin escuchar, sabía que no era Ron, ni Hermione. Era Malfoy sin dudas y aunque permanecía silencioso, Harry sabía que estaba preocupado de verlo así. Tuvo una rápida imagen mental de algunos sucesos ocurridos en el colegio, ninguno bueno. Nadie hubiese podido pensar que él y Malfoy iban a terminar conversando como gente civilizada si los hubiesen visto discutir en aquella época. Y ahora Harry estaba seguro que el rubio estaba preocupado por verlo así.

Sí, estaba preocupado por él y la sensación era reconfortante y cálida, podía sentirla a su alrededor sin que el otro muchacho se hubiese acercado. Entonces, al calor de esa sensación, los sonidos vinieron a su mente, tal como había sucedido con la presencia de los Dementores, sólo que en esta ocasión no sentía el horrible frío que aquellos esparcían.

- ¡Corre, Lily! ¡Es él! ¡Salva a Harry! Yo lo detendré...

La voz de su padre.

- Apártate, muchacha... Hazte a un lado.

La voz de Voldemort.

- A él no, por favor... Haré lo que quieras... Ten piedad...

La voz de su madre llenó sus oídos, suplicante ante lo que sabía iba a suceder. Hasta ahí habían llegado siempre las pesadillas y las cosas que los Dementores le provocaban, pero esta vez, sintió un suave calor a su alrededor, como si alguien estuviese abrazándolo, el perfume tenue, la caricia de una mejilla junto a la suya y estaba seguro que si entreabría los párpados podría ver el cabello rojo de su madre envolviéndolo en un último intento de protección.

Sin embargo en esa ocasión fue diferente. Por primera vez, escuchó algo más. Un susurro leve, pero con una firmeza que contradecía por completo la voz suplicante que había oído segundos antes.

- Harry, hijo de mi sangre, linaje de brujas; recibe el poder de tus antecesoras. Que el Legado viva en tu sangre y en la sangre de tus hijas...

De pronto, la voz se convirtió en un grito, y luego vino el silencio.

Como si hubiese despertado de un sueño, Harry levantó la cabeza muy despacio, inseguro de lo que había escuchado y vio al joven rubio sentado algo más lejos, la mirada gris penetrante muy alerta, sorprendida.

- ¿Pasó algo...?- preguntó Harry, dudoso.

- ¿Si pasó algo?... Ya lo creo... Estabas ahí, y de pronto hubo un resplandor... Algo así como una luz dorada, muy suave a tu alrededor- Draco intentó poner en palabras lo que había creído ver -. Creo... creo que hasta sentí un perfume... Luego todo se fue.

El joven moreno se quitó los lentes y los puso a un lado, se cubrió el rostro con las manos, en un gesto de desesperación, de desasosiego, hasta que una mano se posó en su hombro.

- ¿Tan malo fue lo que te dijo el viejo?

- No... Sólo inesperado, muy inesperado.

"Debió serlo si te puso en ese estado" pensó Draco, notando por primera vez el cansancio en el rostro de su compañero y algo que pudo identificar bastante bien: soledad. A pesar de sus amigos, Harry, en ese momento, se sentía aislado.

- No puedo decirte nada- avisó Harry, anticipándose a las preguntas que con seguridad vendrían.

Pero para asombro del moreno, Draco solamente asintió en silencio. Nadie mejor que él podía saber lo que significaba guardar cosas en su interior, secretos nunca revelados, palabras que no podía decir. Pero había alguien más asombrado que Harry en esa habitación y era el propio Draco, quien no podía terminar de explicarse esa aceptación tan simple que había surgido sin ningún tipo de presión. Tal vez era que simplemente comprendía.

- Creo que necesitas un trago- dijo con calma -. Si aceptas, yo pago.

Inopinadamente, Harry coincidió.

Ahora también entendía algunas cosas más. Su padre se había ofrecido como primer blanco para darle tiempo a su esposa y que hiciera lo que debía hacer: transmitirle el Legado. Su madre sabía lo que hacía cuando lo cubrió con su cuerpo, y sabía lo que iba a sucederle cuando aquel poder se despertase en su sangre aunque no tuviera el tiempo para explicárselo. Harry había sentido el profundo amor que le tenía en el momento de pronunciar aquellas palabras, su último pensamiento había sido obsequiarle ese enorme poder para que Voldemort no pudiese matarlo, aunque eso significó que ella quedara desvalida. Dumbledore tenía razón, no podía negarse a recibir el Legado; pero eso no significaba que estuviese contento.

En razón de eso, contestó al ofrecimiento de su compañero.

- Me parece que tienes razón, pero te advierto Malfoy; creo que voy a embriagarme.

El joven rubio levantó una ceja y casi sonrió.

- Mientras no me vomites encima, supongo que podré aguantarlo.

~o0o~

En la esquina del bar de Jack, Draco observaba con un poco de cautela a su compañero. Nunca hubiese podido pensar que Harry tuviese ese grado de resistencia al alcohol, descubrimiento que hubiera sido divertido en otra circunstancia, pero en el presente no lo era. Por conocimiento propio, el rubio sabía que cuando las personas bebían de más, en general se ponían locuaces y parlanchinas, pero este caso no era del todo común.

“Diablos, nada con él es común… Ni siquiera el modo en el que se embriaga…” pensó, mirando cómo Harry metía el dedo en el vaso con whisky y removía el hielo en su interior.

Harry había hablado un poco, de tonterías, al llegar al bar y durante los primeros tragos, pero cuando las palabras empezaron a arrastrarse de un modo sospechoso, simplemente se convirtió en una ostra. Aunque había bebido un poco para acompañar, Draco conservaba todavía su segundo whisky y veía cómo iba disminuyendo la botella que había pedido.

En la agradable penumbra del bar, Draco se encontró estudiando el rostro concentrado de ‘Potter’, aunque si tenía que ser honesto consigo mismo, ya no podía seguir llamándolo de esa forma después de pasar juntos tanto tiempo. Le sorprendía el hermetismo en el cual se había encerrado, una reacción que Draco reconocía como propia y que nunca hubiese podido esperar del Gryffindor que siempre estaba rodeado de gente que lo amaba y dispuesta a escucharlo. Podía sentir ese silencio solitario y casi abrumador casi como suyo.

“Finalmente somos más parecidos de lo que imaginábamos cuando nos conocimos…” razonó tomando un trago.

Ese sí era un pensamiento extraño y más extraña todavía era la sensación de que estando los dos allí, aún sin hablar, aquella soledad no parecía tan pesada y profunda.

Harry vació el último resto de whisky de la botella en su vaso y luego de mirarlo de forma vacilante por unos segundos, lo empinó decididamente. El envión lo hizo tambalear un poco y Draco reaccionó sujetándolo por el brazo por precaución. Los taburetes donde estaban sentados no eran lo más indicado para la escasa estabilidad que ya demostraba el moreno.

- Voy…- la mirada verde trató de enfocarlo a través de las gafas -. Tengo que ir…

- Muy bien. ¿Puedes ir solo?

- Si, creo…

Pese a que Draco no estaba del todo seguro de eso, decidió que podía arriesgarse; los sanitarios no estaban lejos pero igual no quitó los ojos de encima a la silueta vacilante hasta que se introdujo por la puerta cercana. Sin embargo, luego de unos minutos más de los que consideraba necesarios, pagó la cuenta y se dirigió hacia los baños. Sinceramente esperaba no encontrarlo vomitando, toda buena voluntad podía terminarse en ese momento.

Harry no estaba vomitando pero había cerrado la tapa de uno de los retretes y estaba sentado, mirando con los ojos entornados la distancia que lo separaba de la puerta, al parecer dudando de su capacidad para llegar hasta ella sin darse de narices contra el suelo. Draco se acercó despacio, y sólo como medida de precaución, se quedó de pie a un lado.

- ¿Estás bien?- preguntó, no obstante.

- Se… mue…ve…

- Ya veo. Creo que mejor vas a casa a dormir. ¿Puedes levantarte?

Esta vez Harry no contestó sino que intentó negar con la cabeza, pero hasta ese movimiento pareció demasiado.

- Cielos…- jadeó.

- ¿Vas a vomitar?- preguntó, retrocediendo un paso.

- Aun no… si no me muevo mucho…

- Entiendo- se acercó de nuevo y lo tomó por el brazo para ayudarle a ponerse de pie -. Vamos, te llevo a tu casa, pero voy a cobrarme esto de algún modo…

- No lo dudo…

El muchacho soltó una risita y eso lo desestabilizó un poco, por lo cual se aferró con rapidez a las ropas del otro. Las manos de Draco rodearon la cintura del moreno para impedir que cayese al suelo, lo enderezó, y como si fuese lo más natural del mundo, Harry se afirmó sobre sus pies apoyándose en él. Como si nada de lo sucedido en el pasado hubiese sucedido nunca, como si el antes no existiera.

Pese a la nebulosa del alcohol, era agradable para Harry tener alguien en quien apoyarse así. Las barreras que todavía existían, se habían puesto agradablemente borrosas por el whisky y no quiso bucear demasiado en aquello, además, no hubiese podido.

Por su parte, Draco todavía no estaba muy convencido de que el moreno no fuese a echar fuera todo lo que había ingerido así que se apresuró a convocar un Portal que los dejase en la puerta de la casa donde lo había visto entrar la noche de la pelea. Tuvo que sacudirlo un poco para que quitase las defensas de la entrada, cosa que Harry hizo manteniendo su varita apenas erguida.

Si había algo que Draco no necesitaba, era que una comadreja enfurecida hiciese su aparición en esos momentos, de modo que continuó remolcando a Harry hasta el interior para dejarlo sobre el sofá de la sala. De inmediato, el moreno cayó hacia un costado y se durmió. Sin saber demasiado por qué lo hacía, Draco se inclinó y le quitó las gafas que estaban torcidas y a riesgo de caer en cualquier momento. Las plegó y las puso en la mesita que había cerca.

La situación había sido extraña por demás, pero lejos de sentirse mal por ella, Draco solamente se sintió confundido.

“Quedarme contemplando a Potter no puede ser la solución” se dijo, y saliendo de la casa, desapareció.

Sin embargo, esa proposición no estaba tan lejos de la solución aunque él no lo supiese.

~o0o~

Ron se apareció en el vestíbulo de la casa bastante temprano. Estaba preocupado porque Harry no había aparecido para las clases de la tarde y eso no lo tranquilizaba en absoluto.

“Es más, el hurón tampoco estuvo y eso no me agrada... No confío en él. Si le hace algo a Harry, voy a asesinarlo, aunque yo termine en Azkabán” se dijo, mientras enviaba su capa hacia el perchero.

Un ronquido lo atrajo desde la sala, y apenas entró, vio los pies que sobresalían por el extremo del sofá. Pies calzados con los lustrosos zapatos que usaban en la Academia. Otro ronquido más fuerte y con algo de cautela, Ron rodeó el mueble para encontrar a su amigo, despatarrado de espaldas, dormido como un tronco.

- Harry, despierta...- dijo, acercándose para zarandearlo de un hombro y al hacerlo, sintió el olor del whisky -. ¡Merlín! ¿Te tomaste todo el bar de Jack?

Lo movió un poco más, y con algo de esfuerzo, Harry abrió un ojo y luego el otro. Fue una idea muy mala, porque todo empezó a dar vueltas a su alrededor y le causó una náusea tan violenta, que apenas consiguió voltearse para no vomitar sobre el sofá, aunque terminase haciéndolo sobre los zapatos de Ron.

- Ahhggg... ¡Qué asco! Harry, eres un despojo... ¿Por qué diablos...?

Iba a empezar a protestar, pero no era cuestión de hacer eso porque igualmente Harry no estaba en posición de hacer otra cosa que no fuese vomitar. Más asustado por no saber las causas que podían haber causado esa borrachera, el pelirrojo se aplicó a ayudar a su amigo a incorporarse, olvidándose del desastre en sus zapatos.

- Ya, tranquilo... No creo que puedas decirme por qué estás así, pero no importa...

- No... no pue... do...- balbuceó Harry -. No pue... do... decir...

- No te preocupes... ya me dirás cuando puedas- Ron sacó su varita para limpiar la suciedad del piso -. Scourgify.

- Gra...cias...- masculló Harry, derrumbándose de nuevo en el sofá.

- De nada, compañero, pero vas a tener que cambiarte de ropa, porque esa apesta.

Un nuevo sonido de aparición desde el vestíbulo anunció que alguien más llegaba, y sólo podía ser Hermione, ya que ellos tres eran los únicos que podían aparecerse así en la casa. Entró a la sala y dejó su cartera sobre la mesa al tiempo que su capa iba a hacerle compañía a la de Ron en el perchero. Al girar vio a sus amigos en el sofá.

Lo primero que Ron apreció fueron los ajustados jeans que surgieron de debajo de la capa, la camisa, demasiado desabrochada para su gusto y el cabello largo y ondulado, cayendo en una brillante cascada por la espalda erguida. Había un brillo muy inusual en los ojos castaños de la muchacha cuando los miró, pero aquel pronto se vio opacado cuando reparó el estado en el que se encontraba uno de ellos.

- Cielos... ¿Qué le pasa a Harry?

- ¿De dónde vienes?- preguntó Ron, sin haber escuchado siquiera la pregunta de la muchacha.

- No es tu asunto- contestó, sentándose cerca del moreno y verificando que estuviese bien.

- No te vi en la cafetería y tampoco a la salida de la Academia.

- Tal vez sea porque estabas babeando detrás de esa rubia... ¿Cómo se llama...? Oh, Amy. ¿O esa era la rubia de la semana pasada? Ah, no... La de la semana pasada era morena.

- Sí, era mo... rena...- terció Harry, abriendo un ojo.

- Gracias por tu ayuda, Harry- masculló el pelirrojo.

- Por... nnnn...

- Creo que es mejor que lo llevemos a su habitación y que duerma la borrachera- dijo Hermione.

- De acuerdo, pero primero quiero saber dónde estabas- insistió Ron.

- No, no quieres saber dónde estaba, y tampoco quieres saber con quién ni haciendo qué cosa Ron, porque no te interesa. Y tampoco me interesa a mí decírtelo- decididamente se puso de pie y sacó su varita para apuntar con ella a Harry que dormitaba de nuevo -. Locomotor Corpus.

Exánime, Harry se elevó por el aire y levitó por la sala rumbo hacia las escaleras, de acuerdo al rumbo que imponía la varita de Hermione.

- Por supuesto que me interesa... podría haberte pasado algo... Eres mi amiga, sólo me preocupé por ti...

- Siii...- Harry levantó apenas la cabeza para hablar -. Se preoc... peroc... Uff... se interesss...

- Mejor yo lo llevo- cortó Ron, poniéndose de pie y cortando la frase antes que Harry dijese algo que no debía.

- Como quieras.

Mientras Ron hacía levitar a su amigo hacia la habitación, no dejaba de preguntarse cual podía ser la razón para que Harry se hubiese puesto semejante borrachera, pero la que le inquietaba más en ese momento, era saber por qué Hermione salía tan perfumada y se veía tan sonriente en los últimos tiempos.

Pensando en eso, no reparó que el estado de ebriedad de Harry no le hubiese permitido nunca llegar por sí solo a la casa. Eso fue bueno, porque si hubiese sabido que Draco Malfoy se había encargado de llevarlo y dejarlo en el sofá donde lo habían encontrado, seguramente hubiese estallado de indignación.

Aunque lo más probable es que no lo hubiese creído.

 


(1) Algunos estudios sobre la evolución de las distintas razas desde una sola familia de homínidos, se basó en el análisis del ADN mitocondrial de las mujeres, porque sostenían que las variaciones genéticas que marcaban el desarrollo de la especie se transmitía en el ADN femenino… Hay que darle voto de confianza, después de todo, los egipcios sostenían que la sangre del Dios se transmitía a través de las mujeres, y los celtas también tenían una marcada tradición matriarcal… Veto a saber si era cierto, pero a mí me sirvió para el fic.

(2) ¿Han leído ‘Dune’? Bueno, las Bene Gesserit podían manipular el nacimiento de los varones para evitar la aparición del Kwisazt Haderach (una especie de Mesías). Como se basaban en el control físico y mental absoluto, supongo que simplemente evitaban que anidara un embrión con un feto masculino. Para el fic, las descendientes de Nimué pueden hacer lo mismo, y mediante la magia, beneficiar el nacimiento de la mujer que llevará el Legado.

 

 

 


Capítulo 5


Desde su asiento, Dumbledore veía el sinfín de libros y papeles que Snape tenía desperdigados sobre una gran mesa de trabajo.

Con paciencia, luego de regresar de la mansión Malfoy, Severus había ido a su oficina y repasado casi todos los acontecimientos, había hecho una remembranza de lo que había visto y merced al duro entrenamiento de memoria, había identificado los libros faltantes en la habitación de Lucius.

Una extenuante visita a la Sección Prohibida de la biblioteca, rastreando algunos de los volúmenes necesarios, más otros conseguidos de su propia colección y que jamás hubiesen estado en la biblioteca del colegio. Luego de vuelta a la oficina a tratar de darle forma a ese rompecabezas, si es que tenía alguna forma.

En general, Severus prefería estar solo cuando hacía esas cosas, necesitaba poder concentrarse por completo, pero no podía negarse a permitir que Albus estuviese presente. Tenía frente a sí diversos y antiguos tratados de Astronomía y magia egipcia aún más antigua.

- Creo que esto es todo- dijo al fin -. Todo lo que faltaba en los estantes y algo de lo que había en el escritorio, dentro de lo que pude observar.

- ¿Debe haber una conexión, necesariamente?

- No. Además, también debemos considerar el hecho de que Lucius es muy astuto y podría haber regado todo esto en previsión de alguna intromisión.

- ¿Es del todo frecuente que alguien se inmiscuya tanto en la mansión?- preguntó Dumbledore, algo extrañado.

- Buen punto, Albus. No, nadie llega tan lejos- comentó, sentándose a pensar un poco mas en el tema.

Dumbledore también se aplicó a pensar en eso al tiempo que observaba al concentrado Profesor de Pociones.

A pesar de las curas de Madame Pomfrey, el mago todavía exhibía una magulladura en el pómulo derecho y una lastimadura en los labios finos y pálidos. Casi siempre que Severus iba a la mansión, regresaba en ese estado, pero sabiendo que al hombre le molestaban las preguntas, Dumbledore siempre se limitaba a preocuparse por su salud por intermedio de Madame Pomfrey.

No le gustaba el papel que Snape jugaba desde hacía ya tiempo, pero era necesario como tantas cosas que no le gustaban. Nunca había terminado de gustarle el hecho de que arriesgase su vida en cada reunión con Lucius, que de momento parecía haberse convertido una vez más en la mano derecha de Voldemort. Un solo paso en falso, y Snape quedaría en evidencia y grave riesgo.

Ignorante de esos pensamientos, Snape seguía pensando.

- Hay algo más en esto, Albus. Algo que se me está escapando...- cerró los ojos y volvió a ver la imagen de la habitación, separándola cuidadosamente del resto de los recuerdos -. Manzana, varita, lápiz, papel...

A su pesar, Albus sonrió al reconocer las palabras. Ése era el juego con el cual él le había enseñado a un joven y arrepentido Severus a recordar cada detalle mirándolo todo sólo una vez. Poner objetos en una mesa, mirarlos un segundo, cubrirlos con un lienzo y tratar de recordar todo lo posible. Y cuando podía recordarlos todos, cambiarlos por otros, agregar más... Muchos años después, Snape seguía usando el método.

- Un periódico- dijo de pronto, abriendo los ojos -. The Prophet. La edición aquella que hablaba del mago que Harry encontró descuartizado, eso es lo que falta.

- El mago descuartizado era Profesor de Astronomía de la Universidad Mágica de Londres- observó Dumbledore, siguiendo la línea de deducción, y recordó algunas de las cosas que Harry le había dicho durante su conversación -. Harry dijo que los Mortífagos lo habían usado para hacer algún trabajo... Algo relacionado con su especialidad, podemos suponer.

- Y están estos libros... Les di un vistazo, y hay algunos tratados realmente antiguos y complicados. Lucius nunca destacó en Astronomía, quizás tropezaron con algo grande que incluso excede los conocimientos de Voldemort en ese campo.

- Hubo un par de asesinatos más, pero eran jóvenes de la Universidad y el Cuerpo de Aurores no está del todo seguro que haya sido obra de los Mortífagos.

- No se pueden descartar, quizás tenían alguna conexión con ese mago. Es posible que participaran en algún proyecto conjunto y por esa razón, Voldemort pensó que podían estar al tanto de lo que el profesor había tenido que hacer.

- Estamos conjeturando demasiado, Severus.

- Cierto... Albus, usted tiene contactos en la Universidad, tenemos que saber en qué proyectos estaba trabajando ese mago. ¿Podría averiguar algo de esos jóvenes?

- Puedo contactar a alguien ahí- dijo, poniéndose de pie para abandonar la oficina y observó una vez más el rostro moreno que había vuelto a concentrarse en los papeles -. Madame Pomfrey me pidió que te preguntase como seguías de tus... ehm... lesiones.

Snape se envaró al oír la pregunta. Lesiones, así es como les llamaba la mujer por delicadeza, porque aparte de las contusiones que tenía, también tenía los resultados de un encuentro sexual algo mas violento de lo previsto. No le dedicó ni siquiera una mirada al anciano para no ver su expresión de conmiseración.

- Puede decirle que estoy bien, Albus. Quizás no necesite volver a verla por ahora.

La respuesta fría del hombre convenció a Dumbledore de no insistir con otras preguntas, de modo que resolvió aceptar sus palabras.

- Muy bien, Severus.

Cuando la puerta se cerró tras él, Snape se relajó un poco. No quería la compasión de Dumbledore, no quería la compasión de nadie. Había un trabajo sucio por hacer y él era quien lo hacía. Y para hacerlo necesitaba mantenerse aislado, frío y reservado.

Pensó en lo sucedido, en las manos blancas de Lucius que podían acariciar el lugar que segundos antes habían magullado y no pudo evitar una comparación mental con otras manos, que había llegado a ansiar en los últimos tiempos. Sin embargo, tenía tantas posibilidades de conseguir una caricia de esas manos en particular, como de despertar mañana y enterarse que Voldemort había muerto.

Desterró el pensamiento con un gesto de fastidio por la debilidad momentánea y resolvió dedicar el resto de la noche a releer uno de los volúmenes que tenía sobre el escritorio.

Tenía que averiguar lo que el Señor Oscuro se proponía y así evitaría soñar con el dueño de esas otras manos.

~o0o~


- Cada equipo tiene su tarea asignada, tienen tres días para trabajar en eso y presentar los resultados. Quiero un trabajo prolijo, con el detalle de los procedimientos, los resultados y las implicancias de esos resultados por escrito.

La mujer hablaba con voz nasal y entrecortada mientras paseaba entre los pupitres mirando los rostros jóvenes que tenía enfrente. No eran muchos, pero nunca lo eran. Nunca eran demasiados los que llegaban a las últimas instancias de la carrera. Ella misma, en su época, había sido una de esa minoría.

- No habrá consultas entre los equipos, porque será también una competencia por puntaje. En este punto de sus carreras es de suponer que todos pueden hacerlo de manera satisfactoria, pero podremos verificar quienes lo hacen mejor - miró el reloj sobre la pared -. Pueden irse.

Harry metió las cosas en la mochila y salió.

- ¡Ron!- llamó, siguiendo al pelirrojo -. ¿Vamos a almorzar?

El aludido giró, dejando de hablar con Fritz mientras revisaban el papel que tenían entre manos.

- Uhm... Eh... Harry... Fritz y yo vamos a empezar a trabajar en esto...- intentó explicar.

- Oh. Estás decidido a hacer las cosas bien, según veo- comentó con una sonrisa.

- Intento patearles el trasero con esto, amigo. A ti y al hurón- contestó aquél, mas calmado, viendo que Harry no había tomado a mal la negativa -. Esos puntos van a ser míos.

- En tus sueños, Ron.

- Veremos.

Fritz y Ron se alejaron por uno de los pasillos al tiempo que Harry regresaba al aula y retomaba su asiento. Draco no se había movido de su sitio todavía, tomando algunos apuntes acerca de la clase.

Un poco por curiosidad, Harry desplegó el pergamino que les habían dado y empezó a leer. No se dio cuenta que Draco había terminado lo suyo y se estaba asomando a su lado para leer también.

A medida que leía, Harry deslizaba el dedo marcando algunas cosas, pero al llegar a un punto, se detuvo, sorprendido.

- Este ingrediente es ilegal- comentó.

- Quita la mano, Potter, así puedo seguir leyendo- dijo Draco, pero como el otro no pareció haber oído, simplemente puso su mano sobre la otra para quitarla.

Fueron apenas unos segundos de contacto, pero durante ellos, Harry volvió a sentir aquella sensación que había percibido luego de la conversación con Dumbledore. Era confortable, cálida; pero en los segundos que siguieron, una parte de su cerebro registró que el contacto no estaba dentro de lo usual y la retiró, intentando por todos los medios no ceder al repentino rubor que estaba amenazando con subirle al rostro.

- Eh... Este ingrediente es ilegal- repitió, para ocultar el momento.

- Ahora que puedo leer, creo que tienes razón- comentó Draco, como si no se hubiese percatado de nada.

Pero sí lo había hecho, se había dado perfecta cuenta del momento de turbación que sin querer había provocado en su compañero e intentó no darle importancia.

"Son ideas tuyas, Draco. Tu mente fantasiosa no deja de trabajar y a veces se va por cauces insólitos. Regresa al mundo real. Es Potter" se recriminó al punto, obligándose a poner los pies en la tierra. Con un gran esfuerzo, volvió a fijar la vista en la lista que tenían enfrente.

- Un par de ingredientes más y esta poción podría considerarse Magia Oscura- afirmó el rubio, registrando el resto de los componentes.

- Alguno de nuestros futuros colegas podría arrestarnos por hacer esto... ¿Por qué nos darían algo así para hacer?

- Ni idea. Vamos a tener dificultades para conseguir todo esto... Al menos para algunas de estas cosas.

- Tenemos que hacerlo- afirmó Harry -. Esos puntos tienen que ser nuestros.

El comentario levantó una leve sonrisa en el rostro pálido que tenía cerca.

- ¿Serás capaz de fregar a tu amigo Ron por esos puntos?

- ¿Y tú serás capaz de hacerlo con Fritz?- retrucó.

- Fritz no es mi amigo, es un compañero- dijo, estableciendo algo que parecía una pauta importante -. Y sí, estoy perfectamente decidido a no dejar que sus deditos germánicos se cierren sobre esos puntos.

Harry contuvo la risa.

- ¿Deditos germánicos...? Bueno... Ron es mi amigo y también mi compañero, pero creo que él sí tiene intenciones de fregarme en este trabajo, así que intentaré no hacérselo tan fácil.

- Ahora que nos hemos puesto de acuerdo, veamos cómo conseguimos los ingredientes- dijo Draco, conforme con el transcurso de la conversación.

Por unos instantes, había temido que Harry no estuviese dispuesto a dar su mejor esfuerzo por no ir en contra de su amigo. Señaló dos o tres de la lista.

- Puedo conseguir estos con mi padrino. Severus debe tenerlos en su laboratorio en Hogwarts, estoy seguro.

- ¿Snape es tu padrino...?- preguntó sorprendido por la novedad, porque pese al evidente favoritismo que el profesor había demostrado en el pasado, nunca había tenido la certeza de algún parentesco o lazo similar entre ellos.

- ¿No lo sabías?

Harry contuvo a último momento la observación de algo que podría haber iniciado una discusión al recordar cómo su antiguo profesor siempre favorecía al rubio durante sus clases.

- No, no lo sabía- dijo mordiéndose los labios. Miró la lista y pensó un poco lo que iba a decir, porque la conversación le había dado una idea -. Creo que sé de alguien que puede decirme cómo conseguir éste.

- Si el ingrediente es ilegal, la manera de conseguirlo no debe ser muy legal que digamos...

- ¿Te estás echando para atrás, Malfoy? ¿Asustado?

Draco se irguió en su asiento, acicateado por la frase.

- Eso quisieras.

Por unos instantes, ambos recordaron el pequeño diálogo, tan similar a uno que habían mantenido antes de un simulacro de duelo y las miradas se encontraron pero esta vez fue Harry quien cortó el momento.

- Estamos llegando tarde al Ministerio, muévete Malfoy, luego seguimos con esto.

Sin darle tiempo a otra reacción, recogió su mochila y salió del aula.

~o0o~

Ron y Fritz cuchicheaban en su cubículo cuando Draco y Harry llegaron. Al punto, los susurros cesaron, como si temieran que pudiesen escuchar sus planes, pero otra voz cubrió el vacío.

- Malfoy, Potter; los dos a mi oficina. Ahora- dijo la voz tonante de Owens.

- ¿Qué diablos hiciste ahora, Potter?- susurró el rubio.

- ¿Por qué siempre supones que fui yo el que metió la pata, Malfoy...?

Ese fue el único intercambio de palabras que pudieron tener antes de entrar a la oficina del Jefe, que ya los esperaba detrás de su escritorio. Esperó a que ambos estuvieran de pie frente a él y con un pase de la varita cerró la puerta.

El hombre miró por unos instantes a los dos muchachos que tenía enfrente, intentando saber a qué clase de trato habían llegado para funcionar como equipo. Le habían referido las historias de esos dos mientras cursaban juntos en el colegio, y había esperado tener que separarlos, pero aparentemente habían conseguido no matarse por el momento.

- Tengo un pequeño inconveniente con ustedes dos. O más bien con sus informes- su varita hizo levitar una pila de papeles desde un mueble cercano y tomó uno de ellos -. Malfoy... Buena letra, legible, sin faltas de ortografía y buena gramática... Pero un informe es un resumen de hechos, no una declaración del patrimonio familiar... ¡Por todos los jodidos demonios...! ¿Nadie te enseñó nunca a resumir?

La pila de papeles voló directo a los brazos de Draco, que apenas si llegó a tomarla antes que cayera al suelo. Por el rabillo del ojo, Harry alcanzó a ver que un tenue color rosa le subía al rostro pero no hizo ni una mueca al respecto.

- Potter- una pila similar llegó ahora al escritorio -. Supongo que tus informes son mejores. En apariencia no tienes dificultad para captar los hechos importantes y resumir lo sucedido... Eso, si pudiera entender algo de lo que escribes. Condenación, Potter. ¿Podrías tomar la pluma con las manos en lugar de escribir con los pies? ¡No se entiende una jodida frase!

Siguiendo el procedimiento anterior, también los informes de Harry volaron a sus brazos.

- Voy a ser claro. Escribir los informes es un maldito dolor de testículos. Lo sé; pero también es parte de lo que será su carrera, así que no tienen más remedio que hacerlo y hacerlo bien. En cinco días tendremos una revisión interna para evaluar este aspecto de los futuros Aurores, de manera que esos informes tienen que estar al día, y legibles. También ayudaría que las historias coincidan en líneas generales. ¿De acuerdo?

- Sí, señor- respondieron los dos.

- Perfecto. Lárguense.

Ambos volvieron a sus escritorios en silencio. Harry observó su pila de papeles y la otra similar en el escritorio de su compañero.

- Esto debe ser alguna especie de castigo... Debí hacer algo muy malo en otra vida- se quejó.

- ¿Cómo demonios vamos a poner esto al día si tenemos que seguir con el resto de las tareas...?

- Eso sin mencionar nuestro último encargo...

La cabeza de Ron se asomó por la abertura.

- ¿Problemas, Harry...?- miró la pila de papeles con gesto evaluativo- Yo diría que eso les va a llevar bastante tiempo.

- Muérete, Weasley- dijo Draco antes de poder contenerse.

- Después de ganar esos puntos, hurón; sólo después- dijo desapareciendo.

Draco dio la vuelta y se acercó a Harry para hablarle al oído.

- No sé cómo, no sé en qué momento,... pero vamos a terminar esto y la poción, aunque no duerma en los próximos cinco días. Y tú vas a estar conmigo o te voy a despellejar.

- Tranquilo, Malfoy- comentó Harry, divertido -. Vamos a enseñarle a alguna gente que no se juega con fuego sin quemarse.


~o0o~

Dos noches mas tarde, un par de sombras corrían a toda velocidad entre los contenedores de la zona del puerto muggle del Támesis. Las capas ondeaban en el aire frío y alrededor, algunos disparos repicaban levantando astillas. Se refugiaron detrás de una casilla de madera, tratando de recuperar el aliento.

- Maldición, Malfoy, se supone que tenías que pagarle y ya- jadeó Harry.

- Se supone que el tipo tenía que aceptar el dinero y darme el maldito ingrediente... ¿Cómo iba a saber que iba a querer largarse con todo?

Harry guardó silencio, escuchando. El último componente que debían conseguir, polvo de cuerno de rinoceronte negro, era tan ilegal en el mundo mágico como en el mundo muggle, pero no les había quedado más remedio que buscarlo. En ese punto, Harry había contactado a Sirius, quien seguía oculto y prófugo desde hacía ya muchos años y justamente por ese motivo, tenía los conocidos necesarios para ayudarlo.


- Eso pasa por tratar con muggles...- rabió Draco -. Ahora perdimos el dinero y tampoco tenemos el componente.

- ¿Por qué eres tan derrotista?- Harry metió la mano en el bolsillo interno de la túnica y sacó un pequeño bolsito de tela. Lo zarandeó ante la sorprendida mirada gris.

- ¿Cómo...?

- Cuando empezó el lío, el tipo le prestó demasiada atención al dinero y descuidó sus bolsillos...- replicó con un guiño cómplice, guardándolo -. Los hechizos convocadores siempre se me han dado bien.

- Potter... Primero me traes a este tugurio, lleno de muggles que quieren matarnos; después te dedicas a robar como un vulgar carterista... Ahora sí me estás asustando.

- Y tú me estás sorprendiendo. Nunca soñé oírte decir que estabas asustado...- comentó mientras se asomaba por un costado para verificar si ya habían desistido de perseguirlos para poder desaparecerse sin testigos.

El muelle había vuelto a quedar en silencio. De repente, una explosión retumbó en medio de la noche, y la casilla de madera tras la cual estaban parapetados, voló en pedazos.

La fuerza de expansión arrojó a los dos un par de metros más lejos, entre el humo, quedando ambos casi cubiertos por las maderas y los restos de lo que había sido la casilla.

El impacto contra el suelo dejó a Harry unos segundos sin conocimiento, pero luego empezó a recuperarse poco a poco. Aparte del dolor de espalda, le zumbaban los oídos de manera espantosa y había quedado atrapado entre los escombros.

"No... no creo que sean piedras, no son tan pesadas..." pensó antes de intentar abrir los ojos y al hacerlo, se dio cuenta que el peso no era tanto porque no eran piedras o madera, era Draco, que le había caído encima. La cabeza rubia descansaba sobre su hombro, muy cerca de la suya, y Harry pudo percibir el tenue aroma a pino del perfume que usaba. De momento, lo único que le preocupó fue que el joven parecía inconsciente y no meditó que sentir ese perfume por encima del olor de la explosión revelaba que estaba mucho más cerca de lo que jamás habían estado.

- Malfoy...- susurró Harry, intentando moverse, sin resultados -. Despierta... ¿Estás bien...?

Al cabo de unos instantes, hubo un suspiro seguido de un quejido de dolor y luego la cabeza rubia se movió un poco, también desorientada por la situación.

Draco alcanzó a fijar la vista en un mechón de pelo negro, luego sintió un montón de dolores juntos y sólo después se dio cuenta de donde estaba y de la proximidad embarazosa en que la situación lo había puesto.

Escuchó la pregunta de Harry, y asintió antes de hablar pero no llegó a hacerlo. El moreno maniobró rápido y consiguió taparle la boca antes que hablara.

- Shh... Quédate quieto...- susurró.

Segundos después algunas voces se acercaron, también los pasos de al menos dos personas, aunque ninguno de los dos podía ver desde donde estaban. Comenzaron a revisar entre los escombros pero el sonido de una sirena lejana que parecía estar acercándose detuvo la búsqueda. Con bastante rapidez, los pasos se alejaron dándose por conformes con lo sucedido.

- Ahora sí... Creo que se fueron... ¿Estás bien?

- Creo que no tengo nada roto... No puedo asegurártelo en este momento- contestó el rubio, susurrando todavía.

- ¿Puedes levantarte...? Estás un poco pesado- comentó Harry, intentando no pensar en que el cuerpo sobre el suyo no parecía ni tan pesado, ni tan molesto como hubiese debido.

- Lo intentaré.

Draco maniobró apoyándose con los brazos para quitarse, pero al hacerlo, involuntariamente, la parte inferior de su cuerpo presionó contra el otro cuerpo antes que pudiera erguirse sobre sus rodillas. Durante un segundo ninguno de los dos se animó a hacer otro movimiento, un poco temerosos de ese contacto, hasta que al final, el rubio se hizo a un lado; sentándose a un costado.

- ¿Estás bien, Potter?

- Sí... Creo que sí- dijo sentándose también.

- Sin mencionar que casi nos matan, creo que ya tenemos todo lo necesario para la poción.

- Así parece.

Dolorido, Draco se puso de pie muy despacio y desde arriba contempló al joven moreno que también hacía lo mismo. Por alguna razón, ninguno de los dos parecía muy dispuesto a hablar.

- Vámonos de aquí antes que lleguen los muggles de la sirena- dijo Draco -. Mañana iniciaremos la preparación.

- De acuerdo.

Sin ánimos para hacer otros comentarios, después de verificar que no hubiese testigos muggles, ambos desaparecieron rumbo a sus respectivas casas.


~o0o~

Se habían pasado gran parte de la tarde en uno de los laboratorios de la Academia haciendo la poción, siguiendo las instrucciones y haciendo al mismo tiempo, el trabajo escrito. Después de lo que habían pasado para obtener todos los componentes, la elaboración resultó casi tan exhaustiva como el proceso de conseguir todo lo necesario. Por fin, cuando ya era de noche, la poción estuvo terminada y Draco puso el punto final al escrito.

- No tiene sentido que corramos el riesgo de hacer un desastre- dijo Harry -. Podemos dejarla en uno de los casilleros, bien cerrado, y mañana estará aquí cuando vengamos a clase.

La idea era coherente y el rubio aceptó.

Al día siguiente, al iniciar la clase de Pociones Avanzadas, Draco esperaba impaciente a que Harry trajese todo. Como de costumbre, aquel entró al aula a último momento, seguido de la profesora.

- ¿Dónde demonios estabas?- preguntó exasperado -. ¿Te perdiste o qué?

Harry miró a su compañero dudando si decirle o no lo que iba a pasar, pero al final, la anciana profesora decidió por él.

- Muy bien, veamos los resultados del trabajo. Potter, ¿puede darme sus resultados?

- Sí, profesora- extrajo el pergamino con el escrito y ya en ese momento, Draco vio, extrañado, que parecía haber un pliegue extra en el rollo -. Están detallados los componentes, el procedimiento de elaboración y los resultados. También los posibles efectos de la poción resultante.

- Bien. ¿Dónde está la poción?

- La destruí- dijo resuelto.

No quería volverse para mirar la expresión que seguro debía tener el rostro de su compañero, porque además había escuchado con claridad una especie de exclamación ahogada.

- ¿La destruyó?- preguntó la mujer, sorprendida.

- Sí, profesora.

- ¿Y puede decirnos por qué hizo eso?

- En principio, porque debido a los ingredientes utilizados, la poción resulta altamente peligrosa e inestable. Mantenerla en condiciones no adecuadas podría desencadenar efectos en todo este edificio si está bien hecha. Luego, porque según el Decreto Nro. 15387 del Código de Regulación de la Magia, esta poción está en la llamada 'Zona Gris'. Es decir, de no mediar una autorización expresa del Ministerio para la elaboración de estas pociones, la posesión o elaboración de las mismas será severamente castigada.

- ¿No se le ocurre pensar que tenemos autorización del Ministerio para pedir que los estudiantes la preparen?

- ¿La tenemos?- preguntó Harry, sin amilanarse.

- ¿Y cómo piensa que voy a evaluar la poción si no la tengo a la vista?

- Por la descripción de los eventos. El Profesor Snape en Hogwarts solía decir que podía saber si una poción estaba bien hecha leyendo la descripción de cada uno de los pasos preliminares y sus consecuencias. El efecto final...

- Se puede prever de manera lógica por los pasos anteriores correctos- la anciana profesora terminó la frase intentando ocultar una sonrisa -. Supongo que su compañero de equipo estuvo en un todo de acuerdo con esta decisión.

Harry intentó con todas sus fuerzas no volverse a mirar a Draco, que en ese momento caía en la cuenta de que le estaban hablando a él. Una parte de él quería intensamente agarrar a Harry y sacudirlo a golpes o echarle tantos maleficios que no lo reconociesen en ningún sitio; y otra había escuchado con atención toda la exposición que había hecho y tenía el pálpito que estaba en lo correcto.

- Sí profesora- dijo luego de apenas un segundo de vacilación.

- Perfecto, entonces; asumiré que todo lo que me dijo está convenientemente explicado en su trabajo, señores. Potter, puede sentarse. Señores Weasley, Kruger, pueden presentar su trabajo.

Harry volvió a su asiento sólo para escuchar un susurro a su lado.

- Recuérdame que te asesine en cuanto termine la clase, Potter.

Harry no se molestó en contestar. Durante toda la noche había estado pensando en la poción, en todo lo que habían pasado para poder hacerla, pero sobre todo, en el presentimiento de que lo que estarían evaluando no era exactamente la capacidad para hacer una mezcla, sino algo más.

La poción no era del todo ilegal y él recordaba que muchas veces Sirius le había comentado que el Ministerio empleaba los llamados métodos de la 'Zona Gris' para luchar contra los Mortífagos; pero que la única manera de regularlos, era con una autorización para su uso. Con eso en mente, y como no había podido dormir, muy temprano había ido a la biblioteca para verificar lo que había recordado y tratar de redactar la explicación de lo que iba a hacer.

No escuchó la exposición de Ron, ni nada del resto de la clase. Lo único que podía hacer, de momento, era rezar para no haber hecho un desastre.

Unos minutos antes de finalizar la clase, la profesora se puso de pie y evaluó la expectativa en los rostros que la miraron. Con algunos defectos, la mayoría había conseguido hacer la poción de manera casi correcta, pero Harry había tenido razón. Si hubiese estado perfecta, hubiese sido peligrosa e inestable; y sin dudas era ilegal porque también había tenido razón en eso: no tenían la autorización del Ministerio.

- Muy bien, señores, la puntuación máxima para este trabajo corresponderá al equipo Malfoy-Potter. La descripción de los eventos es correcta, por lo que se deduce que el resultado final era el óptimo. Tenían razón en sus deducciones, señores; la poción causa efectos polimórficos inestables si está bien hecha. Los demás equipos pueden agradecer no haberla hecho correctamente. También se tuvieron en cuenta sus conocimientos de nuestro Código de Regulación de la magia.

Harry escuchaba a la profesora sin levantar la vista. Hubiese querido sentirse contento, pero de momento, sólo se sentía aliviado.

- Tendremos un nuevo trabajo la semana entrante, veremos el desempeño en otras áreas. Pueden retirarse.

Un poco sin saber qué hacía, metió las cosas en la mochila, y al ponerse de pie encontró la mirada de Draco justo sobre él. Todavía parecía indeciso entre felicitarlo o asesinarlo.

- Malfoy... escucha un momento...

- No digas nada. Todavía estoy muy propenso al homicidio, así que no juegues con tu vida, Potter. Casi me muero de un infarto cuando escuché que habías destruido la poción... No creas que no puedo apreciar lo acertado de tu decisión, pero por lo que más quieras, la próxima vez, avísame antes de hacer algo así...

Draco tomó sus pertenencias y salió antes de cambiar de opinión, dejando a Harry medio confuso, sin saber si tomar esas palabras como un elogio o una advertencia.

- Muy bien, Harry; felicitaciones- dijo la voz de Ron a sus espaldas.

Cuando Harry se volvió hacia él, encontró una expresión que ya había visto antes.

- Supongo que encontrar los ingredientes adecuados no resulta difícil cuando tu compañero es el hijo de un Mortífago.

- Él no consiguió el ingrediente ilegal... yo lo hice; pero creí que estabas dispuesto a competir...

- Oh, claro... un componente ilegal es tan fácil de conseguir para cualquiera...

- Sirius me contactó con gente que él conoce- admitió al fin Harry en voz baja -. ¿Puedes decirme por qué te resulta tan difícil de aceptar? Ustedes hicieron un muy buen trabajo.

- No lo suficiente, por lo visto.

- ¿Y que esperabas de mí? ¿Que saboteara mi propia tarea para que la tuya fuera más fácil? Eso no hubiese sido honesto para ninguno de los dos, Ron; lo sabes. Eres el mejor de la clase...

- Después de ti, claro- Ron hablaba sin demasiado convencimiento, quizás mas atormentado por el escaso resultado de sus esfuerzos que por otra cosa -. Al parecer, nunca puedo ir primero en alguna cosa cuando estás conmigo...

Esa última declaración fue casi un murmullo, pero Harry la escuchó a la perfección. Vio a Ron salir del aula pero no lo detuvo. Ya en ocasión del Torneo había visto esa reacción, y había creído que el tiempo había borrado esa sensación de inferioridad que a veces tenía su amigo. Evidentemente no había desaparecido del todo, todavía estaba ahí, dispuesta a salir a flote cuando menos lo esperaba. Desalentado, decidió que por el día era suficiente, y regresó a casa.

~o0o~

Escuchó la puerta del vestíbulo abrirse y luego cerrarse con demasiado ímpetu, de inmediato un huracán de nombre Hermione entró en la sala y se dejó caer sobre uno de los sillones frente a la chimenea.

Recostado en el sofá, Harry la observó por unos segundos antes de preguntar. Se veía bastante contrariada por decir lo menos.

- Si discutiste con Ron, discúlpalo; la culpa es mía- dijo intentando suavizarle el carácter -. Lo puse de mal humor desde temprano.

- No discutí con Ron, discutí con Fritz.

- ¿Perdón...?- eso sí era novedad.

- Uf... Él y yo... Bueno... Teníamos algo...

- ¿Tú y Fritz...?- Harry la miró sorprendido -. ¿Tienes algo con ese alemán?

- Algo así- Hermione se deshizo de la capa y la envió flotando hasta el perchero del vestíbulo -. Es bastante amable, inteligente y guapo... Recita muy bien a Goethe.

- ¿Entonces por qué discutiste con él?- preguntó Harry, sin saber quién demonios era Goethe.

- Porque estaba intentando convencerme de... bueno, de algo... Algo para lo cual aún no estoy lista; y se puso un poco celoso, porque como sabe que los tres vivimos juntos, cree que tengo algo con uno de ustedes.

- Bueno, Herm. Sí tienes algo con uno de nosotros, el que Ron aún no se dé cuenta es casi un detalle.

- Fritz cree que es contigo.

- ¿Conmigo?- eso sí consiguió divertir a Harry por unos instantes.

- Ahá. Dice que la amistad entre el hombre y la mujer no existe, y yo le dije que somos amigos desde los once pero como no me creyó, terminé peleando con él.

- ¿Y estás segura de que peleaste con él por eso, o como excusa para no involucrarte en algo más fuerte con ese tipo?

Hermione suspiró, una observación de ese estilo le hubiese molestado viniendo de otra persona, pero Harry era casi un hermano para ella y sabía que las cosas que le decía, en general eran ciertas.

- Supongo que por las dos cosas- admitió al fin -. Pero sí me molestó lo que dijo porque parecía muy seguro...

- Nosotros somos amigos, siempre hay una excepción a la regla.

En ese punto, los ojos castaños escrutadores de Hermione se clavaron en Harry y aquel se asustó un poco, en general, esas miradas precedían a ideas un tanto alocadas.

- Ron no me presta atención, y ahora que lo pienso, eso debe ser por alguna razón... ¿Harry, estás seguro que no te sientes atraído por mí?

- Eh... Herm... - contestó un poco turbado -. Eres una chica hermosa... de hecho, muy bonita... pero...

- Pero no te atraigo.

- No de la forma que Fritz debe pensar...

- ¿Seguro?

Harry asintió, en realidad, nunca se había detenido a pensar en ello y la joven pareció meditar mucho en el asunto por unos cuantos segundos.

- Harry, necesito hacer un experimento contigo- dijo al final y se pasó al sofá junto a él.

Inopinadamente, la cercanía puso un poco tenso a Harry.

- ¿Qué clase... de experimento?

- Quiero que me beses.

Harry se quedó mudo, sin palabras por unos instantes.

- No estás hablando en serio...- dijo en cuanto consiguió recuperar algo de voz.

- Sí, hablo en serio. Hemos estado juntos mucho tiempo los tres, y lo que dijo Fritz me puso a pensar. Sé que me gustaría que Ron me besara , pero no estoy muy segura de lo que sentiría si fueras tú. Tengo que descartar probabilidades, supongo que comprenderás.

La voz de la muchacha hablaba exactamente como si se tratara de una comprobación que tenía que verificar por su cuenta, en su interior, Harry pensó que había elegido su vocación con verdadero acierto.

- No creo que sea buena idea, Herm.

- Sí lo es. Si no resulta, lo consideraremos un experimento fallido y lo echamos atrás, como hemos hecho antes con otras cosas.

Se sentó un poco mas cerca, y Harry tuvo que hacer algún esfuerzo para no alejarse, la idea seguía pareciendo demasiado temeraria.

- Muy bien, adelante- lo urgió la muchacha al ver que no se decidía -. Vamos, Harry, fuiste capaz de besar a esa chica que Ron invitó para ti... Y no era ninguna belleza.

Un poco acicateado por esas palabras, el joven se decidió. Sin estar completamente convencido, atrajo a Hermione tomándola con suavidad por la nuca, y aquella se dejó guiar, hasta que sus labios se encontraron.

Durante algunos segundos, fue sólo eso, los labios apenas entreabiertos, un roce de conocimiento, pero ninguno de los dos tenía interés en ir más adelante. Se separaron un poco.

- ¿Y bien...?- preguntó Harry, sabiendo que había sido uno de los besos mas desabridos que había dado.

- Nada. Creo que Fritz esta completamente equivocado- murmuró -. Mmm... ¿Así besaste a esa chica? Creo que ahora sé porque no duraron.

Aunque la frase lo hirió un poco, Harry no se dejó ganar. Volvió a atraer a la chica, intentando pensar en alguien a quien realmente quisiera besar y entonces cuando los labios volvieron a encontrarse, fue capaz de ir un poco más allá, de explorar con algo de impaciencia una boca que en principio se resistió al intento.

Probablemente esa resistencia le hizo ver algo, la imagen que estaba invocando en su cabeza para incentivar el beso no era la que hubiese debido, no una que esperara ver con toda seguridad. No tuvo tiempo para profundizar demasiado en esa idea porque una voz un poco mas alterada de lo común los sacó del 'experimento'.

- No puedo creer esto...

- ¡Ron!- exclamó Hermione, saltando del asiento.

- Harry, no puedo creer que me hayas hecho esto...- ahora sí la voz tenía un auténtico tono herido.

- Ron, escucha; sé que se ve mal... Pero no es lo que parece...- intentó Harry, levantándose también, pero el rastro de lápiz labial no ayudaba en la defensa.

- A mí me parece muy evidente... Tampoco podías dejar de ser el primero en esto, ¿verdad?

- Estas diciendo tonterías, Ron.

- Seguro, la única chica que de verdad me importa y no podías dejarlo pasar...

Harry ni siquiera presintió que el otro fuera a moverse, pero debía estar en verdad alterado, porque antes que pudiese darse cuenta, un puño cerrado le impactó en el rostro arrojándolo al suelo.

- Ron, detente- gritó Hermione, poniéndose en el medio totalmente enfurecida -. ¿Cómo te atreves a golpearlo? Si soy la única chica que te importa, ¿por qué demonios andas con todas esas otras...? ¿Por qué no me prestas atención a mí? ¿Por qué esperas a que otro me esté besando para darte cuenta de que estoy? Que siempre estoy aquí, amándote y esperando...

La última frase había sido casi un susurro desesperado, y luego de decirla, Hermione salió corriendo escaleras arriba. Ron la vio subir y unos segundos después salió tras ella.

- Yo estoy bien, gracias- dijo Harry, todavía sentado en el suelo.

Nunca hubiese imaginado que Ron iba a estar tan enfadado como para golpearlo, pero si al
menos eso había servido para algo, estaba bien.

Lo que no estaba bien, era la imagen que había surgido en su mente cuando intentó besar a su amiga por segunda vez.

"No es posible. Tengo que salir, tengo que despejarme... Tengo que conseguir una chica, ahora".
En ese momento supo lo que sus compañeros querían decir con la frase 'descargar tensiones'. Apenas manoteó la capa del perchero y salió.

Planeaba ir a la zona muggle y simplemente conseguir una mujer. Nunca había pagado por sexo, pero era evidente que ahora necesitaba conjurar con toda urgencia esa imagen errónea. Sin embargo, el destino parecía jugarle en contra. No tenía ni una moneda muggle, y estaba seguro que ninguna de esas mujeres le prestaría atención sin ese pequeño detalle, de manera que se dedicó a caminar tratando de poner la mente en blanco.

Para cuando regresó a la casa, ya estaba a oscuras, seguramente estaban durmiendo o habían salido. Iba a dirigirse a su habitación cuando escuchó que lo llamaban desde la sala.

- ¿Harry?

- ¿Herm...? ¿Qué estas haciendo despierta?

- Estaba esperándote. Necesitaba hablar contigo...- la chica parecía un poco turbada.

- Mira, Herm, no hay nada de qué hablar... Fue un experimento fallido...¿Recuerdas...?- Harry avanzó hasta ocupar uno de los sillones.

- Pero necesito disculparme contigo... Por mis tonterías ustedes pelearon, Ron te golpeó...

- Olvídalo. ¿En qué terminó eso?

- Oh, bueno...- a su pesar, la joven sonrió -. Creo que podremos intentar algo a partir de ahora.

- Qué bien, me alegro por ustedes.

- Harry...- Hermione no parecía muy decidida a continuar, pero por su propia tranquilidad debía intentarlo -. Necesito saber algo.

- ¿Qué cosa?

- Cuándo nos besamos, la segunda vez... No estabas pensando en mí...¿Verdad...?

- ¿Eso sería importante?

- Claro, no soportaría hacerte daño...

En ese punto, Harry podía ser totalmente honesto con su amiga.

- No Herm, no estaba pensando en ti... Era... era otra persona.

- ¿Seguro?

- Absolutamente.

Ella pareció tranquilizarse un poco, y por eso no notó lo perturbado que esa respuesta lo había dejado. Se puso de pie para ir a su habitación.

- Le expliqué las cosas a Ron, y creo que mañana intentará algo así como una disculpa...

- Ya me lo imagino. No te preocupes, Herm, todo estará bien.

- Qué bueno.

- Solo una cosa más, Herm: nunca más experimentos como éste... ¿De acuerdo...?

- De acuerdo.

La chica se inclinó hacia Harry y le dio un beso en la mejilla.

- Eres tan dulce, Harry... Espero que esa otra persona sepa apreciar lo que vales. Buenas noches.

Vio a su amiga desaparecer escaleras arriba y se quedó a solas en la sala. Aun había rescoldos en la chimenea y por eso no estaba por completo a oscuras. No quería ir a dormir. En cierto modo, tenía temor que al cerrar los ojos, la imagen volvería a aparecer, una imagen que tenía, principalmente, cabello muy rubio y penetrantes ojos grises; de manera que se quedó allí, sentado en la sala toda la noche, repitiendo una frase, una y otra vez.

“Es Malfoy, no lo olvides. Es Malfoy, es Malfoy...”

~o0o~

Draco entró a su departamento exasperado, arrojó la mochila sobre uno de los muebles, y la capa salió disparada hacia un perchero de pie.

- Detesto cuando hace estas cosas- le dijo a la soledad del recinto, dejándose caer en uno de los sillones -. Detesto que haga esas cosas y luego intente disculparse mirándome de ese modo...

Cerró los ojos, pero eso no fue una buena idea. Apenas lo hizo, la imagen vino de inmediato, la mirada verde, el rostro sincero.

"No, no voy a hacer esto de nuevo... No voy a salir lastimado de nuevo" pensó desesperado. “Y menos por él...”

La última vez que se había involucrado con alguien, y de eso hacía algo menos de un año, le había costado demasiado recuperarse. Y una de las dos razones principales para eso es que había sido uno de sus compañeros de estudios, alguien a quien veía todos los días, alguien a quien no podía evitar encontrarse en cada corredor, en cada una de sus clases. Bien, posiblemente la otra razón fuese mucho más importante pero no iba al caso en ese momento.

- Él no es consciente de lo que hace- volvió a decir y una vez más intentó despejar su mente.

Nuevo fracaso porque las imágenes regresaron.

Harry hablando con él en los pasillos de la Academia.

Harry riendo de esa forma tan abierta luego de la pelea en el bar.

Harry ebrio, sosteniéndose de él sin ninguna reserva. El calor de la mano que había tardado un poco más de lo normal en retirar el día que leían juntos los ingredientes de la maldita poción. El cuerpo perturbador, cálido y quieto debajo del suyo en el incidente del puerto.

- Maldición, maldición, maldición...

Y al día siguiente tenía que verlo de nuevo, volver a recomponer el rostro inexpresivo intentando que la voz no le fallara cuando Harry le preguntaba alguna cosa, o tratando de no desviar la vista a cada instante sólo para contemplarlo.

De pronto, tomó una decisión. Era demasiado, no podía exigirle mas a su autocontrol, porque aunque había notado la perturbación que a veces sorprendía al moreno, no era suficiente para intentar algo.

"Te das cuenta que estás pensando en hacerlo de nuevo...¿verdad, Draco? No aprendes más, y van a volver a lastimarte. Además, por Merlín... ¡Es Potter! Tengo que hacer algo. Voy a pedirle a Owens mi pase a otra Central lo antes posible."

Se levantó dispuesto a tomar un largo baño para luego ir a descansar. La decisión hubiese debido aliviarlo, pero no era así. Lo único que consiguió fue dar vueltas en la cama sin poder dormir hasta que al final volvió a levantarse para hacer lo único que siempre conseguía calmarlo. Esa noche, las melodías de un violín inundaron el departamento hasta que empezó a amanecer.

 

 

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