
N. de la A: No forma parte del fic ‘Ser tres’. Lo único que puedo decir es que tuve una angustia muy grande y necesitaba exorcizar malos pensamientos…~o0o~
Ron regresó por los blancos e inmaculados pasillos de San Mungo trayendo café en vasos descartables para tratar de ahuyentar el sueño y el cansancio pero estaba seguro que no había café en el mundo para arreglar eso.
Llegó a la salita de espera y tardó un poco en ubicar a las dos figuras que estaban sentadas muy juntas en un sillón alejado. Hablaban en voz baja y por eso no pudo oír lo que decían pero aguardó un momento para no interrumpir mientras miraba a las dos personas que murmuraban entre sí.
Habían cambiado tanto en pocos meses.
Ni siquiera hubiese podido pensar que él estaría sintiendo compasión por esa cabeza rubia que ahora se inclinaba cariñosamente hacia su amigo.
Draco Malfoy, el mismo que durante siete ininterrumpidos años se dedicara a hacerles la vida imposible como deporte preferido ahora era el esposo de su mejor amigo.
Como si hubiese adivinado que pensaban en él, el rubio levantó la cabeza, vio a Ron y le hizo una seña para que se acercase.
El rostro en general pálido estaba casi gris, y profundas ojeras azules resaltaban aún más el gris acerado de sus ojos. Habían aparecido algunas arruguitas en las comisuras de los ojos, una marca más que no hubiese debido haber allí con veintidós años.
- Traje café.- dijo tan solo y extendió el vasito.
- Gracias, Weasley.- fue el murmullo en respuesta para regresar hacia quien estaba a su lado.- Toma, amor… No has comido nada en todo el día.
Ron había aprendido a ver siempre fuerte la expresión en su amigo. Harry había sorteado con éxito muchos peligros, había sobrevivido a Voldemort luego de una sangrienta batalla… se preguntó si podría sobrellevar eso, o si esa tragedia conseguiría lo que Voldemort no había podido hacer.
Delgado, enjuto, los ojos verdes permanecían velados en lágrimas desde hacía tanto tiempo que el pelirrojo pensó si era posible que alguien pudiese llorar tanto. Había tanto dolor en la mirada, que se sintió traspasado de pena.
Sin embargo, Harry se las arregló para sonreír y así agradecer la atención de su amigo.
Ron tomó asiento más lejos en silencio y rememoró algunas cosas.
Algunos meses atrás, Voldemort había lanzado su última ofensiva, el ataque mayor, y por supuesto, todas las fuerzas reunidas por Dumbledore durante los últimos años se habían opuesto con uñas y dientes para detener su avance.
Habían muerto muchos antes que Harry pudiese llegar a ese engendro y enfrentarse en una de los mayores duelos mágicos que se hubiesen presenciado nunca. Los conjuros y maleficios, de una potencia increíble golpearon una y otra vez el cuerpo de su amigo, sin conseguir derrotarlo. Hasta que finalmente Harry pudo colocar el hechizo final, el que llevó a Voldemort de regreso al infierno.
Cuando llevaron a Harry a San Mungo para curarlo, hicieron el descubrimiento: estaba embarazado de dos meses.
Cómo no había perdido el embarazo, era algo que no habían podido explicarse nunca. Se redoblaron los esfuerzos, Harry pasó todo el resto del tiempo en cama, ante cualquier movimiento, Draco era un despliegue de amor y cuidados.
Ron jamás hubiese pensado que el rubio Malfoy era capaz de tanto por su antiguo ex rival.
En ese instante, la medibruja salió de una sala contigua.
- Entren, por favor…
Las palabras resonaron en el silencio, y Ron vio cómo Draco remolcaba con cariño a su amigo hacia la otra sala.
~o0o~
En completo silencio, los dos entraron a la salita donde nada se movía ni se oía. Había algunos muebles, pero lo único que concentraba toda su atención era la cunita que ocupaba el centro de la habitación.
Una tenue cápsula de luz azul pulsaba con ritmo irregular bañando el montoncito que descansaba allí.
Harry tomó asiento en una de las sillas ubicadas a un lado y Draco arrimó otra para estar a su lado.
Los desgastados ojos verdes se alzaron hacia la medibruja, suplicantes.
- ¿Podemos…?
Y como la mujer asintió en silencio, el moreno adelantó su mano y tomó entre sus dedos, esa otra manito diminuta, de uñas pequeñísimas y transparentes. Casi junto con la suya, otra mano más, de dedos largos y blancos se unió y aferró las dos.
Solo había silencio, en cierto modo cualquier palabra estaba demás. Pasaron larguísimos minutos, o tal vez horas… Eternidades… La luz pulsaba cada vez más pausadamente, y por fin, solo se apagó.
- Ya se durmió, amor…- susurró la desgarrada voz de Draco.
- No, no… Despiértalo… Por favor, despiértalo…
Con tremendo esfuerzo, el rubio consiguió que Harry soltara la manecita y casi en el acto, aquél se abrazó a él, enterrando el rostro en su hombro, sollozando en silencio.
Sabes hermano lo triste que estoy,
se me ha hecho un duelo de trinos y sangre la voz.
Se me ha hecho pedazos
mi sueño mejor,
se ha muerto mi niño, mi niño, mi niño,
mi niño, hermano...
- No, Draco… no quiero…- Yo tampoco, amor.
Ninguno de los dos quería, pero los dos sabían que podía pasar, aunque eso no hiciese el paso menos difícil.
Harry había recibido tantos maleficios durante la última batalla que había sido un milagro que no lo perdiese en aquel momento. Con todos los cuidados, con toda la dedicación, igual el nacimiento había sido prematuro pero los dos tenían esperanzas que el pequeño lo consiguiera. Era hijo de dos sobrevivientes, tal vez…
Y durante los largos días de vigilia junto a aquella camita, Draco y Harry soñaron juntos, tejieron juntos un sinfín de planes llenos de días de sol, pañales y biberones. Noches sin dormir y paseos para hacer dormir a un ángel.
El sueño estaba terminado ahora.
No pudo llenarse la boca de voz,
apenas vació el vientre de mi dulce amor.
Enorme y azul
la vida se le dio.
No pudo tomarla, no pudo tomarla,
de tan pequeño...
El parto había sido tan largo y extenuante, doloroso e interminable, pero Harry lo habría soportado todo por tener consigo a su bebé, sano y salvo pese a que estaba adelantado, a que había tanto en contra.Sano y salvo…
Ni siquiera había llorado al nacer, no había conseguido llenarse los pulmones del aire suficiente como para lanzar ese primer berrido que todo padre espera oír cuando por fin sabe que su cuerpo ya no tiene en su interior la vida que albergó durante meses.
Pequeño y arrugadito, apenas habían permitido que Harry y Draco lo viesen antes de llevárselo pese a las súplicas del moreno.
Demasiado pequeño y débil…
Era en abril, el ritmo tibio
de mi chiquito que danzaba
dentro del vientre,
un prado en flor,
era su lecho y el ombligo, el ombligo,
el ombligo, el sol...
Pese a todos los sufrimientos previos, a todos los recaudos que Harry había tenido que tomar durante ese tiempo, esos meses habían sido de ilusión y esperanza. Una esperanza que crecía día con día, al mismo ritmo que el vientre de Harry.A su lado, Draco le hablaba de todos los lugares a los cuales lo llevarían cuando naciese. En tiernos murmullos llenos de amor, le recitaba los nombres de países y ciudades que Harry ni siquiera había oído nombrar, acariciaba una y otra vez la barriga creciendo, y ponía su oído en el ombligo de Harry para escuchar cuando su hijo ‘respondía’.
Tantos sueños desvanecidos, tanto amor sin nadie que lo recibiese.
Yo le había hecho una blanca canción
del amor entre una nube y un pez volador.
Lo soñé corriendo
abrigado en sudor,
las mejillas llenas, las mejillas llenas
de sol y dulzor...
Para calmar a su pareja, Draco intentaba no flaquear, no ceder ante la garra de dolor que le estrujaba la garganta y el pecho. Era tan intensa la desesperación que sentía, que quería salir de allí y correr, correr lejos hasta que ya no tuviese aliento. Y gritar, gritar su angustia una y otra vez, para que su corazón quedara vacío de sufrimiento.Tantas veces había soñado a su hijo, hermoso y sonriente, corriendo con la misma agilidad con que lo hacía Harry. Las mejillas rojas de excitación, los ojos llenos de sol y alegría… Había hecho tantos planes…
En su mente había inventado cuentos para contarle, historias de caballeros y princesas, canciones de amor y valentía; y la mejor de todas las historias: el cuento de cómo un dragón se enamoró de un león.
No quería llorar, pero también era su niño, su ilusión y su sueño.
No busques hermano el camino mejor,
que ya tengo el alma muda de pedirle a Dios.
Qué hacemos ahora, mi dulzura y yo,
con dos pechos llenos, con dos pechos llenos
de leche y dolor...
- ¿Por qué, Draco…?- gimió Harry, sin soltarse un segundo.- Era inocente… ¿Por qué…?Pero Draco no tenía la respuesta, probablemente ninguno la tendría nunca. Tanto habían luchado por su amor, luego por ese bebé, tantos ruegos elevados en silencio… Hasta que las palabras ya parecían insuficientes para expresar todo ese dolor acumulado durante los días de espera.
- ¿Qué haremos ahora…? Sin nuestro b…
No pudo terminar la frase sin ahogarse en un ronco sollozo, y ya incapaz de contenerse, el rubio lloró con él, porque la pérdida era de los dos; porque no había manera de guardar para sí todo esa agonía y tenían que compartirla tal como habían compartido todo hasta ese momento.
Al cabo de un largo rato, se pusieron de pie y salieron de allí. Afuera había ya un grupo de amigos pero todos guardaron silencio y dejaron que la pareja se alejara por uno de los pasillos respetando su dolor.
Apoyado uno en otro, con la mente en blanco todavía, Draco y Harry salieron de San Mungo por primera vez en meses…
Y estamos pensando, sería mejor,
el marchar los tres, el marchar los tres,
a quedarnos dos...
FIN
