Capítulo: 1Ron intentaba concentrarse en la lectura que tenía entre manos, pero era del todo imposible. El ruido proveniente de la habitación adjunta era demasiado evidente para ser ignorado. No es que se comprendieran las palabras, pero ni siquiera era necesario, estaban gritando y era suficiente. Cerró el libro y salió del estudio rumbo a la cocina.
Hermione vigilaba la cena mientras reordenaba y catalogaba papeles sobre la amplia mesa. Ron sonrió, solamente su mujer podía hacer todas esas cosas y ser buena en todas ellas.
- ¿Te ayudo, cielo?
- Creí que estabas ocupado.- dijo ella sin mirarlo.
- Intentaba leer.
- ¿Están peleando de nuevo?
- Ahá.
- Bueno, entonces si dispones de tiempo, sí, me vendría bien tu ayuda.
Ron se sentó y empezó a apilar los papeles de acuerdo a las indicaciones que recibía mientras dejaba que sus pensamientos lo llevaran en parte a la casa de junto, donde vivían Harry y Draco.
Las relaciones entre ellos había comenzado casi al mismo tiempo que las de Hermione y él, y el trataba de recordar cómo había sucedido. Después de salir del colegio hubo un período de unos dos años en los cuales ni siquiera había oído hablar de Draco Malfoy. Luego supieron que su padre lo había llevado al extranjero con la esperanza de separarlo de las influencias de Dumbledore, pero al parecer ya era tarde, Draco tenía sus propias opiniones formadas. Lucius murió de manera extraña en el extranjero y Draco regresó a Londres.
Harry estaba trabajando en el Ministerio como adjunto al departamento en el cual trabajaba Arthur Weasley cuando llegó Malfoy. Con sus influencias, pronto había obtenido un puesto cerca del Ministro. En alguno de esos días, habían compartido un café. Luego debió ser un almuerzo o algo así, Ron no lo sabía a ciencia cierta, y no es que Harry hubiese intentado esconderlo. Él no había querido enterarse de los detalles, después de todo Malfoy les había hecho la vida imposible durante siete años.
Cuando se enteró que no solamente eran amigos, sino que se habían convertido en amantes, fue casi demasiado; pero de cualquier manera, él era amigo de Harry y los amigos no se alejan solo porque una persona no se acuesta con quien a ti te parece.
Algo mas tarde, cuando él y Hermione habían decidido ir a vivir juntos, solicitaron una de las ayudas especiales del Ministerio para parejas jóvenes y les habían concedido una casita pequeña a pagar de a poco. Al mismo tiempo, Harry y Draco habían solicitado y obtenido lo mismo. El resultado, las dos casas estaban juntas y tenían algunas paredes en común.
En realidad, mal que le pesara a Ron, la pareja había funcionado de maravillas hasta algo así como tres o cuatro meses atrás.Ahora que lo pensaba bien, el carácter de Harry había empezado a cambiar en esa época.
De sus viajes por el extranjero, Draco había aprendido muchísimo de Pociones. Él y Snape solían reunirse y entablar largas discusiones al respecto en las cuales quedaba en evidencia lo mucho que había adelantado en ese tema. Fue Snape quien lo recomendó en la Universidad Mágica de Londres para que comenzara como ayudante de la cátedra Composición Analítica de Pociones bajo la supervisión del reconocido Maestro Ludwig Van der Horn. El viejo Maestro que tambien había entrenado en su momento a Snape, estaba encantado con Draco y no perdía oportunidad de hacerlo participar en sus experiencias y trabajos. Hacía mas o menos cuatro meses, el Maestro le había dado a Draco la oportunidad de tener su propia cátedra en la Universidad, por lo que el rubio había dejado el puesto en el Ministerio para trabajar con el anciano.
Eso suponía un gran avance, un aumento de sueldo, una reputación que comenzaba a brillar con luz propia.
El problema es que ese asunto, las clases, las conferencias y demás ocupaban mucho del tiempo de Draco. Se iba muy temprano de la casa y en general regresaba muy tarde. Eso, cuando no tenía conferencias en lugares distantes, en cuyo caso a veces pasaba dos o tres días afuera y ese parecía ser lo que a Harry no le hacía ni pizca de gracia. Las peleas habían comenzado en ese momento.El tema es que el mal carácter de Harry no solo se revelaba en la relación con su pareja, sino que también estaba empezando a afectar su trabajo en el Ministerio. A veces tenía algunos feroces agarres con Hermione y discutían de manera bastante fea, pero de algún modo siempre terminaban reconciliándose y las cosas seguían mas o menos de ese tenor.
Después de terminar con el papelerío, Ron y Hermione cenaron en perfecta calma, al parecer la pelea había terminado en la casa contigua. Por fortuna las únicas paredes que compartían eran las del estudio, la sala y un pequeño corredor. La noche fue serena y pacífica.
*
Hacía rato que era de noche, Ron estaba terminando de ordenar el caos en su escritorio cuando miró el reloj. Ya le había avisado a Hermione que iba a llegar tarde y por lo que calculaba, Harry tambien debía estar trabajando todavía. Cansado, cerró las últimas carpetas y tomó su capa del perchero. Podía pasar por Harry e irse juntos, después de todo iban por el mismo camino.
Ya casi no quedaba nadie trabajando, los corredores estaban desiertos y el elevador lo llevó hasta el nivel donde trabajaba Harry. Las oficinas que habían sido de su padre estaban a un lado del sector que ocupaban los Aurores y que tambien estaba vacio; la mayoría de las luces mágicas se habían extinguido y la claridad salía solamente de aquella puerta.
Aun antes de acercarse, Ron escuchó voces adentro y se preguntó quien más se había quedado trabajando hasta esa hora. Un poco después reconoció la voz de Draco y dudó si debía acercarse o no, al parecer no estaban discutiendo; para variar.
- Bueno, no. No están discutiendo...- se dijo, consternado al tratar de asomarse con discreción.
Las dos figuras estaban de pie a un lado, muy cerca de la puerta. Draco estaba apoyado de espaldas contra un armario y Harry estaba frente a él, a medias recargado sobre su propio brazo con el que encerraba al otro joven. Sus labios estaban devorándolo, como si temiera que el rubio pudiera escaparse de sus manos. Demás estaba decir que no hubiese podido, la otra mano de Harry le sujetaba la nuca manteniéndolo inmóvil. En un momento, recargó el cuerpo sobre el otro más delgado, oprimiéndolo contra el mueble.
Ron se echó hacia atrás, avergonzado por haber presenciado una escena que la mayoría de las veces ni siquiera quería imaginar. En realidad le sorprendía un poco. Siempre había pensado que en esa relación, y por el tipo de educación que Draco había recibido, sería él el dominante, pero acababa de descubrir que había estado equivocado. Al menos en ese momento, era Harry quien se estaba encargando de establecer las pautas.
La voz ahogada le llegó a través del silencio.
-... Espera, Harry... Me... me estás lastimando...- Hubo una especie de gruñido en respuesta.- Déjame...
Ron se encontró en la incómoda posición de no saber qué hacer. Una parte de él le decía que diera media vuelta y se largara porque ésa era una situación privada y además Malfoy nunca había terminado de agradarle. La otra parte le decía que hiciera una intervención discreta, como si recién acabara de llegar, algo que detuviera lo que fuese que estaba ocurriendo ahí dentro porque la imagen que permanecía intacta en sus retinas le decía que el muchacho rubio no parecía estar disfrutando demasiado.
El sonido inconfundible de un forcejeo lo sacó de su meditación.
- No... Aquí no...
- ¿Y ahora qué demonios pasa?- la voz alterada del moreno.- ¡No hay nadie en todo el maldito edificio...!
- ¿Y solo por eso tienes que ponerte tan brusco? Te dije que me sueltes.
- ¡De acuerdo! Ya está... ¿Contento?
La última porción del dialogo resolvio el conflicto interno de Ron, se dio la vuelta en completo silencio y volvió por donde había llegado.
Cualquier problema que esos dos tuvieran, mejor que lo arreglaran entre ellos.
Al día siguiente se cruzó apenas un segundo con Draco cuando salía rumbo a la Universidad. Era invierno y por eso todavía estaba oscuro por la madrugada. Lo saludó por una cuestión de cortesía, por la amistad que tenía con Harry. Aquél hizo un gesto vago en respuesta y pasó rápidamente junto a él. Con la prisa que llevaba, Ron no estuvo seguro por completo que la sombra que parecía oscurecer una parte de la cara pálida fuese producto de la madrugada.
Capítulo 2
Draco se acomodó con algo de dificultad en el sillón, repasando algunos eventos. Tenía ante sí una cantidad no despreciable de libros, papeles y pergaminos diseminados pero ninguno de ellos retenía su atención.La mirada estaba fija sobre algunos cálculos de proporciones pero sus pensamientos habían viajado a un día ubicado la semana anterior.
******Flashback******
La reunión con sus estudiantes se habia prolongado mucho mas de lo previsto, por eso cuando llegó a casa iba casi preparado a enfrentarse al mal humor de Harry. De manera sorprendente, la morada estaba a oscuras y vacía, al parecer por esta vez también el moreno había tenido que quedarse trabajando.
No sin cierto alivio por su parte, se deshizo de su capa y pensó en que podía preparar algo para la cena. Ese era un buen plan, seguro a Harry le gustaría llegar y encontrarlo esperándolo.
Cocinaba bien y lo sabía, era una lástima que últimamente no tuviese el tiempo suficiente como para hacerlo más seguido. Además amaba cocinar para Harry, le encantaba ver su rostro de deleite al sentarse a la mesa. Lo amaba con una devoción tal que a veces incluso a él lo sorprendía. Por supuesto no dejaba que eso se viera demasiado, una cuestión del orgullo que siempre habia tenido, pero sabía bien que cualquier orgullo se terminaba cuando enfrentaba la mirada verde que lo envolvía de deseo.
“Aunque eso no pase muy seguido últimamente…” pero eso era culpa suya, de Draco y sus horarios tan extraños.
Terminó de preparar la cena y todavía no había rastros de Harry, por lo que decidió que podía ir a buscarlo al Ministerio. Después de todo, aparecerse allí no suponía un gran despliegue de poder y él podía hacerlo bastante bien. Su fuerte eran las pociones no el resto de las cosas mágicas que Harry podía hacer.
Llegó a la oficina de su pareja justo para escucharlo despotricar contra la montaña de papeles que no parecía menguar pese a la hora. Su llegada fue bien recibida, pero todavía le quedaban cosas por terminar y por eso le ofreció su ayuda. Hacer pociones aseguraba una mente acostumbrada a los trabajos metódicos y rutinarios, por eso no le costó demasiado aprender lo que le estaban indicando.
Lentamente, el edificio fue quedando vacio, las oficinas oscuras y aprovechando eso, fue que Harry se animó a besarlo en ese lugar. El inconveniente es que lo que se inició como algunos besos apasionados, estaba poniendose mas y más exigente. Draco intentó recordarle que no era el lugar indicado, luchando un poco con las manos que intentaban meterse dentro de su ropa y eso enojó a Harry.
Tal como venía sucediendo con regularidad desde hacía algunos meses, entonces Draco decidió que no quería discutir, y desapareció de la oficina.
Reapareció en la sala, agitado, arreglándose la ropa. Lo que menos esperaba era que Harry lo hubiese seguido y se apareciera justo detrás de él. La mano de acero que atrapó su brazo, lo hizo girar clavándose en su piel incluso a través de la ropa.
- Nunca… nunca más me dejes hablando solo…- dijo mordiendo las palabras y casi al mismo tiempo, la otra mano se estrelló sonoramente en la cara pálida.
Sorprendido, Draco dio un paso atrás por la fuerza del impacto, pero no más que eso porque la garra en su brazo le impedía alejarse. Lo que vio en esos ojos verdes lo dejó inmóvil.
Furia.
Un enojo que no tenía motivo ni explicación, al menos no una razón válida pero que se había desbordado. Incrédulo, se llevó la mano a la mejilla enrojecida y se dio cuenta que la retiraba algo húmeda debido a un hilito de sangre proveniente del labio roto.
- ¿Entendiste?
Y tragando fuerte, Draco había asentido sin atreverse a hablar, con un temor súbito a que la furia volviera a salirse de cauce. La mano lo soltó y Harry se alejó rumbo a uno de los otros cuartos, sin que el hecho pareciera haberlo afectado demasiado, dejando a un Draco incapaz de reaccionar, mas por la sorpresa que por el golpe.
******Fin del flashback******
Draco intentó una vez más ponerse a resolver los problemas que tenía frente a sí, y fracasó una vez más. Estaba preguntándose con bastante seriedad si Harry en realidad no tendría razón cuando se enojaba tanto con él.Siempre le decía que el único culpable de que las cosas anduviesen tan mal entre ellos, era él. Él y la manera en que se comportaba tan altivo y orgulloso.
“¿Tendrá razón…?” se preguntó una vez más. Bien sabía el tipo de carácter que solía tener cuando se habían conocido en Hogwarts y había luchado a brazo partido contra eso. Era difícil, había sido educado en el orgullo de su familia y su apellido y le costaba mucho desprenderse de eso. “Quizás no me doy cuenta y lo hago sentir mal…”
Sin embargo eso no era motivo suficiente para lo que había sucedido unos días después de aquello.
******Flashback 2*******
Anthony Blair era un hombre maduro pero que no aparentaba los casi cuarenta que tenía. De cualquier modo, era sumamente inteligente y uno de los colaboradores mas capaces con los que Draco contaba para elaborar algunos de sus proyectos. Habían estado trabajando durante toda la tarde en el cuarto donde él hacía sus experimentos para finalizar tomando un café en la pequeña sala.
Estaban despidiéndose en la entrada cuando Harry regresó de la oficina. Ambos se saludaron, pero el hombre ya tenía que marcharse y pronto se fue.
- No sabía que tendrías visitas hoy.- comentó Harry quitándose la capa, sin quitarle la vista de encima un segundo.
- Te lo dije ayer, durante la cena.
- No lo hiciste.
- Pero claro que sí, Harry…- vio la mirada beligerante del moreno y capituló rápido.- Quizás no hablé lo bastante alto… Estaba distraído.
- Sí, claro.
Draco empezó a retirar las tacitas de café de la mesa y a juntar el resto de los papeles que habían quedado esparcidos, llenos de fórmulas y datos.
- ¿Y quién era, después de todo?
- Uno de los ayudantes de la Universidad.
- Es muy joven para eso.
- Eso no tiene nada que ver, yo soy más joven que él. Y es muy inteligente.
- Habrán ‘conversado’ mucho durante la tarde…
- No, estuvimos trabajando a tiempo completo, tenemos que terminar un proyecto conjunto. De cualquier modo, es muy interesante conversar con él.
- Más que conmigo, supongo.
- No dije eso.¿Por qué habría de ser más interesante? Solo es distinto. Con él puedo hablar acerca de mi trabajo, de los proyectos que tenemos en común…
- Cosa que conmigo no puedes hacer.
- Harry, no quiero discutir, por favor. Estoy cansado.
- Claro, supongo que te habrá cansado ‘hablar’ durante toda tarde.
- ¿Qué se supone que significa eso?- preguntó ahora, claramente ofendido pero decidido a no discutir.
- Tú lo sabrás.
- No, no lo sé y me molesta que digas cosas que no entiendo.
- Y a mí me molesta llegar a casa y encontrar que estás departiendo alegremente con un desconocido.
- ¡No estaba departiendo alegremente! ¡Estabamos trabajando! ¿Es muy difícil hacer entrar esa idea en tu cabeza?
A pesar de todo, no estaba preparado para enfrentar que la ira se desbordara nuevamente y menos que lo hiciera a la velocidad que lo hizo.
Con la agilidad de Buscador que nunca había perdido, la mano de Harry avanzó tomándolo por el cuello, arrastrándolo hacia la pared donde lo aferró. Sorprendido, Draco apenas consiguió soltar las tazas que tenía entre manos y trató de abrir esa garra de acero que le oprimía la garganta. Usando las dos manos, quizás lo hubiese logrado, pero por un breve instante, sus ojos se cruzaron con los de él y lo congelaron en el sitio.
Ahí estaba de nuevo.
La ira velando los ojos verdes, haciendolos tan oscuros que casi no parecían tener el color que todos conocían.
Tampoco tuvo tiempo de pensar demasiado en ello, cuando clavó sus dedos en la mano de Harry para que lo soltara, aquél le descargó un violento puñetazo en el vientre. El golpe lo dejó sin aire, y no es que tuviera mucho, pero las piernas se negaron a sostenerlo. Fue su propio peso el que lo arrastró hacia el suelo haciendo que lo soltara . Cayó de rodillas tratando de respirar, de resistir el dolor sin demasiados resultados. Ni siquiera vio venir el golpe siguiente que hizo estallar luces de colores en su cerebro y lo arrojaron de lado.
No podía pensar, no había nada que lo hubiese preparado para eso y lo único que pudo hacer en ese momento, fue alzar los brazos para protegerse la cabeza.
Fue un gesto instintivo que dejó descubierto el resto de su cuerpo y la primera patada entró demasiado limpiamente hacia sus costillas. Antes no había tenido aire para quejarse, pero ahora el gemido fue ronco, incontrolado.
Unos dedos impiadosos le aferraron la cabeza desde atrás tirando del cabello rubio con demasiada fuerza. Draco ni siquiera sabía de dónde vendría el siguiente golpe, solo podía pensar en que se detuviera, que ya no siguiera.
- Por favor...Ya basta...- gimió
- ¿Ahora sí quieres hablar conmigo...?- siseó la voz, muy cerca de su oído. -No sé si podré entenderte... ¿Por qué no llamas a tu amiguito para hablar ahora...?
- Harry, no... No lo vuelvo a hacer... Te lo juro...- en realidad no tenía idea de qué era lo que no tenía que volver a hacer, pero estaba dispuesto a prometerlo con tal que dejaran de pegarle.
- Por supuesto que no lo harás.
La cabeza se estrelló contra el suelo cuando le soltó el cabello pero el último puntapie a su cuerpo vino desde atrás y esta vez el sonido de sus huesos evidenció que algo se había roto. El grito de dolor de Draco no fue muy audible porque no tenía mucha fuerza para gritar y en la mayor parte se perdió entre sus brazos, donde había vuelto a esconder la cabeza.
Para que no volvieran a golpearlo, y para que él no lo viera llorar.
Escuchó los pasos alejándose, primero hacia el dormitorio y luego regresando. Cuando pasó junto a él, apenas pudo contenerse para no alejarse de su camino. Igual no hubiese podido moverse todavía.
La puerta se azotó revelando que el otro joven se había ido.
*********Fin del Flashback 2********
Capítulo 3
Eso había sido tan solo dos días antes, Draco aún respiraba con tiento debido al dolor en las costillas.
Con amargura recordó que había permanecido en el suelo sin poder moverse durante mucho rato, hasta que consiguió reunir el valor suficiente para intentarlo.
Una tortura, eso fue exactamente lo que sintió al tratar de movilizar el cuerpo quebrantado, primero las piernas, luego enderezar el tronco, oh, cuanto dolor; y al final erguirse para ponerse de pie.
Sin elaborar un pensamiento coherente, consiguió llegar a la cama y arrojarse ahí. Si no había caído inconciente, el estado que siguió fue algo muy similar a eso. Ni siquiera supo que en algún momento de la noche, Harry había regresado; pero al día siguiente, al despertar vio que no había dormido allí. Y tambien notó que mediante algún conjuro había ocultado los horribles magullones de su cara.
- Los ocultó pero no los curó.- pensó, tanteándose el pómulo con cuidado.
Pensó en que debía terminar sus notas. Por dos días había mandado una lechuza a la Universidad avisando que estaba enfermo y no podía concurrir, pero había hecho llegar sus notas con total responsabilidad.
Todavía no podía terminar de entender lo que había sucedido, todo tenía en su mente el matiz de una pesadilla, irreal, brumosa; pero los oscuros magullones en su cuerpo desmentían esa ilusión.
Y lo peor es que Draco continuaba allí. Debería haberse ido en cuanto pudo moverse, pero seguía allí y sabía porqué. En primer lugar, porque de alguna manera inexplicable, por algún capricho del destino, seguía amándolo. En segundo lugar porque no tenía dónde ir.
Elegir a Harry había implicado darle la espalda a todo lo que había quedado de su familia, su herencia, todo.
En aquél momento, había renunciado a todo sin ningún remordimiento, sin sombra de culpa, y ahora por primera vez se replanteaba su desición; aunque en el fondo sabía que de estar en aquella situación de nuevo, haría exactamente lo mismo.
Entonces no entendía qué había sucedido. Cuatro meses antes la vida había sido perfecta, aunque Harry solía tener algunas pataletas de mal humor, no eran graves.
- Tengo que encontrar alguna manera de resolverlo...- pensó.
Con un poco de esfuerzo se puso de pie. Debería haber ido al hospital, pero si había algo que no necesitaba eran las preguntas de un medi-mago entrometido. Descartó esa posibilidad negando en silencio para sí mismo.
Tomó sus notas, así como estaban y decidió enviarlas pero para eso iba a tener que salir. Hedwig, la lechuza de Harry era tan fiel que no permitía que Draco se le acercara, así que si quería enviar algo debía hacerlo desde la Lechucería Postal.
Se puso la capa tomándose todo el tiempo necesario, de cualquier manera, calculaba que tendría tiempo para ir y volver antes de que Harry regresara.
- Eso, si vuelve.- se dijo, atormentado, porque hacía casi dos días que casi no lo veía y no hablaban.
Afuera hacía fresco y estaba nublado, lo cual era perfecto para él. Odiaba los días de sol resplandeciente y además eso aseguraba que hubiese poca gente en la calle, porque tenía ganas de caminar.
Envió sus notas y regresó más despejado, casi decidido a intentar el diálogo con Harry.
-¡Eh, Malfoy!- le gritó Ron desde su propio jardín mientras arrojaba un gnomo hacia el terreno vació que tenía a un lado.- ¿Está Harry?
- No, Weasley, todavía no llega.
- ¿Quieres decirle cuando venga que necesito hablar con él?
- Bueno.- ni siquiera tenía ganas de discutir con el pelirrojo. Lo único que quería era ir a dormir de nuevo.
En esos momentos, Ron hacía girar por encima de su cabeza otro gnomo, no escuchó la respuesta de Draco y se volvió de pronto, perdiendo el control del tiro.
El gnomo salió girando por el aire en dirección al rubio y se estrelló contra él. La violencia del impacto sobre sus costillas lastimadas le nubló la vista de dolor e incapaz de mantenerse en pie, cayó sobre sus rodillas en el mismo porche de la casa.
En un principio, Ron pensó que el otro estaba exagerando, despues de todo, no había sido tan fuerte; pero unos momentos después vio que no se levantaba y se acercó.
- Malfoy... ¿Estás bien...?
No podía, simplemente no podía responder hasta que el dolor no se apaciguara un poco. Intentó hacer un gesto pero el movimiento le causó una punzada feroz.
- Estoy...bien, comadreja...- gruñó Draco intentando apelar a todo el coraje que le quedaba. Necesitaba poner en esa frase todo el desprecio que pudiera para que él se alejara.- ¿No entendiste...?
Ron se detuvo en seco a un par de pasos de él, la frase lo enfrentó a todos los recuerdos que tenía guardados en su memoria, ninguno bueno.
- De acuerdo, idiota...No has cambiado nada...
- Tú...tampoco... Yo puedo solo...- jadeó y aunque el tormento se encendió detrás de sus párpados cerrados, se puso de pie pero con demasiado ímpetu nacido de la desesperación y perdió el equilibrio. Cuando cayó, el nuevo golpe fue demasiado.
Ron ya había girado para volver a su casa y escuchó el golpe. Se volvió dispuesto a gozar del espectáculo y ridiculizar a Malfoy, pero vio que aquel estaba demasiado inmóvil.
- Maldición.- dijo, volviendo solo para constatar que efectivamente, el muchacho estaba inconsciente.
- ¡Ennervate!
La fuerza del hechizo lo sacó de la inconsciencia para descubrir que ya no estaba en el porsche de la casa, sino bastante bien acomodado en su cama.
"Respirar duele" pensó sin preguntarse cómo había llegado allí, pero tuvo que hacerlo al segundo siguiente, porque al ladear la cabeza, encontró un par de ojos azules que lo miraban con toda atención. A él y a sus magullones, porque le habían quitado el sueter y la camisa estaba abierta.
- Me caí...- murmuró estúpidamente, sabiendo lo pueril de la excusa y de forma automática cerró la prenda.
- Claro.- dijo el pelirrojo.- ¿Fuiste al hospital?
- Eh...No.
Ron convocó una silla y se sentó junto a la cama sin dejar de observarlo. De pronto estaba recordando lo que había presenciado en el Ministerio y tambien la sombra un tanto oscura sobre el rostro cuando se cruzaron la madrugada siguiente.
- ¿Qué pasa...?- tartamudeó Draco, inquieto por esa mirada atenta.- ¿Nunca te caiste?
- Mas veces de las que quisiera. He obtenido toda clase de marcas de mis caídas... pero hasta donde yo sé, solo hay una manera de obtener la marca de un zapato en las costillas.
El silencio fue abrumador.
- Creo que deberías irte…- susurró el rubio, intentando incorporarse, tratando por todos los medios conservar algo de su dignidad, aunque fuera un mínimo resto que le permitiera volver a cruzarse con el otro sin tener que desviar la mirada. Sin embargo se puso mucho más pálido con el movimiento y de forma impensada, Ron se acercó para ayudarlo a sentarse.
Sintió que el joven se resistía a su ayuda, pero al final, vencido terminó por aceptarla; luego volvió a tomar asiento.
- ¿Fue Harry…?
Si en aquel momento la tierra se hubiese abierto y lo hubiese tragado con todo y cama incluida, Draco hubiese agradecido a Dios por no pasar por ese bochorno. Sin embargo, durante esos dos días pasados en la soledad de la casa, había estado deseando tener alguien con quien hablar…
“Pero no tenía que ser Weasley… ¿Por qué justo él…?”
- ¿Bien…?- insistió Ron. Sabía que hacía lo correcto al interesarse, pero no podía evitar darse cuenta de la expresión sufrida del otro. Ése no era el Draco Malfoy que él conocía o al menos el que había conocido.
Parecía que casi todo su orgullo se había esfumado. La expresión del rostro era una máscara sin expresión, pero ahora que lo miraba con detenimiento, Ron se percató que sí había algunas cosas que notar: los músculos de la quijada fuertemente apretados, una pequeña arruguita en la frente, entre los ojos; la respiración corta y nerviosa.
- No tienes que estar tan tenso…- dijo, alargando una mano para palmearle el hombro.
El gesto automático de Draco fue levantar los brazos de nuevo, y girar la cabeza con rapidez. Fue tan espontáneo que incluso Ron se sorprendió y retiró la mano.
- Cielos… ¿Tanto así…?
- Por favor… Déjame en paz…- ni siquiera fue un pedido, era casi un súplica.
- No puedo.
- ¿Tanto te gusta lo que ves?- reclamó aquel, humillado por completo.
- Por supuesto que no. ¿Qué clase de porquería crees que soy?
Los ojos grises lo escrutaron con frialdad. Él no era el único que guardaba recuerdos poco gratos.
Pero Ron no podía, no podía decirle lo que había presenciado en el Ministerio, y mucho menos preguntar en qué había terminado aquello porque tenía el oscuro presentimiento que había sido algo similar a esto.
En modo sorpresivo estaba enojado porque la mirada de Malfoy le decía algo así como: eres su amigo, no puedes ser diferente.
- Escucha algo, Malfoy. Nunca me agradaste para Harry, es más siempre estuve convencido que si esta relación fracasaba sería por culpa del hurón malcriado… ¿Cómo crees que me siento al darme cuenta que es mi amigo el que se está comportando como un bastardo?
- ¡Harry no es un bastardo!- lo defendió sin pensarlo dos veces.
La respuesta sorprendió un poco a Ron, que en parte estaba preparado para que el otro comenzara a despotricar contra su amigo, pero no que lo defendiera de un modo tan espontáneo. A su pesar, tuvo que sonreír.
- No dije que lo fuera, solo que está comportandose como uno de ellos...
Guardó silencio unos momentos. Ahora recordaba que años atrás, Harry había tenido una época similar. Sí, cuando estaban en Hogwarts, en quinto o sexto año, no lo recordaba bien. Se enojaba con muchísima facilidad y él mismo le había contado que había tenido una discusión horrible con Dumbledore; que había sentido unos casi irrefrenables deseos de golpearlo, lastimarlo...pero finalmente se contentó con destruirle gran parte del despacho. Quizás la furia había ido hacia adentro durante todos esos años y ahora habían encontrado una veta por donde filtrarse. El único inconveniente era que ahora no rompía objetos que se podían reemplazar, lo que estaba rompiendo eran los huesos del pobre Draco.
"¿Pobre?" Ron sacudió la cabeza al darse cuenta hacia dónde lo habían llevado sus pensamientos.
- Harry necesita ayuda.- dijo al fin.- Hablaré con él.
- ¡No! No puedes hablar con él... Se va a enojar y...- Draco dejó la frase en el aire, conciente de lo que iba a decir.
- ¿Te das cuenta que sí la necesita? ¿Qué ibas a decir? ¿Se va a enojar y qué...? ¿Te va a volver a golpear...?
- No me hagas suplicar...
Eso no le hacía las cosas más fáciles a Ron. Si Draco hubiese discutido, lanzado réplicas sarcásticas o mordaces como era su costumbre, él hubiese podido lidiar con el problema; pero esa docilidad le resultaba desconocida.
- Esta bien.- cedió al fin.- Por ahora, pero buscaré la forma. Ahora vuelve a acostarte, voy a arreglar esas costillas.
- ¿Vas a qué?
- ¿Los golpes te dieron en la cabeza tambien, Malfoy?
- Sí.
- Yo... Lo siento, no quise..."Maldición...¿Cómo pude decir eso?"
- Olvídalo.- comentó Draco, recostándose muy despacio.
Si decía algo más iba a seguir metiendo la pata, así que Ron se aplicó a callarse la boca y abrir la camisa del rubio para tantear con cuidado el tórax magullado. Cuando ubicó los huesos rotos, hizo un conjuro que Draco jamás había oído y el dolor se atenuó en forma notoria.
- ¿Dónde aprendiste eso?
- Estoy casado con Hermione, ¿recuerdas...? Es difícil estar a su lado y no dejar de ser un burro.
- Supongo que tienes razón.
- Ahora quédate quieto un rato, sería ideal que durmieras un poco.
- No puedo, Harry va a llegar en un rato y tengo que preparar la cena.
- De ningún modo. Yo me encargaré de él, no te preocupes... Pero si necesitas ayuda... Bueno, las paredes de la sala y el estudio están juntas...
Se levantó dispuesto a marcharse, un poco incómodo.
- ¿Por qué estas haciendo esto?- preguntó Draco de repente.
- Bueno, según estoy comprobando; la gente buena no es buena todo el tiempo; y la gente odiosa, no es odiosa todo el tiempo.- contestó mientras se iba.
- Gracias, comadreja.
- Olvídalo, hurón.
Ron salió de la casa de Harry con una sensación extraña. Por una vez, había sentido que el apodo que Malfoy le había puesto en el colegio no era un insulto.
Capitulo 4
Ron se metió con un poco de recelo en el callejón Knockturn, aunque no tuvo que ir muy lejos en él. Apenas en los primeros metros encontró lo que buscaba, una entrada estrecha, una puerta de madera pulida con una aldaba de plata y un pequeño cartel.
Julien Des Cars.
Antes de arrepentirse tomó el llamador y golpeó.
Durante varios días había hecho preguntas del modo más discreto que había podido y en algún lugar del Ministerio, alguien le había dado la dirección de ese mago diciendole que tenía grandes facultades para ayudar a la gente con problemas de comportamiento y sentimentales. Hacer hechizos y conjuros sobre sentimientos y esas cosas, requería un conocimiento superior tanto de magia, como de la mente y el corazón de las personas que Ron sabía que no tenía.
Había hecho una cita via chimenea con la asistente del hombre y ahora estaba ante su puerta. Un tanto esceptico, Ron se preguntó por qué tenía residencia justo en el callejón Knocturn.
Estaba por arrepentirse cuando una bruja joven le abrió.
- El señor Weasley, supongo.- dijo con voz agradable.
- Ehmm... sí. Tengo una cita.
- Sí, el señor Julien lo espera. Adelante.
Ron esperaba encontrar un lugar lóbrego y desagradable, pero la minúscula salita de espera era confortable. Dos sillones mullidos junto a una pared, en la otra, la chimenea y un escritorio pequeño para la asistente. La bruja le indicó una puerta a un lado, franquéandole el paso.
Una vez más, el interior era agradable más parecido al despacho de Dumbledore que a otra cosa que Ron pudiese recordar en ese momento. No era mucho más grande que la salita, pero en cambio el escritorio estaba cubierto de papeles y dos de las paredes tenían estanterías de libros hasta el techo. La pared restante tenía una vitrina llena de cosas que Ron no pudo identificar.
- Señor Weasley.
La voz, bien timbrada, suave lo sobresaltó un poco. El mago que le habló era de edad indefinida. Podía tener cuarenta años o setenta o ciento veinte, cualquiera de las posibilidades era factible. Vestía una pulcra túnica azul oscura, y quizás por eso resaltaban sus ojos celestes. El cabello era negro, algunas canas en las sienes le daban un aspecto casi honorable. Hizo un gesto para que Ron tomara asiento y él ocupó su lugar del otro lado del escritorio.
- Es usted puntual.- comentó complacido.- ¿En qué puedo serle útil?
- Señor Des... eh...
- Por favor, llámeme Julien.
- Gracias, no se me dan bien los nombres extranjeros... Espero que su asistente le haya comentado al respecto. No es para mí para quien busco ayuda... Es para un amigo.
- ¿Realmente?- inquirió aquel, mirándolo con detenimiento.
- Sí, verá usted... Él... Tiene problemas con su carácter. Graves problemas. No puede controlarse, se enfurece y la toma con cualquier cosa que tenga adelante.
Ron se sentía cómodo hablando con ese mago. Ya fuera por el aspecto confiable, o la voz calmada de aquél, no le estaba resultando difícil hablar del tema.
- ¿Y cual es la ayuda que usted desea para él?
- Me gustaría que se dé cuenta que no puede seguir así, que se detenga antes de que lastime seriamente a alguien.
- Ya veo.- el mago pareció meditar unos instantes.- Deduzco por eso que lo que usted teme aún no ha sucedido.
- Ya ha sido bastante grave, pero temo algo peor.
- Entonces quizás podamos hacer algo.- a un movimiento de su varita, la vitrina a un lado se abrió y algo flotó hasta sus manos. Era una esfera de cristal transparente, no parecía gran cosa.- Ahora, señor Weasley, voy a hacerle algunas preguntas y necesito que sea muy honesto conmigo porque voy a usar sus respuestas para armar el hechizo.
- ¿Qué va a hacer exactamente?
- Luego le explicaré, desde luego usted podrá decidir si quiere utilizarlo o no. ¿De acuerdo?
- Bien.
- Sostenga usted la esfera en su palma, correcto. Entienda que las respuestas que usted me dé, afectarán el hechizo. Lo que no me diga porque no sabe o lo sabe de manera errónea no cambiará nada, lo que sí puede afectar el resultado serán las cosas que usted elija callar o me diga mal a sabiendas.
- Comprendo señor Julien.
- Bien. Cuénteme entonces cual es su relación con esta persona.
- Nosotros somos amigos… desde que teníamos once años. De hecho, los cuatro nos conocemos desde entonces. Ellos comenzaron a salir casi al mismo tiempo que mi actual esposa y yo. Conseguimos casas juntas, vivimos muy cerca. Pero desde hace un tiempo mi amigo está siempre al borde del enojo, cualquier cosa lo hace estallar; pero yo no sabía que se ponía… ehmmm… violento. O mejor dicho, empece a sospecharlo hace poco, y lo confirmé hace algunos días.
Una pequeña bruma celeste comenzó a formarse en el interior del cristal.
- ¿Qué tan violento?
- Bueno, lo he escuchado discutir y gritar. Arroja cosas, golpea…- dijo la frase casi en un susurro.
- ¿Golpea a su esposa..?
- Ehmm… Algo así…
La pequeña mancha celeste en la esfera cambió a un tono violáceo.
- Honestidad, señor Weasley.- le recordó el mago.
- Es… bueno… No es su esposa, es…su…- se dio cuenta que no sabía cómo decirlo.
- Oh, creo que entiendo… ¿Su amigo vive con otro hombre, quizás?
- Así es.- dijo, aliviado de que el otro hubiese encontrado una frase satisfactoria y al punto, la bruma volvió a cobrar su color celeste.- Y sí, lo ha golpeado.
- ¿Cuál es su interés real en el asunto?
- ¿Qué quiere decir?
- ¿No hay ningún otro interes suyo por su amigo… O por la pareja de su amigo…?
- ¡Por Merlín, señor Julien, claro que no! ¡Yo estoy casado!- exclamó escandalizado.
- Usted sabe que eso no es impedimento alguno…
- Pero claro que lo es, yo amo a mi esposa. En cuanto a Harry, somos amigos, lo quiero como si fuera uno de mis hermanos.- estas últimas frases lograron que la nube en el interior de la esfera tomara un tono color plata.
- Sus sentimientos son realmente claros al respecto, me alegro. ¿Y en cuanto al otro hombre?
“Oops. Esto sí será difícil de desentrañar” pensó Ron.
Durante muchos años había estado seguro de estar muy cercano al odio. Luego dejó de ver a Malfoy y las cosas habían caído en un olvido natural. Cuando volvió y se convirtió en la pareja de Harry habían tenido algunas discusiones, unos intercambios de palabras, nada demasiado grave. Asombrado, Ron se dio cuenta recién entonces que Draco ya no era el mismo que había conocido.
Era increíble que no lo hubiera notado antes. Tenía sus observaciones sarcásticas, no había perdido del todo su carácter Malfoy, pero no buscaba pleito, hacía todo lo que podía para agradar a Harry; y eso incluía tratar bien a sus amigos o al menos ser amable. En esos últimos días, había demostrado ser bastante agradable.
“Espero que te estés dando cuenta de lo que estás diciendo, Ron. Estás meditando con seriedad que Draco Malfoy puede resultar agradable. Tú tambien necesitas ayuda urgente”.
Se había perdido en sus cavilaciones sin darse cuenta que sin necesidad de poner todo eso en palabras, la esfera había podido captar las emociones y tomó una tonalidad plateada firme, como si en verdad fuese de plata.
- No nos llevábamos bien. Pero creo… creo que eso podría cambiar…
- Ahora, lo último: no hará falta que me cuente usted esto, bastará con que lo piense con claridad. ¿Qué tan seguro está de lo que me contó? Es decir de la violencia entre ellos.
Ron agradeció no tener que contarlo, pero en un instante, cruzaron por su mente las innumerables noches en las que los había oído pelear. El ruido de cosas rotas o puertas azotadas, las imágenes en el Ministerio, la primera sospecha en la madrugada que se había cruzado con Draco, los morados en las costillas del rubio. Todo lo que pudo recordar de los últimos cuatro meses.
La esfera cambio de color otra vez y se puso roja, un color que Ron asoció de inmediato con la sangre, de manera obvia. Intentó quitar ese horrible presentimiento de su mente.
Sin embargo el mago parecía conforme con el resultado. Con mucho cuidado, tomó un pañuelo de seda y envolvió la esfera sin tocarla y la puso sobre el escritorio. Se hizo hacia atrás en el sillón y cruzó los dedos frente a él.
- Ahora, señor Weasley, le explicaré lo que sucederá con esto.
- Perfecto.
- Para que el hechizo funcione, tendrá que colocar la esfera muy cerca de su amigo, lo ideal sería que la tuviera en contacto con la piel, pero eso pocas veces puede lograrse. Lo más cerca posible.
- ¿Solo eso?- preguntó desencantado.
- Solo eso. Entienda que, por fortuna en este caso, trabajamos no sobre hechos consumados sino para evitar que los hechos se produzcan.- dijo, y con claridad le expuso lo que sucedería.
- El futuro es...incierto.- Ron pensó en la antigua profesora Trelawney.
- No tenemos un destino predeterminado, por eso el futuro cambia en relación a nuestras acciones. Cada uno de nuestros actos varía el futuro en un interminable abanico de posibilidades nuevas.
- ¿No le hará daño?
- No lo creo, pero incluso eso dependerá de él. Entonces, ahora pienselo, señor Weasley y dígame si va a decidirse a usarlo.
Ron no se lo pensó dos veces. Tenía que ayudar a Harry, tenía que ayudar a Draco y tenía que hacerlo sin que todo ese problema trascendiera, después de todo era personal. Poco después salía del Callejón Knockturn llevando en su bolsillo la esferita. Ya sabía qué hacer. Iba a visitar a Draco ese mismo día, y aprovechando eso, iba a poner el cristal en un sitio donde ninguno de los dos supiera.
Al menos si Harry lo descubría no podría culpar a su pareja por haber intentado hechizarlo.
*
Harry caminó por las aceras que empezaban a ponerse oscuras a medida que caía la tarde. Tenía que volver a casa. Ahora casi le molestaba hacerlo, y luego del trabajo salía a caminar por mucho rato, pero ya no le quedaba más remedio que regresar.
Durante esos últimos días había intentado no hablar con Draco. Aun no podía explicarse muy bien lo que le sucedía, pero en realidad, todo se resumía a que Draco tenía la extraña habilidad de hacerlo salir de sus casillas y en menos de lo que tardaba en pensarlo, el temperamento se le escapaba.
El inconveniente es que si antes, a duras penas conseguía dominarlo; ahora se desbordaba de manera descontrolada y la mayoría de las veces terminaba discutiendo de manera feroz con cualquiera. Lo realmente grave, es que había descubierto algo extraño. Descargar la furia le hacía sentirse liviano después, como si hubiese descargado un peso enorme de sus espaldas.
Abrió la puerta y avanzó por la sala hasta llegar a la cocina. Allí, de espaldas, sin haberlo oído llegar, estaba Draco.
Estaba cocinando, cosa que hacía de forma admirable, y no pudo dejar de observar la nuca despejada porque usaba el cabello muy corto, los hombros muy bien delineados por el sueter negro, y las nalgas redondeadas y perfectas aprisionadas en el pantalón gris perla.
Había algo extraño en la casa ese día. Podía sentirlo flotando en el aire, casi como un perfume, pero no era eso en realidad. Antes de saber de qué se trataba, Draco se volvió, se encontró con él mirándolo y tuvo un pequeño sobresalto.
- ¡Harry! Cielos, me asustaste…
- Antes no te asustaba.- comentó aquel acercándose y tomándolo por la cintura.
“Antes no me pegabas” pensó el rubio sin querer, pero no dijo nada de eso.
- No te oí entrar, me soprendfmmm…
Las últimas sílabas se perdieron dentro del beso. Los labios de Harry se apoderaron de su boca, exigentes; y él había extrañado tanto eso que respondió sin siquiera pensar, dejando que su lengua lo invadiera, que lo inspeccionara todo, que tomara posesión de él.
No tenía caso ir contra eso. Su mente le decía que después de lo que había pasado, tenía que hacer algo más digno como retirarlo con amabilidad y hacerle saber que no quería sexo en ese momento.
Pero es que sí quería sexo en ese momento y lo quería con Harry, como siempre.
El moreno lo aprisionó en su abrazo oprimiendo su cuerpo contra el suyo, agradable, cálido, sus manos fuertes una en su cintura y la otra sujetándole la nuca, haciendole imposible resistirse.
Como si quisiera.
- ¿Aquí, en la cocina…?- susurró en cuanto lo soltaron para emprender un agradable trabajo en su cuello.
- ¿Algún inconveniente?- un dejo de irritación en la voz.
- Mmm… El piso frío…La mesa es incómoda y oh…- la frase quedó poco comprensible cuando unos dientes mordisquearon con levedad el lóbulo de la oreja.- De acuerdo… donde quieras…
- Tienes razón.- dijo Harry dejando su cuello en paz pero haciendolo girar y remolcándolo hacia la sala mientras sus manos se metían por debajo del sueter que quedó tirado en el piso de la sala. A los tumbos, besándose, tironeándose la ropa, tambien el sueter de Harry se perdió en camino al dormitorio. Cuando llegaron a la cama, como de costumbre Draco se recostó de espaldas, invitando a Harry a acercarse mientras se quitaba la camisa. No se lo hizo repetir, arrojando la camisa del rubio y la propia a un rincón, se acercó. Minutos después el resto de la ropa de ambos volaba en distintas direcciones.
El deseo, el frenesí con que el moreno estaba devorando el cuerpo pálido que tenía bajo sus manos era casi predatorio, pero Draco no tenía ninguna intención de detenerlo, mucho menos cuando sintió los labios atrapando su miembro endurecido. Se arqueó, gimiendo, los ojos cerrados, dejandose hacer por completo.
Sin embargo cuando el cuerpo de Harry se acomodó sobre el suyo, el peso sobre los golpes lo hicieron detenerse en seco. Ron había curado las costillas rotas, pero los magullones seguían ahí.
- Es… espera Harry…- intentó detenerlo interponiendo sus brazos.
- ¿Qué…?
- Me duele…- con esfuerzo, trató de quitarse de abajo, pero el joven moreno le sujetó las manos contra la cama, restregando sus caderas más cadenciosamente.
- ¿Justo ahora…?
- Es que… duele…- jadeó el rubio, pero en verdad dolía.- Por favor…
Con un gruñido de descontento, Harry se quitó de encima y se dejó caer a un lado. Su rostro, congestionado por la excitación o la contrariedad estaba colorado, los ojos verdes lo miraron con algo similar al resentimiento.
Draco se tomó unos segundos para calmar la molestia, y entonces se incorporó sobre su hombro.
- Gracias.- susurró antes de abalanzarse sobre los labios de él y hacer que el rictus de enojo empezara a disiparse.- El hecho de que no pueda estar debajo no significaba que tenemos que detener todo…- dijo, haciendo que ahora fueran sus manos las que se encargaran de recorrer los músculos firmes que había debajo de esa piel caliente.
El enojo empezó a disiparse, a medida que la boca de Draco mordía su labio inferior, un poquito en la barbilla y seguía por el cuello rumbo al pecho. Rastros húmedos en sus abdominales, en el ombligo y por fin una ardiente humedad cerrándose sobre su pene. Ahora fue Harry el que jadeó y soportó estoicamente un poco de eso, pero al final le aferró la cabeza por el cabello para darle el ritmo y la profundidad adecuada.
Pero ambos necesitaban más, y por eso, Draco lo soltó y mirándolo se colocó a horcajadas sobre él. Con los labios entreabiertos por el deseo, el rostro arrebatado y sonrosado, mirando al hombre con el cual quería dormir y despertar durante cada día de su vida, descendió muy despacio, ayudando con sus propias manos a facilitar la vía de entrada.
Lo sintió presionando, vencer la primera resistencia y apretó los dientes luchando contra el pequeño aguijón de dolor y placer. Bajó un poco más, la deliciosa presión lo hizo jadear. Echó la cabeza atrás, en busca de aire; estaba cerca, tan cerca que si Harry lo rozaba, acabaría en ese segundo. Pero el moreno aferró las sábanas estrujándolas y lo dejó seguir.
Las piernas le temblaban por el esfuerzo, pero siguió bajando hasta que la presión interna le indicó que estaba dentro por completo.
Apenas un momento de quietud para que su estrechez se acostumbrara la agradable invasión.
Moverse, eso era lo que le indicaba su cuerpo que debía hacer, moverse al ritmo que estaba pulsando la carne en su interior, y eso hizo. Hacerlo salir casi del todo para dejar que su propio peso le llevara hacia abajo. Entonces Harry recordó que él también podía hacer algo al respecto y clavando los pies en la cama acompañó los movimientos para hundirse con plenitud en cada descenso. Su mano se apoderó de la firme dureza del rubio, comenzando una nueva tortura. Desde la base hasta la punta, rodeando la cabeza, esparciendo los primeros líquidos, la mano se movía con facilidad.
Mas fuerte, más abajo, mas fuerte, mas fuerte...
Ante el certero y repetido contacto con su próstata, la sensación que Draco sentía crecer en su vientre ascendió como un ramalazo de electricidad a través de su cuerpo, una onda expansiva que lo liberó en la mano de Harry. Sin dejar de subir y bajar, una vez , dos veces y con un grito seco y ronco, Harry se derramó en su interior en varios movimientos casi espasmódicos.
Agotado por el esfuerzo, sintiendo que las piernas ya no lo sostenían, Draco apenas pudo dejar que Harry se deslizara fuera y se dejó caer sobre el otro joven, ambos exhaustos, con la respiración quebrada y cubiertos de sudor.
Aferrando el cuerpo blanco y delgado entre sus brazos, Harry se rindió al sueño, envuelto en aquel embriagante perfume extraño.
Capitulo 5
Ambos despertaron de pronto, ante el olor a humo y a los saltos salieron de la cama. La cena se había estropeado por completo.Bien, no había demasiado problema. Harry usó el teléfono, ese magnífico aparato muggle y pidió comida hecha. Cenaron en la cama y volvieron a dormir.
En los días que siguieron, cada uno volvió a sus tareas habituales, volvieron a sumergirse en la rutina diaria.
*
Con algo de nerviosismo, Draco miró su reloj por enésima vez y se mordió el labio. Por fortuna la conferencia dio fin y sin pérdida de tiempo desapareció del salón rumbo a su casa.
Harry estaba sentado en el sillón de la sala cuando Draco apareció en el umbral de la puerta, estaba leyendo algo y al verlo, cerró el libro y lo puso a un lado para dedicarle toda su atención.
- Lo siento... No pude avisarte...- se disculpó Draco quitándose la capa.- No podía salir de la conferencia.
- Oh.
- Yo... prepararé algo para cenar.- dijo pasando rápido hacia la cocina.
Con total aplomo, Harry se levantó y lo siguió.
- ¿Estaba muy interesante? La conferencia, digo.
- Mas o menos...
- Lo suficiente como para no avisar siquiera que vendrías tarde.
- No podía salir del salón, Harry.- explicó Draco, intentando no mirarlo, pero sintiendo los ojos del otro clavados en él.- Era importante...
- Y yo no soy lo suficientemente importante.- fue el murmullo seco.
- Yo no dije eso.
- Pero es evidente que lo piensas, porque de lo contrario te hubieras tomado la molestia de avisar.
- Lo siento, Harry.¿Está bien? Ahora no discutamos, por favor.
- ¡No está bien, maldición!- gritó enojado, aferrándolo por el hombro y haciéndolo girar.
El revés de su puño se estrelló contra el rostro, una sensación blanda y esponjosa cuando los nudillos se hundieron en el pómulo de piel cremosa.
Ahí estaba de nuevo.
La furia, desplegando sus alas negras e inmensas y llenándolo por completo, haciendo que alzara la mano una vez más y esta vez encontrara la sien del otro que no cayó sólo porque él aún lo sostenía por el hombro.
- Por favor... Harry, por favor, no...
La voz dolida no llegó a sobresalir por encima del zumbido de ira que le llenaba los oídos. Era como si una niebla roja se hubiese posado ante sus ojos. Ese ruego lo único que hizo fue alentar el enojo.
Por un leve instante, el perfume lo envolvió, pero al segundo siguiente, pareció desvanecerse.
Lo sujetó con ambas manos por los hombros, lo suficiente como para mantenerlo en la posición adecuada para que el rodillazo entrara en el lugar justo. El cuerpo se deslizó de entre sus dedos con un gemido ahogado.
- Ya no...
El pedido era un rumor apagado, lejano, una molestia. Tenerlo así, tan expuesto, suplicante, a su merced.
Oh, la furia era arrolladora, no podía detenerla.
Lanzó el pie con fuerza hacia el cuerpo. Un brazo inoportuno se interpuso en medio pero igual hizo blanco y encontró carne mullida. Solamente el sonido de los golpes sí llegaba a su cerebro, era lo único que podía registrar, lo único que al parecer mitigaba la ira un poco.
Ahora había alguien tendido de costado ante él, ovillado sobre sí mismo, quejándose del dolor, pero eso no importaba ¿o sí?
No, no importaba.
Lo importante era que la furia explotara hacia afuera, que dejara de carcomerlo por dentro. Alcanzó un tobillo y tiró de él para arrastrar a ese alguien a otro lado, ese sitio era incómodo; pero el alguien no se dejó arrastrar y pataleó con desesperación. Lo soltó y la emprendió a puntapiés, había piernas, brazos, la sensación de la carne hundiéndose lo invadió.
La ira empezó a ceder, el zumbido en su cabeza se alejó.
Transpirado por el forcejeo, enrojecido, jadeante, Harry se dio la vuelta y salio de la casa sin mirar hacia atrás.
Caminó, todavía furibundo por las calles, enceguecido aún por la furia que le quitaba la respiración y ponía su sangre a hervir. Y el persistente perfume seguía con él.
Claro que no era importante para nada, ni siquiera merecía un lastimoso aviso de 'lo siento, querido, voy a llegar tarde'. Él ya no era importante para nadie. A decir verdad, es probable que nunca lo fuera, que solo hubiese sido un medio conveniente, nada más que un peón sacrificable.
Con un resto de razón, fue hacia atrás, intentando rastrear dónde había comenzado, cual era el origen de todo ese resentimiento tan sigilosamente guardado en su interior.
Sus padres muertos por Voldemort.
Sí, eso era algo importante; pero hubiese podido lidiar con el problema si no lo hubiesen obligado a vivir con sus detestables parientes muggles. Aguantar al gordo insufrible de Duddley, las maldades que le hacía sin poder responder porque entonces era demasiado pequeño, demasiado delgado, demasiado poca cosa. Tolerar los vejámenes y castigos injustos por parte de los odiosos tíos. Ése era el primer odio guardado.
Descubrir que era mago había puesto un poco de equilibrio por un tiempo y el odio fue a dar a una bóveda oculta en su alma.
Saber que tenía algo similar a un pariente que no había podido estar cerca de él había encendido la flama de nuevo. No poder ayudarlo, tener que verlo ocultarse como un criminal y luego perderlo. Ahí estaba de nuevo, otra vez el resentimiento. Ah, y no tenía que olvidar a Snape, el profesor de Pociones. Odiándolo por algo de lo cual él ni siquiera estaba enterado en ese momento, pero que de cualquier manera no lo había resguardado de las constantes humillaciones que aquél le infería, en público y privado. Cuantos deseos de acorralarlo en un callejón oscuro y quebrarle las piernas para obligarlo a arrastrarse.
La amistad de Ron y Hermione había sido un bálsamo por esos días. Ese odio particular fue un nuevo habitante para el escondido receptáculo de decepciones y desgracias en su interior.
El regreso de Voldemort.
El regreso en sí no había sido tan fatal. Lo fatal había sido la muerte de Cedric, tan cerca, sentirse tan impotente, tan inútil. Y luego los imbéciles del Ministerio que no solamente no le habían creído, sino que se habían aplicado a esparcir el rumor de que estaba loco. Ya se estaba juntando de nuevo aquella sensacion ominosa en su pecho.
Los Weasley, esa familia tan querida había puesto algo digno en su vida, al menos lo suficiente como para enterrar ese nuevo motivo de enojo y mandarlo al mismo lugar donde guardaba los otros.
Le quedaba uno: Dumbledore. El viejo director del colegio había jugado muy bien su papel. Por bastante tiempo lo engañó, haciendole creer que en verdad estaba interesado en él; cuando en realidad solo lo estaba preparando para enfrentarlo con Voldemort. ¿Interesado en su vida? Ni tanto así. Terminar con la amenaza máxima del mundo mágico, ésa era la consigna, no importaban los sacrificios que hubiese que hacer para lograrlo.
Salvo por el pequeño detalle que a nadie se le ocurrió preguntarle a él si deseaba hacer ese sacrificio, después de todo no eran ellos los que se arriesgaban a morir. Era únicamente la maldita vida de Harry Potter. De acuerdo, es un peón, podemos prescindir de él en cuanto haga lo que vino a hacer.
Ahora si era furia. Ponzoñosa, implacable furia.
No obstante, lo había hecho pensando que quizás así podía terminar de una vez con todo. Fantástico, el munco mágico estaba a salvo y hubo un par de ceremonias, una túnica de gala, algunas condecoraciones y a los tres meses nadie parecía recordarlo.
Ahora, el Gran Héroe de Mundo Mágico, el Que Habia Derrotado Al Mago Tenebroso Mas Temido De Todos Los Tiempos, tenía un trabajo mediocre en una oficina secundaria del Ministerio de Magia. Hasta el novato más imbécil podía obtener un ascenso o una asignación mejor a lo que él tenía.
La ira fue a dar al arcón de los recuerdos cuando apareció Draco. Había sido algo tan sorpresivo, tan increíble descubrir que era diferente como descubrir que a él podía gustarle un hombre o que podía enamorarse de uno.
Agitado por la caminata, se detuvo en medio de un parque y ocupó un lugar en una banca de madera. El aire frío le dio en pleno rostro y un recuerdo lo inundó de pronto como un aroma suave y reconfortante.
Draco y él compartiendo un almuerzo en algún restaurante muggle. Algo más, un momento sentados en una banca como esa, juntos, tomando un café y conversando.
Había una sensación cálida en todo eso pero la rechazó con fastidio. Se puso de pie, notando que era de noche. No pensaba ir a dormir a casa. Iba a dormir en su oficina.
*
Una vez más estaba de mal humor. Dormir en un sillón duro no era precisamente la idea de una buena noche pero al menos, por una vez pudo mandar al infierno a Perkins, su jefe cuando se asomó para ver si ya había llegado. Además se había pasado la noche pensando en hacerlo con Draco.
Ron apareció por unos minutos, dijo algo y terminaron discutiendo. Ya ni siquiera podía recordar qué demonios había dicho.
El día se arrastró hacia el final sin hacer nada por parecer llevadero. Se levantó del escritorio, le dedicó un gesto obsceno a Perkins que pasaba en ese momento y desapareció.
La sala estaba desierta y apenas iluminada por el fuego de la chimenea. No era extraño, era muy tarde y probablemente Draco ya estaba en la cama.
'¿No había algo importante que recordar con respecto a eso?'
Sonrió para sí, mejor, eso le ahorarría el trabajo de remolcarlo hasta allá.
La habitación tenía apenas la luz que llegaba desde la sala, pero le alcanzó para no tropezar con nada. Se sentó en su lado de la cama y empezó a desvestirse, mirando encima de su hombro la sombra que proyectaba el cuerpo que dormía a su lado dándole la espalda.
Una manta liviana lo cubría, una manta que subía y bajaba al ritmo de la respiración. El solo pensar en ese cuerpo tibio tan cerca hacía que su propia respiración tomara el mismo ritmo. Lanzó lejos la última prenda y se deslizó dentro de la cama.
La luz débil solo le permitía ver los contornos, pero igual recorrió el flanco del muchacho tendido de costado. La mano se deslizó por la espalda, la piel era suave como en los sueños que había tenido durmiendo en la oficina. El cuello tan hermoso. Posó los labios en él, deslizandolos hasta los hombros, volviéndo muy cerca de la oreja.
Un suspiro respondió a eso. ¿O fue un quejido?
Oh, bueno, no era importante. Él estaba ahí para eso, ¿no?
Los dedos afirmaron la carne del brazo, tratando de hacerlo girar hacia sí. Esta vez sí hubo un quejido y Draco despertó.
Los ojos grises se abrieron desmesuradamente, lo que había en ellos no era aceptación ni mucho menos. Era pánico.
Lo empujaron con violencia hacia atrás, para quitarlo de encima, y eso lo hizo contrariar. Le sujetó las manos, forcejearon.
- ¿Qué demonios te pasa...?
Pero Draco no parecía escuchar, solo intentaba liberarse y para ello empujó, golpeó, y uno de esos golpes dio de lleno en el rostro de Harry que lo respondió con redoblada fuerza.
El aleteo en sus oídos.
Claro, él tambien se daba en el gusto de rechazarlo, de humillarlo. Pero no iba a permitirlo, no a él. Si estaba ahí, en esa cama tendría que someterse. Ésas eran las reglas ¿no?
¿Ira o deseo?
Ira Y deseo.
De momento, eran los dos. Deseo de él, de ese cuerpo que seguía luchando, pero que no podía hacerlo muy bien porque lo mantenía aferrado a la cama con su propio peso. Ah, si era delicioso saborearlo así, la lucha le ponía un nuevo sabor a la piel tan perfecta.
Le sujetó ambas manos usando una sola de las suyas. Sí, era tan agradable sentirse poderoso con alguien, saber que podía doblegar a alguien.
¿En realidad amaba a ese alguien?
'¡Sí! ¡Sí lo amas!' gritó la vocecita lejana detras de una parte de su mente.
La respuesta no le llegó clara al sentir el otro cuerpo retorciéndose debajo del suyo.
Como en un sueño, su mano libre se alzó en el aire y se descargó una y otra vez, en ningún lugar en especial, en todos por igual. El puño subía y bajaba acallando cualquier pedido de clemencia o auxilio.
Un poco después, la resistencia disminuyó en forma notoria. Algunos quejidos, unos lamentos se filtraron de a poco en su mente, pero el movimiento de los cuerpos lo había excitado y necesitaba liberar esa presión.
Mordió, besó y hurgó por todos los lugares que tuvo a su alcance, y sin poder aguantar mucho más se apartó apenas un segundo para hacer que el otro cuerpo girara sobre sí. Ese segundo escaso bastó para que la figura apenas visible en la oscuridad intentara escapar, medio arrastrándose tratando de escurrirse.
Ah, no; no iba a irse y dejarlo en ese estado. Tenía que hacer lo suyo hasta el final. Un par de golpes más, lo aferró por las caderas y lo tuvo de nuevo en su dominio. Necesitaba algo para que no incordiara mas. Claro, la corbata podía servir. Siempre tan pulcro, la ropa de Draco estaba en una silla junto a la cama, Harry convocó la corbata casi sin esfuerzo.
Torció uno de los brazos del joven hacia atrás, amarró la muñeca, luego el otro y repitió el procedimiento, el extremo de la tela que quedaba libre lo hizo cruzar por delante del cuello del rubio.
Ahora sí iba a pensarlo dos veces antes de molestar, con apenas un movimiento, los brazos se torcían hacia atrás, y el lazo apretaba el cuello.
Con violencia le separó las piernas y sin preparación, sin atender nada más que a su propio deseo, se hundió en Draco. Solo su placer, solo esa sensación que reemplazaba la furia.
Los movimientos se hicieron mas bruscos, violentos, ahora los únicos sonidos eran sus jadeos y por unos instantes un siseo extraño.
El clímax lo sacudió, drenándole toda otra sensación. Se desplomó sobre el cuerpo inmóvil, sin aliento, vacio por completo.
Rodó a un lado, saliendo del otro joven y permaneció así algunos minutos mientras recuperaba el aire. La habitación estaba silenciosa, solo estaba su respiración que lentamente recuperaba su ritmo normal.
Bien, quizás había sido un poco más rudo de lo habitual, tal vez tendría que disculparse, pero después de todo no era la primera vez que lo hacían fuerte.
Giró sobre su costado para liberar las muñecas. Diablos, no veía nada. Convocó la luz para distinguir algo más que líneas oscuras.
De bruces, con el rostro vuelto hacia él, un par de ojos grises lo miraban fijamente. Demasiado fijamente.
Los ojos estaban abiertos pero no lo miraban, los labios estaban demasiado pálidos, blancos casi. No había aliento saliendo. Ni entrando.
- No...
La comprensión de lo sucedido lo atropelló, lo pasó por encima. Horrorizado de su propio acto, Harry saltó hacia atrás, asqueado de sí mismo.
- No, no, no...
Ah, pero sí lo había hecho. La tela de la corbata alrededor del cuello había cortado la piel, la carne y la respiración.
- NOOOOO!!!!
Un grito, el suyo subió desde el fondo de sus entrañas, le llenó los pulmones y solo se sintió libre cuando lo dejó salir, una y otra, y otra vez y así hasta el infinito.
Capítulo 6
- NOOOO!!!- el grito era horrible, desgarrador, surgiendo desde lo más profundo del alma.
El joven moreno se debatía, con manos y piernas, se sacudía, cubierto de sudor frío. Abiertos los ojos, se sentó en la cama, temblando y lo primero que vio, fue el rostro preocupado de Draco que había estado tratando de hacerlo reaccionar.
Súbitamente enfermo, Harry sintió que el estómago se le revolvía, la náusea fue tan incontenible que tuvo que salir corriendo. Apenas llegó a la taza del baño, y vomitó todo lo que había comido al menos en la última semana. Los espasmos eran tan violentos que lo sacudían por completo, cuando creía que ya había terminado, las imágenes lo inundaban de nuevo y el estómago volvía a estrujarse.
De poco servía la mano blanca y fresca sobre su frente, intentando calmarlo, sin saber qué había pasado.
Cuando las náuseas por fin remitieron, le alcanzaron un vaso de agua. Se enjuagó la boca y luego bebió con desesperación. Pero las naúseas fueron reemplazadas por un acceso de llanto casi tan incomprensible como lo anterior.
Draco abrazó el cuerpo sollozante, abrigándolo entre sus brazos, esperando que se calmara para poder preguntar algo.
Harry se apartó un poco y le tomó el rostro con ambas manos, haciendo que lo mirara. Había tanto terror en sus ojos verdes que por un instante, Draco realmente se alarmó.
- ¿Estas... estás bien...?- preguntó Harry en un hilo de voz.
- ¿Yo? Bueno, sí. Estoy bien... Harry... ¿Tú estás bien...?
- Estás bien...- la voz le temblaba casi tanto como el cuerpo. Las manos recorrieron el rostro, el cuello, los hombros, tanteando, como queriendo asegurarse que realmente estaba bien.- Amor, de verdad estás bien...
- Sí, pero veo que tú no lo estás. Ven, déjame ayudarte.
Con algo de esfuerzo, lo ayudó a ponerse de pie y volvieron a la cama. Draco tomó su varita del buró y sin soltarlo, hizo un par de pases. Las sábanas húmedas por la transpiración salieron de un tirón arrojando algo al suelo y unas sábanas limpias ocuparon la cama. Acomodó a Harry con cuidado y lo arropó. No dejaba de temblar.
Cuando quiso alejarse para ponerse algo encima, la mano férrea de Harry se lo impidió. Por un segundo tuvo miedo, pero el rostro que lo miraba no tenía nada que hiciera temer, sino todo lo contrario.
- No te vayas... No me dejes.
- No me voy, Harry. Solo necesito ponerme algo, hace frío.
- Por favor...
Había tan intensa necesidad que Draco no pudo negarse. Suspirando, se metió en la cama junto al otro cuerpo, muy junto, para darle calor.
- Perdón.-dijo la voz de pronto y Draco se irguió para mirarlo.- Te lastimé...- el reconocimiento y la sinceridad eran dolorosos en el rostro que lo miraba.- No sé por qué me pasa, no puedo controlarlo... Necesito ayuda, Draco... No quiero lastimarte... Amor, no quiero lastimarte.
Esas palabras eran un bálsamo para el joven rubio que lo escuchaba con toda su atención. No sabía qué había pasado durante el escaso tiempo que habian dormitado luego de hacer el amor; pero si había tenido esos resultados, bienvenido era.
- Buscaremos ayuda, Harry. No te preocupes.- dijo, besándolo suavemente.
- Sí me preocupo. Te amo, pero no puedo dominarlo...- los labios le temblaron de nuevo al hablar, al recordar de lo que había sido capaz en su visión.- Ya te lastimé antes, no quiero volver a hacerlo.
Y en verdad se preocupaba, porque ahora tenía conciencia que las veces que lo había golpeado, había creído que Draco realmente merecía cada uno de los golpes que le daba. Y peor aún, nunca se había sentido culpable o había intentado disculparse por su actitud. Nada, nunca ni un ápice de remordimiento.
-No quiero volver a hacerte daño...- murmuró, con infinita verguenza de sí mismo.
- No lo harás. Ahora todo estará bien, amor. Mañana buscaremos ayuda y todo estará bien. Ahora tienes que calmarte, dormir un poco y si me dejas, me levantaré y terminaré lo que estaba cocinando.
Harry solo asintió en silencio, sintiéndo por primera vez en mucho tiempo que podía tener un poco de paz. La visión le había enseñado dónde estaban los focos infecciosos que estaban dañando su alma. Con la ayuda adecuada iría eliminándolos de a poco. Y tambien le había mostrado qué tan atrozmente lejos podía llegar si no hacía algo al respecto.
Podía perder a Draco. De una forma tan horrible y definitiva que estuvo a punto de descomponerse de nuevo. Con mucho esfuerzo, controló el malestar, pero no la verguenza que ahora sí lo embargaba.
Supo, de alguna manera, que esa sensación de verguenza era buena; cada vez que estuviera a punto de perder la calma iba a conjurar esa sensación y las imágenes. Eso, la ayuda que SI iba a buscar, y el amor que sentía por Draco, controlarían la furia.
Un último pensamiento coherente lo invadió antes dormir.
'Que hermoso perfume... ¿Qué será?'
Con un suspiro de alivio, se deslizó hacia el sueño.
Esta vez sin pesadillas ni visiones.
*
Ron cerró las carpetas y revisó el reloj.
"Maldita sea, mira la hora que es y yo aquí. Yo aquí, Hermione en el tercer nivel, Harry en el segundo. Condenado papelerío. Creo que podemos irnos ya, podríamos cenar juntos en algún lado, total a esta hora ninguno querra cocinar. Decidido, me largo de aquí."
Tomó su capa y fue a buscar a Harry.
La sala vacia, la claridad saliendo solo de una puerta. Todo aquello le recordó un momento inoportuno de algún tiempo atrás. En vista de eso, se acercó con cuidado y apenas se asomó.
"Condenacion."
La escena era tan similar que le despertó una curiosa sensación de deja vu. Similar pero no igual.Harry volvía a tener a Draco apoyado contra el armario, y una vez más sus labios estaban devorando al rubio.
Solo que esta vez, su brazo no impedía la huída del otro, sino que estaba en la cadera del joven, y aquél no parecía estar resistiéndose. Mas bien todo lo contrario, las manos enredaban el ya de por sí desastroso cabello de Harry para que no fuera a tener la peregrina ocurrencia de alejarse en ese momento.
"Si no interrumpo ahora, esto se va a poner realmente complicado".
Carraspeó un poco y apareció por el umbral. Ninguno de los dos jóvenes en el interior pareció afectado por su aparición. Si bien dejaron de besarse, no se movieron de sus posiciones. Sin embargo, Ron sonrió.
La expresión de ambos era calmada, un poco ruborizada, cierto; pero nada más. Hacía varios meses que Harry asistía a terapia y los resultados ya estaban a la vista.
Draco hubiese podido confirmar eso. Cierto que a veces tenían algunas reyertas, pero eran minúsculas, casi sin importancia. No sabía que cada vez que el moreno empezaba a enojarse, ciertos recuerdos funcionaban con mas eficacia que un chapuzon en el agua helada.
- Muy bien, ya sé que interrumpí, pero es tarde y venía a invitarlos a cenar. Herm tambien está trabajando, así que podemos ir por ella y salir a cenar ¿Qué les parece?
- ¿Qué crees?- preguntó Harry mirando a Draco.
- Por mí está perfecto. No tengo muchas ganas de cocinar.
- Cuenta con nosotros.- confirmó Harry.
- Fantástico, voy por Herm y nos vemos en el Atrio en diez minutos. Ustedes... bueno, mientras pueden seguir con lo que estaban.- comentó al tiempo que giraba para irse.
Draco le dio un beso rápido a Harry librándose de su abrazo con la tácita promesa de volver pronto a ese lugar y alcanzó a Ron cuando ya iba unos pasos adelante.
- Espera, tengo algo para tí.
- ¿Qué cosa?- preguntó aquel, sin comprender.
- Siempre dije que eras una comadreja entrometida...- le tomó la mano y puso algo en ella.- Pero nunca terminaré de agradecerte esto. Lo enconté en la habitación, debio estar debajo de la almohada. Teniendo en cuenta que además de Harry eres el único que ha llegado hasta ahí… puedo suponer algunas cosas, pero no preguntaré.
Impensable, con el mismo movimiento atrajo al pelirrojo y le dio un rápido abrazo. Antes que aquel reaccionara, emprendió el regreso.
Ron miró lo que había quedado en su mano.
Una esfera de cristal, una vez más transparente. Sonrió mirando la figura delgada y elegante caminando en las sombras.
- ¡Eres un hurón malagradecido!- le gritó.
- Vas a pagar la cena, comadreja.- dijo Draco llegando casi a la oficina.
- ¡Que te jodan Malfoy!
- Trabajo en eso, Weasley.- fue el último comentario antes de cerrar la puerta tras de sí.
"Hurón condenado, siempre tiene que tener la última palabra"
Pero ya ninguno de los insultos era en serio.
Metió el cristal en su bolsillo recordando la frase del mago que se lo había dado:
'Su amigo tendrá una pequeña visión de su futuro. No de un futuro inamovible, sino del futuro que ha forjado con sus acciones hasta ese momento. La visión lo enfrentará a sus emociones crudas. Si realmente ama a su pareja, su amor lo envolverá como un agradable aroma y le ayudará a conservar la cordura. No será agradable, pero deberá bastar para hacerlo reaccionar
- ¿Y si no lo ama?- fue su pregunta temerosa.
- En ese caso, quizas tenga que revivir ese momento una y otra vez, hasta que comprenda y reaccione...O tal vez hasta que su razón diga basta'.
Y vaya que lo había reaccionado.
Fue en busca de Hermione. Seguro que Harry y Draco iban a tardar algo más que diez minutos y con un poco de suerte, quizás su esposa y él pudieran ocuparse en algo similar.
Silbando bajito se metio en el elevador y desapareció en la oscuridad.
FIN

