N. de la A: Precuela de Ser Tres. El libro 5 no sucedió, y aunque haré mención a algunos sucesos que se mencionan allí, no serán hechos importantes, por ejemplo: La Orden del Fénix existe pero Harry no lo sabe. Terminó su séptimo año en Hogwarts e inició la instrucción de tres años correspondiente a la carrera para convertirse en Auror. Junto a Ron y Hermione llevan cursados ya dos años y medio. Algunos pormenores de lo sucedido en esos años, se irán relatando en el fic.
Introducción: El Ritual de Dumbledore
La tenue luz del amanecer empujaba suavemente las tinieblas, delineando los contornos de las lápidas y las tumbas. Entre la neblina blancuzca y pesada que el sol intentaba penetrar, también empezaron a vislumbrarse las siluetas de los cinco magos que rodeaban una tumba en particular.Una que en otro momento, no hubiese pasado de ser una tumba más. El último recordatorio a la existencia de un muggle común y corriente, pero que había tenido un hijo nada común y para nada corriente. De hecho, el mismo que lo había colocado en aquella tumba.
Se veía con claridad que durante los últimos días había habido mucha actividad en ese lugar, y por eso, todavía quedaban rastros del conjuro que había permitido el regreso de Voldemort. El mago más anciano del grupo, de largo cabello blanco, miró alrededor, reconociendo los lugares que horas antes habían sido detalladamente descritos por un muchacho de catorce años.
- ¿Tienes lo que te encomendé, Minerva?- preguntó Dumbledore, impasible.
- Sí, Albus- dijo la mujer, sacando de entre los pliegues de su túnica una cajita -. Mejor no preguntes cómo lo obtuvimos.
Dumbledore asintió. Sabía perfectamente lo que había en el envase. La falange que en su momento habían identificado como perteneciente a Peter Pettigrew, quien se suponía había muerto a manos de Sirius Black. Y de hecho, no quería saber cómo la habían obtenido.Ahora levantó la mirada penetrante hacia los otros que estaban con él.
- Aún pueden retirarse si lo desean.
- No voy a ir a ningún lado- comentó secamente Sirius -. Si esto puede resultar, seguiré hasta el final.
- No tenemos opción, Albus. Ya no- dijo Remus y avanzó un paso más.
- Démonos prisa, no tenemos mucho tiempo, pronto amanecerá- fue toda la respuesta de Snape.
- Muy bien. Conseguimos ubicar el conjuro que usó Voldemort para regresar, no podemos deshacerlo, pero algo podremos hacer si lo tergiversamos de la manera correcta.
El caldero de piedra, inmenso, pesado, comenzaba a borbotear, con su contenido lanzando chispas y calor a su alrededor. Entonces, el anciano inició su contraconjuro.
- Huesos del padre, tomados con violencia, retrasen el avance de tu hijo...
Hizo una violenta floritura con su varita, y de una de las tantas grietas en la tierra de la tumba, surgió el extremo de algo que a simple vista parecía muy similar a un trozo de madera. Pero no lo era, y Albus lo aferró con fuerza, tironeó y lo sacó, arrojándolo dentro del caldero sin dejar que falsos escrúpulos lo detuviesen.
El líquido crepitó y se puso de un intenso color azul.
- Carne del vasallo, otorgada sin saberlo, detén el avance de tu señor.
Minerva avanzó hasta el caldero y arrojó también el contenido de la cajita. Una falange negruzca por el paso del tiempo cayó en las profundidades del líquido burbujeante, confiriéndole ahora un profundo color carmesí.
- Sangre del enemigo, ofrecida voluntariamente, detendrás el avance de aquel que odias.
Con gesto absolutamente decidido, Sirius avanzó hasta el caldero y extendió la mano sobre él. En la otra llevaba una pequeña navaja. Hizo un corte certero en la palma y dejó que su sangre cayera provocando con ello que el líquido se tornara ligeramente dorado. Antes que él se retirara, Remus avanzó también e hizo lo mismo. Cuando su sangre se unió al líquido, aquel reafirmó la tonalidad y dejó de chisporrotear. Snape hizo su aporte al mismo tiempo que Minerva, y de pronto, todo el humo que estaba esparciéndose por el lugar, pareció aspirado por el caldero. Ahora, el líquido en su interior era intensamente dorado, casi parecía oro fundido, la misma consistencia espesa.
Dumbledore adelantó su propia mano y al tiempo que hacía el aporte de su sangre, recitó la última parte de ese intento desesperado.
- Hueso, carne, sangre... Busca lo que está resurgiendo, lo que no puedes detener, al menos retrásalo.
A una señal del anciano, todos retiraron sus manos y apuntaron con las varitas. Cuando los cinco chorros de luz incidieron sobre el líquido, aquel emitió una sola bocanada de vapor. Un vapor que era tan dorado como el líquido que lo había producido. La nube flotó sobre el caldero unos segundos y luego salió disparada hacia el cielo.
- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Sirius -. Un año.
- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Remus -. Dos años.
- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Severus -. Tres años.
- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Minerva -. Cuatro años.
- Lo que no puedes detener, al menos retrásalo- recitó Albus -. Cinco años.
Durante unos cuantos segundos, los cinco quedaron expectantes, en silencio. El fuego se había extinguido y el caldero estaba vacío, como si nada hubiese sucedido.
Entonces, el corte en la mano de Sirius ardió con intensidad, y aquél la observó. El corte destelló por unos segundos con el mismo resplandor dorado que había tenido la nube, y luego se cerró. En orden sucesivo, ocurrió lo mismo con los demás. Cuando la herida en la mano de Dumbledore hubo desaparecido, el anciano mago suspiró.
- Está hecho. Hemos obtenido cinco años de gracia, tenemos que aprovecharlos al máximo. Preparar a Harry para que cuando este tiempo termine, esté en la mejor forma. Para entonces ya no será un niño, sino un hombre.
Miró a sus acompañantes, porque cada uno tenía una misión que cumplir, a su manera, cada uno era útil de distinto modo.
- Vámonos, no tenemos tiempo que perder.
Al segundo siguiente, las cinco figuras habían desaparecido del cementerio.
Capitulo 1
El joven de pelo negro y alborotado caminaba rápido, casi corría a través de los pasillos. Al doblar un recodo, alcanzó al pelirrojo.- Creí que me ibas a esperar- comentó en tono de reproche aferrando la mochila al hombro.
- Lo siento, Harry; lo olvidé.
- Vaya novedad... De cualquier modo, Hermione todavía no salió de su clase.
Harry se apoyó en la pared para sacar unos papeles de su mochila. Se acomodó los lentes y les dio una rápida leída.
- Tenemos una hora para almorzar. Si comemos en media hora, la otra media hora podemos usarla para completar este trabajo y así no tendremos tanto que hacer el fin de semana.
Mientras decía eso, oyeron el sonido de zapatos de taco y casi segundos después, Hermione dio la vuelta por el pasillo. Los tres vestían las túnicas azules de la Academia para Aurores del Ministerio, pero sin duda, era a ella a quien mejor le sentaba.
Los diecinueve años habían favorecido mucho a Hermione, era alta y delgada, el cabello que antes solía ser una melena indomable, ahora era una cascada de ondas castañas que caía casi hasta la cintura estrecha. Durante las clases matutinas solía llevar el pelo suelto, pero luego, cuando se iniciaban las prácticas, lo trenzaba prolijamente para evitar que molestara.
Ron había crecido hasta sobrepasar el metro noventa y convertirse en el gigante de la familia Weasley, dejando atrás incluso a los gemelos. Además, los ejercicios del entrenamiento para Auror le habían dado un aspecto fornido casi temible. Cosa que no tenía nada que ver con su carácter, pero daba que pensar cuando uno veía venir una tromba de ese tamaño.
Por su parte, Harry no había cambiado demasiado. A sus diecinueve llegaba al metro ochenta con algo de buena voluntad, y de hecho, eso es lo que había posibilitado que siguiera jugando en el puesto de Buscador inclusive hasta su último año en Hogwarts. Seguía siendo delgado, pero ya no era esmirriado. Tenía el físico marcado y firme de un atleta, no como Ron, pero ya no tenía nada de que avergonzarse cuando se quedaba sin camisa en los vestidores.
- Tengo hambre- anunció Hermione, sonriente -. ¿Vamos a almorzar?
- Claro, preciosa- dijo Ron, tomándola por el brazo -. Llegaste justo para salvarme de Harry que quiere emplear la mitad del almuerzo en terminar uno de los trabajos para el fin de semana.
- No te vendría mal hacerle algo de caso... Oh, cielos...
- ¿Y ahora qué?- preguntó Harry, aunque tenía una leve idea de lo que iba a escuchar.
- Necesito regresar al salón, olvidé algo. Los alcanzo en la cafetería.
Sin darles tiempo para nada, dio la vuelta y desapareció.
- ¿Por qué siempre hace eso?- comentó Ron, mirando las piernas torneadas que se alejaban.
- Ella es así, lo sabes. Anda, vamos, nos verá allá.
- Sí va a llegar quince minutos antes que termine el horario de almuerzo, y en dos bocados va a devorar lo que hayamos pedido para ella sin preguntar si tiene el aderezo conveniente ni...
- A veces me pregunto cuando vas a dejar de preocuparte por ella a sus espaldas y te vas a decidir a decirle lo que...
- No sigas, Harry. Ya hemos hablado de eso.
- Como quieras, pero el día que ella se canse de esperarte, lo vas a lamentar. ¿La has mirado últimamente? Es una chica a la que todos giran para ver cuando pasa, y ni mencionar lo inteligente que es...
- ¿Harry, no estarás intentando decirme que estás interesado en Hermione... ?
- Estoy intentado decirte, cabeza de troll, que lo que yo veo lo ven otros tantos estudiantes y si no te pones listo, te la van a sacar.
En toda esa conversación, habían llegado a la cafetería de la Academia, ocuparon una mesa en una esquina apartada y ordenaron algo para ellos y también para su amiga.
Decidido a hacer su parte del trabajo, Harry había sacado pergamino, pluma y tintero, además de un libro un tanto desvencijado y había puesto todo a un costado. Hojeaba las páginas mientras comía, en tanto Ron miraba los estudiantes que seguían llegando.
Había muchas chicas lindas en la Academia, la mayoría estaban en el primer año, lo cual no era de extrañar. La mayoría, hombres y mujeres, iban abandonando la carrera a medida que se ponía más difícil. Al terminar el segundo año, debían elegir la orientación para su carrera. En tanto Hermione había elegido, por supuesto, la rama de la Investigación Mágica, Ron y Harry habían aplicado para el grupo de choque de los Aurores. Ese tramo del último año estaba resultando académicamente difícil y físicamente agotador para los dos jóvenes.
Un par de muchachos saludaron desde la entrada y se acercaron a la mesa.
- Potter, Weasley... A ustedes dos estábamos buscando.
- Ya nos encontraste, Stevens. ¿Qué quieres?-contestó Ron.
Los otros estudiantes se sentaron a la mesa y uno de ellos cerró el libro que Harry seguía leyendo.
- Vamos, Potter. ¿Qué intentas demostrar...?
- Que no tengo aserrín en la cabeza- contestó sonriendo. No tenía sentido enojarse con esos dos, no eran malos compañeros -. Como algunos...
- Ja, ja. Escucha, Niño Dorado, hay algo que quería consultarte.
- Fantástico, en cuanto vuelvas a decirme 'Niño Dorado' voy a ponerte la nariz en la entrepierna y adivina qué voy a poner en tu cara...
Si había algo que desquiciaba a Harry aún después de tantos años, era ese tipo de menciones.
- No te ofusques... Escucha, es sobre el programa de intercambio estudiantil.
- ¿Qué cosa?- preguntó Ron, dejando de mirar a la rubia que tenía enfrente.
- Weasley, no leíste los folletos que nos dieron la semana pasada- comentó uno, señalando lo obvio.
El pelirrojo negó sin dejar de masticar.
- Bien, de nuestra promoción, habrá dos que podrán viajar a terminar la instrucción en Alemania. De allá van a venir otros dos para el intercambio.
- ¿Y eso que tiene que ver conmigo?- preguntó Harry.
- El asunto es por puntaje, Potter. Tú y este cabeza hueca tienen los primeros puntajes del curso así que son la primera opción para el intercambio, a menos, claro, que no quieran aceptarlo.
- ¿No hace falta saber idiomas para acceder a eso?
- Seguro. Un idioma extranjero muggle y por lo menos dos del mundo mágico.
- Pues no hay puntaje que valga en lo que a mí se refiere- comentó Harry al punto -. A duras penas consigo que mi idioma no me domine, mucho menos puedo hablar uno extranjero. Pero aunque así fuera, no tengo intenciones de irme de Londres.
- A mí ni me miren- dijo Ron, volviendo a centrar su atención en la rubia que ahora lo miraba -. Tengo muchas cosas que hacer aquí.
- Es grandioso- exclamó el otro estudiante -. Si ustedes no quieren aprovechar esta oportunidad, Stevens y yo podemos postularnos.
- ¿Y me vas a decir que tú si hablas otro idioma?
- Claro, Weasley. Mi alemán es bastante bueno, y en casa aprendí duendigonza y sirenio desde pequeño.
- Por mí no hay problema, Connors- dijo Harry, volviendo a abrir su libro -. Si quieres hablar con el instructor y decirle que no aceptaré ir al intercambio, luego yo se lo confirmo y listo.
- Perfecto- dijo Stevens, poniéndose de pie. Miró la bandeja con la comida intacta al lado de Ron -. ¿Sigues pidiéndole la comida a Granger...?
- No te metas en lo que no te importa, Stevens. Y apártate que me estás tapando la visión.
Los dos estudiantes sonrieron, saludaron y se fueron. Al cabo de un rato de mirar, Ron decidió ir hasta la mesa de la rubia y conversar un rato.
- Ehmm... Harry...¿Te importa si...?
Harry levantó la vista del libro y dio una ojeada hacia donde Ron señalaba. Sí, era una chica linda.
- No, Ron, adelante. Déjame estudiar en paz.
Ron se fue hacia la otra mesa y Harry se quedó haciendo su trabajo. Pasó el tiempo y Harry no notó que Hermione no había aparecido para el almuerzo, lo cual no era extraño en absoluto, pero al levantar la vista, vio que el salón estaba casi vacío y sólo estaba él en una mesa, y algo más lejos, Ron y la rubia. Espantado, miró el reloj. Llevaban por lo menos diez minutos de retraso, esta vez su instructor definitivamente los mataría. Juntó a escape las cosas y arrojó unas monedas sobre la mesa.
- Maldición, maldición, maldición...- pasó junto a Ron y lo levantó casi en vilo -. Lo siento, señorita, pero voy a llevarme a este Don Juan antes que nos asesinen...
- ¿De qué Juan estás hablando...?- preguntó el pelirrojo y se volvió a la chica, que lo miraba sonriendo -. Te veo mañana aquí... ¿De acuerdo?
- Vamos, idiota, llegaremos tarde a la instrucción de la tarde... Owens nos va a asesinar.
Cruzaron a escape los pasillos de la Academia hasta llegar al hall donde estaban las chimeneas de la Red Floo. Manotearon un puñado de polvos y los arrojaron al fuego.
- Al Ministerio- dijeron por turnos.
Segundos después, ambos aparecían en el Atrio del Ministerio, en medio del maremágnum de brujas y magos que llegaban y partían del edificio. Sin detenerse, alcanzaron el elevador que ya iba bastante lleno. Apretujados, llegaron al nivel 2, donde estaba el Centro de Aurores. Si bien los estudiantes de la Academia cursaban sus materias teóricas en otro lugar, al llegar al tercer año, llevaban las prácticas junto con los Aurores en funciones para comenzar a tomar contacto con su futura carrera.
El salón, lleno de cubículos separados por paneles, estaba lleno de magos y brujas que iban y venían. No había cambiado en nada desde el lejano día en que Harry había visitado a Arthur Weasley. En un extremo del salón, se hallaba la oficina del Encargado de la Coordinación General de Aurores, Jeremiah Owens.
Ron y Harry cruzaron el salón casi sin mirar a nadie hasta llegar a las cercanías de la oficina; en esos instantes, Kingsley Shackebolt salía de allí y los miró meneando la cabeza.
- Hace diez minutos que los esperan.
- ¿Nos? Eso suena a demasiadas personas- comentó Harry, arrojando la mochila en uno de los escritorios cercanos.
- Los estudiantes de Alemania llegaron para el intercambio. Creo que dos de sus compañeros estuvieron hablando con Owens más temprano... ¿Qué demonios esperan? Si tardan más pueden ir preparando el testamento, porque Owens los va a asesinar en persona.
Harry recompuso un poco su aspecto, intentó de manera infructuosa someter al orden su cabello y resignado a los resultados, golpeó la puerta.
- Adelante.
- Permiso, señor- dijo entrando con Ron pisándole los talones -. Siento mucho el retraso.
Owens era un mago de unos cincuenta años, una inmensa mole tan alta como Ron, de cabello y ojos negros. La piel color ébano hacía que resaltara mucho el blanco de los ojos y de su dentadura cuando sonreía, cosa que sucedía muy poco. Y a juzgar por la expresión de su rostro, eso no iba a suceder por el momento.
- Veo que nuestros estudiantes estrella han decidido honrarnos con su presencia... - comentó ácidamente -. Señor Potter, señor Weasley, estos son los estudiantes de intercambio de la Central en Alemania: el señor Friedrich Kruger y el señor Draco Malfoy.
Ninguno de los dos, ni Harry ni Ron, habían prestado atención a las otras dos figuras vestidas de con túnica azul que estaban de pie a un lado del escritorio, pero en cuanto escucharon el segundo nombre, ambos giraron a toda velocidad, sólo para comprobar lo que ya preveían.
Sí, era él. El mismo Draco Malfoy que durante casi siete años se había dedicado a hacerles la vida imposible en Hogwarts y del cual habían tenido la suerte de no volver a oír por el término de casi dos años y medio. Ahora, de pie junto al escritorio, los observaba sin que un solo músculo de su rostro indicara que los reconocía. Sin embargo, la voz sonó un poco diferente, al menos a la que Harry recordaba. Ya no había ese arrastre desdeñoso en la pronunciación, algo que lo había hecho particularmente detestable cuando estaban en el colegio.
- Potter, Weasley... Ha pasado mucho tiempo.
La frase podía pasar como un saludo, o al menos algo similar, pero Harry y Ron estaban tan estupefactos, que no atinaron a contestar.
- Supuse que se conocían- comentó Owens -. Tienen la misma edad, cursaron juntos en Hogwarts, entendí que se conocían. Bien entonces, Potter y Weasley son nuestros mejores estudiantes en lo que va del último año y como han declinado ir al intercambio, estarán con ustedes en el último semestre de instrucción.
- Malfoy, tú eres tan alemán, como yo soy chino- dijo Ron, sin quitarle los ojos de encima.
- Fijé residencia en Alemania al salir de Hogwarts, si tanto te inquieta ese aspecto, Weasley.
- ¿Y por qué se te ocurrió volver, si ya te habías ido?- preguntó antes de que Harry pudiera callarlo de un codazo.
- Porque es aquí donde mejor se entrena a los Aurores, eso deberías saberlo.
- Suficiente- los acalló Owens, ya se había dado cuenta que esos dos no debían haberse llevado bien antes -. El resto del curso impone el trabajo en grupo, en equipo tanto en la parte académica como en la instrucción aquí; por lo tanto... los equipos serán los siguientes: Weasley-Kruger; Potter- Malfoy ¿Queda claro?
- Sí, señor- contestó Ron al punto, aliviado de saber que no era él quien iba a tener que lidiar con Malfoy.
Durante todo el transcurso de la conversación, Harry no había dicho ni una sílaba. En parte, estaba en verdad sorprendido de ver reaparecer una parte de su pasado a la cual no le había dedicado un solo pensamiento desde que había terminado en Hogwarts; y por otra parte, no había dejado de mirar a Malfoy.
Hubiese podido decir que no había cambiado en nada, pero no habría sido cierto. Seguía siendo delgado, al menos dentro de lo que podía observarse con la túnica y ahora debía ser al menos unos siete o diez centímetros más alto que Harry. El cabello que hasta el último año había usado lleno con alguna especie de gel para mantenerlo en línea, ahora estaba libre de ese tormento, y era una melena platinada que rozaba el cuello de la túnica. Algunos mechones caían sobre los ojos grises metalizados, molestándole la visión, por lo que una mano aristocrática y blanca hizo a un lado a los insolentes con un gesto sobrio, elegante.
Por un instante, intentó recordar muchas de las cosas sucedidas durante el tiempo en común en Hogwarts, pero de algún modo todo eso parecía extrañamente lejano.
- ¿Alguna pregunta, Potter?- preguntó Owens de pronto, sacándolo de su ensimismamiento.
- No, señor…es decir, sí señor. ¿En qué consistirá nuestro trabajo en equipo?
- A partir de hoy, las acciones de cada uno repercutirán en el equipo. Si uno no hace las tareas asignadas, el puntaje del equipo baja; si durante las prácticas no se ponen de acuerdo, el equipo baja el rendimiento y también el puntaje. Esto incidirá directamente sobre sus clasificaciones finales para la graduación.
Harry dejó escapar el aire muy lentamente, esperando que el hombre no se diera cuenta. Había trabajado tanto y ahora le caía ese compañero. Había esperado formar equipo con Ron, por supuesto; ambos se complementaban a la perfección y se entendían casi sin hablar. Incluso hubiese podido lidiar con alguno de sus otros compañeros de clase, pero con Malfoy…
- Muy bien, tienen veinte minutos para prepararse y presentarse en la sala de entrenamientos tres. Weasley, muda tus cosas al compartimiento de al lado, lo compartirás con Kruger. Malfoy, puede ocupar el escritorio de Weasley. Si todo está claro, ya lárguense.
Los cuatro abandonaron la oficina en silencio.
Apenas estuvieron afuera, Ron se dirigió al compartimiento que compartía con Harry para retirar sus cosas. Aunque la idea no le agradaba en absoluto, no podía desobedecer, así que con un gesto de su varita, trasladó todo a uno de los escritorios que estaban en el cubículo adjunto. Al menos él no tendría a su lado al rubio arrogante.
- Bueno, Frie...Fri... ¿Cómo era tu nombre?- preguntó, encarando al otro joven y rogando para que no fuese igual a Malfoy.
- Friedrich, pero mejor llámame Fritz. Todos lo hacen.
- Vaya, manejas muy bien el idioma... Tienes muy poco acento.
- Gracias, mi madre es de Gales, lo hablo desde pequeño.
- Caramba...¿Acaso todos hablan un idioma extranjero menos nosotros dos?- preguntó Ron en voz alta, sin esperar respuesta.
Se sentó en su escritorio para ver cómo su nuevo compañero sacaba una cajita, convenientemente reducida de tamaño, donde tenía sus utensilios.
En cuanto el escritorio estuvo vacío, Draco se ubicó en el lugar y comenzó a hacer lo mismo que su ex compañero. Harry lo observaba en silencio, en cierto modo había esperado que Ron y él comenzaran a pelear como antes, pero en la oficina, Draco se había limitado a contestarle de un modo casi normal.
La cabeza roja de Ron se asomó por la abertura del cubículo.
- Malfoy... ¿Cómo es que tú hablas alemán? ¿Algún lejano pariente de abolengo?
- Del modo usual, Weasley. Habiendo estudiado- dijo tan sólo y dio un vistazo a lo que le faltaba ordenar -. Acomodaré esto luego.
Se puso de pie, y se alejó rumbo a la sala de entrenamientos que le habían indicado, dejando a Ron esperando para contestar.
- ¿Qué diablos le pasa?- preguntó Ron, asombrado por segunda vez en menos de una hora.
- Ni idea, pero ayudaría que dejaras de buscar pleito- comentó Harry y se dio cuenta, que como inicio de su relación como grupo había dejado bastante que desear.
- Vaya... ¿Ya defiendes a tu nuevo compañero?- dijo Ron, sonriente.
- No digas idioteces... Pero sabes que tendré que trabajar con él durante lo que queda del curso, ten piedad de mí, por favor...
- Veo que ustedes tenían una relación interesante- comentó Fritz, tomando asiento.
Mientras Harry decidía salir detrás de Draco, escuchó que Ron comenzaba a decir algo como: 'Permíteme que te cuente un par de cositas...'
"Condenación, parece que hoy me lo voy a pasar corriendo por los pasillos" pensó Harry mientras apretaba el paso para alcanzar al rubio. Apenas pudo hacerlo antes que entrara en la sala de entrenamiento.
- Malfoy, espera.
- ¿Qué quieres, Potter?- contestó aquél girando para verlo.
- Hey, tranquilo... Sólo quiero que hablemos...- dijo el moreno y la frase sonó extraña viniendo de él, cuando en cualquier momento del pasado, la secuencia correcta hubiera sido: ‘maleficio, luego hablamos’.
Esta vez, fue el turno del rubio de escrutar a quien tenía enfrente. Quizás se había esforzado demasiado en olvidar la época en Hogwarts, el hecho es que de pronto, parecía que éste Harry no era igual al que había conocido hacía ya tanto tiempo, siendo apenas unos niños.
En algún momento habían tenido la misma altura, pero ahora él era un poco más alto. No podía decir demasiado acerca de su físico debido a la túnica, pero parecía delgado como siempre, sin embargo había alguna especie de fortaleza implícita detrás de esa apariencia. El rostro seguía siendo abierto y franco, y Draco se encontró preguntándose por qué Harry insistía en usar gafas cuando podría haber usado lentes de contacto y por qué no hacía algo con el nido de pájaros que tenía por cabello.
Harry sonrió resistiendo la momentánea incomodidad que le causaba tan abierto escrutinio.
- Si ya terminaste de mirar, ¿podemos hablar?
- ¿Acerca de qué?
- De lo que pasó con Ron, allá atrás.
- No pasó nada.
- Exacto. Me quedé esperando una observación del tipo: 'métete en tus asuntos, comadreja' o algo así...
Hubo un momento de concentración en los ojos grises antes de hablar, como si estuviese eligiendo las palabras para decir y eso fue un motivo de asombro para Harry.
- Mira, Potter; si ustedes dos quieren vivir en el pasado, háganlo solos. He intentado dejar atrás la época que pasé en Hogwarts y no voy a resucitarla para ustedes. Si tienes algún problema con esto, dímelo. Le pediré a Owens que me dé el pase a otra Central.
Harry se quedó prácticamente sin habla. No, definitivamente había algo extraño allí. Ésa no era una contestación Malfoy.
- Yo no tengo inconvenientes, Malfoy; solo me extrañó el cambio... Owens nos puso como equipo, supongo que él sabe lo que hace- consiguió contestar al cabo de unos segundos de duda.
- Supongo que sí.
- Entonces, ¿qué…? ¿Vamos a pretender que nunca nos dijimos todas las barbaridades que nos dijimos desde los once a los diecisiete? ¿Que nunca peleamos, o nos insultamos, o insultamos a nuestros respectivos amigos?
- Tú no lo hacías- puntualizó Draco -. Yo lo hacía, y sí, quiero pretender que eso no sucedió.
Harry no estaba preparado para una declaración de ese tipo, no esperaba de ninguna manera que Malfoy le admitiera que sí les había hecho toda clase de maldades. De algún modo, supo que eso era lo más cercano a un pedido de disculpas que un Malfoy podía dar.
- No sé que pasó con aquel Malfoy en el curso de estos dos años...- dijo Harry, tratando de elegir con cuidado lo que decía -, sólo puedo decirte que pasaron demasiadas cosas como para pretender que no sucedieron. No puedo olvidarlas de un día para otro... pero puedo intentar ignorar los recuerdos.
- Supongo que, por el momento, eso puede bastar para que el equipo funcione... He trabajado mucho para llegar hasta aquí, Potter, no quiero arruinarlo.
- Perfecto, ése es un punto en común, creo yo- miró el pasillo desierto, esperando que Ron y Kruger aparecieran pronto -. Podemos entrar a la sala y ver qué nos espera.
- Bien.
Harry entró primero y por eso no vio el gesto de alivio en el rostro que unos segundos atrás había estado impenetrable como una roca. Como siempre, Draco ocultaba con esmero cada posible filtración de sentimientos, había aprendido dolorosamente a mantenerse alejado de todos, y no podía dejar de admitir para sí mismo la conmoción que le había causado encontrar a Harry justo ahí allí.
Había intentado con tanto esfuerzo alejarse de aquellos días, que había enterrado todos los recuerdos lo mas profundo que había podido y de pronto, ahí estaba él otra vez, resucitando todas esas cosas. Sin embargo, algo había sido diferente esta vez. Casi diez años antes, él le había ofrecido algo similar a una alianza de una manera errónea, y Harry había sido capaz de verlo y rechazarlo, ganándose así un enemigo acérrimo. Ahora, muchos años después, muchas cosas después, había vuelto a hacer un ofrecimiento de paz, o al menos algo similar; y esta vez, había sido aceptado.
No por completo, no sin cierta reserva, pero al fin y al cabo, aceptado.
Antes de entrar en la sala, Draco escuchó la risa fuerte de Ron acompañada por otra, mucho menos demostrativa, pero reconocible. Bueno, al menos Fritz tenía mejor suerte, aunque la tregua hecha con Harry le brindaba algunas esperanzas.
Y mientras entraba en la Sala de Entrenamientos, Harry pensaba en algo similar. En el momento en que Malfoy le había propuesto su amistad cuando eran niños. El rubio había sido denigrante con sus amigos y en parte por eso, Harry le había rechazado, pero ahora Malfoy ni siquiera había respondido al pequeño intercambio de palabras con el pelirrojo. Era demasiado pronto para hacer una evaluación, pero de alguna manera el otro muchacho ya no parecía un niño consentido y burlón, como si algo hubiese raspado esa parte de la personalidad y hubiese descubierto otra que aquel no estaba tan dispuesto a mostrar.
“Pero tal vez los cambios no sean tan malos…” pensó Harry.
~o0o~
La figura envuelta en una túnica larga y floja descansaba en un sillón mientras hojeaba una cantidad de pergaminos viejos. Hacía casi cinco años que estaba confinado en esa situación y sabía muy bien quien lo había colocado en ese estado.
Las manos blancas, de dedos extrañamente largos, descansaron sobre los papeles, mientras su dueño recordaba. Aquel día en el cementerio, cuando había recuperado su cuerpo, había creído que estaba cerca de un regreso triunfal, pero había cantado victoria demasiado pronto. El cuerpo recuperado era perfecto para él, pero aún demasiado nuevo, y requería cierta maduración, un asentamiento del poder. Apenas un par de días después, durante la madrugada, un encantamiento lo había rodeado de pronto, infiltrándose en su nueva carne, su sangre reciente y sus huesos que apenas comenzaban a solidificarse. La magia había sellado la evolución que había empezado a consolidar su nueva forma, y el proceso se había detenido casi por completo.
"Dumbledore, debí imaginar que no ibas a quedarte tranquilo sabiendo que yo estaba cerca de retornar. Volví a subestimarte, y he pagado cinco años por eso. Conseguiste retrasar mi regreso, pero no pudiste detenerme. He aprendido a tener paciencia."
Se movió con cuidado. Las últimas veces que había intentado moverse por su propia cuenta, había rodado por el suelo y se había roto una clavícula y dos costillas en una caída estúpida. Ése era el precio que había estado pagando. Todos los procesos que ese cuerpo nuevo hubiese debido efectuar casi de inmediato, eran frenados por el conjuro que Dumbledore había hecho. Una curación que hubiese debido durar unos minutos, tomaba más tiempo que si se hubiese tratado de un cuerpo muggle.
Sin embargo, también había tenido un punto bueno. Había pasado los últimos dos años buscando algo que lo ayudase a romper ese encantamiento que lo tenía encadenado. No faltaba mucho en sus investigaciones, y había encontrado algo formidable. Apenas tenía que completar algunos datos más, y en unos meses, estaría en condiciones de someter a todo el mundo mágico y al mundo muggle también.
- Colagusano- siseó apenas, y de entre las sombras surgió una figura bajita y rechoncha.
- Sí, Amo.
- Vas a ir a Londres. Necesito que entregues un mensaje importante a uno de los nuestros- en su interior, volvió a insultar a Dumbledore, ni siquiera podía invocar la Marca Tenebrosa para llamar a sus seguidores.
Estaba algo alejado de Londres y aún no podía arriesgarse a un traslado. Sin embargo tenía que empezar a hacer contacto con algunos de sus seguidores y más importante aún: necesitaba aclarar un par de situaciones muy graves con uno de ellos.
- Sí, Amo, lo que ordenes- fue la sumisa respuesta.
El rostro cadavérico, se estiró en una mueca que pretendió ser una sonrisa y los ojos refulgieron con un malsano resplandor rojizo.
Quien había podido esperar casi cinco años, podía esperar unos meses más.
Capitulo 2
William Kennard era un hombre de estatura elevada y físico trabajado, hecho a fuerza de ejercitación exhaustiva. El hecho de que él se exigiera mucho, hacía que fuese igual de exigente con sus estudiantes. Sobre todo teniendo en cuenta que esos jóvenes que tenía enfrente iban a convertirse en Aurores.La actuación de los Mortífagos no había cesado, pero tampoco había sido determinante en los últimos tiempos, así que no comprendía muy bien por qué desde hacía casi cinco años, se habían implementado tantos nuevos niveles de entrenamiento, y se aceptaban tantas aplicaciones para esta carrera. De cualquier modo, eso no era algo que él pudiese resolver, de manera que se dedicaba a hacer lo que mejor sabía y lo hacía de la mejor forma que podía.
La llamada División de Choque estaba formada por pequeños equipos de dos magos. Ya no se permitía tanto la actuación individual, que en general había terminado por causar demasiadas muertes. Había que funcionar en equipo para enfrentar a los Mortífagos. Ahora, tenía ante sí cinco de esos equipos con la intención de entrenarlos lo mejor posible.
Pasó la mano huesuda por el cabello rubio, cortado al rape, para seguir con la clase.
- Este conjuro funciona en forma básica como el 'Incendio' que todos aprendieron en la escuela. Sin embargo, 'Incendio' convoca el fuego de manera desordenada, y las llamas encienden siempre y cuando encuentren el medio adecuado. Este conjuro convoca el fuego en forma concisa, y con la concentración adecuada, encenderá llamas inclusive sobre superficies no aptas para el fuego. De hecho, ése es el objetivo principal del hechizo.
Mientras los jóvenes escribían en sus pergaminos, sacó su varita y apuntó hacia el otro extremo del salón de entrenamientos. Allí había una especie de estanque, no muy profundo, lleno de agua.
- ¡Flammare!
El rayo rojo cruzó el aire y se estrelló en la superficie acuosa. Hubo un chirrido leve, y a continuación las llamas crecieron sobre el agua, delimitando un pequeño espacio circular.
- Las llamas permanecerán allí un buen rato aunque no tengan combustible para mantenerse. Obviamente si se arroja el hechizo sobre una superficie adecuada, la consumirá hasta convertirla en cenizas y luego las llamas continuarán encendidas hasta que se aplique el contra conjuro adecuado.
- Disculpe, señor…- interrumpió uno de los estudiantes -. ¿Qué se supone que consumen las llamas si ya quedaron cenizas?
- Señor Mc Gregor, los principios básicos de estos conjuros están debidamente explicados en Física Mágica 1, le sugiero que los repase para la próxima clase- cortó Kennard.
Harry garabateó los apuntes necesarios sabiendo que eran prácticamente ilegibles, de hecho, él era el único que podía leer sus notas.
- Ahora, van a intentarlo por turnos, usted primero Kruger.- indicó, desvaneciendo lo hecho.- Quiero un círculo de llamas, no un círculo lleno sino un aro. ¿Comprendido?
El joven se levantó de su silla y se situó al lado del instructor. Tenía una postura marcial, erguida, un poco exagerada quizás, pero que a Kennard le gustaba bastante.
- ¡Flammare!- dijo el muchacho, apuntando con fuerza.
El rayo golpeó el agua y levantó un vapor difuso por unos segundos, luego pareció encender algunas pequeñas llamitas y al final se extinguió.
- Bastante bien, Kruger, para ser la primera vez. Usted sigue Malfoy.
Draco tomó el lugar vacante e intentó poner su mente en blanco, como hacía cada vez que necesitaba practicar algo nuevo. En general daba resultados, y ahora necesitaba que así fuera, sobre todo porque Potter estaba mirándolo.
Podía sentir esas pupilas verdes fijas en su espalda cuando avanzó para tomar su puesto, y sabía que el interés que demostraba cada vez que hacía sus hechizos era genuino porque lo veía hacer lo mismo con cada uno de los que pasaban. Los miraba como si pudiese absorber los movimientos acertados y desechar los que no servían. Para cuando le tocaba hacer algo, parecía como si lo hubiese hecho un montón de veces antes.
- Flammare- dijo, con voz clara, sin entonación, y el rayo vibró a través del aire hacia la superficie del agua. A diferencia de Kruger, él no retiró el rayo cuando el agua comenzó a hervir, sino que lo mantuvo hasta que las llamas surgieron, pequeñas, inseguras, pero describiendo a la perfección un círculo.
- Bien, Malfoy...- susurró Kennard complacido, pero intentando no romper la concentración del estudiante -. ¿Puede darle un poco más de potencia a eso?
Desde su asiento, Harry lo vio apretar los labios y los ojos grises se convirtieron en dos pequeñas ranuras frías mientras intentaba hacer lo que le pedían. Las llamas crecieron un poco más, no mucho, y luego se extinguieron.
Draco suspiró, también complacido por su resultado. Era lo mejor que había hecho en el curso de esos días que llevaban aprendiendo hechizos nuevos. El nivel de concentración que le había requerido era mucho más exigente que el común de los hechizos que habían estado practicando.
Luego pasó una chica pelirroja que también consiguió un buen resultado, un par casi lo hicieron, pero no pasaron de lograr que el agua hirviera y Ron, al igual que Kruger, logró algunas llamas difusas.
- Muy bien, Potter, es su turno.
Harry tomó su sitio empuñando la varita y reuniendo en su mente todo lo que había visto. Las mejores posiciones, sin duda Kruger y Ron; la mejor disposición de mente, indudablemente Malfoy, la justa tensión en el agarre de la varita de la chica pelirroja, juntó todo lo que había observado y supo que podía hacerlo.
- Flammare.
Apenas bastó con que pronunciara la palabra, y el rayo partió hacia el agua, chisporroteó, describió el círculo pedido y sin vapor, sin hervor de agua, las llamas crecieron. De hecho crecieron más de un metro, y a pesar de que todos estaban a una distancia prudente, sintieron el calor expandiéndose por el salón.
- Mantén el control, Potter- habló Kennard, del mismo modo que lo había hecho con Draco.- Debes mantener las llamas bajo tu control o nos vas a incinerar a todos.
Harry veía las llamas creciendo, sabía que podía hacerlas aún más altas, aun más calientes, pero también sabía que hacerlo los pondría a todos en peligro. El poder que sentía saliendo de sí era como un cosquilleo suave, sensual.
"Demasiado agradable... Tengo que contenerlo." pensó al fin, y exhaló lentamente el aire que había estado conteniendo mientras veía que las llamas decrecían y al final desaparecían.
Giró, para volver a su asiento, y al hacerlo, vio por un segundo la expresión en el rostro del instructor. Había algo así como aprehensión, no exactamente miedo, pero sí algo que no podía identificar muy bien. Confundido, retomó su lugar, sin saber con exactitud cómo habían juzgado su actuación. La clase terminó cuando Kennard les enseñó la manera de bloquearlo, aunque esa parte solo la pondrían en práctica cuando tuvieran control sobre las llamas.
Probablemente desde donde estaban sentados, a los demás les hubiese pasado desapercibido todo salvo el resultado de la actuación de Harry, pero para Kennard había resultado bastante perturbadora porque había visto el arrobamiento en el rostro joven, el placer inocultable ante el conjuro que se doblegaba a su voluntad.
Le habían dicho que algo así podía pasar en cualquier momento, pero no había estado preparado para presenciarlo. Salió de la sala de entrenamientos directo a su oficina a enviar una lechuza urgente a Dumbledore. y la respuesta, que no tardó en llegar, tenía muy pocas palabras:
“Que empiece las prácticas en campo.”
~o0o~
Harry consultó la lista de libros que Hermione le había confeccionado para encontrar todo lo que necesitaba para el próximo trabajo y constató que todavía le faltaban un par de ellos.Y no era que le fascinara pasarse los días estudiando, pero por seguir con su despreocupada vida estudiantil había estado a punto de perder el primer año de la carrera y si no hubiese sido por la ayuda de Hermione, sin duda hubiese sucedido. Fue una buena lección para el futuro. Se preguntó qué tan necesarios serían en realidad, conociendo bien lo detallista que era su amiga y por esa razón, decidió que lo mejor era conseguirlos y así impresionar a Malfoy.El pensamiento apareció con tal rapidez en su mente que por un instante se quedó parado en medio del pasillo de la biblioteca, tratando de razonar de qué recóndito lugar de su mente había surgido.
“¿Impresionar a Malfoy...? Con seguridad algo no está funcionando bien en mi cabeza. Yo jamás he querido impresionar a alguien... Bueno… tal vez sí, pero no a él precisamente.”
Lo cierto era que el rubio trabajaba con bastante seriedad en todo el asunto y aunque sus conversaciones no pasaban de las frases puramente necesarias, al menos tenían un cierto tono cortés que nunca antes habían tenido.
“Es lógico y frío con sus deducciones, preciso como el bisturí de un cirujano... Supongo que podría decirle eso sin que comprendiese lo que quiero decir...” pensó sonriendo para sí mismo mientras retomaba su camino.
Se detuvo ante una estantería, verificó un par de títulos, y haciendo equilibrios para no dejar caer ninguno de los librotes que ya llevaba, tomó otro más y lo colocó sobre la pila. Ahora lo único que tenía que hacer era llegar a salvo a alguno de los escritorios y una vez allí ponerse a tomar los apuntes necesarios.
“Pan comido” pensó y dio la vuelta en la esquina.
En el pasillo siguiente, al otro extremo de los mismos estantes donde él estaba, vio la figura larga y delgada apoyada con cierta indolencia, con ese aire elegante y casual que ya era una característica en él. Sin pensar en realidad en sus actos, dio medio paso hacia atrás, hasta quedar a cubierto de cualquier eventual mirada.
“¿Por qué estoy haciendo esto?” fue la pregunta lógica que surgió primero, y no tuvo ninguna respuesta que fuese igualmente lógica.
Se asomó justo a tiempo para ver que alguien más llegaba y el rubio dejaba su postura, ya que era evidente que había estado esperándolo. Un muchachito que estaba en el primer curso, a juzgar por el galón blanco en el borde de las mangas de la túnica. Estaban conversando en murmullos, por eso Harry no podía escuchar nada de lo que decían, pero el rostro del chico estaba ruborizado y sonreía complacido. En el momento en que Harry se preparaba para pasar por allí como si nada, Malfoy se inclinó sobre el muchacho para besarlo suavemente en los labios.
“Vaya, no pierde el tiempo...” se dijo y avanzó resueltamente.
No sólo avanzó, sino que entró por el corredor buscando el libro que le faltaba, tal como si no los estuviese viendo. Lo encontró y se las arregló para colocarlo con los demás, luego de lo cual avanzó hacia ellos.
- Cuando termines con eso, Malfoy, recuerda que tu parte del trabajo aún está sin terminar... - dijo con el tono más casual que pudo hallar y todavía sin saber por qué había hecho eso, se dirigió a alguno de los escritorios de la biblioteca.
El más alejado que encontrase, y en lo posible, metido en algún agujero sombrío donde pudiese ponerse a tratar de comprender por qué demonios había hecho eso.
Como si a él le importasen las conquistas de Malfoy.
“JA” se dijo, y tomando pluma y pergamino empezó con su trabajo.
~o0o~
La aparición de Potter justo cuando estaba avanzando con ese muchachito casi lo hizo saltar, pero como de costumbre, todo eso continuó encerrado dentro de su habitual máscara impenetrable. Además, no era cuestión de perder esa oportunidad que se le ofrecía en bandeja. Si al jovencito lo único que le faltaba era una envoltura brillante y el moño de regalo.
Draco no permitió que aquel se distrajese con la interrupción y volvió a besarlo, aunque si tenía que ser sincero consigo mismo, habida cuenta de sus malas experiencias anteriores, no le atraía demasiado la idea de ligar con algún otro estudiante. En realidad, lo mejor era no incentivar sentimientos que de momento, no podía corresponder.
“No puedo jugar con alguien como lo hicieron conmigo...”
De pronto, ya no era tan agradable seguir besando a ese chico, y con cierto cuidado, para no resultar ofensivo, el rubio se separó, maldiciendo en su interior a Potter, por aparecerse así convirtiéndose en su conciencia, y arruinar el intento que estaba haciendo por dejar atrás sus experiencias pasadas.
Bien, podía invitar a ese muchachito a tomar algo, y luego inventar alguna excusa para no seguir adelante con eso.
Cuando salía, no pudo evitar recorrer con la mirada el recinto lleno de escritorios, y aunque el moreno se había ubicado en uno bastante alejado, lo encontró casi de inmediato. Estaba enfrascado en su tarea, consultando libros, anotando, sin prestarle atención para nada.
“¿Y desde cuándo me interesa que Potter me preste atención?” se preguntó, caminando hacia la salida, pero sin despegar la vista de la cabeza de cabello negro.
Eso no había pasado nunca y no pasaría.
“Nunca.”
~o0o~
- Ya era hora, Potter- comentó Draco, viéndolo entrar al salón -. ¿Nunca llegas temprano a ningún lado?- Lo siento, me quedé dormido.
- Increíble. Sabes lo importante que es esto y te quedaste dormido...
- Ya dije que lo siento, Malfoy- comentó molesto.
Su compañero era puntual hasta lo exasperante en algunas ocasiones. Bien, era importante llegar temprano, pero también hubiese sido importante dormir un poco. Se había acostado muy tarde terminando la tarea y ese día, las prácticas en la Central de Aurores comenzaban temprano.
Entraron en el salón para comprobar que el resto de los estudiantes aún no había llegado, y eso calmó un poco al rubio. Había un revuelo interesante en los cubículos, se oían rumores y por más que intentaban, no podían captar muy bien de qué se trataba.
- Potter, Malfoy, llegan temprano- observó Owens -. Tienen suerte, tenemos algo para empezar- les extendió unos papeles y esperó un poco a que leyeran -. Ése es un mago desaparecido hace unos días. Era profesor de Astronomía en la Universidad Mágica de Londres. Encontraron su varita en un pequeño bosque cercano a Hogsmeade, de manera que estamos rastrillando el lugar. Vayan allá y ayuden con eso.
- Sí, señor- respondieron ambos.
- ¿Ves que sí era útil que llegáramos temprano hoy?- dijo Draco, mientras caminaban hacia el escritorio.
Harry estaba demasiado entusiasmado para contestarle pero no pudo dejar de pensar que tenía razón. Si Ron y Fritz hubiesen estado antes, hubiesen sido ellos los enviados al lugar.
- Igual eres insufrible- contestó no obstante.
- ¿Ya tienes la ubicación?- preguntó Draco y como Harry asintió, se limitó a desaparecer.
- Bien, te veo allá- dijo Harry -. Gracias por esperar...
Aparecieron en las afueras de Hogsmeade, bastante alejados del pueblo, donde un bosque no muy extenso cortaba un poco la monotonía del paisaje ondulado y verde. Ya había un grupo de magos y brujas trabajando en el sitio y en poco tiempo encontraron a Kingsley.
- Vayan al sur, este sector ya está asignado... No tenemos idea de lo que podemos hallar, así que tengan cuidado. Si encuentran algo, den aviso. No se acerquen, no lo toquen, ni siquiera le respiren cerca ¿De acuerdo?
Ambos asintieron y se alejaron adentrándose entre los árboles. Poco a poco perdían contacto con los sonidos que llegaban de los otros magos presentes en el lugar hasta que los perdieron por completo.
- Separémonos un poco- dijo Harry.
- La idea es que trabajemos juntos, Potter... ¿Recuerdas?
- Tardaremos el doble en registrar el lugar, Malfoy. No digo que te vayas lejos, mantén contacto visual, ¿Sí?
- Si tú lo dices- ahora sí la voz sonó casi como antes.
Harry estuvo a punto de replicar, pero se aguantó. Venían llevando bastante bien el asunto como para echarlo a perder por una discusión idiota, así que se limitó a alejarse unos pasos. El bosquecito no era demasiado grande, pero sí bastante tupido. Había mucha maleza creciendo entre los árboles, y por suerte ninguna planta mágica a la vista, aunque eso no descartase la posibilidad que las hubiese. Lo más sensato sería no meterse entre los matorrales.
Harry sintió un extraño vértigo, seguido de un hormigueo en la palma de sus manos. Era una sensación pegajosa, desagradable. Sin darse cuenta de lo que hacía, extendió la mano delante de sí en el aire, como si quisiera tantear el espacio. La sensación se intensificó aún más.
Más lejos, Draco se inclinó sobre unos troncos caídos sin ver más que insectos y gusanos. Se irguió y buscó con la vista a Harry. Vio que aquél caminaba de forma un tanto errática, extendiendo la mano ante sí.
- Lo único que me faltaba... El imbécil perdió los lentes...- se dijo y estuvo a punto de dejarlo por su cuenta, pero de algún modo supo que no podía hacer eso. Maldiciéndose por idiota, dejó lo que estaba haciendo para ir tras él.
En tanto, Harry movió el brazo en abanico, notando que a veces la sensación se hacía más notoria y otras veces se diluía, y sin preguntarse qué era, ni por qué lo sentía, siguió aquel pálpito. Caminó unos cuantos pasos, atravesó unos matorrales y se detuvo.
- Potter, ¿qué demonios...?- empezó Draco, pero se detuvo apenas llegó junto a él.
Harry tenía las gafas en su lugar, y no solamente eso, sino que estaba caminando con los ojos cerrados. Se quedó en silencio, a la expectativa. Vio que el muchacho moreno se inclinaba hacia la tierra y apoyaba la palma en el suelo, respirando agitadamente.
- ¿Potter...?
Pero el moreno estaba demasiado concentrado en otras cosas como para prestarle atención. La imagen que se presentó tras los párpados cerrados era un tanto confusa, retazos de imágenes mas bien, y Harry sentía vértigo al tratar de captar formas detrás de esos relámpagos de color.
- Mortífagos... Tres al menos... Ese mago, ellos lo trajeron aquí... - estaba intentando describir algo de lo que veía -. Hizo algún trabajo para ellos... No quería, pero lo hizo, para que lo dejaran vivir... Lo trajeron aquí, y le hicieron creer que lo dejarían ir... Lo cazaron, lo persiguieron... Oh, cielos... Des...- no podía escuchar con claridad lo que habían dicho, intentó enfocar los sonidos -. Desmembra...
Aunque no estaba del todo correcto Draco reconoció el conjuro, durante su época de colegio había leído varios de los libros de Artes Oscuras de la biblioteca de su padre y se estremeció ante lo que ese hechizo hacía.
Harry abrió los ojos y se levantó, echando a correr hacia una parte aún más espesa del bosque, sin esperarlo ni dar explicaciones.
- ¡Potter, espera!- gritó Draco, pero sólo pudo ir tras él.
Harry saltó unas matas altas, entró en un hueco oscuro y Draco entró tras él llevándoselo por delante, porque aquel se había detenido y observaba hacia el frente. Ahí el olor era penetrante y fácilmente identificable. Olor a descomposición, olor proveniente de al menos dos o tres partes humanas diseminadas entre la hojarasca.
- Tengo... tengo que salir...- dijo, y medio a los tropezones volvió por donde había entrado.
Draco se quedó apenas unos segundos más, intentando entender algo, pero escuchó afuera que su compañero estaba vomitando.
Apoyado en un árbol, Harry se estaba deshaciendo de su desayuno y Draco esperó unos minutos hasta que el momento pasó.
- Tenemos que avisar que lo encontramos- se limitó a decir después de unos minutos y Harry asintió -. ¿Me vas a decir qué fue lo que pasó?
- No sé... pero no me gusta, no me gusta en absoluto- suspiró tratando de sosegarse -. No hace falta que les digamos cómo lo encontramos...
- ¿Estás seguro?
Harry se sentó algo más lejos del lugar, todavía sentía el olor pegado en su nariz. Genial. Lo único que le faltaba, ahora tenía que pedirle a Malfoy que le guardara un secreto.
- Seguro.
- Como quieras- concedió el rubio, sin saber muy bien por qué lo hacía -. ¿Ya te sientes mejor?
- Creo que sí.
- Sigo pensando que deberías buscar ayuda...
El reiterado comentario molestó bastante a Harry, y esta vez contestó sin detenerse a pensar.
- ¿‘Buscar ayuda? Eso suena muy parecido a ‘necesitas un loquero, amigo’. Oh, claro... Porque si mal no recuerdo, tú eras uno de los partidarios de recluirme en San Mungo cuando tenía catorce... durante el Torneo. ¿Recuerdas...? Creo que esto podría terminar de confirmar algunas de esas teorías...
Draco, que había estado apoyado en un árbol cercano, se irguió de repente, tocado por esas palabras. Eran ciertas, lo sabía, pero no había necesidad de recordárselas en ese momento. Sólo había intentado ser solidario.
- Haz lo que quieras, Potter, lamento haberme preocupado por ti.
Se metió de nuevo entre los árboles, buscando el camino de regreso.
"Tengo que moverme... Tengo que irme de aquí o voy a vomitar de nuevo... ¿Dijo que estaba preocupado por mí? Debió ser mi imaginación..."
Harry se levantó para alejarse del lugar y encontró a Draco algo mas lejos, esperándolo. No dijo ni una sola palabra cuando dieron aviso del hallazgo, tampoco luego, cuando regresaron al Ministerio; y de hecho, no volvió a hablarle.
~o0o~
Varios días después de ese suceso, Harry estaba sentado en la cocina, metido entre sus libros, intentando terminar ese trabajo que hubiesen debido hacer entre dos, cuando entró Ron, listo para salir a divertirse, a juzgar por su aspecto cuidadosamente pulcro.La casa donde vivían los tres era rentada. Al iniciar los estudios en la Academia de Aurores, habían decidido que los gastos serían menos si los compartían, y si bien Harry hubiese podido mantenerse solo, le hizo mucha ilusión vivir por fin junto a sus amigos; así que entre los tres habían rentado una casa grande. Tenía dos plantas, cada uno tenía su propia habitación y baño, aunque compartían una sala de dimensiones regulares, una cocina algo más grande y el vestíbulo.
No le prestó mucha atención a Ron, porque estaba pensando otra vez en lo sucedido en Hogsmeade. El asunto de aquella especie de visión lo había tenido preocupado un par de días, pero luego decidió echarlo atrás, quizás no se repetiría. Y si sucedía, bueno, quizás sí debería comentárselo a alguien, Dumbledore tal vez.
"Pero sólo si vuelve a pasar" se dijo en forma terminante.
- Harry, voy a salir con Amy... ¿Quieres venir? Puedo pedirle que lleve una amiga para tí...
Harry sonrió, sin despegar la vista de sus libros.
- Ron, la última vez que hicimos eso, mi cita tenía más barba que yo...
- Bueno... Eso fue un error... Amy es un bombón, no puede tener amigas horribles.
- No te preocupes, de cualquier manera no puedo ir. Tengo que terminar esto.
- Últimamente te pareces cada vez más a Herm.
- Tomaré eso como un elogio.
- Ehmmm... Y digo yo... ¿Ese no era un trabajo para hacer con el hurón...?
- Ron, estás perdiendo una buena oportunidad para guardar silencio... ¿Qué tal si la aprovechas?- cortó Harry, repentinamente mosqueado.
- Ok, ya entendí; pero la invitación sigue en pie. Si te decides, iremos a bailar donde siempre.
- Muy bien.
- Por cierto... ¿Tienes idea dónde fue Herm?
En ese punto, Harry levantó la vista hacia su amigo, y aquel fue incapaz de evitar sonrojarse pese a que había formulado su pregunta del modo más casual que pudo.
- No, Ron. Salió pero no me dijo donde iba. Por lo que alcancé a observar, iba muy linda, supongo que tendría una cita.
- Perfecto. Una cita...- masculló Ron, entre dientes.
- Ahá. Es una chica hermosa, puede tener una cita- puntualizó, incapaz de contenerse.
Ron pareció meditar esa frase un momento y luego sacudió la cabeza.
- Me voy, recuerda lo que te dije. Te estaremos esperando.
Sin decir otra cosa, salió de la cocina, y segundos después, Harry escuchó la puerta de la calle. Sonrió para sí, era increíble el grado de estupidez que a veces tenía Ron.
Hermione estaba enamorada de él desde que estaban juntos en Hogwarts, pero Ron insistía en no querer verlo. O quizás lo que no quería ver era que él también estaba enamorado.
"Si tan solo dejara de tontear con todas esas chicas..."
Durante el curso de las siguientes dos horas, Harry se enfrascó en ese trabajo, pero al cabo de ese tiempo, enojado por el escaso avance, se quitó los lentes y los arrojó sobre la mesa en un gesto de exasperación.
De acuerdo, se lo merecía por imbécil. El trabajo era demasiado extenso para uno solo, tenía que hacerlo con Malfoy, sólo que hacía varios días que se dirigían apenas las palabras absolutamente necesarias. La culpa era sólo suya, Harry lo sabía. Habían hecho una especie de pacto de buena voluntad, y él había sido el primero en romperlo, y por causas erróneas. Después de todo, tenía que admitir que Malfoy en verdad había parecido preocupado por él, inclusive había respetado el secreto.
"Maldición, maldición, maldición... Encima voy a tener que disculparme con él..."
La tarea a medio hacer sobre la mesa de la cocina era un recordatorio permanente y al final consiguió derrotarlo. El lunes siguiente hablaría con Malfoy y le pediría las disculpas del caso.
"Hace algunos años atrás me hubiese echado yo mismo un maleficio por sólo pensar en ir a pedirle disculpas..."
Pero no tenía caso darle vueltas al asunto, ninguno de los dos tenía quince años, se suponía que eran personas adultas. Pensando en eso, dejó todo sobre la mesa de la cocina y subió a su habitación, dispuesto a darse una ducha y luego quizás podría reunirse con Ron, después de todo.
~o0o~
Sin embargo, no lo hizo. Se duchó, se cambió y a último momento, decidió que era mejor ir a tomar un trago a algún lugar y no molestar a Ron. No tenía intenciones de andar haciendo mal tercio un sábado por la noche y la verdad, no tenía ganas de ir a meterse en un sitio lleno de música y luces, al menos no esa noche.El bar donde terminó, era el que generalmente frecuentaban los estudiantes de la Academia y lo escogió precisamente por eso. El ambiente era conocido y también la mayoría de las personas que había ahí. Además, de noche también se acercaban los Aurores del Ministerio, y eso lo hacía sentir cómodo.
Harry entró, saludó de pasada a un par de conocidos y pasó hasta el mostrador, donde se ubicó en una esquina donde pudiera pasar desapercibido. Quería tranquilidad.
- Hey, Potter... Hacía rato que no te veía por aquí...- lo saludó el barman -. Me temo que no tengo cerveza muggle para ofrecerte...
Harry sonrió indulgente, sabiendo que si traían esa bebida, era casi solamente para él. Los magos generalmente no eran muy asiduos a esas cosas.
- No importa, Jack... Sírveme un whisky, doble con hielo.
- Uh... ¿Qué pasa? ¿Estamos ahogando penas de amor...?
- Eres un entrometido, como todo barman... No, no tengo penas de amor, ahora deja de hablar y trabaja...
- Ya, no te ofusques...
El hombre se alejó riendo, sin ofenderse, y poco después le dejó el vaso enfrente.
Mientras bebía, Harry empezó a observar alrededor. El lugar se veía animado, había bastantes caras conocidas, y de las que no conocía, seguro eran estudiantes de años inferiores. Muy pocos llegaban al final de la carrera y para ese momento, ya todos se conocían, al menos de vista.
Terminó su bebida y mientras pedía el segundo vaso, reparó en el grupito que había entrado minutos antes, alborotando y haciendo lío. Ya conocía bastante bien a ese tipo de estudiantes.
"Buscapleitos..."
Decidió enfocarse en su bebida y no prestarles atención. Quería tranquilidad y paz, de modo que giró en su taburete, dándoles la espalda.
- Oh... Ya te crees la gran cosa ¿verdad?- dijo uno de ellos, mas lejos, y Harry volvió a mirar.
Ahora estaban hablándole a alguien que de forma deliberada estaba haciendo oídos sordos. Ese alguien arrojó algunas monedas sobre la mesa para pagar su trago y se puso de pie, dispuesto a irse. Al instante, Harry reconoció el porte, y aún con la luz escasa del bar, el cabello platinado y brillante.
"¿Malfoy...?"
- Es muy fácil llegar al tercer curso cuando tienes a papá repartiendo dinero por todos lados...- dijo una vez más uno de los buscapleitos.
El comentario molestó a Harry de manera insólita. Nadie trabajaba más en el curso que Malfoy, aunque le costara admitirlo, ni él mismo lo hacía. Era metódico, detallista y meticuloso, entregado al asunto como nunca hubiese creído posible. Cuando recién habían empezado a conocerse, Malfoy había dicho que había trabajado mucho para llegar a ese punto y Harry creyó que bromeaba, pero en el transcurso de los días, había comprobado que era cierto. Nadie tenía derecho a decir algo así.
Sin darse cuenta, se levantó y fue hasta el grupo.
- Nadie llega al tercer curso repartiendo dinero- dijo suavemente, pero en forma clara -. Tú no vas a llegar ni siquiera haciendo eso.
La observación hizo girar a Draco, porque lo que menos hubiese pensado era que iba a encontrar a Potter justo en ese lugar, pero era evidente que terminaban encontrándose en los sitios menos pensados. Mucho menos iba a imaginar que se iba a poner de su parte luego de lo sucedido en el bosque de Hogsmeade.
- Potter... ¿Qué estás haciendo aquí...?
- Creí que iba a tomar un trago en paz, pero ya ves...- comentó Harry, sin quitarle la vista de encima a los tres muchachos que tenían enfrente -. Parece que no será así.
- Ehmm... Potter, no creo que sea prudente...- comentó Draco en voz baja.
No que fuese un cobarde, pero no era buena idea tener un pleito con muchachos de primero, es más, era una pésima idea. Sólo que al parecer, Harry no pensaba lo mismo.
- Cierto- le interrumpió Harry, mientras con cautela se quitaba las gafas, por si acaso -. Mi compañero tiene razón, no sería prudente seguir esta charla. ¿Qué tal si se van a casa? Este no es un buen lugar para novatos…
- Eres tú el que va a irse, cuatro ojos- dijo el único que había hablado hasta ese momento, al tiempo que arrojaba el puñetazo.
Harry lo esquivó con habilidad y lo devolvió con más suerte que su oponente. Al segundo siguiente, se había armado una gresca de tamaño monumental, ya que otro de los del grupo intentó golpear a Draco y aquel también se quitó del camino, pero aprovechando el envión que traía, lo arrojó sobre algunas de las mesas, donde aterrizó con estrépito.
Se sumaron al lío los que se vieron envueltos sin remedio, y otros a los que simplemente les atraía una buena pelea. Al menos de momento, nadie había echado mano de sus varitas, y eso era porque siendo como eran, la mayoría de ellos estudiantes, sabían que usar un conjuro en medio de un pleito los pondría al instante fuera de la Academia.
- ¿Por qué te metiste, Potter?- preguntó Draco, al tiempo que le partía una botella a uno en la cabeza.
- Estaba aburrido, Malfoy- contestó Harry, conectando un golpe que seguramente le despellejó los nudillos.
- ¿Y así te diviertes...?
- ¿Qué? ¿No te gusta...?
Durante unos segundos, sólo se aplicaron a evitar que los golpearan demasiado, sin escuchar los gritos de Jack, el barman, clamando por que no le destruyeran el local. De pronto hubo una sirena, y el lugar se llenó de una voz proveniente del exterior.
- Es la Patrulla de Vigilancia Mágica, les advertimos que el bar se encuentra sellado contra escapes mágicos, salgan por la puerta principal, mantengan las manos en alto, lejos de sus varitas.
Adentro el silencio tardó un poco en llegar, nadie parecía dispuesto a dejar la pelea.
Harry sí escuchó, también Draco y ambos se miraron. Lo último que necesitaban era pasar una noche en un calabozo de la Patrulla de Vigilancia, por no hablar de lo que eso haría en el expediente de ambos. Era el último año, no podían permitirse algo así.
Harry tomó del brazo a Draco y lo arrastró en medio de la pelea hasta una puerta al fondo del local. La abrió y entraron a una suerte de bodega. Siguió corriendo hasta llegar al final.
- Sellaron el bar, Potter...
- Sí, sí, ya escuché... Contra escapes mágicos... Sólo que nosotros vamos a usar el viejo estilo muggle...- de uno de los bolsillos de la túnica extrajo una navaja, regalo de Sirius y luego de seleccionar con cuidado el implemento que iba a usar, dedicó su atención al candado que cerraba la puerta -. Eso significa que no puedes desaparecerte, ni usar un Portal, ni la red Floo... No dice nada de... abrir una puerta...
Forcejeó un poco más y abrió el candado. Triunfante, quitó el estorbo y abrió cediéndole el paso al rubio que lo miraba asombrado.
- No dice nada de abrir una puerta y correr como el demonio- terminó diciendo al tiempo que guardaba la navaja -. Vamos, muévete, Malfoy... ¿O quieres pasar la noche en prisión?
Por toda respuesta, aquel se lanzó afuera. Los dos corrieron por el callejón hasta llegar a un enrejado, sin pensarlo treparon por el entramado y cuando llegaban arriba, escucharon que alguien mas los había seguido.
- ¡Alto! ¡Patrulla de Vigilancia...! ¡Dije alto!!!- gritó la voz desde la oscuridad.
Se arrojaron del otro lado desde lo alto al tiempo que un par de hechizos inmovilizadores sacaban chispas del alambrado. Sin detenerse, los dos se lanzaron a correr hasta salir del callejón. Salieron a la calle principal, unos metros más lejos de la entrada del bar, y desde allí, vieron cómo iban sacando a todos los que estaban en el local.
Como si se hubiesen puesto de acuerdo, los dos dejaron de correr y comenzaron a caminar con tranquilidad, como si no estuviesen enterados del asunto. Llegaron a la esquina, doblaron y continuaron alejándose. Al cabo de unos metros, Harry no pudo contenerse más y empezó a reír.
El asunto lo superaba por demás.
Había salido para tener un poco de tranquilidad y terminaba envuelto en una pelea, y todo por ponerse de parte de Malfoy. Y ni siquiera podía contestarse la pregunta más sencilla de todas: ¿Por qué se decidió a intervenir? No, definitivamente eso era algo que superaba con creces su imaginación.
Y mientras Harry se desternillaba de la risa, Draco lo miraba. Siempre le atraían las personas que podían reír así, sin reservas, totalmente abiertos al gesto, cuando él por lo general, apenas conseguía esbozar una sonrisa, incapaz de quebrar la rígida educación que había recibido.
Consciente de la mirada que tenía encima, Harry intentó recobrar la calma, cosa que logró luego de un par de esfuerzos.
- Oye, Malfoy... Lo siento- dijo honestamente -. De verdad, siento lo que dije en Hogsmeade... Estaba un poco alterado...
- Muy alterado, diría yo- corrigió el rubio, con cierta frialdad.
- De acuerdo, muy alterado- aceptó Harry, decidiendo no indagar demasiado en el modo en que aceptaba eso porque estaba de bastante buen humor.
Draco meditó unos segundos, muy pocos. Había algo innegable, los ojos verdes estaban llenos de risa y sinceridad, en verdad estaba disculpándose y eso podría convertirlo en el primero que hiciera algo como eso. En general, nadie se tomaba la molestia de admitir esos errores con él.
- De acuerdo, olvídalo- dijo al fin -. No sabía que peleabas tan bien.
Harry revisó su mano derecha; sí, tal como había pensado, los nudillos estaban despellejados. Se envolvió el pañuelo en la mano y con la lengua tanteó el borde de los labios. Reprimió una maldición y escupió un poco de sangre en la acera.
- Bueno, mi boca y mi mano no opinan lo mismo- comentó, mientras veía que Draco se tocaba el pómulo derecho -. Ese ojo se va a poner negro.
- Creo que sí.
Harry empezó a caminar, aunque no sabía muy bien hacia dónde iba.
- Potter... ¿Ya hiciste el ensayo sobre los últimos siete hechizos que aprendimos?- preguntó Draco, un poco dudoso.
- No, apenas llegué a la mitad. ¿Y tú?
- Tampoco. Es demasiado para uno- admitió.
- Mañana es domingo... Si le dedicamos el día, podremos entregarlo el lunes- observó Harry.
Draco respiró hondo antes de contestar.- Dedicar un domingo completo a ese trabajo... Estamos dementes los dos...
- En un todo de acuerdo. ¿Entonces?
- No nos queda otra opción. Nos veremos en la cafetería que está frente a la Academia, a las nueve.
- ¿A las nueve...?- preguntó horrorizado, pero se detuvo al ver la expresión del rubio -. Muy bien, a las nueve.
- Perfecto, no llegues tarde.
- No pidas imposibles, Malfoy- comentó Harry, deteniéndose -. Bueno, aquí nos separamos. Te veo mañana.
Draco lo vio cruzar una calle y meterse en la entrada de una casa de dos pisos, bastante grande. Supuso que vivía ahí con los otros dos. Tenía un tramo más antes de llegar a su departamento, así que decidió hacerlo de la manera mágica. Simple, segura y rápida. A pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió sacarse de la mente el sonido claro y vibrante de la risa de Harry.
Dentro de la casa, el moreno subió las escaleras a toda prisa para llegar a su habitación. Se arrojó sobre la cama, recordando todo lo sucedido pero recordando sobre todo, los ojos de metal plateado fijos sobre él mientras reía al salir del bar. Se durmió rápidamente, esa imagen fue la última de la que tuvo conciencia.
Capítulo 3
"Si hay alguna clase de divinidad, en el cielo o el infierno, debe estar muriéndose de risa..." pensó Severus, moviéndose tentativamente dentro del brazo que lo aprisionaba. "A mi edad, no debería andar haciendo estas cosas..."Y sin embargo eran necesarias.
Todavía recordaba las palabras de Dumbledore al convocarlo en su despacho: ‘necesitamos saber qué se traen entre manos, Severus. Y Lucius es el único que puede saberlo con más acierto. Sabes que el tiempo casi se nos acabó’.
Casi parecían una réplica de las que había dicho cuando Potter tenía catorce, antes de hacer aquel desesperado contra conjuro para retener su regreso: ‘sabes lo que necesito de ti, si estás dispuesto’.
Severus se dijo que aquella había sido su última oportunidad de negarse a todo eso, pero también supo que, pese a todo, el camino que había elegido en esta ocasión podía ser poco placentero pero era el correcto.
"Claro que lo sé. Vaya si lo sé, he sentido la marca en mi brazo ardiendo de nuevo. Todavía no tiene la fuerza suficiente como para convocar a todos, pero en los últimos días ha empezado a arder..."
Con un gesto firme, pero no brusco, tomó el brazo que descansaba sobre su cintura y se lo sacó de encima, apartándolo para poder deslizarse fuera de la cama de suaves sábanas color azul. Tratando de no moverse más de lo necesario, lo consiguió.
Desnudo, de pie en medio del lugar, Severus miró alrededor, reconociendo cada rincón de esa habitación, lujosa hasta la ostentación.
Frente a sí, un largo espejo de pie le devolvió su propia imagen; un cuerpo enjuto, pero de músculos recios, endurecidos. La observación ascendió desde las piernas firmes, las caderas estrechas hasta el torso que se abría en los hombros lo suficiente como para que la figura resultara en un equilibrio justo de delgadez y fuerza. El rostro hubiese podido ser más agraciado de no haber estado maldecido por esa nariz, pero si se podía pasar ese detalle, no quedaba más remedio que detenerse en los inexpresivos ojos negros, dos inmensos pozos de oscuridad, tan negros como el cabello que caía hasta apenas por debajo de los hombros. Se acercó un poco, para comprobar una sospecha blanca en las sienes.
"Maldición... Estoy viejo para esto"
Pero no quedaba opción. Se acercó al escritorio y se inclinó sobre él con cuidado de no tocar nada. Sabía que Lucius ponía conjuros de protección sobre sus cosas para asegurarse que nadie se inmiscuyera. Había aprendido eso cuando ambos todavía estaban en el colegio.
"Ya por entonces algo no funcionaba bien en su cabeza... Y aún así, en algún momento, lo amé...".
Pergaminos, un ejemplar de 'El Profeta', elementos de Astronomía. Eso era extraño, la astronomía era un tema por el que Lucius nunca se había sentido particularmente intrigado.
"Hay algo más... Yo había escuchado algo relacionado..." pensó Severus, pero dejó ese tema para después, tenía que aprovechar mientras el hombre rubio continuase dormido. Todo lo demás estaba como él recordaba. O casi.
"Un momento... Los libros."
Severus se detuvo frente a los estantes que contenían algunos libros que Lucius nunca hubiese dejado en la biblioteca de la mansión. Los recorrió con la vista, dejando que la imagen se fijara en su mente. Había entrenado duramente su memoria para ser capaz de recordar cosas mirando sólo una vez. Esa cualidad había resultado muy importante para él, primero como espía y más tarde como profesor.
Había huecos entre los libros, faltaban algunos. Hizo un primer intento de identificar los volúmenes faltantes, comparando la imagen nueva con la última que hubiese podido tener de ese lugar, pero de eso había pasado bastante…
No, necesitaba más tiempo para eso. Una vez más, archivó los conocimientos para catalogarlos cuando regresara a la seguridad de Hogwarts y pudiese analizarlos con detenimiento.
- ¿Husmeando, Severus...?- preguntó una voz gélida a sus espaldas.
El mago de cabello negro no giró, continuó mirando unos segundos más, como si la interrupción no lo hubiese afectado; para cuando se volvió hacia su interlocutor, había recompuesto su máscara de mortífago experimentado.
- Buscando algo para entretenerme mientras despiertas- contestó desapasionadamente.
- ¿Y bien? ¿Encontraste algo interesante?
Severus ponderó la pregunta con cuidado. Sí, cosas interesantes había bastantes, pero ninguna que pudiera comentar con Lucius sin sonar sospechoso. Volvió a mirar los estantes con aire displicente una vez más, su memoria trabajando a toda la velocidad posible.
- No has comprado nada nuevo- dijo al fin, con ambigüedad -. Y éstos ya los leí todos.
Lucius se estiró en la cama, divertido, disfrutando la imagen que tenía frente a él y el modo en que los ojos negros recorrieron su cuerpo sin poder evitarlo.
- Increíble. Te hago el amor por casi tres horas seguidas y lo único que se te ocurre es levantarte a leer.
- Increíble. Vengo a darte noticias de tu hijo y terminamos en tus habitaciones; en tu cama, para ser exactos- replicó mordaz.
- Ah, sí... Mi hijo...- comentó Lucius, sentándose. Los ojos grises taladraron al hombre que seguía de pie fuera de la cama en una pregunta no expresada.
- Regresó a Londres. Hace algunas semanas- informó aquel.
- Lo sabía, pero no se ha comunicado conmigo.
"Lo que indica que es inteligente" pensó Severus.
- Dale tiempo- mintió, sabía que el muchacho no tenía ninguna intención de hablar con su padre -. Está en la Academia de Entrenamiento para Aurores.
Esta vez la expresión de Lucius fue de auténtico asombro primero, y luego reflejó una especie de furia insana.
- Me habían informado que había desistido de esa estúpida idea...- siseó en forma alarmante.
"Claro, los informes que yo falsifiqué." pensó Severus, y de inmediato relegó ese pensamiento al último rincón de su mente. Su amante era un notorio experto en Legilimens, de modo que tenía que ser muy cuidadoso con las ideas que dejaba formarse en su mente.
- Tienes que pagar mejores informantes- dijo tan sólo, maldiciéndose por haber tenido que dar alguna información válida para cubrir su lugar, pero no iba a decir nada más.
- Idiota... La vergüenza de los Malfoy... ¿Te das cuenta, Severus? El último de los Malfoy... Mi hijo convertido en Auror... ¡Un jodido Auror!- gritó al fin, dando un puñetazo en la cama -. ¡Esas fueron las malditas influencias de mi mujer! Bien estuvo que se muriera la muy jodida...
Durante un par de minutos, murmuró de forma ininteligible una cantidad de amenazas e improperios de calibre bastante grueso, hasta que aparentemente recobró la calma. Cuando levantó la vista, la dirigió hacia el hombre moreno, recorriéndolo con una lujuria que no se molestó en ocultar.
- ¿Qué estás haciendo ahí, parado como un idiota? Vuelve a la cama.
Severus conocía esa mirada, la mezcla de deseo y furia; y sabía también que eso le presagiaba algunos momentos un tanto difíciles. Lucius estaba furioso y seguramente intentaría desquitarse y él tendría que mantener su papel en cualquier circunstancia, porque era el acceso a su cama lo que le brindaba el acceso a una increíble cantidad de información. Quitó esa idea de su cabeza y trató de decirse que cuando no estaba furioso, Lucius era un amante extraordinario.
Se acercó despacio, hasta llegar al borde de la cama desde donde habló.
- Lucius, tengo que volver a Hogwarts esta noche, en lo posible, modera tu ‘entusiasmo’.
El hombre rubio se deslizó con la agilidad de un gato y lo atrapó por un brazo.
- Seguro, Sev... Lo que quieras. Ahora, hazte un favor y mantén la boca cerrada... O mejor aún, mantén la boca ocupada.
Mientras una mano experta lo guiaba hacia un lugar específico para cumplir esa orden, Severus se aplicó a hacer lo que le pedían. Era parte de su trabajo, y si conseguía que el rubio dejase de lado esa furia que a veces lo consumía, podían disfrutar de otro rato de buen sexo. Pero también era su trabajo el regresar a Hogwarts y avisarle a Draco que su padre ya sabía acerca de su regreso a Inglaterra y que no había cambiado los planes para su futuro.
~o0o~
Cuando Severus se marchó, Lucius se levantó de la suntuosa cama sonriendo. Las sesiones de sexo con el mago de cabello oscuro siempre habían sido altamente satisfactorias y recordó la época en que ambos eran jóvenes y estaban enamorados. Por un instante reconsideró los sentimientos que aún los unían. Acaso era la posibilidad de sexo sin lazos ni compromisos lo que los mantenía unidos, si podía usar esa palabra.
De cualquier modo, nunca había permitido que sus sentimientos influenciaran sus acciones, de modo que se desplazó a través de la habitación recorriendo los pasos que seguramente el buen Severus había dado mientras él dormía.
El escritorio estaba tal como lo había dejado, pero eso no era de extrañar. Severus siempre había estado al tanto de los métodos que utilizaba para proteger sus cosas. Sabía que tocar, mover o inclusive acercarse demasiado a los sitios que él consideraba personales podía implicar toda clase de consecuencias, en algunos casos realmente graves. Por supuesto, el escritorio estaba intacto y, maquinalmente, echó una mirada hacia las cosas esparcidas encima. Nada que pudiese resultar sospechoso.
Giró hacia la biblioteca, pero todo estaba bien. Lo que faltaba allí era porque él mismo lo había sacado. Para la próxima vez que Severus regresase, se aseguraría de tener algunos volúmenes nuevos que su amante pudiese fisgonear sin peligro.
Pensó en el pequeño contacto que su Amo había hecho con él a través de ese lacayo, Colagusano, y las indicaciones precisas que había recibido.
‘Sé que podrás recordar mis palabras el día que retomé un cuerpo físico, Lucius... Hay un cobarde que aún debe pagar por no acudir a mi llamado. Búscalo. Ya sabes qué hacer con él.’
Vaya que recordaba aquella noche, y las palabras de Lord Voldemort habían resonado en sus oídos durante muchas horas luego de volver a su mansión. Luego supo de la desaparición de Karkaroff y supo que él sería el primero en pagar por no acudir al llamado del Amo. El resto de las palabras también las recordaba, y esperaba que las sospechas del Amo acerca de Severus no fueran confirmadas, porque de ser así, el mago moreno tendría muchos problemas.
En realidad, eso no le complicaba demasiado a él y en última instancia, eso era lo importante, que el Amo no fijase su atención en él de aquella forma, porque lo primero que con seguridad preguntaría, era acerca de aquel hijo que él le había prometido ofrendarle hacía algunos años. Pero podía intentar algo más. Si Draco tenía un hijo, él podía ofrecer un nieto en lugar de aquel hijo que había salido demasiado retorcido para su gusto...
Mientras se vestía y pensaba fastidiado que tendría que viajar para encontrar al desgraciado de Karkaroff, siguió dando vueltas a esa ocurrencia. Un hijo de Draco tendría sin ninguna duda un gran potencial mágico y la idea merecía ser estudiada con más detenimiento.
~o0o~
Una semana más tarde, mientras Harry y Draco aprendían a diferenciar las fastidiosas formas que correspondían a cada tipo de acción desarrollada, Shackelbolt entró a toda velocidad en el salón y pasó directamente hacia la oficina de Owens, llevando un periódico y algunos pergaminos. El rostro del mago era serio y concentrado, no presagiaba buenas noticias, y como no cerró la puerta detrás de sí, pudieron escuchar la mayor parte de la conversación.
- Mire esto, Owens... Creo que tenemos algo aquí- dijo, dejando caer el periódico sobre el escritorio del Jefe.
Aquel lo observó un momento antes de hablar.
- No sé, Kingsley... No parece extraño... ¿Qué más da un ex Mortífago